Las Campañas Militares de Bolívar en la Independencia de América



LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA DEL DOMINIO ESPAÑOL

Simón Bolívar (1783-1830), militar y político sudamericano de origen venezolano, presidente de Venezuela (1819), presidente y creador de la República de la Gran Colombia (1819-1830) y dictador de Perú (1824-1826), se convirtió desde 1813 en el máximo conductor de la revolución que culminó con la emancipación de Sudamérica frente al poder colonial español, por lo que es conocido como el Libertador.

simon bolivar retrato

Simón Bolívar. Retrato ANÓNIMO DE HACIA 1816. – Este Bolívar joven y atildado a lo «dandy», a lo —más español— «lechuguino», nada nos deja adivinar ni al futuro militar notable, ni al excelente futuro estadista; ni, mucho menos, al hábil forjador de Estados independientes en la siempre, por siempre, Hispanoamérica. Nos deja la impresión de un poeta, malherido o maltratado de amores, cuyos versos patéticos ya barruntan el próximo hervor romántico. Cierto: este juvenil Bolívar nos parece estar ensoñando; pero no en campos de batalla, sino «en campos de plumas» gongorinos.

Desde 1810, Simón Bolívar consagró toda su voluntad, todo su talento, toda su ilusión, toda su acción a la independencia de los países sudamericanos.

A esta empresa inclusive sacrificó su fortuna. Sin ser un gran general, superó a cuantos jefes combatieron en aquellas tierras. Como político cometió fatales equivocaciones.

Sólo encontró auténticos rivales de su talla en los españoles Bobes y Morillo. Poseyó un temerario valor personal, y supo hacerse estimar de sus amigos, subordinados y aliados.

Muy autoritario, cuando necesitó mostrarse cruel, no rehuyó la crueldad, pero todos sus defectos los compensó con sus extraordinarias virtudes de patriota.

Lógicamente es admirado por Hispanoamérica como su mayor héroe. Su pensamiento político comprendía los siguientes postulados de independencia radical y absoluta para toda América; restablecimiento, dentro de ella, de una fuerte unidad hispanoamericana; republicanismo en la forma y monarquismo en el fondo; equiparación, en toda América, de las exigencias sociales y económicas.

SUS CAMPAÑAS: LOGROS Y DERROTAS

Estaba ausente Bolívar cuando estalló la revolución del Jueves Santo — 19 de abril— de 1810 en Caracas. Quedó destituido el capitán general don Vicente Emparán.



Los sublevados tuvieron la seguridad de que España -no podría enviar tropas con suficiente armamento.

Y, además, proclamaron la sublevación en nombre del rey de España y contra los elementos afrancesados de la «Madre Patria». Los insurrectos constituyeron una Junta Suprema. Simón Bolívar marchó a Inglaterra para pedir ayuda contra España. ¡Tremenda paradoja!

El ministro inglés, marqués de Wellesley, hermano de Wellington, la prometió inmediatamente. Y así, mientras los ingleses defendían a España contra los franceses, defendían en América a los americanos contra los españoles. Un botón de muestra de la astuta política inglesa de siempre.

Hubo, eso sí, cierta lógica en que Inglaterra aceptase muy gustosa «devolver» a España la ayuda que ésta prestó a los colonos norteamericanos contra Inglaterra. Con el satisfecho Bolívar regresó a Venezuela el radical y violento revolucionario Francisco Miranda.

Bajo las órdenes de éste, como coronel, Bolívar procuró atenuar sus radicalismos. Por fin vencieron los revolucionarios radicales y… sinceros, y fue proclamada la Independencia el 5 de julio de 1811.

Mientras se discutía cómo había de quedar redactada la Constitución, los realistas y españolistas pusieron al frente de su ejército al general Domingo de Monteverde, quien recobró Caracas y obligó a capitular a Miranda en San Mateo —24 de julio de 1812—.

Así terminó la primera república venezolana. Refugiado en Curacao, con la ayuda inestimable de José Félix Ribas, Bolívar, un año después, ya como director único de la revolución, inició su gran empresa, la que lograría darle el glorioso nombre de Libertador.

En su primer Manifiesto se disculpó del fracaso y presentó normas para las futuras acciones.

La campaña bélica durante los últimos meses de 1812 y los primeros de 1813 fue muy favorable a sus armas. Recuperó Caracas el 6 de agosto de 1813, donde fue proclamado Libertador de la República, y poco más tarde, Dictador.

Pero estas alegrías «se las amargaron bastante» las victorias obtenidas por dos cabecillas realistas y españoles: José Tomás Bobes y Francisco Tomás Morales; aquél, al frente de sus terribles y admirables llaneros.



Otros realistas españoles, Vicente Campo Elias, José Yáñez y José Ceballos también ganaron varias batallas a nuestro héroe.

Cierto que Bolívar derrotó en Carabobo — 28 de mayo de 1814— a los guerrilleros realistas. Pero éstos se tomaron un magnífico desquite en la batalla de La Puerta — 15 de junio —, donde Bobes con sus llaneros aplastó a Bolívar y Marino, ocupó Valencia, llegando «a sangre y fuego» hasta Caracas, donde entraron el 8 de julio. Nuevamente vencido Bolívar — 18 de agosto — en Aragua, hubo de retirarse a Cumaná, y por último a Cartagena de Indias. El segundo asalto también lo había perdido.

Ya en Cartagena siguió reagrupando sus fuerzas y nutriéndolas con otras llegadas de todos los territorios de Nueva Granada. Con todas ellas intentó la reconquista de Santa Marta; la llegada de España del general Morillo al frente del único ejército regular que pudo enviar España para la defensa de sus virreinatos, hizo fracasar el propósito de Bolívar, quien en marzo de 1815 marchó a Jamaica, donde redactó su célebre Carta — 6 de septiembre — en la que justificaba la Revolución, auguraba la independencia de Hispanoamérica, abjuraba de la monarquía, del federalismo y de la democracia, y declaraba su deseo en la unión republicana de Venezuela y Nueva Granada. Pero en Jamaica nadie le hizo gran caso. Desalentado se trasladó a Haití, cuyo presidente, Alejandro Petion, le prometió eficaz y pronta ayuda.

El 3 de mayo de 1816 desembarcó en la isla Margarita la expedición de Bolívar; éste, antes de iniciar los combates, prometió convocar un Congreso ante el que renunciaría a su dictadura. La expedición constituyó un nuevo fracaso y Bolívar hubo de regresar a Haití.

Así perdió el cuarto asalto (el tercero lo había perdido al marchar a Jamaica). Con el nuevo auxilio que le prestó el presidente negro haitiano, unido a Arismendi, Bolívar invadió la provincia de Caracas, pero fue derrotado en Clarines (9 de enero de 1817).

El quinto asalto le fue también adverso. Pero su carácter indomable no cedió. Encontró aliento y colaboración en los Estados Unidos; quienes pagaron con tan negra ingratitud los auxilios que de España recibieron para independizarse.

Consiguió atraerse a los terribles llaneros mandados por José Antonio Páez desde la muerte de Bobes. Reunido el Congreso en Angostura — 15 de febrero de 1819—, Bolívar dirigió un mensaje en el que proclamaba sus ideas constitucionales inspiradas en el régimen inglés: república, libertad, igualdad, abolición de la esclavitud, dos cámaras, presidente vitalicio y un «cuarto poder»… moral.

Inmediatamente inició una de sus más famosas y felices campañas: la de Nueva Granada, que culminó con la concluyente victoria de Boyacá — 7 de agosto de 1819—, determinando la emancipación total de Nueva Granada. Los colombianos le nombraron su jefe militar y político.

Regresó a Angostura y obtuvo del Congreso la unión en una sola República de Nueva Granada, Venezuela y Quito. Aislado el general Morillo de España, con motivo del levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan, careciendo de soldados y de armamentos, pidió un armisticio — 25 de noviembre de 1820—. Terminado el plazo, Bolívar derrotó a La Torre sucesor de Morillo en la segunda batalla de Carabobo —24 de junio de 1821 —.

Venezuela logró definitivamente su independencia. No hay en tierra americana quien pueda atacarla con probabilidades de éxito.



Los realistas de Guayaquil se sublevaron con violencia; Bolívar envió contra ellos al general Antonio José de Sucre, quien, luego de derrotar a los realistas, apoyó la independencia de su país regida por el gobierno de José Joaquín de Olmedo. Los días 26 y 27 de julio de 1822 se entrevistaron en Guayaquil Bolívar y José de San Martín, Protector o jefe del Perú.

Este intentó unir al Perú el Ecuador; pero su pretensión resultó inútil, ya que Ecuador estaba unido con Venezuela y Colombia. Pero la verdadera causa de que fracasaran los planes de tan memorable entrevista, fue que mientras San Martín era partidario de las monarquías, que ocuparían príncipes europeos, Bolívar creía que podía evitarse la anarquía por medio de fuertes gobiernos republicanos.

Retirado San Martín del Perú, intransigente en sus ideales monárquicos, Bolívar fue proclamado general en jefe de las tropas peruanas —1823— y Dictador a principios de 1824.

Pero todavía necesitó ganar dos famosas batallas, la de Junín y la de Ayacucho, para asegurar la independencia peruana. En la de Junín —7 de agosto de 1824— derrotó al general español don José de Canterac.

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En la de Ayacucho —9 de diciembre de 1824— derrotó al virrey La Serna, aliado a los generales Jerónimo Valdés y José de Canterac. Esta última batalla señaló el fin de la dominación española en América del Sur.

Desde entonces pudo dedicarse Simón Bolívar a la estructuración definitiva de su gran república. Pero esta empresa resultó mucho más difícil y dolorosa que la conquista de la independencia.

Porque el héroe encontró incontables adversarios y traidores entre quienes le habían ayudado a echar a los españoles de aquellos inmensos territorios.

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar Ediciones Cadyc

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