Biografia de Lesseps Comienzo de las Obras del Canal de Suez



Biografía de Lesseps Ferninand
Comienzo de las Obras del Canal de Suez

El Canal del Suez, es la vía fluvial que hace posible pasar directamente del Mar Mediterráneo al Mar Rojo atravesando el Golfo de Suez, sin necesidad de bordear el continente Africano como lo hacían los barcos dos siglos atrás cuando deseaban ir de Europa a Asia. El canal del Suez está localizado en una zona estratégica y es el canal más largo, hasta el momento, que puede ser ampliado y su profundidad aumentada en el momento que sea necesario. Debido a la estrechez del mismo, gran parte de sus 163 kilómetros tienen una sola dirección. Este canal desempeña un papel esencial en el comercio mundial.

LESSEPS FERDINAND MARIE

Lesseps Ferdinand

Empresario y diplomático francés (Versalles 1805-castillo de La Chenaie, cerca de Guilly, Indre 1894). Inició la carrera diplomática en Lisboa, de donde pasó a Túnez, El Cairo (donde trabó amistad en 1834-35 con el heredero del trono), Rotterdam, Málaga, Barcelona (1842-48; en 1842 abogó ante el general Espartero para que cesase el bombardeo de la ciudad), Madrid (ya como embajador, en 1848) e Italia.
Tras abandonar la diplomacia en 1848, en 1854, en Egipto, decidió con su amigo el virrey Moham-med-Said-pachá llevar a cabo la creación del canal de Suez, que suponía abrir un paso entre dos mares, el Mediterráneo y el Rojo. En 1855 empezaron los trabajos preparatorios, que tropezaron con obstáculos de todo tipo. Finalmente, tras numerosos viajes y conferencias públicas, obtuvo, a base de suscripciones, un capital de 200 millones de francos franceses. Logró, al mismo tiempo, vencer las resistencias diplomáticas, especialmente las británicas.

Biografía de Lesseps Ferninand

Ferdinand Marie de Lesseps nació en Versalles el 19 de noviembre de 1805, en el seno de una familia de diplomáticos y administradores que había sido ennoblecida en el siglo xvm por Luis XV. Desde su más temprana juventud, Ferdinand había de sentirse vivamente atraído por los viajes y aventuras de sus antecesores. La elección, algunos años después, de la carrera diplomática tendría mucho que ver con esta fascinación ejercida por las profesiones de su padre y de su tío Barthélemy. En el otoño de 1806, la familia Lesseps se trasladó a Toscana. Al cabo de muy poco, Mathieu fue destinado a Corfú, pero por la inseguridad de la isla Ferdinand quedó en Pisa, Italia.

En 1814 los Lesseps regresaron a París. Ferdinand gustaba en aquel entonces de practicar la esgrima y la equitación; solía además hacer largas carreras por los bosques de Saint-Germain y Marly. Su educación se realizó a expensas del estado, gracias a una bolsa de estudios que le fue concedida a su padre en reconocimiento de sus servicios en el cuerpo diplomático. Por ello pudo acudir al más prestigioso de los liceos de la época de la Restauración, el Henri IV, en donde tuvo por compañeros a los hijos del futuro rey Luis-Felipe.

A los veinte años, fiel a las tradiciones familiares, abandonó París y partió para Lisboa como alumno vicecónsul. Iniciaba así su carrera diplomática, que, salvo algunas excepciones, se desarrollaría en los países mediterráneos y que no abandonaría hasta 1849.En 1828 fue trasladado a Túnez, en donde también se encontraba su padre, a la sazón encargado de negocios y tras una breve estancia en Argel, pasó en 1832 a Egipto. Durante siete años permanecería entre los consulados de Alejandría y El Cairo. Lesseps se enamoró muy pronto de este país; estudió sus tradiciones y su gente, su diplomacia, su historia. Y se adaptó a las formas de vida orientales, hasta el punto de que influyeron enormemente en su carácter.

Las relaciones que mantuvo con la corte egipcia fueron excelentes; el bajá Mehemet Alí, que a la sazón gobernaba el país, guardaba un vivo recuerdo de la amistad que le había unido a Mathieu de Lesseps, y no había olvidado en absoluto la ayuda que el padre de Ferdinand le había prestado años antes para obtener el bajalato.

Cuando llegó a Egipto por primera vez (1832), uno de los pasajeros del barco en que efectuó la travesía desde Francia murió a causa del cólera; al llegar a Alejandría todos los integrantes del pasaje, Lesseps incluido, tuvieron que ser sometidos a cuarentena. Para Lesseps la inactividad forzosa a que se vio sometido fue un calvario.

Pero ocurrió que el cónsul de Alejandría le mandó al lazareto un paquete de libros para que pudiera ocupar su ocio. En el paquete se encontraban las memorias que Lepére —ingeniero que había acompañado a Napoleón I en su expedición a Egipto (1798)— había escrito; en ellas se describía el proyecto de construcción del «canal de los mares» y los trabajos de nivelación que el mismo Lepére había efectuado en el istmo de Suez.



Durante los siete años que Lesseps permaneció en Egipto tuvo muy pocos días de descanso. Sus estancias en París fueron fugaces, pero en una de ellas conoció a una joven de dieciocho años, Agathe Delamalle, hija de un célebre abogado parisiense. Lesseps se enamoró en seguida de ella y la boda se decidició (aunque hubo un aplazamiento de dos años por exigencias de su cargo diplomático y no se celebró hasta 1837). Después de permanecer un año en el consulado de Rotterdam, el joven matrimonio fue destinado en 1839 a Málaga.

En la primavera de 1849 el gobierno de Napoleón III envió a Lesseps a Roma como ministro plenipotenciario para cumplir una delicada misión diplomática, que fracasaría por diversos juegos políticos, y en donde Lesseps comprendió que había sido sacrificado políticamente y aceptó ponerse en situación de «disponibilidad». Lo que realmente había decidido era abandonar la diplomacia. A los cuarenta y cuatro años, Lesseps había terminado definitivamente su brillante carrera con un estrepitoso fracaso.

caricatura de lesseps construyendo el canal de suez

Caticatura de la época, donde Lesseps abre con sus brazos el futuro canal de Suez.

Lesseps se encerró durante cinco años en su propiedad rural de La Chés-naie, en el Berry. Perdió entonces al tercero de sus hijos (había tenido cinco) y a su mujer. Su vida, en poco tiempo, había cambiado bruscamente y era poco menos que un hombre acabado. No obstante, estos años fueron decisivos para el resto de su vida.

La libertad de movimientos que obtuvo de su fracaso diplomático le sirvió para reflexionar sobre la posibilidad de llevar a cabo la construcción del canal de Suez, el legendario proyecto de unión de los dos mares. Lesseps no era ingeniero ni tenía conocimientos de ingeniería; por otra parte, él no ideó el proyecto. Pero su mérito estriba en la elección que hizo de las dos alternativas que se presentaban.

Rechazó el proyecto de los sansimonianos, que se inclinaban por la construcción de un canal indirecto (esto es, de Suez a El Cairo para una vez allí aprovechar el cauce del Nilo hasta Alejandría), y eligió, superando los prejuicios que existían acerca del desnivel insalvable entre los dos mares, la vía marítima directa; en otras palabras, cortar el istmo de un mar a otro.

Esta solución para Lesseps era la única que podía conjugarse con las necesidades de la navegación marítima moderna. Lo que de todo punto ha sido cierto.

A finales de 1856 una Comisión internacional redactó sus conclusiones en las que el anteproyecto de Lesseps fue confirmado en su casi totalidad. Una primera batalla había sido ganada: dotar de prestigio y de reconocimiento al proyecto. Lesseps estaba ansioso por empezar.

A fines de 1858 recorrió de nuevo Europa, dando conferencias, publicando artículos en la prensa con vistas a organizar ya la compañía, y montó en París una pequeña oficina para centralizar todas las operaciones financieras. La operación fue un éxito total. Más de veinticinco mil suscripciones se habían conseguido en toda Europa, y más de la mitad del capital había sido cubierto por accionistas franceses.



ANTECEDENTES HISTÓRICOS: En 1798, Napoleón Bonaparte, quién estaba a cargo de la expedición Francesa a Egipto, pensó en unir los dos mares por medio de un canal navegable, los trabajos se iniciaron en 1799 al mando de Charles Le Pere; pero a causa de un error en los cálculos, se estimó que había una gran diferencia (de aproximadamente 9 metros) entre el nivel del Mar Mediterráneo y el del Mar Rojo, por lo que rápidamente se suspendieron los trabajos.

En 1833, un grupo de intelectuales franceses conocidos como los Saint–Simoniens llegaron al Cairo bastante interesados en el proyecto del Canal del Suez, a pesar de problemas tales como la diferencia en los niveles del mar. Fernando de Lesseps logró convencer al virrey de Egipto de la necesidad de construir un canal, aduciendo ventajas geopolíticas, comerciales y económicas.

El 30 de noviembre de 1854 se firma el Acta de Consesión para el comienzo de los trabajos que llevaría a reabrir la vía de navegación que uniría el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo. Superadas las gestiones administrativas y económicas de tan importante empresa, el 25 de abril de 1859 se inicia oficialmente los trabajos en el Canal de Suez.

El 25 de Abril de 1859 se iniciaron las excavaciones, las cuales duraron 10 años. Para la construcción del Canal primitivo, se requirió un movimiento de 74 millones de metros cúbicos y al iniciar los trabajos fue necesario excavar más de 160 Km. en el desierto sobre 22 metros de ancho y 8 metros de profundidad.

Lesseps eligió el trazado directo puesto a punto por Linant Bey y Mougel Bey. Trazado rectilíneo entre el Mediterráneo y el Mar Rojo, pero más difícil ya que se sitúa en pleno desierto.

El istmo era completamente desértico, sin un pozo ni una vía de comunicación. Al sur, un poblado de pescadores, al norte una costa pantanosa sin puerto, ni abrigo.

Fue necesario -condición primera de por vida– abastecer las obras con agua dulce: se llevó el agua del Nilo al istmo.

A continuación, era indispensable un puerto al norte, en primer lugar, para recibir el material procedente de Europa, más tarde, para recibir a los buques que transitaran por el canal. Sin embargo, la costa septentrional es pantanosa y no ofrece ningún abrigo.

Se creó entonces Port-Said: ciudad, muelles, canal, rada, todo surgió de las ciénagas del Golfo de Pelusa. Enfrente, se creó Port Fouad para albergar los talleres y almacenes generales y numerosas viviendas.

En noviembre de 1869 se procedió a la inauguración del canal de Suez; el «canal de los dos mares» se había convertido ya en una realidad, y el hombre que lo había hecho posible, Ferdinand de Lesseps, fue aclamado por toda Europa, cubierto de condecoraciones, exaltado. En Francia, la Sociedad de Geografía y la Sociedad de Ciencias le abrieron sus puertas. Se pensó en concederle el título de duque de Suez, aunque no le fue ofrecido sabiéndose que Lesseps —que por su familia era vizconde— lo rechazaría. Y hasta en la mismísima Inglaterra se le tributaría un homenaje al cabo de unos meses. De este modo se convirtió en el hombre más célebre del continente.



Pocos días después de la inauguración del canal, Ferdinand de Lesseps se casó por segunda vez con una joven criolla de veintiún años, Louise-Heléne Autard de Bragard, hija de un antiguo magistrado de la isla Mauricio. De este matrimonio nacieron doce hijos, el último de ellos cuando Lesseps cumplió los ochenta años. Su fortaleza y su vigor físico fueron poco menos que excepcionales.

En 1876, Lesseps, estimulado por el éxito de Suez, fundó una compañía para abrir un canal en Panamá. Inició vigorosamente una campaña cuyo objetivo era abrir un canal en Centroamérica que permitiese la comunicación entre el Atlántico y el Pacífico sin tener que descender hacia el sur hasta Tierra de Fuego ni hacia el norte por los fríos y complicados pasos del círculo polar.

Tras viajar a América para conocer de cerca la envergadura de la empresa, multiplicó las conferencias y operaciones propagandísticas. Iniciados los trabajos de movimientos de tierras, en 1889 la empresa fracasó por motivos tanto técnicos como financieros. La quiebra de la empresa dio origen a un proceso largo y escandaloso que amargó los últimos años de Lesseps.

Lesseps creyó que con su inmenso prestigio podría vencer todas las dificultades. Y nunca quiso reconocer su propia incompetencia técnica. En 1893 fue condenado a cinco años de cárcel por estafa y abuso de confianza, al igual que su hijo Charles. Una irregularidad del procedimiento judicial le evitó el cumplimiento de la condena. En La Chésnaie, su mujer y sus allegados le ocultaron en parte la verdad del proceso, y de modo muy especial los sufrimientos a que se vio sometido su hijo Charles.

elogios importantes para la mujer

Abatido, después de una lenta agonía moral de cinco años, Ferdinand de Lesseps murió el 7 de diciembre de 1894.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Ferdinand Marie Lesseps, “El Constructor del Canal de Suez” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

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