Batalla de Constantinopla

Las Guerras Médicas Causas y Desarrollo Cronologia

Causas de las Guerras Médicas – Grecia Contra los Persas

Este enfrentamiento entre el poderoso imperio persa y las polis griegas encabezadas por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia.

Los griegos designaron a los persas con el nombre demedos, término que, en pluridad, correspondía a un pueblo emparentado con ellos y que formaba parte de su imperio

Aunque generalmente se habla de las guerras médicas con referencia a los dos intentos de invasión de la Grecia continental por los persas (490-478 a.C.), el conflicto entre ambos pueblos fue más prolongado, y las tensiones continuaron hasta la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, en 330 a. C.

Introducción y Causas:

Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural.

Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro.

Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada.

El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses.

En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade.

De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas.

Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa.

Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas.

La revuelta de Jonia

En 545 a. C. Ciro el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia).

Éstas soportaban cada vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas.

Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos barcos.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La vic­toria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios habían convencido al rey persa Darío de que para asegurar su dominio en Asia Menor debía controlar todo el Egeo, incluyendo las polis de Europa. La expedición dirigida por Mardonio, yerno de Darío, sometió Tracia y Macedonia (492), pero la destrucción de su flota junto al monte Athos le impidió avanzar más allá.

Maratón: En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia.

Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas.

Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490).

El soldado Filípides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida.

El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense.

La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483).

La segunda guerra médica: Las revueltas en el imperio y la muerte de Darlo (486) impidieron a los persas. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes) se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o sumisión del oráculo de Delfos.

Esparta, la mayor potencia militar griega y líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas. realizar una nueva expedición de castigo. Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia.

Las cifras proporcionadas por el historiador griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular logística.

CRONOLOGÍA
546a.C.  Los persas conquistan el reino de Lidia y las ciudades y colonias griegas de Asia.
500 a.C. Las ciudades jonias se rebelan contra el dominio persa. Incendio de Sardes.
493 a. C. Darío I destruye la flota y el ejército de los rebeldes jonios. Mileto, que inició la revuelta, es saqueada.
492 a. C. El general persa Mardonio toma con su ejército Tracia y Macedonia.
490 a.C.  Primera guerra médica. Los persas conquistan las Cicladas occidentales y arrasan Eretria. Victoria ateniense en Maratón.
480 a. C.  Segunda guerra médica. Jerjes, sucesor de Darío I, invade Grecia. Fracasa el intento de detener a los persas en el paso de las Termpilas. Victoria naval griega en Salamina.
479 a. C.  Victoria de los hoplitas espartanos en Platea y de la flota ateniense en Micala (Jonia). Fin de la segunda guerra médica.
478 a.C.  Atenas funda, junto con muchas polis costeras e insulares del Egeo, la liga de Délos,
477 a.C. Pausanias, rey de Esparta y héroe en Micala, es destronado por su despotismo.
471 a.C. En Atenas, el gran estratega de Salamina, Temístocles, es condenado al destierro. Comienza su gobierno Cimón.
465 a. C. Atenas pasa a la ofensiva contra Persia. Vence en la doble batalla del Eurimedonte
448 a. C. Paz de Calías, ya en el período clásico. El Imperio persa reconoce la hegemonía ateniense en el Egeo.

En junio de 480 el inmenso ejército de Jerjes, con el Gran Rey al frente, cruzó los Dardanelos por un doble puente de barcas.

Avanzó fácilmente a través de Macedonia y Tesalia, y no se encontró con la primera línea de defensa griega hasta llegar al desfiladero de las Termópilas en tierra y el cabo Artemisión en el mar.

Los 7.000 hombres mandados por el rey espartano Leónidas rechazaron durante dos días al ejército persa, hasta que una traición permitió a éste cruzar por un paso secreto y rodearlos.

Ante la inevitable derrota, Leónidas envió a sus tropas al sur, permaneciendo él con 300 hoplitas espartanos y 700 hombres de Tespis y Tebas. Todos perecieron en defensa de la posición. Esta resistencia desesperada permitió a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse ordenadamente y conservar sus efectivos.

El ejército de Jerjes avanzó entonces por Grecia central, con el apoyo de algunas polis. La nueva estrategia griega era plantear la defensa del istmo de Corinto, cerrando el paso al Peloponeso.

Atenas fue evacuada por sus habitantes y ocupa­da por los persas, que incendiaron la acrópolis como represalia por la destrucción de Sardes dieciocho años antes.

Pero Temístocles convenció al estado mayor griego para presentar batalla a la flota persa en la bahía de Salamina, cerca de Atenas.

Se sirvió de una estratagema para atraer a la numerosa escuadra enemiga hacia un angosto paso y privarla de capacidad de maniobra; al cabo de unas horas era vencida por las trescientas naves griegas, ante los ojos de Jerjes (septiembre de 480).

El dominio del mar había pasado a los griegos, y Jerjes regresó a Asia para orga­nizar refuerzos, aunque una nueva insurrección en Babilonia le impidió renovar sus campañas en Europa.

Dejó en Grecia un importante ejército al mando de Mardonio, reforzado con aliados griegos (tesalios, macedonios, beocios).

Mientras éste invernaba en Beocia surgieron disputas en el seno de la Liga Helénica sobre la estrategia a seguir. Esparta y las ciudades del Peloponeso pretendían mantenerse a la defensiva en el istmo, mientras que Atenas, Megara y Egina querían expulsar al enemigo de sus puertas.

Tras graves tensiones y una nueva invasión persa del Ática, al fin se decidió el envío de un ejército aliado a Beocia, al mando del espartano Pausanias.

Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se enfrentaron al superior ejército persa en la llanura de Platea (primavera de 479).

A pesar de su ventaja inicial, Mardonio fue vencido y muerto, y gran parte de su ejército destruido.

Su lugarteniente Artabazo condujo a los supervivientes de vuelta a Asia. Al mismo tiempo, una flota griega mandada por el rey espartano Leotiquidas destruía una base naval persa y las naves fondeadas en Mícala, frente a la isla de Samos.

No sólo se había salvado la in­dependencia de las polis de Grecia, sino que éstas controlaban ahora el Egeo. La flota mandada por Pausanias tomó Bizancio, abriendo el paso al mar Negro, y las islas de Quíos, Lesbos y Samos se unieron a la Liga (478).Sin embargo, una vez conjurado el peligro persa la unidad griega resultó efímera, por los intereses contrapuestos de las diferentes ciudades.

La Liga de Delos: Esparta, poco amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso.

Fue Atenas, apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos (476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los estrechos.

La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides el Justo. É

ste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades, partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue des­plazado del poder (471).

En 468 Cimón venció a la escuadra persa en el Eurimedonte.

El fracaso de una expedición a Egipto y los sobornos persas lograron expulsarlo del poder, y la facción popular encabezada por Efialtes rompió las relaciones con Esparta, disolviendo la Liga Helénica (460).

Sin embargo, Cimón recuperó el poder y dirigió una nueva campaña en Chipre, donde murió (450).

Sus victorias permitieron a su cuñado Calias firmar con los persas la paz que lleva su nombre (449), que aseguró la libertad de las ciudades griegas y frenó a los persas en el Egeo.

Atenas, con la ayuda de sus aliados, se había convertido en la potencia hegemónica del mundo griego, desarrollando un poderoso imperio marítimo y comercial. Sus abusos y la oposición de Esparta conducirían posteriormente a la guerra del Peloponeso.

Temístocles
General y político (525-460 a. C.)

Estadista ateniense nacido en el seno de una familia modesta, no obstante lo cual pudo convertirse en una relevante figura en su ciudad y asumir la jefatura del partido democrático cuya divisa era: Guerra contra los persas.

Convencido de la necesidad que tenía Atenas de contar con un puerto y una flota, dedicó todos sus esfuerzos a procurarle ambas cosas.

Así, durante su arcontado (493 a. C.) hizo votar la construcción del puerto del Pireo, si bien al año siguiente una expedición persa paralizó las obras que sólo pudieron ser retomadas en tiempos de Pericles.

Luego se propuso la construcción de doscientas galeras, para lo cual derivó los recursos obtenidos en la explotación de las minas de Laurión, que antes eran repartidas entre los ciudadanos, a las arcas del Estado.

Temístocles pudo realizar sus planes luego del destierro de Arístides y venció a los persas en la batalla de Salamina (480 a. C.); pero luego fue víctima de intrigas y calumnias y condenado al ostracismo. Se refugió junto a Artajerjes, pero cuando éste quiso convencerlo de traicionar a su patria, se negó terminantemente y se suicidó con veneno.

Primeras Armas de Fuego Uso de la Polvora Mosquete Pistolas Usos

Primeras Armas de Fuego – El Uso de la Pólvora

El origen de las armas de fuego es oscuro, parece que los chinos en el siglo XI ya conocían la polvora (salitre, azufre y carbón)  pero su uso no era bélico. Los árabes la introdujeron en Occidente en le siglo XIII, y el erudito Roger Bacón habla de ella en el año 1249. Los primeros cañones eran muy rudimentarios y muchas veces fallaban y eran mas peligrosos para los que los usaban que para los enemigos.

El invento más importante es el del arcabuz de mecha que apareció rápidamente en ese mismo siglo y se convirtió en la principal arma de fuego de la infantería durante los doscientos cincuenta años siguientes. Introducida en Japón y en Oriente hacia el año 1600. este arma se emplea todavía en nuestro tiempo en ciertas regiones retrasadas. El arcabuz (del alemánHakenbüchse. o arcabuz de garfio—el sentido de garfio no está muy claro) se componía de un cañón de hierro montado sobre una culata que se apoyaba en el pecho.

Aplicado a una llave, el gatillo caía sobre la cazoleta y el oído, que contenían la pólvora de cebo, por la acción del resorte. El estrépito y la nube de humo sulfurosa que se producían cuando se inflamaba la carga era suficiente para convencer a cualquiera del carácter diabólico de este invento.

Aun cuando los soldados dilapidaban su dinero para proveerse de talismanes que les protegieran de sus destrozos, el arcabuz no era un arma de precisión. Un observador avisado dice que «no mataban a nadie, porque los arcabuceros se contentaban con hacer ruido y disparar al azar». Además, la mecha incandescente, que medía 9 pies de largo, se estropeaba con la lluvia y servía de punto de referencia al enemigo. Su peso y el hecho de que el polvorín podía humedecerse o desprenderse, planteaban verdaderos problemas. A pesar de todo, el arcabuz representaba un avance considerable sobre el cañón de mano tan poco manejable.

En el siglo XVI, fue perfeccionado con una línea de mira y una mecha más corta. En la larga lucha esporádica que enfrentó a Carlos V con los turcos durante la primera mitad del siglo XVI, los infantes españoles iban armados de picas y de arcabuces, a pesar de que las tropas de choque de los turcos, los jenízaros, eran igualmente unos arcabuceros de excepción.

Con una larga tradición en su haber, los españoles eran maestros en la utilización de la artillería masiva. Cañones y arcabuces tuvieron una gran importancia en la batalla de Lepanto, en 1571, que dio al traste con todas las ambiciones de los turcos.

MOSQUETE: Pero ya mucho antes de esta batalla, los españoles habían inventado un arcabuz de un nuevo tipo,el mosquete. Era un pequeño cañón de mano y de mecha, con un calibre de 2.54 cm. Debido a su peso, para dispararlo debía apoyarse sobre una horquilla y cargarle requería tres buenos minutos.

El mosquetero de esta época, cargado con una impedimenta de saquitos de pólvora, de cartucheras, de cuatro pies de mecha, tenía que hacer muchos preparativos antes de disparar. Aun cuando muy pronto se redujeron las dimensiones del mosquete, fue utilizado hasta finales del siglo XVIII en formaciones bastante similares; la primera fila hacía fuego al oírse la voz de mando y después se retiraba a un segundo plano para cargar de nuevo, mientras que la fila siguiente se adelantaba. Unidades especiales de piqueros protegían a los mosqueteros y se encargaban de dar el último asalto en la batalla.

La llave de rueda, inspirada, se dice, en un dibujo de Leonardo de Vinci, apareció en Nuremberg en 1520. Funcionaba como un eslabón’ una rueda movida por un resorte arrancaba chispas de un sílex; estas chispas encendían la pólvora de la cazoleta: actuaba con mayor rapidez que la mecha y resultaba menos embarazosa.

Pero el mecanismo era complejo y costoso y de hecho nunca mereció una gran aceptación como arma militar. Como compensación, estaba al alcance de quienes no podían adquirir otras armas más caras que eran verdaderas obras de arte. Carlos V, que gustaba mucho del fusil, hizo grandes esfuerzos por introducir el arte de su fabricación en Alemania y en España.

Demasiado complicada para convertirse en arma de guerra, la llave de rueda probó que tenía grandes posibilidades como fusil manejable con una sola mano y en 1540 se convirtió en lo que se llamaría pistola.

Hacia finales del siglo, la pistola, que medía al menos un pie de largo, era el armamento típico de los jinetes europeos, que semejantes a los reiter alemanes, equipados con una coraza, un casco y altas botas de cuero, comenzaban a sustituir a los suizos y a los lasquenetes.

De hecho, el papel de la caballería, incapaz de resistir al arcabuz y al mosquete, había ido eclipsándose hasta la aparición de la pistola.

Durante las guerras de religión francesas, después de 1562, la caballería recuperó su posición, y los hugonotes la empleaban en sus columnas armadas de pistola y de espada, mientras que los jinetes católicos, hombres de caballo profesionales, practicaban la difícil caracola y cada fila disparaba por turno, para después retirarse a cargar de nuevo las armas.

Estas guerras, agotadora y larga secuela de ignominiosas matanzas, duraron hasta el edicto de Nantes, en 1598. Los hugonotes, faltos de artillería y de piqueros para proteger a los tiradores mientras volvían a cargar —lo que entonces tenía mucha importancia— recurrieron a tácticas sutiles, improvisando fortificaciones, utilizando pesados mosquetes en filas cerradas, casi como en batería y colocando en las alas y entre la caballería a grupos de arcabuceros con el fin de romper las formaciones de caballería enemigas.

La misma historia se repitió durante la sublevación de los Países Bajos contra el dominio español (1568-1609), cuando los holandeses abrieron sus diques para inundar al enemigo, realizaron furtivos ataques en patines sobre los canales helados y fortificaban sus ciudades de forma tan eficaz que resistieron durante años. Su jefe, el joven Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo el Taciturno, organizó el primer ejército holandés regular, al que exigía un largo entrenamiento y una disciplina severa y al que pagaba con regularidad.

Las compañías eran pequeñas y ágiles, provistas por partes iguales de picas y de mosquetes; los piqueros se mantenían a tres pies de distancia. Los diversos cambios debidos a la aparición de las armas de fuego alcanzaron su apogeo en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), religiosa, para contaminar a toda Europa.

El soldado tipo era un mercenario de baja calidad, tan irregularmente empleado como pagado, que no tenía ni moral ni disciplina y sembraba el terror entre la población civil. Desde el tiempo de los vikingos no se había vuelto a ver un cúmulo tal de violencias. Sólo el ejército de Gustavo Adolfo de Suecia. allá por los años 1630, fue una excepción a esta regla. Era el primer ejército realmente nacional, con su uniforme amarillo y azul; tenía sus propias tropas permanentes, estaba bien entrenado y sus avances eran mérito exclusivamente suyo.

El principal acierto de Gustavo Adolfo radicó en la inteligente forma en que dispuso las armas, artillería, piqueros, mosqueteros y caballería, especialmente en la batalla decisiva de Breitenfeld. Se le deben también muchas innovaciones: los cartuchos preparados (en una camisa de papel) para sus mosqueteros, la munición pronta (en cajas de madera) para los cañones.

Los mosqueteros eran dragones a caballo ligeramente armados, que atacaban a pistola y después desmontaban para combatir a espada, maniobra militar copiada de los holandeses. Trató de aligerar el cañón, creando y después desechando una pieza de campaña recubierta de cuero que pesaba sólo 90 libras, equipando a cada regimiento de una pieza de cuatro, montada sobre ruedas, que lanzaba balas dobles.

Las guerras civiles de Inglaterra (1642-1649) no pueden ser comparadas con las del continente ni por su ferocidad ni por su técnica. Protegida por la flota, Inglaterra había postergado el desarrollo del arte militar. Las nuevas armas eran el fusil de cañón atornillado (que se abría para introducir la pólvora y la bala) y la llave de piedra. Hacia 1750, como probable resultado de las guerras, Inglaterra había conquistado un puesto preponderante en la fabricación de armas.

La llave de piedra, aparecida hacia 1630, quedaría incorporada a las armas de fuego hasta finales del siglo XIX. Presentaba la enorme ventaja de tener la cazoleta cubierta, con lo que la pólvora se conservaba siempre seca. La caída del sílex empujaba la tapa mientras producía la chispa que inflamaba el cebo.

Aunque resulta extraño, el fusil de batería «a la chenapan«, inventado un siglo antes, tuvo muy poco empleo militar. El fusil de batería «a la miquelete», en el que la varilla sustentadora del gatillo formaba parte de la batería, fue empleado con éxito por los españoles, pero, por diversas razones, la llave de piedra no sustituyó a la llave de mecha en los ejércitos continentales hasta 1680 aproximadamente.

En Inglaterra, el mosquete de piedra «Brown Bess» fue oficialmente adoptado en 1690. Desde entonces se impuso el mecanismo de piedra, que demostró ser particularmente práctico para las pistolas. Cuando en 1660 terminaron las guerras de Inglaterra, Europa, por reacción contra el sangriento desorden de la época anterior, conoció un período de relativa calma.

Emerich de Vattel pudo escribir entonces: «Hoy es el ejército regular el que hace la guerra, y el pueblo, los campesinos y los ciudadanos no toman parte en ella y generalmente no tienen nada que temer de la espada enemiga.»

Las preocupaciones eran puramente políticas, la maniobra era preferida a la destrucción, ya que el soldado era un profesional disciplinado cuya vida no se podía arriesgar inútilmente. Louvois, ministro de la Guerra cíe Luis XIV, introdujo la formación en línea. Entrenadas por el famoso Jean Martinet, las tropas avanzaban en líneas de tres, al ritmo de ochenta pasos al minuto, todos los fusiles encañonados en un ángulo preciso y disparando un fuego de pelotón en cuanto se daba la orden. Una sola salva perfecta, como la de Wolfe, en Quebec, podía decidir el resultado de una acción. La pica había desaparecido y la reemplazó hacia 1700 la bayoneta de mango, mientras que el fusil de piedra seguía siendo el arma que respondía a todas las necesidades. Había nacido la infantería moderna.

La labor del gran ingeniero militar francés Sébastian Lepreste, conde de Vauban, ilustra el arte de la guerra en esta época. Construyó treinta y tres fuertes, ideó las paralelas, los caballeros y el tiro de rebote. Luis XIV y su corte solían instalarse en una colina cercana para seguir las últimas operaciones de Vauban.

Otro maestro en el arte de la guerra fue Federico de Prusia, cuyas tropas, reclutadas y no mercenarias, eran sometidas a una disciplina tan rigurosa que temían más a sus oficiales que al enemigo. El fue quien introdujo la artillería montada, una de las mayores innovaciones tácticas de aquel tiempo y utilizó eficazmente el mortero de campaña.

La batalla de Fontenoy (1745) llevó al lado de Federico a uno de los soldados y tratadistas militares más competentes de aquellos tiempos, Mauricio de Sajonia. Característico de aquellos tiempos era también la popularidad de los duelos, que generalmente se celebraban a pistola de piedra del mismo tipo, armas ligeras y seguras cuyo cañón octogonal medía 25 cm.

Durante la revolución americana reaparecieron ciertas pasiones ideológicas y métodos poco ortodoxos que caracterizaron el final de la época napoleónica. También es cierto que en Valley Forge, el barón von Steuben introdujo la disciplina en el ejército americano.

El mosquete de cañón liso era el arma de los dos bandos. Un regimiento inglés de quinientos «redcoats«, armado con Brown Bess, podía hacer salvas de ciento cincuenta disparos cada quince segundos lo que siempre producía un gran impacto en los americanos.

Por otra parte, los «redcoats» se encontraban con frecuencia ante situaciones en que la técnica del «riego» no servía gran cosa, por ejemplo cuando se enfrentaban en terreno accidentado con los americanos fronterizos que disparaban sus ráfagas mortíferas emboscados tras cada árbol o cada cerro al estilo de los indios.

He aquí la descripción que pudo hacerse de los carabineros de Daniel Morgan: «Salvajes y analfabetos, semejantes a pumas… calzados de botas grasientas de piel de gamo y vestidos con camisas de caza y gorros de piel.» A pesar de todo, fueron ellos quienes detuvieron a los ingleses en Freeman’s Farm en 1777.

Su famoso long-rifle Kentucky (la rotación imprimida a la bala por el rayado del cañón garantizaba la seguridad del tiro hasta 140 m.) procedía de la carabina más pesada, empleada durante mucho tiempo por los inmigrantes alemanes, que la habían introducido mucho antes en América, para la caza y el tiro al blanco. Ligera y graciosa, tenía una caja delgada, un ánima estrecha (calibre 40-45) y un cañón afilado de 5 pies de largo. A pesar del éxito de esta arma, no fue utilizada militarmente durante mucho tiempo.

Características de la Sociedad Feudal Las Clases Sociales o Estamentos

Características de la Sociedad Feudal- Las Clases Sociales o Estamentos

LA SOCIEDAD FEUDAL: A comienzos de la Edad Media, el mundo europeo se componía esencialmente de dos tipos de hombres: campesinos (labradores) y nobles (hombres de guerra).

Los otros estratos sociales (comerciantes y artesanos), situados entre estos dos tipos, eran poco numerosos y de relativamente poca importancia.

Durante aproximadamente un milenio, hasta el 1100 d.C., la vida se ruralizó sin profundas alteraciones: los campesinos trabajaron cada familia en su lote.

El labrador, ligado a la tierra desde la época de Diocleciano y Constantino, seguía el destino de ésta, sin desplazarse de una región a otra; estaba ligado social y económicamente al señor, a sus herederos o a los compradores de la tierra que trabajaba.

Era la servidumbre de la gleba. No podía emigrar ni huir, ni podía, por lo tanto, ser clérigo (sacerdote o intelectual), ni comerciante. Parte de lo que producía el campesino se destinó al noble —el »defensor»— a quien había sido confiado aquel feudo, y otra parte era entregada a la Iglesia.

Con la primera invasión de los bárbaros —nuevos señores—, y en especial a partir de la segunda (la de los normandos), sobre todo para la defensa, el señorío adquirió un acusado tinte militar: el antiguo propietario fue sustituido por el noble feudal.

El noble feudal, a su vez, había recibido estas tierras de otro señor —noble de mayor jerarquía— a cambio de su vasallaje.

Este vasallaje se traducía siempre en un pago fijo: trigo, madera u otros productos, más el compromiso de presentarse delante del señor en caso de guerra con tantos hombres armados y luchar por y con él o defenderlo en toda otra ocasión.

sociedad feudal

Había campesinos libres y pequeños nobles con pocas tierras y grandes nobles con numerosos feudos que arrendaban a terceros, constituyendo una pirámide de vasallaje.

En algunos territorios aparecen los reyes, elegidos —personalmente o como dinastía— entre los grandes nobles y por ellos también destronados muchas veces.

Es un mundo inmóvil. En la base de la pirámide, los campesinos ligados a la tierra, formando con ella una unidad productiva: el feudo.

Sobre esa base, una sucesión de pequeños, medios y grandes vasallos, de los cuales salían los reyes.

Paralelamente a esa pirámide, se erguía la pirámide de la Iglesia, también propietaria de feudos, pero con características propias.

Gracias al celibato clerical, sus tierras no se dividían entre herederos. En compensación, un hombre pobre, siempre que fuera libre podía ascender con mayor facilidad en la Iglesia que en el mundo laico.

Aquella base económica facilitó la organización de la Iglesia como el único gran poder centralizado del período y le permitió desempeñar importantísimo papel.

Los reinos medievales no tenían ninguna semejanza con las naciones modernas.

Un rey disponía de poder total sobre sus propios feudos (heredados, comprados o conquistados) y de un poder limitado sobre los de sus vasallos.

Las fronteras de sus dominios iban variando de acuerdo con los casamientos, alianzas, traiciones y juramentos de vasallaje.

Cuando los reyes morían, los herederos repartían el territorio del reino en varias partes: eran propietarios de tierra con vasallos, no jefes de un país o nación.

El universo feudal se presentaba, así, profundamente atomizado. Mas esa fragmentación llevaba, paradójicamente, a un cierto universalismo que dominó el pensamiento medieval.

Si todo el mundo estaba organizado de esa misma forma, si en todos los lugares la Iglesia disponía de los mismos poderes, y si todos los hombres respetaban costumbres semejantes, entonces todos los lugares se equiparaban y todos los hombres que los habitaban podían ser medidos por los mismos patrones y valorados de la misma manera.

Los intelectuales —en su abrumadora mayoría eclesiásticos, si se exceptúa a la minoría judía, generalmente alfabeta— poseían una visión más cosmopolita y unitaria de la especie humana, de su destino y de sus deberes.

En ese mundo, todos tenían su lugar designado, incluso antes de nacer. Como la nobleza era hereditaria, los recién nacidos ocupaban automáticamente el lugar del padre en la pirámide de la jerarquía feudal. La movilidad entre las categorías sociales era mínima. Pocos ennoblecían y sólo algunos campesinos entraban a formar parte del clero, aunque a veces llegaran a papas.

La sociedad feudal típica se dividía en estamentos hereditarios (estrato social específico con funciones propias), algo diferentes de la rigidez de las castas hindúes (se podía ennoblecer y desnoblecer), pero con menor flexibilidad que la sociedad de clases (división económica) de la Europa occidental moderna.

Basicamente estaban:

1-Los que oraban, el clero

2-Los que guerreaban, la nobleza

3-Los que trabajaban, los campsinos

ESQUEMA DE LA SOCIEDAD FEUDAL

cuadro sociedad feudal

LA VIDA EN LOS CAMPESINOS EN UNA ALDEA MEDIEVAL

LOS ALDEANOS: Los aldeanos en la Edad Media no eran dueños de la tierra que cultivaban. Francia estaba dividida en grandes dominios que pertenecían a los señores y a las iglesias. Cada dominio comprendía toda una aldea y su término.

El dueño se había reservado una parte de la tierra y la explotaba directamente. Todo el resto era cultivado por los aldeanos del dominio. Un dominio grande se llamaba villa y los aldeanos se llamaron villanos es decir, moradores de la villa.

Los campesinos habitaban casitas bajas, por lo común hechas con tablas y barro. Cultivaban sobre todo el centeno, la avena y el trigo. No se conocía aún el maíz ni la patata, y las mismas legumbres entonces conocidas no se cultivaban más que en los huertos de los señores y de las gentes de Iglesia.

El campesino no producía más que lo que era su sustento, y se alimentaba sobre todo con pan de centeno y avena cocida. Su trabajo consistía principalmente en labrar la tierra, sembrar, rastrillar, recoger la cosecha y trillar el trigo, sus instrumentos de labranza eran los mismos usados en la antigüedad.

Había también dehesas donde se llevaba a pastar el ganado, pero casi nunca prados artificiales, y el ganado del campesino era, por lo común, pequeño y delgado.

Se conservaban casi en todas partes grandes montos de encinas y hayas, en los que el villano podía cortar árboles para hacer su casa, fabricar sus instrumentos y quemar leña en su hogar.

A los montes enviaba también sus cerdos para el engorde. La carne de cerdo era casi la única que comían los villanos.

Cada familia cultivaba la misma tierra, de padres a hijos, tierra que no podía quitarle el señor que era el dueño. Pero en cambio tenía muchas obligaciones para con el señor.

Todos los años el villano pagaba al señor una pequeña renta en dinero, el censo, fijada por una costumbre muy antigua, y que no aumentaba. Pagaba otra, la talla, impuesta a cada familia, en ocasiones una vez, otras varias veces al año, según quería el señor.

Pagaba tributos en especie que se llamaban costumbres, gavillas de trigo, de avena, de hierba, vino, huevos, gallinas, cera, o un carnero, un cerdo, una cabra.

El villano debía ¡r a trabajar en la tierra que se reservaba el señor. Era la prestación personal. Debía, cierto número de días al año labrar los campos del señor, recolectar sus trigos, segar la hierba de sus prados, llevar a su granja las gavillas de grano y la hierba, labrar sus viñas, trillar su trigo, hacer reparaciones en los edificios, cuidar del buen estado de los caminos, de los fosos del castillo y de los estanques. Para estos trabajos debía llevar sus animales de labranza y sus carretas.

Tenía que llevar su trigo a moler al molino del señor, su pan a cocer al horno del señor, su uva al lugar del señor para hacer el vino.

Había de pagar cada vez que así hacía y no podía ir a otra parte; además estaba sometido a la justicia del señor. Si contravenía algo de lo establecido, le pagaba una multa.

Si era condenado por un crimen, el señor ordenaba su ejecución y confiscaba todos sus bienes. Contaba el señor entre sus rentas «su justicia», es decir, el derecho de imponer las multas, derecho que vendía o compartía con otro, siendo frecuente que un señor poseyera un cuarto o una mitad de la justicia de una aldea.

Los villanos eran entregados sin defensa a los caprichos del señor propietario de su aldea, porque tenía el derecho de juzgarlos y no podían pedir justicia a nadie contra él.

Ni siquiera tenían derecho a reunirse para el arreglo de sus asuntos sinn licencia del señor. En Nor-mandía, el año 996, los villanos intentaron emanciparse.

«El señor, decían, lo toma todo, hay demasiados tributos y cargas, no nos queda nada de nuestro trabajo». Tuvieron reuniones secretas y juraron apoyarse unos a otros. Pero los señores descubrieron el complot y se prendió a los descontentos.

No todos los villanos eran iguales. Algunos, llamados francos, descendían de hombres libres que habían venido a ser terratenientes del señor.

No pagaban más que tributos fijos y tenían derecho a irse renunciando a su tierra. Los otros, llamados, siervos, descendían de antiguos esclavos (es lo que quiere decir la palabra latina servus).

El señor no podía tratar al siervo como se trataba al esclavo romano, encerrarlo, venderlo, apoderarse de su mujer, ni siquiera quitarle su tierra. Pero conservaba el derecho de imponerle tributos y fijaba los trabajos que para el señor había de ejecutar.

Al siervo podían imponérsele cuanto tributo se quería, es decir, según la «merced» (piedad) del señor. No podía abandonar su tierra.

Pero el señor consentía algunas veces en fijar los tributos y las cargas a cambio de una suma de dinero, y a esto se llamaba igualar (fijar un límite) o emancipar.

Entonces los que habían sido siervos quedaban en situación de francos. De esta suerte fue disminuyendo el número de siervos, y a fines de la Edad Media sólo se les encontraba en algunas comarcas del este y del centro.

FORTUNAS BURGUESAS SOSTIENEN LAS CORONAS

Esa sociedad, tal como fue descripta, representa, sin embargo, un modelo ideal. Quiere decir que nunca existió de esta forma en estado puro.

Durante toda esa época, siempre existió en lo alto de la pirámide nobiliaria la tendencia de los nobles más poderosos a unificar todo el sistema feudal bajo un único centro y en un solo Estado, de la misma forma que ocurriría en la Iglesia (las tentativas más audaces fueron efectuadas por Carlomagno y, posteriormente, por varios emperadores del Sacro Imperio, como Federico II).

Pero esa unificación jamás se dio porque ninguna categoría social dirigente estaba interesada en un «Estado paneuropeo».

Los únicos que se empeñaban en ello eran los candidatos a emperador y algunos juristas e intelectuales, pero, sin el apoyo de una clase social importante, los sueños de unidad imperial morían con los interesados.

Entretanto, precisamente cuando la Iglesia Católica, bajo Gregorio VII, parecía haber vencido definitivamente a los emperadores, que no querían ser sólo el «brazo armado» unificado de un soberano, juez o arbitro general religioso, Europa comienza a fragmentarse en naciones que se sustraen a su imperio.

Algunos reyes consiguen lo que los candidatos a emperador no habían conseguido antes: poder para luchar contra los grandes nobles rivales y contra la Curia centralizadora. Y la fuente de ese poder es el dinero.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad H.W. Van Loon
Enciclopedia Encarta 2000
Historia Medieval Tomo II Editorial Kapelusz
Wikipedia
Historia Universal Tomo I Navarro-Gargari-Gonzalez-Lopez-PAstoriza
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I
Trabajo Enviado Por: Pedro J. Jacoby Para Planeta Sedna    (10-05-2012)

¿Que es la sociología?

Nobel y la Nitroglicerina

Nobel y la Nitroglicerina

Desde la fundación de la primera fábrica de nitroglicerina, Nobel comienza a realizar sus estudios sobre la nitroglicerina, con el objetivo de disminuir su sensibilidad, característica que hacía imposible su uso en forma pura.

La nitroglicerina fue descubierta por el químico italiano Ascanio Sobrero, el año 1846, y ocho años más tarde Crawford Williamson establece su composición química, , lo que facilitó que años más tarde, con un completo dominio de su estructura, Nobel pudiera ensayar con diversas sustancias para conocer, cuales podían atenuar su gran sensibilidad.

Después de un arduo proceso de experimentación, en el que estuvo a punto de no continuar los estudios emprendidos debido a una violenta explosión en 1864 que destruyó sus laboratorios, mató a cinco personas, entre los que figuraba su hermano menor Emil, y corrió gran peligro su vida.

Pero un día, por casualidad, notó que la tierra de infusorios o trípoli (tipo de piedra caliza porosa) ofrecía la propiedad de ser muy absorbente respecto de la nitroglicerina, pues retenía en sus poros un gran porcentaje de dicha sustancia lo que daba paso a una nueva mezcla, que continuaba siendo un gran explosivo, pero que hacía menos peligroso su manejo.

Corría el año 1867 y Nobel acababa de descubrir la dinamita, con lo que hacía posible el uso industrial de la nitroglicerina y se convertía en el creador de la pirotecnia moderna.

Consciente de que la dinamita no había aportado a la humanidad ni la felicidad ni la paz que él preveía, Alfred Nobel decidió en 1893 que su fortuna podría quizá contribuir a ello. En su primer testamento instituyó un premio destinado a recompensar algún descubrimiento científico que fuera en esa dirección, decisión que no contó a los herederos, que se inquietaron al verse desposeídos.

Aun así, Nobel se obstinó, y sería en París, el 27 de noviembre de 1895, que redactaría un segundo testamento.

Una vez que los herederos fueron favorecidos según lo que él consintió en legar, Alfred Nobel dispuso que el resto de su fortuna fuera invertida en instrumentos seguros, y que los intereses generados fueran distribuidos «a las personas que hayan aportado el mayor beneficio a la humanidad».

PREMIOS NOBEL: Cuando el testamento de Alfred Nobel fue revelado, en enero de 1897, no dejó de provocar revuelo, partiendo por el enojo de sus hermanos, que se consideraron expoliados. Nobel menospreciaba las fortunas por herencia, que según escribió, «no aportan más que calamidades, por la tendencia a la ociosidad que engendran en los herederos». Y sobre todo, al confiar la entrega de los premios a Suecia y a Noruega, Nobel provocó una crisis diplomática entre los dos países.

Fue sólo el 29 de junio de 1900 que los estatutos de la fundación Nobel serían promulgados, y los primeros Nobel, dotados de 150.800 coronas suecas, fueron concedidos al año siguiente, el día del aniversario de la muerte del inventor.

El físico alemán Roentgen, descubridor de los rayos X, el químico neerlandés Van’t Hoff, el médico alemán Von Behring y el poeta francés Sully Prudhomme fueron los primeros en recibir los premios Nobel. En cuanto al premio de la paz, fue compartido entre el suizo Henri Dunant, creador de la Cruz Roja, y el economista francés Frédéric Passy, fundador de la Liga internacional de la paz. Un sexto premio Nobel, en economía, fue instituido en 1968.

La Modernizacion de Japon Apertura Economica con Occidente

La Modernización de Japón Apertura Económica

APERTURA ECONÓMICA DE JAPÓN CON OCCIDENTE: La revolución Meiji fue una “revolución desde arriba”, dirigida por los altos estamentos contra el secular feudalismo japonés, que paralizaba el desarrollo económico de las islas, en favor de las todopoderosas familias del shogunado. Había que entrar en la órbita del mundo moderno y “contestar” al “desafío” de Occidente.

Japón Meiji: Al igual que China, a comienzos del siglo XIX el Japón vivía aislado del resto del mundo. A mediados de siglo, los Estados .nidos enviaron al Japón una flota al mando del almirante Perry ; :n el fin de lograr un acuerdo comercial entre ambas naciones. Luego de una intensa polémica desatada dentro del gobierno japonés, en 1854 se firmó el Tratado de Kanagawa, por el que sus puertos japoneses fueron abiertos a los barcos americanos.

1853: El comodoro Matthew Calbraith Perry se presentó con una escuadra de barcos de vapor armados hasta los dientes en la bahía de Edo, eso sí, de una forma pacífica. Era el encargado de obligar, poniendo de relieve la debilidad del shogun frente a las potencias extranjeras, a Tokugawa  a firmar el primero de una serie de tratados que obligarían al gobierno nipón a abrir sus puertos estratégicos al comercio con el resto de los países del mundo.

En los años siguientes, otras potencias occidentales lograron vengas semejantes. Esta apertura a Occidente desató en el Japón una serie de luchas internas entre los que defendían esa apertura los que se oponían a ella.

En 1868, los primeros lograron imponerse: el emperador, que tomó el nombre de Meiji, recuperó el poder que desde hacía siglos estaba en manos de grandes grupos feudales y el cargo de shogun (jefe de gobierno) fue abolido.

Se enviaron varios especialistas japoneses para analizar los gobiernos extranjeros y para seleccionar sus mejores características que se aplicarían en Japón; se redactó un nuevo código penal a imagen del francés, se estableció un Ministerio de Educación en 1871 para desarrollar un sistema educativo basado en el de Estados Unidos, que fomentaría una ideología nacionalista y la exaltación del emperador a partir del desarrollo del sintoísmo. El país experimentó un rápido crecimiento industrial bajo la supervisión del gobierno.

MISIÓN A OCCIDENTE:

En diciembre de 1871, los integrantes de la misión zarparon de Yokohama en vapor. En Estados Unidos pasaron siete meses, seguidos de cuatro en Gran Bretaña, después visitaron más brevemente Francia, Bélgica y Holanda, antes de llegar a Alemania en marzo de 1873 […] Por donde pasaban […] eran recibidos por jefes de Estado sosteniendo conversaciones con los principales ministros […]. Inspeccionaron departamentos gubernamentales, instituciones militares, parlamentos, juzgados, iglesias, museos, escuelas, bancos y fábricas de todo tipo. Se tomaron copiosos apuntes. Como resultado […] se llevaron a Japón un cuerpo de hechos y opiniones que fue publicado en cinco volúmenes en 1878, constituyendo una guía para la modernización en todos sus aspectos. Lo que es más, la actitud de los hombres de la misión quedó profundamente influida por las experiencias de este viaje.»
W. G. BEASUY. Historia contemporánea de Japón. Madrid, Alianza, 1995.

A partir de la restauración imperial de 1868, el Japón emprendió la tarea de construir un estado moderno. Se decidió, entonces, importar de Occidente las técnicas necesarias para superar el atraso japonés. Cientos de jóvenes fueron enviados a estudiar a Occidente y se contrataron asesores y expertos extranjeros para trabajar en áreas predeterminadas: construcción de ferrocarriles, instalación de máquinas en fábricas o enseñanza en las escuelas.

En 1872, se decretó el servicio militar universal y, unos años después, en 1877, un decreto abolió la clase de los samuráis, no sin un trágico enfrentamiento entre los soldados y los samuráis en Satsuma.

En 1889 se sancionó una constitución que establecía el carácter absoluto y sagrado del emperador, un mecanismo de gobierno altamente centralizado y burocratizado, la creación de dos cámaras legislativas, y que otorgaba el derecho al voto sólo a una minoría (poco más del 1% de la población total).

La restauración Meiji transformó rápidamente todos los sectores públicos de la vida japonesa: la educación, el ejército, la marina y, sobre todo, la economía. Se tendieron líneas férreas, se construyeron astilleros navales y se expandió la industria militar.

A partir de 1880, muchas empresas estatales fueron vendidas al sector privado en condiciones muy ventajosas, lo que constituyó el punto de partida para la formación de grupos familiares con actividades múltiples, los zaibatsu, como fue el caso de Mitsubishi.

La Union Aduanera de Alemania Zollverein Unificacion alemana Bismark

La Unión Aduanera de Alemania, El Zollverein

En Alemania, como en Italia, las fuerzas económicas e intelectuales se unieron para favorecer el despertar de un sentimiento nacionalista alemán. Fichte y Herder fueron los teóricos más relevantes de este movimiento que inspiró la visión conservadora del nacionalismo, mientras historiadores, poetas y músicos se esforzaron por encontrar el alma alemana en el pasado heroico y en las leyendas tradicionales. Fichte, quien manifestó claramente la necesidad de crear un Estado alemán unificado y un Imperio único, está considerado como un claro antecedente del pangermanismo, cuyos principios se fundamentan en la herencia histórica como definidora de la nación, en la predestinación metafísica y biológica de Alemania en el mundo y en la exaltación de la guerra como un hecho inevitable.

Antes de la formación de un Estado nacional unificado, el actual territorio de Alemania se encontraba dividido en un mosaico político de más de 30 Estados. Entre ellos se destacaron, por su importancia económica y política, Austria y Prusia.

Desde principios del siglo XIX se inició un proceso de organización de un Estado nacional en Alemania. Un paso importante en este proceso fue la formación de un mercado único en la región, impulsado por la aristocracia terrateniente —los junkers— de Prusia y la burguesía industrial de la cuenca del Rhur.

Un hecho trascendente se produjo en 1835 con el establecimiento de la unificación aduanera —Zoelverein

El nacionalismo económico: el Zolloerein

El primer paso hacia la unificación del país tuvo un carácter económico y fue impulsado por Prusia, que alentó la formación de un mercado único y la supresión de la multitud de fronteras que separaban a los diversos Estados alemanes.

En 1834 se creó el Zolloerein (unión Aduanera) entre todos los Estados de la Confederación Germánica con la exclusión de Hannover, las ciudades hanseáticas y Austria. Esta unión aduanera fue una primera victoria prusiana, ya que había conseguido implicar a todos los Estados alemanes en un proyecto común, y además. Austria, el gran lastre para la unificación, había quedado excluida.

El gran teórico de la unificación económica fue el economista List, quien defendió la necesidad de suprimir las fronteras interiores y la imposición de tarifas protectoras, como el medio más eficaz para fomentar el desarrollo industrial y poder hacer frente a la competencia británica. En efecto, la creación de un mercado único de carácter nacional fomentó la industrialización y el desarrollo de la red ferroviaria.

El crecimiento económico potenció la consolidación de una nueva burguesía industrial y de los negocios que manifestó su voluntad de colaborar en la construcción de la unidad nacional alemana que integró el territorio prusiano con otras regiones alemanas. Sin embargo, debido a las diferencias políticas entre Austria y Prusia, entre otras causas, el proceso de unificación no pudo llevarse a cabo en la primera mitad del siglo XIX.

Desde 1848 fue cada vez más intensa la actividad política de grupos nacionalistas que alentaban la formación de un solo Estado para todos los alemanes.

Plan de Operaciones de Moreno Para la Revolucion

Plan de Operaciones de Moreno Para la Revolución

Con esta revolución se formó el primer Gobierno independiente de la metrópoli española, Gobierno que luego le heredaría el nombre de Argentina; los sucesos que se desarrollaron aquí se agrupan en la ya conocida Semana de Mayo, los mismos empezaron el 18 de Mayo de 1810 y terminaron el 25 de Mayo del mismo año con la proclamación de la Revolución.

Con la llegada de la fragata Inglesa a Montevideo, se confirmaban los rumores de que España estaba en apuros; Napoleón Bonaparte la había invadido apresando a su rey Fernando VII quien sería reemplazado por el mismísimo hermano de Napoleón, José Bonaparte.

Estos acontecimientos le daban a saber a Buenos Aires que el poder de la corona se había trasladado a Cádiz, más precisamente al Consejo de la Regencia en donde ya se encontraban las tropas francesas. Este evento fue el primero y el que se encargó de desencadenar los siguientes sucesos que formarían la ya conocida Semana de Mayo y su posterior Revolución.

La estrategia y el Plan de Operaciones

Ver: Ideas Revolucionarias de Moreno y Monteagudo

La nueva Junta de Gobierno tiene que cumplir sin demora dos mandatos: llamar a los pueblos del virreinato para que envíen diputados a un congreso general que establezca el gobierno definitivo, y enviar una expedición al interior para ayudar a los pueblos a librarse de la previsible reacción de los grupos que se oponían al alejamiento de Cisneros.

Por supuesto, los nuevos gobernantes sabían que quienes todavía aspiraban a retener el poder serían sus más fervientes detractores.

Las duras acciones que tiempo después habrían de tomar los miembros de la Junta se vieron en parte justificadas en la necesidad de imponerse a los ataques de que eran objeto.

En julio de 1810, la Junta designará a Mariano Moreno para que redacte un Plan de Operaciones, el proyecto de estrategia política de la revolución.

Otras regiones americanas que ya se habían levantado contra el opresor español también habían contado con documentos que apoyaban sus gestiones, como había sido el caso del movimiento de los comuneros en el virreinato de la Nueva Granada, Colombia, en 1781.

El plan de la Junta de Buenos Aires estaba destinado a uniformar los propósitos y estrategias del nuevo gobierno, y estaba dirigido fundamentalmente al núcleo de patriotas revolucionarios. Por eso podía permitirse algunas metáforas y exageraciones: …y así, no debe escandalizar el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa, aun cuando tengan semejanza con las costumbres de antropófagos y caribes… Para conseguir el ideal revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales, aconsejará Moreno al presentar el documento en agosto de 1810.

Hay debates planteados sobre la autenticidad de este Plan de Operaciones. Un documento manuscrito que parecía ser la copia de un plan presentado a la Junta el 30 de agosto de 1810 fue hallado en el Archivo General de Indias en 1896. Las investigaciones posteriores demostrarían que dicho documento habría sido fraguado y escrito por un español intrigante que estaba al servicio de la corte de Portugal con el objetivo de desprestigiar al gobierno patrio. Este descubrimiento desató una polémica para la cual los historiadores todavía no han encontrado una respuesta definitiva. De todas maneras, la política de las autoridades revolucionarias fue muy parecida a lo aconsejado en el plan atribuido a Mariano Moreno.

La Junta necesitaba legitimar su poder y recibir el apoyo de todas las jurisdicciones. El 27 de mayo envió una circular a los gobiernos del interior para comunicarles su existencia y convocar al congreso de diputados.

A pesar del carácter de transitoriedad que en el cabildo abierto del 22 de mayo se había decidido que ten-dría el nuevo gobierno patrio, el día 28 la Junta tomó dos resoluciones que revelaban la preparación para el establecimiento de un régimen nada transitorio. Ya se sugería la necesidad de confeccionar el Plan de Operaciones.

En el orden externo, el nuevo gobierno envía como represente a España a Matías Irigoyen, aunque su verdadera misión consistía en ponerse en contacto con los británicos, asegurarles la adhesión de la Junta en su lucha contra Napoleón y pedirles ayuda contra las posibles hostilidades de Portugal. Al mismo tiempo, Irigoyen debía conseguir el permiso de Inglaterra para adquirir armas para la defensa del territorio.
En cuanto al orden interno, la Junta reorganizó la tropa y convocó al servicio a aquellos que no ejercieran tareas útiles.

Para obtener apoyo popular, el gobierno revolucionario decidió la creación de un órgano de prensa donde plasmar sus decisiones. Mariano Moreno será el director del nuevo periódico, La Gaceta de Buenos Aires. En sus páginas, el director escribirá cuarenta y seis artículos a lo largo de seis meses, en los que se encontrará la síntesis programática del proceso revolucionario.

En el plan se identifican tres clases de individuos:
– los adictos al sistema que se defiende. El plan establecía que en tiempos de revolución estos gozarían de ciertos privilegios e inmunidades. Ningún delito se les castigaría, salvo la infidencia y la rebelión. Se los promocionaría en las milicias y en la magistratura. Sus acciones serían generosamente recompensadas.

– los enemigos declarados y conocidos. Para éstos se recomendaba seguir «la conducta más cruel y sanguinaria’. Castigar con la pena capital ante la menor semiprueba de hechos y palabras sobre todo cuando la o las personas implicadas fueran de renombre, y moderar el castigo cuando las personas no fueran de talento, riqueza u opinión. Proponía decapitar a gobernadores, capitanes generales, mariscales de campo, coroneles, etc.

– los silenciosos espectadores o neutrales (en términos del plan, los verdaderos egoístas). Éstos debían ser vigilados por el gobierno. Se recomendaba cooptar, a través de dádivas, cargos o empleos a los hombres de riqueza, talento o ascendente sobre las poblaciones.

Entre los puntos más importantes del plan figuran indicaciones y sugerencias acerca de la conducta que el gobierno patrio debía asumir frente a las nuevas circunstancias; cómo ganarse la opinión pública y cómo combatir los focos reaccionarios. También se dan instrucciones para promover una sublevación de la Banda Oriental y rendir Montevideo, sin enviar un ejército desde Buenos Aires, para consolidar la revolución.

Por otra parte, se hace referencia a la forma que habían de tomar las relaciones de las Provincias Unidas con España: cómo contrarrestar los informes del enemigo; fingir lealtad a Fernando VII para ganar tiempo. La conducta a seguir con Portugal e Inglaterra es otro de los puntos importantes: había que garantizar la neutralidad o el apoyo de la potencia británica y generar la sublevación del sur del Brasil para unirlo a las provincias del Plata. También se considera la forma de favorecer el aumento de los fondos públicos para los gastos de la guerra y para crear fábricas, ingenios y fortalecer la navegación y la industria en general. El fin último: conseguir la independencia absoluta.

MIGUEL MAZZEO

Guerra Franco Prusia Causas y Consecuencias

Guerra Franco Prusia Causas y Consecuencias

Cuando el emperador francés Napoleón III dió cuenta de que la unificación alemana era un hecho, vislumbró que esta alianza era muy peligrosa para la integridad francesa. El poder militar de los prusianos y sus aliados germánicos se había hecho patente en la guerra de 1866 contra Austria, cuyo resultado produjo el traspaso de la hegemonía alemana desde este imperio a Prusia.

Bismarck, al mismo tiempo, animaba deliberadamente la diferencia creciente entre Prusia y Francia para atraer los estados católicos del sur de Alemania a una unión nacional. Asegurándose de la neutralidad rusa, italiana y británica, empujó las preparaciones de guerra en ambos lados, con la notable ineficacia en Francia y con la minuciosidad asombrosa en Prusia.

El pretexto inmediato para la guerra se presentó cuando el trono de España se ofreció al príncipe de la casa de Hohenzollern-Sigmaringen, una rama de la casa gobernante de Prusia. La oferta, al principio aceptada en el consejo de Bismarck, fue rechazada el 12 de julio, después de una fuerte protesta francesa.

Pero un anarquista francés, el duque de Gramont, insistió en convencer al rey de Prusia Guillermo I de Prusia (más tarde Guillermo I de Alemania), quién se negó, entregándole a Bismarck un telegrama para el gobierno francés apoyando su posición. Pero Bismarck lo modificó agresivamente, de manera que Francia se sintiera ofendida, y lo publicó. Los franceses, indignados, cayeron en la trampa y declararon la guerra.

AMPLIACIÓN DEL TEMA, PARA SABER MAS…

LA GUERRA DEL 1870. Napoleón III quedó consternado, pues la victoria de Prusia constituía un rudo golpe para la hegemonía francesa. En París se había creído que la lucha entre Prusia y Austria sería larga y dura, y que al fin Francia podría arbitrar una paz de la que pensaba sacar gran provecho.

Se veía claramente que Bismarck, una vez liquidada Austria, se dirigía contra Francia. Las exigencias del canciller aumentaban cada vez más y las relaciones franco-alemanas fueron empeorando de tal modo que no quedó más alternativa que la guerra. El motivo lo ocasionó el destronamiento de la reina Isabel II de España por la revolución de 1868.

El trono vacante fue ofrecido al príncipe Leopoldo de Hohenzollern, primo del rey de Prusia, lo que ocasionó la protesta de Francia, por entender que tal nombramiento rompía el equilibrio europeo y significaba un peligro para la paz. El embajador francés exigió a Guillermo I, que como cabeza de la familia Hohenzollern, prohibiera al príncipe Leopoldo aceptar el trono de España.

Bismarck comunicó telegráficamente a los Gobiernos europeos las exigencias francesas, tergiversando las manifestaciones del rey y dando motivo a que el Parlamento francés votara créditos extraordinarios y declarara la guerra a Alemania. El pueblo alemán recibió la noticia jubilosamente y recorrió las calles enarbolando banderas y entonando el himno patriótico «La Guardia del Rin».

Mientras el ejército francés se hallaba en un lamentable estado de desorganización, la máquina alemana maniobraba con arreglo a un plan premeditado y con su acostumbrada precisión, bajo la admirable dirección del anciano mariscal Moltke, quien unos días antes había exclamado: «¡Si puedo llevar a cabo esta guerra, llévese el diablo este esqueleto!»

En páginas anteriores, al hablar del reinado de Napoleón III se ha relatado el desastre de Sedán y la derrota francesa de 1870. El ejército alemán había conseguido triunfos que asombraron al mundo.

A consecuencia de estas victorias los príncipes alemanes sometidos a Bismarck constituyeron el Imperio Alemán, el llamado Segundo Reich, continuador del Sacro Imperio Germánico, bajo la presidencia hereditaria del rey de Prusia, y cuya proclamación tuvo lugar solemnemente el 18 de enero de 1871 en la galería de los espejos del Palacio de Versalles.

Paralelamente a estos sucesos, Alemania inició su expansión colonial en África y Oceanía (Togo, Camerún, África occidental y oriental alemanas, islas Marshall, etc.). En 1890 se concertó un pacto con Inglaterra sobre el África oriental; posteriormente se afincaron en Kiao-Tcheu (China) y adquirieron, por compra, la Micronesia española (Oceanía).

En 1888 murió Guillermo I y poco después su hijo Federico, sucediéndole Guillermo II (1888-1918), quien por su carácter enérgico no se avino desde el principio a servir de pelele a Bismarck. Entre ambos surgieron desavenencias que ocasionaron la dimisión del anciano «canciller de hierro» Guillermo II fomentó las construcciones navales para proteger su naciente imperio colonial y disputar a Inglaterra el dominio de los mares, a la par que desarrollaba extraordinariamente las fuentes de su riqueza y colocaba a Alemania entre las primeras potencias del mundo, pero la mejor época de su reinado pertenece, propiamente, al siglo XX.

Fuente Consultada:
Atlas de Historia del Mundo Edición de Kate Santon
Enciclopedia de Historia Universal Espasa Siglo XXI
Civilizaciones de Occidente Tomo B. J. Spielvogel

La Era Victoriana

Historia de la Venta de Alaska a Estados Unidos Por Rusia Resumen

Resumen Historia de la Venta de Alaska a Estados Unidos Por Rusia

Las primeras fuentes documentadas relatan que los primeros europeos en llegar a la región de Alaska provenían de Rusia. Sin embargo no hay hechos perfectamente contrastados sobre la fundación del primer establecimiento ruso en la misma.

Lo que si hay es una leyenda que habla de este primer establecimiento, fundado cuando los barcos de una expedición capitaneada por Semyon Dezhnev en 1648, fueron desviados de su ruta y desviados hacia lo que hoy es Alaska.

Venta de Alaska a Estados Unidos Por Rusia

Rusia estaba en una posición financiera difícil y temido perder el territorio de Alaska sin la remuneración en un cierto conflicto futuro, especialmente a sus rivales Británico, que podría capturar fácilmente la región del duro-a-defender. Por lo tanto el emperador Alexander II decidía vender el territorio a los EE.UU. y mandó al ministro ruso a los Estados Unidos, Eduard de Stoeckl, para entrar en negociaciones con Seward en el principio del marzo de 1867.

Las negociaciones concluyeron después de una sesión de la toda la noche con la firma del tratado a las 4 de la mañana de 30 de marzo, con el precio de compra fijado en $7.200.000 (alrededor 1.9¢ por acre).

Americano opinión pública estaba generalmente positivos, pero algunos periódico escritores y redactores tenía sensaciones negativas sobre compra de la tierra. Notablemente, uno de esos hombres era Horace Greeley de Nueva York Tribune.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

En 1867 la Rusia zarista tenía dificultades financieras y diplomáticas. El país tenía enormes deudas a raíz de su humillante derrota en la guerra de Crimea y los ministros del zar Alejandro II apenas podían administrar las vastas y dispersas tierras, propiedad del imperio. Alaska,. que era territorio ruso desde que el explorador Vitus Bering la reclamara en 1741, era una de esas propiedades enfadosas.

Aunque proveía de abundantes pieles de nutria y de foca, la Russian-American Company que operaba en el territorio requería de subsidios estatales para funcionar. Debido a su severo clima y limitado potencial agrícola, Alaska no era un lugar que atrajera a los colonos. Separadas del continente asiático por el mar de Bering, las inhóspitas costas de Alaska sólo tenían unas cuantas bases de comercio de pieles, un puñado de tramperos y algunos cientos de agentes y soldados rusos para mantener la autoridad del zar.

En caso de que Inglaterra o EUA codiciaran Alaska, el zar y sus generales no podrían defenderla de modo oportuno o efectivo. Los rumores de que en Alaska había oro y otros minerales valiosos sólo hacía más precaria la situación de sus dueños. El zar estaba seguro de que, en cuanto los estadounidenses supieran algo acerca de lo que yacía bajo la árida superficie de Alaska, surgiría una estampida similar a la que arrancó a California de México en 1849. Era mejor vender en ese momento el territorio por una suma modesta que permitir su pérdida a cambio de nada pocos años más tarde.
Alza de precio
A principios de marzo de 1867 el zar instruyó a su embajador, barón Eduard de Stoeckel, para que ofreciera por cinco millones de dólares el vasto territorio al secretario de Estado de EUA, William H. Seward. Se iniciaron de inmediato cordiales conversaciones en Washington.

Pronto quedó claro que Seward no sólo se interesaba en esta transacción: le urgía concluir las negociaciones. Expansionista declarado y creyente en el «destino manifiesto» de EUA para extender su dominio en Norteamérica, Seward estaba convencido de que Alaska, a pesar de su lejanía, cobraría con el tiempo un gran valor para su país. Tomó toda una generación comprender su verdadera valía. Pero Seward tenía que procurarse el apoyo del Congreso antes de que los enemigos del presidente Andrew Johnson tuvieran tiempo para reunir fuerzas y montar una contraofensiva.

Stoeckel, intuyendo la urgencia de Seward, adoptó una actitud despreocupada hacia la venta. Supuso que, conforme se elevara la ansiedad de Seward, ocurriría otro tanto con el precio potencial de Alaska. El ardid funcionó. En las siguientes dos semanas Seward elevó su oferta al indiferente Stoeckel. Finalmente, la noche del 29 de marzo, el representante ruso recibió una promesa de 7.2 millones de dólares y ambos estrecharon las manos. Seward insistió en firmar el tratado esa misma noche: ambos sacaron de sus camas a sus respectivos asistentes y se reunieron en el Departamento de Estado, donde rubricaron el tratado de 27 páginas a las 4:00.

Fuente Consultada: Secretos y Misterios de la Historia Reader´s Digest

Historia Conflicto de la Triple Alianza – Antecedentes

Historia Conflicto de la Triple Alianza

El conflicto que terminó enfrentando al Paraguay contra la Triple Alianza conformada por Brasil, la Argentina y el Uruguay comenzó en abril de 1863, como consecuencia inmediata de la invasión del Uruguay por parte de un grupo de disidentes liberales uruguayos («colorados»), comandados por el general Venancio Flores, para derrocar a gobierno, de tendencia federal («blanco») y aliado del Paraguay.

La invasión, preparada en Buenos Aires, contó con el apoyo naval del Brasil. Paraguay intervino en defensa del gobierno depuesto y declaró la guerra al Brasil.

Entretanto, el gobierno de Mitre se mantuvo neutral. La negativa del gobierno nacional a permitir el paso del ejército paraguayo por el territorio correntino llevó a Francisco Solano López, dictador del Paraguay, a declarar también la guerra a la Argentina.

Brasil, la Argentina y el Uruguay firmaron en mayo de 1865 un tratado de alianza secreto (la Triple Alianza), en el que se fijaban los objetivos de la guerra y las exigencias que se impondrían al futuro gobierno.

En la guerra confluyeron numerosos intereses, algunos de antigua data, como las políticas brasileñas de expansión territorial y de control de la cuenca del Plata, y la voluntad de abrir el mercado paraguayo al libre cambio con el exterior, de la que participaba también la Argentina.

ANTECEDENTES  Desde 1810 Paraguay sometido a una dictadura paternalista vivió aislado de la política rioplatense. Gaspar Rodríguez de Francia dirigió los destinos de aquel estado mediterráneo al que la fuerte rivalidad comercial con Buenos Aires instó a emanciparse de los gobiernos porteños. En 1840 falleció Francia y tras un breve intermedio, el poder quedó en manos de Carlos Antonio López quien de hecho se convirtió en gobernante absoluto. En 1862 falleció y su hijo Francisco Solano mediante una ficción constitucional heredó el poder.

La situación geográfica de Paraguay condenó este país a un callejón sin salida. Su puerta al mar, es decir. el libre acceso a las rulas comerciales de ultramar dependía de los ríos argentinos. La actitud prudente de Gaspar Francia que evitó mezclarse en los problemas de las regiones vecinas, fue alterada por los López sobre todo por el segundo de ellos.

El problema de los ríos se sumo a cuestiones de límites entre Argentina y Paraguay (Misiones y Chaco) y entre este país y el Brasil (en el Mato Grosso) heredadas de las imprecisas demarcaciones virreinales.

La navegación del Vio Paraguay (comunicación natural con la última región citada) era, al mismo tiempo. una cuestión de vital importancia para Brasil, y ello ocasioné diversos conflictos.

Causas de la Guerra de Secesion en Estados Unidos

Causas de la Guerra de Secesión en Estados Unidos

Los Estados Unidos de América apenas llevaban “unidos” poco más de ochenta años cuando la nación fue sacudida por la Guerra Civil. Una nación donde se fraguaban dos sociedades, cada una con modelos sociales, políticos y económicos distintos.

Una nación que en 4 décadas había visto multiplicarse varias veces su territorio, la compra de Luisiana a Francia, Florida a España, la anexión de Texas y la posterior guerra con México (1846-1848) De este modo en el espacio de una generación, había nacido un enorme pero aún vació imperio, y conforme se expansionaba también fue adquiriendo mayores proporciones el problema de impedir que las fricciones y conflictos internos la deshicieran.

El ambiente político de los Estados del Norte y del Sur había quedado moldeado por el interés del Segundo en sus plantaciones  y en la conservación de la esclavitud, mientras el primero se inclinaba hacia el comercio, la navegación y los intereses financieros; de un lado se encontraban los agricultores deudores, y por otro los capitalistas acreedores.

Después de la Independencia, los primeros fueron representados por el partido demócrata de Thomas Jefferson y los últimos por los federalistas (más tarde republicanos) bajo Alexander Hamilton.

Abolicion de la Servidumbre en Rusia Pogrom Judios Siervos Campesinos

Abolición de la Servidumbre en Rusia

Aunque de principio a fin sus historias han sido muy diferentes, Rusia y Estados Unidos compartían una característica común en la década de 1860. Eran los únicos estados del mundo occidental que tenían aún grandes sectores de pobladores esclavizados (los siervos rusos eran virtualmente esclavos). Los líderes de ambos países emitieron sendas proclamas de emancipación a dos años de diferencia uno del otro.

La servidumbre era el problema más abrumador de la Rusia a. La subyugación continua de millones de campesinos a la tierra y a sus señores era un sistema obviamente corrupto y fallido, feriados a los antiguos métodos de producción basados en el trabajo de los siervos, los terratenientes rusos se sentían presionados económicamente y no podían competir con la agricultura extrajera.

Los  siervos, que formaban la columna vertebral de la infantería rusa, carecían de educación y, consecuentemente, cada vez eran incapaces de manejar las más complejas máquinas y armas de guerra. La insatisfacción de los campesinos dio lugar también entonces rebeliones de esos mismos campesinos que fragmentaron el  campo.

El resumen siguiente está tomado del Decreto Imperial del 3 de marzo de 1861 que liberó a siete siervos rusos.

Decreto Imperial, 3 de marzo de 1861
Por la gracia de Dios, nosotros, Alejandro II, emperador y autócrata de todas las Rusias, rey de Polonia, gran duque de Finlandia, redera, a todos nuestros fieles súbditos, hacemos saber:

Llamado por la Divina Providencia y por el sagrado derecho de la herencia al trono de nuestros antepasados, hicimos el voto en tinas íntimo de nuestro corazón de responder a la misión que se nos ha confiado, de rodear de nuestro afecto y nuestra imperial solicitud a todos nuestros fieles súbditos de toda clase y condición, desde el guerrero que noblemente empuña las armas para la defensa del país hasta el humilde artesano dedicado a los trabajos industria; desde el funcionario en los altos puestos del Estado, al labriego cuyo arado abre el surco en la tierra… llegamos así a la conclusión de que la obra de una seria mejoría de la condición de los campesinos era una sagrada herencia ligada a nosotros por nuestros ancestros, misión que, en el curso de los acontecimientos, la Divina Providencia nos llamaba a realizar.

En virtud de las nuevas disposiciones antes mencionadas, a los campesinos ligados a la tierra se les concederá, dentro de un término fijado por la ley, todos los derechos de los cultivadores libres…

Al mismo tiempo, se les otorga el derecho de comprar su parcela y, con el consentimiento de los propietarios, de poder adquirir en completa propiedad las tierras arables y otras cosas accesorias que les sean asignadas para retención permanente. Mediante la adquisición en cabal propiedad de la cantidad de tierra determinada, los campesinos quedan libres de sus obligaciones hacia los propietarios por la tierra así adquirida, y entran definitivamente en la condición de campesinos libres: dueños de tierra.

Mientras muchas naciones europeas abolían el sistema feudal de la servidumbre, Rusia convertía aun mas personas en siervos. Los siervos eran gente sin derechos, relegada al último estrato de la sociedad. Lo único que los diferenciaba de los esclavos era la protección que sus amos estaban obligados a brindarles, de acuerdo con las normas feudales.

Los siervos desaparecieron en Inglaterra durante el Medievo, pero continuaron existiendo en muchos países del continente europeo. Francia abolió la servidumbre con la revolución de 1789; en Austria y Hungría duró hasta 1848; Rusia llegó en último lugar, y liberó por fin a sus siervos en 1861.

La emancipación de los siervos de 1861 fue el acontecimiento más importante de la historia rusa del siglo XIX. Fue el comienzo del fin del monopolio del poder ostentado por la aristocracia terrateniente. La emancipación supuso una aportación de nueva mano de obra a las ciudades; estimuló la industria y las clases medias crecieron en número e influencia; sin embargo, en lugar de cederles gratuitamente las tierras que habían trabajando, los campesinos liberados tuvieron que pagar un impuesto especial de por vida al gobierno, que a cambio pagó un generoso precio a los antiguos señores por la tierra que habían perdido.

En numerosas ocasiones los campesinos acabaron con las peores tierras. Todo el territorio cedido a los campesinos era propiedad colectiva de la mir, la comunidad aldeana, que dividía la tierra entre los campesinos y realizaba tareas de supervisión.

De todas maneras tras la abolición de la servidumbre se podría pensar que los campesinos estaban felices, pero una injusta distribución de tierras dejó a muchos antiguos siervos y a sus descendientes sin suficiente suelo para cultivar el adecuado alimento. Por irónico que parezca, la mejora en la atención médica empeoró la situación. Hacia finales del siglo diecinueve, un menor número de campesinos moría de enfermedades, lo que producía un mayor número de bocas que alimentar.

Los elevados impuestos alimentaron también el descontento. Nobles y profesionales citadinos no deseaban pagarlos para que su gobierno construyera una costosa flota de barcos de guerra, sólo para ver cómo los japoneses los echaban a pique durante la guerra ruso-japonesa, que duró de 1904 a 1905.

Los disturbios paralizaron el país. En 1905, los rebeldes eligieron sus representantes al Soviet de Diputados Obreros de San Petersburgo, asamblea para coordinar huelgas y manifestaciones. Pronto se formaron otros soviets por toda Rusia. En octubre de aquel año el zar Nicolás II aceptó realizar reformas, incluida la creación de un parlamento ruso: la Duma.

Al conceder a los infelices rusos un cuerpo legislativo, el zar esperaba suministrar una válvula de escape que diera rienda suelta a la insatisfacción política; un lugar para que la sociedad ventilara sus quejas, aunque en la práctica las soluciones no se dieran. Empero, la Duma estaba desde un principio destinada al fracaso. (ver: )

Fuente Consultada:
Historia Universal Ilustrada Volumen 2 John Roberts
Historia Universal Navarro – Gárgari -González – López – Pastoriza – Portuondo
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest

Dickens Edad de Oro de las Novelas Pasaje de Vida y Obra

Dickens Edad de Oro de las Novelas

El siete de febrero de 1812, Charles John Huffam Dickens nacía en Portsmouth, donde su padre trabajaba en una dependencia naval, el menor de una familia de ocho. Dos de sus hermanos morirán de niños. En 1817, la familia se trasladará a Chatham; en 1822, a Londres, la ciudad atrapada en su propio laberinto de humo y niebla que –salvo excepciones– tejerá el entramado indiscernible de un himno de exaltación.

«David Copperfield es la novela de las novelas; no la mejor, ni la más compleja, ni la más ambiciosa, ni la más trascendente…, no. Es la novela más novela de todas las novelas de la edad de oro de la novela.»

David Copperfield inaugura la gran etapa de Dickens que culminará en obras que, personalmente, considero de superior densidad, como Casa desolada o Nuestro común amigo. Pero lo que la hace única es su capacidad de absorber, conmover y deleitar a cualquier lector mínima o máximamente interesado por la lectura. Este inmenso relato se desenvuelve en un entramado claramente sentimental, ingenuo en ocasiones y caricaturesco en otras, pero la suma de sus elementos va atinando una vez tras otra en alcanzar todos los símbolos experienciales del desarrollo de un héroe de la vida moderna.

Armada con un dominio extraordinario de la trama, sostenida por un elenco de personajes inolvidables gracias al poder hipnótico de su caracterización tan elemental como escencialista, utilizando toda clase de recursos del melodrama, el humor, la intriga, la aventura y la melancolía, Charles Dickens se eleva sobre la sociedad inglesa sometida al brutal impacto de la revolución industrial para observarla y convertirla, cual un maestro de experiencia, en un campo de expresión literaria del nuevo mundo urbano.

EL TIEMPO DE LAS DESILUSIONES: Nacido en Portsmounth en 1812, era el menor de una familia de ocho hijos. En 1823 se mudó a Londres, y trabajó en una fábrica de betún para calzados, donde inicia su carrera laboral. Se compromete en secreto con Mary Beadnell, al año siguiente. Trabajó de reportero en la Corte de Justicia y cuando pidió casamiento a su amada esta los rechazó.

A pesar de sus múltiples ocupaciones, sus numerosos viajes y sus compromisos, Dickens tuvo dificultades para encontrarla felicidad. A su amigo y biógrafo John Forster le confió, en 1855, que sus esperanzas de mejoría eran nulas. Su matrimonio no iba bien y Charles reprochaba a Catherine su falta de cuidados por los hijos.

Agobiada de ello, Catherine lo dejó en 1858, abandonando al marido y a los hijos, confiándolos a su hermana Georgina que vivía con ellos desde el comienzo de su unión. A partir de 1855, Dickens se reencontró con su primer amor, Mary Beadnell, pero la joven grácil se había convertido en una mujer voluminosa. Nueva desilusión. Junto a la actriz Ellen Teman, Dickens trató de encontrar un poco de sosiego, pero sufría porque su amor no era correspondido.

Ellen le inspiró, no obstante, varios personajes femeninos positivos de sus últimas novelas, Grandes esperanzas (1861) y Nuestro mutuo amigo (1865). Ambas obras ofrecieron la parte bella a la atmósfera grisácea y parecían ser el reflejo de las decepciones amargas de su autor.

Para huir de sus deberes conyugales y de sus penas amorosas, Dickens emprendió largas giras, a partir de 1858, en las que presentaba lecturas de sus obras, reanudando así su pasión por el teatro. Hasta su muerte concedió más de 450 presentaciones. Estas giras extenuantes afectaron su salud; murió el 9 de junio de 1870, agotado por una vida casi sin descanso, dedicada a incesantes luchas. Inglaterra, que perdía a uno de sus más prestigiosos escritores, le dispensó exequias oficiales en la catedral de Westminster.

DAVID COPPERFIELD
Junto con Las aventuras de Oliver Twíst, David Copperfield es una de las novelas más célebres de Dickens, siendo su preferida y la más autobiográfica. Pero en ella el realismo está transfigurado por una poesía que borra las asperezas de la existencia. David, el pequeño huérfano, es la victima sufriente de un tutor violento y de un maestro de escuela tiránico. Al abandonar Londres para dirigirse a Dover, donde llega a ser pasante en un estudio de abogado, David se casa con Dora y aprenderá a olvidar sin rencor su infancia desdichada.

Descargar David Copperfield (picar en el botón)

Primeros Pozos de Petroleo en Estados Unidos Aceite Seneca

Primeros Pozos de Petróleo en Estados Unidos

El petróleo ya era conocido desde tiempos antiguos, pero su primera extracción se realizó en Estados unidos hacia 1859. Al principio se utilizó para el alumbrado público o el doméstico, pero fue el descubrimiento del motor de explosión lo que le dio su orientación definitiva. A partir de 1886, gracias a la patente de Daimler y Benz, los motores de explosión utilizaban como combustible un derivado del petróleo, la gasolina. Se abrió así una nueva expectativa que culminó con el nacimiento de la industria automovilística, mientras el petróleo y sus derivados se convertían en el producto energético fundamental con el que se sustituyó el carbón en los medios de transporte.

Para muchos, el petróleo era sólo una misteriosa grasa que salía del suelo y a la que sólo se le había encontrado utilidad en el campo de la medicina y la charlatanería. Se atribuye a Samuel Martin Kier la creación de la primera refinería en Estados Unidos y es por ello considerado uno de los “abuelos” de la industria del petróleo norteamericana.  Para Kier, como para muchos otros de los dedicados a la extracción de sal en Pensilvania, el petróleo era, en un principio, una molestia que contaminaba los pozos de su familia. Sin embargo, con el tiempo, pensó en sacarle algún tipo de provecho económico.

Aunque no tenía formación química ni científica, comenzó a experimentar con los diferentes productos que obtenía de su destilación. En 1848, lanzó varias medicinas “milagro” que curaban el cólera, el asma, las úlceras,… pero no tuvo demasiado éxito, demasiada competencia.

Los historiadores petroleros en los Estados Unidos dan el crédito a el coronel Edwin L. Drake por elprimer pozo petrolero comercial moderno. Su pozo alcanzo 22 metros de profundidad (72 pies). Siendo perforado en “Oil Creek” cerca de el pueblo de Titusville al este de Pittsburg , Pensilvania y comenzando su producción el 28 de Agosto de 1859. En aquellos días no habían automóviles siendo el campo medicinal el mercado principal para el petróleo. Era llamado aceite piedra o séneca y se vendía por 40 $ el barril aproximadamente, el cual el valor del dinero en 1859, era mucho mas alto.

Pero, en aquel momento, los métodos para obtener petróleo en los Estados Unidos eran más que primitivos. En general se embebían trapos en lugares donde el mismo rezumaba y luego se los retorcía colocando el producto en barriles y para 1853, casi todo el que se obtenía se utilizaba como una medicina milagrosa llamada Aceite Séneca.

Un grupo de emprendedores encabezados por el abogado George Bisell y el banquero James Towsend, dieron a un químico, Benjamin Silliman Jr., un poco del líquido para su análisis. Cuando Bisell tuvo los resultados del análisis percibió que, además de medicina, el líquido negro, es decir, el petróleo, serviría para iluminación. Adelantándose preventivamente a los acontecimientos, Bisell y Silliman Jr. fundaron laPennsylvania Rock Oil Company.

Se perforó en las cercanías de Titusville y en 1859 el petróleo brotó artificialmente por primera vez en los Estados Unidos. La era del petróleo comenzaba sin más trámite.

Por la facilidad de su destilado, aparecieron en los alrededores de Titusville cientos de fraccionadores que se dedicaban a la venta de combustible para lámparas sin tener en cuenta la calidad. Si el producto contenía más nafta que kerosene, la lámpara vienesa podía estallar y provocar un incendio.

El Origen de las Especies Publicacion de Darwin

Publicación de Darwin: El Origen de las Especies 

Charles Darwin nació en Shrewsbury (Inglaterra) en una familia de clase media. Estudió medicina en Edimburgo e interrumpió su carrera de pastor protestante en Cambridge. Entre 1831 y 1836 realizó un viaje como naturalista a bordo del barco científico Beagle. En esa larga expedición recorrió las islas del Pacífico y varios países sudamericanos: Brasil, Uruguay, la Argentina y Chile.

En 1859 publicó su teoría de la evolución por selección natural. Lo que más molestó de su teoría a muchos profesionales no fue la noción del cambio de las especies, ni la posible descendencia del hombre a partir del mono. Antes de Darwin la idea de la evolución y los indicios que incluían en ella al hombre ya eran compartidas por filósofos y naturalistas de la época. Pero todos ellos habían considerado la evolución como ..n proceso dirigido hacia un fin. Se creía que la «idea» del hombre y de la flora y de la fauna contemporáneas había estado presente, desde la primera creación de la vida, quizá en la mente de Dios. Así, cada nueva etapa del desarrollo evolutivo era una realización más perfecta de un plan que había existido desde el principio.

En el Origen de las especies, Darwin no reconoció ninguna meta establecida por Dios o por la naturaleza. En lugar de ello, sostuvo que la selección natural -operando en un medio ambiente dado y con los organismos que tenía a su disposición-, era responsable del surgimiento gradual pero continuo de organismos más complejos y articulados y mucho más especializados.

La creencia en la selección natural, resultado de la competencia entre organismos por la supervivencia (sólo sobreviven «los más aptos»), como productora exclusiva de las plantas, los animales y el hombre, era el aspecto más difícil y molesto de la teoría de Darwin. Ponía ¿r, discusión las convicciones acerca de la Creación y del Plan Divino, y abría un gran interrogante sobre el futuro de la Humanidad.

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES: La teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin, presentada en su libro de 1859 titulado El origen de las especies, sustenta el modo como los científicos enfocan, a partir de Darwin, el estudio de los seres vivos. La biología moderna, la antropología y la paleontología se basan todas en la idea de la evolución.

La mayoría de los naturalistas del siglo diecinueve creían que animales y plantas eran inmodificables desde que Dios creó el mundo. Otros observaban cambios, pero pensaban que un rasgo adquirido en vida podía trasmitirse a la descendencia, como si una yegua con un casco malo diera origen a un potrillo cojo. A los 20 años, Darwin (1809-1892) emprendió un viaje alrededor del mundo como naturalista a bordo de un barco de reconocimiento inglés. Sus observaciones lo hicieron dudar de ambas teorías.

La idea de que las especies evolucionan por selección natural se llama darwinismo, aunque el propio Darwin reconoció que por los menos otros 20 científicos habían propuesto ideas similares. Al contrario de los otros, Darwin sustentó su teoría con una enorme cantidad de observaciones y datos recopilados en todo el mundo.

Además, el naturalista escribió en un lenguaje sencillo, para que toda la gente pudiera leer El origen de las especies. El libro le trajo fama pero también oposición. Mucha gente religiosa condenaba cualquier teoría de la vida que no estuviera basada en la intervención divina. Algunos conservadores religiosos se escandalizaron con la noción, sugerida por el darwinismo, de que el hombre evolucionaba como los otros animales.

ALGO MAS…La idea básica de este libro era que todas las plantas y los animales evolucionaron durante un largo período, a partir de formas anteriores y mas sencillas de vida, principio conocido como la evolución orgánica.Darwin fue decisivo para explicar cómo funcionaba este proceso natural. Dio el primer paso partiendo de la teoría de la población de Malthus: en todas las especies, «nacen mucho más individuos de cada especie de los que es posible que sobrevivan», lo cual da como resultado una «lucha por la existencia». Darwin creía que «puesto que se generan más individuos de los que pueden sobrevivir, tiene que haber en todos los casos una lucha por la existencia, ya sea de un individuo con otro de la misma especie, o con individuos de distinta especie, o con las condiciones físicas de la vida». Los que triunfaron en esta lucha por la existencia se habían adaptado mejor a su ambiente, proceso hecho posible por la aparición de «variantes». Las variaciones aleatorias que ocurrían en el proceso de la herencia les permitían a algunos organismos ser más adaptables al ambiente que otros, proceso que Darwin llamó selección natural: «Debido a esta lucha [por la existencia], las variaciones, no importa cuan ligeras…, si son en medida alguna provechosas para los individuos de una especie, en sus relaciones infinitamente complejas con otros seres orgánicos y con sus condiciones físicas de vida, tenderán a la preservación de tales individuos y, en general, serán heredadas por la descendencia de éstos.». Los seleccionados naturalmente para la supervivencia («supervivencia del más apto») sobrevivían; no así los inadaptados, que se extinguían. Los aptos que sobrevivían, a su vez, propagaban y transmitían en herencia las variaciones que les permitía sobrevivir, hasta que, desde el punto de vista de Darwin, surgía una nueva especie distinta. Este libro solo trató de especies vegetales y animales. No se aplicó a los seres humanos, hasta un tiempo después cuando habló sobre la teoría de selección natural.

Biografia de Lesseps Comienzo de las Obras del Canal de Suez

Biografía de Lesseps Ferninand
Comienzo de las Obras del Canal de Suez

El Canal del Suez, es la vía fluvial que hace posible pasar directamente del Mar Mediterráneo al Mar Rojo atravesando el Golfo de Suez, sin necesidad de bordear el continente Africano como lo hacían los barcos dos siglos atrás cuando deseaban ir de Europa a Asia. El canal del Suez está localizado en una zona estratégica y es el canal más largo, hasta el momento, que puede ser ampliado y su profundidad aumentada en el momento que sea necesario. Debido a la estrechez del mismo, gran parte de sus 163 kilómetros tienen una sola dirección. Este canal desempeña un papel esencial en el comercio mundial.

LESSEPS FERDINAND MARIE

Lesseps Ferdinand

Empresario y diplomático francés (Versalles 1805-castillo de La Chenaie, cerca de Guilly, Indre 1894). Inició la carrera diplomática en Lisboa, de donde pasó a Túnez, El Cairo (donde trabó amistad en 1834-35 con el heredero del trono), Rotterdam, Málaga, Barcelona (1842-48; en 1842 abogó ante el general Espartero para que cesase el bombardeo de la ciudad), Madrid (ya como embajador, en 1848) e Italia.
Tras abandonar la diplomacia en 1848, en 1854, en Egipto, decidió con su amigo el virrey Moham-med-Said-pachá llevar a cabo la creación del canal de Suez, que suponía abrir un paso entre dos mares, el Mediterráneo y el Rojo. En 1855 empezaron los trabajos preparatorios, que tropezaron con obstáculos de todo tipo. Finalmente, tras numerosos viajes y conferencias públicas, obtuvo, a base de suscripciones, un capital de 200 millones de francos franceses. Logró, al mismo tiempo, vencer las resistencias diplomáticas, especialmente las británicas.

Biografía de Lesseps Ferninand

Ferdinand Marie de Lesseps nació en Versalles el 19 de noviembre de 1805, en el seno de una familia de diplomáticos y administradores que había sido ennoblecida en el siglo xvm por Luis XV. Desde su más temprana juventud, Ferdinand había de sentirse vivamente atraído por los viajes y aventuras de sus antecesores. La elección, algunos años después, de la carrera diplomática tendría mucho que ver con esta fascinación ejercida por las profesiones de su padre y de su tío Barthélemy. En el otoño de 1806, la familia Lesseps se trasladó a Toscana. Al cabo de muy poco, Mathieu fue destinado a Corfú, pero por la inseguridad de la isla Ferdinand quedó en Pisa, Italia.

En 1814 los Lesseps regresaron a París. Ferdinand gustaba en aquel entonces de practicar la esgrima y la equitación; solía además hacer largas carreras por los bosques de Saint-Germain y Marly. Su educación se realizó a expensas del estado, gracias a una bolsa de estudios que le fue concedida a su padre en reconocimiento de sus servicios en el cuerpo diplomático. Por ello pudo acudir al más prestigioso de los liceos de la época de la Restauración, el Henri IV, en donde tuvo por compañeros a los hijos del futuro rey Luis-Felipe.

A los veinte años, fiel a las tradiciones familiares, abandonó París y partió para Lisboa como alumno vicecónsul. Iniciaba así su carrera diplomática, que, salvo algunas excepciones, se desarrollaría en los países mediterráneos y que no abandonaría hasta 1849.En 1828 fue trasladado a Túnez, en donde también se encontraba su padre, a la sazón encargado de negocios y tras una breve estancia en Argel, pasó en 1832 a Egipto. Durante siete años permanecería entre los consulados de Alejandría y El Cairo. Lesseps se enamoró muy pronto de este país; estudió sus tradiciones y su gente, su diplomacia, su historia. Y se adaptó a las formas de vida orientales, hasta el punto de que influyeron enormemente en su carácter.

Las relaciones que mantuvo con la corte egipcia fueron excelentes; el bajá Mehemet Alí, que a la sazón gobernaba el país, guardaba un vivo recuerdo de la amistad que le había unido a Mathieu de Lesseps, y no había olvidado en absoluto la ayuda que el padre de Ferdinand le había prestado años antes para obtener el bajalato.

Cuando llegó a Egipto por primera vez (1832), uno de los pasajeros del barco en que efectuó la travesía desde Francia murió a causa del cólera; al llegar a Alejandría todos los integrantes del pasaje, Lesseps incluido, tuvieron que ser sometidos a cuarentena. Para Lesseps la inactividad forzosa a que se vio sometido fue un calvario.

Pero ocurrió que el cónsul de Alejandría le mandó al lazareto un paquete de libros para que pudiera ocupar su ocio. En el paquete se encontraban las memorias que Lepére —ingeniero que había acompañado a Napoleón I en su expedición a Egipto (1798)— había escrito; en ellas se describía el proyecto de construcción del «canal de los mares» y los trabajos de nivelación que el mismo Lepére había efectuado en el istmo de Suez.

Durante los siete años que Lesseps permaneció en Egipto tuvo muy pocos días de descanso. Sus estancias en París fueron fugaces, pero en una de ellas conoció a una joven de dieciocho años, Agathe Delamalle, hija de un célebre abogado parisiense. Lesseps se enamoró en seguida de ella y la boda se decidició (aunque hubo un aplazamiento de dos años por exigencias de su cargo diplomático y no se celebró hasta 1837). Después de permanecer un año en el consulado de Rotterdam, el joven matrimonio fue destinado en 1839 a Málaga.

En la primavera de 1849 el gobierno de Napoleón III envió a Lesseps a Roma como ministro plenipotenciario para cumplir una delicada misión diplomática, que fracasaría por diversos juegos políticos, y en donde Lesseps comprendió que había sido sacrificado políticamente y aceptó ponerse en situación de «disponibilidad». Lo que realmente había decidido era abandonar la diplomacia. A los cuarenta y cuatro años, Lesseps había terminado definitivamente su brillante carrera con un estrepitoso fracaso.

caricatura de lesseps construyendo el canal de suez

Caticatura de la época, donde Lesseps abre con sus brazos el futuro canal de Suez.

Lesseps se encerró durante cinco años en su propiedad rural de La Chés-naie, en el Berry. Perdió entonces al tercero de sus hijos (había tenido cinco) y a su mujer. Su vida, en poco tiempo, había cambiado bruscamente y era poco menos que un hombre acabado. No obstante, estos años fueron decisivos para el resto de su vida.

La libertad de movimientos que obtuvo de su fracaso diplomático le sirvió para reflexionar sobre la posibilidad de llevar a cabo la construcción del canal de Suez, el legendario proyecto de unión de los dos mares. Lesseps no era ingeniero ni tenía conocimientos de ingeniería; por otra parte, él no ideó el proyecto. Pero su mérito estriba en la elección que hizo de las dos alternativas que se presentaban.

Rechazó el proyecto de los sansimonianos, que se inclinaban por la construcción de un canal indirecto (esto es, de Suez a El Cairo para una vez allí aprovechar el cauce del Nilo hasta Alejandría), y eligió, superando los prejuicios que existían acerca del desnivel insalvable entre los dos mares, la vía marítima directa; en otras palabras, cortar el istmo de un mar a otro.

Esta solución para Lesseps era la única que podía conjugarse con las necesidades de la navegación marítima moderna. Lo que de todo punto ha sido cierto.

A finales de 1856 una Comisión internacional redactó sus conclusiones en las que el anteproyecto de Lesseps fue confirmado en su casi totalidad. Una primera batalla había sido ganada: dotar de prestigio y de reconocimiento al proyecto. Lesseps estaba ansioso por empezar.

A fines de 1858 recorrió de nuevo Europa, dando conferencias, publicando artículos en la prensa con vistas a organizar ya la compañía, y montó en París una pequeña oficina para centralizar todas las operaciones financieras. La operación fue un éxito total. Más de veinticinco mil suscripciones se habían conseguido en toda Europa, y más de la mitad del capital había sido cubierto por accionistas franceses.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: En 1798, Napoleón Bonaparte, quién estaba a cargo de la expedición Francesa a Egipto, pensó en unir los dos mares por medio de un canal navegable, los trabajos se iniciaron en 1799 al mando de Charles Le Pere; pero a causa de un error en los cálculos, se estimó que había una gran diferencia (de aproximadamente 9 metros) entre el nivel del Mar Mediterráneo y el del Mar Rojo, por lo que rápidamente se suspendieron los trabajos.

En 1833, un grupo de intelectuales franceses conocidos como los Saint–Simoniens llegaron al Cairo bastante interesados en el proyecto del Canal del Suez, a pesar de problemas tales como la diferencia en los niveles del mar. Fernando de Lesseps logró convencer al virrey de Egipto de la necesidad de construir un canal, aduciendo ventajas geopolíticas, comerciales y económicas.

El 30 de noviembre de 1854 se firma el Acta de Consesión para el comienzo de los trabajos que llevaría a reabrir la vía de navegación que uniría el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo. Superadas las gestiones administrativas y económicas de tan importante empresa, el 25 de abril de 1859 se inicia oficialmente los trabajos en el Canal de Suez.

El 25 de Abril de 1859 se iniciaron las excavaciones, las cuales duraron 10 años. Para la construcción del Canal primitivo, se requirió un movimiento de 74 millones de metros cúbicos y al iniciar los trabajos fue necesario excavar más de 160 Km. en el desierto sobre 22 metros de ancho y 8 metros de profundidad.

Lesseps eligió el trazado directo puesto a punto por Linant Bey y Mougel Bey. Trazado rectilíneo entre el Mediterráneo y el Mar Rojo, pero más difícil ya que se sitúa en pleno desierto.

El istmo era completamente desértico, sin un pozo ni una vía de comunicación. Al sur, un poblado de pescadores, al norte una costa pantanosa sin puerto, ni abrigo.

Fue necesario -condición primera de por vida– abastecer las obras con agua dulce: se llevó el agua del Nilo al istmo.

A continuación, era indispensable un puerto al norte, en primer lugar, para recibir el material procedente de Europa, más tarde, para recibir a los buques que transitaran por el canal. Sin embargo, la costa septentrional es pantanosa y no ofrece ningún abrigo.

Se creó entonces Port-Said: ciudad, muelles, canal, rada, todo surgió de las ciénagas del Golfo de Pelusa. Enfrente, se creó Port Fouad para albergar los talleres y almacenes generales y numerosas viviendas.

En noviembre de 1869 se procedió a la inauguración del canal de Suez; el «canal de los dos mares» se había convertido ya en una realidad, y el hombre que lo había hecho posible, Ferdinand de Lesseps, fue aclamado por toda Europa, cubierto de condecoraciones, exaltado. En Francia, la Sociedad de Geografía y la Sociedad de Ciencias le abrieron sus puertas. Se pensó en concederle el título de duque de Suez, aunque no le fue ofrecido sabiéndose que Lesseps —que por su familia era vizconde— lo rechazaría. Y hasta en la mismísima Inglaterra se le tributaría un homenaje al cabo de unos meses. De este modo se convirtió en el hombre más célebre del continente.

Pocos días después de la inauguración del canal, Ferdinand de Lesseps se casó por segunda vez con una joven criolla de veintiún años, Louise-Heléne Autard de Bragard, hija de un antiguo magistrado de la isla Mauricio. De este matrimonio nacieron doce hijos, el último de ellos cuando Lesseps cumplió los ochenta años. Su fortaleza y su vigor físico fueron poco menos que excepcionales.

En 1876, Lesseps, estimulado por el éxito de Suez, fundó una compañía para abrir un canal en Panamá. Inició vigorosamente una campaña cuyo objetivo era abrir un canal en Centroamérica que permitiese la comunicación entre el Atlántico y el Pacífico sin tener que descender hacia el sur hasta Tierra de Fuego ni hacia el norte por los fríos y complicados pasos del círculo polar.

Tras viajar a América para conocer de cerca la envergadura de la empresa, multiplicó las conferencias y operaciones propagandísticas. Iniciados los trabajos de movimientos de tierras, en 1889 la empresa fracasó por motivos tanto técnicos como financieros. La quiebra de la empresa dio origen a un proceso largo y escandaloso que amargó los últimos años de Lesseps.

Lesseps creyó que con su inmenso prestigio podría vencer todas las dificultades. Y nunca quiso reconocer su propia incompetencia técnica. En 1893 fue condenado a cinco años de cárcel por estafa y abuso de confianza, al igual que su hijo Charles. Una irregularidad del procedimiento judicial le evitó el cumplimiento de la condena. En La Chésnaie, su mujer y sus allegados le ocultaron en parte la verdad del proceso, y de modo muy especial los sufrimientos a que se vio sometido su hijo Charles.

Abatido, después de una lenta agonía moral de cinco años, Ferdinand de Lesseps murió el 7 de diciembre de 1894.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Ferdinand Marie Lesseps, “El Constructor del Canal de Suez” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

El Nacionalismo Italiano Objetivos

El Nacionalismo Italiano

Los territorios que más adelante configuraron Italia y Alemania constituían un ejemplo de lo que llamamos naciones multiestatales. Es decir, un territorio poblado por un conjunto de individuos que comparten el sentimiento de pertenecer a una misma unidad cultural y lingüística y con un pasado, unas tradiciones y unas costumbres que los particularizan, pero cuyo territorio se halla fragmentado en diferentes Estados.

En 1815 Italia quedó dividida en ocho Estados diferentes. El norte comprendía el reino Lombardo-Véneto, anexionado al Imperio Austríaco, y el de Piamonte-Cerdeña. El segundo, que fue ocupado por los franceses durante la revolución, contaba con una importante industria, una burguesía abierta a las ideas liberales y una monarquía, la Casa de Saboya, que había iniciado el desmantelamiento del absolutismo.

En el centro se hallaban cuatro pequeños ducados independientes (Parma, Módena, Lúea y Toscana), que eran satélites de la política austríaca. También se encontraban los Estados Pontificios, gobernados por el Papa y opuestos a la difusión de los principios liberales. El sur se hallaba ocupado por el Reino de Nápoles, en manos de los Borbones, que mantenían en pie una monarquía absoluta.

En la segunda mitad del siglo XIX. Entre las principales regiones de Italia en esta época, se destacaban: el reino de Piamonte y Cerdeña, en el norte; las tierras del Papado, en el centro, y los dominios borbones, de origen español, en Nápoles y Sicilia, además de múltiples territorios pertenecientes a la aristocracia terrateniente, en el sur de la península. Una parte importante de los territorios del noreste (Venecia, Trento, por ejemplo) se encontraban bajo el dominio de los austríacos.

El Reino de Piamonte y Cerdeña se convirtió en el principal impulsor de la creación de un Estado nacional unificado. La burguesía piamontesa, representada por industriales, políticos e intelectuales, fue la principal gestora de los movimientos nacionalistas que surgieron en este período.

En esta región se concentraba la mayor parte del potencial económico de la península y era la única zona industrialmente integrada al resto de Europa. Políticamente era gobernada por el rey Víctor Manuel y su ministro liberal, Camilo Cavour.

Este proceso tuvo la oposición de las fuerzas conserva doras principalmente, la aristocracia terrateniente del sur y el Papado, en el centro de Italia. El Papado fue uno de los sectores que mayor resistencia impusieron a los intentos de unidad, ya que temía la pérdida de sus territorios y aumento de la influencia del liberalismo en la región.

Batalla de Trafalgar Francia Invade al Imperio Británico

Batalla de Trafalgar – Napoleón Invade al Imperio Británico

La rivalidad franco-británica se intensificó más todavía al tomar el poder Napoleón Bonaparte y convertir la mayor parte de Europa en su propio imperio. Al conquistar España, Italia y los Países Bajos, Napoleón intentaba, a comienzos del siglo diecinueve, apoderarse de todo el continente.

Napoleón tuvo tanto éxito en sus conquistas militares y era tan poderoso que sus más enconados opositores — incluyendo Austria e Inglaterra — aceptaron firmar tratados de paz cuyos términos eran favorables a Francia; pero Napoleón era demasiado agresivo como para confiar en él, y la paz dio paso a nuevas guerras.

batalla de trafalgar

Además de su valía profesional como militar, Napoleón fue un político magistral y un genio de las relaciones públicas. Asimiló cualquier símbolo o idea que pudiera reforzar su posición a base de asociaciones, desde las abejas doradas del escudo de los antiguos reyes merovingios de Francia hasta la bandera tricolor de la Revolución de 1789, pasando por las águilas que enarbolaban sus regimientos, copiadas de las legiones de la Roma imperial. (Ver: Biografia de Horatio Nelson)

Aunque tuvo que abandonar la estrategia, Napoleón planeó una invasión de Inglaterra en 1805, el mismo año en que la flota británica, al mando del almirante Lord Nelson, derrotó a la marina combinada de Francia y España en Trafalgar. El emperador continuó combatiendo a Austria, Baviera y otros vecinos, ganando más batallas y forzando más tratados de paz efímeros que concedían ventajas económicas y territoriales a Francia.

Finalmente, en 1812, Napoleón cometió el grave error de invadir a Rusia, marchando con sus 500.000 hombres directo hacia Moscú.

Los rusos, conociendo tal vez lo que esperaba a los franceses, se retiraron progresivamente mientras quemaban las cosechas y suministros que no podían transportar, sin dejar provisiones para los hambrientos invasores.

Batalla de Trafalgar (1805)
Mientras ordenaba al almirante Fierre de Villeneuve dejar Cádiz, (España) y llevar las tropas a Nápoles (Italia) para atacar a Austria, Napoleón Bonaparte agregó un segundo pedido: atacar la flota británica si era divisada.

La orden anonadó a Villeneuve, quien se dalia cuenta que probablemente perdería en ese encuentro.

Tardó en acceder hasta que más tarde se enteró que el almirante Francois Rosily había sido enviado en su reemplazo. Para borrar la mancha de la degradación sobre su honor, el francés navegó hacia el Mediterráneo.

Su renuente partida, anterior al arribo de su reemplazante, resolvió a Nelson el problema de cómo tentar a la flota de Napoleón para luchar.

El 21 de octubre de 1805, Nelson, moviéndose indolentemente gracias a una ligera brisa, se topó con los 33 barcos de Villeneuve Dividió entonces sus fuerzas en dos columnas paralelas: un escuadrón de 15 barcos al mando del almirante Collingwood en el Royal Foreign y otro más pequeño y lento, de sólo 12, comandado por Nelson que viajaba en el Victoria.

El plan de batalla exigía que Collingwood navegara a la cabecera de la columna y atacara primero.

Poniéndose a tiro, el almirante inglés ejecutó una brillante maniobra en redondo y los barcos  iban detrás suyo siguieron su ejemplo y cargaron una andanada. Se introdujo entre el Fouqueux y el Santa Ana, que tenía cuatro cubiertas, separando los últimos 16 barcos en la larga línea de batalla.

batalla de trafalgar

Los navíos de guerra británicos vencieron a las flotas francesa y española en el cabo de Trafalgar en 1805. Esta victoria, reflejada en la imagen por una obra de Jack Wilson, otorgó a Gran Bretaña la supremacía marítima que, excepto algunos choques con la armada francesa durante las Guerras Napoleónicas, no fue cuestionada durante más de un siglo.

Nelson, con todos sus barcos siguiéndolo en una sola línea, continuaba haciendo fuego sin interrupción. Especulaba que, al conducir el barco guía con un rumbo en línea recta, los capitanes enemigos, desconcertados y confusos en cuanto al punto de contacto propuesto, aumentarían la velocidad para avanzar al mismo paso.

La maniobra de Nelson alcanzó su objetivo: se agrandó el espacio entre la mitad delantera de la flota francesa y los barcos de retaguardia separados ya por Collingwood, y eliminó la posibilidad que otros pudieran venir a socorrerlos.

Una vez que lo logró, dio vuelta velozmente hacia estribor y se trabó en batalla con el Kedoutable, que navegaba justo atrás de la nave capitana de Villeneuve, la Bucentaure, en el centro de la línea de batalla francesa.

El capitán Harvey, que lo seguía de cerca en el Temeraire, trataba de vencer al Redoutable por el otro lado. Un cuarto barco francés se unió al trío y se cerraron los cuatro en combate mortal.

Los artilleros de Nelson se vieron forzados a reducir las cargas de sus cañones de estribor para evitar que las balas pasaran de lado a lado del Redoutable y cayeran en el Temeraire.

Dos veces durante las cuatro horas de fuego, el almirante inglés ordenó el cese del fuego creyendo que la nave enemiga, que estaba con sus cañones momentáneamente en silencio, arriaría la bandera. Estaba equivocado y la última orden le costó a él la vida.

El momentáneo silencio le dio a los navegantes enemigos tiempo para renovar la batalla y dio, a un tirador escondido en la arboladura del Redoutable, una oportunidad para disparar la fatal bala de mosquete que hirió mortalmente al almirante Nelson, llamativo con su levita de almirante con 4 estrellas de caballería dispersas en su pecho izquierdo, era un blanco fácil para el asesino que estaba a sólo 15 yardas de distancia.

Más de 4.000 cañones tomaron parte en la histórica batalla. La victoria fue desproporcionada: Villeneuve perdió 18 barcos, Nelson ninguno.

Esta grandiosa batalla concedió a Inglaterra el control de los mares por 100 años, a pesar que costó la vida de su almirante más importante y de casi 1.600 hombres.

Capturaron como botín a las naves enemigas pero cuatro se fueron a pique durante el temporal que debieron soportar más tarde.

La famosa señal de Nelson, que ordenaba que enviaran su flota a «entretener» antes que los barcos se acercaran a luchar, fue dada verbalmente al oficial señalero diciendo «confía», verbo que debía seguir a la palabra «Inglaterra».

El oficial pidió después permiso para sustituir en su libro diséñales la señal 2-6-9 («espera») por «confía». Le fue concedido.

El mensaje decía: 253 269 863 261 471 958 Inglaterra espera que cada hombre cumplirá 220 370 4-27-19-24 con su deber. La señal también impresionó a Napoleón, quien más tarde la mandó pintar en sus barcos de guerra: «La France Compte que chacini fera son devoir».

Estandarte de un regimiento francés del suroeste

En 1804, Napoleón se convirtió en «emperador de Francia». En su ceremonia de coronación (pintada por David), Napoleón se coronó a sí mismo, aunque el papa Pío Vil había acudido a París para la ocasión.

Napoleón encargó a Jacques David que plasmara en el lienzo la espectacularidad y el boato de su régimen. Uno de los encargos consistió en pintar al emperador «tranquilo sobre un caballo encabritado» mientras dirigía a sus tropas a través de los Alpes italianos. 


Su interés por la arqueología quedó inmortalizado en este plato perteneciente al «servicio egipcio-», donde aparecen científicos franceses midiendo la esfinge (aunque también los soldados la utilizaron para prácticas de artillería).
 

En 1796, a la edad de veintisiete años, Napoleón Bonaparte quedaba al mando del ejército francés en Italia, donde obtuvo una serie de victorias que admiraron a sus contemporáneos. El uso que hacía de la rapidez, el engaño y la sorpresa para aplastar al adversario, es bien conocido. En este extracto de una arenga dirigida a sus tropas en Italia, Napoleón se revela también  como un maestro de la guerra psicológica. 

ARENGA DE NAPOLEÓN: «En dos semanas habéis obtenido seis victorias, tomado veintiún andartes, cincuenta y cinco piezas de artillería, diversas posiciones claves y conquistado la parte más rica del Piamonte [en norte de Italia]; habéis capturado 15.000 prisioneros y dado muerte o herido a más de 10 000 hombres… Habéis ganado batallas sin cañón, atravesado ríos sin puentes, avanzado a marchas forzadas sin calzado, acampado sin aguardiente y, a menudo, sin roldados de la libertad, sólo tropas republicanas podrían haber soportado lo que vosotros habéis soportado. Soldados, ¡tenéis nuestra gratitud! La Patria agradecida os deberá su prosperidad…

Los dos ejércitos que tan recientemente os han atacado con audacia corren delante de vosotros aterrorizados; los inicuos hombres que se reían de vuestras desgracias y se regocijaban ante la idea del triunfo de vuestros enemigos están confundidos y tiemblan.

Pero, soldados, no habéis hecho nada, comparado con lo que queda por hacer… Sin duda alguna los mayores obstáculos ya están superados; pero todavía os quedan batallas en las que luchar, ciudades que tomar, ríos que cruzar. ¿Hay alguno de vosotros cuyo valor se esté abatiendo? No… Todos vosotros os consumís en el deseo de extender la gloria del pueblo francés; todos vosotros anheláis humillar a esos reyes arrogantes que osan acariciar la idea de colocarnos grilletes; todos vosotros deseáis la firma de una paz gloriosa, una paz que indemnice a la Patria de los inmensos sacrificios que ha tenido que hacer; todos vosotros deseáis poder decir con orgullo, cuando lleguéis a vuestros pueblos: «¡Yo estuve con el ejército victorioso de Italia!».

Batalla Trafalgar

Batalla Waterloo

Batalla de Sedán Prusia ataca Francia Guerra Franco Prusiana

Guerra Franco Prusiana-Batalla de Sedán
Prusia ataca Francia

Batalla de Sedán (1870): En agosto de 1870, después de que el ejército francés, bajo el mando del mariscalBazaine, fue obligado a meterse en la poderosa fortaleza de Metz y sitiado por los prusianos, se le ordenó al mariscal MacMahon hacer el relevo. Este, a quien Napoleón le había dicho que la caída de Metz era una derrota inaceptable, marchó apurado a lo largo de la frontera belga hacia la plaza fuerte.

batalla de sedan

El comandante prusiano pudo a duras penas creer en su buena suerte. Abandonó su marcha a París e hizo dar vueltas a su fuerza hacia el norte para interceptarlo, planeando exterminar al desafortunado ejército francés contra la frontera belga.

Los dos enemigos chocaron en el norte del bosque de Argonne y los prusianos detuvieron el avance francés. Más tarde ellos fueron sorprendidos en Beaumoni, MacMahon se vio obligado a hacer retroceder a sus hombres que llegaban en más de 100.000 a la ciudad fuerte de Sedán.

Mientras tanto, Von Moltke había continuado cercando a los franceses y la situación se estaba aproximando velozmente a un estado crítico.

Antes de que MacMahon hubiera podido decidir un nuevo rumbo de acción, fue herido y en tanto su sucesor, el general Wimpffen, deliberaba sobre las alternativas, 250.000 prusianos pusieron sitio a Sedán y los franceses perdieron toda posibilidad de escape.

La artillería prusiana, que había dominado las alturas de la ciudad, bombardeó a los franceses atrapados.

El corajudo general Margueritte dirigió repetidas cargas de caballería intentando valientemente abrirse paso, pero todas fracasaron. Al final una bandera de tregua fue enviada desde el fuerte.

Los franceses se rindieron a las 4.15 de la tarde del 1° de septiembre; para sorpresa de los alemanes, ellos descubrieron que el mismo Napoleón III estaba en Sedán.

Con una pérdida de 9.000 hombres, los prusianos lograron un triunfo total; tomaron 100.000 prisioneros y mataron 17.000 irán ceses. Las tácticas superiores y la dirección prusianas hicieron temblar al 2.° imperio. La guerra ardió por otros 6 meses, pero Sedán fue la victoria crucial.

Fuente Consultada: Almanaque de los Insólito Tomo 3 Wallace-Wallechinsky

Batallas Pirricas Las victorias mas duras de la historia-Pirro Rey

Batallas Pírricas:Las Victorias Mas Duras

PENINSULA ITALICA (280-275 a.d.C)   

A principios del siglo III a. de O., el belicoso territorio del Epiro, al oeste de Grecia, era gobernado por Pirro, un rey guerrero en cuerpo y alma del que se decía que tenía el talante de Alejandro Magno y había heredado la fuerza de Aquiles.

Hoy, Pirro es considerado uno de los generales más sagaces de la Antigüedad, pero a él le corresponde también el dudoso honor de dar origen al término “victoria pirrica”.

Y es que, para Pirro, sus triunfos distaban mucho de serlo.

En 280 a. de C., los ciudadanos de Tarento, una antiguacolonia griega del sur de la península Itálica, solicitaron ayuda a los epirotas, ya que temían ser víctimas del expansionismo de Roma.

Pirro vio la oportunidad de llevar su influencia al otro lado del Adriático y fue allí con un formidable ejército de 20.000 infantes, 3.000 caballeros, 2.000 arqueros, 500 honderos y 20 elefantes de guerra.

La primera batalla importante tuvo lugar en Heraclea, al norte de Tarento. Aunque los elefantes atemorizaron a los 35.000 romanos que se les oponían, éstos se mantuvieron firmes.

Aun así, y a un alto precio —7.000 bajas romanas por 4.000 epirotas—, se impusieron las huestes de Pirro.

Un año más tarde, éste decidió asediar Asculum. Entonces, un contingente romano de 45.000 hombres intentó romper el sitio.

En el enfrentamiento murieron 6.000 de ellos, pero también 3.000 epirotas. Después de la retirada de los contendientes, un personaje del círculo de Pirro se presentó para felicitar por la victoria.

Y el estratega le contestó: “sí, otra victoria y estamos perdidos”. De hecho, en 275 a.deC., en Beneventum, cerca de Nápoles, los del Epiro y sus aliados fracasaron estrepitosamente y poco después abandonaron la península Itálica.

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GUERRA DE FLANDES (1567-1648)

La guerra de Flandes, librada por España y sus aliados durante 81 años , fue un inútil intento de someter las provincias protestantes holandesas.

Estas, apoyadas en ciertas ocasiones por las otras potencias, se habían rebelado contra la ocupación española que, entre otras cuestiones, había impuesto la inquisición en aquel territorio.

El pobre resultado de este enfrentamiento convirtió las primeras victorias en pírricos triunfos.

Así, la batalla de Ostende (1601-1604), en la que los ejércitos católicos perdieron hasta 70.000 hombres en los asaltos a la plaza o la toma de Breda (1.625), que salo resistió 12 años en manos españolas, eclipsaron los éxitos iniciales del Duque de Alba.

Al final, toda la campaña terminó enquistándose y aquel ingente número de hombres y recursos se convirtió, en buena parte, en el responsable de la bancarrota en la que se sumió el estado español en 1627.

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Los Héroes de Bunker Hill (EE.UU. 17-6-1775)

En los primeros compases de la Guerra de Independencia Americana se produjo un acontecimiento que convirtió aquella revolución en un conflicto muy real para los británicos.

No muy lejos de Boston, los rebeldes se habían hecho fuertes en Breed y Bunker Hill, dos lugares donde se habían atrincherado a la espera de la acometida de los 2.000 soldados británicos que mandaba el general Howe.

Después de bombardear toda la zona, los ingleses cargaron sus bayonetas y entraron en combate cerrado con los americanos.

Fue entonces cuando los defensores, por entonces poco preparados para este tipo de enfrentamiento, fueron desalojados de sus posiciones, aunque a un elevado precio.

De hecho, la mayoría de las bajas entre los rebeldes se dieron cuando trataban de alejarse de las colinas. Sin embargo, vendieron cara la derrota.

Todos los altos mandos a excepción del propio Howe y un gran número de oficiales—en total 1.054 británicos— se vieron alcanzados por los disparos. Más de 800 soldados resultaron heridos de consideración y 226 murieron.

Los americanos, en su mayoría granjeros dirigidos por comandantes veteranos de las guerras contra los franceses, perdieron 140 hombres y 30 fueron capturados.

Luego de constatar los problemas que había encontrado su ejército, considerado el más potente de la época, el general Thomas Gage, comandante en jefe de las tropas británicas en Norteamérica, no pudo sino hacerse eco de las palabras de Pirrro: “otra victoria así nos destruirá”.

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Borodino, el fiasco de Napoleón (RUSIA 5-09-1812):

Los historiadores de la antigua Unión Soviética celebraron Borodino como una victoria. A pesar de haber ganado la batalla, las pérdidas fueron desastrosas para los franceses, que no pudieron conservar Moscú.

En su avance hacia Moscú, y después de haberse adentrado unos 1.000 kilómetros en el territorio enemigo, Napoleón se encontró con que los rusos, enviados por Kutuzov, se habían detenido en su retirada y habían logrado agrupar unos 120.000 hombres alrededor de tres colinas.

En una de ellas, conocida como Gran Reducto, habían colocado 27 piezas de artillería. A pesar de la oposición, los franceses consiguieron tomarla y devastaron Borodino.

Eso sí, a costa de numerosas bajas y, de hecho, no pudieron impedir que los rusos la retomaran poco después. Las pérdidas fueron enormes para ambas partes.

Los rusos, luego de una carga desesperada de los coraceros de Murat y de la infantería, y presionados por el martilleo constante de la artillería pesada francesa, se retiraron. La victoria de Napoleón tuvo un costo excesivo para los magros resultados que le reportó: perdió 43 generales, 110 coroneles y 30.000 soldados.

Los rusos perdieron 60.000 hombres. Los mariscales de Napoleón criticaron la forma de dirigir la batalla y el fiasco que representó, ya que aquel enfrentamiento aumentó las bajas francesas que antes del combate ya ascendían a más de 150.000.

A pesar del desastre, Napoléon logró entrar en Moscú. Sin embargo, un impresionante incendio, que poco después devoró la ciudad, obligó a las tropas francesas a retirarse. Sólo 10.000 soldados del medio millón que iniciaron la campaña volvieron para contarlo.

Quizá por eso, los historiadores de la antigua Unión Soviética consideraron Borodino una rotunda victoria rusa.

Esta operación inspiró la película Un Puente Demasiado Lejos
El escaso avance logrado por los aliados no compensó las bajas sufridas

Market-Garden o un puente demasiado lejos: Holanda 16-9-1944: En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y luego de lograr desembarcar en Normandía e irrumpir en el continente, los ejércitos aliados tuvieron que detenerse en su avance hacia Berlín, a pesar de que ningún ejército alemán se les oponía.

Una serie de errores en el reparto de los suministros mantenía detenidas las columnas blindadas angloamericanas frente a las puertas de Holanda. Para superar la situación y dar un impulso a la ofensiva, Bernard Law Montgomry, comandante en jefe de las tropas británicas del frente occidental, propuso un lanzamiento masivo de paracaidistas y tropas aerotransportadas. Su objetivo era conquistar cinco puentes sobre los canales y ríos holandeses.

El general estadounidense Omar Bradley comentaría más tarde que se habría sorprendido menos de haber visto a Montgomery entrar ebrio en el cuartel general aliado que escuchar de su boca aquel plan.

A pesar del enorme despliegue de medios —en el primer día participaron más de 35.000 soldados, 1.113 bombarderos, 1.240 cazas, 212 cazabombarderos, 500 planeadores y 1.073 naves e transporte— la operación fue completada en seis días. En ese tiempo, los estadounidenses tomaron los puentes de Son, Vegel y Grave, pero fueron detenidos en Nimega.

Por su parte, los británicos se lanzaron sobre el de Arnheim, donde los esperaba una feroz resistencia alemana. De los 10.000 británicos que participaron en aquel ataque —incluida una división polaca— sólo sobrevivieron unos 2.000.

Y aunque el de Nimega fue tomado, cuando los alemanes rechazaron la ofensiva sobre Arnheim, todo lo que ingleses y americanos habían logrado se redujo a un saliente de terreno que había costado 17.000 bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos, es decir, un número mayor al que se produjo durante el desembarco de Normandía.

Las bajas alemanas, bastante inferiores, oscilaron entre los 12.000 y 15.000 hombres.

Al parecer, las pérdidas civiles holandesas también fueron cuantiosas, sobre todo a consecuencia de las evacuaciones y del cruento invierno que sobrevino aquel año. Muchas fueron las críticas a Montgomery, que a pesar de contar con una fuerza nada desdeñable, achacó su pírrico éxito a la falta de medios.

El Príncipe Bernardo de Holanda seguramente debió haber tenido estos hechos en mente cuando manifestó que su país “no podía permitirse el lujo de otra victoria de Montgomery”.