Biografia de Cosima Liszt Resumen de su Vida






Biografia de Cosima Liszt – Resumen de su Vida

Resumen Biografía de Cósima Liszt: Hija del músico Franz Liszt y de la escritora francesa Marie d’Agoult, heredó de sus padres el talento para el arte y una vigorosa personalidad que la hizo descollar en los círculos artísticos centroeuropeos. Inspiradora primero y luego arriada inmortal de Richard Wagner, compartió su azarosa vida y consagró la suya a la difusión de la obra del genio de Bayreuth.Cosima Liszt

La vigorosa personalidad de Cósima Liszt, nacida el 24 de diciembre de 1837 en Bellagio, en las inmediaciones del lago de Gomo, fue el resultado de la fusión de dos temperamentos tan disímiles como el del contradictorio Franz Liszt y el de la temeraria condesa Marie d’Agoult.

El músico húngaro y la escritora francesa, casada y madre de tres hijos, habían arrasado con todos los convencionalismos al iniciar en 1833 una apasionada vida en común que duró varios años y dio como fruto tres niños ilegítimos.

Cósima, la segunda, heredó de sus padres el espíritu artístico, “la fina sustancia” y una aguda inteligencia. Franz Liszt le legó su extraordinaria mirada y el óvalo del rostro, alargado y pálido, que le valió en familia un apodo risueño: “la cigüeña”.

De Marie d’Agoult recibió una mentalidad racionalista y el afán de secundar a los seres amados. Cuando el vínculo afectivo se rompe, Marie se traslada definitivamente a París con los tres niños, que quedan primero al cuidado de la abuela y más tarde a cargo de una rígida gobernanta.

El padre, casi un personaje de leyenda, impone a distancia su severidad, temeroso de que la fuerte atracción que la madre ejerce sobre sus hijos se convierta en una influencia perniciosa dadas sus “debilidades humanas”. Sin embargo, las debilidades de Liszt no son menores. Desde 1847 ha fundado otro hogar irregular con la princesa Carolina von Sayn-Wittgenstein, que, celosa del poder de su antecesora, influye sobre el músico para que acentúe las censuras y el rigor.

En septiembre de 1855 las dos jovencitas Liszt-Blandína y Cósima son enviadas a Berlín y puestas bajo la custodia de la madre del músico Hans von Bülow, discípulo de Wagner y de Liszt. Aristócrata por nacimiento y por formación, los gustos y los modales de Cósima son refinados.

Alta y delgada, su rostro trasunta energía, entereza y sensibilidad, y su porte destaca un carácter orgulloso y reservado. No es hermosa -quizá su nariz sea excesivamente larga- pero la cabellera dorada y la voz profunda le hacen aventajar cualquier belleza. Entre Hans von Bülow, excelente intérprete y director, y Cósima Liszt, eximia pianista, se establece una mutua corriente de simpatía.

El 18 de agosto de 1857 se celebra la boda, y, aunque la comunión más profunda de la pareja parece celebrarse en las ilimitadas regiones de la música, no tardan en nacer dos niñas, Blandina y Daniela. Marie d’Agoult le escribe por ese entonces a una amiga: “Cósima es genial; verdadera hija de su padre. Su poderosa imaginación la coloca fuera del alcance de las mentes comunes. Ella siente el ‘demonio interior’ y seguramente se sacrificará a cualquier cosa que pueda pedirle la vida.”

Ese demonio interior no tardaría en responder al llamado de un demonio exterior que exige la consagración de todos los desvelos y el sacrificio de la tranquilidad: Richard Wagner. Este ha formado, inquietado y convulsionado a Hans von Bülow que se ha convertido en el colaborador, el entusiasta ejecutante y la sumisa sombra del maestro.

Los Bülow se han encontrado varias veces con él en esos años, y las reacciones de Cósima han sido extrañas: secretas reservas hacia el afán de lujo y los amores utilitarios del genio, llantos incomprensibles y silencios sombríos.En noviembre de 1863 están todos en Berlín. Mientras Hans ensaya un concierto, Cósima y Wagner dan un paseo en coche. “El silencio reemplazó los sonidos. Los ojos en los ojos, nos sentimos vencidos por el deseo imperioso de confesarnos la verdad. No necesitábamos hablar para comprender la desdicha infinita que nos invadía”, confesó él años después.

La “desdicha infinita” había sido hasta entonces un hermoso estimulante para la creación y la vida del gran artista quien después de su catastrófico matrimonio con la actriz Minna Planer, en 1836, solo buscó amores sublimes e imposibles.

En 1862, al finalizar el prólogo de El anillo de los Nibelungos escribió: “¿Existirá el príncipe que haga posible la representación de mi obra?”. El nuevo rey de Baviera, Luis II, de solo diecinueve años, recoge ese mensaje. Le ofrece su apoyo material, su admiración sin reservas y la promesa de un teatro para su obra total. Wagner se instala entonces en una villa próxima al lago Starnberg y al castillo real, y desde allí llama a los Bülow para que vayan a pasar con él una larga temporada. Para retenerlos, consigue que el rey designe a Hans von Bülow pianista de la corte y fijan su residencia en Munich.

A Hans le complace ciegamente que Cósima dirija la suntuosa casa de su ídolo, que atienda su correspondencia, que le dedique sus labores. Y en 1865, cuando Cósima da a luz una criatura -Isolda-, recibe emocionado las felicitaciones de su protector, que es el verdadero padre de la niña. La prensa de Baviera, hostil a Wagner, pues no ignora la atracción morbosa que este inspira al joven rey, inicia una campaña de denuncias. Hans comienza a abrir los ojos, pero no sabe qué hacer.

También Luis II está desorientado, pero su ministro le indica el camino: debe desterrar a Wagner. Así lo hace el rey, pero no sin prometerle que destituirá a sus ministros para favorecer un próximo regreso. Wagner se instala en Suiza, en una villa junto al lago de Lucerna. Desde allí llama a Cósima para que alegre su vida, mientras Hans, que ha iniciado giras de conciertos, vuelve a cerrar los ojos y a acceder.

Una carta de Wagner a Cósima, cuando esta ya ha partido, le revela crudamente la situación. Ya no puede reprocharse a sí mismo las desdichas conyugales, ni desoír las murmuraciones y las insinuaciones de los periódicos, ni creer en la carta pública que a pedido de Cósima firma Luis II en defensa de “los inocentes”.


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La pareja de Cósima y Wagner continúa en Triebschen, sumergida en el amor y en la creación. En 1866 nace la segunda hija, Eva. Entre tanto, en Baviera, han caído los ministros adversos. En 1867 el absurdo triángulo regresa a Munich, donde Bü-low, condecorado por el rey,diri-girá la representación de Los maestros cantores.

Esta tiene lugar en julio de 1868, con todo éxito, pero la prensa reprocha a Biilow sus complacencias como marido para conservar su puesto de director. Con ello los acontecimientos se precipitan: Cósima se reúne con Wagner en Triebschen, para permanecer a su lado.

En 1869 Wagner da por concluido el tercer acto de Sigfrido. Un día después lo colma de felicidad el nacimiento de su primer hijo varón, que llevará su nombre. Al año siguiente se sanciona el divorcio de Cósima y se legaliza la relación de ella con Wagner. Visitantes ilustres, entre ellos Nietzsche, gran admirador de la obra wagneriana, llegan a Triebschen.

En 1871, fundado ya el Imperio Alemán, empieza a concretarse el sueño de Wagner y de Luis II: la construcción de un teatro dedicado exclusivamente a su obra, que comienza a levantarse en Bayreuth. El rey provee también los fondos para edificar la casa de Wagner en las inmediaciones: la villa Wahnfried. Wagner funda sociedades wagnerianas en distintas ciudades y da conciertos. Cósima lo secunda en todo.

En 1876 se efectúa el primer festival del Teatro de Bayreuth. Liszt encabeza la peregrinación que ha ido a aplaudir El anillo de los Nibelungos. Pero la inaguración oficial y definitiva tendrá lugar con Parsifal, en 1882. En los años que median, Cósima custodia la tarea del genio.

Es el “ángel de la espada flamígera” que lo libera de las visitas inoportunas, pero también el “ángel dulce” que dispone a su alrededor las sedas, los terciopelos y los perfumes que tanto placen a Wagner. Entre esos lujos voluptuosos, después de anotar en una página “El amor … lo trágico”, sobre un canapé de raso rojo y oro, deja de latir el corazón de Wagner en el palacio Vendramin, en Venecia, el 13 de febrero de 1883. Erguida y con el rostro níveo bajo un velo, Cósima acompaña la góndola fúnebre. Se ha cortado la cálida cabellera y la ha depositado sobre el pecho de su amado, para abrigar el definitivo reposo en Bayreuth.

Desde entonces la vida de Cósima se reduce a exaltar la memoria de Wagner y a tratar de materializar fielmente cada uno de sus sueños. Sacerdotisa de esa nueva religión que congregaba millares de peregrinos de todas partes en Bayreuth, era implacable para admitir artistas y seleccionar los detalles y los efectos que debían servir al arte wagneriano. Tomó la dirección de los festivales, ayudada por algunos fieles, hasta que en 1908 dejó las riendas a su hijo Sigfrido, quien si bien aceptaba los rígidos dictados maternos, se atrevió a adaptar a los nuevos tiempos algunas puestas que consideraba a envejecidas.

Cuarenta y siete años hubo de esperar Tristán a esta Isolda que lo rescató de los amores engañosos y le inspiró algunas de sus obras más imperecederas. Cósima, ciega por completo pero aún lúcida, fue a su encuentro el 1° de abril de 1930, a los 92 años.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder





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