Biografia Maria Estuardo Resumen Conflicto con Isabel I de Inglaterra






Biografía María Estuardo 
Conflicto con Isabel I de Inglaterra

Resumen Biografía de María Estuardo
El siglo XVI fue en toda Europa escenario de enconadas luchas políticas y religiosas. María Estuardo, reina católica de un país calvinista, supo manejarse con habilidad en tan delicada situación y logró dar a Escocia un breve período de paz. Sucumbió sin embargo ante el poderío de Isabel I de Inglaterra, que le impuso un prolongado cautiverio y finalmente ordenó su decapitación.Biografia Maria Estuardo Conflicto con Isabel I de Inglaterra

“En mi fin está mi principio”. Esta frase, bordada en franceses en los paños que cubrían el trono de María Estuardo, ha resultado profética. Algunos han visto en ella el triunfo póstumo de la reina de Escocia sobre su enemiga, Isabel I de Inglaterra. En efecto, fue Jacobo VI, hijo de María, quien a la muerte de Isabel ciñó ambas coronas.

Muchas obras se han escrito sobre Maria Estuardo, inclusive poemas dramáticos famosos, como los de Alfieri, Schiller y Swinburne. La reina de Escocia ha tenido multitud de defensores y de detractores, todos acérrimos e intransigentes en su apasionamiento en pro o en contra de María.

Como reina católica, contó siempre con la simpatía de sus correligionarios, y como mujer hermosa y apasionada cautivó irresistiblemente los corazones románticos. En cambio, siempre se le mostraron inconciliables los enemigos del “papismo” y los ingleses orgullosos de su tradición monárquica y de su hábil reina Isabel, que tanto hizo por la gloria y el poder británicos.

A estos poco les importó que la “reina virgen” fuera el fruto de un matrimonio morganático, y menos aún que la Iglesia Católica la considerase una bastarda, nacida de un matrimonio insanablemente nulo. Sin embargo, ello preocupaba en grado sumo a la propia Isabel, más consciente que nadie de los mejores títulos dinásticos de María Estuardo al trono de Inglaterra, los que en última instancia habrían de motivar el trágico destino de la escocesa.

LA REINA DE FRANCIA
Nació María el 7 de diciembre de 1542 en Linlithgow, pocos días antes de la muerte de su padre, Jacobo V de Escocia, de quien era la única heredera legítima viviente. Contaba apenas un año de edad cuando fue coronada, y su madre, María de Guisa, perteneciente a la entonces poderosa familia francesa de Guisa y Lorena, ofició de regente durante los azarosos años en que los ingleses invadieron una y otra vez las Lowlands (tierras bajas) escocesas.

En 1548 la niña reina fue prometida al Delfín de Francia, Francisco, algo menor que ella, y enfermizo. María pasó el resto de su infancia y su adolescencia en la corte francesa, donde las típicas intrigas renacentistas eran habituales y donde los nobles católicos y hugonotes se disputaban el favor del rey Enrique II, hijo de Catalina de Mediéis.

La pequeña escocesa conquistó de entrada los corazones de la familia real francesa -excepto el de Catalina, que deseaba la corona para su otro hijo, Carlos- y los de toda la corte con su belleza, que crecía día a día, y con su gracia, gentileza y buen corazón.

El 24 de abril de 1558 su matrimonio con el Delfín fue celebrado con gran pompa, y al año siguiente, al fallecer Enrique II, María ciñó fugazmente la corona de Francia porque el 5 de diciembre de 1560 murió Francisco II y Catalina, la reina madre, vio cumplido su anhelo de que Carlos, su hijo favorito, ocupase el trono.

Poco antes había fallecido María de Guisa, la regente de Escocia, y desaparecido así su principal adversario, los calvinistas obtuvieron la supremacía: el 25 de agosto de 1560 el Parlamento escocés proclamaba al calvinismo religión del Estado.

LA REINA DE ESCOCIA
Un año después, el 19 de agosto, un buque procedente de Francia anclaba en el puerto de Leith, tras haber burlado el patrullaje de los navíos ingleses enviados en su busca por Isabel I que, advertida de la presencia de la reina de Escocia y ex reina de Francia, le había prohibido hacer puerto en Gran Bretaña.

María fue bien recibida por su pueblo y pronto demostró que, si bien exigía que se la dejase seguir practicando personalmente su religión católica, aceptaba el statu quo y renunciaba a reimplantar en el país la antigua fe. A tal punto, que no vaciló, en 1562, en salir a combatir en persona, y vencer al noble católico más poderoso de Escocia, el conde de Huntley.

Condenada a muerte Por casarse con el asesino de su segundo esposo, y por enfrentarse al calvinismo, la reina escocesa María Estuardo debió abdicar y buscar refugio en Inglaterra. Allí vivió 19 años, cautiva de Isabel I, hasta que se demostraron sus vínculos con una conspiración contra la soberana, lo que le valió la pena de muerte. María Estuardo se dirige al patíbulo, por Scipione Vannuteli; siglo XIX.

Eso no bastó para ganarle la confianza de fanáticos como John Knox, para quien la reina oponía “a la verdad de Dios una mente orgullosa, un ingenio astuto y un corazón empedernido”. En esto coincidía con el embajador inglés, Throckmorton, que informó a su soberana: “La reina de Escocia se conduce con tal honorabilidad, sabiduría y discreción, que no puedo dejar de temer su progreso”.

En efecto, gracias a la hábil conducción de María, Escocia disfrutó de cuatro años de paz (1561-1565), que no es poco decir en ese convulsionado siglo XVI. Pero aunque su conducta era intachable, desde los pulpitos los pastores calvinistas la cubrían sistemáticamente de calumnias y alentaban a la rebelión contra ella.


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A ello se sumaban, además, las maquinaciones de su implacable rival, Isabel de Inglaterra, que simulando oponerse al casamiento de María con un primo, lord Henry Darnley, consiguió lo que realmente se proponía: que María se empeñase en llevarlo acabo. Darnley era un muchachón apuesto pero alocado, que como príncipe consorte solo podía llevar el caos a Escocia, favoreciendo así los planes de Isabel.

El matrimonio se celebró el 29 de julio de 1565, y desde ese momento todo se desarrolló a gusto de la reina de Inglaterra. Se sucedieron las rebeliones de nobles escoceses contra el poder real, y María debió encabezar una fatigosa campaña contra su propio hermanastro, James Stuart, conde de Moray, que había contado con el apoyo de Isabel.

Por su parte, Darnley se vio envuelto en una conjura para asesinar al secretario de María, David Rizzio, quien fue muerto en presencia de la propia reina, que se hallaba encinta y nada pudo hacer. Con ello las relaciones entre los esposos quedaron definitivamente deterioradas, y el nacimiento de un hijo -el futuro Jacobo VI- el 19 de junio de 1566 no logró mejorarlas pues Darnley no se hizo presente en su bautismo.

LA FUERZA DE LAS COSAS
La atolondrada conducta de Darnley no le granjeó a este el apoyo de ningún partido, y así fue como el 10 de febrero de 1567 el príncipe consorte pudo ser asesinado impunemente por los esbirros de James Hep-burn, conde de Bothwell, que se había convertido en el “hombre fuerte” de Escocia.

María tuvo que soportar el golpe, pues nadie se atrevía a castigar al evidente culpable. Envalentonado, este osó raptar a la propia reina el 24 de abril del mismo año, y con su consentimiento o sin él sobre este punto la evidencia histórica y las declaraciones de María resultan bastante ambiguas- tuvo relaciones con ella en el castillo de Dunbar, adonde la había conducido.

Bothwell consiguió asimismo que varios de los principales nobles del reino aconsejaran a la reina que lo desposase. Sola, privada de todo apoyo, María se vio obligada a aceptar una imposición que por otra parte no parecía del todo desagradable. Estas nuevas nupcias, celebradas el 15 de mayo de 1567, señalaron el comienzo de su ocaso. Una confederación de nobles escoceses se rebeló contra Bothwell y María, y después de derrotar a las tropas de ambos en Carberry Híll a un mes de la boda, proclamó rey de Escocia al niño Jacobo y regente al conde de Moray.

Derrotada nuevamente por Moray en Langside el 13 de mayo de 1568, María tuvo la infeliz idea de refugiarse en Inglaterra, donde por orden de Isabel fue apresada y juzgada por el asesinato de Darnley. En el juicio se adujeron muchas pruebas contra la prisionera, varias de ellas notoriamente falsas. Finalmente fue absuelta, pero debió pasar el resto de su vida prisionera.

Durante esos diecinueve años María no dejó de conspirar para obtener su libertad e inclusive para promover la invasión de Inglaterra por España. Con ello dio a Isabel el pretexto que necesitaba para ordenar a su secretario Davison qué la hiciera decapitar. Cumplida la sentencia el 8 de febrero de 1587, la reina de Inglaterra, aparentando que se había tratado de un error, multó a Davison en diez mil libras, con lo que le redujo a la miseria.





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