Biografia de Eva

Biografia Victoria I de Inglaterra Resumen Biografia Reina

Biografía de la Reina Victoria I de Inglaterra

En 1901 muere la reina más poderosa de todo el siglo anterior, reinado que comenzó en 1837 y marcó el apogeo colonial del Reino Unido. Su imperio se asentaba en los cinco continentes y su nombre bautizó toda una época, conocida como la «era uictoriana».

Durante su reinado, el mas largo de la historia inglesa, consolidó la autoridad de la monarquía. Reina de Gran Bretaña y de Irlanda, emperatriz de las Indias, fue la soberana de la hegemonía británica.

Soberana de Inglaterra desde 1837 hasta 1901, la reina Victoria asoció su nombre a una etapa decisiva para el afianzamiento de la monarquía constitucional y del poderío británico en el mundo, y selló con rasgos inconfundibles las costumbres y el modelo de conducta de la burguesía inglesa de su época, hasta el punto de configurar un estilo que la sobrevivió durante décadas

Biografia Victoria I de Inglaterra Resumen Biografia Reina

Victoria Alexandrina de Saionia-Coburgo, que reinó en Inglaterra como Victoria I, fue la reina más poderosa del siglo XIX. Durante su reinado, caracterizado por una rigidez de costumbres burguesas, que se conoce como «moral victoriana», se sucedieron indistintamente gobiernos conservadores (tories)y liberales (whigs), que contribuyeron a convertir al Reino Unido en la mayor potencia del mundo.

Biografía: Reina Victoria I de Inglaterra:

El 24 de mayo de 1819, la princesa Alejandrina Victoria nacía en el palacio de Kensington, en Londres: allí vivían sus padres, el duque y la duquesa de Kent, sin mayor holgura, acosados por los acreedores, en algunos apartamentos puestos a su disposición.

Sus padres habrían deseado llamarla simplemente Victoria, como su madre, pero el príncipe regente, el futuro Jorge IV, había decidido de otro modo y exigió que la niña fuese bautizada como Alejandrina, en homenaje a su padrino, el zar Alejandro de Rusia.

reina victoria I de inglaterra

Eduardo, duque de Kent, cuarto hijo de Jorge III, no conocería por mucho tiempo a su hija.

En efecto, murió cuando ella no tenía más de ocho meses de edad, dejando a la duquesa de Kent en una situación difícil.

Siendo ya viuda del príncipe de Leiningen, ella era una princesa alemana, hija del duque de Sajonia-Coburgo, «exiliada en Gran Bretaña», donde era poco estimada.

El nacimiento de su hija Alejandrina Victoria, que podría heredar algún día la corona de Inglaterra, representaba para ella una esperanza formidable.

El 26 de junio de 1830, el rey Jorge IV murió sin dejar heredero, pasando la corona a su hermano Guillermo IV.

Él tampoco tuvo descendencia, de manera que su sobrina Victoria se encontró siendo heredera directa de una corona muy codiciada. Victoria tuvo en la persona de su tío Leopoldo I, rey de los belgas, su apoyo más seguro.

Éste le escribía frecuentemente dándole valiosos y afectuosos consejos para asumir la tarea que la esperaba. Por su parte, su madre. la duquesa de Kent, acechaba con angustia el más mínimo signo que anunciase la venida al mundo de un heredero real…

El 20 de junio de 1837, finalmente, el arzobispo de Canterbury y lord Chambelán se dirigieron al palacio de Kensington a pedir audiencia a la joven princesa Victoria.

Les correspondía, conforme al protocolo, anunciarle la muerte del rey Guillermo IV y proponerle la corona de Inglaterra.

Poco después, la «eminente y poderosa princesa Alejandrina Victoria I» fue proclamada reina de Gran Bretaña y de Irlanda.

LA HISTORIA DE SU VIDA:

 Al fallecer su padre en 1820, cuando Alejandrina Victoria solo tenía ocho meses, y más tarde el deceso de los pequeños hijos del duque de Clarence, que ascendió al trono en 1830 con el nombre de Guillermo IV, fueron signando paulatinamente su destino de reina.

De modo que, luego de transcurrida su niñez, su educación fue confiada a la duquesa de Northumberland, bajo cuya dirección estudió historia, ciencias naturales y música.

Posteriormente, Guillermo IV encargó a su primer ministro, Lord Melbourne, que instruyera a su sobrina y heredera en el dominio de la política y le enseñara los mecanismos del sistema constitucional británico.

Al tiempo que recibía esa imprescindible preparación, la vida de la princesa se desarrollaba completamente alejada de su familia paterna: residía con su madre, su hermanastra Feodora y su gobernanta Louíse Lehzen, en el palacio de Kensington.

Llevaba un diario en el que consignaba minuciosamente los sucesos de su vida cotidiana, era muy prudente en la elección de sus amistades, tenía una memoria excelente y daba inequívocas muestras de su independencia de carácter.

El 20 de junio de 1837, a hora muy temprana, el primer ministro, Lord Melbourne, se presentó intempestivamente en Kensington para comunicar a Victoria –por entonces una muchacha de 18 años, alegre, rolliza y más bien baja– que el rey acababa de morir y que desde ese momento ella era la reina de Inglaterra.

Como anticipo de la actitud con que afrontaría de ahí en más sus deberes de soberana, luego de haber escogido como residencia real el Palacio de Buckingham, Victoria instaló a su progenitora en un departamento alejado de sus habitaciones, poniendo así una valla a la influencia materna.

Lord Melbourne, a quien mantuvo en el cargo de primer ministro, tuvo el privilegio de iniciarla en las «delicias del oficio de reina»: las cacerías, los bailes, las brillantes fiestas de la corte, la etiqueta y el complejo mecanismo de las ceremonias palaciegas.

Su primo Alberto, príncipe de Sajonia Coburgo-Gotha, que después sería su esposo, dejó un elocuente testimonio sobre los primeros tiempos de su vida de reina. «Victoria -escribió- se muestra terriblemente obstinada, en permanente guerra contra su propia naturaleza, que es buena; ella se deleita en las ceremonias, etiqueta y formalidades de la corte, y otras frivolidades (…) Se dice que en realidad ella no goza mucho en esas veladas que se prolongan tanto y que la obligan a dormir más de la cuenta el día siguiente…»

Pero acaso lo más interesante de ese texto resida en lo que revela acerca de la personalidad de su autor, que a través de 21 años de entrañable y prolífico matrimonio, ejerció una profunda influencia en las ideas y en la conducta de su mujer.

Hombre grave y reflexivo, con una madurez precoz para su edad -poco más de 20 años-, de físico apuesto, Alberto impresionó fuertemente a su prima durante una visita que realizó en octubre de 1839 a la corte inglesa, por entonces instalada en el castillo de Windsor.

Seducida por la personalidad del príncipe, no tardó mucho Victoria en abandonar su resistencia a perder su dorada autonomía y le propuso que se casara con ella.

Cuatro meses después, el 10 de febrero de 1840, se celebró la boda. Al principio, la reina insistió en que su marido no tuviera injerencia alguna en los asuntos de gobierno. Seis meses más tarde, se le permitió al príncipe, por consejo de Lord Melbourne, permanecer como «observador» en los despachos oficiales y luego estar presente cuando la reina recibía a sus ministros.

Con el tiempo, Alberto se convirtió en mentor y consejero de su mujer, a quien inculcó principios de gobierno y normas de conducta como soberana. P

ero además Victoria, impulsada por el cariño y el respeto que le inspiraba su esposo, comenzó a asumir gradualmente las rígidas normas morales y los austeros hábitos de su marido, y no tardó en renegar de las reuniones sociales para dedicarse casi de lleno a la maternidad.

Entre 1840 y 1853, dio a luz nueve hijos, cinco mujeres y cuatro varones, a través de los cuales llegó a emparentarse con casi todas las familias reinantes europeas. Su hija mayor, Victoria, fue emperatriz de Alemania y madre de Guillermo II, el último Kaiser, y madre y bisabuela, respectivamente, de dos reinas de Grecia: Sofía y Federica.

Eduardo, Príncipe de Gales hasta los sesenta años y después rey de Inglaterra con el nombre de Eduardo VII, continuó la dinastía reinante, y una hija suya, Matilde, fue reina de Noruega.

Alicia fue la madre de la última zarina de Rusia, Alejandra, mujer de Nicolás II. Alfredo, más tarde duque de Edimburgo, padre de la reina María de Rumania -madre del rey Carol- y abuelo de la reina María de Yugoslavia.

Elena, Luisa, Arturo y Leopoldo celebraron sus matrimonios con miembros de la nobleza inglesa y alemana (retoño de una de estas ramas es el príncipe Felipe, duque de Edimburgo y marido de la reina Isabel II), en tanto que Beatriz fue madre de Victoria Eugenia de Battenberg, última reina de España.

Ese período de felicidad conyugal, se cerró en 1861 con la muerte del príncipe Alberto. Terriblemente abatida, la reina abandonó poco después el palacio de Buckingham y se recluyó alternativamente en Windsor, en Osborne, en la isla de Wight, o en Balmoral (Escocia) donde habían transcurrido las etapas más felices de su vida matrimonial.

En 1853, la reina Victoria fue una de las primeras mujeres en dar a luz bajo el efecto de la anestesia, contrariando a las autoridades religiosas. El médico escocés Simpson recurrió a una leve dosis de cloroformo para ayudar al parto sin dolor de la reina de Inglaterra. Los responsables anglicanos, incómodos de no poder condenar esta práctica que contravenía el principio del alumbramiento con dolor, hicieron valer que al fin y al cabo Dios había adormecido a Adán para extraerle la costilla de la que debía nacer Eva.

Durante cinco años se abstuvo de abrir personalmente las sesiones del Parlamento, y pasó aún más tiempo antes de que sus ministros pudieran convencerla de la necesidad de aumentar sus apariciones en público, en vista del desagrado que suscitaba su imagen de viuda retirada.

Se tornó severa e irritable, y sus ministros, que debían viajar constantemente para plantearle asuntos de gobierno, sufrían a menudo por su tono imperioso y por su exigencia de ser consultada para todo, aunque no dejaban de reconocer que la gran experiencia de la reina justificaba plenamente el celo con que ejercía sus derechos constitucionales.

Por otra parte, Victoria supo siempre ceder a las corrientes de opinión, y confió el poder, según sus vaivenes, a los whigs (liberales) o a los tories (conservadores). Por influencia de su marido, había adoptado lo que llamaba «… la hasta ahora tan descuidada y tan obvia doctrina por la cual es supremo deber de un monarca constitucional mantener una posición de neutralidad hacia los líderes de los partidos…»

Colocándose por encima de las luchas políticas internas y asistida -entre otros- por estadistas de la talla de Melbourne, Peel, Russell, Palmerston, Gladstone, Disraeli y Salisbury, afianzó el prestigio de la monarquía -que el príncipe Alberto había contribuido tanto a restaurar después de la decadencia en que la habían sumido los Hannover—, e identificó su imagen con el despliegue de potencialidades que protagonizó Inglaterra en todos los órdenes en los dos últimos tercios del siglo XIX.

Coronada emperatriz de la India en 1876, festejada por su pueblo y por brillantes delegaciones extranjeras en sus jubileos de 1887 y 1897 -bodas de oro y de diamante con el trono, respectivamente-, considerada la «abuela de Europa» en virtud de los múltiples lazos familiares que la unían a la mayor parte de las dinastías reinantes de la época, la anciana conoció el sabor de la gloria.

Por otra parte, , su austeridad y sus rígidas normas de vida habían encarnado en vastos estratos de la sociedad inglesa, caracterizando una época cuyos ecos se prolongaron a través de varias generaciones y suscitaron las despiadadas sátiras de George Bernard Shaw y las afiladas ironías del incisivo Osear Wilde.

A pocos días de su muerte, en Osborne, el 21 de enero de 1901, el cortejo fúnebre de Victoria, reina de Gran Bretaña e Irlanda y de los dominios de ultramar, emperatriz de la India y defensora de la Fe, congregó a cuatro reyes, diecisiete príncipes y al presidente de los Estados Unidos, que escoltaron a caballo la cureña que condujo sus restos hasta el mausoleo de Frogmore, donde yacían los de su bienamado Alberto desde hacía cuarenta años. Con su desaparición se cierra un singular capítulo de la vida inglesa.

La emperatriz de la India: Aunque respetuosa del régimen parlamentario, tenía un talante autoritario y exigió de sus ministros que le comunicaran previamente los proyectos de ley, que debían contar con su aprobación.

Celosa de la integridad territorial, se opuso con firmeza a las veleidades independentistas de Irlanda.

Desempeñó un importante papel en política exterior, terreno en el que privilegió las relaciones con Prusia y Austria en detrimento de Rusia.

Partidaria de la expansión colonial del país, a instancias del primer ministro conservador Disraeli fue proclamada en 1877 emperatriz de la India, territorio cuya conquista se había iniciado en el siglo XVIII.

La prosperidad económica y el esplendor cultural aumentaron el prestigio de la corona en un país eufórico por los éxitos políticos y militares.

Casada con su primo Alberto de Sajonia-Coburgo, tuvo en el príncipe consorte a su principal consejero.

Cuando Alberto murió en 1861, Victoria se apartó de la vida pública durante varios años, pero finalmente retomó la actividad política. Con su muerte, ocurrida en 1901, concluyó el reinado más largo de la historia británica.

REINA VICTORIA DE INGLATERRA

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1819: Nacimiento de Alejandrina Victoria, hija del duque de Kent, en Kensington, el 24 de mayo.

1830: Muerte de Jorge IV. Asume Guillermo IV.

1837: Muerte de Guillermo IV.

1838: Victoria es coronada reina de Gran Bretaña y de Irlanda.

1840: Matrimonio de Victoria y del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

1843: Victoria se encuentra con Luis Felipe en el castillo de Eu. Gran hambruna en Irlanda.

1846-1852: Lord Russel es primer ministro.

1851: Gran Exposición Universal de Londres.

1854-1856: Guerra de Crimea.

1855 a 1865: Palmerston es primer ministro, en dos períodos:

1857: El príncipe Alberto se convierte en príncipe consorte.

1858: Las Indias se incorporan a la corona británica.

1861: Muerte del príncipe Alberto.

1868-1874-1880: Benjamín Disraeli, primer ministro.

1876: Victoria, emperatriz de las Indias.

1897: Jubileo de diamante de la reina.

1898: Asunto de Fachoda. Comienzo de la guerra de los bóers en África del Sur.

1901 Muerte de Victoria en Osborne,  el 22 de enero.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder.

Políticas Sociales del Peronismo Fundacion de Evita Perón

Políticas Sociales del Peronismo
Fundación Evita Perón

La Fundación que dirigía Eva Duarte, esposa de Perón y más conocida como «Evita», desarrolló una intensa obra de asistencia para todos los más necesitados: creó hogares para huérfanos y ancianos, escuelas, policlínicos; repartió alimentos y distribuyó máquinas de coser, bicicletas y otros artículos; estimuló la práctica de los deportes a través de la organización de campeonatos infantiles o juveniles a escala nacional.

Luego de la segunda guerra mundial , se afianzó en los países capitalistas la tendencia hacia una mayor intervención estatal en la vida económica y social. En los países industriales de Europa occidental y de América del Norte se desarrolló un nuevo tipo de Estado, denominado «Estado de bienestar«. La transformación consistió en que los estados de bienestar –en especial los del norte de Europa occidental– aseguraban al conjunto de la población una amplia cobertura de servicios sociales «desde la cuna hasta la tumba«, como rezaba la propaganda del laborismo inglés, que apoyaba este tipo de medidas.

Durante el primer gobierno de Domingo Perón, en medio de la imposición de algunas medidas antidemocráticas o autoritarias, como el de nombrar jueces amigos en la Corte Suprema, intervenir algunas universidades, perseguir a la prensa opositora y usar el aparato estatal para propaganda política, su esposa Evita realizaba una noble obra entre los más humildes, los trabajadores y las mujeres, y sobre todo sus discursos desafiantes contra la «oligarquía», contribuían a profundizar un enfrentamiento que fue derivando en una división tajante de la sociedad argentina entre peronistas y antiperonistas.

Mientras limitaba las posibilidades de acción de los partidos políticos, Perón impulsó a empresarios, trabajadores, profesionales y comerciantes a organizarse para presentar sus demandas ante el Estado.

El Estado valorizaba a los trabajadores y alentaba su progreso económico y social. Los sectores populares urbanos, renovados por la llegada incesante de migrantes del interior, pudieron comprar ropas, calzados, radios, heladeras, cocinas… Accedieron a canchas, plazas, lugares de baile, cines y otros lugares de esparcimiento y diversión. Sus hijos pudieron realizar estudios secundarios y algunos llegaron a la universidad.

Las estas tendencias del «Estado de Bienestar«, también se manifestaron en la Argentina, con algunos rasgos diferenciales. Por una parte, la expansión de los servicios sociales fue muy rápida: si bien en décadas anteriores se habían realizado avances en la legislación social, la cantidad y la amplitud de las medidas tomadas por iniciativa de Perón a partir de 1943 superaron y eclipsaron los intentos anteriores a su gestión.

Por otra parte, los cambios en la legislación social y el súbito crecimiento de la.participación de los asalariados en el ingreso nacional se realizaron en un marco de baja conflictividad social. En buena medida, esto se debió a las ventajosas condiciones económicas del país a comienzos de la segunda posguerra.

La abundancia de divisas y los buenos precios de las exportaciones argentinas permitieron sostener un muy importante aumento del gasto público. En los primeros años del gobierno de Perón, el gasto del Estado creció de alrededor del 16 % del producto bruto interno a cerca del 29 % del mismo. Aumentó la inversión del Estado en vivienda, educación y salud, y también se mantuvo en niveles altos el presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas y a las de seguridad.

Un componente importante de la política social del gobierno fue la ayuda directa a los sectores más necesitados de la población, ejecutada a través de un organismo paraestatal, la Fundación Eva Perón.

Si bien Eva Perón mantuvo una estrecha relación con la CGT, su acción se proyectó más allá de los trabajadores sindicalizados para abarcar a sectores menos estructurados y débilmente cubiertos por otras formas de protección estatal o sindical. La esposa del presidente tuvo un papel relevante en la relación entre el gobierno y estos sectores, a los que denominaba «descamisados».

La orientación distribucionista del gobierno en un contexto económico propicio favoreció tanto el pleno empleo como la ampliación del mercado interno. Además, los salarios aumentaron, y los sindicatos se fortalecieron y expandieron su provisión de servicios de salud y de turismo. La acción estatal y sindical con respecto a la ampliación de los servicios de salud, de la construcción de viviendas y, en general, de los sistemas de seguridad social, tuvieron un fuerte impacto positivo sobre el bienestar de los sectores populares.

El turismo social: Entre los cambios sociales impulsados por el gobierno peronista, ocuparon un lugar importante los sistemas sociales de turismo promovidos por el Estado y sobre todo por las obras sociales de los sindicatos. Ya en 1934 la Organización Internacional del Trabajo había tratado el tema del ocio de los trabajadores, creando en la ciudad de Ginebra la Comisión de Tiempo Libre de los Trabajadores.

turismo gobierno de peron

Turismo en la Playa Bristol en Mar del Plata – Foto de un Almanaque

En la Argentina, durante los años de gobierno peronista, casi todas los sindicatos instalaron hoteles, cuya compra y construcción fue financiada en la mayoría de los casos, por créditos estatales. Los lugares elegidos eran, por ejemplo, las sierras de Córdoba, Bariloche y, sobre todo, Mar del Plata.

La vida turística de esta última ciudad, reservada hasta el momento al turismo de élites, sufrió una gran transformación. Las clases altas se refugiaron en sus barrios y balnearios exclusivos, mientras una multitud de turistas de los sectores populares accedía a esta ciudad atlántica por la Ruta Nacional 2, asfaltada desde 1938. De esta manera, muchos obreros de las provincias llegaron a conocer el mar. También se construyeron colonias de vacaciones infantiles y clubes en las zonas periféricas de las grandes ciudades.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
LA FUNDACIÓN EVA PERÓN
Nota de Carolina Barry Directora de Ciencias Políticas

El 25 de septiembre, la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón pasó a denominarse Fundación Eva Perón (FEP). Esta entidad llevó y lleva a cabo la mayoría de las políticas sociales que permanecen en la memoria colectiva; aunque este proceso se inició en 1943, cuando Juan D. Perón declaró el inicio de «la era de la política social en la Argentina».

Desde ese momento, se aplicaron medidas de inclusión social que abarcaron también políticas sociales, gran parte de ellas vinculadas al mundo del trabajo: aumento de salarios, indemnizaciones, reducción de la jornada laboral, aguinaldo, créditos, vacaciones pagas, la creación de los tribunales del Trabajo, la sanción de convenciones colectivas, el aliento a la agremiación y la reforma del sistema jubilatorio son sólo algunas de las tantas innovaciones que implicaron un crecimiento del bienestar que se tradujo a su vez en el aumento del consumo de diversos bienes en los sectores populares.

A estas medidas se les sumaron las relativas a la vivienda y la ampliación de la red de protección social para los trabajadores. Como contrapartida, muchos otros no estaban alcanzados por estas políticas, lo cual tornó urgente la sanción y aplicación de medidas compensatorias, entre las que se contemplaba la entrega de bienes y dinero y la prestación de servicios.

Hacia 1943 se habían creado sucesivas direcciones dentro del gobierno, que centralizó todos los fondos hasta ese momento derivados hacia las distintas organizaciones de caridad, asistencia social, vivienda y salud. Estas políticas constituían estrategias de modernización del Estado. Con esta lógica, se creó en 1948 la Dirección Nacional de Asistencia Social como organismo dependiente de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

En ese mismo año, y en coincidencia con la cada vez más importante presencia política de la esposa del Presidente, un decreto organizó formalmente la Fundación que llevaría su nombre. La FEP -una institución de carácter privado que actúa en forma paralela al Estado, o por encima o valiéndose de él- generó una serie de superposiciones que en más de una ocasión derivan en conflictos con otras áreas de incumbencia estatal, como los ministerios de Salud, Educación, Trabajo y la Dirección de Asistencia Social.

De su notoria función social se desprende también un contenido por medio del cual se busca consolidar las bases de constitución política del gobierno. La infancia es el sector más beneficiado; siguen en importancia las mujeres, y por ende, la familia en su conjunto. Los problemas centrales que aborda son la educación y la salud. La FEP abrió establecimientos de distinto tipo en todo el país: hogares de tránsito, el Hogar de la Empleada, policlínicos, hospitales, clínicas de rehabilitación, proveedurías, escuelas, hogares-escuela, la Escuela de Enfermeras, la Ciudad Infantil, la Ciudad Estudiantil; organiza diversas actividades, como los campeonatos deportivos, y puso al alcance de la clase popular planes de turismo y de viviendas, entre otras.

Una de sus características es el contacto directo de la gente con Evita; una relación novedosa en la cual, aparentemente, no existen los mediadores. Su presencia es simbólica; ella recibe los casos y los deriva al cuerpo de asistentes sociales que la rodea durante las audiencias, lo que da cuenta del sistema de profesiona-lización con que cuenta la FEP.

Estos encuentros -una de las representaciones más importantes del peronismo- adquirieron ribetes míticos: Eva es el «Puente de Amor», el «Hada Buena», cuya fantástica presencia logra transformar la miseriaen abundancia, la enfermedad en salud, el sufrimiento en felicidad, el pecado en virtud, y se convirtió en un instrumento político extraordinario. Esta relación implica, veladamente, la ausencia de trabas burocráticas que dilaten o frenen el otorgamiento de beneficios.

Los mecanismos de ayuda social que implementa compiten, en varios aspectos, con los espacios ocupados hasta el momento por la Iglesia católica y las tradicionales sociedades de beneficencia (ahora intervenidas). Si bien la naturaleza y el funcionamiento de estas instituciones son muy distintos, el catolicismo forma parte de la mayoría de los emprendimientos de la FEP; aunque ésta busque diferenciarse, para lo cual reemplazó el término caridad o beneficencia por uno más provocativo: justicia social.

La justicia social pregonada por el peronismo no es sinónimo de la caridad cristiana. Las imágenes que perduran muestran rostros alegres, dichosos, de bienestar y felicidad. El lujo, la decoración suntuosa, la vestimenta, la religión, la dignificación, la alimentación, la relación directa con Evita forman parte de las estrategias distintivas de protección e igualación social que atesoran una suerte de valor político. A su vez, las políticas sociales implementadas por el peronismo de la mano de la FEP condicionarán las agendas sociales de los futuros gobiernos.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fascículo N°8 Período 1950-1969
Nota de Carolina Barry Directora de Ciencias Políticas – La Fundación Evita
Historia de la Argentina Contemporánea Polimodal Edit. Santillana Privitellio-Luchilo-Cattaruzza-Paz-Rodríguez
Sociedad, Espacio y Cultura Siglo XX en Argentina y el Mundo Edit. Kapelusz

La Abanderada de los Humildes Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Peron

La Abanderada de los Humildes
Eva Duarte de Perón

Una forma que tuvieron los gremios de agradecerle a Evita su preocupación por los problemas sindicales, fue nombrándola Dama o Secretaría Honoraria. Sin embargo el Sindicato de la Carne, íntimamente ligado a Perón y a Eva desde los hechos de octubre del 45, le confirió un título pomposo: «Abanderada de los Humildes».

Eva Duarte de Peron

Evita, La Abanderada de los Humildes

El hecho ocurrió cuando la Junta lntersindical del gremio firmó un nuevo convenio de trabajo. El contrato laboral destinaba cinco centavos por hora y por trabajador para fondos de la federación, y se dispuso un descuento del primer mes de aumento, destinado en su mayor parte a la Fundación Eva Perón.

Una muestra de esta ligazón entre Eva y el Sindicato de la Carne también se puede palpar en la transcripción de un articulo del diario El Día de La Plata, el 13 de noviembre de 1946, en ocasión de la firma de otro convenio.

La nota titulada “Evita en Berisso» dice “En cumplimiento de un plan de ayuda social, iniciado hace ya unos días con reparto de ropas y víveres a las familias de los obreros de la carne que se mantienen en inacción a raíz del cierre de los frigoríficos, visitó ayer la localidad de Berisso la esposa del presidente de la Nación, Señora Eva Duarte de Perón, quien hizo el viaje acompañada por el secretario de Trabajo y Previsión, Señor José María Freire, del edecán naval del primer magistrado, capitán de corbeta Roberto E. Cortinez y el diputado nacional Guillermo Lasciar y otros funcionarios.

En 7 y 32 fue recibida por el gobernador de la provincia, coronel Domingo A. Mercante, acompañado por difusión, Señor Ricardo J. Batallíe.

Luego de intercambiar saludos la comitiva siguió viaje hacia Berisso, arribando poco antes de las diez. La noticia de su visita hizo que un público numeroso, formado en su gran mayoría por obreros de la carne de la industriosa localidad, se reuniera en los alrededores de la Escuela número 52 en cuyo frente se había levantado un palco y lugar, por otra parte, elegido para el reparto que se verificó momentos después (…).

“Una vez ubicada en el palco la Señora de Perón, un grupo de mujeres portando algunas de ellas sus hijos en brazos, llegaron hasta ella para ofrecerle ofrendas florales. Momentos después habló el secretario de Trabajo y Previsión, Sr. José María Freire. Respondiendo a una insistente solicitación de la concurrencia, habló enseguida la esposa del presidente, quien refiriéndose al conflicto obrero de la carne dijo: el general Perón ha firmado un convenio que les traerá felicidades; lleva su firma y la del coronel Mercante.

Hoy venimos a traer esta ayuda creo que dentro de poco ya no la necesitarán. En cada uno de estos paquetes va con el corazón de Perón el de una mujer que sufre y sabe vuestra angustia”.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

Los Bienes de Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Duarte de Perón

Los Bienes de Eva Duarte de Perón

Eva Perón había nacido en una familia pobre. Cuando llegó a Buenos Aires a ganarse la vida como actriz no tenía un centavo. ¿Cómo hizo, entonces, para obtener los bienes que figuran en su testamentaria?

Eva Duarte de PeronDesde Asunción, Paraguay, a poco menos de un mes de haber sido derrocado, el general Juan Domingo Perón se refirió a su patrimonio en declaraciones a la agencia de noticias, United Press. Llama la atención la cantidad de bienes que le atribuye a la herencia de Eva Perón:

‘Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer periodo de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón. Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece ami señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez.

Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país.

Poseo además los bienes, que por la testamentaria de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro La razón de mi vida, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón.

Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él”.1

Evita había llegado a Buenos Aires en 1935. Dos años después la contrataban para representar papeles menores en algunas compañías de teatro, como la de Píerina Dealessi que fue quien e enseñó a declamar en el escenario. Muchos tiempo después, la actriz aseguró que por ese tiempo, “Evita pasaba hambre, era desgraciada y no se cuidaba; tenía las manos frías y sudadas, acudía temprano al teatro porque en él se estaba más caliente que en su habitación, y no podía ir a ningún otro sitio. Cobraba sólo ciento ochenta pesos al mes, y enviaba una parte a su familia de Junín”.2

En 1939, Eva Duarte había iogrado triunfar. En abril se formó una nueva compañía de teatro radiofónico en la que compartió cartel con Pascual Pelliciotta, y fue una de las principales figuras de Radio «El Mundo». Un año después, trabajó en cine en dos papeles secundarios. En 1943, tenía su propia compañía, era una de las actrices radiofónicas mejor pagadasy ganaba entre cinco y seis mil pesos mensuales. Con este dinero compró un petit hotel en la calle Teodoro García 2102, de la Capital Federal.

En cuanto a los derechos de autor, la casa Jacobc Peuser S.A. dio cuenta a la Comisión Investigadora de 1956 que se imprimieron 1.388.852 ejemplares de La razón de mi vida, y que “el producto de la venta se transfería a la autora por liquidaciones periódicas, previa deducción del costo de impresión y papel empleado.3

Sobre las joyas y otros objetos que Evita recibía como “regalos de los amigos”, en diciembre de 1956 se realizó una subasta de distintos objetos pertenecientes al matrimonio Perón en la que se vendieron joyas, zapatos y vestidos. En 1958 tuvo lugar otro remate. Lo recaudado pasó a una cuenta de la Presidencia denominada “Enajenación de bienes”, pero nunca se supo el destino de ese dinero. Treinta años más tarde, en 1986, un proyecto del Senado de la Nación dispuso que muchos de los objetos que aún permanecían en custodia en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires pasaran a dependencias del Museo Histórico Nacional.

Otra cuestión son los bienes que Alberto Dodero legó a Evita. ¿Qué vínculo los unía para que el empresario naviero la incluyera como beneficiaria en su testamento? Ninguno de orden sanguíneo. La relación se estableció en 1946, cuando el primer gobierno de Perón decidió modernizar la Flota Mercante del Estado. Compró la flota de la Compañía Dodero que, según la oposición, era una empresa en bancarrota.

Dodero falleció en 1951, y Evita un año después, El 25 de febrero de 1954, los herederos de Dodero hicieron donación a la sucesión de Eva Perón de dos inmuebles situados en las calles Gelly y Obes 1189 y Callao 1944, de la ciudad de Buenos Aires.4

  1. PERÓN JUAN DOMINGO, La fuerza es el derecho de las bestias,
    Montevideo, Ediciones Cicerón, 1958, pag. 14.
    2. FHASER NICHOLAS y NAVARRO MANYSA, Eva Perón, la verdad de un mito Buenos Aires, Editorial Bruguera, 1982.
    3. Libro Negro de la Segunda Tiíania, Op. Cit.,pág. 44. Nota al pie.
    4. Gueue Huoo, Historia de/Peronismo, Buenos Aires, Editorial
    Planeta, 1999, Tomo, Pág.140.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

El Cadaver de Evita Peron Historia de su secuestro

Historia del Secuestro del
Cadáver de Evita Perón

Fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación. La más amada y la más odiada. Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo. El mundo la llama, simplemente, Evita.

María Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Hija ilegítima, esa marginalidad empujó su destino. Viajó a Buenos Aires y se convirtió en actriz con suerte dispar.

En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, con el que se casó al año siguiente y lo acompañó en su ascenso al poder. Durante la presidencia de su esposo impulsó el voto femenino, pero fue su labor social dirigida a los humildes lo que la transformó en mito. Murió de cáncer, el 26 de julio de 1952. (Ver: Eva Perón en Fotos)

El Cadaver de Evita PeronEva Perón murió en 1952; su pelo es aún bello y rubio, su rostro delicado parece el de una muñeca. Su cadáver es el máximo exponente de la perfección en el arte del embalsamamiento y ahora permanece, cuatro metros y medio bajo tierra, en el panteón de su familia, en un cementerio de Buenos Aires. Eva, la más vibrante personalidad que haya conocido América del Sur, descansa por fin. Ha sido sepultada en su tierra, adonde regresó tras un secreto, misterioso exilio que duró dieciséis años.

Durante ese lapso, nunca llegaron a despintarse las leyendas que cubrían los muros de Buenos Aires, la ciudad que la adoraba: «Devuelvan el cadáver de Evita.» Evita era el sobrenombre que daban a su heroína los descamisados de los pobres de Argentina.

La devoción de los pobres hizo de Eva Perón, por cierto tiempo, la mujer más poderosa del mundo. Eva, hija ilegítima de una pobre mujer provinciana, nació en 1919, aunque —con inconfundible femineidad— asegurara que su año de nacimiento era 1922.

Cuando cumplió quince años se trasladó a Buenos Aires con su primer amante y trató de encontrar trabajo como actriz. Tenía veintidós años cuando conoció al coronel Juan Perón, que le doblaba la edad; en esa época era una joven estrella de la radiofonía y ganaba 10 pesos por semana, como presentadora de novedades discográficas y como protagonista de radionovelas baratas. Perón, junto con otros líderes militares derechistas de la junta de gobierno argentina, llegó a la emisora para solicitar fondos en beneficio de las víctimas de un terremoto.

El coronel —un juvenil, erguido y atlético militar de 48 años— quedó cautivado por la profunda y seductora voz de Eva. A partir de ese momento fue Eva la que recaudó dinero para el ministerio de Acción Social de Perón; así fue como se convirtió en su portavoz femenina. «A él le importan un pimiento los uniformes brillantes y los smokings», murmuraba ella. «Sus únicos amigos son ustedes, los descamisados.»

Cuando el omnipotente Perón fue destituido por el resto de la junta de gobierno en 1945, fue Eva la que, sin ayuda de nadie, organizó el apoyo de los jóvenes oficiales y de los trabajadores para reinstaurarlo en el poder. Dos meses después de ese episodio se casaron. Y al año siguiente, con Eva a su lado, Perón entró con toda la pompa en el palacio presidencial, a hombros de los descamisados y con el apoyo de los poderosos sindicatos.

La esposa del presidente, Eva fue una mujer de contrastes dramáticos, se cubría de joyas y visones, pero al mismo tiempo creaba una fundación de ayuda social y organizaba la distribución de ropa usada en las zonas rurales y los barrios de chabolas, llamados villas miseria. Con las manos enjoyadas, daba paquetes con regalos para los niños a las multitudes. La gente se hipnotizada por Evita. La adoraba. Entonces Eva cayó enferma de un cáncer incurable; comenzó a adelgazar.

En los escasos actos políticos a los que asistía, su marido debía sostenerla. Se quejaba: «Soy demasiado pequeña para tanto dolor». Eva murió el 26 de julio de 1952, a las 8:25 de la noche. Tenía 33 años Apenas expiró, su cuerpo fue entregado a un eminente patólogo español, el doctor Pedro Ara —contratado desde semanas antes— para ser embalsamada.  El doctor Ara trabajó en un cuerpo demacrado y reemplazó la sangre primero por alcohol y luego por glicerina, que mantiene el cuerpo intacto y otorga a la piel un aspecto casi transparente.

El proceso completo de embalsamamiento duró casi un año y el doctor Ara recibió 100.000 pesos por su trabajo. Desde el momento de su muerte, santa Evita —como se la designaba entonces— fue llorada por la nación entera; cuando se instaló la capilla ardiente, dos millones de argentinos desfilaron ante el féretro; en la aglomeración murieron siete personas.

Se planificó la construcción de monumentos conmemorativos a lo largo y ancho del país; pero muchos de ellos se quedaron en meros proyectos. Porque en julio de 1955 la creciente inflación derribó a Perón.» El ex presidente se exilió en España, desde donde exigió a su sucesor en el poder, el general Eduardo Lonardi, que le devolviera el cadáver de su esposa.

Lonardi (imagen izq.) se negó y, en cambio, se dedicó a desacreditar al matrimonio Perón. Abrió al público las casas del ex presidente y expuso 15 coches deportivos construidos especialmente para Perón, 250 motocicletas y varias cajas de caudales que contenían 10 millones de pesos en efectivo.

Lonardi reveló también los nidos de amor secretos que Perón poseía en Buenos Aires: apartamentos forrados de pieles y espejos, donde el ex presidente había satisfecho su gusto por las adolescentes, entre las que se contaba su amante habitual, Nelly Rivas, de 16 años. Los nuevos gobernantes militares expusieron también las fabulosas joyas de Eva.

Pero esto no le restó popularidad: Evita no había ocultado nunca a su pueblo el lujo de que estaba rodeada. De hecho, durante los meses que siguieron al derrocamiento de Perón, el culto a la memoria de Eva no dejó de crecer. El general Lonardi hizo acopio de toda su valentía y decidió destruir el cadáver de Eva, que aún permanecía en la sala 63 del edificio de la Confederación General del Trabajo, en Buenos Aires.

Pero antes de que pudiera poner en práctica su plan, Lonardi fue desplazado del poder por el general Pedro Aramburu en noviembre de 1955. El nuevo jefe del Estado advirtió que dejar el cuerpo de Eva en un sitio tan accesible de la capital constituía un peligro: el cadáver amenazaba con convertirse en bandera de un futuro resurgimiento del peronismo. De manera que ordenó que el cuerno fuera trasladado secretamente a otro sito.

El cadáver de Eva desapareció en noviembre y permaneció oculto durante dieciséis años. La noche en que el cuerpo fue robado, el doctor Ara se encontraba en la sala 63, cumpliendo una de sus periódicas inspecciones del cadáver embalsamado, oyó el sonido de las botas, que resonaban mientras los soldados subían por la escalera principal del edificio. La puerta se abrió violentamente y el coronel Carlos Mori-Koenig, jefe del servicio de inteligencia del ejército, irrumpió en la sala 63 escoltado por un pelotón. «He venido a llevarme el cadáver”, dijo. Sin hacer caso de las protesta del doctor Ara, ordenó a sus hombres que sacaran el cuerno de Eva de su féretro cubierto de banderas, que lo colocasen en un sencillo ataúd de madera y lo trasladaran al camión que aguardaba en la calle.

Lo único que Mori-Koenig dijo al doctor Ara es que se llevaba el cuerpo para darle «un entierro decente». El camión arrancó y se perdió en la noche. La noticia acerca del robo del cadáver se difundió con rapidez y los peronistas proscritos organizaron manifestaciones, levantando retratos de Eva y coreando consignas que reclamaban la devolución del cuerpo, las manifestaciones se registraron en todo el país. El gobierno hizo circular rumores según los cuales era el propio Perón quien había organizado el robo del cuerpo. Pero cuanto más se esforzaban los líderes militares en reprimir a los peronistas, mayores eran las protestas por el robo del cuerpo de santa Evita. Para los descamisados, el robo era el crimen del siglo: un crimen que no podrían perdonar jamás.

Fue el agravio por el que protestaron durante 16 años, un período en el que el paradero del cuerpo de Eva permaneció en el misterio para el pueblo y para Perón. La mayor parte de la historia del robo sigue siendo todavía un enigma. Lo que se sabe es que, después de que el camión militar saliera del edificio de la Confederación General del Trabajo una noche de diciembre de 1955, el general Aramburu abandonó su intención de destruir el cuerpo, temeroso de la reacción popular.

El coronel Mori-Koenig ordenó conducir el camión a un rincón tranquilo de un cuartel, donde permaneció el resto de la noche, mientras el jefe militar esperaba instrucciones. El coronel hubiera disfrutado destruyendo el cuerpo, si sus superiores se lo hubiesen ordenado; tenía sólidas razones para odiar a Juan y a Eva Perón: cierta vez, después de una discusión, el entonces presidente Perón lo había humillado. Sin embargo, la orden de destruir el cuerpo nunca fue dada. En cambio, se le ordenó esconder el cuerpo. El cadáver de Eva fue colocado en un cajón de embalaje, sellado y trasladado a un depósito cerca del cuartel general del servicio de inteligencia del ejército. Allí permaneció durante un mes; en enero de 1956, el cajón peregrinó por media docena de depósitos y oficinas oficiales de Buenos Aires, Terminó escondido en el elegante piso del ayudante de Mori-Koenig, el mayor Antonio Arandia.

En esa época, los agentes peronistas registraban palmo a palmo la ciudad, en busca del cadáver de Eva. Temiendo que alguna pista pudiera llevarlos hasta su casa, Arandia dormía con una pistola bajo la almohada. Una noche, poco antes del amanecer, Arandia se despertó asustado. Oyó, con temor, unos pasos que se acercaban a la puerta del lavabo. Cuando la puerta se abrió, Arandia sacó rápidamente la pistola de debajo de la almohada y disparó dos veces contra la sombra que habla aparecido en el portal. Su esposa, embarazada, que era quien estaba en el lavabo, cayó muerta sobre la alfombra del dormitorio.

Entonces el cadáver de Eva fue trasladado al cuarto piso del cuartel general del servicio de inteligencia, el organismo que dirigía Mori-Koenig. Con un marco que decía «Equipos de radio«, el cajón fue apilado junto con a otros cajones  de idéntico aspecto. Varios meses después,  coronel Mori-Koerilg fue destituido; lo reemplazó el jefe del servicio secreto del presidente Aramburu, el coronel Héctor Cabanillas, quien se horrorizó al descubrir que el cuerpo todavía estaba escondido en el cuartel.

Lo primero que hizo fue ordenar que lo sacaran de allí. Nadie sabe quién fue el encargado de los siguientes traslados, que marcaron un macabro itinerario. Se sabe que se fabricaron varios ataúdes idénticos, y que fueron cargados con lastre junto con el cajón de embalaje que contenía el cadáver, algunos ataúdes fueron dispersados por diversos lugares de América del Sur y aún más lejos. Otros féretros fueron sepultados al mismo tiempo, pero el cajón que contenía el cuerpo de Eva fue embarcado rumbo a Bruselas; luego fue trasladado en tren a Bonn. Allí, sin que el embajador argentino se enterara, el cajón fue almacenado en un sótano de la embajada, junto a unos viejos archivos. En septiembre u octubre de 1956, el cadáver fue puesto en un ataúd y trasladado nuevamente, primero a Roma y luego a Milán. Durante la última etapa del viaje, el cuerpo fue acompañado por una hermana lega de la sociedad de San Pablo, a quien se le indicó que el cadáver pertenecía a una viuda italiana, María Maggi de Magistris, que acababa de morir en Rosario, Argentina.

Bajo ese nombre, Eva fue enterrada en la parcela 86 del cementerio Mussocco, de Milán. Allí permaneció por espacio de 15 años, durante los cuales su paradero sólo fue conocido por un puñado de personas. Durante esos años, las juntas militares que se sucedieron en el poder en Argentina tropezaron con diversas crisis económicas. (imagen: A. Lannusse)

Finalmente, el jefe de una de esas juntas, el teniente general Alejandro Lanusse, decidió invitar al envejecido Juan Perón a que regresara a su patria. Esto a pesar de que, 20 años antes, Perón había ordenado personalmente que Lanusse fuera sentenciado a cadena perpetua. Antes de cursar su invitación, Lanusse organizó las cosas para que el cadáver de Eva fuera devuelto a su esposo.

El 2 de setiembre de 1971, un hombre que decía llamarse Carlos Maggi presenció, en el cementerio de Milán, la exhumación del cadáver de «su hermana»; luego lo hizo colocar en un coche fúnebre, que realizarla un viaje de 800 kilómetros hasta Madrid. En realidad, Carlos Maggi no era otro que Héctor Cabanillas, el ahora jubilado jefe del servicio de inteligencia militar.

El coche fúnebre pasó una noche en un garage de Perpignan, Francia, y llegó a la casa de Perón, en Madrid, al día siguiente. Allí estaba esperándolo Perón. que ahora tenía 74 años, acompañado por su nueva esposa, Isabel —de 39 años, y a quien había conocido en un nigth-club panameño— y por el doctor Ara. El féretro fue colocado en el salón; Cabanilllas, ayudándose con una palanca, abrió la tapa. Perón rompió a llorar al contemplar el rostro de su mujer, muerta tanto tiempo atrás. Vio sus rubios cabellos despeinados y esa cara tan bella y aparentemente plácida, como la recordaba, dos décadas atrás. «No está muerta”, dijo, «sólo está durmiendo.»

En 1972,  largo exilio de Perón llegó a su fin; se le permitió regresar a la Argentina, pero prefirió dejan el cuerpo de Eva en Madrid. Un año más tarde, fue nuevamente elegido jefe del Estado, con Isabel como vicepresidente. Su mandato fue breve: murió el 1ro.  de julio de 1974. Isabel se convirtió en presidente y ordenó que el cadáver de Eva fuera trasladado a su patria desde España.

Miles de argentinos se alinearon, llorando, a lo higo de la ruta que une el aeropuerto con la ciudad, para arrojar flores sobre el coche fúnebre que transportaba a la amada santa Evita. El cuerpo fue de nuevo expuesto en una capilla ardiente, esta vez al lado del féretro de Juan Perón, en el palacio presidencial de Olivos. Isabel organizó el culto a los dos muertos, tratando de que revirtiera sobre ella el reflejo de la gloria de Evita. Isabel se aferró al poder durante dos años, antes de ser derrocada por una nueva Junta militar.

Y los nuevos amos del país trataron de borrar el nombre de Perón del libro de la historia. El cuerpo de Perón había sido sepultado poco después de su velatorio, pero el de Eva fue a parar nuevamente a un depósito. Los nuevos dirigentes de Argentina no conseguían ponerse de acuerdo sobre el sitio donde, finalmente, reposaría Eva.

Sólo en octubre de 1976 la junta militar decidió el sitio donde maría definitivamente sepultada: el cuerpo, todavía bello, de Eva fue depositado en una tumba de cuatro metros y medio de profundidad, en un sector privado del cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Se construyó una tumba fuerte como la cámara acorazada de un banco, a fin de disuadir a cualquiera que tratase de apoderarse del cadáver de Eva Perón.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell

Biografia Eva Duarte de Peron Su Obra Social, Politica y Su Vida

Biografía Eva Duarte de Perón
Su Obra Social, Política y su Vida

Fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación. La más amada y la más odiada.

Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo.

El mundo la llama, simplemente, Evita.

Maria Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires.

Hija ilegítima, esa marginalidad empujó su destino. Viajó a Buenos Aires y se convirtió en actriz con suerte dispar.

En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, con el que se casó al año siguiente y lo acompañó en su ascenso al poder.

Durante la presidencia de su esposo impulsó el voto femenino, pero fue su labor social dirigida a los humildes lo que la transformó en mito. Murió de cáncer, el 26 de julio de 1952.

Evita la inagotable. ¿Habrá llegado a imaginar, cuando luchaba por “ser alguien”, que su figura se agrandaría hasta convertirse en uno de los fenómenos mundiales de este fin de siglo? .

Y además, ¿por qué crece Evita? ¿Por qué sigue asumiendo proporciones que nadie habría previsto hasta hace poco?

Creo que una de las respuestas posibles para esta vida llena de preguntas (el mismo hecho de su vida cuenta con varías versiones) tiene que ver con esa absoluta adecuación entre la voluntad y el «destino”.

Evita se hizo a sí misma en una serie de actos voluntarios.

Ella se creó una “carrera artística” para la que no tenía demasiado talento, se forjó su belleza (no era espontáneamente linda, pero decidió serlo y lo fue) y, por supuesto, construyó su poder.

Fue ella la que eligió sentarse en el Luna Park al lado de Perón; ella la que tomó las riendas, siempre testaruda, siempre incapaz de frenarse, de ponerse límites.

Y paradojalmente, ella también la que aceptó el sacrificio, consciente de que su única salida en la Argentina de entonces, y junto al marido que tenía, era admitir lo necesario de enfermarse y morir.

Marginal ofendida y humillada desde su nacimiento, “ser alguien” para ella, significó ser otra, es decir, ser actriz.

Todo su itinerario es la búsqueda del nombre, negado por su condición de hija adúltera. Ibarguren, Duarte, Perón, simplemente Evita, ¿cuál fue su verdadera identidad, si tuvo que vivir ocultando el abandono del padre, si para casarse con Perón tuvo que adulterar sus documentos y adoptar los de un bebé muerto al nacer, y si, después de muerta, se pasó casi quince años en un cementerio de Milán bajo un nombre falso?

Obra Social  de la compañera Evita:

La trayectoria de María Eva Duarte de Perón (1919-1952) es sin duda la más notable entre las mujeres argentinas del siglo y la única que ha logrado proyección internacional en libros de investigación y de ficción, artículos, películas y la ópera rock de Lloyd Weber que fue llevada al cine.

Su biografía contiene todos los atractivos de un cuento de hadas, una novela o un teleteatro moderno.

Evita, la muchacha humilde, nacida en un pueblo olvidado de la provincia de Buenos Aires, Los Toldos, hija ilegítima de doña Juana Ibarguren y del estanciero Juan Duarte, era dueña de una voluntad de superación formidable.

Se traslada a Buenos Aires en 1935 decidida a ser actriz. Su “prehistoria” es oscura, pródiga en miseria y humillaciones.

Trabaja en pequeños papeles de cine y de radioteatro, hasta que se produce el encuentro con Perón, cuando el “coronel de los trabajadores” participa junto a un grupo de artistas de la colecta para ayudar a las víctimas del terremoto de San Juan.

El amor es fulminante. Perón, viudo de su primera esposa, debe soportar las criticas de sus camaradas de armas porque convive con esa joven actriz.

La pareja contrae matrimonio en noviembre del 45 y ella comienza a aparecer en todos los actos oficiales para escándalo de la oligarquía tradicional que la convertirá en blanco de sus odios.

La Sociedad de Beneficencia, monopolizada por las damas de la clase alta, se niega a admitirla como presidente honoraria. Eva declararía la guerra a esa despectiva oligarquía, pese a lo cual no renegaba del todo de sus pautas de prestigio

Su primera gran actuación pública es en 1947 cuando viaja a Europa con una comitiva para representar a Perón.

Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”, la invita oficialmente porque tiene mucho que agradecerle al gobierno argentino, uno de los pocos que se había atrevido a desafiar el boicot decretado por las Naciones Unidas por considerarlo como un sobreviviente de la derrota nazi: los envíos de trigo argentino le permitieron a Franco aumentar la ración diaria de pan que comían los españoles.

La joven primera dama, agasajada y aplaudida, se desempeña al margen del protocolo, con desparpajo, vitalidad, gracia, gesto dulce para los humildes y desplantes ante los poderosos: con el “Caudillo” español, la antipatía es recíproca.

La gira europea continuó con resultados dispares. Evita se desilusionó porque en el Vaticano la recibieron fríamente, pese a la tarea social que ella venía realizando; el Partido Comunista romano la agredió. Y cuando visitó Suiza, la oposición rumoreó que había colocado dinero en una cuenta secreta.

Al regreso la primera dama pisa fuerte. El ministro Bramugua, con quien está enemistada pero que es uno de los miembros más eficaces del gabinete, deberá renunciar.

En la reestructuración ministerial de 1950, Eva logra la designación de Armando Méndez San Martín en la cartera de Educación. Desde esta cartera se imprimirá un contenido partidista a la enseñanza8.

La Fundación Eva Perón, creada en 1949 a partir de las tareas de ayuda social que ella venía desarrollando, absorbe las actividades de la Sociedad de Beneficencia en asilos y orfanatos y las multiplican en todo el país.

La idea era desterrar la palabra “caridad” y sustituirla por “ayuda social”. Los recursos provienen de aportes exigidos a las empresas privadas y de jornales donados por los obreros.

La nueva y eficaz entidad no admite ningún control administrativo.

Evita convierte a la Fundación en su lugar de trabajo. Allí, rodeada de un ejército de asistentes sociales y de gremialistas, atiende hasta altas horas de la noche, vestida con un elegante tailleur en vez de los suntuosos modelos que lucía en los primeros tiempos.

Sigue siendo una apasionada de las joyas y esto lo saben bien sus aduladores que la colman de alhajas, pero su labor la absorbe cada vez más y la gente humilde se lo agradece.

No rehuye el contacto físico con los enfermos, los ancianos, los necesitados. Ella “dignifica” al pueblo; Perón “cumple” las promesas. Su discurso es agresivo, pasional y su voz ronca oscila entre el amor al “humilde pueblo trabajador” y el odio a la “oligarquía vendepatria”.

Esta mujer joven, sin instrucción, aprende con rapidez el papel histórico que Perón le ha asignado.

Y por todo eso Evita, lejos de adoptar actitudes feministas, se manifiesta eternamente agradecida a su marido, según puede leerse en las páginas de La razón de mi vida.

Este libro escrito por encargo se convirtió en texto obligatorio para los establecimientos educativos dependientes del Ministerio de Educación.

Votan las mujeres:

En 1951 la mujer argentina concurrió por primera vez a las urnas como votante y como candidata.

La ley 13.018, largamente esperada por el movimiento sufragista, se había aprobado por fin en un contexto bien diferente del que soñaron sus promotoras: Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson, Julieta Lanteri, Victoria Ocampo y María Rosa Oliver, para citar a algunas de las pioneras de esa lucha secular.

La ley, votada por unanimidad en 1947, fue publicitada como un logro exclusivo del peronismo y de Evita.

Eva comenzó entonces la selección de mujeres líderes con el objetivo de formar la rama femenina del Partido Justicialista. Las eligió por su capacidad de trabajo y de entrega, más que por sus antecedentes profesionales y así, con el impulso de las “chicas”, se organizó la rama femenina.

En los comicios nacionales de 1951, votó el 90% del padrón femenino. Por cierto que estos votos favorecieron al peronismo por encima del sufragio masculino y le permitieron ganar en la capital, el distrito más opositor.

En el Congreso de 1952 hubo un 25% de representación femenina, la más alta en la historia del siglo. Pero ninguna de las pioneras feministas ingresó a las Cámaras.

Una de éstas, Alicia Moreau de Justo, la infatigable viuda del fundador del Partido Socialista, ni siquiera pudo acudir a los comicios: había orden de detención contra ella”.

“El renunciamiento”

En 1951 se trataba de saber quién acompañaría a Perón en la fórmula del justicialismo.

El coronel Mercante había caído en desgracia poco antes; Quijano estaba viejo y enfermo; en medio de la incertidumbre, la CGT propuso a Eva para la vicepresidencia, es decir, la fórmula Perón-Perón.

En apoyo de la singular propuesta se convocó el cabildo abierto del 22 de agosto de 1951 y se declaró una huelga general a fin de facilitar la convocatoria.

Centenares de miles de personas vinieron desde los puntos más remotos del país por cuenta del transporte oficial.

Esa tarde, la compañera Evita dialogó en la plaza del Obelisco con las delegaciones de trabajadores que reclamaban su incorporación a la fórmula.

Muy emocionada, postergó su decisión y finalmente, días más tarde, renunció.

No había obtenido el indispensable aval de Perón. Las interpretaciones difieren en cuanto a las causas del «renunciamiento”.

Perón probó el ambiente y se dio cuenta de que el nombre de Eva provocaba un reacción adversa en los militares, dicen unos.

Félix Luna supone que el proyecto abortado le sirvió al presidente para ganar tiempo y congelar la lucha interna por la vicepresidencia cuya postulación finalmente quedó para Quijano, quien al poco tiempo falleció.

Evita se encontraba enferma de cáncer desde comienzos de 1950. No se había atendido a tiempo, desechando el consejo de los médicos. Cuando se operó ya era tarde.

Murió el 26 de julio de 1952, luego de una larga agonía y de apariciones públicas y discursos que le demandaron un esfuerzo tremendo.

Su fallecimiento generó un duelo nacional. Días y días de desfile incesante ante sus restos que serían embalsamados para permitir la perpetuación del culto de “Santa Evita”, la “Abanderada de los humildes”, la “Jefa espiritual de la Nación”.

Sus restos fueron guardados en el edificio de la CGT a la espera del gran monumento público donde serían expuestos para siempre. La Revolución Libertadora hizo desaparecer el cadáver, lo cual contribuyó a aumentar la fuerza del mito.

Por último el monumento a Evita sería inaugurado en 1999 por el presidente Carlos Menem en el lugar donde había fallecido, el entonces palacio Unzué, hoy Biblioteca Nacional.

Los Bienes de Eva Duarte de Perón

Eva Perón había nacido en una familia pobre. Cuando llegó a Buenos Aires a ganarse la vida como actriz no tenía un centavo. ¿Cómo hizo, entonces, para obtener los bienes que figuran en su testamentaria?

Eva Duarte de PeronDesde Asunción, Paraguay, a poco menos de un mes de haber sido derrocado, el general Juan Domingo Perón se refirió a su patrimonio en declaraciones a la agencia de noticias, United Press.

Llama la atención la cantidad de bienes que le atribuye a la herencia de Eva Perón:

‘Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer periodo de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón.

Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece ami señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez.

Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país.

Poseo además los bienes, que por la testamentaria de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro La razón de mi vida, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón.

Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él”.1

Evita había llegado a Buenos Aires en 1935. Dos años después la contrataban para representar papeles menores en algunas compañías de teatro, como la de Píerina Dealessi que fue quien e enseñó a declamar en el escenario.

Muchos tiempo después, la actriz aseguró que por ese tiempo, “Evita pasaba hambre, era desgraciada y no se cuidaba; tenía las manos frías y sudadas, acudía temprano al teatro porque en él se estaba más caliente que en su habitación, y no podía ir a ningún otro sitio.

Cobraba sólo ciento ochenta pesos al mes, y enviaba una parte a su familia de Junín”.2

En 1939, Eva Duarte había iogrado triunfar.

En abril se formó una nueva compañía de teatro radiofónico en la que compartió cartel con Pascual Pelliciotta, y fue una de las principales figuras de Radio «El Mundo».

Un año después, trabajó en cine en dos papeles secundarios.

En 1943, tenía su propia compañía, era una de las actrices radiofónicas mejor pagadasy ganaba entre cinco y seis mil pesos mensuales.

Con este dinero compró un petit hotel en la calle Teodoro García 2102, de la Capital Federal.

En cuanto a los derechos de autor, la casa Jacobc Peuser S.A. dio cuenta a la Comisión Investigadora de 1956 que se imprimieron 1.388.852 ejemplares de La razón de mi vida, y que “el producto de la venta se transfería a la autora por liquidaciones periódicas, previa deducción del costo de impresión y papel empleado.3

Sobre las joyas y otros objetos que Evita recibía como “regalos de los amigos”, en diciembre de 1956 se realizó una subasta de distintos objetos pertenecientes al matrimonio Perón en la que se vendieron joyas, zapatos y vestidos.

En 1958 tuvo lugar otro remate. Lo recaudado pasó a una cuenta de la Presidencia denominada “Enajenación de bienes”, pero nunca se supo el destino de ese dinero. Treinta años más tarde, en 1986, un proyecto del Senado de la Nación dispuso que muchos de los objetos que aún permanecían en custodia en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires pasaran a dependencias del Museo Histórico Nacional.

Otra cuestión son los bienes que Alberto Dodero legó a Evita. ¿Qué vínculo los unía para que el empresario naviero la incluyera como beneficiaria en su testamento?

Ninguno de orden sanguíneo. La relación se estableció en 1946, cuando el primer gobierno de Perón decidió modernizar la Flota Mercante del Estado. Compró la flota de la Compañía Dodero que, según la oposición, era una empresa en bancarrota.

Dodero falleció en 1951, y Evita un año después, El 25 de febrero de 1954, los herederos de Dodero hicieron donación a la sucesión de Eva Perón de dos inmuebles situados en las calles Gelly y Obes 1189 y Callao 1944, de la ciudad de Buenos Aires.4

Condecoración Con La Orden Del Libertador

Párrafo aparte merece el Collar que, en Grado Extraordinario, fuera conferido a la señora María Eva Duarte de Perón, única excepción en la historia del Collar, en lo que a sus destinatarios se refiere.

Le fue otorgado por ley 14.128 del 18 de julio de 1952. Esta ley agregó un segundo apartado en el articulo 4″ de la ley 13.202, que justificó el uso.

La condecoración fue impuesta por el presidente Perón, en su calidad de Gran Maestre de la Orden, el 21 de julio de 1952. De características notables, esta pieza fue única por su contenido.

El Collar no incluyó nombre o imagen personal alguna, sólo el habitual busto del Libertador y su nombre.

Poseyó seis piezas principales: un gran medallón; corona de laureles con el sable corvo; cóndor andino; gran Escudo Nacional con cuatro banderas; el Collar compuesto con los escudos de las entonces catorce provincias unidos por una doble cadena de tambores (réplica del tambor de Tacuarí) y cierre de laureles con remate de un gran sol.

El Collar estuvo constituido por 4.574 piezas, distribuidas en 3.821 de oro y platino y 753 piedras preciosas, entre brillantes, esmeraldas y rubíes. Su confección se le adjudicó a la joyería Ghiso S.A.

Su bosquejo y trazado lo realizó la diseñadora de joyas Aída Louzao, teniendo como base el original de Ibarra García.

Acaecido, el levantamiento militar de 1955, el gobierno dispuso el embargo de bienes del ex presidente Perón y su esposa a través del decreto-ley 8124/57, que tuvo antecedente en el decreto-ley 5148/55.

La condecoración, junto a otras joyas y piezas de arte, en primera instancia, fue ofrecida en subasta pública el 21 de octubre de 1957. Los peritos del Banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires aconsejaron su desengarce y venta en lotes.

El acto del des engarce se efectuó ante el escribano Miguel F. Punta, el 15 de enero de 1958 en dicho banco (inventario número 279 T.G.).

Luego en 55 apreciados lotes fueron subastados y adquiridos por distintos compradores.

El agraciado debe usar el Collar en las grandes ceremonias a las cuales es invitado y asiste el presidente de la Nación. En actos oficiales menores debe usar la miniatura de la insignia.

Esta es una réplica en escala reducida del mismo, excepto el Collar propiamente dicho.

En la vida civil debe usar la pequeña cinta especial de tela de hilo metálico dorado, que se le entrega con el Collar, para su uso en e! ojal del saco.

Respecto a los demás grados de la Orden, ellos son: la Gran Cruz, que se compone solamente de una banda de fa ya blanca y azul celeste con medalla y placa de oro; Gran Oficial, banda y placa de oro y plata; Comendador, medalla circular, corona de laureles todo en oro y plata y venera azul celeste y blanca; Oficial, medalla circular y corona en plata y oro y cinta azul celeste y blanca; Caballero, medalla circular en oro y cinta azul celeste y blanca.

Estos grados son entregados con su miniatura y distintivo para su uso en la solapa de la prenda.

La Orden del Libertador General San Martín y otras piezas notables pueden ser admiradas en el Museo de la Diplomacia Argentina.

Obra de la Fundación Evita

Fuente: Revista  Todo Es Historia Nro.315

  1. PERÓN JUAN DOMINGO, La fuerza es el derecho de las bestias,
    Montevideo, Ediciones Cicerón, 1958, pag. 14.
    2. FHASER NICHOLAS y NAVARRO MANYSA, Eva Perón, la verdad de un mito Buenos Aires, Editorial Bruguera, 1982.
    3. Libro Negro de la Segunda Tiíania, Op. Cit.,pág. 44. Nota al pie.
    4. Gueue Huoo, Historia de/Peronismo, Buenos Aires, Editorial
    Planeta, 1999, Tomo, Pág.140.

Fuente Consultada:
TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002
Revista Viva Las 10 Argentinas del Siglo y La Argentina Historia del País y Su Gente de Maria Sáenz Quesada

Gobiernos de Juan Perón

Biografia de Eva Primera Mujer y Madre del Mundo e Historia

Biografía de Eva Primera Mujer y Madre del Mundo e Historia

Resumen Biografía de Eva, la Primera Mujer y Madre:  Poco antes de ser expulsada del Paraíso la pareja inicial, Adán puso nombre a su compañera: la llamó Eva,, «por ser la madre de todo lo viviente» (Génesis). Aunque para muchos ha sido solo un mito, pocas mujeres como
Eva han sido tan célebres y desconocidas.

Los mitos, aun los fundamentales, no son muy cuidadosos en asegurar la coherencia de sus personajes. Tal vez los episodios aislados resulten convincentes, pero el conjunto no suele ser tan satisfactorio y presenta aspectos de inverosimilitud o de relato incompleto. De todos modos, como suelen estar destinados a una visión que recorta cada episodio del conjunto (o bien recorta el conjunto de la realidad cotidiana), los mitos se justifican por sus fragmentos.

El personaje de Eva resulta así destinado a explicar el origen de la humanidad. La pareja formada por los dioses, pero generadora de los seres humanos, aparece en casi todas las mitologías.

Gracias a esos dos primeros seres humanos la humanidad puede considerarse heredera de la divinidad, al mismo, tiempo que justifica sus presentes vicisitudes con un episodio en el que la pareja inicial infringe alguna restricción divina y como castigo es desterrada al mundo cotidiano.

El mito sirve entonces para dar una respuesta a la interrogante abierta por la caída del hombre (puesto que, no obstante descender de la divinidad ha caído en un mundo puramente humano). La personalidad de Eva permite al mismo tiempo justificar la desigual herencia que los sexos habrían recibido de Dios.

Adán es formado de barro (material común en las distintas versiones míticas de la creación), pero en la composición de Eva ocupa lugar preponderante la costilla del hombre, de modo que la creación de la hembra humana es posterior a la de las hembras de los otros seres vivientes. La primera mujer nace entonces como una creación de Dios, pero también como un «subproducto» del primer hombre.

COMIENZO Y FIN DE LA DICHA
«Yahveh formó entonces de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente había de llamarse como el hombre lo había llamado.» (Génesis, 2). «El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes.»

Pero faltaba un ser semejante a Adán, que lo ayudara. Entonces Yahveh hizo caer en un profundo sueño al hombre, le sacó una costilla y tapó el hueco con carne. De la costilla que había sacado al hombre, Yahveh formó una mujer y la presentó a Adán, que exclamó entonces: «Esta sí que es hueso de mis huesos / y carne de mi carne. / Esta será llamada varona / porque del varón ha sido tomada». Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer y formar con ella un solo ser.

Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, «pero no por eso se avergonzaban». E! universo recién concluido no parece necesitar la reproducción del hombre y la mujer, puesto que estos no habían incurrido aún en la cólera divina que los condenó a ser mortales y, por ende, a ser reemplazados por sus hijos. Era un mundo paradisíaco y estático, porque el mito de la felicidad perfecta requiere la detención del tiempo y la anulación de la muerte.

Eva desencadena la posibilidad del cambio. Por su culpa, de la que en seguida participa Adán, Yahveh condena doblemente a la pareja: los expulsa del Edén y del tiempo detenido. En lo sucesivo, ya en la tierra cotidiana de las penurias y la muerte, el hombre y la mujer deben procrear hijos reproduciendo la vida para que el deterioro no destruya el mundo. Para explicar la caída, el mito hace intervenir al Mal, corporizado en la serpiente, el más astuto de los animales del campo creado por Yahveh, que aseguró a la mujer: «De ninguna manera moriréis.»

Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él (del fruto del árbol que estaba en el medio del Edén), se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» Eva se dejó convencer, con los resultados conocidos.

ANVERSO Y REVERSO DE UN MITO
Por el año 950 antes de Cristo, a fines del reinado de Salomón, se redactó una historia oficial de la nación israelita. Tanto el Génesis como el Éxodo, libros iniciales de la Biblia, fueron registrados entonces por escrito. Los hechos narrados en el Éxodo se remontaban a no más de medio milenio antes.

Los sucesos del Génesis proceden de la tradición oral, pero también contienen alusiones a hechos contemporáneos a la redacción del texto: Salomón coleccionaba esposas, muchas de ellas extranjeras – moabitas, edomitas, heteas– que pertenecían a pueblos respecto de los cuales Yahveh había advertido a los israelitas (no debían unirse a ellos ni a sus mujeres que los inclinarían hacia los dioses locales). Pero el enamoradizo y sensual Salomón «tuvo 700 mujeres con rango de princesas y 300 concubinas. En la ancianidad sus mujeres lo llevaron tras otros dioses» (I Reyes, 11, 3-4): adoptó los cultos de Astarté y otras deidades. «Yahveh se enojó contra Salomón, porque se había apartado de Él».

Las alianzas políticas de Salomón con los pueblos vecinos eran consolidadas mediante matrimonios que favorecían cierta libertad de cultos chocante para el rígido monoteísmo israelita. Las pretensiones de Adán sobre el árbol de la Ciencia podrían igualmente aludir a Salomón, que desobedecía la ley mosaica para iniciarse en el culto cananeo de la Serpiente.

Suponiendo que la historia de Adán fuese usada para expresar la opinión condenatoria de los sacerdotes sobre el monarca, el relató de la caída puede entenderse como una alegoría contemporánea (donde. Eva simbolizaría las esposas idólatras de Salomón), combinada con arcaicas tradiciones (para dar un solo ejemplo, la semejanza fónica de los términos Adán -Adam— y Adama -barro-, explicaría la materia original del primer hombre). Bertrand Russell señala que lo que no se dice en la Biblia se considera deducíble del texto. «La fecha de creación del mundo puede ser inferida de las genealogías del Génesis, que dicen la edad de cada patriarca al nacer su hijo mayor (…) La cristiandad protestante aceptó en general la fecha de 4004 antes de Cristo fijada por el obispo Usher (…)» Tal análisis «lógico» del mito conduce, así extremado, al disparate, ya que los mitos 110 estuvieron nunca destinados a un análisis lógico sino a repercusiones más directas y afectivas,

CONSECUENCIAS DE LA CAÍDA: EL MUNDO REAL
«Entonces se les abrieron los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos.» Al acercarse Yahveh, la pareja se oculta, pero no logra evitar ser interrogada y Adán se traiciona al denunciar la falta de Eva. Yahveh maldice a la Serpiente y condena a la mujer a vivir en el mundo real: «Multiplicaré tus. sufrimientos en el embarazo, Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido, y él te dominará».

Con las palabras divinas se procura justificar la existencia del mundo real, donde la mujer sufre y está subordinada al hombre: la tradición garantiza al creyente que tal situación es irrevocable porque proviene de Dios: «He aquí, que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, pues se hizo juez de lo que es bueno y malo. No vaya ahora a alargar su mano y tomar también del árbol de la vida. Pues al comer de este árbol viviría para siempre (…) Por ello lo echó de la tierra del. Edén, para que trabajara la tierra, donde había sido formado (.,..) El hombre se unió a Eva, su mujer, la cual quedó embarazada.»

El primer hombre de la cosmogonía judaica necesita entonces de la mujer, del desequilibrio que ella introduce en el orden autónomo de la ;Creación. A partir de. esa ruptura el hombre es capaz de generar la vida.

Recordada por haber provocado la expulsión del Edén, también podría ser vista como la corruptora de un orden cuya misma perfección obligaba al hombre a confundirse con el resto de los anímales. A partir de la ruptura introducida por .el pecado original, la tradición bíblica expresa el nacimiento efectivo de la humanidad. Eva resulta entonces una heroína cultural, comparable ál Prometeo helénico Madre de  todos los males, alumbra también el mundo real.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Madame Satel Resumen de su Vida

Biografía de Madame Satel
Resumen de su Vida

Resumen Biografia de Madame de Stael
Célebre por las tertulias realizadas en su salón parisiense y por sus escritos, que la convirtieran en favorita del público europeo, Mme. de Stael fue una de las figuras más brillantes del Imperio Francés, y a pesar de su abierta enemistad con Napoleón Bonaparte -que le valió el destierro- supo manejar con habilidad los hilos de la política de su país.

En una época en que el prestigio social y la influencia que podía alcanzar una mujer dependían de su relación con algún gran hombre, la figura de Madame de Stael es una de las pocas que han pasado a la historia por sus propios méritos.

Autora de novelas, ensayos y artículos políticos, fue para muchos de sus contemporáneos —entre ellos Napoleón- persona incansable que desde su salón parisiense movía los hilos rectores de Francia.

Aunque algunos la consideraban una intrigante y otros una iluminada, nadie dudaba de que fuese una de las personalidades más vigorosas e interesantes de los años de la Revolución y del Imperio.

Al nacer, en 1766, Madame de Staél era sencillamente Germaine Necker, la hija de un acaudalado banquero suizo que residía en- París y a quien los propios reyes solían pedir consejo. Entre tanto, su madre recibía en su hogar a los personajes más importantes del reino y permitía a su hija asistir a esas veladas.

El salón de los Necker era frecuentado por muchos reformistas y se lo consideraba un foco de ideas avanzadas. Sin embargo, al cumplir Germaine los veinte años, sus padres decidieron casarla con un buen partido, según la usanza de la época. Pusieron los ojos en el barón Staél Holstein, embajador sueco en París y 17 años mayor que ella.

En las negociaciones matrimoniales intervinieron hasta los reyes de Francia y de Suecia, pues la novia aportaba una dote considerable a un marido extranjero y ello tenía implicaciones políticas y económicas.

Germaine no amaba al barón, pero sí la libertad de que gozó como baronesa y pronto madre de dos niños, que puso al cuidado de un aya, para dedicarse a la vida social. Fue recibida en Versalles, donde deslumbró a la Corte con el brillo de su conversación; pero había también una reina, María Antonieta, que se reservaba el papel protagonice.

Mme. de Staél se instaló en París en la rué de Bac, donde abrió un salón que llegaría a ser célebre. En sus tertulias discutían a fondo todos los temas de la época, especialmente política y filosofía; solo estaban prohibidos los lugares comunes y la falta de talento.

En 1788 Luis XVI nombró a Necker ministro de finanzas, designación que fue bien acogida por el pueblo, cuyos aplausos halagaron asimismo a la hija del ministro. Pero el ministro fue despedido poco después, cuando ya la Revolución era inminente.

LAS INTRIGAS POLÍTICAS
Madame de Stael y su salón tenían muchos enemigos: por todo París circulaban epigramas que la tildaban de intrigante y la acusaban de llevar una vida disipada. Después de 1789 la popularidad de su padre le evitó muchas dificultades, e inclusive la salvó de la guillotina.

Ella se había convertido en una ardiente constitucionalista, que deseaba para Francia una monarquía como la inglesa, pero se avecinaba el Terror y tales ideas no tenían muy buena acogida: pronto rodaron las cabezas de Luis XVI y -poco después- de María Antonieta.

Germaine, que había intentado en vano salvar la vida de la reina, consiguió que fuese nombrado ministro Narbonne, su amante. A través de él pudo influir sobre el gobierno, aunque no por mucho tiempo: Narbonne cayó y Mme. de Stael, se retiró prudentemente a un cómodo y apacible refugio suizo, donde conoció a quien habría de ser el gran amor de su vida, Benjamin Constant.

Esa mujer bella y deslumbradora, de férrea voluntad y excepcional inteligencia, quedó fascinada por ese joven de largos bucles dorados, alto y espigado, que sumaba a su talento un pasado de bohemia.

Constant se sintió halagado por la pasión que había inspirado en esa especie de musa europea, pero los dos soles no tardaron en competir entre sí en las reuniones hasta llegar a atormentarse. Las escenas terribles y los amores tempestuosos jalonaron sus relaciones durante largos años.

Hacia 1794 Germaine se entusiasma con las ideas republicanas y sueña, para Francia, con un gobierno como el de los flamantes E U A. Al año siguiente regresa a París para imponer sus ideas. Reabre su salón para promoverlas, pero el severo Comité de Salud Pública la miró con suspicacia y le «sugirió» que se retirara nuevamente a Coppet (Suiza). Así lo hizo, pero para consolarse publicó algunas novelas, una Epístola de la desgracia y Zulma.

Escribía en el exilio como si ello fuera una expiación de la vida y de la política. Eso le permitía desentenderse de sus problemas cotidianos. En 1796 apareció De las pasiones con éxito clamoroso.

El exilio no se prolongó mucho: en 1797, gracias a sus relaciones y contactos, consiguió volver a París. Reabrió una vez más su salón, donde nuevamente se urdieron complicadas intrigas y se discutieron los proyectos más audaces. Poco después del fallecimiento de su marido (1798) de quien estaba separada, se presentó en su casa un general que venía de triunfar en Italia: Napoleón Bonaparte.

Aunque el militar corso la fascinó aún más que Constant, Napoleón no cayó bajo su influjo. Ambos se observaron, se estudiaron y finalmente decidieron enfrentarse. El futuro emperador despertaba en ella una mezcla de miedo, admiración y respeto. Cuando fue nombrado primer cónsul, evidenció su desconfianza por Germaine y su salón. Sin embargo, ella no hesitó en publicar De la literatura, interesante combinación de coquetería hacia la persona del cónsul y alusiones satíricas a su gobierno. Napoleón disimuló apenas su cólera y finalmente prohibió las reuniones en casa de la autora, cuyo destierro ordenó.

UN EXILIO APASIONADO
Germaine volvió a Coppet y siguió escribiendo. Así publicó Delfina, novela en que, según sus propios términos, lo dijo todo. Pero también comenzó a viajar: si en Francia Napoleón le cerraba las puertas, otras cortes la recibirían con los brazos abiertos.
Viajó primero a Weimar donde deslumbró con su talento y vitalidad incluso al gran poeta Schiller, que al despedirla exclamó: «Me parece que salgo de una fiebre». Pasó luego a Italia, donde acopió nuevas imágenes y vivencias que volcó en su novela más importante, Carina, que la consagró ante el público europeo.

Coppet se convirtió en la meca de cuanto poeta o artista visitaba Suiza. Constant siguió un tiempo a su vera haciéndole una corte discreta, pero terminó por casarse con otra mujer: daba así a su relación con Germaine el picante sabor del adulterio.

Germaine, imitando a Benjamín, aprovechó una corta ausencia de este para casarse en secreto con Alberto de Rocca, un joven oficial de veintitrés años. Alberto devolvía la ilusión de la juventud, aunque a veces, por la noche, la indomable mujer debía apelar a las drogas para poder conciliar el sueño y dominar el miedo: desde la publicación de su libro Alemania, temía que Napoleón no se conformara con haberla desterrado y ordenase matarla. Pero la vida le deparó otra sorpresa: el nacimiento de un tercer hijo al que hubo de abandonar poco después para no ser apresada por agentes de Napoleón.

EL REGRESO Y LA MUERTE
Recorrió entonces Europa buscando en vano la paz, pero anhelaba volver a París, aunque presentía que ni la reapertura de su salón podría devolverle los ánimos.

La caída de Napoleón alivió sus temores pero ya era tarde: el regreso a París no le devolvió la felicidad. Abrió su casa en la rué Royale como en los buenos tiempos y pasó algunos meses brillantes, pero sus hijos la veían decaer, y una noche la sorprendió la parálisis en pleno baile.

Siguió recibiendo, tendida en su lecho, hasta que en la noche del 13 de julio de 1817, después de que la visitara Chateaubriand, se durmió con un ejemplar de Carina entre las manos, para ya nunca despertar. Sus hijos, casi religiosamente, cerraron ese salón en el que había reinado y al que había entregado sus últimas fuerzas.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Madame Pompadour Resumen de su Vida

Biografía de Madame Pompadour
Resumen de su Vida

Resumen Biografía de Madame de Pompadour:

Principal protagonista de la fastuosidad con que supo rodearse el frívolo Luis XV, Madame de Pompadour no solo divirtió y halagó al monarca -como se lo exigía su papel de favorita- sino que influyó notablemente en la política de su tiempo. Tan relevante fue su labor en ese plano que llegó a tener prácticamente en sus manos el destino de Francia y llevó a cabo una vasta obra en pro de la cultura y el progreso del país.

Llegar a ser la favorita de un rey, título galante que asumió Juana Antonieta Poisson, marquesa de Pompadour, significaba, en la época de las monarquías absolutas, mucho más que compartir la intimidad de un poderoso soberano como Luis XV. Equivalía a intervenir en los asuntos de Estado y a adelantarse a otros favoritos que acechaban, en los corredores de Versalles, el momento de una crisis o un altibajo del poder: esos pulidos cortesanos se transformaban entonces en enemigos mortales, capaces de recurrir a cualquier medio para oponerse a la mujer que durante casi dos decenios impulsó el brazo derecho del rey.

Por eso la fama de Madame de Pompadour no estriba solo en su hermosura de mujer sino en la habilidad política con que defendió causas justas e injustas, y llegó a concentrar en sus manos delicadas todo el poder de una gran potencia europea.

Juana nació en París el 29 de diciembre de 1721. Sus detractores aseguraban que era hija de un carnicero plebeyo del barrio parisiense de los Inválidos. En realidad, aunque no era de noble cuna, su padre había sido escudero del Regente durante la infancia de Luis XV.

El destino quiso que mientras este último, enamorado por entonces de Mademoiselle de Chateauroux, cazaba en los bosques de Leonart, encontrase a la joven Poisson, de mirada intensa y figura encantadora. Pero solo en 1745, a la muerte de la amiga del rey, pudo considerarse a Juana su reemplazante en el favor real.

Luis XV se hallaba a la sazón dirigiendo en el norte la campaña de Fontenoy, y la joven Mademoiselle Poisson decidió que no era prudente dejar solo al monarca, justamente al comienzo del idilio, cuando otros halagos podían tentar al soberano. Viajó entonces para unirse a este, y juntos sobrellevaron las penurias -nunca muy extremas- de una campaña accidentada, con soldados y oficiales predispuestos al desaliento y los rumores.

A su regreso el monarca le confirió el título y los blasones de marquesa de Pompadour, antiguo linaje extinguido en 1722. Experta en la difícil tarea de distraer a Luis XV -proclive a la indiferencia y el hastío sistemáticos («Su enfermedad era el tedio»)—, organizó, con la ayuda del filósofo Voltaire y del poeta Bernis, brillantes fiestas donde los manjares se unían al placer del espectáculo y al conocimiento de personalidades excéntricas.

Pero mientras decoraba nuevos salones en los palacios y descubría jóvenes artistas para amenizar las horas de fastidio del monarca, se fue interesando cada vez más por la política, hasta el punto de que nada ocurría en el reino sin su intervención.

Con diestros golpes de timón favoreció alternadamente a los jansenistas, a los molinistas, a los filósofos y al Parlamento, con lo cual supo atraerse la adhesión de casi todos los sectores.

No vaciló, sin embargo, en derrotar a los clericales, que le eran abiertamente hostiles, ayudada por la sagacidad del filósofo Voltaire.

EL SIGLO DE LAS LUCES
Esta multiplicidad de intereses la llevó a patrocinar en 1752 la publicación de la Enciclopedia, obra fundamental del siglo XVIII por sus proyecciones en todas las ramas del saber. También promovió el embellecimiento de París, que aspiraba a convertir en la ciudad más bella del mundo. Su tío, Lenormand de Tournehem, y su hermano, el marqués de Marigny, designados directores generales de construcciones, se dedicaron a modernizar la capital renovando la edificación en todos los barrios.

Impulsó asimismo la fundación de la primera Escuela Militar y, en otro orden de actividades, fomentó con dinero y privilegios la manufactura de porcelanas.

En 1752 fue declarada duquesa, con las prerrogativas consiguientes, pero ese título no colmaba sus deseos, y en 1756 se instaló oficialmente en Versalles como dama de compañía de la reina.

Sin embargo, ni las inmensas galerías ornadas de cuadros y tapices, ni los geométricos jardines alrededor de los estanques fueron propicios a Juana, que frisaba ya los 35 años: los sentimientos del rey hacia ella comenzaban a entibiarse…

En ese momento crítico la mujer apasionada dejó paso a la inteligencia madura. Le importaba que su influencia en la corte no decayera y para ello tomó a su cargo la administración de los placeres del monarca: nuevos amores, nuevos entretenimientos y proyectos, animándolos con una amistad respetuosa y, sobre todo, evitándole las fatigas del gobierno.

En ella descansaban prácticamente los destinos del reino, en período tan difícil como el de la guerra de Siete Años (1756-1763), que concluyó con la pérdida del Canadá y otras colonias. El desprestigio abatía al monarca, que se deslizaba por la pendiente del naufragio económico y moral, aunque seguía sosteniendo -el pueblo lo había llamado alguna vez «el bien amado»- que «esto durará lo que dure yo».

Madame de Pompadour perdía fuerzas, abrumada por el odio de sus rivales y por las preferencias que el rey dedicaba a otras favoritas. Quienes antes mendigaban su intercesión eran ahora los predilectos del monarca, afirmado por el «pacto de familia» que consolidaba las cuatro ramas de la casa reinante de Borbón. Si bien la marquesa había logrado granjearse prudentemente el favor de la reina, no pudo ser admitida por el Delfín, heredero del trono, que la hería con su urticante desapego. El monarca, dedicado a otros intereses, no ejercía su poder para salvaguardar a Juana, que fue insultada groseramente en público por ciertos cortesanos encumbrados, mientras otros intrigaban abiertamente contra ella.

El carácter de Juana, no obstante su habilidad para manejarse entre los tejemanejes cortesanos, era por momentos contradictorio, y se la consideraba tanto avara como dispendiosa. Gozaba de las cuantiosas rentas del marquesado de Pompadour y otras heredades; poseía además los castillos de Aulnay, Brimborion y Belleone, así como el magnífico mobiliario de sus palacios en Versalles, París y Fontainebleau y Compiégne.

Eran famosas sus litografías, al igual que su riquísima biblioteca y sus colecciones artísticas. Su espíritu generoso la movió a dotar a doncellas pobres y a reconstruir pueblos enteros. También los artistas se beneficiaron con su buen gusto y amor por el arte, entre ellos el pintor Carie Vanloo y Edmé Bouchardon, célebre escultor de muchas fuentes de París y Versalles. La afición de Juana por las artes decorativas explica que lleve su nombre un estilo suntuoso pero sobrio, que tipifica el gusto artístico de su época, frívola pero no exenta de sensibilidad.

Otro renombrado hombre de letras protegido por Madame de Pompadour fue Diderot, el ilustre enciclopedista, que en algunas de sus descripciones de la sociedad de su tiempo reflejó a su protectora y al mundillo que la rodeaba. Por su parte, el turbulento Rousseau la atacó duramente en su obra Emilio, pero no despreció el generoso favor de la marquesa y acabó por contarse también entre sus protegidos, al igual que Francois Quesnay, autor de la famosa máxima económica «laissez faire, laissez passer».

Juana dedicó muchas horas a grabar delicadas escenas que hoy se conservan en la Biblioteca Nacional de París: son 63 láminas de excelente factura que trasuntan un espíritu sutil y equilibrado, además de un fino sentido estético.

A su muerte, en el palacio de Versalles el 15 de abril de 1764, Luis XV no derramó ninguna lágrima, tal vez porque se sintiera aliviado con la desaparición de esa vigorosa personalidad con quien había compartido prácticamente cuatro lustros de reinado, con su incurable tedio y sus derrotas: la figura de la marquesa Pompadour, en efecto, ha quedado asociada en la historia a dos tratados desastrosos para Francia, aunque también se la vincula con los intelectuales y políticos que intentaron rescatar la situación del descrédito popular inducido por los fracasos bélicos.

Juana Antonieta Poisson, marquesa y duquesa de Pompadour, tuvo siempre presente que la vida de una mujer se rige por el corazón pero también por la cabeza. Supo así caminar airosamente por la cuerda floja en la corte más brillante de Europa mientras reunía en sus manos prácticamente todos los resortes del poder.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder