La Coexistencia Pacifica en la Guerra Fria Objetivos Conflicto Ideologico



La Coexistencia Pacífica en la Guerra Fría-Objetivos

A comienzos de los años sesenta algunos de los factores que habían provocado la etapa de la Guerra Fría e incluso le habían dado sentido, comenzaron a cambiar de signo. En primer lugar, tanto en Estados unidos como en la URSS, los sectores más fuertemente dogmáticos y defensores del enfrentamiento a ultranza entre los bloques habían muerto (Stalin) o habían sido marginados de los círculos del poder (McCarthy).

En segundo lugar, la situación permanente de tensión comenzó a ser denunciada, por sectores de la población o por los países dependientes de alguna de las potencias, como una «estrategia del terror», que no hacía sino aumentar los conflictos. Se empezó a defender la idea de que había que aceptar la existencia de los dos bloques y con este telón de fondo se inició una nueva etapa que denominamos «coexistencia pacífica».

Kennedy y Kruschev

En el marco de la coexistencia pacifica Kennedy y Kruschev

La nueva correlación de fuerzas:

La creación del campo socialista luego de la guerra, la Revolución China, así como el desarrollo de las luchas anticoloniales y de liberación Social y Nacional, particularmente en Víetnam, Corea y Cuba, signa a las décadas del 40 y 50 como fundamentales en el cambio de la relación de fuerzas a favor del proletariado internacional y el socialismo. Esta nueva realidad obrará profundos efectos en las fuerzas políticas proletarias que se autodefinen como marxistas.

La crítica a Stalin
La crítica del Partido Comunista de la Unión Soviética

El 5 de marzo de 1953 muere en Moscú Stalin. Tres años más tarde el XX Congreso del PCUS emprende una crítica a su política. El cuestionamiento se centré en las deformaciones de la democracia socialista que había generado el “culto a la personalidad” de Stalin: manejo unipersonal de la política soviética, persecuciones injustas, etc. Se propone superar estas deformaciones ampliando la democracia interna del partido y el país. Lo que luego se iba a expresar en la tesis de que en la URSS ya se había cumplido la etapa de la ‘dictadura del proletariado’ y que se pasaba a construir el “Estado de todo el pueblo”.

Medida que iba acompañada por un ambicioso plan económico orientado a superar en pocos años la producción de los países capitalistas más desarrollados lo que sentía, a la vez, las bases materiales y técnicas para la construcción del comunismo. Al mismo tiempo se hacían apreciaciones sobre la política internacional del PCUS y del movimiento comunista internacional.

La cuestión central de la época era ubicada en la disyuntiva de: “guerra o paz” mundial. Se establece entonces la estrategia de la “coexistencia pacífica” entre los Estados con distintos regímenes sociales, como forma de la lucha de clases entre el socialismo y el capitalismo.

Sentado este eje, se debían apoyar las luchas anticoloniales y de Liberación enfiladas a la construcción de los Estados de Democracia Nacional. Por otra parte, se valoraba que en ciertos países se abría la posibilidad creciente del tránsito pacífico al socialismo, vía parlamentaria electoral. Estos Lineamientos suponían una orientación general para los distintos partidos comunistas del mundo, formalizado por la declaración de los

La crítica de la “izquierda revolucionaria”

Para otras fuerzas marxistas la crítica inaugurada en el XX Congreso del PCUS y reafirmada posteriormente, no cuestionaba la desviación política reformista que estaba en la base de la política stalinista.

Es más, en lo que hace a la línea del movimiento comunista internacional, las nuevas propuestas llevaban a un plano superior y generalizado esta desviación, que si Stalin subordiné la revolución mundial a la “construcción del socialismo en un solo país”, la nueva línea de la “coexistencia pacífica” iba a significar la consolidación del reparto del mundo entre la URSS y EEU. garantizado por el monopolio atómico que ejercían ambos.

Lo cual significaba el abierto desplazamiento de la posibilidad de la revolución mundial del eje de las luchas en cada país al de la emulación pacífica entre ambas potencias. Por otra parte, la articulación de la “coexistencia” con el desarrollo de los Estados de Democracia Nacional no era sino la expresión de la política de acuerdo del PCUS con las burguesías nacionales de esos países, lo que llevaría luego al seguidismo de los P. C. de cada país a su burguesía nacional.



En este sentido tendría su responsabilidad en las derrotas que significaron los golpes derechistas que en la década del 60 se dan en Brasil, Ghana, Indonesia, Congo, Medio Oriente, etc., facilitados por la incapacidad de la burguesía nacional gobernante para encabezar la lucha antiimperialista.

Y en lo que respecta a la posibilidad de la “vía pacífica” de toma del poder en países capitalistas supondrá, junto con la idea del “Estado de todo el pueblo” en la URSS, el abandono de la concepción marxista del Estado como dictadura de clase.

La polémica Chino-Soviética

En junio de 1960 comienza públicamente la polémica chino-soviética, Incubada desde años atrás, va a ser la expresión más profunda del cuestionamiento de la hegemonía del PCUS en el movimiento comunista internacional. A la política de “coexistencia pacífica” y emulación económica como eje de la revolución mundial, los comunistas chinos encabezadas por Mao le va a contraponer la necesidad de profundizar la lucha revolucionaría en escala mundial, principalmente allí donde las tensiones eran mayores, las “zonas de tormenta”, localizadas en los países dependientes coloniales y semi-coloniales.

La lucha por la paz mundial será también una bandera de los chinos, pero sin perder de vista cuáles son las causas sociales de la guerra y, por lo tanto, basando la posibilidad del logro de la paz mundial en última instancia en la liquidación de la explotación de clases y no en las negociaciones de la diplomacia soviética.

Para los chinos la política exterior de la URSS desemboca en una orientación social imperialista, de acuerdo abierto con al Imperialismo yanqui y de afianzamiento de status quo de las “zonas de influencia”. La intervención soviética en Checoslovaquia sería un ejemplo más de este proceso.

En lo interno de la URSS, la teoría del “Estado de todo el pueblo” supone el abandono de la “dieta dura del proletariado” y el medio por el cual se consolida institucionalmente la capa burocrática que utiliza a su favor el fabuloso desarrollo de las fuerzas productivas logrado en la URSS, impulsando la regresión de las relaciones de producción en dirección a la reimplantación del capitalismo, La cual estaría ya prácticamente efectivizada.

Pero será en su misma política interna donde la dirección maoísta tendrá oportunidad de aplicar consecuentemente las implicancias contenidas en la crítica al PCUS. Con la Revolución Cultural, los chinos se propondrán la liquidación total de la burguesía como clase y de los resabios capitalistas, la transferencia de funciones estatales a los órganos de gestión directa de las masas (comunas), la reafirmación del papel dirigente del proletariado y de la lucha de clases en la transición al socialismo, etc. Para ello deberá batir en el seno del PC Chino a la línea pro-soviética a través de la más audaz movilización de las masas.

ESte proceso supondrá una profunda diferencia en la concepción de la construcción del socialismo. Para Mao la construcción del socialismo no se resuelva simplemente con la creación de las imprescindibles bases materiales y técnicas. Es un proceso social, que supone la lucha de clases y que jerarquiza la actividad humana revolucionaria. Contra toda desviación tecnocrática que ubique al desarrollo de las fuerzas productivas como el principal factor para la construcción del socialismo y el comunismo, Mao plantea la necesidad de a ‘colocar siempre a la política en el puesto de mando”.

Desde ya que este enfrentamiento no es lineal y reconoce múltiples matices polémicos con otras fuerzas antirrevisionistas que también cuestionan la línea del PCUS, entre los cuales se jerarquiza el sentido posible que para los chinos tiene su reivindicación de Stalin y el papel del profundo “culto a la personalidad” de Mao en el proceso de la Revolución Cultural.

El marxismo y la coyuntura de los años 70

El equilibrio bipolar basado en el acuerdo entre los EEUU y la URSS que pareció consolidarse en la década del ‘50 ha entrado en profunda crisis. La irrupción de profundas luchas obreras y populares, a pesar de haber sufrido en algunos casos derrotas parciales, ha modificado sustancialmente el cuadro de la política mundial en la década del ‘60 y ha impulsado la relación de fuerzas en dirección favorable a los objetivos del socialismo y el comunismo.



Los principales indicadores de este proceso son:

  1. a) la derrota norteamericana en Vietnam;
  2. b) el triunfo de la Revolución Cultural Proletaria en China;
  3. c) la profundizaci45n de la lucha en los países capitalistas dependientes y neocoloniales (Cordobazos), movilización proletaria boliviana, etc.) y el surgimiento de instancias políticas marxistas leninistas no revisionistas en su seno;
  4. d) el renacimiento de las luchas proletarias en los paises capitalistas desarrollados (el “mayo francés”, el “otoño caliente” de 1970 en Italia, las luchas del proletariado español, del pueblo negro norteamericano, etc.). Estos procesos, junto con la reagudización de las contradicciones lnterimperialistas, profundiza y hace entrar en una nueva etapa la inestabilidad crónica del dominio capitalista. Frente a ella ha entrado en total deterioro la estrategia que postulaba como eje del proceso proletario mundial a la competición pacífica entre los EEUU y la URSS, a la alianza con las burguesías nacionales, ala posible transformación gradual y pacífica del capitalismo.

Sin embargo, la crisis capitalista no ha encontrado todavía una contrapartida proletaria unificada estratégicamente en el plano mundial capaz de conducir una ofensiva global. Esta contradictoria situación exige una política marxista- lenilista con La cual el proletariado y los pueblos en sus luchas impidan a la burguesía resolver su crisis y vayan creando condiciones para profundizar una ofensiva anticapitalista mundial sobre la base de un nuevo internacionalismo proletario.

En este sentido, se va produciendo un reagrupamiento mundial de fuerzas comunistas que tiene a China como uno de sus principales puntos de referencia. Numerosos partidos y grupos se alinean, ya en la línea china, ya en otras cercanas, más autónomas, pero que toman a la alianza con China como parte vital de su política (es el caso de Vietnam y Corea). Sólo la dialéctica teórica y práctica entre diferentes sectores de este reagrupamiento puede reconstruir ese nuevo internaciona4ismo proletario capaz de articular estratégicamente los diversos y particulares enfrentamientos de clase en cada país en un proceso único que desemboque en el fin del capitalismo en escala mundial.

En este proceso histórico que hemos delineado el papel del marxismo ha sido decisivo y su desenlace dependerá, sin duda, de su desarrollo teórico y aplicación práctica consecuente. El papel de la ideología del proletariado se jerarquiza hoy en un momento en que el capitalismo y el imperialismo profundizan su política represiva contra la clase obrera y los pueblos, pero en’ el que, además, intenta de diversas formas generar una ideología más eficaz para la integración del sujeto a la sociedad capitalista.

Aunque su versión’ más actualizada y enmas­carada tenga como enunciado central de su discurso el planteo de que se asiste al “fin de las ideologías” en la sociedad contemporánea es decir, por su crisis renuncia en lo inmediato a la aspiración de integrar a vastos sectores bajo. la adhesión a un sistema de ideas explícitamente justificatorio de su existencia, pero intenta impedir con su negación de las ideologías el acceso de las masas a una conciencia socialista, neutralizando así su potencialidad revolucionaria.

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