San Tobías

Biografia Sor Juana de la Cruz Resumen de Su Vida y Obra Literaria

Biografía Sor Juana de la Cruz – Vida y Obra Literaria

Biografía de Sor Juana Inés de la Cruz
Dotada de una inteligencia que le valió en el siglo XVII la admiración de la corte virreinal de México y le abrió perspectivas de una exitosa vida mundana, Juana Inés Asbaje eligió en cambio retirarse a un convento.

Allí, absorbida por los estudios y la creación literaria, llevó una existencia callada y dejó una obra notable, cuyas normas rigieron la poesía de su tiempo.

Fue La figura más importante de la poesía, y al mismo tiempo de tode la literatura hispanoamericana del siglo XVII, fue una monja, calificada como la «décima musa».

Representa típicamente al movimiento barroco en literatura, por su estilo gongorista, imperante en esa época en España y en Hispanoamérica.

 Su espíritu curioso la impulsó al estudio de las ciencias, y pretendió ingresar con ropas de varón en la Universidad para continuar sus estudios. Al oponerse sus padres a esta pretensión, se dio a leer los libros de la biblioteca de su abuelo.

Enterado el virrey de México de la precocidad de la niña, la incorporó a la corte, como dama de honor. Allí vivió mimada y festejada.

En cierta oportunidad deslumhró a más de cincuenta catedráticos de la universidad, teólogos y hombres de letras, que integraron un tribunal para someterla a un examen académico.

BIOGRAFIA DE JUANA INES DE LA CRUZ

La vida de sor Juana Inés de la Cruz —llamada por sus admiradores la Décima Musano fue rica en anécdotas espectaculares ni hechos detonantes.

Su aguda inteligencia y acertado sentido común le señalaron tempranamente las dificultades que en esa época cerraban el paso a las mujeres que pretendían apartarse de los estrechos límites impuestos por las normas sociales entonces vigentes.

Optó prudentemente por el estado religioso y la más absoluta discreción, como pautas de vida, a tal grado que sus más íntimos anhelos quedan hoy escondidos detrás de los hermetismos barrocos de su estilo literario, y resulta imposible determinar hasta qué punto sus poesías líricas hablan de dolores sinceros o son la esgrima conceptual de la que se valía para tratar temas muy de moda en su tiempo.

El padre de Juana Inés, Pedro Manuel Asbaje, era un vasco que llegó en 1625 a la villa de Yecapixtla, en el sur del virreinato de la Nueva España, donde casó con Isabel Ramírez de Santillana, y ambos se trasladaron a la Alquería de San Miguel de Nepantla.

Allí nació en 1651 Juana Inés de Asbaje, y al poco tiempo sus padres se trasladaron con ella a Amecameca, pequeña ciudad que tenía catedral y -detalle importante- escuela.

La misma Juana Inés, en su autobiográfica Carta a sor Pilotea recuerda su primer contacto con la enseñanza: cuando tenía solo tres años acompañó cierto día a una hermana mayor que debía tomar lección; la pequeña Juana no vaciló en decir a la maestra que la madre quería que se le diese lección también a ella.

La instructora le dio, medio en broma, medio en serio, la lección solicitada, y al cabo de unos días la maestra comprobó con asombro que la niña aprendía a leer en brevísimo tiempo y a escondidas de sus padres, «creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden (…)»

De los pocos libros a su alcance no quedó una sola página que no leyese la niña; eran -no podían dejar de serlo en Amecameca- libros religiosos edificantes, la mayoría escritos en verso, de modo que la niña fue creciendo convencida de que la forma natural de expresión escrita era el verso y no la prosa.

A los ocho años descubre unos libros de su abuelo escritos en latín y se entera de que es posible estudiar esa lengua en la Universidad fundada un siglo antes en la ciudad de México.

Comienza entonces a asediar a sus padres para que la envíen allá, y como estos no logran disuadirla, aducen una objeción que les parece decisiva: la Universidad no admite mujeres.

Juana no se arredra y les pide permiso para asistir a la Universidad disfrazada de hombre.

Los padres accedieron a ruegos tan insistentes y permitieron que prosiguiera su educación en la capital, donde tomaría lecciones particulares de latín.

Su padre la encomendó al cuidado de una caravana que se dirigía a la ciudad de México, donde la pequeña Juana fue acogida por unos parientes lejanos.

Nació en la alquería de San Miguel de Nepantla (1651), y su nombre familiar fue Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana. De belleza singular y una inteligencia superior, leía y escribía a los tres años de edad, y luego aprendió el latín de veinte lecciones. A los ocho años compuso una loa poética al Santísimo Sacramento.

EXAMEN EN LA CORTE
No quedan muchas huellas de sus primeros años en la capital. Un documento certifica que tomó veinte lecciones de latín con el bachiller Martín de Oliva.

El resto de su erudición -que poco después causaría asombro— lo adquirió por sus propios medios, con disciplina de autodidacta y recurriendo a curiosos métodos.

Para controlar sus progresos en el estudio se valía de un originalísimo «reloj»: cuando, ya adolescente, tuvo edad de complacerse con su figura, se cortaba los cabellos cuatro o seis dedos por encima de lo normal y se proponía estudiar un tema mientras su cabellera creciera hasta tener otra vez aspecto presentable; pues «no parecía razón que estuviese vestida de cabellos, cabeza que estaba tan desnuda de noticias».

El recurso debió ser muy eficaz, y la fama de su saber voló de boca en boca hasta interesar al mismo virrey, Antonio de Toledo, funcionario progresista y protector de las artes.

La corte virreinal brillaba por méritos propios, y la joven Juana Inés fue incorporada a ella a los catorce años, bajo la protección de la virreina, doña Leonor.

No tardó la muchacha en conquistar la admiración general por su donaire, su discreción y, sobre todo, por su saber.

En poco tiempo se formó un círculo de admiradores que hicieron de ella el ídolo mundano de la ciudad.

Manuscritas en páginas que circulaban de mano en mano aparecieron sus primeras poesías: sonetos, odas, poemas de circunstancias.

Tanto éxito despertó el resquemor y la envidia de muchos personajes, hasta que la discusión sobre si era genuina o fingida la ciencia de Juana hizo que la Universidad tomara cartas en el asunto y organizara un examen en el que la joven debía responder a las preguntas de un tribunal integrado por más de cuarenta sabios versados en distintas materias.

La prueba se efectuó en presencia de toda la corte, y la examinanda respondió con aplomo y amplitud impresionantes.

Tal fue su único e insólito contacto con la soñada Universidad.

«LOS DOLORES QUE PADEZCO»
Antes de esta prueba, Juana Inés había ingresado en un convento de Teresas, pero un tropiezo de salud la devolvió al mundo después de tres meses de reclusión. Un año después, el 24 de febrero de 1669, a los dieciocho años, tomó definitivamente los hábitos en el convento de las Jerónimas, con el nombre de sor Juana Inés de la Cruz.

No dejaron de fabularse historias alrededor de su vocación religiosa. Según su propia versión: «Éntreme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado muchas cosas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado que podía elegir en materia de seguridad que deseaba mi salvación, a cuyo primer respeto (…) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinentillas de mi genio, que eran de querer vivir sola, de no tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio (…)»

Su conducta, no obstante, fue ejemplar: cumplió con todas las obligaciones de su estado religioso y dedicó el resto de su tiempo al estudio, acompañada por los cuatro mil volúmenes que se llevó al convento, además de sus mapas, globos terráqueos y aparatos científicos.

La liberalidad de su regla monástica le facilitó el quehacer intelectual, pero no faltaron algunos inconvenientes. Una de sus superioras le prohibió el estudio, convencida de que estaba vedado por la Inquisición: «Yo la obedecí (…) y aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió (…)». La prohibición duró tres meses, y los buenos oficios de las autoridades allanaron todos los inconvenientes pues la sabia monja era visitada y consultada por los estudiosos y literatos de su tiempo, y hasta por los virreyes. Pero un dolor insaciable, del que se queja con palabras amargas, la mortifica en el convento, donde sus días solitarios carecen «no solo de maestro, sino de condiscípulos con quienes conferir y ejercitar lo estudiado, teniendo solo por maestro un libro mudo,, por condiscípulo un tintero insensible (…)».

Al final de su vida un cambio radical se produjo en su forma de ser. En 1693 vendió todos sus libros e instrumental, y destinó la recaudación al auxilio de los pobres, conservando solo algunos cilicios y disciplinas y tres devocionarios. Al poco tiempo su superiora la reprendió por llevar los ejercicios de penitencia a límites que bordeaban el suicidio. En 1695 la peste asoló el convento y sor Juana se empeñó en la atención de las enfermas hasta caer ella, víctima del mal el 17 de abril.

Su obra literaria revela una inteligencia penetrante que nunca olvida su condición femenina. No faltan en ella sugerencias llenas de sensatez sobre la educación de las mujeres, la conducta de los hombres para con estas (como en las conocidas redondillas: «Hombres necios que acusáis…») y sobre la angustiante situación espiritual de su sexo. Quizá su ambiente fue un yugo que la asfixiaba, pero nunca se quejó abiertamente: «Bien ha visto, quien penetra/lo interior de mis secretos, / que yo misma estoy formando / los dolores que padezco».

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Vida y Obra de Santa Clara de Asis Biografia Anecdotas de Santos

Vida y Obra de Santa Clara de Asis

Clara significa: vida transparente.

Nació en Asís, Italia, en 1193. Su conversión hacia la vida de plena santidad se efectuó al oír un sermón de San Francisco de Asís. Cuando ella tenía 18 años San Francisco predicó en Asís los sermones de cuaresma y allí insistió en que para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales.

santa clara

En secreto se fue a buscar al santo para pedirle que la instruyera en el modo de lograr conseguir la perfección cristiana. El le dijo que había que desprenderse de todo, la animó a dejar la vida de riquezas y comodidades que llevaba y dedicarse a una vida pobre, de oración y penitencia.

El Domingo de Ramos del año 1212 Clara asistió a la celebración pero estaba tan emocionada y fuera de sí que no pasó a recibir la palma. Entonces el señor obispo se fue para la banca donde ella estaba y le puso en sus manos la palma bendita. Y aquella noche, a medianoche, acompañada de una sirvienta, salió secretamente de su casa, (rica mansión de familia muy acomodada) y se fue a dos kilómetros de distancia, donde San Francisco vivía pobrísimamente en un sitio llamado La Porciúncula. Allá la estaba aguardando el santo, el cual salió a recibirla junto con sus frailes, llevando todos lámparas encendidas y cantando de alegría.

De rodillas ante San Francisco, hizo Clara la promesa de renunciar a las riquezas y comodidades del mundo y de dedicarse a una vida de oración, pobreza y penitencia. El santo, como primer paso, tomó unas tijeras y le cortó su larga y hermosa cabellera, y le colocó en la cabeza un sencillo manto, y la envió a donde unas religiosas que vivían por allí cerca, a que se fuera preparando para ser una santa monja.

Cuando los hermanos que eran muy ricos y esperaban casar a Clara con algún millonario hacendado, se dieron cuenta de la ausencia de la muchacha se dedicaron a buscarla por todas partes. Al fin la encontraron en el convento en donde se había refugiado y quisieron llevársela a la fuerza. Ella se agarró a los manteles del altar, que se rasgaron ante tanta violencia de los atacantes, y cuando se la iban a llevar, Clara se descubrió la cabeza rapada y les dijo: «Por amor a mi Cristo Jesús he renunciado totalmente a todo amor por lo material y mundano». Los hermanos al verla así y tan resuelta, desistieron de tratar de llevársela.

San Francisco hizo que Clara se fuera a vivir junto a la Iglesia de San Damián en Asís, en una pobre y humilde casita. Y he aquí que su hermana Inés y su propia madre decidieron irse también de monjas con ella. Y muchas muchachas más se dejaron atraer por esa vida de oración y recogimiento, y así pronto el convento estaba lleno de mujeres dedicadas a la santidad. Francisco nombró a Clara como superiora de la comunidad, y aunque ella toda la vida trató de renunciara al puesto de superiora y dedicarse a ser una sencilla monjita de segundo orden, sin embargo por cuarenta años será la priora del convetno y las monjitas no aceptarán a ninguna otra en su reemplazo mientras ella viva, y es que su modo de ejercer la autoridad era muy agradable y lleno de caridad. Servía la mesa, lavaba los platos, atendía a las enfermas, y con todas era como una verdadera mamacita llena de compresión y misericordia.

A los pocos años ya había conventos de Clarisas en Italia, Francia, Alemania y Checoslovaquia. Y estas monjitas hacían unas penitencias muy especiales, inspiradas en el ejemplo de su santa fundadora que era la primera en dedicarse a la penitencia. No usaban medias, ni calzado, se abstenían perpetuamente de carne, y sólo hablaban si las obligaba a ello alguna necesidad grave o la caridad. La fundadora les recomendaba el silencio como remedio para evitar innumerables pecados de lengua y conservarse en unión con Dios, y alejarse de dañosas distracciones del mundo, pues si no hay silencio, la mundanalidad se introduce inevitablemente en el convento.

No contenta con las mortificaciones que las demás monjitas hacían, Santa Clara ayunaba a pan y agua los cuarenta días de cuaresma y los días anteriores a las grandes fiestas. Y muchos días los pasó sin comer ni beber nada. Dormía sobre una dura tabla y por almohada tenía un poco de pasto seco. San Francisco y el obispo de Asís le mandaron que no dejara pasar un día sin comer aunque fuera un pedazo de pan. Poco a poco la experiencia le fue enseñando a no ser demasiado exagerada en penitencias porque se le dañaba la salud. Y más tarde escribirá a sus religiosas: «Recuerden que no tenemos cuerpo de acero ni de piedra. Por eso debemos moderar los exagerados deseos de hacer penitencias, porque la salud puede sufrir daños muy serios».

Siguendo las enseñanzas y ejemplos de su maestro San Francisco, quiso Santa Clara que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar. Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas para su convento le escribió: «Santo Padre: le suplico que no me absuelva ni me libre de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo». A quienes le decían que había que pensar en el futuro, les respondía con aquellas palabras de Jesús: «Mi padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros». Hoy las religiosas Clarisas son 18,000 en 1,248 conventos en el mundo.

Una vez llegaron unos soldados mahometanos, terribles anticatólicos, a atacar el convento, destrozar y matar. Las monjitas se fueron a rezar muy asustadas; y Santa Clara que era extraordinariamente devota al Santísimo Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes. Ellos sintieron en ese momento tan terrible oleada de terror que salieron huyendo sin hacerles mal. Otra vez los enemigos atacaban la ciudad de Asís y querían destruirla. Santa Clara y sus monjitas oraron con toda fe ante el Santísimo Sacramento y los atacantes se retiraron sin saber por qué.

27 años estuvo enferma nuestra santa, pero su enfermedad la soportaba con paciencia heróica. En su lecho bordaba y hacía costuras, y oraba sin cesar. El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó: «Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado, como la que tiene esta santa monjita». Cardenales y obispos iban a visitarla y a pedirle sus consejos. San Francisco ya había muerto, y tres de los discípulos preferidos del santo, Fray Junípero, Fray Angel y Fray León, le leyeron a Clara la Pasión de Jesús mientras ella agonizaba. La santa repetía: «Desde que me dedique a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan».

El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, se fue al cielo a recibir su premio. Un día como hoy fue sepultada. Santa Clara bendita: no dejes nunca de rogar a Dios por nosotros.

Vida de San Ambrosio Leyenda, Carrera Politica y Obra Religiosa

Vida de San Ambrosio  – La Leyenda

LA FAMILIA DE AMBROSIO
san ambrosioSan Ambrosio nació en Tréveris, ciudad de Alemania, en el año 340. Su padre era el prefecto de la ciudad; es decir, el representante del emperador romano. Tréveris era entonces la capital de una vasta región del Imperio. El padre de Ambrosio era, pues, un gran personaje, muy rico y de noble estirpe.

Tenía tres hijos: Marcelina, Sátiro y Ambrosio. Deseaba que sus hijos fueran buenos cristianos; pero, sobre todo, para Sátiro y Ambrosio soñaba la carrera política. De acuerdo con ese propósito, los hizo estudiar con los más prestigiosos maestros de la ciudad, y para completar su educación los envió a Roma, donde los inscribió en las mejores escuelas.

Pero los jóvenes tenían reservado un destino diferente. Marcelina, una vez educados sus hermanos, se hizo monja; Ambrosio y Sátiro, después de iniciar la carrera política, terminaron en la diócesis de Milán, el primero como obispo, el segundo como su ayudante. La Iglesia, en consideración a sus grandes virtudes, los proclamó santos a los tres.

LA CARRERA POLÍTICA
Completados sus estudios en Roma, Ambrosio se dirigió a Sirmio (hoy Mitroviza, Yugoslavia) junto al prefecto Vulcezio Rufino, amigo de su padre. Era el año 365. Ambrosio tenía entonces 25 años y comenzaba su carrera política.

Después de ser durante tres años ayudante del prefecto Rufino, Ambrosio se convirtió en consejero de Sexto Petronio Probo, sucesor de aquél. Pocos años después se le consideró digno de un cargo más importante y fue nombrado gobernador de Milán.

En aquella época, Milán era también una ciudad importante, y los emperadores romanos habían radicado allí su corte. El cargo de gobernador de Milán era, ciertamente, muy honorable, pero también difícil, porque los ciudadanos estaban divididos por una discordia de carácter religioso. La mayoría de la población era católica, pero había muchos sectarios del arrianismo.

Éstos, aunque aceptaban el cristianismo, no reconocían la naturaleza divina de Jesús, ni la consubstancialidad de la Santa Trinidad, motivo por el cual la Iglesia los había condenado como herejes. Cuando Ambrosio llegó a Milán, los arríanos eran fuertes, porque el mismo obispo de la ciudad pertenecía a dicha secta. El gobernador debía impedir, sobre todo, el enfrentamiento de los dos grupos antagónicos. Ambrosio realizó toda clase de esfuerzos para mantener el orden y la paz en la ciudad. Su mayor preocupación fue combatir las herejías, y su predicación dio como resultado la conversión de muchos incrédulos y herejes. Entre los convertidos por su palabra y su consejo recordaremos a otro gran santo: San Agustín.

CÓMO LLEGÓ A SER OBISPO
En 374, es decir, un año después de la llegada del nuevo gobernador, el obispo arriano de Milán, Ausencio, murió. Entonces comenzaron las discusiones y las luchas por la sucesión.

Mientras la multitud se agitaba por esa cuestión, las discusiones comenzaron a transformarse en litigios. Estaba por iniciarse una refriega cuando Ambrosio, responsable de la paz de la ciudad, se colocó en medio de la multitud y comenzó a hablar para calmarlos. Se dice que mientras estaba hablando se oyó la voz de un niño que decía: «¡Ambrosio obispo'». Fue como una inspiración y una orden para todos. La multitud repitió el grito y muchos ciudadanos y sacerdotes invitaron al gobernador a aceptar el cargo.

Ambrosio, que no deseaba dejar su carrera política para seguir la religiosa, se alejó de la multitud y se retiró a su palacio. Pero los milaneses insistieron durante varios días a Ambrosio para que se convirtiera en obispo de la ciudad. Él siempre se rehusaba y hasta trató de alejarse de Milán. Pero al fin accedió. No obstante, hizo notar que no le era posible asumir el cargo porque todavía no había recibido el bautismo (en esa época se acostumbraba recibir este sacramento ya de adultos). Además, una ley del Imperio prohibía a los magistrados asumir cargos religiosos.

Todo fue inútil. El emperador exceptuó a Ambrosio de cumplir dicha ley y le aconsejó que aceptara el nombramiento. Ambrosio, convencido, recibió el bautismo y fue obispo. San Ambrosio fue obispo de Milán durante 23 años; es decir hasta su muerte, acaecida en 397.

SU OBRA DE OBISPO
San Ambrosio fue un gran obispo; un buen padre para su pueblo. Su casa se hallaba abierta a todos y sus riquezas se distribuían entre los más necesitados. Cuando Milán fue amenazada por la invasión de los godos, hizo quitar todo el oro de las iglesias de la ciudad y lo entregó a los invasores bárbaros, para evitar a sus conciudadanos los horrores de la guerra y para rescatar a muchísimos prisioneros.

Además se preocupó por dar a su pueblo una sólida instrucción religiosa; instituyó, con ese fin, numerosas escuelas de catecismo. Él mismo instruyó a los fieles predicando y escribiendo oraciones y libros de moral. Aconsejó también rezar cantando y para ello enseñó diversos himnos (cantos ambrosianos).

SAN AMBROSIO Y TEODOSIO
La autoridad y el prestigio del obispo de Milán era grande. El emperador Teodosio lo quería y lo veneraba. Pero un día, estos dos grandes hombres chocaron. Fue en ocasión de la matanza de Tesalónica ordenada por Teodosio. En esa ciudad de Grecia, un día el pueblo se había rebelado y, luego de invadir el palacio imperial, había dado muerte al prefecto.

Teodosio quiso castigar a la ciudad, pero su venganza fue muy cruel. Hizo preparar juegos en el circo e invitó a los ciudadanos de Tesalónica a asistir al espectáculo. Cuando el circo estuvo lleno, los soldados lo rodearon para impedir toda fuga. Luego se echaron sobre la multitud con las espadas desenvainadas y exterminaron a los espectadores. En esa bárbara masacre murieron más de siete mil ciudadanos.

Cuando la terrible noticia llegó a Milán, San Ambrosio quedó horrorizado. Escribió una carta al emperador, que residía en Milán, reprochándole la gran matanza efectuada, y le ordenó que no se acercara más a la iglesia.

Pero Teodosio tuvo el coraje de acercarse al templo. San Ambrosio salió a su encuentro y le ordenó que hiciera penitencia por su falta. Teodosio obedeció y se presentó de nuevo en el templo con hábitos de penitente.

«DOCTOR DE LA IGLESIA»
Por sus escritos sobre dogmas de la religión cristiana y por sus enseñanzas, San Ambrosio ha sido colocado entre los «Doctores de la Iglesia», junto con San Agustín, San Jerónimo y San Gregorio. Sus escritos tienen gran valor también desde el punto de vista histórico y literario; efectivamente, ha dejado innumerables cartas con preciosas informaciones y noticias sobre la vida política y civil de su tiempo. Su obra «Deberes del clero» (basada en «De officiis» de Cicerón) fue consultada durante siglos. Las disposiciones por él establecidas para la Iglesia en Milán llevaron a la formación del «rito ambrosiano», que se distingue del romano por algunos detalles de carácter litúrgico.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil CODEX Tomo III San Ambrosio

Biografía de San Tobias, porque es un Santo: Obra de San Tobìas

Biografía de San Tobías

Tobías significa: «Dios es bueno». Uno de los libros más agradables de la Sagrada Escritura es el de Tobías. Si abrimos nuestra Biblia, allá donde el índice nos dice que está el Libro de Tobías y nos dedicamos a leerlo, pasaremos ratos verdaderamente agradables en esta lectura. Allí se cuenta lo siguiente:

Tobías fue siempre un exacto cumplidor de sus deberes religiosos. Siendo todavía muy joven, cuando sus familiares se apartaron de la verdadera religión y empezaron a adorar al becerro de oro, él en cambio nunca quiso adorar ese ídolo y era el único que en su familia iba en las grandes fiestas a Jerusalén a adorar al verdadero Dios. Y siempre daba la décima parte de lo que ganaba para el templo y para los pobres.

Se casó con una mujer de su propia religión, llamada Ana, y tuvo un hijo al cual le puso también el nombre de Tobías.

Cuando el pueblo de Israel fue llevado cautivo a Nínive, Tobías tuvo que ir también allá en destierro, pero allá le concedió Dios la simpatía de los gobernantes y llegó a ocupar un alto puesto en la administración del gobierno. Aprovechó el buen sueldo que tenía para hacer sus buenos ahorros y prestó a un amigo suyo, que vivía en una ciudad lejana, los dineros que había logrado conseguir.

Después hubo cambio de gobierno y el nuevo rey, llamado Senaquerib, atacó a Jerusalén, pero por milagro de Dios no pudo tomarla, y volvió lleno de rabia a Nínive y empezó a perseguir a los israelitas que allí había. Quitó el cargo a Tobías y éste quedó en pobreza.

El rey hizo morir a muchos israelitas y prohibió que los sepultaran, pues quería que los dejaran en los campos para que los devoraran los cuervos. Pero Tobías, que era muy piadoso y muy caritativo, se dedicó de noche a sepultar los cadáveres de sus paisanos. Y un día volvió a casa muy cansado de estos trabajos y se sentó junto a una pared y se quedó dormido. Y arriba había un nido de golondrinas y de allá le cayó estiércol caliente en los ojos y quedó ciego. Y así estuvo por 4 años.

Como Tobías estaba ciego, su esposa tuvo que emplearse en una fábrica de tejidos, para ganar el sustento. Y un día a ella le regalaron un cabrito. Tobías al oír balar al animalito le dijo a la mujer: «Cuidado, no sea que te hayas robado ese cabrito. Si es ajeno hay que devolverlo, porque preferimos ser totalmente pobres a tener que quitar a alguien nada». La esposa al oírle esto lo insultó y le dijo: «¿De qué le han servido tantas limosnas que regalaba y tantas oraciones que rezaba? Mire a qué estado tan desdichado ha llegado».

Tobías, lleno de tristeza ante estas palabras, se retiró a llorar y rezaba diciendo: «Dios mío, todos estos sufrimientos nos llegan por los pecados que hemos cometido. Señor, apiádate de mí, y si he de seguir sufriendo tantas humillaciones, más bien acuérdate de mí, y llévame hacia Ti».

Mientras tanto, allá, en una ciudad lejana, una joven estaba también siendo humillada terriblemente. Se llamaba Sara. Se había casado siete veces, pero cada vez que se casaba, antes de que su esposo se le acercara llegaba el demonio Asmodeo y mataba al hombre. Y un día Sara regañó justamente a una sirvienta, y ésta, para desquitarse, le dijo: «Que nadie vea hijos tuyos, porque eres una asesina de siete maridos». Al oír semejante infamia, la joven Sara se fue a la azotea a llorar y hasta le llegó el deseo de suicidarse, pero rechazó este mal pensamiento porque aquello traería muchos sufrimientos a sus padres. Entonces oró a Dios diciendo: «Señor, tú sabes que yo he hecho siempre lo mejor posible por tener un buen comportamiento. Oh Señor, si he de seguir escuchando semejantes insultos de la gente, prefiero más bien que me lleves a Ti y me saques de esta vida. Pero si crees que lo mejor es que yo siga viviendo en esta tierra, te suplico que me libres de esta pena tan grande».

Y las dos oraciones llegaron al mismo tiempo al cielo. La de Tobías, que había sido humillado, y la de Sara, que había sido insultada. Y Dios dispuso responder a estas dos plegarias enviándoles un ángel a ayudarlos.

En aquel tiempo se acordó Tobías de que el amigo Gabael que vivía en una ciudad lejana le debía dinero que él le había prestado. Y llamó a su hijo Tobías y le dijo: «Vaya a la plaza y busque un buen hombre que lo quiera acompañar durante el largo y peligroso viaje, y dígale que le pagaremos el sueldo debido durante todo el tiempo que dure el viaje».

Y entonces envió Dios al ángel San Rafael disfrazado de hombre, el cual se le ofreció a Tobías para acompañarlo en el largo recorrido. Tobías padre lo aceptó porque parecía ser muy buena persona.

Antes de que su hijo se despidiera para partir, Tobías le dio estos consejos: «Tu mejor tesoro será siempre tener temor de ofender a Dios, y alejarte de todo pecado. Te conviene pedir siempre consejo a los que son prudentes y bien instruidos. Debes bendecir a Dios en toda circunstancia. Pídele que sean buenos todos tus comportamientos y que lleguen a buen fin tus proyectos. Te aconsejo que compartas tus alimentos con los hambrientos y tus comodidades con los que no las tienen. Todo cuanto no necesites debes darlo a los pobres. No hagas nunca a nadie lo que no quieres que te hagan a ti. Jamás se te vaya a ocurrir casarte con una mujer que no sea de nuestra santa religión. No pierdas el tiempo, porque la ociosidad es la madre de la miseria. Haz limosnas con generosidad, pero con alegría y sin echar en cara lo que regalas. Recuerda que el dar limosna libra de muchos males. Trata siempre con mucho cariño a tu madre. Recuerda lo mucho que ella ha sufrido por ti. Recuerda que si te esfuerzas por pórtate bien, el Señor Dios te concederá muchos éxitos».

Bendecido por su padre emprendió Tobías a la lejana ciudad de Ragués, acompañado por el ángel Rafael. La mamá lloraba mucho y estaba desconsolada, pero Tobías le decía: «No te afanes tanto, que Dios, que nos ama y nos protege, hará que nuestro hijo logre ir y volver sin que le suceda nada malo».

Y al llegar al río Tigris, Tobías entró al agua, pero un enorme pez se le lanzó a morderlo. El ángel le gritó: «Agarre fuerte al pez y láncelo fuera». Así lo hizo. Y en seguida Rafael le dijo: «Ábralo y sáquele la hiel, y el corazón, que nos van a ser muy útiles». Tobías sacó la hiel y el corazón del pez y los envolvió y los guardó.

Al llegar a la ciudad de Ecbatana, se hospedaron en casa del israelita Raguel, padre de Sara, la joven que había orado con tanta tristeza. Tobías se enamoró de Sara, pero Raguel le contó que el demonio había matado a los otros siete que habían tratado de casarse con ella. Rafael le dijo a Tobías que podía casarse tranquilamente, pues él alejaría al demonio Asmodeo. Se celebraron las bodas muy festivamente y Tobías y Sara rezaron con mucha fe pidiendo a Dios que bendijera su matrimonio. Tobías dijo: «Señor: tú sabes que no me caso por satisfacer mis pasiones, sino por formar un hogar donde se honre al verdadero Dios y se practique la verdadera religión». Y Sara también rezó encomendando a Dios su nuevo hogar. Y el ángel Rafael ató al demonio Asmodeo y lo llevó a un desierto y no permitió que les hiciera daño a los esposos.

Mientras en la familia se celebraban fiestas en honor de los desposados, el ángel Rafael fue hasta donde vivía Gabael y presentándole el recibo de Tobías, cobró el dinero que le debía y lo trajo. Y con este dinero y con toda la herencia que los papás de Sara le dieron a su hija se dispusieron a regresar a Nínive.

Tobías y su esposa Sara volvieron a Nínive, donde los ancianos padres estaban ya muy angustiados por su ausencia. El ángel le dijo: «Tan pronto te encuentres con tu padre, refriégale en los ojos la hiel del pescado». Así lo hizo el joven, y apenas su padre lo abrazó, el le refregó por los ojos la hiel, y se le cayeron unas escamas y recobró la vista y empezó a bendecir a Dios delante de todos.

Tobías le dijo a su hijo: ¿qué le daremos a este compañero tan bueno que tantos favores nos ha hecho? Démosle la mitad de todo lo que hemos conseguido. Pero el ángel les dijo: «Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre delante de Dios. El Señor me envió a ayudarlos, porque El ha escuchado todas las oraciones que ustedes le han dirigido. Porque eras aceptable a Dios por eso te permitió sufrimientos para que consiguieras mayores premios. Pero cuando ustedes rezaban angustiados, yo llevaba sus oraciones ante el Trono de Dios».

Y continuo diciendo: «No sientan nunca vergüenza de contar a todos los favores que Dios les ha hecho. Recuerden que la limosna borra muchos pecados. La oración y el hacer sacrificios hacen inmenso bien. Los que se dedican a pecar son enemigos de la propia felicidad. Pero los que se dedican a repartir limosnas consiguen muchos favores de Dios».

Ellos se arrodillaron para venerar al ángel, y éste desapareció.

Y así la familia de Tobías gozó en adelante de mucha paz y felicidad porque Dios los bendecía mucho y los ayudaba siempre, y ellos siguieron todos siendo fieles a la santa y verdadera religión.

Familias como ésta, sí en verdad merecen ser imitadas por todas nuestras familias.

Biografía de San Simón (Simeon) El Estilita

Biografía de San Simón (Simeon) – El Estilita

Nace cerca del año 400 en el pueblo de Sisan, en Cilicia, cerca de Tarso, donde nació San Pablo. (Estilita significa: el que vive en una columna). De pequeño se dedicaba a pastorear ovejas por los campos, pero un día, al entrar en una iglesia, oyó al sacerdote leer en el sermón de la Montaña las bienaventuranzas, en el capítulo 5 del evangelio de San Mateo. Se entusiasmó al oír que Jesús anuncia: «Dichosos serán los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios». Se acercó a un anciano y le preguntó qué debería hacer para cumplir esas bienaventuranzas y ser dichoso. El anciano le respondió: «Lo más seguro seria irse de religioso a un monasterio».

san simeon

Se estaba preparando para ingresar a un monasterio, y pedía mucho a Dios que le iluminara qué debía hacer para lograr ser santo e irse al cielo, y tuvo un sueño: vio que empezaba a edificar el edificio de su santidad y que cavaba en el suelo para colocar los cimientos y una voz le recomendaba: «Ahondar más, ahondar más». Y al fin oyó que la voz le decía: «Sólo cuando seas lo suficientemente humilde, serás santo».

A los 15 años entró a un monasterio y como era muy difícil conseguir libros para rezar, se aprendió de memoria los 150 salmos de la S. Biblia, para rezarlos todos cada semana, 21 cada día.

Se le considera el inventor del cilicio, o sea de una cuerda hiriente que algunos penitentes se amarran en la cintura para hacer penitencia. Se ató a la cintura un bejuco espinoso y no se lo quitaba ni de día ni de noche. Esto para lograr dominar sus tentaciones. Un día el superior del monasterio se dio cuenta de que derramaba gotas de sangre y lo mandó a la enfermería, donde encontraron que la cuerda o cilicio se le había incrustado entre la carne. Difícilmente lograron quitarle la cuerda, con paños de agua caliente. Y el abad o superior le pidió que se fuera para otro sitio, porque allí su ejemplo de tan extrema penitencia podía llevar a los hermanos a exagerar en las mortificaciones.

Se fue a vivir en una cisterna seca, abandonada, y después de estar allí cinco días en oración se le ocurrió la idea de pasar los 40 días de cuaresma sin comer ni beber, como Jesús. Le consultó a un anciano y éste le dijo: «Para morirse de hambre hay que pasar 55 días sin comer. Puede hacer el ensayo, pero para no poner en demasiado peligro la vida, dejaré allí cerca de usted diez panes y una jarra de agua, y si ve que va desfallecer, come y bebe.» Así se hizo. Los primeros 14 días de cuaresma rezó de pie. Los siguientes 14 rezó sentado. Los últimos días de la cuaresma era tanta su debilidad que tenía que rezar acostado en el suelo. El domingo de Resurrección llegó el anciano y lo encontró desmayado y el agua y los panes sin probar. Le mojó los labios con un algodón empañado en agua, le dio un poquito de pan, y recobró las fuerzas. Y así paso todas las demás cuaresmas de su larga vida, como penitencia de sus pecados y para obtener la conversión de los pecadores.

Se fue a una cueva del desierto para no dejarse dominar por la tentación de volverse a la ciudad, llamó a un cerrajero y se hizo atar con una cadena de hierro a una roca y mandó soldar la cadena para no podérsela quitar. Pero varias semanas después pasó por allí el Obispo de Antioquía y le dijo: «Las fieras sí hay que atarlas con cadenas, pero al ser humano le basta su razón y la gracia de Dios para no excederse ni irse a donde no debe». Entonces Simeón, que era humilde y obediente, se mandó quita la cadena.

De todos los países vecinos y aun de países lejanos venían a su cueva a consultarlo y a pedirle consejos y las gentes se le acercaban para tocar su cuerpo con objetos para llevarlos en señal de bendición, y hasta le quitaban pedacitos de su manto para llevarlos como reliquias.

Entonces para evitar que tanta gente viniera a distraerlo en su vida de oración, se ideó un modo de vivir totalmente nuevo y raro: se hizo construir una columna de tres metros para vivir allí al sol, al agua, y al viento. Después mandó hacer una columna de 7 metros, y más tarde, como la gente todavía trataba de subirse hasta allá, hizo levantar una columna de 17 metros, y allí pasó sus últimos 37 años de su vida.

Columna se dice «Stilos» en griego, por eso lo llamaron «Simeón el estilita».

No comía sino una vez por semana. La mayor parte del día y la noche la pasaba rezando. Unos ratos de pie, otros arrodillado y otros tocando el piso de su columna con la frente. Cuando oraba de pie, hacía reverencias continuamente con la cabeza, en señal de respeto hacia Dios. En un día le contaron más de mil inclinaciones de cabeza. Un sacerdote le llevaba cada día la Sagrada Comunión.

Para que nadie vaya a creer que estamos narrando cuentos inventados o leyendas, recordamos que la vida de San Simeón Estilita la escribió Teodoreto, quien era monje en aquel tiempo y fue luego Obispo de Ciro, ciudad cercana al sitio de los hechos. Un siglo más tarde, un famoso abogado llamado Evagrio escribió también la historia de San Simeón y dice que las personas que fueron testigos de la vida de este santo afirmaban que todo lo que cuenta Teodoreto es cierto.

Las gentes acudían por montones a pedir consejos. El les predicaba dos veces por día desde su columna y los corregía de sus malas costumbres. Y entre sermón y sermón oía sus súplicas, oraba por ellos y resolvía pleitos entre los que estaban peleados, para amistarlos otra vez. A muchos ricos los convencía para que perdonaran las deudas a los pobres que no les podían pagar.

Convirtió a miles de paganos. Un famoso asesino, al oírlo predicar, empezó a pedir perdón a Dios a gritos y llorando.

Algunos lo insultaban para probar su paciencia y nunca respondió a los insultos ni demostró disgusto por ellos.

Hasta Obispos venían a consultarlo, y el Emperador Marciano de Constantinopla se disfrazó de peregrino y se fue a escucharlo y se quedó admirado del modo tan santo como vivía y hablaba.

Para saber si la vida que llevaba en la columna era santidad y virtud y no sólo un capricho, los monjes vecinos vivieron y le dieron orden a gritos de que se bajara de la columna y se fuera a vivir con los demás. Simeón, que sabía que sin humildad y obediencia no hay santidad, se dispuso inmediatamente a bajarse de allí, pero los monjes al ver su docilidad le gritaron que se quedara otra vez allá arriba porque esa era la voluntad de Dios.

Murió el 5 de enero del año 459. Estaba arrodillado rezando, con la cabeza inclinada, y así se quedó muerto, como si estuviera dormido. El emperador tuvo que mandar un batallón de ejército porque las gentes querían llevarse el cadáver, cada uno para su ciudad. En su sepulcro se obraron muchos milagros y junto al sitio donde estaba su columna se construyó un gran monasterio para monjes que deseaban hacer penitencia.

Señor Jesucristo; haz que como Simeón el Estilita, recordemos todos aquellas palabras tuyas: «Si no hacéis penitencia, todos pereceréis» y que nos dediquemos también a ofrecer penitencias por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Amén.

Fuente Consultada: Sitio Web hurch Forum

Vida y Obra de Santo Tomas Moro Biografia e Historia de la Reforma

Vida y Obra de Santo Tomás Moro
Biografia e Historia de la Reforma Anglicana

Tomás Moro Fue canonizado en 1935, cuando1 se cumplían cuatro siglos de su martirio, ocurrido el 7 de julio1 de 1535. Su culpa había sido oponerse a las veleidades amorosas y a los caprichos ideológicos de Enrique VIII, y había sido condenado a muerte por haber declarado que el Parlamento inglés no podía hacer jefe de la Iglesia al monarca.

Era valeroso, ferviente en su catolicismo y con la firmeza, tan poco corriente en los intelectuales puros, de sostener sus convicciones religiosas hasta sellarlas con su propia sangre.

Caso tanto más notable cuanto Tomás More (castellanizado, Moro) fue con Erasmo, Budé y Vives, el representante más notable del humanismo nortealpino.

biografia de tomas moro

Esta es su biografia….

Biografia de Tomás Moro Caracteristicas del Humanismo

(Cheapside, 6 de febrero de 1478 – Londres, 6 de julio de 1535): Humanista inglés del Renacimiento.

Cursó en Oxford estudios humanísticos hasta 1494, año en que ingresó en New Inn para iniciar la carrera de Derecho.

Como humanista, coincidió con Erasmo de Rotterdam en muchísimos aspectos y a ambos les unió una profunda amistad.

Desde joven fue un hombre exageradamente religioso. Interesado por los acontecimientos políticos de su tiempo, es miembro del Parlamento en 1504.

Desempeñó durante algunos años diferentes cargos en el Gobierno. En 1514, fue administrador de legados; en 1521, tesorero de Hacienda; en 1523, speaker de la Cámara de los Comunes y, en 1529, sucedió a Wolsey en el puesto de canciller.

Fiel súbdito de la corona, sin embargo se opuso al rey en lo referente a las cuestiones de supremacía de poderes y al divorcio.

En 1532, al aprobarse la ley que privaba al Papa de los primeros ingresos del año por beneficios, renunció al Gran Sello, abandonando su trabajo en la Corte.

A pesar de los intentos que el rey de Inglaterra realizó para conseguir de nuevo su colaboración, Tomás Moro, como católico y antirreformista, no transigió en ningún momento, perdiendo con su decisión los favores y protección del monarca.

Su padre que era juez, le enviaba únicamente el dinero indispensable para sus gastos más necesarios, y esto le fue muy útil, pues como él mismo afirmaba después: «Por no tener dinero para salir a divertirme, tenía que quedarme en casa y en la biblioteca estudiando». Lo cual le fue de gran provecho para su futuro.

A los 22 años ya es doctor en abogacía, y profesor brillante. Es un apasionado lector que todos los ratos libres los dedica a la lectura de buenos libros. Uno de sus compañeros de ese tiempo dio de él este testimonio: «Es un intelectual muy brillante, y a sus grandes cualidades intelectuales añade una muy agradable simpatía».

Le llegaron dudas acerca de cuál era la vocación para la cual Dios lo tenía destinado. Al principio se fue a vivir con los cartujos (esos monjes que nunca hablan, ni comen carne, y rezan mucho de día y de noche) pero después de 4 años se dio cuenta de que no había nacido para esa heroica vocación.

También intentó irse de franciscano, pero resultó que tampoco era ese su camino. Entonces se dispuso optar por la vocación del matrimonio. Se casó, tuvo cuatro hijos y fue un excelente esposo y un cariñosísimo papá. Su vocación estaba un poco más allá: su vocación era actuar en el gobierno y escribir libros.

Para con sus hijos, para con los pobres y para cuantos deseaban tratar con él, Tomás fue siempre un excelente y simpático amigo. Acostumbraba ir personalmente a visitar los barrios de los pobres para conocer sus necesidades y poder ayudarles mejor.

Con frecuencia invitaba a su mesa a gentes muy pobres, y casi nunca invitaba a almorzar a los ricos. A su casa llegaban muchas visitas de intelectuales que iban a charlar con él acerca de temas muy importantes para esos momentos y a comentar los últimos libros que se iban publicando. Su esposa se admiraba al verlo siempre de buen humor, pasara lo que pasara. Era difícil encontrar otro de conversación más amena.

San Tomas Moro

Este es uno de los dos grandes mártires de la Iglesia de Inglaterra, cuando un rey impuro quiso acabar con la Religión Católica y ellos se opusieron. El otro es San Juan Fisher . Tomás significa: «el gemelo». Y en verdad que fue un verdadero gemelo en santidad y en cualidades con su compañero de martirio, San Juan Fisher. Tomás Moro nació en Cheapside, Inglaterra en 1478. A los 13 años se fue a trabajar de mensajero en la casa del Arzobispo de Canterbury, y éste al darse cuenta de la gran inteligencia del joven, lo envió a estudiar al colegio de la Universidad de Oxford.

Tomás Moro escribió bastantes libros. Muchos de ellos contra los protestantes, pero el más famoso es el que se llama Utopía. Esta es una palabra que significa: «Lo que no existe» (U=no. Topos: lugar. Lo que no tiene lugar). En ese libro describe una nación que en realidad no existe pero que debería existir. En su escrito ataca fuertemente las injusticias que cometen los ricos y los altos del gobierno con los pobres y los desprotegidos y va describiendo cómo debería ser una nación ideal. Esta obra lo hizo muy conocido en toda Europa. (Ver: Ciudades Utópicas)

El joven abogado Tomás Moro fue aceptado como profesor de uno de los más prestigiosos colegios de Londres. Luego fue elegido como secretario del alcalde de la capital. En 1529 fue nombrado Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. Pero este altísimo cargo no cambió en nada su sencillez. Siguió asistiendo a Misa cada día, confesándose con frecuencia y comulgando. Tratable y amable con todos. Alguien llegó a afirmar: «Parece que lo hubieran elegido Canciller, solamente para poder favorecer más a los pobres y desamparados».

Otro añadía: «El rey no pudo encontrar otro mejor consejero que este«. Pero Tomás, que conocía bien cómo era Enrique VIII, declaraba con su fino humor: «El rey es de tal manera que si le ofrecen una buena casa por mi cabeza, me la mandará cortar de inmediato«.

Ya llevaba dos años como Canciller cuando sucedió en Inglaterra un hecho terrible contra la religión católica. El impúdico rey Enrique VIII se divorció de su legítima esposa y se fue a vivir con la concubina Ana Bolena. Y como el Sumo Pontífice no aceptó este divorcio, el rey se declaró Jefe Supremo de la religión de la nación, y declaró la persecución contra todo el que no aceptara su divorcio o no lo aceptara a él como reemplazo del Papa en Roma. Muchos católicos tendrían que morir por oponerse a todo esto.

Tomás Moro no aceptó ninguno de los terribilísimos errores del malvado rey: ni el divorcio ni el que tratara de reemplazar al Sumo Pontífice.

Entonces fue destituido de su alto puesto, le confiscaron sus bienes y el rey lo mandó encerrar como prisionero de la espantosa Torre de Londres. Santo Tomás y San Juan Fisher fueron los dos principales de todos los altos funcionarios de la capital que se negaron a aceptar tan grandes infamias del monarca. Y ambos fueron llevados a la torre fatídica. Allí estuvo Tomás encerrado durante 15 meses.

Verdaderamente hermosas son las cartas que desde la cárcel escribió este gran sabio a su hija Margarita que estaba muy desconsolada por la prisión de su padre. En ellas le dice: «Con esta cárcel estoy pagando a Dios por los pecados que he cometido en mi vida. Los sufrimientos de esta prisión seguramente me van a disminuir las penas que me esperan en el purgatorio. Recuerda hija mía, que nada podrá pasar si Dios no permite que me suceda. Y todo lo permite Dios para bien de los que lo aman. Y lo que el buen Dios permite que nos suceda es lo mejor, aunque no lo entendamos, ni nos parezca así».

El día en que Margarita fue a visitar por última vez a su padre, vieron los dos salir hacia el sitio del martirio a cuatro monjes cartujos que no habían querido aceptar los errores de Enrique VIII. Tomás dijo a Margarita: «Mire cómo van de contentos a ofrecer su vida por Jesucristo. Ojalá también a mí me conceda Dios el valor suficiente para ofrecer mi vida por su santa religión».

Tomás fue llamado a un último consejo de guerra. Le pidieron que aceptara lo que el rey le mandaba y él respondió: «Tengo que obedecer a lo que mi conciencia me manda, y pensar en la salvación de mi alma. Eso es mucho más importante que todo lo que el mundo pueda ofrecer. No acepto esos errores del rey«. Se le dictó entonces sentencia de muerte. El se despidió de su hijo y de su hija y volvió a ser encerrado en la Torre de Londres.

En la madrugada del 6 de julio de 1535 le comunicaron que lo llevarían al sitio del martirio, él se colocó su mejor vestido. De buen humor como siempre, dijo al salir al corredor frío: «por favor, mi abrigo, porque doy mi vida, pero un resfriado sí no me quiero conseguir». Al llegar al sitio donde lo iban a matar rezó despacio el Salmo 51: «Misericordia Señor por tu bondad». Luego prometió que rogaría por el rey y sus demás perseguidores, y declaró públicamente que moría por ser fiel a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Luego enseguida de un hachazo le cortaron la cabeza.

Tomás Moro fue declarado santo por el Papa en 1935. Un sabio decía: «Este hombre, aunque no hubiera sido mártir, bien merecía que lo canonizaran, porque su vida fue un admirable ejemplo de lo que debe ser el comportamiento de un servidor público: un buen cristiano y un excelente ciudadano».

Dijo Jesús: «Dichosos los que sufren persecución por causa de la religión, porque su premio será muy grande en el reino de los cielos». (Mt 5,11).

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En 1534, ante su negativa a reconocer al rey Enrique VIII como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, es hecho prisionero y encarcelado en la torre de Londres. Acusado de alta traición, tuvo que comparecer ante los tribunales; fue considerado culpable y, después de un año de prisión, decapitado.

Tomás Moro fue el creador del tan apasionante género de las utopías o representaciones de estados y situaciones imaginarias con el fin de poder realizar y hacer realizar experimentos mentales insospechados. Tal es el carácter de su obra «De optimo ripublicae statu nova insola Utopia». Para no alejarse demasiado de la realidad, antes de comenzar a narrar las diversas historias de la fantástica islita, Moro nos muestra, irónica y sarcásticamente, como funcionaba la justicia en Inglaterra.

Además nos explica el origen económico de las injusticias sociales. Propone una serie de remedios a este tipo de problemática, sin encontrar en ninguno de ellos la verdadera solución a tales injusticias, y afirma rotundamente que la única vía posible para superar la iniquidad social siempre motivada por cuestiones económicas, es la abolición absoluta de la propiedad privada, que es, en definitiva, el eje de todo proceso socio-económico.

HISTORIA DE LA REFORMA DE ENRIQUE VIII Y LA MUERTE DE TOMAS MORO:

La Reforma en Inglaterra. Causas de su implantación. — Los comienzos de la Reforma en Inglaterra fueron por el año 1539. Ya, antes de esta fecha, los escritos de Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro y Juan Colet, habían preparado los espíritus, despertando en ellos un ansia de examinar principios que hasta entonces se aceptaban como inconmovibles.

Enrique VIII, que había combatido las conclusiones de Lutero, por lo que además de enemimistarse con el reformador, mereció de la Curia romana el dictado de defensor de la fe y que estaba casado con Catalina de Aragón, hija de Fernando V el Católico, enamorado de una dama de su corte llamada Ana Bolena,demandó en 1527 de la Santa Sede la anulación de su matrimonio, aduciendo inconsistentes fundamentos. Habiéndosele denegado su pretensión, tras de unirse ilegítimamente con Ana Bolena, casó con ella en 1533.

El matrimonio no fue reconocido, y Enrique VIII publicó un Bill de seis artículos declarando caducada la autoridad del papa sobre Inglaterra y sustituyéndola por la suya (1534). Como Toma Moro y Fischer, obispo de Winchester, no quisieran acatar aquella disposición (Acta de Supremacía), fueron decapitados en 1535 y luego fueron suprimidos y confiscados muchos monasterios cuyos bienes pasaron a poder del rey.

El divorcio del rey con Catalina y su posterior matrimonio con Ana Bolena fueron autorizados por Tomás Cranmer, arzobispo de Canterbury. El monarca se abrogó el título de jefe de la Iglesia anglicana y la representación de Dios en la tierra. Suprimió los envíos de dinero a Roma y logró la adhesión general a las expoliaciones cometidas con los bienes de la Iglesia, por los beneficios que su botín reportaba a nobles y a plebeyos. Los ritos y doctrinas de la Iglesia anglicana no coincidían en todas sus partes con los del protestantismo.

En 1553 María Tudor restableció el catolicismo, pero a su muerte, le sucedió en el trono su hermana Isabel, hija de Ana Bolena y Enrique, que aun titulándose católica, persiguió a los fieles de esta religión, se declaró cabeza suprema de la Iglesia y, sin entregarse a la ortodoxia protestante, restableció la Iglesia anglicana en 1563.

Vida y Obra de San Francisco de Asis Biografia Humildad y Pobreza

Vida y Obra de San Francisco de Asis

Dicen que a San Francisco lo declaró santo el pueblo, antes de que el Sumo Pontífice le concediera ese honor, y que si se hace una votación entre los cristianos (aún entre los protestantes) todos están de acuerdo en declarar que es un verdadero santo. Todos, aun los no católicos, lo quieren y lo estiman. Lo quieren los pobres, porque él se dedicó a vivir en total pobreza, pero con gran alegría. Lo estiman los ecologistas porque él fue el amigo de las aves, de los peces, de las flores, del agua, del sol, de la luna y de la madre tierra.

Nació en Asís (Italia) en 1182.

Su madre se llamaba Pica y fue sumamente estimada por él durante toda su vida. Su padre era Pedro Bernardone, un hombre muy admirador y amigo de Francia, por la cual le puso el nombre de Francisco, que significa: «el pequeño francesito».

Cuando joven a Franciscolo que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo.

Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida.

Al salir de la prisión se incorporó otra vez en el ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban en cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.

Francisco no llegó al campo de batalla porque se enfermó y en plena enfermedad oyó que una voz del cielo le decía: «¿Por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?». Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar en serio acerca de su futuro.

La gente al verlo tan silencioso y meditabundo comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: «Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe». Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús. Y se fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a los pobres.

Paseando un día por el campo encontró a un leproso lleno de llagas y sintió un gran asco hacia él. Pero sintió también una inspiración divina que le decía que si no obramos contra nuestros instintos nunca seremos santos. Entonces se acercó al leproso, y venciendo la espantosa repugnancia que sentía, le besó las llagas. Desde que hizo ese acto heroico logró conseguir de Dios una gran fuerza para dominar sus instintos y poder sacrificarse siempre a favor de los demás. Desde aquel día empezó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.

Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: «Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas». Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y se fue a su casa y vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le trajo dinero al Padre Capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba (le tenía temor a la dura reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone) Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente.

Pedro Bernardone demandó a su hijo Francisco ante el obispo declarando que lo desheredaba y que tenía que devolverle el dinero conseguido con las telas que había vendido. El prelado devolvió el dinero al airado papá, y Francisco, despojándose de su camisa, de su saco y de su manto, los entregó a su padre diciéndole: «Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De hoy en adelante podré decir: Padrenuestro que estás en los cielos».

El Sr. Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida. Ese será el hábito de sus religiosos después: el vestido de un campesino pobre, de un sencillo obrero.

Se fue por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: «¿Usted quién es? – Él respondió: – Yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey». Los otros no entendieron qué les quería decir con esto y en cambio de su respuesta le dieron una paliza. Él siguió lo mismo de contento, cantando y rezando a Dios.

Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo.

La Porciúncula. Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Fracisco empezó su comunidad. Porciúncula significa «pequeño terreno». Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas. Estaba a 4 kilómetros de Asís. Los padres Benedictinos le dieron permiso de irse a vivir allá, y a nuestro santo le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Sma. Virgen.

En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el cielo le mostró lo que esperaba de él. Y fue por medio del evangelio de ese día, que es el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar. Dice así: «Vayan a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No lleven dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiarse. Gratis han recibido, den también gratuitamente». Francisco tomó esto a la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta.

Cuenta San Buenaventura que se encontró con el santo un hombre a quien un cáncer le había desfigurado horriblemente la cara. El otro intentó arrodillarse a sus pies, pero Francisco se lo impidió y le dio un beso en la cara, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Y la gente decía: «No se sabe qué admirar más, si el beso o el milagro».

El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: «mi Dios y mi todo». Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula. El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero, fue Fray Gil, célebre por su sencillez.

Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba.

En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: «No les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio». Recibieron la aprobación, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porciúncula.

Dicen que Inocencio III vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse y que aparecían dos hombres a ponerle el hombro e impedir que se derrumbara. El uno era San Francisco, fundador de los franciscanos, y el otro, Santo Domingo, fundador de los dominicos. Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.

A Francisco lo atacaban a veces terribles tentaciones impuras. Para vencer las pasiones de su cuerpo, tuvo alguna vez que revolcarse entre espinas. Él podía repetir lo del santo antiguo: «trato duramente a mi cuerpo, porque él trata muy duramente a mi alma».

Clara, una joven muy santa de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco, y abandonando su familia huyó a hacerse moja según su sabia dirección. Con santa Clara fundó él las hermanas clarisas, que tienen hoy conventos en todo el mundo.

Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño.

Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.

Francisco se retiró por 40 días al Monte Alvernia a meditar, y tanto pensó en las heridas de Cristo, que a él también se le formaron las mismas heridas en las manos, en los pies y en el costado.

Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que en el año 1219, en una reunión general llamado «El Capítulo de las esteras», se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos. Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.

Francisco recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: «El Amor no es amado». Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su religión.

Dispuso ir a Egipto a evangelizar al sultán y a los mahometanos. Pero ni el jefe musulmán ni sus fanáticos seguidores quisieron aceptar sus mensajes. Entonces se fue a Tierra Santa a visitar en devota peregrinación los Santos Lugares donde Jesús nació, vivió y murió: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. En recuerdo de esta piadosa visita suya los franciscanos están encargados desde hace siglos de custodiar los Santos Lugares de Tierra Santa.

Por no cuidarse bien de las calientísimas arenas del desierto de Egipto se enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego. Un sufrimiento más que el Señor le permitía para que ganara más premios para el cielo.

San Francisco, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. «Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar», etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era «Paz y bien».

Cuando sólo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (franciscanos, capuchinos, clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica. El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.

Cuando apenas habían transcurrido dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a amar la naturaleza y a vivir desprendido de los bienes materiales y enamorados de nuestra buen Dios. Fue él quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad.

San Francisco de Asís: pídele a Jesús que lo amemos tan intensamente como lo lograste amar tú.

El cadáver desapareció de la vista de los hombres durante seis siglos, hasta que en 1818,
tras 52 días de búsqueda, fue descubierto bajo el altar mayor, a varios metros de profundidad.
El Santo no tenía más que 44 o 45 años al morir.

Muchos piensan que el flamante Papa Argentino Jorge Bergoglio quedó marcado por la vida del santo de Asís, algo que tendría su reflejo en el hecho que cuando fue cardenal en Buenos Aires haya sido reconocido por sus palabras y propuestas de lucha contra la pobreza. Además tiene fama de austero y de no ser amante de los lujos

La humildad y obediencia: San Francisco dio a su orden el nombre de «Frailes Menores» por humildad, pues quería que sus hermanos fuesen los siervos de todos y buscasen siempre los sitios más humildes. Con frecuencia exhortaba a sus compañeros al trabajo manual y, si bien les permitía pedir limosna, les tenía prohibido que aceptasen dinero. Pedir limosna no constituía para él una vergüenza, ya que era una manera de imitar la pobreza de Cristo. Sobre la excelsa virtud de la humildad, decía: «Bienaventurado el siervo a quien lo encuentran en medio de sus inferiores con la misma humildad que si estuviera en medio de sus superiores. Bienaventurado el siervo que siempre permanece bajo la vara de la corrección. Es siervo fiel y prudente el que, por cada culpa que comete, se apresura a expiarlas: interiormente, por la contrición y exteriormente por la confesión y la satisfacción de obra». El santo no permitía que sus hermanos predicasen en una diócesis sin permiso expreso del Obispo. Entre otras cosas, dispuso que «si alguno de los frailes se apartaba de la fe católica en obras o palabras y no se corregía, debería ser expulsado de la hermandad». Todas las ciudades querían tener el privilegio de albergar a los nuevos frailes, y las comunidades se multiplicaron en Umbría, Toscana, Lombardia y Ancona.

UNA ANÉCDOTA DE SU VIDA: «….en el otro episodio reaparece la voz que habla a Francisco. Un día, mientras está orando, desde el crucifijo escucha que la voz le dice: «Francisco, ve a reparar mi casa, ¿no ves que está toda en ruinas?» La interpretación que hizo el santo de esta exhortación —al menos según la tradición católica— permite trazar un neto contraste con la vida de Sócrates. También el sabio ateniense escuchaba una voz que le hablaba y lo exhortaba: «Haz música y practícala». Sócrates había entendido siempre este mandato de manera no literal: él pensaba que la voz lo invitaba a ejercitar «la más bella música», es decir, la filosofía, y a esto había dedicado su vida.

Recién cuando le faltaba poco para morir, condenado a beber la cicuta, Sócrates imaginó que tal vez la voz le había estado hablando literalmente y entonces -según cuenta Platón en el Fedón—probó ponerle música a unas fábulas de Esopo, En el caso de Francisco, en cambio, la interpretación fue completamente literal: tras escuchar la exhortación tomó las mercancías de su padre, fue a Foligno, las vendió, empeñó allí mismo su caballo, volvió a Asís a pie y le entregó el dinero al párroco de la iglesia de San Damián para que la reconstruyera. Además, se puso él mismo a reconstruir la iglesia, aprendiendo las complejas labores del obrero de la construcción, con todas sus fatigas y sinsabores.

Reconstruyó primero la de San Damián, luego una consagrada a San Pedro y finalmente la de Santa María de los Ángeles. A diferencia del Sócrates que retrata Platón, Francisco entendió que «la manera de construir un templo era construyéndolo», por eso se puso a recoger piedras: «Se convirtió en un nuevo tipo de mendigo invirtiendo la parábola: un mendigo que no pide pan sino piedras».

Las extraordinarias actitudes de Francisco enfurecieron a su padre. Pietro Bernardone también interpretó lo que escuchaba de manera tremendamente literal: encerró a su hijo como a un ladrón —o como a un desequilibrado, en todo caso, como el que lleva a cabo un grave perjuicio contra su propiedadv- y lo denunció. El joven se negó a comparecer ante los tribunales de la ciudad y se sometió, en cambio, al juicio del obispo. El juicio tuvo lugar en enero o febrero del año 1206, ante la mirada curiosa de todos los habitantes de Asís. Se sabe —por lo que sigue— que en ese momento la zona estaba toda cubierta de nieve.

El obispo conminó a Francisco a restituir a su padre el dinero pues «ninguna bendición podía coronar una buena obra realizada por medios injustos» y básicamente el incidente quedaría saldado. Francisco pronunció entonces la célebre frase: «Hasta hoy he llamado padre a Pietro Bernardone, pero ahora soy el siervo de Dios. Restituiré a mi padre no sólo el dinero sino cuanto pueda llamarse suyo, aun los vestidos que me dio». Se despojó de sus ropas, se volvió hacia el obispo, recibió su bendición y salió casi desnudo al frío. Caminó hacia los bosques sobre el suelo helado entre los árboles cubiertos de escarcha: era un hombre sin padre, sin dinero, sin familia, sin ocupación, sin plan y sin esperanza. Se dice que entonces se puso a cantar. En provenzal.»


(Fuente: Revista Diario de National Geographic N°42 San Francisco de Asís)

Vida y Obra de San Cristobal El Santo de los Viajeros

Vida y Obra de San Cristóbal

Cristóbal significa «el que carga o portador de Cristo»: San Cristóbal, popularísimo gigantón que antaño podía verse con su barba y su cayado en todas las puertas de las ciudades: era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. Hoy que se suele viajar en coche, los automovilistas piadosos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante.

san cristobal

¿Quién era? Con la historia en la mano poco puede decirse de él, como mucho que quizá un mártir de Asia Menor a quien ya se rendía culto en el siglo v. Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él.

Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente señor de la tierra, quién a quién Cristóbal vio temblando un día cuando le mencionaron al demonio.

Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. Pero en el camino el brujo pasó junto a una cruz, y temblando la evitó. Cristóbal le pregunto entonces si el le temía a las cruces, contestándole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la cruz, Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una cruz donde murió él tal Jesucristo.

¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aun después de morir? Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo.

Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba.

–¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?–Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí.

Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo.

San Cristóbal es un Santo muy popular, y poetas modernos, como García Lorca y Antonio Machado, lo han cantado con inspiradas estrofas. Su efigie, siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales, como la de Toledo, y nos inspira a todos protección y confianza.

Sus admiradores, para simbolizar su fortaleza, su amor a Cristo y la excelencia de sus virtudes, le representaron de gran corpulencia, con Jesús sobre los hombros y con un árbol lleno de hojas por báculo.

Esto ha dado lugar a las leyendas con que se ha oscurecido su vida. Se le considera patrono de los transportadores y automovilistas.

Vida y Obra de San Cayetano: Biografía del Santo del Trabajo

BIOGRAFÍA DE SAN CAYETANO

San Cayetano. Fundador. Año 1547. Este santo, muy popular entre los comerciantes y ganaderos porque los protege de muchos males, nació en 1480 en Vicenza, cerca de Venecia, Italia.Su padre, militar, murió defendiendo la ciudad contra un ejército enemigo. El niño quedó huérfano, al cuidado de su santa madre que se esmeró intensamente por formarlo muy buen. Estudió en la Universidad de Padua donde obtuvo dos doctorados y allí sobresalía por su presencia venerable y por su bondad exquisita que le ganaba muchas amistades.

san cayetano

Se fue después a Roma, y en esa ciudad capital llegó a ser secretario privado del Papa Julio II, y notario de la Santa Sede.

A los 33 años fue ordenado sacerdote. El respeto que tenía por la Santa Misa era tan grande, que entre su ordenación sacerdotal y su primera misa pasaron tres meses, tiempo que dedicó a prepararse lo mejor posible a la santa celebración.

En Roma se inscribió en una asociación llamada «Del Amor Divino», cuyos socios se esmeraban por llevar una vida lo más fervorosa posible y por dedicarse a ayudar a los pobres y a los enfermos.

Viendo que el estado de relaajación de los católicos era sumamente grande y escandaloso, se propuso fundar una comunidad de sacerdotes que se dedicaran a llevar una vida lo más santa posible y a enfervorizar a los fieles. Y fundó los Padres Teatinos (nombre que les viene a Teati, la ciudad de la cual era obispo el superior de la comunidad, Msr. Caraffa, que después llegó a ser el Papa Pablo IV)

San Cayetano le escribía a un amigo: «Me siento sano del cuerpo pero enfermo del alma, al ver cómo Cristo espera la conversión de todos, y son tan poquitos los que se mueven a convertirse». Y este era el más grande anhelo de su vida: que las gentes empezaran a llevar una vida más de acuerdo con el santo Evangelio.

Y donde quiera que estuvo trabajó por conseguirlo.

En ese tiempo estalló la revolución de Lutero que fundó a los evangélicos y se declaró en guerra contra la Iglesia de Roma. Muchos querían seguir su ejemplo, atacando y criticando a los jefes de la santa Iglesia Católica, pero San Cayetano les decía: «Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo».

San Cayetano era de familia muy rica y se desprendió de todos sus bienes y los repartió entre los pobres. En una carta escribió la razón que tuvo para ello: «Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico?» Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? Oh, que ganas siento de llorar al ver que las gentes no sienten deseos de imitar al Redentor Crucificado».

En Nápoles un señor rico quiere regalarle unas fincas para que viva de la renta, junto con sus compañeros, diciéndole que allí la gente no es tan generosa como en otras ciudades. El santo rechaza la oferta y le dice: «Dios es el mismo aquí y en todas partes, y El nunca nos ha desamparado, si siquiera por un minuto».

Fundó asociaciones llamadas «Montes de piedad» (Montepíos) que se dedicaban a prestar dinero a gentes muy pobres con bajísimos intereses.

Sentía un inmenso amor por Nuestro Señor, y lo adoraba especialmente en la Sagrada Hostia en la Eucaristía y recordando la santa infancia de Jesús. Su imagen preferida era la del Divino Niño Jesús.

La gente lo llamaba: «El padrecito que es muy sabio, pero a la vez muy santo».

Los ratos libres los dedicaba, donde quiera que estuviera, a atender a los enfermos en los hospitales, especialmente a los más abandonados y repugnantes.

Un día en su casa de religioso no había nada para comer porque todos habían repartido sus bienes entre los pobres. San Cayetano se fue al altar y dando unos golpecitos en la puerta del Sagrario donde estaban las Santas Hostias, le dijo con toda confianza: «Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer». Al poco rato llegaron unas mulas trayendo muy buena cantidad de provisiones, y los arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.

En su última enfermedad el médico aconsejó que lo acostaran sobre un colchón de lana y el santo exclamó: «Mi Salvador murió sobre una tosca cruz. Por favor permítame a mí que soy un pobre pecador, morir sobre unas tablas». Y así murió el 7 de agosto del año 1547, en Nápoles, a la edad de 67 años, desgastado de tanto trabajar por conseguir la santificación de las almas.

En seguida empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y el Sumo Pontífice lo declaró santo en 1671.

San Cayetano bendito: lo que tú más deseabas: la conversión de los que somos tan pecadores, es un favor inmenso que no hemos logrado conseguir, pero que tú con tu intercesión nos puedes obtener. Pídele a Dios que nos logremos convertir.

Dichoso el que Confía en Dios (Salmo 83).

San Sixto, Papa y compañeros mártires.

Sixto fue consagrado obispo de Roma el año 257. Al año siguiente, mientras celebraba la sagrada liturgia en el cementerio de Calixto, fue detenido por unos soldados y ejecutado al momento, junto con cuatro de sus diáconos, el día 6 de agosto. Recibió sepultura en el mismo cementerio.

San Cipriano escribe: «Valeriano (emperador) ha enviado un rescripto al senado, según el cual los obispos, presbíteros y diáconos, deben ser ejecutados sin dilación. A los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de su dignidad y de sus bienes; y si, a pesar de ello, perseveran en su condición de cristianos, serán decapitados. A las matronas se les confiscarán sus bienes y se les desterrará.

Todos los cesarianos que hayan profesado antes y profesen actualmente la fe cristiana, serán desposeídos de sus bienes y enviados en calidad de prisioneros a las posesiones del Estado… Sabed que Sixto, y con él cuatro diáconos, fueron ejecutados en el cementerio el día 6 de agosto. Los prefectos de Roma no cejan ni un día en esta persecución, y todos los que son presentados a su tribunal son ejecutados y sus bienes entregados al fisco».

Vida y Obra de San Camilo Biografia de Santos Historia Iglesia

VIDA Y OBRA DE SAN CAMILO

Nació en Abruzos (Italia) en 1550. Siguió la carrera militar, igual que su padre. Le apareció una llaga en un pie, que lo hizo dejar la carrera de las armas e irse al Hospital de Santiago en Roma para que lo curaran. En el hospital de Roma se dedicó a ayudar y atender a otros enfermos, mientras buscaba su propia curación. Pero en esa época adquirió el vicio del juego. Fue expulsado del hospital y en Nápoles perdió todos los ahorros de su vida en el juego, quedando en la miseria.

san camilo

Tiempo atrás, en un naufragio, había hecho a Dios la promesa de hacerse religioso franciscano, pero no lo había cumplido. Estando en la más completa pobreza se ofreció como obrero y mensajero en un convento de los Padres Capuchinos, allí escuchó una charla espiritual que el padre superior les hacía a los obreros, y sintió fuertemente la llamada de Dios a su conversión. Empezó a llorar y pidió perdón por sus pecados, con la firme resolución de cambiar su forma de actuar por completo. Tenía 25 años.

Pidió ser admitido como franciscano, pero en el convento se le abrió de nuevo la llaga en el pie, y fue despedido. Se fue al hospital y se curó, y logró que lo admitieran como aspirante a capuchino. Pero en el noviciado apareció de nuevo la llaga y tuvo que irse de allí también.

De nuevo en el hospital de Santiago, se dedicó a atender a los demás enfermos, por lo que fue nombrado asistente general del hospital.

Dirigido espiritualmente por San Felipe Neri, estudió teología y fue ordenado sacerdote. En 1575 se dio cuenta que ante la gran cantidad de peregrinos que llegaban a Roma, los hospitales eran incapaces de de atender bien a los enfermos que llegaban. Fue entonces que decidió fundar una comunidad de religiosos que se dedicaran por completo a los hospitales.

San Camilo trataba a cada enfermo como trataría a Nuestro Señor Jesucristo en persona.

Aunque tuvo que soportar durante 36 años la llaga de su pié, nadie lo veía triste o malhumorado.

Con sus mejores colaboradores fundó la Comunidad Siervos de los Enfermos el 8 de diciembre de 1591. Ahora se llaman Padres Camilos.

Murió el 14 de julio de 1614, a los 64 años.

Vida y Obra De Santo Tomás de Aquino: Biografia de Santo Tomás

LA VIDA DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

Nace en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, Italia, en 1225. Es el último hijo varón de una numerosa familia de doce hijos.

Su padre se llamaba Landulfo de Aquino. Alto, grueso, bien proporcionado, frente despejada, porte distinguido, una gran amabilidad en el trato, y mucha delicadeza de sentimientos.

Cerca del Castillo donde nació estaba el famoso convento de los monjes Benedictinos llamado Monte Casino.

Allí lo llevaron a hacer sus primeros años de estudios.

Los monjes le enseñaron a meditar en silencio.

Es el más piadoso, meditabundo y silencioso de todos los alumnos del convento.

Lo que lee o estudia lo aprende de memoria con una facilidad portentosa. (sigue mas abajo)

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SANTO TOMAS DE AQUINO

BREVE FICHA BIOGRAFICA:

El sacerdocio
•  Nació en 1224 en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino (Nápoles, Italia).

• A los cinco años fue enviado al monasterio benedictino de Montecassino (Italia), para que los monjes se ocuparan de su educación.

• En 1239 comenzó a estudiar en la Universidad de Nápoles. Tomás de Aquino, representado con el hábito de la orden de los Dominicos.

• A los diecinueve años entró en la orden de los Dominicos, que pronto lo mandaron a París (Francia) para completar estudios. San Alberto Magno fue su maestro, primero allí, y luego en Colonia (Alemania).

• En 1250 fue ordenado sacerdote.

• Dos años más tarde volvió a París y comenzó a enseñar en el Estudio General de su Orden.

• En 1256 se graduó como Doctor en Teología y comenzó a ejercer como profesor de Filosofía en la Universidad de París.

Últimos años
• Desde 1259 hasta 1268 fue Predicador General de su Orden, profesor del Estudio General Pontificio y consultor teológico de los Papas Alejandro IV (en 1261), Urbano IV (1261-1264) y Clemente IV (1265-1268).

• En 1272 regresó a Ñapóles donde organizó una universidad para los dominicos.

• Murió el 7 de marzo de 1274, mientras acudía al Concilio de Lyón, en el convento de Fossanova (cerca de Roma, Italia).

Los escritos de Santo Tomás se destacan por su claridad y su sabiduría. De las ochocientas obras que se le atribuyen, las más importantes son la «Suma contra los gentiles», también llamada «Suma filosófica», y la «Suma teológica».

Escribió la primera con la intención de convencer a los intelectuales musulmanes de la verdad del cristianismo. En la segunda, que consta de tres partes, habla sobre Dios y las pruepas a o su existencia, de la vida.

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Tomás de Aquino continúa sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles.

Allí supera a todos sus compañeros en memoria e inteligencia.

Conoce a los Padres Dominicos y se entusiasma por esa Comunidad.

Quiere entrar de religioso pero su familia se opone.

El religioso huye hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos que viajan acompañados de un escuadrón de militares y lo ponen preso.

No logran quitarle el hábito de dominico, pero lo encierran en una prisión del castillo de Rocaseca..

Tomás aprovecha su encierro de dos años en la prisión para aprenderse de memoria muchísimas frases de la S. Biblia y para estudiar muy a fondo el mejor tratado de Teología que había en ese tiempo, y que después él explicará muy bien en la Universidad.

Sus hermanos al ver que por más que le ruegan y lo amenazan no logran quitarle la idea de seguir de religioso, le envían a una mujer de mala vida para que lo haga pecar.

Tomás toma en sus manos un tizón encendido y se lanza contra la mala mujer, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele.

Ella sale huyendo y así al vencer él las pasiones de la carne, logró la Iglesia Católica conseguir un gran santo.

Si este joven no hubiera sabido vencer la tentación de la impureza, no tendríamos hoy a este gran Doctor de la Iglesia.

Esa noche contempló en sueños una visión Celestial que venía a felicitarlo y le traía una estola o banda blanca, en señal de la virtud, de la pureza que le concedía Nuestro Señor.

Liberado ya de la prisión lo enviaron a Colonia, Alemania, a estudiar con el más sabio Padre Dominico de ese tiempo: San Alberto Magno.

Al principio los compañeros no imaginaban la inteligencia que tenía Tomás, y al verlo tan robusto y siempre tan silencioso en las discusiones le pusieron de apodo: «El buey mudo».

Pero un día uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó al sabio profesor.

San Alberto al leerlos les dijo a los demás estudiantes: «Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero». Y así sucedió en verdad después.

Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: «La ciencia de Tomás es muy grande, pero su piedad es más grande todavía.

Pasa horas y horas rezando, y en la Misa, después de la elevación, parece que estuviera en el Paraíso.

Y hasta se le llena el rostro de resplandores de vez en cuando mientras celebra la Eucaristía.

A los 27 años, en 1252, ya es profesor de la famosísima Universidad de París.

Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas de la Universidad.

El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia.

Y en la Universidad es tan grande el prestigio que tiene y su ascendiente sobre los demás, que cuando se traba una enorme discusión acerca de la Eucaristía y no logran ponerse de acuerdo, al fin los bandos aceptan que sea Tomás de Aquino el que haga de árbitro y diga la última palabra, y lo que él dice es aceptado por todos sin excepción.

En 1259 el Sumo Pontífice lo llama a Italia y por siete años recorre el país predicando y enseñando, y es encargado de dirigir el colegio Pontificio de Roma para jóvenes que se preparan para puestos de importancia especial.

En 4 años escribe su obra más famosa: «La Suma Teológica», obra portentosa en 14 tomos, donde a base de Sagrada Escritura, de filosofía y teología y doctrina de los santos va explicando todas las enseñanzas católicas.

Es lo más profundo que se haya escrito en la Iglesia Católica.

En Italia la gente se agolpaba para escucharle con gran respeto como a un enviado de Dios, y lloraban de emoción al oírle predicar acerca de la Pasión de Cristo, y se emocionaban de alegría cuando les hablaba de la Resurrección de Jesús y de la Vida Eterna que nos espera.

El Romano Pontífice le encargó que escribiera los himnos para la Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, y compuso entonces el Pangelingua y el Tantumergo y varios otros bellísimos cantos de la Eucaristía (dicen que el Santo Padre encargó a Santo Tomás y a San Buenaventura que cada uno escribiera unos himnos, pero que mientras oía leer los himnos tan bellos que había compuesto Santo Tomás, San Buenaventrua fue rompiendo los que él mismo había redactado, porque los otros le parecían más hermosos).

Después de haber escrito tratados hermosísimos acerca de Jesús en la Eucaristía, sintió Tomás que Jesús le decía en una visión: «Tomás, has hablado bien de Mi. ¿Qué quieres a cambio?».

Y el santo le respondió: «Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más».

De tal manera se concentraba en los temas que tenía que tratar, que un día estando almorzando con el rey, de pronto dio un puñetazo a la mesa y exclamó: «Ya encontré la respuesta para tal y tal pregunta».

Después tuvo que presentar excusas al rey por estar pensando en otros temas distintos a los que estaban tratando los demás en la conversación.

Pocos meses antes de morir tuvo una visión acerca de lo sobrenatural y celestial, y desde entonces dejó de escribir.

Preguntado por el Hermano Reginaldo acerca de la causa por la cual ya no escribía más, exclamó: «Es que, comparando con lo que vi en aquella visión, lo que he escrito es muy poca cosa».

Santo Tomás logró que la filosofía de Aristóteles llegara a ser parte de las enseñanzas de los católicos. Este santo ha sido el más famoso profesor de filosofía que ha tenido la Iglesia.

Tan importantes son sus escritos que en el Concilio de Trento (o sea la reunión de los obispos del mundo), los tres libros de consulta que había sobre la mesa principal eran: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.

Decía nuestro santo que él había aprendido más, arrodillándose delante del crucifijo, que en la lectura de los libros.

Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio.

Este hombre de Dios rezaba mucho y con gran fervor para que Dios le iluminara y le hiciera conocer las verdades que debía explicar al pueblo.

Su humildad: Cumplía exactamente aquel consejo de San Pablo: «Consideren superiores a los demás». Siempre consideraba que los otros eran mejores que él.

Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente y nunca se le oyó decir alguna cosa que pudiera ofender a alguno.

Su lema en el trato era aquel mandato de Jesús: «Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros».

Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: «Dios te salve María». Y compuso un tratado acerca del Ave María.

Su muerte: El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero por el camino se sintió mal y fue recibido en el monasterio de los monjes cistercienses de Fosanova.

Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: «Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma.

Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente».

Murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años.

Fue declarado santo en 1323 apenas 50 años después de muerto. Y sus restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de enero.

Por eso se celebra en este día su fiesta.

Ojalá repitamos frecuentemente aquella oración bíblica que Santo Tomás le decía al Señor, para pedirle el don de la Sabiduría. Dice así:

«Oh Dios misericordioso: envíame la Sabiduría que asiste junto a Ti.

Mira que soy un ser débil, demasiado pequeño para lograr conocer qué es lo que más te agrada a Ti.

Sin la sabiduría que procede de Ti, no seré estimado en nada.

Contigo está la sabiduría que te asistió cuando creabas el mundo, la sabiduría que nos enseña qué es lo más grato a tus ojos y lo que más nos conviene hacer.

Envíame tu sabiduría desde el cielo para que me asista en mis trabajos y me ilumine qué es lo que más te agrada en cada momento.

Que ella me guíe prudentemente en todas mis obras» (Sab. 9, 1-11) Amen.

Santa Rita La Santa de lo Imposible Estigma en la Frente

Los Estigmas de Santa Rita

RITA, LA SANTA ABOGADA DE IMPOSIBLES

«…se vio sellada con uno de los estigmas de la pasión, una espina en la frente, que le producía dolores insoportables, y un repugnante olor que despedía.«

Rita (1381-1457) es una de las santas mas veneradas e invocadas cuando lo que solicita es algo imposible. Sin embargo, la tradición dice que esta santa ha realizado muchos milagros imposibles,después de muerte a los que han confiado en ella y le han orado solicitándole algo muy difícil de conseguir.

Rita nació en Casi (Umbría, Italia), fue obligada a casarse contra su voluntad con un hombre que la torturaba y practicaba todo tipo de violencias en ella, un marido pendenciero e irascible. Su marido murió asesinado en un ajuste de cuentas, también murieron los dos hijos gemelos que Rita había tenido con este hombre.

Fue, a partir de entonces, cuando Rita intentó entrar en varias ocasiones en conventos de clausura, consiguiéndolo finalmente en las Agustinas.

Su vida de clausura fue de recogimiento total, pronunciando votos de humildad, pobreza, caridad, ayuno y oración. Muy pronto unos fuertes dolores se presentaron en su cabeza y se vio sellada con el estigma de una espina clavada en la frente que, además del dolor, despedía una olor insoportable que era rechazada por los demás.

A santa Rita se le realiza la siguiente oración: «Santa Rita de lo Imposible ¡Oh Santa Patrona de los necesitados, santa Rita, cuyas plegarias ante el Divino Señor son casi irresistibles, quien por la generosidad en otorgar favores has sido llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible; Santa Rita, tan humilde, tan pura, tan mortificada, tan paciente y de tan compasionado amor por Jesús Crucificado que podrías obtener de Él cualquier cosa que le pidas.

A cuenta de esto recurrimos confiados a ti, esperando, si no siempre alivio, al menos consuelo. Se favorable a nuestra petición, mostrando el poder de Dios a nombre de este/a suplicante, se generosa con nosotros, como los has sido en tantos casos maravillosos, para la más grande gloría de Dios, por la divulgación de tu propia devoción, y por el consuelo de aquellos que confían en ti. Prométenos, si nuestra petición es concedida, glorificar tu nombre, informando a favor concedido, para bendecir y cantar tus alabanzas por siempre. Confiando entonces en los méritos y poder ante el Sagrado Corazón de Jesús, te rogamos (se menciona petición).»

Santa Rita murió en 1457 y su festividad se celebra el 22 de mayo.

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miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española, «es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo», y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas ,pero interesantes como para ampliar nuestra cultura general.

Fuente Consultadas:
Secretos y Misterios de la Historia – Rearder’s Digest
Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

Abuelo…es verdad? de Luis Melnik