Turismo en Argentina

Patrimonios de la Humanidad de Argentina

Patrimonios de la Humanidad de Argentina

patrimonios de argentina

LOS PATRIMONIOS DE ARGENTINA PARQUES NACIONALES

JUJUYCap.: San Salvador de JujuySuperficie:
53.219 Km²
Población:
611.888 Hab.
Densidad:
11,5 Hab/Km²

LA QUEBRADA DE HUMAHUACA:
CAMBIANTE Y ETERNA.
Flanqueada por el encadenamiento de la Cordillera Oriental y recorrida por el río Grande, desde la localidad de Tres Cruces, o sea, donde comienza la Puna jujeña, hasta las cercanías de San Salvador de Jujuy, se abre paso la quebrada de Humahuaca.

Por ella transitaron los súbditos del Inca; ese mismo camino siguieron los conquistadores provenientes del Alto Perú y, en los comienzos del siglo XIX, los ejércitos realistas, que intentaban inútilmente recuperar lo que ya pertenecía a un pueblo soberano. Allí mismo, este pueblo libró numerosos combates en defensa de su propio proyecto de futuro.

Hoy, la quebrada, y no sin razón, es recorrida por los turistas. Más allá de estos hechos humanos, la tenacidad del viento, el sol a plomo de los mediodías o las fuertes lluvias del verano se dieron cita en la quebrada, y vuelven a encontrarse puntualmente, para que el paisaje sea inconfundible, como inconfundibles son los pueblos que la jalonan -Humahuaca, Tumbaya, Maimará, Purmamarca…- y los seres que la habitan.

Por lo demás, aunque trillada por el paso de los hombres, o acaso por eso mismo, la quebrada trasunta eternidad. Al fin y al cabo, «Humahuaca» suele traducirse como «río sagrado», antiguo símbolo de lo que sólo cambia para seguir siendo lo mismo.

Quebrada  de Humahuaca

MISIONESCapital:
Posadas
Superficie.
29.801 Km²
Población:
965.522Hab.
Densidad:
32,4 Hab/Km²

LAS CATARATAS DEL IGUAZÚ:
EL MILAGRO DE LA REALIDAD.
El primer europeo que llegó a las cataratas del Iguazú fue Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en diciembre de 1541. Sin duda, lo milagroso del espectáculo reforzó su fe religiosa, hasta el punto de decidir que el nombre no podía ser otro que «Salto de Santa María». Sin embargo, terminó por imponerse el nombre ancestral, el que le habían dado los guaraníes: l-Guazú, es decir, «aguas grandes».

En definitiva, el mayor de los milagros es siempre la realidad misma: un semicírculo de 2.700 metros, con 275 saltos de agua, que se precipitan desde alturas que oscilan entre 40 y 80 metros, formando nubes de vapor, tiñendo el aire con arcos iris y atronando el ámbito con un rumor sordo y constante. Hoy son el principal atractivo del Parque Nacional Iguazú, creado en 1934, cuyas más de 65.000 hectáreas constituyen un santuario de la flora y la fauna de Misiones. Para los innumerables turistas que se acercan a ellas, las cataratas reinan por sí mismas. Acercarse a tanta grandeza empequeñece inevitablemente la dimensión humana.

Parque Nacional Iguazú

LAS REDUCCIONES, Uno de los capítulos realmente únicos en la historia de la colonización hispana en nuestro país se debe a la llegada de los jesuitas a la región del Litoral y la reorganización integral de las comunidades guaraníes. A partir de 1610, año en que se estableció la primera reducción, la de San Ignacio Guazú, se sucedió una serie interrumpida de fundaciones de pueblos que ocupaban una extensa región, que comprendía zonas de Brasil y Uruguay. La organización guaraní-jesuítica, que paulatinamente fue conformando una verdadera cultura regional de nuevo tipo, estaba sustentada sobre diversos factores, como, por ejemplo, las peculiaridades de la integración intercultural; la ausencia de la propiedad privada de la tierra en la organización comunitaria; la autonomía política respecto de la Corona y los conquistadores; la ausencia del servicio personal de los guaraníes y la autosuficiencia integral progresiva.

Las misiones constituyeron los primeros núcleos económicamente poderosos de la región, hasta el punto que, en competición con el té que comercializaban los ingleses, la infusión de yerba mate comenzó a difundirso en Biropü como «oí Le de los je suiliis». Además, los pueblos fueron matrices de una formación sociocultural nueva -la misionera- que habría dado otra fisonomía a los pueblos rioplatenses si no hubiese sido diezmada en pleno florecimiento por la expulsión de los jesuitas en 1767.

LA DE LA PERSUASIÓN. A partir de un acercamiento inteligente y comprensivo a los caciques y del aprendizaje de la lengua aborigen, los jesuitas lograron que la persuasión se irradiase por toda la comunidad guaraní y sentase las bases de una relación de integración más que de dominio y explotación abierta. Ante la perspectiva de un cerco de hierro -el de tos conquistadores- que se estrechaba día a día, los indígenas tomaron la decisión de sumarse a un nuevo tipo de vida que, al menos, les garantizaba cierta autonomía y una esperanza nunca perdida: la de recuperar la libertad plena.

LA COMUNITARIA. Los pueblos guaraní-jesuíticos estaban ubicados en el centro de grandes extensiones de tierra cultivada. El régimen de propiedad (mbae) era de dos tipos: el tupambae (tupa: Dios), que era la tierra cultivada por todos y de cuyos productos disfrutaban todos, y la abambae (aba: hombre, indio), que consistía en la parcela reservada a cada indígena y su familia. La estructura comunitaria era la más importante. Cabe destacar la exclusión de los españoles en el gobierno de los pueblos, que estaba en manos de los propios indígenas, practicándose, bajo la supervisión de los padres, una organización basada en la institución del Cabildo.

LA AUTODEFENSA. La progresiva autosuficiencia se tradujo en la creación de fuerzas defensivas propias. A partir de 1620, los Países Bajos pasaron a dominar parte de la costa sudamericana y bloquearon la importación portuguesa de esclavos desde África a Brasil. Los «bandeirantes», avanzadas de los conquistadores lusitanos, dirigieron entonces sus miradas hacia el interior del continente. Ávidos de mano de obra esclava, comenzaron a invadir las reducciones jesuitas.

En 1641 comenzó la resistencia guaraní, que culminó con la victoria de Mbororé, obtenida tras una batalla que duró diez días, del 11 al 21 de mayo. Entretanto, se fue gestando una cultura de características nunca vistas en otras latitudes de América, centrada en el cuidado de la tierra y estructurada en una organización militar inédita. Florecieron múltiples oficios -herreros, tejedores, pintores, estatuarios, plateros, torneros, hasta fabricantes de instrumentos- y así se plasmó una visión del mundo y una estética cuya belleza aún hoy nos conmueve.

Misiones Jesuíticas Guaraníes

CÓRDOBACapital:
Córdoba
Superficie:
165.321 Km²
Población:
3066.801 Hab.
Densidad:
18,6 Hab/Km²

LA MANZANA JESUÍTICA
LA UNIVERSIDAD.
Los aires doctorales de Córdoba vienen de muy antiguo. En 1786, el obispo Abad y Llana ya escribía: «La juventud de estas partes tiene mucho anhelo a condecorarse con la honra del grado…». Y Sarmiento, con su mordacidad habitual, exageraba: «El maestro zapatero se daba los aires de doctor en zapatería… El ergo («por lo tanto», en latín) andaba por las cocinas, en boca de los mendigos y locos de la ciudad, y toda disputa entre ganapanes tomaba el tono y la forma de conclusiones».

Sin duda, el tener la universidad más antigua del país avala estas pretensiones. La Universidad de Córdoba fue creada en agosto de 1621. La celebración de la entrega de grados adquiría siempre una extraordinaria significación, así como también la «ignaciana», solemne ceremonia que se prolongaba a lo largo de varias horas y en cuyo transcurso el alumno debía responder a doce afirmaciones teológicas.

LA PRIMERA IMPRENTA. En 1750, los padres Carlos Gervasoni y Pedro Arroyo llevaron a Roma una inquietud de sus hermanos de Córdoba: que «pueda el Colegio Máximo y Universidad de Córdoba del Tucumán tener imprenta propia, como la hay en Lima y otras diferentes partes…» En 1758, durante el rectorado del padre Ladislao Orosz, se trajeron de España «matrices, caracteres y letras». Los trajo consigo el padre Manuel Querini, quien al poco tiempo asumió el rectorado.

El 31 de agosto de 1765, Manuel de Amat, el virrey del Perú, concedió licencia «a la Provincia Jesuítica del Paraguay para poner en su Real Colegio de Monserrat, de la ciudad de Córdoba, una oficina de imprenta». Entre sus primeras publicaciones figuraron La pastora/ del Arzobispo de París y Las reglas y constituciones que han de guardar los colegia/es del Colegio Real de Nuestra Señora de Monserrat.

En 1767, al producirse la expulsión de los jesuitas, la imprenta quedó abandonada en un sótano del Monserrat. Allí la encontró el padre Parras en épocas del virrey Vértiz, quien ordenó trasladarla a Buenos Aires. Cuando los franciscanos sucedieron a los jesuitas en la administración de la Universidad, comenzaron los movimientos estudiantiles. En 1775, el rector Barrientes apeló a la fuerza pública para acallar la protesta de los estudiantes, quienes se atrincheraron en el Colegio de Monserrat. El cabecilla de los jóvenes, un tal Mariano Sara-via, pagó tal osadía con años a la sombra en el Fuerte de Buenos Aires…

LA REFORMA UNIVERSITARIA. Haciendo un salto en el tiempo, el 11 de diciembre de 1917, la supresión del internado en el Hospital Nacional de Clínicas desató la ira de los estudiantes de Medicina. Tras grandes movilizaciones, el 13 de marzo de 1918, el Centro de Estudiantes de Medicina convocó a una huelga general, que coincidió con numerosas movilizaciones obreras. Un año antes, en Rusia, los bolcheviques habían tomado el Palacio de Invierno y, tras derrocar al zarismo, habían proclamado a los cuatro vientos el advenimiento de una nueva era. Los ecos de este acontecimiento llegaron también hasta Córdoba. Muy pronto, el movimiento estudiantil y el gremial confluyeron en una misma protesta. Los acontecimientos de la Semana Trágica vividos en Buenos Aires parecieron acelerar aún más el ritmo de la historia.

América Latina no fue sorda a las acciones de los estudiantes cordobeses. En muchos países del continente cundió el ejemplo. En la República Argentina, la Reforma Universitaria dio nacimiento a la organización gremial de los estudiantes y, además, difundió en el seno de la sociedad ciertos valores, como la defensa de la enseñanza pública, laica y gratuita, la autonomía de las universidades y la necesidad de vincular el quehacer científico e intelectual de éstas ‘a las necesidades del conjunto de la sociedad.

Estancias Jesuíticas de Córdoba

CHUBUTCapital:
Rawson
Superficie:
224.686 Km²
Población:
413.801 Hab.
Densidad:
1,8 Hab/Km²

LA PENÍNSULA DE VALDEZ
EL AMOROSO BALLET DE LAS BALLENAS FRANCAS:
La península Valdés, a la que se puede acceder desde Puerto Madryn, se extiende sobre una superficie de 3.620 km2. Sus 400 Km. de costa cambiante, templada, constituyen un paraíso para los pescadores y una de las mayores atracciones turísticas del país. Asombra recorrer el estrecho istmo Ameghino, que se interpone entre el golfo de San José, al norte, y el Nuevo, al sur, y une la península al resto del continente.

En ambos golfos se registran las mareas con mayor diferencia de nivel del mundo: cada cuatro horas, las aguas suben en uno y bajan en el otro, con un desnivel tan marcado, que se ha considerado a la península como la más extraordinaria fuente de energía mareomotriz, con un potencial eléctrico que urge aprovechar. Pero Valdés no es sólo uno de los accidentes geográficos más espectaculares de la Argentina: sus condiciones climáticas -su temperatura no excede los 30° C ni desciende por debajo del cero-, su topografía y su ubicación geográfica la convierten en una de las reservas de fauna más importantes del país y del mundo.

Las loberías y las elefanterías de Valdés, con poblaciones estables de más de 150.000 ejemplares, alternan con colonias de pingüinos de diferentes variedades, cuyo número supera los dos millones. Como si no bastara tanta belleza, como si tanta majestuosidad no fuese suficiente, entre los meses de junio y diciembre, convocadas por la gran concentración de plancton y krill que hay en las aguas y las temperaturas reinantes, ingresan majestuosamente a los golfos San José y Nuevo las ballenas francas, la variedad más antigua y de mayor tamaño que existe en el mundo. Cuesta creer cuando, en un extraño ballet, esas moles de más de 30 toneladas de peso emergen, saltan y caen de espaldas sobre el mar. No es una pirueta, sino todo un gesto de amor.

Península Valdés

CHUBUT
LA CUEVA DE LAS MANOS

Hace aproximadamente 10.000 años llegaron los primeros hombres a la Patagonia. Estos hombres avanzaban y ocupaban territorios en una época en que los glaciares retrocedían y dejaban tras de sí amplios valles. Se movilizaban en grupos pequeños, tras las huellas de los últimos representantes de los grandes mamíferos del pleistoceno, como perezosos gigantes,
caballos prehistóricos y mastodontes. Estos primeros pobladores dejaron mensajes pintados o grabados en las rocas. Son pinturas rupestres de singular belleza y significados ocultos.

Estas manifestaciones arte prehistórico están en el cañadón del Río Pinturas, unos 170 kilómetros al sur de la localidad de Perito Moreno. El que llegue hasta allí verá en una cueva, debajo de amplios aleros de roca, verá estampas de manos y animales, entre ellos ñandúes, guanacos, felinos y, también, hombres. Para colorear sus dibujos, utilizaron rojo, blanco, negro, y amarillo. La mayor congregación se encuentra en la cueva de Las Manos, que tiene 24 metros de profundidad, 15 metros de ancho en la entrada y alrededor de 10 metros de altura hasta el comienzo de la visera.

Los aleros están formados por salientes que protegen las pinturas del viento y del sol, y según los expertos, conviven tres niveles culturales desde el 7370 a.C. al 1000 de esta era. En el fugar funciona un Centro de Interpretación y una pequeña confitería. En la zona hay estancias que ofrecen alojamiento.

Cueva de las Manos en Río Pinturas

SANTA CRUZCapital:
Río Gallegos
Superficie:
243.943Km²
Población:
196.658 Hab.
Densidad:
0,8 Hab/Km²

GLACIAL EL PERITO MORENO
UNA DE LAS GRANDES MARAVILLAS DEL MUNDO.
El Parque y Reserva Nacional Los Glaciares, declarado por la UNESCO Sitio de Patrimonio Mundial (natural), está constituido por los lagos Viedma, Argentino y sus alrededores, y comprende parte del campo de hielo del que descienden los glaciares Moreno, Onelli, Agassiz y Upsala. Con un frente de 5 Km., el más asombroso es el glaciar Perito Moreno, que desciende al lago Argentino. En su avance, atraviesa el Canal de los Témpanos, obstruye el drenaje del brazo Rico y eleva el nivel de sus aguas hasta 19 m sobre la altura normal.

Aproximadamente cada tres años, las aguas contenidas en el brazo Rico recién pueden ejercer la presión necesaria para quebrar la muralla de hielo de más de 60 m de altura y derramarse en el lago. El estruendo de los hielos y las aguas es tal, que resulta imposible creerlo: los viejos dioses indios dejan oír su voz; la del hombre actual, necesariamente, enmudece.

Parque Nacional Los Glaciares

Fuente Consultada: Mi País , La Argentina – Todas Las Provincias , Toda La Gente – Clarín

Los Glaciares de la Patagonia Patrimonio Argentino Calafate Parque

Bellos Lugares de Argentina: Los Glaciares de la Patagonia

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Parque Nacional Los Glaciares

Extendiéndose a lo largo de más de 600.000 hectáreas, el espectacular y majestuoso Parque Nacional Los Glaciares abarca una amplia zona que va desde la árida estepa patagónica hasta la Cordillera de los Andes. Dentro de dicha superficie convive también una Reserva Nacional que ocupa alrededor de 180.000 hectáreas.

Dentro de esta maravillosa región se hallan emplazados más de cuarenta glaciares mayores, tales como el famoso Perito Moreno, que son en definitiva el mayor atractivo turístico del lugar, ya que debido a que su principal característica se centra en que son glaciares que se encuentran en constante movimiento, hace que allí se genere un espectáculo diferente en cada momento.

Fue precisamente su imponente belleza lo que hizo posible que en el año 1981 los representantes de la UNESCO hayan decidido incluir al Parque Los Glaciares de Argentina dentro de la lista de Patrimonios Mundiales de la Humanidad, lo que representa un medio para proteger y conservar sus intrínsecas características naturales.

Dentro de la superficie que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que cubre aproximadamente el 40% de todo el territorio de los glaciares, se incluyen los campos de hielo, dos lagos y 47 glaciares mayores, 13 de los cuales llegan hasta el Atlántico, mientras que los glaciares Perito Moreno, Mayo, Spegazzini, Upsala, Agassiz, Onelli y Ameghino alimentan los lagos que conforman el parque, por un lado el Lago Argentino, que es considerado el más grande de su tipo en el país, y cuyo origen se remonta a unos 15.000 años, y por el otro lado el Lago Viedma, que parte del Río Santa Cruz, extendiéndose hacia el Atlántico.

Asimismo, dentro del Parque Los Glaciares conviven con los lagos, ríos y glaciares, un conjunto de montañas y bosques, que se extienden hasta llegar a las áridas estepas patagónicas. Desde lejos, pueden observarse los picos de las montañas del Cerro Fitz Roy, conocido también como El Chaltén, que alcanzan los 3.405 metros, y el Cerro Torre, cuya altura llega a los 3.102 metros.

Pero sin lugar a dudas son los glaciares los principales atractivos del Parque. En este sentido, el glaciar Upsala es considerado el más grande en su tipo de toda América del Sur, ya que posee una superficie de 60 kilómetros de largo y 10 kilómetros de ancho. Para poder deslumbrarse con su belleza, sólo es posible acceder a él a través de embarcación por intermedio del Lago Argentino.

Por otra parte, dentro del Parque Los Glaciares, uno de los principales espacios, sobre todo para el turismo, suele ser el Parque Nacional Perito Moreno, que incluye el glaciar que lleva el mismo nombre, y cuya característica más importante reside en ser el único glaciar del mundo que continúa creciendo.

De la misma manera que sucedió con el resto de los glaciares que se emplazan en la zona, el Perito Moreno se originó a raíz de la caída de nieve y su acumulación, la cual con el correr del tiempo, se comprimió. Cabe destacar que el característico color azul que poseen los glaciares es causado por el oxígeno, la suciedad y el barro que han quedado atrapados en la nieve.

La bellaza del Glaciar Perito Moreno es realmente única, y en realidad guarda en parte relación con su imponente tamaño, ya que posee una superficie de 80 kilómetros de largo, extendiéndose desde la Cordillera de los Andes hasta el Lago Argentino, un ancho de 3 kilómetros y alcanzando una altura máxima de 50 metros.

A lo largo de su extensión, el Glaciar Perito Moreno se enfrenta a la Península de Magallanes, transitando a través de un estrecho canal de agua. Mientras el glaciar circula lentamente por el canal, da origen a un dique de hielo, y así el agua se acumula dentro de una ensenada que ha sido bautizada como Brazo Rico.

Cuando la presión del agua en dicho especio llega a su límite, se produce el derrumbe de parte del glaciar, generando un espectáculo único, que reúne a millones de turistas que hacen frente a las duras condiciones climáticas de la zona, sola para observar la ruptura del glaciar. Cabe destacar que la última ruptura se produjo en marzo de 2012, cuando el nivel del agua en el Brazo Rico había aumentado a 5,6 metros.

El Glaciar Perito Moreno, que se encuentra a aproximadamente 80 kilómetros de El Calafate, ha tomado su nombre del explorador Francisco Pascasio Moreno. Esto es porque de acuerdo a los documentos históricos, el Dr. Moreno fue el primer hombre en llegar al lugar, hecho que quedó relatado en el libro “Reminiscencias Del Perito Moreno”, compilado por el hijo del explorador.

Durante el siglo XIX, el Dr. Moreno se dedicó a estudiar la región, y al mismo tiempo desempeñó un papel fundamental durante los conflictos entre Argentina y Chile por la defensa de la frontera internacional.

En lo que se refiere a la flora que se encuentra dentro del territorio que corresponde al Parque Los Glaciares, debido a que alrededor de 260.000 hectáreas están cubiertas de hielo y aproximadamente 95.000 hectáreas son ocupadas por lagos, dicha superficie carece de vegetación. No obstante es posible hallarla dentro de las 79.000 hectáreas que ocupan los bosques.

En este sentido, cabe destacar que el parque incluye dos tipos de vegetación diferente, por un lado la que habita los bosques subantárticos, y por el otro la que corresponde a la estepa patagónica.

Por otra parte, en relación a su fauna son las aves las que suelen señalarse como las especies más destacadas, hallando en cercanía de los lagos a los hermosos cisnes de cuello negro y una gran variedad de patos, gansos y flamencos, mientras por lo alto despliega sus alas el imponente cóndor andino, el ave considerada la más grande del mundo.

También convive allí el llamado ñandú de Darwin, que es la versión sudamericana del avestruz. Mientras tanto, en las montañas habitan el huemul, la vizcacha, el guanaco, el zorro gris argentino y la mofeta austral. Pero además, habitan la región una serie de especies introducidas, como es el caso de la liebre europea.

Por último, cabe destacar que el parque también incluye alrededor de más de una docena de sitios arqueológicos de interés, que están relacionados con las culturas prehistóricas que habitaron la zona, entre los que se incluyen los indios Tehuelches.

Dicen que para visitar el parque no hay nada mejor que hacerlo a pie, llevando sólo una mochila, para almacenar agua, algún alimento, abrigo extra, y por supuesto una cámara para registrar en imágenes el regalo divino que se concentra en el lugar.

La Quebrada de Humahuaca Jujuy Historia Patrimonio de la Humanidad

Bellos Lugares de Argentina: La Quebrada de Humahuca

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Quebrada de Humahuaca

La llamada Quebrada de Humahuaca es sin dudas uno de los lugares argentinos en el que no sólo se reúne una imponente muestra de la naturaleza, sino también donde la misma se conjuga con una rica y extraordinaria historia, en la que la cultura itinerante del denominado Camino del Inca nos acerca a nuestros antepasados históricos.

Por ello, no es de extrañar que la UNESCO haya decidido incluir a la Quebrada de Humahuaca en su lista de Patrimonios Mundiales de la Humanidad, la cual fue ingresada en el año 2003 en base a dos criterios fundamentales. Por un lado, debido a que la Quebrada ha sido el espacio utilizado como camino principal durante los últimos 10.000 años, tanto para el paso de personas, como así también para lograr transportar las ideas, la cultura y los principios de diferentes poblaciones.

Por otra parte, la UNESCO ha considerado que la Quebrada de Humahuaca brinda un claro reflejo de una parte fundamental de la historia nacional, ya que allí tuvieron lugar distintos asentamientos prehispánicos y preincaicos, los cuales han dejado su huella imborrable.

Pero no sólo ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad debido a su interés histórico y cultural, sino que además lo es por sus paisajes, en los que resalta un espectacular cañón compuesto por rocas multicolores que forman un paisaje natural único, con sitios llamados con los más evocadores nombres, entre los que se encuentran la Montaña de los Siete Colores y La Paleta del Pintor, tan sólo por nombrar unos pocos.

La Quebrada de Humahuaca Jujuy Historia Patrimonio de la Humanidad

Imagen de una calle interior del Pueblo

Geográficamente, la Quebrada de Humahuaca se emplaza en un profundo valle de 155 kilómetros que se ubica a lo largo del Río Grande, en la provincia argentina de Jujuy. Debido a que su extensión se unió desde siempre a las tierras altas de la Puna, limitando con Bolivia, el lugar se encuentra enriquecido por la diversidad de culturas provenientes de los diversos pueblos que la rodean, entre los que se encuentran Maimará, Purmamarca, Tilcara y la propia Humahuaca.
Entre el altiplano y los llanos se hace presente el Camino del Inca, una vía de comunicación que aún continúa siendo utilizada por miles de personas, y que se estima se utiliza desde hace más de 10.000 años.

De acuerdo a las investigación, los vestigios que permiten determinar cuáles fueron los primeros asentamientos en la Quebrada, señalan que allí habitaron hace más de 10000 años una civilización andina nómada llamada los omaguacas, que se dedicaban a la caza y la recolección, y que fueron ellos precisamente los que le dieron nombre al pueblo y al valle.

Luego llegarían allí los diaguitas, especialistas en todo lo concerniente al cultivo de terraza y el arte de la cerámica. Al mismo tiempo comenzaron a construir un conjunto de fortalezas llamadas “pucará”, cuyas ruinas aún pueden apreciarse en la zona de Tilcara.

Alrededor del 1480 llegó a la región el Imperio de los Incas con la firma intención de conquistar el espacio, logrando su cometido. Desde su llegada, el intercambio de mercancías, que ya realizaban civilizaciones que previamente habían habitado la zona, se intensificó notablemente, ya que los Incas establecieron nuevos asentamientos que les permitían facilitar el comercio y mejorar el sistema de transporte, para lo cual llevaron adelante la elaboración de un complejo sistema de ingeniería para la creación de nuevos caminos. Dichos caminos unían la Quebrada de Humahuaca con el resto del continente a través de un formidable sistema de transporte de más de 8.000 kilómetros que luego se conoció como el Camino del Inca.

Aquellas estratégicas rutas comerciales muy pronto despertaron el interés de los colonizadores españoles, quienes en el siglo XVI irrumpieron en el lugar. Por supuesto que los recién llegados de Europa debieron enfrentarse a una fuerte y poderosa resistencia por parte de los indígenas, que no estaban dispuestos a abandonar el territorio. No obstante, los nativos fueron finalmente derrotados en 1598.

Con la llegada de los españoles se produjo un significativo cambio demográfico, debido al asentamiento de los nuevos inmigrantes y la desaparición paulatina de los nativos. Al mismo tiempo, la explotación creciente de los recursos del valle y de la red vial existente permitieron un notable aumento en el comercio, sobre todo para permitir el transporte de mercancías de productos europeos importados, como así también de ganado, algodón y plata.
Ya hacia el siglo XVIII se establecieron a lo largo de la ruta un conjunto de postas, que intensificaron el comercio entre Buenos Aires y la zona alta de Perú. Pero al mismo tiempo, la vía sirvió para el transporte de tropas y armamentos durante la lucha por la independencia, que finalmente se logró en 1816. Además fue un espacio crucial en la posterior guerra civil.

Con los tiempos de paz que se vivieron en el siglo XIX llegó un notable aumento del comercio, que aún más se vio beneficiado con la llegada del ferrocarril en 1900, el cual se extendía a lo largo de todo el valle.

Hoy, el histórico Camino del Inca, además de encontrarse dentro del territorio declarado como Patrimonio de la Humanidad, cumple una función más que preponderante en la Organización Panamericana, uniendo el Atlántico con el Pacífico.

Más allá de ello, es preciso destacar que la Quebrada de Humahuaca es además uno de los escasos espacios culturales históricos argentinos que aún conserva una fuerte presencia de las tradiciones indias. En este sentido, tengamos en cuenta que allí se celebra cada 1 de agosto el día de la Pachamama, es decir la Madre Tierra, un rito que proviene de varios siglos atrás.

Al mismo tiempo, el sincretismo que se produjo entre las creencias indígenas y el catolicismo traído por los colonizadores españoles, dieron lugar a que actualmente en la región se celebren fechas religiosas provenientes de ambas creencias, como sucede por ejemplo con Semana Santa y la Fiesta del Sol de origen Aymara, denominada el Inti Rami.

Debido a la poderosa historia que encierra el lugar, aún hoy es posible observar diferentes sitios en los que el arte rupestre indígena se hace presente. En algunas de las cuevas, sus paredes rocosas muestran la evidencia del paso de civilizaciones que habitaron el valle, a través de pictogramas en los que se representan figuras geométricas y zoomorfas, escenas de caza, e incluso representaciones de las batallas entre españoles y nativos, unos a caballo y los otros a pie.

Aquella historia que muestra un vestigio de lo que fue la época prehispánica, se entremezcla con la actualidad, en cada una de las bellas ciudades que son parte de la Quebrada, desde Purmamarca, pasando por Maimara, Tilcara, Uquía, Humahueca, Iruya, Abra Pampa, hasta llegar a La Quiaca.

En un recorrido cuidadoso, podemos observar que todavía hoy el valle en su conjunto refleja, sin lugar a dudas, cómo su posición estratégica ha permitido el nacimiento de diversos asentamientos, generando además una vía destinada a la agricultura y el comercio.

Talampaya Ischigualasto Patrimonio de la Humanidad La Rioja

Talampaya Ischigualasto Patrimonio de la Humanidad en La Rioja

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Parque Provincial Ischigualasto y Talampaya

A lo largo del territorio argentino, el cual se extiende por miles y miles de hectáreas, podemos hallar una topografía con múltiples facetas, desde regiones habitadas por bosques compuestos por frondosos árboles y una vegetación realmente rica, pasando por zonas áridas, e incluso espacios donde los glaciares son quienes reinan.

Entre tanta belleza natural se encuentran los increíbles parques Ischigualasto y Talampaya, ubicados en medio del desierto. El Parque Talampaya se emplaza en la provincia argentina de La Rioja, precisamente a 210 kilómetros de distancia de la ciudad provincial, mientras que el Parque Ischigualasto se ubica en la vecina provincia de San Juan, a 340 kilómetros de la ciudad de dicha provincia.

No obstante, a pesar de las distancias mencionadas, ambos parques se encuentran juntos, lo que demuestra la inmensa extensión que poseen.

Debido a que los expertos determinaron que no existe otro lugar en el mundo que posea un registro fósil del período Triásico que pueda ser comparado con el que tiene lugar en Ischigualasto y Talampaya, la UNESCO decidió en el año 2000 declarar a ambos parques como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

En este sentido, cabe destacar que el área contiene una secuencia completa de sedimentos fosilíferos continentales, los cuales representan la historia geológica del período del Triásico, y son estos restos los que demuestran la evolución de la vida de vertebrados y la naturaleza de paleoambientes en el Triásico.

Quienes han tenido la posibilidad de conocer en persona al Parque Provincial Ischigualasto, también conocido como el Valle de la Luna, y al Parque Nacional Talampaya, saben que la magia que reina en el lugar hace posible que las huellas del tiempo vuelvan a cobrar vida. Por su parte, para los científicos, la región es considerada un verdadero paraíso geológico inigualable.

Es que allí, entre las rocas, se han hallado fósiles de animales y plantas que corresponden a un pasado que reflejan los más de cuarenta y cinco millones de años de evolución de nuestro planeta.

Tal cual como si fueran las páginas de un gigantesco libro de historia, el período Triásico está documentado en las capas de tierra sobre las que se emplazan el Ischigualasto y el Talampaya, permitiéndonos saber qué es lo que pasó allí hace tanto tiempo.

Ahora bien, el llamado Parque Provincial Ischigualasto o Valle de la Luna se encuentra ubicado al norte de la provincia de San Juan, precisamente dentro del departamento de Valle Fértil, y es una de las cuencas mundiales con mayor variedad de especimenes de restos fósiles del Triásico, algunos de los cuales tiene más de 230 millones de años.

Esta significativa diversidad de fósiles se halla representada por alrededor de 25 tipos de animales diferentes, que a su vez pertenecían a diversos grupos, entre los que destacan los dinosaurios más antiguos, los antepasados de los cocodrilos, predecesores mamíferos, carnívoros y herbívoros y una gran cantidad de rincosores y otros reptiles primitivos, entre otros.

Lo mismo sucede con la vegetación, ya que en Ischigualasto existen plantas pertenecientes al Triásico.
En este aspecto, es importante destacar que la vegetación en el área se conserva de una manera especial, ya que conviven por un lado las que poseen raíces y aún producen polen y esporas, y por otro se hallan troncos y ramas de árboles totalmente momificados, proceso que les ha permitido conservar su historia más allá de la muerte.

Dentro del Parque también encontramos el Museo de Ciencias Naturales, perteneciente a la Universidad Nacional de San Juan, que cuenta con un recorrido que nos permite conocer la historia del lugar, incluyendo los aspectos paleontológicos. Para ello, el Museo posee una vasta colección en la que se reúnen todos los especimenes recolectados en Ischigualasto desde el año 1970.

Por su parte, el Parque Nacional Talampaya se encuentra ubicado en la zona central hacia el oeste de la provincia de La Rioja, y posee una superficie de 215.000 hectáreas. Allí, son las rocas las que muestran la evolución del planeta, convertidas en testigos inalterables de aquel pasado de más de cuarenta y cinco millones de años.

Cabe destacar que los estratos rocosos han sido formados principalmente por areniscas que se han acumulado durante siglos en los suelos aluviales, luego de descender de los bordes de la cuenca. A través de los efectos que la erosión de miles de años ha tenido lugar allí, muchas de las rocas presentan formas especiales, que han dado lugar a que fueran bautizadas de acuerdo a la semejanza de su figura. Las más conocidas suelen ser los Reyes Magos, La Catedral, El Monje, entre otras, y todas ellas parecen asistir a una reunión y permanecer como conjunto en la zona conocida como la Ciudad Perdida.

Este parque del territorio riojano, al igual que su vecino sanjuanino, es uno de los espacios más frecuentados por expertos que estudian la ciencia de la paleontología, ya que el lugar posee una riqueza incomparable en lo que respecta a su abundancia en restos fósiles.

Fue allí precisamente donde se halló el talampayensis Lagosuchus, uno de los primeros dinosaurios que habitaron la Tierra hace más de 250 millones de años. Asimismo, se hallaron en el lugar diferentes fósiles de tortugas con una antigüedad de 210 millones de años, como es el caso de la talampayens Palaeocheris.

Fueron estos descubrimientos los que permitieron completar uno de los estudios paleontológicos más profundos, que permitió conocer cómo y cuándo surgieron los primeros dinosaurios en el planeta, y así comprender más acerca de estas especies extinguidas.

Es importante mencionar que el aspecto histórico relacionado a las civilizaciones antiguas que habitaron la región, es sin dudas también un hito relevante dentro del interés que generan ambos parques. En este sentido, tengamos en cuenta que antes de la conquista española, este espacio era habitado por diversos grupos de aborígenes, los cuales se caracterizaban por ser seminómadas, y dedicarse a la caza y la recolección.

Hoy, es posible observar el paso de aquellos nativos, gracias a la conservación de espacios en los que se puede apreciar el arte rupestre, lo que hace que el valor cultural de Ischigualasto y Talampaya sea innegable.

Allí, tanto el hombre como la naturaleza nos han dejado fragmentos de un tiempo infinito, que en definitiva revelan nuestro origen, erigiéndose desde lo más profundo de la tierra.

Otra zona interesante del Parque Talampaya es la Ciudad Perdida, una vasta hondonada de casi 10 Km. donde la erosión también esculpió formaciones. Dominada por el Mogote Negro, un cerro de forma piramidal, el sitio destaca por su policromía.

EL DESIERTO VIVIENTE. A pesar de la aridez de esta tierra, en Talampaya existen varias especies que han podido adaptarse a lo riguroso del clima y a la escasez del agua. En la vegetación predominan arbustos bajos como la retama silvestre, el alpataco, las jarillas, varias especies de cactáceas y la brea. El gigante de la zona es el algarrobo blanco, con ejemplares de hasta 900 años. Este árbol es vital para la supervivencia de animales y personas: da frutos comestibles con los eme los pobladores elaboran una pasta dulce («patay») y una bebida alcohólica llamada «aloja», muy importante en sus festividades.

La fauna silvestre, como la tortuga terrestre argentina, el ratón cola de pincel y el cuis chico, obtiene la humedad que necesita de los vegetales que come. Varias especies de saurios, conocidos localmente como chelcos (no venenosos), recorren las arenas en busca de insectos, y a su vez son presa de aves como el halconcito gris, exclusivo del centro y oeste de Argentina, o de mamíferos como el hurón mediano.

Los vertebrados que necesitan beber agua con cierta regularidad, la encuentran en los manantiales u «ojos de agua» del parque, que son visitados por zorros colorados, pumas y aves como pericos barranqueros y palomas de ala manchada. Los mayores vertebrados de la zona son los guanacos, parientes cercanos de la llama y la vicuña, que tienen en Talampaya uno de sus últimos refugios.

Los altos paredones del Cañón de Talampaya son, además, sitios permanentes de nidificación de jotes (zopilote), águilas moras y cóndores andinos.

Talampaya es, así, un «desierto rojo» que, lejos de ser desolado, sorprende por sus criaturas, por su pasado y por la belleza de sus paisajes.

Estancias Jesuiticas en Cordoba Historia Patrimonio de la Humanidad

Argentina Histórica: Estancias Jesuíticas

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Manzana jesuítica y el camino de las estancias jesuíticas

Desde siempre ha sido un área que recuerda constantemente el legado jesuita en la provincia argentina de Córdoba, y debido a su rica e interesante historia, que aporta información fundamental para conocer ciertos hechos históricos del país, el complejo de estancias jesuíticas de Córdoba, conocido como la llamada Manzana Jesuítica, tuvo los justificativos necesarios para que en el año 2000 fuera inscripto dentro de las regiones mundiales consideradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Los principales criterios en los que se basó el comité de la UNESCO para dicha decisión, residieron en el hecho de que el complejo de los Jesuitas, los edificios y las estancias que lo componen, son sin lugar a dudas ejemplos irrefutables y excepcionales de la fusión tanto de los valores, como de las culturas que se encontraron allí en uno de los períodos más importantes de Sudamérica: el encuentro entre indígenas y europeos.

Por otra parte, también se lo ha pasado a considerar un patrimonio de la humanidad debido a que este conjunto de edificios y estancias demuestran de forma concreta los más de 150 años que se extendió la misión de la Compañía de Jesús en el territorio, resultando en cambios notablemente significativos en el ámbito no sólo religioso y social, sino también económico.


Santa Catalina, estancia jesuítica próxima a Jesús María y Ascochinga

La apasionante historia de este escenario fundamental en la historia argentina comienza en 1540, cuando San Ignacio de Loyola decide fundar la llamada Compañía de Jesús. Allí, la principal misión, como lo era en cada uno de los países que no practicaban ni conocían la doctrina del cristianismo, se centraba en impartir enseñanza religiosa y servir como guía espiritual para todos los individuos.

En lo que respecta a la llegada de la Compañía de Jesús a América, lo cierto es que los miembros de esta orden desembarcaron en el territorio sudamericano luego de los franciscanos y los dominicos, lo que les dejaba escasas áreas en las que emprender su labor. Sin embargo, los jesuitas vieron la posibilidad de asentarse en ciertas zonas del sur del continente.

Así fue que las misiones itinerantes comenzaron a sucederse a partir de 1588, y para el año 1607 fue enviado un contingente a cargo del monje español Diego de Torres, con el fin de organizar la denominada nueva Provincia de Paraguay. Simultáneamente un grupo de jesuitas se establecieron en la región que actualmente se conoce como la provincia de Córdoba, con la misión de crear colegios en los que se enseñara y se predicara el mensaje que la orden traía para difundir entre los indígenas.

En aquella región, en el año 1610, se llevó a cabo la construcción del primer edificio jesuita, denominado entonces como el Colegio Máximo, que con los años se convertiría en la Real y Pontificia Universidad. Desde allí se impartía la enseñanza de acuerdo a lo establecido por el método y sistema de estudios que regía la Compañía de Jesús.

A medida que los años transcurrían se erigieron por orden jesuítica diferentes edificios monásticos siguieron, incluyendo la universidad, la iglesia y la residencia de la orden, que de a poco fueron conformando una unidad.

La denominada Manzana Jesuítica, en la que actualmente se encuentra emplazada la Universidad de Córdoba, la Escuela Secundaria Monserrat, una iglesia y un grupo de edificios de residencia, se completaba con un total de seis estancias que los jesuitas operaban en la provincia de Córdoba, las cuales fueron bautizadas como Caroya, Jesús María, Santa Catalina, Alta Gracia, Candelaria y San Ignacio.

Para lograr abarcar dicho territorio, los miembros de la Compañía de Jesús accedieron a las tierras a través de diferentes métodos, ya sea como herederos de terrenos o bien como compradores directos de los mismos.

En este sentido, cabe destacar que en el caso de Alta Gracia, el sitio era un rancho de ganado, cuyo dueño era Alonso Nieto de Herrera, quien ingresó en la Compañía de Jesús, luego de lo cual legó sus tierras para la orden. Por su parte, La Candelaria fue construida en terrenos donados por Francisco de Vera y Mujica en 1678, mientras que el espacio que ocupó Caroya fue comprado en 1616, al igual que Jesús María, el cual se adquirió en 1618, y Santa Catalina, comprado por los jesuitas en 1616.

En lo que respecta a la complejidad edilicia, cada una de las estancias poseía además de un conjunto de edificios, su propia iglesia, todos ellos construidos en base a una arquitectura en la que se fusionaban el estilo colonial europeo con el indígena.

En aquella época, los nativos del lugar solían vivir en chozas precarias que eran repartidas en las afueras de la finca jesuita. Con el tiempo, aquellas chozas fueron siendo paulatinamente reemplazadas por viviendas construidas con ladrillos y piedras. De esta manera, las poblaciones que asentaban en las cercanías de las estancias hacían crecer a las ciudades a su alrededor, como es el caso de lo que sucedió con Alta Gracia.

Un aspecto que aporta un dato más que interesante a todo lo referido a las estancias jesuitas de Córdoba, reside en que dentro de los complejos también se construían una serie de habitaciones especiales destinadas a la función de baño, siendo de esta forma una de las primeras construcciones en el país que poseían servicios higiénicos, que además contaban con un sistema de eliminación de residuos.

Dentro de las estancias no sólo se llevaba a cabo la misión espiritual que los jesuitas tenían encomendada, sino que además se concentraban allí diversas actividades relacionadas a la producción y la cría de ganado. En este sentido, los sacerdotes jesuitas se desenvolvían como instructores frente a los nativos, enseñándoles a trabajar en diversas artes manuales, la cría de ganado y la producción de vino. Por supuesto que todas estas laboras hicieron que la misión jesuita tuviera también un gran éxito económico, además del religioso.

En 1767 los jesuitas se vieron obligados a abandonar el complejo, debido a un decreto emitido por el entonces Rey Carlos III de España, quien decidió expulsar a los miembros de la Compañía de Jesús de todo el continente.
Luego de la expulsión, las estancias jesuíticas pasaron a manos privadas, sufriendo a partir de allí un largo período de decadencia y deterioro. Fue durante la primera mitad del siglo XX que el gobierno nacional se hizo cargo de los antiguos establecimientos jesuitas, declarándolos patrimonios nacionales, con lo que por fortuna se inició el período de reconstrucción y renovación de los complejos.

MAPA DE LAS ESTANCIAS JESUITICAS

Imagen Arriba: Gentileza www.carlospazweb.com.ar

En la actualidad, lamentablemente, ha quedado sólo parte de esa historia, ya que por ejemplo la estancia San Ignacio ya no existe. No obstante, quienes deseen adentrarse en este recorrido, pueden disfrutar de los más de 250 kilómetros de longitud que posee el Camino de las Estancias Jesuíticas, donde entre otras cosas puede hallarse el Museo Jesuítico Nacional, emplazado en la que fue y es la estancia de Jesús María.

La Cueva de las Manos Arte Rupestre en Argentina Patrimonio Humanidad

Bellos Lugares de Argentina: Las Cuevas de la Manos

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Cueva de las Manos en Río Pinturas

Declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1999, la denominada Cueva de las Manos es sin dudas uno de los espacios argentinos donde reina la magia que nos transporta a civilizaciones pasadas, y no sólo nos cuenta de su historia, sino también nos permite acercarnos a una cultura ligada al arte que desea sobrevivir al tiempo.

Precisamente esos han sido los criterios evaluados por el comité de la UNESCO para decidir que esta fabulosa Cueva sea considerada para siempre como un espacio de patrimonio de toda la humanidad, ya que allí se reúne una excepcional colección de arte rupestre prehistórico, cuyo fin principal es dar testimonio de la cultura de las primeras sociedades humanas que se asentaron en América del Sur.

Ubicada en el Alto Valle del Río Pinturas, que transita con sus aguas por el noreste de la provincia de Santa Cruz, las Cuevas de las Manos han sido bautizadas principalmente en base a que la mayoría de las representaciones realizadas en las piedras corresponden a las manos de los hombres que vivían allí, aunque por supuesto también podemos hallar representaciones de la vida cotidiana del indígena, a través de distintas escenas de caza, en las que aparecen animales típicos de la región, tales como el guanaco.

La Cueva de las Manos Patrimonio de la Humanidad Argentio Arte Rupestre

Se estima que las pinturas han sido realizadas hace más de 9500 años, por lo que podrían demostrar con evidencia la teoría que sostiene que la región sudamericana ha tenido un doblamiento temprano, es decir que existieron culturas incluso antes del año 7350 a. C.

Allí, en la actualidad se pueden apreciar más de 890 pinturas rupestres de manos humanas, las cuales se alinean junto a distintas representaciones de animales y figuras geométricas, que cubren las paredes de la cueva, la cual goza de una pequeña dimensión de tan sólo 24 metros de profundidad. Posee 15 metros de ancho y su altura en el inicio de su entrada es sólo de 10 metros, reduciéndose hasta los 2 metros hacia dentro de la cueva.

Históricamente, si bien de acuerdo a las investigaciones el sitio ha sido considerado por los indios Tehuelches como un espacio sagrado, ya que utilizaban la cueva como refugio durante la temporada de caza en verano, se estima en realidad que las pinturas que allí se encuentran son realmente muy anteriores a la llegada de los europeos a la zona, dato obtenido gracias a una serie de estudios realizados en base a la excavación y el análisis de radiocarbono en el lugar.

Dichas evaluaciones han permitido definir que el primer grupo humano que se asentó en el lugar lo hizo antes del 9300 a.C., y que los mismos correspondían a un conjunto de cazadores dedicados a la caza del guanaco.
El segundo grupo de pinturas corresponden al 7000 a.C. aproximadamente, el cual se caracteriza por la representación de escenas de caza donde la víctima pasó a ser el ñandú, y su principal diferenciación con respecto al primer grupo de pinturas reside en que estas últimas de volvieron hacia las figuras zoomorfas y antropomorfas estilizadas, en base a un arte que podríamos definir como más esquemático.

El último periodo del arte en la Cueva de las Manos responde al año 1300 a. C. aproximadamente, considerado como la fase final de la cultura establecida en el Río Pinturas. Esta estuvo caracterizada por figuras geométricas abstractas y eventuales representaciones de seres humanos y animales, casi todos ellos realizados con pigmentos rojos brillantes.

Son estas últimas pinturas las que de acuerdo a los expertos corresponderían a la cultura Tehuelche, quien en aquellos años poblaban la zona Patagónica, y que aún vivían en la región en el momento en que los primeros colonos españoles desembarcaron en el lugar.

En su vista general, la Cueva de las Manos nos muestra un conjunto imponente de manos pintadas en colores vivos, que van desde el rojo, pasando por el violeta, el blanco, el negro, el amarillo, el ocre, el naranja y algunos verdes, pinturas que fueron realizadas utilizando pigmentos minerales naturales, que han sido molidos y mezclados con algún tipo de aglutinante, cuya naturaleza hasta el momento se desconoce. Lo que sí se ha podido comprobar es que la capa impermeable que presentan las pinturas, y que ha permitido que se conservaran en perfecto estado a lo largo de los siglos, se realizó en base a una mezcla de grasa y orina de guanaco.

Es importante destacar que dichas manos fueron pintadas de manera negativa, es decir utilizando la técnica del estarcido, y la mayoría de ellas corresponden a la mano izquierda de niños, jóvenes y adultos, lo que nos permite imaginarnos que utilizaban su mano diestra para llevar a cabo el rociado de pintura sobre la izquierda, es decir que se realizaron colocando una de las manos sobre la pared de roca y luego soplado sobre ella los pigmentos a través de un tubo.

Estas extraordinarias pinturas que dan nombre a la cueva, se concentran principalmente en la entrada del lugar, donde es posible visualizar una pared de rocas cubierta casi en su totalidad por una gran cantidad de plantillas de manos humanas.

Una vez en el interior de la cueva, pueden observarse distintas concentraciones de arte rupestre, con figuras y motivos que corresponden a distintos períodos y culturas que habitaron la región. En este sentido, la información que nos brindan los temas de las pinturas nos acercan a dichas culturas, ya que podemos observar escenas de caza que muestra a los seres humanos y a los animales interactuando de manera dinámica y naturalista, y en las que se exponen las diversas estrategias de caza que poseían los habitantes del lugar, tales como las técnicas de emboscada, las armas utilizadas, entre las que se destacan las boleadoras realizadas con piedras redondas.

Como ya hemos mencionado, se cree que las pinturas que corresponden al primer periodo fueron realizadas por la cultura Toldense, y la última fase cultural corresponde a representaciones ejecutadas por grupos Tehuelches tempranos. No obstante, el debate aún continúa, sobre todo en relación al significado de las pinturas, ya que para algunos especialistas representan escenas que describen el rito de iniciación de los adolescentes en el mundo de los adultos, utilizando las pinturas como parte fundamental de las ceremonias para fortalecer los lazos tribales.

Otros en cambio ven en dichas pinturas la representación indiscutible de las diversas ceremonias religiosas que aquella cultura llevaba a cabo antes de comenzar con la caza. Lamentablemente, esta es uno de los grandes interrogantes que continuarán en el debate, ya que no tendremos una respuesta concreta y definitiva al respecto.

Desde el siglo XIX, la Cueva de las Manos se ha convertido en un lugar turístico, que año tras años recibe la visita de miles de personas, algunas interesadas en conocer la historia de nuestros antepasados, mientras que otros destruyen con su vandalismo la prueba viviente del arte rupestre prehistórico, profanando la naturaleza. Una historia que se repite en cada lugar del mundo.

Ver: Cueva de Altamira

La Península de Valdez Bellos Lugares de Argentina Para Visitar

Bellos Lugares de Argentina: Península de Valdéz

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Península Valdés

Una formación natural que desde la altura se asemeja a un hacha, la Península de Valdés es para muchos un lugar de fantasía y ensueño, un espacio único en todo el planeta. Esto se debe principalmente a su aspecto, ya que es parte de un ambiente en el que se entremezclan altos acantilados, arrecifes rocosos, golfos, ligeras bahías, lagunas con zonas pantanosas, playas de arena y piedras, dunas, islas pequeñas y litorales bien demarcados, siendo además el hábitat elegido por una gran variedad de mamíferos marinos exóticos, pero sobre todo porque es el lugar que el hombre puede compartir con las imponentes ballenas francas.

Además, la Península Valdés es también el hogar del elefante marino del sur y los lobos marinos, por lo que es considerada una de las áreas naturales más valiosas del mundo.

En este sentido, la región ha sido declarada como Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1999 por la UNESCO, ya que se trata del hábitat natural que alberga una gran cantidad de especies animales en peligro de extinción, como es el caso de las famosas ballenas francas australes, que llegan al lugar para llevar a cabo el ciclo de reproducción.

Ubicada en la provincia de Chubut, a 77 kilómetros de la ciudad de Puerto Madryn, la Península de Valdés ha sido comparada muchas veces con el paraíso, o por lo menos es lo que muchos hombres suponen debe ser similar a aquel espacio religioso abstracto. Es que allí, la perfección de la naturaleza se hace presente, para brindar un marco ideal en el que conviven especies animales que no solemos ver todos los días.

Es precisamente por ello que se llevan a cabo de forma constante grandes esfuerzos con el fin de lograr la conservación que permita proteger las especies exóticas y en peligro de extinción que se reúnen en la Península de Valdés, por lo que la zona de Punta Pirámides es actualmente una reserva provincial protegida.

En lo que se refiere al paisaje que ofrece la Península de Valdés, no es erróneo asegurar que se trata de una formación realmente singular, que tiene lugar a lo largo de la costa atlántica de la Argentina, y que se ha originado a raíz de los constantes cambios geológicos que se produjeron durante siglos. De esta manera, la península presenta dos grandes entradas naturales, por las que ingresan miles de animales de todo tipo, buscando un refugio para sobrevivir, alimentarse y reproducirse.

Por ejemplo, las ballenas francas australes utilizan los puertos naturales de la península como un espacio de descanso, reproducción y cría, con el fin de mantenerse alejadas de la furia constante del Océano Atlántico.
En total, la Península de Valdés abarca una superficie estimada en los 4.000 kilómetros cuadrados de superficie, 63 kilómetros de largo y 97 de ancho, y su promontorio sobresale a lo largo de 100 kilómetros hacia el este del Atlántico Sur, distribuyéndose a través de una línea costera de aproximadamente 400 kilómetros.

Dentro de la península se emplaza una única ciudad, realmente pequeña, llamada Puerto Pirámides, donde han sido ubicadas algunas pocas estancias, cuya principal misión es la cría de ovejas. Lo cierto es que no se trata de un espacio creado para el hombre, ya que en realidad la mayor parte de la península es tierra estéril, y cuenta sólo con algunos lagos de agua salada.

Por todo ello, no es de extrañar que haya sido el lugar elegido por una gran cantidad de especies, no solamente mamíferos marinos, sino también miles de aves que han hallado allí el espacio ideal para alimentarse y descansar en sus largos viajes a través del mundo.

Quizás este ha sido el motivo por el cual la Península de Valdés es conocida por muchos como el gran zoológico al aire libre, ya que en realidad es como un imponente santuario de vida silvestre. Allí no sólo conviven las ballenas, los lobos marinos, los elefantes marinos los pingüinos y los delfines, sino que además integran el paisaje viviente miles de especies de ave, y sobre el extremo sur es el espacio elegido por una gran variedad de mamíferos autóctonos como el ñandú, la libre patagónica, los zorros, zorrillos y las manadas de guanacos.

Dentro del extremo oriental de la Patagonia central, la Península de Valdés es una especie de isla, que se une al continente por una delgada y estrecha franja de tierra que se extiende a lo largo de 35 kilómetros, franja que se denomina Istmo Ameghino.

Hacia el norte, precisamente en el espacio denominado Punta Norte, se halla el hogar de los elefantes marinos del sur que posee su colonia en dicho lugar, y que de acuerdo a las investigaciones alcanza un total de 1.000 elefantes, siendo considerada la única colonia en el mundo que registra aumento en su población. Es precisamente durante fines de septiembre a principios de octubre, los elefantes marinos se reúnen en este espacio elegido para iniciar su temporada de cría, lejos de la amenaza del hombre.

Mientras tanto, en Caleta Valdés, a 27 kilómetros al sur de Punta Norte, se concentran las colonias de pingüinos de Magallanes y lobos marinos. Cabe destacar que aquí la colonia de pingüinos es considerada la más numerosa de todo el planeta, con casi 40.000 nidos activos, que se distribuyen en cinco diferentes colonias. Asimismo, llegan a este espacio una gran diversidad de aves migratorias.

Dentro de la zona denominada Punta Delgada, la costa ofrece un escenario único gracias a los elefantes marinos, pero también gracias a otros animales salvajes como los guanacos y ñandúes, que poseen colonias con abundantes poblaciones.

Pero sin lugar a dudas, una de las máximas atracciones del lugar suele ser para el visitante la ballena franca austral, que frecuentan las aguas poco profundas del Golfo Nuevo y el Golfo San Carlos, sobre todo en los meses de junio a diciembre, ya que llegan allí para reproducirse y tener a sus crías. De esta forma, el despliegue de las orcas sobre el oleaje superficial del mar nos regala un momento único e irrepetible, y nos acerca a la naturaleza.

Por ello, quienes saben aseguran que al viajar a la zona lo mejor es tomarse un largo rato en la región costera de Puerto Pirámides, sentarse sobre las finas y doradas arenas, y esperar observando el mar hasta que una ballena se asome en el horizonte con su magnificencia. Luego, la playa nos invita a recorrer a pie su costa, en búsqueda de los más extraños caracoles, que serán en definitiva el mejor souvenir de un momento inolvidable.

AMPLIACIÓN  DE ESTE TEMA…
EL AMOROSO BALLET DE LAS BALLENAS FRANCAS

La península Valdés, a la que se puede acceder desde Puerto Madryn, se extiende sobre una superficie de I 3.620 km2. Sus 400 Km. de costa cambiante, templada, constituyen un paraíso para los pescadores y una de las mayores atracciones turísticas del país. Asombra recorrer el estrecho istmo Ameghino, que se interpone entre el golfo de San José, al norte, y el Nuevo, al sur, y une la península al resto del continente.

En ambos golfos se registran las mareas con mayor diferencia de nivel del mundo: cada cuatro horas, las aguas suben  en uno y bajan en el otro, con un desnivel tan marcado, que se ha considerado a la península como la más extraordinaria fuente de energía mareomotriz, con unpotencial eléctrico que urge aprovechar. Pero Valdés no es sólo uno de los accidentes geográficos más espectaculares de la Argentina, sus condiciones climáticas ,-su temperatura no excede los 30° C ni desciende por debajo del cero-, su topografía y su ubicación geográfica la convierten en una de las reservas de fauna más importantes del país y del & mundo.

Las loberías y las elefanterías de Valdés, con poblaciones estables de más de 150.000 ejemplares, alternan con colonias de pingüinos de diferentes ll variedades, cuyo número supera los dos millones. Como  si no bastara tanta belleza, como si tanta majestuosidad  no fuese suficiente, entre los meses de junio y diciembre, convocadas por la gran concentración de plancton y krill que hay en las aguas y las temperaturas reinantes, ingresan majestuosamente a los golfos San José y Nuevo las ballenas francas, la variedad más antigua y de mayor tamaño que existe en el mundo. Cuesta creer cuando, en un extraño ballet, esas moles de más de 30 toneladas de peso emergen, saltan y caen de espaldas sobre el mar. No es una pirueta, sino todo un gesto de amor.

Maravilla Natural de Argentina Cataratas del Iguazu Historia

Maravillas Naturales de Argentina: Cataratas del Iguazú

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Parque Nacional Iguazú

Creado en el año 1934 con una misión bien definida, la de proteger y conservar las Cataratas del Río Iguazú, el Parque Nacional Iguazú fue declarado en 1986 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con la firme intención de preservar una de las mayores bellezas naturales que comparten Argentina y Brasil.

Es importante mencionar que el Parque Nacional Iguazú, que además de la espléndida selva subtropical, posee también las imponentes Cataratas, siendo sin dudas éstas su principal atractivo, fue inscripto en la lista de los Patrimonios Mundiales básicamente por dos razones. Primero, por su belleza natural extraordinaria, y por otra parte debido a que sirve de hábitat para una gran cantidad de especies animales en peligro de extinción.

Con una extensión de más de 67000 hectáreas, el parque se divide virtualmente en un sector brasileño y uno argentino, ya que se extiende a través de la frontera que separa ambos países. Mientras tanto, las Cataratas de ambos lados, en conjunción abarcan más de 3 kilómetros de extensión, y posee una altura que llega a los 80 metros.

Maravilla Natural de Argentina Cataratas del Iguazu Historia

Emplazado a menos de 5 kilómetros del Paraguay, dentro del noreste de la provincia argentina de Misiones, el límite norte de la reserva natural y el parque está trazado por el espléndido Río Iguazú. Se sabe que dicho territorio fue habitado hace más de 10000 años por la cultura nativa denominada Caingangues, quienes se dedicaban a la caza y la recolección.

Luego, los aborígenes se desplazaron dejando paso a los Tupí-Guaraníes, quienes incorporaron en el lugar nuevas técnicas para la explotación agrícola, y a su vez fueron desplazados por los conquistadores españoles y portugueses en el siglo XVI. En este sentido, es importante destacar que el primer europeo que visitó la región fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a estas tierras en el año 1542, y posteriormente, para 1609 desembarcaron las misiones jesuitas.

No obstante, la cultura de los Tupí-Guaraníes aún se conserva en el lugar, sobre todo a través del nombre legado de aquellos pobladores, ya que el Río Iguazú fue bautizado de esta manera por ellos, nombre que en guaraní significa “agua grande”.

En sí, el Parque Nacional Iguazú fue creado oficialmente el 9 de octubre de 1934, a través de un decreto nacional, generando de esta manera un área protegida de reserva natural no sólo para conservar las Cataratas del Iguazú, sino también para proteger el hábitat de una flora y una fauna únicas.

El área en la que se emplaza el Parque corresponde a un sector de un gran meseta que fuera formada hace más de 135 millones de años, precisamente en la Era Mesozoica, debido a la vertiente constante de lavas basálticas. Aquella lava que recorrió más de un millón de kilómetros cuadrados en la región, abarcado zonas de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, dio como resultado una superficie de capas intercaladas compuestas por arenisca y basalto.

Hoy, el Río Iguazú, que se inicia en la zona de la Serra do Mar con una elevación de 1.300 metros, fluye hacia el oeste a través de más de 500 kilómetros hasta el Río Paraná. Mientras tanto, las bellas Cataratas del Iguazú, que se emplazan en la zona oeste del Parque, se encuentran formadas por una inmensa extensión de agua que al caer de alturas de aproximadamente 80 metros producen una de las cascadas más espectaculares del mundo.

Son más altas incluso que las Cataratas del Niágara, y poseen más del doble de ancho, con un total de 275 cascadas distribuidas en forma de herradura a lo largo de más de tres kilómetros del Río Iguazú. Esto ha sido probablemente lo que llevó a la escritora Eleanor Roosevelt a asegurar: “Pobre Niágara”, cuando se halló frente a la majestuosa belleza de las Cataratas del Iguazú.

Además de su majestuosa belleza natural, que en gran parte lo aportan las Cataratas, el Parque Nacional Iguazú es el hábitat elegido por una destacada cantidad de especies raras y en peligro de extinción, tanto en lo que respecta a la flora como a la fauna.

En lo que se refiere a su vegetación, es importante destacar que su riqueza está dada gracias a su excelente clima subtropical húmedo, con inviernos de temperaturas que no descienden de los 14° y veranos calurosos con temperaturas que pueden llegar a trepar más allá de los 42°, completándose con abundante precipitaciones durante todo el año, y una humedad que oscila entre el 75% al 90%.

Esto ha permitido que la flora del lugar sea abundante y rica, donde se encuentran presentes más de 2.000 especies diferentes, entre las que se destacan los imponentes árboles de más de 30 metros de altura.

Helechos, lianas y epifitas son la principal atracción de la zona superior del bosque subtropical, con una selva que ocupa más del 90% de la superficie del parque. Mientras tanto, en las orillas del Río Iguazú se asientan las diferentes especies de árboles, entre los que podemos encontrar el ceibo, elegida como la flor nacional de la Argentina.

Sin lugar a dudas, otro de los aspectos destacables del Parque Nacional Iguazú, como ya lo hemos mencionado, reside en la espectacular fauna que alberga en su territorio, dentro del cual se incluye más de 60 especies de mamíferos, aves, reptiles y anfibios, gran parte de los cuales se encuentran en estado de vulnerabilidad o en peligro de extinción, por lo que se considera al espacio como una reserva natural que asegura la subsistencia de dichas especies.

Entre los mamíferos que habitan el lugar, se destacan distintos tipos de nutrias, el jaguar, el ocelote, el puma, el venado matacán, el oso hormiguero, el ciervo de las pampas, el mono negro aullador, el carpincho, el chimango caracara, el caimán de cresta y la víbora urutu.

Por otra parte, el Parque Iguazú alberga alrededor del 44% de la avifauna de la Argentina, siendo en su mayoría especies residentes del lugar, tales como la perdiz, el águila arpía, el guacamayo, el loro de pecho rojo y cola blanca, entre otros. Mientras tanto, ocupan su sitial de honor los reptiles, entre los que se incluyen la víbora de cascabel y la víbora Urutu, propia de la región.

Gracias a la conservación permanente y la protección del lugar por ser Patrimonio de la Humanidad, hoy todos podemos disfrutar de este escenario, que es majestuoso, impresionante, espectacular, y que en definitiva no alcanzan las palabras para definir tanta belleza reunida en un solo lugar. Un espacio en el planeta que quizás nos acerque al paraíso.

Misiones Jesuiticas Guaranies en Argentina Historia Turismo Patrimonio

Bellos Lugares de Argentina: Las Misiones Jesuíticas

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Misiones Jesuíticas Guaraníes

Escondidas en el corazón de la selva misionera se alzan las ruinas de un pasado que nos habla de aquellas misiones jesuitas que tuvieron lugar hace varios siglos atrás. Juntas componen una vista espectacular, que debido a su importancia histórica fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en el año 1983.

Se trata de un grupo de ruinas compuestas por un conjunto de impresionantes restos que corresponden a cinco misiones jesuitas, las cuales abarcaron la Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil.

Precisamente en el territorio misionero argentino podemos aún hallar parte de la construcción de cuatro edificios jesuitas: San Ignacio Miní, Santa Ana, Nuestra Señora de Loreto y Santa María la Mayor. Los mismos fueron construidos en los siglos XVII y XVIII, estratégicamente emplazados dentro del territorio en el que habitaban los guaraníes, y cada uno de estos edificios se caracterizó por poseer un diseño específico.

Fue durante el siglo XVII que la orden de los jesuitas llevó a cabo una suerte de experimento cuyos destinatarios eran los indios guaraníes, quienes en aquel momento habitaban un vasto territorio sudamericano, comprendido por las actuales fronteras de lo que hoy es Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay.

Dicho experimento apuntaba a crear una comunidad utópica, similar a lo que describiera Platón en su obra “La República”, lo que por supuesto dentro del contexto histórico en el cual se produjo, el plan de los jesuitas fue uno de los grandes temas controvertidos de la época, ya que por un lado generó la admiración de varios, y al mismo tiempo la indignación en otros. La idea fundamental era lograr convertir a los guaraníes al cristianismo, en un momento en que la región estaba siendo colonizada por los españoles y los portugueses.

Para ello, la llamada Compañía de Jesús, junto con otras órdenes religiosas, enviaron a la zona a un grupo de misioneros itinerantes cuyo objetivo era difundir y predicar el Evangelio entre los nativos. Lo cierto es que estas misiones itinerantes finalizaron en 1602, cuando los jesuitas decidieron reemplazarlas con pueblos fundadores, a través de asentamientos que fueron denominados Reducciones. Hasta allí eran conducidos los indios con el fin de enseñarles la doctrina cristiana, utilizando para ello un ambiente estable.
Cabe destacar que la primera reducción jesuita documentada se estableció en 1607, en lo que en aquel momento se conocía como la provincia de Paraguay.

Claro está que al principio la tarea para los jesuitas no fue sencilla, sobre todo porque no era fácil convencer a los indios para que se mudaran y establecieran en las reducciones, ya que los nativos estaban muy apegados a su tierra natal y sus costumbres.

Lo cierto es que los jesuitas tomaron conciencia de que era necesario crear un entorno en el que las tribus guaraníes de diferentes lugares pudieran mantener su unidad étnica y cultural. Por ello, escogieron sitios emplazados en espacios con bosques, arroyos y tierras que podían ser explotadas.

La propuesta era realmente tentadora, ya que para los indios, las misiones ofrecían varias ventajas, tales como viviendas, la oportunidad de practicar artes y oficios, alimentos, como así también actividades tales como la danzas, el teatro, la música y demás, que indudablemente contribuyeron al éxito de las misiones jesuíticas.
En lo que respecta a su organización, cada una de las reducciones era totalmente autónoma, y se hallaban bajo la supervisión espiritual de un sacerdote. Pero a su vez, los jesuitas mantuvieron vigentes los poderes de los caciques tradicionales de los nativos, y cada uno de los pueblos poseía un consejo de notables.

Por otra parte, cada reducción se especializada en una determinada actividad, la cual era determinada de acuerdo a los recursos de los que se disponía. Por ello, algunos practican la cría de animales, otros cultivaban mate o algodón, otros se dedicaban a la carpintería, mientras que otros trabajaban metales preciosos. Cabe destacar que los productos agrícolas y los objetos producidos por los artesanos pertenecían a la comunidad. Así, cada familia recibía las necesidades básicas para su vida cotidiana, mientras que los excedentes eran destinados a las viudas, los enfermos, a la iglesia, e incluso para pagar impuestos a la Corona española.

Ya desde sus comienzos, las misiones guaraníes provocaron la envidia de determinados grupos, por lo que en varias oportunidades fueron violentamente atacados por bandeirantes, aventureros y buscadores de oro. De esta manera, se puede establecer que los ataques más graves se produjeron entre los años 1628 y 1630, cuando grupos enteros de indígenas eran capturados y llevados a la esclavitud.

Ante esta realidad, los jesuitas, a través de una autorización emitida por el entonces Rey de España, introdujeron las armas dentro de las reducciones, y comenzaron a fabricar armamento y pólvora, que utilizaban para poder defenderse de los ataques. Esto permitió que se establecieran definitivamente un total de treinta misiones, de las cuales 15 lo hicieron en Argentina, 7 en Brasil y 8 en lo que hoy es Paraguay, algunas de las cuales llegaron a estar compuestas por más de 6.000 indios.

Es importante mencionar que en lo que respecta al factor arquitectónico, las misiones jesuitas se diferenciaron notablemente de los pueblos hispano-americanos, ya que habían sido diseñadas para la vida comunitaria. Por ello, en cada una de las reducciones se establecía una plaza dominada por la iglesia, la cual se solía emplazar en el corazón de la aldea. Mientras tanto, la casa de los sacerdotes, los edificios de la universidad y otras estructuras eclesiásticas se ubicaban a un costado de la plaza. Por su parte, las casas de los indios eran construidas en filas alrededor de la plaza.

Finalmente, las misiones jesuíticas de los guaraníes, un proyecto que se extendió a lo largo de un siglo y medio, llegó a su fin en 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados por un edicto real. A partir de allí, los indios se dispersaron y las reducciones fueron abandonadas y poco a poco se convirtieron en ruinas.

Aún se conservan restos de la reducción San Ignacio Mini, fundada en 1611, la de Santa Ana, fundada en 1633, la de Nuestra Señora de Loreto, fundada en 1610, y la de Santa María la Mayor, fundada en 1626, todas ellas en el territorio argentino del litoral.

Hoy, a pesar del paso de los años, los restos silenciosos de las misiones jesuíticas son un claro ejemplo de un diseño arquitectónico que nos ilustra un período fundamental en la historia de la Argentina.