Humanismo

Biografia de Boccaccio Giovanni Escritor Humanista

Biografia de Boccaccio Giovanni Escritor Humanista

Giovanni (Juan) Bocaccio, (1313-1375)  era hijo de un mercader de Florencia, nacido en París en 1313. Llevado por su vocación, resignó el comercio y siguió estudios literarios, especialmente de los clásicos.

Luego compuso varias poesías sobre la mitología y la geografía antiguas y ensayó también la poesía épica; pero decepcionado por su producción, que consideraba inferior a la de Petrarca, quemó todos su versos y se dedicó a la prosa.

De la elevación alegórica del DanteAlighieri a la gracia burlona del Boccaccio va lo que la obra del primero tiene de divina y la del segundo de humana.

Su Decamerón es una comedia de nuevo género, en que viven los hombres de la época con el realismo, a veces brutal, de un Juan de Meung.

Porque Boccaccio es el poeta de la burguesía italiana y encarna en sus composiciones el espíritu realista, observador, liberal, placentero y desenfadado de esos seres que, surgidos de la nada, habían conquistado una posición social en las ciudades italianas del Trescientos.

Biografia de Boccaccio Giovanni
Giovanni Boccaccio fue un escritor y humanista italiano. Es uno de los padres, junto con Dante y Petrarca, de la literatura en italiano. Compuso también varias obras en latín. Es recordado sobre todo como autor del Decamerón.
Fecha de nacimiento: 16 de junio de 1313, Certaldo, Italia
Fallecimiento: 21 de diciembre de 1375, Certaldo, Italia
Obras notables: chimbon

Toda su vida responde de su obra literaria. Su padre, Boccaccino de Chellino, había abandonado su pueblo natal, Certaldo, para establecerse en Florencia y dedicarse a las actividades comerciales. Era hombre muy emprendedor, que iba de feria en feria para aumentar su negocio.

Hallándose ocasionalmente en París sedujo a una francesa, llamada Juana. De estos amores nació en 1313 el que luego había de ser una de las grandes figuras de la literatura italiana. El niño y la madre fueron abandonados por el mercader florentino.

Pero al cabo de algunos años, Boccaccino, que mientras tanto habíase desposado en Florencia, llamó a su vera al muchacho, huérfano ya de su madre.

Desde sus primeros años Boccaccio demostró una fuerte vocación para la poesía, lo que contrariaba los deseos de su padre. Este quería hacer de él un banquero y un buen mercader. Para orientarle por este camino, le llevó a Nápoles (1328), en cuya ciudad tenía una sucursal, muy relacionada con la corte de Roberto de Anjou.

En la bella ciudad del Sur, Giovanni aplicóse al estudio del comercio y del derecho canónico, sin lograr otra cosa que perder el tiempo y obstaculizar su carrera de poeta.

Sin embargo, en Nápoles empezó a leer a Virgilio, Ovidio y Estacio y a ponerse en contacto con el gusto clásico; también por aquella época frecuentó las casas de varios profesores y poetas, lo que le afirmó en sus deseos de dedicarse a las actividades literarias.

Sus primeras composiciones poéticas fueron dedicadas a cantar, en sonetos y canciones, las bellezas de la noble María de Aquino, su primer amor (1336-1339), que él inmortalizó con el nombre de Fiammetta.

En diciembre de 1340 regresó a Florencia reclamado por su padre. Contaba entonces veintisiete años. Era apuesto y delicioso galán.

Su vida transcurría apartada del comercio. Leía a Virgilio, se inspiraba en el paisaje florentino, escribía novelas autobiográficas (Fiammetta), églogas simbólicas (el Ninfale d’Ameto), alegorías morales (la Amorosa visione) y pastorales amorosos (el Ninfale fiesolano).

Hacia 1345 conocía ya la gloria y el respeto de sus conciudadanos. Cinco años más tarde podía realizar su sueño de entrevistarse con el Petrarca, hacia cuya persona sentía una verdadera veneración.

De 1350 arranca la amistad entre los dos literatos, la cual debía resultar en extremo beneficiosa para Boccaccio, mucho más joven. Al mismo tiempo, debía sellar con caracteres indelebles gran parte de su vida.

En 1348 se desató en Florencia el terrible azote de la peste negra. Hallábase entonces ausente Boccaccio de la ciudad, a la que regresó al siguiente año, al enterarse de la muerte de su padre. En este momento inicia la redacción del Decamerón, que terminará en 1353.

En sus páginas Boccaccio retrata las costumbres de la sociedad que le rodea con la visión certera a que aludíamos, con una prosa magistral y un talento de narrador que pocas veces ha sido superado.

A partir de 1354 la vida de Boccaccio, que ha logrado su madurez intelectual, se encauza por otras sendas. Después del incidente del Corbaccio, escrito en un momento de mal humor y venganza pasional, nuestro poeta se siente agarrotado por el miedo a la muerte.

Quiere abandonarlo todo, aficiones, vanidad y orgullo mundano. Pero Petrarca le disuade de este proyecto, forjado en un momento de perturbación espiritual (1362), y le aconseja que se dedique al estudio del pasado.

Desde entonces Boccaccio, captado por el humanismo, sólo redacta en latín y pretende descifrar el misterio del pensamiento, la historia, la religión y el arte del mundo pagano.

Así compone églogas al estilo virgiliano (Buco-licum carmen), tratados mitológicos (De genealogiis áeorum), biografías de hombres y personas ilustres, tratados de Geografía, etc. Pero la erudición y sus cordiales relaciones con Petrarca, que vive en Venecia, no le dan qué vivir.

La angustia de la pobreza le retiene desde 1364 en Certaldo, donde residirá el resto de su vida con breves escapadas a Ñapóles (1370) y Venecia (1367) y frecuentes visitas a Florencia.

En 1373 el municipio le encarga comentar (leer) la Divina Comedia en el templo de San Esteban de Badia. En esta tan agradable y honrosa tarea le sorprende la muerte, precedida por la amargura de la noticia de la defunción de su entrañable Petrarca.

Se extinguió en Certaldo el 31 de diciembre de 1375, legando una obra inmortal.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Woodrow Wilson
Biografia de Chamberlain Joseph
Biografia de Cecil Rhodes
Biografia de Enrique III de Inglaterra
Biografia de Bonifacio VIII
Biografia de Boccaccio Giovanni
Biografia de Wyclef John
Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Biografia de Cosme de Medicis -El Viejo- Politico

Biografia de Cosme de Medicis «El Viejo»

La evolución del gobierno popular de las ciudades italianas hacia la concentración monárquica del poder, se efectuó de dos formas distintas: o por la acción de las armas o por el poderoso influjo del dinero.

Para elevarse a la dirección política de Florencia, la familia de los Médicis no necesitó esgrimir la espada de la condottieri, sino los inmensos recursos de que disponía como primera casa bancaria de Italia.

Pero a la vez que se hacían cargo del poder, procuraron dar a la ciudad el máximo rango como centro artístico y Italia, subvencionando a los artistas y a los humanistas.

Cosme el viejo
Cosimo di Giovanni de Medici o Cosme el Viejo fue un político y banquero italiano, fundador de la dinastía de los Médici, dirigentes efectivos de Florencia durante una buena parte del Renacimiento italiano.
Fecha de nacimiento: 27 de septiembre de 1389, Florencia, Italia
Fallecimiento: 1 de agosto de 1464, Villa medicea de Careggi, Florencia, Italia
Cónyuge: Contessina Bardi (m. 1415–1464)
Residencia: Palacio Médici
Hijos: Pedro de Cosme de Médici, Carlos de Cosme de Médici, Juan de Cosme de Médici
Hermanos: Lorenzo el Viejo

En definitiva, los Médicis plasmaron el ideal del primer Renacimiento italiano en Florencia. Esta fue la dirección que imprimió a los destinos familiares Juan de Bicci (1360-1429), quien con su actividad bancaria y su profunda perspicacia económica fué el verdadero fundador de la prosperidad material de los Médicis.

De tal padre, Cosme de Médicis, llamado el Viejo (nacido el 27 de septiembre de 1389), heredó la riqueza, la popularidad, el espíritu de empresa, el deseo de proteger a los artistas y la ambición de concentrar en sus manos—-aunque de modo indirecto— el gobierno de la ciudad.

Cosme fué hombre de formación cultural mediocre; pero estuvo dotado de excepcionales condiciones de inteligencia y de habilidad para triunfar en los negocios y en la política.

A la muerte de su padre, en 1429, Cosme era un ciudadano privado, como cualquier otro de Florencia, aunque de preeminencia sin par. Tenía entonces 40 años.

Habíase dedicado al comercio y algún tanto a la política. Acompañó al papa Juan XXIII al Concilio de Constanza (1414), viajó luego por Francia y Alemania, y a su regreso a Florencia se encargó de varias embajadas: a Milán, en 1420; a Lucca, en 1423, y a Bolonia, en 1424.

Destacado por su trato bondadoso y por su liberalidad suma para con los pobres, Cosme se convirtió muy pronto en el jefe del partido que luchaba contra la oligarquía imperante en Florencia.

En 1433, con motivo de una paz vergonzosa concluida con Lucca, redobló sus ataques; pero en aquella ocasión fué víctima de un atentado. El gonfalonero Bernardo Guadagni lo detuvo el 7 de septiembre de 1433, y acusado de perturbar el orden del Estado, fué excluido por diez años de todo cargo público y confinado a Padua.

Su destierro duró poco. En octubre de 1434 regresaba a Florencia como señor de la ciudad. Sus ambiciones políticas concordaban con los deseos de paz y prosperidad de la mayoría de los ciudadanos, en particular los dé condición humilde.

Gobernó con prudencia y moderación, desempeñó varias veces el cargo de gonfalonero (1435, 1439, 1445), y dirigió con suavidad la conquista del poder.

Como otro Augusto, respetó las libertades y las instituciones tradicionales de Florencia, pero hizo que sus amigos ocuparan los principales cargos públicos y compusieran los consejos y las magistraturas.

Su dominio sobre la ciudad fue efectivo, pero muy poco aparente. Sin embargo, en alguna ocasión, como en el golpe de Estado de 1458, tuvo que demostrar que él era el verdadero señor de Florencia. Entonces creó el Consejo de los Ciento.

Su política internacional fue muy activa. Se basó en procurar la independencia de Florencia y de Italia. Por esta causa se alió con Venecia contra Felipe María Visconti cuando éste parecía aspirar a la hegemonía en el Norte de Italia, y con Francisco Sforza contra Venecia cuando esta ciudad se hizo demasiado poderosa.

A él se debe la entronización ducal de los Sforzas en Milán y la intervención de Renato de Anjou en Nápoles (1455). Durante su gobierno, el territorio de Florencia se redondeó con varias adquisiciones estratégicas.

Después de larga enfermedad, Cosme murió en Careggi el 1° de agosto de 1464, casi octogenario.

La ciudad tributó a su cadáver honras fúnebres excepcionales, pues no podía olvidar que el gran Médici le había dado la paz, la potencia política y la supremacía cultural italiana.

Cosme, en efecto, no sólo protegió a los artistas — como Brunnelleschi y Donatello —, sino a los humanistas y a los literatos.

En su época se inauguraron varias bibliotecas dotadas de valiosos manuscritos, las salas de sus palacios se convirtieron en admirables museos de arte y se constituyó el primer núcleo de la Academia dirigido por Marsilio Ficino.

El soplo de la helenidad vivificó las letras con traducciones como las de Aristóteles, confiadas al erudito Argirópulos. En resumen, bajo Cosme de Médicis se preparó la fulgurante época del gran Renacimiento en Italia.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia Eduardo II
Biografia de Alfonso XI de Castilla
Biografia de Carlos V de Francia
Biografia Juan II de Francia
Biografia de Eduardo El Príncipe Negro
Biografia de Enrique II de Castilla
Biografia de Juan I de Castilla
Biografia de Juan V Paleologo

Biografia de Federico de Montefeltro Duque de Urbino Resumen

Biografia de Federico de Montefeltro Duque de Urbino

FEDERICO DE MONTEFELTRO, DUQUE DE URBINO (1422-1482)
Otro condottiero del Cuatrocientos italiano. Su personalidad militar fue muy relevante, aunque no de la talla de Francisco Sforza.

Distinguido por su prudencia, su bravura y su rara pericia en la toma de fortalezas, fue hombre de rara lealtad, lo que le granjeó no pocos partidarios. Pero Federico de Montefeltro destaca mucho más que como guerrero, como gran príncipe del Renacimiento.

Tenía una cultura vastísima, dominaba el latín, la historia, la filosofía y las humanidades.

Montefeltro Federico
Federico da Montefeltro, fue uno de los más exitosos condottieri del Renacimiento italiano, y Duque de Urbino desde 1444 hasta su muerte.
Fecha de nacimiento: 7 de junio de 1422, Castello di Petroia, Italia
Fallecimiento: 10 de septiembre de 1482, Ferrara, Italia
Cónyuge: Battista Sforza (m. 1460–1472), Gentile Brancaleoni (m. 1437–1457)
Hijos: Guidobaldo de Montefeltro, Giovanna Felicita Feltria della Rovere, Agnese di Montefeltro

En su corte de Urbino reunió a los humanistas y artistas de más fama en su tiempo. Favoreció la arquitectura y las bellas artes. Bajo sus auspicios, Urbino fue dotada de la biblioteca más copiosa de Occidente.

Guerrero y humanista, Federico fue también un político hábil, pues logró ampliar los dominios recibidos a la muerte de su hermanastro Oddantonio, conde de Montefeltro y de Urbino (1444).

Había nacido en Gub-bio (1452), y era hijo ilegítimo de Guido Antonio’ de Montefeltro. En sus primeros hechos de armas luchó contra el Piccinino (1437), aunque luego protegiera su retirada ante Segismundo Malatesta en 1443.

De este hecho deriva la rivalidad entre el señor de Rímini y el que, al año siguiente, lo fue de Urbino. Excomulgado en 1445 por intervenir en la cesión de Pesaro a Alejandro Sforza, fue exculpado en 1450 por Nicolás V; pero esto no le valió la simpatía de Segismundo Malatesta, cuya animosidad se había descentrado a raíz de aquella cesión.

Las guerras entre los dos condottieri fueron, desde entonces, ininterrumpidas. Federico puso su espada al servicio de los enemigos de Segismundo, y en las campañas de 1462 y 1483 asestó el golpe de muerte a la potencialidad del Malatesta.

Pero a la muerte de éste, Federico defendió la causa de su sucesor Roberto, pues no quería que el papa se hiciera demasiado poderoso en la Romana.

La victoria alcanzada sobre el ejército pontificio en Mulazzano (1469) permitió que los Malatestas conservaran Rímini bajo los auspicios de Federico de Montefeltro. En 1474 éste fue creado duque de Urbino por Sixto IV.

En sus últimos años luchó contra Florencia (1479). Murió en Ferrara el 10 de septiembre de 1482 cuando iba a guerrear contra el Papado y Venecia por cuestiones de límites.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia Eduardo II
Biografia de Alfonso XI de Castilla
Biografia de Carlos V de Francia
Biografia Juan II de Francia
Biografia de Eduardo El Príncipe Negro
Biografia de Enrique II de Castilla
Biografia de Juan I de Castilla
Biografia de Juan V Paleologo

Biografia de Fra Angelico Resumen de su Vida y Obra

Biografia del Artista Fra Angelico

FRA ANGÉLICO (1387-1455): Entre los clamores de la aurora del Renacimiento que anuncia con su poderoso atrevimiento el Masaccio, Fra Angélico pinta con emoción mística las delicias del Empíreo.

Pues no otra cosa es su pintura sino aproximación a lo inefable, a la vida supraterrenal que él aprehende a través de la oración y de su temperamento bondadoso y consagrado a la alabanza continua de Dios.

Fra Angelico
Beato Angélico O.P. más conocido como Fra Angélico O.P. ,fue un pintor cuatrocentista italiano que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor consumado. Fue llamado Angélico por su temática religiosa, la serenidad de sus obras y porque era un hombre de extraordinaria devoción.
Fecha de nacimiento: 1395, Vicchio, Italia
Fallecimiento: 18 de febrero de 1455, Roma, Italia
Obras notables: La Anunciación
Orden religiosa: Orden de Predicadore

Su existencia discurre no entre las miserias terrenales, sino en el mundo poblado por los seres angélicos y seráficos. Por esta causa, consigue realizar lo más difícil: encarnar en formas humanas los espíritus trascendentales, reteniendo en ellas las transparencias inaprensibles de su matiz celestial.

Oraba antes de tomar los pinceles. Oraba siempre, incluso pintando, ya que en la pintura entonaba nuevos cánticos a la Divinidad. Jamás retocó sus composiciones iniciales, pues en ellas veía el reflejo de la inspiración divina; tampoco manifestó nunca deseos de perfeccionamiento, ni impaciencias de lucro.

Era humilde, piadoso y devoto. Cuando su fama llegó hasta el Pontificado y se multiplicaron los encargos, Fra Angélico aceptólos no por vanagloria personal, sino porque en la pintura continuaba sus oficios evangélicos.

Había nacido en el pueblo de Vicchio, cerca de Florencia, en 1387. En el siglo se llamó Guido de Pietro. Su familia debía ser muy religiosa, ya que tanto él como su hermano Benedicto tomaron el hábito dominico en el convento de Santo Domingo de Fiesole en 1407.

Al cabo de un año pronunció sus votos. Desde entonces se llamó Juan de Fiesole; pero el encanto celestial de sus frescos, el singular candor de su vida y lo beatífico de su espíritu le hicieron conocer muy pronto con el sobrenombre de Fra Angélico.

Al lado de su devoción, Fra Angélico sentía el impulso artístico. Su hermano era calígrafo de códices miniados. La herencia familiar tuvo en Guido concreciones de más alto vuelo.

Sin embargo, su iniciación artística fué muy humilde, puesto que dio sus primeros pasos en la escuela caligráfica del convento de Santa María de los Angioli de Florencia.

Fecha decisiva en su evolución artística fué la de 1409, cuando a causa de las competiciones promovidas por la elección del papa Alejandro V, la comunidad dominica trasladó su residencia de Fiesole a Foligno, localidad situada en la Umbría, cerca de Asís.

obra la anunciacion

Pintaba con humildad y amor, él se consideraba sólo un mensajero de la palabra divina a través de su obras, como «La Anunciación» pintada alrededor de 1430, cuando empezaba a destacarse como un gran artista. Fuerealizada para el convento de Santo Domingo de Fiesole. En la actualidad es una de las joyas del Museo del Prado de Madrid

Aquí pudo conocer los frescos de Giotto, lo que reforzó en él la tendencia giottesca recogida en Florencia años antes. De regreso a Fiesole (1418) continuó trabajando con gran entusiasmo.

Sin pretenderlo, se perfeccionó en su técnica, en busca del dominio de la perspectiva, de la expresión y del relieve, en lo que coincidía con el grupo de jóvenes arquitectos y escultores florentinos, como Ghiberti, Donatello y Brunelleschi.

Poco a poco pasó del giottismo de sabor gótico a una independencia renacentista. Su genio, hasta entonces recatado, tuvo ocasión de brillar en forma incomparable cuando Cosme el Viejo concedió a los dominicos, en 1436, el convento de San Marcos de Florencia.

Era preciso habilitar este edificio, y muy pronto se iniciaron las obras de acondicionamiento, las cuales acabaron en 1443. A compás de la restauración de los claustros, de los oratorios, de las celdas, Fra Angélico iba pintado las paredes y poblándolas de santos, ángeles, Madonas, Anunciaciones y Descendimientos.

Gracias a la soberana fuerza de sus pinceles, Fra Angélico, él solo, elevó aquel vasto caserón al rango de monumento nacional de Italia y sede magistral del arte de todos los tiempos.

Desde entonces, el fraile dominico pertenecía al Arte. El papa Eugenio IV le llamó a Roma (1445) para pintar la capilla del Sacramento en el palacio del Vaticano. Desconocemos cuál fué su obra, pues, destruida en 1540 por orden de Paulo III, no nos queda de ella ni la más leve copia.

En cambio, conservamos los maravi liosos frescos de la capilla de San Esteban y San renzo, denominada Nicolina porque la mandó pintar Nicolás V en 1447.

En 1452 Fra Angélico fue nombrado prior de la comunidad de Fiesole. De regreso a Roma, le sorprendió la muerte el 14 de juliode 1455, cuando contaba 68 años y su arte había alcanzado la plenitud en la riqueza de los vestuarios,, la profundidad de expresión, el encanto místico y el dominio de la forma de los cuerpos.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia Eduardo II
Biografia de Alfonso XI de Castilla
Biografia de Carlos V de Francia
Biografia Juan II de Francia
Biografia de Eduardo El Príncipe Negro
Biografia de Enrique II de Castilla
Biografia de Juan I de Castilla
Biografia de Juan V Paleologo

Biografia de Ludovico Sforza Duque de Milán

Biografía de Ludovico Sforza Duque de Milán

LUDOVICO SFORZA, DUQUE DE MILÁN (1452-1508)
Ludovico Sforza, denominado el Moro, es una de las figuras más singulares entre los príncipes italianos del momento de transición del Cuatrocientos al Quinientos.

La ruina del poder de los Médicis en Florencia le elevó por un instante al vértice de la política italiana; pero su fortuna fué fugaz como la luz del relámpago.

Cayó bajo los golpes de Venecia y, en particular, de Francia. Sin embargo, queda como un exponente clásico del príncipe del Renacimiento, gran mecenas y protector de las artes, pero sin escrúpulos para adueñarse del poder del Estado.

Ludovico Sforza
Ludovico Sforza, llamado el Moro, a los 42 años se convirtió en Duque de Milán, y tomó parte en la primera y segunda guerras italianas y. Se hizo famoso por ser mecenas de Leonardo da Vinci y otros artistas. Murió a los 55 años.
Fecha de nacimiento: 27 de julio de 1452, Vigevano, Italia
Fallecimiento: 27 de mayo de 1508, Loches, Francia
Cónyuge: Beatriz de Este (m. 1491–1497)
Hijos: Francisco II Sforza, Maximiliano Sforza, Bianca Giovanna Sforza, Giovanni Paolo I Sforza, Cesare Sforza

Era el cuarto hijo legítimo de Francisco Sforza, el gran condottiero, y de Blanca María Visconti. Vió la luz en Vigevano el 27 de julio de 1452.

Educado por su madre, muy pronto fue separado de ella para dedicarle a las actividades políticas.

En 1165 fue armado caballero, y en 1466, a la muerte de su padre, fué nombrado gobernador de Cremona, amenazada por un posible ataque de los venecianos al mando de Bartolomé Colleoni.

Coniurado este peligro, ocupó varios cargos de responsabilidad durante el gobierno de su hermano Galeazzo María. Cuando éste pereció asesinado en 1476, se hallaba en Francia con su hermano mayor Sforza María.

Ambos regresaron a Milán para disputar la regencia de Juan Galeazzo a la viuda Bona de Saboya y al ministro Simonetta. Apoyados en el elemento gibelino de la ciudad, los Sforzas dieron un golpe de estado el 25 de mayo de 1477, que terminó con un gran fracaso.

Ludovico fue desterrado a Pisa, al objeto de que estudiara para la carrera diplomática. Poco después, la sublevación de Genova permitía a Sforza María renovar sus actividades subversivas.

Ludovico imitó su ejemplo. Con auxilios que recibió de su cuñado el rey de Nápoles, se unió a las huestes de su hermano en la costa ligur. La muerte de Sforza María en julio de 1479, dejóle libre el campo.

A través de Tassino, favorito de Bona de Saboya, supo captarse la voluntad de la regente. De regreso a Milán el 7 de septiembre de 1479, promovió la detención de Simonetta y la eliminación de sus adversarios políticos. El 3 de noviembre de 1480 lograba ser reconocido regente por su sobrino, el débil e irresoluto Juan Galeazzo.

Ludovico actuó en la regencia como sí fuera verdadero duque. Su política fué, en general, afortunada. Contuvo las pretensiones de Venecia, rechazó las agresiones de los suizos (1487) y restauró la autoridad de los Sforzas en Genova (1487), quebrantada en 1478.

Sin embargo, tuvo que admitir para esta república la alai, soberanía de Francia, cuyos tentáculos se extendía al ducado de Saboya y a los marquesados de Montferrato y Saluzzo. Apoyó a los Sforza de la Romana contra Florencia (1488).

Respecto al rey de Napoles Ferrante, le devolvió en un principio el apoyo que antes le habia prestado. Pero las relaciones entre las dos cortes se agriaron cuando Ludovico no quiso dar el poder a su sobrino Juan Galeazzo, casado con Isabel de Aragón, al llegar a su mayoría de edad.

Estas circunstancias impulsaron a Ludovico el Moro a estrechar sus relaciones con Carlos VIII de Francia quien ambicionaba renovar las pretensiones de los Arajou sobre el reino de Napoles.

El regente del ducado de Milán favoreció los proyectos del monarca francés aunque para evitar sus excesivas ambiciones procure asegurar su posición haciéndose otorgar la investidura del ducado por el emperador Maximiliano de Austria el 3 de septiembre de 1494.

La empresa de Carlos VIII y la notoriedad de los éxitos franceses, junto con la? pretensiones del duque de Orleáns a la corona milanesa, determinaron que Ludovico se apartara de su aliado y pasara a engrosar la Liga de Venecia de 1495, la cual provocó la retirada del ejército expedicionario francés en Italia.

En 1496, duque reconocido por la muerte de Juan Galeazzo sin sucesión, acaecida el 21 de octubre de 1494, Ludovico el Moro parecía hallarse en la cúspide de su poder. Pero jamás las apariencias fueron tan engañosas.

Francia había reconocido la excepcional importancia del Milanesado para sus planes italianos, y, para reducir a Ludovico el Moro, buscó y halló aliada en Venecia y Suiza. Aislado el duque de Milán, Luis XII —el duque de Orleáns que había sucedido a Carlos VIII en 1497 en el trono de Francia — lanzó un nuevo ejército sobre Italia (1499).

Muchas fueron las defecciones entre los defensores del Moro, de modo que éste tuvo que huir de Milán y refugiarse en Innsbruck (septiembre de 1499).

Aquí buscó refuerzos para recobrar el ducado, empresa que intentó al año siguiente. Traicionado en Novara por los suizos, cayó en poder de loa franceses (8 de abril de 1500), quienes le trasladaron a Francia y le encerraron en la fortaleza de Lys-Sain-Georges, en el Berry.

Después de un intento de fupaa Ludovico fue transferido al castillo de Loches, donde murió el 27 de mayo de 1508. Así terminaron los días de quien había sido esperanza de Italia y protector de Leonardo de Vinci y del Bramante.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia Eduardo II
Biografia de Alfonso XI de Castilla
Biografia de Carlos V de Francia
Biografia Juan II de Francia
Biografia de Eduardo El Príncipe Negro
Biografia de Enrique II de Castilla
Biografia de Juan I de Castilla
Biografia de Juan V Paleologo

Biografia Andrea del Verrocchio Pintor Renacentista

Biografia Andrea del Verrochio

Cuando nadie se juzgaba capaz de recoger la herencia del sublime Donatello, Florencia proporcionó un nuevo escultor digno de medirse, por sus obras, con las de su precursor y maestro.

Se llamó éste Andrés Cione, más conocido con el nombre de Verrocchio, que adoptó de su primer iniciador en el arte, el orfebre Julián Verrocchi.

Andrea Verrochio
Andrea del Verrocchio, nacido Andrea di Michele di Francesco de Cioni, conocido simplemente como Verrocchio fue un pintor, escultor y orfebre cuatrocentista italiano.
Fecha de nacimiento: 1435, Florencia, Italia
Fallecimiento: 10 de octubre de 1488, Venecia, Italia
Nombre en italiano: Andrea del Verrocchio
Obras notables: Bautismo de Cristo; Tobías y el ángel (Verrocchio); Monumento a Bartolomeo Colleoni; David
Conocido por: Pintura, Escultura

Siguiendo las huellas del Donatello, e incluso repitiendo sus tipos, Verrocchio logró una plasmación renacentista mucho más completa, elegante y humana, Puede afirmarse que en él rematan las cualidades de un siglo de escultura florentina, dejando preparado el terreno para los portentosos atrevimientos de Miguel Ángel Buonarroti.

Andrés del Verrocchio, nacido en Florencia en 1435, aprendió la orfebrería del mencionado Julián, la escultura de Donatello y la pintura del Pesellino y del Baldovinetti. Pero aunque destacó en estas tres actividades, su vocación principal fué la de escultor.

Como orfebre enriqueció la mesa, los salones y los vestidos de los Médicis; pero nada se ha conservado de su producción, excepto las numerosas copias y réplicas que suscitó en sus imitadores y discípulos.

Al servicio de los Médicis, construyó para ellos obras de canalización y juegos de agua, proyectó el sepulcro subterráneo de Cosme el Viejo en el templo de San Lorenzo (1464), y en la misma iglesia elevó el monumento funerario de Pedro y Juan de Médicis, una de las grandes realizaciones del arte ornamental (1472).

También esculpió para Lorenzo el Magnífico varios bustos y algunas estatuas bellísimas, y en 1476 fundió el David, viril, atrevido y audaz como un joven soñador de su época.

Después de dirigir la ejecución del grupo de Cristo con Santo Tomás (1478), Andrés se desplazó a Venecia para dar cima al encargo de fundir una estatua ecuestre para el condottiero Bartolomé «Colleoni.

En esta obra superó al Gattamelatta de Donatello por la arrogancia en la expresión y la virilidad del conjunto.

Trabajó durante cuatro años en la fundición de la escultura, y murió en Venecia en 1488 agotado por las vigilias y las preocupaciones de esta obra.
Amable y abierto para sus discípulos, nunca les regateó oportunidades para triunfar.

No era pintor nato, pero conocía a fondo los secretos de la técnica. Así pudo legarles excelentes conocimientos pictóricos, sin mermar la personalidad artística de los jóvenes que se reunían en su taller.

A todos les enseñó su seguridad, su firmeza, su precisión y su exactitud en el dibujo. Cuando le encargaban una obra cualquiera, dejaba que sus discípulos la realizaran según su propia concepción artística.

Gracias a esta liberalidad, de su taller salieron grandes nombres del arte italiano: Leonardo da Vinci, el Perugino, Lorenzo di Credi…

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia Eduardo II
Biografia de Alfonso XI de Castilla
Biografia de Carlos V de Francia
Biografia Juan II de Francia
Biografia de Eduardo El Príncipe Negro
Biografia de Enrique II de Castilla
Biografia de Juan I de Castilla
Biografia de Juan V Paleologo

Biografia Hernando de Talavera Arzobispo

Biografia de Hernado de Talavera

De suma significación en la vida castellana a fines del siglo XV y principios del XVI, o sea en la época de los Reyes Católicos, es la persona de fray Hernando de Talavera, prior de Prado, confesor de la reina Isabel y primer arzobispo de la Granada reconquistada.

Talavera Hernando
Arzobispo y Confesor de la Reina Isabel, Hernando de Talavera

Hombre de una gran fe religiosa, intransigente en el respeto debido al Señor aun por los propios monarcas, supo hallar suavidades en el grave problema de convertir al cristianismo a los musulmanes granadinos.

En una época de exaltación religiosa y de procedimientos radicales, Talavera buscó una vía media que condujera a la conversión de buen grado, sin el uso de la fuerza o la coacción. Por otra parte, fue un buen orador y un pulcro y notable escritor de temas religiosos y morales.

De cuna discutida — pues unos afirman que fue muy humilde y otros de mediana nobleza —, Hernando nació en Talavera de la Reina hacia 1428. Educado-desde su más tierna infancia por y para la Iglesia, creció en bondades y en aptitud para los conocimientos literarios.

Estudió en Salamanca con sus propios recursos, ayudándose con la redacción manual de libros. Bachiller a los veinticinco años y licenciado a los treinta, en 14615 completó el cuadro de sus virtudes ingresando en el monasterio Jerónimo de San Leonardo de Alba.

Su saber y su renombre le llevaron, a poco, al priorato de Nuestra Señora del Prado, cercano a Valladolid, en cuyo cargo demostró competencia extraordinaria. Tanto fue así que su fama llegó hasta los lugares más altos del Estado.

La reina Isabel le eligió por confesor y le encargó varios asuntos diplomáticos delicados, como el de zanjar las diferencias entre las coronas de Castilla y Portugal a causa de la guerra de la Beltraneja (1479).

Nombrado visitador general de su Orden, y, más tarde, obispo de Avila, en 1493′ recibió las bulas pontificias designándole arzobispo de la diócesis de Granada, que hacía un año había sido rescatada del poder del Islam. Entonces pidió y obtuvo de sus soberanos que le permitieran dedicarse por completo a su ardua tarea.

En Granada Talavera predicó el amor, la caridad y los misterios sagrados del cristianismo. Consta que se granjeó el afecto y admiración de muchos musulmanes, que se convirtieron. Pero, en la corte, se lamentaba la supuesta lentitud de las conversiones.

El nuevo confesor de la reina y arzobispo de Toledo desde 1495 Cisneros, propuso un método para alcanzar rápidamente el imperio de la verdadera fe en Granada.

En 1499, con motivo de su estancia personal en la ciudad, se produjeron graves motines, los cuales sólo fueron calmados gracias a la autoridad personal de Talayera.

Este tuvo que asistir a la rebelión de 1500 y al edicto de conversión general de 1501, lo que significaba el fracaso de su política religiosa. Murió en Granada el 14 de mayo de 1507.

fuente

Biografia de Juan Luis Vives Filosofo Humanista Español

Biografía de Juan Luis Vives – Filósofo Humanista

A la edad de cuarenta y ochos años, el 8 de mayo 1540, moría en Brujas Juan Luis Vives dejando a la posteridad una obra imponente en la que se reflejan todos los aspectos — filosófico, religioso, filológico, pedagógico y jurídico — del Renacimiento europeo.

Vives, sin dejar de ser valenciano y español, fue un destacado europeo, uno de esos humanistas cosmopolitas que acrisolaron en su espíritu los valores más conspicuos de Occidente.

Juan Luis Vives
Juan Luis Vives​, fue un humanista, filósofo y pedagogo español.
Fecha de nacimiento: 6 de marzo de 1493, Valencia, España
Fallecimiento: 6 de mayo de 1540, Brujas, Bélgica
Educación: Universidad de París
Era: Filosofía renacentista
Padres: Blanquina March Almenara, Luis Vives Valeriola

Con Erasmo, More y Budé, constituye el cuadrunvirato de las letras en la primera mitad del siglo XVI. En realidad, representa la versión española del humanismo, el cual, en su persona sabia, modesta y pía, no fue tan sólo un elemento filológico, sino un instrumento para la mejora de la humanidad, mediante una nueva pedagogía fundada en la psicología, un interés novísimo por las necesidades sociales y un sistema de paz entre los pueblos cristianos, inspirado en las doctrinas católicas.

Este rasgo — el catolicismo — es fundamental en la posición humanista de Juan Luis Vives. Como español forjado en la amplia visión de la unidad espiritual del mundo, rechaza toda aproximación a la causa de la Reforma protestante, germen de la disgregación inminente de la cultura y de la Iglesia de Occidente.

Por esta causa, supo siempre mantenerse fiel a sí mismo, a pesar del influjo de las doctrinas erasmitas. No tuvo la potencia espiritual, ni la abundancia artística, ni la brillantez exquisita de Erasmo; pero, en cambio, dentro de los humanistas europeos, se distinguió por su sentido común y por su visión aguda de la realidad del momento.

No vivió en la torre de marfil de la fantasía, ni le bastó nunca la erudición; fue a buscar el mundo para enseñar a todos que no hay más gloria que en el seno de Dios y de la buena conciencia.

Nacido en Valencia el 6 de marzo de 1492, el mismo año de la conquista de Granada y del descubrimiento del Nuevo Mundo, procedía de una familia establecida en esta ciudad desde los tiempos de Jaime el Conquistador, oriunda quizá del condado de Rosellón.

Su padre, Luis Vives, era hombre acomodado, y su madre, Blanca March, estaba emparentada con el poeta Ausias, el cual brilló en la lírica catalana a mediados del siglo XV.

Educado con esmero por sus padres, Juan Luis Vives se formó en la universidad de Valencia, la cual había sido reformada en 1498. En el fervor de un nuevo empuje cultural, Vives recibió en aquel centro de estudios las lecciones de gramática de Daniel Sisó y de griego de Bernardo Vilanova.

Su maestro de latinidad fue Jerónimo de Amiguet, natural de Tortosa, el cual era un profesor mediocre y no aceptaba el método erasmita, que otro español, más hábil, Antonio de Nebrija, acreditaba por aquel tiempo en la Península.

A los quince años, Vives, siguiendo la inspiración de Amiguet, compuso contra el innovador unas Declamaciones, de que luego se retractó por completo.

En 1509, y a causa de una peste que asoló la ciudad de Valencia, Vives fue a continuar sus estudios en París. Admitido por su seriedad y capacidad en la Sor-bona, cursó los estudios de teología y filosofía en los colegios de Beauvais y Montaigu.

El profesor que más profunda huella grabó en su espíritu fue Gaspar Lax, en cuyo honor compuso más tarde una de sus primeras obras, el Christi Jesu triumphus, donde reveló, no sólo sus excepcionales dotes para la forma dialogada, sino una piedad que jamás sería vencida.

Alejándose cada vez más de su patria, en 1512 se trasladó a las ricas ciudades de Flandes. Primero en Brujas y luego en Lovaina, Vives se puso en contacto con la poderosa corriente erasmita, entonces en todo su apogeo.

Erasmo, ya sexagenario, le distinguió personalmente con su aprecio. Conquistado por tan eminente maestro, Vives rompió con la tradición escolástica de Valencia y París, pero no consigo mismo.

Su fama de erudito, que ya se iba extendiendo, le valió .ser nombrado preceptor del príncipe Guillermo de Croy, sobrino del poderoso señor de Chiévres. Con su discípulo viajó por varios lugares de Flandes.

En 1519 visitó París, donde conoció a Guillermo Budé. Fue recibido muy cordialmente por los círculos hu manistas de la capital de Francia, los cuales también habían reaccionado contra los sistemas periclitados de la Sorbona.

La muerte de Guillermo de Croy abrió un triste paréntesis en la vida de Juan Vives, que él superó gracias a su laboriosidad y a su competencia.

Entre 1522 y 1523 dedicóse a la enseñanza privada en Brujas y Lovaina.

Luego se trasladó a Inglaterra, donde gracias al apoyo de los humanistas More y Collet obtuvo una situación muy digna en la corte de Enrique VIII y Catalina de Aragón, como preceptor de la princesa María y profesor en el colegio Corpus Christi, de Oxford. Considerando resuelto su porvenir, se casó en 1524 con su antigua alumna Margarita Valldaura, que residía en Brujas.

Su prosperidad fue muy efímera. Las discrepancias matrimoniales entre Enrique VIII y Catalina de Aragón arruinaron su carrera en Inglaterra.

En 1527 regresó a Brujas, ciudad que, con Lovaina, hizo centro de los últimos años de su vida, aquejado por la gota las preocupaciones materiales y lo ingente de su trabajo. Sin embargo, en esta época completó su obra de humanista, ya proclamada con todo brío en su admirable De institutione feminae christianae (1523), con sus tratados fundamentales sobre la Sabiduría y el Alma (1538), sus Diálogos, la Verdad sobre la religión cristiana, etc. Parece imposible cómo el cuerpo débil y agotado de Vives fue capaz de una producción tan densa.

Agravada su enfermedad en el curso de 1539, murió: Juan Luis Vives al año siguiente, en la fecha indicada al comenzar, dejando un lugar vacío que el humanismo posterior nunca ha sabido colmar.

fuente

Biografia de Diana Poitiers

Biografia de Diana Poitiers

DIANA DE POITIERS (1499-1566)
La serie de las grandes favoritas de los monarcas franceses se inicia con Diana de Poitiers, cuya intervención en los sucesos políticos del reinado de Enrique II pone de relieve la historia y aumenta la leyenda.

Diana Poitiers
Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois y de Étampes, fue una importante figura aristocrática de la Francia del siglo XVI, además de ser la más notable amante del rey Enrique II de Francia.
Fecha de nacimiento: 9 de enero de 1500, Saint-Vallier, Francia
Fallecimiento: 25 de abril de 1566, Anet, Francia
Descendencia: Françoise de Brézé, duquesa de Bouillon; Louise de Brézé, duquesa de Aumale
Hijos: Françoise de Brézé, Louise of Brézé
Padres: Jean de Poitiers, Seigneur de Saint Vallier, Jeanne de Batarnay

Diana era una mujer de belleza majestuosa, de inteligencia despierta y gustos refinados. Era hija de Juan de Poitiers, señor de Saint Vallier y descendiente de una antigua familia del Delfinado.

Nacida el 3 de septiembre de 1499, recibió una educación esmerada, al estilo de la dada en las cortes renacentistas italianas. En 1515 fué entregada en matrimonio1 a Luis de Brezé, gran senescal de Normandía y personaje influyente en la corte de Francisco I.

Este murió en’1533, y la viuda, que entonces contaba 34 años, causó profunda impresión en el Delfín de Francia, Enrique, veinte años más joven que ella, hasta el extremo de que su amor permaneció inquebrantable durante el resto de su vida.

Desde 1547, al ascender al trono Enrique II, Diana fue la verdadera reina de Francia, relegando a segundó lugar a Catalina de Médicis. Intervino en los asuntos de Estado y su palabra influyó en la política internacional.

Recibió el título de duquesa de Valentinois y obtuvo grandes prebendas para sus amigos y allegados.

Después de la muerte de su regio amante en 1559, se retiró al castillo de Anet, que se había hecho construir por el arquitecto Filiberto de Orme. Aquí murió el 22 de abril de 1566.

fuente

Biografia de Alejandro de Medicis El Moro Duque

Biografía de Alejandro de Medicis «El Moro» Duque de Florencia

En la transformación de las antiguas repúblicas italianas en principados vinculados a una dinastía, tocó el turno a Florencia en 1532. La poderosa ciudad de los Médicis recibía en uno de sus miembros, Alejandro, al duque encargado de regirla de modo monárquica.

El nuevo soberano no había conquistado tal dignidad con la punta de su espada, como los condottieri del siglo XV, o bien con la riqueza de su bolsa, como mucho antes su predecesor, aquel famoso Cosme el Viejo; sino con las intrigas diplomáticas y el favor y la voluntad de su tío, el papa Clemente VII.

Alejandro Medicis
Duque de Florencia desde
27 de abril de 1532 a 6 de enero de 1537
Sucesor Cosme I de Médici
Información personal
Nombre Alessandro di Lorenzo de Medici
Tratamiento Duque de Florencia
Coronación 5 de julio de 1531
Nacimiento 22 de julio de 1510
Florencia
Fallecimiento 6 de enero de 1537 (26 años)
Florencia
Religión Católica
Residencia Palazzo Vecchio
Familia
Dinastía Médici
Padre Lorenzo II de Médici
Madre Simonetta da Collevecchio
Cónyuge Margarita de Austria y Parma
Descendencia Julio de Médici,
Julia de Médici,
Porcia de Médici

En realidad, se trató de un caso de nepotismo, típico en la Italia de la primera mitad del siglo XVI.

Alejandro nació en 1510. En que fecha, no se sabe, pues era hijo ilegítimo de Pedro de Médicis, hijo a su vez de Lorenzo el Magnífico. A pesar de tan obscuro nacimiento, su tío.

Clemente VII le distinguió, junto con su primo Hipólito, otro nieto de Lorenzo y también de nacimiento ilegítimo, con lo más tierno de su afecto, si cabe atribuir esta expresión a un hombre que, en su vida secular, era incapaz de pensar en otra cosa que en su formidable ambición.

Clemente VII sentía en lo más vivo de su alma el ultraje inferido a su familia por los florentinos, cuando éstos la expulsaron de la ciudad en 1527. Quería restaurar la dominación medicea en Florencia, y de modo que fuera permanente.

Aprovechando, pues, el período de amistad con Carlos V, subsiguiente a la rivalidad de la Liga clementina, el papa obtuvo del emperador las fuerzas necesarias para reconquistar la ciudad (1,530) y el derecho de designar para ella un príncipe de su predilección, dependiente del Imperio.

Clemente VII nombró a Alejandro, pues su primo Hipólito había recibido el capelo cardenalicio. Contaba aquél veintiún años cuando hizo su entrada triunfal en la ciudad florentina, y era un joven de vida disipada y licenciosa. Su exterior era poco agradable, pues tenía las facciones desproporcionadas y abultadas, como signo de su innoble temperamento.

El 4 de abril de 1532 fué nombrado duque por un parlamento extraordinario, en que la coacción política determinó la aquiescencia de la mayoría.

Sin embargo, se constituyó muy pronto un partido de oposición, en que se reunieron todos los miembros de las grandes familias apartadas del gobierno de la Señoría, como los maridos burlados por las felonías del duque.

Este, a pesar de los prudentes consejos de Guicciardini, quien consideraba el ducado como una fórmula de salvación para la ciudad, persiguió a los miembros de la oposición y tiranizó Florencia.

Muchos fueron los ciudadanos que hubieron de emigrar, los cuales buscaron un valedor en la persona de Hipólito, el cardenal.

Pero, a poco, murió éste en Itri, el 10 de agosto de 1535, quizá asesinado por orden de su primo. La situación política era cada vez más tirante entre Alejandro y sus adversarios.

Estos reclamaron el apoyo de Carlos V a favor de su causa; pero el César se inclinó del lado del duque, quien le prometió grandes subsidios económicos. La alianza quedó sellada con el enlace de Alejandro y la hija natural de Carlos V, la que debía ser en el futuro Margarita de Parma (1536).

Sin embargo, aquél no pudo saborear por mucho tiempo este éxito político. Fue asesinado en Florencia en la noche del al 6 de enero de 1537 por otro de sus primos, Lorenzino de Médicis, inseparable companero de sus orgías y aventuras amorosas.

fuente

Biografia de Hans Holbein El Joven Artista Alemán

Biografía de Hans Holbein «El Joven» Artista del Renacimiento Nórdico

¡Extraordinario! Esta es la exclamación que se nos escapa de la boca al contemplar uno cualquiera de los maravillosos retratos pintados por Hans Holbein: esos humanistas reunidos en Basilea en torno de Erasmo, esos buenos burgueses de la Reforma alemana o bien esa aristocracia inglesa presidida por Enrique VIII y sus esposas.

Hans Holbein
Hans Holbein

Y aun más extraordinario, si admiramos ese Cristo en el sepulcro de Basilea, con su indefinible expresión de angustia mortal.

Entonces lamentamos que la orientación religiosa de Holbein le haya impedido poner su paleta al servicio de los temas católicos o de las brillanteces renacentistas, en las cuales seguramente hubiera llegado a superaciones inimitables.

Con todo, muchos son los que consideran a Holbein como el mayor pintor que haya producido Alemania y superior, por tanto, al propio Durero.

Su padre, Hans Holbein el Viejo, y su tío, Segismundo, eran buenos pintores. Su hermano Ambrosio también lo fue.

No es, pues, de extrañar que el joven Hans, nacido en Augsburgo en 1497 y crecido en tal ambiente familiar, demostrara su pronta afición al arte del colorido plástico.

Fue en Basilea donde reveló sus excepcionales aptitudes, y Basilea, pese a los viajes emprendidos por Holbein, es y seguirá siendo la ciudad vinculada a la memoria del gran artista.

Establecióse Holbein el Joven en Basilea en 1515, junto con su hermano Ambrosio. Allí colaboró con los editores, como Froeben y Amerbach, que publicaban las obras de Erasmo y otros humanistas.

Para el primero ilustró de modo bellísimo una edición del Elogio de la Locura; a los demás dio iniciales, títulos y cabeceras. Por la misma época empezó a acreditarse con algunos retratos, como los de Jacobo, Meyer y Benito Hertenstein.

Estuviere o no en Italia, lo cierto es que en Basilea recogió los aires del movimiento de la gran pintura italiana renacentista. Entonces combina la perspectiva, el ambiente, la decoración, la riqueza del colorido y el juego de luces italianos con la delicadeza, la minuciosidad y el realismo típico de la pintura nórdica.

En sus retratos de Amerbach (1519) y Erasmo (1523), en su Cristo de 1521, Holbein posee ya todos los elementos de su formación artística. Su culminación vital la alcanza en la Virgen y el Niño de Darmstadt (1526), en cuya ocasión puso su mágico pincel al servicio del Catolicismo.

Las relaciones de Erasmo con los humanistas ingleses llevaron Holbein a Inglaterra en 1528. Desde esta fecha, a pesar de sus breves estancias en Basilea (1529 y 1538), el artista pinta en Inglaterra, con fecundidad y brillantez que pasman.

Ante su caballete desfilan Tomás Moro y sus allegados (1528); luego Cromwell y los miembros de la nueva situación política (1533); finalmente, Enrique VIH y la familia real.

Sin los retratos de Holbein, que detallan la fisonomía y la psicología de los personajes, hubiéramos perdido un documento esencial para comprender la vida de la aristocracia inglesa de la época. Murió en Londres entre el 7 de octubre y el 29 de noviembre de 1543.

Algunas de sus obras pictóricas

obra de hans holbein La Virgen del burgomaestre Meyer

La Virgen del burgomaestre Meyer, una pintura de Hans Holbein el Joven.
obra de hans holbein emjadores
«Los Emjadores» La pintura representa a Jean de Dinteville a la izquierda, embajador de Francia en Inglaterra
en 1533, fecha de la realización del cuadro. A la derecha se encuentra Georges de Selve,
obispo de Lavaur
obra de hans holbein  Retrato de Nicolas Kratzer

El Retrato de Nicolas Kratzer es una pintura de Hans Holbein el Joven, actualmente en el Museo del Louvre de París, Francia.
obra de hans holbein  retrato de erasmo de roterdam

Retrato de Erasmos de Rotterdam ( 1523 ) es obras de arte ( Aceite y temple sobre madera ) por Hans Holbein -el joven- pintor y grabador alemán
fuente

Biografia de Julio Romano Pintor y Arquitecto

Biografia de Julio Romano – Pintor y Arquitecto

JULIO ROMANO (1492-1546): Los grandes artistas del Renacimiento, Vinci, Miguel Ángel y Rafael, no tuvieron discípulos que los reemplazaran en el cetro del genio. Dentro de la distancia que los separa, quien está más próximo al pintor de Urbino es Julio Pippi, denominado Romano por ser oriundo de esta ciudad.

En su obra se observan los males que podía provocar — y provocó — la excesiva maestría de Rafael.

Romano, que es un buen narrador y un técnico no despreciable, se limitó a ejecutar las obras para que produjeran un efecto exterior agradable, sin preocuparse de plasmar en ellas su espíritu o sus inquietudes estéticas.

Julio Romano
Julio Pippi, Mas Conocido Como Julio Romano

Nacido en 1492 — hay, sin embargo, quien afirma que nació en 1499 —, se inició muy joven en el arte, de modo que se convirtió en el auxiliar de confianza de Rafael, pintando de conformidad con los cartones del maestro.

En 1515 ejecutó con caracteres personales la parte izquierda del Incendio del Borgo, y luego completó otras decoraciones de la misma sala.

Hasta la muerte de Rafael, éste le confió otros encargos, en todos los cuales pudo verse, a la vez que su seguridad en el dibujo, la propensión al manerismo.

Es fama que su intervención en las últimas obras de su maestro perjudicó el nombre de éste entre los contemporáneos.

En cambio, como arquitecto destacó de muy otra manera, en particular en la erección de la Villa Madama (antes villa del cardenal Julio de Médicis), en cuyos planos siguió las directrices del Bramante.

Lo mejor de su pintura en ésta época es El martirio de San Esteban, para la iglesia de este santo en Genova, ejecutada a base de la Transfiguración, de Rafael.

El Martirio de San Esteban
«El Martirio de San Esteban»

A consecuencia del saqueo de Roma, Julio Romano partió para Mantua, donde se hizo amigo del duque Federico por la intervención de Baltasar Castiglione (1527).

Desde esta fecha a su muerte, o sea durante un período de veinte años, se encargó del embellecimiento de la ciudad y su distrito. Muchas fueron las obras que llevó a cabo, entre las cuales el famoso palacio del Te, cuyos salones sorprendieron por la profusión de sus pinturas y estucados y por sus atrevimientos arquitectónicos.

En esta decoración Julio Romano impuso el gusto de los grandes frescos patéticos, cuyo desarrollo es típico del siglo XVI.

La muerte le sorprendió en Mantua el 1° de noviembre de 1546, cuando se disponía a partir para Roma, donde le había reclamado el papa Paulo III a fin de darle la dirección de la fábrica de San Pedro.

fuente

Biografia de Jacopo Tatti, Sansovino

Biografia de Jacopo Tatti, Sansovino

JACOPO TATTI, EL SANSOVINO (1486-1570): La tradición florentina de la escultura elegante, rítmica, dulce y serena, de la que Miguel Ángel se había apartado para poder plasmar toda la fuerza de su incomparable genio, se perpetuó, a través de Andrea Contucci, denominado el Sansovino por proceder de esta localidad del Arezzo, en la obra de su discípulo, el florentino Jacopo Tatti, que de su maestro recibió también el apodo de Sansovino.

Jacobo Tatti
Jacopo Tatti, el Sansovino

Pero en las esculturas de Tatti esta elegancia toscana se mezcla con los motivos pictóricos y con el especial matiz ticianesco que bebió en su patria de adopción.

El Sansovino II dio a la arquitectura color y a los relieves ese juego especial de luces y sombras propiamente pictórico.

No se libró por completo de la influencia de Miguel Ángel, el genio del siglo, y así en algunas de sus obras se acusan la ola de pasión y el rasgo enérgico de su gran compatriota. Pero incluso en estos momentos, el Sansovino interpreta Miguel Ángel en un sentido véneto, amable, desbordante y fluido.

Nacido en Florencia el 2 de julio de 1486, Jacopo Tatti ingresó todavía muy joven en el taller de Andrea Contucci, a quien probablemente siguió cuando se trasladó a Roma para cumplimentar diversos encargos (1503-1504).

Establecido en la gran ciudad pontificia, el Tatti experimentó allí la influencia miguelangeles-ca, como se demuestra en la mayor envergadura y en las formas cada vez más atléticas de sus composiciones y figuras.

De regreso a Florencia, a causa de una enfermedad contraída en Roma, fue distanciándose cada vez más de Andrea Contucci y de sus interpretaciones rafaelescas.

De 1511 a 1517, época de su nueva residencia en la ciudad del Arno, le domina la obsesión de Miguel Ángel y de la escultura helenística del tipo del Laocoonte que había contribuido a restaurar.

A este período pertenecen sus dos Santiagos y la Madona del Parto (1518), efectuada en Roma, grande, colosal e imponente. En Roma estuvo por segunda vez hasta 1527, cuando la ciudad fue saqueada por los imperiales. Como tantos otros artistas y personajes se refugió en Venecia. Pero para el Sansovino este cambio fue radical.

Establecióse definitivamente en la República de San Marcos, y allí, en la amistad con el Ticiano y el Aretino, transformó su estilo y le dotó de plena personalidad. Sus características de ritmo, elegancia y ondulación pictórica aparecen por vez primera en la Virgen con el Niño, relieve efectuado en 1534.

Desde entonces su arte se depura, alcanzando en cada obra un nuevo efecto de calma y de belleza, de esa serenidad clásica que fue su objetivo estético.

Su actividad abarcó todo el Véneto. Pero ya no sólo como escultor, sino principalmente como arquitecto.

Sus primeras tentativas, como la pequeña logia del campanile de Venecia, causaron admiración por la belleza de la línea arquitectónica y la maravillosa confección de las esculturas, relieves y motivos ornamentales (1537).

Desde este momento el Sansovino fue el arquitecto de moda, y él renovó el aspecto de la Venecia del siglo XVI. Construyó el proto de la basílica de San Marcos, reedificó varios templos, construyó la fachada del palacio de la Ceca, proyectó los planos del palacio Cornero y restauró numerosos edificios.

La fama de estas obras le mereció varios encargos de las cortes de Padua y Florencia. Trabajó también en Vicenza, en Pola, en Brescia… A Venecia acudían artistas y embajadores en solicitud de su consejo.

Murió el 27 de septiembre de 1570, en la misma Venecia a la que con sus esculturas y sus edificios había dado el aire triunfal, espléndido y arrogante que aun hoy posee.

Biografia de Baccio Bandinelli Artista Florentino

Biografia de Baccio Bandinelli Escultor y Pintor

BACCIO BANDINELLI (1488-1560)
Históricamente, Bandinelli es la antítesis del genio proceloso y creador de Miguel Ángel. Como tantos otros escultores de la mitad del siglo XVI, vivió ofuscado por la gloria y la potencia del arte de su incomparable rival.

Le odió desde lo más profundo de su corazón, dfevorado por los celos y la envidia. Pero no tuvo más remedio que plegarse y copiar las fórmulas miguelangelescas.

Obra de Baccio Bandinelli Ecole e Caco

Aquí radica la tragedia de Bandinelli: aceptar el arte de su rival triunfante y, para colmo de desdichas, no hallar en la mano o en el espíritu la fuerza para proporcionar a los gigantes escultóricos algo más que formas monstruosas y sobrehumanas, aquel impulso íntimo y vital capaz de transformarlos en seres dotados de expresión.

Por esta causa Bandinelli, ya satirizado por sus mismos contemporáneos, se limitó a ser un técnico diestro.

Artísticamente, fue mediocre, manerista y abstracto. Algunas de sus esculturas son, incluso, de una debilidad inconcebible, a pesar de la contextura hercúlea de sus formas.

Si la posteridad ha criticado de modo tan acerbo la obra de Bandinelli, éste en su existencia gozó del aprecio y los favores de los príncipes italianos y extranjeros. ¡Singular contraste con la vida de otras artistas, despreciados en vida y colmados de ditirambos después de su muerte!.

Nacido en Florencia, probablemente el 7 de octubre de 1488, de Miguel Ángel de Viviano, reputado orfebre de la ciudad, se educó en la técnica artística en el taller de su padre y luego en el de Juan Francisco Rustid.

Su carrera de escultor se inició en 1522, cuando los Médicis se reinstalaron en la ciudad. Bandinelli supo granjearse su simpatía, y nunca le faltó su protección y mecenazgo. Sin embargo, no se limitó1 a trabajar en Florencia, sino que cumplió varios encargos de

León X y del cardenal julio de Médicis en Roma y las villas de los alrededores. Entre 1527 y 1530, expulsado de Florencia con los Médicis, trabajó en Genova y en Bolonia, donde el emperador Carlos V le otorgó la dignidad de caballero de Santiago.

Desde 1531 hasta su muerte, acaecida en 1560, residió en Florencia, de cuya catedral fué nombrado maestro de obras.

En este templo, precisamente, esculpió desde 1547 su obra más perfecta: la serie de relieves que adornan el coro, tratados con simplicidad y fino sentido del espacio.

fuente

Biografia de Pietro Aretino poeta, escritor y dramaturgo italiano

Biografía de Pedro Aretino:
poeta, escritor y dramaturgo italiano

PEDRO ARETINO (1492-1556): En el ambiente de todo ciclo cultural en decadencia pululan una serie de personajes, dotados de condiciones intelectuales más o menos destacadas, que son motivo de escándalo para la sociedad contemporánea.

Perdida toda fuerza creadora, aquella corriente espiritual se convierte en mero instrumento puesto al servicio de las más innobles pasiones.

Pedro Aretino
Pedro Aretino

En este caso se halla Pedro Aretino, escritor dotado de buen estilo de ingenio penetrante y burlón, que utilizó la herencia del Humanismo para saciar su sed de placeres y sus ansias de riqueza.

En el Aretino el aparato humanista se disgrega en contorsiones caricaturescas, en perfiles satíricos donde se plasman los vicios de una época Cierto es que esta obra de fustigar las costumbres hubiera podido representar un gran bien moral. Pero, en realidad, el Aretino puso su pluma al servicio de quienes más se la doraron.

Su mismo triunfo en la vida es un estigma denigrante para aquella pervertida sociedad de mediados del siglo XVI, que para su salvación necesitaba toda la firmeza espiritual de la Contrarreforma.

Ese publicista insolente y poeta del chantage nació el 20 de abril de 1492 en Arezzo, hijo de un zapatero llamado Lucas.

En su juventud mostró aficiones artísticas y poéticas. Dedicóse a la pintura con inte-rés, logrando cierta maestría no en la creación de obras de arte, sino en la crítica de las producidas. Pero sus inclinaciones más profundas fueron para la a poe sía satírica.

En 1512 publicó en Venecia un volumen de versos que le valió gran reputación. Poco despúes era expulsado de su ciudad natal por haber compuesta un soneto contra las indulgencias.

Por una de las pa radojas de aquella época, fue muy bien acogido en la Roma de León X, que celebró su espíritu alegre y su pluma sarcástica y penetrante. Entonces empezó a ponerla al servicio del mejor postor, ya para cantar sus alabanzas, ya para zaherir al enemigo.

A copia de adulación, servilismo y amenazas logró grandes pensiones y riquezas de los príncipes y prelados. Sin embargo, cuando en 1523 publicó sus dieciséis Sonetos lujuriosos, cautelosamente obscenos, se vió forzado a partir de Roma.

Pero su buena estrella no le abandonó. Se lo disputaron Juan de las Bandas Negras y Francisco I de Francia.

Por último, en 1527 establecióse en Venecia, donde muy pronto conquistó la opinión pública gracias a su talento venal. Junto con Ticiano y Sansovino formaron una especie de triunvirato para juzgar, en suprema instancia, las obras del espíritu.

Rodeado de un verdadero harén, viviendo de banquete en banquete, derrochando sin cesar, el Aretino se convirtió desde Venecia en el arbitro intelectual de Italia.

Su poder fue tanto, que él mismo decía que los peldaños de su escalera estaban mucho más gastados por las pisadas de los cortesanos que las baldosas del Capitolio por el paso de los carros triunfales.

Y, en efecto, la Señoría de Venecia tenía a sueldo su pluma; el emperador Carlos V la había comprado por una pensión de 200 ducados anuales y le permitía figurar a su lado en la entrada triunfal en Peschiera en 1543.

Por entonces completó sus obras, entre las que descuellan los Diálogos como manifestación de su vida licenciosa, con la publicación de las cartas que había recibido de reyes, príncipes, cardenales, señores, artistas y aventureros en solicitud de protección.

El «secretario de todo el mundo», como él mismo se llamaba, terminó su carrera de libelista publicando libros ascetas y de devoción. Quería ponerse a tono con la Contrarreforma que se iniciaba y adquirir la fama de católico fervoroso. Atacó a los heréticos y se reconcilió con Roma.

Murió en Venecia el 21 de octubre de 1556 con el título de caballero de San Pedro. Sólo Miguel Ángel había sido capaz de rechazar en todo momento la amistad dé aquel ser poco digno.

fuente

Las Obras de Arte Mas Importantes de la Historia Pinturas

LAS 10 PINTURAS MAS IMPORTANTES DE LA HISTORIA

Obras de Arte Mas Importantes:

1-Obra: Las Meninas
2-Obra: La Gioconda
3-Obra: El Grito
4-Obra: Guernica
5-Obra: La Noche Estrellada
6-Obra: La Joven de la Perla
7-Obra: La Ronda de la Noche
8-Obra: Tarde de Domingo en la Isla de la Grande Jatte
9-Obra: La Persistente Memoria
10-Obra: El Nacimiento de Venus

La teoría del arte: La disciplina que se preocupa de definir teóricamente la belleza se denomina estética. Cada época -como también cada creador o cada ser humano, en general- tiene unos valores estéticos propios, que son esenciales para comprender las directrices generales de las obras de arte. Esos valores estéticos encierran contenidos muy variados, que van desde la preferencia por ciertas formas, colores, volúmenes o espacios hasta la adecuación a determinadas funciones o usos.

La belleza de un objeto concentra valores sensoriales, más o menos intuitivos, y valores intelectuales,
gados a los anteriores; la síntesis de ambos produce una determinada emoción artística.

Cuando en arte hablamos de belleza nos estamos refiriendo a un proceso complejo de contemplación y reflexión. Por lo tanto, la formulación que se hace de la belleza, ya sea, de modo general, en un período histórico, a sea en un pensador, artista, coleccionista o crítico concreto, cuyas ¡deas nos interesan para comprender las obras de arte, determina siempre la existencia de un modelo, que se toma como medida de juicio.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

1-LAS MENINAS
Diego Velázquez, en 1656
Es la obra cumbre de la pintura española, y una de las pinturas más importantes del arte universal.
Es probablemente el cuadro más comentado, discutido, analizado e imitado de la historia.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

2-LA GIOCONDA
Leonardo Da Vinci, 1503 a 1519
La Mona Lisa recibe cada año a más de 6 millones de visitantes, pero sólo permanecen mirándola una media de 15 segundos.Existen muchas teorías sobre la identidad de la modelo y el significado de su enigmática sonrisa.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

3-EL GRITO
Ervard Munch, en 1983
El Grito es uno de los íconos culturales del siglo XX, se la considera la más famosas del expresionismo. Es en realidad el título de cuatro cuadros del noruego Edvard Munch (1863-1944), pero la más conocida es la que se halla en la Galería Nacional de Noruega. Esta versión ha sido víctima de un robo de proporciones mediáticas.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/pintura_10.jpg

4-GUERNICA
Pablo Picasso, en 1937
Guernica, cuadro pintado por Pablo Picasso en 1937, inspirado en el bombardeo del pueblo vasco de Guernica y Luno (Vizcaya) por la aviación alemana al servicio de Francisco Franco.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

5-LA NOCHE ESTRELLADA
Vicent Van Goht, 1889
Vincent van Gogh pintó su famosa obra “La noche estrellada” un año antes de su muerte, en junio de 1889. No sólo es una de las mayores obras del artista, también es una de las más importantes obras de arte en la historia de la pintura occidental.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

6-LA JOVEN DE LA PERLA
Johannes Vermeer, 1665
La joven de la perla, también conocida como Muchacha con turbante, es una de las obras maestras del pintor holandés Johannes Vermeer y, como el nombre implica, utiliza un pendiente de perla como punto focal. La bella muchacha recorta su busto de perfil ante un oscuro fondo neutro, girando la cabeza en tres cuartos para dirigir su intensa mirada hacia el espectador.La pintura se encuentra en el Mauritshuis en La Haya.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

7-LA RONDA DE LA NOCHE
Rembrandt, 1642

Se puede afirmar que este es el cuadro más famoso, y probablemente el más importante de Rembrandt Van Rijn, uno de los pintores barrocos más relevantes de la historia del arte Universal. Su nombre actual se debe al aspecto provocado por la suciedad y la oxidación del barniz, que hacía que se viera muy oscuro y que apenas se distinguieran las figuras. Fue encargado a Rembrandt para decorar la sala principal de la sede de la Milicia Cívica de Ámsterdam que se encargaba de mantener el orden en la ciudad, que no fue del agrado de sus clientes, que no supieron apreciar la fuerza expresiva de la composición.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

8-TARDE DE DOMINGO EN LA ISLA DE LA GRANDE JATTE
Georges Seurat, 1884-1886

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte” es el cuadro más ambicioso de Georges Seurat y también la obra cumbre del puntillismo. El puntillismo o divisionismo es una técnica pictórica basada en estudios científicos que se habían hecho sobre el color.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

Dali Salvador

9-LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA
Salvador Dalí, 1931

La persistencia de la memoria: Dalí expresa la inutilidad del tiempo que se intenta conservar u ordenar mecánicamente, puesta de manifiesto mediante la destrucción de los mencionados relojes blandos y mediante el reloj duro infestado por semejantes insectos. El siempre repetía:“El tiempo es de la pocas cosas importantes que nos quedan”.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg
Botticelli

10-EL NACIMIENTO DE VENUS
Sandro Botticelli, 1485

 «El nacimiento de Venus», fue realizado en témpera sobre lienzo por el pintor Sandro Botticelli en 1485. Se trata, por lo tanto, de una obra pictórica representativa del Renacimiento italiano, concretamente del período del Quatrocentto. Las figuras la escena nos transmite un remanso de paz, en un parque de ensueño. Ese es precisamente el encanto de esta obra, en la que las cosas no son lo que parecen.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

Biografía de Santa Catalina de Siena Historia de su Vida

Biografía de Santa Catalina de Siena

Niña por su físico, pero madura por su espíritu, Catalina Benincasa fue para los hombres del Trescientos una guía espiritual prudente y dulce, constante y serena.

Artistas y literatos, soberanos y condottieri, obispos y papas, pidieron consejo a la Santa de Siena, llamándola con el suave nombre de «mamá».

En la mañana del 25 de marzo del año 1347, Siena resplandecía bajo el sol primaveral. Era la hora en que los hombres se dirigían habitualmente hacia la plaza del Campo para tratar sus asuntos de negocios, y las mujeres, hechas ya sus tareas domésticas, se reunían para la plegaria en la Casa del Señor.

Jacobo Benincasa se encontraba trabajando en su negocio de tintorería cuando se oyó llamar por su hija mayor, Buenaventura: «¡Ven padre, ven! Nuestra madre te ha dado otra hijita.».

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/santa_catalina.jpg

Rápidamente acudió el buen hombre a la cabecera de su esposa, y allí, mientras los hijos la rodeaban y el pálido rostro de la madre se iluminaba con una sonrisa, levantó a la recién nacida a la altura  de su cabeza,  ofreciéndosela a Dios e implorando para ella Su bendición.

Esta niña se llamó Catalina, y con ella sumaron veintitrés los hijos de esta familia del pueblo.

Sus primeros años transcurrieron bajo la vigilante mirada de la madre y de una hermana.

Era vivaz y serena, llena de gracia y sonrisas. Cuando comenzó a andar por la casa y a salir para entretenerse en sus primeros juegos con las amiguitas, por las calles del pueblo, las comadres de la vecindad se sintieron atraídas por sus dotes y comenzaron a llamarla con un afectuoso sobrenombre, Eufrosina, que significa «plena de gracia».

Creció como las otras niñas hasta los siete años, pero a esa edad, conmovida quizá por los episodios sobre la vida de los Santos que el sacerdote y alguna piadosa mujer le habían narrado, algo cambió en su alma.

Aparentemente era la misma de siempre, pero en su pequeño corazón se había encendido un fuerte amor hacia Dios, y a pesar de su tierna edad pidió un día a la Divina Madre que le concendiese ser la esposa de su Hijo Jesús.

La pequeña creyó ver a la Virgen que, apareciéndosele en todo su esplendor, le prometía con un gesto maternal acceder algún día a ese espontáneo y purísimo deseo.

Desde aquel momento, para ser digna de su prometido Esposo, llevó una vida ejemplar y, olvidando sus juegos, hizo de cada instante un acto de nobleza.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/catalina1.jpg

Catalina Benincasa fue la vigésimotercera hija de un tintorero, y su nacimiento llevó alegría a la familia de don Jacobo, que imploró para la niña la bendición de Dios.A la edad de siete años, Catalina fue sorprendida una noche por su padre mientras rezaba con profundo recogimiento, arrodillada ante una imagen de la Virgen. Pasaba largas horas, todas las noches, orando y haciendo penitencia. Ignorando el amor a Dios que llenaba el corazón de Catalina, ya en edad de casarse, sus padres la instaban a elegir marido; ante la oposición de la niña, le infligieron severos castigos y le ordenaron duros trabajos.

De día, cuando su madre creía que se hallaba jugando, Catalina castigábase a sí misma con toda clase de tormentos corporales, flagelándose y golpeándose para probar en carne propia algunos de los dolores míe Jesús había sufrido durante el Martirio.

Los alimentos que la familia comía siempre con buen apetito no la atraían, y prefería ayunar. De noche, cuando la casa se encontraba sumida en el silencio, pasaba-largas horas rezando en su dormitorio.

Cuando el sueño cerraba sus párpados, no dormía en su pequeño lecho sino sobre la desnuda tierra, para no concederse reposo alguno.

Tantos ayunos y mortificaciones habrían desmejorado a otra niña, pero Catalina, como si la Divina Madre hubiera extendido sobre ella su mano protectora, crecía bella y serena.

Su cuerpo, esbelto por las rigurosas abstinencias, había conservado toda la gracia, y sus ojos resplandecían con una belleza toda espiritual, mientras su espesa cabellera enmarcaba el óvalo puro de su rostro.

A los trece años Catalina era hermosa, y no debe asombrarnos que sus padres, como se acostumbraba en aquellos tiempos, comenzaran a pensar en casarla.

Y aquí comenzó para la niña un largo período de tristezas. Sus padres, ignorando el ardiente amor que ella sentía hacia Dios, la exhortaban con consejos y órdenes cada día más ásperos a que eligiera a algún joven serio del condado.

Pero Catalina, a pesar de que nunca había desobedecido, rehusaba siempre, y llorando pedía que desistieran de tal propósito. Disgustados por tanto obstinamiento, y pensando que se trataba de un capricho, el padre y la madre quisieron castigarla, y la obligaron a realizar duros trabajos.

Sin embargo, estos sufrimientos maduraron a Catalina y acrecentaron en ella, con más vigor que antes, la voluntad de pertenecer a Dios.

En aquellos años había surgido en Siena la Orden Terciaria de Santo Domingo, una sagrada institución que acogía en sus filas a mujeres piadosas, las cuales se sometían a un severo reglamento y, aun viviendo con su familia, tenían la obligación de dedicarse a obras de caridad, en especial a la atención de los enfermos. Catalina manifestó un día el firme propósito de entrar en esa congregación.

La oposición de los padres fue violenta, y la niña sufrió tanto que enfermó gravemente, con serio peligro de su vida.

Esto fue una lección para el buen Jacobo, quien, comprendiendo al fin la profunda vocación de su hija, no habló más de matrimonio, e intercedió ante el director de la Orden para que la niña, no obstante su tierna edad, pudiese ser «hermana con hábito«.

Fue así como, a los dieciséis años, Catalina vistió el severo hábito blanco cubierto por el largo manto negro, aceptando todos los sacrificios y penitencias que la Sagrada Orden le imponía.

Aunque permaneció en su casa durante los tres años de noviciado, su vida fue reglamentada tan rígidamente como si se hallara en el convento, y las horas del día y de la noche estuvieron todas llenas de obras de caridad y de devoción.

Dormía sólo media hora cada dos días, y el resto de la noche lo pasaba rezando arrodillada en el suelo ante un gran crucifijo.

A los pies de esa imagen de Cristo agonizante tuvo a menudo visiones y éxtasis dulcísimos, y fue en una de esas noches —contaba en aquella época veinticuatro años— cuando se cumplió la promesa de la Virgen.

En efecto, Catalina creyó ver que Jesús se le aparecía y colocaba en su dedo el anillo nupcial, como testimonio de haberla elegido por esposa.

Muy pronto, el nombre de la santa niña estuvo en todos los labios, y el eco de su bondad se esparció por la Toscana.

Almas piadosas comenzaron a reunirse a su alrededor, formando «el cenáculo catalinario», en el que la joven, llamada por sus adeptos con el dulce nombre de «mamá», volvióse la guía constante y serena de «hijos» e «hijas» que tenían muchos más años que ella.

Las conversiones realizadas por su elocuencia y su ejemplo .son innumerables.

Siendo hija de modestos artesanos, Catalina no había aprendido en su infancia a leer ni a escribir. Al extenderse el número de sus amigos espirituales en toda la Toscana, en Roma, en Milán, y hasta en Aviñón, la imposibilidad de comunicarles sus pensamientos era para ella motivo de aflicción.

Con la fuerza de su alma y la inteligencia que siempre había demostrado, retomó y terminó el aprendizaje de la lectura y escritura, que había iniciado a los diecinueve años.

Después de breve tiempo, se encontró en situación de escribir a todos aquéllos que le pedían consejos.

A veces, abrumada por los mensajes que le llegaban de todas partes, recurría a los servicios de otras personas, logrando dictar sin» confundirse cuatro cartas al mismo tiempo, cartas bellas, que aún hoy leemos con emoción, no sólo por el mensaje de fe y de iluminada prudencia que contienen, sino también por el estilo límpido y conciso, que hace de este epistolario uno de los documentos más preciosos de la literatura universal.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/catalina2.jpg

Los enfermos, las familias necesitadas, los ancianos, todos conocían a Catalina y solicitaban su consuelo. Por muchos meses la jovencita cuidó a una pobre leprosa, de nombre Tecca, que vivía aislada en una casucha cercana al bosque. Al multiplicarse sus  amigos,  repartidos por  toda Italia, Catalina se sintió muy afligida al no poder comunicarse con ellos y transmitirles sus pensamientos. Sostenida por su gran voluntad, aprendió sola a escribir.

Cada carta se inicia con el nombre de Jesús: «Yo, Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, te escribo a ti en la preciosa sangre Suya», y termina invocando Su nombre: «Jesús dulce, Jesús amor», como si la joven se sintiera el humilde instrumento de las intenciones de Dios.

Con la fuerza que de Él recibía, Catalina no se avergonzaba de manifestar su pensamiento en materia política, moral y religiosa, a los altivos soberanos y los doctos cardenales de su tiempo.

Entre otras, dirigió una carta al duque Bernabé Visconti, exhortándolo a no ser tan cruel con los sacerdotes, a honrar al Pontífice y a participar en la Cruzada a Tierra Santa, y escribió también a los gobernantes de Siena, de Florencia, de Bolonia, a la Reina de Nápoles y al legado pontificio de Roma.

A todos estos altos personajes daba Catalina consejos y exhortaciones de obediencia a las santas leyes de Dios, diciendo verdades f denunciando culpas que nadie hubiese siquiera osado insinuar.

En 1374 reunidas las autoridades qu$ dirigían la Orden de las Mantellate en una junta de religiosos, en Florencia, le fue concedida a la joven monja una njayor libertad, confiándola a la sola dirección espiritual peí dominico (poco después beatificado) Raimundo de Capuá.

Catalina se entregó con toda abnegación a velar por sus semejantes, olvidándose más que nunca de sí misma para consagrarse a aliviar el dolor de los demás.

Precisamente en ese año, Dios la había sometido a duras pruebas, pues la epidemia de peste que llegó de manera imprevista a su ciudad natal se llevó en el término de pocos días a diez miembrse de su familia.

El año siguiente fue para Catalina una sucesión de viajes y frecuentes conversaciones con condottieri, con el fin de inducir a éstos a prestar ayuda a la Cruzada que en aquella época había solicitado el papa Gregocio XI, y fue mérito suyo que el condottiere Juan Acuto aceptara participar en la empresa.

Para recompensarla en parte por todo lo que ella estaba haciendo por la liberación del Santo Sepulcro, el Señor quiso, en ese año, mientras Catalina se encontraba en Pisa, imprimir en su cuerpo el fuego de Sus Estigmas, confirmando con estas gloriosas heridas que ella era la más dilecta de Sus hijas.

Una misión aún más importante para la prosperidad de Italia y de la Iglesia debió asumir Catalina en el año 1376.

Después del abandono de su sede tradicional en Roma, el Papa había preferido establecerse en Francia, en la ciudad de Aviñón, a la que había llegado con todo su séquito. Italia, quebrantada ya por las luchas de bandos, se encontraba desde ese día como una nave sin timón.

Ausente el Santo Padre, el clero italiano, dirigido por representantes franceses poco informados de las costumbres locales, no siempre cumplía los deberes propios de su ministerio, e iba olvidándose de la salvación de las almas y permitiendo el debilitamiento de los principios morales y religiosos del pueblo.

Catalina comprendió que la única solución para tanto mal era el retorno del Pontífice a su sede romana. Sin dudarlo, escribió al Santo Padre reclamando su presencia en Italia. Hubo un intercambio de correspondencia entre Gregorio XI y la santa de Siena, en la que, a las vacilaciones del papa en abandonar tierra francesa, Catalina respondía siempre:

«Hágase la voluntad de Dios y la mía», tan grande era su certeza de hablar en nombre del Señor.

Finalmente, tuvo que realizar un viaje hasta Aviñón, enviada por la ciudad de Florencia que había tenido con el papa graves controversias; el 18 de junio de 1376, Catalina, que contaba entonces veintinueve años de edad, se encontró ante la presencia del Jefe Supremo de la Iglesia y le suplicó con palabras tan firmes que, en septiembre del mismo año, a pesar de la oposición del rey de Francia y de los cardenales franceses, Gregorio XI emprendió el viaje de regreso a Roma.

Al llegar a tierra italiana, el Pontífice fue desterrado de aquella ciudad, pues los políticos que entonces gobernaban no veían con buenos ojos el retorno a su antigua sede.

Pero Catalina, aunque no lo había acompañado en su viaje, prefiriendo volver sola, con la modesta escolta de algunos frailes y de sus «hijos» más fieles, supo darle valor desde lejos, y únicamente se concedió un breve período de reposo, en los alrededores de Siena, cuando finalmente, en 1378, logró Gregorio XI vencer todas las dificultades.

Breve reposo fue el suyo, porque el papay poniendo en Catalina su máxima confianza, quiso que fuese por algún tiempo a Florencia, donde el pueblo, hostil al Pontífice, se negaba a prestar obediencia y respeto a sus representantes.

Catalina conoció en aquel momento el odio y la ferocidad de la masa, cuando la fuerza de las pasiones impide discernir el bien y el mal.

Fue injuriada, tratada de bruja, poseída del demonio e intrigante. Tales insultos no hicieron mella en la santa que,con mucho coraje y serenidad, y por su conducta ejemplar y la elocuencia que el espíritu divino le inspiraba, logró dominar los ánimos más exacerbados, obteniendo de ellos acatamiento a la autoridad papal.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/catalina3.jpg

En 1374, los doctos dominicos que presidían la Orden de las Mantellate, a la cual pertenecía Catalina, se reunieron en Santa María Novella, Florencia, para interrogar a la joven monja sobre su fe, concediéndole luego una mayor libertad de acción.

Gregorio XI murió en ese año y en su reemplazo fue electo, en julio de 1378, Urbano VI, arzobispo de Bari.

Sobrevino entonces en la Iglesia una crisis profunda, porque algunos cardenales no reconocieron a Urbano VI como el verdadero Pontífice y eligieron un antipapa, el cardenal Roberto de Ginebra, que se proclamó Clemente VIII Este hecho, que fue llamado «cisma», tuvo para el mundo católico consecuencias gravísimas, porque sembró entre los jefes el odio y el desorden.

Catalina no dudó un instante sobre el camino a seguir. Corrió a Roma, junto a Urbano VI, para otorgarle consuelo. En sus palabras y su coraje halló el verdadero Pontífice la fuerza para hacer frente a sus adversarios.

Las milicias del papa mandadas por Alberico de Barbiano vencieron finalmente en Marino a los partidarios del antipapa.

Desde ese momento se restableció la paz, y Catalina sintió que había conducido a buen término su divina misión en la tierra. Vivió todavía dos años, en un gran edificio cercano a Santa María Sopra Minerva, en Roma, dedicada a la oración y a las obras piadosas.

Su casa se abría para todos los que llegaban de Siena a Roma y necesitaban hospitalidad. A todos aceptaba y escuchaba, tan humildemente como en la época de su adolescencia, y sin vanagloriarse jamás de cuanto había hecho en bien de la Iglesia.

Su cuerpo, debilitado por las penas físicas y morales que había padecido en tantos años, no podía ya sobrellevar nuevas fatigas, y el 29 de abril de 1380, a la edad de treinta y tres años, la misma de su Divino Esposo al ser crucificado, Catalina de Siena murió rodeada por una multitud de fieles que la llamaban con el dulce nombre de «mamá».

Fue canonizada en 1461 por Pío II, y Urbano VIII fijó como fecha para su celebración el 30 de abril. En 1931, Pío XII, reconociendo en ella caracteres de heroísmo y atendiendo al deseo despueblo italiano, la proclamó «patrona de Italia».

Santa Catalina de Siena, instrumento de la revelación divina, escribió en tiempos infortunados para Italia y para la Iglesia las célebres Cartas y un Diálogo de la Divina Providencia, inspirada por un ardiente misticismo y una piedad inagotable.

Estas obras están consideradas entre las mejores creaciones de la literatura universal, siendo texto de estudio en toda Italia y especialmente en la Universidad Catalinaria de Siena.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografias Santa Catalina de Siena

El Reino de Polonia en la Edad Media Expansión

El Reino de Polonia en la Edad Media

Reino de Polonia. — Polonia, que tras unos orígenes confusos empezó a figurar en la Historia a principios del siglo IX, tras una serie de contradictorias vicisitudes internas, guerras exteriores y grandes variaciones en la extensión de su territorio nacional, vino a alcanzar cierta firmeza de organización y poderío bajo el reinado de Casimiro III, el Grande, que reinó de 1333 a 1370.

casimiro iii el grande

Casimiro III el Grande (1309-1370), rey de Polonia (1333-1370). Hijo de Ladislao I, que había puesto fin a dos años de desunión nacional, Casimiro continuó la obra de su padre, al convertir Polonia en una gran potencia de la Europa Oriental.

Este monarca dictó prudentes y justas medidas legislativas, redujo a los nobles, fortificó las ciudades, fomentó la cultura fundando la Universidad de Cracovia, e hizo cuanto pudo por completar la civilización del país.

Se hizo respetar por los Estados vecinos, con los cuales mantuvo la paz y acrecentó la prosperidad nacional. Muerto sin sucesión, terminó con él la dinastía de los Tiast, pasando la corona a Luis de Anjou, durante cuya minoría actuó como regente una hermana de Casimiro.

Fallecido Luis en 1382 sin sucesión masculina, su hija Eduvigis fue elevada al trono por la nobleza, no sin disensiones, en 1384, y fue obligada a contraer matrimonio con el gran príncipe de Lituania Jagellón quien, convertido al cristianismo, fue coronado rey de Polonia en Cracovia el año 1386, con el nombre de Wladislao II.

De este modo quedaron unidas las coronas de Polonia y Lituania, bajo la dinastía de los Jagellones hasta 1572. Un rey de esta estirpe, Wladislao III, ciñó la corona de Hungría, y, muerto en lucha con los turcos, le sucedió su hermano Casimiro IV, que en 1466 obtuvo territorios de los Caballeros Teutónicos infeudando a Polonia la Prusia Oriental y anexionándose la Prusia Occidental y la región de Ermeland, con lo cual consiguió tener Polonia salida al mar Báltico.

Otro rey de la misma dinastía, Segismundo II Augusto, adquirió la Lituania, Prusia y las provincias rusas de Volhinia, Podolia, Podlaquia y Ucrania en 1569 (Unión de Lublín) y después por las armas, se anexó Livonia.

Polonia llegó, bajo el cetro de este rey, al cénit de su grandeza; su extensión abarcaba desde las costas del mar Báltico, al Norte, hasta el Dniéster por el Sur, y de Este a Oeste, desde el Desna, gran afluente del Dniéper, hasta el Netze, en Prusia, albergando una población cuya cifra se hace ascender a 35.000.000 de habitantes.

Los nobles extremaban cada vez más su ambición y ejercían una influencia decisiva en la cosa pública; en 1569 los nobles lituanos fueron admitidos en la Dieta polaca y se eligió a Varsovia para la celebración de la Asamblea; las representaciones del estado llano iban perdiendo su influencia, arrollada por la de la nobleza y, con ello, el pueblo vio menoscabadas sus libertades. La Reforma hizo numerosos prosélitos en Polonia, cuya población, en su mayoría, abrazó las nuevas creencias.

En 1572 falleció Segismundo II extinguiéndose con él la dinastía de los Jagellones. Polonia, que hasta entonces había sido una monarquía electiva sólo nominalmente, lo fue en realidad desde aquella fecha. Los reyes posteriores trataron de agrandar su territorio o de sostenerlo en su integridad mediante continuas guerras, pero no pudieron lograr la permanente independencia de su reino.

La reacción católica contra los progresos de la Reforma, apoyada por la nobleza, que encendió al país en luchas civiles, las acometidas del extranjero, y las disensiones motivadas por las elecciones de monarcas, contribuyeron a la decadencia de Polonia.

Fuente Consultadas:Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Ver: Ciudad de Biskupin en Polonia 

La Biblia de Mazarino y Mangucia Libro Más Antiguo

La Biblia de Mazarino y Mangucia
Libro Mas Antiguo

Invención de la imprenta. Gutenberg y Schoffer. — Son inciertos los verdaderos orígenes de la imprenta, como sucede con todas las grandes invenciones que, antes de aparecer en fase manejable, han pasado por un largo pe-ríodo de tanteos y experiencias.

antigua imprenta la bibliaDesde tiempos antiquísimos y en composición por bloques a modo de láminas, había sido usada por los chinos. Aunque son varias las personas a quienes se atribuye la iniciativa del empleo de tipos sueltos, parece ser que esta gloria corresponde a un impresor de Maguncia llamado Juan Genffleisch o Gutenberg.

Los primeros tipos se obtenían por talla de madera o metal, pero después se ideó hacerlos de fundición en moldes apropiados; se reputa autor de esta mejora a Pedro Schoffer, también de Maguncia.

Las primeras máquinas de imprimir eran artefactos toscos e imperfectos, pero, así y todo, este procedimiento era más rápido y barato que el de las copias manuscritas.

Los operarios de las imprentas estaban obligados a guardar el más absoluto silencio sobre el empleo de los tipos y particularidades de su arte, pero los trastornos políticos que ocurrieron en Alemania consiguieron develar algo este secreto, y como, por otra parte, muchos impresores hubieron de emigrar buscando asilo en otros países, donde se establecieron, se llegó a generalizar el conocimiento de la imprenta.

Es curioso consignar que las primeras aplicaciones del arte de imprimir en los países donde aún no había llegado este adelanto (Francia entre ellos) consistieron en su empleo para falsificar manuscritos. Así, el impresor maguntino Juan Fust vendió en París por el año 1536, gran número de ejemplares de la famosa Biblia de Maguncia, haciéndolos pasar por manuscritos y cobrándolos a muy buen precio por la perfección con que estaban presentados.

Las Biblias de Mazarino y Maguncia. — El más antiguo libro impreso conocido es el llamado Biblia de Mazarino, porque el primer ejemplar se descubrió en la biblioteca fundada por el cardenal Mazarino en París. La fecha de su edición se sitúa entre 1450 y 1455, y después han aparecido en distintos lugares muchas copias.

En la «Biblioteca del Rey», del Museo Británico, existen varios interesantes ejemplares producidos por la antigua imprenta, entre los que figura una copia de la famosa Biblia de Mazarino, que fue impresa con tipos tallados a mano. En 1462 apareció la segunda Biblia de Maguncia, que se presume impresa como la de Mazarino, probablemente lo estaba en la imprenta de Gutenberg y Fust, que al principio trabajaban asociados. Esta segunda Biblia fue el primer libro impreso con caracteres de metal fundido. En 1465 la misma imprenta editó el primer libro clásico impreso, una edición de los Oficios de Cicerón, tratado acerca de los deberes morales.

Desde Alemania el arte de imprimir pasó a Italia y después se fue extendiendo a toda Europa. En España, ya en 1475, existía una imprenta en Barcelona, y en 1485, otra en Burgos; después fueron estableciéndose en otras localidades. Antes de terminar el siglo XV, habían sido reproducidas por la imprenta muchas obras de autores clásicos cuyo conocimiento se perpetuaba por los nuevos procedimientos.

Resultados de la invención de la imprenta. — Los resultados de la invención del arte de imprimir implicaron una transformación intelectual del mundo, tan evidente que casi parece redundante su reseñamiento. Se aumentó considerablemente la producción librera, con baja notable (en relación con los manuscritos) de su precio de adquisición; no sólo se satisficieron las demandas de las personas ansiosas de ilustrarse, sino que el aumento de las publicaciones fomentó la afición a las lecturas, y como la imprenta podía aportar libros en abundancia, hubo cada vez mayor número de personas para las que los libros Hegaron a ser una necesidad primordial en su vida. El modo de comunicación del conocimiento sufrió un radical cambio y los medios, hasta entonces usuales de prédicas, fueron, en gran parte, reemplazados por la letra impresa.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de San Agustín Filosofía Para la Teologia Cristiana

Biografía de San Agustín Padre de la Iglesia Cristiana

Colosal figura la del doctor de Hipona, que se levanta con sus dimensiones inabarcables en el momento en que va a hundirse el mundo antiguo para iluminar, con su sabiduría  de Dios, la ruta secular de la Cristiandad y el espíritu de Occidente.

En él brillan todavía los resplandores de la filosofía clásica, pues su profundo espíritu y sus portentosos conocimientos le permitieron toda clase de honduras especulativas.

san agustin de hipona

Pero lo esencial en su pensamiento es la actitud de arrebato cristiano, en la que alcanza posiciones intelectuales que muy pocos lograrán establecer.

En este doble aspecto, Agustín encarna y realiza la síntesis de aquella época.

Pero además puede decirse que su filosofía representa la evolución de su alma, sujeta primero a los desgarrones de fuerzas dispares y antagónicas, y vinculada más tarde a la inefable captura del amor divino.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria1.jpg

BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació en Tagaste (hoy Souk-Ahras, Argelia), el 13 de noviembre del año 354.

• Hasta los once años asistió a la escuela de su pueblo y luego se trasladó a la ciudad de Madaura (en la actual Argelia) para completar sus estudios.

• En el 370 viajó a Cartago (cerca de la actual Túnez) para realizar el profesorado de Retórica.

• Al año siguiente comenzó a vivir con una mujer, de la que tuvo un hijo llamado Adeodatus,que en latín significa ‘regalo de Dios’.

• A los diecinueve años regresó a su pueblo y empezó a trabajar como profesor de Gramática. En esta época se adhirió al maniqueísmo (antigua religión persa).

• En el 383 viajó a Roma (Italia), donde abrió una escuela de Retórica y abandonó la doctrina maraquea.

• Al año siguiente se trasladó a Milán (Italia) y se hizo cargo del puesto de profesor municipal de Retórica. Allí se convirtió al cristianismo y fue bautizado, junto a su hijo Adeodatus, por el obispo San Ambrosio.

San Agustín fue uno de los pensadores más importantes de la filosofía medieval) sus escritos sentaron las bases del pensamiento cristiano.

En su obra se destacan la autobiografía «Las Confesiones», donde admite sus pecados de juventud y su posterior camino a la fe; los tratados «De la vida bienaventurada», «La ciudad de Dios» y «Tratado de la Gracia», entre otros,
y también numerosas cartas, más de quinientos sermones y ensayos sobre los Evangelios.

Defensor de la fe
• Regresó a su pueblo, repartió su herencia entre los pobres y fundó un monasterio.

•  En el 388 murió su hijo.

•  Tres años más tarde viajó a Hipona (hoy, Argelia) y Valerio, obispo del lugar, lo ordenó como sacerdote.

•  En el 396 fundó otro monasterio y fue consagrado como obispo. En este momento comenzó a llamarse «Agustín de Hipona».

•  Murió en esa ciudad, el 28 de agosto del 430.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria1.jpg

Veamos ahora una biografía mas completa….

San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental.

Elaboró un método sistemático de filosofía para la teología cristiana.

Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios parten de la Biblia y los antiguos filósofos griegos.

Defensor enérgico del cristianismo, san Agustín elaboró la mayoría de sus doctrinas resolviendo conflictos teológicos con el donatismo y el pelagianismo, dos movimientos heréticos cristianos.

san agustin
San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia.

SAN AGUSTÍN nació en Tagaste (Numidia) el 13 de noviembre de 354.

No hay que exagerar su africanismo para explicar convenientemente su apasionamiento y su fogosidad verbal.

El mundo púnico, al tiempo de su nacimiento y formación primera, estaba completamente romanizado y Agustín fue entonces —y lo sigue siendo hoy — un occidental neto, en el sentido convencional que a este calificativo se atribuye.

Su personalidad constituye algo irrepetible, único, que sólo puede explicarse, si es que puede, desde dentro de sí misma.

La auténtica semblanza de su espíritu ha sufrido grave deformación, aunque ello suene a paradoja, gracias a su perenne actualidad.

Aparte el saber teológico y filosófico, Agustín ha proporcionado el bisturí para calar la entraña del hombre eterno y la lámpara para iluminar sus problemas de siempre.

Y hoy tendemos en exceso a encarnar hombre y problemas en encarnadura contemporánea que, a las veces, no le cae demasiado bien.

No se suele parar mientes, en cambio, en el hecho de que el valor de la psicología agustiniana y la razón excelsa de su profundidad estriba en ajustarse de modo cabal a su tiempo.

Entre otras cosas, Agustín fue — y pretendió serlo — un maestro del vivir; las cuestiones a que se volvió le hacían sangrar; fue apóstol tanto como pensador y su pensamiento se nutrió esencialmente de ese ir resolviendo los problemas cotidianos de sus ovejas y de la Iglesia católica, a la que sirvió (recalquemos esta expresión) como pastor «a fortiori».

consagracion de san agustin

Consagración episcopal de San Agustín. Pintura de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — La figura más admirable de la pintura catalana del siglo XV es Jaume Huguet, hijo del también pintor Pere, natural éste de Valls. Se ignora con exactitud la fecha en que nació Jaume.

Pero en 1455 ya era pintor maduro y bien cotizado en bolsa monacal y diocesana.

A su favor, muchos valores: el juego excelente de las luces y los colores, y la disposición magistral de las escenografías para cada acto, para cada retrato, para cada función «de conjunto».

Jaume Huguet abrió taller propio en Barcelona y tuvo muchos y buenos discípulos, algunos de los cuales colaboraron con él y aun se hicieron confundir —en sus obras— con el maestro.

Una de las mejores, y últimas obras de Huguet, es esta Consagración episcopal de San Agustín.

A pesar de su exceso en los elementos puramente decorativos —oros, brocados, paños, relieves— es seductora en su evidente monumentalidad; y algunas cabezas, de dibujo perfecto y de gran carácter, recuerdan las creaciones del lusitano Ñuño Gongalves.

Por ello escojo, entre la abundante iconografía que el arte nos ha servido, la imagen más modesta y también más próxima: aquel fresco lateranense del siglo VI que nos presenta a un asceta consumido por su propio espíritu, enjuto y cuellilargo, algo calvo, ceñido por túnica algo más austera que la ciceroniana, quizá menos que la que en realidad le cubriera, que, con mano larga y afilada nos muestra, abierto de par en par, el gran libro de la Sabiduría divina.

Su mundo es un mundo tormentoso.

El Imperio se ha acogido, como a un clavo ardiendo, a la Iglesia de Roma. Ha perdido, por el contrario, el dominio efectivo sobre el sutil Oriente y se ve acosado por el bárbaro, cada vez con más insistencia.

Es un universo cuya universalidad va a cambiar de signo precisamente por haberse aferrado al de la Cruz.

La Iglesia, salvo en lo que ella misma se ha «constantinizado», es la única fuerza creadora que en él pervive; por eso, como un sarampión de espiritualidad, le brotan a diario las herejías.

La santidad de los inteligentes sabe, empero, sacrificar su propio impulso a la unidad necesaria, puesto que Dios es uno.

En lo temporal ha llegado la hora de la reflexión, de buscar en el pasado la coherencia necesaria entre los hechos para preparar, a su vez, el futuro: señal irremediable de decadencia; los sabios del tiempo —filósofos de la Historia— transformarán la decadencia en crisis.

Y de la crisis —y de la mano de Agustín, santo y sabio — brotará Europa.

Pero también es difícil su contorno particular.

El padre de Agustín, Patricio, es un burgués de los estratos bajos, cargado de responsabilidad pública y ligero de medios económicos.

Acaso es un hombre vulgar, honrado.

El hijo le reprochará, ásperamente, sus frecuentes violaciones de la fidelidad conyugal.

Pero, ciertamente, se ha sacrificado por dar al hijo una formación literaria, apta para «triunfar»; no ha llegado a conseguirlo y sólo mediante la ayuda de un amigo generoso, Romaniano, esos estudios pueden proseguir hasta los diecinueve años del mozo.

La madre, Mónica, ya es sabido, es una Santa con mayúscula.

Su santidad, tan difícil de entender en muchos aspectos para nuestra mentalidad, queda al abrigo de toda duda, en la entrega al marido (de quien consiguió el bautismo «in articulo mortis») y al hijo, sobre todo a éste.

Quien atribuyó a las lágrimas de la madre — ya sus oraciones — una gran parte de su enderezamiento a Dios.

san agustin

Retablo de San Agustín (detalle) de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — Entre las pinturas más admirables de Jaume Huguet están: Retablo de San Antonio Abad —que estuvo en Barcelona y quedó destruido durante la revolución de 1909—; Retablo de los revendedores, para la barcelonesa capilla de la iglesia del Pino; Retablo de los Santos Abdóny Senén, en la iglesia de Santa María, de Tarrasa;y este grandioso Retablo de la Consagración episcopal de San Agustín.

A mi juicio, lo más sorprendente de los pintores del medievalismo gótico, dentro y fuera de Cataluña, fue su capacidad asombrosa de auténticos directores de escena.

Saben perfilar los fondos, bambalinas y bastidores; saben colocar a los actores en armonía con los objetos; saben combinar los colores sin hacerles perder su exquisitez de miniaturas para antifonarios y códices.

Cada uno de los retablos de Jaume Huguet nos parece como si acabara de alzarse el telón de boca para iniciarse la representación.

En un medio familiar así, se comprende bien que un joven desordenado y ardiente no pudiera entregarse nunca a la vida sin remordimiento.

Su fruición, por ello, no sería nunca gozosa.

Aunque conviene, desde ahora, colocar ese «desorden» en su debido lugar.

Primeramente, porque Agustín fue siempre un gran estudioso y un buen estudiante. Y en el centro de su inquietud estaba, por encima de toda otra cosa, el saber; sus mismos extravíos lo revelan.

A sus diecisiete años, comienza una larga relación íntima con una mujer cuyo nombre no ha llegado a conocerse y que, de inmediato, le entrega un hijo, Adeodato (regalado por Dios: nombre significativo).

Le es absolutamente fiel y su recuerdo constituye una amarga espina que no logrará arrancarse jamás.

Dados los valores sociales en uso, es posible aventurar que, si no casó con ella, fue debido a su baja extracción.

No cabe duda de que Agustín sintió la lanzada de la carne, como la de la vanidad; pero tampoco, de que no vivió ni para una ni para otra.

Desde esa primera juventud descubrió que la esencia de la vida consistía en un deseo de amor y de ser amado (Confesiones, II, 2). Y el desorden, acaso, en entregarse sin la suficiente discriminación, a los mil rostros con que el amor se aparece.

De estas entregas le quedaba la amargura de no haber topado con el verdadero, porque, como diría él mismo, en anhelo que hoy es patrimonio de la Humanidad: «nos creaste para Ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descansa en Ti».

Intuitivamente por lo menos, se percató Agustín de que en el amor se hallaba la clave del conocimiento.

Tras su conversión supo ya que Amor, Fe y Conocimiento no se encierran en un círculo intelectual sin salida, sino que se implican y se enriquecen mutuamente, hasta llegar al Sumo Bien.

Mientras llegaba el momento cumbre de desagarrarse ante la gran Evidencia, Agustín estudió.

Es sabido que los historiadores atribuyen a la lectura del Hortensio, de Cicerón, el despertar intelectual de Agustín.

Mas su inteligencia despertó, con toda seguridad, con el primer vagido.

La retórica del enrevesado tribuno le impidió, de momento, tomar contacto fecundo con la sencillez de que la verdad se reviste.

Y no es, acaso, erróneo pensar que el pasaje de San Pablo que volvió su alma del revés, al condenar «las comilonas y embriagueces», venía a condenar, en lo hondo de su espíritu, esa embriaguez de palabras que oscurecía la preciosa luz del día.

En Tagaste, al principio, luego en Madauira, por fin en Cartago, Agustín, que jamás tuvo contacto directo con la filosofía griega, por desconocer esa lengua, asimiló el pensamiento romano, a través de comentaristas y glosadores de segunda o tercera mano.

Sus ojos quedaron deslumhrados, en un primer momento, por el oropel, que le empujó, literalmente, hacia el maniqueísmo.

san agustin

San Agustín enseñando en su cátedra. Siglo XV. Escuela de los Sansereninos. Pinacoteca Vaticana. Roma. — Deliciosa pintura. Seductor argumento: San Agustín, investido de toda su seriedad doctrinal y docente, preside, como si dijéramos vulgarmente, una clase nocturna para adultos.

En esta obra de arte no sabemos qué admirar más: si el cuchicheo y ciertos gestos distraídos de algunos de los alumnos, ya más que creciditos; si la soberana tranquilidad del prelado de Hipona; si la finura y la gracia de la composición de la escena.

Sumadas estas admiraciones en la mente del contemplador, queda en su memoria la perdurable visión de la más pura y sencilla escenificación y fórmula de la decisiva enseñanza; aun la de temas tan impresionantes como el de la gracia o el libre albedrío. (Porque el hecho de que algunos alumnos estén papando moscas, es excepción de todos los tiempos.)

Aquella extraña religión, sincrética de Cristo y Zoroastro, sin ningún rigor lógico ni humano, daba explicación sustancial al mal del mundo en un tono brillante y, sobre todo, misterioso, que forzosamente había de hacer más mella en el joven deslumhrado, que la escueta relación bíblica, en la que un Dios todopoderoso y extrañamente cruel sembraba, sin razón aparente, bien y mal a troche y moche.

Sin contar con que, dando al mal un cuerpo y una fisonomía concreta, aliviaba grandemente el peso de los remordimientos por una existencia demasiado libre.

A los veinte años, Agustín, fiel a su vocación, comienza su carrera de profesor: unos pocos meses en su ciudad natal y casi diez años en Cartago.

Fue, indiscutiblemente, un maestro excelente, de esos que, ganada la confianza de sus discípulos, los arrastran en pos de sí adonde quiera que se dirijan.

Y, en efecto, arrastró a muchos hacia el maniqueísmo, de donde luego hubo de rescatarlos con trabajo y pena y, desde luego, con gloria. Porque ya en esta época andaba muy tibio en el maniqueísmo.

Su contacto con Fausto de Milevo, gloria de la secta (hacia el 383), le persuadió de la vaciedad absoluta del dualismo básico de Bien y Mal. Su intelecto se había empachado ya de esoterismo y fórmulas mágicas; la poesía auténtica debía descansar en la verdad sin mácula.

Pasó, a fines de 383, a Roma, lo que suponía un paso de gigante en su carrera. Y más aún, la obtención, al año siguiente, de la cátedra — dotada con fondos municipales — de retórica, en Milán, residencia del emperador y cabeza del Imperio de Occidente. Mónica le había empujado hacia allí, por su parte, no sólo para cortar de raíz sus relaciones con la concubina, sino para sumergirle en la influencia benéfica de San Ambrosio, obispo de Milán.

Hay que suponer que, efectivamente, esta influencia se ejerció con fruto. Pero no de la manera directa y personal que suele creerse.

Agustín, al oír al obispo, comprendió que la religión católica no era un simple credo, propio para almas de pocos vuelos.

Ambrosio y sus amigos le convencieron que con su fe podía erigirse nada menos que toda una ciencia.

Pero el profesor númida tuvo pocas ocasiones de acercarse al hombre eminente; su timidez (envés hondo de su orgullo) impidió toda intimidad.

Por lo demás, su espíritu estaba ya maduro para dar el gran paso.

No eran ya razones doctrinales ni de principio su obstáculo; se trataba de la gran cuestión de renunciar de lleno a su triunfo en el mundo, a sus aspiraciones intelectuales (que empezaban a apreciarse con asombro en su derredor), puesto que rechazaba todo término medio.

Y sin embargo, dio el paso, aceptando sus inabarcables consecuencias.

Tenía treinta y dos años. Fra Angélico, desde el Museo de Cherburgo, nos sigue contando la escena.

Pasea con Alipio, su gran amigo, por un jardín recoleto, melancólico y sombrío; se adelanta unos pasos, buscando al dueño de una vocecita misteriosa que le ha susurrado en correcto latín: Tolle, lege.

Pero no encuentra sino una luz misteriosa que le hace caer de rodillas y cubrir su rostro con ambas manos.

Porque Agustín ya sabe lo que es aquello; y probablemente sabe de antemano lo que va a encontrar en el libro con que primero tope: «Revistámonos de Nuestro Señor Jesucristo y no tratemos de dar satisfacción a los deseos de la carne» (Romanos, XIII, 13).

Agustín termina su curso de Retórica. Se embebe más aún en el neoplatonismo de Plotino y Porfirio, que llegan a través de las versiones latinas de Mario Victorino, otro africano, y que suponen para la Iglesia de entonces lo que en el siglo XIII significaría el redescubrimiento de Aristóteles.

Mas, apenas se inician las vacaciones, se retira a Cassiciacum y se prepara a recibir el Bautismo y a organizar una vida de plena dedicación a Dios, en régimen monacal. Allí redacta sus Diálogos, que conservan de Cicerón únicamente la forma expresiva. Son alegatos contra los maniqueos, pertrechados en Platón y en los ambrosianos.

Recibió, por fin, el Bautismo, con su hijo Adeodato y su fiel Alipio.

Cuando se disponía a embarcar hacia África, en el puerto de Ostia, finalizó la dura tarea terrena de Mónica, bien lograda por cierto.

En Tagaste, rotas todas las ligaduras del pasado, organizó una especie de monacato intelectual, en cuyo centro estaba la exigencia de su hallada vocación de escritor al servicio de Dios.

Pero Dios le exigió, a su vez, un nuevo sacrificio.

En 391 y por aclamación popular, fue nombrado obispo coadjutor de Valerio, anciano pastor de Hipona.

Y a la muerte de éste, en 396, recae sobre su ideal de filósofo de Cristo, el peso de toda una diócesis, la predicación incesante, el consejo, la sentencia imparcial.

La Iglesia le llama para combatir nuevas herejías. Agustín accede por amor de Quien le ha elegido.

Pero no renuncia a su obra, persuadido como está de que ella constituirá su gran servicio.

Va madurando con lentitud y firmeza; su hilo conductor, la progresión de su espíritu, permite brotes prodigiosos, como lo son los Sermones, las Epístolas, o las Enarraciones sobre los Salmos, cuyo origen es, en la mayoría de los casos, circunstancial, pero que llevan a la ocasión toda la profundidad del espíritu que los concibe.

Al propio tiempo, en disputa con los nuevos herejes, donatistas y pelagianos, se va depurando el arsenal de su apologética y precisando los grandes temas de su meditación: Gracia y predestinación ; pecado original y mal; el alma humana.

Conviene detenerse un momento en estos temas, en su sentido profundo dentro de Agustín y en el que luego les ha cabido en la tradición agustiniana.

En disputa con los maniqueos, Agustín ha llegado a percatarse de que el mal no es una substancia.

Es, por así decirlo, un vacío de bien. Algo que debía estar repleto de bien y aún no lo ha conseguido.

En cambio, cuanto existe es bueno, como creado por Dios. Así se conciba la noción de un Dios suma bondad con la efectiva existencia del mal en el mundo; mal que proviene del pecado, libremente aceptado por el hombre, incluso en su faceta de pecado original.

Por su parte, Pelagio, monje británico de una rectitud moral a toda prueba, había desembocado, acaso cegado por esta misma ascesis que él había logrado para sí, en una negación de la Gracia santificante y redentora.

El libre albedrío del hombre, don divino, desde luego, puede por sí mismo conseguir la plena imitación de Cristo.

Agustín se ve obligado a aquilatar la esencia de esa Gracia y a dilucidar su papel esencial en la Redención.

¿Caerá en una defensa de la predestinación a ultranza? Los jansenistas, los pascalianos, que se proclaman seguidores suyos, así lo han creído.

Sin embargo, en Agustín juega la baza esencial el amor divino, siempre hallado por el hombre que lo busca.

En la inmensidad radical de ese Amor, ha de hallarse la solución a ese gravísimo interrogante.

La fe es, pues, operante. Y, desde luego, racional. Crede ut intelligas, esto es, sin duda, básico; pero a la vez intellige ut credas, puesto que la chispa de adhesión inicial engendrará un nuevo conocimiento y éste un nuevo pasmo ante el misterio inaccesible (y aquí es patente la discrepancia con el «embrutecimiento» pascaliano).

La existencia humana se teje en la fe, el conocimiento y el amor.

Y en ese tejer continuo, resplandeciente de obras, debe reposar — si es admisible este reposo paradójico — la esperanza definitiva.

Agustín se ve compelido, en esta tremenda disputa, a averiguar lo que, en realidad, es el alma humana.

Su problema divino absorbe todo.

El Alma y Dios. ¿Nada más? «¿Os parece poco?»

Ya estaba dicho en las Confesiones. Nada importa al hombre sino encontrar al Dios que lo hizo y descansar en El. Y Cristo lo había anticipado: quien quisiera salvar su vida la perderá. Así pues, el drama de la redención contempla a las almas.

El mundo es, primordialmente, un obstáculo. De aquí que el «desprecio del mundo» haya querido encontrar un patrono de excepción en el Doctor africano.

Y, sin duda, con acierto.

Pero no podemos desligarnos aquí tampoco de la circunstancia personal agustiniana, pues para él — ya lo vimos — fue efectivamente el mundo el gran obstáculo, en sus problemas pequeños y en sus grandes lazos.

Mas, no cabe duda, lo amó profundamente. Y, evidentemente, comprendió su belleza y comprendió — menos que San Pablo— los «poemas de Dios». Todos, empero, se absorbieron en el alma, perseguidora y perseguida por su Creador.

La encarnación de estas poderosas cuestiones en un hombre concreto, palpitante y nostálgico, es el nervio de las Confesiones.

Y éste es el sentido de su humanismo.

Su ir al fondo de la cuestión ha servido para apoyar tesis meramente psicológicas.

Su escalpelo de las pasiones, del olvido, de la memoria, están ahí al servicio de todos los investigadores, cualquiera que sea su punto de partida y el momento o plano en que decidan detenerse. Su razón profunda es la de la profundidad divina del alma humana, cifra de la creación.

Las Confesiones (397-399) con las Retractaciones (427) son la carne viva de toda la filosofía y teología agustiniana.

Allí está su porqué y su para qué. Todo en Agustín es hombre, porque todo es alma. Y no hay sino alma, porque la suya — y las de todos los hombres — busca a su Creador para descansar.

De su época de episcopado, época inquieta, con poco ocio intelectual (Concilios de Cartago — 409 y 419 —; de Milevio — 416 —) quedan, como condensaciones formidables de su actividad alucinante, tratados dogmáticos (De Trinitate, terminada en 419); comentarios a libros sagrados (Los seis dedicados al Génesis — 398 a 414 —; los 124 sobre el Evangelio y Primera Epístola de San Juan —415 y 416—).

Queda, sobre todo, un empeño único, de gestación laboriosa, distinto a todos los demás por su origen — otra vez, puramente circunstancial —, por los motivos que fueron preñando su desarrollo.

Y sobre todo por su destino, ya que fue esta empresa la que desligó al pensamiento agustiniano de su creador histórico y lo convirtió en patrimonio de ese agustinismo que tantas veces ha olvidado lo que fue el hombre: los veintidós libros de la Ciudad de Dios, escritos desde 412 a 427, de los que puede decirse, ante todo y sobre todo, que son la raíz nutricia de Europa.

En 412, se puso Agustín a la tarea de demostrar que la invasión de Roma por las hordas de Alarico no había sido venganza de los dioses postergados al Crucificado hebreo.

Un análisis a fondo de los hechos venía a comprobar que la «paz romana», poseída de su invulnerabilidad, era, por el contrario, sumamente corruptible y que únicamente por su aceptación del Cristianismo, pudo subsistir tanto tiempo desde que se iniciara la efectiva decadencia.

Sólo subsistirá, concluye Agustín, la ciudad fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí misma.

Por tanto, es preciso que la ciudad que «peregrina» hacia Dios, en el tiempo, funde en El su constitución. Y que su príncipe sea como el gestor de un quehacer temporal, pero trascendente. La ciudad de Dios peregrina en unidad hacia Jerusalén, huyendo de Babel («confusión», frente a unidad).

Es fácil advertir estos rasgos en la construcción política de Carlo-mágno y del Sacro Romano Imperio. Y fácil rastrear en todo el patrimonio espiritual occidental esta base profunda del Cristianismo, convertido en motor y aglutinante histórico, precisamente por su significado ultrahistórico.

El germen de toda Utopía — espécimen espiritual puramente europeo — está en esa noción de superar, por un ideal, la sujeción a espacio y tiempo.

Así, el llamado «agustinismo político» (Arquilliére) implanta a la vez, en la conciencia occidental, una preocupación primordial por el contacto entre presente y futuro.

En 427, cuando Agustín da cima a la visión increíble de la felicidad de los justos, sus fuerzas humanas tocan también sus últimas reservas. Debe resignar en Heraclio, su coadjutor, gran parte de las funciones pastorales. Cinco días a la semana podrá dedicarse a su obra escrita, sin otra tarea ni responsabilidad…

El camino queda despejado y claro. Agustín entra por él con toda abnegación y sin reserva. Pero sería erróneo suponer que su conversión es fulminante; que su paso de la noche a la luz se hace en un instante. Muy al contrario, la nueva luz encontrada ilumina, más a lo crudo, la magnitud de las cadenas del hombre. La última, la más pesada, la constituye el propio mundo que le rodea, en suma, la soberbia de la vida. Habrá que despojarse de ella sin dejar siquiera un rescoldo en el alma…

En 28 de agosto de 430 (día que la Iglesia le consagra) fallece. Unos meses antes los vándalos han llegado hasta su Numidia natal. El arrianismo que traen consigo se ha ahorrado un eximio debelador.

Ver: Obra Teológica de San Agustín

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad – San Agustín- Ediciones Cadyc