Torre de Babel

El Pueblo de los Babilonios y Asirios Resumen de su Historia

HISTORIA ANTIGUA: RESUMEN DE LA EVOLUCIÓN DE LOS BABILONIOS

La Mesopotamia asiática constituyó un vergel codiciado especialmente entre los años 1950 a 500 a.C. Así lo prueban las innumerables luchas por el dominio de la tierra y las ciudades, que se vinieron librando desde épocas prehistóricas. Los súmenos, acadios y semitas, alternativamente, se disputaron la supremacía sobre estos terrenos beneficiados con el don del agua.

Al promediar el siglo XX a.C. encontramos a la Mesopotamia sumida en el caos. Las ciudades Isin y Larsa luchaban por el poder en las campiñas del Eúfrates. En tanto que las localidades de Mari y Asur se enfrentaban por la supremacía en el río Tigris.

En este momento de crisis surge como potencia la ciudad de Babilonia, instalada en un sitio donde los dos ríos estrechan el valle. Por esta época era monarca Hamurabi, prudente estadista que fue afianzando un gran imperio. Para esto estableció una administración central mediante la cual unificó los estados mesopotámicos.

Hamurabi debe su fama a la creación de un código en donde se resumen, en 280 leyes, las reglas sociales y culturales de la época. Al interpretar los símbolos cuneiformes con que fue escrito en una losa negra -que actualmente se halla en el Museo del Louvre-, podemos deducir cómo era la sociedad. Estaba dividida en clases, sujetas cada una de ellas a reglas y castigos. El comercio se practicaba asiduamente. Las mujeres y los esclavos gozaban de derechos, adelanto significativo para aquel momento.

La incesante actividad que se desarrollaba en Babilonia permitió el avance de la ciencia, especialmente la matemática y la astronomía, disciplinas que irradiaron desde allí su influencia hacia el futuro.

la ciencia en babilonia

Desde las torres escalonadas (ziggurats), los babilonios estudiaban las estrellas, prediciendo el futuro por el color y los movimientos de los astros en el cielo.

Después de 42 años de gobierno, Hamurabi falleció. Tras su muerte, un rayo fulminó su larga obra. Mursili I, cuarto rey hitita, lanzó sus hordas contra la pacífica Babilonia saqueándola ferozmente. Los kassitas, otros pueblos montañeses, esperaban el momento propicio para realizar una invasión. Por esta doble acción, Babilonia permaneció dominada durante cuatro siglos.

Durante el siglo XIII a.C, Asiría -que había sido una provincia babilónica- aprovechó la debilidad de los invasores para recuperar su independencia. Lo que en un principio fue una «guerra por la libertad», llevada a cabo por el rey Adadnirari I, se transformó en una campaña de penetración imperial.

Primero fueron conquistadas las tierras altas de Irán, luego Babilonia y, al fin, casi todo el «mundo conocido». El rey Teglatfalasarl llevó aún más lejos el plan de conquista. Durante su gobierno, Asiría -o Asur como también se la llamaba- tuvo bajo su dominio no sólo a la Mesopotamia sino también a Fenicia y Palestina.

Los ejércitos asirios eran por ese entonces el terror de las comarcas. Todos pagaban sus tributos. La fama de los asirios estaba fundada en hechos reales. Asurbanipal, el último gran monarca, llegó inclusive a penetrar dos veces en Tebas, la famosa ciudad egipcia. Pero Asiria termiiió cayendo bajo sus propias armas.

Hablemos ahora de los caldeos. Mil años antes del nacimiento de Cristo, un pueblo arameo ya muy poderoso, el caldeo, ocupaba la ciudad de Babilonia, a pesar de las presiones palaciegas ejercidas desde Asur. Los asirios temían a sus vasallos y trataban de mantenerlos sometidos sin ejercer un protectorado muy estricto.

Transcurrieron cuatro siglos, hasta que se produjo la decadencia de los dominadores que los caldeos esperaban. Entonces Nabucodonosor llevó nuevamente a Babilonia al lugar de privilegio que había tenido en otras épocas. Con sus cuadros militares derrotó a los poderosos faraones y ocupó las ciudades de Jerusalén, Tiro y Sidón, llevando a los judíos al bíblico «cautiverio de Babilonia».

En la ciudad se reconstruyeron los templos antiguos y se hicieron nuevos para adorar a la deidad nacional: Marduk.

Uno de ellos, el santuario de Esagila, con una torre escalonada, es, de acuerdo con algunos historiadores, la famosa Torre de Babel, en la que -según el relato sagrado-Dios creó los idiomas del mundo. Otros atribuyen el mismo origen a la Torre y los Jardines Colgantes de Babilonia, considerados una dalas Siete Maravillas de la Antigüedad.

FIN DE UN IMPERIO
Cuando mayor era el esplendor de las ciudades fortificadas de la Mesopotamia, el Nuevo Imperio Babilónico de los caldeos se derrumbó. Ciro, rey de dos pueblos en ascenso -los medos y los persas- hizo su entrada triunfal en la derrotada Babilonia. Corría el año 539 a.C. Aunque el conquistador respetó las costumbres y religión de los babilonios, su invasión -por la que penetró en la Mesopotamia una nueva raza: la indogermánica-significó el fin de toda una época.

La Vida de los Faraones en el Antiguo Egipto Poder Absoluto

VIDA COTIDIANA DEL FARAÓN EN EGIPTO ANTIGUO

En el Antiguo Egipto , las aldeas surgieron en el valle del Nilo por lo menos hacia 5000 a.C. Mil años después, la gente del valle ya enterraba sus muertos con gran cuidado y ornamento, tendencia que llevó a grandes obras, como las pirámides de Egipto.

Aldeas y pueblos se convirtieron en ciudades que, con el tiempo, se reunieron y dieron origen a civilizaciones, hasta que en el largo valle no hubo sino dos naciones: el Alto y el Bajo Egipto. Entonces, hacia el año 3100 a.C, un gran rey de nombre Menes (llamado también Narmer, aunque puede que este nombre corresponda a un rey algo posterior) unificó el país y fundó su capital en Menfis.

Desde la formación de la nación, los cada vez más ricos y poderosos reyes de Egipto sufrieron también una transformación. Más que unftombre, el faraón era un dios viviente.

No obstante, ser un dios vivo no están bueno como parece, por lo menos al principio. Los primitivos reyes del Egipto unificado debían probarse a sí mismos que eran aptos para el cargo. Un rey que no pasara cada año una rigurosa prueba física no se consideraba capaz de encargarse del Estado, y era en consecuencia sacrificado por los sacerdotes en una ceremonia ritual.

Si se tiene presente quién hacía las leyes, se entenderá la razón por la cual esta práctica desapareció hacia 2650 a.C. Con todo, permaneció la costumbre de dar muerte a un rey inepto en lugar de curar su enfermedad. De ese modo un dios más saludable podía tomar su lugar.

«Escucha mis ruegos, padre mío, mi señor… Haz que mi hijo brille como rey en la morada de Tum… Tú, que has sido quien lo proclamó rey cuando era todavía un muchacho, quien lo colocó como soberano, como Vida, Salud, Fuerza de las tierras, por encima de todos los mortales. Concédele un reinado de millones de años… Da juventud a sus miembros, hijos todos los días… Pon tu espada y su clava por encima de los asiáticos, trastornados ante su temor como si fuese Baal… Haz que las tierras y los desiertos vivan en su terror… Que more la alegría en su corazón, que lo proclamen, que se cante y se baile ante su bello rostro. Pon su amor en el corazón de los dioses y de las diosas.»

En estos términos apremiantes se dirige el faraón a todos los dioses de Egipto, con el fin de  que  otorguen  protección  a su  hijo muy amado, el futuro monarca, quien, en efecto, será el cerebro que comprenda y dirija: él es el jefe de los ejércitos, el que da órdenes en el campo de batalla; él es quien, acompañado del sumo sacerdote de Amón, preside los cultos; al mismo tiempo, es el soberano del imperio, el que, para cercionarse de su seguridad y de la sumisión que le profesan, visita sus provincias asiáticas.

Pero el rey es hombre, y, cuando no gobierna, se dedica al ocio: le gusta perseguir a las fieras en el desierto, pasear por sus magníficos jardines, contemplar a las jovencitas que bailan, a las que tocan el laúd… Reside en Tebas, y la ciudad ha llegado a convertirse en una suntuosa capital. Además de la mansión donde habita el monarca con sus numerosos dignatarios,  tenemos   también  las  de  las  diversas reinas.

Los palacios apenas se conocen, y únicamente los planos de la «casa de placer», de Ramsés III, han sido reconstituidos. Una fachada adornada con columnas lleva, en su centro, el balcón por donde el soberano aparece cuando su pueblo lo aclama. Este balcón se comunica con las habitaciones reales.

vida de los faraones

La palabra «faraón» significa «gran casa». Los egipcios creían que la grandeza del faraón no tenía límites. Como rey-dios era todopoderoso. A él pertenecía la tierra y todo lo que en ella existía. La gente debía obedecer sus órdenes en todo. Como retribución, él obtenía la bendición de los dioses para Egipto, a fin de que su país prosperase. El faraón decidía todas las cuestiones de importancia. Era el jefe del gobierno y del sistema legal, sacerdote principal de todos los templos y jefe del ejército. Controlaba las minas y canteras y proyectos de construcción. Regulaba el comercio. Almacenaba los excedentes de granos en sus graneros y controlaba el sistema de irrigación de los campos. 

INTRIGAS DE HARÉN
Además de los miembros de su familia oficial, el faraón vive rodeado de las mujeres del harén. En efecto, además de las esposas a las que califica de reinas, el monarca dispone de concubinas, hijas de príncipes extranjeros  de  menor   importancia,  o  mujeres egipcias escogidas por su belleza.

A los ramesidas les gustaba el cambio, y los ciento sesenta y dos hijos de Ramsés II dan buena prueba de la fogosidad de su temperamento, que nunca se satisfizo con amores oficiales. Las soberanas son las únicas que pueden dar un heredero al trono, pero, a falta de hijos legítimos, los hijos de concubinas desposados con «hijas reales» pueden ser legitimados por sus padres, y convertirse en reyes.

Las damas del harén no aparecen en público; se limitan a embellecer con su presencia las ceremonias de carácter privado, como las bailarinas-cantoras representadas en las tumbas del Imperio Nuevo. Ramsés III tuyo, no obstante, que lamentarse de sus concubinas: una de ellas, Taia, con el fin de asegurar a su hijo la sucesión del viejo monarca, tramó una conspi-ración contra la vida de su dueño y señor. Contaba con la complicidad de altos funcionarios y de varias mujeres del harén, pero el proyecto de la ambiciosa cortesana, conocido por un número demasiado grande de personas, llegó pronto a oídos de Ramsés.

Los conspiradores fueron arrestados, así como los que, conociendo sus lamentables artimañas, habían permanecido callados. El rey recomendó a los jueces despiadada severidad, y todos, sin excepción, fueron condenados a muerte.

Los faraones eran considerados los intermediarios de los dioses en la tierra. Al morir se fusionaban con Osiris, momento en que eran venerados como una deidad más del Olimpo egipcio. Horus y posteriormente Ra les designaron sumos sacerdotes de todos los templos del país.

EL PALACIO DE VERSALLES EN EGIPTO
Felizmente, la vida de la corte no siempre se manifiesta de modo tan trágico. El rey vive rodeado de señores y grandes damas; ellos constituyen—después de su soberano— el centro de la vida mundana de la capital.La riqueza y el refinamiento de costumbres crean una atmósfera elegante y cortés, que coloca a la capital faraónica muy cerca del Versalles del siglo XVIII.

Hombres y mujeres van, la mayoría. de las veces, vestidos de blanco; los cortesanos usan una falda vaporosa y una túnica cuidadosamente estudiada, cuyos pliegues caen con arte. Para las ceremonias, una gran peluca rizada encuadra sus cabezas, y las suntuosas joyas, collares, gargantillas, pectorales de doble cadena y brazaletes en muñecas y bíceps, les hacen semejantes a relicarios. Sandalias de punta remangada, parecidas a los zapatos que usarán los príncipes del Quattrocento, completan este atavío de afectado lujo.

Las esposas de los cortesanos faraónicos adornan el fino lino plisado de sus túnicas con galones dorados o grises, y sus largos vestidos, ampliamente escotados, se anudan sobre el hombro izquierdo, dejando, con frecuencia, al descubierto el seno derecho.

Los desnudos antebrazos permiten admirar sus finas manos y sus muñecas cargadas de brazaletes. La transparencia de los velos no disimula en nada los gráciles encantos de las aristócratas de la corte, cuya belleza es realzada por un sabio maquillaje: perfumes, ungüentos, kohl. Cucharitas para los ungüentos, palanganas para el agua, espejos y navajas de afeitar llenan el tocador de toda mujer joven, que, por otra parte, no se separa nunca de la barra de labios que guarda en un pequeño bolso.

Las grandes y rizadas pelucas, sueltas sobre los hombros y la espalda, están adornadas con flores, perlas y diademas. Además de las suntuosas recepciones de la corte, los nobles reciben a la alta sociedad en sus magníficas residencias.

Los dueños dan la bienvenida a sus huéspedes, sentados ante un velador, en el centro de vastas salas, cuyas paredes suelen estar decoradas con frescos que representan la vida de los pájaros en el campo o cualquier otra escena bucólica. Aquí tenemos a los señores y a las grandes damas, instalados, según su rango y edad, en sillones, taburetes o cojines. Varias sirvientas, siempre jóvenes y bonitas, distribuyen flores y perfumes. Bailarines y acróbatas hacen las delicias de los huéspedes, y un arpista canta la urgencia del placer: «He oído las palabras que por todas partes se cuentan de lmhotep. ¿Dónde están hoy sw moradas? Mira, haz caso a tu corazón y sé feliz mientras te encuentras sobre esta tierra.»

Pero ni él faraón ni sus fieles se dejan ablandar por el contacto con las graciosas compañeras, llevando buena vida en sus confortables palacios. Estos hombres de sangre vigorosa necesitan distracciones más viriles, y, cuando no combaten al enemigo, persiguen a las fieras al otro lado del Eufrates o al sur de la catarata: los bajorrelieves de Mednet-Habu representan a Ramsés III subido en su carro, persiguiendo al león, al toro salvaje y  al   antílope.

Un   animal   herido,   tumbado patas arriba, trata de arrancar con Sus zarpas la flecha que tiene hundida en el pecho. Otro se abalanza desde la espesura, pero ya el rey se ha vuelto, dardo en mano, y la fiera no escapará al golpe mortal. En ocasiones, las desgraciadas bestias son atraídas al fondo de un húmedo valle, donde los cazadores las acribillan con sus flechas, mientras una jauría de perros feroces irrumpe en escena.

Los animales tratan de huir, pero todas las salidas están cerradas con redes y los ayudantes han cavado ya las trampas. Ha tenido lugar una verdadera carnicería.

UN DÍA DEL FARAÓN: Al despertarse a la mañana, el faraón lee las cartas que le trae su secretario y entonces le dicta las respuestas. Luego, sus sirvientes lo bañan y visten con sus ropas de estado y sus insignias reales. Acto seguido recibe al visir que le informa de todos los negocios importantes del imperio.

Después presta atención a las peticiones de sus subditos y dicta justicia sobre asuntos legales. Puede también recibir la visita de un embajador extranjero o de una delegación comercial de otro país.

Cuando finaliza sus asuntos oficiales, le gusta ir a cazar gacelas y antílopes al desierto; pero hoy debe atender una ceremonia importante. Su pirámide, que estuvo en construcción muchos años, ha sido construida casi hasta la parte superior. El coronamiento de granito que forma su punta está listo para ser llevado a su destino final. Como en todos los grandes emprendimientos, el poder del faraón es esencial para el éxito de dicha colocación.

Después de hacer ofrendas a los dioses para asegurar su cooperación, el faraón es llevado en procesión hasta la pirámide, donde el coronamiento que ha sido subido por la rampa, ya descansa en posición sobre bloques de madera. Cuando se dé la señal, los obreros retirarán los bloques y la piedra caerá en su lugar. Una proyección en su base pasará por un agujero de la parte superior de la pirámide. Más tarde, habrá oraciones para dar gracias y también una celebración en palacio.

El faraón:  siempre llevaba  una doble corona ile color rojo y blanco, símbolo de la unión del Bajo y Alto Egipto. Si el faraón moría mientras su hijo mayor era todavía pequeño, la reina se convertía en la regente y gobernaba en su nombre.

La corte tenía muchas ceremonias. Este hombre rico posee el título de Portador del Abanico Real, pero el cargo no involucra ningún tipo de trabajo verdadero.

Los principales oficiales del faraón: el Veedor del Tesoro, el Maestro de Trabajos de Construcción, el Jefe de los Tribunales.

El Secretario principal escribía las cartas que el faraón le dictaba. Su oficina guardaba la correspondencia real.

Los sirvientes de la casa real: el Jefe Panadero, el Jefe Cocinero y el Mayordomo que llevaba el vino.

Los muchos sirvientes personales del faraón lo vestían y atendían y cuidaban todas sus posesiones.

Los cargadores llevaban su litera: Los portadores de estandartes y de abanicos lo atendían en cualquier lugar adonde éste fuera.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Egipto Antiguo
Una Pirámide Egipcia Libro Infantil

Cultivo de Cereales, Vid y Animales en el Antiguo Egipto

AGRICULTURA Y GANADERÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO
Cereales, Vid y el Ganado 

EL CAMPESINO («FELLAH») DEL NILO
A juzgar por los escribas del antiguo Egipto, el oficio de agricultor era el peor de todos. El labrador es golpeado por sus amos, explotado por los recaudadores de impuestos, arruinado por la langosta. Se desgasta tan pronto como las herramientas, su mujer está expuesta a ir a la cárcel y sus hijos a ser apresados como rehenes.  La verdad es que la tierra de Egipto es rica, fecunda por las crecidas anuales del río. De esta crecida depende la cosecha. Todos los años, a principios de junio, el país sufre la sequía. El Nilo está casi seco, y el desierto amenaza invadir el valle; la ansiedad se apodera del hombre.

el nilo en egipto antiguo

Cierto que, por cuanto él puede recordar, la inundación no ha faltado jamás, muy violenta a veces, deficiente otras, benéfica siempre. Pero los ribereños no están tranquilos del todo, y no dejan de implorar con ardor la generosidad del dios Hapi, es decir, del Nilo.

Y he aquí que las plegarias de los fieles son escuchadas: las aguas del río comienzan a crecer, y no tardan en salirse de madre y en cubrir las tierras circundantes. Se estancan momentáneamente, y convierten las ciudades y los pueblos en islas y en islotes, y los caminos en diques. Luego, la inundación comienza a decrecer. Cuatro meses después de su primera manifestación, el Nilo ha vuelto de nuevo a su cauce. Este período forma la primera estación del año: akhit, la inundación.

El agricultor del Imperio Nuevo se consagra, sobre todo al cultivo de los cereales; los campos de cebada y de trigo se suceden desde el delta hasta la catarata. Durante los cuatro meses de la crecida del Nilo, el labrador no tiene mucho en que ocuparse; después, mientras la tierra está aún mullida por la inundación, el sembrador arroja los granos, seguido del labrador, que recubre de tierra la semilla. Su arado es muy rudimentario, apenas suficiente para, arañar una tierra . muy blanda, sin piedras ni malas hierbas.

La tracción del arado se efectúa por medio de vacas pequeñas. De vez en cuando, el campesino se detiene a la sombra de un árbol, y calma su sed en el agua del odre que ha dejado colgado de las ramas. En efecto, el sicómoro, los pérsicos, los tamariscos y los azufaifos (árboles de la zona) , jalonan de manchas verdes la negrura de las tierras de labor. Así que las espigas comienzan a amarillear, el campesino ve con terror que sobre él se abaten escribas, agrimensores, empleados del fisco y guardias, que le miden los campos, aun antes de medir  los granos con el celemín.

azufaito en egipto

azufaitos, una vez maduros pueden comerse frescos  o se recolectan para guardarlos
previamente desecados y sirven para la preparación  de mermeladas.

tamarisco egipto antiguo

Tamariscos, crece en suelos arenosos,  bien drenados y a pleno sol y tolera la salinidad del suelo.

sicómoro en antiguo egipto

Sicómoro: es un árbol de la familia de las moráceas y del género de las higueras que tuvo gran importancia en el Antiguo Egipto,Como todas las higueras, el sicómoro contiene látex.

Luego,  el cultivador será tasado en función de su cosecha, y entregará su impuesto a los agentes del tesoro o a los administradores de un dios: Amón, por ejemplo, que es dueño de las más ricas tierras del país. En tanto que las plantas brotan de la tierra, el campesino, («fellah»), ha de entregarse al obligado trabajo de riego, pues, aun en el mismo delta, la lluvia es tan rara, que el légamo no tardaría en desecarse y los cereales en languidecer, si no se distribuyera el agua por las acequias, merced al «chaduf».

Tiene que limpiar los surcos, y abrirlos y cerrarlos a su tiempo, rehacerlos, y construir constantemente pequeños diques de contención. Toda esta labor es realizada por el campesino con sus pies, como atestigua una pintura tebana. Este período, durante el cual se forma el grano, constituye la segunda estación, la de la salida, o perit. La época de la cosecha se denomina chemú.

Los antiguos egipcios, como los griegos y los hebreos, dividían, pues, el año, en tres estaciones, en lugar de cuatro. Al llegar el momento de la cosecha, que duraba semanas enteras, acudían equipos móviles para ayudar a los lugareños, cuando se trataba de  dominios faraónicos o de un dios.

Los hombres cortan las espigas y las mujeres las recogen en los cestillos, mientras el propietario, sentado en su taburete a la sombra de un sicómoro, anima a los trabajadores con sus palabras. La cosecha se transporta a lomos de asnos, alegremente precedidos por los borriquillos que trotan por doquier. Se arrojan al aire las espigas, y los bueyes las patean con ardor, excitados por hombres armados de látigos. Se separa a continuación la paja del grano, y es entonces cuando el recaudador de impuestos viene a medir este último. ¡Desdichado del campesino que haya disimulado una parte de su cosecha! Se le coloca en el suelo y se le golpea. Pero no falta el buen humor en estos rudos trabajos. Los golpes se olvidan pronto.

el cultivo en egipto antiguo

Es necesario, en seguida, hacer la ofrenda a los dioses que han hecho brotar la cosecha Se ofrecen a Min, el dios de la fecundidad, gavillas de trigo, aves de corral, pepinos, panes, frutas variadas. Desde el más alto al más bajo, todos desean dar las gracias a la divinidad, en espera de la nueva inundación que volverá a iniciar el ciclo de trabajo de los campos.

Ver Un esquema de un año agrícola en el Antiguo Egipto

FLORES Y FRUTOS
Los cereales son el cultivo más importante del país de los faraones, pero la tierra del Nilo es rica en productos variados. Los egipcios tienen una predilección especial por los huertos; lo mismo en la ciudad que en el campo, todo propietario desea tener el suyo, y hacer crecer en él legumbres y frutas.

Los huertos están divididos en cuadrados y rectángulos, cortados por senderos, sombreados por cepas de viñedo y bordeados de árboles frutales: palmeras, higueras, azufaifos, granados, cocoteros… Como en los grandes cultivos, el riego de estos huertos es un trabajo largo y fatigoso. El viñedo constituye uno de los  mayores recursos de  los agricultores del Imperio Nuevo.

cocoteros en el antiguo egipto

El cocotero (Cocos Nucifera), tambien es conocido como Palmera de Coco.
Pertenece a la Familia Arecaceae y es la unica especie del genero Cocos

Hay, además, bellos racimos azulados, que ornan los sarmientos de los jardines particulares, y que los ciudadanos se complacen en paladear. En el delta, existen, sobre todo, los grandes viñedos, que sirven para proveer de vino las mesas de los propietarios o  de los altos funcionarios reales.

El mundo antiguo conocía los caldos del pantano de Imit, los de Sin y los de Abech, y especialmente los ramesidas, que son expertos en el oficio, desarrollan el cultivo de las viñas y el comercio de los vinos.

vendimia en el antiguo egipto

Vendimia y fabricación del vino en el Antiguo Egipto

Ramsés III se expresa así: «He hecho para ti plantaciones de vinos en los oasis del sur y del norte…, en el delta se han multiplicado por cientos de miles. Los he dotado de jardineros seleccionados entre los cautivos de países extranjeros, así como he excavado embalses, que están cubiertos de nenúfares; el licor y el vino para tu regalo abundan como el agua que se tira en Tebas la victoriosa».

Del cultivo de la viña y de la vida del viñador no sabemos nada.Lo único que tenemos son unas cuantas representaciones de la vendimia. Cuando llega el momento de recoger la uva, los lugareños se diseminan bajo las parras, separando los racimos con sus largos dedos, sin servirse de instrumento alguno. Llenan las banastas de uva, sin aplastarla, se van cantando con la cesta a la cabeza, y arrojan luego los racimos a una tina. Después regresan a la viña. Cuando se trata de plantaciones en gran escala, se sirven de barcas para transportar los racimos del viñedo a la bodega, pues hace falta ir con rapidez para evitar que los granos se aplasten prematuramente y se pierda el precioso zumo.

Las tinas son redondas y bajas, y, sin duda, hechas de piedra, ya que los egipcios no saben fabricar toneles. El granito o la piedra ollar les dan cubas de un bello pulimento y perfectamente seguras. Cuando están suficientemente llenas, los vendimiadores se suben a la cuba y, sosteniéndose en una cuerda tendida sobre ellos, pisotean la uva con entusiasmo y buen humor, cantando y bromeando.

El zumo sale por dos o tres aberturas y va a parar a un pilón. El nuevo vino se trasvasa a unas jarras de fondo plano, donde ha de fermentar, después de lo cual será recogido en grandes ánforas, largas y estilizadas, provistas de dos asas y un largo cuello, que se tapa con yeso. El vino ya está listo para el viaje. Como es natural, no falta el inevitable escriba.

Ha contado las banastas y ahora anota sobre las jarras el nombre del viñador, el de la comarca y el año de la cosecha, indicaciones todas que traslada a un registro. A veces el propietario supervisa por sí mismo la vendimia y el prensado. Lo mismo que al final de la recogida del grano, los viñadores piensan en la divinidad: es preciso darle las gracias por los beneficios que ha concedido a la viña y asegurarse su ayuda para el año siguiente.

Se trata, con frecuencia, de la diosa Reutet, que tiene forma de serpiente, y vela sobre los racimos, las vendimias y las bodegas. Las manos piadosas colocan cerca de ella, sobre un pequeño altar, lotos, lechugas y panes.

En efecto: «Todas las cosas vienen de Dios… Nuestro dueño beberá suavemente, dando gracias a Dios… Que se haga una libación a Sha (el genio de la viña) para que conceda, al año que viene, numerosos racimos».

Aparte del trigo, cebada, frutas, legumbres y vinedo, el légamo de Egipto produce lino, que crece alto y tupido, y que se arranca cuando ya está en flor. Mas las cosechas están ameraradas por numerosos enemigos: el rayo y el granizo, que devastan los campos del «fellah»  igual que los de nuestros campesinos; la langosta, que no deja verdura ni aun en los árboles, ni una hierba en el campo. ¡Contra tales enemigos, los subditos del faraón sólo pueden implorar a la divinidad! Más duros se muestran contra los pájaros, que el pincel de los pintores se ha complacido en representar revoloteando de rama en rama y regalándose con frutos.

Hay oropéndolas, gálgulos, sobre todo, o codornices, que, en la época de la migración, están tan fatigadas que se dejan caer al suelo. Los cazadores las capturan ocultando redes en los árboles o extendiéndolas por tierra, y apresando a los volátiles en una especie de nasas.

LA FAUNA EN EL PAÍS DE AMON
Pero los egipcios, que acabamos de ver cuidando y protegiendo sus árboles, sus frutas y sus cereales, con amor y competencia, practican asimismo la cría de ganado. En los orígenes, parece que vacilaron antes de saber a ciencia cierta cuáles eran los animales qué convenía domesticar. El perro, el primero de todos, fue utilizado por sus cualidades de cazador. Inmediatamente se reconoció la aptitud del asno y el buey para los transportes.

La cabra es preferida al carnero; por la calidad de su lana; abundan asimismo los puercos en los poblados del Nilo. Hay también algunos intentos de domesticar a las gacelas, a los ciervos, al órix, al búfalo, a la cabra montes, e incluso, a la terrible hiena. El camello apenas es conocido, y el gallo no aparece hasta mucho más adelante.

El caballo es introducido muy pronto en Egipto, en la época de la invasión de los hicsos, pero su uso no se extiende mucho, de momento; únicamente grandes personajes los criaban en sus cuadras, y sólo para uncirlos a sus carros, ya que la equitación, debió de parecer tan peligrosa a los subditos del faraón, que los pinceles de los pintores no nos han dejado más que tres caballeros.

El establo de los bueyes está situado no lejos de la casa del amo; es un modesto alojamiento, de barro negro, que los animales comparten con sus guardianes, los cuales pueden así protegerlos contra los ladrones. Son quizá estos desdichados, usados en un durísimo trabajo, los menos favorecidos entre todos los campesinos: calvos, con el mentón recubierto de una barba hirsuta, endebles y, a veces, de una delgadez que da miedo.

la ganadería en egipto antiguo

No hay duda de que les satisfacía ver a sus bestias abundantes y fecundas, pues muestran por  ellas, en  todos las  cosas, una dedicación tan grande, que no vacilan en echarse los terneros a sus espaldas cuando se trata de atravesar alguna marisma, y en defenderlos de los cocodrilos.

Mas si un animal desaparece, bien por haber sido robado, bien devorado por una fiera, o si una epidemia diezma el rebaño, ¡el desdichado guardián es derribado al suelo y azotado! El cabrero parece más favorecido: está provisto de una flauta, y extrae de ella armoniosos sonidos. Pero, comoquiera que sea, ningún Teócrito ni Virgilio nos ha traducido en palabras las canciones de amor de los pastores del país de Amón.

LOS PANTANOS Y LOS DESIERTOS
Egipto, aparte de su desierto, no consta sólo de extensos campos y ricos pastos. Cuando el río vuelve a su cauce todos los años, deja en las orillas de las tierras cultivadas enormes extensiones de agua, tapizadas de nenúfares, cañaverales y papiros. Las espesuras están pobladas de una fauna bullidora: pájaros, gatos monteses, hipopótamos, cocodrilos…

Los pantanos son un verdadero paraíso para el pescador y el cazador; y, si bien en el sur son diversiones de nobles, en el delta, una población entera vive de la caza y pesca. Y el mismo pantano les permite alojarse: los papiros, calafateados con limo del río, reemplazan a los ladrillos de las casas de las ciudades.

Los tallos de estos mismos papiros les permiten confeccionar esteras, sillas, cajas y barcas elegantes y prácticas, sin las que no podrían cazar ni pescar. Y entonces, en justas que recuerdan aquéllas a que se entregaban los gondoleros venecianos, los lugareños se enfrentan unos contra otros, en sus embarcaciones recién hechas. Después, vencedores y vencidos reemprenden un menester que un escritor satírico egipcio considera el más duro que existe.

Hay muchísimas maneras de pescar: la pesca con caña, con el pescador matando a golpes a su presa cuando ésta aparece (los peces son grandes en el delta); la pesca con red pequeña, la pesca con nasa y la pesca con red grande, que exige una docena de hombres y una inmensa red rectangular, que se extiende en el lago y hacia la cual se empuja a los peces. La caza requiere, esencialmente, un arpón sólido.

La víctima favorita de los cazadores es el hipopótamo, y contra su durísima piel pueden romperse las armas más fuertes. Existe también la caza con red, empleada muy particularmente para los patos salvajes. Todos estos procedimientos exigen dedicación, perseverancia y valor, pero tales  cualidades  quedarían  sin  efecto si   los lugareños no tuvieran la protección de la diosa que llaman «Sekhet»: la Pradera.

Esta divinidad tiene el aspecto de una campesina, revestida con un traje estrecho. Los peces y los pájaros le pertenecen, pero se muestra pródiga cuando se trata de compartirlos con quienes son sus asociados y amigos. Pero existe también el desierto, que da vértigo en su inmensidad, poblado de animales, unas veces agradables y otras temibles: antílopes,.gacelas, ciervos y avestruces, lobos, hienas y bueyes salvajes.

La caza aquí constituye un pasatiempo para lo príncipes, pero es también un oficio para los arqueros encargados de la vigilancia del desierto, cuya misión es capturar fieras vivas: la ofrenda de estos animales es la más grata a los dioses.

De modo, pues, que el país del faraón, además de sus cereales y su vino, además de sus frutas y sus flores, alimentaba un abundante ganado, en tanto que sus ríos y pantanos rebullían de peces que hacían más variada y agradable la comida de los egipcios.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo I La Gran Aventura del Hombre – Vida Cotidiana en el Egipto Antiguo-

Formación del Imperio Asirio Conquistas y Poder Militar

LOS ASIRIOS: CONQUISTAS Y CREACIÓN DE SU IMPERIO

Asiria, fue un muy antiguo país de Asia, que abarcaba hacia el sur desde casi la frontera norte del actual Irak y ocupaba el valle del río Tigris y uno de sus afluentes más importantes, el Zab, formando una zona con forma similar a un triángulo invertido. Los asirios de raza semita, mezclados con otros pueblos, se habían establecido al norte de Mesopotamia, en el alto valle del Tigris. Hacia 1800 a. C. se funda su primer Imperio, pero sus ambiciones son frenadas por la Babilonia de Hammurabi, por los hititas y por los mitanni.

EVOLUCIÓN DEL PUEBLO: Desde el 1200 hasta el 950 a.C, el país conoció una serie de invasiones, y, en la lucha por la supervivencia, se transformó en una nación armada, que usa métodos feroces para intimidar a sus adversarios.

La desaparición de los hititas, la decadencia egipcia y la ruina de Babilonia permiten la expansión de los asirios. Las guerras defensivas se transforman en guerras de conquista, seguidas de la sistemática sumisión de los pueblos vencidos: Ashur-Nasirpal II, Salmanasar III, Tiglat-Pileser III, Sargón II, fundan, del 850 hasta el 705 a. C, un formidable Imperio, que se extiende desde el Golfo Pérsico al Mediterráneo y al Asia Menor.

En todas partes hay guarniciones que vigilan a los vencidos; en caso de rebelión se suceden matanzas y deportaciones. El arte de la guerra alcanza una perfección jamás inigualada. Pero una movilización permanente agota los recursos nacionales y el odio va rodeando a los conquistadores, que se extienden cada vez más.

Senaquerib destruye Babilonia (689 a. C.), Asarhadon invade Egipto (671 a.C), Asurbanipal aniquila Tebas, que no volverá a resurgir. Aterrorizado, todo el Oriente espera la venganza que los profetas de Israel han anunciado. Esta se prepara al Este, entre los medos, instalados en la altiplanicie del Irán tras las migraciones indoeuropeas.

En la capital, Nínive, Asurbanipal (el Sardanápalo de la leyenda), rodeado de libros, consulta con inquietud a sus adivinos y envía a través de su Imperio órdenes que superan cualquier crueldad conocida. Hace arrojar al estiércol los huesos del rey de Elam, para privarlo del reposo eterno. Pero todo es en vano: veinte años después de su muerte, Nínive no existirá va.

LOS INICIOS DEL IMPERIO
La Formación de una Potencia Militar

Durante la tercera dinastía de Ur (hacia el año 2000 a. de J. C), el pueblo de Sumer, en plena expansión, había conquistado la suprenacía militar y política, y dominaba Meso-potamia. Pero al norte del imperio sumerio, no lejos de la actual Armenia, sobre territorios fértiles bañados por numerosas corrientes de agua, se había instalado otro pueblo, formado en parte por tribus semitas.

Situados entre, los dos ríos, y beneficiados con un abundante régimen de lluvias, estos territorios gozaban de un clima relativamente’ benigno, propicio para atraer y retener a las tribus errantes. Así, pues, desde el primer momento, las tribus asirías se asentaron en esa región, lugar de paso obligado y centro estratégico de primera importancia, que iba a ser ásperamente disputado en el curso de los tiempos.

LOS SIGLOS OSCUROS:
Asiría se convierte en una potencia militar: Los principios de la historia asiría resultan oscuros; es de suponer que, durante mucho tiempo, las tribus hicieran vida seminómada, errantes con sus rebaños. Ante los ataques de otros nómadas de las estepas del este, se unieron entre ellas, construyendo burgos fortificados y santuarios, imponiéndose como rey el jefe de la ciudad-santuario más importante.

La ciudad se elevaba sobre la orilla derecha del Tigris, y recibió el nombre del dios que allí se veneraba, Asur (el benévolo). Como en todo el Oriente, el poder era, en su esencia, religioso, y el rey, representante de dios sobre la tierra, era, a la vez, legislador, gran sacerdote y jefe guerrero, encargado de castigar a los pueblos que no reconocían al divino señor. Desde el segundo milenio, las otras ciudades, sometidas a la autoridad del «vicario de Asur», se convirtieron en florecientes centros artesanales y comerciales.

De la lista de soberanos se destacan, en primer lugar, el nombre de Ilu-Suma (hacia 1830 a. C), que efectúa una incursión en Babilonia, y, sobre todo, el de Shamsi-Adad I, creador, según parece, del primer imperio asirio (hacia 1750 a.C). Este imperio contaba ya con una administración centralizada, mensajeros y un ejército regular, dotado de intendencia. Mas el poder de Babilonia se impondrá sobre Shamsi-Adad I, y sus sucesores serán los vasallos de la ciudad de Hammurabi.

A continuación de las invasiones kassitas viene un período de siglos oscuros: Asiría, arrasada en varias ocasiones, tiene que mezclarse con sus poderosos vecinos, los imperios hitita y mitanni; aprovecha los períodos de respiro para familiarizarse con las nuevas armas de hierro y los carros de combate, y multiplicar las incursiones a Babilonia. La decadencia de los hititas ofrece a Salmanasar I y Tukulti-Ninurta I brillantes oportunidades.

Aquél les expulsa hasta Karkemish, en tanto  que  to que Tukulti-Ninurta, después de derrotarles nuevamente, se vuelve contra Babilonia, apoderándose del dios Marduk. Hacia el año 1206 a. C., Babilonia se libera de la dominación asiría; una vez más, provocadas por emigraciones indoeuropeas, las invasiones hacen tambalear el precario equilibrio de Oriente.

Los «Pueblos de la Mar» destruyen el imperio hitita y se abalanzan hacia el sur, siendo detenidos en las fronteras de Egipto por Ramsés II (1190 a. C). En plena tempestad, Asiría es atacada desde todas partes por los elamitas, los mushki, los árameos y los guti. Los asirios se defienden encarnizadamente y, durante esta lucha por la supervivencia, se transforman en feroces guerreros, que recurren al terror para detener a los asaltantes.

Hacia 1130 a.C. , Asur-Rish-Ishi resulta vencedor en Babilonia. Y, hacia 1112 a. C, Tiglat-Pileser I revela al mundo el nuevo poder militar asirio. Sus inscripciones hablan de los cuarenta y dos pueblos sojuzgados, sometidos al pago de tributos. Aniquila a los árameos, se apodera de las últimas fortalezas hititas, guerrea en el Kurdestán y Armenia, penetra hasta el Líbano para procurarse madera con que concluir la construcción de Asur.

El rey repite incansablemente sus sangrientas letanías: «Cubrí de ruinas los territorios… sembré el suelo de cadáveres, como si fueran fieras salvajes. Entregué las ciudades a las llamas; destruí; amontoné ruinas y escombros». Pero, al mismo tiempo, elabora un código de leyes y adopta el calendario babilónico. Por lo demás, el terror asirio no impedirá que, hacia el año 1050 a.C., el país sea completamente destruido por nuevas invasiones de árameos y guti. Mas de sus ruinas surgirá esta vez un imperio duradero.

COMIENZOS DIFÍCILES
Pero tendrán que transcurrir, aproximadamente, tres siglos para que este imperio se constituya. La desaparición de los hititas ha dejado un vacío y, debido a su decadencia interior (tercer período intermedio), Egipto no puede intervenir en Asia.

Ya no hay, pues, potencia dominante. Los asirios, aunque terribles combatientes, se muestran prudentes todavía. Desde el año 932 al 884 a.C, soberanos como Ashur-Dan II o Tukulti-Ninurta II, se liberan de los peligros exteriores y saquean a sus vecinos, imponen tributos, doblan sus territorios. Ashur-Nasirpal II (883-859 a. C.)  obliga al pago de tributos a las zonas fronterizas, pero se atreve a atacar a los países importantes: Babilonia, Urartu (Armenia) o Aram (Siria ¿el Norte). Refuerza su ejército, acumula un tesoro, construye plazas fuertes.

Su hijo, Salmanasar III, se envalentona y realiza incursiones a Urartu, intentando, sobre todo, extenderse hacia Siria. Pero el reino de Aram, Israel. Judá y las ciudades fenicias resisten y, finalmente, le vencen (batalla de Karkar, ¡53 a. de J. C).

Durante medio siglo, Asiría recupera fuerzas. Su nobleza sigue siendo turbulenta; el poder real no es absoluto. Como el misterioso Urartu, que parece inspirarse en el ejemplo hítita y servirá de modelo a medos y persas, Aram y Babilonia son temibles.

Crisis de sucesión, revueltas y guerras civiles paralizan el desarrollo de Asiría. Finalmente, la influencia religiosa de Babilonia triunfa definitivamente, gracias quizá a la reina Semíramis, tan mal conocida. Con la llegada de Tiglat-Pileser III (746-727 a.C.) la transformación se hace decisiva: la alta nobleza es eliminada, los gobernadores de provincias reducidos a la obediente y el ejército reorganizado.

Este ejército esta ya permanentemente dotado de una potente caballería de choque, de una infantería y de un cuerpo de ingenieros especializado. A partir de ahora, las incursiones de saqueo y exterminación van a ser sustituidas por las conquistas prolongadas, por las deportaciones sistemáticas, dentro del marco de una política imperial coherente.

EL IMPERIO DEL TERROR: TigLat-Pileser III castiga a los árameos, ocurpa la Siria del Norte y el valle del Orontes (740a. C), guerrea contra Urartu y los medos. Los éxitos obtenidos contra Aram e Israel le permiten anexionarse Damasco (730 a. C).

Finalmente, se vuelve contra Babilonia, a la que conquista en el año 729 a. C, haciéndose proclamar rey con el nombre de Pulu. Sus hijos, Salmanasar V y Sargón II, que destronará a su hermano, continúan la gran obra: Samaria, la capital del reino de Israel, es conquistada (721 a. C).

A pesar de la pérdida momentánea de Babilonia, Sargón II arrasa Media y el Urartu del rey Rusas I. Después, realiza conquistas en Anatolia y recupera Babilonia. Hacía el año 710 a. C, la fuerza de Asiría parece alcanzar su apogeo: el imperio se extiende desde el Golfo Pérsico a la Siria fenicia, de la frontera de Egipto al Zagros; está dividido en 70 provincias, centralizadas y vigiladas por cuerpos de ejército.

Del año 713 al 707 a. C, Sargón se construye una nueva capital, Dur-Saryukin (Khorsabad), de más de ocho kilómetros de perímetro, engalanada con templos y grandiosos palacios. Sargón II desaparece durante una guerra contra las tribus persas (705 a. de Jesucristo).

Cuando llega al trono su hijo Senaquerib, la situación política de Asiria está muy lejos de ser estable: los pueblos tributarios estáíi siempre al borde de la revuelta, y las deportaciones masivas, en vez de unificar el imperio, multiplican los focos de desorden y de rebelión. En el norte, el Urartu está amenazado por los cimerios y los escitas, que vendrán a acampar en las mismas fronteras de Asiria.

En el sur, Babilonia sigue siendo un foco de agitación y de intrigas antiasirias. La propia unidad del imperio es sólo aparente, y se mantiene, sobre todo, por el prestigio de los reyes. El mito religioso de la superioridad del dios Asur no tiene suficiente fuerza para mantener la cohesión entre poblaciones diferentes, reunidas en el interior de sus fronteras. El uso de la lengua aramea, que poco a poco se ha generalizado —convirtiéndose en la lingua franca de todo el Medio Oriente—, no puede contribuir a solidarizar entre sí a pueblos profundamente inestables, siempre dispuestos a rebelarse.

Con Senaquerib, no tardan en renovarse las guerras. Pero no guerras de conquista, a partir de ahora, Asiria va a intentar, sobre todo, conservar lo que ha adquirido. Babilonia, aliada a Elam, se rebela, así como el reino de Judá. Senaquerib sitia Jerusalén, pero una epidemia le obliga a retirarse.

Alentados por Elam, en Babilonia continúan los disturbios; el rey asirio hace construir una flota por los marinos fenicios y ataca a Elam. Pero en el año 690 a. C, el rey Huban-Imena, aliado de los persas, le rechaza en Halulé.

Senaquerib se vuelve contra Babilonia, arrasándola e inundándola. El templo de Marduk es saqueado. Senaquerib, que desea que Nínive «no tenga rival», puede entonces dedicarse al embellecimiento de la ciudad. La engalana con palacios, amplía las calles, construye plazas con árboles.

Asimismo, mejora la agricultura, construye canales de irrigación con esclusas, aclimata el algodón, planta vergeles. Deseoso de perfeccionar el arte y la industria, inventa una nueva manera de fundir las estatuas en bronce, dota a su ejército de flechas con puntas de hierro y condecora con brazaletes a los artesanos meritorios. Una revolución de palacio hace desaparecer a Senaquerib, probablemente asesinado por uno de sus hijos, con la complicidad de la reina Sakutu (681 a. C).

LA CONQUISTA DE EGIPTO:
Hijo de Senaquerib, Asarhadon, casado con una babilonia, asciende al trono después de una breve guerra civil. Su primera decisión es la de reconstruir el templo de Marduk, e instaurar una monarquía doble en Nínive y Babilonia. Pero el período de relativa estabilidad que se anuncia para Asiria, se ve amenazado  por  el  avance  de  los  cimerios  en Anatolia. La guerra comienza de nuevo en todos los frentes. En vista de que Siria, bajo la influencia egipcia, se rebela una y otra vez, Asarhadon decide lanzarse a la conquista de Egipto.

Después de haber sometido el reino de Sidón y obligado al pago de tribu-ros a los reyes de Judá, Chipre y Palestina, tras haberse aliado con los árameos y haber comprado la pasividad de los medos y de Urartu, ataca el delta del Nilo. En el año 671 a. de J. C, el general Sanabusu se apodera de la ciudad de Menfis y bate al faraón Taharka.

Enfermo, inquieto, Asarhadon, después de numerosas consultas a los oráculos, reparte el imperio, antes de morir, entre sus dos hijos. La situación es difícil: los cimerios amenazan, Anatolia está abandonada, y los medos, conducidos por el rey Fraortes, ocupan las alturas de los montes Zagros, aliándose a los escitas, pueblo emparentado con los cimerios que acaba de llegar del Cáucaso. Cuando, en el año 669 a. de J. G, muere Asarhadon, Asurbanipal (el Sardanápalo de la leyenda) es rey de Asiría, y su hermano, Shamash-ShumIkin, recibe el reino de Babilonia. El reparto se realiza en medio de rivalidades y de conspiraciones, que la anciana reina Sakutu ayuda a ahogar.

LOS HERMANOS ENEMIGOS: Egipto había aprovechado la crisis sucesoria para rebelarse, y los ejércitos de Asurbanipal irrzsan el país hasta Tebas, la ciudad santa, que es incendiada implacablemente. Pero la situación en las demás fronteras es incierta: los cimerios, que en Anatolia han destruido el reino de Frigia, atacan Lidia, cuyo rey Giges pide ayuda. A su vez, Elam se rebela.

La campaña de Egipto ha inmovilizado demasiadas fuerzas. En el momento en que éstas regresan, los egipcios, con Psamético, emprenden la tarea de reconquistar su independencia; hay que resistir en todos los frentes. Escaso de tropas, Asurbanipal lanza a los escitas contra los medos. Sólo aplaza el peligro; los persas se harán independientes y lograrán, al fin, la unidad en su beneficio. Su propio hermano se alza ahora contra él: en Babilonia, Shamash-Shum-Ikin, que no se resigna a una posición de segundo orden, se pone a la cabeza de una verdadera coalición con los babilonios, los árabes y los reyes de Elam.

A lo largo de tres años se desarrolla una guerra sin cuartel y, poco a poco, los asirios avanzan contra Babilonia. La ciudad es conquistada en el año 648 y Shamash-Shum-Ikin, conociendo la suerte que le espera, prefiere lanzarse a las llamas. Una parte de la población es asesinada.

FALTABA EL ELAM
Queda por castigar ese Elam que había apoyado a Babilonia. El propio Asurbanipal nos cuenta su campaña: «En una extensiá equivalente a un mes y veinticinco días d marcha, he arrasado los distritos de Elam. He esparcido allí la sal y plantado zarzas. Me he llevado a Asiria, como botín, a los hijo de los reyes, los hermanos de los reyes, lo miembros de la familia real, jóvenes y viejos los prefectos, los gobernadores, los caballero; los artesanos.

Me he llevado, también a los habitantes, hombres y mujeres, adultos y niños, caballos, muías, asnos, rebaños de ganado mayor y menor, más numerosos que una plaga de langosta. He traído a Asiría el polvo de Susa, de Madaktu, de Haltemas y de sus otras ciudades.En un mes he sometido a todo el Elam. He suprimido en el campo la voz del hombre, el paso de los rebaños, los gozosos gritos de alegría, y los he sustituido por onagras, gacelas y demás animales salvajes».

Después de su triunfo de Nínive, a donde marchan los reyes vencidos antes que sus cabezas sean colgadas en las almenas de las murallas, Asurbanipal puede creer que ha alcanzado la victoria definitiva. Pero los escitas y los medos no están lejos, Egipto ha recobrado la independencia, los cimerios invaden Lidia, y Giges muere en el combate; después de conquistar Sardes y Efeso, la ciudad griega, llegan hasta la costa de Asia Menor.

Al final de su vida, Asurbanipal parece desinteresarse por la guerra, dedicándose enteramente a la formación de una inmensa biblioteca. Así hace copiar todos los grandes textos sumerios y babilónicos. Gracias a él, los arqueólogos han podido encontrar estos textos, casi intactos, en las excavaciones de Nínive.

Para realizar un poco de ejercicio mata fieras en su parque, combate cuerpo a cuerpo con leones. ¿Cómo iba a sentir a su alrededor el odio de esos pueblos vencidos, sometidos a tributos y a atroces represiones, que sólo esperaban el momento propicio para vengarse? Un profeta de Israel, Sofonías, lo había anunciado: «El Eterno extenderá su mano hacia el norte y destruirá Asiria; hará de Nínive  un desierto.» Los medos y los babilonios iban a confirmar muy pronto la profecía.

asirios luchan con leones

La caza de leones era el deporte tradicional de los reyes de Asiria (figura grande: «Ashur-Nasirpal cazando el  león».  Kalah.  Siglo   IX  a.   de  J.   C.   Londres,Britisb   Museum).  

lucha con leones

Ojeados   por   servidores provistos de címbalos, los animales caían
bajo las flechas del rey, perfectamente resguardado en su carro. Pero, para mostrar su valor, el soberano
combatía con ellos también a pie. Cuando quería descansar de sus trabajos literarios, Asurbanipal («Asurbanipal
cazando  el león».  Detalle.  Siglo   VII a.  de J.  C. Londres, Britisb Museum) hacía soltar leones
en su parque, combatiéndolos cuerpo a cuerpo, armado de un puñal y de una jabalina.

LA ERA DE LAS DEPORTACIONES: Mantenido por el terror, el imperio asirio fue puesto en explotación por necesidades económicas. El ejército exigía numerosos recursos, pero la administración estaba muy bien creanizada: se construyeron canales y depósitos de agua, se creó una flota en el Golfo Pérsico, se emprendieron grandes obras. El rey podía distribuir así riquezas a sus señores feudales.

En numerosos países, los soberanos habían sido sustituidos por gobernadores. Cuando se habían sometido sin combatir eran conservados en calidad de vasallos. Tal era el caso de los reyes de Chipre. Fenicia estaba vigilada por el rey de Sidón, fiel aliada.

El prestigio de Babilonia hizo que Sargón le concediera un trato especial: él mismo se proclamó su rey. Como la capital del reino de Israel, Samaría, hubiera resistido, la ciudad fue destruída (722 a. C.) los habitantes que pudieron escapar la matanza fueron deportados y sustituidos por hititas o babilonios. Asimismo, en Kariemish, ciudad fortaleza que defendía el acceso al Eúfrates, la población, poco segura, fue deportada y sustituida en su totalidad por aarios de raza.

Los asirios tenían pasión por los bellos caballos. Los hurritas y los hititas fueron sus maestros en el arte de la crianza y de la doma.  De ahí  que frescos  y  bajorrelieve: representen muchas veces corceles vistosos y engalanados donde  pueden observarse  las trenzas que adornan las colas de los caballos que avanzan lentamente, sujetos por soldados. o galopan en las cacerías y las batallas.

LA RIQUEZA Y EL MIEDO: La religión de esos asirios, que parecen obsesos por los presagios y los oráculos, ¿no será quizá un reflejo de la angustia de los soberanos y dirigentes, cuya constante preocupación es la conservación de ese imperio detestado por los vencidos? Aparentemente, el edificio es sólido: vías de comunicación, fortalezas, gobernadores, guarniciones, burocracia centralizada, archivos impecables. Pero, por sus guerras continuas, los soberanos no han sido capaces de crear una barrera de estados aliados; al exterminar a las poblaciones montañesas del Zagros, abren el camino a los escitas y a los medos. Al deportar a las poblaciones, van dejando por todas partes focos hostiles, dispuestos a la revuelta.

Y la perpetua movilización de las fuerzas agota los países y el tesoro. Los tributos entregados por las poblaciones conquistadas, que servirán para levantar templos y para proveer de equipo técnico al país (trabajos de irrigación) y a los ejércitos, se conservarán en el palacio real.

En ciertas épocas, este tesoro real es considerable y consiste, sobre todo, en lingotes de oro y plata, en vasijas de cobre y armas de hierro. Fenicia suministra púrpura; el país hitita, oro, hierro y plata; el Líbano, madera de cedro; Siria, cobre, bueyes y corderos.

El impuesto con que el soberano asirio grava a los pueblos vencidos es pesado. Debido, sobre todo, a las necesidades militares, el rey explota los recursos al máximo. Los productos se trasladan por vía fluvial o marítima (el intenso tráfico de barcos dará lugar a un esbozo de código marítimo) o por medio de caravanas que franquean desiertos y montañas bajo escolta armada, uniendo entre sí ciudades y fortalezas.

Las ciudades, como Nínive, Kalah, Khorsabad, rodeadas de murallas, se construían en ladrillo. Sus templos y palacios han vuelto al polvo, conservándose únicarsente las estatuas y bajorrelieves de piedra. Todo el arte asirio se inspira en el de Persia, Siria, los hititas, Babilonia. Las estatuas son macizas. Bajo el reinado de Asurba-nipal los escultores de animales alcanzan en los bajorrelieves una gracia y un movimiento raramente igualado, que, desde luego, no existe en las efigies reales de convencionales rasgos, con sus barbas rizadas y sus cabellos lisos, en las que sólo el perfil semita y los labios gruesos ofrecen una nota realista.

La arquitectura refleja el poder. Al abrigo de sus murallas almenadas, aunque más geométricas, las ciudades fortificadas no debían ser muy diferentes de las medievales. Las puertas estaban guardas por torres que impedían a los atacantes acometer los muros.

En el interior, una ciudadela constituía el refugio supremo. Elevado sobre un terraplén, al que se llegaba por una rampa, el palacio de Sargón, en Khorsabad, semejaba una verdadera fortaleza, con sus patios rectangulares, a los que se abrían los almacenes, los depósitos de hierro en lingotes y las salas reales. El conjunto estaba coronado con un zigurat y en numerosas capillas se honraba a los dioses protectores de Asur. El pavimento del suelo era de adobe y los techos se construían en forma de terrazas de ladrillos sostenidas por vigas.

Cuando las ciudades resistían, los asirlos practicaban sistemáticamente la matanza de las poblaciones. Sargón, Senaquerih. Asarhadon, Asurbanipal se vanaglorian, en las inscripciones, de sus millares de víctimas.
Muchos prisioneros eran desollados vivos . Las cabezas de los generales vencidos  se  suspendían   en  las  puertas  de Nínive. Después de la rebelión del Elam, Asurbanipal hizo cortar en trozos el cuerpo de un
jefe elamita, distribuyendo éstos en el país a título de recuerdo. Los supervivientes
eran  reducidos  a  la  esclavitud.

deportacion de israelitas

La deportación  de los vencidos  «Deportación de la población». Nínive. (Siglo VII a.  C.   París,   Museo  del  Louvre) tenía por objeto romper las resistencias locales. La matanza y la deportación de los pueblos a las fronteras del imperio hicieron a éste más vulnerable a los asaltos de los medos
y  de  los  persas.   Nínive  se  derrumbó  en   medio de  los  gritos  de  odio  y  de  desquite.

LA GUERRA IMPLACABLE: En definitiva,   esta   construcción   precaria que  es  el  imperio, sólo se sostenía por el ejército. Constantemente, una especie de cuerpo de ingenieros militares lo ha venido manteniendo, renovándolo, dotándolo de los últimos perfeccionamientos técnicos. Sus efectivos son considerables: en efecto, parece que en Karkar, Salmanasar mandaba 100.000 hombres, cifra colosal para la época.

Se componía de los Hupsi, cuerpo reclutado entre la población, y, sobre todo, de soldados permanentes, mercenarios de todos los países, esclavos, prisioneros de guerra. Los cuadros de mandos son asirios,- así como las unidades selectas: carros, caballería, máquinas de guerra. Kalah es el gran arsenal.

En la infantería se encuentran los arqueros y los piqueros. En la caballería, arqueros acorazados y piqueros provistos del casco puntiagudo de la infantería. Los carros llevan cuatro hombres: conductor, arquero y dos portadores de escudos. Tirados por tres caballos, constituían el sistema de ataque favorito.

En cuanto a las máquinas, alcanzaron un grado tal de perfección en su forma y empleo que fueron imitadas en los siglos siguientes. Los arietes estaban montados sobre ruedas, y sus servidores protegidos por un caparazón de cuero. Las torres rodantes se aproximaban a las murallas, sobre las que hacían llover flechas y dardos encendidos; los zapadores atacaban la base de las murallas.

Para los vencidos no había piedad: eran quemados, empalados, desollados vivos. A los prisioneros llevados a Nínive se les sacaban los ojos, se les cortaban la nariz y las orejas. Así, en los triunfantes desfiles que tenían lugar después de las victorias, figuraban lamentables cohortes. Asarhadon nos dice, en una inscripción: «Para poner de manifiesto a todos los pueblos la gloria de Asur, colgué al cuello de sus nobles la cabeza cortada de los vencidos. Acompañado de cantores y músicos , avancé hacia la gran plaza de Nínive.»

Ver: Palacio y Biblioteca de Nínive

Fuente Consultada:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX Tomo I Los Asirios

Civilizaciones de occidente Tomo A Jackson Spielvogel
Historia Universal Ilustrada de John Roberts Volumen I Los Asiris Edit. Debate
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher Lloyd

Los Asirios Características, Sociedad, Arte, Cultura, Religión

RESUMEN DE LA HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LOS ASIRIOS EN LA MESOPOTAMIA

Los ríos Eufrates y Tigris nacen en los montes de Armenia y desembocan en el golfo Pérsico. La extensa región que delimitan las cuencas de estos ríos se conoce con el nombre de Mesopotamia. En la Baja Mesopotamia los aluviones de los ríos ganaron tierra al mar, y las inundaciones, sabiamente canalizadas, fertilizaron la tierra, lo que posibilitó una rica agricultura.

La Alta Mesopotamia era una meseta muy bien comunicada con Siria y Egipto. Toda la región fue, desde aproximadamente el 3000 a. C. hasta el 539 a. C, escenario de brillantes civilizaciones, como las ciudades-estado sumerias, que utilizaron la primera escritura conocida, la cuneiforme, y los Imperios acadio, babilónico, asirio y neobabilónico.

LOS ASIRIOS:
Sintesis de su Historia:

En 1500 a.C. cuando los hititas volvieron al norte, tras destruir el primer imperio babilonio, se inició un largo período de confusión en Mesopotamia, y en ese momento surgió en el norte un estado llamado Asiria, cuyas capitales eran las ciudades de Nínive y Assur, situadas a orillas del Tigris. En esta zona del valle, la agricultura había facilitado el desarrollo de la civilización. Al principio, los asirios constituían un tosco pueblo fronterizo; pero con el tiempo adoptó la vida civilizada de otros pueblos del valle.

Los asirios no eran un pueblo especialmente pacífico, sino se caracterizaban por los crueles, agresivos y dominantes; pero es posible que se vieran obligados a adoptar esta conducta para sobrevivir, pues la historia de Asiria durante la mayor parte del segundo milenio a.C. está plagada de invasiones y contrainvasiones de sus poderosos vecinos. Además de los hititas estaban los hurritas (un pueblo caucásico) y los mitanos (indoeuropeos).

Los asirios, fueron feroces guerreros de origen semítico, habían permanecido sujetos a diversas dominaciones hasta que iniciaron el que se podría denominar su primer período de expansión, que comenzó con Salmanasar I (1270 a. C.) y concluyó con Teglath-Falasar I (hacia 1100 a. C).

A comienzos del primer milenio precristiano se formó el más poderoso imperio de Mesopotamia, el Imperio Asirlo, que dominó por varios siglos la región. Como restos de su poderío quedan las ruinas de los fuertes militares, construidos con grandes bloques de piedra, ubicados en las distintas regiones dominadas en sus épocas de máxima expansión. Aquí se aprecia una torre del fuerte construido por Salmanasar III como parte de las defensas de la ciudad de Nimrod.

Dos siglos más tarde (hacia 910 a.C.) reanudan su actividad expansionista, proceso que los condujo a edificar un vastísimo imperio apoyado en el terror y la violencia (desde Media hasta el Nilo y desde el golfo Pérsico hasta Lidia), que acabó de redondear Asurbanipal (669-633 a. C.) quien sometió al Alto Egipto (665 a.C.) por una parte, y por otra arrasó Susa (641 a. C).

Mapa Imperio de los Asirios

Mapa Imperio de los Asirios

Hacia el 646 a.C, cuando el poder asirio llegó a su punto culminante, realizaron su última conquista importante y terminaron de construir un imperio que abarcaba toda Mesopotamia, gran parte de las regiones montañosas orientales, Siria, el Levante, Palestina e incluso el Bajo Egipto, constituyendo el mayor estado unificado que había existido hasta entonces en la zona.

Sin embargo, este formidable coloso pronto comenzó a experimentar las consecuencias de sus propios fallos internos. En efecto, la beligerante nobleza asiria, de la cual era jefe el rey, se mantuvo siempre en pie de guerra, sin pedir ni dar cuartel. Así, el paso de los ejércitos asirios se vio señalado por tormentos atroces, incendios, saqueos, éxodos de poblaciones enteras, y, por sobre todo, odio.

A dicha actitud se unió la desmedida explotación de los pueblos sometidos, a los que ni siquiera intentaron atraerse. Así surgieron en diversas regiones, como Babilonia, Egipto, e incluso, en la zona de Media, caudillos militares que lanzaron a las poblaciones, oprimidas y arruinadas por las cargas fiscales y las prestaciones obligatorias, contra el corazón mismo de Asiria.

A la muerte de Assurbanipal, en el 627 a.C. siguió una revolución en la corte. Sobre los acontecimientos de Asiria después de esa fecha se sabe poco. Los medas tomaron la ciudad de Assur en el 614 a.C. y, con ayuda babilónica, capturaron Nínive en el 612. El Ejército asirio, dirigido por el último rey asirio, Assur-Uballit II (que reinó en 612-609 a.C.), se replegó a Harran, a cierta distancia al noroeste de la capital asiria. Esta derrota supuso el final del Imperio asirio.

Pese a la resistencia de los asirios, que hasta llamaron en su auxilio a los jinetes escitas, los medos tomaron Asur (614 a.C), y, dos años más tarde (612 a. C), una alianza entre Cyaxares y Nabopolasar culminó con la destrucción de Nínive, que fue arrasada.

Imperio Asirio se extendió en gran medida debido a sus brutales métodos militares. Mantuvo su dominio mediante el uso de un idioma y una religión comunes, junto con la supresión violenta de revueltas internas. Los caldeos derrotaron a los asirios en Babilonia, lo cual dio como resultado el Imperio Neobabilónico personificado por Nabucodonosor.

GOBIERNO: En su apogeo, el Imperio Asirio fue gobernado por reyes cuyo poder se consideraba absoluto. Bajo su liderazgo, el imperio llegó a estar bien organizado. Al eliminar cargos de gobernadores que poseían los nobles por herencia e instituir una nueva jerarquía de oficiales locales directamente responsables ante el rey, los reyes asirios tuvieron mayor control sobre los recursos del imperio.

Los asirios también desarrollaron un eficiente sistema de comunicaciones para administrar su imperio de forma más práctica. Se formó una red de estaciones de correo que utilizaban relevos de caballos (y mulas o burros en los terrenos montañosos) para llevar mensajes a través de todo el imperio. El sistema resultó tan eficaz, que un gobernador provincial de cualquier parte del imperio (excepto Egipto) podía enviar un apregunta al palacio del rey, y recibir respuesta en cuestion de una semana.

Todo el arte asirio se inspira en el de Persia, Siria, los hititas, Babilonia. Las estatuas son macizas. Bajo el reinado de Asurbanipal los escultores de animales alcanzan en los bajorrelieves una gracia y un movimiento raramente igualado, que, desde luego, no existe en las efigies reales de convencionales rasgos, con sus barbas rizadas y sus cabellos lisos, en las que sólo el perfil semita y los labios gruesos ofrecen una nota realista. La arquitectura refleja el poder.

Al abrigo de sus murallas almenadas, aunque más geométricas, las ciudades fortificadas no debían ser muy diferentes de las medievales. Las puertas estaban guardas por torres que impedían a los atacantes acometer los muros. En el interior, una ciudadela constituía el refugio supremo.

Elevado sobre un terraplén, al que se llegaba por una rampa, el palacio de Sargón, en Khorsabad, semejaba una verdadera fortaleza, con sus patios rectangulares, a los que se abrían los almacenes, los depósitos de hierro en lingotes y las salas reales.

Zigurat, asirio

Zigurat

El conjunto estaba coronado con un zigurat y en numerosas capillas se honraba a los dioses protectores de Asur. El pavimento del suelo era de adobe y los techos se construían en forma de terrazas de ladrillos sostenidas por vigas.

sargón asirio

Sargón

Ver: Palacio y Biblioteca de Nínive

Sociedad y cultura asirias: A diferencia de los hebreos, los asirios no temían mezclarse con otros pueblos. De hecho, la política asiria de deportar hacia Asiria a muchos de los prisioneros de los territorios recién conquistados, creó unasociedad políglota en la que no resultaban importantes las diferencia étnicas. Se estima que, durante un periodo de tres siglos, se deportaron entre cuatro y cinco millones de personas a Asiria, lo cual produjo una población mixta desde el punto de vista tanto racial como lingüístico.

Lo que aseguraba su identidad a los asirios mismos era su lengua, aunque incluso ésta era semejante a la de sus vecinos sureños de Babilonia. La religión igualmente fue una fuerza cohesiva. Asiria era literalmente «la tierra de Ashur», en referencia a su principal dios. El rey —representación humana del dios Ashur— brindaba un enfoque final de unidad.

La agricultura constituía la principal base de la vida asiria. Asiria era una tierra de villas campesinas y, relativamente, pocas ciudades importantes, sobre todo en comparación con la parte sur de Mesopotamia. A diferencia de los valles ribereños —donde la agricultura requería la organización meticulosa de un gran número de personas para controlar la irrigación—, los campos agrícolas asirios recibían suficiente humedad de las lluvias regulares.

El comercio era la segunda actividad en importancia económica. El comercio interior dependía de un sistema que utilizaba los metales —como el oro, la plata, el cobre y el bronce— como medio de intercambio. Diversos productos agrícolas también servían como una forma de pago o de intercambio. Debido a su localización geográfica, los asirios fungían como intermediarios y participaban en el comercio internacional, del que importaban madera, vino, metales y piedras preciosas, mientras que exportaban materiales textiles o tejidos fabricados en los palacios, templos y quintas privadas.

La cultura del Imperio Asirio fue híbrida por naturaleza. Los asirios asimilaron muchos elementos de la civilización mesopotámica y se consideraron a sí mismos guardianes de la cultura sumerja y babilónica. Por ejemplo, Asurbanipal coleccionó una gran biblioteca en Nínive, que incluía las obras disponibles de la historia mesopotámica. La religión asiria reflejaba también la asimilación de otras culturas. Aunque los asirios consideraban su propio dios nacional, Ashur, su deidad principal, reconocieron también a casi todos los dioses y diosas de Mesopotamia.

Entre los objetos mejor conocidos del arte asirio se encuentran las esculturas en relieve encontradas en los palacios reales de tres de las ciudades capitales asirias: Nimrud, Nínive y Khorsabad. Estos relieves —comenzados durante el reinado de Asurbanipal en el siglo IX y que alcanzaron su culminación en el reinado de Asurbanipal en el siglo vu— ilustraban dos distintos tipos de motivos: las escenas ceremoniales o rituales, agrupadas alrededor de la persona del rey, y escenas de caza y guerra.

Las últimas mostraban instancias de acción vividas del rey y sus guerreros librando batallas o cazando animales, sobre todo, leones. Estos relieves ilustran un mundo vigoroso masculino, donde la disciplina, la fuerza bruta y la rudeza son valores perdurables: en verdad, los verdaderos valores de la monarquía militar asiria.

caceria de arsubanipal

La cacería de leones del rey Asurbanipal. Este relieve, esculpido en alabastro como decoración para el palacio norte de Nínive, ilustra al rey Asurbanipal participando en una cacería de leones. La escultura en relieve, una de las formas mejor conocidas del arte asirio, alcanza irónicamente su punto máximo bajo el reinado de Asurbanipal, justo en el momento en que el Imperio Asirio comienza a desintegrarse.

Civilización asiria fue una civilización híbrida, en la que confluyen elementos babilónicos, hititas y, sobre todo, sirios, Asiria no deja por ello de ser un crisol que funde las diferentes culturas del Oriente Medio y contribuye a difundir las aportaciones babilónicas.

Gracias a los asirios, los hititas conocerán textos gramaticales que tratan de la lengua y la escritura mesopotámicas. Si los textos reales asirios se graban sobre lápidas y placas de hierro, que recubren los muros de los palacios, en la biblioteca de Asurbanipal se encontrará un gran número de tratados de astrología y leyendas babilónicas, escritos en tablas de arcilla. Estas se grababan cuando la arcilla estaba todavía fresca, y se cocían después.

Las misivas iban rodeadas por una envoltura, también de tierra cocida, en que figuraban la dirección del destinatario y un texto de «protección». Se escribía también sobre tablas de madera recubiertas de cera y probablemente se empleaba asimismo la escritura de tinta sobre madera, pergamino o papiro. Se han encontrado numerosos diccionarios bilingües y trilingües, métodos para aprender el babilonio y el asirio, así como numerosas copias de obras literarias, escritas en caracteres cuneiformes.

Como los sumerios y los babilonios, los asirios empleaban para anotar su lengua—un dialecto akkadio, emparentado con las lenguas semitas, el hebreo, el arameo y el árabe—caracteres que, escritos de izquierda a derecha, en líneas horizontales, resultaban muy complicados. Por eso, a partir del reinado de Sargón I, se extenderá cada vez más el empleo de la lengua y escritura arameas —que era silábica, y, por tanto, más fácil—, no solamente entre el pueblo sino en la corte.

Los reyes de Asiria hacen consignar con gran cuidado los acontecimientos importantes de su reinado. Así debemos a Asurbanipal la formación en Nínive de una inmensa biblioteca, cuyos vestigios nos han permitido conocer la historia de sus dinastías, su concepción del mundo y las relaciones que existían entonces entre los dioses y los hombres del país de Asur.

Disco solar de los asirios

Disco solar de los asirios

LOS DIOSES Y LA CAZA REAL: Tanto en la vida del pueblo como en la de los reyes, la religión representa uno de los factores más importantes: son los dioses quienes introducen como su vicario al rey asirio, encargado de administrar el país que les pertenece y castigar a los paganos.

Bajo el reinado de Tiglat-Pileser I, los dioses más importantes son: Asur, señor supremo encargado de la investidura de los reyes; Enlil, padre de los dioses terrestres y de los países; Sasmas, dios del sol; Sin, dios de la luna; Adad, dios de la tormenta, y, en fin, Ninurta, dios de la guerra y de la caza. La diosa Ishtar, descendiente de la diosa-madre antigua, preside la guerra y el amor.

Los cultos no son inamovibles, y los dioses son frecuentemente suplantados por otros en la adoración de los hombres. Bajo el rey Tukulti-Ninurta, se impone, sobre todos los demás, el dios de la caza, Ninurta; bajo Ashur-Nasirpal I, Ishtar recibe todos los favores, mientras que, a partir del reinado de Adad-Nirari III, Marduk y su hijo Nabú son adorados no solamente en Babilonia, sino en toda Asiria. A cada renovación del culto, se elevan nuevos templos y se fundan nuevas ciudades. Algunos cultos traspasaron las fronteras de Asiria y se expandieron por todo el Medio Oriente. Tal ocurrió, por ejemplo, con el de la diosa Ishtar.

Uno de los aspectos más curiosos de la religión asiria aparece profusamente ilustrado por los ritos reales de la caza del león: el rey, simbolizando la divinidad, debe cazar al león, símbolo de las fuerzas del mal. Asimismo, el rey ha de cazar y abatir por su propia mano otros numerosos animales salvajes, como cabras monteses, ciervos, toros o elefantes, con objeto de poder ofrecerlos en sacrificio anual a Asur. Numerosos bajorrelieves nos muestran al rey cazando en el desierto o vertiendo libaciones sobre los animales muertos.

Los otros ritos religiosos no parecen diferir mucho de los usuales por la misma época en Babilonia, y la práctica de la religión consistía, sobre todo, en ritos destinados a granjearse los favores de los dioses y a apaciguar sus iras cuando sobrevenía alguna catástrofe. Los sacerdotes se entregaban a la adivinación mediante el examen del hígado de las víctimas sacrificadas a la elaboración de calendarios indicadores de los días fastos y nefastos, a la astrología y a todas las ciencias mágicas.

Filosóficamente, la religión asiria, como la de Mesopotamia, es la religión sin esperanza, sin vida en. eí más allá, preocupada únicamente del bienestar terreno. Los demonios o genios malignos son causa de todas las desdichas que pesan sobre el hombre. Mediante encantamientos o ritos mágicos, el sacerdote-médico habrá de aniquilar el poder maléfico de esos genios y hacer sacrificios a los dioses, a fin de que concedan de nuevo su protección al hombre que ha pecado, pero que se arrepiente.

Los ritos esrán consignados en numerosos tratados, que interpretaban los sacerdotes y los escribas, únicos capaces de descifrar los caracteres cuneiformes.

ALGUNOS MOMENTOS HISTÓRICOS DE ASIRIA:

Mientras Sargón fue rey de Asiria su principal preocupación fueron los israelitas y las amenazas que lo asechaban ciertos pueblos del norte y al este como los cimerios y escitas nómadas, que rivalizaban por tierras más húmedas y fértiles en las que apacentar sus rebaños, hasta que en 705 a. C, su ferocidad derrotó a Sargón, que cayó en la batalla.

Sargón Rey de Asiria

Su sucesor, Senaquerib, desplazó el punto de mira de los asirios al sur, hacia Babilonia, en el moderno Iraq, ciudad famosa por sus leyes, ciencia y astronomía. Repetidas veces fue capturada. Una y otra vez el pueblo se rebeló, hasta que por fin sucumbió y se convirtió en la capital asiria bajo el rey Assarhaddon, quien a continuación dirigió su mirada hacia el oeste, hacia el mayor de los premios: Egipto.

En 671 a. C, Assarhaddon atacó y saqueó aquella histórica tierra, e hizo del imperio asirio, que ahora se extendía desde Egipto hasta la India, el mayor que el mundo hubiera conocido. Sin embargo, su legado no duró demasiado y a la muerte de su hijo, el rey Asurbanipal, en 627 a. C, el imperio, agotado por las guerras, fue incapaz de resistir a los escitas y cimerios (Asurbanipal fue el monarca que construyó la famosa biblioteca con sus 20.000 tablillas cuneiformes y el palacio real de Nínive).

Con el declive del poder asirio, Babilonia volvió a ser independiente. En 612 a. C. sus ejércitos acabaron con los asirios y saquearon su capital en Nínive, y antes de atacar cerraron una alianza lo más sólida posible con los molestos escitas. Por desgracia para los judíos de Jerusalén, el auge de una potencia babilónica independiente no era una buena noticia. El estado babilónico creció en poder hasta alcanzar el cénit con el reinado del temible rey Nabucodonosor que gobernó entre 605-562 a. C..

Ver: Palacio y Biblioteca de Nínive

Fuente Consultada:
Civilizaciones de occidente Tomo A Jackson Spielvogel
Historia Universal Ilustrada de John Roberts Volumen I Los Asiris Edit. Debate
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher Lloyd
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I Los Asirios Edit. Ateneo
Atlas de Historia Universal y de Argentina Edit. Santillana
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX Tomo I Los Asirios

Biografía de Nabucodonosor Rey de Babilonia Cautiverio Judío

Biografía de Nabucodonosor Rey de Babilonia Cautiverio Judío

Nabucodonosor, rey de Babilonia (605-562 a.C.), perteneciente a la dinastía neobabilonia o caldea, que conquistó gran parte del suroeste de Asia Menor; conocido también como gran constructor en las principales ciudades del Imperio de Babilonia.

Hijo primogénito de Nabopolasar, Nabucodonosor mandó un ejército babilonio al final del reinado de su padre, quien fuera un destacado general caldeo que, tras la muerte de Asurbanipal, se había proclamado soberano de Elam, Mesopotamia, Siria y Palestina, fundando un Imperio neobabilonio que vino a ocupar el espacio del declinante Imperio asirio. Nabucodonosor fue el más prestigioso de los reyes del Imperio neobabilonio.

En guerra contra el reino de Judá, asedió y devastó Jerusalen y su Templo. Luego, embelleció Babilonia, convirtiéndola en una capital digna de su gloria.

Nabucodonosor

Nabucodonosor Rey de Babilonia

Nabucodonosor fue desmedidamente soberbio. Se dice que cierta vez hizo construir una colosal estatua de oro que representaba su persona y pretendió que fuese adorada. Llegó aun a ordenar que, quienquiera se negara a rendir honor a la estatua, fuera arrojado a un horno ardiente.

Mas su orgullo y crueldad recibieron su castigo. En sus últimos años cayó en grave estado de demencia. Murió en el año 561, después de 43 años de reinado.
Tuvo sucesores completamente ineptos. Veinte años después de su muerte el gran imperio babilónico fue definitivamente abatido por Ciro, rey de los persas.

BABILONIA: Uno de los pueblos más antiguos, entre los que al izaron un elevado grado de civilización, fue, sin duda, el de los acadios.

Quizás descendiendo del norte, a lo largo del río Eufrates, estos pueblos semitas se instalaron antes del año 2700 a. C. en el Akkad, parte media de la Mesopotamia.

En tiempos del rey Sargón «el antiguo», los acadios sometieron a las ciudades sumerias y fundaron un reino que abarcaba Siria y Mesopotamia.

A mediados del siglo XIX los amorritas fundaron el primer imperio babilónico, restableciendo el dominio semítico.

Este imperio perduró hasta casi el año 1600 en que fue destruido por los hititas. Posteriormente los asirios, que habitaban en el alto valle del Tigris, consiguieron apoderarse de toda la Mesopotamia.

La ciudad de Babilonia, que intentó resistir, fue destruida y abandonada al saqueo en los años 689 y 648.

No obstante, la crueldad inaudita de los asirios promovió una nueva rebelión de los pueblos sometidos y en el año 612, Nabopolasar, gobernador de Babilonia, logró destruir la capital de los asirios con ayuda de los medos.

Abatido el poder de los asirios, resurgió el imperio babilónico. A la muerte del rey Nabopolasar, en el año 604, le sucedió su hijo Nabucodonosor.

LA HISTORIA: Nabopolasar, primer rey del Imperio neobabilonio, originario de Caldea, en el sur de Mesopotamia, aprovechó los disturbios en ocasión de la sucesión de Assurbanipal para apoderarse de Babilonia en 626 a.C. y destruir poco a poco el Imperio asirio.

En su planes para recuperar las antiguas posesiones asirias de Siria y Palestina, se enfrentó con las ambiciones del faraón Necao.

El encargado de esta campaña, fue su hijo Nabucodonosor quien  aplastó el ejército egipcio en 605 a.C, en Karkemis, localidad que dominaba la ruta a Palestina y Egipto.

Por esta victoria brillante, Siria y gran parte de Palestina quedaron automáticamente bajo la supremacía de Babilonia, puesto que Necao, que se había refugiado apresuradamente en el interior de sus fronteras, no saldría nunca más de ellas.

Cuando se enteró de la muerte de su padre y de su ascensión al trono de Babilonia, el joven Nabucodonosor se hallaba empeñado en una difícil guerra contra los egipcios, que habían avanzado hasta Siria.

Vuelto a Babilonia para asumir el poder supremo, declaró con precisión sus propósitos:  devolver al imperio babilónico la extensión y el poderío de otrora.

Organizado el ejército en corto tiempo, comenzó a ejecutar su vasto plan de conquistas. De nuevo se lanzó contra los egipcios. En pocos meses toda Siria caía en su poder.

Puesto fuera de combate el enemigo más temible, sólo quedaba dirigir las armas contra los otros pueblos menos poderosos.

Decidió entonces ocupar el reino de Judea, en Palestina. En el año 596 llegó a Judea con un poderoso ejército, tomó a Jerusalén e hizo prisionero al rey Joaquín.

El rey hebreo, los príncipes, los guerreros y todos los hombres aptos para trabajos pesados fueron enviados cautivos a Babilonia.

Los hebreos que permanecieron en su patria no se resignaron a la dominación babilónica: concertaron una alianza con los egipcios y trataron de reconquistar la libertad.

Nabucodonosor, prevenido, tomó por asalto a Jerusalén,  y finalmente, después de dieciocho meses de sitio, Jerusalén se rindió, asolada por la hambruna y las epidemias.

Sedéelas logró huir, pero fue capturado cerca de Jericó y sufrió un castigo terrible: Nabucodonosor hizo que degollaran ante él a sus hijos, luego mandó que le arrancaran los ojos y lo envió encadenado a Babilonia, donde murió. Con él se extinguió el último rey de la dinastía de David. Jerusalén fue saqueada e incendiada y su población deportada.

El año 586 señaló para el pueblo hebreo el comienzo del «cautiverio babilónico».

Jeremías, el gran profeta hebreo, describe en la Biblia la destrucción de Jerusalén y dice:

«Vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él mismo Con todo su ejército contra Jerusalén; pusiéronle sitio y levantaron terraplenes alrededor de ella… Se apoderó el hambre del pueblo, que no tenía con qué alimentarse, y se abrió brecha en la ciudad … Abrasaron el Templo del Señor y el palacio del rey y todas las casas de Jerusalén … Y arrasaron los muros que rodean la ciudad.»

Las conquistas del rey de Babilonia prosiguieron sin tregua, extendiéndose a Fenicia y parte de Arabia.

En casi treinta años de luchas continuas Nabucodonosor llevó a término su gran programa. Renacía así, después de diez siglos, el gran imperio babilónico, y Nabucodonosor pudo considerarse el más poderoso soberano de Oriente.

No fue éste menos famoso por las numerosas obras de paz realizadas después de dar por finiquitadas sus empresas militares.

A pesar de que Nabucodonosor había ocupado Jerusalén y deportado a muchos judíos a Babilonia, el rey Joaquín de Judá se rebeló en connivencia con los egipcios en el 597; tras recuperar Jerusalén, Nabucodonosor les castigó con una segunda deportación a Babilonia.

Puso entonces en el Trono de Judá a Sedecías, que también le traicionó, rebelándose de nuevo en alianza con Tiro y Egipto (586). Tras un año y medio de asedio, Nabucodonosor tomó Jerusalén por tercera vez, mandó destruir la ciudad y el templo (clave de la identidad del pueblo judío) y envió un tercer contingente de judíos deportados a Babilonia; este «cautiverio babilónico»

Transformó a Babilonia en la más hermosa y rica ciudad del Oriente. Hizo construir templos maravillosos, ornados con estatuas de oro, grandiosos edificios y un palacio real fabuloso.

Célebres fueron en el mundo entero los «jardines colgantes» de Babilonia, considerados como una de las siete maravillas del mundo. Estos jardines eran altas terrazas cubiertas de palmeras y plantas raras.

Nabucodonosor acumuló riquezas tan enormes en Babilonia que, para proteger la ciudad de posibles asaltos enemigos, cerró con una gran muralla la llanura del Eufrates.

Cuando ocupó el trono, la ciudad estaba ceñida por un doble cerco de muros. Además de perfeccionar estas fortificaciones, las extendió e hizo levantar una tercera muralla.

En las excavaciones ejecutadas el siglo pasado, en el sitio de emplazamiento de Babilonia, se hallaron muchas inscripciones sobre tabletas de arcilla.

En una de ellas, perteneciente a Nabucodonosor, se trasluce el orgullo que sentía por la obra de fortificación construida en torno a la ciudad.

Dice: «Para que ningún asaltante hostil se acerque a la muralla de Babilonia, hice lo que ningún rey hizo antes que yo; quise que la ciudad estuviera rodeada por otra fuerte muralla. Cavé el foso, construí el borde con asfalto y ladrillos, levanté la muralla en su borde exterior a gran altura, coloqué amplias puertas y batientes de madera con adornos de bronce.

Para humillar la faz del enemigo y que no osara sitiar la triple muralla la rodeé con poderosas corrientes semejantes a las olas del mar: superarlas sería como cruzar el mar y para no provocar inundaciones cavé fosos protegidos por terraplenes de barro cocido.»

leones de terraconta en babilonia

Leones de terracota esmaltada adornaban os veinte kilómetros de murallas que protegían Babilonia. La capital de Nabucodonosor era en aquel entonces la ciudad más poderosa de Oriente.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

626 Ascenso al trono de Nabopolasar en Babilonia.

614 Alianza de Nabopolasar y los medos.

612 Toma y destrucción de Nínive por los  medos y babilonios.

609 Muerte del faraón Samético I. Su hijo Necao destrona a Josías de Judá.

605 Victoria de Nabucodonosor sobre Necao  en Karkemis.

604 Muerte de Nabopolasar y advenimiento  de Nabucodonosor.

600 Ascenso al trono de Cambises I, rey  de los persas.

590 Sitio y toma de Jerusalén.

587 Caída de Jerusalén. Deportación de los judíos a Babilonia. Anexión  del reino de Judá.

573 Nabucodonosor se apodera de Tiro, luego de una década de sitio.

568 Ascenso al trono de Amasls en Egipto.

562  Muerte de Nabucodonosor. Advenimiento de Amel-Marduk.

559 Muerte de Cambises I. Ciro II deviene rey   de los persas.

556 Nabonides asume como último rey   de Babilonia.

Fuente Consultada:
HICIERON HISTORIA Biografías Editorial Larousse Tomo I Entrada: Nabucodonosor
Encilopedia Estudiantil Edit. CODEX Tomo III Historia de Babilonia
Todo Dobre Nuestro Mundo Christopher Loyd

El Planeamiento Urbano Las Grandes Ciudades Ordenamiento

El Planeamiento Urbano Para El Ordenamiento de las Grandes Ciudades

EL PROBLEMA URBANO: En nuestro tiempo, ciudad y vida urbana son dos términos interdependientes: por un lado expresan el triunfo del hombre sobre la Naturaleza en su constante lucha por el dominio de ésta, y, por el otro, paradójicamente, el modo de vida propio de las urbes modernas ha ido divorciando al hombre en forma creciente de su necesaria relación de disfrute de la Naturaleza.

El sol, al aire puro, una playa, el verde de los campos, comienzan a transformarse en ansiados deleites que, nunca, el esperado fin de semana logra satisfacer, menos aún cuando esta búsqueda significa una verdadera competencia con muchedumbres y caravanas interminables.

Las condiciones actuales de la vida ciudadana, tanto en los aspectos físicos como de higiene y salubridad, conducen al planteo del problema urbano en su conjunto. La formulación de Le Corbusier -«La ciudad que dispone de la velocidad dispone de éxito»- resulta hoy de un acentuado simplismo como para definir adecuadamente la complejidad de la vida en las ciudades.

arquitecto le cobusierSi bien la ciudad ha contribuido al incremento del número y la frecuencia de los contactos e intercambios entre individuos y grupos distintos en su seno, también ha servido para debilitar la profundidad de esas mismas relaciones, incluso a nivel de la propia familia.

Las ciudades continúan aumentando su caudal humano y, al mismo tiempo, prosiguen su crecimiento edilicio y de servicios. Hoy en día, el 70% de los estadounidenses, por ejemplo, se concentra en grandes centros urbanos, y la mitad délas mayores ciudades del globo pertenecen a los países en vías de desarrollo.

De continuar, pues, el actual ritmo de urbanización, la mayoría de la población mundial estará concentrada para fines del siglo XX en ciudades de más de 100.000 habitantes. Este panorama contrasta con la tranquila vida pueblerina o rural y señala la acumulación de oportunidades sociales, económicas y culturales.

El surgimiento de las urbes reconoce sus antecedentes más lejanos en las villas que hacia fines de la Edad Media comienzan a agrupar en su seno a comunidades autosuficientes en cuanto a bienes y servicios.

Sólo a partir de mediados del siglo XIX, con la modificación de la estructura de trabajo y de las técnicas productivas, cobra formas definitivas la ciudad contemporánea: este proceso se acompaño de cambios sustanciales en el modo y con ten ido de las relaciones de los habitantes de la ciudad y del campo.

Es la organización industrial, con asiento en las urbes, la que da lugar y sirve de sustento al drenaje de elementos humanos que emigran hacia las capitales nacionales y provinciales.

Algunos de los factores fundamentales en la consideración del problema urbano son el déficit habitacional, la relación de la vivienda con el ambiente todo y, también, las relaciones de las viviendas con sus servicios y las de las primeras entresí. Hasta el momento, las propuestas y experimentos llevados a la práctica no han bastado para resolver una cuestión que, en muchas partes de! mundo, tiene características endémicas y alarmantes, pues está íntimamente ligada con la densidad de población y el desarrollo económico-social de la nación como entidad.

Frente a este cúmulo y entrecruzamiento de problemas de raíces dispares surgió un movimiento inspirado en la racionalización del uso del suelo, como forma de terminar con la confusión del crecimiento urbano caótico y para reubicar el habitat del hombre en conjunción con la Naturaleza.

Uno de los principales impulsores fue el arquitecto y diseñador Le Corbusier (1887-1966), quien participó en. las tareas realizadas por los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna). Entre las primeras proposiciones figuraba la de construir viviendas miniaturizadas en a/tura que facilitaran la concentración urbana, evolucionando luego hacia la idea de entidades formalmente unitarias, donde cada habitación, con su equipamiento mínimo, no sería sino espacio vital donde desarrollar una parte de la vida cotidiana.

Así, una ciudad podía pensarse dentro de una concepción unificada y eso lo intentó Le Corbusier al proponer un modelo teórico para una ciudad de unos tres millones de habitantes.

PLANEAMIENTO URBANO: El planeamiento urbano consiste en el diseño de un modelo, por parte de las autoridades gubernamentales pertinentes, para la construcción de ciudades o pueblos, o para la adaptación de los ya existentes, de acuerdo con sus necesidades y funciones específicas.

Entre los años 3000 y 2000 a.C., en el valle del Indo, se preveían alcantarillas y desagües. Los romanos, mucho tiempo después, construyeron ciudades con un foro central y cerca de él, los baños públicos y edilicios; fueron, además, los maestros en la construcción de acueductos, los cuales perduran hasta hoy.

En la Edad Media, como las ciudades estaban amuralladas para defenderse de ataques enemigos, la población iba creciendo sin contar con agua potable ni cloacas, lo cual favorecía la proliferación de plagas y enfermedades.

Tras la Revolución Industrial, surgió el problema de la contaminación del aire a gran escala, si bien aumentaron las redes de suministro de agua, desagües y alcantarillados. Cuando se alejó a las fábricas de las zonas pobladas, fue mayor el uso del automóvil y de otros medios de transporte, lo que llevó a la construcción de nuevos caminos pavimentados.

El planeamiento urbano debe ser lo suficientemente flexible para poder adaptar a las ciudades al cambio de ideas y modos de vida. Pero, ¿se está cumpliendo actualmente con las normas mínimas del planeamiento urbano? En un mundo en el que nunca se había construido tanto, ¿nos encaminarnos, paradójicamente, hacia una “desurbanización” ocasionada por el crecimiento anárquico de las grandes aglomeraciones?

Unos 1.300 millones de personas viven actualmente en las ciudades del Tercer Mundo. Esta población urbana es superior a la de Europa, América del Norte y Japón reunidos, y es muy probable que en los próximos diez años aumente en unos 500 millones más. Mientras los gobiernos y organizaciones asistenciales estudian las estrategias adecuadas, la población de ciudades como Karachi y Bombay se incrementará anualmente en más de 300.000 habitantes, la de San Pablo en más de 400.000 y la de la zona metropolitana de la ciudad de México en más de 500.000. La población de decenas de centros urbanos pequeños experimentará también un rápido crecimiento.

Pese a las enormes diferencias entre las sociedades, las culturas y las economías, que las construyen y configuran, actualmente las ciudades se están pareciendo unas a otras, mucho más que en la época colonial en que fueron fundadas. Obviamente, los problemas urbanos merecen mayor atención.

Una de las razones del escaso éxito conseguido por las políticas gubernamentales en la gestión del crecimiento urbano y el mejoramiento de las condiciones de vida es que los gobiernos no comprenden cabalmente cómo funcionan las ciudades, cómo se ganan la vida las personas y los hogares de bajos recursos, cómo utilizan su tiempo los distintos grupos sociales y qué papel pueden desempeñar las organizaciones familiares y comunitarias. No se salvarán vidas humanas ni mejorarán las condiciones sanitarias si la mayor parte de los fondos públicos se dedican a burocracias en plena expansión, dejando a los hospitales y los dispensarios sin los equipos y suministros básicos.

El suministro de agua potable, saneamiento, alcantarillado y la recolección de residuos, la pavimentación de las calles, los sistemas de atención médica y otros servicios de primera necesidad podrían facilitarse eficazmente y a bajo costo si se aprovecharan los recursos locales, y si las autoridades municipales trabajasen en conjunto con los grupos de bajos ingresos y sus organizaciones comunitarias. El encauzamiento de mayores recursos para la satisfacción de las necesidades de los grupos más desfavorecidos no significa necesariamente desviar hacia los núcleos urbanos fondos destinados a las zonas rurales, sino más bien aprovechar mejor los recursos existentes.

Fuentes: “La ciudad desbordada” por Wolf Tochtermann; “Los sin techo”, por Jorge E. Hardoy y David Satterthwaite, UNESCO, 1991. 

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Historia de Babilonia Reinado de Hammurabi y Caida de la Ciudad

Historia de Babilonia – Hammurabi

Hace más de 4000 años, unos nómadas semitas llegaron a la ciudad de Babilonia. La legendaria ciudad era entonces sólo una villa sometida a las guerras entre los reinos de Mesopotamia. Los nuevos pobladores la convirtieron en el mayor imperio que había conocido la humanidad.

El Imperio babilónico fue consolidado por Hammurabi, el gobernante más conocido de la historia de Mesopotamia. En el año 1792 a.C, llegó al trono de Babilonia, que sus antepasados semitas habían transformado en un reino que envidiaban los demás pueblos de la región.

Conquistó luego Uruk, Larsa, Eshnunna, Mari y, finalmente, la poderosa Asiria. A lo largo de su reinado, que duró cuarenta y dos años, se hizo dueño de toda Mesopotamia.

Las ocupaciones de Hammurabi: En tanto que conquistaba a sus vecinos, Hammurabi fortaleció su imperio y embelleció su capital. Construyó murallas, canales y caminos y edificó templos y palacios, supervisando él mismo muchas de las obras.

Entre
sus ocupaciones estaba también dictar la ley y dirigir el culto a Marduk, el dios de los babilonios. Hacia el final de su vida dictó a sus escribas un código de 282 leyes, conocido como Código de Hammurabi, el documento legal más antiguo de la historia.
Imperio milenario

Los sucesores de Hammurabi extendieron las fronteras de Babilonia desde el golfo Pérsico hasta las costas del Asia Menor. Y la influencia política y cultural de su imperio se prolongó durante más de mil años, hasta que en el siglo VI a.C, los persas de Ciro el Grande conquistaron la mítica ciudad.

Veamos La Historia de Babilonia

En 2004 a. C., el colapso de Ur marcó el inicio de una nueva era, conocida como la Antigua Babilonia

En los 400 años que siguieron, una serie de dinastías rivales que gobernaban las ciudades de la región, Babilonia, Asur, Man, Larsa e Isin, se enfrentaron por el control de toda Mesopotamia.

Todas ellas descendían de los amorreos, tribus semíticas que se habían establecido en Mesopotamia durante el III milenio a. C.

Los dos reinados amorreos más importantes fueron Babilonia y Asiria.

Asiria alcanzó el poder bajo Shamshi-Adad I (1813-1781 a. C.), quien, estrechando los lazos comerciales con el norte de Anatolia, creó el estado más poderoso de Mesopotamia.

Con el declive paulatino de Asiria, la ciudad de Babilonia, al sur, empezó a pujar bajo Hammurabi (1792-1750 a. C.), un gobernante erudito célebre por sus códigos legales, compendios de leyes en los que aborda temas tan diversos como los precios fijos de los productos agrícolas y los castigos de los distintos delitos.

Uno de esos castigos era la prueba del río, en la cual el acusado debía bucear una distancia determinada; silo lograba, era señal de vindicación.

Bajo el reinado de Hammurabi se introdujeron nuevas formas de ciencia, como la astronomía y las matemáticas, y también de aprendizaje.

Entre las primeras figuraba un sistema de numeración basado en grupos de sesenta, el cual constituye la base de nuestra actual hora de 60 minutos y del círculo de 360 grados.

La división de Mesopotamia en Asiria al norte y Babilonia al sur no fue permanente.

La sociedad babilónica fue asimilada gradualmente en la asiria, más rica, si bien siguió predominando la sofisticada cultura babilónica.

En 1595 a. C., este primer periodo babilónico tocó a su fin cuando la ciudad fue invadida por los hititas, un poderoso pueblo surgido de Anatolia.

Los hititas:Los hititas indoeuropeos procedían de Hattusa, en la Anatolia central, una región montañosa de clima riguroso. Pueblo belicoso, los hititas habían ido construyendo un reino que dominaba todo el norte de la región mediterránea e incluso amenazaban con invadir Egipto.

Babilonia fue la ciudad más grande de la época antigua y la más fastuosa. Maravillaban al mundo sus célebres jardines colgantes y la belleza legendaria de su reina Semíramis.

También es conocida por la maldición que los hebreos, en su cautiverio doloroso a manos de los asirios, lanzaron a esta capital del orbe: “Babilonia será un montón de ruinas, una guarida de chacales, un motivo de desolación y burla, jamás tendrá habitantes”.

Sepultada durante siglos, se sabía bastante sobre el magnifico imperio asirio y la gran Babilonia gracias a Herodoto, al Génesis y a las antiguas tablillas halladas en excavaciones.

Se conocían los nombres de sus reyes más importantes: Nabucodonosor, Hammurabi y Semirarnis.

Durante diez largos siglos, Babilonia dominó Medio Oriente, para ser luego arrasada por los invasores persas. Desde entonces, el polvo la cubrió y la maldición hebrea pareció cumplirse.

Jardines Colgantes de Babilonia - Siete Maravillas del Mundo Antiguo
Jardines Colgantes de Babilonia – Siete Maravillas del Mundo Antiguo

En el actual Irak, no muy lejos de Bagdad, el arqueólogo alemán Robert Koldewey (1855-1925) halló esta ciudad tras una ardua excavación.

En los albores del siglo XX, la región era asolada por los enfrentamientos entre tribus rivales y Koldewey trabajó en medio de tiroteos y escaramuzas.

Le tomó quince años descubrir por completo las ruinas de la increíble ciudad.

Había curiosas construcciones en arco, en las cuales algunos quieren ver los restos de los legendarios jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo. La enorme puerta de la diosa Ishtar, flanqueada por colosales torres, abría la ruta procesional dedicada al dios Marduck.

NEOBABILONIA: esta etapa fue un período de la historia que se inició en el año 626 a.C. y terminó en el 539 a.C..​ Durante los tres siglos anteriores, el Imperio babilónico había sido gobernado por sus vecinos del norte, los asirios.

Poco después de la muerte de Asurbanipal, (rey asirio), en el 627 a.C., el imperio asirio entró en una serie de guerras civiles brutales. Babilonia se rebeló durante el reinado de Nabopolasar, y en alianza con medos, persas, escitas y cimerios, saquearon la ciudad de Nínive en el 612 a.C.. Por primera vez desde la muerte de Hammurabi, a mediados del siglo XVIII a.C., la sede del imperio se trasladó a la ciudad de Babilonia. Este período fue testigo de una mejora general en la vida económica y la producción agrícola, seguido de un gran florecimiento de proyectos arquitectónicos, de las artes y de las ciencias.

Este período finalizó con el reinado de Nabonido, en el 539 año a.C.. En pleno apogeo de la nación persa, Ciro II el Grande conquistó el imperio, poniendo fin a 80 años de historia.

EL REINO DE HAMMURABI

Como dijimos antes, hasta aproximadamente el 1800 a.C., la situación política en la Mesopotamia continuó caracterizándose por el predominio sucesivo de una ciudad sobre otra.

Una nueva unificación de toda la región, en torno a la ciudad de Babilonia, ocurrió hacia el 1763 a.C. bajo el reinado de Hammurabi.

Su gobierno, aunque duró poco tiempo, tuvo una importancia extraordinaria. Hammurabi formó un reino y lo consolidó en diferentes aspectos:

• en lo militar, luego de innumerables conquistas fortaleció su posición frente a los pueblos vecinos;

• en lo político, centralizó el poder en la capital del nuevo reino: Babilonia; y el acadio fue la lengua oficial;

• en lo religioso, impuso a Marduk como dios único de toda la Mesopotamia;

• en lo económico, dispuso que la propiedad de las tierras fuera repartida entre el Estado, los templos y los particulares. Reglamenté el uso que se les daría a estas tierras y estableció, incluso, quitárselas a quienes no las hicieran producir como correspondía.

• en lo social se dividió en diferentes grupos: los awilum eran los hombres libres; los mushkenum eran los que estaban al servicio del palacio; y los wardum, los esclavos.

Todos estos grupos estaban obligados a prestar su fuerza de trabajo para las obras públicas que dirigía el rey: la construcción de templos y murallas y los sistemas de riego. Los esclavos podían dejar de serlo: si lograban juntar algunos bienes, podían comprar su libertad.

Estado y leyes: el Código de Hammurabi El Estado era el responsable de organizar y coordinar la producción económica y la vida en las ciudades. Estaba formado por un conjunto de instituciones: el ejército, funcionarios, guardias de seguridad interna. Era dirigido por el rey, quien para hacer cumplir sus disposiciones redactó leyes en forma de códigos y reglamentos. (ver la historia del derecho)

El Código de Hamurabi, dictado dos mil años antes de Cristo, consagró la aplicación de la Ley del Talión, atenuada más tarde por los israelitas y los musulmanes. En Occidente, Grecia y Roma entregaron los fundamentos del Derecho Moderno, cuyas disposiciones se remontan hasta un espacio sideral.

La primera vez que apareció en la Mesopotamia un Estado cumpliendo todas estas funciones fue en los tiempos de Hammurabi.

Si bien con anterioridad, con los sumerios y acadios, hubo otros intentos de centralización estatal, ninguno logró organizar un Estado unificado como el de Babilonia.

Éste tuvo una misma política en lo económico, en lo religioso y, sobre todo, en lo jurídico. Este último aspecto sin duda fue el más relevante.

Hammurabi no elaboró un cuerpo de leyes completo pero el Código por él sancionado fue muy importante: unificó la legislación existente y logró, a partir de sus conquistas, que se cumplieran las mismas leyes en amplios territorios.

El Código de Hammurabi está organizado con un prólogo, un epílogo y contiene 280 artículos. Trata de temas tales como robos, saqueos, homicidios, lesiones corporales, raptos, problemas comerciales y esclavitud. El código de Hammurabi le reconocía a la mujer los mismos derechos que al hombre y aceptaba el divorcio.

Hammurabi decía que el código debía servir para «disciplinar a los malos y evitar que el fuerte oprima al débil».

A pesar de ser una recopilación de leyes ya existentes en la Mesopotamia, el Código aporta nuevos elementos.

Nueva es la dureza de los castigos impuestos, nueva la frecuencia en la aplicación de la pena de muerte o de las mutilaciones de miembros, y nueva es también la ley del talión (“si un hombre libre ha roto un hueso a otro hombre libre, se le romperá su hueso”).

La Ciencia: Una de las formas que tenían los sacerdotes de adivinar la voluntad de los dioses era observar las estrellas. Este estudio de los astros los llevó a desarrollar la Astronomía. Así, pudieron dividir el año en doce meses y dividir los meses en semanas de siete días.

Para los babilonios los días se dividían en doce partes de dos horas cada una. La astronomía y su necesidad de realizar complejos cálculos, los llevó a desarrollar las matemáticas. Su sistema numérico era sexagesimal, o sea que se basaban en el número 60 y no en el 10. También desarrollaron la medicina y fueron pioneros en la invención de remedios.

zigurat sumerio
Construyeron templos escalonados llamados Zigurat.
No eran tan altos como las pirámides pero llegaban a medir unos 70 metros.
El zigurat era el templo y, por lo tanto el centro de la vida política, social, cultural y comercial de Babilonia.

CUENTAS Y MEDIDAS: Los babilonios tenían una numeración sexagesimal, basada en sesentenas. De ellos nos viene que la hora tenga 60 minutos. Dividieron la circunferencia en 360° y el año en 360 días.

El sistema monetario también era sexagesimal: el peso en plata de 180 gramos de cebada era un «lot»; 60 lot formaban una «mina»; y 60 minas integraban la unidad «biltu». La unidad de superficie era el «vergel» (determinado por la cantidad de granos de cebada que se necesitaban para sembrarlo), y se dividía en sexagésimos.

UN INGENIOSO «CONTADOR»: Veamos ahora cómo se las arreglaban los babilonios para hacer las cuentas. Por el hecho de ser tan comerciantes, continuamente obligados a manejar números, se vieron en la necesidad de idear un ábaco o instrumento de cálculo rápido.

El ábaco babilonio consistía en tres o más surcos o canaletas en las que colocaban piedrecitas redondas alineadas.

Las piedrecitas de la primera canaleta de la derecha tenían valor de unidad: las de la segunda eran decenas, y las de la tercera eran centenas.

Exactamente como las cifras de nuestros números. Y he aquí cómo hacían una suma:

contador de los sumeirossuma sumeriaabaco sumerio
Supongamos que tenemos que calcular 429 + 253. Comencemos representando el primer sumando: 9 piedrecitas en el surco de las unidades, 2 en el de las decenas y 4 en el de las centenas.
En el mismo ábaco agregamos ahora el segundo sumando: 3 piedrecitas en el surco de las unidades, 5 en el de las decenas y 2 en el de las centenas.
La adición esta ya terminada; pero en la canaleta de las unidades hay más de 10 piedrecitas. Entonces quitamos 10 de alias y agregamos una en el surco de las decenas. Ahora podemos leer el resultado: 6 centenas, 8 decenas y 2 unidades: 682.

La caída de Babilonia

Tras la muerte de Nabucodonosor, el poder de Babilonia declinó rápidamente. El último rey, Nabonides (556-539 aC), vivió en el desierto mientras su hijo Baltasar reinaba como regente. En un banquete celebrado en uno de los grandes palacios de Babilonia, Baltasar se atrevió a usar las copas de oro y plata cogidas en el templo de Jerusalén.

De pronto apareció una mano que trazó en la pared unas palabras misteriosas que nadie supo interpretar, hasta que llamado el profeta Daniel, éste leyó el escrito: Mané, Tekel, Peres («contado, pesado y dividido»), una advertencia de que Baltasar estaba a punto de perder su reino. Y efectivamente, en el 539 aC Ciro el Grande conquistó la ciudad y Babilonia quedó incorporada al Imperio persa.

Ciro y sus sucesores inmediatos se ocuparon del mantenimiento de los edificios religiosos de Babilonia, pero los reyes posteriores descuidaron esta tarea. Peores aún que la destrucción parcial en el 482 aC, como represalia de Jerjes, fueron las décadas de abandono: poco a poco, los edificios se fueron desmoronando.

Cuando Alejandro Magno pensó hacer de Babilonia su capital (hacia el 323 aC), era ya imposible, incluso para él, reconstruir el zigurat. Y cuando Septimio Severo, emperador de Roma entre el 193 y el 211 dC, acudió a visitar la fabulosa ciudad, la encontró desierta.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

HÁBIL ADMINISTRADOR y guerrero ambicioso, el rey Hammurabi (h. 1792-50 a.C.) fue el primer monarca de Mesopotamia. Hizo de Babilonia la ciudad más poderosa del s. XVIII a.C. Su logro más famoso fue la recopilación de 282 leyes, conocida como Código de Hammurabi. Está grabado en una piedra negra y decorado con un retrato del rey de pie ante Shamash, el dios mesopotámico de la justicia.

LA LEY BABILÓNICA Nadie conocía el valor exacto de las leyes hasta que el código fue, probablemente, expuesto en la plaza pública, de tal modo que todos los pobladores podían consultarlo. Algunas leyes eran originales de Hammurabi, mientras otras arraigaban en normas muy antiguas. Las leyes trataban de la vida cotidiana: negocios, familia, administración de la tierra. El código legislaba también sobre delitos, como el fraude, el homicidio y el divorcio, sobre la adopción y la dote. Otros temas tratados eran la esclavitud y la tala de palmeras.

CRIMEN Y CASTIGO
Cada una de las leyes de Hammurabi es muy clara. Todo crimen tiene un castigo apropiado. El principio básico es la «ley del Tallón’9: «Ojo por ojo y diente por diente.» Por ejemplo: «Al hombre que pega a su padre, le será cortada la mano».

Fuente Consultada: Lugares Misteriosos – Historia II La Antigüedad y La Sociedad Feudal – Atlas de Historia del Mundo