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Biografia de Primo de Rivera Jose Antonio Vida del Politico Español

Biografia Primo de Rivera José Antonio, Hijo de Miguel

Político español. Nacido en Madrid, primogénito del que sería general y dictador Miguel Primo de Rivera, en 1922 se licenció en Derecho por la Universidad Central de Madrid. Tres años más tarde comenzó a ejercer como abogado.

En octubre de 1930, finalizada la dictadura de su padre, entró a formar parte de la Unión Monárquica Nacional, la organización política conservadora creada para sustentar el régimen monárquico representado por el rey Alfonso XIII.

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Nacido en la tarde del 24 de abril de 1903 en Madrid, José Antonio fue hijo primogénito de Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, entonces teniente coronel de Infantería, y doña Casilda Sáenz de Heredia y Suárez de Argudín, noble dama que unía su recia estirpe de Castilla a una soñadora sangre antillana.

Fue bautizado pocos días después en la iglesia de Santa Bárbara (13 de mayo), que iría unida a otros episodios culminantes de su vida.

Cuando contaba tres años, la familia Primo de Rivera se trasladó a Algeciras, pues don Miguel había sido nombrado jefe del Batallón de Cazadores de Talavera, de guarnición en el campo de Gibraltar.

No obstante, al cabo de dos años, a la muerte de la madre, acaecida el 9 de noviembre de 1908, José Antonio, con sus hermanos, permaneció en Madrid, al cuidado de su tía doña María.

Su niñez se desarrolló en un cuadro de aficiones variadas, aunque predominando las lecturas de los héroes románticos, el dibujo y la redacción de artículos para periódicos infantiles.

En el transcurso de este período de tiempo, tuvieron cierta trascendencia sus veraneos en la finca del Encinar, propiedad del tío de su padre, don Fernando, que en la guerra había adquirido el marquesado de Estella. Allí recogía de boca del general sus memorias y escuchaba las anécdotas que circulaban entre sus contertulios.

La enseñanza media, efectuada de 1912 a 1917 con un profesor particular, examinándose libremente en los Institutos Cardenal Cisneros, de Madrid, y los de Cádiz y Jerez, no ejerció mucha importancia en su formación.

En cambio, sí la tuvo su vida universitaria. A pesar de los lazos familiares que le relacionaban con el ejército, se decidió por la carrera de Derecho, que respondía a las tendencias normativas de su espíritu.

Su vida de estudiante fue muy intensa, interviniendo en las primeras asociaciones escolares de la época. Cursó la licenciatura de 1917 a 1922, y el doctorado en 1922-1923. Sus últimos períodos académicos fueron de una brillantez excepcional, como lo atestiguan las calificaciones de su expediente universitario.

Terminada la carrera, José Antonio pasó a Barcelona, a fin de reunirse con su padre, quien desde la primavera de 1922 ocupaba la capitanía genera! de Cataluña.

La ciudad condal, que ya había conocido el año anterior, despertó en él la sensación de dinamismo y vitalidad que no había conocido en la capital.

En ella sentó plaza de voluntario en el regimiento de caballería, número 9, de Dragones de Santiago, en el que debía servir escaso tiempo, pues, habiendo su padre empuñado el gobierno de España después del golpe de Estado de 13 de septiembre de 1923, fue agregado al regimiento de Húsares de la Princesa, de guarnición en Madrid.

El 3 de abril de 1924, a punto de cumplir 21 años, se dio de alta en el Colegio de Abogados de la capital, e inauguró su bufete, que muy pronto se vio concurridísimo.

Los adversarios políticos de la Dictadura atribuyeron este éxito a la influencia política de su padre, de cuya imputación lo defendió el mismo don Miguel en una nota oficiosa dirigida al país.

Por aquella época efectuó un viaje a Italia en el séquito oficial que acompañaba a Sus Majestades, don Alfonso XIII y doña Victoria. Posteriormente, se dedicó a compendiosas lecturas, en particular del grupo de la Revista de Occidente.

En diciembre de 1929, con motivo de celebrarse un homenaje a los hermanos Machado, José Antonio habló por vez primera en público.

El tema de aquella noche fue la Poesía. Muy pronto habrían de brotar de sus labios palabras de mayor trascendencia pública.

La caída de la Dictadura el 22 de enero de 1930 y la subsiguiente muerte de don Miguel (París, 16 de marzo), convirtieron a José Antonio en el defensor de la memoria de su padre.

En concepto de tal ingresó en el partido de Unión Monárquica Nacional y tomó parte en el mitin del frontón Euskalduna de Bilbao, con Ramiro de Maeztu, Esteban Bilbao y el conde de Guadalhorce (6 de octubre de 1930).

La esterilidad de aquellos esfuerzos le hizo abandonar las filas del partido, aunque, como grande de España y marqués de Estella, continuara asistiendo a las recepciones dadas en Palacio.

Sobrevino luego el desplome de la monarquía el 14 de abril — que él siempre enjuició desde un punto de vista de necesidad revolucionaría—.

El 4 de octubre de 1931 se presentó candidato a Cortes por Madrid, con el único objeto de reivindicar la memoria de su progenitor. Pero, apoyado tibiamente, fue derrotado en las urnas por Cossío.

Su vocación política se iba acentuando. Estudiaba y leía a Mussolini, Hitler, Rosenberg, Farinacci, Mala-parte, Trotsky y Lenín, a fin de conocer la ideología v la táctica de amigos y adversarios.

Pero tampoco olvidaba bucear en los pensadores clásicos esoañoles, como Balmes, Donoso, Cortés y Menéndez y Pelayo, o en los contemporáneos, como Ortega y Unamuno.

El fruto de la experiencia que iba recogiendo, se reveló en la defensa que hizo del ex ministro Galo Ponte ante el tribunal parlamentario nombrado al efecto.

El informe llamado «del Senado» (26 de noviembre de 1931) es una pieza intermedia entre su vida anterior y la actuación política que iba a emprender muy pronto, estimulado por las lecturas de «La Conquista del Estado que editaban las J.O.N.S., y «La Gaceta Literarias de Giménez Caballero.

Sin embargo, no tomó parte en el alzamiento de 10 de agosto de 1932, pues aquel día se hallaba en Francia; pero el día 11 fue detenido en San Sebastián y llevado a Madrid. Allí fue libertado.

En marzo de 1933 colaboró en el primer número de un periódico, «El Fascio», que se proponía lanzar Delgado Barreto en colaboración con Giménez Caballero Sánchez Mazas y los directivos jonsistas Ledesma y Aparicio.

La edición fue recogida por la autoridad gubernativa. No desalentándose, en la primavera y verano de 1933 organizó el M.E.S., o sea, el Movimiento Español Sindicalista, al que aportaron su colaboración, entre otros, Ruiz de Alda y García Valdecasas.

Muy pronto este núcleo contó con ramificaciones en varias provincias españolas, en particular en Castilla la Nueva, Levante y Andalucía. Su presentación pública la efectuó con motivo de la campaña electoral de octubre de 1933.

En el transcurso de este mes, José Antonio se entrevistó en Roma con Benito Mussolini, y a fines del mismo, el día 29, se celebró en el teatro de la Comedia, de Madrid, el acto que ha sido denominado «fundacional de Falange Española».

En él hablaron García Valdecasas, Ruiz de Alda y José Antonio, quien expuso, con cálida y emotiva palabra, las grandes líneas del Movimiento político que dirigía.

Elegido diputado a Cortes por la circunscripción de Cádiz el 19 de noviembre, y revestido, por este hecho, de la inmunidad parlamentaria, pudo dedicarse a la organización de la Falange.

En enero de 1934 salió el periódico «F. E.», cuya venta dio al Movimiento sus primeros caídos, entre ellos Matías Montero, uno de los fundadores del Sindicato Español Universitario (9 de febrero).

El vigor del nuevo grupo indujo a los dirigentes de las J.O.N.S. a plantear la fusión entre las dos organizaciones, que hasta entonces había chocado con algunos imponderables.

Este hecho tuvo lugar el 13 de febrero de 1934, uniéndose F.E. y las J.O.N.S. bajo el nuevo denominativo de F.E. de las J.O.N.S., el triunvirato de José Antonio, Ramiro Ledesma y Ruiz de Alda, y los signos y emblemas de los jonsistas.

De este modo se presentó ante el público vallisoletano, donde gracias a Onésimo Redondo la T.O.N.S. contaba con muchas simpatías, en el Teatro Calderón, el 4 de marzo de 1934, en cuyo acto José Antonio definió la misión histórica de Castilla.

En mayo de 1934 visitó por vez primera Alemania, al objeto de estudiar las creaciones del Nacionalsocialismo.

A su regreso, tuvo efecto la concentración de las escuadras falangistas en el aeródromo de Estremera (3 de junio), que fue muy comentada por la prensa del país.

A este hecho siguieron los sangrientos sucesos del domingo siguiente (10), que tuvieron por marco las riberas de Manzanares, y, con la muerte de Juan Cué-Har, desataron las represalias de la acción falangista.

La intranquilidad y el nerviosismo de que por entonces daba prueba la nación, indujeron a José Antonio a escribir un mensaje al general Francisco Franco, en términos del más encendido patriotismo, augurando acontecimientos revolucionarios para muy en breve.

Acertó en su profecía, pues apenas acababa de ser elegido Jefe Nacional del Movimiento por el Iº Consejo Nacional de Falange (4 de octubre), se desencadenaron los hechos de la revolución de octubre.

En el transcurso del inyierno de 1934 a 1935, José Antonio afirmó el Movimiento con la publicación de los 27 Puntos programáticos de F. E. y de las J.O.N.S., la separación de Ramiro Ledesma (diciembre), la publicación de Arriba, y la participación en numerosos actos de propaganda oral, como el del Teatro Bretón de Salamanca (10 de febrero), notable porque a él asistió Miguel de Unamuno.

En abril dirigió la palabra a los congresistas del S.E.U., y en mayo habló en Barcelona, Córdoba y en el cine Madrid de la capital (19), cuyo acto probó el desarrollo que adquiría el Movimiento y reveló sus grandes posibilidades de orador, ya demostradas en sus intervenciones parlamentarias.

Su perspicacia política le hizo intuir entonces nuevas amenazas, y a tal fin, en la reunión celebrada en Gredos el 16 de junio de 1935, hizo prevalecer el criterio de que, ante la revolución inminente, era preciso aprestarse para la guerra insurreccional.

Aquel verano lo pasó en San Sebastián, aunque también hizo un viaje a Suiza para entrevistarse (Montreaux) con Degrelle, Mosley, Codreanu y Stahrenberg.

A su regreso, presidió el II Consejo Nacional de F. E. y de las J.O.N.S., al que sus palabras, pronunciadas en un nuevo mitin celebrado en el cine Madrid (17 de noviembre de 1935), cerraron con broche de oro.

La clausura del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones pusieron sobre el tapete la constitución de un Bloque de Derechas para oponerse al Frente Popular.

De aquél resultó incomprensiblemente excluida la Falange, lo que obligó a José Antonio a presentar sola su candidatura en Madrid y Cádiz.

Necesitaba el acta de diputado para estar amparado por la inmunidad parlamentria, pues, de lo contrario, sus amigos temían los mayores contratiempos para su persona.

En la campaña electoral, actuó en forma muy vibrante: en Madrid se celebraron dos actos simultáneos en los cines Europa y Padilla (2 de febrero).

Sin embargo, como ya se temía, sus frutos no fueron favorables. Después de la instauración de los frentepopulistas en el poder, se inició una dura represión contra la Falange y su Jefe.

Primero se clausuró el Centro, y el 14 de marzo de 1936, bajo especiosos pretextos, fueron detenidos José Antonio y los principales miembros de la Junta Política.

Conducido a la Cárcel Modelo el día 16, no por eso aquél interrumpió su actividad política desbordante, pues desde allí continuó dirigiendo a sus huestes, y del 4 de mayo es su augural manifiesto «A los militares de España».

Durante aquellos meses se le substanciaron cuatro causas, la última, un recurso de casación ante la Sala competente del Tribunal Supremo (5 de junio).

Aquella misma noche, José Antonio era trasladado con su hermano Miguel a Alicante, cuyo suelo había de regar con su sangre generosa.

Desde la cárcel de Alicante continuó dando instrucciones al Movimiento y a la Primera Línea de Madrid, en vistas a un alzamiento que se juzgaba inminente y en el que, según las versiones más autorizadas, tenía la seguridad de intervenir (24 y 29 de junio).

La suerte no lo quiso así, debido a algo que aun hoy permanece en la obscuridad de la Historia.

Mientras las tropas acaudilladas por el general Francisco Franco iniciaban el Alzamiento Nacional y desDués de cruzar el Estrecho avanzaban sobre Madrid, José Antonio permanecía en su celda alicantina, con el corazón devorado por la impaciencia de no poder participar en la empresa que tanto había deseado.

En noviembre de 1936, cuando las tropas nacionales pugnaban para forzar las líneas madrileñas, se le abrió proceso, cuya sentencia estaba prefijada antes de que se iniciaran las primeras diligencias el 13 de dicho mes.

Tres días después se celebró el juicio oral, en el cual José Antonio defendió su actuación política, en términos emocionantes.

Condenado a muerte, lo que le fue comunicado a las dos de la madrugada del 18, se despidió con gran entereza de sus familiares. «Espero la muerte sin desesperación» escribió en sus últimas horas.

Las balas del pelotón de ejecución segaron su noble existencia a las siete menos veinte minutos de la mañana del 20 de noviembre de 1936.

Apenas amanecía, y en su último palpito, su carne se estremeció con el presentimiento de la Victoria.

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Historia de Abderraman I Primer Emir de Cordoba

Historia del Emir Abderraman I

EL EMIRATO: Los conquistadores musulmanes permanecieron en España hasta el año 1492, fecha de la toma de Granada, su última posesión, por los Reyes Católicos. Este largo intervalo, en que los españoles luchan por recuperar su territorio, se denomina período de la Reconquista.

Por parte de los musulmanes se divide este tiempo en tres períodos, según la forma de gobierno. El primero, de 711 a 756, se llama del Emirato, porque los gobernantes de España o emires dependen del califa de Damasco.

El segundo, de 756 a 1031, se llama del Califato, porque España está regida por califas independientes que tienen su capital en Córdoba.

El tercero, de 1031 a 1492, se denomina de los Reinos y de taifas, y en él hay varias monarquías musulmanas independientes, que van sucesivamente desapareciendo en su lucha con los reinos cristianos.

La conquista musulmana de la península ibérica fue iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete.

En el período 711–718, España se constituyó como provincia dependiente del Califato Omeya. Sus gobernantes fijaron su capital en Córdoba y recibieron del califa de Damasco el título de emir.

La población musulmana en España estaba formada por los árabes instalados en las ciudades, conocidos como los bereberes radicados en las zonas rurales. También estaban los sirios, que sumieron a la península en larga guerra civil , que finaliza con la aparición de Abderramán I

La conquista de España, iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete, siguió por parte de él y de Muza, gobernador de África, y se terminó con facilidad. El sucesor de Muza, su hijo, permitió la existencia del reino independiente de Teodomiro en Orihuela, consolidado el régimen de libertad de los cristianos que con el nombre de muzárabes quedáronse a vivir entre los invasores. Los moros intentaron pasar a Francia, pero fueron definitivamente contenidos por Carlos Martel, el año 732, en la batalla de Poitiers.

HISTORIA DE ABDERRAMAN I

En 750, los abasíes derrocaron a los omeyas del Califato de Damasco y ordenan el asesinato de toda la familia omeya.

En 756, Abderramán Ique había escapado del sangriento destino final de los omeyas logrando huir de Damasco– desembarcó en al-Ándalus y se proclamó emir (comandante en jefe) tras conquistar Córdoba y, en 773, se independiza de la nueva capital abasí, Bagdad.

emir abderraman

Deseando establecer en España un gobierno fuerte que acallase los disturbios entre árabes puros y moros berberiscos, fue llamado a España para que reinase como soberano independiente Abderramán, de la familia de los Omniadas, destituida en Damasco por los Abasidas.

Abderramán venció a Yusuf-el-Fehri, último de los emires, y fundó el Emirato Independiente.

Entre los fugitivos de la familia Omeya, que huían de la cruel persecución decretada por el califa Abasida, figuraban dos jóvenes hermanos, Yahya y Abderramán, nietos del califa Hisham .

Desconfiando del indulto ofrecido por el Abasida, siguieron ocultos, pero los emisarios del califa descubrieron su escondite, y Yahya, que no tuvo tiempo de escapar, fue degollado.

Abderramán huyó a una aldea junto al Eufrates, y en ella estaba un día, encerrado en una habitación oscura, porque padecía de la vista, cuando su hijo Solimán, entró despavorido y se arrojó en los brazos de su padre.

Este salió a indagar la causa del temor del niño, y distinguió los estandartes negros de sus perseguidores. Huyó apresurado a refugiarse en un bosque, y desde allí, cuando se le unió su fiel liberto Bedr, se encaminó a las orillas del Eufrates.

No tardaron en aparecer los que iban en su busca, y Abderramán, con un hermano suyo de trece años, que iba con él, se arrojó al río para pasarlo a nado.

Los abasidas le gritaban desde la orilla que se volvieran, que no les harían daño, y el niño, sintiendo que sus fuerzas se agotaban, se volvió, en efecto.

Cuando Abderramán, llegó a la otra orilla pudo ver cómo al momento degollaban a la criatura.

Anduvo Abderramán errante varios años entre las tribus africanas, en espera de los grandes destinos a que las predicciones le tenían llamado.

Tuvo que alejarse del gobernador árabe de África, que, aspirando a la independencia, quería desprenderse del descendiente de los Omeyas, y, por último, mientras estaba hospedado en la tribu beréber de Nafra, envió a España, con su fiel Bedr, una carta dirigida a los clientes de su familia, que en España vivían, implorando su auxilio para entrar en la Península como pretendiente.

Sus clientes trabajaron bien la partida, y, unidos con los árabes yemeníes, enemigos del emir Yusuf, convinieron que Abderramán viniera a España.

Desembarcó en el puerto de Almuñécar en el mes de septiembre del año 755. No tardó Yusuf en convencerse de la inutilidad de la resistencia, y en el pacto de Armilla se sometió. Abderramán había logrado sus deseos y era emir independiente de España.

Tuvo Abderramán que someter varias rebeliones, pues eran muchos los odios entre las fracciones árabes y bereberes, y los califas abasidas no dejaron de enviar emisarios a España para acabar con el nuevo poder.

Entre estas rebeliones es célebre la del wali de Zaragoza, que pidió auxilio a Carlomagno, dando lugar a la expedición famosa que terminó con el suceso de Roncesvalles.

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Biografia de Farnesio Alejandro Militar Español

Biografia de Farnesio Alejandro

En una de las encrucijadas más peligrosas de la historia del reinado de Felipe II de España — la rebelión de los Países Bajos—, Alejandro Farnesio destacó con su capacidad, tanto en el aspecto militar como en el político, que bien puede ser considerado como una de las personalidades más eminentes del Imperio hispánico, pese a su ascendencia italiana.

En efecto, a Farnesio debió España la conservación de los Países Bajos del Sur, en un momento en que era muy problemático su futuro político.

Por otra parte, gracias al engrandecimiento de su figura, intervino en los asuntos internacionales de mayor importancia en el último período del reinado del Prudente: la lucha contra Inglaterra y contra Enrique IV de Francia.

Farnesio Alejandro

Alejandro Farnesio, hijo de Octavio Farnesio y Margarita de Parma, hija ilegítima de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, sobrino de Felipe II y de Juan de Austria.

En todos estos asuntos se reveló como hombre de grandes dotes intelectuales, suma previsión política, enérgicas condiciones de mando y poderosa virilidad. En definitiva. Alejandro Farnesio fue el digno rival de Enrique IV de Francia y Guillermo I de Orange.

Hijo de Octavio Farnesio, primer duque de Parma, y de Margarita de Austria, y reuniendo, por lo tanto, la ascendencia de Paulo III a la de Carlos V, Alejan dro nació en Roma el 27 de agosto de 1545. Desde su¡ primeros años se inclinó a favor de la política espa ñola, la cual había alcanzado su auge en Europa a raí; de la paz de Cateau Cambresis de 1559.

Estimulada ests inclinación por su madre, Alejandro estableció su re sidencia en Madrid, frecuentando la corte de Felipe II.

Años más tarde, celebró su matrimonio con María de Portugal en Bruselas (1565), en un momento en que los ánimos estaban ya tendidos y se auguraba una pro xima y terrible convulsión política y social.

Habiendo resignado su madre en 1566 al gobierne de los Países Bajos, Alejandro Farnesio regresó a Ita lia, donde procuró la recta administración de sus esta dos.

En 1571 tomó parte activa en la batalla de Lepan to, aunque su papel en esta acción fué secundario Cuando en 1577 la situación de los Países Bajos Uegc a ser muy crítica y don Juan de Austria — aislado en Namur — reclamó el regreso de los tercios españoles, el mando de éstos fué concedido por Felipe II al duque Alejandro.

Su presencia en aquel foco de conflictos fué sumamente beneficiosa para la causa de España.

En 1578 ganaba la batalla de Gembloux, y con ella la posibilidad de rescatar el Brabante, en poder de los insurrectos y amenazado por Guillermo el Taciturno y Francisco de Alenzón.

La inesperada muerte de Juan de Austria dio a Alejandro la posibilidad de desarrollar plenamente sus grandes aptitudes.

Nombrado gobernador de los Países Bajos de octubre de 1578), el duque de Parma aprovechó las disensiones de los confederados de Gante — raciales, políticas y religiosas — para atraerse a su causa a la nobleza valona del Sur, católica, francesa y tradicionalista. La Unión de Arras de 1579 fué el fruto inmediato de su habilidad diplomática.

Por la subsiguiente paz de Arras, Farnesio, a cambio del reconocimiento de la autoridad real, se comprometió a respetar las antiguas libertades valonas.

Desde este momento, se abría un foso inabordable entre las provincias del Sur y las del Norte, foso que Alejandro Farnesio iba a utilizar para dar un golpe de muerte al movimiento secesionista del Taciturno.

Reorganizado el ejército español y consolidada la situación política en el reducto valón, Alejandro Farnesio emprendió la reconquista sistemática de Flan-des y el Brabante.

Entre 1580 y 1585 cayeron en su poder Maestricht, Tournai, Gante, Brujas y Amberes. La toma de esta plaza —- considerada inexpugnable — fue un duro golpe para los holandeses, que acababan de perder a Guillermo de Orange (1584).

Cuando Alejandro podía confiar en poner fin a la sublevación en el Norte, la política de Felipe II le obligó a desviarse de su objetivo supremo. En 1587 recibió el encargo de preparar el ejército que había de desembarcar en Inglaterra la Armada Invencible.

El fracaso de esta flota (1588) inutilizó, al mismo tiempo, los proyectos del duque de Parma sobre Holanda. A mayor abundamiento, tuvo que intervenir en la lucha entre la Liga Católica y Enrique IV de Francia.

En Ligny (1590) primero, y en Ruán (1591) después, Alejandro burló al gran rey francés e hizo ilusorias las esperanzas de éste de tomar París al asalto.

Herido en Cau de Bec, agotado por la fatiga y la trepidante actividad, el duque de Parma moría en San Waast el 3 de diciembre de 1592, coronado por la fama de sus grandes proezas.

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Biografia de Eduardo El Príncipe Negro

Biografia de Eduardo El Príncipe Negro

Una de las figuras que han revestido una aureola legendaria en la Guerra de los Cien Años es la de Eduardo de Woodstock, que en el siglo XVI fue denominado el Príncipe Negro, debido probablemente al color negro de su armadura. Eduardo fue un singular guerrero y un político dotado de excelentes condiciones.

Nació en Woodstock el 15 de junio de 1330, cuando su padre, Eduardo III, aun no tenía 18 años. Su madre se llamaba Felipa de Henao. En 1337 fue elevado a la dignidad de duque de Cornualles, y en este aspecto es el primer personaje de título ducal en la historia de Inglaterra.

Eduardo Principe Negro
Enrique II de Castilla, también conocido como Enrique de Trastámara, llamado «el Fratricida» o «el de las Mercedes», fue rey de Castilla, el primero de la Casa de Trastámara.
Fecha de nacimiento: 13 de enero de 1334, Sevilla, España
Fallecimiento: 29 de mayo de 1379, Santo Domingo de la Calzada, España
Casa: Casa de Trastámara

En 1343 recibió el principado de Gales, y en 1346 tomó parte activa en la batalla de Crecy al mando del ala derecha del ejército inelés.

Luego cooperó en la toma de Calais. Su intervención en tan destacados hechos de armas le valieron gran fama y reputación, de modo que en 1355 recibió la lugartenencia del ducado de Gascuña y la jefatura del ejército inglés en aquella región.

Al mando de sus tropas obtuvo la resonante victoria de Poitiers (19 de septiembre de 1356), en cuya batalla cavó prisionero el rey Juan II de Francia. En esta acción se puso en evidencia su maestría militar.

Con el título de príncipe de Aquitania, y casado con su prima Juana, condesa de Kent, regresó Eduardo a la Gascuña (1362). Mantuvo una brillantísima corte en Burdeos y Angulema, dio prosperidad a la región y la
libró de las bandas de aventureros de las Compañias blancas.

En 1367 intervino a favor de Pedro el Cruel de Castilla en sus luchas contra Enrique de Trastamara. Su ejército derrotó al del condestable Du Guesaur en Nájera, el 3 de abril de 1367. Esta fue la última de sus grandes victorias. Arbitro de la política castellana restauró a Pedro I en el trono, pero se separó de él tan pronto tuvo noticia de sus violentas represalias.

En 1369 se renovó la lucha con Francia. A causa de una enfermedad contraída en España, Eduardo ya no era el genial guerrero de antaño, sino un hombre abatido e irresoluto.

En 1371 regresó a Inglaterra y resigná su principado. Sin embargo, pese a su salud declinante todavía figuró como jefe.de la oposición del alto clero a las medidas revolucionarias de Juan de Gante.

Murió el 8 de julio de 1376, en Westminster, después de habar inspirado los acuerdos del Buen Parlamento de 1376.

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Biografia Carlos VII de Francia -Bien Servido-

Biografia Carlos VII de Francia El Bien Servido

En octubre de 1422 se reunieron en Mehún del Yevre algunos prelados y varios servidores fieles de los Valois y proclamaron rey de Francia a Carlos VII quinto hijo de Carlos VI e Isabel de Baviera.

Nacido en París el 22 de febrero de 1403, conde de Ponthieu en sus primeros años y duque de Turena en 1416, fue elevado a la categoría de delfín de Francia en 1417, después de la muerte de su hermano mayor Juan.

Carlos VII de Francia
Carlos VII de Francia

Carlos VII de Francia, llamado el Victorioso o el Bien Servido, fue el quinto hijo del rey Carlos VI y de Isabel de Baviera, descendiente de la dinastía Valois.
Fecha de nacimiento: 22 de febrero de 1403, París, Francia
Fallecimiento: 22 de julio de 1461, Mehun-sur-Yèvre, Francia
Coronación: 17 de julio de 1429, en la Catedral de Reims
Cónyuge: María de Anjou (m. 1422–1461)
Sucesor: Luis XI de Francia
Hijos: Luis XI de Francia, Carlos de Valois, duque de Berry

Al mismo tiempo recibió la lugartenencia del reino, a causa de la incapacidad mental de su padre. Corrían entonces los terribles días que sucedieron a Azincourt, y el muchacho de catorce años, entregado a la voluntad de Bernardo de Armagnac, contribuyó a acentuar la anarquía y la debilidad de Francia.

Jefe del partido adverso a los borgoñones, fué el delfín quien, al armar los brazos de los asesinos de Montereau (1419), precipitó a la casa de Borgoña en la alianza inglesa, cuyo resultado inmediato fué el tratado de Troyes (1420), entre Enrique V y Carlos VI, que lo desposeía de la corona de Francia.

Así, pues, cuando sobrevino la muerte de su padre, Carlos VII fué sólo reconocido como monarca en algunos territorios del centro y del Sur del país. Lo restante obedecía al duque de Bedford, hermano de Enrique V y lugarteniente de Enrique VI, en quien recaían los tronos de Francia e Inglaterra. Carlos VII era puramente el «rey de Bourges».

No era Carlos VII el hombre indicado para hacer frente a la ardua tarea de aquel momento: restablecer la autoridad real y expulsar a los ingleses del suelo francés. Enfermizo, despreocupado, de espíritu pacífico y poco voluntarioso, vagaba de castillo en castillo.

Por un momento, en 1425, supo congraciarse la amistad de un hombre enérgico, Arturo de Richemont, hermano del duque de Bretaña, quien, con el título de condestable, procuró disipar los antagonismos que existían entre la corona de Francia y los Borgoñas.

Pero muy pronto fue substituido en el favor real por La Tremouille, un aventurero sin escrúpulos. Este perdió las últimas posibilidades diplomáticas y fue incapaz de organizar un ejército que pudiera oponerse a las huestes inglesas que asediaban Orleáns.

Es en este momento decisivo que Francia halla la salvación en la persona de la santa de Domremy. Juana de Arco libera Orleáns el 8 de mayo de 1429, rechaza a los ingleses de los países ribereños del Loira, y, en un rapto de fe, corona, a Cavíos VII de modo solemne en Reims.

Estos actos determinan el curso futuro de la guerra de los Cien Años y la suerte de la casa de los Valois. Pero Carlos VII no sabe aprovechar el ímpetu del entusiasmo nacional despertado por juana, ni intenta tan sólo librar a la doncella de la hoguera de Ruán (1431).

De nuevo se entrega a Le Tremouille y a las luchas civiles. No obstante, la obra de Juana de Arco se consuma.

En 21 de septiembre de 1435 la monarquía y la casa de Borgoña se reconcilian por el tratado de Arras. Un año más tarde, París recibe a los Valois después de haber expulsado a los ingleses.

Se acercan los últimos días de la guerra de los Cien Años. Los ingleses retroceden en todas partes. Pero el apático Carlos VII es incapaz de conducir una ofensiva a fondo, quizá también porque el país está cansado y arruinado y porque los grandes nobles no cesan de perturbar el orden.

En 1440 estalla la revuelta denominada (da praguería», en la que, al lado de los duques de Borbón, Alenzón y Armagnac, participa el propio delfín, el futuro Luis XI.

El rey sólo puede conjurarla a base de otorgar grandes concesiones a los rebeldes. Sin embargo, la reconquista prosigue metódicamente, pues también la realeza inglesa sufre una grave crisis.

En 1442 cae Pontoise; en 1450, después de la batalla de Formigny, es liberada la Normandía; en 1451, la Guyena, definitivamente conquistada en 1453 después de la victoria de Castillón.

En esta fecha, sólo quedaba a los ingleses la plaza de Calais. La monarquía inglesa había sido derrotada en Francia.

Los últimos años del reinado de Carlos VII representan el encauzamiento de las energías de Francia para la recuperación del país. El monarca confía el gobierno, quizá bajo la presión de su favorita Ana Sorel (muerta en 1450), a los burgueses, como Jaime Coeur, el gran banquero de la época.

Su administración potencia los recursos morales y materiales de Francia. Sin embargo, Carlos VII tuvo que vivir siempre bajo el temor de los grandes señores feudales (Borgoña, Borbón, Alenzón, etcétera), y aun en el de su propio hijo.

Murió en el mismo Mehún .de su proclamación real el 22 de julio de 1461.

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Biografia de Juana de Castilla -La Loca- Reina de Castilla

Biografia de «Juana La Loca» – Reina de Castilla

JUANA LA LOCA, DE CASTILLA (1479-1555): Pocas figuras de la historia de España suscitan tanta conmiseración como la de la princesa Juana de Castilla, a la que la muerte, abatiéndose sobre sus dos hermanos mayores y sus sobrinos, hizo heredera del trono de los Reyes Católicos.

Lo que la muerte le dio, se lo arrebató la caprichosa fortuna, nublando su razón y haciéndola incapaz para regir en persona las vastas posesiones de sus padres.

Juana La Loca
Juana I de Castilla, llamada «la Loca», fue reina de Castilla de 1504 a 1555, y de Aragón y Navarra, desde 1516 hasta 1555,
Fecha de nacimiento: 6 de noviembre de 1479, Toledo, España
Fallecimiento: 12 de abril de 1555, Tordesillas, España
Cónyuge: Felipe I de Castilla (m. 1496–1506)
Hijos: Carlos I de España, MÁS
Padres: Isabel I de Castilla, Fernando II de Aragón

Doña Isabel dio a luz a su tercera hija en Toledo, el 6 de noviembre de 1479. La muchacha creció enfermiza y delicada, pero nada hacía suponer que sería presa en el porvenir de tan funesta dolencia.

A los once años de edad, en 1490, fue prometida a Felipe de Borgoña, hijo del emperador de Alemania, Maximiliano de Austria.

La política antifrancesa de las dos coronas precipitó la boda. A mediados de 1496 una poderosa flota partió de Laredo para trasladar a la princesa a sus nuevos estados.

La ceremonia nupcial se celebró en Lierre (Flandes) el 21 de octubre de 1496. Juana se enamoró apasionadamente de su esposo, sin que éste correspondiera a su amor y se mantuviera fiel a su palabra.

La muerte del príncipe don Juan en 1497, la de la princesa doña Isabel en 1498 y la del infante don Miguel de Portugal en 1500, hicieron de Juana la heredera de Castilla y Aragón.

Para ser reconocida en calidad de tal, Juana regresó a España con don Felipe en enero de 1502.

Jurada por las cortes de los respectivos reinos, su esposo partió para sus estados a fines del mismo año. Fue en esta ocasión que se revelaron claramente los primeros síntomas de la enajenación mental de la princesa heredera de Castilla (Medina del Campo, noviembre de 1503).

Empeñada en volver al lado de su inconstante esposo, Juana obtuvo de su madre la debida autorización para marchar a Flandes.

La reina doña Isabel dióle este permiso para ver si el espíritu de Juana recobraba la serenidad y el equilibrio. De nuevo la princesa se embarcó en Laredo (primavera de 1504); pero ahora acompañaba a la flota un aire de irreparable tragedia. Su ausencia no fue muy larga.

La muerte de doña Isabel la hacía reina de Castilla, aunque bajo la regencia de Fernando el Católico.

El 28 de abril de 1506 desembarcaba con Felipe el Hermoso en La Corana. Este logró imponerse a su suegro y fue aclamado por los nobles como rey de Castilla, en detrimento del testamento de Isabel la Católica.

El nuevo soberano quiso recluir a su esposa como demente y encargarse él solo de la regencia del reino. Pero las cortes de Valladolid juraron a doña Juana reina propietaria el 12 de julio de 1506.

La muerte de Felipe el Hermoso (25 de septiembre de 1506) dejó a doña Juana en un estado de estúpida insensibilidad.

No quiso separarse del cadáver de su marido, al que fué acompañando en una peregrinación por los campos de Castilla que se ha hecho famosa.

En agosto de 1507 entrevistóse en Móstoles con su padre don Fernando, que regresaba de Ñapóles para hacerse cargo de nuevo de la regencia del reino. Desde este momento la reina residió en Arcos y en Tordesillas.

En este palacio pasó la mayor parte de su vida, desde 1509 hasta su muerte, ocurrida el 11 de abril de 1555, después de una cruel enfermedad.

Durante cincuenta años de muerte en vida, doña Juana vivió alejada por completo de los asuntos del Estado, aunque su nombre figuró legalmente en los documentos públicos.

Su nombre sólo volvió a sonar en septiembre de 1520 con motivo de la sublevación de los comuneros castellanos, una de cuyas diputaciones fué a entrevistarse con ella en su retiro de Tordesillas.

Juana La Loca y Felipe I
Juana «La Loca» Junto a su marido el Rey Felipe I

Ver: Amor Felipe I y Juana de Castilla

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Biografia de Felipe I de Castilla -EL Hermoso-

Biografía de Felipe I de Castilla «EL Hermoso»

Apenas dejó más huellas en la historia de los Países Bajos y de España que la de su proverbial belleza masculina y las insaciables ambiciones de su corazón.

Felipe el Hermoso
Felipe I de Castilla, llamado «el Hermoso», fue duque titular de Borgoña —como Felipe IV—, Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, Habsburgo, Henao, Holanda y Zelanda, Tirol y Artois
Fecha de nacimiento: 22 de julio de 1478, Brujas, Bélgica
Fallecimiento: 25 de septiembre de 1506, Burgos, España
Entierro: Capilla Real de Granada, Granada, España
Cónyuge: Juana I de Castilla (m. 1496–1506)
Hijos: Carlos I de España, MÁS
Padres: Maximiliano I de Habsburgo, María de Borgoña

Era brillante e impetuoso, como su padre, el emperador Maximiliano; pero, en mayor grado que a éste, le faltaban aplomo en sus actos y concepción vasta del futuro. Para dominar, sacrificó a su capricho intereses legítimos y políticas tradicionales, hasta el extremo de que estuvo a punto de provocar una escisión en la unidad española, recientemente lograda por los Reyes Católicos. Quizá por fortuna, se lo llevó muy temprano la muerte.

Nacido en Brujas, el 22 de julio de 1478, de Maximiliano de Austria y María Blanca de Borgoña, heredó las posesiones maternas en 1482, bajo la tutela de su padre. Su juventud transcurrió sin ningún detalle de importancia, hasta que Maximiliano, prosiguiendo su política matrimonial antifrancesa, concertó su boda con la infanta Juana, hija de los Reyes Católicos, que se celebró en Lierre (Flandes) el 24 de octubre de 1496.

La desgracia, que se cebó sobre el príncipe Juan y la infanta Isabel, hizo recaer la herencia de Castilla y la probable de Aragón en la persona de doña Juana, a la que la inseguridad de sus facultades mentales, exaltadas por los devaneos amorosos de su esposo, había de dar a conocer con el triste sobrenombre de la Loca.

De esta doble casualidad se aprovechó Felipe el Hermoso, cuando en noviembre de 1504 murió Isabel de Castilla, para reclamar la sucesión que le habían reconocido las cortes castellanas y aragonesas en 1502.

Sin tener en cuenta los grandes servicios prestados a la corona castellana por el rey de Aragón, Fernando el Católico, nombrado regente por la difunta a causa de la incapacidad mental de doña Juana, Felipe reclamó el ejercicio del gobierno, en lo que fué apoyado por varios magnates castellanos y estimulado por Luis XII de Francia, con quien concertó el primer tratado de Blois (septiembre de 1504).

Después de varias negociaciones, suegro y yerno firmaron la concordia de Salamanca (24 de noviembre de 1505), a fin de organizar un gobierno común en Castilla. Pero apenas desembarcado en España, Felipe se impuso a don Fernando, quien en Villafáfila renunció a la regencia (27 de junio de 1506).

El Austria quiso ser reconocido único rey por las cortes de Valladolid (julio de 1506); pero no logró que aprobaran esta demanda.

Poco después moría inesperadamente en Burgos el 25 de septiembre de 1506, a causa de uno de sus acostumbrados excesos físicos.

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