Reinado de Felipe III de España

Biografia de Juan Jose de Austria Vida y Obra Politica

Biografia de Juan Jose de Austria-Vida y Obra Politica

Juan José de Austria (1629-1679), político y general español, hijo natural de Felipe IV. Conocido en su época como don Juan, el nombre de Juan José procede seguramente de una obra apologética, escrita por su colaborador Francisco Fabro Bremundán.

La persona de Juan José de Austria, vinculada a los hechos más dolorosos de la decadencia del poder español en Europa, fue por unos años centro de las esperanzas mesiánicas de quienes confiaban en él para salvar a la monarquía del desastre que la amenazaba.

Biografia de Juan Jose de Austria
Muerto Felipe IV, aglutinó la oposición de la alta nobleza frente a la política de la reina regente, Mariana de Austria, y sus favoritos Juan Everardo Nithard y Fernando de Valenzuela. En 1677, marchó con un ejército sobre Madrid e hizo que su hermanastro, Carlos II, le nombrara primer ministro, cargo desde el que inició importantes reformas que no pudo culminar por su temprana muerte.

Como representante de este sentimiento enfermizo del pueblo que ha perdido el Norte de su rumbo, el infante gozó de una popularidad que realmente no merecía ni por sus cualidades ni por su talento.

Pero ante la descomposición del Estado, ante la perspectiva de una larga regencia y de la privanza de un extranjero, los españoles no hallaron otro recurso que acogerse a las posibilidades que les podía brindar el hijo natural de Felipe IV y la Calderona.

Decir que Juan José de Austria no respondió a las citadas esperanzas es referirse a una observación histórica objetiva.

¿Pero quién era capaz entonces de rehabilitar la fortuna de las armas de España frente a los poderosos ejércitos de Luis XIV, apoyándose en un país empobrecido y arruinado por dos siglos de guerras en Europa y de colonización en América?.

Fruto de una de esas aventuras amorosas a que se entregó con harta frecuencia Felipe IV, Juan José nació en Madrid el 7 de abril de 1629 de la famosa actriz María Calderón.

A poco de venir al mundo, su madre se retiró a un convento.

El niño recibió una buena educación, y pese a las dudas que existían sobre su filiación, fue reconocido por Felipe IV en 1642 y beneficiado con el priorato de San Juan en Consuegra.

Recordando en la corte el nombre de don Juan de Austria, el famoso hijo natural de Carlos V, se le invistió muy pronto con misiones de gran confianza.

En 1647, a los dieciocho años de edad, fue enviado a Nápoles para so-
focar la insurrección de Tomás Aniello, lo que logró con el auxilio de buenos generales.

Desempeñó el cargo de virrey de Nápoles de 1648 a 1651, en cuya fecha regresó a España para participar en los últimos hechos de armas de la guerra de Cataluña.

Asistió al sitio y rendición de Barcelona (1651-1652) y combatió con éxito contra los franceses en Gerona.

Estas acciones, en que desempeñó el papel de pacificador, y sus modales simpáticos y agradables, le dieron una popularidad merecida.

En 1656 la corte le nombró gobernador de los Países Bajos, cargo de suma responsabilidad a causa de la guerra que dirimían Francia y España.

En el transcurso del mismo año, obtuvo al lado de Conde la victoria de Valenciennes, en cuya acción demostró innegable arrojo.

Pero dos años más tarde, Turena le derrotaba por completo en la batalla de las Dunas (14 de junio de 1658), triste preliminar de la paz de los Pirineos (1659).

Pese al fracaso de las Dunas, la corte de Felipe IV no había perdido la confianza en Juan José de Austria.

En 1661 se le confió el mando del ejército que operaba en Extremadura contra Portugal.

Al iniciarse la campaña obtuvo éxitos apreciables; pero la ofensiva no progresó debido a su indolencia.

En 1663 era derrotado en Ameixial, de modo muy grave para la causa de España. Este revés fue aprovechado por el partido de la reina Mariana de Austria para perderle.

Desposeído del mando del ejército, se retiró a Consuegra. Aquí se hallaba cuando murió Felipe IV (1665).

Desde este momento se convirtió en jefe del partido de la oposición contra el gobierno del padre Nithard privado de la regente Mariana de Austria.

Aprovechando los descalabros sufridos por España en la guerra de Devolución, redobló sus ataques contra Nithard, hasta el punto que éste decidió poner coto a sus demasías.

Pero don Juan huyó de Consuegra, se refugió en Barcelona, y desde aquí emprendió una verdadera marcha militar sobre Madrid (1669).

El pueblo le aclamaba como salvador de España. Pero a don Juan le faltó decisión y valor; se satisfizo con obtener la destitución de Nithard y con formular unas cuantas admoniciones políticas a la regente.

El 4 de junio de 1669 aceptó el cargo de virrey de Aragón con la esperanza de rehacer su partido, debilitado por sus últimas claudicaciones.

El desgobierno del Estado bajo lo privanzade Valenzuela rehizo el crédito de Juan José de Austria.

A fines de 1677, poco después de la mayoría de edad de Carlos II, fue nombrado ministro universal de la corona, triunfando sobre Mariana de Austria y Valenzuela.

Su período de gobierno fue muy breve, pues murió el 17 de septiembre de 1679 en Madrid.

Sin embargo, aun se vio obligado a firmar la Paz de Nimega (1678).

La muerte le libró de la destitución, medida que hacía prever el rápido desencanto de la gente que le había considerado dotado de poderes sobrenaturales para restaurar España.

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Historia del Reino de Castilla Resumen Siglos XIV y XV Reyes

Resumen Histórico del Reino de Castilla en los Siglo XIV y XV

Describiremos la historia de este reino, pero a partir de la muerte de Sancho IV, el Bravo, cuando su hijo Fernando en el año 1295 debe asumir al trono, pero por ser menor de edad, su madre, Doña María de Molina toma la regencia y finaliza en el siglo XV.

Si desea estudiar los años anteriores de este reino, desde su origen, puede hacerlo desde aqui:

Doña María de Molina, hubo de pelear contra los nobles ambiciosos apoyándose en el estado llano.

Una leyenda de poco crédito, a que se debe el nombre del rey, dice que por orden de éste, y sin proceso regular y sin justicia, fueron arrojados dentro de una jaula dos hermanos, Pedro y Juan de Carvajal, a los que se suponía asesinos del caballero cortesano don Juan de Benavldes.

Los condenados, a la hora del suplicio, emplazaron al rey que injustamente los castigaba para que, en el término de treinta días, compareciese ante el tribunal de Dios.

A los treinta días, en efecto, el rey fue hallado muerto (1312).

Alfonso XI, su hijo, era menor de edad, y hubo otra minoría anárquica en que fueron regentes Doña Constanza, la madre del rey, Doña María de Molina, la abuela, y otros dos personajes de la familia real. En el año 1325, el rey fue proclamado mayor de edad prematuramente.

Tenía apenas quince años, pero se mostraba sumamente severo. Uno de los personajes más revoltosos era el infante Don Juan el Tuerto, tan influyente que con su hija Constanza solicitó y obtuvo matrimonio el mismo rey.

A este infante, más tarde, el rey le mandó llamar a Toro, y, para salvar sus recelos, le dio salvoconducto y le prometió todo género de honores y ventajas. Salió a recibirle con mucho agasajo y le invitó a una comida para el día siguiente. Pero apenas entró en palacio, fue apuñalado por hombres del rey.

Ya no hubo más rebeldes con esta justicia y Alfonso XI pudo dedicarse a hacer la guerra a los moros. Los benimerines, procedentes de África, invadieron la península, derrotando la armada que, al mando del almirante Jofre Tenorio, guardaba el estrecho de Glbraltar, y poniendo sitio a Tarifa.

Alfonso XI del reino de Castilla
lAlfonso XI del Reino de Castilla

Con los reyes de Aragón y Portugal, acudió Alfonso en socorro de la plaza, y se dio, el año 1340, la famosa batalla del río Salado, en que los cristianos recogieron grandes trofeos. El rey fue luego a poner sitio a Gibraltar, y, en el cerco murió, víctima de la famosa peste negra (1350).

Alfonso XI fue rey legislador (Ordenamiento de Alcalá). En su tiempo se descubrieron las islas Canarias y se incorporó voluntariamente a Castilla la provincia de Álava.

Pedro I, apodado el Cruel, fue durante mucho tiempo rey muy popular en Castilla y figura principal en el teatro, pues sus justicias o ejecuciones se dirigieron siempre contra personas de alta alcurnia.

pedro I de castilla
Pedro I del Reino de Castilla

Comenzó a reinar (1350) encerrando a Doña Leonor de Guzmán, la favorita de su padre Alfonso XI y madre de los Trastamara, que murió luego asesinada en Talavera.

Mandó matar al noble Garcilaso de la Vega, que había promovido un motín contra el rey en Burgos (1351).

Casó con la infanta francesa Doña Blanca, pero vivió sempre con Doña María de Padilla, con la que estaba unido en secreto.

Los nobles, en unión de los Trastamara, formaron una liga contra el rey. En Toro le tuvieron preso; pero don Pedro escapó, y con crueles venganzas sofocó la sublevación.

El año 1858 acudió a Sevilla el infante y maestre de Santiago Don Fadrique, a quien Don Pedro, que le había mandado llamar, recibió placentero al siguiente día en el Alcázar donde se alojaba.

El rey dijo: «Pero Lope de Padilla, prended al maestre’, y añadió: «Ballesteros, matad al maestre de Santiago». Los ballesteros se hicieron repetir la orden, y entonces salieron tras del infante, que huía. No pudo éste desenvainar la espada y la maza de Ñuño Fernández la derribó.

El rey salió en busca de los acompañantes del maestre, y, encontrando a Sancho Ruiz de Villegas, su caballerizo mayor, que creyendo librarse había tomado en sus brazos a la infanta Beatriz, hija del rey y de Doña María de Padilla, le obligó a dejarla y él mismo le hirió con su puñal.

Dícese que a los pocos momentos comió en la cámara donde yacía el cadáver de su hermano bastardo.

El infante Don Juan de Aragón seguía al rey porque éste le había prometido el señorío de Vizcaya. Diciéndole quería dar más solemnidad al nombramiento, convocó una junta de vizcaínos en el árbol de Guernica; pero los convocados cuya voluntad había ganado Don Pedro, manifestaron no querer otro señor sino el rey de Castilla.

Fue el rey a Bilbao con el infante, que ya le seguía receloso; mandóle llamar a palacio al día siguiente y los ballesteros le mataron y arrojaron a la calle, acompañando estas palabras que el rey pronunció desde el balcón: ¡Ahí tenéis el que os pedía ser señor de Vizcaya! .

Don Enrique, que había huido a Francia, entró en España, el año 1366 al frente de las Compañías Blancas, de que era jefe Beltrán Du Guesclin. Don Pedro pasó a su vez a Francia y volvió con tropas inglesas, que acaudillaba el Príncipe Negro.

Ganó el rey la batalla de Nájera, pero sus venganzas le enajenaron el apoyo del príncipe inglés.

Volvió el de Trastamara en 1368 y llegó hasta Toledo. Don Pedro acudió en socorro de la plaza; pero se vio obligado a encerrarse en el castillo de Montiel.

Entre los que acompañaban al rey estaba el noble Men Rodríguez de Sanabria, que conocía a Du Guesclin. Salió del castillo y, entrevistándose con el francés, le ofreció grandes mercedes si salvaba a Don Pedro.

Aparentó el francés aceptar la oferta, y, avisó a Don Enrique, comunicó a Don Pedro que podía venir a su tienda, donde le facilitaría los medios para la fuga.

Al llegar Don Pedro a la tienda de Du Guesclin, encontró allí a su hermano; trabáronse de palabras y no tardaron en luchar.

Como Don Pedro hubiera derribado a Don Enrique, Du Guesclin dio vuelta al caído pronunciando las célebres palabras: Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. Y Don Pedro fue muerto por su hermano.

Tiene este rey en su haber importante labor legislativa. En las Cortes de Valládolid de 1351, por ejemplo, hizo el Ordenamiento de menestrales, con acertados reglamentos del trabajo.

Enrique II (1369), primero de la dinastía de Trastamara, ejerció al principio del reinado bárbaras venganzas contra los partidarios de Don Pedro.

Alegaban derechos a la corona de Castilla el rey de Portugal y el duque de Lancaster, casado con una hija de Don Pedro. Para lograr partidarios, Don Enrique concedió grandes franquicias y donaciones a los nobles, y también al estado llano.

Enrique II Castilla
Enrique II el «Fractricida»

Por esto ha pasado a la Historia con la denominación de el de las mercedes. Creó, por ejemplo, el título de duque, siendo el primero que lo disfrutó el de Benavente. Concedió extraordinarios privilegios y honores a los maestros.

Juan I, su hijo, fue rey el año 1379. Para acabar con las pretensiones del de Portugal, casó con Doña Beatriz, hija y única heredera del lusitano.

A la muerte de éste debía ser rey consorte de Portugal Don Juan; pero los portugueses nombraron al maestre de Avis, el cual se aseguró en el trono derrotando a los castellanos en la batalla de Aljubarrota (1385).

Enrique III el Doliente (1390), niño cuando subió al trono, víctima de sus tutores, que le hacían vivir en la más absoluta pobreza, mostró luego grandes energías y dotes de buen gobernante.

enrique iii el doliente de castilla

Enrique III el Doliente

Juan II (1406), sólo tenía dos años al morir su padre. Gobernaron como co-regentes, la reina madre, Doña Catalina, y el infante Don Fernando, hermano del rey.

Este infante lleva en la historia el nombre de Don Fernando el de Antequera, por haber sido venturoso conquistador de la población de este nombre.

El infante, a quien la hueste de Sevilla había traído la espada de San Fernando como símbolo de victoria, entró en el reino moro, y el 27 de abril de 1410 acampó a la vista de Antequera.

Los moros se reunieron en Archidona y el 6 de mayo comenzó la lucha, acometiendo los muslimes los atrincheramientos del obispo de Palencia, don Sancho de Rojas, cuyas tropas los rechazaron.

Juan II de Castilla
Juan II de Castilla

Siguió la batalla, que vencieron los cristianos, obteniendo gran botín y dispersando al ejército granadino.

En seguida se emprendió la acometida a Antequera. Se hicieron bastidas y castillos portátiles para el ataque; pero los moros destruían estas máquinas con sus tiros, principalmente con una gran bombarda que tenían en la torre del Homenaje.

Había que cegar el foso, pero cuantos se acercaban al hacerlo salían mal parados y cundía el temor.

Entonces el Infante tomó una espuerta, y pasando por entre una lluvia de balas, piedras y flechas envenenadas, llegó al borde del foso y vació la espuerta, diciendo: «Tened vergüenza y haced lo que yo hago».

Se cegó el foso y pudieron acercarse las bastidas que el alcalde de la ciudad destruyó en vigorosa salida.

Se levantó una cerca por parte de los sitiadores para incomunicar la ciudad, se privó a los sitiados de agua, se pidió a León el pendón de San Isidro para lograr el entusiasmo religioso, y el 16 de septiembre, en vigoroso asalto, los pendones castellanos y las banderas de los señores y de los concejos ondearon en los torreones y almenas de la muralla.

Quedaban por rendir el alcázar; pero, cuando ya amenazaba convertirse en escombros, rindióse, el 24 de septiembre de 1410.

Juan II fue mal gobernante. Su favorito, Don Alvaro de Luna, le sustituyó en este oficio. Era Condestable de Castilla, es decir, tenía el mando superior del ejército después del rey.

Los magnates, a cuyo frente estaban los infantes de Aragón, a saber, Don Juan y Don Enrique, llamado Impropiamente marqués de Villena, forman partido contra el favorito. Llegaron a detener al monarca y al favorito en Tordesillas y lograron que el rey desterrase a Don Alvaro.

Como los nobles se hubieran confabulado para dar muerte al rey, el conde de Rlbadeo vistió las ropas del monarca y fue cosido a puñaladas.

En recuerdo de este hecho los reyes de España regalan todos los años a los descendientes del conde de Ribadeo el traje que visten el día de la Epifanía, en el que ocurrió aquel voluntario sacrificio.

De nuevo el favorito en su puesto, logró el año 1431 vencer a los moros en la batalla de la Higuera.

El año 1445, Don Alvaro derrotó a los nobles en la batalla de Olmedo. Casado el rey en segundas nupcias con Doña Isabel de Portugal (1452), la reina alcanzó del rey orden de prisión contra el favorito.

Doce letrados del Consejo Real le impusieron la pena de muerte.

Fue ejecutado en Valládolid, en circunstancias muy dramáticas. Su cuerpo fue trasladado más tarde a la capilla que lleva su nombre en la catedral de Toledo. El rey murió poco después.

Ha de llamarse la atención sobre lo que en la historia literaria de Castilla representa el renacimiento poético de la corte de Don Juan II.

Enrique IV el Impotente (1454) guerreó contra los moros, de los cuales recuperó Don Juan de Guzmán, primer duque de Medina Sidonla, la plaza de Gibraltar, recibiendo en recompensa grandes extensiones de terreno.

Enrique IV el Impotente

Enrique IV el Impotente

Casó en segundas nupcias el rey con Doña Juana, infanta de Portugal, que al poco tiempo dio a luz una niña, conocida con el nombre de Doña Juana la Bel-traneja, por suponerse que su padre era Don Beltrán de la Cueva, caballero de la guardia de los Continuos del rey.

Formóse una liga de nobles que no querían jurar como heredera a la Beltraneja. El rey, atemorizado, dio crédito a los rumores que corrían y declaró heredero del trono a su hermano Don Alfonso.

Pero luego anuló este acto, y los nobles, reunidos en Avila, destronaron al rey en imagen y proclamaron a Don Alfonso. Murió éste a poco, y los conjurados recurrieron a la hermana del rey, Doña Isabel, que no quiso aceptar la corona en tanto viviera Don Enrique.

El cual, en recompensa, la reconoció heredera en el campo de los Toros de Guisando. Disgustado luego por haberse casado Isabel con el infante Don Fernando de Aragón, la desheredó y reconoció a Doña Juana.

El año 1474 murió el rey y dejó a Castilla amenazada de una guerra civil.

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Historia de Abderraman I Primer Emir de Cordoba

Historia del Emir Abderraman I

EL EMIRATO: Los conquistadores musulmanes permanecieron en España hasta el año 1492, fecha de la toma de Granada, su última posesión, por los Reyes Católicos. Este largo intervalo, en que los españoles luchan por recuperar su territorio, se denomina período de la Reconquista.

Por parte de los musulmanes se divide este tiempo en tres períodos, según la forma de gobierno. El primero, de 711 a 756, se llama del Emirato, porque los gobernantes de España o emires dependen del califa de Damasco.

El segundo, de 756 a 1031, se llama del Califato, porque España está regida por califas independientes que tienen su capital en Córdoba.

El tercero, de 1031 a 1492, se denomina de los Reinos y de taifas, y en él hay varias monarquías musulmanas independientes, que van sucesivamente desapareciendo en su lucha con los reinos cristianos.

La conquista musulmana de la península ibérica fue iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete.

En el período 711–718, España se constituyó como provincia dependiente del Califato Omeya. Sus gobernantes fijaron su capital en Córdoba y recibieron del califa de Damasco el título de emir.

La población musulmana en España estaba formada por los árabes instalados en las ciudades, conocidos como los bereberes radicados en las zonas rurales. También estaban los sirios, que sumieron a la península en larga guerra civil , que finaliza con la aparición de Abderramán I

La conquista de España, iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete, siguió por parte de él y de Muza, gobernador de África, y se terminó con facilidad. El sucesor de Muza, su hijo, permitió la existencia del reino independiente de Teodomiro en Orihuela, consolidado el régimen de libertad de los cristianos que con el nombre de muzárabes quedáronse a vivir entre los invasores. Los moros intentaron pasar a Francia, pero fueron definitivamente contenidos por Carlos Martel, el año 732, en la batalla de Poitiers.

HISTORIA DE ABDERRAMAN I

En 750, los abasíes derrocaron a los omeyas del Califato de Damasco y ordenan el asesinato de toda la familia omeya.

En 756, Abderramán Ique había escapado del sangriento destino final de los omeyas logrando huir de Damasco– desembarcó en al-Ándalus y se proclamó emir (comandante en jefe) tras conquistar Córdoba y, en 773, se independiza de la nueva capital abasí, Bagdad.

emir abderraman

Deseando establecer en España un gobierno fuerte que acallase los disturbios entre árabes puros y moros berberiscos, fue llamado a España para que reinase como soberano independiente Abderramán, de la familia de los Omniadas, destituida en Damasco por los Abasidas.

Abderramán venció a Yusuf-el-Fehri, último de los emires, y fundó el Emirato Independiente.

Entre los fugitivos de la familia Omeya, que huían de la cruel persecución decretada por el califa Abasida, figuraban dos jóvenes hermanos, Yahya y Abderramán, nietos del califa Hisham .

Desconfiando del indulto ofrecido por el Abasida, siguieron ocultos, pero los emisarios del califa descubrieron su escondite, y Yahya, que no tuvo tiempo de escapar, fue degollado.

Abderramán huyó a una aldea junto al Eufrates, y en ella estaba un día, encerrado en una habitación oscura, porque padecía de la vista, cuando su hijo Solimán, entró despavorido y se arrojó en los brazos de su padre.

Este salió a indagar la causa del temor del niño, y distinguió los estandartes negros de sus perseguidores. Huyó apresurado a refugiarse en un bosque, y desde allí, cuando se le unió su fiel liberto Bedr, se encaminó a las orillas del Eufrates.

No tardaron en aparecer los que iban en su busca, y Abderramán, con un hermano suyo de trece años, que iba con él, se arrojó al río para pasarlo a nado.

Los abasidas le gritaban desde la orilla que se volvieran, que no les harían daño, y el niño, sintiendo que sus fuerzas se agotaban, se volvió, en efecto.

Cuando Abderramán, llegó a la otra orilla pudo ver cómo al momento degollaban a la criatura.

Anduvo Abderramán errante varios años entre las tribus africanas, en espera de los grandes destinos a que las predicciones le tenían llamado.

Tuvo que alejarse del gobernador árabe de África, que, aspirando a la independencia, quería desprenderse del descendiente de los Omeyas, y, por último, mientras estaba hospedado en la tribu beréber de Nafra, envió a España, con su fiel Bedr, una carta dirigida a los clientes de su familia, que en España vivían, implorando su auxilio para entrar en la Península como pretendiente.

Sus clientes trabajaron bien la partida, y, unidos con los árabes yemeníes, enemigos del emir Yusuf, convinieron que Abderramán viniera a España.

Desembarcó en el puerto de Almuñécar en el mes de septiembre del año 755. No tardó Yusuf en convencerse de la inutilidad de la resistencia, y en el pacto de Armilla se sometió. Abderramán había logrado sus deseos y era emir independiente de España.

Tuvo Abderramán que someter varias rebeliones, pues eran muchos los odios entre las fracciones árabes y bereberes, y los califas abasidas no dejaron de enviar emisarios a España para acabar con el nuevo poder.

Entre estas rebeliones es célebre la del wali de Zaragoza, que pidió auxilio a Carlomagno, dando lugar a la expedición famosa que terminó con el suceso de Roncesvalles.

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Historia Origen de los Reinos Taifas en España Arabe Resumen

Los Reinos Taifas en España Arabe

REINOS DE TAIFAS: Dura este período de gobierno de los musulmanes españoles desde 1031 a 1492.

Reinos de taifas quiere decir reinos de bandería, y sus soberanos aparecen destrozándose entre sí, agotando sus fuerzas y haciéndose incapaces para oponerse al avance de la Reconquista, cuando entre los cristianos no se observa el mismo mal y sus reyes saben fomentar y aprovechar las disensiones entre sus enemigos.

Fueron los principales reinos de taifas: el de los Alameries (Almería), que comprendía casi toda la zona marítima oriental y meridional de la Península; el de los Aftasidas, Extremadura y parte de Portugal; el de
los Edlsltas, en Málaga; el de los Hamudíes, en Algeciras; el de los Tachivíes y los Beni-Hud, en Zaragoza.

Almotacen fue el más célebre rey de Almería, notable por el esplendor a que en fábricas y comercio llevó a su Estado.

Almamún (1031), rey de Toledo, se apoderó de Córdoba y de Sevilla.
Almotadhir (1042), rey de Sevilla, conquistó Córdoba y Málaga.

El califato de Córdoba terminó por desaparecer en el año 1031. En su lugar surgió un mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas expresión que significa “banderías”.

De forma paulatinas las taifas o banderías de Almería, Murcia, Alpuente, Arcos, Badajoz, Carmona, Denia, Granada, Huelva, Morón, Silves, Toledo, Tortosa, Valencia y Zaragoza fueron independizándose del poder central de Córdoba.

LOS ALMORÁVIDES

Este nombre, que quiere decir hombres religiosos, corresponde a los fundadores de un gobierno que se formó en el norte de África en el siglo XI.

Yusuf-ben-Takfin, el jefe de los almorávides, fue llamado por los moros de España para que los auxiliara contra el rey Alfonso VI de Castilla, conquistador de Toledo. Los almorávides vencieron al castellano en Zalaca (1086), pero después acabaron con todos los reinos de taifas.

Los almorávides eran fanáticos y musulmanes puros, y así combatieron todas las ¡deas de tolerancia mantenida con los mozárabes y la refinada cultura de los musulmanes españoles.

LOS ALMOHADES

Los almohades (unitarios) partidarios de las doctrinas del filósofo Algazel, querían la observancia del mahometismo primitivo en toda su pureza. Llamados a España por los almorávides, acabaron con la dominación de éstos.

Vencieron a Alfonso VIII en Alarcos (1195), pero fueron vencidos en las Navas de Tolosa y se volvieron a África.

Los benimerines, que en África sustituyeron a los almohades, hicieron expedición a España, pero fueron deshechos por Alfonso XI en la batalla del Salado (1340).

REINO DE GRANADA

Fue el último de los que fundaron los musulmanes en España y celebérrimo por su refinada civilización y sus leyendas.

Le fundó Mahomed Alhamar el Magnífico, el constructor de la Alhambra de Granada, el año 1235.

Creó también los cuerpos zegríes, abencerrajes, gómeles y zenetas, que se convirtieron más tarde en bandos políticos, que entre sí lucharon dando origen sus hazañas a numerosas leyendas.

Fue el último de los que fundaron los musulmanes en España y celebérrimo por su refinada civilización y sus leyendas.

Creó también los cuerpos zegríes, abencerrajes, gómeles y zenetas, que se convirtieron más tarde en bandos políticos, que entre sí lucharon dando origen sus hazañas a numerosas leyendas.

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Biografia de Carlos IV de España

Biografia de Carlos IV de España

No es siempre cierto el refrán «de tal palo, tal astilla». En el caso de Carlos IV, no puede haber más diferencia entre el temperamento y los gustos del padre, Carlos III, y los del hijo.

Aquél, ávido de saber y deseoso de gobernar y procurar el bien de sus subditos; éste, abúlico, bonachón, desinteresado de los asuntos del Estado y dejándose dominar, primero, por su esposa y sus favoritos, luego por su hijo, y, por último, por Bonaparte.

Rey Carlos IV de España Biografia

Goya, e incluso el mismo Vicente López, nos han legado unos retratos bastante elocuentes sobre el aspecto físico y el temple moral de Carlos IV.

Nacido el 12 de noviembre de 1748 en el palacio real de Pórtici, en Nápoles, Carlos era el segundo hijo varón de Carlos III y de María Josefa Amalia de Sajorna.

A los once años de edad ae trasladó a España con su padre, que acababa de heredar esta corona, y su hermano mayor, el príncipe Felipe, incapacitado para gobernar a causa de su deficiencia mental.

Proclamado heredero de España en 1759, su padre procuró aplicarle a las tareas de gobierno, para las cuales siempre se mostró reacio.

Prefirió participar en ciertas intrigas cortesanas, a lo que le indujo María Luisa de Parma, su esposa desde el 4 de septiembre de 1765, mujer que muy pronto se hizo dueña de su espíritu.

Elevado al trono el 23 de diciembre de 1788, los dos primeros años de su gobierno fueron un simple apéndice del reinado de Carlos III, pues persistió el mismo personal político, presidido por el conde de Florida-blanca.

En este período parece que Carlos IV hasta llegó a ser popular. Pero después de las Cortes de Madrid de 1789, en que se acordó una pragmática derogando la de Felipe V sobre el establecimiento de la ley sálica, y los dos primeros coletazos de la Revolución francesa, el gobierno periclitó a ojos vistas.

Florida-blanca salió del ministerio por una zancadilla del conde de Aranda, y éste, a su vez, fue substituido por Manuel Godoy, autor de toda la intriga.

Así, pues, desde el 15 de noviembre de 1792 la política de la monarquía es la del futuro príncipe de la Paz, sin que Carlos IV se preocupe de imprimir a ella un rumbo personal.

Aunque su nombre intervenga forzosamente al lado del de Godoy, se trata de un convencionalismo oficial histórico. Incluso cuando el Directorio obtuvo la dimisión del favorito (28 de marzo de 1798), éste continuó residiendo en la corte, dirigiendo la política y esperando el momento para hacer su triunfal reaparición en 1801.

Carlos IV prefería, desde luego, entregarse a la caza que quebrarse la cabeza en las espinosas cuestiones internacionales o en averiguar que había de cierto en los rumores y confirmaban los hechos sobre las relaciones de su esposa y el favorito.

Ni los desastres ante Inglaterra, ni las constantes humillaciones de Francia, pudieron alterar la manera de ser del rey. Por esta causa, Napoleón creyó que España era tan débil y decadente como su monarca, en lo que se engañó por completo.

Así empezó a tejer la trama de la próxima comedia que quería hacer desempeñar a Carlos IV, cuyo primer acto corrió a cargo del príncipe heredero don Fernando. Este fue denunciado por la reina y Godoy como autor de una conspiración para derribar a Carlos IV del trono.

El propio monarca detuvo al príncipe de Asturias en El Escorial (28 de octubre de 1807).

Pero después de este acto de energía, claudicó a causa de la intervención de Bonaparte. A mayor abundamiento, se humilló ante el emperador mandándole un extracto del proceso instruí-do contra su hijo. Este fué puesto en libertad, que aprovechó para perseverar en sus intrigas.

En la noche del 17 de marzo de 1808, cuando la corte, que se hallaba en Aranjuez, se disponía a trasladarse a Cádiz ante la invasión de las tropas napoleónicas, estalló un motín contra Godoy, cuya última consecuencia fué la abdicación presentada por el monarca el 19 de marzo.

Napoleón aprovechó la oportunidad para rematar su obra.

En Bayona obtuvo, sucesivamente, la renuncia y la abdicación de Fernando VII y Carlos IV, otorgada ésta el 5 de mayo, mientras en Madrid la sangre corría por las calles en las primeras luces de la guerra de Independencia.

El ex monarca residió algún tiempo en Compiegne. En 1811 pasó a Italia y allí vivió algunos años, ora en Roma ora en Nápoles, hasta que la muerte se lo llevó al sepulcro en esta ciudad, el 19 de enero de 1819, pocos días más tarde que su esposa muriera en Roma.

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Biografia de Felipe I de Castilla -EL Hermoso-

Biografía de Felipe I de Castilla «EL Hermoso»

Apenas dejó más huellas en la historia de los Países Bajos y de España que la de su proverbial belleza masculina y las insaciables ambiciones de su corazón.

Felipe el Hermoso
Felipe I de Castilla, llamado «el Hermoso», fue duque titular de Borgoña —como Felipe IV—, Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, Habsburgo, Henao, Holanda y Zelanda, Tirol y Artois
Fecha de nacimiento: 22 de julio de 1478, Brujas, Bélgica
Fallecimiento: 25 de septiembre de 1506, Burgos, España
Entierro: Capilla Real de Granada, Granada, España
Cónyuge: Juana I de Castilla (m. 1496–1506)
Hijos: Carlos I de España, MÁS
Padres: Maximiliano I de Habsburgo, María de Borgoña

Era brillante e impetuoso, como su padre, el emperador Maximiliano; pero, en mayor grado que a éste, le faltaban aplomo en sus actos y concepción vasta del futuro. Para dominar, sacrificó a su capricho intereses legítimos y políticas tradicionales, hasta el extremo de que estuvo a punto de provocar una escisión en la unidad española, recientemente lograda por los Reyes Católicos. Quizá por fortuna, se lo llevó muy temprano la muerte.

Nacido en Brujas, el 22 de julio de 1478, de Maximiliano de Austria y María Blanca de Borgoña, heredó las posesiones maternas en 1482, bajo la tutela de su padre. Su juventud transcurrió sin ningún detalle de importancia, hasta que Maximiliano, prosiguiendo su política matrimonial antifrancesa, concertó su boda con la infanta Juana, hija de los Reyes Católicos, que se celebró en Lierre (Flandes) el 24 de octubre de 1496.

La desgracia, que se cebó sobre el príncipe Juan y la infanta Isabel, hizo recaer la herencia de Castilla y la probable de Aragón en la persona de doña Juana, a la que la inseguridad de sus facultades mentales, exaltadas por los devaneos amorosos de su esposo, había de dar a conocer con el triste sobrenombre de la Loca.

De esta doble casualidad se aprovechó Felipe el Hermoso, cuando en noviembre de 1504 murió Isabel de Castilla, para reclamar la sucesión que le habían reconocido las cortes castellanas y aragonesas en 1502.

Sin tener en cuenta los grandes servicios prestados a la corona castellana por el rey de Aragón, Fernando el Católico, nombrado regente por la difunta a causa de la incapacidad mental de doña Juana, Felipe reclamó el ejercicio del gobierno, en lo que fué apoyado por varios magnates castellanos y estimulado por Luis XII de Francia, con quien concertó el primer tratado de Blois (septiembre de 1504).

Después de varias negociaciones, suegro y yerno firmaron la concordia de Salamanca (24 de noviembre de 1505), a fin de organizar un gobierno común en Castilla. Pero apenas desembarcado en España, Felipe se impuso a don Fernando, quien en Villafáfila renunció a la regencia (27 de junio de 1506).

El Austria quiso ser reconocido único rey por las cortes de Valladolid (julio de 1506); pero no logró que aprobaran esta demanda.

Poco después moría inesperadamente en Burgos el 25 de septiembre de 1506, a causa de uno de sus acostumbrados excesos físicos.

fuente

Biografia de Maximiliano I de Austria Desarrollo de su Reinado

Biografía de Maximiliano I de Austria

MAXIMILIANO I Archiduque de Austria y emperador de Alemania (Wiener Neustadt, 1459 – Wels, 1519). Entre su padre Federico III y su nieto Carlos V, Maximiliano I de Austria despliega sus brillantes cualidades físicas, morales e intelecto para remediar la crisis de la autoridad monárquica en Alemania y restablecer su hegemonía imperial en Europa.

Era hijo del emperador Federico III, a quien sucedió en 1493. Su matrimonio con María de Borgoña, heredera de Carlos el Temerario (1477), hizo entrar en el patrimonio de la Casa de Habsburgo los Países Bajos y el Franco Condado; para ello, hubo de concertar un acuerdo con Francia por el Tratado de Arras (1482), en virtud del cual se repartían los dominios borgoñones entre Austria (Países Bajos y Franco Condado) y Francia (Picaría y Borgoña), tras la muerte de su mujer en aquel mismo año.

Rey Maximiliano I de Austria
Rey Maximiliano I de Austria:recibibió de su padre, Federico III, en 1493, una sustanciosa herencia: Austria, Hungría, otras posesiones, y el derecho prioritario al reino de Alemania y al título de emperador. Por entonces, la casa de Habsburgo, llamada también de Austria desde fines del siglo XIII, ya figuraba entre las más poderosas de Europa.

Durante su reinado inició una serie de desgraciadas empresas guerreras y una desafortunda su política interior que sumado a su sistema de enlaces monárquicos no consiguió para nada un gobierno exitoso.

Maximiliano hubiera sido un emperador de fama imperecedera si Alemania le hubiese secundado y si, por su parte, hubiese puesto en sus empresas no tanta fantasía y un poco más de sentido práctico.

Con todo, su nombre destaca con simpático relieve en la historia de fines del siglo XV y de comienzos del XVI.

Hijo de Federico III, el emperador de los infortunios, y de Leonora de Portugal, nació Maximiliano en Wiener-Neustadt el 22 de marzo de 1459. El rumbo de su política quedó fijado desde su juventud, cuando su padre y Carlos de Borgoña concertaron su matrimonio con María Blanca, heredera de los Países Bajos.

El anciano emperador había transmitido también al hijo una divisa —A.E.I.O.U.— iniciales de la frase que resumía su política: «Austriae Est Imperare Orbi Universo», o sea, «La Casa de Austria debe reinar sobre el inundo entero». Para poner en ejecución esa idea, Maximiliano 1 confió, como su padre, en la eficacia de la solución propuesta por un viejo proverbio: «Si no tienes fortuna, cásate con ella».

Pese a la oposición de Luis XI de Francia, quien ambicionaba la mano de la duquesa para su hijo Carlos, el casamiento tuvo lugar el 19 de agosto de 1477, poco después que el Temerario perdiera la vida ante los muros de Nancy. Por este simple hecho, Maximiliano se convertía en heredero de la política ducal de Borgoña y en rival implacable de Francia.

Esta hostilidad se tradujo inmediatamente en una guerra formal. Maximiliano triunfó en Guinegate (1479), pero tuvo que ceder ante Luis XI por la paz de Arras (1483), motivada por las discrepancias interiores de Flandes. Un año antes, había muerto María Blanca, y la posición de su esposo se había debilitado mucho.

En 1488 fué hecho prisionero por los mercaderes de Brujas, que sólo le devolvieron la libertad ante la amenaza de un ejército imperial que acudió en su ayuda.

La situación quedó restablecida cuando en 1493 Carlos VIII de Francia, deseoso de librarse de enemigos para sus empresas de Italia, restituyó el Franco Condado y el Artois a Maximiliano por el tratado de Senlís. Poco después, el 19 de agosto de 1493, sucedía en el trono de Alemania a su padre, quien había preparado su elección como rey de romanos en 1468.

Seguro el Imperio por Occidente, Maximiliano intentó impedir la expansión de Francia en Italia. Así su nombre se halla vinculado al de las guerras que se desarrollaron en esta península entre 1494 y 1519.

Recordemos que la llave de la hegemonía militar en Italia se hallaba en el Milanesado, y que los emperadores de Alemania se consideraban soberanos de este territorio. Por otra parte, Maximiliano se casó (1494) en segundas nupcias con Blanca María Sforza, sobrina de Ludovico el Moro, duque de Milán.

Estos detalles explican las repetidas intervenciones de Maximiliano en la política italiana y, además, su alianza con los Reyes Católicos de España, robustecida en 1497 con los enlaces del príncipe Juan y de la princesa Juana, hijos de estos monarcas, con sus propios hijos, Margarita y Felipe, respectivamente.

Maximiliano participó en la liga de Venecia de 1494, dirigida contra Carlos VIII de Francia; en la liga de Cambrai de 1508, ésta lanzada contra Venecia; en la Liga Santa de 1511, de nueva contra Francia; y, por último, en la liga de Marignano de 1513, también contra Francia.

En Italia, España se hizo próspera; pero Maximiliano sólo recogió reveses y derrotas. En 1509 perdió todo su crédito militar en el asedio de Verona; y en 1515 el desastre de Marignano libró el Milanesado a Francisco I de Francia…..

Poco más feliz fué el resultado de su política dama biana, que tendía a la restauración de la monarquía de los Austrias en Hungría. Después de la muerte Matías Corvino en 1490, Maximiliano había penetra do en Hungría en son de guerra y conquistado Alba Real (1491).

Pero tuvo que resignarse a aceptar la elección de Ladislao Jagellón por los húngaros. Desde en tonces procuró anudar lazos dinásticos con el monarca de Bohemia y Hungría, lo que logró en 1515, a bai enlace de Ana, heredera del Jagellón, con uno sus nietos (en 1521, Fernando casó con ella).

En el interior del Reich, Maximiliano procuro po ner freno a la anarquía dimanante del reinado de Fe derico III.

En una serie de Dietas, desde la de Worm de 1495 a la de Colonia de 1512, se arbitraron muchas disposiciones para equilibrar los deseos del poder im perial y las ambiciones de los príncipes electores: se instituyó un tribunal imperial, una junta del Reich (Reichsregiment), un impuesto general y una división administrativa en «círculos».

Pero ninguna de esas re formas fue suficiente para impedir el declive del poder central en Alemania.

Maximiliano murió el 12 de enero de 1519 en Wels mientras preparaba la elección de su nieto Carlos a la corona de Alemania. Su fortuna había sido precaria; pero, en cambio, había establecido con firmeza las bases del poder de los Austrias en Europa.

La «diplomacia matrimonial» ofrecía ventajas considerablemente ma-yores que la política de guerras de conquista, sobre todo para la economía de recursos.

Fue pensando así como Federico III había casado a Maximiliano con María de Borgoña, heredera de los Países Bajos —riquísimo centro comercial— y del Franco Condado. Con ese mismo objetivo, Maximiliano, a su vez, envió emisarios en sondeos diplomáticos por toda Europa en busca de casamientos ventajosos para sus hijos.

La elección recayó en España. La península, en proceso de unificación gracias al matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla —los Reyes Católicos—, había incorporado recientemente a sus riquezas las promisorias tierras del Nuevo Continente: América.

Sin duda, excelente dote para los numerosos hijos del matrimonio. Muy exitoso en las negociaciones, Maximiliano casó a su hijo Felipe (llamado el Hermoso) con Juana de Castilla, y a su hija Margarita con Juan de Aragón, único hijo varón y heredero de los reyes peninsulares. Se estableció así una sólida alianza entre el Imperio Romano Germánico (o, por lo menos, entre la Casa de Austria) y los soberanos españoles.

Pero no todo ocurrió como se había previsto. Algunos meses después del casamiento, el Infante Don Juan muere. Maximiliano advierte a Felipe: «Tu hermana Margarita quedó viuda y sin hijos.

Por lo tanto, cabe ahora exclusivamente a ti la responsabilidad de traer al Imperio la corona española». El hijo no lo decepciona: en siete años su mujer da a luz seis hijos, y el primogénito, Carlos, será el heredero del trono de España. Felipe no llega a ver el nacimiento de la última criatura, ya que muere en el año 1506.

Fuente Consultada:
Mil Figuras de la Historia Universal Tomo I Entrada Maximilano I de Austria
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Editorial Abril

Situacion de España en el Siglo XV Caida de Granada

Situacion de España en el Siglo XV y Edad Moderna – Caída de Granada

La península ibérica en el siglo XV. —Durante la Reconquista, España no existió como Nación, ni como Estado (718 -1492). Fue una simple denominación geográfica aplicada a los reinos que se constituyeron en la península durante la lucha mantenida por espacio de más de siete siglos entre cristianos y musulmanes.

Al terminar la Edad Media, el territorio peninsular estaba dividido en cinco reinos; cuatro de ellos eran cristianos y el quinto, musulmán. Esta situación databa del siglo XIII, después de los reinados de Jaime I de Aragón (1213 – 76) y Fernando III de Castilla (1214-52), cuando el peligro musulmán había quedado reducido al pequeño reino de Granada que apenas representaba el 2 % del territorio peninsular. Era el último resto del poderoso imperio constituido por los moros entre los siglos VIII y IX.

El 98 % restante se dividía entre los cuatro reinos cristianos, en la siguiente forma:

Castilla, dentro del cual habían quedado comprendidos los antiguos reinos de Asturias, León y Galicia y los estados musulmanes del Sur; representaba el 62 % de la superficie peninsular.

Aragón, que se había incorporado el reino moro de Valencia y las islas Baleares y se extendía más allá de los Pirineos donde dominaba la región de Perpiñán. Equivalía al 15 % del territorio.

Navarra, pequeño estado enclavado entre los dos anteriores sobre los Pirineos, apenas alcanzaba al 1 %.

Portugal, independizado de León en el siglo XII, rivalizaba con Castilla y Aragón; sus límites se habían ensanchado hacia el Sur por la conquista del reino de Algarve y representaba el 20 % del territorio ibérico.

Los dos primeros eran los reinos españoles más poderosos: representaban el 77 % de la superficie peninsular y tenían una honrosa tradición por su cultura y poderío: fueron los destructores del poderío musulmán. Castilla había aspirado en el siglo XIII a la Corona de Alemania, durante el reinado de Alfonso VIII y hacia la misma época, los aragoneses conquistaron la isla de Sicilia; en el siguiente ocuparon también la. de Cerdeña y pasearon sus banderas por Grecia y Asia: hubo un ducado aragonés – catalán en Atenas que subsistió por más de medio siglo (1326 a 1387 u 88).

alfonso v de españa
Alfonso V de españa

Finalmente Alfonso V conquistó el reino de Nápoles, que en 1458 pasó a su hijo bastardo Fernando, quedando separado de la Corona de Aragón. La expansión aragonesa hizo de este reino un estado poderoso, aunque su extensión dentro de la península era más reducida que la de: Castilla y aun que la de Portugal.

Organización política de Castilla y Aragón. — Castilla y Aragón adoptaron la forma monárquica de gobierno, común a todos los países de la Edad Media. La dignidad real, electiva en sus orígenes, terminó por hacerse hereditaria.

El feudalismo era desconocido en Castilla donde la nobleza poseía grandes extensiones e innumerables privilegios, pero jamás fué soberana. Tuvo, sin embargo, hondo arraigo en Aragón y especialmente en Cataluña, región que dominaron los franceses bajo el imperio de Carlomagno.

Al finalizar la Edad Media, la situación política de ambos reinos se definía en favor de la centralización. Ocurría el mismo fenómeno que en el resto de la Europa occidental: debilitada la nobleza, el poder real se vigorizaba.
Sin embargo, la monarquía era de carácter limitado.

Los fueros concedidos a las ciudades, los derechos nobiliarios, el juramento que los soberanos prestaban al ascender al trono, el régimen municipal y ciertas instituciones de hondo arraigo popular, como las Cortes y el Justicia de Aragón, restringían las atribuciones de la Corona y le impedían cometer abusos.

Las Cortes castellanas y aragonesas diferían en algunos detalles de su organización y funcionamiento. Las primeras estaban formadas por tres brazos o estamentos: el de la nobleza, el del clero y el de los procuradores de las ciudades; cuatro integraban las segundas, pues la nobleza tenía doble representación: existía el brazo de la alta nobleza (ricos – homes) y el de la baja nobleza (caballeros). Cada brazo actuaba por separado.

En Castilla no había periodicidad en la convocación de las Cortes y éstas legislaban indirectamente mediante peticiones dirigidas al Rey, que cuando eran aceptadas recibían el nombre de ordenamientos.

En Aragón la reunión se hacía anualmente o cada dos años. Sus facultades eran más amplias: colegislaban con el Rey y en caso de desacuerdo predominaba la voluntad de ellas. Además durante el receso funcionaba la Diputación Permanente, comisión compuesta de dos miembros por brazo y a la cual correspondía vigilar el cumplimiento de las resoluciones adoptadas y el respeto de los fueros.

Las Cortes votaban los impuestos requeridos por la Corona, facultad muy importante que restringía el poder real y colocaba a Castilla y Aragón en situación análoga a la que disfrutaba Inglaterra desde la Carta Magna.

El Justicia Mayor era también una institución aragonesa de indiscutible eficacia. Funcionario judicial, vitalicio e inamovible, era nombrado por el Rey, a quien tomaba juramento. Entre otras atribuciones resolvía los conflictos entre los nobles o entre éstos y el Rey; defendía los fueros y velaba por los dos derechos individuales más importantes: la libertad, mediante el fuero de manifestación, y la propiedad mediante el recurso de firmas.

El régimen municipal funcionaba en ambos reinos. Las ciudades poseían fueros, cartas o constituciones concedidas por los monarcas a los vecinos de ellas, en las cuales se reglamentaban sus obligaciones y se les reconocía un gobierno suave y justo.

Los fueros variaban para cada ciudad pero contenían principios comunes: la autonomía municipal, la igualdad ante la ley, la inviolabilidad del domicilio, la administración de justicia, la responsabilidad de los magistrados y hasta la tolerancia religiosa.

No debe extrañarnos esto último porque en los reinos españoles convivían los cristianos con una numerosa población musulmana y judía. Los fueros, especialmente los castellanos, consignan un conjunto de libertades y principios análogos a los difundidos varios siglos después por los filósofos del siglo XVIII y la Revolución Francesa.

El movimiento comunal puso de manifiesto los sentimientos democráticos de las ciudades; provocó alianzas entre los municipios para la defensa de sus privilegios (hermandades) y los convirtió en celosos defensores de los derechos y libertades populares. Sirvieron de contrapeso al poder real y fueron sus adversarios cuando las tendencias de los monarcas se revelaron en un sentido perjudicial para sus intereses.

Conviene hacer notar, sin embargo, que al finalizar la Edad Media y a pesar de los organismos que limitaban el poder real, se revelaba francamente la tendencia a la centralización que preparaba el camino a la monarquía absoluta de Carlos I y Felipe II.

El régimen social. — Todas las sociedades europeas de la-época feudal se organizaron sobre la base de la desigualdad. Había en ellas clases libres y serviles. Dentro de las primeras, unas gozaban de privilegios (clero y nobleza) ; otras carecían de ellos (clase media y bajo pueblo). En las segundas, se diferenciaban los siervos y los esclavos.

Idénticos principios sirvieron de fundamento a la organización social en los reinos españoles.

El clero gozaba de amplios privilegios, poseía extensos territorios y constituía una clase civil con las prerrogativas e influencia económica de los nobles. Exigía servicios personales, cobraba ciertos tributos, no pagaba impuestos y escapaba a la jurisdicción de los tribunales reales.

La nobleza aragonesa, constituida en forma feudal, fue más poderosa que la castellana, de carácter simplemente señorial. Sin embargo, el poder real se robusteció en Aragón ante que en Castilla: desde el siglo XIV los nobles aragoneses le quedaron sometidos, mientras durante el siglo XV los castellanos se mostraban violentos y altaneros favorecidos por la debilidad de Enrique IV el Impotente y otrass órdenes militares que ponían al servicio de la nobleza su influencia económica y política.

El estado llano constituía el resto de la población libre; a él pertenecían la clase media y los trabajadores de los campos. La primera vivía en las ciudades y gozaba de amplias libertades, amparada por los fueros concedidos generosamente como aliciente para reunir pobladores sobre la frontera musulmana.

Enriquecida por el comercio y la industria, la clase media se instruyó; asistió a las escuelas y universidades; colaboró en el gobierno de los reinos; asesoró a los monarcas en Cortes y Consejos y llegó a ser el sostén económico de la nación. Era la clase productora y sufragaba todos los gastos públicos.

Fuera de las ciudades vivían los trabajadores rurales, antiguos siervos convertidos en hombres libres; víctimas de los abusos señoriales, su situación era tan precaria como la de los siervos catalanes y aragoneses y los esclavos existentes en Aragón, Castilla y Valencia.

Además de las clases enunciadas, y como consecuencia de las grandes conquistas cristianas, quedaron incorporadas a las sociedades españolas fuertes masas de población extranjera: eran los mudejares, musulmanes cuya libertad civil y política se convenía al cometerse, y los judíos radicados en los reinos cristianos. Su situación era favorable en un principio, no obstante pesar sobre ellos numerosas restricciones. Pero con el tiempo se produjo la reacción, especialmente contra los judíos, no solamente por razones religiosas, sino también políticas y aun económicas.

La situación económica. — Las grandes conquistas cristianas del siglo XIII contribuyeron a mejorar la situación económica, porque redujeron el peligro musulmán al pequeño reino de Granada e incorporaron a la población española numerosos mudejares y judíos, hábiles obreros y comerciantes.

La agricultura y la ganadería fueron objeto de medidas protectoras por parte de los Reyes, pero no obstante sus progresos, poco uniformes por cierto, ellas fueron superadas por otras industrias.

Los tejidos de lino y lana de Sevilla, los paños de Segovia, la cerámica de Triana, las armas de Toledo, la industria del hierro en las provincias vascongadas, la orfebrería artística, la fabricación de vinos y aceites, etc., fueron las manifestaciones industriales más notables de Castilla.

En Aragón florecían industrias similares, especialmente en Cataluña, zona industrial por excelencia. Valencia, en cambio era la región agrícola.

El desarrollo industrial tormentó un activo comercio interno e internacional. Se mantenían relaciones comerciales con los países del Norte; los aragoneses competían en el Mediterráneo con las repúblicas italianas y sus operaciones alcanzaban hasta Inglaterra y Flandes.

Sin embargo, las actividades económicas no extendieron sus beneficios a todas las clases sociales. Solamente una minoría participaba de ellos, mientras el bajo pueblo, recargado de impuetos, llevaba una vida miserable y llena de privaciones. Esta situación, agravada luego por la política religiosa de los Reyes Católicos, contribuyó, sin duda, a la colonización americana.

La unidad castellano – aragonesa. — En la segunda mitad del siglo XV se produjo un acontecimiento auspicioso en la vida española: el casamiento de doña Isabel de Castilla y don Fernando de Aragón (1469), conocidos bajo el nombre de Reyes -Católicos.

reyes catolicos de españa

La primera ciñó la Corona castellana en 1474 porque doña Juana La Beltraneja, hija de su hermano Enrique IV, apodado el Impotente, fue desheredada por exigencias de la nobleza que la consideraba hija del favorito de la reina, don Beltrán de la Cueva.

Años después (1479) don Fernando ceñía la Corona de Aragón al fallecimiento de su padre Juan II.

La elevación de los Reyes Católicos al trono, fue el punto de partida de la unidad política española. Durante su gobierno los dos reinos conservaron la .independencia y mantuvieron sus propias instituciones. Quedaron vinculados por una doble unión personal: don Fernando participaba en la dirección de los asuntos castellanos, salvo ciertas facultades atribuidas exclusivamente a doña Isabel, pero ésta no tenía intervención alguna en el gobierno de Aragón.

Al producirse la muerte de la reina, la unión personal quedó disuelta y ambos reinos volvieron a separarse. En cambio quedaron definitivamente unidos cuando el trono fué ocupado por Carlos I, heredero de ambos monarcas. La unión personal se convirtió entonces en real y definitiva.

Las conquistas realizadas durante el reinado de los Reyes. Católicos, fueron incorporadas al país conquistador: América a la Corona de Castilla, cuya bandera enarbolaban las carabelas de Colón; las posesiones de Italia al reino de Aragón.

Política de los monarcas. — Tres puntos fundamentales comprendió el programa de acción de ambos monarcas: someter a la nobleza castellana ensoberbecida por la debilidad de Enrique IV, terminar la Reconquista y lograr la unidad religiosa para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en la península, es decir, los musulmanes y judíos.

El primer propósito requirió una acción enérgica y constante. Los nobles levantiscos fueron castigados enérgicamente, arrasados sus castillos y privados de sus privilegios. Las donaciones arrancadas a la debilidad de Enrique IV quedaron revocadas.

Finalmente, se eliminó el peligro de las órdenes militares, cuyo maestrazgo o dirección quedó en manos de la Corona como una prerrogativa de la misma.

La Santa Hermandad, institución policial formada con la cooperación de las ciudades de Asturias, León y Castilla, inició la extirpación del bandolerismo y restableció la seguridad de las comunicaciones.

La terminación de la Reconquista demoró algunos años; reanudada la lucha en 1481 terminó en 1492. En el transcurso de una década, todas las ciudades granadinas cayeron en poder de los monarcas: Alhama (1482), Zahara (1483), Ronda (1484), Loja, Málaga (1486-87), Baza, Guádix y Almaría (1489).

Reducidos a la ciudad de Granada y vigorizada su defensa por los fugitivos de las poblaciones rendidas, los musulmanes soportaron el asedio durante más de ocho meses (abril – diciembre de 1491) y solamente se rindieron cuando se convencieron de la imposibilidad de resistir al enemigo.

Los cristianos restablecieron la táctica medieval: incendiaron las aldeas vecinas y talaron los campos para aislar la ciudad y evitar su abastecimiento. Destruido su campamento por un incendio, doña Isabel, deseosa de afirmar el propósito de no ceder en la empresa, lo reemplazó por una verdadera ciudad de piedra y ladrillo, que denominó Santa Fe, en homenaje a las creencias que todos defendían.

Una honrosa capitulación otorgada a los vencidos, con garantías de creencias, vidas y haciendas de musulmanes y judíos, puso término a la contienda.

El 2 de enero de 1492, al cabo de setecientos ochenta años de dominación, la soberanía musulmana desaparecía definitivamente de la península y los Reyes Católicos entraban vencedores en Granada. Entre tanto, los turcos otomanos, dueños de Constantinopla desde 1453, amenazaban a Europa por el Oriente. La unidad española se afirmaba.

La unidad religiosa fue impuesta por la Corona, no solamente respondiendo a los sentimientos cristianos de los monarcas, sino también por razones políticas: convenía reaccionar contra la tolerancia religiosa consagrada por la costumbre y consignada en algunos fueros, para nacionalizar las razas extranjeras radicadas en el territorio, haciendo desaparecer las diferencias espirituales que separaban a los cristianos de los musulmanes y judíos.

Una bula pontificia (1478) restableció la Inquisición, nombre dado comúnmente al tribunal del Santo Oficio, encargado de velar por la pureza de la fe y la extirpación de las herejías.

Los judíos fueron las primeras víctimas. Un edicto real de marzo 31 de 1492 les concedió el plazo de cuatro meses para convertirse o abandonar el territorio. Unos 180.000 abandonaron la península y llevaron sus actividades económicas a Francia, Inglaterra, Turquía, Grecia y África. España perdió un fuerte núcleo de población laboriosa y tranquila; perdió también fuertes capitales, pues aunque el edicto prohibía sacar oro y plata, los emigrados eludieron esta disposición mediante operaciones de crédito.
La intolerancia religiosa provocó pérdidas aun más sensibles.

Los musulmanes de Granada, a pesar de estar amparados por la capitulación de 1491, fueron hostilizados violentamente e incitados a convertirse. Hubo una violenta sublevación en las Alpujarras, sofocada en 1501. Los vencidos fueron forzados a optar entre la conversión o el destierro.

El edicto se extendió al año siguiente a los mudejares de Castilla y León. Se ignora el resultado de la opción; según algunos historiadores, la mayoría abjuró, por lo menos aparentemente; otros afirman lo contrario y aseguran que la expulsión contribuyó a la decadencia industrial de España.

La política religiosa de los Reyes Católicos respondía a las ideas de la época, al igual que la Inquisición, cuya obra hoy consideraríamos absurda y criminal. Tuvo también una virtud: salvó a España de los trastornos religiosos que ensangrentaron a otros países europeos durante el siglo XVI y retardaron su adelanto.

Rivalidad con Portugal. — El reinado de Fernando e Isabel señala un período de esplendor para la monarquía. Ambos reinos ensancharon sus límites. Aragón recuperó el Rosellón y la Cerdaña, sobre los Pirineos (1493), dos territorios cedidos a Luis XI de Francia por Juan II, antecesor de don Fernando; conquistó además el reino de Napóles (1503), que se hallaba en poder de una dinastía aragonesa a la cual el rey de Francia Carlos VIII intentó desposeer.

Castilla se incorporó los reinos de Granada (1492) y Navarra (1503), y los extensos territorios cuyo descubrimiento inició Cristóbal Colón. Inició además la ocupación del Norte africano, impuesta por la necesidad de evitar una nueva invasión musulmana.

Estos propósitos ocasionaron dificultades con Portugal. Al ocupar el trono castellano, la reina Isabel había tenido que luchar con este reino cuyo soberano se había declarado defensor de los derechos de doña Juana; posteriormente el retorno de Colón asegurando haber descubierto las Indias provocó un incidente que fue solucionado amistosamente.

Las aspiraciones africanas de Castilla y el recuerdo de una expedición que doña Isabel mandó a Guinea durante la guerra con Portugal, dio lugar a negociaciones que aseguraron a los portugueses la dominación de las tierras que habían encontrado y a Castilla la soberanía de las islas Canarias, base indispensable para asegurar el camino a las tierras americanas recientemente descubiertas. La rivalidad entre ambas naciones, que habría de manifestarse en distintas ocasiones durante la época colonial, quedó momentáneamente .conjurada.

Progresos alcanzados. —- La política económica de los Reyes Católicos se orientó hacia un franco proteccionismo con el fin de favorecer el progreso de las industrias nacionales. Sin embargo, la agricultura decayó y muchos campos quedaron incultos en medio de la indiferencia general.

Los Reyes fomentaron el desarrollo de Ja marina y concedieron primas a los constructores de barcos de gran tonelaje. La arquitectura naval fué familiar a los españoles y su habilidad para construir embarcaciones se puso a prueba en América y favoreció las exploraciones en las lejanas regiones del continente. En vísperas del descubrimiento, España poseía una flota mercante superior a mil unidades, mientras las naciones que fueron más tarde sus competidoras casi carecían de marina.

La cultura adquirió extraordinario desarrollo y las prestigiosas Universidades de Alcalá, Salamanca y Barcelona eran frecuentadas por numerosos estudiantes. La conquista de Italia y el descubrimiento de América difundieron la cultura y ampliaron los conocimientos científicos del siglo.

España se colocó al nivel de las principales naciones de Europa y no tardó en sobrepasarlas poniéndose a la cabeza del movimiento internacional. Fué la gran potencia del siglo XVI y el centro de la política europea.

Fuente Consultada: Curso de Historia Colonial, Americana y Argentina de Saenz Valiente Editorial Estrada

España Primitiva Pre Romana Pobladores y Cultura

España Primitiva Pre Romana
Pobladores y Cultura

ESPAÑA PRERROMANA
Tiempos prehistóricos
España se halla situada en la península Ibérica, separada del África por el estrecho de Gibraltar, y de Francia por los montes Pirineos.

Poco se sabe acerca de los primeros habitantes. Los más antiguos —período del paleolítico inferior— trabajaban la piedra a golpes para obtener hachas de mano.

En el paleolítico superior habitó en la península la raza de Cro-Magnon, formada por hombres de alta talla que sabían dominar el fuego y cubrían su cuerpo con pieles de animales. De este período han quedado expresiones de arte rupestre en las paredes de las cavernas que utilizaban como viviendas.

En las Cuevas ce Altamira (Santander) se han encontrado figuras de bisontes, jabalíes, un caballo salvaje y una cierva; los contornos son incisiones y las pinturas realizadas con materias colorantes naturales.

En el V y IV milenios (a. C). pueblos procedentes de! norte de África —o quizás del valle del Danubio— penetraron en España e introdujeron la cultura neolítica. Conocían la agricultura y la ganadería, mejoraron las armas de piedra y fabricaron vasijas de barro cocido.

La abundancia de cobre y estaño brindó características particulares a la cultura del bronce, cuyas muestras más importantes se han encontrado en las ruinas de la localidad de El Agar (Almería).

La utilización del hierro marca el comienzo de los tiempos históricos.

mapa de espana pre romana

Primeros pobladores históricos
Se afirma que, en los comienzos de los tiempos históricos, los más antiguos pobladores de España fueron los iberos —que penetraron por el sur— probables integrantes de un grupo racial de tipo mediterráneo-africano. Sin embargo, otros estudiosos sostienen que los primeros habitantes de esa época fueron los ligures, llegados a la península por el norte.

En la región sur de la península (Andalucía, parte de Murcia y Alicante) floreció una brillante civilización, la de los Tartesios, cuya antigüedad no puede precisarse pero que seguramente es muy remota. Su origen es incierto, aunque algunos historiadores creen que este pueblo pertenece a la familia de los iberos. Los tartesios formaron un gran imperio comercial que tuvo importantes relaciones con los mercaderes fenicios y griegos.

En el siglo VI (a. C.) penetraron en España los celtas, pueblo de origen indoeuropeo que procedía de las costas del mar del Norte. Luego de cruzar los Pirineos, los recién llegados ocuparon la parte noroeste de la península. Eran altos, rubios y vigorosos; llevaban armas y utensilios de hierro e introdujeron en España ese tipo de cultura.

Los celtas se dividieron a su vez en cuatro ramas: los lusitanos y los gallegos, que ocuparon el oeste de la península —en el sur y en el norte, respectivamente—, y los astures y los cántabros que se instalaron en la parte meridional sobre las costas del mar Cantábrico.

Los celtas se extendieron por toda la península, especialmente en la región occidental. Pero en la meseta la penetración fue contenida por los iberos, quienes se opusieron al avance de los invasores.

Se afirma que de ese contacto se produjo la fusión de las dos razas en una sola que se llamó de los celtíberos. En el siglo IV (a. C.) la zona central de España estaba ocupada por este nuevo pueblo, mientras que en el norte y en el sur seguían dominando los celtas e iberos, respectivamente.

Cultura
Si bien las manifestaciones artísticas de la España primitiva poseen caracteres propios, es indudable que fueron notablemente influidas por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Por tal causa, los pobladores de la región sudoriéntal muestran rasgos culturales muy distintos de los que poseen los habitantes del interior, que vivieron alejados de esas influencias.

Los fenicios estimularon la industria y el comercio; además, introdujeron objetos artísticos de oro, plata, marfil y vidrio, con marcados caracteres orientales.

Los griegos gravitaron enormemente en el aspecto cultural y artístico. Lo demuestran la acuñación de monedas y, sobre todo, la arquitectura y la escultura. Los españoles no se limitaron a copiar los modelos griegos, sino que asimilaron el arte helénico y supieron darle caracteres propios.

En la región sudoriental, de cultura más desarrollada y que recibió mayor Influencia griega, se han encontrado restos de numerosas poblaciones y santuarios construidos en lugares elevados así como también valiosas piezas escultóricas, entre las que se destacan: La Leona de Bocairente y la famosa Dama de Elche.

Leona de

Leona de Bocairente

la dama de elche

Dama de Elche: 
La dama de Elche, junto a la dama del Cerro de los Santos y la de Baza (las tres en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid) son tres excepcionales ejemplos de escultura ibérica. Es un busto de carácter funerario con influencias del arcaísmo griego y el arte púnico. Resalta la ornamentación de su tocado con dos rodetes a ambos lados del rostro. Se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Algunos especialistas consideran que el orificio que presenta en la espalda corresponde a una urna cineraria.
Fuente Consultada:Historia I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

 

Anexión de Portugal a España Gobierno de Pedro II de Portugal

PORTUGAL ANEXIONADA A ESPAÑA:
En 1578 el rey Don Sebastián de Portugal lanzó a su patria en una loca expedición contra los marroquíes, y éstos aplastaron al ejército invasor en Alcazarquivir. Don Sebastián encontró la muerte en esta batalla, dejando vacante el trono de Portugal. Felipe II que, por su madre, era uno de los posibles sucesores al trono e indiscutiblemente el de mejor derecho, supo, con una hábil política diplomática, hacerse elegir rey por las Cortes de Tomar.(o Thomar)

Sebastián (de Portugal) (1554-1578)

Sebastián (de Portugal) (1554-1578), rey de Portugal (1557-1578). Hijo del príncipe real Juan de Braganza y nieto y sucesor del rey Juan III, nació en Lisboa. Con la muerte de su abuelo, en 1557, y habiendo ya fallecido su padre, ocupó el trono en calidad de regente la viuda Catalina de Austria hasta 1562.

Antes de su elección, se había comprometido a respetar todas las leyes y libertades del país; a no nombrar más que portugueses para los cargos de virrey, gobernadores y administradores; a dejar una cierta indepedencia a su imperio colonial; a reunir regularmente las Cortes. Pero muy pronto, todas estas promesas se quedaron sobre el papel y Portugal fue reducida a la condición de estado vasallo, obligado a suministrar impuestos, soldados y navios a España.

Las Cortes no fueron reunidas jamás; muchos de los dirigentes nombrados por el rey fueron españoles que se distribuyeron las mejores tierras y los cargos más lucrativos. Se organizó una primera resistencia en las Azores, pero fue aplastada rápidamente por el ejército español. Dominada por España, Portugal carecía de medios para luchar contra su rival, Holanda.

Esta puso pie en Brasil y en las colonias portuguesas de África, destruyendo completamente la ciudad de Mozambique. Prohibiendo todo comercio entre los dos países, España asfixió el puerto de Lisboa, que perdía uno de sus más importantes clientes. Probando su total desinterés con respecto a Portugal, Felipe III no fue más que una vez, en 1618, para agobiar al país con impuestos. Felipe IV no lo visitó jamás. Bajo su reinado el imperio portugués continuó disgregándose lentamente.

La flota portuguesa dirigida por el gran Almirante Ruis de Andrade, fue aniquilada por los ingleses, que se apoderaron de Ormuz en el Golfo Pérsico; los holandeses se apoderaron de Bahía y de Recife, en Brasil, así como de las Molucas. Además, para responder a las exigencias de la Guerra de los Treinta Años, Olivares instituyó, en 1636, un nuevo impuesto en Portugal, reforzó los contingentes militares y pensó también suprimir las Cortes.

LA INDEPENDENCIA RECOBRADA
El descontento crecía en todo el país y las esperanzas se dirigían al duque de Braganza que se consideraba con derecho a la sucesión. Por su origen y su inmensa fortuna  territorial, este aristócrata era el señor más poderoso del país y se había mostrado siempre hostil a la dominación española. Cuando estalló en 1640 la revuelta catalana,  las  tropas  castellanas  que  residían en  Portugal  salieron  para  Barcelona.

Los portugueses aprovecharon esta ocasión única para recuperar su libertad. El 10 de diciembre de 1640, representantes de la nobleza llegaron al palacio real, expulsaron a .a  guardia española y proclamaron  rey  al duque de Braganza.

Quince días más tarde, era coronado Juan IV entre las aclamaciones de una muchedumbre delirante, liberada al fin, después de sesenta años de dominación. Francia, Inglaterra, los Países Bajos, reconocieron en seguida el hecho consumado; por el contrario, el papa Urbano VIII, rajo la presión de los enviados de Felipe IV, se negó a investir a los nuevos obispos portugueses hasta 1668.

Los primeros años del reinado de Juan IV vieron un restablecimiento de la situación del país: las Cortes votaron los subsidios necesarios para reorganizar el ejército y la marina; Lisboa volvió a ser un puerto franco abierto a todas las flotas mercantes; se emprendió con éxito la reconquista del Brasil contra los holandeses; hasta el tratado de los Pirineos, Esriña no intentó más que episódicamente, sin éxito, volver a intervenir en Portugal.

En 1656 Juan IV murió, dejando por sucesor a un adolescente anormal de trece años: Alfonso IV. El poder fue ejercido de hecho por un aristócrata enérgico y hábil, Gástelo Melhor. Liberadas de la guerra con Francia, las tropas españolas estaban listas en adelante para invadir Portugal; consciente del peligro, Melhor obtuvo el apoyo de Inglaterra, negociando el matrimonio de la hermana de Alfonso IV, Catalina de Portugal, con el rey de Inglaterra Jacobo II. Como dote, la joven princesa aportaba Tánger, Bombay y dos millones de cruzados.

alfonso iv de españa

Gracias a la aportación de tropas inglesas y a las grandes cualidades militares de Melhor, el ejército español fue derrotado, por primera vez, en Ameixial en 1633, dejando 8.000 hombres sobre el terreno, y después aniquilado definitivamente en Montesclaros en 1665; Felipe IV había lanzado 20.000 hombres en esta última batalla; los ingleses y portugueses, aunque menos numerosos, alcanzaron la victoria gracias a una táctica y un mando muy superiores.

En 1668, España debió resignarse a firmar una paz con Portugal en la que reconocía su independencia y no conservaba de su antigua dominación más que el puerto marroquí de Ceuta.

PEDRO II DE PORTUGAL
Portugal entró en un nuevo período de su historia caracterizado por el fortalecimiento de la monarquía, una fuerte dependencia económica con respecto a Inglaterra y la consolidación de lo que quedaba del antiguo imperio, a saber: Brasil, Angola, donde seguía la trata de negros, Goa, Macao, Timor. Alfonso IV se había desposado con una parienta de Luis XIV, María Francisca de Saboya, que siempre estuvo alejada de este esposo débil e incapaz; enamorada de su cuñado Pedro II, puso en marcha una conspiración para entregar la corona a su amante.

Pedro de Portugal

Pedro II (de Portugal) (1648-1706), rey de Portugal (1683-1706). Séptimo hijo de Juan IV, accedió al trono tras la muerte de su hermano Alfonso VI.

A pesar de sus gloriosos servicios, Castelo Melhor fue exiliado; las Cortes obtuvieron de Alfonso IV que abandonase el poder a su hermano menor; a él le enviaron a las Azores y después a Cintra, donde murió en 1683. Durante este tiempo, Pedro tomó el título de gobernador, y el de rey después de la muerte de su hermano. Finalmente María Francisca hizo anular su primer matrimonio y se casó con Pedro II.

Murió en 1683, no habiendo dado al rey más que una niña; éste se volvió a casar, cuatro años más tarde, con una hija del Elector Palatino, María Sofía, con la que tuvo cuatro hijos. Pedro II se dedicó desde el principio a sanear la economía del país. Su ministro Briceira promulgó una serie de medidas proteccionistas para estimular las producciones del país; un acuerdo firmado en 1703 con Inglaterra autorizó la entrada libre de lanas inglesas en Portugal y la exportación de vinos portugueses a Inglaterra, lo que llevó consigo un gran impulso del viñedo.

En  1699, fueron descubiertos en Brasil importantes yacimientos de oro y el metal precioso afluyó a la corte de Lisboa; el rey aprovechó la independencia financiera que este descubrimiento produjo para no convocar las Cortes y gobernar como monarca absoluto. Pedro II había comprendido que era necesaria la paz para el enriquecimiento de su reino y había hecho todo para mantenerla, pero su dependencia económica respecto de Inglaterra debía inevitablemente arrastrarle en la gran coalición contra Francia, cuando los asuntos de la sucesión de España.

Pedro II murió en 1706, antes de que esta guerra hubiese acabado. Dejaba a su hijo el joven Juan V un reino sólido,  próspero e  independiente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Fin del Dominio Español en Italia Rebelión de Nápoles y Sicilia

FIN DE LA ITALIA ESPAÑOLA
A principios del siglo XVII, España tenía una influencia preponderante en Italia: poseía Sicilia y el reino de Napóles, Cerdeña, el ducado de Milán, los presidios de Toscana, que comprendían muchas ciudadelas, y la isla de Elba. Eran independientes los Estados del Papa, el Gran Ducado de Toscana, las repúblicas de Venecia y Genova, el Ducado de Piamonte (Saboya y varios Estados de menos importancia); pero, con excepción de Venecia, ejercía sobre ellos España una especie de protectorado.

La decadencia que conoció España a lo largo de todo el siglo repercutió profundamente sobre las posesiones italianas, de las cuales algunas escaparían a su influencia en gran parte. Paralelamente, los pequeños estados independientes, que no tenían nada que hacer en una Europa dominada por Estados modernos y centralizados, conocieron un declive muy rápido.

Después del tratado de Cateau-Cambrésis de 1559, una gran parte de Italia estaba bajo la supervisión de un consejo, que residía en Madrid y delegaba en soldados y monjes para intensificar la hispanización. En el estado general de corrupción existente en el reinado de Felipe III, la función de virrey era un medio para enriquecerse considerablemente la alta nobleza a costa de las poblaciones sometidas.

Bajo el reinado de Felipe III el duque de Osuna ocupó este cargo en Sicilia y después, y a partir de 1616, en el reino de Napóles; ambicioso y refinado, quería extender su dominación sobre toda Italia y disminuir especialmente la potencia veneciana.

En varias ocasiones trabó combate su flota con la de la Serenísima y le causó graves daños. La crueldad de que dio pruebas con respecto a la población de Nápoles, a la que aplastó con impuestos y redujo a la miseria, levantó contra él Italia entera. Pero la desgracia de su protector el duque de Lerma, los requerimientos del clero y la nobleza, cansados de su orgullo e inmoralidad, acabaron por provocar su caída.

En 1620 fue llamado a Madrid, acusado de traición y encarcelado, muriendo poco tiempo después. Su marcha no mejoró la situación de los napolitanos, que conocieron de nuevo la miseria y el hambre, y fueron obligados a pagar nuevos impuestos para financiar la Guerra de los Treinta Años.

LAS REBELIONES DE NÁPOLES Y SICILIA
El 7 de julio de 1647, a propósito de una nueva tasa impuesta sobre los frutos, estalló en Ñapóles una rebelión; un joven vendedor de pescados llamado Masaniello (Tomás Aniello) tomó la dirección y, en algunas horas, los insurgentes reinaron en la ciudad, abandonada a toda prisa por el virrey y su corte. Masaniello intentó organizar una dictadura democrática, pero fue desbordado rápidamente por una parte de sus tropas, que se dedicó a un saqueo sistemático de la ciudad y mató a muchos cientos de personas. Animado de una ambición desmesurada, este antiguo pescadero no ocultaba sus deseos de alcanzar el virreinato.

La Rebelión de Nápoles

La Rebelión de Nápoles

Entonces, sus más fieles partidarios se volvieron contra él, le asesinaron en el monasterio donde se había refugiado y pasearon su cuerpo a través de la ciudad. Después de su muerte, se constituyeron en Napóles dos partidos: uno, compuesto por la nobleza y el clero, adicto al campo español; el otro, que agrupaba al pueblo y una parte de la burguesía, puso todas sus esperanzas en un descendiente de los duques de Anjou, que habían reinado en otro tiempo en Napóles, el duque de Guisa. Este fue recibido en Napóles en noviembre, con regocijo general. Pero, por su arrogancia, se atrajo en seguida la hostilidad de los mismos que le habían llevado en triunfo.

Por otra parte, Mazarino no le concedió ninguna ayuda. Por eso, don Juan de Austria, cuya flota fondeaba cerca de Napóles hacía varios meses, no tuvo ninguna dificultad para apoderarse de la ciudad, en febrero de 1648. La represión fue muy dura, y Ñapóles volvió al dominio español hasta finales del siglo.

Sicilia conoció una situación semejante; el virrey era muy poderoso y los estados que representaban los tres órdenes: nobleza, clero y burguesía, no desempeñaban ningún papel. Todas las riquezas en cereales eran exportadas hacía España y la isla conoció terribles miserias; la primera revuelta estalló en 1647, pero fue reprimida rápidamente. En 1674, la población de Mesina tomó las armas contra el ocupante; Luis XIV envió una flota para sostener a los insurrectos, que tuvieron a los españoles en jaque durante cuatro años. Pero la marcha de los franceses en 1678 frenó la resistencia y Mesina hubo de rendirse finalmente.

La represión fue terrible. Si Cerdeña no era más que una isla pobre y de poco interés para los españoles, el Milanesado, al contrario, les ofrecía una doble ventaja: en primer lugar, de orden estratégico, porque dominaba los caminos de acceso a Venecia, Austria e Italia; el grueso de las tropas españolas estaba allí concentrado y podía llegar a Alemania en algunos días; de orden económico a continuación, pues constituía la región más rica de Italia y suministraba a España de cereales. Bajo el virreinato del marqués de Villafranca, contemporáneo de Osuna, fueron suprimidas todas las libertades y la opresión fue muy dura.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Biografia de Carlos II de España Reinado y Gobierno Conflictos con Francia

Biografia de Carlos II de España Reinado y Gobierno Conflictos con Francia

BIOGRAFIA: Hijo de Felipe IV y de Mariana de Austria, de tío y sobrina, respectivamente, Carlos II nació en Madrid el 6 de noviembre de 1661, cuando, después de la muerte de los príncipes Fernando (1659) y Felipe (1.° de noviembre de 1161), la corte esperaba con angustia el sexto parto de la reina.

Pero la alegría primera se convirtió en temor por la vida de aquel mísero cuerpo, temor que había de durar hasta su muerte.

Raquítico y endeble, el recién nacido requirió todos los cuidados para poder crecer. Su lactancia duró más de tres años. Más tarde un esfuerzo le producía fiebre, y la exposición al aire, flucción a los ojos.

A los nueve años no sabía leer ni escribir, ni tampoco gustaba del estudio. En este mismo año una grave enfermedad estuvo a punto de poner fin a sus días.

Rey de España desde la muerte de su padre el 17 de septiembre de 1665, tomó posesión de sus estados el 6 de noviembre de 1675, al llegar a la mayoría de edad.

La regencia la había desempeñado su madre, doña Mariana, ora auxiliada por el padre Nithard ora por el privado Valenzuela. Bajo este gobierno las cosas habían ido de mal en peor.

Aconsejado por su confesor y varios nobles, el rey-niño intentó confiar el poder a Juan José de Austria, en quien muchos depositaban grandes esperanzas. Pero su madre le arrancó la continuación de la privanza de Valenzuela.

El golpe de estado del bastardo en 1677 provocó la caída del «Duende de Palacio» y su elevación al cargo de ministro universal. Pero la situación internacional no mejoró. Por la paz de Nimega (1678), la monarquía perdió nuevos florones de su corona.

La muerte de Juan José de Austria y el matrimonio del monarca con María Luisa de Orleáns (1679), iniciaron las intrigas sobre la sucesión que habían de perseguir al pobre Carlos con sus signos de odios, cabalas y supercherías.

Carlos II de España

REINADO: En 1665, Carlos II reemplazó a su padre Felipe IV en el trono español. Débil y enfermizo, dejó el gobierno en manos de ambiciosos y favoritos que terminaron de arruinar al país.

Bancarrotas, venalidad, corrupción e indolencia de los funcionarios, miseria de la población, todo acrecentó el desorden y la decadencia.

Como Carlos II no tenía hijos, las potencias europeas pronto empezaron a especular con su muerte y a programar el reparto de sus territorios.

Las rivalidades por la herencia motivaron la guerra de Sucesión española.

Por su parte, Portugal, ya independizado, entraba en la órbita de influencia británica e iniciaba una amistad que se confirmaría con el tratado de Methuen (1703).

carlos II de España

Carlos II de España: rey de España desde 1665 hasta 1700, fue el último soberano de su país perteneciente a la Casa de Habsburgo.

A la muerte de su padre en 1665, el pequeño Carlos no tenía más que cuatro años; su madre María Ana de Austria, católica, muy afecta al partido austríaco, confió el poder a su confesor el jesuíta alemán Nithard, que se atribuyó además la función de inquisidor general.

Aparte de sus hijos legítimos, Felipe IV había tenido una treintena de bastardos de los cuales uno solo había sido reconocido y se había distinguido por múltiples hazañas militares: don Juan de Austria.

Este no ocultaba sus simpatías a la monarquía francesa y, bajo pretexto de combatir la influencia perniciosa de Nithard, tomó las armas contra el partido habsburgués que reinaba en Madrid; Nithard huyó ante la amenaza de sus ejércitos.

Juan José de Austria (1629-1679), político y general español, hijo natural de Felipe IV. Conocido en su época como don Juan.  Fruto de las relaciones del rey con la actriz María Calderón, desempeñó importantes misiones políticas y militares. Dirigiendo un gran ejército hizo que su hemanastro Carlos II lo nombrara primer ministro.

Pero don Juan no pudo conseguir sus aspiraciones a la sucesión, pues la regente había encontrado un nuevo favorito, Fernando de Valenzuela, que debía ser el nuevo amo de España hasta 1675.

Pero amplios sectores de la opinión se revolvieron contra el valido, hasta que fue desterrado a Filipinas, mientras que la regente era obligada a retirarse a un monasterio de Toledo.

Aun habiendo alcanzado la mayoría de edad, Carlos II era incapaz de gobernar y don Juan volvió a tener una influencia preponderante durante el último año de su vida. Para estrechar la alianza con Francia, casó a Carlos II con una sobrina de Luis XIV, María Luisa de Órleans.

La muerte de don Juan en 1679, favoreció la vuelta de la reina madre que condujo en adelante los destinos de España. Ella jamás ocultó su hostilidad a la nueva soberana, que murió algunos años más tarde en condiciones misteriosas, se supone envenenada, cuando tenía 27 años.

La reina madre negoció enseguida el matrimonio de su hijo con una princesa alemana, María Ana de Neoburgo.

La historia del reinado de Carlos II se confunde estrechamente con la de las guerras que enfrentaron a Francia y España; Luis XIV, que estaba entonces en el apogeo de su reinado, no ocultaba sus ambiciones territoriales; aprovechando el estado de extrema debilidad en que se encontraba España, exigió que ésta le cediera los Países Bajos españoles para indemnizarle de la dote de María Teresa, prometida por el tratado de los Pirineos y no pagada jamás.

En 1667, sus ejércitos invadieron Flandes y el Franco Condado, pero Europa inquieta por la pujanza francesa se levantó en seguida contra ella.

Una coalición que reagrupaba a Inglaterra, Holanda y Suecia, hizo presión sobre Luis XIV, que renunció a sus miras momentáneamente.

La guerra de devolución tuvo fin en el tratado de Aquisgrán: Luis XIV devolvía el Franco Condado, pero se anexionaba una decena de ciudades flamencas.

Pero cuatro años más tarde, se lanzó a una nueva guerra de la que salió victorioso, obligando a los coligados a la Paz de Nimega en 1678 y a cederle el Franco Condado, Valenciennes, Cambray y Maubeuge, reduciendo progresivamente a la nada la antigua herencia borgoñona de España.

Con la esperanza de recobrar sus posesiones, Carlos II participó en 1686 en la constitución de la Liga de Augsburgo que reagrupaba entonces al emperador de Austria, Suecia, a la cual vinieron en seguida a unirse Inglaterra, Holanda y Saboya, resueltas a romper las ambiciones de Luis XIV.

La guerra duró diez años y agotó a los adversarios; sin embargo, la paz de Ryswick de 1697 fue un éxito para la Liga, que obligó al rey de Francia a restituir todos los territorios ocupados por él después del tratado de Nimega; España, que no había tenido prácticamente ningún papel en estos combates, recuperó Luxemburgo y Cataluña, ocupada por  el  ejército  francés  después  de   1689.

Apenas había sido firmado el tratado de Ryswick cuando una nueva cuestión iba a inquietar a Europa: ¿quién sucedería a Carlos II? Este no tenía hijos y su mala salud dejaba presagiar una próxima muerte.

Los soberanos pretendían con los mismos títulos, la sucesión: el emperador de Austria Leopoldo I y el rey de Francia Luis XIV, los dos nietos del rey Felipe III por su madre, y cuñados de Carlos II.

Cada uno, consciente de la imposibilidad de solicitar la corona española para sí mismo, tenía su candidato: Luis XIV su nieto, Felipe de Anjou; y Leopoldo su segundo hijo, Carlos. Luis XIV soñaba con un reparto, las posesiones italianas volverían a Francia y España a los Habsburgo.

Pero Carlos II se opuso a tal desmembramiento, nombrando en su testamento al duque de Anjou su único heredero.

La fracción francesa de la corte, dirigida por el cardenal Portocarrero, le había separado del partido habsburgués de la reina madre. Un mes más tarde, en noviembre de 1700, Carlos II se extinguía. Luis XIV aceptó su testamento y el duque de Anjou vino a ser rey de España bajo el nombre de Felipe V.

Todos los soberanos le reconocieron, salvo Leopoldo I. Luis XIV se había mostrado hasta entonces conciliador y hábil; Europa había aceptado esta elección a condición de que España quedara independiente. Entonces, el rey de Francia debía demostrar muy pronto las ventajas que esperaba obtener de esta sucesión y reducir a España al papel de satélite.

Esto no podía aceptarlo ningún país en nombre del equilibrio político europeo. Por no haberlo comprendido, Luis XIV y Felipe V arrastrarían a su país a una larga y extenuadora guerra.

ESPAÑA A LA MUERTE DE CARLOS II
En el alba del siglo XVIII, la situación económica era horrorosa: la agricultura no suministraba lo necesario para alimentar a la población y las importaciones de trigo se llevaban hacia el exterior una gran parte de las reservas de oro, con todo, siempre insuficientes y España conoció terribles escaseces.

La industria y el comercio vegetaban totalmente a consecuencia de la inflación, que impedía toda competición en el mercado internacional.

En Madrid, el comercio y la industria estaban en manos de franceses que se decían «flamencos» o «borgoñones» para escapar a las tasas que gravaban a los extranjeros.

La corrupción hacía más estragos que nunca;  parados, soldados licenciados, forman una plebe ociosa en las ciudades, mendigando o dedicándose al bandidaje.

Según una obra contemporánea de Alonso Núñez de Castro, las rentas anuales de la Corona subían a quince millones de ducados; la mitad estaba comprometida de antemano como garantía de las deudas.

Los Estados suministraban dos millones de ducados. La renta de las colonias (un tercio de los metales preciosos extraídos): 1.500.000. Las rentas de las iglesias sólo en Castilla se elevaban entonces a doce millones de ducados.

Clases parásitas, emigración hacia América y despoblación, burocracia corrompida, fatuidad y pereza de los «hidalgos» fueron los factores principales de una decadencia que, en el siglo siguiente, se iba a intentar contener, no sin éxito.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Caída de la República de Venecia Guerra Contra el Imperio Turco

LA DECADENCIA DE VENECIA FRENTE A LOS TURCOS

Si fue largo tiempo reina de la península, Venecia conoció en el siglo XVII una irremediable decadencia. Para mantener su integridad debió batirse en todos los frentes contra los Habsburgo de España, después con los de Austria y, sobre todo, contra los turcos.

Para domar esta potencia rebelde, España no vaciló en ayudar abiertamente  a  los  piratas   árabes  y bosniacos contra ella; la guerra de Gradisca (1613-1617) no tuvo resultado decisivo. Los españoles, por intermedio de su embajador en Venecia, el marqués de Bedmar, intentaron entonces, con intrigas, fomentar una sublevación. Fracasaron de nuevo, y el tratado de París de 1617 confirmó los derechos de Venecia sobre el Adriático. Durante la Guerra de Treinta Años, la República mantuvo una prudente neutralidad. En 1645, los turcos comenzaron a asediar el puerto cretense de Candía, última posesión de Venecia en Oriente.

La ciudad resistió veinticuatro años a sus asaltos, pero acabó por rendirse, a pesar de los refuerzos enviados por Luis XIV. Decidida a tomar su desquite, Venecia, aliada a Austria, declaró la guerra a Turquía en 1684. Se apoderó del Peloponeso, pero no consiguió abatir la flota enemiga; después de quince años de guerra, fue firmada la paz de Carlowitz en 1699. Venecia obtuvo Morea, que fue recobrada por los turcos quince años más tarde.

La guerra continuó en 1716 y el tratado de Passarovitz de 1718 concedió a los turcos la hegemonía en el Mar Egeo; Venecia perdía Morea, todas sus plazas fuertes del Egeo y sólo conservaba algunas bases en Albania. Al mismo tiempo que perdía toda influencia en el exterior, Venecia sufría una grave crisis interna.

El veneciano puente de los Suspiros, diseñado por Antonio Contino, fue construido aproximadamente en 1600 para unir las salas de vistas judiciales sitas en el palacio del Dux y las nuevas prisiones. En la actualidad sigue siendo uno de los puntos ineludibles para los turistas que visitan esta bella ciudad italiana.

La decadencia de las instituciones políticas iba acompañada de una corrupción enorme, de un relajamiento de las costumbres; este gran centro comercial se convirtió en uno de los principales lugares europeos de libertinaje y placeres. Venecia vio reducirse considerablemente su tráfico y perdió su puesto de gran puerto internacional en beneficio de los puertos holandeses e ingleses.

Estaba obligada a importar cereales para alimentar a su atrasado país y no podía ser considerada ya más que como capital de su provincia. Para remediar este declive comercial, desarrolló ciertas industrias, como la de la lana, seda y vidriería, exportando muy pronto a toda Europa sus tejidos, cristales, cueros y metales trabajados… Pero en la segunda mitad del siglo xvii, el desarrollo de las industrias de lujo en Francia y de la lana en Inglaterra, dio un golpe terrible a la producción veneciana, cuyos mercados se redujeron a la Dalmacia y el Véneto.

Historia de la República de Venecia

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA TomoVI La Gran Aventura del Hombre

Biografia de Felipe IV Rey de España Historia de su Reinado

RESUMEN REINADO DE FELIPE IV DE ESPAÑA

Rey Felipe IV de España y Portugal, perteneciente a la Casa de Habsburgo (Valladolid, 1605 – Madrid, 1665).

Era hijo de Felipe III, a quien sucedió en 1621. Durante la mayor parte de su largo reinado el gobierno de la Monarquía estuvo encomendado a su valido, el conde-duque de Olivares (de 1621 a 1643).

Felipe IV de España

Felipe IV de España

Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665), durante cuyo gobierno tuvo lugar el más evidente proceso de decadencia de la Monarquía Hispánica. Hijo de Felipe III, a quien sucedió tras su fallecimiento, y de Margarita de Austria, nació el 8 de abril de 1605 en Valladolid.

Luego de la muerte de Felipe III, el nuevo soberano, que no tenía mas que dieciséis años, era tan incapaz de gobernar como su padre.

Con veinte años de intervalo la historia parecía repetirse; un nuevo valido tomaba las riendas del poder, eliminaba a los dirigentes del reinado precedente, concentraba todo el poder en sus manos, componía los consejos encargados de ejecutar sus directrices con hombres de su devoción.

Pero, a diferencia de Lerma, que no era mas que un ambicioso mediocre, el conde duque de Olivares a pesar de su gran fatuidad, era un hombre enérgico, deseoso de devolver a España el poderío que había perdido después de medio siglo.

Esta hegemonía no podía venir, a su parecer, más que de guerras victoriosas; así subordinó toda la política interior de España a sus miras exteriores.

El ejército español tenía, sin embargo, la reputación de ser el mejor de Europa; los varios reveses infligidos por los ingleses a lo sumo habían dejado entrever su extrema debilidad.

Para lanzarse a la Guerra de los Treinta Años, que había estallado en 1618 en Bohemia, necesitaba importantes medios financieros y una centralización capaz de romper las resistencias internas.

Olivares fue influido, sin duda, por la política absolutista de Richelieu.

Desde 1625, quiso que todos los estados: Aragón, Valencia, Cataluña, participasen todavía más en los gastos de la guerra, que recaían esencialmente sobre la fiel Castilla.

Las Cortes de los tres estados fueron convocadas en 1626; los representantes de Valencia rechazaron desde el primer momento tropas y subsidios; Olivares les amenazó y el rey los acusó de traición.

En Lérida tuvo dificultades parecidas con los catalanes.

En 1639 los ejércitos invadieron el Rosellón y, para detener la invasión, Olivares decretó la movilización forzosa de los catalanes.

Pero las tropas castellanas que envió cometieron tales exacciones que, en 1640, los campesinos se sublevaron contra el poder central.

España no podía escapar  de los grandes problemas que se debatían en Europa. Pero para ello era preciso una nueva organización del Estado que hiciera factible el esfuerzo que requería la guerra general.

En este aspecto, la política de Olivares fué creando un grave malestar en el país, que se reveló en las cortes de Castilla de 1623 y en el viaje efectuado por Felipe IV por tierras de Aragón, Valencia y Cataluña en 1625-1626.

Poco después, cuando Richelieu hubo estructura? do su poder en Francia, la fortuna empezó a mostrarse esquiva para España.

Duque De Olivares

Durante el reinado de Felipe IV el proceso de decadencia española como potencia internacional se aceleró. La pérdida de la hegemonía en Europa no conllevó detrimento alguno en el aspecto cultural, y España vivió la etapa más importante de su denominado «siglo de Oro».

El rey delegó sus funciones de gobierno en  validos, en este caso en el conde-duque de Olivares y Luis Menéndez de Haro sucesivamente, fomentó la actividad cultural de la corte y en 1623 nombró pintor de cámara a Diego de Silva Velázquez.

LA INSURRECCIÓN DE CATALUÑA

El movimiento ganó rápidamente las ciudades y Barcelona se convirtió en el foco de la insurrección; el virrey, que era un adicto de Olivares fue asesinado al mismo tiempo que los castellanos eran matados por centenares.

Los insurgentes nombraron a Luis XIII conde de Barcelona; era el resultado de una hábil política diplomática dirigida por Richelieu desde hacía algunos años.

El ejército francés se instaló en seguida en Cataluña, recobrando victoriosamente Lérida al ejército de Olivares. El mismo año se había sublevado Portugal y proclamado su independencia.

La política de Olivares había fracasado completamente en todos los frentes; Felipe IV fue obligado a desembarazarse de su antiguo privado, que se volvió loco y murió olvidado algunos años más tarde.

La marcha de Olivares no cambiaría nada la situación de España; en 1643, un joven de 18 años, el príncipe de Conde le infligió la más temible derrota: los famosos tercios, con fama de invencibles, fueron aplastados en la batalla de Rocroy; el hundimiento de la infantería española propinó un golpe fatal al prestigio de España.

Felipe IV reconstruyó su ejército y, en 1648, intentó recobrar Artois, que ocupaban los franceses, pero Conde le infligió una nueva derrota en Lens.

El rey de España rechazó firmar los tratados de Westfalia, a pesar de estos fracasos; durante diez años continuó la guerra entre los dos países que quedaron solos en la liza, pero sin adelantar un paso.

En Cataluña el ejército francés se comportaba como ejército de ocupación, por lo que suscitó violentos odios en la población que, en 1651, volvió a tomar las armas, obligando a los franceses a retirarse del territorio; Felipe IV dio pruebas de habilidad, confirmando los Fueros catalanes con todos sus derechos. Así se terminó la sublevación catalana.

Cansado de esta guerra ruinosa, Mazarino decidió terminarla aliándose con Inglaterra, la cual le suministró refuerzos a cambio de la cesión de Dunkerque. Los dos ejércitos aplastaron a los españoles en la batalla de las Dunas en 1658, obligando a Felipe IV a pedir la paz.

Esta fue firmada en 1659, en la Isla de los Faisanes, en el Bidasoa, frontera común de los dos países.

Francia obtenía Artois, el Rosellón, algunas plazas fuertes en Luxemburgo y en Lorena, afirmando así su preponderancia en Europa.

Luis XIV se casó con la infanta María Teresa, que debió renunciar a todo derecho sobre la herencia española; pero el diplomático francés Hugo de Lionne condicionó esta renuncia a la entrega de una dote de 600.000 coronas de oro que España no era capaz de pagar.

Francia se reservaba así el derecho a intervenir en los asuntos de la sucesión española.

Felipe IV murió en 1665, despreciado por todos sus subditos.

Su reinado había sido una sucesión de desastres y de humillaciones; vencido por los holandeses, por los franceses, por los ingleses, que se habían apoderado de Jamaica en 1655, conoció el año de su muerte una última derrota infligida por los portugueses.

De su primer matrimonio había tenido varios hijos, de los cuales el inteligente príncipe Don Baltasar Carlos murió prematuramente a los 17 años de edad.

Felipe IV sin hijos varones se volvería a casar entonces con la joven María Ana de Austria, la cual le dio un hijo epiléptico, deforme y retardado, que sólo tenía cuatro años a la muerte de su padre.

La dinastía de los Habsburgo tendría en él su último representante.

Felipe IV dedicó el final de su reinado a asegurar la sucesión para su hijo de cuatro años, Carlos II, bajo la regencia de su madre Mariana de Austria.

Le dejaba una Monarquía gravemente debilitada, inmersa en un proceso de descomposición de la autoridad real, pérdida de prestigio en Europa, ruina económica y financiera e impotencia militar.

Además del incapaz heredero Carlos, Felipe IV tuvo otros once hijos legítimos (de los cuales sólo le sobrevivieron dos mujeres) y multitud de bastardos, el más conocido de ellos fue don Juan José de Austria, que habría de desempeñar un importante papel en el reinado siguiente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre