Pieles Rojas Historia Costumbres Vida y Religión



Pieles Rojas, Su Historia
Costumbres Vida y Religión

Antes de la llegada de los europeos habitaban América unas cuatrocientas grandes tribus de indios. Vivían principalmente de la caza, aunque también cultivaban algunos productos. Después del descubrimiento de América, los colonos impusieron a los indios pesados trabajos. Cuando se constituyó en país independiente, Estados Unidos tendió a la coexistencia pacífica con los indios; pero, en el siglo XIX, la afluencia de adelantados al oeste trajo consigo incontables conflictos y se establecieron las primeras «reservas». En la actualidad, los indios buscan cada vez más integrarse en la sociedad moderna.

Cuando los primeros europeos abordaron el continente americano vivían dispersas en él unas cuatrocientas tribus. El norte extremo lo habitaban los esquimales, que llevaban allí una existencia nómada y bastante primitiva y carecían de otra organización social distinta de la familia.

Los pieles rojas, por el contrario, conocieron una organización neolítica que heredaron de sus antecesores. Encendían fuego golpeando uno contra otro dos pedazos de sílex, empleaban utensilios de piedra, confeccionaban cestos y adiestraban a los perros convirtiéndolos en animales domésticos. No eran muy numerosos; se estima que hacia el año 1600 había en América unos ochocientos mil pieles rojas, doscientos cincuenta mil de los cuales, aproximadamente, residían en la región situada entre la costa del Atlántico y el Mississipí.

Eran tribus reducidas, todavía más debilitadas por sus luchas intestinas. Los de las «cinco naciones», los iroqueses, eran de entre todos los más poderosos. Al norte y al oeste de su territorio residían sus mayores enemigos: los hurones y los álgonquinos. Estas dos tribus habitaban los bosques que pueblan la región de los grandes lagos. Su civilización se caracteriza por el hecho de que conocían los metales y practicaban la alfarería. Además de ellos, las tribus más conocidas del sureste de Estados Unidos eran los creek, los cherokees y los seminóla, en tanto que el oeste lo poblaban los piute, los siux y los cheyenne.

En todas esas tribus encontramos una especie de literatura primitiva constituida por relatos relacionados con los dioses y los antepasados y que se transmitían de padre a hijo. Poseían cierta organización política, principalmente confederaciones de tribus.

De todas maneras poca es la historia que nos ha llegado de los pueblos pieles rojas de Estados Unidos llamados así, no por el color de la tez, sino porque era de un subido color rojo la pintura con la que se maquillaban para entrar en combate. Pero los restos de alfarería primitiva encontrados en Norteamérica, conforme a los estudiados con las modernas técnicas del carbono 14, nos hablan de asentamientos nativos anteriores a los pieles rojas, hacia el 30.000 a.C, mas poco se sabe sobre el origen de estos antiguos habitantes de América del Norte.

En cuanto a los actuales pieles rojas, se sustenta la teoría de que provenían de Asia, de la que emigraron a través del estrecho de Behring. Los rasgos mongólicos más pronunciados entre los esquimales, están menos acentuados entre estos pueblos pieles rojas, tal vez por la mezcla con los primigenios nativos a los que aludíamos antes.

Cuando se habla de la cultura azteca, maya, inca o aymará, se piensa de inmediato en colosales pirámides, en imponentes templos astrológicos, en culturas cosmogónicas y sociales de tal envergadura que asombraron -y alarmaron- a los europeos conquistadores recién llegados. Frente a tanta imponencia y avance cultural, la civilización de los pieles rojas de Norteamérica aparece deslucida o de menor envergadura.

Cuando llegaron los primeros colonos, las tribus que vivían hacia el este ide Norteamérica, como los algonquinos, iroqueses y hurones, habían formado un consejo de cinco naciones coaligadas, una especie de unión panamericana de piele rojas de la zona oriental, con un gran jefe, el cacique Hiawatha, a la cabeza.

Aldea de pieles rojos constituida por tiendas típicas. En círculo, alrededor del fuego, se encuentran reunidos en Consejo los ancianos de la tribu.

Se ha comprobado que existían 12ramas lingüísticas, cada una tan diferente de las demas como pueden serlo hoy el alemán y el persa, el ruso y el castellano, o el inglés y el italiano. Además de esas 12 ramas se hablaban dialectos varios, de tal suerte que al llegar el hombre blanco, había alrededor de 2.000 lenguas habladas por los primitivos americanos pieles rojas.



Vivían en las tiendas llamadas tipi, hechas con cueros de bisonte, sosten idas poi 3 o 4 palos. Otras tribus fabricaban casas rectangulares, hechas de ramas, hojas y paja, llamadas wigwan o también hagan entre los navajos.

Pieles Rojas Sitting Bull

Sitting Bull, célebre jefe siux

ORGANIZACIÓN SOCIAL
Los pieles rojas estaban divididos en diversas tribus, cada una de las cuales tenía su propia tradición y sus leyes, f hablaba un dialecto a menudo incomprensible para las otras. En casos de especial necesidad, algunas tribus se reunían en confederaciones.

La tribu era gobernada por un jefe, que, no obstante, no tenía autoridad absoluta. Él era, más que otra cosa, un jefe guerrero y el ejecutor de la voluntad del pueblo. Los ancianos de la tribu, reunidos en torno al fuego del Consejo, expresaban su voluntad.

La contemplacíón de la naturaleza invitaba a los indios a recogerse en meditación y plegaria: ello los movía e elevar su corazón a Dios.

En algunas tribus, y en casos excepcionales, también participaban de estas reuniones las mujeres y los jóvenes. Pero prevalecía siempre el parecer de los ancianos, más ricos en experiencia y, por ende, más sabios. Una vez tomada una decisión, todos la acataban.

El jefe de la tribu mantenía su cargo mientras la edad se lo permitía. Luego, él mismo designaba su sucesor, que podía ser su hijo o su hija. Este nombramiento debía ser aceptado por todos los notables de la tribu, es decir, por los guerreros que habían realizado el mayor número de hazañas gloriosas. Si éstos indicaban como jefe sucesor a otro guerrero que había demostrado ser más valeroso que el heredero legítimo, este último debía, sin más, cederle el título.

Tabajaban la tierra y cultivaban maíz, tabaco, zapallo, yucas, porotos, pero también sacaron de ella plata y turquesas. Durante los siglos que duró la i«(Ionización española, los navajos atacaron los centros poblados en busca de caballos, bebidas y mujeres, pero en el año 1860, EE.UU. ocupó la región de Arizona y Nuevo México.

En 1864, Kit Carson con sus tropas derrotó a los navajos en la célebre batalla de Bosque Redondo en Nueva México. En 1868 establecían una reserva para ellos en Arizona, donde tuvieron una suerte muy dura por la escasez y pobreza de las tierras. La población navaja asciende hoy a 100.000 personas, y viven en una comarca que apenas aporta alimentación para 35.000.

Hasta hoy la mayoría de los nombres de estados y ciudades en EE.UU. conservan o derivan de nombres del idioma indio: Dakota, significa «aliados»; Oklahoma, «el pueblo rojo»; Iowa, «los dormidos»; Kansas, «una brisa cerca del suelo; Kentucky, «el suelo oscuro y sangriento; Illinois, «la tribu de los hombres perfectos»; Texas, «amigos»; Idaho, «buenos días»; y Mississippi, «padre de las aguas».



En la frontera con California hay varias reservas de tribus indias: arapahos hacia el oeste, apaches y navajos hacia el noreste en los límites del territorio de Nueva México. Hasta el día de hoy hay localidades, dentro del mismo estado de Arizona, que llevan nombres de distintas tribus que fueron los primitivos y auténticos habitantes de esta región: Coconinos al norte; en el centro Yavapai (Aguas claras). Incluso el nombre de Cochise que fue el caudillo que educó al famoso indio Jerónimo, figura al sur del estado de Arizona, en el 1 imite con México.

Una forma habitual para comunicarse entre las tribus eran las señales de humo que se lograban colocando una manta en forma intermitente sobre una fogata encendidacon madera verde para que les asegurara un buen fuego con humo.

Una tribu de cualquier clase estaba constituida por varios clanes y en cada uno de ellos regía un anciano magistrado elegido por el clan en cuestión, llamado Sachem. Pero a su vez, los jefes guerreros de cada clan eran los Natani, elegidos en ceremonias sagradas. Varios Sachem formaban un Consejo de Ancianos o Jefes Mayores, los que eran comandados por un gran cacique. La categoría de estos últimos se destacaba por el revestimiento de ornamentos de plata y cuentas de arcilla y piedras coloreadas alrededor del cuello, pero sobre todo por el típico tocado confeccionado con plumas de águila.

Cada guerrero de cualquier tribu podía ataviarse con plumas de águila de acuerdo a los coups o encuentros con enemigos armados como él, en las frecuentes guerras entre tribus rivales. Así como un piloto de la RAF, durante la última guerra mundial, solía pegar una cruzde hierro en la carlinga de su avión por cada aeronave nazi derribada por él, también en la misma forma los guerreros pieles rojas, contabilizaban por cada coups una pluma timonera de águila.

Las plumas recortadas de cuervo indicaban que había sido herido en acción. También se diferenciaban los guerreros pieles rojas con los de otra tribu por la colocación de las plumas, como los clanes escoceses en la elección de los colores y el dibujo de las telas. Pero siempre las plumas del cóndor y el águila eran las favoritas, pues eran aves que estaban más cerca del cielo y de los dioses y simbolizaban el acuerdo del hombre con Manitú.

Los hombres que oficiaban de curanderos-chamanes de la tribu, denominados Wakan, llevaban el cabello recogido con un moño y sus revelaciones y consejos eran escuchados y seguidos respetuosamente por el resto de la tribu. También oficiaban de sacerdotes para casar a las parejas.

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Muerte del  general  Custer  (1876);
episodio de la  lucha entre blancos y pieles rojas

RELIGIÓN
«Padre mío, que estás en todas partes, y por quien estoy vivo: tal vez ha; sido Tú quien, por obra de los hombres, me has colocado en esta situación pues eres Tú quien lo dispone todo. Y como nada es imposible para Ti, líbrame de mis enemigos, si lo consideras justo. Y ahora, a vosotros todos, peces de los ríos, pájaros del cielo y animales que corréis sobre la Tierra, y a ti, oh Sol, os ofrezco este mi caballo. Vosotros, pájaros del aire, y vosotros, habitantes de la pradera, sois mis hermanos, porque un solo Padre nos ha creado, y veis cómo soy infeliz. Entonces, si tenéis algún poder ante el Padre, interceded por mí.»

Esta hermosa plegaria fue pronunciada por un indio de la tribu de los pawnees, cuando se hallaba en una situación desesperada. En ella encontramos no sólo la expresión de fe en un Dios, padre justo y amoroso de todas las criaturas, sino también el sentido de una profunda resignación a la voluntad divina y el concepto de la omnipresencia de Dios.



Las diferentes tribus pieles rojas llamaban al Gran Espíritu Creador con distintos nombres: «Manitú» (Gran Manito), los algonquines; «Wakonda los síux; «Yastasinane» (que significa «capitán del cielo»), los apaches. Además, veneraban todas las manifestaciones de la naturaleza: el Sol, la Luna, el Aire, el Agua, el Fuego. A estas fuerzas misteriosas dedicaban largas oraciones silenciosas, o ritos complicados y enigmáticos, como la Danza del Sol. que bajo la guía de los hechiceros, a veces se prolongaban durante días.

GUERRAS
» Apesar de tantas luchas, he tenido la suerte de no derramar nunca la sangre de una mujer o de un niño, ni siquiera involuntariamente». Así se expresaba Gerónimo, un gran jefe apache, dando fin a la narración de sus aventuras guerreras.

Las tribus pieles rojas guerreaban frecuentemente entre sí por los motivos más fútiles. Bastaba que dos tribus se encentraran simultáneamente en un mismo territorio de caza para que la guerra fuera inevitable. Sin embargo, fueron combatientes leales: ni las mujeres ni los niños de los vencidos eran nuertos; los prisioneros eran respetados, y los tratados, aunque  solo  fueran  verbales,  se observaban escrupulosamente.

Para algunas tribus, como los apaches, los comanches y los siux. la guerra no era más que un tipo particular de caza que concluía con la captura de los caballos de la aldea atacada. Prestamente, la ilustración representa un método empleado por los comanches para atacar de sorpresa a una aldea. Los jinetes se mantenían agarrados al cuello de los caballos, escondiéndose tras uno de sus flancos, y se acercaban al poblado simulando ser ana manada en pastoreo. Luego, de improviso, los guerreros se erguían decididos y se lanzaban denodadamente al ataque.

LA    CAZA
El otoño era la estación de las grandes cacerías. La tribu se trasladaba continuamente en busca de manadas de búfalos, que galopaban hacia el sur. Había manadas tan numerosas que a veces se extendían hasta sesenta kilómetros, y ccntinuaban pasando durante cinco días seguidos. Los jinetes se situaban en los flancos de la manada, y sus flechas, casi siempre certeras, se clavaban en la juntura del lomo de los bisontes. Un procedimiento más audaz para abatir a la presa era saltar de la grupa del caballo sobre la del risonte y clavarle un cuchillo en la garganta.

Los pieles rojas sabían utilizar la carne y otras partes de este animal. Con la piel aún cubierta de pelos, hacían camas, mantas y capas. Después de haberla raspado la usaban para fabricar tiendas, piraguas, escudos, ropa y calzado. Los huesos servían para preparar utensilios (palas, arpones, puntas de flechas, agujas, ornamentos); los tendones y los intestinos eran transformados en cuerdas para arcos, lazos y ataduras; los cuernos hacían las veces de recipientes; los cascos daban una gelatina que se empleaba como cola; el cerebro servía para el curtido de las pieles.

LAS    DANZAS
Los pieles rojas fueron famosos, además, por las fantásticas danzas que ejecutaban en distintas ocasiones. Había danzas de carácter religioso que servían para solicitar al Gran Espíritu una lluvia, una caza abundante, o la victoria en la guerra. Otras danzas, que se ejecutaban inmediatamente antes de una batalla, tenían por objete exciear a los guerreros para la pelea. A menudo, en la excitación los guerreros se excedían; el resultado era, así, opuesto al deseado, pues llegaban a la batalla físicamente extenuados. Otro tipo de danza, que tenía carácter de espectáculo, consistía, generalmente, en la narración mímica de una  hazaña guerrera.

PARA SABER MAS…
Las religiones: Como todos los pueblos antiguos, no sólo de América del Norte, Centro y Sur, sino de Europa, Asia u Oceanía, la figura del sol era tan importante como la de la Luna. Se le adjudicaba al primero la jerarquía, la cacería, la acción de la naturaleza, el cacique, la paternidad, mientras que la segunda estaba parangonada con la noche, el reposo, las aguas, los misterios, la maternidad, el medicine-man (wakan). También adoraban al viento y al rayo al que temían y representaban como una culebra en movimiento, por ello muchas tribus se abstenían de matarlas. Más bien las veneraban y danzaban como los Hopi en ceremonias mágicas y secretas.

Creían que existíaun Gran Espíritu y también otros menores que vivían en cada hombre, en cada animal, lago, árbol, pasto y hasta en las piedras.

Así, para los espirituales indios Hopi, el monte era sagrado y el mundo material y su relación con los espíritus no tenían fronteras limitantes. Cualquier terrón de la tierra era sagrado y como tal habitado por seres sutiles, Además del Sol y la Luna existían las Personas de los Hombres, las Personas de la Tierra, las Personas del Agua, y las Personas del Viento. Esto último coincide con las leyendas de las culturas europeas y orientales sobre los genios que habitan los distintos elementos (hadas, salamandras, sílfides, elfos, etc.)

Entre los zuñies y pawnees, existía la creencia de que las sombras que dejaban en el suelo al caminar, eran sus almas y que cuando fallecían se reunían en un lugar desolado al que ningún miembro vivo de la tribu podía acceder.

Todos los muertos hacían un  largo viaje hacia los cielos y formaban juntos la Vía Láctea, cualquiera hubiera sido su rol en la vida. Las estrellas brillantes, sin embargo, eran los espíritus de los bravos guerreros que cabalgaban, por siempre, los campos celestes del Gran Manitú.

El hombre blanco al llegar a América descubrió muchas cosas importantes y cubrió otras de miseria y olvido. Pero entre las primeras, encontró un verdadero tesoro de leyendas: mellizos que viajaban al sol, aves que raptaban a hermosas doncellas, mujeres arañas librando gente de un diluvio. Al igual que otros escritores o narradores de mitos del resto del planeta, estos pieles rojas contaban la creación del mundo: como se descubrió el fuego, como brotaron las plantas y fueron creados los hombres.

Pero los mitos que los conquistadores escucharon y perpetuaron no eran simples fábulas. Eran herencia sagrada que explicaban las fuerzas de la naturaleza y daban un contenido vital a los cantos y danzas primigenias del ceremonial religioso piel roja. (Fuente: Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona)

Ver: Los Bisontes de la Pradera Norteamericana

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo III Los Pieles Rojas
Huellas del Cielo Norma Palma de Sindona

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