Exilio de San Martín

Biografia de Bello Andrés Resumen Obras Mas Importantes

Resumen Biografía de Bello Andrés – Obra Literaria

Andrés Bello: Está considerado como el primer sabio de América en orden cronológico. Fue uno de los hombres de mayor cultura y talento del período neoclásico, y al mismo tiempo, uno de los más grandes maestros que ha dado hasta el presente Hispanoamérica.

Aunque venezolano por nacionalidad, puede ser considerado ciudadano de toda la América del Sud, por la influencia de su obra y su amor a estos países.

Nació en Caracas el 29 de noviembre de 1781. Fue poeta, jurisconsulto, filólogo y diplomático. Desde niño demostró un talento extraordinario.

Fue su profesor Fray Cristóbal de Quesada, que le inició en los estudios de castellano, latín y humanidades. Después cursó los estudios de Derecho y Medicina, pero los abandonó para seguir la carrera administrativa.

En 1802 ingresó como oficial segundo de la Secretaría en el Gobierno de Venezuela, donde pronto puso de relieve su competencia y laboriosidad.

Andrés Bello vivió durante las tres últimas décadas de la colonia española en Venezuela (donde nació, en la ciudad de Caracas) y algo más del primer medio siglo de vida independiente hispanoamericana.

De este período, los veinte primeros años corresponden al tiempo de lucha por la independencia nacional, cuyo desarrollo, vicisitudes y triunfo observó Bello desde Londres.

Los últimos treinta y tantos años de su vida, pasados en Chile, son los de la fijación de la existencia política y cultural de los nuevos estados de Hispanoamérica.

En líneas generales fue éste el tiempo de Bello: Colonia (en Caracas, 1781-1810); Guerras de Independencia (Londres, 1810-1829), gobierno y edificación de las nacionalidades hispanoamericanas (Chile, 1829-1865).

Su pensamiento está determinado por tales circunstancias, a las cuales debe siempre referirse lo que produjo, como único modo de explicar el alcance de su obra.

Si a esa condición externa se añade la consideración de las ideas y propósitos, de los conocimientos y carácter de Bello —es decir, su peculiaridad individual— podrá valorarse la significación de cuanto el intelectual venezolano llevó a cabo.

Para un hombre de su mentalidad, la vida colonial debía ofrecer escasas perspectivas de actuación pública.

No así en lo que atañe al estudio. Bello, como los hombres más notorios de su generación, se dedicó al conocimiento de la naturaleza y al estudio del pensamiento humano, a las letras.

El trópico brindaría continuos descubrimientos a su inquietud. Andrés Bello llevará impreso para siempre, en su sensibilidad, el paisaje de la tierra, que habrá de darle el principal tema de sus más grandes poemas, escritos en Londres.

En su primera juventud no fueron el latín y la ciencia escolástica las únicas dedicaciones: estudió el castellano, iniciando en ese tiempo sus investigaciones de la lengua (El análisis ideológico de los tiempos en la conjugación castellana); aprendió francés e inglés, ciencias médicas, geografía (de la cual fue maestro de Bolívar), matemáticas, filosofía, historia, de la que es muestra su Resumen de la historia de Venezuela, y otras muchas disciplinas.

Bello comenzó a editar por su propia cuenta en 1823, La Biblioteca Americana, que tuvo que suspender muy pronto, pero obtuvo mayor éxito con la revista trimestral El Repertorio Americano (1826), la cual alcanzó sólo a los cuatro números.

En el primer número apareció la Silva a la agricultura en la zona tórrida, una de sus mejores composiciones. Esta pieza lo colocó casi de inmediato en primera linea entre los escritores hispanoamericanos.

En los diecinueve años que Bello residió en Chile se cimentó su fama de erudito serio y responsable, dueño de un criterio crítico moderno y objetivo, así como también su fama de poeta sin par entre los hispanoamericanos.

Llegó a ocupar también algunos cargos diplomáticos, como ser el de secretario de la legación de Chile (1822) y luego igual jerarquía en la legación de Colombia (1824).

Andrés Bello

En las horas libres las dedicaba al estudio intenso de las humanidades, y su permanente asistencia a la biblioteca del Museo Británico le permitió obtener una cultura excepcional en su época. Aprendió griego, publicó una versión al español moderno del Poema del Cid, con notas, algunos ensayos literarios, y realizó valiosas traducciones.

La Caracas colonial pudo dar un hombre como Bello, quien, situado en Londres entre destacadas personalidades españolas e hispanoamericanas, tuvo capacidad para desempeñar un papel de primer orden.

No era gratuita la consideración y el respeto hacia Bello por parte de hombres como Blanco White, Gallardo, Salva, José Joaquín de Mora, Mendívil, entre los españoles; Fernández Madrid, García del Río, Irisarri, Olmedo, Egaña, Pinto, entre los hispanoamericanos; Holland, James Mili, Hamilton, entre los ingleses.

En Caracas, Bello había logrado asentar sólidamente las bases de su saber y de su carácter.

Los pocos escritos que se conservan de su juventud manifiestan los rasgos generales de la formación clasicista de las escuelas coloniales.

Virgilio y Horacio son los maestros epirituales de los jóvenes universitarios; con ellos, los clásicos castellanos; y, además de los textos de estudio generales de su tiempo, los pocos libros que podían adquirirse por vías clandestinas.

Se conservan de Bello algunos poemas primerizos y el texto en prosa del Resumen de la historia de Venezuela.

Hay noticias de trabajos gramaticales suyos y es sabido que fue redactor de La Gazeta de Caracas, aunque resulte difícil identificar sus escritos.

Se sabe, además, de la destacada presencia de Bello en las tertulias caraqueñas, con sus poemas originales y traducidos que le granjearon la denominación de Cisne de Anauco.

Entre los escasos restos de sus escritos juveniles que se poseen figura la égloga conocida por el primer verso Tirsis, habitador del Tajo umbrío.

Es un poema en quince octavas reales, de versificación superior al resto de sus composiciones juveniles, al menos de las conocidas hasta la fecha.

No logra el pleno acierto expresivo en cuanto a lenguaje se refiere, pero es interesante transcribir algunas de sus partes para esclarecer un aspecto de las fuentes formativas del ilustre caraqueño.

Hay en la égloga componentes latinos, influencia de la poesía bucólica española del siglo XVI. La fecha de creación, imprecisa, puede situarse alrededor de 1805, o sea a los veintitantos años de edad del poeta.

En resumen, la figura de Bello, joven, en Caracas al cambiar el siglo, aparece como la de un entusiasta colaborador de cuanta empresa cultural se iniciaba.

Se vislumbraba en él a un humanista en ciernes cuando en 1810 sale para Londres en misión oficial del nuevo gobierno venezolano, acompañando a Bolívar y a López Méndez.

La misión consistía en captar la adhesión del gobierno inglés y disponer de su ayuda para la lucha emancipadora que había comenzado.

En 1807 fue recompensado por el rey de España con una distinción honorífica, la de Comisario de Guerra por los extraordinarios servicios prestados.

Fallecido su padre en 1806 y su protector Vasconcellos en 1807, quedaron Bello y su familia en situación apurada.

Poco después fue nombrado secretario de la Junta  Central de Vacuna en Caracas, quedando desde entonces unida su vida a la historia de Venezuela.

En 1809 se reveló como poeta con imitaciones de Virgilio y de Horacio.

Participó en unión de Bolívar y López Madoz en el movimiento separatista contra España, siendo enviado a Londres, en 1810, en misión diplomática por el Gobierno Central de Caracas.

Residió en Londres durante diecinueve años, durante los cuales desempeñó el cargo de Secretario de las legaciones de Chile, Colombia y Venezuela, al par que dedicaba sus horas libres al estudio de la lengua griega, la filosofía y la literatura y gramática castellanas, dedicando también su atención a la enseñanza y al periodismo.

Bello elevó el tono de la diplomacia por medio de documentos meditados con maduro estudio y escritos en un lenguaje digno y correcto.

En 1810 fue enviado a Londres por el recién formado gobierno de Venezuela. En 1829 llegó a Chile, contratado por el gobierno, para servir un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fue nombrado, además, primer rector de la Universidad de Chile, que se fundó en 1842. Su obra fue de dimensión continental.

El Código Civil de la República de Chile sirve de modelo a la codificaciones de otros países de América, y su Gramática de la Lengua Castellana se orienta a preservar la unidad idiomática de los pueblos del continente.

Hacia el año 1829 marchó a Chile para desempeñar un importante cargo oficial que el Gobierno de dicha República le había ofrecido.

Allí se le confio la dirección del periódico oficial de la nación, y desde sus columnas procuró ilustrar a la opinión pública chilena de las directrices que el Gobierno se había trazado.

Fundó el Colegio de Santiago, dedicándose a la enseñanza de diversas disciplinas y alternando sus actividades de la Administración con el profesorado.

El Gobierno, agradecido a su obra de cultura, convirtió en Universidad el Colegio, y Bello pasó a ser profesor y rector de la misma, alcanzando extraordinario prestigio, tanto por sus enseñanzas como por su modo de apreciar los asuntos internacionales.

Por encargo de los Estados Unidos arbitró en 1864 una cuestión pendiente entre la gran República del Norte y la del Ecuador.

También en 1865 fue solicitado su consejo por Colombia y el Perú para otra cuestión análoga. Su actividad era incansable.

Quiso remediar todas las lagunas que notaba en la enseñanza, y apreciando la falta de libros adecuados para la ilustración de la juventud, escribió un tratado de Derecho romano, otro de Derecho internacional, una Cosmografía, una Historia de la literatura antigua, una Gramática castellana, una Ortografía y métrica de la lengua castellana y otros trabajos eminentemente didácticos.

Redactó un Proyecto de Código Civil que sirvió de base al promulgado en 1865. Su Gramática de la lengua castellana (1847) le valió el nombramiento de miembro honorario de la Academia Española; dicha obra y sus celebradas poesías Silvas americanas son consideradas como sus mejores producciones.

Andrés Bello falleció en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.

Bello recibió por gracia la nacionalidad chilena y realizó la parte más importante de su obra en este país. En el centenario y en el bicentenario de su natalicio, se han organizado homenajes, seminarios y actos académicos que comprenden todo el ámbito hispanoamericano.

Hay un hecho en la historia cultural de Venezuela que por su importancia merece ser destacado. Se trata del primer intento de crear una revista venezolana, El Lucero, emprendido por Andrés Bello y Francisco Isnardy en 1809.

Sus promotores solicitaron el apoyo del Real Consulado, y éste contestó en oficio del 28 de noviembre de 1809 acogiendo el proyecto con simpatía y animando a que imprimieran el prospecto y llevaran a término la obra planeada «que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela».

El texto del oficio dice así:
«Este Real Consulado ha visto del modo más satisfactorio el convencimiento del celo por su instituto con que Vmds. solicitan su protección para proporcionar al público el periódico llamado El Lucero, y enterado con suma complacencia, en la sesión de Gobierno celebrada ayer, del prospecto y representación, con que lo produjeron, acordó dispensarla en la mayor extensión a un papel, que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela, y como se promete que los conocimientos de Vmds. llenarán cuanto anuncian, dispuso anticiparles expresivas gracias, y que se les faciliten los escritos y noticias que se encuentren en sus archivos relativos a los objetos de que han de tratar, y los demás auxilios que se juzguen conducentes o necesarios y se hallen a nuestro alcance.

También estimó conveniente acordar suscribirse por veinticuatro ejemplares del papel indicado para repartir entre sus empleados en la forma que se hará saber a Vmds. al tiempo de ejecutarla, y que se impriman por su cuenta ciento del prospecto para calcularlo.

Todo lo que participamos a Vmds. para su inteligencia y satisfacción.»

El 3 de enero de 1810, ya impreso el prospecto, el Real Consulado ordenaba abonar el importe de la obra de impresión, hecha probablemente por Gallagher y Lamb.

El Lucero no pasó de ahí. No es probable que llegara a imprimirse algún número, por lo menos no ha llegado hasta hoy noticia de su existencia.

El mismo prospecto es pieza quizá definitivamente perdida. Nadie ha tenido la suerte de examinarlo con intención de historiador. No obstante puede rehacerse el carácter de la revista planeada por Bello e Isnardy, gracias a la preciosa información que da el Semanario del Nuevo Reino de Granada, de Caldas. La importancia de ese documento exige su transcripción:

NOTICIA LITERARIA: «Por el último Correo de Caracas hemos recibido el prospecto de un nuevo periódico intitulado El Lucero. Sus AA. D. Andrés Bello y D. Francisco Isnardy ofrecen llenar los números de este papel con artículos muy interesantes, y muy varios. Tales son: la Moral Civil; el Bello sexo; las Ciencias útiles; la Historia natural de Venezuela; la Física; la Medicina; la Química y Botánica; la Eloquencia y la Poesía; la pureza de la lengua; el Teatro; la Historia; y la estadística de Venezuela. Este nuevo papel lo ha tomado baxo de su protección ese Real Consulado de Comercio, esperamos que con este apoyo no tenga la suerte de casi todas las empresas literarias de América. Se suscribe en Caracas, y en toda esa Capitanía General, a cinco pesos por semestre.»

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica – Andrés Bello
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Andrés Bello, “El Educador de América” – Editorial Planeta

Las Campañas Militares de Bolívar en la Independencia de América

LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA DEL DOMINIO ESPAÑOL

Simón Bolívar (1783-1830), militar y político sudamericano de origen venezolano, presidente de Venezuela (1819), presidente y creador de la República de la Gran Colombia (1819-1830) y dictador de Perú (1824-1826), se convirtió desde 1813 en el máximo conductor de la revolución que culminó con la emancipación de Sudamérica frente al poder colonial español, por lo que es conocido como el Libertador.

simon bolivar retrato

Simón Bolívar. Retrato ANÓNIMO DE HACIA 1816. – Este Bolívar joven y atildado a lo «dandy», a lo —más español— «lechuguino», nada nos deja adivinar ni al futuro militar notable, ni al excelente futuro estadista; ni, mucho menos, al hábil forjador de Estados independientes en la siempre, por siempre, Hispanoamérica. Nos deja la impresión de un poeta, malherido o maltratado de amores, cuyos versos patéticos ya barruntan el próximo hervor romántico. Cierto: este juvenil Bolívar nos parece estar ensoñando; pero no en campos de batalla, sino «en campos de plumas» gongorinos.

Desde 1810, Simón Bolívar consagró toda su voluntad, todo su talento, toda su ilusión, toda su acción a la independencia de los países sudamericanos.

A esta empresa inclusive sacrificó su fortuna. Sin ser un gran general, superó a cuantos jefes combatieron en aquellas tierras. Como político cometió fatales equivocaciones.

Sólo encontró auténticos rivales de su talla en los españoles Bobes y Morillo. Poseyó un temerario valor personal, y supo hacerse estimar de sus amigos, subordinados y aliados.

Muy autoritario, cuando necesitó mostrarse cruel, no rehuyó la crueldad, pero todos sus defectos los compensó con sus extraordinarias virtudes de patriota.

Lógicamente es admirado por Hispanoamérica como su mayor héroe. Su pensamiento político comprendía los siguientes postulados de independencia radical y absoluta para toda América; restablecimiento, dentro de ella, de una fuerte unidad hispanoamericana; republicanismo en la forma y monarquismo en el fondo; equiparación, en toda América, de las exigencias sociales y económicas.

SUS CAMPAÑAS: LOGROS Y DERROTAS

Estaba ausente Bolívar cuando estalló la revolución del Jueves Santo — 19 de abril— de 1810 en Caracas. Quedó destituido el capitán general don Vicente Emparán.

Los sublevados tuvieron la seguridad de que España -no podría enviar tropas con suficiente armamento.

Y, además, proclamaron la sublevación en nombre del rey de España y contra los elementos afrancesados de la «Madre Patria». Los insurrectos constituyeron una Junta Suprema. Simón Bolívar marchó a Inglaterra para pedir ayuda contra España. ¡Tremenda paradoja!

El ministro inglés, marqués de Wellesley, hermano de Wellington, la prometió inmediatamente. Y así, mientras los ingleses defendían a España contra los franceses, defendían en América a los americanos contra los españoles. Un botón de muestra de la astuta política inglesa de siempre.

Hubo, eso sí, cierta lógica en que Inglaterra aceptase muy gustosa «devolver» a España la ayuda que ésta prestó a los colonos norteamericanos contra Inglaterra. Con el satisfecho Bolívar regresó a Venezuela el radical y violento revolucionario Francisco Miranda.

Bajo las órdenes de éste, como coronel, Bolívar procuró atenuar sus radicalismos. Por fin vencieron los revolucionarios radicales y… sinceros, y fue proclamada la Independencia el 5 de julio de 1811.

Mientras se discutía cómo había de quedar redactada la Constitución, los realistas y españolistas pusieron al frente de su ejército al general Domingo de Monteverde, quien recobró Caracas y obligó a capitular a Miranda en San Mateo —24 de julio de 1812—.

Así terminó la primera república venezolana. Refugiado en Curacao, con la ayuda inestimable de José Félix Ribas, Bolívar, un año después, ya como director único de la revolución, inició su gran empresa, la que lograría darle el glorioso nombre de Libertador.

En su primer Manifiesto se disculpó del fracaso y presentó normas para las futuras acciones.

La campaña bélica durante los últimos meses de 1812 y los primeros de 1813 fue muy favorable a sus armas. Recuperó Caracas el 6 de agosto de 1813, donde fue proclamado Libertador de la República, y poco más tarde, Dictador.

Pero estas alegrías «se las amargaron bastante» las victorias obtenidas por dos cabecillas realistas y españoles: José Tomás Bobes y Francisco Tomás Morales; aquél, al frente de sus terribles y admirables llaneros.

Otros realistas españoles, Vicente Campo Elias, José Yáñez y José Ceballos también ganaron varias batallas a nuestro héroe.

Cierto que Bolívar derrotó en Carabobo — 28 de mayo de 1814— a los guerrilleros realistas. Pero éstos se tomaron un magnífico desquite en la batalla de La Puerta — 15 de junio —, donde Bobes con sus llaneros aplastó a Bolívar y Marino, ocupó Valencia, llegando «a sangre y fuego» hasta Caracas, donde entraron el 8 de julio. Nuevamente vencido Bolívar — 18 de agosto — en Aragua, hubo de retirarse a Cumaná, y por último a Cartagena de Indias. El segundo asalto también lo había perdido.

Ya en Cartagena siguió reagrupando sus fuerzas y nutriéndolas con otras llegadas de todos los territorios de Nueva Granada. Con todas ellas intentó la reconquista de Santa Marta; la llegada de España del general Morillo al frente del único ejército regular que pudo enviar España para la defensa de sus virreinatos, hizo fracasar el propósito de Bolívar, quien en marzo de 1815 marchó a Jamaica, donde redactó su célebre Carta — 6 de septiembre — en la que justificaba la Revolución, auguraba la independencia de Hispanoamérica, abjuraba de la monarquía, del federalismo y de la democracia, y declaraba su deseo en la unión republicana de Venezuela y Nueva Granada. Pero en Jamaica nadie le hizo gran caso. Desalentado se trasladó a Haití, cuyo presidente, Alejandro Petion, le prometió eficaz y pronta ayuda.

El 3 de mayo de 1816 desembarcó en la isla Margarita la expedición de Bolívar; éste, antes de iniciar los combates, prometió convocar un Congreso ante el que renunciaría a su dictadura. La expedición constituyó un nuevo fracaso y Bolívar hubo de regresar a Haití.

Así perdió el cuarto asalto (el tercero lo había perdido al marchar a Jamaica). Con el nuevo auxilio que le prestó el presidente negro haitiano, unido a Arismendi, Bolívar invadió la provincia de Caracas, pero fue derrotado en Clarines (9 de enero de 1817).

El quinto asalto le fue también adverso. Pero su carácter indomable no cedió. Encontró aliento y colaboración en los Estados Unidos; quienes pagaron con tan negra ingratitud los auxilios que de España recibieron para independizarse.

Consiguió atraerse a los terribles llaneros mandados por José Antonio Páez desde la muerte de Bobes. Reunido el Congreso en Angostura — 15 de febrero de 1819—, Bolívar dirigió un mensaje en el que proclamaba sus ideas constitucionales inspiradas en el régimen inglés: república, libertad, igualdad, abolición de la esclavitud, dos cámaras, presidente vitalicio y un «cuarto poder»… moral.

Inmediatamente inició una de sus más famosas y felices campañas: la de Nueva Granada, que culminó con la concluyente victoria de Boyacá — 7 de agosto de 1819—, determinando la emancipación total de Nueva Granada. Los colombianos le nombraron su jefe militar y político.

Regresó a Angostura y obtuvo del Congreso la unión en una sola República de Nueva Granada, Venezuela y Quito. Aislado el general Morillo de España, con motivo del levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan, careciendo de soldados y de armamentos, pidió un armisticio — 25 de noviembre de 1820—. Terminado el plazo, Bolívar derrotó a La Torre sucesor de Morillo en la segunda batalla de Carabobo —24 de junio de 1821 —.

Venezuela logró definitivamente su independencia. No hay en tierra americana quien pueda atacarla con probabilidades de éxito.

Los realistas de Guayaquil se sublevaron con violencia; Bolívar envió contra ellos al general Antonio José de Sucre, quien, luego de derrotar a los realistas, apoyó la independencia de su país regida por el gobierno de José Joaquín de Olmedo. Los días 26 y 27 de julio de 1822 se entrevistaron en Guayaquil Bolívar y José de San Martín, Protector o jefe del Perú.

Este intentó unir al Perú el Ecuador; pero su pretensión resultó inútil, ya que Ecuador estaba unido con Venezuela y Colombia. Pero la verdadera causa de que fracasaran los planes de tan memorable entrevista, fue que mientras San Martín era partidario de las monarquías, que ocuparían príncipes europeos, Bolívar creía que podía evitarse la anarquía por medio de fuertes gobiernos republicanos.

Retirado San Martín del Perú, intransigente en sus ideales monárquicos, Bolívar fue proclamado general en jefe de las tropas peruanas —1823— y Dictador a principios de 1824.

Pero todavía necesitó ganar dos famosas batallas, la de Junín y la de Ayacucho, para asegurar la independencia peruana. En la de Junín —7 de agosto de 1824— derrotó al general español don José de Canterac.

En la de Ayacucho —9 de diciembre de 1824— derrotó al virrey La Serna, aliado a los generales Jerónimo Valdés y José de Canterac. Esta última batalla señaló el fin de la dominación española en América del Sur.

Desde entonces pudo dedicarse Simón Bolívar a la estructuración definitiva de su gran república. Pero esta empresa resultó mucho más difícil y dolorosa que la conquista de la independencia.

Porque el héroe encontró incontables adversarios y traidores entre quienes le habían ayudado a echar a los españoles de aquellos inmensos territorios.

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar Ediciones Cadyc

Que es la guerra de Zapa? San Martin en los Andes Táctica Militares

¿Qué es la Guerra de Zapa? San Martín en los Andes

La guerra de “zapa”: Para conocer la situación interna de Chile y propagar falsos rumores que mantuviesen en constante inquietud a los realistas, San Martín se valió de emisarios y de una correspondencia hábilmente dirigida. Su objeto era también que los realistas mantuvieran sus fuerzas divididas a lo largo de la Cordillera y no pudiesen intentar una invasión por Cuyo. Era gobernador de Chile el mariscal Francisco Marcó del Pont, desde enero de 1815. Había reemplazado al general Mariano Osorio, que fue llamado por el Virrey del Perú para reforzar a Pezuela, quien más tarde venció en Sipe-Sipe.

Gral. San Martìn

Se llama así a las técnicas militares que se utilizan para desorientar al enemigo con informaciones falsas y estrategias de espionaje. San Martín utilizó métodos de espionaje y engaño del enemigo -llamados «guerra de zapa»- durante sus campañas.

En la tarea que se impuso San Martín colaboraron eficazmente los emigrados chilenos, en especial el joven Manuel Rodríguez y Pedro Vargas. vecino de Mendoza, a quien hizo aparecer como un realista militante encarceló y le hizo firmar cartas que él mismo redactaba, destinadas a los realistas. En esta forma conoció los detalles que necesitaba para su campaña y propagó las noticias que más le convenían. Vargas mantuvo a tal punto el secreto que no lo confió ni a su esposa.

En otras oportunidades San Martín también mantuvo correspondencia con las autoridades de Chile, firmando las cartas con el nombre de realistas o emigrados que, deseando ayudar a la causa del Rey, enviaban datos que lógicamente eran falsos. Así se adquirió en ese país la convicción de que los patriotas atacarían por el Planchón y que una poderosa escuadra había salido de Buenos Aires para atacar Talcahuano (en esta forma consiguió hacer salir de Valparaíso a la escuadra realista).

Marcó del Pont, desconcertado y no sabiendo exactamente donde dess cargar el golpe para suprimir la propaganda revolucionaria, extremx5 las persecuciones iniciadas por Osorio, lo que encendió aún más el espíritu de reheii<Ç,i

Cuando el Congreso de Tucumán declaró la independencia, a San Martín se le presentó una magnífica oportunidad: con consentimiento del gobierno, envió a Chile al sargento mayor ingeniero José Antonio Alvarez Condarco (que era su ayudante y padrino de Merceditas) con la misión aparente de entregar a Marcó del Pont el acta de nuestra independencia. El motivo real era conocer los pasos de la Cordillera que conducían a Chile y si estaban defendidos.

El emisario fue por el Paso de los Patos, que era el más largo; llevaba una carta de recomendación obtenida de un realista confinado en Cuyo, y merced a ella salvó la vida, pero el acta fue quemada públicamente. Condarco fue obligado a regresar de inmediato por Uspallata (fines de 1816). Como era un hombre de extraordinaria memoria, cuando llegó a Mendoza pudo hacer un plano de los dos caminos.

Para desconcertar al enemigo, San Martín también se valió de los indios pehuelches, a quienes conocía como muy falsos. En el fuerte San Carlos conferenció con los caciques, pidiéndoles que dejasen pasar por sus tierras al ejército

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Encuentro de Yatasto entre San Martin y Belgrano Ejercito del Norte

Encuentro de Yatasto entre San Martín y Belgrano

Después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, (1813) Belgrano se retiró hacia el sur, pero los gobernadores que él había nombrado en el Alto Perú, continuaron hostilizando al enemigo, impidiéndole así invadir el Norte argentino.Arenales que estaba auxiliado por los indígenas, no pudo sostenerse en Cochabamba y trató de establecer contacto con Warnes, gobernador de Santa Cruz de la Sierra. Luego logró una importante victoria en la Florida (de ahí el nombre de nuestra calle céntrica en Buenos Aires). Después de varios meses logró unirse a las fuerzas de Rondeau.

encuentro de yatasto, san martín y belgrano

 

Pezuela se retiró de Salta por la victoria de la Florida y porque desistió de atacar a Tucumán cuando se enteró de la rendición de Montevideo. Belgrano continuaba retirándose y cuando llegó a Yatasto (30 de enero de 1814) entregó el mando a San Martín.

Fue el encuentro de dos héroes que en todo momento supieron renunciar a cualquier halago personal con tal de servir a la patria. No se encontraban atados a intereses políticos, su único horizonte era lograr la libertad del país. Por eso Belgrano entregó el mando tan sencillamente y por eso también San Martín fue su primer admirador. El vencedor de Tucumán quedó como jefe de regimiento dentro del ejército de San Martín, ambos se complementaban; el segundo conocía la táctica militar y el primero el país donde actuaban.

San Martín reorganizó el ejército tomando como modelo el cuerpo de Granaderos a Caballo y creó una Academia para los jefes y un campo fortificado: la Ciudadela. Distinguió a Dorrego, que después de Vilcapugio y Ayohuma había sido reincorporado al ejército, por considerarlo un buen militar, pero éste durante una sesión en la Academia cometió una falta de disciplina contra Belgrano, siendo castigado con el destierro a Santiago del Estero.

El creador de la bandera fue procesado por el gobierno a raíz de sus recientes derrotas y debió trasladarse a Buenos Aires> pese a los pedidos hechos en su favor. Enfermo de cuerpo y de espíritu llegó a la Capital, siendo su causa finalmente sobreseída. A fines de ese año fué enviado a Europa junto con Rivadavia en misión diplomática.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Actividades de San Martin en Europa Por Reconocimiento de Argentina

Actividades de San Martín en Europa

HASTA QUE ESTA NAVE LLEGUE A PUERTO… Muchos años antes, en 1816, había manifestado San Martín al diputado mendocino ante el Congreso, Tomás Godoy Cruz, que no abandonaría la lucha «hasta que esta nave llegue a puerto». Pero a comienzos de 1824 la «nave», lejos de haber «llegado a puerto», se hallaba a la deriva. La situación política en Europa permitía inferir la posibilidad de que la Santa Alianza, y muy particularmente Francia, ayudaran a Fernando VII en sus aspiraciones de reconquistar el perdido imperio indiano.

San Martin Procer Argentino

En carta a Molina del 17 de mayo manifestó claramente San Martín la intención de iniciar un viaje, que no sería inútil a los intereses hispanoamericanos, por cuanto se proponía averiguar, en Gran Bretaña, «la opinión del pueblo y gobierno con respecto a la América».

Pensaba San Martín que, si el gobierno británico reconocía a los nuevos Estados, otras potencias europeas seguirían su ejemplo, con el consiguiente rozamiento entre ellas y la Alianza. La crisis política así desatada permitiría a sus paisanos fortalecerse y consolidarse, sin el peligro de invasiones ni amenazas foráneas.

Tan exactas eran esas apreciaciones que también George Canning, el 17 de mayo, puntualizaba que el ministerio español «haría bien en cerciorarse —respecto de una eventual ayuda— de su existencia y alcances, antes de confiar demasiado en los consejos de la Alianza». A juicio de San Martín, pues, la «nave» nunca llegaría «a puerto» sin el reconocimiento formal de la mayor potencia marítima, y era preciso ahora luchar, en otro campo, para que ello ocurriera.

En la carta a Molina del 17 de mayo, San Martín propiciaba, también, la urgente constitución de «un gobierno central» en cada uno de los Estados, pues, de otra manera, difícilmente Gran Bretaña podría dar el paso decisivo del reconocimiento. Meses después, el 23 de agosto, Canning comunicaba a su plenipotenciario en Buenos Aires,Woodbine Parish, con carácter «reservadísimo», que no diera la menor esperanza en cuanto al problema del reconocimiento mientras no se produjera la «centralización del gobierno».

Las esperanzas de San Martín y sus oficiosas gestiones en Europa culminaron exitosamente cuando, mejor último, Gran Bretaña procedió a reconocer oficialmente la independencia hispanoamericana el 4 de enero de 1825.

Para esa fecha, San Martín residía en Bruselas luego de varios cruces del canal de la Mancha para enterarse, a través de Manuel Hurtado, representante de Bolívar, del estado de las negociaciones con Canning.

Por eso, tres días antes del anuncio del gobierno inglés, el 1° de enero, pudo decir en carta a Vicente Chilavert: «Ya tiene usted reconocida nuestra independencia por la Inglaterra. La obra es concluida y los americanos comenzarán ahora a saborear el fruto de sus trabajos y sacrificios».

Campaña al Peru de San Martin Antecedentes y Desarrollo Batallas

Campaña al Perú de San Martín
Antecedentes y Desarrollo

«Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada» José de San Martín

LA INDEPENDENCIA DE PERÚ
DESARROLLO – BATALLAS

En Europa, luego de la caída de Napoleón, gobernaban los monarcas absolutos que formaban la Santa Alianza y se oponían a el control de los parlamentos. Sólo Holanda e Inglaterra tenían gobiernos parlamentarios. En Francia reinaba Luis XVIII y en España Ferrando VII era un déspota absoluto. Chile y el Río de la Plata estaban emancipados de hecho luego de Chacabuco y Maipú. En el norte, Bolívar expulsaba a los realistas de Nueva Granada y los acorralaba en Venezuela. La flota de Chile dominaba el Pacífico y los realistas sólo ocupaba Quito y Perú. Los Gobiernos de Estados Unidos y el de Inglaterra comenzaban a demostrar interés en reconocer la independencia de las repúblicas de Sudamérica, y llegaban a Buenos Aires noticias de las opiniones progresistas británicas al respecto.

General San Martín

En España se produce la revolución de Rafael de Riego, que obligó al rey a aceptar la constitución liberal de 1812. El ejército combinado estaba constituido por alrededor de 4500 hombres, pertenecientes al ejército de los Andes y al ejército chileno. El jefe del estado mayor era el general Juan Gregorio Las Heras y formaban parte el general Arenales, el anterior gobernador de Cuyo, Luzuriaga, Tomás Guido, Álvarez Jonte, Bernardo Monteagudo y Juan García del Río. La flota se componía de ocho buques de guerra y diez y seis transportes tripulados por 1600 marinos. El 20 de Agosto de 1820 partía de Valparaíso la expedición bajo el pabellón chileno, en medio de las salvas de la artillería y las aclamaciones del pueblo y las damas de Santiago.

El almirante Cochrane encabezaba la expedición en la O´Higgins mientras que el Libertador y su estado mayor navegaba en el San Martín. La expedición toca tierra en Pisco, al sur del Perú. Las fuerzas que defendían la ciudad, ante la superioridad del enemigo se retiran a la sierra.

IIIIIIIVVVI
Bregó por la unidad continental americanaFue un genial estratega de la guerraSubordinó la fuerza de las armas a la políticaAntepuso la ética a los intereses de la políticaNo aspiró al poder ni a los honores personalesRindió culto» a la mesura y a la austeridad

San martín repone las montas de los granaderos requisando los caballos y libera a los esclavos que quieran incorporarse al ejército. El virrey Pezuela tenía sus tropas, unos veinte mil hombres, repartidos por todo el territorio a lo largo de la costa, desde Guayaquil hasta Arica y en el alto Perú, pero el grueso defendía la capital, Lima. Al tener noticias del desembarco inicia tratativas diplomáticas.

San Martín envía como representantes a sus amigos, Guido y García del Río, que, además de la misión diplomática, debían informar acerca de la preparación de las fuerzas realistas y establecer contactos con los patriotas peruanos. Fracasadas éstas tratativas, San Martín destaca una división al mando de Arenales para que marche hacia Lima por el camino de la sierra y promueva la insurrección en las poblaciones. Antes de partir de Pisco crea la bandera y el escudo peruano y reembarca al resto del ejército a fines de octubre.

Cuando la flota llega a la altura del Callao, hacen una pasada frente a las fortalezas pero lejos del alcance de los cañones para mostrar su fuerza: desfilan, ante una muchedumbre que las contemplaba desde las torres de la fortaleza, ocho naves de combate y diecisiete transportes. A comienzo de noviembre desembarca el ejército en la localidad de Huacho, al norte del Callao.

Mientras tanto, se había producido la revolución en Guayaquil el 9 de octubre y se formó una junta presidida por José Joaquín Olmedo y se puso bajo la protección de los libertadores San Martín y Bolívar. Días más tarde, Cochrane, en una acción muy audaz, arrebata la nave insignia española, Esmeralda, fondeada en el puerto del Callao y bloquea la bahía. Desde ese momento los realistas no pueden ser abastecidos por mar. San Martín fortifica su posición en Huacho y comienza su intento de sitiar Lima. Sigue con sus trabajos de inteligencia: arma a los rebeldes que se organizan en montoneras que asolan los alrededores de la Capital. El batallón realista Numancia, formado por levas colombianas, deserta de sus filas y se pliega a los patriotas con seiscientos hombres y todos sus bagajes.

Las poblaciones al norte de Lima se sublevan y, en la ciudad de Trujillo, el marqués de Torre-Tagle enarbola la nueva bandera del Perú y jura la independencia. Luego de obtener estas ventajas sin comprometerse a un combate formal, el Libertador pone sitio a Lima. El 29 de enero se sublevan los oficiales realistas contra el virrey Pezuela, éste es derrocado y en su lugar es nombrado virrey el general La Serna. La Serna invita a San Martín a celebrar negociaciones de paz. Por los patriotas concurrieron Guido y Alvarado.

Los independientes sostuvieron que la única base de un acuerdo era la independencia del Perú, a la cuál los realistas no podían acceder y entonces las negociaciones fracasaron. El sitio de Lima continuaba y la vida en la ciudad se hacía insoportable, el descontento cundía. En esas circunstancias, marzo de 1821, arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, encargado del nuevo gobierno constitucional de España para llegar a una solución pacífica con los independientes. El rey de España había mandado emisarios a las colonias en son de paz, lo que dio lugar en México a la proclama de Iturbide en el pueblo de Iguala donde proclamó la independencia, y en Colombia Bolívar firma un armisticio con Morillo.

San Martín inicia dos campañas: una a cargo de Miller con sus tropas de desembarco sobre las costas del sur y otra nueva campaña de Arenales a la sierra. Al mismo tiempo embarca a su ejército en Huacho y lo desembarca en Ancón, próximo a Lima, estrechando el cerco de la ciudad. Simultáneamente inicia negociaciones de paz. Nombró como delegados a Guido, García del Río y José Ignacio de la Rosa; el virrey La Serna al emisario Abreu, Manuel de Llano y Mariano Galdiano. Se reunieron en la hacienda de Punchauca, cerca de Lima, a fines de abril de 1821.

Los españoles proponían la aceptación de la constitución de Cádiz de 1812 por los americanos y el envío de delegados a las Cortes de Madrid. Los americanos proponían la independencia de Las Provincias Unidas, Chile y el Perú. El 2 de junio se reúnen San Martín y La Serna. San Martín hizo la propuesta de establecer una regencia en el Perú en nombre de un futuro príncipe europeo que ejercería una monarquía constitucional. El Virrey propuso consultar a las corporaciones del virreinato y dijo que en dos días habría una respuesta. La Serna, en lugar de consultar a las corporaciones, como se había convenido, consultó primero con los oficiales de su ejército. Éstos rechazaron la propuesta pues no estaban autorizados a conceder la independencia a las colonias, aunque se tratara de una monarquía.

El Virrey respondió que no estaba autorizado a reconocer la independencia del Perú pero que era posible firmar un armisticio hasta que la corte aceptara las propuestas de San Martín. Los independientes no aceptaron, pero prolongaron el armisticio por doce días más y permitieron el abastecimiento de la plaza sitiada por motivos humanitarios. Los Españoles comenzaron los preparativos para abandonar la ciudad y el 5 de julio y partieron hacia la sierra. El diez de julio por la tarde, entró San Martín a Lima con traje de paisano, para no ser reconocido, mientras los realistas salvaban el resto de su ejército internándose en los valles de la cordillera. Todavía una guarnición de 2000 hombres resistía el sitio en la fortaleza del Callao. Mientras esto sucedía en Lima, bolívar vencía a los realistas en la Batalla de Carabobo, 24 de junio, y el 29 entraba triunfante en Caracas.

El cerco estrechaba a los realistas tanto por los ejércitos del norte como por los del sur. Protector del Perú Desde Lima, San Martín le escribe a O´Higgins sus pensamientos: «Al fin, con paciencia y movimientos, hemos reducido á los enemigos á que abandonen la capital de los Pizarros : —al fin nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud. —El Perú es libre. —En conclusión, ya yo preveo el término de mi vida pública, y voy á tratar de entregar esta pesada carga a manos seguras, y retirarme á un rincón á vivir como hombre.»

El libertador anticipa a su amigo las decisiones que tomará un año después. El 28 de julio se proclama la independencia del Perú. San Martín, desde un tablado levantado en la plaza mayor declaro: » El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad de los pueblos y de la justicia de su causa que Dios defiende.» Levantó la bandera roja y blanca y fue aclamado por la multitud.

El 4 de agosto de 1821, a pedido de una diputación del Cabildo de Lima y por sugerencias de los miembros de la logia Lautaro, San Martín acepta ser nombrado Protector del Perú, y cabeza del gobierno. Designa ministro de hacienda al peruano Unanue, García del Río es ministro de relaciones exteriores y Monteagudo de guerra y marina. Las Heras comandaba el ejército al que se agregan regimientos con la nueva bandera peruana. Al frente de la infantería estaba Miller y la caballería al mando de Brandzen.

Las reformas políticas fueron muy importantes: se abolió el servicio personal de los indígenas, las encomiendas, los repartimientos y las mitas, se declaró la libertad de vientres y se emancipó a los esclavos que tomaran las armas por la independencia, se abolieron los azotes en las escuelas, se fundó la biblioteca nacional, se estableció la libertad de imprenta y se abolió la censura previa. Se eliminaron los tormentos y se suprimió el tribunal de la Inquisición.

Todavía los realistas, al mando del general La Mar, resistían sitiados en la fortaleza del Callao. El 14 de agosto, Las Heras efectúa un intento de asalto pero es rechazado. Mientras en Lima los patriotas organizaban el nuevo gobierno, los realistas se reagrupaban en la sierra, en la ciudad de Jauja. Los primeros días de setiembre se creyeron listos para realizar una ofensiva. Un ejército de 3500 hombres al mando del general Canterac avanzó hacia Lima. San Martín dispuso sus tropas en defensa de la ciudad cortando la marcha de los realistas, pero el objetivo de Canterac era reunirse con los defensores del Callao y aprovisionarse de armamento del que carecían.

San Martín permaneció a la expectativa de los movimientos enemigos y cuando en ejército español entró al Callao, supo que la batalla estaba ganada sin arriesgar sus soldados. En la fortaleza no había víveres para más de tres días. Canterac tuvo que abandonar el Callao el 16 de setiembre y, perseguido por las tropas de Las Heras, regresó a Jauja con su ejército diezmado. El 21 de setiembre se rendía el general La Mar y las banderas peruanas flamearon en las torres del Callao.

Mientras se rendía la fortaleza, se producía desavenencias entre Cochrane y San Martín, en una disputa acerca del pago y el mantenimiento del ejército. Finalmente, una vez rendido el Callao, ya no era necesario el bloqueo y el Libertador envía a Cochrane a Chile para que diera cuentas a ese gobierno de la continuidad de la escuadra. El Almirante zarpa del Callao en octubre pero en vez de regresar a chile, sale en búsqueda de la dos últimas fragatas de la marina española en esas aguas: Prueba y Venganza. Éstas naves bloquearon el puerto de Guayaquil en diciembre de 1821 sin encontrarse con la escuadra de Cochrane. En ese puerto se encontraba el general La Mar que luego de la rendición del Callao había pasado a las tropas del Perú. La Mar convenció a los capitanes de que era mejor rendirse pues de lo contrario caerían en mano de Cochrane que los buscaba en el Pacífico. Los capitanes se rindieron a comienzos de 1822. Éstas fueron las últimas naves españolas del pacífico sur.

La fragata Prueba, rebautizada Protector, inició la marina peruana y su primer comandante, el almirante Blanco Encalada. Toma de Quito A comienzos de 1822 quedaban dos ejércitos realistas de importancia en América del sur. Los que dominaban Quito, al mando del general Aymerich y los del sur del Perú comandados por el general Canterac. Bolívar había nombrado al general Antonio José de Sucre al mando de las tropas del sur, quien se embarcó para Guayaquil en mayo de 1821. Con este ejército inicia el avance hacia Quito pero es detenido por los realistas en Bomboná.

En el mes de octubre de 1821, Sucre demanda el auxilio de tropas del Perú para poder emprender una nueva campaña sobre Quito. San Martín destaca una división auxiliar a cargo del general Andrés Santa Cruz con 1500 hombres formados por granaderos de los Andes al mando de Félix Olazábal y un cuerpo de caballería al mando de Juan Lavalle. El ejército de Colombia se une al combinado argentino, chileno y peruano. Mientras tanto, San Martín delega la autoridad política en Torre-Tagle y convoca a un congreso (27 de diciembre de 1821). Ordena una campaña comandada por Domingo Tristán en la localidad de Ica, al sur de Lima.

Las fuerzas patriotas son derrotadas por el general Canterac el 7 de abril de 1822. El 21 de abril las tropas combinadas de Colombia y la división auxiliar, al mando de Sucre, ganan la batalla de Río Bamba, que despeja la ruta a la ciudad de Quito. Un mes más tarde, el 24 de marzo los patriotas derrotan a los realistas al mando del general Aymerich en la batalla de Pichincha. Al día siguiente Sucre entra vencedor en Quito. Con esta victoria, el norte de América del Sur quedaba libre de realistas.

Las fuerzas del Río de la Plata y las de Chile, que luchaban desde el Sur, se habían unido a las de Venezuela y Colombia que bajaban desde el Norte. Ambos extremos de la revolución se tocaban después de doce años de lucha. El dominio de los realistas quedaba reducido a la posesión del Alto Perú y los puertos intermedios, en una zona de alturas, difícil, donde los ejércitos del Río de la Plata siempre habían fracasado. Todavía podían reunir un ejército veterano de más de 15.000 hombres y contaban con buenos generales como Canterac y La Sarna.

San Martín sabía que su ejército no bastaba para vencerlos, era necesario la unión de las fuerzas patriotas del Norte y del Sur para expulsar a los realistas del Alto Perú. Guayaquil Bolívar entró en Guayaquil el 11 de julio de 1822 y al día siguiente la ciudad incorporó la provincia a Colombia. San martín se embarcó desde el Callao hacia ese puerto en la goleta Macedonia llegando a la mañana del día 25 de julio.

El libertador del norte le ofrece al Protector del Perú su hospitalidad y lo aloja en una espléndida residencia donde lo espera el día 26. Allí San Martín recibe la visita de las corporaciones de la ciudad que le brindan un cálido recibimiento. Cuando los libertadores quedaron solos conferenciaron durante algo más de una hora. Por la tarde San Martín devolvió a Bolívar la visita protocolar. El día 27 San Martín embarca su equipaje anunciando que partirá esa misma noche. A la una de la tarde se dirigió a la residencia de Bolívar y conferenció sin testigos durante cuatro horas.

Terminada la conversación se reunieron en la sala de banquete donde se sentaron uno al lado del otro. Bolívar brindó «Por los dos hombres más grandes de la América del Sud: el General San Martín y Yo». San Martín contestó: «Por la pronta conclusión de la guerra; por la organización de las diferentes Repúblicas del continente y por la salud del Libertador de Colombia». Luego comenzó el baile y la diversión. San Martín dejó la fiesta (como ya había convenido con Bolívar) a la una de la mañana y se embarcó rumbo al Callao.

Por muchos años ninguno de los protagonistas aclaró en forma directa los temas tratados durante la entrevista. Sin embargo, los diferentes testigos y los documentos escritos permiten establecer que ninguno de los libertadores estuvo satisfecho con el otro. San Martín pretendía la unión de los ejércitos del sur y del norte para concluir la guerra. Comprendía que era su persona la que molestaba a Bolívar y que los ejércitos de Colombia no pasarían al Perú mientras él estuviera allí.

El 29 de agosto le escribe: «Los resultados de nuestra entrevista no son los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, ó que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, ó que mi persona le es embarazosa.» Luego agregaba: «No se haga ilusión, general. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas.

Ellas montan en el Alto y Bajo Perú más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses.» Más adelante en la misma carta le dice: «En fin general, mi partido está irrevocablemente tomado. He convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide venir al Perú con el ejército de su mando.» Abdicación del Protector del Perú Mientras San Martín conferenciaba en Guayaquil con Bolívar, en Perú se produce un movimiento que solicitaba la remoción del ministro Monteagudo.

El ministro renuncia pero luego exigen su deportación. El 20 de setiembre se inaugura el primer congreso constituyente del Perú. Ese día San Martín entrega su título de Protector. Pronuncia un discurso de despedida y se retira. Esa misma noche, el congreso, reunido en sesión extraordinaria le otorga el título de «Fundador de la Libertad del Perú» y le asignan la misma pensión vitalicia que a Washington. Así terminó la vida pública del Libertador. Esa misma noche del 20 de setiembre se embarcó en el bergantín Belgrano con rumbo a Chile.

En Europa Mientras San Martín iniciaba su viaje al otro lado de la cordillera y luego ponía el océano Atlántico entre él y su patria, los ejércitos de Bolívar, al mando del general Sucre derrotaban definitivamente a los realistas en las batallas de Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre de 1824), liberando a todo el continente. En Chile, San Martín se encontró con su amigo O´higgins, que tenía serios problemas políticos en su cargo de Director Supremo.

Se traslada a Mendoza, a su chacra, donde tiene la noticia del derrocamiento de O´higgins. El 3 de agosto de 1823 muere su esposa, Remedios de Escalada. Parte entonces para Buenos Aires donde se encarga de su hijita Mercedes. El 4 de diciembre llega a la ciudad y permanece hasta el 10 de febrero de 1824 cuando se embarca hacia Francia. Allí se ocupa de la educación de Mercedes donde escribe para ella las Máximas para su hija que son un resumen de su filosofía de vida.

En 1829 regresa a Buenos Aires pero encuentra un clima hostil y permanece en Montevideo. Poco tiempo después regresa a Europa para no volver nunca más. Falleció el 17 de agosto de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a la edad de 72 años.

La Independencia de Chile San Martin OHiggins Desarrollo Batallas

La Independencia de Chile – San Martín y OHiggins

«Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada» José de San Martín

LA INDEPENDENCIA DE CHILE
PLAN CONTINENTAL
DESARROLLO

El cruce de los Andes Una vez obtenido el apoyo político a su proyecto, San Martín se dispone a realizar los preparativos de la empresa. La maestranza estaba a cargo de fray Luis Beltrán, natural de Mendoza, quien dejó los hábitos y, comandando trescientos trabajadores, fundió cañones, balas, granadas y preparó todos los implementos necesarios para la difícil marcha. La armería estaba a cargo del mayor De la Plaza y la fábrica de pólvora la dirigía el mayor ingeniero José Antonio Álvarez Condarco. Para los uniformes, Beltrán construyó una tejeduría y una tintorería para proveer los paños que las damas de Mendoza luego cosían.

El Director Supremo, ya instalado en Buenos Aires, el día 1° de agosto promueve al entonces coronel mayor San Martín al grado de general en jefe del Ejército de los Andes, acuñando el nombre con que se conocería al ejército libertador de la mitad de América del Sur. Luego aumentó la asignación para dicho ejército a 8.000.- pesos mensuales.

En septiembre de ese año, traslada su ejército, que se componía de 4.000 hombres, al campamento del Plumerillo, al norte de la ciudad de Mendoza, donde Los soldados y los jefes se entrenan para el combate. Desde allí se completaron los últimos pertrechos necesarios.

El día 5 de enero de 1817, el ejército se dirige formado de gran parada hasta Mendoza donde, en presencia de las autoridades y del pueblo, juran la bandera celeste y blanca del ejército y como patrona, a la virgen del Carmen. San Martín ocultaba el punto por donde cruzarían la cordillera y hacía llegar a Marcó del Pont rumores de distintos posibles pasos, insinuaba que cruzaría por el sur y luego hacía correr rumores de que atacaría por el norte con el objetivo de dividir sus fuerzas y lograr una sorpresa.

Todo estaba listo en el Plumerillo para cruzar el ejército de 4000 hombres, con sus caballos cañones municiones y víveres para un mes. Dos divisiones, al mando del general Miguel Estanislao Soler y O´Higgins cruzarían por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería. Una división ligera al mando de Juan Manuel Cabot cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada y apoderarse de Coquimbo. Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina.

Por el sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas. Durante la segunda mitad de enero partieron las distintas divisiones llevando instrucciones secretas. Las órdenes eran que todos aparecieran simultáneamente sobre el territorio chileno entre el seis y el ocho de febrero. Quiero transcribir aquí el parte enviado por el Libertador al Director Pueyrredón, ya desde el lado chileno de la cordillera: «El tránsito de la Sierra ha sido un triunfo. Dígnese V. E. figurarse la mole de un ejército moviéndose con el embarazoso bagaje de subsistencias para cuasi un mes, armamento, municiones, y demás adherentes por un camino de cien leguas, cruzado de eminencias escarpadas, desfiladeros, travesías, profundas angosturas, cortado por cuatro cordilleras; en fin donde lo fragoso del piso se disputa con la rigidez del temperamento. Tal es el camino de los Patos que hemos traído…»

En efecto, a las dos de la tarde del 8 de febrero, las dos columnas principales ocupaban los pueblos de San Antonio de Putaendo y Santa Rosa de los Andes despejando el camino hacia el Pacífico.

Libertador de Chile Batalla de Chacabuco El día 10 de febrero, todo el Ejército de los Andes se encontraba concentrado en el valle de Aconcagua, listo para subir la cuesta de Chacabuco y lograr una batalla decisiva. El ejército realista se concentraba en el valle acudiendo rápidamente con tropas desde Santiago. San Martín reunió a sus oficiales para explicar el plan de combate que realizarían al día siguiente, sin dar tiempo a que los realistas se agruparan. Dividió al ejército en dos columnas, una al mando del general Soler, y la otra al mando de O´Higgins. El ejército realista estaba al mando del brigadier Maroto.

A la madrugada del día 12 las columnas comenzaron la ascensión de la cuesta de Chacabuco, tomando la división de Soler por la derecha y la de O’Higgins la de la izquierda. El ala izquierda se puso en contacto con los realistas, luego de cargar bajando la cuesta, a media mañana. La resistencia era sostenida y el combate resultaba indefinido hasta que, cerca del mediodía, llegó el ala de Soler, al trote y a la carga, lo que definió la batalla. Los realistas dejaron en el campo 500 muertos, 600 prisioneros y mucho armamento. Los patriotas perdieron 12 hombres y tuvieron 120 heridos. Los realistas huyeron en desorden a Santiago pero no atinaron defensas, Marcó del Pont sólo pensaba en escapar, mandó al puerto de Valparaíso sus pertenencias y alistó sus cosas para la huida. El 14 de febrero, San Martín entró triunfal a Santiago de Chile.

El cabildo se reunió el día 18 aclamando al Libertador como gobernador de Chile. Renunció a ese honor y fue entonces electo O´Higgins Director Supremo del Estado de Chile. El general realista, Maroto, se embarcó en el puerto de Valparaíso con algunas tropas que pudo salvar. Marcó del Pont se retrasó de la columna y cuando llegó ya no quedaban naves en el puerto. Huyó hacia el sur pero fue tomado prisionero por los patriotas.

Esta victoria, la conquista del «Reino de Chile» como se lo conocía en la denominación española, trajo alivio en Buenos Aires. La situación para los patriotas seguía siendo difícil: la ciudad de Montevideo había sido ocupada por un ejército Portugués, el ejército del Norte retrocedía hacia Jujuy, como lo había previsto San Martín, y el Gobernador de Salta, Martín Güemes resistía.

La victoria de Chacabuco cambió la suerte de la América del Sur y a partir de este momento los realistas comenzaron su repliegue. Los que pudieron escapar, al mando del general Ordóñez, perseguidos por el general Las Heras, se retiraron a marcha forzada hasta la fortaleza de Talcahuano, al sur de Chile.

Resistieron allí un sitio de las tropas patriotas que duró todo el año 1817. Se creó entonces el Ejército Unido, formado por el de Chile, y el Ejército de los Andes. O´Higgins comandaba el ala Chilena y San Martín era el General en Jefe de Todo el Ejército. Siguiendo con su plan continental, San Martín sabía que sin el dominio de mar, no era posible dominar Chile y Perú porque la costa tenía bastiones como el Callao o Talcahuano que eran fácilmente abastecidos de víveres, soldados y munición.

Al mes de la batalla de Chacabuco, cruzó nuevamente la Cordillera, llegó de incógnito a Buenos Aires para evitar los festejos y las demostraciones populares a las que no era afecto, y negoció con el Director Supremo el envío de una misión a Londres con el objeto de crear una escuadra para dominar las costas del Pacífico y quebrar el dominio realista en esos mares.

El Ingeniero Álvarez Condarco viajó a Londres para supervisar la compra de las naves mientras Álvarez Jonte buscaba marinos que comandaran dicha escuadra. Cancharrayada y Maipú En los últimos días de 1817, San Martín, como generalísimo del Ejército Unido, mandó una delegación a Lima, en nombre de los aliados, proponiendo al Virrey del Perú la regularización de la guerra y el canje de prisioneros. Pero, como siempre, el motivo oculto de la misión a cargo del mayor Domingo Torres, era ponerse al tanto de los planes del enemigo.

El enviado regresó a Valparaíso trayendo la información de que un ejército realista, al mando del general Osorio, se embarcaba en cuatro fragatas para recuperar Chile. Los primeros días de enero de 1818 la expedición llegaba a la fortaleza de Talcahuano donde desembarca. Las tropas de Osorio se unen con las del general Ordóñez formando un ejército de más de 5000 hombres. Sin perder tiempo comienzan la marcha hacia el norte, para llegar a Santiago. Los patriotas al mando de O´Higgins levantan el sitio y emprenden la retirada hacia la capital para unirse a el resto del ejército.

La noche del 19 de marzo el ejército realista avanzó por la planicie de Cancharrayada sorprendiendo a las fuerzas de O´Higgins en la oscuridad.  Los patriotas se defendieron valientemente hasta que el Director fue herido en el brazo. Entonces las fuerzas del Ejército Unido retrocedieron en desorden perdiendo todo el parque y la artillería.

El mando fue asumido entonces por el coronel Las Heras que organizó una retirada a marchas forzadas hacia la capital. En Santiago, la noticia del revés hizo entrar en pánico a la población, mientras que los generales patriotas trataban de reagrupar sus fuerzas en derredor del campamento de Maipú.

Cuando O´Higgins supo de los acontecimientos de la capital, apuró su regreso cabalgando día y noche para reasumir el gobierno de la nación. La presencia del líder hizo retornar la calma en la ciudad y comenzaron los preparativos para la defensa. A los diez días de la derrota, el Ejército Unido estaba nuevamente en condición de combate con cerca de 4000 hombres de infantería, 22 piezas de artillería y 1000 jinetes, cinco batallones chilenos y cuatro argentinos. El ejército patriota estaba desplegado en una altura llamada Loma Blanca, a diez kilómetros de Santiago.

El 5 de abril las avanzadas comunicaron que los realistas marchaban en masa hacia el camino que une Santiago con Valparaíso. San Martín relata así la disposición para el combate: «Bajo la conducta del benemérito brigadier general Balcarce puse desde luego toda la infantería; la derecha mandada por el coronel Las Heras; la izquierda por el teniente coronel Alvarado; y la reserva por el coronel D. Hilarion de la Quintana; la caballería de la derecha al coronel D. Matías Zapiola con sus escuadrones de granaderos; y Freyre con los escuadrones de la escolta del Exmo. Director de Chile, y los cazadores a caballo de los Andes.»

Al mediodía los ejércitos se hallaban frente a frente. Los patriotas avanzaron hacia las posiciones realistas y entraron en encarnizado combate. Los realistas resistieron a pie firme durante varias horas pero luego comenzaron a replegarse, terminado derrotados.

A última hora llegó O´Higgins convaleciente de su herida, quien fue aclamado por las tropas victoriosas. Las pérdidas realistas fueron alrededor de 1000 hombres, doce cañones, 2200 prisioneros y todo el parque y municiones. Osorio se retiró con solamente 1200 hombres hacia Talcahuano pero casi sin armamento.

Allí esperó órdenes del virrey Pezuela, quien dio por perdido el norte de Chile y le ordenó embarcarse para el Perú, quedando en la fortaleza una fuerza de defensa de 1000 hombres al mando del coronel Juan Francisco Sánchez. Pocos días después de la victoria de Maipú, San Martín emprende el camino a Buenos Aires llegando con sigilo para sustraerse a las manifestaciones de la muchedumbre. No obstante ello, el Director Supremo, Pueyrredón, prepara una recepción pública en el Congreso que se realiza el 17 de mayo, en honor al héroe de Chacabuco y Maipú. El objetivo del viaje era apurar la disposición de los fondos necesarios para crear y mantener la flota del Pacífico, que era la única manera de evitar el abastecimiento de los puertos realistas, desde donde podían enviara refuerzos y reconquistar Chile. Una vez dominado el mar, el camino al Perú estaba despejado.

Las reuniones secretas tuvieron lugar en la quinta que Pueyrredón tenía en el pueblo de San Isidro, y allí concurrieron los miembros de la logia. Una vez logrado el apoyo, San Martín quiso volver nuevamente a Chile pero quedó detenido en Mendoza debido a las grandes nevadas en la cordillera.

Allí recibe notificación de Pueyrredón diciendo que el empréstito de 500.000 pesos, necesario para equipar a la flota era imposible de lograr. Es entonces que desde Mendoza envía su renuncia como general del Ejército Unido a los directores Pueyrredón y O´Higgins (4 de setiembre de 1818). Pocos días después recibe una comunicación del Ministro de Guerra autorizándolo a girar hasta la suma convenida para crear la flota.

La escuadra del Pacífico La flota que dominaría el Pacífico con el pabellón chileno y llevaría al ejército libertador al Perú se formó por astutas y valientes capturas de buques españoles y la compra de naves inglesas y americanas. El primer buque de guerra fue el bergantín español llamado Águila, de 16 cañones, que entró engañado a Valparaíso luego de la batalla de Chacabuco porque los patriotas dejaron las banderas realistas flameando en la fortaleza. Fue capturado y, bautizado con el nombre de Pueyrredón. En su primera misión fue enviado a la isla Juan Fernández a rescatar los patriotas prisioneros de los realistas. Entre ellos estaba Manuel Blanco Encalada, quien sería luego comandante de la flota. Luego llegó el Windham de 44 cañones, comprado por Álvarez Condarco en Londres. Fue la gloriosa Lautaro. Con estos dos buques, luego de la victoria de Maipú, persiguieron a la flota española compuesta por la Esmeralda, la Venganza y el Pezuela que bloqueaba Valparaíso y entorpecía la navegación y hostigaban a los buques neutrales que llegaban al puerto. En abril de 1818, la Lautaro y el Pueyrredón salieron del puerto y se trabaron en combate con la Esmeralda consiguiendo abordarla. Luego de un fiero combate la nave española pudo escapar por su mayor velocidad y dirigirse a Talcahuano.

Aunque no se pudo tomar la presa, desde ese momento, la marina chilena dominó las costas de Valparaíso. En Julio se compró una corbeta americana que se bautizó como Chacabuco, luego otro bergantín americano que se llamó Araucano, En agosto llegó un navío poderoso, de 60 cañones, contratado por Condarco en Londres, que se denominó San Martín y se pagó con los fondos que había dispuesto Pueyrredón luego de la renuncia del general. El mando de la armada fue confiado a Manuel Blanco Encalada.

Los patriota tenían a fines de 1818 una escuadra que podía combatir contra los realistas en el Pacífico. Mientras tanto, en mayo de 1818, zarpaba de Cádiz con rumbo a Chile, una expedición española de once transportes, que conducían 2000 soldados, escoltadas por dos naves de guerra, una de ellas era la poderosa María Isabel, de 50 cañones. La noticia se conoció en Buenos Aires, por los agentes del gobierno argentino en Cádiz en el mes de julio.

Pueyrredón envió a los bergantines Lucy y el Intrépido para que se incorporen a la flota chilena. En agosto arribó a Buenos Aires el Trinidad, uno de los transportes españoles con la tripulación sublevada. De esta manera los patriotas conocieron el punto de reunión y el código de señales de la escuadra realista. En octubre zarpaba de Valparaíso la escuadra chilena al mando de Blanco Encalada, y comandando la infantería de marina el capitán Guillermo Miller. Debían interceptar el convoy realista. Encontraron a la María Isabel en el puerto de Talcahuano, protegida por los cañones de la fortaleza. En una valiente acción de los marinos y los infantes, capturaron la nave y la llevaron a Valparaíso donde fue bautizada como la O´Higgins.

IIIIIIIVVVI
Bregó por la unidad continental americanaFue un genial estratega de la guerraSubordinó la fuerza de las armas a la políticaAntepuso la ética a los intereses de la políticaNo aspiró al poder ni a los honores personalesRindió culto» a la mesura y a la austeridad

Cayeron en manos de los patriotas cinco transportes con todos sus bagajes. El resto huyó al Callao. Así, Chile, en poco tiempo dominó el Pacífico. La última expedición española que partió hacia América había sido aniquilada a fines de 1818.

Llegaba entonces a Valparaíso Thomas Alejandro Cochrane, lord escocés, miembro del parlamento y héroe de muchas batallas en las flotas de Inglaterra. Había aceptado los ofrecimientos de los agentes de San Martín y O´Higgins en Londres. Fue nombrado jefe de la escuadra chilena con el grado de Vicealmirante y Blanco Encalada, conociendo la capacidad del nuevo jefe, se puso a sus órdenes. Los independientes, a fines de 1818 podían dominar el Pacífico. Éste era el paso previo para poder llevar el ejército al Perú.

Sucesos del año 1819 En enero, las tropas patriotas al mando del general Balcarce, que sumaban más de 3000 hombres, se dirigen al sur de Chile, para reforzar a las fuerzas de Zapiola, que hostigaban a las del coronel realista Sánchez, acampados sobre las márgenes del Bío-Bío y ocupando la ciudad de Concepción.

Los realistas, que no se habían sentido capaces de defender las posiciones que tenían, habían evacuado la ciudad a fines del año anterior y se habían replegado a la los Ángeles. Ante el avance de Balcarce, luego de algunas escaramuzas, Sánchez se retira nuevamente hacia el sur, a las tierras de los indios araucanos, encerrándose en la plaza de Valdivia. Balcarce da por terminada la campaña, pues por tierra era imposible transportar allí grandes ejércitos, y regresa a Santiago.

Ese mismo mes de enero partía la flota chilena al mando de Cochrane, con el navío San Martín, las fragatas O´Higgins y Lautaro y la corbeta Chacabuco. En febrero bloquean el Callao, puerto de Lima, donde se hallaba la flota española del Pacífico, compuesta por las fragatas Esmeralda y Venganza y varias naves menores, protegidas por los cañones de la fortaleza.

Luego de algunos combates navales, apresan a la goleta Motezuma y la flota permanece bloqueando el puerto con algunos buques y con otros hostiga a los puertos del norte. Vuelve a Valparaíso para abastecer la flota y construir una batería de cohetes, nueva arma ensayada en Europa. Prepara sus naves y en octubre de ese año intenta nuevamente destruir a la flota española en el Callao.

No tiene éxito por la falla de las nuevas armas pero la flota consigue varias presas en el puerto de Guayaquil y Miller desembarca la infantería en Pisco y ocupa por unos días la ciudad. Cochrane envía la flota a Valparaíso y sólo con la O´Higgins se decide ocupar Valdivia, al sur de Chile y en los primeros meses de 1820 conquista la fortaleza y expulsa a los realistas que se refugian en la isla de Chiloe.

Mientras el Ejército Unido y la escuadra chilena obtienen estas victorias, y en el norte, Bolívar combate contra el ejército de Murillo por la libertad de Colombia y Venezuela, obteniendo la victoria de Boyacá (7 de agosto), otros hechos ensombrecen el panorama sudamericano. La opinión de Chile no favorece la expedición al Perú y el mantenimiento del Ejército de los Andes.

Por otro lado, se reciben noticias desde Cádiz anunciando que otra expedición se prepara contra Buenos Aires al mando de José O´Donnell, conde del Abisbal, que transportaría 20.000 hombres. El Director Pueyrredón solicita que las tropas de los Andes se preparen para marchar a la Capital. San Martín cruza la cordillera con una parte de las fuerzas hacia Mendoza, dejando otra parte en Chile, listas para marchar en cualquier momento.

Por otro lado se produce la sublevación de los caudillos provinciales López, de Santa Fe y Ramírez, de Entre Ríos, apoyados por los Portugueses que ocupaban la Banda Oriental, y levantando las banderas del federalismo, amenazaban el gobierno unitario de Buenos Aires.

El Director Supremo ordena a los ejércitos del Perú, al mando de Belgrano, y al ejército de Los Andes para que marchen a defender Buenos Aires. Belgrano marcha hacia Córdoba y, por correspondencia de San Martín que apela al espíritu patriótico de López, consigue un armisticio con que despeja momentáneamente la amenaza. La presencia del Libertador en cuyo impide que la provincia se pliegue a los disidentes.

Mientras tanto, San Martín se comunicaba con los miembros de la logia Lautaro para que empujen a los políticos a autorizar la expedición al Perú y se oponía a usar el Ejército de los Andes para reprimir a las provincias disidentes.

En junio renuncia el director Pueyrredón y es reemplazado por Rondeau, quien manda a llamar al general San Martín para combinar los planes de defensa de la Capital en caso de producirse el arribo de la expedición realista que se preparaba en Cádiz. En el mes de octubre, llegan noticias a Buenos Aires desde Gibraltar, diciendo que el ejército de Cádiz se había amotinado. Las tropas se negaban a embarcar para el Río de la Plata.

Decían que el motín había sido sofocado por Abisbal pero se cría que el ejército español no estaba en condiciones de emprender, por el momento, la expedición. El peligro se había disipado. En ese mismo mes de Octubre, San Martín recibe en Mendoza dos noticias. O´Higgins le comunicaba que tenía todo pronto para la expedición al Perú y que debía cruzar los Andes para ponerse al frente de las tropas. Por otro lado, el armisticio entre López y el gobierno de Buenos Aires se había roto y Rondeau le pedía que marchara hacia la Capital. Contestó entonces a Chile que aceptaba la dirección de la empresa y que cruzaría los Andes cuando los asuntos internos se lo permitieran.

Preparó entonces la caballería, unos 2000 hombres para marchar desde San Luis hacia la Capital. Rondeau se pone al frente del ejército de Buenos Aires y se dirige al límite con la provincia de Santa Fe para batir a los insurgentes, contando que el ejército del Norte avanzaba sobre Córdoba y el de los Andes acudía desde San Luis. En noviembre el Libertador recibe otra carta del Director anunciándole que debe concurrir a conversar con él por un asunto más importante que la insurrección del litoral.

Se trataba de los proyectos monárquicos que una misión diplomática realizaba en Francia para coronar un príncipe Borbón. San Martín presenta su renuncia al mando del ejército alegando motivos de salud, los facultativos le prescriben baños termales en Cauquenes, en Chile. En Buenos Aires rechazan su renuncia diciendo que tiene licencia para mejorar su salud como General de la Provincias Unidas. Mientras tanto se produce una sublevación en Tucumán contra el ejército del Norte poniendo en prisión al general Belgrano.

El general Cruz, que marchaba hacia la Capital para defender al Director Rondeau, es destituido del mando por un motín en la posta de Arequito (9 de enero) y el ejército marcha hacia Córdoba para ponerse a las órdenes del gobernador Bustos. Un batallón del ejército de los Andes, acantonado en San Juan, se subleva contra sus jefes y corta los lazos que vinculaban a ésta ciudad con Mendoza. La anarquía había estallado en las Provincias Unidas. Acta de Rancagua San Martín, que se reponía en Chile de sus dolencias, en conocimiento de éstas revueltas, ordena al coronel Alvarado que cruce la Cordillera con los regimientos de cazadores de los Andes, la artillería y toda la caballería.

 El gobernador de Mendoza, Luzuriaga, renuncia y también cruza los Andes para unirse al ejército. En Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director. No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias tropas.

El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién respondía estaba disuelta. Ante este problema, San Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.

El 2 de abril, el pliego es abierto. San Martín había escrito su renuncia, y, alegando que el Director Supremo, de quién su autoridad dependía, estaba depuesto, era el deber de los oficiales elegir a su nuevo jefe. Si embargo los oficiales consideraron que el mando de su jefe no había caducado pues: «la autoridad que recibió el general de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país no ha caducado ni puede caducar, pues su origen, que es la salud del pueblo, es inmudable.»

Esta fórmula es votada por los oficiales unánimemente, y luego se redacta el documento que se conoce como Acta de Rancagua, que fue firmada por todos, y que por más de 50 años permaneció secreta.

Parte IParte IIParte III

 Biografía de Inés Mazas

Biografia de José de San Martin Vida y Obra del Libertador de America

Biografía de José de San Martín
Vida y Obra del Libertador de América

«Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada» José de San Martín

BREVE ESBOZO DE SU BIOGRAFÍA: En 2018 se cumpliran doscientos cuarenta años del nacimiento del Libertador, general José de San Martín (1778-1850). Nombrado jefe del Ejército del Norte, en reemplazo de Belgrano, diose cuenta de que luego de liberar a Argentina y Chile, debía atacar el centro de la dominación realista, en Lima. Designado gobernador de Cuyo, emprendió la ardua tarea de organizar el Ejército de los Andes.

La victoria de la cuesta de Chacabuco (12 de febrero de 1817) cambió fundamentalmente el panorama de la guerra de la Independencia porque salvó la revolución argentina y dio solidez a lo declarado por el Congreso de Tucumán, el 9 de julio de 1816. Dicho triunfo fue la consecuencia lógica de su concepción estratégica basada en la conducción armónica de las fuerzas. Desembarcado en Perú, en septiembre de 1820, luego de diversas vicisitudes, al año siguiente proclama la independencia y asume el gobierno con ei título de Protector. Su encuentro con Bolívar (Guayaquil, 1822) es uno de los grandes hechos de la historia mundial y constituye un enigma apasionante porque ambos libertadores guardaron silencio sobre las razones de su conducta.

Biografia de San Martin

En 1823, instalado en Mendoza, busca en su chacra una vida tranquila y apartada de los rumores y calumnias. Muerta su esposa, pobre y digno, marcha a Buenos Aires. Inicia desde aquí el último capítulo de su vida, imponiéndose voluntariamente el destierro, olvidado por todos y lastimado por la maledicencia.
Se embarca rumbo a Southampton; luego pasa a Londres y a fin de 1 824 se instala en Bruselas.

Al tener conocimiento de la guerra con el Brasil, ofrece su espada al gobierno argentino (1827). Llegado al Río de La Plata en febrero de 1829, ante el espectáculo de la guerra civil desatada en el País, vuelve sin desembarcar.

Vive en su finca de Grand Bourg donde —en 1843— recibe la visita de Juan B. Alberdi. En 1 848 se instalará en Boulogne Sur Mer.

A mediados de agosto de 1850 es atacado de fuertes dolores de estómago, contra los que lucha con estoicismo. «Es la tempestad que lleva al puerto», le dice a su hija.

El 28 de mayo de 1880 llega ron los restos del general don José de San Martín. El transporte ARA Villarino arribó a la rada interior de Buenos Aires, a las 9 de la mañana de este día

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BIOGRAFÍA Y CRONOLOGÍA DE SU VIDA

BIOGRAFÍA: Entre España y el regreso a su patria José de San Martín nació en 1778 en Yapeyú, provincia de Corrientes, virreinato del Río de la Plata. Su padre fue el capitán Juan de San Martín y Gómez, gobernador del pueblo, y su madre, Gregoria Matorras y del Ser.

En 1784 se afincaron en Cádiz, España, donde San Martín estudió en el Seminario de nobles de Madrid. Siguió luego la carrera de las armas y en 1789 ingresó en el Regimiento de infantería de Murcia. Combatió al servicio de España en África, en Oran, en la campaña de Portugal, en Ceuta y Gibraltar, en la posta de Arjonilla, donde casi perdió la vida.

En 1802 resultó herido gravemente en el pecho. En 1808 intervino en Andújar. Con el grado de capitán, combatió en Bailen. Allí, San Martín tuvo un gran desempeño; fue ascendido a teniente coronel y condecorado con la medalla de oro. En Cádiz fue contactado por integrantes de la francmasonería 7, origen de la futura Logia Lautaro de Buenos Aires.

San Martín sabía de la intranquilidad que se vivía en las colonias americanas por el avance de Napoleón en la Península. En septiembre de 1811 viajó a Londres donde se reunió con americanos deseosos de luchar por la independencia de su patria. Los sucesos revolucionarios iniciados en mayo de 1810 en Buenos Aires lo decidieron a regresar. A bordo de la fragata George Canning, en enero de 1812, se embarcaron junto con él Carlos María de Alvear, Martiniano Chilavert y otros oficiales.

El Regimiento de Granaderos a Caballo
El 16 de marzo de 1812, el Triunvirato confió a San Martín la formación de un cuerpo de caballería. Así nació el Regimiento de Granaderos a Caballo, del que fue su comandante. Alvear y José Matías Zapiola fueron los segundos jefes de la unidad. San Martín organizó este cuerpo bajo la rigurosa disciplina de la que se había empapado en los ejércitos europeos.

Después de un breve noviazgo se casó con María de los Remedios de Escalada de la Quintana, de apenas 14 años de edad. San Martín participó en el movimiento revolucionario de octubre de 1812, por el que se eligió un nuevo triunvirato que convocó la formación de la Asamblea Nacional, lo que le produjo desavenencias con Bernardino Rivadavia. Mitre señaló: «Esta fue la primera vez que se vio a San Martín tomar parte directa en un movimiento revolucionario…».

El Ejército de los Andes
A San Martín se le encomendó la vigilancia de la costa occidental del Paraná. Así, el 3 de febrero de 1813 libró con éxito el combate de San Lorenzo, en Santa Fe, donde una vez más estuvo a punto de morir, al quedar atrapado bajo su caballo, siendo salvado por el sargento Juan Bautista Cabral y el granadero Juan Bautista Baigorria.

San Martín fue nombrado jefe de la expedición al Alto Perú para ir en auxilio del debilitado Ejército del Norte. El 14 de diciembre de 1813 se reunió con Manuel Belgrano, que había sido el jefe de este ejército, en la posta de Yatasto (provincia de Salta). También se entrevistó con Martín de Güemes, para sostener una guerra de guerrillas en los montes tucumanos.

San Martín no era partidario de atacar a los realistas por el Alto Perú. Según su concepción estratégica, los patriotas debían liberar primero a Chile. Por razones de salud solicitó permiso y se radicó en Córdoba. Gervasio Posadas, director supremo, lo nombró entonces gobernador intendente de Cuyo en agosto de 1814.

Allí organizó la industria y el comercio para pertrechar al ejército. En el campamento del Plumerillo, en Mendoza, instaló una fábrica de pólvora, una fundición de artillería, un laboratorio de explosivos y una fábrica de tejidos y tintas para los uniformes de la tropa. Se aplicó un impuesto sobre los capitales y al consumo de carnes, se redujo el sueldo de los empleados públicos y se admitieron donaciones. El gobierno de Cuyo en su conjunto se organizó para formar el futuro Ejército de los Andes.

Del otro lado de la cordillera
Con el Ejército de los Andes ya formado comenzó el cruce de la cordillera. Una vez en Chile, el 12 de febrero de 1817, San Martín derrotó en Chacabuco a los realistas. Al día siguiente hizo su entrada triunfal en Santiago. Allí no aceptó el cargo de director supremo, cediéndolo a Bernardo O’Higgins, que había tenido una participación crucial en Chacabuco.

Los realistas bloquearon el puerto de Valparaíso y marcharon con su ejército hasta Santiago. O’Higgins, por orden de San Martín, emprendió la retirada de la zona de Talcahuano. Reunidas las tropas en Cancha Rayada, fueron derrotadas por un sorpresivo ataque realista; quince días más tarde, ya reorganizadas, triunfaron en Maipú. San Martín comenzó posteriormente a organizar la campaña contra el Perú.

Viajó a Buenos Aires en busca de recursos. El director supremo Juan Martín de Pueyrredón, que colaboró con entusiasmo durante la campaña de Chile, se mostró más preocupado por las acciones de las montoneras en el Litoral.
Cuando regresaba a Chile, se exigió a San Martín traer a Buenos Aires al Ejército de los Andes, para combatir a los caudillos federales del Litoral y de la Banda Oriental. El general desobedeció la orden y partió a Mendoza. El nuevo director supremo, José Rondeau, insistió en la necesidad de que San Martín interviniera.

Había llegado muy enfermo a Mendoza; discretamente fue transportado en camilla y escoltado por 60 granaderos hasta Santiago de Chile. Allí recibió la noticia de la derrota de Rondeau en Cepeda, que puso fin a las Provincias Unidas de Buenos Aires. Cayó el régimen directorial y cada provincia asumió su propia autonomía. San Martín fue nombrado por el gobierno chileno jefe del Ejército Libertador del Perú. De allí partió con casi 5.000 hombres en la flota del almirante inglés lord Cochrane.

IIIIII
Bregó por la unidad
continental americana
Fue un genial estratega
de la guerra
Subordinó la fuerza de las
armas a la política
IVVVI
Antepuso la ética a los
intereses de la política
No aspiró al poder ni a los honores personalesRindió culto» a la mesura
y a la austeridad

El 12 de julio de 1821, San Martín hizo su entrada triunfal en Lima. El 28 se proclamó la independencia y luego fue nombrado Protector del Perú. Con este cargo, el general se ocupó de organizar el ejército nacional, dictó la primera constitución, creando además un consejo de Estado y un poder judicial independiente. Pero San Martín tuvo dificultades en su campaña.

Las tropas eran escasas y existía la amenaza de una fuerza realista de 19.000 hombres. Arenales combatió en las sierras con una parte importante de sus tropas, mientras que Las Heras y Necochea se retiraron del ejército, y Cochrane desconoció la autoridad de San Martín.

Acosado por tantos problemas, pidió ayuda sin éxito al gobierno de Buenos Aires. Martín Rodríguez gobernaba entonces la provincia de Buenos Aires, y su minis-:ro de Gobierno era Bernardino Rivadavia, que no congeniaba con San Martín, al que responsabilizó por el derrocamiento del primer Triunvirato y por su desgraciada política personal.

Comienzo del ostracismo
Así, San Martín buscó en Simón Bolívar los medios para continuar con su empresa en el Perú. Decepcionado, regresó a Valparaíso, donde estuvo muy enfermo. Ya restablecido, el general viajó a Santiago, y de ahí a Mendoza, a su chacra Los Barriales. Tempo después regresó a Buenos Aires rara buscar a su hija Merceditas.

Fue recirido fríamente y hasta con cierta hostilidad de parte de las autoridades; por ello, el 10 de febrero de 1824 se embarcó rumbo a Europa junto a su hija. Al arribar a Francia, se le impidió desembarcar pues llevaba periódicos porteños considerados peligrosamente republicanos. Entonces partió con destino a Londres en mayo de 1824. Estuvo en Escocia, donde se lo nombró ciudadano honorífico y se radicó luego en Bruselas, cerca de su hermano Justo.

Cuando se enteró de la guerra de su patria contra el imperio del Brasil decidió regresar. Se hizo pasar por José Matorras. Sin embargo, al llegar a Buenos Aires en 1828 se negó a desembarcar. No quería involucrarse en la guerra civil que se auguraba tras el fusilamiento de Manuel Dorrego. San Martín se trasladó a Montevideo. Recibió, en tanto, a enviados de su antiguo subordinado, el general Lavalle, gobernador de Buenos Aires, que le ofrecía hacerse cargo del ejército. Rechazó el ofrecimiento, negándose a combatir en luchas civiles y fratricidas.

A partir de 1830, San Martín se estableció en Francia, dos años después estuvo muy grave de salud al contraer el cólera. Radicado en Boulogne-sur-Mer, llegaron a visitarlo Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Florencio Varela. Tras un largo período de ostracismo, el otrora prócer de Argentina murió en tierra francesa rodeado de su familia, el 17 de agosto de 1850.

La casa de Grand Bourg
La casa de Grand Bourg estaba ubicada a unos siete kilómetros de París. Tenía un gran salón en la planta baja, mientras que las habitaciones privadas estaban en los dos pisos superiores, desde donde podía observarse el generoso parque que la rodeaba. La sede actual del Instituto Nacional Sanmartiniano de Buenos Aires es una réplica, con leves modificaciones, de aquella residencia.

En el año 1847, Sarmiento, que había visitado a San Martín en esa casa, contribuyó a construir la imagen del lugar y de esos años: «Todos los americanos que pasan por Francia desvían su rumbo hacia Grand Bourg, así se llama el lugar de esta romería. El monumento que los americanos solicitan ver allí es un anciano de elevada estatura, facciones prominentes, mirar penetrante y vivo en despecho de los años. La residencia de Grand Bourg es un acto solemne de la historia de América del Sur, la continuación de un sacrificio que comenzó en 1822».

Don Alejandro María Aguado fue quien le prestó el dinero para que adquiriera la casa. El banquero, radicado por entonces en Francia y convertido en mecenas de artistas, estaba ocupando el cargo de intendente de la comuna de Evry, donde estaba el predio de Grand Bourg. El encuentro entre los amigos fue providencial, ya que San Martín había dejado de cobrar la pensión que Perú le había dado al partir, y ni Chile ni la Argentina le enviaban un solo centavo. A esto se sumaba la devaluación de la moneda.

Contaba sólo con las rentas de una casa de Buenos Aires y de la de Mendoza, que no le alcanzaban para vivir. Al comienzo de la década del ’40, San Martín decidió desprenderse de su casa de Grand Bourg y conservar solamente otra que tenía en París, que también había sido adquirida gracias a la ayuda de su amigo, y que más tarde heredaría Merceditas. Teniendo en cuenta que ese lugar era su finca predilecta, el hecho de que la abandonara fue comprendido por muchos como prueba de que en sus últimos años había decidido morir en Buenos Aires.

Durante la revolución de 1848 decidió abandonar París. En una carta fechada en noviembre de ese año y dirigida al presidente peruano Ramón Castillo, le explica las razones de su mudanza: «A la edad de 71 años, con una salud enteramente arruinada y casi ciego, con la enfermedad de cataratas, esperaba, aunque contra todos mis deseos, terminar en este país una vida achacosa; pero los sucesos ocurridos desde febrero han puesto en problema dónde iré a dejar mis huesos». Finalmente decidió trasladarse a una ciudad muy cercana a París, con mar y también con ferrocarril, que quedará grabada en la memoria de los argentinos a través de años de reseñas escolares: Boulogne Sur Mer.

El 21 de noviembre de 1861 sus restos fueron trasladados a la bóveda que la familia tenía en el cementerio de la ciudad francesa de Brunoy. Un año más tarde se inauguró en Buenos Aires la estatua del francés Daumas en honor al Libertador. En esa ocasión habló Bartolomé Mitre, por entonces gobernador de Buenos Aires y encargado del Ejecutivo nacional. En su discurso describe a San Martín como «el genio militar del Nuevo Mundo».

Los primeros reconocimientos a su figura en su propio país llegaron unos diez años después y desembocarían en el cumplimiento del artículo 5 del testamento, por el cual pedía regresar a Buenos Aires. El general Urquiza firmó un decreto por el cual quedaba inaugurado el homenaje público al Libertador en cuyo transcurso, intelectuales de la época, entre los que figuran Sarmiento, Juan María Gutiérrez y Félix Frías, intentan perfilar la imagen de San Martín.

El 5 de abril de 1877, en el aniversario de la batalla de Maipú, el presidente Nicolás Avellaneda, en un discurso antológi-co, instó al pueblo a juntar fondos y energías para repatriar los restos del Libertador:

«Las cenizas del primero de los argentinos, según el juicio universal, no deben permanecer por más tiempo fuera de la Patria. (…) Los pueblos que olvidan sus tradiciones,pierden la conciencia de sus destinos y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas son los que mejor preparar, el porvenir», dijo en aquel momento Avellaneda.

HITOS DE SU VIDA
1778: Nace en Yapeyú, pueblo de las antiguas misiones jesuíticas, el 25 de febrero, José Francisco de San Martín, hijo del capitán español Juan de San Martín y de Gregoria Matorras.

1783: Su padre es designado agregado al Estado Mayor en Málaga; parte con su familia hacia España, donde San Martín va a cursar sus estudios elementales.

1789: Este año, en el que se declara la Revolución Francesa, San Martín entra como cadete en el regimiento de Murcia.

1797-1811: Lucha, en el ejército español, en diversos lugares y con distinto grado: en el Mediterráneo, contra los ingleses; en la guerra contra Portugal y contra las tropas napoleónicas, en Bailen. Dominada, sin embargo, España por los invasores, pide, en 1811, su retiro del ejército español y se embarca hacia Londres.

1812: Llega a Buenos Aires para ponerse a las órdenes del Primer Triunvirato. Cuando éste cae, en octubre, el Segundo Triunvirato convoca a una Asamblea (que sería la del año 13). El 12 de noviembre contrae enlace con Remedios de Escalada.

1813: El 3 de febrero obtiene un significativo triunfo en labatalla de San Lorenzo. Reemplaza a Belgrano en el mando del Ejército del Norte.

1814: Es nombrado Intendente de la provincia de Cuyo, donde comienza a organizar el Ejército de los Andes.

1816: El 24 de agosto nace su hija Mercedes.

1817: Por el paso de los Patos, atraviesa la cordillera de los Andes. El 12 de febrero triunfa en Chacabuco. «En veinticuatro días hemos hecho la campaña; pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile».

1818: Declarada la Independencia de Chile, es nombrado por O’Higgins General en Jefe del Ejército de ese país. Tras la derrota sufrida en Cancha Rayada (19 de marzo), triunfa en la batalla de Maipú (5 de abril).

1820: Inicia, tras múltiples inconvenientes, la campaña del Perú.

1821: Entra victorioso en Lima y declara la Independencia del Perú.

1822: A puertas cerradas, conferencia, en Guayaquil, con Bolívar, el otro grande de América. Cuando regresa a Lima, reúne al Congreso y delega el mando como Protector del Perú.

1823: Regresa a la chacra de su propiedad, en Mendoza. Ese mismo año fallece, en Buenos Aires, su esposa. 1824: Parte, con su hija Mercedes, hacia Europa.

1829: Regresa al Río de la Plata, con el propósito de intervenir en la guerra contra el Brasil. Pero, frente a la incierta situación política que halla en Buenos Aires, vuelve a Europa, donde había quedado su hija.

1832: En la capital de Francia se encuentra con un antiguo compañero de armas del ejército español -Alejandro Aguado-, quien le facilita el dinero necesario para adquirir una casa en la localidad de Grand Bourg.

1844: Redacta su testamento y expresa en él un deseo: que su corazón sea depositado en Buenos Aires. (La repatriación de sus restos, que se veneran actualmente en la Catedral metropolitana, se llevó a cabo en 1880).

1850: Muere, el 17 de agosto, en su casa de Bouíogne-sur-Mer.

Fuente Consultadas:
HICIERON LA HISTORIA BIOGRAFÍAS Tomo 2 El Gral. San Martín

Cronologia de San Martin Acontecimientos mas Importantes de la Vida

Cronología de San Martín
Acontecimientos mas Importantes de la Vida

General Don José de San Martín

CRONOLOGÍA VIDA DE JOSÉ SAN MARTÍN

1777 Nace en Yapeyú, Misiones, aunque existen discrepancias en la determinación del año.

1784 Regresa la familia completa a España.

1789 Ingresa de cadete en el regimiento de Murcia, en Málaga, donde había estudiado.

1790-1791 Permanece en las plazas del norte de África y en la defensa de Oran hasta la evacuación.

1793 Con el regimiento de Murcia pasa al Pirineo de Jaca. Comienza la guerra contra la Convención. En junio es promovido a oficial. Pasa a combatir al Rosellón.

1797-1798 Tercera campaña: embarcado en la «Dorotea» llega a Tolón. Es capturada la nave por los ingleses al regresar: pasa a ser prisionero «juramentado» en Cádiz.

1801 Cuarta campaña: guerra con Portugal. Rendición de Campo Mayor. Comisión reclutadora en Valladolid. Herido.

1804 Con los «Voluntarios de Campo Mayor»: primera experiencia organizadora. En el campo de Gibraltar, Ceuta y Cádiz. La epidemia.

1808 Crisis de la invasión napoleónica. Asesinato del general Solano, estando San Martín a sus órdenes. Pasa a Sevilla. Batalla de Arjonilla el 23 de junio. Pasa al regimiento de Borbón. Ayudante de Coupigny: batalla de Bailen.

1810 25 de Mayo. Se establece la Primera Junta de Gobierno en Buenos Aires

1809-1810 En el ejército de Cataluña. Pasa al ejército de Extremadura, con La Romana. Torres Yedras; siempre con Coupigny.

1811 Llega a Cádiz en febrero. Transferido al Regimiento de Sagunto. Retiro en Inglaterra.

1812 En la «Canning» llega a Buenos Aires el 6 de marzo. Se le encarga la organización de los Granaderos a Caballo Creación de la logia Lautaro. Interviene contra el Triunvirato. Es ascendido a coronel.

1813 Combate de San Lorenzo el 3 de febrero. En diciembre es enviado como Mayor General para reorganizar el Ejército del Norte.

1814 Se reúne con Belgrano en la posta de Yatasto, Salta. Desde enero, en Tucumán. En mayo, con licencia por enfermo, va a Córdoba. Pasa a Mendoza el 10 de agosto: intendente. Llegan los refugiados de Chile.

1815 Alvear es declarado Director Supremo. Rebelión de Cuyo para que permanezca. Comienza a organizar tropas.

1816 Congreso de Tucumán: Pueyrredón aprueba el plan sobre Chile. En Córdoba se entrevistan. Es nombrado jefe del ejército de los Andes, que organiza y adiestra en El Plumerillo.

1817 Del 12 al 25 de enero, inicia su marcha el Ejército de los Andes. Paso de los Andes. Chacabuco. Entrada en Santiago. Viaje a Buenos Aires para planear la expedición a Perú.

1818 Desembarco realista de Osorio. Derrota de Cancha Rayada. Maipú.

1819 Forzada renuncia de Pueyrredón: guerra civil en El Plata.

1820 Batalla de Cepeda, se acentúa la anarquía en El Plata. San Martín, revalidado en el mando por los jefes del ejército de los Andes. Sale la expedición. Desembarco en Pisco. Conversaciones de Miraflores con representantes del virrey. Pasa a Ancón. Llegan diputados del Guayaquil independiente. Huaura.

1821 El norte de Perú se le une. Pezuela cede el mando a La Serna. Comienza la conferencia de Punchauca. La Serna evacua Lima. Entrada de San Martín. Jura de la independencia y toma del título de Protector. El Callao se entrega.

1822 Desastre de Tristán en Macacona. Gutiérrez de la Fuente, es enviado al Plata. Conferencia en Guayaquil con Bolívar. Se instala el Congreso de Perú y renuncia. Parte San Martín hacia Chile.

1823 Desastre de Alvarado en Torata y Moquegua. San Martín pasa de Chile a Mendoza y, después, a Buenos Aires.

1824 Parte de Buenos Aires al Havre. Pasa a Inglaterra, hasta fin de año, y luego se instala en Bruselas.

1828 Regresa a Buenos Aires; pero decide no desembarcar ante las graves disensiones surgidas. Estancia en Montevideo y regreso a Europa.

1830 Abandona Bruselas y se instala en París junto a su hija Merceditas. Fallece en Santa Marta el libertador de Bolívar.

1838 Bloqueo francés del río de la Plata. Carta de San Martín a Rosas ofreciendo sus servicios.
1839 Rosas nombra a San Martín ministro plenipotenciario de la Confederación ante la Republica del Perú
1842 Fallece en Gijón Alejandro Aguado, protector del prócer.
1845 Nueva intervención franco-inglesa en el Río de la Plata. En viaje por el Mediterráneo, San Martín va de Marsella a Liorna y de allí a Florencia. Sigue viaje a Nápoles, Genova y Roma.
1846 Carta de San Martín a Rosas: lo felicita por «Vuelta de Obligado» y su defensa de la soberanía..
1848 Al estallar la guerra civil en Francia se traslada a Boulogne-Sur-Mer.

1850 Fallece el día 17 de agosto en Boulogne-sur-Mer.

1880 El presidente Avellaneda ordena traer sus restos, que descansarán en un mausoleo en la Catedral..

 

Campaña a Chile de San Martin Campaña al Peru Resumen Batallas

Campaña a Chile de San Martín

El Libertador era un hombre de fuertes convicciones morales, dentro de un universo ético que también comprendía una aguda visión de la política y de la guerra. La liberación de la Argentina, Chile y Perú no fue sólo la obra de un voluntarista, sino también el resultado de la aplicación correcta de las técnicas de combate vigentes.

Victorioso en el combate de San Lorenzo -su primera intervención militar en suelo americano, 1813-, San Martín no se envaneció ni se dejó tentar cuando se lo designó como jefe del Ejército del Norte. Esta fuerza, que había dirigido Manuel Belgrano hasta 1814, seguía siendo vista por los patriotas como la herramienta principal para que la Revolución de Mayo (1810) se impusiera en el Alto Perú, principal bastión realista en América del Sur. Pero San Martín, según su visión estratégica, sabía que, para contener a los realistas por el norte, bastaba la «guerra de guerrillas» que sostenían Martín Miguel de Güemes y sus gauchos.

En cambio, para doblegar a Lima pensaba que no se podía avanzar en forma lineal y directa hacia el norte. Había que dar un paso al costado: cruzar la Cordillera de los Andes y, desde Chile, esta vez por mar, llegar hasta Perú. Los hechos demostraron que el Libertador estaba acertado: su plan fue exitoso y permitió la independencia de Chile (1818) y de Perú (1821) y la consolidación de la de nuestra patria.

EL PROYECTO LIBERTADOR
Estando San Martín enfermo, se retiró a descansar su refugio serrano, y allí recibió a muchos visitantes, y pudo así enterarse de diversos problemas sociales, geográficos, económicos y costumbristas que, a la sazón, seguramente desconocía. Mientras desempeñaba la jefatura del ejército en Tucumán, tuvo oportunidad de conversar con el teniente coronel Enrique Paillardelle, autor de un proyecto, difícilmente realizable, para llevar una campaña combinada contra Lima desde Chile (por mar) y desde Tucumán.

Ahora, en ocio útil, pudo discutir ampliamente con el coronel Tomás Guido diversas posibilidades estratégicas, y ambos coincidieron en la necesidad de organizar seriamente, sobre bases económicas y militares efectivas, una campaña libertadora que, partiendo de Valparaíso y con el ejército del norte, asegurara la liberación del Perú.

En razón de ello, y ya repuesto de sus dolencias, pidió y logró San Martín su designación como gobernador intendente de Cuyo. Guido, que era Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina, apoyaría su acción en Buenos Aires. Como ya había quedado asegurado el norte, Posadas designó a su sobrino Alvear para que preparara y realizara la toma de Montevideo.

Se armó una flota, que quedó al mando del coronel Guillermo Brown, y en poco tiempo Alvear entró triunfante en la capital oriental; tras la victoria, tiró por la borda las tratativas de paz, ya avanzadas, originadas por la gestión de Sarratea; tal actitud, quizá temeraria, que asombró y desagradó a Strangford, aseguró la posesión de la plaza y el dominio de los ríos.

EL PLAN MAITLAND: En su libro Maitland y San Martín, Rodolfo Terragno cuenta que en el Archivo General de Escocia encontró un plan redactado en 1800 por Thomas Maitland. Este oficial escocés establecía los pasos que debía seguir Inglaterra para apoderarse de las colonias españolas en Sudamérica. El plan coincidía, en gran parte, con el que luego siguió San Martín: cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y, finalmente, liberar el Perú. Terragno sostiene que San Martín

Eliminado el peligro realista en la Banda Oriental, pudo San Martín reforzar sus proyectos. La revolución chilena había fracasado tras el desastre de Rancagua (1° de octubre de 1814), y, con el pretexto de defender la frontera occidental, pudo San Martín organizar en Mendoza un ejército poderoso, disciplinado y bien pertrechado. Guido, cuando llegó el momento oportuno, presentó al Ministerio una Memoria en la que puntualizaba minuciosamente las seguridades del éxito que esperaba a una campaña tendiente a reconquistar Chile, afianzar las fuerzas, e invadir el Perú por mar y tierra.

LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD AMERICA
En 1816 se reunió en Tucumán el Soberano Congreso Constituyente que, por presión de San Martín, Belgrano y otros jefes militares en combinación con la Logia Lautaro (a la que pertenecía buen número de congresistas), declaró, el 9 de julio, la independencia de las Provincias Unidas en Sud América. Pocos días antes de tal declaración, el nuevo director, Juan Martín de Pueyrredón, habla tenido en Córdoba conferencias con San Martín y, sobre la Memoria de Guido, dio su visto bueno al proyecto libertador.

La fórmula de la declaración de independencia daba pie para abrir la guerra de liberación de todo el subcontinente, y por eso mismo las instrucciones dadas a San Martín establecían la necesidad de que Chile enviara una diputación al Congreso, «a fin de que se constituya una forma de gobierno general, que de toda la América unida en identidad de causas, intereses y objeto, constituya una sola nación».

Durante su permanencia en Mendoza, donde ejerció un gobierno ejemplar con el amplísimo apoyo de todo el pueblo, pudo San Martín retomar su vida hogareña, interrumpida cuando marchó al norte. A fines de septiembre de 1814 llegó a esa ciudad Remedios («La Cordita», según el apodo de Posadas), y bajo el sol mendocino nació la única hija del matrimonio, Mercedes Tomasa. Como los enemigos de San Martín tachaban a éste de déspota y aducían que quería coronarse, cuando nació Mercedes su padre dio la noticia a Guido con un rasgo de buen humor, anunciándole el advenimiento de la «infanta mendocina»…

La organización del famoso Ejército de los Andes con los precarios fondos y pertrechos facilitados por el Directorio, obligó a San Martín a exigir de los mendocinos ingentes sacrificios. Ese pueblo, consciente de la causa libertadora que presidía el gobernador, brindó a la patria más de lo imaginable. Sin quitar nada de los auxilios de las demás provincias (cuyanas, centrales, norteñas y ribereñas), debe señalarse la devoción de los mendocinos en apoyo de la campaña: fueron incorporados todos los varones mayores de 14 años; los decentes financiaron la fabricación de armas y pertrechos hasta agotar sus arcas; las mujeres renunciaron a la coquetería y donaron sus joyas mientras trabajaban en la confección de ropas militares; los paisanos cedieron sus pocos caballos y muías, y los campesinos el fruto de sus cosechas. Es dable, sin duda, asegurar que San Martín —como en su momento Belgrano y José Artigas— hizo tomar conciencia popular de que la campaña libertadora representaba una causa nacional.

CAMPAÑA EN CHILE
El 24 de enero de 1817 inició San Martín la marcha hacia Chile. Su ejército, dividido en cinco divisiones, cruzó la cordillera de apariencia invencible por sendos pasos, a fin de ocupar Chile desde Copiapó hasta Santiago. La suerte estaba echada.

El 7 de febrero, con el grueso del ejército reunido en Coquimbo, anunció San Martín: «O la América es libre a costa de sus propios esfuerzos, o desciende encorvada al cadalso que le preparan los tiranos». El 12, en la Cuesta de Chacabuco, la victoria dio testimonio de que la América quería ser libre por sus propios esfuerzos. Dos días más tarde Bernardo O’Higgins (imagen), chileno y cofrade de la Logia, asumió el gobierno como Director.

Las Provincias Unidas en Sud América, a través de su personero San Martín, comenzaban a cumplir su cometido liberador y unificador. Si la revolución había sido abatida en Tierra Firme (Venezuela), ahora daba muestras de su rigor a meridión.

Pero las rosas que engalanaban el camino de la libertad tenían, también, espinas insalvables. En el Río de la Plata, el Director y el Congreso, dominados por la presión de la burguesía comercial porteña que procuraba evitar la competencia de Montevideo, habían dispuesto eliminar al caudillo oriental Artigas y a sus seguidores en la Mesopotamia. Para ello —y conforme a una pauta porteña, consistente en asegurar su hegemonía aunque fuera a costa de perder territorios— se habían iniciado tratativas con los portugueses a fin de facilitarles la ocupación de la Banda Oriental.

Las negociaciones, acompañadas de aparente desidia gubernativa, dieron sus frutos, y la Banda Oriental pasó a ser Provincia Cisplatina del Reino de Portugal, Brasil y los Algarves. La respuesta popular expulsó al Director y al Congreso mediante las lanzas de los victoriosos caudillos litoraleños Estanislao López y Francisco Ramírez en los campos de Cepeda (1? de febrero de 1820).

San Martín se mantuvo al margen de esas luchas, y se negó a usar el Ejército de los Andes en una guerra intestina. Fracasadas sus gestiones para lograr una pacificación, prefirió continuar en Chile su misión libertadora.

El 5 de abril de 1818 había obtenido, en Maipú, la victoria decisiva sobre los godos, y a partir de entonces sus esfuerzos apuntaron a armar una escuadra eficiente y un ejército modelo que aseguraran la liberación del Perú. Muy poco había obtenido del Directorio rioplatense, y por fin Chile asumió la responsabilidad directa de financiar y armar la expedición libertadora.

LA PATRIA EXISTE CON O SIN GOBIERNO
Producida la secesión rioplatense tras la batalla de Cepeda, la situación jurídica del Ejército de los Andes resultó confusa. Hasta el momento ese ejército cumplía el mandato emergente del gobierno de las Provincias Unidas en Sud América.

Pero ahora esa entidad aparecía disuelta, y era indispensable arbitrar los medios para definir la situación. Por eso, San Martín reunió al ejército en Rancagua, delegó el mando en el general Juan Gregorio de Las Heras, y dio instrucciones para que, con el voto de los integrantes, el ejército decidiera qué debía hacerse. Por unanimidad, el Ejército de los Andes resolvió, el 2 de abril, «que la autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable».

Y sobre el axioma de que «la patria existe con o sin gobierno», el ejército otorgó a San Martín poderes omnímodos en cuanto a las decisiones referentes a las campañas militares a realizar.

Con este aval, y el apoyo de Chile a través de O’Higgins, San Martín apuró las operaciones. Designó a Güemes general en jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, con la misión de presionar desde el sur e impedir la concentración de mayores efectivos en las cercanías de Lima. Entretanto, Simón Bolívar había rei-niciado con sorprendente éxito sus campañas, liberando a Venezuela y Nueva Granada; había fundado la República de Colombia, y se aprestaba a marchar sobre Quito. San Martín, por mar, tomaría Lima, y las fuerzas realistas se verían constreñidas en tres frentes de lucha.

SAN MARTÍN EN PERÚ
En los comienzos de agosto de 1820 el puerto de Valparaíso vio embarcar seis mil hombres con rumbo a las costas peruanas. La escuadra iba al mando del Vicealmirante lord Cochrane, y San Martín era el responsable supremo de esa expedición que, bajo pabellón chileno, continuaría la obra libertadora y unificadora de la América del Sur.

Poco más de un mes tardó la navegación hasta Paracas, puerto de desembarco al que llegaron el 8 de septiembre. El virrey Joaquín de la Pezuela procuró buscar un armisticio, y en Miraflores sus diputados y los de San Martín llegaron a un principio de acuerdo: se negociaría la paz sobre la base de coronar en América a un Infante español, en condiciones a acordar. Pero el 20 de enero de 1821 fue depuesto Pezuela por sus subordinados; el virreinato quedó en manos de José de la Serna y el armisticio fue roto.

Dos meses más tarde llegó a Lima el comisionado regio Manuel Abreu, con instrucciones para buscar la paz conforme a la política de las Cortes de 1820. El 4 de mayo se iniciaron en Punchauca las conferencias con Abreu, pero esas tratativas no prosperaron.

Es oportuna una aclaración. Durante el tiempo de su vida pública, San Martín manifestó claramente su decidido apoyo a la monarquía constitucional. Sus proyectos de unidad continental tuvieron como punto de partida la instalación de una «monarquía temperada». Y en una oportunidad manifestó que, a pesar de sus convicciones, apoyaría con las armas la república si esa fuera la auténtica e inequívoca voluntad popular, aunque sabía que «esa forma de gobierno nos llevaría al sepulcro». En definitiva, San Martín se había propuesto, como meta, la independencia y unidad hispanoamericana; y aunque él creía que ello sólo podría lograrse con una solución monárquica, le importaba menos la forma de gobierno que la meta que se había fijado.

LA INDEPENDENCIA Y EL PROTECTORADO
Fracasadas todas las negociaciones, prosiguió la guerra. Lima cayó en poder de los libertadores, y San Martín fijó allí su cuartel general. Pocos días después, el 28 de julio, declaró la independencia del Perú y creó la bandera del nuevo Estado. Al mismo tiempo, una fuerte columna al mando de José Antonio Álvarez de Arenales pacificaba la sierra, y otra, dirigida por Guillermo Miller, aseguraba el dominio de la región meridional.

La presión sobre el Alto Perú no se llevó a cabo por la muerte de Güemes, pero a lo largo de 1821 se sucedieron las victorias militares, y hasta fue posible tomar la virtualmente inexpugnable fortaleza del Callao: San Martín, con adecuados cambios de frente, obligó a una columna realista que marchaba sobre Lima a buscar refugio en esos torreones que, bloqueados, y sin posibilidad de abastecimiento, debieron ser abandonados.

La toma del Callao, feliz e incruenta, no satisfizo a algunos colaboradores íntimos del general y produjo la definitiva ruptura de éste con Cochrane, quien, apoyado por oficiales superiores, suponía necesario el uso de la fuerza para aniquilar la columna y bombardear la fortaleza. Por imposición de las circunstancias asumió San Martín el gobierno del Perú con el título de Protector (2 de agosto).

Aunque sus facultades eran omnímodas, usó de ellas con prudencia y mesura, hasta el extremo de haber promulgado un Estatuto por el cual autolimitaba sus atribuciones. Su propósito declarado fue «poner a los pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos», convencido de que a su hora tendrían oportunidad de poner en obra «las bellas teorías».

Creía —y su experiencia lo avalaba— que los pueblos hasta entonces sometidos debían aprender a gozar los bienes de la libertad, antes de deliberar sobre lo que no conocían. Fiel a ese criterio, gobernó con una probidad jamás impugnada, y se ocupó cuidadosamente de fortalecer el estado económico-financiero, de defender los derechos sociales, de sacar al indio de la miseria en que se hallaba y eliminar la mita y el yanaconazgo, de establecer la libertad de vientres y, aun, la paulatina manumisión de esclavos (a razón de 25 por año a-cuenta del Estado), al mismo tiempo que propiciaba la educación popular.

El 26 de marzo de 1822 expidió un decreto que concedía ciudadanía peruana a todo americano (incluidos los indios) residente en cualquier país de la América meridional; San Martín siempre había propiciado esta medida, logrando hacer escuela en el Río de la Plata, pues el artículo 19 de la Constitución de Santa Fe, promulgada por Estanislao López en 1819, puntualizaba, también, que todo americano era ciudadano de Santa Fe.

Además, y en razón de su clara intención de establecer un imperio hispanoamericano centrado en Perú —idea propiciada por Miranda y Belgrano—, creó una especie de élite criolla a través de dos instituciones: la Sociedad Patriótica y la Orden del Sol. El sentido aristocratizante de ambas entidades fue objeto de sátiras y burlas sobre el Rey José.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero ¡desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

Ver: Campañas Militares Donde se Cruzaron Montañas

Acta de Rancagua San Martin Se Niega Apoyo al Gobierno de Bs.As.

EL ACTA DE RANCAGUA:

En Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director. No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias tropas. El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién respondía estaba disuelta. Ante este problema, San Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.

acta de rancagua

En febrero de 1820 San Martín se encontraba en Chile como general del brazo armado de un país que carecía de dirección. Luego de la derrota de Rondeau en la batalla de Cepeda, el gobierno de las Provincias Unidas de Sud América perdió toda autoridad. El gobierno central de Buenos Aires se diluyó y el poder se desplazó a las provincias. La anarquía amenazaba con desintegrar el país y no existía consenso para que asumiera una nueva autoridad nacional.

San Martín presentó la renuncia al Ejército de los Andes considerando que su cargo ya no tenía sustento jurídico. El 26 de marzo, en un sobre cerrado, le entregó al jefe de Estado Mayor, general Las Heras, las razones de su decisión, y pidió que fuera leída ante los oficiales y soldados del ejército acantonados en Rancagua. El 2 de abril se leyeron las líneas de San Martín indicando que el cuerpo de oficiales debía elegir una nueva autoridad.

La respuesta de los oficiales y soldados no se hizo esperar, y se dejó constancia de lo decidido en el Acta de Rancagua: «Queda sentado como base y principio que la autoridad que recibió el General de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado ni puede caducar, pues que su origen que es la salud del pueblo, es inmudable». El apoyo incondicional de sus oficiales y soldados le permitía a San Martín aceptar del gobierno chileno el nombramiento como Jefe del Ejército Libertador del Perú.

Pese al apoyo del Ejército de los Andes y la designación avalada por el gobierno chileno, se levantaban voces amenazantes del gobierno de Buenos Aires contra sus soldados y su persona. Se lo acusaba de utilizar el ejército de la Nación para beneficio personal, de que la campaña de los Andes no era más que la obra de un loco ambicioso y aventurero y que, en caso de regresar al país, sería capturado inmediatamente.

A San Martín se le presenta un gran dilema, quizás uno de los más importantes de su vida: volver a Buenos Aires y embarcarse en una lucha fratricida en favor de un gobierno porteño que sólo bregaba por su propios asuntos y no representaba los intereses de las provincias, o continuar la marcha hacia el Perú, completando el Plan Continental. La decisión no era nada fácil y así se lo hacía saber en forma reservada a O’Higgins: «Se va a descargar sobre mí una responsabilidad terrible, pero si no se emprende la expedición al Perú todo se lo lleva el diablo».

Biografia Remedios de Escalada de San Martin Vida

Biografía Remedios de Escalada de San Martín

Biografia Remedios de Escalada de San Martin A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú. Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.

María de los Remedios de Escalada nació en Buenos Aires el 20-11-1797, en el hogar virtuoso y cristiano de los Escalada, gran casona de piso bajo que existió en la esquina sudoeste de las actuales San Martín y Cangallo, cuyo lujoso salón perpetuó en admirable acuarela Carlos H. Pellegrini.

Transcurrió su infancia consagrada a una esmerada educación, tal como lo hacían en aquellos años las niñas nacidas en hogares patricios. De salud delicada, menuda, de tez pálida, cabellos y ojos negros, pronto lució su gracia y armonía en el acreditado salón de sus padres, compartiendo las amables tertulias de su época. Al salón de Escalada concurrió asiduamente el teniente coronel de Granaderos y otros compañeros de armas. Allí se gestó el romance entre Remedios y José.

Tuvo lugar el desposorio el 12-11-1812, en ceremonia íntima bendecida por el presbítero Luis José de Chorroarín, certificada por el notario Gervasio Antonio de Posadas, en la que atestiguaron el sargento mayor de Granaderos a Caballo Carlos de Alvear, su esposa María del Carmen Quintanilla, Fermín Navarro y los hermanos de la contrayente.

El novio, el 26-8-1812, había elevado el pedido de autorización para contraer matrimonio, manifestando… que teniendo tratado mi matrimonio con Da. María de los Remedios Escalada…, logrando así la autorización superior para verificarlo.

El 19 de septiembre los esposos recibieron las solemnes bendiciones en la Catedral, en misa de velaciones en que comulgaron. Al año siguiente de casados, Remedios lo vio partir por tres meses y regresar cubierto de gloria por la acción de San Lorenzo. Viajaron juntos a Mendoza, ciudad en la que ella se convirtió en eficaz anfitriona y en la compañera inseparable. El 24-11-1816 vino al mundo Mercedes Tomasa, la infanta mendocina, hija ejemplar e inseparable del noble guerrero a quien daría dos nietas.

Enferma de los bronquios, Remedios regresó a Buenos Aires, con su hija, en enero de 1817. En julio de 1818 viajaron los tres nuevamente a Mendoza, pero al agravarse el mal Remedios debió volver por última vez a Buenos Aires, en marzo de 1819, con la pena de no poder acompañar a San Martín al Perú.

Abatida por su enfermedad fue llevada a una quinta en las afueras de la ciudad, la que posteriormente pasaría a ser propiedad del futuro Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano José de Escalada, donde expiró el 3-VIII-1823, aún sin cumplir veintiséis años de edad.

Demorado por su salud, calumniado y acosado por sus enemigos, San Martín llegó a Buenos Aires en noviembre de 1823. En el Cementerio del Norte, hizo colocar una lápida de mármol en la que grabó su frase imperecedera. ‘Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín».

CARLOS DELLEPIANE CÁLCENA, EL JOSÉ DE SAN MARTÍN.

Biografía Ampliada de Remedios de Escalada de San Martín

Nació en Buenos Aires el 20 de noviembre de 1797, siendo sus padres D. José Antonio de Escalada, rico comerciante, canciller de la Real Audiencia de 1810, y doña Teresa de la Quintana Aoiz Riglos y Larrazábal. Esta ilustre familia – ha dicho un historiador – se significó siempre en la colonia y en la república, por el mérito de sus varones y el boato representativo de sus mujeres. Se recuerda entre las familias porteñas el esplendor de las veladas y fiestas con que estos señores de Escalada mantenían el prestigio de su elevada posición.

remedio escalada de san martin

Doña Remedios, esposa del general San Martín más tarde, era de una delicadeza exquisita. Su elevado sentido de la dignidad y sus patrióticas virtudes envuelven su recuerdo en una aroma agradable, ocupando un lugar destacado entre las damas de la época, por haber sido la que primero tuvo el noble y patriótico gesto de desprenderse de sus sortijas y aderezos para contribuir a la formación de las huestes patriotas.

Tenía 14 años doña Remedios cuando arribó a nuestras playas el teniente coronel de caballería D. José de San Martín, grado adquirido en una interminable serie de combates, ora en la madre patria contra el extranjero invasor, ora en África, guerreando contra la morisca audaz y bravia.

Al llegar a su Patria, ofreció su brazo y su espada a la causa emancipadora y el Gobierno de las Provincias Unidas se apresuró a aceptar tan patriótico ofrecimiento, sin soñar acaso, que al hacerlo, abacaba de armar caballero de la causa americana al más decidido y esforzado paladín, que debía escribir largas páginas brillantes, rebosantes de gloria y exhuberantes de nobles ejemplos para las generaciones futuras.

Desde el momento en que San Martín ofreció sus servicios a la causa de la Independencia, la casa de la familia de Escalada, que era un centro de los patriotas de la Revolución, le abrió sus puertas y fue uno de sus más asiduos concurrentes. Allí conoció a la niña que debía ser después su esposa. El después adalid, llegó pobre y sin relaciones, no trayendo más que una buena foja de servicios de España y el propósito de prestar leales y desinteresados a su Patria.

El viejo Escalada, con clara visión, entrevio en aquel arrogante militar un general de nota y no tuvo inconvenientes en aceptar los galanteos a su hija, no obstante la diferencia de edad entre ambos, que llegaba casi a 20 años: «ella, niña, no muy alta, delgada y de poca salud; él de edad pro-Secta, estatura atlética, robusto y fuerte como un roble».

San Martín vinculándose a esa familia, conquistaba posición y atraía a las filas del Escuadrón de Granaderos a Caballo, que estaba organizando, una pléyade de oficiales que, como sus hermanos políticos Manuel y Mariano y sus amigos, los Necochea, Manuel J. Soler, Pacheco, Lavalle, los Olazábal, los Olavarría y otros que llenaron después con su espada páginas admirables en la epopeya americana.

Desde que San Martín conoció a «Remeditos», como él llamaba a su tierna compañera, se enamoró de ella y comenzó el idilio que terminara en el matrimonio celebrado en forma muy íntima el 12 de noviembre de 1812 y fueron sus testigos «entre otros —dice la partida original— el sargento mayor de Granaderos a Caballo D. Carlos de Alvear y su esposa doña Carmen Quintanilla.

No había transcurrido tres meses de la fecha en que se celebró la boda, que el coronel San Martín recogía su primer laurel en los campos de San Lorenzo, donde, como es sabido, muy poco faltó para que doña Remedios quedase viuda. Desde este instante su talla militar adquiere contornos gigantescos y es el comienzo real de su vida pública que terminaría simultáneamente con los días de su esposa, 11 años después.

Cuando San Martín marchó a tomar el mando del Ejército del Norte, doña Remedios quedó en Buenos Aires. Fue en aquella época que el ilustre soldado debía sentir los primeros síntomas del grave mal que debía alarmarlo en una gran parte de su agitada existencia, mal que lo obligó a trasladarse a la provincia de Córdoba, al establecimiento de campo de un amigo, íeponiéndose algún tiempo después de sus dolencias.

Cuando fue designado Gobernador – Intendente de la provincia de Cuyo, su esposa lo acompañó en su estada en Mendoza y apenas llegó a esta ciudad, su casa se transformó en alegre, hospitalaria y en un centro radioso de la sociedad mendocina, por obra de su exquisita cultura y el prestigio de su bondad y virtudes.

A ella concurrían los oficiales y los jóvenes de la localidad que después se agregaron, Palma, Díaz, Correa de Sáa, los Zuloaga y Corvalán, que unidos a los primeros cruzaron la cordillera y formando parte de los vencedores, llegaron hasta la ciudad de los Virreyes, en el paseo triunfal que realizaron a través de media América.

En el mes de enero de 1817, el Ejército de los Andes emprendió la colosal empresa que debía cubrirlo de laureles y su comandante en jefe dejó el hogar para no volver a él sino de paso, en los entreactos que le permitían sus victorias. Así continuó el andar del tiempo y en 1819, San Martín que tenía su pensamiento aferrado a la idea de afianzar la independencia de su Patria atacando al enemigo en el centro de su poderío, el Perú, pidió a su esposa que regresara a casa de sus padres y así lo hizo «Remeditos», revelando que era tan tierna como obediente esposa.

Ya tenía entonces a su pequeña Mercedes de San Martín, que sería más tarde esposa de D. Mariano Balcarce, único vástago del matrimonio, la cual había nacido en Mendoza en 1816. Acompañáronla en su viaje, su hermano, el teniente coronel Mariano de Escalada y su sobrina Encarnación Demaría, que después fue señora de Lawson.

Doña Remedios de Escalada de San Martín después de su traslado de Mendoza a Buenos Aires vivió en la casa de sus padres, y agravada la enfermedad que padecía, por consejo médico debió trasladarse a una quinta de los alrededores. Abatida y enferma, esperaba siempre la vuelta de su esposo, anunciada tantas veces.

La muerte de su padre acaecida el 16 de noviembre de 1821, agravó su malestar, justamente en los momentos en que el héroe renunciaba a los goces de la victoria y de las delicias del poder, después de la célebre entrevista de Guayaquil y se retiraba para siempre de la escena política, cerrando su vida pública con un broche de oro, que deberá ser siempre profundamente comprendido por las generaciones futuras, porque su «renunciación» evitó la guerra civil en Sud América que habría destruido la obra emancipadora iniciada en Mayo de 1810.

Profundamente atormentada por sus preocupaciones, que facilitaron el desarrollo del terrible mal en su delicado organismo, falleció en la quinta en que se radicó para combatir su enfermedad, el 3 de agosto de 1823. San Martín se encontraba en Mendoza y en junio había escrito su última carta a D. Nicolás Rodríguez Peña, en que le decía que habíale llegado el aviso de que su mujer estaba moribunda, cosa que lo tenía de «muy mal humor», pero sus propios males le impidieron llegar a Buenos Aires para recibir de su esposa el postrer beso, antes de iniciar el viaje sin retorno.

«Murió como una santa — refería su sobrina Trinidad Demaría de Almeida, que rodeó su lecho en los últimos instantes — pensando en San Martín, que no tardó en llegar algunos meses después, con amargura en el corazón y un desencanto y melancolía que no le abandonaron jamás».

De paso para Europa, el general San Martín — noviembre de 1823 a febrero de 1824 — hizo construir un pequeño monumento en mármol, en el cementerio de la Recoleta, depositando en él los restos de su «Remeditos» y donde hizo grabar el siguiente epitafio:

«AQUÍ YACE REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTIN , monumento que cubre los restos de la qué fue digna hija, virtuosa esposa, madre amantísima, patricia esclarecida y mujer merecedora del respeto general».

Doña Remedios de Escalada de San Martín figuró en la Sociedad Patriótica, asistió al célebre «complot de los fusiles», en que las damas patricias se propusieron armar un contingente con su peculio particular, y tomó parte en todas las iniciativas promovidas por las damas de la época en pro del movimiento emancipador.

El documento que redactaron aquellas nobles damas que se propusieron reforzar los contingentes que bregaban por afianzar la independencia nacional con la famosa empresa llamada el «complot de los fusiles», terminaba con las palabras siguientes: «Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad».

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Porque San Martin se exilio en Europa? Conflictos en Peru Bolivar

¿Porque San Martín se exilió en Europa?

EL EXILIO DE SAN MARTÍN EN EUROPA: La gestión de San Martín en Perú tropezó con las luchas entre facciones, que alteraba la disciplina en el ejército. Por eso, el Libertador recurrió a Simón Bolívar, que encabezaba una campaña similar en el norte de Sudamérica. Si bien ambos generales compartían la visión continental de la lucha, el venezolano ejercía un estilo más autoritario de mando.

Tras el encuentro en Guayaquil, San Martín renunció a todos sus cargos, viajó a Chile y, posteriormente, pasó a Mendoza, donde permaneció unos meses.

La proximidad de la puja de facciones en Chile lo decidió a tomar distancia. Se trasladó a Buenos Aires, junto con su hija Mercedes que estaba al cuidado de su abuela, doña Tomasa de la Quintana de Escalada.

Esta ciudad le era hostil al General, por lo que no demoraría demasiado su partida al exilio. Aprovechó para saludar a su familia y a algunos amigos.

Tomó a su pequeña hija, su baúl de cuero, en el cual llevaba todos los títulos y honores, y emprendió el viaje rumbo a Europa.

Sus planes consistían en dedicarle una buena educación a su hija y llevar una vida tranquila en alguna ciudad europea.

Contaba con la pensión y el sueldo que le habían prometido por sus servicios los ejércitos de Chile y Perú. Pronto se embarcó con Mercedes en la fragata mercante Le Bayonnais, ansioso de abandonar la ciudad porteña. Tras dos meses de navegación llegó al puerto francés de El Havre.

Al llegar a Francia el gobierno de la restauración absolutista le impide desembarcar. En su equipaje llevaba paquetes de diarios que eran considerados republicanos,

El 23 de abril de 1824 llegó al puerto francés de El Havre. Su presencia despertó sospechas y múltiples consultas entre las autoridades galas y de otros países. Sus papeles fueron incautados y prolijamente revisados, pues sus antecedentes revolucionarios eran «inquietantes». Pero sus documentos, que según los funcionarios estaban «impregnados de un republicanismo exaltado», le fueron devueltos. El 4 de mayo de 1824, San Martín se embarcó con su hija Mercedes hacia Inglaterra. Poco tiempo después se radicó en Bruselas.

En 1829, con un pasaporte a nombre de José Matorras, volvió a Buenos Aires para ofrecer sus servicios en la guerra contra Brasil pero, ante la conmoción interna que asolaba a la ciudad, decidió no desembarcar. Una comitiva enviada por el general Juan Lavalle se reunió con él a bordo y lo instó a tomar el mando. Pero San Martín se negó y regresó a Europa.

Dejó Bruselas y se trasladó a las cercanías de París, en Grand Bourg, donde encontró el apoyo del banquero español Alejandro Aguado. En 1848 se mudó a Boulogne-sur-Mer.

Allí murió, el 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde. Sus restos fueron repatriados en 1880 y ahora descansan en la Catedral porteña.

Biografía de Remedios de Escalada Nombre de la Esposa de San Martin

Biografía de Remedios de Escalada

A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú. Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.

A fines del siglo XVIII la ciudad de Buenos Aires ofrecía, a quien la contemplara desde el Fuerte (emplazado en lo que es actualmente la céntrica Casa Rosada, sede del gobierno argentino), un panorama no muy atrayente.

Con escasos cuarenta mil habitantes, la capital del Virreinato del Río de la Plata no pasaba de ser una vasta aldea de viviendas chatas de adobe, con las paredes blanqueadas a fuerza de cal.

La monotonía del paisaje urbano solo era quebrada por los campanarios de unas cuantas iglesias (San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, La Merced, la Catedral) y la arrogancia de un puñado de casonas de dos plantas.

Entre estas, casi todas asomadas a la Plaza Mayor, se destacaba la que don Antonio José de Escalada, próspero comerciante, había hecho edificar en el solar sudeste del cruce de las calles hoy denominadas Defensa e Hipólito Yrigoyen.

Allí vivía el señor de Escalada con su segunda esposa, doña Tomasa de la Quintana, y los dos hijos, Manuel y Mariano, nacidos en 1795 y 1796, respectivamente. En esa casa nació el 20 de noviembre de 1797, el último de sus hijos: una niña que recibió el complicado nombre de María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana.

Remedios de Escalada (así la recuerda la historia), fue educada tal como lo exigían las convenciones de la época. Aprendió más labores que ciencias, más a manejar la aguja en costuras y bordados que a escribir según la gramática, más a administrar una casa y llevarla adelante que a desentrañar problemas aritméticos.

Aprendió, también, a conducirse en sociedad, a seguir al compañero en danzas de moda como las polcas, los lanceros y la colombiana, a saber callar y sonreír a tiempo. Y aprendió, sobre todo y ante todo, a respetar a Dios y a ceñirse, en pensamiento y obras, a la doctrina católica. Así, en 1812, cumplidos ya los catorce años, estuvo en condiciones de aspirar a la meta vital que podía pretender una mujer de su época y condición: un matrimonio feliz que le permitiera convertirse en esposa y madre ejemplares.

Para entonces ya no había virrey en Buenos Aires. En mayo de 1810, tras destituir al representante del monarca español, el pueblo del Río de la Plata había optado por darse un gobierno propio. Este cambio significaba el comienzo de una revolución cuyo empleo no tardaría en contagiarse a todos los rincones de la América del Sur.

EL ENCUENTRO
En su edición del 13 de marzo de 1812, La Gaceta (periódico fundado por Mariano Moreno) daba cuenta de que días antes había arribado a Buenos Aires la fragata inglesa George Canning y que en esa nave había regresado al país, con un grupo de oficiales nativos, el teniente coronel de caballería don José de San Martín.

Tres días después de haber desembarcado, José de San Martín puso su espada a disposición de las autoridades locales, que, como respuesta, le confiaron la organización de un regimiento de granaderos.

Por ese tiempo se le abrieron las puertas de la casa de don Antonio José de Escalada, fervoroso partidario de la independencia americana, y tuvo así oportunidad de conocer y tratar de cerca a Remedios. Menuda, frágil, de aspecto enfermizo pero dotada de singular encanto, la jovencita no tardó en conquistar el corazón del soldado. El noviazgo fue muy breve, y el 12 de setiembre de 1812 se celebró la boda. Ella no había cumplido aún los quince años; el frisaba ya en los treinta y cinco. La quinta de José Deniaría, situada en las barrancas de San Isidro, sobre el Río de la Plata, fue el escenario de la luna de miel.

Después de un lapso de aislamiento fue necesario retornar a la vida de todos los días. San Martín tenía que retomar sus obligaciones de militar. Su flamante esposa debía dedicarse a la atención de su nuevo hogar. No es improbable que Remedios haya sentido por entonces sus primeras angustias como mujer de soldado, al enterarse de que en San Lorenzo, combate felizmente concluido con la derrota de las fuerzas realistas, su marido había estado a punto de perder la vida.

EL CAMINO
En 1814 Remedio soportó una dura prueba. En el mes de abril San Martín, que desde enero de ese año se hallaba en Salta donde había asumido el mando del Ejército del Norte, se vio obligado, al advertir los primeros síntomas de la dolencia gástrica que en adelante habría de aquejarlo casi sin tregua, a trasladarse a Córdoba y pasar una temporada de descanso en una finca campestre.

El reencuentro de los esposos se demoró hasta el 7 de setiembre, fecha en que Remedios llegó a Mendoza, capital de la región precordillerana de Cuyo de la que su marido había sido designado gobernador-intendente. Con su don de gentes y su capacidad para organizar reuniones que evocaban las que solían celebrarse en su casa paterna, Remedios no tardó en granjearse el afecto de los mendocinos. Y cuando San Martín recabó el aporte popular para poder afrontar la adquisición de pertrechos para su ejército, fue ella, con su ejemplo, quien decidió a las damas de la sociedad local a donar sus joyas.

Allí, en la hospitalaria Mendoza, al pie de los Andes, Remedios fue madre por primera y única vez: el 29 de agosto de 1816 dio a luz una niña que se llamó Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada.

Un mes antes, en Tucumán, se había declarado la independencia argentina. Hacia fines de ese año, en una fiesta de Navidad, San Martín manifestó su deseo de que el ejército con que se aprestaba a cruzar los Andes tuviera una bandera. Espontáneamente cuatro jovencitas se ofrecieron a confeccionarla; al grupo se sumó en seguida Remedios, que se encargó de bordar el sol y los laureles que rodean el escudo. En la madrugada del domingo 5 de enero de 1817 quedó terminada la bandera, que horas después fue bendecida por el reverendo padre Guiraldes y jurada por las huestes que atravesarían la Cordillera para expulsar de Chile a los españoles.

La única carta de puño y letra de Remedios que ha llegado hasta la posteridad, y que se conserva en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, alude al episodio: «Mendoza, 4 de enero de 1817. Srta. Laureanita Ferrari. Mi muy querida amiga: te ruego mañana vengas tan temprano^ como posible te sea; almorzaremos juntas y luego iremos a presenciar la jura de la bandera, primor salido de tus manos y de las de nuestras buenas amigas Merceditas Álvarez y Margarita Corvalán. La señora de Husi se quedará esta noche en casa. Almorzaremos a las once. Recibe el respetuoso saludo para tus padres, y para ti el cariñoso abrazo de tu amiga íntima. Remedios Escalada de San Martín.»

La partida del Ejército Libertador estaba fijada para el 24 de enero; unos días antes Remedios y su hija regresaron a Buenos Aires. Allí les llegó, exactamente un mes después, la noticia del triunfo de Chacabuco. Y en febrero tuvieron junto a ellas, por unos días, al vencedor de los Andes.

LOS ADIOSES
La nueva separación se prolongó hasta después de Maipú, batalla liberada el 5 de abril de 1818, que aseguró definitivamente la independencia de Chile. En Buenos Aires, el 5 de mayo, Remedios olvidó momentáneamente las preocupaciones que le causaba su decaída salud: ese día, en la casona paterna asomada a la Plaza Mayor, San Martín, Merceditas y ella volvieron a disfrutar plenamente de la vida en familia. La dicha de estar juntos se prolongó durante casi un año, gran parte del cual lo pasaron en Mendoza.

A principios de 1819, cuando San Martín inicia la campaña del Perú, Remedios emprendió con Merceditas el que habría de ser su último viaje a Buenos Aires. Para entonces, la tuberculosis había minado totalmente su organismo, y fiebres altas y constantes accesos de tos la obligaban a permanecer en cama jornadas enteras. Los médicos, sin dar ni negar esperanzas, agregaron a las pócimas y los sellos una ambigua sugerencia: «Quizás un lugar de aire más puro…, en una quinta de los alrededores…

Remedios acató esa prescripción e hizo arrendar una finca en los suburbios. Allí recibió la noticia de la muerte de su padre, ocurrida el 16 de noviembre de 1821, y se enteró de que San Martín, luego de libertar el Perú, había decidido retirarse definitivamente de la escena política para evitar un conflicto entre los pueblos hermanos de América.

En la misma finca dejó de existir el 3 de agosto de 1823, sin que se cumpliera su último deseo: volver a ver al esposo y guerrero ausente. Al regreso, este hizo grabar en la lápida bajo la cual reposaban sus restos la sobria inscripción: «Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín.»

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Diferencias entre Moreno y Saavedra Decreto Supresion de Honores

Diferencias entre Moreno y Saavedra
Decreto de Supresión de Honores

Es conocida la rivalidad de criterios políticos, además de la diversidad temperamental, existente entre Saavedra y Moreno. Conocida es también la doble vertiente, liberal y revisionista, en la interpretación de la historia argentina y los juicios de cada una de dichas corrientes respecto a ambos proceres. El episodio del banquete y el subsiguiente decreto han sido y son objeto de polémica.

Cornelio Saavedra

SAAVEDRA CORNELIO: Presidente de la Primera Junta elegida en Buenos Aires en 1810. Nació en la ciudad de Potosí (hoy Bolivia) y falleció en Buenos Aires. A los 8 años se trasladó con su familia a esta última ciudad. Estudió en el Real Colegio de San Carlos. Al crearse el Virreinato del Río de la Plata (1776) se inició en las funciones públicas y fue electo alcalde de segundo voto en el Cabildo.

En 1806, cuando se produjo la invasión de los ingleses, Cornelio Saavedra tuvo una destacada actuación. Después de la rendición de los británicos se crearon regimientos criollos y fue nombrado jefe del Cuerpo de Patricios.

Sus juicios serenos y la firmeza de su carácter le dieron prestigio. Durante la revolución del 1º de enero de 1809, Saavedra y los patricios apoyaron al virrey Santiago de Liniers contra los españoles dirigidos por Martín de Álzaga, los que se habían alzado para solicitar mediante una carta su renuncia. En el preciso instante en que Liniers la iba a hacer efectiva llegó Saavedra junto a otros jefes militares criollos.

El patricio, actuando con firmeza, dijo: «Venga el señor Liniers con nosotros, preséntese al pueblo y si éste lo rechazase en el mando, yo y mis compañeros suscribiremos el acta de su destitución». Después de este hecho el prestigio de Saavedra creció.

El 20 de mayo de 1810, tras la proclamación de Cisneros como virrey, se entrevistó con el alcalde Lezicapara que se celebrara un Cabildo Abierto. Dos días después, en dicho Cabildo solicitó la renuncia de Cisneros, acción que fue apoyada por otros patriotas. Los españoles trataron de atraerlo, nombrándolo en la Junta del 24, pero Saavedra renunció.

Finalmente, el glorioso 25 de mayo fue electo Presidente de la Primera Junta. Gobernó también durante la Junta Grande, pero el desastre de Huaqui en el Alto Perú eclipsó su estrella.

Para analizar las diferencias veremos  los hechos ocurridos:

1. Para festejar la victoria de Suipacha el Cuerpo de Patricios organizó un banquete. Saavedra, jefe del cuerpo y su esposa, eran los invitados de honor.

2. Moreno, sin estar invitado, se presentó al cuartel. El centinela no le permitió entrar lo que le causó lógico malestar.

3. Al terminar el banquete un oficial en estado de embriaguez tomó una corona de caramelo que ofreció a Saavedra, quien la pasó a su esposa. Con su gesto el capitán Duarte quiso significar que lo coronaba emperador de América.

4. Enterado del hecho Moreno redactó el famoso «Decreto de Honores» esa misma noche, pasándolo para su impresión a la imprenta de los Niños Expósitos, antes de ser aprobado por la Junta.

5. Llevado el decreto a la Junta de Gobierno ésta lo aprobó por unanimidad y lo publicó con fecha 6 de diciembre de 1810.

MARIANO MORENO
Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) llega a Buenos Aires en 1776 y se casa con doña María del Valle, porteña; este matrimonio tiene 14 hijos y Mariano fue el mayor. Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos. Por dar muestras de estudioso y talentoso el franciscano Fray Cayetano Rodríguez le brindó su amistad y puso a disposición la biblioteca del convento. Estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca.  En 1801 se casa en Chiquisaca con una joven del Alto Perú y en 1805 nace su primer hijo también llamado Mariano.

DECRETO DEL 6 DE DICIEMBRE: Como decíamos antes el famoso decreto de supresión de honores que señaló el rompimiento entre Saavedra y Moreno.  Un incidente había precipitado los hechos. Un banquete presidido por Saavedra celebrado en el cuartel de Patricios, festejaba la victoria de Suipacha, el 5 de diciembre de 1810.

El capitán Atanasio Duarte, en estado de ebriedad, ofreció un brindis en honor de Saavedra haciendo alusión al «futuro emperador de América» y una corona de azúcar que. adornaba la mesa fue entregada a su señora Saturnina Otárola. Incitado por estos hecho Moreno redacto el decreto de supresión de honores que la Junta luego aceptó en el que se expresaban las tendencias igualitarias del secretario. Saavedra lo interpretó como alusión personal.

DECRETO DE SUPRESIÓN DE HONORES:

(…) 2a Habrá desde este día absoluta, perfecta, e idéntica igualdad entre el Presidente, y demás Vocales de la Junta, sin más diferencia, que el orden numerario, y gradual de los asientos.

3a Solamente la Junta reunida en actos de etiqueta y ceremonia tendrá los honores militares, escolta, y trata
miento, que estén establecidos.

4a Ni el Presidente, ni algún otro individuo de la Junta en particular revestirán carácter público, ni tendrán comitiva, escolta, o aparato que los distinga de los demás ciudadanos. (…)

8a Se prohibe todo brindis, viva, o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos: ellos no aprecian bocas, que han sido profanadas con elogios de los tiranos.

9a No se podrá brindar sino por la patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad.

10a Toda persona, que brindase por algún individuo particular de la Junta, será desterrado por seis años.

11a Habiendo echado un brindis D. Atanasio Duarte, con que ofendió la probidad del Presidente, y atacó los derechos de la patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se destierra perpetuamente de esta ciudad; porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones con tra la libertad de su país.

12a No debiendo confundirse nuestra milicia nacional con la milicia mercenaria de los tiranos, se prohíbe que ningún centinela impida la libre entrada en toda función y concurren cia pública a los ciudadanos decentes, que la pretendan. El oficial que quebrante esta regla será despuesto de su empleo.

13a Las esposas de los funcionarios públicos políticos y militares no disfrutarán los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos: estas distinciones las concede el estado a los empleos, y no pueden comunicarse sino a los individuos que los ejercen.

14a En las diversiones públicas de toros, ópera, comedia, etc., no tendrá la Junta palco ni lugar determinado: los individuos de ella, que quieran concurrir, comprarán lugar como cualquier ciudadano; el Excmo.. Cabildo, a quien toca la presidencia y gobierno de aquellos actos por medio de los individuos comisionados para el efecto, será el que únicamente tenga una posición de preferencia.

15a Desde este día queda concluido todo el ceremonial de iglesia con las autoridades civiles: éstas no concurren al templo a recibir inciensos, sino a tributarlos al Ser Supremo. Solamente subsiste el recibimiento en la puerta por los canónigos y dignidades en la forma acostumbrada. No habrán cojines, sitial, ni distintivo entre los individuos de la Junta.

MARIANO MORENO, ESCRITOS II

CONFERENCIA DEL 18 DE DICIEMBRE DE 1810. El 18 de diciembre se debatió si los diputados del interior debían o no incorporarse a la Junta. Debe señalarse que si se adoptaba la primera actitud quedaba diferido el congreso que debía decidir la suerte de estas tierras y quizá concretar el anhelo emancipador. Pese a la circular del día 27 de mayo, la Junta había manifestado en múltiples ocasiones que los diputados concurrirían a formar un congreso aparte, pero aquel documento, que según, se dijo entonces era fruto de la inexperiencia o quizá resultado del momento que se vivía, dio pie al debate.

En la votación Moreno, opuesto a dicha incorporación, quedó derrotado. Pese a que Saavedra y los otros vocales reconocieron la ilegalidad de esa incorporación la apoyaron, según expresaron, por conveniencia pública. Derrotado Moreno, presentó su renuncia y fue enviado a Londres en misión diplomática; hallándose en viaje el paladín de la Revolución falleció repentinamente el 4 de marzo de 1811, a los 32 años de edad. El alejamiento del activo funcionario —como señaló uno de sus contemporáneos— abrió un paréntesis en los progresos hacia la independencia.

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DIFERENCIAS IDEOLÓGICAS ENTRE MORENO Y SAAVEDRA

Diferencias entre Moreno y Saavedra

Mariano Moreno era un espíritu libertario, alejado de toda aspiración individual de poder. El sueño de igualdad, libertad y fraternidad que había forjado al calor de las ideas de la Revolución Francesa durante su época de estudiante universitario le impedía aceptar la idea de que fuera un solo individuo el que se arrogara el mando de todo un pueblo.

El surgimiento de Napoleón y la situación inestable y desgraciada que estaban sufriendo las colonias a causa de la fragilidad de las monarquías europeas era una prueba de ello. «Ya tuvimos suficientes monarcas, virreyes y emperadores», pensaba Moreno.

Él aspiraba a destruir el orden social establecido para construir en su lugar otro más justo. Había llegado la hora en que las decisiones las tomaría la gente común. Lo importante era conseguir la emancipación, no importaba cómo.

 

diferencia con Moreno

Saavedra de carácter parco y mesurado, sus palabras parecían revestirse de gravedad en los momentos solemnes. Al participar en el movimiento revolucionario su propósito era honesto, pero carecía de la inteligencia suficiente para ocupar el alto cargo en que las circunstancias lo habían colocado. En realidad, él prefería no pensar que aquello era una revolución.

Tendía a imaginar que se trataba de una agitación a nivel municipal solucionada de manera pacífica gracias a su participación en el caso, sustituyendo el virrey nombrado en España por otro surgido de la elección de la mejor gente de su ciudad.

El cambio de gobierno significaba para él la continuación del sistema colonial, sólo que con una administración más honesta, y cierto cambio de situación que implicara el fin de algunos beneficios que favorecían a unos pocos y el mantenimiento de otros. En Moreno veía el peligro de la agitación, la perturbación. Sin él, la paz de esta transición perduraría, pensaba Saavedra.

Ejercito de los Andes Organizacion

Ejército de los Andes, Organización
San Martín  y Su Plan Continental

Organización del El Ejército de los Andes— Para albergar a los soldados que iban llegando, darles instrucción y preparar todo lo concerniente a la expedición

La tarea fue ímproba, sólo realizable por un héroe de su talla, porque todo estaba por hacer y no contaba con el dinero necesario, pese a los esfuerzos del gobierno y de todo el pueblo de Cuyo.

Por eso tuvo que aguzar su ingenio para sacar el mayor provecho posible de los elementos que estaban a su alcance, contando para ello con eficaces colaboradores.

La base de su ejército fue el cuerpo de auxiliares de Chile, que al mando de Las Heras había intervenido en los sucesos de 1814, que culminaron en Rancagua.

San Juan, San Luis y Buenos Aires enviaron hombres. Se incorporaron también oficiales y soldados chilenos, con los que San Martín pensaba formar la base del ejército chileno cuando ocuparan el país; O’Higgins fue asimilado con el grado de brigadier general de las Provincias Unidas.

Para llegar a contar con los 5.000 hombres que necesitaba, solicitó la Cooperación de voluntarios; se hizo una leva de vagos y fueron incorporados 700 esclavos de 16 a 30 años de edad; no se permitió alistarse a los que trabajaban en la agricultura y en el comercio.

 Para la fabricación de armas se organizó una fabrica, dirigida por fray Luis Beltrán, sacerdote argentino que actuó en Chile hasta Rancagua y que poseía profundos conocimientos de física, matemáticas y fabricación de armas.

Se instaló un laboratorio, bajo la dirección de Alvarez Condarco, para fabricar pólvora con el salitre de la provincia. Un serio problema era proporcionar vestuario a los soldados. San Luis envió bayeta, que fue teñida de azul, y el resto se fabricó en Mendoza; las mujeres cosieron gratuitamente los uniformes. Con los restos de cuero del ganado faenado, los mismos soldados confeccionaron zapatos, que forraban con trozos de lana donados por el pueblo; con el cuero y los cuernos fabricaron chifles para llevar agua.

Para alimentar a la tropa durante la marcha, San Luis proporcionó ganado, preparándose charqui y una pasta de charqui molido con grasa y ají picante, que comían disuelta en agua hirviendo. También llevaron galleta, aguardiente, cebollas y ajos para combatir el frío y el apuramiento. (imagen: O’Higgins)

En Buenos Aires y Mendoza se fabricaron 36.000 herraduras para las 12.000 mulas y 1.500 caballos que necesitaba el ejército para transporte y formación de la caballería, que también necesitó clarines y monturas. Buenos Aires envió un puente de cuerdas; también se llevaron remedios en número suficiente.

En todos estos preparativos colaboraron los gobernadores Vicente Dupuy, de San Luis, y José Ignacio de la Roza, de San Juan, así como el pueblo cuyano. El director Pueyrredón prestó su apoyo incondicional; decía en una carta: ….. aquí me miran atrozmente, diciendo que desatiendo a la defensa de esto (del Norte), que no pago a las viudas, asignaciones y oficialidad por contraerme todo a Mendoza. Sin embargo, nada me arredra, porque yo obro lo que considero el mayor bien del país en general.

San Martín entendió que habían fracasado todos los intentos de derrotar a los realistas por el camino del Alto Perú y, tomando muy en cuenta un plan elaborado en 1801 por el militar inglés John Maitland, decidió que la estrategia más efectiva consistía en cruzar la cordillera, con la ayuda de los patriotas chilenos liberar Chile y de allí marchar por mar hacia Lima y, en combinación con Simón Bolívar, terminar con la base del poder español en América  Para transportar agua resolvió usar cuernos de vaca para fabricar recipientes individuales para cada soldado. La comida era el «charquicán», un alimento basado en carne secada al sol, tostada y molida, condimentada con grasa y ají picante. Prensado era fácil de transportar y se preparaba agregándole agua caliente y harina de maíz. (fuente: elhistoriador.com.ar)

Para mantener el buen estado moral de la tropa, San Martín introdujo la religión, mediante la obligación de oír misa los domingos, hablándose en el sermón de los deberes para con Dios y con la Patria.

Se creó un tribunal de guerra, presidido por Bernardo Vera y Pintado como auditor de guerra; se organizó el cuerpo médico con Diego Paroissien (inglés naturalizado) como cirujano mayor y el limeño Zapata como segundo.

El 5 de enero dé 1817 fue nombrada generala del ejército la Virgen del Carmen, y también en la iglesia matriz se juró la bandera, que habían confeccionado las damas mendocinas.

Los nombramientos más importantes recayeron en Miguel Estanislao Soler, jefe del Estado Mayor, y como segundo, el coronel Antonio Beruti, presbítero Lorenzo Guiraldes, capellán del ejército; secretario fue el humilde emigrado chileno José Ignacio Zenteno; edecanes, coronel Hilarión de la Quintana, teniente coronel Diego Paroissien y sargento mayor Álvarez Condarco; agregados al estado mayor, figuraban los coroneles Enrkiue Martínez, Ramón Freyre y Lucio Mansilla.

Entre los oficiales iban Mariano Necochea, Juan Lavalle, Ambrosio Crames, Rudecindo Alvarado, Federico Brandzen, etc. O’Higging era comandante del cuartel general y San Martín general en jefe.

Leer: Preparativos de San Martín Para Cruzar Los Andes

Ver: Historia de las Bóvedas de San Mantín

Biografia de Fidel Castro Lider Revolucionario Cubano Gobierno

Biografia de Fidel Castro el Revolucionario Cubano

Castro, Fidel (1927-2016 ), político cubano, principal dirigente de Cuba desde 1959. Castro nació el 13 de agosto de 1927 en Mayarí; era hijo natural de un inmigrante español, plantador de azúcar. Se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en 1950.

biografia de fidel castro

Provenía de una familia acomodada, ya que su padre era un rico propietario español. Lógico pues que estudiara, primero en un colegio de jesuítas en Santiago de Cuba y finalmente accediera a la Universidad de La Habana, cursando estudios de derecho.

En esta etapa universitaria, Fidel  llevaba una vida política agitada conectando con otros estudiantes y discutiendo sobre la situación general en Latinoamérica. En aquellos momentos en que la gendarmería de los Estados Unidos era patente, parecía que en América sólo pudiera existir o dictadura o un régimen de parlamentarismo burgués, que jalonaban de vez en cuando los intermedios entre los diferentes golpes.

Los intereses americanos eran básicamente los que estaban en cada momento detrás de todos estos pronunciamientos. En esta situación, Fidel decidió marchar a Santo Domingo, donde la dictadura de Trujillo era ya trágicamente famosa. Por entonces en Cuba el régimen parlamentario de Prío Socarras era un claro ejemplo de la opinión democrático-liberal en América Latina.

Acusado en Santo Domingo de conspirar contra Trujillo, Fidel marchó a México, para volver finalmente a Cuba, donde reingresó en la universidad.

Afiliado al partido ortodoxo, cuyo lema «vergüenza contra dinero», explica el tipo de moralismo que propugnaba y que de alguna manera influyó en Fidel.

Su imagen empezó a ser conocida en los medios universitarios, donde era frecuente encontrarle rodeado de múltiples compañeros, en los que, el magnetismo de Fidel empezaba a hacer mella.

Sin embargo el elemento detonador de toda esta actividad política fue, sin duda, el golpe de estado de Fulgencio Batista, que ocupaba un alto cargo militar en el régimen de Prío, el 10 de marzo de 1952.

fidel castro y amigos

Fidel Castro, su hermano Raúl y Juan Manuel Márquez en la época en que preparaban desde Méjico una expedición a Cuba.

La consigna fue inmediata: había que ir a la universidad ya que allí se estaba preparando una respuesta. En efecto se organizaron manifestaciones de protesta, que fueron duramente reprimidas, al tiempo que se denunciaba el claro carácter regresivo de la conspiración.

Fidel («en aquella época andaba siempre con un libro de Lenin bajo el brazo») desplegó una gran actividad, ya había abandonado el partido ortodoxo y se dedicó a crear un núcleo de oposición al régimen.

Con él ya estaban Juan Almeida, José Ponce, Ciro Redondo, Pepe Suárez… Consciente de que la única solución eran las medidas radicales, Fidel organizó sesiones de entrenamiento en el manejo de las armas (del par de pistolas que poseían).

Fidel hablaba entonces de la necesidad de que la juventud diese una respuesta. La juventud era para él las fuerzas vivas que no estaban comprometidas con el pasado. Un pasado, el de Prío, que ni mucho menos había satisfecho las mínimas aspiraciones.

Los entrenamientos y las discusiones fraguaban lo que sería la primera gran acción revolucionaria en esta época cubana: el asalto al cuartel de Moneada. El respeto por esta fecha y lo que representó es enorme en Cuba.

El 26 de julio es fiesta nacional, ya que ese día se conmemora el asalto. En efecto el 26 de julio de 1953 se inicia el ataque cuidadosamente planeado, al cuartel de Moneada en Santiago de Cuba. La idea es provocar la chispa que llevará a la insurrección.

Unos cien jóvenes, dirigidos por Fidel atacan el cuartel, divididos en tres columnas, mandadas por Abel Santamaría, Raúl Castro, hermano de Fidel, y él mismo. «Fidel, antes de salir para allá, les habló a los compañeros del momento histórico… Tú sabes cómo es Fidel hablando. Yo no me acuerdo bien; pero sí recuerdo que uno de los párrafos que dijo fue que aquél era un momento histórico que íbamos a vivir, que la historia siempre recordaría a los compañeros, y que nos íbamos a ganar un lugar bien merecido en el libro de la historia» (Juan Almeida).

El asalto fracasó y causó numerosas bajas, no tanto por los enfrentamientos en sí, como por la bárbara represión que las tropas de Batista ejercieron sobre los responsables y sobre la población civil. De todas formas allí había nacido la forma de lucha y todo el movimiento insurreccional.

fidel castro: asalto cuartel de moncada

Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en el país, Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento, facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado.

Fidel fue encarcelado, en el juicio se hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.

Condenado a 15 años de prisión, fue amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de Julio. En 1956 regresó a Cuba con una fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada más al desembarcar. Castro, su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara, se encontraban entre los 12 supervivientes.

El Movimiento 26 de Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista, avanzó hacia La Habana, acto que pondría colofón a la Revolución Cubana.

Castro se declaró a sí mismo primer ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976, en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que según la reforma constitucional de ese año englobaba la jefatura del Estado y del gobierno.

Fracasado su intento de establecer relaciones diplomáticas o comerciales con Estados Unidos, negoció acuerdos sobre armamento, créditos y alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la depuración de sus rivales políticos.

Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una profunda reforma agraria basada en la colectivización de propiedades y estableció un Estado socialista de partido único (el Partido Unido de la Revolución Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría Castro), que llevó a un gran número de cubanos ricos al exilio.

Estados Unidos vio con disgusto cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió con la primera Declaración de La Habana, reafirmando la soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense.

En 1961 Estados Unidos respaldó a un grupo de exiliados cubanos, en un infructuoso intento por derrocarlo, en el conocido como desembarco de bahía de Cochinos.

Desde ese momento Castro se alineó abiertamente con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda económica y militar. En 1962 estuvo a punto de producirse una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas nucleares de alcance medio, ante la oposición estadounidense.

La llamada crisis de los misiles de Cuba concluyó tras la celebración de negociaciones entre el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el máximo dirigente soviético, Nikita Kruschov.

Durante las siguientes décadas, Castro alcanzó gran reconocimiento en el Tercer Mundo, gracias a su liderazgo del Movimiento de Países No Alineados (que presidió entre 1979 y 1981).

A finales de la década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos de glasnost (apertura) y perestroika (reestructuración), Castro mantuvo su régimen.

fidel castro derroca a batista

La noticia de la huida de Batista aparece en las primeras planas de los periódicos de La Habana. Poco después Fidel Castro es recibido triunfalmente en la capital de Cuba.

Sin embargo, con el inicio del proceso de desintegración de la URSS y del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los problemas económicos de Cuba empeoraron.

En 1993, en un intento por alcanzar una economía mixta, Castro aprobó reformas económicas limitadas que legalizaron algunas empresas privadas.

Si por algo ha sobresalido Cuba en los últimos años es por subsistir a la enorme presión internacional, anticomunista y a favor de una clara democracia.

El régimen cubano, junto al gobierno de China, Corea del Norte y Vietnam, son los únicos ejemplos de comunismo vivos en el mundo de hoy. Fidel Castro ha seguido siempre fiel a sus ideas y ha tachado más de una vez al sistema capitalista de otros países de hipócritas y extorsionadores.

También ha declarado reiteradamente que en Cuba sí que existe una democracia aunque esta siga un modelo distinto al convencional.

 La sociedad cubana está permanece en completo silencio político, ya que cualquier disidente es encarcelado por el gobierno de Castro.

Entre este problema de libertad de expresión y pensamiento, otro de los mayores problemas de la sociedad cubana de los últimos años, y que ha sido noticia gracias a la aventura internacional del pequeño niño balsero Elián González, es el problema de la emigración de cubanos anticastristas a las costas de Florida, propiciada por leyes como la llamada ley de Ajuste Cubano que permite a todo emigrante cubano recibir derecho de residencia en estados unidos siempre que alcance tierra estadounidense.

Medidas como estas aumentaron el alcance del éxodo de familias cubanas a Estados Unidos de manera precaria e ilegal.

Dando lugar a mayores discusiones entre los gobiernos de ambos países, y altercados fomentados por la oposición al régimen tanto de dentro como de fuera de la isla los cuales son descritos por castro como instrumentos de la política estadounidense contra el pueblo cubano.

Con respecto a su sucesión presidencial, hoy a casi 80 años de edad cuando se le pregunta por este tema el responde así: “Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, (…) nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. (…) La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de cuarenta años.”

fidel castro con nikita krushev

Fidel Castro, invitado en Moscú para la fiesta del 1º de mayo de 1963, preside un desfile junto con Jruschov y otras personalidades rusas.

ALGO MAS SOBRE FIDEL CASTRO:

Opositor acérrimo a la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano, Fidel Castro impulsó y financió muchos movimientos revolucionarios, por su Cuba natal.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA: Desde el comienzo, Fidel Castro fue un abierto opositor a Batista, al punto que abandonó su trabajo y formó un grupo clandestino de resistencia junto con su hermano Raúl y Mario Chanes.

Unidos complotaron para derrocar a Batista, acumulando armas y municiones para iniciar una revuelta popular, comenzando por í asalto al Cuartel Moneada el 26 de julio de 1953.

Sin embargo, la intentona fue un desastre y cerca de 35 de los partidarios de Castro murieron en la incursión. Perseguido como enemigo del Estado, fue capturado por la policía y sometido a juicio por sedición.

Haciendo gala de su oratoria y sus conocimientos jurídicos, Castro articuló su propia defensa ante el tribunal y antes de concluí; sus argumentos dijo: «¡Les advierto cu; recién estoy empezando! Si todavía existe en sus corazones un vestigio de amor a la patria, amor por la humanidad, amor por la justicia, escuchen atentamente… Sé bien que el actual régimen intentará esconder la verdad de todas las maneras posibles (…), pero mi voz no ha sido acallada todavía. Condénenme. No importa. La historia me absolverá». Estas frases pasarían a la posteridad y ayudarían a construir la leyenda de Fidel como un rebelde comprometido con la libertad de su país. Sin embargo, el tribunal lo condenó a quince años de prisión en la penitenciaría de la Isla de Pinos, cercana a la costa sudoccidental de Cuba.

BAHÍA DE COCHINOS Y LA CRISIS DE LOS MISILES
Durante meses, la central de inteligencia estadounidense CIA planificó una invasión a Cuba con cerca de 1.500 cubanos exiliados que habían sido entrenados por el ejército norteamericano en Guatemala, Puerto Rico y Nicaragua. Bajo el mando de José San Román y Ernesto Oliva, el 15 de abril de 1962, mediante una operación anfibia y aérea, fueron bombardeados los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba por aviones norteamericanos camuflados con los colores de la Fuerza Aérea cubana. La invasión comenzó según lo pronosticado, pero la falta de apoyo aéreo por parte de los norteamericanos a las fuerzas de infantería que desembarcaban en la playa, hizo que la invasión fracasara estrepitosamente y permitió que Castro pudiese legitimarse ante la comunidad internacional.

Sin embargo, durante el lapso de ese mismo año, Cuba volvería a estar en la palestra, pero esta vez en medio de una posible conflagración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El 16 de octubre de 1962, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea norteamericana identificó una serie de instalaciones militares cubanas que luego resultaron ser plataformas de misiles nucleares soviéticos, instalados en la isla con permiso de Castro.

Frente a una amenaza atómica a 90 kilómetros de la costa estadounidense, el gobierno de John Kennedy decretó un bloqueo marítimo alrededor de la isla, como medida de presión tanto contra los cubanos como los soviéticos.

Durante trece días, el ambiente se tensionó de tal modo que se pensó que en cualquier momento estallaría una guerra nuclear entre Estados Unidos y la U.R.S.S. Sin embargo, el conflicto fue disminuyendo poco a poco y se solucionó mediante el retiro simultáneo de las instalaciones soviéticas en Cuba y las plataformas de misiles de mediano alcance que los norteamericanos tenían en Turquía.

Fuente: Biografía Enviada Como Colaboración a Planeta Sedna (historiaybiografias.com) Por Ruiz Castro

Revoluciones Burguesas Resumen Conquistas de las Burguesia Luchas

Revoluciones Burguesas : Resumen de las Conquistas

La Comuna de ParísRevoluciones LiberalesEl CartismoRevolución de 1830

Después de la Revolución Industrial, que comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, poco a poco la industria se convirtió en la actividad económica más importante no sólo en la sociedad inglesa, sino también en otras regiones de Europa. Este proceso fue la primera fase de la industrialización en el continente europeo, y se extendió hasta aproximadamente 1840, cuando se produjo la primera crisis del capitalismo.

LA ORGANIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

La actividad industrial durante esta primera fase se caracterizaba lo siguiente:

  • Si bien la máquina a vapor fue un gran invento y avance como energía para el movimiento de las máquinas, su aplicación no fue en forma inmediata en todos los rubros de la industria, y estaba dedicada prácticamente a la actividad textil y justamente por ello en la primera fase de la Revolución Industrial, los viejos sistemas de trabajo a domicilio o la actividad artesanal convivieron con las fábricas.
  • Se estableció una división internacional del trabajo, debido a que distintas regiones del planeta se especializaron en una actividad ad determinada. En el siglo XIX algunos países de América del Sur, Central y África, se especializaron como productores de materias primas , y otros países como Inglaterra y Francia fueron productores de manufacturas, debido a su industria y tecnología.
  • Dentro de Europa, no todos los países evolucionaron y crecieron de la misma manera y tiempo, es decir el desarrollo industrial fue desigual.

Inglaterra fue la pionera en la industrialización, que comenzó aproximadamente a mediados del siglo XVIII, y luego de varios años le siguió Francia (siglo XIX). Otros países como Alemania e Italia debido a que estaban en otros procesos políticos como la unificación, la industrialización tuvo que esperar hasta los primeros años años del siglo XX. España casi no tuvo desarrollo industrial.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

La sociedad europea —especialmente la inglesa— también cambió notablemente como consecuencia de la Revolución Industrial.

  • Debido al desplazamiento de la gente del campo, la población urbana superó en número a los campesinos, en cambio en donde no hubo industrialización se mantuvo la mayoría de campesinos sobre la urbana.
  • Debido a que la actividad industrial generaba grandes ganancias, muchos propietarios rurales y gente de la aristocracia comenzó a invertir en la industria y comercio. La riqueza de la burguesía hizo que esta clase social se relacionara con la antigua aristocracia y compartieran negocios.
  • La burguesía se consolidó como una nueva clase social, con mucho poder económico y con grandes intensiones de participar en la actividad política. Este proceso fue más rápido sobre todo en Inglaterra, mientras que el desarrollo de la burguesía industrial fue más lento en los otros países europeos.
  • También nació un nuevo tipo de clase social, conocida como proletariado que creció conjuntamente con el crecimiento de la actividad industrial. A medida que su número aumentaba, también aumentaba su importancia en la sociedad y política.

PRIMERA CRISIS DEL CAPITALISMO

Debido al fuerte crecimiento de la producción, llegó un momento , entre 1830 y 1840, en que se produjo mas artículos textiles de lo que se podía vender, es decir había mas oferta que demanda, por lo que se generó una crisis en la economía capitalista y se reflejó rápidamente en una caída del crecimiento económico.

Al disminuir las ventas, y consecuentemente las ganancias de los industriales, estos disminuyeron las horas laborales, se despidieron obreros o directamente cerraron sus puertas. Para peor de los males , en el campo por esa misma época se perdieron cuantiosas cosechas y los precios de los alimentos se elevaron.

Los mas perjudicados fueron los asalariados que veían como sus sueldos no le alcanzaban para vivir , a veces , ni siquiera miserablemente, creándose un descontento popular que se extendió por toda Europa y originó movimientos de protesta y rebeliones.

LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO

Luego de la derrota definitiva de Napoleón en 1815, en el Congreso de Viena, mediante el Tratado de la Santa Alianza, los líderes políticos de los países mas fuertes, lograron reestablecer las monarquías absolutas en sus tronos, y además el clero y la aristocracia recuperaron alguno de sus privilegios feudales. La burguesía no aceptó para nada perder las ventajas de vivir bajo la defensa de sus derechos naturales como la libertad, igualdad que habían aprendido y conseguido a partir de la Revolución Francesa, y que las campañas de Napoleón habían difundido por todo el continente Europeo.

LA REACCIÓN DE LA BURGUESÍA LIBERAL

Desde su origen las ideas del liberalismo político había unido fuertemente a la burguesía para luchar contra el autoritarismo del absolutismo y en defensa de sus ideales que tan bien se encajaban en su estilo de vida y trabajo.

Su derechos civiles y políticos serian defendidos hasta las últimas consecuencias, que en el plano político una de las ideas mas importantes fue el establecimiento de una ley de leyes o constitución que obligaran por igual a gobernados y gobernantes, y que protegieran los derechos naturales como la propiedad privada, el derecho a la vida y la igualdad ante la ley, y por otro lado que limitara el poder de rey. Y éste fue el principal objetivo de los movimientos revolucionarios que encabezó la burguesía en diferentes países europeos entre 1820 y 1848.

Por la lucha de implantación definitiva de una Constitución que garantizaran las libertades de expresión, de asociación, de reunión, separaran los poderes de gobierno, para evitar la posibilidad de una tiranía, y el derecho al voto para aquellas personas que cumplieran ciertos requisitos, en 1830, burgueses, estudiantes, guardias nacionales y obreros tomaron la ciudad de Paris al grito de «Libertad, Libertad,…».

LA BURGUESÍA FRENTE A LA POBREZA

La alta burguesía europea, cada día más poderosa y rica, con el poder político ya firmemente asido, veía con inquietud cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa proletaria , también cada día más espantosamente pobre. Necesitaba, por tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud.

Tal doctrina la encontró en dos pensadores ingleses, Adam Smith (1723-1790) y Thomas R. Malthus (1766-1834), que pasaron así a ser los pilares ideológicos del liberalismo económico.

Smith pensaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda. Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley: los precios y los salarios se fijarían por sí solos, sin necesidad de intervención alguna del Estado. Y ello, entendía, no podía ser de otro modo, por cuanto si se dejaba una absoluta libertad económica, cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad.

Malthus partía del supuesto de que, mientras el aumento creciente de población seguía una proporción geométrica, la generación de riquezas y alimentos sólo crecía aritméticamente. Resultaba por ello inevitable que, de no ponerse remedio, el mundo se hundiría en la pobreza. Ese remedio no podía ser otro que el control de natalidad en los obreros, y que estos quedasen abandonados a su suerte, para que así su número disminuyese.

En resumen, tanto Malthus como Smith lo que estaban pidiendo era la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas. Y eso fue lo que ocurrió: el Estado burgués europeo del siglo XIX se limitó a garantizar el orden público en el interior de sus fronteras, renunciando a cualquier tipo de política social, de justicia redistributiva y de intervención en la economía.

Nada mejor para los grandes capitalistas, que quedaron con las manos libres para enriquecerse al máximo. La riqueza se convirtió en una virtud, y los clérigos, desde el púlpito, presentaban la pobreza como una consecuencia del vicio y el pecado, con lo cual estaban justificando de hecho su existencia.

Frente a este Estado liberal y en esta sociedad burguesa, el proletariado se encontró indefenso. Por ello, su lucha por la vida y por los derechos que se les negaban tenía que convertirse necesariamente en una lucha contra el liberalismo económico y la burguesía capitalista.

Sin embargo, en los años que transcurrieron hasta 1848, los trabajadores fueron aliados de la burguesía en la lucha contra el absolutismo restaurado. Los obreros se sumaron a las luchas de los burgueses que reclamaban la plena vigencia de los principios del liberalismo. Por otra parte, un sector de la burguesía liberal alentaba la alianza porque creía que el capitalismo generaba un progreso que iba a mejorar las condiciones de vida de todos los integrantes de la sociedad. Por eso, llevó adelante acciones políticas radicales con el fin de destruir los obstáculos que se oponían al desarrollo del capitalismo.

la revoluciones burguesas

Los movimientos revolucionarios de 1820. En España, Portugal y el Reino de las Dos Sícilias, los revolucionarios lograron la sanción de Constituciones liberales. Pero la intervención militar de Austria y Francia en ayuda de los monarcas absolutos afectados —de acuerdo con lo establecido en el Tratado de la Santa Alianza—, derrotó estas experiencias revolucionarias. Las luchas por el establecimiento de los principios liberales tuvo características especiales en Grecia. A partir de 1821 comenzó la guerra de liberación griega del imperio turco-otomano, en la que fue decisiva la intervención de las fuerzas de la Santa Alianza. Gran Bretaña, Francia y Rusia vencieron a los turcos, declararon la soberanía nacional de Grecia y, luego de derrotar al movimiento liberal griego, favorecieron el establecimiento de una monarquía absoluta. Como consecuencia de las diferencias entre Rusia y Austria sobre esta “cuestión de oriente “, la Santa Alianza se disolvió.

El objetivo político de los revolucionarios de 1820 fue lograr el establecimiento de monarquías constitucionales —como la inglesa—. También se propusieron asegurar el funcionamiento de los parlamentos, ya que, frente al absolutismo monárquico, el parlamento era la institución que permitía la participación de los burgueses en el gobierno, que cada vez tenían mayor poder económico.

Los movimientos revolucionarios de 1830

Los movimientos revolucionarios de 1830. Las revoluciones de 1830, dividieron Europa en dos regiones. Al oeste del río Rhin, los liberales moderados derrotaron a la alianza de los absolutismos. Al este del Rhin, en cambio, todas las revoluciones fueron reprimidas y la situación se mantuvo como antes de 1830. En estos países, la mayor parte de la población estaba compuesta por campesinos que todavía vivían sometidos a una organización económica de tipo feudal.

En Europa occidental, las revoluciones de 1830 significaron la derrota definitiva del absolutismo. Desde entonces, en los distintos países, el gobierno estuvo a cargo de representantes de la alta burguesía de industriales y banqueros, que desplazaron a los miembros de la aristocracia terrateniente.

El régimen de gobierno que se consolidó en Inglaterra, Francia y Bélgica fue una monarquía constitucional que garantizaba la vigencia de las libertades individuales económicas y políticas. La participación política se abría exclusivamente a una parte de la población mediante el sufragio restringido. Sólo aquellos ciudadanos que eran propietarios, tenían determinado nivel de ingresos o determinado grado de instrucción escolar, tuvieron derecho al voto y a ser elegidos representantes parlamentarios.

La revolución Francia julio de 1830

La revolución que estalló en Francia en julio de 1830 contra el absolutismo del rey Borbón Carlos X, inició la oleada revolucionaria que se extendió por toda Europa. En París, burgueses estudiantes, obreros asaltaron armerías, armaron barricadas y pidieron por la abdicación del rey. El ejèrcito se negó a reprimir a los revolucionarios y el rey abandonó el país. Se le entregó la corona a Luis Felipe de Orleans que adhería a los principios liberales.

1848: Hacia la Democracia Liberal: El movimiento revolucionario de 1848 fue el que más se extendió por Europa, pero el de menos éxito: con la única excepción de Francia. En el resto de los países, los antiguos gobiernos recuperaron el poder en muy poco tiempo, y los revolucionarios fueron encarcelados o exiliados. En Francia se proclamó la República, que duró algo más de 2 años. El único cambio irreversible fue la abolición de la Servidumbre en el Imperio de los Habsburgos.

Las fuerzas sociales y políticas en 1848.

La oleada revolucionaria de 1848 comenzó en Francia y el nuevo estallido estuvo relacionado con los resultados de la revolución de 1830. El régimen de gobierno establecido desde entonces favorecía a la Alta Burguesía, pero negaba el Sufragio Universal a la Baja Burguesía, a los intelectuales y sobre todo a los trabajadores.

La situación se agravó cuando, a partir de 1845, se acentuó la crisis económica. Una serie de malas cosechas provocó un fuerte aumento en los precios de los alimentos básicos de los trabajadores: los cereales y las papas. El cierre de fábricas por causa de la crisis de la industria textil había aumentado el desempleo, y el hambre se generalizó motivando a los trabajadores a protestar.

En toda Europa, casi simultáneamente, miembros de la baja burguesía y estudiantes se unieron a las protestas de los obreros. En Francia, el Ejército y la Policía se negaron a reprimir a los aliados revolucionarios: el rey abdicó y se proclamó la República.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

Lo significativo de la revolución que se desarrolló en París en febrero de 1848 fue que, por primera vez, los trabajadores tuvieron demandas específicas diferentes de las de los burgueses.

*POLÍTICO: La Baja Burguesía pedía una reforma del sistema electoral y parlamentario para lograr un mayor grado de participación en el gobierno.
*SOCIOECONÓMICO: Los Obreros pedían soluciones al problema de la desocupación y del hambre. Entre 1846 y 1848 el cierre de los talleres de ferrocarriles había dejado sin empleo, en París, a 500.000 obreros.

El Gobierno Provisional que se organizó luego de proclamada la República, y contó con la participación de un obrero y de un representante de los intereses de los obreros como Ministro de Trabajo: el socialista Louis Blanc. Entre febrero y mayo de 1848, este nuevo gobierno —con el apoyo de los pobres de las ciudades y de burgueses republicanos moderados— realizó las siguientes acciones:

*estableció el sufragio universal
*abolió la esclavitud colonial
*abolió la pena de muerte por delitos políticos
*creó los Talleres Nacionales para solucionar el problema del desempleo en la ciudad de París.

La derrota de los trabajadores.

La primera elección que se realizó en Francia con la vigencia del Sufragio Universal dio por resultado una Asamblea Constituyente integrada en su mayoría por partidarios de la Monarquía y de Reformas moderadas.

La mayor parte de la población, que era todavía rural, no había tomado contacto con las nuevas ideas que impulsaban los burgueses radicales y republicanos, ni con las ideas socialistas que defendían los intereses de los obreros. Por esto, en las ciudades del interior de Francia la población masculina votó por aquellos miembros de la sociedad que conocía: los médicos, los abogados, e incluso por los nobles que ocupaban un lugar destacado en su ciudad.

Esta Asamblea se enfrentó con el Gobierno Provisional y, reafirmando los principios del Liberalismo Económico, decidió el cierre de los Talleres Nacionales.

El balance de 1848: la burguesía “conservadora”.

Cuando la burguesía tomó conciencia de la enorme fuerza que tenía el conjunto de los trabajadores pobres, sintió sus intereses amenazados: la Propiedad Privada. Desde entonces, muchos liberales moderados se fueron convirtiendo en conservadores.

A medida que los burgueses moderados se retiraron de la alianza, los Trabajadores y los Burgueses Radicales quedaron solos frente a la unión de las antiguas fuerzas aristocráticas y la burguesía conservadora. Las revoluciones de 1848 fueron derrotadas porque los Partidos del Orden se impusieron sobre la Revolución Social.

Los trabajadores habían luchado no sólo por el Derecho al Voto para todos los ciudadanos, sino también por reformas en la organización de la economía y la sociedad que mejoraran sus condiciones de vida. Ante las demandas de los obreros, la Baja Burguesía Liberal y Moderada consideraron que la propiedad privada estaba en peligro y se aliaron nuevamente con la Alta Burguesía.

Luego de la experiencia vivida, los Gobiernos Conservadores que retomaron el poder se propusieron poner en práctica muchos de los principios del liberalismo económico, jurídico y cultural.

Entre 1848 y 1849, los conservadores habían comprendido que la Revolución era peligrosa y que las demandas más importantes de los radicales y obreros -especialmente las económicas— podían satisfacerse a través de Reformas. De esta manera, las “reformas económicas” reemplazaron a la “revolución”, y la Burguesía dejó de ser una fuerza revolucionaria.

A pesar de que en 1848, en Francia, la Revolución había terminado con la derrota de los obreros, la gran movilización de trabajadores -entre otras razones- impidió la limitación del Sufragio.

En noviembre de 1848, la elección del nuevo presidente de la República Francesa se hizo por Sufragio Universal. Los franceses no eligieron a un candidato moderado, pero tampoco a un radical. El ganador fue Luis Napoleón Bonaparte.

Para los gobiernos europeos, la elección de Luis Napoleón hizo evidente que la “Democracia de sufragio universal” —la institución que se identificaba con la Revolución— era compatible con el mantenimiento del orden social.

La democracia liberal.

Durante la primera mitad del siglo XIX, muchos pensadores y gobernantes de Europa Occidental estaban convencidos de que, en las sociedades de su época, el desarrollo del Capitalismo y el establecimiento de la Democracia de Sufragio Universal eran objetivos incompatibles.

Y en esta afirmación coincidían, por ejemplo, pensadores liberales que representaban el punto de vista de los burgueses —como el francés Alexis de Tocqueville y el inglés John Stuart Mill— y un pensador socialista que representaba el punto de vista de los trabajadores, el alemán Karl Marx.

El desarrollo del Capitalismo había generado una multitud de trabajadores pobres que, paulatinamente, se iban transformando en la mayoría de las poblaciones de las sociedades europeas.

Sobre la base de diferentes argumentos, tanto para Stuart Mill y para Tocqueville como para Marx, el mayor número de los trabajadores pobres era la razón que hacía inconciliables el Capitalismo y la Democracia. Para los liberales, la extensión del Sufragio Universal y al establecer un voto por persona, la política daba lugar al Gobierno de los Trabajadores Pobres que no tenían conocimientos adecuados debido a su falta de Educación formal.

Desde esta percepción de la situación, al carecer de la preparación necesaria para ejercer el gobierno, gobernarían exclusivamente en función de sus intereses, y la democracia dejaría de estar vigente. No obstante, para los socialistas, el gobierno de los trabajadores terminaría destruyendo al Capitalismo.

Sin embargo, el desarrollo del Capitalismo continúa hasta nuestros días aunque desde la segunda mitad del siglo XIX, progresivamente, cada vez fueron más los individuos reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

En la actualidad, en casi todas las sociedades capitalistas son ciudadanos todos los adultos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y de instrucción, su ocupación, su raza y su religión.

La Democracia Liberal, fue y es el sistema político que logró e hizo posible la vigencia y la “convivencia pacífica” del Sufragio Universal junto al mantenimiento del Capitalismo como forma de organización de la economía, y de la legitimidad de los reclamos de la sociedad por parte del Estado de los derechos sociales y humanos

Fuente Consultada: Historia Europa Moderna Alonso/Elisalde/Vázquez – Revoluciones del Mundo Moderno de Alonso Lazo
Profesora de Historia: Adriana Beresvil

 

La burguesia Industrial Nacimiento Origen y Evolución Resumen

La Burguesía Industrial: Origen y Evolución

La Comuna de París

Revoluciones Liberales

El Cartismo

Revolución de 1830

Esta clase social, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, se convirtió en germen de un nuevo mundo con el desarrollo del capitalismo. Dicha transformación culminó entre los siglos XVII Y XIX, por medio de las revoluciones burguesas.

En el mundo moderno de los siglos XVII y XVIII fue cada vez más evidente la relación entre los cambios en la organización económica de una sociedad y los cambios en su organización política.

A lo largo de su historia, cada sociedad va realizando diferentes actividades económicas y el trabajo de los hombres se va organizando en forma también distinta. Siempre, en las sociedades antiguas y también —aunque por medios distintos— en las del mundo moderno, fue necesario que la autoridad política asegurase la realización de las actividades económicas, la producción de un excedente y la acumulación de una parte de las riquezas producidas.

Por esto mismo, los grupos sociales que tienen el poder económico en cada sociedad se proponen asegurar que la autoridad política garantice sus intereses.

A partir del siglo XVII, con el desarrollo de las nuevas actividades económicas, como el comercio y la industria, los burgueses adquirieron poder económico y acumularon riquezas. Por primera vez, tuvo poder económico un grupo social —los burgueses— diferente del que durante siglos ejerció el poder político: la aristocracia terrateniente. Desde entonces, para los burgueses quedó planteada la necesidad de producir cambios en la organización política de la sociedad para asegurar sus intereses económicos.

ORIGEN , FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA BURGUESÍA EN EL SIGLO XIX

Su Formación

Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola. Para los marxistas, esta clase social era la dominante en el modo de producción capitalista, poseedora de los medios de producción, gracias a lo cual podía acumular las plusvalías generadas por el trabajo asalariado de los proletarios.

La teoría sociológica, desde M. Weber y W. Sombart, contempla a la burguesía como la clase social que, animada de un espíritu nuevo, donde priman el individualismo, el esfuerzo personal, la innovación y el afán de lucro, transforma el mundo feudal en el que nace, hasta lograr la plena implantación del capitalismo y el estado liberal.

De todas formas, esta clase social no constituye un grupo homogéneo, sino se dan grandes diferencias entre una alta burguesía, compuesta por los capitalismo dueños de los medios de producción, que rigen la vida política y económica en estados liberales, y una pequeña burguesía de profesionales liberales, funciona empleados medios y pequeños propietarios y comerciantes que, aunque como muchos rasgos ideológicos y culturales con la anterior, se encuentra mas cerca proletariado por su renta y su posición social y política.

El hecho es que el cono de burguesía es muy amplio, y ha tenido distintos significados y matices a lo largo de la historia, y según las perspectivas desde las que se ha analizado.

Nacimiento y consolidación de la burguesía

Aunque ya en la Antigüedad existieron hombres de negocios dedicados a las, actividades mercantiles y manufactureras y vinculados al mundo urbano, el importante papel de los aparatos públicos en las actividades económicas no solía mucho margen para la iniciativa privada, por lo que no podemos hablar de burguesía propiamente dicha. En Europa occidental, el crecimiento económico y demográfico experimentado a partir del siglo XI permite el asentamiento de una población cada vez más numerosa en las ciudades, tanto antiguas como de reciente fundación (burgos).

Estos burgueses se especializan en actividades artesanas y, cantiles, que pronto les proporcionan una fuerza económica suficiente para presionar sobre los señores feudales, de los que obtuvieron libertades jurídicas, autonomía administrativa y protección para sus actividades. Sin embargo, no consiguieron distinguirse jurídicamente de la mayoría campesina de la población, y el esquema social feudal, basado en la división en tres órdenes o estamentos (nobles, eclesiásticos y trabajadores o estado llano) se mantuvo inalterado.

Esto no impidió que dentro del mismo grupo burgués se produjera una creciente estratificación, sobre todo Partir del siglo XIII, diferenciándose las oligarquías de grandes comerciantes y banqueros que normalmente controlaban los gobiernos municipales, del «común», integrado por artesanos, sirvientes y pequeños comerciantes.

La oposición de intereses entre ambos grupos dio lugar a la aparición de conflictos durante la baja Edad Media. Además, esa oligarquía burguesa se asimila progresivamente a la nobleza terrateniente, cuyo estilo de vida copia y cuyo estatus social codicia.

Desde fines de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, muchas familias burguesas entroncan con la nobleza (mediante matrimonios con familias aristocráticas empobrecidas), o acceden a esa condición mediante la compra de cargos o tierras vinculadas a títulos, convirtiéndose en rentistas y asumiendo los valores conservadores de la clase noble.

otra forma de ascender socialmente era mediante el servicio en la creciente burocracia estatal que las monarquías autoritarias de la Edad Moderna estaban desarrollando Los monarcas preferían emplear en su administración a letrados procedentes de la clase media burguesa, en lugar de a los miembros de la alta nobleza, susceptibles de desafiar su poder.

De todas formas, los burgueses no ennoblecidos siguieron perteneciendo estado llano, y normalmente eran ellos los que acaparaban su representación Cortes y otras instituciones representativas de origen medieval, a las que los rey Antiguo Régimen recurrían lo menos posible, sólo cuando estaban necesitados financiación extraordinaria.

La expansión mercantil europea desarrollada a partir del siglo XVI, con el descubrimiento y colonización de nuevos y vastos territorios ultramarinos y la apertura nuevos mercados, proporcionó unas inmensas posibilidades de enriquecimiento burguesía. Pero el mantenimiento de las estructuras tradicionales le impedía un papel social y político acorde con su poder económico.

A partir del siglo XVI sé produjo también un cambio de mentalidad, con la difusión de nuevas ideas: el humanismo, el racionalismo e incluso la ética protestante (especialmente en su versión calvinista), transformaciones ideológicas, filosóficas y culturales que encuentra culminación en la Ilustración, que tuvo en la burguesía a su principal valedora beneficiaria. Se santificó el afán de lucro y el éxito en los negocios, como signo del divino y como contribución a la prosperidad general. El individualismo y la igualdad entre los hombres se elevaron a la categoría de dogmas, contradiciendo el si de privilegios estamentales que impedía a la burguesía desempeñar un pape destacado en la vida pública.

Por último, el apoyo al progreso científico y técnicas a la mentalidad racionalista, también en la economía, se oponían a las viejas estructuras productivas (gremios) y comerciales (mercantilismo), que constituían una para el pleno desarrollo del capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico que ido gestando con las actividades de la burguesía.

EL ASCENSO SOCIAL: Uno de los resultados más importantes de la doble revolución de fines del siglo XVIII fue abrir las carreras al talento. Había cuatro caminos (para nada fáciles) para desarrollar estas carreras.

• El estudio universitario permitía iniciar un ascenso en la sociedad de la época. Sin embargo, la educación no era generalizada y, por lo tanto, no estaba al alcance de todos y no generó la sociedad abierta que todos esperaban. Al contrario, surgió una sociedad cerrada en la cual se conformó una élite intelectual y profesional. Pero para aquellos que alcanzaban la educación universitaria -médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, funcionarios de carrera, sacerdotes y pastores religiosos- estaba garantizada cierta reputación social, bienestar económico e incluso la posibilidad de acceder al poder político.

• La carrera de los negocios era el camino de ascenso social por excelencia en una economía abierta y en rápida expansión. Era también la vía más limitada y minoritaria, pues no cualquiera podía acceder al mundo de los negocios: exigía condición mental, sentido de la oportunidad y, por supuesto, recursos económicos, requisitos que la mayoría no poseía. No todos podían seguir el camino de Robert Peel.

• El ejército ofrecía la más vieja de las carreras abiertas al talento. En sus filas habían progresado socialmente muchos hijos de campesinos y pobres urbanos que obtuvieron -cuando sobrevivieron a las guerras- un prestigio social y una posición económica que de otra manera habría sido impensable. Esta vía de ascenso social se había potenciado después de la Revolución Francesa y durante las guerras napoleónicas, pero se redujo sensiblemente durante el período de paz.

• El arte era el cuarto camino de reconocimiento social. Escritores, pintores, actores, músicos y cantantes gozaban -en un mundo de valores burgueses- del prestigio que otorgaba el solo hecho de poseer talento, un atributo que en las sociedades nobiliarias y aristocráticas era escasamente tenido en cuenta.

Las revoluciones burguesas (más en este sitio)

Todas esas estructuras económicas y sociales anticuadas encontraban su mar expresión en el sistema político de las monarquías absolutistas. La burguesía utilizaba, en su beneficio el descontento de gran parte del estado llano, el estamento no privilegiado, que incluía desde los más pobres jornaleros hasta los banqueros o comerciantes más ricos.

La serie de revoluciones iniciada en Inglaterra (1642-48 y 1688) Norteamérica (1773-83) y Francia (1789), y extendida durante el siglo XIX al re Europa, significó la abolición del Antiguo Régimen y la instauración del estado General burgués, la sociedad de clases y el capitalismo industrial.

Esta transformación social, económica y política sirvió especialmente a los intereses de la gran burguesía capitalista, convertida en clase dominante. En efecto, la revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra había lugar al desarrollo de un nuevo sector económico.

Los capitales acumulados por el comercio fueron invertidos en las nuevas fábricas, donde se empleaba a la mano de obra que una transformación agraria orientada al mercado había dejado sin tierras y si bajo. La nueva economía industrial, cuyos medios de producción están en manos de la burguesía capitalista, se transforma en el motor del desarrollo de los estados occidentales.

El poder económico se convierte en la pauta que marca las divisiones y jerarquías de la nueva sociedad de clases. Se produce entonces la clara separación la burguesía y las clases trabajadoras, que no tienen acceso a los bienes de producción ni al reparto de la riqueza generada por su trabajo. La recompensa que obtiene el proletariado por haber apoyado las revoluciones burguesas es el pago de un salario por su trabajo, privado de voz en los mecanismos económicos y políticos.

El fin de la burguesía revolucionaria

A partir de ese momento, la antigua burguesía revolucionaria se convierte en una clase conservadora. Se priman los valores del orden (además de los de la familia, el trabajo y el ahorro), se defiende a ultranza la propiedad privada, y se intenta restringí acceso de las clases populares al poder político (sufragio censatario).

De vez en cuando, la presión popular en los movimientos revolucionarios (Babeuf en 1797, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871), y corrientes como el socialismo intentan despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarlo para luchar por mejorar su posición.

Ante esto, la burguesía responde con concesiones que intentan integrar a las clases populares en el sistema, instaurando el sufragio universal, extendiendo su ideología mediante la educación nacional, y creando el mito según el cual, en una sociedad de clases «abierta», cualquier individuo es capaz, por mérito esfuerzo, de mejorar su condición.

En el siglo XX, la evolución económica y social de los países más desarrollados ha dominado la aparición de una amplia clase media o pequeña burguesía, que no está definida tanto por la propiedad de los medios de producción como por su formación cultural y técnica, que le permite desempeñar los puestos intermedios de la administración pública y empresarial. Por otro lado, se ha producido también una elevación del nivel de vida y formación de las clases trabajadoras, cuyos miembros más cualificados se confunden con los estratos inferiores de la clase media («aburguesamiento» de la clase obrera).

Al mismo tiempo, la difusión de unos hábitos culturales y de consumo homogéneos por parte de los medios de comunicación ha propiciado aparición de una «sociedad de masas» o de consumidores, que pretende desdibujar las fronteras entre clases.

El Antiguo Régimen

Crisis del Antiguo Régimen

 

Pacto de Brest Litovsk Tratado de Paz Rusia Guerra Mundial Final

Pacto de Brest Litovsk – Tratado de Paz 

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La paz de Brest-Litovsk: El tratado de paz firmado en Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) entre las potencias centrales y la República de Ucrania (09 de febrero 1918) y la Rusia Soviética (03 de marzo 1918), puso fin a las hostilidades entre dichos países en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Las primeras negociaciones del gobierno bolchevique con los imperios centrales comenzaron el 9 de diciembre. Las reuniones se celebraron en la fortaleza de Brest-Litovsk El problema de la guerra se planteaba para los revolucionarios rusos de la siguiente manera: había que ganar tiempo a toda costa para fortalecer la revolución.

La mirada de los bolcheviques se dirigía a Europa en espera de la crisis revolucionaria que preveían. La primera delegación soviética estuvo representada por Kámenev y Joffé. Los Imperios centrales enviaron a los ministros de relaciones exteriores de Austria-Hungría y Alemania, Csernin y Von Kuhlmann, al jefe del estado mayor del frente oriental, general Hoffmann.

Desde las primeras discusiones, los imperios centrales mostraron sus intenciones: imponer la paz a Rusia y obtener grandes concesiones. El artículo segundo de sus propuestas para la paz decía: «Habiendo reconocido el gobierno ruso, de acuerdo con sus principios, el derecho de todos los pueblos, sin excepción, que forman parte del Estado ruso, a disponer de sus destinos hasta el punto de separarse por completo, se da por enterado de las resoluciones que expresan la voluntad de los pueblos de Polonia, Lituania, Curlandia, una parte de Estonia y de Finlandia, de separarse del Estado ruso y de constituirse en Estados realmente independientes».

O sea, reclamaban la anexión a Alemania de todos esos territorios. La propuesta era monstruosa y evidenciaba claramente la voracidad imperialista de Alemania. La formulaban, por otra parte, contando con que Rusia ya no estaba en condiciones de combatir. Era la tesis de Ludendorff: imponer la paz o rematar a Rusia «rápida y enérgicamente». El temor al bolchevismo aterraba al jefe militar: » Yo sabía que, aún en caso de llegar a la paz, nos serían necesarias numerosas fuerzas contra el bolchevismo».

El 27 de diciembre se reanudaron las negociaciones. La delegación soviética estaba presidida esta vez por Trotski. Las discusiones se hicieron más tensas. La delegación bolchevique seguía ganando tiempo, mientras dirigía una activa campaña propagandística sobre los soldados alema-nes. La situación se mantuvo casi dos meses. El Estado Mayor alemán estaba exasperado. Ludendorff proponía insistentemente iniciar las operaciones contra Rusia.

El 26 de enero, el gobierno soviético culminaba su ruptura con los aliados: un decreto anulaba todas las deudas exteriores de Rusia. Al mismo tiempo, las negociaciones de Brest-Litovsk llegaban a término. En los primeros días de febrero, Alemania y sus aliados reconocieron a Ucrania como Estado independiente y firmaron, con una «delegación» ucraniana inventada, un acuerdo de paz. La delegación bolchevique rompió la negociación: daban la guerra por terminada, pero sin firmar la paz.

El 18 de febrero, apenas unos días después de la ruptura de las negociaciones, Alemania anunció al gobierno ruso la reanudación de las hostilidades. La ofensiva alemana casi no encontró resistencia. En pocos días, del 18 al 24, Ucrania fue invadida. Las posibilidades de resistencia para el gobierno soviético eran muy escasas. No existían fuerzas para mantener una guerra revolucionaria. Se impuso la necesidad de firmar la paz. El 19 de marzo, llegaba a Brest-Litovsk una nueva delegación soviética.

La Rusia soviética había aprovechado bien el tiempo de las negociaciones. La propaganda tuvo enorme efecto sobre Alemania y los pueblos en general. En primer lugar, se hacía evidente la mentira con que la Entente pretendía engañar a los obreros de Europa: que los bolcheviques eran agentes alemanes.

El gobierno soviético firmaba la paz bajo la imposición de los cañones del ejército alemán. El 3 de marzo se firmó el tratado. Un mensaje del gobierno revolucionario, dirigido a los pueblos del mundo, decía: «La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano. La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…»

La paz de Brest-Litovsk implicó enormes concesiones territoriales en beneficio de Alemania. Las cláusulas principales del tratado, que estaba redactado en trece artículos eran: compromiso recíproco de cesar en toda clase de propaganda contra el estatuto gubernamental o militar de los países interesados; la desmovilización del ejército ruso, incluso la de las nuevas unidades soviéticas; renuncia, por parte de Rusia, a inmiscuirse en los asuntos de los países situados al oeste de las nuevas fronteras (todos los países bálticos, Lituania y Polonia); evacuación de las regiones de Asia Menor, ocupadas por las tropas rusas; reconocimiento, por parte de los Soviets, de la república popular de Ucrania y del tratado firmado por ésta con la Cuádruple; evacuación de Finlandia y de las islas Aaland por los rusos (lo que equivalía al sacrificio de la revolución finlandesa); renuncia recíproca a toda indemnización de guerra.

Sin embargo, Rusia tendría que indemnizar a los Imperios centrales por el sostenimiento de los prisioneros rusos, por los daños causados por la revolución a los subditos austro-alemanes, etcétera (en total, un pago de más de tres mil millones de rublos oro). Se realizaría inmediatamente el intercambio de prisioneros de guerra (Alemania calculaba de esta manera recuperar material humano); se reanudarían las relaciones comerciales y diplomáticas. Una vez firmada la paz, y al amparo del tratado prosiguió el avance de las tropas alemanas en Ucrania, hasta el Don, hasta Crimea, hasta el Cáucaso».

La primera paz de la guerra mundial resultaba favorable para Alemania y sus aliados. Empero, el beneficio de la ocupación de Ucrania fue muy inferior al que había calculado el Estado Mayor alemán. El principal aporte lo constituyó el envío a Alemania de 46.000 caballos y 5.000 cabezas de ganado. En cuanto a cereales, obtuvieron una exigua cantidad, que no alcanzaba a paliar el problema del hambre en Alemania y Austria-Hungría. El costo, por otra parte, fue muy elevado. Tuvieron que mantener un ejército de ocupación (22 divisiones), constantemente hostigado por partidas guerrilleras, que pronto se desmoralizó.

Asimismo, la publicación de la paz alemana de Brest-Litovsk contribuyó a afirmar en la Entente su voluntad de no concluir la guerra antes de aniquilar a Alemania. Además, prestó un buen servicio a la propaganda aliada que agitó por el mundo la «rapiña alemana» en Rusia. . . La paz impuesta se volvió contra Alemania.

La Rusia soviética perdió importantes territorios, pero la revolución de octubre se sostuvo. Cuando la revolución alemana derribó la monarquía de los Hohenzollern, los bolcheviques denunciaron la paz de Brest-Litovsk y se lanzaron a recuperar e! terreno perdido. En tanto, habían comenzado a organizar el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotski. Al mismo tiempo, la propaganda realizada hacia Alemania comenzó a dar sus frutos.

Desde una cárcel de Berlín, Liebknecht, hacía en esos días un excelente comentario sobre la paz de Brest-Litovsk:

«El balance de Brest-Litovsk no es igual a cero, aunque de momento haya de traducirse en una paz brutal de imposición y avasallamiento. Gracias a los delegados rusos, Brest-Litovsk se ha convertido en una tribuna revolucionaria de radio amplísimo. Aquellas negociaciones sirvieron para desenmascarar a los imperios centrales, para desenmascarar el instinto de rapiña, la falsedad, la perfidia y la hipocresía de Alemania. Sirvieron para dictar un veredicto aniquilador contra esa política alemana de las ‘mayorías’ a que, según ella, se ha de ajustar la paz, y que tiene más de cinismo que de gazmoñería. Han servido para desencadenar, en varios países, considerables movimientos de masas. Y su trágico acto final —la intervención decretada contra la revolución— ha sacudido todas las fibras socialistas del mundo. Ya llegará el día en que se demuestre, que van a recoger de esta siembra los triunfadores de hoy. Yo les garantizo que no van a disfrutar a gusto.»