Elección de un Papa

Biografia de Julio III Papa

Biografía del Papa Julio III

JULIO El (1487-1555): El 7 de febrero de 1550, por dos votos de mayoría sobre el cardenal Pole, el conclave cardenalicio elevaba a la silla de San Pedro al cardenal Juan María de Ciocchi del Monte, cuya familia era oriunda del Monte San Sabino.

Papa Julio III
PAPA JULI III
Papa de la Iglesia católica desde
7 de febrero de 1550-23 de marzo de 1555
Predecesor Pablo III
Sucesor Marcelo II
Información religiosa
Ordenación episcopal 12 de noviembre de 1514
por Antonio María Ciocchi del Monte
Información personal
Nombre Giammaria Ciocchi del Monte
Nacimiento 10 de septiembre de 1487, Roma
Fallecimiento 23 de marzo de 1555
(67 años), Roma

Aunque los que apoyaron su candidatura fueron Carafa y el grupo intransigente de la Curia, el nuevo Papa — Julio III — fue partidario de soluciones moderadas y de la defensa de la Iglesia respecto a las pretensiones absorbentes de Francia y España.

Entre Paulo III, que inicia el movimiento de la Reforma católica, y Paulo IV, el papa de la Contrarreforma, Julio III adopta un tono conciliador, a veces algo vacilante, lo que se explica por la escasa firmeza de su carácter y por las presiones a que fue sometido por el emperador Carlos V.

Era romano. Nacido en esta ciudad el 10 de septiembre de 1487, de Vincenzo Ciocchi y Cristobalina Saracini, había efectuado una provechosa carrera eclesiástica. Siempre relacionado con la corte pontificia, a los veinticinco años había obtenido el arzobispado de Manfredonia y el 22 de diciembre de 1536 había sido elevado al cardenalato.

En él se distinguió como jefe de la dirección moderada de los cardenales italianos. Durante el pontificado de Paulo III, había sido miembro de la Comisión de Reforma y uno de los presidentes en la primera reunión del concilio de Trento (1545-1549).

Por tanto, al ser revestido de la suprema dignidad eclesiástica, se hallaba preparado para llevar a término una misión sumamente difícil en aquellos agitados momentos.

Los críticos de Julio III le reputan como un epicúreo toscano, más amante de la vida regalada en los palacios de Roma que de resolver los problemas en que se debatía la Iglesia.

En particular, le hacen responsable de la segunda suspensión del concilio’ de Trento y de la corta duración de la concordia con Irglaterra. Estas inculpaciones tienen escaso apoyo.

Aunque es cierto que recayó en los defectos del nepotismo y que se mezcló en las últimas disputas sobre los estados italianos — lucha por Parma y Plasencia en 1552 —, no se puede negar su celo por los intereses de la Iglesia.

El 1º de marzo de 1551 se abrió la segunda reunión del concilio de Trento, cuya particularidad más notable fué la presencia de algunos enviados de los príncipes reformistas alemanes. En el aspecto dogmático se afirmó la doctrina ortodoxa de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía.

El concilio fue suspendido el 28 de abril de 1552, no por voluntad de Julio III, sino por la amenaza de las tropas de Mauricio de Sajonia, rebelde al emperador.

La reconciliación del Papado con Inglaterra tuvo lugar poco después del advenimiento al trono de la reina María Tudor. El 6 de agosto de 1553, Julio III nombraba legado para Inglaterra al cardenal Pole.

Sin embargo, el paso decisivo de la reconciliación no se dio hasta el 3 de enero de 1555, y esto a causa de la política de Carlos V, que no quería provocar una guerra de religión en Inglaterra.

Poco después, el 23 de marzo de 1555, moría Julio III en Roma, dejando el camino expedito al papa de la Contrarreforma, Paulo IV, después del breve, y, por tanto, inmaturo pontificado de Marcelo II.

fuente

El Fetichismo Religioso ¿Que es? Culto, Ritos, Hechizeros y Fetiches

El Fetichismo Religioso en África
Culto, Ritos, Brujos, Hechizeros y Fetiches

Fetichismo, en antropología, devoción hacia los objetos; en psicología, devoción hacia el deseo, consistente en desviar o acentuar la atracción por una persona atribuyendo carga erótica a los objetos e imágenes que la representan. El hombre de raza negra (negro)  de África cree en la existencia de fuerzas sobrenaturales que rigen su vida y de las cuales depende totalmente. En este culto, los antepasados ocupan un puesto importante y con frecuencia se les consulta. El hechicero, único miembro de la tribu que tiene contactos con los espíritus, goza de gran consideración y poder.

Sería un error creer que los negros sólo sienten interés por los problemas planteados por la vida cotidiana. Se puede afirmar, por el contrario, que son muy conscientes de su dependencia con respecto a las fuerzas sobrenaturales. Estas fuerzas son numerosas, pues el negro está convencido de que todo lo que vive posee un alma y, por lo tanto, una voluntad propia.

Y esto no sólo lo cree de los seres humanos, sino también de los animales, plantas, ríos y de todos los elementos naturales en general. El negro también cree que el alma puede transmitirse a otros seres e incluso a objetos sin vida.

El negro se siente vinculado, por encima de todo, al alma de los antepasados. Para él, los muertos constituyen una verdadera cadena entre las fuerzas misteriosas que han hecho el mundo y los seres que viven en la tierra.

A esto se debe que los negros esculpan representaciones de sus antecesores. Estas estatuas sirven para el culto de que son objeto. Se ofrecen sacrificios en honor de los difuntos y se organizan ceremonias funerarias en su memoria.

Los antepasados también se hallan presentes, en forma de máscaras danzantes en las ceremonias finales del ciclo de iniciación. Durante estas ceremonias se da simbólica y ritualmente muerte a los jóvenes, que, después, bajo la protección de los antepasados, renacerán para pasar a ser miembros adultos de la tribu.

Los negros hacen todo lo posible para que los espíritus de los muertos les sean siempre favorables. Sacrificios, cantos y danzas no tienen otra finalidad. En el momento de las decisiones importantes no vacilarán en hacerles ofrendas especiales con objeto de beneficiarse de sus consejos. No sólo los espíritus de los muertos son objeto de este culto: también veneran a los espíritus de la selva, al espíritu del agua o a uno u otro animal.

fetichismoPara entrar en contacto con estos elementos extranaturales se requieren medios especiales y también intermediarios.

Los medios son objetos en los que puede estar encerrada por un tiempo la voluntad de un espíritu; en cuanto a los intermediarios, son personas capacitadas para penetrar en el mundo de los espíritus: los hechiceros.

Por lo general, el hechicero negro es adivino, curandero y fetichista.

Por otra parte, la frontera entre todas estas funciones, como asimismo la divisoria entre la religión y la magia, es muy difícil de establecer. Sea como fuere, teóricamente el hechicero es quien posee el conocimiento y poder necesados para interpretar la respuesta de los espíritus.

También tiene el don de entrar en trance: entonces se pone a bailar siguiendo el fascinante ritmo de instrumentos primitivos y acompañado por las melopeas de los miembros de la tribu. Los negros creen que durante este período de trance su alma sale del cuerpo para trasladarse por un tiempo al mundo de los espíritus, quienes le informan sobre sus intenciones y sentimientos.

El hechicero también conoce el medio de granjearse los favores de los espíritus de la selva antes de salir de caza. Es el único que sabe qué clase de ofrenda debe hacerse y cuáles son las prescripciones que deben respetarse antes de un nacimiento, con motivo de una boda, para el pago de una dote, o en cualquier otra circunstancia. Sus conocimientos de magia permiten, asimismo, concillarse las gracias de los buenos espíritus y aplacar las fuerzas del mal.

Para la mentalidad de los negros el hechicero es, por lo tanto, la única persona que puede proteger a los miembros de la tribu y proporcionarles medios protectores.

El fetiche es uno de estos medios. No se trata de un objeto determinado: todo objeto puede ser fetiche. Una ramita que ha crecido en determinada dirección o una piedra encontrada en especiales circunstancias. Aún más, puede ser un objeto al que el hechicero haya conferido fuerza mágica.

La palabra fetiche, derivada del portugués, significa «objeto-hada». Los principales fetiches de los pueblos primitivos son figurillas humanas recortadas en madera. Estos fetiches tienen, en un sitio u otro, una cavidad en la que el hechicero deposita un polvo mágico; por ejemplo, una mezcla de arcilla y sangre. Entonces, esta cavidad, con frecuencia situada en lo alto de la cabeza o en el vientre, se vuelve a cerrar. Entre los songhais la tapa es de cuerno y entre los pueblos del Bajo Congo es un pequeño espejo.

También existen fetiches erizados de clavos. Son objetos en los cuales el hechicero retiene por un tiempo el alma de un enemigo o de un espíritu perseguidor. Si hunde un clavo en el fetiche destruye a ese enemigo o a ese espíritu.

Por lo general, los fetiches son propiedad del hechicero, pero los negros ricos pueden permitirse el lujo de poseer un fetiche grande personal. También se da que un poblado o una familia posean un poderoso fetiche. Frente a estos grandes fetiches, la mayoría de negros de África tienen fetiches pequeños de los que no se separan. Son amuletos o grisgrís.

Todas estas costumbres que llevan el sello de la magia se encuentran muy arraigadas en el alma negra: incluso cuando se ha convertido al cristianismo, el negro difícilmente renuncia a estas prácticas.

En muchos lugares, cuando se constituía o fundaba un pueblo, una de las misiones del hechicero era la de crear el fetiche local, al cual se le confiaba la salud y prosperidad de la comunidad recién constituida. El fetiche velaba por el éxito en la caza, la pesca y la guerra, y si el nuevo pueblo se trasladaba a otros lugares, el fetiche debía acompañarlo.

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La Leyenda del Nacimiento de Buda y Origen del Budismo

BIOGRAFIA  DE GAUTAMA SIDARTA – ORIGEN DEL BUDISMO – EL NIRVANA –

En el año 560 a.C, un joven príncipe nació en un valle de los Himalayas. Los adivinos predijeron que sería un gran rey, o que se haría monje para salvar a la humanidad del sufrimiento.

El fundador del budismo fue Siddharta Gautama, conocido por sus seguidores como Buda, que significa «el que ha alcanzado la verdad».

Hasta la adolescencia, llevó una vida de placeres encerrado en su palacio, pues su padre temía que se hiciera monje si lo dejaba salir. Sin embargo, un día Siddharta salió a la calle y se encontró con un anciano, un enfermo y un hombre muerto. Estos encuentros cambiaron su vida para siempre.

El camino del medio: Siddharta había creído que la vida era toda diversión. Al contemplar la vejez, la enfermedad y la muerte, comprendió que los placeres del mundo eran pasajeros. Decidió hacerse monje, y se dedicó a ayunar y a meditar buscando la verdad.

Pero, al cabo de seis años, no la había encontrado y estaba débil y enfermo. De repente, entendió que la verdad consistía en seguir el «camino del medio» y vivir con moderación, apartándose a la vez de los placeres y del sufrimiento.

BREVE FICHA BIOGRAFICA:

• Se cree que nació entre los años 566 y 558 a.C. con el nombre de Sidarta Gotama, en Kapilavastu (actual frontera entre Nepal y la India).

• Poco después murió su madre, y su padre y una madrastra se hicieron cargo de su educación. Para que no se enterara de los problemas del mundo, lo aislaron en el palacio, con todos los lujos.

• A los dieciséis años se casó con Yasodhara y tuvo un hijo.

• Cerca de los veintinueve años conoció el dolor humano. Cansado de privilegios y afectado por su descubrimiento, empezó a pensar cuál sería la causa de todo el sufrimiento y a buscar su solución.

• Luego de encontrarse con un monje mendicante, decidió vivir como él. Abandonó a su familia y renunció a toda su riqueza y poder.

• Se estableció con cinco discípulos en Uruvela (cerca de la actual Gaya) y durante años buscó respuesta al dolor.

La iluminación

• A los 35 años, mientras estaba sentado meditando bajo un árbol (conocido como el Árbol de la Sabiduría), alcanzó el verdadero conocimiento y se convirtió en Buda (el Iluminado).

• Luego se reunió con sus seguidores y les anunció su doctrina para superar el sufrimiento.

• Viajó por el valle del río Ganges transmitiendo su enseñanza y reuniendo fieles.
• Evitó un intento de asesinato a manos de su primo Devadata.

• Volvió a su ciudad natal y convirtió a su familia al budismo.

• Murió aproximadamente a los 80 años, luego de comer alimentos en mal estado, en Kusinagara, hoy Kasia (India).

«El odio nunca se calma mediante el odio.
El odio se calma mediante el amor. Esta es una ley eterna. «

HISTORIA DE SU BIOGRAFIA Y DEL BUDISMO

Hacia el año 550 antes de Cristo, gobernaba un pequeño reino del norte de la India un rey de la dinastía Sakhya.

Tenía un lujoso palacio a orillas del Ganges, el río sagrado, construido casi en la cresta de una escarpada colina, rodeada por las nieves del Himalaya.

Estaba casado con Maya, princesa de acrisolada virtud, dedicada a extremas prácticas ascéticas, que la habían movido incluso a separar su lecho del de su esposo, que la respetaba y amaba tiernamente.

Una noche, Maya tuvo una visita inesperada; arrebatada de la tierra, se encontró frente a un elefante sonrosado, de seis colmillos; la tierna bestia se arrimó al costado de la reina y sin causarle el menor dolor, hirió con una de sus defensas la carne inmaculada.

Diez meses después de este sueño o suceso prodigioso, nació el príncipe Gautama Sidarta.

Sobre un loto, apareció frente a Maya una tierna criatura rubia y rosada, mientras del cielo caía una lluvia de flores.

El recién nacido descendió del loto y anduvo siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales (la teología hindú había establecido la existencia de siete cielos o espacios divinos, de los cuales el séptimo era accesible únicamente al principio supremo) y luego dijo: «Triunfaré del nacimiento y de la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al hombre».

estatua buda

Inmediatamente, cesó la lluvia de flores y el infante — pues volvió a serlo desde este instante— se reclinó nuevamente sobre el loto.

Todo el palacio había presenciado, sobrecogido, el prodigio. Y su cese restituyó al príncipe al mundo de los niños.

Durante mucho tiempo, exactamente hasta que cumplió sus veintinueve años (uno menos que Cristo), Sidarta fue y creció como un hombre cualquiera.

Al revés que Cristo, su educación y formación estuvieron marcadas por el signo aristocrático de su condición y, además, por una extrema brillantez.

Superaba a sus amigos y condiscípulos en valor, agudeza y penetración. Sorprendía a todos los maestros.

Sólo el padre andaba inquieto por el porvenir de un príncipe tan encantador.

Porque un asceta — de los muchos que visitaban el palacio, a causa de su esposa— le había predicho, con toda seriedad, que, en efecto, Sidarta sería el mejor rey que el país hubiera conocido jamás.

Mas, si por ventura — o malaventura, pensaría el rey — se volviera sobre la vanidad de la existencia y se introdujera en las prácticas ascéticas, nada podría ya separarle de ellas. Ignoramos con qué designios facilitó el asceta estos datos al perplejo rey.

Pensó éste que nada sino el amor de una hermosa mujer sería táctica eficaz para conjurar este gran riesgo.

Y en efecto, Sidarta se enamoró locamente de la bellísima Yasodhara, con la que contrajo matrimonio y de la que, en seguida, hubo un hijo.

La leyenda insiste en el gozoso aislamiento en que por esta época vivía el príncipe: ocupaciones deportivas, fiestas y ahora el amor de su mujer y del nuevo principito.

Pero, de lo que acontecía al otro lado de las moradas de los nobles, ignorancia absoluta y apartamiento radical. Era otro mundo y sus leyes otras leyes.

¿Qué movió a Sidarta a abandonar su palacio y trasponer el muro separador? ¿Una cierta inquietud insatisfecha que aguijoneaba la corteza del príncipe feliz?.

En cualquier caso, aquella excursión a Kapilavastu fue decisiva.

He aquí lo que Sidarta encontró: un mendigo viejo y llagado que tendía su escudilla al borde del camino; el cortejo fúnebre de una joven madre cuyo esposo e hijos lloraban sin consuelo, al borde de la pira funeraria; la palabra de un asceta macilento que, tras predicar altivamente la virtud a una muchedumbre absorta e ignorante, les suplicaba con humildad alimento para sustentarse.

Y obsérvense ahora las conclusiones que de esta salida obtiene la leyenda: Sidarta comprobó la existencia de la muerte y el dolor en el mundo y resolvió liberar de ellos a los hombres, o, mejor dicho, liberarles de su temor, pues el sufrimiento procede del temor y el temor de la ignorancia.

Por consiguiente, el punto de partida de Buda sería absolutamente irreligioso y, en cierto modo, racionalista.

Tuvo que darse en su alma, forzosamente, una simpatía hacia ese desajuste del mundo que tan hondamente le conturbó.

Y al propio tiempo, despertarse en él una convicción íntima de que estaba capacitado para derrotar la ignorancia del mundo (dejando aparte lo divino que hubiera en su naturaleza, pues los datos de la leyenda no permiten inferir que, en esta sazón, poseyera Sidarta conciencia de su divinidad).

Todo ello suscitó en él la decisión de abandonar palacio, padres, mujer e hijos, de renunciar a sus riquezas — no por remediar pobreza ajena, sino por desembarazarse de un obstáculo para la sabiduría— y de consagrarse a investigar la causa del desajuste, pues, ante todo, era necesario «saber».

Una pintura siamesa, muy reproducida en los estudios dedicados a Buda, nos relata que éste abandonó su palacio a caballo, mientras dioses y «boddishatvas» colocaban sus palmas bajo los cascos del animal, para que no despertaran los seres queridos.

Buscó Sidarta, primero, el sabio parecer de los eremitas del Pico de los Buitres.

Pero encontró que su penitencia y su gimnasia del dolor eran estériles porque se habían constituido en fin, sin buscar la gran causa del dolor de los hombres ni su provecho.

El resultado de las prácticas ascéticas conducía todo lo más a una perfección del asceta y eso no redundaba en beneficio de la gran cuestión, que concernía a todos los hombres.

Así que Sidarta, desengañado, pero firme en su propósito, reanudó su peregrinación.

Tomó de un cadáver abandonado el manto con que sus huesos se cubrían y se hizo un ropaje holgado que le cubriera hasta los hombros.

Andaba absorto, caminando hacia la Sabiduría, sabiendo que la hallaría, pero ignorando dónde.

Cuando el hambre le volvía en sí, pedía limosna.

Y no pronunciaba palabra alguna. No recogían sus ojos la belleza de las estaciones ni se perturbaba su carne al sentir la lluvia o el rayo de fuego solar.

Finalmente, llegó ante un grueso árbol, cuyas ramas bajas se inclinaban, polvorientas, hasta el suelo y supo que allí le sería dada la sabiduría.

Lo rodeó siete veces, desafiando a los dioses: «No me moveré de aquí hasta que sepa».

Recogió una brazada de las hojas caídas, las apiló y se sentó sobre ellas en la postura que tan familiar nos es a través de la iconografía: su mano derecha tocaba el suelo, como para no perder el contacto con esa tierra habitada por los hombres a quienes había que instruir.

No se sabe el tiempo que Buda permaneció así.

Probablemente el tiempo se detuvo. Mará, dios maligno e inteligente, que comprendió el peligro de esa detención, diluvió sobre el contemplativo toda clase de Tentaciones y precipitaciones «celestiales».

Finalmente le envió a sus seductoras hijas, imagen viva de la concupiscencia.

Se cuenta que, así como Sidarta recibió impasible el rayo, el granizo, la lluvia y el fuego (a veces protegido con el cuerpo de los buenos espíritus), cuando notó la presencia de las lascivas danzarinas alzó sus ojos hacia ellas.

Y su mirada las convirtió en viejas arrugadas, de espantoso aspecto.

En ese mismo momento, Sidarta supo.

Era el deseo de nacer y el mismo nacimiento, lo que ocasiona el dolor.

Es, pues, menester abandonar ese deseo y sustituirlo por el de entrar, de una vez para siempre, en el Nirvana.

En tanto exista, arraigado en la naturaleza, el anhelo de volver a incorporarse a un cuerpo, se producirá la transmigración del alma y, con ella, el riesgo de empeorar de condición por una existencia nueva en circunstancias difíciles.

Superando el deseo de nacer se accederá directamente al Nirvana. Por ello es menester aprovechar la existencia actual cumpliendo puntualmente la obligación moral.

Se ve, pues, cómo Sidarta acepta el postulado básico del brahmanismo de la purificación del alma, a través de un número indefinido de existencias, cuya calidad está determinada por el mérito o demérito contraídos en la anterior.

Mara, empero, le propone — ya directamente, cara a cara — la última tentación, lógica consecuencia de la ciencia hallada.

«Aprovecha, pues, ese conocimiento y entra ahora mismo en el Nirvana.

No corras tú nuevo riesgo pretendiendo existir por más tiempo».

Pero Sidarta — de ahora en adelante será llamado «el Buda», esto es, «El Iluminado» — no abriga ya ningún temor por sí mismo. «No entraré en el Nirvana hasta que enseñe a todos los que viven la manera de hacerlo por sí mismos. Están solos, pero su soledad les es suficiente. Deben saberlo».

Y  Mará, derrotado, se retira definitivamente.

Buda vuelve al camino. Pronto reúne unos cuantos discípulos y se encamina con ellos a Benarés, la ciudad santa, donde expondrá su famosa doctrina de la vía media: «Entre el ascetismo seco y complicado y los deleites del mundo, allí, precisamente en la mitad de esa línea, está la Verdad.

No despreciéis vuestra condición actual; representa un castigo por vuestras faltas pasadas, pero puede ser el instrumento precioso para proporcionaros la entrada definitiva en Lo-Que-No-Es-Más».

Y  les dio unas reglas prácticas de vida pura, cuyo eje estaba, precisamente, en respetar toda vida, pues en ella radicaba siempre una posibilidad de entrar en el Nirvana.

La predicación de Buda duró casi cincuenta años. Los adeptos se multiplicaron.

Hasta su esposa e hijo se convirtieron en discípulos.

Por el contrario, encontró en los brahmanes unos enemigos irreductibles.

En ello se mezcló una vez más el cuidado por las cosas de este mundo: «Por eso, vosotros, brahmanes soberbios, no poseéis la verdad y en vano mediríais vuestra santidad con la mía».

Buda era de la casta Chatria, por pertenecer a la dinastía Sakhya, y su lengua y milagros fueron considerados como puro artificio político en beneficio propio.

La vida retirada y desprendida de los budistas convencería pronto al «pueblo» de que no había engaño posible.

Y el «pueblo», sin comprender del todo la doctrina, se rendía a la presencia humilde —y, por supuesto, taumatúrgica— del Bienaventurado, como empezó a llamársele.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Entrada: BUDA

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

Biografia de Juan Pablo II Características de su Pontificado

Juan Pablo II (1920-2005), papa (1978-2005), el primero no italiano desde 1523. El pontificado de Juan Pablo II confirmó la evolución de la Iglesia desde el concilio Vaticano II. La orientación enérgica y eficaz de su pontificado, sus declaraciones doctrinales y sus viajes por todo el mundo (sin precedentes) realzaron la importancia del Papado tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

El papa ratificó su vocación de ser un actor del siglo, principalmente a través de su compromiso contra el comunismo, e internacionalizó su acción por medio de frecuentes viajes apostólicos. Por primera vez desde 1552, un cardenal no italiano accedió al pontificado. Adoptó el nombre de Juan Pablo II.

Papa Juan Pablo II

Papa Juan Pablo II

Juan Pablo II sucedió a Juan Pablo I cuyo  pontificado sólo había durado treinta y tres días, quioen había sucediendo  a los quince años del de Paulo VI. El impacto fue profundo en la cristiandad. La Iglesia atravesaba por un período de incertidumbres ligado en especial a los efectos de la conmoción causada por el concilio Vaticano II. Su pontificado se inscribe en la continuidad de la onda de choque  propagada por el concilio Vaticano II. La adaptación de la Iglesia católica al siglo XX, iniciada de manera voluntarista por Paulo VI, planteó importantes debate; además de la oposición tradicional entre los «conservadores» y «progresistas».

De nombre Karol Wojtyla nació en Wadowice, Galitzia , cerca de Cracovia en Polonia, el 18 de mayo 1920, el segundo hijo de un padre militar y una madre maestra. Wojtyla fue marcado en su juventud por la desaparición de todos sus parientes. A los 9 años su madre muere y unos años más tarde, su hermano mayor muere prematuramente. Su padre murió en 1941.

Estos eventos familiares tuvieron lugar en un contexto histórico difícil. Karol Wojtyla ha compartido el destino de Polonia particularmente afectados por las tragedias del siglo XX. En 1939, Polonia volvió a perder su autonomía con su partición entre la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Después de la guerra, Polonia experimentará el totalitarismo comunista hasta 1989. Wojtyla visitará Polonia comunista en el inicio de su pontificado en 1979 y de nuevo en 1983 y 1987. Las manifestaciones desencadenadas por sus visitas, su apoyo explícito al Solidarnosc sindicato, han jugado un papel decisivo en la caída del poder comunista en Polonia (1989), el primer acto de la debacle del bloque oriental.

La acción polaca de Juan Pablo II ha sido una de las ilustraciones de un pontificado marcado por los derechos humanos y la propagación de los conflictos armados. En 1979, en su primera encíclica, Juan Pablo II declaró: «La paz se reduce al respeto de los derechos humanos inviolables […], Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro.».

Una de las últimas batallas de Juan Pablo II ha sido su oposición al estallido de la guerra en Irak por parte de Estados Unidos. El 13 de enero de 2003, al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, dijo: «No a la guerra Nunca inevitable Siempre es una derrota para la humanidad ..!»

Antes de entrar en el seminario, Karol Wojtyla siguió la literatura estudiada en la Universidad Jagellónica de Cracovia. El trabajo forzoso impuesto por los ocupantes nazis hicieron interrumpir sus estudios. Desde el otoño de 1940 y durante casi 4 años, Karol Wojtyla trabajó como obrero en una cantera de piedra primero (para una industria química Solvay) , y luego en una fábrica química. Juan Pablo II mantendrá esta experiencia con una gran preocupación por los problemas sociales.

En 1979, durante su viaje a México, dijo a los trabajadores de Monterrey: «No me he olvidado de los difíciles años de la Primera Guerra Mundial , yo mismo tengo experiencia directa de trabajo físico como el suyo […]. Sé perfectamente lo necesario que es que el trabajo abusivo,  responde a la dignidad superior del hombre «.

En Centesimus annus (1991) Juan Pablo II también advierte contra una forma radical del capitalismo: «La solución marxista ha fracasado, pero persisten en el mundo fenómenos de marginación y explotación especialmente en el Tercer Mundo , así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados […]. Hay incluso un riesgo de propagación de una ideología radical de negarse capitalista para su consideración, admitiendo A priori que cualquier intento de tratar directamente está condenado al fracaso, y que, en principio, espera que la solución para el libre desarrollo de las fuerzas del mercado «.

Juan Pablo II refiriéndose a los países más pobres del mundo, dice que muchos hombres viven en ambientes donde la lucha por lo necesario es absolutamente prioritaria, donde están vigentes todavía las reglas del capitalismo primitivo junto con una despiadada situación que no tiene nada que envidiar a la de los momentos más oscuros de la primera fase de industrialización.

Se unió a un grupo de teatro de vanguardia que extenderá sus actividades bajo tierra. Karol Wojtyla escribió varias composiciones poéticas y teatrales, algunas de las cuales, al igual que la obra de teatro La tienda del orfebre, había hecho eco posteriormente fuera de las fronteras de Polonia. La creación literaria no ha sido abandonado por Juan Pablo II será el primer papa a publicar una colección de poemas (Tríptico Romano, 2003).

La ocupación nazi y más tarde las autoridades comunistas tratan de romper las raíces culturales de la identidad polaca. Las actividades de los estudiantes y teatrales de Karol Wojtyla será una forma de resistencia a la opresión ideológica y política.

Cuando se  convirtió en el Papa Juan Pablo II, declaró el 02 de junio 1980, en la UNESCO en París: «Soy hijo de una nación que ha vivido las mayores experiencias de la historia, que ha sido condenada a muerte por sus vecinos en varias ocasiones, pero que ha sobrevivido y que ha seguido siendo ella misma. Ha conservado su identidad y, a pesar de haber sido dividida y ocupada por extranjeros, ha conservado su soberanía nacional, no porque se apoyara en los recursos de la fuerza física, sino apoyándose exclusivamente en su cultura. Esta cultura resultó tener un poder mayor que todas las otras fuerzas.»

En 1982, se creó el Consejo Pontificio de la Cultura, y en 1993 se unió a ella el Pontificio Consejo para el Diálogo con los no creyentes (creados por Pablo VI en 1965). La creación de este nuevo dicasterio (tribunal compartido), presidido desde el inicio por el cardenal francés Paul Poupard, recibió la misión de promover el encuentro entre las culturas y el Evangelio.

En diciembre de 2000, Juan Pablo II dijo: «Una cultura que rechaza referirse a Dios, pierde la propia alma y se desorienta transformándose en una cultura de muerte, como atestiguan los trágicos acontecimientos del siglo XX y como demuestran los efectos nihilistas actualmente presentes en importantes ámbitos del mundo occidental»..» (Mensaje para la 34ª Jornada Mundial de la Paz).

Karol Wojtyla en 1942 entró al seminario de Cracovia, que debido a la ocupación nazi el seminario se redujo a la clandestinidad.

El 1° de noviembre de 1946, el arzobispo de Cracovia, el arzobispo Sapieha (que Pío XII lo había declarado cardenal) dirige al sacerdote Karol Wojtyla, y lo envía a continuar sus estudios en Roma, en la Pontificia Universidad de la Angelicum.

Defiende  su tesis en junio de 1948, en 1953, apoyará una tesis sobre el filósofo alemán Max Scheler, en la Universidad Jagellónica de Polonia, que cerró el año siguiente por el poder comunista. Siendo profesor asistente en la Universidad de Lublin en 1954, se convierte en el titular de la Cátedra de Ética en 1957. En 1958 fue nombrado arzobispo de Cracovia y el 26 de junio de 1967 cardenal.

Las actividades intelectuales de Padre Wojtyla no impidieron desarrollar una actividad pastoral. Se orienta a los jóvenes. Juan Pablo II se mantendrá durante toda su vida, una proximidad real con los jóvenes  que hablará de manera particularmente fuerte en  la Jornada Mundial de la Juventud o «Día Mundial de la Juventud» (en París en 1997, Roma en 2000 y Toronto en 2002 ). Este contacto privilegiado con la juventud presentará una doble nota de confianza y exigencia.

En el «Día de la Juventud» en Roma, Juan Pablo II declaró: «En el año 2000, ¿es difícil creer?». Esta es la pregunta que planteó Juan Pablo II a los dos millones de jóvenes reunidos en la vigilia de las Jornadas Mundiales de la Juventud. «Esta tarde os entregaré el Evangelio –dijo en respuesta al interrogante–. Es el regalo que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando día a día la vida por Él».

El Padre Wojtyla fue ordenado obispo auxiliar de Cracovia 28 de septiembre de 1958. Al igual que cualquier obispo católico, fue convocado al Vaticano II, inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre 1962 y clausurado por el Papa Pablo VI el 07 de diciembre 1965. El Obispo Wojtyla fue invitado a hacer una contribución personal al Consejo, por estar involucrado en el trabajo de redacción de la Constitución pastoral Gaudium et Spes.

El 13 de enero de 1964, Pablo VI nombró al obispo Wojtyla arzobispo de Cracovia. El nuevo arzobispo tomó posesión del cargo el 8 de marzo de 1964. Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978, 20 días después Wojtyla es elegido Papa el 26 de agosto de 1978.

Mensaje Inicial de Juan  Pablo II: Ante los fieles sorprendidos por la juventud de este papa polaco, desconocido para todos, y cuyo nombre era difícil de pronunciar.Juan Pablo II lanzó un mensaje de esperanza y confianza hasta hoy famoso: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo de par en par! A su poder salvador abran las fronteras de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los vastos dominios de la cultura». A través de esta primera homilía, Juan Pablo II anunció la fuerza de los valores apostólicos que pronto estremecerían Europa del Este, y reafirmó el espíritu de cruzada que caracterizó de muchas maneras su pontificado.

El Papa Juan Pablo II tuvo como objetivo la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. El día después de su elección, dijo: «Queremos en primer lugar destacar la importancia permanente del Concilio Ecuménico Vaticano II, y esto significa para nosotros un compromiso formal para implementarlo a fondo.»

Es en esta perspectiva que Juan Pablo II va a reformar el derecho de la Iglesia Católica a través de la promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico en 1983. Él quizo ofrecer una presentación de los fundamentos de la fe católica, con la publicación de Catecismo de la Iglesia Católica en 1992. En la encíclica Ut unum sint 1995, proclama la  apertura a las comunidades cristianas no católicas y a la discusión sobre los procedimientos para el ejercicio del ministerio papal.

ECUMENISMO: Uno de los objetivos principales del concilio Vaticano II fue «promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos». El Vaticano reconoció como primer interlocutor al Consejo ecuménico de las Iglesias, pero autorizó a sus representantes para que participaran en ciertas conferencias ecuménicas. Iniciada durante el pontificado de Paulo VI, esta tendencia se aceleró tras la iniciativa de Juan Pablo II, que estableció explícitamente la plena comunión «como objetivo para el diálogo entre las distintas religiones cristianas». Durante los últimos veinte años, este movimiento ha pasado por etapas importantes: en 1986, los cristianos separados participaron junto al papa en el primer encuentro entre religiones, organizado en Asís (Italia). En 1987, el patriarca de Moscú fue recibido en el Vaticano, reanudó las relaciones con la Santa Sede y recitó junto con Juan Pablo II el Credo de Nicea. Sin embargo, el ecumenismo se ha enfrentado desde hace algunos años al deterioro de las relaciones entre el papa y la Iglesia anglicana (debido al problema de la ordenación de mujeres) y a las tensiones a raíz del magisterio político ejercido en ciertos países por la Iglesia ortodoxa.

Los esfuerzos de reconciliación con el judaísmo y el diálogo interreligioso también aspectos del pontificado de estar en el punto de vista del Consejo. Respecto del judaísmo, Juan Pablo II planteará gestos altamente simbólicos, cuyo objetivo será promover la reconciliación con la Iglesia Católica. Para ello, Juan Pablo II dirigió un «examen de conciencia» sobre los pecados cometidos contra Judíos en la historia de la Iglesia.

Por otra parte, Juan Pablo II ha dado visibilidad al diálogo interreligioso, por ejemplo a través de su encuentro con los jóvenes musulmanes en el estadio de Casablanca en 1985, visitó la Mezquita de los Omeyas en Damasco, 6 de mayo de 2001 y de nuevo ambas reuniones de oración interreligiosa en Asís en 1986 y 2002. Todos estos actos procedieron de la convicción del Papa Juan Pablo II que el despliegue de la herencia del Concilio era la manera correcta de llevar a la Iglesia Católica en el tercero milenio.

Juan Pablo II canonizó por Francisco 27 ​​de abril 2014, junto con Juan XXIII.

JUAN PABLO II: EL PAPA VIAJERO:

A partir de 1979, luego de su viaje a Polonia durante 9 dias, los viajes del papa fueron incesantes. Cubrieron los cinco continentes y permitieron al pontífice conocer personalmente la situación de regiones y países tan distantes de Roma como Nueva Guinea o Alaska.

En todos los viajes del papa, incluido el que realizó a España en 1982 y una breve escala en Zaragoza en 1984, poco antes de iniciar un nuevo viaje a Latinoamérica, el contacto directo con los católicos del país ocupó un lugar fundamental de su programa. Las misas multitudinarias, como la celebrada en Irlanda ante más de un millón de fieles, y las oraciones públicas, ocuparon la mayor parte de su tiempo.

Pero Juan Pablo II a menudo también aprovechó sus viajes para establecer contacto con dirigentes religiosos de otras confesiones. Durante su viaje a Estados Unidos se reunió con diversos grupos judíos; en Turquía se entrevistó con el patriarca de Constantinopla, Dimitrios I, y en Gran Bretaña conversó con el primado anglicano, R. Runcie.

Preocupado sobre todo por el mensaje espiritual de la Iglesia, Juan Pablo II no quiso, sin embargo, que el Vaticano abandonase su papel en la escena política internacional. Actuó como mediador en el conflicto surgido entre Argentina y Chile por el canal de Beagle; intervino en la asamblea general de la O.N.U. en 1979; negoció nuevos concordatos con Italia y España y participó en numerosas iniciativas para lograr una paz estable en Oriente medio. Uno de los aspectos más polémicos de esta nueva presencia del Vaticano en la escena política fue el apoyo directo que el sumo pontífice otorgó al sindicato polaco Solidaridad y a su líder, Lech Wafesa.

Juan Pablo II intentó reforzar la disciplina interna de la Iglesia, y en 1984, tras el estallido del escándalo del Banco ambrosiano, en el que se vio involucrado el instituto para obras de la religión, dirigido por el arzobispo Marcinkus, delegó todos los poderes temporales del Vaticano en el secretario de Estado, el cardenal Agostino Casaroli.

El estilo del nuevo papa, su decisión de mezclarse físicamente con los fieles en las manifestaciones religiosas, posibilitó un hecho trágico, que estuvo muy cerca de costarle la vida. El 13 de mayo de 1981, cuando la plaza de San Pedro estaba abarrotada de gente que quería ver de cerca al papa, Mohamed Alí Agca, un turco al que algunos juzgan un enajenado y otros un sicario de los servicios especiales del área soviética, disparó sobre Juan Pablo II. Éste recibió tres balazos, uno en la mano, uno en el brazo y uno en el vientre.

Mientras invocaba a la Virgen y se preguntaba el porqué del ataque, el papa fue trasladado al hospital entre la vida y la muerte. Antes de ser anestesiado rezó el Padrenuestro, se confesó, recibió la extremaunción y se durmió rezando el Ave María.

El mundo entero estuvo pendiente de la recuperación del papa, cuya naturaleza fuerte le permitió superar el peligro. Las primeras palabras públicas del papa tras el atentado fueron: «Alabado sea Jesucristo. Queridos hermanos y hermanas: sé que en estos días estáis unidos a mí. Os lo agradezco conmovido por vuestras oraciones, y os bendigo a todos… Me siento especialmente cerca de las personas heridas junto a mí. Ruego por el hermano que me ha herido y al que sinceramente he perdonado.»

Un ateo convencido, el presidente italiano, Sandro Pertini, visitó a Juan Pablo II poco después de haber finalizado la intervención. El papa apretó su mano durante mucho rato. El presidente, emocionado, dijo al abandonar el hospital: «Yo no sé orar y sin embargo he pedido al Dios de Juan Pablo que lo ayude, porque el mundo lo necesita.»

Según el teólogo jesuíta Avery Dulles, Juan Pablo II «siente que una era está tocando a su fin y quiere que todos nosotros entremos en una nueva fase donde todos estemos unidos. Está tratando de movilizar la Iglesia mundial.»

Atacado por los progresistas como Hans Kung y al mismo tiempo por el viejo integrismo, capaz de despertar el entusiasmo de las multitudes y la desconfianza de los más variados gobiernos, duro con los religiosos nicaragüenses que participan en el gobierno revolucionario y sostenedor del sindicato Solidaridad (donde no faltan los marxistas), Juan Pablo II concita tantas adhesiones como críticas.

CRONOLOGÍA DE JUAN PABLO II

1920 Nacimiento de Karol Wojtyla, el 18 de mayo. Las tropas alemanas invaden Polonia.

1946  Karol Wojtyla es ordenado sacerdote.

1958 Es nombrado obispo de Ombi.

1962-1965 Concilio Vaticano II.

1963 Wojtyla, arzobispo de Cracovia.

1967 Es nombrado cardenal por Paulo VI.

1978 Muerte de Paulo VI y luego de Juan Pablo I.   Karol Wojtyla, elegido papa.

1979 Viaje apostólico a Polonia.

1980 Grandes huelgas en Gdañs

1981 Atentado contra Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Encíclica Laborem Exercens legítima la reivindicación de la libertad sindical.

1986 Jornada ecuménica de oración por  la paz, en Asís.

1988 Monseñor Lefebvre es declarado cismático.

1989 Victoria de Solidarnosc en las elecciones legislativas en Polonia. Caída del muro de Berlín. Encuentro histórico entre el papa y Mijaíl Gorbachov.

1991 Publicación de la encíclica Centisimus Annus que constata el fracaso del socialismo, pero critica el capitalismo.

1997 Jornadas mundiales de la juventud en París.

1998 Viaje de Juan Pablo II a Cuba.

2000 Año del Jubileo declarado por Juan Pablo II.

Viajes apostólicos a Egipto y Tierra Santa.

2002 -2003 Viajes apostólicos a Canadá, Guatemala, México y España.

2005 Muerte de Juan Pablo II.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Larousse Tomo II Entrada: Biografía Juan Pablo II

Biografía de San Simón (Simeon) El Estilita

Biografía de San Simón (Simeon) – El Estilita

Nace cerca del año 400 en el pueblo de Sisan, en Cilicia, cerca de Tarso, donde nació San Pablo. (Estilita significa: el que vive en una columna). De pequeño se dedicaba a pastorear ovejas por los campos, pero un día, al entrar en una iglesia, oyó al sacerdote leer en el sermón de la Montaña las bienaventuranzas, en el capítulo 5 del evangelio de San Mateo. Se entusiasmó al oír que Jesús anuncia: «Dichosos serán los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios». Se acercó a un anciano y le preguntó qué debería hacer para cumplir esas bienaventuranzas y ser dichoso. El anciano le respondió: «Lo más seguro seria irse de religioso a un monasterio».

san simeon

Se estaba preparando para ingresar a un monasterio, y pedía mucho a Dios que le iluminara qué debía hacer para lograr ser santo e irse al cielo, y tuvo un sueño: vio que empezaba a edificar el edificio de su santidad y que cavaba en el suelo para colocar los cimientos y una voz le recomendaba: «Ahondar más, ahondar más». Y al fin oyó que la voz le decía: «Sólo cuando seas lo suficientemente humilde, serás santo».

A los 15 años entró a un monasterio y como era muy difícil conseguir libros para rezar, se aprendió de memoria los 150 salmos de la S. Biblia, para rezarlos todos cada semana, 21 cada día.

Se le considera el inventor del cilicio, o sea de una cuerda hiriente que algunos penitentes se amarran en la cintura para hacer penitencia. Se ató a la cintura un bejuco espinoso y no se lo quitaba ni de día ni de noche. Esto para lograr dominar sus tentaciones. Un día el superior del monasterio se dio cuenta de que derramaba gotas de sangre y lo mandó a la enfermería, donde encontraron que la cuerda o cilicio se le había incrustado entre la carne. Difícilmente lograron quitarle la cuerda, con paños de agua caliente. Y el abad o superior le pidió que se fuera para otro sitio, porque allí su ejemplo de tan extrema penitencia podía llevar a los hermanos a exagerar en las mortificaciones.

Se fue a vivir en una cisterna seca, abandonada, y después de estar allí cinco días en oración se le ocurrió la idea de pasar los 40 días de cuaresma sin comer ni beber, como Jesús. Le consultó a un anciano y éste le dijo: «Para morirse de hambre hay que pasar 55 días sin comer. Puede hacer el ensayo, pero para no poner en demasiado peligro la vida, dejaré allí cerca de usted diez panes y una jarra de agua, y si ve que va desfallecer, come y bebe.» Así se hizo. Los primeros 14 días de cuaresma rezó de pie. Los siguientes 14 rezó sentado. Los últimos días de la cuaresma era tanta su debilidad que tenía que rezar acostado en el suelo. El domingo de Resurrección llegó el anciano y lo encontró desmayado y el agua y los panes sin probar. Le mojó los labios con un algodón empañado en agua, le dio un poquito de pan, y recobró las fuerzas. Y así paso todas las demás cuaresmas de su larga vida, como penitencia de sus pecados y para obtener la conversión de los pecadores.

Se fue a una cueva del desierto para no dejarse dominar por la tentación de volverse a la ciudad, llamó a un cerrajero y se hizo atar con una cadena de hierro a una roca y mandó soldar la cadena para no podérsela quitar. Pero varias semanas después pasó por allí el Obispo de Antioquía y le dijo: «Las fieras sí hay que atarlas con cadenas, pero al ser humano le basta su razón y la gracia de Dios para no excederse ni irse a donde no debe». Entonces Simeón, que era humilde y obediente, se mandó quita la cadena.

De todos los países vecinos y aun de países lejanos venían a su cueva a consultarlo y a pedirle consejos y las gentes se le acercaban para tocar su cuerpo con objetos para llevarlos en señal de bendición, y hasta le quitaban pedacitos de su manto para llevarlos como reliquias.

Entonces para evitar que tanta gente viniera a distraerlo en su vida de oración, se ideó un modo de vivir totalmente nuevo y raro: se hizo construir una columna de tres metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Después mandó hacer una columna de 7 metros, y más tarde, como la gente todavía trataba de subirse hasta allá, hizo levantar una columna de 17 metros, y allí pasó sus últimos 37 años de su vida.

Columna se dice «Stilos» en griego, por eso lo llamaron «Simeón el estilita».

No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba rezando. Unos ratos de pie, otros arrodillado y otros tocando el piso de su columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil inclinaciones de cabeza. Un sacerdote le llevaba cada día la Sagrada Comunión.

Para que nadie vaya a creer que estamos narrando cuentos inventados o leyendas, recordamos que la vida de San Simeón Estilita la escribió Teodoreto, quien era monje en aquel tiempo y fue luego Obispo de Ciro, ciudad cercana al sitio de los hechos. Un siglo más tarde, un famoso abogado llamado Evagrio escribió también la historia de San Simeón y dice que las personas que fueron testigos de la vida de este santo afirmaban que todo lo que cuenta Teodoreto es cierto.

Las gentes acudían por montones a pedir consejos. El les predicaba dos veces por día desde su columna y los corregía de sus malas costumbres. Y entre sermón y sermón oía sus súplicas, oraba por ellos y resolvía pleitos entre los que estaban peleados, para amistarlos otra vez. A muchos ricos los convencía para que perdonaran las deudas a los pobres que no les podían pagar.

Convirtió a miles de paganos. Un famoso asesino, al oírlo predicar, empezó a pedir perdón a Dios a gritos y llorando.

Algunos lo insultaban para probar su paciencia y nunca respondió a los insultos ni demostró disgusto por ellos.

Hasta Obispos venían a consultarlo, y el Emperador Marciano de Constantinopla se disfrazó de peregrino y se fue a escucharlo y se quedó admirado del modo tan santo como vivía y hablaba.

Para saber si la vida que llevaba en la columna era santidad y virtud y no sólo un capricho, los monjes vecinos vivieron y le dieron orden a gritos de que se bajara de la columna y se fuera a vivir con los demás. Simeón, que sabía que sin humildad y obediencia no hay santidad, se dispuso inmediatamente a bajarse de allí, pero los monjes al ver su docilidad le gritaron que se quedara otra vez allá arriba porque esa era la voluntad de Dios.

Murió el 5 de enero del año 459. Estaba arrodillado rezando, con la cabeza inclinada, y así se quedó muerto, como si estuviera dormido. El emperador tuvo que mandar un batallón de ejército porque las gentes querían llevarse el cadáver, cada uno para su ciudad. En su sepulcro se obraron muchos milagros y junto al sitio donde estaba su columna se construyó un gran monasterio para monjes que deseaban hacer penitencia.

Señor Jesucristo; haz que como Simeón el Estilita, recordemos todos aquellas palabras tuyas: «Si no hacéis penitencia, todos pereceréis» y que nos dediquemos también a ofrecer penitencias por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Amén.

Fuente Consultada: Sitio Web hurch Forum

Grandes Profetas de la Historia Fundadores de Religiones Biografias

Grandes Profetas de la Historia

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MoisésBudaConfucioJesucristoMahoma

Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la «doctrina del amor distinguido». Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, «una complejidad acabada perfectamente», pero esto no quiere decir que no haya hombres «más altos» y «más bajos», por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: «El espíritu del hombre es justicia». Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

Pancho Ormeño Sanador Espiritual Curandenro Riojano Biografía

Pancho Ormeño Sanador Espiritual

PANCHO ORMEÑO, UN BENEFACTOR Pancho Ormeño aprendió desde chico a conocer los secretos de las plantas, las distintas cualidades que escondían celosamente esos vegetales crecidos en el pedregal o a la vera de los hilos de agua. Más tarde, frecuentando la amistad de curanderos y viejos pobladores hechos a la vida agreste, fue acumulando más conocimientos.

Pancho Ormeño

Pancho Ormeño

Algunos dicen que hasta le transmitieron parte de la sabiduría indígena, conservada por generaciones de comadres y salamanqueras. Lo cierto es que don Pancho terminó siendo un consumado botánico autodidacto, condición que unida a su célebre capacidad curativa lo convirtió en el taumaturgo más famoso de La Rioja.

Miles de testimonios hablan de su infalibilidad. «Su clarividencia era tal —escribe Teófilo Mercado— que muchas veces predecía la muerte de enfermos alejados con pasmosa exactitud…» Para curar recetaba siempre hierbas y yuyos que debían usarse para preparar tés, hacer fomentos, etcétera. Otros males los trataba con pomadas y ungüentos preparados con grasa y pelambre de animales silvestres.

Cierta vez un gobernador de La Rioja —Benjamín Rincón— quiso comprobar si detrás de tanta maravilla no había un vulgar embuste, y lo hizo ir hasta la Casa de Gobierno, donde lo enfrentó a un escéptico tribunal.

Pancho Ormeño sorprendió a todo el mundo. Anunció previamente lo que iba a hacer y ante la estupefacción genera! —utilizando dos yuyos diferentes— le provocó una epistaxis —hemorragia nasal— a un policía y de inmediato se la detuvo, sin ninguna consecuencia.

Antes de retirarse del recinto —repleto de jueces, doctores y altos funcionarios—se dirigió a un abogado presente y le dijo: «Creo que lo vide el año pasado por mis pagos. Vaya a verme otra vez. Y a ver si se me cuida los riñones». El aludido quedó preocupado y confundido; quince días después moría de nefritis aguda.

No faltaron otros escépticos que también quisieron poner a prueba los conocimientos de Ormeño. Este fue el caso de un vecino que llevó al curandero una muestra de sangre para que la analizara, alegando que era de su hermana, cuando en realidad pertenecía a una yegua. La respuesta no se hizo esperar: «Vaya y cuídemela bien a su hermana la yegua…».

El cuartel general del famoso personaje estaba en «La Cuchilla», rincón riojano al que acudían multitudes en busca de alivio y cura. Llegaban desde todos los puntos de la provincia y también de pagos más lejanos, y convertían la residencia y sus aledaños en un tumultuoso hervidero que acataba sin chistar las indicaciones de don Pancho. Ranchos improvisados, refugios levantados de la nochera la mañana, y hasta las cuevas de los cerros vecinos, eran buenos para guarecerse mientras llegaba el momento de la curación.

El benefactor casi siempre recetaba, pero a veces disponía la realización de ejercicios físicos, bailes o fiestas porque según él también la alegría era buen remedio para ciertos males.

Y así durante décadas, hasta que el 17 de octubre de 1939, cuando ya se acercaba a los noventa años de edad, la muerte se llevó al más célebre curandero que tuvo la tierra del Chacho Peñaloza. Los riojanos lo recuerdan con respeto y cariño: don Pancho Ormeño pasó su vida haciendo el bien.

Algo mas sobre Pancho Ormeño

Papa Ratzinger:Sacramento de la Caridad Cambios Liturgicos en Misas

Papa Ratzinger:Sacramento de la Caridad

Para Joseph Ratzinger la fuerza de la Iglesia no está en el dialogo, ni en la tolerancia, sino en la convicción. Con esta certeza emitió un importante documento (Sacramento de la Caridad) en el que llama a los obispo a la lucha ideológica para recuperar el protagonismo perdido en Europa. Con el apoyo de políticos católicos, pondrán en aprietos a los gobierno en cuestiones que «no son negociables». Algunas de ellas ya tienen «fuerza de ley» en la Unión Europea.

Papa Ratzinger:Sacramento de la Caridad La reivindicación del uso del latín en las misas, el regreso al canto gregoriano, la confirmación del celibato obligatorio para los sacerdotes y la ratificación de la negativa a comulgar para los fieles divorciados y vueltos a casar, son cuestiones litúrgicas y doctrinarias de la Iglesia Católica que aparecieron en la última exhortación papal.

Estos fueron los temas que más rápidamente han tenido difusión en el mundo y que merecieron rechazos y apoyos por igual. Pero de ninguna manera fueron los más importantes.

Una atenta lectura de la exhortación titulada Sacramentum Caritatis (en castellano, el Sacramento de la Caridad) muestra un llamado papal a encarar una lucha ideológica para que la Iglesia recupere el protagonismo perdido en el continente europeo.

El documento se conoció casi al mismo tiempo que el Vaticano -a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ex Santo Oficio de la Inquisición— condenaba al silencio al jesuita Jon Sobrino, un reconocido teólogo de la liberación que vive en El Salvador. Una misma línea de pensamiento y de acción.

Con esta exhortación, el papa Benedicto XVI exige activismo y ortodoxia a los obispos, a los políticos católicos y a los creyentes en general. Define la existencia de cuestiones «no negociables”, por las que se deberá hacer frente a gobiernos y organizaciones políticas que las impulsen. “La defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos.”

Son esos aspectos sobre los que no hay negociación posible y fueron duramente enumerados en el documento. A partir de esta divisoria de aguas, los políticos católicos están obligados a oponerse a las leyes que no se ajusten a su doctrina religiosa, y los obispos están obligados a exigírselo “constantemente”. Especialmente en los períodos electorales.

El Papa confirma así su ánimo combativo y su voluntad de situar a la Iglesia en el centro del debate público y de recuperar un protagonismo perdido en Europa hace décadas.

Sacramento de la Caridad El último sínodo de los obispos, la más trascendental de las asambleas católicas regulares, se celebró en Roma en octubre de 2005. Fue el último presidido por Juan Pablo II. Las aportaciones de 256 obispos de todo el mundo se trabajaron durante año y medio y fueron publicadas en marzo último en las 131 páginas de Sacramentwn Carilatis.

En estas páginas se reflejan claramente la personalidad y los objetivos del pontificado de Benedicto XVI. Fue una elaboración de obispos de distintas partes del mundo, pero el Papa le dio la redacción final.

Desde Roma, el especialista en el tema del diario El País, Enric González, describía así la situación. “La eucaristía constituye el eje central del texto, que se extiende a numerosas cuestiones doctrinales, pastorales y litúrgicas. Llama la atención, sin embargo, el énfasis en cuestiones políticas de relevancia muy europea. La distinción de facto entre la conciencia privada y las cuestiones públicas,

Ese es un mensaje dirigido directamente a la clase política italiana, que discute la posible regularizaciòn de las parejas de hecho, y a los parlamentos de los países sodalmente más permisivos. Como España. Este es el nuevo tono que impone el Papa; que tras el Concilio Vaticano II permitió que numerosos países de la esfera católica legislaran sobre divorcio y aborto, es considerada incoherente por el Vaticano. El culto a Dios, dice el Papa, “nunca es un acto meramente privado: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe».

Para González, “ese es un mensaje dirigido directamente a la clase política italiana, que discute sobre la posible regularización de las parejas de hecho, y a los parlamentos de los países socialmente más permisivos.

Como España. No hay ninguna novedad doctrinal, pero es nuevo el tono. Los términos utilizados por el Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, para condenar una manifestación realizada el sábado 10 de marzo en Roma a favor de la ley de las parejas de hecho, son una prueba adicional de la virulencia con la que la actual administración católica se propone librar las batallas que considera irrenunciables. El diario vaticano habló de ‘discutible mascarada’, ‘exhibición histérica’ y ‘carnavalada’.

Son palabras más propias de la prensa popular que del órgano oficial del catolicismo. Lo que más irritó al Vaticano fue la visible presencia de homosexuales en la manifestación. El editorialista del Osservatore consideró que esa presencia probaba que cualquier ley sobre parejas al margen del matrimonio canónico era, en realidad, un punto de partida para los matrimonios homosexuales.

El cardenal Angelo Scola, a quien correspondió presentar la exhortación papal, se esforzó en asegurar que no existía en la Iglesia ‘ninguna fobia contra los homosexuales’. Y subrayó que las continuas declaraciones de los obispos en contra del proyecto italiano sobre parejas de hecho no constituían ‘una injerencia política’, sino una obligación magisterial».

CIERRE DE FILAS. El teólogo Joseph Ratzinger es una persona de convicciones fuertes. Las mostró cuando fue, durante décadas, el responsable del control ideológico eclesiástico. Entre esas convicciones está la de considerar las innovaciones del Concilio Vaticano II como responsables —entre otros factores— de haber creado un catolicismo débil y sin rumbo.

El actual Papa está convencido de que la fuerza del catolicismo no radica en el diálogo ni en la tolerancia, sino en la convicción. Por eso considera que algunas interpretaciones del Concilio Vaticano II tendientes a acercar a la Iglesia a la realidad cambiante de esta época pueden ser vistas como un peligros anacronismo.

Como analiza Enric González, “el endurecimiento estratégico y la parcial regresión impulsadas por Benedicto XVI cuentan con un cierto respaldo factual: la aplicación del Vaticano II no ha incrementado el número de fieles practicantes en Europa, sino al contrario; y no ha reducido la sensación de distancia entre la Iglesia y la realidad, sino al contrario. Un amplio sector de la sociedad sigue pidiendo cambios a la Iglesia. Benedicto XVI considera que ha llegado el momento de invertir los términos de la ecuación: según él, debe ser la Iglesia eterna, inmutable, la que exija cambios a la sociedad”.

Es por eso que la exhortación Sacramentum Caritatis se ajusta al espíritu programárico del pontificado. El Papa considera que décadas de laxitud católica han permitido la promulgación de leyes “socialmente corrosivas”, y exige un cierre de filas. Quiere que la Iglesia no se defina por el número de fieles más o menos teóricos, sino por la calidad, concientización y activismo de los mismos. Para él, el catolicismo debe refiejarse de la misma forma en el silencio de la reflexión previa a la eucaristía y en el fragor de los debates públicos. El término “innegociable”, aplicado a cuestiones como el aborto, la eutanasia, el divorcio, las uniones homosexuales o la enseñanza católica, resulta significativo.

El cierre de filas va unido a un cierto repliegue hacia valores preconciiares, como la misa en latín y el canto gregoriano, preferibles, según la exhortación, a las misas en lengua local y a los acompañamientos musicales más o menos modernos. El recordatorio de que los católicos divorciados y casados de nuevo no pueden recibir la eucaristía, y deben esforzarse en compensar su situación irregular con “penitencias y obras de caridad”, complementa un cuadro a la vez regresivo y, en un sentido político, “revolucionario.

Pero son algunos analistas políticos europeos los que ven con preocupación el llamado papal a la lucha ideológica. Distintas leyes que se vienen trabajando en el seno de la Unión Europea atentan, a veces directamente y a veces de forma colateral, contra esas cuestiones que el Papa considera “innegociables”. Es esa lucha la que dejó en una situación muy precaria al gobierno italiano de Romano Prodi en febrero pasado, quien finalmente tuvo que llegar a una suerte de pacto de no agresión con el Vaticano.

Prodi prometió alentar el diálogo con la Santa Sede, después que la Iglesia se alarmó por una propuesta del gobierno de conceder derechos legales a las parejas de homosexuales y a los heterosexuales que no estén casados. Por presión vaticana, los legisladores católicos estaban decididos a quitarle apoyo al gobierno y, en la práctica, provocar su caída si insistía con ese proyecto sobre las parejas.

También en España la Iglesia está detrás de las multitudinarias manifestaciones contra el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, en cuanto busca impulsar leyes en áreas “sensibles” como educación y salud reproductiva.

El llamado papal puede provocar nuevas grietas en la Unión Europea. Pero eso no parece preocuparle. Muy por el contrario, prefiere cerrar filas y apostar a una victoria ideológica sobre la política europea.

Opinión – Preguntas a Benedicto XVI

Su Santidad resucitó lo que el Concilio Vaticano II había enterrado: la misa en latín. Una exigencia de monseñor Lefebvre, arzobispo suizo excomulgado en 1988 por negarse a aceptar las reformas conciliares.

De niño asistí a muchas misas en latín, con el celebrante de espaldas a los fieles, según el rito tridentino de mi cohermano el papa Pío y, que fue dominico. ¿Por qué permitir la vuelta al latín? ¿Cuántos fletes dominan dicho idioma? Jesús no hablaba latín. Hablaba arameo. Tal vez algo de hebreo. Y por vivir en una región dominada por Roma, seguro que conocía algunos vocablos latinos, como el saludo romano “Ave”, que se introdujo en La oración más popular del catolicismo, el Ave María.

Así como el griego se universalizó por el Mediterráneo gracias a Las campañas de Alejandro Magno, el latín se extendió en la medida de las conquistas del Imperio Romano. Según esta lógica, ¿no seria más adecuado adoptar hoy día el inglés?

Ahora bien, la gran mayoría de Los fieles católicos se encuentra actualmente en América latina. Y no entiende griego, latín ni inglés. ¿No seria aconsejable que participen en la misa en su lengua vernácula?

Considerando el empeño de inculturación de La Iglesia, ¿no resulta contradictorio volver a la misa en latín? Tengo un amigo, ateo hasta la médula, a quien le encanta asistir a misas en latín. Para él la liturgia se reduce a un espectáculo, cuanto más clamoroso mejor. Es una cuestión de estética, no el puente comunitario entre nuestro corazón sediento y el Trascendente.

Me inquieta su afirmación de que es “una plaga” casarse por segunda vez y prohibir a los católicos que lo hacen tener acceso a la eucaristía. Los Evangelios enseñan que Jesús comulgó con personas que, vistas desde aquí y ahora, andaban lejos de la moral vaticana. Y defendi6 a una mujer adúltera que iba a ser lapidada por los moralistas de La época. Curó el flujo de sangre de una mujer cananea sin exigirle previamente la adhesión a la fe que Él predicaba. Curó también al siervo del centurión romano sin imponerle antes la obligación de repudiar a sus dioses paganos. Jesús hizo el bien sin mirar a quién.

Tengo amigos y amigas que han contraído segundas nupcias. Todos por razones muy serias, que serian mejor comprendidas por sacerdotes y obispos si estos, como sucedía en la Iglesia primitiva, tuviesen mujer e hijos (conviene recordar que Jesús escogió a hombres casados para apóstoles, puesto que curó a la suegra de Pedro). Contraer matrimonio es algo tan importante que la Iglesia hizo de ello un sacramento. Sucede que, antes de ser una institución, el matrimonio es un acto de amor. Y hay uniones que fracasan, pues todos somos frágiles y pecadores, y nuestras opciones, sujetas a lluvias y tormentas, debieran merecer también la misericordiosa comprensión de la Iglesia.

Tengo amigos y amigas divorciados que han reconstruido sus relaciones afectivas y se niegan a acatar la prohibición de comulgar. Mi amiga D., tres meses después de su matrimonio, sufrió con su marido un grave accidente de tránsito. Él quedó tetrapléjico. Dos años después, con la anuencia de él, ella contrajo una nueva relación, una vez que oyó decir al hombre con quien se habia casado en la Iglesia: “Porque te amo, quiero verte plenamente realizada como mujer y madre. Ella y su nuevo esposo visitaban periódicamente al hombre accidentado, que sobrevivió siete años y fue el padrino del primer hijo de la pareja. ¿Debo decirle a esa amiga que Dios, que es Amor, no está en comunión con ella y que, por tanto, trate de guardar distancia de la mesa eucarística, pues la Iglesia la considera “una plaga”?

Cierta noche me encontraba en Boca do Acre, en plena selva amazónica, en la celebración de una comunidad eclesial de liase. Doña Raimunda, madre de seis hijos, cuyo marido se habla ido a la Transamazónica en busca de trabajo—donde estuvo cuatro años sin dar señales de vida (y ella supo que él había constituido allá otra familia)—, dijo en la misa, en el momento de la oración de los fieles: “Quiero agradecer a Dios por haberme dado otro marido que es un padre bondadoso para mis hijos Doña Raimunda se unió a otro hombre que la ayudaba en la sobrevivencia y en la educación de los hijos en una situación de extrema penuria. ¿Debería decirle que se acercara a la mesa eucarística? En aquel momento el papa Juan Pablo II, de visita en Chile, daba la comunión al general Pinochet.

Querido Papa: leo en la primera Carta de Juan que “Dios es Amor. Quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios permanece en él” (4:16). Esas personas que cité, y tantas otras que conozco, aman y por tanto Dios permanece en ellas. ¿Debo advertirles que no son amadas por la Iglesia y que, por Lo mismo, tienen prohibido recibir el pan y el vino transustanciado en el cuerpo y en la sangre de Jesús, el Señor de la compasión y de la misericordia?

Por Frei Betto es escritor, autor, junto con Leonardo Roff, de Mística y espiritualidad, entre otros libros.
Publicado en Rebelión.org.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional.

Biografia Oficial de Benedicto XVI:Joseph Ratzinger

Biografia Oficial de Benedicto XVI

Biografia Oficial de Benedicto XVICIUDAD DEL VATICANO, 19 ABR 2005 (VIS).-Ofrecemos a continuación la biografía oficial del nuevo Papa Benedicto XVI, cardenal Joseph Ratzinger:

El cardenal Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, nació en Marktlam Inn, en la diócesis de Passau (Alemania), el 16 de abril de 1927. El padre, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera. Pasó la adolescencia en Traunstein y fue llamado en los últimos meses de segundo conflicto mundial en los servicios auxiliares antiaéreos.

Era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional, decano del Colegio Cardenalicio.

De 1946 a 1951, año en que fue ordenado sacerdote (29 de junio) e iniciaba su actividad de profesor, estudió filosofía y teología en la universidad de Munich y en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising. En el año 1953 se doctora en Teología con la disertación «Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín». Cuatro años más tarde obtenía la cátedra con su trabajo sobre

 «La Teología de la Historia de San Buenaventura».

Tras conseguir el encargo de Dogmática y Teología Fundamental en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising, prosiguió la enseñanza en Bonn, de 1959 a 1969, Münster de 1963 a 1966 y Tubinga, de 1966 a 1969. En este último año pasó a ser catedrático de Dogmática e Historia del Dogma en la Universidad de Ratisbona y vicepresidente de la misma universidad. En 1962 aportó una notable contribución en el Concilio Vaticano II como consultor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.

Entre sus numerosas publicaciones ocupa un lugar particular «Introducción al Cristianismo», recopilación de lecciones universitarias publicadas en 1968 sobre la profesión de fe apostólica; «Dogma y revelación» (1973), antología de ensayos, predicaciones y reflexiones, dedicadas a la pastoral. Obtuvo una notable resonancia el discurso pronunciado ante la Academia Católica bávara sobre el tema «¿Porqué sigo todavía en la Iglesia?, en la que afirmaba: «Solo es posible ser cristiano en la Iglesia y no al lado de la Iglesia».

En 1985 publica «Informe sobre la fe» y en 1996 «La sal de la tierra».

El 24 de marzo de 1977, Pablo VI lo nombró arzobispo de München und Freising. El 28 de mayo sucesivo recibía la consagración episcopal. Fue el primer sacerdote diocesano que asumió después de 80 años el gobierno pastoral de la gran diócesis bávara.

Creado cardenal por el Papa Pablo VI en 1977, fue relator en la V Asamblea General del Sínodo de los Obispos (1980) sobre el tema: «Los deberes de la familia cristiana en el mundo contemporáneo» y presidente delegado de la VI Asamblea sinodal (1983) sobre «Reconciliación y penitencia en la misión de la Iglesia».

El 25 de noviembre de 1981 fue nombrado por Juan Pablo II prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional.

El 5 de abril de 1993 entró a formar parte del orden de los obispos, con el título de la Iglesia Suburbicaria de Velletri-Segni.

El 6 de noviembre de 1998 fue elegido vicedecano del colegio cardenalicio. El 30 de noviembre de 2002 el Santo Padre aprobó la elección de decano del colegio cardenalicio, realizada por los cardenales del orden de los obispos.

Fue presidente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica, que tras seis años de trabajo (1986-1992) pudo presentar al Santo Padre el nuevo Catecismo.

El 10 de noviembre de 1999 recibió el doctorado «honoris causa» en Derecho por la Universidad italiana LUMSA.

Desde el 13 de noviembre de 2000 era Académico honorario de la Pontificia Academia de las Ciencias.

Fue creado cardenal por Pablo VI en el consistorio del 27 de junio de 1977, titular de la Iglesia Suburbicaria de Velletri-Segni (5 abril 1993) y de la Iglesia Suburbicaria de Ostia (30 noviembre 2002).

Era miembro del Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado, de las Congregaciones paras las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Educación Católica; del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de las Pontificias Comisiones para América Latina y «Ecclesia Dei».

COMO SE ELIGE UN NUEVO PAPA

El derecho a elegir un nuevo Sumo Pontífice, que está regulado por una serie de normas canónicas muy precisas y estrictas, está a cargo únicamente de los cardenales de la Santa Iglesia Católica Romana.

El proceso de elección comienza después de la celebración de las exequias del Papa difunto, según los ritos prescritos, no antes del decimoquinto día de la muerte y no más allá del vigésimo. Los cardenales electores se reúnen en la Capilla Sextina del Palacio Apostólico, donde permanecerán encerrados y totalmente incomunicados hasta que hagan público el nombre del nuevo Pontífice.

 Una Biografía No Oficial
Fuente Consultada: www.aciprensa.com.

El Cardenal Joseph Ratzinger nació el 16 de abril de 1927, un Sábado Santo en Marktl am Inn, diócesis de Passau, Alemania; y fue bautizado ese mismo día. En sus memorias, reflexionando sobre el hecho, dice: “ser la primera persona a ser bautizada en el Agua Nueva de la Pascua era visto como un acto muy significativo por parte de la Providencia. Siempre me he llenado de sentimientos de gratitud por haber sido inmerso en el Misterio Pascual de esta manera;…cuanto más lo reflexiono, tanto más me parece apropiado a la naturaleza de nuestra vida humana: aún esperamos la Pascua definitiva, aún no estamos en la plenitud de la luz, pero hacia ella caminamos llenos de confianza.”

A Ratzinger se le hace difícil decir cuál es propiamente su pueblo natal. Al ser su padre miembro de la policía rural, era frecuentemente trasladado, y toda la familia con él, así, muchas veces tuvieron que ponerse en camino.

En 1929 la familia Ratzinger se muda a Tittmoning, pequeño pueblo a orillas del río Salzach, en la frontera con Austria.

En diciembre de 1932, debido a la abierta crítica de su padre hacia el nacional-socialismo, la familia Ratzinger se ve obligada a mudarse a Auschau am Inn, al pie de los Alpes.

En 1937 el padre del Cardenal Ratzinger pasa al retiro y se muda con toda la familia a Hufschlag, en las afueras de la ciudad de Traunstein, donde Josef pasaría la mayor parte de sus años de adolescente. Es aquí que inicia sus estudios en el Gymnasium de lenguas clásicas, donde aprende latín y griego.

En 1939 entra al seminario menor en Traunstein, dando el primer paso en su carrera eclesiástica.

En 1943, él y todos sus compañeros de clase son reclutados al Flak (escuadrón antiaéreo), sin embargo, les es permitido asistir a clases tres veces por semana.

En septiembre de 1944, habiendo alcanzado la edad militar, Ratzinger es relevado del Flak y regresa a casa. En noviembre pasa por el entrenamiento básico en la infantería alemana, mas debido a su pobre estado de salud, es exceptuado de buena parte de los rigores propios de la vida militar.

En la primavera de 1945, mientras se acercan las fuerzas aliadas, Joseph Ratzinger deja el ejército y regresa a su casa en Traunstein. Cuando finalmente llega el ejército americano hasta su ciudad, establecen su centro de operaciones en casa de los Ratzinger, identifican a Josef como soldado alemán y lo envían a un campo de prisioneros de guerra.

El 19 de junio de ese mismo año es liberado y regresa al hogar en Traunstein, lo sigue su hermano Georg en julio.  En noviembre, tanto él como su hermano mayor Georg, reingresan al seminario.

En 1947 Ratzinger ingresa al Herzogliches Georgianum, un instituto teológico ligado a la Universidad de Munich.

En 1951, el 29 de junio, Joseph y su hermano Georg son ordenados sacerdotes por el Cardenal Faulhaber en la catedral de Freising, en la Fiesta de los Santos Pedro y Pablo.

En 1955 como conferencista de  teología en Fresig, Alemania Desde 1952 hasta 1959, es miembro de la Facultad de la Escuela Superior de Filosofía y Teología, en Freising.

En 1953 recibe su doctorado en teología por la Universidad de Munich. Relacionado con el doctorado, publica su primer trabajo importante:”Volk und Haus Gottes in Augustins Lehre von der Kirche” (El Pueblo y la Casa de Dios en la doctrina de Agustín sobre la Iglesia). Ratzinger dedica su “Habilitationsschrift” –trabajo original de contribución a la investigación, con la finalidad de habilitarse para la docencia universitaria– a la revelación y a la teología de la historia de San Buenaventura.

En abril de 1959 Ratzinger se inicia como Profesor Principal del teología fundamental en la Universidad de Bonn. En agosto de ese año, su padre es convocado a la Casa del Padre. Desde 1962 hasta 1965 asiste a las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II en calidad de perito, como consejero teológico principal del Cardenal Frings de Colonia.

En 1963 se traslada a la Universidad de Münster, y en diciembre de ese año, fallece su madre.

En 1966 es nombrado profesor de teología dogmática en la universidad de Tübingen. Su nombramiento es fuertemente apoyado por el profesor Hans Küng . Ratzinger había conocido inicialmente a Küng en 1957 en un congreso de teología dogmática en Innsbruck. Luego de revisar el trabajo doctoral de Küng sobre Karl Barth, dice Ratzinger: “Tenía muchas preguntas que hacerle al respecto de este libro, pues, a pesar de que su estilo teológico no era el mío, lo había leído con placer y el autor me había suscitado respeto, pues su apertura y su rectitud me gustaron bastante. Así se estableció una buena relación de amistad, aún cuando poco después…una seria discusión comenzó entre nosotros acerca de la teología conciliar.”

En 1968 un ola de levantamientos estudiantiles barrió Europa, y el marxismo rápidamente se convirtió en el sistema intelectual dominante en Tübingen, adoctrinando no sólo a buena parte de sus estudiantes sino inclusive al cuerpo docente. Siendo testigo de esta subordinación de la religión a la ideología política marxista, Ratzinger anota: Existía una instrumentalización por parte de las ideologías que eran tiránicas, brutales y crueles. Esa experiencia me dejó claro que el abuso de fe debía ser precisamente resistido si se quería mantener el querer del Concilio.

En 1969, desencantado por su encuentro con la ideología radical de Tübingen, se traslada de regreso a Baviera, donde asume un puesto de profesor en la Universidad de Ratisbona. Luego es nombrado Decano, Vicepresidente. Ese año también es nombrado Consejero Teológico de los Obispos alemanes.

En 1972, Ratzinger, con Balthasar, De Lubac y otros lanzan la publicación teológica Communio, une revista periódica de teología católica y cultura.

En marzo de 1977, es nombrado Arzobispo de Münich y Freising, convirtiéndose en el primer sacerdote diocesano que luego de 80 años, asumía el encargo de tan vasta e importante arquidiócesis. Es urgido por su confesor a aceptar el cargo y escoge como su lema episcopal la frase de la carta de Juan, “Cooperador de la verdad”, y razona: “Por un lado, me parecía ser la relación entre mi tarea previa como profesor y mi nueva misión. A pesar de todas las diferencias de modo, lo que estaba en juego y seguía estándolo era seguir la verdad, estar a su servicio. Y por otro lado, porque en el mundo de hoy, el tema de la verdad ha desaparecido casi totalmente, pues aparece como algo demasiado grande para el hombre, y sin embargo, todo se desmorona si falta la verdad”. Es consagrado el 28 de mayo por el Obispo de Würzburg, Josef Stange. En junio de ese mismo año, es creado cardenal presbítero por el Papa Pablo VI, y recibe el título de S. Maria Consolatrice al Tiburtino. Ese año también, asistió a la IV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en el Vaticano.

En 1978 participó en el cónclave del 25 al 26 de agosto, que eligió a Juan Pablo I, quien lo nombra enviado especial del Papa al III Congreso Mariológico Internacional, en Guayaquil, Ecuador, del 16 al 24 de septiembre. En octubre de ese año, participa en el Cónclave que elige a Juan Pablo II.

En 1980 Ratzinger es nombrado por Juan Pablo II a presidir el Sínodo especial para los laicos. Poco después, el Papa lo invita a encargarse de la Congregación para la Educación Católica. Ratzinger declina, pues considera que no debe dejar tan pronto su misión en Münich.

En 1981, en noviembre, acepta la invitación del Papa para asumir como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y Presidente de la Comisión Teológica Internacional.

El 15 de febrero de 1982 renunció al gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Münich-Freising.

En 1983 asistió a la VI Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano. Fue uno de los tres presidentes delegados; miembro del secretariado general, de 1983 a 1986.

En 1985 asistió a la II Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano.

Desde 1986 presidió la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica, que luego de 6 años de trabajo (1986-92) presentó el Nuevo Catecismo al Santo Padre.

En 1987 asistió a la VII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1990 asistió a la VIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1991 asistió a la I Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1993 fue elevado a Cardenal Obispo del título de la sede suburbicaria de Velletri-Segni. En 1994 asistió a la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano, y a la IX Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, también en la Ciudad Vaticana.

En 1997 asistió a la Asamblea Especial para América del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1998 asistió a la Asamblea Especial para Asia del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

Elegido vice-decano del Colegio Cardenalicio, el 9 de noviembre de 1998.

Ese mismo año, asistió a la Asamblea Especial para Oceanía de Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano, del 22 de noviembre al 12 de diciembre.

En 1999 fue enviado especial del Papa a las celebraciones por el XII centenario de la creación de la diócesis de Paderborn, Alemania, el 3 de enero.

En octubre de ese mismo año asistió a la II Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

19 de abril de 2005, día en que fue elegido Papa, escogiendo llamarse

Benedicto XVI En noviembre de 2002, el Santo Padre aprueba su elección como Decano del Colegio Cardenalicio.

Hasta la muerte de Juan Pablo II era miembro de la Secretaría de Estado; de las Congregaciones Iglesias Orientales, Culto Divino y Sacramentos, Obispos, Evangelización de los pueblos, Educación católica; así como de los Pontificios Consejos para la Unidad de los cristianos y del de Cultura; de las Comisiones para América Latina y Ecclesia Dei.

Recibió por encargo del Santo Padre, la reflexión del Via Crucis durante la Semana Santa de 2005.

Fue elegido Papa el 19 de abril de 2005, convirtiéndose en el Pontífice número265, sucesor de Juan Pablo II «El Grande». Escogió el nombre de Benedicto XVI.

Oraculo de Cumas Leyenda de la Sibila Profecias de la Sibila de Cumas

Oráculo de Cumas
Leyenda de la Sibila y Sus Profecías

CUMAS: LA CAVERNA DE LA ANTIGUA PROFETISA
Los colonos griegos que llegaron a Italia en el siglo VIII a.C eligieron un emplazamiento espectacular para su colonia de Cumas. En el extremo noroeste de la bahía de Nápoles, una montaña volcánica que dominaba un amplio panorama ofrecía una situación perfecta para el emplazamiento de la acrópolis, defendida en sus alrededores por el mar, los lagos, los bosques y las montañas.

Aún pueden verse restos de los muros de esta acrópolis en su punto más elevado, el templo de Júpiter, antiguo enclave referencial para los navegantes. Estas ruinas corresponden a un templo del siglo V a.C, reconstruido bajo el mandato del emperador romano Augusto (27 a.C-14 a.C), que en el VI fue convertido en iglesia cristiana. En el descenso se aprecian la base y los contornos del templo de Apolo, de origen más incierto. Y aún más abajo es dable hallar la cueva de un oráculo sumamente famoso, la sibila de Cumas.

Oráculos del mundo antiguo
Mujeres capaces de predecir el futuro aparecen en las tradiciones de muchos pueblos, pero pocas gozaron de tanta fama en la antigüedad como la sibila de Cumas. Desde tiempos muy remotos, los habitantes de Asia occidental recitaban versos considerados como declaraciones oraculares de profetisas llamadas Sibyllai.

Se desconoce el significado original de la palabra sibila, aunque según la leyenda se cree que fue el nombre de una vidente de Marpeso, cerca de Troya, que enunciaba sus oráculos en forma de acertijos, escribiéndolos en hojas de plantas. Lo cierto es que la tradición de las sibilas fue trasmitida a los griegos, y de ellos a los romanos, localizándose en lugares concretos. Con el tiempo, sibila se convirtió en un término genérico, aplicado a muy distintas profetisas. El autor romano Varrón (116-27 aC) cita diez, repartidas por todo el mundo, entre las que destacaba la de Cumas.

Se ignora si existió realmente en Cumas una persona concreta que fuera la sibila, pero en tiempos del Imperio romano se mostraba su tumba a los visitantes del templo de Apolo.

Según la tradición griega, a las sibilas se las consideraba relacionadas con Apolo, dios de la profecía: en el oráculo de Delfos, en Grecia, la profetisa, llamada pitia o pitonisa, era sacerdotisa de Apolo. Masticaba hojas de laurel —el árbol de Apolo— para sumirse en trance profético, o bien se sentaba en Un trípode sobre una grieta del terreno con el propósito de inhalar vapores volcánicos tóxicos. Sea cual fuere el método empleado, se creía que el dios era su inspiración directa, enunciando a través de ella sus ambiguos oráculos.

Al igual que Delfos, Cumas ocupa una zona de actividad volcánica, los Campi Flegri, al oeste de Nápoles, donde acudían los romanos patricios atraídos por las caldas construidas alrededor de los manantiales termales deBaia. Y al igual que el oráculo de Delfos, la sibila de Cumas guardaba relación con Apolo. Según los poetas romanos, procedía de Oriente, y Apolo le ofreció lo que deseara si accedía a ser su amante.

Ella pidió tantos años de vida como granos hubiera en un puñado de tierra, que resultaron ser mil. Pero olvidó reclamar la juventud eterna, de modo que fue envejeciendo y aminorándose hasta que, agobiada por la edad, se encerró en una vasija que hizo colgar en Cumas. Cuando los niños le preguntaban en griego cuál era su mayor deseo, su única respuesta era «Quiero morir».

Las ruinas de Cumas, la más antigua colonia griega en Italia, se hallan a unos 20 Km. al noroeste de Nápoles. Protegida por defensas naturales, Cumas llegó a controlar una de las zonas más fértiles de Campania.La sibila de Cumas era el oráculo más famoso del mundo antiguo, pero no el único. Los había en Libia, Delfos y otros lugares.


La sibila de Cumas, empuñando una rama de muérdago en la mano izquierda, guía a Eneas a la entrada del más allá (Eneas y la sibila, pintura de J. M. W. Turner). El muérdago o Rama Dorada estaba consagrado a Proserpina, diosa romana del mundo de ultratumba. El poeta romano Virgilio describió tal entrada como «una caverna profunda, de boca amplia y muy grande, de suelo rugoso, defendida por un oscuro lago y bosques sombríos».

El ingreso al más allá
El culto de Apolo era nigromántico, dedicado a los difuntos y al otro mundo. En el sexto libro de La Eneida, de Virgilio, escrita entre el 29 y el 19 aC, la sibila de Cumas aparece como guía al más allá. Eneas, el héroe troyano, acude en consulta a su santuario, «una caverna enorme y oscura» situada bajo el templo de Apolo. Ella le entrega la Rama Dorada, credencial mágica para el más allá, y luego les guía, a él y a sus hombres, a las puertas del mismo, en el lago Averno.

Este enigmático lago, a sólo 4 Km. de Pozzuoli, se sigue llamando Averno. Rodeado en otros tiempos de bosques sombríos, que plasmó con mágico estilo el pintor Turner, en la actualidad presenta un aspecto diferente debido a las erupciones volcánicas y a las urbanizaciones. A pesar de ello, sigue siendo un paraje cautivador, un lago profundo y sulfuroso que llena el cráter de un volcán, y cuyos vapores letales, según la tradición, impiden que los pájaros lo sobrevuelen. Al parecer, a este fenómeno debe su nombre, que podría derivarse del griego adornos, «carente de pájaros».

¿Qué lugar ocupa la cueva de la sibila?
En la acrópolis de Cumas existía una cueva considerada tradicionalmente como la de la sibila. Sin embargo, al realizarse excavaciones (en los años 20) se descubrió que su tamaño era mayor de lo que se pensaba, una enorme galería de 183 m, con aberturas para iluminación y cisternas de agua adosadas. Esta galería atravesaba la colina hasta el otro extremo, identificándosela de inmediato con unas instalaciones militares construidas por orden del general romano Agripa (c 63-12 a.C).

En 1932 se descubrió en las cercanías otra caverna, que los arqueólogos identificaron como la de la sibila. Se accede a ella a través de una galería de 107 m de longitud; Hay, además, otras 12 galerías laterales más cortas, que se abren en la ladera de la colina y que sirven de iluminación.

La galería principal termina en un vestíbulo con un par de bancos de piedra. Le sigue una cámara abovedada. Quizá los visitantes aguardaran sentados en aquellos bancos para consultar a la sibila, oculta al otro lado de la puerta que separaba el vestíbulo del santuario interior. O probablemente se encontraran en un estado de exaltación anticipada, pues durante el día las franjas alternas de luz y oscuridad producidas por las galerías laterales hacían que la persona que acudía desde el interior hiciera su aparición y se ocultase sucesivamente.

Las galerías de iluminación podían también impresionar de otro modo a los visitantes del santuario. Al igual que otras aberturas encontradas en oráculos como el de Malta, éstas podían producir el estudiado «efecto especial» que describe Virgilio: «Una gran ladera taladrada y perforada cien veces, con cien bocas de voces susurrantes que trasmiten las respuestas de la sibila.»

Hacia 1932 se suponía que este hallazgo era definitivo; más aún, se sigue exhibiendo como «la cueva de la sibila». Pero ¿lo es realmente? El santuario de la sibila de Cumas fue venerado en todo el mundo griego desde los siglos VI o V a.C, pero la mayor parte de lo que puede visitarse en la actualidad corresponde a un periodo algo posterior.

Prácticamente no hubo hallazgos paralelos, que confirmaran o negasen el carácter religioso de la caverna, y algunos arqueólogos opinan que deben ampliarse las investigaciones. Sin embargo, próximos a la entrada de esta caverna, resulta fácil imaginar a Eneas, temeroso cuando la sibila, «desde su santuario, entonó sus enigmas, provocando ecos en la caverna…»

Las Comadronas Medicina Popular Ayuda a Dar a Luz Funcion Social

Las Comadronas – Medicina Popular

LAS «MADAMAS» o «COMADRONAS»
Siempre en el campo correntino, vamos a ocuparnos ahora de las mujeres que ayudan a bien nacer: las parteras empíricas, madamas, o comadronas. Su situación varía. Allí donde se carece totalmente de servicios sanitarios, reinan soberanas.

Donde hay algún tipo de control, esa soberanía está, un tanto coartada por el médico. Así, hay zonas críticas en las que se establece un compromiso entre ambos tipos de medicina: la tradicional y la oficial.

A veces el médico improvisa partera a una enfermera. Otras, a falta de pan … acepta la colaboración de las comadronas empíricas, en ocasiones analfabetas. Se dice entonces que la partera está «accionada» por el médico.

Tal lo que ocurría en Monte Caseros, en julio de 1965. El facultativo procuraba introducir algunas normas de asepsia, como hacer que las mujeres lavasen sus manos con alcohol antes de actuar, pero no podía exigirles el uso de guantes. Se hubieran sentido atadas con ellos. Establecía asimismo que ante ciertas anormalidades lo llamaran. Un pacto cordial para suplir deficiencias de las dos partes.

comadronas

Como de costumbre, vamos a encontrar siempre junto a la simple maniobra o precaución, la recurrencia a la magia, la creencia supersticiosa. Con el embarazo, por ejemplo, que se reconoce por la ausencia de menstruación. Si ésta continúa, señal de que va a nacer una niña, pues «se lava la cara».

Hay otras formas de conocer el sexo del nonato. Si se mueve al segundo mes, varón; si a los cuatro, mujer. La ciencia dice no, pues es justamente después del cuarto mes cuando aparecen movimientos fetales. Los anteriores no existen, son pura sugestión de la mujer ansiosa. Otros signos son la hinchazón (edema generalizado) de la madre, que augura varoncito, lo mismo que el vientre en punta de la embazarada o la ubicación del feto sobre el lado izquierdo.

El vientre redondeado o el feto a la derecha, indican una futura nena. También si el trabajo de parto comienza tres días antes de la fecha calculada o durante la luna nueva o menguante. El varón llega si dicho trabajo ocurre después de la fecha prevista o durante la luna llena creciente.

En los cuidados a que debe someterse la mujer embarazada, se percibe de nuevo ese maridaje entre elementos efectivos y mágicos. Se trababa como siempre, evitando las tareas pesadas en los dos últimos mesas de la gestación. No se puede, eso sí, tejer «crochet» con dos agujas o coser a máquina, ni tampoco pasar por debajo de un alambrado.

Esas precauciones evitarán que el cordón umbilical se enrede en el niño. Por analogía, en la dieta se trata de no comer hígado ni tripa de vaca, que hacen crecer la placenta, ni tampoco embutidos que producen igual efecto en el cordón umbilical. Otro tanto, más el endurecimiento de la bolsa de las aguas, sucede si se come hígado, achuras o mondongo sin desgarras previamente con un tenedor sus membranas. El pan seco o la galleta, secan las aguas, y el exceso de vino produce hemorragias.

Todo encierra cierto peligro para la mujer que va a dar a luz. El huevo hará que el niño nazca pegado a las membranas, el riñon provocará lunares. El hígado asegura hijos rubios, y la morcilla, negros. La ropa de la embarazada debe ser suelta, y la higiene, la normal. En verano se aconseja no exagerar el baño, que —se piensa— debilita a la criatura.

Desde el vientre de su madre, el niño ya pide cosas. Son los antojos, y el no satisfacerlos puede provocar la pérdida del niño o que éste nazca con la boca abierta o la representación, en su lengua, de lo deseado. Es el niño también, el culpable de muchos trastornos de su madre.

Si tiene mucho cabello, le producirá acidez (agries o ardor) a ésta. Cuando no le gusta una comida, la madre se ve obligada a vomitarla. A medida que se aproxima el parto, la comadrona ve aumentar su trabajo. Ante una pérdida de sangre, coloca la mano sobre el vientre de la embarazada y procura frenarla con esta oración:

Sangre, tente en ti como Cristo
se detuvo en sí.
Sangre, tente en las venas, como
Cristo se detuvo en la cena.
Sangre, tente en el cuerpo, como
Cristo se detuvo en el Huerto.

La señal de la Cruz, un Padrenuestro y un Ave María completan el ensalmo.
¿Y si no se detiene la hemorragia?
«Se llama al médico», respondió la partera empírica ante la pregunta de la investigadora.

Diversas maniobras se practican para mejorar la posición del feto, si éste «viene mal». Con sacudidas y las manos, acomodan el útero. Si el feto se presenta de nalgas, se pone a la embarazada con la cabeza hacia abajo, apoyando las manos en el suelo, mientras otra persona la sujeta con una faja por la cintura. Se sacude entonces el cuerpo de la mujer, para que el hijo se dé vuelta.

En ocasiones, el parto se demora, y hay que acelerarlo. Una imagen de San Ramón, protector de la maternidad, sobre el vientre, ayuda. O una vela invertida dedicada al mismo santo, bajo la cama. El chico nacerá antes o al apagarse la vela. Y son muy efectivas, se dice, las «medidas» de imágenes sagradas.

Se las toma sobre una cinta, que se atará luego al vientre de la embarazada, la Virgen de Itatí y la de los Remedios son buscadísimas por quienes quieren tomar sus medidas para utilizarlas mágicamente. La futura madre anda levantada hasta  el momento en que se rompe la bolsa u de las aguas, ya que así el niño nacerá más ligero.

Al rasgarse las membranas, la mujer se acuesta o sienta, para que el niño no se caiga. El parto sentado es el más frecuente y en ese sentido las parteras corre i tinas se han adelantado al sillón obstétrico que en algunas clínicas constituye la última novedad.

Por cierto que la embarazada campesina no tiene asiento tan cómodo, sino u banquito bajo o —mucho mejor— un calavera de caballo. Si no se consigue, es bueno por lo menos un írozi de ésta colocado bajo el asiento. La creencia se basa en la gran facilidad para parir que tienen las yeguas. El dolor es admitido como inevitable Dios así lo dispuso.

Apenas si puede tratarse de paliarlo prodigando un trato cariñoso a la parturienta y satisfaciendo todos sus deseos. Hay que darle todo lo que quiera comer o beber, «aunque sea un poquito». Ubicada en su asiento, la mujer se prepara para pujar. Apoya las rodillas en el suelo y se toma las piernas. Detrás de ella, alguien la sostiene por la cintura. La partera aguarda, lista.

Si la bolsa de aguas no se ha roto, un poco de sal fina caliente en el dedo o un grano de sal gruesa bastan para que, con un simple toque, se rasguen las membranas, tratando de evitar que el líquido amiótico llegue a los ojos de la partera, pues se supone que si esto sucede, quedará ciega. Nunca, eso sí, se realiza esta operación fuera del tiempo que la obstetricia oficial prescribe. No en balde la ciencia mayor es hija de la vieja empina, su a veces despreciada maestra.

El tacto se practica con las manos muy limpias y mojadas en aceite comestible. Este tiene la función de lubricar la -zona por donde saldrá el niño y la cabeza de éste, para que resbale más fácilmente. El cordón umbilical se corta de inmediato, salvo en zonas donde la partera trabaja «accionada» por el médico y su paciente esta acostada, donde se espera la expulsión de la placenta.

La comadrona ata un hilo a unos tres centímetros de distancia del niño, sobre el cordón. En el otro extremo de éste se ata una cinta que se sujeta a la pierna de la madre (la derecha si el recién nacido es varón, la izquierda si es mujer) para evitar que el cordón «vuelva adentro».

Es frecuente que la partera trabaje con su cigarro de hoja en los labios que, después del corte del cordón, usará para quemar su punta. Para lo mismo sirve una cuchara caliente. De esta forma, se practica una primitiva cauterización de la herida. Por cierto que la partera, para poder cortar el cordón, no tiene que haber, tenido relaciones ese día.

En tal caso, se piensa, actuaría como un veneno sobre el niño y a ese motivo se deben muchas infecciones y trastornos. Nuestra profesional tiene ayudantes, por lo general, vecinas. El padre, muy pocas veces, solo en caso extremo, pues el pudor hace que las mujeres nieguen toda participación al marido en el trance.

Berreando ya el crío, se espera o ayuda al «sobreparto», la expulsión de la placenta, o alumbramiento. Masajes en el vientre o los dedos en la garganta para provocar arcadas son algunos recursos para que la mujer contraiga los músculos abdominales y ayude a la expulsión. Para el mismo fin es bueno hacerle soplar en una botella.

También se buscan auxilios mágicos: poner sal en los puños de la puérpera, manteniéndolos a los costados del vientre; colocarle el sombrero del marido al revés; poner a la mujer al revés, con los pies en donde antes estaba su cabeza o recurrir, vela mediante, al auxilio de San Ramón.

La placenta en ocasiones se tira. Otras, se la entierra bajo la gotera del rancho, con el cordón hacia arriba, para que en el próximo parto no haya problemas.

Dos o tres días después, cicatrizados o saturados según los casos los posibles desgarros, la madre reinicia su vida normal. Si bien el cordón umbilical se ha roto, no por ello se ha separado totalmente de su hijo.

Cierta relación mágica los une, y las cosas que haga con su cuerpo pueden afectar al pequeño. Bañarse, por ejemplo. Si tuvo una nena podrá limpiarse sí, pero evitará el baño por treinta días, y por cuarenta si es varón. Los varoncitos, se dice, son mucho más delicados. Llega el momento de amamantar, y hay cocimientos o infusiones que ayudan a tener mucha leche, así como el «peinarse» los pechos, pasando un peine desde la base hacia el pezón. El agua, el alcohol, el aceite y la grasa intervienen en el cuidado de estos últimos, que no deben agrietarse.

¿Y el recién nacido? A veces lo bañan, otras le limpian solo la cabeza y le echan en los ojos una gotita de limón. Se lo entalca, y sobre el ombligo colocan un trozo de tela blanca empapado en alcohol que sujetan con el ombliguero.

En ciertos lugares, en lugar de talco se usa yerba mate tostada que, según mentas, evita que el pequeño sufra de los intestinos o se empache. Para prevenir la hernia, una vez caído el cordón, se sujeta una moneda de cobre envuelta en gasa sobre el ombligo. Si a la caída del cordón el ombligo no cicatrizara, lo mejor es espolvorearlo con … suifatiazol. ¡No solo de ensalmos vive la medicina popularl

Los gurises maman hasta grandes, y cada vez que lloran. A veces hasta con dos o tres años y aun después, pues se cree que la leche materna sienta bien como digestivo, después de las comidas. Su ropa es la corriente, con la infaltable faja para que no desarrollen demasiado vientre o se les arqueen las piernas.

Existen, además, otras precauciones. Llegado al mundo deberá enfrentar eso que todos temen, indios y criollos, argentinos o inmigrantes: el mal de ojo. De ahí el cordoncito rojo, y otra costumbre que tiene, además, la ventaja de asegurar al pequeño éxito con el sexo opuesto cuando llegue a grande.

Es el sahumerio de almohada, colchón y ropa de cama con el humo de un nidito de colibrí quemado al efecto. Las plumas de esa ave en la gorrita o las costuras de la ropa, tienen también efectos protectores.

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Fuente Consultada: La Medicina Popular – Tomo 87 – La Historia Popular

Biografia de Ceferino Namuncura Vida y Obra del Santo

Biografía de Ceferino Namuncura – Vida y Obra

BIOGRAFÍA DE CEFERINO NAMUNCURA:
Por Pablo Salvador Fontana. *

Ceferino NamuncuráBenedicto XVI declaró beato a Ceferino Namuncurá, porque una mujer con cáncer de útero imploró su intercesión y se curó sin que la “Ciencia” pudiera explicar cómo ni por qué.

Un segundo milagro lo hará santo. Ni la información eclesiástica ni los artículos que salen en la prensa nacional sobre la decisión del papa, agregaron una palabra sobre las relaciones que siempre hubo entre la oligarquía argentina y la Santa Sede, ni del proceso social y económico que llevó al “indiecito bueno” de las tolderías de la Patagonia hasta Roma y luego de su muerte, a los altares.

Un poco de Historia:

En 1934, año del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, la Santa Sede agradeció “la generosidad del salesiano Adolfo

 Tornquist”, que permitió erigir “con dinero argentino” el instituto Pío XI de Roma. Dos años antes el rector de la Universidad Pontificia Gregoriana rindió homenaje de gratitud a “los hijos de la noble Nación Argentina” que “ocupan el primer lugar sobre todos los demás benefactores”.

Ambos reconocimientos fueron comunicados a la Cancillería por el embajador de entonces, Carlos de Estrada.

La fortuna familiar del sacerdote Adolfo Tornquist provenía de la guerra al indio del último cuarto del siglo XIX, precursora de la guerra sucia militar contra la sociedad argentina del siglo XX.

Con una y otra se consolidaron grupos de poder decisivos y nuevas formas de inserción en el mercado mundial.

División Internacional del Trabajo hacia finales del siglo XIX, donde estas tierras se incorporaban al mercado mundial como principales productoras de materias prima, en una y luego en la tercera fase expansiva del capitalismo, argentina se incorpora al mercado financiero mundial como un lugar donde valorizar depósitos financieros, en la otra.

Los capellanes católicos que acompañaron a las tropas partieron en el mismo tren que el ministro de guerra Julio A. Roca y su Estado Mayor. El Salesiano Santiago Costamagna confió sus preocupaciones al creador de la sociedad de San Francisco de Sales, Juan Bosco, por el uso de medios tan poco evangélicos como las armas: “Es necesario adaptarse por amor o por la fuerza. En esta circunstancia la cruz tiene que ir detrás de la espada. ¡Paciencia!”

Demasiada paciencia: Costamagna envió esta carta después de conocerse que un regimiento comandado por uno de los hermanos de Roca fusiló a más de medio centenar de indígenas, en los que el diario La Nación calificó como “crimen de lesa humanidad”.

Los estudios de la antropóloga Diana Lenton sobre partes militares y diarios de la época también dan cuenta de la violación sistemática como arma de guerra, la prostitución forzada como botín de guerra de los soldados, la entrega de las mujeres y los niños como sirvientes a las principales familias porteñas.

Uno de los capellanes salesianos que llegaron al Río Negro para catequizar a los vencidos consignó: “La miseria en que los encontré es algo impresionante!”. Una foto tomada en 1879 en el Fortín Puan simboliza el ambiguo rol de la Iglesia. De un lado posan en sus uniformes (que en la placa se ven grises) Roca y sus coroneles y del otro, solitario y el único con vestimentas blancas, el cacique Pichi Huinca.

Entre ambos el riguroso negro eclesiástico, el obispo Mariano Espinosa y el presbítero Costamagna. En 1883, el salesiano Domingo Milanesio y su colega Giuseppe Fagnano denunciaron los “agravios a las garantías de los vencidos”, pero sólo en cartas que enviaban a Italia, mientras en el país actuaban como parte de un “bloque civilizador” unido.

Según Roca los ahora desolados campos de convertirán en pueblos florecientes en los que millones de hombres vivirán ricos y felices. Ricos y felices vivieron menos de dos mil personas, entre ellas, altos jefes o proveedores del Ejército, como el propio Roca y sus hermanos Ataliva y Rudesindo, y el ingeniero belga Ernesto Tornquist.

Las tierras así despobladas se repartirán “en concesiones fabulosas de treinta y más leguas” que caerían bajo “las garras de favoritos audaces”, que formarían el núcleo de la oligarquía, como cuenta en sus memorias el comandante Pablo Prado.

Esto condicionó el desenvolvimiento posterior de la sociedad y la economía, porque la tierra también quedó fuera del alcance de los inmigrantes atraídos por el programa de Sarmiento y Alberdi. No hubo colonización agrícola de pequeñas propiedades que producen para el mercado interno como en Estados Unidos, sino un gran latifundio dedicado a la exportación hacia el mercado mundial.

Tornquist participó en cada etapa de ese programa: su empresa de transporte Villalonga condujo de ida la provisiones para los soldados expedicionarios que conquistaron esas tierras y llevó de vuelta a los indígenas ranqueles como mano de obra esclava a los ingenios azucareros de la oligarquía de Tucumán.

También construyó el ferrocarril de Tucumán a Rosario y financió la construcción del puerto de Rosario, para exportar el azúcar producido en esa condiciones. Cuando Roca fue presidente le brindó tres ministros de Hacienda que eran gerentes de su empresa.

La administración de Tornquist , instalada en uno de los pueblos que se fundaron durante la campaña, recibió la asistencia espiritual de los salesianos. El sacerdote Domingo Milanesio celebraba la misa, predicaba, confesaba, administraba los sacramentos y catequizaba en la sala más amplia de la sede empresarial.

El propio Roca asistió a la bendición de una capilla construida por Ernesto Tornquist, uno de cuyos descendientes ingresó a la orden de Don Bosco. Milanesio había sido el mediador de la rendición del cacique Manuel Namuncurá a Roca, quien le concedió ocho hectáreas de tierra y el grado de coronel.

Su hijo Ceferino inició una carrera religiosa en Viedma y en Buenos Aires, bajo la orientación del salesiano Juan Carlos Cagliero, con quien luego viajó a Roma. Su propósito era proseguir sus estudios y tratarse de la tuberculosis, una de la enfermedades contagiadas a los pueblos originarios por soldados y misioneros.

Morir en Italia:

Allí fue recibido por Pío IX, que le regaló una medalla. Todos los relatos hagiográficos destacan la complacencia del Pontífice al escuchar al humilde aborigen expresarse en italiano. Ceferino agonizó sin quejarse y murió en 1905, a los 18 años. Sus restos fueron repatriados en 1924 por gestión del salesiano Adolfo Tornquist, hijo de Adolfo y donante para la construcción de algunos de los “más suntuosos edificios modernos de Roma”, según el admirativo comentario del embajador Estrada.

Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires los despojos de Namuncurá fueron conducidos de regreso a la Patagonia por la empresa familiar de los Tornquist, el expreso Villalonga. Modelo de sumisión, el probable primer santo argentino es recordado por la Iglesia como “el lirio de las pampas.”

Queramos o no, conocidas o no, la trama de la historia, junto a las condiciones ideológicas de las sociedades ayudan a la conformación del bloque de poder que tratará siempre de imponer sus prerrogativas para consolidar “su” propio modelo de acumulación, el que le sea más apto para acrecentar sus ganancias.

Obviamente, este poder, no dudará en utilizar los aspectos ideológicos o de las mentalidades (religión) para asegurarse o para acrecentar ese poder, ya sea económico o político. Este caso será nada más que un episodio entre los tantos que conforman nuestra historia y no será casualidad que justamente sea Ceferino quién se elija para justificar la apropiación y el exterminio.

* Profesor de Historia

BIBLIOGRAFÍA: Vervisky, Horacio, Página 12, edición del 8 de julio de 2007.