Ciudades Mayas

Pieles Rojas Historia Costumbres Vida y Religión

Pieles Rojas, Su Historia
Costumbres Vida y Religión

Antes de la llegada de los europeos habitaban América unas cuatrocientas grandes tribus de indios. Vivían principalmente de la caza, aunque también cultivaban algunos productos. Después del descubrimiento de América, los colonos impusieron a los indios pesados trabajos. Cuando se constituyó en país independiente, Estados Unidos tendió a la coexistencia pacífica con los indios; pero, en el siglo XIX, la afluencia de adelantados al oeste trajo consigo incontables conflictos y se establecieron las primeras «reservas». En la actualidad, los indios buscan cada vez más integrarse en la sociedad moderna.

Cuando los primeros europeos abordaron el continente americano vivían dispersas en él unas cuatrocientas tribus. El norte extremo lo habitaban los esquimales, que llevaban allí una existencia nómada y bastante primitiva y carecían de otra organización social distinta de la familia.

Los pieles rojas, por el contrario, conocieron una organización neolítica que heredaron de sus antecesores. Encendían fuego golpeando uno contra otro dos pedazos de sílex, empleaban utensilios de piedra, confeccionaban cestos y adiestraban a los perros convirtiéndolos en animales domésticos. No eran muy numerosos; se estima que hacia el año 1600 había en América unos ochocientos mil pieles rojas, doscientos cincuenta mil de los cuales, aproximadamente, residían en la región situada entre la costa del Atlántico y el Mississipí.

Eran tribus reducidas, todavía más debilitadas por sus luchas intestinas. Los de las «cinco naciones», los iroqueses, eran de entre todos los más poderosos. Al norte y al oeste de su territorio residían sus mayores enemigos: los hurones y los álgonquinos. Estas dos tribus habitaban los bosques que pueblan la región de los grandes lagos. Su civilización se caracteriza por el hecho de que conocían los metales y practicaban la alfarería. Además de ellos, las tribus más conocidas del sureste de Estados Unidos eran los creek, los cherokees y los seminóla, en tanto que el oeste lo poblaban los piute, los siux y los cheyenne.

En todas esas tribus encontramos una especie de literatura primitiva constituida por relatos relacionados con los dioses y los antepasados y que se transmitían de padre a hijo. Poseían cierta organización política, principalmente confederaciones de tribus.

De todas maneras poca es la historia que nos ha llegado de los pueblos pieles rojas de Estados Unidos llamados así, no por el color de la tez, sino porque era de un subido color rojo la pintura con la que se maquillaban para entrar en combate. Pero los restos de alfarería primitiva encontrados en Norteamérica, conforme a los estudiados con las modernas técnicas del carbono 14, nos hablan de asentamientos nativos anteriores a los pieles rojas, hacia el 30.000 a.C, mas poco se sabe sobre el origen de estos antiguos habitantes de América del Norte.

En cuanto a los actuales pieles rojas, se sustenta la teoría de que provenían de Asia, de la que emigraron a través del estrecho de Behring. Los rasgos mongólicos más pronunciados entre los esquimales, están menos acentuados entre estos pueblos pieles rojas, tal vez por la mezcla con los primigenios nativos a los que aludíamos antes.

Cuando se habla de la cultura azteca, maya, inca o aymará, se piensa de inmediato en colosales pirámides, en imponentes templos astrológicos, en culturas cosmogónicas y sociales de tal envergadura que asombraron -y alarmaron- a los europeos conquistadores recién llegados. Frente a tanta imponencia y avance cultural, la civilización de los pieles rojas de Norteamérica aparece deslucida o de menor envergadura.

Cuando llegaron los primeros colonos, las tribus que vivían hacia el este ide Norteamérica, como los algonquinos, iroqueses y hurones, habían formado un consejo de cinco naciones coaligadas, una especie de unión panamericana de piele rojas de la zona oriental, con un gran jefe, el cacique Hiawatha, a la cabeza.

Aldea de pieles rojos constituida por tiendas típicas. En círculo, alrededor del fuego, se encuentran reunidos en Consejo los ancianos de la tribu.

Se ha comprobado que existían 12ramas lingüísticas, cada una tan diferente de las demas como pueden serlo hoy el alemán y el persa, el ruso y el castellano, o el inglés y el italiano. Además de esas 12 ramas se hablaban dialectos varios, de tal suerte que al llegar el hombre blanco, había alrededor de 2.000 lenguas habladas por los primitivos americanos pieles rojas.

Vivían en las tiendas llamadas tipi, hechas con cueros de bisonte, sosten idas poi 3 o 4 palos. Otras tribus fabricaban casas rectangulares, hechas de ramas, hojas y paja, llamadas wigwan o también hagan entre los navajos.

Pieles Rojas Sitting Bull

Sitting Bull, célebre jefe siux

ORGANIZACIÓN SOCIAL
Los pieles rojas estaban divididos en diversas tribus, cada una de las cuales tenía su propia tradición y sus leyes, f hablaba un dialecto a menudo incomprensible para las otras. En casos de especial necesidad, algunas tribus se reunían en confederaciones.

La tribu era gobernada por un jefe, que, no obstante, no tenía autoridad absoluta. Él era, más que otra cosa, un jefe guerrero y el ejecutor de la voluntad del pueblo. Los ancianos de la tribu, reunidos en torno al fuego del Consejo, expresaban su voluntad.

La contemplacíón de la naturaleza invitaba a los indios a recogerse en meditación y plegaria: ello los movía e elevar su corazón a Dios.

En algunas tribus, y en casos excepcionales, también participaban de estas reuniones las mujeres y los jóvenes. Pero prevalecía siempre el parecer de los ancianos, más ricos en experiencia y, por ende, más sabios. Una vez tomada una decisión, todos la acataban.

El jefe de la tribu mantenía su cargo mientras la edad se lo permitía. Luego, él mismo designaba su sucesor, que podía ser su hijo o su hija. Este nombramiento debía ser aceptado por todos los notables de la tribu, es decir, por los guerreros que habían realizado el mayor número de hazañas gloriosas. Si éstos indicaban como jefe sucesor a otro guerrero que había demostrado ser más valeroso que el heredero legítimo, este último debía, sin más, cederle el título.

Tabajaban la tierra y cultivaban maíz, tabaco, zapallo, yucas, porotos, pero también sacaron de ella plata y turquesas. Durante los siglos que duró la i«(Ionización española, los navajos atacaron los centros poblados en busca de caballos, bebidas y mujeres, pero en el año 1860, EE.UU. ocupó la región de Arizona y Nuevo México.

En 1864, Kit Carson con sus tropas derrotó a los navajos en la célebre batalla de Bosque Redondo en Nueva México. En 1868 establecían una reserva para ellos en Arizona, donde tuvieron una suerte muy dura por la escasez y pobreza de las tierras. La población navaja asciende hoy a 100.000 personas, y viven en una comarca que apenas aporta alimentación para 35.000.

Hasta hoy la mayoría de los nombres de estados y ciudades en EE.UU. conservan o derivan de nombres del idioma indio: Dakota, significa «aliados»; Oklahoma, «el pueblo rojo»; Iowa, «los dormidos»; Kansas, «una brisa cerca del suelo; Kentucky, «el suelo oscuro y sangriento; Illinois, «la tribu de los hombres perfectos»; Texas, «amigos»; Idaho, «buenos días»; y Mississippi, «padre de las aguas».

En la frontera con California hay varias reservas de tribus indias: arapahos hacia el oeste, apaches y navajos hacia el noreste en los límites del territorio de Nueva México. Hasta el día de hoy hay localidades, dentro del mismo estado de Arizona, que llevan nombres de distintas tribus que fueron los primitivos y auténticos habitantes de esta región: Coconinos al norte; en el centro Yavapai (Aguas claras). Incluso el nombre de Cochise que fue el caudillo que educó al famoso indio Jerónimo, figura al sur del estado de Arizona, en el 1 imite con México.

Una forma habitual para comunicarse entre las tribus eran las señales de humo que se lograban colocando una manta en forma intermitente sobre una fogata encendidacon madera verde para que les asegurara un buen fuego con humo.

Una tribu de cualquier clase estaba constituida por varios clanes y en cada uno de ellos regía un anciano magistrado elegido por el clan en cuestión, llamado Sachem. Pero a su vez, los jefes guerreros de cada clan eran los Natani, elegidos en ceremonias sagradas. Varios Sachem formaban un Consejo de Ancianos o Jefes Mayores, los que eran comandados por un gran cacique. La categoría de estos últimos se destacaba por el revestimiento de ornamentos de plata y cuentas de arcilla y piedras coloreadas alrededor del cuello, pero sobre todo por el típico tocado confeccionado con plumas de águila.

Cada guerrero de cualquier tribu podía ataviarse con plumas de águila de acuerdo a los coups o encuentros con enemigos armados como él, en las frecuentes guerras entre tribus rivales. Así como un piloto de la RAF, durante la última guerra mundial, solía pegar una cruzde hierro en la carlinga de su avión por cada aeronave nazi derribada por él, también en la misma forma los guerreros pieles rojas, contabilizaban por cada coups una pluma timonera de águila.

Las plumas recortadas de cuervo indicaban que había sido herido en acción. También se diferenciaban los guerreros pieles rojas con los de otra tribu por la colocación de las plumas, como los clanes escoceses en la elección de los colores y el dibujo de las telas. Pero siempre las plumas del cóndor y el águila eran las favoritas, pues eran aves que estaban más cerca del cielo y de los dioses y simbolizaban el acuerdo del hombre con Manitú.

Los hombres que oficiaban de curanderos-chamanes de la tribu, denominados Wakan, llevaban el cabello recogido con un moño y sus revelaciones y consejos eran escuchados y seguidos respetuosamente por el resto de la tribu. También oficiaban de sacerdotes para casar a las parejas.

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Muerte del  general  Custer  (1876);
episodio de la  lucha entre blancos y pieles rojas

RELIGIÓN
«Padre mío, que estás en todas partes, y por quien estoy vivo: tal vez ha; sido Tú quien, por obra de los hombres, me has colocado en esta situación pues eres Tú quien lo dispone todo. Y como nada es imposible para Ti, líbrame de mis enemigos, si lo consideras justo. Y ahora, a vosotros todos, peces de los ríos, pájaros del cielo y animales que corréis sobre la Tierra, y a ti, oh Sol, os ofrezco este mi caballo. Vosotros, pájaros del aire, y vosotros, habitantes de la pradera, sois mis hermanos, porque un solo Padre nos ha creado, y veis cómo soy infeliz. Entonces, si tenéis algún poder ante el Padre, interceded por mí.»

Esta hermosa plegaria fue pronunciada por un indio de la tribu de los pawnees, cuando se hallaba en una situación desesperada. En ella encontramos no sólo la expresión de fe en un Dios, padre justo y amoroso de todas las criaturas, sino también el sentido de una profunda resignación a la voluntad divina y el concepto de la omnipresencia de Dios.

Las diferentes tribus pieles rojas llamaban al Gran Espíritu Creador con distintos nombres: «Manitú» (Gran Manito), los algonquines; «Wakonda los síux; «Yastasinane» (que significa «capitán del cielo»), los apaches. Además, veneraban todas las manifestaciones de la naturaleza: el Sol, la Luna, el Aire, el Agua, el Fuego. A estas fuerzas misteriosas dedicaban largas oraciones silenciosas, o ritos complicados y enigmáticos, como la Danza del Sol. que bajo la guía de los hechiceros, a veces se prolongaban durante días.

GUERRAS
» Apesar de tantas luchas, he tenido la suerte de no derramar nunca la sangre de una mujer o de un niño, ni siquiera involuntariamente». Así se expresaba Gerónimo, un gran jefe apache, dando fin a la narración de sus aventuras guerreras.

Las tribus pieles rojas guerreaban frecuentemente entre sí por los motivos más fútiles. Bastaba que dos tribus se encentraran simultáneamente en un mismo territorio de caza para que la guerra fuera inevitable. Sin embargo, fueron combatientes leales: ni las mujeres ni los niños de los vencidos eran nuertos; los prisioneros eran respetados, y los tratados, aunque  solo  fueran  verbales,  se observaban escrupulosamente.

Para algunas tribus, como los apaches, los comanches y los siux. la guerra no era más que un tipo particular de caza que concluía con la captura de los caballos de la aldea atacada. Prestamente, la ilustración representa un método empleado por los comanches para atacar de sorpresa a una aldea. Los jinetes se mantenían agarrados al cuello de los caballos, escondiéndose tras uno de sus flancos, y se acercaban al poblado simulando ser ana manada en pastoreo. Luego, de improviso, los guerreros se erguían decididos y se lanzaban denodadamente al ataque.

LA    CAZA
El otoño era la estación de las grandes cacerías. La tribu se trasladaba continuamente en busca de manadas de búfalos, que galopaban hacia el sur. Había manadas tan numerosas que a veces se extendían hasta sesenta kilómetros, y ccntinuaban pasando durante cinco días seguidos. Los jinetes se situaban en los flancos de la manada, y sus flechas, casi siempre certeras, se clavaban en la juntura del lomo de los bisontes. Un procedimiento más audaz para abatir a la presa era saltar de la grupa del caballo sobre la del risonte y clavarle un cuchillo en la garganta.

Los pieles rojas sabían utilizar la carne y otras partes de este animal. Con la piel aún cubierta de pelos, hacían camas, mantas y capas. Después de haberla raspado la usaban para fabricar tiendas, piraguas, escudos, ropa y calzado. Los huesos servían para preparar utensilios (palas, arpones, puntas de flechas, agujas, ornamentos); los tendones y los intestinos eran transformados en cuerdas para arcos, lazos y ataduras; los cuernos hacían las veces de recipientes; los cascos daban una gelatina que se empleaba como cola; el cerebro servía para el curtido de las pieles.

LAS    DANZAS
Los pieles rojas fueron famosos, además, por las fantásticas danzas que ejecutaban en distintas ocasiones. Había danzas de carácter religioso que servían para solicitar al Gran Espíritu una lluvia, una caza abundante, o la victoria en la guerra. Otras danzas, que se ejecutaban inmediatamente antes de una batalla, tenían por objete exciear a los guerreros para la pelea. A menudo, en la excitación los guerreros se excedían; el resultado era, así, opuesto al deseado, pues llegaban a la batalla físicamente extenuados. Otro tipo de danza, que tenía carácter de espectáculo, consistía, generalmente, en la narración mímica de una  hazaña guerrera.

PARA SABER MAS…
Las religiones: Como todos los pueblos antiguos, no sólo de América del Norte, Centro y Sur, sino de Europa, Asia u Oceanía, la figura del sol era tan importante como la de la Luna. Se le adjudicaba al primero la jerarquía, la cacería, la acción de la naturaleza, el cacique, la paternidad, mientras que la segunda estaba parangonada con la noche, el reposo, las aguas, los misterios, la maternidad, el medicine-man (wakan). También adoraban al viento y al rayo al que temían y representaban como una culebra en movimiento, por ello muchas tribus se abstenían de matarlas. Más bien las veneraban y danzaban como los Hopi en ceremonias mágicas y secretas.

Creían que existíaun Gran Espíritu y también otros menores que vivían en cada hombre, en cada animal, lago, árbol, pasto y hasta en las piedras.

Así, para los espirituales indios Hopi, el monte era sagrado y el mundo material y su relación con los espíritus no tenían fronteras limitantes. Cualquier terrón de la tierra era sagrado y como tal habitado por seres sutiles, Además del Sol y la Luna existían las Personas de los Hombres, las Personas de la Tierra, las Personas del Agua, y las Personas del Viento. Esto último coincide con las leyendas de las culturas europeas y orientales sobre los genios que habitan los distintos elementos (hadas, salamandras, sílfides, elfos, etc.)

Entre los zuñies y pawnees, existía la creencia de que las sombras que dejaban en el suelo al caminar, eran sus almas y que cuando fallecían se reunían en un lugar desolado al que ningún miembro vivo de la tribu podía acceder.

Todos los muertos hacían un  largo viaje hacia los cielos y formaban juntos la Vía Láctea, cualquiera hubiera sido su rol en la vida. Las estrellas brillantes, sin embargo, eran los espíritus de los bravos guerreros que cabalgaban, por siempre, los campos celestes del Gran Manitú.

El hombre blanco al llegar a América descubrió muchas cosas importantes y cubrió otras de miseria y olvido. Pero entre las primeras, encontró un verdadero tesoro de leyendas: mellizos que viajaban al sol, aves que raptaban a hermosas doncellas, mujeres arañas librando gente de un diluvio. Al igual que otros escritores o narradores de mitos del resto del planeta, estos pieles rojas contaban la creación del mundo: como se descubrió el fuego, como brotaron las plantas y fueron creados los hombres.

Pero los mitos que los conquistadores escucharon y perpetuaron no eran simples fábulas. Eran herencia sagrada que explicaban las fuerzas de la naturaleza y daban un contenido vital a los cantos y danzas primigenias del ceremonial religioso piel roja. (Fuente: Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona)

Ver: Los Bisontes de la Pradera Norteamericana

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo III Los Pieles Rojas
Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona

Ubicacion Geografica de Mayas Incas Aztecas Lugar que Habitaron?

MAPA DE UBICACIÓN GEOGRAFICA CIVILIZACIONES AMERICANAS

MAYASLos Mayas se situaron en los estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Tabasco y Chiapas. En la mayor parte de Honduras, Belice, y Honduras.
AZTECASLos aztecas se ubicaron en la zona del centro y sur del actual México, en Mesoamérica, entre las costas del Pacífico y el Atlántico.
INCASSu dominio se expandió por mas de 4000 kilómetros, incluyendo el altiplano y la costa Peruana, gran parte del altiplano de Ecuador, el norte chileno, parte del Este de Bolivia y parte del norte de Argentina.
CHIBCHASLos Chibchas se habitaron en la rama oriental de los Andes y el río Magdalena, siendo asiento principal la meseta de Bogotá (Colombia)
Cuadro Comparativo Entre las 4 Culturas

 El Arte Maya

Asesinato de Atahualpa Emperador Inca Muerto Por Pizarro

Asesinato de Atahualpa el Emperador de los Inca

Asesinato de Atahualpa:

Antes de la llegada de los conquistadores españoles a Perú, así como a toda América central y del Sur, los incas constituían un potente imperio que puede colocarse entre los grandes edificadores de la historia universal.

En la época en que llegaron los conquistadores españoles, en la primera mitad del siglo XVI, los incas se encontraban divididos; el trono y el poder estaban siendo disputados por dos pretendientes: Huáscar y Atahualpa, que contaban con el apoyo de parte de la aristocracia. Es en este momento cuando los españoles, conducidos por Francisco Pizarro, irrumpen en escena y comienzan sus campañas de conquistas en el año 1532.

Tal fue el imperio que los españoles descubrieron. Ellos, los fieros individualistas, violentos y ambiciosos, se encontraron ante un pueblo pasivo y resignado. No lo comprendieron ni podían comprenderlo. Por eso la historia de la conquista abunda en hechos difíciles de explicar para nosotros que disfrutamos de la perspectiva del tiempo, pero que nos obstinamos en juzgar a los hombres de otras épocas con nuestras ideas de hoy.

atahualpa

En principio se enfrentaron a las fuerzas de Atahualpa, mucho más numerosas que las españolas, pero muy impresionadas por el armamento y en especial por los caballos y trabucos de éstas.

Los españoles lograron ganar la confianza de Atahualpa y atraerle a su campamento de Cajamarca, donde mataron a sus acompañantes y le hicieron pasionero. Exigieron al pueblo privado de su jefe, un fuerte rescate en plata y oro, y aunque este rescate se pagó, los españoles mataron a Atahualpa. Ya que en el intervalo Huáscar había sido igualmente hecho prisionero y ejecutado con el asentimiento de su rival, los españoles tenían el campo libre.

Este acontecimiento histórico, el asesinato de Atahualpa, produjo la más viva indignación en Europa:  Tratemos de explicar la actitud de Francisco Pizarro, colocándonos en aquel medio, al día siguiente de realizarse, a traición, la prisión del Inca.

Los españoles de Cajamarca vivían en constante zozobra  temían una insurrección general de los indios. Tenían la prueba de que Atahualpa continuaba desde la prisión, dando órdenes en la provincia y, particularmente, que había hecho ahogar a su hermano y rival Huáscar, que ambicionaba probar ante los españoles sus derechos a la corona.

¿Qué hubiera podido hacer aquel puñado de europeos si el imperio proclamaba una especie de guerra santa contra ellos?

Por otra parte, los soldados de Almagro, llegados después de la captura del Inca, habían recibido apenas una porción mínima del rescate de dicho soberano y exigían la marcha sobre el Cuzco, cuyas riquezas se ponderaban. Atahualpa resultaba molesto y sin tardanza había que deshacerse de él.

Por último, un indio de la costa, llamado Felipillo, parece haber desempeñado un gran papel en este drama. Había tenido, en efecto, relaciones culpables con una mujer de Atahualpa, y temía ser castigado si éste recuperaba el poder, por lo cual esparcía rumores de rebelión de indios e incitaba a los soldados a pedir la cabeza del soberano.

Siguiendo con la historia, en 1533, Cuzco, la capital del imperio incaico, que contaba en esta época con unas doscientas mil almas, fue tomada, saqueada y devastada. Dos años más tarde, Pizarro fundó Lima, la actual capital del país. A pesar de que los indios se sublevaron en diversas ocasiones contra los conquistadores, los españoles no tardaron en consolidar su dominación.

Los papeles principales los desempeñaron Pizarro y Almagro, ambos ayudados por los miembros de su familia. A causa de las discordias entre ambos, Almagro fue decapitado, pero poco después, Pizarro, que era gobernador de Lima, fue asesinado.

La conquista de Perú por los españoles entraña la ruina de la civilización de los incas. Los españoles impusieron sus costumbres a los vencidos.

Su régimen tuvo algunas ventajas. Desde el principio marcharon a Perú religiosos que se convirtieron en defensores de los indios; son numerosos los que desempeñaron de modo ejemplar esta noble tarea; contribuyeron eficazmente a la unión de dos civilizaciones:  la india y la española.

Algunos años después de que Pizarro conquistara Perú, los españoles descubrieron importantes yacimientos de plata en Potosí; a pesar de que estaban situados a una altitud de 4.800 m, llegaron a ser uno de los principales yacimientos argentíferos del imperio incaico. Los indios fueron a trabajar en estas minas.

La plata era enviada a Europa en lingotes; el reino incaico, en otro tiempo tan pujante, se iba empobreciendo progresivamente… y aqui mismo comienza la época dorada de España, que paradojicamente la llevaría en el siguiente siglo a la quiebra del estado.

El Tesoro de los Incas

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Consumo y Reparto de Alimentos y Bienes de los Incas

Consumo y Reparto de Bienes de los Incas

Veremos ahora cómo funcionaba sucesivamente la demanda, la oferta, y el equilibrio entre la oferta y la demanda.

La demanda (necesidades de una familia).—No nos detendremos mucho en el examen de la demanda porque las necesidades se reducían en el Perú a su más simple expresión, merced a una reglamentación estrecha.

La alimentación era en extremo sencilla: maíz tostado o hervido, manzanas en jalea o secadas al sol (chuño), legumbres sazonadas con sal y pimienta (quinua, oca, hierbas diversas), a veces, muy raramente, carne salada y seca (charqui); en suma, víveres que podían conservarse generalmente por mucho tiempo, lo que permitía hacer frente a la instabilidad de las estaciones y regularizar la demanda. La cocción se efectuaba en un horno pequeño de arcilla y los utensilios de menaje se reducían a cántaros, ollas, jarros y morteros. La bebida se preparaba con maíz, como se hace todavía hoy (chicha).

los incas

La vivienda era tan sencilla corno la alimentación: una simple casucha de piedra, ladrillo o adobe, techada de paja, sin chimenea, ni ventana, bastaba para una familia entera; el mobiliario se componía de mantas de lana o pieles que servían de camas, y como objetos «toilette», alfileres de metal y cuchillos de sílex para el cabello. Figulinas religiosas adornaban los nichos practicados en las paredes a guisa de armarios. No disponían de asientos, porque el indio tenía por costumbre acurrucarse en el suelo.

La vestimenta no era muy variada; disponían generalmente de dos vestidos, uno para los días de trabajo, otro para los de fiesta, y además una manta de trabajo destinada al transporte de materiales. Todos los vestidos eran idénticos, de un extremo al otro del imperio. Únicamente los tocados Y sombreros se diferenciaban, y cáela uno de ellos constituía la característica de una provincia: la del Callao era el gorro o la corona de madera.

La masa de la población no tenía otras necesidades ni aspiraciones que las enumeradas y le estaba prohibido tener otras. El indio no tenía derecho a variar su alimentación ni su indumentaria, a llevar sandalias u otras prendas, a tener asientos en su habitación, porque estas cosas se consideraban favores reservados a quienes el Inca, excepcionalmente, consideraba dignos de tenerlos. Un control riguroso aseguraba la observancia estricta de esas disposiciones. Las puertas debían permanecer siempre abiertas durante las comidas a fin de permitir la entrada de los inspectores en cualquier momento. La menor infracción se castigaba con severidad.

Puede decirse que los soberanos, al limitar los deseos de sus vasallos descubrieron uno de los secretos del difícil problema que se, proponían resolver. Hubiera resultado vano, en efecto, tratar de ajustar la producción a un consumo creciente y desordenado; el libre juego de la oferta y de la demanda puede realizar ese milagro por la acción del interés personal y la concurrencia, pero una administración por perfecta que fuera, no hubiera podido lograrlo.

La oferta: (producción) — Después de la demanda, la oferta. El estudio de la oferta es el estudio de la producción, pero ésta se limitaba igualmente al Perú, ya no por la voluntad de los hombres sino por razones de la misma naturaleza, dado que el suelo no era abundante ni mucho menos y sólo por un trabajo activo y metódico han podido constituirse, vivir y multiplicarse tales aglomeraciones humanas.

Es singular que la división del trabajo se encontrara todavía en estado embrionario. La regla era que cada uno debía producir lo que le era necesario: alimentación, vestidos, casa, armas. Los candidatos al examen de que hemos hablado, debían dar prueba de su capacidad tejiendo sandalias y fabricando arcos y hondas. Sólo un corto número de artesanos eran especialistas; orfebres, pintores, alfareros, tejedores de telas finas, y sus oficios se transmitían de padres a hijos, trabajando exclusivamente para el soberano.

Eran, por otra parte, agricultores y cultivaban su lote de tierra, pero, a diferencia de los otros miembros de la comunidad no tenían que trabajar las tierras del Sol y del Inca. Pagaban tributo ejerciendo su arte en provecho del monarca.

El equilibrio de la oferta y la demanda. — Gracias a la estadística, conocían por una parte las necesidades y por otra las posibilidades de cada circunscripción administrativa, y así los funcionarios no tenían más que a justar las segundas a las primeras, haciendo circular las mercancías entre las provincias.

Pero esto no era todo: se hacía necesario prever el caso en que, por un motivo cualquiera, epidemia, invasión, sequía, temblor de tierra, los productos pudieran faltar al conjunto del territorio, y había que constituir durante los años de abundancia una reserva destinada a atender esa demanda sin contrapartida. Para asegurar ese doble equilibrio, en el espacio y en el tiempo, los Incas fundaron graneros, series de pequeños edificios que contenían los productos más diversos: comestibles, vestidos, materias primas, cuerdas, armas y otros objetos fabricados.

Allí testaban almacenadas las cosechas del Sol y del Inca y todos los tributos exigidos a los indios. Si por acaso se observaba que en una provincia faltarían las materias primas para la fabricación de tejidos, la autoridad central daba órdenes para que las cantidades de lana necesarias fueran extraídas de los graneros de aquellas regiones donde abundaban las llamas, y depositados en la región desprovista.

Si las estadísticas indicaban que la cosecha general de maíz no permitiría alimentar la población durante el año entero, la autoridad central permitía a las autoridades locales que tomaran de los graneros las cantidades suficientes de ese cereal acumulados en los años precedentes. La previsión era tal que los almacenes tenían a veces víveres para diez años.

De esta manera, los artículos de consumo y otros objetos tributados por los habitantes, al Sol y al Inca, no servían únicamente al culto y a la «élite»; una gran parte estaba formada por las reservas y volvían en tiempo de crisis a manos de quienes los habían producido.

Es evidente que, el menor traslado de los grupos de población hubiera originado errores en las estadísticas y alterado la aplicación del sistema; no hubieran logrado nunca los funcionarios adaptar la producción a un consumo irregular; por eso ningún indio podía circular sin especial autorización.

En contraposición, el Inca trasladaba de oficio tribus enteras, cuando lo juzgaba oportuno y las estadísticas registraban esos traslados.

Esto hace relación a una de las instituciones capitales de los Incas, la de los «mitmac», en español «mitimaes». El soberano instalaba tribus de su confianza en las provincias recién conquistadas, en lugar de las tribus turbulentas que enviaba a las regiones centrales del imperio. Aseguraba de esa manera la paz, por un procedimiento que se ha considerado siempre como uno de los más crueles inventados por los conquistadores: el transporte en masa de grupos humanos. Nada podría demostrar mejor hasta qué punto el interés del individuo se sacrificaba al del Estado.

He ahí pues, el edificio terminado: producción, consumo, equilibrio final. No podríamos dejar de admirar su acabada estructura y disposición si no se echaran de ver al mismo tiempo algunas hendeduras en sus paredes. El sistema es hermoso, pero en cierta manera teórico y para adaptarlo a la realidad fue necesario corregirlo. Estos correctivos o enmiendas son los que nos quedan por examinar.

Las enmiendas. — La primera enmienda concierne a la organización administrativa. Hemos visto que la población estaba dividida en decenas, centenas, etc. ¿Era posible tal división? ¿Los matrimonios y los decesos no debían deformarla continuamente? Y no es que pretendamos que se diera en el Perú el caso de la antigua Germania, donde la centuria no contó con cien jefes de familia sino en el instante en que se estableció por primera vez. Los Incas se ingeniaron para mantener dentro de lo posible la división numérica en la realidad, considerando las exigencias del reparto administrativo de productos, de materias primas, de tributos, que se efectuaba en forma muy simple y tenemos, entre otros, dos testimonios formales a ese respecto, los de dos eminentes jurisconsultos del siglo XVI: F. de Santillán y C. de Castro.

Empero, como los monarcas, por regla general, dejaban subsistir las organizaciones locales y en particular las
comunidades agrarias y como, por otra parte, el número de familias de que se componían esas comunidades locales no correspondía siempre — y esto hubiera resultado milagroso — a múltiplos de 10, se conformaban con algo más o menos aproximado.

La segunda enmienda es más importante porque concierne al derecho de propiedad. Los Incas, para recompensar los servicios prestados, hacían a sus súbitos donaciones considerables de tierras, llamas, vestidos y objetos preciosos. Los bienes recibidos en donación no eran enajenables, pero podían transmitirse por herencia, quedando los descendientes, colectivamente propietarios. De esta manera, se constituyó en el Perú una propiedad individual, que no era idéntica a la propiedad quiritaria del derecho romano, porque el detentor no tenía poderes absolutos, pero tampoco era la propiedad colectiva de la comunidad. Notemos, de paso, que ese derecho de propiedad individual, entró en la historia, no a consecuencia de la conquista o el despojo, sino bajo forma de recompensa conferida al mérito.

Finalmente, la tercera enmienda que deseo señalar, se refiere al equilibrio de la oferta y la demanda. En un régimen socialista y bajo el plan indicado, ese equilibrio se obtiene por la única acción de la autoridad central. Los particulares no tienen intervención y el comercio privado es una expresión vacía de sentido. Ahora bien, la lectura de los cronistas nos revela la existencia de un cierto comercio, tanto exterior como interior. ¿Cuál es el «porqué» de esa anomalía?

Remontémonos a la época anterior a la conquista Inca. Sabemos hoy, merced a los descubrimientos de los arqueólogos, que existía un comercio asaz importante entre las tribus de la América del Sur, desde luego entre las que habitaban las diferentes regiones de la meseta interandina: algunas cultivaban la tierra, otras criaban ganado, lo que determinaba el cambio de llamas por maíz. También entre los pobladores de la meseta y de la costa, a través de los pasos de la cordillera: trueque de maíz, lana y patatas por algodón, pescado y frutos; por fin, entre los habitantes de la costa y la meseta con los de la selva oriental que proveían de madera, plumas y coca. Además, los objetos de lujo, de mucho valor y poco volumen, pasaban de mano en mano y llegaban hasta las regiones más alejadas.

Era el comercio mayor y se hacía con piedras preciosas, tejidos finos, oro, plata y obsidiana. Todos estos cambios habían alcanzado tal amplitud, que algunos productos muy solicitados, como el maíz, servían de moneda-mercancía internacional y hasta un verdadero signo monetario tenía curso en los estados del Pacífico, moneda constituida por conchillas originarias de los mares tropicales de Méjico y por pequeñas hachas menudas en forma de T.

Ahora bien, los Incas se esforzaban por no introducir cambios en las costumbres de los pueblos que sometían; subsistían pues las corrientes comerciales, pero en consideración al establecimiento del plan socialista, debieron fatalmente disminuir de intensidad.

Un régimen de circulación de riquezas, por una autoridad central, sólo permite una circulación muy restringida mediante los cambios privados. Esta última circulación comprendía únicamente los excedentes de las cosechas obtenidas por el indio sobre su «kipu», las crías que aumentaban los rebaños de llamas, los productos de bienes recibidos en donación.

Y he ahí por qué los comerciantes extranjeros frecuentaban la meseta andina. Esos comerciantes fueron quienes revelaron la presencia del imperio a Pascual de Andagoya en el Darién; esa fue la razón de que el piloto Ruíz, que descendía por la costa del Pacífico, encontrara una balsa cargada de mercancías, procedente de Túmbez, como también de que Pacbakutec designara días de feria en las grandes ciudades del imperio.

Excusa decir que ese comercio florecía en razón de la lenidad con que se aplicaba el sistema centralizador de los Incas, de ahí que subsistiera principalmente en las provincias conquistadas por los soberanos del Cuzco, poco antes de la llegada de los españoles.

Esto no obstante, en último término y aun en las susodichas provincias, tratándose de un país donde cada uno poseía su lote de tierra y recibía su parte de materias primas, el tal comercio apenas si podía compararse con el que existe en países de propiedad privada y de división del trabajo. La aplicación estricta del sistema Inca, importó para ese comercio un verdadero retroceso.

Organizacion de la Agricultura Inca y las Tierras de Cultivo

Organización de la Agricultura Inca y Tierras
Ayllu:Unidad Social

Las comunidades agrarias o «ayllu», constituyen el fundamento de todas las civilizaciones del altiplano andino. Forman el vínculo entre el hombre y la tierra. Es muy verosímil que esos grupos de origen totémico, hayan sido en un principio puramente consanguíneos y luego, gradualmente y en considerable proporción, se hayan convertido
en territoriales.

Es importante establecer es que el «ayllu» fue la célula social del Perú precolombiano porque colectivamente fue propietario de la tierra. No hay en ello nada de original: en un gran número de pueblos mediterráneos la propiedad territorial colectiva del grupo, ha existido y existe todavía hoy.

Tanto aquí como del otro lado del Atlántico, los bienes de las comunidades agrarias se dividían en tres categorías: los poseídos y explotados en común (tierras de travesía y bosques), los poseídos en común y repartidos periódicamente (tierras de cultivo), y los que eran objeto de una propiedad individual (casa, cercado y muebles).

¿Qué hicieron los Incas en presencia de esa institución? Como hábiles políticos que eran, cuidaron de no destruirla y se impusieron simplemente como copartícipes. Para darnos cuenta de su acción, tornemos algunos de los últimos conquistadores incas: Pachakutek, Tupak Yupanki o Huayna Kapak, y sigámosles por las provincias que acaban de someter a su dominio.

Como el suelo era generalmente poco fértil, el primer cuidado del monarca, después de dar libertad a los prisioneros y celebrar grandes fiestas fraternizando con los vencidos, consistía en reunir las poblaciones; luego se ocupaba de acrecentar la producción, tanto por la extensión como por la intensificación de los cultivos.

terraza cultivo

De la agronomía de los Andes, tanto en sus vertientes occidentales como en las orientales, destaca la construcción de varios cientos de miles de hectáreas de andenes o terrazas de cultivo de dos tipos. El primero está constituido por rocas terraplenadas pero sin terraza de contorno, con un terreno inclinado dispuesto a lo largo de una ladera sin agua de riego. El segundo consiste en muros de represamiento de contorno y con riego, como las terrazas de Pisac (arriba)

La extensión se lograba mediante la construcción de esos «andenes» o «sukre», terrazas en gradería que los Incas no inventaron pero que multiplicaron sobre los contrafuertes de la cordillera. Sus vestigios pueden verse todavía en diversas regiones de los Andes.

Esas terrazas se regaban por medio de canales cavados en la roca, que pasaban por túneles o cruzaban los valles sobre acueductos: trabajo gigantesco si se piensa que para efectuarlo, no disponían los indios ni de carros, ni de animales domésticos, salvo la llama, de poca utilidad, y que no conocían en materia de herramientas, sino el martillo de piedra, el hacha de cobre y el cincel de bronce.

El agua, traída de esta manera, se distribuía conforme a reglas muy precisas que recuerdan las de las comunidades de agua de la huerta de Valencia y Murcia. En cuanto a la intensificación del cultivo, puede decirse que era una consecuencia de la política de los abonos.

Las islas Chinchas, donde se encuentran los famosos «guanos», eran compartidas por diferentes provincias del imperio, de manera que cada una de ellas se aseguraba el derecho de disponer de una importante cantidad de ese famoso estiércol de ave. Estaba prohibido, bajo pena de muerte, matar los volátiles y aun molestarlos en tiempo de postura.

Tenemos pues el territorio cultivable aumentado y acrecido su rendimiento. Entonces los prácticos venidos de Cuzco, reemplazaban a los ingenieros, procediendo al deslinde de los territorios afectados a las diferentes comunidades, daban nombres a los relieves del suelo o confirmaban los nombres existentes y por fin efectuaban la repartición de las tierras, operación que los autores modernos no han comprendido muy bien al parecer, por lo que hemos de insistir sobre ella.

Cuadro sintesis

A nuestro juicio, la partición se efectuaba de la manera siguiente: Calculaban los peritos en cada región la superficie necesaria para un hombre casado y sin hijos, que le permitiera vivir; la unidad así determinada se llamaba «tapa»; era variable según los lugares y es improcedente definirla por una cifra, como algunos autores han tratado de hacerlo.

Esta unidad se multiplicaba por el número de los miembros de la comunidad, a razón de un «tupu» por cada jefe de familia, de un «tupu» igualmente por cada hijo, y de un medio «tupu» por hija; los funcionarios dividían en seguida el total obtenido, entre el Sol, es decir la Religión, y el Inca, es decir el Estado.

Esta segunda partición se llevaba a cabo, según parece, teniendo en cuenta ciertas circunstancias: en las proximidades de un templo o de un lugar de peregrinación la Religión obtenía una parte superior a la del Inca, y éste, por el contrario, salía favorecido en los alrededores de las grandes ciudades.

Quedaba por hacer una última partición, pero solamente de usufructo, la de las tierras de la comunidad, por «tupu», entre los jefes de familia. La administración imperial no tenía nada que ver en esa partición, que era obra de la comunidad misma y que se renovaba cada año. Decimos cada año, porque los cronistas son muy claros sobre ese punto, y es un error imaginar, como lo hace el historiador Prescott, que el adquirente de la tierra al cabo de un año venía a ser propietario vitalicio.

En el orden cronológico, las primeras tierras cultivadas eran sin duda alguna las del Sol, y las cosechas obtenidas se reservaban para el culto, es decir para los sacrificios y para la alimentación de los sacerdotes, pero únicamente durante el tiempo en que éstos oficiaban en los templos, servicio que se regulaba con alternación.

El orden de cultivo de las otras tierras no lo conocemos con certeza, porque consideramos dudoso el que indica Garcilaso, objetado formalmente por Ondegardo. Digamos solamente que además de las tierras del Sol, y las suyas propias, los indios cultivaban las tierras del Inca, de los jefes militares, de los altos funcionarios y la de los incapaces, es decir de las viudas, huérfanos, enfermos, ciegos, inválidos, soldados en servicio. Estas tierras estaban a cargo de ciertos indios, designados al efecto en cada ciudad.

Esa labor, por otra parte, se asemejaba con frecuencia a un juego de regocijo, especialmente cuando se trataba de las tierras del soberano, porque entonces se realizaba con trajes de fiesta, entre danzas y cantos. Empero, el carácter primitivo de los instrumentos agrícolas la hacía muy penosa; el labrador sólo disponía de una «taklla», especie de pala de madera que hundía en el suelo apoyando el pie sobre unos palos en cruz, fijados al mango en su parte inferior. Las mujeres y las mozas rompían los terrones con las manos o con un martillo de piedra.

La serpiente emplumada Dios de los Aztecas Leyenda de Quetzalcoatl

La serpiente emplumada Dios de los Aztecas

SERPIENTE EMPLUMADA Ó QUETZALOCOALT: Dios de los aztecas y toltecas, está asociado a la fertilidad del suelo y con la estrella vespertina (Venus) . Para muchos fue un personaje histórico deificado que enseñó a su pueblo la agricultura, el trabajo de los metales, las artes, el calendario y predicó una religión de amor y resignación.

Su opuesto Tezcatlipoca , el dios de la oscuridad o el cielo nocturno. Otro de sus rivales era Huitzilopochtli, el ruiseñor adivino, feroz dios de la guerra. Ellos representaban, una vez más en la historia, las fuerzas del bien y del mal en constante lucha. El creador y el destructor. El artista y el devastador.

Existía la creencia de que éste había enviado a Quetzalcoatl al exilio, pero una profecía marcaba que regresaría y su aspecto supuesto era piel clara y barba. Sobre su muerte existen distintas leyendas.

Una relata que él mismo levantó su propia pira en la que se quemó. Las llamas se convirtieron en pájaros quetzal (ave trepadora tropical de plumaje suave, verde tornasolado y rojo. El quetzal figura en el escudo de Guatemala). De las cenizas de Quetzalcoatl surgió una estrella que se elevó al cielo (Venus).

Según otra historia, se lanzó al Atlántico en una balsa construída por serpientes, entrelazadas, pero antes envió a Cholula  emisarios con la promesa de que un día volvería en esa balsa desde la dirección del sol naciente. Fácil es comprender cómo reaccionaron los aztecas cuando aparecieron las extrañas embarcaciones, de tamaño sobrenatural y apariencia fantasmagorica, desde el este, por el «agua celestial», desde la dirección del Sol y de la estrella de la mañana. No supieron hasta que fue tarde que eran los conquistadores tu mandados por Hernán Cortés en 1519, que además de ser de raza desconocida, vestían de manera muy extraña y eran acompañados por seres fenomenales.

El rey azteca Moctezuma II se convenció rápidamente de que el español era la encarnación de su dios, pues lucía muy parecido, a lo que sumó la pólvora y la mostruosa, fantasmagórica y alucinante aparición del caballo, hasta encontrar nunca visto por los habitantes de aquel fantástico imperio instalado en Tenochtitlan, México. Además del aspecto del caballo, lo que alucinaba a los nativos era que un cuerpo viviente se desprendiera de otro cuerpo viviente al desmontar el jinete.

La desunión de las tribus aztecas agobiadas por los impuestos y sacrificio humanos organizados, donde a veces miles de jóvenes esperaban en filas kilométricas su turno para ser sacrificadas por los aztecas, la conversión de Moctezuma en dios a quien no podía mirarse a los ojos y las enfermedades nuevas que sus organismos no pudieron soportar, minaron la fortaleza del pueblo y fueron iluminados por los conquistadores que, a su vez, no ahorraron castigo y crimen Además, los antiguos códices anticipaban dramáticos finales como la profecía conocida como «Chilam Balam«, un grupo de textos místicos y profecía donde de se leía que debían prepararse para «la llegada del gemelo del ciclo que castraría al Sol, trayendo la noche, la tristeza y el dolor». Estaba llegando el quinto sol.

La historia de los pueblos mayas y aztecas ofrece algunas de las más grandiosas fantasías del género humano: ciudades enormes, diseñadas con prolijidad y sentido urbanístico, gigantescos monumentos, canales,  ciudades construidas sobre lagos, mercados fastuosos con cientos de productos diferentes, artesanías, telas, orfebrería y el dominio de algunas ciencias, como la astronomía, la agricultura, la conservación de alimentos.

Conmueven al estudioso y produce honda angustia la trágica y otras veces misteriosa fortuna corrida por estos pueblos que explotaban sus tierras hasta el exceso agotando y destruyendo el lugar donde vivían y fueron aniquilados por culturas extrañas e invasivas que incluso llegaron a ocultar deliberadamente lo que estas civilizaciones habían logrado.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito de Luis Melnik Tomo I

La Noche Triste Conquista del Imperio Azteca Por Cortes Monteczuma

La Noche Triste en la Conquista del Imperio Azteca

Cortés tomó de nuevo el camino haciaTenochtitlán. Al día siguiente, la tormenta estallaba en toda su violencia y el pueblo en armas, entabló terrible combate en torno al templo de Huitzilipochtli.

Los españoles consiguieron apoderarse del edificio, pero Cortés se percató en el acto de que su Única esperanza estaba en abandonar la dudad.

Un suceso inesperado, acontecimiento capital en aquellos momentos, había trastornado la situación: la muerte de Moctezuma.

El soberano había exhortado a sus súbditos a cesar las hostilidades, pues todo lo que había sucedido respondía a la voluntad de los dioses.

Sus palabras causaron efectos contraproducentes; el silencio respetuoso de la multitud se trocó de súbito en rabiosa cólera y sobre el tejado llovieron flechas y piedras.

Herido en la cabeza, Moctezuma perdió el conocimiento y pocos días después murió. Sobrevino la “noche triste”, uno de los episodios más dramáticos de la historia de la conquista. Los españoles abandonaron el palacio en que se habían atrincherado. Llegados al dique, los españoles oyeron una señal concertada de antemano y, en el acto, el sordo estruendo de los tambores de guerra.

El enemigo iniciaba la ofensiva: los aztecas atacaban a los españoles por la espalda y por ambos flancos los hostigaban guerreros embarcados en canoas.

A la mañana que siguió a aquella noche terrible comprobó, al pasar revista a sus tropas, que más de la mitad de los efectivos habían caído ante el enemigo o fueron hechos prisioneros. Los reveses sufridos durante la “noche triste» señalan un hito en la carrera del conquistador y en la historia de la colonización española en América.

Cortés se había percatado de que el único modo de reducir la capital azteca a la capitulación era aislarla completamente de las orillas del lago, y así, decidió apoderarse de las ciudades situadas en las riberas del Texcoco, y primero construir luego embarcaciones que permitieran una ofensiva directa a la ciudad; en tercer lugar, proyectó cortar el acueducto que llevaba agua potable a Tenochtitlán.

PARA SABER MAS…
LA TERRIBLE VENGANZA DE LOS AZTECAS

Ya en el camino de regreso a México- Tenochtitlan, después de la ludia contra Narváez, Cortés recibe noticias inquietantes. Durante su ausencia, estalló en la capital azteca una rebelión: de la pequeña guarnición española que dejara quedaban pocos hombres, ahora prisioneros de los indios.

Moctezuma había esperado el buen momento, había aceptado la coexistencia con los conquistadores en tanto no podia hacer otra cosa. Mas el jefe blanco se ocupaba ahora en combatir a otros hombres de su misma raza. Moctezuma también sabría aprovecharse de las divisiones en el campo enemigo.

Para sorpresa de Cortés, ninguna fuerza azteca impide su entrada en la capital.

—»Ya la primera vez fue así» —dice él—. El conquistador no imaginaba la trampa en que caería cuando la tropa española ya estaba dentro de la ciudad, de todas las casas próximas surgieron guerreros indios, fuertemente armados. La capital es sitiada por sus propios moradores y todo camino de ida queda impedido a los españoles.

La situación de éstos se hace cada vez más crítica, el cerco se prolonga los víveres comienzan a escasear en-::e ellos. Cortés inicia tratativas con Moctezuma, quien nuevamente pactaba —o fingía pactar— con los invasores. El soberano azteca es invitado a pronunciar un discurso a su pueblo.

Apenas aparece en la terraza le gritan: «¿Qué quiere de nosotros Moctezuma, mujer de los españoles?», y es Acamado mortalmente por una lluvia   de piedras. El pueblo azteca ya no lo aceptaba más como líder. Prefería la rebelión declarada contra los ocupantes a la complicada diplomacia de Moctezuma.

Agotado ese intento, sólo queda a Cortés una alternativa desesperada: romper el cerco enemigo. Para ello es necesario atravesar los puentes y canales de la ciudad, con todos los hombres y además el pesado equipo de guerra. La retirada se produce en condiciones dramáticas. De cada diez españoles, uno apenas consigue llegar a la otra orilla. Los demás mueren acribillados por las flechas o simplemente ahogados.

Muchos de los retrasados que recorrían todavía los templos en busca de las piezas de oro azteca también fueron hechos prisioneros por los indios y sacrificados en masa.


NUEVO CERCO: ESTA VEZ DE LOS ESPAÑOLES

La «noche triste» —como los españoles llamaron a la retirada— es la madrugada del 30 de junio de 1520. Con los efectivos bastante reducidos, Cortés decide reorganizar sus fuerzas rápidamente. Da la batalla de Otumba. Llegan refuerzos de Jamaica, de las Canarias e incluso de España. «Mi concepto no debe ser tan malo por aquellos lados», dice Hernán. Mas no tiene tiempo para preocuparse por su fama. Todas las fuerzas deben concentrarse en la reconquista de México.

En abril del año siguiente, Cortés tiene a su vez ocasión de establecer el sitio: durante tres meses la ciudad es aislada, privada de víveres y agua potable. En el mes de agosto, Cortés atraviesa los puentes y, después de encarnizado combate, hace prisionero a Cuauhtémoc («Águila que desciende» es la traducción de su nombre), el segundo sucesor de Moctezuma. Llevado a presencia de Cortés, levanta la cabeza, altivo: «Vengo obligado a verte porque soy prisionero de tus hombres; toma la espada que traes en la cintura y mátame!»

No se sabe ciertamente si el jefe azteca fue ejecutado en esa ocasión o mucho más tarde. Según algunos historiadores, Cortés lo habría torturado para que revelase el escondrijo del tesoro real y lo hizo perecer tres años después, durante una expedición.

Hernán Cortés es ahora señor absoluto de México. Instalado en suntuoso palacio, tiene una corte de servidores indígenas. El conquistador parece haber realizado su viejo sueño. Falta sólo el reconocimiento oficial de su hazaña. El 15 de octubre de 1522, un enviado del rey se anuncia. Llegándose hasta donde lo espera Cortés, desenrolla un mensaje y lee:

«Agradeciéndoos la bravura, el coraje y la fidelidad que demostrasteis para con la corona, yo, Carlos, rey de España, de Alemania y de Flandes, soberano emperador de Roma, os nombro gobernador y capitán general de Nueva España, con plenos poderes para gobernar y explorar las nuevas tierras».

Es el triunfo; la suprema consagración del empecinado conquistador.

Fuente Consultada: Historia Universal de Carl Crimberg

Ciudades Sagradas de los Mayas Historia de Copan Quirigua Tikal

Ciudades Sagradas de los Mayas – Ruinas de Copán- Quirigua – Palenque – Tikal – El Mirador – Chichén Itzá –

Ciudades Sagradas de los Mayas Culturas de Mesoamérica

LOS MAYAS: La cultura que se asocia con el punto culminante de la Edad Clásica de Mesoamérica es la maya. Este pueblo estuvo enormemente influido por las demás culturas mesoamericanas, junto a las cuales evolucionó poco a poco.

La cultura de los mayas se extendió por la península de Yucatán hasta llegar a la actual Guatemala, el norte de Belice y Honduras. Los mayas crearon un imperio integrado por ciudades-estado centradas en una agricultura intensiva y el comercio; algunas de las ciudades mayas más conocidas son Chichén Itzá, Uxmal, Palenque y Calakmul.

Entre los años 300 y 900 d. C., los mayas comenzaron a producir arte de un nivel tal que esta época ha sido denominada el Periodo Clásico. Crearon estatuas sofisticadas y relieves tallados en piedra, muchos de los cuales aparecían firmados por el artista.

Desarrollaron los jeroglíficos olmecas y emplearon la escritura para dejar constancia de acontecimientos y victorias en batallas en grandes bloques de piedra decorativos. También la arquitectura maya era sofisticada.

Los mayas extraían caliza de las canteras y cocían ladrillos. Además, los edificios civiles importantes estaban revestidos de yeso para contar con una superficie lisa ideal para decorar. Como sus antepasados, los mayas erigieron sus templos en la cima de inmensas pirámides escalonadas para aproximarse a los dioses.

Eran además sabios astrónomos, por lo que tal vez usaran estas estructuras como observatorios. Aunque la civilización maya entró en decadencia en el siglo IX, pervivieron culturas pos mayas, cuyo estatus únicamente se vio socavado por la llegada de los españoles en el siglo XV.

Al visitar los emplezamientos arqueológicos mayas, llaman la atención los edificios y los complejos arquitectónicos, que avivan la curiosidad e imaginacion de expertos y visitantes.

Para los habituados al hecho urbano los edificios que construyeron los mayas plantean una serie de preguntas y estimulan el interés por aquella cultura precolombina.

Las construcciones mayas parecen compartir a primera vista una serie de similitudes, aunque consideradas las distintas áreas en las que se sitúan y pertenecen, las diferencias se multiplican. Asi, la distribución de los edificios de las plazas, de los patios y una construcción a diferentes niveles

 

arco kabah maya

Del Gran Arco de Kabah, situado al final de la ciudad y como puerta de un sacbe que unía este centro con Uxmal, destaca la bóveda de aproximación de hiladas propia de muchos edificios ceremoniales y usada en el tejado a dos aguas muy inclinado de las viviendas mayas.

dando lugar a complejos similares a acrópolis difieren notablemente en función de las áreas, si bien existen una serie de elementos que permiten una identificación de similitudes como, por ejemplo, el uso de techados con bóveda de aproximación de hiladas, la utilización de techos de vigas cubiertas de hormigón con cal, el uso o no de cresterías caladas, el tipo de inclinación que se da al edificio, la presencia de estructuras piramidales, la presencia de estucos…

Los principales estilos -correspondientes a El Peten, Usumacinta, Motagua, Río Bec, Chenes, Puuc y el de la Costa Oriental- permiten agrupar regionalmente no sólo en el espacio sino también en el tiempo las construcciones mayas.

mentos públicos. La arquitectura pública surgió en la medida en que la progresiva complejidad cultural condujo a la necesidad de disponer de unos lugares específicos en torno a los cuales la sociedad pudiera realizar actividades comunes relacionadas con lo divino y lo humano.

Al igual que en el caso de las estructuras domésticas, la arquitectura monumental tuvo una serie de condicionamientos que dependían de la materia prima más abundante en el lugar, pero las técnicas de construcción básicas no variaron en gran medida: pisos, rellenos, muros y coberturas.

Así, la caliza, para el estuco de enlucir el relleno o los sillares, fue el material más usado en todas las tierras bajas y ofrecía la mejor preservación, mientras que en el altiplano y la periferia existió mayor diversidad de materiales en función de una mayor variedad geológica.

Un rasgo característico del área a partir del período Formativo Tardío fue el uso de la bóveda de aproximación o de hiladas, que sustituyó de forma progresiva a las originarias cubiertas de materiales perecederos (entre ellos la palma), que iban a continuar siendo usados en la arquitectura doméstica hasta la actualidad.

La arquitectura maya tuvo rasgos y elementos afines a otras culturas mesoamericanas, y variaciones puramente regionales.

Entre los rasgos comunes cabría destacar la disposición de los edificios alrededor de una plaza, la mayor elevación de los templos-pirámide, que sobresalían del entorno doméstico, los palacios, las acrópolis o los conjuntos de templos y palacios, los juegos de pelota y las calzadas o sacbeob; mientras que otras edificaciones como los complejos de conmemoración astronómica, las escalinatas jeroglíficas, las cresterías, los arcos, las torres o los cuadrángulos, se dieron de forma más limitada según las zonas.

Lo mismo que en las estructuras arquitectónicas, las decoraciones externas presentaron unos patrones básicos a partir de los cuales  surgieron  multitud  de  variaciones sobre un mismo tema y así, desde el Formativo, las fachadas de templos y palacios se adornaron con grandes mascarones de estuco o de piedra tallada, en los que se representaban las figuras de dioses y anímales que con el tiempo evolucionaron hacia formas muy estilizadas.

En el momento de mayor auge cultural se distinguieron varias regiones con rasgos estiilísticos propios: la de El Peten, con la ciudad de Tikal como centro, destacó del resto por la grandiosidad formal de sus basamentos, con una construcción muy vertical y sólida, y con templos rematados con inmensas cresterías macizas. Fue muy común el uso del estuco y la pintura para embellecer las paredes en edificios y tumbas.

Las ruinas deTikal cubren cerca de 60 km2, en las que se han descubierto literalmente miles de construcciones.

Al cabo de décadas de trabajo, se ha excavado apenas una fracción de la ciudad, y los cálculos sobre su población oscilan entre los 100.000 y los 200.000 habitantes en su época de apogeo, que tuvo lugar en el siglo VII

Templo maya en tikal

Tikal es la más grande de las antiguas ciudades de los mayas.
Está situada en la región de El Petén, en Guatemala.
Templo de la Serpiente Bicéfala

En la región del río Usumacinta, cuyo centro fue Palenque -hasta tal punto que cabría hablar de un estilo propio en este centro-, las edificaciones son de menor tamaño que las de El Peten, los basamentos son bajos y, en general, tienen un aspecto más ligero, a lo que contribuyeron las cresterías caladas, que coronaban las edificaciones, y las diversas tipologías de arcos.

El uso del estuco en Palenque, la piedra labrada en Yaxchilán y la pintura mural policroma en rrnampak, centros menores pero adscritos también al área de este estilo arquitectónico, ¿¿quirieron características magistrales al ornamentar las cresterías, las portadas y los interiores.

El área del sudeste, que incluye centros como Copan y Quiriguá, por su natural situación periférica presentó peculariedades rropias, con una decoración escultórica en tiedra -prácticamente exenta- que se aplicó en construcciones como templos, palacios y escalinatas.

El Arte Maya

Fuentes Consultadas:
El Mundo Precolombino (Ed. Oceano)
Lugares Sagrados de América Juan Tafur (Ed. Oceano-Ambar)
Maravillas de América Central
Lugares Misteriosos de Paula Ruggeri
Atlas de la Historia del Mundo

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RUINAS DE PALENQUE

Ruinas de Palenque Restos de la Civilizacion Maya Observatorio

Templo de las Inscripciones, el mas importante de los monumentos de Palenque, se encuentra sobre una pirámide escalonada. Desde el interior del templo se puede descender a una cripta  funeraria de Pakal

Ver: Ruinas de Palenque – Restos Civilizacion Maya

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Las Ruinas de Copan en Honduras
Arquitectura Maya en Mesoamérica
Las Ruinas de Copan en Honduras Arquitectura Maya en Mesoamerica

COPAN:  Los mayas realizaron en esta ciudad más estelas escritas que en ningún otro sitio, en su afán por perpetuar el conocimiento de su éxito. La Atenas del mundo maya fue descubierta en 1750 por don Diego García de Palacio.

Se supone que tomó ese nombre tomó su nombre de la antigua capital del Reino Hueytiato, o Payaquí. Copantl, término Quanhpantli: «Puente de Madera, lo que llamamos Copante».

Tras ser abandonada en el siglo X, Copan permaneció en el olvido durante 500 años, reclamada sólo por la selva. Esta magnífica ciudad es reconocida como la mayor creación maya y posee algunas de las muestras más notables de la arquitectura y escultura de esta civilización.

En el lluvioso verano de 1839, el explorador estadounidense John Lloyd Stephens y el artista inglésFrederick Catherwood llegaron a un claro en el denso bosque tropical y contemplaron la antigua ciudad maya de Copan.

La selva ocultaba muchos de los edificios y velaba el perfil de los que aún se hallaban en pie.

El lugar entero se había deteriorado a causa del clima riguroso, los sismos y el lento crecimiento de enredaderas y raíces. También había tenido que soportar 1.000 años de erosión del río Copan.

Las ruinas de esta ciudad real descansan en el centro del valle del río Copan, en Honduras, a pocos kilómetros de la frontera con Guatemala.

Stephens y Catherwood no fueron los primeros visitantes de Copan. En el siglo XVI, s de cinco siglos después del abandono de la ciudad, los españoles (Diego García de Palacio) la mencionaron en sus textos, y en 1834 el gobierno de Guatemala financió un estudio de las ruinas.

Pero fue el trabajo de ellos dos el que atrajo la atención del mundo occidental sobre Copan.

Hasta la fecha se carece de una información fidedigna acerca de los primeros habitantes del Valle de Copán.

Sin embargo, con base en diversos rastros encontrados en el área, puede conjeturarse que dicho valle fue objeto de ocupación humana en una época que se remonta a los mil años antes de Cristo, es decir, 1500 años atrás.

En la frontera entre Honduras y Guatemala, las ruinas de Copán albergan uno de los mayores tesoros del arte precolombino americano.

Sus orígenes se remontan al siglo IX a. C., cuando se levantaron en la zona las primeras construcciones en piedra, y hacia el año 150 se estableció allí una colonia maya cuyo nombre original era Xucpi, que quiere decir «atado de maíz».

Tres siglos más tarde, las estatuas y monumentos de Xucpi eran famosos en todo el universo maya, y sus reyes parecían haber conquistado el favor de los dioses para siempre.

La modesta colonia se había convertido en una de las ciudades—estado más poderosas de Mesoamerica.

Han habido pobladores en el Valle de Copán desde aproximadamente el año 1200 y muy probablemente desde antes de dicha fecha. Gobernados por reyes, los escultores reales demostraban sus talentos innovadores en muchas formas.

La Escalinata de los Jeroglíficos incluye el más largo que se haya descubierto en los sitios Mayas. Este texto conmemora eventos importantes durante el reinado de los 12 primeros reyes de Copan.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central

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Patrimonio Histórico de Guatemala
Ciudad de Tikal
Patrimonio Histórico de Guatemala Ciudad de Tikal

Ruinas mayas de Tikal. La ciudad, unida por cuatro grandes calzadas, llegó a contar con 50.000 habitantes.

TIKAL: Los secretos de los mayas: Es la ciudad antigua más grande descubierta hasta ahora en el Hemisferio Occidental. Predominan sus muchos templos y santuarios, donde se realizaban los cultos de la religión que dominaba la vida maya hasta un extremo difícil de imaginar.

El pueblo vivía en casas de madera, con techo de paja y barro, estrechamente agrupadas en torno de templos y palacios de piedra, donde residían los sacerdotes y nobles.

Un corazón de este importante centro arqueológico, descubierto de manera fortuita por el misionero español Andrés de Avendaño, se extiende sobre 16 kilómetros cuadrados y se encuentra inmerso en una importante selva tropical umbrófila en cuyo interior se han censado más de dos mil especies diferentes de plantas y más de trescientas especies distintas de aves.

En él se han encontrado más de tres mil edificaciones prehistóricas: palacios, plataformas ceremoniales, plazas y juegos de pelota. Entre las construcciones más complejas y singulares destacan los seis principales templos.

El templo IV, con 70 metros de altura es el edificio más alto de toda la América prehispánica. El centro de Tikal, que ocupó un lugar principal en la cultura y el comercio de toda la región centroamericana, poseía una población que superaba los 50.000 habitantes, y que la convertían en uno de los lugares más poblados de América en su época.

Cuatro calzadas excepcionales comunicaban entre sí los principales conjuntos arquitectónicos de esta ciudad maya. Entre sus vestigios, que se remontan a un pasado misterioso, se encuentra la inscripción jeroglífica más antigua del mundo maya que se conoce y que corresponde a la Estela 29 datada en el año 292 de la era cristiana

Parque Nacional Tikal de Guatemala, que ocupa 576 kilómetros cuadrados de superficie, fue Incluido por le UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en el año 1979. En el corazón de la selva, rodeado por una lujuriante vegetación, Tikal es uno de los sitios principales de la civilización maya, habitado desde el siglo VI antes de Cristo hasta el siglo I de la era cristiana. Su centro ceremonial posee soberbios templos y palacios, plazas públicas, a las que se accede por rampas, y numerosos otros edificios.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central
Lugares Misteriosos de Paula Ruggeri

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Decadencia de los Mayas
Quirigua Ciudad de las Estelas
Decadencia de los Mayas Quirigua Ciudad de las Estelas

QUIRIGUA: Quiriguá es un sitio arqueológico situado en medio de las inmensas plantaciones de banano de lo que un día fuese la United Fruit Company de los Estados Unidos, hoy solamente quedan unas cuantas hectáreas de lo que fuese un día una gran ciudad maya, conservando una serie de montículos y las estelas mas grandes de una pieza encontradas en el Mundo Maya.

Es unos de los lugares mas bellos de Guatemala. Allí existió una civilización maravillosa, con una ciudad con plazas y palacios y estelas de una belleza sobrehumana.

En 1981, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Quiriguá destaca, sobre todo, por sus estelas, imponentes estructuras verticales de piedra talladas que los reyes mayas erigieron para conmemorar acontecimientos importantes en la historia de sus pueblos.

Su periodo de ocupación corresponde al periodo clásico de esta cultura, empezando la construcción de su acrópolis en el año 550 d.C. y deteniéndose cerca del 850.

Esta ciudad Maya es de mediano tamaño en comparación con otras de la misma cultura, y se destaca por sus Estelas y Altares esculpidos, que son más de 30, teniendo las de mayor tamaño dentro de esta civilización. Igualmente, allí hay varias esculturas en formas de animales mitológicos y otras que fueron usadas como decoración en fachadas de varias edificaciones.

La escultura representó un papel central en el arte de Quiriguá. El pueblo pobló el nuevo centro de relieves, altares, figuras y, sobre todo, magníficas estelas talladas en grandes bloques de arenisca roja, la mayoría en la Gran Plaza.

Las propiedades de la piedra permitieron a los artistas crear figuras tridimensionales, una innovación en la escultura de la región.

Las principales estelas son retratos o representaciones del propio Cauac Cielo, e incluyen el glifo que adoptó como su enseña real.

La llamada estela F, una de las más notables, mide más de 7 metros y fue consagrada por Cauac en 761. El rey quiriguiense aparece retratado en los flancos norte y sur de la piedra, y los laterales están cubiertos de jeroglíficos, en los que los signos esquemáticos habituales fueron sustituidos por exquisitas representaciones de los dioses.

El enorme monumento fue superado una década más tarde por la estela E, de más de 10 metros por  65 metros.

El colapso de los mayas: En el curso del siglo IX, las florecientes ciudades-estado del llamado período moya clásico cayeron en el caos y el abandono. la sobrepoblación y el agotamiento de los recursos naturales suelen citarse entre las explicaciones de este colapso general, que constituye uno de los mayores enigmas de la arqueología americana.

En algunas ciudades existen indicios de revueltas y luchas sociales, que algunos relacionan con el afán desmesurado de los gobernantes por construir monumentos cada vez más grandiosos a costa de la fuerza física de sus súbditos.

La caída del comercio entre los reinos mayas fue determinante para ciudades como Quiriguá, cuya prosperidad dependía de las rutas entre el Caribe y la península del Yucatán. La invasión de los toltecas a la península debió afectar también el equilibrio global del mundo mayo.

Entre las numerosas teorías, figura también la de una sequía devastadora que habría asolado toda la región entre el año 800 y el año 1000.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de América
Maravillas de América Central

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El Mirador en Guatemala
La Mayor Ciudad de los Maya
El Mirador en Guatemala La Mayor Ciudad de los Maya

La Danta, imaginada aflorando de la selva. Es la construcción mas voluminosa
del planeta y contiene 2.800.000 m3 de piedra

EL MIRADOR: Las más recientes investigaciones arqueológicas consideran que esta monumental ciudad del mundo maya fue la cuna de la Civilización Maya. Se encontró en 1926 en plena selva de Petén, se fotografió en 1930 y no se hizo el primer mapa hasta 1962. Es la capital mas grande de los mayas, una auténtica ciudad perdida llena de secretos por descubrir que requieren un largo viaje.

En El Mirador resalta la pirámide El Tigre, que con sus 18 plantas alcanza más de 60 metros de altura y sobrepasa con un gran margen al templo más grande de Tikal (Templo IV).

A su lado se encuentra una estructura también impresionante, llamada La Danta, montada sobre una base estructural que como montículo le brinda mayor altura y realce, alcanzando más de 70 m. desde su base, misma que alcanza los 300 metros de un lado por 600 m. del  otro lado (es mas grande que la pirámide de Keops, en Egipto).

Este templo, casi mil años más antiguo que el Gran Jaguar de Tikal y se estima que estuvieron trabajando durante 40 años. Todo esta construcción sigue aun enterrada en la selva y estudios avanzados de escaneo del suelo revelan las estructuras más grandes conocidas de la región maya.

El Tigre, otro de los complejos arquitectónicos de El Mirador, está orientado hacia el este y sus dimensiones son casi tan inmensas como las de La Danta.

Se eleva 55 metros del suelo y en las escalinatas se pueden apreciar obras de arte monumentales que representan a una divinidad llamada Pájaro Principal o Itzamná, una de las deidades más importantes en el panteón maya.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central

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Ciudad Maya: Chichén Itza

Ciudades Mayas Origen e Historia del Chiche Itza

CHICHÉN ITZÁ: La ciudad prehispánica de Chichén Itzá fue incluida por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Mundial en el año 1988. Este lugar arqueológico constituye uno de los mas importantes testimonios de la civilización maya-tolteca de la península del Yucatán. Sus monumentos, considerados de los más importantes de  la arquitectura mesoamericana, muestran le fusión de dos corrientes, maya por las técnicas de construcción y tolteca por una riqueza de su decoración esculpida. 

Ir a la Historia de Chichen Itza

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Historia de los Incas Sociedad, Estado, Arte y Ciencia Resumen

Resumen Historia De Los Incas
Orígenes, Sociedad, Arte, Ciencia y Costumbres

EL IMPERIO INCA, fue el más grande de todos los estados precolombinos, se elevó a la grandeza en menos de un siglo. En 1526, cuando llegaron los españoles, su territorio tenia casi 2.000.000 de Km² y vivían unos 12.000.000 de habitantes, por lo que se lo considera como el imperio mas grande del Nuevo Mundo. Ocupaba territorios de lo que hoy son Perú, Ecuador, Bolivia Chile y Argentina.

Alrededor de 1300, la tribu se asentó en un valle en lo alto de los Andes peruanos en donde estableció su capital, Cuzco.

Inicialmente era sólo un grupo entre muchos, involucrado en constantes conflictos de poca importancia y no fue hasta 1438, cuando el Inca Pachacuti accedió al trono, que se estableció el estado inca fuertemente centralizado y se conquistaron vastos territorios.

El Imperio inca se basó en antiguas tradiciones de estado y civilización del Perú.

La primera civilización andina, chavín, había sido fundada cerca de 2.500 años antes y había sido sucedida por una cambiante variedad de ciudades y pueblos.

Entre los años 500 y 1000 emergieron dos imperios que dominaban la mayor parte de los Andes centrales y meridionales y partes de la costa.

El primero de ellos recibió el nombre de su capital, Tiahuanaco, una populosa ciudad situada en el desolado altiplano de Bolivia y centro de peregrinación de los Andes.

El segundo imperio, Huari, estaba centrado más hacia el norte. Ambos imperios administraban sus extensos territorios desde centros creados en forma planificada, donde funcionarios de gobierno supervisaban las amplias obras públicas realizadas por los habitantes como tributo laboral.

Los incas darían buen uso a estos sistemas de administración.

Todos estos pueblos que habitaban América antes de la conquista europea tenían diversas formas de organización económica, social y política.  Algunos habían desarrollado sociedades urbanas y otros sólo practicaron una agricultura simple o eran cazadores y recolectores.

Los aztecas y mayas, en la región mesoamericana, y los incas, en la andina, desarrollaron sociedades urbanas.

En estas sociedades, la construcción de complejas obras de riego y la aplicación de técnicas agrícolas habían favorecido el crecimiento constante de la producción agrícola y de la población.

Se habían desarrollado las ciudades y la organización social estaba fuertemente jerarquizado.

Entre los aztecas y los incas, como entre los mayas, los guerreros y los sacerdotes conformaban el grupo privilegiado y ejercían el gobierno.

La mayoría de la población, compuesta por campesinos y trabajadores urbanos, debía entregar fuertes tributos en productos y trabajo.

Estas sociedades estaban organizadas y gobernadas por fuertes Estados teocráticos, llamados así porque toda la autoridad residía en los sacerdotes y porque el jefe del Estado era considerado como un dios.

Por esto, las primeras ciudades se organizaron alrededor del centro ceremonial o templo.

Los templos eran edificios que tenían funciones religiosas y también económicas, dado que almacenaban y distribuían los productos tributados por los campesinos.

A la llegada de los españoles, las únicas sociedades urbanas que existían en América eran la azteca y la inca; la cultura maya había desaparecido en el siglo XI d.C.

La mayoría de los pobladores de América vivían de una agricultura simple, de la caza y de la pesca de animales y de la recolección de frutos.

Muchos de estos pueblos eran nómadas y prácticamente no existía la división del trabajo.  Estaban distribuidos a lo largo de todo el continente americano, desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

INICIALMENTE VAMOS A VER SUS CARACTERISTICAS PRINCIPALES

Territorio: 2.000.000 de Km², Perú, Chile, Ecuador, Bolivia y Argentina

Población: 12.000.000 de habitantes

Capital: Cuzco, fundado por los hijos del Sol

Gobernante: El Inca, desendiente directo del Sol, llamado Inti.

Sociedad: Alta: Noble y Sacerdotes Baja: los Aillu que cuidaban y trabajaban la tierra y tenían diversos oficios especializados.

Economía: Agrícola, y se la entregaba al estado, quien luego la repartía por todo el pueblo. No existía el dinero, el comercio y el desempleo, todos tenían un función.

Ejército: Formado por jovenes nativos obligados a formarse militarmente y participar en las guerras de la región.

Agricultura: Por terrazas, sembraban papa, maíz y calabazas. Críaban llamas y alpahacas. Expertos en textiles, hacían ropas, pequeñas barcas , escudos y quipus. No trabajaban los metales como el hierro. El oro lo usaban como adornos para sus templos.

Moral: Tenían un codigo moral: No mientas, No Robes y No Seas Perezoso. Cumpliendo estas reglas se podía tener una vida en un paraíso luego de su muerte.

Idioma: Quechua , hoy algunas palabras son: choclo, lancha, cancha, carpa,..

Arte: Hicieron grandes caminos para unir su imperio, y se comunicaban mediante un sistema de veloces correos llamados charquis. Un camino importante fue el Real, que unía Cuzco con Quito, capital de Ecuador.

También aseguraban sus construcciones con bloques de piedras tallados hasta la perfección en sus uniones, dando gran rigidez para la reguridad contra los terremotos de la zona. Un ejemplo: Machu Picchu, tan aislada que no se descubrió hasta 1911.

No tenía escritura propia, y se ayudaban con los quipus, que su técnica de uso no pudo aún ser descifrados.

Cuando Pizarro llegó en 1536 , pudo conquistarlos facilmente por su poder bélico compuesto por caballos y armas de fuego. Además traían la viruela, enfermedad que diezmó por millones a los nativos en poco tiempo.

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INCAS: Organización jerárquica de la sociedad.  Las sociedades inca fueron sociedades urbanas que tuvieron una organización económica, políticas social del mismo tipo que las sociedades urbanas que existieron en el Cercano Oriente desde el 3000 a. C.

Los americanos también desarrollaron sistemas de escritura y de numeración; la religión fue la manifestación espiritual más importante y regía la mayor parte de los actos de la vida cotidiana de la población; y el arte alcanzó una elaborada complejidad.

Los Incas, sus orígenes, su evolución y la conquista española

Los Pucarás de Tilcara en la provincia de Jujuy (Argentina), fueron construidos de piedras y tenían una función militar, formaban parte de la red del Camino del Inca en territorios calchaquí y diaguitas. La red del Camino del Inca abarcaba unos 40.000 km. de largo. A través de él se logró unir a mas de cien poblaciones difundiendo sus creencias, religión y lengua (quechua)

Los Incas:  Machu Picchu y el Cuzco: El Cuzco ocupa un valle situado a 3.400 metros sobre el nivel del mar. Se atribuye al Inca Pachacutti (1438-1471) la reconstrucción del Cuzco como una ciudad monumental En ella se instalaron grandes almacenes de granos, barrios, un complejo sistema de riego y depósitos de todo tipo.

Los templos y los pucarás  (construcciones militares) ocuparon un lugar preponderante en la ciudad. La construcción de Machu Pichu fue un claro ejemplo de ello. Fue construída en el Cuzco a alturas casi inaccesibles, con fines religiosos y militares.

Según la leyenda fueron cuatro hermanos los fundadores de la familia Inca. A Manco Capac considerado como héroe y un dios, fue el fundador del Cuzco, la ciudad capital del imperio Inca.

A partir de Manco Capac se le sucedieron 13 incas en el gobierno, el último fue Atahualpa quien reinaba cuando llegaron los españoles.

Los incas constituyeron un poderoso imperio que logró la expansión territorial en la época en que Colón iniciaba su viaje hacia lo desconocido. Abarcó desde las sierras  de la actual Colombia hasta el norte de Chile y de la Argentina, y desde la costa del océano Pacífico hasta el este de los bosques del río Amazonas.

Los incas eran un pueblo originario de las sierras y desde allí dominaron, mediante la guerra de conquista, a los pueblos de las otras zonas.

Establecieron la capital de su imperio en la ciudad de Cuzco, a la que consideraban el centro del universo.

El imperio, que ellos llamaban Tahuantinsuyoque quiere decir las cuatro partes del mundo-, estaba dividido en cuatro regiones, las que, a su vez, se subdividían en provincias. Al frente del imperio estaba el Inca, y las zonas conquistadas estaban dirigidas por los curacas o gobernadores de provincia.

Organización económica y grupos sociales

La agricultura fue la base de la economía del imperio incaico.

La producción era muy variada y los cultivos más importantes eran el maíz y la papa.  Los incas aplicaron diferentes técnicas agrícolas que mejoraron el rendimiento de los cultivos.

En la zona árida de la costa usaron el guano -excremento de aves marinas- como fertilizante de las tierras y construyeron canales de riego.

En el interior, sobre las laderas de las sierras, cultivaban en terrazas.

Además, el dominio de pueblos que habitaban diferentes zonas les permitió obtener, mediante el pago de tributos, productos que no había en su propio hábitat. En la sociedad incaica se podían diferenciar varios grupos sociales.

La nobleza real incaica estaba formada por los sacerdotes, los guerreros y los funcionarios. Controlaban el Estado y vivían de los tributos que entregaban los campesinos.

A este grupo social pertenecía el Inca. Los curacas, o nobles de provincia, eran los nobles que gobernaban a los campesinos organizados en comunidades (ayllus). Su instrucción se realizaba en el Cuzco.  Eran los responsables de recibir los tributos de los ayllus, que luego entregaban al Estado incaico.

El ayillu era la comunidad de campesinos unidos por vínculos familiares, que tenían antepasados en común y habitaban un mismo territorio.

El Estado entregaba tierras a cada comunidad para su subsistencia.  Anualmente, un funcionario local asignaba parcelas a cada familia según el número de sus componentes.  Pero los campesinos no eran propietarios de las tierras y estas parcelas eran trabajadas colectivamente por todos los miembros de la comunidad.

El ayllu debía entregar fuertes tributos en productos y en trabajo al Estado y a los curacas.

En las laderas de la sierras, el cultivo en terrazas permitió un mejor aprovechamiento de la tierra fértil y facilitó el riego.

Como técnica de labranza el palo cavador y una maza de cabeza de piedra, no conocían la rueda.

La cría de llamas y de alpacas fue una actividad importante en la economía incaica. De ella obtenían lanas, carne y se usaban como animales de trabajo. La llama aunque no soporta más de 45 Kg. de peso soporta las grandes alturas.

Entre los incas las tierras se dividían en tres zonas: las tierras de las comunidades, cuya producción alimentaba a las familias campesinas, la del Inca que mantenían al Inca , a los sacerdotes y el ejército, y las del Sol, con las que se mantenía el culto a los dioses. Los campesinos debían obligatoriamente trabajar en todas.

cuadro de la sociedad de los incas

Quinua: Conocida como «cereal madre» en la lengua quechua, la quinua (también quinoa)  fue el alimento básico de los Incas durante miles de años, unido a su religión y su cultura.

Con la llegada de los conquistadores su cultivo fue substituido por maíz y patatas y en muy poco tiempo, la quinua desapareció con la aniquilación de esta cultura.

Actualmente vuelve a cultivarse en los Andes, se siembra con éxito en Inglaterra y algunas de sus variedades, en diversos países.

La Chenopodium quinoa, a pesar de ser una planta, ha sido clasificada como pseudo cereal, poseyendo el mayor índice de proteínas, calcio, fósforo, hierro y magnesio que los demás cereales.

Contiene también todos los aminoácidos esenciales, es rica en fibra y vitaminas del grupo B y no contiene gluten.

Siendo un grano blando, muy digestivo, de rápida cocción y apreciable sabor, además de sus propiedades nutritivas, es muy fácil de usar y se comercializa en infinidad de formas ; en grano, copos, harina, pasta, panes o snacks.

LOS PISOS ECOLÓGICOS: La mayor parte del imperio inca se asentaba sobre la cordillera de los Andes. Por lo tanto, los pueblos que allí vivían, aún antes de la conquista inca, debieron desarrollar estrategias para adaptarse a las malas condiciones del terreno y el clima, una de estas estrategias era la de controlar la mayor cantidad de pisos ecológicos.

Las diferentes alturas de la cordillera implicaban también cambios en las condiciones naturales: en distancias relativamente cortas podían variar mucho la humedad del aire, las lluvias, el terreno, la fertilidad de la tierra, los vientos, etc. Por lo tanto, lo que se pudiera cultivar en cada lugar también variaba. Por esa razón, los pueblos andinos se dividían en colonias.

Los ayllus no guardaban continuidad espacial, sino que estaban divididos en diferentes zonas de las que extraían diferentes productos. Por ejemplo, en las zonas más elevadas, de la puna, a más de 4.000 metros de altura, podían criar camélidos, cultivar papas, o extraer sal.

En las zonas intermedias, de las laderas y los valles, cultivaban el principal producto de alimentación, es decir, el maíz. En los terrenos más bajos, de mayor humedad, productos como ají, coca, o algodón. De esta zona también podían extraer madera de los árboles o cazar pájaros y pequeños animales.

El Estado Incaico:  El Estado incaico fue teocrático porque el emperador, el Inca, era reconocido como el hijo del Sol, el dios más importante.

Un consejo de nobles y sacerdotes, llamados orejones y pertenecientes a la familia real, asesoraba al Inca en las tareas de gobierno.

La gran expansión del imperio fue posible por la cuidada organización de la fuerza militar.  Para facilitar el desplazamiento de sus ejércitos, los incas construyeron una vasta red de caminos.

La existencia de tambos o postas a lo largo de esos caminos servía para el descanso de las tropas en campaña y para el recambio de animales y armas.

Todos los pueblos que pertenecían al imperio tenían la obligación de entregar al Estado una determinada cantidad de alguna materia prima o de productos manufacturados, según la producción característica de cada zona.

Además, la población estaba obligada a realizar trabajos individuales en beneficio del Estado, los curacas o los sacerdotes.

Por esto, personas y productos recorrían también permanentemente el Camino del Inca.  La sociedad incaica funcionaba sobre la base de la reciprocidad y la redistribución.

emperador inca

El inca (el soberano) y su esposa eran venerados corno divinidades. Para acercarse a ellos debían observarse reglas especíales. Eran trasladados en sillas de mano, y su vestimenta, muy lujosa, contrastaba con la que usaba el resto de la población: un simple poncho muy corto, como se ve en los extremos izquierdo y derecho de la lámina.

La reciprocidad era común entre las comunidades de campesinos de la región andina. Consistía en la práctica entre todos los miembros de una comunidad. 

Por ejemplo, los habitantes de un ayllu se ayudaban entre sí a sembrar y a cosechar en las parcelas de subsistencia; y, en ocasión de un matrimonio, toda la comunidad ayudaba a levantar la casa de los recién casados. 

Los incas incorporaron el principio de reciprocidad de los ayllus como una de las bases del funcionamiento económico y social de su imperio.

La redistribución suponía el reconocimiento por parte de los campesinos de los diferentes niveles de autoridad que existían en la sociedad. 

Los ayllus entregaban los tributos a los curacas, y los bienes tributados se acumulaban en depósitos reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades. 

Allí eran contabilizados por funcionarios especializados que comunicaban a los administradores del Cuzco las cantidades de cada producto mediante el uso de quipus, contadores hechos con tiras de cuero en las que se realizaban nudos.  De este modo, el Inca conocía las cantidades de excedente y en qué regiones del imperio sobraban o faltaban determinados productos. 

Cuando algunos pueblos del imperio no podían satisfacer sus necesidades básicas porque las regiones en las que vivían habían sido afectadas por malas cosechas u otras catástrofes, el Estado incaico redistribuía una parte de los alimentos, materias primas y productos manufacturados almacenados. 

También utilizaba los bienes acumulados para costear los gastos de las constantes expediciones militares, y para premiar los servicios realizados por algunos funcionarios generalmente nobles.

Reciprocidad y Distribución: La sociedad incaica funcionaba sobre la base de la reciprocidad y la redistribución.

La reciprocidad era común entre las comunidades de campesinos de la región andina. Consistía en la práctica entre todos los miembros de una comunidad. 

Por ejemplo, los habitantes de un ayllu se ayudaban entre sí a sembrar y a cosechar en las parcelas de subsistencia; y, en ocasión de un matrimonio, toda la comunidad ayudaba a levantar la casa de los recién casados. 

Los incas incorporaron el principio de reciprocidad de los ayllus como una de las bases del funcionamiento económico y social de su imperio.

La redistribución suponía el reconocimiento por parte de los campesinos de los diferentes niveles de autoridad que existían en la sociedad.

Los ayllus entregaban los tributos a los curacas, y los bienes tributados se acumulaban en depósitos reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades.

Allí eran contabilizados por funcionarios especializados que comunicaban a los administradores del Cuzco las cantidades de cada producto mediante el uso de quipus, contadores hechos con tiras de cuero en las que se realizaban nudos.

De este modo, el Inca conocía las cantidades de excedente y en qué regiones del imperio sobraban o faltaban determinados productos.

Cuando algunos pueblos del imperio no podían satisfacer sus necesidades básicas porque las regiones en las que vivían habían sido afectadas por malas cosechas u otras catástrofes, el Estado incaico redistribuía una parte de los alimentos, materias primas y productos manufacturados almacenados.

También utilizaba los bienes acumulados para costear los gastos de las constantes expediciones militares, y para premiar los servicios realizados por algunos funcionarios generalmente nobles.

Los tributos de las comunidades campesinas dados al Estado eran de tres tipos:

    1. Trabajos colectivos en las tierras del Inca
    1. Trabajos individuales periódicos y rotativos a los que llamaban mita, con este sistema se construían puentes y caminos.
  1. Las comunidades debían entregar a los curacas alimentos, materia primas y productos manufacturados.

Artes, ciencia y legado cultural:

Utilizaban el adobe (ladrillo de arcilla secado al sol) o la piedra para sus construcciones, Las cuales carecían por lo general de ventanas (La luz entraba por pequeños nichos y por Las puertas abiertas en Los muros). EL ajuste de las piedras resultaba tan perfecto, que entre una y otra no quedaban separaciones. Conocieron el falso arco, pero lo aplicaron sólo en bóvedas pequeñas.

El carácter de La arquitectura estaba dado por: fortalezas militares o pucarás (puntos estratégicos en Lo alto de las serranías como Machu-Picchu), edificios religiosos (como eL templo del Sol en Cuzco, en parte revestido con oro), palacios y arquitectura funeraria (que variaba, desde el simple pozo hecho en la habitación del muerto a las chupas, de forma piramidal). También hicieron caminos, salvando los desniveles del terreno con escalinatas.

Existían dos caminos públicos que unían Cuzco con Quito contampus, edificios que se elevaban de tanto en tanto destinados a servir como posadas.

En cuanto a la cerámica, el elemento típico fue el aribalo (imagen derecha: vasos de cuello estrecho y Largo, con dos asas en los costados y dibujos geométricos), que utilizaban para almacenar agua.

Trabajaron La madera y conocieron la técnica del laboreo de los metales, cincelando la plata, el oro y el cobre, al que agregaban estaño para obtener bronce.

Tuvieron un desarrollo textil importante. Utilizaron Lana de vicuña y algodón. Fueron amantes de la música y sus instrumentos eran tambores y caracolas marinas. (imagen izq. quipus)

El calendario inca o año solar, constaba de doce meses de treinta días cada uno, más cinco días finales.

Cada mes tenía su nombre y se dividía en semanas. El año empezaba eL 22 de junio.

También tuvieron el año Lunar, que era de 354 días y se hacía corresponder con eL solar, añadiéndole once días repartidos entre los meses. La lengua propia era el quechua o quichua.

No tuvieron escritura, pero sí un sistema para recordar ciertos hechos: Los quipus (cuerda eje de La que colgaban otras de distintos colores; en cada cuerda se hacia un nudo, cuyo significado dependía de la ubicación).

Los quipucamayos eran los únicos que descifraban los quipus. Un servicio útil relacionado con los caminos era el de Los chasquis o correos, que tenían por objeto Llevar las órdenes del Inca a través del Imperio.

actividades de los incas

La tejeduría incumbía, entre los incas, a las mujeres solteras y a las viudas. De izquierda a derecha: mujer tejiendo, fragmento de tejido constituido por plumas, dos motivos decorativos para una prenda de vestir, un poncho (pieza de abrigo, corta, sin mangas, hecha de una sola pieza de tejido).

ceramica de los incas

Las cerámicas peruanas son de las más hermosas y finamente trabajadas. Algunos jarrones: el primero, a la izquierda, es un jarro-retrato cuyo estilo remonta probablemente al período comprendido entre los siglos V y VIII. Las decoraciones representan a menudo llamas, pumas,  buhos, águilas, peces, calabazas, melones; en cambio,  los jarrones de estilo incaico puro son, por lo general, geométricos.

LA VIDA COTIDIANA DE LOS INCAS:
La vestimenta

«La reglamentación era estricta para la masa en materia de indumentaria. El día de su casamiento, el indio recibía dos trajes de lana de llama tomados de los depósitos públicos, uno para los días de trabajo, y otro para los días de fiesta, y los conservaba hasta gastarlos por completo, remendándolos con gran habilidad, a la manera de los especialistas modernos, cuando se desgarraban.

«El corte y el color eran uniformes para cada sexo (…) para los hombres el pantalón (huara); la camisa blanca sin mangas (…) la capa marrón de lana echada sobre los hombros y anudada en el pecho (yacolla). (…) Para las mujeres, la túnica larga rodeada por un cinturón, abierta al costado dejando ver la pierna, para facilitar la marcha (anacu), la manta gris sostenida sobre el pecho con un alfiler de cabeza grande (lliclla).

«Unos y otros iban generalmente con los pies desnudos, pero a veces, sin embargo, llevaban sandalias (usuta). (…)
«El conjunto era simple y uniforme. Estaba prohibido modificarlo a menos de tener autorización especial de los superiores jerárquicos. Destaquemos que los brazos y las piernas quedaban desnudos, prueba de lo sufridos que eran los indios pues el aire de las alturas es muy vivo y a veces glacial.

«La soberana y las damas de alto linaje hilaban, tejían y se ocupaban de su arreglo personal. Se depilaban las cejas y se acicalaban con bermellón. (…)»

La alimentación
«La alimentación de la familia imperial era mucho más copiosa y variada que la de los indios del pueblo. (…) El maíz era asado, hervido o reducido a harina en forma de sémola (…). La papa se preparaba en forma de chuño, a ese efecto se la disponía alternativamente a la helada de la noche y el calor del día, a fin de obtener una desecación completa, bastaba luego machacarla y mezclarla con agua, sal y pimiento para obtener un plato muy popular en los Andes. (…) En principio la llama no debía ser carneada, servía exclusivamente de proveedora de lana y como medio de transporte. (…) Toda carne se cortaba en lonjas, salada, secada y guardada con el nombre de charqui.

«Las aves, ranas, gusanos comestibles, insectos semejantes a tábanos y hongos permitían variar el gusto de los guisos.

«Agreguemos a esta enumeración algunas frutas, en particular la de cacto; en las regiones marítimas, los pescados. (…)

«¿Estaba el indio suficientemente alimentado? (…)

«Si los súbditos del Inca hubieran sido enclenques y mezquinos, se ha dicho, no hubieran podido llevar a cabo tantas obras colosales.

«Los cálculos más recientes incitan a pensar que las calorías eran 3400 por día en los períodos favorables

Boudin. La vida cotidiana en el tiempo de los últimos incas, Buenos Aires, Hachette, 1962.

LOS CAMINOS DEL IMPERIO

Si los españoles se sintieron sorprendidos de los resultados obtenidos por los indios con sus cuerdecillas, su sorpresa fue superior al contemplar las calzadas peruanas, calzadas que no existían ciertamente en la España del siglo XVI. Es que el camino fue el gran medio de acción de los soberanos del Cuzco, tal como es hoy el ferrocarril para los gobiernos de los países nuevos y las colonias.

Los indios vencieron todas las dificultades; construyeron tan bien sus calzadas, que todavía perduran algunos de sus vestigios y las distribuyeron en tal forma, que el historiador Wiener ha podido decir que semejante red de caminos, si existiera todavía, realizaría el «desiderátum» del comercio y de la industria, asegurando el porvenir económico del Perú moderno.

Dos grandes vías de comunicación corrían de norte a sur del imperio, una sobre el altiplano interandino (camino de la sierra), otra a lo largo de la costa (camino de los llanos); la primera venía de Pasto, sobre la actual frontera de Ecuador y Colombia, pasaba por Quito, Latacunga, Tomebamba, doblaba hacia el litoral en la región de Agavaca, ganaba luego las aglomeraciones situadas en el valle del Alto Marañen: Huancabamba, Cajamarca, Huamachuco, Huanuco, pasaba a Jauja, Cuzco, atravesaba el nudo de Vilcañota y dejando al Este Chuquiabo (La Paz), terminaba en la región de Chuquisaca.

La segunda vía descendía de Tumbez, pasaba por las grandes ciudades de la costa: Chimu, Pachacamac, Nazca, subía al Cuzco, descendía nuevamente al litoral, hacia Arequipa, Tacna y tomaba por fin el desierto de Atacama. Cantidad de caminos secundarios unían esas dos vías principales.

Sobre esos caminos, de trecho en trecho, se escalonaban los «trampu» o «tambos», albergues donde habitaban los empleados encargados de mantener a los viajeros. A distancias variables entre 4 y 6 kilómetros, había cabañas donde vivían los «chaski» o correos imperiales, cuyo servicio estaba tan bien organizado que un mensaje podía ir en menos de diez días desde Quito hasta el Cuzco y el Inca podía comer por la noche, los peces sacados por la mañana del mar Pacífico.

Estos correos se entrenaban desde su más tierna edad, se agrupaban de dos en dos, en sus cabañas, y cuando llegaba una orden, uno de ellos la llevaba hasta el albergue próximo donde un nuevo correo la recibía, partiendo a su vez inmediatamente a la carrera.

Realizados con icho, hierba resistente que sólo crece en la puna, los puentes flotantes (arriba) fueron determinantes para la solución del problema de la inaccesibilidad de algunas regiones, así como para la unificación y control político y militar del conjunto del Tahuantin-suyu. El puente suspendido se anclaba a aula Lulo de la garganta, y allí se apostaban guardianes que controlaban el paso.

PARA SABER MAS…

EL IMPERIO INCA tenía una población de unos 10 millones de habitantes. En su apogeo ocupaba los territorios correspondientes al actual Perú, el sur de Colombia, Solivia, Ecuador y el norte de Chile y Argentina. Los jefes incas administraban este enorme imperio sin tener escritura ni vehículos rodados.

AGRICULTURA
La agricultura era la base de la vida inca. El año agrícola comenzaba en agosto, cuando el Inca trazaba el primer surco en la tierra con una reja de arado de oro. Toda la tierra se aprovechaba. Las partes desiertas eran trabajadas gracias a canalizaciones y sistemas de terrazas. Las familias de los agricultores incas cultivaban cereales para sí mismas, así como para los guerreros y sacerdotes. Los conejillos de indias se usaban como alimento. La madera era escasa, por lo que el fuego solía encenderse con excrementos de llama.

LA MITA
Cada agricultor inca debía trabajar cinco años para el gobierno. Este trabajo obligatorio se llamaba la mita. Podía hacerlo como minero, en la construcción de carreteras o como soldado. Mientras tanto, su mujer se encargaba de la administración de las tierras. Las distintas provincias del imperio se especializaban en proveer de diferentes clases de trabajadores. Todos trabajaban y no existía la desocupación.

CURACAS
Cada área tenía su curaca (gobierno oficial), que vigilaba el pago de los impuestos en cereales y regulaba la mita. También inspeccionaba caminos y puentes y en ocasiones incluso se ocupaba de concertar matrimonios. Las curacas controlaban las casas de los ancianos y procuraban que estuvieran limpias y en orden.

INDUMENTARIA
Las mujeres incas hilaban y tejían la lana de los animales andinos, como la alpaca y la llama. Tejían taparrabos, túnicas y mantos. En los valles costeros, donde crecía el algodón, la gente usaba ropas más ligeras.

QUIPU
Los incas no tenían escritura ni conocían los números. En su lugar usaban el quipu. Un quipu era un trozo de cuerda provisto de franjas de distintos colores y grosores. Cada una de estas franjas representaba diferentes cantidades. Todos los quipu se fabricaban en una oficina especial, en Cuzco.

El gobierno tenía siempre información precisa acerca del estado del imperio: cuántas personas vivían en las distintas regiones, cifras correspondientes a las cosechas y la cantidad exacta de lana, armas y metales preciosos que se guardaban en los almacenes. Este sistema basado en el quipu aseguraba que nadie pasara hambre en el imperio. Cuando la cosecha fallaba en una zona del imperio, el excedente producido en otra venía a auxiliar a los habitantes de la primera.

EL INCA
El Inca gobernaba el imperio. Se le consideraba descendiente del dios del sol. Usaba un cetro de tubos de oro provistos de remates de color rojo. Sus ropas eran tejidas por sacerdotisas especialmente consagradas a esta tarea. Todo el oro y la plata del imperio constituían el tesoro personal del Inca.

Comía en vajilla de metales preciosos y se sentaba en un trono de oro. A pesar de que solía tener hijos con muchas mujeres, su esposa oficial era una de sus hermanas, pues tenía, como él, estatuto divino. Cuando el Inca moría, su fortuna se dedicaba a engalanar su tumba, lo cual significaba que su sucesor debía obtener nuevas riquezas. Ello explica el afán por extender el imperio.

Dieron mucha importancia a los trabajos de utilidad pública: graneros colectivos, una densa red de caminos (necesaria para el intercambio dentro de un Imperio tan vasto), numerosos puentes, centros de aprovisionamiento, murallas y fortalezas.

El sistema de escritura y de cálculo de los incas parece, si se lo compara con el de los aztecas y el de los mayas, extremadamente primitivo: revela, sin embargo, una gran ingeniosidad. Hemos dicho «escritura», pero este término no es rigurosamente exacto, pues para relatar los acontecimientos recurrían al sistema pictográfico. Los historiadores españoles hablan de sus tejidos ilustrados con signos.

Desgraciadamente, no se han conservado hasta nuestros días. Para comunicarse entre sí utilizaban también pequeñas piedras, a cada una de las cuales atribuían un significado particular. Testigos de este sistema fueron solamente los misioneros españoles, que refieren haber visto a los indígenas «leer» estos guijarros, dispuestos sobre la tierra en un cierto orden.

El modo de calcular, basado en el sistema decimal, había sido simplificado mediante el uso de granos de quinoa y pelos de ciervo: puestos por pares, servían de abaco (instrumento para realizar cálculos aritméticos, empleado en la antigüedad). Pero la escritura oficial, si puede llamársela escritura, se basaba en el quipu. El quipu estaba constituido por un conjunto de hilos, de distintos colores, atados a un cordón más grueso: una especie de fleco.

Cada color correspondía a una voz particular, según el argumento tratado; podía por ejemplo designar determinada provincia, o persona, o un tipo de contribución (animales, productos agrícolas, metales preciosos y otros objetos). Sobre esas cuerdecillas se hacían nudos que, según fueran simples, dobles o triples, y según su posición (en el medio, arriba o abajo), indicaban un número. Otros quipus podían registrar todo un relato o un acontecimiento histórico, utilizando para ello colores y nudos.

Los quipus (podemos decir que constituyen el equivalente de un libro) se conservaban en locales especialmente destinados para ese fin; el secreto de su lectura era conocido solamente por los escribas, los funcionarios del Estado y los amautas o sacerdotes sabios. En efecto, se tiene por cierto que sólo la clase dirigente utilizaba quipus.

PRESAGIOS Y PROFECÍAS DE LA DERROTA INDÍGENA 

Los incas creían en muchos dioses. El dios Viracocha era considerado el dios de la vida, del Sol y de la Luna. Todos los demás dioses estaban subordinados a él. Al Sol se le atribuía los beneficios que hacía prosperar la agricultura.

La llegada de los europeos a América fue anticipada por presagios y profecías de origen azteca e inca.  De los aztecas han llegado hasta nosotros fragmentos escritos.  En el caso de los incas, que no tenían escritura, las noticias provienen de la tradición oral indígena y de los testimonios que dejaron los cronistas de la época.

Los presagios aztecas anunciaban que el retorno del dios Quetzalcoátl (imagen izq.) se produciría al final del reinado de Moctezuma y lo haría bajo la forma de un hombre blanco.  Antes de su llegada -afirmaban- ocurrirían una serie de fenómenos naturales y catástrofes.  Los testimonios así lo enunciaban:

«De aquí a muy pocos años nuestras ciudades serán destruidas y asoladas, nosotros y nuestros hijos muertos…»

Y prevenían al emperador:

«perderéis todas las guerras que comiences y otros hombres con las armas se harán dueños de estas tierras…»

Las profecías comenzaron a cumplirse a los tres años de la ascensión de Moctezuma al trono.  En 1510 se sucedieron un eclipse de Sol y la aparición de un cometa.  Al poco tiempo Hernán Cortés desembarcó en las costas de México… y no pasó mucho tiempo hasta que los indígenas tomaron conciencia de que no era precisamente el dios que aguardaban.

En el imperio de los incas la llegada de los españoles también fue precedida por presagios y profecías.  Se anunciaban fenómenos naturales: rayos, cometas y cambios en el color del Sol y la Luna.  El cronista Garcilaso de la Vega cuenta al respecto:

«Hubo grandes terremotos y temblores de tierra (a poco de arribar los españoles) que, aunque en el Perú son frecuentes, notaron que los temblores eran mayores que los ordinarios, y que caían muchos cerros altos.»

Los incas esperaban también el retorno de un dios salvador, Viracocha.  Por ello cuando tuvieron noticias de la llegada de Pizarro, muchos creyeron que era la esperada divinidad:

«Quién puede ser sino Viracocha… era de barba negra y otros que lo acompañaban de barbas negras y bermejas».

Pero los españoles pronto disiparon la ilusión de los incas, según lo afirmaba un cronista de origen indígena:

«Pensábamos que era gente grata y enviados de Viracocha, pero paréceme que ha salido al revés, hermanos, que estos que entraron a nuestras tierras no son hijos de dios sino del demonio.»

 LA CONQUISTA ESPAÑOLA: LOS PRIMEROS ASENTAMIENTOS ESPAÑOLES

Los primeros asentamientos españoles se ubicaron en las islas Antillas.  Desde la ciudad de Santo Domingo en la isla que Cristóbal Colón llamó La Española -actual territorio de Santo Domingo y Haití-, se organizaron la primera recolección de oro americano y la conquista de las islas adyacentes y del continente.

Entre 1492 y 1520, los españoles no obtuvieron de los territorios conquistados las riquezas esperadas -especias y grandes cantidades de oro sino sólo perlas, algo de azúcar y una escasa cantidad de oro.  Pero el oro que los españoles encontraron en las Antillas era de aluvión: pepitas arrastradas por los cursos de los ríos desde algún yacimiento superficial y poco abundante.  Los aborígenes fueron obligados a recolectar el metal precioso.

Los indígenas antillanos no opusieron resistencia armada a los conquistadores, pero en pocos años casi todos ellos desaparecieron.  Un gran número de estos indígenas murieron a causa de las enfermedades transmitidas por los europeos.  Además, la dominación a que se los sometió, provocó en muchos de ellos el deseo de no tener hijos, con lo que disminuyó drásticamente el índice de natalidad.

A partir de 1510, La Española perdió importancia y Santiago de Cuba se transformó en el centro de las operaciones coloniales españolas.  Desde allí, en febrero de 1519, partió Hernán Cortés, al mando de 11 naves y 600 hombres, con destino a la tierra firme del continente, a la búsqueda de las fabulosas riquezas en oro mencionadas por los indígenas.

Ver: Pizarro Conquista a los Incas

BREVE CRONOLOGÍA DE LOS INCAS:

Los incas no fueron en su origen un pueblo, sinO una familia que surgió de la nación quechua y que desde su asiento en el Cuzco fue ejerciendo paulatino predominio hasta constituir el gran imperio que se llamóTahuantinsuyu.

La leyenda campea, sobre la información histórica y Justifica la mítica disposición de Viracocha «El Creador» de enviar a su hijo y a la esposa de éste para erradicar la barbarie que reinaba entre los peruanos.

También lo fantástico preside, la partida de la pareja celestial, su posterior instalación en el Cuzco hacia el año 1200 y la dedicación de Manco Cápac en !a enseñanza del cultivo de !a tierra y las artes a los hombres, y de Mama Oclloacerca de las obligaciones domésticas y los rudimentos del hilado y el tejido.

La denominación de cultura inca no tiene, pues, la base etnográfica característica de las que florecieron antes en territorio peruano, corno la chavín, chimú, nazca, quechua, etc., sino que responde a una designación meramente política, pues es indudable que la formación cultural inca se fundamentó en la absorción de los rasgos comunes de las culturas andinas.

Siglo IX ó X: Manco Cápac. Fundador de la dinastía Inca. El «Hijo del sol» y su esposa, Mama Ocllo, proceden del lago Titicaca. La fecha de su llegada aL Cuzco es dudosa (alrededor del s. X). Allí establecen la soberanía del clan Inca y desde allí someten a las poblaciones quechuas.
Sinchi Roca y Lloque Yupanqui. Sucesores inmediatos de Manco Cápac. .Bajo su reinado aún es lenta la anexión y el sometimiento de las poblaciones. Más bien parece que se dedicaron a consolidar sus dominios en los alrededores del Cuzco.

Siglo XII: Mayta Cápac. Emprende la conquista de los territorios de la llanura del Cuzco y somete a losallcovisas.

Siglos XIII y XIV: Cápac Yupanqui e Inca Roca. Aunque la dominación inca se extiende durante su reinado, particularmente sobre los quechuas, parece que ambos Incas se dedicaron, más que a la conquista, a la organización administrativa y de ceremonias y ritos religiosos.

Siglo XIV:  Yahuar Huacac. Hijo de Inca Roca, es su sucesor. Extiende sus dominios hacia el Este.

Siglos XIV y XV: Viracocha Hijo de Yahuar Huacac. ETS el primer gran conquistador inca: invade la planicie del Titicaca. Bajo su reinado e! Imperio comprende todas las pampas del Titicaca (Colla-suyu) v numerosos valles en la parte Este de los Andes (Anti-suyu).

1438-1471 Pachacútec Yupanqui. Hijo de Viracocha. Derrota a los chancas en Yahuar Pampa y consolida el Imperio (Tahuantinsuyu). Somete a los pucará, soras, rucanas, yaucos, huancas, etc. Fija la vigencia de las leyes y difunde el Sistema de colonias.

1471-1493 Tupac Yupanqui. Hijo de Pachacútec, aventaja a su padre como conquistador. Somete a los cbímúes y a las tribus de Quito. Durante su reinado, los límites del Imperio se extienden desde e! sur de la actual Colombia hasta el río Maule, en Chile, y desde las costas del océano Pacífico hasta la selva amazónica y la meseta boliviana.

1493-1527 Huayna Cápac. Hijo de Tupac Yupanqui. Hereda un imperio bien organizado, y extiende aún sus límites hasta Tucumán y más al sur de Chile. Al morir incurre, contrariando la tradición, en el error de dividir el’ Imperio entre sus dos hijos.

1527-1532 Huáscar y Alahualpa. El primero ocupa el reino del Cuzco, con la parte central y meridional del Tahuantinsuyu, y el segundo se establece en Quito y ocupa la parte septentrional. La llegada de Francisco Pizarro, quien explota hábilmente Ja lucha por el poder desatada entre ambos monarcas, pone fin al Imperio de los Incas.

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UNA INDÍGENA, PREMIO NOBEL DE LA PAZ:        
La indígena Rigoberto Menchú recibió el 10 de diciembre de 1992, en Suecia, el Premio Nóbel de la Paz por su ardua lucha por la defensa de los derechos indígenas y humanos en general, de su país y del continente.

rigoberta menchu

«Este Premio Nóbel lo interpreto primero como un homenaje a los pueblos indígenas sacrificados y desaparecidos por la aspiración de una vida más digna, justo, libre, de fraternidad y comprensión entre los humanos, A los que ya no están vivos para albergar la esperanza de un cambio de lo situación de pobreza y marginación de los indígenas, relegados y desamparados en Guatemala y en todo el continente americano,

«Reconforta esto creciente atención, aunque llegue 500 años más tarde, hacia el sufrimiento, la discriminación, lo opresión y explotación que nuestros pueblos han sufrido, pero que gracias a su propia cosmovisión y concepción de lo vida han logrado resistir y finalmente ver con perspectivos promisorias, cómo, de aquellas raíces que se quisieron erradicar germinan ahora con pujanza, esperanzas y representaciones paro el futuro.

Implica también una manifestación del progresivo interés y comprensión internacional por los Derechos de los Pueblos Originarios, por el futuro de los más de 60 millones de indígenas que habitan nuestra América y su fragor de protesta por los 500 años de opresión que han soportado. Por el genocidio incomparable que han sufrido en todo esta época, del que otros países y las élites en América se han favorecido y aprovechado

«Libertad paro los indígenas dondequiera que estén en América y en el mundo, porque mientras vivan, vivirá un brillo de esperanza y un pensar original de la vida!

«Los manifestaciones de júbilo de los Organizaciones Indígenas de todo el continente y los congratulaciones mundiales recibidos por el otorgamiento del Premio Nobel de lo Paz, expresan claramente la trascendencia de esto decisión.  Es el reconocimiento de una deudo de Europa para con los pueblos indígenas americanos; es un llamado a la conciencia de la Humanidad para que se erradiquen los condiciones de marginación o las que los condenó el coloniaje y la explotación de los no indígenas, y es un clamor por la vida, la paz, la justicia, lo igualdad y hermandad entre los seres humanos.»

(Fragmento del discurso de Rigoberta Menchú en el acto de entrega del Premio Nóbel de la Paz.)

Organización Social, Económica de los Incas Administración

Organización Social y Económica de los Incas

Una férrea disciplina y una poderosa organización militar y administrativa permitieron a los soberanos de Cuzco mantener en sus manos la vasta extensión de los cuatro cantones o regiones. Este reino fue el único, entre los estados precolombinos, que podría designarse con el nombre de imperio.

En nuestros días, entre los indígenas del Perú, los términos sinchi e inca designan dos funciones especíales, de carácter electivo, que no pueden ser desempeñadas por la misma persona; la primera corresponde a la autoridad militar, la segunda al poder civil. Mas al fundar Cuzco, los soberanos incas asumieron los dos poderes, y aunque para las cuestiones militares estaban asistidos por generales muy capaces, terminaron, en la práctica, siendo los únicos dueños absolutos.

En lo administrativo, recibían la opinión de un Consejo de ancianos, y de los Orejones, designados con este nombre a causa de la deformación del lóbulo de la oreja, causada por los pesados zarcillos que de ella colgaban. Sin embargo, una dictadura o un gobierno absoluto son sólo posibles si quien detenta el mando está dotado de cualidades excepcionales para gobernar; esto hace comprender por qué, en determinadas épocas de la historia del Imperio —por ejemplo durante la lucha entre Huáscar y Atahualpa para obtener la supremacía—, los cortesanos y los generales llegaron a veces a imponer su voluntad.

La población peruana mantuvo siempre la división originaría en ayllus (subdivisión existente, aún hoy, en las poblaciones del interior), que puede compararse con el clan de familias de casi todas las civilizaciones antiguas, y comprendía un grupo de familias dirigido por un cierto número de jefes, elegidos entre los hombres de más edad.

Ál extenderse el Imperio, y recibir en su seno a las poblaciones, a menudo menos adelantadas, de Bolivia, Ecuador, Chile y noroeste de la Argentina, los soberanos incas se limitaron a ejercer sobre ellos una atenta vigilancia, mostrándose toierantes para con sus costumbres ancestrales; a este respecto, la comparación que puede hacerse con la política del Imperio romano parece justificada.

Si nos remitimos a un pian económico establecido por los primeros soberanos (tal vez por el mismo Manco Cápac), y que ha sido transcripto por un historiador del siglo XVI, el Estado intervenía en los asuntos internos de las comunidades agrícolas con un interés que no encontramos en las otras organizaciones precolombinas.

Este plan prescribía que en enero se debía hilar la lana; en febrero, roturar las tierras; en marzo, proteger las tierras de los pájaros y los ladrones; en abril, llevar los rebaños a los campos de pastoreo; en mayo, cosechar el maíz; en junio, la patata; en julio, limpiar y reparar los pozos; en agosto, labrar la tierra; en septiembre, sembrar el maíz; en octubre, reacondicionar los techos y las impostas; en noviembre, plantar las hortalizas, y, por fin, en diciembre, la patata y la quinoa (cereal muy nutritivo).

La extensión de las tierras y la conformación del suelo no permiten suponer que ese plan económico fuera de aplicación general; no obstante, estas indicaciones tienen gran valor para nosotros, pues son las pruebas de que el soberano, aun abrumado por urgentes asuntos militares, no descuidaba por ello las exigencias de la población civil.

Cuando el Imperio, ampliando aún más sus dominios, rebasó las fronteras de las cuatro regiones, administrada cada una por un gobernador, los incas organizaron una vigilancia directa de las comunidades periféricas; enviaron con este fin inspectores encargados de tomar en cuenta las exigencias de las poblaciones, al tiempo que percibían los impuestos fijados; éstos se recaudaban en beneficio de los soberanos y de los pobladores del territorio de Cuzco.

La población no fue propietaria de las tierras de labrantío. El Imperio de los incas descansaba sobre una organización de tipo comunitario, y tenía las características de lo que, en nuestros días, llamamos un estado totalitario, gobernado por un soberano cuyos poderes no tenían límite. Se lo consideraba hijo del Sol y le era tributado un culto especial.

Agreguemos que este comunismo agrícola existía en los pueblos andinos mucho antes del advenimiento de los incas; pero éstos racionalizaron el sistema, pues no solamente determinaron la superficie exacta de la tierra que debía ser asignada al ayllu, sino que redactaron un código muy completo relativo a la distribución de las tierras y a las obligaciones laborales, y se preocuparon también de distribuir los súbditos del Estado, hombres o mujeres,, según la edad y sus aptitudes para senvir a la comunidad.

Excepto los yanacunas que, por ser culpables de crímenes contra el Estado, sin ser verdaderamente esclavos debían cumplir trabajos forzados, todos los miembros no nobles de la sociedad incaica pertenecían al pueblo o a la clase media (hatun runacuna o puriccuna) y, como tales, tenían derechos y deberes frente al Estado.

La gran máquina estatal se encargó de dar a cada uno un lugar determinado. Por ejemplo, se estableció hasta qué edad un recién nacido podía ser considerado un bebé, y a quién incumbía la obligación de educarlo; se prescribió que los niños, entre los 5 y los 9 años, debían aprender de sus padres los trabajos más simples; que los varones, de 10 a 18 años, debían guardar los rebaños y hacer de estafeta, mientras las jóvenes de esa misma edad recogían las plantas textiles y las flores, necesarias para la labor de los artesanos.

Se entregaban los huérfanos al cuidado de mujeres cuidadosamente elegidas. Los enfermos sólo podían unirse entre ellos, y los jóvenes, llegados a los 25 años, debían casarse lo más pronto posible. Se consideraba que una mujer era casadera hasta los 30 años; las solteras y las viudas debían ocuparse de tejer, o entrar al servicio de familias nobles; los enanos y los deformes divertían a los señores; los hombres de 25 a 30 años se encargaban de los trabajos más útiles para la prosperidad del Estado.

Ellos solos eran considerados ciudadanos. Pagaban impuestos, cultivaban las tierras, integraban las filas de un ejército permanente y colaboraban en la erección de los edificios de interés público y en la extracción de minerales en los yacimientos de plata y de oro.

Tanto en sus propios campos como en los de la colectividad, los adultos (puris) eran vigilados por funcionarios especiales, y este control se prolongaba hasta que alcanzaban los 50 años. Aunque se los trataba con respeto, los ancianos, mientras gozaban de buena salud, debían ayudar a los jóvenes en los trabajos del campo y los quehaceres domésticos, en las casas de los nobles donde estaban empleados. Cumplidos los 80 años, la asistencia pública se hacía cargo de ellos.

El pueblo, privado de libertad de la manera más absoluta, y gobernado por los nobles hasta en los mínimos detalles del vestir, tenía la seguridad de ser amparado y ayudado en los años de su vejez o en caso de incapacidad para el trabajo.

El código moral de los incas no es comparable al nuestro, pero se puede afirmar que estos pueblos tenían un alto nivel moral: el ocio y la negligencia de los deberes que a cada uno incumbían eran castigados como un crimen. Sus leyes, aun no siendo tan crueles como las de los aztecas de México, eran aplicadas con una severidad y un rigor salvajes. Muchos crímenes eran castigados con la pena de muerte, que se infligía de distintos modos.

A este respecto recordemos que entre las numerosas cárceles del Imperio de los incas, existía una, en los alrededores de Cuzco, dispuesta en el interior de una caverna y recubierta interiormente de piedras puntiagudas; allí, los criminales eran arrojados junto a bestias feroces. Se ofrecía a los acusados la oportunidad de probar su inocencia. Si no tenían testigos que pudieran establecerla, ni se hallaban pruebas suficientes para condenarlos, se aplicaba un recurso análogo al «juicio de Dios» de la Edad Media. El acusado debía pasar una serie de pruebas, al cabo de las cuales, si los dioses estaban de su parte, se proclamaba su inocencia.

El nervio del Estado era el pueblo, pero el cerebro lo constituían el soberano, su familia y los nobles. Estos últimos estaban eximidos de los impuestos (que los demás pagaban siempre, en frutos o en horas de trabajo). Gozaban además de numerosos privilegios y llevaban una vida fastuosa. Ellos ocupaban todos los puestos de mando y de responsabilidad, pues podían ser llamados, según su capacidad, a las más altas funciones del ejército (los suboficiales provenían del pueblo), de la administración y del culto.

El sumo sacerdote (Nilahoma), designado siempre entre los familiares del soberano, ejercía este cargo durante toda su vida. Debido a su parentesco con el inca y la altísima magistratura de que estaba investido, su influencia en el gobierno era muy grande; pero su tarea principal era la de dictar normas de culto y dirigir al clero, muy numeroso.

Además de los amuntas, encargados del aspecto cultural, existían sacerdotes para realizar los sacrificios (vallavitza), adivinos, confesores (los incas practicaban la confesión pública), y curanderos, cuyas funciones, en las comunidades aldeanas, eran muy semejantes a las del brujo en las sociedades más primitivas.

patcha kutek, inca

Lo mismo que en la cultura maya, existían monasterios femeninos y mujeres dedicadas al culto de divinidades particulares.

Fue grande la contribución que, para el desarrollo de la religión incaica, ofrecieron las religiones practicadas en el Perú, antes de la llegada del invasor; entre ellas, merece mencionarse la de los aimaraes, como lo prueban las ruinas monumentales de las orillas del lago Titicaca y la cercana Tiahuanaco.

Esas ciudades eran ya conocidas como centros religiosos ele los aimaraes, y fueron luego enriquecidas con los templos que construyeron los incas. El Sol (Inti) y su esposa, la Luna, llegaron a ocupar el primer lugar en el olimpo incaico, desplazando al antiguo dios Viracocha, considerado como el creador de todos los seres vivientes.

El dios Pachacamac, venerado en un principio por los quichuas, sufrió tal vez idéntica transformación, a medida que él culto del emperador fue adquiriendo importancia.

Las poblaciones sometidas a los incas, sobre todo aquellas cuyos territorios estaban alejados del centro del Imperio, o que se habían establecido en lugares aislados, recibieron de estos cultos una influencia mucho menor, y conservaron sus ritos primitivos y su tradicional fetichismo: veneraban a los animales, a las plantas y a los fenómenos  naturales.

Al instalarse en una tierra de civilización adelantada, los incas asimilaron muchos elementos de la cultura y el arte de estos pueblos sometidos, a quienes dieron entera libertad en lo que a estas actividades se refería. En realidad, con el nombre de arte incaico, se designan a menudo objetos cuya elaboración tuvo lugar bajo la dominación de los incas; pero el estilo artístico propiamente dicho no sufrió la influencia de los dominadores.

Tal vez se haya producido el fenómeno contrario. Los habitantes de Cuzco y de sus alrededores aprendieron también de los aimaraes, los chimús, los nascas y otros pueblos, el arte del tejido, la preparación de la arcilla, la fundición del bronce, del oro y de la plata, y las principales leyes arquitectónicas.

Una vez más, la comparación con la civilización romana parece legítima aquí; los incas supieron, ante todo, constituir una organización social, pero se preocuparon poco de realizar una civilización original. Dieron mucha importancia a los trabajos de utilidad pública: graneros colectivos, una densa red de caminos (necesaria para el intercambio dentro de un Imperio tan vasto), numerosos puentes, centros de aprovisionamiento, murallas v fortalezas.

Fuente Consulatad:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX  – Civilización Inca

 

 

 

Perú Precolombino Historia de los Incas Opticas Historicas

Perú Precolombino – Historia de los Incas

Cuando, por primera vez, Francisco Pizarro y sus compañeros desembarcaron en Túmbez, se sintieron sorprendidos, no obstante los relatos que ya habían escuchado en Panamá, al encontrarse con templos y palacios, con fortalezas, con campiñas surcadas de caminos y canales; al descubrir, en fin, un Imperio, harto bien administrado.

La palabra imperio no es exagerada para designar un Estado que se extendía desde el río Ancasmayo, sobre el límite actual de Colombia y Ecuador, hasta el río Maule en Chile central; que cubría la mayor parte de la actual República del Ecuador, el Perú casi por entero, más de la mitad de Solivia, Chile, la región noroeste de la República Argentina y que contaba aproximadamente con doce millones de habitantes.

Tantos juicios contradictorios se han formulado sobre el Perú precolombiano, tantas leyendas se han incorporado a su historia, que el investigador siente la impresión de entrar en un mundo desconocido. Se hace menester, en efecto, realizar un verdadero trabajo de exploración, porque si bien las obras relativas a los Incas son numerosas, raros son los autores que abordan las cuestiones económicas y sociales, y asimismo, los pocos que lo han intentado, sólo han escrito a este respecto monografías sin interés.

La información debe adquirirla el economista espigando los elementos necesarios para la reconstrucción del imperio desaparecido, en los documentos del Archivo de Indias y en las crónicas españolas. Debe extraer de las obras de Francisco de Jerez, Pedro Sancho, Zarate, Gomara, Lizárraga, Betanzos, Balboa, Oliva, los datos perdidos entre los relatos de correrías y batallas, seguir al cronista Acosta en sus puerilidades y a Las Casas en sus exageraciones, recorrer con el bueno y bravo soldado Pedro de Gieza de León la prolongada ruta que va desde las fronteras de Colombia hasta el Cuzco, recorrer las compilaciones de Antonio de Herrera y de Oviedo Valdés y los interminables sermones del padre Calancha.

Pondrá cuidado en recelar del entusiasta Garcilaso de la Vega, siempre dispuesto, como descendiente de los Incas, a exagerar los méritos de sus antepasados, y del feroz Sarmiento, presto, por el contrario, a empañar la fisonomía de los vencidos; buscará las huellas de verdad esparcidas en los relatos del fantástico Montesinos y en los del padre Velasco, ingenuo historiador del Reino de Quito; tratará de descubrir en la obra voluminosa del padre Cobo, algunas observaciones que no sean remedo de sus antecesores; estudiará sobre todo, las obras de los grandes jurisconsultos de la época colonial, de Polo de Ondegardo, de Fernando de Santillán, de Damián de la Bandera, de Cristóbal de Castro, del licenciado Falcón, de Juan de Matienzo y de todos los funcionarios cuyas relaciones ha publicado Jiménez de la Espada en sus «Relaciones Geográficas de Indias».

Muchas de estas fuentes históricas fueron conocidas en Europa desde el siglo XVI y algunas traducidas, pero, ¡cuánta incompetencia en la manera de utilizarlas! Garcilaso hizo escuela y provocó torrentes de sensiblería humanitaria cuya más perfecta expresión nos la da, en el siglo XVIII, la obra de Marmontel titulada «Los Incas o la destrucción del Imperio del Perú», agregado de errores groseros, de grandilocuencia empalagosa, donde los Incas se muestran como padres de familia, suaves hasta la molicie y tan virtuosos, que terminamos por lamentar en ellos la ausencia de vicios de alguna especie. ¡Y cuántos franceses sólo conocen a los Incas al través de Marmontel!

Por aquella misma época, el abate Reynal habló extensamente del Perú, pero en forma confusa; y Norelly inventó un imperio, inspirado por el estudio de los Incas, que hace honor a su imaginación, pero no a sus conocimientos. Es de lamentar que los investigadores no fueran para entonces más conscientes y sagaces, porque el Perú estaba de moda, en Francia, en vísperas de la Revolución de 1789. Madame Graffigny llegó hasta publicar las supuestas cartas de una peruana, traducidas de un «kipu» (cuerdecillas anudadas), cuyo estilo ampuloso hubiera sorprendido en extremo a los descendientes de Manco Capac.

Hasta el siglo XIX no aparecen las obras científicas. Desde entonces un gran número de sabios han profundizado la historia, la arqueología, la lingüística, la etnología, la geografía del Perú; pero, si exceptuamos el folleto, por otra parte muy discutible, de Cünow, no podemos señalar ningún estudio económico completo.

Esa laguna es la que hemos intentado llenar, primero con nuestro tratado El imperio socialista de los Incas y luego con un volumen de divulgación, donde procuramos hacer revivir esa sorprendente sociedad y que se llama: La vida de Francisco Pizarro.

Es singular que existan aún en Europa historiadores que se nieguen a admitir la existencia de civilizaciones no-mediterráneas. Atenas y Roma les han deslumbrado a tal punto, que son incapaces de percibir otras luces.

El medio en que vivieron los Incas es harto conocido para describirlo aquí. La naturaleza, en el Perú, es avara en el altiplano y, por el contrario, pródiga hasta hacerse sofocante, en las regiones arboladas. Los centros de vida están separados por desiertos, montañas, florestas, torrentes, «punas», y es de extrañar que haya podido constituirse un Estado unificado sobre un territorio de tal distribución.

He ahí el cuadro y los materiales de que dispone el economista. Emprendamos ahora la construcción del edificio.
Distinguiremos una infraestructura y una superestructura. La primera se remonta a tiempos muy antiguos y ha subsistido hasta nuestros días, después de arruinado el monumento, tal como esos vestigios que se descubren en el suelo donde se levantaron antaño ciudades opulentas. La superestructura data solamente de la época de los Incas y desapareció con ellos bajo el golpe de la conquista española, no sin haber dejado en el espíritu del indio una amargura que cuatro siglos no han bastado a desvanecer.

Los Chibchas Ubicación Religion Organizacion Social y Economica

Los Chibchas: Ubicación, Religión, Organización Social

Ubicación: Entre la rama oriental de los Andes y el río Magdalena, siendo el asiento principal la meseta de Bogotá (actual Colombia).

aborigenes chibchasOrganización política:
Estuvieron gobernados por cinco jefes principales de carácter tiránico. Dos de ellos, el zipa o bogotá, que residía en Muqueta (Bogotá) y el zaque, en Hunza (centro de Colombia), enemigos entre sí, dominaron a los demás. Dictaban leyes, administraban justicia, comandaban sus ejércitos y eran tan respetados, que nadie se atrevía a mirarles el rostro.

El zipa era sucedido por el hijo de la hermana mayor y en su defecto, se lo elegía mediante un severo examen. Es probable que cuando llegaron los españoles, se tendiese a crear un imperio en torno a Bogotá.

Organización social:
Existían rigurosas clases sociales. Los funcionarios, los guerreros y los sacerdotes tenían privilegios sobre los otros sectores. Sus costumbres eran muy particulares. Así, los chibchas podían tener todas las esposas que pudiesen mantener, pero sólo era legítima, aquélla a la cual se habían unido con la intervención del sacerdote.

El homicidio y el rapto eran castigados con la muerte y el cobarde en la guerra era condenado a quehaceres domésticos durante cierto tiempo. Los chibchas se diferenciaban de los demás indios de América, en que todos iban vestidos. Los principales poseían mantas con dibujos en rojo y negro. Los soldados usaban el cabello rapado, mientras que la población civil lo llevaba largo. Los caciques llevaban corona de oro.

Organización económica:
Cultivaban la tierra con instrumentos rudimentarios. Cultivaron la patata, el maíz (con el que hacían bollos), la papa, los porotos, el zapallo, el tomate y el tabaco, cuyas hojas fumaban. Como alimento de origen animal, comían carne de venado. El artículo más importante para ellos era la sal, pues les servía para el intercambio.

Fabricaban la chicha (bebida embriagante), con el maíz cocido fermentado. Tejían mantas de algodón. Sabían laminar y alear los metales. Utilizaban el polvo de oro que obtenían del río Magdalena, para elaborar pendientes, anillos, pectorales, narigueras, etc. Fue el único pueblo de América que utilizó la moneda de oro en forma de disco.

Organización militar:
Al estar rodeados de pueblos bárbaros, debieron luchar frecuentemente. Los vencidos se convertían en esclavos. Sus armas eran: hondas, macanas (que utilizaban como espada o garrote) y flechas envenenadas.

Religión: Los chibchas explicaban su origen por medio de una leyenda, según la cual Chiminigagua (Ser Superior) envió a la tierra unas aves negras que lanzaban rayos de luz por sus picos. De la laguna de Iguaqué salió una mujer llamada Bachué, con un niño de tres años, que, al llegar a hombre se casó con ella.

De esta pareja nacieron los primeros hombres. Pasados años, volvieron a la laguna y se convirtieron en serpientes. Además de Chiminisasua, adoraban a Bochica (mensajero de Chiminigagua), a Chía, al Arco Iris, etc.

Bochica apareció en los días en que la luna no alumbraba. Predicó la virtud y condenó el vicio. Una mujer, Chía, inundó la llanura de Bogotá con una crecida del río. Los habitantes se retiraron a los montes y convocaron a Bochica, para que alejase el peligro. Bochica retiró las aguas y transformó a Chía en luna, condenándola a salir sólo por las noches.

El pedestal donde apareció Bochica, cuando los chibchas le pidieron que cesase la inundación, fue el Arco Iris. Tenían seminarios (cuca) donde se formaban los futuros sacerdotes. Los sacrificios humanos no eran frecuentes y los más preciados eran los niños de la región donde nació Bochica.

Eran sacrificados a los quince años de edad, a flechazos, arrancándoles luego el corazón. Carecían de templos, pues hacían las ofrendas en lagunas o cascadas. Esto dio origen a la leyenda de El Dorado (el zipa, antes de asumir como tal, se internaba en el lago en una balsa, en la que remaban otros cuatro caciques menores.

Cuando llegaban a la mitad del lago, el zipa, que tenía untado el cuerpo con polvo de oro, depositaba las ofrendas en honor a los dioses, arrojándose después a las aguas para bañarse en ellas, todo esto en medio de música y cantos.

Arte, ciencia y legado cultural:
No tuvieron una arquitectura monumental. Fueron expertos en cerámica (decoración antropomorfa). Fabricaron pequeñas figuras chatas de oro que parecían cortadas de una lámina delgada. También elaboraron cuchillos de oro para el ritual. Sobresalieron en tejidos de algodón. Empleaban el sistema numérico vigesimal y poseían dos calendarios: el año civil (se dividía en veinte lunas) y el sacerdotal (treinta y siete lunas). Diez semanas formaban una lunación (una semana era de tres días).