Biografia de Indira Gandhi Resumen de su Vida y Gobierno



Biografia de Indira Gandhi Resumen de su Vida y Gobierno

RESUMEN BIOGRAFÍA DE INDIRA GANDHI: (Allahabad, India; 19 de noviembre de 1917 – Nueva Delhi; 31 de octubre de 1984) Nacida y educada en el período crítico de la lucha por la independencia de su patria, Indira Gandhi está considerada una de las mujeres más poderosas de la tierra. Conductora de un país de 550 millones de habitantes, dedica el talento que la convirtió en primera ministra de la India a solucionar los problemas de una nación de cultura milenaria y enormes posibilidades potenciales.

Biografia de Indira Gandhi Resumen de su VidaEn 1917 el mundo era conmovido por acontecimientos de resonancia: la primera guerra mundial ensangrentaba a Europa, y la revolución rusa destronaba a la centenaria monarquía de los zares para implantar el sistema soviético.

La India, por entonces colonia inglesa, se hallaba envuelta en graves problemas políticos, económicos, étnicos y religiosos. Muchos patriotas bregaban por independizarla guiados por un hombre profundamente místico y de fina sensibilidad política: Mohandas Karamchand Gandhi, a quien el célebre poeta Rabindranath Tagore llamó Mahatma (alma grande).

Su método de lucha era la no violencia, la protesta pacífica, pero no solo debía enfrentarse con los ingleses sino también con la miseria, las enfermedades y las profundas diferencias religiosas que separaban a hindúes y musulmanes, todo lo cual había convertido a la India en un volcán político y social a punto de entrar en erupción.

En ese convulsionado país nació, el 19 de noviembre de 1917, Indira Priyadarshini Gandhi, hija de Jawaharlal y Kamala Nehru, fervientes seguidores del Mahatma Gandhi. Jawaharlal era hijo de Motilal, otro ardiente defensor de la liberación de la India que llegó a ser presidente del Congreso -asamblea no gubernamental que aglutinaba a los principales dirigentes del país- y años más tarde tuvo el raro privilegio de ceder el cargo a su propio hijo, ya convertido en líder.

INFANCIA AGITADA
En casa de los Nehru los problemas del país eran tema permanente de conversación, y como consecuencia de las luchas en que estaba comprometida su familia, Indira tuvo una niñez bastante solitaria: sus padres y sus abuelos fueron encarcelados por los ingleses con tanta frecuencia que, casi permanentemente, debió valerse por sí misma. Cuando aún no caminaba, su abuelo ya la llevaba a las concentraciones y la elevaba en sus brazos por sobre la multitud para que pudiera ver.

A los tres años Indira se entretenía arengando a su muñecas con tormentosos discursos, inocente e infantil actividad que a los doce años reemplazó por su primera misión importante en la actividad pública. Organizó por entonces una brigada integrada por chiquillos que hacían mandados para los miembros del Congreso -imposibilitados de moverse libremente debido a la vigilancia que se ejercía sobre ellos- y prodigaban primeros auxilios a las víctimas de la represión de la policía colonial.

Jawaharlal Nehru no hacia distingos entre la educación que debía darse a un hombre y a una mujer y quiso que su hija concurriera a los mejores colegios y universidades. Indira asistió a escuelas de la India, Suiza e Inglaterra y también frecuentó la universidad de Visva-Bharati en Santiniketan, fundada por Rabindranath Tagore. Pero la permanente actividad de los padres y, en particular, la enfermedad de su madre, la obligaron a interrumpir los estudios.

Nehru trataba de subsanar los inconvenientes en la formación de su hija escribiéndole cartas en las que se refería largamente a la evolución de la humanidad.

Al cumplir Indira dieciocho años su madre falleció y ella debió transformarse no solo en la mujer de la casa sino también en confidente de su padre, papeles que no le impidieron ocuparse de su vida personal. En 1942 se casó con Feroze Gandhi -quien, pese a tener ese apellido, no estaba emparentado con el Mahatma- desafiando la fuerte oposición de casi todo el país, ya que Feroze no era hindú sino parsi, es decir, perteneciente a un grupo étnico y religioso minoritario.



Indira había conocido a Feroze en su infancia y volvieron a en centrarse años después en Inglaterra, donde él estudiaba en la Escuela de Economía de Londres y ella cursaba en Oxford. De regreso al país natal contrajeron matrimonio; pocos meses después del casamiento ambos eran encarcelados por sus actividades políticas.

LA FUNCIÓN PÚBLICA
Posteriormente los acontecimientos se precipitaron: el 15 de agosto de 1947 la India obtuvo la independencia; el 30 de enero de 1948 un fanático asesinó al Mahatma Gandhi y el 25 de enero de 1950 la India se transformó en república. Con Nehru convertido en primer ministro del país, Indira debió multiplicarse para estar junto a su padre y a su esposo, activo periodista y miembro conspicuo del parlamento.

Si bien Indira seguía atentamente la carrera de los hombres de la casa, también cumplía funciones públicas. En 1955 fue designada para integrar el Comité de Trabajo del Congreso. Cuatro años después, lo mismo que su padre Jawaharlal y su abuelo Motilal, llegó a ocupar la Presidencia del Congreso. En ejercicio de su cargo, en ciertas ocasiones enfrentó políticamente a su progenitor.

Paulatinamente la función pública fue obligándola a abandonar su natural timidez. Indira no solo debía moverse en el cerrado mundo de la diplomacia y la política, sino también entre multitudes que acudían a ver a su padre y a ella misma en busca de soluciones para sus problemas. Por otra parte, la India es un país de profundo misticismo. El amor y el respeto que los hindúes sentían y sienten por algunas personalidades como el Mahatma, padre de la independencia, va unido a un sentimiento de carácter casi religioso. No se trata solamente del apasionamiento con que los occidentales siguen a un líder sino de una suma de afectos que ” más se parecen a la veneración y que Indira comenzó a suscitar en sus giras por el interior del país.

SIGNO DE ESPERANZA
El cariño popular le fue de gran ayuda cuando en 1960 debió sobrellevar la temprana muerte de su esposo, que se hallaba en el apogeo de su carrera parlamentaria. De ese matrimonio habían nacido dos hijos: Rajiv y Sanjay. La desaparición de Feroze la dejó, según las propias palabras de Indira, “perdida, desolada y con la muerte en el corazón”, pero desde ese momento se entregó con más ahínco a la actividad pública; sus hijos ya eran grandes, y su padre y la India necesitaban su trabajo incesante.

Cuando en 1962 los chinos cruzaron la frontera e invadieron parte del territorio indio, Indira, que todavía ni pensaba en ser ministra, se trasladó por iniciativa propia hasta Tezpur, en plena zona del conflicto, para levantar la moral del pueblo. Lentamente su ligara se iba convirtiendo en un signo de esperanza para los indios.

En 1964 muere Jawaharlal Nehru. Se trataba de una pérdida irreparable para la India y para la humanidad. Una pregunta surgía, ineludible: ¿y ahora quién? Lal Bahadur Shastri fue nombrado sucesor de Nehru, pero estuvo corto tiempo al frente del gobierno: falleció el 11 de enero de 1966, poco después de firmar en Tashkent (URSS) un acuerdo que ponía fin a la guerra estallada meses antes entre la India y Pakistán.

Nueve días después de esa muerte Indira fue elegida primera ministra: por primera vez en la historia de la India una mujer desempeñaba un cargo de tanta responsabilidad. Los comentaristas internacionales se refieren a ella como “la mujer más poderosa del mundo”. La política pareció invadir por completo su vida privada. Pero pronto supo obtener un equilibrio entre sus compromisos públicos y la intimidad.

En el primer año de sugestión la India debió afrontar una terrible sequía. Durante la última época del dominio británico, una catástrofe similar había dejado un saldo de dos millones de muertos. Indira se ocupó especialmente del problema y, a pesar de las dificultades y privaciones, nadie murió de hambre en 1966. Organizó socorros masivos, respaldó plenamente los esfuerzos de los científicos agrícolas para la aplicación de nuevos métodos de cultivo intenso. El resultado fue la llamada revolución verde, que permitió al país lograr el autoabastecimiento de cereales.

Indira es, indudablemente, la sucesora del Mahatma Gandhi y de Jawaharlal Nehru, en la misma medida que ha conseguido ganar la confianza de vastos sectores populares que la llaman Desh Sevika, es decir, servidora del pueblo.



Operación Estrella Azul: En julio de 1982, Jarnail Singh Bhindranwale, líder de la institución religiosa sij Damdami Taksal, con sede en el septentrional estado indio de Punjab, lideró una campaña para la aplicación de la Resolución Anandpur Sahib, con la intención de crear un estado independiente confesional sij en la región. En respuesta a este brote independentista, Indira Gandhi ordenó el 6 de junio de 1984 la Operación Estrella Azul, durante una de las fiestas más sagradas sij: el ejército indio abrió fuego en el Templo Dorado Harmandir Sahib, en Amritsar, matando a los partidarios de Bhindranwale y a un gran número de civiles sijs. Durante el conflicto se impidió el acceso a los medios internacionales, devotos sij y organizaciones de derechos humanos. Este hecho generó un gran descontento entre la minoría sij, desembocando en el asesinato de Indira Gandhi el 31 de octubre de 1984, a manos de sus guardaespaldas sij. (wikipedia)

SUS ULTIMOS AÑOS: En 1975 Indira Gandhi ha tenido que hacer frente a la mayor crisis habida en el sistema político indio desde su independencia. Acusada y condenada a la pérdida de sus derechos como diputado del parlamento por corrupción en las elecciones de 1971, se ha negado a dimitir, provocando una crisis que ha culminado con la proclamación del estado de emergencia en el país por tiempo indefinido.

Con este auténtico golpe de estado desde el poder, Indira se ha arrogado poderes dictatoriales para gobernar. El encarcelamiento de miles de sus oponentes de distinto signo, el establecimiento de la censura de prensa, la suspensión de las libertades democráticas y la prohibíción de los partidos políticos han acabado por desfigurar la que en un día fue llamada «mayor democracia del mundo».

Democracia en la que sólo una ínfima minoría participaba (unos ocho o diez millones sobre el total de población), en un país en que veinte millones de personas permanecían sin empleo (1971) y en el que el porcentaje de los situados por debajo del nivel de «pobreza absoluta» había pasado del 52 % del total de población en 1961 al 70 % en 1968, la política electoral no podía ser sino un asunto de la burguesía, una cuestión de alianzas entre los distintos grupos en el poder.

Indira se ha visto impotente para solucionar con su reformismo las profundas contradicciones de la India. Educada en las «esencias» del parlamentarismo británico, ella misma ha tenido que traicionarse asestándole el más duro golpe a la democracia india.

Democracia que para Indira, como para Nehru, debía suponer un factor de progreso: establecer la igualdad formal de todos los ciudadanos en una sociedad caracterizada por un sistema de castas basado en el presupuesto metafísico de la desigualdad humana, había de ser causa tanto de una reordenación de la estructura social, como un factor de cohesión nacional, en la medida en que las tareas democráticas comunes podían imbricar a las diferentes nacionalidades.

En la práctica, esos ideales de Indira se han visto pospuestos a una política pragmática, que ha tenido que recurrir al juego del parlamentarismo —Indira es una líder de reconocida capacidad maniobrera— y al mismo fraude electoral para poder gobernar.

La corrupción ha alcanzado así a la misma primer ministro, que además ha tenido que hacer frente a un escándalo en su propia familia: su hijo menor, amparado en la corrupción burocrática y efectuando especulaciones en el mercado negro, se ha convertido a los veintiséis años en un magnate de la industria automovilística del país.

La India de Indira ha dejado de ser así el «bastión del parlamentarismo en Asia»; el ideal de una democracia basada en un equilibrio interclasista ha demostrado su inviabilidad frente a los gravísimos y urgentes problemas de la sociedad india. Pero por otra parte ninguna política ha venido a sustituir a! fracasado reformismo socializante de esos últimos años.

Después del golpe de estado de junio de 1975, Indira ha retomado sus viejos eslóganes: desarrollo económico, justicia social, Garibi Hatao, sólo que la India de hoy ya no es la de 1966, y en marzo de 1977 tuvo que renunciar a su cargo.

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Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

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