Carta Napoleón a Su Amada

Biografia de Talleyrand Charles Politico y Diplomatico Resumen

Biografía de Talleyrand Charles
Político y Diplomático Francés

Charles Maurice de Talleyrand nació el 2 de febrero de 1754. De familia aristocrática, de poca habilidad para la carrera militar, pero destacado en la política de Francia a partir de la Revolución Francesa en 1789, cuando participó en los Estados Generales, como representación del clero. Defensor de la nacionalización de los bienes eclesiásticos, fue excomulgado y a partir de entonces comenzó su carrera de gran diplomático.

Con el nombramiento de Napoleón como Empereur des Français, Talleyrand adquiere unas cuotas de poder y de riqueza inimaginables. Desempeñó un papel decisivo en el Congreso de Viena de 1815. Se mostró a favor de los Orleáns durante la revolución de 1830, y con Luis Felipe siguió desarrollando una habilidad extrema hasta su muerte

charles talleyrand politico

Charles-Maurice fue el segundo de los hijos de los condes de Talleyrand, pero la muerte de su hermano mayor, acaecida poco después de su nacimiento, le dio el derecho de primogenitura; su vida, por tanto, había de ser destinada al servicio de las armas. No obstante, antes de cumplir los cuatro años, Charles-Maurice sufrió un grave accidente: confiado a una nodriza, que le criaba en los alrededores de París, cayó de una cómoda y se dislocó un pie; a falta de los cuidados necesarios, el pie creció deformado y se convirtió en un accidente irreparable que habría de tener una importancia capital para el resto de su vida: puesto que su desgracia física le impediría la dedicación a las armas, sus padres decidieron que el niño seguiría la carrera eclesiástica.

Después de pasar una temporada en casa de su bisabuela, la princesa de Chaláis, Charles-Maurice fue internado a los seis años en el colegio de Harcourt; el celo religioso que caracterizaba a esta institución no despertaría ninguna inclinación religiosa en él; por ello, cuando cumplió los quince años sus padres le mandaron a Reims, en donde pasó un año como ayudante de su tío Alexandre, coadjutor de aquella diócesis; la intención de su familia era la de acercarlo a un clima propicio que estimulara su vocación religiosa.

En cualquier caso su carrera ya estaba decidida, y en 1770 ingresó en el seminario de Saint-Sulpice, donde pasaría cinco años, largos y tristes, como más tarde confesaría, y sin que en ningún momento se manifestara su vocación religiosa.

Talleyrand nunca sintió la vocación religiosa; ya poco antes de ingresar en el seminario había dicho a un amigo que si sus padres le forzaban a ser cura harían de él un ser espantoso; pero que se arrepentirían de ello. De este modo la vida inmoral y disoluta a que se entregó tan pronto como pudo abandonar el seminario era tanto consecuencia de su falta de vocación, como de una actitud compulsiva que buscaba la revancha por sus sufrimientos.

En 1788, encontrándose su pdre cerca de la muerte, pidió a Luis XVI que concediera, como una última gracia, la sede episcopal a su hijo. El rey transigió por fin y en noviembre de 1788 Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord fue nombrado obispo de Autun, pero en 1791 al ser elegido en administrador para el departamento de París, encontró el pretexto que buscaba para dimitir como obispo de Autun.

Convertido en alto funcionario de estado tenía sin embargo bloqueado el ascenso al gobierno por ser miembro diputado de la Asamblea. Monárquico de corazón, cifraba sus ideales de gobierno en una monarquía constitucional. Talleyrad temía a la Revolución y sus consecuencias; pero había comprendido que la mejor manera de defender los derechos de la aristocracia a que pertenecían pasaba por el camino de las reformas y no por el absolutismo realista sin concesiones.

A finales de 1792, tras descubrirse el archivo secreto de Luis XVI, se encontró la correspondencia que Talleyrand había mantenido con él en 1791, y en la cual le había ofrecido sus servicios. Fue entonces acusado oficialmente de traición no pudiendo regresar a Francia, embarcó en marzo para los Estados Unidos, pudiendo regresar a Francia en 1796 gracias a las gestiones de su amiga madame Staél.

En julio de 1797 fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores. Sus ideas sobre política exterior se orientaban entonces hacia una doble alternativa: restablecer la paz en Europa por un lado, y por otro, encauzar el expansionismo francés.

Cuando Napoleón regresó a París en octubre de 1799, Talleyrand fue rápidamente a verle, colaboró con él en las semanas que precedieron al 18 Brumario y al cabo de pocas semanas, volvía al ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyrand vivía inmerso en su trabajo: por las mañanas despachaba asuntos en su ministerio y por la tarde atendía a las representaciones diplomáticas. Sus ocios los dedicaba al whist y su insaciable afán de dinero le llevaba a especular muy a menudo en la bolsa. Las relaciones con su esposa, Catherine Grand casados solo por civil, eran poco menos que frías y consideraba su matrimonio como un fracaso.

Políticamente nunca logró imponer a Napoleón su política de «pacificación» consistente en una inversión de las tradicionales alianzas que Francia había mantenido hasta entonces, para él era necesario aliarse con Austria —país que debía desempeñar un papel de estado-tampón cara al expansionismo de Rusia y Prusia— y conseguir la neutralidad de Inglaterra.

Economicamente a lo largo de su carrera Talleyrand procuró sacar beneficio de todas partes; todo para él fue negociable en términos de dinero y susceptible de acrecentar su fortuna. De todos los tratados y acuerdos que se firmaron siendo él ministro sacó partido: grandes sumas de dinero que recibía de las naciones obligadas a negociar con Francia y que él llamaba golosinas. Su inmensa fortuna le permitió comprar, ya en 1803, el castillo de Valencay junto con una propiedad aneja de una extensión de más de 19.000 hectáreas.

En 1807 Napoleón le concedió el cargo de «gran dignatario» a que aspiraba, nombrándole vice-gran elector del Imperio, pero a cambio Talleyrand tuvo que renunciar a su ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyran jugó un papel de «amor y odio» hacia el emperador, y hasta se entrevistó con Fouché, jefe de la policía, con vistas a articular un posible complot contra Napoleón.

Como éste se entera muy parcialmente de sus propósitos y destituye a Talleyrand de su dignidad de gran chambelán del Imperio, aunque no de su cargo de vice-gran elector, por lo que Talleyrand ofreció sus servicios a Austria, y cuando este país reanudó la guerra contra Francia, el príncipe de Benavente le suministró información militar secreta.

Luego de la fracasada campaña a Rusia, organiza la trama política para desembarazarse del emperador, y se constituye como el futuro arbitro de la situación política, que podría orientar de acuerdo con sus ambiciones y con sus ideas. Cuando en marzo de 1814 los aliados entraron en París, Talleyrand tuvo en sus manos las mejores posibilidades para dominar la situación y encauzarla de acuerdo con sus proyectos: único interlocutor válido para los vencedores, se convirtió en el estadista que podía tender un puente entre la liquidación del Imperio y la restauración monárquica.

Por su propia cuenta negoció con los aliados las condiciones del armisticio, que más tarde se verían reflejadas en la Paz de París, donde Francia renunciaba a las conquistas del Imperio y retornaba a sus fronteras de 1792.

Talleyrand se sentía más que satisfecho: tras haber sido depuesto Napoleón y haber aparecido como el principal artífice de la Restauración, el camino para convertirse en el gran estadista que siempre había ambicionado ser estaba ya abierto y en parte ya había empezado a recorrerlo.

Por otra parte, y a pesar de algunos reproches, estaba igualmente satisfecho por el resultado de las negociaciones del armisticio: había conseguido aplacar el espíritu de revancha que animaba a algunos de los vencedores, y de este modo, tan sólo seis semanas después del regreso de Luis XVIII, Francia tenía asegurada la integridad de su territorio y los ejércitos aliados ya habían abandonado el país; con lo cual conservaba las manos libres para futuras negociaciones.

El nuevo rey le concedió de nuevo su antigua dignidad de gran chambelán, y a pesar de su manifiesta antipatía, le nombró secretario de Estado para Asuntos Exteriores.

Con la Restauración empieza la etapa política más importante en la vida de Talleyrand, la que había de confirmarle como un gran estadista y convertirle en una de las figuras de la diplomacia europea del sigloXIX.

Su oportunismo político, su ambición y su venalidad no pueden ocultar la coherencia de sus puntos de vista políticos: Talleyrand se sintió siempre continuador de la política exterior del Antiguo Régimen, y supo recoger en su experiencia la centenaria tradición de los Valois y los Borbones.

Mediante lo que él calificaba de politique de la mesure o de politique de la sagesse («todo lo que es exagerado es insignificante»), trató de apoyar siempre su diplomacia sobre una idea básica: la de mantener las «fronteras naturales» de Francia, las que poseía con anterioridad a 1792 y que habían sido sancionadas por ocho siglos de historia.

El otro principio básico de su estrategia diplomática se orientaba hacia la construcción de una Europa conservadora, basada en una alianza de Francia con Austria e Inglaterra, en oposición al expansionismo de Prusia y Rusia.

la restauracion de 1815 en europa

Gracias a la habilidad diplomática de Talleyrand, en el Congreso de Viena Francia, que había acudido a él como una-potencia derrotada, consiguió entrar a formar parte de las grandes potencias europeas y romper su aislamiento.

En el Congreso de Viena Talleyrand había de poner en juego su enorme talento negociador y su gran experiencia diplomática. Al llegar a la capital austríaca, acompañado por su sobrina, la condesa Edmond de Périgord, a la que había de convertir en su amante (por esta época Talleyrand ya se había separado de su esposa), alquiló un lujoso palacio y dio fiestas y recepciones muy suntuosas, lo cual formaba parte de su juego diplomático.

Su gran habilidad diplomática había de conseguir que Francia, que acudió al Congreso de Viena como una potencia derrotada, entrara a formar parte en el concierto de las grandes potencias europeas y rompiera su aislamiento. Para conseguir esto Talleyrand utilizó el apoyo que a Francia prestaron los pequeños estados, con un nacionalismo y incipiente, y que se oponían a la política de reparto de Austria, Inglaterra, Prusia y Rusia.

En la primavera de 1816 Talleyrand, que a la sazón contaba sesenta y dos años, partió para Valencay, dispuesto a gozar de su vida privada, de sus inmensas riquezas y de la compañía de la joven condesa Edmond de Périgord, futura duquesa de Dino.

En su retiro decidió entonces escribir sus memorias, con la intención de que no se publicasen hasta treinta años después de su muerte. Un hombre que había dedicado su vida a la diplomacia no podía por menos que escribir unas memorias diplomáticas. Talleyrand, además, siempre se había mostrado preocupado por la imagen que de sí mismo legaría a la posteridad.

En 1821, y a pesar de lo que se había prometido a sí mismo unos años antes, decidió volver a la política. Aunque esta vez lo hizo por abajo, ligándose a la oposición liberal en la Cámara de los Pares, pero luego de varios años como diplomatico francés se apartó definitivamente de la política y en 1834, al regresar de Londres, prsentó su dimisión.

Más tarde, en octubre de 1836, dio a conocer lo que él llamó «su manifiesto», en el que negaba que hubiera sido infiel —en el fondo de su alma— a la religión católica. La hora de su reconciliación con la Iglesia se acercaba.

El 17 de mayo de 1838 murió en París, después de haber firmado un acta de retractación y serle administrados los últimos sacramentos.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Charles Maurice Talleyrand – Editorial Planeta

 

 

 

 

Biografía de José Martí Poeta y Politico Cubano Resumen

Biografía de José Martí Poeta y Politico Cubano – Resumen

José Julián Martí (1853-1895), político y escritor cubano, máximo símbolo de las aspiraciones cubanas de independencia y destacado representante de la literatura hispanoamericana.

Fue también un gran orador, periodista y adalid de la emancipación de Cuba, nació en La Habana el 28 de enero de 1853; fueron sus padres: Mariano Martí Navarro, valenciano, que desempeñaba un cargo militar de inferior categoría y Leonor Pérez Cabrera, natural de la isla de Tenerife.

Sus padres no pudieron, por falta de recursos, proporcionarle estudios amplios, pero José Martí demostró desde sus primeros años una inteligencia poderosa y gran aplicación y aprovechamiento.

Jose Marti

Paradigma del sentimiento independentista cubano, confluyeron en José Julián Martí el activismo revolucionario de los sectores nacionalistas y una profunda inquietud creativa. La síntesis de ambas actitudes proporcionaron a Cuba uno de los mayores exponentes de su historia política y de su literatura nacional, precursor de la independencia de su patria, por la que dio la vida, y brillante representante del modernismo literario latinoamericano.

Gracias a los auxilios de un amigo poeta llamado Ramón María de Mendive suyo pudo matricularse y costearse los estudios en el Instituto. Desde muy joven se manifestaron sus aficiones poéticas y al periodismo.

Mendive aparece en el camino de Martí providencialmente. No intenta moldearlo, sino que le empuja y ayuda cuando niño y mientras se convierte en hombre.

Martí lo reconocerá después: «Si me siento con fuerzas para ser verdaderamente un hombre, a usted se lo debo, y de usted, y sólo de usted es cuanto de bueno y cariñoso tengo.»

Termina los estudios primarios y Mendive se ofrece para costearle los estudios secundarios. Por esos mismos días las autoridades españolas exoneran de su empleo al padre. En la familia nacen los conflictos.

El maestro Mendive aparece complicado en un suceso revolucionario y Martí escribe un poema que se publica bajo el título Patria Libre, en un periódico de La Habana, el 23 de enero de 1869. El 4 de abril de 1870 es detenido y condenado a seis años de prisión. Tenía dieciséis años.

Liberado, viaja a España con la intención de hacer conocer al pueblo español la situación cubana. Vivía en Madrid con el producto de unas lecciones particulares, hasta que llegó allí, en condiciones similares a las suyas pero con dinero, su amigo Valdez Domínguez. Puede entregarse nuevamente a los estudios; escribe folletos y pronuncia discursos.

Al estallar en 1868 la insurrección iniciada en Yara se sintió atraído por la causa de la independencia. En 1869, o sea, cuando sólo contaba diecisiete años de edad, una carta suya comprometedora, motivó su procesamiento y comparecencia ante un Consejo de Guerra, donde el fiscal solicitó la imposición de la pena de muerte, pero sólo se le impusieron seis años de prisión, siendo luego deportado a la isla de Pinos, y después a España.

Residió en Madrid, pasando graves apuros económicos, hasta que la protección de un nuevo deportado, amigo suyo, le permitió seguir estudios en la Universidad de Zaragoza, donde en junio de 1873 se graduó en Derecho y en septiembre siguiente lo hizo en Filosofía y Letras.

En 1871 había publicado en Madrid su célebre folleto El presidio político en Cuba, en el que hacía una verdadera profesión de fe en sus ideales de emancipación de Cuba. Proclamada la República en España en 1873, escribió el folleto titulado La República española ante la revolución cubana, en el que pedía la independencia de su país, entregando el opúsculo al presidente del poder Ejecutivo don Estanislao Figueras.

Obsesionado cada vez más en sus convicciones, las defendió en fogosos discursos en la logia masónica «Armonía». Propagó también sus ideales en los periódicos madrileños El Jurado y La Discusión y también en el Diario de Avisos de Zaragoza. En 1874 pudo salir de España, pasando a México, donde residió hasta 1877.

Allí desarrolló gran actividad intelectual como periodista, orador, poeta, conferenciante y dramaturgo, colaborando en la Revista Universal y estrenando la obra Amor con amor se paga. Pasó después a Guatemala, donde fue catedrático de Literatura en la Escuela Normal.

En este tiempo casó con Carmen Zayas Bazán, cubana como él, de cuyo matrimonio sólo nació un hijo. Firmada la paz de Zanjón, volvió Martí a Cuba, pero en agosto de 1879, complicado en un movimiento separatista, fue deportado a la Península, de la que huyó a Francia, pasando a Nueva York a principios de 1880, y allí formó parte de la Junta Revolucionaria encargada de organizar la rebeldía cubana.

Su primer proyecto de desembarco en Cuba, el Plan de Fernandina, no pudo llevarse a cabo al ser descubierto por las autoridades coloniales (1894).

El segundo intento, en cambio, tuvo éxito: por el Manifiesto de Monte Christi (1895), Martí y su partido proclamaron la rebelión de los patriotas cubanos contra España; luego desembarcaron Martí y los principales líderes exiliados en la provincia cubana de Oriente; y, reconocido ya como jefe supremo de la Revolución cubana, lanzó la ofensiva hacia el Oeste, con intención de arrebatar al ejército español el control de toda la isla.

El capitán general español recién llegado, Martínez Campos, trató de negociar un acuerdo con los insurrectos para evitar que se reavivara la lucha que él mismo había zanjado en 1878; pero Martí se mantuvo inasequible a sus invitaciones, dispuesto a luchar por la completa independencia de Cuba, con el respaldo de una gran parte de la población de la isla, descontenta con la situación colonial, y, eventualmente, con la ayuda de Estados Unidos, que soportaban mal la presencia de colonias españolas a pocos metros de sus costas.

Fracasado el intento, se trasladó a Caracas, volviendo al poco tiempo a Nueva York, donde se estableció definitivamente. Allí atendía a su subsistencia desempeñando distintos cometidos, pero siempre disponía de tiempo para atender a los ideales que constituían su obsesión.

Desempeñó en la capital norteamericana los consulados de la Argentina, Uruguay y Paraguay. A poco de iniciarse en Baire el alzamiento de Cuba (febrero de 1895) marchó a la isla uniéndose con Máximo Gómez, y poco después, en la acción de Dos Ríos, librada en 19 de mayo del mismo año, murió José Martí en un encuentro con la columna mandada por el coronel español José Jiménez de Sandoval.

Martí ha pasado a ser el principal exponente de la literatura cubana como precursor del modernismo. Destacó por su estilo sencillo y fluido, y por sus imágenes personales e intensas. Entre sus obras se encuentran numerosos poemas, ensayos y la mencionada novela aparecida en 1885

Rubén Darío, que le conoció y trató personalmente, hizo de Martí una cálida y elocuente semblanza. Cuba, con justificado orgullo, lo considera uno de sus más preclaros hijos.

Se dice que el hogar de Martí desaparece con la muerte del padre, en 1887. Doña Leonor se va a vivir con las hijas casadas y es entonces cuando a Martí le acosa el deseo de que su madre vaya a vivir con él, a los Estados Unidos. Por complacerlo, doña Leonor accede, viviendo un verano junto a él. Pero ella —según lo registra en sus cartas —no puede estar lejos de sus hijas y de sus nietos (ni seguramente, de Cuba). Regresa. Años después Martí aún intentará ver una vez más a su madre; pero no podrá lograrlo.

La obra literaria de José Martí, sus trabajos periodísticos (fundamentalmente su poesía), explican su trascendencia histórica. Las Bases Constitucionales son una pieza que obra como síntesis de su filosofía humanista, y por ella misma concretamente explicativa, en este orden:

1) Culto de los cubanos a la dignidad del hombre; la ley primera de la república.

2) Organización de la república sobre la base de la patria una, cordial y sagaz; que desde sus trabajos de preparación, y en cada uno de ellos, vaya disponiéndose para salvarse de los peligros internos y externos que la amenacen, y sustituir el desorden económico en que agoniza un sistema de hacienda pública por otro que abra al país inmediatamente a la actividad diversa de sus habitantes.

3) Articulación de los derechos inherentes a la libertad humana. «La libertad es la religión definitiva.»

4) Distribución equitativa de los productos de la asociación. Los hombres que trabajan han de vivir con decoro y descanso de su labor.

5) Acomodación de los elementos peculiares de la patria al fin humano del bienestar en el decoro, por métodos que convengan a su estado y puedan funcionar sin choque.

6) Extinción del pasado nocivo, y disposición del presente para un porvenir, confuso al principio, y seguro luego, por la administración justiciera y total de la libertad culta y trabajadora.

7) Preparación del hombre para la vida, por medio de la educación. En la escuela se ha de aprender él manejo de las fuerzas, indispensable en la lucha por la existencia. «Escuelas no debería decirse, sino talleres.»

8) Proscripción de la pena de muerte. A su entender, acaso sólo hay un delito que, por la extensión del mal, la justifique: el de deshonrar, o perturbar, las fuerzas útiles al rescate y purificación de un pueblo, porque es más bandolero quien roba honras que quien roba bolsas, y el más punible de los delitos es el que lastima o trata de oscurecer una fama o una pureza útil a la patria. ¡Llaman justicia a esa que mata! Justicia podría llamarse la que evita. El miedo del peligro futuro no apartará jamás a los hombres de la tentación de ceder al apetito presente.

9) Supremacía de la justicia. Sólo se salva y perdura lo justo. Es inútil esquivar los deberes de la equidad.

10) Observancia del deber de gobernar conforme a la virtud, por medio de las leyes que el pueblo da hechas, sin tomar el mandatario público, para sí y los suyos, lo que la nación le entrega en custodia y depósito. Obediencia, es el gobierno.

11) Sumisión de los instrumentos de fuerza del Estado a la autoridad de sus órganos jurídicos y morales. Y aquello de: «Lo que en el militar es virtud, en el gobernante es defecto.»

12) Adopción de las medidas encaminadas a la solución de los conflictos políticos y sociales ya presentes. Aplazar no es resolver. Si existe un mal, con permitir que se acumule no se remedia. El crimen, el crimen de permitirlo, trae siempre sangre.

Fuente Consulatada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
Protagonistas de la Historia – Editorial ESPASA – Entrada: José Martí

Los Últimos Días de Napoleón Prisionero en la Isla de Santa Elena

Los Últimos Días de Napoleón Prisionero en la Isla de Santa Elena

Una vez tuvo que admitir su derrota, y fue hecho prisionero deportándolo a otra isla, la de isla de Santa Elena, más bien un islote situado a 1.900 kilómetros de la costa africana más próxima, en el Atlántico Sur.

Sus vencedores le habían puesto una atenta guardia de un millar de soldados ingleses que le vigilaban constantemente.

Sin embargo, aunque muy contados, en Santa Elena hubo también franceses que no se separaron de él, incluidos algunos que ya le habían hecho compañía en Elba, como Henri-Gratien Bertrand, ex mariscal de Francia y amigo de Bonaparte desde 1798; y el conde Charles-Tristan de Montholon, aristócrata que se había hecho bonapartista y al que acompañaba en la isla su joven y hermosa esposa quien, al parecer, y con el visto bueno del conde, visitaba al ex Emperador en la intimidad, hasta el punto de que, según parece, llegaría a nacer en Santa Elena una niña a la que se habría bautizado con el nombre de Napoleone.

ultimos días de Napoleón

El que fuera emperador de Francia y terror de Europa, junto a sus acompañantes, tenía a su disposición para su descanso una enorme villa llamada Longwood House, de unas 23 habitaciones, pero muy sucia, abandonada e inhóspita.

Sin nada que hacer en todo el día, se entretenía dictando sus recuerdos (el luego famoso Memorial de Santa Elena) a un paciente conde de Las Cases.

Pero él mismo escribía a ratos otra clase de textos, como el de una novela a la que consiguió dar por finalizada y que tituló Clisson et Eugénie, basada en sus amores frustrados con aquella preciosa marsellesa llama da Desirée que acabaría casándose con su amigo Bernadotte.

También en la soledad de su isla-prisión volvió a sus viejas aficiones, como el estudio de las Matemáticas, Historia y Geografía.

Volvió así mismo a la lectura, su otro gran pasatiempo, releyendo los Evangelios, la Odisea y algún volumen del gran Corneille, autor que se sabía casi de memoria. Pero esta especie de vida bucólica relativa cambió drásticamente cuando, en abril de 1816, llegó a su isla-prisión un nuevo gobernador-carcelero, Hudson Lowe.

Obsesionado el nuevo responsable con la posibilidad de que, una vez más, Napoleón se escapara, el militar inglés endureció las condiciones de vida del prisionero, hasta el punto de que este estaba seguro de que Hudson lo estaba envenenando lentamente.

Después aparecerá en su vida, de nuevo, la amada hermana Paulina quien, sin arredrarse, escribirá a lord Liverpool solicitando el traslado de su hermano enfermo a un mejor clima, ya que «si nuestra petición es rechazada —advertía— será para él una sentencia de muerte».

Lo cierto fue que, desde marzo, el enfermo empeoró gravemente. Ante el cariz que tomaba la salud de Bonaparte, además del doctor Antomarchi. le trató el doctor Arnott, médico del 20 Regimiento, aunque ambos se encontraron con la cerrazón del ilustre enfermo a medicarse, pues no hacía más que repetir, fatalista, que «nuestra hora está marcada».

Lo cierto era que el Emperador se moría muy lentamente, tanto si se debía a un hipotético envenenamiento o a causa de una grave enfermedad.

Si se admitía lo segundo, muy grave debía ser el mal ya que el general Bonaparte falleció en Longwood el día 5 de mayo de 1821, coincidiendo su muerte con una jornada infernal en la que durísimos fenómenos atmosféricos se volcaron sobre Santa Elena, sobre todo una horrísona tempestad que pareció sumarse, escandalosamente, al adiós al Emperador de los franceses.

Entre los papeles encontrados al muerto estaba aquella parte de su testamento que hablaba de su deseo de descansar junto al Sena, y en medio del pueblo francés.

En este caso especialísimo, el último deseo del moribundo no seña aceptado, y el gobernador inglés puso el grito en el cielo ante semejante petición. Según éste, los restos de Napoleón habían de permanecer también en aquel islote del diablo.

Convencidos los partidarios de respetar el último deseo de Napoleón de lo inútil de sus súplicas, decidieron buscar un lugar adecuado en aquel islote ingrato digno de recibir los restos del corso.

Algunos recordaron uno de los pocos rincones agradables de la isla de Santa Elena, un escondido rincón del que manaba un agua cristalina que le había aliviado. mientras vivió allí, sus fuertes dolores de estómago. Todos estuvieron de acuerdo, y se procedió a su enterramiento. También le pareció aceptable a Hudson, y en medio de una solemne procesión, el ataúd del Emperador se dirigió al lugar elegido, descansando bajo los sauces.

Hasta 1840 estuvo allí la tumba de Napoleón, dentro de un féretro colocado en dos cajas de madera y aislado del exterior.

Tras la larga pesadilla, no sólo del Imperio sino de las grandes convulsiones de Francia desde 1789, al enterrar a Bonaparte, por fin respiraron tranquilos los monarcas europeos y las familias de la nobleza, no tan convencidos de su muerte real, a pesar de conocer la prisión sin posibilidad de escape en la que se encontraba el odiado advenedizo, sintiendo un latente terror supersticioso de que también del más allá pudiera regresar.

Cuando se corrió la noticia por todo el continente de que, en efecto, estaba muerto y bien muerto, aquellos celebraron el fin del Monstruo, el más suave apelativo con el que se referían en las cancillerías monárquicas al pequeño cadete de Ajaccio que los había hecho, en más de una ocasión, serviles lacayos o humillados aliados. Pero allí estaba el certificado de defunción extendido tras la autopsia y que estaba firmado por Shortt (oficial de sanidad), Arnott (cirujano del Regimiento número 20), Mitchell (cirujano de navío), Burton (médico del regimiento número 66) y Livingstone (cirujano al servicio de la Compañía de Indias). Apenas un mes antes de su muerte, el 15 de abril, había firmado su testamento que, entre otros apartados, decía:

«(…) Deseo que mis cenizas descansen a orillas del Sena, en medio del pueblo francés, que tanto he amado.

Recomiendo a mi hijo que no olvide nunca que ha nacido príncipe francés, y que no se preste jamás a servir de instrumento en manos de los triunviros que oprimen a los pueblos de Europa. Jamás debe combatir ni perjudicar de ningún modo a la Francia; debe adoptar mi divisa: «Todo para el pueblo francés»

Muero prematuramente, asesinado por la oligarquía inglesa y su sicario; el pueblo inglés no tardará en vengarme. (…)».

Puedes Bajar Las Máximas de Napoleón

Batalla Trafalgar

Batalla Waterloo

Fuente Consultada:
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado Kurt Benesch Editorial Circulo de Lectores
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel Editorial Thompson
Wikipedia

CARTA DE NAPOLEON A JOSEFINA SU AMADA Testimonios Historicos

CARTA DE NAPOLEÓN A JOSEFINA SU AMADA Testimonios Históricos

Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, contrajo matrimonio con Josefina de Beauharnais en 1796, y por quince años permaneció casado con ella, hasta que en 1810 él declara nulo su matrimonio. Con el paso del tiempo, luego del divorcio, Josefina fue poco a poco desarrollando un verdadero afecto por él. Esta carta fue escrita tres semanas antes de que Napoleón se volviera casar, esta vez con María Luisa de Austria.

Napoelon Bonaparte

21 deabrilde 1810

Mi amor, he recibido tu carta del 19 de abril, de muy mal estilo y gusto, por cierto. Yo sigo siendo el mismo. Personas como yo no cambian nunca. No se lo que Eugéne te ha dicho. No te he escrito porque tu no has escrito, y sólo deseo lo que resulte agradable para ti.

Supe, con gran placer que irás a Malmaison y que estás contenta. Me hará muy feliz recibir noticias tuyas así como darte noticias mías. No digo más nada hasta que compares esta carta con la tuya. Te dejo a ti juzgar quién es mejor o más grande amigo, si tú o yo.

Adiós mi amor, que estés bien y se solamente para ti y para mí.

Napoleón

Fuente Consultada: Correspondencias del Tiempo

Cartas Y Testimonios Historicos Carta de un soldado en Vietnam

Cartas y Testimonios Históricos
Carta de un Soldado en la Guerra de Vietnam

Querida Marilyn:

Antes de empezar esta carta quiero que me prometas olvidarla cuando la

 hayas leído, es que necesito hablar con alguien. Es posible que escribiendo sobre ello pueda comprenderlo un poco mejor.

Sé que no debería descargar en ti mis problemas, porque bien sabe Dios que no podrás darme una respuesta. Apuesto a que nadie en el mundo la tiene.

Me expresaré de acuerdo con mi temperamento, muy directamente, y me limitaré a los hechos.

Ayer maté a una niña de 8 ó 9 años, con la carita más dulce e inocente que nunca hayas visto con una granada repugnante en la mano.

Cuando yo y seis más íbamos en marcha, apareció ella para lanzarnos la granada. Siempre aparece la vieja alternativa de: «o ella o nosotros», pero ¿qué derecho tenía yo por todos los demonios para matar a una niña? Todo lo que puedo hacer es pedirle a Dios que me perdone, porque yo mismo no me puedo perdonar.

Parece tan absurda a veces esta maldita guerra. Puedo matar a un hombre y no sentir preocupación alguna, pero ¿matar a una niña que ni siquiera ha aprendido a distinguir entre el bien del mal? No hay hombre que tenga ese derecho, o ese deber, o como quieras llamarlo.

No tardaré mucho en largarme de aquí, pero hasta el último día de mi vida seguiré siendo incapaz de justificar esto. Realmente me pregunto qué especie de hombre, o mejor de animal, he resultado ser. Sé que Dios me perdonará, pero el caso es que yo he de vivir esta culpa conmigo.

Supongo que ésta no es la carta que esperabas de un sargento curtido y experimentado, pero hasta nosotros tenemos sentimientos. Por favor, no me malinterpretes: ahora mismo me siento amargado, dolido, y tan insoportablemente confundido que ya no se que pensar. Tú solamente acompáñame, y un día de estos volveré a ser yo mismo; por lo menos eso espero.

Una de las cosas en que siempre he creído eran los niños. Me encantan todos los niños. Pero, ¿cómo podré volver a decirlo?.

Creo que ya te he hablado mucho por ahora. Gracias por escucharme.

Dusty.

Cartas Historicas Testimonios Historicos Darwin escribe a Wallace

Cartas Historicas, Testimonios Historicos: Darwin Escribe a Wallace

En esta carta Darwin cuenta a su colega Alfred R. Wallace parte de la teoría que luego aparecerían publicadas en 1 871 en el origen del hombre y la selección sexual.

Febrero26 de 1867.

carta de darwin a wallaceMi estimado Wallace:

Bates ha estado en lo correcto; tú eres el hombre a quien recurrir ante una dificultad. Nunca escuché nada más ingenioso que tu sugerencia, y espero que puedas probar que es cierta.

Es un espléndido caso el de las mariposas blancas; templa la sangre de uno al ver que una teoría está a punto de ser cierta. Respecto a la belleza de las mariposas hembras, debo pensar que se debe a una selección sexual.

Hay cierta evidencia que las del tipo Dragón, son atraídas por las de colores brillantes, pero lo que me lleva a mí a tal conclusión es la existencia de tantas Orthopetras y Cícadas con figuras de instrumentos musicales.

Siendo éste el caso, la analogía de los pájaros me hace creer en una selección de sexo con respecto al color de los insectos. Ojalá disponga del tiem¬po y fuerza de efectuar algunos de los experimentos que me has sugeri¬do, pero no creo poder tener en confinamiento a un par de ellas por cierta dificultad que he escuchado existe en tal caso.

La razón por la cual estoy tan interesado en estos momentos acerca de la selección sexual se debe a que estoy por publicar un pequef’io ensayo acerca del origen de la raza humana y que la selección sexual ha sido el principal agente en formar a las diferentes razas humanas.

Gracias por tu interesante carta. A tu disposición.

Ch. Darwin

Darwin propuso dos ideas revolucionarias: que las especies descienden unas de otras, y que la causa de su evolución es la selección natural. Dichas teorías fueron puoiicadas en 1859 en su obra el origen de las especias.

Fuente Consultada: Correspondencias del Tiempo

Carta De Platon a un Tirano de Siracusa

Carta De Platón a un Tirano de Siracusa

Siglo IVa.C.

carta de platonDurante mi larga permanencia junto a ti, cuando era el ministro favorito de tu gobierno, tú te llevabas todos los beneficios y yo soportaba todas las calumnias; los hombres son testigos de ello, y de que he intentado por todos los medios contener tu crueldad y corregir tu espíritu por el bien del pueblo y de ti mismo.

Y tú, a cambio de mis favores, me has despedido peor que a un mendigo.

De ahora en más, elegiré un género de vida que me aleje de los humanos, mientras que tú, siendo como eres un tirano, quedarás rodeado de soledad y aislamiento.

La brillante suma de dinero que me has dado para mi partida te la dejo, y tomo sólo lo necesario para mi viaje. Y antes de concluir esta breve carta, te haré esta predicción: cuando llegue el día en que tu poder se derrumbe, desearás tener a tu lado a este filósofo que ahora te escribe.

CARTA DE ALBERT EINSTEIN AL PRESIDENTE ROOSEVELT carta historica

Carta De Albert Einstein al Presidente Roosevelt Carta Histórica

Albert Einstein Old Grove Rd. Nassau Point Peconic, Long Island

2 de Agosto de 1939

F. R. Roosevelt President of the United States White House Washington, D.C.

carta de albert einsteinSeñor; Algunos recientes trabajos de E. Fermi y L. Szilard, quienes me han sido comunicados mediante manuscritos, me llevan a esperar, que en el futuro inmediato, el elemento uranio puede ser convertido en una nueva e importante fuente de energía.

Algunos aspectos de la situación que se han producido parecen requerir mucha atención y, si fuera necesario, inmediata acción de parte de la Administración. Por ello creo que es mi deber llevar a su atención los siguientes hechos y recomendaciones.

En el curso de los últimos cuatro meses se ha hecho probable -a través del trabajo de Loiot en Francia así como también de Fermi y Szilard en Estados Unidos- que podría ser posible el iniciar una reacción nuclear en cadena en una

 gran masa de uranio, por medio de la cual se generarían enormes cantidades de potencia y grandes cantidades de nuevos elementos parecidos al uranio. Ahora parece casi seguro que esto podría ser logrado en el futuro inmediato.

Este nuevo fenómeno podría utilizado para la construcción de bombas, y es concebible -pienso que inevitable- que pueden ser construidas bombas de un nuevo tipo extremadamente poderosas. Una sola bomba de ese tipo, llevada por un barco y explotada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto por completo, conjuntamente con el territorio que lo rodea. Sin embargo, tales bombas podrían ser demasiado pesadas para ser transportadas por aire.

Los Estados Unidos tiene muy pocas minas de uranio, con vetas de poco valor y en cantidades moderadas. Hay muy buenas vetas en Canadá y en la ex-Checoslovaquia, mientras que la fuente más importante de uranio está en el Congo Belga.

En vista de esta situación usted podría considerar que es deseable tener algún tipo de contacto permanente entre la Administración y el grupo de físicos que están trabajando en reacciones en cadena en los Estados Unidos. Una forma posible de lograrlo podría ser comprometer en esta función a una persona de su entera confianza quien podría tal vez servir de manera extra oficial. Sus funciones serían las siguientes:

a) Estar en contacto con el Departamento de Gobierno, manteniéndolos informados de los próximos desarrollos, y hacer recomendaciones para las acciones de Gobierno, poniendo particular atención en los problemas de asegurar el suministro de mineral de uranio para los Estados Unidos.

b) acelerar el trabajo experimental, que en estos momentos se efectúa con los presupuestos limitados de los laboratorios de las universidades, con el suministro de fondos. Si esos fondos fueran necesarios con contactos con personas privadas que estuvieran dispuestas a hacer contribuciones para esta causa, y tal vez obteniendo cooperación de laboratorios industriales que tuvieran el equipo necesario.

Tengo entendido que Alemania actualmente ha detenido la venta de uranio de las minas de Checoslovaquia, las cuales han sido tomadas. Puede pensarse que Alemania ha hecho tan claras acciones, porque el hijo del Sub Secretario de Estado Alemán, von Weizacker, está asignado al Instituto Kaiser Wilheln de Berlín, donde algunos de los trabajos americanos están siendo duplicados.

Su Seguro Servidor, A. Einstein

CARTA DE REAGAN AL PUEBLO AMERICANO ANUNCIANDO SU ENFERMEDAD

CARTA DE REAGAN AL PUEBLO AMERICANO ANUNCIANDO SU ENFERMEDAD

Carta abierta de Ronald Reagan al pueblo americano anunciando que padece el mal de Alzheimer.

carta de Reagan a un ciudadanoRonald Reagan fue presidente de los Estados Unidos entre 1980 y 1989.

 5 de noviembre de 1994.

Mis amigos americanos:

He sido informado recientemente que soy uno de los millones de americanos que se verá afectado por el mal de Alzheimer.

Enterados de esta noticia, mi esposa Nancy y yo, hemos tenido que decidir si como ciudadanos privados deberíamos mantenerlo como un asunto privado, o si deberíamos hacer pública esta noticia.

En el pasado Nancy sufrió de cáncer de mama, y yo mismo también tuve mis cirugías de cáncer. Descubrimos en ese entonces que a través de hacer público el padecimiento de una enfermedad, ayudamos a la gente a tomar conciencia y fuimos felices en saber que como resultado de ello muchos comenzaron con tratamientos de control preventivo. Fueron tratados a tiempo y lograron retomar una vida normal y saludable.

Por ello, ahora, sentimos que es muy importante compartir esto con ustedes. Abriendo nuestros corazones, confiamos que podríamos promover una toma de conciencia y precaución a esta enfermedad Tal vez ayude a una mayor comprensión y entendimiento entre las personas y familiares que padecen de este mal.

En estos momentos me siento bien. Intento vivir recordando los años que Dios me ha dado en esta tierra haciendo todas las cosas que he hecho. Continuaré compartiendo este viaje de la vida junto a mi amada Nancy y mi familia. Planeo disfrutar cada momento de mi vida en contacto con mi familia y aquellos que me apoyan.

Desafortunadamente, a medida que el mal de Álzheimer avanza, la familia sostiene generalmente una pesada carga. Sólo deseo que haya alguna manera en la que pueda alejar a Nancy de esta dolorosa experiencia. Para el momento en que ello llegue, estoy seguro que ustedes la ayudarán a enfrentarlo con fe y coraje.

En síntesis, permítanme agradecerles, a todo el pueblo americano, por brindarme el gran honor de servirles como Presidente. Cuando el Señoi me llame, cuando eso sea, me iré con el más grande amor por este país de ustedes y con un eterno optimismo para su futuro.

Comienzo ahora el viaje que me conducirá hacia la puesta del sol de mi vida. Sé que para los americanos siempre existirá un promisorio y radiante amanecer por delante.

Gracias mis amigos. Que Dios siempre los bendiga

Sinceramente, Ronald Reagan

Testimonio de un Pasajero del Titanic en una Carta a un Amigo

Testimonio de un Pasajero del Titanic en una Carta a un Amigo

Fragmentos de una carta que el viajero uruguayo Ramón Artagaveitya envío, desde el Titanic, a su hermano Adolfo a la ciudad de Montevideo, Uruguay.

carta historica desde el titanicAlta mar, 11 de abril de 1912.

Con el deseo de ver Norteamérica, me embarqué seducido por el tamaño del Titanic, este transatlántico, de 45 mil toneladas, que hace su primer viaje.

Qué maravilla, cuanto diga de él es poco. Al mirar para arriba me hacía el efecto de estar al pie de una casa de cinco pisos. Al entrar había como cincuenta mozos, uno tomo mis valijas y por el ascensor (que tiene tres), subimos a mi piso, en la cubierta B.

El comedor está en la cubierta D y más abajo hay otros. El cuarto es muy bueno, con estufa eléctrica y toda la noche la tuve encendida porque hacía frío.

Hoy hay sol Aprovecho entonces para escribir: El comedor es como para quinientas y tantas personas, ayer éramos sólo trescientos cuarenta, teniendo un ancho de treinta metros. Pero el vapor es más ancho, pues todavía hay corredores a los lados.

La comida es muy buena, y abundantes platos. Anoche en la mesa éramos un mejicano, diputado y doctor amigo de Díaz, joven aún, un español y una señora y señorita inglesas muy serias.

Recorrí lo que puede del vapor, sus diferentes salas, y hoy para hallar ésta, para escribir y que ha de haber más de dos para el mismo uso, trabajo me costó. Los comedores pintados de blanco, y algunos salones como éste de madera esculpida, creo que de roble, con sofás y sillas de raso aterciopelado verde jade. Todo es majestuoso y rico.

Veré si junto “libritos” de propaganda del barco para llevarte, pero ya veo tierra cercana, Irlanda, así que termino esta carta deseando a todos mis recuerdos y abrazos.

Tu hermano Ramón

Puedes leer un libro sobre esta maravilla flotante del autor Roberto Blanc, que gentilmente lo ha enviado para que sea compartido con los navegantes interesados en el tema:

libro sobre el TITANIC

Carta del Explorador SCOTT A INGLATERRA CONQUISTA DEL POLO SUR

Carta del Explorador Scott a Inglaterra CONQUISTA DEL POLO SUR

Scott Robert El Capitán Robert Scott, tras una mala organización de su expedición, había perdido la carrera por la conquista del Polo Sur al llegar más de un mes después que Roald Amundsen, en diciembre de 1911.

Él y sus hombres no encontraron más que penurias en el regreso, y la posibilidad de morir por cansancio estuvieron siempre presente en sus mentes hasta que las circunstancias hicieron de ésta una realidad inevitable.

Consciente de su suerte y la de su gente, Scott escribió una nota al pueblo de Inglaterra explicando el porqué de su fracaso:

Las causas del desastre no son debidas a una organización defectuosa de la expedición, sino a la mala suerte en todos los riesgos que teníamos que correr.

1. La pérdida de los ponys ocurrida en marzo de 1911, me obligó a partir más tarde de lo que había decidido en un principio y a llevar una cantidad de víveres menor a la prevista.

2. El mal tiempo en la ida, sobretodo la larga tormenta que sufrimos en los 83º de latitud, retardó nuestra marcha.

3. La nieve blanda en las regiones inferiores del glaciar hizo aún más lento nuestro avance.

Con energía hemos luchado contras estas circunstancias imprevistas y las hemos vencido, pero a costa de nuestros víveres de reserva. Las provisiones, la ropa y la organización de la línea de depósitos establecidos sobre la meseta, así como en toda la ruta del Polo, de 1300 kilómetros, han sido totalmente satisfactorias.

Nuestro grupo habría regresado al glaciar Beardmore en buen estado y con un buen suplemento de víveres si no se hubiera producido el desfallecimiento sorprendente de Evans, entre nosotros el que creíamos el más resistente.

A buen tiempo el glaciar Beardmore no es difícil de atravesar; pero en nuestro regreso no tuvimos una sola jornada realmente buena y la enfermedad de nuestro compañero agravó aún más la situación.

Como ya he dicho, nos aventuramos en una región glaciar extremadamente accidentada; y en una caída, Edgar Evans sufrió una conmoción cerebral. Murió de muerte natural. Su desaparición dejó a nuestro equipo debilitado en el momento en que un invierno precoz caía sobre nosotros.

Pero todo esto no es nada en comparación con lo que nos esperaba en la barrera. De nuevo afirmo que las disposiciones tomadas para asegurar nuestra retirada eran óptimas, y que nadie habría podido prever en esta época del año, las temperaturas y el estado de la nieve que encontramos.

En la meseta, entre los 85º y 86º de latitud tuvimos entre -28º y -34º centígrados; y en la barrera a 82º de latitud y una altitud de 3000 metros la más baja, experimentamos generalmente -34º durante el día y -44º durante la noche, con un incesante viento en contra durante las marchas.

Estas circunstancias se han producido de improviso y nuestro fracaso es debido a la llegada súbita del mal tiempo, fenómeno al parecer imposible descubrir la causa. Ningún ser humano ha sufrido tanto como nosotros en este último mes.

A pesar del frío y del viento habríamos pasado si no hubiera sobrevenido la enfermedad de un segundo compañero, el capitán Oates; si no se hubiese disminuido inexplicablemente el combustible contenido en los depósitos; y, en fin, sin este último huracán. Nos han detenido a 11 millas del depósito donde esperábamos hallar los víveres necesarios para la última parte del viaje. ¿Nunca alguien tuvo antes peor suerte?.

Hemos sido detenidos a 11 millas del campo One Ton, con víveres para sólo dos días y combustible para una sola comida. Desde hace cuatro días nos ha sido imposible salir de la tienda: el huracán sopla a nuestro alrededor. Estamos débiles, apenas puedo escribir.

Sin embargo no lamento haber emprendido esta expedición: en ella se demuestra la resistencia de los ingleses, su espíritu solidario, y prueba de cómo saben mirar la muerte con tanto valor, tanto hoy como ayer. Hemos afrontado riesgos, sabiendo de antemano que íbamos a correrlos. Si las cosas se han vuelto contra nosotros, no debemos quejarnos, sino inclinarnos ante la voluntad de la Providencia, resueltos a hacer todo lo que podamos hasta el final…

Me gustaría tener una historia que contar sobre la fortaleza, resistencia y valor de mis compañeros que removiera el corazón de todos los ingleses. Estas torpes notas y nuestros cuerpos muertos, la contarán…

Robert Falcon Scott.

Carta de Despedida del «Che» Guevara a Castro

Testimonios Históricos:
Carta de Despedida del Che Guevara a Castro

Fidel:

Fidel Castro escribe una carta historicaMe recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.

Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la Direccón del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario.

Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario.

He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe.

Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu.

En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos.

Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre, ¡Patria o Muerte!

Te abraza con todo fervor revolucionario.

Carta del Presidente Kennedy a un Niño

Carta del Presidente Kennedy a un Niño

En esta carta John F. Kennedy responde a un niño de lo años acerca de la existencia de los duendes, según las leyendas irlandesas.

Carta de Kennedy Jonh F.Querido Mark:

Quiero agradecerte por tu tan bonita carta. Disfruté mucho al leerla y también de saber de ti y de ti en la escuela.

Tus preguntas me han parecido muy pertinentes, más aún dada la cercanía del Día de San Patricio. Existen muchas leyendas acerca de los duendes, esas personas pequeñitas a las que tú te refieres, y ello me ha hecho llegar a la siguiente conclusión: Si tu realmente lo crees, entonces tu los verás.

Mis “personas pequeñitas” son muy bajitas, usan altos sombreros de paja negra, pantalones y chaquetas verdes y además tienen largas barbas blancas. Nunca me fue posible determinar dónde viven. Son muy amigables y su mensaje es que todas las personas del mundo deben vivir en paz y amistad.

Por tu interés en Irlanda, quiero desearte que tengas un feliz día de San Patricio.

Sinceramente El asesinato, en 1963, del entonces presidente de los Estados Unidos, John E Kennedy, causó una profunda consternación en todo el mundo. Kennedy fue el primer presidente católico en historia de ese país.

Carta Histórica de Dominguito a su Padre Domingo F. Sarmiento

Carta Histórica de Dominguito a su Padre Domingo F. Sarmiento

Carta de Dominguito Sarmiento, hijo adoptivo de Domingo Faustino Sarmiento, a su madre Benita, fechada el día en el que el joven soldado cayó en combate en la guerra con el Paraguay.

22 de septiembre de 1866.

Carta de Dominguito a su padre SarmientoQuerida Madre:

La guerra es un juego de azar. La suerte puede sonreír o abandonar al que se expone al plomo enemigo. Lo que a uno lo sostiene es el pensamiento del mañana: la ambición de un destino brillante.

Esta ambición y la santa misión de defender a mi patria, me da una fe inquebrantable en mí y en el camino que he tomado. ¿Qué es la fe? No puedo explicarlo, pero me basta con tenerla.

Y si el presentimiento de que no caeré en combate es sólo una ilusión que me permite tener coraje y cumplir con mi deber, te pido madre que no sientas mi pérdida hasta el punto de dejarte vencer por el dolor.

Morir por la patria es darle a nuestro nombre un brillo que nada borrará, y no hay mujer más digna que aquella que, con heroica resignación, envió a la batalla al hijo de sus entrañas. Las madres argentinas transmitirán a las generaciones venideras el legado de nuestro sacrificio. Pero dejemos aquí estas líneas, que esta carta empieza a parecer una carta póstuma.

Hoy es 22 de de septiembre de 1866. Son las diez de la mañana. Las balas de grueso calibre estallan sobre el batallón. ¡Adiós madre mía!

CARTA DE URQUIZA A BARTOLOME MITRE Testimonios Historicos

CARTA DE URQUIZA A BARTOLOMÉ MITRE Testimonios Históricos

Carta de Justo José de Urquiza a Bartolomé Mitre, donde reflexiona acerca de los destinos de la Nación.

Año de 1861.

General Urquiza escribe una cartaMi estimado General y amigo:

¿Me pregunta qué se necesita para salvar la situación de esta nación? Le diré: que la autoridad nacional se ponga bien por encima de la lucha de partidos, y piense primero y ante todo en el bien común.

Que en el camino del bien, de la concordia, de la igualdad, de la ley, las influencias poderosas respalden las causas justas, y no piensen sólo en sus intereses egoístas.

Que ni el Presidente, ni usted, ni yo, ni cualquiera que tenga algún tipo de poder, abuse de su autoridad en ningún sentido.

Y quiero que sepa que yo no me he puesto a la cabeza de ninguna rebe¬lión, porque sólo a la ley he de servir siempre, y por ella me ha de sacrificar. Ese es mi deber.

En fin, General, sepa que siempre defenderé el prestigio de nuestras instituciones, la dignidad del gobierno nacional, la libertad de los ciu¬dadanos y los pueblos, y su igualdad. Cuanto valgo y cuanto puedo está al servicio de esta causa. Las pasiones mezquinas jamás me arrancaran de mis ideales, y estaré siempre, al igual que usted, del lado del bien común, y no de los partidismos y las ambiciones de unos pocos.

Pueyrredon y San Martin La Independencia Argentina Testimonio Historico

Pueyrredon y San Martín: Independencia Argentina – Testimonio Histórico

carta de san martin a pueyrredonCarta de Juan Martín de Pueyrredón, al general José de San Martín, en la que le informa todo lo que le envía para ayudarlo en la creación del Ejército de los Andes.

Mi amigo amado:

Antes de ayer llegó el correo con su última carta. No he podido aún reunir treinta mil pesos, pero por medio de la posta, le enviaré el dinero aunque sea en oro. También le envío 400 frazadas, 500 ponchos. Todos los vestuarios y muchas más camisas (si le faltan camisas y frazadas pida una donación en el vecindario de San Juan).

Es necesario pordiosear cuando no hay otro remedio. Van también 400 recados. Van hoy por correo, en un cajoncito, los dos únicos clarines que se han encontrado. Van 200 sables de repuesto que me pidió. Van 200 tiendas de campaña, y no hay más. Va el mundo, va el demonio, va la carne…

Y yo no sé cómo me irá con las trampas en las que quedo para pagarlo todo. Lo saluda su amigo íntimo.

Carta Históricas San Martin a Guido Correspondencias Argentinas

Carta Históricas: San Martín a Guido Correspondencias Argentinas

París, octubre de 1827.

carta del general san martinMi querido amigo:

Hoy le contaré algo sobre mi persona. Aunque le resulte extraño, últimamente no veo ni trato a persona viviente, porque como resultado de las guerras he tomado cierta distancia de los hombres.

Vivo en una casita de campo, a tres cuadras de la ciudad, en compañía de mi hermano. Las mañanas las ocupo trabajando en mi jardín y en mi taller de carpintería; por las tardes, salgo de paseo, y las noches leo y releo libros alegres; he aquí mi simple vida.

Usted se preguntará si soy feliz. Sí, amigo, verdaderamente lo soy pero créame que igual hay un hueco en mi felicidad, y sabe cuál es?: no poder estar en Mendoza.

Usted se reirá de esto, hágalo si quiere, pero le aseguro que prefiero la vida que tenía en mi chacra antes que las ventajas que presenta la vida culta de Europa. Deseo pasar mis últimos días allí, y en verdad no pido otra cosa en consideración a los servicios que creo haber prestado a mi amada América.

Su amigo y confidente.

                                                                                         José de San Martín

Carta de Lenin sobre Stalin Testimonios Historicos

Testimonios Históricos: Carta de Lenin sobre Stalin – Documentos

Esta es una carta escrita por Lenin, en su lecho de muerte. Discute aquí los atributos de Stalin y Trotsky en su primer mensaje escrito el 25 de diciembre de 1922.

25 de diciembre de 1922.

Lenin escribe una carta historicaNuestro Partido descansa sobre dos tipo de clases, y por esta razón de inestabilidad, es posible, si no existe un acuerdo entre ambas clases una caída y ruptura inevitables. Para tal caso considero necesarias las precauciones y acciones para mantener la estabilidad del Comité Central, aunque debido al grado de enfrentamiento entre las partes, dudo en que pueda realizarse tal reunión.

Considerando la estabilidad como el único camino de sostener el régimen, aquí hago no más que mis apreciaciones personales al respecto. Considero que es fundamental para conseguir dicha estabilidad el papel a cumplir por Stalin y Trotski.

La relación entre ellos constituye más de la mitad del peligro existente de una eventual división, y una de las medidas a llevar adelante, en mi opinión, es ampliar el número de miembros del Comité Central de 50 a 100.

El camarada Stalin, al haberse convertido en Secretario General, ha reunido en sus manos una enorme cuota de poder. Y no estoy seguro dc que él siempre sepa usar ese poder con cuidado y precaución. Por otro lado el camarada Trotski, como fue probado tras la lucha contra el Comité Central en relación con el asunto del Comisariato del Pueblo en Formas de Comunicación, se distingue no sólo por la excepcional habilidad que personalmente posee, y que me hace pensar en que sea el hombre más capaz del Comité Central, sino el que más vocación tiene de manejar asuntos por el lado puramente administrativo…

La siguiente posdata, escrita algunos días después, va un paso mas allá condenando a Stalin por su cuestionable ética y recomendando que se lo alejara de su puesto de Secretario General.

4 de enero de 1923.

El comportamiento de Stalin es demasiado rudo y brutal, y esta falta, soportable en las relaciones entre los comunistas, se convierte en insostenible en la Oficina del Secretario General. Propongo a los camaradas encontrar una manera de remover de su cargo al camarada Stalin y proponer otro hombre que difiera de Stalin, principalmente que sea más paciente, más leal, atento y respetuoso de sus camaradas, menos caprichoso, etc.

Estas circunstancias pueden parecerse de una insignificante banalidad, pero considero que desde el punto de vista de evitar una división interna a raíz de los problemas existentes entre Trotski y Stalin puede convertirse en algo más que una banalidad.

Cartas Historicas Testimonios Historicos

Cartas Históricas – Testimonios Históricos

Cariño mío:

Carta de un soldado a su noviaAhora, si no hay problemas, vas a saber todo sobre lo que pasa aquí. Sé que te llevarás una gran sorpresa cuando te llegue esta carta (espero que te llegue  sin contratiempos). ¡Si alguna autoridad la ve!.

Claro, tu has supuesto bien dónde yo tendría mi primera experiencia en la línea. Si, fue en el saliente de Ypres… Oh!, era un encantador «bautizo de fuego» aquella noche. Teníamos que excavar y temprano en la mañana comenzó el ametrallamiento.

Oh Señor, si alguna vez un compañero tuvo miedo, absolutamente aterrorizado a la muerte, era este muchacho. Uno de mi sección se asustó al ver a una granada caer a dos metros de nuestra trinchera cuando alguien con instinto de líder, o quien lo debe llevarlo, fue a la cima; yo me quedé quieto como una roca. Yo tenía doce hombres cuando nosotros entramos, salí con tres. Oh! Eso fue horrible.

Quizá te gustará saber como está el ánimo de los hombres aquí. Bien la verdad es que (y como te dije antes, me fusilarán si alguien de importancia coge esta misiva) todo el mundo está totalmente harto y a nadie le queda ya nada de lo que se conoce como patriotismo.

A nadie le importa un rábano si Alemania tendrá Alsacia, o si lo tendrá Bélgica o Francia. Lo único que cada uno quiere es acabar con esto e irse a casa. Esta es honestamente la verdad, y cualquiera que haya estado aquí en los últimos meses te dirá lo mismo.

De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar con esto como sea. Ahora ya sabes el real estado de la situación.

Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, sólo me queda pensar en todos ustedes que están allí, todos a los que amo y que confían en mí para que haga el esfuerzo que sea necesario para su seguridad y libertad.

Esto es lo único que mantiene y me da fuerzas para soportar esto. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no ocupa ni uno entre un millón de todos los pensamientos que cada hora ocupan la mente de los hombres.

Dios te bendiga cariño y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mío porque seguiré hasta el final, así este sea amargo o dulce, con el amor siempre como mi primer pensamiento y cuidado, mi guía inspiradora y mi aliciente.

Au revoir mi amor, y que Dios te mantenga segura hasta que la tormenta termine, con el amor más profundo de todo mi corazón. Tu amor,

Laurie

Fuente Consultada: Correspondencias del Tiempo