Las Funciones del Estado

Postulados del Materialismo Dialectico Filosofia y Politica

Postulados del Materialismo Dialéctico
Filosofía y Política

El Materialismo Dialéctico: Sus postulados centrales.

El terreno del Materialismo Histórico es donde se constituye inicialmente de manera implícita la filosofía marxista, que luego será desarrollada explícitamente, en su terreno específico. Desde su óptica, la filosofía en general no tiene un objeto particular a conocer como lo tienen las ciencias. La temática fundamental de toda su historia es la que .se refiere a la relación entre la realidad objetiva y el pensamiento, en ella se discute que aspecto de la relación ocupa el lugar central y cual el dominado: ¿qué es lo primario, el “ser” o la “conciencia”?.

El enfrentamiento que la atraviesa centralmente se dará entre los “idealistas”, que afirman la prioridad de un principio ideal (Dios, la Idea Absoluta, la “conciencia” del individuo como constituyente, como creadora, de la realidad objetiva, etc.) y los “materialistas”, que afirman la prioridad de la realidad objetiva sobre la “conciencia” o el conocimiento de ella y explican el movimiento de la realidad objetiva y su conocimiento no por la existencia de. una fuente del mismo carácter ideal (Dios, Primer Motor, Idea Absoluta, etc.), sino material.

En este sentido, la llamada “historia de la filosofía” seria reductible en última instancia, pese a su diversidad y complejidad, a una misma’ discusión que se renueva permanentemente de formas (“corrientes” filosóficas).

La definición de la relación “ser”-«conciencia” supone la presencia del segundo problema decisivo de la filosofía: el de la producción del conocimiento. El Materialismo Dialéctico inaugura una nueva práctica de la filosofía.

Su materialismo tiene un carácter dialéctico que deviene fundamentalmente del postulado de que todos los procesos objetivos y subjetivos encierran internamente contradicciones cuyo despliegue es la fuente de su movimiento y transformaciones. Las contradicciones objetivas, al ser aprehendidas por el pensamiento, condicionan el carácter dialéctico del movimiento de los conceptos.

El Materialismo Dialéctico tiene pues como temática central:

1) la distinción entre el “objeto real” y su conocimiento, el “objeto de conocimiento”,

2) la fundamentacion de la prioridad de la realidad objetiva respecto a su conocimiento y

3) la elaboración teórica del movimiento dialéctico de ambos elementos y sus relaciones mutuas.

Con ello se crea la posibilidad de elaborar una teoría de la historia de la producción de los conocimientos, es decir, una teoría de las condiciones reales de esta producción: por una parte, materiales y sociales y, por otra, propias de la práctica científica.

Postulados del Materialismo Dialectico Filosofia y Politica

Filosofía y política

Para el marxismo las diferentes corrientes filosóficas y los conflictos entre ellas no son producto del desarrollo autónomo de la filosofía. El punto de referencia último para su comprensión no está en el terreno “intrafilosófico”, sino en las luchas sociales y políticas de las clases. Sus efectos sobre el campo de la filosofía se desarrollan a través de complicadas y sutiles mediaciones.

Uno de los campos fundamentales que hace sentir su presencia en la historia de la filosofía es el de las diferentes ciencias. Pero, si bien la filosofía recibe el impacto de los descubrimientos científicos, que le obligan a replantear y profundizar su respuesta a la cuestión central que la ocupa, al mismo tiempo, como teoría general de la producción del conocimiento influye, a su vez, sobre las ciencias ayudándolas a constituirse como tales y luchando contra todo componente ideológico idealista que obstruya este proceso.

Tomemos el caso de las relaciones entre la filosofía materialista dialéctica y la ciencia del Materialismo Histórico. Para el marxismo, el Materialismo Histórico, producto de una práctica teórica específica, encuentra en última instancia el terreno para validarse en su reinscripción en la práctica social revolucionaria del proletariado. Pero e Materialismo Dialéctico interviene en este proceso colaborando en el logro de la cientificidad del Materialismo Histórico y en este sentido opera coincidentemente con la necesidad del proletariado de contar con una teoría revolucionaria sin la cual no es concebible una práctica revolucionaria efectiva.

Por lo que: 1) representa el campo teórico que refuerza el logro de un un conocimiento científico como “guía de la acción» revolucionaria. Este aspecto redundará en la no presencia de “desviaciones” (oportunismo, sectarismo, etc.) en la práctica política; 2) en tanto una proposición o una idea, verdadera o falsa, puede inscribirse activamente en la lucha de clases como representante directo o indirecto de los intereses históricos de sus protagonistas, la exigencia proletaria de una ciencia de la revolución supone la intervención de la política en el plano de la producción de conocimientos.

Este aspecto decisivo es conocido a través de la exigencia de asumir un “espíritu de partido” en la práctica filosófica. Es decir, de impulsar el desarrollo consecuente de la ideología del proletariado y de combatir implacablemente toda variante de ideología burguesa. Esta ubicación de la filosofía en el seno de la lucha de clases supone, a la vez, una nueva práctica de la filosofía.

La filosofía idealista, en su función de ideología de las clases dominantes no puede ejercerse sino bajo las formas que perpetúen la división del trabajo de la sociedad de clases. Se constituye como la filosofía de los “profesores”, como grupo separado y diferenciado del resto del pueblo, que supuestamente contiene en su saber a la Verdad como su patrimonio. Verdad que es transmitida explícitamente de manera vertical, respetando las jerarquías intelectuales través de los aparatos educacionales e implícitamente a través de los medios de información, etc. La filosofía marxista encontrará, a la inversa, su máxima realización práctica al ser asumida por el proletariado en su lucha. Lo que redefine las condiciones y protagonistas de su ejercicio.

Las tareas actuales del Materialismo Dialéctico

El desarrollo teórico del Materialismo Dialéctico no está a la altura del que tiene el Materialismo Histórico. Son pocas las referencias explícitas al mismo en los clásicos del marxismo y, en general, se puede decir que, más allá de sus principios generales, que si están explicitados y de intentos deimportancía como los de Georg Lukács, Karl Korsch, Auguste Cornú, Galvano Della Volpe, Lotus Althusser y otros la filosofía marxista se encuentra implícitamente en los textos de los clásicos del marxisrtio: Marx, Engels, Lenín, Gramsci, Mao, etc., y en las reflexiones políticas de dirigentes proletarios como el Che Guevara, Ho Chi Minh, tec., que asumieron consecuentemente la lucha anticapitalista. Hoy es prioridad en el trabajo del Materialismo Dialéctico la profundización de su interacción teórica con el Materialismo Histórica. La filosofía explicitará así sus fundamentos y la ciencia desarrollará sus “piedras angulares” que elaboraron los clásicos.

Colaborar con el desarrollo del Materialismo Histórico supone para la filosofía marxista:

A) saber aprovechar los elementos de la actual coyuntura que pueden ayudar a su desarrollo: 1) el trabajo teórico que recupere la enorme riqueza de la iniciativa revolucionaria y combativa que despliegan las masas en sus luchas; 2) El trabajo teórico sobre los textos de los clásicos y los documentos políticos que orientan los focos centrales de lucha anticapitalista y por la construcción del socialismo; 3) la relación de apuntalamiento que puede darse al articular el discurso teórico del Materialismo Histórico con el de diversas ciencias como el psicoanálisis, la lingüística, etc. A condición de la intervención del Materialismo Dialéctico sobre ellas ayudando a distinguir en su interior su cientificidad posible de los ingredientes de ideologías idealistas que puedan contener (psicologismo, formalismo, etc.);

B) superar diversos obstáculos teóricos que se le oponen a través del acecho ideológico de: 1) las nociones del “sentido común” y la experiencia directa en general que estén impregnadas de ideologías idealistas; 2) las incrustaciones de otras filosofías, principalmente el hegelianismo y el neopositivismo. De la influencia de la primera resulta una concepción espontaneísta del proceso histórico, que niega o subestime la necesidad de la conciencia de clase y la organización revolucionaria. Generando una práctica política que se diluye en la acción espontánea de las masas en la medida de que el éxito del proceso está asegurado por el despliegue del “espíritu del pueblo”, etc. De la segunda una concepción cientificista que separa la práctica teórica de la acción revolucionaria y que, entonces no puede articular la teoría con la experiencia vivida de las masas, condenándose al aislamiento político; 3) de las influencias negativas de otras ciencias, como por ejemplo la biología y la física mecánica. En la medida en que se piense la historia desde sus supuestos teóricos se derivará en una concepción no revolucionaria sino evolucionista de la sociedad.

El marxismo como practica revolucionaria

Trataremos de analizar la intervención política del marxismo en las luchas del proletariado internacional. La reconstrucción de los hechos tendrá pues, exclusivamente un eje: el proceso contraponiendo ideológica y políticamente a la por el cual el proletariado se va diferenciando y burguesía, se va transformando en una fuerza social con acción propia en diversos procesos de acumulación de fuerzas y de luchas por el poder. Así como de su acción en la construcción del socialismo desde el poder.

Desde esta focalización centraremos en los momentos decisivos de la acción política revolucionaria y de los enfrentamientos de las diferentes líneas políticas que supongan una implicancia decisiva en la acción practica. Esta reconstrucción no seguirá, pues, un criterio abarcador del conjunto de procesos históricos desde el surgimiento del proletariado. Por otra parte, por la índole de su eje, la reconstrucción supone, en gran medida, el análisis del proceso que vivió y vive el Movimiento Comunista Internacional. Por lo que trataremos además de presentar la problemática a tratar desde la óptica de las concepciones que centralmente disputan su dirección.

Ideas de Marx Sobre Malthus

La Lucha Politica y Militar Marxista Lucha de Clases

La Lucha Política y Militar Marxista – Lucha de Clases

Las fuerzas de la revolución

En la actualidad las relaciones de producción dominantes en escara mundial son las capitalistas en su fase imperialista. De lo que se deduce que los polos antagónicos de nuestra época están representados por la burguesía y el proletariado internacionales.

Pero la contradicción entre el proletariado y la burguesía nunca se da en estado puro, sino combinada con otras relaciones de producción. En los países capitalistas desarrollados la contradicción que se puede jerarquizar como la principal en su fase histórica revolucionaria actual es la de burguesía-proletariado.

En los países coloniales, semicoloniales, dependientes, la dominancia de las relaciones de producción capitalistas se da principalmente a través de la presencia del imperialismo, lo que combinado con relaciones de producción que son resabios de formaciones sociales anteriores (cierto tipo de arrendamiento de la tierra, artesanos, etc.) y productos originales de esta época (capas medias numerosas, etc.) hacen que la contradicción burguesía-proletariado se articule con otras de tal manera que se crean dos grandes bloques de clases y capas que se constituyen en los polos centrales de la contradicción principal de su fase revolucionaria histórica.

La Lucha Politica y Militar La Teoria Marxista Lucha de Clases

Marx y Engel fundadores del socialismo

Por un lado el campo de las ciases dominantes hegemonizadas por el Imperialismo, por él otro, el de los sectores populares en el que debe ganar la hegemonía el proletariado.

Así, es necesario distinguir dentro del campo popular:

1) las fuerzas motrices de la revolución, que están constituidas por los grupos sociales que participan en forma activa del proceso revolucionario:

2) la fuerza principal que está constituida por la clase social que representa la fuerza motriz más numerosa:

3) la fuerza dirigente que está constituida por la clase social que dirige el proceso revolucionario, aunque a veces no sea la más numerosa, como el el caso de la Revolución China, en la cual la fuerza dirigente es el proletariado a través del P. C. Chino y su fuerza principal el campesinado.

El sistema capitalista mundial jerarquiza al proletariado industrial como el sector social globalmente antagónico a toda la sociedad y capaz de encabezar un bloque de capas y clases populares aijadas en cada fase revolucionaria, así como garantizar, una vez resuelta la contradicción principal de la misma la construcción ininterrumpida del socialismo y el comunismo, a través de la justa resolución de las contradicciones en el seno del pueblo.

El poder y la violencia

El problema del poder es el decisivo de la revolución. Los medios de ejercicio de la dictadura de las clases dominantes suponen la combinación de la represión física y la integración política e Ideológica al sistema de los sectores explotados.

Frente a estos instrumentos de dominio el proletariado lleva la lucha de clases en tres frentes fundamentales: el económico reivindicativo, el ideológico y el político. El centro de gravedad de su acción por el poder se va a constituir en la lucha política revolucionaria. Cada situación concreta exige formas de lucha específicas, orientadas a facilitar la máxima movilización de las fuerzas revolucionarias, a debilitar la posible hegemonía del enemigo, a precipitar su “crisis orgánica”, a obtener, en definitiva, un cambio favorable en la relación de fuerzas con vistas al poder.

La respuesta revolucionaria a los medios de dominio de las clases que detentan el poder supone una compleja articulación entre la lucha política y su continuación bajo la forma del enfrentamiento armado. La relación mutua entre ambos elementos está regulada por el concepto central del Materialismo Histórico que plantea que las formas de lucha son instrumentos de la lucha de clases y no fines en sí mismo.

El enfrentamiento es siempre entre fuerzas sociales y su relación de fuerzas tiene su centro de definición en la fuerza propia cohesionada y organizada con que cuenta cada clase. El protagonismo del proletariado es el elemento decisivo del polo revolucionario de la contradicción principal.

Retomemos los momentos centrales de la dinámica de la formación social que hemos analizado: a) fase de correspondencia entre Las fuerzas productivas y las relaciones de producción; b) fase de no correspondencia y de debilitamiento de la hegemonía de las clases dominantes; c) fase de agudización de la no correspondencia y de “crisis orgánica”; d) fase de “situación revolucionaria”; e) fase de “situación revolucionaria directa” y toma del poder revolucionario.

El movimiento general nos indica que la lucha política y la militar se dan simultáneamente siempre. Al comienzo la acción política general (debilitamiento dé la hegemonía de las clases dominantes y formación de una fuerza propia revolucionaría) es esencial y su forma específica armada queda en un segundo plano (autodefensa de las luchas, propaganda armada, etc.). Su evolución progresiva las lleva a equilibrar su importancia hasta desembocar por fin en una una etapa en que la lucha armada ocupa el primer lugar, hasta dominar totalmente la escena de la lucha de clases. El enfrentamiento directo y total con el poder militar de la burguesía, para los marxistas, se desata, entonces, sobre la base de contar con una relación de fuerzas políticas propicias.

Frente a la realidad de que las clases dominantes no renuncian nunca pacíficamente a su poder y perfeccionan sus aparatos represivos para el enfrentamiento de clase, el único terreno en el que se les puede enfrentar con éxito es el de las luchas de masas que asuma las formas de lucha y la combinación entre ellas correspondientes a cada etapa del proceso. Lo que supone respetar las leyes específicas de la lucha revolucionaria política y militar según las particularidades de cada país.

Esta concepción se desarrolló históricamente enfrentando a las líneas políticas que postulaban la posibilidad de un tránsito al socialismo por la vía electoral parlamentaria, desarmando política, ideológica y militarmente al proletariado frente al poder burgués.

También, pero en otro plano, combatió ideológica y políticamente a todas las concepciones que, partiendo de la afirmación justa de que sin enfrentamientos armados con e! poder dominante no hay posibilidad de cambios revolucionarios, autonomizaban el enfrentamiento armado directo con el aparato represivo del Estado y otras instancias del sistema, respecto de la lucha de masas (terrorismo; etc.).

De lo que resultaba el aislamiento político y militar de quienes incurrían en este error y la condena a la lucha espontánea de la clase obrera; con la consiguiente posibilidad de reforzamiento indirecto de la influencia ideológica y política burguesa sobre ella.

Bajo la dirección del partido revolucionario del proletariado se deberá formar, para los clásicos del marxismo, el ejército popular revolucionario basado en las milicias obreras y populares. Las características de clase, la composición social, su situación geográfica, etc., harán que en cada país la lucha armada asuma formas específicas (insurrección, guerra popular prolongada, etc.).

Por otra parte, el protagonismo de las fuerzas obreras y populares, además de ser exigido para el enfrentamiento con el poder dominante, es condición de posibilidad para la construcción de la nueva sociedad, en la medida en que en el seno de los órganos de lucha de las masas es donde se incuban los órganos de poder popular y de gestión directa de la clase obrera, sin los cuales es inconcebible la superación del capitalismo

El poder socialista

La toma del poder revolucionario supone la destrucción del instrumento de dominación principal de la burguesía: el Estado. Y su reemplazo por órganos de poder popular que garanticen una nueva y superior forma de democracia de las masas y la derrota de la resistencia de las clases anteriormente dominantes (Soviets en la Unión Soviética de Lenín, Comunas en la China Popular).

Lo que supone el ejercicio de la “dictadura del proletariado”, garantía de efectivización del tránsito hacia una sociedad sin clases. La revolucionarización interrumpida de todos los niveles de la sociedad, la liquidación de toda explotación de clase, de toda desigualdad social, etc., desembocan en la sociedad comunista, regida por el principio de: «de cada cual según su capacidad; a cada cual según su necesidad”. Con la desaparición histórica de las clases a nivel económico que supone el comunismo se debe producir la extinción del Estado socialista y de todas las instancias políticas y militares: el logro del más pleno autogobierno de los trabajadores.

Pero, así como el capitalismo universalizó sus relaciones sociales en todo el mundo y por lo tanto el proletariado y sus luchas asumieron caracteres internacionales, la liquidación de las clases y sus instituciones e ideologías no puede lograrse en el plano nacional local por separado , sino solo mundial.

Ideas de Marx Sobre Malthus

El Proletariado y el Partido Politico Fuerza Revolucionaria en Rusia

El Proletariado y el Partido Político
Fuerza Revolucionaria en Rusia

Entre los antiguos romanos, el proletario era el hombre libre cuya única propiedad era su prole o descendencia. En tiempos modernos, los teóricos del socialismo y del marxismo definieron al proletariado industrial como la clase destinada a transformar la sociedad.

En sentido estricto, el proletariado es la clase social formada por obreros industriales cuyo único ingreso se deriva de la venta de su trabajo. En una acepción más amplia, los sociólogos llaman proletario a todo aquel que vive de un salario percibido a cambio de trabajo, lo que incluiría a los obreros agrícolas, a los funcionarios del estado, a los trabajadores cualificados y a los mandos empresariales.

Fuera de esta categoría social quedan los marginados y los desempleados, y también los grupos sociales que viven de la obtención de ingresos no salariales, como las rentas de la propiedad agrícola y los beneficios del capital.

El partido revolucionario: El proletariado tiende espontáneamente a negar la sociedad capitalista, pero los procesos objetivos que enmascaran y ocultan las raíces y mecanismos de explotación hacen que, sin una teoría revolucionaria que dé cuenta de las causas de su situación, subordine su crítica al sistema a explicaciones imaginarias de las causas de los procesos que cuestiona en sus luchas, esterilizando a las mismas en su posible eficacia histórica. Se neutraliza así el filo crítico y destructivo de sus luchas hacia un cauce reformista, absorbible por el sistema.

Proletariado

Proletariado, la fuerza del trabajo

Es que la explotación se muestra, se hace visible en sus efectos: pobreza creciente por un lado, acumulación de riquezas por otro, pero enmascara sus causas objetivas, es decir, la relación de extracción de plusvalía que contraen el obrero y el patrón. Se deriva;si la explicación de la situación de vida del explotado a causas imaginarias éticas o psicológicas: el patrón tiene más voluntad, inteligencia, suerte, etc.

La sociedad aseguraría la igualdad, las desigualdades tendrían como fuente las desigualdades naturales de los hombres entre sí. Cuando la agudización de las contradicciones sociales alcanzan cierta magnitud se confiará entonces de hecho en que la misma sociedad ponga en juego mecanismos corrector de su funcionamiento.

Por lo que los cuestionamientos a la misma se agotan a lo sumo en el reclamo de distribuir mejor las riquezas a través de cambios en última instancia subjetivos: el capitalismo debe “humanizarse”, el patrón no debe ser egoísta, debe pagarle lo “justo” al obrero, etc. Pero este cuestionamiento, que puede incluso expresarse a través de luchas de envergadura, no llega en sus planteos a cuestionar la relación objetiva que está en la base de toda desigualdad en la distribución de los bienes creados: la propiedad privada capitalista sobre. los medios de producción.

Estos enmascaramientos objetivos empalman y son reforzados por las elaboraciones y explicaciones sobre la sociedad y sus problemas que transmiten los aparatos ideológicos del Estado y privados de las clases dominantes.

Las luchas obreras que se generan espontánea. mente presentan entonces un carácter dual. Por una parte se constituyen de por sí en una barrera a la tendencia propia de la burguesía a agudizar la explotación de clase y en el terreno decisivo para la posible toma de conciencia de sus objetivos históricos, es decir, del carácter antagónico que debe asumir su enfrentamiento con el poder burgués. Pero, por otro, lado, libradas a sí mismas, estas luchas no rebasan en último instancia los objetivos de resistencia al dominio burgués y no pueden de por si articularse con un proyecto de poder propio.

Para quebrar este sometimiento ideológico y político es necesario producir la teoría científica que ponga al descubierto los mecanismos reales de funcionamiento y cambio del sistema. La que no puede tener otro fin que el de su reinscripción en la práctica social global del proletariado a través de fa formación de la instancia orgánica de conducción política de la lucha: el partido revolucionario.

La garantía máxima de verificación de una teoría revolucionaria, de desarrollo de una línea política, de conservación del carácter revolucionario de una organización se encuentra en la relación positiva que entabla con las masas, con sus experiencias con sus necesidades, con su historia concreta, Por ello, el terreno de acción principal del partida revolucionario es la lucha de masas y su vía de acceso y contacto con la clase es la recuperación de las necesidades más sentidas de la clase tanto inmediatas como históricas.

El carácter de las reivindicaciones movilizadoras será cambiante según la situación estructural y coyuntural de la lucha de clases, así como del movimiento propio de las relaciones de fuerzas políticas e ideológicas en cada momento.. El partido, entonces, debe tender a establecer un contacto con el resto de la clase que pueda recuperar la positividad (todo lo que se oponga al orden burgués) de las luchas de resistencia, con vistas a acelerar el cambio de la relación de fuerzas con el poder dominante.

Desde este punto de vista el partido es una fracción de la clase obrera y todo posible intento de sustituir la acción de las masas por la de la organización revolucionaria, como por ejemplo en el caso del stalinismo, es extraño a la concepción leninista de le lucha proletaria. Cuando de instrumento ¿le lucha, la organización se convierte en un fin en sí mismo, se presenta quizás uno de los síntomas más importantes de su pérdida de carácter revolucionario.

Con la Revolución Industrial y el advenimiento de los sistemas liberales a lo largo del siglo XIX, el conflicto entre los intereses de proletarios y burgueses se hizo evidente. El liberalismo implantó la igualdad política, pero, en sus primeras formulaciones, ignoró las desigualdades económicas sociales. Los intereses del proletariado se expresaron en el desarrollo del movimiento obrero y en las diversas teorías socialistas (socialismo utópico, anarquismo, marxismo), que aspiraban a transferir a la sociedad o a sustituirla por otra nueva en la que desaparecieran las desigualdades económicas.

Situado así el partido en el seno de la clase, es necesario señalar, al mismo tiempo, la diferencia específica que guarda con el resto de la clase y que lo hace imprescindible: la conciencia científica de sus intereses históricos, de los medios de su realización, etc. así como la efectivización práctica de las tareas y formas de organización que garantizan su logro.

Por ello si bien es necesario recuperar toda la positividad posible de la iniciativa y acción propia de la clase, toda la riqueza de los diferentes niveles de conciencia a los que espontáneamente puede acceder, la acción del partido es condición de posibilidad de que la clase se autonomice política, ideológica y organizativamente respecto de la burguesía y pueda por lo tanto proyectarse en la lucha por el poder y la construcción de la nueva sociedad.

Será entonces la fusión entre el movimiento obrero espontáneo y el socialismo científico a través de la acción del partido en la clase, la piedra de toque para que una “situación revolucionaria” desemboque en la toma del poder revolucionario.

El proletariado y las fuerzas populares pueden pasar así de ser el aspecto dominado y secundario de la contradicción central que desgarra a una sociedad en un momento histórico dado, a ser el aspecto dominante y principal.

Analizado desde un ángulo teórico más general, podemos decir que este proceso tiene como signo el pasaje del momento en que el régimen capitalista se reproduce con relativa estabilidad a aquel en que se va a operar sus crisis y superación históricas.

En la fase de autorreproducción, la clase obrera, integrada al sistema ideológica y políticamente, tiene como nota decisiva su rol de soporte de la estructura capitalista, en la medida en que su conducta está regulada inconscientemente por las leyes de reproducción del sistema. Pero la lucha y la toma de conciencia de clase redimensiona su rol asumiendo el carácter de agente político de cambio. Se recupera así, sobre la base de los condicionamientos de la estructura objetiva en la que está inserta, la eficacia de los fines subjetivos, de la voluntad, de la firmeza de la acción, etc. Se posibilita entonces la realización de las leyes de transformación del sistema, que siempre se presentan como una tendencia y no como una necesidad fatal como las leyes naturales.

El pasaje de la tendencia objetiva a la efectivización real del cambio iniciativa propia y combatividad articulada con exigirá la acción deliberada de la clase, su la dirección política que asuma sus intereses históricos de fondo y los caminos correctos para su logro.

Fuente Consultadas:
ENCICLOPEDIA HISPÁNICA Tomo 12 Entrada: Proletariado
CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE Tomo B Jackson J. Spielvogel – El Anarquismo

El Estado Socialista El Marxismo Teoria de Carlos Marx

El Estado Socialista El Marxismo
Teoría de Carlos Marx

La fase de funcionamiento orgánico del sistema:

Inicialmente el régimen burgués tiene a favor de su funcionamiento relativamente estable la correspondencia a nivel económico entre sus relaciones de producción y sus tuerzas productivas. El desarrollo del capitalismo supone un salto adelante respecto al régimen feudal aunque ya lleva en sí, como oposición aún no antagónica políticamente, la contradicción entre la burguesía y el proletariado.

Toda formación social al mismo tiempo que produce, y para poder seguir produciendo, debe reproducirlas relaciones sociales que lo caracterizan. Por lo que, así como el sistema capitalista reproduce sus fuerzas productivas (los medios de producción a través de renovación de maquinarias, etc. y el obrero con su fuerza de trabajo del salario), reproduce también permanentemente las relaciones sociales que lo componen. Este proceso se asegura en gran medida por el papel que juega la superestructura, particularmente el Estado.

Marx - Engel Fundadores del socialismo cientifico

Marx – Engel

En el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden ya conciliarse surge históricamente el Estado como instancia separada de la “sociedad civil”, como árgano de dominación y opresión de las clases explotadoras sobre las explotadas. Particularmente en el sistema capitalista, en tanto poder político, su control define la posibilidad misma de manutención o cambio de la formación económico-social en su conjunto.

La dictadura de la clase burguesa a través del Estado se ejerce por La compleja combinación de sus aparatos represivos e ideológicos. Los aparatos ideológicos del Estado (sistema educacional, medios de información, culturales, etc.) están destinados al logro del consenso de la sociedad en su conjunto hacia las clases ideológicas de la burguesía.

Entre las que se encuentran justamente su interpretación del mismo Estado como una institución que expresaría los intereses de toda la “sociedad” y que tendría como finalidad la de neutralizar y encauzar los conflictos entre los ciudadanos privados a través de la aplicación de leyes que garantizarían la “igualdad” y el ejercicio de la “democracia” para “todos”.

Esto justifica que ese Estado contenga sus aparatos represivos (policía, ejército, servicios de seguridad, bandas paramilitares etc.) para aplicar la violencia física sobre aquellos que no acatan el funcionamiento de una ley que sería igual para todos. Es “natural’, entonces, que existan estas formaciones porque, en realidad, actuarían sobre aquellos sectores que se ubicarían fuera de la sociedad y contra el  «interés común”, cuya defensa estaría en manos del Estado.

A través de su acción (combinada con las de las instituciones “privadas”) el Estado expresa, entonces, su rol de dictadura de clase pujando por:

a) el logro de la dirección de los sectores integrados a la ideología y políticas de las clases que lo detentan y b) la represión física sobre los que, rompiendo con ellas, asumen a través de la lucha el “interés histórico” de las clases explotadas. Pero la aplicación de una ley formalmente “igual” para todos, que en realidad resguarda ]a vigencia de la propiedad privada de los medios de producción, es la base de todas las desigualdades pues garantiza el funcionamiento de una sociedad de “desiguales”: de explotados y explotadores.

Será la agudización espontánea de las contradicciones de clase la que comenzará a modificar la relación de fuerzas entre ellas y la estabilidad del régimen. Con el comienzo de la no correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se abre la gran etapa histórica de la revolución proletaria en escala mundial.

‘Crisis orgánica” y “situación revolucionaría”

Las contradicciones propias del sistema, los embates de las luchas reivindicativas y políticas del proletariado y el pueblo van debilitando paulatinamente la hegemonía estable que las clases dominantes ejercían ,sobre la sociedad. Se produce un debilitamiento de la representatividad de los partidos políticos tradicionales y de las instituciones “privadas” y aparatos del Estado destinados a integrar a las clases dominadas al sistema. Los agentes de la burguesía en el movimiento obrero, así como las direcciones sindicales y políticas reformistas ven debilitada su influencia entre las masas.

Se produce con ello una “crisis orgánica” de los sectores dominantes. Se refuerza la posición relativa de poder de la burocracia civil y militar, de las altas finanzas, de la Iglesia y, en general, de todos los organismos relativamente independientes de la opinión pública, así como va pasando cada vez a primer plano la acción de los aparatos represivos del Estado. En cada país el proceso es diferente, aunque el contenido será el mismo: la crisis de hegemonía de la clase dirigente. La crisis crea peligrosas situaciones inmediatas porque las diversas clases y fracciones de clase no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y reorganizarse con el mismo ritmo. La clase dirigente, que tiene un numeroso personal adiestrado cambia de hombres y programas y puede reasumir la situación que se les estaba escapando de las manos. La ‘crisis orgánica” no desemboca fatalmente en “situación revolucionaria”, sino a condición de la intensificación de las luchas obreras y populares. Aun así, si bien la revolución es impracticable si no se da una “situación revolucionaria”, ésta no conduce tampoco inevitablemente a ella. Los rasgos de la “situación revolucionaria” son:

1) la imposibilidad de las clases dominantes de mantener su dominio de manera estable: la aparición de su “crisis orgánica”. Para que estalle la revolución no basta que “los de abajo no quieran” vivir como antes, sino que hace falta también que “los de arriba” no puedan “vivir como hasta entonces”;

2) una agravación superior a la habitual de la miseria y las calamidades de las clases oprimidas;

3) una intensificación considerable, por las razones antes indicadas, de la actividad de las masas, una profunda disponibilidad para la lucha. El conjunto de estos cambios posibilitan la toma revolucionaria del poder, pero no la garantizan de por sí. Deberá darse también el cambio subjetivo decisivo que se exprese orgánicamente en la dirección revolucionaria capaz de impulsar las acciones de masas lo suficientemente profundas como para destruir el viejo poder que jamás “caerá”, ni siquiera en las épocas de crisis, si no se lo “hace caer”.

Las Clases Sociales y la Explotacion Capitalista

Las Clases Sociales y la Explotación Capitalista

La lucha de clases: Las clases sociales son grupos sociales antagónicos que se diferencian entre sí fundamentalmente por la relación de propiedad (esclavistas, señores feudales, burgueses, etc.) o desposesión (esclavos, siervos, proletarios, etc.) que guardan respecto a los medios de producción.

Esta ubicación objetiva condiciona el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, por consiguiente, el modo y proporción en que perciben la parte de la riqueza social creada por el trabajo de las clases desposeídas.

De tal manera que los propietarios de los medios de producción se apropian, por mecanismos específicos en cada formación social, del trabajo de las clases explotadas, en el caso del capitalismo a través de la extracción de plusvalía.

Las Clases Sociales y la Explotacion CapitalistaSi tomamos como hilo de la exposición el concepto de lucha de clases, debemos aclarar que entre todos los grupos sociales sólo los que al participar en forma directa en la producción llegan a constituirse en polos antagónicos, tienen el carácter de clases sociales (por ejemplo la burguesía y el proletariado).

Existen otros grupos que no pueden definirse estrictamente como clases sociales por representar grupos intermedios entre las dos clases antagónicas a nivel de la producción, como es el caso de los técnicos y administradores, o por no estar ligados directamente a la producción al prestar servicio en las instituciones de la superestructura: profesores, abogados, funcionarios del aparato del Estado, etc.

Por otra parte, se hace necesario también distinguir clase de fracción de clase, es decir, de los subgrupos en los que se puede descomponer una clase, por ejemplo la burguesía en industrial, comercial y financiera; el proletariado en industrial y rural, etc.

La ubicación objetiva de las clases en la estructura económica condiciona su “interés de clase”, tanto el inmediato (mayor acumulación de capital para el burgués, mejorar sus condiciones de vida para el proletario) como el estratégico-histórico (manutención y afianzamiento del sistema para la burguesía, toma del poder y construcción económica y superestructural del socialismo y comunismo para el proletariado).

Desde la perspectiva del proletariado ese interés de clase” objetivo deberá expresarse en la conciencia de clase y organización política autónoma con suficiente fuerza propia como para desembocar en abierto antagonismo, generalizado a nivel nacional, con la burguesía. Es decir, en el ejercicio de la lucha de clases” en sentido estricto: el enfrentamiento de las clases que operan como fuerzas sociales dirigidas a partir de la conciencia de su «interés de clase” histórico.

La explotación capitalista:

El capitalista acude al mercado para comprar con su dinero las mercancías cuyo consumo constituye el proceso del trabajo: la materia que se elabora, las trabajo del obrero. Por la venta de las mercancías producidas el capitalista recibe una cantidad de dinero que es superior al invertido.

El resultado de este ciclo se expresa, pues, en que obtiene de la diferencia entre el dinero invertido y el recibido un excedente que le permite acumular y reproducir el capital. Para Marx este excedente, al que llamará plusvalía, no surge porque el capitalista simplemente pague por debajo de su valor a fuerza de trabajo, aunque ello también sucede. Ni por la habilidad comercial d e comprar las mercancías a menos de su valor y venderlas a más, aunque esto también está presente en la economía capitalista. Ni mucho menos surge por una propiedad inherente al dinero (“la plata trae a la plata”, “hay que hacer trabajar al capital”, etc.).

El contenido del proceso está en el hecho de que el valor de todas las mercancías está dado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción y su pago hace a través de la mercancía que funciona como equivalente universal del resto, en este caso el oro, bajo la forma de dinero. Así, el valor de la fuerza de trabajo es el tiempo de trabajo necesario para producir las mercancías (alimentos, vivienda, sanidad, educación, etc.) que en cada sociedad por término medio el obrero consume para producirse como fuerza de trabajo viva. El mediador de este proceso, el representante de ese tiempo de trabajo es el dinero que recibe como salario. Aunque el capitalista pague al obrero su fuerza de trabajo por su valor surge la plusvalía.

El secreto está en el valor de uso de la fuerza de trabajo, en su consumo, es decir: hacerla trabajar. El obrero crea en su trabajo más valor del que el cuesta. En una jornada de trabajo de 8 horas, por ejemplo, el obrero crea en 4 horas el equivalente del valor de su fuerza de trabajo (trabajo necesario) y en las 4 horas restantes genera la plusvalía que es apropiada por el capitalista (trabajo excedente).

Esta relación de explotación se enmascara de múltiples maneras y su forma más directa de ocultamiento es que la forma de pago en salario borra apariencialmente el límite entre el tiempo de trabajo necesario y el excedente. Aparece como pagada toda la jornada de trabajo. Para el proletariado, entonces, la lucha por un mejor salario supone la disputa con el capitalista de la magnitud de la cuota de plusvalía que este último obtiene, por lo que debe articularse con la lucha política revolucionaria orientada a cambiar la relación objetiva misma de explotación a la que lo somete la propiedad privada capitalista.

Ampliar: La Estratificación Social

El Materialismo Historico Teoria de Marx Marxismo y Comunismo

El Materialismo Histórico Teoría de Marx
Marxismo y Comunismo

El Materialismo Histórico La “formación económico-social”: Las premisas del Materialismo Histórico proponen que el primer hecho histórico es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrearse, etc.). Asegurar su misma existencia material será la condición que hace posible e! despliegue de sus capacidades intelectuales, éticas, artísticas, etc.

Este simple y decisivo hecho, reconocido y aceptado como afirmación aislada hasta por variantes de la ideología idealista, quedaba encubierto y relegado cuando se trataba de elaborar las grandes respuestas acerca del “sentido” de la vida, de la historia humana, etc. Para Marx, la clave de interpretación del proceso histórico estará, justamente, en el desarrollo consecuente de esta premisa.

Para poder producir y reproducir su vida material los hombres no entablan una relación de trabajo individual y directa sobre la naturaleza, sino través de las relaciones sociales de producción que contraen entre si. Este sistema de relaciones de producción no se crea por un mero acto de voluntad del hombre, y se rige por leyes propias, independientemente del conocimiento o desconocimiento que tengan de ella los agentes de producción que la constituyen.

El hombre se incorpora a relaciones sociales que lo preexisten y lo condicionan y que se rigen por las leyes mismas de su estructura, por ejemplo en el capitalismo la extracción de plusvalía y sus efectos: acumulación del capital por un lado y pauperización creciente de la clase obrera por el otro, etc.

Lo que supone la objetividad de la dinámica de la estructura social en cuestión y a consiguiente posibilidad de un conocimiento científico de ella que reconstruya sus leyes de funcionamiento y posibilite así la acción efectiva de las clases oprimidas en su intento de transformación práctica de las relaciones sociales a que están sometidas.

Toda relación subjetiva de los hombres entre sí, se da desde el terreno de su ubicación objetiva en la estructura social y a través no de sus “conciencias” en general, sino de un pensamiento que, al tiempo que es producido por el hombre como ser social, se manifiesta bajo la forma material de los lenguajes.

La estructura económica de la sociedad se jerarquiza por todo lo dicho como el nivel determinante en última instancia de la dinámica global formación económica social. Pero esto no supone negar la eficacia propia de los niveles llamados superestructurales: el sistema jurídico-político y las formas de “conciencia social” (filosofía, arte, religión, etc.,).

En este sentido, y articulados internamente con el rol del nivel económico, se da la acción específica de:

a) el poder político, nudo central de la superestructura, que está condicionado por la estructura económica (las clases económica. mente dominantes son las políticamente dominantes), pero que, sin embargo, su detentación garantiza el mantenimiento o cambio revolucionario de las mismas relaciones económicas de producción;

b) de las formas de “conciencia social” que, en tanto funcionan como ideologías de clase posibilitan el logro de la hegemonía política de una clase sobre la sociedad en su conjunto.

El objeto de la ciencia del Materialismo Histórico: la “formación económico-social”, sus leyes de funcionamiento y transformación, supone entonces la articulación compleja de diferentes niveles (estructura y superestructura) cada uno con relativa independencia y eficacia propia respecto de los otros.

En las diferentes “formaciones económico-sociales” en que históricamente se da la propiedad privada sobre los medios de producción (esclavista, feudal, asiático, capitalista, etc.) sus diferentes niveles estarán articulados a partir de su principio motor fundamental: la lucha de clases. Circunscribiremos la exposición a la reinscripción de los conceptos generales del Materialismo Histórico en el análisis específico de las leyes fundamentales de funcionamiento y cambio de la sociedad capitalista.

Algunos intelectuales y artistas reflexionaron sobre la cuestión social y se expresaron abiertamente contra las consecuencias de la industrialización: describieron, por ejemplo, las condiciones en que vivían los trabajadores, la presencia en las fábricas de niños trabajadores de 5 años, de mujeres y niños que realizaban tareas pesadas en las minas, de niños de 7 años que trabajaban jornadas de 20 horas.

En las fábricas de fósforos, por ejemplo, la mitad de los obreros eran niños menores de 13 años y jóvenes menores de 18 años que trabajaban entre de 12 y 15 horas diarias. En industrias como la algodonera, los talleres de laminación y otras manufacturas de metales en Inglaterra, Gales y Escocia, existía un sistema de relevos que obligaba a los obreros -hombres, mujeres y niños desde los 8 años- a trabajar por turnos, de manera tal de mantener el proceso de producción durante las 24 horas del día sin interrupción.

Cuadro sobre el materialismo histórico

Cuadro sobre el materialismo histórico

El Capitalismo en la Epoca de Karl Marx

El Capitalismo en la Época de Karl Marx – Teoría Marxista

El capitalismo en la época de Marx

Marx no surge por «generación espontánea». No es el resultado de una especulación de laboratorio. o de un ocioso filosofar, como podría ser «La República» de Platón. Marx es hijo de su época, y su obra es directa consecuencia de lo que estaba ocurriendo en el mundo real de sus días.

La revolución industrial y el librecambio, habían sacudido tan profundamente las estructuras heredadas del medioevo, feudalismo, corporaciones y control de pensamiento por la Iglesia, que el espíritu de lucro, las aventuras oceánicas, y los descubrimientos técnicos y científicos, se desaforaron.

El Capitalismo en la epoca de Karl Marx Teoria Marxista

Carl Marx, autor de El Capital

Los europeos no tuvieron reparos en entrar en África a cazar seres humanos como si fueran animales para llevarlos a América a las plantaciones del algodón o las minas de oro y plata. No importaba que menos de la mitad sobrevivieran al viaje en condiciones infrahumanas, que luego murieran a los pocos anos de duro trabajo, era más rentable salir a cazar nuevos esclavos que gastar en mantenerlos en buena forma, o reducir su jornada laboral.

La situación en Europa, y en especial en Inglaterra no era muy diferente. Marx dedica buena parte de su obra, y en numerosos capítulos a describir con meticulosa prolijidad y abundante documentación probatoria toda clase de abusos.

Veamos algunos textos de «El Capital»: «J. Murray, de doce años, declara: [.41 «Entro hacia las 6, y a veces hacia las 4 de la mañana. Ayer trabajé toda la noche, hasta las 8 de la mañana de hoy. No me metí en la cama desde la noche anterior. Conmigo trabajaron toda la noche 8 o 9 chicos más. Todos, menos uno, han vuelto a entrar a trabajo hoy por la mañana. A mí me pagan 3 chelines y 6 peniques a la semana. Cuando me quedo trabajando toda la noche, no cobro más. Durante estas últimas semanas, he trabajado dos noches enteras.»

En muchos distritos fabriles, sobre todo en Lancashir estas criaturas inocentes y desgraciadas. consignadas al fabricante, eran sometidas las más horribles torturas, Se les mataba trabajando…, se les azotaba, se les cargaba de cadenas y se les atormentaba con los más escogidos refinamientos de crueldad; en muchas fábricas, andaban muertos de hambre y se les hacía trabajar a latigazos… En algunos casos, se les impulsaba hasta al suicidio… Aquellos hermosos y romántico valles de Derbyshire, Nottinghamshire y Lancashire, ocultos a las miradas de la publicidad, se convirtieron en páramos infernales de tortura, y no pocas veces d matanza.» «El Dr. Lee, funcionario de Sanidad de Manchester, ha comprobado que e esta ciudad la duración media de la vida, en la clase pudiente, son 38 años y en la clase, obrera solamente 17.

En Liverpool, es de 35 años para la primera y de 15 para la segundo «Esta economía se traduce en el hacinamiento de los obreros en locales estrechos malsanos, lo que en términos capitalistas se conoce con el nombre de ahorro de edificios en la concentración de maquinaria peligrosa en los mismos locales, sin preocuparse de instalar los necesarios medios de seguridad contra los peligros; en la omisión de todas as medidas de precaución obligadas en los procesos de producción que por su carácter son atentatorios para la salud oque, como en las minas, llevan aparejados peligros, etc.Esto sin hablar de la ausencia de toda medida encaminada a humanizar, hacer agradable o simplemente soportable para el obrero el proceso de producción, Desde el punto de vista capitalista, esto sería un despilfarro absolutamente absurdo y carente de todo fin.»

«Hacia 1860, perecían todas las semanas, en las minas de carbón en Inglaterra, unos 15 hombres por término medio. Según la memoria sobre Coal Mines Accidents (6 de febrero de 1862), durante los diez años de 1852 a 1861 encontraron la muerte en estos trabajos 8.466 hombres.

Y sin embargo, como la misma memoria dice, esta cifra se queda muy corta, ya que en los primeros años. cuando empezaban a actuar los inspectores y sus demarcaciones eran aun demasiado extensas, ocurrían muchos accidentes y muchas muertes sin que nadie las registrase.», nos dice Horner que en muchas fábricas se ponía en marcha la maquinaria sin informar previamente de ello a los obreros.

Y como siempre había algunos ocupados en las máquinas paradas, al encontrarse los dedos y las manos activos en ellas se producían de continuo accidentes por la simple omisión de una señal» «la ley privaba a los obreros de toda protección especial y los remitía para casos de indemnización por los accidentes debidos a la maquinaria a los tribunales ordinarios (una verdadera burla, dadas las costas procesales existentes en Inglaterra), mientras que por otra parte, mediante un precepto muy sutilmente formulado sobre el dictamen pericial necesario, hacía casi imposible que los fabricantes perdiesen ningún proceso.»

Esta selección de citas no es más que una ínfima muestra de los horrores cine SC cometieron en esos años, podemos encontrar numerosas descripciones a lo largo de toda la obra. Pero también podemos ver que no sólo los obreros sufrían un trato inhumano. Peor suerte corrían aún los que hoy llamaríamos «marginales» es decir aquellos que no estaban integrados al sistema productivo: vagabundos y mendigos.

Marx también su ocupa de ellos y nos informa que de acuerdo con una ley dictada por Enrique VIII: «los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos jóvenes y fuertes, azotes y reclusión, se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará hasta que la sangre manche su cuerpo, devolviéndolos luego, bajo juramento, a su pueblo natal o al sitio en que layan residido durante los últimos tres arios, para que «se pongan a trabajar».

Qué ironía tan cruel! Enrique VIII reitera el estatuto anterior, pero con nuevas adiciones, que lo hacen todavía más riguroso. En caso de reincidencia y vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y cortarle media oreja: a la tercera vez que se le sorprenda, se le ahorcará como criminal peligroso y enemigo de la sociedad. Luego agrega que en tiempos de Isabel (1752) una nueva norma dispone que: «Los mendigos sin licencia y jóvenes de catorce años serán azotados sin misericordia y marcados con un hierro caliente en la oreja izquierda, caso de que nadie quiera tomarlos durante dos años a su servicio. En caso de reincidencia, siempre que sean mayores de dieciocho años y que nadie quiera tomarlos por dos años a su servicio, serán ahorcados.»

Los que hoy tratan de seguir a Marx, toman distancia de estas descripciones, porque no admiten que sean la génesis de su pensamiento. Al ver las condiciones de trabajo de los obreros en los países desarrollados en la actualidad, admitirlo sería renunciar a  la vigencia del pensamiento marxista en nuestro tiempo. Sin embargo, toda la obra Marx está «consubstanciada» con estas descripciones y esta situación. Sus predicciones dirán que esto sólo podía cambiar para peor, hasta que aviniera el paraíso comunista.

Estas no son descripciones incidentales, son esenciales a su pensamiento. Además, a mi juicio, la persistencia con la que Marx alude a estas descripciones, a lo largo de toda su obra, no hace más que mostrar el lado más humano del filósofo, su preocupación encontrar una solución radical a los males de su tiempo.

Fuente Consultada: Ideologías del Siglo XXI
Ignacio Massun
El Marxismo

La Coexistencia Pacifica en la Guerra Fria Objetivos Conflicto Ideologico

La Coexistencia Pacífica en la Guerra Fría-Objetivos

A comienzos de los años sesenta algunos de los factores que habían provocado la etapa de la Guerra Fría e incluso le habían dado sentido, comenzaron a cambiar de signo. En primer lugar, tanto en Estados unidos como en la URSS, los sectores más fuertemente dogmáticos y defensores del enfrentamiento a ultranza entre los bloques habían muerto (Stalin) o habían sido marginados de los círculos del poder (McCarthy).

En segundo lugar, la situación permanente de tensión comenzó a ser denunciada, por sectores de la población o por los países dependientes de alguna de las potencias, como una «estrategia del terror», que no hacía sino aumentar los conflictos. Se empezó a defender la idea de que había que aceptar la existencia de los dos bloques y con este telón de fondo se inició una nueva etapa que denominamos «coexistencia pacífica».

Kennedy y Kruschev

En el marco de la coexistencia pacifica Kennedy y Kruschev

La nueva correlación de fuerzas:

La creación del campo socialista luego de la guerra, la Revolución China, así como el desarrollo de las luchas anticoloniales y de liberación Social y Nacional, particularmente en Víetnam, Corea y Cuba, signa a las décadas del 40 y 50 como fundamentales en el cambio de la relación de fuerzas a favor del proletariado internacional y el socialismo. Esta nueva realidad obrará profundos efectos en las fuerzas políticas proletarias que se autodefinen como marxistas.

La crítica a Stalin
La crítica del Partido Comunista de la Unión Soviética

El 5 de marzo de 1953 muere en Moscú Stalin. Tres años más tarde el XX Congreso del PCUS emprende una crítica a su política. El cuestionamiento se centré en las deformaciones de la democracia socialista que había generado el “culto a la personalidad” de Stalin: manejo unipersonal de la política soviética, persecuciones injustas, etc. Se propone superar estas deformaciones ampliando la democracia interna del partido y el país. Lo que luego se iba a expresar en la tesis de que en la URSS ya se había cumplido la etapa de la ‘dictadura del proletariado’ y que se pasaba a construir el “Estado de todo el pueblo”.

Medida que iba acompañada por un ambicioso plan económico orientado a superar en pocos años la producción de los países capitalistas más desarrollados lo que sentía, a la vez, las bases materiales y técnicas para la construcción del comunismo. Al mismo tiempo se hacían apreciaciones sobre la política internacional del PCUS y del movimiento comunista internacional.

La cuestión central de la época era ubicada en la disyuntiva de: “guerra o paz” mundial. Se establece entonces la estrategia de la “coexistencia pacífica” entre los Estados con distintos regímenes sociales, como forma de la lucha de clases entre el socialismo y el capitalismo.

Sentado este eje, se debían apoyar las luchas anticoloniales y de Liberación enfiladas a la construcción de los Estados de Democracia Nacional. Por otra parte, se valoraba que en ciertos países se abría la posibilidad creciente del tránsito pacífico al socialismo, vía parlamentaria electoral. Estos Lineamientos suponían una orientación general para los distintos partidos comunistas del mundo, formalizado por la declaración de los

La crítica de la “izquierda revolucionaria”

Para otras fuerzas marxistas la crítica inaugurada en el XX Congreso del PCUS y reafirmada posteriormente, no cuestionaba la desviación política reformista que estaba en la base de la política stalinista.

Es más, en lo que hace a la línea del movimiento comunista internacional, las nuevas propuestas llevaban a un plano superior y generalizado esta desviación, que si Stalin subordiné la revolución mundial a la “construcción del socialismo en un solo país”, la nueva línea de la “coexistencia pacífica” iba a significar la consolidación del reparto del mundo entre la URSS y EEU. garantizado por el monopolio atómico que ejercían ambos.

Lo cual significaba el abierto desplazamiento de la posibilidad de la revolución mundial del eje de las luchas en cada país al de la emulación pacífica entre ambas potencias. Por otra parte, la articulación de la “coexistencia” con el desarrollo de los Estados de Democracia Nacional no era sino la expresión de la política de acuerdo del PCUS con las burguesías nacionales de esos países, lo que llevaría luego al seguidismo de los P. C. de cada país a su burguesía nacional.

En este sentido tendría su responsabilidad en las derrotas que significaron los golpes derechistas que en la década del 60 se dan en Brasil, Ghana, Indonesia, Congo, Medio Oriente, etc., facilitados por la incapacidad de la burguesía nacional gobernante para encabezar la lucha antiimperialista.

Y en lo que respecta a la posibilidad de la “vía pacífica” de toma del poder en países capitalistas supondrá, junto con la idea del “Estado de todo el pueblo” en la URSS, el abandono de la concepción marxista del Estado como dictadura de clase.

La polémica Chino-Soviética

En junio de 1960 comienza públicamente la polémica chino-soviética, Incubada desde años atrás, va a ser la expresión más profunda del cuestionamiento de la hegemonía del PCUS en el movimiento comunista internacional. A la política de “coexistencia pacífica” y emulación económica como eje de la revolución mundial, los comunistas chinos encabezadas por Mao le va a contraponer la necesidad de profundizar la lucha revolucionaría en escala mundial, principalmente allí donde las tensiones eran mayores, las “zonas de tormenta”, localizadas en los países dependientes coloniales y semi-coloniales.

La lucha por la paz mundial será también una bandera de los chinos, pero sin perder de vista cuáles son las causas sociales de la guerra y, por lo tanto, basando la posibilidad del logro de la paz mundial en última instancia en la liquidación de la explotación de clases y no en las negociaciones de la diplomacia soviética.

Para los chinos la política exterior de la URSS desemboca en una orientación social imperialista, de acuerdo abierto con al Imperialismo yanqui y de afianzamiento de status quo de las “zonas de influencia”. La intervención soviética en Checoslovaquia sería un ejemplo más de este proceso.

En lo interno de la URSS, la teoría del “Estado de todo el pueblo” supone el abandono de la “dieta dura del proletariado” y el medio por el cual se consolida institucionalmente la capa burocrática que utiliza a su favor el fabuloso desarrollo de las fuerzas productivas logrado en la URSS, impulsando la regresión de las relaciones de producción en dirección a la reimplantación del capitalismo, La cual estaría ya prácticamente efectivizada.

Pero será en su misma política interna donde la dirección maoísta tendrá oportunidad de aplicar consecuentemente las implicancias contenidas en la crítica al PCUS. Con la Revolución Cultural, los chinos se propondrán la liquidación total de la burguesía como clase y de los resabios capitalistas, la transferencia de funciones estatales a los órganos de gestión directa de las masas (comunas), la reafirmación del papel dirigente del proletariado y de la lucha de clases en la transición al socialismo, etc. Para ello deberá batir en el seno del PC Chino a la línea pro-soviética a través de la más audaz movilización de las masas.

ESte proceso supondrá una profunda diferencia en la concepción de la construcción del socialismo. Para Mao la construcción del socialismo no se resuelva simplemente con la creación de las imprescindibles bases materiales y técnicas. Es un proceso social, que supone la lucha de clases y que jerarquiza la actividad humana revolucionaria. Contra toda desviación tecnocrática que ubique al desarrollo de las fuerzas productivas como el principal factor para la construcción del socialismo y el comunismo, Mao plantea la necesidad de a ‘colocar siempre a la política en el puesto de mando”.

Desde ya que este enfrentamiento no es lineal y reconoce múltiples matices polémicos con otras fuerzas antirrevisionistas que también cuestionan la línea del PCUS, entre los cuales se jerarquiza el sentido posible que para los chinos tiene su reivindicación de Stalin y el papel del profundo “culto a la personalidad” de Mao en el proceso de la Revolución Cultural.

El marxismo y la coyuntura de los años 70

El equilibrio bipolar basado en el acuerdo entre los EEUU y la URSS que pareció consolidarse en la década del ‘50 ha entrado en profunda crisis. La irrupción de profundas luchas obreras y populares, a pesar de haber sufrido en algunos casos derrotas parciales, ha modificado sustancialmente el cuadro de la política mundial en la década del ‘60 y ha impulsado la relación de fuerzas en dirección favorable a los objetivos del socialismo y el comunismo.

Los principales indicadores de este proceso son:

  1. a) la derrota norteamericana en Vietnam;
  2. b) el triunfo de la Revolución Cultural Proletaria en China;
  3. c) la profundizaci45n de la lucha en los países capitalistas dependientes y neocoloniales (Cordobazos), movilización proletaria boliviana, etc.) y el surgimiento de instancias políticas marxistas leninistas no revisionistas en su seno;
  4. d) el renacimiento de las luchas proletarias en los paises capitalistas desarrollados (el “mayo francés”, el “otoño caliente” de 1970 en Italia, las luchas del proletariado español, del pueblo negro norteamericano, etc.). Estos procesos, junto con la reagudización de las contradicciones lnterimperialistas, profundiza y hace entrar en una nueva etapa la inestabilidad crónica del dominio capitalista. Frente a ella ha entrado en total deterioro la estrategia que postulaba como eje del proceso proletario mundial a la competición pacífica entre los EEUU y la URSS, a la alianza con las burguesías nacionales, ala posible transformación gradual y pacífica del capitalismo.

Sin embargo, la crisis capitalista no ha encontrado todavía una contrapartida proletaria unificada estratégicamente en el plano mundial capaz de conducir una ofensiva global. Esta contradictoria situación exige una política marxista- lenilista con La cual el proletariado y los pueblos en sus luchas impidan a la burguesía resolver su crisis y vayan creando condiciones para profundizar una ofensiva anticapitalista mundial sobre la base de un nuevo internacionalismo proletario.

En este sentido, se va produciendo un reagrupamiento mundial de fuerzas comunistas que tiene a China como uno de sus principales puntos de referencia. Numerosos partidos y grupos se alinean, ya en la línea china, ya en otras cercanas, más autónomas, pero que toman a la alianza con China como parte vital de su política (es el caso de Vietnam y Corea). Sólo la dialéctica teórica y práctica entre diferentes sectores de este reagrupamiento puede reconstruir ese nuevo internaciona4ismo proletario capaz de articular estratégicamente los diversos y particulares enfrentamientos de clase en cada país en un proceso único que desemboque en el fin del capitalismo en escala mundial.

En este proceso histórico que hemos delineado el papel del marxismo ha sido decisivo y su desenlace dependerá, sin duda, de su desarrollo teórico y aplicación práctica consecuente. El papel de la ideología del proletariado se jerarquiza hoy en un momento en que el capitalismo y el imperialismo profundizan su política represiva contra la clase obrera y los pueblos, pero en’ el que, además, intenta de diversas formas generar una ideología más eficaz para la integración del sujeto a la sociedad capitalista.

Aunque su versión’ más actualizada y enmas­carada tenga como enunciado central de su discurso el planteo de que se asiste al “fin de las ideologías” en la sociedad contemporánea es decir, por su crisis renuncia en lo inmediato a la aspiración de integrar a vastos sectores bajo. la adhesión a un sistema de ideas explícitamente justificatorio de su existencia, pero intenta impedir con su negación de las ideologías el acceso de las masas a una conciencia socialista, neutralizando así su potencialidad revolucionaria.

El Socialismo en la Union Sovietica Su Plan Economico

El socialismo en la Unión Soviética
Marx-Lenin-Stalin Plan Económico

LA POLÍTICA DE STALIN: El primer plan quinquenal, el intento frenético de Stalin para industrializar su país comenzó en 1929 y en realidad duró cuatro años. La «revolución desde arriba» engendró un crecimiento significativo de la industria soviética pero con un alto costo.

El alto precio del progreso no contaba para Stalin: «Estamos cincuenta o cien años por detrás de los países avanzados. Si no lo hacemos así, nos hundiremos», dijo.

El plan sustituyó a la N.E.P. que había elaborado Lenin a principios de los años veinte y se propuso objetivos demasiado ambiciosos, como duplicar la producción de carbón o triplicar la de hierro. Se construyeron enormes fábricas de acero y de tractores, que fueron expuestas ante el mundo como ejemplos de la efectividad soviética.
Estas fábricas, donde trabajaba una mano de obra inexperta, se paralizaban a menudo por la escasez de combustible. Los trabajadores ignoraban la existencia de las cadenas de montaje instaladas por Ford y hacían los tractores a mano.

Stalin, presidente ruso

Stalin, presidente ruso

Para abastecer al nuevo estado industrial soviético, Stalin empezó una colectivización general de la agricultura. Confiscó cereales y organizó las granjas individuales (que conformaban el 97 % de la agricultura soviética) en cooperativas controladas por el Estado.

La sanción por resistirse a la colectivización era la ejecución o los campos de trabajo. Muchos campesinos, empujados de nuevo a la servidumbre, mataron a su ganado e incendiaron su cosecha; millones de ellos dejaron el campo por la ciudad en busca de trabajo en las fábricas, agravando aún más la situación de escasez de agua, comida, vivienda y salud. Las cooperativas produjeron menos que las granjas independientes y la mayor parte de la producción se la quedaba el Estado.

En 1932, la mitad de las granjas soviéticas había sido transformada en cooperativas. Incontables campesinos, incapaces de reunir las cuotas y obligados a entregar sus cosechas al Estado, murieron de hambre en la tierra que había sido suya.

Stalin aseguró que la colectivización de la tierra y el plan quinquenal eran un éxito absoluto e intentó ocultar el desastre al resto del mundo. Mientras, el desastre llegó a su propia casa. En 1932, en el punto álgido de la crisis, se suicidó su mujer, Nadia Alliluyeva.

La interpretación stalinista: Diversos documentos de la época ponen el énfasis en la realización del Primer Plan Quinquenal. Hasta 1929 se avanzó en la construcción del socialismo aplastando la resistencia de la burguesía y los campesinos. Y en el seno del partido a través del “desenmascaramiento” del bloque “antisoviético” de los capituladores trotskistas – ziriovievistas”. De 1930 a 1934 se levantaron, según los documentos oficiales, los cimientos de la economía socialista; la industria pesada, la colectivización y mecanización de la agricultura, etc.

Se crearon las condiciones para el mejoramiento material de la vida de las masas. El Estado sufrirá la hostilidad en la política exterior del fascismo en ascenso y en lo interior de los “agentes que entraron a trabajar como espías nazis”, según ellos, Trotski, Zinoviev y más tarde la mayor parte de la vieja guardia bolchevique que formaba parte de la dirección del partido en la Revolución de Octubre. Se practican juicios y fusilamientos que eran caracterizados así en la Historia del Partido Comunista de la URSS cuya redacción fue dirigida por Stalin:“El poder soviético castigó con mano férrea a estos abortos del género humano y Les dio implacablemente su merecido, como a verdaderos enemigos del pueblo y traidores de la patria”.

Los años posteriores según esta fuente serán de importantes éxitos: se inicia el coronamiento de la construcción del socialismo y el pasaje paulatino al comunismo; se derrota al fascismo en la guerra y se posibilita el tránsito al socialismo de varios países, lo que conformará el campo socialista.

La interpretación de la izquierda revolucionaria:

Desde la óptica de diversas fuerzas marxistas no enroladas en la línea oficial del PCUS, la línea de Stalin supondría la subordinación de los intereses del proletariado internacional a los intereses de la Unión Soviética. El control de la III Internacional le posibilitaba a Stalin imponer su línea en la conducción de los Partidos Comunistas del resto del mundo. Antonio Gramsci, el dirigente de la Internacional que quizás más se opone Stalin desde una óptica leninista, es encarcelado por el fascismo en 1926 y liberado gravemente enfermo poco antes de su muerte en Roma.

Por otra parte la desviación nacionalista se iba a combinar con la creciente burocratización del aparato estatal y la pérdida total de vigencia leninista de los Soviets, que de órganos de poder de los obreros, campesinos y soldados pasaron a ser una organización social más con el rol de “correa de transmisión”, como decía Stalin, de las decisiones de la dirección del partido.

Las violaciones de la democracia socialista, las persecuciones y fusilamientos así como el dogmatismo ideológico no seria más que mecanismos de control de la burocracia para garantizar la aplicación de su línea política. Se mantiene así la separación entre el Estado y las masas trabajadoras, típica de toda sociedad de clases. El desarrollo de gran importancia que tuvieron las fuerzas productivas fue capitalizando así a favor de la consolidación del poder de la burocracia.

El surgimiento del fascismo como dictadura terrorista de los elementos más reaccionarios, más choyinistas y más imperialistas del capital financiero internacional, es enfrentado con la táctica del Frente Unico Antifascista, según lo aprobado por el VII Congreso de la Internacional de 1935.

Entre el acceso al poder de Hitler y el comienzo de la Guerra Mundial surgieron en Europa y en diversos países posibilidades de oponerse al avance fascista con la resuelta movilización de las masas y la profundización de la revolución mundial. Condiciones que llegaron a su clímax con las movilizaciones y acciones que siguen al triunfo de los Frentes Populares en Francia y España en 1936.

En sus fracasos tiene una responsabilidad decisiva la política reformista de la Socialdemocracia europea, pero la Internacional de Stalin no está exenta tampoco de ella. Stalin basaba la derrota del fascismo centralmente en la política de alianzas militares de la URSS con las burguesías no fascistas.

Se desechaba el camino de la lucha antifascista a través de la profundización del proceso revolucionario mundial, a través del cual la justa y necesaria defensa de la URSS podía haberse articulado sobre nuevas bases, fundamentalmente con la alianza del Estado Soviético con los nuevos estados revolucionarios y su combinación con una justa política de amplias alianzas antifascistas en cada país capitalista, en la cual el proletariado disputara consecuentemente su hegemonía Eran los años en que Thorez, Secretario General del P. C. Francés lanzaba la consigna en medio de la lucha obrera de: ‘. hay que saber terminar una huelga”.

La lucha debía quedar en los marcos aceptados por las burguesías no fascistas de cada país en las que Stalin buscaba una alianza. Lo principal era mantener la democracia burguesa, luego, con la derrota del fascismo, podía abrirse la etapa de la lucha por el poder. Para los marxistas no stalinistas esta era justamente la manera de fortalecer al fascismo dejando la iniciativa en manos de las burguesías democráticas.

Justamente es el gobierno del Frente Popular Francés, apoyado por el P. O., cuando frente a que cuestionase el poder, que impone el bloqueo las grandes luchas de 1963 trató a toda costa de que no desemboquen en un enfrentamiento sobre la República Española facilitando su derrota, con la cual se abre el camino de ascenso fascista que desembocará en la Guerra Mundial.

En América Latina esta línea se expresaba en la orientación del representante de la Internacional en el continente, el norteamericano Browder. Quien teorizó el carácter especial y democrático del capitalismo norteamericano con el cual los pueblos del continente debían continuar la alianza antifascista luego de la guerra para lograr su desarrollo económico. Esta línea llevó a grandes desviaciones reformistas particularmente en los P. O. de Estados Unidos, Canadá, México y Argentina.

Desde 1943 se perfila la derrota de Alemania. Para impedir que las posibles convulsiones de la post-guerra sean aprovechadas por los comunistas la coalición anglo, americana reclama la disolución de la Internacional, a lo que Stalin accede. El objetivo fundamental de la exigencia de los capitalistas era asegurarse que el fin de la guerra no significaría que los comunistas aprovechasen las convulsiones sociales de post-guerra para impulsar la revolución.

La derrota del fascismo y el avance arrollador del Ejército Rojo trajo aparejado el triunfo de las fuerzas patriotas y revolucionarias en países como Polonia, Checoeslovaquia, Rumania, Hungría, Bulgaria, Yugoslavia, Albania y una parte de Alemania. En estos países en pocos años se comienza la construcción del socialismo. Pero en el resto de los países en que junto con Yugoslavia, por su situación interna más se daban justamente las condiciones para profundizar la lucha revolucionaria por el poder ésta no se opera.

Los P. C. de Francia e Italia se guiaron por una orientación moderada, ajustada a los acuerdos de Stalin en Yalta y Postdam, donde se acordé La división del mundo en áreas de influencia de las potencias. Aplicaron una línea de alianzas estables con las burguesías liberales de sus propios países. Fueron disueltas las organizaciones guerrilleras y los organismos de masas antifascistas. Los comunistas pasaron a formar parte de gabinetes hegemonizados por las burguesías.

En Asia, Stalin presiona a los comunistas chinos para que siguieran el ejemplo de los comunistas europeos. Les exige que entreguen las armas y colaboren con el gobierno burgués democrático de Chiang Kai-sek. Pero las fuerzas encabezadas por Mao rechazaron la presión soviética y, apoyándose en la lucha de clases, deciden “llevar la revolución hasta el fin”. El 1 de octubre de 1949, en la plaza de la Paz Celestial de Pakin, se proclama la República Popular.

Ideas de Marx Sobre Malthus

Plan Politico de Lenin Para La Revolucion Socialista Rusa Trosky y Stalin

Plan Politico de Lenin Para La Revolucion Socialista Rusa

La Revolución de Octubre:

La Primera Guerra Mundial que al contener y desviar inicialmente el ascenso revolucionario de las masas, parecía contradecir las tesis de Lenin que el imperialismo como “capitalismo agonizante” era el preludio de la revolución socialista”, la confirmé plenamente, sin embargo, con el corre de las acciones convirtiéndose en un decisiva acelerador del proceso.

En los países europeos la II Internacional desembocó en una posición pro-bélica, de apoyo a la política imperialista de sus burguesías, tras la justificación de la «defensa de la patria”. Lo que unido a las calamidades que la guerra trajo a las masas trabajadoras la fue alejando de sus base de masas.

Lenin y su estrategia politica Revolucion Rusa Teoria Marxista

En Europa se había creado una “situación revolucionaria”. La estrategia de Lenín, compartida por los espartaquistas alemanes dirigidos por Rosa Luxemburgo y Guillermo Liebknecht, el Partido Socialdemócrata Búlgaro, etc., era la de transformar la guerra en insurrección revolucionaria en cada país.

En febrero de 1917 se produce en Rusia, por la movilización preponderantemente espontánea de las masas, la caída del Zar y la instauración de una dualidad de poderes.

Por un lado, el Gobierno Provisional dirigido por la alta burguesía y, por el otro, los Soviets de obreros, campesinos y soldados. Lenín, desde el exilio, manda el 6 de marzo un telegrama donde estará la esencia de su estrategia socialista:

Nuestra táctica total desconfianza, ningún apoyo al nuevo gobierno; sospechamos especialmente de Kerensky; única garantía armar al proletariado; elecciones inmediatamente Duma de Petrogrado (Soviet ciudad); ningún acercamiento a otros partidos.

Telegrafíen este a Petrogrado”.

De febrero a octubre, los bolcheviques pasan de ser ínfima minoría a dirigir los Soviets y la insurrección triunfante.

La figura de Lenín adquiere perfiles gigantescos, para lograr este desarrollo tuvo que vencer, además, en el seno del partido bolchevique, a las tendencias representadas por Kamenev, que planteaba el más abierto apoyo al gobierno provisional, y por Stalin, que planteaba el apoyo crítico al gobierno provisional y una política de presiones sobre el mismo para que cumpla las transformaciones de corte democráticas burguesas.

La Revolución Socialista de Octubre abre la época de transición del capitalismo al socialismo en escala mundial.

En 1919, orientado por el carácter necesariamente internacional de la revolución proletaria, los bolcheviques y otros grupos crean la III Internacional.

El poder soviético, a la vez que transformó las relaciones de producción de capitalistas y semifeudales en socialistas, se apoyó y extendió a través de los órganos de poder obreros – campesinos, comenzando a suplantar con ellos al viejo aparato estatal de herencia zaristá.

En septiembre de 1922 se agrava la enfermedad de Lenín y hasta su muerte, en 1924, su actividad política directa será muy reducida.

Su muerte se produce en una situación muy difícil para la Unión Soviética que salía de la guerra civil desvastada económicamente y en una Euopa donde la “situación revolucionaria” se había agotado.

Lenín se esforzó desde su lecho de enfermo por evitar la escisión que preveía en el seno de la dirección del partido a través de la incorporación de gran cantidad de obreros a la misma y del desplazamiento de Stalin del cargo de Secretario General.

Estas propuestas no serán conocidas públicamente hasta 1956. La fracción stalinista del Comité Central aprobó su no difusión en la clase obrera y confirmé a Stalin en su cargo en el XII Congreso del Partido.

La lucha interna

A partir de la muerte de Lenín se profundiza la contraposición de dos líneas en el seno del P. C. Ruso. Una que luego será calificada como la defensora de la teoría del “socialismo en un solo país” tendrá como sus principales exponentes a Stalin y Bujarin.

La otra, que luego será calificada como partidaria de la “revolución permanente» estará encabezada por Trotski, el constructor del Ejército Rojo, a la cual apoyarán luego Zinoviev, Kamenev y otros.

Ambas se enfrentan en 1925 y 1927. Los temas de la discusión son diversos pero el trasfondo es el siguiente: cómo resolver la contradicción entre la necesidad de construir el estado socialista y el cerco capitalista que lo rodea.

Lo que se reinscribe en el problema de fondo que tuvo que afrontar la política de la Internacional después de la muerte de Lenín, el de la relación entre la Revolución Rusa y la revolución mundial.

Trotski sostenía la tesis de que era imposible construir el socialismo en un solo país, dada la acción combinada y negativa del mercado mundial capitalista y la presión de las masas campesinas en el interior de Rusia.

Afirmaba la necesidad de subordinar todo a la revolución internacional acelerando la industrialización en la URSS.

Stalin pensaba que, independientemente de la situación internacional, era posible construir el socialismo en un solo país puesto que la alianza de la clase obrera con el campesinado era sólida.

La tesis de Trotski tenía una parte de verdad, pues de acuerdo con los clásicos del marxismo no podía concebirse el socialismo en un país aislado.

Y preveía que la política de Stalin llevaría inevitablemente a concesiones incompatibles con la nueva sociedad: en el plano internacional obligaría a atenuar la influencia revolucionaria del Estado Soviético para evitar la agresión extranjera; en la nacional obligaría a hacer concesiones a los campesinos para evitar que éstos derrocaran al poder soviético.

Sin embargo, la tesis no proponía una solución concreta al problema de cómo avanzar en la construcción del socialismo en la nueva situación política creada con el fin de la “situación revolucionaria»  europea y la creación del cerco capitalista sobre la URSS.

Stalin afirmaba que es posible la industrialización y colectivización del campo ruso al tiempo que el Estado soviético maniobraría a escala internacional para garantizar un período de paz fundamental para la construcción del socialismo.

Desde el punto de vista la propuesta de Stalin aparecía como más «realista».

Además, la composición social con que la URSS queda luego de la guerra civil de destrucción física de la mayor parte de la industria y del mismo proletariado, con el consiguiente crecimiento de la influencia campesina de tinte nacionalista; la hábil política de Stalin para lograr el control paulatino de la dirección del partido; y otros factores se combinaron para posibilitar el triunfo de Stalin.

La polémica en sus términos generales se zanjó a fines de 1927. La línea triunfante expulsó del partido tanto a Trotski como a Zinovíev y otros.

El internacionalismo proletario y la cuestión nacional: La revolución proletaria encuentra una de sus premisas inexcusables en su carácter internacional. Por un lado, como necesidad política para coordinar la acción y la solidaridad del proletariado de los diferentes países y, por otro, como objetivo histórico futuro post-revolucionario, con la supresión de las fronteras nacionales propias de la sociedad capitalista.

Los marxistas, entonces, se vieron ante la necesidad de tener que resolver teórica y políticamente el problema de la articulación de las reivindicaciones nacionales específicas y la lucha de clases en el plano mundial. Lenín postuló que “El capitalismo en desarrollo conoce dos tendencias históricas en la cuestión nacional.

La primera consiste en el despertar de la vida nacional y de los movimientos nacionales, en la lucha contra toda opresión nacional, en la creación de los Estados nacionales.

La segunda es el desarrollo y la multiplicación de vínculos de todas clases entre las naciones, el derrumbamiento de las barreras nacionales, la formación de la unidad internacional del capital, de la vida económica en general, de la política, de la ciencia, etc. Ambas tendencias son una ley universal del capitalismo.

La primera predomina en los comienzos de su desarrollo, la segunda distingue al capitalismo maduro, que marcha hacia su transformación en sociedad socialista.

El programa nacional de los marxistas tiene en cuenta ambas tendencias, defendiendo, en primer lugar, la igualdad de derechos de las naciones y de los idiomas (y también el derecho de las naciones a la autodeterminación, de lo cual hablaremos más adelante) y considerando cualesquiera privilegios en este aspecto y, en segundo lugar, propugnando el principio del internacionalismo proletario y la lucha implacable para evitar que el proletariado se contamine de nacionalismo burgués, aun del más sutil.”

“La burguesía coloca siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional.

El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Teóricamente, no puede. garantizarse de antemano que la separación de una nación determinada o bien sin igualdad de derechos con otra nación pondrá término a la revolución democrático-burguesa.

Al proletariado le importa, en ambos casos, garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar ese desarrollo, posponiendo las tareas de dicho desarrollo a las tareas de “su” nación.

Por eso, el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizarlo a ninguna nación, sin comprometerse a dar nada a expensas de otra nación. (…) Lo que más interesa a lis burguesía es que una reivindicación determinada sea “realizable”; aquí la eterna política de transacciones con la burguesía de otras naciones en detrimento del proletariado.

En cambio, al proletariado le importa fortalecer su clase contra la burguesía, educar a las masas en el espíritu de la democracia consecuente y del socialismo.”

De la Nueva Política Económica a la Colectivización Total

A partir de 1921 Lenin adoptó un sistema económico -la llamada Nueva Política Económica o NEP- en el que convivían un sector estatal y un sector privado. Tras la muerte de Lenin, su sucesor, Stalin, lanzó una nueva política económica que colectivizó los medios de producción, eliminando así al sector privado.

«Rusia había adoptado, a partir de 1921, un nuevo sistema económico basado en la coexistencia de un sector estatal, en el que se incluía la gran industria, la banca y el comercio exterior, y un sector privado, que incluía la agricultura, la artesanía y el pequeño comercio. A este sistema se le denominó Nueva Política Económica o NEP.

En las ciudades reaparecieron las tiendas y los restaurantes, la gente de nuevo compraba y se divertía, sobre todo los nuevos ricos, que aprovecharon todas las oportunidades para hacer negocios, legales o ilegales.

Los obreros industriales se beneficiaron de la recuperación económica y podían sentir la satisfacción de ser la nueva clase dirigente, de la que surgían la mayoría de los funcionarios comunistas que administraban el país.

Quienes sabían historia recordaban el período de Termidor, la etapa de la revolución francesa en que los privilegiados volvieron a gozar de la alegría de vivir tras los sombríos años del Terror.

Algunos observadores extranjeros creyeron que Rusia había entrado de lleno en una etapa termidoriana, es decir que la fase más radical de la revolución había terminado, y que Rusia entraba en una etapa de estabilidad, de moderación, de consolidación de los cambios. Pero no fue así. La NEP representó tan sólo un intervalo de calma entre dos períodos convulsos.

A fines de 1929 Stalin, que había sucedido a Lenin al frente del Partido Comunista, puso en marcha la colectivización forzosa de la agricultura.

Esto supuso una auténtica guerra civil lanzada por el régimen comunista contra el campesinado, una de cuyas consecuencias fue la reaparición del hambre, que asoló Ucrania en 1933.

Para entonces la mayor parte de la tierra rusa había sido colectivizada y habían desaparecido también la industria y el comercio privados.

El ideal colectivista por el que los bolcheviques de 1917 habían luchado se había hecho realidad, aunque fuera a costa de inmensos sufrimientos para el pueblo ruso.»

Juan Aviles Parré. La Revolución Rusa, Madrid,
Santularia, 1997.

Las Internacionales Obreras El Manifiesto Comunista de Marx

Las Internacionales Obreras
El Manifiesto Comunista

La I y II Internacional: La etapa que cubre el siglo XIX, particularmente en su segunda mitad, presenta la creciente organización del proletariado como clase con intereses propios.

El 28 de septiembre de 1864 se constituye en Londres la Asociación internacional de los Trabajadores, más conocida posteriormente con el nombre de Primera Internacional o I Internacional.

Su creación fue precedida por veinte años de intensa actividad teórica y política de Marx y Engels.

Con ella se sientan las bases para la elaboración de los ejes políticos centrales del marxismo que luego se mantendrán como una constante del movimiento obrero revolucionario: la constitución del proletariado en partido político independiente y contrapuesto a los de la burguesía; la necesidad de articular las luchas reivindicativas inmediatas de los obreros con las políticas generales; la perspectiva necesariamente internacionalista del proletariado internacional, etc.

Las Internacionales Obreras El Manifiesto

La I Internacional nunca pudo constituirse como una organización unificada establemente, pero la participación en las luchas obreras de la época fue intensa.

Particularmente en el apoyo decidido a la Comuna de París de 1871. Justamente, la gran represión que sigue a su derrota fue decisiva para el debilitamiento de la I Internacional, lo que unido a la creciente división entre marxistas y anarquistas precipitó su división final y su desaparición entre 1872 y 1877.

El siglo XX presenta en sus comienzos un cuadro relativamente favorable para los grandes capitalistas de los países donde se había producido en los finales del siglo XIX el surgimiento del imperialismo.

Con él, el capitalismo entra en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia decisiva la exportación de capitales de los monopolios hacia los pises dependientes, ha comenzado el reparto del mundo con los trusts internacionales y ha terminado el reparto del mismo entre los países capitalistas más importantes.

Su redistribución, justamente, será la causa última de las guerras mundiales del siglo. Este proceso modifica profundamente la política mundial y hará sentir también sus efectos en el movimiento obrero europeo.

La II Internacional, fundado en 1889, estaba dirigida por tendencias reformistas bajo la hegemonía inicial de la corriente encabezada por Eduardo Bernstein quien sostenía la posibilidad del tránsito evolutivo y pacífico del capitalismo al socialismo.

Pero en Europa y en los países oprimidos por el capital monopolista las contradicciones de clases siguieron su curso. En 1903, en la Rusia zarista, tiene lugar un acontecimiento político con implicancias posteriores decisivas: encabezada por Lenin se constituye el ala bolchevique de la Socialdemocracia Rusa.

La Teoria Marxista El Marxismo La Lucha de Clases Los Obreros

La Teoría Marxista-La Lucha de Clases
Los Obreros

La Teoria Marxista El Marxismo La Lucha de Clases Los ObrerosEntenderemos por “marxismo a la teoría científica que expresa los intereses históricos revolucionarios del proletariado como clase social. Su producción va a estar condicionada por la existencia de esta clase cuyos intereses históricos van a pasar por la supresión de toda forma de explotación.

Será el punto de vista proletario, aún no fundado científicamente, de Carlos Marx y Federico Engels el que les permitirá producir esta teoría apoyándose, pero a la vez rompiendo con ellos, en los logros de la economía política clásica, la filosofía alemana y el socialismo francés.

Si el liberalismo había removido las bases del mundo medieval que agonizó durante la «Edad Moderna», el nacimiento del marxismo va a sacudir hasta sus más profundas raíces el pensamiento del siglo XIX. Como dicen Marx y Engels en sus primeras palabras del Manifiesto Comunista: «Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo». Nada mejor que esa frase para comprender lo que significó el marxismo en su época.

El liberalismo había cuestionado la legitimidad del poder basado en la voluntad de Dios, había proclamado la libertad de conciencia y había reconocido la libertad económica como «natural». Todo eso había escandalizado a los conservadores que seguían soñando con un mundo teocéntrico, estático y cerrado.

Pero el mensaje marxista, para la Europa de su tiempo, es mucho más conmocionante aún, porque venía a decir que Dios era un invento de las clases dominantes para adormecer a los pobres, que era inevitable la inminente supresión de toda forma de propiedad privada y anunciaba el arribo de un paraíso terrenal, sin dios, sin familia ni propiedad, donde todo, incluso las mujeres y los hijos sería propiedad de todos, hasta llegar a suprimir al mismo Estado.

Para colmo, estas ideas no eran fruto de una mente afiebrada sino el enjundioso trabajo de un economista serio, estudioso y extremadamente detallista en sus razonamientos.

En general, la mayoría de las personas creen que el marxismo consiste en suprimir la propiedad privada y entregar el manejo de la economía al Estado. Esta es una simplificación extrema del pensamiento de Marx, que es sumamente elaborado y complejo. Lo primero que sorprende al que acomete la ardua tarea de leer las obras de Marx, en especial los tres voluminosos tomos de «El Capital » es que Marx casi no habla ni de socialismo, ni de comunismo, sino que se refiere exclusivamente a la crítica del sistema capitalista.

Gracias a la tecnología hoy podernos hacer con facilidad un recuento de palabras en esta abrumadora obra, y podemos comprobar que en «El Capital» que a lo largo de sus miles de páginas se menciona 6468 veces la palabra «Producción», 7979 veces «trabajo», 2238 «plusvalía», 6792 veces «valor», mientras que sólo se menciona 3 veces la palabra «socialismo» y 4 veces «comunismo».

Como si esto fuera poco, cuando buscamos la palabra «socialismo» vemos que las tres veces que la menciona lo hace ‘para criticar al socialismo de Proudhon; y cuando rastreamos el vocablo «comunismo» encontramos que tres veces se usa para hablar del «comunismo de las tribus primitivas» y la otra mención es en carácter peyorativo: En el Capítulo 37 del tomo 30 dice «Sé que si establezco esta comparación me acusarán de comunismo. Y para nuestra sorpresa, no hay otra mención al comunismo, ni al socialismo en su obra magna Este recuento estadístico se hace con una finalidad específica, que intentemos mirar la doctrina de Marx desprendiéndonos de los prejuicios y simplificaciones que suelen hacerse.

El marxismo como teoría científica no es producto del trabajo en el laboratorio, y así como su surgimiento va a estar condicionado por las luchas de clases, su rol de ideología del proletariado revolucionario define su sentido último: su reinscripción en la lucha revolucionaria como ‘guía de la acción”. Su realización histórica se encuentra en la práctica social del proletariado, transformándose así en fuerza material de cambio por lo que es imposible referirse al marxismo como teoría científica sin hacerlo al mismo tiempo con su expresión en la práctica política revolucionaría.

Estos dos niveles, diferentes pero internamente ligados, teoría y práctica revolucionaria serán los dos ejes centrales de nuestra esquemática exposición.

El marxismo como teoría. Las diversas concepciones con que se interpretaban hasta Marx y Engels los fenómenos históricos suponían, de una u otra forma, el idealismo filosófico. Todo proceso concreto era entendido como un momento de la realización de un principio ideal, ya sea directamente religioso (voluntad divina) o metafísico filosófico (la realización de la Idea Absoluta, del destino de Libertad, de Nacionalidad, etc.). Así, se fundamentaban las diversas “filosofías de la historia” que, para los fundadores del marxismo, no serían en definitiva más que ideologías de las diversas clases dominantes. El orden existente, basado en la explotación de clase, encontraba en los principios ideales que supuestamente movían los hechos de la historia humana una garantía absoluta que los legitimaba y justificaba.

La revolución teórica que opera Marx desde la perspectiva del proletariado supone un cambio radical de los términos en que se planteaba el problema e inaugura un nuevo espacio teórico, no regulado por la elaboración de principios ideales imaginarios, sino por el conocimiento de las leyes objetivas del campo social especifico en estudio: el Materialismo Histórico. Ciencia que sacará el problema del terreno de las “filosofías de la historia” y que obrará condicionando la elaboración de las bases de una nueva filosofía: el Materialismo Dialéctico.

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.
Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi portadas partes una completa diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y además, en casi todas estas clases encontramos, a su vez, gradaciones especiales.

La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más en dos grandes bandos hostiles, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.

MARX, K., y ENGELS, F.: El Manifiesto del Partido Comunista.
1848.

«En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia […]. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella […]. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués.»

Karl Marx. Contribución a la crítica de la economía política, 1859.

Ideas de Marx Sobre Malthus

El Marxismo Teoria Marxista Dictadura del Proletariado

RESUMEN: MARXISMO
LA DICTADURA DEL PROLETARIADO

Introducción sobre el Marxismo:

Entenderemos por «marxismo» a la teoría científica que expresa los intereses históricos revolucionarios del proletariado como clase social. Su producción va a estar condicionada por la existencia de esta clase cuyos intereses históricos van a pasar por la supresión de toda forma de explotación. Será el punto de vista proletario, aún no fundado científicamente, de Carlos Marx y Federico Engels el que les permitirá producir esta teoría apoyándose, pero a la vez rompiendo con ellos, en los logros de la economía política clásica, la filosofía alemana y el socialismo francés.

El marxismo como teoría científica no es producto del trabajo en un laboratorio, y así como su surgimiento va a estar condicionado por las luchas de clases, su rol de ideología del proletariado revolucionario define su sentido último: su reinscripción en la lucha revolucionaria como «guía de la acción».

Su realización histórica se encuentra en la practica social del proletariado, transformándose así en fuerza material de cambio, por lo que es imposible referirse al marxismo como teoría científica sin hacerlo al mismo tiempo con su expresión en la práctica política revolucionaria. Estos dos niveles, diferentes pero internamente ligados, teoría y práctica revolucionaria serán los dos ejes centrales de nuestra esquemática exposición.

El Marxismo Dictadura del Proletariado Lenin y Marx

El marxismo como teoría

Las diversas concepciones con que se interpretaban hasta Marx y Engels los fenómenos históricos suponían, de una u otra forma, el idealismo filosófico. Todo proceso concreto era entendido como un momento de la realización de un principio ideal, ya sea directamente religioso (voluntad divina) o metafísico filosófico (la realización de la Idea Absoluta, del destino de Libertad, de Nacionalidad, etc.). Así, se fundamentaban las diversas «filosofías de la historia» que, para los fundadores del marxismo, no serían en definitiva más que ideologías de las diversas clases dominantes.

El orden existente, basado en la explotación de clase, encontraba en los principios ideales que supuestamente movían tos hechos de la historia humana una garantía absoluta que los legitimaba y justificaba. La revolución teórica que opera Marx desde la perspectiva del proletariado supone un cambio radical de los términos en que se planteaba el problema e inaugura un nuevo espacio teórico, no regulado por 1a elaboración de principios ideales imaginarios, sino por el conocimiento de las leyes objetivas de! campo social específico en estudio: el Materialismo Histórico. Ciencia que sacará el problema del terreno de las «filosofías de la historia» y que obrará condicionando la elaboración de las bases de una nueva filosofía: el Materialismo Dialéctico.

Origen del Marxismo:

Explica Ignacio Massum, en su libro «Las Ideologías del Siglo XXI«, Si el liberalismo había removido las bases del mundo medieval que agonizó durante la «Edad Moderna», el nacimiento del marxismo va a sacudir hasta sus más profundas raíces el pensamiento del siglo XIX. Como dicen Marx y Engels en sus primeras palabras del Manifiesto Comunista: «Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo». Nada mejor que esa frase para comprender lo que significó el marxismo en su época.

El liberalismo había cuestionado la legitimidad del poder basado en la voluntad de Dios, había proclamado la libertad de conciencia y había reconocido la libertad económica como «natural». Todo eso había escandalizado a los conservadores que seguían soñando con un mundo teocéntrico, estático y cerrado. Pero el mensaje marxista, para la Europa de su tiempo, es mucho más conmocionante aún, porque venía a decir que Dios era un invento de las clases dominantes para adormecer a los pobres, que era inevitable la inminente supresión de toda forma de propiedad privada y anunciaba el arribo de un paraíso terrenal, sin dios, sin familia ni propiedad, donde todo, incluso las mujeres y los hijos sería propiedad de todos, hasta llegar a suprimir al mismo Estado. Para colmo, estas ideas no eran fruto de una mente afiebrada sino el enjundioso trabajo de un economista serio, estudioso y extremadamente detallista en sus razonamientos.

En general, la mayoría de las personas creen que el marxismo consiste en suprimir la propiedad privada y entregar el manejo de la economía al Estado. Esta es una simplificación extrema del pensamiento de Marx, que es sumamente elaborado y complejo.

Lo primero que sorprende al que acomete la ardua tarea de leer las obras de Marx, en especial los tres voluminosos tomos de «El Capital» es que Marx casi no habla ni de socialismo, ni de comunismo, sino que se refiere exclusivamente a la crítica del sistema capitalista. Gracias a la tecnología hoy podemos hacer con facilidad un recuento de palabras en esta abrumadora obra, y podemos comprobar que en «El Capital» que a lo largo de sus miles de páginas se menciona 6468 veces la palabra «Producción», 7979 veces «trabajo», 2238 «plusvalía», o 6792 veces «valor», mientras que sólo se menciona 3 veces la palabra «socialismo» y 4 veces «comunismo».

Como si esto fuera poco, cuando buscamos la palabra «socialismo» vemos que las tres veces que la menciona lo hace para criticar al socialismo de Proudhon; y cuando rastreamos el vocablo «comunismo» encontramos que tres veces se usa para hablar del «comunismo de las tribus primitivas» y la otra mención es en carácter peyorativo: En el Capítulo 37 del tomo 3° dice «Sé que si establezco esta comparación me acusarán de comunismo».

Y para nuestra sorpresa, no hay otra mención al comunismo, ni al socialismo en su obra magna. Este recuento estadístico se hace con una finalidad específica, que intentemos mirar la doctrina de Marx desprendiéndonos de los prejuicios y simplificaciones que suelen hacerse.

EL MITO DE LA DICTADURA DEL PROLETARIADO

La anarquía de la producción procede del hecho de que los distintos productores, movidos por su afán de la máxima ganancia, invierten sus capitales en los sectores inmediatamente más rentables, sin preocuparse del nivel de la demanda en un futuro más lejano. Hay una plétora de capitales invertidos en el sector de los bienes de consumo, y una relativa penuria de capitales en el sector de los bienes de equipo.

Este desequilibrio origina crisis económicas cíclicas de superproducción, al no poder absorber el mercado los bienes de consumo producidos. La sociedad capitalista resulta así fundamentalmente contradictoria: su sistema de producción implica el desarrollo de dos clases sociales irreductiblemente opuestas, la burguesía y el proletariado. La burguesía, clase dominante, forja y refuerza, constantemente, los instrumentos de su dominación: el Estado burgués, el derecho burgués, la ideología burguesa en todas sus formas. Para emanciparse, la clase obrera tiene que atacar los fundamentos mismos de la sociedad burguesa: el sistema de producción capitalista.

A este fin, tiene que crear organizaciones propias: el sindicato y el partido obrero revolucionario, la más alta encarnación de la conciencia de clase del proletariado. Así podrá desarrollar las luchas de masas, que, en período de crisis, podrán, a su vez, desembocar en la conquista del poder y en la destrucción del Estado burgués.

El proletariado victorioso impondrá su propia organización de clase dominante: el estado de la dictadura temporal del proletariado. A medida que vaya edificándose la sociedad socialista, irán atenuándose los antagonismos de clase. Después, el Estado obrero iniciará el proceso de su propia disolución. Acabará por desaparecer, con la desaparición de las clases sociales. «La administración de las cosas» sustituirá entonces al «gobierno de los hombres», en una sociedad rica, reconciliada consigo misma y dueña ya de su destino.

Por que resulta tan atractivo el marxismo?

Si todo el andamiaje de su teoría se sustenta en un principio económico falso (la teoría del valor), si sus predicciones proféticas no se verificaron, si sus seguidorescometieron terribles atrocidades en su nombre, y finalmente fracasaron de manera más o menos confesada en su intento de construir una sociedad más justa ¿Por qué sigue teniendo tantos seguidores?

¿Cuál es el secreto? En primer término, su denuncia de la injusticia. ¿Quién no puede dejar de conmoverse frente a la descripción de las injusticias de su tiempo que contiene el capítulo VIII del tomo de «El Capital»? Estas descripciones responden a la verdad , histórica de su tiempo, pero siguen expresando situaciones de injusticia que subsisten en nuestros días.

Su aporte a la mayor comprensión de la historia y la cultura a través de su descubrimiento del concepto de ideología, le hizo ganar adeptos entre los intelectuales, en especial entre quienes por su idealismo rechazaban la imagen estereotipada del «burgués». Para entender los motivos por los que Sartre adoptó el marxismo probablemente debamos revisar su biografía personal.

Sartre era un rebelde que vivía un estilo de vida que desafiaba las convenciones de su tiempo. Probablemente lo que genera una simpatía por Marx sea su descripción de la burguesía, o más precisamente, de lo que me atrevo a denominar el «señor burgués».

Éste personaje, existe en el imaginario social, desde el siglo XIX, como una entidad separada de lo que la burguesía que históricamente. El señor burgués es un personaje que tiene características claramente definidas. Su principal virtud es la de estar satisfecho. Cerramos los ojos e imaginamos al burgués barrigón, con una cadena de oro en su chaleco, fumando un cigarro en su mansión llena de sirvientes, «regodeándose en su crapulencia» (como dice el Mr. Burns en la serie televisiva «Los Simpson»). Es un ser insensible a las necesidades de sus obreros, aunque su esposa realiza coléelas de caridad que, en realidad, tienen como únicas finalidades, llenar el tiempo de su aburrida vida, tranquilizar su oscura conciencia y poder presumir entre sus amistades.

El burgués es un hombre de una moral tan estricta como hipócrita. Proclama la virtud y es capaz de las peores bajezas. Es religioso, pero no permite que la religión se inmiscuya en sus negocios. No es ni un emprendedor audaz (entrepencur) ni unyuppie adicto al trabajo (workalcolic). No es innovador, ni asume riesgos es más bien un conservador y un parásito social que vive del trabajo, de la inventiva e incluso del riesgo que otros corren. Le gusta «la buena vida», tiene gustos caros, y ama la ostentación. No es un intelectual, ni entiende el arte, pero, por supuesto, tiene una enorme biblioteca y asiste regularmente a la ópera, o a las exposiciones plásticas, mas que para ver para que lo vean.

En resumen, un ser despreciable que no merece el lugar que ocupa en la sociedad. No es mi intención hacer aquí un análisis sociológico para determinar si este personaje corresponde realmente a la realidad del empresario del siglo XIX o XX. Lo que puedo asegurares que está fuertemente inserto en el imaginario colectivo y obtiene un generalizado repudio. Basta ver la cantidad de películas de Hollywood que lo han retratado, para comprender que esta denuncia marxista ha trascendido el campo del socialismo para con vertirlo en un villano universal.

No puede negarse que el pensamiento de Marx no sólo impulsó el nacimiento de las experiencias social islas en el mundo, si no que también tuvo enorme influencia en las modificaciones que se hicieron en los países occidentales, e incluso, es notable el cambio que se opera en el discurso de la Iglesia Católica. Basta leer las encíclicas anteriores y posteriores a Marx para advertirlo nítidamente.

Fuente Consultada: Ideologías del Siglo XXI
Ignacio Massun
El Marxismo