Biografia de Primo de Rivera Jose Antonio Vida del Politico Español



Biografia Primo de Rivera José Antonio, Hijo de Miguel

Político español. Nacido en Madrid, primogénito del que sería general y dictador Miguel Primo de Rivera, en 1922 se licenció en Derecho por la Universidad Central de Madrid. Tres años más tarde comenzó a ejercer como abogado.

En octubre de 1930, finalizada la dictadura de su padre, entró a formar parte de la Unión Monárquica Nacional, la organización política conservadora creada para sustentar el régimen monárquico representado por el rey Alfonso XIII.

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Nacido en la tarde del 24 de abril de 1903 en Madrid, José Antonio fue hijo primogénito de Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, entonces teniente coronel de Infantería, y doña Casilda Sáenz de Heredia y Suárez de Argudín, noble dama que unía su recia estirpe de Castilla a una soñadora sangre antillana.

Fue bautizado pocos días después en la iglesia de Santa Bárbara (13 de mayo), que iría unida a otros episodios culminantes de su vida.

Cuando contaba tres años, la familia Primo de Rivera se trasladó a Algeciras, pues don Miguel había sido nombrado jefe del Batallón de Cazadores de Talavera, de guarnición en el campo de Gibraltar.

No obstante, al cabo de dos años, a la muerte de la madre, acaecida el 9 de noviembre de 1908, José Antonio, con sus hermanos, permaneció en Madrid, al cuidado de su tía doña María.

Su niñez se desarrolló en un cuadro de aficiones variadas, aunque predominando las lecturas de los héroes románticos, el dibujo y la redacción de artículos para periódicos infantiles.

En el transcurso de este período de tiempo, tuvieron cierta trascendencia sus veraneos en la finca del Encinar, propiedad del tío de su padre, don Fernando, que en la guerra había adquirido el marquesado de Estella. Allí recogía de boca del general sus memorias y escuchaba las anécdotas que circulaban entre sus contertulios.

La enseñanza media, efectuada de 1912 a 1917 con un profesor particular, examinándose libremente en los Institutos Cardenal Cisneros, de Madrid, y los de Cádiz y Jerez, no ejerció mucha importancia en su formación.

En cambio, sí la tuvo su vida universitaria. A pesar de los lazos familiares que le relacionaban con el ejército, se decidió por la carrera de Derecho, que respondía a las tendencias normativas de su espíritu.



Su vida de estudiante fue muy intensa, interviniendo en las primeras asociaciones escolares de la época. Cursó la licenciatura de 1917 a 1922, y el doctorado en 1922-1923. Sus últimos períodos académicos fueron de una brillantez excepcional, como lo atestiguan las calificaciones de su expediente universitario.

Terminada la carrera, José Antonio pasó a Barcelona, a fin de reunirse con su padre, quien desde la primavera de 1922 ocupaba la capitanía genera! de Cataluña.

La ciudad condal, que ya había conocido el año anterior, despertó en él la sensación de dinamismo y vitalidad que no había conocido en la capital.

En ella sentó plaza de voluntario en el regimiento de caballería, número 9, de Dragones de Santiago, en el que debía servir escaso tiempo, pues, habiendo su padre empuñado el gobierno de España después del golpe de Estado de 13 de septiembre de 1923, fue agregado al regimiento de Húsares de la Princesa, de guarnición en Madrid.

El 3 de abril de 1924, a punto de cumplir 21 años, se dio de alta en el Colegio de Abogados de la capital, e inauguró su bufete, que muy pronto se vio concurridísimo.

Los adversarios políticos de la Dictadura atribuyeron este éxito a la influencia política de su padre, de cuya imputación lo defendió el mismo don Miguel en una nota oficiosa dirigida al país.

Por aquella época efectuó un viaje a Italia en el séquito oficial que acompañaba a Sus Majestades, don Alfonso XIII y doña Victoria. Posteriormente, se dedicó a compendiosas lecturas, en particular del grupo de la Revista de Occidente.

En diciembre de 1929, con motivo de celebrarse un homenaje a los hermanos Machado, José Antonio habló por vez primera en público.

El tema de aquella noche fue la Poesía. Muy pronto habrían de brotar de sus labios palabras de mayor trascendencia pública.

La caída de la Dictadura el 22 de enero de 1930 y la subsiguiente muerte de don Miguel (París, 16 de marzo), convirtieron a José Antonio en el defensor de la memoria de su padre.



En concepto de tal ingresó en el partido de Unión Monárquica Nacional y tomó parte en el mitin del frontón Euskalduna de Bilbao, con Ramiro de Maeztu, Esteban Bilbao y el conde de Guadalhorce (6 de octubre de 1930).

La esterilidad de aquellos esfuerzos le hizo abandonar las filas del partido, aunque, como grande de España y marqués de Estella, continuara asistiendo a las recepciones dadas en Palacio.

Sobrevino luego el desplome de la monarquía el 14 de abril — que él siempre enjuició desde un punto de vista de necesidad revolucionaría—.

El 4 de octubre de 1931 se presentó candidato a Cortes por Madrid, con el único objeto de reivindicar la memoria de su progenitor. Pero, apoyado tibiamente, fue derrotado en las urnas por Cossío.

Su vocación política se iba acentuando. Estudiaba y leía a Mussolini, Hitler, Rosenberg, Farinacci, Mala-parte, Trotsky y Lenín, a fin de conocer la ideología v la táctica de amigos y adversarios.

Pero tampoco olvidaba bucear en los pensadores clásicos esoañoles, como Balmes, Donoso, Cortés y Menéndez y Pelayo, o en los contemporáneos, como Ortega y Unamuno.

El fruto de la experiencia que iba recogiendo, se reveló en la defensa que hizo del ex ministro Galo Ponte ante el tribunal parlamentario nombrado al efecto.

El informe llamado «del Senado» (26 de noviembre de 1931) es una pieza intermedia entre su vida anterior y la actuación política que iba a emprender muy pronto, estimulado por las lecturas de «La Conquista del Estado que editaban las J.O.N.S., y «La Gaceta Literarias de Giménez Caballero.

Sin embargo, no tomó parte en el alzamiento de 10 de agosto de 1932, pues aquel día se hallaba en Francia; pero el día 11 fue detenido en San Sebastián y llevado a Madrid. Allí fue libertado.

En marzo de 1933 colaboró en el primer número de un periódico, «El Fascio», que se proponía lanzar Delgado Barreto en colaboración con Giménez Caballero Sánchez Mazas y los directivos jonsistas Ledesma y Aparicio.



La edición fue recogida por la autoridad gubernativa. No desalentándose, en la primavera y verano de 1933 organizó el M.E.S., o sea, el Movimiento Español Sindicalista, al que aportaron su colaboración, entre otros, Ruiz de Alda y García Valdecasas.

Muy pronto este núcleo contó con ramificaciones en varias provincias españolas, en particular en Castilla la Nueva, Levante y Andalucía. Su presentación pública la efectuó con motivo de la campaña electoral de octubre de 1933.

En el transcurso de este mes, José Antonio se entrevistó en Roma con Benito Mussolini, y a fines del mismo, el día 29, se celebró en el teatro de la Comedia, de Madrid, el acto que ha sido denominado «fundacional de Falange Española».

En él hablaron García Valdecasas, Ruiz de Alda y José Antonio, quien expuso, con cálida y emotiva palabra, las grandes líneas del Movimiento político que dirigía.

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Elegido diputado a Cortes por la circunscripción de Cádiz el 19 de noviembre, y revestido, por este hecho, de la inmunidad parlamentaria, pudo dedicarse a la organización de la Falange.

En enero de 1934 salió el periódico «F. E.», cuya venta dio al Movimiento sus primeros caídos, entre ellos Matías Montero, uno de los fundadores del Sindicato Español Universitario (9 de febrero).

El vigor del nuevo grupo indujo a los dirigentes de las J.O.N.S. a plantear la fusión entre las dos organizaciones, que hasta entonces había chocado con algunos imponderables.

Este hecho tuvo lugar el 13 de febrero de 1934, uniéndose F.E. y las J.O.N.S. bajo el nuevo denominativo de F.E. de las J.O.N.S., el triunvirato de José Antonio, Ramiro Ledesma y Ruiz de Alda, y los signos y emblemas de los jonsistas.

De este modo se presentó ante el público vallisoletano, donde gracias a Onésimo Redondo la T.O.N.S. contaba con muchas simpatías, en el Teatro Calderón, el 4 de marzo de 1934, en cuyo acto José Antonio definió la misión histórica de Castilla.

En mayo de 1934 visitó por vez primera Alemania, al objeto de estudiar las creaciones del Nacionalsocialismo.

A su regreso, tuvo efecto la concentración de las escuadras falangistas en el aeródromo de Estremera (3 de junio), que fue muy comentada por la prensa del país.

A este hecho siguieron los sangrientos sucesos del domingo siguiente (10), que tuvieron por marco las riberas de Manzanares, y, con la muerte de Juan Cué-Har, desataron las represalias de la acción falangista.

La intranquilidad y el nerviosismo de que por entonces daba prueba la nación, indujeron a José Antonio a escribir un mensaje al general Francisco Franco, en términos del más encendido patriotismo, augurando acontecimientos revolucionarios para muy en breve.

Acertó en su profecía, pues apenas acababa de ser elegido Jefe Nacional del Movimiento por el Iº Consejo Nacional de Falange (4 de octubre), se desencadenaron los hechos de la revolución de octubre.

En el transcurso del inyierno de 1934 a 1935, José Antonio afirmó el Movimiento con la publicación de los 27 Puntos programáticos de F. E. y de las J.O.N.S., la separación de Ramiro Ledesma (diciembre), la publicación de Arriba, y la participación en numerosos actos de propaganda oral, como el del Teatro Bretón de Salamanca (10 de febrero), notable porque a él asistió Miguel de Unamuno.

En abril dirigió la palabra a los congresistas del S.E.U., y en mayo habló en Barcelona, Córdoba y en el cine Madrid de la capital (19), cuyo acto probó el desarrollo que adquiría el Movimiento y reveló sus grandes posibilidades de orador, ya demostradas en sus intervenciones parlamentarias.

Su perspicacia política le hizo intuir entonces nuevas amenazas, y a tal fin, en la reunión celebrada en Gredos el 16 de junio de 1935, hizo prevalecer el criterio de que, ante la revolución inminente, era preciso aprestarse para la guerra insurreccional.

Aquel verano lo pasó en San Sebastián, aunque también hizo un viaje a Suiza para entrevistarse (Montreaux) con Degrelle, Mosley, Codreanu y Stahrenberg.

A su regreso, presidió el II Consejo Nacional de F. E. y de las J.O.N.S., al que sus palabras, pronunciadas en un nuevo mitin celebrado en el cine Madrid (17 de noviembre de 1935), cerraron con broche de oro.

La clausura del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones pusieron sobre el tapete la constitución de un Bloque de Derechas para oponerse al Frente Popular.

De aquél resultó incomprensiblemente excluida la Falange, lo que obligó a José Antonio a presentar sola su candidatura en Madrid y Cádiz.

Necesitaba el acta de diputado para estar amparado por la inmunidad parlamentria, pues, de lo contrario, sus amigos temían los mayores contratiempos para su persona.

En la campaña electoral, actuó en forma muy vibrante: en Madrid se celebraron dos actos simultáneos en los cines Europa y Padilla (2 de febrero).

Sin embargo, como ya se temía, sus frutos no fueron favorables. Después de la instauración de los frentepopulistas en el poder, se inició una dura represión contra la Falange y su Jefe.

Primero se clausuró el Centro, y el 14 de marzo de 1936, bajo especiosos pretextos, fueron detenidos José Antonio y los principales miembros de la Junta Política.

Conducido a la Cárcel Modelo el día 16, no por eso aquél interrumpió su actividad política desbordante, pues desde allí continuó dirigiendo a sus huestes, y del 4 de mayo es su augural manifiesto «A los militares de España».

Durante aquellos meses se le substanciaron cuatro causas, la última, un recurso de casación ante la Sala competente del Tribunal Supremo (5 de junio).

Aquella misma noche, José Antonio era trasladado con su hermano Miguel a Alicante, cuyo suelo había de regar con su sangre generosa.

Desde la cárcel de Alicante continuó dando instrucciones al Movimiento y a la Primera Línea de Madrid, en vistas a un alzamiento que se juzgaba inminente y en el que, según las versiones más autorizadas, tenía la seguridad de intervenir (24 y 29 de junio).

La suerte no lo quiso así, debido a algo que aun hoy permanece en la obscuridad de la Historia.

Mientras las tropas acaudilladas por el general Francisco Franco iniciaban el Alzamiento Nacional y desDués de cruzar el Estrecho avanzaban sobre Madrid, José Antonio permanecía en su celda alicantina, con el corazón devorado por la impaciencia de no poder participar en la empresa que tanto había deseado.

En noviembre de 1936, cuando las tropas nacionales pugnaban para forzar las líneas madrileñas, se le abrió proceso, cuya sentencia estaba prefijada antes de que se iniciaran las primeras diligencias el 13 de dicho mes.

Tres días después se celebró el juicio oral, en el cual José Antonio defendió su actuación política, en términos emocionantes.

Condenado a muerte, lo que le fue comunicado a las dos de la madrugada del 18, se despidió con gran entereza de sus familiares. «Espero la muerte sin desesperación» escribió en sus últimas horas.

Las balas del pelotón de ejecución segaron su noble existencia a las siete menos veinte minutos de la mañana del 20 de noviembre de 1936.

Apenas amanecía, y en su último palpito, su carne se estremeció con el presentimiento de la Victoria.

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