Formación del Imperio Asirio Conquistas y Poder Militar



LOS ASIRIOS: CONQUISTAS Y CREACIÓN DE SU IMPERIO

Asiria, fue un muy antiguo país de Asia, que abarcaba hacia el sur desde casi la frontera norte del actual Irak y ocupaba el valle del río Tigris y uno de sus afluentes más importantes, el Zab, formando una zona con forma similar a un triángulo invertido. Los asirios de raza semita, mezclados con otros pueblos, se habían establecido al norte de Mesopotamia, en el alto valle del Tigris. Hacia 1800 a. C. se funda su primer Imperio, pero sus ambiciones son frenadas por la Babilonia de Hammurabi, por los hititas y por los mitanni.

EVOLUCIÓN DEL PUEBLO: Desde el 1200 hasta el 950 a.C, el país conoció una serie de invasiones, y, en la lucha por la supervivencia, se transformó en una nación armada, que usa métodos feroces para intimidar a sus adversarios.

La desaparición de los hititas, la decadencia egipcia y la ruina de Babilonia permiten la expansión de los asirios. Las guerras defensivas se transforman en guerras de conquista, seguidas de la sistemática sumisión de los pueblos vencidos: Ashur-Nasirpal II, Salmanasar III, Tiglat-Pileser III, Sargón II, fundan, del 850 hasta el 705 a. C, un formidable Imperio, que se extiende desde el Golfo Pérsico al Mediterráneo y al Asia Menor.

En todas partes hay guarniciones que vigilan a los vencidos; en caso de rebelión se suceden matanzas y deportaciones. El arte de la guerra alcanza una perfección jamás inigualada. Pero una movilización permanente agota los recursos nacionales y el odio va rodeando a los conquistadores, que se extienden cada vez más.

Senaquerib destruye Babilonia (689 a. C.), Asarhadon invade Egipto (671 a.C), Asurbanipal aniquila Tebas, que no volverá a resurgir. Aterrorizado, todo el Oriente espera la venganza que los profetas de Israel han anunciado. Esta se prepara al Este, entre los medos, instalados en la altiplanicie del Irán tras las migraciones indoeuropeas.

En la capital, Nínive, Asurbanipal (el Sardanápalo de la leyenda), rodeado de libros, consulta con inquietud a sus adivinos y envía a través de su Imperio órdenes que superan cualquier crueldad conocida. Hace arrojar al estiércol los huesos del rey de Elam, para privarlo del reposo eterno. Pero todo es en vano: veinte años después de su muerte, Nínive no existirá va.

LOS INICIOS DEL IMPERIO
La Formación de una Potencia Militar

Durante la tercera dinastía de Ur (hacia el año 2000 a. de J. C), el pueblo de Sumer, en plena expansión, había conquistado la suprenacía militar y política, y dominaba Meso-potamia. Pero al norte del imperio sumerio, no lejos de la actual Armenia, sobre territorios fértiles bañados por numerosas corrientes de agua, se había instalado otro pueblo, formado en parte por tribus semitas.

Situados entre, los dos ríos, y beneficiados con un abundante régimen de lluvias, estos territorios gozaban de un clima relativamente’ benigno, propicio para atraer y retener a las tribus errantes. Así, pues, desde el primer momento, las tribus asirías se asentaron en esa región, lugar de paso obligado y centro estratégico de primera importancia, que iba a ser ásperamente disputado en el curso de los tiempos.

LOS SIGLOS OSCUROS:
Asiría se convierte en una potencia militar: Los principios de la historia asiría resultan oscuros; es de suponer que, durante mucho tiempo, las tribus hicieran vida seminómada, errantes con sus rebaños. Ante los ataques de otros nómadas de las estepas del este, se unieron entre ellas, construyendo burgos fortificados y santuarios, imponiéndose como rey el jefe de la ciudad-santuario más importante.



La ciudad se elevaba sobre la orilla derecha del Tigris, y recibió el nombre del dios que allí se veneraba, Asur (el benévolo). Como en todo el Oriente, el poder era, en su esencia, religioso, y el rey, representante de dios sobre la tierra, era, a la vez, legislador, gran sacerdote y jefe guerrero, encargado de castigar a los pueblos que no reconocían al divino señor. Desde el segundo milenio, las otras ciudades, sometidas a la autoridad del «vicario de Asur», se convirtieron en florecientes centros artesanales y comerciales.

De la lista de soberanos se destacan, en primer lugar, el nombre de Ilu-Suma (hacia 1830 a. C), que efectúa una incursión en Babilonia, y, sobre todo, el de Shamsi-Adad I, creador, según parece, del primer imperio asirio (hacia 1750 a.C). Este imperio contaba ya con una administración centralizada, mensajeros y un ejército regular, dotado de intendencia. Mas el poder de Babilonia se impondrá sobre Shamsi-Adad I, y sus sucesores serán los vasallos de la ciudad de Hammurabi.

A continuación de las invasiones kassitas viene un período de siglos oscuros: Asiría, arrasada en varias ocasiones, tiene que mezclarse con sus poderosos vecinos, los imperios hitita y mitanni; aprovecha los períodos de respiro para familiarizarse con las nuevas armas de hierro y los carros de combate, y multiplicar las incursiones a Babilonia. La decadencia de los hititas ofrece a Salmanasar I y Tukulti-Ninurta I brillantes oportunidades.

Aquél les expulsa hasta Karkemish, en tanto  que  to que Tukulti-Ninurta, después de derrotarles nuevamente, se vuelve contra Babilonia, apoderándose del dios Marduk. Hacia el año 1206 a. C., Babilonia se libera de la dominación asiría; una vez más, provocadas por emigraciones indoeuropeas, las invasiones hacen tambalear el precario equilibrio de Oriente.

Los «Pueblos de la Mar» destruyen el imperio hitita y se abalanzan hacia el sur, siendo detenidos en las fronteras de Egipto por Ramsés II (1190 a. C). En plena tempestad, Asiría es atacada desde todas partes por los elamitas, los mushki, los árameos y los guti. Los asirios se defienden encarnizadamente y, durante esta lucha por la supervivencia, se transforman en feroces guerreros, que recurren al terror para detener a los asaltantes.

Hacia 1130 a.C. , Asur-Rish-Ishi resulta vencedor en Babilonia. Y, hacia 1112 a. C, Tiglat-Pileser I revela al mundo el nuevo poder militar asirio. Sus inscripciones hablan de los cuarenta y dos pueblos sojuzgados, sometidos al pago de tributos. Aniquila a los árameos, se apodera de las últimas fortalezas hititas, guerrea en el Kurdestán y Armenia, penetra hasta el Líbano para procurarse madera con que concluir la construcción de Asur.

El rey repite incansablemente sus sangrientas letanías: «Cubrí de ruinas los territorios… sembré el suelo de cadáveres, como si fueran fieras salvajes. Entregué las ciudades a las llamas; destruí; amontoné ruinas y escombros». Pero, al mismo tiempo, elabora un código de leyes y adopta el calendario babilónico. Por lo demás, el terror asirio no impedirá que, hacia el año 1050 a.C., el país sea completamente destruido por nuevas invasiones de árameos y guti. Mas de sus ruinas surgirá esta vez un imperio duradero.

COMIENZOS DIFÍCILES
Pero tendrán que transcurrir, aproximadamente, tres siglos para que este imperio se constituya. La desaparición de los hititas ha dejado un vacío y, debido a su decadencia interior (tercer período intermedio), Egipto no puede intervenir en Asia.

Ya no hay, pues, potencia dominante. Los asirios, aunque terribles combatientes, se muestran prudentes todavía. Desde el año 932 al 884 a.C, soberanos como Ashur-Dan II o Tukulti-Ninurta II, se liberan de los peligros exteriores y saquean a sus vecinos, imponen tributos, doblan sus territorios. Ashur-Nasirpal II (883-859 a. C.)  obliga al pago de tributos a las zonas fronterizas, pero se atreve a atacar a los países importantes: Babilonia, Urartu (Armenia) o Aram (Siria ¿el Norte). Refuerza su ejército, acumula un tesoro, construye plazas fuertes.

Su hijo, Salmanasar III, se envalentona y realiza incursiones a Urartu, intentando, sobre todo, extenderse hacia Siria. Pero el reino de Aram, Israel. Judá y las ciudades fenicias resisten y, finalmente, le vencen (batalla de Karkar, ¡53 a. de J. C).



Durante medio siglo, Asiría recupera fuerzas. Su nobleza sigue siendo turbulenta; el poder real no es absoluto. Como el misterioso Urartu, que parece inspirarse en el ejemplo hítita y servirá de modelo a medos y persas, Aram y Babilonia son temibles.

Crisis de sucesión, revueltas y guerras civiles paralizan el desarrollo de Asiría. Finalmente, la influencia religiosa de Babilonia triunfa definitivamente, gracias quizá a la reina Semíramis, tan mal conocida. Con la llegada de Tiglat-Pileser III (746-727 a.C.) la transformación se hace decisiva: la alta nobleza es eliminada, los gobernadores de provincias reducidos a la obediente y el ejército reorganizado.

Este ejército esta ya permanentemente dotado de una potente caballería de choque, de una infantería y de un cuerpo de ingenieros especializado. A partir de ahora, las incursiones de saqueo y exterminación van a ser sustituidas por las conquistas prolongadas, por las deportaciones sistemáticas, dentro del marco de una política imperial coherente.

EL IMPERIO DEL TERROR: TigLat-Pileser III castiga a los árameos, ocurpa la Siria del Norte y el valle del Orontes (740a. C), guerrea contra Urartu y los medos. Los éxitos obtenidos contra Aram e Israel le permiten anexionarse Damasco (730 a. C).

Finalmente, se vuelve contra Babilonia, a la que conquista en el año 729 a. C, haciéndose proclamar rey con el nombre de Pulu. Sus hijos, Salmanasar V y Sargón II, que destronará a su hermano, continúan la gran obra: Samaria, la capital del reino de Israel, es conquistada (721 a. C).

A pesar de la pérdida momentánea de Babilonia, Sargón II arrasa Media y el Urartu del rey Rusas I. Después, realiza conquistas en Anatolia y recupera Babilonia. Hacía el año 710 a. C, la fuerza de Asiría parece alcanzar su apogeo: el imperio se extiende desde el Golfo Pérsico a la Siria fenicia, de la frontera de Egipto al Zagros; está dividido en 70 provincias, centralizadas y vigiladas por cuerpos de ejército.

Del año 713 al 707 a. C, Sargón se construye una nueva capital, Dur-Saryukin (Khorsabad), de más de ocho kilómetros de perímetro, engalanada con templos y grandiosos palacios. Sargón II desaparece durante una guerra contra las tribus persas (705 a. de Jesucristo).

Cuando llega al trono su hijo Senaquerib, la situación política de Asiria está muy lejos de ser estable: los pueblos tributarios estáíi siempre al borde de la revuelta, y las deportaciones masivas, en vez de unificar el imperio, multiplican los focos de desorden y de rebelión. En el norte, el Urartu está amenazado por los cimerios y los escitas, que vendrán a acampar en las mismas fronteras de Asiria.

En el sur, Babilonia sigue siendo un foco de agitación y de intrigas antiasirias. La propia unidad del imperio es sólo aparente, y se mantiene, sobre todo, por el prestigio de los reyes. El mito religioso de la superioridad del dios Asur no tiene suficiente fuerza para mantener la cohesión entre poblaciones diferentes, reunidas en el interior de sus fronteras. El uso de la lengua aramea, que poco a poco se ha generalizado —convirtiéndose en la lingua franca de todo el Medio Oriente—, no puede contribuir a solidarizar entre sí a pueblos profundamente inestables, siempre dispuestos a rebelarse.

Con Senaquerib, no tardan en renovarse las guerras. Pero no guerras de conquista, a partir de ahora, Asiria va a intentar, sobre todo, conservar lo que ha adquirido. Babilonia, aliada a Elam, se rebela, así como el reino de Judá. Senaquerib sitia Jerusalén, pero una epidemia le obliga a retirarse.



Alentados por Elam, en Babilonia continúan los disturbios; el rey asirio hace construir una flota por los marinos fenicios y ataca a Elam. Pero en el año 690 a. C, el rey Huban-Imena, aliado de los persas, le rechaza en Halulé.

Senaquerib se vuelve contra Babilonia, arrasándola e inundándola. El templo de Marduk es saqueado. Senaquerib, que desea que Nínive «no tenga rival», puede entonces dedicarse al embellecimiento de la ciudad. La engalana con palacios, amplía las calles, construye plazas con árboles.

Asimismo, mejora la agricultura, construye canales de irrigación con esclusas, aclimata el algodón, planta vergeles. Deseoso de perfeccionar el arte y la industria, inventa una nueva manera de fundir las estatuas en bronce, dota a su ejército de flechas con puntas de hierro y condecora con brazaletes a los artesanos meritorios. Una revolución de palacio hace desaparecer a Senaquerib, probablemente asesinado por uno de sus hijos, con la complicidad de la reina Sakutu (681 a. C).

LA CONQUISTA DE EGIPTO:
Hijo de Senaquerib, Asarhadon, casado con una babilonia, asciende al trono después de una breve guerra civil. Su primera decisión es la de reconstruir el templo de Marduk, e instaurar una monarquía doble en Nínive y Babilonia. Pero el período de relativa estabilidad que se anuncia para Asiria, se ve amenazado  por  el  avance  de  los  cimerios  en Anatolia. La guerra comienza de nuevo en todos los frentes. En vista de que Siria, bajo la influencia egipcia, se rebela una y otra vez, Asarhadon decide lanzarse a la conquista de Egipto.

Después de haber sometido el reino de Sidón y obligado al pago de tribu-ros a los reyes de Judá, Chipre y Palestina, tras haberse aliado con los árameos y haber comprado la pasividad de los medos y de Urartu, ataca el delta del Nilo. En el año 671 a. de J. C, el general Sanabusu se apodera de la ciudad de Menfis y bate al faraón Taharka.

Enfermo, inquieto, Asarhadon, después de numerosas consultas a los oráculos, reparte el imperio, antes de morir, entre sus dos hijos. La situación es difícil: los cimerios amenazan, Anatolia está abandonada, y los medos, conducidos por el rey Fraortes, ocupan las alturas de los montes Zagros, aliándose a los escitas, pueblo emparentado con los cimerios que acaba de llegar del Cáucaso. Cuando, en el año 669 a. de J. G, muere Asarhadon, Asurbanipal (el Sardanápalo de la leyenda) es rey de Asiría, y su hermano, Shamash-ShumIkin, recibe el reino de Babilonia. El reparto se realiza en medio de rivalidades y de conspiraciones, que la anciana reina Sakutu ayuda a ahogar.

LOS HERMANOS ENEMIGOS: Egipto había aprovechado la crisis sucesoria para rebelarse, y los ejércitos de Asurbanipal irrzsan el país hasta Tebas, la ciudad santa, que es incendiada implacablemente. Pero la situación en las demás fronteras es incierta: los cimerios, que en Anatolia han destruido el reino de Frigia, atacan Lidia, cuyo rey Giges pide ayuda. A su vez, Elam se rebela.

La campaña de Egipto ha inmovilizado demasiadas fuerzas. En el momento en que éstas regresan, los egipcios, con Psamético, emprenden la tarea de reconquistar su independencia; hay que resistir en todos los frentes. Escaso de tropas, Asurbanipal lanza a los escitas contra los medos. Sólo aplaza el peligro; los persas se harán independientes y lograrán, al fin, la unidad en su beneficio. Su propio hermano se alza ahora contra él: en Babilonia, Shamash-Shum-Ikin, que no se resigna a una posición de segundo orden, se pone a la cabeza de una verdadera coalición con los babilonios, los árabes y los reyes de Elam.

A lo largo de tres años se desarrolla una guerra sin cuartel y, poco a poco, los asirios avanzan contra Babilonia. La ciudad es conquistada en el año 648 y Shamash-Shum-Ikin, conociendo la suerte que le espera, prefiere lanzarse a las llamas. Una parte de la población es asesinada.

FALTABA EL ELAM
Queda por castigar ese Elam que había apoyado a Babilonia. El propio Asurbanipal nos cuenta su campaña: «En una extensiá equivalente a un mes y veinticinco días d marcha, he arrasado los distritos de Elam. He esparcido allí la sal y plantado zarzas. Me he llevado a Asiria, como botín, a los hijo de los reyes, los hermanos de los reyes, lo miembros de la familia real, jóvenes y viejos los prefectos, los gobernadores, los caballero; los artesanos.

Me he llevado, también a los habitantes, hombres y mujeres, adultos y niños, caballos, muías, asnos, rebaños de ganado mayor y menor, más numerosos que una plaga de langosta. He traído a Asiría el polvo de Susa, de Madaktu, de Haltemas y de sus otras ciudades.En un mes he sometido a todo el Elam. He suprimido en el campo la voz del hombre, el paso de los rebaños, los gozosos gritos de alegría, y los he sustituido por onagras, gacelas y demás animales salvajes».

Después de su triunfo de Nínive, a donde marchan los reyes vencidos antes que sus cabezas sean colgadas en las almenas de las murallas, Asurbanipal puede creer que ha alcanzado la victoria definitiva. Pero los escitas y los medos no están lejos, Egipto ha recobrado la independencia, los cimerios invaden Lidia, y Giges muere en el combate; después de conquistar Sardes y Efeso, la ciudad griega, llegan hasta la costa de Asia Menor.

Al final de su vida, Asurbanipal parece desinteresarse por la guerra, dedicándose enteramente a la formación de una inmensa biblioteca. Así hace copiar todos los grandes textos sumerios y babilónicos. Gracias a él, los arqueólogos han podido encontrar estos textos, casi intactos, en las excavaciones de Nínive.

Para realizar un poco de ejercicio mata fieras en su parque, combate cuerpo a cuerpo con leones. ¿Cómo iba a sentir a su alrededor el odio de esos pueblos vencidos, sometidos a tributos y a atroces represiones, que sólo esperaban el momento propicio para vengarse? Un profeta de Israel, Sofonías, lo había anunciado: «El Eterno extenderá su mano hacia el norte y destruirá Asiria; hará de Nínive  un desierto.» Los medos y los babilonios iban a confirmar muy pronto la profecía.

asirios luchan con leones

La caza de leones era el deporte tradicional de los reyes de Asiria (figura grande: «Ashur-Nasirpal cazando el  león».  Kalah.  Siglo   IX  a.   de  J.   C.   Londres,Britisb   Museum).  

lucha con leones

Ojeados   por   servidores provistos de címbalos, los animales caían
bajo las flechas del rey, perfectamente resguardado en su carro. Pero, para mostrar su valor, el soberano
combatía con ellos también a pie. Cuando quería descansar de sus trabajos literarios, Asurbanipal («Asurbanipal
cazando  el león».  Detalle.  Siglo   VII a.  de J.  C. Londres, Britisb Museum) hacía soltar leones
en su parque, combatiéndolos cuerpo a cuerpo, armado de un puñal y de una jabalina.

LA ERA DE LAS DEPORTACIONES: Mantenido por el terror, el imperio asirio fue puesto en explotación por necesidades económicas. El ejército exigía numerosos recursos, pero la administración estaba muy bien creanizada: se construyeron canales y depósitos de agua, se creó una flota en el Golfo Pérsico, se emprendieron grandes obras. El rey podía distribuir así riquezas a sus señores feudales.

En numerosos países, los soberanos habían sido sustituidos por gobernadores. Cuando se habían sometido sin combatir eran conservados en calidad de vasallos. Tal era el caso de los reyes de Chipre. Fenicia estaba vigilada por el rey de Sidón, fiel aliada.

El prestigio de Babilonia hizo que Sargón le concediera un trato especial: él mismo se proclamó su rey. Como la capital del reino de Israel, Samaría, hubiera resistido, la ciudad fue destruída (722 a. C.) los habitantes que pudieron escapar la matanza fueron deportados y sustituidos por hititas o babilonios. Asimismo, en Kariemish, ciudad fortaleza que defendía el acceso al Eúfrates, la población, poco segura, fue deportada y sustituida en su totalidad por aarios de raza.

Los asirios tenían pasión por los bellos caballos. Los hurritas y los hititas fueron sus maestros en el arte de la crianza y de la doma.  De ahí  que frescos  y  bajorrelieve: representen muchas veces corceles vistosos y engalanados donde  pueden observarse  las trenzas que adornan las colas de los caballos que avanzan lentamente, sujetos por soldados. o galopan en las cacerías y las batallas.

LA RIQUEZA Y EL MIEDO: La religión de esos asirios, que parecen obsesos por los presagios y los oráculos, ¿no será quizá un reflejo de la angustia de los soberanos y dirigentes, cuya constante preocupación es la conservación de ese imperio detestado por los vencidos? Aparentemente, el edificio es sólido: vías de comunicación, fortalezas, gobernadores, guarniciones, burocracia centralizada, archivos impecables. Pero, por sus guerras continuas, los soberanos no han sido capaces de crear una barrera de estados aliados; al exterminar a las poblaciones montañesas del Zagros, abren el camino a los escitas y a los medos. Al deportar a las poblaciones, van dejando por todas partes focos hostiles, dispuestos a la revuelta.

Y la perpetua movilización de las fuerzas agota los países y el tesoro. Los tributos entregados por las poblaciones conquistadas, que servirán para levantar templos y para proveer de equipo técnico al país (trabajos de irrigación) y a los ejércitos, se conservarán en el palacio real.

En ciertas épocas, este tesoro real es considerable y consiste, sobre todo, en lingotes de oro y plata, en vasijas de cobre y armas de hierro. Fenicia suministra púrpura; el país hitita, oro, hierro y plata; el Líbano, madera de cedro; Siria, cobre, bueyes y corderos.

El impuesto con que el soberano asirio grava a los pueblos vencidos es pesado. Debido, sobre todo, a las necesidades militares, el rey explota los recursos al máximo. Los productos se trasladan por vía fluvial o marítima (el intenso tráfico de barcos dará lugar a un esbozo de código marítimo) o por medio de caravanas que franquean desiertos y montañas bajo escolta armada, uniendo entre sí ciudades y fortalezas.

Las ciudades, como Nínive, Kalah, Khorsabad, rodeadas de murallas, se construían en ladrillo. Sus templos y palacios han vuelto al polvo, conservándose únicarsente las estatuas y bajorrelieves de piedra. Todo el arte asirio se inspira en el de Persia, Siria, los hititas, Babilonia. Las estatuas son macizas. Bajo el reinado de Asurba-nipal los escultores de animales alcanzan en los bajorrelieves una gracia y un movimiento raramente igualado, que, desde luego, no existe en las efigies reales de convencionales rasgos, con sus barbas rizadas y sus cabellos lisos, en las que sólo el perfil semita y los labios gruesos ofrecen una nota realista.

La arquitectura refleja el poder. Al abrigo de sus murallas almenadas, aunque más geométricas, las ciudades fortificadas no debían ser muy diferentes de las medievales. Las puertas estaban guardas por torres que impedían a los atacantes acometer los muros.

En el interior, una ciudadela constituía el refugio supremo. Elevado sobre un terraplén, al que se llegaba por una rampa, el palacio de Sargón, en Khorsabad, semejaba una verdadera fortaleza, con sus patios rectangulares, a los que se abrían los almacenes, los depósitos de hierro en lingotes y las salas reales. El conjunto estaba coronado con un zigurat y en numerosas capillas se honraba a los dioses protectores de Asur. El pavimento del suelo era de adobe y los techos se construían en forma de terrazas de ladrillos sostenidas por vigas.

Cuando las ciudades resistían, los asirlos practicaban sistemáticamente la matanza de las poblaciones. Sargón, Senaquerih. Asarhadon, Asurbanipal se vanaglorian, en las inscripciones, de sus millares de víctimas.
Muchos prisioneros eran desollados vivos . Las cabezas de los generales vencidos  se  suspendían   en  las  puertas  de Nínive. Después de la rebelión del Elam, Asurbanipal hizo cortar en trozos el cuerpo de un
jefe elamita, distribuyendo éstos en el país a título de recuerdo. Los supervivientes
eran  reducidos  a  la  esclavitud.

deportacion de israelitas

La deportación  de los vencidos  «Deportación de la población». Nínive. (Siglo VII a.  C.   París,   Museo  del  Louvre) tenía por objeto romper las resistencias locales. La matanza y la deportación de los pueblos a las fronteras del imperio hicieron a éste más vulnerable a los asaltos de los medos
y  de  los  persas.   Nínive  se  derrumbó  en   medio de  los  gritos  de  odio  y  de  desquite.

LA GUERRA IMPLACABLE: En definitiva,   esta   construcción   precaria que  es  el  imperio, sólo se sostenía por el ejército. Constantemente, una especie de cuerpo de ingenieros militares lo ha venido manteniendo, renovándolo, dotándolo de los últimos perfeccionamientos técnicos. Sus efectivos son considerables: en efecto, parece que en Karkar, Salmanasar mandaba 100.000 hombres, cifra colosal para la época.

Se componía de los Hupsi, cuerpo reclutado entre la población, y, sobre todo, de soldados permanentes, mercenarios de todos los países, esclavos, prisioneros de guerra. Los cuadros de mandos son asirios,- así como las unidades selectas: carros, caballería, máquinas de guerra. Kalah es el gran arsenal.

En la infantería se encuentran los arqueros y los piqueros. En la caballería, arqueros acorazados y piqueros provistos del casco puntiagudo de la infantería. Los carros llevan cuatro hombres: conductor, arquero y dos portadores de escudos. Tirados por tres caballos, constituían el sistema de ataque favorito.

En cuanto a las máquinas, alcanzaron un grado tal de perfección en su forma y empleo que fueron imitadas en los siglos siguientes. Los arietes estaban montados sobre ruedas, y sus servidores protegidos por un caparazón de cuero. Las torres rodantes se aproximaban a las murallas, sobre las que hacían llover flechas y dardos encendidos; los zapadores atacaban la base de las murallas.

Para los vencidos no había piedad: eran quemados, empalados, desollados vivos. A los prisioneros llevados a Nínive se les sacaban los ojos, se les cortaban la nariz y las orejas. Así, en los triunfantes desfiles que tenían lugar después de las victorias, figuraban lamentables cohortes. Asarhadon nos dice, en una inscripción: «Para poner de manifiesto a todos los pueblos la gloria de Asur, colgué al cuello de sus nobles la cabeza cortada de los vencidos. Acompañado de cantores y músicos , avancé hacia la gran plaza de Nínive.»

Ver: Palacio y Biblioteca de Nínive

Fuente Consultada:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX Tomo I Los Asirios

Civilizaciones de occidente Tomo A Jackson Spielvogel
Historia Universal Ilustrada de John Roberts Volumen I Los Asiris Edit. Debate
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher Lloyd

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