La Edad Media

La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

A menudo tenemos la impresión de que en la Edad Media la iglesia monopolizaba la cultura. La enseñanza, el pensamiento, las ciencias y las artes habrían sido hechas para ellos y por ellos, o por lo menos bajo su inspiración y su control. Falsa imagen que debe corregirse ampliamente.

En realidad el dominio de la Iglesia sobre la cultura solamente fue total durante la Alta Edad Media. Distinta es la situación a partir de la revolución comercial y el apogeo de las ciudades.

Por fuertes que sigan siendo los intereses religiosos, por poderoso que sea aún el cerco eclesiástico, hay grupos sociales antiguos y nuevos con otras preocupaciones, con sed de conocimientos prácticos o teóricos distintos de los religiosos y que crean instrumentos de saber propios y medios de expresión también propios.

mercaderes en la edad media
Ciudad Medieval y su Comercio

El mercader desempeñó un papel capital en el nacimiento y desarrollo de esta cultura laica. Para sus negocios precisa conocimientos técnicos. Por su mentalidad, se dirige a lo útil, a lo concreto y a lo racional. Gracias a su dinero y a su poder social y político, puede satisfacer sus necesidades y realizar sus aspiraciones.

Muchos historiadores han abierto el camino hacia una investigación de la instrucción del mercader y su papel en la historia de la educación. Por ahora solo disponemos de informaciones dispersas sobre un tema capital: las escuelas laicas medievales.

Podemos suponer que, desde muy temprano los burgueses, o sea esencialmente los mercaderes, obtuvieron el derecho de abrir escuelas, y lo utilizaron.

En 1179 existen escuelas comunales en Gante, y la libertad de enseñanza —conquistada a pesar de la resistencia encarnizada de la Iglesia— fue solemnemente reconocida por la condesa Matilde y el conde Balduino IX en 1191.

En general, si bien la Iglesia logró conservar la enseñanza «superior» y parte de la enseñanza «secundaria», tuvo que abandonar la enseñanza primaria. En las parvae scolae o scolae minores —por ejemplo en Ypres, en 1253, está permitido a cualquiera abrir escuelas de este tipo— los hijos de la burguesía mercantil reciben las nociones indispensables a su futuro oficio.

La influencia de la clase mercantil se deja sentir en especial en cuatro campos: la escritura, el cálculo, la geografía y las lenguas vivas.

La escritura
Sabido es cuan unida está la escritura a las necesidades a que responde. Depende estrechamente del medio que la utiliza, es eminentemente un «hecho de civilización». Sabemos que el paso de la escritura antigua, «cursiva antigua», a la escritura de la Alta Edad Media, minúscula Carolina, solo puede explicarse por la sustitución de una civilización por otra. Igualmente, el retorno a la cursiva en los siglos XII y XIII es un hecho integrado en todo el movimiento económico, social e intelectual que conduce al nacimiento de una sociedad nueva.

En la diversificación de escrituras que entonces se produce, junto a la escritura de Cancillería elegante y cuidada, hecha para actos solemnes, y a la escritura notarial, a la vez embrollada y abreviada, debemos conceder un lugar a la escritura comercial, limpia y rápida, que expresa «energía, equilibrio y gusto». Es la que responde a las crecientes necesidades de la contabilidad, de la teneduría de libros y de la redacción de actas comerciales.

Escribirlo todo, escribirlo en seguida y escribirlo bien: he aquí la regla de oro del mercader. Un genovés aconseja a fines del siglo XII: «No debes olvidarte nunca de asentar bien por escrito todo lo que haces. Escríbelo en seguida, antes de que se te haya ido de la mente.»

Y el anónimo florentino del siglo XIV dice: «No se debe tener pereza de escribir». «Scripta manent» es más cierto para el mercader que para nadie. Gracias a él, la escritura, una escritura limpia y cómoda, útil y corriente, ocupa un puesto de primer orden en las escuelas primarias.

El cálculo matemático
Y con la escritura, el cálculo. Su utilidad para el mercader es todavía más evidente. La enseñanza del cálculo comienza con el empleo de instrumentos prácticos que sirven al escolar, y luego al financista y al comerciante, para calcular. Son el abaco y el tablero, «humildes antepasados de las máquinas de calcular modernas».

A partir del siglo XIII se multiplican los manuales de aritmética elemental, como el escrito en 1340 por Paolo Dagomari de Prato, apodado Paolo dell’Abaco. Entre los tratados científicos, hubo algunos que han sido de singular importancia, tanto para la contabilidad como para la ciencia matemática.

fibonacci matematico

Así el Tratado del abaco —líber abbaci— que publica en 1202 Leonardo Fibonacci. (imagen superior) Es un pisano cuyo padre es oficial de aduanas de la Repú blica de Pisa en Bugia, África. Se inicia en las matemática!, que los árabes tomaron de los hindúes, en el mundo cristiano-musulmán del comercio, en Bugia, en Egipto, en Siria y en Sicilia, por donde viaja por negocios.

En su obra introduce el empleo de las cifras árabes y del cero, la innovación capital de la numeración por posición y de las operaciones con fracciones y del cálculo proporcional.

Ampliando más sus estudios, en 1220 publica una Práctica de la geometría. A fines de la Edad Media, Luca Pacioli escribe en 1494 su famosa Summa de Arithmetica, resumen de los conocimentos aritméticos y matemáticos del mundo del comercio; en él se extiende especialmente sobre la contabilidad por partida doble. Mientras tanto, desde 1410 se difunde por Alemania otro manual, el Método de cálculo de Nurentberg.

luca pacioli matematico

La geografía
Otro campo de investigación necesario para el mercader: la geografía práctica, donde se codean los tratados científicos, los relatos de viajes y la cartografía.

Se ha dicho que el famoso Libro de las maravillas de Marco Polo fue uno de los best-sellers de la Edad Media; y el gusto por los libros de aventuras, inclusive novelados, estuvo tan desarrollado en aquel tiempo que pudo asegurar el éxito del libro apócrifo de Sir John Manndeville, donde la imaginación entraba en mucho.

Las escuelas cartográficas genovesas y catalanas produjeron los admirables portulanos, descripciones —acompañadas de mapas— de las rutas marítimas, los puertos y las condiciones de navegación.

En este medio erudito que escribía para especialistas y profesionales provistos de compás, astrolabios e instrumentos astronómicos, nació Cristóbal Colón, quien no partió a la ventura, como quiere la leyenda, sino provisto de un fuerte bagaje de conocimientos y de técnicas que lo llevaban hacia un objetivo determinado.

Para uso del mercader que iba al extranjero habla tratados que enseñaban, por ejemplo, «lo que debe saberse al ir a Inglaterra», como indicaba Giovanni Frescobaldi, mercader-banquero florentino, o «lo que debe saber un mercader que se dirige a Catay», es decir, a China, como escribía en unas páginas famosas Francesco di Balduccio Pegolotti, factor de los Peruzzi.

Las lenguas vulgares
El conocimiento de las lenguas vulgares le es indispensable al mercader para entrar en contacto con su clientes.

Desde muy pronto, los libros y las cuentas se llevan en lengua vulgar, en lengua vulgar se escriben las actas comerciales y, a pesar de la existencia de intérpretes en los principales centros de intercambio, se redactan diccionarios para uso de mercaderes, como un glosario árabe-latino y especialmente un diccionario trilingüe latín, dimano (lengua turca que era la jerga comercial del Mar Negro al Mar Amarillo) y persa.

Al principio, sin duda a causa de la importancia de las ferias de Champaña, la lengua internacional del comercio fue el francés. Pero pronto tomó el primer puesto la lengua italiana, mientras en la esfera hanseática dominaba el bajo alemán.

No es de sorprender que el desarrollo de las lenguas vulgares haya ido unido al progreso de la clase mercantil y sus actividades. El texto más antiguo que se conoce en lengua italiana es un fragmento de las cuentas de un mercader de Siena del año 1211.

La historia
Los mercaderes no se contentan con estos conocimientos básicos. Se interesan por la historia. Ésta les ayuda no solo a glorificar su ciudad y el papel que en ella desempeña su clase, sino también a situar, comprender los acontecimentos que enmarcan su actividad y de los cuales son actores.

En 1338, Giovanni Millani describió en cifras a Florencia, en una página célebre y excepcional: cantidad de habitantes, de barrios, de parroquias, de corporaciones y de miembros de las mismas, número de los negocios más importantes, monto de los impuestos y balance de las finanzas públicas. En el siglo XV, el veneciano Marian Sañudo intentará también valorar en números el poderío veneciano.

Así, junto con los documentos oficiales, los censos y las listas fiscales, la literatura histórica alimenta —aun cuando los datos sean a veces erróneos— a la pobrísima estadística medieval. Se ha observado un hecho impresionante: «que la historiografía florentina del siglo XIV es el monopolio casi exclusivo de los hombres de negocios».

Hombres de negocios son Diño Compagni, Giovanni y Matteo Villani, Giovanni Frescobaldi, Donato Velluti y Marchione di Copo Stefani, quienes, en cada generación, redactan crónicas precisas, basadas en datos reales, en las cuales el autor, aun cuando sea parte, no se conforma solo con palabras.» De este modo, junto a los cronistas atentos solo a los hechos políticos y religiosos, nace una categoría de historiógrafos preocupados por lo económico.

Los manuales de comercio
Ciertos mercaderes confiaron sus conocimientos y sus experiencias en manuales de inestimable valor. Estas Prácticas del comercio enumeran y describen las mercancías, los pesos y medidas, las monedas, las tarifas aduaneras y los itinerarios.

Proporcionan fórmulas de cálculo y calendarios perpetuos; describen los procedimientos químicos para fabricar aleaciones, tintes y medicinas; aconsejan tanto sobre la forma de defraudar al fisco, como el modo de comprender y utilizar los mecanismos económicos.

Están inspirados por un vivo sentimiento de la dignidad de los mercaderes; ya hemos visto algún ejemplo de los mismos.

Los más célebres son italianos. Son las Prácticas del comercio de los flbreritinds Francosco di Balduccio Pegolotti, que fue factor de los Peruzzi en Famagusta, en Brujas y en Londres, y de Giovanni di Antonio da Uzzano; El libro de las mercancías y usos de los diversos países, atribuído a Lorenzo Chiarini; y una obra veneciana anónima, Tarifa y conocimiento de los pesos y medidas de las regiones y países que se dedican al comercio en el mundo

Todo este bagaje intelectual, todas estas herramientas culturales siguen vías divergentes de las de la Iglesia: conocimientos técnicos profesionales y no teóricos y generales; sentido de la diversidad y no de lo universal, que conduce, por ejemplo, al abandono del latín por las lenguas vulgares; busca de lo concreto, de lo material y mensurable.

La Iglesia no comienza a sentirse inquieta e incómoda hasta que el auge comercial influye en el reclutamiento universitario. Las Facultades más frecuentadas son las que conducen a los oficios laicos o semilaicos más lucrativos: la Facultad de Derecho y la de Medicina. La primera forma a los notarios, tan necesarios en el siglo xm a causa de la abundancia de contratos comerciales. La segunda desemboca en un oficio con frecuencia mixto de médico y boticario: el droguista, que a menudo es el más solicitado en la sociedad burguesa.

La racionalización
El historiador Renouard ha destacado que la cultura mercantil condujo a la laicización, a la racionalización de la existencia. El escenario, el marco de la vida dejaba de ser coloreado por la religión. Los ritmos de la existencia ya no obedecían a la Iglesia.

Medir el tiempo se convertía en necesidad para el mercader; y la Iglesia se revelaba inhábil para ello. Un calendario regulado por fiestas móviles era muy poco cómodo para el hombre de negocios.

El año religioso comenzaba en una fecha que oscilaba entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Los mercaderes precisaban puntos de partida y referencias fijas para sus cálculos y para establecer los balances.

Eligieron entre las fiestas litúrgicas una fiesta secundaria, la Circuncisión, e hicieron que sus cuentas comenzaran y acabaran el l9 de enero y el l9 de julio.

La Iglesia había determinado también las horas por las estaciones y las oraciones que les correspondían. Maitines, Prima y Ángelus se regulaban con el sol y variaban durante el año. Las campanas respondían a los cuadrantes solares.

El mercader necesitaba un cuadrante racional dividido en doce o veinticuatro partes iguales. Él fue quien favoreció el descubrimiento y la adopción de los relojes de repique automático y regular. Florencia lo tuvo desde 1325, Milán en 1335, Padua en 1343, Genova en 1353 y Siena en 1359.

Una cultura de clase
Sin embargo, sea cual fuere su influencia sobre el desarrollo de la enseñanza, no debe creerse que la clase mercantil intentara beneficiar con su cultura a todo el mundo.

Ya la especialización originaria, unida al deseo de conservar esos famosos secretos que quería guardar celosamente, la conducían a un aprendizaje interno: el que recibían sus hijos, al salir de la escuela primaria, en la tienda paterna o junto a asociados o colegas extranjeros.

Y esta enseñanza práctica, reservada a los hijos de los mercaderes-banqueros, demuestra que la movilidad social en el mundo de los negocios en la Edad Media no fue tan grande como se ha dicho a veces.

Y la imposibilidad de hacer que sus hijos recibieran en las escuelas religiosas una formación técnica apropiada y, sobre todo, también el deseo que pronto sintieron de manifestar su rango social mediante la segregación escolar, llevó a los mercaderes a apelar a preceptores y hacer que sus hijos recibieran lecciones particulares en su propia casa.

La arquitectura
Donde primero imprimió su huella la burguesía fue en la arquitectura. La Alta Edad Media había visto surgir dos tipos de monumentos: la mansión señorial, el castillo-fortaleza; y el edificio religioso, la iglesia.

Desde ahora se desarrollarán otras dos categorías de monumentos: la arquitectura civil pública y la casa patricia. Esta última solo progresivamente se fue desprendiendo del carácter militar de la Alta Edad Media. Tanto la preocupación defensiva como el deseo de prestigio, habían llevado a los primeros ricos ciudadanos a construir esas casas ornadas de torres cuyos restos sorprendentes vemos aún en San Gimigniano.

En efecto, las torres son un signo deslumbrante de la asimilación de la rica burguesía a la nobleza. Convertidos en propietarios rurales, los mercaderes de Messina hicieron fortificar su granja, como Perrin Auchier en Longchamps entre 1313 y 1325, como los Hesson en el dominio de Brieu hacia 1318.

Esta costumbre pasa de Italia a Alemania: en el siglo XV, unas cuarenta casas burguesas de Regensburg tienen torres. Pero pronto los palacios de los patricios pierden gran parte de su aspecto militar.

Sin embargo, el temor a los motines o a los asaltos y el deseo de garantizar el secreto de la actividad interna de los mercaderes, hizo que en Florencia los palacios de los Médicis y de los Strozzi conservaran un aspecto severo que tiene algo de fortaleza.

En Siena, numerosos palacios de grandes familias de mercaderes, como el palacio Salimbeni, están todavía provistos de almenas. Sin embargo, las ricas mansiones de los patricios se abren hacia el exterior por todas partes, mediante ventanas, galerías o logias donde los mercaderes ofrecen a sus conciudadanos el teatro suntuoso de sus ceremonias familiares: bodas y funerales.

Como la logia de los Guinigi en Luca. La búsqueda de la elegancia se manifiesta sobre todo en los admirables patios interiores, que son una de las primeras manifestaciones del espíritu del Renacimento.

En Venecia, libre de los temores de motín o de guerra entre sus muros, la búsqueda de materiales, de ligereza y de suntuosidad en las fachadas se manifestó con más brillo, como testimonia todavía el extraordinario despliegue de mármol y piedra a lo largo del Gran Canal.

La pintura
También la pintura llevó la marca del mecenazgo de los mercaderes. La encontramos en las iglesias, en las capillas donde celebraban sus ceremonias privadas y se hacían enterrar las grandes familias del comercio y de la banca, capillas cuyos muros hacían adornar con frescos: capilla de los Peruzzi y de los Bardi en Santa Croce, de los Scrovegni en Padua (donde desplegó su arte Giotto), de los Strozzi y de los Pazzi en Santa María Novella; capillas Brancacci en Santa María de Carmine (donde Nasaccio revolucionó el arte del fresco); capilla del palacio Médicis donde Benozzo Gozzoli representó a los miembros de la ilustre familia en el fresco de los Reyes Magos; coro de Santa María Novella done Ghirlandaio nos conservó los rasgos puros y serenos de las mujeres de la familia Tornabuoni.

En efecto; en el arte del retrato la clientela burguesa influyó profundamente en la pintura. Sentimientos piadosos y gusto por el prestigio lkvaron por igual al mercader a hacerse representar en los cuadros.

El mercader comparte con el noble y el clero de alto rango el deseo de aparecer bajo los rasgos del donante y hacerse inmortalizar en él. A veces, como en el tríptico de Meling «El Juicio Final», en el cual Tommaso Portinari y su mujer son pesados por el arcángel San Miguel, el mercader entra en la acción del cuadro. Pero los mercaderes sienten más que los otros el deseo de imponer a los contemporáneos y a la posteridad su presencia eternizada.

A ellos no les basta con hacerse representar a veces —raramente— con los atributos de su función, como el famoso pesador de oro y su mujer, o —lo que es más frecuente— en medio del lujo de sus interiores burgueses, como en el célebre cuadro de Van Eyck que representa a Arnolfini y su mujer. Ellos, que no tienen, como los nobles, los obispos y los abades, armaduras, emblemas, mitras o cruces que simbolicen su rango social, ponen más atención en que se reproduzcan exactamente sus rasgos.

El realismo del retrato, que responde también a otras causas de la evolución de la pintura, refleja el deseo del mercader que encarga un retrato, de ser reconocido gracias al parecido. No quiere que se le pueda confundir con otro, del mismo modo que en los negocios afirma la originalidad y el valor de su firma comercial.

Le gusta que en los cuadros se le represente en el escenario de su hogar, con los ricos muebles y los objetos cotidianos; y ese escenario, a la vez familiar y rico, desborda sobre la pintura religiosa.

Las vírgenes de la Anunciación y los santos retirados del mundo son representados como burguesas y burgueses en su hogar; tal, San Jerónimo, que abandona la gruta de la pintura primitiva por un despacho de mercader humanista. Le gusta también verse rodeado de su familia,sobre todo de sus hijos, prenda de la continuidad de su casa, de sus negocios y de su prosperidad.

A Arnolfini lo pintan junto a su mujer encinta, detalle realista, pero también símbolo de fecundidad, como la Madonna de Montercbi de Piero della Francesca.

Fuente Consultada: Mercaderes y Banqueros en la Edad Media de Jacques Le Goff – Editorial Universitaria de Buenos Aires

Biografía de San Agustín Filosofía Para la Teologia Cristiana

Biografía de San Agustín Padre de la Iglesia Cristiana

Colosal figura la del doctor de Hipona, que se levanta con sus dimensiones inabarcables en el momento en que va a hundirse el mundo antiguo para iluminar, con su sabiduría  de Dios, la ruta secular de la Cristiandad y el espíritu de Occidente.

En él brillan todavía los resplandores de la filosofía clásica, pues su profundo espíritu y sus portentosos conocimientos le permitieron toda clase de honduras especulativas.

san agustin de hipona

Pero lo esencial en su pensamiento es la actitud de arrebato cristiano, en la que alcanza posiciones intelectuales que muy pocos lograrán establecer.

En este doble aspecto, Agustín encarna y realiza la síntesis de aquella época.

Pero además puede decirse que su filosofía representa la evolución de su alma, sujeta primero a los desgarrones de fuerzas dispares y antagónicas, y vinculada más tarde a la inefable captura del amor divino.

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació en Tagaste (hoy Souk-Ahras, Argelia), el 13 de noviembre del año 354.

• Hasta los once años asistió a la escuela de su pueblo y luego se trasladó a la ciudad de Madaura (en la actual Argelia) para completar sus estudios.

• En el 370 viajó a Cartago (cerca de la actual Túnez) para realizar el profesorado de Retórica.

• Al año siguiente comenzó a vivir con una mujer, de la que tuvo un hijo llamado Adeodatus,que en latín significa ‘regalo de Dios’.

• A los diecinueve años regresó a su pueblo y empezó a trabajar como profesor de Gramática. En esta época se adhirió al maniqueísmo (antigua religión persa).

• En el 383 viajó a Roma (Italia), donde abrió una escuela de Retórica y abandonó la doctrina maraquea.

• Al año siguiente se trasladó a Milán (Italia) y se hizo cargo del puesto de profesor municipal de Retórica. Allí se convirtió al cristianismo y fue bautizado, junto a su hijo Adeodatus, por el obispo San Ambrosio.

San Agustín fue uno de los pensadores más importantes de la filosofía medieval) sus escritos sentaron las bases del pensamiento cristiano.

En su obra se destacan la autobiografía «Las Confesiones», donde admite sus pecados de juventud y su posterior camino a la fe; los tratados «De la vida bienaventurada», «La ciudad de Dios» y «Tratado de la Gracia», entre otros,
y también numerosas cartas, más de quinientos sermones y ensayos sobre los Evangelios.

Defensor de la fe
• Regresó a su pueblo, repartió su herencia entre los pobres y fundó un monasterio.

•  En el 388 murió su hijo.

•  Tres años más tarde viajó a Hipona (hoy, Argelia) y Valerio, obispo del lugar, lo ordenó como sacerdote.

•  En el 396 fundó otro monasterio y fue consagrado como obispo. En este momento comenzó a llamarse «Agustín de Hipona».

•  Murió en esa ciudad, el 28 de agosto del 430.

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Veamos ahora una biografía mas completa….

San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental.

Elaboró un método sistemático de filosofía para la teología cristiana.

Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios parten de la Biblia y los antiguos filósofos griegos.

Defensor enérgico del cristianismo, san Agustín elaboró la mayoría de sus doctrinas resolviendo conflictos teológicos con el donatismo y el pelagianismo, dos movimientos heréticos cristianos.

san agustin
San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia.

SAN AGUSTÍN nació en Tagaste (Numidia) el 13 de noviembre de 354.

No hay que exagerar su africanismo para explicar convenientemente su apasionamiento y su fogosidad verbal.

El mundo púnico, al tiempo de su nacimiento y formación primera, estaba completamente romanizado y Agustín fue entonces —y lo sigue siendo hoy — un occidental neto, en el sentido convencional que a este calificativo se atribuye.

Su personalidad constituye algo irrepetible, único, que sólo puede explicarse, si es que puede, desde dentro de sí misma.

La auténtica semblanza de su espíritu ha sufrido grave deformación, aunque ello suene a paradoja, gracias a su perenne actualidad.

Aparte el saber teológico y filosófico, Agustín ha proporcionado el bisturí para calar la entraña del hombre eterno y la lámpara para iluminar sus problemas de siempre.

Y hoy tendemos en exceso a encarnar hombre y problemas en encarnadura contemporánea que, a las veces, no le cae demasiado bien.

No se suele parar mientes, en cambio, en el hecho de que el valor de la psicología agustiniana y la razón excelsa de su profundidad estriba en ajustarse de modo cabal a su tiempo.

Entre otras cosas, Agustín fue — y pretendió serlo — un maestro del vivir; las cuestiones a que se volvió le hacían sangrar; fue apóstol tanto como pensador y su pensamiento se nutrió esencialmente de ese ir resolviendo los problemas cotidianos de sus ovejas y de la Iglesia católica, a la que sirvió (recalquemos esta expresión) como pastor «a fortiori».

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Consagración episcopal de San Agustín. Pintura de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — La figura más admirable de la pintura catalana del siglo XV es Jaume Huguet, hijo del también pintor Pere, natural éste de Valls. Se ignora con exactitud la fecha en que nació Jaume.

Pero en 1455 ya era pintor maduro y bien cotizado en bolsa monacal y diocesana.

A su favor, muchos valores: el juego excelente de las luces y los colores, y la disposición magistral de las escenografías para cada acto, para cada retrato, para cada función «de conjunto».

Jaume Huguet abrió taller propio en Barcelona y tuvo muchos y buenos discípulos, algunos de los cuales colaboraron con él y aun se hicieron confundir —en sus obras— con el maestro.

Una de las mejores, y últimas obras de Huguet, es esta Consagración episcopal de San Agustín.

A pesar de su exceso en los elementos puramente decorativos —oros, brocados, paños, relieves— es seductora en su evidente monumentalidad; y algunas cabezas, de dibujo perfecto y de gran carácter, recuerdan las creaciones del lusitano Ñuño Gongalves.

Por ello escojo, entre la abundante iconografía que el arte nos ha servido, la imagen más modesta y también más próxima: aquel fresco lateranense del siglo VI que nos presenta a un asceta consumido por su propio espíritu, enjuto y cuellilargo, algo calvo, ceñido por túnica algo más austera que la ciceroniana, quizá menos que la que en realidad le cubriera, que, con mano larga y afilada nos muestra, abierto de par en par, el gran libro de la Sabiduría divina.

Su mundo es un mundo tormentoso.

El Imperio se ha acogido, como a un clavo ardiendo, a la Iglesia de Roma. Ha perdido, por el contrario, el dominio efectivo sobre el sutil Oriente y se ve acosado por el bárbaro, cada vez con más insistencia.

Es un universo cuya universalidad va a cambiar de signo precisamente por haberse aferrado al de la Cruz.

La Iglesia, salvo en lo que ella misma se ha «constantinizado», es la única fuerza creadora que en él pervive; por eso, como un sarampión de espiritualidad, le brotan a diario las herejías.

La santidad de los inteligentes sabe, empero, sacrificar su propio impulso a la unidad necesaria, puesto que Dios es uno.

En lo temporal ha llegado la hora de la reflexión, de buscar en el pasado la coherencia necesaria entre los hechos para preparar, a su vez, el futuro: señal irremediable de decadencia; los sabios del tiempo —filósofos de la Historia— transformarán la decadencia en crisis.

Y de la crisis —y de la mano de Agustín, santo y sabio — brotará Europa.

Pero también es difícil su contorno particular.

El padre de Agustín, Patricio, es un burgués de los estratos bajos, cargado de responsabilidad pública y ligero de medios económicos.

Acaso es un hombre vulgar, honrado.

El hijo le reprochará, ásperamente, sus frecuentes violaciones de la fidelidad conyugal.

Pero, ciertamente, se ha sacrificado por dar al hijo una formación literaria, apta para «triunfar»; no ha llegado a conseguirlo y sólo mediante la ayuda de un amigo generoso, Romaniano, esos estudios pueden proseguir hasta los diecinueve años del mozo.

La madre, Mónica, ya es sabido, es una Santa con mayúscula.

Su santidad, tan difícil de entender en muchos aspectos para nuestra mentalidad, queda al abrigo de toda duda, en la entrega al marido (de quien consiguió el bautismo «in articulo mortis») y al hijo, sobre todo a éste.

Quien atribuyó a las lágrimas de la madre — ya sus oraciones — una gran parte de su enderezamiento a Dios.

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Retablo de San Agustín (detalle) de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — Entre las pinturas más admirables de Jaume Huguet están: Retablo de San Antonio Abad —que estuvo en Barcelona y quedó destruido durante la revolución de 1909—; Retablo de los revendedores, para la barcelonesa capilla de la iglesia del Pino; Retablo de los Santos Abdóny Senén, en la iglesia de Santa María, de Tarrasa;y este grandioso Retablo de la Consagración episcopal de San Agustín.

A mi juicio, lo más sorprendente de los pintores del medievalismo gótico, dentro y fuera de Cataluña, fue su capacidad asombrosa de auténticos directores de escena.

Saben perfilar los fondos, bambalinas y bastidores; saben colocar a los actores en armonía con los objetos; saben combinar los colores sin hacerles perder su exquisitez de miniaturas para antifonarios y códices.

Cada uno de los retablos de Jaume Huguet nos parece como si acabara de alzarse el telón de boca para iniciarse la representación.

En un medio familiar así, se comprende bien que un joven desordenado y ardiente no pudiera entregarse nunca a la vida sin remordimiento.

Su fruición, por ello, no sería nunca gozosa.

Aunque conviene, desde ahora, colocar ese «desorden» en su debido lugar.

Primeramente, porque Agustín fue siempre un gran estudioso y un buen estudiante. Y en el centro de su inquietud estaba, por encima de toda otra cosa, el saber; sus mismos extravíos lo revelan.

A sus diecisiete años, comienza una larga relación íntima con una mujer cuyo nombre no ha llegado a conocerse y que, de inmediato, le entrega un hijo, Adeodato (regalado por Dios: nombre significativo).

Le es absolutamente fiel y su recuerdo constituye una amarga espina que no logrará arrancarse jamás.

Dados los valores sociales en uso, es posible aventurar que, si no casó con ella, fue debido a su baja extracción.

No cabe duda de que Agustín sintió la lanzada de la carne, como la de la vanidad; pero tampoco, de que no vivió ni para una ni para otra.

Desde esa primera juventud descubrió que la esencia de la vida consistía en un deseo de amor y de ser amado (Confesiones, II, 2). Y el desorden, acaso, en entregarse sin la suficiente discriminación, a los mil rostros con que el amor se aparece.

De estas entregas le quedaba la amargura de no haber topado con el verdadero, porque, como diría él mismo, en anhelo que hoy es patrimonio de la Humanidad: «nos creaste para Ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descansa en Ti».

Intuitivamente por lo menos, se percató Agustín de que en el amor se hallaba la clave del conocimiento.

Tras su conversión supo ya que Amor, Fe y Conocimiento no se encierran en un círculo intelectual sin salida, sino que se implican y se enriquecen mutuamente, hasta llegar al Sumo Bien.

Mientras llegaba el momento cumbre de desagarrarse ante la gran Evidencia, Agustín estudió.

Es sabido que los historiadores atribuyen a la lectura del Hortensio, de Cicerón, el despertar intelectual de Agustín.

Mas su inteligencia despertó, con toda seguridad, con el primer vagido.

La retórica del enrevesado tribuno le impidió, de momento, tomar contacto fecundo con la sencillez de que la verdad se reviste.

Y no es, acaso, erróneo pensar que el pasaje de San Pablo que volvió su alma del revés, al condenar «las comilonas y embriagueces», venía a condenar, en lo hondo de su espíritu, esa embriaguez de palabras que oscurecía la preciosa luz del día.

En Tagaste, al principio, luego en Madauira, por fin en Cartago, Agustín, que jamás tuvo contacto directo con la filosofía griega, por desconocer esa lengua, asimiló el pensamiento romano, a través de comentaristas y glosadores de segunda o tercera mano.

Sus ojos quedaron deslumhrados, en un primer momento, por el oropel, que le empujó, literalmente, hacia el maniqueísmo.

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San Agustín enseñando en su cátedra. Siglo XV. Escuela de los Sansereninos. Pinacoteca Vaticana. Roma. — Deliciosa pintura. Seductor argumento: San Agustín, investido de toda su seriedad doctrinal y docente, preside, como si dijéramos vulgarmente, una clase nocturna para adultos.

En esta obra de arte no sabemos qué admirar más: si el cuchicheo y ciertos gestos distraídos de algunos de los alumnos, ya más que creciditos; si la soberana tranquilidad del prelado de Hipona; si la finura y la gracia de la composición de la escena.

Sumadas estas admiraciones en la mente del contemplador, queda en su memoria la perdurable visión de la más pura y sencilla escenificación y fórmula de la decisiva enseñanza; aun la de temas tan impresionantes como el de la gracia o el libre albedrío. (Porque el hecho de que algunos alumnos estén papando moscas, es excepción de todos los tiempos.)

Aquella extraña religión, sincrética de Cristo y Zoroastro, sin ningún rigor lógico ni humano, daba explicación sustancial al mal del mundo en un tono brillante y, sobre todo, misterioso, que forzosamente había de hacer más mella en el joven deslumhrado, que la escueta relación bíblica, en la que un Dios todopoderoso y extrañamente cruel sembraba, sin razón aparente, bien y mal a troche y moche.

Sin contar con que, dando al mal un cuerpo y una fisonomía concreta, aliviaba grandemente el peso de los remordimientos por una existencia demasiado libre.

A los veinte años, Agustín, fiel a su vocación, comienza su carrera de profesor: unos pocos meses en su ciudad natal y casi diez años en Cartago.

Fue, indiscutiblemente, un maestro excelente, de esos que, ganada la confianza de sus discípulos, los arrastran en pos de sí adonde quiera que se dirijan.

Y, en efecto, arrastró a muchos hacia el maniqueísmo, de donde luego hubo de rescatarlos con trabajo y pena y, desde luego, con gloria. Porque ya en esta época andaba muy tibio en el maniqueísmo.

Su contacto con Fausto de Milevo, gloria de la secta (hacia el 383), le persuadió de la vaciedad absoluta del dualismo básico de Bien y Mal. Su intelecto se había empachado ya de esoterismo y fórmulas mágicas; la poesía auténtica debía descansar en la verdad sin mácula.

Pasó, a fines de 383, a Roma, lo que suponía un paso de gigante en su carrera. Y más aún, la obtención, al año siguiente, de la cátedra — dotada con fondos municipales — de retórica, en Milán, residencia del emperador y cabeza del Imperio de Occidente. Mónica le había empujado hacia allí, por su parte, no sólo para cortar de raíz sus relaciones con la concubina, sino para sumergirle en la influencia benéfica de San Ambrosio, obispo de Milán.

Hay que suponer que, efectivamente, esta influencia se ejerció con fruto. Pero no de la manera directa y personal que suele creerse.

Agustín, al oír al obispo, comprendió que la religión católica no era un simple credo, propio para almas de pocos vuelos.

Ambrosio y sus amigos le convencieron que con su fe podía erigirse nada menos que toda una ciencia.

Pero el profesor númida tuvo pocas ocasiones de acercarse al hombre eminente; su timidez (envés hondo de su orgullo) impidió toda intimidad.

Por lo demás, su espíritu estaba ya maduro para dar el gran paso.

No eran ya razones doctrinales ni de principio su obstáculo; se trataba de la gran cuestión de renunciar de lleno a su triunfo en el mundo, a sus aspiraciones intelectuales (que empezaban a apreciarse con asombro en su derredor), puesto que rechazaba todo término medio.

Y sin embargo, dio el paso, aceptando sus inabarcables consecuencias.

Tenía treinta y dos años. Fra Angélico, desde el Museo de Cherburgo, nos sigue contando la escena.

Pasea con Alipio, su gran amigo, por un jardín recoleto, melancólico y sombrío; se adelanta unos pasos, buscando al dueño de una vocecita misteriosa que le ha susurrado en correcto latín: Tolle, lege.

Pero no encuentra sino una luz misteriosa que le hace caer de rodillas y cubrir su rostro con ambas manos.

Porque Agustín ya sabe lo que es aquello; y probablemente sabe de antemano lo que va a encontrar en el libro con que primero tope: «Revistámonos de Nuestro Señor Jesucristo y no tratemos de dar satisfacción a los deseos de la carne» (Romanos, XIII, 13).

Agustín termina su curso de Retórica. Se embebe más aún en el neoplatonismo de Plotino y Porfirio, que llegan a través de las versiones latinas de Mario Victorino, otro africano, y que suponen para la Iglesia de entonces lo que en el siglo XIII significaría el redescubrimiento de Aristóteles.

Mas, apenas se inician las vacaciones, se retira a Cassiciacum y se prepara a recibir el Bautismo y a organizar una vida de plena dedicación a Dios, en régimen monacal. Allí redacta sus Diálogos, que conservan de Cicerón únicamente la forma expresiva. Son alegatos contra los maniqueos, pertrechados en Platón y en los ambrosianos.

Recibió, por fin, el Bautismo, con su hijo Adeodato y su fiel Alipio.

Cuando se disponía a embarcar hacia África, en el puerto de Ostia, finalizó la dura tarea terrena de Mónica, bien lograda por cierto.

En Tagaste, rotas todas las ligaduras del pasado, organizó una especie de monacato intelectual, en cuyo centro estaba la exigencia de su hallada vocación de escritor al servicio de Dios.

Pero Dios le exigió, a su vez, un nuevo sacrificio.

En 391 y por aclamación popular, fue nombrado obispo coadjutor de Valerio, anciano pastor de Hipona.

Y a la muerte de éste, en 396, recae sobre su ideal de filósofo de Cristo, el peso de toda una diócesis, la predicación incesante, el consejo, la sentencia imparcial.

La Iglesia le llama para combatir nuevas herejías. Agustín accede por amor de Quien le ha elegido.

Pero no renuncia a su obra, persuadido como está de que ella constituirá su gran servicio.

Va madurando con lentitud y firmeza; su hilo conductor, la progresión de su espíritu, permite brotes prodigiosos, como lo son los Sermones, las Epístolas, o las Enarraciones sobre los Salmos, cuyo origen es, en la mayoría de los casos, circunstancial, pero que llevan a la ocasión toda la profundidad del espíritu que los concibe.

Al propio tiempo, en disputa con los nuevos herejes, donatistas y pelagianos, se va depurando el arsenal de su apologética y precisando los grandes temas de su meditación: Gracia y predestinación ; pecado original y mal; el alma humana.

Conviene detenerse un momento en estos temas, en su sentido profundo dentro de Agustín y en el que luego les ha cabido en la tradición agustiniana.

En disputa con los maniqueos, Agustín ha llegado a percatarse de que el mal no es una substancia.

Es, por así decirlo, un vacío de bien. Algo que debía estar repleto de bien y aún no lo ha conseguido.

En cambio, cuanto existe es bueno, como creado por Dios. Así se conciba la noción de un Dios suma bondad con la efectiva existencia del mal en el mundo; mal que proviene del pecado, libremente aceptado por el hombre, incluso en su faceta de pecado original.

Por su parte, Pelagio, monje británico de una rectitud moral a toda prueba, había desembocado, acaso cegado por esta misma ascesis que él había logrado para sí, en una negación de la Gracia santificante y redentora.

El libre albedrío del hombre, don divino, desde luego, puede por sí mismo conseguir la plena imitación de Cristo.

Agustín se ve obligado a aquilatar la esencia de esa Gracia y a dilucidar su papel esencial en la Redención.

¿Caerá en una defensa de la predestinación a ultranza? Los jansenistas, los pascalianos, que se proclaman seguidores suyos, así lo han creído.

Sin embargo, en Agustín juega la baza esencial el amor divino, siempre hallado por el hombre que lo busca.

En la inmensidad radical de ese Amor, ha de hallarse la solución a ese gravísimo interrogante.

La fe es, pues, operante. Y, desde luego, racional. Crede ut intelligas, esto es, sin duda, básico; pero a la vez intellige ut credas, puesto que la chispa de adhesión inicial engendrará un nuevo conocimiento y éste un nuevo pasmo ante el misterio inaccesible (y aquí es patente la discrepancia con el «embrutecimiento» pascaliano).

La existencia humana se teje en la fe, el conocimiento y el amor.

Y en ese tejer continuo, resplandeciente de obras, debe reposar — si es admisible este reposo paradójico — la esperanza definitiva.

Agustín se ve compelido, en esta tremenda disputa, a averiguar lo que, en realidad, es el alma humana.

Su problema divino absorbe todo.

El Alma y Dios. ¿Nada más? «¿Os parece poco?»

Ya estaba dicho en las Confesiones. Nada importa al hombre sino encontrar al Dios que lo hizo y descansar en El. Y Cristo lo había anticipado: quien quisiera salvar su vida la perderá. Así pues, el drama de la redención contempla a las almas.

El mundo es, primordialmente, un obstáculo. De aquí que el «desprecio del mundo» haya querido encontrar un patrono de excepción en el Doctor africano.

Y, sin duda, con acierto.

Pero no podemos desligarnos aquí tampoco de la circunstancia personal agustiniana, pues para él — ya lo vimos — fue efectivamente el mundo el gran obstáculo, en sus problemas pequeños y en sus grandes lazos.

Mas, no cabe duda, lo amó profundamente. Y, evidentemente, comprendió su belleza y comprendió — menos que San Pablo— los «poemas de Dios». Todos, empero, se absorbieron en el alma, perseguidora y perseguida por su Creador.

La encarnación de estas poderosas cuestiones en un hombre concreto, palpitante y nostálgico, es el nervio de las Confesiones.

Y éste es el sentido de su humanismo.

Su ir al fondo de la cuestión ha servido para apoyar tesis meramente psicológicas.

Su escalpelo de las pasiones, del olvido, de la memoria, están ahí al servicio de todos los investigadores, cualquiera que sea su punto de partida y el momento o plano en que decidan detenerse. Su razón profunda es la de la profundidad divina del alma humana, cifra de la creación.

Las Confesiones (397-399) con las Retractaciones (427) son la carne viva de toda la filosofía y teología agustiniana.

Allí está su porqué y su para qué. Todo en Agustín es hombre, porque todo es alma. Y no hay sino alma, porque la suya — y las de todos los hombres — busca a su Creador para descansar.

De su época de episcopado, época inquieta, con poco ocio intelectual (Concilios de Cartago — 409 y 419 —; de Milevio — 416 —) quedan, como condensaciones formidables de su actividad alucinante, tratados dogmáticos (De Trinitate, terminada en 419); comentarios a libros sagrados (Los seis dedicados al Génesis — 398 a 414 —; los 124 sobre el Evangelio y Primera Epístola de San Juan —415 y 416—).

Queda, sobre todo, un empeño único, de gestación laboriosa, distinto a todos los demás por su origen — otra vez, puramente circunstancial —, por los motivos que fueron preñando su desarrollo.

Y sobre todo por su destino, ya que fue esta empresa la que desligó al pensamiento agustiniano de su creador histórico y lo convirtió en patrimonio de ese agustinismo que tantas veces ha olvidado lo que fue el hombre: los veintidós libros de la Ciudad de Dios, escritos desde 412 a 427, de los que puede decirse, ante todo y sobre todo, que son la raíz nutricia de Europa.

En 412, se puso Agustín a la tarea de demostrar que la invasión de Roma por las hordas de Alarico no había sido venganza de los dioses postergados al Crucificado hebreo.

Un análisis a fondo de los hechos venía a comprobar que la «paz romana», poseída de su invulnerabilidad, era, por el contrario, sumamente corruptible y que únicamente por su aceptación del Cristianismo, pudo subsistir tanto tiempo desde que se iniciara la efectiva decadencia.

Sólo subsistirá, concluye Agustín, la ciudad fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí misma.

Por tanto, es preciso que la ciudad que «peregrina» hacia Dios, en el tiempo, funde en El su constitución. Y que su príncipe sea como el gestor de un quehacer temporal, pero trascendente. La ciudad de Dios peregrina en unidad hacia Jerusalén, huyendo de Babel («confusión», frente a unidad).

Es fácil advertir estos rasgos en la construcción política de Carlo-mágno y del Sacro Romano Imperio. Y fácil rastrear en todo el patrimonio espiritual occidental esta base profunda del Cristianismo, convertido en motor y aglutinante histórico, precisamente por su significado ultrahistórico.

El germen de toda Utopía — espécimen espiritual puramente europeo — está en esa noción de superar, por un ideal, la sujeción a espacio y tiempo.

Así, el llamado «agustinismo político» (Arquilliére) implanta a la vez, en la conciencia occidental, una preocupación primordial por el contacto entre presente y futuro.

En 427, cuando Agustín da cima a la visión increíble de la felicidad de los justos, sus fuerzas humanas tocan también sus últimas reservas. Debe resignar en Heraclio, su coadjutor, gran parte de las funciones pastorales. Cinco días a la semana podrá dedicarse a su obra escrita, sin otra tarea ni responsabilidad…

El camino queda despejado y claro. Agustín entra por él con toda abnegación y sin reserva. Pero sería erróneo suponer que su conversión es fulminante; que su paso de la noche a la luz se hace en un instante. Muy al contrario, la nueva luz encontrada ilumina, más a lo crudo, la magnitud de las cadenas del hombre. La última, la más pesada, la constituye el propio mundo que le rodea, en suma, la soberbia de la vida. Habrá que despojarse de ella sin dejar siquiera un rescoldo en el alma…

En 28 de agosto de 430 (día que la Iglesia le consagra) fallece. Unos meses antes los vándalos han llegado hasta su Numidia natal. El arrianismo que traen consigo se ha ahorrado un eximio debelador.

Ver: Obra Teológica de San Agustín

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad – San Agustín- Ediciones Cadyc

Biografia de Francisco Javier Santo Jesuita Misionero Español

Biografía del Santo Francisco Javier

San Francisco Javier (1506-1552), religioso jesuita y misionero español, llamado el Apóstol de las Indias. La figura de San Francisco Javier está considerada por los historiadores como una de las más interesantes y sugestivas de todas las épocas. Es cierto. La vida del santo andariego, desde que inició su gran aventura en plena juventud, resulta apasionante por la extraordinaria fe y el gran espíritu que presidieron todos sus actos.

Nació el 7 de abril de 1506 cerca de Pamplona (Navarra) y estudió en la Universidad de París, donde conoció, en 1529, al asceta español Ignacio de Loyola, al que se unió en 1534 para fundar la Compañía de Jesús. En 1537, año en que se ordenó sacerdote, se convirtió en primer secretario de la Compañía.

Como miembro de la Compañía de Jesús, empleó las lenguas y las costumbres nativas en su labor evangelizadora. Predicó en la India a partir de 1542 y, posteriormente, se trasladó a las islas Molucas, Ceilán y Malaca. Durante su estancia en Japón (1549-51) fundó diversas comunidades. Murió camino de China. Es el patrono de las misiones. Escribió Epístolas.

Francisco Javier

«Español auténtico, navarro de recio temple, jesuíta de la primera hornada, hombre esforzado y tenaz, apóstol de Oriente, vagabundo de todos los caminos, trotamundos infatigable, excepcional evangelizados fecundísimo misionero, titán de hazañas inigualables, aventurero de sublimes ideales, caballero andante de heroicas acciones, voluntad indomable, espíritu activo y arriesgado, hombre impetuoso y apasionado, inteligencia profunda, clara y muy viva, defensor acérrimo de los desamparados, alma de una generosidad ilimitada, ejemplar capitán de milicias espirituales, incansable predicador de la verdad en regiones lejanas e inhóspitas, tesonero luchador, sacerdote de corazón alegre, juvenil y humilde, carácter fuerte como la roca, penitente duro y áspero, místico soñador, y amigo de todos los peligros. Éste fue San Francisco Javier. Un Santo, como dicen muchos, muy a la española.»

Fuente: Celebridades Biblioteca Hispania Ilustrada Editorial Ramón Sopena

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

castillo donde nació francisco javier

Vista aérea del castillo de Javier, lugar de nacimiento de san Francisco Javier, situado en el extremo oriental de la Comunidad Foral de Navarra, próximo al límite con Aragón. El castillo de Javier, uno de los más pequeños y modestos de los muchos que esmaltaban la superficie de la España de entonces, considerado como un diminuto y casi insignificante guardián del paso hacia los Pirineos, superó en mucho la fama de sus otros hermanos mayores.

Escalera interior del castillo

Escalera interior del castillo en donde vivió Francisco Javier

PASAJES DE SU VIDA Y OBRA:
Francisco Javier comienza sus estudios en la Universidad de París:

En el mes de septiembre de 1525, Francisco de Jassu y de Azpilcueta, llamado Francisco Javier, cruzó la frontera de los Pirineos a lomos de su caballo, camino de la capital francesa. Con aquella marcha daba su adiós definitivo al castillo de Javier y a todos los suyos, pues nunca más volvió a verles. La buena doña María de Azpilcueta murió cuatro años después de la marcha del joven Francisco, y con esta muerte, el estudiante se sintió todavía más desligado de los suyos de lo mucho que ya lo estaba.

A pesar de que el viaje desde Navarra a París debió ser interesante, Francisco no dejó escrita ninguna referencia sobre él. Con ánimo bien dispuesto y ansioso de saber, dejó atrás su patria a la que siempre tuvo muy presente en su corazón, para mirar de frente el nuevo camino que se le abría. Con aquel adiós a Javier se cierra el capítulo más oscuro, menos conocido, de la vida de Francisco.

Francisco Javier inicia una relación con Ignacio de Loyola:

El día 2 de mayo de 1528 llega a la misma Universidad de París un español de treinta seis años, rubio, cojo que había hecho un largo camino desde la ciudad de Barcelona, ese español era Iñigo de Loyola, nombre que mas tarde cambiaría por Ignacio. Desde el mismo momento que conoció a Francisco notó las aptitudes de este como ayudante en sus planes religiosos, pero Francisco no tenía oídos para sus proyectos.

Ciertamente, Francisco no gastaba ningún miramiento con su compatriota, pero éste sabía callar y esperar. Ignacio nunca se enfadaba ni se molestaba, ni siquiera se entristecía por la actitud de Francisco. Estaba seguro de que algún día el incrédulo acabaría por creer, de que algún día se uniría a su causa, y de que juntos harían grandes cosas. Por eso no desmayaba ni cejaba en su empeño, e ignorando las burlas y sarcasmos del compañero, proseguía la tarea de atraérselo. Se dice, aunque no se tiene prueba de ello, que Iñigo disparaba una y otra vez en los oídos de Francisco: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?.» Y se dice también que al cabo ésta fue la máxima que presidió la obra de Francisco Javier.

Francisco Javier es Convertido a Jesuita:

Después de cinco largo años de reuniones, debates y cuestionamientos, Loyola logra convencer a Francisco. Poco después de haber pronunciado el triple voto (castidad, pobreza y peregrinación) , Francisco Javier se dispuso a realizar los «Ejercicios Espirituales». Se retiró a un lugar de las afueras de París, que sólo Ignacio conocía, y allí permaneció aislado del mundo durante cuarenta días, dedicado a las más severas penitencias y a las más profundas meditaciones. Aquellos días en su solitario retiro, solo interrumpido por las consoladoras visitas de Ignacio, fueron días de una lucha agotadora, gigantesca, digna del alma vehemente y apasionada que albergaba el cuerpo de tan gran español. Tan duros llegaron a ser sus martirios, tratando de castigar sus pasadas vanidades como atleta, que sus compañeros temieron que se le tuviera que amputar por lo menos uno de los brazos, pero no fue así.

Cristo en el castillo de Francisco Javier

Santo Cristo de Javier que se encuentra en el castillo. Es del siglo XIII y según la tradición sudó sangre el día de la muerte de Francisco

EL PEREGRINAJE DE SU CADAVER: En un ataúd de madera recubierto de cal, fue enterrado el cuerpo de Francisco Javier y sepultado al otro lado de la isla, frente al mar, en tierra de gentiles. Y allí quedó en su tumba solitaria, marcada sólo por unas piedras que el buen Antonio puso para que el mundo supiese dónde descansaba el cuerpo frágil y fatigado del jesuíta.

Pasado el invierno, a mediados de febrero de 1553, el Santa Cruz se dispuso para regresar a Malaca. Ninguno de sus tripulantes había pensado ni remotamente llevarse el cuerpo del misionero. Pero el chino Antonio, devoto hasta el fin, insistió una y otra vez cerca del capitán, Y consiguió que el ataúd fuese desenterrado de la playa y trasladado al barco, el cual atracó en el puerto de Malaca el 22 de marzo.

El recibimiento dispensado a los restos mortales del apóstol fue conmovedor y unánime. Una inmensa multitud le acompañó hasta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde tantas veces había resonado su voz. Se celebraron solemnes oficios por su alma, y se dio cristiana sepultura a su cuerpo, revestido de ropas sacerdotales, en una fosa cavada en la roca, detrás del altar mayor. Sin ataúd, en contacto directo con la tierra, sólo el rostro protegido por un lienzo blanco.

El 15 de agosto de 1553, cinco meses después de ser sepultado en Malaca, en esa fiesta de la Asunción que tan significativa fue en su vida, el fiel amigo del apóstol, Diego Pereira, y el heroico padre Juan de Beira se llegaron secretamente, por la noche, hasta la tumba de Francisco Javier.

Ayudados por unos hombres leales y a la luz de una linterna, desenterraron el cuerpo querido y comprobaron que estaba intacto, como dormido, con los colores de la vida en su rostro. Los dos amigos, llevando a extremos su devoción por el muerto, decidieron que la tierra pobre de Malaca no era digna de albergar en su seno aquel cuerpo bendito. Tenían que trasladarlo a Goa.

Rellenaron la tumba vacía. Y con el mayor sigilo y todas las precauciones, llevaron el cuerpo del misionero a casa de Pereira, donde lo encerraron en un féretro forrado de rica seda y cubierto de brocado.

El 11 de diciembre, cuando el apóstol ya llevaba más de un año muerto, el féretro con su cuerpo fue embarcado en un viejo barco que se dirigía a la India. Ni después de muerto pudo el eterno viajero librarse de las azarosas navegaciones y las más extrañas aventuras. Porque la travesía desde Malaca hasta Goa, con escala en Cochín, no fue precisamente tranquila. Y porque el hecho de robar su cuerpo de la tumba, guardarlo meses en una casa y embarcarlo hacia otro destino, todo en el mayor secreto, tampoco es una aventura corriente.

Goa recibió al apóstol muerto con una explosión de fervor y amor indescriptibles. El recuerdo del infatigable y andariego misionero sacudió el alma entera de la población, desde el virrey hasta el más pobre de los ciudadanos, y todos los pechos se llenaron de sollozos y los ojos de lágrimas.

Era la medianoche del 15 de marzo, Jueves Santo, cuando llegó a la playa, y era el amanecer del Viernes Santo cuando la multitud le dio su devota bienvenida, con un fondo de campanas al vuelo. Fueron cuatro días de incesante desfile ante el cuerpo incorrupto expuesto a los fieles.

Fueron cuatro días de respetuosa veneración y de escenas conmovedoras. Luego el cuerpo fue encerrado en una urna dispuesta por los jesuítas y sepultado en la iglesia de San Pablo, junto al altar, al lado del Evangelio. Pero tampoco allí el descanso terreno iba a llegarle, aunque él sí disfrutaba ya enteramente del descanso eterno y glorioso.

Sus reliquias fueron trasladadas de uno a otro lugar, en una peregrinación parecida a la que fue su vida. Era preciso examinarlas una y cien veces, para esclarecer los motivos de su incorruptibilidad. Por último, el cuerpo reposó tranquilo en la capilla donde actualmente se venera.

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

Por último, el papa Benedicto XIV proclamó al gran santo español, navarro de pro, patrón de la India y de todo el Este, y más tarde fue nombrado Santo Patrono de todas las misiones de la Iglesia católica.

Actualmente San Francisco Javier es venerado por todo el mundo, sin distinción de razas ni color ni religión. Él fue amigo de todos los gentiles, fue su apóstol, y todos los gentiles le tienen por un amigo aunque no se hayan decidido a abrazar la fe que él predicó con tanta ilusión Y no digamos de los cristianos, para los que San Francisco Javier es uno de los amigos más queridos, más sinceros, más propios. Es un símbolo, un ejemplo, un mito, una hermosa leyenda, una estrella.

 

Florencia en el Renacimiento Comercio, Burgueses y Política

Historia de Florencia – El Comercio De Los Burgueses -Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

De todas la ciudades de Italia, la mas civilizada fue Florencia. Sus ciudadanos habían empezado a enriquecerse en el siglo XII yendo a buscar a las ferias de Francia los baños burdos que se fabricaban en el norte. Los preparaban de modo que resultaran más finos, más flexibles y brillantes, y los revendían como telas de lujo a los musulmanes o a los grandes señores cristianos.

Florencia, ciudad-estado

El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central.

Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI.

Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez.

Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia.

En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes.

En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado.

Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

El Comercio de los Burgueses

En el siglo XIII, muchos ciudadanos de Florencia lograron grandes fortunas dedicándose al campo y la banca, y algunos de ellos prestaban dinero al rey de Francia. Pero la ciudad se hizo rica principalmente en los siglos XIV y XV, cuando estableció las grandes fábricas de paños.

Los pañeros de Florencia formaban una corporación denominada «Oficio de la Lana», pero no se parecían a los maestros de la Edad Media , que no eran sino pequeños patronos que trabajaban manualmente.

Eran ricos traficantes que compraban la lana en grandes cantidades, hacían que sus obreros la trabajasen y vendían el paño para obtener ganancia.

Tenían en los barrios más ricos de Florencia su tienda (boteche), que se distinguía por las armas del oficio (un carnero y una cruz), y era una gran sala abovedada que daba a la calle (subsisten aún varias en Florencia).

Allí se depositaban la lana y las drogas, se llevaban los fardos de paño y se recibía a los comerciantes extranjeros que iban a hacer compras.

Las piezas de paño que entregaban los tejedores eran enviadas a los tintoreros, que las teñían con plantas, sobre todo el glasto (pastel). Los tintoreros eran trabajadores más acomodados, que tenían su establecimiento y no trabajaban para un solo fabricante.

El paño pasaba todavía por los bataneros, con frecuencia establecidos en el campo, donde había molinos de agua, luego por manos de los aprestadores, los esquiladores, que cortaban los pelos con tijeras, los planchadores, los estiradores, los plegadores .

Los burgueses de Florencia, enriquecidos por el comercio, no quisieron permitir que siguiesen gobernando las antiguas familias nobles.

Las profesiones más lucrativas: notarios, banqueros, médicos, peleteros, pañeros, se organizaron en corporaciones llamadas artes (oficios), que se apellidaron mayores (superiores). Eran llamados también pueblo gordo (popólo crasso).

En 1282 hicieron una revolución. Los «priores de las artes» (jefes de los oficios) constituyeron jn gobierno llamado Señoría que se cambiaba cada dos meses. Se construyó un palacio, la Señoría, en el que moraban y comían juntos a expensas del Estado. Cuando hacían sonar la campana, todos los ciudadanos se reunían, sin armas, delante del palacio para deliberar.

Los burgueses de las «artes mayores», que habían logrado apoderarse del gobierno, obligaron a los nobles a matricularse en un oficio.

Los pañeros aprovecharon el poder de que gozaban para hacer reglamentos en provecho propio. Prohibieron a los obreros que trabajaban para ellos, cardadores, tejedores, bataneros, formar ninguna asociación o ponerse de acuerdo para reclamar mejor salario.

Hicieron reglamentos severos que ellos aplicaban, porque juzgaban a sus obreros. Les hacían pagar la mayor parte del Impuesto.

Los obreros, que no tenían miedo alguno de unirse para lograr mejores condiciones, se unieron a los enemigos políticos de los pañeros, sus patrones.

Los más pobres, los cardadores de lana, acabaron por sublevarse (1378). Pedían que se creasen tres «oficios» nuevos para ellos y los otros obreros de la lana. Les fue negado.

Entonces quemaron casas, invadieron el palacio de la Señoría e instalaron en él a uno de los suyos. Los obreros gobernaron algún tiempo. Pero pronto los cardadores se separaron de los demás, los ricos burgueses recuperaron el poder y ya no lo perdieron.

Los florentinos se distinguían por su hablar elegante y su afición a las poesías y los cuentos. Ya en el siglo XIV, los grandes escritores de Italia, Dante el autor del Infierno (1265-1321); Petrarca, el autor de los Sonetos (1304-1374); Boceado, el autor de los Cuentos (1313-1375), eran florentinos.

Más tarde vinieron los historiadores, Villani y, en el siglo XVI, Maquiavelo.

En Florencia se fundó la primera Academia, donde se reunían gentes de letras que se ocupaban del griego.

En el siglo XV Florencia fue la ciudad de los arquitectos y de los escultores, y entonces se edificaron el domo y la catedral.

Esta ciudad había llegado a ser la más rica de Italia y con el ejército que pagaba sometió casi toda la Toscana. Tuvo dos puertos. Pisa (1406) y Llvorna (1421), por los cuales pudo exportar directamente sus paños.

Había conservado su gobierno, que parecía ser una república. En realidad gobernaba una familia de ricos banqueros, los Médicis. Juan de Médicis, que murió en 1429, se había hecho popular logrando que se repartiera el tributo conforme a un registro en el que constaban todos los habitantes y su riqueza.

Su hijo Cosme heredó su casa de banca, su fortuna y su influencia.

Fue bastante hábil para avenirse a vivir como un simple particular; pero hizo se diesen todos los empleos a sus amigos y gobernó como quiso. Mandó edificar un palacio, ordenó la compra de manuscritos y fundó la biblioteca Médicis. Sus descendientes siguieron siendo dueños de Florencia.

Lorenzo de Medicis, el Magnífico

En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto.

El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte.

Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía.

Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo.

Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos.

Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres.

Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca.

Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa.

Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración.

En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores.

En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón.

Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola.

Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo.

Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico.

El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico.

Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV.

Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal.

Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola.

El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época.

En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho.

Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo

La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra.

Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad.

Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes.

En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos.

Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política.

Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos.

En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia.

Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas.

Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política.

El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular.

Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia.

Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada.

Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba.

A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales.

Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Ver:Historia Construcción Cupula de la Catedral de Florencia

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Arte Gótico y Románico en la Edad Media Resumen Descriptivo

BREVE DESCRIPCIÓN DEL ARTE GÓTICO Y ROMÁNICO MEDIEVAL

Fundamentada en la tradición romana, pero formada en la escuela carolingia, la arquitectura románica es la prueba irrefutable de la mentalidad profundamente cristiana que dominaba al hombre de la Edad Media a través de los movimientos políticos. Durante unos tres siglos, su crecimiento constante y armonioso estuvo caracterizado por el paso de la preponderancia alemana hacia Francia que logró superarla. Por su parte, España también aportó obras románicas únicas en su género, muchas de las cuales aún subsisten

Con su nombre, el estilo «románico» pretendió subrayar que era una continuación del que fue propio de la Roma republicana e imperial. Nació a principios de la Edad Media y se extendió, principalmente, por los países latinos. De construcción sólida, pesada y compacta, estuvo basado en algunos principios clásicos, a los cuales agregó otros, diferentes. Mantuvo, por ejemplo, casi intacta la planta de las tradicionales basílicas romanas, pero transformó sus muros, haciéndolos más consistentes. Reemplazó los techos de madera por bóvedas y cúpulas, hechas con piedras y ladrillos porosos.

Los ingleses lo llamaron «normandos«, porque fueron los normandos quienes, desde el norte de Francia, lo introdujeron en Gran Bretaña. En lacatedral de Durham, en Inglaterra, se aplicaron, para abovedar, procedimientos similares a los empleados en Normandía, copiados, a su vez, de otras construcciones francesas, italianas y españolas. Así, los lombardos, usaban vigas transversales y rellenaban los intersticios de las bóvedas con materiales más livianos.

El estilo lombardo se aligeró, en el Piamonte y en Liguria, por influencia de lamodalidad francesa. En Venecia, se relacionó con Oriente, como puede verse en la iglesia de San Juan de Rialto o en la catedral de Murano. En Florencia, Pisa, Lucca, etc., se evitó la bóveda y se dejó de lado la técnica ciclópea.

En Roma y en el Lacio, al igual que en Umbría, se reemplazó la solidez de la primera etapa con una tendencia menos pesada. Los adornos -que los bizantinos habían descartado del templo- reaparecieron y proliferaron los candelabros, las pilas bautismales ricamente labradas, las pinturas, las esculturas, los trabajos de orfebrería, las miniaturas y las piezas de madera tallada.

arte romanico edad media

Catedral de Durham (Inglaterra), comenzada en 1093.

arte romanico edad medio

Castillo de Rochester (Inglaterra). Comenzado en el s. XI, sólo subsiste el torreón. Es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura románica.

edad media arquitectura gotica

Nave central de la Catedral de Maguncia.

arquitectura edad media

Monasterio de Sania María en Ripoll (España). Construido en 888, fue restaurado 1.000 años después, en 1888.

Hasta el siglo II , por lo general los arquitectos eran monjes anónimos. Después, debido a la constante multiplicación de sus deberes, tuvieron que recurrir a los laicos. Como su nombre indica, el estilo románico emanó de la tradición arquitectónica romana, renovada durante la época de Carlomagno. Este estilo fue empleado en la construcción de castillos y, sobre todo, de iglesias. Éstas no sólo se utilizaban para el culto, sino también como mercado cubierto, pretorio y fortaleza.

Bajo la influencia bizantina, las iglesias desterraron el techo de madera de las primeras basílicas romanas y adoptaron pesadas bóvedas de medio punto, talladas en piedra y reposando a todo lo largo de los muros laterales, que apenas podían sostener un peso tan enorme. Los arquitectos de entonces: hicieron los muros muy gruesos, los sostuvieron por medio de contrafuertes exteriores, practicaron únicamente las estrechas aberturas de puertas y ventanas y reforzaron su resistencia con arcos de medio punto. A pesar de estas precauciones, temían que se vinieran abajo y, por prudencia, se limitaron a construcciones de dimensiones modestas, excepto en el caso de las iglesias de conventos y de las que eran centros de peregrinación.

A pesar de que la arquitectura románica se desarrolló de modo armonioso y constante, sufrió cambios tan importantes y violentos que parece indicado hacer una subdivisión en períodos distintos, la cual, sin embargo, no puede aplicarse a toda Europa, pues desde la segunda mitad del siglo xn Francia ya empezó a encaminarse hacia el gótico para llegar al gótico puro a principios del siglo XIII.

En la misma época, Inglaterra también dio comienzo a nuevos sistemas, pero Alemania todavía se mantuvo fiel a las formas tradicionales del arte románico. Sin embargo, intentaremos esbozar esta evolución.

En el siglo X, Alemania marcó la pauta en el terreno de la arquitectura. Las formas carolingias se respetaron de modo escrupuloso, casi servil, y esto constituye una de sus características. Los primeros cambios aparecieron en la segunda mitad de este siglo, y son la bóveda y el sistema de alternación. Pero no modificaron —por lo menos durante un tiempo— ni el volumen ni la forma de las construcciones. Siguió reinando la basílica de fondo plano, con apoyos uniformes (columnas o pilares), muros lisos y linterna sin redondear. De 1000 a 1100, en la primera época del románico, la piedra sin labrar fue progresivamente sustituida por la piedra de sillería.

A partir de 1090, aproximadamente, sólo se abovedó la nave central y se construyó una torre sobre la linterna. Mientras Alemania y Normandía seguían marcando la pauta, en Borgoña y el mediodía de Francia aparecían los primeros grandes edificios románicos.

De 1100 a 1180, durante el románico medio o alto, se sustituyó el techo plano por múltiples naves abovedadas. Aparecen las primeras bóvedas de aristas, columnas y arcos en haces, el deambulatorio y el triforio (estrecha galería que corre por encima de las arcadas de la nave central) y aumenta el número de torres y fachadas.

La aparición de la ojiva en Borgoña y de un nuevo arte en el mediodía de Francia proporcionó a este país la supremacía en materia de arquitectura. De 1180 a 1240, los edificios abovedados alcanzaron su máximo apogeo, la ojiva reemplazó al arco de medio punto y se desarrolló el sentido de las composiciones decorativas. Francia, que ya antes de finalizar el siglo xn había optado por el gótico, se impuso por lo que respecta a este estilo.

En España el arte románico dejó obras únicas en su género, como Santa María de Naranco (848), en Asturias; Santa María de Amer (941); el monasterio de Ripoll, y ese grupo de iglesias catalanas de torre cuadrada de la que es típico ejemplo San Clemente de Tahull. Joya del románico, iniciada en estilo asturiano, es la iglesia de San Isidoro, en León, así como la de San Martín de Frómista, en el camino de Santiago, ambas iniciadas en los primeros años de la segunda mitad del siglo XI. Notable es asimismo el grupo de iglesias románicas segovianas (San Millán, San Juan de los Caballeros, San Martín, San Lorenzo y San Esteban).

Durante este período se construyeron en España las catedrales de Jaca (hacia 1054-1063), Lugo (1129), Zamora (1151-1174), Santiago, los monasterios de San Pedro de Roda, San Juan de Duero, la Colegiata de Toro, etc.

El despertar de la arquitectura gótica estuvo íntimamente vinculado al rápido crecimiento de las ciudades. La ojiva simbolizaba la audaz vitalidad y la progresiva prosperidad de la joven burguesía. Nacido en las catedrales del norte de Francia, este nuevo estilo no tardó en conquistar victoriosamente toda  Europa occidental

ARTE GÓTICO MEDIEVAL: A fines del siglo XII y comienzos del XIII nació en el norte de Francia un arte nuevo que los germanos llamaron, posteriormente, gótico, palabra derivada de «Gott», que significa Dios, ya que las agujas en que terminaban sus torres parecían apuntar hacia el cielo.

El gótico, en sus comienzos, tomó en cuenta algunos de los principios del estilo románico. Pero aportó un cambio fundamental: hizo que las vigas de las bóvedas se apoyasen sobre pilares, en lugar de hacerlo sobre los muros. Las paredes dejaron de ser imprescindibles, reemplazándoselas, entre pilar y pilar, por coloridos vitrales.

Como se carecía de vigas de hierro, las estructuras tuvieron que hacerse de piedra, lo que obligó a realizar minuciosos cálculos para lograr una resistencia adecuada. Esa red de sutiles vigas, en el interior de la bóveda, recibió el nombre de «tracería». Se abandonó el arco redondo, de medio punto, característico del románico y se lo reemplazó por dos segmentos de arco destinados a encontrarse en un punto dado, que podía variar de ubicación según que el arco apuntado fuese más chato o más puntiagudo, originando la ojiva.

Después, en lugar de los contrafuertes con que se solían reforzar los pilares para que aguantasen, lateralmente, la presión de las piedras de la bóveda, se recurrió a los llamados «arbotantes» (arcos que sirvieron para contrarrestar el empuje de los principales), los cuales completaron el andamiaje de la bóveda gótica.

La tracería, por dentro, y los arbotantes, por hiera, apoyados sobre pilares, aliviaron la estructura de los edificios, sin perjudicar la solidez del conjunto. Los múltiples adornos, como las trabajadas esculturas de los pórticos del crucero, en las catedrales góticas de Chartres o de Estrasburgo, y las estatuas —como, por ejemplo, las de los fundadores en la catedral de Naumburgo, cuya nobleza y vigor son notables-combinaban su serena riqueza con el prodigioso juego de los vitrales multicolores, con la minuciosa ilustración de los libros manuscritos y con la pintura «al fresco» en las paredes.

Finas piezas labradas -en metal o en marfil-, como una estatuilla en plata de la Virgen, realizada en 1339 por el orfebre francés Jean de Evreux (que puede verse en el Museo del Louvre), completaban el estilizado conjunto.

La pintura «al fresco» recibió este nombre porque se decoraban las paredes de ese modo, es decir cuando el estuco aún estaba húmedo. Así lo hizo, por ejemplo, sobre los muros de la capilla dell’Arena, en Padua, el famoso pintor florentino Giotto di Bondone, que vivió entre los años 1266 y 1337 o sea en plena culminación de la Edad Media.

Para quitarle rigidez a las figuras, se les imprimió una forma ondulada, a la manera de una S. Hay trabajos imbuidos de una soltura y de una espontaneidad naturales que, a veces, mediante el agregado de un simple toque, invaden el campo de lo anímico y de lo temperamental. Esa naturalidad se reflejó en los pliegues de una túnica, en la tersura o en las arrugas de la piel, en la delicadeza de un gesto.

Por eso el estilo gótico -cuya importancia, durante la parte final de la Edad Media, fue equivalente a la del románico durante la primera- lo superó en grandeza, convirtiéndose en el modelo más acabado de la magnificencia medieval. La fuerza y la sugestión del estilo gótico, que sella e identifica toda una época y le da carácter no solamente en el campo del arte sino, también, en el de la historia, irradia más allá del foco nordeuropeo de su nacimiento y, adaptándose a los antecedentes y tradiciones de otras lejanas tierras, llega a los confines del mundo medieval. Tal expansión se plasma, por ejemplo, en Suecia: la catedral de Upsala lo representa con acusadas líneas no exentas de fervor.

Y en los Países Bajos la catedral de Utrech lo patentiza hacia fines del año 1300. Pero no iba a quedar circunscripto solamente a estos ámbitos. Por influencia de las Cruzadas penetró en Medio Oriente y en Siria reaparecen sus testimonios, concretados arquitectónicamente en fortalezas como la de Krak de los Caballeros y en varias iglesias latinas. También en la isla de Chipre este influjo se hace nítido, como para probar su universalidad y la vigencia de su mensaje. Y así, la catedral de Nicosia y la de San Nicolás, en el peñón de Famagusta, recogen en plena área mediterránea el impulso que, en sus comienzos, fue de indudable concepción septentrional.

 

Catedral de Chartres

Interior de la Catedral de Chartres

Catedral de Well en Inglaterra

ALGO MAS SOBRE EL ESTILO GÓTICO:

En Francia, el desarrollo del nuevo estilo arquitectónico, el gótico, coincidió con una sorprendente evolución en el terreno político. En efecto, en esta misma época (1150) los reyes empezaron a extender y consolidar su autoridad. Junto a esta tendencia a establecer el orden y la estabilidad política, se esbozó también un fuerte impulso económico favorecido por la prosperidad de las poblaciones urbanas. Además, la Iglesia atravesaba un período próspero, y la vida intelectual adquirió un amplio desarrollo que culminó con la fundación de la universidad de París, a principios del siglo XIII.

En la segunda mitad del siglo XII se construyeron algunos edificios, como la iglesia abacial de Saint Denis y Notre-Dame de París. En otros lugares florecieron los elementos característicos del nuevo estilo, como la bóveda sobre crucero de ojivas, que estaba formada por aristas reforzadas por arcos empotrados en la manipostería.

Las secciones triangulares entre las nervaduras se rellenaban con un material más ligero. En los edificios góticos, la ojiva representó por último un papel constructivo. Los planos arquitectónicos pudieron ser más audaces con la ojiva que con el arco de medio punto, pues permitía que gran parte del peso de la bóveda descansara sobre los pilares. Sin embargo, al principio los edificios góticos adoptaron importantes elementos románicos.

En la famosa catedral de Chartres, construida durante la primera mitad del siglo XIII, no aparece ninguno de estos elementos. En ella el gótico florece en todo su esplendor. Esta famosa iglesia comprende tres naves y un hondo coro, con deambulatorio y capillas o absidiolas. Las molduras de las columnas acentúan más aún la sensación de fuga hacia lo alto.

En algunos puntos, los gruesos muros del arte romanico han sido reemplazados por maravillosas vidrieras (como el rosetón que corona la fachada principal).

Desde este momento se abre paso el gótico. En todas las grandes ciudades aparecen espléndidos edificios, tanto en París (la Sainte Chapelle recibe, con frecuencia, el sobrenombre de «joya del arte gótico») como en Reims o Amiens. La iglesia de Beauvais, cuyo coro es tan grande como una catedral (48,20 m), representa el punto culminante alcanzado por la arquitectura gótica.

El estilo de las catedrales francesas superó al de los demás países. En Inglaterra, el coro de Can-terbury, construido en 1175, según las ideas fundamentales de Gui-llaume Sens, abrió nuevos horizontes. Otro francés, Geoffroy des Noyers, trazó los planos de la catedral de Lincoln. En el siglo xiv, debido a la riqueza de su ornamentación, el gótico inglés, del que constituye un bello ejemplo la catedral de York, recibió el nombre de decorated style. En el siglo xv se construyeron las ricas bóvedas del King’s College de Cambridge y la capilla de San Jorge de Windsor.

A partir de 1220, España también contribuyó al florecimiento del gótico. A este estilo pertenecen las catedrales de León, Burgos, Toledo, Palma de Mallorca, etc. El mudejar influiría en el gótico en la catedral de Sevilla. En Portugal incluso se mezclaron elementos indios, como en el convento de Batalha. En Alemania, él arco de medio punto se mantuvo durante más tiempo, pero con la construcción de la catedral de Colonia, a mediados del siglo xm, el gótico acabó implantándose definitivamente.

El estilo particular de las catedrales de Siena, Orvieto y Florencia demuestra que los italianos no comprendieron del todo el partido que se podía sacar del nuevo estilo. Sólo el domo de Milán, que, sin embargo, fue en gran parte obra de arquitectos alemanes, se puede comparar a las demás catedrales góticas. Más tarde, un historiador del arte italiano, Giorgio Vasari (1511-1574), pensando en estos arquitectos germanos, dio despectivamente a este estilo el nombre de «gótico», palabra derivada de «godos», es decir, «bárbaros».

El gótico también fue muy brillante en los Países Bajos, gracias a la prosperidad de las ciudades. Difundiéndose, sobre todo, a través del valle del Escalda, este nuevo estilo entró en el condado de Flandes. Algunas veces, este gótico primitivo que aparece en la iglesia de San Nicolás de Gante y de Nuestra Señora de Pamel en Aude-narde, recibe el nombre de gótico alanceado.

Pero en Flandes la arquitectura gótica no se limitó a la construcción de iglesias: la fastuosa vida urbana permitió que se aplicase a edificios de utilidad pública. Así nacieron los mercados, atalayas y casas consistoriales, entre las que merece citarse la de Alost, construida en la primera mitad del siglo xm. Hacia mediados de este siglo, el gótico puro triunfa en el coro de la catedral de Tournai. Sin embargo, este estilo no alcanzó su plena madurez hasta el siglo xv, en Brabante. Numerosas iglesias, como la de Saint Rombaut en Malinas y las casas consistoriales de Bruselas y Lo-vaina, testimonian la excepcional brillantez del gótico en estas regiones.

Como cierto poeta dijo, el gótico es un cántico de alabanza que la arquitectura de Europa elevó al Señor.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 3 Arte Gótico y Románico Medieval

Biografía de Brunelleschi Arquitecto del Duomo

VIDA Y OBRA DE FELIPE BRUNELLESCHI, ARTISTA DEL RENACIMIENTO

Filippo Brunelleschi (1377-1446), nació en Florencia (Italia) en  1377, fue un gran artista italiano, y se lo considera uno de los maestros fundamentales de la transición hacia el renacimiento.

Sus aportaciones, como la recuperación de los motivos clásicos y la capacidad para trasladar a sus obras las leyes matemáticas de la proporción y la perspectiva, le convirtieron en el primer arquitecto de la edad moderna.

Recibió una formación de escultor como numerosos arquitectos del Renacimiento (Miguel Ángel, Sansovino).

Formó parte del gremio de los orfebres y participó en 1404 en el concurso para la nueva puerta del baptisterio de Florencia.

Ese mismo año, el artista alcanzó la fama con el encargo de la construcción del duomo que corona la catedral.

La altura del edificio, la amplitud de la cúpula, su peso, hicieron de esta empresa una hazaña, un proyecto arquitectónico que sólo un ingeniero podía enfrentar.

Felipe Brunelleschi

Ver:Historia Construcción Cupula de la Catedral de Florencia

FLORENCIA EN EL SIGLO XV: A comienzos del siglo XV, Florencia salió de una dolorosa crisis política y bancaria.

Su resistencia a los ataques exteriores fue estratégica, pero también cultural y artística. La ciudad buscaba imponerse como el centro de un mundo nuevo, tomando como referencia el modelo de la Antigüedad.

Las corporaciones florentinas, que reunían un número creciente de artistas, convocaron numerosos concursos para responder a importantes encargos públicos y privados, con lo que dieron inicio a un nuevo tipo de mecenazgo.

El carácter «comercial» del contrato que ligaba el encargo al artesano-artista tuvo gran éxito en la historia de las artes.

En los concursos, los artistas más dotados se destacaban. Y entre ellos se produjo una fuerte competencia.

Tal es el caso de la iglesia de Orsanmichele: llamaron a los mejores escultores (Donatello, Lorenzo Ghiberti, Nanni di Banco) para decorar una serie de hornacinas (nichos) originales y ostentosas en el exterior del edificio.

Pero los concursos más famosos fueron los de la cúpula de Santa María del Fiore y el de las puertas del baptisterio.

Corría el año 1401. En Florencia, ciudad que estaba alcanzando la cumbre de su desarrollo económico, la vida artística bullía intensamente.

Una de las consecuencias de esa efervescencia artística fue el concurso abierto para la segunda puerta del Bautisterio, en el que participaron los más grandes escultores de la época.

Entre ellos se presentó un joven, Felipe Brunelleschi, que interpretó el tema propuesto: «El sacrificio de Isaac», representándolo en una placa de marco mixtilíneo con una violencia dramática, un vigor de formas y un preciso sentido del espacio completamente nuevos e inesperados en la escultura florentina.

La placa sorprendió mucho a los jueces: en efecto; se trataba del primer paso hacia la revolución artística que poco después desencadenaría el mismo Brunelleschi, junto con Donatello y Masaccio, en la capital toscana.

Sin embargo, el concurso fue ganado por Lorenzo Ghiberti, cuyo gusto, con tendencias aún góticas y sensible a las elegancias estilísticas de Andrés Pisano, era más fácilmente comprensible para los florentinos de su tiempo.

Sacrificio de Isaac

El sacrificio dc Isaac Lorenzo Ghiberti, 1401-1402 Museo del Bagello, Florencia
De la simplicidad a la tensión dramática. El abandono del estilo gótico (es decir, «bárbaro») a partir del siglo xv condujo a los artistas a buscar en la Antigüedad para renovar su lenguaje plástico.

No obstante, el dominio de la perspectiva fue considerado el verdadero progreso. Una obra innovadora.

Ghiberti organizó su composición en torno de la diagonal formada por el saliente rocoso, dividiendo el espacio terrestre que concentra la dimensión anecdótica (los dos sirvientes, el asno y la lagartija) y el espacio donde se desarrolla la acción divina, cuyos protagonistas son Abraham, Isaac y el ángel.

Con este relieve de gran fluidez, que evidencia un dominio del arte del bronce (el relieve fue fundido en una sola pieza), el joven Ghiberti creó una fórmula Innovadora, verdadero manifiesto de los nuevos tiempos, legitimado por el jurado.

El SACRIFICIO DE ISAAC Felipe Bruneileschi, 1401-1402 Museo del Bargello, Florencia La maestría de la técnica. Por el contrario, Bruneileschi inscribió la escena en un triángulo.

En la base se encuentran los dos sirvientes encorvados. En lo alto, Abraham, con el cuerpo y los brazos estirados, sostiene firmemente la cabeza de Isaac en su mano, mientras que un soplo divino levanta su toga. A la Izquierda aparece un ángel. Este sujeta el brazo de  Abraham y le muestra el carnero para el sacrificio.

El juego de manos y el intercambio de miradas confieren a esta enérgica escena toda su tensión. Sin embargo, la técnica empleada por Bruneileschi fue menos innovadora que la de Ghlberti, ya que las piezas fundidas en forma separada fueron posteriormente montadas sobre la plancha de bronce.

La fineza del pulido de los más mínimos detalles revela, no obstante, un gran dominio de la técnica del bajorrelieve.

Felipe Brunelleschi había expresado claramente sus ideas reformistas con la placa presentada en el famoso concurso de 1401.

Desgraciadamente han desaparecido los testimonios de los estudios que siguieron a dicha placa en el campo de la escultura, y también los de sus primeras pinturas.

Pero no hay duda que estaban destinados a confirmar, como las dos tablillas en que representó en perspectiva el Bautisterio y el Palacio de la Señoría, los nuevos principios en que se fundaba su lenguaje artístico.

Y fue luego en el campo de la arquitectura, con la Cúpula de Santa María de la Flor (o Fiore), con el Hospital de los Inocentes, con la Basílica de San Lorenzo, donde dio la medida plena de su genio creador.

En abierto contraste con las delicadezas rítmicas del gótico, a la sazón consideradas ya como germánicas y «bárbaras», concibió un arte que fuera una manifestación nacional, o, mejor aún, un exponente de la latinidad.

Por otra parte, corresponde a Brunelleschi el mérito de haber inventado la perspectiva científica; es decir, de haber organizado sobre sólidas bases matemáticas la representación, en un plano bidimensional, de los elementos tridimensionales de un edificio.

Se trataba de crear un orden, fijando relaciones y proporciones claras y armónicas entre los diferentes órganos de la construcción, agrupándolos en una unidad de espacio de modo tal que todas las líneas esenciales del edificio parecieran confluir naturalmente hacia un único punto de fuga.

El límpido y racional equilibrio propio de las primeras construcciones de Brunelleschi, no es sino el reflejo de la claridad intelectual de sus concepciones arquitectónicas.

Fiel a dichas concepciones, Brunelleschi prosiguió su actividad proyectando la Sacristía Vieja de San Lorenzo y la Capilla de los Pazzi, una obra maestra absoluta del arte, en la que la serena geometrización, especialmente en el interior del edificio, determina un ritmo maravilloso.

La Iglesia del Espíritu Santo, en la que perfecciona el plano de San Lorenzo,  fue la última  de  sus  grandes  obras.

La construcción de Santa María del Fiore

Después de la demolición de Santa Reparata, en 1296, Arnolfo di Cambio emprendió ios trabajos de la nueva catedral, Santa Maria del Fiore, concebida para ser la más bella de la Toscana.

La elección de una larga nave con cúpula octogonal fue adoptada definitivamente en 1357, pero la construcción de la cúpula planteó rápidamente problemas técnicos y quedó pendiente.

En 1418 se realizó un concurso, seguido por otro en 1420. Brunelleschi y Ghiberti fueron premiados en abril de 1420 y nombrados «expertos de la cúpula» con el contramaestre Battista de Antonio.

En 1436, la construcción de la linterna fue también motivo de un concurso. El jurado escogió el modelo de Brunelleschi, destacando la calidad de su iluminación, su ligereza y su resistencia a las intemperies.

Cupula Catedral de Florencia

León Battista Alberti escribió a propósito de esta monumental empresa arquitectónica que debía ser el símbolo del esplendor de Florencia en el Renacimiento: «¿Qué arquitecto antes de ti, Filippo [Brunelleschi], osó construir un conjunto de tales dimensiones, erigido hacia el cielo y tan grande como para poder cubrir con su sombra a todos los toscanos y ejecutarlo sin cimbra ni envigado?.

Tu habilidad es tan grande […] que parece increíble para los contemporáneos como ignorada por los antiguos».

Obras del Arquitecto  Brunelleschi

La maestría de la arquitectónica. Brunelleschi, inspirándose en técnicas de la Antigüedad, consiguió hacer la cúpula más ligera: creó un doble cascarón (interno y externo) con una vía de circulación entremedio, eliminando así los contrafuertes exteriores y ofreciendo una lectura simple de los volúmenes.

Un zuncho de madera fue colocado sobre el borde del tambor, en el cual se levantaron una estructura de ladrillos «en espina de pez» y tres niveles de largas piedras, unidas entre sí por cadenas de hierro.

En la cima, la linterna cumple la función de clave de bóveda de la cúpula: su peso asegura la estabilidad del conjunto del sistema estructural.

FELIPE: BRUNEL-LESCHI (1377-1446): Nave central de la Basílica de San Lorenzo.Florencia. La suprema claridad lineal de los perfiles de piedra y la maravillosa concepción perspectiva de la Basílica de San Lorenzo, revelan el talento de Felipe Brunelleschi, que entre 1421 y 1428 se dedicó a la reconstrucción del hermoso  edificio.

FELIPE BRUNELLESCHI   (1377- 1446): Palacio Fitti. Florencia.
Entre las varias construcciones civiles atribuidas a Felipe Brunelleschi, se puede contar con cierto fundamento e! Palacio Pitti, a pesar de los substanciales agregados  posteriores.

FELIPE BRUNELLESCHI (1377- 1446):Hospital de los Inocente Florencia (1419-1424)

La influencia de Brunelleschi fue enorme entre sus contemporáneos y sus sucesores inmediatos, como Michelozzo, Donatello o el propio Ghiberti, e incluso ha llegado hasta el siglo XX, dado que los críticos modernos le han destacado como el primer arquitecto racionalista.

En su tiempo ya fue considerado como una de las figuras más decisivas del renacimiento italiano, el gran genio que reformó el arte medieval y definió el nuevo orden interno y el lenguaje arquitectónico. Murió en Florencia en 1446.

Fuentes Consulatadas:
ARTERAMA  Fasc. N°53 Editorial CODEX Enciclopedia de las Artes
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
Historia Visual del Arte Edit. Larousse

Tratado de Bretigny PrimerAcuerdo de Paz en la Guerra

PRIMER TRATADO DE PAZ EN LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

El primer Tratado de Paz en la Guerra de los Cien Años, se puso en marcha a partir de la Paz de Brétigny, en 1360. Inglaterra logró ciertas ventajas, pues quedó con poseción de importantes zonas de Francia. Debido a la ausencia (estava cautivo) de Juan II de Francia, Carlos V, hijo de Juan toma la regenciay en 1369 reinicia la guerra.Una fuerza naval de laCorona de Castilla, aliada ésta con Francia, destruyó en 1372 una flota inglesa en elgolfo de Vizcaya. Las tropas francesas, que, bajo las órdenes del condestable Bertrand du Guesclin, evitaron enfrentarse a campo abierto con los ingleses, se dedicaron a hostigarles y a cortar sus suministros.

ANTECEDENTES DEL TRATADO: Había que pensar entonces en negociar con el rey de Inglaterra, El 8 de mayo de 1360,   el  delfín  y  el   Príncipe  Negro   se reunían en Brétigny, pueblecito de la Beauce, y decidían los preliminares de paz. El Ducado de Aquitania, Calais y el Ponthieu quedarían bajo la soberanía del rey de Inglaterra, el cual no estaría sometido en lo sucesivo a ningún vínculo de vasallaje.

El rescate de Juan el Bueno se fijaba en tres millones de escudos de oro. El rey sería liberado, a la entrega del primer plazo, y. los otros rehenes, cuando se hicieran efectivas las seis anualidades restantes. A cambio de ello, el rey de Inglaterra renunciaba a sus pretensiones sobre Francia.

A finales de octubre, el rey de Francia, liberado, desembarcaba en Calais, donde se habían ratificado solemnemente los preliminares de Brétigny. En apariencia, la paz de Calais, ponía fin a la guerra. Pero, una pequeña cláusula que había hecho insertar el hábil delfín Carlos, la cual estipulaba que la renuncia del rey de Inglaterra al reino de Francia y del rey de Francia a la soberanía de Aquitania serían objeto de un acuerdo especial que se firmaría después de la entrega de los territorios (Poi-tou, Saintonge, Périgord, Limousin), había de tener repercusiones considerables.

En el otoño de 1362, cansados de su exilio dorado, los dos hijos menores de Juan el Bueno, Luis de Anjou y Juan de Berry, concertaron con Eduardo III el desastroso tratado de los Rehenes, en el cual prometían doscientos mil escudos y la entrega de los principales castillos del Berry a cambio de su libertad. Eduardo los dejó llegar hasta Calais, pero se negó a liberarlos antes de que los Estados franceses hubieran ratificado este tratado; mas bajo la influencia del delfín, la asamblea de Amiens rechazó el tratado.

Entonces, el joven Luis de Anjou, se dio a la fuga. Juan el Bueno, considerándose deshonrado por tal acto, fue a constituirse prisionero del rey de Inglaterra. Su exilio fue de corta duración, ya que murió en Londres el 8 de abril de 1364. El delfín Carlos se convertía en rey, con el nombre de Carlos V.

Coronación de Carlos V

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Historia Oton I Emperador del Sacro Imperio Romano Vida

HISTORIA DE OTON EL GRANDE, EMPERADOR

El 2 de febrero de 962 después de Jesucristo, en la Basílica de San Pedro, de Roma, se repetía la misma ceremonia con la cual, en el año 800, Carlomagno había sido reconocido emperador del Sacro Imperio Romano: el papa Juan XII colocaba la corona imperial sobre la cabeza de Otón I, rey de los germanos.

En esa forma, después de casi dos siglos, resurgía el Sacro Imperio Romano. Y como se lo debía a un soberano alemán, fue llamado Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón I, llamado El Grande, fue rey de Germania (936-973) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (962-973). En el ejercicio del primero de sus citados títulos, su reino se vio consolidado y fortalecido.

Obtuvo el dominio del norte de la actual Italia al contraer matrimonio con la reina viuda de Lombardía, Adelaida, a la que había ayudado a derrotar al usurpador Berengario II. Coronado emperador del Sacro Imperio por el papa Juan XII, pretendió la subordinación de la Iglesia a la autoridad imperial.

oton el grande

LUCHA CONTRA LOS FEUDATARIOS
El mismo día de su coronación como rey de Alemania (año 936) Otón I quiso mostrarse magnífico con los feudatarios que intervinieron en la ceremonia: asignó a cada uno de ellos importantes cargos de corte (chambelán, comandante de caballería, etc.).

Con dicho acto, el joven soberano quiso demostrar que deseaba vivir en armonía con todos los nobles de su reino.

Pero, aquélla tuvo breve duración: poco después, los feudatarios más poderosos (los duques de Bohemia, de Franconia, de Suabia) se rebelaron con la intención de constituir en sus territorios reinos independientes.

Sin embargo, no tardaron en comprender que tenían que habérselas con un soberano enérgico, dispuesto a hacer reconocer a toda costa sus derechos de rey.

Efectivamente, Otón I enfrentó a los feudatarios rebeldes y, después de dos años de guerra, logró derrotarlos y someterlos a su autoridad.

Y como se dio cuenta de que tarde o temprano los feudatarios volverían a rebelarse, Otón I les quitó el dominio de muchas tierras y las concedió en feudo a hombres de la Iglesia (especialmente obispos, que tuvieron el título de condes).

Una vez que hubo consolidado su poder en Alemania, Otón pudo considerarse el soberano más poderoso de Europa, y tratar de alcanzar la meta a que aspiraba desde hacía años: hacer resurgir el gran imperio fundado por Carlomagno y destruido por sus sucesores.

El programa no era ciertamente fácil: para reconstituir la unidad del Imperio Carolingio había que someter a los reinos de Francia y de Italia, que hacía tiempo se habían independizado.

VICTORIA SOBRE LOS HÚNGAROS
Cuando todo parecía ir perfectamente, Otón recibió una tremenda noticia: hordas de húngaros, procedentes de las regiones danubianas, habían invadido Alemania. Dejando el trono de Italia a Berenguer II, que ie había hecho acto de sumisión y promesa de fidelidad, Otón regresó a Alemania para enfrentar a los invasores.

En una sangrienta batalla, librada en las cercanías de Augusta, Otón I logró exterminar al ejército enemigo. Merced a esta victoria, los húngaros fueron expulsados para siempre a sus tierras de origen.

OTÓN I EN ITALIA
Mientras Otón meditaba planes para poner en ejecución su gran programa, he ahí que la fortuna le salió al encuentro inesperadamente.

Adelaida, viuda de Lotario, rey de Italia, le pidió que se dirigiera a ese país para ayudarle a recuperar el reino, que le había usurpado Berenguer II, marqués de Ivrea.

Para liberarse de Berenguer, también los feudatarios italianos se sintieron inclinados a reconocer la autoridad del rey extranjero.

A Otón I no podía presentársele una ocasión más favorable para poner pie en la península italiana.

En septiembre de 951 llegó a Italia, donde no encontró ninguna resistencia. Berenguer, despavorido, se había refugiado en Ivrea. Adelaida, que esperaba ser repuesta en el trono de Italia, fue pedida como esposa por Otón I. Así, este soberano obtuvo lo que deseaba: Italia podía considerarse uno de sus reinos.

REY DE ITALIA Y EMPERADOR
Mientras tanto, Berenguer II no sólo había actuado como si fuera un rey independiente, sino que también trató de conquistar los territorios de la Iglesia. Entonces, el papa Juan XII, para defenderse de la amenaza de Berenguer, decidió pedir ayuda a Otón I.

Y he aquí que en el invierno de 962, Otón I llegó nuevamente a Italia. Los príncipes y prelados italianos se reunieron en Milán, declararon a Berenguer derrocado y ofrecieron el reino a Otón I.

Poco después, en Pavía, el soberano alemán fue coronado rey de Italia. Alemania e Italia, unidas, podían formar un imperio.

Otón I pensó, entonces, que había llegado el momento de ceñir la corona imperial. «Si, con la ayuda de Dios, Roma me ve entre sus murallas —escribió al Papa— yo levantaré con toda mi potencia a la Iglesia Romana y a Ti, que eres su Jefe».

Una declaración de esta naturaleza no pudo dejar insensible a Juan XII. Otón I fue coronado emperador, y al papa Juan XII le pareció que en ese momento resurgía en Europa el Sacro Imperio Romano.

LA IGLESIA AL SERVICIO DEL IMPERIO
En cuanto logró su coronación, Otón I se apresuró a dar a conocer sus verdaderas intenciones. Mediante un edicto estableció que el derecho de nombrar a ios pontífices correspondía solamente al emperador. Si en el tiempo de Carlomagno, el imperio había estado al servicio de la Iglesia, ahora, con Otón I, la Iglesia se encontraría sujeta al imperio. No obstante, Otón I no había finalizado sus planes de conquista. Ahora aspiraba a la posesión de Italia meridional, aún en manos de los bizantinos. . Pero, en 973, cuando se preparaba para llevar a cabo la conquista, murió a la edad de 61 años, después de 37 de reinado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – Oton I Emperador

Cronologia y Hechos Principales de la Edad Media

La Edad Media – Cronologia y Hechos Principales

la edad media

bullet-historia1 Resumen de la Edad Media
bullet-historia1 La Vida en la Edad Media
bullet-historia1Los Bárbaros y Los Primeros Reinos
bullet-historia1 Las Cruzadas
bullet-historia1 Ordalías o Juicios de Dios
bullet-historia1 Los Árabes y Mahoma
bullet-historia1 La Religión Musulmana
bullet-historia1 El Imperio Carolingio
bullet-historia1 Origen del Pueblo Eslavo
bullet-historia1Las Segundas Invasiones Bárbaras
bullet-historia1 El Feudalismo
bullet-historia1 El Sacro Imperio Romano Germánico
bullet-historia1 La Iglesia de Cristo
bullet-historia1 La Iglesia Medieval y el Feudalismo
bullet-historia1 Los Monasterios y Ordenes Religiosas
bullet-historia1 La Intolerancia de la Iglesia Cristiana
bullet-historia1 Los Orígenes de las Universidades Medievales
bullet-historia1 Arquitectura Románica – Las Catedrales Góticas
bullet-historia1El Imperio Bizantino
bullet-historia1Los Mongoles
bullet-historia1La Caída del Imperio Romano de Oriente
bullet-historia1 Crisis de la Sociedad Feudal
bullet-historia1 La Leyenda del Rey Arturo
bullet-historia1 CIVILIZACIONES AMERICANAS
bullet-historia1 Civilización Maya
bullet-historia1 Civilización Azteca
bullet-historia1 Civilización Inca

La Edad Media Características y Hechos Principales

El período que se extiende desde la invasión del Imperio Romano por los bárbaros hasta el descubrimiento de América, se conoce con el nombre de Edad Media.

Comprende desde el año 500 al 1500 de la historia europea. Las modernas investigaciones han demostrado que no se puede considerar este largo período de mil años en un solo bloque, ni tampoco se lo puede caracterizar como una época de obscuridad.

sociedad en la edad media

Los primeros siglos de esta Edad, desde el año 500 al 1000, reciben la denominación de Edad de las Tinieblas. Es el momento en que los bárbaros conquistan y se asientan sobre los territorios del Imperio Romano.

Estos pueblos mantuvieron la estructura romana, pero continuaron y acentuaron la «barbarización» de la literatura y las artes. Sólo los obispos ayudaron a conservar los cuadros del antiguo Imperio.

A partir de esta época los mapas de la historia de la civilización señalan no tanto las ciudades, residencias a menudo cambiante de los reyes bárbaros, como las sedes episcopales o las innumerables abadías, tan perfectamente adaptadas a la nueva sociedad rural de esta época.

Hubo leves renacimientos, como el que impulsó el rey ostrogodo Teodorico en el siglo VI; el que surgió en la España visigoda con san Isidoro (siglo VII), y el que floreció en el siglo VIII con Carlomagno, mas luego se caía en la más obscura indiferencia.

Sin embargo, estos bárbaros apenas cristianizados dieron origen a la gran cristiandad medieval y a varias literaturas en lengua «romance», como la italiana, la española, la francesa, la portuguesa, la rumana. Éste es uno de los hechos más importantes de la cultura occidental.

Con las invasiones, las actividades del espíritu y de la inteligencia se refugiaron en los monasterios.

Cuando a fines del siglo XI amaneció una época mejor, los monjes pudieron legar a las nuevas generaciones la antigua tradición occidental helenística cristiana que habían salvado.

La cultura monástica se extendió por la parte occidental del viejo Imperio Romano, por Alemania, Europa central, Irlanda, Escocia y Escandinavia. La parte oriental del Imperio perduró como Imperio Bizantino hasta la ocupación de su capital, Constantinopla, por los turcos, en 1453.

En el siglo XII la vida económica resurge con las Cruzadas. Nuevas ciudades nacen al abrigo de los castillos, y al amparo de las catedrales florecen las escuelas y los estudios.

Eh medio de este siglo, aparece Petrarca, el precursor de los grandes humanistas que en el siglo siguiente han de imprimir a la cultura y a la vida una dirección basada en las expresiones de la antigüedad.

En el siglo XIII todos los valores espirituales creados por la Edad Media llegaron a su plenitud. La cultura alcanza una especie de clasicismo. La sociedad feudal, que ya había cambiado sus rudas costumbres por una vida cortesana y unos ideales caballerescos y elevados, llega a un alto grado de refinamiento.

La monarquía va imponiendo su autoridad a los señores y produce perfectos modelos de reyes caballeros, como san Luis de Francia, Fernando III el Santo, de Castilla.

Las escuelas episcopales fructifican en una serie de universidades. Las enseñanzas de grandes maestros como Tomás de Aquino originan un pensamiento exclusivo y cristiano: la escolástica.

El arte alcanza su plenitud en el estilo gótico y las lenguas románicas producen las más variadas y altas formas de expresión. Se ha dicho, y tal vez con sobrado fundamento, que el siglo XIII es el más grande de los siglos.

Durante el siglo XIV la civilización cristiana se agita en terribles crisis, que llegan a destruir sus valores más genuinos: la crisis religiosa del cisma de Occidente, la crisis política de la guerra de los Cien Años, con el resurgimiento de la anarquía feudal; la crisis social, con la decadencia del ideal caballeresco y la crisis de la filosofía, con la decadencia de la escolástica.

A principios del siglo XV, mientras en Florencia reina un ambiente antigótico y optimista, que convierte a Italia en el primer centro de difusión del Renacimiento, en los demás países se asiste al otoño o declinar de la Edad Media. De los hombres se apodera una profunda inquietud religiosa provocada por místicos y rebeldes. El final del siglo es señalado por el descubrimiento del Nuevo Mundo y la exploración de las rutas de la India.

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FECHAS PRINCIPALES DE LA EDAD MEDIA

Muerte de Clodoveo, rey de los francos 511

Muerte de Teodorico el Grande 526

Fundación de la orden de los Benedictinos 529

Se completa el Código de Justiniano 529

Destrucción del reino ostrogodo en Italia 552-553

Invasión de Italia por los lombardos 565

Nacimiento de Mahoma 559

Huida de Mahoma de La Meca 622

Muerte de Mahoma 632

Los sarracenos conquistan Egipto y Siria 639

Pipino funda la dinastía Carlovingia en Francia 657

Los sarracenos conquistan el norte de África 709

Los sarracenos conquistan a España 713

Carlos Martel derrota a los musulmanes invasores de Francia 732

Carlomagno, rey de los francos 771

Carlomagno coronado emperador de Occidente 800

Muerte de Carlomagno 514

Final separación de los francos del Este (alemanes) y del Oeste (franceses) 557

Elides (u Odón) elegido «Duque ele Francia» 558

Raúl, el normando, se establece en el Sena 911

Otón el Grande, emperador de Alemania 936-973

Hugo Capeto, rey de Francia 953

Ruy Díaz de Vivar, «el Cid» 1026-1099

Enrique III, emperador de Alemania 1039-1056

Hildebrando (Gregorio VIl), es elegido papa 1073

Querella entre Gregorio VII y Enrique IV 1075

Enrique se somete a Gregorio 1077

Muerte de Gregorio VII 1085

El concilio de Clermont 1095

Primera Cruzada 1096-1099

Sitio de Antioquía 1095

Fundación de la orden del Cister 1098

Asedio de Jerusalén 1099

Segunda Cruzada 1147-1149

Federico Barbarroja, emperador de Alemania 1152-1190

Aparición de los valdenses 1160

Saladino subyuga el Egipto 1171

Tratado de Constanza 1153

Saladino invade la Palestina y toma Jerusalén 1187

Tercera Cruzada 1189-1192

Muerte de Saladino 1193

Cuarta Cruzada 1202-1204

Cruzada contra ios albígenses 1209-1229

Fundación de la orden de los Franciscanos 1210

Fundación ele la orden de los Dominicos 1215

Cruzadas posteriores 1215-1270

Luis IX (San Luis), rey de Francia 1226-1270

Cruzada de Federico II (Alemania) 1228

Cruzada de Luis IX (Francia) 1249

Dante Alighieri 1265-1321

Felipe IV el Hermoso, rey de Francia 1285-1314

Sitio de San Juan de Acre y fin de la dominación cristiana en Palestina 1291

Primera Liga suiza 1291

Traslado de la sede papal a Aviñón 1304

Petrarca 1304-1374

La independencia suiza 1318

Chaucer 1340-1400

Felipe VI de Valois, rey de Francia 1325-1350

Invasión de Europa por los turcos otomanos 1355

Batalla de Sempach 1386

Batalla de Nafels 1385

La «Unión de Calmar» 1397

Derrota y captura de Bayaceto por lamerían 1402

Martirio de Juan Huss 1415

Concilio de Constanza 1415

Apogeo de los Médicis en Florencia 1434

Aparecen los primeros libros impresos conocidos (Biblia) 1450

Expulsión de los ingleses de Francia 1453

Los turcos toman a Constanstinopla 1453

Luis XI, rey de Francia 1461-1453

Derrota y muerte de Carlos el Temerario, en Nancy 1477

Expulsión de los moros de España 1492

Primer viaje de Colón 1492

Vasco de Gama llega al Asia doblando el cabo de Buena Esperanza 1497

Suiza se separa formalmente del Imperio germánico 1499

Ver: Completo Resumen de la Edad Media

Biografias de Grandes Músicos y Pintores de la Historia

Biografías de Grandes Músicos y Pintores de la Historia

Los hombres hacen su historia y construyen civilizaciones. Desde hace millares de años, y a partir del momento en que los primates comenzaron a utilizar las manos, los ojos y el cerebro racionalmente, diferenciándose de los otros animales, millones de hombres pasaron por la superficie de la Tierra.

La mayoría de ellos, limitada por sus condiciones personales y sociales, no dejó rastros en la Historia. Otros, en cambio, políticos, científicos, filósofos, religiosos y artistas lucharon, innovaron y modificaron el mundo y la realidad que los rodeaba y, al proceder así, hicieron Historia.

Esos personajes se proyectaron más allá de su mera condición de individuos, para conquistar un puesto destacado en la transformación del destino colectivo de la humanidad.

Algunos de ellos desempeñaron un papel más trascendente que otros. Pero todos, indistintamente, con el aporte que brindaron de acuerdo con sus posibilidades, forjaron las bases del gran edificio de la civilización contemporánea.

¿Por qué Mozart, Bach, Beethoven, Shakeaspeare, Miguel Ángel, y otros tantos personajes históricos se hicieron famosos?. ¿Lo fueron gracias a su talento o también debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir? ¿Fueron más  afortunados que los demás o tuvieron más sensibilidad e intuición que sus contemporáneos?.

Leer sus biografías, significa sobre todo conocer la vida y la obra de los grandes hombres de la historia.

Aquí solo presentamos algunas de las vidas de los individuos que, en mayor medida, han contribuido a hacer la Historia en el Arte.

Estos protagonistas son también los protagonistas de nuestra memoria colectiva, aquellos a quienes se recuerda (con independencia de que la importancia real que tuvieran en su época fuera quizá menor que la que tuvieron otros, a quienes hemos preferido olvidar).

La literatura, las artes y la música tienen ahí también su influencia, así como la toponimia e incluso las canciones infantiles, perdurando hasta nosotros nombres y figuras que quizá de otro modo se habrían perdido con el paso del tiempo.

La celebridad ha sido, por tanto, un criterio de inclusión de algunos personajes en esta página, en atención al lector que pudiera interrogarse por esos nombres conocidos. Y es que, en definitiva, es la curiosidad del lector el elemento que dará a este post su sentido último, al guiar la lectura de un personaje a otro.

Agregamos otro gran personaje, que merece estar en esta lista y es importante que leas sobre su vida, se trata de Leonardo Da Vinci, haz clic para llegar a su biografía.

Grandes de la Música
Artistas y cientificos renacentistasArtistas y cientificos renacentistasArtistas y cientificos renacentistas
Amadeus MozartJohann S. BachBeethoven
Grandes de la Literatura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
ShakespeareDante AlighieriMiguel Cervantes
Grandes de la Pintura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
Miguel ÁngelVan GoghPablo Picasso

Características de la Sociedad Feudal Las Clases Sociales o Estamentos

Características de la Sociedad Feudal- Las Clases Sociales o Estamentos

LA SOCIEDAD FEUDAL: A comienzos de la Edad Media, el mundo europeo se componía esencialmente de dos tipos de hombres: campesinos (labradores) y nobles (hombres de guerra).

Los otros estratos sociales (comerciantes y artesanos), situados entre estos dos tipos, eran poco numerosos y de relativamente poca importancia.

Durante aproximadamente un milenio, hasta el 1100 d.C., la vida se ruralizó sin profundas alteraciones: los campesinos trabajaron cada familia en su lote.

El labrador, ligado a la tierra desde la época de Diocleciano y Constantino, seguía el destino de ésta, sin desplazarse de una región a otra; estaba ligado social y económicamente al señor, a sus herederos o a los compradores de la tierra que trabajaba.

Era la servidumbre de la gleba. No podía emigrar ni huir, ni podía, por lo tanto, ser clérigo (sacerdote o intelectual), ni comerciante. Parte de lo que producía el campesino se destinó al noble —el »defensor»— a quien había sido confiado aquel feudo, y otra parte era entregada a la Iglesia.

Con la primera invasión de los bárbaros —nuevos señores—, y en especial a partir de la segunda (la de los normandos), sobre todo para la defensa, el señorío adquirió un acusado tinte militar: el antiguo propietario fue sustituido por el noble feudal.

El noble feudal, a su vez, había recibido estas tierras de otro señor —noble de mayor jerarquía— a cambio de su vasallaje.

Este vasallaje se traducía siempre en un pago fijo: trigo, madera u otros productos, más el compromiso de presentarse delante del señor en caso de guerra con tantos hombres armados y luchar por y con él o defenderlo en toda otra ocasión.

sociedad feudal

Había campesinos libres y pequeños nobles con pocas tierras y grandes nobles con numerosos feudos que arrendaban a terceros, constituyendo una pirámide de vasallaje.

En algunos territorios aparecen los reyes, elegidos —personalmente o como dinastía— entre los grandes nobles y por ellos también destronados muchas veces.

Es un mundo inmóvil. En la base de la pirámide, los campesinos ligados a la tierra, formando con ella una unidad productiva: el feudo.

Sobre esa base, una sucesión de pequeños, medios y grandes vasallos, de los cuales salían los reyes.

Paralelamente a esa pirámide, se erguía la pirámide de la Iglesia, también propietaria de feudos, pero con características propias.

Gracias al celibato clerical, sus tierras no se dividían entre herederos. En compensación, un hombre pobre, siempre que fuera libre podía ascender con mayor facilidad en la Iglesia que en el mundo laico.

Aquella base económica facilitó la organización de la Iglesia como el único gran poder centralizado del período y le permitió desempeñar importantísimo papel.

Los reinos medievales no tenían ninguna semejanza con las naciones modernas.

Un rey disponía de poder total sobre sus propios feudos (heredados, comprados o conquistados) y de un poder limitado sobre los de sus vasallos.

Las fronteras de sus dominios iban variando de acuerdo con los casamientos, alianzas, traiciones y juramentos de vasallaje.

Cuando los reyes morían, los herederos repartían el territorio del reino en varias partes: eran propietarios de tierra con vasallos, no jefes de un país o nación.

El universo feudal se presentaba, así, profundamente atomizado. Mas esa fragmentación llevaba, paradójicamente, a un cierto universalismo que dominó el pensamiento medieval.

Si todo el mundo estaba organizado de esa misma forma, si en todos los lugares la Iglesia disponía de los mismos poderes, y si todos los hombres respetaban costumbres semejantes, entonces todos los lugares se equiparaban y todos los hombres que los habitaban podían ser medidos por los mismos patrones y valorados de la misma manera.

Los intelectuales —en su abrumadora mayoría eclesiásticos, si se exceptúa a la minoría judía, generalmente alfabeta— poseían una visión más cosmopolita y unitaria de la especie humana, de su destino y de sus deberes.

En ese mundo, todos tenían su lugar designado, incluso antes de nacer. Como la nobleza era hereditaria, los recién nacidos ocupaban automáticamente el lugar del padre en la pirámide de la jerarquía feudal. La movilidad entre las categorías sociales era mínima. Pocos ennoblecían y sólo algunos campesinos entraban a formar parte del clero, aunque a veces llegaran a papas.

La sociedad feudal típica se dividía en estamentos hereditarios (estrato social específico con funciones propias), algo diferentes de la rigidez de las castas hindúes (se podía ennoblecer y desnoblecer), pero con menor flexibilidad que la sociedad de clases (división económica) de la Europa occidental moderna.

Basicamente estaban:

1-Los que oraban, el clero

2-Los que guerreaban, la nobleza

3-Los que trabajaban, los campsinos

ESQUEMA DE LA SOCIEDAD FEUDAL

cuadro sociedad feudal

LA VIDA EN LOS CAMPESINOS EN UNA ALDEA MEDIEVAL

LOS ALDEANOS: Los aldeanos en la Edad Media no eran dueños de la tierra que cultivaban. Francia estaba dividida en grandes dominios que pertenecían a los señores y a las iglesias. Cada dominio comprendía toda una aldea y su término.

El dueño se había reservado una parte de la tierra y la explotaba directamente. Todo el resto era cultivado por los aldeanos del dominio. Un dominio grande se llamaba villa y los aldeanos se llamaron villanos es decir, moradores de la villa.

Los campesinos habitaban casitas bajas, por lo común hechas con tablas y barro. Cultivaban sobre todo el centeno, la avena y el trigo. No se conocía aún el maíz ni la patata, y las mismas legumbres entonces conocidas no se cultivaban más que en los huertos de los señores y de las gentes de Iglesia.

El campesino no producía más que lo que era su sustento, y se alimentaba sobre todo con pan de centeno y avena cocida. Su trabajo consistía principalmente en labrar la tierra, sembrar, rastrillar, recoger la cosecha y trillar el trigo, sus instrumentos de labranza eran los mismos usados en la antigüedad.

Había también dehesas donde se llevaba a pastar el ganado, pero casi nunca prados artificiales, y el ganado del campesino era, por lo común, pequeño y delgado.

Se conservaban casi en todas partes grandes montos de encinas y hayas, en los que el villano podía cortar árboles para hacer su casa, fabricar sus instrumentos y quemar leña en su hogar.

A los montes enviaba también sus cerdos para el engorde. La carne de cerdo era casi la única que comían los villanos.

Cada familia cultivaba la misma tierra, de padres a hijos, tierra que no podía quitarle el señor que era el dueño. Pero en cambio tenía muchas obligaciones para con el señor.

Todos los años el villano pagaba al señor una pequeña renta en dinero, el censo, fijada por una costumbre muy antigua, y que no aumentaba. Pagaba otra, la talla, impuesta a cada familia, en ocasiones una vez, otras varias veces al año, según quería el señor.

Pagaba tributos en especie que se llamaban costumbres, gavillas de trigo, de avena, de hierba, vino, huevos, gallinas, cera, o un carnero, un cerdo, una cabra.

El villano debía ¡r a trabajar en la tierra que se reservaba el señor. Era la prestación personal. Debía, cierto número de días al año labrar los campos del señor, recolectar sus trigos, segar la hierba de sus prados, llevar a su granja las gavillas de grano y la hierba, labrar sus viñas, trillar su trigo, hacer reparaciones en los edificios, cuidar del buen estado de los caminos, de los fosos del castillo y de los estanques. Para estos trabajos debía llevar sus animales de labranza y sus carretas.

Tenía que llevar su trigo a moler al molino del señor, su pan a cocer al horno del señor, su uva al lugar del señor para hacer el vino.

Había de pagar cada vez que así hacía y no podía ir a otra parte; además estaba sometido a la justicia del señor. Si contravenía algo de lo establecido, le pagaba una multa.

Si era condenado por un crimen, el señor ordenaba su ejecución y confiscaba todos sus bienes. Contaba el señor entre sus rentas «su justicia», es decir, el derecho de imponer las multas, derecho que vendía o compartía con otro, siendo frecuente que un señor poseyera un cuarto o una mitad de la justicia de una aldea.

Los villanos eran entregados sin defensa a los caprichos del señor propietario de su aldea, porque tenía el derecho de juzgarlos y no podían pedir justicia a nadie contra él.

Ni siquiera tenían derecho a reunirse para el arreglo de sus asuntos sinn licencia del señor. En Nor-mandía, el año 996, los villanos intentaron emanciparse.

«El señor, decían, lo toma todo, hay demasiados tributos y cargas, no nos queda nada de nuestro trabajo». Tuvieron reuniones secretas y juraron apoyarse unos a otros. Pero los señores descubrieron el complot y se prendió a los descontentos.

No todos los villanos eran iguales. Algunos, llamados francos, descendían de hombres libres que habían venido a ser terratenientes del señor.

No pagaban más que tributos fijos y tenían derecho a irse renunciando a su tierra. Los otros, llamados, siervos, descendían de antiguos esclavos (es lo que quiere decir la palabra latina servus).

El señor no podía tratar al siervo como se trataba al esclavo romano, encerrarlo, venderlo, apoderarse de su mujer, ni siquiera quitarle su tierra. Pero conservaba el derecho de imponerle tributos y fijaba los trabajos que para el señor había de ejecutar.

Al siervo podían imponérsele cuanto tributo se quería, es decir, según la «merced» (piedad) del señor. No podía abandonar su tierra.

Pero el señor consentía algunas veces en fijar los tributos y las cargas a cambio de una suma de dinero, y a esto se llamaba igualar (fijar un límite) o emancipar.

Entonces los que habían sido siervos quedaban en situación de francos. De esta suerte fue disminuyendo el número de siervos, y a fines de la Edad Media sólo se les encontraba en algunas comarcas del este y del centro.

FORTUNAS BURGUESAS SOSTIENEN LAS CORONAS

Esa sociedad, tal como fue descripta, representa, sin embargo, un modelo ideal. Quiere decir que nunca existió de esta forma en estado puro.

Durante toda esa época, siempre existió en lo alto de la pirámide nobiliaria la tendencia de los nobles más poderosos a unificar todo el sistema feudal bajo un único centro y en un solo Estado, de la misma forma que ocurriría en la Iglesia (las tentativas más audaces fueron efectuadas por Carlomagno y, posteriormente, por varios emperadores del Sacro Imperio, como Federico II).

Pero esa unificación jamás se dio porque ninguna categoría social dirigente estaba interesada en un «Estado paneuropeo».

Los únicos que se empeñaban en ello eran los candidatos a emperador y algunos juristas e intelectuales, pero, sin el apoyo de una clase social importante, los sueños de unidad imperial morían con los interesados.

Entretanto, precisamente cuando la Iglesia Católica, bajo Gregorio VII, parecía haber vencido definitivamente a los emperadores, que no querían ser sólo el «brazo armado» unificado de un soberano, juez o arbitro general religioso, Europa comienza a fragmentarse en naciones que se sustraen a su imperio.

Algunos reyes consiguen lo que los candidatos a emperador no habían conseguido antes: poder para luchar contra los grandes nobles rivales y contra la Curia centralizadora. Y la fuente de ese poder es el dinero.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad H.W. Van Loon
Enciclopedia Encarta 2000
Historia Medieval Tomo II Editorial Kapelusz
Wikipedia
Historia Universal Tomo I Navarro-Gargari-Gonzalez-Lopez-PAstoriza
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I
Trabajo Enviado Por: Pedro J. Jacoby Para Planeta Sedna    (10-05-2012)

¿Que es la sociología?

Siglo de Oro Italiano Representantes y Caracteristicas

Historia del Siglo de Oro Italiano

EL SIGLO DE ORO ITALIANO:  A pesar de las guerras, Italia, aunque dividida, mantuvo el liderazgo artístico, que Vasari teorizó fundando la historia del arte, con su obra La vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores.

Roma reemplazó a Florencia, convulsionada por problemas políticos. Los papas convocaron a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci para construir y decorar el Vaticano. En Mantua, los Gonzaga edificaron el Palacio del Té y en Ferrara, ciudad de Ariosto, los Este también iniciaron construcciones.

En Urbino, refinada corte principesca protectora de las artes, Castiglione escribió el Libro del cortesano. Venecia ocupó en tanto un lugar decisivo en la producción artística de la península.

Tiziano, Tintoretto y Veronese recibieron encargos de las principales cortes principescas. Palladio innovó tanto en la arquitectura civil como en la religiosa, elaborando las normas de un clasicismo que influiría a Europa por largo tiempo. A la armonía sobria y serena del apogeo del Renacimiento, se impuso el manierismo.

Papa Urbino

A pesar de este nombre los siglos XV y XVI carecieron en Italia de figuras comparables al Dante, pero sí ofrecieron mayor variedad de géneros y una clara influencia oriental y clásica. Ludovico Ariosto (1474-1533) tuvo por mecenas el cardenal Hipólito de Este.

Dante Allighieri

Su fama como poeta era tan grande que en cierta ocasión en que cayó prisionero de un grupo de bandidos, al enterarse éstos de que habían capturado al autor de Orlando furioso, no sólo le devolvieron la libertad sino que le colmaron de honores.

En esta obra relata las hazañas de Orlando y el sitio de París, atacado por los infieles. Las hazañas de los cruzados para tomar Jerusalén fueron cantadas en un poema heroico titulado La Jerusalén libertada, debida a la inspiración de Torcuato Tasso. Éste era un hombre nervioso y desquiciado, que murió en un manicomio en 1595.

El nombre de Maquiavelo (1469-1527) y el maquiavelismo se han hecho famosos para expresar el refinamiento de un gobernante que prescinde de todo escrúpulo con tal de lograr sus fines.

Exactamente quizás no era éste el propósito que inspiró a Nicolás Maquiavelo al escribir El Príncipe, un arte de gobernar que ha servido de modelo a muchísimos políticos, para los cuales todos los medios son laudables si están destinados a conseguir un ideal.

ERASMO Y RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad de su tiempo.

Rabelais

Rabelais, escritor humanista y médico francés 1494–1553

Erasmo de Rotterdam Filósofo y teólogo flamenco

Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos los rincones de Europa.

En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.

Era contemporáneo de Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues fue poeta, médico, monje y jurisconsulto.

Murió siendo párroco de Meudon. Su obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel, ambos grandes comilones y amantes de la buena vida.

En esta novela se burla de los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos.

Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de «La Pléyade», entre los cuales estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos. Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de crítica que contiene altos conceptos filosóficos.

En Alemania, el Renacimiento fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma.

Un poeta, Hans Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros cantores, obra que se inspiró en los «minnensingers» medievales. Portugal, que se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue apasionante.

Perdió el ojo derecho peleando en África, fue a las Indias y naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado.

Cuando su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa Venus.

LA POLIFONÍA. La denominada «Ars Nova» trajo una gran libertad de formas musicales. Representaba dicho estilo una revolución en la música religiosa, pero fue pronto admitido en gracia a su belleza.

El canto a muchas voces y en polifonía, es decir, utilizando distintas líneas melódicas, alcanzó gran esplendor. Solía realizarse sin acompañamiento.

Su principal maestro fue Juan Pierluigi de Palestrina (1526- 1594). Su maestría era tanta que a pesar de estar casado fue nombrado cantor de la Capilla Sixtina del Vaticano por decisión personal del papa Julio III, ya que estaba prohibido que los seglares, y más si estaban casados, actuaran como cantores.

Años después Palestrina fue designado director de la famosa Capilla, y en tiempo del papa Marcelo III escribió una de sus famosas misas a él dedicadas. Aún no contaba treinta años de edad y a pesar de ello su vida fue azarosa debido a la envidia que muchos clérigos tenían de sus éxitos.

Finalmente murió pobre a los 72 años. Sin embargo, el reconocimiento posterior de la Iglesia ha sido notable, pues su cuerpo, por especial concesión, descansa en la basílica de San Pedro de Roma.

Casi contemporáneo de Palestrina vivió en España un gran músico: Tomás Luis de Victoria, autor de un oficio de difuntos dedicado a la emperatriz María, hermana de Felipe II, y numerosos motetes y composiciones de tipo religioso.

No podía faltar en los palacios renacentistas el cultivo de la música que durante la Edad Media había permanecido en las iglesias o bien como manifestación popular. Aparecen ahora los instrumentos de teclado como el clavicordio, el clave y la espinela que fueron precursores del piano.

La viola y el laúd, así como la vihuela en España, fueron también muy apreciados por sus dulces sonoridades.

Hasta el siglo XVII no debía llegar el predominio del violín. De esta época datan las composiciones breves y encomiásticas, denominadas «motete» y «madrigal». También se usó el «canon», o sea una composición que repite una melodía con distintas entradas y tonos.

Batallas Pirricas Las victorias mas duras de la historia-Pirro Rey

Batallas Pírricas:Las Victorias Mas Duras

PENINSULA ITALICA (280-275 a.d.C)   

A principios del siglo III a. de O., el belicoso territorio del Epiro, al oeste de Grecia, era gobernado por Pirro, un rey guerrero en cuerpo y alma del que se decía que tenía el talante de Alejandro Magno y había heredado la fuerza de Aquiles.

Hoy, Pirro es considerado uno de los generales más sagaces de la Antigüedad, pero a él le corresponde también el dudoso honor de dar origen al término “victoria pirrica”.

Y es que, para Pirro, sus triunfos distaban mucho de serlo.

En 280 a. de C., los ciudadanos de Tarento, una antiguacolonia griega del sur de la península Itálica, solicitaron ayuda a los epirotas, ya que temían ser víctimas del expansionismo de Roma.

Pirro vio la oportunidad de llevar su influencia al otro lado del Adriático y fue allí con un formidable ejército de 20.000 infantes, 3.000 caballeros, 2.000 arqueros, 500 honderos y 20 elefantes de guerra.

La primera batalla importante tuvo lugar en Heraclea, al norte de Tarento. Aunque los elefantes atemorizaron a los 35.000 romanos que se les oponían, éstos se mantuvieron firmes.

Aun así, y a un alto precio —7.000 bajas romanas por 4.000 epirotas—, se impusieron las huestes de Pirro.

Un año más tarde, éste decidió asediar Asculum. Entonces, un contingente romano de 45.000 hombres intentó romper el sitio.

En el enfrentamiento murieron 6.000 de ellos, pero también 3.000 epirotas. Después de la retirada de los contendientes, un personaje del círculo de Pirro se presentó para felicitar por la victoria.

Y el estratega le contestó: “sí, otra victoria y estamos perdidos”. De hecho, en 275 a.deC., en Beneventum, cerca de Nápoles, los del Epiro y sus aliados fracasaron estrepitosamente y poco después abandonaron la península Itálica.

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GUERRA DE FLANDES (1567-1648)

La guerra de Flandes, librada por España y sus aliados durante 81 años , fue un inútil intento de someter las provincias protestantes holandesas.

Estas, apoyadas en ciertas ocasiones por las otras potencias, se habían rebelado contra la ocupación española que, entre otras cuestiones, había impuesto la inquisición en aquel territorio.

El pobre resultado de este enfrentamiento convirtió las primeras victorias en pírricos triunfos.

Así, la batalla de Ostende (1601-1604), en la que los ejércitos católicos perdieron hasta 70.000 hombres en los asaltos a la plaza o la toma de Breda (1.625), que salo resistió 12 años en manos españolas, eclipsaron los éxitos iniciales del Duque de Alba.

Al final, toda la campaña terminó enquistándose y aquel ingente número de hombres y recursos se convirtió, en buena parte, en el responsable de la bancarrota en la que se sumió el estado español en 1627.

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Los Héroes de Bunker Hill (EE.UU. 17-6-1775)

En los primeros compases de la Guerra de Independencia Americana se produjo un acontecimiento que convirtió aquella revolución en un conflicto muy real para los británicos.

No muy lejos de Boston, los rebeldes se habían hecho fuertes en Breed y Bunker Hill, dos lugares donde se habían atrincherado a la espera de la acometida de los 2.000 soldados británicos que mandaba el general Howe.

Después de bombardear toda la zona, los ingleses cargaron sus bayonetas y entraron en combate cerrado con los americanos.

Fue entonces cuando los defensores, por entonces poco preparados para este tipo de enfrentamiento, fueron desalojados de sus posiciones, aunque a un elevado precio.

De hecho, la mayoría de las bajas entre los rebeldes se dieron cuando trataban de alejarse de las colinas. Sin embargo, vendieron cara la derrota.

Todos los altos mandos a excepción del propio Howe y un gran número de oficiales—en total 1.054 británicos— se vieron alcanzados por los disparos. Más de 800 soldados resultaron heridos de consideración y 226 murieron.

Los americanos, en su mayoría granjeros dirigidos por comandantes veteranos de las guerras contra los franceses, perdieron 140 hombres y 30 fueron capturados.

Luego de constatar los problemas que había encontrado su ejército, considerado el más potente de la época, el general Thomas Gage, comandante en jefe de las tropas británicas en Norteamérica, no pudo sino hacerse eco de las palabras de Pirrro: “otra victoria así nos destruirá”.

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Borodino, el fiasco de Napoleón (RUSIA 5-09-1812):

Los historiadores de la antigua Unión Soviética celebraron Borodino como una victoria. A pesar de haber ganado la batalla, las pérdidas fueron desastrosas para los franceses, que no pudieron conservar Moscú.

En su avance hacia Moscú, y después de haberse adentrado unos 1.000 kilómetros en el territorio enemigo, Napoleón se encontró con que los rusos, enviados por Kutuzov, se habían detenido en su retirada y habían logrado agrupar unos 120.000 hombres alrededor de tres colinas.

En una de ellas, conocida como Gran Reducto, habían colocado 27 piezas de artillería. A pesar de la oposición, los franceses consiguieron tomarla y devastaron Borodino.

Eso sí, a costa de numerosas bajas y, de hecho, no pudieron impedir que los rusos la retomaran poco después. Las pérdidas fueron enormes para ambas partes.

Los rusos, luego de una carga desesperada de los coraceros de Murat y de la infantería, y presionados por el martilleo constante de la artillería pesada francesa, se retiraron. La victoria de Napoleón tuvo un costo excesivo para los magros resultados que le reportó: perdió 43 generales, 110 coroneles y 30.000 soldados.

Los rusos perdieron 60.000 hombres. Los mariscales de Napoleón criticaron la forma de dirigir la batalla y el fiasco que representó, ya que aquel enfrentamiento aumentó las bajas francesas que antes del combate ya ascendían a más de 150.000.

A pesar del desastre, Napoléon logró entrar en Moscú. Sin embargo, un impresionante incendio, que poco después devoró la ciudad, obligó a las tropas francesas a retirarse. Sólo 10.000 soldados del medio millón que iniciaron la campaña volvieron para contarlo.

Quizá por eso, los historiadores de la antigua Unión Soviética consideraron Borodino una rotunda victoria rusa.

Esta operación inspiró la película Un Puente Demasiado Lejos
El escaso avance logrado por los aliados no compensó las bajas sufridas

Market-Garden o un puente demasiado lejos: Holanda 16-9-1944: En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y luego de lograr desembarcar en Normandía e irrumpir en el continente, los ejércitos aliados tuvieron que detenerse en su avance hacia Berlín, a pesar de que ningún ejército alemán se les oponía.

Una serie de errores en el reparto de los suministros mantenía detenidas las columnas blindadas angloamericanas frente a las puertas de Holanda. Para superar la situación y dar un impulso a la ofensiva, Bernard Law Montgomry, comandante en jefe de las tropas británicas del frente occidental, propuso un lanzamiento masivo de paracaidistas y tropas aerotransportadas. Su objetivo era conquistar cinco puentes sobre los canales y ríos holandeses.

El general estadounidense Omar Bradley comentaría más tarde que se habría sorprendido menos de haber visto a Montgomery entrar ebrio en el cuartel general aliado que escuchar de su boca aquel plan.

A pesar del enorme despliegue de medios —en el primer día participaron más de 35.000 soldados, 1.113 bombarderos, 1.240 cazas, 212 cazabombarderos, 500 planeadores y 1.073 naves e transporte— la operación fue completada en seis días. En ese tiempo, los estadounidenses tomaron los puentes de Son, Vegel y Grave, pero fueron detenidos en Nimega.

Por su parte, los británicos se lanzaron sobre el de Arnheim, donde los esperaba una feroz resistencia alemana. De los 10.000 británicos que participaron en aquel ataque —incluida una división polaca— sólo sobrevivieron unos 2.000.

Y aunque el de Nimega fue tomado, cuando los alemanes rechazaron la ofensiva sobre Arnheim, todo lo que ingleses y americanos habían logrado se redujo a un saliente de terreno que había costado 17.000 bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos, es decir, un número mayor al que se produjo durante el desembarco de Normandía.

Las bajas alemanas, bastante inferiores, oscilaron entre los 12.000 y 15.000 hombres.

Al parecer, las pérdidas civiles holandesas también fueron cuantiosas, sobre todo a consecuencia de las evacuaciones y del cruento invierno que sobrevino aquel año. Muchas fueron las críticas a Montgomery, que a pesar de contar con una fuerza nada desdeñable, achacó su pírrico éxito a la falta de medios.

El Príncipe Bernardo de Holanda seguramente debió haber tenido estos hechos en mente cuando manifestó que su país “no podía permitirse el lujo de otra victoria de Montgomery”.

La Guerra de Los 100 Años Causas Francia Contra Inglaterra

Causas de la Guerra de Los 100 Años:Francia Contra Inglaterra

INTRODUCCION: La famosa «Guerra de los Cien Años» que enfrentó a Francia y a Inglaterra en la Edad Media, duró exactamente ciento dieciséis años, desde 1337 a 1453. El conflicto estuvo frecuentemente interrumpido por largos períodos de inactividad, debidos al cansancio de los combatientes o a treguas.

En medio de las desgracias de esta guerra, en Francia se produjeron profundas transformaciones, que favorecieron el paso de la antigua sociedad feudal a una forma de Estado más moderno, en el que la autoridad monárquica se hallaba considerablemente reforzada.

Incluso conservando la cronología clásica, no hay que olvidar que, en realidad, el conflicto franco-inglés comenzó en el siglo precedente por el matrimonio de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania.

Para los soldados de la época, el año 1337 no señalaba el comienzo de una nueva guerra, sino la continuación de las luchas que anteriormente habían enfrentado ya a Enrique II y Ricardo Corazón de León con Luis VII y Felipe Augusto.

La principal riqueza de Inglaterra en los tiempos medios radicaba en la exportación de lanas a las ciudades flamencas. Entre el rey de Francia y el conde de Flandes reinaba excelente armonía, mal vista por los ingleses, temerosos de perder sus mercados.

Una disputa dinástica estimuló la ambición del monarca inglés Eduardo III (1327-1377) el cual hizo valer sus derechos a la corona de Francia, por ser hijo de Isabel, hermana del último monarca francés Carlos IV el Hermoso, fallecido sin dejar descendencia.

Los franceses eligieron rey a Felipe de Valois (1328-1350) y ello fue causa del estallido del conflicto. Flandes se vio invadido por Felipe VI de Francia, mientras Eduardo desembarcó en las costas de Normandía con un ejército de 30.000 hombres.

CAUSAS DEL CONFLICTO

Felipe el Hermoso dejó tres hijos que fueron reyes uno tras otro: Luis X, Felipe V y Carlos IV. Pero ninguno tuvo hijo que le sucediera, y así acabó la dinastía de los Capetos, que reinaba desde el año 987.

felipe el hermoso

Felipe el Hermoso

Se acababa de adoptar la regla (denominada ley sálica) de que UNICAMENTE sólo los varones pudieran heredar el reino de Francia.

Como Felipe de Valois, hijo de un hermano de Felipe el Hermoso, fuera el pariente más próximo por la línea masculina, fue elegido rey en 1328  y es el primero de la rama de los Valois, como Felipe VI. Fue un rey caballero y aficionado a los torneos, en que los señores luchaban para divertirse.

felipe vi de francia

Felipe VI de Francia

Por la otra parte el rey de Inglaterra Eduardo III, era joven y también aficionado a la guerra. Había ido a Francia (1329) y había prestado a Felipe el juramento de homenaje debido por su ducado de Guyena, que formaba parte del reino de Francia.

eduardo iii de inglaterra

Eduardo III de Inglaterra

Pocos años despúes este mismo rey, que era hijo de la hija de Felipe el Hermoso reclamó el reino de Francia como herencia de su madre.

Tomó entonces el título de rey de Francia y de Inglaterra y se alió con varios príncipes de los Países Bajos y con los burgueses de las ciudades de Flandes.

Luego, según costumbre de los caballeros, envió una carta de desafío a Felipe VI (1339).

Así entonces empezó esta  guerra que, con intervalos, iba a durar hasta 1453 y que se ha denominado la Guerra de Cien Años.

DESARROLLO

Los franceses fueron vencidos en la batalla de Crecy (1346), que tuvo una gran significación militar, ya que en ella fueron empleadas por primera vez las armas de fuego.

Poco después los ingleses tomaron la plaza de Calais. Muerto el rey francés, le sucedió su hijo Juan el Bueno, y la guerra volvió a reanudarse, viéndose Francia nuevamente invadida.

El príncipe de Gales, llamado también el Príncipe Negro (por el color de su armadura), derrotó a un numeroso ejército francés en la batalla de Poitiers, en la que Juan el Bueno, extenuado, chorreando sangre y sudor, fue hecho prisionero y conducido a Inglaterra.

Varios años después fue puesto en libertad después de haberse comprometido a pagar un fuerte rescate.

No obstante, la batalla de Crécy no fue decisiva. Los ingleses sencillamente no contaban con los recursos para subyugar a Francia. Las treguas, las hostilidades a pequeña escala y algunas batallas importantes se combinaron en una orgía de —al parecer— interminable lucha. Eduardo III y su hijo Eduardo, el príncipe de Gales —conocido como el Príncipe Negro—, libraron las campañas inglesas. Las campañas que el Príncipe Negro realizó en Francia fueron devastadoras. Evitando las batallas campales, sus fuerzas arrasaron deliberadamente las tierras y quemaron las cosechas, así como ciudades y villas completas no fortificadas, además de saquear cualquier cosa que fuera de valor. Para los ingleses, tales campañas fueron fructíferas; para los franceses significaron hambre, privaciones y muerte. Cuando al ejército del Príncipe Negro se le forzó a presentar batalla (bajo el mando del rey Juan II) fueron derrotados y el rey capturado. Con esta batalla de Poitiers concluyó la primera fase de la Guerra de los Cien Años.

Al llegar a Francia, encontró a su país empobrecido y sumido en la anarquía. Los vasallos, aldeanos y burgueses se habían sublevado contra los nobles a quienes culpaban de los reveses guerreros y de la derrota de Poitiers, y los caminos se encontraban infestados de salteadores.

Juan el Bueno no pudo pagar el rescate equivalente a unos cuarenta millones de francos y regresó a Londres donde vivió prisionero aunque esta condición no le impedía divertirse en continuas fiestas. Por la paz de Brétigny, Inglaterra adquirió la cuarta parte del territorio francés.

batalla de CrecyCarlos V el Sabio (1364-1380), hijo de Juan el Bueno, fue quien sacó a Francia de su lamentable estado, gracias a los méritos personales de un joven caballero bretón llamado Beltrán Du Guesclín (1320-1380).

Reorganizó el Ejército y libró al país de la terrible plaga de las «Compañías» constituidas por bandas de mercenarios dedicados al pillaje y que sembraban el terror. Debido a dichas bandas, comarcas y pueblos enteros quedaron deshabitados. En Picardía, los aldeanos llegaron a vivir escondidos en cuevas.

Du Guesclín, nombrado condestable, expulsó a los ingleses de casi todas las plazas que ocupaban, con la sola excepción de una estrecha faja de litoral (Calais, Cherburgo, Brest, Burdeos, Bayona).

Después pudo dar un gran impulso a la prosperidad del país. Muerto Carlos V, y durante la minoridad de su hijo Carlos VI, Francia se vio ensangrentada por una guerra civil ocasionada por el asesinato de Felipe de Orleans.

En ella lucharon dos bandos rivales: los Borgoñeses y los Armagnacs. El país se cubrió de ruinas y de sangre. Unos y otros, con tal de exterminar a los contrarios, llegaron a ofrecer a los ingleses la mitad del reino.

El rey de Inglaterra, Enrique V, se declaró en contra de los Armagnacs, derrotándoles en Azincourt.

Tras apoderarse de Caen y Rouen, logró la firma del Tratado de Troyes, en virtud del cual resultaba el rey inglés heredero de la corona francesa.

Al fallecer en 1442 los monarcas Enrique V de Inglaterra y Carlos VI de Francia, se intentó proclamar rey de este país al niño Enrique VI de Inglaterra, de acuerdo con una de las cláusulas del famoso Tratado de Troyes.

Un movimiento nacionalista se colocó al lado del Delfín desposeído, verdadero heredero de la corona, que fue proclamado rey de Francia con el nombre de Carlos VII.

Solamente las provincias centrales guardaron fidelidad al monarca. Muchos nobles y ciudades francesas, entre ellas París, se habían pasado al bando inglés, mientras la guerra se recrudecía ante la indiferencia e ineptitud del rey francés al ver que los ingleses sitiaban a Orleans, la única ciudad que les cerraba el paso hacia el Sur de Francia.

ESTADO DE FRANCIA E INGLATERRA AL INICIO DE LA GUERRA:

En las primeras décads del siglo XIV el reino de Francia era, indiscutiblemente el mas poderoso de Europa. Felipe el Hermoso había sabido mantener la paz de Francia. cuyas fronetras se habían ensanchado por la anexión de Borgoña, aportada en dote al futuro Felipe V; por otra parte, alcanzó un gran impulso demográfico, y contaba alrededor de quince millones de habitantes al comienzo de la guerra.

Este desarrollo permitió emprender grandes roturaciones y desecamientos, emigrando el excedente de la población rural hacia las ciudades, que conocieron en esta época una intensa actividad comercial y artesana. París, con sus 200.000 habitantes, estallaba dentro del recinto construido por Felipe Augusto.

La industria pañera, la primera del reino, estaba concentrada en las ciudades de Flandes, tales como Arras, Douai, Ypres, Brujas, Gante, Lille, Toutnai. Las Ferias de Champaña, a pesar de cierta decadencia, seguían siendo un lugar de cita internacional.

Este desarrollo económico general se traducía en un importante tráfico marítimo; el rápido desenvolvimiento de puertos como Calais y La Rochelle, lo testimonia.

Paz y prosperidad son siempre signos de un Estado fuerte; la autoridad monárquica aumentaba, apoyándose en consejos y resortes administrativos cada vez más perfeccionados, como aquellos bailes y senescales enteramente entregados a la causa monárquica, cuyo espíritu hacían triunfar en las provincias; el clero, sometido al rey, le proporcionaba el dinero que necesitaba y había renunciado, en parte, a su fuero,, puesto que los acusados de los tribunales eclesiásticos podían siempre apelar al del rey.

Pero lo que aureoló de un prestigio moral particular al reino de Francia, fue la presencia, durante cerca de un siglo, de papas franceses en Aviñón (1309-1378), los cuales mostraron sus simpatías, quizá demasiado frecuentemente, hacia su país de origen.

En fin, la nobleza era impotente ante esta realeza que consiguió imponerle un edicto que prohibía las guerras entre vasallos, y que, por medio de arma tan eficaz y potente como la apelación al Parlamento, pudo inmiscuirse en los tribunales señoriales y en la administración de los grandes feudos.

La nobleza francesa, batalladora y revoltosa, había quedado reducida a los torneos y a las fiestas.

DEBILIDAD DEL EJERCITO

Pero dos cosas faltaban a la monarquía: un ejército regular y finanzas estables, debilidades que habían de serle fatales durante la Guerra de los Cien Años. En caso de guerra, el rey de Francia convocaba la hueste de los vasallos, que comprendía, de una parte, a la nobleza, que debía armar por su cuenta a cierto contingente de caballeros, y, de otra, a las «gentes de a pie» enviadas por las comunidades rurales y las ciudades.

Pero los grandes vasallos no llevaban con ellos más que un número reducido de caballeros, y la hueste llegaba a reunir con dificultad un ejército mayor de 10.000 hombres, de los cuales los dos tercios eran jinetes, y el tercio restante, soldados de a pie.

La caballería había sido considerada en Francia, en todo tiempo, como la única fuerza válida, porque este cuerpo agrupaba a toda la flor y nata de la nobleza francesa, famosa por su valor, su temeridad y sus hazañas, mientras que la gente de a pie, constituida por villanos y burgueses, no era más que una fuerza secundaria, considera incapaz de hazañas caballerescas.

La Guerra de los Cien Años había de revelar el error de tal apreciación.

La hueste, convocada en el último momento, se reunía muy lentamente, hacia la mitad del verano; como los caballeros no prestaban servicio más que 40 días al año, y tres meses la infantería, no podía acometerse ninguna acción de envergadura, ya que el ejército se deshacía al cumplir el tiempo de servicio y con la llegada de los primeros fríos.

Este hecho explica la escasez de grandes batallas campales en la Guerra de los Cien Años, cuya historia queda reducida a breves incursiones devastadoras en terreno enemigo.

La imposibilidad de constituir un ejército permanente y numeroso se debía, sobre todo, a la debilidad de los recursos financieros del reino. No existía ninguna legislación fiscal permanente y, fuera de las rentas de su dominio, el rey no disponía más que del producto de impuestos excepcionales, decretados cuando estallaba una guerra, los cuales no eran concedidos por los tribunales soberanos más que después de largas discusiones y a cambio de beneficios sustanciales, y que la población pagaba a regañadientes.

CINCO MILLONES DE INGLESES

¡Cuánto más fácil y menos próspero aparecía en la misma época el reino de Inglaterra! El país era pobre y poco poblado,puesto que contaba alrededor de cinco millones de habitantes. El suelo estaba mal explotado, y los recursos agrícolas eran mediocres.

La única riqueza consistía en la cría extensiva de ovinos, cuya lana era exportada en bruto a las ciudades pañeras de Flandes. Londres parecía un burgo, en comparación con París.

En cuanto al poder real, si bien se apoyaba en un administración y en órganos de gobierno más numerosos y más especializados que en Francia, porque estaban constituidos desde la época del Conquistador, tenía que hacer frente continuamente a las revueltas de los barones, que trataban de acrecentar su independencia y someter la monarquía.

Eduardo I supo contenerlos, arrastrándolos a la conquista del país de Gales y de Escocia, pero su hijo, Eduardo II, luchó toda su vida contra ellos, antes de acabar asesinado, víctima de una conjura de la que formaba parte su propia mujer, Isabel, así como el amante de ésta, Mortimer, y los barones cansados de la tiranía real.

El 20 de enero de 1327, el joven Eduardo III, que contaba entonces 16 años, subía al trono de Inglaterra. Pero, demasiado inexperto, dejó dirigir el reino, durante tres años, a Mortimer. Este impuso tal terror que se atrajo muy rápidamente la hostilidad de la nobleza.

Cuando, en el año 1330, Eduardo quiso reinar solo, mandó asesinar a este aventurero que le estorbaba, inaugurando solemnemente su reinado, que había de ser uno de los más largos de la historia (1327-1377). Elegante, muy cultivado, Eduardo era también un rey hábil, tenaz en sus propósitos, gran diplomático y. sobre todo, notable estratega.

CRONOLOGÍA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

1337Comienzo de Hostilidades
1346Batalla de Crecy
1356Batalla de Poitiers
1359Paz de Bretigny
1377Muerte de Eduardo III
1396Tregua de 20 años
1415Enrique V reinicia la guerra (1413-1922)
1415Batalla de Agincourt
1429-1431Recuperación Francesa Bajo Juana de Arco
1453Fin de la Guerra

LA GUERRA SEGÚN UN CRONISTA DE LA ÉPOCA: En su narración de la Guerra de los Cien Años, el cronista del siglo XIV Jean Froissart describió el saqueo de la ciudad fortificada francesa de Limoges perpetrado por elPríncipe Negro (Eduardo, príncipe de Gales). Proporciona un vivido ejemplo de cómo eran tratados los no combatientes durante la guerra.

Jean Froissart, Crónicas
Por aproximadamente un mes, ciertamente no más, el Príncipe de Gales permaneció a las puertas de Limoges. Durante ese tiempo no permitió que se llevaran a cabo asaltos o escaramuzas, sino que avanzó de manera constante y laboriosa en la tarea de zapa. Los caballeros y la gente de la ciudad que estaban dentro —que sabían lo que estaba pasando— comenzaron a cavar por su parte, con la esperanza de matar a los mineros ingleses, pero resultó un fracaso.

Cuando los zapadores del rey, quienes conforme cavaban apuntalaban constantemente el túnel completaron su trabajo, le dijeron al príncipe: «Mi señor, cuando os plazca, podemos ya derribar una gran parte del muro en el foso, de manera que entréis a la ciudad de la manera más fácil y segura».

El príncipe estuvo muy complacido de oír esto. «Excelente», comentó. «Mañana, a las seis en punto del día, enseñadme lo que podéis hacer».

Cuando supieron que era la hora señalada, los mineros comenzaron un fuego en la mina. En la mañana, justo a la hora que el príncipe había especificado, una gran sección de la muralla se desplomó, atascando el pozo en el lugar donde cayó.

Para los ingleses —que estaban armados y a la espera— fue un signo placentero. Los soldados de infantería pudieron entrar a sus anchas, y así lo hicieron. Corrieron hacia la puerta, cortaron las barras que la sostenían y la derribaron. Hicieron lo mismo con las barreras exteriores sin que enfrentaran resistencia alguna.

Todo se hizo tan rápido, que a la gente de la ciudad la tomaron desprevenida. Enseguida el príncipe, el duque de Lancaster, el conde de Cambridge, Sir Guichard d’Angle, junto con todos los demás y sus respectivos hombres irrumpieron en la ciudad, seguidos por los saqueadores de a pie, y todos con un humor como para dar rienda suelta a la devastación y para cometer asesinatos de manera indiscriminada, pues ésas eran sus órdenes. Se dieron escenas lamentables. Hombres, mujeres y niños se arrojaron de rodillas ante el príncipe suplicando: «¡Tened piedad de nosotros, gentil señor!» Pero estaba tan encolerizado que no escuchó. A ningún hombre ni mujer se les hizo caso, sino que a todos los que pudieron encontrar fueron pasados por las armas, incluyendo a muchos que, por ningún motivo, podían ser culpables.

No entiendo cómo pudieron ser inmisericordes con gente que era tan insignificante para cometer traición. Pero incluso ellos pagaron por eso, y pagaron más caro que los jefes que sí cometieron traición.

No hay hombre tan insensible que, si hubiese estado en Limoges ese día, y recordara a Dios, no hubiera llorado amargamente ante la espantosa carnicería que aconteció allí. Más de tres mil personas —hombres, mujeres y niños— fueron sacadas a rastras para cortarles la garganta. Que Dios haya recibido sus almas, porque fueron verdaderos mártires.

batalla de crecy

Batalla de Crécy. En esta ilustración de un manuscrito del siglo xv se muestra la batalla de Crécy, el primero de varios desastres militares sufridos por los franceses en la Guerra de los Cien Años; además, se ilustra la razón de por qué los ingleses preferían los arcos largos sobre las ballestas. A la izquierda, los ballesteros franceses dejan de disparar y aprestan sus armas dándole vuelta a la manivela, mientras que los arqueros ingleses siguen disparando sus arcos (un arquero diestro podía disparar diez flechas por minuto).

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PARA SABER MAS…

A PESAR DE SU NOMBRE, la guerra de los Cien Años no fue una larga contienda, sino una serie de cortos conflictos interrumpidos por largas treguas. La guerra, que persistió durante 116 años, de 1337 a 1453, giraba alrededor de la legitimidad del trono de Francia.

LUCHA POR EL TRONO En 1328, el rey francés Carlos IV (1294-1328) murió sin heredero. Los nobles coronaron a su primo, Felipe de Valois (1293-1350). En 1337, Eduardo III (1312-77), rey de Inglaterra, reclamó sus derechos al trono francés, debido a que su madre, Isabel, era hermana de Carlos IV. En 1337, el rey de Francia confiscó los terrenos de Eduardo III en el país, lo cual motivó el estallido de la guerra.

LA PRIMERA INVASIÓN La flota inglesa derrotó a la francesa en la batalla de Sluis (1340), lo que otorgó a Eduardo III el control del canal de la Mancha, el estrecho marítimo que separa Francia de Inglaterra. Desde sus bases en la costa norte de Francia, los soldados asediaban y destruían pueblos franceses.

VICTORIAS INGLESAS: Al comienzo, los ingleses obtuvieron grandes victorias. En 1346 los arqueros ganaron frente a la caballería francesa la importante batalla de Crécy, en el norte de Francia. En 1355, los ingleses, encabezados por el hijo mayor de Eduardo III, el príncipe de Gales (1336-76), vencen nuevamente a sus enemigos. Eduardo era conocido también como el Príncipe Negro debido al color de su armadura. En 1356, en la batalla de Poitiers, en Francia central, el príncipe de Gales obtuvo otra gran victoria. El rey francés Juan II (1319-64) fue capturado durante la batalla y se pidió por él un rescate de 4 millones de coronas de oro.

EL TRATADO DE BRETAÑA Tras una serie de derrotas, los franceses terminaron por aceptar la devolución a Eduardo III de sus territorios en Francia por medio del tratado de Bretaña. El rey inglés desistió de sus pretensiones al trono y rebajó el rescate por el rey francés de 4 a 3 millones de coronas de oro.

MUERTE DE EDUARDO III: La muerte de Eduardo III (1377) determina una tregua. Como los ingleses no disponían de hombres suficientes para controlar sus territorios en Francia, los franceses recuperaron muchas tierras.

ENRIQUE V: Al cabo de 38 años, la guerra se reinició. Enrique V (1387-1422), el hijo mayor de Eduardo III, vuelve a reivindicar los derechos al trono francés. En la batalla de Azincourt (1415), las reducidas fuerzas de Enrique logran vencer a un gran ejército francés. Como el Príncipe Negro, Enrique V utilizó a la perfección a los arqueros. Bajo su mando, los ingleses ganaron muchas batallas.

EL MATRIMONIO DE ENRIQUE V Enrique V ocupó gran parte del norte de Francia, forzó al rey francés Carlos VI (1368-1422) a desheredar a su único hijo, el Delfín, y a nombrar a Enrique como heredero del trono francés. Enrique V se casó con la hija del rey de Francia, Catalina de Valois y, según lo estipulado en el tratado de Troves, se reconoció que el hijo de ambos debía ser rey de Francia e Inglaterra. Sin embargo, Enrique V murió tan sólo 15 meses después de su boda. Dejaba un hijo, quien se convertiría en Enrique VI de Inglaterra (1421-71). Cuando el rey francés Carlos VI murió, ese mismo año, el infante Enrique VI de Inglaterra no heredó el trono de Francia.

JUANA DE ARCO: Una joven campesina francesa conocida como Juana de Arco (1412-31) dominó la última etapa de la guerra de los Cien Años. Decía haber tenido visiones y escuchado voces que le ordenaban salvar a Francia de sus enemigos. Juana acudió en ayuda del hijo desheredado de Carlos VI, el Delfín (heredero al trono francés). Al mando de las fuerzas de éste, Juana de Arco condujo a los franceses a la victoria.

EL SITIO DE ORLEANS: En 1429, Juana de Arco levantó el sitio de Orleans y logró que Carlos VII (1403-61) fuera coronado rey de Francia. Pero Juana fue capturada por los borgoñones, aliados de los ingleses, quienes la vendieron a Inglaterra. Juana de Arco fue sometida a un juicio por brujería y quemada en la hoguera como hereje en 1431, a la edad de 18 años, en la ciudad francesa de Rúan.

FIN DE LA GUERRA Las ludias continuaron intermitentemente durante algunos años. Alrededor de 1453, los ingleses sólo conservaban en Francia el puerto de Calais. La guerra de los Cien Años había terminando. A pesar de ello, los reyes de Inglaterra continuaron llamándose a sí mismos «reyes de Francia e Inglaterra» hasta 1801.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo A y B Jackson Spielvogel
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo 1
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK
Atlas de la Historia del Mundo Kate Santon y Liz McKay
Gran Enciclopedia de la Historia Todolibro

Ver: Juana de Arco y El Final de La Guerra de los 100 Años

Biografia de San Ignacio de Loyola Vida y Obra Religiosa

Biografía de San Ignacio de Loyola

Nacido en Loyola a fines de 1491, hijo de Beltrán Yáñez de Oñaz y de María Sáenz de Licona, procedía de una noble familia vasca, y de su raza tenía el fervor pasional, el ímpetu religioso y la visión de lo ecuménico.

En sus primeros años fue paje en la corte del Rey Católico. Educóse en la casa de Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de los reyes, con la esperanza de hacerse un nombre en la carrera de las armas.

Herido en Pamplona el 20 de mayo de 1521, con motivo de un ataque de las tropas de Francisco I de Francia a esta plaza en la primera guerra que sostuvo contra Carlos V, Ignacio leyó y meditó en su lecho de dolor sobre la vida de Cristo y de los santos.

En aquellos días de convalecencia se produjo su nueva actitud espiritual, renunciando a los laureles de las armas por la gloria de la santificación de su alma y a los placeres del mundo por el amor a la Virgen María.

Renovando el antiguo ideal de peregrino a Tierra Santa, partió para Cataluña en marzo de 1522.

San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola (1491-1556), sacerdote español fundador de la Compañía de Jesús, orden religiosa de la Iglesia católica más conocida por el nombre de jesuitas que reciben sus miembros.

SAN IGNACIO DE LOYOLA (1491-1556)

Ignacio de Loyola, nacido en 1491 en país vasco, era el menor de los trece hijos de una familia noble.

Fue primeramente paje en la corte del rey Fernando y tuvo pasión por los libros de caballería. De muy joven espadachín, pendenciero y busca pleitos.

Nombrado oficial, resultó con una pierna rota defendiendo una brecha en Pamplona, y le cuidaron tan mal que quedó cojo (1521).

Ignacio, enfurecido, ordenó que le rompiesen nuevamente la pierna y se la restaurasen.

Cuando estaba en curación en casa de su padre, no teniendo otra cosa que leer, leyó la Vida de los Santos y se decidió a imitarlos.

Sabiendo que ya no podía combatir en el ejército, quiso hacerse «soldado de Cristo y de la Virgen».

Fue en calidad de peregrino a visitar la imagen milagrosa de la Virgen del convento de Monserrat, en Cataluña. Colgó sus armas en el altar de la Virgen, dio sus vestidos a los pobres y tomó el hábito de peregrino.

Fundador de la orden religiosa llamada Compañía de Jesús, en 1540, para contrarrestar el avance de la reforma protestante.

Esta orden se caracterizaba por su perfecta disciplina y obediencia , casi de tipo militar (de ahí el nombre de Compañía), no para matar al enemigo, sino para defender y propagar la fe cristiana por medio de escritos, predicaciones y misiones.

Su recuperación fue un proceso inútil, lleno de dolor y fiebre, en el que Ignacio aprovechó para leer, aunque sólo podían ofrecerle libros religiosos, pese a que él quería de caballería. Así paso su convalecencia, entre visiones, fiebre y terribles dolores, enfrascado rn la lectura de la vida de los santos.

Estudió las reglas benedictinas de estos monjes y se retiró a una cueva de Manresa donde escribió la mayor parte de sus Ejercicios Espirituales.

De allí partió para Jerusalén con la intención de quedarse el resto de su vida en los Santos Lugares.

Pero fue obligado a regresar a Barcelona donde estudió latín mientras vivía en una pensión de la calle Princesa, donde dotmía sobre un humilde colchón asegura que meditaba y levitaba.

Entre sus obras escritas destacan, al margen de los Ejercicios Espirituales y La Constitución de la Orden, cartas y una autobiografía o diario.

Ignacio murió repentinamente en 1556, fue canonizado en 1621 declarado patrono de los Ejercicios Espirituales por Pío XI, celebrándose su festividad el 31 de julio.

LA REACCIÓN CATÓLICA:

La extraordinaria difusión que alcanzaron el luteranismo y demás herejías, originó un movimiento de reacción que, partiendo del seno de la Iglesia, trató de corregir los males que la afligían.

Este movimiento, que levantó el nivel moral del mundo católico, combatió las herejías y dio santos ilustres a la Iglesia, se llama la Contrarreforma.

Los Concilios de Viena (1311), Pisa (1409), Constanza (1414-1418) y Basilea (1431-1449), intentaron sin éxito corregir los defectos de la organización eclesiástica, pues los Papas no se habían decidido a emprender la tan anhelada reforma por hallarse contagiados del ambiente fácil y cómodo y por el temor de que un Concilio reformador viniese a mermar y a derogar su autoridad, potestades y atribuciones.

No andaban equivocados, ya que la revolución iba directamente dirigida contra la autoridad del jefe de la Iglesia.

Ahora, sin embargo, las cosas habían cambiado; el Pontífice se encontraba amparado por dos grandes puntales: la Inquisición y la Compañía de Jesús, cuyos miembros, a los votos de castidad, pobreza y obediencia, comunes a todas las órdenes religiosas, anteponen el de «obediencia pasiva» al Papa.

El 13 de diciembre de 1545 tuvo apertura el Concillo de Trento, que finalizó el 4 de Diciembre de 1563,es decir duró 18 años.

San Ignacio de Loyolas

La orden religiosa que mayor contribución tuvo en este movimiento y la que, en último extremo llevó la voz cantante a lo largo del Concilio de Trento, fue la Compañía de Jesús, que fundó el vasco Ignacio de Loyola.

Como es sabido, Ignacio de Loyola (1491-1556) era militar y durante el sitio de Pamplona fue herido en una pierna.

Durante la convalecencia le fue entregado un libro de vidas de santos que leyó y sobre el que meditó profundamente.

«¿De qué me vale ganar el mundo si pierdo mi alma?», fue la gran cuestión que se planteó y que le decidió a entregarse enteramente a trabajar «A la mayor gloria de Dios», lema de los jesuitas.

Dejó la espada a los pies de la Virgen y luego paseó su cojera y su recio espíritu por París, Tierra Santa y Roma. Finalmente presentó al papa Paulo III los estatutos de una orden con gran aliento militar. Por esto la llamó «Compañía».

El año 1540 fueron aprobados los estatutos, y los jesuitas comenzaron a levantar casas en España, Europa y América.

Una de las armas de conquista y apostolado más interesantes ideadas por el ilustre fundador fue el libro Ejercicios Espirituales, que es un verdadero autoanálisis del alma en busca de la perfección cristiana. Si la obra del Concilio de Trento fue larga, también fue eficaz.

Los numerosos puntos que se discutieron pueden dividirse en dos grupos: los que afectan al dogma y los que se refieren a disciplina eclesiástica.

En resumen, fue una revisión total de la doctrina católica y la instauración de una verdadera disciplina que estaba muy relajada.

Se definió la doctrina del pecado original, se decretó la perpetuidad del matrimonio, el celibato eclesiástico, la devoción a los santos, la necesidad de la Tradición, el número de Sacramentos, la doctrina del Purgatorio, la autoridad del Papa sobre los Concilios, etc.

Quizá la más importante decisión respecto al dogma fue la «Teoría de la justificación», según la cual la fe por sí sola no basta (tesis opuesta a la teoría de Lutero), pero la fe con obras hace que los méritos de Cristo permitan valorar nuestros propios méritos.

Respecto a la disciplina se suprimieron todos los vicios y corruptelas que inficionaban el clero, , la obligación de los obispos de residir en sus diócesis y la creación de los seminarios para la formación de los sacerdotes.

La tarea de llevar a la práctica los acuerdos del Concilio fue lenta, pero segura. Esta reforma robusteció el Catolicismo en las naciones que se mantuvieron fieles, dio al mundo un nuevo espíritu de tolerancia.

Además del mundo pagano, del que se iba teniendo noticia (China y Japón, América, etc.) existieron tres grandes bloques: el Catolicismo, el Protestantismo y el Mahometismo.

Por su parte el Catolicismo creó dos instituciones para la defensa de la fe: «La Sagrada Congregación del Índice», donde se dictaminaba sobre los libros prohibidos, y «La Inquisición», que si bien ya existía en algunos puntos, fue robustecida.

PARA SABER MAS!…

BIOGRAFÍA: Ignacio de Loyola y la Compañía de Jesús (1491-1556)

San Ignacio de Loyola Era un soldado que amaba el placer y todas las diversiones típicas de los hombres destinados a las armas; le gustaba leer los relatos de andanzas de caballeros y de amor cortesano. Su ambición era ser un soldado aventurero.

Sus sueños se evaporaron cuando una bala de cañón le hirió la pierna y lo dejó lisiado de por vida.

Mientras sanaba su herida, Ignacio se dedicó a leer vidas de los santos y la historia de Cristo. El idealismo que antes lo impulsaba a la carrera de armas, ahora lo llamaba a ser un soldado para Cristo.

Pasó todo un año meditando y haciendo su examen de conciencia. Esta última experiencia lo llevó a escribir los Ejercicios espirituales, un libro corto que enseña cómo disciplinarse de manera tal que la voluntad, las emociones y el cuerpo puedan ponerse al servicio del espíritu.

San Ignacio sintió una gran necesidad de educarse. A pesar de tener más de treinta años, no tuvo vergüenza de volver a un equivalente del colegio secundario y aprender latín. Luego estudió en varias universidades en España y en París por espacio de diez años.

Al terminar este período de formación, san Ignacio funda la orden que luego fue conocida como «los jesuítas».

En 1534, en la capilla de san Dionisio en París, reúne a un grupo de hombres que prometen llevar una vida de pobreza y de celibato. Se autodenominan la «Compañía de Jesús».

La Compañía marcha a Roma a ver al papa Pablo III y ofrecerle sus servicios. Le juran obediencia y apoyo incondicional. El Papa acepta el ofrecimiento, aprueba la orden y nombra a Ignacio su Padre General. Tanto san Ignacio como sus sucesores han trabajado tan cerca de los papas que a los Padres generales de los jesuítas se los ha apodado «los Papas Negros».

Este título deriva de las sotanas negras que visten los sacerdotes jesuítas. La orden creció en muy poco tiempo y con un éxito enorme. Fueron particularmente eficientes en las misiones y en el área de la educación.

San Francisco Javier, uno de los primeros miembros de la Compañía de Jesús, representa el modelo del misionero.

Fue enviado a Oriente, donde predicaba sermones sencillos con un encanto personal especial en el modo de evangelizar y acercar a la fe a miles de personas en la India, Japón y en las Indias Orientales.

Pero es quizás en la educación donde los jesuítas son reconocidos mundialmente como líderes. San Ignacio fundó muchos colegios para preparar a sus seminaristas.

En poco tiempo, los jesuítas establecieron y formaron parte del cuerpo académico de muchas de las universidades de los países católicos de Europa. La tarea demandaba a tantos de sus hombres, que casi todos ellos estaban ocupados en algún asunto educativo.

Muchos creen que el secreto del éxito de los jesuitas se debe a su estricta disciplina y a su énfasis en la obediencia. San Ignacio no olvidó sus días en el ejército y no vio ningún inconveniente en utilizar muchas de las enseñanzas aprendidas allí, y aplicarlas al estilo de vida de su Orden.

Consideró igualmente importante insistir en la educación de sus hombres, pues no quería en las aulas a maestros que no estuviesen bien formados. Los jesuitas estudiaban durante varios años antes de estar al frente de una cátedra.

San Ignacio formó un ejército de hombres al servicio de la Iglesia en la Contrarreforma. Los entrenó para ayudar a la gente a recobrar su confianza en ella, y permanecerle fiel.

Muchos otros grupos dentro de la Iglesia fueron también responsables de la Contrarreforma, pero pocos tuvieron la energía o la dedicación de la Compañía de Jesús.

La reforma de la Iglesia en España y la fundación de la Compañía de Jesús, fueron dos de los muchos esfuerzos que ayudaron a detener el avance del protestantismo. Estos movimientos y otros terminaron de consolidarse en el Concilio de Trento, cuando la Iglesia retoma su rumbo y comienza una vida nueva.

ALGO MAS…
SOLDADO DE DIOS

Durante su convalecencia Ignacio había pedido algunos libros para entretenerse. Quería obras de caballeros medievales con aventuras fantásticas, pero no había libros de ese tipo, y debió leer sobre historia de Cristo, que relataba la vida de alguno santos.

Tras aquellas lecturas, Ignacio descubrió un nuevo sentido para su vida: ser soldado de Dios y de la Iglesia. Apenas restablecido, se dedicó a visitar iglesias y conventos, socorrer a los pobres, orar y meditar.

Después de formular votos ante la Virgen de Monserrat, trocó sus armas por hábito mendicante y fortaleció su espíritu, cada vez más enardecido por la fe, en el sacrificio, austeridad y desapego de los bienes terrenales. Su anhelo de Dios lo llevó a Tierra Santa, perseguido por el recelo y la incomprensión.

De regreso en España, Ignacio decidió entregarse a la vida religiosa, en la oración y en el celo apostólico dé la difusión de la doctrina de Cristo. Y, como entendiera que para lograr una verdadera eficiencia en sus prédicas debía primero él poseer una sólida preparación, siguió estudios en Barcelona, en Alcalá y en la Universidad de Salamanca.

Más tarde fue a París e ingresó en la famosa Universidad de la Sorbona, de donde egresó tres años después, con el título de «maestro de filosofía».

Durante su estada en Francia, Ignacio se rodeó de algunos compañeros que compartieron su ardiente fe. Con ellos fundó una «compañía» militante de tipo caballeresco, destinada a combatir la herejía, la idolatría y la ignorancia.

Después de formular los votos en Montmartre, Ignacio y sus compañeros se trasladaron a Roma, donde obtuvieron del papa Pablo III el reconocimiento de la nueva orden religiosa, que pusieron al servicio de la Santa Sede y de la cual Ignacio fue su primer «general».

Era menester consolidar la fe, enseñar, ayudar a los pobres y hacer frente a los enemigos de Dios y de la Iglesia. Para ello se requería una intensa predicación, «ejercicios espirituales» —método de renovación de vida cristiana que pasó a la posteridad como la obra maestra de Ignacio de Loyola—, escuelas, hospitales, etc. Ignacio trabajaba más que nadie, distribuía las tareas, organizaba, sugería, guiaba, ordenaba. Además de los nombrados «ejercicios espirituales», escribió la «Constitución de la orden» y «Declaraciones». Esta intensa actividad quebrantó su salud.

El 30 de julio de 1556 enfermó gravemente e imploró la bendición del Santo Padre. Falleció al día siguiente a los 65 años de edad.

Reglas Monasticas en los Monasterios Normas Para Los Monjes

LA EDAD MEDIA: LOS MONASTERIOS
Benito Nursia Funda el Primer Monasterio

resumen de la edad media 

En el siglo VI san Benito fundó el primer monasterio de Occidente en las alturas del monte Casino. La comunidad se convirtió rápidamente en una orden monacal a la cual san Benito dio una sabia regla de vida. Ésta influyó grandemente en el terreno espiritual, cultural y social durante la Edad Media. La abadía de Montecasino fue destruida varias veces, pero siempre renació de sus ruinas. En 1958 san Benito fue proclamado «Padre de Europa»

ORIGEN DE LOS MONASTERIOS: El monaquisino cristiano nació en Egipto en los s. III y IV. Algunos fieles, huyendo de la civilización, tomaban el camino del desierto o de la montaña, y se disponían a vivir solos y entregados al más riguroso de los ascetismos.

Más tarde aparecen en Occidente los eremitas, que viven retirados en lo más profundo de los bosques, y cuyos oratorios han conservado su memoria durante largo tiempo.

Poco a poco, dichos hombres se van reuniendo para compartir su soledad y celebrar de manera conjunta la gloria divina. Así nacen los monasterios, que conocerán un gran florecimiento en los s.VI y VII, desde Irlanda hasta el sur de Italia, y se convertirán en el verdadero fermento de la cristiandad.

Columbano, un ascetismo riguroso

Dos nombres marcan el florecimiento del movimiento monástico: Columbano y Benito de Nursia.

El primero procedía de Irlanda, donde comunidades religiosas habían tomado el relevo de las antiguas escuelas druídicas.

Columbano recorre el norte de Francia, Suiza y el norte de Italia, y funda a su paso múltiples monasterios; los más célebres de éstos son los de Luxeuil y Bobbio.

Una regla muy rigurosa, cuya observancia tropieza con numerosas dificultades, une a todos ellos. En torno de las casas columbanianas se van creando aldeas, a las que los monjes ayudan a prosperar, y que se convertirán en verdaderas comunidades evangélicas.

Benito, fundador del monaquisino

Nacido hacia el 480 en Nursia, y educado en Roma, Benito abandona muy joven la ciudad para retirarse a un lugar desierto, en Subiaco. Relata la leyenda que, cuando acababa de ser elegido abate de un monasterio vecino, fue víctima de una tentativa de envenenamiento.

Poco a poco se fueron reuniendo con él discípulos, a los que condujo a un lugar difícilmente accesible, el monte Cassino, donde se fue edificando con lentitud un inmenso monasterio regido por la que llegaría a ser la regla benedictina.

Para asegurar estabilidad material y espiritual al convento, Benito dicta unas normas extremadamente precisas, que conciernen a la vez a la vida cotidiana, a la práctica religiosa y al trabajo intelectual.

El fundamento de la vida monástica es el silencio, tan importante, en su opinión, como la pobreza y la castidad. Rigurosa y apacible, la regla contribuirá al extraordinario desarrollo del movimiento benedictino por todo Occidente.

Cada monasterio hace irradiar en torno a sí su enriquecedora acción: los benedictinos se consagran en aquellos siglos de barbarie a cultivar las tierras baldías y proteger a los pobres.

Refugios de la cultura

Pero la función civilizadora de los monasterios columbanianos y benedictinos va mucho más allá de sus actividades religiosas, sociales o económicas, puesto que asegurarán la supervivencia de la cultura antigua y pondrán las bases de la feliz conjunción de la tradición mediterránea y del genio creador bárbaro, en la que estribará el esplendor de la Edad Media.

En su interior están los únicos focos de cultura que subsisten en una Europa asolada por la guerra y la anarquía. En ellos se crean verdaderos talleres en los que escritores, pintores, escultores y músicos prepararán todo aquello que florecerá plenamente en el tiempo de las catedrales.

REGLAS EN LOS MONASTERIOS DE BENITO DE NURSIA: «Ora et Labora»

Esta máxima latina, empleada por san Benito para definir su Regla, resume perfectamente la vida cotidiana en los monasterios del Medievo. Si 5r resta el escaso tiempo que los monjes destinaban al sueño, toda su jornada; estaba dedicada a la oración y al trabajo.

El horario y actitud para orar cumplía las normas del Oficio Divino, también llamado Horas canónicas. Su intención era mantener la devoción y alabanza, de Dios a lo largo del día, y en principio no obligaba sólo a los monjes, sino a todos los buenos cristianos.

Esto dio lugar a que muchos personajes de la alta nobleza poseyeran un Libro de Horas personal, que en ocasiones llegaron a ser verdaderas obras de arte, al igual que los salterios que reunían 150 salmos atribuidos al rey David.

La costumbre de rezar a horas determinadas provenía del culto judío, y el mismo Cristo en la cruz oró la novena  el famoso inicio del Salmo 22: «Padre mío, ¿por qué me has abandonado…?

En todos los monasterios se seguía, con mínimas variantes, el ciclo de oraciones establecidas por el Oficio Divino:
La primera de ellas la constituían las maitines o matutinae laudes, que se rezaban antes del amanecer.
Luego, al comenzar la actividad del día, se rezaban las laudes, que significa «alabanzas».

El lapso central de la jornada estaba pautado por las «horas menores
• Prima, una hora después de salir el sol.
• Tercia, dos horas después.
• Sexta, tres horas después.
• Nona (o novena), otras tres horas después.

Al finalizar las actividades de la jornada se rezaban las vísperas o vespertinas (del latín vespera, la tarde), un conjunto de rezos que habitualmente incluía un himno, dos salmos, un cántico y lectura breve de la Biblia, el magníficat de la Virgen, el padrenuestro y algunos responsorios e intercesiones, cerrando el oficio con una oración conclusiva.

Finalmente, antes de acostarse, los monjes rezaban las completas o serie de oraciones que completaban el oficio del día.

La comunidad monacal debía reunirse en la iglesia o capilla del monasterio para rezar juntos las «horas mayores» (maitines, laudes y vísperas), pero les bastaba interrumpir su trabajo y orar donde los pillara la campana o corneta que anunciaba las horas menores. A partir de comienzos del siglo XIII, en algunos monasterios se cerraba el Oficio con las antífonas de la Virgen María, versículos cantados que se intercalaban entre los salmos.

La regla de san Benito insistía en que los religiosos debían observar las horas de oración durante sus viajes, sin olvidar rezar cada semana los 150 salmos del salterio.

Esto creó problemas a las órdenes mendicantes, que pasaban sus días en los caminos, y no podían cargar con los varios y pesados libros necesarios para cumplir con las exigencias del Oficio Divino.

En la Baja Edad Media, por influencia de los misioneros franciscanos, se consagró el uso del breviario, que condensaba en un volumen manuable las oraciones obligatorias de todo el año. Autorizado en principio para los clérigos regulares que se encontraran fuera de su convento, este librillo fue adoptado luego por eclesiásticos y laicos como guía de sus oraciones diarias (y sigue utilizándose hoy con el mismo fin).

En lo que respecta a las labores monacales, éstas dependían de la especialización de cada orden o monasterio en particular, y del grado de formación y conocimientos de cada monje, así como de su edad o sus responsabilidades litúrgicas.

En primer lugar, era necesario atender a las necesidades cotidianas de la congregación, empezando por las alimentarias. Los recintos monacales incluían, según aconsejaba san Benito, las dependencias necesarias para el sustento de la comunidad.

Solía haber por tanto una gran cocina, con sus cocineros y ayudantes, mientras otros monjes debían cultivar la huerta; atender a la granja de cerdos, conejos y aves de corral; y cuando disponían de tierras suficientes, roturarlas y sembrarlas para recoger su propia cosecha de cereales, o plantar y cultivar viñas para elaborar su vino.

Aunque cada monje atendía a la higiene personal y de su celda, alguien debía limpiar las estancias comunes, como el refectorio y la iglesia, así como ocuparse del lavado de las vestiduras litúrgicas y los objetos del culto.

El mantenimiento y reparación del propio monasterio y su iglesia requería labores de albañilería, ferrería, carpintería y otros oficios, que en las grandes abadías daban lugar a verdaderos talleres.

Aparte de estas tareas necesarias para la congregación, la mayoría de las órdenes regulares se dedicaban, como ya se ha dicho, a elaborar productos artesanales destinados al mundo exterior.

Algunos eran muy apreciados y solicitados, como los licores de benedictinos y cartujos, cuyas fórmulas se mantenían en secreto, o los chocolates que eran la especialidad de los trapenses.

Existía una gran variedad de dulces, conservas y pastas de origen monacal, casi siempre elaboradas a partir cíe los productos hortofrutícolas locales, que producían particularmente los conventos de monjas.

PLANO DE UN MONASTERIO

1. Iglesia
2. Sacristía
3. Sala de estudio y biblioteca
4. Recepción
5. Locutorio
6. Dormitorio
7. Baños y aseos
8. Refectorio
9. Bodega
10. Cocinas
11. Panadería
12. Cocina de huéspedes
13. Hostería
14. Escuela

15. Vivienda del abad
16. Hospital
17. Jardines
18. Gallinero
19. Granja
20. Servidumbre
21. Molino
22. Capellanía
23. Cuadras
24. Habitaciones imperiales
25. Ovinos y bovinos
26. Cerdos
27. Claustro
28. Hortelanos
29. Cementerio y huerto

Diseñado en el 820, a petición sin duda del abad Gozbert, y con vistas a la reconstrucción de una parte del monasterio, el plano de Saint-Gall es el único testimonio que nos queda de la configuración de un monasterio en la época carolingia.

PARA SABER UN POCO MAS…
Ampliación del Tema Sobre El Primer Monasterio de Occidente:

San Benito fundador de la vida monástica en Occidente, nació en Nursia (hoy Norcia), cerca de Espoleta, hacia 480, y murió en 547, tras haber conocido una época muy agitada. El imperio de Occidente había sido conquistado por los germanos, y por todas partes reinaba el mayor desorden, sobre todo en el aspecto religioso.

Nacido de padres nobles, san Benito quiso huir del ambiente de corrupción que lo rodeaba y se retiró a la soledad de Subiaco, donde Romano lo inició en la vida eremítica. Los monjes no tardaron en elegirle abad, y su fama creció. Sin embargo, .su severidad le indispuso con algunos de sus discípulos, quienes intentaron envenenarle. Entonces abandonó Subiaco y se refugió en las alturas del monte Casino, en Campania, junto a la carretera que va de Ñapóles a Roma.

Después de haber destruido los restos de un templo romano del siglo II en el que todavía se adoraban ídolos paganos, construyó el primer monasterio de Occidente. En efecto, la abadía de Montecasino fue fundada en 529. San Benito instituyó una regla famosa.

El fin principal era dominar el cuerpo para conseguir la elevación del alma. Para esto era preciso cantar alabanzas a Dios, y al mismo tiempo trabajar y llevar una vida extremadamente regular. Al entrar en el monasterio había que hacer voto de estabilidad y obediencia a la regla. De este modo el monje se convertía en miembro de una verdadera familia de la que el abad era el padre.

Montecasino fue la cuna de la orden benedictina. San Benito murió rezando, asistido por los monjes. Pero la orden sobrevivió y pronto se extendió por toda Europa. La regla principal de la comunidad benedictina se resume en esta máxima: Ora et labora, es decir, «Reza y trabaja».

Las abadías no tardaron en transformarse en comunidades de trabajo que, prácticamente, cubrían sus propias necesidades. Un monasterio comprendía lechería, molino, cervecería, forja, panadería y talleres en los que trabajaban carreteros o guarnicioneros. Cada abadía tenía extensas propiedades.

El claustro propiamente dicho, así como la iglesia, formaban un complejo aparte, al que, en principio, no tenían acceso los seglares. Sin embargo, con ciertos personajes importantes se hacía una excepción. Además, con frecuencia el abad estaba emparentado con familias señoriales.

El mismo claustro comprendía la sala capitular, el refectorio y la cocina, los dormitorios, las bodegas y un patio interior rodeado por una galería cubierta por la que se paseaban los monjes. Cada abadía tenía una escuela abacial. Los monasterios benedictinos eran también plantel de copistas a quienes se confiaba la transcripción y conservación de los documentos. Finalmente, solían tener un hospital.

Muy pronto las abadías se convirtieron en importantes centros culturales cuyo número iba siempre en aumento. Fueron a la vez centros de civilización material (roturación, nuevos procedimientos de cultivo del suelo) e intelectual (transmisión de las obras maestras de la Antigüedad). Nacieron otras órdenes, como los cartujos, los cistercienses y los premonstratenses. En los siglos XI y XII, cuando las ciudades fueron más importantes, aparecieron las órdenes de los franciscanos y dominicos.

La abadía fundada por san Benito fue destruida por los lombardos en el siglo VI. Para los monjes, ésta fue la señal para dispersarse por toda Italia, y más tarde por toda Europa occidental.

La abadía de Montecasino no fue reconstruida hasta el siglo VIII. Conoció su mayor esplendor en el siglo XI. Por desgracia, la paz y el recogimiento que los monjes buscaban se vieron constantemente perturbados. En el siglo XIV, un temblor de tierra destruyó el monasterio, que fue reedificado tres siglos después en estilo barroco. En 1866 la abadía pasó a propiedad del Estado y hasta 1929 no volvió a ser de los benedictinos.

Aquí no terminaron las trágicas aventuras de la abadía de Monte-casino: en febrero de 1944 tuvo efecto allí uno de los más sangrientos combates de la segunda contienda mundial. Como los alemanes se habían atrincherado en la admirable posición defensiva constituida por el monasterio, los aliados se vieron obligados a bombardearlo.

Estos combates cesaron el 17 de mayo de 1944 con la capitulación de los sitiados. Miles de soldados yacen a la sombra de la abadía, posteriormente reconstruída.

Fuente Consultada:
Más Allá de las Catedrales Entre Un Mundo Sin Fin y Los Pilares de la Tierra – René Chandelle.
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 2 Primer Monasterio de Occidente

El Fin de la Esclavitud Willberforce Su Lucha Contra la Esclavitud

Historia: El Fin de la Esclavitud
Willberforce Su Lucha Contra la Esclavitud

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la Esclavitud

Las colonias de América dependían del trabajo de los esclavos. Pero a mediados del siglo XVIII muchas personas se empezaban a cuestionar la moralidad de la esclavitud.

Durante todo el siglo XVIII, Gran Bretaña, Francia y España se enriquecieron gracias a los impuestos y a los beneficios obtenidos en las colonias. Gran parte de su riqueza se debía al trabajo de los esclavos. Dinamarca, Suecia, Prusia, Holanda y Génova (Piamonte) comerciaban también con esclavos.

Los europeos compraban africanos a los traficantes de esclavos y a los líderes locales, que veían en el tráfico de esclavos un medio de castigar a los criminales, deshacerse de los enemigos, librarse de los cautivos y enriquecerse con ello. No se sabe cuántos se vendieron en total, pero los historiadores han estimado que 45 millones de esclavos partieron de Africa entre 1450 y 1870, aunque sólo 15 millones sobrevivieron.

Muchos europeos estaban en desacuerdo con el tráfico de esclavos, pero creían que era la única manera de lograr mano de obra para las plantaciones.

Algunos esclavos escaparon de las plantaciones y fundaron sus propios pueblos en zonas remotas. En 1739, un grupo de esclavos jamaicanos cimarrones se rebelaron contra los británicos.

Afortunadamente, algunas personas  comenzaron a protestar, sosteniendo que la esclavitud iba en contra de la ley de Dios y de la decencia humana. El filósofo francés Rousseau, en su obra El contrato social, escribió en 1764: «El hombre ha nacido libre, pero en todas partes está encadenado».

Sus escritos  inspiraron la revolución en Francia y en América del Norte, y la libertad individual comenzó a considerarse como un derecho social, no ya como un don otorgado por el rey. Las ideas de Rousseau también animaron a ciertas personas a luchar en nombre de otras que no podían defenderse por sí mismas. Políticos, hombres de la Iglesia y gente corriente comenzaron a pensar en cómo podían ayudar a los esclavos. Pero los argumentos morales no tenían tanta fuerza como los beneficios que generaba la esclavitud. (ver La Ilustración)

EL FIN DEL COMERCIO DE ESCLAVOS

Entre 1777 y 1804, la esclavitud fue ilegalizada en el norte de Estados Unidos. Dinamarca abandonó del comercio de esclavos en 1792 y Gran Bretaña, en 1807. Pero el tráfico de esclavos continuaba. La marina británica tomó drásticas medidas contra el comercio de esclavos desde 1815, pero la esclavitud seguía siendo legal en casi todas partes.

Una revuelta de esclavos en la colonia francesa de Santo Domingo en 1791-1793 condujo a la abolición en Francia, aunque en 1803 se volvió a legalizar la esclavitud. En 1831, un levantamiento de esclavos en Virginia provocó el endurecimiento de las leyes y el incremento de la defensa de la esclavitud entre los blancos del sur de Estados Unidos.

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la EsclavitudAntes de la abolición, los barcos de esclavos seguían una ruta de navegación triangular por el Atlántico, llevando artículos manufacturados de Europa a África, esclavos a América y productos como el azúcar de regreso a Europa.

William Wilberforce (1759-1833) era miembro del Parlamento por Hull, un concurrido puerto esclavista, pero le horrorizaba el comercio de esclavos. Junto a otros cristianos humanitarios empezó en 1784 una campaña contra el comercio de esclavos, que acabó prohibiéndose en todo el Imperio británico en 1807.

Las condiciones de vida en los barcos esclavistas eran terribles e insalubres. Los esclavos, amontonados en las bodegas del barco, apenas podían moverse.

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la Esclavitud

FILANTROPÍA: En Gran Bretaña, Thomas Clarkson (1760-1846) y William Wilberforce dirigieron una campaña antiesclavitud y, en 1807, su país abolió el comercio de esclavos. Sin embargo, pasaba el tiempo y no se liberaba a los esclavos. Wilberforce murió justo antes de que todos los esclavos en manos británicas fueran liberados. Los europeos empezaban a sentirse incómodos con la esclavitud y la armada británica bloqueó el comercio deteniendo algunos barcos esclavistas.

Pero la esclavitud continuaba en Cuba, Costa Rica, Brasil y el sur de Estados Unidos. Las grandes plantaciones se habían levantado sobre la base del trabajo esclavo y sus propietarios eran reacios a cambiar. Además, Europa disfrutaba de algodón y tabaco muy baratos procedentes de los estados sureños de Estados Unidos. En este país, los habitantes del norte apoyaban la emancipación, pero los sureños querían conservar a sus esclavos. Finalmente, la esclavitud acabaría siendo prohibida en Estados Unidos en 1863; en Cuba, en 1886; y en Brasil, en 1888. El comercio de esclavos de los árabes en Africa acabó en 1873.

FECHAS CLAVES

1592 Empieza el tráfico de esclavos británico.

1739 Revuelta de esclavos en Jamaica.

década de 1760 Auge del tráfico de esclavos.

1791—1801 Revuelta de esclavos en Santo Domingo.

1792 Abolición del comercio de esclavos en Dinamarca.

1807 Abolición del comercio de esclavos en Gran Bretaña.

1834 Abolición de la esclavitud en las colonias británicas.

1865 Abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

1880 Abolición de la esclavitud en España.

1888 Abolición de la esclavitud en Brasil.

LA REVUELTA DE LOS ESCLAVOS EN SANTO DOMINGO

El fin de la esclavitud Willians Willberforce Historia de la EsclavitudLa Revolución francesa se extendió a todas las colonias francesas de ultramar En 1791, la Asamblea Nacional de Paris decidió conceder el voto a los esclavos de Santo Domingo (hoy Haití, en el mar Caribe). Los propietarios de plantaciones se opusieron y entonces cien mil esclavos se rebelaron. Muchos propietarios de esclavos fueron asesinados, se destruyeron casas y se quemaron las plantaciones de café y azúcar.

Napoleón envió tropas a la isla y estalló una larga guerra civil encabezada por Toussaint l`Ouverture (imagen-1746-1803), un antiguo esclavo que se declaró a sí mismo gobernante de la isla en 1801. La economía de los estados sureños de Estados Unidos dependía de la mano de obra esclava. La recogida del algodón era uno de los principales trabajos de los esclavos. El algodón se exportaba para abastecer los telares de la Europa industrial.

El líder de la revuelta de esclavos de 1831 en Virginia, Nat Turner (1800-1831), mató a su amo y a 57 blancos, y animó a 60 esclavos a sublevarse. Su revuelta duró varios meses, pero finalmente él y sus seguidores fueron capturados y ahorcados.

Ver: Vida de Espartaco, el Esclavo Romano

Ver: Historia de la Esclavitud En Estados Unidos

Averroes Biografia del Filosofo Arabe El Pensamiento Medieval

Averroes Filósofos Árabes: El Pensamiento Medieval – Biografía

AVERROES (Cordoba, 1126 – Marrakech, 1198: Averroes (Abu-l-Walid Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad Ibn Rusd) fue uno de los más importantes filósofos hispanoárabes de su época. Introdujo el pensamiento aristotélico en Occidente, su figura ocupa un lugar de honor en la historia del pensamiento medieval.

Fue este último teólogo, jurisconsulto, médico, matemático y astrónomo, y a la vez un eminente comentarista de Aristóteles, a cuyo sistema filosófico profesó gran predilección.

A la cultura musulmana se debe la introducción en la aritmética de los signos de numeración llamados arábigos, de uso actual, y el léxico español también le debe la aportación de las voces álgebra, alcohol, alquimia, nadir, cénit, elixir, cifra y otras muchas de uso en las ciencias y en las artes

Filósofo hispano-musulmán. Perteneciente a una ilustre familia de jurisconsultos cordobeses, estudió Filosofía, Derecho, Física, Astrología, Matemáticas y Medicina. Gozó del favor de los sultanes de su tiempo y ejerció cargos importantes como cadí (juez) de Sevilla (1169) y de Córdoba (1182). De cultura enciclopédica, se especializó en Filosofía, abriendo camino al renacimiento hispano-musulmán.

Averroes, nació en Córdoba (cuando al-Andalus estaba bajo dominio de los almorávides) en una familia prestigiosa de jurisconsultos –su padre y su abuelo fueron cadíes supremos de Córdoba–, su curiosidad intelectual derivó en una educación que abarcó todos los ámbitos científicos: medicina, derecho, astronomía, matemáticas y filosofía.

En esta ultima especialidad, su maestro fue Abentofaid, mediante el cual conoció al sultán Yusuf I, en el 1168.

De esta manera, Averroes se abocó a la lectura atenta de los principales exponentes filosóficos: Aristóteles, Avicena y a Avempace.

Estudió también a Porfirio, Galeno, Ptolomeo y Platón.

Pasó su vida a caballo entre Andalucía y Marruecos, escribiendo obras de filosofía y de medicina, que alcanzaron gran prestigio en todo el mundo musulmán.

Filosofo Averroes, árabeA la edad de 43 años fue nombrado juez de Sevilla, y a los 56, paso a ser medico particular del Sultan Abú Yaqub Yusuf. Al poco tiempo, fue nombrado juez en Córdoba.

En ese momento ya contaba con una producción vastísima, en las que se destaca su labor de comentarista:

«Comentarios al ‘Corpus aristotelicum’», que contiene los «Comentarios menores», los «Comentarios medios» y los «Comentarios mayores», en los que se incluyen comentarios al «Isagogé», de Porfirio; el libro «Tahafut al Tahafut» -ataque a la obra del Algazel «Destrucción de la Filosofía»-; sus «Comentarios» a al-Farabi, Avicena y Avempace; sus «Comentarios» a Galeno y Ptolomeo; su tratado «El kitab al-kulliyyat al-tibb», de Medicina, y sus escritos teológicos «Damima» y «Fasl al Magal».

Escribió sus Comentarios a la filosofía de Aristóteles, en la que, además de exponer las ideas de éste, añade las suyas. También comentó La República de Platón. Chocó con el ambiente religioso y filosófico de su época, siendo desterrado a Lucena por hereje.

En el campo de la Filosofía, Averroes se alejó de las doctrinas de Avicena, uno de los más prestigiosos pensadores musulmanes, el único reconocido en aquella época.

En este sentido, rompe con los elementos neoplatónicos que la exigencia de ciertos principios religiosos habían hecho obligatoriamente necesarios para los pensadores islámicos anteriores, y, de este modo, diferencia y separa Filosofía y Teología por vez primera en la civilización islámica.

Mantenía que las verdades metafísicas pueden expresarse por dos caminos: a través de la filosofía (según pensaban Aristóteles y los seguidores del neoplatonismo) y a través de la religión (como se refleja en la idea simplificada y alegórica de los libros de la revelación).

Aunque no propuso la existencia de dos tipos de verdades (filosófica y religiosa), sus ideas fueron interpretadas por los pensadores cristianos, que las calificaron como “teoría de la doble verdad”.

Rechazó el concepto de la creación del mundo “en el tiempo”, pues mantenía que el mundo no tiene principio.

Dios es el “primer motor”, la fuerza propulsora de todo movimiento, que transforma lo potencial en lo real.

El alma individual humana emana del alma universal unificada.

Según Averroes, el mundo y la materia son emanación de Dios y son eternos. El conocimiento humano es consecuencia de un intelecto agente universal único, impersonal e inmortal, que reside en la esfera de la Luna y es compartido por todos los individuos.

En cuanto a su teoría del conocimiento, Averroes se ciñe totalmente a la de Aristóteles y da a conocer el pensamiento del gran filósofo clásico sin ningún tipo de gangas neoplatónicas.

Incluso, los amplios comentarios de Averroes sobre las obras de Aristóteles (encargados por Yusuf I) fueron traducidos al latín y al hebreo, y tuvieron una gran influencia en la edad media, tanto en el escolasticismo y la filosofía cristiana como entre los filósofos judíos.

Su principal obra original fue Tahafut al-Tahafut (La destrucción de la destrucción), donde rebatía una obra del teólogo islámico Algazel sobre la filosofía.

A raíz de sus teorías filosóficas (la que afirmaba que la razón primaba por sobre la religión) Yusuf II (hijo y sucesor de Yusuf I) ordenó su destierro en 1194 a Lucena y su destitución del cargo en la Corte.

En 1198, rehabilitado, ingresó al servicio del sultán, al poco tiempo marchó a Marrakech (Marruecos), donde murió pocos meses después.

Su cadáver fue trasladado a Córdoba para enterrarlo en el panteón de su familia.

La obra de Averroes se centra en conciliar la filosofía de Aristóteles con la teología musulmana; traducido al hebreo y al latín, ejerció una influencia decisiva sobre la escolástica del Occidente medieval, tanto judía como cristiana.

Pretendió dar una explicación racional de los misterios del Corán y rozó con el panteísmo, siendo condenado también por la Iglesia católica (1240 y 1513). Su obra tuvo mucha influencia en Occidente, donde dio lugar a la difusión de la filosofía de Aristóteles y al movimiento escolástico, para cuyos miembros Averroes fue el comentarista por excelencia.

Fuente Consultada:
Grandes Cientificos de la Humanidad – Tomo I – Editorial ESPASA – Manuel Alfonseca – Entrada: Averroes
¿Sabes QUIEN…? – Editorial OCEANO – Entrada Averroes
Enciclopedia Electronica de Microsoft – ENCARTA-