Vida y Obra de Santo Tomas Moro Biografia e Historia de la Reforma



Vida y Obra de Santo Tomás Moro
Biografia e Historia de la Reforma Anglicana

Tomás Moro Fue canonizado en 1935, cuando1 se cumplían cuatro siglos de su martirio, ocurrido el 7 de julio1 de 1535. Su culpa había sido oponerse a las veleidades amorosas y a los caprichos ideológicos de Enrique VIII, y había sido condenado a muerte por haber declarado que el Parlamento inglés no podía hacer jefe de la Iglesia al monarca.

Era valeroso, ferviente en su catolicismo y con la firmeza, tan poco corriente en los intelectuales puros, de sostener sus convicciones religiosas hasta sellarlas con su propia sangre.

Caso tanto más notable cuanto Tomás More (castellanizado, Moro) fue con Erasmo, Budé y Vives, el representante más notable del humanismo nortealpino.

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Esta es su biografia….

Biografia de Tomás Moro Caracteristicas del Humanismo

(Cheapside, 6 de febrero de 1478 – Londres, 6 de julio de 1535): Humanista inglés del Renacimiento.

Cursó en Oxford estudios humanísticos hasta 1494, año en que ingresó en New Inn para iniciar la carrera de Derecho.

Como humanista, coincidió con Erasmo de Rotterdam en muchísimos aspectos y a ambos les unió una profunda amistad.

Desde joven fue un hombre exageradamente religioso. Interesado por los acontecimientos políticos de su tiempo, es miembro del Parlamento en 1504.



Desempeñó durante algunos años diferentes cargos en el Gobierno. En 1514, fue administrador de legados; en 1521, tesorero de Hacienda; en 1523, speaker de la Cámara de los Comunes y, en 1529, sucedió a Wolsey en el puesto de canciller.

Fiel súbdito de la corona, sin embargo se opuso al rey en lo referente a las cuestiones de supremacía de poderes y al divorcio.

En 1532, al aprobarse la ley que privaba al Papa de los primeros ingresos del año por beneficios, renunció al Gran Sello, abandonando su trabajo en la Corte.

A pesar de los intentos que el rey de Inglaterra realizó para conseguir de nuevo su colaboración, Tomás Moro, como católico y antirreformista, no transigió en ningún momento, perdiendo con su decisión los favores y protección del monarca.

Su padre que era juez, le enviaba únicamente el dinero indispensable para sus gastos más necesarios, y esto le fue muy útil, pues como él mismo afirmaba después: «Por no tener dinero para salir a divertirme, tenía que quedarme en casa y en la biblioteca estudiando». Lo cual le fue de gran provecho para su futuro.

A los 22 años ya es doctor en abogacía, y profesor brillante. Es un apasionado lector que todos los ratos libres los dedica a la lectura de buenos libros. Uno de sus compañeros de ese tiempo dio de él este testimonio: «Es un intelectual muy brillante, y a sus grandes cualidades intelectuales añade una muy agradable simpatía».

Le llegaron dudas acerca de cuál era la vocación para la cual Dios lo tenía destinado. Al principio se fue a vivir con los cartujos (esos monjes que nunca hablan, ni comen carne, y rezan mucho de día y de noche) pero después de 4 años se dio cuenta de que no había nacido para esa heroica vocación.

También intentó irse de franciscano, pero resultó que tampoco era ese su camino. Entonces se dispuso optar por la vocación del matrimonio. Se casó, tuvo cuatro hijos y fue un excelente esposo y un cariñosísimo papá. Su vocación estaba un poco más allá: su vocación era actuar en el gobierno y escribir libros.

Para con sus hijos, para con los pobres y para cuantos deseaban tratar con él, Tomás fue siempre un excelente y simpático amigo. Acostumbraba ir personalmente a visitar los barrios de los pobres para conocer sus necesidades y poder ayudarles mejor.

Con frecuencia invitaba a su mesa a gentes muy pobres, y casi nunca invitaba a almorzar a los ricos. A su casa llegaban muchas visitas de intelectuales que iban a charlar con él acerca de temas muy importantes para esos momentos y a comentar los últimos libros que se iban publicando. Su esposa se admiraba al verlo siempre de buen humor, pasara lo que pasara. Era difícil encontrar otro de conversación más amena.



San Tomas Moro

Este es uno de los dos grandes mártires de la Iglesia de Inglaterra, cuando un rey impuro quiso acabar con la Religión Católica y ellos se opusieron. El otro es San Juan Fisher . Tomás significa: «el gemelo». Y en verdad que fue un verdadero gemelo en santidad y en cualidades con su compañero de martirio, San Juan Fisher. Tomás Moro nació en Cheapside, Inglaterra en 1478. A los 13 años se fue a trabajar de mensajero en la casa del Arzobispo de Canterbury, y éste al darse cuenta de la gran inteligencia del joven, lo envió a estudiar al colegio de la Universidad de Oxford.

Tomás Moro escribió bastantes libros. Muchos de ellos contra los protestantes, pero el más famoso es el que se llama Utopía. Esta es una palabra que significa: «Lo que no existe» (U=no. Topos: lugar. Lo que no tiene lugar). En ese libro describe una nación que en realidad no existe pero que debería existir. En su escrito ataca fuertemente las injusticias que cometen los ricos y los altos del gobierno con los pobres y los desprotegidos y va describiendo cómo debería ser una nación ideal. Esta obra lo hizo muy conocido en toda Europa. (Ver: Ciudades Utópicas)

El joven abogado Tomás Moro fue aceptado como profesor de uno de los más prestigiosos colegios de Londres. Luego fue elegido como secretario del alcalde de la capital. En 1529 fue nombrado Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. Pero este altísimo cargo no cambió en nada su sencillez. Siguió asistiendo a Misa cada día, confesándose con frecuencia y comulgando. Tratable y amable con todos. Alguien llegó a afirmar: «Parece que lo hubieran elegido Canciller, solamente para poder favorecer más a los pobres y desamparados».

Otro añadía: «El rey no pudo encontrar otro mejor consejero que este«. Pero Tomás, que conocía bien cómo era Enrique VIII, declaraba con su fino humor: «El rey es de tal manera que si le ofrecen una buena casa por mi cabeza, me la mandará cortar de inmediato«.

Ya llevaba dos años como Canciller cuando sucedió en Inglaterra un hecho terrible contra la religión católica. El impúdico rey Enrique VIII se divorció de su legítima esposa y se fue a vivir con la concubina Ana Bolena. Y como el Sumo Pontífice no aceptó este divorcio, el rey se declaró Jefe Supremo de la religión de la nación, y declaró la persecución contra todo el que no aceptara su divorcio o no lo aceptara a él como reemplazo del Papa en Roma. Muchos católicos tendrían que morir por oponerse a todo esto.

Tomás Moro no aceptó ninguno de los terribilísimos errores del malvado rey: ni el divorcio ni el que tratara de reemplazar al Sumo Pontífice.

Entonces fue destituido de su alto puesto, le confiscaron sus bienes y el rey lo mandó encerrar como prisionero de la espantosa Torre de Londres. Santo Tomás y San Juan Fisher fueron los dos principales de todos los altos funcionarios de la capital que se negaron a aceptar tan grandes infamias del monarca. Y ambos fueron llevados a la torre fatídica. Allí estuvo Tomás encerrado durante 15 meses.

Verdaderamente hermosas son las cartas que desde la cárcel escribió este gran sabio a su hija Margarita que estaba muy desconsolada por la prisión de su padre. En ellas le dice: «Con esta cárcel estoy pagando a Dios por los pecados que he cometido en mi vida. Los sufrimientos de esta prisión seguramente me van a disminuir las penas que me esperan en el purgatorio. Recuerda hija mía, que nada podrá pasar si Dios no permite que me suceda. Y todo lo permite Dios para bien de los que lo aman. Y lo que el buen Dios permite que nos suceda es lo mejor, aunque no lo entendamos, ni nos parezca así».

El día en que Margarita fue a visitar por última vez a su padre, vieron los dos salir hacia el sitio del martirio a cuatro monjes cartujos que no habían querido aceptar los errores de Enrique VIII. Tomás dijo a Margarita: «Mire cómo van de contentos a ofrecer su vida por Jesucristo. Ojalá también a mí me conceda Dios el valor suficiente para ofrecer mi vida por su santa religión».



Tomás fue llamado a un último consejo de guerra. Le pidieron que aceptara lo que el rey le mandaba y él respondió: «Tengo que obedecer a lo que mi conciencia me manda, y pensar en la salvación de mi alma. Eso es mucho más importante que todo lo que el mundo pueda ofrecer. No acepto esos errores del rey«. Se le dictó entonces sentencia de muerte. El se despidió de su hijo y de su hija y volvió a ser encerrado en la Torre de Londres.

En la madrugada del 6 de julio de 1535 le comunicaron que lo llevarían al sitio del martirio, él se colocó su mejor vestido. De buen humor como siempre, dijo al salir al corredor frío: «por favor, mi abrigo, porque doy mi vida, pero un resfriado sí no me quiero conseguir». Al llegar al sitio donde lo iban a matar rezó despacio el Salmo 51: «Misericordia Señor por tu bondad». Luego prometió que rogaría por el rey y sus demás perseguidores, y declaró públicamente que moría por ser fiel a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Luego enseguida de un hachazo le cortaron la cabeza.

Tomás Moro fue declarado santo por el Papa en 1935. Un sabio decía: «Este hombre, aunque no hubiera sido mártir, bien merecía que lo canonizaran, porque su vida fue un admirable ejemplo de lo que debe ser el comportamiento de un servidor público: un buen cristiano y un excelente ciudadano».

Dijo Jesús: «Dichosos los que sufren persecución por causa de la religión, porque su premio será muy grande en el reino de los cielos». (Mt 5,11).

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En 1534, ante su negativa a reconocer al rey Enrique VIII como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, es hecho prisionero y encarcelado en la torre de Londres. Acusado de alta traición, tuvo que comparecer ante los tribunales; fue considerado culpable y, después de un año de prisión, decapitado.

Tomás Moro fue el creador del tan apasionante género de las utopías o representaciones de estados y situaciones imaginarias con el fin de poder realizar y hacer realizar experimentos mentales insospechados. Tal es el carácter de su obra «De optimo ripublicae statu nova insola Utopia». Para no alejarse demasiado de la realidad, antes de comenzar a narrar las diversas historias de la fantástica islita, Moro nos muestra, irónica y sarcásticamente, como funcionaba la justicia en Inglaterra.

Además nos explica el origen económico de las injusticias sociales. Propone una serie de remedios a este tipo de problemática, sin encontrar en ninguno de ellos la verdadera solución a tales injusticias, y afirma rotundamente que la única vía posible para superar la iniquidad social siempre motivada por cuestiones económicas, es la abolición absoluta de la propiedad privada, que es, en definitiva, el eje de todo proceso socio-económico.

HISTORIA DE LA REFORMA DE ENRIQUE VIII Y LA MUERTE DE TOMAS MORO:

La Reforma en Inglaterra. Causas de su implantación. — Los comienzos de la Reforma en Inglaterra fueron por el año 1539. Ya, antes de esta fecha, los escritos de Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro y Juan Colet, habían preparado los espíritus, despertando en ellos un ansia de examinar principios que hasta entonces se aceptaban como inconmovibles.

Enrique VIII, que había combatido las conclusiones de Lutero, por lo que además de enemimistarse con el reformador, mereció de la Curia romana el dictado de defensor de la fe y que estaba casado con Catalina de Aragón, hija de Fernando V el Católico, enamorado de una dama de su corte llamada Ana Bolena,demandó en 1527 de la Santa Sede la anulación de su matrimonio, aduciendo inconsistentes fundamentos. Habiéndosele denegado su pretensión, tras de unirse ilegítimamente con Ana Bolena, casó con ella en 1533.

El matrimonio no fue reconocido, y Enrique VIII publicó un Bill de seis artículos declarando caducada la autoridad del papa sobre Inglaterra y sustituyéndola por la suya (1534). Como Toma Moro y Fischer, obispo de Winchester, no quisieran acatar aquella disposición (Acta de Supremacía), fueron decapitados en 1535 y luego fueron suprimidos y confiscados muchos monasterios cuyos bienes pasaron a poder del rey.

El divorcio del rey con Catalina y su posterior matrimonio con Ana Bolena fueron autorizados por Tomás Cranmer, arzobispo de Canterbury. El monarca se abrogó el título de jefe de la Iglesia anglicana y la representación de Dios en la tierra. Suprimió los envíos de dinero a Roma y logró la adhesión general a las expoliaciones cometidas con los bienes de la Iglesia, por los beneficios que su botín reportaba a nobles y a plebeyos. Los ritos y doctrinas de la Iglesia anglicana no coincidían en todas sus partes con los del protestantismo.

En 1553 María Tudor restableció el catolicismo, pero a su muerte, le sucedió en el trono su hermana Isabel, hija de Ana Bolena y Enrique, que aun titulándose católica, persiguió a los fieles de esta religión, se declaró cabeza suprema de la Iglesia y, sin entregarse a la ortodoxia protestante, restableció la Iglesia anglicana en 1563.

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