Política Moderna

El Estudio Científico de la Naturaleza Platón y Su Pensamiento

Influencia de Platón en el Estudio Científico de la Naturaleza

Ver: El Conocimiento Científico en la Física

Uno de los grandes ámbitos del esfuerzo humano es el estudio de la naturaleza. En este campo, la Europa de la Edad Media estaba en general bastante estancada. No cabe duda de que siempre hubo hombres que observaron el mundo y aportaron nuevos descubrimientos sobre el mismo.

Sin embargo, la tendencia más generalizada era apoyarse en la autoridad de Aristóteles. Sus textos se perdieron en Europa durante la época medieval, pero fueron preservados y platon y la cienciatraducidos por los árabes y transmitidos en esta forma a los pueblos cristianos.

La Iglesia aceptó los descubrimientos de Aristóteles como la fuente de la antigua sabiduría y de este modo sus incompletas doctrinas sobre la física y la astronomía se hicieron acreedoras del respeto general.

Sin embargo, había otra tendencia científica derivada de la antigüedad que se remontaba a Platón y los matemáticos de la Academia. Se basaba en la discusión de los aspectos matemáticos del mundo.

En el Renacimiento, cuando los textos originales adquirieron una amplia difusión, el retorno al platonismo tuvo un papel primordial en el enfoque de la astronomía.

El centro del universo: El antiguo sistema astronómico de Aristóteles situaba la Tierra en el centro del universo, rodeada de una serie de esferas concéntricas sobre las que se movían los planetas y estrellas. Esta teoría «geocéntrica» fue posteriormente adoptada por la Iglesia; coincidía perfectamente con la concepción teológica, que consideraba el ámbito terrenal de la vida de Jesús como el centro del universo.

Frente a la visión geocéntrica existía una concepción «heliocéntrica», que situaba el Sol en el centro del sistema planetario. Puede encontrarse algún indicio de la misma en el pensamiento pitagórico tardío y en la Academia de Platón. La primera formulación explícita de esta teoría se debe a Aristarco de Samos.

Sus hipótesis astronómicas fueron recogidas en los escritos de Arquímedes, el gran matemático e inventor griego. La teoría cayó en el olvido, reviviendo en la época del Renacimiento. Copérnico (1473-1543), el astrónomo polaco, la conocía y se refiere a ella en una nota marginal de uno de sus manuscritos.

Copérnico, un clérigo y astrónomo, estaba en la vanguardia de la revolución científica. Se dio cuenta de que, al considerar el Sol como centro del universo, los movimientos de los planetas (las «estrellas errantes», llamadas así por los griegos debido a su recorrido aparentemente irregular) se simplificaban considerablemente: todos se movían en círculos alrededor del sol, como lo hacen de hecho en términos generales. (Ver: Obra Científica de Copérnico)

En Atenas, en el siglo IV a.C., la filosofía natural jónica y la ciencia matemática pitagórica llegaron a una síntesis en la lógica de Platón y Aristóteles. En la Academia de Platón se subrayaba el razonamiento deductivo y la representación matemática; en el Liceo de Aristóteles primaban el razonamiento inductivo y la descripción cualitativa. La interacción entre estos dos enfoques de la ciencia ha llevado a la mayoría de los avances posteriores.

La ciencia y el método
Según la opinión de algunos, es indispensable para la ciencia poder medir los fenómenos. De otro modo, no se consideraría una investigación como científica. También en esta actitud observamos un cambio paulatino de Copérnico a Newton, respecto al cual fue Galileo quien dio el paso decisivo de la formulación numérica de las leyes físicas. No obstante, conviene observar que el método de hipótesis y deducción que se utiliza para explicar los hechos observados no requiere en sí mismo que las leyes sean matemáticas.

Una famosa pieza de investigación del siglo XVII y un ejemplo clásico de la aplicación del método científico, es el descubrimiento de la circulación de la sangre por Harvey (1578-1657). En él no intervienen las matemáticas, no porque la disciplina no estuviese lo suficientemente desarrollada, sino porque las nociones numéricas no eran relevantes en este caso. En efecto, éste es un ejemplo altamente instructivo porque muestra cómo pueden traerse a la luz hechos nuevos por medio del uso sistemático del método.

Desde los tiempos de Galeno se creía que la sangre experimentaba una especie de movimiento de mareas. Esta teoría tiene cierto mérito si se tieríe en cuenta que no se había observado ningún circuito al aplicar ligaduras a los miembros, además de otras observaciones.

Harvey mostró que Galeno debía estar equivocado, mientras que su hipótesis, la teoría de la circulación, explicaba estos hechos. De ello dedujo que debían existir unos vasos de unión tan pequeños que habían pasado desapercibidos.

Harvey no vivió para ver su teoría corroborada, pues los microscopios de su tiempo no eran lo suficientemente potentes, pero en 1661 el fisiólogo italiano Malpighi, con un instrumento más moderno, confirmó la hipótesis de Harvey. De este modo hipótesis y deducción, ayudadas por dispositivos cada vez más refinados que amplían el ámbito de lo observable, se combinan en un desarrollo constante del conocimiento científico.

El español Miguel Servet, nacido en 1511, había observado, con anterioridad a Harvey, la circulación pulmonar de la sangre.

En su época ninguno de estos avances se consideraba en principio como opuesto a la religión. Galileo trató de salvar sus descubrimientos alegando apoyo bíblico para los mismos. Newton había formulado concepciones teológicas que consideraba de gran importancia. No obstante, tanto la Iglesia católica como la protestante se mostraban en general suspicaces ante la autonomía de la ciencia. Esta actitud creó una atmósfera hostil que abrió una brecha entre el movimiento científico y el religioso.

Hasta nuestros días no se ha empezado a comprender la falta de sentido de esta división. La especulación teológica no puede abolir los hechos descubiertos por la investigación científica, aunque, por supuesto, puede haber opiniones diversas en cuanto a la veracidad de una formulación. Hoy en día ningún eclesiástico en su sano juicio trataría de aconsejar a un astrónomo sobre los movimientos planetarios.

La gran revolución científica fue un retorno consciente al método de Platón. Este no se limita a las ciencias naturales: es el fundamento de la investigación crítica en general y como tal se ha adoptado en todos los campos de estudio. Al ser autónomo, choca con cualquier autoridad externa que trate de dirigirlo. Por otra parte, en sí mismo no nos ilumina en cuanto al bien y el mal.

La ciencia no posee la respuesta a todos los problemas; es neutral respecto a los fines y sólo nos guía en cuanto a los medios. De hecho, Platón había afirmado que el conocimiento en sí mismo es bueno y la ignorancia es mala, por lo que la persecución del conocimiento debe conducir al bien.

Las grandes figuras científicas de los siglos XVI y XVII compartían esta opinión. Hoy podríamos añadir una condición más, que también es de origen griego. El bien no reside en el mero conocimiento, sino en un equilibrio armónico del mismo; de no ser así, los hombres se convierten en esclavos de sus descubrimientos, en lugar de ser   sus   amos.

Aunque la revolución científica empezó hace tantos siglos, todavía se sienten sus cambios en el siglo XX. La adaptación de las disciplinas científicas a las necesidades del mundo moderno a menudo resulta penosa tanto para los científicos como para los profanos. Pero el movimiento en pro de la redefinición de los fines de la ciencia y su lugar en la trama de la civilización, que empezó en los años cincuenta, es un indicio de que esta zona del esfuerzo intelectual encontrará al menos su lugar en el esquema general del conocimiento universal.

Fuente Consultada: La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatina-

El Rey Filósofo de Platón Formación de un Gobernante

EL REY FILOSOFO-EDUCACIÓN Y CAPACITACIÓN DE LOS LÍDERES POLÍTICOS

ANTECEDENTES: Entre los años 500 y 300 a. C, Grecia, y en concreto Atenas, vivió una época de prosperidad económica, política y cultural. Con la defenestración de la dinastía de Pisístrato en el 510 a. C., los atenienses se adentraron en un periodo de democracia que duró 200 años.

Para los atenienses, la democracia se regía por los ideales de la libertad y la igualdad; en sí, la palabra significa «gobierno del pueblo» y «demos» aludía a la ciudadanía. Esa ciudadanía no solo incluía a los residentes en Atenas, sino también a los habitantes de la inmensa llanura litoral que rodea la ciudad, Ática, si bien no se extendía a las mujeres ni a los esclavos.

A partir del siglo V a.C. época en que la civilización helénica alcanzó su más alto desarrollo, surgió en Grecia la inquietud por obtener una cultura más elevada, superior a la que podían ofrecer las escuelas existentes.

Los atenienses escogían al azar juristas y hasta magistrados. Todos los ciudadanos, clase restringida a los hombres atenienses libres (nada de mujeres, ni de extranjeros, ni de esclavos), eran elegibles a la asamblea popular, principal órgano legislativo de la ciudad-estado, así que importante para los jóvenes aprender a expresarse utilizando la persuasión.

En consecuencia, se necesitaban maestros. Había instructores itinerantes llamados sofistas, hábiles en el manejo de la retórica y la argumentación jurídica. Mayormente dedicados a enseñar a los jóvenes privilegiados la forma de defender sus causas, los sofistas eran criticados por su solo interés en ganar una discusión, antes que llegar a la verdad.

Los sofistas llevaban una vida ambulante y recorrían las ciudades —especialmente Atenas— enseñando a la juventud. Se llamaban a sí mismo sofistas, es decir, «maestros de sabiduría«; al igual que los artistas y médicos, recibían honorarios por sus conferencias, actitud que fue muy censurada por los griegos.

Enseñaban el arte de la elocuencia y la forma de razonar y discutir con propiedad, explicaciones que resultaban muy útiles para todos aquéllos que deseaban dedicarse a la vida pública. El sofismo llegó a conocerse como el arte de construir una argumentación que pa rezca impecable, a pesar de sus defectos.

Con todo, entre los sofistas se destacaron algunos filósofos genuinos que prepararon el camino a Sócrates mediante el empleo de diálogos esmerados y persuasivos. Muchos atenienses consideraban a Sócrates un sofista. En Las Nubes, comedia de Aristófanes, el cómico se burla de los sofistas en general, y de Sócrates en particular, al mostrar al filósofo caminando con la cabeza literalmente entre las nubes.

Filósofo Griego Platón

Platón, discípulo de Sócrates, se inspiró en él y trató de llegar aún más lejos. Pensaba que la razón nos proporciona la certeza de la existencia de conceptos tales como la justicia, la belleza y la bondad en un mundo compuesto de ideas. No quería decir con esto que existieran en la mente de una persona (como cuando decimos «Tengo una idea»), sino que en alguna parte hay un mundo de realidad inmutable más allá del mundo material mudable.

Esta realidad, a la que puede acceder el alma humana (que Platón, al igual que Sócrates, distinguía del cuerpo) mediante el uso de la razón, está formada por tales ideas. Platón no tenía en muy alta estima la conducta humana (sobre todo la de los demócratas que habían condenado a muerte a Sócrates).

la academia de platon

La Academia de Platón o Escuela de Atenas. Pintura de Rafael. Palacio Vaticano. Roma. — Platón fue el más importante de los discípulos de Sócrates, y el que conservó intactas, y aun perfeccionadas, las doctrinas de su maestro, siempre habladas y jamás escritas por éste. El surco maravilloso abierto a la cultura universal por Sócrates, lo ensanchó y alargó Platón. Después de algunos largos viajes por toda Grecia y el Oriente, regresó a Atenas y abrió Academia en el año 387; cuya dirección junto a la redacción de su copiosa obrafilosófica, llenaron cuarenta años de su gloriosa existencia. Platón murió en Atenas cuando acababa de cumplir los ochenta años. De su A cademia llegaron a salir más de mil discípulos, que se diseminaron por todo el mundo como fecundos sembradores de la cultura.

EL REY FILÓSOFO: La República, la mayor obra política de Platón, trata de la cuestión de la justicia y por lo tanto de las preguntas ¿qué es un Estado justo? y ¿quién es un individuo justo?

Las formas de la virtud y de la justicia recuerdan que a Platón le preocupaban mucho más los problemas morales y políticos que las matemáticas. Resulta evidente que deseaba que ambos estuviesen íntimamente conectados.

En La República, describió una ciudad-estado regida por filósofos con conocimientos abstractos de filosofía política y matemáticas. Como resultado, estos benevolentes dictadores eran capaces de tomar las mejores decisiones y de producir las mejores condiciones de vida para todos los subditos.

De hecho, la totalidad del estado y la mente de cada uno de sus habitantes constituiría una imagen aproximada de la forma abstracta de la justicia. Actualmente, esto parece tan polícamente simplista como metafísicamente extravagante, pero hay un aspecto importante del que esta idea no debería distraer: el pensamiento moral tiene muchas similitudes con las matemáticas.

Para Platón una persona justa es aquella cuyo elemento racional, ayudado por la voluntad, controla los apetitos. Existe una evidente analogía con la estructura del Estado anterior, en la que los reyes-filósofos, ayudados por los soldados, gobiernan al resto de la sociedad.

el anillo de giges

El Anillo de Giges: En La república, el diálogo de Platón sobre la naturaleza de la justicia, se cuenta la historia de un pastor llamado Giges, que encuentra un anillo mágico con el que es capaz de hacerse invisible a voluntad. Giges usa sus poderes para dedicarse a la seducción, el pillaje y el asesinato, y busca su propio placer sin importarle el coste que pueda tener para los demás. Se pide a Sócrates que explique por qué Giges no debería actuar así y por qué cualquiera que estuviera en esa situación, y que pudiera tomar una decisión distinta a la de Giges, no debería comportarse como él. También se pide a Sócrates que opine sobre si todo ser humano tiende a comportarse como Giges. Su respuesta es que la moralidad o la justicia encajan armoniosamente con la naturaleza humana, y no le no son algo artificial ni impuesto desde fuera, mientras que la depravación o la maldad moral son algo ajeno y discordante, una enfermedad del alma, análoga a las enfermedades del cuerpo.

La imagen que tenía Platón de la manera en que debía ser una sociedad ideal comienza con el reconocimiento de una cruda realidad política, y su análisis se anticipa a los problemas urbanos contemporáneos. Platón argumentaba que la ciudad era en realidad dos ciudades: una rica y otra pobre que estaban en guerra entre ellas.

Para resolver los problemas de la ciudad, creía, es esencial que haya un gobernante competente y sabio que entienda lo que está mal y que posea el conici miento y el poder para hacer lo correcto.

Platón expresó que no había problema alguno en reconocer la necesidad de contar con un experto en muchas otras áreas de nuestra vida, pero cuando se trata de política, al parecer creemos que cualquiera que pueda obtener los votos suficientes es capaz de gobernar. Él pensaba que este es un error grave y tal vez trágico.

Platón sostenía de manera contundente la opinión de que actuamos así bajo nuestro propio riesgo. Las cualidades necesarias para ser electo a un cargo político tienen muy poca o ninguna relación con las cualidades necesarias para gobernar.

Tal vez sea electo un individuo que se expresa con claridad, que es perspicaz y un conversador fascinante, pero ¿son estas cualidades las que consideras más valiosas en un gobernante?, ¿no estarías de acuerdo en que la capacidad de pensar con claridad, de analizar con sagacidad, de dirigir un ejército (en caso de ser necesario) y de negociar acuerdos son las habilidades que en verdad resultan imprescindibles en un líder político?.

Si así es, entonces las obras de Platón constituyen un reto para explicar por qué el proceso utilizado para elegir un líder en una democracia no pone a prueba ninguna de estas cualidades y, en cambio, atiende a un conjunto de rasgos completamente ajeno.

Platón estaba a favor de una cuidadosa educación y capacitación de un líder desde la juventud.

La gente no intervendría en la selección de este líder porque puede ser engañada y manipulada con facilidad; las personas rara vez saben lo que es bueno para ellas y no cuentan con la objetividad para elegir a un líder que tenga las cualidades necesarias para gobernar con sabiduría.

En el Estado utópico descrito en La República de Platón, se elegiría a los niños más prominentes y prometedores, y el Estado los separaría de sus padres para educarlos.

En los primeros 10 años, su educación sería principalmente física y se concentraría en la gimnasia (recuerda que el ideal griego era mente sana en cuerpo sano y que se consideraba que ambos elementos estaban estrechamente relacionados).

Durante los siguientes 10 años, se añadirían a su curriculum la música y las matemáticas.

Al final de estos 20 años se llevaría a cabo un proceso llamado La Gran Eliminación en la que se utilizarían exámenes, lo mismo que trabajos pesados, fatigas y conflictos para eliminar aquellos que no estuviesen capacitados para continuar. Los que siguieran tendrían otros 10 años de entrenamiento en los aspectos físicos, intelectuales y de carácter. Los que sobrevivieran a una segunda prueba, que sería más severa que la primera, estarían entonces listos para estudiar filosofía.

Después de cinco años de enseñanza filosófica, los candidatos serían enviados de nuevo a la «caverna» para seguir «madurando». Para Platón, el mundo percibido era un mundo de ilusión; cualquier futuro gobernante debe aprender a sobrevivir en ese mundo, lo mismo que en el mundo de la academia.

En terminos actuales, podríamos estar tentados a decir que cualquier educación íntegra debe incluir las «enseñanzas de la calle», que es la habilidad para sobrevivir e incluíso prosperar en el violento mundo cotidiano.

Un futuro gobernante no debería estár enclaustrado en una torre de marfil intelectual, sin tener la más mínima idea de la forma en que las teorías pueden ponerse en práctica y sin el sentido común necesario para sobrevivir.

En este nivel de preparación, el candidato (o candidatos) restante tendría cerca de 50 años. Al haber pasado todas estas pruebas, dicho individuo estaría calificado para servir como rey-filósofo, el gobernante ideal de Platón.

Una vez elegido, el rey filósofo gobernaría con absoluta autoridad como un dictador benévolo. Después de todo, ¿quién de la población en general podría imaginarse mejor capacitado para guiar al Estado que este experto en el arte de gobernar?

Fuentes Consultadas:
Raíces de la Sabiduría Edit. Cengage Learnning  Helen Buss Mitchell
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Cadyc
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
HISTORIA José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

 

Significado del Mito de la Caverna de Platón Explicación Resumida

Significado del Mito de la Caverna de Platón
Resumen Explicativo

El filósofo griego Platón, explica en su reconocida obra La República, que existen dos niveles de saber: la opinión y el conocimiento.

Las declaraciones o afirmaciones sobre el mundo físico o visible, incluyendo las observaciones y proposiciones de la ciencia, son sólo opinión.

Muchas veces las opiniones tiene muy buenos argumentos que la fundamentan , pero otras no, y nunca ninguna de ellas debe ser considerada como un conocimiento verdadero.

El verdadero conocimiento o saber nace desde la razón pura, en vez de la experiencia observable.

La razón, utilizada de la forma debida, conduce a ideas que son ciertas y los objetos de esas ideas racionales son los universales verdaderos, las formas eternas o sustancias que constituyen el mundo real.

Antes de entrar al analisis del significado del Mito de la Caverna, haremos un breve paseo por esa época del mundo griego.

ANTECEDENTES: Entre los años 500 y 300 a. C, Grecia, y en concreto Atenas, vivió una época de prosperidad económica, política y cultural.

Con la defenestración de la dinastía de Pisístrato en el 510 a. C., los atenienses se adentraron en un periodo de democracia que duró 200 años. Para los atenienses, la democracia se regía por los ideales de la libertad y la igualdad; en sí, la palabra significa «gobierno del pueblo» y «demos» aludía a la ciudadanía. Esa ciudadanía no solo incluía a los residentes en Atenas, sino también a los habitantes de la inmensa llanura litoral que rodea la ciudad, Ática, si bien no se extendía a las mujeres ni a los esclavos.

Existían tres órganos principales de gobierno: el Areópago; el Consejo de los Quinientos, un grupo electo, y la Asamblea, que actuaba como foro de debate y daba al pueblo voz política.

Tal vez todo ello propiciara el florecimiento de la teoría política; no en vano, algunos de los mayores filósofos de la historia, entre ellos Sócrates, Platón y Aristóteles, vivieron en esta época.

Hasta el siglo VII (a. C.) los griegds habían explicados los fenómenos de la naturaleza como consecuencia de la acción de dioses poderosos; basándose en ideas religioso-mitológicas creían que seres sobrehumanos producían las tempestades, los huracanes, las fases y los eclipses de la luna, etcétera.

Pero desde el siglo VI (a. C.) diversos pensadores—apartándose de las concepciones religiosas—comenzaron a indagar el por qué y el cómo de las cosas que rodean al hombre y, por propia reflexión, trataron de solucionar los más grandes problemas que. sobre el mundo y la vida surgen en la mente humana.

Guiados por un poderoso anhelo de verdad aparecieron los filósofos, es decir, los «amantes de la sabiduría«.

No eran investigadores o profesores sostenidos por ej. Estado, sino hombres que vivían para la filosofía y no de la filosofía.»

Los grandes filósofos: En la Atenas de Pericles vivió Sócrates, considerado por el oráculo deifico como el hombre más sabio de Grecia. Junto con Platón y Aristóteles, este hombre notable influyó de un modo decisivo en la trayectoria del pensamiento humano.

Sócrates no escribió nada, pero podemos conocer sus enseñanzas a través de las bellas palabras de Platón, que escribió La República, uno de los mejores esquemas para una sociedad ideal elaborados por el hombre.

Sócrates (470-399 a. C). nacido en Atenas, es una de las figuras más destacadas de la filosofía griega. Aunque no escribió nada, la posteridad, conoce su persona, su carácter y «sus doctrinas por el cariño y la estima que le profesaron su ilustre discípulo Platón y su gran admirador Jenofonte.

Su máxima preferida fue: «Conócete a ti mismo«. La filosofía de Sócrates era aplicable a todas las personas, pues para él la verdad se hallaba en el fondo de los espíritus y cualquiera podía llegar a descubrirla.

Empleaba el «método socrático» que consistía en dirigirle a un individuo continuas preguntas hasta que éste se convencía de que ignoraba lo que pretendía saber; luego, por medio de ejemplos prácticos tomados de la vida corriente, lo guiaba para que por sí solo llegase al conocimiento de la verdad.

En el año 399 (a. C.) fue acusado ante los tribunales de Atenas de corromper a la juventud e introducir nuevos dioses. Encerrado en la cárcel, sus amigos le ofrecieron liberarlo, pero se negó. Fue condenado a muerte y no quiso apelar la sentencia. Con gran entereza bebió el veneno oficial —la cicuta— y murió lentamente, rodeado de sus desconsolados discípulos, mientras afirmaba que, a pesar de la destrucción del cuerpo, el alma del hombre vivirá eternamente.

Platon filosofo griego

Platón

Platón, discípulo de Sócrates, es uno de los personajes claves de la historia de las ideas. Las estructuras y concepciones mentales de Occidente quedaron marcadas por las obras, escritas en forma de diálogos, de este filósofo griego. Sus tesis filosóficas estaban vertebradas en torno a su teoría de las ideas, que expuso, por medio del famoso mito de la caverna, en La República.

En sus bellos «Diálogos» dejó escrita la doctrina de su maestro y expuso los fundamentos de su propia filosofía. Fue el creador del idealismo al afirmar que el hombre alcanza la realidad por rpedio de las Ideas, pues son ellas, y no los elementos materiales, las que dominan el universo.

Aristóteles (384-322 a. C.) nació en Macedonia y vivió en Atenas, donde fue durante dos decenios discípulo del anciano Platón. Fue un verdadero sabio y utilizó la ciencia para llegar al conocimiento de la verdad. Estudió la Anatomía y ia Fisiología, y llegó a descubrir el proceso de la respiración; en Zoología estableció una clasificación de los seres vivientes y también fue el creador de la Lógica o ciengia que se ocupa del razonamiento. Este ilustre pensador ejerció poderosa influencia en la cultura occidental y sus obras fueron base de numerosísimos trabajos filosóficos posteriores.

EXPLICACIÓN PRÁCTICA DEL MITO DE LA CAVERNA:

Para el pensador griego, VIVIR significa ir en busca de aquello en lo que uno cree y enfrentarse a preguntas fundamentales. Para él, no es vida la que se vive en «piloto automático», una vida sin opinión propia, repitiendo las ideas y opiniones sostenidas por los padres, los maestros y los amigos.

Ciertamente, puede tratarse de una forma de existencia, pero no es una vida.

Platón aborda este tema en su largo diálogo La República, en el cual, además de muchas de las ideas platónicas esenciales, explora cómo debería ser una sociedad ideal.

A semejanza de Sócrates, Platón creía que la mayoría de las personas viven en la ignorancia la mayor parte del tiempo; lo peor de tal situación es que no saben siquiera que son ignorantes.

De entre las muchas imágenes y analogías que utilizó el filósofo griego Platón, posiblemente el mito de la caverna sea la más célebre: aparece en el libro VIl de La República, una obra monumental en la que investiga la forma del Estado ideal y su gobernante ideal, el filósofo rey.

La justificación de Platón para dar las riendas del gobierno a los filósofos se encuentra en un pormenorizado estudio en torno de la verdad y el conocimiento, y en este contexto es donde interviene la alegoría de la caverna.

Mito de la Caverna de Platon

Imagina que toda tu vida has sido prisionero en una caverna.

Tienes las manos y los pies encadenados, y la cabeza sujeta de modo que sólo puedes ver la pared que queda enfrente.

Detrás de ti hay una llama, y entre tú y el fuego una pasarela por la que tus captores desplazan estatuas y todo tipo de objetos.

Las sombras que proyectan en la pared estos objetos son lo único que tú y tus compañeros de cautiverio habéis visto siempre, lo único de lo que habéis hablado y en lo que habéis pensado. Esas sombras son la única realidad que han conocido.

Sus habitantes no saben que han tomado las sombras por objetos reales; creen conocer la realidad, aunque de hecho están viviendo en la oscuridad, tanto en sentido figurado como en el literal.

A medida que desarrolla la alegoría, Platón nos pide que imaginemos que alguien entra en la caverna, quita los grilletes a un prisionero y lo conduce al exterior, a la luz del Sol. ¿Cuál crees que será la reacción del prisionero liberado.

Enceguecido por el brillo del Sol, probablemente lo primero que hará será correr hacia la seguridad de la caverna.

Necesitará tiempo y paciencia antes de que sus ojos se acostumbren a la luz y a ver las cosas tal como realmente son. Sin embargo, una vez que lo haya conseguido, el prisionero comprenderá con claridad que lo que había tomado por conocimiento no era más que puras sombras.

De regreso a la caverna, el prisionero explica a los demás la «realidad», pero seguramente encontrará oposición.

Sus antiguos compañeros continúan creyendo que las sombras son la realidad.

Ahora que escuchan una versión nueva y extraña estarán convencidos de que quien la expone se ha vuelto loco. «¿No dirán», se pregunta Platón, «que el otrora prisionero, después de haber ascendido al exterior, regresó con los ojos tan arruinados que ni siquiera valdría la pena intentar subir y salir de la caverna?.

Y si pudieran, ¿no apresarían y matarían a cualquiera que tratara de liberarlos y sacarlos de las profundidades de la caverna?».

La vida ordinaria, sostiene Platón, es como la vida dentro de la caverna.

De ella había escapado Sócrates y a ella nunca quiso volver.

Los humanos somos prisioneros que vivimos en un mundo de supuestos no comprobados, que confiamos en los sentidos como fuentes de información acerca de la realidad y que creemos que sólo es real lo que podemos ver, oír, tocar, gustar y oler.

Quizá Platón también deseaba hacer notar cuan fuerte es el poder del grupo sobre el pensamiento del individuo.

Si a todos nuestros amigos les gusta o disgusta algo, si nuestros compatriotas suponen las mismas cosas o si nuestras pautas familiares nos han convencido de que sólo hay una forma de hacer las cosas, entonces tal vez vivamos muy a gusto con esas preferencias, supuestos pautas.

Lo anterior puede parecer inofensivo cuando se trata de comer un pollo la noche de Navidad o de no poner los codos sobre la mesa, pero resulta verdaderamente peligroso cuando se trata de confiar en los sentidos y no en la razón, si se acepta como real y verdadero lo que nosotros vemos y lo que »todos saben» en vez de buscar la verdad por uno mismo.

Por eso Platón advierte: si las sombras se toman por realidad, las certezas obtenidas se habrán basado en información incorrecta e inadecuada.

EL MITO APLICADO AL SABER: Si quieren una alegoría de la condición humana, que se refiera especialmente al saber y a la ignorancia, entonces imaginen a algunas personas viviendo en una caverna.

Ellos han vivido ahí desde que nacieron, han sido encadenados, obligados a sentarse en una sola posición y a ver un punto fijo. Al

final de la cueva hay una salida al mundo exterior que, por supuesto, los prisioneros desconocen.

Arriba y detrás de ellos, arde un fuego, y entre el fuego y los prisioneros, detrás de un muro que lo oculta de su vista, hay un camino que cruza la caverna.

La gente pasa por detrás del muro cargando estatuas humanas y figuras de animales y plantas esculpidas en piedra o madera, y a veces conversan entre sí.

El fuego proyecta sombras de esas imágenes sobre la pared que ven los prisioneros y estas sombras, acompañadas por el sonido intermitente de las voces, son la única realidad que los prisioneros conocen.

Ninguno de ellos puede recordar otra, ésa ha sido siempre toda la verdad sobre el mundo…

Esta alegoría describe la condición humana. La caverna es el mundo que se nos revela por medio de los sentidos, apenas iluminado por la luz del fuego y lleno de sombras que confundimos con la realidad. La salida de la cueva, a la luz solar, representa el ascenso del alma a la vida intelectual: la vida de la mente y el camino de la razón.

Utilizando las herramientas del intelecto, llegaremos finalmente a la idea del Bien, que es la fuente de todo lo bello y lo correcto y que, en verdad, también es el único terreno confiable para la conducta moral.

Será fácil comprender por qué aquellos que han visto las cosas como realmente son, usando plenamente los poderes intelectuales, no estarán dispuestos a volver al mundo profano de los intercambios humanos. Alguien así podría parecer tonto entre las sombras de las cortes legales y la hipocresía de la vida cotidiana.

Pero haríamos bien en recordar que aquellos que creemos desorientados podrían en realidad estar moviéndose de las tinieblas a la luz y no de la luz a las tinieblas .

Y deberíamos tener mucho cuidado de quien nos reímos, no sea que nos convirtamos en los felices prisioneros que se afierran fieramente a su ignorancia y se burlan de lo que no comprenden.

Fuentes Consultadas:
Raíces de la Sabiduría Edit. Cengage Learnning  Helen Buss Mitchell
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Cadyc
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
HISTORIA José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

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Libertades Individuales en un Estado de Derecho o Democratico

LA LIBERTADES EN LA VIDA EN DEMOCRACIA

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

Introducción: «Los pueblos piden más y mejor democracia» decía Pío XII. Para el hombre moderno, más que una forma de organización política,, la democracia significa una aspiración, un ideal, una esperanza de llegar a constituir sociedades humanas donde se respete la libertad y dignidad humanas. Donde la justicia y solidaridad social sean un hecho. Los hombres modernos toman cada día mayor conciencia de su propia dignidad y de los derechos que nacen de su condición de hombres.

Postulan que estos derechos y sus repercusiones en el orden político, social, económico y cultural sean respetados en el ordenamiento comunitario.
La democracia se convierte en una filosofía sociopolítica y en un estilo de vida.

Estudiar algunas de las características de la vida ciudadana en la democracia es el objeto de este capítulo. Y también lo es estudiar algunas características de la vida donde se niegan los principios fundamentales de la concepción democrática.

CONDICIONES PARA LA VIDA EN LA DEMOCRACIA

La vida en la democracia requiere como condiciones necesarias en los hombres que integran la comunidad:

— tener conciencia de su dignidad y libertad, de sus derechos y deberes;

— estar dispuestos a ejercer responsablemente su libertad, a cumplir sus deberes y exigir el respeto de sus derechos;

— reconocer igual dignidad a los otros miembros de la comunidad; que les respeten sus derechos y les exijan el cumplimiento de sus deberes;

— sentirse todos responsables de la marcha de la comunidad y su gobierno;

— reconocer a los grupos y asociaciones intermedias (familias, empresas, sindicatos, entidades docentes, etc.) sus derechos, fomentar su actividad y también exigirles el cumplimiento de sus obligaciones;

— obedecer lealmente a los gobernantes y colaborar con ellos en todo lo que es justo y provechoso para la comunidad.

Requiere, asimismo, la vida en la democracia que los gobernantes:

— Tengan alta estima y respeto de las libertades y derechos de individuos y grupos;

— que su gestión esté inspirada en el deseo de servir a la comunidad;

— que tengan el poder y la capacidad necesarios para conducir eficientemente la comunidad, ordenar la actividad de los grupos, urgir de todos el cumplimiento de los deberes y sancionar a los que no cumplen con ellos.

Son exigencias básicas y fundamentales. Donde estos principios no se dan, o por lo menos no se aspira seriamente a que se conviertan en realidad, no se da la democracia.

No debe confundirse la democracia con una mera forma política. Es ante todo una concepción vital que anima a gobernantes y a gobernados.

También los países totalitarios tienen constituciones que proclaman la soberanía popular, reconocen teóricamente los derechos y libertades de los ciudadanos, delimitan los poderes de los gobernantes. Así sucede en los países comunistas. Pero en la práctica no se vive la democracia, sino la sumisión del hombre al estado o al partido.

GOCE DE LAS LIBERTADES INDIVIDUALES EN LA DEMOCRACIA

El hombre está dotado de inteligencia y voluntad libre y es dueño de un destino que debe realizar bajo su propia responsabilidad.

La persona humana es fundamento, protagonista y fin del orden y de la actividad social, política y económica.

De la naturaleza humana nacen derechos y deberes inviolables e irrenunciables.

Estos postulados son básicos en todo orden político justo y humano. Mucho más en una democracia.

De la naturaleza humana brotan los derechos. No es la sociedad ni el estado quien los crea o los concede. El estado simplemente los ordena, los reglamenta y garantiza su ejercicio.

El derecho a tomar parte activa en la vida política nace de la naturaleza humana. No es el Estado quien lo crea. El Estado reconoce este derecho y mediante las leyes de ciudadanía, electorales, etc., lo garantiza y reglamenta.

El derecho y el deber de trabajar, el derecho a participar suficientemente de los bienes económicos nacen también de nuestra naturaleza. El estado, mediante leyes, reconoce estos derechos y ordena y estructura la actividad económica.

En los regímenes democráticos el ordenamiento social, económico, cultural, etc., tiene por objeto garantizar a todos estos derechos y crear las condiciones para su efectivo ejercicio.

El ordenamiento jurídico y la acción gubernamental y administrativa tienen el mismo objeto. La sociedad está para servir al hombre.

No basta que la sociedad y el estado reconozcan los derechos y libertades humanas, sino crean las condiciones y medios para que todos puedan efectivamente gozar de ellos.

De poco sirve el reconocimiento del derecho y la libertad de aprender, cuando no se crean las escuelas e instituciones suficientes o cuando muchos niños no pueden asistir a la escuela porque a los diez o doce años deben ganar su sustento.

Cosa semejante podemos decir:

— del derecho al trabajo cuando en una comunidad el proceso económico está conducido de tal forma que produce desocupación masiva;

— del derecho a formar una familia cuando el nivel de salarios es tal que no basta a subvenir a las necesidades fundamentales;

— del derecho a expresar libremente las ideas cuando la prensa y los órganos de difusión están dominados por grupos económicos o sectas ideológicas;

— del derecho a una conveniente asistencia médica cuando existen regiones enteras carentes de los mínimos recursos sanitarios;

— del derecho a controlar la acción de los gobernantes cuando la información es negada o falseada, etc.

Vamos a considerar una serie de libertades fundamentales en las sociedades democráticas. Pero queremos señalar que no es suficiente el reconocimiento teórico y formal de ellas. Es menester crear las condiciones sociales, económicas y culturales, que permitan a todos los miembros de la sociedad gozar de ellas.

voto popular

RESPETO A LA PERSONA HUMANA:
La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es «alguien» en la antidemocracia, es «algo».

Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Goce de las Libertades Individuales en la Democracia

En la democracia, el hombre y los diversos grupos sociales gozan de todas las libertades individuales.

Esas libertades son, entre otras, la libertad de palabra, de culto, de reunión, de trabajo, etc.

Libertad de palabra.
Mejor que libertad de palabra debería decirse libertad de expresión.

La libertad de expresión, que comprende la libertad de opinión, de palabra, de prensa, puede definirse: libertad de manifestar el propio pensamiento.

El hombre se halla dotado de palabra para poder exteriorizar con mayor perfección sus estados anímicos: lo que piensa, lo que siente, lo que quiere.

Al manifestar sus estados anímicos exterioriza su pensamiento y sus opiniones. Esa exteriorización puede hacerla por medio de la palabra oral y difundirla también oralmente por radiotelefonía, teléfono, televisión, etc.
Puede exteriorizarlos por medio de la palabra escrita y difundirla por métodos gráficos: prensa (folletos, libros, diarios, revistas), correspondencia epistolar, etc.

Por la libertad de palabra el hombre tiene derecho a manifestar su propio pensamiento en conversaciones privadas y públicas; en reuniones pronunciando discursos, conferencias, etc. Tiene derecho de propagar ideas religiosas y civiles por medio de pláticas, reuniones, conferencias, mesas redondas, etc., utilizando la radio, la televisión y los demás medios de difusión.

No existe esa libertad cuando se espían las conversaciones y se controlan los teléfonos para conocer las opiniones adversas al régimen y así tomar represalias.

Cuando con la misma finalidad se controlan los sermones en las iglesias, las conferencias pronunciadas en salones o en la calle y, menos todavía, cuando se impide pronunciarlas o se niegan los permisos solicitados para realizarlas, o se impido su difusión radiotelefónica.

Esta situación tan penosa existe actualmente en todos los países sometidos por el comunismo. Hasta la predicación evangélica se halla amordazada; de ahí que se haya dado en llamar a la Iglesia subsistente en esos países la «Iglesia del silencio».

No debe confundirse libertad de palabra con el libertinaje que lleva a la propalación de rumores infundados, a la calumnia, a la destrucción de reputaciones ajenas; a la tergiversación intencionada de los hechos, a la información deformada.

La defensa de la justicia y de la verdad, el respeto por las opiniones y por fama de los demás son condiciones para el legítimo uso de esta libertad.

Los gobiernos deben respetar y fomentar esta libertad y garantizar el libre cumplimiento de su misión a los órganos de información, incluso cuando critican a los mismos gobernantes, o son sus adversarios. Pero debe cuidar también que se respeten los derechos de todos y no se dañe impunemente la fama ajena.

Debe, asimismo, el gobierno velar para que la prensa, radio, televisión, etc., estén al servició de la comunidad y no para provecho exclusivo de grupos económicos o ideológicos.

Libertad de prensa.
La libertad de prensa implica el derecho de publicar en diarios, libros, revistas, folletos, hojas volantes, etc., el propio pensamiento.

Este derecho puede ser violado directa o indirectamente.

Se lo viola directamente cuando se impide la publicación, o se cercenan los artículos o se clausuran los diarios. Se viola indirectamente cuándo se obstaculiza su ejercicio: restringiendo o negando la cuota de papel, recargando a la imprenta con impuestos arbitrarios, dificultando la circulación de los impresos, sea negando las franquicias postales o su distribución por el correo.

A veces, las autoridades se incautan de toda la edición o la compran para impedir que llegue al pueblo.

Libertad de información.
Un complemento de la libertad de expresión es la libertad de información.

Para que el hombre pueda juzgar rectamente debe estar bien informado acerca de los asuntos, conocer los hechos como son, en su realidad objetiva. De ahí el derecho o libertad de información.

La libertad de información es el derecho que tiene el hombre de conocer los sucesos tal como han ocurrido y de conocer las noticias y publicaciones difundidas.

Se lesiona este derecho cuando, sin motivo, se ocultan las noticias o se impide el acceso a las fuentes de información. Cuando se desfiguran o tergiversan los sucesos o se propalan noticias tendenciosas o falsas.

Se dice «sin motivo» porque puede haber motivos serios, como se verá más adelante, que legitimen la no propalación de ciertas noticias.

Libertad de no-expresión.
La libertad de no-expresión es consecuencia lógica de la libertad de expresión.

La libertad de no-expresión es el derecho que tiene toda persona a no exteriorizar el propio pensamiento.
Ninguna persona puede ser obligada o coaccionada a manifestar lo que piensa.

Ni el Estado ni autoridad alguna tiene derecho de obligar a una persona a manifestar, por ejemplo, sus creencias religiosas o su ideología política.

Atentan contra este derecho el uso del «narcoanálisis» y el detector de mentiras denominado «lie-detector» o «polígrafo»‘.

El narcoanálisis consiste en una especial forma ele interrogatorio, bajo la acción de una sustancia hipnótica, la cual inyectada por vía intravenosa, en dosis determinadas, favorece la revelación de actitudes o de contenidos mentales que el sujeto, cuando se halla en estado de conciencia clara tiene ocultos intencionada o conscientemente.

El detector de mentiras es un dispositivo que permite el registro simultáneo de manifestaciones somáticas diversas, incontrolables para el sujeto, que acompañan a sus reacciones emotivas.

Esas manifestaciones somáticas vienen a ser como indicaciones indirectas de las mentiras conscientes.

Limitaciones a la libertad de expresión y de información.

Hay quienes opinan que cualquier norma que se establezca o cualquier reglamentación de la libertad que se dicte, es un procedimiento antidemocrático. Temen que desaparezca la libertad. Este temor nace de que, con el pretexto de reglamentar la libertad de expresión, los gobiernos la suprimen para sus fines políticos.

La libertad de expresión puede ejercitarse en diversos planos: en el plano político, informativo, social, cultural, recreativo, etc.

La libertad de expresión, como cualquiera otra libertad, está circunscripta por la verdad, el bien y el derecho de los demás.

libertad de expresión

Con lodo, pura evitar el peligro do la supresión de la libertad, debe admitirse una amplia libertad de expresión en el plano político; pero semejante amplitud no puede admitirse en todos los otros planos.

Si no le es lícito al ciudadano libre, por el hecho de proclamarse libre, inferir ofensa violenta y daño a la libertad, a los bienes o a la vida de su prójimo, así tampoco puede ser lícito a la prensa atentar diaria y sistemáticamente contra la salud religiosa y moral de la humanidad.

La libertad de información debe ser mesurada. Si nunca es lícito desfigurar y tergiversar los hechos, tampoco es lícito lanzar a la fiebre de la curiosidad detalles y descripciones de miserias humanas que solo sirven para excitar la morbosidad y halagar las pasiones humanas menos nobles.

¿Qué ganan la democracia y la salud moral de la ciudadanía, cuando de todo suceso criminal se toma pie para descripciones y reconstrucciones que no son otra cosa que escuela de delitos e incentivo para el vicio?.

Tales detalles deberían estar reservados a la policía científica y a los magistrados judiciales.

Es terriblemente ingenua, por no decir criminalmente infame, la teoría de que es conveniente y necesario conocer y hasta experimentar las más abyectas miserias y depravaciones morales, para hacer sentir por ello tal repugnancia que no se llegará a cometerlas.

Dicha teoría no solo es inmoral, sino anticientífica. Supone desconocer las leyes de la sicología humana y las elocuentes enseñanzas de la experiencia que condensó esas conclusiones en gráficas sentencias: «Ojos que no ven, corazón que no siente»; «Las palabras mueven, el ejemplo arrastra»; «Quien con lobos anda, a aullar aprende».

Libertad de culto:
Libertad de culto es el derecho que todo hombre tiene de rendir homenaje externo a Dios. La libertad de culto está estrechamente relacionada con la libertad de las conciencias.

Esta libertad de las conciencias, que protege la dignidad de la persona humana, está por encima de toda violencia y de toda opresión.

libertad de culto

La libertad de conciencia consiste en que el hombre pueda honrar a Dios según el dictamen de su propia conciencia; la libertad de culto en que pueda profesar sin obstáculos su culto, tanto pública, como privadamente. Parte fundamental de este derecho es el respeto a la facultad que tienen todos los grupos religiosos a enseñar, profesar y propagar, de palabra y por escrito, sus creencias y doctrinas.

Ninguna ley del Estado puede entremeterse en el fuero privado de la conciencia religiosa de nadie, pues el hombre tiene derecho de seguir su conciencia, la voluntad de Dios, y de cumplir sus mandamientos sin impedimento alguno.
El culto es uno de los deberes de la conciencia.

«El creyente tiene un derecho inalienable a profesar su fe y a practicarla en la forma más conveniente a aquella.»

«Las leyes que suprimen o dificultan la profesión y la práctica de esta fe, están en oposición con el derecho natural.»

Son harto conocidas las intromisiones del Estado en el fuero de la conciencia religiosa ocurridas en el nazifascismo y las dificultades y hasta la negación del ejercicio del culto en los países sometidos al fascismo rojo comunista.

Libertad de Enseñanza:

La libertad de enseñanza

La libertad de enseñanza consiste:
1. en el derecho que tienen los hombres a reunirse para formar escuelas, colegios, universidades y otras entidades culturales;
2. el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que prefieren para sus hijos;
3. el derecho de los miembros de la sociedad para concurrir a los centros de formación de su preferencia.

El monopolio estatal de la enseñanza es contrario a la democracia. Es característica de los regímenes totalitarios el pretender imponer, a través del monopolio de la enseñanza, una ideología y «uniformizar» las mentalidades. La democracia respeta la diversidad de las personalidades y de la cultura.
Importa que en una sociedad existan diversos tipos de escuelas y centros de formación.

A los padres pertenece por naturaleza el derecho a educar sus hijos. La Declaración Universal de Derechos Humanos lo reconoce: «Los padres tienen por prioridad el derecho a escoger el tipo de educación que debe darse a sus hijos».

Corresponde al Estado:

1. Fijar mediante leyes las condiciones para el ejercicio responsable de esta libertad;
2. Controlar la idoneidad de los profesores, la seriedad y eficiencia de la formación que se imparte;
3. Conducir la política educacional total de la comunidad; planificar la enseñanza previendo las necesidades futuras de la comunidad;
4. Velar por que todos los habitantes de la nación tengan efectivas posibilidades a acceder a una adecuada formación intelectual y técnico-profesional.
5. Armonizar los esfuerzos de los distintos entes, y centros educacionales;
6. Ayudar y fomentar todas las iniciativas serias y convenientes a la comunidad en el orden educacional y profesional.

Es derecho del Estado tener sus propias escuelas, colegios y Universidades. Este derecho pertenece antes a las provincias y municipios. Lamentablemente en nuestro país existe demasiado centralismo en el orden educacional.

Libertad de reunión y asociación.
Libertad de reunión es el derecho de organizar asambleas públicas y privadas, y de participar en ellas activa o pasivamente.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en el artículo 20, 1: «Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas», y la Constitución Nacional en el artículo 14 reconoce a todos los habitantes el derecho de «asociarse con fines útiles» y el de «peticionar a las autoridades.»

El hombre tiende por naturaleza a unirse a sus semejantes para obtener algún beneficio común.

Si la unión es transitoria se organiza simplemente una conferencia, mitin, mesa redonda, etc.; si la unión es estable, se concreta en una sociedad.

La libertad de reunión se actualiza en todas las actividades humanas, pero de un modo muy especial, en el ámbito religioso, gremial y político.

La libertad de reunión es violada cuando se obstaculiza o se impide la realización de conferencias, asambleas, manifestaciones, procesiones, mítines, peregrinaciones, etc.

En la Argentina, a fines de 1954 y buena parte de 1955 se prohibieron no solo los actos políticos públicos, sino hasta las procesiones religiosas.

Por supuesto que las autoridades pueden intervenir moderadamente en las reuniones para conservar el orden y garantizar a los organizadores el ejercicio pacífico de Sus derechos. Pueden también reglamentar las reuniones, aunque deben estar atentos a que dichas reglamentaciones no se transformen en trabas que obstaculicen o aniquilen dicha libertad.

Respecto a las asociaciones, el hombre tiene el derecho, no solo de ingresar en ellas, sino también el de fundarlas y organizarías.

Un aspecto importante de la libertad de asociación es el que se refiere a los gremios o sindicatos.

Sindicato es la sociedad formada por personas de una misma profesión, o profesiones semejantes, para la defensa de los intereses profesionales.

Los sindicatos pueden ser de solo obreros, de solo patronos o de obreros y patronos.

La asociación de patronos y obreros de la misma profesión se llama «Corporación».

Las asociaciones gremiales fueron florecientes en la Edad Media.

Los monarcas absolutos y la Revolución Francesa fueron enemigos de las asociaciones profesionales. La ley francesa de 1791 prohibió las asociaciones, tanto de obreros como de patronos.

A pesar de que las coaliciones de los obreros eran reprimidas, estos acudieron a la huelga. El resultado fue que todas las leyes y amenazas fueron inútiles ante la imperiosa necesidad de la defensa de los propios intereses.
Por fin la ley francesa del 25 de mayo de 1864 proclamó la libertad de huelga.

Es antidemocrático y totalitario el sindicato único.

El sindicato único consiste en que los trabajadores deban estar afiliados a una única organización profesional, la cual generalmente, depende del partido que está en el gobierno. En los países verdaderamente democráticos debe existir pluralidad de sindicatos.

La pluralidad de sindicatos está más de acuerdo con las libertades humanas y con el espíritu de democracia. El artículo 23, 4, de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce esta libertad. «Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses».

Al par que el hombre tiene derecho de ingresar a las asociaciones, tiene también el derecho de no asociarse. Así lo reconoce la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» en el artículo 20, 2: «Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación».

Los regímenes totalitarios atrepellan esta libertad cuando obligan a inscribirse en el sindicato único, que responde a la ideología del gobierno; cuando prohiben pacíficas reuniones obreras que se realizan piara la defensa de sus derechos y cuando no permiten la constitución de sindicatos.

La libertad de trabajo.
Trabajo es una actividad humana aplicada generalmente a la producción económica.

También puede definirse como: «el esfuerzo intelectual y manual que el hombre realiza para disponer, según las necesidades de su naturaleza y el desenvolvimiento de su vida, los recursos que Dios le ofrece» (1).

(1) El trabajo puede ser intelectual, material y mixto.
Trabajo intelectual es la aplicación de las facultades intelectivas del espíritu. Hay siempre, por lo menos un mínimo de contribución de la actividad material, pero tienen prevalencia las facultades intelectuales. Es el trabajo del inventor, del científico, del médico, del periodista, etc.

Trabajo material o muscular es aquel en que tienen predominio las fuerzas físicas.

Se dice que «tienen predominio las fuerzas físicas», porque no se descarta absolutamente la contribución intelectual, de lo contrario no sería ya actividad humana.
Es el trabajo del albañil, pintor, herrero, etc.

Tabajo mixto es aquel en que intervienen en forma proporcionada las energías musculares e intelectuales. Es el más frecuente en nuestros días por el progresivo perfeccionamiento de la técnica. Es el trabajo realizado al torno mecánico, el de] impresor, etc.

libertad de trabajo

Libertad de trabajo es el derecho que tiene todo hombre de elegir y ejercer la profesión, empleo o actividad que desee.

La libertad de trabajo comprende el derecho a:

• Elegir el tipo de trabajo que desee. » Ejercerlo sin violencia.
• Cambiar de trabajo.
• Establecer las condiciones del contrato de trabajo.
• Ser defendido por la autoridad pública contra quienes pretendan obstaculizar el ejercicio de una actividad lícita.

La «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce este derecho en su artículo 23: «Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo».

La Constitución Argentina en el artículo 14 bis, establece: «El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes…»

Contra la teoría del liberalismo que sostenía que el trabajo debía ser considerado una mercadería, que se ofrece y se paga como cualquier otro producto, ha prevalecido la doctrina social cristiana acerca de la dignidad del trabajo.

«El trabajo debe ser tratado como algo humano, necesario al hombre para su subsistencia, y no como un artículo de comercio».

«A través del trabajo el hombre toma dominio de sí y de su destino, irradia su personalidad en el mundo externo, se eleva a la categoría de colaborador de Dios».

El trabajo cumple, también, una «función social».

Mediante el trabajo el hombre cumple una actividad que interesa no solo a él individualmente, sino que interesa a toda la sociedad: coopera a satisfacer las necesidades de sus semejantes y contribuye al mejoramiento de la vida humana.

Además, el trabajo se realiza en colaboración que puede ser directa si la ayuda viene dada en forma inmediata, o indirecta si la ayuda viene a través de los productos obtenidos por otro: trabajadores.

El obrero tiene derecho a establecer las condiciones del con trato de trabajo.

Contrato colectivo de trabajo es un convenio suscripto por lo¡ sindicatos y los empleadores en el que se fijan la remune ración y todas las condiciones acerca de la realización del trabajo.

Se ha abandonado por anacrónica e injusta la tesis de que: «Es justo todo contrato de trabajo pactado libremente entre el obrero y el patrón, pues el obrero es libre de aceptarlo’ o no, y si lo acepta, quiere decir que está conforme con él».

Ese criterio llevó a la explotación de la clase obrera.

La única libertad que tenía el obrero era la miseria.

Ante esa alternativa se vio obligado a aceptar salarios irrisorios
y sueldos de hambre y condiciones de trabajo indignas de la
condición humana.

No están en el mismo pie de igualdad, el obrero y el empresario.

El obrero no tiene más capital que sus brazos, y con el fruto de su trabajo debe sostener a su familia, mientras que el empresario, principalmente las grandes empresas capitalistas, con bienes de fortuna, propiedades, pueden imponer condiciones injustas.

El gran empresario que no consigue obreros para su industria puede, en el peor de los casos, cerrar la fábrica y vivir de rentas; mientras que a los obreros que no consiguen trabajo, por no aceptar condiciones injustas, la única perspectiva que les queda es el hambre y la miseria.

Para salvar esos inconvenientes, los contratos de trabajo son colectivos y no individuales, concertados entre los sindicatos y los empresarios. El Estado debe intervenir para fijar condiciones justas tanto en lo que respecta a la manera de realizar el trabajo como en lo que se refiere a su remuneración. El conjunto de normas por las que el Estado interviene en las relaciones entre el capital y el trabajo se denomina legislación social.

El artículo 14 bis de la Constitución Nacional contempla lo referente a la legislación social.

La democracia rechaza la teoría totalitaria de que el Estado debe intervenir de tal forma que se transforme en patrono.

Cuando toda la economía está dirigida por el Estado, se debilita y muere la iniciativa privada, y todo pasa a manos del Estado: medios de locomoción, teléfonos, radios, energía eléctrica, gas, compañías navieras, etc.

La democracia va abandonando también la tesis que propugnaba la total abstención del Estado en las relaciones entre el capital y el trabajo, y va adoptando la doctrina social cristiana llevada a la práctica con su legislación social.
En los regímenes totalitarios no existe libertad de trabaja.

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LECTURA COMPLEMENTARIA:
Derechos y garantías de la seguridad individual

La seguridad individual es el estado de una persona que tiene garantizada su libertad frente al Estado y frente a los demás, de manera que no se la pueda afectar en forma arbitraria. Por este motivo, la seguridad personal comprende el conjunto de garantías que protegen los derechos individuales fundamentales, como la vida y la libertad. En nuestra Constitución estas protecciones se encuentran previstas, en su mayor parte, en el artículo 18. Constituyen una serie de prohibiciones, instrumentos o mecanismos legales.

■ Irretroactividad de la ley penal. El artículo 18 dispone que «ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso«, vedando de esta manera que una conducta que no era prohibida en el momento de su realización se transforme en delito por el dictado de una ley posterior.

Esta garantía impone, entonces, como requisito para que una conducta sea pasible de reproche penal, que la condena se funde en una ley. Esa ley deberá ser dictada por el Congreso, pues a él le corresponde el dictado del Código Penal conforme lo dispuesto en el artículo 75, inciso 12 de la propia Constitución. También implica que la conducta juzgada como delito se encuentre expresamente prevista en la ley. Si una conducta no está descripta en forma precisa en la ley penal, el juez no puede condenar tomando como referencia otra conducta similar. Esta garantía se denomina «prohibición de interpretación analógica».

Por último, esta garantía –la irretroactividad de la ley penal- requiere que la ley que describe la conducta y establece la pena debe ser previa a la realización del hecho. Esto significa no sólo que la conducta realizada debía constituir delito antes de su ejecución, sino también, que la pena prevista no puede incrementarse con posterioridad al momento del delito.

■ Juez natural. El artículo 18 prohibe los llamados «tribunales de excepción» o las comisiones especiales que se han creado a lo largo de la historia con el objeto de juzgar determinados hechos con posterioridad a su realización, generalmente con un fin de venganza o por determinados objetivos políticos. Para la Constitución, juez natural es aquel que se encontraba legalmente designado con anterioridad a que ocurrieran los hechos a juzgar.

■ Confesión. En nuestro sistema de garantías, nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo. Una persona acusada de la comisión de un delito no puede ser forzada a aportar pruebas en su contra, aunque ello implique que el delito pueda quedar impune. Este es así porque, en el estado de derecho, el respeto por las garantías individuales y la dignidad humana es un valor superior a cualquier otro.

■ Orden escrita. Nadie puede ser detenido sin orden escrita emanada de una autoridad competente. De esa manera se limita el poder de los órganos del Estado para ordenar la detención de personas, que sólo se podrá realizar con una orden de un juez competente. Una situación de excepción a este principio es la facultad que le otorga la legislación penal a cualquier persona para detener a otra cuando la sorprende in fraganti delicio, esto es, en el mismo momento de la comisión del hecho.

■ Debido proceso. Se llama de esta forma a la garantía que tienen las personas de acceder a la justicia y obtener en ella una decisión justa y oportuna. Las condiciones necesarias para la validez de esa decisión son: que sea dictada por un tribunal habilitado para el tema que se debata y que esté garantizada en el proceso la defensa en juicio.

■ Inviolabilidad del domicilio. El domicilio de una persona es inviolable y sólo se podrá acceder a él con una orden de allanamiento que debe ser dictada por escrjto por el juez competente. Cuando la Constitución protege el domicilió no lo hace sólo respecto al hogar o vivienda de una persona, sino también donde tiene su negocio u oficina, e incluso protege una vivienda ocasional, como un lugar de veraneo o la habitación de un hotel.

■ Inviolabilidad de la correspondencia y los papeles privados. La correspondecia de una persona es secreta y no puede ser abierta sin una orden de un juez competente. Esta cláusula incluye también las comunicaciones telefónicas, los diskettes de computación, los discos láser y cualquier otro soporte de información cuyo acceso no sea público.

■ Prohibición de la pena de muerte por causas políticas. Como ya fue visto al analizar el derecho a la vida, nuestra Constitución Nacional prohibe la aplicación de la pena de muerte por causas políticas. Esta prohibición hoy se extiende a la pena de muerte por cualquier causa, ya que el Código Penal no la contempla y no es posible su implantación en virtud de que nuestro país ha firmado e incoporado con jerarquía constitucional el Pacto de San José de Costa Rica.

■ Abolición de los tormentos y los azotes. La Constitución abolió para siempre las penas de tormentos y azotes y aunque parezca que esta disposición tiene sólo un valor histórico, esto no es así, porque lo que debe interpretarse es que la Constitución Nacional prohibe no sólo la tortura sino todo tipo de penas consideradas irracionales.

■ El régimen carcelario. La última de las garantías contenidas en el artículo 18 se refiere a las cárceles. Estas no son para castigo de los delincuentes sino para seguridad de los detenidos, por eso, la Constitución Nacional dispone que las cárceles deben ser sanas y limpias y que no se deben tomar medidas que mortifiquen innecesariamente a los allí detenidos.

Fuente: Educación Cívica 2 – Santillana – Secundaria – Casullo-Bordone-Hirschmann-Masquelet y Otros

Fuente Consultada:
Educación Democrática Escuela Secundaria Técnica Mario Alexandre
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Garantías Constitucionales Recurso de Amparo y Habeas Corpus

HABEAS CORPUS Y RECURSO DE AMPARO
RESUMEN SOBRE LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES INDIVIDUALES

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es «alguien» en la antidemocracia, es «algo». Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Garantías Constitucionales

Garantías para el ejercicio de las libertades individuales
De poco valdría la enumeración de las libertades y derechos individuales si no se asegurase su cumplimiento. Las garantías para su ejercicio están consignadas en la Constitución Nacional y en otras leyes. Los artículos 14, 17, 18 y 19 de la Constitución especifican los derechos individuales e indican las garantías constitucionales para evitar su violación.

El artículo 28 previene cualquier maniobra para desconocer esos derechos con el pretexto de reglamentarlos. Dice así: «Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio».

También puede suceder que algunos de esos derechos sean violados por la autoridad que se excede en sus atribuciones, o por personas particulares.

Todo aquel que sufre atropello en sus derechos particulares, tiene dos procedimientos rápidos y breves (procedimiento sumario) para defenderse y ser restituido en el ejercicio de sus derechos. Esos derechos son: el «hábeas corpus» y el «recurso de amparo».

El «hábeas corpus»
Cuando una persona considera que ha sido detenida ilegalmente, dispone de un medio rápido para recobrar su libertad: el «hábeas corpus».

Son dos palabras latinas cuyo significado literal es «Tened vuestro cuerpo», o «Sed dueños de vuestra persona».
El hábeas corpus es un recurso sumario para recobrar la libertad.

Recurso sumario significa procedimiento rápido y simple. La persona detenida, o un pariente de la misma, o amigo, o apoderado, puede presentar ante un juez recurso de «hábeas corpus»; en otras palabras: pide se la ponga en libertad porque está detenida ilegalmente.

El juez que recibe el recurso de «hábeas corpus» no averigua si el detenido es o no es culpable; si merece o no estar preso; lo que examina es si está légalmente o ilegalmente arrestado. Para averiguar la legalidad o ilegalidad de la privación de libertad, el juez procede de la siguiente manera:

Emplaza a quien llevó a cabo la detención que le presente a la persona privada de libertad y que manifieste la causa por la cual se la ha detenido.

Luego el juez examina:
1° – Si existe orden «escrita» de arresto.
2° – De quién procede esa orden. Es decir, si la orden de arresto ha sido dada por una autoridad.
3° – Si la autoridad que ordenó la detención es competente, lo que significa, si tiene atribuciones legales para ordenar la detención.

Si se han cumplido todos estos requisitos, quiere decir que la detención es legal, por consiguiente, el juez no hace lugar al recurso de «hábeas corpus» y el detenido continúa preso. Pero sí el juez comprueba que no se han cumplido todos esos requisitos, quiere decir que la detención no se ha efectuado en conformidad con las leyes, sino abusivamente, y por lo tanto el arresto es ilegal. En este caso, el juez hace lugar al recurso de «hábeas corpus» y ordena que el detenido sea puesto inmediatamente en libertad.

Adviértase que para detener a un individuo sorprendido «in fraganti delicto«, es decir, en el mismo acto de cometer un delito, no se necesita orden escrita: la policía lo detiene sin más.

Pero, inmediatamente debe poner el detenido a disposición del juez competente que esté de tumo, en el plazo que determinan los distintos códigos. Si no se cumple esta formalidad, el individuo pasa a estar «ilegalmente detenido».

El «hábeas corpus» no figura expresamente en la Constitución Nacional. Se considera que está implícitamente en el artículo 18.

El «Recurso de amparo»
Semejante al «hábeas corpus» es el «recurso de amparo». La diferencia está en que el «hábeas corpus» protege la libertad física de las personas; en cambio, el «recurso de amparo» protege las otras libertades o derechos. Hasta el año 1957 muchos derechos individuales no tenían una protección apropiada. Ese año se estableció el «recurso de amparo», que es también un procedimiento breve y rápido para la defensa de derechos que se consideran vulnerados.

El «recurso de amparo» es un recurso sumario que se interpone ante la justicia pidiendo a la autoridad pública que defienda y proteja un derecho (o varios) conculcado o amenazado.

El «recurso de amparo» puede presentarlo cualquier persona que se considera privada ilegalmente de algún derecho; p. ej.: de publicar sus ideas por la prensa, de usar y disponer de su propiedad, de trabajar.

Como su mismo nombre lo indica, por el «recurso de amparo» se pide a la justicia amparo, ayuda, protección para el ejercicio de un derecho.

Tampoco el «recurso de amparo» figura expresamente en la Constitución Nacional. Se deduce del artículo 36 que dice así:

«Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno».

La Constitución no desampara a los ciudadanos ante los peligros de verse ilegalmente restringidos en el uso de sus derechos, ‘ni les impone necesariamente el tener que recurrir a la defensa por medio de los procedimientos judiciales largos y costosos.

El «recurso de amparo» es un procedimiento breve y rápido.

El juez que recibe el «recurso de amparo» examina el asunto. Si aparece de modo claro y manifiesto que alguna autoridad pública, o personas particulares, han impedido o restringido ilegalmente cualquiera de los derechos esenciales de las personas y el perjudicado sufriría daño grave e irreparable si tuviera que recurrir a los procedimientos ordinarios, el juez ordena que se restablezca inmediatamente el derecho restringido.

Cuando una persona es detenida arbitrariamente, privándosela de su libertad física, puede exigir su libertad por medio del «hábeas corpus»; cuando se la priva de alguna otra libertad puede pedir el ejercicio de su derecho por medio del «recurso de amparo.»

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Las garantías en la reforma constitucional de 1994

La reforma incorporó al texto de la Constitución Nacional diversos mecanismos judiciales para la protección de los derechos individuales: el hábeas corpus, el hábeas data, el amparo y el amparo colectivo.

■ El hábeas corpus. Es una acción que tuvo su origen en el derecho inglés y que tiene por objeto la protección de la libertad. física de las personas.

Cuando una persona tiene su libertad restringida (ha sido detenida) o simplemente amenazada (sospecha que se la pretende detener), puede, él mismo o cualquier otra persona en su nombre, iniciar ante un juez un recurso de hábeas corpus, para que resuelva en forma inmediata su situación.

Una vez inciada la acción, el juez debe requerir a la autoridad responsable de la detención de la persona,,que presente al detenido y que informe los motivos de  detención. Si la detención no se hubiere practicado por orden escrita de una autoridad competente o no hubiere una causa legítima para la detención, el juez deberá ordenar la inmediata libertad de la persona.

Esta acción también puede ser interpuesta para proteger a un detenido  al cual se le haya agravado las condiciones de su detención, como, por ejemplo, la remisión de un menor detenido a una cárcel de mayores.

Otro caso previsto por la Constitución es el de la desaparición forzada de personas, en el cual también le corresponde al juez agotar los medios a su alcance para encontrar al desaparecido.

■ El hábeas data. Es una nueva institución que protege la intimidad y buena imagen de las personas. Permite que un individuo pueda tomar conocimiento de los datos a él referidos, que consten en registros públicos o privados destinados a brindar cualquier tipo de informes. Si los datos fueran falsos o tuvieran un fin discriminatorio, la persona puede exigir, según el caso, que se los suprima, modifique, actualice o se los declare confidenciales.

■ El amparo. Es una acción judicial que puede iniciarse en virtud de cualquier acto u omisión de una autoridad pública o de un particular que lesione o amenace derechos o garantías que estén reconocidos por la Constitución, un tratado o una ley. Por medio de esta acción, todas las personas pueden hacer valer sus derechos cuando no dispongan de otro medio judicial apto para ello.

■ El amparo colectivo. Es un medio para tutelar los derechos .que protegen el ambiente, a la competencia, al usuario, al consumidor, ya los derechos colectivos en general. Por el tipo de derechos que tiende a proteger, puede ser iniciado por el afectado, pero también por el defensor del pueblo y por las asociaciones que tienen corno fines la preservación de esos derechos.

Fuente: Educación Civica 2 – Santillana – DEmocracia – Casullo-Bordone-Hirschmann-Podetti y Otros

Garantías Cunado Somos Detenidos

Fuente Consultada:
Educación Democrática Mario Alexander Secundario – Escuelas Técnicas –

La Etica: Teoria Racional Sobre la Moral en las Acciones Humanas

La Etica: Teoria Racional Sobre la Moral en las Acciones Humanas

El ser humano no obra de manera inconsciente, sino deliberadamente. Las teorías éticas le permiten fundamentar racionalmente una moral que luego habrá de aplicar en la vida pública.

Ética y moral

En nuestra vida cotidiana, nosotros como personas podemos tener ideas muy distintas acerca de cómo actuar frente a una situación en particular, ideas además muy distintas de lo que significa llevar adelante un modo de vida moralmente valioso y finalmente, ideas muy distintas sobre el tipo de razones que utilizamos para justificar nuestras decisiones y puntos de vista morales.

Sin lugar a dudas, esto nos permite introducir una distinción entre dos términos que en la vida cotidiana suelen emplearse como sinónimos: “Ética” y “moral”.

En primer lugar, el término ética proviene de la palabra griega ethos, que originariamente significaba ‘morada’, ‘lugar donde se vive’, y que terminó por aludir al ‘carácter o modo de ser’ peculiar y adquirido de alguien; la costumbre (mos-moris: moral).

Es por esto que a este concepto se le atribuye una íntima relación con la moral, tanto que, incluso, ambos se confunden con bastante frecuencia. Por su parte, la moral hace referencia, a un conjunto de valores, principios, normas de conducta, prohibiciones etc., de un colectivo, que constituye un sistema coherente dentro de una determinada época histórica y que sirve como modelo ideal de buena conducta, socialmente aceptada y establecida.

En cambio la ética, se entiende a la reflexión sobre las acciones morales.  Es decir esta es una rama de la filosofía que pregunta que es, cómo se fundamenta, cuáles son los fines de lo moral. Pero, cuando se califica a una acción como moral, esa valoración positiva debe ser fundamentada en argumentos razonables. En pocas palabras, la ética es una disciplina filosófica en tanto requiere de la reflexión y de la argumentación, en cambio, la moral no lo es.

Es así como al referirnos a la ética del discurso, no se  pretende sólo fundamentar racional y dialógicamente lo moral, sino que se busca también su aplicación en la vida cotidiana. Es por esto que actualmente, encontramos lo que se denomina «ética aplicada» en diversos ámbitos de lo social: bioética o ética médica, genética, ética de la ciencia y la tecnología, ética económica, ética de la empresa, ética de la información, ética ecológica. Todas ellas se encuentran hoy en un continuo proceso de fundamentación y reelaboración, debido a que los valores propios de cada actividad y la actividad misma no están cerrados sino que se desarrollan progresivamente.

La ética en el ámbito griego

Sócrates y después Platón reflexionaron sobre la posibilidad de encontrar un  criterio racional con el que distinguir la verdadera virtud (areté, excelencia) de su mera apariencia. El intelectualismo moral al que llegaron por distintos caminos estos dos filósofos griegos afirmaba que sólo conociendo qué es el bien, qué es la virtud y cómo se define cada una de ellas se podría llegar a ser bueno en la vida práctica. Sólo el ignorante puede obrar mal.

Pero sin lugar a dudas, esta postura fue duramente criticada por Aristóteles, el primer autor que elaboró un tratado Sistemático de ética, en sus obras Ética a Nicómaco y Ética a Eudemo. Para el estagirita, el conocimiento acerca de qué es el bien o la virtud no garantiza en absoluto que el individuo sea bueno y virtuoso en la vida ordinaria. Únicamente a través del ejercicio y la práctica de las virtudes podrán convertirse éstas en un hábito de la conducta.

El teleólogismo aristotélico se aplicará también al ámbito de la praxis: todo en la naturaleza tiende a un fin. Ahora bien, el fin y máximo bien del hombre, que ha de ser deseado por sí mismo y no como medio para otra cosa, es la felicidad (eudaimonía), que consistirá en el cumplimiento de nuestra propia esencia mediante la realización de las actividades que nos son propias: la contemplación, el ejercicio de la inteligencia teórica. La ética aristotélica se denomina eudemonista, porque está dirigida a la consecución de la felicidad.

En la época helenística aparece otro tipo de sistematización ética en la que la felicidad se adquiere a través del placer. Para Epicuro (filósofo griego nacido en la isla de Samos; 342 a.C.- 270 a.C.) estos placeres podían tener distintos niveles desde los simplemente físicos hasta los espirituales.  Consistía  en la ausencia de dolor, por lo que su ética hedonista propondrá un sabio cálculo entre los placeres que nos permitan alcanzar el máximo de satisfacción y el mínimo de sufrimiento.

De la Edad Media al siglo XVII

En la Edad Media las teorías éticas buscan una conciliación con la doctrina moral cristiana. Tomás de Aquino lleva a cabo tal armonización sobre la base de la ética aristotélica, dando lugar a un eudemonismo en el que el máximo bien (felicidad) se identifica con Dios. Es Él quien da la ley eterna y establece los contenidos de la verdadera moral como una ley natural en los hombres. Esta ley natural contiene principios normativos, que se hallan en nosotros como inclinaciones naturales (hábitos) y de los cuales el primero es ha de hacerse el bien y evitarse el mal.

Pero la filosofía, experimentó un giro, en los siglos XVI y XVII, al centrar su interés en el interior del sujeto, lo cual teñirá toda la reflexión ética. Ahora la pregunta por el ser deja paso a la pregunta por la propia conciencia, lugar desde el cual accedemos a lo real. En contraposición a este racionalismo, el empirista Hume creyó imposible establecer ningún juicio moral a través de la razón. Esta facultad se muestra incapaz de juzgar la bondad o maldad de las acciones humanas. La moral se basa y se origina en una emoción o sentimiento de aprobación o desaprobación que experimentamos al realizar una acción, dependiendo de la utilidad que tenga para la sociedad en general y no sólo para el individuo.

El emotivísimo ético de Hume denunció  lo que él llamó «falacia naturalista», esto es, el derivar ilícitamente del «ser» el «deber ser». Su utilitarismo, que busca realizar la máxima felicidad para el mayor número de personas será ampliamente desarrollado en el siglo XVIII, y XIX por autores como J. Bentham, J. S. Mill y Herry Sigdwick, y en el XX por Urmson, Srnarty y las denominadas «teorías económicas de la democracia».

La ética kantiana

Las éticas que hemos visto hasta ahora son heterónomas, es decir, la obligación moral se nos impone como algo proveniente del exterior (Dios) o de nuestra propia naturaleza (esencia), no elegida por nosotros. También pueden ser calificadas como éticas materiales, puesto que establecen un contenido de la acción moral que se explícita en forma de imperativos hipotéticos del tipo: si quieres X, debes hacer Y, donde X representa el bien, fin o valor determinado (la felicidad, el placer, Dios) que está en la base de la moralidad.

Inmanuel Kant (1724- 1804) dará un «giro copernicano» a la reflexión sobre la ética, que dejará ser material y heterónoma para convertirse en una ética formal y autónoma. En su Crítica de la razón práctica, el filósofo alemán parte de un Faktum moral, que es un hecho de razón: todos tenemos conciencia de ciertos mandatos que experimentamos como incondicionados o como imperativos categóricos, que revisten la forma: debes hacer X. Este imperativo es una ley universal a priori de la razón práctica, que no manda hacer nada concreto ni prescribe ninguna acción: no nos dice qué debemos hacer (ética material), sino cómo debemos obrar (ética formal), para que nuestro comportamiento pueda ser universalizable, es decir, convertirse en ley para todo ser, racional.

La ética formal kantiana busca su justificación en la propia humanidad del sujeto al que obliga, excluyendo toda condición. Significa que el valor de lo moral de las acciones humanas se determina por el motivo, es decir por aquello que impulsa a los hombres a actuar, por lo que los mueve a hacer lo que hacen.

Vigencia de la ética kantiana: las éticas formales

Sin lugar a dudas, la ética kantiana influyó enormemente en todas las teorías éticas posteriores, pudiéndose considerar como formales las éticas de Hare, el procedimentalismo dialógico de Kohlberg, Apel, Habermas o Rawls.

Para el prescriptivismo de R. M. Hare, la moral utiliza un lenguaje valorativo, cuya característica fundamental es la prescripción de conductas que se fundamentan en razones expresadas mediante un lenguaje descriptivo. Los enunciados morales han de ser universalizables, es decir, cualquier predicado moral ha de aplicarse a aquello que posea las mismas características, y la razón que justifica la obligación de la acción ha de obligar también a todas aquellas personas que se hallen en circunstancias similares. La imparcialidad es el fundamento de los juicios morales, aunque para Hare sólo es exigible uníversalmente lo justo, no lo bueno.

El procedimentalismo ético no recomienda ningún contenido moral concreto, sino que intenta descubrir los procedimientos que permiten legitimar todas aquellas normas que provienen de la vida cotidiana. Como procedimientos sólo serán válidos aquellos que manifiesten la praxis racional desde una perspectiva de igualdad y universalidad. Esta praxis racional es, sin embargo, dialógica, y ha de llevar-se a cabo a través del diálogo entre todos los afectados por dichas normas.

Para Habermas, el criterio para saber si una norma es correcta ha de fundarse en dos principios:

El principio de universalización, que reformula dialógicamente el imperativo kantiano de la universalidad, se expresa así: Una norma será válida cuando todos los afectados por ella puedan aceptar libremente las consecuencias y efectos secundarios que se seguirían, previsiblemente, de su cumplimiento general para la satisfacción de los intereses de cada uno.

El principio de la ética del discurso se formula en los siguientes términos:

Sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrían encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico.

La racionalidad inherente al diálogo es comunicativa y ha de satisfacer intereses universalizables.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe) – Wikipedia – Encilcopedia Encarta

Concepto de Populismo Politico Características

Concepto de Populismo Político
Sus Características

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Concepto de Populismo

Movimiento político heterogéneo caracterizado por su aversión a las élites económicas e intelectuales, por la denuncia de la corrupción política que supuestamente afecta al resto de actores políticos y por su constante apelación al pueblo entendido como un amplio sector interclasista al que castiga el Estado.

Bajo esta denominación pueden aparecer englobadas diversas ideologías políticas de carácter normalmente autoritario pues, al reclamar para sí la encarnación de los deseos mayoritarios, rechazan la necesidad de más intermediarios y deslegitimar por obstaculizador el pluralismo que representa el resto de la oposición.

Su aparición se liga a rápidos procesos de modernización que generan distinto grado de desarrollo entre diferentes núcleos, normalmente zonas urbanas frente a las rurales más atrasadas. Aunque una de sus más famosas manifestaciones, el peronismo argentino, tuvo un carácter industrial y urbano, es más usual que arraigue en el medio agrario, tal y como sucedió en el sur de Estados Unidos durante la génesis del Partido Demócrata El populismo puede generar tanto reacciones conservadoras como, lo que es propio de numerosos movimientos nacionalistas del Tercer Mundo, desarrollismos transformadores.

Existe incluso una derivación marxista del populismo, según la cual se sustituye la contradicción clasista por la dialéctica entre bloques de dominadores y dominados. También se usa el concepto peyorativamente para denominar un determinado estilo o un tipo de acción que apela directamente a los miedos y aspiraciones instintivas de las masas, en general, y de los agricultores o pequeños burgueses, en particular.

Los políticos populista que suelen apoyarse en el nacionalismo y un personalismo carismático, utilizan un discurso ambiguo o demagógico, y si las circunstancias institucionales lo permiten, tratan de legitimarse a través de métodos de consulta plebiscitaria.

Los Populismos Latinoamericanos

Desde la crisis de 1930 y luego de la Segunda Guerra Mundial, América Latina sufrió profundas transformaciones en los planos económico, social y político. Hacia mediados de los años ’30, en la mayoría de los países latinoamericanos se produjo un incremento generalizado de las exportaciones. En algunos el ritmo fue intenso y creciente, como en Brasil, México, Chile y Venezuela, y en otros hubo períodos de rápido crecimiento seguidos de agudas crisis, como en Argentina, Uruguay y Bolivia.

Hacia los años ’40, en un grupo de estos países —como resultado de la retracción mundial de las importaciones de bienes de consumo— se desarrolló un intenso proceso de sustitución de importaciones. El crecimiento industrial más importante tuvo lugar en la Argentina, México y Brasil. En los casos de Bolivia y Perú, por ejemplo, sus alcances fueron más limitados. El desarrollo industrial de este período se caracterizó por una destacada presencia del Estado, que actuó como impulsor de las actividades económicas.

Las políticas estatales encararon planes de nacionalizaciones —en particular de los recursos naturales considerados claves para el desarrollo de cada país—. Estos cambios fueron acompañados por transformaciones en la estructura social. Se consolidaron los sectores de la burguesía industrial y se amplió la masa de trabajadores urbanos. En México, Brasil y Argentina se desarrollaron procesos políticos de carácter populista, aunque en cada uno de estos países este proceso adquirió modalidades diferentes.

populismo en brasil

El presidente del Brasil Getulio Vargas—inició su primer mandato en 1930— fue el líder de un movimiento de tipo populista. Encabezó una revolución que puso fin al predominio de la oligarquía —los grandes plantadores y comerciantes— e intentó ampliar la base de participación política. En 1937 proclamó la constitución del Estado Novo. Impulsó un proceso de transformación económica de tipo industrialista y nacionalista —creó la empresa petrolera estatal PETROBRAS— y organizó desde el Estado estructuras sindicales oficialistas.
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Lázaro Cárdenas, líder populista mexicano. Asumió la presidencia de México en 1934. Llevó a cabo un programa nacionalista que buscaba establecer un fuerte control sobre la economía del país. Las claves de su política fueron la nacionalización del petróleo —se creó el monopolio estatal PEMEX—y la reforma agraria, consistente en repartir tierras entre la gran masa de campesinos pobres —de origen mayoritariamente indígena—. El movimiento cardenista contó con el apoyo del campesinado y de amplios sectores de la clase obrera, ya que durante el gobierno de Cárdenas aumentó de manera notable el número de trabajadores sindicalizados.

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Características:

Estos movimientos populistas se caracterizaron por crear una fuerte organización obrera, con el fin de que en alianza con la Burguesía Nacional industrialista, instalaran las bases de un desarrollo a través de la sustitución de importaciones.

Los ingredientes fundamentales de los populistas son la transferencia del ingreso en desmedro de los sectores rurales y en favor de los sectores urbanos, políticas nacionalizantes, una fuerte dosis de estatismo como apoyo a la Burguesía Industrial y al aglutinamiento en torno a un líder carismático.

Es innegable que estos movimientos lograron una transformación de la sociedad en los países donde se desarrollaron, pero en última instancia por factores diversos no lograron llegar a sus fines últimos. La consecuencia más marcada de la actuación populista es la desaparición de los sectores políticos dominantes, que configuraban la expresión de la burguesía terrateniente.

Para sintentizar lo anteriormente expuesto, diremos que Populismo, es un movimiento político basado en los sectores obreros urbanos e industriales nacionales, que por medio de la redistribución del ingreso, se propone lograr la transformación de las estructuras sociales y económicas de un país.

Las soluciones son a corto plazo, porque esta política no es eterna, sus límites son los de la distribución de ingresos que le da origen. Mientras haya un sector próspero del que pueda sacarse, con destino a un sector industrial urbano —generalmente ineficiente— esto es posible. Cuando las vacas flacas suceden a las vacas gordas, el populismo suele morir, aunque su recuerdo indisolublemente unido a épocas de prosperidad, perdura largamente y alimenta a quienes pretenden ser sus herederos.

EL POPULISMO EN ARGENTINA:

En la Argentina —y en toda Latinoamérica— desde mediados de la década de 1940 las masas emergen de un modo inequívoco, en la sociedad y en la política. Esto se relaciona en parte con procesos de industrialización pero, sobre todo, con el acelerado crecimiento de algunas grandes ciudades, a las que se vuelcan sectores expulsados por la crisis rural y atraídos por la posibilidad, más o menos real, de obtener en las ciudades mejores empleos, mejores condiciones de vida.

Excluídas y marginadas del consumo, del prestigio y del poder, en un momento esas masas irrumpieron en forma brusca reclamando un lugar en la sociedad. En ese sentido, el 17 de octubre de 1945 fue un episodio de un simbolismo extremo.

¿Qué hacer con esas masas?. Hay una política posible para ellas —en la Argentina y en todo el mundo— que es la de lo que genéricamente podría denominarse el socialismo: colaborar con ellas, para que ellas mismas encuentren su propio destino, realicen su propia reivindicación. Se plantean aquí varios problemas tácticos y estratégicos: cuáles van a ser los medios, con velocidad se van a producir esos cambios, que sacrificios debe imponerse una generación en aras de las siguientes.

En cualquier caso, es un camino difícil. Naturalmente es posible la política inversa: excluir y marginar a las masas, explotarlas, reprimir los riesgos también son evidentes y consiten en una explosión incontenible.

El siglo XX elaboró una tercera opción desarrollada por el fascismo italiano y adecuada —modificándola sensiblemente— Latinoamérica: una política de masas descarte su autonomía y las utilice para tentar poderes ajenos. Esto es lo que s denominarse populismo.

Se apoya en primer lugar en el const de masas. Estos vastos contingentes, cientemente urbanizados, desean consumir, y ese consumo puede ser adecuado para el desarrollo de ciertos sectores imdustriales locales. Fomentarlo, mediante una política redistributiva de ingresos que sólo beneficia a las masas —las tranquiliza quizá— sino también a quienes producen para ellas.

¿Quién paga esto?. Generalmente los sectores productores tradicionalmente volcados a la exportación —nuestra oligarquía terrateniente, por ejemplo— cuyos ingresos son trasladados al sector industrial por intermedio del Estado, a través de retenciones a las exportaciones, cambio diferencial, etc.

Sobre todo, se apoya en una política de masas. Estas son movilizadas y politizadas intensamente, pero cuidando de tronchar todo amago de acción autónoma. La politización es encuadrada por el Estado, junto con un partido —o un movimiento— que se desarrolla adosado a él y que está indisolublemente unido a la figura de un líder ca-rismático, su surgimiento no es un mero azar: esa figura es cuidadosamente construida por los medios de comunicación de masas —la radio, la televisión— cuyo desarrollo es esencial para esta política populista. Ni Mussolini ni Perón habrían existido sin la radio.

También es construida mediante la práctica de una beneficencia directa. El Estado providente y benefactor —el clásico Welfare State de los capitalismos avanzados— se concentra en una persona, de cuya bondad y caridad parece depender esa beneficencia que, según es bien sabido, es hoy una función casi ineludible del Estado moderno.

Falta, finalmente, un buen enemigo, para aglutinar fuerzas. Tratándose de movimientos policlasistas, que procuran armonizar los intereses de sectores de propietarios y de trabajadores, este enemigo no puede ser, sin más, el patrón. Se recurre a figuras más ambiguas en cuanto a contenido real, pero de gran fuerza emocional: la oligarquía, la maléfica, proteica y omnipresente oligarquía, cien veces derrotada y cien veces renacida.

¿Es eterna esta política? Sus límites son los de la distribución de ingresos que le da origen. Mientras haya un sector próspero del que pueda sacarse, con destino a un sector industrial urbano —generalmente ineficiente— esto es posible. Cuando las vacas flacas suceden a las vacas gordas, el populismo suele morir, aunque su recuerdo indisolublemente unido a épocas de prosperidad, perdura largamente y alimenta a quienes pretenden ser sus herederos.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – El Populismo –

Gobiernos Populistas

La Lógica de Aristóteles en Educacion

La Lógica de Aristóteles: Educación de Alejandro Magno

LA ESCUELA DE ATENAS

aristoteles

De regreso en Atenas en el año 335 antes de Cristo, Aristóteles decidió fundar una escuela. Se instaló en un conjunto de edificios dedicados al dios solar Helios (Apolo) Licio; de aquí derivó el nombre de Liceo, dado a su escuela.

A los muchos jóvenes que frecuentaron sus lecciones, Aristóteles les enseñó Loi resultados de sus estudios relativos a geometría, física, botánica, zoología, astronomía, política, etcétera.

Pero, sobre todo el gran filósofo les enseñó la lógica; es decir, el arte de razonar de un modo correcto para descubrir la verdad de las cosas.

Durante los años en que mantuvo su escuela en Atenas fue largamente favorecido en sus estudios por su antiguo discípulo Alejandro Magno. Éste le dio la posibilidad de formar una vasta biblioteca y puso a su disposición todos los instrumentos necesarios para sus investigaciones ientíficas.

Muerto Alejandro Magno (323 antes de Cristo), el gran filósofo debió abandonar a Atenas  fue formulada contra él la acusación de haber apoyado el gobierno despótico di Alejandro Magno.

Al poco tiempo de llegar a Calcis (en Eubea), con la esperanza de poder reanudar la enseñanza y sus estudios, Aristóteles murió (a la edad de 62 años). Transcurría el año 322.

LA LÓGICA: La influencia del último de los grandes filósofos griegos, Aristóteles, en la cultura occidental europea fue inmensa y aún perdura. Durante más de 2.000 años, el enorme prestigio de su obra sirvió pera instruir a generaciones de filósofos y científicos.

La trascendencia de Aristóteles se basó en su aguda observación de la naturaleza y su capacidad para sistematizar el pensamiento de su época, convirtiéndolo en el fundador de la ciencia occidental. Para bien y para mal, la vida de Aristóteles siempre estuvo vinculada a Macedonia, un reino que ocupó lo que hoy es la mayor parte del territorio griego. Nació alrededor del 384 a.C. en la ciudad jónica de Estagira, situada al norte de Grecia, en la península de Calcidia, muy cerca de Macedonia.

Su padre, Nicómaco, era amigo y médico del rey macedónico Amintas III, cuyo nieto Amintas IV será desplazado por su tío Filipo II, padre de Alejandro Magno.

Llevado Aristóteles a la corte macedónica, en la que transcurrió su infancia y parte de la juventud, fue, seguramente compañero de estudios y amigo de Filipo (382-336 a.C).

Como prueba de la estima que ambos se profesaban, años después, Filipo le confió a Aristóteles la educación de su propio hijo Alejandro Magno. Pero esa suerte siempre fue considerada como un estigma por los recelosos atenienses del momento. De nada le sirvió a Aristóteles haber nacido en Estagira, una colonia de Atenas; siempre lo identificaron con Macedonia.

Incluso después de haber pasado 20 años en Atenas dedicado a la investigación y la enseñanza, sus rivales recordaban su condición de meteco -extranjero sin derechos-y sus relaciones amistosas con agentes macedónicos, lo que sin duda influyó para impedirle dirigir la Academia a la muerte de Platón, su maestro.

La tensa situación política entre Atenas y Macedonia, que ponía en peligro su vida, seguramente llevó a Aristóteles a abandonar la ciudad y acogerse a la protección de su amigo Hermias, tirano de Assos. Dedicado con pasión al saber, Aristóteles fue considerado «el filósofo» por Santo Tomás de Aquino y «maestro de los que saben» por Dante Alighieri.

EL NOMBRE QUE DIO Aristóteles a lo que llamamos «lógica» es «analítica», que explica el método de inferencia llamado «silogismo» por el cual una proposición se deriva de otras dos proposiciones mediante una relación entre los términos contenidos en ellas. La silogística es la novedad principal que descubre Aristóteles y que articula todos sus desarrollos lógicos.

Sus escritos sobre lógica fueron denominados bajo el título común de Organon. La lógica de Aristóteles tuvo una enorme influencia. Su autoridad en esta materia permaneció durante toda la filosofía medieval y gran parte de  la moderna.

Immanuel Kant (1720-1800) afirmaba que la lógica había salido «cerrada y terminada» del cerebro de Aristóteles. Pero, desde hace aproximadamente 150 años, esta disciplina se ha renovado dando lugar a la llamada «lógica simbólica», «lógica matemática» o, más comprensivamente, «lógica moderna», cuya paternidad se atribuye a Gottlob Frege (1848-1925).

A diferencia de la postura clásica de Aristóteles, la lógica formal moderna se concibe como una operatoria que hace posible el cálculo. Pero sería un error pensar que el desarrollo de la lógica moderna ha condenado a la silogística a convertirse en una curiosa pieza de museo. Desde la lógica cuantificacional y desde la lógica de relaciones se ha operado una traducción de la silogística a un lenguaje que ahora resulta más elaborado. A partir de los trabajos del especialista polaco Jan Lukasiewicz (18788-1956), la silogística clásica, en lugar de ser una teoría rival de la lógica de relaciones, se convierte en un capítulo de aquella.

Por otro lado, cabe recordar que Aristóteles no sólo escribió los Primeros y Segundos Analíticos sino también las Categorías, De la Interpretación y los Tópicos, cuy temática justifican que actualmente sean incluidas en los desarrollo de la Filosofía del Lenguaje.

Sobre la base de los llamados razonamientos dialécticos, estudiado en los Tópicos, Retórica y Refutaciones sofísticas, Chaim Perelman, considera a Aristóteles -además de ser el padre de la lógica formal- como el padre de la teoría de la argumentación, es decir, de todo aquel pensamiento que no se reduce, simplemente, al cálculo.