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Biografia de Benito Perez Galdos Escritor y Politico Español

BENITO PEREZ GALDOS Fue el más importante y más fecundo novelista del realismo español, y una de las figuras más representativas de la literatura española.

Biografia de Benito Perez Galdos Escritor Novelista Español

Vida. Perez Galdos nació en Las Palmas, islas Canarias (1843) y se distinguió desde niño por su tálenlo excepcional: a los cuatro años sabía leer, a los seis hacia prosa, a los siete escribía en verso, y a los diez, entendía ya a Calderón.

Realizó sus estudios de bachillerato en un colegio inglés de la isla y aprendió el latín, el francés y el inglés, así como también dibujo y pintura, música y ciencia, y frecuentó la lectura de los autores clásicos de la antigüedad, los españoles y los extranjeros.

Benito Perez Galdos Biografia

Benito Pérez Galdós ​ fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español.​ Se le considera uno de los mejores representantes de la novela realista del sigloXIX no solo en España .

Viajó luego a Madrid (1863) para estudiar derecho en la universidad. Concluyó sin vocación estos estudios (1869). se mezcló en la vida espiritual de la ciudad y se consagró totalmente a leer y escribir ensayos dramáticos, poéticos y obras en prosa.

Comenzó más adelante la publicación de una extensa serie de novelas históricas, los Episodios nacionales (1873) y colaboró en diversas publicaciones entre ellas el diario La Prensa de Buenos Aires.

Fue elegido diputado por Puerto Rico (1886), visitó toda. España y viajó por Europa. Mientras tanto, seguía dando a las prensas sus obras casi sin interrupción, año a año.

Ingresó en la Academia Española (1897) y el maestro Marcelino Menóndez y Pelayo contestó su discurso de ingreso.

Dedicó gran parte de su tiempo a escribir y representar obras teatrales, fue dos veces elegido diputado por el partido republicano (1907 y 1910), y luego se postuló su candidatura para el Premio Nobel de Literatura (1912), pero no lo obtuvo, pues sus contrarios políticos le hicieron una campaña desfavorable.

Falleció en Madrid (1920), a la setenta y siete años de edad.

La obra de Galdós: Benito Pérez Galdós escribió novelas, «episodios nacionales», dramas y comedias. Fue un escritor de excepcional fecundidad, que recuerda en esto al maestro Lope de Vega.

Los «‘Episodios nacionales». Constituyen una serie de novelas cortas en las cuales la historia se combina con la ficción.

Desarrollan temas de la historia española, ligados entre sí por medio de algunos personajes fijos que aparecen a través de un cierto número de volúmenes.

Los asuntos son tratados con criterio objetivo y realista, sin los prejuicios estéticos del romanticismo y sin intenciones políticas.

En algunas obras sobresalen personajes de gran factura literaria o escenas de una gran brillantez narrativa o descriptiva.

El talento de Galdós es particularmente notable en la presentación de batallas y luchas callejeras, huelgas y confusión de multitudes.

Más de 500 personajes aparecen en total dentro de esta serie, conformando «un pueblo entero». Amplió, además, los procedimientos analíticos y minuciosos de la antigua novela de costumbres.

Galdós fue entregando a las prensas estas obritas con regularidad, a razón de unas cuatro por año (1873-1879).

Puso en ellas su frío racionalismo narrativo y descriptivo, aunque acompañado de un gran entusiasmo nacional.

No se dejó llevar por la pasión ni por ol nacionalismo y se mantuvo dentro de una concepción artística serena.

No usó sus novelas para expresar odio contra el invasor francés.

Los Episodios nacionales han sido considerados como «una de las más afortunadas creaciones de la literatura española» en su siglo (Menéndez y Pelayo).

Dos de estas novelas, Cádiz y Zaragoza y se cuentan entre las más celebradas por el público lector.

Las novelas de costumbres. La otra parte de la obra la constituyen las novelas de costumbres contemporáneas, que van desde un profundo realismo, casi naturalista, hasta el esplritualismo posterior.

Constituyen un conjunto imponente, donde prácticamente está representada toda la sociedad española de la época, en sus diferentes clases, mentalidad y costumbres.

Lo fundamental en ellas es la presentación y el análisis del ser humano actuando dentro de un contorno social. La naturaleza y el paisaje sirven sólo como marco, pero no ocupan el interés del escritor ni aparecen solo.

Son más vale novelas de ciudad y de la vida urbana, antes que de la vida campesina.

Extrañamente, el autor no ha situado ninguna de sus obras en su tierra insular.

Al analizar sus personajes y tramarlos en una acción novelesca, Galdós revola una capacidad especial para situarse dentro de la vida psíquica de ellos, interpretarlos y mostrarlos en sus motivaciones, ideas, pasiones y actitudes propias.

No les adjudica contenidos espirituales ajenos, sino que los hace actuar con total independencia.

A esta característica del arte galdosiano se la ha denominado «altruismo», o sea ponerse, en el otro.

Son, por otra parte, novelas antilíricas, es decir, sustancialmente realistas, naturales y productos de la observación. No trasparentan en ningún momento al autor, quien se maneja en este aspecto con una objetividad imparcial.

Pese a este realismo, altruismo y objetivismo, muchas de las novelas envuelven una tesis, o al menos, pretenden dejar un saldo social, religioso o político como conclusión implícita.

Cuando se da esta circunstancia, Galdós se revela como anticlerical, liberal y progresista, independiente y autónomo en sus ideas, sin llegar a la prédica, la denuncia o la propaganda.

Es ante todo un artista que no compromete su arte con otras solicitaciones o intereses.

Galdós opinó siempre que el arte debía ser dejado a los artistas.
A pesar de su anticlericalismo, se mostró un hombre religioso, preocupado por el tema.

Aprovechó en su momento muchos de los recursos del naturalismo y del positivismo, sin caer por eso en la filosofía positivista o en el materialismo.

Atacó más bien al idealismo ingenuo o exagerado y reclamó la integración de la vida espiritual con ciertos datos de la realidad y de la experiencia. Fue, en esto, un espiritualista no dogmático.

Ennobleció los temas humanos que desarrolló y purificó el realismo microscópico de algunas escenas o personajes con una intención honradamente artística.

Acreditó, formalmente, un sentimiento de piedad y de conmiseración por los afligidos y menesterosos, una especie de «simpatía universal» por los seres menos privilegiados de la vida.

Técnicamente, sus novelas revelan un cuidadoso trabajo de composición, fruto de su acendrada y escrupulosa conciencia profesional.

Su arte es una mezcla de observación menuda y reflexión, de imaginación y contención, con cierta preferencia por los detalles menudos, los personajes individualistas y rebeldes, los cuadros de valor sociológico, y la reproducción del lenguaje vulgar.

Su obra constituye una «comedia humana», comparable en muchos sentidos a la del francés Honore de Balzac (Comedie humaine). Siguió en algunos aspectos las preferencias del público, por lo que se ha dicho que «colaboró con él».

Entre las mejores novelas de Galdós, la crítica ha señalado a Fortunata y Jacinta (1887), El amigo Manso (1881), Ángel Guerra (1891), Marianela (1878), Doña Perfecta (1876) y Gloria (1877). La primera de ellas está considerada como su obra maestra.

«Marianela». No es la mejor novela de Galdós, pero ha alcanzado una gran difusión y popularidad, quizás por su dejo de romanticismo y su carácter poético y delicado.

Marianela o Nela es una joven de cuerpo deforme, huérfana y analfabeta, que sirve en una casa. Hace de guía o lazarillo de un ciego de nacimiento, Pablo Penégüilas, joven de gran cultura que habita con su padre en una casa próxima a unas minas.

Entre ambos personajes nace una extraña simpatía espiritual, en base a la nobleza de alma y generosidad de la muchacha.Un día, llega al lugar un célebre oculista, quien revisa al ciego y al poco tiempo le devuelve la vista. Marianela, temerosa de que Pablo se desilusione al verla fea y deforme, huye y cae enferma.

La recoge Florentina, una prima del ciego, que está destinada a ser su esposa. En el momento en que el joven ciego se quita las vendas de los ojos, se encuentra con Marianela ya moribunda y sufre un desengaño. Marianela muere apretando sobre su pecho las manos de Pablo y de Florentina, y dando así su aprobación a la boda de ambos.

Crítica. Se ha adjudicado a la novela un contenido simbólico. Su lema profundo sería así la lucha entre la imaginación y la realidad.

Los personajes aparecen bastante esquematizados, sobre todo los tres protagonistas, cuya psicología da la impresión de responder a una elaboración conceptual previa, para servir de apoyo a la tesis.

La novela es un idilio, o sea una obra de amor. El desarrollo de la acción es lento al comienzo, pero se acelera demasiado hacia el final, con una precipitación contrastante.

Joaquín Casalduero ha intentado probar que Galdós quiso dar a Marianela el carácter de una alegoría de la teoría positivista de la sociedad humana.

Según el filósofo francés Comte, la sociedad transita por tres estadios: el teológico (imaginación), el metafísico (razón) y el positivo (observación), que son también los estadios de la vida de los individuos, y están representados en la novela por los personajes.

Nela representa a la imaginación, Pablo a la razón, y Teodoro a la realidad. De esta forma, la novela simbolizaría la lucha entre la imaginación y la realidad, con el triunfo final y la exaltación del hombre positivo.

Fuente Consultada: LITERATURA ESPAÑOLA, HISPANOAMERICANA Y ARGENTINA de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra 9º Edición

OBRAS Y EDICIONES: Marianela, Buenos Airea-México, Espasa Calpe Argentina, 1937. Obra» completa». Introducción y edición de Federico C. Sáinz de Roble». Madrid. Aguilar, 1942, 6 v.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS. Joaquín Caaalduero, Vida y obra de Galdós (1843-1920). Madrid, Gredors 1961. Ricardo Guitón, Caldea, novelista moderno. Madrid, Taurus. 1960.

Una Pagina Sobre Perez Galdos

Biografia de Calderon de la Barca Dramaturgo Español Obra Literaria

Biografía de Calderon de la Barca y Su Obra Literaria

Pedro Calderón de la Barca fue el dramaturgo más importante del período barroco, y muerto Lope de Vega, ocupó su lugar en la preferencia y admiración del público.

Su Vida. Nació en Madrid (1600), y cuando niño, fue enviado a estudiar al Colegio Imperial de los jesuítas de esa ciudad. Fue un alumno precoz, que a los trece años escribió una comedia, hoy perdida.

Ingresó más tarde en la Universidad de Alcalá (1614), donde sólo permaneció un año, pues su padre, casado en segundas nupcias, falleció, y el joven y sus dos hermanos se vieron envueltos en un pleito por cuestiones de herencia con su madrastra.

Calderon de la Barca Dramaturgo Español
Calderon de la Barca Dramaturgo Español
DRAMATURGO: quien escribe obras de teatro

Se matriculó en la Universidad de Salamanca (1615) donde estudió cánones y se graduó de bachiller (1620). Por esa época —tenía apenas unos veinte años—, se dio a conocer en algunos certámenes poéticos y se dedicó a escribir para el teatro. Sus primeras obras fueron estrenadas en el Real Palacio.

Estaba entonces al servicio del condestable de Castilla y fue acusado junto con sus hermanos de haber intervenido en la muerte de un criado de este noble.

Para salir de este aprieto, tuvo que pagar una compensación de 300 ducados. Pasó luego a Italia y Flandes (1623), según se dice como soldado, y regresó al poco tiempo a España (1625). Aquí comienza el período más fecundo de su vida artística.

Viose luego envuelto en un nuevo pleito, por haber violado junto con alguaciles y vecinos del lugar, la clausura de un convento de las trinitarias, mientras perseguían al hijo de un cómico que había herido a su hermano (1629).

En los años siguientes, se dedicó con ahínco a la creación dramática y se convirtió en una figura de gran fama. Su momento más brillante lo tuvo cuando se inauguró el palacio del Buen Retiro (1635), en que se representó una obra mitológica suya, con gran alarde escénico.

calderon de la barca

El rey lo honró con el hábito de Santiago (1637). Como miembro de esa orden religiosa y militar, intervino en las guerras contra el estado de Cataluña (1640-42), que se había levantado con Portugal en contra de la corona española. Enfermo, solicitó su retiro de las filas (1642) y obtuvo una pensión de 30 ducados.

Como por entonces el teatro de la corte y los teatros públicos estaban clausurados, entró al servicio del duque de Alba. En ese tiempo, perdió a sus dos hermanos y tuvo un hijo natural, cuya madre murió (1648).

Se reanudaron luego las representaciones dramáticas, y Calderón se consagró a escribir por encargo oficial autos sacramentales para las fiestas de Corpus Christi de Madrid y municipios cercanos (1648). Introdujo varias innovaciones en la técnica de estas obras, como la ampliación del texto y duración de la pieza, el aumento del aparato escenográfico y una mayor participación musical.

Ordenóse después de sacerdote (1651), y desde entonces parece haber llevado una existencia apacible durante treinta años, consagrado a la religión y el teatro.

Se había comprometido, como religioso, a no componer obras para el público, sino solamente autos sacramentales y comedias para el palacio real.

Fue designado capellán de Reyes Nuevo (1653) y después capellán de honor de Su Majestad (1663). Regresó así a la corte, hasta fallecer, anciano ya, en plena actividad literaria (1681).

El teatro de Calderón. Calderón, a pedido del duque Veragua, le escribió una lista de sus obras: 111 comedias y 70 autos, sin contar obras menores (loas, entremeses, jácaras, etc.). La investigación crítica ha probado después que Calderón mismo olvidó de citar algunas obras. Hoy se sostiene que las comedias fueron 120 y los autos 80.

Las obras del teatro calderoniano han sido clasificadas de varias maneras por los críticos.

En general, pueden distinguirse dos grupos:

1) realistas (El alcalde de Zalamea; El médico de su honra; El mayor monstruo los celos), en su mayor parte de capa y espada o relacionadas con la vida real, y escritas hasta ios cuarenta años de edad aproximadamente; 2) simbólicas, de contenido filosófico (La vida es sueño), religioso (El mágico prodigioso), teológico (El gran teatro del mundo) o mitológico (El divino Orfeo).

En esta última categoría se incluyen los autos sacramentales.
Se ha dicho de él que fue «nuestro máximo poeta dé los cielos y de la tierra» (Menéndez y Pelayo).

Los autos sacramentales. Calderón ha sido el maestro indis-cutido del auto sacramental en España y en Europa. La crítica universal lo ha aceptado en tal mérito.

Los autos sacramentales eran representaciones escénicas en un solo acto, de contenido religioso y alegórico, particularmente referidos a la Eucaristía y cuyo centro era la redención del hombre por Jesucristo.

Estaban destinados a ser puestos en escena el día de Corpus Christi. «Son los únicos dramas verdaderamente simbólicos de la literatura universal», escribió Ludwig Pfandl. Según este hispanista, constituían «un espectáculo de incomparable y envidiable grandeza», expresión de los sentimientos artísticos y religiosos de una nación noble y profunda.

Estas representaciones solían efectuarse al aire libre, a mediodía, con carros por escenarios, gran despliegue de escenografía y movimientos, y se efectuaban en presencia del rey, séquito, cortesanos y público en general.

Muchos autores habían escrito antes autos, pero Calderón elevó esta especie dramática a una excelencia artística y belleza no conocidas. Logró con esto Calderón una extraordinaria popularidad. Aun cuando el sentido era teológico, la preparación religiosa del pueblo permitía interpretarlos y sentirlos (Hurtado y Palencia).

Aparecían en ellos como personajes Jesucristo, el Amor, el Hombre, la Fe, la Gracia, la Esperanza, el Demonio y otras figuras alegóricas, a veces actuando combinadas con personajes de la vida real.

A pesar de esta extraña combinación, que podría parecer irrazonable para el espectador, Calderón logró imponerse por su estudiada técnica teatral, su delicado sentimiento religioso y el tono poético.

Se intercalaban en los autos himnos religiosos y eclesiásticos, citas y paráfrasis bíblicas y aun poesías populares compatibles con la dignidad de la función.

La obra maestra de este tipo es El gran teatro del mundo. Características del teatro calderoniano. Varios atributos caracterizan al teatro de Calderón, que la crítica ha distinguido a través de los años: el dominio de la trama, la profundidad del contenido argumental, la elevación del estilo y del lenguaje, la magnificencia de la versificación, y la pompa escenográfica.

Las obras de Calderón son movidas, la combinación de personajes y peripecias muy hábil y los desenlaces naturales. Esto fue fruto de una técnica muy madurada, donde cada pormenor era atendido y planeado: «todo está trabajado con la habilidad más perfecta».

En cuanto a los contenidos, nadie en el teatro de España los ha desarrollado más profundos: la predestinación y el libre albedrío, el pacto del hombre con el demonio, el destino humano, la lucha del bien y del mal, etc.

Se lo ha comparado a Shakespeare por el conocimiento del corazón humano (Mme. de Stael) y a Goethe por el tema de Fausto. Menéndez y Pelayo lo ha colocado en un puesto cercano a Dante por sus alegorías cristianas, y en el tercer lugar de la dramaturgia mundial, después de Sófocles y de Shakespeare, por la grandeza y lo admirable de sus asuntos.

El estilo calderoniano ha sido objeto de especial admiración. Es siempre un estilo de tono elevado, retórico y literario, que a veces llega a la exageración, pero que cuando se desprende de esas desviaciones, logra excelencias jamás alcanzadas por ningún otro autor dramático en lengua española.

Este tono grandilocuente, a menudo declamatorio, no deja lugar o ahoga la expresión de los sentimientos delicados y de los matices del espíritu, y por esto mismo, los personajes parecen siempre estar representando papeles, en forma convencional y teatral, sin relación efectiva con la vida y la psicología.

Aun cuando desarrolle Calderón temas pasionales (amor, honor, venganza, celos), siempre se declama la pasión y no logra producir en el espectador o lector emoción ni pasión, sino sólo admiración por su tremendo arte.

Es cierto que su verso es a veces culterano o conceptista, al gesto de la época, y que hay abuso del dominio idiomático que le quita por momentos gracia y naturalidad, pero esto no es lo común. Por esta razón algunos lo han calificado de corruptor del teatro o de amanerado.

La pompa de la escena fue en este dramaturgo una preocupación constante. Los cuadros y paisajes que ofrece son grandiosos y muy estudiados, y el uso de los recursos escenográficos y tramoyas, muy abundantes.

Calderón introdujo además definitivamente la música en el teatro.
Al lado de estos caracteres fundamentales, se le han señalado algunas inverosimilitudes y repeticiones en los recursos, como puertas falsas, escondidos, cuchilladas, tapadas, etc. (R. Ragucci), y especialmente, la falta de verdaderos caracteres humanos, de tipos psicológicos bien analizados, dotados de una auténtica humanidad.

Otros críticos no han visto con buenos ojos el carácter tan abiertamente católico de su creación, su acentrado concepto del honor llevado hasta las últimas consecuencias, como el matar por sospechas de infidelidad, o el vengarse por celos, etc. (Gerald Brenan).

Menéndez y Pelayo ha dicho abiertamente que «fue por lo general el más católico de todos los dramáticos del mundo».

«La vida es sueño», el drama del libre albedrío. Es «la obra
de mayor importancia ideológica y universal de nuestro teatro», según Ángel Valbuena Prat.

Basilio, rey de Polonia, a poco de nacer su hijo Segismundo consulta a los oráculos, los cuales le pronostican que el heredero será un monarca despótico y humillará a su padre. Para impedir que estos augurios se cumplan, el rey encierra a Segismundo en una torre aislada, sin trato con los hombres, excepto con su ayo Clotaldo, que lo educa.

Para probar si los hados son ciertos, cuando Segismundo es mayor de edad, el rey lo hace narcotizar y llevar al palacio. Allí despierta Segismundo, y al verse en condición de principe, piensa que todo lo pasado ha sido un sueño, y da rienda entonces a sus instintos, arroja por capricho a un criado por la ventana, intenta atrepellar a la gentil Rosaura e insulta a su padre. Convencido Basilio de la veracidad del osáculo, lo devuelve narcotizado a la torre.

Al despertar, Segismundo cree que su permanencia en el palacio ha sido un sueño, y comprende la maldad de sus actos. Mientras tanto, enterado el pueblo de la existencia del heredero legitimo y de que Basilio piensa entregar la corona al extranjero Astolfo, principe de Moscovia, se subleva y liberta a Segismundo. Pero el principe ha cambiado, se postra ante su padre, premia a su ayo Clotaldo y desposa a Rosaura con su prometido Astolfo.

Crítica. Este drama, clasificado dentro del grupo de las comedias simbólicas, es una obra cumbre del repertorio mundial.

Desarrolla el problema filosófico y teológico de la predestinación y el libre albedrío. ¿Nace el hombre predestinado y no dependen de su voluntad los actos, o por el contrario, nace libre y todos sus actos son fruto de una libre decisión? Si viene al mundo con un destino prefijado, no es responsable de sus actos malos ni meritorio por sus actos buenos; en cambio, si nace libre y sin destino establecido por un poder superior, será responsable de todos sus actos, vicios y virtudes, y se hará acreedor al premio o al castigo.

Calderón, como buen católico, se inclina por el libre albedrío y lo muestra así. En Segismundo, destinado según los astros a humillar a su padre, no se cumple el sino; libremente, después de creer que ha soñado, se revela caritativo y piadoso.

El hado siniestro no era cierto. Segismundo puede ser considerado como «símbolo de la humanidad entera» (Hurtado y Palencia).

Al lado de esta idea central, campean otras secundarias, como la vanidad de la gloria humana. No hay escepticismo, sino al contrario optimismo en la obra, pues el hombre resulta portador de la libertad y artífice de su propia grandeza.

El desarrollo del drama es un poco rápido, y la mutación del carácter de Segismundo, de bárbaro a plácido, es un poco fugaz, sin transiciones. Pero no debe olvidarse que la duración de la pieza dramática es de tiempo limitado y no admite desarrollos largos.

Por otra parte, no es una comedia de carácter, que se interesa por la evolución psicológica de un espíritu, sino una obra filosófica, que se preocupa por una tesis.

No debe confundirse esta comedia filosófica con un auto del mismo título, escrito también por Calderón.

Las comedias realistas: el honor. En las comedias realistas, de capa y espada, los personajes actúan en general y resuelven sus conflictos según el principio español del honor.

El concepto europeo del honor, como código de vida, llegó a formas extremas en España, y en el teatro, en Calderón. Se ha dicho que en la España clásica, más que de las acciones propias de cada hombre, el honor dependía de la opinión que el público tenía de ellos. Esto sería la diferencia entre el honor español y el de otras naciones (Gerald Brenan).

El deshonor consistía no tanto en cometer una injuria, cuanto en recibirla, y mucho más, en aceptarla. La prueba del honor de un caballero estaba en la rapidez con que arriesgaba su vida en defensa de su buen nombre, y de allí que el duelo fuera tan común.

En el orden amatorio, la manifestación eran los celos, y una sutil sensibilidad para sospechar de la mujer. En una sociedad como la española de esa época, el amor ocupaba un lugar primordial, y estaba sometido a un aparato de convencionalismos que frecuentemente entraba en conflicto con el amor mismo.

Calderón trabajó mucho sobre estas ideas, mostrando al marido infundadamente celoso que fuerza a su mujer a suicidarse (El médico de su honra) o al marido que asesina a su esposa y a su antiguo novio por miedo a que ella lo engañe porque él debe ir a la guerra (A secreto agravio, secreta venganza), o al hombre que mata a su esposa que ha obtenido para él la clemencia de su opresor, sospechando injustamente que no lo ha hecho con buenas artes (El mayor monstruo los celos).

«El alcalde de Zalamea«, el drama del honor campesino. Esta pieza es la mejor de las de tema no religioso, y para algunos críticos, la mejor de todo el teatro calderoniano.

Al llegar a Zalamea una compañía de soldados, Pedro Crespo, labriego del lugar, aloja en su casa al capitán don Alvaro. Éste se enamora de Isabel, hija de Crespo, la rapta, la veja y la abandona en un bosque.

Agraviado el hogar humilde, el hermano de Isabel hiere al capitán, y don Pedro suplica al infamador que repare su daño casándose con la joven El capitán se niega y don Pedro, elegido alcalde de Zalamea, lo manda prender y lo procesa.

El general Lope de Figueroa reclama la libertad del preso, pero el alcalde se lo niega. Pasa entonces por el lugar, camino de Portugal, el rey Felipe II, quien enterado del suceso, pide que se le entregue al prisionero para castigarlo. Don Pedro le presenta entonces el cadáver del capitán, a quien ha mandado ajusticiar por su delito. El rey aprueba al fin este acto y nombra a don Pedro alcalde a perpetuidad.


Crítica. La obra es un drama trágico. Su tema ya había sido tratado antes en el teatro por Lope de Vega, pero la perfección del de Calderón, la ha eclipsado.

Desarrolla fundamentalmente el tema del honor, tan apreciado por Calderón, y conforma a la tradición española:

Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios.
Las zarzuelas. Calderón compuso también zarzuelas, y está considerado como el introductor en España de este género, en que se combina la representación con la música.

Se las denominó con ese nombre porque las primeras se representaron en un sitio cercano al Prado, llamado la Zarzuela. De ellas dice el propio Calderón:

No es comedía, sino sólo una fábula pequeña, en que, a imitación de Italia, se canta y se representa.

Fuente Consultada:Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

OBRAS Y EDICIONES: La vida es lueño. Edición, estudio y notas de Antonio J. Pólito. Buenos Aires, Plus Ultra, 1969. El alcalde de Zalamea. Edición, estudio y notas de Everett W. Hesse. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968. Casa con dos puertas mala es de guardar. El mágico prodigioso. Buenos Aires-México, Espasa-Calpe Argentina, I942. La devoción de la cruz;. El gran teatro del mundo. Bueno» Aires-México, Espasa-Calpe Argentina, 1943.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Marcelino Menéndez y Pelayo. Calderón y su teatro, Bs.;ÍAs., Emecé, 1943. Everett W. Hesse. Calderón de la Barca. Nueva York, Twayne Publishers, 1967.

Biografia de Juan Luis de Leon Poeta Lirico Español

Biografía de Juan Luis de León Poeta Lírico Español

Además de autor místico, Fray Luis de León fue uno de los más notables poetas líricos de la literatura castellana.

Su Vida. Nació en Belmonte, Cuenca (1527) y realizó sus primeros estudios en Madrid y en Valladolid. Su padre era abogado y consejero real.

Se trasladó a los catorce años a estudiar en la Universidad de Salamanca, pero a los pocos meses, ingresó en el convento da San Agustín, donde profesó (1544).

Continuó sus estudios en la Universidad de Toledo, donde obtuvo el grado de bachiller. Completó sus estudios universitarios en Salamanca, y se graduó de licenciado y maestro en Sagrada Teología (1560).

Fray Luis de Leon

A partir de entonces se entregó de lleno a la vida universitaria Después de un fracaso en una oposición a los 32 años obtuvo la cátedra de Santo Tomás (1561) en otra oposición muy reñida, y cuatro años más tarde otra.

La Universidad de Salamanca era por ese entonces «un semillero de discordias y rivalidades», en las cuales se mezclaban los asuntos académicos con los personales y los teológicos.

La discordia alcanzó su más espinoso momento a propósito de una corrección del texto de la Biblia, que enfrentó a los hebraístas —entre los cuales se contaba Fray Luis— con los escolásticos intransigentes.

Fray Luis defendió la doctrina de un ajuste más próximo a los textos originales hebreos, lengua que él dominaba, refutando en algunos pasajes o vocablos la traducción al latín que había efectuado San Jerónimo, en su famosa y aceptada versión, conocida como la Vulgata.

Para colmo de males, un familiar de Fray Luis hizo circular inocentemente, y sin permiso, algunos borradores privados del sabio hebraísta, que contenían una traducción al español, desde el original hebreo, del Cantar de los Cantares de Salomón, que forma parte de la Biblia.

Las traducciones de la Biblia a lengua vulgar habían sido expresamente prohibidas por la Iglesia, y confirmadas después por el Concilio de Trento (1564).

Fray Luis, que había efectuado esta traducción a pedido de una monja prima suya, se convirtió en sospechoso, y por estas y otras rencillas de cátedra, fue acusado por un religioso rival ante el tribunal de la Inquisición en Valladolid, el cual lo apresó (1572) junto con otros dos hebraístas y lo mantuvo en la cárcel inquisitorial durante el juicio.

Se le imputaba que en los comentarios académicos que hacía de la Biblia daba preferencia al texto original hebreo sobre el de la Vulgata, y que esto se debía a una actitud favorable al judaismo, heredada por sangre de algunos antepasados suyos de origen hebreo.

Además, se lo responsabilizaba de la traducción sin permiso del libro de Salomón y de haberla hecho circular.

Sin embargo, el tribunal supremo de la Inquisición lo declaró inocente y le restituyó todos sus derechos. La Universidad de Salamanca le devolvió la cátedra, que Fray Luis renunció en beneficio del religioso que la había ocupado durante su proceso.

Al año siguiente (1577), se le otorgó la cátedra de Teología Escolástica. Se dice que al dictar su primera clase, la comenzó con la frase «Decíamos ayer…» (Dicebamus hesterna die), que algunos especialistas consideran histórica y otros no.

Continuó así su vida consagrado a la enseñanza. Ganó dos nuevas oposiciones, de Filosofía Moral (1578) y de la Biblia (1579), que desempeñó hasta su muerte (1591).

Hacia 1582 se vio envuelto en otro proceso, a propósito de la publicación de un libro de un padre jesuíta, pero el tribunal de la Inquisición «no hizo caso de rencillas universitarias y claustrales sólo atendió a la cuestión dogmática, dando por valederas las exculpaciones del procesado».

Se vio así Fray Luis libre de la acusación fiscal y las actuaciones se redujeron únicamente al sumario.

Fue honrado en vida con varias misiones difíciles: integró una comisión para la reforma del Calendario Gregoriano (1578): participó de la reforma carmelitana, siguiendo el espíritu de Santa Teresa; se le encargó por el Consejo Real la publicación de las obras de Santa Teresa, que cumplió con éxito.

Cuando estaba en la tarea de escribir una vida de la santa, a pedido de la emperatriz, y hacia pocos días que había sido nombrado provincial de los agustinos de Castilla, falleció en Madrigal (1591).

Sus restos fueron trasladados a Salamanca, donde hoy reposan en la capilla de la Universidad.

Personalidad de Fray Luis. Fray Luis fue un sabio de gran cultura y, pese a los ataques de sus enemigos, gozó de extraordinaria fama entre sus contempóraneos por sus dotes personales, la maestría de sus versos y su dominio de las disciplinas bíblicas y teológicas.

Según el retrato que de él hizo un hombre de la época, Fray Luis era de físico atractivo, muy callado, agudo en sus respuestas, puntual en el cumplimiento de sus compromisos, poco o nada risueño, temperado pero firme en sus actitudes, y muy sobrio en sus comidas y en el sueno.

«Hay algo de grandeza en toda su vida y su obra —dice Carlos Vossler–, ya fuera por la forma que dio a las cosas, ennobleciéndolas, ya porque nada pudo rebajarle ni conseguir nada de él. Fray Luis de León fue un gran artista, pero fue también un gran hombre».

La obra. Compuso obras en latín, hoy prácticamente olvidadas; hizo su famosa traducción del Cantar de los Cantares al castellano, y escribió obras religiosas y poesías.

En prosa escribió los Nombres de Cristo (1583) y La perfecta casada (1583), que junto con sus poesías son las obras que mayor fama le han dado.

La perfecta casada es un libro bastante popular, en el que con sencillez de estilo y naturalidad de tono, explica los deberes de la mujer casada en el matrimonio.

Los «Nombres de Cristo». De las obras en prosa de Fray Luis, éste es el libro de mayor importancia literaria y religiosa. Fue escrito en la cárcel.

Tres interlocutores, Sabino, Juliano y Marcelo —el propio Fray Luis— dialogan sobre los nombres que se da a Cristo en las Sagradas Escrituras: Brazo de Dios. Hijo de Dios, Jesús, Cordero, Amado, etc., y con este motivo se desarrollan y ejemplifican pasajes bíblicos.

Se ha encontrado una estrecha relación entre este libro y un opúsculo anterior escrito por un beato (Alonso de Orozco), pues aparecen los mismos nombres —menos uno…..- y en el mismo orden.

Por esta razón, el plan y la idea original del libro no serían de Fray Luis sino de su antecesor. Pero entre una y otra obra —según los críticos — hay una gran diferencia.

El primero vale como unos apuntes, mientras que la obra del agustino adquiere el tono de una solemne disertación, de profundidad filosófica y deslumbrante valor poético.

Estos diálogos han sido comparados a los de Platón por la madurez artística. «En nuestra lengua escriben Hurtado y Falencia— no hay nada que pueda compararse con aquellas soberbias amplificaciones de los pasajes bíblicos, en los que llega Fray Luis a la cumbre del arte literario.»

El estilo es de una excepcional riqueza y en sus páginas pone en evidencia el agustino su gran capacidad de fantasía, una exquisita sensibilidad religiosa y espiritual, aparte de un manejo magistral de la prosa castellana.

El poeta horaciano y místico. Fray Luis, en poesía, «es, sin disputa, el más grande de nuestros líricos y uno de los mayores de todas las literaturas, en el sentir de propios y extraños» (Hurtado y Palencia).

No tomó a la poesía como un objeto de su actividad intelectual, a pesar del alto concepto que le adjudicaba. Las fue componiendo incidentalmente en su trayecto de estudioso y maestro, y la mayor parte fueron obras de su mocedad.

No las escribió tampoco para ser publicadas, pero a instancias de un amigo, las recogió en un momento de su vida, les corrigió las deformaciones que con el tiempo se habían deslizado en las copias manuscritas, y preparó una edición que no salió a la luz.

Contenía este volumen composiciones originales, traducciones de profanos y versiones bíblicas. Unos cuarenta años después de la muerte del autor, Francisco de Quevedo las editó (1631) «para poner un dique a la invasión del culteranismo», aunque con algunas deficiencias y errores.

Fray Luis es el poeta de lengua castellana que mejor aprovechó el ejemplo del poeta latino Horacio, no sólo en sus traducciones sino también en las composiciones originales. Se supone que las traducciones fueron los primeros ensayos poéticos del religioso.

Pero este horacianismo es muy restringido y más bien radica en la asimilación de las formas y el estilo del poeta romano.

Horacio fue un poeta epicúreo, pagano y sensualista, mientras que Fray Luis fue un artista bíblico cristiano y místico, inspirado profundamente en la religión católica, y admirador fer viente del tono augusto y majestuoso de la poesía bíblica de origen hebreo.

Las composiciones de Fray Luis son sencillas y sobrias. Transmiten una impresión de dolor espiritual, de; nostalgia por el destierro en esta vida frente a la grandeza inconmensurable de los cielos.

Admira el paisaje exterior, en sus manifestaciones plácidas, hermosas y serenas, sobre todo el cielo estrellado y el panorama campestre.

No escribió muchas poesías, pero algunas de sus piezas están consideradas como insuperables {Noche serena; Vida retirada; La Ascensión; las odas A Felipe Ruiz y A Salinas, sobre la música y La profecía del Tajo).

Fuente Consultada:Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

OBRAS Y EDICIONES: La perfecta casada. Buenos Aires México, Espasa-Calpe Argentina. 1944. Poesía completas. Buenos Aires. Sopena. 1942, 2 v. El Cantar de loa Cantares. Versión y exposición de Fray Luis de León,Buenos Aires, ArKentilín. 1938. De los nombres de Cristo. Buenos Ai res-México,, Espasa-Calpe Sopena, 1953.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Carlos Vossler, Fray Luis de León. Traducción del alemán por Carlos Clavería. Buenos Aires-México, Espasa-Calpe Argentina,, 1946.