Batalla de Leipzig

Biografia de Talleyrand Charles Politico y Diplomatico Resumen

Biografía de Talleyrand Charles
Político y Diplomático Francés

Charles Maurice de Talleyrand nació el 2 de febrero de 1754. De familia aristocrática, de poca habilidad para la carrera militar, pero destacado en la política de Francia a partir de la Revolución Francesa en 1789, cuando participó en los Estados Generales, como representación del clero. Defensor de la nacionalización de los bienes eclesiásticos, fue excomulgado y a partir de entonces comenzó su carrera de gran diplomático.

Con el nombramiento de Napoleón como Empereur des Français, Talleyrand adquiere unas cuotas de poder y de riqueza inimaginables. Desempeñó un papel decisivo en el Congreso de Viena de 1815. Se mostró a favor de los Orleáns durante la revolución de 1830, y con Luis Felipe siguió desarrollando una habilidad extrema hasta su muerte

charles talleyrand politico

Charles-Maurice fue el segundo de los hijos de los condes de Talleyrand, pero la muerte de su hermano mayor, acaecida poco después de su nacimiento, le dio el derecho de primogenitura; su vida, por tanto, había de ser destinada al servicio de las armas. No obstante, antes de cumplir los cuatro años, Charles-Maurice sufrió un grave accidente: confiado a una nodriza, que le criaba en los alrededores de París, cayó de una cómoda y se dislocó un pie; a falta de los cuidados necesarios, el pie creció deformado y se convirtió en un accidente irreparable que habría de tener una importancia capital para el resto de su vida: puesto que su desgracia física le impediría la dedicación a las armas, sus padres decidieron que el niño seguiría la carrera eclesiástica.

Después de pasar una temporada en casa de su bisabuela, la princesa de Chaláis, Charles-Maurice fue internado a los seis años en el colegio de Harcourt; el celo religioso que caracterizaba a esta institución no despertaría ninguna inclinación religiosa en él; por ello, cuando cumplió los quince años sus padres le mandaron a Reims, en donde pasó un año como ayudante de su tío Alexandre, coadjutor de aquella diócesis; la intención de su familia era la de acercarlo a un clima propicio que estimulara su vocación religiosa.

En cualquier caso su carrera ya estaba decidida, y en 1770 ingresó en el seminario de Saint-Sulpice, donde pasaría cinco años, largos y tristes, como más tarde confesaría, y sin que en ningún momento se manifestara su vocación religiosa.

Talleyrand nunca sintió la vocación religiosa; ya poco antes de ingresar en el seminario había dicho a un amigo que si sus padres le forzaban a ser cura harían de él un ser espantoso; pero que se arrepentirían de ello. De este modo la vida inmoral y disoluta a que se entregó tan pronto como pudo abandonar el seminario era tanto consecuencia de su falta de vocación, como de una actitud compulsiva que buscaba la revancha por sus sufrimientos.

En 1788, encontrándose su pdre cerca de la muerte, pidió a Luis XVI que concediera, como una última gracia, la sede episcopal a su hijo. El rey transigió por fin y en noviembre de 1788 Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord fue nombrado obispo de Autun, pero en 1791 al ser elegido en administrador para el departamento de París, encontró el pretexto que buscaba para dimitir como obispo de Autun.

Convertido en alto funcionario de estado tenía sin embargo bloqueado el ascenso al gobierno por ser miembro diputado de la Asamblea. Monárquico de corazón, cifraba sus ideales de gobierno en una monarquía constitucional. Talleyrad temía a la Revolución y sus consecuencias; pero había comprendido que la mejor manera de defender los derechos de la aristocracia a que pertenecían pasaba por el camino de las reformas y no por el absolutismo realista sin concesiones.

A finales de 1792, tras descubrirse el archivo secreto de Luis XVI, se encontró la correspondencia que Talleyrand había mantenido con él en 1791, y en la cual le había ofrecido sus servicios. Fue entonces acusado oficialmente de traición no pudiendo regresar a Francia, embarcó en marzo para los Estados Unidos, pudiendo regresar a Francia en 1796 gracias a las gestiones de su amiga madame Staél.

En julio de 1797 fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores. Sus ideas sobre política exterior se orientaban entonces hacia una doble alternativa: restablecer la paz en Europa por un lado, y por otro, encauzar el expansionismo francés.

Cuando Napoleón regresó a París en octubre de 1799, Talleyrand fue rápidamente a verle, colaboró con él en las semanas que precedieron al 18 Brumario y al cabo de pocas semanas, volvía al ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyrand vivía inmerso en su trabajo: por las mañanas despachaba asuntos en su ministerio y por la tarde atendía a las representaciones diplomáticas. Sus ocios los dedicaba al whist y su insaciable afán de dinero le llevaba a especular muy a menudo en la bolsa. Las relaciones con su esposa, Catherine Grand casados solo por civil, eran poco menos que frías y consideraba su matrimonio como un fracaso.

Políticamente nunca logró imponer a Napoleón su política de «pacificación» consistente en una inversión de las tradicionales alianzas que Francia había mantenido hasta entonces, para él era necesario aliarse con Austria —país que debía desempeñar un papel de estado-tampón cara al expansionismo de Rusia y Prusia— y conseguir la neutralidad de Inglaterra.

Economicamente a lo largo de su carrera Talleyrand procuró sacar beneficio de todas partes; todo para él fue negociable en términos de dinero y susceptible de acrecentar su fortuna. De todos los tratados y acuerdos que se firmaron siendo él ministro sacó partido: grandes sumas de dinero que recibía de las naciones obligadas a negociar con Francia y que él llamaba golosinas. Su inmensa fortuna le permitió comprar, ya en 1803, el castillo de Valencay junto con una propiedad aneja de una extensión de más de 19.000 hectáreas.

En 1807 Napoleón le concedió el cargo de «gran dignatario» a que aspiraba, nombrándole vice-gran elector del Imperio, pero a cambio Talleyrand tuvo que renunciar a su ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyran jugó un papel de «amor y odio» hacia el emperador, y hasta se entrevistó con Fouché, jefe de la policía, con vistas a articular un posible complot contra Napoleón.

Como éste se entera muy parcialmente de sus propósitos y destituye a Talleyrand de su dignidad de gran chambelán del Imperio, aunque no de su cargo de vice-gran elector, por lo que Talleyrand ofreció sus servicios a Austria, y cuando este país reanudó la guerra contra Francia, el príncipe de Benavente le suministró información militar secreta.

Luego de la fracasada campaña a Rusia, organiza la trama política para desembarazarse del emperador, y se constituye como el futuro arbitro de la situación política, que podría orientar de acuerdo con sus ambiciones y con sus ideas. Cuando en marzo de 1814 los aliados entraron en París, Talleyrand tuvo en sus manos las mejores posibilidades para dominar la situación y encauzarla de acuerdo con sus proyectos: único interlocutor válido para los vencedores, se convirtió en el estadista que podía tender un puente entre la liquidación del Imperio y la restauración monárquica.

Por su propia cuenta negoció con los aliados las condiciones del armisticio, que más tarde se verían reflejadas en la Paz de París, donde Francia renunciaba a las conquistas del Imperio y retornaba a sus fronteras de 1792.

Talleyrand se sentía más que satisfecho: tras haber sido depuesto Napoleón y haber aparecido como el principal artífice de la Restauración, el camino para convertirse en el gran estadista que siempre había ambicionado ser estaba ya abierto y en parte ya había empezado a recorrerlo.

Por otra parte, y a pesar de algunos reproches, estaba igualmente satisfecho por el resultado de las negociaciones del armisticio: había conseguido aplacar el espíritu de revancha que animaba a algunos de los vencedores, y de este modo, tan sólo seis semanas después del regreso de Luis XVIII, Francia tenía asegurada la integridad de su territorio y los ejércitos aliados ya habían abandonado el país; con lo cual conservaba las manos libres para futuras negociaciones.

El nuevo rey le concedió de nuevo su antigua dignidad de gran chambelán, y a pesar de su manifiesta antipatía, le nombró secretario de Estado para Asuntos Exteriores.

Con la Restauración empieza la etapa política más importante en la vida de Talleyrand, la que había de confirmarle como un gran estadista y convertirle en una de las figuras de la diplomacia europea del sigloXIX.

Su oportunismo político, su ambición y su venalidad no pueden ocultar la coherencia de sus puntos de vista políticos: Talleyrand se sintió siempre continuador de la política exterior del Antiguo Régimen, y supo recoger en su experiencia la centenaria tradición de los Valois y los Borbones.

Mediante lo que él calificaba de politique de la mesure o de politique de la sagesse («todo lo que es exagerado es insignificante»), trató de apoyar siempre su diplomacia sobre una idea básica: la de mantener las «fronteras naturales» de Francia, las que poseía con anterioridad a 1792 y que habían sido sancionadas por ocho siglos de historia.

El otro principio básico de su estrategia diplomática se orientaba hacia la construcción de una Europa conservadora, basada en una alianza de Francia con Austria e Inglaterra, en oposición al expansionismo de Prusia y Rusia.

la restauracion de 1815 en europa

Gracias a la habilidad diplomática de Talleyrand, en el Congreso de Viena Francia, que había acudido a él como una-potencia derrotada, consiguió entrar a formar parte de las grandes potencias europeas y romper su aislamiento.

En el Congreso de Viena Talleyrand había de poner en juego su enorme talento negociador y su gran experiencia diplomática. Al llegar a la capital austríaca, acompañado por su sobrina, la condesa Edmond de Périgord, a la que había de convertir en su amante (por esta época Talleyrand ya se había separado de su esposa), alquiló un lujoso palacio y dio fiestas y recepciones muy suntuosas, lo cual formaba parte de su juego diplomático.

Su gran habilidad diplomática había de conseguir que Francia, que acudió al Congreso de Viena como una potencia derrotada, entrara a formar parte en el concierto de las grandes potencias europeas y rompiera su aislamiento. Para conseguir esto Talleyrand utilizó el apoyo que a Francia prestaron los pequeños estados, con un nacionalismo y incipiente, y que se oponían a la política de reparto de Austria, Inglaterra, Prusia y Rusia.

En la primavera de 1816 Talleyrand, que a la sazón contaba sesenta y dos años, partió para Valencay, dispuesto a gozar de su vida privada, de sus inmensas riquezas y de la compañía de la joven condesa Edmond de Périgord, futura duquesa de Dino.

En su retiro decidió entonces escribir sus memorias, con la intención de que no se publicasen hasta treinta años después de su muerte. Un hombre que había dedicado su vida a la diplomacia no podía por menos que escribir unas memorias diplomáticas. Talleyrand, además, siempre se había mostrado preocupado por la imagen que de sí mismo legaría a la posteridad.

En 1821, y a pesar de lo que se había prometido a sí mismo unos años antes, decidió volver a la política. Aunque esta vez lo hizo por abajo, ligándose a la oposición liberal en la Cámara de los Pares, pero luego de varios años como diplomatico francés se apartó definitivamente de la política y en 1834, al regresar de Londres, prsentó su dimisión.

Más tarde, en octubre de 1836, dio a conocer lo que él llamó «su manifiesto», en el que negaba que hubiera sido infiel —en el fondo de su alma— a la religión católica. La hora de su reconciliación con la Iglesia se acercaba.

El 17 de mayo de 1838 murió en París, después de haber firmado un acta de retractación y serle administrados los últimos sacramentos.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Charles Maurice Talleyrand – Editorial Planeta

 

 

 

 

Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Guerra Mundial

Economía de las  Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Segunda Guerra Mundial

Después de la segunda guerra mundial, muchos países del imperio colonia! francés en África adquirieron gran autonomía o incluso la independencia. En todo este territorio predomina un clima agobiante. El paisaje varía de la selva virgen al desierto, pasando por la sabana y la estepa. Las diferencias étnicas, religiosas y lingüísticas son enormes. Las poblaciones autóctonas se dedican, ante todo, a la agricultura. La industria ha sido totalmente creada por los franceses.

Hasta 1939, Francia ejerció, directa o indirectamente, influencia política y económica sobre numerosos territorios situados en todo el mundo, pero principalmente en Asia y África, es decir, sobre 12.500.000 km2 y 75.000.000 de habitantes.

De resultas de la guerra y de las aspiraciones de los pueblos a la independencia, este «imperio francés» se ha desmoronado en varias etapas. En 1944, en la Conferencia de Brazzaville se decidió aportar profundas modificaciones a la situación política, económica y social de los pueblos de ultramar.

En 1946, se constituyó la Unión Francesa, y las antiguas colonias pasaron a ser departamentos y territorios de ultramar que formaban parte integrante de la República Francesa, o territorios y Estados asociados.

En 1954, Indochina fue dividida en cuatro Estados independientes, y dos años después se reconoció la independencia de Túnez y Marruecos. En 1958 nació la Comunidad francesa: esta asociación de Estados soberanos se propuso a la República Malgache (Madagascar) y a doce Repúblicas africanas.

La única que se negó a adherirse fue Guinea. En 1960, los territorios africanos de Camerún y de Togo, que permanecían bajo tutela, accedieron a la independencia, y en 1962 un referéndum de autodeterminación dio como resultado la independencia de Argelia.

mapa de colonias de europa en africa

Mientras tanto, la Comunidad había evolucionado y se transformó en una red de convenciones más flexibles. La República Centroafricana, Gabón, República Malgache, Congo-Brazzaville, Senegal y Chad siguieron formando parte de ella, mientras que Camerún, Costa de Martil, Dahomey, Burkina Faso, Mauritania, Níger y Togo se unían a Francia por medio de acuerdos de cooperación. Excepto en Indochina y Argelia, estas reformas se realizaron sin grandes perturbaciones.

Gran parte de las antiguas colonias francesas se extiende al sur del Sahara, es decir, debajo de los trópicos, y ocupa unos ocho millones de kilómetros cuadrados. El conjunto se ha ido formando sobre un zócalo cristalino (granito y gneis), el más antiguo del mundo.

El relieve de esta inmensa región está formado, sobre todo, por mesetas muy extensas en las que se han abierto anchas cubetas (Níger, Chad, Congo) que a veces permanecen completamente aisladas a causa de conmociones  de la corteza terrestre (Futa Yalon, mesetas de Adamaua, Mayombé, montes de Cristal, Nimba, Camerún), acompañadas de fenómenos volcánicos. Por este motivo, el mar no puede ejercer influencia alguna sobre estas regiones, que poseen un clima agobiante.

Las regiones costeras también son de muy difícil acceso: por lo general son estrechas y discontinuas, con frecuencia pantanosas y bordeadas de bancos de arena o lagunas y, por último, rematadas por peligrosos rompientes.

Citaremos una excepción: la llanura del Senegal, en la costa occidental de África, la mayor del continente y una de las más fértiles. Dakar, que se halla situada en esta llanura y se encuentra protegida por un espolón volcánico, la península de Cabo Verde, es el mejor puerto de toda la costa occidental.

Esta inmensa región continental goza de un clima típicamente tropical con su estación seca y su estación de lluvias. En el norte predomina el clima sahariano, uno de los más secos y cálidos del mundo. En el sur, por el contrario, el clima es completamente ecuatorial, con lluvias continuas, sin estación seca.

Los suelos han sido totalmente destruidos por la erosión y las aguas. Depósitos de aluminio y de óxido de hierro han formado una gruesa corteza en la superficie. Y en las zonas asoladas por el harmatán (viento cálido del desierto que sopla de la tierra) incluso ha llegado a formarse un caparazón impermeable: el bowal.

Sin embargo, afortunadamente los suelos aluviales depositados en las cuencas proporcionan tierras laborables de buena calidad.

Todos los antiguos territorios franceses están surcados por grandes ríos que, no obstante, son mediocres vías de comunicación, pues su enlace con el mar es insuficiente.

Las regiones húmedas (cuenca del Congo, costas de Guinea) están cubiertas por una tupida selva.La atmósfera es tan pesada para los animales como para los hombres. En los lugares en los que las lluvias son menos abundantes, con una variación de 1.000 a 1.500 mm. al año (zona que se extiende desde Futa Yallon hasta la República Centroafricana), la vegetación es menos lujuriante. Si trazamos una línea de Dakar a Chad, al norte aparece la región de la estepa, cubierta de tupidas hierbas y matorrales espinosos, y después el desierto sin límites.

Futa Yallon o Fouta Djallon, región de altiplanicie del noroeste de Guinea. Está constituido por horsts basculados que alternan con profundos valles, aunque en las laderas orientales las pendientes son moderadas y los valles menos profundos. Esta región está compuesta por piedras areniscas del paleozoico que se inclinan hacia el oeste y cubren rocas del precámbrico hasta una profundidad de 760 m. El gabro y la dolerita se introducen formando capas o diques.

En este vasto mundo tropical vive una población que se calcula en 100.000.000 de habitantes. Esta población, que, por otra parte, está integrada por grupos muy distintos, se encuentra repartida de modo desigual: en el desierto y la selva virgen no llega a contar con un habitante por kilómetro cuadrado.

En la sabana alcanza los 80 habitantes por kilómetro cuadrado, y en las regiones mejor repartidas (Camerún, llanuras costeras de Guinea, orillas del Chad, por ejemplo), la cifra puede oscilar entre 50 y 200 almas.

En las estepas viven algunos pueblos de raza blanca: moros en el oeste y tuareg a lo largo del Níger. Por otra parte, la mayoría se ha mezclado con negros, especialmente con los peuls.

En la sabana se encuentran los primeros negros de raza pura. Sedentarios y de alta estatura, viven en poblados y se dedican a la agricultura: wolofs en Senegal, mandingas y songhais a lo largo del Níger, mosis en Burkina Faso y saras al sur del Chad.

En cambio, los negros de la selva son mucho más bajos, no tienen poblado fijo y sus sistemas de cultivo son primitivos. Los pigmeos pertenecen al grupo menos civilizado.

Todos estos pueblos hablan centenares de lenguas distintas que poseen numerosos dialectos. La religión varía: los pueblos de la estepa y la sabana son adeptos del Islam, y los de la selva, por lo general, animistas. El cristianismo también ha penetrado en la mayoría de comunidades.

Con 80 o 90 %, la agricultura sigue siendo la principal actividad de estas poblaciones. Existen algunos artesanos y comerciantes. En la selva es donde se practican los sistemas de cultivo más atrasados: para obtener tierras laborables recurren al fuego. Después remueven superficialmente el suelo con la azada. Por último siembran mandioca, maíz, legumbres, etc., todo mezclado. Los troncos de los árboles calcinados se dejan donde están, pues impiden la erosión del suelo durante la estación de las lluvias.

Cuando las tierras están agotadas, la comunidad se traslada y el proceso vuelve a empezar. La gente de la sabana tiene la labor algo más fácil y, por lo tanto, los cultivos son más variados. Además, también se dedican a la cría de ganado, imposible de practicar en la selva.

No existen, por así decirlo, industrias locales. Todo lo que hay en este aspecto es obra de los franceses, que explotan las riquezas minerales (especialmente oro, diamantes, hierro, bauxita y fosfatos) con gran eficacia y el material más moderno.

Ver: Historia de Sudáfrica

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Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

En Que Consisten Los Imperialismos: La democracia reconoce que cada hombre es libre y como tal responsable de su propio destino. Quien tiene conciencia del valor de su persona y de su libertad, estima y respeta la libertad de los demás.

El mismo principio es válido para los pueblos y naciones. Cada nación es libre y responsable de su propio destino histórico. Quien estima y respeta la libertad de su patria, respeta a las patrias ajenas.

Ningún pueblo tiene derecho a dominar o subyugar a otros, como ningún hombre tiene derecho a dominar a otro hombre. El orden y la organización internacional deben lograrse respetando la libertad de cada pueblo, como el orden dentro de cada comunidad debe lograrse respetando la libertad de los ciudadanos.

El imperialismo es la negación de estos principios. Es el afán de un pueblo de extender su dominio sobre otros.

En la historia han existido muchos imperios: el asirio, el egipcio, el chino, el helénico, el romano, el español, el inglés.

Los antiguos imperios extendían su dominio sobre pueblos más débiles, generalmente por la fuerza de las armas.

Actualmente también existen afanes imperialistas, deseos de extender el dominio nacional sobre otros pueblos. Pero para ello, más que a la fuerza militar, se recurre a la penetración ideológica o al dominio económico.

Sus manifestaciones antidemocráticas: El afán imperialista no se compagina con la democracia porque no respeta la libertad y derechos de los pueblos, ni les permite la realización de su destino.

Como todas las personas, a pesar de la diversidad de cualidades y bienes, son iguales en su dignidad, también los pueblos, a pesar de sus diferencias culturales o económicas son iguales en su dignidad.

La libertad de los pueblos es para la democracia tan sagrada como la libertad de las personas. Conforme a este principio la Argentina en su política internacional siempre ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención en los asuntos internos de los otros estados.

Como personas y como ciudadanos tenemos la obligación de preocuparnos por nuestro prójimo y ayudarlo en lo que podamos. Pero no podemos disminuir su libertad y su responsabilidad personal, ni atrepellar sus derechos. Lo mismo vale respecto a los pueblos.

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

TIPO A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

TIPO B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

TIPO C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Organización de las Colonias Europeas en África Imperialismo Europeo

Organización de las Colonias Europeas en África

Organización de las colonias europeas en África: Una vez instalados, los europeos se dedicaron a organizar sus nuevas posesiones. Hubo dos tipos de relación reconocidas oficialmente: el protectorado y la colonia propiamente dicha.

colonialismo europeo

En el primer caso —que se aplicó en la región mediterránea y después en las ex colonias alemanas— las naciones «protectoras» ejercían teóricamente un mero control sobre autoridades tradicionales; en el segundo, la presencia imperial se hacía sentir directamente. Sin embargo, en lo que respecta al aspecto político, hubo algunas diferencias entre los sistemas aplicados por cada nación dominante.

Inglaterra puso en práctica el indirect rule (gobierno indirecto) que consistía en dejar en manos de los jefes autóctonos ciertas atribuciones inferiores reservando para el gobernante nombrado por Londres y unos pocos funcionarios blancos el control de estas actividades y la puesta en marcha de la colonia. Francia, más centralizadora, entregó a una administración europea la conducción total de los territorios; Bélgica aplicó un estricto paternalismo sostenido por tres pilares: la administración colonial, la iglesia católica y las empresas capitalistas mientras Portugal, por su parte, recurría también al paternalismo, pero esta vez basado sobre la imposición «educativa» del trabajo obligatorio.

Cualquiera que fuere el sistema político imperante, todas las metrópolis compartían el mismo criterio respecto de la función económica de las colonias: la colonización no se había hecho para desarrollar económica y socialmente a las regiones dominadas sino para explotar las riquezas latentes en ellas en beneficio del capitalismo imperial. Puesto que «la colonización y el desarrollo de la economía capitalista están en una relación dialéctica estructural» (Isnard), las superganancias originadas localmente eran enviadas a Europa para aumentar allí las posibilidades de inversión, crear nuevas oportunidades de empleo, acrecentar los salarios y permitir una mayor especialización.

Por e! contrario, en África se asistía al proceso opuesto: «desinversión» en hombres y capitales, salarios fisiológicos, limitación de la capacitación profesional. El empobrecimiento del Continente era la contrapartida lógica del enriquecimiento metropolitano.

Para lograr ese objetivo final, todos los sectores de la producción —agricultura, comercio, industria— fueron organizados sobre una base monopolista y con vistas a la exportación. En el sector agrícola, los cultivos de subsistencia fueron reemplazados o rechazados hacia regiones menos fértiles, por la nueva agricultura de plantación, practicada por grandes empresas (o empresarios) en enormes latifundios que concentraban la labor de millares de campesinos desarraigados de sus tierras.

Las plantaciones se dedicaron al monocultivo de algunas especies —cacao, café, maní, hevea (caucho), vid, etcétera— que no estaban destinadas a satisfacer el consumo local sino a venderse en el exterior. Las consecuencias de esta reorientación de la agricultura fueron de muy diversa índole y afectaron a la sociedad africana en todos sus niveles. Por un lado, las organizaciones tradicionales —la tribu, la aldea, la familia-— que se basaban sobre la agricultura de subsistencia o la ganadería itinerante, practicadas por la comunidad sobre tierras también comunes, y que exigían abundante mano de obra, predios extensos y propiedad colectiva, perdieron toda base de sustentación.

Aldeas y tribus fueron trasladadas o dispersadas y sus tierras atribuidas a los colonos blancos o a las empresascapitalistas, mientras los indígenas eran concentrados en reservas, instalados en zonas estériles u obligados a trabajar como peones para sus nuevos amos.

Por consiguiente, los hombres aptos para la producción huyeron de un medio que no les ofrecía ya grandes perspectivas de supervivencia, se emplearon en los latifundios o fueron a engrosar las filas de desocupados que esperaban un salario de las nuevas empresas.

La pérdida de este potencial humano transformó a muchas aldeas en «cáscaras vacías», habitadas casi exclusivamente por mujeres, niños o ancianos; desorganizó a la tribu, que ya no pudo desempeñar su papel de estructurador social y trastornó la familia por la dispersión de sus miembros. En su lugar, las plantaciones se convirtieron en el factor determinante de toda la vida de una región, acaparando las inversiones, reordenando la sociedad y dominando la política local.

Este fue el caso de Liberia, coto cerrado de la Firestone Rubber Co., empresa de capitales norteamericanos, que poseía diez millones de heveas y requería 30.000 hombres para» su explotación. En 1951 ella sola proveía al país del 90 % de sus exportaciones, y de hecho lo había convertido en su propiedad privada.

El ejemplo de la Firestone destaca otros órdenes de efectos que conviene Citar: las distintas regiones africanas se especializaron en algunos de estos productos, de ahí una dependencia estricta con respecto al mercado internacional y el condicionamiento de toda la economía local por las bruscas fluctuaciones de los precios externos.

Tanto más por cuanto la transformación de las cosechas y la comercialización de los productos no se realizaban en el lugar ni estaban en manos africanas, sino que se reservaban para los metropolitanos o sus intermediarios extranjeros. Sólo en casos excepcionales los africanos podían dedicarse a ese tipo de agricultura, y cuando así ocurría —como en la Costa de Marfil— se creaba en el territorio una pequeña burguesía rural, estrechamente dependiente del capitalismo metropolitano.

El comercio respondió a cánones similares: grandes sociedades de importación-exportación monopolizaron la actividad de uno o varios territorios, a través de cientos de sucursales y millares de intermediarios. En África occidental francesa, desde el Senegal al Congo, actuaban solo dos compañías, la Sociedad Comercial del Oeste Africano, y la Compañía Francesa del África occidental, que seguían aplicando el conocido mecanismo del comercio de trata: en el mismo mercado el campesino autóctono vendía sus cosechas y compraba artículos de importación, y la compañía acumulaba ganancias que superaban el 100 % del valor de los productos.

Más importante aún fue el papel de la industria. Hasta la Segunda Guerra Mundial las colonias se limitaron a proveer a las industrias europeas las materias primas indispensables para su desarrollo. Sus inmensos yacimientos de cobre, zinc y uranio (copperbelt o cinturón de cobre centroafricano), de manganeso (Marruecos, Gabón), bauxita (Guinea, Ghana), y fosfatos (África del Norte) atrajeron la inversión externa y movilizaron miles de trabajadores. Se constituyeron enormes empresas dedicadas a la explotación del subsuelo, que llegaron a dominar toda la vida de una región. Este fue el caso de la Unión Minera del Alto Katanga, propietaria exclusiva de los filones de esa provincia congolesa y la vecina Rhodesia.

Ella sola empleaba al 42 % de la población adulta masculina del lugar y manejaba todos los resortes económicos y políticos del Congo. De hecho, la administración belga estaba a su servicio y las misiones católicas acudían presurosas cuando había que sofocar alguna veleidad reivindicatoría de los asalariados locales.

Su omnipotencia era tal, que todo el mundo sabía que en Katanga «se nace en una cuna de la Unión Minera y se es enterrado en un ataúd de la Unión Minera», lo que, de paso, aumentaba las ganancias de por sí fabulosas de la tentacular empresa. Sea como fuere, la actividad industrial dio origen a una nueva clase social: el proletariado obrero, hasta entonces inexistente en África. Poco numeroso y sin posibilidades de acción hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, fue sin embargo un factor decisivo en la lucha por la independencia.

Una estructura de explotación tan sin resquicios, solo pudo organizarse en África gracias a la expresa colaboración de los gobiernos metropolitanos y las administraciones territoriales. A ellos les correspondió realizar las obras de infraestructura necesarias para facilitar la inversión de capitales y proveer de mano de obra barata a las diferentes empresas.

Sabemos, en efecto, que las potencias coloniales realizaron en África obras de infraestructura nada desdeñables: mejoraron los puertos, trazaron caminos, instalaron ferrocarriles, construyeron diques y edificaron ciudades.

Pero el mapa y la historia del continente nos enseñan que los puertos tenían como único fin asegurar los contactos con Europa y dar salida a los productos locales, que los caminos y los ferrocarriles no estaban destinados a favorecer el comercio interno ni a facilitar las comunicaciones sino a acelerar el traslado de mercancías hacia los puertos de embarque; que la única finalidad de los diques era producir energía eléctrica barata para los complejos industriales o irrigar las tierras de las plantaciones —como fue el caso del dique de Edea en Camerún, construido para servir a las industrias Pechiney, o del de Gezira, en Sudán, para regar las tierras algodoneras— y que las ciudades albergaban sólo a los europeos.

Dicho de otro modo: el erario público asumió los gastos ocasionados por todas estas creaciones para que los capitales privados pudieran actual tranquilamente en el comercio, la plantación, y la extracción minera.

Colonias Europeas en Africa en 1914

La Guerra de los Siete Años Causas y Consecuencias Francia Inglaterra

La Guerra de los Siete Años Causas y Consecuencias

En Inglaterra, William Pitt ocupa en 1756 el puesto de primer ministro. Es la primera vez que un primer ministro representa exclusivamente los intereses de la City, es decir, de los comerciantes y financieros.

En justa correspondencia, su objetivo era la construcción de un imperio inglés y la obtención de la hegemonía sobre el comercio mundial. Pero en Norteamérica y en la India chocó con Francia.

Especialmente en Norteamérica, los grandes territorios franceses que se extendían desde Nueva Orleans hasta Quebec (Canadá) asfixiaban a las trece colonias inglesas.

guerra de los siete años

Mientras Federico vencía a los franceses en el continente, Pitt coordinaba las acciones por mar. El blanco de sus ataques ya no era Francia, sino el comercio francés, para lo que se sirvió de la red de información de los comerciante ingleses.

En África se apoderó de Dakar, convirtiéndola en base del comercio de caucho y esclavos; en Canadá se apoderó de Montreal Quebec y las convirtió en campamentos base del comercio de pesca y pieles; en la India, la Compañía de las Indias orientales echó a los franceses por su propia iniciativa, mientras Pitt bloqueaba las rutas comerciales del este de Asia y se adueñaba del comercio de té con China —desde entonces los ingleses ya no bebieron café, sino té, porque resultaba más barato—.

Los franceses perdieron su dominio sobre el mundo, pues sus gobiernos consideraban más importantes sus rivalidades dinásticas en Europa que la política de ultramar; por el contrario, los ingleses se hicieron con el dominio del mundo, pues su gobierno parlamentario representaba ya los intereses comerciales de los capitalistas.

La India, Canadá y todo el territorio hasta el Misisipí, desde Nueva Orleans a Florida, pasó a manos de los ingleses. Federico el Grande fue el cofttndador del Imperio británico.

Yen 1763, finalizada la guerra de los Siete Años, comienza la modernidad. ¿Por qué? La guerra había preparado el escenario en el que ahora tiene lugar una extraordinaria aceleración del tiempo, y este proceso conduce a una cuádruple revolución.

1. La eliminación de Francia como rival colonial elimina también los peligros a los que antes estaban expuestas las colonias inglesas. Ahora ya no necesitan que se las proteja ni que se las defienda de nadie. En otras palabras: venciendo a Francia en la guerra de los Siete Años, los propios ingleses han hecho desaparecer la única razón por la que las colonias permitían ser gobernadas desde Inglaterra.

En 1776, sólo trece años después de la victoria de Inglaterra, las trece colonias americanas de Inglaterra declaran su independencia. Junto a Prusia, nace ahora otra gran potencia mundial: Estados Unidos. Pero esta Declaración de independencia significa al mismo tiempo una revolución: los norteamericanos —descendientes de los puritanos— vuelven a negar su obediencia al Rey La guerra de Independencia es también una guerra de siete años y dura desde 1776 hasta 1783, aunque en realidad es una guerra civil con un océano por medio y en ambos lados hay leales y rebeldes.

En Inglaterra, los rebeldes se sientan en el Parlamento, por ejemplo Pitt el Viejo, el dramaturgo Richard Sheridan, el vividor Charles Fox y el ensayista político Edmund Burke, y pronuncian fulminantes discursos en favor de la libertad de los norteamericanos y contra la tiranía del gobierno. Trece años antes de la Revolución francesa comienza la Revolución americana. La Declaración de independencia contiene la Declaración de los Derechos del Hombre en un inglés excelente: Villiold lhese truths to be self-evident: that ah men are created equal; (hat thev are endowed their Greatar with certain malienabie rights, that among these are lfe, liberty an.d tli.epursuit of happiness… » («Consideramos evidentes las siguientes verdades: que todos los hombres han sido creados iguales; que su Creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables; entre ellos el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad»).

2. La victoria de Inglaterra en la guerra de los Siete Años su dominio sobre el comercio mundial prepararon la Revolución industrial. Para ello resultaban necesarios tres ingredientes: grandes mercados, gigantescos capitales producción de energías titánicas con las que hacer funcionar las máquinas.

Con la invención y el posterior perfeccionamiento de la máquina de vapor por parte de James Watt a partir de 1765, se cerraba el circulo que empezaría a transformar cada vez más rápidamente el mundo: como la máquina de vapor —a diferencia de la electricidad— concentraba su energía en un lugar, las máquinas también debían concentrarse en un lugar, lo mismo que los hombres que las manejaban. Así surgía el sistema industrial y después ya nada sería como antes: asistirnos al nacimiento de un nuevo tipo de infierno. El capitalismo estaba ahí.

En este sistema, grandes capitales hacían que inmensas cantidades de energía se concentraran para poner en funcionamiento muchas máquinas, que eran manejadas al mismo tiempo por muchos hombres con el fin de producir masivamente unos productos destinados a gigantescos mercados, y volver así a obtener enormes capitales. Una vez puesto en marcha, el proceso se aceleró por sí mismo, y los maestros manufactureros, que hasta entonces estaban al frente de las fábricas, fueron sustituidos progresivamente por los propietarios de los capitales. Este sistema industrial hizo posible la peor forma de explotación desde las canteras de Siracusa las minas de plata de Potosí: los trabajadores ya no se organizaban en gremios, por lo que estaban des-protegidos; trabajaban por un sueldo de hambre durante diez o doce horas diarias, en condiciones sanitarias deplorables, y vivían en chabolas. Esta situación motivaría la formación de los sindicatos y la crítica de Marx al capitalismo.

— La celeridad con la que se transforman las condiciones de vida de la gente da origen a la revolución cultural que llamamos Romanticismo. Esta época comienza alrededor de 1760 y la mejor forma de comprenderla es atendiendo a las nuevas formas de experiencia que trae consigo la transformación de los conceptos fundamentales.

— Es fundamental la nueva forma de experimentar el tiempo: las transformaciones técnicas hacen que las cosas cotidianas también envejezcan rápidamente. Así, la propia infancia «pertenece al pasado», vive sólo en el recuerdo. Se descubre la nostalgia, un sentimiento romántico. De este modo se descubre también la «infancia» como dimensión propia de la experiencia que favorece la comprensión, y se descubre el amor materno.

— Como todo cambia, ahora aparece «la» historia. Hasta entonces sólo había habido historias en plural, stories. En principio, éstas eran repetibles e ilustraban la permanencia de las normas morales, por ejemplo, «Cuanto mayor es la subida, mayor es la caída». Por eso se podía aprender de la historia. Ahora surge el nombre colectivo «historia» en el sentido (la historia Universal, una historia que progresa y en la que nada se repite, pues todo cambia. Esta idea implica enormes consecuencias.

La historia se convierte en la idea rectora. Al concebirla como progreso, se hacen depender de ella todas las esperanzas que hasta entonces se ligaban a la religión. La historia tiene una meta: la salvación de la humanidad como realización de la utopía.

Todo ello conduce a la aparición de las ideologías. El final de la religión anuncia la época de las ideologías y las guerras ideológicas del siglo XX resucitan las guerras religiosas del siglo XVIII.

— Como la historia no se repite, se siente por vez primera que la historia de la humanidad es única, lo que confiere valor a la idea de originalidad. El concepto «individuo» (que significa propiamente «indiviso») significa ahora «original». Cada individuo vive el mundo a su manera, como se expresa de forma muy clara en el arte y en la poesía. De este modo la teoría del arte adquiere una nueva base. Anteriormente, el arte era una imitación de la naturaleza conforme a las reglas dadas por los clásicos; ahora, la originalidad prohíbe la imitación. Por lo tanto, el artista ya no imita el mundo, sino que crea uno nuevo: el artista se convierte en creador, y crea del mismo modo que Dios: libremente. Es concebido corno el hermano pequeño de Dios: es un genio.

— Corno todos los individuos son originales, todos tienen el mismo valor. Ya no hay distintas clases (le individuos más o menos valiosos. Así pues la división de la humanidad en clases sociales —nobleza, clero, burguesía , campesinos— se vuelve problemática. Todo esto no son más que divisiones introducidas arbitrariamente por los hombres y contrarias a la naturaleza humana. Ahora, el concepto de naturaleza se opone al de sociedad falsa. La naturaleza es buena (algo que en Alemania los Verdes siguiente creyendo: aunque los lobos se comen a los corderos, ellos son unos románticos). Se descubren los pueblos primitivos, como los indios y a parece la idea del «buen salvaje».

La Revolución francesa quiere restaurar el orden natural, por lo que quita de en medio todo aquello que considera un invento de la sociedad. Se venera a la diosa Naturaleza, se pretende que las fronteras sean naturales, como el Rin (lo que los alemanes no consideran tan natural); se suprimen las antiguas provincias y los nuevos departamentos reciben nombres de accidentes geográficos, como por ejemplo los ríos; se da a los meses del año nombres como «mes del calor» (termidor) o «mes de la niebla» (brumario). Desde el punto de vista político, lo decisivo es que todos los hombres tienen «derechos naturales» como «libertad, igualdad…». Si estos derechos son violados, los hombres pueden recurrir a la revolución. Y para poder vivir todo esto, la poesía romántica invoca a la naturaleza, a la buena, como caja de resonancia del alma humana. Sumergiéndose en la naturaleza, el alma se purifica de toda la suciedad que se le ha adherido en su trato con la sociedad. La sociedad es mala, es un mundo de hipocresía en el que se pierde la identidad y la autenticidad. En ella, el ser humano se pierde y se enajena, excepto cuando encuentra un alma aÍin con la que compartir su soledad, esto es, el amor.

— La intimidad del amor se convierte en el sustituto de la sociedad, que todo lo falsifica. El amor es una esfera en la que el ser humano puede ser él mismo; por eso, su medio de comunicación no es ya el lenguaje manido, sino un lenguaje especial situado más allá del lenguaje: el sentimiento. Los sentimientos no se pueden fingir, son siempre auténticos (y quien los finge, quien por ejemplo se casa por dinero, es considerado un inmoral). Así pues, el sentimiento se convierte en el santo y seña de la época.

Por más paradójico que pueda parecer, en la Ilustración razón y sentimiento todavía no se oponen entre sí: el sentimiento es tan natural como la razón. La oposición surgirá después, cuando la razón torne las riendas y dañe el sentimiento. Hay un hombre que con su excéntrica carrera y su exhibicionismo espiritual ha contribuido más que ningún otro a la difusión del concepto de sentimiento: Jean-Jacques Rousseau (1712-1778).

Con su Emilio, Rousseau escribió el manual de educación alternativo para el niño no corrompido por la sociedad (aunque él metió a sus hijos en un orfanato), se desnudó espiritualmente en sus confesiones e hizo que toda Europa supiera cuánto le dolía ser un rebelde solitario, un paria y un proscrito. Puesto que de algún modo todos se sentían solos, Europa compartió su sentir.

Roussean inspiró la Revolución francesa y el Werther de Goethe, introdi4jo el «dolor cósmico» y el concepto de <volonté générale> (voluntad general). Debido a su oscuridad, este concepto se convirtió en un arma peligrosa durante la Revolución francesa. Le sucedió algo similar a lo que después le ocurriría al «interés objetivo del proletariado». Todos pretextaron estar actuando en su nombre, y de este modo justificaron sus crímenes.

PARA SABER MAS…
causas de la Guerra de los Siete Años (1756-1763)

Entre los motivos principales del conflicto que estalló a mediados de siglo, debemos señalar:
La rivalidad por lograr la hegemonía continental. Austria, Francia, Rusia y el Imperio se enfrentan con Prusia.

La competencia por el control del comercio y las posesiones ultramarinas entre Inglaterra, Francia y España.

En 1756 comienza la guerra entre Francia e Inglaterra. En los dos primeros años, los triunfos son franceses; posteriormente, Inglaterra logra recuperarse.

Guillermo Pitt, integrante del gobierno inglés, traza un plan para revertir la desfavorable situación de su país en la guerra. Ayuda monetariamente a Prusia en su enfrentamiento continental y concentra su esfuerzo bélico en el mar.

Finalmente, Inglaterra y Prusia son las potencias vencedoras.
En 1763, se firma la Paz de París:
– Francia cede Canadá a Gran Bretaña y Luisiana a España.
– España entrega Florida a Inglaterra.

La guerra resultó ventajosa para Inglaterra mientras que Francia sufrió importantes pérdidas territoriales coloniales. Por la Paz de Hubertsburgo (1763), que pone fin al conflicto en el continente, se afirma la posición de Prusia como nueva potencia. Como consecuencia imprevista de esta guerra, en un futuro cercano, Francia y España apoyarán la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica (una forma de desquite contra Inglaterra).

Fuente Consultada: La Cultura de Dietrich Schwanitz

Primeras Armas de Fuego Uso de la Polvora Mosquete Pistolas Usos

Primeras Armas de Fuego – El Uso de la Pólvora

El origen de las armas de fuego es oscuro, parece que los chinos en el siglo XI ya conocían la polvora (salitre, azufre y carbón)  pero su uso no era bélico. Los árabes la introdujeron en Occidente en le siglo XIII, y el erudito Roger Bacón habla de ella en el año 1249. Los primeros cañones eran muy rudimentarios y muchas veces fallaban y eran mas peligrosos para los que los usaban que para los enemigos.

El invento más importante es el del arcabuz de mecha que apareció rápidamente en ese mismo siglo y se convirtió en la principal arma de fuego de la infantería durante los doscientos cincuenta años siguientes. Introducida en Japón y en Oriente hacia el año 1600. este arma se emplea todavía en nuestro tiempo en ciertas regiones retrasadas. El arcabuz (del alemánHakenbüchse. o arcabuz de garfio—el sentido de garfio no está muy claro) se componía de un cañón de hierro montado sobre una culata que se apoyaba en el pecho.

Aplicado a una llave, el gatillo caía sobre la cazoleta y el oído, que contenían la pólvora de cebo, por la acción del resorte. El estrépito y la nube de humo sulfurosa que se producían cuando se inflamaba la carga era suficiente para convencer a cualquiera del carácter diabólico de este invento.

Aun cuando los soldados dilapidaban su dinero para proveerse de talismanes que les protegieran de sus destrozos, el arcabuz no era un arma de precisión. Un observador avisado dice que «no mataban a nadie, porque los arcabuceros se contentaban con hacer ruido y disparar al azar». Además, la mecha incandescente, que medía 9 pies de largo, se estropeaba con la lluvia y servía de punto de referencia al enemigo. Su peso y el hecho de que el polvorín podía humedecerse o desprenderse, planteaban verdaderos problemas. A pesar de todo, el arcabuz representaba un avance considerable sobre el cañón de mano tan poco manejable.

En el siglo XVI, fue perfeccionado con una línea de mira y una mecha más corta. En la larga lucha esporádica que enfrentó a Carlos V con los turcos durante la primera mitad del siglo XVI, los infantes españoles iban armados de picas y de arcabuces, a pesar de que las tropas de choque de los turcos, los jenízaros, eran igualmente unos arcabuceros de excepción.

Con una larga tradición en su haber, los españoles eran maestros en la utilización de la artillería masiva. Cañones y arcabuces tuvieron una gran importancia en la batalla de Lepanto, en 1571, que dio al traste con todas las ambiciones de los turcos.

MOSQUETE: Pero ya mucho antes de esta batalla, los españoles habían inventado un arcabuz de un nuevo tipo,el mosquete. Era un pequeño cañón de mano y de mecha, con un calibre de 2.54 cm. Debido a su peso, para dispararlo debía apoyarse sobre una horquilla y cargarle requería tres buenos minutos.

El mosquetero de esta época, cargado con una impedimenta de saquitos de pólvora, de cartucheras, de cuatro pies de mecha, tenía que hacer muchos preparativos antes de disparar. Aun cuando muy pronto se redujeron las dimensiones del mosquete, fue utilizado hasta finales del siglo XVIII en formaciones bastante similares; la primera fila hacía fuego al oírse la voz de mando y después se retiraba a un segundo plano para cargar de nuevo, mientras que la fila siguiente se adelantaba. Unidades especiales de piqueros protegían a los mosqueteros y se encargaban de dar el último asalto en la batalla.

La llave de rueda, inspirada, se dice, en un dibujo de Leonardo de Vinci, apareció en Nuremberg en 1520. Funcionaba como un eslabón’ una rueda movida por un resorte arrancaba chispas de un sílex; estas chispas encendían la pólvora de la cazoleta: actuaba con mayor rapidez que la mecha y resultaba menos embarazosa.

Pero el mecanismo era complejo y costoso y de hecho nunca mereció una gran aceptación como arma militar. Como compensación, estaba al alcance de quienes no podían adquirir otras armas más caras que eran verdaderas obras de arte. Carlos V, que gustaba mucho del fusil, hizo grandes esfuerzos por introducir el arte de su fabricación en Alemania y en España.

Demasiado complicada para convertirse en arma de guerra, la llave de rueda probó que tenía grandes posibilidades como fusil manejable con una sola mano y en 1540 se convirtió en lo que se llamaría pistola.

Hacia finales del siglo, la pistola, que medía al menos un pie de largo, era el armamento típico de los jinetes europeos, que semejantes a los reiter alemanes, equipados con una coraza, un casco y altas botas de cuero, comenzaban a sustituir a los suizos y a los lasquenetes.

De hecho, el papel de la caballería, incapaz de resistir al arcabuz y al mosquete, había ido eclipsándose hasta la aparición de la pistola.

Durante las guerras de religión francesas, después de 1562, la caballería recuperó su posición, y los hugonotes la empleaban en sus columnas armadas de pistola y de espada, mientras que los jinetes católicos, hombres de caballo profesionales, practicaban la difícil caracola y cada fila disparaba por turno, para después retirarse a cargar de nuevo las armas.

Estas guerras, agotadora y larga secuela de ignominiosas matanzas, duraron hasta el edicto de Nantes, en 1598. Los hugonotes, faltos de artillería y de piqueros para proteger a los tiradores mientras volvían a cargar —lo que entonces tenía mucha importancia— recurrieron a tácticas sutiles, improvisando fortificaciones, utilizando pesados mosquetes en filas cerradas, casi como en batería y colocando en las alas y entre la caballería a grupos de arcabuceros con el fin de romper las formaciones de caballería enemigas.

La misma historia se repitió durante la sublevación de los Países Bajos contra el dominio español (1568-1609), cuando los holandeses abrieron sus diques para inundar al enemigo, realizaron furtivos ataques en patines sobre los canales helados y fortificaban sus ciudades de forma tan eficaz que resistieron durante años. Su jefe, el joven Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo el Taciturno, organizó el primer ejército holandés regular, al que exigía un largo entrenamiento y una disciplina severa y al que pagaba con regularidad.

Las compañías eran pequeñas y ágiles, provistas por partes iguales de picas y de mosquetes; los piqueros se mantenían a tres pies de distancia. Los diversos cambios debidos a la aparición de las armas de fuego alcanzaron su apogeo en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), religiosa, para contaminar a toda Europa.

El soldado tipo era un mercenario de baja calidad, tan irregularmente empleado como pagado, que no tenía ni moral ni disciplina y sembraba el terror entre la población civil. Desde el tiempo de los vikingos no se había vuelto a ver un cúmulo tal de violencias. Sólo el ejército de Gustavo Adolfo de Suecia. allá por los años 1630, fue una excepción a esta regla. Era el primer ejército realmente nacional, con su uniforme amarillo y azul; tenía sus propias tropas permanentes, estaba bien entrenado y sus avances eran mérito exclusivamente suyo.

El principal acierto de Gustavo Adolfo radicó en la inteligente forma en que dispuso las armas, artillería, piqueros, mosqueteros y caballería, especialmente en la batalla decisiva de Breitenfeld. Se le deben también muchas innovaciones: los cartuchos preparados (en una camisa de papel) para sus mosqueteros, la munición pronta (en cajas de madera) para los cañones.

Los mosqueteros eran dragones a caballo ligeramente armados, que atacaban a pistola y después desmontaban para combatir a espada, maniobra militar copiada de los holandeses. Trató de aligerar el cañón, creando y después desechando una pieza de campaña recubierta de cuero que pesaba sólo 90 libras, equipando a cada regimiento de una pieza de cuatro, montada sobre ruedas, que lanzaba balas dobles.

Las guerras civiles de Inglaterra (1642-1649) no pueden ser comparadas con las del continente ni por su ferocidad ni por su técnica. Protegida por la flota, Inglaterra había postergado el desarrollo del arte militar. Las nuevas armas eran el fusil de cañón atornillado (que se abría para introducir la pólvora y la bala) y la llave de piedra. Hacia 1750, como probable resultado de las guerras, Inglaterra había conquistado un puesto preponderante en la fabricación de armas.

La llave de piedra, aparecida hacia 1630, quedaría incorporada a las armas de fuego hasta finales del siglo XIX. Presentaba la enorme ventaja de tener la cazoleta cubierta, con lo que la pólvora se conservaba siempre seca. La caída del sílex empujaba la tapa mientras producía la chispa que inflamaba el cebo.

Aunque resulta extraño, el fusil de batería «a la chenapan«, inventado un siglo antes, tuvo muy poco empleo militar. El fusil de batería «a la miquelete», en el que la varilla sustentadora del gatillo formaba parte de la batería, fue empleado con éxito por los españoles, pero, por diversas razones, la llave de piedra no sustituyó a la llave de mecha en los ejércitos continentales hasta 1680 aproximadamente.

En Inglaterra, el mosquete de piedra «Brown Bess» fue oficialmente adoptado en 1690. Desde entonces se impuso el mecanismo de piedra, que demostró ser particularmente práctico para las pistolas. Cuando en 1660 terminaron las guerras de Inglaterra, Europa, por reacción contra el sangriento desorden de la época anterior, conoció un período de relativa calma.

Emerich de Vattel pudo escribir entonces: «Hoy es el ejército regular el que hace la guerra, y el pueblo, los campesinos y los ciudadanos no toman parte en ella y generalmente no tienen nada que temer de la espada enemiga.»

Las preocupaciones eran puramente políticas, la maniobra era preferida a la destrucción, ya que el soldado era un profesional disciplinado cuya vida no se podía arriesgar inútilmente. Louvois, ministro de la Guerra cíe Luis XIV, introdujo la formación en línea. Entrenadas por el famoso Jean Martinet, las tropas avanzaban en líneas de tres, al ritmo de ochenta pasos al minuto, todos los fusiles encañonados en un ángulo preciso y disparando un fuego de pelotón en cuanto se daba la orden. Una sola salva perfecta, como la de Wolfe, en Quebec, podía decidir el resultado de una acción. La pica había desaparecido y la reemplazó hacia 1700 la bayoneta de mango, mientras que el fusil de piedra seguía siendo el arma que respondía a todas las necesidades. Había nacido la infantería moderna.

La labor del gran ingeniero militar francés Sébastian Lepreste, conde de Vauban, ilustra el arte de la guerra en esta época. Construyó treinta y tres fuertes, ideó las paralelas, los caballeros y el tiro de rebote. Luis XIV y su corte solían instalarse en una colina cercana para seguir las últimas operaciones de Vauban.

Otro maestro en el arte de la guerra fue Federico de Prusia, cuyas tropas, reclutadas y no mercenarias, eran sometidas a una disciplina tan rigurosa que temían más a sus oficiales que al enemigo. El fue quien introdujo la artillería montada, una de las mayores innovaciones tácticas de aquel tiempo y utilizó eficazmente el mortero de campaña.

La batalla de Fontenoy (1745) llevó al lado de Federico a uno de los soldados y tratadistas militares más competentes de aquellos tiempos, Mauricio de Sajonia. Característico de aquellos tiempos era también la popularidad de los duelos, que generalmente se celebraban a pistola de piedra del mismo tipo, armas ligeras y seguras cuyo cañón octogonal medía 25 cm.

Durante la revolución americana reaparecieron ciertas pasiones ideológicas y métodos poco ortodoxos que caracterizaron el final de la época napoleónica. También es cierto que en Valley Forge, el barón von Steuben introdujo la disciplina en el ejército americano.

El mosquete de cañón liso era el arma de los dos bandos. Un regimiento inglés de quinientos «redcoats«, armado con Brown Bess, podía hacer salvas de ciento cincuenta disparos cada quince segundos lo que siempre producía un gran impacto en los americanos.

Por otra parte, los «redcoats» se encontraban con frecuencia ante situaciones en que la técnica del «riego» no servía gran cosa, por ejemplo cuando se enfrentaban en terreno accidentado con los americanos fronterizos que disparaban sus ráfagas mortíferas emboscados tras cada árbol o cada cerro al estilo de los indios.

He aquí la descripción que pudo hacerse de los carabineros de Daniel Morgan: «Salvajes y analfabetos, semejantes a pumas… calzados de botas grasientas de piel de gamo y vestidos con camisas de caza y gorros de piel.» A pesar de todo, fueron ellos quienes detuvieron a los ingleses en Freeman’s Farm en 1777.

Su famoso long-rifle Kentucky (la rotación imprimida a la bala por el rayado del cañón garantizaba la seguridad del tiro hasta 140 m.) procedía de la carabina más pesada, empleada durante mucho tiempo por los inmigrantes alemanes, que la habían introducido mucho antes en América, para la caza y el tiro al blanco. Ligera y graciosa, tenía una caja delgada, un ánima estrecha (calibre 40-45) y un cañón afilado de 5 pies de largo. A pesar del éxito de esta arma, no fue utilizada militarmente durante mucho tiempo.

Republica de Weimar Crisis Final del Primera Guerra Mundial

República de Weimar 
Final del Primera Guerra Mundial

Finalizada la Primera Guerra Mundial con la abdicación, en 1918, del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación en Alemania de la República de Weimar cuya presidencia quedó en manos del socialista Ebert. La vencida Alemania inició la experiencia de un régimen democrático en unas condiciones políticas y económicas muy adversas.   La nueva República, nacida en medio del desastre militar, tuvo que asumir la derrota y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores en el Tratada de Versalles. Además, la crisis económica y el desorden político radicalizaron las posturas de los alemanes y, poco a poco, los fue conduciendo al nacionalsocialismo.

ALEMANIA Y  LA REPÚBLICA DE WEIMAR
Friedrich EbertLuego de la derrota militar y de la abdicación del emperador Guillermo II, en Alemania se intentó consolidar una república. Las fuerzas policíacas que apoyaban la constitución de una república eran el Partido Socialdemócrata que representaba a los obreros de tendencia reformista, liderado por Friedrich Ebert
(imagen), el Partido Demócrata Alemán y el Partido de Centro Católico, representantes de la burguesía liberal. La república contó también con el apoyo del ejército.

A esta alianzas se opusieron otros sectores obreros de tendencia revolucionaria que organizaron la Liga Espartaquista, que intentaron tomar el poder por medio de una insurrección popular, siguiendo el ejemplo bolchevique, pero fueron derrotados por el ejército.

A los pocos días del fin de la insurrección espartaquista, en febrero de 1919, se reunió una Asamblea constituyente en Weimar, que adoptó la forma republicana de gobierno, con un Presidente —F. Ebert ocupó ese cargo— y un Parlamento bicameral —el Reichstag y el Reichsrat— elegidos por sufragio universal.

Pero la República de Weimar —apoyada por socialdemócratas y burgueses moderados— no logró consolidarse. No contó con el apoyo de los sectores más poderosos de la burguesía industrial cuyos intereses se veían obstaculizados por la presencia en el gobierno de representantes de los obrero5 que impulsaban reformas.

Además, el gobierno republicano se propuso cumplir las obligaciones impuestas a Alemania por los tratados de paz —reparaciones y pérdidas territoriales— aun cuando la mayoría de la población no estaba de acuerdo y se oponía a ello. Entre 1919 y 1923 la crisis se profundizó. El gobierno obtuvo cada vez menos votos y los grandes capitalistas financieros impulsaron una especulación que agravó la crisis económica y la hiperinflación que desestabilizaron definitivamente a la República.

La crisis de la República: La República de Weimar, basada en una Constitución ampliamente democrática, fue incapaz de encontrar el equilibrio necesario para dar estabilidad al régimen. Los primeros años de la nueva República estuvieron marcados por diversos golpes de fuerza que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, pretendían acabar con el régimen. En 1919, en Berlín, se produjo la insurrección de los espartaquistas, que tenía como objetivo proclamar un gobierno de consejos obreros que seguiría el modelo soviético. La revuelta fue duramente reprimida y desde entonces la República se ganó la oposición del Partido Comunista Alemán.

Sin embargo, fueron los grupos nacionalistas más radicales los que llevaron a cabo diversas tentativas de golpe de estado con el apoyo de una buena parte del ejército, nostálgico del viejo orden imperial y receloso ante las claudicaciones de Versalles. De este modo, en 1920 un sector del ejército que había sido desmovilizado ocupó Berlín y colocó en el gobierno a un alto funcionario prusiano, Kapp. Rápidamente estalló una huelga general en Berlín y en el Ruhr, que hizo fracasar la insurrección militar. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó un putsch en Munich con el apoyo del general Ludendorff, pero fracasó.

La situación económica atravesaba también un momento muy difícil. El endeudamiento de guerra y las fuertes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación, que fue acompañada de una espectacular caída del marco alemán. Los precios y los salarios variaban a lo largo de un mismo día como consecuencia de la inflación y de la pérdida de valor de la moneda. Las personas que vivían de capitales fijos, rentas, alquileres, etc., se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, lo cual provocó una subida de los índices de desempleo.

La crisis llegó a su cenit en 1923, cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas galas ocuparon el Ruhr como garantía del cobro de las mismas, tal y como se había establecido en Versalles.

Entre 1924 y 1929 Alemania vivió un período de relativa estabilidad, pero la crisis de 1929, y más concretamente la retirada de los créditos americanos, agravaron las dificultades económicas y sumieron a Alemania en uña profunda crisis. En 1932 la producción había disminuido a la mitad con respecto a la de 1929.

El desempleo creció desmesuradamente, se pasó de un millón y medio de parados en 1929 a 6 millones en 1931. Los partidos gobernantes, la llamada Coalición de Weimar (Partido Socialdemócrata Alemán, Centro Católico y Partido Demócrata), fueron perdiendo el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida.

A partir de 1930 los diferentes gobiernos no tenían una mayoría coherente en el Parlamento y se apoyaban en el presidente de la República, que gobernaba por decreto. Se utilizaba con demasiada frecuencia el recurso de disolver el Parlamento y la inestabilidad ministerial (19 gobiernos en trece años) era la prueba de la fragilidad del sistema. El desorden político hacía crecer el deseo de un gobierno fuerte y estable.

Los líderes moderados de la endeble república carecían de experiencia en el ejercicio del poder. Con harta frecuencia entre 1918 y 1933 se agotaban en discusiones sin acertar a promover sus intereses comunes; con demasiada frecuencia colocaban sus órdenes en entredicho ante la fuerza bruta de los Freikorps, el Ejército o los grupos nazis paramilitares; en excesivas ocasiones pactaban con los extremistas, con la esperanza de comprometerlos en la gestión del gobierno. Mas la nueva constitución no podía por sí sola inculcar, de la noche a la mañana, hábitos ciudadanos en un pueblo cuya falta de experiencia democrática no hallaba parangón en ninguno de los países industrializados del mundo. En cualquier otra nación desarrollada, los moderados de Weimar hubieran lucido la etiqueta de conservadores. Sus jueces favorecían constantemente a los exaltados de derechas frente a sus oponentes de izquierdas. Gran número de maestros y profesores continuaban difundiendo las doctrinas de la política del poder y de la superioridad teutónica que contribuyeron, años antes, al estallido de la primera Gran Guerra. Muchos ciudadanos comenzaron a evocar con nostalgia los años de lucha y las glorias marciales, mientras se veían aherrojados a un sórdido presente de estériles rivalidades políticas y caos económico. Brotó por doquier un anhelo incontenible de unidad y disciplina; sus consecuencias, sin embargo, fueron fatales.

Después de años de tentativas infructuosas de solucionar el problema, lleno de carga emocional, de las reparaciones de guerra, la comisión aliada de reparaciones constituyó un equipo internacional de expertos en finanzas para fijar un programa de pagos hasta 1988. El grupo, presidido por el industrial americano Owen Young y con representación alemana por primera vez, diseñó un plan para aliviar la carga de la deuda de la nación derrotada y para estabilizar su sociedad dividida y sus relaciones con el resto del mundo.

El plan Young, presentado en París en junio, contenía las concesiones más favorables a Alemania que se habían hecho hasta el momento: los alemanes ya no deberían hacerse cargo del costo total de la reconstrucción; los pagos anuales se reducirían en un tercio, a unos 407 millones; se aboliría la supervisión aliada de la economía alemana junto a la comisión de reparaciones; se pagaría la deuda a una nueva banca internacional de la que Alemania sería miembro y Alemania podría declarar una moratoria parcial de los pagos durante los recesos económicos.

Los gobiernos estadounidense y alemán apoyaron el plan. Un enviado norteamericano escribió: «Todos los residuos de desconfianza y enemistad que se habían ido sedimentando desde el día del armisticio finalmente se han disuelto». No obstante, tres años después los pagos fueron suspendidos definitivamente.

Síntesis 2° Guerra Mundial

Batalla de Waterloo Fin del Imperio de Napoleon Guerras Napoleonicas

Batalla de Waterloo Fin del Imperio de Napoleón

Enfrentar a las legiones de Napoleón, aun en medio de miles de soldados, era una experiencia aterradora.

La artillería, que disparaba a menos de 1 Km. de distancia, acababa con regimientos enteros en una sola serie de disparos.

Las armas de la defensa respondían, pero su infantería, con mosquetes que eran poco efectivos, no podía hacer otra cosa que esperar el avance de las columnas; el lento tambor que marcaba el paso de las tropas ofensivas ponía el énfasis en la amenaza.

En la vanguardia estaban siempre los veteranos de la Guardia Imperial: todos suboficiales que habían aprendido el oficio en una docena de batallas.

Cuando las líneas se acercaban, la artillería de ambos bandos resonaba y la caballería irrumpía, en busca de una brecha para formar una cuña. Cuando las filas estaban a unos 60 m, los mosquetes disparaban por primera vez hacia las densas columnas enemigas.

Cargar, cebar, apuntar, disparar: un buen soldado podía producir tres descargas por minuto, aproximadamente el tiempo que tenía antes de que las bayonetas de los atacantes se cruzaran con las de la defensa.

A continuación, seguía un enfrentamiento más directo: acuchillar y disparar entre los gritos de los heridos, en medio del penetrante hedor del humo de pólvora.

Luego, casi por inercia, las columnas de batallones cruzaban la línea enemiga hasta alcanzar a la retaguardia, que era masacrada.

Las tácticas de asestar un solo golpe y realizar maniobras veloces dieron a la armada napoleónica las victorias de Marengo y Austerlitz, Jena y Wagram.

1815:Waterloo, la batalla decisiva

Napoleón, a la cabeza de 124.000 hombres, pretendía derrotar al ejército anglo-alemán de 93.000 dirigido por Wellington y el prusiano de 120.000 por Marshal Blücher, atacándolos separadamente antes de que pudieran unir sus fuerzas.

La primera acometida del emperador fue realizada en Charleroi, donde los tres ejércitos aliados independientes, desparramados a través de 100 millas desde Bélgica, se tocaron. Su plan contaba con una retirada de los enemigos: Wellington a Ostend y Blücher de regreso a Alemania, que separaría a las fuerzas aliadas.

El 16 de julio de 1815, Napoleón venció al mariscal Blücher en Ligny, sin poderle aniquilar, y luego marchó contra Wellington, parapetado en las colinas de Mont-Saint-Jean, junto a Waterloo y cerca de Bruselas.

El emperador suponía que Blücher acudiría a marchas forzadas en ayuda de su aliado inglés, y sabía que para lograr la victoria final era necesario vencer a Wellington antes de la llegada de Blücher.

En la mañana del 18 de junio, Napoleón revistó sus tropas, que le saludaron con una clamorosa ovación, y al mediodía ordenó el ataque. Pero cuando Blücher llegó al campo de batalla, Napoleón no había podido aún ahuyentar a Wellington y a sus casacas coloradas, y los ingleses habían rechazado una tras otra las cargas de la caballería francesa.

Pocas batallas fueron tan encarnizadas e inciertas, y en ésta, el factor decisivo fue el agotamiento francés ante la tenaz resistencia británica. Con la llegada de Blücher hubo bastante.

Al caer la noche, el ejército francés comenzaba a desintegrarse; el mariscal Ney cerró el paso a los fugitivos y les exhortó a reagruparse de nuevo, mientras el emperador se retiraba con su Guardia, con el rostro sombrío, silencioso. Su último ejército quedaba deshecho, dispersado y perdida la artillería… Era el final.

Los muertos y heridos permanecieron en el campo de batalla cerca de una semana. Wellington perdió 15.000 soldados y los prusianos 7.000.

De los 74.000 traídos por Napoleón a Waterloo, mas de 25.000 fueron víctimas, más otros 8.000 capturados.

Las 3 millas cuadradas del ondulante suelo de la granja fueron cubiertas por cas: 50.000 caídos. Si se suman las 40.000 bajas de Ligny y Quatre-Bras, los dos días alcanzan casi 90.000 seres humanos.

En la semana siguiente, venían visitantes desde Bruselas para merendar entre tanta carnicería, limpiando a los cadáveres de cualquier cosa de vale? y matando a los heridos que se resistían.

Irónicamente, Grouchy —cuya inexperiencia en el campo de batalla privó a Napoleón de la utilización de otros 33.000 hombre: lo que hubiera tornado la lucha a su favor— obtuvo una inútil victoria sobre la retaguardia prusiana, a la que finalmente había alcanzado. Pero su triunfo llegó muy tarde, después del triunfo de Wellington.

El 22 de junio, Napoleón firmaba en París su segunda abdicación. Había vivido un imperio de «Cien Días». Se retiró al Palacio de la Malmaison, donde transcurrieron sus mejores años con Josefina, fallecida hacía precisamente un año.

Despidiose de sus últimos amigos y de Francia. Se dirigió hacia la costa atlántica donde confiaba embarcar rumbo a América, pero los navíos de la Royal Navy le cerraron el paso.

Napoleón decidió entregarse a los ingleses, a quienes creía magnánimos; confiaba en que quizá le permitieran acabar sus días como un noble campesino, bajo seudónimo, en cualquier lugar de Inglaterra…

A finales de junio de 1815, Napoleón se ponía a disposición de la Gran Bretaña y, a primeros de agosto, el buque de línea Northumberland navegaba rumbo a Santa Elena, llevando a bordo al antiguo emperador de los franceses. No contaba aún cuarenta y seis años de edad.

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wellington arthur

Wellington, Arthur Wellesley, Primer duque de (Dublin 1769-Walmer Castle, Kent 1852). Militar y político británico. Ingresó muy joven en el ejército y fue destinado a la India donde obtuvo brillantes victorias.

Volvió a Europa y fue nombrado comandante de un ejército enviado a Portugal; alcanzó sobre Junot la victoria de Vimeiro. Después de la Convención de Sintra y el reembarque inglés en La Coruña, él volvió a Portugal como Comandante en Jefe de las fuerzas británicas en la Península Ibérica, donde mantuvo en jaque a la fjaerzas francesas.

El debilitamiento de los franceses le permitió lanzar una gran ofensiva y España fue reconquistada. Wellington franqueó los Pirineos y en tierra francesa ganó la batalla de Tolouse.

Después fue embajador en Francia tras el primer Tratado de París, delegado en el Congreso de Viena. Tras el retorno de Napoleón tomó el mando del ejército aliado en los Países Bajos y llegó la victoria decisiva de Waterloo.

General en Jefe de los ejércitos de ocupación en Francia, tuvo, inmediatamente después, y gracias a su prestigio militar, un papel político importantísimo y llegó a ser primer Ministro. Participó en los gabinetes de Peel y fue Comandante en Jefe del ejército británico en diversas ocasiones.

Fuente Consultada:
Atlas de Historia del Mundo Edición de Kate Santon
Enciclopedia de Historia Universal Espasa Siglo XXI
Civilizaciones de Occidente Tomo B. J. Spielvogel

Características de la Sociedad Feudal Las Clases Sociales o Estamentos

Características de la Sociedad Feudal- Las Clases Sociales o Estamentos

LA SOCIEDAD FEUDAL: A comienzos de la Edad Media, el mundo europeo se componía esencialmente de dos tipos de hombres: campesinos (labradores) y nobles (hombres de guerra).

Los otros estratos sociales (comerciantes y artesanos), situados entre estos dos tipos, eran poco numerosos y de relativamente poca importancia.

Durante aproximadamente un milenio, hasta el 1100 d.C., la vida se ruralizó sin profundas alteraciones: los campesinos trabajaron cada familia en su lote.

El labrador, ligado a la tierra desde la época de Diocleciano y Constantino, seguía el destino de ésta, sin desplazarse de una región a otra; estaba ligado social y económicamente al señor, a sus herederos o a los compradores de la tierra que trabajaba.

Era la servidumbre de la gleba. No podía emigrar ni huir, ni podía, por lo tanto, ser clérigo (sacerdote o intelectual), ni comerciante. Parte de lo que producía el campesino se destinó al noble —el »defensor»— a quien había sido confiado aquel feudo, y otra parte era entregada a la Iglesia.

Con la primera invasión de los bárbaros —nuevos señores—, y en especial a partir de la segunda (la de los normandos), sobre todo para la defensa, el señorío adquirió un acusado tinte militar: el antiguo propietario fue sustituido por el noble feudal.

El noble feudal, a su vez, había recibido estas tierras de otro señor —noble de mayor jerarquía— a cambio de su vasallaje.

Este vasallaje se traducía siempre en un pago fijo: trigo, madera u otros productos, más el compromiso de presentarse delante del señor en caso de guerra con tantos hombres armados y luchar por y con él o defenderlo en toda otra ocasión.

sociedad feudal

Había campesinos libres y pequeños nobles con pocas tierras y grandes nobles con numerosos feudos que arrendaban a terceros, constituyendo una pirámide de vasallaje.

En algunos territorios aparecen los reyes, elegidos —personalmente o como dinastía— entre los grandes nobles y por ellos también destronados muchas veces.

Es un mundo inmóvil. En la base de la pirámide, los campesinos ligados a la tierra, formando con ella una unidad productiva: el feudo.

Sobre esa base, una sucesión de pequeños, medios y grandes vasallos, de los cuales salían los reyes.

Paralelamente a esa pirámide, se erguía la pirámide de la Iglesia, también propietaria de feudos, pero con características propias.

Gracias al celibato clerical, sus tierras no se dividían entre herederos. En compensación, un hombre pobre, siempre que fuera libre podía ascender con mayor facilidad en la Iglesia que en el mundo laico.

Aquella base económica facilitó la organización de la Iglesia como el único gran poder centralizado del período y le permitió desempeñar importantísimo papel.

Los reinos medievales no tenían ninguna semejanza con las naciones modernas.

Un rey disponía de poder total sobre sus propios feudos (heredados, comprados o conquistados) y de un poder limitado sobre los de sus vasallos.

Las fronteras de sus dominios iban variando de acuerdo con los casamientos, alianzas, traiciones y juramentos de vasallaje.

Cuando los reyes morían, los herederos repartían el territorio del reino en varias partes: eran propietarios de tierra con vasallos, no jefes de un país o nación.

El universo feudal se presentaba, así, profundamente atomizado. Mas esa fragmentación llevaba, paradójicamente, a un cierto universalismo que dominó el pensamiento medieval.

Si todo el mundo estaba organizado de esa misma forma, si en todos los lugares la Iglesia disponía de los mismos poderes, y si todos los hombres respetaban costumbres semejantes, entonces todos los lugares se equiparaban y todos los hombres que los habitaban podían ser medidos por los mismos patrones y valorados de la misma manera.

Los intelectuales —en su abrumadora mayoría eclesiásticos, si se exceptúa a la minoría judía, generalmente alfabeta— poseían una visión más cosmopolita y unitaria de la especie humana, de su destino y de sus deberes.

En ese mundo, todos tenían su lugar designado, incluso antes de nacer. Como la nobleza era hereditaria, los recién nacidos ocupaban automáticamente el lugar del padre en la pirámide de la jerarquía feudal. La movilidad entre las categorías sociales era mínima. Pocos ennoblecían y sólo algunos campesinos entraban a formar parte del clero, aunque a veces llegaran a papas.

La sociedad feudal típica se dividía en estamentos hereditarios (estrato social específico con funciones propias), algo diferentes de la rigidez de las castas hindúes (se podía ennoblecer y desnoblecer), pero con menor flexibilidad que la sociedad de clases (división económica) de la Europa occidental moderna.

Basicamente estaban:

1-Los que oraban, el clero

2-Los que guerreaban, la nobleza

3-Los que trabajaban, los campsinos

ESQUEMA DE LA SOCIEDAD FEUDAL

cuadro sociedad feudal

LA VIDA EN LOS CAMPESINOS EN UNA ALDEA MEDIEVAL

LOS ALDEANOS: Los aldeanos en la Edad Media no eran dueños de la tierra que cultivaban. Francia estaba dividida en grandes dominios que pertenecían a los señores y a las iglesias. Cada dominio comprendía toda una aldea y su término.

El dueño se había reservado una parte de la tierra y la explotaba directamente. Todo el resto era cultivado por los aldeanos del dominio. Un dominio grande se llamaba villa y los aldeanos se llamaron villanos es decir, moradores de la villa.

Los campesinos habitaban casitas bajas, por lo común hechas con tablas y barro. Cultivaban sobre todo el centeno, la avena y el trigo. No se conocía aún el maíz ni la patata, y las mismas legumbres entonces conocidas no se cultivaban más que en los huertos de los señores y de las gentes de Iglesia.

El campesino no producía más que lo que era su sustento, y se alimentaba sobre todo con pan de centeno y avena cocida. Su trabajo consistía principalmente en labrar la tierra, sembrar, rastrillar, recoger la cosecha y trillar el trigo, sus instrumentos de labranza eran los mismos usados en la antigüedad.

Había también dehesas donde se llevaba a pastar el ganado, pero casi nunca prados artificiales, y el ganado del campesino era, por lo común, pequeño y delgado.

Se conservaban casi en todas partes grandes montos de encinas y hayas, en los que el villano podía cortar árboles para hacer su casa, fabricar sus instrumentos y quemar leña en su hogar.

A los montes enviaba también sus cerdos para el engorde. La carne de cerdo era casi la única que comían los villanos.

Cada familia cultivaba la misma tierra, de padres a hijos, tierra que no podía quitarle el señor que era el dueño. Pero en cambio tenía muchas obligaciones para con el señor.

Todos los años el villano pagaba al señor una pequeña renta en dinero, el censo, fijada por una costumbre muy antigua, y que no aumentaba. Pagaba otra, la talla, impuesta a cada familia, en ocasiones una vez, otras varias veces al año, según quería el señor.

Pagaba tributos en especie que se llamaban costumbres, gavillas de trigo, de avena, de hierba, vino, huevos, gallinas, cera, o un carnero, un cerdo, una cabra.

El villano debía ¡r a trabajar en la tierra que se reservaba el señor. Era la prestación personal. Debía, cierto número de días al año labrar los campos del señor, recolectar sus trigos, segar la hierba de sus prados, llevar a su granja las gavillas de grano y la hierba, labrar sus viñas, trillar su trigo, hacer reparaciones en los edificios, cuidar del buen estado de los caminos, de los fosos del castillo y de los estanques. Para estos trabajos debía llevar sus animales de labranza y sus carretas.

Tenía que llevar su trigo a moler al molino del señor, su pan a cocer al horno del señor, su uva al lugar del señor para hacer el vino.

Había de pagar cada vez que así hacía y no podía ir a otra parte; además estaba sometido a la justicia del señor. Si contravenía algo de lo establecido, le pagaba una multa.

Si era condenado por un crimen, el señor ordenaba su ejecución y confiscaba todos sus bienes. Contaba el señor entre sus rentas «su justicia», es decir, el derecho de imponer las multas, derecho que vendía o compartía con otro, siendo frecuente que un señor poseyera un cuarto o una mitad de la justicia de una aldea.

Los villanos eran entregados sin defensa a los caprichos del señor propietario de su aldea, porque tenía el derecho de juzgarlos y no podían pedir justicia a nadie contra él.

Ni siquiera tenían derecho a reunirse para el arreglo de sus asuntos sinn licencia del señor. En Nor-mandía, el año 996, los villanos intentaron emanciparse.

«El señor, decían, lo toma todo, hay demasiados tributos y cargas, no nos queda nada de nuestro trabajo». Tuvieron reuniones secretas y juraron apoyarse unos a otros. Pero los señores descubrieron el complot y se prendió a los descontentos.

No todos los villanos eran iguales. Algunos, llamados francos, descendían de hombres libres que habían venido a ser terratenientes del señor.

No pagaban más que tributos fijos y tenían derecho a irse renunciando a su tierra. Los otros, llamados, siervos, descendían de antiguos esclavos (es lo que quiere decir la palabra latina servus).

El señor no podía tratar al siervo como se trataba al esclavo romano, encerrarlo, venderlo, apoderarse de su mujer, ni siquiera quitarle su tierra. Pero conservaba el derecho de imponerle tributos y fijaba los trabajos que para el señor había de ejecutar.

Al siervo podían imponérsele cuanto tributo se quería, es decir, según la «merced» (piedad) del señor. No podía abandonar su tierra.

Pero el señor consentía algunas veces en fijar los tributos y las cargas a cambio de una suma de dinero, y a esto se llamaba igualar (fijar un límite) o emancipar.

Entonces los que habían sido siervos quedaban en situación de francos. De esta suerte fue disminuyendo el número de siervos, y a fines de la Edad Media sólo se les encontraba en algunas comarcas del este y del centro.

FORTUNAS BURGUESAS SOSTIENEN LAS CORONAS

Esa sociedad, tal como fue descripta, representa, sin embargo, un modelo ideal. Quiere decir que nunca existió de esta forma en estado puro.

Durante toda esa época, siempre existió en lo alto de la pirámide nobiliaria la tendencia de los nobles más poderosos a unificar todo el sistema feudal bajo un único centro y en un solo Estado, de la misma forma que ocurriría en la Iglesia (las tentativas más audaces fueron efectuadas por Carlomagno y, posteriormente, por varios emperadores del Sacro Imperio, como Federico II).

Pero esa unificación jamás se dio porque ninguna categoría social dirigente estaba interesada en un «Estado paneuropeo».

Los únicos que se empeñaban en ello eran los candidatos a emperador y algunos juristas e intelectuales, pero, sin el apoyo de una clase social importante, los sueños de unidad imperial morían con los interesados.

Entretanto, precisamente cuando la Iglesia Católica, bajo Gregorio VII, parecía haber vencido definitivamente a los emperadores, que no querían ser sólo el «brazo armado» unificado de un soberano, juez o arbitro general religioso, Europa comienza a fragmentarse en naciones que se sustraen a su imperio.

Algunos reyes consiguen lo que los candidatos a emperador no habían conseguido antes: poder para luchar contra los grandes nobles rivales y contra la Curia centralizadora. Y la fuente de ese poder es el dinero.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad H.W. Van Loon
Enciclopedia Encarta 2000
Historia Medieval Tomo II Editorial Kapelusz
Wikipedia
Historia Universal Tomo I Navarro-Gargari-Gonzalez-Lopez-PAstoriza
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I
Trabajo Enviado Por: Pedro J. Jacoby Para Planeta Sedna    (10-05-2012)

¿Que es la sociología?

La Primer Cosechadora Mecánica de McCormick Historia

La Primer Cosechadora Mecánica de McCormick

Historia de la Primera Cosechadora automática: La historia de los inventos está jalonada de obstáculos y éxitos. La marcha hacia el oeste creó un obstáculo: la falta de brazos en la época de la siembra. Los agricultores no se atrevían a sembrar muchas hectáreas de trigo, por cuanto era necesario proceder a la siega en un lapso breve. Los molinos de harina permanecían inactivos porque no había suficiente trigo sembrado.

El éxito tuvo lugar en 1840 con el advenimiento de la segadora de Cyrus McCormick. Los agricultores se animaron a sembrar más hectáreas, pues se las podía segar en poco tiempo con una máquina. De la escasez de trigo se pasó a la abundancia.

La segadora mecánica de McCormick cortaba el trigo con cuchillas movibles colocadas en barras derechas. El movimiento rotativo de la pesada rueda maestra hacía girar las cuchillas mientras los caballo:; avanzaban. Un alambre metálico giratorio colocaba el grano contra la cuchilla y ponía los tallos cortados sobre la plataforma situada detrás de ésta. Hayos en forma de dedos, que se extendían desde la plataforma, evitaban que el grano escapara por los costados al cortarlo.

Más tarde, McCormick perfeccionó dispositivos que enderezaban el cereal para hacer más fácil la siega , formar haces de los tallos cortados.

Dado que cada agricultor podía comprar una segadora con un pago al contado reducido, la venta fue mayor que la fabricación. La producción total de trigo se triplicó con creces.

La historia había cobrado nuevo ritmo. Se carpieron las selvas americanas y se sembró trigo en muchos campos. Un grupo de colonos llevó consigo un molinero que quizo instalar su molino automático Evans a orillas de un río. Estas primeras colonias siempre se desarrollaron alrededor de molinos y se esparcieron las ciudades molineras por toda la campiña.

Cuando las segadoras McCormick comenzaron a segar el grano, los ferrocarriles penetraron en las nuevas zonas agrícolas, a fin de transportar los sobrantes de harina a los puertos del este y de allí a las naciones de Europa.

Los Estados Unidos nunca perdieron esta ventaja en cuanto a su agricultura. Hoy en día, máquinas de autopropulsión siegan automáticamente el grano que se trilla en seguida, desechando los desperdicios inservibles, y luego se llenan bolsas de granos de maíz. El Hombre Mecánico convierte en jardines los desiertos y en canastos de pan las selvas.

Cyrus Hall McCormick inventó la cosechadora mecánica: Cyrus McCormick, el «padre de la agricultura moderna», hizo una de las contribuciones más significativas a la prosperidad de los Estados Unidos, cuando inventó la segadora tirada por caballos en 1831.

1831 Cyrus Hall McCormick hizo una demostración de su cosechadora mecánica en la Taverna Steele, Virginia. La cosechadora podía cortar 10 acres por día el equivalente al trabajo de cinco hombres. Posteriormente, el acrecentó un recurso de auto-recolección que permitía que un hombre cortase 40 acres en un día. El patentó la cosechadora en 1834.

1842 Jerome Increase Case funda Racine Threshing Machine Works en Racine, Wisconsin.

1848 Cyrus Hall McCormick funda McCormick

1842 Jerome Increase Case funda Racine Threshing Machine Works en Racine, Wisconsin.

1848 Cyrus Hall McCormick funda McCormick Harvesting Machine Company en Chicago, Illinois.

1851 La cosechadora mecánica de McCormick gana la Medalha de Oro en la Exposición Real del Palacio de Cristal en Londres, Inglaterra. McCormick ingresa en el mercado europeo.

Fuente Consultada:
Grandes Inventos de la Humanidad Beril Becker

La Primera Locomotora a Vapor de Agua Historia del Transporte

Historia de la Primera Locomotora a Vapor

EL FERROCARRIL Y GEORGE STEPHENSON

Fue George Stephenson quien construyó el primer ferrocarril en el año 1814. Anteriormente, un inglés, Richard Reynolds, había construido los primeros carriles metálicos, al tiempo que James Watt construía por su parte una máquina de vapor. Pero a nadie se le había ocurrido unir ambas cosas, siendo Nicolás Cugnot, un francés, quien en 1769 tuvo la idea de enviar a la máquina por los caminos, es decir, sin raíles. Fue Richard Trevichick, también inglés, a quien se le ocurrió juntar ambas cosas, pero falto de paciencia para llevar a buen término su idea, se la apropió un antiguo minero, Stephenson, el cual sí llegó a construir el primer ferrocarril.

El caballo de hierro

Así denominó el gran novelista norteamericano Zane Grey al ferrocarril que enlazó la costa Este de los Estados Unidos con la occidental. Stephenson había visto ya en las minas donde había trabajado, unos pequeños trenes montados en raíles para la descarga de los minerales, por lo que tuvo la idea de aplicar el mismo sistema al transporte de pasajeros. Sin embargo, había una dificultad: las autoridades del país no se dejaban convencer.

Debido a esta incomprensión, Stephenson tardó casi diez años en convencer a dichas autoridades que era una idea magnífica poder transportar el carbón de las minas hasta los puertos y, así, el 25 de setiembre de 1825, el primer tren del mundo fue desde Stockton a Darlington a la asombrosa y temible velocidad de 25 kilómetros por hora. El trayecto medía 39 kilómetros y el tren se componía de 34 vagones. Delante del tren iba un jinete a caballo, agitando una bandera, para (evitar que la gente se asustase y se apartase del paso del convoy.

La gran velocidad de 25 kilómetros a la hora era tan espantosa que se temía que la gente se desmayase, pues en aquella época se desconocían los efectos de la velocidad sobre el cuerpo. Más de un científico y algún que otro médico habían movido la cabeza con incredulidad, como diciendo: “La Humanidad se encamina directa al precipicio….», nadie creía en ese raro armatoste de hierro con ruedas ruidoso.

La realidad de la época marcó otro camino, los rieles de hierro fueron el futuro del transporte inglés….

ENTRE EL 6 Y EL 14 de octubre de 1829, se reunieron en Rainhill, Inglaterra, cinco máquinas mas de aspecto poco atrayente en una competencia que haría historia ferroviaria, a fin de escoger la mejor locomotora para el nuevo ferrocarril Liverpool-Manchester. Concursaron grandes talentos de la ingeniería de la época.

La Locomotora a Vapor de Agua El sistema de Stephenson

Una replica de la Rocket de Stephenson

Entre ellos estaban George y Robert Stephenson, padre e hijo. Al tercer día de pruebas, su nueva locomotora. Rocket, cuya revolucionaria caldera marcó la pauta para locomotoras ulteriores, se lanzó a todo vapor hacia la victoria, con velocidad máxima de 47 km/h. Esto hizo del diseñador, George Stephenson, el “padre de la locomotora”. Pese a su originalidad, en realidad la Rocket fue sólo un desarrollo de la obra de inventores precedentes.

Fracaso por rieles endebles: El hombre a quien debería otorgarse esa paternidad es Richard Trevithick, ingeniero de Cornualles. Un cuarto de siglo antes, descubrió los principios básicos para una locomotora de vapor de alta presión, con el rendimiento y la potencia suficientes para jalar de un tren, y la construyó. En 1804, mostró una locomotora que podía mover una carga de 20 ton a 8 km/h. Aunque era mecánicamente adecuada, la endeble vía de la época se destrozó bajo su peso. Desilusionado, Trevithick abandonó el diseño de locomotoras.

Lograr el equilibrio entre la locomotora y los rieles fue crucial para el éxito de los Stephenson, en 1829. La de Trevithick tenía ruedas de cerco plano para una vía con reborde en forma de ‘L’. El peso de la locomotora creaba la fricción que las ruedas necesitaban para girar sobre los rieles, pero éstos eran muy débiles para resistir la carga, de modo que debía buscarse otro método. En 1812, John Blenkinsop, ingeniero de Yorkshire, encontró una solución al problema: una máquina ligera, con rueda dentada que engranaba en un riel de cremallera instalado a lo largo de la vía.

Sin embargo, este método no permitía mover cargas pesadas a muy alta velocidad. En 1813, William Hedley construyó la locomotora Puffing Billy, con ruedas motrices lisas que no implicaban desgaste excesivo para los rieles. Pero fue Stephenson quien puso la ceja en el interior de las ruedas, para que éstas absorbieran parte de la tensión que antes soportaban los rieles, y patentó un riel “de filo”, de fierro colado y remate plano, cuya forma le ayudaba a soportar cargas pesadas. Además, abandonó los sistemas de engranajes dentados, que se habían empleado para accionar las ruedas motrices, y usó varillas motrices, mucho más eficientes.

La locomotora fue su gran obra maestra. Stephenson fue el primero que hizo pasar “tubos de fuego” (la Rocket tenía 25) por el agua de la caldera para calentarla, a fin de que la presión del vapor se mantuviera en valores más constantes y altos que nunca. Este principio básico de diseño ha permanecido inalterable en las locomotoras de vapor desde entonces.

Fuente Consultada: Sabía Ud. Que..? Selecciones Reader Digest – Wikipedia – Historia Universal Tomo I y II.

Nobel y la Nitroglicerina

Nobel y la Nitroglicerina

Desde la fundación de la primera fábrica de nitroglicerina, Nobel comienza a realizar sus estudios sobre la nitroglicerina, con el objetivo de disminuir su sensibilidad, característica que hacía imposible su uso en forma pura.

La nitroglicerina fue descubierta por el químico italiano Ascanio Sobrero, el año 1846, y ocho años más tarde Crawford Williamson establece su composición química, , lo que facilitó que años más tarde, con un completo dominio de su estructura, Nobel pudiera ensayar con diversas sustancias para conocer, cuales podían atenuar su gran sensibilidad.

Después de un arduo proceso de experimentación, en el que estuvo a punto de no continuar los estudios emprendidos debido a una violenta explosión en 1864 que destruyó sus laboratorios, mató a cinco personas, entre los que figuraba su hermano menor Emil, y corrió gran peligro su vida.

Pero un día, por casualidad, notó que la tierra de infusorios o trípoli (tipo de piedra caliza porosa) ofrecía la propiedad de ser muy absorbente respecto de la nitroglicerina, pues retenía en sus poros un gran porcentaje de dicha sustancia lo que daba paso a una nueva mezcla, que continuaba siendo un gran explosivo, pero que hacía menos peligroso su manejo.

Corría el año 1867 y Nobel acababa de descubrir la dinamita, con lo que hacía posible el uso industrial de la nitroglicerina y se convertía en el creador de la pirotecnia moderna.

Consciente de que la dinamita no había aportado a la humanidad ni la felicidad ni la paz que él preveía, Alfred Nobel decidió en 1893 que su fortuna podría quizá contribuir a ello. En su primer testamento instituyó un premio destinado a recompensar algún descubrimiento científico que fuera en esa dirección, decisión que no contó a los herederos, que se inquietaron al verse desposeídos.

Aun así, Nobel se obstinó, y sería en París, el 27 de noviembre de 1895, que redactaría un segundo testamento.

Una vez que los herederos fueron favorecidos según lo que él consintió en legar, Alfred Nobel dispuso que el resto de su fortuna fuera invertida en instrumentos seguros, y que los intereses generados fueran distribuidos «a las personas que hayan aportado el mayor beneficio a la humanidad».

PREMIOS NOBEL: Cuando el testamento de Alfred Nobel fue revelado, en enero de 1897, no dejó de provocar revuelo, partiendo por el enojo de sus hermanos, que se consideraron expoliados. Nobel menospreciaba las fortunas por herencia, que según escribió, «no aportan más que calamidades, por la tendencia a la ociosidad que engendran en los herederos». Y sobre todo, al confiar la entrega de los premios a Suecia y a Noruega, Nobel provocó una crisis diplomática entre los dos países.

Fue sólo el 29 de junio de 1900 que los estatutos de la fundación Nobel serían promulgados, y los primeros Nobel, dotados de 150.800 coronas suecas, fueron concedidos al año siguiente, el día del aniversario de la muerte del inventor.

El físico alemán Roentgen, descubridor de los rayos X, el químico neerlandés Van’t Hoff, el médico alemán Von Behring y el poeta francés Sully Prudhomme fueron los primeros en recibir los premios Nobel. En cuanto al premio de la paz, fue compartido entre el suizo Henri Dunant, creador de la Cruz Roja, y el economista francés Frédéric Passy, fundador de la Liga internacional de la paz. Un sexto premio Nobel, en economía, fue instituido en 1968.

La Modernizacion de Japon Apertura Economica con Occidente

La Modernización de Japón Apertura Económica

APERTURA ECONÓMICA DE JAPÓN CON OCCIDENTE: La revolución Meiji fue una “revolución desde arriba”, dirigida por los altos estamentos contra el secular feudalismo japonés, que paralizaba el desarrollo económico de las islas, en favor de las todopoderosas familias del shogunado. Había que entrar en la órbita del mundo moderno y “contestar” al “desafío” de Occidente.

Japón Meiji: Al igual que China, a comienzos del siglo XIX el Japón vivía aislado del resto del mundo. A mediados de siglo, los Estados .nidos enviaron al Japón una flota al mando del almirante Perry ; :n el fin de lograr un acuerdo comercial entre ambas naciones. Luego de una intensa polémica desatada dentro del gobierno japonés, en 1854 se firmó el Tratado de Kanagawa, por el que sus puertos japoneses fueron abiertos a los barcos americanos.

1853: El comodoro Matthew Calbraith Perry se presentó con una escuadra de barcos de vapor armados hasta los dientes en la bahía de Edo, eso sí, de una forma pacífica. Era el encargado de obligar, poniendo de relieve la debilidad del shogun frente a las potencias extranjeras, a Tokugawa  a firmar el primero de una serie de tratados que obligarían al gobierno nipón a abrir sus puertos estratégicos al comercio con el resto de los países del mundo.

En los años siguientes, otras potencias occidentales lograron vengas semejantes. Esta apertura a Occidente desató en el Japón una serie de luchas internas entre los que defendían esa apertura los que se oponían a ella.

En 1868, los primeros lograron imponerse: el emperador, que tomó el nombre de Meiji, recuperó el poder que desde hacía siglos estaba en manos de grandes grupos feudales y el cargo de shogun (jefe de gobierno) fue abolido.

Se enviaron varios especialistas japoneses para analizar los gobiernos extranjeros y para seleccionar sus mejores características que se aplicarían en Japón; se redactó un nuevo código penal a imagen del francés, se estableció un Ministerio de Educación en 1871 para desarrollar un sistema educativo basado en el de Estados Unidos, que fomentaría una ideología nacionalista y la exaltación del emperador a partir del desarrollo del sintoísmo. El país experimentó un rápido crecimiento industrial bajo la supervisión del gobierno.

MISIÓN A OCCIDENTE:

En diciembre de 1871, los integrantes de la misión zarparon de Yokohama en vapor. En Estados Unidos pasaron siete meses, seguidos de cuatro en Gran Bretaña, después visitaron más brevemente Francia, Bélgica y Holanda, antes de llegar a Alemania en marzo de 1873 […] Por donde pasaban […] eran recibidos por jefes de Estado sosteniendo conversaciones con los principales ministros […]. Inspeccionaron departamentos gubernamentales, instituciones militares, parlamentos, juzgados, iglesias, museos, escuelas, bancos y fábricas de todo tipo. Se tomaron copiosos apuntes. Como resultado […] se llevaron a Japón un cuerpo de hechos y opiniones que fue publicado en cinco volúmenes en 1878, constituyendo una guía para la modernización en todos sus aspectos. Lo que es más, la actitud de los hombres de la misión quedó profundamente influida por las experiencias de este viaje.»
W. G. BEASUY. Historia contemporánea de Japón. Madrid, Alianza, 1995.

A partir de la restauración imperial de 1868, el Japón emprendió la tarea de construir un estado moderno. Se decidió, entonces, importar de Occidente las técnicas necesarias para superar el atraso japonés. Cientos de jóvenes fueron enviados a estudiar a Occidente y se contrataron asesores y expertos extranjeros para trabajar en áreas predeterminadas: construcción de ferrocarriles, instalación de máquinas en fábricas o enseñanza en las escuelas.

En 1872, se decretó el servicio militar universal y, unos años después, en 1877, un decreto abolió la clase de los samuráis, no sin un trágico enfrentamiento entre los soldados y los samuráis en Satsuma.

En 1889 se sancionó una constitución que establecía el carácter absoluto y sagrado del emperador, un mecanismo de gobierno altamente centralizado y burocratizado, la creación de dos cámaras legislativas, y que otorgaba el derecho al voto sólo a una minoría (poco más del 1% de la población total).

La restauración Meiji transformó rápidamente todos los sectores públicos de la vida japonesa: la educación, el ejército, la marina y, sobre todo, la economía. Se tendieron líneas férreas, se construyeron astilleros navales y se expandió la industria militar.

A partir de 1880, muchas empresas estatales fueron vendidas al sector privado en condiciones muy ventajosas, lo que constituyó el punto de partida para la formación de grupos familiares con actividades múltiples, los zaibatsu, como fue el caso de Mitsubishi.

La Union Aduanera de Alemania Zollverein Unificacion Alemana

La Unión Aduanera de Alemania, El Zollverein

En Alemania, como en Italia, las fuerzas económicas e intelectuales se unieron para favorecer el despertar de un sentimiento nacionalista alemán. Fichte y Herder fueron los teóricos más relevantes de este movimiento que inspiró la visión conservadora del nacionalismo, mientras historiadores, poetas y músicos se esforzaron por encontrar el alma alemana en el pasado heroico y en las leyendas tradicionales. Fichte, quien manifestó claramente la necesidad de crear un Estado alemán unificado y un Imperio único, está considerado como un claro antecedente del pangermanismo, cuyos principios se fundamentan en la herencia histórica como definidora de la nación, en la predestinación metafísica y biológica de Alemania en el mundo y en la exaltación de la guerra como un hecho inevitable.

Antes de la formación de un Estado nacional unificado, el actual territorio de Alemania se encontraba dividido en un mosaico político de más de 30 Estados. Entre ellos se destacaron, por su importancia económica y política, Austria y Prusia.

Desde principios del siglo XIX se inició un proceso de organización de un Estado nacional en Alemania. Un paso importante en este proceso fue la formación de un mercado único en la región, impulsado por la aristocracia terrateniente —los junkers— de Prusia y la burguesía industrial de la cuenca del Rhur.

Un hecho trascendente se produjo en 1835 con el establecimiento de la unificación aduanera —Zoelverein

El nacionalismo económico: el Zolloerein

El primer paso hacia la unificación del país tuvo un carácter económico y fue impulsado por Prusia, que alentó la formación de un mercado único y la supresión de la multitud de fronteras que separaban a los diversos Estados alemanes.

En 1834 se creó el Zolloerein (unión Aduanera) entre todos los Estados de la Confederación Germánica con la exclusión de Hannover, las ciudades hanseáticas y Austria. Esta unión aduanera fue una primera victoria prusiana, ya que había conseguido implicar a todos los Estados alemanes en un proyecto común, y además. Austria, el gran lastre para la unificación, había quedado excluida.

El gran teórico de la unificación económica fue el economista List, quien defendió la necesidad de suprimir las fronteras interiores y la imposición de tarifas protectoras, como el medio más eficaz para fomentar el desarrollo industrial y poder hacer frente a la competencia británica. En efecto, la creación de un mercado único de carácter nacional fomentó la industrialización y el desarrollo de la red ferroviaria.

El crecimiento económico potenció la consolidación de una nueva burguesía industrial y de los negocios que manifestó su voluntad de colaborar en la construcción de la unidad nacional alemana que integró el territorio prusiano con otras regiones alemanas. Sin embargo, debido a las diferencias políticas entre Austria y Prusia, entre otras causas, el proceso de unificación no pudo llevarse a cabo en la primera mitad del siglo XIX.

Desde 1848 fue cada vez más intensa la actividad política de grupos nacionalistas que alentaban la formación de un solo Estado para todos los alemanes.

Plan de Operaciones de Moreno Para la Revolucion

Plan de Operaciones de Moreno Para la Revolución

Con esta revolución se formó el primer Gobierno independiente de la metrópoli española, Gobierno que luego le heredaría el nombre de Argentina; los sucesos que se desarrollaron aquí se agrupan en la ya conocida Semana de Mayo, los mismos empezaron el 18 de Mayo de 1810 y terminaron el 25 de Mayo del mismo año con la proclamación de la Revolución.

Con la llegada de la fragata Inglesa a Montevideo, se confirmaban los rumores de que España estaba en apuros; Napoleón Bonaparte la había invadido apresando a su rey Fernando VII quien sería reemplazado por el mismísimo hermano de Napoleón, José Bonaparte.

Estos acontecimientos le daban a saber a Buenos Aires que el poder de la corona se había trasladado a Cádiz, más precisamente al Consejo de la Regencia en donde ya se encontraban las tropas francesas. Este evento fue el primero y el que se encargó de desencadenar los siguientes sucesos que formarían la ya conocida Semana de Mayo y su posterior Revolución.

La estrategia y el Plan de Operaciones

Ver: Ideas Revolucionarias de Moreno y Monteagudo

La nueva Junta de Gobierno tiene que cumplir sin demora dos mandatos: llamar a los pueblos del virreinato para que envíen diputados a un congreso general que establezca el gobierno definitivo, y enviar una expedición al interior para ayudar a los pueblos a librarse de la previsible reacción de los grupos que se oponían al alejamiento de Cisneros.

Por supuesto, los nuevos gobernantes sabían que quienes todavía aspiraban a retener el poder serían sus más fervientes detractores.

Las duras acciones que tiempo después habrían de tomar los miembros de la Junta se vieron en parte justificadas en la necesidad de imponerse a los ataques de que eran objeto.

En julio de 1810, la Junta designará a Mariano Moreno para que redacte un Plan de Operaciones, el proyecto de estrategia política de la revolución.

Otras regiones americanas que ya se habían levantado contra el opresor español también habían contado con documentos que apoyaban sus gestiones, como había sido el caso del movimiento de los comuneros en el virreinato de la Nueva Granada, Colombia, en 1781.

El plan de la Junta de Buenos Aires estaba destinado a uniformar los propósitos y estrategias del nuevo gobierno, y estaba dirigido fundamentalmente al núcleo de patriotas revolucionarios. Por eso podía permitirse algunas metáforas y exageraciones: …y así, no debe escandalizar el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa, aun cuando tengan semejanza con las costumbres de antropófagos y caribes… Para conseguir el ideal revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales, aconsejará Moreno al presentar el documento en agosto de 1810.

Hay debates planteados sobre la autenticidad de este Plan de Operaciones. Un documento manuscrito que parecía ser la copia de un plan presentado a la Junta el 30 de agosto de 1810 fue hallado en el Archivo General de Indias en 1896. Las investigaciones posteriores demostrarían que dicho documento habría sido fraguado y escrito por un español intrigante que estaba al servicio de la corte de Portugal con el objetivo de desprestigiar al gobierno patrio. Este descubrimiento desató una polémica para la cual los historiadores todavía no han encontrado una respuesta definitiva. De todas maneras, la política de las autoridades revolucionarias fue muy parecida a lo aconsejado en el plan atribuido a Mariano Moreno.

La Junta necesitaba legitimar su poder y recibir el apoyo de todas las jurisdicciones. El 27 de mayo envió una circular a los gobiernos del interior para comunicarles su existencia y convocar al congreso de diputados.

A pesar del carácter de transitoriedad que en el cabildo abierto del 22 de mayo se había decidido que ten-dría el nuevo gobierno patrio, el día 28 la Junta tomó dos resoluciones que revelaban la preparación para el establecimiento de un régimen nada transitorio. Ya se sugería la necesidad de confeccionar el Plan de Operaciones.

En el orden externo, el nuevo gobierno envía como represente a España a Matías Irigoyen, aunque su verdadera misión consistía en ponerse en contacto con los británicos, asegurarles la adhesión de la Junta en su lucha contra Napoleón y pedirles ayuda contra las posibles hostilidades de Portugal. Al mismo tiempo, Irigoyen debía conseguir el permiso de Inglaterra para adquirir armas para la defensa del territorio.
En cuanto al orden interno, la Junta reorganizó la tropa y convocó al servicio a aquellos que no ejercieran tareas útiles.

Para obtener apoyo popular, el gobierno revolucionario decidió la creación de un órgano de prensa donde plasmar sus decisiones. Mariano Moreno será el director del nuevo periódico, La Gaceta de Buenos Aires. En sus páginas, el director escribirá cuarenta y seis artículos a lo largo de seis meses, en los que se encontrará la síntesis programática del proceso revolucionario.

En el plan se identifican tres clases de individuos:
– los adictos al sistema que se defiende. El plan establecía que en tiempos de revolución estos gozarían de ciertos privilegios e inmunidades. Ningún delito se les castigaría, salvo la infidencia y la rebelión. Se los promocionaría en las milicias y en la magistratura. Sus acciones serían generosamente recompensadas.

– los enemigos declarados y conocidos. Para éstos se recomendaba seguir «la conducta más cruel y sanguinaria’. Castigar con la pena capital ante la menor semiprueba de hechos y palabras sobre todo cuando la o las personas implicadas fueran de renombre, y moderar el castigo cuando las personas no fueran de talento, riqueza u opinión. Proponía decapitar a gobernadores, capitanes generales, mariscales de campo, coroneles, etc.

– los silenciosos espectadores o neutrales (en términos del plan, los verdaderos egoístas). Éstos debían ser vigilados por el gobierno. Se recomendaba cooptar, a través de dádivas, cargos o empleos a los hombres de riqueza, talento o ascendente sobre las poblaciones.

Entre los puntos más importantes del plan figuran indicaciones y sugerencias acerca de la conducta que el gobierno patrio debía asumir frente a las nuevas circunstancias; cómo ganarse la opinión pública y cómo combatir los focos reaccionarios. También se dan instrucciones para promover una sublevación de la Banda Oriental y rendir Montevideo, sin enviar un ejército desde Buenos Aires, para consolidar la revolución.

Por otra parte, se hace referencia a la forma que habían de tomar las relaciones de las Provincias Unidas con España: cómo contrarrestar los informes del enemigo; fingir lealtad a Fernando VII para ganar tiempo. La conducta a seguir con Portugal e Inglaterra es otro de los puntos importantes: había que garantizar la neutralidad o el apoyo de la potencia británica y generar la sublevación del sur del Brasil para unirlo a las provincias del Plata. También se considera la forma de favorecer el aumento de los fondos públicos para los gastos de la guerra y para crear fábricas, ingenios y fortalecer la navegación y la industria en general. El fin último: conseguir la independencia absoluta.

MIGUEL MAZZEO

Guerra Franco Prusia Causas y Consecuencias

Guerra Franco Prusia Causas y Consecuencias

Cuando el emperador francés Napoleón III dió cuenta de que la unificación alemana era un hecho, vislumbró que esta alianza era muy peligrosa para la integridad francesa. El poder militar de los prusianos y sus aliados germánicos se había hecho patente en la guerra de 1866 contra Austria, cuyo resultado produjo el traspaso de la hegemonía alemana desde este imperio a Prusia.

Bismarck, al mismo tiempo, animaba deliberadamente la diferencia creciente entre Prusia y Francia para atraer los estados católicos del sur de Alemania a una unión nacional. Asegurándose de la neutralidad rusa, italiana y británica, empujó las preparaciones de guerra en ambos lados, con la notable ineficacia en Francia y con la minuciosidad asombrosa en Prusia.

El pretexto inmediato para la guerra se presentó cuando el trono de España se ofreció al príncipe de la casa de Hohenzollern-Sigmaringen, una rama de la casa gobernante de Prusia. La oferta, al principio aceptada en el consejo de Bismarck, fue rechazada el 12 de julio, después de una fuerte protesta francesa.

Pero un anarquista francés, el duque de Gramont, insistió en convencer al rey de Prusia Guillermo I de Prusia (más tarde Guillermo I de Alemania), quién se negó, entregándole a Bismarck un telegrama para el gobierno francés apoyando su posición. Pero Bismarck lo modificó agresivamente, de manera que Francia se sintiera ofendida, y lo publicó. Los franceses, indignados, cayeron en la trampa y declararon la guerra.

AMPLIACIÓN DEL TEMA, PARA SABER MAS…

LA GUERRA DEL 1870. Napoleón III quedó consternado, pues la victoria de Prusia constituía un rudo golpe para la hegemonía francesa. En París se había creído que la lucha entre Prusia y Austria sería larga y dura, y que al fin Francia podría arbitrar una paz de la que pensaba sacar gran provecho.

Se veía claramente que Bismarck, una vez liquidada Austria, se dirigía contra Francia. Las exigencias del canciller aumentaban cada vez más y las relaciones franco-alemanas fueron empeorando de tal modo que no quedó más alternativa que la guerra. El motivo lo ocasionó el destronamiento de la reina Isabel II de España por la revolución de 1868.

El trono vacante fue ofrecido al príncipe Leopoldo de Hohenzollern, primo del rey de Prusia, lo que ocasionó la protesta de Francia, por entender que tal nombramiento rompía el equilibrio europeo y significaba un peligro para la paz. El embajador francés exigió a Guillermo I, que como cabeza de la familia Hohenzollern, prohibiera al príncipe Leopoldo aceptar el trono de España.

Bismarck comunicó telegráficamente a los Gobiernos europeos las exigencias francesas, tergiversando las manifestaciones del rey y dando motivo a que el Parlamento francés votara créditos extraordinarios y declarara la guerra a Alemania. El pueblo alemán recibió la noticia jubilosamente y recorrió las calles enarbolando banderas y entonando el himno patriótico «La Guardia del Rin».

Mientras el ejército francés se hallaba en un lamentable estado de desorganización, la máquina alemana maniobraba con arreglo a un plan premeditado y con su acostumbrada precisión, bajo la admirable dirección del anciano mariscal Moltke, quien unos días antes había exclamado: «¡Si puedo llevar a cabo esta guerra, llévese el diablo este esqueleto!»

En páginas anteriores, al hablar del reinado de Napoleón III se ha relatado el desastre de Sedán y la derrota francesa de 1870. El ejército alemán había conseguido triunfos que asombraron al mundo.

A consecuencia de estas victorias los príncipes alemanes sometidos a Bismarck constituyeron el Imperio Alemán, el llamado Segundo Reich, continuador del Sacro Imperio Germánico, bajo la presidencia hereditaria del rey de Prusia, y cuya proclamación tuvo lugar solemnemente el 18 de enero de 1871 en la galería de los espejos del Palacio de Versalles.

Paralelamente a estos sucesos, Alemania inició su expansión colonial en África y Oceanía (Togo, Camerún, África occidental y oriental alemanas, islas Marshall, etc.). En 1890 se concertó un pacto con Inglaterra sobre el África oriental; posteriormente se afincaron en Kiao-Tcheu (China) y adquirieron, por compra, la Micronesia española (Oceanía).

En 1888 murió Guillermo I y poco después su hijo Federico, sucediéndole Guillermo II (1888-1918), quien por su carácter enérgico no se avino desde el principio a servir de pelele a Bismarck. Entre ambos surgieron desavenencias que ocasionaron la dimisión del anciano «canciller de hierro» Guillermo II fomentó las construcciones navales para proteger su naciente imperio colonial y disputar a Inglaterra el dominio de los mares, a la par que desarrollaba extraordinariamente las fuentes de su riqueza y colocaba a Alemania entre las primeras potencias del mundo, pero la mejor época de su reinado pertenece, propiamente, al siglo XX.

Fuente Consultada:
Atlas de Historia del Mundo Edición de Kate Santon
Enciclopedia de Historia Universal Espasa Siglo XXI
Civilizaciones de Occidente Tomo B. J. Spielvogel

La Era Victoriana

Historia de la Venta de Alaska a Estados Unidos Por Rusia Resumen

Resumen Historia de la Venta de Alaska a Estados Unidos Por Rusia

Las primeras fuentes documentadas relatan que los primeros europeos en llegar a la región de Alaska provenían de Rusia. Sin embargo no hay hechos perfectamente contrastados sobre la fundación del primer establecimiento ruso en la misma.

Lo que si hay es una leyenda que habla de este primer establecimiento, fundado cuando los barcos de una expedición capitaneada por Semyon Dezhnev en 1648, fueron desviados de su ruta y desviados hacia lo que hoy es Alaska.

Venta de Alaska a Estados Unidos Por Rusia

Rusia estaba en una posición financiera difícil y temido perder el territorio de Alaska sin la remuneración en un cierto conflicto futuro, especialmente a sus rivales Británico, que podría capturar fácilmente la región del duro-a-defender. Por lo tanto el emperador Alexander II decidía vender el territorio a los EE.UU. y mandó al ministro ruso a los Estados Unidos, Eduard de Stoeckl, para entrar en negociaciones con Seward en el principio del marzo de 1867.

Las negociaciones concluyeron después de una sesión de la toda la noche con la firma del tratado a las 4 de la mañana de 30 de marzo, con el precio de compra fijado en $7.200.000 (alrededor 1.9¢ por acre).

Americano opinión pública estaba generalmente positivos, pero algunos periódico escritores y redactores tenía sensaciones negativas sobre compra de la tierra. Notablemente, uno de esos hombres era Horace Greeley de Nueva York Tribune.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

En 1867 la Rusia zarista tenía dificultades financieras y diplomáticas. El país tenía enormes deudas a raíz de su humillante derrota en la guerra de Crimea y los ministros del zar Alejandro II apenas podían administrar las vastas y dispersas tierras, propiedad del imperio. Alaska,. que era territorio ruso desde que el explorador Vitus Bering la reclamara en 1741, era una de esas propiedades enfadosas.

Aunque proveía de abundantes pieles de nutria y de foca, la Russian-American Company que operaba en el territorio requería de subsidios estatales para funcionar. Debido a su severo clima y limitado potencial agrícola, Alaska no era un lugar que atrajera a los colonos. Separadas del continente asiático por el mar de Bering, las inhóspitas costas de Alaska sólo tenían unas cuantas bases de comercio de pieles, un puñado de tramperos y algunos cientos de agentes y soldados rusos para mantener la autoridad del zar.

En caso de que Inglaterra o EUA codiciaran Alaska, el zar y sus generales no podrían defenderla de modo oportuno o efectivo. Los rumores de que en Alaska había oro y otros minerales valiosos sólo hacía más precaria la situación de sus dueños. El zar estaba seguro de que, en cuanto los estadounidenses supieran algo acerca de lo que yacía bajo la árida superficie de Alaska, surgiría una estampida similar a la que arrancó a California de México en 1849. Era mejor vender en ese momento el territorio por una suma modesta que permitir su pérdida a cambio de nada pocos años más tarde.
Alza de precio
A principios de marzo de 1867 el zar instruyó a su embajador, barón Eduard de Stoeckel, para que ofreciera por cinco millones de dólares el vasto territorio al secretario de Estado de EUA, William H. Seward. Se iniciaron de inmediato cordiales conversaciones en Washington.

Pronto quedó claro que Seward no sólo se interesaba en esta transacción: le urgía concluir las negociaciones. Expansionista declarado y creyente en el «destino manifiesto» de EUA para extender su dominio en Norteamérica, Seward estaba convencido de que Alaska, a pesar de su lejanía, cobraría con el tiempo un gran valor para su país. Tomó toda una generación comprender su verdadera valía. Pero Seward tenía que procurarse el apoyo del Congreso antes de que los enemigos del presidente Andrew Johnson tuvieran tiempo para reunir fuerzas y montar una contraofensiva.

Stoeckel, intuyendo la urgencia de Seward, adoptó una actitud despreocupada hacia la venta. Supuso que, conforme se elevara la ansiedad de Seward, ocurriría otro tanto con el precio potencial de Alaska. El ardid funcionó. En las siguientes dos semanas Seward elevó su oferta al indiferente Stoeckel. Finalmente, la noche del 29 de marzo, el representante ruso recibió una promesa de 7.2 millones de dólares y ambos estrecharon las manos. Seward insistió en firmar el tratado esa misma noche: ambos sacaron de sus camas a sus respectivos asistentes y se reunieron en el Departamento de Estado, donde rubricaron el tratado de 27 páginas a las 4:00.

Fuente Consultada: Secretos y Misterios de la Historia Reader´s Digest

Historia Conflicto de la Triple Alianza – Antecedentes

Historia Conflicto de la Triple Alianza

El conflicto que terminó enfrentando al Paraguay contra la Triple Alianza conformada por Brasil, la Argentina y el Uruguay comenzó en abril de 1863, como consecuencia inmediata de la invasión del Uruguay por parte de un grupo de disidentes liberales uruguayos («colorados»), comandados por el general Venancio Flores, para derrocar a gobierno, de tendencia federal («blanco») y aliado del Paraguay.

La invasión, preparada en Buenos Aires, contó con el apoyo naval del Brasil. Paraguay intervino en defensa del gobierno depuesto y declaró la guerra al Brasil.

Entretanto, el gobierno de Mitre se mantuvo neutral. La negativa del gobierno nacional a permitir el paso del ejército paraguayo por el territorio correntino llevó a Francisco Solano López, dictador del Paraguay, a declarar también la guerra a la Argentina.

Brasil, la Argentina y el Uruguay firmaron en mayo de 1865 un tratado de alianza secreto (la Triple Alianza), en el que se fijaban los objetivos de la guerra y las exigencias que se impondrían al futuro gobierno.

En la guerra confluyeron numerosos intereses, algunos de antigua data, como las políticas brasileñas de expansión territorial y de control de la cuenca del Plata, y la voluntad de abrir el mercado paraguayo al libre cambio con el exterior, de la que participaba también la Argentina.

ANTECEDENTES  Desde 1810 Paraguay sometido a una dictadura paternalista vivió aislado de la política rioplatense. Gaspar Rodríguez de Francia dirigió los destinos de aquel estado mediterráneo al que la fuerte rivalidad comercial con Buenos Aires instó a emanciparse de los gobiernos porteños. En 1840 falleció Francia y tras un breve intermedio, el poder quedó en manos de Carlos Antonio López quien de hecho se convirtió en gobernante absoluto. En 1862 falleció y su hijo Francisco Solano mediante una ficción constitucional heredó el poder.

La situación geográfica de Paraguay condenó este país a un callejón sin salida. Su puerta al mar, es decir. el libre acceso a las rulas comerciales de ultramar dependía de los ríos argentinos. La actitud prudente de Gaspar Francia que evitó mezclarse en los problemas de las regiones vecinas, fue alterada por los López sobre todo por el segundo de ellos.

El problema de los ríos se sumo a cuestiones de límites entre Argentina y Paraguay (Misiones y Chaco) y entre este país y el Brasil (en el Mato Grosso) heredadas de las imprecisas demarcaciones virreinales.

La navegación del Vio Paraguay (comunicación natural con la última región citada) era, al mismo tiempo. una cuestión de vital importancia para Brasil, y ello ocasioné diversos conflictos.

Causas de la Guerra de Secesion en Estados Unidos

Causas de la Guerra de Secesión en Estados Unidos

Los Estados Unidos de América apenas llevaban “unidos” poco más de ochenta años cuando la nación fue sacudida por la Guerra Civil. Una nación donde se fraguaban dos sociedades, cada una con modelos sociales, políticos y económicos distintos.

Una nación que en 4 décadas había visto multiplicarse varias veces su territorio, la compra de Luisiana a Francia, Florida a España, la anexión de Texas y la posterior guerra con México (1846-1848) De este modo en el espacio de una generación, había nacido un enorme pero aún vació imperio, y conforme se expansionaba también fue adquiriendo mayores proporciones el problema de impedir que las fricciones y conflictos internos la deshicieran.

El ambiente político de los Estados del Norte y del Sur había quedado moldeado por el interés del Segundo en sus plantaciones  y en la conservación de la esclavitud, mientras el primero se inclinaba hacia el comercio, la navegación y los intereses financieros; de un lado se encontraban los agricultores deudores, y por otro los capitalistas acreedores.

Después de la Independencia, los primeros fueron representados por el partido demócrata de Thomas Jefferson y los últimos por los federalistas (más tarde republicanos) bajo Alexander Hamilton.

Abolicion de la Servidumbre en Rusia Pogrom Judios Siervos Campesinos

Abolición de la Servidumbre en Rusia

Aunque de principio a fin sus historias han sido muy diferentes, Rusia y Estados Unidos compartían una característica común en la década de 1860. Eran los únicos estados del mundo occidental que tenían aún grandes sectores de pobladores esclavizados (los siervos rusos eran virtualmente esclavos). Los líderes de ambos países emitieron sendas proclamas de emancipación a dos años de diferencia uno del otro.

La servidumbre era el problema más abrumador de la Rusia a. La subyugación continua de millones de campesinos a la tierra y a sus señores era un sistema obviamente corrupto y fallido, feriados a los antiguos métodos de producción basados en el trabajo de los siervos, los terratenientes rusos se sentían presionados económicamente y no podían competir con la agricultura extrajera.

Los  siervos, que formaban la columna vertebral de la infantería rusa, carecían de educación y, consecuentemente, cada vez eran incapaces de manejar las más complejas máquinas y armas de guerra. La insatisfacción de los campesinos dio lugar también entonces rebeliones de esos mismos campesinos que fragmentaron el  campo.

El resumen siguiente está tomado del Decreto Imperial del 3 de marzo de 1861 que liberó a siete siervos rusos.

Decreto Imperial, 3 de marzo de 1861
Por la gracia de Dios, nosotros, Alejandro II, emperador y autócrata de todas las Rusias, rey de Polonia, gran duque de Finlandia, redera, a todos nuestros fieles súbditos, hacemos saber:

Llamado por la Divina Providencia y por el sagrado derecho de la herencia al trono de nuestros antepasados, hicimos el voto en tinas íntimo de nuestro corazón de responder a la misión que se nos ha confiado, de rodear de nuestro afecto y nuestra imperial solicitud a todos nuestros fieles súbditos de toda clase y condición, desde el guerrero que noblemente empuña las armas para la defensa del país hasta el humilde artesano dedicado a los trabajos industria; desde el funcionario en los altos puestos del Estado, al labriego cuyo arado abre el surco en la tierra… llegamos así a la conclusión de que la obra de una seria mejoría de la condición de los campesinos era una sagrada herencia ligada a nosotros por nuestros ancestros, misión que, en el curso de los acontecimientos, la Divina Providencia nos llamaba a realizar.

En virtud de las nuevas disposiciones antes mencionadas, a los campesinos ligados a la tierra se les concederá, dentro de un término fijado por la ley, todos los derechos de los cultivadores libres…

Al mismo tiempo, se les otorga el derecho de comprar su parcela y, con el consentimiento de los propietarios, de poder adquirir en completa propiedad las tierras arables y otras cosas accesorias que les sean asignadas para retención permanente. Mediante la adquisición en cabal propiedad de la cantidad de tierra determinada, los campesinos quedan libres de sus obligaciones hacia los propietarios por la tierra así adquirida, y entran definitivamente en la condición de campesinos libres: dueños de tierra.

Mientras muchas naciones europeas abolían el sistema feudal de la servidumbre, Rusia convertía aun mas personas en siervos. Los siervos eran gente sin derechos, relegada al último estrato de la sociedad. Lo único que los diferenciaba de los esclavos era la protección que sus amos estaban obligados a brindarles, de acuerdo con las normas feudales.

Los siervos desaparecieron en Inglaterra durante el Medievo, pero continuaron existiendo en muchos países del continente europeo. Francia abolió la servidumbre con la revolución de 1789; en Austria y Hungría duró hasta 1848; Rusia llegó en último lugar, y liberó por fin a sus siervos en 1861.

La emancipación de los siervos de 1861 fue el acontecimiento más importante de la historia rusa del siglo XIX. Fue el comienzo del fin del monopolio del poder ostentado por la aristocracia terrateniente. La emancipación supuso una aportación de nueva mano de obra a las ciudades; estimuló la industria y las clases medias crecieron en número e influencia; sin embargo, en lugar de cederles gratuitamente las tierras que habían trabajando, los campesinos liberados tuvieron que pagar un impuesto especial de por vida al gobierno, que a cambio pagó un generoso precio a los antiguos señores por la tierra que habían perdido.

En numerosas ocasiones los campesinos acabaron con las peores tierras. Todo el territorio cedido a los campesinos era propiedad colectiva de la mir, la comunidad aldeana, que dividía la tierra entre los campesinos y realizaba tareas de supervisión.

De todas maneras tras la abolición de la servidumbre se podría pensar que los campesinos estaban felices, pero una injusta distribución de tierras dejó a muchos antiguos siervos y a sus descendientes sin suficiente suelo para cultivar el adecuado alimento. Por irónico que parezca, la mejora en la atención médica empeoró la situación. Hacia finales del siglo diecinueve, un menor número de campesinos moría de enfermedades, lo que producía un mayor número de bocas que alimentar.

Los elevados impuestos alimentaron también el descontento. Nobles y profesionales citadinos no deseaban pagarlos para que su gobierno construyera una costosa flota de barcos de guerra, sólo para ver cómo los japoneses los echaban a pique durante la guerra ruso-japonesa, que duró de 1904 a 1905.

Los disturbios paralizaron el país. En 1905, los rebeldes eligieron sus representantes al Soviet de Diputados Obreros de San Petersburgo, asamblea para coordinar huelgas y manifestaciones. Pronto se formaron otros soviets por toda Rusia. En octubre de aquel año el zar Nicolás II aceptó realizar reformas, incluida la creación de un parlamento ruso: la Duma.

Al conceder a los infelices rusos un cuerpo legislativo, el zar esperaba suministrar una válvula de escape que diera rienda suelta a la insatisfacción política; un lugar para que la sociedad ventilara sus quejas, aunque en la práctica las soluciones no se dieran. Empero, la Duma estaba desde un principio destinada al fracaso. (ver: )

Fuente Consultada:
Historia Universal Ilustrada Volumen 2 John Roberts
Historia Universal Navarro – Gárgari -González – López – Pastoriza – Portuondo
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest