Exilio de Perón La Resitencia Peronista en Argentina Rucci-Lanusse



Exilio de Perón- La Resitencia Peronista en Argentina
Rucci-Lanusse

Así, sin aparatosidad, se comienza por detener a los dirigentes obreros y políticos peronistas visualizados como más peligrosos para el nuevo régimen, y por separar del Ejército a los oficiales que se supone adictos a Perón. Sin embargo, basados en promesas globales, los dirigentes sindicales procuran no romper el statu-quo establecido con el gobierno. Este juego de expectativas dura hasta que las fuerzas antiperonistas consolidan un plan de destrucción de la CGT.peron

A fines de octubre se lanza el decreto de caducidad de autoridades de la central obrera y se nombran veedores que controlarían en todos los sindicatos un «proceso electoral libre».

Frente al ataque directo al aparato sindical, Andrés Framini, dirigente textil y Luis Natalini, de Luz y Fuerza, a cargo del secretariado de la CGT, llaman a la primer huelga contra la dictadura. La huelga del 2 de noviembre tiene consecuencias inmediatas: la negociación directa entre el régimen y estos dirigentes, donde se logran algunos puntos de acuerdo.

De inmediato Natalini y Framini empiezan a movilizarse para levantar el paro; pese a esto en numerosos sectores la huelga continúa, rebasando una vez más la base peronista a los dirigentes acuerdistas. Este antecedente de la caída de Lonardi y su sustitución en la presidencia por Pedro Eugenio Aramburu es el prólogo a la intervención militar de la CGT el 16 de noviembre de 1955.

Allí se inicia un proceso de clausura de sindicatos y centros políticos peronistas, detenciones masivas y despido de miles de delegados sindicales. Comienza a estructurarse de aquí en más un proceso de «resistencia» al régimen que adquirirá todas las formas posibles: terrorismo, sindicatos clandestinos, guerrilla, negociación, revoluciones cívico-militares, etc. El panorama represivo se acentúa en pocos meses y culmina con los tristemente célebres fusilamientos del 9 de junio de 1956 en que se reprime sangrientamente el intento revolucionario del general Valle y núcleos cívico-militares peronistas.

Hay una síntesis necesaria para el período que va desde 1955 hasta nuestros días: el régimen varía su táctica hacia el movimiento peronista alternando entre los esfuerzos por integrarlo al sistema (lonardismo, frondicismolanussismo) y las conductas claramente represivas (Aramburu, Guido, Onganía, etc.). Frente a estas tácticas del sistema afloran las propias contradicciones internas del movimiento peronista, encarnadas en los sectores que siguen expresando los intereses encontrados de la burguesía y pequeña burguesía y tos de la clase obrera. Estos intereses contradictorios que se expresan en tácticas políticas antagónicas reconocen la caracterización siguiente.

En primer término, puede reconocerse una expresión conciliacionista dentro del movimiento que representa los intereses directos de la burguesía. Este sector, que pugna permanente mente por conciliar los planteos del peronismo para finalmente integrarlo —domesticado— al juego del régimen, se vehiculiza a través de distintas tácticas no divorciadas entre si: el golpismo, que recluta sus adherentes en grupos de sindicalistas, dirigentes políticos y viejos sectores militares expulsados de las Fuerzas Armadas en el 55.

En conjunto especulan con algún golpe militar promovido por los sectores nacionalistas o desarrollistas del ejército para negociar con ellos un nuevo pacto dentro del juego del sistema, de modo que les permita participar sin trabas de los resortes del poder formal.

lanusseEsta postura de ningún modo está divorciada de un segundo sector que representa la tradición negociadora de la burocracia sindical del movimiento, que en sus distintas variantes está enquistado en los órganos formales de dirección obrera, y que con frecuencia se suma a la estrategia integracionista.

Este sector mayoritario de dirigentes sindicales juega distintas variantes simultáneas que alterna en coyunturas que estima favorables (apoyo vacilante a Illia, aplauso a la dictadura de Onganía, expectativa favorable frente a Lanusse, etc.) confiando en salidas a corto plazo —por elecciones o por golpe— que permitan mantener las posiciones, manipular la agitación de las bases y coparticipar en la estructura de poder jugando el papel de oposición.



Las diferencias existentes entre un electoratista, un participacionista o un golpista son variantes de este fin último. Por último la expresión electoralista que se hace presente a través de los viejos dirigentes del movimiento —la burocracia política— que carecen de toda base de sustentación propia y que pugna permanentemente por integrar al peronismo «institucionalizando» al movimiento. Posiblemente este sector es, dentro del conciliacionismo peronista, el más débil y también el políticamente más cercano a la concepción demo-liberal.

Junto a esta expresión de lo que hemos llamado el «conciliacionismo peronista» se encuentran una serie de sectores que implican tácticas variadas y que se reconoce como el «peronismo ortodoxo» o «combativo». Los planteos de estos sectores se nutren permanentemente de la oposición y crítica al conciliacionismo. Aunque sus planteos llevan a la verbalización de posturas «duras» frente al sistema al que cuestionan y a adoptar siempre en el plano de lo verbal, posturas socialistas, su accionar está muchas veces asociado a los planteos del conciliacionismo cuyos marcos no consigue superar. En alguna medida, para muchos de los dirigentes «ortodoxos» el paso por esta expresión representa un escalón hacia la posterior integración en el conciliacionismo.

El «combativismo» representa a grupos de la pequeña burguesía —grupos juveniles, estudiantiles— listas opositoras al conciliacionismo en los grandes sindicatos y dirigentes de organizaciones sindicales pequeñas.
Sus postulaciones, oscilantes según la coyuntura, pasan por las posiciones más contradictorias: la asunción verbal de la lucha armada contra el sistema; la adhesión al golpe nacional; la insurrección popular, el trabajo de organización sindical, etc.

De la experiencia de triunfos parciales y derrotas dolorosas, de la resistencia armada a la dictadura de 1955, de las enseñanzas de la lucha en otros países latinoamericanos y fundamentalmente de la comprensión de que sin la organización de la clase obrera peronista para la toma del poder no hay salida en el enfrentamiento con el sistema, se perfila un sector que intenta definir una política diferenciada que permita superar la debilidad de los representantes de la burguesía y pequeña burguesía del movimiento.

Este sector, que abarca desde la guerrilla peronista hasta los sectores de activistas políticos y sindicales de base, surgidos de la experiencia concreta de la clase trabajadora, significan una propuesta de profundización revolucionaria nueva para el movimiento, en tanto postulan —a veces con distintas tácticas— una alternativa política revolucionaria.

Esta opción se traduce en la práctica que estos grupos se proponen, marginándose del juego del sistema dentro del movimiento, oponiéndose frontalmente al conciliacionismo y planteándose la creación de estructuras de lucha propias de la clase obrera.

En una declaración aparecida a fines de 1971 en que define su planteo una de las organizaciones guerrilleras peronistas «, afirma al respecto: «…la complicidad criminal de los traidores de nuestro Movimiento con el proyecto imperialista no es casual ni nos sorprende.

rucci miguelEl forcejeo de Paladino o del que venga, en la mesa donde se cocina el fraude, la competencia entre Miguel y Rucci para jugar el aparato sindical, ya sea tras la consolidación del Gran Acuerdo Nacional o un golpe desarrollista de recambio, las trenzas de Jorge Antonio para inventar militares peruanos que nos vengan a salvar, no obedecen, como algunos chantas nos quieren hacer creer, a la diversidad táctica que debe tener el pueblo peronista frente al régimen.

Son, en cambio, la expresión consecuente en el Movimiento de la política y la ideología de las clases dominantes. «Esta vez, como a lo largo de toda nuestra experiencia, intentan cercar a Perón para integrar a la clase obrera en el sistema. Unos y otros ven frustradas sus esperanzas porque, en la resistencia de Perón a jugar al Movimiento detrás del acuerdo o la conspiración, está la presencia viva y combativa de la clase obrera peronista. . .

«Poco a poco empezamos a construir nuevas herramientas, rescatando de la experiencia del Movimiento lo que nos pertenecía sólo a nosotros: El heroísmo de la Resistencia, las jornadas del frigorífico Lisandro de la Torre, la decisión de los Uturuncos, el intento organizativo de Movimiento Revolucionario Peronista en el 64, la creación de la CGT de los Argentinos, la convicción revolucionaria que nos llevó a Taco Rato. Y estuvimos en las calles de Córdoba y Rosario, una y otra vez, levantando barricadas, haciendo retroceder a la policía, obligando a salir al Ejército, pero también viendo caer a los nuestros desarmados».



«Fueron años de aprendizaje. Leales a Perón, nos vimos cara a cara con el enemigo, comprendiendo que para superar las contradicciones internas del Movimiento, para dejar de ser usados ante el régimen por los burócratas, los traidores, los reformistas, debíamos darle armas a nuestra bronca, organización a nuestro coraje, estrategia a nuestra confianza. Debíamos desarrollar y profundizar nuestro proceso revolucionario» [. . .] «Hoy, frente al proyecto del imperialismo, frente a la política de la dictadura militar, no nos confunde la cínica sonrisa de Lanusse, no nos intimida el terror de los generales del imperialismo y menos nos van a frenar las maniobras de los Paladino, los Rucci, los Miguel o los Jorge Antonio» [. . .]

El objetivo de estas nuevas agrupaciones, centrado en la estrategia de ia guerra popular, es la unión de las agrupaciones de base con las organizaciones político-militares «que nos permita ir desgastando, debilitando al enemigo, al tiempo que irnos fortaleciendo al desarrollar conjuntamente la alternativa independiente de nuestra clase y el pueblo peronista, plenamente conscientes que sólo con nuestras armas y sobre nuestros hombros —los de los trabajadores— irá naciendo, iremos construyendo el Ejército del Pueblo como única garantía para desarrollar consecuentemente el proceso de liberación que culmine con la construcción de una patria justa, libre y soberana, una patria socialista».

El papel de Perón en torno a esta contradicción y al sistema, es claro; con su accionar uniendo a los sectores del movimiento permanentemente en torno a su política, imprime al mismo una orientación antiimperialista mientras mantiene un jaqueo constante al sistema que impide, junto a las condiciones objetivas de la estructura capitalista dependiente de la Argentina, en última instancia, que el mismo se estabilice integrando a la clase obrera peronista.

Esta política que refleja los antagonismos del movimiento, evidentemente tenderá a ser cada ve: más pronunciada, pasando del jaqueo a la destrucción del sistema, en tanto la clase obrera geste las organizaciones que permitan a Perón enfrentarlo en una batalla final. La historia de estos últimos años parece confirmar una marcha ascendente en este sentido.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

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