Emperador Cómodo

El Bajo Imperio Romano Caracteristicas

El Bajo Imperio Romano: Funcionarios, Curiales, Colonos y Soldados

NUEVA ORGANIZACIÓN DEL IMPERIO: La reorganización del Imperio, comenzada por Diocleciano, continuó durante el reinado de Constantino y acabó en tiempo de sus sucesores.

El Imperio romano tenía aproximadamente la misma extensión que a la muerte de Augusto.

El Bajo Imperio Romano es el período histórico que se extiende desde el ascenso de Diocleciano al poder en 284 hasta el fin del Imperio romano de Occidente en 476. Tras los siglos dorados del Imperio romano, comenzó un deterioro en las instituciones del Imperio, particularmente la del propio emperador

Había perdido el territorio de la orilla derecha del Rhin, adquirido en el siglo I la Dacia, conquistada por Trajano, las provincias quitadas al reino de los partos. De las conquistas de los emperadores no le quedaba más que la Bretaña, es decir, aproximadamente la Inglaterra actual.

Excepto la Bretaña, los límites del mundo romano eran como en la época de Augusto: al este, el Océano; al norte, el Rhin y el Danubio; al este, el mar Negro, la Armenia, el Eufrates y el desierto de Siria; al sur, el desierto de África.

Pero en tiempo de Augusto, la mayor parte de los habitantes eran todavía extranjeros sometidos a unos cuantos millones de ciudadanos romanos. A fines del siglo IV, todos los habitantes del Imperio se llamaban romanos.

El Imperio estaba dividido en 117 provincias, cada una con un gobernador llamado praeses, excepto en Italia, donde se llamaba corrector. Varias provincias estaban reunidas en una diócesis, cada una con un vicario (vicarius). Eran grandes regiones, como la Galia, España, Bretaña, Iliria.

Ya no había un prefecto del pretorio único, se habían creado cuatro que se repartían el Imperio. Cada uno tenía su territorio que llevaba un nombre único. Por ejemplo, el prefecto del pretorio de las Galias tenía las tres diócesis de la Galia, España y Bretaña.

Estos funcionarios ya no ejercían poder alguno sobre los soldados.Los ejércitos eran mandados por duques y condes, establecidos en las provincias fronterizas.

Los dos jefes superiores eran el maestre de la caballería (magister equitum) y el maestre de la infantería (magister peditum).

Toda esta organización nos es conocida por una especie de almanaque oficial hecho por el año 419, la Notitia dignitatun et potestatum tam civilium quam militarium in partibus Orientis et Occidentis. Cada dignatario, cada gobernador, tiene en él su artículo espacial, precedido de un dibujo que representa sus insignias o las plazas fuertes de su provincia.

el bajo imperio romano

LA CORTE
Los antiguos emperadores, que vivían en Roma o con el ejército, habían conservado la vida sencilla de los magistrados y de los generales romanos.

El emperador, al establecerse en Oriente, adoptó los hábitos de los reyes orientales. Se hizo llamar Dueño o Majestad. Ya no hubo ciudadanos, todos se llamaban subditos del emperador.

Este era tratado como un ser divino, todo lo que le pertenecía se denominaba sagrado, se decía el palacio sagrado, la Cámara sagrada, el Consejo sagrado, el tesoro sagrado.

En lugar de la toga romana, empezó a usar magníficas vestiduras flotantes, tejidas con seda y oro, y la diadema, cinta adornada con perlas, insignia de la realeza, ciñendo la frente.

En vez de recibir a sus amigos y comer familiarmente con ellos, se mantuvo apartado, separado del resto de los hombres como una especie de dios.

En lugar de mostrarse en público se encerró en el palacio, no dejándose ver más que en los días de ceremonia, sentado en un trono de oro, rodeado de multitud de servidores, de guardias armados y de cortesanos.

Se adoptó también la costumbre oriental de acercarse a los soberanos como si fueran dioses.

Todo el que era admitido a la presencia del emperador, se prosternaba con el rostro pegado al suelo en señal de adoración. El palacio del emperador había llegado a ser igual que la corte del rey de Persia.

A este régimen se ha apellidado el Bajo Imperio.

El emperador tenía a su lado una corte numerosa. Para su defensa contaba con varias compañías de guardias a pie y a caballo, y con un pequeño ejército para custodiar su palacio.

Tenía una tropa de chambelanes para su servicio doméstido, otra de intendentes para ocuparse de sus negocios particulares.

Para ayudarle a gobernar, contaba con un Consejo de Estado, el sacrum consistorium, que preparaba sus edictos, y con un personal numeroso de secretarios, dividido en cuatro secretarias (scrinia), sin contar el personal de inferior categoría, alguaciles, mensajeros, bedeles.

Durante el siglo IV había habido un número variable de emperadores, a veces varios, a veces uno solo (Constantino, Constancio desde el año 350, Juliano, Teodosio al final de su reinado).

Teodosio, al morir, dividió el Imperio entre sus dos hijos, Arcadio, el mayor, recibió el Oriente, es decir, Asia, el Egipto y casi toda la península de los Balkanes, todos los países en que se hablaba griego. Tenía su corte en Constantinopla.

El menor, Honorio, tuvo el Occidente, es decir, Italia, la Galia, España, Bretaña, África, la Nórica, la Rhecia, la Pannonia y Dalmacia, es decir, los países en que se hablaba latín. Su corte residió en Milán, más tarde en Ravena.

Este reparto continuó después de la muerte de los dos emperadores, de suerte que las gentes se acostumbraron a considerar el Imperio dividido en dos: el Imperio de Occidente, el Imperio de Oriente, y en lo sucesivo hubo dos Cortes, una en Constantinopla, otra en Italia.

LOS FUNCIONARIOS
Los personajes encargados de administrar se habían hecho más numerosos, el emperador ya no comunicaba directamente con todos.

Daba sus órdenes a funcionarios superiores, cada uno de los cuales mandaba a todos los encargados de un género de funciones.

Estos jefes de servicio, análogos a los ministros de las. monarquías modernas, eran:

El conde de la cámara sagrada (comes sacris cubiculi), jefe de los criados adscritos al servicio de la persona del emperador.

El maestre de los oficios (magister officiorum), jefe de los empleados de palacio.

El cuestor, que dirigía a los empleados de las escrituras;

El conde de las larguezas sagradas (comes sacrarum largitionum), que dirigía a los empleados financieros;

El conde de los dominios particulares de la casa divina, director de los empleados del patrimonio imperial;

El conde de los guardias a caballo;

El conde de los guardias a pie.

Además, los prefectos del pretorio dirigían a los gobernadores. Los maestres de caballería y de infantería mandaban el ejército.

Los prefectos de la ciudad (praefecti urbis), dirigían a los funcionarios de obras públicas.

Este régimen, nuevo para los antiguos, ha llegado a ser familiar para nosotros. Estamos acostumbrados a ver funcionarios, recaudadores, jueces, ingenieros, oficiales, organizados en servicios distintos, cada uno con su función especial, y a las órdenes de un ministro director del servicio.

El Bajo Imperio es el que ha dado el primer ejemplo.

Todos estos funcionarios estaban organizados en escalas. Cada uno, según su rango, recibía un título y lo trasmitía a sus hijos. Había varios grados de nobleza, en el orden siguiente:

Los nobilissimi, que eran los príncipes de la familia imperial;

Los Ilustres, que eran los jefes de servicio, los prefectos del pretorio y ¡os maestres de los soldados;

Los spectabiles, que eran los vicarios, los condes y los duques de las fronteras;

Los clarissimi, llamados también senadores, que eran ios simples gobernadores.

Por bajo ven ían aún los perfectissimí y los egregii, que correspondían aproximadamente a los antiguos caballeros.

Todo personaje importante tenía su cargo, su rango y su título.
Para sostener a este personal se había creado un nuevo sistema de impuestos.

Los principales eran: el impuesto territorial, para el cual se hacía un nuevo reparto cada quince años, llamado indictio; el impuesto sobre las personas (capitatio); el impuesto sobre la industria y el comercio, conocido con un nombre griego (crisargiro), que se pagaba cada cinco años.

El Imperio, destrozado por las guerras y las invasiones, se había empobrecido, lo cual hacía más gravosas las contribuciones.

LOS CURIALES
Continuaba el Imperio romano, como en tiempo de los Antoninos, dividido en ciudades, cada una de las cuales tenía por centro una ciudad, a la que obedecía un territorio.

Cada una era gobernada por un Consejo copiado del Senado romano y constituido por los principales propietarios del país.

El gobierno romano no se había tomando nunca el trabajo de percibir directamente lo que habían de pagar las ciudades.

El emperador fijaba el impuesto y el gobernador de la provincia hacía saber a cada ciudad lo que tenía que pagar.

Los curiales distribuían la cantidad entre los habitantes de la ciudad, recogían el dinero y lo enviaban al gobierno.

Eran responsables de la contribución, y les correspondía adoptar las medidas oportunas para que se percibiera. Si no conseguían que los habitantes pagaran, habían de hacerlo ellos.

Hasta el siglo III parece que las contribuciones se cobraron con bastante facilidad, y por eso no costó trabajo encontrar curiales. Los propietarios del país ambicionaban este cargo, que hacía de ellos los principales personajes de la ciudad. El curial era en su país lo que el senador en Roma.

Después de las invasiones y de las guerras civiles del siglo III, hubo en el Imperio, sobre todo en Occidente, un cambio que no comprendemos bien, pero cuyos resultados conocemos.

El dinero se hizo mucho más escaso. Los habitantes, por temor a los bárbaros, escondieron gran cantidad de monedas de oro y plata, y objetos preciosos.

Se ha encontrado gran cantidad de esos tesoros enterrados por gentes que sin duda fenecieron y no pudieron ir a sacarlos. Los bárbaros se habían llevado también mucho oro y mucha plata.

Como no había minas que p, adujeran estos metales, el Imperio se empobreció en este respecto.

Como los habitantes de las ciudades no pudieran ya pagar los impuestos, los curiales se veían obligados y hacerlo en su lugar.

Fue entonces una carga ruinosa que los propietarios trataron de evitar. En muchas ciudades no se encontró ya número suficiente para constituir la curia. Los emperadores, que tenían necesidad de curiales que pagasen el impuesto, hicieron leyes para lograr que la curia fuese obligatoria.

El que poseía 25 arpentas de tierra, hubo de ser curial de buen o mal grado. Así este puesto, en otro tiempo buscado como un honor, vino a ser carga obligatoria.

Los obligados trataron de evadirse hacendóse sacerdotes, monjes, soldados o funcionarios.

Hubo también curiales que renunciaron a sus tierras y que huyeron de su ciudad.

Los emperadores ordenaron apoderarse de ellos y volverlos a la fuerza, prohibieron que todo el que fuera curial ingrésase en el ejército, en los cargos públicos o en la Iglesia.

El curial hubo de permanecer sujeto a su ciudad, él y sus hijos, a perpetuidad. Una ley imperial dice que los curiales «son los esclavos del Estado».

A pesar de estas medidas, ya no hubo en ciertos países curiales suficientes para llenar las curias de todas las ciudades.

A mediados del siglo IV la población de una provincia se había amotinado contra el pago de los impuestos, y el emperador Valentiniano ordenó al gobernador que fueran ejecutados tres curiales de cada ciudad.

El gobernador le respondió: «Dígnese Vuestra Clemencia resolver lo que debe hacerse en las ciudades donde no haya tres decuriones». Esta lucha entre el gobierno y los curiales duró hasta los tiempos en que los reyes bárbaros se establecieron en las provincias y dejaron de reclamar el impuesto a las ciudades.

LOS COLONOS
En el Imperio romano, casi todo el suelo pertenecía a grandes propietarios y estaba dividido en grandes dominios, cada uno comprendiendo lo que uno de nuestros términos municipales.

No había bastantes esclavos para cultivar todas aquellas tierras, y los propietarios tuvieron necesidad de emplear también hombres libres.

No habrían podido encontrar arrendatarios, aun cuando el arriendo existía en derecho romano, porque para ser arrendatario había de comprometerse a pagar una suma en metálico y el dinero había llegado a escasear grandemente.

El propietario, por consiguiente daba a cultivar una parcela de tierra a un individuo que se comprometía a llevarle parte de lo que recogiera, como hacen hoy todavía los aparceros.

Se llamaba a estos individuos «cultivadores» (colonus). Había ya colonos en el siglo II. Plinio el joven, en una de sus Cartas, cuenta que ya no puede encontrar arrendatarios que paguen por sus tierras, y dice: «No veo más que un remedio, y es arrendar, no por dinero, sino por una parte de los frutos».

El colono era hombre libre. Podía comparecer ante el tribunal, alistarse en el ejército, heredar, adquirir propiedad, cosas todas prohibidas al esclavo. Pero no era independiente con respecto al propietario.

Con mucha frecuencia le debía dinero y, como no podía pagárselo, ya no tenía derecho a irse.

El propietario no estaba comprometido con respecto al colono, puesto que entre ellos no existía contrato; pero le resultaba beneficio de dejarle cultivar la tierra indefinidamente, porque con trabajo habría podido sustituirle.

Poco a poco los colonos se fijaron en el suelo que cultivaban de padres a hijos. Luego el gobierno tomó la costumbre de inscribir en el registro del censo (es decir, del impuesto), a los colonos que había en cada dominio.

En lo sucesivo el propietario dejó de tener el derecho de expulsar al colono, porque el gobierno le prohibía disminuir el valor de sus tierras. Entonces los colonos quedaron definitivamente sujetos a la parcela de tierra que cultivaban, y que al morir trasmitían a sus hijos.

Debían entregar solamente a los propietarios una renta establecida por la costumbre, y que difería según las propiedades, renta que se denominaba «costumbre del dominio».

Muchas veces también habían de hacer en las tierras del propietario, para las labores o la recolección, un número determinado de días de trabajo. Por el contrario, el colono no tenía el derecho de abandonar su tierra.

El gobierno quería tener cultivadores como quería tener curiales, e hizo leyes que prohibían a los colonos salir de su condición.

Ya en el siglo II no hubo colonos suficientes para cultivar todas las tierras, sobre todo en los países saqueados por las invasiones, como la Galia.

Los emperadores empezaron entonces a trasladar a las tierras en que faltaban brazos a los bárbaros que hacían prisioneros, y que eran germanos principalmente. Bandas enteras fueron establecidas de esta suerte.

Después de la derrota de los godos por el emperador Claudio, muchos guerreros habían quedado prisioneros con sus mujeres, que los seguían en carros, y fueron establecidos en las provincias.

Un profesor de retórica, Eumenes, haciendo el elogio de Constantino, dice; «Hemos visto en todas las ciudades tropas de bárbaros cautivos sentados, repartidos entre los propietarios de las provincias y esperando que se les condujera a los campos desiertos que les habían sido asignados. No había ya bastantes labradores en los territorios de Amiens, de Troyes y de Beauvais, que resultan enriquecidos por el trabajo de los cultivadores bárbaros».

Los bárbaros no llegaban a ser propietarios ni esclavos, sino colonos. Una vez establecidos en una tierra, no debían dejarla jamás, pero el propietario no podía exigir de ellos más que el cultivo.

LOS BARBAROS EN EL EJERCITO
El ejército romano, desde la época de Augusto, estaba formado por soldados de profesión que pasaban la vida en los campamentos.

El gobierno se encargaba de alimentarlos y les pagaba un sueldo. Cuando llegó a escasear el dinero, el Estado dejó de pagar el sueldo y el ejército se transformó.

Ya en los últimos años del siglo IV, Septimio Severo dio a los soldados una ración de trigo mayor y les permitió vivir con sus mujeres. Luego los centuriones fueron suprimidos.

Como los legionarios ya no percibían sueldos ni tenían oficiales, no fueron más que campesinos establecidos en la frontera.

Estaban obligados al servicio militar, pero no aparecían ejercitados ni disciplinados. Se les llamaba limitanei (guarda-fronteras). Se conservó todavía la palabra legio. Se decía numerus (como hoy se designa un regimiento por su número).

He aquí cómo el emperador Valeriano, al nombrar a Aureliano comandante de un cuerpo de ejército, enumera las fuerzas que pone a sus órdenes: una legión, cuatro príncipes germanos, 300 arqueros ilirios, 600 armenios, 150 árabes, 300 meso-potamios, 800 hombres de caballería pesada.

A fines del siglo III el emperador reorganizó el ejército y creó cuerpos nuevos: la guardia imperial llamada domestici protectores, los palatini comitatenses, es decir, que acompañaban al emperador. Más tarde se crearon los pseudo-comitatenses.

Este era el verdadero ejército. Pero no había ya voluntario suficientes para reclutar estos cuerpos y, como ya casi no quedaban en los campos labradores propietarios, cuando había necesidad de nutrir los cuerpos con alistamientos obligatorios, se recurría a los grandes propietarios.

Cada uno de ellos debía proporcionar cierto número de reclutas (tirones), que tomaba de entre los colonos de sus tierras.

Aquellas gentes eran malos soldados. Ya no tenían instrucción militar, no sabían, como los antiguos soldados romanos, combatir con el pilum y la espada. No usaban casco, sino un sombrero de paja.

Los guerreros bárbaros habían conservado la afición y la costumbre de batirse. Los emperadores prefirieron utilizarlos, y cada vez más se acotumbraron a formar sus ejércitos con cuerpos de bárbaros, sobre todo germanos, que conservaban su armamento y su manera de combatir.

No era cosa nueva tomar al servicio de Roma guerreros extranjeros. Siempre había habido en el ejército imperial auxilia, sobre todo jinetes germanos, pues los romanos no tenían caballería de su nación. Pero aquellos auxiliares eran puestos a ¡as órdenes de oficiales romanos.

En el siglo IV se hicieron entrar en el ejército bandas de bárbaros mandadas por jefes bárbaros.

Ya en el año 312, Constantino llevó a Italia un ejército formado principalmente por bárbaros, germanos, celtas y bretones, y Juliano le reprochaba «haber elevado el primero al bárbaro hasta la dignidad de cónsul».

En el ejército con que el mismo Juliano rechazó a los alamanes, los soldados, en el momento de combatir, entonaban el canto de guerra al modo germánico, y, cuando le proclamaron emperador en París, le alzaron sobre sus escudos como los guerreros germanos hacían con su rey.

Un orador griego, Sinesio, deploraba aquel cambio. «Es una vergüenza, decía, que este Estado tan numeroso abandone el honor de la guerra a extranjeros cuyas victorias nos humillan aun cuando nos sirvan. Estas gentes, una vez armadas, querrán hacerse dueñas de nosotros, y nosotros, que desconocemos la guerra, habremos de luchar con hombres ejercitados. Deberíamos despertar nuestros viejos sentimientos romanos y combatir nosotros mismos en nuestras batallas».

A fines del siglo IV ya no había nada más que bandas de bárbaros en el ejército. Estaban establecidos, no solamente en las fronteras, como los soldados de la época de Augusto, sino en todas las provincias del Imperio con el nombre de foederati (aliados).

En la Galia, por ejemplo, la Notitia dignitatum indica suevos acantonados en Mans, en Bayeux, en Auvernia —francos en Rennes—, sármatas en París, Langrés y Valence. Algunas aldeas conservan todavía el nombre de Sermaise.

Los jefes bárbaros habían venido a ser los verdaderos dueños del Imperio. Un franco, Silvano, se había hecho proclamar emperador por el ejército del Rhin el año 355.

Otro franco, Arbogasto, hizo proclamar emperador a un profesor de retórica, Eugenio (392).

La invasión de los bárbaros había comenzado por el ejército.

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Los Emperadores Ilirios

Los Emperadores Ilirios

EMPERADORES ILIRIOS: Se conoce por emperadores ilirios a la serie de emperadores que gobernaron el Imperio romano entre 268 y 285. Este nombre proviene del origen geográfico de la mayoría de los que la componen. En efecto, son mayoritariamente originarios de Iliria, región cuyas fronteras no son muy precisas

El ejército más fuerte del Imperio era el del Danubio, formado por soldados de las provincias vecinas (Pannonia, Dalmacia, lliria), los ilirios, de la misma raza que los albaneses de nuestros días.

Los generales, gobernadores de las provincias fronterizas, no eran ya nobles romanos.

Una ley nueva prohibía a los senadores mandar un ejército. En lo sucesivo los generales procedieron de la clase de oficiales salidos de las filas, la mayor parte ¡lirios, como los soldados.

Y entonces que los ejércitos hacían emperadores a sus generales, ya no hubo casi más que emperadores ilirios. Ellos libraron al Imperio de los bárbaros y restablecieron el orden en el Estado.

Claudio, llamado el Gótico (268), atacó a los godos que habían invadido la Macedonia, los venció en dos grandes batallas y los rechazó al otro lado del Danubio. Murió en Sirmium (270).

Aureliano atacó a los alamanes que habían invadido Italia y los expulsó. En Oriente, la viuda de Ódenato, Zenobia, gobernaba Palmira en nombre de su hijo Vabalath. Bella e instruida, hablaba todas las lenguas del Oriente y el latín, leía a Homero y tenía por ministro a un célebre filósofo griego, Longino.

Pasaba revista a sus soldados, con el casco a la cabeza, los seguía a caballo a campaña, sentaba a su mesa a los oficiales, contra lo que era costumbre de las mujeres de Oriente. Se la llamaba reina.

Había hecho ocupar el Egipto, se preparaba a apoderarse del Asia Menor y a restablecer el Imperio de los Seleucidas. Eran sus aliados los partos y los árabes.

Aurealiano llegó a Oriente con su ejército y reconquistó fácilmente la Siria. La gran batalla se dio cerca del desierto, en Emesa.

Los jinetes de Palmira pusieron en fuga a la caballería romana, pero las legiones decidieron la victoria. Entonces el ejército romano, atravesando el desierto, fue a poner sitio a Palmira.

Zenobia huyó en un dromedario para ir en busca de auxilios ai país de los partos, pero fue tomada prisionera. Palmira se rindió (272).

Pocos meses más tarde se sublevó y degolló a la guarnición romana. Aúreliano estaba todavía en Asia, volvió rápidamente, recobró a Palmira y la destruyó (273). No quedaron de ella más que ruinas.

El emperador sometió luego la Galia, que hacía ya doce años estaba fuera de la obediencia de Roma.

Volvió a Roma para celebrar su triunfo. Delante de su carro iba Zenobia, cargada con tres cadenas de oro, y el emperador de la Galia, Tétrico, con su familia.

Después del triunfo, Aúreliano, en lugar de mandarlos ejecutar como era antigua costumbre, dio a Zenobia una quinta en Italia y nombró a Tétrico gobernador de una provincia.

Renunció a reconquistar la provincia de Dacia, ocupada por los bárbaros, mandó retirarse a los colonos que allí quedaban y los estableció a la orilla derecha del Danubio. Este río fue de nuevo la frontera del Imperio.

Para poner a Roma al abrigo de las invasiones, mandó construir un nuevo recinto, el muro de Aúreliano, que rodeaba, no solamente la antigua Roma, sino los arrabales edificados, fuera del muro de Servio (272).

Se le dio el título de Restltutor orbis (Restaurador del mundo).

Habíase comenzado en el Imperio a adorar al dios persa Mithra, con el título de «Sol invencible» (Sol invictus).

Los monumentos erigidos en su honor le representan vestido a la usanza persa y derribando un toro, con esta inscripción: «Al Sol invencible, al dios Mithra».

Era el dios de la vida, de la muerte, de la resurrección. Se le celebraba con ceremonias secretas, un bautismo, banquetes sagrados, penitencias complicadas.

El dios Sol había llegado a ser en el siglo III la principal divinidad de los soldados. Aúreliano le hizo dios de todo el Imperio y le erigió en Roma un templo magnífico.

Partía en expedición contra los persas cuando fue asesinado en Bizancio (275). Los soldados enviaron a pedir un emperador al Senado. Este se negó al principio y acabó por elegir a un viejo senador rico. Tácito, descendiente del historiador, que murió pronto.

El ejército de Siria proclamó a su general, un ilirio, Probo (276).

Los alamanes habían invadido la Galia. Probo los arrojó y persiguió hasta el otro lado del Rhin (277). Pero renunció al territorio de la orilla derecha y se contentó con fortificar la frontera del río.

Estableció también en la orilla izquierda a los prisioneros germanos para cultivar las tierras que habían quedado desiertas. Alistó también germanos en sus tropas.

Sus generales habían vencido a los francos y trasladó los prisioneros a orillas del mar Negro.

Pero aquellos francos se apoderaron de barcas, y, pasando el mar, a través del Bosforo, el Archipiélago y todo el Mediterráneo, el estrecho de Gibraltar y el Océano, volvieron a su país por las bocas del Rhin, después de haber recorrido todo el Imperio y saqueado a su paso el Asia Menor, Grecia, Sicilia y el África.

Probo, después de haber vencido a varios usurpadores, en Alejandría, en el Rhin, en Lyon, en Bretaña, quiso que los soldados se ocupasen en desecar los pantanos del Danubio.

Un día, cerca de Sirmium, durante los calores del estío, los soldados, descontentos de aquel trabajo, mataron al emperador (282).

Su sucesor, Caro, fue en expedición contra los partos y recobró de ellos Mesopotamia y la Armenia. Al llegar cerca de Ctesifón, un rayo quemó la tienda y le mató (284).

Su hijo, que había quedado único emperador, volvió con el ejército, enfermo y conducido en una litera. Cuando los soldados pidieron verle, le encontraron muerto.

Acusaron a su suegro, Aper, prefecto del pretorio, de haberle asesinado.

Formaron un tribunal para juzgarle y proclamaron emperador al comandante de la guardia, Diocleciano, hijo de uno que había sido esclavo.

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Biografia de Constancio Cloro Emperador Romano

Biografia de Constancio Cloro Emperador Romano

El 1º de marzo de 293, siguiendo las directrices políticas de Diocleciano, el Augusto de Occidente Maximiano adoptó y dio el título de César a un general ilirio, Flavio Constancio, el cual tomó el nombre de Flavio Valerio Constancio.

Biografia de Constancio Cloro Emperador

Flavio Valerio Constancio​​, conocido comúnmente como Constancio I o como Constancio Cloro, ​ fue emperador del Imperio romano de Occidente desde 293 hasta 305 como césar y desde 305 hasta 306 como augusto. Los historiadores bizantinos le añadieron el epíteto Cloro, con el que se le conoce comúnmente

Según ciertos autores que quisieron dar lustre a la familia, Constancio, llamado Cloro por la palidez de su rostro o por su preferencia por la indumentaria blanca, era persona distinguidísima, pues era hijo de un ciudadano principal de la Dardania, Eutropio, y de Claudia, sobrina del emperador Claudio II, que se ilustró por sus victorias sobre los godos.

Dotado de inteligencia poco común y de eminentes dotes militares, Constancio fue favorecido por Aureliano, Probo y Caro. Su carrera fue rápida y afortunada, y culminó cuando Diocleciano le elevó a la dignidad de César junto con Galerio.

El gran dálmata había observado la simpatía que irradiaba de su persona y la facilidad con que se granjeaba el afecto de compañeros y subordinados; su prudente administración en Dalmacia; su vasta instrucción literaria; y, en fin, su energía y su valor, lo que no eran óbice para destenar cualquier acto brutal o arbitrariedad sangrienta.

Estas condiciones hacían de Constancio el ideal del perfecto emperador, por lo qne Diocleciano no vaciló un momento en designarlo para César de Occidente al lado de Maximiano, y en emparentarlo con éste dándole la mano de su hijastra, Flavia Maximiana Teodora.

Autores modernos sostienen que este enlace se realizó algunos años antes, en 289, cuando Constancio fue nombrado prefecto del pretorio en Occidente.

En el reparto de las provincias del Imperio, a Constancio Cloro le correspondieron la Galia y Bretaña. Su misión era realmente difícil, pues la situación en el remoto Occidente no era muy favorable.

En efecto, la frontera del Rin había sido violada por los alamanes y los francos desde el 286, y en el mismo año el jefe de la flota de Maximiano, Carausio, se proclamó emperador en Bretaña, con el apoyo de sus legiones y de bárbaros anglos y sajones.

Los esfuerzos de Maximiano habían sido inútiles.

Constancio Cloro cambió la situación en pocos años, solo tres. En 293 restableció la frontera del bajo Rin y del Mosela en lucha contra los bátavos. Luego en 296 aseguró la del alto Rin conteniendo y derrotando a los alamanes; en el mismo año reconquistó Bretaña, donde Carausio había sido depuesto y asesinado por Alecto.

Completó estos éxitos militares con una administración muy sabia y eficaz: repobló el Norte de la Galia, fortificó la frontera del Rin y favoreció el orden y la prosperidad provincial.

Durante la persecución de los cristianos, ordenada por Diocleciano en 303, la actitud de Constancio fue digna de toda loa; formado en una vaga filosofía monoteísta, era tolerante y benévolo, e incluso miraba con simpatía a los seguidores de Cristo.

Esta disposición simpatizó y con él a toda su familia, el afecto de la Iglesia cristiana.

Habiendo abdicado Diocleciano y Maximiano, Constancio Cloro ciñó la diadema imperial el 1° de mayo del 305. Ante él se abría un magnífico porvenir.

Pero el destino truncó su carrera, ya que murió el 25 de julio del siguiente año en York (Inglaterra) en el curso de una expedición, victoriosa, contra los pictos y escotos.

Pero si la muerte le arrebató a la Historia, Constancio legó a la posteridad un retoño de su persona en la figura excepcional de Constantino el Grande.

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Biografia de Juliano El Apostata Emperador Romano

Biografia de Juliano El Apóstata

En el Bajo Imperio, restablecida la autoridad imperial y las jerarquías administrativas del Estado, los dos grandes problemas que se presentaban tumultuosamente ante los emperadores eran el religioso y el de las invasiones bárbaras.

Los pueblos que rodeaban el Imperio — germánicos y persas — se presentaban cada vez más amenazadores, en busca del punto débil por donde vulnerar la cobertura de las fronteras y precipitarse como un alud sobre las ricas ciudades imperiales. Por otra parte, la cuestión religiosa distaba mucho de estar resuelta.

Juliano el Apostata
Flavio Claudio Juliano, conocido como Juliano II o, como fue apodado por los cristianos, «el Apóstata». Fue emperador de los romanos desde el 3 de noviembre de 361 hasta su muerte.
Fecha de nacimiento: 330 d. C., Constantinopla
Fallecimiento: 26 de junio de 363 d. C., Ctesifonte, Irak
Sucesor: Joviano
Lugar de sepelio: Iglesia de los Santos Apóstoles, Estambul, Turquía

Aunque Constantino el Grande, con sagaz previsión, había dado la mano a la Iglesia de Cristo y apoyado el sector ortodoxo, la debilidad de su obra se demostró en la política de sus dos sucesores más destacados: su hijo, Constancio II, convirtió el arrianismo en religión oficial del Estado; en cuanto a su sobrino, Flavio.

Claudio Juliano, una de las mentalidades más poderosas entre los sucesores de Constantino, puso todo su empeño en revalorizar el paganismo y elevarlo de nuevo a su función religiosa oficial.

Flavio Claudio Juliano era el hijo menor de Julio Constancio, hermanastro de Constantino el Grande, y de Basilina, hija del patricio Julio Juliano. Había nacido en Constantinopla a mediados de 331.

Cuando contaba seis años se había librado de la terrible matanza del año 337, por la que los tres hijos del difunto emperador (Constantino, Constante y Constancio) habían aniquilado a sus posibles competidores en el trono, o sea a los descendientes del segundo matrimonio de Constancio Cloro: los cuñados de Constantino, sus dos sobrinos Dalmacio y Anibaliano, seis nietos de Constancio Cloro y su hijo Julio Constancio. Sólo se habían salvado Galo y Juliano, hijos de este último.

Ni que decir tiene que tan horrible exterminio modeló para siempre el espíritu y la vida de Juliano. Después de la matanza fué confiado a la custodia del obispo Eusebio de Nicomedia, el cual le educó en el cristianismo; cursó sus estudios en las escuelas públicas de Nicomedia bajo la dirección de un eunuco.

Más tarde, fué trasladado al castillo de Macelo, cerca de Cesárea de Capadocia, pues Constancio II recelaba aún de sus primos. En este castillo, Juliano maduró la restauración del paganismo.

Se distinguió ya entonces por sus aspiraciones de héroe, por sus brillantes cualidades morales, por su belleza física, por su cultura vasta y dilatada.

En su amor a lo bello y a lo noble, Juliano buscó en vano la solución a su problema espiritual. No pudo hallarla en el Cristianismo, porque lo confundía con las personas de los asesinos de su familia, con aquel desagradable Constancio II, fanático odioso de la herejía arriana. Fué por esta causa que volvió sus ojos al mundo helénico. En la religión y normas morales y filosóficas halló la satisfacción de sus entusiasmos estéticos, políticos y militares.

Las circunstancias le permitieron ceñir la diadema imperial. En 353 Constancio II había visto cómo se restablecía a su provecho la unidad del Imperio.

Pero desde antes de que terminara su lucha contra el usurpador Magencio, habíase percatado de la imposibilidad de regir solo las posesiones imperiales. Así en 3151 se buscó un colaborador, aunque no un colega, en la persona de Galo, el hermano mayor de Juliano, con el título de César de Oriente.

Pero la frivolidad, la avidez y la incapacidad de Galo provocaron el odio de sus subditos. Constancio II le hizo ejecutar a últimos de 354.

En esta ocasión Constancio II estuvo tentado de ordenar la muerte de Juliano, quien entonces contaba 23 años y se distinguía por sus esplendentes cualidades.

Pero le salvó la intervención de la emperatriz Eusebia. De momento, fué desterrado a Atenas. Aquí intimó con personas destinadas a ocupar un papel relevante en el mundo cristiano, como Basilio de Cesárea y Gregorio Nacianceno. Pero Juliano, empapado del ideal neoplatónico de la escuela fundada en Alejandría por Plotino, perseveró en su neopaganismo.

A principios de 355 se hizo iniciar en los misterios eleusinos. Era su ruptura con el cristianismo.

A fines de 355, y a pesar de la repugnancia de Constancio II, éste tuvo que decidirse a confiar a Juliano el mando en la Galia, con el título de César (6 de noviembre).

La situación en las provincias occidentales era muy amenazadora: no sólo se había proclamado emperador en Colonia un tal Silvano, general franco, sino que los germánicos pretendían de nuevo forzar la línea del Rin.

A pesar de las burlas con que fué recibido por el ejército — se le denominaba el «estudiante grecicista» —, Juliano se impuso desde el primer momento por su energía, su amplitud de miras, su serenidad, su arrojo y su capacidad bélica y administrativa.

En el curso de cinco años derrotó a los alamanes y a los salios, expulsó a los invasores al otro lado del Rin, venció a los usurpadores y restableció en todas partes el orden, la justicia, la prosperidad y el bienestar.

Estos éxitos suscitaron, desde luego, los mayores recelos en el ánimo del emperador, quien vigilaba la actuación de Juliano a través de los altos funcionarios de que le había rodeado.

A fines de 360 las legiones de las Galias proclamaron emperador a Juliano en Lutecia (París). El César no dirigió este acto, sino que fué promovido por el disgusto de la tropa ante las exig-encias de Decencio, enviado de Constancio, para reclamar el envío de refuerzos que le auxiliasen en la campaña contra los persas.

Ante el hecho, ya inevitable, Juliano pidió al emperador que ratificara el acto y le considerase como colega. Al negarse Constancio, lo que significaba la muerte, decidió salvar la vida, conquistar el poder e imponer su reforma en el Estado.

En mayo de 361 emprendió una rápida campaña que, por el Danubio, le llevó a Sirmio, Naisos y, finalmente, ante Constantinopla.

Aquí le sorprendió la noticia de la muerte de Constancio II, ocurrida el 3 de noviembre de 361, cuando marchaba a oponerse con su ejército al de Juliano. De este modo se evitaba la guerra civil y el emperador lograba ser reconocido por todas las provincias del Imperio.

Su gobierno imperial fué muy breve. Se caracterizó por las mismas cualidades que había revelado en la administración de las Galias. Pero lo típico fué su obra anticristiana. Primero adoptó una posición tolerante; mas luego inició una verdadera persecución moral, filosófica y administrativa contra la Iglesia de Cristo.

Esta perdió sus privilegios, sus jefes, su jurisdicción; se prohibió a los cristianos ocupar cargos públicos y dedicarse a la enseñanza. Por el contrario, abrió los templos paganos, les devolvió los bienes que les habían confiscado Constantino y Constancio II y dotó al culto pagano de un clero oficial.

Estas medidas eran absurdas y suscitaron una corriente formidable de oposición, la cual habría dado lugar a sangrientos choques si Juliano no hubiera muerto el 26 de junio de 363, en el curso de una victoriosa campaña contra los persas.

Castigo de Dios, exclamaron los cristianos al enterarse de la muerte del Apóstata. Realmente, Juliano vivió desplazado de su siglo. El cristianismo era lo moderno y habría acabado por arrollar su obra.

Dos siglos antes, Juliano hubiera sido un gran emperador, al estilo de Marco Aurelio.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Juan Knox
Biografia de Lutero
Biografia de Calvino
Biografia de Pirro de Piro
Biografia de Epicuro
Biografia de Aristofanes
Biografia de Tucidides
Biografia de Juliano El Apostata

Segunda Guerra Punica Causas Consecuencias Batallas Cartago Roma

Segunda Guerra Púnica: Causas, Desarrollo y Consecuencias

roma antigua


SEGUNDA GUERRA PÚNICA:
Desde el siglo V a.C, el Estado más poderoso del Mediterráneo era Cártago, la más rica de las colonias fenicias. Tenía un gran puerto de comercio y un buen puerto de guerra, en la punta del África, en un país que producía excelentes cosechas dé trigo, a muy poca distancia de Sicilia, uno de los países más ricos de lá antigüedad.

Los Cartagineses en España, Amílcar y Asdrúbal. La pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña, había sido fatal para el comercio y el poder marítimo de Cartago.

La democracia de Cártago era partidaria de la guerra, y deseando resarcir a Cartago de las pérdidas sufridas en las guerras anteriores, y colocarla en disposición de combatir para recuperar lo perdido, Amílcar se dirige a España desembarcando en Cádiz; y después de varias campañas logró apoderarse de la mayor parte de la península, poniendo por límites de su dominación los ríos Duero y Ebro, y aun mas allá de este último, fundó en lugar ventajoso la ciudad de Barcino (hoy Barcelona), muriendo poco después en un combate con los españoles.

Le sucedió su yerno Asdrúbal que, mas dado a las artes de la paz, fundó a Cartago Nova (Cartagena), procuró mejorar la administración, y aumentó considerablemente las riquezas de los cartagineses.

Los progresos de la dominación cartaginesa en España alarmaron al senado romano, que consiguió imponer un tratado a Cartago, por el cual ésta se comprometía a no pasar en sus conquistas al otro lado del Ebro, y respetar además los pueblos de origen griego y aliados de Roma, entre los cuales estaba Sagunto.

Asdrúbal murió asesinado por un esclavo, sucediéndolo Aníbal hijo de Amílcar.

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Causas de la Segunda Guerra Púnica

La causa fundamental de las guerras púnicas fue la ambición de Roma y Cartago, y que dado el carácter de las dos repúblicas, la guerra no podía terminar sino cuando una de ellas sucumbiera.

Esta causa general, lejos de desaparecer se había aumentado por la primera guerra, cuyos resultados multiplicaron la ambición de Roma, y enconaron más el odio de Cártago, que a toda costa deseaba recuperar su antiguo prestigio.

Este odio parecía haberse concentrado en los Barcas, de tal manera que Amílcar al conquistar España sólo pensaba en la guerra futura contra Roma y a fin de que este proyecto no fracasara por su muerte, le hizo jurar a su hijo Aníbal, cuando todavía era niño, odio eterno a los romanos.

Con estos antecedentes, y con la preponderancia de los cartagineses en España, y los recelos de Roma, la guerra era inminente, presentándose muy luego el motivo que la hizo estallar, que fue la toma de Sagunto por Aníbal.

Aníbal: sus campañas en España: sitio y tema de Sagunto

A la edad de 25 años Aníbal sucedió a su cuñado Asdrúbal. A pesar de sus pocos años habíase distinguido por su audacia y su valor; mostrándose siempre infatigable en el trabajo, intrépido en el peligro, capaz de concebir los mas vastos planes, y enérgico y rápido en su ejecución.

Resuelto a llevar la guerra a Italia, antes quiso asegurar la dominación de Cartago, en España; y a este fin se dirigió contra los pueblos del centro de la península, alcanzando completa victoria sobre los Ólcades, los Carpetanos y los Vetones que habían tratado de derrotar a la dominación cartaginesa.

Usando un pretexto puso sitio a Sagunto, que después de una heroica resistencia, en la que perecen todos sus habitantes, fue tomada y destruida por Aníbal, a pesar de las protestas tardías é ineficaces de los romanos.

Destruida Sagunto, Roma mandó una embajada para pedir una repaarción a Cartago, que ésta se negó a dar, entonces el embajador O. Fabio, recogiendo su toga, les dijo:

¨Aquí os traigo la paz y la guerra para que elijáis ¨.

¨Podéis vos elegir ¨, contestaron los senadores cartagineses.

¨Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

De esta manera se inicia la Segunda Guerra Púnica.

ANIBAL EN LA GALIA AÑO 218 a.C.

Roma reunió dos ejércitos, uno en Sicilia para invadir el África, otro en Italia para atacar España.

Pero Aníbal no les dejó tiempo de atacar.

Hizo venir de África infantes libios y jinetes nu-midas, y dejando a su hermano Asdrúbal con una flota y un pequeño ejército para defender el sur del Ebro, partió de Cartagena en la primavera (218 a.C), cruzó el Ebro, atravesó rápidamente el país hasta los Pirineos, batiendo a los pueblos que querían detenerle, y llegó a estas montañas.

Allí licenció una parte de sus soldados españoles, dejó sus bagajes para que los custodiara un pequeño ejército que confió a Hannón y atravesó los Pirineos. Llevaba 50.000 infantes africanos e iberos, 5.000 jinetes y 21 elefantes.

Una vez que entró en la Galia caminó rápidamente en dirección al Ródano.

Un ejército bárbaro, acampado en la orilla izquierda, quería impedirle el paso. Aníbal se detuvo en la orilla derecha, compró barcas y maderas y mandó hacer balsas.

Por la noche envió un destacamento que subió a lo largo del río unas leguas más arriba de su campamento, pasó el Ródano en las balsas y fue a ocultarse cerca del campamento de los bárbaros.

Al día siguiente, el grueso del ejército pasó el río en barcas. Los caballos, sujetos por la brida, nadaban a los lados. Los bárbaros, al ver aquello, salieron de su campamento y se colocaron en orden de batalla.

En aquel momento el destacamento cartaginés, oculto en la orilla Izquierda, salló de su emboscada, prendió fuego al campamento, cayó encima de los bárbaros por retaguardia y los hizo huir.

El ejército de Aníbal pasó el río y acampó en la orilla izquierda.

Costó mucho trabajo hacer pasar a los elefantes. Se hicieron balsas muy grandes y se las cubrió con tierra y césped. Los elefantes entraron en ellas creyendo andar por terreno firme.

De allí se les hizo pasar a otras balsas que fueron remolcadas hasta la opuesta orilla. Los elefantes.

Inquietos, con las patas metidas en el agua, estuvieron agitados al principio. Algunos llegaron a caer al río y lo cruzaron con la trompa en altó.

El general romano, P. Escipión, enviado para detener a Aníbal en la Galia, había seguido la costa. Al llegar al Ródano supo que Aníbal lo había pasado y se volvió a Italia.

En tanto Aníbal seguía en dirección a la misma península, los romanos se ocupaban en combatir a los galos de la Cisalpina. Los boyos y los insubres habían vuelto a hacer guerra y derrotado un ejército romano. Aníbal contaba con ellos para ir juntos contra Roma.

Un jefe galo, procedente de las orillas del Po, dirigió una arenga a los soldados. Les pintó la Cisalpina como un país rico, habitado por pueblos guerreros enteramente dispuestos a unirse a los cartagineses.

PASO DE LOS ALPES

El ejército de Aníbal subió por la orilla del Ródano, y luego, volviéndose al este hacia los Alpes, caminó durante ocho días por la montaña pasando por senderos escarpados. Los montañeses le atacaron varias veces.

Un día le interceptaron el paso, pero por la noche se retiraron. Aníbal aprovechó el momento para hacer que sus mejores tropas ocupasen la posición y el resto del ejército siguió adelante.

Los montañeses se arrojaron sobre la retaguardia, cuya marcha estorbaban los caballos. Fue preciso que Aníbal diera la vuelta para librarla. El noveno día el ejército llegó a la cumbre y descansó dos días. Uniéronsele los rezagados y los caballos que se habían salido del sendero y que se creía perdidos.

Quedaba todavía el descenso por la vertiente italiana, más áspera, por un sendero estrecho, faldeando precipicios insondables. Era a final de otoño y la nieve, recién caída, hacía hundirse a los cartagineses. Los soldados se caían, y al caer se agarraban a sus compañeros y los arrastraban al precipicio. Los caballos resbalaban y se iban rodando.

Llegaron a un desfiladero tan estrecho y de pendiente tan rápida, que los elefantes no podían pasar. Los caballos, al caer, rompían el hielo, y al levantarse se les quedaban las patas heladas en los agujeros.

Aníbal acampó, mandó barrer la nieve y abrir un camino en la roca. Los animales pasaron primero, luego ¡os numidas trabajaron tres días para ensanchar el camino y los elefantes pasaron por fin.

Con mucha posterioridad se refirió que, para abrir el camino, Aníbal había hecho disolver la roca con vinagre.

En octubre, cinco meses y medio después de su salida de Cartagena, Aníbal llegaba al país de los Insubres en la llanura del Po. No le quedaban más que 12.000 africanos, 8.000 españoles y 3.000 jinetes, hombres y caballos fatigadísimos, los soldados pareciendo más bien salvajes que guerreros.

Pero los galos de la Cisalpina le proporcionaron hombres, víveres, vestidos y armas.

El ejército se rehizo y se puso en marcha hacia el sur.

Batallas del Tesino, Trebia, Trasimeno y Canas.

Mientras Aníbal se dirigía a Italia, los romanos, suponiéndole en España, mandan a esa península con un poderoso ejército, al cónsul Publio Cornelio Escipion, que, sabiendo en la travesía la expedición de Aníbal, desembarcó en Marsella para estorbarle el paso del Ródano, que el cartaginés había atravesado días antes; por lo que, enviando a su hermano Cneo Escipion con parte del ejército y de la escuadra para hacer la guerra a los enemigos en España, él regresó desde Marsella a Italia con ánimo de salir al encuentro de Aníbal cuando bajara de los Alpes.

El pequeño ejército de Aníbal, aumentado con los auxilios de los galos de Cisalpina, encuentra a los romanos en las orillas del Tesino, afluente por la izquierda del Po, sufriendo éstos una completa derrota, salvándose con dificultad Escipion, que a pesar de haber sido herido en la batalla, repasó el Po con los restos de su ejercito.

Como resultado de la batalla del Tesino se declararon por Aníbal los galos de Traspadana, mal avenidos con el yugo romano.

En persecución de los romanos, Aníbal pasó el Po, alcanzándoles en las orillas del Trebia junto a Placencia.

No habiendo todavía curado de sus heridas, Escipion cedió el mando del ejército a su colega Sempronio, que pierde en la batalla 30.000 hombres.

Los galos hasta ahora remisos en declararse por Aníbal, le aclaman libertador de Italia, incorporándose a su ejército, que de esta manera se elevó a 90.000 hombres.

El general cartaginés pasó los Apeninos, penetrando en Etruria come libertador.

Al atravesar los terrenos pantanosos del Arno con agua hasta la cintura, pereció gran número de soldados, y el mismo Aníbal perdió un ojo; pero poco después alcanzó una completa victoria junto al lago Trasimeno haciendo una horrible carnicería en el ejército romano mandado por el cónsul Flaminio.

Después de ésta batalla, Aníbal en vez de dirigirse a Roma, repasó los Apeninos, penetrando en el Piceno, donde se vio constantemente molestado por las estratagemas del cónsul Q. Fabio Cunclator (el Contemporizador).

Con este motivo el cartaginés se desplazó hasta Canas: Roma en tanto, cansada de la lentitud y escaso resultado de las operaciones de Fabio, levantó un ejército de 90.000 hombres, que puso a las órdenes de los cónsules Paulo Emilio y M. Terencio Varron.

Este último, a pesar de las prudentes observaciones de su colega, presentó la batalla junto al rió Aufido cerca de Canas, sufriendo tal derrota que mas de 70.000 hombres, la mayor parte ciudadanos romanos, quedaron en el campo, contándose entre ellos 80 senadores, 21 tribunos militares, y el cónsul Paulo Emilio.

Guerra de los Romanos en Sicilia Toma de Siracusa

Las consecuencias de la batalla de Canas fueron desastrosas para Roma.

Toda Italia meridional pasó al dominio de Aníbal, y con  Galia Cisalpina que ya le obedecía desde las batallas del Tesino y del Trebia, quedó reducido el poder de Roma a Italia central. Por otra parte, el Cartaginés hacia alianza con Filipo de Macedonia, que ofrece auxiliarle con 200 naves; y por su iniciativa se sublevan Córcega, Cerdeña y Sicilia. Jamás se había visto Roma en un trance semejante; a cada momento podía esperar ver el enemigo a sus puertas.

Sin embargo Roma no desmayó; el patriotismo de todos, pusieron en pocos días la ciudad en disposición de resistir un sitio; levantando al mismo tiempo un ejército que a las órdenes de Marcelo y Fabio, persiguió al general cartaginés, que se vio obligado a levantar el sitio de Nápoles, siendo batido su lugarteniente Hannon en Nola por Marcelo.

El senado se propuso en primer término recobrar  Sicilia y castigar a Siracusa que se había unido con Aníbal; y Marcelo fue encargado de esta empresa.

Pasando a Sicilia, puso sitio a Siracusa, que se resistió tres años, gracias a las máquinas inventadas por el célebre geómetra Arquímedes, con las cuales los sitiados rechazaban ventajosamente los ataques de los sitiadores; pero al cabo de este tiempo Marcelo se apoderó por sorpresa de la ciudad, mientras los siracusanos celebraban una gran fiesta; pereciendo Arquímedes, a quien un soldado atravesó con su espada sin conocerlo ; pues Marcelo había dado orden a sus tropas de respetar la vida del célebre matemático.

La toma de Siracusa dio por resultado la sumisión de toda  Sicilia, que fue declarada provincia romana.

Al mismo tiempo, Filipo de Macedonia, antes de haber podido llevar a Italia el auxilio prometido a Aníbal, vio su escuadra derrotada cerca de Apolonia por los romanos, que alentaron además a los pueblos de la Grecia para sublevarse contra la autoridad de Filipo.

La guerra en Italia: Batalla del Metauro

Mientras los romanos combatían en Sicilia y Macedonia, continuaba la guerra en Italia entre Aníbal y los ejércitos romanos.

Aníbal se dirigió a Roma para obligarla a llamar a los sitiadores de Capua pero el senado se preparó a la defensa con sus fuerzas propias y las que pudo recuperar de otras partes, sin llamar a las que sitiaban la ciudad campania, que por fin fue tomada por hambre, y cruelmente tratada por los romanos.

Entre tanto Aníbal, que veía mermar continuamente su ejército, había pedido auxilios a Cartago y a su hermano Asdrúbal que combatía en España contra los generales romanos.

Cartago, dominada por la facción enemiga de los Barcas, se hizo sorda a las peticiones de Aníbal; pero Asdrúbal equipó un ejército de españoles y africanos, y dejando a sus generales la prosecución de la guerra en la península, se puso en marcha para Italia, siguiendo el mismo camino que años antes llevara Aníbal.

Llegado a Placencia, que estaba en poder de los enemigos, se detuvo a sitiarla, perdiendo un tiempo precioso.

Roma en tanto, advertida de los proyectos de Asdrúbal, levantó dos ejércitos que a las órdenes de los cónsules Levio y Neron, salieron a evitar la unión de los dos hermanos.

Asdrúbal, alcanzado por Levio en las orillas del Metauro, en  Umbria, perdió la vida en la batalla, y su ejército quedó completamente destruido.

Los romanos anunciaron esta derrota a los cartagineses, cortando la cabeza de Asdrúbal, y arrojándola al campamento de Aníbal.

El héroe cartaginés, viéndose abandonado en país enemigo, pudo pensar con razón que la estrella de Cartago se eclipsaba.

Sin embargo, apelando a todos los recursos de su poderoso genio, todavía se mantuvo por espacio de cinco años en la Italia meridional, sin que todo el poder de Roma fuera bastante para vencerlo, ni menos para obligarlo a abandonar la península.

Los Romanos en España

Cuando Aníbal emprendió su expedición A Italia, Roma envió a España para hacer la guerra a los cartagineses a los hermanos Publio y Cneo Escipión.

Publio regresó desde Marsella a Italia para oponerse a Aníbal a la bajada de los Alpes y Cneo, con el título de procónsul, llegó a España, comenzando las hostilidades contra Asdrúbal hermano de Aníbal, y apoderándose de buena parte de la península.

Al año siguiente, Publio Escipión después de haber sido derrotado por Aníbal en la batalla del Tesino, vino también a España, y uniendo sus fuerzas a las de su hermano, derrotaron a los cartigeneses en varios encuentros.

Para sustituir a los Escipiones, Roma nombró a Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio y sobrino de Cneo, que a la sazón no contaba mas de 24 años.

Vino en efecto a España, pero no pudo evitar que Asdrúbal se dirigiera a Italia con su ejército para socorrer a Aníbal.

Sin embargo, por su valor, por la habilidad de su política y la dulzura de su carácter, venció a los cartagineses, en varios encuentros, se apoderó de los territorios que ocupaban, tomándoles además la ciudad de Cartago Nova y obligándoles a abandonar a España.

Escipión en África: Batalla de Zama:

Fin de la segunda guerra púnica. Nombrado cónsul por sus victorias contra los cartagineses en España, Escipion propuso al senado llevar la guerra al África, con el propósito de que Cartago llamase en su socorro a Aníbal, que se encontraba en el Abruzo, de donde no habían podido desalojarlo los romanos.

El senado, a instancias de Fabio Máximo se negó a su pretensión, pero le concedió permiso para alistar voluntarios en Italia y en Sicilia, reuniendo por este medio en muy poco tiempo hasta 30.000 hombres, con los cuales pasó al África.

Salió al encuentro de Escipión el general cartaginés Asdrúbal con un poderoso ejército, ayudado por la caballería de Syfax rey de Numidia, casado con la hija de Asdrúbal, llamada Sofonisba.

Escipión consiguió incendiar el campamento de Asdrúbal y el de Syfax, y derrotó las tropas que pudieron escapar de la catástrofe.

El númida Masinisa, aliado de Roma, se apoderó de Cirta capital de los Estados de Syfax, cayendo en su poder Sofonisba, que se envenenó para no ser esclava de los romanos.

Escipión se apoderó de Túnez, casi a las puertas de Cartago que, como el romano había previsto, tuvo que llamar apresuradamente a Aníbal. Este abandonó con honda pena el territorio de Italia, teatro de sus victorias.

batalla de zama guerras punicas

Con un poderoso ejército se dirige en busca de Escipión; poco antes de combatir, tuvo una conferencia con el general romano para hacer la paz .

Esta fue imposible por las exageradas exigencias de Escipión, y fue necesario dar la batalla; y a pesar del genio de Aníbal y del valor de sus tropas, fueron los cartagineses completamente derrotados por Escipión en la batalla de  Zama.

Cartago vencida tuvo que aceptar las duras condiciones que le impuso el vencedor, que fueron renunciar a su dominación en España, Sicilia y las otras islas del Mediterráneo; entregar a Roma su escuadra, pagar una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.

Así concluyó la segunda guerra púnica, quedando Cartago atada de pies y manos en poder de Roma. Escipion, que fue llamado el Africano, adquirió en ella una gloria imperecedera.

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Últimos años de Aníbal. Después de la batalla de Zama, y de la paz con Roma, el partido democrático de Cartago dirigido por Aníbal, consiguió sobreponerse a la aristocracia, emprendiendo radicales reformas en el gobierno, en la administración y en el ejército, para devolver a su país la unidad y la fuerza que había perdido.

Quizá soñaba Aníbal por estos medios tomar algún día la revancha de Roma. P

ero estos proyectos se desvanecieron por la envidia del partido aristocrático, cuyo jefe, Hannon, denunció a Aníbal a los romanos; por lo cual el senado exigió que se lo entregasen, teniendo que huir a la corte de Antisco, rey de Siria, para librarse de sus enemigos.

Aníbal en Oriente no desistió de sus propósitos de destruir la República romana; pero sus grandiosos planes no podían tener acogida entre aquellos pueblos corrompidos, y Antioco derrotado en Magnesia por los romanos, prometió a éstos entregarles al general cartaginés, que tuvo que huir, acogiéndose a la corte de Prusias, rey de Bitinia.

El odio romano le persiguió basta su último refugio; y no pudiendo conseguir por medio alguno que el rey se lo entregase, el general Flaminio concertó a unos asesinos, que se encargaron de quitarle la vida; Aníbal, por no caer en sus manos, tomó un veneno que puso fin a su existencia.

Consecuencias de las Guerras Púnicas

Las guerras púnicas no han concluido todavía; después de la segunda vendrá la tercera y última.

Pero la importancia histórica de aquel hecho, termina en esta segunda guerra; porque en ella se resuelve de una manera decisiva la cuestión que en ellas se ventilaba, cine era la preponderancia de Roma ó de Cartago.

La república africana, después de la batalla de Zama y de la muerte de Aníbal, ha dejado de ser un obstáculo para la marcha de Roma. Por esta razón debemos examinar aquí las consecuencias de aquellas guerras.

Las guerras púnicas son el hecho más importante y trascendental de la historia de la república romana.

Antes de estas guerras, Roma encerrada en la  península Italiana, no pudo pensar siquiera en la conquista del mundo; pero vencida Cartago, esta idea no sólo es acariciada por Roma, sino que su realización se presenta fácil y hacedera.

El Oriente corrompido y en decadencia, y el Occidente bárbaro y dividido, constituyen ahora el objeto de la ambición de Roma, que con menos sacrificios de lo que le han costado las guerras púnicas, y en poco tiempo extenderá su dominación desde el Eúfrates al Atlántico.

Así la consecuencia mas importante de aquellas guerras consiste en el carácter universal que toma desde entonces la historia de Roma.

Los Reyes de Roma Antigua Características de su Gobierno

Los Reyes de Roma Antigua – Sus Gobiernos-

  • Rómulo (latino) 753-716 a.C.
  • Numa Pompilio (sabino) 716-674 a.C.
  • Tulio Hostilio (latino) 674-642 a.C.
  • Anco Marcio (sabino) 642-617 a.C.
  • Tarquinio Prisco (etrusco) 617-579 a.C.
  • Servio Tulio (etrusco) 579-535 a.C.
  • Tarquinio el Soberbio (etrusco) 535-509 a.C.

PRIMER PERÍODO DE ROMA (754-510)— LOS REYES.

  1.  1. Reinado de Rómulo: robo de las Sabinas: guerras con los pueblos vecinos: muerte de Rómulo. Según la tradición, después de la muerte (de Remo, quedó Rómulo único jefe de Roma, que por entonces no era mas que una reunión de pobres cabañas. Dícese que para aumentar la población, Rómulo ofreció asilo a los vagabundos y gente de mal vivir de las naciones vecinas, prometiéndoles su protección; y que no teniendo mujeres, Rómulo invitó a una fiesta a los sabinos y a los pueblos comarcanos, y en medio del espectáculo los romanos se apoderaron de las esposas y de las hijas de sus vecinos, originándose de este hecho criminal una guerra entre los sabinos y los romanos.

El rey sabino Tacio se dirigió contra los romanos, que sorprendidos, aceptaron la batalla dentro de los muros de su ciudad; y cuando los soldados de Rómulo se pronuncian en derrota, intervienen las sabinas, separando a los combatientes, y consiguiendo el restablecimiento de la paz, con la condición de que los sabinos ocuparían la roca Tarpeya, nombrarían de su seno cien senadores, y su rey Tacio compartiría el trono con Rómulo.

Cinco años después muere Tacio asesinado, quedando otra vez Rómulo como único rey. Para ocupar la turbulenta población de Roma, dirige sus armas contra los pueblos comarcanos, y aumentó tanto su poder, que dejó de consultar al Senado; por lo que la nobleza le quitó la vida durante la confusión producida por una gran tempestad, que estalló mientras se celebraba la asamblea del pueblo. Los senadores, sin embargo, extendieron la voz de que había sido arrebatado al Olimpo, y que se le debía adorar con el nombre de Quirino.

A Rómulo se le atribuían las mas antiguas instituciones sociales de Roma.

  1. Numa Pompilio: instituciones religiosas: A la muerte de Rómulo los senadores intentaron suprimir la monarquía, turnando ellos en el poder; pero los desórdenes que con este motivo se originaron, hicieron necesario elegir un nuevo rey, ocupando el trono el sabino Numa Pompilio, hombre sabio y virtuoso, poco dado a las guerras y conquistas, que dotó Roma de instituciones religiosas, favoreció la agricultura y las ocupaciones pacíficas, contribuyendo eficazmente a modificar la rudeza de las costumbres salvajes de los romanos.

La tradición atribuyó a Numa la creación de los sacerdotes Salios, guardadores del escudo del dios Marte; de los Flámines que cuidaban del culto, de los Augures y de las Vestales. Construyó el templo de Vesta y el de Jano, que estuvo cerrado durante su reinado, porque la paz no se alteró en su tiempo.

Numa corrigió el calendario de Rómulo, añadiendo los meses de Enero y Febrero a los días fastos y nefastos: introdujo el culto de los dioses Lares, guardadores de la familia, y del dios Término, custodio de las propiedades. Para dar mas prestigio a estas instituciones, decía habérselas comunicado la ninfa Egeria.

  1. Tulo Hostilio: los Horacios y Los Curiacios: su misión de Albalonga. Después del pacifico reinado de Numa, ocupó el trono el latino Tulo Hostilio, en cuyo tiempo los romanos vuelven a sus costumbres guerreras.

La lucha se entabló principalmente con los albanos, por las mutuas y casi constantes querellas entre los habitantes de ambas ciudades: para poner fin a esta guerra se concertó el combate de los tres hermanos Horacios, romanos, con los tres Curiacios, albanos; muriendo en la pelea estos últimos, y quedando vencedor uno solo de los Horacios.

Como  consecuencia, Albalonga fue destruida, su territorio incorporado al romano, y los habitantes trasladados a Roma, donde ocuparon con los etruscos el monte Celio, siendo algunos admitidos a la ciudadanía, y aun al Senado: atribuyéndose también a este rey la construcción de la Curia Hostilia ó palacio donde se reunían los senadores.

  1. Anco Marcio: A la muerte de Tulo Hostilio, sucediole Anco Marcio, sabino, prudente, sabio y religioso como su abuelo Numa, pero a la vez guerrero como su antecesor.

En sus guerras con los pueblos comarcanos, derrotó a los sabinos y a los etruscos, sometiendo varios pueblos del Lacio, cuyos habitantes vinieron a establecerse en Roma, en el monte Aventino. Construyó la prisión Mamertina, abierta en la roca debajo del Forum; comenzó la explotación de las salinas de la costa; la construcción del primer puente de madera (sublicio) sobre el Tíber, para poner a Roma en comunicación  con Etruria.

A este rey se debe también la fundación de Ostia en la desembocadura del Tíber, sirviendo desde entonces de puerto a Roma.

Anco Marcio fundó la institución de los Feciales, destinados a evitar las guerras con otros pueblos, pidiendo una satisfacción pacífica de las ofensas recibidas; y autorizados para declararla, valiéndose de lanza quiris que arrojaban al campo enemigo, si a los 30 días no obtenían la debida satisfacción.

  1. Dinastía etrusca: Tarquino el antiguo: Después de los tres reyes sabinos, suceden otros tres etruscos hasta la conclusión de la monarquía.

Tarquino, de origen griego, pero establecido en Etruria donde había adquirido grandes riquezas, pasó a Roma, atrayéndose el favor popular por su generosidad y por su ilustración; adquiriendo por estos medios tal prestigio, que de tutor de los hijos de Anco Marcio, a la muerte de éste, fue elevado al trono.

El reinado de Tarquino constituye el periodo más brillante de la monarquía romana. Este rey introdujo en Roma las artes y la civilización etrusca; construyo las murallas, la Cloaca Máxima, el Forum romano, el Circo Máximo, y puso los cimientos del famoso templo de Júpiter en el Capitolio, donde se habían de reunir las divinidades de las tres razas de las que se componía Roma, y donde mas adelante fueron acogidos los dioses de todos los pueblos. Tantas y tan magnificas construcciones hicieron de Roma una gran población, cuando antes de Tarquino no eran otra cosa que un conjunto de miserables habitaciones.

No se olvidó Tarquino de extender la dominación de Roma por los pueblos comarcanos. Derrotó sucesivamente a los sabinos y a los latinos, y obligó a los etruscos, después de una larga guerra, a reconocer la supremacía de Roma.

Tarquino se propuso realizar la fusión de los tres pueblos, Ramnes, Lúceres y Ticios, que habían contribuido a la formación de Roma y elevó a 300 el número de senadores.

Los hijos de Anco Marcio, a quienes Tarquino había suplantado para subir al trono, instigados tal vez por los sabinos, consiguieron que dos asesinos le quitaran la vida; a pesar de lo cual no lograron sucederle.

  1. Servio Tulio: Aunque de origen humilde, Servio Tulio, que en vida de Tarquino llegó a ser su yerno, fue elevado al trono después de su muerte por los votos del Senado y de la plebe. Venció a los latinos sublevados contra Roma; y dedicó toda su actividad al establecimiento de sabias instituciones para completar la fusión de todos los romanos y la grandeza de Roma.

Servio Tulio reorganizó el gobierno, basándolo en la propiedad, creando así la aristocracia de la riqueza: introdujo reformas ventajosas para los pobres y plebeyos, tanto en la repartición de los impuestos como en la administración de la justicia.

A este rey se atribuye la creación de las feriales latinas en honor de Júpiter; la conclusión de las murallas de Roma, la introducción de la escritura, y la modificación del valor de la moneda y de las pesas y medidas.

Amado de los plebeyos y de los pobres, pero aborrecido por los patricios, éstos concitaron contra él a su propio yerno, Tarquino, que lo hizo asesinar, pasando las ruedas del carro de su hija sobre el cadáver ensangrentado de su padre, en la calle que desde entonces lleva el nombre de Via Scellerata (funesta).

  1. Tarquino el Soberbio: conclusión de la monarquía: Muerto Servio Tulio fue elevado al trono su yerno y asesino Tarquino, que se propuso gobernar prescindiendo del pueblo y del senado, a los que debía la corona.

La tiranía, de su gobierno le hizo odioso tanto a los patricios, como a los plebeyos; pero consiguió hacerse respetar por todos, extendiendo su dominación hasta el país de los volscos, apoderándose de su capital Suessa Pomelia y de la ciudad de Gabies en el país de los latinos, por medio de la traición de su hijo Sexto, que fingiendo haber caído en desgracia de su padre, se acogió a esta población, donde le confiaron la defensa de uno de los puntos mas importantes, después de lo cual quitó la vida a los jefes de la ciudad y la entregó a las tropas romanas. Durante estos acontecimientos Tarquino recogió un inmenso botín que empleó en la continuación del Capitolio.

Creciendo el descontento de los patricios y de los plebeyos por las crueldades de Tarquino, y hallándose éste sitiando la ciudad de Ardea, capital de los Rútulos, cerca de la costa, estalló el odio de los romanos con motivo del ultraje inferido por Sexto a la bella y virtuosa Lucrecia, mujer del patricio Tarquino Colatino. Los romanos indignados juran exterminar toda la familia del tirano; y cuando Tarquino, al tener noticia de estos acontecimientos, vuelve precipitadamente a Roma, se le cierran las puertas de la ciudad, y tiene que refugiarse en Etruria. Los romanos entre tanto declaran abolida para siempre la monarquía.

  1. Constitución social de Roma durante la monarquía: La constitución romana tiene su origen y  fundamento en los primeros tiempos de la monarquía quizá en los mismos tiempos de Rómulo.

Desde los primeros tiempos, aparece la sociedad romana dividida en tres clases, los patricios, los  plebeyos y los esclavos. Los patricios eran los representantes de las antiguas familias latinas, sabinas y etruscas, que habían contribuido a la fundación de la ciudad, pero dominando siempre el elemento sabino. Estos eran los únicos ciudadanos de pleno derecho, correspondiéndoles el poder y los honores, la mayor parte de las tierras y del botín que se tornaban a los enemigos.

La plebe romana procedía de las familias latinas, obligadas a domiciliarse en Roma por la destrucción de sus ciudades, durante la conquista del Lacio en tiempo de los reyes los plebeyos ocuparon en Roma los montes Palatino, Celio y principalmente el Aventino; se les concedieron desde el principio los derechos civiles, pero no los políticos, y sólo recibían una porción insignificante de las tierras conquistadas. Los esclavos en Roma procedían de los prisioneros que durante las guerras se hacían de los enemigos, y no tenían derecho alguno.

Además de estas tres clases de personas, existían en Roma los clientes, protegidos por algún ciudadano padre de familia (patrono), ó por el jefe del Estado: procedían generalmente de los extranjeros domiciliados en Roma, y aun de esclavos que recibían de su señor la libertad; pero sus derechos eran muy limitados. Por último, los caballeros, que después constituyeron un orden intermedio entre los patricios y plebeyos, y que tanta influencia alcanzaron en los destinos de la República, no tuvieron importancia política en tiempo de los reyes; pues aunque se tomaban indistintamente de los patricios y los plebeyos, no tuvieron entonces participación alguna en el gobierno del Estado.

  1. Constitución política: Durante la monarquía los poderes estaban distribuidos entre el rey, el senado y el pueblo.

La monarquía era en Roma electiva; y los derechos de los reyes muy limitados. Puede decirse que les correspondía el poder ejecutivo y gubernativo, disponiendo del mando del ejército, de la administración de justicia, cuando se trataba de los grandes crímenes; y eran por otra parte los soberanos sacrificadores, auxiliados en estas funciones por los sacerdotes.

Al lado de los reyes existía el Senado, que en un principio no fue mas que un cuerpo consultivo sin autoridad alguna; y se componía de 300 senadores, 100 por cada tribu, elegidos por los monarcas entre los patricios de su mayor confianza, resultando así un cuerpo eminentemente aristocrático.

Pero la verdadera soberanía residía en el pueblo y en sus asambleas solemnes, ó comicios, compuestos de todos los ciudadanos, tanto patricios como plebeyos; pues les correspondía la elección de monarca, la sanción de las leyes, la declaración de la guerra y de la paz.

  1. Reformas de Servio Tulio: La primitiva constitución de  Roma en armonía con los reducidos límites de su dominación, resultó defectuosa cuando por las conquistas de los pueblos del Lacios se aumentó considerablemente la población y se alteraron Las relaciones que entre las clases existían. Se hizo, pues, necesaria una modificación de la constitución, que la llevó a cabo Servio Tulio.

servio tulioServio Tulio comenzó sus reformas, formando un censo ó inscripción de todas los habitantes de la ciudad sin distinción de tribus, ni de clases, señalando a cada uno la fortuna ó la riqueza que poseía; sirviéndole esta especie de estadística de la propiedad para repartir equitativamente los tributos según el haber de cada uno, y para la distribución del poder entre los ciudadanos.

Con arreglo a su fortuna, todos los ciudadanos fueron repartidos en seis clases, divididas a su vez en 192 centurias, comprendiendo en cada una tantos ciudadanos como fueron necesarios para que la suma de los tributos fuese igual en todas ellas; resultando por esta razón que los ricos formaban gran número de centurias, mientras que era necesario reunir en una sola un número muy considerable de familias pobres.

La primera clase comprendía los ciudadanos que tenían una fortuna de 100,000 ó más ases, dividiéndose en 98 centurias. Las demás clases habían de poseer, 75,000 ases la segunda, 50,000 la tercera, 15,000 la cuarta, y mas de 11,000 la quinta; comprendiéndose en la sexta y última los que poseían menos de esta suma, y los que no tenían ninguna propiedad.

Dividida así la población, Servio Tulio sustituyó en los Comicios el voto individual, con el voto por centurias, creando de este modo los Comicios Centuriados, en los cuales tenia toda la influencia la aristocracia de la riqueza, que por mucho tiempo no se distinguió de la nobleza de nacimiento. De esta manera, los primitivos Comicios Curiados fueron muy luego reemplazados por los Centuriados, que llegaron a entender en la elección de los reyes, en la votación de las leyes, en los asuntos de la paz y de la guerra, y en las causas criminales de grande importancia.

Además la legislación de Servio Tulio, basándose en el censo, imponía a cada clase de ciudadanos el número de centurias con que había de contribuir para la formación de un ejército respetable, la mitad compuesta de hombres mayores de 40 años, para la defensa de la ciudad, señores; y la otra mitad de 17 a 45 que eran los juniores, y que constituían los ejércitos encargados de la conquista.

Con estas reformas que ligeramente acabamos de apuntar, consiguió Servio Tulio fundir en una unidad fuerte y poderosa los elementos diversos que hasta entonces habían predominado en Roma; organizando al mismo tiempo las fuerzas militares, destinadas a vencer primero en Italia y después en todas partes.

  1. La legislación en tiempo de los reyes: patria potestad: Los reyes presentaban las leyes a los Comicios, y éstos tenían el derecho de aceptarlas ó rechazarlas; pero es lo cierto que apenas quedan indicaciones de las leyes de esta manera formuladas en tiempo de la monarquía. Los romanos en aquellos primeros tiempos, como todos los pueblos en iguales condiciones, más que por leyes escritas, debieron regirse por costumbres.

Entre estas costumbres dejaron más profunda huella en la organización de la sociedad romana y en la legislación, las que se referían a la familia. En ella el poder del padre se extiende sobre la mujer, los hijos y los nietos, con todo lo que son y poseen: y ese poder es absoluto, pudiendo venderlos, y quitarles la vida, considerándolos como una cosa, res.

Sin embargo, este poder no es tan absoluto en lo que se refiere a la mujer, pues que bajo cierto aspecto existía la igualdad entre los esposos, y aun era considerada corno la dueña en los asuntos interiores de la casa.

  1. Religión, culto y sacerdotes: La religión y el culto de los romanos, era como la sociedad, procedente de diferentes pueblos, especialmente de los griegos y de los etruscos; desde los tiempos de Numa puede asegurarse que se había ya completado el sistema religioso y las formas del culto.

Como los griegos, personificaron los romanos las acciones y las aptitudes humanas, a la vez que los fenómenos de la naturaleza: pero aquella religión completamente exterior y sensible, no tenia doctrinas, ni enseñanza moral, y era por tanto incapaz para mejorar a los hombres.

Los dioses principales fueron: Marte, dios de la guerra; Saturno, de los campos; Término, de los límites; Vesta, del fuego; y además la Fe, la Salud, la Juventud, la Concordia, etc.

En Roma se generalizó el culto de los genios protectores de la ciudad, de la casa, de la habitación; y aun cada familia tenia sus dioses Lares y sus Penates, cuidadores del hogar doméstico.

Con las conquistas aumentó extraordinariamente el número de los dioses, adoptando los de los pueblos vencidos, que venían a formar parte del Olimpo romano, aunque colocados en un lugar secundario.

Los sacerdotes no constituían una casta, ni tenían el carácter de representantes de la divinidad; eran sólo los encargados del culto. Su número se extendió considerablemente a medida que se fueron admitiendo en Roma los dioses de los países conquistados. Distinguíanse los Flámines, conservadores del fuego sagrado, que pertenecían a la clase patricia; los Salios, encargados de custodiar el escudo de Marte, caído del cielo, y que celebraban a este dios con cantos y danzas; los Arvales, que en el mes de Mayo impetraban la protección de la diosa fecunda (Dea Dia) para las sementeras; las Vestales ó sacerdotisas de Vesta; y los Feciales, personajes sagrados a quienes competían la declaración de guerra. Además existían los cuatro Pontífices, presididos por el Pontífice Máximo, que cuidaban de la celebración de las fiestas y de las ceremonias del culto, y señalaban los días hábiles para la administración de justicia (días fastos y nefastos).

En la religión romana tenia una parte muy principal la adivinación, de que estaban encargados los Augures y los Arúspices ; los primeros conocían los misterios del porvenir examinando el vuelo, el canto y el apetito de las aves, y los fenómenos celestes; y los Arúspices observaban las entrañas de las victimas y las circunstancias exteriores de los sacrificios. Estas instituciones tuvieron grande influencia en los destinos de Roma, porque no se acometía ninguna empresa importante, ni se emprendía nunca la guerra, sin consultar antes a los Augures y Arúspices.

  1. La literatura y las artes en tiempo de los Reyes: La lengua latina pertenece al tronco de los idiomas indo-germánicos, y es hermana, no hija de la griega, como por mucho tiempo se ha creido.

De la época de los Reyes sólo se han conservado algunos restos de cantos religiosos y satíricos; como el canto de los Salios en honor a Marte, que  tal vez era común a los Arvales; y los cantos de alabanza y de burla, llamados de los Satura; y tal vez las fesceninas y las atelanas.

Las artes acusan en aquel tiempo el mismo atraso que la literatura. Sólo nos han quedado algunas obras de arquitectura, como el muro de Servio Tulio, las Cloacas, etc., en las cuales puede observarse la semejanza con las construcciones de los griegos primitivos, y la influencia de la arquitectura etrusca.

  1. Agricultura, industria y comercio: La vida de los primeros romanos se repartía entre la guerra y las ocupaciones agrícolas cada ciudadano cultivaba su propiedad, ayudado de sus hijos y de sus esclavos.

Entre las instituciones más antiguas, atribuidas generalmente a Numa, se cuentan los siete oficios siguientes los tocadores de flauta, los plateros, trabajadores en cobre, los carpinteros, bataneros, tintoreros, alfareros y zapateros.

El comercio en Roma, como en casi todos los pueblos antiguos, fue reputado corno ocupación indigna de los ciudadanos honrados; dejándolo por esta razón en manos de los esclavos y de la clase pobre del pueblo. Pero a medida que aumentaron el poder de Roma y las necesidades de los romanos, el comercio se desarrolló considerablemente con los pueblos comarcanos, especialmente con la Etruria, con las colonias griegas y con la Sicilia.

  1. Juicio sobre la época de los Reyes: Ya hemos dicho que Roma, nacida de las circunstancias, y debiendo su origen a un contrato, carece de infancia, y no tuvo que pasar por ese periodo de organización, que en los demás pueblos se llama época heroica. Roma al nacer tiene las condiciones de un pueblo adulto, así es que al día siguiente de su nacimiento tiene ya formado su carácter, y cuenta con los medios é instituciones para realizar su misión, emprendiendo resueltamente desde luego el camino que en la vida de la humanidad le corresponde recorrer.

Roma habla nacido para extender por todo el mundo su dominación, y necesitaba para esto ser un Estado fuerte é inquebrantable por su organización. Debía constituirse enérgicamente en el interior, para poder imponer a los otros pueblos esa misma constitución, única y necesaria base de los grandes Estados; y estos dos fines los persiguen los reyes con una constancia admirable desde Rómulo hasta Tarquino. Así es que al concluir la monarquía estaba ya constituido todo cuanto hay de fundamental en la vida é historia de Roma.

La organización de Roma, efecto de las condiciones de su nacimiento, es desde el principio casi republicana, puesto que los ciudadanos tienen todos mas ó menos participación en el gobierno. Por esta razón la monarquía, que en los otros pueblos nace fuerte y poderosa, absorbiendo todos los derechos, como natural consecuencia de los gobiernos patriarcales, aparece en Roma con los caracteres opuestos, limitada por el pueblo y en cierto modo accidental; no es ni siquiera hereditaria; teniendo su origen en el pueblo, debe existir únicamente para el bien del pueblo: por esa razón cuando, olvidando su origen, se hace tiránica con Tarquino, el pueblo la suprime con un pretexto cualquiera, sin luchas ni violencias, y se pasa sin ella, sin que esto afecte en nada a la organización romana, que continúa siendo la misma con los Cónsules que había sido con los Reyes.

Sin embargo, la monarquía cooperó fielmente en general a los fines de Roma, contribuyendo unos reyes a la organización del Estado, y conquistando su dominación sobre los pueblos del Lacio. De este modo la República encuentra ya perfectamente trazado el camino de la historia romana.

Los Reyes, por otra, se muestran en general mas inclinados a los intereses de la clase plebeya, y opuestos a los de los patricios, inaugurando la larga lucha de los dos órdenes, que tantos accidentes han de presentar durante la República.

RESUMEN DE LA LECCIÓN III

  1. Rómulo, único jefe de Roma, después de la muerte de Remo ofreció asilo en su ciudad a la gente vagabunda, y en una fiesta los romanos se apoderaron de las mujeres y las hijas de los Sabinos, originándose de aquí una guerra entre los dos pueblos, que terminó por la intervención de las mismas sabinas. Rómulo murió asesinado por la nobleza.
  2. Sucediole el sabino Numa Pompilio, que dotó a Roma de instituciones religiosas y favoreció las ocupaciones pacíficas; se le atribuye la creación del cuerpo de los sacerdotes Salios, de los Flámines, de los Augures y de las Vestales, la construcción de los templos de Vesta y de Jano: corrigió el calendario, etc., manifestando que estas instituciones se las había comunicado la ninfa Egeria.
  3. En tiempo de Tulo Hostilio, el combate de los Horarios con los Curiaceos, terminó la guerra entre Roma y Albalonga, siendo esta ciudad destruida y sus habitantes trasladados a Roma.
  4. Anco Marcio triunfó de los pueblos vecinos, incorporando los habitantes a Roma: construyó la prisión Mamertina y el puerto de Ostia, y fundó la institución de los Feciales.
  5. Comienzan los reyes etruscos con Tarquino el Antiguo, de origen griego, que construyó la Cloaca Máxima, el Forum, el Circo Máximo, y comenzó la construcción del Capitolio; venció a los sabinos, latinos y etruscos: elevó a 300 el número de senadores; y fue asesinado por los hijos de Anco Marcio.
  6. Servio Tulio venció a los latinos, y por medio de sabias instituciones reorganizó el gobierno y la sociedad; introdujo en Roma la escritura y modificó el valor do la moneda; su propio yerno Tarquino lo hizo asesinar en la Via Scellerata.
  7. Tarquino el Soberbio se hizo odiar por los  patricios y plebeyos debido a su  crueldad: se apoderó de la capital de los Volscos y de Gabies y por el ultraje de su hijo Sexto a Lucrecia, fueron expulsados los Tarquinos y abolida la monarquía.
  8. La sociedad romana comprendía tres clases de personas: los patricios poseían todos los derechos y la mayor parte de las riquezas; los plebeyos tenían derechos civiles, pero no políticos; y los esclavos, que carecían de todo derecho. Existían además los Clientes y los Caballeros, con escasos derechos y casi ninguna influencia en la gobernación del Estado.
  9. La monarquía era electiva, y los derechos de los reyes estaban muy limitados; el Senado, que se componía de 300 senadores, era sólo un cuerpo consultivo y aristocrático; y el pueblo, que era en verdad el soberano, se reunía en los comicios para tratar todos los asuntos importantes.
  10. Servio Tulio comenzó sus reformas por el censo, dividiendo los ciudadanos en seis clases con arreglo a su fortuna: creó los Comicios Centuriados, en sustitución de los Curiados, y señaló a cada Centuria su contingente para la formación del ejército.
  11. Apenas quedan leyes de la época de la Monarquía, pues aquella sociedad debió regirse principalmente por la costumbre. El padre tenía todos los derechos sobre los descendientes y sobre la mujer, si bien ésta conserva cierto prestigio en los asuntos interiores de la casa.
  12. La religión era completamente exterior, sin doctrinas ni enseñanza moral: el número de los dioses, al principio muy reducido, se aumentó considerablemente con las conquistas. Los principales colegios de Sacerdotes eran los Flámines, los Salíos, los Arvales, las Vestales y los Feciales; y además los Pontífices. De la adivinación estaban encargados los Augures y los Arúspices.
  13. La literatura de esta época sólo presenta algunos restos de cantos religiosos y Satíricos; y de las artes sólo han llegado hasta nosotros algunos monumentos de arquitectura, como Las Cloacas.
  14. Aparte de la guerra, la principal ocupación de los romanos fue la agricultura: la industria alcanzó bastante desarrollo y el comercio, aunque menospreciado, se extendió considerablemente con los  pueblos comarcanos.
  15. Desde su origen Roma se halla constituida con un carácter propio y con las instituciones adecuadas para llenar su misión. Los Reyes dieron a Roma su constitución fuerte é inquebrantable, y extendieron sus conquistas por el Lacio, que oran las dos tendencias de la vide romana. La organización de Roma era casi republicana, y por esa razón la supresión de la monarquía se llevó a cabo sin trastornos ni violencias, y de una manera casi natural. Los Reyes siguieron una política favorable a la clase plebeya.

Reformas de Diocleciano Tetrarquía Organización del imperio

Reformas de Diocleciano Tetrarquía Organización del Imperio

roma antigua

REORGANIZACIÓN DEL IMPERIO HECHA POR DIOCLECIANO

Diocleciano, ayudado de un compañero, Maximiano, al cual había designado como colega (286), acabó de poner en orden el Imperio.

En la Galia, aldeanos sublevados contra ios recaudadores de impuestos se habían organizado en ejército y atrincherado cerca de la confluencia del Marne con el Sena (en Saint-Maurdes Fossés). Se les llamaba bagau-dos. Habían proclamado a dos emperadores. Maximiano los exterminó (285). Luego obligó a retirarse a los alamanes.

Diocleciano hizo la guerra a los partos, los venció y les obligó a hacer la paz y ceder la Mesopotamia.

Para hacer más fácil el gobierno, transformó la organización del Imperio:
1°) No quiso ser sólo emperador y hubo dos Augustos, Diocleciano y Maximiano, y dos Césares, sometidos a los Augustos. Los cuatro eran ¡lirios. Cuando moría uno de los Augustos, uno de los Césares debía sustituirle. De esta suerte el Imperio nunca quedaba vacante. El emperador ya no había de ser elegido, sino escogido por el precedente y no dependía ya del Senado ni del ejército.

2º) Para defender tan vasto territorio, los emperadores se distribuyeron el gobierno. Diocleciano se estableció en Oriente, en Nicomedia. A sus órdenes, Galero estaba encargado de la Iliria. Maximiano se estableción en Occidente, en Milán, dejando a Constancio Cloro gobernar la Galia, Bretaña y España.

3º) Las antiguas provincias parecían demasiado grandes para un solo gobierno, y ya se habían dividido en dos, varias de ellas. Diocleciano acabó de dividirlas. En vez de 57, hubo 96. Los gobernadores ya no tuvieron ejército que mandar.

) Italia era administrada por el prefecto de la ciudad, Roma por el Senado. Diocleciano acabó de quitar al Senado su poder y a Italia sus privilegios. La dividió en provincias y le hizo pagar las mismas contribuciones que el resto del Imperio.

5º) El emperador era un magistrado. Diocleciano se hizo llamar «dueño» y empezó a usar la diadema a la manera de los reyes de Oriente.

Cuando quedó organizado el nuevo gobierno, Diocleciano, que había reinado veinte años, abdicó y obligó a Maximiano a abdicar también. Dejaba el poder a los dos Césares, que vinieron a ser los dos Augustos y nombraron dos nuevos Césares (305).

Se retiró a su país, a Salona, a orillas del Adriático, donde se había hecho edificar un palacio inmenso, semejante a una fortaleza, con un parque de caza. La ciudad levantada sobre las ruinas de este palacio ha tomado su nombre (Spalato, el palacio).

Se dice que, retirado en Salona, se distraía labrando la tierra. Un día que Maximiano le aconsejaba volver al Imperio, respondió: «Si vieras las hermosas legumbres que hago crecer en mi huerto, no me hablarías de volver a preocupaciones semejantes».

LECCIÓN XIX:  TETRARQUÍA – ORGANIZACIÓN DE LA MONARQUÍA IMPERIAL.

DESDE DIOCLECIANO HASTA JOVIANO
(285-364).

La guerra civil, la inestabilidad de la sucesión imperial, la simultaneidad y persistencia de las invasiones bárbaras, la amplitud del territorio imperial, el desorden fiscal, la escasez de alimentos, la inflación, así como la decadencia cultural y religiosa impulsaron a Diocleciano a adoptar una política reformista que, aprovechando la experiencia de sus predecesores, basó en la descentralización y el fortalecimiento de la burocracia y del ejército.

Siguiendo la iniciativa absolutista de Aureliano, adoptó el título de Júpiter y nombró a su general y amigo Maximiano cesar y Hércules, y le confió el gobierno de Occidente, con sede en Milán. Cuando formó la tetrarquía, en 296, Diocleciano equiparó a Maximiano con el rango de augusto. Las sucesivas divisiones del poder no entrañaron, aunque sí anunciaron, la ruptura de la unidad del Imperio, afirmada como patrimonium indivisum.

  1.   Organización del imperio por Diocleciano.— Aunque de un origen humilde, nacido en Dalmacia, Diocleciano, dotado de grandes talentos militares, se había elevado a los primeros puestos por su propio mérito; y proclamado emperador a la muerte de Numeriano y de Carino, manifestó en el trono sus grandes dotes de hombre político y de gobierno.

  Los males que aquejaban al imperio tenían muy diverso origen. La escasa importancia del poder imperial, cuyas atribuciones no estaban bien determinadas; el desorden y la tiranía de la administración provincial; y las exigencias crecientes cada día de los pueblos bárbaros en las fronteras. Estas tres causas podían estimarse como las principales y más influyentes en la decadencia de Roma, y Diocleciano se propuso remediarlas, empleando con este fin su poderosa iniciativa y su incansable actividad.

  Diarquía. En primer lugar rodeó su persona del fausto y de la pompa de los monarcas orientales; y tomó como asociado a Maximiano, con el título de Augusto, distribuyéndose entre ambos las provincias, reservándose Diocleciano el Oriente, y eligiendo para su residencia la ciudad de Nicomedia; y quedándose en Occidente Maximiano, que se estableció en Milán.

Ambos se rodearon de una corte numerosa, teniendo a sus órdenes las legiones correspondientes para contener a los bárbaros. Entre tanto, Roma fue abandonada; el senado y las magistraturas romanas perdieron por esta causa la escasa importancia que aun conservaban; y fue abolida la guardia pretoriana.

  1.   Guerras en Oriente y Occidente. — La división del imperio tenía por objeto facilitar la guerra contra los pueblos que habitaban en las fronteras; con cuyo fin se eligieron por capitales las dos ciudades mejor situadas, Nicomedia y Milán.

  En la primera guerra Maximiano sometió y castigó duramente a los paisanos de la Galia (Bagodas) que agobiados por la miseria se habían sublevado contra los romanos. Tuvo que hacer la paz con Carausio, que se había declarado emperador independiente en la Bretaña; y derrotó a los  Francos en las orillas del Rhin, reparando las fortalezas entre este río y el Danubio. En el Oriente, Diocleciano venció a los Persas y Sarracenos; también a los Godos y Sármatas en las orillas del Danubio.

   La Tetrarquía. — No bastando la actividad de los dos Augustos para contener las frecuentes irrupciones de tantos pueblos que por diferentes puntos atacaban el imperio, Diocleciano creyó necesario dar participación en el gobierno a dos nuevos auxiliares, con el nombre de Césares, que venían a desempeñar las funciones de lugartenientes de los dos emperadores, a quienes habían de suceder.

Fueron nombrados Galeno, César de Diocleciano, y Constancio Cloro de Maximiano, repartiéndose las provincias entre los cuatro de la manera siguiente: Diocleciano se encargó del Asia y el Egipto, y dejó a Galeno Grecia, Tracia, Mesia, Panonia, etc., estableciéndose en Sirmium: Maximiano se reservó la Italia y el África, y encomendó a Constancio Cloro la España, las Galias y la Bretaña, eligiendo por capital a Tréveris (Augusta Treverorum).

El tránsito de Diodeciano hacia la tetrarquía fue obligado por las circunstancias, más que por una decisión intencionada. Su deseo de garantizar una sucesión sin incidentes y fortalecer la defensa de las fronteras lo llevaron, primero, a nombrar augusto a Maximiano y compartir la administración del Imperio con él. Pero la presión invasora y los problemas internos requerían una mayor descentralización. Entonces, hizo emperadores a Galerio y Constancio Cloro; les dio el título de cesar y los convirtió en herederos. A los veinte años de gobierno, Maximiano y él mismo abdicaron, cediendo a sus sucesores el título de augusto. Ellos debían nombrar nuevos cesares. Pero el sistema se quebró debido a las ambiciones de los hijos de Maximiano y Constancio Cloro, que se autonombraron emperadores.

  1. Reformas administrativas de Diocleciano. — La Tetrarquía, o división del imperio en cuatro gobiernos, se relacionaba con la administración de las provincias, que Diocleciano se propuso reformar. En primer lugar igualó a Italia con las provincias, despojándola del privilegio que siempre había tenido de no pagar tributos. Disminuyó la autoridad de los prefectos, y de los gobernadores, dividiendo las grandes provincias, y estableciendo los vicarios o subprefectos.

  Diocleciano llevó los beneficios de su gobierno a las letras y al derecho, ordenando las primeras codificaciones que se conocen en la historia con el nombre de Gregorio y hermógenes. Favoreció la industria y el comercio; y procuró con singular esmero los adelantos de la agricultura, mejorando la condición de los colonos.

  1.   Nuevas guerras en Oriente y Occidente. — Los dos Augustos y los dos Césares, comenzaron la guerra con los pueblos limítrofes a sus respectivos gobiernos. En Oriente Diocleciano venció a Achileo que se había apoderado del Egipto; y Galerio fue encargado de la guerra con los Persas, que al mando de Narsés, habían invadido Armenia, aliada de Roma: y aunque en una primera expedición estuvo en peligro de perder su ejército en los desiertos de la Persia, consiguió después vencer a Narsés, que tuvo que pedir la paz, cediendo la Mesopotamia y quedando el Tigris como limite del imperio. La paz de Nisibis se celebró con gran solemnidad en Roma.

  Entre tanto, en Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano; y Constancio Cloro venció a los bárbaros en las orillas del Rhin persiguiéndolos hasta el Weser; pasó a Bretaña y concluyó con el gobierno independiente de Carausio.

  1. Abdicación de Diocleciano y Maximiano. — Cansado de los negocios, debilitado por las enfermedades, insensible a los goces y hastiado de las ilusiones del mando, Diocleciano resolvió abdicar el imperio, cediendo además a las vivas instancias de Galerio; y puesto de acuerdo con su colega Maximiano, en un mismo día abandonaron ambos el trono, sucediéndoles los dos Césares, Galerio y Constancio Cloro.

  Diocleciano se retiró a su pueblo natal de Salona en Dalmacia, donde pasó los últimos años de su vida, dedicado exclusivamente al cultivo de sus jardines.

  Galerio y Constancio Cloro nombraron Césares a Maximino Daia y a Severo. Constantino, hijo de Constancio, permaneció algún tiempo al lado de Galerio que, envidioso de sus relevantes condiciones, le hubiera quitado la vida a no temer una sublevación en el ejército, entusiasta del hijo de Constancio. Este llamó a su hijo a Bretaña, donde se encontraba; muriendo poco después en Evoracum (York) dejando por sucesor a Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

  1. Juicio sobre el reinado de Diocleciano. — No se puede negar la grandeza del reinado de Diocleciano. Cuando el mundo romano se hundía bajo el inmenso desorden de la anarquía militar, Diocleciano, dotado de grande energía y de mayor actividad, consiguió evitar por el pronto su ruina, y comunicar nuevos alientos a aquel cuerpo moribundo, merced a lo cual pudo prolongar todavía cerca de dos siglos su existencia.

  Pero Diocleciano, que no era un talento de primer orden, a pesar de sus grandes dotes, no podía conocer, y no conoció las causas principales de la decadencia del imperio; así es que sus disposiciones contribuyeron unas a mejorar grandemente la situación de la sociedad, mientras que otras produjeron el efecto enteramente contrario.

Diocleciano consiguió dar unidad y moralizar un tanto la administración provincial; realizó con valor la igualdad en los impuestos; concluyó con el despotismo de los pretorianos, y favoreció la agricultura, la industria y el comercio. Pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones políticas que le eran necesarias contentándose con encumbrar la persona del monarca, revistiéndola de la pompa y del fausto oriental; pero dejando la institución tan expuesta como estaba antes a los vaivenes de la política y a la fuerza ciega de los acontecimientos.

  La diarquía, y después la tetrarquía, si bien es cierto que eran el único medio de contener las irrupciones de los bárbaros, sembraron también el germen de división en el imperio, que dará sus frutos más adelante en tiempo de Teodosio. Y esta división por una parte, y por otra el abandono de Roma, concluyeron con la fuerte unidad, característica de la política romana, que siempre había estado representada en la gran ciudad como cabeza del mundo.

  Por último, aunque compelido por Galerio, Diocleciano cometió la torpeza y la inhumanidad de ordenar la última y más cruel persecución contra los cristianos.

  1. Seis emperadores a la vez. — A la muerte de Constancio Cloro, según el orden establecido por Diocleciano, quedó ocupando el primer lugar de la Tetrarquía el otro Augusto, Galerio, quien se dio por colega a Severo que era ya César; mientras que Constantino el hijo de Constancio, a pesar de haber sido proclamado Augusto por las legiones de Bretaña, tuvo que resignarse a desempeñar el papel de César.

  Por otra parte, el disgusto general en Italia contra Galerio, por la exacción de los tributos que ordenaba la ley de Diocleciano, y el descontento de los romanos por haber perdido su ciudad la preeminencia de capital del imperio, dio por resultado una sublevación general en Roma, en la que fue proclamado emperador Majencio, hijo de Maximiano, quien volvió a tomar el titulo de Augusto que antes había tenido como colega de Diocleciano. Severo, el Augusto nombrado por Galerio, desde Milan se dirige contra Majencio y Maximiano, pero no pudiendo penetrar en Roma, abandonado por sus tropas, y perseguido por Maximiano, tuvo que encerrarse en Rayana, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte.

  Galerio intentó vengar la muerte de su colega, pero mal recibido en Italia, hizo la paz con Majencio y Maximiano, reconociéndolos como soberanos, y nombró Augusto a Licinio en sustitución de Severo. De esta manera se elevó a seis el número de Augustos, que fueron, Maximiano y Majencio en Italia y África, Constantino en las Galias, Galerio y Licinio en Iliria, y Maximino Daia en Oriente.

  1. Guerras entre los Augustos. — Semejante división no podía subsistir, porque todos los Augustos aspiraban a la dominación única en el Imperio. Las luchas comenzaron entre Majencio y su padre Maximiano: vencido este último, se refugió al lado de su yerno Constantino, en busca de su apoyo para recuperar el trono. Constantino se negó a esta pretensión, y el ambicioso anciano conspira contra él; descubiertas sus maquinaciones, tuvo que huir de Tréveris, y perseguido por su yerno, se quitó la vida en Marsella. Poco después acaba Galerio sus días, publicando antes de morir el edicto de tolerancia en favor de los cristianos.

  Vencedor de Maximiano, Constantino pasa a Italia, donde su cuñado Majencio se había hecho odioso por sus crueldades; y entablada la guerra entre ellos, Constantino sustituye la antigua bandera romana por el Lábaro con la cruz y el nombre de Jesucristo, en recuerdo de un sueño, en el cual se le apareció un anciano manifestándole una cruz con esta inscripción, In hoc signo vinces. Constantino derrota en Turin, en Verona y en el Puente Milvio, a Majencio, que murió ahogado en el Tíber; siendo recibido con trasportes de alegría en Roma, donde consiguió restablecer el orden, y atraerse los ánimos del pueblo y del senado, y procuró alejar las legiones mandándolas a pelear contra los bárbaros de Germania.

  Licinio, dueño del Oriente, había establecido alianza con Constantino, casándose con su hermana Constancia; y derrota en Andrinópolis a su César, Maximino Daia, que se suicidó poco después.

  De los seis Emperadores sólo restaban Constantino en Occidente, y Licinio en Oriente. Reunidos ambos en Milan, publicaron el edicto de tolerancia religiosa para todos los cultos, poniendo fin de esta manera a las persecuciones contra los cristianos. Pero aspirando ambos a dominar en todo el imperio, la guerra no se hizo esperar. Licinio fraguó una conspiración contra su cuñado, y descubierta por éste, se entabló la lucha, en la que Licinio después de haber sido derrotado, pidió y obtuvo la paz, cediendo a Constantino Panonia, Iliria, Macedonia y Grecia.

  Después de algunos años de tranquilidad entre los dos emperadores, que Constantino emplea en combatir a los Godos en la Panonia, la Iliria y la Dacia, la guerra estalla entre ellos, bajo el pretexto de que Licinio perseguía a los cristianos, a pesar del edicto de Milan. Licinio fue derrotado en Andrinópolis y en Calcedonia, y muerto poco después en Tesalónica de orden de Constantino, quedando éste como único emperador.

  1. Constantino único emperador. Fundación de Constantinopla. — Por la muerte de Licinio quedó Constantino como único dueño del Imperio; con objeto de terminar las cuestiones religiosas entre Arrió y san Atanasio, obispo de Alejandría, reunió el primer concilio ecuménico en Nicea.

  De regreso en Roma, Constantino manchó su historia mandando quitar la vida a Crispo, su hijo más querido, y a su madrastra Fausta, acusados de incesto y adulterio; cuyo hecho fue severamente reprobado por su virtuosa madre santa Helena, y del cual se arrepintió bien pronto el mismo Constantino.

Emperador Constantino

  Estos acontecimientos contribuyeron quizá a confirmar a Constantino en su idea de fundar una nueva capital del Imperio, Roma apegada a sus antiguas instituciones, y centro del paganismo, no podía convenir al fundador de una nueva monarquía, ni al protector de una nueva religión.

Y esto unido con la magnifica situación de Bizancio; colocada entre dos mares y uniendo dos continentes; y su proximidad al Danubio por una parte, donde constantemente amenazaban los Godos, y por otra al Eúfrates donde acampaban los Persas, decidió a Constantino o elegir aquel lugar para su nueva residencia; en muy poco tiempo Bizancio se aumentó considerablemente, se embelleció con magnificas construcciones, y Constantino estableciéndose en ella, y dándole el nombre de Constantinopla, la enriqueció con todos los privilegios de la antigua capital del mundo.

  1. Reorganización del Imperio por Constantino. — Constantino se propuso completar la organización política de Diocleciano, centralizando el poder en manos del emperador, igualando la condición de todas las provincias, y concluyendo con el predominio de la fuerza militar.

  En primer lugar rodeó su persona de altos dignatarios, y funcionarios privilegiados que vinieron a sustituir a la antigua nobleza, dándoles los nombres pomposos de ilustres, nobilísimos, patricios, honorables y perfectísimos. Creó un consejo privado, una especie de ministerio, formado de siete personajes de la principal nobleza, encargados de la alta administración del Estado, y de los cuales dependían un gran número de funcionarios de distintas categorías.

  Para la mejor administración y gobierno del Imperio, Constantino lo dividió en cuatro prefecturas del pretorio, que fueron, Galia, Italia, Iliria y Oriente, poniendo al frente de cada una un prefecto. Las prefecturas fueron divididas en diócesis, gobernadas por subprefectos; y las diócesis en provincias, dirigidas por procónsules o gobernadores. Esta división, sin embargo, no destruía la unidad del Imperio; pues si esas autoridades eran iguales entre si, sobre ellas existía el dominio soberano del emperador, del que todas dependían. Era, pues, la misma tetrarquía de Diocleciano, pero no expuesta a la división, por la existencia de un poder supremo que todo lo domina. Con objeto de evitar las sublevaciones de los prefectos, Constantino les concedió funciones administrativas y judiciales, pero les privó del poder militar.

  Para concluir con el predominio de la fuerza militar, Constantino comenzó suprimiendo la guardia pretoriana, y disminuyendo el contingente de las legiones de 6,000 a 4,500 hombres. Dividió las tropas en palatinas, las que daban guarnición en las ciudades, y fronterizas las que ocupaban campamentos fortificados para contener a los bárbaros en los confines del Imperio. Los jefes superiores de la milicia, llamados magistri militum, fueron dos al principio, y cuatro después; teniendo bajo sus ordenes los condes y los duques, etc. Desde este tiempo los bárbaros, como los romanos, eran admitidos igualmente en las legiones.

  Una administración relativamente tan complicada aumentó considerablemente los gastos, y hubo necesidad de aumentar también los tributos, y crear nuevos impuestos, que todos vinieron a pesar sobre los propietarios, los senadores y el comercio, por estar exentos de moda tributación el clero, la nobleza y la milicia.

  1.   Últimos actos de Constantino. — Constantino completó la organización monárquica y consiguió remediar los males que corroían el Imperio: habían vencido a los Francos, Alemanes Godos y Sármatas: recibió embajadores hasta de pueblos lejanos solicitando su amistad; pero a pesar de haber presidido el Concilio de Nicea, en sur últimos años prestó su apoyo al hereje Arrio, desterró a san Atanasio, y fue bautizado, según se cree, poco antes de morir, por el obispo arriano Eusebio de Cesárea.
  2.   Juicio sobre el reinado de Constantino. — Pocos personajes presenta la historia, sobre los cuales se hayan emitido juicios tan diversos y contradictorios, como respecto de Constantino ensalzándolo e deprimiéndolo, según el aspecto bajo el cual se considere su reinado. Y la verdad es que sus actos dan motivo suficiente para esa diversidad de Opiniones.

  No es posible negar a Constantino dotes superiores como hombre político y de gobierno, actividad incansable en sus propósitos, amor a la cultura y civilización; ni seria justo desconocer los servicios inmensos que prestó al mundo romano, y con él a la humanidad, no sólo por la organización dada al Imperio, y por los beneficios de una larga paz, sino más principalmente por haber dado la libertad a los cristianos en la predicación y propaganda del Evangelio, prestando así su poderoso amparo a la única idea que podía salvar a la sociedad moribunda.

  Pero en cambio de tantos beneficios, su memoria está manchada por la muerte de su hijo Crispo, acusado tal vez sin razón por su madrastra, y por la muerte de esta misma; y si favorece a los cristianos, no por eso se despoja por completo de sus preocupaciones paganas, levantando por un lado magníficos templos al Dios verdadero, y reparando por otro el templo de la Concordia, y consultando a los arúspices.

  Sin embargo, estas inconsecuencias tienen su explicación. Constantino había sido educado en el paganismo, que estaba llamado a desaparecer, y tenía delante de si una religión que lo había de sustituir: no son de extrañar sus dudas y vacilaciones entre el mundo que se iba, pero que era conocido, y la nueva idea, cuyo alcance moral y político no era dable a Constantino prever.

  1.   Los hijos de Constantino. — Por el testamento de Constantino había de dividirse el Imperio entre sus tres hijos, dando a Constancio el Oriente, a Constante la Italia y África, y a Constantino II el Occidente; señalándose algunas provincias a sus sobrinos Dalmacio y Annibaliano.

  Creyéndose perjudicados con esta repartición los hijos de Constantino, y descontentos los nobles y el ejército, en una sublevación de la guardia de palacio perdieron la vida los sobrinos y parientes de Constantino, salvándose únicamente Galo y Juliano, niños todavía.

  Libres de la concurrencia de sus parientes, Constancio, Constante y Constantino, se repartieron el Imberio. Constancio en Oriente, para defender a Cosroes, rey de Mesopotamia y aliado de Roma, se empeñó en guerra contra Sapor II, rey de Persia, perdiendo la batalla de Singara; pero la defensa de Nisibis, y una invasión de los Masagetas en la Persia, obligaron a Sopor a hacer la paz con los romanos.

  En Occidente Constantino II, como el mayor de los hermanos, pretendió despojar de la Italia a Constante, y perdió la vida en una batalla cerca de Aquileya. Dueño Constante de todo el Occidente, provocó con su tiranta una sublevación en las Galias, por la cual fue proclamado emperador Magnencio, perdiendo la vida el hijo de Constantino. Constancio, libre de la guerra de los persas, se dirigió contra Magnencio, que perdió la batalla de Mursa, suicidándose después.

  1. Constancio único emperador. — Por la muerte de Magnencio quedó Constancio único dueño de todo el Imperio que había regido su padre Constantino. Incapaz para gobernar, entregó al eunuco Eusebio la dirección del Estado cruel y supersticioso, persigue a los obispos, y destierra al papa Liberio, que se niegan a aprobar algunos dogmas del concilio arriano de Sirmium.

  Constancio había nombrado César a su primo Galo; y desconfiando de su lealtad, lo hizo decapitar en Pola de Istria. Entre tanto, la conducta de Constancio había producido un disgusto general en el Imperio, a la vez que los Bárbaros intentan pasar la frontera en Oriente y Occidente.

  En esta situación, Constancio nombró César a su otro primo Juliano, encargándole la guerra contra los francos y alemanes, y él se encaminó a combatir a los Godos en el Danubio, y a los persas en Oriente.

  1. Juliano en las Galias. — Suspicaz y receloso, Constancio había dejado muy escasas fuerzas a Juliano para combatir a los Bárbaros. Sin embargo, después de algunos descalabros, logró reunir un pequeño ejército, con el cual consiguió derrotar a los Francos y alemanes, les tomó a Colonia y les obligó a pasar el Rhin.

  Asegurada de este modo la frontera, Juliano volvió a Lutecia (París) que era su residencia habitual, dedicándose a mejorar la administración y promover la prosperidad de las Galias. Entre tanto, su primo Constancio, envidioso de sus triunfos y temeroso de su poder, le ordena el envío de sus mejores tropas a Oriente para combatir a los Persas. Su ejército se niega a marchar, y proclama Augusto a Juliano. Entabla éste negociaciones con Constancio para que aprobara el nombramiento; y negándose a ello, se dirigió contra Juliano, muriendo de enfermedad en Tarso do Cilicia, dejando por sucesor al mismo Juliano.

  1. Juliano el Apóstata. — Siendo el único individuo que quedaba de la familia de Constantino, y habiéndose distinguido tanto en su gobierno de las Galias, Juliano fue proclamado con entusiasmo en todo el imperio.

  En el poco tiempo que dirigió los destinos de Roma, reformó la fastuosa prodigalidad de la corte, expulsando los eunucos, cocineros, barberos, y mujeres de mal vivir, que había imperado en los tiempos anteriores, disminuyendo por estos medios una quinta parte de los impuestos. Restableció el orden en el imperio, mejoró la administración y gobernó con justicia, mostrando su gran capacidad en el trono, combates había manifestado sus talentos militares combatiendo los Bárbaros.

  Sin embargo, abjurando el cristianismo, se propuso restablecer el culto pagano; y aunque no empleó la crueldad de las persecuciones de Decio y Diocleciano se valió de Otros medios pacíficos, pero más perjudiciales a la fe que las mismas persecuciones.

  En su persecución solapada contra el cristianismo, comienza proclamando la libertad religiosa, favoreciendo sin embargo el paganismo, alejando a los cristianos de los cargos públicos, cerrándoles sus escuelas, privando de sus bienes y privilegios a las iglesias, y concediéndolos a los templos y al culto pagano.

  Poco después en guerra contra los persas, pasó Eúfrates y Tigris, internándose en desiertos, y aunque consigue a unas ventajas, perdió la vida en una batalla.

  1. Juicio sobre el reinada de Juliano el Apóstata. — Juliano había sido educado en sus primeros años en las máximas del cristianismo; y completó sus estudios en Atenas, dedicándose con verdadero afán a conocer la literatura y la filosofía griega, adoptando los principios del estoicismo.

  Como general y como César en las Galias, su conducta merece los mayores elogios, conciliándose por ella la afección del ejército y de los pueblos. Como emperador procuró entronizar las costumbres y los principios de los estoicos. Como cristiano, con sus procedimientos maquiavélicos, con el ridículo y con la sátira, hizo mas daño a la nueva religión que los más crueles perseguidores.

JUliano el apóstata

  1.   Joviano. — No habiendo designado sucesor Juliano, en el mismo campo de batalla fue proclamado por los generales Joviano, que tuvo que aceptar la paz de Dara, cediendo a los persas algunas provincias del Imperio, y que reintegró a los cristianos en los derechos que tenían antes de Juliano. Murió antes de llegar a Constantinopla, sucediéndole Valentiniano.

 RESUMEN DE LA LECCIÓN XIX.

 —1. Diocleciano procuró remediar los males que aquejaban al imperio. Rodeo su persona del fausto de las monarquías orientales tomó por asociado a Maximiano, encargándole el gobierno de Occidente, y él se reservó el Oriente.

—2. Maximiano venció a los Bagodas, paisanos de la Galia; reconoció a Carausio emperador de la Bretaña; derrotó a los francos y reparo las fortalezas entre al Rbin y el Danubio. Diocleciano venció a los godos y sármatas, a los persas y a los sarracenos.

—3. Para atender mejor a la guerra contra los Bárbaros, fueron nombrados dos nuevos, auxiliares con el titulo de Césares, que fueron Galeno y Constancio Cloro; creándose de esta manera la Tetrarquía o gobierno de cuatro, repartiéndose entre ellos las provincias.

—4. Diocleciano igualó a Italia con las provincias en lo relativo a tributos, disminuyó la autoridad de los prefectos y gobernadores; y favoreció las letras y el derecho, la agricultura, industria y comercio.

 —5. Diocleciano venció a Achileo en Egipto, y Galeno derrotó a Narsés rey de Persia, obligándolo a pedir la paz, cediendo a Roma la Mesopotamia. En Occidente Maximiano derrotó en África al usurpador Juliano, y Constancio Cloro venció a los Bárbaros, y concluyó con el gobierno de Carausio en la Brotada.

—6. En un mismo día abdicaron Diocleciano y Maximiliano, sucediéndoles los dos Césares, los cuales tomaron el título de Augustos, y nombraron nuevos Césares a Maximino Daia y a Severo. AL morir Constancio Cloro dejó por sucesor a su hijo Constantino, que fue nombrado Augusto por las legiones.

— 7. Diocleciano consiguió prolongar por algún tiempo la existencia del imperio: realizó grandes reformas beneficiosas, pero no acertó a rodear la monarquía de las instituciones que necesitaba; la Tetrarquía sembró el germen de división, que se aumentó con el abandono de Roma: y los cristianos sufrieron en este tiempo una cruel persecución.

—8. A la muerte de Constancio Cloro, el otro Augusto, Galerio, se dio por colega a Severo: en Roma fue proclamado Augusto Majencio, hijo de Maximiano, y este mismo volvió a tomar ese título, que tuvo antes con Diocleciano; Severo, en guerra con Maximiano y Majencio, se encerró en Ravena, y tomada la ciudad, fue condenado a muerte. Galerio se dio entonces por colega a Licinio. Además Constantino era Augusto en las Galias, y Maximino Daia en Oriente.

—9. Majencio derrotó a su padre Maximiano, que perseguido también por su yerno Constantino, se quitó la vida. Este último vence a Majencio, que muere ahogado en el Tiber. Maximino Daia, derrotado por Licinio en Andrinópolis, se quitó la vida: Galerio había muerto tiempo antes. Constantino y Licinio, solos emperadores, publicaron en Milán el edicto de tolerancia religiosa: declarada la guerra entre ellos, fue vencido Licinio, y perdió la vida poco después en Tesalónica.

— 10. Constantino, único emperador, reunió el Concilio en Nicea; mandó quitar la vida a su hijo y a su esposa; y trasladó la corte a Bizancio que tomó el nombre de Constantinopla.

—11. Constantino rodeó su persona de altos dignatarios y funcionarios privilegiados: creó un Consejo privado, o ministerio. Dividió el imperio en cuatro prefecturas, éstas en diócesis, y las diócesis en provincias; suprimió la guardia pretoriana, dividió las tropas en palatinas y fronterizas; y aumentó considerablemente los impuestos.

—12. Constantino venció a los Bárbaros y organizó el imperio; pero en sus últimos tiempos desterró a San Atanasio, protegió el arrianismo, y fue bautizado poco antes de morir por Eusebio de Cesárea.

—13. Constantino tenía dotes superiores como hombre de gobierno y prestó inmensos servicios al imperio y a la humanidad; pero su memoria está manchada por la muerte de su hijo, y por sus preocupaciones paganas.

— 14. Constantino dejó el imperio a sus hijos Constancio, Constante y Constantino. Constancio hace la paz con el rey de Persia; Constantino pierde la vida al querer despojar a Constante de la Italia; y éste muere poco después en las Galias donde fue proclamado Majencio, que en guerra a su vez con Constancio, fue derrotado y se suicidó.

— 15. Constancio, único emperador, entrega el gobierno a los eunucos, persigue a los obispos, y destierra al papa: manda decapitar a su primo Galo, y nombra César a Juliano.

— 16. Juliano venció a los francos y alemanes, y promovió la prosperidad de las Galias. El ejército lo proclama Augusto: Constancio se niega a reconocerlo como tal, y marchando contra él, muere de enfermedad en Tarso.

—17. Juliano fue reconocido con entusiasmo en todo el imperio. Reformó la prodigalidad de la corte, disminuyó los impuestos, restableció el orden, mejoró la administración y gobernó con justicia. Abjuró el cristianismo y persiguió de una manera solapada a los cristianos; muriendo poco después en guerra con los persas.

— 18. Juliano es digno de elogio por su conducta en las Galias, y por su política en el trono. Como cristiano es digno de reprobación por estos procedimientos maquiavélicos contra la nueva religión.

—19. Joviano reintegró a los cristianos en sus derechos y firmó la vergonzosa paz de Dara, cediendo algunas provincias a los persas.

Primeros Pobladores de Roma Antigua Los Etruscos Fundación

Primeros Pobladores de Roma Antigua-Etruscos-

roma antigua

LECCIÓN II: PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA.
FUNDACIÓN DE ROMA:

1.Descripción geográfica de Italia: Italia forma una península del continente de Europa, situada en el centro del mar Mediterráneo, que tiene al E. el mar Adriático (Mare Superum), al S. el mar de Sicilia (Mare Sieulum), al O. el mar Tirreno (Mare Inferum), y al N. O. y N. E. se enlaza con el continente por la ele­vada cordillera de los Alpes., de los cuales se derivan por occidente los montes Apeninos que recorren toda la península hasta su extremo meridional, dividiéndola en dos vertientes que mandan sus aguas á los mares que la rodean.

Por la angostura de esta península, sólo se encuentra una cuenca de grande extensión al N. entre los Alpes y los Apeninos, por donde corre el río Po (Padus), que lleva sus aguas al Adriático; y otras meno­res, como la del Tíber (Tiberis), Arno, (Arnus) y otros, que las dirigen al Tirreno. En cambio existen muchos ríos de pequeño curso y escasa importancia física, pero célebres en la historia, como el Rubicon y el Metauro al E., el Macra y el Volturno al O.

Las costas de la Italia presentan menos variedad que las de Grecia; sin embargo, se encuentran en ellas el gran golfo de Génova (Sinus Ligusticus), y otros muchos menores, y gran número de bahías, especialmente en el mar Tirreno; y el golfo de Tarento, (Mare Ausonium, postea Sinus Tarentinas) en el Jó­nico.

Pertenecen a esta península las mayores islas del Mediterráneo, la Sicilia (Trinacria, Sicania), separa­da del extremo meridional de Italia por el estrecho de Mesina (Fretum Sieulwn); la de Córcega. (Cyrnos, postea Corsica), y la de Cerdeña (Ichnusa, postea Sardinia), separadas por el estrecho de Bonifacio (Fre­turn Taphro.s), y muchas otras menores, como la de Malta (Melita) al. 5. de Sicilia, las de Lípari (/Eoliw) al N. y las Egades (Egattes) al O.; la de Elba (uva), las de Ischia, Prócida y Capri, a la entrada del golfo de Nápoles.

El clima de Italia es el más agradable, y su territorio de los mas fértiles de Europa.

De cuanto acabamos de exponer puede deducirse que Italia es el país mas ventajosamente situado en el Mediterráneo, por su posición central, y por la proximidad de la isla de Sicilia al continente Africano ; reuniendo así las mejores condiciones para extender su dominación por todos los pueblos que habitan en sus costas.

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PRIMEROS POBLADORES DE ITALIA. — FUNDACIÓN DE ROMA:

  1. Posición de Roma: Podemos decir que Roma ocupa la misma situación en Italia, que Italia en el Mediterráneo.En el centro de la península, a igual distancia de los Alpes y de la Sicilia, se asienta Roma á orillas de Tíber; bastante cerca de la costa para disfrutar de la ventajas de un puerto de mar, y bastante lejos para no estar expuesta á una sorpresa.Edificada al principio sobre el monte Palatino, sucesivamente se le fueron agregando el Quirinal, el Cello, el Aventino, el Janiculo, el Esquilmo y el Viminal, todos situados a la izquierda del río, excepto el Janiculo, que se encuentra á la derecha. De estos sietes montes, tomó Roma el nombre de ciudad de las saete colinas, Septimontium.
  2. Primeros pobladores de Italia: Los primeros orígenes de los habitantes de Italia, como sucede en todos los pueblos, están envueltos en la oscuridad de antiguas tradiciones que los romanos recogieron mucho tiempo  después; y que por lo mismo no pueden inspirar confianza, ni constituir segura base para la historia. La certeza científica comienza en este asunto en los tiempos de la fundación de Roma, en que ya es posible fijar la situación de los diferentes pueblos que ocupaban la península; pero enlazando estos hechos ciertos con aquellas tradiciones, puede introducirse alguna luz en materia tan oscura.

Debemos advertir, ante todo que el nombre de Italia correspondía primitivamente a la parte más meridional de la península habitada por los Italos; y sólo se generalizó a toda ella en los últimos tiempos de la República.

Situada la Italia entre la Galia y Germania al N., la Grecia al E. y la España al O., sus antiguos pobladores se refieren a las razas que primitivamente habitaron estos países. Parece indudable que los primeros pobladores de Italia pertenecen a la raza aria, aunque de diferentes ramas; y es también casi seguro que penetraron en la península por la parte septentrional pues caminaban siempre por tierra, en oposición a las colonias cuyos viajes casi siempre se han realizado por mar.

Según los mas recientes trabajos sobre la etnografía y la lingüística de Italia, el pueblo mas antiguo que ha dejado rastros de su existencia en distintos puntos de la península, fue el de los Yapigas, venidos no se sabe de donde, y que algunos piensan que eran de la misma raza de los Pelasgos de la Grecia; pero es lo cierto que penetraron en Italia por el Norte, acompañados de los Liburnos y de los Sicanos, y que se extendieron por el valle del Po y por la Italia central.

Después del establecimiento de los Yapigas, aparecen también por el Norte los Italiotas, pertenecientes a la familia de los pueblos griegos; obligando a los anteriores habitantes a retirarse a los extremos meridionales de la península, situándose los Yapigas entre el golfo de Tarento y el mar Jónico, cuyo país tomó el nombre de Yapigia.Y pasando los Sicanos a la isla Trinacria, que entonces se llamó Sicania.

Compelidos por la invasión de los Etruscos y de los Galos, los Italiotas abandonaron las fértiles llanuras del Po, y se extendieron por el centro y el sur de Italia, ocupando por una parte las costas occidentales desde el Tíber ó sea el Lacio, la Campaña y hasta la Lucania y la Sicilia, y por otra toda la región central de la península a uno y otro lado de los Apeninos, tomando la denominación general de pueblos sabelios, que comprendía los Equos, Volscos, Sabinos, Samnitas, Frentanos, etc.

  1. Los Etruscos sus establecimientos  y civilización: Siguió a los ltaliotas el pueblo Etrusco, de raza germánica, que hizo su primer asiento en las vertientes meridionales de los Alpes Réticos, descendiendo después al valle del Po, donde fundaron una confederación de doce ciudades y atravesando los Apeninos, se establecieron en la región comprendida entre el Arno, el Tíber y el mar Tirreno, que de ellos tomó el nombre de Etruria.

Los Etruscos fueron los más civilizados de los antiguos pobladores de Italia. Las ciudades de la confederación etrusca, llamadas Lucumonias, eran entre si independientes pero sus reyes ó jefes (Lars) se reunían periódicamente en Vulsinii para tratar los asuntos comunes.

Esta confederación alcanzo un poder marítimo temible hasta para los mismos cartagineses y los griegos; y realizó grandes progresos en la industria y en las bellas artes, distinguiéndose principalmente de todos los pueblos de Italia por el gran prestigio que entre ellos tenía la religión, y el cuerpo sacerdotal, célebre por el conocimiento de los auspicios y presagios. No obstante, los etruscos eran el país mas civilizado de Italia en la época de la fundación de Roma.

  1. Los restantes pueblos de la Italia antigua: Otro de los pueblos mas antiguos de la Italia es el de los Ligurios, hermano según algunos piensan, de los Sículos, y Limbos tal vez procedentes de los iberos del mediodía de Galia y de España; los primeros se establecieron en las regiones superiores del Po y en las costas del golfo de Génova, tomando aquellos países el nombre de Liguria; y los Sículos recorrieron la península hasta pasar a la isla que de su nombre se llamó Sicilia.

Por otra parte los Vénetos procedentes de la Iliria, penetraron en Italia por el N. E, apoderándose de los territorios al N. de la desembocadura del Po sobre el mar Adriático, que en adelante llevaron el nombre de Venecia y los Galos, atravesando los Alpes por el N. O., desalojaron a los Ligurios y a los Etruscos, quedando como únicos poseedores del valle del Po.

Por último, después de establecidos todos estos pueblos en Italia, comienza hacia el siglo VIII la colonización griega en las costas meridionales y en Sicilia, llegando poco después a ser predominante el elemento helénico en todas aquellas regiones.

De manera que en los tiempos de la fundación de Roma, se encontraban en la Italia, al N. los Ligurios, los Galos y los Vénetos; en el centro los Etruscos, y los pueblos de la raza Italiotas, Sabinos, Latinos, Frentanos, Samnitas, etc., al S. de las colonias griegas, con los Sicanos y Sículos en Sicilia.

Es probable que además de los pueblos que acabamos de designar, arriban  en diferentes puntos de las costas de Italia, y en tiempos muy antiguos, colonias pelásgicas venidas del Asia Menor y aun de la Grecia, sobre todo en la época de la invasión de los helenos; pues es lo cierto que en distintos Lugares de la península se encuentran restos de las construcciones que caracterizaban a este pueblo.

  1. El Lacio organización del pueblo latino: El Lacio que fue la cuna del pueblo romano, se extendía por la costa occidental de Italia desde el Tíber que lo separaba de la Etruria, hasta el Liris (Garellano) en los confines de la Campaña. En el interior el Lacio confinaba por el E. con el Samnium, y por el N. se hallaba separado de la Sabinia por el pequeño río Anio, afluente del Tíber.

Dentro de estos límites se encontraban varios pueblos de raza Italiotas, como los Volscos y los Rútulos en la costa, los Equos y Hérnicos en el interior, y los Latinos cerca del Tíber.

Sin embargo, hay que advertir que el primitivo Lacio tenía límites más reducidos, extendiéndose únicamente desde el Tíber al territorio de los Equos donde se encontraba la confederación latina, cuya capital era Albalonga, y donde después fue fundada Roma. Por las conquistas de los Reyes, el nombre de Lacio se extendió mas adelante a los países comprendidos dentro de los limites antes indicados.

Las 30 ciudades que formaban la confederación latina se gobernaban con completa independencia, teniendo cada una sus reyes propios y sus asambleas; reuniéndose sus representantes en Albalonga para tratar de los asuntos comunes.

7.Fundación de Roma: Mas abajo de la confluencia del Anio con el Tíber, y en la orilla izquierda de este no, se encontraban establecidas desde tiempos muy anteriores dos tribus latinas, la de los Ramnes y la de los Lúceres, en el monté que después se llamó Palatino.

Tal vez con estas tribus se mezclaran en otro tiempo algunos emigrantes de origen pelásgico, arribados a aquellos lugares después de la guerra de Troya. Andando el tiempo una tribu sabina, la de los Ticios, pasó el Anio, y vino a establecerse no lejos de las dos latinas, en el monte Quirinal, uniéndose con ellas, si bien conservando cada una su independencia y su organización é instituciones particulares.

Las dos tribus latinas debieron al principio mantenerse hostiles con la inmediata de los sabinos ; que tal es el carácter de las primeras relaciones entre los pueblos antiguos; pero con el tiempo desapareciendo las pequeñas diferencias que entre ellas podían existir por su diverso origen, hubieron de entrar en comunicación pacífica, constituyendo entre las tres una ciudad importante, Roma.

  1. Juicio sobre el origen de Roma: De lo que acabamos de exponer se deduce que Roma no se formó como los demás pueblos, de una manera natural, y en cierto modo espontánea, pasando insensiblemente de la tribu al Estado, y transformándose el gobierno del patriarca en monarquía; sino que su origen fue debido al cálculo y a la conveniencia de las tribus que la componían, pactando con plena conciencia las condiciones de la asociación, que fueron el mutuo interés de las tres tribus, bajo la base de igualdad y libertad, aportando todas ellas sus instituciones y su religión.Esta manera tan anómala de constituirse Roma, es la causa y única explicación de muchos hechos de su historia. En primer lugar, Roma no tuvo en su historia, como otros pueblos, un periodo de infancia, ni una edad heroica; porque desde su origen nace adulta, dominando en todos sus actos el cálculo y la reflexión.Debiendo su existencia a la incorporación de las tribus; Roma, basó en este hecho toda su historia. Conquistar para incorporarse todos los pueblos; esta es su vida. La conquista no es el fin del pueblo romano, es sólo el medio que constantemente emplea para llenar su misión  de enlazar el mundo con su propio destino.
  2. Tradiciones sobre el origen de Roma: El origen de Roma que hemos indicado, conforme a las investigaciones modernas, se fue oscureciendo y olvidando en tiempos posteriores entre los mismos romanos, no quedando otra cosa que ligeras reminiscencias, modificadas y alteradas por las generaciones durante siglos, embellecidas y desfiguradas mas adelante por los poetas y los historiadores.

Mas como esas tradiciones y fábulas han pasado hasta hace poco por verdades inconclusas, explicándose por ellas el origen de la gran ciudad, debemos aunque brevemente recordarlas.

Según la tradición, Eneas, después de la destrucción de Troya, acompañado de su hijo Julio Ascanio, arribó a las costas del Lacio junto a la desembocadura del Tíber, siendo muy bien recibido por el rey Latino, que le ofreció por esposa su hija Lavina, prometida antes a Turno, rey de los Rútulos, que con este motivo declaró la guerra al jefe troyano perdiendo la vida en la primera batalla.

Desapareciendo Eneas algún tiempo después en medio de una nueva batalla con sus enemigos, le sucedió su hijo Ascanio; éste fundó la ciudad de Albalonga en el monte Albano, que llegó a ser capital del Lacio, antes de la fundación de Roma.

La corona se mantuvo en los descendientes de Eneas y Lavinia, hasta Proca, que dejó dos hijos, Numitor y Arnulio :éste usurpó la corona que correspondía a su hermano, mató a su hijo, y obligó a su hija Rea Silvia a consagrarse al culto de Vesta, a pesar de lo cual tuvo de un solo parto dos gemelos. Amulion mandó enterrar viva a la madre, y arrojar al Tíber a los gemelos; pero salvados milagrosamente, fueron alimentados por una loba hasta que los recogió un pastor, que les dio los nombres de Rómulo y Remo ocupándolos en su mismo oficio.

Llegado a la mayor edad, y habiendo sabido el secreto de su nacimiento, dieron muerte a su tío Arnulio, y colocaron en el trono de Albalonga a su abuelo Numitor; después de lo cual se propusieron fundar una ciudad en el mismo lugar donde habían sido salvados milagrosamente, en las orillas del Tíber. Llegados allí se suscitaron algunas cuestiones entre ellos sobre la designación del lugar, de cuyas resultas Rómulo quitó la vida a su hermano Remo, y quedó por único dueño de la ciudad fundada sobre el monte Palatino.

Tal es el conocimiento tradicional sobre el origen de Roma que se ha venido sosteniendo desde la antigüedad hasta los últimos tiempos. Hoy está completamente averiguado que estas leyendas, si encierran algo de verdad, está tan velada por la fábula, que no es posible distinguirla; por cuya razón van relegándose al olvido.

  1. División de la historia de Roma: Roma realiza su historia bajo dos formas de gobierno, la monarquía y la república; pero como la monarquía existió en dos épocas distintas y separadas por la república, puede y debe dividirse esta historia en tres períodos perfectamente marcados, que son, La Monarquía ó el gobierno de los reyes, la República y el Imperio.

El primer período se extiende desde la fundación de Roma hasta la caída de la Monarquía (753 a 510).

El segundo comprende desde el establecimiento de la República hasta la fundación del Imperio (510-30).

Y el tercero, desde la fundación del Imperio hasta la caída de Roma en poder de los Bárbaros del Norte (30 a. J.C.-476 p.J.C.).

Los tres períodos de la historia de Roma se enlazan además con ciertos personajes cuyos nombres conviene tener presentes.

La fundación de Roma se relaciona con Rómulo; la caída de la Monarquía con Tarquino el Soberbio; el fin de la República y comienzo del Imperio, con Augusto; y el fin del Imperio, con Rúmulo Augústulo, último emperador romano de Occidente, destronado por los Hérulos.

RESUMEN:

1.Italia se encuentra situada en el centro del Mediterráneo, limitándola el Adriático, el mar de Sicilia, el Tirreno y los Alpes. Sus ríos principales son el Po, el Tíber y el Arno: sus golfos el de Génova y el de Tarento; las islas mas notables son Sicilia, Córcega y Cerdeña; el clima de Italia es el mas agradable y su territorio es de los más fértiles de Europa. Esta península ocupa una situación ventajosísima en el Mediterráneo.

  1. Roma ocupa la misma situación central en Italia, que ésta en el Mediterráneo: tiene Las ventajas de un puerto de mar, y no está expuesta a una sorpresa: fue edificada sobre siete colinas en las orillas del Tíber.
  2. Reina grande oscuridad sobre los primeros pobladores de Italia. Parece lo más seguro que los Yapigas con los Sicanos penetraron por el Norte, yendo a establecerse al Sur de la península y en la Sicilia: siguieron a éstos los ltaliotas que se extendieron por el centro y el sur de la Italia.
  3. Llegaron después los Etruscos, que se establecieron primero en las orillas del Po, y mas adelante pasaron al país, que de ellos tomó el nombre de Etruria este pueblo era en aquellos tiempos el mas civilizado de Italia, teniendo entre ellos gran prestigio la religión y el cuerpo sacerdotal.
  4. Además de estos pueblos vinieron de Occidente los Ligurios que se establecieron en Liguria, y los Sículos que pasaron a Sicilia; y de Iliria los Vénetos. Por último, los Galos se posesionaron de casi todo el valle del Po, y las colonias griegas inundaron las costas del mediodía. Es probable que en tiempos muy antiguos los Pelasgos abordasen a distintos puntos de la península.
  5. El Lacio estaba situado entre el Tíber, la Sabinia, el Samnium, el río Liris y el mar Tirreno. El primitivo Lacio tenía sus límites mas reducidos, y comprendía la confederación de 30 ciudades latinas, cuya capital era Albalonga.
  6. El origen de Roma es debido a dos tribus latinas, Ramnes y Lúceres, establecidas en el monte Palatino, con las que se unió después otra de Sabinia, los Ticios, conservando cada una su independencia y su organización.
  7. La fundación de Roma fue debida al interés y a la conveniencia de las tribus que la componían .Por eso Roma no tuvo infancia, dominando en su historia desde el principio el cálculo y la utilidad; derivándose igualmente de su anómalo origen su tendencia a la conquista como medio de incorporar todos los pueblos a su propio destino.
  8. Las tradiciones sobre el origen do Roma se refieren al arribo del troyano Eneas al Lacio, sus guerras con Turno y la fundación de Albalonga por su hijo Ascanio ; y después las crueldades de Amulio con la familia de su hermano Numitor, y los hechos fabulosos de Rómulo y Remo hijos da Rea Silvia. Estas tradiciones van cayendo en el olvido con las investigaciones modernas.
  9. La historia do Roma se divide en tres grandes periodos 1. los Reyes (753.510); 2. la República (510-30); y 3. El Imperio (30 a. J. C.-426 p.J. C.); ó  sea desde Rómulo hasta Tarquino el Soberbio ; desde Tarquino hasta Augusto; y desde Augusto hasta Rómulo Augústulo.

Características de la Civilización Romana Cultura Sociedad Gobierno

Características de la Civilización Romana

roma antigua

LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

  1. Misión de Roma en relación con la naturaleza. — Para concluir la historia de Roma procuraremos en esta lección examinarla en conjunto y en sus relaciones con la civilización universal.

Los pueblos orientales, encerrados en el aislamiento, y cultivando aptitudes exclusivas y determinadas, habían, sin embargo, desarrollado todos los gérmenes de la civilización humana. Tras de aquel tiempo de repulsión de pueblos e ideas, se presenta Grecia recogiendo todos los elementos de cultura y de progreso que encerraban aquellos pueblos, desenvolviéndolos de una manera admirable, gracias a los dotes excepcionales de la raza helénica.

Las conquistas de Alejandro habían hecho refluir la brillante civilización griega, hasta las más remotas regiones del Oriente. Pero quedaba, en tanto, todo un mundo el Occidente, dividido y fraccionado, envuelto en las tinieblas de la barbarie, esperando la luz del espíritu, los tesoros de la civilización, que le habían de iniciar en la carrera de su perfeccionamiento y en la realización de sus destinos.

Para el cumplimiento de tan altos fines, ningún pueblo reunía las condiciones de la península italiana, y dentro de ésta la ciudad de Roma. Roma, situada en el centro de Italia, estaba llamada a extender su dominación por toda aquella península; y ésta, unida por el Norte al centro de Europa, tocando casi por el Sur al África, y a igual distancia próximamente de los extremos oriental y occidental del Mediterráneo, reunía las más ventajosas condiciones para recoger por una parte los tesoros de la civilización griega y oriental, y comunicarla por otra a los pueblos de Occidente.

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Leyenda: La Madre Loba amamantando a Rámulo y Remo

Esta era la misión superior y grandemente trascendental que Roma estaba llamada a cumplir en la historia de la humanidad.

  1. Carácter de la civilización romana. — Como cada pueblo realiza en la vida una sola idea, después del Oriente con su absolutismo religioso y político, y después de Grecia con su libertad aplicada a todas las esferas de la vida humana, aparece Roma desarrollando la idea política en sus múltiples aplicaciones a la vida social.

En efecto, como en otra parte hemos manifestado, Roma emplea la mitad de su historia en conquistar el mundo fabricando al mismo tiempo el sólido edificio de su constitución interior; y dedica la otra mitad a consolidar sus conquistas, comunicando a todos los pueblos los tesoros inapreciables de su organismo social, haciendo de tantos pueblos divididos y aislados un solo pueblo y de tantas naciones antagónicas y hostiles una sola nación.

A diferencia de los conquistadores asiáticos, Roma no conquista únicamente por satisfacer su ambición, antes bien, aspira a un fin más alto, a regir y gobernar todos los pueblos, tu regere imperio populos, romane, memento, que dijo el poeta.

Este es el carácter más saliente de la civilización romana; y a esa idea social y de gobierno se subordinan en su larga historia todas las  manifestaciones de la vida humana. Roma no es un pueblo religioso, ni se distingue por la ciencia y por el arte, ni se dedica al comercio, ni a la industria; todos estos fines son allí secundarios, como dependientes y subordinados al fin supremo de Roma, la unión de todos los pueblos bajo el gobierno y las leyes de la gran ciudad.

  1. Gobierno. Organización política y social. — Roma practicó las dos formas fundaméntales de gobierno, la monarquía y la república; comenzó por el gobierno de los reyes, que fue de corta duración, sustituyéndole una república aristocrática, más en armonía con la índole y el carácter de Roma, que consiguió realizar una fuerte y robusta constitución en el interior, y extender sus conquistas por todos, los pueblos que circundan el Mediterráneo; y vino a terminar en el Imperio, llamado a completar las conquistas y más principalmente a organizar el mundo romano.

Habiendo subsistido cinco siglos la República y otros cinco el Imperio, y con el carácter eminentemente práctico y utilitario que distingue al pueblo romano, ambas formas de gobierno alcanzaron allí un completo desarrollo, tocándose en su larga duración los inconvenientes y todas las ventajas que encierran, pudiendo servir por esta razón la historia de Roma de lección constante para el gobierno de los pueblos futuros.

Pero en lo que Roma lleva una inmensa ventaja al Oriente y a Grecia, es en la organización política y social del imperio; nada igual, ni parecido hicieron sus antecesores de manera que Roma por sí misma, y sin enseñanza ajena, completó su organismo político, y llegó a constituir un sistema administrativo tan perfecto, que viene siendo desde entonces la constante escuela de todos los hombres de gobierno.

  1. Religión. — La religión que es el primer elemento civilizador en la infancia de los pueblos, no tuvo nunca una influencia tan decisiva, por cuanto Roma nació adulta, sin haber pasado por los períodos naturales en la organización de los pueblos primitivos.

Así es que aquella religión politeísta, nacida de las circunstancias mismas que dieron origen a Roma, fue política desde su principio, se enriqueció con los dioses de los pueblos vencidos creció extraordinariamente con la incorporación del Olimpo griego; pero quedó siempre en un lugar secundario, y como sometida a la vida política de Roma.

Sin embargo, la historia romana se desenvuelve al amparo del paganismo, cuyo carácter adquieren todas las instituciones políticas y sociales. Así es que, cuando el paganismo va perdiendo su influencia ante la verdad cristiana, las instituciones romanas decaen también, porque eran incompatibles con la nueva religión.

  1. Ciencia, literatura y bellas artes. — La cultura romana fue toda ella procedente de Grecia, tanto a lo que se refiere a la ciencia y la filosofía, como en la literatura y en las bellas artes. Pero cultivaron con particular predilección aquellas ciencias que más se relacionaban con el espíritu y tendencia de Roma, y que más posan contribuir a sus fines políticos de gobernar y dirigir todos los pueblos.

Por eso adquirió tanto desarrollo el estudio de la historia y del derecho, que conservaron una grande importancia, aun después que los otros ramos del saber se encontraban en marcada decadencia

  Las artes revisten también en Roma un carácter político, cultivándolas únicamente bajo su aspecto utilitario, y en cuanto podían servir a los fines de la gran ciudad. Admiraron la pintura, y más todavía la escultura griega, pero no trataron de imitarlas; y si fueron notables sus trabajos en arquitectura, carecían no obstante de la idealidad de la belleza y de la brillantez del genio, que tanto distingue a los monumentos de Grecia.

  1. Causas de la caída de Roma. — El Estado político más grande y poderoso que se conoció en la antigüedad desapareció, cono antes dijimos, de una manera natural, sin violencias ni revoluciones. Cayó Roma, porque había concluido su misión de unificar los pueblos y preparar el mundo para recibir el cristianismo.

Y como la sociedad romana estaba fundada en el paganismo, y las ideas cristianas, aunque triunfantes, no podían regenerar a un pueblo decrépito, corrompido y acostumbrado al puro formalismo religioso, fue necesario cruel organismo político del imperio desapareciera, arrollado por nuevos pueblos, mejor dispuestos para recibir la Buena Nueva.

El hecho de la desaparición del Imperio romano, por verificarse de una manera natural y en cierto modo pacífica, no por eso deja de ser uno de los acontecimientos más trascendentales que registra la historia, por cuanto cierra y termina la edad antigua y comprende y abarca los primeros gérmenes de la vida e historia moderna. Por estas razones, se hace necesario explicar un hecho tan importante, para lo cual apuntaremos aquí las causas fundamentales y remotas que lo vinieron preparando desde mucho tiempo antes así como las causas próximas u ocasionales que determinaron su ruina.

  1. Causas principales de la caída del Imperio romano. — La primera causa, y quizá la más influyente en la caída del imperio fue seguramente su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar países tan lejanos.

  En efecto, el imperio se extendía más de 4,200 leguas de Oriente a Occidente, y 1,200 de Norte a Sur; y dentro de estos límites se comprendían pueblos y naciones diferentes, de distinto origen y costumbres y hasta de razas diversas.

Así es que la acción del gobierno de Roma, a pesar de su posición central, se debilitaba considerablemente en las provincias lejanas; no siendo bastante a remediar este mal, el establecimiento de la diarquía primero y de la tetrarquía después. La situación ventajosa de Roma, su hábil política y perfecta administración, pudieron prolongar por cinco siglos la existencia de aquel inmenso imperio; pero debilitándose cada día su poder cayó al fin en ruinas, abrumado por su misma pesadumbre.

  1. Inadecuidad de las instituciones. — Otra de las causas que de tiempos lejanos venían minando la existencia del imperio, era la falta de armonía entre las instituciones y la política que regia los destinos de Roma.

Roma se había constituido durante la República, y todas sus instituciones, nacidas entonces, respondían a los fines propios de su historia en aquella época. Esas instituciones, que constituían la fuerza del organismo romano, y sirvieron de base a su engrandecimiento por medio de la conquista, resultaron inadecuadas y deficientes cuando, sometidos todos los pueblos, y establecido el imperio, Roma estaba llamada a comunicarles los tesoros de su derecho y de su civilización, en contra del carácter y de las tendencias egoístas de la República, que los tenia vinculados en la gran ciudad.

 Faltó el imperio de las instituciones inherentes a la monarquía, y apoyándose por consiguiente en las republicanas, nació de aquí una dualidad de aspiraciones que entorpeció grandemente el cumplimiento de los fines de Roma, aumentó su debilidad, y preparó desde mucho antes su caída.

Por otra parte, las instituciones romanas fundadas en el paganismo, eran antagónicas con el espíritu y tendencias del cristianismo, dominante desde Constantino y perdiendo aquellas desde entonces su prestigio, y no arraigadas todavía las instituciones cristianas, quedó el Imperio huérfano de creencias, y sin el fundamento religioso, tan necesario en la vida de las naciones.

  1. La esclavitud y el estado económico del Imperio. — Contribuyó también en gran manera a la ruina del Imperio, el aumento de la esclavitud y el desequilibrio económico que es su legítima consecuencia.

 Las continuas guerras en los últimos tiempos de la República habían agotado casi por completo las clases acomodadas y ricas; en Roma casi no existía en aquellos tiempos la clase de pequeños propietarios; y en cambio el número de esclavos había crecido de una manera prodigiosa, encargándose a éstos por necesidad toda clase de trabajos, especialmente los de la agricultura, con lo que decayó notablemente esta primera fuente de riqueza y bienestar, disminuyendo de un modo considerable los productos, y haciéndose general la miseria y la pobreza.

Por otra parte, la esclavitud había influido poderosamente en la corrupción, en los vicios, y en la pérdida casi completa de la moralidad en las clases elevadas; quedando así reducida la población del Imperio a un corto número de familias que vivían en la opulencia y en el refinamiento de los placeres, y una multitud innumerable de esclavos, que tenían menos consideración que los mismos animales. Un estado de cosas semejante iba minando la existencia de la sociedad romana, y empujándola sin cesar a su perdición y a su ruina.

  1. El Cristianismo y los Bárbaros. — Además de las causas anteriores, existen otras que de una manera más eficaz contribuyeron a la ruina del Imperio; tales son la religión cristiana y los Bárbaros del Norte.

Aun cuando el cristianismo no aparece en lucha manifiesta con el Imperio, sin embargo atacaba directamente al paganismo, consiguiendo al fin debilitarlo y en cierto modo destruirlo, desde los tiempos de Constantino y de Teodosio decayendo al mismo tiempo, y por esta causa, las instituciones y la vida del imperio, falto de la base religiosa que le había comunicado desde su origen las ideas y el culto pagano.

Pero la causa próxima, directa e inmediata de la caída del Imperio fue la invasión de los bárbaros, que desde los tiempos de Mario venían acosándolo por las fronteras del Rhin y del Danubio. Mal avenidos en las selvas de Germania, formando parte de los ejércitos romanos en los últimos tiempos del Imperio, y llegando por este medio a conocer la fertilidad y la riqueza de Galia, Italia y España; aquellos pueblos débilmente contenidos en las fronteras, pugnaron constantemente por avanzar hacia el Mediodía y concluir con el Imperio de Occidente.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

  1. Qué debe la civilización al pueblo romano. — Hemos concluido la historia de Roma; y antes de poner término a nuestro trabajo, es necesario concretar los servicios que la humanidad ha recibido del pueblo rey, y los progresos que le debe la civilización universal.

Nada provechoso hizo Roma bajo el aspecto de la religión apegada al paganismo, desconoció al principio la verdad cristiana, la persiguió después, y vino a reconocerlo demasiado tarde, cuando ya para ella no había salvación posible.

  No alcanzó, tampoco Roma una cultura original, contentándose con recibir de Grecia la ciencia, la literatura y el arte; pero hay que reconocer que si la brillante civilización helénica iluminó en la edad antigua el mundo occidental, esto se debe exclusivamente a Roma que extendió por todas partes con su dominación los tesoros inapreciables de la cultura griega.

  Pero Roma ejerció una influencia decisiva en la humanidad por el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho por el que se vienen rigiendo hasta hoy todos los pueblos civilizados.

  Roma, por otra parte, reuniendo todos los pueblos bajo una patria común, y concediéndoles a todos su derecho, extendió de tal manera la fraternidad humana que casi llega a tocar los límites de la unidad a los hombres.

  Además de esto la reunión de tantos pueblos bajo una misma dominación y unas mismas leyes; y la extensión del idioma griego en las regiones orientales y del latín en las occidentales, favoreció considerable mente la propagación del Evangelio. Y por último Roma, apropiándose la civilización griega y aumentándola con su derecho y sus instituciones, fue la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene compartiendo, desde el Renacimiento, con la civilización helénica.

  Tales son los servicios prestados por Roma a la humanidad. Si el Oriente nos enseñó a pensar en Dios, y  Grecia no hizo conocer al hombre, a Roma debemos los incalculables beneficios de la vida social.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

RESUMEN LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

— 1. Extendidos por Oriente los tesoros de la civilización griega merced a las conquistas do Alejandro, Roma admirablemente situada en el centro del Mediterráneo, reunía las condiciones más apropiadas para comunicar aquella civilización a los pueblos de Occidente, hasta entonces sumidos en las tinieblas de la barbarie punitiva.

— 2. La civilización romana tiene un carácter eminentemente político y social; sus conquistas se encaminan a Gobernar todos los pueblos, unificándolos bajo el poder incontrastable de su idioma, de sus leyes.

— 3. Las dos formas fundamentales de gobierno, la República y la Monarquía, alcanzaron en Roma un completo desarrollo, gracias a su larga aspiración y al carácter eminentemente práctico del pueblo romano: y en cuánto a la organización político-social, Roma aventajó a los griegos, y viene siendo desde entonces la maestra de todos los hombres de gobierno.

— 4. La religión no alcanzó en Roma la influencia que en otros pueblos, apareciendo siempre subordinada a la política.

— 5. La cultura romana carecía de originalidad; era toda ella una imitación de la de Grecia, Lauto en la ciencia, como en la literatura y en las bellas artes. Roma sobresalió únicamente en la Historia y en el Derecho, como ciencias más relacionadas con sus fines políticos y sociales.

— 6. Concluida su misión de preparar el mundo para recibir el cristianismo, Roma debía desaparecer, cediendo el lugar a otros pueblos mejor dispuestos para recoger las luces del Evangelio. La caída del imperio cierra y termina la edad antigua y da comienzo a la edad medía; y es conveniente conocer las causas próximas y remotas de un hecho tan importante.

— 7. Una de las cansas que más contribuyeron a la decadencia y ruina del Imperio, fue su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar pueblos tan lejanos.

— 8. Fue otra causa la falta de adecuidad entre el gobierno monárquico del Imperio y las instituciones por que se regía, que como originadas en tiempo de la República, tenían un carácter marcadamente republicano.

— 9. Disminuidas las clases acomodadas, y habiendo desaparecido los pequeños propietarios, todos los trabajos se encomendaron a los esclavos, decayendo por esta causa la agricultura, y haciéndose general la pobreza y la miseria.

— 10. Las Causas que más directamente influyeron en la caída del imperio, fueron, el cristianismo que combatiendo y destruyendo el paganismo, destruyó al mismo tiempo las instituciones y la vida de Roma; y los pueblos bárbaros que desde los tiempos de Mario venían asediándolo, y que después de una lucha de seis siglos, consiguieron destruirlo.

— 11. A Roma debe la civilización el haber extendido la cultura helénica por el Occidente; el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho la preparación del mondo para recibir el Evangelio; y el haber sido la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene Compartiendo con la civilización griega, desde la época del Renacimiento.

Gobiernos Romanos Post Muerte de Augusto

roma antigua

LECCIÓN XVI.
EMPERADORES DE LA CASA DE AUGUSTO (44-68).
EMPERADORES FLAVIOS (68-98).

  1. Reinado de Tiberio. — A la muerte de Augusto, le sucedió Tibero hijo de Livia, su segunda mujer, y que se había ya distinguido combatiendo en las orillas del Rhin y del Danubio contra los bárbaros. Imitando la conducta de su antecesor, aparentó que sólo aceptaba el Imperio por obedecer al pueblo y al senado.

  A la noticia de la muerte de Augusto se sublevaron las legiones del Danubio, que fácilmente fueron sometidas por Druso, hijo del emperador. Igualmente se insurreccionaron las de Germania, que intentaron proclamar emperador a su jefe Germánico.

Este hombre valiente y generoso se opuso a sus pretensiones hasta con peligro de su vida, y penetró al frente de aquel ejército en Germania para vengar el desastre de Varo, consiguiendo dar honrosa sepultura a los huesos de los que perecieron en tan funesta jornada, derrotar los Queruscos y otros pueblos enemigos del nombre romano, venciendo a Herman o Arminio en la sangrienta batalla de Idistaviso, sacrificando a todos los germanos que cayeron en su poder. Poco después Tiberio, envidioso de los triunfos de Germánico, le llamó a Roma, para encargarle los asuntos de la parte oriental del Imperio, donde murió envenenado por Pison gobernador de Siria.

  1. Política astuta y cruel de Tiberio. — En los primeros nueve años de su reinado, Tiberio procuró seguir las huellas de la política de Augusto, halagando al senado y al pueblo, administrando con rectitud y justicia las provincias, y perdonando hasta a sus mismos enemigos.

Pero al mismo tiempo abolió los comicios, confiriendo el derecho de nombrar los magistrados al senado, que vino a quedar como un cuerpo consultivo; y puso en vigor las acusaciones de lesa majestad, y favoreció las delaciones, como medio el más fácil de deshacerse de todos sus enemigos.

  Entre los cortesanos aduladores de Tiberio se encontraba Elio Sejano, a quien confió el gobierno del Imperio y el mando de las legiones; este hombre funesto se convirtió en instrumento ciego de las crueldades del emperador; y con el propósito de sucederle en el trono, consiguió desembarazarse de cuantos podían estorbarle en su camino, haciendo que Druso hijo de Tiberio fuese envenenado por su misma esposa, y desterrando a los hijos de Germánico, y a su viuda Agripina, que murió de hambre en la isla Pandataria.

  Por estos medios llegó Sejano a ser el dueño de Roma, mientras que Tiberio retirado en la isla de Tiberio se entrega a todo el desenfreno de los vicios y de la corrupción.

  Pero la mal disimulada ambición del favorito, llegó bien pronto a conocimiento del emperador; quien dió secretamente orden al senado de quitarle la vida, pereciendo con todos sus partidarios a manos del populacho, que arrojó su cadáver al Tíber.

  1. Últimos años y muerte de Tiberio. — Con la muerte de Sejano se aumentaron las sospechas, las inquietudes y crueldades de Tiberio. En su retiro de Caprea, pasa los últimos años de su vida ordenando el saqueo de las provincias, el despojo de los bienes a los ricos, y condenando a muerte a un gran número de personas, recreándose en los tormentos de sus victimas.

  Aborrecido por el senado y por el pueblo, por el ejército y por las provincias, fue ahogado en su propio lecho por su favorito Macron, por sugestiones de Calígula que había de sucederle.

  1. Reinado de Calígula. — A la edad de 25 años ocupó el trono Cayo Calígula, hijo de Germánico, siendo recibido con vivas aclamaciones por el senado y por el pueblo, que creyeron encontrar en él todas las virtudes de su padre.

  Calígula, como Tiberio, comenzó su reinado ocupándose exclusivamente del bien del pueblo; dio una amnistía a los desterrados, perdonó a sus enemigos prohibió las delaciones, y devolvió a los comicios la elección de los magistrados. A los ocho meses de reinado sufrió una enfermedad que puso en peligro su vida; y desde entonces, tal vez porque quedara perturbada su razón, se entregó a las mayores locuras y a todo género de crueldades.

  Entre sus locuras y extravagancias se cuenta, el haberse casado con su propia hermana, el proponerse elevar su caballo Incitato a la dignidad consular, etc., y de sus crueldades dan testimonio la muerte de Macron a quien debía la corona, la de Gemelo hijo adoptivo de Tiberio, y un gran número de personas principales y ricas, de cuyos bienes se apoderaba el tirano para atender a sus prodigalidades, presenciando con gran complacencia las angustias y tormentos de sus víctimas.

  Este hombre insensato que tenia la pretensión de ser superior a los demás hombres, quiso distinguirse como gran capitán, y emprendió una expedición a Germania, haciendo en ella prisioneros a sus propios soldados, y otra a Bretaña llevando a Roma como trofeos algunas conchas recogidas en el Océano.

  Por último, Casio Chereas, tribuno de los pretorianos, le quitó la vida, librando de este monstruo al mundo romano.

  1. Reinado de Claudio: Mesalina y Agripina. – El asesino de Calígula, de acuerdo con el senado, intenta restablecer la República: pero los pretorianos se adelantaron nombrando emperador a Claudio, hermano de Germánico, y tío de Calígula.

  Hombre anciano y de buenos sentimientos, pero de carácter débil y apático, Claudio comenzó perdonando a los desterrados, aboliendo las leyes inicuas y absurdas de su antecesor, reformando la administración de justicia y las costumbres, gobernando equitativamente las provincias, y empleando grandes sumas en obras públicas de reconocida utilidad; pero dejándose dominar por sus favoritos y libertos, y por su esposa, la impúdica Mesalina, fue causa de que se cometieran por éstos en su reinado tantos crímenes como en el de Calígula.

  Después de explotar el poder imperial para satisfacer sus pasiones y sus odios, Mesalina abandonó a Claudio y se casó con un joven patricio, llamado Silio, quitándole la vida poco después los favoritos por orden del emperador.

  Agripina. Claudio se casó después con Agripina, hija de Germánico, atropellando la ley que prohibía el matrimonio entre tío y sobrina. Dotada esta mujer de grandes talentos y de grandes vicios, la situación de Claudio en este nuevo matrimonio, vino a ser tan desairada como en el primero, siendo Agripina la dueña del gobierno, y repitiéndose los crímenes y desórdenes anteriores.

  En su primer matrimonio con Domicio Enobarbo había tenido Agripina a su hijo Nerón: y Claudio tenia de Mesalina a Británico y Octavia. Y aunque era natural que Británico sucediese a Claudio en el Imperio, los manejos y de las intrigas de Agripina consiguieron que su marido adoptase a su hijo Neron, cuya educación fue confiada al filósofo Séneca y a Burro general de los pretorianos: casándose después con Octavia, la hija de Claudio. Conseguido su objeto, y temiendo que Claudio revocara esta adopción, Agripina le dió un veneno que puso fin a su vida, y Burro con sus pretorianos proclamaron emperador a Neron.

  El reinado de Claudio merece citarse por las conquistas de Bretaña hasta el Támesis y el Saverna, verificada por Plaucio; la de Frisia, por Corbulon; y la incorporación al imperio de Licia y Judea en Asia, y de Mauritania en África.

  1. Reinado de Nerón. — Comenzó Nerón su reinado bajo los mejores auspicios, haciendo concebir a todos las más lisonjeras esperanzas. Dócil a los consejos de sus maestros, respetuoso con el senado, al que devolvió todas sus prerrogativas, espléndido y generoso con el pueblo y con el ejército, bien pronto se hizo el ídolo de Roma. Pero, como si pesara una ley fatal sobre los emperadores de la casa de Augusto, a los cinco años de un reinado feliz tanto en Roma como en las provincias, comenzó Nerón una serie de locuras, y tal cúmulo de iniquidades, que difícilmente se encuentra una época tan calamitosa en la historia de todos los pueblos.

  Agotados sus recursos por sus prodigalidades, el orgullo y la ambición de su madre Agripina, la fogosidad de sus pasiones, la condescendencia de sus maestros con sus primeros vicios, y la adulación de sus favoritos, todo contribuyó a lanzar a Nerón en el camino de los vicios, de los crímenes y del desorden. Intentando, por consejo de Séneca y de Burro, poner un límite a la ambición de su madre, ésta le amenazó con dar a Británico el trono de que lo había despojado, semejante amenaza causó la muerte de su rival, que fue envenenado en un festín: y la muerte de la misma Agripina, ordenando su propio hijo que fuese ahogada en el mar, echando a pique la nave que la conducía en el golfo de Nápoles; y como este medio no diese resultado, mandó asesinos que le quitaron la vida a puñaladas.

  Lanzado en la carrera de los crímenes, hizo perecer a su esposa Octavia, ya antes abandonada para unirse con Popea, mujer de su favorito Oton; y mandó quitar la vida a Burro a Séneca, y a los poetas Petronio y Lucano; y en medio de una orgía, manda incendiar a Roma, acusando después a los cristianos como autores de este crimen con cuyo motivo ordenó contra ellos la primera persecución, en la que perecieron entre otros, san Pedro y san Pablo.

  Si tantos y tantos crímenes hacen de Neron el tipo odioso de los tiranos, sus locuras le colocan a la cabeza de los monarcas extravagantes. Tenía la pretensión de ser el primero entre los actores y cantantes, el más hábil cochero del circo; quería figurar a la cabeza de los poetas, y emprendió una expedición a Grecia para tomar parte y triunfar en todos los juegos públicos.

  Sin embargo, las legiones mandadas por Suetonio Paulino, vencieron una insurrección en Bretaña: y las de Galia sublevadas por Vindex, ofrecen la corona al anciano Galba, gobernador de Tarraconense. Neron, a su vuelta de Grecia, se ve abandonado hasta por el senado; y para no caer en poder de Galba que invadió Italia y se atrajo a los pretorianos, se hizo matar por un liberto, exclamando al morir. ¡Qué gran artista pierde el mundo!

  1. Juicio sobre los emperadores de casa de Augusto. — El Imperio reunió en un solo hombre todos los poderes del Estado, haciendo depender la felicidad general de los talentos y de la conducta de los emperadores. Así se vio florecer el Imperio bajo el gobierno hábil y paternal de Augusto, y decaer notablemente cuando príncipes incapaces y perversos vinieron a ocupar el trono.

  Es digno de llamarla atención el hecho de que, comenzando su gobierno como buenos y honrados los emperadores de la familia de Augusto, todos ellos concluyen tiranizando al pueblo, y sumiéndose cada vez más en la crueldad y en la corrupción.

La constancia de este hecho, en medio de la diversidad de caracteres de esos emperadores, prueba que su causa debe atribuirse más que a las personas, al estado de la sociedad. En primer lugar tenemos el engreimiento natural de los monarcas, cuando los pueblos perdiendo su sentido moral, se convierten en aduladores de sus actos, hasta de los mas criminales; la corrupción de costumbres que a la sazón dominaba en Roma, principalmente entre las clases superiores y ricas, y mas todavía en la familia imperial; la extensión que alcanzaron los espectáculos sanguinarios del circo, constituyendo la más grata diversión de la juventud romana, que perdía en ellos la dulzura, delicadeza y humanidad de sentimientos.

Todas estas causas reunidas hacían de los romanos en general, y de los emperadores mas especialmente, hombres igualmente dispuestos al bien y al mal, pasando del uno al otro sin violencia y de un modo casi natural, permaneciendo indiferente y casi impasible el pueblo ante sus crueldades, y violando ellos las leyes divinas y humanas, sin que jamás pueda notarse señal alguna de arrepentimiento.

  En esta disposición general de los espíritus en aquella época, sólo faltaba un estimulo, un motivo o causa ocasional, para que los emperadores mas benévolos y humanitarios, cayeran en el extremo opuesto de la crueldad y corrupción. Y ese motivo existía en la necesidad Imperiosa de dinero que tenían los emperadores, no sólo para satisfacer sus caprichos o sus locuras, sino para alimentar y divertir al pueblo y al ejército, que en número de seis millones de personas, exentas de todo tributo, pesaban constantemente sobre el jefe del Estado. Y como éste no podía imponer nuevas contribuciones, con que atender a tan perentoria necesidad, acudía como supremo recurso al despojo, y a la confiscación de los bienes de los particulares, inaugurando de este modo la carrera de sus crímenes y la larga serie de sus violencias y crueldades. Sólo el gobierno arreglado y económico de Augusto pudo salvar estos peligros y dificultades menos discretos sus sucesores, no pudieron evitarlos.

  Desde esta época, por la decadencia del senado y de la nobleza, y por la miseria del pueblo, la fuerza y el poder de Roma reside en el ejército, en el cual se apoyan los sucesores da Augusto para ocupar el trono; arrogándose después el derecho de elegir el monarca, naciendo de aquí la larga serie de guerras civiles que, con ligeros intervalos, ensangrentaron todo el imperio.

  Añadiremos, sin embargo, que los males sociales que acabamos de señalar, como causas de la corrupción del imperio en tiempo de los sucesores de Augusto, sólo afectaban a Roma, pero sin trascender  las provincias. Estas gozaban de los beneficios de la paz, y aumentaban cada día su prosperidad y su bienestar: las escasas comunicaciones que mantenían con Roma las libraron por algún tiempo de las desgracias y calamidades de la gran ciudad.

  1. Galba, Otón y Vitelio. — Proclamado por las legiones, Galba ocupó el trono, siendo aceptado por el senado, y reconocido por el pueblo; pero bien pronto los pretorianos, a quienes negó el donativo acostumbrado, se manifestaron descontentos; y dirigidos por

Otón, le quitaron la vida en el campo de Marte á los siete meses de reinado, pereciendo después muchos de sus partidarios.

Otón, sin otros méritos que haber sido compañero de libertinaje de Nerón, y marido de Popea la querida de aquel emperador, comenzó, sin embargo, su reinado perdonando á sus enemigos, y dando una amnistía á los desterrados. Pero á poco de subir al trono. las legiones de Germania eligieron emperador á Vitelio, cuyos generales Valente y Cecina pasaron á Italia, y obligaron a Otón á combatir en Bedriacum (entre Mantua y Cremona), donde fue completamente derrotado su ejército, y él mismo pocos días después se quitó la vida en Brixéllum, por no prolongar las disensiones y desventuras de su patria.

Vitelio no se distinguió mas que por su glotonería, gastando en pocos días sumas inmensas en la preparación de las comidas mas extravagantes. Y mientras pasa el tiempo en comilonas, las legiones de Siria y de la Iliria proclamaron emperador á Flavio Vespasiano, y pasando á Roma Antonio Primo, se apoderó de la ciudad, después de incendiar el Capitolio y vencer en el campo de Marte á los partidarios de Vitelio, pereciendo éste en la refriega, siendo su cadáver arrastrado por las calles, y después arrojado al Tíber.

  1. Juicio sobre el reinado de estos tres emperadores. — En el corto tiempo de poco mas de un año que reinaron Galba, Otón y Vitelio, el Imperio que hasta aquí babia tenido un carácter casi aristocrático por pertenecer los emperadores á las familias mas distinguidas de Roma, comienza ya á comunicarse á las clases menos elevadas, y hasta á las provincias, como sucedió con Vespasiano, que no era romano, y como sucederá después con los Antoninos de origen español. Esto procedía de que las antiguas familias habían llegado á extinguirse en las guerras y proscripciones, y por la tiranía de los emperadores.

Por otra parte, los últimos emperadores para atraer á su causa los partidarios que necesitaban, extendieron el derecho de ciudad á muchos pueblos. Así se iba cumpliendo la misión de Roma, de comunicar á los otros pueblos, todos los elementos de vida y civilización, antes concentrados en la gran ciudad.

  1. Los Flavios. Vespasanio.—Flavio Vespasiano, natural de Reate, que se babia distinguido en’ las guerras de Bretaña, y había recibido de Nerón el encargo de la guerra contra los Partos y contra los judíos, fue el fundador de la dinastía de los Flavios, á la que pertenecieron sus hijos Tito y Domiciano.

Vespasiano consiguió restablecer la gloria del Imperio, introduciendo la justicia en el gobierno, la moralidad en la administración  de las provincias, y la disciplina en las legiones restableció el orden y la tranquilidad, aumentó con prudentes economías las rentas públicas, favoreció las artes y las letras, y de volvió al senado su prestigio, separando los miembros incompetentes ó indignos. A él se deben gran ni5mero de magníficos monumentos en Roma, corno el Coliseo, el templo de la Paz y la restauración del Capitolio; y puentes, acueductos, vías militares, y otras obras de marcada utilidad en las provincias.

  1. Guerras en la Galia y en Judea. — Desde los tiempos de Pompeyo la Judea se encontraba bajo la protección de los romanos y gobernada por virreyes en nombre de Roma Augusto la redujo á provincia romana; pero los judíos, amantes siempre de su independencia, promovieron varias insurrecciones –que obligaron á Nerón á mandar contra ellos á Vespasiano Sometida la Galilea, marchaba éste á sitiar á Jerusalén, cuando, nombrado emperador y teniendo que marchar á Roma, encargó la prosecución de aquella guerra á su hijo Tito.

Sitiada Jerusalén, y resistiéndose siete meses valerosamente los judíos, á pesar de sus divisiones intestinas, de los estragos de la peste y del hambre, la ciudad fue tornada por asalto, saqueada y reducida a cenizas. Esta guerra costó la vida á mas de un millón de judíos, y los que sobrevivieron á ella fueron unos reducidos á la esclavitud, y otros obligados á abandonar su patria, diseminándose por todos los pueblos, sin haber vuelto á formar después un cuerpo de nación.

La guerra de las Galias tuvo origen en la sublevación de los Bátavos, habitantes de una isla formada por dos brazos del Rhin, siendo su jefe el valiente Civilis. Esta insurrección se propagó á los pueblos ved— nos, galos y germanos, que alcanzaron algunas victorias sobre los romanos, y se hicieron independientes. Sabino que se proclamó emperador de las Galias, fue vencido por los Secuanos; y los pueblos restantes, divididos entre sí, fueron sometidos por Cerealis, general de Vespasiano, consiguiendo los Bátavos una paz honrosa y su independencia por la energía y el valor de Civilis.

Después de esta guerra, comenzó la de la Bretaña, mandando los ejércitos romanos primero el mismo Cerealis y después Agrícola.

  1. Imperio de Tito. — Durante su juventud Tito se habla entregado á los mayores desórdenes en la corte de Nerón. Pero asociado al gobierno por su padre Vespasiano, cambió completamente de conducta.

Cuando llegó á ocupar el trono procuró por todos los medios hacer la felicidad de su pueblo M clemente y mas humano que su padre, y amante ante todo de la justicia, reformé la administración, concedió al senado y al pueblo una prudente libertad; distinguiéndose principalmente por sus esfuerzos para remediar las desgracias que en su tiempo experimento Roma, por la invasión de la peste, por un incendio que destruyó el Panteón y el Capitolio ; y sobre todo por la gran erupción del Vesubio (79) en que quedaron sepultadas las ciudades de Herculano, Pompeya Estables, y en la que pereció Plinio el naturalista.

Tito que consideraba perdido el día que no había hecho algún bien á sus semejantes, fue llamado pi sus contemporáneos delicias del género humano.

  1. Imperio de Domiciano. — Hijo de Vespasiano hermano de Tito, Domiciano comenzó gobernando de justicia, aumentando la prosperidad del imperio, embelleciendo á Roma, y tratando á todos con human dad y clemencia. Pero muy luego cambió de conducta y arrastrado por la pasión de la envidia, y por su carácter cruel y sanguinario, restableció la ley de lesa majestad, con lo que Roma se poblé de delatores; despreció al senado, y condenó á muerte á los ciudadanos mas distinguidos, entre otros a Cerealis y al ilustre Agrícola, a quienes debía la conquista de Bretaña expulsé de Roma á los filósofos y á los hombres d letras, y ordenó la segunda persecución contra lo cristianos.

Este hombre sanguinario, que como Calígula y Neron, se complacía en el tormento de sus víctimas, fu asesinado, por orden de su propia esposa y por lo principales oficiales de su corte, librándose así de 1 muerte contra ellos decretada, y librando de un monstruo a la humanidad.

 Fue notable, sin embargo, el reinado de Domiciano, por la conquista de la mayor parte de Gran Bretaña que llevó a cabo su general Agrícola, extendiendo la dominación romana hasta los límites de la Caledonia, construyendo una línea de fortalezas desde el golfo de Fort al Clyde, para evitar las incursiones de los Pictos y Caledonios. A la vez sostuvo guerras en las fronte­ras del Danubio, venciendo a los Catos; y poco después a los Dacios establecidos en la orilla izquierda, y que pasando el río habían penetrado en la Mesia; pero fue derrotado por los Marcomanos, y tuvo que pagar un tributo a Decébalo rey de la Dacia.

  1. Juicio sobre los emperadores Flavios. — Desde que el imperio pertenece a un solo hombre, y éste es dueño de las vidas y haciendas de sus súbditos, la felicidad o la desgracia de tantos hombres y pueblos, está pendiente de las condiciones del emperador. Así pueden notarse las alternativas y cambios casi repentinos entre la prosperidad y la decadencia, la gloria y el rebajamiento, la humanidad y la crueldad, según las circunstancias personales del que regia los destinos de Roma.

  Vespasiano, con sus altas dotes de gobierno, con su actividad y rectas intenciones, hace florecer el imperio Tito, con su natural bondadoso, y la humanidad de sus sentimientos, hace las delicias del género humano pelo Domiciano, cruel y sanguinario, hace renacer los calamitosos tiempos de Calígula y de Nerón siendo perdidos, durante su reinado, los nobles y generosos esfuerzos para labrar la felicidad del imperio, llevados a cabo por su padre y por su hermano.

  Por otra parte, en la época de Domiciano se inaugura una política calamitosa para Roma en sus relaciones con los bárbaros. Tal fue el comprar la paz a Decébalo, en lugar de combatirlo con todas las fueras de que el imperio podía disponer. Este ejemplo, muchas veces repetido por los siguientes emperadores, reveló la debilidad de Roma a los bárbaros, cuyas exigencias fueron en aumento, hasta la invasión general que concluyó con el imperio de Occidente.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XVI. 

 —1. A Augusto sucedió Tiberio su reinado. Su hijo Druso sometió las legiones sublevadas del Danubio; y Germánico venció a los germanos mandados por Herman, y dio sepultura a los huesos de los soldados de Varo; pasó después a Oriente por orden de Tiberio, y fue envenenado por el gobernador de la Siria.

—2. Tiberio gobernó al principio con moderación y justicia pero entregando después el mando a su favorito Sejano, éste consiguió deshacerse de todos los que podían estorbarle el acceso al imperio, mientras el emperador después de cometer grandes crueldades, se retiró a Caprea entregándose a todos los vicios. Sejano, de orden de Tiberio, pereció en manos del populacho.

— 3. Después de la muerte de Sejano, no tuvo límites el desenfreno y la crueldad de Tiberio, atrayéndose de esta manera la odiosidad general, y pereciendo ahogado en su propio lecho por sugestiones de Calígula.

—4. Después de algunos meses de un gobierno paternal y humanitario, Calígula, a consecuencia de una grave enfermedad, se tornó cruel, sanguinario y extravagante, complaciéndose en el tormento de sus victimas, y emprendiendo ridículas expediciones a Germania y a la Bretaña; y fue asesinado por Chareas.

—5. Fue nombrado emperador por las legiones el viejo Claudio, tío de Calígula, que inaugura su reinado por medidas prudentes y justas; pero sus favoritos y su esposa Mesalina, valiéndose le su debilidad, cometieron innumerables crímenes. Mesalina perdió la vida poco despees de orden de Claudio. Este se casó entonces con Agripina, que repitió los crímenes y desordenes anteriores, y que consiguió del débil é irresoluto emperador que adoptara a su hijo Neron en perjuicio de Británico, hijo de Tiberio y Mesalina. Agripina envenenó a Claudio, y las legiones proclamaron a Neron.

— 6. La moderación y justicia de Neron en los primeros años de su reinado, le hicieron el ídolo de Roma; pero después su vida fue un cúmulo de vicios, de crímenes e       iniquidades, mandando quitar la vida a Británico y a su propia madre Agripina, a su esposa Octavia, a Séneca, Burro, Lucano etc., incendió a Roma, y ordenó la primera persecución contra los Cristianos. A estas crueldades hay que añadir una larga serie de locuras y extravagancias, pretendiendo ser el primero en todas las artes y letras, etc. Sublevadas las legiones, Neron se hizo matar por un liberto.

—7. Todos los emperadores de la casa de Augusto comienzan gobernando con justicia, y terminan entregándose a las mayores crueldades y un hecho semejante debe atribuirse al estado de la sociedad, y principalmente a la necesidad de proporcionarse recursos con que atender a la subsistencia del ejército y el pueblo. Desde esta época el ejército se arroga el derecho de elegir los emperadores. Entre tanto las provincias permanecían ajenas a los desordenes de Roma.

—8. Galba proclamado por las legiones, se vio poco después arrojado del trono, por Oton al frente de los pretorianos. Este a su vez, fue derrotado en Bedriacum por las legiones de Vitelio, y se quitó la vida. Vitelio, que no se distinguió más que por su glotonería, se vio atacado en Roma por las legiones que habían elegido en Oriente a Vespasiano, pereciendo en la refriega.

—9. En este tiempo, por haberse extinguido las antiguas familias patricias, comienzan a ser elegidos emperadores, personajes de Italia y de las provincias, extendiendo éstos al derecho de ciudad a muchos pueblos.

— 10. La dinastía de los Flavios comienza con Vespasiano, que con su prudente y acertado gobierno hizo renacer en Roma y en las provincias la prosperidad y la grandeza del imperio de Augusto.

—11. Vespasiano en la guerra de Judea se apoderó de Galilea; y su hijo Tito después de un horroroso sitio tomó a Jerusalén y la destruyó, obligando a los judíos a expatriarse. La insurrección de los Bátavos mandados por Civilis, se propago a la Galia y Germania; pero fueron sometidos por Cerealis, quedando independientes los Bátavos.

—12. Tito procuró por todos los medios hacer la felicidad de sus pueblos, y reparar en lo posible las calamidades que por aquel tiempo experimentó Roma, y las que se originaron por la erupción del Vesubio.

— 13. Domiciano, al principio imitó por algún tiempo la prudencia del gobierno de su padre y de su hermano, pero cometió después toda clase de crueldades, mandando quitar la vida a Cerealis, Agrícola y otros ilustres personajes; arrojó de Roma a los sabios, y ordenó la segunda persecución contra los cristianos. Fue asesinado por instigaciones de su propia esposa. En su tiempo Agrícola conquistó la Bretaña hasta la Caledonia: y sus ejércitos alcanzaron algunas victorias en las orillas del Danubio; pero tuvo que comprar la paz a los Dacios.

— 14. Desde que el imperio está en manos de un solo hombre, la felicidad o la desgracia de tantos pueblos están pendientes de las condiciones de los emperadores. Así Vespasiano y Tito reproducen la prosperidad y la grandeza del imperio de Augusto, y Domiciano renueva las calamidades y desgracias de tiempo de Nereo, inaugurando a la vez la política calamitosa para Roma da comprar la paz a los bárbaros.

Conquistas de Italia por los Romanos Dominacion Romana Pueblos Vecinos

Conquistas de Italia por los Romanos
Dominación de los Pueblos Vecinos

roma antigua

 CONQUISTA DE LA ITALIA MERIDIONAL (342-216).

  1.    El Samnium. Terminada su organización, Roma dueña del Lacio, emprende el camino de las conquistas, comenzando por los pueblos del mediodía da Italia.

A lo largo de la costa del mar Tirreno, se extendía al E. del Lacio y separada de este por el río Liris, la región fertilísima y de clima apacible, llamada Campania, cuya ciudad principal en aquel tiempo era Capua, cerca del Vulturno. Al N. de este país, y al E. también del Lacio, se encontraba otra región atravesada por la cordillera de los Apeninos, de suelo accidentado y montañoso, llamada el Samnium, en la que se comprendían diferentes pueblos, siendo los principales los Vestinos, Marrucinos, Pelignos y los Samnitas. La naturaleza del país, áspero y quebrado, había desarrollado en los habitantes un valor a toda prueba, pasando por los mas belicosos de Italia. Pero aquellos pueblos unidos por la naturaleza y por el carácter, vivían entre si con cierta independencia, faltándoles por consiguiente la unidad tan necesaria en un estado fuerte y poderoso.

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La proximidad del Lacio y el Samnium había determinado frecuentes relaciones entre ambos pueblos, que desde muy antiguo venían siendo aliados: y por otra parte los samnitas habían extendido su influencia, y a veces su dominación por la Campania.

  1. Guerras con los samnitas: sus causas. Roma y el Samnium eran los dos pueblos mas importantes de Italia central. El espíritu de dominación de la primera, y el carácter libre é independiente de los samnitas, hacían imposible entre citas la armonía y sincera amistad, y fue la causa de aquellas guerras tan encarnizadas que duraron más de 40 años, y que debían terminar con la sumisión de uno de los dos pueblos.

En las guerras de los samnitas se ventila la dominación de Italia. Roma por su situación en el centro de la península, con una fuerte constitución social, y un ejército aguerrido; y sobre todo por su carácter eminentemente conquistador, aspira a ser la única dueña desde los Alpes a Sicilia; pero en medio de la división de los pueblos italianos, encuentra en su camino los fieros montañeses del Samnium que intentan oponerse a sus designios, naciendo de aquí la guerra de una manera necesaria.

 En esta situación de los dos pueblos, un motivo cualquiera había de bastar para dar comienzo a la lucha. Este motivo no tardó en presentarse. La ciudad de Capua, sitiada por los samnitas, pide socorro a Roma, que el senado le niega alegando la antigua alianza entre los dos pueblos; pero estos escrúpulos desaparecen, cediendo los de Capua su ciudad y su territorio a los romanos; pues de esta manera el senado defendiendo a Capua defendía una propiedad romana. Así comenzó Roma la guerra del Samnium atropellando con pretextos especiosos la santidad de los tratados.

  1. Comienzo de la guerra. Rebelión y sumisión de los latinos. La guerra tuvo principio en la Campania, derrotando el cónsul Valerio Corvo a los samnitas en el monte Guaro cerca de Capua: sin embargo Roma hizo la paz abandonando aquel país a los samnitas, para atender a la sumisión de los latinos.

 Después de someter algunas legiones sublevadas en Capua, y de conceder a los plebeyos la dictadura, la pretura y la censura, únicos cargos hasta ahora vinculados en los patricios; todos los pueblos latinos mal avenidos con el yugo romano, se sublevaron en demanda de su antigua independencia, ó de la participación en el senado y demás dignidades de Roma, puesto que como aliados contribuían a las conquistas tomando parte en los ejércitos.

Tres años duró esta guerra, combatiendo con igual valor romanos y latinos. Entonces se dio el ejemplo de condenar a muerte el cónsul Manlio Torcuato a su propio hijo, por haber vencido contra sus órdenes a un enemigo y en la batalla de Veseris, junto al Vesuvio, el otro cónsul Decio Mus, viendo a sus tropas retroceder, con la fórmula sagrada se mezcla en lo mas rudo del combate, perdiendo la vida para la salvación de Roma, que alcanzó completa victoria.

Sin embargo, esta guerra debilitó tanto a los romanos, que el Senado tuvo que satisfacer casi todas las exigencias de los vencidos, concediendo el derecho de ciudad a los pueblos que habían permanecido fieles pero con el fin de evitar una nueva sublevación de los latinos, arrasó las ciudades rebeldes, trasladó a Roma sus habitantes y estableció gran número de colonias, asegurando de esta manera su dominación en todo el territorio del Lacio.

4.Continuación. de las guerras samnitas. Las Horcas Caudinas. La guerra entre Roma y el Samnium no podía terminar, sino con la sumisión de uno de los dos pueblos. Si Roma se apartó de esta guerra durante la lucha con los latinos, en la  que le habían ayudado los mismos samnitas, concluida ésta, renacieron los mutuos recelos, preparándose unos y otros para las nuevas campañas, que comprendían eran inevitables.

Abiertas las hostilidades, el cónsul Publilio Filon, prorrogado en el mando con el titulo de Procónsul, se apoderé de Palepolis, donde después se fundó Nápoles. En esta guerra Fabio Rulanio general de la caballería, a las órdenes del dictador Papirio Cursor, fue condenado a muerte por haber empeñado una batalla y haber vencido a las samnitas, contra la orden del Dictador, debiendo su salvación a los ruegos y súplicas del pueblo.

Sin embargo, los samnitas alcanzaron diferentes victorias sobre los romanos. El primero de los generales samnitas, Poncio Herennio, atrajo al enemigo a un lugar estrecho cerca de Caudium, donde con poco esfuerzo pudo destruirlo; contentándose, no obstante, con obligar al cónsul Postumio a firmar la paz, quedándose, el general samnita con 600 rehenes, y haciendo pasar el ejército y los generales romanos bajo un yugo (Horcas caudinas) en señal de sumisión.

Para alejar de si la vergüenza de semejante humillación, el senado romano apeló a su habitual mala fe, pretextando que los cónsules habían hecho la paz sin su consentimiento; y debiendo por esta causa ser ellos solos responsables, atados de pies y manos fueron enviados al general samnita. Poncio Herennio, sin embargo, indignado de la falsía romana, no los quiso recibir, respondiendo al senado que, si no quería aceptar el tratado de paz, debían colocarse las legiones en el mismo desfiladero, donde él pudo exterminarlas y las perdonó. El senado desoyó esas reclamaciones, y hubo que apelar de nuevo a las armas.

Para lavar la mancha de las breas Caudinas, Boma levanté un poderoso ejército, nombrando para dirigirlo a los dos hombres mas distinguidos en la guerra, Papirio Cursor y Publio Filon; que poco después derrotaron a los samnitas y les tomaron a Lucena cerca del Vesubio, haciéndoles pasar por el yugo, incluso el general P. Herennio.

  1. Ultimas guerras con los samnitas. Los triunfos de Roma sobre los samnitas y la mala fe del se nado reanimaron los odios de varios pueblos de Italia, que hicieron ahora causa como con los samnitas, levantándose contra la tiranía romana los Etruscos, los Galos, los Umbrios, Hérnicos, Equos, los Volscos y los Salentinos, comprometiéndose todos a vencer ó morir por su independencia. Las fuerzas de tantos pueblos bien dirigidas hubieran podido destruir a Roma; pero combatiendo separadas, sin orden ni concierto, fueron derrotadas por las romanas, que aunque menos numerosas, eran mas aguerridas y disciplinadas.

Fabio Ruliano venció y exterminó a los etruscos y a los umbrios junto al Tíber en el lago Vadimon y Decio Mus con fuerzas menores derrotó a los aliados en Sentinum. Igual suerte tuvieron los samnitas, vencidos también en Aquilonia primero, y en la Campania después, quedando aniquilada esta nación, y llevado a Roma como trofeo de la victoria de los Fabios, al anciano Herennio. Los samnitas tuvieron que someterse, y Curio Dentato les impuso un tratado de paz tan tiránico y despótico, que en poco tiempo el Samnium se vio casi despoblado, en poder de las colonias establecidas en todo aquel país por los romanos.

  1. Consecuencias de las guerras con los samnitas. Las guerras con los samnitas fueron tan largas y costosas, como de provechosos resultados para Roma, tanto en el exterior como en el interior.

En primer lugar se hizo la potencia dominante en Italia. En los  años que llevaba de existencia Roma no había conseguido extender su poder mas allá del Lacio; y aun dentro de estos límites su autoridad era tan escasa, que los pueblos sometidos aprovechan todas las ocasiones para rebelarse. Al terminar las guerras samnitas Roma, había aumentado su dominación con la Campania, el Samnium, la Sabinia, la Umbria, el Piceno, la Etruria, y el país de los Galos Senones y Bayos.

De manera que le pertenecía toda Italia central, desde el mar Tirreno al Adriático, y desde el valle del Po hasta las colonias griegas del Mediodía de la península. Tales son los resultados materiales para Roma de las guerras samnitas.

Y no fueron menos importantes los resultados de esas guerras en la vida interior de Roma; pues en este tiempo se consolidó el orden y armonía entre patricios y plebeyos; se afirmó la disciplina y el prestigio del ejército, y adquirió el pueblo romano la conciencia de su valer y la fe en su destino.

  1. Juicio sobre las guerras samnitas. Tanto por su duración, como por sus resultados, las guerras samnitas constituyen el hecho mas importante de la historia de Roma en los cinco primeros siglos de su existencia durante esas guerras puede observarse el carácter de la política romana, y los medios de que se valió la gran ciudad para llegar a dominar el mundo.

Estas guerras fueron injustas en su origen, puesto que comienzan violando especiosamente los romanos la alianza que tenían con los samnitas :encierran una de las mayores iniquidades de la historia de Roma, por la mala fe del senado anulando y mistificando el tratado de las Horcas Caudinas :son crueles por el exterminio de los enemigos, y por haber quitado la vida a Poncio Herennio que había perdonado las legiones, y aun después de engañado por los romanos, no había molestado en lo mas mínimo a los 600 rehenes que tenía en su poder; y concluyeron por otra injusticia privando de su libertad é independencia a los samnitas y otros pueblos.

Tal es la política de Roma en las guerras samnitas: la mala fe y el engaño, revestidos con apariencia de  justicia, son las armas principales con que venció a los rudos montañeses del Samnium, y de que se ha de servir en sus ulteriores conquistas.

Pero al mismo tiempo Roma cuenta con poderosos auxiliares que le dan siempre la victoria sobre sus enemigos: la fuerte unidad de su constitución, la constancia inalterable del senado en sus propósitos, y el valor y disciplina de sus ejércitos.

  1. Guerras con Pirro. Después de las guerras con los samnitas, los dominios de Roma se extendían por el Sur hasta la Magna Grecia, ó sea hasta los países meridionales ocupados por gran número de colonias griegas, entre las cuales alcanzó mayor preponderancia política en este tiempo la ciudad de Tarento,  situada en el fondo del golfo de su nombre, en el mar Jónico.

Los tarentinos, que habían favorecido secretamente a los samnitas, y habían insultado a los embajadores de Roma que fueron a pedirles satisfacción, temiendo perder su independencia, llamaron en su auxilio a Pirro, rey de Epiro, que poco antes se había distinguido conquistando Macedonia, perdiéndola después. Pirro pasó a Italia al frente de un ejército aguerrido; disciplinó é infundió valor y energía a los tarentinos, y venció al cónsul Servio junto a Heráclea, merced al terror que sus elefantes introdujeron en el ejército romano; pero perdiendo el rey de Epiro la mayor parte de sus tropas.

El valor desplegado por los romanos en la batalla de Heráclea entusiasmó de tal manera a Pirro, que mandó a Roma a su secretario, el sabio y prudente Cineas, a pedir la paz al senado, llevando ricos presentes para las mujeres de los principales personajes romanos. El senado, sin embargo, rechazó todas sus proposiciones, diciéndole por única contestación, que cuando Pirro saliese de Italia, podría tratar de la paz. Cineas manifestó a Pirro, que Roma le había parecido un templo, el senado una asamblea de reyes, y el pueblo romano la hidra de Lerna, cuyas cabezas renacerían a medida que se cortasen.

En estas circunstancias Pirro se propone llevar la guerra a las mismas puertas de Roma: pero el ejército romano al mando del incorruptible Cayo Fabricio, le salió al encuentro cerca de Asculum, y aunque la batalla no fue decisiva, perdió tanta gente el rey de Epiro, que abandonó la Italia, pasando en busca de nuevas aventuras a Sicilia.

  1. Fin de las guerras con Pirro. Sumisión de Italia Meridional. Pirro pasó a Sicilia, llamado por el tirano de Siracusa, Agatocles, contra los cartagineses y los mamertinos; y rechazados éstos, al cabo de dos años volvió a Italia, llamado nuevamente por los tarentinos, que se veían acosados por los romanos. Estos mandaron contra él un ejército a las órdenes del cónsul Lucio Dentato, y saliéndole al encuentro en Benevento, fue completamente derrotado el rey de Epiro, que perdió en la batalla la mayor porte de sus tropas, y tuvo que volverse a Grecia con solos 8.000 hombres. Dos años después, perdió la vida Pirro en medio de un motín en Argos.

Durante la ausencia de Pirro en Sicilia, los romanos se habían apoderado de los pueblos de Italia Meridional, que habían hecho causa común con los tarentinos, cayendo en su poder Lucania, Apulia, Brutium y el país de los Salentinos, donde se asentaba Tarento; esta ciudad, guarnicionada por las tropas da Pirro, después de su muerte en Argos, cayó también en poder de los romanos. De esta manera la República romana extendía su poder desde el Rubicon y el Auser hasta el estrecho de Mesina, teniendo abierto el campo para sus conquistas futuras, por el N. en la Galia Cisalpina que ocupaba el valle del Po, y por el Sur en la isla de Sicilia, cuya mayor parte se hallaba en poder de los cartagineses.

  1. Causas del engrandecimiento de Roma. Organización militar. En las guerras con los Samnitas y en la conquista de la Italia meridional, se comienza a entrever el carácter y el destino de Roma; conquistar para dominar. Tu regere imperio populos, romane, memento.

Roma en aquel tiempo contaba ya con todos los elementos necesarios para vencer, y con todos los medios para conservar sus conquistas. Estos elementos y estos medios eran la organización de su ejército, su sistema de colonización, y la política hábil y perseverante del senado.

Las legiones romanas se distinguían ante todo por su valor y patriotismo; y por esta razón se componían de los ciudadanos, pero no entraban a formarlas, los esclavos, ni los libertos, ni los indigentes.

En las guerras ordinarias tomaban parte en el ejército todos los ciudadanos de 16  a 46 años; pero en los grandes conflictos de Roma, se verificaban levas en masa, debiendo empuñar las armas todos los que estaban en disposición de usarlas. El mando supremo del ejército pertenecía al cónsul; las legiones compuestas de 4.000 hombres estaban dirigidas por los tribunos militares, y éstos nombraban los centuriones en cargados de las centurias, ó cuerpos de 100 hombres.

El valor y la energía de las tropas se mantenía en tiempo de paz con paseos militares, ocupándose en correr y saltar, en manejar toda clase de armas, obligándoles a llevar en estos ejercicios un peso de sesenta libras. Pero lo que mas distingue a los ejércitos romanos es la severidad de la disciplina. La igualdad de los ciudadanos desaparecía desde el momento en que se tomaban las armas: la sumisión a las órdenes superiores era absoluta: el soldado carecía de voluntad propia; y las penas mas crueles se imponían por las mas ligeras faltas de disciplina.

Por otra parte, compuestos los ejércitos de hombres libres y propietarios, todos estaban identificados con el Estado; defendiendo la República, se defendían a sí mismos y a sus propios intereses, haciéndose imposibles por esta causa la deserción y la traición. El ciudadano romano constituía el Estado tomando parte en los comicios, y lo defendía como soldado en las legiones; de aquí se originó aquel patriotismo tan admirable, causa fundamental de las victorias romanas.

  1. Colonias Romanas. La admirable organización de los ejércitos romanos, fue la causa principal de las constantes victorias de la República; pero Roma, nacida para vencer y dominar, necesitaba medio fáciles y seguros de mantener en la obediencia lo países conquistados. Esta fue La misión de las colonias

Las colonias romanas como las griegas y fenicias representan fielmente el espíritu de la metrópoli .Como las fenicias eran elementos de comercio, y las griegas focos de civilización, las romanas aparecer con un carácter militar, y una organización apropiada para mantener la dominación de Roma en los países conquistados.

Las colonias eran la exacta representación de Roma. Los dunviros ejercen las funciones de los cónsules, el colegio de los decuriones era el senado, y los conciábulos los comicios. Participando de las leyes, religión, usos y costumbres de la metrópoli, introdujeron estos elementos de civilización en los pueblos conquistados, contribuyendo eficazmente a la fusión de vencedores y vencidos. Últimamente, dando ocupación  y riquezas por medio de las colonias a la población inquieta y miserable, Roma se libró por algún tiempo de tumultos y revoluciones.

  1. Política del senado romano. Pero sobre los cónsules y los ejércitos, y sobre las colonias, estaba el Senado, que era el alma y la vida de Roma, su gran elemento de unidad.

Roma se distingue entre todos los pueblos por la fe y la constancia con que persigue una misma idea en el trascurso de toda su historia; esa fe y esa constancia constituyen La unidad inquebrantable de su política, que es la base de su grandeza. Otros pueblos han verificado más rápidas conquistas, pero en ninguno esas conquistas han sido tan duraderas.

Después de un periodo de actividad, todos los pueblos se cansan y desfallecen; sólo Roma no flaquea jamás, y es que el carácter de Roma se refleja en todos sus individuos, y sé trasmite como un depósito sagrado de unas a otras generaciones y es que la conservación de ese carácter no está allí encomendada al interés ó a la actividad individual, de suyo mudable y transitoria, sino a una clase y a una corporación permanente, de índole aristocrática, y por tanto de larga duración.

Esta corporación es el senado, genuina representación del carácter y de las aspiraciones de Roma, que tiene en sus manos por muchos siglos los destinos de la gran ciudad, y que prosigue su camino con una constancia que admira, y una firmeza inquebrantable, sin dudas, ni vacilaciones, sin detenerse, ni precipitarse, venciendo todos los obstáculos, y reputando buenos todos los medios que conducen al cumplimiento de su fin. Asamblea de reyes, como todas egoísta, ambiciosa y calculadora, que para conseguir su objeto, lo mismo aprovecha la virtud  y la justicia, que el crimen y la iniquidad.

Tal es el senado y tal la política romana por él perfectamente representada.

RESUMEN DE LA TEMA VI.

  1. Al. E. del Lacio se extendían las partes fértiles de la Campania, y al N. de ésta, y limitando tanbien por O. con el Lacio, se encontraba el país montañoso ocupado por los samnitas y otros pueblos, reputados como los más belicosos de Italia, pero que vivían con cierta independencia, sin formar un Estado fuerte y poderoso.
  2. La proximidad en que vivían, y el diferente carácter de los romanos y los samnitas, fueron la causa principal de las guerras entre estos pueblos, en las que se ventilaba la dominación de Italia: el motivo que las hizo estallar fue el socorro prestado por los romanos a la ciudad de Capua, sitiada por los samnitas.
  3. Al principio de la guerra los romanos vencen a los samnitas en el monte Gauro. Sublevados los pueblos del Lacio, son vencidos por los romanos, sacrificando para ello su vida el cónsul Decio Mus.
  4. Reanudadas las hostilidades, el general samnita Poncio Herennio venció a los romanos en Caudium, haciéndoles pasar por las Horcas Caudinas: el senado no quiso reconocer el tratado que se hizo con esto motivo, entregando al cónsul Postumio a los samnitas. Los romanos vencieron después a sus enemigos, y les tomaron a Luceria.
  5. Diferentes pueblos de Italia hicieron causa común con los samnitas, poro fueron sucesivamente derrotados por los romanos en el lago Vadimon, en Sentinum, en Aquilonia y en Campania; viéndose los Samnitas en la necesidad de someterse a Roma, que les trató despóticamente, mandando quitar la vida a Poncio Herennio.

6 .A consecuencia de las guerras con los samnitas, Roma llegó a ser la potencia dominante en Italia; consolidó el orden y la armonía entre patricios y plebeyos, afirmó la disciplina del ejército, y adquirió la conciencia de su valer.

  1. Estas guerras injustas en su origen, pusieron de  relieve la mala fe y la crueldad de la política romana: pero Roma cuenta siempre para vencer con la unidad de su constitución, la constancia del senado y el valor y disciplina del ejército.
  2. La ciudad de Tarento, amenazada por los romanos, pidió auxilio a Pirro, rey de Epiro; éste pasó a Italia y venció a los romanos su Heráclea, pero éstos rechazaron la paz con que les brindaba el vencedor, y derrotaron en Asculurm al rey  de Epiro, que abandonó Italia, pasando a Sicilia.
  3. Rechazados en Sicilia los cartagineses y los mamertinos, que combatían contra Agatocles, tirano de Siracusa, Pirro volvió a Italia y fue completamente derrotado por los romanos en Benevento, teniendo que volverse a Grecia. Durante la ausencia de Pirro en Sicilia, los romanos extendieron su dominación hasta el estrecho de Mesina.
  4. El engrandecimiento de Roma fue debido a la organización de su sistema de colonización y a la política del senado. Las legiones romanas se distinguían por el valor y el patriotismo, y principalmente por la disciplina.
  5. Las colonias romanas tienen un carácter militar, a propósito para mantener en la obediencia a los  pueblos conquistados, a los cuales comunicaron todos los elementos de la civilización de Roma, contribuyendo de esta manera a la fusión  de vencedores y vencidos.
  6. Roma se distingue por la fe y la constancia con que persigue una misma idea durante toda su historia, y esta unidad de idea y de arden se debe al senado, que tiene en sus manos por muchos siglos los destinos del pueblo romano, y que sin escrúpulos aprovecha todos los medios para conquistar y dominar a todas las naciones.

El Decenvirato en Roma Antigua Su Función Legislativa

Origen del Decenvirato en Roma Antigua Su Función Legislativa

roma antigua

TEMA V: EL DECENVIRATO (461-342).

  1. Estado de Roma en este tiempo  ley Terentila: La administración de justicia en Roma perteneció primero a los reyes, y pasó a los cónsules cuando desapareció la monarquía. Dueños de los tribunales los patricios, y no teniendo leyes escritas a que amoldarse para administrar la justicia y gobernar el Estado, ejercían naturalmente un poder absoluto, discrecional é irresponsable, rodeando los procedimientos judiciales de formalidades arbitrarias cuyo secreto sólo ellos conocían.

Semejante Estado de cosas no podía sostenerse dada la importancia política que la clase plebeya había adquirido; y cada día se hacia mas urgente la necesidad de formar un código de leyes que fijase los derechos y relaciones entre patricios y plebeyos.

Como único remedio de semejante estado, el Tribuno Terentilo Arsa propuso el nombramiento de una comisión encargada de redactar y someter al pueblo un código de leyes. Los patricios, que veían con esto disminuir sus prerrogativas y privilegios, se opusieron enérgicamente a la proposición de Terentilo, que solo vino a practicarse diez años después.

     2.Cincinato. Aprovechándose los extranjeros, y especialmente los sabinos, de las escisiones de Roma, mandados éstos por Herdonio se apoderaron del Capitolio: para poder combatir al usurpador, el cónsul Valerio prometió a los plebeyos el cumplimiento de la Ley Terentila, en el caso de que ayudasen a expulsar a los enemigos. Los sabinos fueron derrotados, murió Herdonio en la batalla; pero también perdió la vida el cónsul Valerio, y con este motivo dejó da cumplirse el compromiso contraído con los plebeyos.

En esta situación fue nombrado para sustituir a Valerio el patricio Q. Cincinato, honrado y de puras costumbres, que dejó las ocupaciones agrícolas, para tomar las riendas del gobierno. Mientras duró su consulado, con el ascendiente de su carácter pudo contener las pretensiones de los plebeyos: pero renacieron las luchas en Roma, y los Volscos amenazaron la ciudad cuando Cincinato, concluido el tiempo de su cargo, se retiró de nuevo al cultivo de su pequeña heredad. Con este motivo los romanos lo llamaron otra vez; y nombrado Dictador, en diez y seis días derrotó a los Volscos, al cabo de los cuales abdicó el poder y volvió a sus ocupaciones del campo.

La firmeza y desinterés de Cincinato, acallaron por algún tiempo las disensiones de los romanos; pero éstas renacieron con mas energía cuando aquel abandonó a Roma. En este tiempo se elevó a diez el número de los tribunos, y aumentaron de tal manera su poder, que llegaron a amenazar a los cónsules; consiguieron que las tierras del monte Aventino se repartiesen a los plebeyos; y más de una vez vinieron a las manos con los patricios en las calles de Roma.

  1. El Decenvirato. — Las constantes exigencias de los tribunos obligaron por fin al senado a admitir la ley Terentila. Según los historiadores se mandaron tres personajes a Grecia para que estudiasen las leyes de Licurgo y de Solon, y recogiesen entre sus mejores disposiciones las que pudieran ser aplicadas a Roma.

Otros piensan que no existió tal viaje, fundándose en que las leyes de las 12 Tablas, lejos de asemejarse a las de Grecia, representan fielmente las antiguas costumbres de Italia. Aceptando como mas verosímil la opinión de viaje a Grecia, añadiremos que al regreso de los comisionados, después de tres años que duró su expedición, se nombraron diez magistrados del orden patricio (decenviros), siendo los principales Apio Claudio y Tito Genucio, que se habían señalado siempre como adversarios de la plebe, encargándoles la redacción de las leyes, y a la vez el gobierno y administración del Estado con un poder absoluto, cesando entre tanto las otras magistraturas, inclusos los cónsules y los tribunos.

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  1. Las Doce Tablas. Los decenviros en el primer año usaron con moderación de la autoridad ilimitada que se les había concedido, y redactaron el código que se grabó en diez tablas que se Colocaron en el Forum para que todos pudieran conocerlas; después de lo cual, fueron ratificadas y convertidas en leyes.

Las leyes de este código son en general favorables a la plebe, en cuanto establecen la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley sin distinción de clases; castigan severamente a los usureros, a los jueces venales y a los patronos que abusan de sus clientes, todo lo cual quebrantaba el poder arbitrario de la política de Roma, dejando a los patricios todas sus prerrogativas y privilegios.

Las leyes de las 12 Tablas regulaban el orden civil y religioso, el judicial y el penal, la administración  y la policía. Son dignas de llamar la atención las leyes penales, porque revelan toda la barbarie de los tiempos antiguos, admitiendo el principio del talión en todo su rigor, dando al padre el derecho de quitar la vida a su hijo, si es deforme, y aplicando la pena de muerte hasta por delitos que hoy se considerarían como leves.

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  1. Caída de los Decenviros. Las diez tablas presentadas por los decenviros en el primer año de su encargo, dejaban incompleta la legislación, prorrogándose con este motivo sus atribuciones por un año mas, para terminar aquella obra. Presentadas en este tiempo dos nuevas tablas con las leyes complementarias, Apio Claudio, que había sido reelegido, y que había procurado rodearse de amigos de su confianza, en lugar de abandonar su puesto a la terminación del tiempo prefijado, se prórroga por sí mismo un tercer año en el mando ; durante el cual se entrega a toda clase de excesos y a la mas cruel tiranía, naciendo de aquí el odio de la plebe contra el decenviro; aumentándose mas y mas por el asesinato de Sicinio Dentato, antiguo tribuno, el mas valiente soldado del ejército, que se había distinguido siempre como enemigo de la nobleza, y que fue sacrificado por orden de los decenviros, mientras combatía contra los enemigos de Roma.

En tal estado, vino a colmar el odio y la indignación de los plebeyos el hecho criminal de Apio Claudio, pretendiendo apoderarse de la joven Virginia y hacerla su esclava, hundiéndole su propio padre un puñal en el pecho, antes que verla en los brazos del tirano. Con este motivo, el pueblo y el ejército se sublevan, y Apio Claudio y Espurio Opio son condenados a muerte, y los decenviros desterrados.

Así quedó abolido el de decenvirato, restableciéndose las antiguas magistraturas. Este hecho fue fatal para la nobleza, que pierde desde entonces su antigua preponderancia, mientras que la plebe adquiere nuevos derechos que bien pronto la igualarán con los patricios.

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  1. Ley Canuleya: tribunado militar. Además de la diferencia de derechos político a entre los dos órdenes, otras disposiciones contribuyan a su mutuo aislamiento, como la prohibición de los matrimonios entre patricios y plebeyos. Para vencer este obstáculo que se oponía a la fusión, el tribuno Canuleyo reclamó la libertad de los matrimonios, y la admisión de los plebeyos a todos los cargos públicos, incluso el consulado.

El senado resistió como siempre estas peticiones, pero tuvo que acceder a la primera declarando libres los matrimonios entra los patricios y los plebeyos. En cuanto a la segunda, negándose el pueblo a marchar a  la guerra si no se le otorgaba, el senado se vio obligado a ceder, concediéndole el derecho de aspirar a todas las magistraturas; si bien para conservar la dignidad y el prestigio de los cónsules, creó en su lugar seis magistrados con el nombre de Tribunos militares, menos importantes por lo mismo que eran mas numerosos, pudiendo ser elegidos entre los plebeyos, no obstante lo cual se eligieron siempre entre los patricios.

  1. Sitio y Toma  de Veyes: Camilo. Conociendo el senado la necesidad de prolongar las campañas contra los enemigos, lo que no podía realizarse con la antigua organización militar; dispuso que se diera un sueldo a las tropas; esta sistema dio bien pronto sus resultados en el sitio y toma de Veyes.

Era Veyes la ciudad más importante de la Etruria meridional, colocada no lejos de Roma, al otro lado del Tíber. La proximidad de ambas ciudades y su distinto carácter, habían ya producido varias luchas entre ellas. Terminando entonces una tregua de veinte años, Roma mandó dos ejércitos contra Veyes; pues era aquella la mayor empresa que los romanos habían acometido desde que su ciudad existía.

La ciudad etrusca se había resistido por espacio de diez años, cuando fue nombrado dictador Furio Camilo, patricio distinguido que había desempeñado dignamente el cargo de censor y de tribuno militar después de vencer a los enemigos de Roma los Equos y los Volscos que protegían a los Veyenses, construyó oca mina  para conducir sus tropas al centro mismo de la ciudad, por cuyo medio logró apoderarse de Veyes, cayendo en poder de los romanos las inmensas riquezas allí atesoradas.

Después de estos hechos, Camilo se opuso a las pretensiones de los plebeyos que querían trasladar sus  viviendas a Veyes; pero llevó a Roma los dioses de la ciudad vencida. Sus enemigos le acusaron de concusionario, y tuvo que desterrarse.

  1. Invasión de los Galos: toma de Roma. Poco después de la toma de Veyes, los romanos experimentaron el mayor desastre de su historia, la toma y el saqueo de Roma por los galos.

Entre los pueblos de origen céltico establecidos al  occidente de Europa, distinguíanse los galos que ocuparon la Francia actual, Bélgica y Suiza. Ya en tiempo de los reyes de Roma algunas tribus galas atravesaron los Alpes, penetrando en la cuenca del Po, extendiéndose la de los Senones hasta la Umbria. Mientras Roma sitiaba a Veyes, los galos pasaron los Apeninos con ánimo de establecerse en las fértiles llanuras de la Etruria.

Después de apoderarse de varias ciudades, sitiaron a Clusium, que no pudiendo por sí misma defenderse, pide auxilio a los romanos. No tanto por favorecer a la ciudad etrusca, como por alejar a los galos, Roma despachó una embajada para que mediase entre los etruscos y galos; pero indignados los embajadores por el tono altanero y despreciativo con que los bárbaros recibieron sus proposiciones, se pusieron de parte de los de Clusium; con lo que los galos irritados por aquella violación del derecho de gentes, levantan el sitio y se dirigen contra Roma.

En tal conflicto los romanos mandan un ejército qua se encontró con los galos junto al río Alia, pequeño afluente del Tíber, sufriendo una derrota completa, huyendo los vencidos a Veyes y llegando algunos fugitivos a Roma. Los patricios amedrentados por aquel desastre, y no contando con otro lugar fortificado que el Capitolio, se encerraron en él con sus riquezas, ordenando al pueblo retirarse a los lugares comarcanos, y abrieron las puertas a los enemigos que a los dos días penetraron en Roma sin obstáculo, saqueando e incendiando cuanto encuentran, y matando a los mas ancianos, entre ellos algunos senadores, que no habían podido ponerse en salvo.

El sitio del Capitolio duró ocho meses, y no cayó en su poder por la vigilancia y el valor de Manlio llamado después Capitolino. Últimamente los sitiados, acosados por el hambre, se decidieron a capitular, y los galos se retiraron mediante la entrega de mil libras de oro, aumentado Breno jefe de los galos esta cantidad con el peso de su espada que puso en el lado de las pesas, añadiendo aquellas célebres palabras: Vae Victis! Según algunos autores, Camilo llamado del destierro, al frente de un ejército alcanzó a los galos en el momento de pesar el oro, exterminándolos a todos y recobrando el inmenso botín que hablan hecho en Roma. Según otros, se retiraron para acudir a la defensa de su país invadido por los extranjeros, pero sin ser hostilizados.

  1. Nueva sublevación de los pueblos del Lacio. Roma había quedado casi destruida por los galos, y los plebeyos en la miseria, por haber perdido sus casas y tener sin cultivo sus pequeñas propiedades. En tal situación insisten los tribunos en trasladar los ciudadanos a Veyes; pero Camilo también por esta vez consiguió hacerles desistir de sus propósitos, y Roma fue reedificada.

Con motivo de la invasión de los galos, los pueblos del Lacio, siempre dispuestos a rebelarse contra la dominación romana, se declararon ahora independientes; siendo sometidos por Camilo en tres batallas, los Equos,  los Volscos y los Etruscos.

Entre tanto renace La lucha entre patricios y plebeyos, no siendo ya bastante todo el prestigio de Camilo para hacer desistir a los tribunos de sus pretensiones; los patricios se opusieron tenazmente a sus exigencias; y únicamente Manlio Capitolino se mostró partidario de la plebe, vendiendo su patrimonio y repartiéndolo entre los pobres ;pero estos actos generosos le atrajeron la odiosidad de la nobleza, que le acusaba  de aspirar a la tiranía; y aunque al principio pudo salvarse, fue por último condenado a muerte, y arrojado de la roca Tarpeya.

  1. Admisión de los plebeyos al Consulado .Para concluir con las diferencias que todavía existían entre patricios y plebeyos, los tribunos Licinio, Stolon y Sextio propusieron el restablecimiento del Consulado, habiéndose de elegir de la clase plebeya uno de los cónsules; que no se permitiese a ningún ciudadano poseer mas de 500 yugadas de tierra, repartiéndose el sobrante entre los pobres; y que quedase abolida una parte de las deudas.

La nobleza se opuso, como siempre, a las exigencias de los tribunos; pero los plebeyos reeligieron diez años consecutivos a los mismos tribunos, repitiendo siempre la misma petición

Camilo nombrado dictador, con el gran prestigio que le daba su historia sobre los dos órdenes, consiguió vencer la resistencia de los patricios, y la Ley Licinia fue adoptada por los comicios, y Sextio elegido cónsul. Así terminó aquella larga lucha entre patricios y plebeyos, restableciéndose  la paz en La República; y elevando Camilo un templo a la Concordia.

  1. Juicio acerca de la lucha entre los dos órdenes. Con la admisión al consulado, los plebeyos después de tres siglos de constante lucha, consiguen igualarse en derechos civiles y políticos con los partidos. Ya no existen en Roma mas que romanos; patricios y plebeyos han dejado de formar dos pueblos dentro de los mismos muros, para constituir la unidad política mas fuerte y vigorosa que se conoció en el mundo antiguo: ni el Oriente por la división de las castas, ni la Grecia por la división y la guerra constante entre la aristocracia y la democracia, pudieron llegar a constituir la unidad, tan necesaria para las grandes empresas y para la formación de los grandes Estados. Esta gloria estaba reservada a Roma.

La lucha entre patricios y plebeyos es uno de los espectáculos mas dignos de admiración que presenta la  historia, y será siempre un ejemplo digno de imitarse por todos los pueblos libres. Aquella lucha secular no costó apenas una gota de sangre: pueblo entusiasta del derecho, los plebeyos exigen sin cesar una tras otra todas las magistraturas, atacan con fe inquebrantable el santuario de los privilegios nobiliarios; pero respetando la ley, no apelan jamás a la insurrección; son los mas, tienen la fuerza en sus manos, y pueden tomarse en un día lo que les cuesta siglos y titánicos sacrificios el alcanzar; y sin embargo esperan que se les conceda, y todo lo confían a la justificación de sus adversarios. Por su parte los patricios resisten con todas sus fuerzas las pretensiones plebeyas, defienden palmo a palmo sus derechos é inmunidades; emplean todos los recursos que les proporcionan sus riquezas y su mayor ilustración, para dominar al pueblo unas veces y engañarlo otras; pero sin pensar jamás en deshacerse de un enemigo tan tenaz é importuno a quien pudieron en ocasiones dadas aniquilar.

Los dos órdenes se mostraron igualmente dignos de la idea y de los intereses que representaban. La aristocracia con todos sus defectos, es tan superior a la de Esparta, como la condición de los plebeyos respecto de los hilotas. Y la plebe romana, aunque menos culta y civilizada que la de Atenas, no se manchó nunca con la sangre de la nobleza, ni apeló siquiera al medio tan general en Grecia, de expulsarla de la ciudad.

  1. Consecuencias de la lucha entre patricios y plebeyos. — Como todos los grandes hechos históricos, la igualdad de los órdenes no fue la obra de un día, sino que se vino lentamente preparando por espacio de siglos; y produjo juntamente resultados de gran trascendencia para la vida y destinos de Roma.

En primer lugar la aristocracia durante aquellas luchas realizó la misión de todo gobierno privilegiado, que consiste en educar a la democracia, hasta hacerla capaz de dirigir la gobernación del Estado; así vemos que la plebe ignorante de tiempo de los Reyes, se amaestró tanto en el conocimiento y en el manejo de los asuntos públicos, que a la igualación de derechos, pudo compartir dignamente el poder supremo con la clase patricia.

Pero la consecuencia más importante de aquella lucha fue la organización fuerte y enérgica del Estado romano, por la fusión de patricios y plebeyos: organización que encierra el secreto de toda la futura dominación de Roma. En efecto; Roma, que en la época de los Reyes habla conquistado el Lacio, conserva difícilmente estas conquistas en los dos primeros siglos de la República: toda su actividad en este tiempo se emplea en esa lucha interior entre patricios y plebeyos, que viene a completar su poderosa constitución.

Así es que cuando la lucha termina, Roma reanuda su invasión conquistadora, y en menos de tres siglos somete a su dominación todos los pueblos que circundan el Mediterráneo. Y si la base de la grandeza de Roma en su fuerte constitución, y ésta es el resultado natural de las luchas entre patricios y plebeyos, bien pueden darse por bien empleadas esas luchas, sin las cuales Roma hubiera sido siempre un oscuro pueblo italiano, sin importancia y sin prestigio en la humanidad.

RESUMEN DEL TEMA V:

  1.   Dueños los patricios de la administración de justicia desde la caída de la monarquía, y no existiendo leyes escritas, ejercía un poder absoluto y discrecional en los asuntos judiciales, sobre la clase plebeya; y para remediar en lo posible esa tiranía, el tribuno Terentilo propuso se nombrase una comisión que redactase un Có­digo de Leyes, a lo que se opuso la nobleza.
  2. Los plebeyos se prestaron a combatir Contra los Sabinos con la promesa de la apro­bación de la ley Terentila, pero fueron defraudadas sus esperanzas. Cincinato dejó el arado para ocupar el consulado, y supo contener a los enemigos de Roma, y acallar las exigencias de la plebe; pero éstas renacieron cuando Cincinato abandonó la ciudad.
  3. El Senado accedió al fin a las instancias de los tribunos, y se nom­braron diez ciudadanos para que estudiaran las leyes de Grecia y redactaran un Código; los Decemviros, a cuyo frente estaban Apio Claudio y Tito Genucio, ejercieron un poder absoluto, cesando en esto tiempos todas las magistraturas.
  4. Los decemviros redacta­ron las leyes que se inscribieron en diez tablas. Esta Código establecía la igualdad de los ciudadanos ante la ley; pero castigaba con penas severas y basta crueles las mas ligeras faltas.
  5. Los Decemviros presentaron otras dos tablas con el complemento de las leyes anteriores; pero continuaron en el mando y se entregaron a la mas cruel tiranía, hasta que el atentado de Apio Claudio con­tra la joven Virginia, sublevó al pueblo, que condena a muerte al tirano y declara abolido el Decemvirato.
  6. El tribuno Canuleyo reclamó del Senado la libertad de los matrimonios entre patricios y plebeyos, y la admisión de éstos a todos los cargos públicos .El Senado accedió desde luego a la primera petición, y aunque a su pesar, tuvo que otorgar la segunda; pero suprimió el Consulado, creó el Tribunado militar.
  7. Después de señalar sueldo a las tropas, los romanos emprendieron el sitio de Veyes, que aunque se resistió diez años, cayó al fin en poder del dictador Camilo; éste se opuso al propósito de los plebeyos de trasladar sus viviendas a la ciudad etrusca; y acusado por sus enemigos, salió desterrado de Roma.
  8. Algunas tribus galas pasaron los Alpes y penetraron en Italia en la época de los reyes, llegando los Senones hasta la Umbría. En este tiempo atravesaron el Apenino y sitiaron a Clusium en  Etruria; dirigiéndose después a Roma, derrotan un ejército ro­mano junto al río Alía, y penetrando en la ciudad la entregan al saqueo, mientras los patricios se defienden en el Capitolio. Los galos se retiraron de Roma mediante el pago de mil libras de oro.
  9. Camilo sometió los pueblos de Lacio que se hablan rebelado contra Roma. La plebe continuó en sus exigencias, que fueron re— chazadas por los nobles, excepto Manlio Capitolino que repartió su patrimonio a los pobres; pero fue acusado de aspirar a la tiranía, y arrojado de la roca Tarpeya.
  10. Los plebeyos pidieron el resta­blecimiento del Consulado, que fuese de su clase uno de los cónsules, y que se repartiese parte de las tierras entre los pobres. Al cabo de diez años, y por la influencia de Camilo, los patricios ac­cedieron a las peticiones populares; igualándose desde entonces los dos órdenes, y elevando Camilo un templo a la Concordia.
  11. Con la igualación de derechos entre los dos órdenes, Roma realiza la unidad dentro de la ciudad. La lucha de patricios y plebeyos se realiza sen efusión de sangre.: estos piden con insistencia todas las magistraturas, y los nobles aunque con repugnancia van accediendo a todas sus pretensiones. Las dos órdenes, cada cual en su esfera y condiciones, contribuyen a la formación del Estado Romano.

12.Durante las luchas de patricios y plebeyos , la aristocracia cumplió su misión de educar al pueblo , y Roma adquirió su fuerte constitución, por medio de la cual, terminada la lucha en menos de tres siglos extendió su dominación por todos los pueblos que circundan el mediterráneo.

Guerras Cartago Roma Por El Dominio Mediterraneo

Cártago y Roma Las Guerras Dominio Del Mar Mediterráneo

roma antigua

LECCIÓN VII.
GUERRAS PÚNICAS (264-134).

  1.   Origen de Cartago su ventajosa posición en el Mediterráneo. Los fenicios habían extendido sus colonias por todo el Mediterráneo, y principalmente por la costa africana, donde entré otras muchas, eran importantes y antiquísimas Hipona y Utica.
  2. A mediado del siglo IX (-860) durante las luchas civiles en Tiro, Elisa ó Dido, huyendo de la tiranía de su hermano Pigmalion, y acompañada de una parte de la nobleza opuesta, abordó a la costa de África, frente a Sicilia, y al S. de Utica, en él país de los Maxitanos, a quienes, según la tradición, hubo de comprar un pequeño territorio para establecerse, dando así origen a Cartago.

La situación de Cártago es una de las más ventajosas del Mediterráneo. Esta ciudad fue fundada en el fondo de un golfo que terminaba por oriente en el promontorio de Mercurio (C. Bon), y por occidente en el de Apolo, y dentro del cual se encontraba la ciudad de Utica, y la moderna de Túnez.

Esta posición colocaba a Cartago en el centro del Mediterráneo, a igual distancia de la Fenicia y del Estrecho, frente a Italia y casi tocando con Sicilia, ofreciéndosele así un vasto espacio donde ejercer su actividad.

  1. Carácter de Cartago. — Fundada por Tiro, Cartago reprodujo bien pronto el espíritu de su metrópoli, dedicando toda su actividad a la industria, al comercio y a la navegación; pero como su posición era mas ventajosa, su comercio muy luego se hizo floreciente, dominando sin rival posible en la cuenca occidental del Mediterráneo; y extendiendo su colonización desde la Gran Sirte hasta las Columnas, países todos ellos fértiles y abundantes, que tenían una agricultura adelantada, ofreciendo inmensas cantidades de productos, que el comercio cartaginés se cuidaba de extender en todos los mercados.

Era, pues, Cartago un pueblo esencialmente comerciante, adquiriendo por este medio un poder muy superior al de Fenicia; pues tenía en sus manos casi todas las relaciones de los pueblos occidentales, habiendo alejado de estos mares lo mismo a los fenicios que a los griegos, después de largas luchas con estos últimos.

La ocupación constante del comercio desarrolló en Cartago el carácter duro y egoísta, el afán del oro y las riquezas, y la política tiránica y ambiciosa con los pueblos que le estaban sometidos.

  1. Gobierno de Cartago. En mas de cinco siglos la constitución cartaginesa no experimentó modificación alguna y efecto de la acertada distribución de los poderes, entre los sufetes, el senado y el pueblo, se vio libre aquella república de los excesos de la anarquía y del despotismo. Los Sufetas tenían dos magistrados, semejantes a los cónsules romanos y a los reyes de Esparta, que tenían a su cargo la administración general de la república, y la presidencia del senado, pero sin intervención en los asuntos militares. Esta magistratura fue primero vitalicia y últimamente se hizo anual.

El Senado tenía casi las mismas atribuciones que en Roma, pero sus decretos no alcanzaban fuerza de ley, sino cuando eran aprobados por los sufetas y por el pueblo a este cuerpo estaba encomendada la suprema administración de justicia, y el conocimiento de los asuntos graves de la república.

El pueblo intervenía en la elección de los magistrados y en cierto modo ejercía una autoridad superior al senado y a los sufetes, cuyos acuerdos podían anular: además le correspondía la declaración de guerra y los tratados de paz.

En cuanto a la religión los cartagineses heredaron de los fenicios las supersticiones orientales, y los sacrificios humanos en honor de sus divinidades; el diezmo del botín cogido a los enemigos se consagraba a Melcart, el dios de Tiro.

  1. Extensión de los dominios de Cartago. La política cartaginesa muy semejante a la romana, y los intereses de su comercio, habían hecho de Cartago una potencia formidable, superior a cuantas existían en las costas del Mediterráneo en vísperas de las guerras púnicas y aun mas allá del estrecho de las Columnas, Himilcon extendió sus relaciones comerciales hasta Inglaterra, y Hannon exploró las costas del África hasta  la Guinea.

En el Mediterráneo, además de las costas africanas, consiguieron fácilmente apoderarse de las islas de Córcega, Cerdeña y de las Baleares. Pero encontraron gran resistencia para extender su dominación por la isla de Sicilia, que era para ellos la mas importante, tanto por su proximidad a Cartago, como por la fertilidad y riqueza de su suelo.

Los griegos habían establecido en Sicilia un número considerable de colonias, entre las que alcanzaron mayor esplendor Gela y Agrigento en la costa S.O, y mas todavía Siracusa en la oriental, que había extendido su dominación por gran parte de la isla.

Los cartagineses, en su ambición de dominar a Sicilia, sostuvieron una lucha por mas de doscientos años con estas colonias, en cuyo tiempo sufrieron grandes derrotas, perdiendo la batalla de Himera contra Gelon, tirano de Gela, llegando Agatocles, tirano de Siracusa a  sitiar la misma ciudad de Cartago en África Sin embargo, los cartagineses  consiguieron apoderarse de la mayor parte de Sicilia, excepto la costa oriental sometida a Siracusa.

  1. Roma y Cartago al comenzar las guerras púnicas. Después de la sumisión de los samnitas, y de la derrota de Pirro y la toma de Tarento, Roma se encontró dominando en casi toda la península italiana, desde el Rubicon hasta el estrecho de Sicilia. Cartago por otra parte, dueña de toda la costa de África y de las principales islas del Mediterráneo, extiende su poder a Sicilia llegando hasta el mismo estrecho; de manera que los dominios de las dos repúblicas quedaron separados por unas cuantas millas de mar.

Las primeras relaciones de Roma y Cartago eran muy antiguas. En tiempo de los primeros cónsules se concerté un tratado de comercio entre ellas: dos siglos después se amplió el mismo tratado, comprendiendo en él a Tiro y Utica; ratificándose por último la amistad de ambas repúblicas, con ocasión del sido de Tarento por los romanos.

Las dos naciones que iban a medir sus fuerzas en las guerras púnicas eran igualmente poderosas, aunque a decir verdad, eran más valiosos los elementos de que Cartago disponía. Roma, victoriosa de los pueblos de Italia por el valor de sus legiones, desconocían por completo la importancia de la marina, que no había necesitado hasta ahora; y Cartago por su posición y por su comercio, era una nación marítima, que disponía de grandes escuadras, pero que miraba como cosa secundaria sus ejércitos de tierra, compuestos casi en totalidad de mercenarios.

Paro Roma y Cartago, de historia y carácter tan diferentes, tenían sin embargo una organización política muy semejante, y estaban dotadas de igual ambición, y de la misma constancia de sus propósitos; y si la paz entre ellas se había conservado mientras estuvieron lejos, la guerra era inevitable desde el momento en que sus intereses se encontraron en el estrecho de Sicilia.

  1. Causas de las guerras púnicas. Todos los pueblos antiguos que llegaron a extender considerablemente sus dominios, tuvieron la aspiración de fundar un imperio universal, creyéndose por esta causa autorizados para atropellar el derecho y la independencia de las naciones que encuentran en su camino. Roma y Cartago estaban en este caso. Una y otra habían alcanzado gran poder, y podían creerse, y quizá se creyeron llamadas a dominar en todo el Mediterráneo; pero aspirando ambas a un mismo objeto, cada una representaba un obstáculo para la otra, y la lucha se hacia necesaria, tan luego, como sus intereses se encontraran. De manera que la causa fundamental de las guerras púnicas se encuentra en la ambición de las dos repúblicas, y en la aspiración de una y otra a constituir la monarquía universal.

Después de esta causa general, sólo faltaba un pretexto, una ocasión propicia para que la guerra estallase entre Roma y Cartago; esta ocasión no se hizo esperar.

La mayor parte de Sicilia pertenecía a los cartagineses, y el resto se hallaba en poder de Hieron, tirano de Siracusa, que extendía sus dominios por la costa oriental.

En las guerras de los cartagineses con los siracusanos, éstos, en vida de Agatocles, se habían valido de soldados mercenarios, procedentes la mayor parte de Campania en Italia. Al subir al tiene Hieron, los despidió abonándoles los atrasos; y volviéndose a Italia, en el camino se apoderaron de la importante plaza de Mesina, desde donde molestaban con sus correrías y sus devastaciones a los cartagineses y siracusanos. Atacados por Hieron los mercenarios, nombrados Mamertinos, en su ciudad de Mesina, llamaron en su ayuda a los romanos.

El senado que, poco antes había castigado severamente a los campanios que se hablan apoderado de Regium, dudó en acudir al llamamiento de los mamertinos, tan criminales como ellos, y mas aun por la alianza que Roma tenia con Hieron y con los cartagineses; pero sometida la cuestión al pueblo, éste acordó favorecerlos, bajo el pretexto de que eran italianos, y por consiguiente súbditos romanos.

En su consecuencia, se mandó un ejército a las ordenes del cónsul Apio Claudio, que pasando el estrecho, se apoderó de Mesina y derrotó a las cartagineses y siracusanos; dando así lugar a la primera guerra púnica.

De manera que la causa ocasional de las guerras púnicas, y en particular de la primera, fue el  auxilio prestado por los romanos a los mamertinos contra los cartagineses.

  1. Principio de la guerra: Batalla de Milas. Derrotados siracusanos y cartagineses por los romanos, éstos se apoderaron de muchas plazas de Sicilia, uniéndoseles además el rey de Siracusa, que abandonó a sus anteriores aliados.

Entre tanto los cartagineses devastaron las costas de de Italia, sin que los romanos, inexpertos en el arte de la navegación, pudieran evitarlo. Comprendiendo el senado la necesidad de una escuadra para vencer a los cartagineses, mandó construir cien naves, tomando como modelo  una galera enemiga arrojada por las olas a las costas de Italia; armadas de puentes volantes y garfios de hierro, que arrojados sobre las naves cartaginesas, pudieran estorbar sus maniobras, y amarrándolas de esta manera a las naves romanas, convertían en cierto modo una batalla naval en combate sobre tierra firme.

Dispuesta la escuadra, se encargó el mando al cónsul Duilio, que encontró a los enemigos en las aguas de Mila, causándoles una completa derrota. Para eternizar la memoria de su primera victoria naval, los romanos levantaron en el Foro una columna rostral en honor de Duilio.

  1. Continuación de la guerra. Régulo  en África. A consecuencia de la batalla de Milas, la mayor parte de Sicilia cayó en poder de los romanos. El senado mandó construir nuevamente gran número de naves, que con un poderoso ejército, puso a las órdenes del Cónsul Atilio Régulo.

Esta escuadra alcanzó y derrotó a la cartaginesa mandada por Hannon y Amílcar, cerca de Ecnomo; y en su persecución llegó a la costa de África, desembarcando en Clipea al E. de Cartago; y apoderándose de Túnez y otros pueblos inmediatos, obligó a los cartagineses a pedir la paz, que no pudieron admitir por las intolerables condiciones que Régulo imponía.

En este trance los cartagineses levantan un nuevo ejército de mercenarios, que al mando del espartano Jantipo, presenta batalla a los romanos en las inmediaciones de Túnez, consiguiendo derrotarlos, haciendo prisionero a Régulo, y huyendo a Clipea los pocos que sobrevivieron en aquel desastre.

Reanimados por este triunfo, los cartagineses vuelven a Sicilia, apoderándose de Agrigento y sitiando a Palermo, donde fueron derrotados por los romanos mandados por Metelo, viéndose sitiados por éste poco después en Lilibea (Marsala).

En esta situación, los cartagineses pidieron la paz a Roma enviando al mismo Régulo para concertarla.

Este ilustre romano, comprendiendo el fin que le aguardaba, tuvo sin embargo el valor de aconsejar al senado de su patria que no la aceptara, y fiel a su palabra, volvió a Cartago, constituyéndose nuevamente en prisionero de los cartagineses, que le hicieron morir en medio de los mas horribles tormentos.

La guerra entre tanto continuó en Sicilia, defendiendo a Lilibea Amílcar  Barca, el mejor de los generales cartagineses, que derrotó en varios encuentros a los romanos, a la vez que una poderosa escuadra, mandada por Claudio Pulcher, era destruida por Aderbal, otro general cartaginés.

Estos desastres desalentaron de tal manera a los romanos, que por algunos años desistieron de la guerra, dejando a los cartagineses el dominio de los mares de Sicilia.

  1. Batalla de las islas Egates: conclusión de la guerra. En este tiempo los romanos equiparon una

nueva y mas poderosa escuadra, que al mando del cónsul Lulacio Catulo, alcanzó a la cartaginesa junto a las islas Egates de Sicilia, derrotándola por completo.

Aquella batalla, aunque menos importante que otras anteriores, puso fin a la guerra, porque Roma, y más todavía Cartago, habían gastado sus fuerzas y sus recursos, y esta última prefirió las duras condiciones de la paz, a la ruina de su comercio y a la conclusión de sus especulaciones.

Amílcar que no había sido vencido, tuvo que firmar la paz a nombre de Cartago, cediendo ésta a los romanos la isla de Sicilia, pagándoles una indemnización de 3.200 talentos (70 millones de reales), y obligándose a no hacer guerra a los aliados de Roma. La isla de Sicilia fue declarada provincia romana; excepto el pequeño reino de Hieron de Siracusa.

Así concluyó la primera guerra púnica que había durado 24 años (264-241).

  1. Guerra de los mercenarios en Cartago. En el mismo año en que se terminó la primera guerra púnica, se vio Cartago amenazada de un desastre todavía mayor a causa de la sublevación de los mercenarios.

Durante las guerras en Sicilia, Amílcar había conseguido pagar puntualmente a sus soldados mercenarios: después de hecha la paz, agotados los recursos, y no  facilitándoselos al senado, se fueron retrasando las pagas, regresando los mercenarios a Cartago, donde se les había prometido abonarles sus atrasos.

Con el pretexto de pagar a las soldados se impusieron fuertes contribuciones a los pueblos, a pesar de lo cual los mercenarios no recibieron paga alguna; y cansados de esperaren vano, y apoyados por los pueblos comarcanos, se sublevan y en número de 70.000 hombres, derrotan a los generales cartagineses, cometiendo toda clase de crueldades y tropelías. Después de tres años de guerra encarnizada, Amílcar Barca, consiguió introducir la división entre los mercenarios, derrotando los después, y perdiendo la vida mas de 40.000. Fueron tantas las crueldades de esta guerra que ya en la antigüedad se le llamó inexpiable.

  1. Conquistas de los romanos hasta la segunda guerra púnica. Mientras los cartagineses se encontraban preocupados con la guerra de los mercenarios, Roma, violando el tratado de paz con Cartago, se apoderó de las islas de Córcega y Cerdeña, declarándolas provincias romanas.

Por este tiempo el senado se propuso castigar a los ilirios que dedicados a la piratería, asolaban las costas italianas del Adriático.

A este fin mandó un ejército a  Iliria, que venció a la reina Teuta obligándola a ceder una parte de su territorio a los romanos; éstos se apoderaron a la vez de Córcira, Apolonia y Epidauro, dándose a conocer por primera vez en Grecia, que recibió con grandes honores a los embajadores romanos.

Poco después comenzó la guerra con los galos de Cisalpina. Estos en número de 70.000 se dirigieron contra Roma, llegando hasta Clusium en Etruria, donde fueron derrotados por el cónsul Marcelo, perdiendo 40.000 hombres en la batalla después de lo cual se apoderan los romanos de Galia Cisalpina, venciendo a los Iusubrios que trataron de estorbar el Paso a las legiones, y se apoderaron de la península de Istria, quedando de esta manera dueña Roma de toda  Italia y de las principales islas del Mediterráneo, Sicilia, Córcega y Cerdeña, y de casi todo el litoral del  Adriático.

  1. Análisis sobre la primera guerra púnica. En primer lugar, puede notarse la ambición y mala fe con que procede Roma, castigando severamente a sus súbditos los campanios que se habían apoderado de Regium, y amparando a los mamertinos que habían cometido igual crimen en Mesina: así corno su afán de revestir sus actos, hasta los mas criminales, con un aparato de legalidad y de justicia, procurando legitimar la protección a los mamertinos, por el hecho de ser italianos y por tanto súbditos de Roma ,como si no lo hubieran sido igualmente los campanios, a quienes habían castigado.

Otra prueba de la mala fe romana la tenemos en el hecho de apoderarse sin escrúpulos, de Córcega y principalmente de Cerdeña, aprovechándose de la insurrección de las guarniciones cartaginesas, mientras su rival se encontraba ocupada en la guerra de los mercenarios.

En esta guerra,  cartagineses y romanos fueron igualmente crueles, sacrificando Roma poblaciones enteras sin ningún respeto humano, y haciendo lo mismo Cartago, manchándose ésta además con el horroroso suplicio de Régulo.

Por último, la mala fe que tanto achacaron los romanos a los cartagineses, y que llegó a hacerse célebre con el nombre de fe púnica, debe imputarse igualmente a la política de Roma.

RESUMEN DE LA LECCIÓN VII.

  1. Según la tradición, Cartago fue fundada por Dido, que huyendo de Tiro por la tiranía de su hermano Pigmalion, vino á establecerse al sur de Utica, y frente a Sicilia. La posición de Cartago en el centro del Mediterráneo y cerca de Italia, es una de las más ventajosas para extender su dominación por el mundo entonces conocido.
  2. Cartago reprodujo el carácter mercantil de Tiro, su metrópoli, extendiendo su comercio y sus colonias por el Mediterráneo occidental este carácter desarrolló en ella la ambición, el egoísmo, la dureza y la tiranía con los pueblos sometidos.
  3. El gobierno de Cartago estaba encomendado a los Sufetas, que cuidaban de la administración general de la república al Senado, que entendía en la administración de justicia y en los asuntos graves del Estado; y al pueblo, que intervenía en la elección de los magistrados, en la elección de declaración de guerra, etc. En cuanto a religión, los cartagineses heredaron de Tiro las supersticiones orientales, y los sacrificios humanos en honor de sus dioses.
  4. En vísperas de las guerras púnicas, Cartago extendía su poder por los pueblos de la costa de África desde las Sirtes hasta el estrecho,  perteneciéndoles además las Baleares, Córcega, Cerdeña, y llegando a dominar en la mayor parte de Sicilia, después de dos siglos de guerras con las colonias griegas allí establecidas, especialmente contra Siracusa.
  5. Dueña Roma de Italia, y Cartago de Sicilia, sus dominios solaban separarlos únicamente por el estrecho de Mesina. Estas dos repúblicas tenían tratados de alianza .Desde muy antiguo Cartago era, una nación marítima que disponía de grandes escuadras, pero sus ejércitos se componían de mercenarios; Roma por el contrario tenia ejércitos aguerridos, pero desconocía la marina. Ambas repúblicas eran igualmente ambiciosas y constantes en sus propósitos.
  6. La causa fundamental de las guerras púnicas se encuentra en la ambición de Cartago y Roma,   y en su aspiración a constituir la monarquía universal: el motivo que hico estallar fue la protección que dieron los romanas a los mamertinos, soldados mercenarios de Siracusa, que se habían apoderado  por sorpresa de la plaza de Mesina, desde la cuál molestaban a  siracusanos y cartagineses.
  7. Los romanos derrotaron a los cartagineses en Sicilia, y éstos devastaron con su armada las costas de Italia; pero construida una escuadra por los romanos, tomando por modelo una galera arrojada por las olas a las costas de Italia, y tomando el mando al cónsul Duilio, éste derrotó la armada cartaginesa junto al promontorio de Mila, en Sicilia.
  8. Otra escuadra mayor mandada por Régulo derrotó a la cartaginesa en Ecnomo, pero el ejército romano fue desbaratado junto a Túnez, y Régulo hecho prisionero. Derrotados poco después los cartagineses por Metelo en Sicilia, pidieron la paz a Roma por conducto de Régulo, que aconsejó al senado que no la aceptara, restituyéndose a Cartago, donde  perdió la vida .La guerra en tanto continuó en Sicilia con varia fortuna.
  9. Al frente de una nueva y más poderosa escuadre el cónsul Lutacio Catulo derrotó a los cartagineses en las islas Egates; después de lo cual se concertó la paz, cediendo Cartago a los romanos la isla de Sicilia que fue declarada provincia romana, y una fuerte indemnización.
  10. Los mercenarios en demanda de sus atrasos, y los pueblos enojados por las contribuciones, se sublevaron en número de 70.000 y derrotaron a los  generales cartagineses, hasta que después de tres años de lucha fueron sometidos y casi exterminados por  Amílcar. Por las muchas crueldades que entonces se cometieron, se llamó esta guerra inexpiable.
  11. Durante estas guerras Roma se apoderó de Córcega y Cerdeña; extendió su dominación por Iliria, desposo de vencer a la reina Teuta y derrotados los galos en la batalla de Clusium por Marcelo, Galia Cisalpina e Istría quedaron incorporarlas a los dominios de la República.
  12. En la primera guerra púnica puede notarse la mala fe de los romanos, protegiendo a los mamertinos y castigando a los campanios, culpables del mismo crimen; así como su afán de revestir sus actos con apariencias de legalidad y de justicia. Lo mismo se observa en el hecho de apoderares de Córcega y Cerdeña estando en paz con Cartago. En esta guerra cartagineses y romanos fueron igualmente crueles.

Trabajo Minero y Agricola en Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO Y AGRÍCOLA

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.

Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros.

De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

la vida cotidiana en roma antigua

 

mineria roma antigua

No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos.

Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

Todos los Emperadores de Roma Antigua Cronologia

Todos los Emperadores de Roma Antigua-Cronologia

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LISTA CRONOLÓGICA DE TODOS LOS EMPERADORES DE ROMA ANTIGUA

Cuando Augusto, el primer emperador de Roma, murió en 14 d. C, el Senado romano lo declaró dios. De ahí en más, el pueblo adoró a los emperadores y en todo el Imperio se construyeron templos en su honor. Estos edificios impresionantes ponían de manifiesto el poder absoluto de las autoridades supremas.

Los monumentos erigidos para celebrar las victorias bélicas también contribuían a proclamar la fuerza de los soberanos. Los emperadores emitían monedas con sus retratos y encargaban pinturas, mosaicos y esculturas que los representaban a ellos mismos y a sus familias.

Más que mostrarnos una verdadera semejanza, el estilo y el simbolismo de los retratos imperiales nos hablan muchas veces sobre la forma en que un emperador quería que sus súbditos lo vieran. La siguiente es una lista de algunos de los emperadores más importantes.

Augusto 27a. C. – 14d. C.

Tiberio 14-37

Calígula  37-41

Claudio I  41 – 54

Nerón 54-68

Galba 68-69

Oto 69

Vitelio 69

Vespasiano 69-79

Tito  79-81

Domiciano 81 -96

Nerva 96-98

Trajano 98- 117

Adriano 117- 138

Antonio Pío 138- 161

Marco Aurelio 161-180

Cómodo 180- 192

Pertinax 193

Didio Juliano 193

Septimio Severo 193 -211

Caracalla 211 – 217

Macrino 217-218

Elagábalo 218-222

Severo Alejandro 222 – 235

Maximino 235-238

Gordiano I 238

Gordiano II 238

Gordiano III 238 – 244

Felipe 244 – 249

Dedo 249 – 251

TrebonianoGalo 251 -253

Emiliano 253

Valeriano I 253 – 259

Galieno 259-268

Claudio II 268-270

Quintilo 270

Aureliano 270 – 275

Tácito 275 – 276

Floriano 276

Probo 276 – 282

Caro 282 – 283

Carino 283 – 285

Diocleciano 284-305

Maximiano 286-305

Constantino y Licino 307

Constantino I 324-337

Constantino II 337-340

Constancio 340 – 350

Constantius 340 – 361

Julián 361-363

Joviano 363 – 364

Valentiniano I 364-375

Valens 364-378

Graciano 378 – 383

Valentiniano II 375-392

Teodosio I 379 – 395

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DIVISIÓN DEL IMPERIO ROMANO 395 d. C. IMPERIO DE OCCIDENTE
Honorio 394 – 423

Valentiniano III 423-455

Máximo 455

Avito 455 – 456

Majorian 457 – 461

Severo 461 – 465

Antemio 467 – 472

Olibrio 472

Glicerio 473 – 474

Nepo 474 – 475

Rómulo Augústulo 475-476

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IMPERIO DE ORIENTE
Arcadio 395 – 408

Teodosio II 408 – 450

Marciano 450 – 457

Leo I 457 – 474

Zeno 474 – 491

Anastasio I 491 – 518

Justino I 518-527

Justiniano I 527 – 565

Emperador Tiberio

Emperador Claudio

Emperador Vespaciano

Emperador Trajano

Emperador Severo

Emperador Constantino II

Emperador Valentino I

Emperador Galieno

Emperador Gordiano III

Emperador Diocleciano

Funciones del Senado Romano Origen y Organizacion en Roma Antigua

Funciones del Senado Romano

LOS PATRICIOS ROMANOS: Los patricios constituían exclusivamente el pueblo romano, populus; sólo ellos tenían derechos y eran capaces de administrar el estado. Se era patricio cuando se pertenecía a una familia noble o gens. Roma se nos presenta con una organización aristocrática fundada en el culto de los antepasados. La gens, en efecto, comprendía todas las ramas de una misma familia que tenían un antepasado común.

Todos los miembros de la gens llevaban el mismo nombre, por numerosos que fuesen, y reconocían por jefe al hijo mayor de la rama primogénita, que era el sacerdote del culto del antepasado. Debía a su nacimiento el ser pariente más próximo del antepasado, y por eso se llamaba padre, pater. Los otros miembros de la gens se llamaban patricios; por su nombre y carácter, correspondían a los eupátridas atenienses. El pater era a la vez un jefe religioso, civil y militar; sacerdote y rey en su familia y tenía, además, derecho de vida o muerte sobre los suyos.

Los patricios poseían casi todo, tierras y ganados. Muchos hombres libres, que no poseían nada o casi nada, buscaban una protección y un culto al lado de los patricios y se inscribían en las familias de sus protectores con el título de clientes, debiendo obediencia a los patricios, que ellos llamaban patronos. En cambio, el patrono debía al cliente asistencia, y en ciertos casos hasta le daba con qué vivir. Una familia era, pues, un pequeño estado que podía comprender muchos cientos de personas, que tenía jefe, religión y usos que le eran propios.

LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE LA MONARQUÍA: EL SENADO ROMANO
Para contrapesar la monarquía, se constituyó el «Senatus» (Consejo de Ancianos). Los primeros senadores fueron designados por cada «gens» -grupo de familias con un origen común- y tenían carácter vitalicio. Como el número de «gens» era invariable, en un comienzo la cantidad de senadores se pensó como fija, aunque sufrió modificaciones posteriormente.

El Senado romano estaba formado por los ancianos de las familias patricias más poderosas. Asesoraba a los magistrados. Declaraba la guerra y recibía embajadas. Ésta fue la institución en la que se núcleo el verdadero poder de la República y la que más se resistió a la incorporación de los plebeyos a las magistraturas romanas.

El proceso de integración de la plebe a la función pública tuvo varios momentos, que abarcaron desde la creación del tribunado de la plebe en el 444 a.C., hasta la culminación de estas reformas con la leyOlgumía del 300 a.C., por la cual quedaron abiertos para los representantes de la plebe los cargos que se ocupaban de la organización del culto romano.

Fue una institución de carácter fuertemente conservador. Sus miembros ocupaban el cargo de por vida (el cargo de senador era vitalicio). Sus decisiones no tenían fuerza de ley, pero los cónsules difícilmente tomaban medidas contrarias a la opinión del Senado.

El Senado era un órgano consultivo, pero, como era elegido por el pueblo,
el rey lo convocaba con frecuencia y consideraba sus propuestas.

Como órgano de consulta, el Senado tenía la tarea principal de aconsejar al rey en los asuntos de Estado. Desempeñaba esta función por pedido del monarca y a través de los «senatus consulto«, o sea, las consultas senatoriales. Además, a menudo, el rey tenía la deferencia de someter a la votación del Senado algunas de sus decisiones. Era una manera de aceptar y capitalizar el prestigio que se reconocía socialmente a los senadores («auctoritas patrium«, o sea, la autoridad de los padres).

Finalmente, el Senado desempeñaba las funciones de gobierno durante el período de interregno, ya sea por ausencia temporal o muerte del rey.

Controlaban las decisiones de  los cónsules debían ser refrendadas por el Senado, que controlaba todas las resoluciones políticas, la administración, la división de tierras públicas e incluso el tesoro público, que no podía ser tocado por el cónsul sin su autorización.

En 319 a.C. se creó la figura del censor. Con el tiempo, a sus responsabilidades iniciales sobre el censo (listas de ciudadanos) y el presupuesto, se añadió el nombramiento de las vacantes del Senado.

Calzadas Romanas Tecnicas de Construccion Via en Roma Antigua

Calzadas Romanas Técnicas de Construcción

UNA VÍA ROMANA: Roma facilita su control sobre Italia conquistada, estableciendo una red de diferentes rutas en línea recta, sin preocupación de los declives (la vía Apia pasaba sobre un viaducto de doce metros de alto). Anchas, en dirección hacia Roma, estas rutas se estrechaban en la montaña; mojones de piedras la jalonaban cada mil quinientos metros.

corte de una via romana

La necesidad de facilitar la comunicación entre los confines llevó a los romanos a desarrollar una red de calzadas, caminos, carreteras y puentes de gran solidez y con técnicas de nuevo tipo, lo que ha permitido que se mantengan hasta la actualidad.

Para construir las calzadas, comenzaban por allanar el terreno. A continuación, delimitaban la anchura de la calzada mediante la excavación de dos zanjas paralelas. Luego, extraían la tierra entre estas zanjas hasta una profundidad de un metro y medio y, en el fondo de la hondonada resultante, introducían bloques de piedra en bruto, con relleno de grava o arena entre ellos. Finalmente, revestían la superficie de la calzada con pedregullo y la cubrían con losas de piedra dispuestas de manera regular.

via romana real

El ancho de la calzada dependía siempre de la importancia militar y económica de la región y las ciudades que debía conectar. Por lo general, oscilaba entre 1,5 y 8 metros. Para delimitar las distancias, se ubicaban a intervalos regulares unos señalizadores de piedra llamados miliarios. Se calcula que la red principal de calzadas superaba una extensión de 120.000 kilómetros. Las ciudades también estaban atravesadas por calzadas, con veredas laterales ligeramente elevadas.

En el medio de estas calles sobresalían bloques de piedra separados regularmente entre sí; permitían a los peatones cruzar de una vereda a otra sin hundir los pies en el agua en días de lluvia, e impedían que los carros circulasen a velocidades peligrosas para los caminantes. Para que los vehículos avanzaran sin rozar esas piedras, la separación entre las ruedas era siempre la misma.

Los romanos fueron los más grandes constructores de carreteras que recuerda la historia antigua y lograron comunicar cada una de las poblaciones de su imperio en una extensísima red de comunicaciones que tenía por centro a Roma. Durante un período que sobrepasa los 500 años de su historia, desde el 300 a. de J.C. hasta el 250 d. de J.C., aproximadamente, construyeron carreteras en forma sistemática, utilizando para esta tarea a los prisioneros y los esclavos e incluso, en los turnos de descanso, a sus mismas legiones.

Las carreteras romanas se diferencian de todo el resto de las vías terrestres de comunicación de la antigüedad, sea por la grandiosidad de su concepción, sea por su técnica prodigiosa; constituyen, sin el menor género de duda, uno de los productos más originales de su civilización. Las cortas y escasas «vías sacras» de los griegos, quienes, por otra parte, nunca tuvieron verdaderas carreteras, sino senderos o pistas de tierra trillada, no podían consumir un modelo para un diseño tan complejo como el ideado y llevado a la práctica por los romanos. De ahí que el origen de su profundo conocimiento técnico sea objeto de innumerables controversias.

Hay una corriente de opiniones que pretende deducir dicho origen de una herencia etrusca, pero, a pesar de la notable dificultad de establecer si realmente las carreteras empedradas atribuidas a los etruscos son efectivamente obra de ellos, se da una diferencia sustancial entre las carreteras etruscas y las romanas: las primeras siguen siempre el relieve del terreno, superando los obstáculos en los puntos más accidentados, mientras que las segundas se trazaron de modo que abreviaban al máximo el recorrido. Ahora bien, cualquiera que sea el fundamento y el origen de sus conocimientos, es de todo punto indudable que la ingeniería de caminos romana llegó a alcanzar un nivel de desarrollo muy considerable.

La Vía Apía, la primera de las carreteras consulares, cuya construcción se inició en el 312 a. de J.C. por orden del censor Apio Claudio, unía Roma con la base militar de Capua, en la provincia de Campania. La «reina de las carreteras romanas», llamada así por el esplendor de los monumentos que se hallaban a lo largo de su recorrido, avanzaba inicialmente sobre un trayecto de unos 260 Km. y no estaba empedrada, sino sólo recubierta de grava. La pavimentación a base de bloques de lava se llevó a cabo más tarde, en el transcurso del siglo II a. de J.C. En la época imperial, la vía, que había llegado a Benevento y Venosa, fue alargada ulteriormente hasta el puerto de Brindisi, aumentando así el tráfico con el Cercano Oriente.

La Vía Apia fue seguida por la Vía Flaminia, cuya orden de construcción fue dada por el censor Cayo Flaminio el 220 a. de J.C, y unía Roma con Rímini. Paso a paso se fue extendiendo la red terrestre de comunicaciones en el imperio romano, a través de un eficaz sistema de ramificaciones en toda Italia, uniendo todas las ciudades y aldeas con la capital del imperio. Entronques de carreteras se construyeron, desde la segunda mitad del siglo n a. de J.C. en adelante, en las provincias más lejanas para que las legiones destinadas a los confines del imperio pudieran establecer contacto entre sí rápidamente.

Bajo el mando de los emperadores de los siglos I y II la red de carreteras llegó a su máxima extensión, uniendo entre sí Europa, Asia y África, desde el valle de Adriano, en el extremo norte de Britania, hasta el Eúfrates y el desierto del Sahara.

Mapa Carreteras Romanas

Representación cartográfica de la máxima extensión que llegó a alcanzar la red terrestre de comunicaciones del imperio romano. El sistema de las carreteras romanas, que en las provincias  periféricas del imperio estaba constituido por simples pistas de tierra trillada, se articulaba sobre una estructura de telaraña cuyo centro radicaba en Roma.

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov
Historia de las Comunicaciones Transportes Terrestres J.K. Bridges

Grandes Profetas de la Historia Fundadores de Religiones Biografias

Grandes Profetas de la Historia

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MoisésBudaConfucioJesucristoMahoma

Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la «doctrina del amor distinguido». Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, «una complejidad acabada perfectamente», pero esto no quiere decir que no haya hombres «más altos» y «más bajos», por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: «El espíritu del hombre es justicia». Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

Patricios y Plebeyos Clases Sociales en Roma Antigua Tribuno Plebe

Patricios ,Plebeyos, Esclavos y Libertos
Clases Sociales en Roma Antigua

Los primeros años de la República se vieron agitados por violentas luchas sociales. Poco a poco se fueron destacando y diferenciando dos clases: los patricios, que poseían la tierra y ostentaban el poder, y los plebeyos. Éstos llegaron a sublevarse, abandonaron la ciudad y se retiraron al monte Sacro. Las sensatas palabras de Menenio Agripa, anciano patricio muy estimado por su virtud, persuadieron al pueblo, que regresó a Roma.

PLEBEYOS Y PATRICIOS: La ciudad de Roma (la ávitas romana) se constituyó a partir de la asociación de grupos humanos que se reconocían como descendientes de un antepasado común. Cada uno de estos grupos era una gens. Sus integrantes eran los patricios (el nombre proviene de paires, miembro fundador de una gens). Éstos formaban un grupo cerrado que acaparaba los puestos de gobierno, poseía grandes fortunas y las mejores tierras. Más tarde se fueron diferenciando grupos de habitantes que quedaron excluidos del privilegiado círculo patricio: los plebeyos (de plebs, multitud).

La plebe estaba privada de gobernar y de elegir a sus gobernantes. Aunque formaban parte de la ávitas (eran e/Ves o ciudadanos), los plebeyos estaban situados en un plano de inferioridad política, legal y religiosa frente a los patricios. Tampoco se beneficiaban por igual con la expansión romana: la tierra pública, conquistada con la participación de los soldados plebeyos, estaba reservada en un principio a las gentes patricias. Todas estas desventajas tenían su origen en el nacimiento y no en la riqueza. Entre la plebe existían grupos que tenían una mejor posición económica, como los artesanos y los comerciantes, y otros más pobres como los campesinos.

LA REPÚBLICA EN ROMA ANTIGUA
LUCHAS POR DERECHOS CIVILES
PLEBEYOS Y PATRICIOS

Fue instituida en el año 507 ó 510 a. J. C. Esta revolución, que había sido obra de los patricios, fue muy ventajosa para ellos, aunque no introdujo en un principio modificación alguna en las instituciones políticas y sociales de Roma. En vez de un rey, dos cónsules elegidos por los patricios gobernaban el Estado por un periodo de un año.

Los cónsules debían rendir cuentas de sus actos al terminar el ejercicio de sus cargos. Sus insignias eran la toga orlada de púrpura, la silla curul y los líctores. Ejercían el mando, «imperium», administraban justicia, convocaban y presidían el Senado, tenían derecho de vida y muerte sobre los ciudadanos y eran, además, los jefes del Ejército. En ocasiones graves se designaba un dictador, que gobernaba sin consultar al Senado ni al pueblo. Transcurridos seis meses, o cesada la emergencia, el dictador debía abdicar y resignar el poder.

Patricios y plebeyos

Pero a pesar de haber desaparecido la monarquía, el pueblo romano continuó dominado por los patricios. La autoridad estaba en manos de los cónsules y de los senadores que salían de sus filas. Los plebeyos, que por lo general eran pequeños propietarios y artesanos, sufrieron las consecuencias de las guerras contra los Tarquinos y abrumados por las deudas quedaron a merced de los patricios, que los subestimaban y escarnecían.

Esta diferencia de situación social provocó un conflicto que duró dos siglos, desde el año 496 al 302 a.C., y culminó con el triunfo de los plebeyos que obtuvieron el reconocimiento de sus derechos y la igualdad con los patricios.

Fue en el año 496 a.C., cuando los patricios, para amedrentar a los plebeyos crearon la dictadura, hasta entonces desconocida, por lo cual éstos resolvieron abandonar la ciudad de Roma y establecerse en una colina situada a corta distancia de la ciudad: el monte Sacro. Entonces, los patricios enviaron a un hombre elocuente, el cónsul Menenio Agripa que, según la tradición, les refirió el apólogo de los miembros y el estómago y logró que regresaran a Roma, con la promesa previa de la creación de dos nuevos magistrados, los tribunos de la plebe, que serían los defensores de sus derechos.

Menenio Agripa les había dicho que los miembros del cuerpo humano, cansados de alimentar al estómago, que aparentemente no trabajaba, tramaron una conspiración y se rebelaron, negándose a llevar alimento a la boca, pero al poco tiempo el cuerpo se debilitó y los miembros cayeron en un estado de postración.

Entonces los miembros comprendieron que el estómago no permanecía ocioso y mediante la digestión de los alimentos mantenía a todo el cuerpo en actividad. En consecuencia, Menenio Agripa les explicó que los plebeyos eran los miembros y el Senado el estómago y para que toda la sociedad funcionara en armonía, era necesaria la concordia.

Los plebeyos consiguieron entonces que fueran nombrados dos magistrados, llamados «Tribunos de la plebe», a quienes se confirió la misión de defender a ésta contra el predominio patricial. Los tribunos de la plebe podían oponer el veto a cualquier decisión del Senado, contraria a los intereses del pueblo. Con ello, los plebeyos obtuvieron la plena igualdad social, civil, política y religiosa. Además, consiguieron que fuera elaborado un código de leyes iguales para todos, que por haber sido grabado en doce tablas de bronce y expuesto en el Foro se denominó «Ley de las Doce Tablas », lo cual era un gran progreso, ya que hasta entonces los patricios habían interpretado las normas tradicionales del Derecho con arreglo a sus propios intereses. Años más tarde, los plebeyos consiguieron otra prerrogativa: el derecho a la elección de uno de los dos cónsules. (ver: Tribunos de la Plebe)

Las Clases Sociales en Roma Antigua

La sociedad se integraba con una clase alta o nobleza, que estaba constituida por los patricios, que detentaban todos los privilegios; y una clase baja, la plebe, compuesta por los extranjeros y vecinos, que carecían de derechos y no tenían ninguna participación en el gobierno. Los plebeyos podían incorporarse a una familia de patricios, en calidad de protegidos o clientes, con lo cual lograban mayor seguridad. Patricio; y clientes reunidos, formaban lo que se llamaba gens.

Además se encontraban los esclavos, que eran los prisioneros de guerra y los plebeyos deudores, a los cuales no se los consideraba como personas sino como cosas. Los que lograban su liberación mediante un pago, se convertían en clientes.

Dentro de la organización social, la familia ocupaba un lugar sobresaliente y constituía la institución más sólida del estado. Estaba integrada por todos los que rendían culto al mismo antepasado, es decir, no sólo el padre, la madre y los hijos, sino también los clientes y los esclavos.

De acuerdo con el principio de la patria potestad, el padre ejercía la máxima autoridad sobre la familia, no obstante lo cual, la mujer gozaba de consideración y respeto, aunque no participaba de la vida política.

El matrimonio tenía carácter religioso y era indisoluble, lo que aseguraba la solidez de la sociedad romana. Con la corrupción-de las costumbres se introdujo el divorcio, que contribuyó a la decadencia y la disolución de la sociedad.

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Plebeyo es una palabra con la que solemos tropezar. Se refiere a una persona humilde o de baja posición. Los plebeyos pertenecían en Roma a la penúltima de las cuatro clases sociedad. La última era la de los esclavos quienes no tenían ningún derecho. Algo mejor  era la condición de los plebeyos  libres, pero por lo demás, no tenían poder alguno. Hacía arriba en la jerarquía estaban los caballeros. Éstos eran gente rica — los hombres, por supuesto—,de la clase que formaba la caballería cuando era llamada a batirse por Roma. No eran lo suficientemente adinerados, sin embargo, como para tener mucho poder. Para tenerlo era indispensable pertenecer a la clase de los patricios, es decir, a la nobleza. La palabra patricio también se sigue  empleando y ahora, como entonces, designa a la gente de familias pudientes, acostumbradas a tener autoridad.

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SENADORES: Formada por la unión entre la antigua nobleza patricia y las familias plebeyas más ricas. En ellas al menos uno de sus miembros había tenido que ocupar la magistratura curul. Ocupaban en exclusiva el Senado (de ahí el nombre de orden senatorial con el que también se les conoce). Estaba formada por grandes propietarios agrícolas y no podían dedicarse al comercio. Entre otros privilegios tenían reservados asientos especiales en el teatro y el ius imaginum, derecho a tener y exhibir los retratos de los antepasados ilustres.

CABALLEROS: Era conocido como orden ecuestre. Formaba una especie de clase media o burguesa integrada por plebeyos ricos excluidos del orden senatorial. La integraban comerciantes y banqueros. Entre otros privilegios podían llevar un anillo de oro y se les reservaba también asientos especiales en el teatro. Con el emperador Augusto empezaron a ocupar puestos en la burocracia romana.

PLEBE: Estaba formada por la parte de la población plebeya de menos recursos económicos y cuya actividad política se limitaba a su participación en los distintos tipos de asambleas (Comitia). En ella había desde artesanos y pequeños comerciantes hasta pequeños propietarios rurales y campesinos arruinados que habían abandonado el campo para establecerse en la ciudad como proletarii. Por el mero hecho de ser ciudadanos tenían derecho a una pequeña ayuda del Estado consistente en el reparto gratuito, o a bajo precio, de grano y otros artículos alimenticios o una pequeña ayuda económica.

ESCLAVOS: Carentes de cualquier clase de derecho político, de su interior surgió la figura de los libertos (liberti), algunos de los cuales llegaron a amasar grandes fortunas. Con el Imperio, los libertos ascendieron en la escala social e incluso ocuparon puestos de responsabilidad política.

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El apólogo de Menemio Agripa
Se retiraron al Monte Sacro, al otro lado del Río Anio, a tres millas de Roma [. . .] En la ciudad había llegado el terror al colmo, manteniéndolo todo en suspenso la mutua desconfianza. La parte del pueblo abandonada por la otra, temía la violencia [. . .] ¿Cuánto tiempo permanecería tranquila la multitud que se había retirado al Monte Sacro? ¿.Qué sucedería si estallaba entre tanto alguna guerra extranjera? [. . .] Ya no había esperanza en la concordia de los ciudadanos, y era necesario conseguirla a cualquier precio. Decidiéronse, pues, a enviar al pueblo a Menemio Agripa, varón elocuente y querido de la multitud, como descendiente de familia plebeya. Introducido en el campamento, dícese que Menemio no hizo otra cosa que narrar este apólogo, en el rudo lenguaje de la época: «En el tiempo en que la armonía no reinaba aún como hoy en el cuerpo humano, sino que cada miembro tenía su instinto y especial lenguaje, todas las partes del cuerpo se indignaron de que el estómago lo obtenía todo por sus cuidados, trabajos y ministerio, mientras que, tranquilo siempre, solamente cuidaba de gozar los placeres que le proporcionaban. Formaron entonces una conspiración; las manos se negaron a llevar los alimentos a la boca, la boca a recibirlos y las muelas a triturarlos. Mientras que en su resentimiento querían domar al cuerpo por el hambre, los miembros mismos y todo el cuerpo cayeron en extrema debilidad. Entonces vieron que el estómago no estaba ocioso, que si le alimentaban, él alimentaba a su vez, enviando a todas las partes del cuerpo esta sangre que forma nuestra vida y nuestra fuerza, y distribuyéndola por igual en todas las venas, después de elaborarla por la digestión de los alimentos». La comparación de aquella sublevación intestina del cuerpo con la cólera del pueblo contra el
Senado, calmó según dicen los ánimos.

Las Diversiones en Grecia Antigua Fiestas y Festejos Religiosos

DIVERSIÓN Y FIESTAS EN GRECIA ANTIGUA
Fiestas y Festejos Religiosos

Sabemos que en todo el mundo antiguo la relación entre fiesta y religión era muy fuerte, este vínculo es aún más claro en el caso de las fiestas atenienses, que mas abajo puedes observar. Cuando se acercaba la fecha de las fiestas de Dioniso, dios del vino, los autores de comedias y tragedias  presentaban sus obras a los magistrados de la ciudad, los arcontes. Éstos seleccionaban a tres autores de tragedia y otros tres de comedia, entre los cuales se elegían los dos ganadores finales, uno por cada género, mediante votación de un jurado.

Los encargados de organizar la representación de las obras ganadoras eran los coregás, ciudadanos ricos que corrían con todos los gastos. También se otorgaban premios al mejor corega y al mejor actor de cada género teatral. La afición de los griegos al teatro ha sido siempre enorme, de manera que al principio la representación de las tragedias era considerada por los ciudadanos como una especie de purificación religiosa.

Con el tiempo la relación del teatro con el culto a Dioniso fue desapareciendo y pronto se organizaron representaciones con motivo de otras fiestas religiosas y de otros acontecimientos importantes para la ciudad. En Atenas acuden al teatro tanto hombres como mujeres, sólo los esclavos tienen  prohibida la entrada.

FIESTAS Y FESTEJOS:

Grandes Panateneas en honor a Atenea. En el Mes Hekatombaión (julio) cada 4 años. El ritual era una procesión a la Acrópolis, al templo de la diosa, con las víctimas para el sacrificio y un peplo para ella.

Panateneas , idem al anterior , pero anual.

Grandes Eleusinas, en hornor al dios Apolo. Mes Metageitnión (agosto), cada cuatro años. Grandes competiciones atléticas.

Grandes Misterios de Eleusis, honor a Deméter y su hija Perséfone o Prosérpina. Mes  Boedromión (septiembre). Desde Atenas sale una procesión hacia Eleusis donde se celebraba una serie de rituales en honor a las diosas en los que se admitían personas de cualquier procedencia social y nacionalidad.

Tesmoforias, en honor a Deméter y su hija Mes de Pyanepsión (octubre), del once al trece. Fiestas comunes a toda Grecia y reservadas a las mujeres.

Leneas, en honor a  Dioniso. Mes de Gamelión (enero), del doce al catorce. Representaciones teatrales.

Antesterias en honor a Dioniso. Mes de Anthesterión (febrero), del once al trece. El primer día, el pithoigía, se abren las tinajas que contienen el vino nuevo; el segundo cada invitado recibe una copa de ese vino y se compite para ver quién lo bebe primero.

Grandes Dionisias en honor a Dioniso.Mes de Elapheboüón (marzo). Se representan las grandes tragedias griegas.

Targelias en honor a  Apolo. Mes de Thargelión (mayo). Ceremonia de purificación en que se azota con unas ramas a un hombre y una mujer.

Imporantes en el panorama festivo griego eran las competiciones atléticas, relacionadas también con las festividades religiosas. Era grande la afición al ejercicio físico en la Grecia clásica y en todas las polis había uno o varios gimnasios en los que los jóvenes hacían ejercicio. La entrada en tales recintos estaba limitada a los ciudadanos. Además periódicamente había juegos atléticos en los que intervenían atletas de toda Grecia. Aunque los más conocidos son las Olimpíadas, celebradas cada cuatro años a partir del 776 a. de C. en el santuario de Olimpia.

discobolo de miron en grecia antigua

El famoso Discóbolo de Mirón. Uno de los honores que se concedían a los atletas vencedores en las Olimpiadas era el ver su estatua en algún lugar destacado de su polis.

DIVERSIONES Y MODO DE VIDA: El estilo de vida ateniense era en esencia sencillo. Las casas atenienses estaban amuebladas con los artículos comprados a los artesanos como camas, asientos, mesas, baúles, artículos de cerámica, taburetes, cestas y utensilios de cocina. Las vestimentas y las frazadas las tejían las mujeres y los esclavos. La dieta ateniense era más bien simple. La comida básica consistía en cebada, trigo, mijo, lentejas uvas, higos, aceitunas, almendras, pan horneado en casa, vegetales, huevos, pescado, queso y pollo.

El aceite de oliva se utilizaba de manera generalizada, no sólo en la comida, sino en las lámparas y para untarse el cuerpo después de lavarse y hacer ejercicio. Aunque en los hogares de los campesinos había animales, éstos no daban solamente carne, por ejemplo: los bueyes eran útiles para arar, la oveja por su lana y las cabras para obtener leche y quesos. La carne se consumía sólo en ocasiones especiales, como en los festivales; se sacrificaban animales y luego cocinaban su carne para comerse después.

El ocio en Grecia debía ocupar buena parte de la jornada de los ciudadanos ya que en la mayoría de las polis estaba mal considerado el trabajo manual. Para estos menesteres disponían de numerosos esclavos y de extranjeros, llamados metecos, que constituían un amplio porcentaje de la población.

Acudir a los baños era una actividad frecuente entre los ciudadanos helenos ya que en la mayoría de las casas no había agua corriente, al tiempo que servían como centro de reunión. Estos baños públicos serán numerosos durante el siglo IV a. C. y pasarán a Roma.

También era habitual dar largos paseos, utilizando las stoas, largos pórticos en ocasiones de dos pisos y dos naves cerrados por un testero, siempre decorados con frescos, mosaicos o cuadros. Recordemos que una escuela filosófica será denominada estoica por reunirse sus discípulos en una stoa. La stoa de Eco en Olimpia tenía doscientos metros de longitud. Pero la actividad favorita por excelencia entre los ciudadanos será la política.

Podemos afirmar que los griegos gozaban de la política, participando activamente en el gobierno de sus polis. No olvidemos que todos los ciudadanos atenienses podían participar en la Asamblea donde se toman las decisiones más relevantes de la ciudad.

La música y el teatro serán dos de las actividades favoritas para disfrutar del ocio. Existían dos edificios destinados a tal fin, el odeón y el teatro, contando todas las polis con significativos ejemplos, siendo el más importante el teatro de Epidauro por su configuración acústica ya que desde todos los puntos se alcanza una calidad de sonido difícilmente superable. Al teatro acuden casi todas las clases sociales, recibiendo los ciudadanos más pobres una subvención para poder adquirir las entradas. Los actores iban cubiertos con máscaras y vestidos con trajes concretos para que el espectador pudiera identificar claramente a quien representaban.

Los griegos daban mucha importancia al ejercicio físico, siendo una de las actividades educativas más importantes. Los atletas competían en juegos, celebrados en cada una de las polis, aunque existían algunos que tenían carácter supranacional como los Olímpicos o los Píticos, dedicados a Zeus y Apolo respectivamente.

Tenían lugar cada cuatro años y durante el tiempo que duraba la celebración existía una tregua panhelénica. Los atletas participaban desnudos en la competición, cubiertos con una capa de aceite que resaltaba la belleza de sus cuerpos, y sólo los hombres tenían acceso a contemplar las pruebas.

Durante casi un año se entrenaban en las cercanías del templo de Zeus y los ganadores recibían una rama de olivo como triunfo, aunque obtenían numerosos beneficios a posteriori como exención de impuestos o derecho a manutención gratuita.

Las cenas en grecia eran una actividad de ocio popular

Las cenas eran una actividad de ocio popular. Un hombre invitaba a varios amigos a cenar a su casa. Los invitados eran recibidos en la puerta por esclavos que les lavaban las manos y los pies. Luego se tumbaban en literas, en una habitación conocida como andron, donde los esclavos les servían comida. Una vez recogida la comida, comenzaban a beber y a conversar.

A este tipo de cenas se las llamaba simposio. Los invitados bebían vino que se había mezclado con agua en una vasija conocida como crátera. La conversación podía tratar sobre moral o política, pero a menudo las fiestas eran relajadas y los invitados tocaban la lira, recitaban poesía o contaban chistes. Músicos, bailarines o acróbatas contratados podían ofrecer más diversión. Los invitados traían  compañía fenmenina llamnadas hetarias.

A veces iban chicos para que observen como transcurría la fiesta y el comportamiento de los mayores. Había un juego llamado cótabo, en donde los invitados debían arrojar el último trago a un blanco determinado. Los esclavos servía la comida a los invitados.

La lucha entre animales se consideraba un deporte. Gallos, codornices o un gato y un perro luchaban a muerte.
La imagen de este vaso muestra a dos guerreros jugando a un juego de mesa que podía haber sido parecido al ajedrez.
Los griegos también disfrutaban del deporte. Esta escultura muestra un juego que se parece al hockey moderno.
Los adultos jugaban a menudo a los dados en su casa o en casas de juegos especiales. Otro juego popular, que conocemos como tabas, consistía en tirar pequeños huesos.
Las familias ricas daban a sus hijos muchos juegos y juguetes para divertirse en sus horas libres. Conocían una especies de yo-yo y el juego del aro y el palo.

En Las nubes, una comedia de Aristófanes, un padre orgulloso habla de la habilidad de su hijo para hacer casas, barcos, carretas y ranas con trozos de cuero. Había otros juguetes como hondas, cometas, aros con campanas, carretillas, caballitos, trompos y ruedas unidas a varas para dirigirlas. Se han hallado pequeños muebles de plomo, que tal vez iban dentro de casas de muñecas.

Los bebés usaban sonajas de guijarros. Se han hallado muñecas de arcilla articuladas en las ruinas de los templos, donde fueron dejadas como ofrendas, y en tumbas de niños. Tal vez existieron muñecas de trapo y juguetes de madera, pero no han dejado rastros.

Había un juego similar al hockey, en el que se usaban pelotas hechas de vejiga de cerdo. Un relieve en un museo de Atenas muestra a dos jugadores con bastones curvos, azuzándose. Las vasijas pintadas, que son una excelente fuente de información acerca de la vida en la antigua Grecia, muestran juegos de saltar al burro, montar en hombros, y la gallinita ciega.

Existe una vasija con una hermosa figurilla de barro donde muestra a dos mujeres jugando a la taba con huesos o pezuñas de animales: se aventaban al aire, uno por vez, cinco huesos, que se tomaban con el revés de la mano. Los juegos de mesa, que según el historiador Herodoto fueron inventados en el estado de Lidia, en Asia Menor, eran jugados con dados y fichas de vidrio o hueso.

Los griegos disfrutaban de estos pasatiempos cuando descansaban en casa, en compañía de sus amistades. Sin embargo, cuando salían al agora, podían elegir entre una muy amplia variedad de espectáculos públicos más emocionantes, como funciones de magia al aire libre, tragaespadas, hechiceros y tragafuegos.

EDUCAR EL ALMA: Los antiguos griegos gozaban de la música en los actos públicos y privados, religiosos y laicos. El filósofo Platón dijo que la educación se dividía en dos: gimnasia para el cuerpo y música para el alma.

Poco se sabe acerca de cómo sonaba la música griega. Se conservan muy pocos ejemplos de partituras, y éstas no indican la afinación que se usaba. Pero es seguro que no tenían la complejidad de los arreglos orquestales y vocales modernos: se cantaba al unísono y los instrumentos seguían la misma línea melódica. Dado que la música griega estaba estrechamente relacionada con la poesía y la danza, el ritmo debió ser muy importante. La música definía los pasos de danza, y en ella intervenía un poeta que declamaba estrofas. La poesía no se leía en privado: los versos eran escritos para ser cantados o repetidos ante un público, generalmente acompañados de música y danza.

Los griegos tenían cantos para toda ocasión: canciones de amor y estribillos para las bodas y nacimientos, para lamentar una muerte o para acompañar trabajos mecánicos como la molienda de grano. Incluso se cantaba para curar enfermos. Las mujeres gustaban de bailar juntas en la casa y el campo, quizá como un ritual de fertilidad: nunca se les muestra bailando con sus maridos.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo

Civilizaciones de Occidente Toma A de Jackson Spielvogel

historia grecia antigua