Vida de San Ambrosio Leyenda, Carrera Politica y Obra Religiosa



Vida de San Ambrosio  – La Leyenda

LA FAMILIA DE AMBROSIO
san ambrosioSan Ambrosio nació en Tréveris, ciudad de Alemania, en el año 340. Su padre era el prefecto de la ciudad; es decir, el representante del emperador romano. Tréveris era entonces la capital de una vasta región del Imperio. El padre de Ambrosio era, pues, un gran personaje, muy rico y de noble estirpe.

Tenía tres hijos: Marcelina, Sátiro y Ambrosio. Deseaba que sus hijos fueran buenos cristianos; pero, sobre todo, para Sátiro y Ambrosio soñaba la carrera política. De acuerdo con ese propósito, los hizo estudiar con los más prestigiosos maestros de la ciudad, y para completar su educación los envió a Roma, donde los inscribió en las mejores escuelas.

Pero los jóvenes tenían reservado un destino diferente. Marcelina, una vez educados sus hermanos, se hizo monja; Ambrosio y Sátiro, después de iniciar la carrera política, terminaron en la diócesis de Milán, el primero como obispo, el segundo como su ayudante. La Iglesia, en consideración a sus grandes virtudes, los proclamó santos a los tres.

LA CARRERA POLÍTICA
Completados sus estudios en Roma, Ambrosio se dirigió a Sirmio (hoy Mitroviza, Yugoslavia) junto al prefecto Vulcezio Rufino, amigo de su padre. Era el año 365. Ambrosio tenía entonces 25 años y comenzaba su carrera política.

Después de ser durante tres años ayudante del prefecto Rufino, Ambrosio se convirtió en consejero de Sexto Petronio Probo, sucesor de aquél. Pocos años después se le consideró digno de un cargo más importante y fue nombrado gobernador de Milán.

En aquella época, Milán era también una ciudad importante, y los emperadores romanos habían radicado allí su corte. El cargo de gobernador de Milán era, ciertamente, muy honorable, pero también difícil, porque los ciudadanos estaban divididos por una discordia de carácter religioso. La mayoría de la población era católica, pero había muchos sectarios del arrianismo.

Éstos, aunque aceptaban el cristianismo, no reconocían la naturaleza divina de Jesús, ni la consubstancialidad de la Santa Trinidad, motivo por el cual la Iglesia los había condenado como herejes. Cuando Ambrosio llegó a Milán, los arríanos eran fuertes, porque el mismo obispo de la ciudad pertenecía a dicha secta. El gobernador debía impedir, sobre todo, el enfrentamiento de los dos grupos antagónicos. Ambrosio realizó toda clase de esfuerzos para mantener el orden y la paz en la ciudad. Su mayor preocupación fue combatir las herejías, y su predicación dio como resultado la conversión de muchos incrédulos y herejes. Entre los convertidos por su palabra y su consejo recordaremos a otro gran santo: San Agustín.

CÓMO LLEGÓ A SER OBISPO
En 374, es decir, un año después de la llegada del nuevo gobernador, el obispo arriano de Milán, Ausencio, murió. Entonces comenzaron las discusiones y las luchas por la sucesión.

Mientras la multitud se agitaba por esa cuestión, las discusiones comenzaron a transformarse en litigios. Estaba por iniciarse una refriega cuando Ambrosio, responsable de la paz de la ciudad, se colocó en medio de la multitud y comenzó a hablar para calmarlos. Se dice que mientras estaba hablando se oyó la voz de un niño que decía: «¡Ambrosio obispo'». Fue como una inspiración y una orden para todos. La multitud repitió el grito y muchos ciudadanos y sacerdotes invitaron al gobernador a aceptar el cargo.

Ambrosio, que no deseaba dejar su carrera política para seguir la religiosa, se alejó de la multitud y se retiró a su palacio. Pero los milaneses insistieron durante varios días a Ambrosio para que se convirtiera en obispo de la ciudad. Él siempre se rehusaba y hasta trató de alejarse de Milán. Pero al fin accedió. No obstante, hizo notar que no le era posible asumir el cargo porque todavía no había recibido el bautismo (en esa época se acostumbraba recibir este sacramento ya de adultos). Además, una ley del Imperio prohibía a los magistrados asumir cargos religiosos.



Todo fue inútil. El emperador exceptuó a Ambrosio de cumplir dicha ley y le aconsejó que aceptara el nombramiento. Ambrosio, convencido, recibió el bautismo y fue obispo. San Ambrosio fue obispo de Milán durante 23 años; es decir hasta su muerte, acaecida en 397.

SU OBRA DE OBISPO
San Ambrosio fue un gran obispo; un buen padre para su pueblo. Su casa se hallaba abierta a todos y sus riquezas se distribuían entre los más necesitados. Cuando Milán fue amenazada por la invasión de los godos, hizo quitar todo el oro de las iglesias de la ciudad y lo entregó a los invasores bárbaros, para evitar a sus conciudadanos los horrores de la guerra y para rescatar a muchísimos prisioneros.

Además se preocupó por dar a su pueblo una sólida instrucción religiosa; instituyó, con ese fin, numerosas escuelas de catecismo. Él mismo instruyó a los fieles predicando y escribiendo oraciones y libros de moral. Aconsejó también rezar cantando y para ello enseñó diversos himnos (cantos ambrosianos).

SAN AMBROSIO Y TEODOSIO
La autoridad y el prestigio del obispo de Milán era grande. El emperador Teodosio lo quería y lo veneraba. Pero un día, estos dos grandes hombres chocaron. Fue en ocasión de la matanza de Tesalónica ordenada por Teodosio. En esa ciudad de Grecia, un día el pueblo se había rebelado y, luego de invadir el palacio imperial, había dado muerte al prefecto.

Teodosio quiso castigar a la ciudad, pero su venganza fue muy cruel. Hizo preparar juegos en el circo e invitó a los ciudadanos de Tesalónica a asistir al espectáculo. Cuando el circo estuvo lleno, los soldados lo rodearon para impedir toda fuga. Luego se echaron sobre la multitud con las espadas desenvainadas y exterminaron a los espectadores. En esa bárbara masacre murieron más de siete mil ciudadanos.

Cuando la terrible noticia llegó a Milán, San Ambrosio quedó horrorizado. Escribió una carta al emperador, que residía en Milán, reprochándole la gran matanza efectuada, y le ordenó que no se acercara más a la iglesia.

Pero Teodosio tuvo el coraje de acercarse al templo. San Ambrosio salió a su encuentro y le ordenó que hiciera penitencia por su falta. Teodosio obedeció y se presentó de nuevo en el templo con hábitos de penitente.

«DOCTOR DE LA IGLESIA»
Por sus escritos sobre dogmas de la religión cristiana y por sus enseñanzas, San Ambrosio ha sido colocado entre los «Doctores de la Iglesia», junto con San Agustín, San Jerónimo y San Gregorio. Sus escritos tienen gran valor también desde el punto de vista histórico y literario; efectivamente, ha dejado innumerables cartas con preciosas informaciones y noticias sobre la vida política y civil de su tiempo. Su obra «Deberes del clero» (basada en «De officiis» de Cicerón) fue consultada durante siglos. Las disposiciones por él establecidas para la Iglesia en Milán llevaron a la formación del «rito ambrosiano», que se distingue del romano por algunos detalles de carácter litúrgico.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil CODEX Tomo III San Ambrosio



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