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Parques en Argentina: Talampaya en La Rioja

PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD DE ARGENTINA
Parque Provincial Ischigualasto y Talampaya

A lo largo del territorio argentino, el cual se extiende por miles y miles de hectáreas, podemos hallar una topografía con múltiples facetas, desde regiones habitadas por bosques compuestos por frondosos árboles y una vegetación realmente rica, pasando por zonas áridas, e incluso espacios donde los glaciares son quienes reinan.

Entre tanta belleza natural se encuentran los increíbles parques Ischigualasto y Talampaya, ubicados en medio del desierto. El Parque Talampaya se emplaza en la provincia argentina de La Rioja, precisamente a 210 kilómetros de distancia de la ciudad provincial, mientras que el Parque Ischigualasto se ubica en la vecina provincia de San Juan, a 340 kilómetros de la ciudad de dicha provincia.

No obstante, a pesar de las distancias mencionadas, ambos parques se encuentran juntos, lo que demuestra la inmensa extensión que poseen.

Debido a que los expertos determinaron que no existe otro lugar en el mundo que posea un registro fósil del período Triásico que pueda ser comparado con el que tiene lugar en Ischigualasto y Talampaya, la UNESCO decidió en el año 2000 declarar a ambos parques como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

En este sentido, cabe destacar que el área contiene una secuencia completa de sedimentos fosilíferos continentales, los cuales representan la historia geológica del período del Triásico, y son estos restos los que demuestran la evolución de la vida de vertebrados y la naturaleza de paleoambientes en el Triásico.

Quienes han tenido la posibilidad de conocer en persona al Parque Provincial Ischigualasto, también conocido como el Valle de la Luna, y al Parque Nacional Talampaya, saben que la magia que reina en el lugar hace posible que las huellas del tiempo vuelvan a cobrar vida. Por su parte, para los científicos, la región es considerada un verdadero paraíso geológico inigualable.

Es que allí, entre las rocas, se han hallado fósiles de animales y plantas que corresponden a un pasado que reflejan los más de cuarenta y cinco millones de años de evolución de nuestro planeta.

Tal cual como si fueran las páginas de un gigantesco libro de historia, el período Triásico está documentado en las capas de tierra sobre las que se emplazan el Ischigualasto y el Talampaya, permitiéndonos saber qué es lo que pasó allí hace tanto tiempo.

Ahora bien, el llamado Parque Provincial Ischigualasto o Valle de la Luna se encuentra ubicado al norte de la provincia de San Juan, precisamente dentro del departamento de Valle Fértil, y es una de las cuencas mundiales con mayor variedad de especimenes de restos fósiles del Triásico, algunos de los cuales tiene más de 230 millones de años.

Esta significativa diversidad de fósiles se halla representada por alrededor de 25 tipos de animales diferentes, que a su vez pertenecían a diversos grupos, entre los que destacan los dinosaurios más antiguos, los antepasados de los cocodrilos, predecesores mamíferos, carnívoros y herbívoros y una gran cantidad de rincosores y otros reptiles primitivos, entre otros.

Lo mismo sucede con la vegetación, ya que en Ischigualasto existen plantas pertenecientes al Triásico.
En este aspecto, es importante destacar que la vegetación en el área se conserva de una manera especial, ya que conviven por un lado las que poseen raíces y aún producen polen y esporas, y por otro se hallan troncos y ramas de árboles totalmente momificados, proceso que les ha permitido conservar su historia más allá de la muerte.


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Dentro del Parque también encontramos el Museo de Ciencias Naturales, perteneciente a la Universidad Nacional de San Juan, que cuenta con un recorrido que nos permite conocer la historia del lugar, incluyendo los aspectos paleontológicos. Para ello, el Museo posee una vasta colección en la que se reúnen todos los especimenes recolectados en Ischigualasto desde el año 1970.

Por su parte, el Parque Nacional Talampaya se encuentra ubicado en la zona central hacia el oeste de la provincia de La Rioja, y posee una superficie de 215.000 hectáreas. Allí, son las rocas las que muestran la evolución del planeta, convertidas en testigos inalterables de aquel pasado de más de cuarenta y cinco millones de años.

Cabe destacar que los estratos rocosos han sido formados principalmente por areniscas que se han acumulado durante siglos en los suelos aluviales, luego de descender de los bordes de la cuenca. A través de los efectos que la erosión de miles de años ha tenido lugar allí, muchas de las rocas presentan formas especiales, que han dado lugar a que fueran bautizadas de acuerdo a la semejanza de su figura. Las más conocidas suelen ser los Reyes Magos, La Catedral, El Monje, entre otras, y todas ellas parecen asistir a una reunión y permanecer como conjunto en la zona conocida como la Ciudad Perdida.

Este parque del territorio riojano, al igual que su vecino sanjuanino, es uno de los espacios más frecuentados por expertos que estudian la ciencia de la paleontología, ya que el lugar posee una riqueza incomparable en lo que respecta a su abundancia en restos fósiles.

Fue allí precisamente donde se halló el talampayensis Lagosuchus, uno de los primeros dinosaurios que habitaron la Tierra hace más de 250 millones de años. Asimismo, se hallaron en el lugar diferentes fósiles de tortugas con una antigüedad de 210 millones de años, como es el caso de la talampayens Palaeocheris.

Fueron estos descubrimientos los que permitieron completar uno de los estudios paleontológicos más profundos, que permitió conocer cómo y cuándo surgieron los primeros dinosaurios en el planeta, y así comprender más acerca de estas especies extinguidas.

Es importante mencionar que el aspecto histórico relacionado a las civilizaciones antiguas que habitaron la región, es sin dudas también un hito relevante dentro del interés que generan ambos parques. En este sentido, tengamos en cuenta que antes de la conquista española, este espacio era habitado por diversos grupos de aborígenes, los cuales se caracterizaban por ser seminómadas, y dedicarse a la caza y la recolección.

Hoy, es posible observar el paso de aquellos nativos, gracias a la conservación de espacios en los que se puede apreciar el arte rupestre, lo que hace que el valor cultural de Ischigualasto y Talampaya sea innegable.

Allí, tanto el hombre como la naturaleza nos han dejado fragmentos de un tiempo infinito, que en definitiva revelan nuestro origen, erigiéndose desde lo más profundo de la tierra.

Otra zona interesante del Parque Talampaya es la Ciudad Perdida, una vasta hondonada de casi 10 Km. donde la erosión también esculpió formaciones. Dominada por el Mogote Negro, un cerro de forma piramidal, el sitio destaca por su policromía.

EL DESIERTO VIVIENTE. A pesar de la aridez de esta tierra, en Talampaya existen varias especies que han podido adaptarse a lo riguroso del clima y a la escasez del agua. En la vegetación predominan arbustos bajos como la retama silvestre, el alpataco, las jarillas, varias especies de cactáceas y la brea. El gigante de la zona es el algarrobo blanco, con ejemplares de hasta 900 años. Este árbol es vital para la supervivencia de animales y personas: da frutos comestibles con los eme los pobladores elaboran una pasta dulce (“patay”) y una bebida alcohólica llamada “aloja”, muy importante en sus festividades.

La fauna silvestre, como la tortuga terrestre argentina, el ratón cola de pincel y el cuis chico, obtiene la humedad que necesita de los vegetales que come. Varias especies de saurios, conocidos localmente como chelcos (no venenosos), recorren las arenas en busca de insectos, y a su vez son presa de aves como el halconcito gris, exclusivo del centro y oeste de Argentina, o de mamíferos como el hurón mediano.

Los vertebrados que necesitan beber agua con cierta regularidad, la encuentran en los manantiales u “ojos de agua” del parque, que son visitados por zorros colorados, pumas y aves como pericos barranqueros y palomas de ala manchada. Los mayores vertebrados de la zona son los guanacos, parientes cercanos de la llama y la vicuña, que tienen en Talampaya uno de sus últimos refugios.

Los altos paredones del Cañón de Talampaya son, además, sitios permanentes de nidificación de jotes (zopilote), águilas moras y cóndores andinos.

Talampaya es, así, un “desierto rojo” que, lejos de ser desolado, sorprende por sus criaturas, por su pasado y por la belleza de sus paisajes.





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