Biografia de Ceferino Namuncura Vida y Obra del Santo



Biografía de Ceferino Namuncura – Vida y Obra

BIOGRAFÍA DE CEFERINO NAMUNCURA:
Por Pablo Salvador Fontana. *

Ceferino NamuncuráBenedicto XVI declaró beato a Ceferino Namuncurá, porque una mujer con cáncer de útero imploró su intercesión y se curó sin que la “Ciencia” pudiera explicar cómo ni por qué.

Un segundo milagro lo hará santo. Ni la información eclesiástica ni los artículos que salen en la prensa nacional sobre la decisión del papa, agregaron una palabra sobre las relaciones que siempre hubo entre la oligarquía argentina y la Santa Sede, ni del proceso social y económico que llevó al “indiecito bueno” de las tolderías de la Patagonia hasta Roma y luego de su muerte, a los altares.

Un poco de Historia:

En 1934, año del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, la Santa Sede agradeció “la generosidad del salesiano Adolfo

 Tornquist”, que permitió erigir “con dinero argentino” el instituto Pío XI de Roma. Dos años antes el rector de la Universidad Pontificia Gregoriana rindió homenaje de gratitud a “los hijos de la noble Nación Argentina” que “ocupan el primer lugar sobre todos los demás benefactores”.

Ambos reconocimientos fueron comunicados a la Cancillería por el embajador de entonces, Carlos de Estrada.

La fortuna familiar del sacerdote Adolfo Tornquist provenía de la guerra al indio del último cuarto del siglo XIX, precursora de la guerra sucia militar contra la sociedad argentina del siglo XX.

Con una y otra se consolidaron grupos de poder decisivos y nuevas formas de inserción en el mercado mundial.

División Internacional del Trabajo hacia finales del siglo XIX, donde estas tierras se incorporaban al mercado mundial como principales productoras de materias prima, en una y luego en la tercera fase expansiva del capitalismo, argentina se incorpora al mercado financiero mundial como un lugar donde valorizar depósitos financieros, en la otra.



Los capellanes católicos que acompañaron a las tropas partieron en el mismo tren que el ministro de guerra Julio A. Roca y su Estado Mayor. El Salesiano Santiago Costamagna confió sus preocupaciones al creador de la sociedad de San Francisco de Sales, Juan Bosco, por el uso de medios tan poco evangélicos como las armas: “Es necesario adaptarse por amor o por la fuerza. En esta circunstancia la cruz tiene que ir detrás de la espada. ¡Paciencia!”

Demasiada paciencia: Costamagna envió esta carta después de conocerse que un regimiento comandado por uno de los hermanos de Roca fusiló a más de medio centenar de indígenas, en los que el diario La Nación calificó como “crimen de lesa humanidad”.

Los estudios de la antropóloga Diana Lenton sobre partes militares y diarios de la época también dan cuenta de la violación sistemática como arma de guerra, la prostitución forzada como botín de guerra de los soldados, la entrega de las mujeres y los niños como sirvientes a las principales familias porteñas.

Uno de los capellanes salesianos que llegaron al Río Negro para catequizar a los vencidos consignó: “La miseria en que los encontré es algo impresionante!”. Una foto tomada en 1879 en el Fortín Puan simboliza el ambiguo rol de la Iglesia. De un lado posan en sus uniformes (que en la placa se ven grises) Roca y sus coroneles y del otro, solitario y el único con vestimentas blancas, el cacique Pichi Huinca.

Entre ambos el riguroso negro eclesiástico, el obispo Mariano Espinosa y el presbítero Costamagna. En 1883, el salesiano Domingo Milanesio y su colega Giuseppe Fagnano denunciaron los “agravios a las garantías de los vencidos”, pero sólo en cartas que enviaban a Italia, mientras en el país actuaban como parte de un “bloque civilizador” unido.

Según Roca los ahora desolados campos de convertirán en pueblos florecientes en los que millones de hombres vivirán ricos y felices. Ricos y felices vivieron menos de dos mil personas, entre ellas, altos jefes o proveedores del Ejército, como el propio Roca y sus hermanos Ataliva y Rudesindo, y el ingeniero belga Ernesto Tornquist.

Las tierras así despobladas se repartirán “en concesiones fabulosas de treinta y más leguas” que caerían bajo “las garras de favoritos audaces”, que formarían el núcleo de la oligarquía, como cuenta en sus memorias el comandante Pablo Prado.

Esto condicionó el desenvolvimiento posterior de la sociedad y la economía, porque la tierra también quedó fuera del alcance de los inmigrantes atraídos por el programa de Sarmiento y Alberdi. No hubo colonización agrícola de pequeñas propiedades que producen para el mercado interno como en Estados Unidos, sino un gran latifundio dedicado a la exportación hacia el mercado mundial.

Tornquist participó en cada etapa de ese programa: su empresa de transporte Villalonga condujo de ida la provisiones para los soldados expedicionarios que conquistaron esas tierras y llevó de vuelta a los indígenas ranqueles como mano de obra esclava a los ingenios azucareros de la oligarquía de Tucumán.

También construyó el ferrocarril de Tucumán a Rosario y financió la construcción del puerto de Rosario, para exportar el azúcar producido en esa condiciones. Cuando Roca fue presidente le brindó tres ministros de Hacienda que eran gerentes de su empresa.



La administración de Tornquist , instalada en uno de los pueblos que se fundaron durante la campaña, recibió la asistencia espiritual de los salesianos. El sacerdote Domingo Milanesio celebraba la misa, predicaba, confesaba, administraba los sacramentos y catequizaba en la sala más amplia de la sede empresarial.

El propio Roca asistió a la bendición de una capilla construida por Ernesto Tornquist, uno de cuyos descendientes ingresó a la orden de Don Bosco. Milanesio había sido el mediador de la rendición del cacique Manuel Namuncurá a Roca, quien le concedió ocho hectáreas de tierra y el grado de coronel.

Su hijo Ceferino inició una carrera religiosa en Viedma y en Buenos Aires, bajo la orientación del salesiano Juan Carlos Cagliero, con quien luego viajó a Roma. Su propósito era proseguir sus estudios y tratarse de la tuberculosis, una de la enfermedades contagiadas a los pueblos originarios por soldados y misioneros.

Morir en Italia:

Allí fue recibido por Pío IX, que le regaló una medalla. Todos los relatos hagiográficos destacan la complacencia del Pontífice al escuchar al humilde aborigen expresarse en italiano. Ceferino agonizó sin quejarse y murió en 1905, a los 18 años. Sus restos fueron repatriados en 1924 por gestión del salesiano Adolfo Tornquist, hijo de Adolfo y donante para la construcción de algunos de los “más suntuosos edificios modernos de Roma”, según el admirativo comentario del embajador Estrada.

Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires los despojos de Namuncurá fueron conducidos de regreso a la Patagonia por la empresa familiar de los Tornquist, el expreso Villalonga. Modelo de sumisión, el probable primer santo argentino es recordado por la Iglesia como “el lirio de las pampas.”

Queramos o no, conocidas o no, la trama de la historia, junto a las condiciones ideológicas de las sociedades ayudan a la conformación del bloque de poder que tratará siempre de imponer sus prerrogativas para consolidar “su” propio modelo de acumulación, el que le sea más apto para acrecentar sus ganancias.

Obviamente, este poder, no dudará en utilizar los aspectos ideológicos o de las mentalidades (religión) para asegurarse o para acrecentar ese poder, ya sea económico o político. Este caso será nada más que un episodio entre los tantos que conforman nuestra historia y no será casualidad que justamente sea Ceferino quién se elija para justificar la apropiación y el exterminio.

* Profesor de Historia

BIBLIOGRAFÍA: Vervisky, Horacio, Página 12, edición del 8 de julio de 2007.



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