Reformas Eclesiásticas

Biografia de Zuinglio Reforma Protestante Suiza

Biografia de Zuinglio Ulrico Líder Religioso Reformador Suizo

La reforma en Suiza está estrechamente vinculada al espiritualismo y al humanismo de la Alta Alemania, y, asimismo, al ambiente revolucionario creado por Lutero.

Sin embargo, en su evolución muestra un sello peculiar, que le distingue del protestantismo alemán tanto en el aspecto religioso como en el político.

Esta característica responde a la persona e ideología de su propulsor, Ulrico Zuinglio, algunos meses más joven que Martín Lutero y, por lo tanto, de la misma generación histórica.

Zuinglio Ulrico
Ulrico Zuinglio, fue el líder de la Reforma Protestante suiza y el fundador de la Iglesia Reformada Suiza.
Fecha de nacimiento: 1º de enero de 1484, Wildhaus, Suiza
Fallecimiento: 11 de octubre de 1531, Kappel am Albis, Suiza
Cónyuge: Anna Reinhart (m. 1522–1531)
Hermanos: John Zwingli, Catherine Zwingli, Wolfgang Zwingli, MÁS
Hijos: Regula Zwingli, Wilhelm Zwingli, Ulrich Zwingli, Anna Zwingli

Pero la obra de Zuinglio denota un avance más radical en el camino de la herejía; pues lo que en Lutero era, al parecer, simple restauración teológica a base de una interpretación personal de los textos bíblicos, en Zuinglio fue afirmación del nuevo espíritu racionalista y subjetivo en las cuestiones dogmáticas.

Por esta causa Zuinglio se halla a mitad de camino entre Lutero y Calvino, entre el reformador de abolengo medieval y el reformador humanista «moderno».

Procedía de un linaje campesino. Nacido en Wildhaus, en el valle de Toggenburg del cantón de San Gall, el 1° de enero de 1484, su niñez transcurrió en un ambiente muy religioso, pues su tío era cura párroco del lugar y su tía abadesa del convento de Fischingen, en Turgovia. Zuinglio estudió en Wesen, Basilea y Berna.

En esta última ciudad, Enrique Wólflin le hizo devoto de las humanidades y los clásicos. Completó su formación intelectual en la universidad de Viena (1498-1500), donde estudió filosofía.

De regreso a Suiza, fue ordenado sacerdote por el obispo de Constanza y nombrado cura de Glaris (1506). Zuinglio era entonces una mente ávida de saber y un temperamento ardiente e intransigente.

Estudió el griego y se inició en el hebreo. Desde Glaris mantuvo relaciones con Erasmo y Pico de la Mirándola, cuyas obras hipercríticas causaron profunda huella en su espíritu.

De regreso de una de las campañas de Italia, en las que él tomó parte activa como capellán de las tropas suizas al servicio de los papas (1513 y 1515), establecióse en Einsiedeln (1516).

Aquí empezó a predicar contra las «ceremonias judaicas» de la Iglesia exterior, el mal uso de los sacramentos y el servicio divino. Combatió como Lutero las indulgencias. Nombrado sacerdote del gran monasterio de Zurich (fines de 1518) propagó la lectura de la Biblia como única salvación para el cristiano.

En estos años lee los escritos de Lutero, que defiende de modo sistemático. Pese a la influencia de la doctrina luterana, elabora una teología propia, cuyo fundamento se halla en la pura y exclusiva aceptación de la ley de Dios, revelada en las Sagradas Escrituras, las cuales pretende aclarar por un método gramáticofilológico.

En consecuencia, no intenta un nuevo asentamiento dogmático de la Igle-sia, sino una subversión total de ella por la interpretación estricta y racional — no tradicional — de los pasajes bíblicos.

Para el reformador alemán la justificación se alcanzaba por la fe; Zuinglio acepta este postulado, pero da un nuevo paso; la fe que conduce a la salvación eterna es predestinada por Dios, creador del bien y del mal.

En una serie de opúsculos y folletos (Architeles, 1522; las 67 tesis del 29; el Comentarius de vera et falsa reliqione, 1525) Zuinglio desarrolló las consecuencias radicales de estos principios: ne gación del poder del Papado, supresión de las fiestas y del celibato eclesiástico, de los conventos y de los san tos, de las reliquias y de las peregrinaciones; los sacramentos son puros símbolos, la Eucaristía una simple conmemoración y la misa un sermón educativo.

Estos postulados reformadores fueron aceptados por Zurich en 1523. El 2 de abril de 1524 Ulrico contraía matrimonio con Ana Reinhard.

El programa de Zuinglio chocó con el catolicismo el luteranismo. Los dos reformadores, oue discreparle sobre el valor de la Eucaristía, no pudieron ponerse de acuerdo en las Conferencias de Magdeburgo de 1529.

La ruptura escindió en dos campos antagónico el movimiento protestante en Alemania. Por lo que respecta a los católicos suizos, éstos se aprestaron a de fender por las armas su fe y su independencia religiosa.

Ulrico Zuinglio halló la muerte el 11 de octubre de 1531 en una batalla—la de Kappel — desastrosa rere su causa.

Aunque él introduio la discordia en Suiza su obra reformadora se vincula a un fuerte sentimien to de emancipación nacional que acabó por imponerse.

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Biografia de Pietro Aretino poeta, escritor y dramaturgo italiano

Biografía de Pedro Aretino:
poeta, escritor y dramaturgo italiano

PEDRO ARETINO (1492-1556): En el ambiente de todo ciclo cultural en decadencia pululan una serie de personajes, dotados de condiciones intelectuales más o menos destacadas, que son motivo de escándalo para la sociedad contemporánea.

Perdida toda fuerza creadora, aquella corriente espiritual se convierte en mero instrumento puesto al servicio de las más innobles pasiones.

Pedro Aretino
Pedro Aretino

En este caso se halla Pedro Aretino, escritor dotado de buen estilo de ingenio penetrante y burlón, que utilizó la herencia del Humanismo para saciar su sed de placeres y sus ansias de riqueza.

En el Aretino el aparato humanista se disgrega en contorsiones caricaturescas, en perfiles satíricos donde se plasman los vicios de una época Cierto es que esta obra de fustigar las costumbres hubiera podido representar un gran bien moral. Pero, en realidad, el Aretino puso su pluma al servicio de quienes más se la doraron.

Su mismo triunfo en la vida es un estigma denigrante para aquella pervertida sociedad de mediados del siglo XVI, que para su salvación necesitaba toda la firmeza espiritual de la Contrarreforma.

Ese publicista insolente y poeta del chantage nació el 20 de abril de 1492 en Arezzo, hijo de un zapatero llamado Lucas.

En su juventud mostró aficiones artísticas y poéticas. Dedicóse a la pintura con inte-rés, logrando cierta maestría no en la creación de obras de arte, sino en la crítica de las producidas. Pero sus inclinaciones más profundas fueron para la a poe sía satírica.

En 1512 publicó en Venecia un volumen de versos que le valió gran reputación. Poco despúes era expulsado de su ciudad natal por haber compuesta un soneto contra las indulgencias.

Por una de las pa radojas de aquella época, fue muy bien acogido en la Roma de León X, que celebró su espíritu alegre y su pluma sarcástica y penetrante. Entonces empezó a ponerla al servicio del mejor postor, ya para cantar sus alabanzas, ya para zaherir al enemigo.

A copia de adulación, servilismo y amenazas logró grandes pensiones y riquezas de los príncipes y prelados. Sin embargo, cuando en 1523 publicó sus dieciséis Sonetos lujuriosos, cautelosamente obscenos, se vió forzado a partir de Roma.

Pero su buena estrella no le abandonó. Se lo disputaron Juan de las Bandas Negras y Francisco I de Francia.

Por último, en 1527 establecióse en Venecia, donde muy pronto conquistó la opinión pública gracias a su talento venal. Junto con Ticiano y Sansovino formaron una especie de triunvirato para juzgar, en suprema instancia, las obras del espíritu.

Rodeado de un verdadero harén, viviendo de banquete en banquete, derrochando sin cesar, el Aretino se convirtió desde Venecia en el arbitro intelectual de Italia.

Su poder fue tanto, que él mismo decía que los peldaños de su escalera estaban mucho más gastados por las pisadas de los cortesanos que las baldosas del Capitolio por el paso de los carros triunfales.

Y, en efecto, la Señoría de Venecia tenía a sueldo su pluma; el emperador Carlos V la había comprado por una pensión de 200 ducados anuales y le permitía figurar a su lado en la entrada triunfal en Peschiera en 1543.

Por entonces completó sus obras, entre las que descuellan los Diálogos como manifestación de su vida licenciosa, con la publicación de las cartas que había recibido de reyes, príncipes, cardenales, señores, artistas y aventureros en solicitud de protección.

El «secretario de todo el mundo», como él mismo se llamaba, terminó su carrera de libelista publicando libros ascetas y de devoción. Quería ponerse a tono con la Contrarreforma que se iniciaba y adquirir la fama de católico fervoroso. Atacó a los heréticos y se reconcilió con Roma.

Murió en Venecia el 21 de octubre de 1556 con el título de caballero de San Pedro. Sólo Miguel Ángel había sido capaz de rechazar en todo momento la amistad dé aquel ser poco digno.

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El Fetichismo Religioso ¿Que es? Culto, Ritos, Hechizeros y Fetiches

El Fetichismo Religioso en África
Culto, Ritos, Brujos, Hechizeros y Fetiches

Fetichismo, en antropología, devoción hacia los objetos; en psicología, devoción hacia el deseo, consistente en desviar o acentuar la atracción por una persona atribuyendo carga erótica a los objetos e imágenes que la representan. El hombre de raza negra (negro)  de África cree en la existencia de fuerzas sobrenaturales que rigen su vida y de las cuales depende totalmente. En este culto, los antepasados ocupan un puesto importante y con frecuencia se les consulta. El hechicero, único miembro de la tribu que tiene contactos con los espíritus, goza de gran consideración y poder.

Sería un error creer que los negros sólo sienten interés por los problemas planteados por la vida cotidiana. Se puede afirmar, por el contrario, que son muy conscientes de su dependencia con respecto a las fuerzas sobrenaturales. Estas fuerzas son numerosas, pues el negro está convencido de que todo lo que vive posee un alma y, por lo tanto, una voluntad propia.

Y esto no sólo lo cree de los seres humanos, sino también de los animales, plantas, ríos y de todos los elementos naturales en general. El negro también cree que el alma puede transmitirse a otros seres e incluso a objetos sin vida.

El negro se siente vinculado, por encima de todo, al alma de los antepasados. Para él, los muertos constituyen una verdadera cadena entre las fuerzas misteriosas que han hecho el mundo y los seres que viven en la tierra.

A esto se debe que los negros esculpan representaciones de sus antecesores. Estas estatuas sirven para el culto de que son objeto. Se ofrecen sacrificios en honor de los difuntos y se organizan ceremonias funerarias en su memoria.

Los antepasados también se hallan presentes, en forma de máscaras danzantes en las ceremonias finales del ciclo de iniciación. Durante estas ceremonias se da simbólica y ritualmente muerte a los jóvenes, que, después, bajo la protección de los antepasados, renacerán para pasar a ser miembros adultos de la tribu.

Los negros hacen todo lo posible para que los espíritus de los muertos les sean siempre favorables. Sacrificios, cantos y danzas no tienen otra finalidad. En el momento de las decisiones importantes no vacilarán en hacerles ofrendas especiales con objeto de beneficiarse de sus consejos. No sólo los espíritus de los muertos son objeto de este culto: también veneran a los espíritus de la selva, al espíritu del agua o a uno u otro animal.

fetichismoPara entrar en contacto con estos elementos extranaturales se requieren medios especiales y también intermediarios.

Los medios son objetos en los que puede estar encerrada por un tiempo la voluntad de un espíritu; en cuanto a los intermediarios, son personas capacitadas para penetrar en el mundo de los espíritus: los hechiceros.

Por lo general, el hechicero negro es adivino, curandero y fetichista.

Por otra parte, la frontera entre todas estas funciones, como asimismo la divisoria entre la religión y la magia, es muy difícil de establecer. Sea como fuere, teóricamente el hechicero es quien posee el conocimiento y poder necesados para interpretar la respuesta de los espíritus.

También tiene el don de entrar en trance: entonces se pone a bailar siguiendo el fascinante ritmo de instrumentos primitivos y acompañado por las melopeas de los miembros de la tribu. Los negros creen que durante este período de trance su alma sale del cuerpo para trasladarse por un tiempo al mundo de los espíritus, quienes le informan sobre sus intenciones y sentimientos.

El hechicero también conoce el medio de granjearse los favores de los espíritus de la selva antes de salir de caza. Es el único que sabe qué clase de ofrenda debe hacerse y cuáles son las prescripciones que deben respetarse antes de un nacimiento, con motivo de una boda, para el pago de una dote, o en cualquier otra circunstancia. Sus conocimientos de magia permiten, asimismo, concillarse las gracias de los buenos espíritus y aplacar las fuerzas del mal.

Para la mentalidad de los negros el hechicero es, por lo tanto, la única persona que puede proteger a los miembros de la tribu y proporcionarles medios protectores.

El fetiche es uno de estos medios. No se trata de un objeto determinado: todo objeto puede ser fetiche. Una ramita que ha crecido en determinada dirección o una piedra encontrada en especiales circunstancias. Aún más, puede ser un objeto al que el hechicero haya conferido fuerza mágica.

La palabra fetiche, derivada del portugués, significa «objeto-hada». Los principales fetiches de los pueblos primitivos son figurillas humanas recortadas en madera. Estos fetiches tienen, en un sitio u otro, una cavidad en la que el hechicero deposita un polvo mágico; por ejemplo, una mezcla de arcilla y sangre. Entonces, esta cavidad, con frecuencia situada en lo alto de la cabeza o en el vientre, se vuelve a cerrar. Entre los songhais la tapa es de cuerno y entre los pueblos del Bajo Congo es un pequeño espejo.

También existen fetiches erizados de clavos. Son objetos en los cuales el hechicero retiene por un tiempo el alma de un enemigo o de un espíritu perseguidor. Si hunde un clavo en el fetiche destruye a ese enemigo o a ese espíritu.

Por lo general, los fetiches son propiedad del hechicero, pero los negros ricos pueden permitirse el lujo de poseer un fetiche grande personal. También se da que un poblado o una familia posean un poderoso fetiche. Frente a estos grandes fetiches, la mayoría de negros de África tienen fetiches pequeños de los que no se separan. Son amuletos o grisgrís.

Todas estas costumbres que llevan el sello de la magia se encuentran muy arraigadas en el alma negra: incluso cuando se ha convertido al cristianismo, el negro difícilmente renuncia a estas prácticas.

En muchos lugares, cuando se constituía o fundaba un pueblo, una de las misiones del hechicero era la de crear el fetiche local, al cual se le confiaba la salud y prosperidad de la comunidad recién constituida. El fetiche velaba por el éxito en la caza, la pesca y la guerra, y si el nuevo pueblo se trasladaba a otros lugares, el fetiche debía acompañarlo.

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Biografia de Francisco Javier Santo Jesuita Misionero Español

Biografía del Santo Francisco Javier

San Francisco Javier (1506-1552), religioso jesuita y misionero español, llamado el Apóstol de las Indias. La figura de San Francisco Javier está considerada por los historiadores como una de las más interesantes y sugestivas de todas las épocas. Es cierto. La vida del santo andariego, desde que inició su gran aventura en plena juventud, resulta apasionante por la extraordinaria fe y el gran espíritu que presidieron todos sus actos.

Nació el 7 de abril de 1506 cerca de Pamplona (Navarra) y estudió en la Universidad de París, donde conoció, en 1529, al asceta español Ignacio de Loyola, al que se unió en 1534 para fundar la Compañía de Jesús. En 1537, año en que se ordenó sacerdote, se convirtió en primer secretario de la Compañía.

Como miembro de la Compañía de Jesús, empleó las lenguas y las costumbres nativas en su labor evangelizadora. Predicó en la India a partir de 1542 y, posteriormente, se trasladó a las islas Molucas, Ceilán y Malaca. Durante su estancia en Japón (1549-51) fundó diversas comunidades. Murió camino de China. Es el patrono de las misiones. Escribió Epístolas.

Francisco Javier

«Español auténtico, navarro de recio temple, jesuíta de la primera hornada, hombre esforzado y tenaz, apóstol de Oriente, vagabundo de todos los caminos, trotamundos infatigable, excepcional evangelizados fecundísimo misionero, titán de hazañas inigualables, aventurero de sublimes ideales, caballero andante de heroicas acciones, voluntad indomable, espíritu activo y arriesgado, hombre impetuoso y apasionado, inteligencia profunda, clara y muy viva, defensor acérrimo de los desamparados, alma de una generosidad ilimitada, ejemplar capitán de milicias espirituales, incansable predicador de la verdad en regiones lejanas e inhóspitas, tesonero luchador, sacerdote de corazón alegre, juvenil y humilde, carácter fuerte como la roca, penitente duro y áspero, místico soñador, y amigo de todos los peligros. Éste fue San Francisco Javier. Un Santo, como dicen muchos, muy a la española.»

Fuente: Celebridades Biblioteca Hispania Ilustrada Editorial Ramón Sopena

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

castillo donde nació francisco javier

Vista aérea del castillo de Javier, lugar de nacimiento de san Francisco Javier, situado en el extremo oriental de la Comunidad Foral de Navarra, próximo al límite con Aragón. El castillo de Javier, uno de los más pequeños y modestos de los muchos que esmaltaban la superficie de la España de entonces, considerado como un diminuto y casi insignificante guardián del paso hacia los Pirineos, superó en mucho la fama de sus otros hermanos mayores.

Escalera interior del castillo

Escalera interior del castillo en donde vivió Francisco Javier

PASAJES DE SU VIDA Y OBRA:
Francisco Javier comienza sus estudios en la Universidad de París:

En el mes de septiembre de 1525, Francisco de Jassu y de Azpilcueta, llamado Francisco Javier, cruzó la frontera de los Pirineos a lomos de su caballo, camino de la capital francesa. Con aquella marcha daba su adiós definitivo al castillo de Javier y a todos los suyos, pues nunca más volvió a verles. La buena doña María de Azpilcueta murió cuatro años después de la marcha del joven Francisco, y con esta muerte, el estudiante se sintió todavía más desligado de los suyos de lo mucho que ya lo estaba.

A pesar de que el viaje desde Navarra a París debió ser interesante, Francisco no dejó escrita ninguna referencia sobre él. Con ánimo bien dispuesto y ansioso de saber, dejó atrás su patria a la que siempre tuvo muy presente en su corazón, para mirar de frente el nuevo camino que se le abría. Con aquel adiós a Javier se cierra el capítulo más oscuro, menos conocido, de la vida de Francisco.

Francisco Javier inicia una relación con Ignacio de Loyola:

El día 2 de mayo de 1528 llega a la misma Universidad de París un español de treinta seis años, rubio, cojo que había hecho un largo camino desde la ciudad de Barcelona, ese español era Iñigo de Loyola, nombre que mas tarde cambiaría por Ignacio. Desde el mismo momento que conoció a Francisco notó las aptitudes de este como ayudante en sus planes religiosos, pero Francisco no tenía oídos para sus proyectos.

Ciertamente, Francisco no gastaba ningún miramiento con su compatriota, pero éste sabía callar y esperar. Ignacio nunca se enfadaba ni se molestaba, ni siquiera se entristecía por la actitud de Francisco. Estaba seguro de que algún día el incrédulo acabaría por creer, de que algún día se uniría a su causa, y de que juntos harían grandes cosas. Por eso no desmayaba ni cejaba en su empeño, e ignorando las burlas y sarcasmos del compañero, proseguía la tarea de atraérselo. Se dice, aunque no se tiene prueba de ello, que Iñigo disparaba una y otra vez en los oídos de Francisco: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?.» Y se dice también que al cabo ésta fue la máxima que presidió la obra de Francisco Javier.

Francisco Javier es Convertido a Jesuita:

Después de cinco largo años de reuniones, debates y cuestionamientos, Loyola logra convencer a Francisco. Poco después de haber pronunciado el triple voto (castidad, pobreza y peregrinación) , Francisco Javier se dispuso a realizar los «Ejercicios Espirituales». Se retiró a un lugar de las afueras de París, que sólo Ignacio conocía, y allí permaneció aislado del mundo durante cuarenta días, dedicado a las más severas penitencias y a las más profundas meditaciones. Aquellos días en su solitario retiro, solo interrumpido por las consoladoras visitas de Ignacio, fueron días de una lucha agotadora, gigantesca, digna del alma vehemente y apasionada que albergaba el cuerpo de tan gran español. Tan duros llegaron a ser sus martirios, tratando de castigar sus pasadas vanidades como atleta, que sus compañeros temieron que se le tuviera que amputar por lo menos uno de los brazos, pero no fue así.

Cristo en el castillo de Francisco Javier

Santo Cristo de Javier que se encuentra en el castillo. Es del siglo XIII y según la tradición sudó sangre el día de la muerte de Francisco

EL PEREGRINAJE DE SU CADAVER: En un ataúd de madera recubierto de cal, fue enterrado el cuerpo de Francisco Javier y sepultado al otro lado de la isla, frente al mar, en tierra de gentiles. Y allí quedó en su tumba solitaria, marcada sólo por unas piedras que el buen Antonio puso para que el mundo supiese dónde descansaba el cuerpo frágil y fatigado del jesuíta.

Pasado el invierno, a mediados de febrero de 1553, el Santa Cruz se dispuso para regresar a Malaca. Ninguno de sus tripulantes había pensado ni remotamente llevarse el cuerpo del misionero. Pero el chino Antonio, devoto hasta el fin, insistió una y otra vez cerca del capitán, Y consiguió que el ataúd fuese desenterrado de la playa y trasladado al barco, el cual atracó en el puerto de Malaca el 22 de marzo.

El recibimiento dispensado a los restos mortales del apóstol fue conmovedor y unánime. Una inmensa multitud le acompañó hasta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde tantas veces había resonado su voz. Se celebraron solemnes oficios por su alma, y se dio cristiana sepultura a su cuerpo, revestido de ropas sacerdotales, en una fosa cavada en la roca, detrás del altar mayor. Sin ataúd, en contacto directo con la tierra, sólo el rostro protegido por un lienzo blanco.

El 15 de agosto de 1553, cinco meses después de ser sepultado en Malaca, en esa fiesta de la Asunción que tan significativa fue en su vida, el fiel amigo del apóstol, Diego Pereira, y el heroico padre Juan de Beira se llegaron secretamente, por la noche, hasta la tumba de Francisco Javier.

Ayudados por unos hombres leales y a la luz de una linterna, desenterraron el cuerpo querido y comprobaron que estaba intacto, como dormido, con los colores de la vida en su rostro. Los dos amigos, llevando a extremos su devoción por el muerto, decidieron que la tierra pobre de Malaca no era digna de albergar en su seno aquel cuerpo bendito. Tenían que trasladarlo a Goa.

Rellenaron la tumba vacía. Y con el mayor sigilo y todas las precauciones, llevaron el cuerpo del misionero a casa de Pereira, donde lo encerraron en un féretro forrado de rica seda y cubierto de brocado.

El 11 de diciembre, cuando el apóstol ya llevaba más de un año muerto, el féretro con su cuerpo fue embarcado en un viejo barco que se dirigía a la India. Ni después de muerto pudo el eterno viajero librarse de las azarosas navegaciones y las más extrañas aventuras. Porque la travesía desde Malaca hasta Goa, con escala en Cochín, no fue precisamente tranquila. Y porque el hecho de robar su cuerpo de la tumba, guardarlo meses en una casa y embarcarlo hacia otro destino, todo en el mayor secreto, tampoco es una aventura corriente.

Goa recibió al apóstol muerto con una explosión de fervor y amor indescriptibles. El recuerdo del infatigable y andariego misionero sacudió el alma entera de la población, desde el virrey hasta el más pobre de los ciudadanos, y todos los pechos se llenaron de sollozos y los ojos de lágrimas.

Era la medianoche del 15 de marzo, Jueves Santo, cuando llegó a la playa, y era el amanecer del Viernes Santo cuando la multitud le dio su devota bienvenida, con un fondo de campanas al vuelo. Fueron cuatro días de incesante desfile ante el cuerpo incorrupto expuesto a los fieles.

Fueron cuatro días de respetuosa veneración y de escenas conmovedoras. Luego el cuerpo fue encerrado en una urna dispuesta por los jesuítas y sepultado en la iglesia de San Pablo, junto al altar, al lado del Evangelio. Pero tampoco allí el descanso terreno iba a llegarle, aunque él sí disfrutaba ya enteramente del descanso eterno y glorioso.

Sus reliquias fueron trasladadas de uno a otro lugar, en una peregrinación parecida a la que fue su vida. Era preciso examinarlas una y cien veces, para esclarecer los motivos de su incorruptibilidad. Por último, el cuerpo reposó tranquilo en la capilla donde actualmente se venera.

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

Por último, el papa Benedicto XIV proclamó al gran santo español, navarro de pro, patrón de la India y de todo el Este, y más tarde fue nombrado Santo Patrono de todas las misiones de la Iglesia católica.

Actualmente San Francisco Javier es venerado por todo el mundo, sin distinción de razas ni color ni religión. Él fue amigo de todos los gentiles, fue su apóstol, y todos los gentiles le tienen por un amigo aunque no se hayan decidido a abrazar la fe que él predicó con tanta ilusión Y no digamos de los cristianos, para los que San Francisco Javier es uno de los amigos más queridos, más sinceros, más propios. Es un símbolo, un ejemplo, un mito, una hermosa leyenda, una estrella.

 

La Leyenda del Nacimiento de Buda y Origen del Budismo

BIOGRAFIA  DE GAUTAMA SIDARTA – ORIGEN DEL BUDISMO – EL NIRVANA –

En el año 560 a.C, un joven príncipe nació en un valle de los Himalayas. Los adivinos predijeron que sería un gran rey, o que se haría monje para salvar a la humanidad del sufrimiento.

El fundador del budismo fue Siddharta Gautama, conocido por sus seguidores como Buda, que significa «el que ha alcanzado la verdad».

Hasta la adolescencia, llevó una vida de placeres encerrado en su palacio, pues su padre temía que se hiciera monje si lo dejaba salir. Sin embargo, un día Siddharta salió a la calle y se encontró con un anciano, un enfermo y un hombre muerto. Estos encuentros cambiaron su vida para siempre.

El camino del medio: Siddharta había creído que la vida era toda diversión. Al contemplar la vejez, la enfermedad y la muerte, comprendió que los placeres del mundo eran pasajeros. Decidió hacerse monje, y se dedicó a ayunar y a meditar buscando la verdad.

Pero, al cabo de seis años, no la había encontrado y estaba débil y enfermo. De repente, entendió que la verdad consistía en seguir el «camino del medio» y vivir con moderación, apartándose a la vez de los placeres y del sufrimiento.

BREVE FICHA BIOGRAFICA:

• Se cree que nació entre los años 566 y 558 a.C. con el nombre de Sidarta Gotama, en Kapilavastu (actual frontera entre Nepal y la India).

• Poco después murió su madre, y su padre y una madrastra se hicieron cargo de su educación. Para que no se enterara de los problemas del mundo, lo aislaron en el palacio, con todos los lujos.

• A los dieciséis años se casó con Yasodhara y tuvo un hijo.

• Cerca de los veintinueve años conoció el dolor humano. Cansado de privilegios y afectado por su descubrimiento, empezó a pensar cuál sería la causa de todo el sufrimiento y a buscar su solución.

• Luego de encontrarse con un monje mendicante, decidió vivir como él. Abandonó a su familia y renunció a toda su riqueza y poder.

• Se estableció con cinco discípulos en Uruvela (cerca de la actual Gaya) y durante años buscó respuesta al dolor.

La iluminación

• A los 35 años, mientras estaba sentado meditando bajo un árbol (conocido como el Árbol de la Sabiduría), alcanzó el verdadero conocimiento y se convirtió en Buda (el Iluminado).

• Luego se reunió con sus seguidores y les anunció su doctrina para superar el sufrimiento.

• Viajó por el valle del río Ganges transmitiendo su enseñanza y reuniendo fieles.
• Evitó un intento de asesinato a manos de su primo Devadata.

• Volvió a su ciudad natal y convirtió a su familia al budismo.

• Murió aproximadamente a los 80 años, luego de comer alimentos en mal estado, en Kusinagara, hoy Kasia (India).

«El odio nunca se calma mediante el odio.
El odio se calma mediante el amor. Esta es una ley eterna. «

HISTORIA DE SU BIOGRAFIA Y DEL BUDISMO

Hacia el año 550 antes de Cristo, gobernaba un pequeño reino del norte de la India un rey de la dinastía Sakhya.

Tenía un lujoso palacio a orillas del Ganges, el río sagrado, construido casi en la cresta de una escarpada colina, rodeada por las nieves del Himalaya.

Estaba casado con Maya, princesa de acrisolada virtud, dedicada a extremas prácticas ascéticas, que la habían movido incluso a separar su lecho del de su esposo, que la respetaba y amaba tiernamente.

Una noche, Maya tuvo una visita inesperada; arrebatada de la tierra, se encontró frente a un elefante sonrosado, de seis colmillos; la tierna bestia se arrimó al costado de la reina y sin causarle el menor dolor, hirió con una de sus defensas la carne inmaculada.

Diez meses después de este sueño o suceso prodigioso, nació el príncipe Gautama Sidarta.

Sobre un loto, apareció frente a Maya una tierna criatura rubia y rosada, mientras del cielo caía una lluvia de flores.

El recién nacido descendió del loto y anduvo siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales (la teología hindú había establecido la existencia de siete cielos o espacios divinos, de los cuales el séptimo era accesible únicamente al principio supremo) y luego dijo: «Triunfaré del nacimiento y de la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al hombre».

estatua buda

Inmediatamente, cesó la lluvia de flores y el infante — pues volvió a serlo desde este instante— se reclinó nuevamente sobre el loto.

Todo el palacio había presenciado, sobrecogido, el prodigio. Y su cese restituyó al príncipe al mundo de los niños.

Durante mucho tiempo, exactamente hasta que cumplió sus veintinueve años (uno menos que Cristo), Sidarta fue y creció como un hombre cualquiera.

Al revés que Cristo, su educación y formación estuvieron marcadas por el signo aristocrático de su condición y, además, por una extrema brillantez.

Superaba a sus amigos y condiscípulos en valor, agudeza y penetración. Sorprendía a todos los maestros.

Sólo el padre andaba inquieto por el porvenir de un príncipe tan encantador.

Porque un asceta — de los muchos que visitaban el palacio, a causa de su esposa— le había predicho, con toda seriedad, que, en efecto, Sidarta sería el mejor rey que el país hubiera conocido jamás.

Mas, si por ventura — o malaventura, pensaría el rey — se volviera sobre la vanidad de la existencia y se introdujera en las prácticas ascéticas, nada podría ya separarle de ellas. Ignoramos con qué designios facilitó el asceta estos datos al perplejo rey.

Pensó éste que nada sino el amor de una hermosa mujer sería táctica eficaz para conjurar este gran riesgo.

Y en efecto, Sidarta se enamoró locamente de la bellísima Yasodhara, con la que contrajo matrimonio y de la que, en seguida, hubo un hijo.

La leyenda insiste en el gozoso aislamiento en que por esta época vivía el príncipe: ocupaciones deportivas, fiestas y ahora el amor de su mujer y del nuevo principito.

Pero, de lo que acontecía al otro lado de las moradas de los nobles, ignorancia absoluta y apartamiento radical. Era otro mundo y sus leyes otras leyes.

¿Qué movió a Sidarta a abandonar su palacio y trasponer el muro separador? ¿Una cierta inquietud insatisfecha que aguijoneaba la corteza del príncipe feliz?.

En cualquier caso, aquella excursión a Kapilavastu fue decisiva.

He aquí lo que Sidarta encontró: un mendigo viejo y llagado que tendía su escudilla al borde del camino; el cortejo fúnebre de una joven madre cuyo esposo e hijos lloraban sin consuelo, al borde de la pira funeraria; la palabra de un asceta macilento que, tras predicar altivamente la virtud a una muchedumbre absorta e ignorante, les suplicaba con humildad alimento para sustentarse.

Y obsérvense ahora las conclusiones que de esta salida obtiene la leyenda: Sidarta comprobó la existencia de la muerte y el dolor en el mundo y resolvió liberar de ellos a los hombres, o, mejor dicho, liberarles de su temor, pues el sufrimiento procede del temor y el temor de la ignorancia.

Por consiguiente, el punto de partida de Buda sería absolutamente irreligioso y, en cierto modo, racionalista.

Tuvo que darse en su alma, forzosamente, una simpatía hacia ese desajuste del mundo que tan hondamente le conturbó.

Y al propio tiempo, despertarse en él una convicción íntima de que estaba capacitado para derrotar la ignorancia del mundo (dejando aparte lo divino que hubiera en su naturaleza, pues los datos de la leyenda no permiten inferir que, en esta sazón, poseyera Sidarta conciencia de su divinidad).

Todo ello suscitó en él la decisión de abandonar palacio, padres, mujer e hijos, de renunciar a sus riquezas — no por remediar pobreza ajena, sino por desembarazarse de un obstáculo para la sabiduría— y de consagrarse a investigar la causa del desajuste, pues, ante todo, era necesario «saber».

Una pintura siamesa, muy reproducida en los estudios dedicados a Buda, nos relata que éste abandonó su palacio a caballo, mientras dioses y «boddishatvas» colocaban sus palmas bajo los cascos del animal, para que no despertaran los seres queridos.

Buscó Sidarta, primero, el sabio parecer de los eremitas del Pico de los Buitres.

Pero encontró que su penitencia y su gimnasia del dolor eran estériles porque se habían constituido en fin, sin buscar la gran causa del dolor de los hombres ni su provecho.

El resultado de las prácticas ascéticas conducía todo lo más a una perfección del asceta y eso no redundaba en beneficio de la gran cuestión, que concernía a todos los hombres.

Así que Sidarta, desengañado, pero firme en su propósito, reanudó su peregrinación.

Tomó de un cadáver abandonado el manto con que sus huesos se cubrían y se hizo un ropaje holgado que le cubriera hasta los hombros.

Andaba absorto, caminando hacia la Sabiduría, sabiendo que la hallaría, pero ignorando dónde.

Cuando el hambre le volvía en sí, pedía limosna.

Y no pronunciaba palabra alguna. No recogían sus ojos la belleza de las estaciones ni se perturbaba su carne al sentir la lluvia o el rayo de fuego solar.

Finalmente, llegó ante un grueso árbol, cuyas ramas bajas se inclinaban, polvorientas, hasta el suelo y supo que allí le sería dada la sabiduría.

Lo rodeó siete veces, desafiando a los dioses: «No me moveré de aquí hasta que sepa».

Recogió una brazada de las hojas caídas, las apiló y se sentó sobre ellas en la postura que tan familiar nos es a través de la iconografía: su mano derecha tocaba el suelo, como para no perder el contacto con esa tierra habitada por los hombres a quienes había que instruir.

No se sabe el tiempo que Buda permaneció así.

Probablemente el tiempo se detuvo. Mará, dios maligno e inteligente, que comprendió el peligro de esa detención, diluvió sobre el contemplativo toda clase de Tentaciones y precipitaciones «celestiales».

Finalmente le envió a sus seductoras hijas, imagen viva de la concupiscencia.

Se cuenta que, así como Sidarta recibió impasible el rayo, el granizo, la lluvia y el fuego (a veces protegido con el cuerpo de los buenos espíritus), cuando notó la presencia de las lascivas danzarinas alzó sus ojos hacia ellas.

Y su mirada las convirtió en viejas arrugadas, de espantoso aspecto.

En ese mismo momento, Sidarta supo.

Era el deseo de nacer y el mismo nacimiento, lo que ocasiona el dolor.

Es, pues, menester abandonar ese deseo y sustituirlo por el de entrar, de una vez para siempre, en el Nirvana.

En tanto exista, arraigado en la naturaleza, el anhelo de volver a incorporarse a un cuerpo, se producirá la transmigración del alma y, con ella, el riesgo de empeorar de condición por una existencia nueva en circunstancias difíciles.

Superando el deseo de nacer se accederá directamente al Nirvana. Por ello es menester aprovechar la existencia actual cumpliendo puntualmente la obligación moral.

Se ve, pues, cómo Sidarta acepta el postulado básico del brahmanismo de la purificación del alma, a través de un número indefinido de existencias, cuya calidad está determinada por el mérito o demérito contraídos en la anterior.

Mara, empero, le propone — ya directamente, cara a cara — la última tentación, lógica consecuencia de la ciencia hallada.

«Aprovecha, pues, ese conocimiento y entra ahora mismo en el Nirvana.

No corras tú nuevo riesgo pretendiendo existir por más tiempo».

Pero Sidarta — de ahora en adelante será llamado «el Buda», esto es, «El Iluminado» — no abriga ya ningún temor por sí mismo. «No entraré en el Nirvana hasta que enseñe a todos los que viven la manera de hacerlo por sí mismos. Están solos, pero su soledad les es suficiente. Deben saberlo».

Y  Mará, derrotado, se retira definitivamente.

Buda vuelve al camino. Pronto reúne unos cuantos discípulos y se encamina con ellos a Benarés, la ciudad santa, donde expondrá su famosa doctrina de la vía media: «Entre el ascetismo seco y complicado y los deleites del mundo, allí, precisamente en la mitad de esa línea, está la Verdad.

No despreciéis vuestra condición actual; representa un castigo por vuestras faltas pasadas, pero puede ser el instrumento precioso para proporcionaros la entrada definitiva en Lo-Que-No-Es-Más».

Y  les dio unas reglas prácticas de vida pura, cuyo eje estaba, precisamente, en respetar toda vida, pues en ella radicaba siempre una posibilidad de entrar en el Nirvana.

La predicación de Buda duró casi cincuenta años. Los adeptos se multiplicaron.

Hasta su esposa e hijo se convirtieron en discípulos.

Por el contrario, encontró en los brahmanes unos enemigos irreductibles.

En ello se mezcló una vez más el cuidado por las cosas de este mundo: «Por eso, vosotros, brahmanes soberbios, no poseéis la verdad y en vano mediríais vuestra santidad con la mía».

Buda era de la casta Chatria, por pertenecer a la dinastía Sakhya, y su lengua y milagros fueron considerados como puro artificio político en beneficio propio.

La vida retirada y desprendida de los budistas convencería pronto al «pueblo» de que no había engaño posible.

Y el «pueblo», sin comprender del todo la doctrina, se rendía a la presencia humilde —y, por supuesto, taumatúrgica— del Bienaventurado, como empezó a llamársele.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Entrada: BUDA

Biografía de San Simón (Simeon) El Estilita

Biografía de San Simón (Simeon) – El Estilita

Nace cerca del año 400 en el pueblo de Sisan, en Cilicia, cerca de Tarso, donde nació San Pablo. (Estilita significa: el que vive en una columna). De pequeño se dedicaba a pastorear ovejas por los campos, pero un día, al entrar en una iglesia, oyó al sacerdote leer en el sermón de la Montaña las bienaventuranzas, en el capítulo 5 del evangelio de San Mateo. Se entusiasmó al oír que Jesús anuncia: «Dichosos serán los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios». Se acercó a un anciano y le preguntó qué debería hacer para cumplir esas bienaventuranzas y ser dichoso. El anciano le respondió: «Lo más seguro seria irse de religioso a un monasterio».

san simeon

Se estaba preparando para ingresar a un monasterio, y pedía mucho a Dios que le iluminara qué debía hacer para lograr ser santo e irse al cielo, y tuvo un sueño: vio que empezaba a edificar el edificio de su santidad y que cavaba en el suelo para colocar los cimientos y una voz le recomendaba: «Ahondar más, ahondar más». Y al fin oyó que la voz le decía: «Sólo cuando seas lo suficientemente humilde, serás santo».

A los 15 años entró a un monasterio y como era muy difícil conseguir libros para rezar, se aprendió de memoria los 150 salmos de la S. Biblia, para rezarlos todos cada semana, 21 cada día.

Se le considera el inventor del cilicio, o sea de una cuerda hiriente que algunos penitentes se amarran en la cintura para hacer penitencia. Se ató a la cintura un bejuco espinoso y no se lo quitaba ni de día ni de noche. Esto para lograr dominar sus tentaciones. Un día el superior del monasterio se dio cuenta de que derramaba gotas de sangre y lo mandó a la enfermería, donde encontraron que la cuerda o cilicio se le había incrustado entre la carne. Difícilmente lograron quitarle la cuerda, con paños de agua caliente. Y el abad o superior le pidió que se fuera para otro sitio, porque allí su ejemplo de tan extrema penitencia podía llevar a los hermanos a exagerar en las mortificaciones.

Se fue a vivir en una cisterna seca, abandonada, y después de estar allí cinco días en oración se le ocurrió la idea de pasar los 40 días de cuaresma sin comer ni beber, como Jesús. Le consultó a un anciano y éste le dijo: «Para morirse de hambre hay que pasar 55 días sin comer. Puede hacer el ensayo, pero para no poner en demasiado peligro la vida, dejaré allí cerca de usted diez panes y una jarra de agua, y si ve que va desfallecer, come y bebe.» Así se hizo. Los primeros 14 días de cuaresma rezó de pie. Los siguientes 14 rezó sentado. Los últimos días de la cuaresma era tanta su debilidad que tenía que rezar acostado en el suelo. El domingo de Resurrección llegó el anciano y lo encontró desmayado y el agua y los panes sin probar. Le mojó los labios con un algodón empañado en agua, le dio un poquito de pan, y recobró las fuerzas. Y así paso todas las demás cuaresmas de su larga vida, como penitencia de sus pecados y para obtener la conversión de los pecadores.

Se fue a una cueva del desierto para no dejarse dominar por la tentación de volverse a la ciudad, llamó a un cerrajero y se hizo atar con una cadena de hierro a una roca y mandó soldar la cadena para no podérsela quitar. Pero varias semanas después pasó por allí el Obispo de Antioquía y le dijo: «Las fieras sí hay que atarlas con cadenas, pero al ser humano le basta su razón y la gracia de Dios para no excederse ni irse a donde no debe». Entonces Simeón, que era humilde y obediente, se mandó quita la cadena.

De todos los países vecinos y aun de países lejanos venían a su cueva a consultarlo y a pedirle consejos y las gentes se le acercaban para tocar su cuerpo con objetos para llevarlos en señal de bendición, y hasta le quitaban pedacitos de su manto para llevarlos como reliquias.

Entonces para evitar que tanta gente viniera a distraerlo en su vida de oración, se ideó un modo de vivir totalmente nuevo y raro: se hizo construir una columna de tres metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Después mandó hacer una columna de 7 metros, y más tarde, como la gente todavía trataba de subirse hasta allá, hizo levantar una columna de 17 metros, y allí pasó sus últimos 37 años de su vida.

Columna se dice «Stilos» en griego, por eso lo llamaron «Simeón el estilita».

No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba rezando. Unos ratos de pie, otros arrodillado y otros tocando el piso de su columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil inclinaciones de cabeza. Un sacerdote le llevaba cada día la Sagrada Comunión.

Para que nadie vaya a creer que estamos narrando cuentos inventados o leyendas, recordamos que la vida de San Simeón Estilita la escribió Teodoreto, quien era monje en aquel tiempo y fue luego Obispo de Ciro, ciudad cercana al sitio de los hechos. Un siglo más tarde, un famoso abogado llamado Evagrio escribió también la historia de San Simeón y dice que las personas que fueron testigos de la vida de este santo afirmaban que todo lo que cuenta Teodoreto es cierto.

Las gentes acudían por montones a pedir consejos. El les predicaba dos veces por día desde su columna y los corregía de sus malas costumbres. Y entre sermón y sermón oía sus súplicas, oraba por ellos y resolvía pleitos entre los que estaban peleados, para amistarlos otra vez. A muchos ricos los convencía para que perdonaran las deudas a los pobres que no les podían pagar.

Convirtió a miles de paganos. Un famoso asesino, al oírlo predicar, empezó a pedir perdón a Dios a gritos y llorando.

Algunos lo insultaban para probar su paciencia y nunca respondió a los insultos ni demostró disgusto por ellos.

Hasta Obispos venían a consultarlo, y el Emperador Marciano de Constantinopla se disfrazó de peregrino y se fue a escucharlo y se quedó admirado del modo tan santo como vivía y hablaba.

Para saber si la vida que llevaba en la columna era santidad y virtud y no sólo un capricho, los monjes vecinos vivieron y le dieron orden a gritos de que se bajara de la columna y se fuera a vivir con los demás. Simeón, que sabía que sin humildad y obediencia no hay santidad, se dispuso inmediatamente a bajarse de allí, pero los monjes al ver su docilidad le gritaron que se quedara otra vez allá arriba porque esa era la voluntad de Dios.

Murió el 5 de enero del año 459. Estaba arrodillado rezando, con la cabeza inclinada, y así se quedó muerto, como si estuviera dormido. El emperador tuvo que mandar un batallón de ejército porque las gentes querían llevarse el cadáver, cada uno para su ciudad. En su sepulcro se obraron muchos milagros y junto al sitio donde estaba su columna se construyó un gran monasterio para monjes que deseaban hacer penitencia.

Señor Jesucristo; haz que como Simeón el Estilita, recordemos todos aquellas palabras tuyas: «Si no hacéis penitencia, todos pereceréis» y que nos dediquemos también a ofrecer penitencias por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Amén.

Fuente Consultada: Sitio Web hurch Forum

Grandes Profetas de la Historia Fundadores de Religiones Biografias

Grandes Profetas de la Historia

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MoisésBudaConfucioJesucristoMahoma

Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la «doctrina del amor distinguido». Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, «una complejidad acabada perfectamente», pero esto no quiere decir que no haya hombres «más altos» y «más bajos», por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: «El espíritu del hombre es justicia». Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

Pancho Ormeño Sanador Espiritual Curandenro Riojano Biografía

Pancho Ormeño Sanador Espiritual

PANCHO ORMEÑO, UN BENEFACTOR Pancho Ormeño aprendió desde chico a conocer los secretos de las plantas, las distintas cualidades que escondían celosamente esos vegetales crecidos en el pedregal o a la vera de los hilos de agua. Más tarde, frecuentando la amistad de curanderos y viejos pobladores hechos a la vida agreste, fue acumulando más conocimientos.

Pancho Ormeño

Pancho Ormeño

Algunos dicen que hasta le transmitieron parte de la sabiduría indígena, conservada por generaciones de comadres y salamanqueras. Lo cierto es que don Pancho terminó siendo un consumado botánico autodidacto, condición que unida a su célebre capacidad curativa lo convirtió en el taumaturgo más famoso de La Rioja.

Miles de testimonios hablan de su infalibilidad. «Su clarividencia era tal —escribe Teófilo Mercado— que muchas veces predecía la muerte de enfermos alejados con pasmosa exactitud…» Para curar recetaba siempre hierbas y yuyos que debían usarse para preparar tés, hacer fomentos, etcétera. Otros males los trataba con pomadas y ungüentos preparados con grasa y pelambre de animales silvestres.

Cierta vez un gobernador de La Rioja —Benjamín Rincón— quiso comprobar si detrás de tanta maravilla no había un vulgar embuste, y lo hizo ir hasta la Casa de Gobierno, donde lo enfrentó a un escéptico tribunal.

Pancho Ormeño sorprendió a todo el mundo. Anunció previamente lo que iba a hacer y ante la estupefacción genera! —utilizando dos yuyos diferentes— le provocó una epistaxis —hemorragia nasal— a un policía y de inmediato se la detuvo, sin ninguna consecuencia.

Antes de retirarse del recinto —repleto de jueces, doctores y altos funcionarios—se dirigió a un abogado presente y le dijo: «Creo que lo vide el año pasado por mis pagos. Vaya a verme otra vez. Y a ver si se me cuida los riñones». El aludido quedó preocupado y confundido; quince días después moría de nefritis aguda.

No faltaron otros escépticos que también quisieron poner a prueba los conocimientos de Ormeño. Este fue el caso de un vecino que llevó al curandero una muestra de sangre para que la analizara, alegando que era de su hermana, cuando en realidad pertenecía a una yegua. La respuesta no se hizo esperar: «Vaya y cuídemela bien a su hermana la yegua…».

El cuartel general del famoso personaje estaba en «La Cuchilla», rincón riojano al que acudían multitudes en busca de alivio y cura. Llegaban desde todos los puntos de la provincia y también de pagos más lejanos, y convertían la residencia y sus aledaños en un tumultuoso hervidero que acataba sin chistar las indicaciones de don Pancho. Ranchos improvisados, refugios levantados de la nochera la mañana, y hasta las cuevas de los cerros vecinos, eran buenos para guarecerse mientras llegaba el momento de la curación.

El benefactor casi siempre recetaba, pero a veces disponía la realización de ejercicios físicos, bailes o fiestas porque según él también la alegría era buen remedio para ciertos males.

Y así durante décadas, hasta que el 17 de octubre de 1939, cuando ya se acercaba a los noventa años de edad, la muerte se llevó al más célebre curandero que tuvo la tierra del Chacho Peñaloza. Los riojanos lo recuerdan con respeto y cariño: don Pancho Ormeño pasó su vida haciendo el bien.

Algo mas sobre Pancho Ormeño

Oraculo de Cumas Leyenda de la Sibila Profecias de la Sibila de Cumas

Oráculo de Cumas
Leyenda de la Sibila y Sus Profecías

CUMAS: LA CAVERNA DE LA ANTIGUA PROFETISA
Los colonos griegos que llegaron a Italia en el siglo VIII a.C eligieron un emplazamiento espectacular para su colonia de Cumas. En el extremo noroeste de la bahía de Nápoles, una montaña volcánica que dominaba un amplio panorama ofrecía una situación perfecta para el emplazamiento de la acrópolis, defendida en sus alrededores por el mar, los lagos, los bosques y las montañas.

Aún pueden verse restos de los muros de esta acrópolis en su punto más elevado, el templo de Júpiter, antiguo enclave referencial para los navegantes. Estas ruinas corresponden a un templo del siglo V a.C, reconstruido bajo el mandato del emperador romano Augusto (27 a.C-14 a.C), que en el VI fue convertido en iglesia cristiana. En el descenso se aprecian la base y los contornos del templo de Apolo, de origen más incierto. Y aún más abajo es dable hallar la cueva de un oráculo sumamente famoso, la sibila de Cumas.

Oráculos del mundo antiguo
Mujeres capaces de predecir el futuro aparecen en las tradiciones de muchos pueblos, pero pocas gozaron de tanta fama en la antigüedad como la sibila de Cumas. Desde tiempos muy remotos, los habitantes de Asia occidental recitaban versos considerados como declaraciones oraculares de profetisas llamadas Sibyllai.

Se desconoce el significado original de la palabra sibila, aunque según la leyenda se cree que fue el nombre de una vidente de Marpeso, cerca de Troya, que enunciaba sus oráculos en forma de acertijos, escribiéndolos en hojas de plantas. Lo cierto es que la tradición de las sibilas fue trasmitida a los griegos, y de ellos a los romanos, localizándose en lugares concretos. Con el tiempo, sibila se convirtió en un término genérico, aplicado a muy distintas profetisas. El autor romano Varrón (116-27 aC) cita diez, repartidas por todo el mundo, entre las que destacaba la de Cumas.

Se ignora si existió realmente en Cumas una persona concreta que fuera la sibila, pero en tiempos del Imperio romano se mostraba su tumba a los visitantes del templo de Apolo.

Según la tradición griega, a las sibilas se las consideraba relacionadas con Apolo, dios de la profecía: en el oráculo de Delfos, en Grecia, la profetisa, llamada pitia o pitonisa, era sacerdotisa de Apolo. Masticaba hojas de laurel —el árbol de Apolo— para sumirse en trance profético, o bien se sentaba en Un trípode sobre una grieta del terreno con el propósito de inhalar vapores volcánicos tóxicos. Sea cual fuere el método empleado, se creía que el dios era su inspiración directa, enunciando a través de ella sus ambiguos oráculos.

Al igual que Delfos, Cumas ocupa una zona de actividad volcánica, los Campi Flegri, al oeste de Nápoles, donde acudían los romanos patricios atraídos por las caldas construidas alrededor de los manantiales termales deBaia. Y al igual que el oráculo de Delfos, la sibila de Cumas guardaba relación con Apolo. Según los poetas romanos, procedía de Oriente, y Apolo le ofreció lo que deseara si accedía a ser su amante.

Ella pidió tantos años de vida como granos hubiera en un puñado de tierra, que resultaron ser mil. Pero olvidó reclamar la juventud eterna, de modo que fue envejeciendo y aminorándose hasta que, agobiada por la edad, se encerró en una vasija que hizo colgar en Cumas. Cuando los niños le preguntaban en griego cuál era su mayor deseo, su única respuesta era «Quiero morir».

Las ruinas de Cumas, la más antigua colonia griega en Italia, se hallan a unos 20 Km. al noroeste de Nápoles. Protegida por defensas naturales, Cumas llegó a controlar una de las zonas más fértiles de Campania.La sibila de Cumas era el oráculo más famoso del mundo antiguo, pero no el único. Los había en Libia, Delfos y otros lugares.


La sibila de Cumas, empuñando una rama de muérdago en la mano izquierda, guía a Eneas a la entrada del más allá (Eneas y la sibila, pintura de J. M. W. Turner). El muérdago o Rama Dorada estaba consagrado a Proserpina, diosa romana del mundo de ultratumba. El poeta romano Virgilio describió tal entrada como «una caverna profunda, de boca amplia y muy grande, de suelo rugoso, defendida por un oscuro lago y bosques sombríos».

El ingreso al más allá
El culto de Apolo era nigromántico, dedicado a los difuntos y al otro mundo. En el sexto libro de La Eneida, de Virgilio, escrita entre el 29 y el 19 aC, la sibila de Cumas aparece como guía al más allá. Eneas, el héroe troyano, acude en consulta a su santuario, «una caverna enorme y oscura» situada bajo el templo de Apolo. Ella le entrega la Rama Dorada, credencial mágica para el más allá, y luego les guía, a él y a sus hombres, a las puertas del mismo, en el lago Averno.

Este enigmático lago, a sólo 4 Km. de Pozzuoli, se sigue llamando Averno. Rodeado en otros tiempos de bosques sombríos, que plasmó con mágico estilo el pintor Turner, en la actualidad presenta un aspecto diferente debido a las erupciones volcánicas y a las urbanizaciones. A pesar de ello, sigue siendo un paraje cautivador, un lago profundo y sulfuroso que llena el cráter de un volcán, y cuyos vapores letales, según la tradición, impiden que los pájaros lo sobrevuelen. Al parecer, a este fenómeno debe su nombre, que podría derivarse del griego adornos, «carente de pájaros».

¿Qué lugar ocupa la cueva de la sibila?
En la acrópolis de Cumas existía una cueva considerada tradicionalmente como la de la sibila. Sin embargo, al realizarse excavaciones (en los años 20) se descubrió que su tamaño era mayor de lo que se pensaba, una enorme galería de 183 m, con aberturas para iluminación y cisternas de agua adosadas. Esta galería atravesaba la colina hasta el otro extremo, identificándosela de inmediato con unas instalaciones militares construidas por orden del general romano Agripa (c 63-12 a.C).

En 1932 se descubrió en las cercanías otra caverna, que los arqueólogos identificaron como la de la sibila. Se accede a ella a través de una galería de 107 m de longitud; Hay, además, otras 12 galerías laterales más cortas, que se abren en la ladera de la colina y que sirven de iluminación.

La galería principal termina en un vestíbulo con un par de bancos de piedra. Le sigue una cámara abovedada. Quizá los visitantes aguardaran sentados en aquellos bancos para consultar a la sibila, oculta al otro lado de la puerta que separaba el vestíbulo del santuario interior. O probablemente se encontraran en un estado de exaltación anticipada, pues durante el día las franjas alternas de luz y oscuridad producidas por las galerías laterales hacían que la persona que acudía desde el interior hiciera su aparición y se ocultase sucesivamente.

Las galerías de iluminación podían también impresionar de otro modo a los visitantes del santuario. Al igual que otras aberturas encontradas en oráculos como el de Malta, éstas podían producir el estudiado «efecto especial» que describe Virgilio: «Una gran ladera taladrada y perforada cien veces, con cien bocas de voces susurrantes que trasmiten las respuestas de la sibila.»

Hacia 1932 se suponía que este hallazgo era definitivo; más aún, se sigue exhibiendo como «la cueva de la sibila». Pero ¿lo es realmente? El santuario de la sibila de Cumas fue venerado en todo el mundo griego desde los siglos VI o V a.C, pero la mayor parte de lo que puede visitarse en la actualidad corresponde a un periodo algo posterior.

Prácticamente no hubo hallazgos paralelos, que confirmaran o negasen el carácter religioso de la caverna, y algunos arqueólogos opinan que deben ampliarse las investigaciones. Sin embargo, próximos a la entrada de esta caverna, resulta fácil imaginar a Eneas, temeroso cuando la sibila, «desde su santuario, entonó sus enigmas, provocando ecos en la caverna…»

Consejo de Indias Instituciones Españolas Para Gobernar América

Consejo de Indias: Instituciones Españolas Para Gobernar América

INSTITUCIONES DE GOBIERNO QUE FUERON CREADAS EN ESPAÑA PARA EL GOBIERNO DE AMÉRICA

Después del descubrimiento de América y ante la necesidad de legislar y resolver los, asuntos relativos al Nuevo Mundo, se crearon funcionarios y organismos con sede en España (metropolitanos) o en América (locales o residentes).

Consejo de Indias: Después del primer viaje de Colón, la reina Isabel encomendó la organización de las expediciones siguientes y las cuestiones relacionadas con el Nuevo Mundo a Juan de Fonseca, obispo de Burgos. Era miembro del Consejo de Castilla, que ejercía las funciones de consejo privado de la Reina.

Muerta Isabel, Fonseca fue llamado por Fernando para que continuase rigiendo los asuntos de Indias; con este objeto se habilitó una de las las que ocupaba el Consejo de Castilla.

En 1524. Carlos I nombré a fray García de Loaysa presidente del consejo de Indias, organismo separado del Consejo de Castilla, y creado ese año. Subsistió hasta que la Constitución de Cádiz de 1812 lo emplazó por un Consejo de Estado. El Consejo de Indias tuvo jurisdicción suprema  en todos los asuntos relativos al Nuevo Mundo.

consejo de indias

Composición: Tenía su sede en Madrid , estaba compuesto por un presidente (con voz y voto, excepto en asuntos judiciales) cinco ministros, que después se aumentaron progresivamente hasta llegar a catorce; un gran canciller, que poseía el sello real, dos secretarios, un tesorero, cuatro contadores.- Sufrió algunas modificaciones durante los reinados de Felipe V y Carlos III, pertenecientes a la Casa de Borbón.

Los principales asuntos en que entendía el Consejo eran:

a) Funciones legislativas: formulaba las leyes y ordenanzas, examinaba las dictadas por las autoridades residentes en América, aprobaba o rechazaba las medidas eclesiásticas tomadas por el Papa.

b) Funciones administrabas: estudiaba y proponía al rey los nombramientos de funcionarios, cuya carrera administrativa generalmente respetaba.

c) Funciones militares: dentro de su seno se formó una Junta de Guerra. Resolvía los asuntos de guerra, la distribución de raciones, la organización de flotas armamentos para las Indias.

d) Funciones sociales: se preocupó por mejorar la situación de los indios mediante disposiciones que humanizaban su condición, pero que en la práctica muchas veces fueron pasadas por alto.

e) Funciones judiciales: entendía en los juicios de residencia, que se entablaban a toda persona que hubiera desempeñado en América funciones ejecutivas y cesara en ellas, en los asuntos de contrabando que habían sido juzgados en primera instancia por la Casa de Contratación, juzgaba en apelación los asuntos eclesiásticos, era juez en segunda instancia en y los pleitos enviados por las Audiencias americanas, siempre que el valor de los mismos fuera superior a seis mil pesos fuertes.

Legislación — Se legisló para América teniendo en cuenta las necesidades de un momento o de una región, estableciendo nuevas leyes. implantando las que ya regían en el derecho castellano  o adoptando las que poseían los indígenas antes del descubrimiento.

Después fue necesario reunirlas a todas en un solo cuerpo y seleccionadas, desechando las que habían sido derogadas y agrupando las restantes por asuntos. Para cumplir esto, en diferentes ocasiones, se intentó recopilaras. En 1680 fue promulgada por Carlos lila Recopilación de las Leyes de Indias.

Estas funciones variaron con el correr del tiempo. Algunas de ellas fueron luego pasadas a otros organismos (como la Junta de Guerra, creada en el siglo XVII) y en el siglo XVIII la centralización realizada por los Borbones le quitó gran parte de su poder. El Consejo de Indias fue abolido en 1812 y restaurado en 1814. Se lo suprimió definitivamente en 1834.

LA CASA DE CONTRATACIÓN Y EL CONSEJO DE INDIAS: En España, el Consejo de Indias y la Casa de Contratación eran los máximos organismos de la administración política y comercial de América. La Casa de Contratación, creada en 1503, centralizaba el comercio entre las Indias y España, controlaba los pasajeros y las mercaderías que partían hacia América, contabilizaba los tesoros americanos y atendía los pleitos.

También se ocupaba de la confección de mapas y cartas de navegación -sobre la base de los estudios geográficos de las nuevas tierras- y del desarrollo de instrumentos náuticos.

El Consejo de Indias, creado en 1524, atendía todos los aspectos relacionados con la administración colonial: proponía funcionarios al rey y controlaba sus gestiones, elaboraba la legislación destinada a las Indias y actuaba en asuntos de justicia.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Las Comadronas Medicina Popular Ayuda a Dar a Luz Funcion Social

Las Comadronas – Medicina Popular

LAS «MADAMAS» o «COMADRONAS»
Siempre en el campo correntino, vamos a ocuparnos ahora de las mujeres que ayudan a bien nacer: las parteras empíricas, madamas, o comadronas. Su situación varía. Allí donde se carece totalmente de servicios sanitarios, reinan soberanas.

Donde hay algún tipo de control, esa soberanía está, un tanto coartada por el médico. Así, hay zonas críticas en las que se establece un compromiso entre ambos tipos de medicina: la tradicional y la oficial.

A veces el médico improvisa partera a una enfermera. Otras, a falta de pan … acepta la colaboración de las comadronas empíricas, en ocasiones analfabetas. Se dice entonces que la partera está «accionada» por el médico.

Tal lo que ocurría en Monte Caseros, en julio de 1965. El facultativo procuraba introducir algunas normas de asepsia, como hacer que las mujeres lavasen sus manos con alcohol antes de actuar, pero no podía exigirles el uso de guantes. Se hubieran sentido atadas con ellos. Establecía asimismo que ante ciertas anormalidades lo llamaran. Un pacto cordial para suplir deficiencias de las dos partes.

comadronas

Como de costumbre, vamos a encontrar siempre junto a la simple maniobra o precaución, la recurrencia a la magia, la creencia supersticiosa. Con el embarazo, por ejemplo, que se reconoce por la ausencia de menstruación. Si ésta continúa, señal de que va a nacer una niña, pues «se lava la cara».

Hay otras formas de conocer el sexo del nonato. Si se mueve al segundo mes, varón; si a los cuatro, mujer. La ciencia dice no, pues es justamente después del cuarto mes cuando aparecen movimientos fetales. Los anteriores no existen, son pura sugestión de la mujer ansiosa. Otros signos son la hinchazón (edema generalizado) de la madre, que augura varoncito, lo mismo que el vientre en punta de la embazarada o la ubicación del feto sobre el lado izquierdo.

El vientre redondeado o el feto a la derecha, indican una futura nena. También si el trabajo de parto comienza tres días antes de la fecha calculada o durante la luna nueva o menguante. El varón llega si dicho trabajo ocurre después de la fecha prevista o durante la luna llena creciente.

En los cuidados a que debe someterse la mujer embarazada, se percibe de nuevo ese maridaje entre elementos efectivos y mágicos. Se trababa como siempre, evitando las tareas pesadas en los dos últimos mesas de la gestación. No se puede, eso sí, tejer «crochet» con dos agujas o coser a máquina, ni tampoco pasar por debajo de un alambrado.

Esas precauciones evitarán que el cordón umbilical se enrede en el niño. Por analogía, en la dieta se trata de no comer hígado ni tripa de vaca, que hacen crecer la placenta, ni tampoco embutidos que producen igual efecto en el cordón umbilical. Otro tanto, más el endurecimiento de la bolsa de las aguas, sucede si se come hígado, achuras o mondongo sin desgarras previamente con un tenedor sus membranas. El pan seco o la galleta, secan las aguas, y el exceso de vino produce hemorragias.

Todo encierra cierto peligro para la mujer que va a dar a luz. El huevo hará que el niño nazca pegado a las membranas, el riñon provocará lunares. El hígado asegura hijos rubios, y la morcilla, negros. La ropa de la embarazada debe ser suelta, y la higiene, la normal. En verano se aconseja no exagerar el baño, que —se piensa— debilita a la criatura.

Desde el vientre de su madre, el niño ya pide cosas. Son los antojos, y el no satisfacerlos puede provocar la pérdida del niño o que éste nazca con la boca abierta o la representación, en su lengua, de lo deseado. Es el niño también, el culpable de muchos trastornos de su madre.

Si tiene mucho cabello, le producirá acidez (agries o ardor) a ésta. Cuando no le gusta una comida, la madre se ve obligada a vomitarla. A medida que se aproxima el parto, la comadrona ve aumentar su trabajo. Ante una pérdida de sangre, coloca la mano sobre el vientre de la embarazada y procura frenarla con esta oración:

Sangre, tente en ti como Cristo
se detuvo en sí.
Sangre, tente en las venas, como
Cristo se detuvo en la cena.
Sangre, tente en el cuerpo, como
Cristo se detuvo en el Huerto.

La señal de la Cruz, un Padrenuestro y un Ave María completan el ensalmo.
¿Y si no se detiene la hemorragia?
«Se llama al médico», respondió la partera empírica ante la pregunta de la investigadora.

Diversas maniobras se practican para mejorar la posición del feto, si éste «viene mal». Con sacudidas y las manos, acomodan el útero. Si el feto se presenta de nalgas, se pone a la embarazada con la cabeza hacia abajo, apoyando las manos en el suelo, mientras otra persona la sujeta con una faja por la cintura. Se sacude entonces el cuerpo de la mujer, para que el hijo se dé vuelta.

En ocasiones, el parto se demora, y hay que acelerarlo. Una imagen de San Ramón, protector de la maternidad, sobre el vientre, ayuda. O una vela invertida dedicada al mismo santo, bajo la cama. El chico nacerá antes o al apagarse la vela. Y son muy efectivas, se dice, las «medidas» de imágenes sagradas.

Se las toma sobre una cinta, que se atará luego al vientre de la embarazada, la Virgen de Itatí y la de los Remedios son buscadísimas por quienes quieren tomar sus medidas para utilizarlas mágicamente. La futura madre anda levantada hasta  el momento en que se rompe la bolsa u de las aguas, ya que así el niño nacerá más ligero.

Al rasgarse las membranas, la mujer se acuesta o sienta, para que el niño no se caiga. El parto sentado es el más frecuente y en ese sentido las parteras corre i tinas se han adelantado al sillón obstétrico que en algunas clínicas constituye la última novedad.

Por cierto que la embarazada campesina no tiene asiento tan cómodo, sino u banquito bajo o —mucho mejor— un calavera de caballo. Si no se consigue, es bueno por lo menos un írozi de ésta colocado bajo el asiento. La creencia se basa en la gran facilidad para parir que tienen las yeguas. El dolor es admitido como inevitable Dios así lo dispuso.

Apenas si puede tratarse de paliarlo prodigando un trato cariñoso a la parturienta y satisfaciendo todos sus deseos. Hay que darle todo lo que quiera comer o beber, «aunque sea un poquito». Ubicada en su asiento, la mujer se prepara para pujar. Apoya las rodillas en el suelo y se toma las piernas. Detrás de ella, alguien la sostiene por la cintura. La partera aguarda, lista.

Si la bolsa de aguas no se ha roto, un poco de sal fina caliente en el dedo o un grano de sal gruesa bastan para que, con un simple toque, se rasguen las membranas, tratando de evitar que el líquido amiótico llegue a los ojos de la partera, pues se supone que si esto sucede, quedará ciega. Nunca, eso sí, se realiza esta operación fuera del tiempo que la obstetricia oficial prescribe. No en balde la ciencia mayor es hija de la vieja empina, su a veces despreciada maestra.

El tacto se practica con las manos muy limpias y mojadas en aceite comestible. Este tiene la función de lubricar la -zona por donde saldrá el niño y la cabeza de éste, para que resbale más fácilmente. El cordón umbilical se corta de inmediato, salvo en zonas donde la partera trabaja «accionada» por el médico y su paciente esta acostada, donde se espera la expulsión de la placenta.

La comadrona ata un hilo a unos tres centímetros de distancia del niño, sobre el cordón. En el otro extremo de éste se ata una cinta que se sujeta a la pierna de la madre (la derecha si el recién nacido es varón, la izquierda si es mujer) para evitar que el cordón «vuelva adentro».

Es frecuente que la partera trabaje con su cigarro de hoja en los labios que, después del corte del cordón, usará para quemar su punta. Para lo mismo sirve una cuchara caliente. De esta forma, se practica una primitiva cauterización de la herida. Por cierto que la partera, para poder cortar el cordón, no tiene que haber, tenido relaciones ese día.

En tal caso, se piensa, actuaría como un veneno sobre el niño y a ese motivo se deben muchas infecciones y trastornos. Nuestra profesional tiene ayudantes, por lo general, vecinas. El padre, muy pocas veces, solo en caso extremo, pues el pudor hace que las mujeres nieguen toda participación al marido en el trance.

Berreando ya el crío, se espera o ayuda al «sobreparto», la expulsión de la placenta, o alumbramiento. Masajes en el vientre o los dedos en la garganta para provocar arcadas son algunos recursos para que la mujer contraiga los músculos abdominales y ayude a la expulsión. Para el mismo fin es bueno hacerle soplar en una botella.

También se buscan auxilios mágicos: poner sal en los puños de la puérpera, manteniéndolos a los costados del vientre; colocarle el sombrero del marido al revés; poner a la mujer al revés, con los pies en donde antes estaba su cabeza o recurrir, vela mediante, al auxilio de San Ramón.

La placenta en ocasiones se tira. Otras, se la entierra bajo la gotera del rancho, con el cordón hacia arriba, para que en el próximo parto no haya problemas.

Dos o tres días después, cicatrizados o saturados según los casos los posibles desgarros, la madre reinicia su vida normal. Si bien el cordón umbilical se ha roto, no por ello se ha separado totalmente de su hijo.

Cierta relación mágica los une, y las cosas que haga con su cuerpo pueden afectar al pequeño. Bañarse, por ejemplo. Si tuvo una nena podrá limpiarse sí, pero evitará el baño por treinta días, y por cuarenta si es varón. Los varoncitos, se dice, son mucho más delicados. Llega el momento de amamantar, y hay cocimientos o infusiones que ayudan a tener mucha leche, así como el «peinarse» los pechos, pasando un peine desde la base hacia el pezón. El agua, el alcohol, el aceite y la grasa intervienen en el cuidado de estos últimos, que no deben agrietarse.

¿Y el recién nacido? A veces lo bañan, otras le limpian solo la cabeza y le echan en los ojos una gotita de limón. Se lo entalca, y sobre el ombligo colocan un trozo de tela blanca empapado en alcohol que sujetan con el ombliguero.

En ciertos lugares, en lugar de talco se usa yerba mate tostada que, según mentas, evita que el pequeño sufra de los intestinos o se empache. Para prevenir la hernia, una vez caído el cordón, se sujeta una moneda de cobre envuelta en gasa sobre el ombligo. Si a la caída del cordón el ombligo no cicatrizara, lo mejor es espolvorearlo con … suifatiazol. ¡No solo de ensalmos vive la medicina popularl

Los gurises maman hasta grandes, y cada vez que lloran. A veces hasta con dos o tres años y aun después, pues se cree que la leche materna sienta bien como digestivo, después de las comidas. Su ropa es la corriente, con la infaltable faja para que no desarrollen demasiado vientre o se les arqueen las piernas.

Existen, además, otras precauciones. Llegado al mundo deberá enfrentar eso que todos temen, indios y criollos, argentinos o inmigrantes: el mal de ojo. De ahí el cordoncito rojo, y otra costumbre que tiene, además, la ventaja de asegurar al pequeño éxito con el sexo opuesto cuando llegue a grande.

Es el sahumerio de almohada, colchón y ropa de cama con el humo de un nidito de colibrí quemado al efecto. Las plumas de esa ave en la gorrita o las costuras de la ropa, tienen también efectos protectores.

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Fuente Consultada: La Medicina Popular – Tomo 87 – La Historia Popular

Biografia de Ceferino Namuncura Vida y Obra del Santo

Biografía de Ceferino Namuncura – Vida y Obra

BIOGRAFÍA DE CEFERINO NAMUNCURA:
Por Pablo Salvador Fontana. *

Ceferino NamuncuráBenedicto XVI declaró beato a Ceferino Namuncurá, porque una mujer con cáncer de útero imploró su intercesión y se curó sin que la “Ciencia” pudiera explicar cómo ni por qué.

Un segundo milagro lo hará santo. Ni la información eclesiástica ni los artículos que salen en la prensa nacional sobre la decisión del papa, agregaron una palabra sobre las relaciones que siempre hubo entre la oligarquía argentina y la Santa Sede, ni del proceso social y económico que llevó al “indiecito bueno” de las tolderías de la Patagonia hasta Roma y luego de su muerte, a los altares.

Un poco de Historia:

En 1934, año del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, la Santa Sede agradeció “la generosidad del salesiano Adolfo

 Tornquist”, que permitió erigir “con dinero argentino” el instituto Pío XI de Roma. Dos años antes el rector de la Universidad Pontificia Gregoriana rindió homenaje de gratitud a “los hijos de la noble Nación Argentina” que “ocupan el primer lugar sobre todos los demás benefactores”.

Ambos reconocimientos fueron comunicados a la Cancillería por el embajador de entonces, Carlos de Estrada.

La fortuna familiar del sacerdote Adolfo Tornquist provenía de la guerra al indio del último cuarto del siglo XIX, precursora de la guerra sucia militar contra la sociedad argentina del siglo XX.

Con una y otra se consolidaron grupos de poder decisivos y nuevas formas de inserción en el mercado mundial.

División Internacional del Trabajo hacia finales del siglo XIX, donde estas tierras se incorporaban al mercado mundial como principales productoras de materias prima, en una y luego en la tercera fase expansiva del capitalismo, argentina se incorpora al mercado financiero mundial como un lugar donde valorizar depósitos financieros, en la otra.

Los capellanes católicos que acompañaron a las tropas partieron en el mismo tren que el ministro de guerra Julio A. Roca y su Estado Mayor. El Salesiano Santiago Costamagna confió sus preocupaciones al creador de la sociedad de San Francisco de Sales, Juan Bosco, por el uso de medios tan poco evangélicos como las armas: “Es necesario adaptarse por amor o por la fuerza. En esta circunstancia la cruz tiene que ir detrás de la espada. ¡Paciencia!”

Demasiada paciencia: Costamagna envió esta carta después de conocerse que un regimiento comandado por uno de los hermanos de Roca fusiló a más de medio centenar de indígenas, en los que el diario La Nación calificó como “crimen de lesa humanidad”.

Los estudios de la antropóloga Diana Lenton sobre partes militares y diarios de la época también dan cuenta de la violación sistemática como arma de guerra, la prostitución forzada como botín de guerra de los soldados, la entrega de las mujeres y los niños como sirvientes a las principales familias porteñas.

Uno de los capellanes salesianos que llegaron al Río Negro para catequizar a los vencidos consignó: “La miseria en que los encontré es algo impresionante!”. Una foto tomada en 1879 en el Fortín Puan simboliza el ambiguo rol de la Iglesia. De un lado posan en sus uniformes (que en la placa se ven grises) Roca y sus coroneles y del otro, solitario y el único con vestimentas blancas, el cacique Pichi Huinca.

Entre ambos el riguroso negro eclesiástico, el obispo Mariano Espinosa y el presbítero Costamagna. En 1883, el salesiano Domingo Milanesio y su colega Giuseppe Fagnano denunciaron los “agravios a las garantías de los vencidos”, pero sólo en cartas que enviaban a Italia, mientras en el país actuaban como parte de un “bloque civilizador” unido.

Según Roca los ahora desolados campos de convertirán en pueblos florecientes en los que millones de hombres vivirán ricos y felices. Ricos y felices vivieron menos de dos mil personas, entre ellas, altos jefes o proveedores del Ejército, como el propio Roca y sus hermanos Ataliva y Rudesindo, y el ingeniero belga Ernesto Tornquist.

Las tierras así despobladas se repartirán “en concesiones fabulosas de treinta y más leguas” que caerían bajo “las garras de favoritos audaces”, que formarían el núcleo de la oligarquía, como cuenta en sus memorias el comandante Pablo Prado.

Esto condicionó el desenvolvimiento posterior de la sociedad y la economía, porque la tierra también quedó fuera del alcance de los inmigrantes atraídos por el programa de Sarmiento y Alberdi. No hubo colonización agrícola de pequeñas propiedades que producen para el mercado interno como en Estados Unidos, sino un gran latifundio dedicado a la exportación hacia el mercado mundial.

Tornquist participó en cada etapa de ese programa: su empresa de transporte Villalonga condujo de ida la provisiones para los soldados expedicionarios que conquistaron esas tierras y llevó de vuelta a los indígenas ranqueles como mano de obra esclava a los ingenios azucareros de la oligarquía de Tucumán.

También construyó el ferrocarril de Tucumán a Rosario y financió la construcción del puerto de Rosario, para exportar el azúcar producido en esa condiciones. Cuando Roca fue presidente le brindó tres ministros de Hacienda que eran gerentes de su empresa.

La administración de Tornquist , instalada en uno de los pueblos que se fundaron durante la campaña, recibió la asistencia espiritual de los salesianos. El sacerdote Domingo Milanesio celebraba la misa, predicaba, confesaba, administraba los sacramentos y catequizaba en la sala más amplia de la sede empresarial.

El propio Roca asistió a la bendición de una capilla construida por Ernesto Tornquist, uno de cuyos descendientes ingresó a la orden de Don Bosco. Milanesio había sido el mediador de la rendición del cacique Manuel Namuncurá a Roca, quien le concedió ocho hectáreas de tierra y el grado de coronel.

Su hijo Ceferino inició una carrera religiosa en Viedma y en Buenos Aires, bajo la orientación del salesiano Juan Carlos Cagliero, con quien luego viajó a Roma. Su propósito era proseguir sus estudios y tratarse de la tuberculosis, una de la enfermedades contagiadas a los pueblos originarios por soldados y misioneros.

Morir en Italia:

Allí fue recibido por Pío IX, que le regaló una medalla. Todos los relatos hagiográficos destacan la complacencia del Pontífice al escuchar al humilde aborigen expresarse en italiano. Ceferino agonizó sin quejarse y murió en 1905, a los 18 años. Sus restos fueron repatriados en 1924 por gestión del salesiano Adolfo Tornquist, hijo de Adolfo y donante para la construcción de algunos de los “más suntuosos edificios modernos de Roma”, según el admirativo comentario del embajador Estrada.

Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires los despojos de Namuncurá fueron conducidos de regreso a la Patagonia por la empresa familiar de los Tornquist, el expreso Villalonga. Modelo de sumisión, el probable primer santo argentino es recordado por la Iglesia como “el lirio de las pampas.”

Queramos o no, conocidas o no, la trama de la historia, junto a las condiciones ideológicas de las sociedades ayudan a la conformación del bloque de poder que tratará siempre de imponer sus prerrogativas para consolidar “su” propio modelo de acumulación, el que le sea más apto para acrecentar sus ganancias.

Obviamente, este poder, no dudará en utilizar los aspectos ideológicos o de las mentalidades (religión) para asegurarse o para acrecentar ese poder, ya sea económico o político. Este caso será nada más que un episodio entre los tantos que conforman nuestra historia y no será casualidad que justamente sea Ceferino quién se elija para justificar la apropiación y el exterminio.

* Profesor de Historia

BIBLIOGRAFÍA: Vervisky, Horacio, Página 12, edición del 8 de julio de 2007.