Formación de los Estados Modernos

Biografia de Witt Jan de Firma Paz de Westminster

Biografia de Witt Jan de

Jan de Witt (1625-1672), político holandés (de las Provincias Unidas), hermano de Cornelis de Witt, nació en Dordrecht y estudió en la Universidad de Leiden.

Fue un destacado hombre de Estado holandés en el siglo XVII, quien obtuvo el cargo de gran pensionario de Holanda en 1652, y en calidad de tal, firmó con Cromwell la paz de Westminster, por la que Inglaterra aseguraba que ningún príncipe de la casa de Orange sería estatuder o gran almirante de la república.

Biografia de Witt Jan de
En 1650 fue nombrado asesor jurídico principal de Dordrecht, y tres años más tarde pasó a ser consejero gran pensionario de Holanda. Aceptó la exigencia de Oliver Cromwell de Inglaterra de abolir el cargo de estatúder (gobernador), que antes ostentaban los príncipes de Orange.

Descendiente de una familia de la aristocracia burguesa de Holanda, cuyos miembros se habían ilustrado en el comercio de la madera y en el gobierno de Dordrecht, Juan de Witt nació en esta ciudad el 24 de septiembre de 1625.

Después de cursar los estudios de Leyes en las universidades de Leyde y Angers, se estableció en La Haya como abogado cerca de la corte de Holanda.

En 1650 su padre, Jacobo de Witt, fue detenido por Guillermo II de Orange, ya que era uno de los miembros más importantes del partido republicano del país.

Recobrada la libertad, su hijo siguió el camino político que aquél le había trazado. Pensionario de Dordrecht en 1650, fue reconocido muy pronto como jefe del grupo antiorangista.

En 1653, con motivo de la primera guerra naval angloholandesa, fue nombrado gran pensionario de Holanda.

Hombre realista y práctico, supo hacer frente a la situación después de las derrotas de la escuadra holandesa en el Canal de la Mancha.

Firmó con Cromwell el Tratado de Westminster (1654), por el cual aceptaba una cláusula que excluía al joven príncipe de Orange, Guillermo II, de todas las dignidades públicas de que habían gozado sus antecesores.

Este acto consolidaba su poder en las Provincias Unidas, aunque desde luego no todas aceptaron con complacencia la imposición de Inglaterra.

Durante los once años que siguieron, Juan de Witt fue el verdadero jefe y director de la política neerlandesa, aunque quizá no de un modo tan absoluto como Oldenbarneveldt.

Su gestión financiera fue particularmente notable, logrando hacer rebajar del 5 al 4 por 100 el tipo de interés en toda la república. En política exterior siguió las orientaciones tradicionales de Francia e Inglaterra.

Sin embargo, no olvidó las conveniencias de los mercados holandeses, y así dedicó parte del presupuesto público al mejoramiento de la armada.

En 1662 Witt concertó una alianza defensiva con Francia, al objeto de poner coto a las agresiones de Inglaterra en los mares.

Estas no cesaron, por lo que, ante la toma de Nueva Amsterdam, en América del Norte, las Provincias Unidas declararon la guerra a su rival (1665).

En este momento púsose de relieve la excelente organización dada a la república por Juan de Witt. Después de los desastres iniciales, una serie de brillantes victorias marítimas obligaron a Carlos II de Inglaterra a pedir la paz.

Esta se firmó en Breda (1667), con el natural acrecentamiento de prestigio para el gran pensionario.

Pero esta paz había de ser fatal a Holanda, ya que Inglaterra se echó en brazos de Francia. Luis XIV meditaba la ruina de las posesiones de España en los Países Bajos.

Las victorias que alcanzaron sus generales en Flandes y el Franco Condado en la guerra de Devolución (1667-1668), fueron anuladas por la formación de la Triple Alianza, de la que fue alma Juan de Witt.

Entonces Luis XIV proyectó la pérdida de aquella orgullosa república, que le cerraba el paso en el camino de las conquistas y de la economía (guerra de tarifas).

En el transcurso de los años siguientes, la diplomacia francesa aisló a las Provincias Unidas y las rodeó de un bloque enemigo.

Mientras tanto, Juan de Witt había de hacer frente a la oposición orangista, que crecía como la espuma a compás del crecimiento del príncipe Guillermo.

El pueblo neerlandés, que odiaba el gobierno de la oligar-
quía burguesa, se afilió al bando de los Orange. En 1666 Zelanda obtuvo el ingreso de Guillermo II en el Consejo de Estado.

Para hacer frente a los brotes revolucionarios de 1667, Juan de Witt obtuvo de los Estados de Holanda la promulgación del «Edicto Perpetuo» (1667), suprimiendo el cargo de estatúder en las provincias.

Pero el Edicto sólo fue copiado por la provincia de Utrecht, por lo que De Witt tuvo que limitarse a imponer el «Pacto de Armonía» (1667), disponiendo la incompatibilidad de los cargos de estatúder y de capitán general en las demás provincias.

De esta manera pensaba robustecer la forma republicana de gobierno y mantener la hegemonía de Holanda en la federación.

Esta fórmula se sostuvo hasta la campaña emprendida por el ejército de Luis XIV contra las Provincias Unidas en 1672.

Ante el rápido avance francés, De Witt fue acusado de improvisación y descuido, lo que no era cierto más que en lo referente a la defensa terrestre.

El pueblo, excitado por las malas nuevas que llegaban del campo de batalla, se levantó contra el gobierno del gran pensionario.

Este presentó la dimisión de su cargo el 4 de agosto.

El 20 del mismo mes perecía asesinado en manos del populacho de Amsterdam, dirigido por Tichelaar, junto con su hermano Cornelio.

fuente

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia Origen

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia

La  historia  de  Inglaterra  y   Escocia   está  llena  de   guerras  y   de   sangre.   Durante   siglos,   ambos países  han  mantenido  entre  sí  una  enconada  enemistad.  Los gobernadores romanos que rigieron Inglaterra desde el siglo I al V de nuestra era fueron incapaces de romper la resistencia de las tribus escocesas.

Los jefes de las legiones romanas se contentaron con contemplar las tierras de Escocia desde lejos, temerosos de la fiereza de sus gentes ocultas tras las altas montañas, y con retirarse hacia terreno seguro protegido por la Muralla de Adriano. La retirada de los romanos dejó a las tribus escocesas (pícts y scots) a sus anchas para continuar merodeando a su arbitrio por las indefensas zonas del norte de Inglaterra.

Hasta 1005 de nuestra era, Escocia no estuvo unida bajo un único rey. Hasta entonces, esa tierra primitiva y bravia no tuvo conciencia alguna de nación, ni de raza, ni de una lengua única. Contaba con tres reyes, por lo menos, y estaba dividida territorialmente por selvas vírgenes, marismas, interminables pantanos y ríos infranqueables.

Cualquier rey que aspirara a la unidad se encontraría con la ingente tarea de soldar los varios elementos integrantes de una tierra amorfa y darles una unidad territorial y política. Al mismo tiempo tendría que frenar las incursiones inglesas de Northumbria y hacer frente a la amenaza que podría representar una Inglaterra unida bajo los reyes normandos.

Los clanes escoceses demostraron ser temibles adversarios de cualquier posible conquistador. Sus miembros vivían violenta y celosamente bajo la égida del todopoderoso jefe del clan, cuyo apellido llevaban todos, como los MacDonald, los Murray o los Campbell. Eran temibles con sus vestidos de tartán, sus dagas, sus espadas, sus redondos escudos de cuero y sus feroces gritos guerreros.

Durante dos siglos, la frontera entre Escocia e Inglaterra gozó de tranquilidad. Las incursiones ocasionales a ambos lados de la misma no alteraron la pacífica coexistencia entre ambos pueblos, y hasta hubo un rey, el gran David I (1124-1153), que adoptó un régimen de mando similar al de los reyes normandos.

La doncella de Noruega
Esta paz se vio quebrada por un infortunado incidente que provocó la lucha de Escocia por su independencia. En marzo de 1286, Alejandro III, rey de Escocia, desapareció en la oscuridad de una tormenta al intentar atravesar el río Forth durante la noche. A la mañana siguiente, su cuerpo maltrecho fue arrojado por el río a una playa rocosa. Como único heredero dejó una nieta, Margarita, «la doncella de Noruega», todavía una niña de tierna edad.

En el tratado de Brigham, firmado cuatro años más tarde, Inglaterra quiso forzar una unión con Escocia intentando unir en matrimonio a Margarita con el príncipe Eduardo, hijo de Eduardo I. Este arreglo matrimonial, de haberse llevado a cabo, pudiera haber evitado más de dos siglos de luchas entre ambos países. Pero Margarita enfermó durante su viaje por mar desde Noruega y murió en las islas Oreadas, al noreste de la costa escocesa.

Roto el tratado, Eduardo se vio forzado a cubrir la vacante del trono escocés de otra manera. Como juez entre trece candidatos rivales que aspiraban al trono, Eduardo cometió un error de juicio que resultó desastroso. Por elegir a John Baliol suscitó los celos del poderoso Robert Bruce. Baliol apenas tuvo tiempo de disfrutar de sus poderes de rey.

En 1296, tras un breve intento de deshacerse de la influencia de Eduardo, Baliol fue derrocado y Escocia conquistada. La piedra que solía utilizarse en la ceremonia de coronación de los reyes escoceses fue removida simbólicamente de Scone y trasladada a Inglaterra, donde se encuentra en la actualidad debajo del sillón de coronaciones en la Abadía de Westminster.

Para el rey Eduardo esto constituyó el fin de los problemas, mientras que para Escocia la remoción de la piedra significó la llamada a la lucha por la independencia patria. Los clanes escoceses se vieron invadidos de un nuevo espíritu de exaltación patriótica, y en 1297 William Wallace, el héroe popular escocés, condujo a sus compatriotas a la victoria sobre un ejército inglés en el Puente Stirling. Eduardo no se arredró ante el desafio que esta victoria suponía y se lanzó una vez más hacia el norte. Esta vez los mortales dardos de sus arqueros galeses se impusieron a los pequeños escudos y a las espadas de los escoceses.

Los clanes no se rindieron tan fácilmente. Convocando a sus guerreros en valles y marismas, Robert Bruce reemprendió la lucha en 1306. En aquel mismo año, fue proclamado rey de Escocia aunque antes se vio forzado a eliminar a su poderoso rival Red Comyn.

El ejército de Bruce era muy pequeño en relación con el inglés, viéndose forzado Bruce, capturada su esposa y muerto su hermano, a huir de los ingleses y de los partidarios de Comyn. Sin embargo, a la muerte de Eduardo I condujo a sus seguidores a la victoria contra Eduardo II en el verano de 1314. En 1328, Inglaterra reconoció a Robert Bruce como legítimo rey de Escocia.

Tres universidades
Por fin Escocia se había convertido en nación, viéndose pronto destinada a jugar un importante papel en la historia de Gran Bretaña. Durante el resto de la Edad Media. el país se vio envuelto en continuas luchas domésticas, viviendo siempre a la sombra de Inglaterra. A pesar de este estado permanente de guerra, Escocia fue civilizándose a marchas forzadas.

Prueba de ello son las tres universidades fundadas en el siglo XV: la de San Andrés en 1412, la de Glasgow en 1451, y en 1495 la de Aberdeen. Las guerras entre Inglaterra y Francia absorbían las energías de los monarcas británicos, no permitiéndoles respiro alguno para guerrerar contra los escoceses, y éstos, debido a sus conflictos tribales, tampoco estaban en condiciones de atacar, teniendo en cuenta sobre todo la debilidad de los Estuardo.

Además. Londres, sede del poder inglés, estaba demasiado lejos para las desamparadas tropas escocesas. Continuaron, sin embargo, las luchas fronterizas y, a veces, el estado de guerra general. En 1346, los magnates del norte de Inglaterra capturaron en Nevilles Cross al rey David II de Escocia (1329-71) y lo tuvieron cautivo durante 11 años.

Más tarde, en 1385, el rey Ricardo II de Inglaterra, marchando al frente de sus tropas, llegó hasta Edimburgo, capital escocesa. La familia Percy de Inglaterra fue derrotada por un pequeño ejército de merodeadores en Otterburn. en 1388.

Los Percy se vengaron de la derrota en la batalla de Homildon Hill, en 1402. Los reyes ingleses, sucumbiendo a la tentación de climas más cálidos que el de Escocia y de un botín más preciado en otras partes, mostraron poco afán de lucha en los últimos años de la Edad Media.

Enrique IV, en el año 1400, fue el último rey inglés de la Edad Media que cruzó la frontera. La lucha entre ambos pueblos quedó en manos de las grandes familias inglesas, como los Percy y los Neville.

María Estuardo
Los monarcas de la familia Tudor se vieron forzados sin embargo a interesarse más por los asuntos escoceses por razón de un suceso importante ocurrido en 1503. Tras largas negociaciones e intrigas, Jacobo JV de Escocia contrajo matrimonio con Margarita, hija de Enrique VII de Inglaterra.

La boda no trajo la paz inmediatamente a las dos naciones, pero fue el primer eslabón en una larga cadena de sucesos que había de dar a Inglaterra sus Estuardos y, más tarde, producir la unior. política de los dos países. Al morir sin hijos Isabel I, en 1603, Inglaterra eligió, para sucederle en el trono, al mayor de los descendientes de Enrique VI, Jacobo VI ce Escocia.

Reina Maria Estuardo de Escocia

Mientras las costas de Inglaterra estaban protegidas contra Francia, enemigo secular de Inglaterra, por el canal, la frontera con Escocia quedaba al descubierto. Tras la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma, las católicas Francia y Escocia suponían una continua amenaza: María, la reina de Escocia, era al mismo tiempo delfina de Francia, y los monarcas escoceses, campeones del catolicismo contra la protestante Inglaterra, Como consecuencia de esta situación, Inglaterra tenía que vigilar los movimientos que ocurrían tanto al norte como al sur de sus fronteras.

En 1587, la reina Isabel resolvió definitivamente el problema escocés al destruir todos los posibles centros de conspiración pro-escoceses en Inglaterra con la firma de la sentencia de muerte de María Estuardo. Dice la leyenda que María sonrió al tiempo que su cabeza rodaba por el suelo tras el golpe del verdugo. Un hijo suyo, Jacobo VI de Escocia, llegó a ser rey de Inglaterra en 1603 con el nombre de Jacobo I.

No por ello desaparecieron las fronteras entre ambos países. Escocia, más próxima a Inglaterra que nunca, teniendo a su rey en Londres, fue elemento muy importante en la política exterior inglesa. Los escoceses, que eran oficialmente protestantes desde 1560 a pesar de que sus monarcas continuasen siendo católicos, se sintieron ofendidos al ver que Jacobo apoyaba abiertamente a la Iglesia de Inglaterra.

Los escoceses presbiterianos, que eran los que virtualmente regían el país, se rebelaron en 1640 cuando el arzobispo Land intentó forzarles a abrazar la Iglesia de Inglaterra. Carlos I conmovió a Inglaterra convocando al Parlamento.

Se aplazaron los trabajos sobre la constitución inglesa y se inició una nueva serie de guerras en las que los presbiterianos escoceses prestaron su apoyo a los defensores del Parlamento, contribuyendo a que éstos ganasen la batalla de Marston Moor (1643). Como compensación, los parlamentarios prometieron establecer en Inglaterra la Iglesia Presbiteriana. A modo de represalia, el marqués de Montrose barrió Escocia con sus tropas, logrando seis victorias para Carlos I.

El futuro Carlos II aceptó entonces el presbiterianismo atrayendo hacia sí a los escoceses en contra de los parlamentarios. Oliver Cromwell, dictador parlamentario, los derrotó en las batallas de Dunbar en 1650 y de Worcester en 1651, viéndose Escocia invadida por el ejército del general Monk. Los escoceses creían que la base de todos sus problemas era la unión de las dos coronas. Estando el rey de Escocia entronizado en Londres, ¿cómo podían esperar ser tratados con justicia?

historia de escocia

Izq.: William Wallace (c. 1272-1305), «martillo y azote de Inglaterra», se convirtió en un héroe  popular  escocés.
Der.;Tras su gran victoria en Bannockburn, Robert Bruce fue reconocido por Inglaterra como legítimo rey de  Escocia.

El exilio de los reyes escoceses
Los temores de los escoceses se vieron confirmados por Guillermo III, primer rey de una nueva dinastía de monarcas ingleses. En 1689 Guillermo, defensor del presbiterianismo, fue derrotado en Killiecrankie por los católicos jacobitas que se oponían, apoyados por los montañeses de Escocia, a una política tan parcialmente favorable a Inglaterra. (Los jacobitas apoyaban a Jacobo II Estuardo y a sus descendientes). Para conseguir una paz rápida, Guillermo acordó perdonar a todos los jefes de los clanes montañeses que depusieran sus armas para antes del fin de año de 1691.

La mayor parte de ellos así lo hicieron, acogiéndose a las promesas de amnistía de Guillermo. MacDonald de Glencoe, que se encontraba acampado con sus tropas en el oeste de Escocia, se rindió el último día.

Guillermo, creyendo que MacDonald había rehusado rendirse, envió a Glencoe a otro escocés, el capitán Campbell de Glenlyon. Campbell y sus tropas fueron recibidos en Glencoe como amigos, pero aquella misma noche, los MacDonald y todos sus familiares fueron traidoramente asesinados cuando dormían.

Cuando los dos países se encontraban de nuevo al borde de la guerra en 1705, se reunieron en una conferencia de paz varios hombres prudentes de cada nación, acordando una Unión Política entre ambos en 1707. Como resultado de dicha unión, Westminster había de acoger en sus escaños a 45 miembros del Parlamento Escocés y la Iglesia presbiteriana sería la Iglesia oficial de Escocia. Esta importante decisión, aclamada por todos, fue el espaldarazo de Escocia como nación de pleno derecho.

No acabaron, sin embargo, los problemas. Muchos aceptaron como rey a Jorge I de Hannover mientras que los montañeses se declararon a favor de Jacobo Estuardo, hijo del depuesto Jacobo II. Los jacobitas se rebelaron en 1715 a favor de Estuardo. Como los clanes montañeses andaban con rencillas entre sí y Luis XIV de Francia había muerto, las negras perspectivas de Jacobo se cumplieron. El marqués de Ormonde no tuvo éxito en su intento de sublevar al pueblo en favor de los jacobitas y el conde de Mar, Juan Bobbing, fracasó también en su empresa de reunir a los ingleses del norte a favor de la causa.

En Sheriffmuir, el ejército inglés puso fin a los sueños de los invasores escoceses y Jacobo tuvo que volver a Francia derrotado y arruinado.

Durante los 30 años siguientes, poco dieron que hablar en su exilio en Francia los supuestos héroes escoceses. En agosto de 1745, el osado Carlos, hijo de Jacobo, espoleado por sus grandes sueños de gloria y apoyado por la promesa de ayuda de Francia, penetró en pleno corazón de las montañas escocesas.

Logró captar inmediatamente las simpatías de las tribus y, derrotando a la oposición en Prestonpans, entró en Edimburgo con 5.000 hombres. Escocia se había rendido a sus pies, pero no así Inglaterra. Lleno de esperanzas, Carlos cruzó la frontera y marchó hacia el sur de Inglaterra con la ilusión de atraerse al pueblo. Sus esperanzas se vieron truncadas desde el principio al rehusar los ingleses tomar partido a su favor. Los ingleses se encontraban muy contentos con sus monarcas hannoverianos, y la seguridad que éstos les proporcionaban no quedaba compensada con las vagas promesas que aquella curiosa banda de aventureros les ofrecía.

Mientras tanto, en la capital del reino, Londres, el pánico se había apoderado de aquellos que más tenían que perder con la victoria de los invasores. El «viernes negro» —6 de diciembre de 1745— todos se lanzaron a retirar sus depósitos del Banco de Inglaterra cuando cundió la noticia de la llegada a Derby de Carlos con sus mesnadas. Pero el pequeño ejército de escoceses, fatigado y falto de ánimo, marchó hacia el norte camino de sus hogares. Perseguidos por Guillermo, duque de Cumberland, hijo de Jorge II, fueron derrotados y pasados por las armas en el pantano de Culloden.

Ante el temor de que, en el futuro, pudiera repetirse una insurrección del mismo tipo, el gobierno disolvió los clanes ejecutando a sus jefes y promulgando una ley que prácticamente supuso la destrucción del sistema.

Los jefes que pudieron huir de la muerte se vieron desprovistos de todo poder y autoridad, se confiscaron las armas que tenían en su poder y se prohibió el uso de la típica falda escocesa y de todo tipo de tartán que pudiera recordar a los antiguos clanes.

El general Walde construyó puentes y carreteras para facilitar el acceso a las zonas montañosas. Desde entonces, Escocia ha permanecido fiel a los lazos que unen las Islas Británicas. En este siglo XX, los nacionalistas escoceses han comenzado a demandar de nuevo una mayor independencia para el país.

Fuente Consulatada:
Colección La LLave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre Editociones Cisplatinas S.A:

Biografia Maria Estuardo Resumen Conflicto con Isabel I de Inglaterra

Biografía María Estuardo 
Conflicto con Isabel I de Inglaterra

Resumen Biografía de María Estuardo
El siglo XVI fue en toda Europa escenario de enconadas luchas políticas y religiosas. María Estuardo, reina católica de un país calvinista, supo manejarse con habilidad en tan delicada situación y logró dar a Escocia un breve período de paz. Sucumbió sin embargo ante el poderío de Isabel I de Inglaterra, que le impuso un prolongado cautiverio y finalmente ordenó su decapitación.Biografia Maria Estuardo Conflicto con Isabel I de Inglaterra

«En mi fin está mi principio». Esta frase, bordada en franceses en los paños que cubrían el trono de María Estuardo, ha resultado profética. Algunos han visto en ella el triunfo póstumo de la reina de Escocia sobre su enemiga, Isabel I de Inglaterra. En efecto, fue Jacobo VI, hijo de María, quien a la muerte de Isabel ciñó ambas coronas.

Muchas obras se han escrito sobre Maria Estuardo, inclusive poemas dramáticos famosos, como los de Alfieri, Schiller y Swinburne. La reina de Escocia ha tenido multitud de defensores y de detractores, todos acérrimos e intransigentes en su apasionamiento en pro o en contra de María.

Como reina católica, contó siempre con la simpatía de sus correligionarios, y como mujer hermosa y apasionada cautivó irresistiblemente los corazones románticos. En cambio, siempre se le mostraron inconciliables los enemigos del «papismo» y los ingleses orgullosos de su tradición monárquica y de su hábil reina Isabel, que tanto hizo por la gloria y el poder británicos.

A estos poco les importó que la «reina virgen» fuera el fruto de un matrimonio morganático, y menos aún que la Iglesia Católica la considerase una bastarda, nacida de un matrimonio insanablemente nulo. Sin embargo, ello preocupaba en grado sumo a la propia Isabel, más consciente que nadie de los mejores títulos dinásticos de María Estuardo al trono de Inglaterra, los que en última instancia habrían de motivar el trágico destino de la escocesa.

LA REINA DE FRANCIA
Nació María el 7 de diciembre de 1542 en Linlithgow, pocos días antes de la muerte de su padre, Jacobo V de Escocia, de quien era la única heredera legítima viviente. Contaba apenas un año de edad cuando fue coronada, y su madre, María de Guisa, perteneciente a la entonces poderosa familia francesa de Guisa y Lorena, ofició de regente durante los azarosos años en que los ingleses invadieron una y otra vez las Lowlands (tierras bajas) escocesas.

En 1548 la niña reina fue prometida al Delfín de Francia, Francisco, algo menor que ella, y enfermizo. María pasó el resto de su infancia y su adolescencia en la corte francesa, donde las típicas intrigas renacentistas eran habituales y donde los nobles católicos y hugonotes se disputaban el favor del rey Enrique II, hijo de Catalina de Medicis.

La pequeña escocesa conquistó de entrada los corazones de la familia real francesa –excepto el de Catalina, que deseaba la corona para su otro hijo, Carlos– y los de toda la corte con su belleza, que crecía día a día, y con su gracia, gentileza y buen corazón.

El 24 de abril de 1558 su matrimonio con el Delfín fue celebrado con gran pompa, y al año siguiente, al fallecer Enrique II, María ciñó fugazmente la corona de Francia porque el 5 de diciembre de 1560 murió Francisco II y Catalina, la reina madre, vio cumplido su anhelo de que Carlos, su hijo favorito, ocupase el trono.

Poco antes había fallecido María de Guisa, la regente de Escocia, y desaparecido así su principal adversario, los calvinistas obtuvieron la supremacía: el 25 de agosto de 1560 el Parlamento escocés proclamaba al calvinismo religión del Estado.

LA REINA DE ESCOCIA
Un año después, el 19 de agosto, un buque procedente de Francia anclaba en el puerto de Leith, tras haber burlado el patrullaje de los navíos ingleses enviados en su busca por Isabel I que, advertida de la presencia de la reina de Escocia y ex reina de Francia, le había prohibido hacer puerto en Gran Bretaña.

María fue bien recibida por su pueblo y pronto demostró que, si bien exigía que se la dejase seguir practicando personalmente su religión católica, aceptaba el statu quo y renunciaba a reimplantar en el país la antigua fe. A tal punto, que no vaciló, en 1562, en salir a combatir en persona, y vencer al noble católico más poderoso de Escocia, el conde de Huntley.

Condenada a muerte Por casarse con el asesino de su segundo esposo, y por enfrentarse al calvinismo, la reina escocesa María Estuardo debió abdicar y buscar refugio en Inglaterra. Allí vivió 19 años, cautiva de Isabel I, hasta que se demostraron sus vínculos con una conspiración contra la soberana, lo que le valió la pena de muerte. María Estuardo se dirige al patíbulo, por Scipione Vannuteli; siglo XIX.

Eso no bastó para ganarle la confianza de fanáticos como John Knox, para quien la reina oponía «a la verdad de Dios una mente orgullosa, un ingenio astuto y un corazón empedernido». En esto coincidía con el embajador inglés, Throckmorton, que informó a su soberana: «La reina de Escocia se conduce con tal honorabilidad, sabiduría y discreción, que no puedo dejar de temer su progreso».

En efecto, gracias a la hábil conducción de María, Escocia disfrutó de cuatro años de paz (1561-1565), que no es poco decir en ese convulsionado siglo XVI. Pero aunque su conducta era intachable, desde los pulpitos los pastores calvinistas la cubrían sistemáticamente de calumnias y alentaban a la rebelión contra ella.

A ello se sumaban, además, las maquinaciones de su implacable rival, Isabel de Inglaterra, que simulando oponerse al casamiento de María con un primo, lord Henry Darnley, consiguió lo que realmente se proponía: que María se empeñase en llevarlo acabo. Darnley era un muchachón apuesto pero alocado, que como príncipe consorte solo podía llevar el caos a Escocia, favoreciendo así los planes de Isabel.

El matrimonio se celebró el 29 de julio de 1565, y desde ese momento todo se desarrolló a gusto de la reina de Inglaterra. Se sucedieron las rebeliones de nobles escoceses contra el poder real, y María debió encabezar una fatigosa campaña contra su propio hermanastro, James Stuart, conde de Moray, que había contado con el apoyo de Isabel.

Por su parte, Darnley se vio envuelto en una conjura para asesinar al secretario de María, David Rizzio, quien fue muerto en presencia de la propia reina, que se hallaba encinta y nada pudo hacer. Con ello las relaciones entre los esposos quedaron definitivamente deterioradas, y el nacimiento de un hijo -el futuro Jacobo VI- el 19 de junio de 1566 no logró mejorarlas pues Darnley no se hizo presente en su bautismo.

LA FUERZA DE LAS COSAS
La atolondrada conducta de Darnley no le granjeó a este el apoyo de ningún partido, y así fue como el 10 de febrero de 1567 el príncipe consorte pudo ser asesinado impunemente por los esbirros de James Hep-burn, conde de Bothwell, que se había convertido en el «hombre fuerte» de Escocia.

María tuvo que soportar el golpe, pues nadie se atrevía a castigar al evidente culpable. Envalentonado, este osó raptar a la propia reina el 24 de abril del mismo año, y con su consentimiento o sin él sobre este punto la evidencia histórica y las declaraciones de María resultan bastante ambiguas- tuvo relaciones con ella en el castillo de Dunbar, adonde la había conducido.

Bothwell consiguió asimismo que varios de los principales nobles del reino aconsejaran a la reina que lo desposase. Sola, privada de todo apoyo, María se vio obligada a aceptar una imposición que por otra parte no parecía del todo desagradable. Estas nuevas nupcias, celebradas el 15 de mayo de 1567, señalaron el comienzo de su ocaso. Una confederación de nobles escoceses se rebeló contra Bothwell y María, y después de derrotar a las tropas de ambos en Carberry Híll a un mes de la boda, proclamó rey de Escocia al niño Jacobo y regente al conde de Moray.

Derrotada nuevamente por Moray en Langside el 13 de mayo de 1568, María tuvo la infeliz idea de refugiarse en Inglaterra, donde por orden de Isabel fue apresada y juzgada por el asesinato de Darnley. En el juicio se adujeron muchas pruebas contra la prisionera, varias de ellas notoriamente falsas. Finalmente fue absuelta, pero debió pasar el resto de su vida prisionera.

Durante esos diecinueve años María no dejó de conspirar para obtener su libertad e inclusive para promover la invasión de Inglaterra por España. Con ello dio a Isabel el pretexto que necesitaba para ordenar a su secretario Davison qué la hiciera decapitar. Cumplida la sentencia el 8 de febrero de 1587, la reina de Inglaterra, aparentando que se había tratado de un error, multó a Davison en diez mil libras, con lo que le redujo a la miseria.

Biografia de Oliver Cromwell:Guerra Civil en Inglaterra Ejecucion

Biografía de Oliver Cromwell:
Guerra Civil en Inglaterra

La Inglaterra de las revoluciones

La dinastía de los Estuardo, tentada por la imposición del absolutismo político y el retorno al catolicismo, fue vivamente criticada. La crisis estalló en 1640, durante el reinado de Carlos  I , y se transformó en guerra civil. El rey fue vencido, juzgado y ejecutado en 1649. Cromwell impuso diez años de dictadura puritana.

Luego de su muerte, la Restauración no trajo consigo la estabilidad esperada. La «gloriosa revolución» de 1688 expulsó a Jacobo II, católico convencido, quien tuvo que dejarle el trono a su hija, esposa de Guillermo de Orange, príncipe protestante y adversario encarnizado de Francia.

La pareja real firmó el Bill of Rights, que instituyó el régimen de compartir el poder con las cámaras parlamentarias. Se reafirmó el Habeas Corpus y la Iglesia Católica fue proscripta.

La Inglaterra del fin del siglo, favorecida por tener el primer gobierno moderno fundado sobre el principio del contrato desarrollado por Locke, volvió a poner en marcha una política económica, comercial y colonial agresiva.

Cromwell nació un 25 de abril de 1599 en Huntingdon. Fue el dirigente más importante de la Guerra Civil inglesa, la República y el Protectorado. Murió en septiembre de 1658, su hijo mayor, Ricardo, le sucedió.

HISTORIA Y BIOGRAFÍA DE OLIVERIO CROMWELL (1599-1658)

Fue nombrado en 1653 Lord Protectord vitalicio de Inglaterra.

Ese mismo año se adoptó una nueva Constitución de gobierno que dejaba de lado las leyes fundamentales del país, y que era un esfuerzo para justificar legalmente a la dictadura militar.

Aceptaba la división de poderes pero el Lord podía tomar medidas especiales en caso de desorden y peligro social.

Después de la Guerra de las Dos Rosas, que duró 30 años, Enrique Tudor, fue coronado rey de Inglaterra, con el nombre de Enrique VII, e inauguró la dinastía Tudor a partir de 1485.

A este le sucede Enrique VIII que se sublevó contra la Santa Sede y estableció la religión anglicana, que ha partir del reinado de su hija Isabel I (su madre Ana Bolena), tomó un carácter netamente protestante.

Esta reina es tristemente recordada por las persecuciones que sufrieron los católicos, millares de los cuales fueron

 condenados al último suplicio. Entre las víctimas se cuenta a María Estuardo reina católica de Escocia, que huyendo de una sublevación pide refugio en Inglaterra.

Estuvo 18 años presa y luego se la hizo procesar, enviándola al patíbulo en donde fue decapitada y entregada su cabeza al verdugo. Isabel muere sin sucesión quedando terminada la dinastía de los Tudor, siendo el trono ocupado por los Estuardos.

Uno de ellos fue Carlos I que quiso gobernar sin consultar al Parlamento y durante 11 años se negó a convocar las Cámaras.

Al mismo tiempo quiso imponer la religión anglicana a Escocia, que era plebisterianos, por cuya causa éstos se sublevaron.

Como necesitaba dinero para este conflicto decidió reunir el Parlamento, petición que fue rechazada hasta tanto el rey no cambie su forma de gobernar.

Carlos I reaccionó y se produjo la guerra civil entre los partidarios del rey y los del Parlamento.

Oliverio Cromwell tomó la dirección de los opositores al rey y logró vencer el ejército de Carlos I, éste sin soldados y sin dinero se refugió en Escocia, pero los escoceses lo entregaron al Parlamento, donde fue juzgado y condenado a muerte ante una corte de justicia. Se lo acusó de tirano y traidor.

El Parlamento proclamó la república y Cromwell ejerció el poder sin título alguno. Algunos irlandeses y escoceses se sublevaron porque querían la monarquía, Cromwell los sofocó con sangre.

De todas maneras Cromwell no tenía el mando y el Parlamento se lo negó. Entonces resolvió dar un golpe de estado.

Acompañado de sus soldados entró bruscamente en salón de sesiones y los trató de bebedores a unos, bandidos a otros e insultos por el estilo a los demás.

Luego hizo desalojar el salón, cerró las puertas y se guardó las llaves. Al otro día hizo colocar un cartel en su frente que decía:-Esta casa de alquila-.Dueño absoluto del poder tomo el nombre de Lord Protector. Había llegado al colmo de sus deseos, lo cual le provocó, al tiempo, un miedo sin igual permanentemente.

Los remordimiento lo perseguían a toda hora. Jamás salía sin llevar bajo su vestido una coraza e ir cargado de puñales y de pistolas. Iba siempre acompañado de varios escoltas y nunca dormía dos noches en el mismo lugar.

Tan triste vida sumado a la muerte de su hija Isabel alteró su salud, y en el medio de su negro triunfo murió en 1658 triste y desgraciado.

Le sucedió su hijo que ocupó muy poco tiempo el poder, pues carecía de dotes y carácter para la conducción del gobierno. Nunca fue obedecido.

El hijo de Carlos I, el monarca decapitado, apoyado por un general tomaron nuevamente el poder. Los Estuardos volvieron a gobernar.

Ver: Ejecución de Carlos I de Inglaterra

Después de la muerte del rey, el Parlamento cercenado abolió la monarquía y la Cámara de los Lores, aparte de proclamar a  Inglaterra como república o Commonwealth (1649-1653).

Este no fue un periodo fácil para Cromwell. Como comandante en jefe del ejército tuvo que reprimir el levantamiento católico en Irlanda, los cual llevó a cabo con una brutalidad que le valió la eterna enemistad del pueblo irlandés, así como un levantamiento en Escocia en el nombre del hijo de Carlos I.

LA DICTADURA
Afianzado en el poder —que habría de retener hasta su muerte— se dedicó primero a asegurar el predominio marítimo de las Islas Británicas.

No reparó en medios en la consecución de tal propósito, y forzosamente hubo de chocar con los intereses de los Estados cuyas flotas representaban un elemento muy valioso en el patrimonio nacional.

El primer país que se resintió fue Holanda, y pronto estallé la guerra entre ambos contrincantes.

La flota holandesa, aunque comandada por buenos jefes, debió capitular ante la inglesa, dirigida por Roberto Blake. Inglaterra pasó a ser, así, dueña absoluta del comercio marítimo.

Cromwell, envanecido por tantos triunfos, disolvió el Parlamento, se convirtió en dictador y fue proclamado Lord Protector de la República inglesa (1653).

El Parlamento fue convocado por él cuatro veces y disuelto inmediatamente a la menor señal de disentimiento con su voluntad.

Una de estas asambleas terminó por ofrecer a Cromwell el titulo de rey, pero éste lo rehusó, y designó, en cambio, un sucesor: su hijo Ricardo.

Más adelante hizo su alianza con Francia; los dos Estados lucharon contra España, y Cromwell, como recompensa de las victorias, obtuvo la ciudad de Dunkerque y la isla de Jamaica.

Poco después de estos triunfos de política exterior, Cromwell murió (3 de setiembre de 1658). Contaba 59 años. Tras su muerte, la monarquía reconquistó pronto el trono de Inglaterra.

SOBRE EL GOBIERNO DE OLIVERIO CROMWELL:

Crowwell intentó organizar un Gobierno. Pero no se atrevió a convocar a elección para el Parlamento.

Reunió una asamblea de 140 miembros, que había elegido él mismo atendiendo a su piedad, y que el pueblo apellidó por burla «Parlamento Barebone», del nombre de uno de sus miembros, que usaba el prenombre de «Alabanza a Dios» (Praise God). Aquel Parlamento quiso hacer reformas que desagradaban a Cromwell, y pronto lo disolvió.

El Consejo de los oficiales hizo entonces una Constitución que atribuía a Cromwell un poder semejante al del rey, pero con el título de Lord Protector. Había en ella un Parlamento formado por una sola Cámara, que representaba, mo solamente a Inglaterra, sino a Escocia e Irlanda. Ningún partidario de Carlos I había de ser elector ni elegido (1653).

El Parlamento fue elegido (1654) y pidió cambios en la Constitución. Irritado Cromwell, le declaró disuelto.

Dos años más tarde, Cromwell hizo cambiar la Constitución,, haciéndola más semejante al régimen antiguo de Inglaterra.

Se creó una segunda Cámara, semejante a la de los lores. Se aumentó el poder del Protector: debiai designar los miembros de la segunda Cámara, tenía el derecho de nombrar su sucesor. Se llegó a ofrecer Cromwell el título de rey. Los oficiales le rogaron que rehusase, y no se atrevió a aceptar.

Pero, en la ceremonia de instalación, reanudó los usos de los antiguos reyes, apareció revestido de púrpura y armiño, y en la mano un.cetro de oro (1657).

Cromwell acabó por indisponerse con aquel nuevo Parlamento, y le disolvió diciendo: «El Señor me juzgará a mí y os juzgará a vosotros» (1657). Hasta su muerte Cromwell fue dueño absoluto del poder.

Intentó reorganizar la Iglesia, tomando como pastores a la vez presbiterianos e independientes. Prohibía el culto anglicano, pero toleró todas las sectas protestantes y hasta los judíos.

Cromwell conservó el ejército que había organizado y la flota de guerra creada para combatir a los holandeses. Inglaterra fue entonces la nación más poderosa, de Europa, bastante fuerte para decidir la victoria entre las dos grandes monarquías católicas, debilitadas por largas guerras.

Aun cuando Cromwell fue detestado por parte de las Cortes europeas en calidad de regicida, España y Francia le pidieron alianza.

Cromwell se decidió contra España, la vieja enemiga de los protestantes. Su flota fue a América. Se apoderó de Jamaica, que ha seguido siendo colonia inglesa, capturó los navios españoles que traían la plata de las minas de América (1655).

Luego se alió con Francia y su ejército ayudó a los franceses a batir a los españoles y conquistar Dunkerque , que fue dado a Inglaterra (1658).

Cromwell murió en septiembre de 1658.

Su hijo mayor, Ricardo, le sucedió.

Pero no era puritano ni amante de los soldados. Pronto se puso a mal con el ejército y abdicó (1659). Ya no quedaba Gobierno en Inglaterra.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…

SOBRE LAS CENIZAS DEL DICTADOR SE LEVANTARA EL MODERNO ESTADO INGLES
Como lord protector, Cromwell fue enterrado en Westminster, donde ya reposaban tantos reyes de Inglaterra. Su hijo Ricardo le sucedió en el cargo por corto tiempo.

Luego dimitió, y la segunda mitad de 1659 fue de lucha anárquica entre varios jefes.

Por fin, Monk —general que gobernaba Escocia— se dirige a Londres y desde allí llama a Carlos II.

Las condiciones para la restauración monárquica fueron pocas pero importantes.

Carlos declaró una amnistía universal y aceptó las limitaciones que el Parlamento de 1640/53 (el «Parlamento Largo») impuso a la monarquía. El 29 de mayo de 1660 entró triunfalmente en la Capital.

Pero la amnistía no se extendía a los muertos. Los cadáveres de Cromwell, Ireton y Bradshaw —que había presidido el juicio al rey Carlos I— fueron desenterrados, ahorcados, decapitados y destruidos. Carlos II, como su padre, tampoco era muy dado a cumplir promesas.

Varias leyes fueron lanzadas contra sus adversarios. Los nobles, que demostraban no haber aprendido nada, querían restablecer todos los privilegios a la monarquía absoluta. El pueblo que recibió a Carlos II y su séquito con un suspiro de alivio, comenzó a suspirar nuevamente por otros motivos.

Pero Carlos no fue lo peor. A pesar de todo, acordándose de su padre, mantuvo un Parlamento durante dieciocho años. «Voy a mantenerlos hasta que les crezca la barba», decía bromeando.

Su hermano Jacobo II, quien le sucedió, inició una sangrienta y vasta represión. Favoreció a los católicos —el rey se había reconvertido al catolicismo— y desconoció los derechos adquiridos por los Comunes en la guerra civil.

Parecía creer que la única cosa que le había faltado a su padre hubiera sido energía. Se engañaba. Cuando el rey tuvo un hijo varón, en la vejez, que podría estabilizar una dinastía católica, una nueva revolución hace presa del país. Jacobo es expulsado y el Parlamento llama a un príncipe protestante —Guillermo de Orange (Guillermo III), de Holanda, casado con María, hija anglicana de Jacobo—, quien se compromete a respetar los derechos de los Comunes y por la «gentry». Es la «Revolución Gloriosa» de 1688 que da forma al moderno Estado Inglés.

La memoria de Cromwell y de loí puritanos aún era temida. Pero lo; fundamentos del poder de las clase; medias que ellos echaron ya no podían ser removidos.

Muchos niveladores se agruparon en iglesias como la de los cuáquero? que tuvieron un importante papel en el establecimiento de la democracia en Inglaterra y después en los jóvenes; Estados de América. La declaración de principios de la Revolución norteamericana está impregnada de espíritu puritano.

Porque esos hombres, que hoy nos parecen de mentalidad tan rígida, fueron los precursores de la libertad de conciencia y sinceros paladines de la moral pública y privada Ciento cuarenta años después, cuando la Asamblea (el parlamento francés) cortó la cabeza de su rey, muchos recordaron en la tribuna el nombre del regicida que los precedió.

EL EJERCITO:

La Guerra de los Treinta Años fue un periodo de intolerancia religiosa y gran crueldad. Las incesantes batallas convirtieron el centro de Europa en un núcleo de desolación. La marcha de los ejércitos propagó epidemias, a veces más devastadoras que la guerra misma; los fríos inviernos de la «Pequeña Edad de Hielo» obligaron a los civiles a comer gatos, perros y ratas.

En la última etapa de la Guerra de los Treinta Años, se inició la Guerra Civil de Inglaterra. En esta lucha, entre 1642 y 1648, la sociedad, la economía y las familias se dividieron por su lealtad hacia Carlos I o hacia el Parlamento.

En un principio, el rey Carlos tuvo ventaja militar, pues apoyaron su causa los aristócratas que sirvieron como mercenarios en el extranjero. Pero el Parlamento tenía más recursos monetarios.

Inglaterra no contaba con un ejército profesional considerable, pues hasta entonces se creaban y se disolvían las fuerzas armadas según las necesidades.

La disciplina en ambos bandos era laxa, pues los rangos inferiores se habían alistado por la paga y el botín. Como la paga se atrasaba, era común el pillaje tras la victoria. Las tropas vencedoras se alojaban en las casas locales, y los vecinos les temían por su conducta licenciosa.

Oliverio Cromwell, comandante parlamentario, resolvió estos problemas convirtiendo sus tropas en el Nuevo Ejército Modelo, que consistió en 12 regimientos de infantería, de 1,000 hombres cada uno; 11 regimientos de caballería, de 600 hombres cada uno; y 1,000 dragones (infantería montada), equipados con mosquetes y espadas, que generalmente combatían a pie.

Cromwell equipó a sus tropas con mosquetes de pedernal, más seguros que los de mecha, y las vistió con uniformes reglamentarios de color rojo, para distinguirlos del enemigo en el campo de batalla.

Además, el color ocultaba la sangre que brotaba de las heridas, y asi se trataba de evitar que decayera la moral. El rojo fue el color del ejército británico hasta que lo sustituyó el caqui, en 1902, que proporcionaba un mejor camuflaje.

El Nuevo Ejército Modelo constituyó una eficiente fuerza de combate, unida por una fe religiosa común. Cromwell describió sus tropas como «sobrios y honrados cristianos»: ninguno de ellos era mercenario.

Tras el triunfo de Cromwell y la subsiguiente fundación del Reino Unido, el ejército se convirtió en una fuerza importante. El temor al ejército permanente fue una constante en la política británica. Francia no compartía esta desconfianza.

Fuego rápido: Hacia 1610, el mosquete de pedernal reemplazó al mecanismo de mecha: había que prender una mecha para que encendiera la pólvora. Cuando se jalaba el gatillo del nuevo mosquete, un pedernal pegaba contra una placa de acero. Esto producía chispas que encendían la pólvora, que a su vez, prendía la carga dentro del barril, impulsando así la bala. El mosquete de pedernal fue el arma reglamentaría de la infantería hasta que lo reemplazó el rifle accionado por percusión, introducido 200 años después.

Grandes Revolucionarios de la Historia

Amores de Isabel I de Inglaterra Resumen de su Vida Biografia

Amores de Isabel I de Inglaterra
Resumen de su Vida

Isabel I de Inglaterra: Soberana de Inglaterra en una época de graves enfrentamientos y luchas por el poder, Isabel I condujo con mano férrea el proceso que hizo de su país la primera potencia de Europa.

La aspereza de las lides políticas hizo terminar trágicamente varios de sus amores deparándole una muerte solitaria, sin descendencia: su esposo, como se decía, era el reino británico.

«Soy la mujer más inglesa del reino», solía decir con una convicciAmores de Isabel I de Inglaterra Resumen de su Vida Biografiaón que refirmaba su dureza de carácter.

En efecto, fría, decidida, de presencia imponente, Isabel I de Inglaterra no se caracterizaba precisamente por sus dudas o vacilaciones sino por poseer un espíritu práctico y un criterio que le permitió manejar hábilmente los hilos de la política británica durante más de cuarenta años y neutralizar sucesivas conspiraciones aplicando una pesada mano para castigar a los culpables.

Era hija de Ana Bolena y del rey Enrique VIII, quien para casarse con la madre de Isabel tuvo que separarse de Catalina de Aragón y fundar la Iglesia Anglicana, lo cual no solo le permitió legitimar su separación -vedada por el catolicismo- sino liberarse de la tutela papal.

Isabel nació en Londres el 7 de septiembre de 1533 y, tres años después, su progenitura, acusada de infidelidad, halló la muerte bajo el hacha del verdugo iniciándose así una vida azarosa para Isabel, de quien se decía que era hija ilegítima.

Ello no obstó, sin embargo, para que se la educara con gran esmero, dándole así oportunidad de cultivar su brillante inteligencia.

Aprende a la perfección el griego, el latín y varias lenguas modernas y durante su adolescencia deslumbra a sus maestros por su erudición.

En 1547 muere su padre y le sucede Eduardo VI, hijo de Enrique VIII y Juana Seymour.

Debido a la corta edad del príncipe, el gobierno es ejercido por un consejo dominado por Eduardo Seymour, tío del joven rey.

Seymour tiene muchos enemigos políticos, pero el principal de ellos es su hermano Henry, quien después de cortejar a Catalina Parr, última esposa de Enrique VIII, se casó con ella, acercándose así a la corona.

Catalina, que sentía profundo cariño por Isabel, la invita a vivir con ellos y esta acepta complacida, iniciándose de ese modo una armoniosa convivencia que se trunca cuando Henry e Isabel entablan relaciones amorosas.

Era ese su primer romance y el origen de su primer escarceo en la arena política.

En efecto, cuando Eduardo Seymour descubrió una conspiración contra él y Eduardo VI urdida por Henry, Isabel tuvo que responder a interrogatorios que no dieron resultado. Henry, de todos modos, fue condenado a morir en el cadalso.

Cuando muere Eduardo VI -en 1553- sube al trono María Tudor, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón y, por lo tanto, media hermana de Isabel. Desde el primer momento María se preocupa por restablecer el catolicismo en sus dominios e Isabel debe manejarse con suma prudencia para no despertar la susceptibilidad de la reina, quien la observa con desconfianza ya que el partido protestante se agrupa en torno de Isabel.

Posteriormente, el casamiento de María con el monarca español Felipe II despierta enconada antipatía contra la reina.

En 1554 el Papa absuelve a Inglaterra por haber pasado un período bajo el protestantismo, pero esa absolución no es bien recibida por el país. Las conspiraciones contra la soberana se multiplican y todas tienen como objetivo poner en el trono a Isabel, que para salvar su vida concurre siempre a misa y se muestra católica.

Enferma, vencida, sin hijos, tiempo después la reina se allana a nombrar a Isabel como heredera del cetro, que pasa a sus manos el 15 de enero de 1559, poco tiempo después de la muerte de María Tudor.

Toda Europa espera ahora que la flamante soberana elija marido y tenga descendencia. Las dinastías reinantes se disputan la mano de la nueva reina.

El propio Felipe II, al enviudar de María Tudor, pretende desposar a su sucesora esperando alcanzar así la hegemonía europea. Por otra parte, ese enlace sería un obstáculo insalvable para María Estuardo que desde París se proclama legítima heredera del trono inglés, y el marido de esta, Francisco II de Francia, defiende los derechos de su mujer.

Ello agudiza la rivalidad entre Francia y España, cuyo rey, a pesar de su catolicismo, se ve obligado a apoyar a la protestante Isabel, que dilata su decisión utilizando su soltería y la codicia de sus adversarios como eficaces armas diplomáticas.

Poco después de ser coronada, la reina comienza a mostrar su verdadera personalidad. Le encanta brillar y ser adulada.

La modestia con que se vestía durante el reinado de su media hermana María es cosa del pasado. Las perlas y las esmeraldas adornan su cabello, las joyas recubren su cuello. Los retratos la muestran recubierta de gemas y telas recamadas, como una especie de ídolo oriental. Sin embargo, esa afición por la apariencia física no se contradice con su habilidad política: bien pronto puso de manifiesto su capacidad para mandar y gobernar.

Se rodeó de un pequeño número de asesores, pero seleccionados con tanto cuidado que no le fue necesario cambiarlos sino en raras ocasiones. Impidió hábilmente que los masculinos sentimientos de superioridad de sus consejeros menguaran su poder de decisión, y aunque toleraba la rivalidad entre ellos -derivada a veces del carácter de favorito suyo que adquiría algún asesor- nunca permitió que uno prevaleciera notoriamente sobre los demás.

Prefería consultarlos individualmente más que en conjunto, y como sus intenciones siempre eran difíciles de adivinar, más de una vez sorprendió a su gabinete tomando decisiones por cuenta propia. Su talento y sagacidad convirtieron a Inglaterra en la primera potencia de la época, y le permitieron, además, triunfar en toda la línea sobre los enemigos internos.

En ese aspecto, uno de los pleitos que mayor atención le demandó fueron las conjuras que tuvieron como protagonista central a María Estuardo, particularmente desde que esta asumió la corona de Escocia a raíz de la muerte de su madre, María de Guisa.

Desde ese puesto María conspira permanentemente y se convierte en la más peligrosa rival de Isabel. La suerte, empero, no la ayuda, y a raíz de una rebelión de los nobles escoceses debe huir a Inglaterra, donde Isabel la mantiene prácticamente enclaustrada en un castillo.

El enfrentamiento se dilucida definitivamente cuando María complota junto con Lord Babington para asesinar a Isabel, lo que la lleva al cadalso el 8 de febrero de 1587.

Después de la muerte de María, Felipe II, abanderado del catolicismo, declara la guerra a la impía Isabel, quien no solo profesa el anglicanismo sino que desarrolla una política que choca frontalmente con los intereses españoles.

En 1588 estos alistan la famosa Armada Invencible y se lanzan hacia Inglaterra, pero los malos vientos y la habilidad de los capitanes ingleses deshacen la flota española. Inglaterra se transforma entonces en la dueña de los mares.

La gloria militar coincide con la entrada en escena del último gran amor de Isabel: el conde de Essex, un joven de veinte años, bien parecido, audaz, inteligente, pero sumamente orgulloso.

La reina lo encumbra y él se muestra digno del favor real: triunfa en el mar, toma barcos enemigos, se apodera de tesoros, obtiene honores, títulos, dinero. Durante varios años su estrella sigue en ascenso, hasta que se produce una rebelión en Irlanda y Essex reclama la honra de sofocarla. Inicia la campaña, pero en su transcurso desoye una serie de advertencias y comete toda clase de imprudencias.

La reina comienza a impacientarse, y como su favorito la desobedece y desafía, Isabel le retira su favor.

Es más de lo que Essex puede soportar: inmediatamente empieza a conspirar contra ella, y aunque Isabel se resiste a eliminarlo, debe aceptar que se lo juzgue y se lo condene a muerte. El primer amor —Henry Seymour— y la última pasión de la reina murieron así por las mismas razones: víctimas de la ambición por obtener la corona inglesa.

En los últimos años de su vida el recuerdo de Essex acosa a Isabel continuamente. Todos quienes la quisieron o pretendieron su mano han muerto. Ella no tiene hijos. Sus ministros insisten para que nombre a un sucesor. Solo hay uno inobjetable: Jacobo, rey de Escocia e hijo de la ejecutada María Estuardo. Él será elegido.

Poco antes de morir Isabel, hubo que aserrarle su anillo de coronación porque como en sus cuarenta y cuatro años de reinado nunca se lo quitó, había terminado por encarnarse.

Muchos lo llamaban el anillo de casamiento de Isabel, y en cierto modo era verdad: la reina virgen, como la llamaban, solo se había desposado con su reino. Murió el 24 de marzo de 1603.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia Isabel I de Inglaterra La Reina Virgen Tudor

Biografia Isabel I de Inglaterra
La Reina Virgen Tudor

Biografia Isabel I de Inglaterra La Reina Virgen TudorISABEL I, LA REINA VIRGEN: A los tres años de edad la pequeña Isabel, hija de Enrique VIII y Ana Bolena , su segunda esposa, perdió al mismo tiempo a su madre y su rango.

Ambos sucesos fueron obrados por su padre que hizo decapitar a su esposa acusada de adultera y declaro bastarda a su propia hija. Pero aunque alejada de la corte , la niña tuvo buenos maestros con los que, gracias a su inteligencia natural, pudo adquirir una cultura bastante amplia y una sólida formación clásica.

Una niña aferrada a la realidad: Cuando contaba con unos diez años de edad, por obra de la bondadosa Catalina Parr, sexta esposa de su padre, retornó Isabel a la corte, protegida por esta reina que, poco después, logró que el rey Enrique hiciera reconocer ante el Parlamento la legitimidad de Isabel y la de su hermanastra mayor, María.

Durante esos últimos años del reinado de su padre, Isabel mantuvo una fuerte unión con el heredero de la corona, el niño Eduardo, quien, como ella, era luterano, mientras que María era católica. Y entonces, la religión contaba mucho.

Tras la muerte de Enrique VIII asumió el trono el principito Eduardo VI, de tan sólo diez años, por lo que fue dominado por su tutor y sus favoritos,que gobernaron por él. Y su débil constitución lo llevó a morir tempranamente, cuando sólo contaba con dieciséis años.

Isabel se sintió otra vez aislada, sobre todo por las diferencias religiosas con la nueva reina, su hermanastra María.

Se dice que, no obstante, se negó a tomar parte en la conspiración católica encabezada por Tomás Wyatt; pero, sin embargo, resultó sospechosa de connivencia con los conspiradores y, tras la desarticulación de la conjura, la soberana la hizo encerrar en la Torre de Londres.

Siempre aferrada a la realidad y oportunista, Isabel aparentó profesar nuevamente el catolicismo, y fue liberada y recibida en la corte.

Entre conspiraciones, Isabel es coronada: María, la soberana hija de Catalina de Aragón, se había casado ya, casi cuarentona, con su tío Felipe II, por el que experimentaba un gran amor no correspondido; pero en vano había intentado tener hijos, pese a atribuirse varios embarazos que no fueron sino producto de la histeria y la hidropesía. Muy resentida su salud, murió entonces María sin dejar herederos y subió al trono Isabel.

A los veinticinco años comenzó Isabel l un reinado que se prolongó durante más de cuatro décadas y durante el cual se sentaron las bases del imperio británico.

La corona le fue ceñida en un período pleno de circunstancias adversas para su reino: otros pretendientes al trono conspiraban contra ella; a los grandes enfrentamientos religiosos se sumaba la debilidad económica del Estado; y para colmo, Inglaterra se hallaba envuelta en una sangrienta guerra con Francia.

Por eso, en un primer momento, se evaluó la conveniencia de un enlace matrimonial con el viudo Felipe II, de quien se dice que estaba enamorada, enlace que fortalecería el papel de ambos países en el ámbito europeo. Pero la casi pactada unión se frustró porque, según los informes presentados al rey católico, Isabel tenía algo que la incapacitaba para el matrimonio, posiblemente una malformación genital, lo que motivó el rechazo español a la proposición inglesa.

Si ese casamiento se hubiera efectuado, quizá Isabel no se habría inclinado tanto al anglicanismo, al que declaró religión oficial, comenzado casi de inmediato la persecución de los católicos y los calvinistas, lo que provoco su excomunión por obra del Papa Pío V.

Su firme propósito, permanecer soltera: Quizá también de resultas de la comprobación de su estado físico, fue que Isabel declaró ante el Parlamento, que deseaba verla casada y con descendencia, que era su firme propósito el de permanecer soltera. Y el logro de tal decisión fue lo que condujo a que esta reina fuera llamada la Reina Virgen, lo que en realidad no parece haber sido cierto a pie juntillas, ya que se comentaba que otorgó su “íntimo afecto” a buen número de favoritos (entre los que se destacan Robert Dudley, primer conde de Leicester, sir Walter Raleigh y Robert Devereux, segundo conde de Essex).

Los primeros devaneos de Isabel, siendo aún una adolescente, fueron con Tomás Seymour, joven hermoso, apuesto, tan hábil con la palabra como con las armas, pero ambicioso y carente de escrúpulos. Este acarició la esperanza de casarse con Isabel. pero debido a la oposición que halló en su hermano mayor, regente del reino, desvió sus atenciones hacía la viuda Catalina Parr, con la que al fin se casó. Al quedar prontamente viudo, volvió otra vez su atención a la quinceañera Isabel y se dice que, aprovechando la promiscuidad que entonces imperaba en todas las grandes casas “solía ingresar al amanecer en el dormitorio de ésta, y luego de apartar las cortinillas del lecho, la despertaba besándola, la acariciaba, le hacía cosquillas, fingía querer entrar en su lecho, la hacía levantarse medio desnuda, la perseguía a través de la alcoba, le daba grandes palmadas en el trasero y todo concluía entre risotadas”.

La Iglesia anglicana, consolidada por Isabel I, nació de un tácito compromiso entre el catolicismo y el calvinismo surgido en el continente europeo. Si bien su doctrina ponía el acento en la responsabilidad individual y en la interpretación personal de la Biblia, el sistema jerárquico establecido fue un calco de la jerarquía católica, así como las devociones y la liturgia apenas se diferenciaron de las romanas: similares cometidos de obispos y sacerdotes -con la única diferencia de que a los anglicanos se les permitía el matrimonio-, realismo de los sacramentos, conservación de las festividades de los santos y de los días de ayuno y abstinencia. Esta síntesis de catolicismo y calvinismo ha creado tensiones a lo largo de la historia del anglicanismo.

Si tras estos preliminares la niña conservó su virginidad, es un misterio de la historia. Lo cierto es que esta buena acogida lo decidió a encabezar un complot para casarse con Isabel y acceder al trono inglés, pero fue descubierto y decapitado junto con sus principales cómplices. E Isabel no vaciló en escribir al regente desmintiendo enérgicamente “los rumores que circulan, altamente perjudiciales para mi honor . Y el epitafio que pronunció con respecto a su pretendiente ejecutado fue: “Hoy ha muerto un hombre de mucho ánimo y muy poco juicio”.

Pero este episodio la sosegó y así no se oyeron mentar públicamente otros amoríos hasta que, ya coronada reina, y después de declarar ante el Parlamento que estaba casada con su reino y que no le faltaban hijos, ya que consideraba a todos sus súbditos como tales, se entregó a un marcado coqueteo con lord Robert Dudley, joven con el que había ya simpatizado cuando ambos coincidieron como prisioneros en la Torre de Londres.

“No me caso tampoco»: Era el tal Robert un mozo apuesto, siempre vestido con lujo a la última moda, bravo duelista, hábil jugador de pelota, amante del arte y buen tañedor de laúd, es decir, un perfecto cortesano. Aunque Isabel negó toda relación íntima por él, lo cierto es que lo había hecho su caballerizo mayor, cargo que le permitía gran familiaridad con ella; le había asignado habitaciones muy cercanas a las suyas, y a las que acudía a cuidarlo si enfermaba; lo colmaba de gracias y de regalos; se entristecía claramente cuando él se alejaba, y le hacía tremendas escenas de celos. Por tanto, no era extraño que se lo considerara su amante.

Pero si Dudley pretendía llegar al casamiento con la reina debía desembarazarse de un serio obstáculo: su esposa. Y paradójicamente, ésta murió al caer por una escalera. Isabel se negó a creer en un crimen de su favorito pero, toda intención de boda, si la hubo, quedó trunca.

Ella manifestó: “Se ha dicho que sólo amaba a Sir Robert Dudley porque estaba casado, pero ahora no lo está y yo no me caso tampoco . Y hasta pretendió, tiempo después, hacerlo casar con su prima María Estuardo, entonces reina de Escocia. Y quizá para consolarlo por el rechazo de aquélla, lo hizo conde de Leícester. Le guardó siempre un rinconcito en su corazón, ya que tras la muerte del favorito, guardó, entre lágrimas, un papel doblado en un precioso cofrecito, encabezándolo: “Su última carta”.

Los favoritos de la Reina: Walter Raleigh, sanguinario pirata a quien la soberana ennoblecíó otorgándole el dictado de Sir, colmó de elogios a la que decía amar en poesías amorosas que le dedicaba bajo el apodo de Cintia. Por algunos años fue su favorito hasta que, ya próximo a la cuarentena, fue desplazado por el veinteañero conde de Essex. Sintiéndose quizá ya ajeno al ámbito real, Sir Walter se casó con una amiga de la reina, llamada también Isabel; pero la orgullosa soberana, que no admitía el menor acto independiente de su voluntad, hizo que el “rebelde” pasara la noche de bodas encerrado en la Torre de Londres. Luego fue desterrado definitivamente de la corte, pero siguió demostrando su adhesión a la reina fundando en tierras americanas la colonia a la que, en su honor, llamó Virginia.

Su otro gran favorito fue Robert Devereux, conde de Essex, del que se apasionó. Robert contaba con veinte años, y era un jovenzuelo apuesto, de hermoso semblante, bailarín elegante, apasionado cazador e hijastro del desaparecido Dudley. Decían las malas lenguas: “Milord de Essex no se marcha de casa de la reina antes de que los pájaros de la mañana hayan comenzado a cantar”. Pronto sería caballerizo mayor y caballero de la Jarretera; pero no consiguió la reina domesticarlo a su gusto pues el joven trataba de probarse en empresas heroicas y además era arrogante y orgulloso. Y la violencia de su carácter le hizo declarar en público, cuando ya había perdido el favor de la soberana:

“Su Majestad es ahora una vieja tan cochambrosa y retorcida de espíritu como de cuerpo’. Esta fue una puñalada que Isabel no pudo soportar y, en consecuencia, obró la ruina del que fuera su último amor.

Pero como Essex fuera sumamente popular, Isabel tuvo que demorar su venganza. El conde encabezó un golpe de Estado  para ponerse a la cabeza del Consejo Real, pero sólo halló su ruina. Denunciado el complot, Essex fue declarado traidor y el tribunal que lo juzgaba lo condenó a la pena establecida para tal caso: horca seguida de castración, destripamiento y descuartizamiento.

Pero Isabel moderó la pena, contentándose con que lo decapitaran. Con esto comenzó la verdadera vejez de la reina.

Piratas, decapitaciones y vanidad: Isabel era una verdadera autócrata pero tuvo la inteligencia de saber rodearse de un excelente equipo de consejeros y colaboradores. Aunque todo lo decidiría por sí misma durante su reinado, supo apoyarse en sus ministros pero, siempre absolutista y vanidosa, atribuyó sus éxitos a sí misma y sus errores a esos ministros.

Durante su reinado se pactó la paz con Francia; se inició el desarrollo industrial y económico inglés; prosperó el comercio nacional; se restableció la confianza en la moneda del país; se inauguró la Bolsa Real de Londres y la Cámara de Comercio. Todo ello otorgó prosperidad sobre todo a la nobleza y a la alta burguesía.

Pero lo que resultó novelesco fue el apoyo que la reina prestó a los piratas, algunos convertidos en corsarios y, los más exitosos, ennoblecidos, cuyos saqueos a los galeones españoles o cuyo tráfico negrero, apuntalaban las finanzas reales.

Pero el gran problema de Isabel fue su prima católica, María Estuardo, la destronada reina de Escocia que se refugiara en Inglaterra y a la que ella hiciera encarcelar en la Torre de Londres, debido a que los católicos la consideraban la verdadera reina de Inglaterra cuyo trono habría usurpado la entonces soberana. Tras dieciocho años de reclusión en diversos castillos y prisiones, se descubrió un complot para asesinar a Isabel y suplantarla por la prisionera a raíz de lo cual la reina, que no vacilaba en seguir el método de su padre, hizo decapitar en la torre londinense a la infortunada María.

Este hecho dio pie al católico Felipe II, afectado durante años por los ataques de los piratas de Isabel, para declarar la guerra a Inglaterra y hacer preparar una gran escuadra, a la cual se titulará la Armada Invencible, para invadir las islas británicas.

“La invencible” fue vencida por tres factores: la inutilidad del rey para dirigirla, los contratiempos climáticos y la acción de los marinos ingleses, a muchos de los cuales la piratería había convertido en excelentes marinos y luchadores plenos de artimañas.

Tras la derrota de esta armada, Inglaterra se impuso como potencia marítima. Y no debió poco de esa supremacía al pirata ennoblecido, Sir Francis Drake, al que los españoles llamaban “el Dragón”, y quien fue el primer inglés en dar la vuelta al mundo, cuya primacía correspondía al español Sebastián Elcano.

Las bases de una gran potencia: La derrota española de 1588 file el hecho fundamental para que Inglaterra, favorecida por las brillantes dotes de estadista de Isabel I, se convirtiese en una gran potencia naval y colonial. Previamente, la reina puso orden en el caos financiero que dejó María Tudor. El proceso expansionista había empezado en 1555 con la creación de la Compañía de Moscú a raíz del descubrimiento y la explotación de los grandes bancos de pesca de Terranova. Una flota mercante cada día más grande abrió rutas comerciales, que incluyeron el ignominioso tráfico de esclavos africanos. La corona no vaciló en usar barcos piratas, capitaneados por Hawkins, Drake, Frobisher y otros, que no dieron tregua en las rutas comerciales que explotaban España y Portugal en el Atlántico sur y el Caribe. En 1584. sir Walter Raleigh fundo la primera colonia inglesa en America del Norte, en Virginia •nombre elegido en homenaje a Isabel, llamada la Reina Virgen, y en 1600 se creó la Compañía de las Indias Orientales. El capital obtenido se invirtió en nuevas empresas comerciales, industriales y financieras por acciones, lo que llevó a crear la bolsa de Londres, en 1571.

La vida en la corte de Isabel: Veamos ahora cómo era la vida de la corte inglesa bajo el reinado de Isabel I la reina se había erguido como dueña absoluta del poder, convirtiéndose casi en un ídolo, Todo se centraba en ella, que no gustaba oír mencionar a sus padres ni hablar de sucesores. Para ella sólo existía su presente, que estaba constituido por su poder, su gobierno y su nación.

Orgullosa y muy vanidosa, siempre se presentaba con ropas fastuosas y sumamente alhajada, y los cortesanos le debían rendir la mayor pleitesía, saludándola genuflexos (es decir, inclinados reverentemente y con la rodilla en tierra). Los servidores le presentaban las viandas de rodillas o las colocaban en esa posición en la mesa aun cuando ella no estuviera presente.

Cuando en las grandes solemnidades se mostraba en público, lo hacía precedida por un gran séquito de magnates y caballeros que lucían todo el esplendor de sus insignias, órdenes nobiliarias y condecoraciones sobre sus ricos vestuarios y desfilaban con la cabeza descubierta en señal de reverencia a su majestad. Tras ellos iban los portadores de las insignias de su poder: el cetro, la espada desenvainada y el gran sello real. Y ella cerraba el cortejo luciendo un riquísimo atuendo sobre el que portaba una magnífica capa, recamada con perlas y piedras preciosas, mostrando la imagen de un verdadero ídolo. La muchedumbre congregada a su paso o en la capilla a la que se dirigía profería al unísono, la exclamación: iDios salve a la reina!

Pero quizá el mayor galardón de su reinado haya sido la pléyade de grandes pensadores, poetas y dramaturgos que produjeron, en su época, el florecimiento de la literatura inglesa y entre los que se destacan personalidades tan ilustres como Edmund Spenser, Christopher Marlowe, Ben Johnson y William Shakespeare.

Ya al final de su reinado, la popularidad de Isabel disminuyó a causa de sus grandes gastos y su abuso del poder real. Además, su último favorito, Robert Devereux, dirigió una conspiración contra ella, por la cual la reina ordenó decapitarlo. Desconsolada por esa pérdida pasó sus últimos años tristemente sola y enmascarándose casi para ocultar una vejez que detestaba. Murió, negándose a hacerlo, en un lecho, sobre cojines y almohadones, rodeada por sus cortesanos más fieles, a los setenta años de edad, y tras cuarenta y cinco años de reinado.

Para Saber Mas…

LA REFORMA INGLESA empezó cuando el rey Enrique VIII (1491-1547), se divorció de su primera esposa, Catalina de Aragón (1485-1536), para casarse con Ana Bolena (h 1507-36). Al no concederle el divorcio el papa Clemente VII (1478-1534), Enrique VIII rompió con la iglesia católica romana y se erigió como jefe supremo de la iglesia protestante de Inglaterra.

COMPROMISO RELIGIOSO
Al igual que su padre, Isabel I (1533-1603) fue una reina protestante. Esto significaba que ella, no el Papa, era la cabeza de la iglesia de Inglaterra. A pesar de ello, su política religiosa respetó el compromiso adquirido entre el catolicismo romano y el protestantismo.

PROBLEMAS FINANCIEROS
La Inglaterra isabelina sufrió una inflación muy alta, el precio de la comida era más elevado que los sueldos. Al mismo tiempo, muchos campesinos no tenían modo de ganarse la vida al cambiar el sistema de propiedad de la tierra, de campo abierto a granjas parceladas (enclosuré). Los que quedaban excluidos se apiñaban en el campo y en las ciudades, sometidos a unas condiciones paupérrimas.

LEYES SOBRE LOS POBRES
Isabel estableció varias medidas para combatir la pobreza y los delitos menores. Las leyes isabelinas sobre los pobres diferenciaban a la gente enferma e indefensa de los maleantes bien alimentados o vagabundos. Los pobres sin ningún recurso eran ayudados por la caridad local mientras que los vagos eran azotados o marcados con hierro candente.

LA CORTE Y EL PROGRESO REAL Isabel I propició que los nobles más poderosos vivieran en su corte con el fin de vigilarles de cerca e impedir las rebeliones. Si sus cortesanos se casaban sin su permiso eran tratados como traidores. Siempre otorgó gran importancia a su aspecto y vestía muy bien, como puede verse en los retratos que de ella nos han llegado. También solía pasar temporadas en casas de campo de importantes nobles.

LA REINA VIRGEN
En un principio, la decisión de no contraer matrimonio preocupó mucho a los ministros de Isabel I. Aunque tenía sus favoritos, como Robert Dudley (1532-88), decidió permanecer soltera y se la conoció como la Reina virgen. Es posible que estuviera influenciada por el destino de su madre, Ana Bolena, decapitada por orden de su marido Enrique VIII. Al ser soltera, se podía dedicar por entero a Inglaterra. Su largo reinado proporcionó gran estabilidad al país. No tuvo descendencia.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Ver: Biografia de la Reina Isabel II de Inglaterra

Biografia de Indira Gandhi Resumen de su Vida y Gobierno

Biografia de Indira Gandhi Resumen de su Vida y Gobierno

RESUMEN BIOGRAFÍA DE INDIRA GANDHI: (Allahabad, India; 19 de noviembre de 1917 – Nueva Delhi; 31 de octubre de 1984) Nacida y educada en el período crítico de la lucha por la independencia de su patria, Indira Gandhi está considerada una de las mujeres más poderosas de la tierra. Conductora de un país de 550 millones de habitantes, dedica el talento que la convirtió en primera ministra de la India a solucionar los problemas de una nación de cultura milenaria y enormes posibilidades potenciales.

Biografia de Indira Gandhi Resumen de su VidaEn 1917 el mundo era conmovido por acontecimientos de resonancia: la primera guerra mundial ensangrentaba a Europa, y la revolución rusa destronaba a la centenaria monarquía de los zares para implantar el sistema soviético.

La India, por entonces colonia inglesa, se hallaba envuelta en graves problemas políticos, económicos, étnicos y religiosos. Muchos patriotas bregaban por independizarla guiados por un hombre profundamente místico y de fina sensibilidad política: Mohandas Karamchand Gandhi, a quien el célebre poeta Rabindranath Tagore llamó Mahatma (alma grande).

Su método de lucha era la no violencia, la protesta pacífica, pero no solo debía enfrentarse con los ingleses sino también con la miseria, las enfermedades y las profundas diferencias religiosas que separaban a hindúes y musulmanes, todo lo cual había convertido a la India en un volcán político y social a punto de entrar en erupción.

En ese convulsionado país nació, el 19 de noviembre de 1917, Indira Priyadarshini Gandhi, hija de Jawaharlal y Kamala Nehru, fervientes seguidores del Mahatma Gandhi. Jawaharlal era hijo de Motilal, otro ardiente defensor de la liberación de la India que llegó a ser presidente del Congreso -asamblea no gubernamental que aglutinaba a los principales dirigentes del país- y años más tarde tuvo el raro privilegio de ceder el cargo a su propio hijo, ya convertido en líder.

INFANCIA AGITADA
En casa de los Nehru los problemas del país eran tema permanente de conversación, y como consecuencia de las luchas en que estaba comprometida su familia, Indira tuvo una niñez bastante solitaria: sus padres y sus abuelos fueron encarcelados por los ingleses con tanta frecuencia que, casi permanentemente, debió valerse por sí misma. Cuando aún no caminaba, su abuelo ya la llevaba a las concentraciones y la elevaba en sus brazos por sobre la multitud para que pudiera ver.

A los tres años Indira se entretenía arengando a su muñecas con tormentosos discursos, inocente e infantil actividad que a los doce años reemplazó por su primera misión importante en la actividad pública. Organizó por entonces una brigada integrada por chiquillos que hacían mandados para los miembros del Congreso -imposibilitados de moverse libremente debido a la vigilancia que se ejercía sobre ellos- y prodigaban primeros auxilios a las víctimas de la represión de la policía colonial.

Jawaharlal Nehru no hacia distingos entre la educación que debía darse a un hombre y a una mujer y quiso que su hija concurriera a los mejores colegios y universidades. Indira asistió a escuelas de la India, Suiza e Inglaterra y también frecuentó la universidad de Visva-Bharati en Santiniketan, fundada por Rabindranath Tagore. Pero la permanente actividad de los padres y, en particular, la enfermedad de su madre, la obligaron a interrumpir los estudios.

Nehru trataba de subsanar los inconvenientes en la formación de su hija escribiéndole cartas en las que se refería largamente a la evolución de la humanidad.

Al cumplir Indira dieciocho años su madre falleció y ella debió transformarse no solo en la mujer de la casa sino también en confidente de su padre, papeles que no le impidieron ocuparse de su vida personal. En 1942 se casó con Feroze Gandhi -quien, pese a tener ese apellido, no estaba emparentado con el Mahatma- desafiando la fuerte oposición de casi todo el país, ya que Feroze no era hindú sino parsi, es decir, perteneciente a un grupo étnico y religioso minoritario.

Indira había conocido a Feroze en su infancia y volvieron a en centrarse años después en Inglaterra, donde él estudiaba en la Escuela de Economía de Londres y ella cursaba en Oxford. De regreso al país natal contrajeron matrimonio; pocos meses después del casamiento ambos eran encarcelados por sus actividades políticas.

LA FUNCIÓN PÚBLICA
Posteriormente los acontecimientos se precipitaron: el 15 de agosto de 1947 la India obtuvo la independencia; el 30 de enero de 1948 un fanático asesinó al Mahatma Gandhi y el 25 de enero de 1950 la India se transformó en república. Con Nehru convertido en primer ministro del país, Indira debió multiplicarse para estar junto a su padre y a su esposo, activo periodista y miembro conspicuo del parlamento.

Si bien Indira seguía atentamente la carrera de los hombres de la casa, también cumplía funciones públicas. En 1955 fue designada para integrar el Comité de Trabajo del Congreso. Cuatro años después, lo mismo que su padre Jawaharlal y su abuelo Motilal, llegó a ocupar la Presidencia del Congreso. En ejercicio de su cargo, en ciertas ocasiones enfrentó políticamente a su progenitor.

Paulatinamente la función pública fue obligándola a abandonar su natural timidez. Indira no solo debía moverse en el cerrado mundo de la diplomacia y la política, sino también entre multitudes que acudían a ver a su padre y a ella misma en busca de soluciones para sus problemas. Por otra parte, la India es un país de profundo misticismo. El amor y el respeto que los hindúes sentían y sienten por algunas personalidades como el Mahatma, padre de la independencia, va unido a un sentimiento de carácter casi religioso. No se trata solamente del apasionamiento con que los occidentales siguen a un líder sino de una suma de afectos que » más se parecen a la veneración y que Indira comenzó a suscitar en sus giras por el interior del país.

SIGNO DE ESPERANZA
El cariño popular le fue de gran ayuda cuando en 1960 debió sobrellevar la temprana muerte de su esposo, que se hallaba en el apogeo de su carrera parlamentaria. De ese matrimonio habían nacido dos hijos: Rajiv y Sanjay. La desaparición de Feroze la dejó, según las propias palabras de Indira, «perdida, desolada y con la muerte en el corazón», pero desde ese momento se entregó con más ahínco a la actividad pública; sus hijos ya eran grandes, y su padre y la India necesitaban su trabajo incesante.

Cuando en 1962 los chinos cruzaron la frontera e invadieron parte del territorio indio, Indira, que todavía ni pensaba en ser ministra, se trasladó por iniciativa propia hasta Tezpur, en plena zona del conflicto, para levantar la moral del pueblo. Lentamente su ligara se iba convirtiendo en un signo de esperanza para los indios.

En 1964 muere Jawaharlal Nehru. Se trataba de una pérdida irreparable para la India y para la humanidad. Una pregunta surgía, ineludible: ¿y ahora quién? Lal Bahadur Shastri fue nombrado sucesor de Nehru, pero estuvo corto tiempo al frente del gobierno: falleció el 11 de enero de 1966, poco después de firmar en Tashkent (URSS) un acuerdo que ponía fin a la guerra estallada meses antes entre la India y Pakistán.

Nueve días después de esa muerte Indira fue elegida primera ministra: por primera vez en la historia de la India una mujer desempeñaba un cargo de tanta responsabilidad. Los comentaristas internacionales se refieren a ella como «la mujer más poderosa del mundo». La política pareció invadir por completo su vida privada. Pero pronto supo obtener un equilibrio entre sus compromisos públicos y la intimidad.

En el primer año de sugestión la India debió afrontar una terrible sequía. Durante la última época del dominio británico, una catástrofe similar había dejado un saldo de dos millones de muertos. Indira se ocupó especialmente del problema y, a pesar de las dificultades y privaciones, nadie murió de hambre en 1966. Organizó socorros masivos, respaldó plenamente los esfuerzos de los científicos agrícolas para la aplicación de nuevos métodos de cultivo intenso. El resultado fue la llamada revolución verde, que permitió al país lograr el autoabastecimiento de cereales.

Indira es, indudablemente, la sucesora del Mahatma Gandhi y de Jawaharlal Nehru, en la misma medida que ha conseguido ganar la confianza de vastos sectores populares que la llaman Desh Sevika, es decir, servidora del pueblo.

Operación Estrella Azul: En julio de 1982, Jarnail Singh Bhindranwale, líder de la institución religiosa sij Damdami Taksal, con sede en el septentrional estado indio de Punjab, lideró una campaña para la aplicación de la Resolución Anandpur Sahib, con la intención de crear un estado independiente confesional sij en la región. En respuesta a este brote independentista, Indira Gandhi ordenó el 6 de junio de 1984 la Operación Estrella Azul, durante una de las fiestas más sagradas sij: el ejército indio abrió fuego en el Templo Dorado Harmandir Sahib, en Amritsar, matando a los partidarios de Bhindranwale y a un gran número de civiles sijs. Durante el conflicto se impidió el acceso a los medios internacionales, devotos sij y organizaciones de derechos humanos. Este hecho generó un gran descontento entre la minoría sij, desembocando en el asesinato de Indira Gandhi el 31 de octubre de 1984, a manos de sus guardaespaldas sij. (wikipedia)

SUS ULTIMOS AÑOS: En 1975 Indira Gandhi ha tenido que hacer frente a la mayor crisis habida en el sistema político indio desde su independencia. Acusada y condenada a la pérdida de sus derechos como diputado del parlamento por corrupción en las elecciones de 1971, se ha negado a dimitir, provocando una crisis que ha culminado con la proclamación del estado de emergencia en el país por tiempo indefinido.

Con este auténtico golpe de estado desde el poder, Indira se ha arrogado poderes dictatoriales para gobernar. El encarcelamiento de miles de sus oponentes de distinto signo, el establecimiento de la censura de prensa, la suspensión de las libertades democráticas y la prohibíción de los partidos políticos han acabado por desfigurar la que en un día fue llamada «mayor democracia del mundo».

Democracia en la que sólo una ínfima minoría participaba (unos ocho o diez millones sobre el total de población), en un país en que veinte millones de personas permanecían sin empleo (1971) y en el que el porcentaje de los situados por debajo del nivel de «pobreza absoluta» había pasado del 52 % del total de población en 1961 al 70 % en 1968, la política electoral no podía ser sino un asunto de la burguesía, una cuestión de alianzas entre los distintos grupos en el poder.

Indira se ha visto impotente para solucionar con su reformismo las profundas contradicciones de la India. Educada en las «esencias» del parlamentarismo británico, ella misma ha tenido que traicionarse asestándole el más duro golpe a la democracia india.

Democracia que para Indira, como para Nehru, debía suponer un factor de progreso: establecer la igualdad formal de todos los ciudadanos en una sociedad caracterizada por un sistema de castas basado en el presupuesto metafísico de la desigualdad humana, había de ser causa tanto de una reordenación de la estructura social, como un factor de cohesión nacional, en la medida en que las tareas democráticas comunes podían imbricar a las diferentes nacionalidades.

En la práctica, esos ideales de Indira se han visto pospuestos a una política pragmática, que ha tenido que recurrir al juego del parlamentarismo —Indira es una líder de reconocida capacidad maniobrera— y al mismo fraude electoral para poder gobernar.

La corrupción ha alcanzado así a la misma primer ministro, que además ha tenido que hacer frente a un escándalo en su propia familia: su hijo menor, amparado en la corrupción burocrática y efectuando especulaciones en el mercado negro, se ha convertido a los veintiséis años en un magnate de la industria automovilística del país.

La India de Indira ha dejado de ser así el «bastión del parlamentarismo en Asia»; el ideal de una democracia basada en un equilibrio interclasista ha demostrado su inviabilidad frente a los gravísimos y urgentes problemas de la sociedad india. Pero por otra parte ninguna política ha venido a sustituir a! fracasado reformismo socializante de esos últimos años.

Después del golpe de estado de junio de 1975, Indira ha retomado sus viejos eslóganes: desarrollo económico, justicia social, Garibi Hatao, sólo que la India de hoy ya no es la de 1966, y en marzo de 1977 tuvo que renunciar a su cargo.

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Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Cosima Liszt Resumen de su Vida

Biografia de Cosima Liszt – Resumen de su Vida

Resumen Biografía de Cósima Liszt: Hija del músico Franz Liszt y de la escritora francesa Marie d’Agoult, heredó de sus padres el talento para el arte y una vigorosa personalidad que la hizo descollar en los círculos artísticos centroeuropeos. Inspiradora primero y luego arriada inmortal de Richard Wagner, compartió su azarosa vida y consagró la suya a la difusión de la obra del genio de Bayreuth.Cosima Liszt

La vigorosa personalidad de Cósima Liszt, nacida el 24 de diciembre de 1837 en Bellagio, en las inmediaciones del lago de Gomo, fue el resultado de la fusión de dos temperamentos tan disímiles como el del contradictorio Franz Liszt y el de la temeraria condesa Marie d’Agoult.

El músico húngaro y la escritora francesa, casada y madre de tres hijos, habían arrasado con todos los convencionalismos al iniciar en 1833 una apasionada vida en común que duró varios años y dio como fruto tres niños ilegítimos.

Cósima, la segunda, heredó de sus padres el espíritu artístico, «la fina sustancia» y una aguda inteligencia. Franz Liszt le legó su extraordinaria mirada y el óvalo del rostro, alargado y pálido, que le valió en familia un apodo risueño: «la cigüeña».

De Marie d’Agoult recibió una mentalidad racionalista y el afán de secundar a los seres amados. Cuando el vínculo afectivo se rompe, Marie se traslada definitivamente a París con los tres niños, que quedan primero al cuidado de la abuela y más tarde a cargo de una rígida gobernanta.

El padre, casi un personaje de leyenda, impone a distancia su severidad, temeroso de que la fuerte atracción que la madre ejerce sobre sus hijos se convierta en una influencia perniciosa dadas sus «debilidades humanas». Sin embargo, las debilidades de Liszt no son menores. Desde 1847 ha fundado otro hogar irregular con la princesa Carolina von Sayn-Wittgenstein, que, celosa del poder de su antecesora, influye sobre el músico para que acentúe las censuras y el rigor.

En septiembre de 1855 las dos jovencitas Liszt-Blandína y Cósima son enviadas a Berlín y puestas bajo la custodia de la madre del músico Hans von Bülow, discípulo de Wagner y de Liszt. Aristócrata por nacimiento y por formación, los gustos y los modales de Cósima son refinados.

Alta y delgada, su rostro trasunta energía, entereza y sensibilidad, y su porte destaca un carácter orgulloso y reservado. No es hermosa -quizá su nariz sea excesivamente larga- pero la cabellera dorada y la voz profunda le hacen aventajar cualquier belleza. Entre Hans von Bülow, excelente intérprete y director, y Cósima Liszt, eximia pianista, se establece una mutua corriente de simpatía.

El 18 de agosto de 1857 se celebra la boda, y, aunque la comunión más profunda de la pareja parece celebrarse en las ilimitadas regiones de la música, no tardan en nacer dos niñas, Blandina y Daniela. Marie d’Agoult le escribe por ese entonces a una amiga: «Cósima es genial; verdadera hija de su padre. Su poderosa imaginación la coloca fuera del alcance de las mentes comunes. Ella siente el ‘demonio interior’ y seguramente se sacrificará a cualquier cosa que pueda pedirle la vida.»

Ese demonio interior no tardaría en responder al llamado de un demonio exterior que exige la consagración de todos los desvelos y el sacrificio de la tranquilidad: Richard Wagner. Este ha formado, inquietado y convulsionado a Hans von Bülow que se ha convertido en el colaborador, el entusiasta ejecutante y la sumisa sombra del maestro.

Los Bülow se han encontrado varias veces con él en esos años, y las reacciones de Cósima han sido extrañas: secretas reservas hacia el afán de lujo y los amores utilitarios del genio, llantos incomprensibles y silencios sombríos.En noviembre de 1863 están todos en Berlín. Mientras Hans ensaya un concierto, Cósima y Wagner dan un paseo en coche. «El silencio reemplazó los sonidos. Los ojos en los ojos, nos sentimos vencidos por el deseo imperioso de confesarnos la verdad. No necesitábamos hablar para comprender la desdicha infinita que nos invadía», confesó él años después.

La «desdicha infinita» había sido hasta entonces un hermoso estimulante para la creación y la vida del gran artista quien después de su catastrófico matrimonio con la actriz Minna Planer, en 1836, solo buscó amores sublimes e imposibles.

En 1862, al finalizar el prólogo de El anillo de los Nibelungos escribió: «¿Existirá el príncipe que haga posible la representación de mi obra?». El nuevo rey de Baviera, Luis II, de solo diecinueve años, recoge ese mensaje. Le ofrece su apoyo material, su admiración sin reservas y la promesa de un teatro para su obra total. Wagner se instala entonces en una villa próxima al lago Starnberg y al castillo real, y desde allí llama a los Bülow para que vayan a pasar con él una larga temporada. Para retenerlos, consigue que el rey designe a Hans von Bülow pianista de la corte y fijan su residencia en Munich.

A Hans le complace ciegamente que Cósima dirija la suntuosa casa de su ídolo, que atienda su correspondencia, que le dedique sus labores. Y en 1865, cuando Cósima da a luz una criatura -Isolda-, recibe emocionado las felicitaciones de su protector, que es el verdadero padre de la niña. La prensa de Baviera, hostil a Wagner, pues no ignora la atracción morbosa que este inspira al joven rey, inicia una campaña de denuncias. Hans comienza a abrir los ojos, pero no sabe qué hacer.

También Luis II está desorientado, pero su ministro le indica el camino: debe desterrar a Wagner. Así lo hace el rey, pero no sin prometerle que destituirá a sus ministros para favorecer un próximo regreso. Wagner se instala en Suiza, en una villa junto al lago de Lucerna. Desde allí llama a Cósima para que alegre su vida, mientras Hans, que ha iniciado giras de conciertos, vuelve a cerrar los ojos y a acceder.

Una carta de Wagner a Cósima, cuando esta ya ha partido, le revela crudamente la situación. Ya no puede reprocharse a sí mismo las desdichas conyugales, ni desoír las murmuraciones y las insinuaciones de los periódicos, ni creer en la carta pública que a pedido de Cósima firma Luis II en defensa de «los inocentes».

La pareja de Cósima y Wagner continúa en Triebschen, sumergida en el amor y en la creación. En 1866 nace la segunda hija, Eva. Entre tanto, en Baviera, han caído los ministros adversos. En 1867 el absurdo triángulo regresa a Munich, donde Bü-low, condecorado por el rey,diri-girá la representación de Los maestros cantores.

Esta tiene lugar en julio de 1868, con todo éxito, pero la prensa reprocha a Biilow sus complacencias como marido para conservar su puesto de director. Con ello los acontecimientos se precipitan: Cósima se reúne con Wagner en Triebschen, para permanecer a su lado.

En 1869 Wagner da por concluido el tercer acto de Sigfrido. Un día después lo colma de felicidad el nacimiento de su primer hijo varón, que llevará su nombre. Al año siguiente se sanciona el divorcio de Cósima y se legaliza la relación de ella con Wagner. Visitantes ilustres, entre ellos Nietzsche, gran admirador de la obra wagneriana, llegan a Triebschen.

En 1871, fundado ya el Imperio Alemán, empieza a concretarse el sueño de Wagner y de Luis II: la construcción de un teatro dedicado exclusivamente a su obra, que comienza a levantarse en Bayreuth. El rey provee también los fondos para edificar la casa de Wagner en las inmediaciones: la villa Wahnfried. Wagner funda sociedades wagnerianas en distintas ciudades y da conciertos. Cósima lo secunda en todo.

En 1876 se efectúa el primer festival del Teatro de Bayreuth. Liszt encabeza la peregrinación que ha ido a aplaudir El anillo de los Nibelungos. Pero la inaguración oficial y definitiva tendrá lugar con Parsifal, en 1882. En los años que median, Cósima custodia la tarea del genio.

Es el «ángel de la espada flamígera» que lo libera de las visitas inoportunas, pero también el «ángel dulce» que dispone a su alrededor las sedas, los terciopelos y los perfumes que tanto placen a Wagner. Entre esos lujos voluptuosos, después de anotar en una página «El amor … lo trágico», sobre un canapé de raso rojo y oro, deja de latir el corazón de Wagner en el palacio Vendramin, en Venecia, el 13 de febrero de 1883. Erguida y con el rostro níveo bajo un velo, Cósima acompaña la góndola fúnebre. Se ha cortado la cálida cabellera y la ha depositado sobre el pecho de su amado, para abrigar el definitivo reposo en Bayreuth.

Desde entonces la vida de Cósima se reduce a exaltar la memoria de Wagner y a tratar de materializar fielmente cada uno de sus sueños. Sacerdotisa de esa nueva religión que congregaba millares de peregrinos de todas partes en Bayreuth, era implacable para admitir artistas y seleccionar los detalles y los efectos que debían servir al arte wagneriano. Tomó la dirección de los festivales, ayudada por algunos fieles, hasta que en 1908 dejó las riendas a su hijo Sigfrido, quien si bien aceptaba los rígidos dictados maternos, se atrevió a adaptar a los nuevos tiempos algunas puestas que consideraba a envejecidas.

Cuarenta y siete años hubo de esperar Tristán a esta Isolda que lo rescató de los amores engañosos y le inspiró algunas de sus obras más imperecederas. Cósima, ciega por completo pero aún lúcida, fue a su encuentro el 1° de abril de 1930, a los 92 años.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder