El Poder del Papa

Biografia del Papa Pio XI Obra de su Pontificado

Biografía del Papa Pio XI

Concluir estas semejanzas históricas con el nombre de Pío XI es la percepción cabal de que la Humanidad, en su ruta hacia el mañana, teniendo como norma las doctrinas de Cristo, superará la crisis espiritual,política y económica del siglo XX.

Pío XI, en efecto, simboliza claramente que la influencia y la hegemonía mundial no se deben a la fuerza y a la imposición materialista, sino que el triunfo sobre los espíritus sólo se logra por la jerarquía moral en la defensa de la bandera de los más altos ideales.

Pio XI Papa
Pío XI, de nombre secular Achille Damiano Ambrogio Ratti, fue el 259.º papa de la Iglesia católica, y primer soberano de la Ciudad del Vaticano entre 1922 y 1939, con lo que su pontificado abarca casi todo el período de entreguerras.
Fecha de nacimiento: 31 de mayo de 1857, Desio, Italia
Fallecimiento: 10 de febrero de 1939, Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano

Ni revoluciones ni guerras, por sangrientas y destructoras que resulten unas y otras, predominarán sobre las fuerzas del bien, de la paz y de la buena voluntad que con tanta firmeza y autoridad defendió siempre Pío XI.

En un mundo muchas veces hostil a estos grandes preceptos, en medio de las persecuciones religiosas en varios países del globo, luchando contra los poderes que pretendían coaccionar la misión de la Iglesia y combatir sus normas imperecederas, la figura de Pío XI se levantó como una fulgurante antorcha, que indicó a los pueblos la ruta segura de su salvación en los días agitados del presente y del porvenir.

Aquiles Ratti, hijo del director de una de las más importantes fábricas de tejidos de seda de Desio, en los alrededores de Milán, nació en aquella localidad el 31 de mayo de 1857.

Cursó sus primeros estudios en Monza y en Milán. Alimentada su vocación religiosa por su tío Rodolfo, cura párroco de Asso, en las estribaciones de los Alpes, se relacionó con el arzobispo de Milán, monseñor Calebiana, quien muy pronto le distinguió entre sus amistades.

Gracias a sus indicaciones, Aquiles Ratti estudió en el Colegio lombardo y en la universidad gregoriana de Roma. El 20 de diciembre de 1879, después de obtener los grados de doctor en filosofía, teología y derecho canónico, recibió la ordenación sacerdotal.

Distinguido por sus profesores hasta el punto de llegar su fama de buen estudiante al papa León XIII, Aquiles Ratti regresó a su tierra natal en 1882, después de doctorarse en el Colegio Angélico, la fundación tomista de aquel papa.

Sirvió algún tiempo en la parroquia de Barni, pero muy pronto fue adscrito al seminario de Milán como profesor de teología dogmática.

En 1888 ingresó en la biblioteca Ambrosiana, en cuyo centro realizó una ímproba labor de investigación y clasificación de fondos, que le valió las felicitaciones del rey de Italia y las simpatías del mundo científico internacional.

En 1907 era nombrado prefecto de la indicada biblioteca. Mientras tanto, no había olvidado sus deberes sacerdotales, que ejerció con singular competencia tanto como capellán de las monjas del Cenáculo que como propagandista del catecismo entre los chiquillos.

Espíritu abierto y comunicativo, simpático y bondadoso, Ratti distribuía su tiempo entre las prácticas de caridad, las obras de erudición, los viajes al extranjero y las excursiones a sus amados Alpes.

En 1912, Pío X le nombró viceprefecto de la librería del Vaticano y al mismo tiempo le confió una canongía en San Pedro. A la muerte de aquel santo papa, fue íntimo de Benedicto XV, a cuyo lado se inició en los secretos de la diplomacia europea.

Finalizada la guerra en 1918, se le envió a Polonia como visitado apostólico. Nuncio en 1919, fue consagrado arzobispo de Lepanto en Varsovia el 3 de julio.

Durante su misión, sumamente difícil, dadas las agresiones de los bol cheviques y las rencillas entre polacos y alemanes, Aquiles Ratti demostró un tacto excepcional, que dejó sumamente satisfechos al papa y a cuantos intervinieron en los problemas del Oriente europeo en aquellos años.

En junio de 1921 fue designado arzobispo de Milán y revestido con la púrpura cardenalicia.

En su nuevo cargo asistió al desencadenamiento de la ola subversiva. Al año siguiente, a la muerte del papa Benedicto XV, era elegido papa por el conclave el 2 de febrero.

Durante los diecisiete años de su pontificado, incluí dos entre una y otra guerra, Pío XI procuró encaminar el mundo hacia la paz. Su obra en este sentido fue inmensa, aunque las naciones, alocadas por su propio destino, prefirieran correr hacia su perdición.

El papa de las misiones resolvió, por otra parte, la candente cuestión de las relaciones entre el Vaticano y el Quirrinal por el tratado de Letrán (11 de febrero de 1929), documento que, probablemente, hará época en la historia de la Iglesia.

Así, apareció el Estado del Vaticano, símbolo real de la independencia espiritual del Papl do en los tiempos modernos. La obra de Pío XI en defensa de la catolicidad en todas las naciones no fue menos importante, combatiendo los principios que infringían la libertad religiosa.

Murió el 10 de febreode 1939, en momentos sumamente angustioso para Europa. Su doctrina está comprendida en la en encíclica Casti connubii (1930), relativa al matrimonio; en la Qaudragésimo anno (1931), complementaria de las encíclicas de León XIII sobre materia social, y en la
Divini Redemptoris (1937), condenando el comunismo.

Su actuación se reflejó en el desarrollo de las misiones y de la Acción Católica.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Edouard Manet
Biografia del Papa Pio XI
Biografia de Papa Pio X
Biografia de Benedicto XV
Biografia de Foch Ferdinand
Biografia de Hindenburg Paul Von
Biografia de Guillermo II de Alemania
Biografia de Eduardo VII de Inglaterra

Biografia de Pio X Papa Obra de su Pontificado

Biografia del Papa Pio X

Después de los grandes pontificados de Pío IX y León XIII, cada uno notable en su singular idiosincrasia, ocupa el solio pontificio Pío X, el papa de la devoción, de las excelsas virtudes religiosas y de la Eucaristía.

En la vertiginosa recuperación de la Iglesia católica, un santo varón había de predicar desde el Papado los más elevados valores del hombre entregado al servicio de Dios.

Papa Pio X
Pío X fue el 257.º papa de la Iglesia católica entre agosto de 1903 y agosto de 1914. Pío X es principalmente recordado por su fuerte oposición al modernismo teológico y por dirigir la primera codificación del derecho canónico de la historia de la Iglesia católica, que sería publicada en 1917.
Fecha de nacimiento: 2 de junio de 1835, Riese Pio X, Italia
Fallecimiento: 20 de agosto de 1914, Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano
Nombre completo: Pope Pius

Pío X era el sacerdote más apropiado para ello. Humilde, caritativo, simple, un verdadero pastor de almas, había dedicado toda su vida a procurar el bien de sus semejantes. Y lo mismo continuó haciendo desde el pontificado, legando a las generaciones futuras un ejemplo inmarcesible.

Era de origen humilde. Tose Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riete (Treviso). Educado en la fe de sus mayores, realizó su vocación religiosa estudiando en los seminarios de Treviso y Padua.

En 1858 fue ordenado sacerdote. Como tantos otros clérigos fue destinado a la cura de almas parroquiales. Durante diecisiete años sirvió en varias parroquias de la región de Venecia, hasta que en 1875 fue nombrado canónigo de la catedral de Treviso.

El eco de sus virtudes había llegado a oídos de Roma. El papa León XIII le designó en 1880 para el obispado de Treviso, dignidad que José Sarto rehusó.

Pero en 1884 no tuvo más remedio que acatar la voluntad del papa y aceptar el obispado de Mantua. De aquí fue trasladado al patriarcado jie Venecia el 15 de junio de 1893. Tres días antes le había sido concedida la púrpura cardenalicia.

Su celo, su simpatía personal y su habilidad — habilidad de mansedumbre — en sortear los escollos de las relaciones con el gobierno italiano, le hicieron muy popular.

Por esta causa fue muy bien acogida su elección al trono pontificio el 4 de agosto de 1903, para suceder en él al gran papa de los obreros. El mayor elogio que puede hacerse de Pío X es que la Iglesia no echó de menos a León XIII.

Durante los once años de su pontificado, procuró por todos los medios a su alcance activar la propaganda religiosa, acentuar la devoción del pueblo y obtener una recta gestión eclesiástica.

Entre el sinnúmero de las obras emprendidas por su intervención, figuran, en lugar destacado, la condena del modernismo por la encíclica Pascendí (1907), la prosecución de la unificación de la Iglesia mediante la codificación del derecho canónico (el Codex juris canonici fue publicado en 1917) y los decretos sobre la primera comunión y los Congresos Eucarísticos.

Merecen asimismo nota especial la reforma del breviario romano, la creación del Instituto de investigación bíblica y los trabajos para la edición del texto de la Vulgata.

En materia de disciplina eclesiástica fue sumamente riguroso en beneficio de la Iglesia. Murió el 20 de agosto de 1914, como una de las primeras víctimas provocadas por la guerra que acababa de estallar y que había conmovido hasta lo más hondo su dulce y pacífico corazón.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Teodosio I «El Grande»
Biografia de Hieron de Siracusa
Biografia de Emperador Honorio
Biografia de Boecio
Biografia de San Ildefonso
Biografia de Lotario I
Biografia de Carlos II de Francia
Biografia de Luis de Gongora y Argote

Biografia de Bonifacio VIII Papa Obra de su Pontificado

Biografia de Bonifacio VIII

Durante el siglo XIII, los Papas triunfaron sobre el poder de los emperadores varias veces mas. Quitaron a la familia de su enemigo el emperador Federico II, primeramente el reino de Alemania, luego el de Sicilia (1266).

Hicieron que fuera elegido en Alemania un rey que les era devoto. Establecieron en el reino de Sicilia a un príncipe francés, Carlos de Anjou, hermano de San Luis.

A fines del siglo, el Papa Bonifacio VIII (1294-1303) pareció tan poderoso como Inocencio III. Una familia de señores de los alrededores de Roma, los Colonna, intentó resistirle. Los combatió a muerte, se apoderó de sus castillos, arrasó sus palacios y su ciudad, e hizo pasar el arado por su suelo.

Los excomulgó, confiscó sus bienes, obligó a los dos cardenales de esta familia a presentarse con un cordel al cuello y a entregarse a discreción.

Los demás Colonna huyeron lejos de Roma y vivieron errantes por las selvas.

VEAMOS SU BIOGRAFIA…

Con la descomposición de los valores medievales declinaba de hecho la autoridad temporal del Papado, como se había demostrado a fines del siglo XIII en la lucha librada por los Anjou y los Aragón en el Mediterráneo por Sicilia.

Pero las teorías elaboradas desde Gregorio VII y llevadas a una realización esplendorosa por Inocencio III conservaban aún toda su fuerza como programa de acción. No había muerto la idea de la teocracia. Bastaba que ascendiera al trono de San Pedro una persona de gran energía, para que de nuevo resurgiera de sus aparentes cenizas.

Papa Bonifacio VIII
Bonifacio VIII fue el 193º papa de la Iglesia católica, de 1294 a 1303.
Fecha de nacimiento: 1230, Anagni, Italia
Fallecimiento: 11 de octubre de 1303, Roma, Italia
Nombre completo: Benedetto Caetani
Sucesor: Benedicto XI

Esto fue lo que sucedió cuando fue elevado a la cátedra romana Benedicto Caetani, quien, con el nombre de Bonifacio VIII, encarna el último intento de restablecer la unidad medieval de Occidente bajo la dirección del Papado, en pugna con el naciente nacionalismo político, religioso y cultural.
Benedicto Caetani había nacido en Agnani hacia 1235.

Su padre, Rofredo, pertenecía a una de las familias más ilustres de Agnani, y su madre, Emilia, también de noble estirpe, estaba emparentada con el papa Alejandro IV. Benedicto recibió esmerada educación en Todi, Espoleto, y quizá en París, siempre con vistas a ocupar una posición en el seno de la Iglesia.

Su carrera se deslizó en la corte pontificia, prestando destacados servicios en varias misiones que se le confiaron.

El 23 de marzo de 1281 fue nombrado cardenal por Martín IV, y bajo este pontificado su nombre empezó a adquirir gran relieve por sus excepcionales dotes de energía, su habilidad diplomática y, en particular, por su ciencia canónica, en cuyos principios hallaba los fundamentos para establecer el papel preponderante del Pontificado en los asuntos temporales.

En la época agitadísima que transcurre desde 1281 a fines de siglo, trabajó con éxito a favor de la causa de los Anjou y en contra de los intereses aragoneses.

Parece ser que el cardenal Caetani no fue ajeno a la renuncia de San Celestino V, un bondadoso ermitaño que había sido elegido papa el 5 de julio de 1294 para poner término a los antagonismos que imperaban en la Curia después de un interregno de más de dos años.

En todo caso, cuando Celestino V renunció voluntariamente a su preeminencia eclesiástica el 13 de diciembre siguiente, Caetani fue elegido para sucederle por el conclave de Nápoles el día 23 del mismo mes, y consagrado el 25 de enero de 1295.

Durante nueve años, Bonifacio VIII desplegó una actividad trepidante. Una de sus líneas de actuación correspondió a la resolución del problema siciliano, iniciado con el terrible levantamiento de las Vísperas.

Aunque independiente de Carlos II de Anjou, mantúvose en un plano angevino, tal como correspondía a un papa que defendía los derechos temporales del pontificado en la Italia meridional.

Logró que Jaime II de Aragón renunciara a Sicilia (1296), a trueque de la investidura de Córcega y Cerdeña (1297); Pero no pudo acaban con la resistencia de los sicilianos, quienes habíanse dado un monarca en la persona de Federico (III) de Aragón, pese al apoyo que le prestaron mancomunadamente angevinos y aragoneses.

Pero donde Bonifacio VIII desplegó todo su genio, sin conseguir mayores éxitos, fue en la renovación de la ideología de la teocracia pontificia, en el mantenimiento de la plenitudo potestatis, o sea, la supremacía absoluta de la Iglesia, que se levantaría como un muro de contención en defensa del orden cristiano.

Ya en 1290, como simple legado papal, había expuesto públicamente en París su opinión respecto a la supremacía de los papas sobre todos los príncipes del mundo.

En 1296 intervino para imponer la paz entre los reyes de Francia e Inglaterra. Esta intromisión, conducida quiza con poco espíritu de humildad, enojó a Felipe IV de Francia y Eduardo I de Inglaterra.

Con este asuma mezclóse, al cabo de poco tiempo, el de las contribuciones que ambos monarcas habían arrancado del clero nacional respectivo en flagrante vulneración de las leyes canónicas.

Para restablecer los derechos de la Iglesia, Bonifacio VIII publicó la bula Clericis laicos (25 de febrero de 1296), en que defendía las inmunidades eclesiásticas.

Esta proclamación exasperó a los revé; afectados; Eduardo confiscó los bienes que le plugo Felipe el Bello prohibió la exportación de plata y oro de su reino, lo que mermaba los ingresos de la Santa Sede.

Después de un período crítico, acompañado de una viva propaganda de los principios pontificios o legalistas, se llegó a un acuerdo en agosto de 1297.

En la bula Etsi de statu (31 de julio) Bonifacio VIII reconocía el derecho del rey francés a percibir contribuciones ((consentidas». Esta retirada se debía a la vacilante situación del pontífice en Roma, amenazado por el alzamiento de los cardenales Pedro y Juan Colonna.

En 1300 Bonifacio VIII celebró un jubileo que atrajo a Roma a millares de peregrinos. Desde su solio el papa se considera el señor de reyes y príncipes. Interviene en las sucesiones de Flandes, Alemania y Hungría, mostrando su enojo por la omisión del poder del Papado.

Entonces se perfila claramente su postulado supremo, la teocracia pontifical por voluntad divina, que muy pronto expresará con motivo de un nuevo antagonismo con la corona francesa.

En el transcurso de 1301 revoca las concesiones otorgadas a Felipe IV, quien había hecho detener a Bernardo Saisset, obispo de Pamiers, y proclama su derecho a intervenir en la política francesa (Ausculta fili, 5 de diciembre de 1301).

Esta bula suscita una lluvia de libelos favorables a la autoridad real, que culminan en una resolución de los tres estamentos del reino francés, reunidos en París el 10 de abril de 1302, de defender la corona con su sangre y sus haberes.

Pero Bonifacio VIII ya no retrocede ni se desdice. Afirma su posición inquebrantable en la bula Unam Sanctam (18 de noviembre de 1302), el documento máximo de la teocracia, en que se superan los postulados de Gregorio VII, Gregorio IX e Inocencio IV, de las dos espadas, el Papado se reserva la espiritual, mientras que la temporal la empuñan los reyes según su voluntad; quien afirme la independencia de los dos principios, cae en la herejía de los maniqueos.

El conflicto entre Felipe IV y Bonifacio VIII lo resolvió con un golpe de audacia el jurista Guillermo de Nogaret.

Con el auxilio de los Colonnas y de los gibelinos italianos, Nogaret se apoderó por sorpresa de la persona del papa, tomando por asalto el palacio de Agnani (7 de septiembre de 1303).

El pueblo se sublevó contra los agresores y devolvió la libertad a Bonifacio VIII. Pero el golpe era demasiado rudo.

El papa, trasladado a Roma, no lo pudo sobrellevar. Murió pocos días después (el 11 de octubre), llevándose al sepulcro el último brillo del pontificado medieval.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Woodrow Wilson
Biografia de Chamberlain Joseph
Biografia de Cecil Rhodes
Biografia de Enrique III de Inglaterra
Biografia de Bonifacio VIII
Biografia de Boccaccio Giovanni
Biografia de Wyclef John
Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Biografia de Julio II Papa -El Terrible-

Biografía de Julio II Papa «El Terrible»

Enérgico, activo, tenaz, infatigable, sinceramente piadoso, muy italiano, Julio II es una de las figuras más sorprendentes del Papado renacentista.

Sus enemigos-—y tuvo muchos a causa de lo tempestuoso de su política — le llamaron «el Terrible» y lanzaron sobre su cabeza numerosas acusaciones, las cuales, en la mayor parte, han resultado infundadas.

Cierto es que Julio II no respondía al tipo de hombre místico y que en realidad hubiera podido ser, en el campo civil, un condottiero afortunado o un creador de estados.

Papa Julio II
Julio II fue el papa Nº 216 de la Iglesia católica, de 1503 a 1513. Se le conoce como el Papa Guerrero por la intensa actividad política y militar de su pontificado.​
Fecha de nacimiento: 5 de diciembre de 1443, Albisola Superiore, Italia
Fallecimiento: 21 de febrero de 1513, Roma, Italia
Nombre completo: Giuliano della Rovere
Entierro: Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano
Padres: Raffaele della Rovere, Theodora Manerola
Hijos: Felice della Rovere

Pero esta apreciación no es óbice para que la crítica desapasionada ponga de relieve sus méritos como restaurador del Estado Pontificio, gran mecenas de los artistas y defensor inquebrantable de los derechos papales.

Era de humilde familia. Juliano della Róvere nació el 5 de diciembre de 1443 en Albissola, un lugar cercano a Savona. Ingresó bastante joven en la orden franciscana y cursó en 1468 los estudios de derecho en Perugia.

El papa Sixto IV, que era tío suyo, le concedió la púrpura cardenalicia el 16 de diciembre de 1471. Protegido por tan alta dignidad, acumuló bastantes beneficios; en el desempeño de varias comisiones y legaciones en Italia y el extranjero se acreditó como diplomático hábil y gobernante enérgico.

Legado pontificio en Francia en 1476 y 1480, el cardenal della Róvere fué el alma del pontificado de Inocencio VIII, a quien había contribuido a elegir. En esta época díjose que era «más» que el propio papa.

Entonces inicia su política de salvar al Papado de su decadencia material. La entronización de Rodrigo Borja limitó su influencia. Adversario irreductible del nuevo papa, vivió retirado en su sede cardenalicia de Ostia, hasta que en 1494, siendo ya insostenible su posición, huyó a Francia.

En la corte de Carlos VIII- preconizó la expedición que quería emprender este soberano contra Napóles; una vez desencadenado el ataque, acompañó al monarca francés en las vicisitudes de la empresa.

Cuando ésta fracasó, se encerró en Aviñón, de cuya ciudad no salió hasta la muerte de Alejandro VI (1503). Después del breve pontificado de Pío III, fué elegido papa el 1.» de octubre de 1503, apoyado por los españoles.

Los diez años de su pontificado están llenos de sucesos notables. Siguiendo la política de los Borgias, unificó el Estado Pontificio; conquistó «las fortalezas de la Romana fieles al duque Valentino (1504), sometió Perugia (1506) y readquirió Bolonia (1506).

En todas estas acciones tomó parte destacada como político e incluso como guerrero. Al objeto de reconquistar Rímini y Faenza participó en la liga de Cambrai (1508), cuyo resultado, después de la victoria de Agnadelo, fue poner fin a la prepotencia veneciana y dar al Papado las dos ciudades mencionadas.

Sin embargo, Agnadelo podía reputarse como un éxito francés. Julio II se propuso evitar la consolidación de la hegemonía de Francia en el Norte de Italia para lograr un equilibrio duradero en la Península e incluso una posible liberación de Italia de todo influjo extranjero.

Este pensamiento le inspiró, primero, una política de benevolencia respecto a Venecia y, luego, la constitución de la Santa Liga (1511), cuando Luis XII incitó al duque de Ferrara a apoderarse de Bolonia (1510) y amenazó a Julio II con un cisma.

La rota de Rávena fue compensada por la reconquista del Milanesado. A su muerte, ocurrida en Roma el 21 de febrero de 1513, Italia parecía haberse librado del peligro francés.

Además de fomentar los intereses políticos de la Iglesia, Julio II cuidó de los espirituales. Protegió las órdenes religiosas y las misiones, combatió la herejía y convocó al concilio lateranense de 1513, en que reafirmó la anulación de las elecciones simoníacas.

Además, no debemos olvidar que bajo la protección de Julio II trabajaron artistas de tanto renombre como Rafael, el Bramante y Miguel Ángel.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Francisco I Sforza
Biografia de Cosme de Medicis
Biografia de Federico de Montefeltro
Biografia de Fra Angelico
Biografia de Ludovico Sforza
Biografia Andrea del Verrocchio
Biografia della Pico de la Mirandola
Biografia de Filipino Lippi

Biografia de Julio III Papa

Biografía del Papa Julio III

JULIO El (1487-1555): El 7 de febrero de 1550, por dos votos de mayoría sobre el cardenal Pole, el conclave cardenalicio elevaba a la silla de San Pedro al cardenal Juan María de Ciocchi del Monte, cuya familia era oriunda del Monte San Sabino.

Papa Julio III
PAPA JULI III
Papa de la Iglesia católica desde
7 de febrero de 1550-23 de marzo de 1555
Predecesor Pablo III
Sucesor Marcelo II
Información religiosa
Ordenación episcopal 12 de noviembre de 1514
por Antonio María Ciocchi del Monte
Información personal
Nombre Giammaria Ciocchi del Monte
Nacimiento 10 de septiembre de 1487, Roma
Fallecimiento 23 de marzo de 1555
(67 años), Roma

Aunque los que apoyaron su candidatura fueron Carafa y el grupo intransigente de la Curia, el nuevo Papa — Julio III — fue partidario de soluciones moderadas y de la defensa de la Iglesia respecto a las pretensiones absorbentes de Francia y España.

Entre Paulo III, que inicia el movimiento de la Reforma católica, y Paulo IV, el papa de la Contrarreforma, Julio III adopta un tono conciliador, a veces algo vacilante, lo que se explica por la escasa firmeza de su carácter y por las presiones a que fue sometido por el emperador Carlos V.

Era romano. Nacido en esta ciudad el 10 de septiembre de 1487, de Vincenzo Ciocchi y Cristobalina Saracini, había efectuado una provechosa carrera eclesiástica. Siempre relacionado con la corte pontificia, a los veinticinco años había obtenido el arzobispado de Manfredonia y el 22 de diciembre de 1536 había sido elevado al cardenalato.

En él se distinguió como jefe de la dirección moderada de los cardenales italianos. Durante el pontificado de Paulo III, había sido miembro de la Comisión de Reforma y uno de los presidentes en la primera reunión del concilio de Trento (1545-1549).

Por tanto, al ser revestido de la suprema dignidad eclesiástica, se hallaba preparado para llevar a término una misión sumamente difícil en aquellos agitados momentos.

Los críticos de Julio III le reputan como un epicúreo toscano, más amante de la vida regalada en los palacios de Roma que de resolver los problemas en que se debatía la Iglesia.

En particular, le hacen responsable de la segunda suspensión del concilio’ de Trento y de la corta duración de la concordia con Irglaterra. Estas inculpaciones tienen escaso apoyo.

Aunque es cierto que recayó en los defectos del nepotismo y que se mezcló en las últimas disputas sobre los estados italianos — lucha por Parma y Plasencia en 1552 —, no se puede negar su celo por los intereses de la Iglesia.

El 1º de marzo de 1551 se abrió la segunda reunión del concilio de Trento, cuya particularidad más notable fué la presencia de algunos enviados de los príncipes reformistas alemanes. En el aspecto dogmático se afirmó la doctrina ortodoxa de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía.

El concilio fue suspendido el 28 de abril de 1552, no por voluntad de Julio III, sino por la amenaza de las tropas de Mauricio de Sajonia, rebelde al emperador.

La reconciliación del Papado con Inglaterra tuvo lugar poco después del advenimiento al trono de la reina María Tudor. El 6 de agosto de 1553, Julio III nombraba legado para Inglaterra al cardenal Pole.

Sin embargo, el paso decisivo de la reconciliación no se dio hasta el 3 de enero de 1555, y esto a causa de la política de Carlos V, que no quería provocar una guerra de religión en Inglaterra.

Poco después, el 23 de marzo de 1555, moría Julio III en Roma, dejando el camino expedito al papa de la Contrarreforma, Paulo IV, después del breve, y, por tanto, inmaturo pontificado de Marcelo II.

fuente

Biografia del Papa Pio XII Resumen de su Vida y Pontificado

Biografía del Papa Pío XII
Resumen de su Pontificado

Eugenio María Giovanni Pacelli (1876-1958) nació en Roma, el 2 de marzo de 1876, en el seno de una familia dedicada al servicio papa.Fue elegido papa Nº 260, cabeza visible de la Iglesia católica, desde el 2 de marzo de 1939 hasta su muerte en 1958. Antes de su elección al papado, Pacelli se desenvolvió como secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, desde donde pudo alcanzar la conclusión de varios concordatos internacionales con estados europeos y americanos.Falleció el 9 de octubre de 1958, en su residencia de Castelgandolfo,

papa pio xii biografia

A los pocos meses de nacer , su madre fallece, su  padre, Filippo Pacelli, fue decano del Colegio de Abogados, quien cuidó de sus cuatro hijos. En su ciudad natal, Eugenio hizo sus primeros estudios, para los que demostró poseer singulares condiciones, al tiempo que una madurez impropia de su edad, y desde niño se supo llamado por el Señor al sacerdocio.

Después de asistir a varias escuelas elementales, prosiguió sus estudios entre 1885 y 1893 en el Collegio Romano. La vocación sacerdotal ya latente desde los primeros años de adolescencia se consolidó en la paz secular de la basílica de Santa Inés, donde se había retirado a reflexionar durante el mes de agosto de 1894; su carácter le empujaba a encontrarse en la soledad con su propia conciencia. Comunicó la decisión a sus padres, y en los primeros días de octubre de aquel mismo año ingresaba en el Collegio Capranica.

En 1895 se inscribía en la facultad de filosofía y letras de la universidad de Roma, prosiguiendo al mismo tiempo sus estudios teológicos. Fue ordenado sarcedote el día de Pascua, 2 de abril de 1899, en la basílica de San Juan de Letrán, y celebraba su primera misa en la capilla Borghese de la basílica de Santa María la Mayor.

En 1901 ingresó en los servicios subalternos de la Secretaría de Estado del Vaticano y pronto fue nombrado minutante, cargo importante y de gran responsabilidad; el minutante prepara los esquemas de documentos para someter al examen del papa y los tiene que estudiar hasta su última redacción.

El 7 de marzo de 1911 era nombrado por Pío X secretario adjunto de la Congregación para los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios. A principios de 1917, Benedicto XV, reemplazo de Pio X,  nombraba a Eugenio Pacelli nuncio apostólico de Munich, en Baviera, donde Pacelli desempeñó un papel esencial en las relaciones entre Roma y el gobierno alemán.

El 22 de junio de 1920, aún conservando su título de nuncio en Baviera, monseñor Pacelli fue nombrado nuncio en Alemania. Ocho días después presentaba sus cartas credenciales al presidente Eber: era el primer nuncio apostólico en Alemania. Su gestión diplomática desembocaría en un nuevo éxito: el 29 de marzo de 1924, el Parlamento bávaro aceptaba el concordato con la Santa Sede.

El 16 de diciembre de 1929, Pío XI, que había sucedido a Benedicto XV, le nombraba cardenal. Dos meses más tarde era designado secretario de Estado; así reemplazaba a su ya anciano y antiguo superior, el cardenal Gasparri, que había firmado poco antes la reconciliación entre Italia y el Vaticano.

El 10 de febrero de 1939 moría Pío XI. El conclave se reunía el 1 de marzo. El día 2, el mundo cristiano tenía su nuevo papa y Roma su obispo: Eugenio Pacelli; decidió llamarse Pío XII. Roma estuvo satisfecha de que uno de sus hijos llegara a papa; el último papa romano había sido Inocencio XIII, elegido en 1721.

Los primeros años del pontificado de Pío XII fueron tristes y angustiosos. Vivía los acontecimientos intensamente, e intensamente los sufría. Quería ser un padre para todos. Quiso proteger indiscriminadamente a los perseguidos, a los prisioneros evadidos que encontraron refugio en el Vaticano, a los condenados políticos.

Parecía siempre dispuesto a comprender y a perdonar. Pero cuando un día Roma fue amenazada de ser evacuada, cuando el espectro de la deportación se abatió sobre sus conciudadanos, el papa Pacelli se llenó de indignación, con una majestad casi orgullosa de su cargo, y asumió por primera vez el tono de juez severo, repetido en dos ocasiones más: en julio de 1943 cuando Roma fue bombardeada y en las Navidades de 1956, luego de los hechos de Hungría.

El 9 de mayo de 1945, Pío XII pronunciaba su primer discurso después de la contienda mundial con palabras de paz y de perdón; y lo terminaba así: «Ahora se trata de reconstruir el mundo.»

Como si preparase algunas de las reformas que impondría el Concilio Vaticano II, mandó adecuar los horarios de las misas a las necesidades del mundo del trabajo, redujo el tiempo de ayuno observado hasta entonces antes de recibir la sagrada comunión y el 1º de noviembre de 1950 dio al mundo católico la alegría de promulgar el dogma de la Asunción de María, un acto de amor en quien rezaba diariamente el santo rosario.

Creó cincuenta y seis nuevos cardenales, muchos de ellos no italianos, y canonizó a treinta y tres nuevos santos, San Pío X entre ellos. Además, precisó el concepto de culpa colectiva, se pronunció sobre la inseminación artificial y se ocupó muy prioritariamente de la enseñanza social de la Iglesia, ajustándola a las nuevas condiciones de  mundo laboral.

Nadie olvida que su testimonio de caridad y de santidad estuvo en el origen de conversiones, como la del gran rabino de Roma, Zolli. quien quiso tomar su nombre al bautizarse: Eugenio.

Su pontificado, plausible por todos y por tantas causas, tuvo y sigue teniendo muchos detractores, ya que mientras es considerado por la mayoría de los católicos que vivieron su tiempo como el Papa de la paz, no faltan quienes lo acusen de haber colaborado con el horror nazi.

Pío XII en septiembre de 1939, aunque sin hablar de agresión injusta, manifestó claramente su solidaridad con Polonia, invadida por los alemanes; en mayo del año siguiente envió a los reyes de Bélgica, Luxemburgo y Holanda tres telegramas en los que condenaba con duros términos la injusticia cometida. Después de esto Pacelli se encerró sustancialmente en el silencio, juzgando que cualquier protesta ulterior sería superflua y hasta contraproducente.

Apenas elegido papa, consultó con los cardenales alemanes presentes en el conclave y, de acuerdo con ellos, intentó un acercamiento distensivo con una carta personal a Hitler, que no tuvo una gran eficacia. La guerra no hizo más que agudizar la tensión entre el Vaticano y el Reich. Pío XII, tras haber protestado más o menos explícitamente contra las primeras agresiones realizadas por Alemania.

Pío XII utilizó las encíclicas más que otro medio, aparte de sus innumerables discursos, para expresar su pensamiento político. Ya en el primero de estos escritos, la encíclica Summi Pontificatus, de 20 de octubre, el papa condenó ciertos principios de política y de gobierno que se afincaban entonces en Europa y que, según él, acarrearían males inmensos a la humanidad.

Refiriéndose a la próxima organización mundial que se tenía que concretar con la creación de la ONU, el papa Pacelli insistía en un mensaje de 1944 sobre la unidad del género humano. «Del reconocimiento de este principio depende el futuro de la paz», advertía.

Excluido efectivamente de la reorganización del mundo, el papa quiso actuar de manera directa sobre la conciencia de los hombres. La reconciliación entre los estados se preveía imposible, y él quiso provocar la reconciliación de los espíritus. Fue el gran principio que dominó el curso del Año Santo de 1950.

Pío XII no se hizo jamás ilusiones sobre las aspiraciones pacíficas proclamadas por la Unión Soviética; desconfiaba de los rusos cada vez que pronunciaban la palabra paz. Cuando se convocó la conferencia de Ginebra de 1955, el papa dejó entrever sus recelos y su escepticismo.

De entre sus numerosos documentos, acaso quepa destacar: la Summi Pontíficatus, de 1939, sobre la decadencia moral en la humanidad; Divino afflante Spiritu, de 1943, sobre los estudios bíblicos; Mystici corporis Christi, del mismo año, sobre la naturaleza de la Iglesia; Mediator Dei et hominum, de 1947, sobre la liturgia; Munificentissimus Deus, de 1950, sobre el dogma de la Asunción de María; Fidei Donum, de 1957, sobre las misiones, y Miranda prorsus, de 1957, sobre los medios audiovisuales.

En los últimos años de su pontificado permanecía casi constantemente en su mesa de trabajo, sólo abandonada con ocasión de algunas ceremonias y audiencias; meditaba y escribía las enseñanzas con que nutría sus discursos y documentos.

Desde 1954 su salud se resintió notablemente. A lo largo de los años siguientes —los más oscuros y extraños de su pontificado—, sufrió en la soledad angustiosa y en un aislamiento inexplicable.

El 9 de octubre de 1958, en su residencia de Castelgandolfo, murió un gran Papa a quien correspondió gobernar la Iglesia en los años más dramáticos del siglo, los de la Segunda Guerra Mundial, tras haber vivido los horrores de la Primera. Fueron muchos los judíos ilustres e incontables los miembros de otras religiones que manifestaron su sincero dolor por la muerte del papa Pacelli.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: PIO XII “un heraldo de la paz entre luces y sombras” – Editorial Planeta
Historia de los Papas – Desde San Pedro a Francisco I – Editorial LIBSA Luis Tomás Melgar-Gil
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

 

Biografia Papa Pio X Resumen de su Obra Pontificia Caracteristicas

Biografía Papa Pio X – Resumen de su Pontificado

Papa Pío X ( Riese, 2 de junio de 1835-Roma, 20 de agosto de 19141​), de nombre Giuseppe Melchiorre Sarto  fue el 257.º papa de la Iglesia católica entre 1903 y 1914.

Segundo hijo de los diez que tuvo el matrimonio de Giovanni Battista Sarto (1792-1852), de profesión cartero, y Margarita Sansoni, costurera (1813-1894). Fue bautizado el 3 de junio de 1835.

Sus padres, si bien eran humildes, valoraban la instrucción. Muy estudioso desde niño, desde tan temprana edad sintió la llamada sacerdotal, por lo que a los quince años ingresó en el seminario de Padua y fue ordenado sacerdote en 1858. En su primera labor pastoral se hizo notar por su gran caridad para con los necesitados y por el ardor de sus homilías, que le valieron no pocas conversiones.

Papa Pio X Biografia

Se cuenta que cuando se iba a producir la tercera votación los rostros de la mayoría de los cardenales se volvieron hacia él, en clara muestra de sus intenciones, el cardenal Sarto rompió a llorar en inútil ruego de que olvidasen como posible elegido a «este sencillo cardenal rural», como a sí mismo gustaba definirse. Cuando, tras la votación, se supo elegido aceptó la designación con la misma sencillez y docilidad que presidió toda su vida, y dijo: «Acepto el pontificado como una cruz, y porque los papas que han sufrido por la Iglesia en los últimos tiempos se llamaron Pío, tomo ese nombre». Fue declarado beato el 3 de junio de 195112​ y canonizado el 3 de septiembre de 1954, por Pío XII en ambas ocasiones

BIOGRAFÍA: Giuseppe Melchiorre Sarto nació en Riese (Italia) en el seno de una familia pobre, humilde y numerosa el 2 de junio de 1835. hizo sus estudios en Padua y fue ordenado sacerdote en 1858. Desarrolló siempre su ministerio sacerdotal en medio del pueblo; fue vicario en Tombolo, párroco de Salzano (1867), canónigo y canciller de Treviso (1875); en 1884 fue nombrado obispo de Mantua, hasta que se trasladó como patriarca de Venecia, creado cardenal en 1893.

El futuro papa desarrolló su misión pastoral, como sacerdote y obispo, con unos objetivos muy claros desde el punto de vista de una evangelización más acorde con el estilo apostólico. A pesar de todo tuvo que pagar un caro tributo a su época, tiempo de efervescencias doctrinales y políticas, sobre las cuales una vez papa tendría que tomar posiciones que acentuarían sin duda el verdadero carácter de su personalidad como hombre y como obispo de la Iglesia romana.

En el conclave de 1903 fue elegido sucesor de León XIII, al haber usado Austria el veto contra el cardenal Rampolla, que parecía ser el candidato con más posibilidades. En su primer documento pontificio, la encíclica El Supremo del 4 de octubre de 1903, el papa Sarto expuso la idea que había de guiar su actuación: «Restaurar todas las cosas en Cristo.»

Después, cuando fue coronado, anunció todo su programa pontifical en una frase: «¡Omnia instaurare in Christo!» («Todo lo instauraré en Cristo»),el programa de un buen pastor: alimentar, guiar y custodiar al rebaño que el Señor le había encomendado y buscar amorosamente las ovejas perdidas.

En 1904, apenas elegido, condenó explícitamente toda forma de veto en la elección del papa por parte de las potencias católicas. Era un acto muy importante no sólo por su intención inmediata, sino por su más amplio significado; así prohibía bajo pena de excomunión cualquier intento de impedir el nombramiento de un candidato a la tiara pontificia.

Durante su pontificado introduciría múltiples reformas en la vida interior de la Iglesia. En el clero se experimentaba una neta mejoría. Como consecuencia del cambio de estructuras sociales (abolición del mayorazgo), desaparecen muchas vocaciones interesadas, típicas del antiguo régimen, y poco a poco va disminuyendo el número de los sacerdotes «de misa y olla», ajenos al trabajo pastoral y ocupados como preceptores de familias o sin ocupación alguna.

En el orden legislativo, el papa iniciaría una labor sustancial, aunque la historia le podrá reprochar desaciertos notables de enfoque y de formulaciones; encomendó la refundición del derecho canónico, emprendida bajo la dirección del cardenal Gasparri, y que dio lugar —tras la muerte del pontífice— a la publicación del Código de derecho canónico (1917). En 1908, por medio de una constitución apostólica, promovía una profunda modificación y reforma en los cuadros administrativos eclesiásticos, y particularmente de la Curia romana.

La liturgia de la Iglesia bajo su pontificado conseguiría unas reformas que ahora aparecen como muy moderadas y casi superficiales, pero que en aquel momento supusieron un esfuerzo purificador y un notable estímulo para desarrollar una serie de posibilidades, aunque fuera dentro de un marco muy precisado y concreto.

Los documentos que jalonarían esa reforma litúrgica van desde el motu propio del 22 de noviembre de 1903 —referente al canto en el culto— hasta la constitución Divino afflatu de 1911, en que se reformaba y aligeraba la oración pública de la Iglesia y el calendario de los santos.

La trayectoria pastoral de Giuseppe Sarto, sacerdote y obispo, había sido acentuadamente desarrollada bajo el signo de una renovación espiritual muy sincera, aunque con un acusado y creciente sello reaccionario. Al ser elevado al solio pontificio, estuvo, quizá muy a pesar suyo, estrechamente condicionado por las pasiones políticas y doctrinales de su época. Todas las decisiones que en los años de pontificado tendría que tomar, sin duda estarían marcadas y presionadas por el espíritu polémico e integrista de muchos de sus principales colaboradores.

En 1904 durante su pontificado, Francia denunciaba el concordato y presentaba el proyecto de ley sobre la separación entre la Iglesia y el estado. La ley fue promulgada el 9 de diciembre de 1905. El estado ya no daría a la Iglesia las pensiones pagadas hasta el momento a título de compensación por cuanto se le había confiscado; los bienes eclesiásticos en parte habían sido expropiados, en parte pasaban a ser administrados por «asociaciones culturales» formadas fundamentalmente por laicos y controladas sustancialmente por ellos.

Pio X replica esta actitud con la publicación de la encíclica Vehementer del 11 de febrero de 1906.

Por lo que se refiere a Italia, Pío X heredaba de sus predecesores todo el lastre polémico aún vivo sobre la cuestión romana y la actitud de los cristianos frente al nuevo estado italiano. Seguía, entretanto, en pie la directriz vaticana de abstenerse en las elecciones políticas. La abstención, de cuya validez dudaba hasta el mismo pontífice, como demuestran las reiteradas consultas privadas que hizo a los católicos más caracterizados, laicos y clérigos, provocaba fuertes polémicas entre intransigentes y moderados, acabando por dividir a los católicos en dos bloques enfrentados.

Su amor a la Eucaristía le llevó a autorizar la comunión diaria a todos los fieles y a permitir que los niños pudiesen recibir el santísimo sacramento a partir de los siete años de edad. La razón para ello la dejó explícita en estas palabras:

«La finalidad primera de la santa Eucaristía no es garantizar el honor y la reverencia debidos al Señor, ni premiar a la virtud, sino que los fieles, unidos a Dios por la comunión, puedan encontrar en ella fuerza para vencer las pasiones carnales, purificarse de los pecados cotidianos y evitar las caídas a que está sujeta la fragilidad humana».

Para mejor difundir el Evangelio dio un gran impulso a la actividad misionera, incentivó la creación de seminarios regionales, encomendó la revisión de la Vulgata a los benedictinos, fundó el Pontificio Instituto Bíblico en Roma y comenzó la publicación de la Acta Apostolicae Sedis, que, desde 1909, es la publicación oficial en que se recogen los documentos pontificios.

Como preparación para la celebración del cincuenta aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María, San Pío X publicó la encíclica Ad díem illum, todo un canto de amor a la Virgen.

Murió el 20 de agosto de 1914. Bromeando, cuando oía decir de él que era un Papa santo, solía comentar: «No santo, Sarto, Sarto», pero ya en vida se le atribuyeron muchos milagros, y el 14 de febrero de 1923 Pío XI introdujo su causa de beatificación, que culminó Pío XII el 12 de febrero de 1951, para proclamarle santo el 29 de mayo de 1954. Había que remontarse hasta 1572 para encontrar el último pontífice proclamado santo: San PíoV

Ver: Biografia de PIO XII

Ver: Biografia de Giovanni Battista

Fuente Consultada:
Historia de los Papas Desde San Pedro a Francisco I – Entrada: Papa Pio X – Editorial LIBSA
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Papa Pio X “El Papa Antimodernista” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

El Shah Abbas de Persia El Grande Historia de su Reinado

El Shah Abbas de Persia «El Grande»
Historia de su Reinado y Sus Conquistas

La fama del shah Abbas no se debe sólo a su capacidad militar. Fue también un protector de las artes y del comercio, un inteligente administrador, y en el terreno religioso se mostró tolerante

Con Abbas I el Grande, cuarto shah de la dinastía de los safávidas, se sentaron las bases territoriales del actual estado de Irán (Persia). Accedió al trono en 1587, cuando empezaba a declinar el imperio español: reinaba entonces en España Felipe II, que reunía bajo su corona la península Ibérica, los Paises Bajos y el reino de Napóles, mientras en el Nuevo Mundo se había completado prácticamente la conquista y estaban ya fundadas las ciudades más importantes. En Europa, aparte de España, la hegemonía política alternaba entre Gran Bretaña, Francia y el Sacro imperio alemán, mientras por el este amenazaba el Gran Turco.

sha de persia

El shah Abbas el Grande. Convirtió a su país en una potencia, y durante casi cien años protegió indirectamente a sus incompetentes sucesores. Supo crear un poderoso ejército al que dotó de artillería.

 

Entre los turcos y los mongoles

Por aquel entonces se hallaba asentada en el actual Irán la dinastía de los safávidas. Su territorio, que cambió repetidas veces de fronteras como consecuencia de las constantes disputas con sus vecinos, comprendía la franja de terreno limitada por los mares Caspio y Aral, al norte, y el golfo Pérsico al sur. Quedaba, pues, situado entre dos legendarios imperios: el turco otomano, al oeste, y el mongol al este, siendo particularmente duras las luchas que los shahs sostuvieron contra los uzbekos (mongoles).

El estado safávida surgió de una orden de derviches del siglo XIV, originariamente sometida a la ortodoxia sunnita. Los sunnitas son una de las dos grandes denominaciones islámicas: sostienen que los tres primeros califas fueron elegidos legítimamente; a ellos se oponen los chutas, para quienes el nombramiento de dichos califas (que reinaron entre la muerte de Mahoma y la elección de su yerno Alí) fue ilegítimo, debiendo haberse reconocido desde el primer momento al ciado Alí. La cuestión no era bizantina, pues bs chutas apoyaban el derecho de los sucesores de Alí, como profetas, al ¡manato, y tilo implicaba consecuencias políticas importantes.

Los safávidas, fieles en un principio al grupo sunnita, evolucionaron poco a poco hacia un chiismo militante. A fines del siglo XV estaban asentados en las tierras del actual Azerbayán, y su shah era Ismail. Este inició la expansión hacia el sur, y se proclamó en 1502 shah de Persia, fundando un imperio que ocho años más tarde estaba ya consolidado. La dinastía así establecida permaneció en el poder hasta 1722, en que fue depuesto el sultán por el emir del vecino Qandahar (el actual Afganistán).

Los safávidas, gobernantes mediocres con la excepción de Abbas I, afirmaron su imperio sobre una doble base: el nacionalismo de los pueblos iranios, y la religión chuta,  que se declaró oficial en el Imperio y sirvió así de bandera contra el amenazador Imperio turco, fiel al sunnismo.

De la solidaridad religiosa fue emergiendo la solidaridad nacional, y los territorios del Asia Central irania, que habían sido la cuna de la civilización persa-islámica y, al propio tiempo, firmemente sunnitas, se fueron separando del resto del mundo iranio, llegándose a una delimitación de las fronteras de Persia que corresponde más o menos a la actual. El Imperio persa se inclinó hacia el Occidente, y Europa tuvo noticias de él gracias a las brillantes narraciones que algunos viajeros, como los franceses Chardin y Tavernier, hicieron de él.

La primera derrota

Tras la consolidación inicial del Imperio safávida, en 1510, con la victoria que el shah Ismail consiguió sobre los uzbekos, pareció asegurado su prestigio. Pero en 1514 sufría el propio Ismail, en Chaldirán, una aplastante derrota a manos de los otomanos. El shah, gobernante religioso y temporal a un tiempo, quedó en una posición delicada. Como imán chuta gozaba de una condición semidivina; pero los fieles, desilusionados por aquella derrota y por la depravación moral de su señor, comenzaron a dudar seriamente de las pretensiones de éste respecto a su infalibilidad de origen divino y su limpieza de pecado, con lo cual se resquebrajaron las bases de su autoridad.

Después del desastre de Chaldirán comenzó a resultar muy difícil a los shahs safávidas la conservación de la integridad de su autoridad, especialmente en lo referente a las siete grandes tribus turcas de Qizilbash, que representaban la base real de su poder. Cuando el shah Abbas, cuarto de la dinastía safávida, subió al trono en 1587, las tribus de Qizilbash habían perdido el respeto a su soberano y entrado en un período regresivo que amenazaba con la vuelta a las antiguas alianzas tribales. Abbas había sido testigo desde su más tierna edad de la extrema gravedad de la situación y pronto se dio cuenta de que estaba siendo utilizado como un rehén entre los jefes rivales del Qizilbash.

Hasta su misma coronación había sido en realidad un coup d’etat de uno de ellos, Murshid Quli Kahn Ustajlu, que había depuesto a Mohammad Khudabanda, padre de Abbas y colocado a éste en el trono en calidad de protegido suyo.

Durante el reinado de Abbas florecieron el arte y la arquitectura como nunca anteriormente. Una de las obras más bellas que hizo construir fue la mezquita del Shah. He aquí la puerta de ingreso.

Un nuevo ejército modelo

Abbas comprendió que debía quebrantar el poder de los Qizilbash si quería tener la autoridad en sus manos. Una de sus primeras medidas consistió en la creación de un potente ejército permanente, pagado directamente por el Tesoro real, reemplazando así el sistema de levas de tipo feudal de las tribus Qizilbash. El nuevo ejército modelo llegó a alcanzar la cifra de 37.000 hombres.

Su organización se debe principalmente a Robert Sherley, un aventurero inglés experto en cuestiones militares. Gracias a Sherley, entre cuyos ayudantes figuraba un fundidor de cañones, Abbas pudo incluir en sus fuerzas un cuerpo de artillería compuesto de 12.000 hombres y 500 cañones. Con esto quedaba subsanada una carencia que se había demostrado desastrosa en Chaldirán frente a la artillería turca.

El núcleo del nuevo ejército estaba formado por las tropas eslavas y los ghulams, muchos de los cuales eran georgianos convertidos al Islam. A lo largo de su reinado Abbas fue confiando cada vez más en estos hombres, a quienes dio acceso también a los altos puestos administrativos hasta cubrir con ellos el 20 por ciento de los cargos; en ellos sustituían por otra parte a sus anteriores posesores, los jefes Qizilbash.

Como habían hecho otros gobernantes anteriormente, Abbas siguió la política de «divide y vencerás» para evitar una posible unión de los elementos de la oposición. Grandes masas de personas fueron trasladadas a la fuerza desde sus tierras a otras muy distantes. El establecimiento de los armemos y georgianos se llevó a cabo no sólo para evitar que los turcos usasen a estas infortunadas víctimas de la guerra entre ambos países, sino también para crear una diversidad étnica y religiosa que impidiese la unión de diversos grupos.

No contento con esto y continuando su política, fomentó deliberadamente el fraccionamiento de las facciones dentro de las grandes ciudades. Para evitar posteriores peligros internos, estableció la práctica de confinar a los príncipes de la rea-familia dentro del harén, hasta el momento en que fuesen llamados a gobernar.

Del mismo modo que sus antecesores. Abbas pasó la mayor parte de su vida era campaña, consiguiendo por su parte tales éxitos que Persia, hasta casi un siglo despee; de su muerte, pudo gozar de tranquilice frente a la posibilidad de una amenaza del exterior.

En 1590, poco después de su subida al trono Abbas se había visto obligado a concluir un desfavorable tratado de paz con los otomanos para evitar una guerra simultánea en dos frentes en un momento en que la situación interna no estaba resuelta. Por dicho tratado los otomanos retenían sus recientes conquis tas en Georgia y el Azerbaiján, ademas de parte del Luristán y Kurdistán.

Pero dicho tratado le permitió concentrar sus fuerzas contra los uzbekos, a los que derrotó amplia mente en 1598 en Herat. Entonces trato de consolidar sus posiciones en esta frontera (lo que no consiguió) instalando en ella jefes vasallos uzbekos. Cuando éstos renovaron sus ataques en 1601, Abbas fue superado por el movimiento estratégico del enemigo y se vió obligado a retirarse.

Finalmente, en 1604 pudo comenzar las operaciones militares contra los otomanos, que en aquel momento se estaban debilitando debido a sus conflictos internos y a la guerra contra Austria. Su prudencia tuvo la recompensa merecida, consiguiendo con la ayuda de sus cañones una brillante victoria en las cercanías de Tabriz en 1606, vengando así la humillación sufrida cien años antes en Chaldirán.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/sha1.jpg

Los viajeros europeos quedaban deslumhrados ante el lujo y riquezas de la corte persa. En las calles, junto a los magníficos edificios, abundaban los jardines y las fuentes.

Balance de un reinado

El éxito de Abbas se puede calibrar muy bien pensando que cuando subió al trono se encontró con un poder safávida al borde del colapso y que después de su muerte la dinas-tía pudo vivir de las rentas de sus éxitos durante casi un siglo, pese a la incompetencia de  los shahs posteriores. Pero, paradójicamente, el mismo Abbas había sembrado el germen de la descomposición de la dinastía.

En primer lugar, el lazo espiritual que uniera otrora al shah con sus subditos había constiuido el fundamento moral de su gobierno y dado a los safávidas una ideología potente y dinámica. Rota esta relación, Abbas tuvo que recurrir al único sustitutivo que consideró posible: la afirmación de un despotismo de tipo tradicional. La fuerza dinámica que había conducido a los safávidas al poder quedaba destruida definitivamente.

En segundo lugar, el nuevo ejército permanente resultaba una pesada carga financiera para el Tesoro real, lo que conducía inevitablemente a extorsiones y opresiones. Y la incompetencia de sus sucesores se debió en gran parte a la práctica introducida por Abbas de encerrar al heredero en el harén hasta el momento de su subida al trono.

No obstante todo esto, el balance de su reinado es muy positivo. Con una autoridad real establecida con firmeza, Persia pudo gozar de los beneficios de una paz interna y duradera. Si el shah no era venerado (aunque todavía amplios estratos del pueblo creían en su semidivinidad) por lo menos era respetado. Y las largas guerras con los otomanos y uzbekos garantizaron al país la seguridad de sus fronteras en el futuro.

Fomentó los contactos con el exterior, llamando a notables personalidades y favoreciendo las relaciones comerciales con Europa, de modo que industria y comercio conocieron un gran florecimiento. Durante el período safávida la literatura inició su decadencia, pero el apoyo que se había negado a los poetas, por razones religiosas, se ofreció pródigamente a pintores y arquitectos. Abbas trasladó su capital a Ispahan, que se convirtió en centro de un floreciente renacer artístico. Embelleció la ciudad con amplias avenidas flanqueadas de árboles, con plazas amplias, y con mezquitas y palacios que continúan produciendo admiración por sus colores y proporciones.

La época safávida coincidió con el período en que Europa se dedicaba a los descubrimientos geográficos y a la expansión; por eso no es sorprendente que se reanudasen los contactos mutuos. Abbas, que comprendió el provecho que podía sacar de estas relaciones, las favorecía con entusiasmo. Todo europeo que se presentaba con algo valioso que ofrecer, como había sido el caso de Robert Sherley, era recibido con los brazos abiertos.

También pretendió Abbas utilizar del mejor modo posible a los europeos en su lucha contra los turcos. Aunque no llegó a sellar ninguna alianza militar, pese a todos sus intentos,favoreció el comercio por vía marítima dentro del golfo Pérsico, con la intención de sustituir así las viejas rutas que estaban en aquellos momentos bajo el dominio otomano.

Durante su reinado, la primacía que ostentaban los portugueses en esta zona fue sustituida por la de las Compañías inglesa y holandesa de las Indias Orientales. En 1622 consiguió Abbas persuadir a los ingleses para que cooperasen con las tropas safávidas en la expulsión de los portugueses de su base en la isla de Ormuz. A cambio les ofreció privilegios comerciales en el nuevo puerto de Bandar Abbas, situado en tierra firme a unos 20 km al norte de Ormuz. Se estableció en suma, un profuso intercambio de embajadas entre Per-sia y Europa.

Aunque estos contactos presagiaban un drástico cambio en el equilibrio del poder entre Este y Oeste, no se podía en aquellos momentos sospechar tal circunstancia, y Europa no dejó apenas huella en Persia. Al contrario, fue Persia la que ejerció gran influencia gracias al alto nivel de prosperidad material y cultural alcanzado.

Una personalidad de su tiempo

Gracias a las narraciones de los viajeros europeos, podemos hacernos una idea del aspecto físico y de la personalidad de Abbas. Thomas Herbert, que formaba parte de la embajada inglesa en 1627, lo describe como «de baja estatura, aspecto vivaz, ojos pequeños y llameantes, la frente baja, la nariz grande y aguileña, barbilla aguda, sin cubrir de pelo, según la moda del país; su bigote era grande, saliente y espeso, con las guías hacia abajo». Abbas no era sólo inteligente y estaba dotado de gran agilidad mental.

Se hallaba también muy bien informado; sorprendió al viajero italiano Pietro della Valle al interpretar correctamente una alusión que éste había hecho respecto a los luteranos. Su habilidad manual la conocemos por las relaciones contemporáneas de la misión carmelitana. «Se entretiene haciendo cimitarras, arcabuces, riendas y sillas de caballo; teje, destila sales, hace agua de flor de naranja y medicinas y —en resumen— aunque no domina a la perfección los ingenios mecánicos, es bastante experto también en eso.»

Su tolerancia en materia religiosa permitía que órdenes monásticas como los carmelitas agustinos y capuchinos pudiesen moverse libremente en Persia. Al mismo tiempo era profundamente supersticioso. Su modo de vivir era sencillo, aunque su accesibilidad y naturalidad nunca dañaban su dignidad. Poseía un fuerte sentido del humor, que, a veces, adquiría matices macabros, a costa de los demás. Su crueldad no era excepcional considerada la época, aunque resulta difícil excusar la forma retorcida en que hizo matar o cegar a sus hermanos e hijos.

«Pero —escribe Thomas Herbert— debemos considerar que este príncipe grande y generoso, a quien no desagradan estos excesos, es una figura amada y respetada en su país y muy honrada en el extranjero. Por lo tanto hacer una descripción de la variedad de torturas que aquí se aplican: brujas y perros caníbales, hombres a los que se les arrancar los intestinos, y otras cosas similares, no serviría sino para traernos un recuerdo odios.: e innecesario.»

Fuente Consultada:
La LLave del Saber  – La Evolución Social –  Tomo II – El Shah de Persia – Editorial Ediciones Cisplatinas S.A.

Biografía de Santa Catalina de Siena Historia de su Vida

Biografía de Santa Catalina de Siena

Niña por su físico, pero madura por su espíritu, Catalina Benincasa fue para los hombres del Trescientos una guía espiritual prudente y dulce, constante y serena.

Artistas y literatos, soberanos y condottieri, obispos y papas, pidieron consejo a la Santa de Siena, llamándola con el suave nombre de «mamá».

En la mañana del 25 de marzo del año 1347, Siena resplandecía bajo el sol primaveral. Era la hora en que los hombres se dirigían habitualmente hacia la plaza del Campo para tratar sus asuntos de negocios, y las mujeres, hechas ya sus tareas domésticas, se reunían para la plegaria en la Casa del Señor.

Jacobo Benincasa se encontraba trabajando en su negocio de tintorería cuando se oyó llamar por su hija mayor, Buenaventura: «¡Ven padre, ven! Nuestra madre te ha dado otra hijita.».

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/santa_catalina.jpg

Rápidamente acudió el buen hombre a la cabecera de su esposa, y allí, mientras los hijos la rodeaban y el pálido rostro de la madre se iluminaba con una sonrisa, levantó a la recién nacida a la altura  de su cabeza,  ofreciéndosela a Dios e implorando para ella Su bendición.

Esta niña se llamó Catalina, y con ella sumaron veintitrés los hijos de esta familia del pueblo.

Sus primeros años transcurrieron bajo la vigilante mirada de la madre y de una hermana.

Era vivaz y serena, llena de gracia y sonrisas. Cuando comenzó a andar por la casa y a salir para entretenerse en sus primeros juegos con las amiguitas, por las calles del pueblo, las comadres de la vecindad se sintieron atraídas por sus dotes y comenzaron a llamarla con un afectuoso sobrenombre, Eufrosina, que significa «plena de gracia».

Creció como las otras niñas hasta los siete años, pero a esa edad, conmovida quizá por los episodios sobre la vida de los Santos que el sacerdote y alguna piadosa mujer le habían narrado, algo cambió en su alma.

Aparentemente era la misma de siempre, pero en su pequeño corazón se había encendido un fuerte amor hacia Dios, y a pesar de su tierna edad pidió un día a la Divina Madre que le concendiese ser la esposa de su Hijo Jesús.

La pequeña creyó ver a la Virgen que, apareciéndosele en todo su esplendor, le prometía con un gesto maternal acceder algún día a ese espontáneo y purísimo deseo.

Desde aquel momento, para ser digna de su prometido Esposo, llevó una vida ejemplar y, olvidando sus juegos, hizo de cada instante un acto de nobleza.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/catalina1.jpg

Catalina Benincasa fue la vigésimotercera hija de un tintorero, y su nacimiento llevó alegría a la familia de don Jacobo, que imploró para la niña la bendición de Dios.A la edad de siete años, Catalina fue sorprendida una noche por su padre mientras rezaba con profundo recogimiento, arrodillada ante una imagen de la Virgen. Pasaba largas horas, todas las noches, orando y haciendo penitencia. Ignorando el amor a Dios que llenaba el corazón de Catalina, ya en edad de casarse, sus padres la instaban a elegir marido; ante la oposición de la niña, le infligieron severos castigos y le ordenaron duros trabajos.

De día, cuando su madre creía que se hallaba jugando, Catalina castigábase a sí misma con toda clase de tormentos corporales, flagelándose y golpeándose para probar en carne propia algunos de los dolores míe Jesús había sufrido durante el Martirio.

Los alimentos que la familia comía siempre con buen apetito no la atraían, y prefería ayunar. De noche, cuando la casa se encontraba sumida en el silencio, pasaba-largas horas rezando en su dormitorio.

Cuando el sueño cerraba sus párpados, no dormía en su pequeño lecho sino sobre la desnuda tierra, para no concederse reposo alguno.

Tantos ayunos y mortificaciones habrían desmejorado a otra niña, pero Catalina, como si la Divina Madre hubiera extendido sobre ella su mano protectora, crecía bella y serena.

Su cuerpo, esbelto por las rigurosas abstinencias, había conservado toda la gracia, y sus ojos resplandecían con una belleza toda espiritual, mientras su espesa cabellera enmarcaba el óvalo puro de su rostro.

A los trece años Catalina era hermosa, y no debe asombrarnos que sus padres, como se acostumbraba en aquellos tiempos, comenzaran a pensar en casarla.

Y aquí comenzó para la niña un largo período de tristezas. Sus padres, ignorando el ardiente amor que ella sentía hacia Dios, la exhortaban con consejos y órdenes cada día más ásperos a que eligiera a algún joven serio del condado.

Pero Catalina, a pesar de que nunca había desobedecido, rehusaba siempre, y llorando pedía que desistieran de tal propósito. Disgustados por tanto obstinamiento, y pensando que se trataba de un capricho, el padre y la madre quisieron castigarla, y la obligaron a realizar duros trabajos.

Sin embargo, estos sufrimientos maduraron a Catalina y acrecentaron en ella, con más vigor que antes, la voluntad de pertenecer a Dios.

En aquellos años había surgido en Siena la Orden Terciaria de Santo Domingo, una sagrada institución que acogía en sus filas a mujeres piadosas, las cuales se sometían a un severo reglamento y, aun viviendo con su familia, tenían la obligación de dedicarse a obras de caridad, en especial a la atención de los enfermos. Catalina manifestó un día el firme propósito de entrar en esa congregación.

La oposición de los padres fue violenta, y la niña sufrió tanto que enfermó gravemente, con serio peligro de su vida.

Esto fue una lección para el buen Jacobo, quien, comprendiendo al fin la profunda vocación de su hija, no habló más de matrimonio, e intercedió ante el director de la Orden para que la niña, no obstante su tierna edad, pudiese ser «hermana con hábito«.

Fue así como, a los dieciséis años, Catalina vistió el severo hábito blanco cubierto por el largo manto negro, aceptando todos los sacrificios y penitencias que la Sagrada Orden le imponía.

Aunque permaneció en su casa durante los tres años de noviciado, su vida fue reglamentada tan rígidamente como si se hallara en el convento, y las horas del día y de la noche estuvieron todas llenas de obras de caridad y de devoción.

Dormía sólo media hora cada dos días, y el resto de la noche lo pasaba rezando arrodillada en el suelo ante un gran crucifijo.

A los pies de esa imagen de Cristo agonizante tuvo a menudo visiones y éxtasis dulcísimos, y fue en una de esas noches —contaba en aquella época veinticuatro años— cuando se cumplió la promesa de la Virgen.

En efecto, Catalina creyó ver que Jesús se le aparecía y colocaba en su dedo el anillo nupcial, como testimonio de haberla elegido por esposa.

Muy pronto, el nombre de la santa niña estuvo en todos los labios, y el eco de su bondad se esparció por la Toscana.

Almas piadosas comenzaron a reunirse a su alrededor, formando «el cenáculo catalinario», en el que la joven, llamada por sus adeptos con el dulce nombre de «mamá», volvióse la guía constante y serena de «hijos» e «hijas» que tenían muchos más años que ella.

Las conversiones realizadas por su elocuencia y su ejemplo .son innumerables.

Siendo hija de modestos artesanos, Catalina no había aprendido en su infancia a leer ni a escribir. Al extenderse el número de sus amigos espirituales en toda la Toscana, en Roma, en Milán, y hasta en Aviñón, la imposibilidad de comunicarles sus pensamientos era para ella motivo de aflicción.

Con la fuerza de su alma y la inteligencia que siempre había demostrado, retomó y terminó el aprendizaje de la lectura y escritura, que había iniciado a los diecinueve años.

Después de breve tiempo, se encontró en situación de escribir a todos aquéllos que le pedían consejos.

A veces, abrumada por los mensajes que le llegaban de todas partes, recurría a los servicios de otras personas, logrando dictar sin» confundirse cuatro cartas al mismo tiempo, cartas bellas, que aún hoy leemos con emoción, no sólo por el mensaje de fe y de iluminada prudencia que contienen, sino también por el estilo límpido y conciso, que hace de este epistolario uno de los documentos más preciosos de la literatura universal.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/catalina2.jpg

Los enfermos, las familias necesitadas, los ancianos, todos conocían a Catalina y solicitaban su consuelo. Por muchos meses la jovencita cuidó a una pobre leprosa, de nombre Tecca, que vivía aislada en una casucha cercana al bosque. Al multiplicarse sus  amigos,  repartidos por  toda Italia, Catalina se sintió muy afligida al no poder comunicarse con ellos y transmitirles sus pensamientos. Sostenida por su gran voluntad, aprendió sola a escribir.

Cada carta se inicia con el nombre de Jesús: «Yo, Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, te escribo a ti en la preciosa sangre Suya», y termina invocando Su nombre: «Jesús dulce, Jesús amor», como si la joven se sintiera el humilde instrumento de las intenciones de Dios.

Con la fuerza que de Él recibía, Catalina no se avergonzaba de manifestar su pensamiento en materia política, moral y religiosa, a los altivos soberanos y los doctos cardenales de su tiempo.

Entre otras, dirigió una carta al duque Bernabé Visconti, exhortándolo a no ser tan cruel con los sacerdotes, a honrar al Pontífice y a participar en la Cruzada a Tierra Santa, y escribió también a los gobernantes de Siena, de Florencia, de Bolonia, a la Reina de Nápoles y al legado pontificio de Roma.

A todos estos altos personajes daba Catalina consejos y exhortaciones de obediencia a las santas leyes de Dios, diciendo verdades f denunciando culpas que nadie hubiese siquiera osado insinuar.

En 1374 reunidas las autoridades qu$ dirigían la Orden de las Mantellate en una junta de religiosos, en Florencia, le fue concedida a la joven monja una njayor libertad, confiándola a la sola dirección espiritual peí dominico (poco después beatificado) Raimundo de Capuá.

Catalina se entregó con toda abnegación a velar por sus semejantes, olvidándose más que nunca de sí misma para consagrarse a aliviar el dolor de los demás.

Precisamente en ese año, Dios la había sometido a duras pruebas, pues la epidemia de peste que llegó de manera imprevista a su ciudad natal se llevó en el término de pocos días a diez miembrse de su familia.

El año siguiente fue para Catalina una sucesión de viajes y frecuentes conversaciones con condottieri, con el fin de inducir a éstos a prestar ayuda a la Cruzada que en aquella época había solicitado el papa Gregocio XI, y fue mérito suyo que el condottiere Juan Acuto aceptara participar en la empresa.

Para recompensarla en parte por todo lo que ella estaba haciendo por la liberación del Santo Sepulcro, el Señor quiso, en ese año, mientras Catalina se encontraba en Pisa, imprimir en su cuerpo el fuego de Sus Estigmas, confirmando con estas gloriosas heridas que ella era la más dilecta de Sus hijas.

Una misión aún más importante para la prosperidad de Italia y de la Iglesia debió asumir Catalina en el año 1376.

Después del abandono de su sede tradicional en Roma, el Papa había preferido establecerse en Francia, en la ciudad de Aviñón, a la que había llegado con todo su séquito. Italia, quebrantada ya por las luchas de bandos, se encontraba desde ese día como una nave sin timón.

Ausente el Santo Padre, el clero italiano, dirigido por representantes franceses poco informados de las costumbres locales, no siempre cumplía los deberes propios de su ministerio, e iba olvidándose de la salvación de las almas y permitiendo el debilitamiento de los principios morales y religiosos del pueblo.

Catalina comprendió que la única solución para tanto mal era el retorno del Pontífice a su sede romana. Sin dudarlo, escribió al Santo Padre reclamando su presencia en Italia. Hubo un intercambio de correspondencia entre Gregorio XI y la santa de Siena, en la que, a las vacilaciones del papa en abandonar tierra francesa, Catalina respondía siempre:

«Hágase la voluntad de Dios y la mía», tan grande era su certeza de hablar en nombre del Señor.

Finalmente, tuvo que realizar un viaje hasta Aviñón, enviada por la ciudad de Florencia que había tenido con el papa graves controversias; el 18 de junio de 1376, Catalina, que contaba entonces veintinueve años de edad, se encontró ante la presencia del Jefe Supremo de la Iglesia y le suplicó con palabras tan firmes que, en septiembre del mismo año, a pesar de la oposición del rey de Francia y de los cardenales franceses, Gregorio XI emprendió el viaje de regreso a Roma.

Al llegar a tierra italiana, el Pontífice fue desterrado de aquella ciudad, pues los políticos que entonces gobernaban no veían con buenos ojos el retorno a su antigua sede.

Pero Catalina, aunque no lo había acompañado en su viaje, prefiriendo volver sola, con la modesta escolta de algunos frailes y de sus «hijos» más fieles, supo darle valor desde lejos, y únicamente se concedió un breve período de reposo, en los alrededores de Siena, cuando finalmente, en 1378, logró Gregorio XI vencer todas las dificultades.

Breve reposo fue el suyo, porque el papay poniendo en Catalina su máxima confianza, quiso que fuese por algún tiempo a Florencia, donde el pueblo, hostil al Pontífice, se negaba a prestar obediencia y respeto a sus representantes.

Catalina conoció en aquel momento el odio y la ferocidad de la masa, cuando la fuerza de las pasiones impide discernir el bien y el mal.

Fue injuriada, tratada de bruja, poseída del demonio e intrigante. Tales insultos no hicieron mella en la santa que,con mucho coraje y serenidad, y por su conducta ejemplar y la elocuencia que el espíritu divino le inspiraba, logró dominar los ánimos más exacerbados, obteniendo de ellos acatamiento a la autoridad papal.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/catalina3.jpg

En 1374, los doctos dominicos que presidían la Orden de las Mantellate, a la cual pertenecía Catalina, se reunieron en Santa María Novella, Florencia, para interrogar a la joven monja sobre su fe, concediéndole luego una mayor libertad de acción.

Gregorio XI murió en ese año y en su reemplazo fue electo, en julio de 1378, Urbano VI, arzobispo de Bari.

Sobrevino entonces en la Iglesia una crisis profunda, porque algunos cardenales no reconocieron a Urbano VI como el verdadero Pontífice y eligieron un antipapa, el cardenal Roberto de Ginebra, que se proclamó Clemente VIII Este hecho, que fue llamado «cisma», tuvo para el mundo católico consecuencias gravísimas, porque sembró entre los jefes el odio y el desorden.

Catalina no dudó un instante sobre el camino a seguir. Corrió a Roma, junto a Urbano VI, para otorgarle consuelo. En sus palabras y su coraje halló el verdadero Pontífice la fuerza para hacer frente a sus adversarios.

Las milicias del papa mandadas por Alberico de Barbiano vencieron finalmente en Marino a los partidarios del antipapa.

Desde ese momento se restableció la paz, y Catalina sintió que había conducido a buen término su divina misión en la tierra. Vivió todavía dos años, en un gran edificio cercano a Santa María Sopra Minerva, en Roma, dedicada a la oración y a las obras piadosas.

Su casa se abría para todos los que llegaban de Siena a Roma y necesitaban hospitalidad. A todos aceptaba y escuchaba, tan humildemente como en la época de su adolescencia, y sin vanagloriarse jamás de cuanto había hecho en bien de la Iglesia.

Su cuerpo, debilitado por las penas físicas y morales que había padecido en tantos años, no podía ya sobrellevar nuevas fatigas, y el 29 de abril de 1380, a la edad de treinta y tres años, la misma de su Divino Esposo al ser crucificado, Catalina de Siena murió rodeada por una multitud de fieles que la llamaban con el dulce nombre de «mamá».

Fue canonizada en 1461 por Pío II, y Urbano VIII fijó como fecha para su celebración el 30 de abril. En 1931, Pío XII, reconociendo en ella caracteres de heroísmo y atendiendo al deseo despueblo italiano, la proclamó «patrona de Italia».

Santa Catalina de Siena, instrumento de la revelación divina, escribió en tiempos infortunados para Italia y para la Iglesia las célebres Cartas y un Diálogo de la Divina Providencia, inspirada por un ardiente misticismo y una piedad inagotable.

Estas obras están consideradas entre las mejores creaciones de la literatura universal, siendo texto de estudio en toda Italia y especialmente en la Universidad Catalinaria de Siena.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografias Santa Catalina de Siena

Biografía de Virgilio y su Obra Literaria Poeta Romano

Biografía de Virgilio Poeta Romano
y su Obra Literaria

Publio Virgilio Marón nació en una modesta familia de agricultores, en Andes, cerca de Mantua, el 15 de octubre del año 70 a. de C. Desde su más tierna infancia había aprendido a amar él campo, cuyas bellezas celebraría más tarde en sus poemas.

Es considerado como el poeta más grande de la Roma antigua, Virgilio, que vivió entre los años 70 y 19 a.C., compuso la Eneida, un poema épico de carácter mitológico, durante los últimos once años de su vida. Modelado siguiendo la Iliada y la Odisea del poeta griego Homero, fue la primera obra maestra del estilo épico.

Numerosos escritores posteriores la consideraron un modelo tanto de temas como de técnicas, y le rindieron homenaje en sus textos y dibujos.

Esta pintura de 1469 le representa escribiendo el poema Geórgicas (36-29 a.C.) delante de la estatua de la diosa griega Artemisa.

Poeta romano virgilio

No lejos de las orillas del Mincio, en Andes, una localidad situada en las cercanías de Mantua, nacía el 15 de octubre del año 70 a. de C, Publio Virgilio Marón.Era la suya una familia modesta y de austeras costumbres, lo aue la diferenciaba de las del resto de la ciudad.

El padre poseía algunas tierras que cultivaba con la ayuda de un pequeño grupo de esclavos; la madre, Magia, era asistida en las tareas de la casa por dos servidoras. Madre abnegada, se consagró a la educación de sus hijos: Virgilio, el mayor, Flaco y Silón, muerto a temprana edad.

Las abejas zumbaban en las colmenas, los rebaños pastaban en los fértiles prados, cada año las cosechas se elevaban en los surcos, y el niño crecía descubriendo los encantos del campo, del trabajo y la sana alegría de los paisanos, y la belleza de todo aquello que más tarde habría de celebrar en sus poemas.

Aprendió a amar los matorrales que limitaban los generosos campos, el arroyo que corría oculto en la hierba, la sombra del imponente oleastro, el prado oloroso de tomillo y de violeta, los bosquecillos de robles y avellanos, las grutas tapizadas de hiedra, los pequeños estanques bordeados de sauces y enebros… y ese amor sería expresado por Virgilio» en la más bella poesía.

En la escuela de Sirón, Virgilio conoció a Horacio, con quien inició una estrecha amistad y hacia quien sintió un profundo afecto, que se manifiesta en las descripciones que hace el poeta del carácter de su amigo, totalmente opuesto al suyo.

El padre, agricultor, deseaba que su hijo mayor se consagrara a la carrera política. Es así cómo vemos al joven Virgilio en Cremona primero, en Milán después y desde el año 52 al 50 en Roma, estudiando elocuencia y formándose en la disciplina necesaria a todos aquellos que se destinaba a la vida de los «honores», es decir, la vida pública.

Este joven precoz, que vestía ya la toga viril, debía sin duda sentirse un tanto azorado con su aspecto de campesino y su innata timidez en la disipada Roma de aquellos tiempos.

Sin embargo, en el transcurso de los cinco años que pasó en la escuela de Elpidio, maestro de elocuencia, Virgilio supo granjearse la estima de sus educadores y el afecto de sus elegantes camaradas. Quiso su buena estrella que entre éstos se hallara Octavio, el sobrino de Julio César, que se inmortalizaría en la historia con el nombre de Octavio Augusto.

La crisis política que estalló en el año 49, surgida de la rivalidad entre César y Pompeyo, pero sobre todo su natural inclinación por la poesía, impulsaron a Virgilio, quien había dejado la escuela de Elpidio, a renunciar definitivamente a la vida política. Frecuentó entonces la amistad de los poetas y comenzó   a  componer  versos.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/virgilio1.jpg

La distribución de las tierras de Cremona y de Mantua a los veteranos que habían participado en la campaña llevada a cabo por Antonio y Octavio contra Bruto y Casio, obligó a Virgilio a abandonar su morada para buscar asilo en Roma. La expropiación, fue hecha de manera brutal y nada pudieron hacer por evitarla sus influyentes amistades.

Recibió la fuerte influencia de un grupo de jóvenes que Cicerón llamaba despectivamente neotéricos, es decir, poetas nuevos, y también, haciendo alusión a un oscuro poeta de la escuela de Alejandría, cantores de Euforión.

Entre los poetas nuevos se encontraban: Cátulo, el más apasionado y elegante de entre los escritores latinos que exaltaron el amor en sus versos; Valerio Catón, El Cinna y Cornelio Galo, gran amigo de Virgilio  .

Estos jóvenes autores habían declarado la guerra a las formas y a la técnica de los antiguos poetas romanos, e inspirándose en la gracia de los bardos de Alejandría habían introducido en la lírica romana grandes innovaciones, sobre todo en lo referente a métrica y argumentos.

Virgilio, en sus primeras obras, es decir, las de su juventud, se muestra fiel a las tendencias del grupo; prueba de ello es esa serie de pequeños poemas reunidos en 1573 por José Esealígero bajo el título de Apéndice virgiliano.

Este Apéndice (así designado por los sabios, pues no puede afirmarse con certeza que todas esas obras pertenezcan a Virgilio, a tal punto que el estilo que cultivó en su juventud se asemeja al de los otros poetas del grupo) comprende: el Catalepton (miscelánea), compuesto de catorce obras de diferente métrica: el Moretum (pastel de ajo) y la Copa (la mesonera), dos elegantes composiciones en verso que describen una escena de campo; el Culex (el mosquito) y el Ciris (la garceta), que son dos fábulas mitológicas, y un pequeño poema científico sobre los fenómenos volcánicos: Aetna.

El Culex se inspira en gran parte de cierta moda literaria de Alejandría: un pastor se ha quedado dormido a la sombra de un árbol, cuando la oportuna picadura de un mosquito le advierte que está a punto de ser mordido por una serpiente.

Poco tiempo después, el pequeño insecto aparece en sueños al paisano y se lamenta de que, luego de haber sido involuntariamente aplastado por éste, su cuerpo haya quedado sin sepultura y esté por ello obligado a errar en el mundo de las tinieblas.

El paisano despierta y busca afanoso el pequeño cuerpo del insecto, lo halla por fin y lo entierra piadosamente. Con esta fábula, Virgilio, o uno de sus homónimos de la época de Augusto, ha querido tal vez ilustrar el culto de los muertos que en aquella época se practicaba en Iliria.

En Ciris se narra la dramática historia de Escila, hija de Niso, rey de Mégara, quien para liberar a Minos, prisionero del rey, cortó de la cabeza de su padre un cabello púrpura al que éste debía la cualidad de ser invencible.

Minos recupera de esta manera su libertad, pero sólo horror experimenta frente a la joven a quien debe su salvación. Se apodera inmediatamente de Mégara y luego hace encadenar a Escila a la proa de su navio, donde habría sin duda perecido, víctima de las olas, si los dioses, compadecidos, no la hubieran transformado en garceta, pájaro marino.

La Copa y el Moretum son de inspiración rústica y realista, razón por la cual numerosos vates creyeron ver en estos dos pequeños poemas la pluma de Virgilio, que, como estudiaremos a continuación, fue autor de magníficas obras sobre temas agrestes.

En la Copa describe una posada de campo donde el viajero, cansado y sediento, encuentra placentero reposo gracias a la amabilidad de la joven y alegre mesonera.

En el Moretum pinta el despertar matinal de un campesino, quien, antes de iniciar sus tareas, prepara con la ayuda de un esclavo un sabroso pastel de ajo.

Pertenezcan o no a Virgilio, es evidente que estas dos composiciones están muy alejadas de las que, por su belleza, hicieron de su autor el príncipe de los poetas.

Después de estos tanteos literarios de juventud, en los que las virtudes del poeta comienzan a afirmarse, Virgilio se siente atraído hacia la filosofía y la medicina.

Decide abandonar provisoriamente su actividad, y se ínstala cerca de Nápoles, deseoso de recibir las enseñanzas de Sirón, maestro de filosofía, cuyas lecciones versaban sobre la doctrina de Epicuro.

Llega allí en el año 45 y conoce a Horacio, que se convertirá en su amigo de toda la vida. En el año 41 encontramos a Virgilio en Andes. En esta ciudad compone las Bucólicas, que habrá de terminar en el año 39.

Quien lo estimuló para que escribiera las diez églogas que componen esa obra fue su amigo Asinio Folión, gobernador de la Galia Transalpina. Puede decirse con justeza que es la primera de sus obras maestras.

    Égloga: Composición poética del género bucólico, caracterizada generalmente por una visión idealizada del campo, y en la que suelen aparecer pastores que dialogan acerca de sus afectos y de la vida campestre.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/virgilio2.jpg

El poeta compuso gran parte de la Eneida en Napóles, frente
al mar; tenía la costumbre de dictar sus versos a un escriba
para corregirlos al día siguiente.

Estas églogas están compuestas en versos hexámetros de rara elegancia; los personajes son pastores a quienes ha visto, no con la observación realista, como diríamos hoy, sino abandonándose a los placeres de su imaginación, que actúan en un decorado admirablemente descripto por el poeta, se expresan con palabras escogidas y se consagran a discusiones poéticas o filosóficas sobre la vida, la vanidad de las ambiciones, la belleza de una existencia simple o el dolor que reina sobre el universo.

La filosofía de Epicuro y la lectura del libro De rerurn natura habían dejado en Virgilio una profunda tristeza, que se haría aún más honda cuando, en el año 40, se vio obligado a ceder sus tierras de Mantua a los veteranos que dos años antes habían luchado contra Filipo.

Este episodio es recordado en la égloga con que Virgilio encabeza las Bucólicas. La tercera y la séptima se refieren a un concurso poético en el que participaron Damato, Tersis y Coridón.

En el cuarto, Virgilio expresa su deseo de que el mundo latino, ensangrentado por las guerras, conozca por fin la paz.

La finura del estilo de las diez églogas ha sido siempre muy apreciado, y particularmente por los escritores del Renacimiento, en quienes despertó el gusto por la poesía, por el teatro y aun por la ópera musical sobre temas pastoriles.

Las Bucólicas constituyeron un gran éxito en los medios literarios romanos y valieron a Virgilio la amistad de Mecenas, caballero romano y protector de los artistas.

Estimulado por Mecenas, Virgilio emprende la composición de las Geórgicas, en el año 37. El poema fue escrito en su mayor parte en Napóles, donde el poeta se había refugiado buscando el reposo que no hallaba en Andes.

Esta obra, en cuya creación empleó Virgilio siete años, comprende en su versión definitiva cuatro libros, con un total de 2.188 versos (514 versos para el primer libro, 542 para el segundo, 566 para el tercero y 566 para el cuarto).

El libro I comienza con una invocación a los dioses protectores de las tareas agrestes; luego dirige una súplica a Octavio para que lleve la paz al mundo desgarrado por las guerras y considera con benevolencia el destino de los agricultores, cuyo trabajo es tan importante para la economía romana; por último, el poeta habla del cultivo de los campos, de la astronomía, del cumplimiento de los prodigios por los que se había anunciado la muerte de César; el libro II trata del cultivo de los árboles, y en especial de la vid y el olivo; el III, de la cria del ganado, con una detallada mención de las enfermedades epidémicas; el IV está consagrado a las abejas.

Para componer esta obra, Virgilio se basó, sin duda, en su propia experiencia; sin embargo, otros antes que él escribieron obras de ese género, en las cuales pudo haberse inspirado; mencionemos, por ejemplo, a Hesío-do, Nicandro, Eratóstenes y Catón.

El tema de este pequeño poema, amenazado de aridez, es constantemente vivificado por la riqueza poética de su autor y la elegancia de su estilo, de manera que la lectura de esta obra, escrita con intenciones didácticas (pues Virgilio sabía la importancia que Octavio otorgaba, por aquel entonces, a la reforma agraria), resulta interesante aun para quien no se ha inquietado jamás por los problemas agrícolas; además, son frecuentes las dísgresiones en las que el poeta logra infundir a los versos una real fuerza emotiva.

La narración de los prodigios que acompañaron la muerte de Julio César (libro I, versos 463-514); la célebre  evocación  de Roma  generadora  de las   cosechas —Magna Parens Frugum (versos 136-176); la descripción de una enfermedad que causa estragos entre los animales (libro III, versos 478-566), figuran entre las partes más bellas, pues el poeta ha sabido relatar los acontecimientos con tal fuerza, que éstos se tornan presentes más allá de los siglos.

Deseoso de dar más precisión histórica y geográfica a su poema, Virgilio visitaba los monumentos y las localidades donde habían podido desarrollarse los episodios que narraba en la Eneida.

El último de los episodios que acabamos de citar fue inspirado a Virgilio por una descripción análoga e igualmente conmovedora que se encuentra en el De rerum natura de Lucrecio. La misma tristeza, la misma visión pesimista, se desprende de la doble fábula mitológica de Aristeo, Orfeo y Eurídice, que Virgilio ha ubicado en el libro IV (versos 315-558). Son éstas hermosas páginas de las que emana, como de casi toda su creación, un profundo sentimiento religioso.

El poema fue leído por Virgilio y por Mecenas a Octavio, quien después de la batalla de Accio descansaba en Campania. El futuro emperador acogió la obra con gran entusiasmo, y comprometió a su autor a componer otra más vasta, celebrando, con la pacificación universal que aseguraba su poder, los fastos de Roma; así nació la Eneida.

A partir del año 29 hasta su muerte, Virgilio habría de consagrarse a la creación de este poema. Buscó para ello el retiro de su casa de Napóles. Recibió los frecuentes estímulos de Octavio, quien elevado a la dignidad imperial había adoptado el nombre de Augusto, y de sus numerosos amigos, hombres de letras y poetas residentes en Roma, quienes le solicitaron la gracia de poder leer la obra a medida que ésta iba surgiendo de la inspiración de su autor; mas Virgilio, con una modestia inigualable, dudando del valor de sus trabajos declinaba toda invitación.

Finalmente, en el año 19, la obra estaba casi terminada; mas., temiendo que la misma encerrara alguna inexactitud, decidió emprender un viaje a Grecia y a Oriente para verificar ciertos datos históricos y arqueológicos.

En el año 19, el poeta partió con destino a Grecia, visitando todos los sitios y comarcas del Asia Menor, en donde Homero encuadró y emplazó las acciones de sus epopeyas gigantes. Mas, al llegar a Atenas encuentra a Augusto con quien decide volver a Roma. Durante la travesía enferma gravemente y de sembarca en Bríndisi donde falleció a consecuencia de su complexión débil y enfermiza, menoscabada por las fatigas de una turbulenta navegación.

Al llegar a Atenas, encontró a Augusto, y decidió volver con él a Roma. Mas en el transcurso del viaje cayó enfermo y se vio obligado a desembarcar en Bríndisi, donde murió el 22 de septiembre del año 19 a. de C. En los últimos instantes fue asistido por sus amigos Vario y Tueca, a quienes Virgilio confió la tarea de destruir la Eneida, pues pensaba que esta obra era indigna de ser publicada.

Mas la Eneida fue apreciada en toda su magnificencia por los amigos de Virgilio, quienes conservaron celosamente esta obra maestra, testimonio de la eterna gloria de Roma, de la literatura latina y de la genialidad de su autor.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Biografía de Virgilio Principe de los Poetas Editorial CODEX

Los Intercambios Culturales Entre Civilizaciones

Historia de los Intercambios Culturales

Desde la Antigüedad más lejana, las civilizaciones han influido unas en otras. La cultura occidental, tal como ha llegado hasta nosotros por intermedio de los griegos y los romanos, ha tomado prestados muchos conceptos al viejo Oriente. En la Edad Media la influencia de los árabes en Europa fue muy grande. Después del Renacimiento, la corriente de intercambios entre Europa y el resto del mundo fue muy intensa.

Las civilizaciones han influido en todo tiempo unas sobre otras; pero esta interpenetración ha sido especialmente notable entre Europa y Asia. En las antiguas fortalezas griegas de Micenas y Tirinto hay elementos decorativos orientales. Los puertos griegos del mar Negro y del Mediterráneo oriental sufrieron la influencia innegable de Persia. El arte, la mitología y la filosofía griegos tomaron prestados de Oriente muchos conceptos.

Las concepciones anatómicas de los sofistas, al igual que las de Platón, vienen probablemente de Asia. Lo mismo sucede con gran parte de los conocimientos astronómicos de los helenos. De hecho, la ciencia de los griegos se edificó sobre la base formada por ideas procedentes de la India, Mesopotamia o Egipto.

En efecto, en todos los dominios del saber, las ideas persas, egipcias e indias contribuyeron a la elaboración de la civilización griega, que más tarde influiría sobre Roma y se extendería por toda Europa. La civilización griega irradió igualmente su influencia hacia Asia; en Gandhara, en la India, surgió un arte greco-budista. Sabios griegos enseñaban en la India, e indios y chinos acudían a sus cursos; estos sabios tradujeron al griego libros budistas.

El imperio romano mantuvo también relaciones culturales constantes con Extremo Oriente, particularmente con la India y China. Hay quien dice que el Mahabharata, la gran epopeya de la India antigua, fue la fuente de inspiración de la Eneida, obra del poeta latino Virgilio. Los mongoles influyeron poderosamente en Bizancio y Rusia.

La cultura árabe influyó en la Europa del siglo VIII al XII, especialmente en España, donde aún subsisten numerosos monumentos árabes como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Giralda de Sevilla. La obra de algunos sabios árabes como Averroes y Avicena gozaron de gran favor en toda Europa.

En España, las costumbres árabes influyeron asimismo en la vida de la corte. Algunos reyes españoles quisieron incluso que a sus hijos los instruyeran sabios musulmanes. Se crearon escuelas de traductores, la más importante de las cuales fue la de Toledo, fundada en 1130. Allí tradujeron al latín los escritos de los sabios árabes y los pusieron al alcance de Europa occidental.

Los reyes normandos de Sicilia adoptaron el derecho civil musulmán. La poesía siciliana, precursora de la italiana, se desarrolló gracias a los trovadores de la corte de Palermo, que imitaban a los ministriles musulmanes. Muchos estudiantes italianos, franceses y españoles, después de seguir los cursos de las escuelas árabes, enseñaron en las primeras universidades occidentales, calcadas del modelo árabe. Se ha dicho, y con justicia, que los árabes fueron los educadores de la Europa medieval.

Después de la toma de Constantinopla por los turcos, nació en Europa una nueva forma de la cultura: el Renacimiento, caracterizado por el retorno a las culturas griega y romana. Por otra parte, los grandes descubrimientos geográficos trastornaron la vida económica, y el individualismo reemplazó al ideal comunitario de la Edad Media.

La idea del lucro fue a menudo el móvil que incitó a las naciones de Europa a fundar colonias. Si a causa de ello las antiguas civilizaciones de los aztecas y de los incas fueron destruídas en gran parte, en contraposición debemos citar como ejemplo la obra admirable de los misioneros en la India, China y América. Sus incansables esfuerzos contribuyeron a la mejora de las condiciones de vida de la población indígena.

En el dominio de las ciencias y de las artes se produjo una compenetración recíproca: los miniaturistas y retratistas de la India y América se vieron influidos por las biblias ilustradas que llegaban de Europa y por los retratos realistas. En compensación, en iglesias de España y Portugal encontramos elementos típicos de la India.

De este período datan las traducciones de obras filosóficas de autores indios y orientales. En las obras de Leibniz, de Montesquieu y de Voltaire gravitan influencias chinas y persas. En la época en que el visir turco Ibrahim introducía en la corte de su padre político, el sultán, la atmósfera del  Versalles del siglo XVIII, se ponían de moda en Francia y otros países los cuadros de escenas turcas.

La literatura, la pintura y la música sufrieron también la influencia de Asia. En esta época las lacas de Japón y la porcelana de China gozaban de gran favor en Occidente. Moliere con su Burgués gentilhombre, Mozart con su ópera El rapto del serrallo y Beethoven con su Marcha turca, sancionaron esta extremada afición.

El importante movimiento cultural del siglo XVIII estuvo igualmente influido por Asia. Los antiguos moralistas chinos, especialmente Confucio, fueron citados por los deístas en muchas ocasiones.

Los filósofos ilustrados evocaban frecuentemente la sublime moral tradicional de China, que se había propagado sin intervención de la revelación. Goethe y Hegel sintieron profundamente el influjo de Oriente. Pintores como Watteau, Ingres y Delacroix; escritores como Mallarmé, Flaubert, Baudelaire y Loti, y músicos como Debussy y Francis Poulenc, estaban fuertemente penetrados de orientalismo.

El filósofo alemán Nietzsche tituló su principal obra: Así hablaba Zaratustra. En ella desarrolla su teoría del superhombre y la pone —sin motivo alguno aparente— bajo la égida de Zaratustra o Zoroastro, reformador de la antigua religión irania que vivió en el siglo VII antes de Jesucristo.

Más cerca de nuestros días, Claudel, Pearl S. Buck, Malraux y tantos otros se dejan hechizar por Oriente, y en todo Occidente se conoce y aprecia al pensador indio Rabindranath Tagore.

Desde hace unos decenios, el Nuevo Mundo ejerce considerable influencia sobre el Viejo Mundo, especialmente en el terreno de la publicidad, del cine y de la música moderna. La vida diaria se ha americanizado  también  notablemente, y de ello pueden dar testimonio los tocadiscos que funcionan echando una moneda, los pantalones téjanos, las barbacoas, los supermercados, los alimentos congelados, los libros de bolsillo y las técnicas de investigación de mercados y de relaciones públicas.

Historia de los Germanos o Bárbaros Vida y Costumbres

Historia de los Germanos
Pueblos «Bárbaros» de Europa

Los germanos, que representaron un papel tan importante en la historia de Europa, proceden de Escandina-via y del norte de Alemania. Eran feroces guerreros que pusieron en un brete al imperio romano, cuya caída acabaron por provocar, aunque también mantuvieron con ellos relaciones pacíficas. Su vida familiar era de tipo patriarcal, pero la mujer ocupaba en ella un lugar importante. Adoraban a las fuerzas de la  naturaleza.

Cuando, en el año 55 antes de Jesucristo, los romanos invadieron la Galia al mando de Julio César, entraron en contacto con los germanos a lo largo del Rin. Éstos no les eran totalmente desconocidos, pues se habían visto frente a frente cuando los cimerios y los teutones, dos de las tribus germánicas, marcharon sobre Roma (113 a 101 a. de J. C).
A partir de este momento, los germanos representaron un papel importante en la historia del imperio romano. Fueron para los romanos una constante amenaza, y acabaron provocando la caída de Roma.

¿Quiénes eran esos temibles germanos? Venían de Escandinavia y del norte de Alemania, y empezaron a extenderse hacia el año 1700 antes de Jesucristo. A principios de la era siguiente, hacia el 750 antes de Jesucristo (edad de hierro), ocupaban un territorio que se extendía del Weser al Vístula. Allí experimentaron la influencia de otros pueblos más civilizados, entre los que figuraban los celtas, representantes de la cultura de Hallstatt, de quienes adoptaron, entre otras cosas, la forma de sus espadas de hierro y la costumbre de edificar templos a sus dioses.

Germanos atacando

Germanos atacan a soldados romanos

Al principio, los germanos se hallaban divididos en gran número de pequeños grupos. El historiador Tácito, que en el año 98 dedicó a ese pueblo una de sus obras, los clasificó en tres grandes familias: la de los ingevones, que habitaba la parte nororiental de la Germania; la de los hermiones, que residía en el centro, y la de los istevones, que se extendía a lo largo del Rin. Resulta difícil en la actualidad verificar la exactitud de la división propuesta por Tácito.

Entre las tribus de la época mejor conocidas figuran los frisones y los bátavos, que ocupaban la  desembocadura  del  Rin;  los tencteros, entre el Ruhr y el Lahn; los queruscos, en los alrededores de Minden, y los lombardos y los suabos, a lo largo del Elba. Según Tácito, los germanos eran de elevada talla y robusta constitución, pelirrojos y con ojos azules de mirada feroz.

Después de cierto tiempo, los grupos crecieron y algunas de las tribus se fusionaron. Así nacieron los sajones, los francos, los alamanes y los godos, que desempeñaron un importante papel en la historia de la antigua Europa. Atraídos por los seductores relatos sobre las realizaciones de los romanos y por la fertilidad del suelo en ciertas comarcas del imperio, arrollaron la línea fronteriza Rin-Danubio, que los romanos establecieran para contenerlos.

Hacía ya mucho que los germanos habían dejado de ser verdaderos nómadas vestidos con pieles de animales; cuando los romanos se pusieron en contacto con ellos, vieron que aquellos a los que habían considerado siempre como «bárbaros» sabían cultivar la tierra, criaban ganado y llevaban vestidos cuya confección requería cierta habilidad.

En las regiones originalmente habitadas por los germanos se encontraron algunos aperos de labranza e incluso varios arados anteriores a sus primeros contactos con los romanos. Entre las plantas que cultivaban podemos citar la avena.

Pero su ocupación principal era la guerra. Habitaban una región poco fértil que pronto hubieron de defender contra los invasores. Un jefe, que siempre estaba en primera línea, les guiaba en la batalla. Se dirigían al combate llevando su espada y su escudo, pero raramente ceñían casco y coraza.

Eran magníficos luchadores, y los romanos acabaron por apreciar en su justo valor la fogosidad con que luchaban. Llegaron incluso a incorporar a sus propias legiones soldados germanos, ofreciéndoles la posibilidad de escalar los puestos más altos de la jerarquía militar.

Había príncipes germanos que iban a Roma a instruirse en el arte de la guerra, experiencia que no siempre tuvo un final feliz para sus maestros, los romanos.

Recordemos, a propósito de ello, a Arminio, príncipe querusco que fue el primer resistente en la historia de los germanos y tomó el mando de un grupo de guerreros exasperados por la despiadada gestión de Quintilio Varo, cónsul de las legiones romanas en Germania durante el reinado de Augusto. El propio Varo y gran número de soldados romanos perecieron en el desastre del bosque de Teutoburgo (año 9 d. de J. C). De no haber caído víctima de una conjuración en el año 21, Arminio habría puesto los cimientos de un poderoso reino germánico.

La vida familiar de los germanos era esencialmente patriarcal. Como padre y esposo, el hombre ejercía gran autoridad sobre la mujer, aunque no tenía derecho de propiedad sobre la dote que ésta aportaba, sino sólo de usufructo.

De acuerdo con las leyes en vigor, esa dote debía componerse únicamente de bienes muebles, A pesar de ese sistema de vida, la mujer ocupaba entre los germanos un lugar importante. En casa era la que regentaba la familia, ocupándose de la educación de los niños y de que no faltara la comida. Velaba también por la salud de los suyos, pues entre los germanos la medicina era tarea propia de mujeres.

Sus alojamientos estaban hechos de madera y arcilla con techo de chamiza; no conocieron las casas de piedra hasta que entraron en contacto con los romanos. Tácito cuenta que no conocían el mortero ni las tejas, y que incluso llegaban a excavar en la tierra sus moradas, recubriéndolas de estiércol; las ocupaban en invierno, pues se sentían mejor protegidos contra el frío.

De ellos provienen los idiomas llamados germánicos: el inglés, el alemán, el holandés, el dialecto que hablaban los bóers de Sudáfrica, el sueco, el noruego, el danés y el islandés. El gótico, lengua desaparecida, era también de origen germánico, y en él escribieron sus textos más antiguos, entre los que debemos mencionar una traducción de la Biblia que data del siglo iv y que empezó allá por los alrededores del año 370 el obispo visigodo Wulfila. Este era uno de los representantes más eminentes del arrianismo, herejía muy extendida entre los germanos.

Wulfila, inspirándose en las runas germánicas tanto como en los caracteres griegos y romanos, compuso un alfabeto gótico. En esta época existían ya diversas lenguas germánicas, pero la producción literaria no empieza hasta la Edad Media.

En lo que concierne a las artes menores, los germanos conocieron una época de prosperidad durante la edad de bronce. Se han encontrado numerosas armas y joyas pertenecientes a esta época.

Al principio, como todos los pueblos primitivos, los germanos adoraban a las fuerzas de la naturaleza.

Movimiento Iconoclasta del Imperio Bizantino Emperadores Iconoclastas

Movimiento Iconoclasta de Bizancio
Emperadores Iconoclastas

En el año 476 de la era cristiana, Odoacro, jefe germánico de los conquistadores bárbaros, depuso al emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo. El acontecimiento marcó el fin de una época en la Europa occidental. Por otro lado en Oriente, el imperio seguía viéndose agitado por la presión bárbara.

Desde la nueva gran capital que Constantino había construído en el Bósforo, «Constantinopla, la nueva Roma», sus herederos y sucesores gobernaron un imperio que se extendía desde el Danubio a Assuan y de la costa de Dalmacia a las montañas de Armenia. El último de ellos, con su herencia un tanto disminuida por las guerras que tuvieron lugar a lo largo de los siglos, murió defendiendo la ciudad contra los turcos otomanos en 1453.

fuego griego

Los bizantinos utilizaron su arma secreta, el fuego griego, con gran éxito contra los árabes. Era una mezcla de cal viva, petróleo y azufre y ardía en cuanto la cal viva entraba en contacto con el  agua.

Tres raíces. La civilización bizantina tenía tres raíces: en Roma, en Grecia y en el Próximo Oriente. Pero los bizantinos no fueron simples receptores pasivos de las influencias del pasado. Continuaron las tradiciones e ideas del imperio romano, de la Grecia helenística y de los mundos semítico e iraní, parcialmente helenizados, pero elaboraron su propia síntesis. Crearon una estructura de ideas sobre Dios y el hombre, gobernantes y gobernados, la naturaleza y el arte, más resistente y duradera que ninguna otra en el mundo entonces conocido.

El imperio bizantino era un estado centralizado en un mundo medieval de poderes fragmentados y locales. Heredó del imperio romano de Diocleciano y sus sucesores una estructura integrada por provincias y departamentos de estado, un sistema legal común, una compleja maquinaria de recaudación de impuestos en moneda y en especie y una burocracia culta y profesional.

Un emperador fuerte podía dirigir y modificar estos elementos para ajusfarlos a las circunstancias cambiantes; un emperador débil pronto se daba cuenta de que los procesos de gobierno no necesitaban más que su participación formal.

El emperador y el patriarca
El emperador era un autócrata que no tenía que responder de sus actos ante nadie, como un monarca helenístico. Pero era un gobernante cristiano de un país cristiano. A los primeros creyentes les intranquilizaban los gobernantes seculares, pero los consideraban como una molestia pasajera; lo importante era la segunda venida de Cristo.

El cristianismo bizantino había absorbido la visión jerárquica del universo propugnada por la filosofía griega del último período. El emperador era el representante de Cristo en la Tierra, el mediador entre Dios y su pueblo, y su persona y todos sus actos tenían un  carácter   sagrado.

Junto a él se alzaba el patriarca, jefe de la Iglesia Ortodoxa, cuyas diócesis tenían una estructura coincidente con las divisiones administrativas del Imperio. A los historiadores acostumbrados a los conflictos entre el papado y el imperio en el Occidente medieval les parecía que la Iglesia no era más que un departamento del estado de Bizancio.

La iglesia bizantina nunca tuvo que operar en un vacío de poder, como el papado a principios de la Edad Media. La Iglesia y el Imperio cristianos eran dos caras de la misma moneda. El patriarca era el responsable de la pureza de la fe y de la oración y la liturgia, que aseguraban la protección divina. El emperador se ocupaba de los asuntos de este mundo, entre los que se incluía el de comprobar si sus subditos se adherían a la fe proclamada por el patriarca.

Tal era el ideal; los conflictos esporádicos eran debidos  a  la  imperfección humana.

templo bizantino en la roca

El Valle de Goreme, en Capadócia, Turquía, está compuesto de extrañas formaciones rocosas. Allí se cincelaron muchas iglesias, bellamente pintadas, y se utilizaron como refugios durante las invasiones árabes.

Los monjes, cuyos incontables monasterios no estaban organizados en Ordenes, como en Occidente, velaban por el patriarca y el emperador. El prestigio del hombre santo, que renunciaba al mundo y a sus obras en pos de la comunión directa con Dios, era inmenso en Bizancio.

En ellos, más que en la iglesia secular, buscaban los hombres orientación moral, seguridad emocional y, en ocasiones, una protesta efectiva. Tuvieron un importante papel en las complejas relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Puesto que había un solo Dios y una sola Iglesia, no podía haber más que un emperador. Teóricamente el imperio bizantino representaba a todo el mundo cristiano. Los demás estados eran aberraciones temporales y lamentables, o parte de un plan divino para castigar a los bizantinos, que a menudo se llamaban a sí mismos Nuevo Israel por sus pecados y herejías.

Un emperador que sufría frecuentes derrotas u oposición no era un verdadero monarca. Podía ser depuesto por un rival victorioso, a quien evidentemente Dios favorecía más. Los emperadores eran entronizados y depuestos a veces con asombrosa rapidez, pero el imperio, y el plan divino del que éste era un mero instrumento, eran indestructibles.

Los iconoclastas
Esta concepción del mundo dio a los bizantinos una gran confianza. Fortaleció su superioridad tecnológica y económica y su poder militar, a menudo brutal, mientras las cosas fueron bien y les proporcionó una gran capacidad de reacción y resistencia ante la adversidad y la derrota. Ello significa que los conflictos políticos se concebían desde el punto de vista religioso.

En los días oscuros de mediados del siglo VIII, León III y su patriarca declararon que el culto tributado a las imágenes de los santos era idólatra. Los emperadores iconoclastas, apoyados por los ejércitos de Asia Menor, empezaron a destruir las imágenes y los mosaicos de las paredes de las iglesias, a cerrar monasterios y confiscar sus propiedades y a denunciar y perseguir a los partidarios de las antiguas prácticas religiosas. Durante un siglo, con un breve respiro, los iconoclastas se mantuvieron en el poder.

Los teóricos de la iconoclastia eran sinceros en sus afirmaciones. Creían que los largos años de derrota y humillación a manos de árabes y búlgaros eran una señal de desagrado divino y había que encontrar la causa. Los sutiles argumentos filosóficos acerca de la relación entre imagen y realidad, heredados de la filosofía griega, parecían sospechosos en una época más dura. Pero tras la disputa filosófica se escondía la actitud rígida de los duros soldados de origen campesino del Asia Menor, de los que dependía ahora el destino del imperio. Se resentían de la perfeccionada cultura de la capital y eran hostiles a la creciente riqueza y poder de los monasterios.

mosaicos bizantinos

Un panel de marfil del siglo X representa a Cristo bendiciendo a Romano II y a su esposa Eudocia. El emperador emprendió una victoriosa expedición que arrebató Creta a  los sarracenos.

Una cultura «griega»
Bizancio no sólo era cristiana; también era griega, sobre todo desde la pérdida de sus provincias egipcia y siria en el siglo vil En Bizancio, como en el mundo helenístico del que era heredera, el ser griego no tenía nada que ver con la raza. Era una cuestión de idioma y cultura.

Muchas de las personalidades del mundo bizantino, incluyendo algunos emperadores, eran de origen armenio: Juan Axuch, amigo personal y principal ministro del papa Juan II, era un turco seldjúcida; Romanos, el mejor himnógrafo de la Iglesia Ortodoxa, sirio; Gregorio Pakurianos, comandante en jefe del ejército bizantino en el siglo XI, de Georgia. El poder absorbente de la cultura griega cristiana era tan grande como en su día lo fue la pagana.

Y sin embargo los bizantinos no se llamaban a sí mismos helenos (griegos), al menos hasta sus últimos días; se les conocía como romanos, pues el imperio romano nunca llegó a su fin en Oriente. Para ellos no hubo una Edad Media que los separara bruscamente del mundo antiguo, ni tenían la sensación de ser los supervivientes de un cataclismo, como a menudo ocurría en Occidente. Este sentimiento de continuidad hizo que les resultara fácil y tentador el tratar de recrear el mundo antiguo, aunque, por supuesto, en versión cristiana.

El resurgimiento político y militar bizantino tras el siglo de iconoclastia fue acompañado de un renacimiento cultural. Los hombres investigaron, copiaron, estudiaron e imitaron las obras griegas clásicas de literatura, filosofía y ciencias. Aprendieron directamente de Tucídides, Polibio y Plutarco cómo analizar el carácter individual de los hombres y su conducta política. Utilizaron como modelos a los retóricos de Grecia para hablar y escribir con elegancia y persuasión. De Galeno y sus sucesores aprendieron los secretos de la medicina.

De Arquímedes, Euclides y Ptolomeo adquirieron la austera visión de las matemáticas. Incluso estudiaron a los novelistas griegos y de ellos aprendieron el arte de la ficción. Su herencia llegó a abrumarles. A veces desearíamos que se hubieran preocupado menos por la conservación y más por la autoexpresión.

Y sin embargo, no carecían de originalidad, aunque a menudo estuviera enmascarada por la imitación de los modelos clásicos. Alguna vez, al seguir el pensamiento de Platón, pusieron en tela de juicio, aunque involuntariamente, los fundamentos de la revelación cristiana.

La instrucción y la cultura no estaban monopolizadas por el clero. Los laicos también eran hombres de letras, y un erudito no religioso podía ser nombrado patriarca y pasar por las distintas órdenes canónicas en pocos días. Es lo que sucedió en el siglo IX, con Focio, el hombre más culto de su época, alto palaciego, patriarca y suscitador del «cisma de Oriente». Es sorprendente que muchos emperadores fueran a su vez hombres de letras.

La sociedad bizantina era muchísimo más ilustrada que la de la Europa occidental, hasta que ésta última emergió de la Edad Media.

En las artes plásticas encontramos elementos griegos, romanos y orientales fundidos y mezclados, que forman algo nuevo. Muchos de los exquisitos relieves de marfil y alabastro son de sentimiento e inspiración clásicas. En los mosaicos, pinturas e iconos con que estaban adornadas las iglesias bizantinas la figura humana pierde sus proporciones clásicas y se resaltan los ojos, como en los retratos de las momias egipcias, y las figuras son planas y alejadas del espacio real y tridimensional.

Las iglesias bizantinas tenían un exterior de obra de ladrillo lisa o con decoraciones muy simples. Pero en el interior estaba pintado en vivos colores el esquema del universo y el plan de salvación, desde los profetas, en el atrio, a través de la procesión de santos y los sucesos de la vida de Cristo y la Virgen, que resplandecían en el ábside, hasta Cristo, el Pantocrator (Todopoderoso), en la cúpula que lo coronaba todo. Los fieles se veían conducidos al mundo eterno que les rodeaba por todos lados.

Karie Cami
Las figuras abstractas y ascéticas del siglo IX (los iconoclastas destruyeron la mayor parte del arte figurativo eclesiástico anterior y, por su parte, no produjeron ninguno) son sustituidas por figuras austeras y poderosas en los siglos X y XI.

Todavía pueden verse en Grecia en la iglesia de Dafni, en Hosios Loukas y en el Nea Moni, en la isla de Chios. Son la expresión de la confianza y la fuerza de la sociedad bizantina de la época. Al igual que en la literatura, también el arte del siglo XII presenta una vuelta a las representaciones más dinámicas y clásicas.

Los grandes mosaicos de la Sicilia normanda, de Palermo, Monreale y Cefalú, obra de artistas bizantinos, constituyen la mejor muestra de este arte.

Tras la restauración bizantina de 1261, aparece un nuevo y tierno estilo humanista, basado en el arte clásico del siglo anterior. Los magníficos y cálidos frescos y mosaicos del Karie Cami, en Estambul, que no se han abierto al público por completo hasta fecha reciente, son los mejores monumentos de este último período del arte bizantino, que sin duda alguna contribuyó al florecimiento del arte prerrenacentista italiano de Giotto y sus contemporáneos.

La tradición artística bizantina subsistió tras la caída de Constan-tinopla en Creta, donde nació y se educó Domenikos Theotokopoulos, El Greco.

El arte secular es menos conocido, aunque parece haber pasado por las mismas etapas que el eclesiástico. Nos ha llegado a través de ilustraciones de libros, pues los grandes palacios, con sus frescos y mosaicos, están todos destruidos.

Visto desde la perspectiva de nuestros días, el principal papel de Bizancio fue la conservación de las ideas del mundo clásico hasta el Renacimiento, que en los demás lugares se habían perdido. Pero no fue nunca una conservación pasiva y desinteresada. Como todas las sociedades, los bizantinos adaptaron, transformaron y enriquecieron su legado y lo hicieron llegar a nosotros, sus herederos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia La Fuente del Saber – Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatinas S.A.

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

Poco después de la sorpresiva muerte del papa Juan Pablo I, el 16 de octubre de 1978, el cónclave de cardenales de la Iglesia católica celebrado en el Vaticano elige a su sucesor, que por primera vez no es italiano.

Tras los años marcados por el reformismo impulsado por Juan XXIII y Pablo VI la Iglesia Católica inicia una nueva etapa.Fue papa desde 1978 hasta su muerte en 2005, fue el primero no italiano desde 1523.

La orientación enérgica y eficaz de su pontificado, sus declaraciones doctrinales y sus mas de cien viajes por todo el mundo , casi ciento cincuenta dentro de Italia, han realzado la importancia del Papado tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

Juan Pablo II (1920-2005), papa (1978-2005), el pontificado de Juan Pablo II confirmó la evolución de la Iglesia desde el concilio Vaticano II.

La orientación enérgica y eficaz de su pontificado, sus declaraciones doctrinales y sus viajes por todo el mundo (sin precedentes) realzaron la importancia del Papado tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

El papa ratificó su vocación de ser un actor del siglo, principalmente a través de su compromiso contra el comunismo, e internacionalizó su acción por medio de frecuentes viajes apostólicos.

Por primera vez desde 1552, un cardenal no italiano accedió al pontificado. Adoptó el nombre de Juan Pablo II.

Papa Juan Pablo II

Papa Juan Pablo II

Juan Pablo II sucedió a Juan Pablo I cuyo  pontificado sólo había durado treinta y tres días, quioen había sucediendo  a los quince años del de Paulo VI. El impacto fue profundo en la cristiandad.

La Iglesia atravesaba por un período de incertidumbres ligado en especial a los efectos de la conmoción causada por el concilio Vaticano II. Su pontificado se inscribe en la continuidad de la onda de choque  propagada por el concilio Vaticano II.

La adaptación de la Iglesia católica al siglo XX, iniciada de manera voluntarista por Paulo VI, planteó importantes debate; además de la oposición tradicional entre los «conservadores» y «progresistas».

De nombre Karol Wojtyla nació en Wadowice, Galitzia , cerca de Cracovia en Polonia, el 18 de mayo 1920, el segundo hijo de un padre militar y una madre maestra. Wojtyla fue marcado en su juventud por la desaparición de todos sus parientes.

A los 9 años su madre muere y unos años más tarde, su hermano mayor muere prematuramente. Su padre murió en 1941.

Estos eventos familiares tuvieron lugar en un contexto histórico difícil. Karol Wojtyla ha compartido el destino de Polonia particularmente afectados por las tragedias del siglo XX.

En 1939, Polonia volvió a perder su autonomía con su partición entre la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Después de la guerra, Polonia experimentará el totalitarismo comunista hasta 1989. Wojtyla visitará Polonia comunista en el inicio de su pontificado en 1979 y de nuevo en 1983 y 1987.

Las manifestaciones desencadenadas por sus visitas, su apoyo explícito al Solidarnosc sindicato, han jugado un papel decisivo en la caída del poder comunista en Polonia (1989), el primer acto de la debacle del bloque oriental.

La voz de la Iglesia entre los comunistas: Durante la Segunda Guerra Mundial, Karol Wojtyla realizó sus estudios sacerdotales en el seminario clandestino de Cracovia.

Ocupó importantes cargos dentro de ia Iglesia polaca y, en 1964, fue designado arzobispo de Cracovia, donde realizó una intensa pastoral entre los trabajadores y entre los jóvenes.

Enfrentó con energía al régimen comunista y logró hacerse de un gran prestigio entre los fieles católicos.

Ya nombrado cardenal por el papa Pablo VI, en 1974 Karol Wojtyla llevó a cabo en la Polonia comunista la ordenación de cuarenta y tres sacerdotes, la mayor que se hacía desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

La acción polaca de Juan Pablo II ha sido una de las ilustraciones de un pontificado marcado por los derechos humanos y la propagación de los conflictos armados.

En 1979, en su primera encíclica, Juan Pablo II declaró: «La paz se reduce al respeto de los derechos humanos inviolables […], Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro.».

Una de las últimas batallas de Juan Pablo II ha sido su oposición al estallido de la guerra en Irak por parte de Estados Unidos.

El 13 de enero de 2003, al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, dijo: «No a la guerra Nunca inevitable Siempre es una derrota para la humanidad ..!»

Antes de entrar en el seminario, Karol Wojtyla siguió la literatura estudiada en la Universidad Jagellónica de Cracovia.

El trabajo forzoso impuesto por los ocupantes nazis hicieron interrumpir sus estudios.

Desde el otoño de 1940 y durante casi 4 años, Karol Wojtyla trabajó como obrero en una cantera de piedra primero (para una industria química Solvay) , y luego en una fábrica química. Juan Pablo II mantendrá esta experiencia con una gran preocupación por los problemas sociales.

En 1979, durante su viaje a México, dijo a los trabajadores de Monterrey: «No me he olvidado de los difíciles años de la Primera Guerra Mundial , yo mismo tengo experiencia directa de trabajo físico como el suyo […]. Sé perfectamente lo necesario que es que el trabajo abusivo,  responde a la dignidad superior del hombre «.

En Centesimus annus (1991) Juan Pablo II también advierte contra una forma radical del capitalismo: «La solución marxista ha fracasado, pero persisten en el mundo fenómenos de marginación y explotación especialmente en el Tercer Mundo , así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados […]. Hay incluso un riesgo de propagación de una ideología radical de negarse capitalista para su consideración, admitiendo a priori que cualquier intento de tratar directamente está condenado al fracaso, y que, en principio, espera que la solución para el libre desarrollo de las fuerzas del mercado «.

Juan Pablo II refiriéndose a los países más pobres del mundo, dice que muchos hombres viven en ambientes donde la lucha por lo necesario es absolutamente prioritaria, donde están vigentes todavía las reglas del capitalismo primitivo junto con una despiadada situación que no tiene nada que envidiar a la de los momentos más oscuros de la primera fase de industrialización.

Se unió a un grupo de teatro de vanguardia que extenderá sus actividades bajo tierra. Karol Wojtyla escribió varias composiciones poéticas y teatrales, algunas de las cuales, al igual que la obra de teatro La tienda del orfebre, había hecho eco posteriormente fuera de las fronteras de Polonia.

La creación literaria no ha sido abandonado por Juan Pablo II será el primer papa a publicar una colección de poemas (Tríptico Romano, 2003).

La ocupación nazi y más tarde las autoridades comunistas tratan de romper las raíces culturales de la identidad polaca.

Las actividades de los estudiantes y teatrales de Karol Wojtyla será una forma de resistencia a la opresión ideológica y política.

Cuando se  convirtió en el Papa Juan Pablo II, declaró el 02 de junio 1980, en la UNESCO en París: «Soy hijo de una nación que ha vivido las mayores experiencias de la historia, que ha sido condenada a muerte por sus vecinos en varias ocasiones, pero que ha sobrevivido y que ha seguido siendo ella misma.

Ha conservado su identidad y, a pesar de haber sido dividida y ocupada por extranjeros, ha conservado su soberanía nacional, no porque se apoyara en los recursos de la fuerza física, sino apoyándose exclusivamente en su cultura. Esta cultura resultó tener un poder mayor que todas las otras fuerzas.»

En 1982, se creó el Consejo Pontificio de la Cultura, y en 1993 se unió a ella el Pontificio Consejo para el Diálogo con los no creyentes (creados por Pablo VI en 1965).

La creación de este nuevo dicasterio (tribunal compartido), presidido desde el inicio por el cardenal francés Paul Poupard, recibió la misión de promover el encuentro entre las culturas y el Evangelio.

En diciembre de 2000, Juan Pablo II dijo: «Una cultura que rechaza referirse a Dios, pierde la propia alma y se desorienta transformándose en una cultura de muerte, como atestiguan los trágicos acontecimientos del siglo XX y como demuestran los efectos nihilistas actualmente presentes en importantes ámbitos del mundo occidental»..» (Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de la Paz).

Karol Wojtyla en 1942 entró al seminario de Cracovia, que debido a la ocupación nazi el seminario se redujo a la clandestinidad.

El 1° de noviembre de 1946, el arzobispo de Cracovia, el arzobispo Sapieha (que Pío XII lo había declarado cardenal) dirige al sacerdote Karol Wojtyla, y lo envía a continuar sus estudios en Roma, en la Pontificia Universidad de la Angelicum.

Defiende  su tesis en junio de 1948, en 1953, apoyará una tesis sobre el filósofo alemán Max Scheler, en la Universidad Jagellónica de Polonia, que cerró el año siguiente por el poder comunista. Siendo profesor asistente en la Universidad de Lublin en 1954, se convierte en el titular de la Cátedra de Ética en 1957.

En 1958 fue nombrado arzobispo de Cracovia y el 26 de junio de 1967 cardenal.

Las actividades intelectuales de Padre Wojtyla no impidieron desarrollar una actividad pastoral. Se orienta a los jóvenes. Juan Pablo II se mantendrá durante toda su vida, una proximidad real con los jóvenes  que hablará de manera particularmente fuerte en  la Jornada Mundial de la Juventud o «Día Mundial de la Juventud» (en París en 1997, Roma en 2000 y Toronto en 2002 ).

Este contacto privilegiado con la juventud presentará una doble nota de confianza y exigencia.

En el «Día de la Juventud» en Roma, Juan Pablo II declaró: «En el año 2000, ¿es difícil creer?». Esta es la pregunta que planteó Juan Pablo II a los dos millones de jóvenes reunidos en la vigilia de las Jornadas Mundiales de la Juventud. «Esta tarde os entregaré el Evangelio –dijo en respuesta al interrogante–. Es el regalo que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando día a día la vida por Él».

El Padre Wojtyla fue ordenado obispo auxiliar de Cracovia 28 de septiembre de 1958. Al igual que cualquier obispo católico, fue convocado al Vaticano II, inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre 1962 y clausurado por el Papa Pablo VI el 07 de diciembre 1965.

El Obispo Wojtyla fue invitado a hacer una contribución personal al Consejo, por estar involucrado en el trabajo de redacción de la Constitución pastoral Gaudium et Spes.

El 13 de enero de 1964, Pablo VI nombró al obispo Wojtyla arzobispo de Cracovia. El nuevo arzobispo tomó posesión del cargo el 8 de marzo de 1964. Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978, 20 días después Wojtyla es elegido Papa el 26 de agosto de 1978.

Mensaje Inicial de Juan  Pablo II: Ante los fieles sorprendidos por la juventud de este papa polaco, desconocido para todos, y cuyo nombre era difícil de pronunciar.Juan Pablo II lanzó un mensaje de esperanza y confianza hasta hoy famoso: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo de par en par! A su poder salvador abran las fronteras de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los vastos dominios de la cultura». A través de esta primera homilía, Juan Pablo II anunció la fuerza de los valores apostólicos que pronto estremecerían Europa del Este, y reafirmó el espíritu de cruzada que caracterizó de muchas maneras su pontificado.

El Papa Juan Pablo II tuvo como objetivo la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. El día después de su elección, dijo: «Queremos en primer lugar destacar la importancia permanente del Concilio Ecuménico Vaticano II, y esto significa para nosotros un compromiso formal para implementarlo a fondo.»

Es en esta perspectiva que Juan Pablo II va a reformar el derecho de la Iglesia Católica a través de la promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico en 1983.

Él quizo ofrecer una presentación de los fundamentos de la fe católica, con la publicación de Catecismo de la Iglesia Católica en 1992.

En la encíclica Ut unum sint 1995, proclama la  apertura a las comunidades cristianas no católicas y a la discusión sobre los procedimientos para el ejercicio del ministerio papal.

ECUMENISMO: Uno de los objetivos principales del concilio Vaticano II fue «promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos».

El Vaticano reconoció como primer interlocutor al Consejo ecuménico de las Iglesias, pero autorizó a sus representantes para que participaran en ciertas conferencias ecuménicas.

Iniciada durante el pontificado de Paulo VI, esta tendencia se aceleró tras la iniciativa de Juan Pablo II, que estableció explícitamente la plena comunión «como objetivo para el diálogo entre las distintas religiones cristianas».

Durante los últimos veinte años, este movimiento ha pasado por etapas importantes: en 1986, los cristianos separados participaron junto al papa en el primer encuentro entre religiones, organizado en Asís (Italia).

En 1987, el patriarca de Moscú fue recibido en el Vaticano, reanudó las relaciones con la Santa Sede y recitó junto con Juan Pablo II el Credo de Nicea.

Sin embargo, el ecumenismo se ha enfrentado desde hace algunos años al deterioro de las relaciones entre el papa y la Iglesia anglicana (debido al problema de la ordenación de mujeres) y a las tensiones a raíz del magisterio político ejercido en ciertos países por la Iglesia ortodoxa.

Los esfuerzos de reconciliación con el judaísmo y el diálogo interreligioso también aspectos del pontificado de estar en el punto de vista del Consejo.

Respecto del judaísmo, Juan Pablo II planteará gestos altamente simbólicos, cuyo objetivo será promover la reconciliación con la Iglesia Católica.

Para ello, Juan Pablo II dirigió un «examen de conciencia» sobre los pecados cometidos contra Judíos en la historia de la Iglesia.

Por otra parte, Juan Pablo II ha dado visibilidad al diálogo interreligioso, por ejemplo a través de su encuentro con los jóvenes musulmanes en el estadio de Casablanca en 1985, visitó la Mezquita de los Omeyas en Damasco, 6 de mayo de 2001 y de nuevo ambas reuniones de oración interreligiosa en Asís en 1986 y 2002.

Todos estos actos procedieron de la convicción del Papa Juan Pablo II que el despliegue de la herencia del Concilio era la manera correcta de llevar a la Iglesia Católica en el tercero milenio.

Juan Pablo II canonizó por Francisco 27 ​​de abril 2014, junto con Juan XXIII.

JUAN PABLO II: EL PAPA VIAJERO:

A partir de 1979, luego de su viaje a Polonia durante 9 dias, los viajes del papa fueron incesantes.

Cubrieron los cinco continentes y permitieron al pontífice conocer personalmente la situación de regiones y países tan distantes de Roma como Nueva Guinea o Alaska.

En todos los viajes del papa, incluido el que realizó a España en 1982 y una breve escala en Zaragoza en 1984, poco antes de iniciar un nuevo viaje a Latinoamérica, el contacto directo con los católicos del país ocupó un lugar fundamental de su programa.

Las misas multitudinarias, como la celebrada en Irlanda ante más de un millón de fieles, y las oraciones públicas, ocuparon la mayor parte de su tiempo.

Pero Juan Pablo II a menudo también aprovechó sus viajes para establecer contacto con dirigentes religiosos de otras confesiones.

Durante su viaje a Estados Unidos se reunió con diversos grupos judíos; en Turquía se entrevistó con el patriarca de Constantinopla, Dimitrios I, y en Gran Bretaña conversó con el primado anglicano, R. Runcie.

Preocupado sobre todo por el mensaje espiritual de la Iglesia, Juan Pablo II no quiso, sin embargo, que el Vaticano abandonase su papel en la escena política internacional. Actuó como mediador en el conflicto surgido entre Argentina y Chile por el canal de Beagle; intervino en la asamblea general de la O.N.U. en 1979; negoció nuevos concordatos con Italia y España y participó en numerosas iniciativas para lograr una paz estable en Oriente medio.

Uno de los aspectos más polémicos de esta nueva presencia del Vaticano en la escena política fue el apoyo directo que el sumo pontífice otorgó al sindicato polaco Solidaridad y a su líder, Lech Wafesa.

Juan Pablo II intentó reforzar la disciplina interna de la Iglesia, y en 1984, tras el estallido del escándalo del Banco ambrosiano, en el que se vio involucrado el instituto para obras de la religión, dirigido por el arzobispo Marcinkus, delegó todos los poderes temporales del Vaticano en el secretario de Estado, el cardenal Agostino Casaroli.

El estilo del nuevo papa, su decisión de mezclarse físicamente con los fieles en las manifestaciones religiosas, posibilitó un hecho trágico, que estuvo muy cerca de costarle la vida.

El 13 de mayo de 1981, cuando la plaza de San Pedro estaba abarrotada de gente que quería ver de cerca al papa, Mohamed Alí Agca, un turco al que algunos juzgan un enajenado y otros un sicario de los servicios especiales del área soviética, disparó sobre Juan Pablo II.

Éste recibió tres balazos, uno en la mano, uno en el brazo y uno en el vientre.

Mientras invocaba a la Virgen y se preguntaba el porqué del ataque, el papa fue trasladado al hospital entre la vida y la muerte.

Antes de ser anestesiado rezó el Padrenuestro, se confesó, recibió la extremaunción y se durmió rezando el Ave María.

El mundo entero estuvo pendiente de la recuperación del papa, cuya naturaleza fuerte le permitió superar el peligro.

Las primeras palabras públicas del papa tras el atentado fueron: «Alabado sea Jesucristo. Queridos hermanos y hermanas: sé que en estos días estáis unidos a mí. Os lo agradezco conmovido por vuestras oraciones, y os bendigo a todos… Me siento especialmente cerca de las personas heridas junto a mí. Ruego por el hermano que me ha herido y al que sinceramente he perdonado.»

Un ateo convencido, el presidente italiano, Sandro Pertini, visitó a Juan Pablo II poco después de haber finalizado la intervención. El papa apretó su mano durante mucho rato. El presidente, emocionado, dijo al abandonar el hospital: «Yo no sé orar y sin embargo he pedido al Dios de Juan Pablo que lo ayude, porque el mundo lo necesita.»

Según el teólogo jesuíta Avery Dulles, Juan Pablo II «siente que una era está tocando a su fin y quiere que todos nosotros entremos en una nueva fase donde todos estemos unidos. Está tratando de movilizar la Iglesia mundial.»

Atacado por los progresistas como Hans Kung y al mismo tiempo por el viejo integrismo, capaz de despertar el entusiasmo de las multitudes y la desconfianza de los más variados gobiernos, duro con los religiosos nicaragüenses que participan en el gobierno revolucionario y sostenedor del sindicato Solidaridad (donde no faltan los marxistas), Juan Pablo II concita tantas adhesiones como críticas.

CRONOLOGÍA DE JUAN PABLO II

1920 Nacimiento de Karol Wojtyla, el 18 de mayo. Las tropas alemanas invaden Polonia.

1946  Karol Wojtyla es ordenado sacerdote.

1958 Es nombrado obispo de Ombi.

1962-1965 Concilio Vaticano II.

1963 Wojtyla, arzobispo de Cracovia.

1967 Es nombrado cardenal por Paulo VI.

1978 Muerte de Paulo VI y luego de Juan Pablo I.   Karol Wojtyla, elegido papa.

1979 Viaje apostólico a Polonia.

1980 Grandes huelgas en Gdañs

1981 Atentado contra Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Encíclica Laborem Exercens legítima la reivindicación de la libertad sindical.

1986 Jornada ecuménica de oración por  la paz, en Asís.

1988 Monseñor Lefebvre es declarado cismático.

1989 Victoria de Solidarnosc en las elecciones legislativas en Polonia. Caída del muro de Berlín. Encuentro histórico entre el papa y Mijaíl Gorbachov.

1991 Publicación de la encíclica Centisimus Annus que constata el fracaso del socialismo, pero critica el capitalismo.

1997 Jornadas mundiales de la juventud en París.

1998 Viaje de Juan Pablo II a Cuba.

2000 Año del Jubileo declarado por Juan Pablo II.

Viajes apostólicos a Egipto y Tierra Santa.

2002 -2003 Viajes apostólicos a Canadá, Guatemala, México y España.

2005 Muerte de Juan Pablo II.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Larousse Tomo II Entrada: Biografía Juan Pablo II

El Papa Ermitaño Celestino V Papa Del Gran Rechazo

El Papa Ermitaño Celestino V
El Papa Del Gran Rechazo

En 1292 murió el Papa Nicolás. El cónclave de los cardenales se reunió, mientras todas las cancillerías de Europa se esforzaban en presionar a los cardenales. Ninguna mayoría pudo imponer su candidato. Un año pasó, en vano. La cristiandad se impacienta. Para el prestigio de la Santa Sede, tal   aplazamiento   tampoco   es   beneficioso.

Papa Celestino V, quien ha pasado a la historia como el pontífice del «gran rechazo», pues su pontificado duró del 29 de agosto al 13 de diciembre de 1294 y después se retiró a una vida de eremita. Tras su renuncia fue elegido Bonifacio VIII.

Cansados de esperar, cansados de las presiones, los cardenales eligieron entonces lo que llamaríamos un Papa de transición. Un viejo ermitaño de 12 años, Pedro de Morrone, fue elegido con el nombre de Celestino V.

El bueno del ermitaño no sospechaba nada. Vivía entre peñas, austeramente, cuando un día el Colegio Cardenalicio, portando mitra y báculo de oro, fue a arrodillarse ante él, pobre anciano. Asustado por tanto honor y lujo, los rechazó. Pero los príncipes de la Iglesia le hicieron ver que el interés de la Santa Sede y de la Cristiandad exigía su aceptación.

Se resignó, por lo tanto, y partió para Roma. No la encontró a su gusto y pidió, incluso, que se le construyera una celdilla de monje donde pudiera vivir. Menos aún podía comprender y amar el mundo de intriga y lujo que le rodearía en lo sucesivo. No podía considerar la Iglesia y la función sacerdotal de otro modo que en la pobreza.

Incluso puso de nuevo en vigor una antigua bula; durante la elección de los Papas, los cardenales deberían estar encerrados y cada día se disminuiría un plato del menú ordinario, hasta que no hubiera en él más que pan y agua.

Pero Celestino V tuvo una idea que le era muy entrañable: la renuncia. Se creyó no haber visto nunca tal cosa. ¿Cómo podría desatarse lo que Dios había atado? Celestino interrogó a los grandes juristas que le rodeaban y, entre ellos, a Benito Caetani, el futuro Bonifacio VIII.

Este Caetani era un hombre enérgico, el más instruido y el más inteligente, sin duda, de todos los cardenales. Estudió el problema y dio un parecer favorable.

Los restantes cardenales, comprendiendo que un Papa reticente e ingenuo no puede gobernar, sin peligro, a una cristiandad muy compleja, aceptaron. Entonces, sin presión, Celestino V pudo abdicar. El cónclave, reunido de nuevo, eligió en su lugar al cardenal Caetani: Bonifacio VIII.

BONIFACIO VIII
Bonifacio VIII era, sin duda, el hombre más digno de aquel honor supremo. Pero Celestino, convertido de nuevo en Pedro de Morrone, quiso regresar a su gruta. El nuevo Papa comprendió inmediatamente el peligro; el ingenuo ermitaño puede ser el juguete de influencias nefastas, que podrían empujarle a negar su abdicación.

Papa Bonifacio VIII

Es un riesgo, por mínimo que sea, que un Papa, en nombre de la Iglesia, no quisiera correr, porque conduciría a la Iglesia a la situación de los años precedentes, cuando había dos Papas, permitiendo a los diversos príncipes escoger el Papa más conveniente para su interés.

En consecuencia, el ermitaño fue encerrado en un castillo de Campania. Poco tiempo después, murió. El impedirle volver a su vida de eremita había sido una medida útil, pero impopular. Su muerte, tan repentina, podía sugerir la idea de asesinato, y se podía pensar, incluso, que Bonifacio VIII había forzado a Celestino a abdicar. Estos eran los puntos débiles de la posición de Bonifacio VIII. Hombres hábiles y sin escrúpulos, como los   legistas,   no   podían   desaprovecharlos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Historia de los Longobardos Origen Religion Costumbres

Historia de los Longobardos
Origen ,Religión y Costumbres

Germanos es una palabra celta cuyo significado es: «hombres que lanzan el grito de guerra» y fue utilizada por los romanos para designar a todas las poblaciones que tenían su residencia en la margen derecha del Rin, y, en general, al este de ese río. Los germanos habitaban en la Europa Central: a lo largo de la ribera derecha del Rin, y en ambas riberas de los ríos Elba, Oder, Danubio y Vístula.

A partir del siglo II de nuestra era, algunos pueblos germánicos (también llamados «bárbaros» por los romanos, que denominaban así a todo lo que no era romano) comenzaron a hacer irrupciones a través de las fronteras del imperio.

Hacia el fin del siglo VI, casi todos los pueblos germánicos no sólo habían entrado en contacto con la civilización romana, sino que, en muchas invasiones, habían evidenciado tener una aplastante superioridad militar sobre el decadente y debilitado imperio de los romanos. Por otra parte, el prolongado contacto con muchas instituciones romanas les había inducido a adoptarlas, y llegaron así a adquirir un grado de civilización bastante elevado.

Uno de los pocos pueblos que todavía conservaba las instituciones tradicionales de las tribus germánicas de allende el Rin, en razón del poquísimo contacto tenido con las poblaciones sometidas a la autoridad imperial, era el de los llamados longobardos.

Vesrtidos del Pueblo Longobardo

Soldado

POR QUÉ SE LLAMABAN  LONGOBARDOS
El origen de los longobardos es un tanto oscuro; sin embargo, en la actualidad se considera como su más probable lugar de origen la península escandinava. De haber sido así, los estudiosos estiman probable que su migración hacia el continente se haya verificado hacia el siglo I antes de Cristo.

Primeramente habrían poblado la parte inferior del curso del Elba, donde instalaron moradas permanentes, hasta que, en el siglo VI, consiguieron penetrar hacia el centro de Europa, y exactamente en la región occidental de la llanura húngara.

Parece ser que antiguamente las gentes de este pueblo eran llamadas vinilos (nombre derivado de la palabra escandinava vina, combatir), que significa «guerreros», y que sólo cuando se instalaron definitivamente en el territorio de la Alemania actual cambiaron su nombre por el de longobardos.

Y como en Escandinavia se llamaba «longobardiz» (guerreros que atraviesan el mar) a todos los soldados mercenarios que dejaban su patria para ir en busca de una fortuna mejor, se presume que los «vinilos» tomaron para sí tal nombre cuando abandonaron para siempre su tierra.

Otros creen que los longobardos comenzaron a ser llamados así porque usaban barba larga («langbarte»), y no faltan los que afirman que el origen del nombre reside en que combatían usando una larga lanza, la cual, en lengua alemana, es llamada «hallbard»   (alabarda).

SUS CREENCIAS Y COSTUMBRES
El dios supremo de los pueblos germanos era Odín, símbolo de la tempestad. Se lo representaba con vestiduras de guerrero, con un yelmo de oro en la cabeza y la terrible alabarda en la mano.

Odín era, sobre todo, el dios de los guerreros; tomaba parte en la batalla, daba la victoria a quien quería y decidía quién debía morir en el combate.

Los longobardos creían que los guerreros muertos con honor en el combate eran conducidos por el mismo Odín al Walhalle (la morada de los muertos), una especie de paraíso en el cual los héroes habrían de gozar de una gloria eterna.

Y en razón de hallarse convencidos de ser el pueblo más belicoso de entre las tribus germánicas, los longobardos se consideraban los predilectos de Odín.

Sustentaban la creencia de que Odín, para hacerlos invencibles durante las batallas, enviaba en su ayuda a los cinocéfalos (del griego «kinos», perro y «kefalé», cabeza; o sea, hombres con cabeza de perro), los cuales, con su terrible aspecto, esparcían el terror entre las filas adversarias.

Los longobardos habitaban cabañas de madera con techo de paja, detrás de las cuales solía haber una parcela rodeada por un seto vivo o un vallado. Los utensilios de uso diario se limitaban a lo estrictamente necesario: un molino portátil para moler el grano, algunas ollas de cobre o de barro, cuernos de buey indistintamente usados para conservar el aceite o para beber, y algunas pieles sobre las cuales dormían. Los más bravos guerreros colgaban, de las paredes de sus cabanas, cráneos de enemigos muertos por ellos.

El año 568, guiados por su joven rey Albuino, abandonaron la llanura húngara y se dirigieron hacia la península italiana: sumaban tal vez 250.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. La parte que ocuparon tomó el nombre de Longobardia (tal como Andalucía lo tomó de otros invasores bárbaros, los vándalos, que la llamaron «Vandalucía»). De aquel nombre deriva el actual de Lombardía, dado a una extensa región septentrional de la península italiana.

Las tropas de este pueblo conquistador no se hallaban totalmente integradas por los longobardos, sino que formaban parte de las mismas el pueblo de los gépidós (a cuyo rey había matado Albuino algunos años atrás), así como también numerosos aventureros sármatas, búlgaros, bávaros y sajones, atraídos todos ellos por las perspectivas de combate y pillaje.

El ejército cruzó la cordillera alpina por el paso de Predil (hacia el norte de Venecia) y avanzó rápidamente por la llanura del Po, siempre en marcha hacia el sur. Tras algunos combates, de los cuales salió victorioso, ocupó la región de Venecia (donde fundó el ducado de Friule), tomó Milán en setiembre de 569, y toda la cuenca del Po, la Emilia y Toscana (570), el ducado de Benevento y la ciudad de Pavía, donde constituyó la capital de su nuevo reino.

Este reino habría de durar hasta 774, fecha en que fue conquistado por Carlomagno e incorporado al imperio de Occidente. Los territorios conquistados fueron divididos en 36 ducados, cuyos poseedores elegían al nuevo rey, pues no existía un régimen de sucesión hereditaria. A la muerte de Albuino (572) los duques implantaron un gobierno colectivo, pero al año siguiente volvieron al régimen monárquico, designando como soberano a Clefis, quien apenas logró gobernar algo más de un año.

Bajo relieve Siglo VI Representa a Odín

LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
Rústicos, inciviles, y sólo interesados por el saqueo, los longobardos no manifestaron interés por aceptar ninguna de las limitaciones que las leyes romanas imponían a los pueblos extranjeros, y, naturalmente, no apreciaron instituciones que, como la esclavitud, eran fundamentales dentro de la vida romana. Durante el primer período de su invasión, igualmente, se manifestaron irrespetuosos hacia el cristianismo y su jerarquía, habiendo sido señalados como enemigos encarnizados de la fe cristiana.

En su obra de saqueo, entonces, no hallaron motivo alguno para excluir las iglesias, de cuyos bienes se apropiaron sin escrúpulos de conciencia, ni vacilaron tampoco, cuando lo consideraron conveniente, en asesinar a los sacerdotes y dignatarios eclesiásticos de todas las categorías. Cuando arrasaban una ciudad, las iglesias sufrían la misma suerte de los restantes edificios que en ella había.

Gregorio Magno

Pero, a comienzos del siglo vn, se produjo un acontecimiento de importancia que cambió por completo su modo de vivir. En 591, la reina Teodolinda (viuda de Autario, rey de los longobardos) contrajo nuevas nupcias con el rey longobardo Agilulfo, y, desde entonces, con ayuda del papa Gregorio Magno, se consagró a la tarea de lograr que su pueblo se convirtiese al cristianismo.

Su obra fue coronada por el éxito: hacia el fin del siglo VII, casi todos los longobardos habían abrazado la religión de Cristo. Y de este modo se volvieron menos feroces y comenzaron a apreciar los valores de la civilización romana, europea y occidental.

Los longobardos hicieron construir muchos edificios en Italia: la basílica de San Pedro en Cielo de Oro, de Pavía, y la catedral de Monza, se hallan entre los más famosos. Este último fue levantado en 602 por la reina Teodolinda. Además de los sepulcros de esta reina y de su esposo Agilulfo, en la catedral de Monza se custodian muchos tesoros de los reyes longobardos. Uno de los más famosos es la «corona de hierro», así llamada porque en su parte interior lleva un aro de ese metal, confeccionado, según lá leyenda, con el hierro de uno de los clavos de la cruz de Cristo. Esta corona fue usada para la ceremonia de coronación de varios soberanos, el último de los cuales fue Napoleón.

LAS LEYES DE ROTARIO: Asi como otros pueblos que no han alcanzado un cierto grado de civilización, los longobardos consideraban la venganza como una forma natural de la justicia. Cuando un longobardo era asesinado, todos sus parientes tenían el derecho de vengarlo matando al asesino o a su familia. Ésta y otras sanguinarias disposiciones fueron abandonadas cuando se convirtieron al cristianismo, adoptando, en este orden, las prácticas que son comunes a todos los pueblos cristianos.

Un rey que se preocupó por hacer más humanas las leyes que regulaban la vida de su pueblo fue Rotario. Éste, en 643, promulgó en lengua latina un edicto según el cual la venganza fue sustituida por el «guidrigildo» o sea la compensación monetaria por el daño causado. He aquí algunas de sus leyes.

«Si alguno provocara tumulto en la iglesia pagará una multa de 40 sueldos en beneficio del venerable lugar. Y los 40 sueldos de dicha multa serán depositados sobre el sagrado altar donde la ofensa hubiese sido cometida.

Si alguno hubiera apaleado a otro hasta el punto de romperle los huesos, por cada hueso quebrantado pagará la suma de 12 sueldos. Si un hombre hubiera matado a otro pagará a los deudos una indemnización compensatoria de la pérdida ocasionada. Si alguno hubiera cortado la mano a otro, pagará la mitad del precio que sería fijado para el caso de haberío muerto.»

Cuando en 774 los francos arrollaron a los longobardos en la península italiana, éstos constituían ya un pueblo civilizado que fue poco a poco fundiéndose con el resto de la población peninsular.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Historia de los Longobardos –

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico No Creer en Dios

Diferencia Entre Ateo y Agnóstico

El Ateísmo
Parece extraño hablar de la historia del ateísmo porque nunca ha existido un movimiento organizado que sustente estas ideas, tal como las demás doctrinas religiosas que han formado iglesias con el fin de difundir y mantener sus creencias.Y aunque no ha existido ninguna iglesia atea, siempre ha habido ateos, personas que por alguna u otra razón han creído —y creen— en la no existencia de dioses.

ateismo

Ateo es un término que viene del griego a: sin, y teso: Dios. Por lo tanto, ateo es aquel que prescinde de la existencia de Dios. Los motivos por los cuales los ateos no reconocen a Dios son muy variados. El ateísmo reside en cortar la relación del hombre con Dios, relación bidimensional: del hombre con Dios y de Dios con el hombre para optar por la realidad en la que vive inmerso el hombre (la mundaneidad).

La repugnancia hacia Dios que manifiestan proviene o de una dispersión irreflexiva o por una reclusión en sí mismo como centro del placer La dispersión irreflexiva va desde la desidia hasta los hábitos viciosos en virtud de los cuales el hombre, si no reforma su conducta.se desliza hacia el cambio de criterios morales.

Para tener un conocimiento de las variantes que tiene el ateísmo se puede hacer una división en ateos especulativos y ateos prácticos.

Los especulativos son ateos de tipo teórico, pues no admien que halla un  ser que trascienda al mundo. Se fundamentan en criterios de conocimiento, están poseídos de su autoestima y se oponen a las manifestaciones de los creyentes por considerarlas efectos del fanatismo.

Estos siempre han sido un número reducido. Son quienes profesan el escepticismo. Se les hace casi imposible atender la existencia del absoluto. Dentro de los especulativos cabe señalar a los ateos por reacción ante el problema del mal, el cual solo puede ser comprendido desde la profundidad del rechazo del bien.

Los ateos prácticos son aquellos que prefieren vivir sin sumisión a las obligaciones morales, convencidos de que los goces humanos son la lo mejor de la felicidad, Se recluyen y están motivados por la inmersión en el placer o en el activismo, ejemplo clásico de ello es el narcisismo.

Se pueden ver las secuelas de estas manifestaciones también en el afán de dominio, con el apoyo de esquemas seudointelectuales que se reducen al uso de unos cuantos tópicos, con el fin de obstruir la referencia a Dios.

Agnósticos: Es importante no confundir a los ateos con los agnósticos. Estos últimos consideran que la existencia de Dios es algo que no se puede demostrar ni refutar En cambio, los ateos creen que no existe. Esto no significa precisamente que sí exista; parece apoyar la postura de los agnósticos, pero muchos ateos asumen y defienden sus creencias con un rigor y una fe tan fuertes e inquebrantables como un religioso las suyas, por lo que las polémicas entre ambas ideologías han sido siempre fuertes.

Durante siglos, los ateos ocultaron sus ideas antes de enfrentarse a una religión demasiado autoritaria como ha sido el cristianismo, pero en los últimos dos siglos las ideas ateas se han ido difundiendo cada vez con más ímpetu.Y aunque hoy el ateo está mal visto poi la mayoría de la sociedad, ya no está tan perseguido ni se expone a las represalias que hubiera sí sufrido en años anteriores.

En esencia, el agnosticismo reposa en una raíz profundamente racionalista, esto es, en la actitud intelectual que considera a la razón como el únicc medio de conocimiento suficiente, y el único aplicable, pues sólo el conocimiento proporcionadc por ella satisface las exigencias requeridas para la construcción de una ciencia rigurosa. Y esto tanto si la doctrina se muestra claramente como racionalismo —es lo que ocurre en el caso de Kant— cuanto si se trata de filosofías en las que el racionalismo aparece solapado bajo la apariencia de positivismo o materialismo.

Como consecuencia, el agnosticismo circunscribe el conocimiento humano a los fenómenos materiales, y se sitúa frente a cualquier tipo de saber que se ocupe de seres espirituales, trascendentes  no visibles. No niega, ni afirma, la posible existencia de aquéllos, sino que suspende el juicio, se abstiene de pronunciarse acerca de su existencia v realidad y actúa con arreglo a tal actitud.

Y en este orden de cosas, aun cuando admita la posible existencia de un Ser supremo, ordenador del universo, sostiene que, científica y racionalmente, el hombre no puede conocer nada acerca de la existencia y la esencia de tal Ser. Esto es lo que diferencia al agnosticismo del ateísmo, pues este último sí niega radicalmente la existencia de dicho Ser supremo.

Fuente Consultada:
Histroria de la religiones Hofmann-Poirier
Enciclopedia HISPANICA Tomo I

Segunda Guerra Punica Causas Consecuencias Batallas Cartago Roma

Segunda Guerra Púnica: Causas, Desarrollo y Consecuencias

roma antigua


SEGUNDA GUERRA PÚNICA:
Desde el siglo V a.C, el Estado más poderoso del Mediterráneo era Cártago, la más rica de las colonias fenicias. Tenía un gran puerto de comercio y un buen puerto de guerra, en la punta del África, en un país que producía excelentes cosechas dé trigo, a muy poca distancia de Sicilia, uno de los países más ricos de lá antigüedad.

Los Cartagineses en España, Amílcar y Asdrúbal. La pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña, había sido fatal para el comercio y el poder marítimo de Cartago.

La democracia de Cártago era partidaria de la guerra, y deseando resarcir a Cartago de las pérdidas sufridas en las guerras anteriores, y colocarla en disposición de combatir para recuperar lo perdido, Amílcar se dirige a España desembarcando en Cádiz; y después de varias campañas logró apoderarse de la mayor parte de la península, poniendo por límites de su dominación los ríos Duero y Ebro, y aun mas allá de este último, fundó en lugar ventajoso la ciudad de Barcino (hoy Barcelona), muriendo poco después en un combate con los españoles.

Le sucedió su yerno Asdrúbal que, mas dado a las artes de la paz, fundó a Cartago Nova (Cartagena), procuró mejorar la administración, y aumentó considerablemente las riquezas de los cartagineses.

Los progresos de la dominación cartaginesa en España alarmaron al senado romano, que consiguió imponer un tratado a Cartago, por el cual ésta se comprometía a no pasar en sus conquistas al otro lado del Ebro, y respetar además los pueblos de origen griego y aliados de Roma, entre los cuales estaba Sagunto.

Asdrúbal murió asesinado por un esclavo, sucediéndolo Aníbal hijo de Amílcar.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/guerra-punica.jpg

Causas de la Segunda Guerra Púnica

La causa fundamental de las guerras púnicas fue la ambición de Roma y Cartago, y que dado el carácter de las dos repúblicas, la guerra no podía terminar sino cuando una de ellas sucumbiera.

Esta causa general, lejos de desaparecer se había aumentado por la primera guerra, cuyos resultados multiplicaron la ambición de Roma, y enconaron más el odio de Cártago, que a toda costa deseaba recuperar su antiguo prestigio.

Este odio parecía haberse concentrado en los Barcas, de tal manera que Amílcar al conquistar España sólo pensaba en la guerra futura contra Roma y a fin de que este proyecto no fracasara por su muerte, le hizo jurar a su hijo Aníbal, cuando todavía era niño, odio eterno a los romanos.

Con estos antecedentes, y con la preponderancia de los cartagineses en España, y los recelos de Roma, la guerra era inminente, presentándose muy luego el motivo que la hizo estallar, que fue la toma de Sagunto por Aníbal.

Aníbal: sus campañas en España: sitio y tema de Sagunto

A la edad de 25 años Aníbal sucedió a su cuñado Asdrúbal. A pesar de sus pocos años habíase distinguido por su audacia y su valor; mostrándose siempre infatigable en el trabajo, intrépido en el peligro, capaz de concebir los mas vastos planes, y enérgico y rápido en su ejecución.

Resuelto a llevar la guerra a Italia, antes quiso asegurar la dominación de Cartago, en España; y a este fin se dirigió contra los pueblos del centro de la península, alcanzando completa victoria sobre los Ólcades, los Carpetanos y los Vetones que habían tratado de derrotar a la dominación cartaginesa.

Usando un pretexto puso sitio a Sagunto, que después de una heroica resistencia, en la que perecen todos sus habitantes, fue tomada y destruida por Aníbal, a pesar de las protestas tardías é ineficaces de los romanos.

Destruida Sagunto, Roma mandó una embajada para pedir una repaarción a Cartago, que ésta se negó a dar, entonces el embajador O. Fabio, recogiendo su toga, les dijo:

¨Aquí os traigo la paz y la guerra para que elijáis ¨.

¨Podéis vos elegir ¨, contestaron los senadores cartagineses.

¨Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

De esta manera se inicia la Segunda Guerra Púnica.

ANIBAL EN LA GALIA AÑO 218 a.C.

Roma reunió dos ejércitos, uno en Sicilia para invadir el África, otro en Italia para atacar España.

Pero Aníbal no les dejó tiempo de atacar.

Hizo venir de África infantes libios y jinetes nu-midas, y dejando a su hermano Asdrúbal con una flota y un pequeño ejército para defender el sur del Ebro, partió de Cartagena en la primavera (218 a.C), cruzó el Ebro, atravesó rápidamente el país hasta los Pirineos, batiendo a los pueblos que querían detenerle, y llegó a estas montañas.

Allí licenció una parte de sus soldados españoles, dejó sus bagajes para que los custodiara un pequeño ejército que confió a Hannón y atravesó los Pirineos. Llevaba 50.000 infantes africanos e iberos, 5.000 jinetes y 21 elefantes.

Una vez que entró en la Galia caminó rápidamente en dirección al Ródano.

Un ejército bárbaro, acampado en la orilla izquierda, quería impedirle el paso. Aníbal se detuvo en la orilla derecha, compró barcas y maderas y mandó hacer balsas.

Por la noche envió un destacamento que subió a lo largo del río unas leguas más arriba de su campamento, pasó el Ródano en las balsas y fue a ocultarse cerca del campamento de los bárbaros.

Al día siguiente, el grueso del ejército pasó el río en barcas. Los caballos, sujetos por la brida, nadaban a los lados. Los bárbaros, al ver aquello, salieron de su campamento y se colocaron en orden de batalla.

En aquel momento el destacamento cartaginés, oculto en la orilla Izquierda, salló de su emboscada, prendió fuego al campamento, cayó encima de los bárbaros por retaguardia y los hizo huir.

El ejército de Aníbal pasó el río y acampó en la orilla izquierda.

Costó mucho trabajo hacer pasar a los elefantes. Se hicieron balsas muy grandes y se las cubrió con tierra y césped. Los elefantes entraron en ellas creyendo andar por terreno firme.

De allí se les hizo pasar a otras balsas que fueron remolcadas hasta la opuesta orilla. Los elefantes.

Inquietos, con las patas metidas en el agua, estuvieron agitados al principio. Algunos llegaron a caer al río y lo cruzaron con la trompa en altó.

El general romano, P. Escipión, enviado para detener a Aníbal en la Galia, había seguido la costa. Al llegar al Ródano supo que Aníbal lo había pasado y se volvió a Italia.

En tanto Aníbal seguía en dirección a la misma península, los romanos se ocupaban en combatir a los galos de la Cisalpina. Los boyos y los insubres habían vuelto a hacer guerra y derrotado un ejército romano. Aníbal contaba con ellos para ir juntos contra Roma.

Un jefe galo, procedente de las orillas del Po, dirigió una arenga a los soldados. Les pintó la Cisalpina como un país rico, habitado por pueblos guerreros enteramente dispuestos a unirse a los cartagineses.

PASO DE LOS ALPES

El ejército de Aníbal subió por la orilla del Ródano, y luego, volviéndose al este hacia los Alpes, caminó durante ocho días por la montaña pasando por senderos escarpados. Los montañeses le atacaron varias veces.

Un día le interceptaron el paso, pero por la noche se retiraron. Aníbal aprovechó el momento para hacer que sus mejores tropas ocupasen la posición y el resto del ejército siguió adelante.

Los montañeses se arrojaron sobre la retaguardia, cuya marcha estorbaban los caballos. Fue preciso que Aníbal diera la vuelta para librarla. El noveno día el ejército llegó a la cumbre y descansó dos días. Uniéronsele los rezagados y los caballos que se habían salido del sendero y que se creía perdidos.

Quedaba todavía el descenso por la vertiente italiana, más áspera, por un sendero estrecho, faldeando precipicios insondables. Era a final de otoño y la nieve, recién caída, hacía hundirse a los cartagineses. Los soldados se caían, y al caer se agarraban a sus compañeros y los arrastraban al precipicio. Los caballos resbalaban y se iban rodando.

Llegaron a un desfiladero tan estrecho y de pendiente tan rápida, que los elefantes no podían pasar. Los caballos, al caer, rompían el hielo, y al levantarse se les quedaban las patas heladas en los agujeros.

Aníbal acampó, mandó barrer la nieve y abrir un camino en la roca. Los animales pasaron primero, luego ¡os numidas trabajaron tres días para ensanchar el camino y los elefantes pasaron por fin.

Con mucha posterioridad se refirió que, para abrir el camino, Aníbal había hecho disolver la roca con vinagre.

En octubre, cinco meses y medio después de su salida de Cartagena, Aníbal llegaba al país de los Insubres en la llanura del Po. No le quedaban más que 12.000 africanos, 8.000 españoles y 3.000 jinetes, hombres y caballos fatigadísimos, los soldados pareciendo más bien salvajes que guerreros.

Pero los galos de la Cisalpina le proporcionaron hombres, víveres, vestidos y armas.

El ejército se rehizo y se puso en marcha hacia el sur.

Batallas del Tesino, Trebia, Trasimeno y Canas.

Mientras Aníbal se dirigía a Italia, los romanos, suponiéndole en España, mandan a esa península con un poderoso ejército, al cónsul Publio Cornelio Escipion, que, sabiendo en la travesía la expedición de Aníbal, desembarcó en Marsella para estorbarle el paso del Ródano, que el cartaginés había atravesado días antes; por lo que, enviando a su hermano Cneo Escipion con parte del ejército y de la escuadra para hacer la guerra a los enemigos en España, él regresó desde Marsella a Italia con ánimo de salir al encuentro de Aníbal cuando bajara de los Alpes.

El pequeño ejército de Aníbal, aumentado con los auxilios de los galos de Cisalpina, encuentra a los romanos en las orillas del Tesino, afluente por la izquierda del Po, sufriendo éstos una completa derrota, salvándose con dificultad Escipion, que a pesar de haber sido herido en la batalla, repasó el Po con los restos de su ejercito.

Como resultado de la batalla del Tesino se declararon por Aníbal los galos de Traspadana, mal avenidos con el yugo romano.

En persecución de los romanos, Aníbal pasó el Po, alcanzándoles en las orillas del Trebia junto a Placencia.

No habiendo todavía curado de sus heridas, Escipion cedió el mando del ejército a su colega Sempronio, que pierde en la batalla 30.000 hombres.

Los galos hasta ahora remisos en declararse por Aníbal, le aclaman libertador de Italia, incorporándose a su ejército, que de esta manera se elevó a 90.000 hombres.

El general cartaginés pasó los Apeninos, penetrando en Etruria come libertador.

Al atravesar los terrenos pantanosos del Arno con agua hasta la cintura, pereció gran número de soldados, y el mismo Aníbal perdió un ojo; pero poco después alcanzó una completa victoria junto al lago Trasimeno haciendo una horrible carnicería en el ejército romano mandado por el cónsul Flaminio.

Después de ésta batalla, Aníbal en vez de dirigirse a Roma, repasó los Apeninos, penetrando en el Piceno, donde se vio constantemente molestado por las estratagemas del cónsul Q. Fabio Cunclator (el Contemporizador).

Con este motivo el cartaginés se desplazó hasta Canas: Roma en tanto, cansada de la lentitud y escaso resultado de las operaciones de Fabio, levantó un ejército de 90.000 hombres, que puso a las órdenes de los cónsules Paulo Emilio y M. Terencio Varron.

Este último, a pesar de las prudentes observaciones de su colega, presentó la batalla junto al rió Aufido cerca de Canas, sufriendo tal derrota que mas de 70.000 hombres, la mayor parte ciudadanos romanos, quedaron en el campo, contándose entre ellos 80 senadores, 21 tribunos militares, y el cónsul Paulo Emilio.

Guerra de los Romanos en Sicilia Toma de Siracusa

Las consecuencias de la batalla de Canas fueron desastrosas para Roma.

Toda Italia meridional pasó al dominio de Aníbal, y con  Galia Cisalpina que ya le obedecía desde las batallas del Tesino y del Trebia, quedó reducido el poder de Roma a Italia central. Por otra parte, el Cartaginés hacia alianza con Filipo de Macedonia, que ofrece auxiliarle con 200 naves; y por su iniciativa se sublevan Córcega, Cerdeña y Sicilia. Jamás se había visto Roma en un trance semejante; a cada momento podía esperar ver el enemigo a sus puertas.

Sin embargo Roma no desmayó; el patriotismo de todos, pusieron en pocos días la ciudad en disposición de resistir un sitio; levantando al mismo tiempo un ejército que a las órdenes de Marcelo y Fabio, persiguió al general cartaginés, que se vio obligado a levantar el sitio de Nápoles, siendo batido su lugarteniente Hannon en Nola por Marcelo.

El senado se propuso en primer término recobrar  Sicilia y castigar a Siracusa que se había unido con Aníbal; y Marcelo fue encargado de esta empresa.

Pasando a Sicilia, puso sitio a Siracusa, que se resistió tres años, gracias a las máquinas inventadas por el célebre geómetra Arquímedes, con las cuales los sitiados rechazaban ventajosamente los ataques de los sitiadores; pero al cabo de este tiempo Marcelo se apoderó por sorpresa de la ciudad, mientras los siracusanos celebraban una gran fiesta; pereciendo Arquímedes, a quien un soldado atravesó con su espada sin conocerlo ; pues Marcelo había dado orden a sus tropas de respetar la vida del célebre matemático.

La toma de Siracusa dio por resultado la sumisión de toda  Sicilia, que fue declarada provincia romana.

Al mismo tiempo, Filipo de Macedonia, antes de haber podido llevar a Italia el auxilio prometido a Aníbal, vio su escuadra derrotada cerca de Apolonia por los romanos, que alentaron además a los pueblos de la Grecia para sublevarse contra la autoridad de Filipo.

La guerra en Italia: Batalla del Metauro

Mientras los romanos combatían en Sicilia y Macedonia, continuaba la guerra en Italia entre Aníbal y los ejércitos romanos.

Aníbal se dirigió a Roma para obligarla a llamar a los sitiadores de Capua pero el senado se preparó a la defensa con sus fuerzas propias y las que pudo recuperar de otras partes, sin llamar a las que sitiaban la ciudad campania, que por fin fue tomada por hambre, y cruelmente tratada por los romanos.

Entre tanto Aníbal, que veía mermar continuamente su ejército, había pedido auxilios a Cartago y a su hermano Asdrúbal que combatía en España contra los generales romanos.

Cartago, dominada por la facción enemiga de los Barcas, se hizo sorda a las peticiones de Aníbal; pero Asdrúbal equipó un ejército de españoles y africanos, y dejando a sus generales la prosecución de la guerra en la península, se puso en marcha para Italia, siguiendo el mismo camino que años antes llevara Aníbal.

Llegado a Placencia, que estaba en poder de los enemigos, se detuvo a sitiarla, perdiendo un tiempo precioso.

Roma en tanto, advertida de los proyectos de Asdrúbal, levantó dos ejércitos que a las órdenes de los cónsules Levio y Neron, salieron a evitar la unión de los dos hermanos.

Asdrúbal, alcanzado por Levio en las orillas del Metauro, en  Umbria, perdió la vida en la batalla, y su ejército quedó completamente destruido.

Los romanos anunciaron esta derrota a los cartagineses, cortando la cabeza de Asdrúbal, y arrojándola al campamento de Aníbal.

El héroe cartaginés, viéndose abandonado en país enemigo, pudo pensar con razón que la estrella de Cartago se eclipsaba.

Sin embargo, apelando a todos los recursos de su poderoso genio, todavía se mantuvo por espacio de cinco años en la Italia meridional, sin que todo el poder de Roma fuera bastante para vencerlo, ni menos para obligarlo a abandonar la península.

Los Romanos en España

Cuando Aníbal emprendió su expedición A Italia, Roma envió a España para hacer la guerra a los cartagineses a los hermanos Publio y Cneo Escipión.

Publio regresó desde Marsella a Italia para oponerse a Aníbal a la bajada de los Alpes y Cneo, con el título de procónsul, llegó a España, comenzando las hostilidades contra Asdrúbal hermano de Aníbal, y apoderándose de buena parte de la península.

Al año siguiente, Publio Escipión después de haber sido derrotado por Aníbal en la batalla del Tesino, vino también a España, y uniendo sus fuerzas a las de su hermano, derrotaron a los cartigeneses en varios encuentros.

Para sustituir a los Escipiones, Roma nombró a Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio y sobrino de Cneo, que a la sazón no contaba mas de 24 años.

Vino en efecto a España, pero no pudo evitar que Asdrúbal se dirigiera a Italia con su ejército para socorrer a Aníbal.

Sin embargo, por su valor, por la habilidad de su política y la dulzura de su carácter, venció a los cartagineses, en varios encuentros, se apoderó de los territorios que ocupaban, tomándoles además la ciudad de Cartago Nova y obligándoles a abandonar a España.

Escipión en África: Batalla de Zama:

Fin de la segunda guerra púnica. Nombrado cónsul por sus victorias contra los cartagineses en España, Escipion propuso al senado llevar la guerra al África, con el propósito de que Cartago llamase en su socorro a Aníbal, que se encontraba en el Abruzo, de donde no habían podido desalojarlo los romanos.

El senado, a instancias de Fabio Máximo se negó a su pretensión, pero le concedió permiso para alistar voluntarios en Italia y en Sicilia, reuniendo por este medio en muy poco tiempo hasta 30.000 hombres, con los cuales pasó al África.

Salió al encuentro de Escipión el general cartaginés Asdrúbal con un poderoso ejército, ayudado por la caballería de Syfax rey de Numidia, casado con la hija de Asdrúbal, llamada Sofonisba.

Escipión consiguió incendiar el campamento de Asdrúbal y el de Syfax, y derrotó las tropas que pudieron escapar de la catástrofe.

El númida Masinisa, aliado de Roma, se apoderó de Cirta capital de los Estados de Syfax, cayendo en su poder Sofonisba, que se envenenó para no ser esclava de los romanos.

Escipión se apoderó de Túnez, casi a las puertas de Cartago que, como el romano había previsto, tuvo que llamar apresuradamente a Aníbal. Este abandonó con honda pena el territorio de Italia, teatro de sus victorias.

batalla de zama guerras punicas

Con un poderoso ejército se dirige en busca de Escipión; poco antes de combatir, tuvo una conferencia con el general romano para hacer la paz .

Esta fue imposible por las exageradas exigencias de Escipión, y fue necesario dar la batalla; y a pesar del genio de Aníbal y del valor de sus tropas, fueron los cartagineses completamente derrotados por Escipión en la batalla de  Zama.

Cartago vencida tuvo que aceptar las duras condiciones que le impuso el vencedor, que fueron renunciar a su dominación en España, Sicilia y las otras islas del Mediterráneo; entregar a Roma su escuadra, pagar una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.

Así concluyó la segunda guerra púnica, quedando Cartago atada de pies y manos en poder de Roma. Escipion, que fue llamado el Africano, adquirió en ella una gloria imperecedera.

———- 000000 ———

Últimos años de Aníbal. Después de la batalla de Zama, y de la paz con Roma, el partido democrático de Cartago dirigido por Aníbal, consiguió sobreponerse a la aristocracia, emprendiendo radicales reformas en el gobierno, en la administración y en el ejército, para devolver a su país la unidad y la fuerza que había perdido.

Quizá soñaba Aníbal por estos medios tomar algún día la revancha de Roma. P

ero estos proyectos se desvanecieron por la envidia del partido aristocrático, cuyo jefe, Hannon, denunció a Aníbal a los romanos; por lo cual el senado exigió que se lo entregasen, teniendo que huir a la corte de Antisco, rey de Siria, para librarse de sus enemigos.

Aníbal en Oriente no desistió de sus propósitos de destruir la República romana; pero sus grandiosos planes no podían tener acogida entre aquellos pueblos corrompidos, y Antioco derrotado en Magnesia por los romanos, prometió a éstos entregarles al general cartaginés, que tuvo que huir, acogiéndose a la corte de Prusias, rey de Bitinia.

El odio romano le persiguió basta su último refugio; y no pudiendo conseguir por medio alguno que el rey se lo entregase, el general Flaminio concertó a unos asesinos, que se encargaron de quitarle la vida; Aníbal, por no caer en sus manos, tomó un veneno que puso fin a su existencia.

Consecuencias de las Guerras Púnicas

Las guerras púnicas no han concluido todavía; después de la segunda vendrá la tercera y última.

Pero la importancia histórica de aquel hecho, termina en esta segunda guerra; porque en ella se resuelve de una manera decisiva la cuestión que en ellas se ventilaba, cine era la preponderancia de Roma ó de Cartago.

La república africana, después de la batalla de Zama y de la muerte de Aníbal, ha dejado de ser un obstáculo para la marcha de Roma. Por esta razón debemos examinar aquí las consecuencias de aquellas guerras.

Las guerras púnicas son el hecho más importante y trascendental de la historia de la república romana.

Antes de estas guerras, Roma encerrada en la  península Italiana, no pudo pensar siquiera en la conquista del mundo; pero vencida Cartago, esta idea no sólo es acariciada por Roma, sino que su realización se presenta fácil y hacedera.

El Oriente corrompido y en decadencia, y el Occidente bárbaro y dividido, constituyen ahora el objeto de la ambición de Roma, que con menos sacrificios de lo que le han costado las guerras púnicas, y en poco tiempo extenderá su dominación desde el Eúfrates al Atlántico.

Así la consecuencia mas importante de aquellas guerras consiste en el carácter universal que toma desde entonces la historia de Roma.

Los Reyes de Roma Antigua Características de su Gobierno

Los Reyes de Roma Antigua – Sus Gobiernos-

  • Rómulo (latino) 753-716 a.C.
  • Numa Pompilio (sabino) 716-674 a.C.
  • Tulio Hostilio (latino) 674-642 a.C.
  • Anco Marcio (sabino) 642-617 a.C.
  • Tarquinio Prisco (etrusco) 617-579 a.C.
  • Servio Tulio (etrusco) 579-535 a.C.
  • Tarquinio el Soberbio (etrusco) 535-509 a.C.

PRIMER PERÍODO DE ROMA (754-510)— LOS REYES.

  1.  1. Reinado de Rómulo: robo de las Sabinas: guerras con los pueblos vecinos: muerte de Rómulo. Según la tradición, después de la muerte (de Remo, quedó Rómulo único jefe de Roma, que por entonces no era mas que una reunión de pobres cabañas. Dícese que para aumentar la población, Rómulo ofreció asilo a los vagabundos y gente de mal vivir de las naciones vecinas, prometiéndoles su protección; y que no teniendo mujeres, Rómulo invitó a una fiesta a los sabinos y a los pueblos comarcanos, y en medio del espectáculo los romanos se apoderaron de las esposas y de las hijas de sus vecinos, originándose de este hecho criminal una guerra entre los sabinos y los romanos.

El rey sabino Tacio se dirigió contra los romanos, que sorprendidos, aceptaron la batalla dentro de los muros de su ciudad; y cuando los soldados de Rómulo se pronuncian en derrota, intervienen las sabinas, separando a los combatientes, y consiguiendo el restablecimiento de la paz, con la condición de que los sabinos ocuparían la roca Tarpeya, nombrarían de su seno cien senadores, y su rey Tacio compartiría el trono con Rómulo.

Cinco años después muere Tacio asesinado, quedando otra vez Rómulo como único rey. Para ocupar la turbulenta población de Roma, dirige sus armas contra los pueblos comarcanos, y aumentó tanto su poder, que dejó de consultar al Senado; por lo que la nobleza le quitó la vida durante la confusión producida por una gran tempestad, que estalló mientras se celebraba la asamblea del pueblo. Los senadores, sin embargo, extendieron la voz de que había sido arrebatado al Olimpo, y que se le debía adorar con el nombre de Quirino.

A Rómulo se le atribuían las mas antiguas instituciones sociales de Roma.

  1. Numa Pompilio: instituciones religiosas: A la muerte de Rómulo los senadores intentaron suprimir la monarquía, turnando ellos en el poder; pero los desórdenes que con este motivo se originaron, hicieron necesario elegir un nuevo rey, ocupando el trono el sabino Numa Pompilio, hombre sabio y virtuoso, poco dado a las guerras y conquistas, que dotó Roma de instituciones religiosas, favoreció la agricultura y las ocupaciones pacíficas, contribuyendo eficazmente a modificar la rudeza de las costumbres salvajes de los romanos.

La tradición atribuyó a Numa la creación de los sacerdotes Salios, guardadores del escudo del dios Marte; de los Flámines que cuidaban del culto, de los Augures y de las Vestales. Construyó el templo de Vesta y el de Jano, que estuvo cerrado durante su reinado, porque la paz no se alteró en su tiempo.

Numa corrigió el calendario de Rómulo, añadiendo los meses de Enero y Febrero a los días fastos y nefastos: introdujo el culto de los dioses Lares, guardadores de la familia, y del dios Término, custodio de las propiedades. Para dar mas prestigio a estas instituciones, decía habérselas comunicado la ninfa Egeria.

  1. Tulo Hostilio: los Horacios y Los Curiacios: su misión de Albalonga. Después del pacifico reinado de Numa, ocupó el trono el latino Tulo Hostilio, en cuyo tiempo los romanos vuelven a sus costumbres guerreras.

La lucha se entabló principalmente con los albanos, por las mutuas y casi constantes querellas entre los habitantes de ambas ciudades: para poner fin a esta guerra se concertó el combate de los tres hermanos Horacios, romanos, con los tres Curiacios, albanos; muriendo en la pelea estos últimos, y quedando vencedor uno solo de los Horacios.

Como  consecuencia, Albalonga fue destruida, su territorio incorporado al romano, y los habitantes trasladados a Roma, donde ocuparon con los etruscos el monte Celio, siendo algunos admitidos a la ciudadanía, y aun al Senado: atribuyéndose también a este rey la construcción de la Curia Hostilia ó palacio donde se reunían los senadores.

  1. Anco Marcio: A la muerte de Tulo Hostilio, sucediole Anco Marcio, sabino, prudente, sabio y religioso como su abuelo Numa, pero a la vez guerrero como su antecesor.

En sus guerras con los pueblos comarcanos, derrotó a los sabinos y a los etruscos, sometiendo varios pueblos del Lacio, cuyos habitantes vinieron a establecerse en Roma, en el monte Aventino. Construyó la prisión Mamertina, abierta en la roca debajo del Forum; comenzó la explotación de las salinas de la costa; la construcción del primer puente de madera (sublicio) sobre el Tíber, para poner a Roma en comunicación  con Etruria.

A este rey se debe también la fundación de Ostia en la desembocadura del Tíber, sirviendo desde entonces de puerto a Roma.

Anco Marcio fundó la institución de los Feciales, destinados a evitar las guerras con otros pueblos, pidiendo una satisfacción pacífica de las ofensas recibidas; y autorizados para declararla, valiéndose de lanza quiris que arrojaban al campo enemigo, si a los 30 días no obtenían la debida satisfacción.

  1. Dinastía etrusca: Tarquino el antiguo: Después de los tres reyes sabinos, suceden otros tres etruscos hasta la conclusión de la monarquía.

Tarquino, de origen griego, pero establecido en Etruria donde había adquirido grandes riquezas, pasó a Roma, atrayéndose el favor popular por su generosidad y por su ilustración; adquiriendo por estos medios tal prestigio, que de tutor de los hijos de Anco Marcio, a la muerte de éste, fue elevado al trono.

El reinado de Tarquino constituye el periodo más brillante de la monarquía romana. Este rey introdujo en Roma las artes y la civilización etrusca; construyo las murallas, la Cloaca Máxima, el Forum romano, el Circo Máximo, y puso los cimientos del famoso templo de Júpiter en el Capitolio, donde se habían de reunir las divinidades de las tres razas de las que se componía Roma, y donde mas adelante fueron acogidos los dioses de todos los pueblos. Tantas y tan magnificas construcciones hicieron de Roma una gran población, cuando antes de Tarquino no eran otra cosa que un conjunto de miserables habitaciones.

No se olvidó Tarquino de extender la dominación de Roma por los pueblos comarcanos. Derrotó sucesivamente a los sabinos y a los latinos, y obligó a los etruscos, después de una larga guerra, a reconocer la supremacía de Roma.

Tarquino se propuso realizar la fusión de los tres pueblos, Ramnes, Lúceres y Ticios, que habían contribuido a la formación de Roma y elevó a 300 el número de senadores.

Los hijos de Anco Marcio, a quienes Tarquino había suplantado para subir al trono, instigados tal vez por los sabinos, consiguieron que dos asesinos le quitaran la vida; a pesar de lo cual no lograron sucederle.

  1. Servio Tulio: Aunque de origen humilde, Servio Tulio, que en vida de Tarquino llegó a ser su yerno, fue elevado al trono después de su muerte por los votos del Senado y de la plebe. Venció a los latinos sublevados contra Roma; y dedicó toda su actividad al establecimiento de sabias instituciones para completar la fusión de todos los romanos y la grandeza de Roma.

Servio Tulio reorganizó el gobierno, basándolo en la propiedad, creando así la aristocracia de la riqueza: introdujo reformas ventajosas para los pobres y plebeyos, tanto en la repartición de los impuestos como en la administración de la justicia.

A este rey se atribuye la creación de las feriales latinas en honor de Júpiter; la conclusión de las murallas de Roma, la introducción de la escritura, y la modificación del valor de la moneda y de las pesas y medidas.

Amado de los plebeyos y de los pobres, pero aborrecido por los patricios, éstos concitaron contra él a su propio yerno, Tarquino, que lo hizo asesinar, pasando las ruedas del carro de su hija sobre el cadáver ensangrentado de su padre, en la calle que desde entonces lleva el nombre de Via Scellerata (funesta).

  1. Tarquino el Soberbio: conclusión de la monarquía: Muerto Servio Tulio fue elevado al trono su yerno y asesino Tarquino, que se propuso gobernar prescindiendo del pueblo y del senado, a los que debía la corona.

La tiranía, de su gobierno le hizo odioso tanto a los patricios, como a los plebeyos; pero consiguió hacerse respetar por todos, extendiendo su dominación hasta el país de los volscos, apoderándose de su capital Suessa Pomelia y de la ciudad de Gabies en el país de los latinos, por medio de la traición de su hijo Sexto, que fingiendo haber caído en desgracia de su padre, se acogió a esta población, donde le confiaron la defensa de uno de los puntos mas importantes, después de lo cual quitó la vida a los jefes de la ciudad y la entregó a las tropas romanas. Durante estos acontecimientos Tarquino recogió un inmenso botín que empleó en la continuación del Capitolio.

Creciendo el descontento de los patricios y de los plebeyos por las crueldades de Tarquino, y hallándose éste sitiando la ciudad de Ardea, capital de los Rútulos, cerca de la costa, estalló el odio de los romanos con motivo del ultraje inferido por Sexto a la bella y virtuosa Lucrecia, mujer del patricio Tarquino Colatino. Los romanos indignados juran exterminar toda la familia del tirano; y cuando Tarquino, al tener noticia de estos acontecimientos, vuelve precipitadamente a Roma, se le cierran las puertas de la ciudad, y tiene que refugiarse en Etruria. Los romanos entre tanto declaran abolida para siempre la monarquía.

  1. Constitución social de Roma durante la monarquía: La constitución romana tiene su origen y  fundamento en los primeros tiempos de la monarquía quizá en los mismos tiempos de Rómulo.

Desde los primeros tiempos, aparece la sociedad romana dividida en tres clases, los patricios, los  plebeyos y los esclavos. Los patricios eran los representantes de las antiguas familias latinas, sabinas y etruscas, que habían contribuido a la fundación de la ciudad, pero dominando siempre el elemento sabino. Estos eran los únicos ciudadanos de pleno derecho, correspondiéndoles el poder y los honores, la mayor parte de las tierras y del botín que se tornaban a los enemigos.

La plebe romana procedía de las familias latinas, obligadas a domiciliarse en Roma por la destrucción de sus ciudades, durante la conquista del Lacio en tiempo de los reyes los plebeyos ocuparon en Roma los montes Palatino, Celio y principalmente el Aventino; se les concedieron desde el principio los derechos civiles, pero no los políticos, y sólo recibían una porción insignificante de las tierras conquistadas. Los esclavos en Roma procedían de los prisioneros que durante las guerras se hacían de los enemigos, y no tenían derecho alguno.

Además de estas tres clases de personas, existían en Roma los clientes, protegidos por algún ciudadano padre de familia (patrono), ó por el jefe del Estado: procedían generalmente de los extranjeros domiciliados en Roma, y aun de esclavos que recibían de su señor la libertad; pero sus derechos eran muy limitados. Por último, los caballeros, que después constituyeron un orden intermedio entre los patricios y plebeyos, y que tanta influencia alcanzaron en los destinos de la República, no tuvieron importancia política en tiempo de los reyes; pues aunque se tomaban indistintamente de los patricios y los plebeyos, no tuvieron entonces participación alguna en el gobierno del Estado.

  1. Constitución política: Durante la monarquía los poderes estaban distribuidos entre el rey, el senado y el pueblo.

La monarquía era en Roma electiva; y los derechos de los reyes muy limitados. Puede decirse que les correspondía el poder ejecutivo y gubernativo, disponiendo del mando del ejército, de la administración de justicia, cuando se trataba de los grandes crímenes; y eran por otra parte los soberanos sacrificadores, auxiliados en estas funciones por los sacerdotes.

Al lado de los reyes existía el Senado, que en un principio no fue mas que un cuerpo consultivo sin autoridad alguna; y se componía de 300 senadores, 100 por cada tribu, elegidos por los monarcas entre los patricios de su mayor confianza, resultando así un cuerpo eminentemente aristocrático.

Pero la verdadera soberanía residía en el pueblo y en sus asambleas solemnes, ó comicios, compuestos de todos los ciudadanos, tanto patricios como plebeyos; pues les correspondía la elección de monarca, la sanción de las leyes, la declaración de la guerra y de la paz.

  1. Reformas de Servio Tulio: La primitiva constitución de  Roma en armonía con los reducidos límites de su dominación, resultó defectuosa cuando por las conquistas de los pueblos del Lacios se aumentó considerablemente la población y se alteraron Las relaciones que entre las clases existían. Se hizo, pues, necesaria una modificación de la constitución, que la llevó a cabo Servio Tulio.

servio tulioServio Tulio comenzó sus reformas, formando un censo ó inscripción de todas los habitantes de la ciudad sin distinción de tribus, ni de clases, señalando a cada uno la fortuna ó la riqueza que poseía; sirviéndole esta especie de estadística de la propiedad para repartir equitativamente los tributos según el haber de cada uno, y para la distribución del poder entre los ciudadanos.

Con arreglo a su fortuna, todos los ciudadanos fueron repartidos en seis clases, divididas a su vez en 192 centurias, comprendiendo en cada una tantos ciudadanos como fueron necesarios para que la suma de los tributos fuese igual en todas ellas; resultando por esta razón que los ricos formaban gran número de centurias, mientras que era necesario reunir en una sola un número muy considerable de familias pobres.

La primera clase comprendía los ciudadanos que tenían una fortuna de 100,000 ó más ases, dividiéndose en 98 centurias. Las demás clases habían de poseer, 75,000 ases la segunda, 50,000 la tercera, 15,000 la cuarta, y mas de 11,000 la quinta; comprendiéndose en la sexta y última los que poseían menos de esta suma, y los que no tenían ninguna propiedad.

Dividida así la población, Servio Tulio sustituyó en los Comicios el voto individual, con el voto por centurias, creando de este modo los Comicios Centuriados, en los cuales tenia toda la influencia la aristocracia de la riqueza, que por mucho tiempo no se distinguió de la nobleza de nacimiento. De esta manera, los primitivos Comicios Curiados fueron muy luego reemplazados por los Centuriados, que llegaron a entender en la elección de los reyes, en la votación de las leyes, en los asuntos de la paz y de la guerra, y en las causas criminales de grande importancia.

Además la legislación de Servio Tulio, basándose en el censo, imponía a cada clase de ciudadanos el número de centurias con que había de contribuir para la formación de un ejército respetable, la mitad compuesta de hombres mayores de 40 años, para la defensa de la ciudad, señores; y la otra mitad de 17 a 45 que eran los juniores, y que constituían los ejércitos encargados de la conquista.

Con estas reformas que ligeramente acabamos de apuntar, consiguió Servio Tulio fundir en una unidad fuerte y poderosa los elementos diversos que hasta entonces habían predominado en Roma; organizando al mismo tiempo las fuerzas militares, destinadas a vencer primero en Italia y después en todas partes.

  1. La legislación en tiempo de los reyes: patria potestad: Los reyes presentaban las leyes a los Comicios, y éstos tenían el derecho de aceptarlas ó rechazarlas; pero es lo cierto que apenas quedan indicaciones de las leyes de esta manera formuladas en tiempo de la monarquía. Los romanos en aquellos primeros tiempos, como todos los pueblos en iguales condiciones, más que por leyes escritas, debieron regirse por costumbres.

Entre estas costumbres dejaron más profunda huella en la organización de la sociedad romana y en la legislación, las que se referían a la familia. En ella el poder del padre se extiende sobre la mujer, los hijos y los nietos, con todo lo que son y poseen: y ese poder es absoluto, pudiendo venderlos, y quitarles la vida, considerándolos como una cosa, res.

Sin embargo, este poder no es tan absoluto en lo que se refiere a la mujer, pues que bajo cierto aspecto existía la igualdad entre los esposos, y aun era considerada corno la dueña en los asuntos interiores de la casa.

  1. Religión, culto y sacerdotes: La religión y el culto de los romanos, era como la sociedad, procedente de diferentes pueblos, especialmente de los griegos y de los etruscos; desde los tiempos de Numa puede asegurarse que se había ya completado el sistema religioso y las formas del culto.

Como los griegos, personificaron los romanos las acciones y las aptitudes humanas, a la vez que los fenómenos de la naturaleza: pero aquella religión completamente exterior y sensible, no tenia doctrinas, ni enseñanza moral, y era por tanto incapaz para mejorar a los hombres.

Los dioses principales fueron: Marte, dios de la guerra; Saturno, de los campos; Término, de los límites; Vesta, del fuego; y además la Fe, la Salud, la Juventud, la Concordia, etc.

En Roma se generalizó el culto de los genios protectores de la ciudad, de la casa, de la habitación; y aun cada familia tenia sus dioses Lares y sus Penates, cuidadores del hogar doméstico.

Con las conquistas aumentó extraordinariamente el número de los dioses, adoptando los de los pueblos vencidos, que venían a formar parte del Olimpo romano, aunque colocados en un lugar secundario.

Los sacerdotes no constituían una casta, ni tenían el carácter de representantes de la divinidad; eran sólo los encargados del culto. Su número se extendió considerablemente a medida que se fueron admitiendo en Roma los dioses de los países conquistados. Distinguíanse los Flámines, conservadores del fuego sagrado, que pertenecían a la clase patricia; los Salios, encargados de custodiar el escudo de Marte, caído del cielo, y que celebraban a este dios con cantos y danzas; los Arvales, que en el mes de Mayo impetraban la protección de la diosa fecunda (Dea Dia) para las sementeras; las Vestales ó sacerdotisas de Vesta; y los Feciales, personajes sagrados a quienes competían la declaración de guerra. Además existían los cuatro Pontífices, presididos por el Pontífice Máximo, que cuidaban de la celebración de las fiestas y de las ceremonias del culto, y señalaban los días hábiles para la administración de justicia (días fastos y nefastos).

En la religión romana tenia una parte muy principal la adivinación, de que estaban encargados los Augures y los Arúspices ; los primeros conocían los misterios del porvenir examinando el vuelo, el canto y el apetito de las aves, y los fenómenos celestes; y los Arúspices observaban las entrañas de las victimas y las circunstancias exteriores de los sacrificios. Estas instituciones tuvieron grande influencia en los destinos de Roma, porque no se acometía ninguna empresa importante, ni se emprendía nunca la guerra, sin consultar antes a los Augures y Arúspices.

  1. La literatura y las artes en tiempo de los Reyes: La lengua latina pertenece al tronco de los idiomas indo-germánicos, y es hermana, no hija de la griega, como por mucho tiempo se ha creido.

De la época de los Reyes sólo se han conservado algunos restos de cantos religiosos y satíricos; como el canto de los Salios en honor a Marte, que  tal vez era común a los Arvales; y los cantos de alabanza y de burla, llamados de los Satura; y tal vez las fesceninas y las atelanas.

Las artes acusan en aquel tiempo el mismo atraso que la literatura. Sólo nos han quedado algunas obras de arquitectura, como el muro de Servio Tulio, las Cloacas, etc., en las cuales puede observarse la semejanza con las construcciones de los griegos primitivos, y la influencia de la arquitectura etrusca.

  1. Agricultura, industria y comercio: La vida de los primeros romanos se repartía entre la guerra y las ocupaciones agrícolas cada ciudadano cultivaba su propiedad, ayudado de sus hijos y de sus esclavos.

Entre las instituciones más antiguas, atribuidas generalmente a Numa, se cuentan los siete oficios siguientes los tocadores de flauta, los plateros, trabajadores en cobre, los carpinteros, bataneros, tintoreros, alfareros y zapateros.

El comercio en Roma, como en casi todos los pueblos antiguos, fue reputado corno ocupación indigna de los ciudadanos honrados; dejándolo por esta razón en manos de los esclavos y de la clase pobre del pueblo. Pero a medida que aumentaron el poder de Roma y las necesidades de los romanos, el comercio se desarrolló considerablemente con los pueblos comarcanos, especialmente con la Etruria, con las colonias griegas y con la Sicilia.

  1. Juicio sobre la época de los Reyes: Ya hemos dicho que Roma, nacida de las circunstancias, y debiendo su origen a un contrato, carece de infancia, y no tuvo que pasar por ese periodo de organización, que en los demás pueblos se llama época heroica. Roma al nacer tiene las condiciones de un pueblo adulto, así es que al día siguiente de su nacimiento tiene ya formado su carácter, y cuenta con los medios é instituciones para realizar su misión, emprendiendo resueltamente desde luego el camino que en la vida de la humanidad le corresponde recorrer.

Roma habla nacido para extender por todo el mundo su dominación, y necesitaba para esto ser un Estado fuerte é inquebrantable por su organización. Debía constituirse enérgicamente en el interior, para poder imponer a los otros pueblos esa misma constitución, única y necesaria base de los grandes Estados; y estos dos fines los persiguen los reyes con una constancia admirable desde Rómulo hasta Tarquino. Así es que al concluir la monarquía estaba ya constituido todo cuanto hay de fundamental en la vida é historia de Roma.

La organización de Roma, efecto de las condiciones de su nacimiento, es desde el principio casi republicana, puesto que los ciudadanos tienen todos mas ó menos participación en el gobierno. Por esta razón la monarquía, que en los otros pueblos nace fuerte y poderosa, absorbiendo todos los derechos, como natural consecuencia de los gobiernos patriarcales, aparece en Roma con los caracteres opuestos, limitada por el pueblo y en cierto modo accidental; no es ni siquiera hereditaria; teniendo su origen en el pueblo, debe existir únicamente para el bien del pueblo: por esa razón cuando, olvidando su origen, se hace tiránica con Tarquino, el pueblo la suprime con un pretexto cualquiera, sin luchas ni violencias, y se pasa sin ella, sin que esto afecte en nada a la organización romana, que continúa siendo la misma con los Cónsules que había sido con los Reyes.

Sin embargo, la monarquía cooperó fielmente en general a los fines de Roma, contribuyendo unos reyes a la organización del Estado, y conquistando su dominación sobre los pueblos del Lacio. De este modo la República encuentra ya perfectamente trazado el camino de la historia romana.

Los Reyes, por otra, se muestran en general mas inclinados a los intereses de la clase plebeya, y opuestos a los de los patricios, inaugurando la larga lucha de los dos órdenes, que tantos accidentes han de presentar durante la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN III

  1. Rómulo, único jefe de Roma, después de la muerte de Remo ofreció asilo en su ciudad a la gente vagabunda, y en una fiesta los romanos se apoderaron de las mujeres y las hijas de los Sabinos, originándose de aquí una guerra entre los dos pueblos, que terminó por la intervención de las mismas sabinas. Rómulo murió asesinado por la nobleza.
  2. Sucediole el sabino Numa Pompilio, que dotó a Roma de instituciones religiosas y favoreció las ocupaciones pacíficas; se le atribuye la creación del cuerpo de los sacerdotes Salios, de los Flámines, de los Augures y de las Vestales, la construcción de los templos de Vesta y de Jano: corrigió el calendario, etc., manifestando que estas instituciones se las había comunicado la ninfa Egeria.
  3. En tiempo de Tulo Hostilio, el combate de los Horarios con los Curiaceos, terminó la guerra entre Roma y Albalonga, siendo esta ciudad destruida y sus habitantes trasladados a Roma.
  4. Anco Marcio triunfó de los pueblos vecinos, incorporando los habitantes a Roma: construyó la prisión Mamertina y el puerto de Ostia, y fundó la institución de los Feciales.
  5. Comienzan los reyes etruscos con Tarquino el Antiguo, de origen griego, que construyó la Cloaca Máxima, el Forum, el Circo Máximo, y comenzó la construcción del Capitolio; venció a los sabinos, latinos y etruscos: elevó a 300 el número de senadores; y fue asesinado por los hijos de Anco Marcio.
  6. Servio Tulio venció a los latinos, y por medio de sabias instituciones reorganizó el gobierno y la sociedad; introdujo en Roma la escritura y modificó el valor do la moneda; su propio yerno Tarquino lo hizo asesinar en la Via Scellerata.
  7. Tarquino el Soberbio se hizo odiar por los  patricios y plebeyos debido a su  crueldad: se apoderó de la capital de los Volscos y de Gabies y por el ultraje de su hijo Sexto a Lucrecia, fueron expulsados los Tarquinos y abolida la monarquía.
  8. La sociedad romana comprendía tres clases de personas: los patricios poseían todos los derechos y la mayor parte de las riquezas; los plebeyos tenían derechos civiles, pero no políticos; y los esclavos, que carecían de todo derecho. Existían además los Clientes y los Caballeros, con escasos derechos y casi ninguna influencia en la gobernación del Estado.
  9. La monarquía era electiva, y los derechos de los reyes estaban muy limitados; el Senado, que se componía de 300 senadores, era sólo un cuerpo consultivo y aristocrático; y el pueblo, que era en verdad el soberano, se reunía en los comicios para tratar todos los asuntos importantes.
  10. Servio Tulio comenzó sus reformas por el censo, dividiendo los ciudadanos en seis clases con arreglo a su fortuna: creó los Comicios Centuriados, en sustitución de los Curiados, y señaló a cada Centuria su contingente para la formación del ejército.
  11. Apenas quedan leyes de la época de la Monarquía, pues aquella sociedad debió regirse principalmente por la costumbre. El padre tenía todos los derechos sobre los descendientes y sobre la mujer, si bien ésta conserva cierto prestigio en los asuntos interiores de la casa.
  12. La religión era completamente exterior, sin doctrinas ni enseñanza moral: el número de los dioses, al principio muy reducido, se aumentó considerablemente con las conquistas. Los principales colegios de Sacerdotes eran los Flámines, los Salíos, los Arvales, las Vestales y los Feciales; y además los Pontífices. De la adivinación estaban encargados los Augures y los Arúspices.
  13. La literatura de esta época sólo presenta algunos restos de cantos religiosos y Satíricos; y de las artes sólo han llegado hasta nosotros algunos monumentos de arquitectura, como Las Cloacas.
  14. Aparte de la guerra, la principal ocupación de los romanos fue la agricultura: la industria alcanzó bastante desarrollo y el comercio, aunque menospreciado, se extendió considerablemente con los  pueblos comarcanos.
  15. Desde su origen Roma se halla constituida con un carácter propio y con las instituciones adecuadas para llenar su misión. Los Reyes dieron a Roma su constitución fuerte é inquebrantable, y extendieron sus conquistas por el Lacio, que oran las dos tendencias de la vide romana. La organización de Roma era casi republicana, y por esa razón la supresión de la monarquía se llevó a cabo sin trastornos ni violencias, y de una manera casi natural. Los Reyes siguieron una política favorable a la clase plebeya.