Perón y los científicos NAZI

Agustin P. Justo Gobierno, Biografia Politica y Economia

Gobierno y Biografia de Justo Agustin P.

Siendo el general Uriburu presidente de facto de Argentina y ante los rumores de conspiración en las fuerzas armadas y sintiéndose enfermo, el dispuso convocar a elecciones para el 8 de noviembre de 1931, a fin de poner término al período revolucionario.

A los comicios para la elección presidencial concurrieron dos coaliciones de partidos: la Concordancia (formada por la unión de los conservadores o demócratas nacionales con los radicales antipersonaiistas y los socialistas independientes), que proclamó al general Agustín P. Justo y al doctor Julio A. Rocahijo del general homónimo—, y la Alianza Civil (unión de socialistas con demócratas progresistas), que sostuvo a Lisandro de la Torre-Nicolás Repetto.

El partido Radical personalista proclamó al binomio Marcelo T. de Alvear-Adolfo Güemes, pero en acuerdo de ministros el presidente Uriburu los declaró inhabilitados para figurar como candidatos. Por esta resolución, el radicalismo —que contaba con gran apoyo popular— retiró todas sus candidaturas a los puestos en el gobierno de todo el país y proclamó la abstención política.

Efectuadas las elecciones y realizado el escrutinio, se impuso la fórmula presidencial oficialista de la Concordancia: Justo-Roca

ANTECEDENTES:
La crisis mundial y sus consecuencias en la Argentina
Argentina sufrió los efectos de la gran depresión económica mundial.

Las exportaciones se vieron sumamente disminuidas, lo que obligó a limitar severamente las importaciones.

Decayó la actividad productiva y en consecuencia aumentó el desempleo.

El Gobierno estableció un rígido control del comercio exterior seleccionando los productos que podían ingresar al país como los combustibles y los productos químicos, entre otros.

Parte de lo comprado fue sustituido por el gran desarrollo de la na ciento industria nacional, sobre todo la de la alimentación y la textil.

La limitación de las importaciones se prolongó durante la Segunda Guerra Mundial.

——- 0000 ——

Vida de Agustin P. Justo: Nació un 26 de febrero de 1876 en Concepción del Uruguay, por entonces capital de Entre Rios. Con tres años su familia se trasla a Buenos Aires.

gobierno de Agustin P Justo

El niño estudió un año en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y a los 11 se incorporó al Colegio Militar, del que egresó el 9 de enero de 1892 con el segundo promedio de su promoción y como alférez de artillería.

El inicio de los estudios militares provocó tres años de distanciamiento entre padre e hijo. En julio de 1890, el joven cadete había intervenido en la Revolución del Parque junto a un grupo de treinta y tres camaradas, desconociendo a las autoridades naturales.

Se encontró allí con José Félix Uriburu, su primo Juan Bautista Justo, once años mayor que él y más tarde fundador del socialismo argentino, su tío Juan Felipe y Nicolás Repetto, todos nucleados alrededor de Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen.

Poco tiempo después, fue amnistiado y se reincorporó al Colegio Militar. Durante la década del noventa Justo tendrá varios destinos que lo llevarán a San Juan, La Pampa y San Luis.

Desde enero de 1896 es oficial del arma de ingenieros en la División Técnica del Estado Mayor del Ejército, cuando lo sorprende la muerte de su padre.

Al año siguiente ingresa en la carrera de ingeniería civil en la Facultad de Ciencias Exactas y se gradúa en 1903 junto con una carnada de oficiales caracterizada por una sólida formación cultural; entre ellos, Pablo Nogués, Enrique Mosconi y Alonso Baldrich.

En 1904, con el grado de capitán, obtiene el reconocimiento como ingeniero militar.

Para entonces llevaba cuatro años de matrimonio con Ana Ber-nal. La ceremonia se había celebrado en diciembre de 1900 y el general Enrique Mosconi había sido testigo del enlace.

La pareja vivía en el viejo Palermo, cerca del arroyo Maldonado, barrio «orillero» en esa época. Tendrán siete hijos, de los cuales varios fallecerán en la infancia.

El primogénito, Liborio, será el más recordado. Conocido por sus seudónimos de «Quebracho» y «Lobodón Garra», en la década del treinta adherirá al marxismo, por un tiempo participará del movimiento trotskista latinoamericano y proseguirá luego su labor de investigador y escritor de izquierda, por lo que se sucederán los desencuentros con su padre.

Ascendido a mayor en 1906, Agustín P. Justo ocupó la cátedra de Matemática en el Colegio Militar y fue docente de Telemetría y Telegrafía óptica en la Escuela de Tiro.

Fue segundo jefe del batallón de ferrocarrileros, subdirector de la Escuela de Tiro, a cuyo frente dirigió la campaña de instrucción en Sierra de la Ventana en 1908, y subdirector del Colegio Militar en octubre de 1913, con el grado de coronel.

Hombre laborioso, disciplinado y versátil, resultaba un conversador de trato afable que mostraba gran curiosidad intelectual, en especial en lo relativo a temas de historia. Confesaba sentir una especial admiración por la personalidad de Julio A. Roca, el Zorro, de quien más de una vez intentará copiar fórmulas y tácticas.

Desde 1908 la familia se había instalado en las cercanías de Campo de Mayo, en la localidad de Bella Vista.

Entre 1914 y 1915, Justo comandó la Cuarta Brigada de Artillería y alcanzó la dirección del Colegio Militar. Siete promociones de oficiales fueron moldeadas bajo su supervisión.

Justo no disimulaba su oposición a Yrigoyen, y en 1920, en un discurso a los cadetes cuestionó abiertamente la política del Presidente y generó fuertes polémicas.

Al año, durante los homenajes por el centenario del nacimiento de Bartolomé Mitre, transformó la conmemoración en un acto opositor al gobierno.

Fuente:Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX-Deleis-Titto-Arguindeguy Editorial Aguilar

PRESIDENCIA DE AGUSTÍN P. JUSTO (1932-1938)

La gestión presidencial: A la edad de 56 años, el general Justo asumió el mando el 20 de febrero de 1932 y en esta forma reanudó el normal funcionamiento de sus instituciones.

El presidente dispuso seguir una política de conciliación y una de sus primeras disposiciones fue el levantamiento del estado de sitio.

La situación financiera era delicada, por cuanto el gobierno provisional no había llegado a controlar el déficit económico.

La crisis mundial continuaba perjudicando a nuestro país y había originado el alza de las tarifas aduaneras y el cierre de importantes mercados del extranjero.

El gobierno tomó una serie de medidas, entre ellas modernizó el sistema rentístico y aplicó por primera vez el impuesto a los réditos, creó el Banco Central de la República y levantó un empréstito interno de carácter patriótico.

La dependencia económica de nuestro país con Gran Bretaña y la política proteccionista adoptada por esta última nación después dé la Conferencia de Ottawa (mediados de 1932) agravaron el problema económico argentino.

En efecto: en la citada asamblea, dicha potencia manifestó que de preferencia se abastecería con productos de sus propios dominios, con lógica exclusión de los países extranjeros.

Esta disposición provocó inquietud en nuestro gobierno y en los círculos ganaderos, por cuanto Gran Bretaña se surtía particularmente de carnes argentinas.

El general Justo dispuso que partiera hacia Londres una comisión presidida por Julio A. Roca, a fin de gestionar un convenio comercial con Gran Bretaña. Después de difíciles tramitaciones se firmó en Londres el tratado Roca-Runciman, así llamado por los funcionarios que representaron a los dos países.

El convenio resultó muy beneficioso para la potencia europea, que pasó a controlar el 85 % de la exportación de nuestras carnes y además se aseguraba un «benévolo tratamiento» para los capitales británicos invertidos en la Argentina.

La firma del tratado provocó intensos debates en el Congreso Nacional —se recuerda la oposición del senador Lisandro de la Torre—, aunque fue aprobado.

El gobierno aplicó un plan económico intervencionista y dispuso regular oficialmente la producción. Se creó la Junta Nacional de Carnes, la Reguladora de Granos, la de la Industria Lechera y la Reguladora de Vinos.

La decisión con que fueron encarados los difíciles problemas de la crisis —más el aporte de las buenas cosechas y el impulso del trabajo— permitió obtener el éxito deseado a fines de 1936.

Entre las realizaciones progresistas de la presidencia del general Justo merecen citarse: la instalación de una amplia red de elevadores de granos, el impulso dado a la explotación petrolífera, la creación de la Dirección Nacional de Vialidad, que construyó gran cantidad de caminos pavimentados —entre ellos el de Buenos Aires a Mar del Plata—, la inauguración de importantes obras públicas, como la Plaza de la República y la avenida 9 de Julio; la habilitación de nuevas líneas de subterráneos, etc.

En el orden social se promulgaron leyes relativas a indemnizaciones por despido, a vacaciones pagas y al descanso el sábado por la tarde.

Las relaciones exteriores: En el orden internacional, la Argentina desarrolló una intensa acción diplomática.

El general Justo se trasladó al Brasil y más tarde —en 1935— el presidente de esa nación, doctor Getulio Vargas, llegó a nuestro país. También fue huésped del pueblo argentino el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, quien arribó a Buenos Aires en 1936.

El ministro Carlos Saavedra Lamas dirigió la política exterior en eí transcurso de la presidencia del general Justo. En 1932 se inició la llamada «guerra del Chaco» entre Paraguay y Bolivia, países que disputaban territorios chaqueños.

El protocolo que puso fin a la lucha se firmó en Buenos Aires, en junio de 1935. Por su destacada actuación diplomática en favor del cese de las hostilidades, Saavedra Lamas obtuvo el Premio Nobel de la Paz, del año 1936.

En 1934 se realizó en Buenos Aires el XXX Congreso Eucarístico Internacional, al que asistió como legado del Pontífice el entonces cardenal Eugenio Facelli (más tarde Pío XII) y que contó con la adhesión de millares de fieles de nuestro país y también del extranjero.

La renovación presidencial
Cuando se aproximó la fecha en que se debía proceder a renovar las autoridades nacionales, el panorama político se presentaba sombrío y confuso.

El general Justo y el partido oficial de la Concordancia sostuvieron la candidatura del doctor Roberto M. Ortiz, radical antipersonalista, cuya fórmula se completó con un conservador, el doctor Ramón S. Castillo, para el cargo de vicepresidente.

La Unión Cívica Radical presentó el binomio Marcelo T. de Alvear-Enrique Mosca. Realizadas las elecciones se impuso la fórmula oficialista: Ortiz-Castillo.

La otra cara del gobierno de Justo era la inauguración de obras públicas. La extensión de la red vial fue notable y se construyeron más de treinta mil kilómetros de caminos, financiados con un impuesto a las naftas decretado durante el gobierno de Uriburu y llevados adelante por la Dirección Nacional de Vialidad.

obelisco en construccion

Bajo la intendencia de Mariano de Vedia y Mitre, la Capital logró buena parte de su perfil moderno: se construyó el Obelisco, se inició la avenida 9 de Julio y el distrito federal marcó su límite, circundado por la avenida General Paz.

colegio militar el palomar

Durante el sexenio comenzó la construcción del Colegio Militar en El Palomar (imagen arriba) , de la Escuela de Aviación de Córdoba, del edificio del Ministerio de Guerra y el Hospital Militar en terrenos de Campo de Mayo.

SINTESIS DE SU GOBIERNO:

Desarrolló una inteligente y activa política exterior. Fue oficialmente al Brasil; visita devuelta por el Presidente de ese país, Gelulio Vargas.

En ambos casos hubo gran despliegue de cordialidad. Contribuyó al restablecimiento de la paz entre Bolivia y Paraguay, que se disputaron la posesión del Chaco en sangrientas batallas.

A ese efecto, Justo convocó un Congreso Panamericano en Buenos Aires. En 1934 se reunió en esta ciudad el 32° Congreso Eucarístico Internacional, presidido por el Cardenal Eugenio Pacelli (futuro Papa Pío XII), con gran afluencia de fieles y prelados de todas partes del mundo.

En 1936 visitó por primera vez la Argentina un Presidente de los Estados Unidos: Franklin Delano Roosevelt, recibido por el Congreso en sesión extraordinaria. Justo intervino los precios de los productos de la ganadería y la agricultura.

Envió a Europa al vicepresidente, que con gran habilidad consiguió mantener abierto el mercado de sames con Gran Bretaña en
las condiciones estipuladas por el tratado Roca-Runciman.

Entre otras valiosas decisiones de esta presidencia, cabe citar: creación del «Banco Central de la República», de Dirección Nacional de Vialidad y de la Comisión Nacional de Cultura. Implantó además el impuesto a la renta

Constituyó el Fondo Nacional de Caminos con un impuesto especial a la nafta,cuyos ingresos debían invertirse en obras publicaste vialidad, nacionales y provincialesInauguró el puente entre Paso de los Libres y Uruguayana, en Brasil.

Muy discutidas en su momento, el conjunto de medidas económicas adoptadas por Justo sacaron al país de la crisis aguda del año ’30 y, aunque los sectores desposeídos se mantuvieron en la marginación, los índices macroeconómicos mejoraron.

Se creó la Dirección de Parques Nacionales, y la gestión de Pablo Nogués en los Ferrocarriles del Estado y la conducción de Ricardo Silveyra en YPF fueron eficaces.

Estos logros dieron a Justo una imagen de buen administrador. No obstante, de no mediar fraude, era difícil la continuidad conservadora.

La Concordancia, controlada por Justo, frente a los comicios de 1937 optó por «abdicar» en un antipersonalista, dejando la candidatura vicepresidencial para el PDN. Así surgió la fórmula continuista de Roberto Ortiz -el ministro de Hacienda– y el jurista Ramón Castillo, por entonces ministro del Interior.

La dupla salió a enfrentar a la ya proclamada fórmula socialista Nicolás Repetto-Arturo Orgaz y al binomio radical formado por Marcelo T. de Alvear-Enrique Mosca.

Alvear se burló de las giras electorales y las reiteradas inauguraciones del Presidente: «El general Justo está paseando el cadáver de su presidencia»; pero le fallará el pronóstico. Con proscripciones y fraudes, Ortiz y Castillo recibirán los atributos presidenciales y se instalarán en la Casa Rosada el 20 de febrero de 1938.

Pocos días antes, Justo recibió la noticia de la muerte de su hijo Eduardo en un accidente aéreo.

En diciembre de 1942 fallece su esposa y la salud del general decae rápidamente, para morir en enero de 1943, pocos meses antes de un nuevo golpe que cambiaría los destinos de Argentina.

Ver: La Decada Infame

Fuentes Consultadas:
Historia 3 La Argentina y el Mundo de José C. Astolfi – Editorial Kapelusz
Historia 5 Instituciones Políticas y Sociales de Argentina desde 1810 de José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

Revolución Militar del GOU Derrocamiento Gobierno de Castillo

Revolución Militar del GOU
Derrocamiento del Gobierno de Castillo

La revolución de 1943: El coronel Juan Domingo Perón es, seguramente, uno de los pocos militares que se plantea con lucidez en 1943, qué quiere con ese golpe de estado y qué proyecto tiene para un país que conoce bien. Es Perón mismo quien por esos años (diciembre de 1945) caracteriza con extrema claridad el origen y significado del golpe del 4 de junio:

«… En mi concepto, la revolución del 4 de junio no es una revolución más. . . destinada a cambiar hombre o partidos, sino encaminada a cambiar un sistema. Nuestra revolución comenzó en el Ejército hace ya aproximadamente dos años y medio. Porque nuestro Ejército, como el de todas las naciones modernas, pertenece al pueblo, y por eso había que evitar que la descomposición del pueblo arrastrara al Ejército. .. Antes del 4 de junio y cuando el golpe de Estado era inminente, se buscaba salvar las instituciones con un paliativo o por convenios políticos a los que comúnmente llamamos acomodos.

En nuestro caso, ello pudo evitarse porque habíamos, en previsión de ese peligro, constituido un organismo serio, injustamente difamado, el famoso GOU).

El GOU hizo que se cumpliera el programa de la revolución. Los momentos fueron difíciles. Llegamos, inmediatamente de producido el golpe de estado al primer incidente… Los jefes de la revolución no eran hombres que debieran aparecer en primer plano porque sabíamos —y así convenía que fuera— que en las revoluciones los hombres se imponen desde la segunda fila y no desde la primera, donde invariablemente fracasan y son destituidos. (Referencia directa a la destitución del jefe formal del golpe, general Rawson, quien fue sustituido por el general Ramírez -imagen- el 5 de junio.).

Asi fue que el gobierno se instaló definitivamente el 6 de junio y desde entonces en adelante tuvimos muy en cuenta dos aspectos de nuestro programa: la política internacional y la interna… Se había seguido la política de neutralidad, completamente explicable en este caso, porque nuestra política neutralista tenía una tradición de 50 años. . . nos dimos cuenta de que la política argentina debía ser revisada porque no podríamos resistir la presión del Continente, manteniendo una neutralidad que nos podría llevar mucho más allá de lo sospechable. . . Luego se declaró la guerra.

En cuanto a la política interna… se produjo el despertar de la conciencia colectiva de nuestras masas y fue posible plantear las reformas sociales ya iniciadas, al recoger el anhelo de colaboración y dignificación de esas masas e incorporarlas ordenadamente a la estructura nacional».

Pero al margen de la reacción «moralizante» contra el fraude liberal y su aparato político y de la discusión ligada al neutralísmo-rupturismo en lo internacional, la revolución del 43 tiene una consecuencia inmediata destinada a influir indeleblemente en la política argentina. Perón accede a los resortes formales que le permitirán impulsar los planteos políticos que irán conformando el movimiento nacional. A partir del 29 de noviembre de 1943, junto a la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, se coloca a su frente el entonces coronel Perón.

Con el posterior reemplazo de Ramírez (en 1944) por el general Edelmiro J. Farrell, Perón pasa a ser Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación, reteniendo los tres cargos hasta las jornadas de octubre del 45.

La unificación de los tres cargos le permite, con un manejo indiscutido del poder formal, realizar los primeros pasos para consolidar el futuro movimiento nacional. Pero es sobre todo, en la Secretaría de Trabajo donde Perón juega su papel más importante, estableciendo contacto con los dirigentes sindicales marginados del bloque de dirigentes encuadrados por las directivas comunistas y socialistas, transmitiendo a la nueva clase obrera la imagen de su liderazgo que al poco tiempo es indiscutido, y apoyado en los pasos concretos que da su ministerio en defensa de la clase obrera.

En el campo de la organización sindical, hay un proceso paralelo de crecimiento cuantitativo y cualitativo, que si bien reconoce algunos factores anteriores a la aparición de Perón mismo, tienen su impulso real a partir de la aparición y actuación pública del mismo en 1943 y ya no serán separables de su líder. Ya en 1937, como fruto de la dirección inoperante de la CGT, se constituye la Unión Sindical Argentina, uno de cuyos principales animadores será el futuro secretario general de la GGT peronista, el dirigente telefónico Luis F. Gay; en su declaración de principios enuncia el antagonismo irreductible entre las clases capitalistas y los trabajadores y reconoce que «… Ja emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos».

En todo e período de discusión acerca de la posición argentina frente a la guerra mundial, la USA denuncia el carácter interimperialista de la misma y sostendrá una postura más nacional y neutralista. En tanto, en la otra central obrera cuantitativamente más significativa, la GGT, se manifiestan tendencias encontradas que no llegar a cuestionar los fundamentos y acción de la misma.

De todos modos, en diciembre de 1942 en el segundo Congreso de la CGT la división se torna inevitable, constituyéndose dos direcciones, una encabezada por el gremialista ferroviario José Domenech, y otra por el dirigente del gremio municipal, Francisco Pérez Leirós, ex diputado socialista, quien contaba con el apoyo de los comunistas. Ambas CGT son reconocidas como CGT nº 1 y CGT nº 2 respectivamente; si bien las diferencias entre ambas no son hondas, Perelman  reconoce que la CGT n9 1 tendía a expresar una tendencia más nacional, al punto que los activistas sindicales con planteos clasistas consecuentes encuentran en ella apoyo para organizarse frente a las direcciones amarillas y rompehuelgas instaladas en algunos gremios.

Es el caso de Perelman y otros gremialistas metalúrgicos, quienes frente a la posición que el partido comunista, dirección entonces de la Federación Obrera Metalúrgica, toma ante la huelga de 1942, cqmienzan en el local de ferroviarios las primeras tareas que culminarán en 1944 en la fundación de la Unión Obrera Metalúrgica. En este panorama, en forma lenta pero constante, se irán destacando los dirigentes de origen socialista, anarquista, anarco-sindicalistas, etc., que formarán luego los primeros cuadros sindicales del movimiento peronista: Libertario Ferrari, de la Asociación de Trabajadores del Estado, Gay, de Telefónicos, Borlenghi, de Empleados de Comercio, etc.

SINTESIS

gou peron

Los componentes del peronismo

A partir de los primeros contactos entre los dirigentes sindicales que comprenden que algo nuevo está pasando, y Perón, comienza una acción que redundará en un fortalecimiento constante del aparato sindical con la organización de nuevos gremios y el aumento cuantitativo de los ya existentes. En 1943 la CGT tenía menos de 100.000 afiliados, mientras que en 1945 sobrepasa los 509.000.

En tanto, es lícito preguntarse qué piensa Perón en ese momento del proceso y qué dirección piensa imprimirle al mismo. Su pensamiento se encuentra claramente expresado en el discurso pronunciado en el Colegio Militar en agosto de 1945. En el mismo apunta a definir el programa, objetivos y enemigos de la revolución peronista. Así, en lo económico sostiene una rotunda postura nacionalista: «… defender las riquezas del país de manera que ninguna de ellas pueda ser entregada en un futuro a manos extranjeras»; en lo político, un planteo de plena participación popular en el manejo del poder: «devolver al país la soberanía popular que durante tantos años fue un mito».

A estas postulaciones agrega conceptos que es interesante conocer: «… Si yo entregara el país, me dijo un señor —en otras palabras muy elegantes, naturalmente, pero que en el fondo decían lo mismo—, en una semana sería el hombre más popular de ciertos países extranjeros. Yo le contesté: a ese precio prefiero ser el más oscuro y desconocido de los argentinos, porque no quiero —y disculpen la expresión—, llegar a ser popular en ninguna parte por haber sido un hijo de puta en mi país. . . a! país lo vamos a salvar o nos vamos a hundir con él, pero no lo vamos a entregar.

Esa es la famosa reacción en que verán Uds. que están los señores que han entregado el país. Están los grandes capitalistas, que han hecho negocios vendiendo el país, están los abogados que han servido a empresas extranjeras para escarnecer y vender al país, están algunos señores detrás de ciertos embajadores haciendo causa común con ellos para combatirnos a nosotros que somos los que estamos defendiendo al país; están los diarios pagados, en los que aparecen artículos de fondo, con las mismas palabras enviadas desde una embajada extranjera y frente a una página pagada por la misma embajada. Esos son los diarios que nos combaten. Mucho honor en ser combatidos por esos bandados y traidores.

Esos son los que han organizado la reacción. Afortunadamente no habían entrado en las FFAA, pero ya han entrado en ellas, y tenemos ahora la contrarrevolución en marcha, a la que debemos parar, haciendo lo que sea necesario hacer. Esta es una carta que se juega una sola vez en la vida, pero no debemos olvidar que estamos escribiendo la historia de la Nación. Si hemos guerreado durante veinte años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antepasados y debemos pelear otros veinte años si fuera necesario, para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semicolonial».

Omitiremos el clima gestado entre la oligarquía y ciertos sectores de la clase media frente al surgimiento del movimiento peronista, y concentraremos nuestro esfuerzo en describir las características y desenvolvimiento del movimiento mismo.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina.

Mensaje de Peron a la Juventud desde España

Mensaje de Perón a la Juventud Militante

BIOGRAFÍA: Juan Perón llegó al poder cuando participó del golpe de Estado de 1943, y asumió la Secretaría de Trabajo y Previsión y luego, la vicepresi-dencia (1944). La sanción de leyes laborales progresistas le facilitó el control del movimiento sindical, la columna vertebral de su poder y el destinatario de su doctrina política: el justicialismo.
Elegido presidente en 1946, implantó el sufragio femenino, fomentó la industria, y nacionalizó los ferrocarriles, los teléfonos y el comercio exterior. En la labor social de su gobierno colaboró su esposa María Eva Duarte hasta su muerte (1952).

Reformó la Constitución (1949), abriendo paso a su reelección (1951). Sus medidas que controlaron la inflación fueron impopulares yperon los conflictos entre el Gobierno y la Iglesia católica al abolir la obligatoriedad déla enseñanza religiosa y por la ley de divorcio, influyeron en miembros del Ejército. Esto, más el sesgo autoritario de su gobierno, generó el golpe de Estado que lo destituiría (1955). Exiliado continuó dirigiendo el Partido Justicialista proscripto, y se casó con María Estela Martínez.

Perón regresó (1972), fue elegido presidente (1973), pero debido a una grave enfermedad, el poder quedó delegado en María Estela, la vicepresidente (1974), quien asumió la presidencia tras su muerte.No intentamos de ninguna manera, sustituir un hombre por otro; sino un sistema por otro sistema. No buscamos el triunfo de un hombre u de otro, sino el triunfo de una clase mayoritaria, y que conforma el pueblo argentino:

La clase trabajadora. Y porque buscamos el poder, para esa clase mayoritaria, es que debemos prevenirnos contra el posible «espíritu revolucionario» de la burguesía. Para la burguesía, la toma del poder significa el fin de su revolución. Para el proletariado —la clase trabajadora toda del país— la toma del poder es el principio de esta revolución que anhelamos, para el cambio total de las viejas y caducas estructuras demo-liberales.

Mensaje a la juventud de Perón desde el Exilio en España

La Juventud debe en forma definitiva terminar por organizarse y para ello debe tener en cuenta lo siguiente:

1) Trazarse una justa línea política, a través de una organización unitaria de conducción centralizada, que desarrolle un programa político donde se contemplen las necesidades de la masa. Hay que estudiar aceleradamente sobre la realidad, los problemas —éxitos y fracasos—; del análisis surgirá sin duda la justa línea política.

2) Desarrollar una clara actitud: antiimperialista, anticapitalista y antioligárquica y feudal latifundista.

3) Tener íntima relación con la masa —la táctica y la estrategia deben confundirse con la masa—, no olvidar jamás que los combatientes provienen de la masa y que sin el apoyo de la masa, es imposible la labor revolucionaria.

4) Hay que trabajar con los elementos activos —elevar a los medianos y ayudar a los atrasados—. Ello incrementa las fuerzas revolucionarias y posibilita tener un verdadero apoyo de base.

5) Evitar los errores llamados «de izquierda» o «de derecha». Es un error «de izquierda», cuando se realiza una crítica aguda, sin haberse realizado antes un análisis, y sin tener los fundamentos de esa crítica. Es un error «de derecha», cuando no se quiere ver el error y cuando finalmente se lo ve, no se lo critica. NO puede haber coexistencia con los errores. La crítica debe ser seria y fundada. Al equivocado se le debe permitir reivindicarse. Para ello deben implantar la crítica y la autocrítica.

6) Las bases juveniles deben expresar sus opiniones. La dirección debe centralizarlas y luego de estudiadas deben volver al seno de la masa juvenil. De esta forma se establece realmente un método democrático y pueden ser establecidos y mantenidos los principios, fundamentales de Unidad y Disciplina. Los cuadros de la organización deben someterse de mayor a menor y, siempre debe aplicarse lo resuelto por la mayoría… [ . . . ] Si realmente trabajamos por la Liberación de la Patria, si realmente comprendemos la enorme responsabilidad que ya pesa sobre nuestra juventud debemos insistir en todo lo señalado.

Es fundamental que nuestros jóvenes comprendan, que deben tener siempre presente en la lucha y en la preparación de la organización que: es imposible la coexistencia pacífica entre las clases oprimidas y opresoras. Nos hemos planteado la tarea fundamental de triunfar sobre los explotadores, aun si ellos están infiltrados en nuestro propio movimiento político. La Patria, espera de todos ustedes la postura seria, firme y sin claudicación. Un gran abrazo,

Juan Perón Madrid, 20 de octubre de 1965.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

Exilio de Perón La Resitencia Peronista en Argentina Rucci-Lanusse

Exilio de Perón- La Resitencia Peronista en Argentina
Rucci-Lanusse

Así, sin aparatosidad, se comienza por detener a los dirigentes obreros y políticos peronistas visualizados como más peligrosos para el nuevo régimen, y por separar del Ejército a los oficiales que se supone adictos a Perón. Sin embargo, basados en promesas globales, los dirigentes sindicales procuran no romper el statu-quo establecido con el gobierno. Este juego de expectativas dura hasta que las fuerzas antiperonistas consolidan un plan de destrucción de la CGT.peron

A fines de octubre se lanza el decreto de caducidad de autoridades de la central obrera y se nombran veedores que controlarían en todos los sindicatos un «proceso electoral libre».

Frente al ataque directo al aparato sindical, Andrés Framini, dirigente textil y Luis Natalini, de Luz y Fuerza, a cargo del secretariado de la CGT, llaman a la primer huelga contra la dictadura. La huelga del 2 de noviembre tiene consecuencias inmediatas: la negociación directa entre el régimen y estos dirigentes, donde se logran algunos puntos de acuerdo.

De inmediato Natalini y Framini empiezan a movilizarse para levantar el paro; pese a esto en numerosos sectores la huelga continúa, rebasando una vez más la base peronista a los dirigentes acuerdistas. Este antecedente de la caída de Lonardi y su sustitución en la presidencia por Pedro Eugenio Aramburu es el prólogo a la intervención militar de la CGT el 16 de noviembre de 1955.

Allí se inicia un proceso de clausura de sindicatos y centros políticos peronistas, detenciones masivas y despido de miles de delegados sindicales. Comienza a estructurarse de aquí en más un proceso de «resistencia» al régimen que adquirirá todas las formas posibles: terrorismo, sindicatos clandestinos, guerrilla, negociación, revoluciones cívico-militares, etc. El panorama represivo se acentúa en pocos meses y culmina con los tristemente célebres fusilamientos del 9 de junio de 1956 en que se reprime sangrientamente el intento revolucionario del general Valle y núcleos cívico-militares peronistas.

Hay una síntesis necesaria para el período que va desde 1955 hasta nuestros días: el régimen varía su táctica hacia el movimiento peronista alternando entre los esfuerzos por integrarlo al sistema (lonardismo, frondicismolanussismo) y las conductas claramente represivas (Aramburu, Guido, Onganía, etc.). Frente a estas tácticas del sistema afloran las propias contradicciones internas del movimiento peronista, encarnadas en los sectores que siguen expresando los intereses encontrados de la burguesía y pequeña burguesía y tos de la clase obrera. Estos intereses contradictorios que se expresan en tácticas políticas antagónicas reconocen la caracterización siguiente.

En primer término, puede reconocerse una expresión conciliacionista dentro del movimiento que representa los intereses directos de la burguesía. Este sector, que pugna permanente mente por conciliar los planteos del peronismo para finalmente integrarlo —domesticado— al juego del régimen, se vehiculiza a través de distintas tácticas no divorciadas entre si: el golpismo, que recluta sus adherentes en grupos de sindicalistas, dirigentes políticos y viejos sectores militares expulsados de las Fuerzas Armadas en el 55.

En conjunto especulan con algún golpe militar promovido por los sectores nacionalistas o desarrollistas del ejército para negociar con ellos un nuevo pacto dentro del juego del sistema, de modo que les permita participar sin trabas de los resortes del poder formal.

lanusseEsta postura de ningún modo está divorciada de un segundo sector que representa la tradición negociadora de la burocracia sindical del movimiento, que en sus distintas variantes está enquistado en los órganos formales de dirección obrera, y que con frecuencia se suma a la estrategia integracionista.

Este sector mayoritario de dirigentes sindicales juega distintas variantes simultáneas que alterna en coyunturas que estima favorables (apoyo vacilante a Illia, aplauso a la dictadura de Onganía, expectativa favorable frente a Lanusse, etc.) confiando en salidas a corto plazo —por elecciones o por golpe— que permitan mantener las posiciones, manipular la agitación de las bases y coparticipar en la estructura de poder jugando el papel de oposición.

Las diferencias existentes entre un electoratista, un participacionista o un golpista son variantes de este fin último. Por último la expresión electoralista que se hace presente a través de los viejos dirigentes del movimiento —la burocracia política— que carecen de toda base de sustentación propia y que pugna permanentemente por integrar al peronismo «institucionalizando» al movimiento. Posiblemente este sector es, dentro del conciliacionismo peronista, el más débil y también el políticamente más cercano a la concepción demo-liberal.

Junto a esta expresión de lo que hemos llamado el «conciliacionismo peronista» se encuentran una serie de sectores que implican tácticas variadas y que se reconoce como el «peronismo ortodoxo» o «combativo». Los planteos de estos sectores se nutren permanentemente de la oposición y crítica al conciliacionismo. Aunque sus planteos llevan a la verbalización de posturas «duras» frente al sistema al que cuestionan y a adoptar siempre en el plano de lo verbal, posturas socialistas, su accionar está muchas veces asociado a los planteos del conciliacionismo cuyos marcos no consigue superar. En alguna medida, para muchos de los dirigentes «ortodoxos» el paso por esta expresión representa un escalón hacia la posterior integración en el conciliacionismo.

El «combativismo» representa a grupos de la pequeña burguesía —grupos juveniles, estudiantiles— listas opositoras al conciliacionismo en los grandes sindicatos y dirigentes de organizaciones sindicales pequeñas.
Sus postulaciones, oscilantes según la coyuntura, pasan por las posiciones más contradictorias: la asunción verbal de la lucha armada contra el sistema; la adhesión al golpe nacional; la insurrección popular, el trabajo de organización sindical, etc.

De la experiencia de triunfos parciales y derrotas dolorosas, de la resistencia armada a la dictadura de 1955, de las enseñanzas de la lucha en otros países latinoamericanos y fundamentalmente de la comprensión de que sin la organización de la clase obrera peronista para la toma del poder no hay salida en el enfrentamiento con el sistema, se perfila un sector que intenta definir una política diferenciada que permita superar la debilidad de los representantes de la burguesía y pequeña burguesía del movimiento.

Este sector, que abarca desde la guerrilla peronista hasta los sectores de activistas políticos y sindicales de base, surgidos de la experiencia concreta de la clase trabajadora, significan una propuesta de profundización revolucionaria nueva para el movimiento, en tanto postulan —a veces con distintas tácticas— una alternativa política revolucionaria.

Esta opción se traduce en la práctica que estos grupos se proponen, marginándose del juego del sistema dentro del movimiento, oponiéndose frontalmente al conciliacionismo y planteándose la creación de estructuras de lucha propias de la clase obrera.

En una declaración aparecida a fines de 1971 en que define su planteo una de las organizaciones guerrilleras peronistas «, afirma al respecto: «…la complicidad criminal de los traidores de nuestro Movimiento con el proyecto imperialista no es casual ni nos sorprende.

rucci miguelEl forcejeo de Paladino o del que venga, en la mesa donde se cocina el fraude, la competencia entre Miguel y Rucci para jugar el aparato sindical, ya sea tras la consolidación del Gran Acuerdo Nacional o un golpe desarrollista de recambio, las trenzas de Jorge Antonio para inventar militares peruanos que nos vengan a salvar, no obedecen, como algunos chantas nos quieren hacer creer, a la diversidad táctica que debe tener el pueblo peronista frente al régimen.

Son, en cambio, la expresión consecuente en el Movimiento de la política y la ideología de las clases dominantes. «Esta vez, como a lo largo de toda nuestra experiencia, intentan cercar a Perón para integrar a la clase obrera en el sistema. Unos y otros ven frustradas sus esperanzas porque, en la resistencia de Perón a jugar al Movimiento detrás del acuerdo o la conspiración, está la presencia viva y combativa de la clase obrera peronista. . .

«Poco a poco empezamos a construir nuevas herramientas, rescatando de la experiencia del Movimiento lo que nos pertenecía sólo a nosotros: El heroísmo de la Resistencia, las jornadas del frigorífico Lisandro de la Torre, la decisión de los Uturuncos, el intento organizativo de Movimiento Revolucionario Peronista en el 64, la creación de la CGT de los Argentinos, la convicción revolucionaria que nos llevó a Taco Rato. Y estuvimos en las calles de Córdoba y Rosario, una y otra vez, levantando barricadas, haciendo retroceder a la policía, obligando a salir al Ejército, pero también viendo caer a los nuestros desarmados».

«Fueron años de aprendizaje. Leales a Perón, nos vimos cara a cara con el enemigo, comprendiendo que para superar las contradicciones internas del Movimiento, para dejar de ser usados ante el régimen por los burócratas, los traidores, los reformistas, debíamos darle armas a nuestra bronca, organización a nuestro coraje, estrategia a nuestra confianza. Debíamos desarrollar y profundizar nuestro proceso revolucionario» [. . .] «Hoy, frente al proyecto del imperialismo, frente a la política de la dictadura militar, no nos confunde la cínica sonrisa de Lanusse, no nos intimida el terror de los generales del imperialismo y menos nos van a frenar las maniobras de los Paladino, los Rucci, los Miguel o los Jorge Antonio» [. . .]

El objetivo de estas nuevas agrupaciones, centrado en la estrategia de ia guerra popular, es la unión de las agrupaciones de base con las organizaciones político-militares «que nos permita ir desgastando, debilitando al enemigo, al tiempo que irnos fortaleciendo al desarrollar conjuntamente la alternativa independiente de nuestra clase y el pueblo peronista, plenamente conscientes que sólo con nuestras armas y sobre nuestros hombros —los de los trabajadores— irá naciendo, iremos construyendo el Ejército del Pueblo como única garantía para desarrollar consecuentemente el proceso de liberación que culmine con la construcción de una patria justa, libre y soberana, una patria socialista».

El papel de Perón en torno a esta contradicción y al sistema, es claro; con su accionar uniendo a los sectores del movimiento permanentemente en torno a su política, imprime al mismo una orientación antiimperialista mientras mantiene un jaqueo constante al sistema que impide, junto a las condiciones objetivas de la estructura capitalista dependiente de la Argentina, en última instancia, que el mismo se estabilice integrando a la clase obrera peronista.

Esta política que refleja los antagonismos del movimiento, evidentemente tenderá a ser cada ve: más pronunciada, pasando del jaqueo a la destrucción del sistema, en tanto la clase obrera geste las organizaciones que permitan a Perón enfrentarlo en una batalla final. La historia de estos últimos años parece confirmar una marcha ascendente en este sentido.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

Políticas Sociales del Peronismo Fundacion de Evita Perón

Políticas Sociales del Peronismo
Fundación Evita Perón

La Fundación que dirigía Eva Duarte, esposa de Perón y más conocida como «Evita», desarrolló una intensa obra de asistencia para todos los más necesitados: creó hogares para huérfanos y ancianos, escuelas, policlínicos; repartió alimentos y distribuyó máquinas de coser, bicicletas y otros artículos; estimuló la práctica de los deportes a través de la organización de campeonatos infantiles o juveniles a escala nacional.

Luego de la segunda guerra mundial , se afianzó en los países capitalistas la tendencia hacia una mayor intervención estatal en la vida económica y social. En los países industriales de Europa occidental y de América del Norte se desarrolló un nuevo tipo de Estado, denominado «Estado de bienestar«. La transformación consistió en que los estados de bienestar –en especial los del norte de Europa occidental– aseguraban al conjunto de la población una amplia cobertura de servicios sociales «desde la cuna hasta la tumba«, como rezaba la propaganda del laborismo inglés, que apoyaba este tipo de medidas.

Durante el primer gobierno de Domingo Perón, en medio de la imposición de algunas medidas antidemocráticas o autoritarias, como el de nombrar jueces amigos en la Corte Suprema, intervenir algunas universidades, perseguir a la prensa opositora y usar el aparato estatal para propaganda política, su esposa Evita realizaba una noble obra entre los más humildes, los trabajadores y las mujeres, y sobre todo sus discursos desafiantes contra la «oligarquía», contribuían a profundizar un enfrentamiento que fue derivando en una división tajante de la sociedad argentina entre peronistas y antiperonistas.

Mientras limitaba las posibilidades de acción de los partidos políticos, Perón impulsó a empresarios, trabajadores, profesionales y comerciantes a organizarse para presentar sus demandas ante el Estado.

El Estado valorizaba a los trabajadores y alentaba su progreso económico y social. Los sectores populares urbanos, renovados por la llegada incesante de migrantes del interior, pudieron comprar ropas, calzados, radios, heladeras, cocinas… Accedieron a canchas, plazas, lugares de baile, cines y otros lugares de esparcimiento y diversión. Sus hijos pudieron realizar estudios secundarios y algunos llegaron a la universidad.

Las estas tendencias del «Estado de Bienestar«, también se manifestaron en la Argentina, con algunos rasgos diferenciales. Por una parte, la expansión de los servicios sociales fue muy rápida: si bien en décadas anteriores se habían realizado avances en la legislación social, la cantidad y la amplitud de las medidas tomadas por iniciativa de Perón a partir de 1943 superaron y eclipsaron los intentos anteriores a su gestión.

Por otra parte, los cambios en la legislación social y el súbito crecimiento de la.participación de los asalariados en el ingreso nacional se realizaron en un marco de baja conflictividad social. En buena medida, esto se debió a las ventajosas condiciones económicas del país a comienzos de la segunda posguerra.

La abundancia de divisas y los buenos precios de las exportaciones argentinas permitieron sostener un muy importante aumento del gasto público. En los primeros años del gobierno de Perón, el gasto del Estado creció de alrededor del 16 % del producto bruto interno a cerca del 29 % del mismo. Aumentó la inversión del Estado en vivienda, educación y salud, y también se mantuvo en niveles altos el presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas y a las de seguridad.

Un componente importante de la política social del gobierno fue la ayuda directa a los sectores más necesitados de la población, ejecutada a través de un organismo paraestatal, la Fundación Eva Perón.

Si bien Eva Perón mantuvo una estrecha relación con la CGT, su acción se proyectó más allá de los trabajadores sindicalizados para abarcar a sectores menos estructurados y débilmente cubiertos por otras formas de protección estatal o sindical. La esposa del presidente tuvo un papel relevante en la relación entre el gobierno y estos sectores, a los que denominaba «descamisados».

La orientación distribucionista del gobierno en un contexto económico propicio favoreció tanto el pleno empleo como la ampliación del mercado interno. Además, los salarios aumentaron, y los sindicatos se fortalecieron y expandieron su provisión de servicios de salud y de turismo. La acción estatal y sindical con respecto a la ampliación de los servicios de salud, de la construcción de viviendas y, en general, de los sistemas de seguridad social, tuvieron un fuerte impacto positivo sobre el bienestar de los sectores populares.

El turismo social: Entre los cambios sociales impulsados por el gobierno peronista, ocuparon un lugar importante los sistemas sociales de turismo promovidos por el Estado y sobre todo por las obras sociales de los sindicatos. Ya en 1934 la Organización Internacional del Trabajo había tratado el tema del ocio de los trabajadores, creando en la ciudad de Ginebra la Comisión de Tiempo Libre de los Trabajadores.

turismo gobierno de peron

Turismo en la Playa Bristol en Mar del Plata – Foto de un Almanaque

En la Argentina, durante los años de gobierno peronista, casi todas los sindicatos instalaron hoteles, cuya compra y construcción fue financiada en la mayoría de los casos, por créditos estatales. Los lugares elegidos eran, por ejemplo, las sierras de Córdoba, Bariloche y, sobre todo, Mar del Plata.

La vida turística de esta última ciudad, reservada hasta el momento al turismo de élites, sufrió una gran transformación. Las clases altas se refugiaron en sus barrios y balnearios exclusivos, mientras una multitud de turistas de los sectores populares accedía a esta ciudad atlántica por la Ruta Nacional 2, asfaltada desde 1938. De esta manera, muchos obreros de las provincias llegaron a conocer el mar. También se construyeron colonias de vacaciones infantiles y clubes en las zonas periféricas de las grandes ciudades.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
LA FUNDACIÓN EVA PERÓN
Nota de Carolina Barry Directora de Ciencias Políticas

El 25 de septiembre, la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón pasó a denominarse Fundación Eva Perón (FEP). Esta entidad llevó y lleva a cabo la mayoría de las políticas sociales que permanecen en la memoria colectiva; aunque este proceso se inició en 1943, cuando Juan D. Perón declaró el inicio de «la era de la política social en la Argentina».

Desde ese momento, se aplicaron medidas de inclusión social que abarcaron también políticas sociales, gran parte de ellas vinculadas al mundo del trabajo: aumento de salarios, indemnizaciones, reducción de la jornada laboral, aguinaldo, créditos, vacaciones pagas, la creación de los tribunales del Trabajo, la sanción de convenciones colectivas, el aliento a la agremiación y la reforma del sistema jubilatorio son sólo algunas de las tantas innovaciones que implicaron un crecimiento del bienestar que se tradujo a su vez en el aumento del consumo de diversos bienes en los sectores populares.

A estas medidas se les sumaron las relativas a la vivienda y la ampliación de la red de protección social para los trabajadores. Como contrapartida, muchos otros no estaban alcanzados por estas políticas, lo cual tornó urgente la sanción y aplicación de medidas compensatorias, entre las que se contemplaba la entrega de bienes y dinero y la prestación de servicios.

Hacia 1943 se habían creado sucesivas direcciones dentro del gobierno, que centralizó todos los fondos hasta ese momento derivados hacia las distintas organizaciones de caridad, asistencia social, vivienda y salud. Estas políticas constituían estrategias de modernización del Estado. Con esta lógica, se creó en 1948 la Dirección Nacional de Asistencia Social como organismo dependiente de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

En ese mismo año, y en coincidencia con la cada vez más importante presencia política de la esposa del Presidente, un decreto organizó formalmente la Fundación que llevaría su nombre. La FEP -una institución de carácter privado que actúa en forma paralela al Estado, o por encima o valiéndose de él- generó una serie de superposiciones que en más de una ocasión derivan en conflictos con otras áreas de incumbencia estatal, como los ministerios de Salud, Educación, Trabajo y la Dirección de Asistencia Social.

De su notoria función social se desprende también un contenido por medio del cual se busca consolidar las bases de constitución política del gobierno. La infancia es el sector más beneficiado; siguen en importancia las mujeres, y por ende, la familia en su conjunto. Los problemas centrales que aborda son la educación y la salud. La FEP abrió establecimientos de distinto tipo en todo el país: hogares de tránsito, el Hogar de la Empleada, policlínicos, hospitales, clínicas de rehabilitación, proveedurías, escuelas, hogares-escuela, la Escuela de Enfermeras, la Ciudad Infantil, la Ciudad Estudiantil; organiza diversas actividades, como los campeonatos deportivos, y puso al alcance de la clase popular planes de turismo y de viviendas, entre otras.

Una de sus características es el contacto directo de la gente con Evita; una relación novedosa en la cual, aparentemente, no existen los mediadores. Su presencia es simbólica; ella recibe los casos y los deriva al cuerpo de asistentes sociales que la rodea durante las audiencias, lo que da cuenta del sistema de profesiona-lización con que cuenta la FEP.

Estos encuentros -una de las representaciones más importantes del peronismo- adquirieron ribetes míticos: Eva es el «Puente de Amor», el «Hada Buena», cuya fantástica presencia logra transformar la miseriaen abundancia, la enfermedad en salud, el sufrimiento en felicidad, el pecado en virtud, y se convirtió en un instrumento político extraordinario. Esta relación implica, veladamente, la ausencia de trabas burocráticas que dilaten o frenen el otorgamiento de beneficios.

Los mecanismos de ayuda social que implementa compiten, en varios aspectos, con los espacios ocupados hasta el momento por la Iglesia católica y las tradicionales sociedades de beneficencia (ahora intervenidas). Si bien la naturaleza y el funcionamiento de estas instituciones son muy distintos, el catolicismo forma parte de la mayoría de los emprendimientos de la FEP; aunque ésta busque diferenciarse, para lo cual reemplazó el término caridad o beneficencia por uno más provocativo: justicia social.

La justicia social pregonada por el peronismo no es sinónimo de la caridad cristiana. Las imágenes que perduran muestran rostros alegres, dichosos, de bienestar y felicidad. El lujo, la decoración suntuosa, la vestimenta, la religión, la dignificación, la alimentación, la relación directa con Evita forman parte de las estrategias distintivas de protección e igualación social que atesoran una suerte de valor político. A su vez, las políticas sociales implementadas por el peronismo de la mano de la FEP condicionarán las agendas sociales de los futuros gobiernos.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fascículo N°8 Período 1950-1969
Nota de Carolina Barry Directora de Ciencias Políticas – La Fundación Evita
Historia de la Argentina Contemporánea Polimodal Edit. Santillana Privitellio-Luchilo-Cattaruzza-Paz-Rodríguez
Sociedad, Espacio y Cultura Siglo XX en Argentina y el Mundo Edit. Kapelusz

La Abanderada de los Humildes Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Peron

La Abanderada de los Humildes
Eva Duarte de Perón

Una forma que tuvieron los gremios de agradecerle a Evita su preocupación por los problemas sindicales, fue nombrándola Dama o Secretaría Honoraria. Sin embargo el Sindicato de la Carne, íntimamente ligado a Perón y a Eva desde los hechos de octubre del 45, le confirió un título pomposo: «Abanderada de los Humildes».

Eva Duarte de Peron

Evita, La Abanderada de los Humildes

El hecho ocurrió cuando la Junta lntersindical del gremio firmó un nuevo convenio de trabajo. El contrato laboral destinaba cinco centavos por hora y por trabajador para fondos de la federación, y se dispuso un descuento del primer mes de aumento, destinado en su mayor parte a la Fundación Eva Perón.

Una muestra de esta ligazón entre Eva y el Sindicato de la Carne también se puede palpar en la transcripción de un articulo del diario El Día de La Plata, el 13 de noviembre de 1946, en ocasión de la firma de otro convenio.

La nota titulada “Evita en Berisso» dice “En cumplimiento de un plan de ayuda social, iniciado hace ya unos días con reparto de ropas y víveres a las familias de los obreros de la carne que se mantienen en inacción a raíz del cierre de los frigoríficos, visitó ayer la localidad de Berisso la esposa del presidente de la Nación, Señora Eva Duarte de Perón, quien hizo el viaje acompañada por el secretario de Trabajo y Previsión, Señor José María Freire, del edecán naval del primer magistrado, capitán de corbeta Roberto E. Cortinez y el diputado nacional Guillermo Lasciar y otros funcionarios.

En 7 y 32 fue recibida por el gobernador de la provincia, coronel Domingo A. Mercante, acompañado por difusión, Señor Ricardo J. Batallíe.

Luego de intercambiar saludos la comitiva siguió viaje hacia Berisso, arribando poco antes de las diez. La noticia de su visita hizo que un público numeroso, formado en su gran mayoría por obreros de la carne de la industriosa localidad, se reuniera en los alrededores de la Escuela número 52 en cuyo frente se había levantado un palco y lugar, por otra parte, elegido para el reparto que se verificó momentos después (…).

“Una vez ubicada en el palco la Señora de Perón, un grupo de mujeres portando algunas de ellas sus hijos en brazos, llegaron hasta ella para ofrecerle ofrendas florales. Momentos después habló el secretario de Trabajo y Previsión, Sr. José María Freire. Respondiendo a una insistente solicitación de la concurrencia, habló enseguida la esposa del presidente, quien refiriéndose al conflicto obrero de la carne dijo: el general Perón ha firmado un convenio que les traerá felicidades; lleva su firma y la del coronel Mercante.

Hoy venimos a traer esta ayuda creo que dentro de poco ya no la necesitarán. En cada uno de estos paquetes va con el corazón de Perón el de una mujer que sufre y sabe vuestra angustia”.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

Los Bienes de Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Duarte de Perón

Los Bienes de Eva Duarte de Perón

Eva Perón había nacido en una familia pobre. Cuando llegó a Buenos Aires a ganarse la vida como actriz no tenía un centavo. ¿Cómo hizo, entonces, para obtener los bienes que figuran en su testamentaria?

Eva Duarte de PeronDesde Asunción, Paraguay, a poco menos de un mes de haber sido derrocado, el general Juan Domingo Perón se refirió a su patrimonio en declaraciones a la agencia de noticias, United Press. Llama la atención la cantidad de bienes que le atribuye a la herencia de Eva Perón:

‘Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer periodo de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón. Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece ami señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez.

Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país.

Poseo además los bienes, que por la testamentaria de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro La razón de mi vida, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón.

Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él”.1

Evita había llegado a Buenos Aires en 1935. Dos años después la contrataban para representar papeles menores en algunas compañías de teatro, como la de Píerina Dealessi que fue quien e enseñó a declamar en el escenario. Muchos tiempo después, la actriz aseguró que por ese tiempo, “Evita pasaba hambre, era desgraciada y no se cuidaba; tenía las manos frías y sudadas, acudía temprano al teatro porque en él se estaba más caliente que en su habitación, y no podía ir a ningún otro sitio. Cobraba sólo ciento ochenta pesos al mes, y enviaba una parte a su familia de Junín”.2

En 1939, Eva Duarte había iogrado triunfar. En abril se formó una nueva compañía de teatro radiofónico en la que compartió cartel con Pascual Pelliciotta, y fue una de las principales figuras de Radio «El Mundo». Un año después, trabajó en cine en dos papeles secundarios. En 1943, tenía su propia compañía, era una de las actrices radiofónicas mejor pagadasy ganaba entre cinco y seis mil pesos mensuales. Con este dinero compró un petit hotel en la calle Teodoro García 2102, de la Capital Federal.

En cuanto a los derechos de autor, la casa Jacobc Peuser S.A. dio cuenta a la Comisión Investigadora de 1956 que se imprimieron 1.388.852 ejemplares de La razón de mi vida, y que “el producto de la venta se transfería a la autora por liquidaciones periódicas, previa deducción del costo de impresión y papel empleado.3

Sobre las joyas y otros objetos que Evita recibía como “regalos de los amigos”, en diciembre de 1956 se realizó una subasta de distintos objetos pertenecientes al matrimonio Perón en la que se vendieron joyas, zapatos y vestidos. En 1958 tuvo lugar otro remate. Lo recaudado pasó a una cuenta de la Presidencia denominada “Enajenación de bienes”, pero nunca se supo el destino de ese dinero. Treinta años más tarde, en 1986, un proyecto del Senado de la Nación dispuso que muchos de los objetos que aún permanecían en custodia en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires pasaran a dependencias del Museo Histórico Nacional.

Otra cuestión son los bienes que Alberto Dodero legó a Evita. ¿Qué vínculo los unía para que el empresario naviero la incluyera como beneficiaria en su testamento? Ninguno de orden sanguíneo. La relación se estableció en 1946, cuando el primer gobierno de Perón decidió modernizar la Flota Mercante del Estado. Compró la flota de la Compañía Dodero que, según la oposición, era una empresa en bancarrota.

Dodero falleció en 1951, y Evita un año después, El 25 de febrero de 1954, los herederos de Dodero hicieron donación a la sucesión de Eva Perón de dos inmuebles situados en las calles Gelly y Obes 1189 y Callao 1944, de la ciudad de Buenos Aires.4

  1. PERÓN JUAN DOMINGO, La fuerza es el derecho de las bestias,
    Montevideo, Ediciones Cicerón, 1958, pag. 14.
    2. FHASER NICHOLAS y NAVARRO MANYSA, Eva Perón, la verdad de un mito Buenos Aires, Editorial Bruguera, 1982.
    3. Libro Negro de la Segunda Tiíania, Op. Cit.,pág. 44. Nota al pie.
    4. Gueue Huoo, Historia de/Peronismo, Buenos Aires, Editorial
    Planeta, 1999, Tomo, Pág.140.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

El Cadaver de Evita Peron Historia de su secuestro

Historia del Secuestro del
Cadáver de Evita Perón

Fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación. La más amada y la más odiada. Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo. El mundo la llama, simplemente, Evita.

María Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Hija ilegítima, esa marginalidad empujó su destino. Viajó a Buenos Aires y se convirtió en actriz con suerte dispar.

En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, con el que se casó al año siguiente y lo acompañó en su ascenso al poder. Durante la presidencia de su esposo impulsó el voto femenino, pero fue su labor social dirigida a los humildes lo que la transformó en mito. Murió de cáncer, el 26 de julio de 1952. (Ver: Eva Perón en Fotos)

El Cadaver de Evita PeronEva Perón murió en 1952; su pelo es aún bello y rubio, su rostro delicado parece el de una muñeca. Su cadáver es el máximo exponente de la perfección en el arte del embalsamamiento y ahora permanece, cuatro metros y medio bajo tierra, en el panteón de su familia, en un cementerio de Buenos Aires. Eva, la más vibrante personalidad que haya conocido América del Sur, descansa por fin. Ha sido sepultada en su tierra, adonde regresó tras un secreto, misterioso exilio que duró dieciséis años.

Durante ese lapso, nunca llegaron a despintarse las leyendas que cubrían los muros de Buenos Aires, la ciudad que la adoraba: «Devuelvan el cadáver de Evita.» Evita era el sobrenombre que daban a su heroína los descamisados de los pobres de Argentina.

La devoción de los pobres hizo de Eva Perón, por cierto tiempo, la mujer más poderosa del mundo. Eva, hija ilegítima de una pobre mujer provinciana, nació en 1919, aunque —con inconfundible femineidad— asegurara que su año de nacimiento era 1922.

Cuando cumplió quince años se trasladó a Buenos Aires con su primer amante y trató de encontrar trabajo como actriz. Tenía veintidós años cuando conoció al coronel Juan Perón, que le doblaba la edad; en esa época era una joven estrella de la radiofonía y ganaba 10 pesos por semana, como presentadora de novedades discográficas y como protagonista de radionovelas baratas. Perón, junto con otros líderes militares derechistas de la junta de gobierno argentina, llegó a la emisora para solicitar fondos en beneficio de las víctimas de un terremoto.

El coronel —un juvenil, erguido y atlético militar de 48 años— quedó cautivado por la profunda y seductora voz de Eva. A partir de ese momento fue Eva la que recaudó dinero para el ministerio de Acción Social de Perón; así fue como se convirtió en su portavoz femenina. «A él le importan un pimiento los uniformes brillantes y los smokings», murmuraba ella. «Sus únicos amigos son ustedes, los descamisados.»

Cuando el omnipotente Perón fue destituido por el resto de la junta de gobierno en 1945, fue Eva la que, sin ayuda de nadie, organizó el apoyo de los jóvenes oficiales y de los trabajadores para reinstaurarlo en el poder. Dos meses después de ese episodio se casaron. Y al año siguiente, con Eva a su lado, Perón entró con toda la pompa en el palacio presidencial, a hombros de los descamisados y con el apoyo de los poderosos sindicatos.

La esposa del presidente, Eva fue una mujer de contrastes dramáticos, se cubría de joyas y visones, pero al mismo tiempo creaba una fundación de ayuda social y organizaba la distribución de ropa usada en las zonas rurales y los barrios de chabolas, llamados villas miseria. Con las manos enjoyadas, daba paquetes con regalos para los niños a las multitudes. La gente se hipnotizada por Evita. La adoraba. Entonces Eva cayó enferma de un cáncer incurable; comenzó a adelgazar.

En los escasos actos políticos a los que asistía, su marido debía sostenerla. Se quejaba: «Soy demasiado pequeña para tanto dolor». Eva murió el 26 de julio de 1952, a las 8:25 de la noche. Tenía 33 años Apenas expiró, su cuerpo fue entregado a un eminente patólogo español, el doctor Pedro Ara —contratado desde semanas antes— para ser embalsamada.  El doctor Ara trabajó en un cuerpo demacrado y reemplazó la sangre primero por alcohol y luego por glicerina, que mantiene el cuerpo intacto y otorga a la piel un aspecto casi transparente.

El proceso completo de embalsamamiento duró casi un año y el doctor Ara recibió 100.000 pesos por su trabajo. Desde el momento de su muerte, santa Evita —como se la designaba entonces— fue llorada por la nación entera; cuando se instaló la capilla ardiente, dos millones de argentinos desfilaron ante el féretro; en la aglomeración murieron siete personas.

Se planificó la construcción de monumentos conmemorativos a lo largo y ancho del país; pero muchos de ellos se quedaron en meros proyectos. Porque en julio de 1955 la creciente inflación derribó a Perón.» El ex presidente se exilió en España, desde donde exigió a su sucesor en el poder, el general Eduardo Lonardi, que le devolviera el cadáver de su esposa.

Lonardi (imagen izq.) se negó y, en cambio, se dedicó a desacreditar al matrimonio Perón. Abrió al público las casas del ex presidente y expuso 15 coches deportivos construidos especialmente para Perón, 250 motocicletas y varias cajas de caudales que contenían 10 millones de pesos en efectivo.

Lonardi reveló también los nidos de amor secretos que Perón poseía en Buenos Aires: apartamentos forrados de pieles y espejos, donde el ex presidente había satisfecho su gusto por las adolescentes, entre las que se contaba su amante habitual, Nelly Rivas, de 16 años. Los nuevos gobernantes militares expusieron también las fabulosas joyas de Eva.

Pero esto no le restó popularidad: Evita no había ocultado nunca a su pueblo el lujo de que estaba rodeada. De hecho, durante los meses que siguieron al derrocamiento de Perón, el culto a la memoria de Eva no dejó de crecer. El general Lonardi hizo acopio de toda su valentía y decidió destruir el cadáver de Eva, que aún permanecía en la sala 63 del edificio de la Confederación General del Trabajo, en Buenos Aires.

Pero antes de que pudiera poner en práctica su plan, Lonardi fue desplazado del poder por el general Pedro Aramburu en noviembre de 1955. El nuevo jefe del Estado advirtió que dejar el cuerpo de Eva en un sitio tan accesible de la capital constituía un peligro: el cadáver amenazaba con convertirse en bandera de un futuro resurgimiento del peronismo. De manera que ordenó que el cuerno fuera trasladado secretamente a otro sito.

El cadáver de Eva desapareció en noviembre y permaneció oculto durante dieciséis años. La noche en que el cuerpo fue robado, el doctor Ara se encontraba en la sala 63, cumpliendo una de sus periódicas inspecciones del cadáver embalsamado, oyó el sonido de las botas, que resonaban mientras los soldados subían por la escalera principal del edificio. La puerta se abrió violentamente y el coronel Carlos Mori-Koenig, jefe del servicio de inteligencia del ejército, irrumpió en la sala 63 escoltado por un pelotón. «He venido a llevarme el cadáver”, dijo. Sin hacer caso de las protesta del doctor Ara, ordenó a sus hombres que sacaran el cuerno de Eva de su féretro cubierto de banderas, que lo colocasen en un sencillo ataúd de madera y lo trasladaran al camión que aguardaba en la calle.

Lo único que Mori-Koenig dijo al doctor Ara es que se llevaba el cuerpo para darle «un entierro decente». El camión arrancó y se perdió en la noche. La noticia acerca del robo del cadáver se difundió con rapidez y los peronistas proscritos organizaron manifestaciones, levantando retratos de Eva y coreando consignas que reclamaban la devolución del cuerpo, las manifestaciones se registraron en todo el país. El gobierno hizo circular rumores según los cuales era el propio Perón quien había organizado el robo del cuerpo. Pero cuanto más se esforzaban los líderes militares en reprimir a los peronistas, mayores eran las protestas por el robo del cuerpo de santa Evita. Para los descamisados, el robo era el crimen del siglo: un crimen que no podrían perdonar jamás.

Fue el agravio por el que protestaron durante 16 años, un período en el que el paradero del cuerpo de Eva permaneció en el misterio para el pueblo y para Perón. La mayor parte de la historia del robo sigue siendo todavía un enigma. Lo que se sabe es que, después de que el camión militar saliera del edificio de la Confederación General del Trabajo una noche de diciembre de 1955, el general Aramburu abandonó su intención de destruir el cuerpo, temeroso de la reacción popular.

El coronel Mori-Koenig ordenó conducir el camión a un rincón tranquilo de un cuartel, donde permaneció el resto de la noche, mientras el jefe militar esperaba instrucciones. El coronel hubiera disfrutado destruyendo el cuerpo, si sus superiores se lo hubiesen ordenado; tenía sólidas razones para odiar a Juan y a Eva Perón: cierta vez, después de una discusión, el entonces presidente Perón lo había humillado. Sin embargo, la orden de destruir el cuerpo nunca fue dada. En cambio, se le ordenó esconder el cuerpo. El cadáver de Eva fue colocado en un cajón de embalaje, sellado y trasladado a un depósito cerca del cuartel general del servicio de inteligencia del ejército. Allí permaneció durante un mes; en enero de 1956, el cajón peregrinó por media docena de depósitos y oficinas oficiales de Buenos Aires, Terminó escondido en el elegante piso del ayudante de Mori-Koenig, el mayor Antonio Arandia.

En esa época, los agentes peronistas registraban palmo a palmo la ciudad, en busca del cadáver de Eva. Temiendo que alguna pista pudiera llevarlos hasta su casa, Arandia dormía con una pistola bajo la almohada. Una noche, poco antes del amanecer, Arandia se despertó asustado. Oyó, con temor, unos pasos que se acercaban a la puerta del lavabo. Cuando la puerta se abrió, Arandia sacó rápidamente la pistola de debajo de la almohada y disparó dos veces contra la sombra que habla aparecido en el portal. Su esposa, embarazada, que era quien estaba en el lavabo, cayó muerta sobre la alfombra del dormitorio.

Entonces el cadáver de Eva fue trasladado al cuarto piso del cuartel general del servicio de inteligencia, el organismo que dirigía Mori-Koenig. Con un marco que decía «Equipos de radio«, el cajón fue apilado junto con a otros cajones  de idéntico aspecto. Varios meses después,  coronel Mori-Koerilg fue destituido; lo reemplazó el jefe del servicio secreto del presidente Aramburu, el coronel Héctor Cabanillas, quien se horrorizó al descubrir que el cuerpo todavía estaba escondido en el cuartel.

Lo primero que hizo fue ordenar que lo sacaran de allí. Nadie sabe quién fue el encargado de los siguientes traslados, que marcaron un macabro itinerario. Se sabe que se fabricaron varios ataúdes idénticos, y que fueron cargados con lastre junto con el cajón de embalaje que contenía el cadáver, algunos ataúdes fueron dispersados por diversos lugares de América del Sur y aún más lejos. Otros féretros fueron sepultados al mismo tiempo, pero el cajón que contenía el cuerpo de Eva fue embarcado rumbo a Bruselas; luego fue trasladado en tren a Bonn. Allí, sin que el embajador argentino se enterara, el cajón fue almacenado en un sótano de la embajada, junto a unos viejos archivos. En septiembre u octubre de 1956, el cadáver fue puesto en un ataúd y trasladado nuevamente, primero a Roma y luego a Milán. Durante la última etapa del viaje, el cuerpo fue acompañado por una hermana lega de la sociedad de San Pablo, a quien se le indicó que el cadáver pertenecía a una viuda italiana, María Maggi de Magistris, que acababa de morir en Rosario, Argentina.

Bajo ese nombre, Eva fue enterrada en la parcela 86 del cementerio Mussocco, de Milán. Allí permaneció por espacio de 15 años, durante los cuales su paradero sólo fue conocido por un puñado de personas. Durante esos años, las juntas militares que se sucedieron en el poder en Argentina tropezaron con diversas crisis económicas. (imagen: A. Lannusse)

Finalmente, el jefe de una de esas juntas, el teniente general Alejandro Lanusse, decidió invitar al envejecido Juan Perón a que regresara a su patria. Esto a pesar de que, 20 años antes, Perón había ordenado personalmente que Lanusse fuera sentenciado a cadena perpetua. Antes de cursar su invitación, Lanusse organizó las cosas para que el cadáver de Eva fuera devuelto a su esposo.

El 2 de setiembre de 1971, un hombre que decía llamarse Carlos Maggi presenció, en el cementerio de Milán, la exhumación del cadáver de «su hermana»; luego lo hizo colocar en un coche fúnebre, que realizarla un viaje de 800 kilómetros hasta Madrid. En realidad, Carlos Maggi no era otro que Héctor Cabanillas, el ahora jubilado jefe del servicio de inteligencia militar.

El coche fúnebre pasó una noche en un garage de Perpignan, Francia, y llegó a la casa de Perón, en Madrid, al día siguiente. Allí estaba esperándolo Perón. que ahora tenía 74 años, acompañado por su nueva esposa, Isabel —de 39 años, y a quien había conocido en un nigth-club panameño— y por el doctor Ara. El féretro fue colocado en el salón; Cabanilllas, ayudándose con una palanca, abrió la tapa. Perón rompió a llorar al contemplar el rostro de su mujer, muerta tanto tiempo atrás. Vio sus rubios cabellos despeinados y esa cara tan bella y aparentemente plácida, como la recordaba, dos décadas atrás. «No está muerta”, dijo, «sólo está durmiendo.»

En 1972,  largo exilio de Perón llegó a su fin; se le permitió regresar a la Argentina, pero prefirió dejan el cuerpo de Eva en Madrid. Un año más tarde, fue nuevamente elegido jefe del Estado, con Isabel como vicepresidente. Su mandato fue breve: murió el 1ro.  de julio de 1974. Isabel se convirtió en presidente y ordenó que el cadáver de Eva fuera trasladado a su patria desde España.

Miles de argentinos se alinearon, llorando, a lo higo de la ruta que une el aeropuerto con la ciudad, para arrojar flores sobre el coche fúnebre que transportaba a la amada santa Evita. El cuerpo fue de nuevo expuesto en una capilla ardiente, esta vez al lado del féretro de Juan Perón, en el palacio presidencial de Olivos. Isabel organizó el culto a los dos muertos, tratando de que revirtiera sobre ella el reflejo de la gloria de Evita. Isabel se aferró al poder durante dos años, antes de ser derrocada por una nueva Junta militar.

Y los nuevos amos del país trataron de borrar el nombre de Perón del libro de la historia. El cuerpo de Perón había sido sepultado poco después de su velatorio, pero el de Eva fue a parar nuevamente a un depósito. Los nuevos dirigentes de Argentina no conseguían ponerse de acuerdo sobre el sitio donde, finalmente, reposaría Eva.

Sólo en octubre de 1976 la junta militar decidió el sitio donde maría definitivamente sepultada: el cuerpo, todavía bello, de Eva fue depositado en una tumba de cuatro metros y medio de profundidad, en un sector privado del cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Se construyó una tumba fuerte como la cámara acorazada de un banco, a fin de disuadir a cualquiera que tratase de apoderarse del cadáver de Eva Perón.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell

Segundo Gobierno de Peron Derrocamiento Golpe de Estado y Exilio

Segundo Gobierno de Perón – Golpe y Derrocamiento

PRIMERA PRESIDENCIA DE JUAN PERÓN:
Elige un gabinete joven, retiene el poder estatal y controla el partido

Biografia de Juan Perón Infancia Sus Padres ResumenEl tórrido domingo 24 de febrero de 1946 se realizan las elecciones que proporcionan al peronismo (representado como ya veremos por el Partido Laborista y la Junta Renovadora de la UCR, que aporta la candidatura de Hortensio Quijano a la vicepresidencia) una abrumadora mayoría.

Son más de un millón y medio de votos (el 52,4 por ciento del total) los que legitiman el triunfo de Perón sobre la Unión Democrática (representada por José Tamborini-Enrique Mosca), que obtiene el 42,5 de los sufragios.

Quedan atrás los años del fraude electoral y la Argentina se encuentra ante la posibilidad de desarrollar una democracia plena, en el marco de condiciones económicas favorables.

La Segunda Guerra Mundial ha finalizado a mediados del año anterior, y en un plano de total normalidad institucional, el 4 de junio de 1946 asume el general Perón la presidencia de la Nación. Después de los cuatro años de guerra, el mundo está recomponiendo sus relaciones políticas y económicas y, aparentemente, existe un espacio para que las naciones no beligerantes y sub-desarrolladas, como la Argentina, intenten el usufructo del aún positivo intercambio comercial con los centros del poder mundial.

Mientras cumplía sus funciones al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión del régimen militar instaurado el 4 de junio de 1943, el entonces coronel Perón había comenzado a tejer sus relaciones con el movimiento obrero. En esos años, ha concedido impensadas conquistas a los trabajadores, de modo tal que pocos años después, se sentirá seguro de haber seducido a un amplio y decisivo sector que se convertirá en una de las bases de sustentación de su gobierno y su doctrina.

Su gestión al frente de esa secretaría y la popularidad que va adquiriendo entre los trabajadores provoca la aprehensión de sus pares, quienes deciden el 13 de octubre de 1945 confinarlo en la isla Martín García, la misma en la que 15 años atrás fuera alojado el depuesto presidente constitucional Hipólito Yrigoyen. El ya histórico 17 de octubre de 1945 los obreros salen a la calle para reclamar la liberación del coronel . Será a partir de esta fecha que el país adoptará una nueva fisonomía. Perón comienza a consolidar un vasto movimiento político y social del campo nacional y popular.

Esta etapa de consolidación política del movimiento se realiza a expensas de las estructuras partidarias que le permiten su lanzamiento electoral: el Partido Laborista y la Junta Renovadora de la Unión Cívica Radical, que se disuelven en mayo de 1946, para dar paso a la creación del Partido Único de la Revolución, que luego se denominará Partido Peronista.

Las elecciones de febrero de 1946 proporcionan al peronismo una abrumadora mayoría en ambas cámaras del Congreso. La relación exacta en Diputados es de 109 contra 49, de los cuales 44 son radicales. En el Senado, sólo dos miembros representan a la oposición.

Esta enorme diferencia, más marcada aún luego de las elecciones legislativas de 1948, posibilita al gobierno la aprobación de proyectos que incrementan constantemente el poder y la doctrina peronista en distintos planos de la vida nacional. Con el tiempo se verá cómo el Parlamento legaliza con facilidad instrumentos como el Plan Quinquenal, la regimentación de la Suprema Corte de Justicia, la Constitución de 1949 e importantes normas laborales.

Se designa a Juan Duarte, hermano de Evita el puesto de secretario privado. Un viejo amigo y condiscípulo de Perón, Domingo Mercante, ejerce la gobernación de la provincia de Buenos Aires.  El resto de los cargos se cubre con el general Humberto Sosa Molina (Guerra), el capitán de navío R del Anadón (Marina), Belisario Gaché Piran (Justicia e Instrucción Pública), Juan Picazo Elordy (Agricultura y Ganadería) y general Juan Pistarini (Obras Públicas). Entre los secretarios de Estado se destacan Ramón Carrillo (Salud Pública) y Rolando Lagomarsino (Industria y Comercio).

Después de Perón y Eva Perón, Miranda es su principal asesor económico —industrial metalúrgico y uno de los pocos empresarios que acompañan al general desde sus comienzos políticos— es un personaje de una proyección que crea fundadas expectativas en el país y en el extranjero. Sus ideas, más progresistas que las del resto de su equipo, impulsan a Perón a recomendarle la elaboración de los planes de la primera etapa del gobierno peronista, que pronto se reivindicarán como logros en el camino de la independencia económica del país. A un mismo tiempo, Miranda se hace cargo del Banco Central, del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) y del Consejo Económico Argentino, herramientas fundamentales para las metas que se propone.

«La concentración del poder a disposición del Estado, una de las premisas básicas del peronismo, haría imposible la supervivencia de la oposición. La tentación de usar y abusar de la autoridad para suprimir las divergencias se convirtió en algo irresistible».

Con la neutralización de sus adversarios, el gobierno de Perón encara la reestructuración de la Suprema Corte, que a partir de entonces quedará integrada con jueces adictos. Poco después somete a la consideración legislativa un proyecto que declara la necesidad de la reforma de la Constitución de 1853. Aunque la necesidad de esta reforma sin duda es real, no escapa a nadie que también se persigue la reafirmación del poder personal.

Independencia económica y justicia social son el meollo de la política que perfila el coronel Perón en su meteórica aparición en la revolución militar de 1943 y que concita entonces la adhesión de la clase obrera y de un amplio espectro político (radicales, nacionalistas, socialistas e inclusive conservadores) de aquellos años.

Las condiciones internas y externas en 1946 eran ventajosas para el lanzamiento de una audaz política de crecimiento. En esta apreciación acordaban tanto los peronistas como los antiperonistas, salvo aquellos que se aferraban a la bucólica visión de una Argentina agropecuaria, granero del mundo industrializado .

La Segunda Guerra, que enfrentaba a las principales naciones desarrolladas, había permitido a la Argentina un inicial crecimiento industrial como consecuencia de la sustitución de importaciones de artículos corrientes, al tiempo que crecían las exportaciones tradicionales hacia los países beligerantes. Esto había permitido la acumulación de reservas en oro y divisas por un monto de 1.600 millones de dólares de entonces.

Así planteado el panorama, Perón pudo concretar algunas de sus más caras promesas electorales. Con ese y otros objetivos, recomendó a Figuerola la elaboración de un programa económico, que en la asamblea legislativa del 21 de octubre de 1946 el presidente bautizaría como Plan Quinquenal.

A grandes rasgos, este plan tenía por metas la industrialización del país, la nacionalización de la infraestructura (transporte, comunicaciones, obras públicas y energía), aumento del patrimonio nacional y su distribución más equitativa.

En los dos primeros años de gobierno, el país da pasos agigantados: se construye el gasoducto Comodoro Rivadavia-Buenos Aires, se completa la flota nacional, se compran aviones, se paga la deuda externa, se nacionalizan compañías de teléfonos, se adquieren tres ferrocarriles franceses y se apuntan las baterías a una profunda industrialización. El 9 de julio de 1947, en Tucumán, Perón declara la Independencia Económica. Se está en un momento de apogeo.

El poder adquisitivo de los salarios alcanza un nivel nunca registrado y las clases necesitadas no lo olvidarían más. En 1948, el salario real del trabajador industrial especializado aumentó un 27 por ciento con relación a 1943, mientras que la mano de obra no especializada lo hacía en un 37 por ciento. Todo ello en el marco de una economía no inflacionaria.

Con marcado optimismo, Perón dice en 1947 que «siempre he pensado que, en el orden económico, íbamos a vivir sin ninguna crisis durante los seis años de mi gobierno. Hoy, como resultado de nuevos estudios que se están realizando, creo que vamos a tener sesenta años sin crisis».

En tanto, Miguel Miranda inicia tratativas en torno al pago de la elevada deuda que Gran Bretaña había contraído con la Argentina en los años de la guerra. La irresolución del problema determina la compra de los ferrocarriles que se hallaban en manos de empresas inglesas. Esto significó —pese a lo deteriorado del material nacionalizado— un alto rédito político para el gobierno argentino, que de inmediato resaltó el hecho como otro paso hacia la independencia económica.

La «Nueva Argentina» vivía así su sueño de prosperidad, que pronto se vería sobresaltado por las consecuencias del reacomodamiento de la situación política internacional y la recomposición de los sectores vitales de los centros del poder económico.

Pero en ese momento, la euforia gana al peronismo, que sale ruidosamente ala calle en cada oportunidad en que se da un paso adelante en procura de una sociedad mejor. Verdaderas fiestas se viven en Plaza de Mayo, que se convierte en el punto obligado de concentración de las huestes peronistas. Al grito de «presente, mi general«, comienzan aquellas mitológicas reuniones presididas por Perón desde los balcones de la Casa de Gobierno, que habitualmente tiene a su lado a la cada vez más popular Eva Perón.

La deuda de Gran Bretaña no puede cobrarse en divisas. Europa tiene sus economías destrozadas por la guerra, con los países socialistas no hay mucho para hablar, y EE.UU. reprocha a Perón su actitud antiimperialista y su posición neutral en la Segunda Guerra Mundial. Se suponía que la ayuda del plan Marshall podía generar algún beneficio en Argentina, pero para nada fue así, por lo que las divisas o reservas del gobierno argentino caían como consecuencia de mantener el Plan Quinquenal.

Perón no permite girar dólares al extranjero a las empresas de EE.UU. radicada en el país, en el campo, la oligarquía terrateniente se venga del control del IAPI y de los incentivos a la industria con la reducción del área cultivada y su consecuente baja en la producción de granos, provocando problemas en la balanza de pagos.

El 6 de julio de 1946, el presidente argentino envía un mensaje radial para reclamar a las naciones restantes la adopción de la  Tercera Posición como forma di evitar la transformación de la guerra fría en una nueva conflagración aún más cruenta. Las acciones del presidente Perón son seguidas con suma atención por el Departamento de Estado, y el resultado de este examen no podía ser otro que el de una profunda desconfianza y desconcierto.

Su gestión  de gobierno probablemente ha llegado al máximo de sus posibilidades, aunque no al máximo de sus objetivos, que son precisamente los que las masas populares esperan ver pronto concretados. Eva Perón ha muerto. Aparecen síntomas de corrupción administrativa.

La oposición, acorralada por la adhesión masiva del pueblo a un líder carismático, se enfurece cada vez más. Los actos de irracionalidad política son cada vez más frecuentes en uno y otro bando. Existe el peronismo y el antiperonismo incorporados a la sociedad en la forma de sentimientos profundamente fanáticos. El «entorno» de Perón es cada vez más mediocre. Las soluciones no llegan tan fluidamente como se esperan. La represión es el arma que hay que echar a mano para que los acontecimientos no desborden la imagen de un gobierno que pretende tener todas las riendas en su poder.

La imagen de una Argentina próspera nace de los aciertos y posibilidades económicas que se presentaron en los primeros tres años de gobierno. En esta etapa se concreta el aumento del salario real, la ampliación de beneficios del régimen jubilatorio, las vacaciones pagas, las mutuales y obras sociales de los sindicatos, la construcción de miles de viviendas, el otorgamiento de créditos hipotecarios a bajo costo, la extensión de las tareas de la Fundación Eva Perón, el impulso al deporte y se verifica —como nunca había ocurrido antes— la participación activa de la clase obrera, a través de la CGT, en la política y en las decisiones en defensa de sus intereses. Estas conquistas son avaladas por la sanción de los Derechos del Trabajador, en 1947, la Constitución Nacional de 1949 y la legalización de los cuerpos de delegados y comisiones internas.

 

SEGUNDA PRESIDENCIA DE JUAN PERÓN
Los EE.UU. nos exportan por un valor mayor a las ventas a Inglaterra

Pero lo que se avizora como prosperidad permanente pronto comienza a mostrar algunas fisuras. A las dificultades económicas de 1948 se suceden las de 1950 —período en que se registra una baja en el ingreso nacional bruto— o las de 1952, en el que una nueva sequía —la segunda en tres años— obliga a la adopción de medidas de austeridad, tales como la reducción del consumo de carne para aumentar el saldo exportable y la aplicación de un convenio de precios y salarios, que propone la congelación de estos últimos por el término de dos años.

A fines de ese año aparecen las primeras movilizaciones obreras en demanda de mejoras salariales y otras conquistas sociales. Aunque hoy parezca paradójico, incluso increíble, bancarios, gráficos y obreros de la carne y de los ingenios golpean por primera vez el rostro de un gobierno que sustenta la doctrina de la justicia social. Poco después, en enero de 1951, los ferroviarios producen la huelga más extensa y profunda de esa época. Aquí Perón no encuentra otra salida que decretar la movilización militar de los trabajadores del riel, es decir, que éstos quedan sujetos a las leyes castrenses.

Es por esos días, también, cuando se decreta la incautación del diario «La Prensa», que de manos de la familia Gainza Paz pasa poco después a ser el órgano oficial de la CGT. En este marco, se preparan las elecciones generales que, gracias a las reformas introducidas en 1949 a la Constitución, permitirán la reelección presidencial.eva duarte de peron

Eva Duarte se enferma de cáncer, ella no sabe que tiene, pero se siente cada día mas débil, por otra parte la CGT decide proponerla como vicepresidenta  en la fórmula Perón-Perón para las próximas elecciones.

La «Abanderada de los humildes» se recluye nueve días para reflexionar sobre el ofrecimiento, lapso en el cual, curiosamente, Perón ni siquiera la visita. La respuesta se da en la noche del 31 de agosto, en un mensaje transmitido por la red nacional de radios, grabado en horas de la mañana. Con voz casi inaudible, Eva Perón manifiesta: «Que de mise diga, cuando se escriba el capítulo maravilloso que la historia dedicará seguramente a Perón, que hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevar al presidente las esperanzas del pueblo y que, a esa mujer, el pueblo la llamaba cariñosamente Evita».

Durante la enfermedad de Eva Perón, y con el propósito de frustrar el proceso eleccionario que conduciría a la reelección de Perón, se produce la intentona golpista del 28 de setiembre de 1951, encabezada por el general Benjamín Menéndez. Cuenta con el respaldo de algunos sectores de la oposición política.

En principio, dos generales se disputaron el triste honor de comandar el golpe que se preparaba en las sombras: Eduardo Lonardi, al mando entonces del 1er. Cuerpo del Ejército, de extracción nacionalista católica, y Benjamín Menéndez, liberal, retirado del servicio activo en 1942 y golpista consuetudinario. Ambos cabecillas no se pusieron de acuerdo, Lonardi se retira y el golpe lo realiza Menéndez, con el apoyo de algunos partidos políticos. Fue un fracaso, perón la calificó como una «chirinada». Perón saca ventaja de esta intentona fallida de golpe, y enardece las masas, consiguiendo adhesión y apoyo para su futura reelección.Evita debió votar desde su lecho de enferma.

El domingo 11, un día lluvioso en Buenos Aires, el Partido Peronista obtiene 4,7 millones de votos, contra 2,4 de la UCR (Ricardo Balbín-Arturo Frondizi). Por primera vez en la historia argentina votan las mujeres y por primera vez es elegido el Senado por el voto directo. Hay mayoría peronista absoluta en ambas cámaras.

Todas las gobernaciones son ganadas por peronistas. Seis mujeres son miembros del Senado y veintiuna de la Cámara de Diputados. Carlos Aloe es el gobernador de la provincia de Buenos Aires, reemplazando a Domingo Mercante, un amigo de Perón que también ha caído en desgracia y que desaparecerá de la escena política.

Evita debió votar desde su lecho de enferma. Un cáncer en el útero la fue alejando de la actividad pública y finalmente produjo su muerte el 26 de julio de 1952.

El Junio de 1952, Perón  asumió por segunda vez la Presidencia. Si bien se trató de una coincidencia, la situación del país fue empeorando a ojos vista desde la muerte de Eva. Explotó la crisis agrícola y la inflación y el desabastecimiento de productos esenciales fueron moneda corriente.

El Segundo Plan Quinquenal intentó abrir la economía a las inversiones extranjeras e incentivar la productividad, pero encontró fuertes resistencias tanto fuera como dentro del oficialismo. La ausencia de Evita incidió negativamente en la imagen del general ya que, por un lado, Perón debió asumir personalmente el papel de conductor del movimiento restándole eficacia a su función en la Presidencia, y por otro, comenzaron a circular rumores de sus relaciones con menores de edad, como las integrantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

En obsecuencia de muchos funcionarios llevó a que el «profesional de la conducción» perdiese reflejos políticos. Esto quedó en evidencia en el conflicto que a partir de 1954 sostuvo con la jerarquía eclesiástica. Las críticas formuladas por algunos sacerdotes tuvieron como respuesta del gobierno la expulsión del país de dos religiosos extranjeros.

militantes peronistas quemaron la Curia y varias iglesias del centro porteñoLa procesión de Corpus Christi en 1955 en la Capital se convirtió en un acto opositor y consolidó el frente que venía preparando el golpe. El 16 de junio aviones de la Marina y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo y la residencia presidencial, sin lograr su objetivo de matar a Perón ni conseguir el apoyo que esperaban del resto de las Fuerzas Armadas.

Esa misma noche, militantes peronistas quemaron la Curia y varias iglesias del centro porteño, aunque rápidamente el Presidente llamó a la pacificación. De ahí en más, la actitud del gobierno quedó trabada entre una propuesta de reconciliación, en la que la oposición no creyó, y las amenazas de dar «medio metro de soga a cada peronista» para ahorcar a sus adversarios.

El 16 de junio, aviones navales arrojan bombas sobre la Casa de Gobierno, que debía ser asaltada por infantes de Marina: Perón no se encuentra allí. La CGT convoca una concentración en Plaza de Mayo; el bombardeo con mas de 30 aviones deja 300 muertos y unos mil heridos. Al atardecer, Perón anuncia que el movimiento ha sido sofocado, y poco después se produce el incendio de las iglesias. Hay 800 detenidos; se disuelven la Infantería de Marina y la Aviación Naval; suicidio del contraalmirante Gargiulo, uno de los jefes sublevados. El 5 de julio Perón propone una tregua política, anuncia el fin de la revolución peronista y convoca a la pacificación.

El 16 de septiembre, el general Eduardo Lonardi se levantó en Córdoba y la Flota de Mar en Puerto Belgrano, con apoyo de «comandos civiles» formados por radicales, socialistas y militantes católicos. El gobierno quedó a la espera de los acontecimientos militares y el día 20, cuando el contraalmirante Isaac E Rojas amenazó con bombardear La Plata y la Capital, Perón pidió asilo en la embajada del Paraguay, adonde partiría poco después por vía fluvial.

FIN DEL GOBIERNO Y EXILIO: La sublevación militar que derrumba al gobierno constitucional se inicia el 16 de setiembre de 1955 y el lunes 20, un día lluvioso en Buenos Aires, el líder de uno de los movimientos populares más grandes de la historia del país, se embarca en la cañonera ‘Paraguay’ rumbo a Asunción. Comienza así un largo exilio que durará 18 años».

Atrás queda una etapa que tensa hasta el límite las relaciones sociales. En doce años de actividad pública, el general Perón logra encolumnar tras su doctrina de independencia económica y justicia social a la inmensa mayoría de la clase trabajadora, a la vez que exacerba al máximo el odio de los sectores cuyos intereses se ven amenazados.

Bautizado «el tirano prófugo» por el diario La Prensa, Perón inició su largo exilio en Asunción del Paraguay; pero las presiones del gobierno argentino y los rumores de que se planeaba un atentado contra su vida lo llevaron a alejarse más del país. Instalado en Panamá, un grupo de artistas argentinos le presenta a María Estela Martínez, una joven riojana de la que no se separará hasta su muerte

Perón en CaracasDesde el comienzo de su gestión presidencial, asume la casi totalidad del poder, basado en el liderazgo carismático y el apoyo de la central obrera e, importantes sectores de las Fuerzas Armadas.

(Imagen: Perón en Caracas)

Pero a partir de la última mitad de la segunda presidencia los acontecimientos se precipitan, de forma tal que ahora parecen diagramados para la segura derrota del gobierno reelegido en noviembre de 1951.

La indecisión de Perón frente a un cúmulo de enfrentamientos y toma de posiciones que sin duda no son fáciles de resolver —como el pedido de una dirigencia obrera de hacerse cargo de la situación mediante las armas— facilita en gran medida el triunfo de un golpe militar, tras el que se congregan numerosos sectores, con diferentes objetivos.

Desde 1953, es cierto que los desaciertos del gobierno se acumulan. Una escalada de rumores sobre corrupción se cierne sobre los cuadros dirigentes del peronismo y altos funcionarios. Se ejerce la represión y formas de tortura sobre la oposición. Se acallan las protestas de los trabajadores, que se multiplican en relación directa con las dificultades económicas.

La Iglesia Católica reacciona con todos sus medios cuando siente que sus intereses serán afectados con el proyecto de su separación del Estado, y la abolición de la enseñanza religiosa. La creación de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), y más precisamente la instalación de la rama femenina de la organización juvenil en la quinta presidencial de Olivos, motivan las más venenosas murmuraciones. La solicitud de un crédito a la banca internacional y la posible firma de un contrato petrolero con la Standard Oil de California confunde a muchos peronistas que creen en las banderas de la independencia económica y soberanía política.

En fin, y tal como lo expresa Julio Godio en su estudio «La caída de Perón, de junio a setiembre de 1955«: «Para entender el año 1955 lo principal es desistir de ‘rehacer’ la historia. Nada ‘faltó’ en 1955. Estuvieron allí todos los que tenían que estar y se comportaron como tenían que hacerlo. El golpe reaccionario dividió al país en peronistas y antiperonistas».

Según el citado autor, el derrocamiento de Perón se produce por contradicciones internas y, fundamentalmente, por «la resistencia de su cúpula dirigente a recurrir a la masa obrera y oponer al curso golpista un curso de liberación social y nacional».

Fuente Consultada:
«Yo Fui Testigo» – Libro N° 16 Cernadas Lamadrid – Ricardo Halac
«El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX» – Deleis – Titto – Arguindeguy

Documentos Argentinos Históricos, Tratados, Pactos y Acuerdos

Documentos Argentinos Históricos, Tratados, Pactos y Acuerdos

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE ARGENTINATAMAÑOVERBAJAR
ADVERTENCIA A LOS PORTUGUESES – Pedro Antonio de Cevallos (1777)13Kbulletbullet
INFORME DEL MONASTERIO DEL PILAR SOBRE LA INVASIONES INGLESAS de 1806 [1807]48Kbulletbullet
TRATADO BUENOS AIRES-PARAGUAY (1811)25Kbulletbullet
ESTATUTO PROVISIONAL (1811)48Kbulletbullet
ACUERDO DE SAN NICOLÁS DE LOS ARROYOS33Kbulletbullet
INSTRUCCIONES DEL AÑO XIII35Kbulletbullet
ASAMBLEA DEL AÑO XIII53Kbulletbullet
DECRETO DECLARANDO TRAIDOR A ARTIGAS (1814)10Kbulletbullet
ESTATUTO PROVISIONAL (1815)145Kbulletbullet
CONSTITUCIÓN DE LAS PROVINCIAS UNIDAS (1819)80Kbulletbullet
CONSTITUCIÓN DE SANTA FE (1819)67Kbulletbullet
PACTO DEL PILAR (1820)34Kbulletbullet
TRATADO DEL CUADRILÁTERO (1822)26Kbulletbullet
EL EMPRÉSTITO BARING (1824)10kbulletbullet
TRATADO DE AMISTAD PROVINCIAS UNIDAS-INGLATERRA (1825)30Kbulletbullet
CONSTITUCIÓN DE 1826108Kbulletbullet
LEY DE CAPITALIZACIÓN DE BUENOS AIRES (1826)30Kbulletbullet
PACTO DE CAÑUELAS (1829)10kbullet
PACTO DE BARRACAS (1829)10kbulletbullet
PACTO FEDERAL (1831)34Kbulletbullet
PACTO ENTRE BRASIL, URUGUAY, CORRIENTES Y ENTRE RÍOS CONTRA ROSAS (1851)10Kbulletbullet
PROTOCOLO DE PALERMO (1852)26Kbulletbullet
PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES (1859)46Kbulletbullet
ARENGA DE BARTOLOMÉ MITRE A SUS TROPAS DESPUÉS DE PAVÓN13kbulletbullet
MANIFIESTO DEL GENERAL FELIPE VARELA A LOS PUEBLOS AMERICANOS (1866)10Kbulletbullet
CONSTITUCIÓN ARGENTINA43kbullet
CONSTITUCIÓN ARGENTINA DE 194923kbullet
CÓDIGO CIVIL ARGENTINO347kbullet
CÓDIGO PENAL ARGENTINO83kbullet

 

La Doctrina Peronista Ideologia Politica del Peronismo

La Doctrina Peronista Ideología Política del Peronismo
Las Veinte Verdades

«Estas son las Veinte Verdades del Justicialismo Peronista. He querido reunirlas así para que cada uno de ustedes las grabe en sus mentes y sus corazones; para que las propalen como un mensaje de amor y justicia por todas partes; para que vivan felices según ellas y también para que mueran felices en su defensa si fuera necesario…»
Juan Perón, 17 de octubre de 1950
doctrina: enseñanzas, …conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, una colectividad, una doctrina o una época:
1. La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.
    2. El Peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular, y por lo tanto, no es peronista.
    3. El peronista trabaja para el Movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo, lo es sólo de nombre.
    4. No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.
    5. En la Nueva Argentina el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca 
por lo menos lo que consume.
    6. Para un Peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro Peronista.
    7. Ningún Peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando un Peronista comienza a sentirse 
más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.
    8. En la acción política la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero la Patria, después el Movimiento, y luego los Hombres.
    9. La política no es para nosotros un fin, sino sólo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.
   10. Los dos brazos del Peronismo son la Justicia Social y la Ayuda Social. Con ellos damos al Pueblo un abrazo de justicia y de amor.
   11. El Peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires.
   12. En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.
   13. Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el Peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: el Justicialismo.
   14. El Justicialismo es una nueva filosofía de vida simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.
   15. Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con la comunidad.
   16. Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y 
ésta al servicio del bienestar social.
   17. Como doctrina social, el Justicialismo realiza la Justicia Social, que da a cada persona su derecho en función social.
   18. Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana.
   19. Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.
   20. En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo.

«Éstos [los militares] vieron con desconfianza el triunfo de Frondizi y se dedicaron a vigilarlo, y en particular a controlar sus relaciones con los peronistas.

Se dividieron según sus diferentes opiniones acerca de cuánto debía haber de respeto a las instituciones constitucionales y cuánto de presión corporativa, que tomaba la forma de ‘planteo’ al presidente para que adoptara determinada medida.

La Marina fue más homogénea en su rechazo a la política presidencial, pero en el Ejército dominó un faccionalismo creciente, que amplificaba las divisiones anteriores.

El gobierno intentó alentar en el Ejército una tendencia que lo apoyara, pero cuando el conflicto estallaba fue incapaz de sostener a sus eventuales partidarios.

A lo largo de los casi cuatro años de su presidencia, Frondizi soportó treinta y dos ‘planteos’ militares; algunos exigían cambios en su línea política y otros estaban destinados a ganar terreno en la propia institución. A todos cedió.»

Luis Alberto Romero.
Breve historia contemporánea
de la Argentina.
Buenos Aires, FCE, 1994

 

Dia de la Lealtad Peronista Resumen Causas e Importancia

Día de la Lealtad Peronista – 17 de Octubre de 1945
Causas e Importancia

En el marco de una reacción oligárquico liberal unida en su voluntad de mantener el viejo país que ellos manejaron durante los últimos años a sus intereses, se precipitarán los acontecimientos de octubre de 1945, punto inicial del proceso revolucionario.  La presión de la oligarquía y el aparato político liberal que junta en una misma bolsa a conservadores, radicales, socialistas y comunistas logra con un sector del ejército y la marina, destituir a Perón y detenerlo (9 de octubre). Pero nucna  previeron la vitalidad con que reaccionará la clase obrera y algunos dirigentes sindicales frente al intento de «restauración oligárquica».  La jornada revolucionaria del 17 de octubre en la que Evita y núcleos de agitadores tuvieron un papel relevante en la movilización de masas, ésta fue exclusivamente protagonizada por el proletariado y sus activistas de base en forma totalmente espontánea.

festejos de perón y evita dia de la lealtad

El 17 de octubre de 1945:
Los orígenes del peronismo

Ante la profundización del enfrentamiento social entre las organizaciones obreras y empresariales, se aceleró el acercamiento político entre Perón y el sindicalismo. Además, Perón iba ganando cada vez más poder dentro del gobierno, llegando a ejercer simultáneamente la Secretaría de Trabajo, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia.

Sin embargo, el panorama en 1945 no se presentaba del todo favorable para la nueva alianza social liderada por Perón. A la oposición de los industriales y terratenientes se sumaron la casi totalidad de los partidos políticos, asociaciones profesionales, gran parte de la comunidad universitaria y aquellos sindicatos que no acordaban con las propuestas de Perón y que reclamaban la democratización del país.

También tuvo una activa participación el secretario de Asuntos Latinoamericanos de la Embajada de los Estados Unidos, Spruille Braden, quien reclamó el apoyo de la Argentina a los Aliados y denunció al gobierno como simpatizante de los países del Eje.

Ante la ofensiva de la oposición, la mayoría de los militares que integraban el gobierno de Farrell creyeron que era necesario deshacerse del sector político liderado por Perón, considerado el más irritante por la oposición y muy peligroso por su avance sobre distintas áreas del Estado.

El 19 de septiembre de 1945 la oposición al gobierno de Farrell convocó a una concentración pública. Exigían la renuncia del gobierno y la entrega del poder a la Corte Suprema hasta la convocatoria a elecciones. «La composición del público reunido era —afirma el historiador Félix Luna—, a ojos vista, de clase media para arriba».

La concentración desfiló desde el Congreso de la Nación hasta la Plaza Francia, en la Recoleta. Estaba encabezada por grandes cartelones con las caras de Rivadavia, Sarmiento, San Martín, Moreno, Urquiza y Roque Sáenz Peña, y por conocidos políticos como el socialista Alfredo Palacios, el comunista Pedro Chiaranti, los conservadores Joaquín de Anchorena y Antonio Santamarina, figuras reconocidas del radicalismo, y el representante de la embajada norteamericana, Spruille Braden. Una de las consignas más gritadas por los participantes fue: «A Farrell y a Perón hoy le hicimos el cajón.»

Exigieron a Perón la renuncia a sus cargos y lo llevaron detenido a la isla Martín García.

En medio de un clima de agitación obrera, el Comité Central Confederal de la CCT había declarado la huelga general para el día 18, para reclamar ante el gobierno el mantenimiento de los beneficios laborales obtenidos durante la gestión de Perón.

La mañana del 17, grandes masas de trabajadores del conurbano marcharon hacia Plaza de Mayo para exigir la liberación del ex-secretario de Trabajo y Previsión. Allí permanecieron todo el día, mientras el gobierno negociaba con el comité de huelga y con el mismo Perón.

 Por la noche, luego de que el gobierno aceptara reemplazar su gabinete por otro adicto a Perón, éste dirigió un discurso a los trabajadores movilizados.

En los días que siguieron, la versión de los hechos que dominó en la prensa de la Capital Federal (favorable en su mayoría a la oposición) quitaba trascendencia histórica a la movilización, reducida a «grupos revoltosos» no representativos del proletariado. Los periódicos socialista (La vanguardia) y comunista (Orientación) adjudicaban a Perón la organización de la marcha, mediante la manipulación del lumpen-proletariado (individuos marginales y criminales).

La revista oficial de la CGT prefirió ignorar lo ocurrido el 17 y centrarse en la exaltación de la huelga del 18. Sólo La Época, el único diario importante que apoyaba a Perón, presentaba un relato similar al que luego se transformaría en oficial: el pueblo se había movilizado espontáneamente, a efectos de rescatar a su líder máximo.

Frente a estos hechos, la agitación creció en el seno del movimiento obrero. Entre los trabajadores existía la convicción de que la caída de Perón significaría el triunfo de los sectores capitalistas y la posibilidad de perder las conquistas sociales obtenidas.

Por ello, el 17 de octubre de 1945, al conocerse la renuncia de Perón, los obreros comenzaron a movilizarse en distintos lugares del país. No sólo hubo paros y manifestaciones espontáneas, sino que muchos gremios —en el Gran Buenos Aires, Rosario, Tucumán— declararon en los hechos una huelga general, desbordando a la conducción de la CGT que la había convocado para el 18 de octubre. La movilización de las masas obreras consiguió la liberación de Perón y aseguró la continuidad de sus conquistas sociales.

Luego de los sucesos del 17 de octubre, el movimiento obrero buscó consolidar su iniciativa política. Esta voluntad se expresó en la creación de un partido obrero: el Partido Laborista. La fundación del nuevo partido fue interpretada por los viejos sindicalistas como la realización de sus reclamos de participación política independiente en el plano político. La carta fundacional del laborismo prohibía expresamente «el ingreso de personas de ideas reaccionarias o totalitarias y de integrantes de la oligarquía».

Participaron en su creación dirigentes del más variado origen: socialistas, sindicalistas revolucionarios, radicales, independientes y miembros de la CGT. La primera comisión directiva estuvo encabezada por Luis Gay (telefónico) —nombrado presidente del partido— y Cipriano Reyes (del sindicato de la carne de Berisso), como vicepresidente. El resto de los dirigentes eran obreros de más de 15 años en la actividad sindical.

El programa del Partido Laborista proponía la convocatoria a elecciones democráticas y una organización económica y social para el país, basada en. una «necesaria redistribución de los ingresos, que mejore los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores. La democracia política —sostenía— debe complementarse con la democracia económica». El Partido Laborista se mantuvo hasta 1946 y luego de las elecciones, por iniciativa de Perón, fue disuelto. Su lugar fue, ocupado  por el Partido Peronista.

La versión oficial del acontecimiento fue destinada a transformarse en hegemónica, se fue gestando durante el gobierno de Perón por medio de la propaganda y la elaboración de un ritual que se repetiría todos los años. En 1946, el 17 de octubre fue denominado «Día del pueblo» y declarado feriado nacional por ley del Congreso. El nombre elegido evocaba la lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones. Sin embargo, el acto oficial celebró el «Día de la Lealtad».

Con esta frase, el protagonismo de los trabajares era reemplazado por su adhesión incondicional a un líder. En su discurso, Perón anunció las características que el festejo tendría de ahí en más: se trataría de un diálogo sin mediaciones entre el líder y su pueblo, en el que aquél pediría su ratificación como tal. El ritual reproducía así la inapelación dada a la movilización del ’45: la reinstalación de Perón en el poder.

Consignas famosas: En toda campaña electoral, los partidos intentan resumir en una frase su posición ideológica. Estas frases, llamadas consignas o eslóganes deben ser breves, enfáticas, fáciles de recordar y con un gran poder de síntesis. La opción entre peronistas y antiperonistas fue planteada en 1946 por el peronismo como una elección entre «Braden o Perón». Con esta simple frase, se acusaba a los adversarios de obedecer a los intereses norteamericanos, representados por el embajador Spruille Braden, mientras que Juan Domingo Perón se atribuía la defensa de los intereses nacionales. A esta consigna, los candidatos de la Unión Democrática respondían, asimilando a Perón con el bando contrario a los aliados en la guerra europea «Hitler o Tamborini».

EL 17 DE OCTUBRE SEGÚN LOS INTELECTUALES CONTEMPORÁNEOS

Los habitantes del centro de Buenos Aires cerraron temerosos las persianas de sus casas ante los millares de trabajadores que desde los barrios suburbanos se dirigían a pie o en tranvías hacia la Plaza de Mayo. Con asombro y temor, los porteños descubrieron una masa obrera que, en los últimos años, había crecido y se había transformado con el aporte de los migrantes internos.
«-Era muy de mañana… El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. (…) De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y en seguida su letra: ‘Yo te daré/ te daré, Patria hermosa/ te daré una cosa, una cosa que empieza con P… ¡Peróooon!’ Y aquel «Perón» retumbaba periódicamente como un cañonazo… Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba hacia la Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé a los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina «invisible» que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista.»
Leopoldo Marechal, en A. Andrés, Palabras con Leopoldo Marechal.

El 17 de octubre de 1945 en Plaza de Mayo. El escritor forjista Raúl Scalabríni Ortiz relató de este modo los sucesos de ese día: «Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en las densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de la usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, el tejedor, la hilandera y el empleado de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevada.

Era el cimiento básico de la Nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Lo que y o había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso […]. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación.»

«El 17 de octubre yo estaba en mi casa en Santos Lugares, cuando se produjo aquel profundo acontecimiento. No había diarios, no había teléfonos ni transportes, el silencio era un silencio profundo, un silencio de muerte. Y yo pensé para mí, esto es realmente una revolución. Era la primera vez en mi vida que yo asistía a un hecho semejante. Por supuesto, había leído sobre revoluciones. Tenemos en general una idea literaria y escolar de lo que es una convulsión de esa naturaleza. Pero es una idea literaria, sobre todo en este país, donde la gente ilustrada se formó leyendo libros preferentemente en francés. Y, todavía hoy, ve con enorme simpatía, cada vez que llega el 14 de julio, en las vitrinas de la Embajada francesa, en la calle Santa Fe, un descamisado tricolor tocando un bombo, rodeado por otros descamisados que vociferan y llevan trapos y banderas.

Todo esto le parece muy lindo y hasta de buen gusto, porque está en la avenida Santa Fe, sin comprender que esos hombres allí representados eran precisamente descamisados, y que esa revolución —como todas, por otra parte— fue sucia y estrepitosa, obra de hombres en alpargatas, que golpeaban bombos y que seguramente también orinaron (como los descamisados de Perón en la Plaza de Mayo), en alguna plaza histórica de Francia. No veo que haya en esto nada merecedor de la sonrisa o la ironía. A mí me conmueve el recuerdo de aquellos hombres y mujeres que habían convergido sobre la Plaza de Mayo, desde Avellaneda y Berisso, desde sus fábricas, para ofrecer su sangre por Perón.»

Fuente Consultada
Historia Argentina y el mundo contemporáneo Alonso/Elisalde/Vázquez
Sociedad , Espacio y Cultura Siglo XX La Argentina en América y el Mundo Tobio/Pipkin/Scaltritti
Historia Argentina Luchilo/Romano/Paz

Bloqueo Anglo Francés al Puerto de Bs.As. Intervencion Britanica

Bloqueo Anglo Francés al Puerto de Bs.As.

Desarrollo Campaña a ChileDesarrollo Campaña al PerúCronología de San MartínSan Martín y el Bloqueo

La intervención de Gran Bretaña y Francia
A partir de 1842 se reanudó un conflicto interno en la banda oriental, y Rosas intervino apoyando a uno de los bandos. Esta decisión del gobernador de Buenos Aires provocó la reacción de Francia y de Gran Bretaña y la decisión de una intervención conjunta en el Río de la Plata.

Para Gran Bretaña, la posibilidad de una acción coordinada entre la Banda Oriental y Buenos Aires significaba la anulación de la división política en el Río de la Plata — impuesta por su mediación con la creación, en 1828, de la República Oriental del Uruguay como Estado independiente —.

Los intereses británicos se veían gravemente amenazados por el peligro de una política conjunta de los dos países que controlaban el comercio y la navegación en el río de la Plata.

Los intereses de los comerciantes ingleses en Montevideo y en Buenos Aires no eran los mismos. Pero los dos grupos se beneficiaban con la navegación pacífica del río de la Plata y con la apertura de los ríos interiores (el Paraná y el Uruguay) al comercio internacional.

En esta oportunidad, también Brasil intervino en el conflicto a favor de sus propios intereses. A mediados de 1844 propuso a Gran Bretaña una acción conjunta contra Buenos Aires para eliminar la influencia argentina en la Banda Oriental y establecer la apertura de la navegación de los ríos interiores. Esta apertura era necesaria, declaraba, para poner fin al aislamiento del Paraguay.

Finalmente, el gobierno inglés decidió intervenir con el objetivo de lograr libre navegación de los ríos y mantener el equilibrio rioplatense se frente a las pretensiones de incorporar la Banda Oriental al sistema rosista. Además, la larga duración de la crisis oriental comprometía la estabilidad económica de la región y perjudicaba a los sectores mercantiles extranjeros y locales. Francia aceptó intervenir limitando sus objetivos — según declaró — a la defensa de la independencia oriental frente a la intervención argentina.

En abril de 1845, naves inglesas y francesas bloquearon el puerto de Buenos Aires. El caudillo oriental Manuel Oribe — con el apoyo de Rosas — mantenía sitiada la ciudad de Montevideo por tierra y, desde 1843, Buenos Aires sitiaba por el río las costas de la Banda Oriental. Pero las naves inglesas desconocían el bloqueo de las naves porteñas y permitían el aprovisionamiento de Montevideo.

A mediados de 1845 y después de un ultimátum, las fuerzas navales británicas y francesas «robaron a la escuadra argentina»: la capturaron y la obligaron fondear en el puerto de Buenos Aires. Meses más tarde se propusieron remontar el río Paraná, para poner en práctica el objetivo de la libre navegación de los ríos interiores. Rosas no estaba dispuesto a permitirlo y preparó la defensa, que resultó heroica.

En la Vuelta de Obligado sobre el río Paraná, el 20 de noviembre de 1845, en una larga batalla en la que sufrieron numerosas pérdidas materiales y humanas, las fuerzas militares y navales porteñas intentaron impedir el paso  de las naves extranjeras.


En febrero de 1845, el comisionado brasileño ante las cortes de Londres y París —el vizconde de Abrantes— informó a la corte de Río de Janeiro los propósitos secretos de la intervención anglo-francesa en el Río de la Plata. Según le había informado el ministro francés Guizot, los propósitos eran:

1) convertir a Montevideo en «factoría comercial para las potencias marítimas»;
2) obligar a la «libre navegación» del Plata y sus afluentes;
3) independizar Entre Ríos y Corrientes «si sus habitantes lo quisiesen»;
4) fijar los límites del Estado Oriental, Paraguay y el Nuevo Estado de la Mesopotamia «con prescindencia del Brasil»;
5) conservar el Estado de cosas en el resto de la Confederación «si Rosas accediera a la razón sin recurrir a las armas» o diese libertad de comercio.

En caso contrarío, levantar contra él a las fuerzas locales adversarias suficientes para obrar apoyados por las fuerzas navales y poner en Buenos Aires un gobierno «que dé muestras de amistad hacia Europa».

EL BLOQUEO SEGÚN OPINIÓN DE SAN MARTÍN EN UNA CARTA DIRIGIDA A DICKSON

(…) No creo oportuno entrar a investigar la justicia o injusticia de la citada intervención como tampoco los perjuicios que de ella resultarán a los subditos de ambas naciones con la absoluta paralización de sus relaciones comerciales, igualmente que de la alarma y desconfianza que naturalmente habrá producido en los nuevos estados sudamericanos la injerencia de dos naciones europeas, en sus contiendas interiores; sólo me ceñiré a demostrar si los dos estados interventores conseguirán por los medios coercitivos que… han empleado, el objeto que se han propuesto.

Es decir, la pacificación de las riberas del Plata; según mi íntima convicción, desde ahora diré a Ud., no lo conseguirán; por el contrario, la marcha seguida… no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que tratan de evitar…

Me explicaré… Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y resto de las demás provincias interiores, y aunque no dudo que en la capital tenga un gran número de enemigos personales, estoy convencido que, bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero… la totalidad se le unirán y tomarán una parte activa en la contienda…

Si las dos potencias en cuestión quieren llevarmás adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que… se apoderen de Buenos Aires (sin embargo que la toma de una ciudad decidida a defenderse, es una de las operaciones más difíciles de la guerra), pero aun en este caso estoy convencido, que no podrían sostenerse por mucho tiempo en la capital…

El primer alimento o por mejor decir el único, del pueblo, es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea, la que correría tanto mas peligro, cuanto mayor fuese su número…

En conclusión, con siete y ocho mil hombres de caballería… fuerza que con gran facilidad puede mantener el General Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres, salga a más de treinta leguas de la capital, sin exponerse a una ruina completa por falta de recursos; tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará, a menos (como es de esperar) que el nuevo ministro inglés, no cambie la política seguida por el precedente.

JOSÉ DE SAN MARTÍN,
FRAGMENTO DE LA CARTA
QUE LE DIRIGIÓ A JORGE DICKSON
FORMULANDO SU OPINIÓN
SOBRE EL BLOQUEO ANGLO-FRANCÉS
AL RIO DE LA PLATA.