Cleopatra y Marco Antonio

Biografia de Witt Jan de Firma Paz de Westminster

Biografia de Witt Jan de

Jan de Witt (1625-1672), político holandés (de las Provincias Unidas), hermano de Cornelis de Witt, nació en Dordrecht y estudió en la Universidad de Leiden.

Fue un destacado hombre de Estado holandés en el siglo XVII, quien obtuvo el cargo de gran pensionario de Holanda en 1652, y en calidad de tal, firmó con Cromwell la paz de Westminster, por la que Inglaterra aseguraba que ningún príncipe de la casa de Orange sería estatuder o gran almirante de la república.

Biografia de Witt Jan de
En 1650 fue nombrado asesor jurídico principal de Dordrecht, y tres años más tarde pasó a ser consejero gran pensionario de Holanda. Aceptó la exigencia de Oliver Cromwell de Inglaterra de abolir el cargo de estatúder (gobernador), que antes ostentaban los príncipes de Orange.

Descendiente de una familia de la aristocracia burguesa de Holanda, cuyos miembros se habían ilustrado en el comercio de la madera y en el gobierno de Dordrecht, Juan de Witt nació en esta ciudad el 24 de septiembre de 1625.

Después de cursar los estudios de Leyes en las universidades de Leyde y Angers, se estableció en La Haya como abogado cerca de la corte de Holanda.

En 1650 su padre, Jacobo de Witt, fue detenido por Guillermo II de Orange, ya que era uno de los miembros más importantes del partido republicano del país.

Recobrada la libertad, su hijo siguió el camino político que aquél le había trazado. Pensionario de Dordrecht en 1650, fue reconocido muy pronto como jefe del grupo antiorangista.

En 1653, con motivo de la primera guerra naval angloholandesa, fue nombrado gran pensionario de Holanda.

Hombre realista y práctico, supo hacer frente a la situación después de las derrotas de la escuadra holandesa en el Canal de la Mancha.

Firmó con Cromwell el Tratado de Westminster (1654), por el cual aceptaba una cláusula que excluía al joven príncipe de Orange, Guillermo II, de todas las dignidades públicas de que habían gozado sus antecesores.

Este acto consolidaba su poder en las Provincias Unidas, aunque desde luego no todas aceptaron con complacencia la imposición de Inglaterra.

Durante los once años que siguieron, Juan de Witt fue el verdadero jefe y director de la política neerlandesa, aunque quizá no de un modo tan absoluto como Oldenbarneveldt.

Su gestión financiera fue particularmente notable, logrando hacer rebajar del 5 al 4 por 100 el tipo de interés en toda la república. En política exterior siguió las orientaciones tradicionales de Francia e Inglaterra.

Sin embargo, no olvidó las conveniencias de los mercados holandeses, y así dedicó parte del presupuesto público al mejoramiento de la armada.

En 1662 Witt concertó una alianza defensiva con Francia, al objeto de poner coto a las agresiones de Inglaterra en los mares.

Estas no cesaron, por lo que, ante la toma de Nueva Amsterdam, en América del Norte, las Provincias Unidas declararon la guerra a su rival (1665).

En este momento púsose de relieve la excelente organización dada a la república por Juan de Witt. Después de los desastres iniciales, una serie de brillantes victorias marítimas obligaron a Carlos II de Inglaterra a pedir la paz.

Esta se firmó en Breda (1667), con el natural acrecentamiento de prestigio para el gran pensionario.

Pero esta paz había de ser fatal a Holanda, ya que Inglaterra se echó en brazos de Francia. Luis XIV meditaba la ruina de las posesiones de España en los Países Bajos.

Las victorias que alcanzaron sus generales en Flandes y el Franco Condado en la guerra de Devolución (1667-1668), fueron anuladas por la formación de la Triple Alianza, de la que fue alma Juan de Witt.

Entonces Luis XIV proyectó la pérdida de aquella orgullosa república, que le cerraba el paso en el camino de las conquistas y de la economía (guerra de tarifas).

En el transcurso de los años siguientes, la diplomacia francesa aisló a las Provincias Unidas y las rodeó de un bloque enemigo.

Mientras tanto, Juan de Witt había de hacer frente a la oposición orangista, que crecía como la espuma a compás del crecimiento del príncipe Guillermo.

El pueblo neerlandés, que odiaba el gobierno de la oligar-
quía burguesa, se afilió al bando de los Orange. En 1666 Zelanda obtuvo el ingreso de Guillermo II en el Consejo de Estado.

Para hacer frente a los brotes revolucionarios de 1667, Juan de Witt obtuvo de los Estados de Holanda la promulgación del «Edicto Perpetuo» (1667), suprimiendo el cargo de estatúder en las provincias.

Pero el Edicto sólo fue copiado por la provincia de Utrecht, por lo que De Witt tuvo que limitarse a imponer el «Pacto de Armonía» (1667), disponiendo la incompatibilidad de los cargos de estatúder y de capitán general en las demás provincias.

De esta manera pensaba robustecer la forma republicana de gobierno y mantener la hegemonía de Holanda en la federación.

Esta fórmula se sostuvo hasta la campaña emprendida por el ejército de Luis XIV contra las Provincias Unidas en 1672.

Ante el rápido avance francés, De Witt fue acusado de improvisación y descuido, lo que no era cierto más que en lo referente a la defensa terrestre.

El pueblo, excitado por las malas nuevas que llegaban del campo de batalla, se levantó contra el gobierno del gran pensionario.

Este presentó la dimisión de su cargo el 4 de agosto.

El 20 del mismo mes perecía asesinado en manos del populacho de Amsterdam, dirigido por Tichelaar, junto con su hermano Cornelio.

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Biografía de María Callas Cantante Lírica Opera Resumen

Biografía de María Callas Cantante Lírica

Consagrada por la mayor parte de la crítica como la mejor voz femenina del siglo XX, esta excelsa y temperamental artista griega despertó también el interés del gran público por su agitada y publicitada vida personal.

Pero es su asombrosa voz de «soprano absoluto» y su excepcional talento lírico, lo que ha inscrito definitivamente su nombre en la historia de la música contemporánea.

Nacida circunstancialmente en Nueva York, estudió canto en el conservatorio de Atenas, ciudad en la que debutó a los quince años, y en cuyo Teatro de Opera se desarrolla el inicio de su carrera.

En 1947 se traslada a Italia, donde contrae matrimonio con Giovanni Battista Meneghini, y obtiene sus primeros triunfos resonantes en Verona, Roma y Nápoles.

Veamos ahora su vida y obra musical…

En la biografía de las grandes divas de la ópera, la realidad y la leyenda suelen mezclarse de manera inextricable.

Esto resulta especialmente cierto en el caso de una de las mayores sopranos del siglo XX, la genial María Callas, en cuya apasionada peripecia vital se suceden los grandes éxitos artísticos y las catástrofes privadas.

El verdadero nombre de la célebre soprano es María Ana Cecilia Sofía Kalogerópoulos. Durante su infancia solía cantar en la iglesia (Ortodoxa), e hizo sus primeros estudios de canto con una profesora de origen italiano.

Alrededor de 1937 viajó con su madre a Atenas, y se convirtió en alumna de la soprano española Elvira de Hidalgo, directora de la Escuela de Canto del Conservatorio de Atenas. Sus progresos fueron rapidísimos y a los 15 años hizo su primera presentación en Cavalleria Rusticana.

Al finalizar la guerra se vio obligada a regresar a los Estados Unidos para no perder su ciudadanía. En esa época fue escuchada por el tenor Giovanni Zenatello, director de la Arena de Verona, quien la invitó a trabajar en su empresa de espectáculos durante la temporada de verano.

María Callas

MARÍA CALLAS
(Nueva York, EE.UU. – 1923-1977)
Cantante   lírica  y   actriz dramática. Creadora de una escuela moderna de interpretación lírica.

BIOGRAFIA: Ni siquiera se conoce con exactitud su fecha de nacimiento. Se sabe que vino al mundo en diciembre de 1923, en el Flower Hospital, situado en plena Quinta avenida de Nueva York.

Pero en cuanto al día, se puede elegir entre el 3, que figura en el registro de la clínica, el 4, que figuraba en su pasaporte y el 5, según el testimonio de su madre.

Su padre, Georges Kalojeropulo, un griego del Peloponeso, era un farmacéutico graduado en la universidad de Atenas.

Su madre, Evangelia Dimitriadis, provenía de una familia turca establecida a comienzos del siglo en la capital griega, y se casó a los diecisiete años.

Como otros miles de europeos del primer cuarto de siglo, los Kalojeropulo emigraron a Estados Unidos.

Además de las razones económicas que empujaban a todos los emigrantes, la familia sintió la necesidad de alejarse de la ciudad griega de Meligala, donde vivía cuando murió su segundo hijo, de sólo tres años de edad, durante una epidemia de tifus.

Se dice que la madre quería un hijo varón que sustituyera al que había perdido en Grecia, y que al enterarse del nacimiento de una niña se negó a tenerla entre brazos durante cuatro días.

Maria Callas nunca habló demasiado de su infancia, pero en cambio ha dejado referencias del autoritarismo materno: «Fue mi madre la que decidió que yo fuera cantante. En mi familia ella lo decidió siempre todo».

Estudió piano a partir de los ocho años, pero desde mucho antes acostumbraba repetir, cantando, las músicas que oía por radio.

Cantó por primera vez en público durante una fiesta escolar y luego en un programa de radio; en ese programa ganó un reloj por recitar unas poesías y cantar La paloma.

Cuando terminó los estudios primarios y hubo que decidir el futuro, las relaciones entre sus padres llegaban a su peor momento; en el proceso de separación que siguió, el motivo aducido por su padre para pedir el divorcio fue precisamente el elevado coste de la educación musical de María.

Su madre, ahora a cargo de las hijas, consiguió  presentarla a la célebre cantante italiana María Trivella, que quedó maravillada por el talento de la niña y la admitió en sus clases.

Para pagarlas, la madre se las compuso para obtener una beca. Al mismo tiempo, María estudiaba griego y francés.

María ponía el máximo empeño en aprovechar sus clases: cuando acababa su tiempo, permanecía en el aula para escuchar lo que la Hidalgo enseñaba a los otros cantantes.

Sus progresos fueron rápidos; en 1940 participó en un concierto estudiantil en el Parnassus Hall de Atenas, organizado por el conservatorio, y más tarde actuó en el teatro Olympia, haciendo el papel de Sor Angélica, de la ópera homónima de Puccini; las representaciones fueron organizadas por la Hidalgo.

Maria Callas cantó por primera vez como profesional en el teatro Real de Atenas, con el pequeño papel de Beatrice en la opereta Boccaccio, de von Suppé, el 27 de noviembre de 1940.

Hasta 1944, Maria cantó óperas, dió recitales de lied, y protagonizó emisiones radiofónicas, en un desaforado esfuerzo por sobresalir.

Cuando la situación política y social griega se estabilizó, la Callas intentó que la ópera de Atenas cumpliera el contrato que tenía firmado con ella, pero el director le comunicó que no podía porque todos los demás cantantes se oponían; todos protestaban contra su desmedido orgullo y el teatro entero estaba contra ella.

Viajó a   Nueva York, y  tras un emocionante encuentro con el padre, Maria comenzó inmediatamente a moverse entre los círculos musicales para buscarse un lugar como cantante. Intentó presentarse en otras ciudades, lejos de Nueva York, pero tampoco logró ningún resultado. De manera que los dos años que pasó en Estados Unidos tuvo que dedicarlos necesariamente al estudio.

Por fin, en 1947, aparece un viejo tenor italiano, Giovanni Zenatello, llegado en busca de nuevas voces para el festival de la Arena, de Verona. Cuando Zenatello oyó cantar a la Callas, quedó tan fascinado que, a pesar de sus setenta y pico de años, se empeñó en interpretar con ella un dúo. Maria fue inmediatamente contratada para cantar La Gioconda, de Ponchielli, en el festival de Verona.

En agosto de 1947, «la Callas» debutaba con La Gioconda. Fue éste su primer éxito en Italia, país en el que se radicó.

En los años siguientes, estando casada con el industrial Giovanni Battista Meneghini, que además era su  empresario, cantó en todos los grandes teatros italianos. Pero fue en la Scala de Milán donde nació el «mito Callas», con su interpretación de Norma (1952). Otro hito importante en su carrera artística fue el estreno de Medea, allí, al año siguiente.

La década de 1950 fue «la edad de oro» de la carrera de la Callas, quien se presentó sucesivamente en todos los grandes escenarios. Fue también en esa época cuando debió enfrentar la competencia de Renata Tebaldi.

En 1959 abandonó a Meneghini por Onassis. Se inició entonces su declinación y su progresivo alejamiento de los escenarios. En compensación, se convirtió en una de las figuras más prominentes del «gran mundo». En 1968 Onassis se separó de ella para casarse  con Jacqueline   Kennedy.

Poco después de producirse esa separación, María Callas, que se había mantenido alejada de los escenarios desde 1966, debutó como actriz cinematográfica en Medea (Id., 69), de Pier Paolo Pasolini, obteniendo un gran éxito y calurosos elogios de la crítica. En 1973 tuvo lugar su poco expresivo debut como directora de ópera (Le Vespere Siciliane) y su reaparición en recitales.

María Callas, una de las grandes divas de la Opera del siglo XX, es responsable en buena medida de la renovación lograda  por  ese  género.

El principal motivo de su éxito fue su formidable registro vocal, que le permitió dominar varias voces, desde la de medio soprano hasta la de soprano ligera, circunstancia que puso a su alcance un gran repertorio.

Su voz vigorosa «y maleable era comparable con la de las cantantes del siglo XVIII, lo que permitió a María Callas revivir viejas óperas como II Pirata, de Bellini, y algunas otras de Donizetti y de Rossini. Entre las sopranos contemporáneas es única por su dominio del estilo clásico. Es también una cantante que no sólo canta, sino que actúa, debido a su fuerte personalidad escénica.

SUS ULTIMOS AÑOS: Establecida en New York, a partir de enero de 1971, empezó a dictar sus lecciones en el Curtís Institute of Music de Filadelfia, pero las abandonó poco después por el bajo nivel de los alumnos matriculados.

La Julliard Scholl de Manhattan, uno de los mejores centros de enseñanza del mundo, le propuso un curso con el título de La tradición lírica para que la Callas pudiera enseñar lo que quisiera. De los trescientos alumnos que se presentaron, sólo admitió a veinticinco y el 11 de octubre de 1971 dio su primera lección.

A sus clases, destinadas en principio a esos pocos privilegiados, asistía sin embargo mucho público, mucha gente que nunca pudo ir a una representación de la Callas. Y entre ese público, confundidos entre el gentío, anónimos, se cuentan algunos de los más famosos cantantes de la época, que quieren aprender algo de «la divina», descubrir su secreto.

Durante esas lecciones en Nueva York aparece Giuseppe di Stefano, que la convence para que aparezcan otra vez juntos ante el público, como en los viejos tiempos. La Callas aceptó el reto. Primero grabaron un disco, que no llegó a aparecer en el mercado.

En abril de 1973, Maria Callas hace por primera vez de director escénico, en una ópera cantada por di Stefano, en Turín: Las vísperas sicilianas. El montaje de la Callas no gustó a nadie, ni siquiera a su admirador Luchino Visconti.

Sólo di Stefano la defiende; las críticas arrecian, sobre todo porque en Italia a «la griega» no le perdonan muchas cosas: el divorcio de Meneghini, su relación con Onassis, su triunfo en La Scala, sus fabulosos ingresos, sus joyas, sus caprichos, sus agudos, su arrogancia.

Pero di Stefano no se rinde y hacen una gira de conciertos por Europa. La Callas, en cualquier caso, no se engaña: dice que el público le aplaude por lo que fue, no por lo que es. Pero siguen dando conciertos, en Europa y en Estados Unidos. Cuando di Stefano pierde una hija y abandona, la Callas sigue. Un público joven, que no la había conocido en sus mejores tiempos, le tributa ahora unos triunfos espectaculares.

Y finalmente París, su casa de París, donde frecuentemente recibía las visitas de quienes iban a buscar su consejo. El objetivo de su último viaje fue la isla de Skorpios, para rezar ante la tumba de Aristotelis Onassis, cuya muerte le había afectado mucho. Maria Callas murió el 16 de setiembre de 1977; los últimos análisis médicos habían diagnosticado una crisis cardíaca. Las sospechas de un suicidio tardarían en ser descartadas. En 1979, las cenizas de Maria Callas fueron esparcidas en el mar Egeo.

Ver: Biografia de Giovanni Battista

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Los Amantes de Teruel Historias de Amor

Los Amantes de Teruel – Historias de Amor

El viajero que llega a Teruel, pequeña capital de provincia rodeada de un hermoso y áspero paisaje de colinas y barrancos, dividida por el profundo tajo del río Turia, de inmediato se siente asombrado ante la belleza de varias torres que emergen del perfil de la ciudad.

Destacando contra el cielo del Bajo Aragón, puede apreciar cuatro esplendidas muestras del arte mudéjar: La Catedral, San Pedro, San Salvador y la postrer de la Merced invitan a subir y admirar fachadas e interiores.

En la obligada visita a la iglesia de San Pedro, sorprende encontrar en uno de sus anexos un moderno sepulcro realizado en alabastro cuyo motivo es, sin duda alguna, profano; contemplamos dos sepulturas, adornadas con sendas figuras yacentes, mujer y varón, ambos jóvenes, captados en el momento final en que pretenden entrelazar sus manos, en un intento de permanecer unidos en la eternidad.

El monumento, esculpido en 1956 por Juan de Ávalos, es un homenaje que la ciudad rinde a dos de sus conciudadanos más universales: Isabel de Segura y Diego Marcilla, a quienes, quizá para que pudiesen gozar en el recuerdo lo que no lograron en vida, han sido unidos para siempre en un único nombre: Los Amantes de Teruel.

No es esta la única leyenda sobre amores trágicos que recoge la memoria popular turolense, ¿acaso la dura geografía propicia pasiones igualmente extremas? Pero, sin duda, Isabel y Diego se han erigido en el paradigma de amor imposible llevado a sus últimas consecuencias.

Existen múltiples versiones de la trágica historia, la mayoría difieren en los detalles, pero conservan lo esencial del argumento:

A principios del siglo XIII, viven en Teruel dos familias, probablemente hidalgas y, por lo que se sabe, en buena armonía. Mientras que los Segura disfrutaban de una posición económica acomodada, los Marcilla no parece que tuviesen tal suerte. Isabel de Segura, heredera de los primeros, y Diego Marcilla, segundón de la otra, eran dos jóvenes de parecida edad, se conocían desde niños, jugaron juntos y al llegar a la adolescencia trocaron amistad por un profundo amor.

En su momento, de común acuerdo con su amada, el joven solicitó la mano de Isabel. D. Pedro de Segura, padre de la novia, se opuso tajantemente, alegando la falta de recursos de los Marcilla, que en el caso de Diego estaba agravada por la legislación civil: la herencia familiar, escasa o abundante, pasará íntegra al hermano primogénito.

Ante esta negativa, Diego Marcilla solicita de D. Pedro, un plazo de cinco años para intentar mejorar su suerte. Estamos en el Aragón de la Reconquista, el poder almohade acaba de ser destrozado en forma definitiva en las Navas de Tolosa; ahora, el territorio controlado por los musulmanes aparece como presa fácil para el empuje cristiano, está al alcance de la mano de guerreros afortunados conseguir riqueza y honor. El tesón de los novios vence la inicial reticencia paterna y se consigue el acuerdo; de inmediato el joven parte a la guerra.

Pasan los cinco años y Diego no regresa ¿habrá muerto en el empeño? ¿será que olvidó su promesa?. La falta de noticias autoriza al padre de Isabel para, sin faltar a su palabra, concertar la boda de su hija con D. Pedro Fernández de Azagra, hermano del señor de Albarracín, cuya familia es probablemente la más acaudalada y poderosa de la frontera.

El día de la boda, a celebrar en la principal iglesia de la ciudad, todo Teruel se encuentra en fiestas, no en balde se están uniendo dos familias de lo más notable. Un jinete cruza la muralla a través del portillo de la Andaquilla, extrañado por el alegre ambiente que reina en las calles, pregunta la causa y al oír la respuesta su rostro palidece, corre hacia la iglesia, atraviesa la nave principal, y llega a los pies del altar mayor justo a tiempo para escuchar la bendición del sacerdote a los recién casados.

Se trata, como era de imaginar, de D. Diego, ahora rico y ennoblecido por su valor y decisión en el campo de batalla. Ante lo inevitable de su suerte, solicita de Isabel un único beso de despedida; la reciente esposa, haciendo honor a su nuevo estado, se lo niega y el infeliz amador cae muerto, ¡fulminado a sus pies!

Al día siguiente, tienen lugar los funerales por el desgraciado guerrero. En mitad de la ceremonia aparece una dama ataviada de riguroso luto, que acercándose al catafalco, donde se expone al fallecido, le besa y a continuación cae muerta a su lado. Es Isabel, quien no ha podido sobrevivir a aquella única prueba de amor.

Las tres familias afectadas, con una profunda impresión por el imprevisto desenlace, una vez superado el horror inicial, deciden enterrarlos juntos, en la nave de la misma iglesia donde ha culminado la tragedia.

¿Leyenda o realidad? Es difícil responder. Los numerosos estudios – no todos objetivos ni desinteresados – parecen alimentar la segunda hipótesis. Existe un acta notarial fechada en 1619 que atestiguan una exhumación realizada en 1555 durante unas obras en la iglesia de San Pedro. Enterrados bajo el pavimento aparecen los cadáveres de un varón y una mujer, que son los restos que ahora reposan bajo el mausoleo de Juan de Ávalos. Los resultados de los análisis realizados en el año 2004 corroboran el origen medieval, aunque con ciertas discrepancias según las diferentes muestras.  Mientras que algunas apuntan a 1260 como antigüedad máxima, con un margen de error de unos cuarenta años, en buena armonía con la fecha de 1217, donde varias crónicas sitúan los hechos; otras las datan entre los siglos XIV y XV. Una plausible explicación sería la posible contaminación con otras fuentes ocurridas durante algún traslado o levantamiento no registrado.

Parece cierto que al descubrirse los cadáveres, de inmediato fueron atribuidos a Los Amantes de Teruel. Esta reacción popular probaría que ya en aquella lejana fecha existía una fuerte tradición oral sobre la veracidad de la leyenda. Tradición que fue recogida en forma literaria por primera vez en el drama “Los Amantes”, del autor valenciano Rey de Artieda, impreso en 1581, pero probablemente escrito con anterioridad. Con Rey de Artieda comienza una larga compilación teatral: Tirso de Molina; Moreno Carbonero; Hartzembusch, cuya versión romántica, estrenada en 1837, es quizá la más difundida; sin olvidar el género lírico, donde el compositor Tomás Bretón estrena en 1889 “Gli Amanti di Teruel” de la que diez años después realiza la versión en español, son los principales exponentes de esta corriente. Las diferentes versiones adornan la acción con distintos episodios periféricos, según el gusto de cada época, pero el esquema fundamental, responde al narrado anteriormente.

Para terminar, permítase una breve reflexión personal. Impresiona que sea la pura fatalidad quien decide el destino de los amantes. Todos los personajes, incluido D. Pedro de Segura, tienen un comportamiento razonable. Al final, el tiempo se erige en autentico protagonista de la tragedia. No existen enemigos declarados que se opongan explícitamente a la felicidad de la pareja; circunstancia que difiere notablemente de otras historias análogas: D. Pedro y Dª Inés de Castro, por ejemplo, pero esto es ya argumento de otro relato.

José Andrés Martínez

Collado Villalba, Marzo de 2005.

Biografía de Valentina Teréshkova Primera Mujer en Viajar Al Espacio

Resumen Biografía Valentina Teréshkova
Primera Mujer en Viajar Al Espacio

Hija de campesinos y más tarde humilde trabajadora de un complejo textil de la ciudad rusa de Yaroslavl, Valentina Teréshkova estaba sin embargo señalada para otros destinos. Su afición por el paracaidismo fue el paso inicial en su camino hacia el cosmos, porque el 16 de junio de 1962 se convirtió en la primera mujer que viajara en el espacio exterior, concretando una hazaña que le valió el reconocimiento mundial como una pionera de la era espacial.

Vladimir y Elena Teréshkov festejaban el nacimiento de Valentina, su segunda hija, en una pequeña granja colectiva no muy lejos de la antigua ciudad rusa de Yaroslavl, a orillas del Volga, a unos 300 kilómetros al nordeste de Moscú.

Corría el año 1937 y los felices padres no podían suponer que la pequeña Válechka llegaría a ser la primera mujer que paseara por el cosmos. En realidad, jamás les había pasado por la cabeza la posibilidad de que alguien llegara a hacerlo. Los problemas de los Teréshkov estaban bien ligados a la Tierra, y su principal preocupación por entonces era realizar lo mejor posible la pequeña parte que les correspondía en el cumplimiento del ambicioso tercer plan quinquenal del gobierno soviético.

Vladimir era un hombre alegre, trabajador y expansivo, y para él pocos ingenios podían superar a esa moderna y productiva máquina de la que estaba tan orgulloso: el sufrido tractor que manejaba en el koljós. Cuatro años más tarde, Hitler había de invadir la Unión Soviética y Vladimir Teréshkov moriría en el frente de batalla. Valentina casi no lo recuerda, pero ella y sus hermanos tuvieron en la madre a una mujer abnegada que hizo cuanto pudo por sus tres hijos.

En el año 1945 los Teréshkov se mudaron a Yaroslavl y se instalaron en casa de unos parientes. Elena comenzó a trabajar en una fábrica de tejidos mientras las dos hijas, Ludmila (la mayor) y Valentina, asistían a la escuela, y el menor, Vladimir, a un jardín de infantes. Cuando Valentina terminó el séptimo grado, decidió que comenzaría a trabajar y seguiría estudiando por la noche. Entró como obrera en una fábrica de neumáticos y más tarde se incorporó al gran complejo textil de Yaroslavl.

En esos años tenía dos pasiones: el esquí y la lectura. Cuando no se deslizaba sobre la nieve, eran las discusiones en el bosque alrededor de una fogata, en el otoño, o excursiones veraniegas a las playas del Volga, siempre acompañada fielmente por los libros. Al terminar el décimo grado, comenzó a estudiar por correspondencia en una escuela técnica.

Por esa época se fue aficionando a otro deporte que sería el primer paso en su rápido camino al espacio cósmico. En un principio, todo se limitó a escapadas furtivas, a primera hora de la mañana, hasta la puerta de calle. Un avión sobrevolaba regularmente su casa y de él se arrojaban paracaidistas. «¡Esos sí que son valientes!», comentaba luego a su madre y a su hermana, al dirigirse a la fábrica. Pronto comenzó a saltar en paracaídas.

Cuando el 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin fue el primer hombre en recorrer el espacio extra-terrestre, Valentina integraba la Liga Juvenil Comunista y seguía trabajando en la fábrica. Todavía no se habían apagado en Yaroslavl los ecos del júbilo despertado por la hazaña del primer astronauta, cuando una persona llegada de Moscú conversó largo rato con Valentina y otras integrantes del club de paracaidismo que habían solicitado ingresar en la Escuela de Cosmonáutica. Poco después Valentina partía para la capital.

Allí inició una etapa de intensos estudios y entrenamientos hasta que en mayo de 1962 fue incorporada al equipo de cosmonautas. El propio coronel Gagarin, comandante del Destacamento de Astronautas, fue uno de sus maestros. Valentina debió aprobar cursos teóricos sobre técnica coheteril y pilotaje de cápsulas espaciales, además de someterse a arduas pruebas en la pista rodante, el rotor, la centrífuga, la cámara sorda y otras. Finalmente, le tocó a Valentina destruir el mito de que los cosmonautas debían ser seleccionados entre los pilotos de pruebas militares.

Sin embargo, no todos fueron estudios, entrenamiento y trabajo. Valentina dedicó todo el año 1962 a prepararse para el vuelo, pero los domingos iba a Moscú, donde frecuentaba el teatro Bolshói y las salas de concierto. Pronto se hizo admiradora de Chaikovsky y Beethoven, al tiempo que el prestigioso pianista soviético Emil Guílels y el talentoso joven norteamericano Van Cliburn pasaron a ser sus intérpretes preferidos.

VALENTINA SE CONVIERTE EN «GAVIOTA»

El 15 de junio de 1963 Valentina Teréshkova, vestida con un traje sastre azul y zapatos blancos, está sentada junto a sus compañeros, a los técnicos de la base y a los periodistas soviéticos, en un amplio salón de reuniones del cosmodromo de Baikonur.

En un estrado se encuentran los integrantes de la comisión oficial encargada de decidir los lanzamientos. El presidente de la comisión llama a Valentina y le dice ¡»Ciudadana Teréshkova, ha sido usted designada para comandar la nave espacial Vostok VI. La fecha de partida está fijada para mañana, domingo 16 de junio de 1963″. Valentina, visiblemente emocionada pero con la calma propia de todo astronauta, agradece la designación, que considera un honor, y declara sentirse feliz y orgullosa. La sala estalla en aplausos. Valeri Bikovski, el astronauta que más órbitas (81) realizó sin acompañante, ya se encontraba en el espacio desde el 14 de junio tripulando la nave espacial Vostok V, y esperaba el lanzamiento de su colega, que conmocionaría al mundo.

Aquel domingo Valentina se levantó con el sol. Su gorro blanco lucía a la izquierda una paloma bordada sobre un fondo dorado de rayos solares. «Estoy lista para el vuelo», anuncia a los jefes de la operación. Le regalan flores: nunca antes un hombre había obsequiado flores a una mujer que partía a las estrellas. La joven astronauta ya está en la cabina, donde escucha la voz familiar de Gagarin: «Cinco minutos para preparativos». Y Valentina informa: «Ajusté mi casco, me puse los guantes».

A las 11.30, hora de Moscú, se inicia la fase final, la cuenta regresiva. La intrépida cosmonauta tiene ante sí una carpeta con tapas blancas y unas iniciales en grandes caracteres cirílicos: CCCP (es decir, SSSR, iniciales del nombre en ruso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas); es su libro de navegación. Solo falta esperar que termine la cuenta regresiva. Valentina observa cómo la aguja del segundero recorre una, otra y otra vez la esfera del cronómetro. «Comenzar el despegue -ordena el puesto de mando-. ¡Despegue!»

Por obra y gracia del código de vuelo, Valentina se convierte desde ese instante en «Gaviota». Bikovski ya es «Halcón», y Gagarin, a cargo de los contactos radiales Tierra-Vostok, «Amanecer».

-Aquí Amanecer. ¿Me oye, Gaviota? Su vuelo se desarrolla normalmente, los cohetes funcionan a la perfección.
-Aquí Gaviota, aquí Gaviota. Estoy bien, me siento muy bien. Soporto la aceleración normalmente.

E sel primer diálogo entre una mujer lanzada al espacio y un hombre. Cuando Valentina fue a reunirse con él, Bikovski estaba en su 32a vuelta alrededor de la Tierra. Se comunicaron por radio en seguida pero la emoción les hacía olvidar sus nombres de código: «Valerik -dijo Teréshkúva-, voy a cantar, para que no te aburras, nuestra canción preferida: la de los cosmonautas.»

TRES DÍAS Y DOS MILLONES DE KILÓMETROS

El vuelo de la Vostok VI estaba planeado inicialmente para durar 24 horas. Poco antes de ese plazo se consultó con.Teréshkova sobre su estado físico. Al responder la astronauta que se encontraba perfectamente bien, la experiencia se prolongó dos días más. El miércoles 19 de junio a las 11 de la mañana «Amanecer» habló con «Gaviota»: «Válechka, pronto iniciarás tu descenso. Ya te adjudicaste una serie de triunfos y tu padre estaría orgulloso de ti si viviera». No hubo respuesta: Valentina quizás lloraba.

Aterrizó a las 11.20. La ciudad de Kamen del Obi, en Siberia occidental, se insinuaba al norte. Valentina Teréshkova había recorrido dos millones de kilómetros (más de cinco veces la distancia que separa la Tierra de la Luna), en 70 horas y 50 minutos, a una velocidad media de 28 mil kilómetros por hora, durante sus 48 vueltas alrededor de la Tierra.

Después vinieron los agasajos en la Plaza Roja de Moscú y en muchas Otras capitales del mundo, y su casamiento, en el otoño de 1963, con un compañero de trabajo, el astronauta Andrián Nikoláiev, que había tripulado durante 94 horas y 35 minutos la Vostok III en agosto de 1962. Al año siguiente nació su hija Elena, en las cercanías de Moscú.

Además de haber sido la primera astronauta del mundo, Valentina Teréshkova es diputada al Soviet Supremo de la URSS y presidenta del Comité de Mujeres Soviéticas. La primera mujer que vio la Tierra desde el espacio cósmico expresó así su emoción: «Me siento muy feliz. Veo el horizonte. Un celeste pálido con estrías azules. Es la Tierra. ¡Cuan bella es!»

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de María Walewska El Amor de Napoleon

Biografia de María Walewska
Amor de Napoleón Bonaparte

María Walewska: Napoleón Bonaparte subordinó casi enteramente su vida a las necesidades y ambiciones de su carrera militar y política, al punto que sus experiencias matrimoniales fueron condicionadas por razones de Estado.

Eso no impidió que durante una de sus campañas conociera a María Walewska, noble polaca que lo amó sinceramente y lo acompañó aun en sus horas de infortunio.

El padre sostiene al pequeño Alejandro mientras este salta alegremente sobre sus rodillas.

-¿Qué quieres ser cuando crezcas?
-¡Napoleón! -contesta el niño, categóricamente.
El hombre sonríe y mira a la mujer, que, conmovida, se inclina y abraza a ambos, los dos grandes amores de su vida.

Por ese hombre, a quien no ve desde hace cuatro años, dejó a su marido, a su familia y a su patria. Ahora ha pedido autorización para acompañarlo en su destierro en la isla, junto con el hijo de ambos.

Juntos afrontarán con entereza lo que el futuro les depare: a ella una separación que será definitiva, y la muerte tres años después, en 1817; a él le espera Waterloo.

LA BELLA DURMIENTE
Los Laczinski eran una familia polaca cuyo linaje se remontaba al Medioevo, pero que a principios del siglo XIX se hallaba en decadencia. El padre había muerto joven y la madre había debido ingeniárselas para mantener a sus seis hijos.

En 1804, a los 15 años, María Laczinska dejó el pensionado donde le habían enseñado un poco de francés, de música y de baile.

Era de pequeña talla, delgada, rubia, bellísima, y dos inmensos ojos azules aclaraban su rostro, de dulce expresión. Por su índole tímida, dócil, romántica y muy devota, bien podía haber ingresado en un convento, según era su deseo.

Pero su madre velaba por los intereses familiares y prefirió que su hija fuese la esposa terrenal del señor de la región, el conde Anastasio Colonna Walewski -ya de 70 años-, que se había dignado honrar con su apellido a la bella aspirante a monja.

Y aunque María insistió en consagrarse a Dios, su madre le representó las necesidades familiares y la joven se resignó a satisfacer los requerimientos maternos.

En los años que siguieron a la boda pocas novedades alteraron la rutina del castillo de Wale-wice -pues desde la partición de Polonia los Walewski, ardientes nacionalistas, no hacían casi vida social—, donde María llevaba una vida austera.

Las cosas cambiaron, sin embargo, en enero de 1807. El conde regresó luego a Varso-via, donde reabrió su palacio, porque se acercaba Napoleón, vencedor de los rapaces prusianos y de los opresores rusos.

El Emperador había reavivado en los pechos polacos la llama de la esperanza en la reunificación de la patria desmembrada. María, patriota como el que más, idolatraba, pues, a B-naparte y, mientras los franceses desfilaban por Varsovia entre las aclamaciones de la multitud, ella se asomó a un balcón y arrojó flores al paso del héroe.

Este levantó los ojos hacia la beldad, sonrió y quitándose el gorro de marta cebellina lo agitó largamente para saludarla.

Por la noche, en la gran recepción ofrecida por el príncipe Poniatowski, la condesa fue presentada al Emperador, que fijó en ella su mirada de águila.

EL HONOR DE LA MUJER
A la mañana siguiente recibió una esquela de puño y letra de Napoleón: «No he visto más que a usted; no he admirado más que a usted; no deseo más que a usted. Una respuesta sin demora para calmar el impaciente ardor de N.»

La nota fue a parar al fuego. ¿Por quién la tomaba ese hombre que hasta ayer era su ídolo y que ella ahora despreciaba?

Entonces vino otra esquela y otra, y luego acudieron emisarios de la más alta alcurnia: Duroc, gran chambelán del Emperador, Talleyrand, Maret, Savary .. . Todos con el mismo mensaje: Napoleón accede a pensar en el futuro de Polonia, pero con una condición sine qua non: María.

Esta, indignada, se negó a recibir a nadie y solo consintió en escuchar a Poniatowski, que le entregó una carta lacrada y con varias firmas. María la abre y no puede dar crédito a sus ojos:

El propio Gobierno Provisional de Polonia le solicitaba unánimemente, con los eufemismos estrictamente necesarios para no ser demasiado grosero, que complaciera a Napoleón. Todas las miradas lijas en ella le dicen lo mismo..

Por su parte, Napoleón creía vérselas con otra mujer que pretendía vender caros sus favores. Por eso lo sorprendió que en la primera entrevista María estallase en interminables sollozos.

Él le hizo entonces algunas preguntas sobre su vida y le habló luego de sí mismo, de su soledad, de su amor. Pudo así arrancarle finalmente la promesa de otra cita para la noche siguiente.

Ella volvió a verlo pero siguió negándose a acatar los deseos del hombre más poderoso de Europa. Ante su obstinación él montó en cólera: ¡Qué le importaba a él Polonia! ¡No valía ni una gota de sangre francesa! María podía irse, y disponerse a seguir bajo la férula prusiana.

Era demasiado para la joven, que cayó desmayada. Napoleón la alzó para colocarla sobre un sofá y, presa de una pasión desenfrenada, la hizo suya.

Cuando ella volvió en sí y comprendió lo ocurrido, el horror la embargó. El Emperador, de rodillas, le pidió perdón como un chico, besándole la orla del vestido.

María se recluyó en su casa, a la espera de que Napoleón cumpliera lo prometido para Polonia.

Pero él, lejos de eso, estrechó el cerco sobre la mujer hasta lograr finalmente entrar en su casa disfrazado.

Sacando partido del estupor de ella, le tomó una mano y la puso sobre su corazón mientras le preguntaba:
-¿Aún me guardas rencor?

Ella quedó desarmada y él aprovechó la situación para visitarla todos los días -el conde estaba de viaje-. Napoleón le hizo infinidad de promesas y hasta logró convencerla de que volviese a hacer vida social.

Cuando ella accedió a presentarse, comprobó con sorpresa que todos –franceses y polacos-la trataban con la reverencia debida a una reina.

EN LA CALDERA DEL DIABLO
Después de la victoria de Friedland, Napoleón le pidió que lo acompañase a París. María se negó, porque el tratado de Tilsit (julio de 1807) no garantizaba las aspiraciones polacas y el Emperador, por lo tanto, no había cumplido su promesa. El se enfureció y gritó pero acabó suplicándole que lo amara.

Solo entonces ella se enamoró de él, furiosa e incondicionalmente, para siempre. Se presentó ante su marido y de rodillas le confesó humildemente su culpas poniendo su vida en las manos del anciano. El conde Walewski supo comprender -«¡Te desposé tan joven!»-, pero no pudo perdonarla. Devolvió a María su libertad, pero no quiso verla más, aunque permitió que ella besara su mano.

Desde entonces Napoleón tuvo en María a la más dulce, ardiente, abnegada, modesta y desinteresada de las amantes.

La emperatriz Josefina se esforzó maquiavélicamente -pero en vano- por desmerecer la imagen de la bella mujer impecable que no pedía nada y amaba rectamente en Napoleón al hombre. Josefina se preocupó seriamente cuando se enteró de que María esperaba un hijo.

Llegó a aceptar la idea de Napoleón de hacer pasar por suya a la criatura que iba a nacer. Pero María no aceptó la treta y Napoleón se divorció de Josefina, decidido a casarse con María.

Pero esta iba a resultar una emperatriz demasiado incorruptible, ajuicio de Fouché, el astuto jefe de la Policía, que se arriesgó a tenderle una trampa al propio Napoleón. Haciéndole creer que el Consejo Imperial ratificaría su matrimonio con María, lo incitó a dejar la decisión en manos de ese cuerpo.

Sin embargo, para sorpresa del Emperador, el Consejo se pronunció por un matrimonio con la princesa María Luisa de Parma.

Napoleón quedaba así prisionero de la «razón de Estado», y María Waleska debía volver a Polonia con su hijo «al menos por un tiempo», para no deslucir la boda con la austríaca.

Una madrugada de febrero de 1810 el Emperador veía alejarse el coche que llevaba a María y a su hijo, mientras trataba de convencerse a sí mismo de que la separación sería breve. Volviéndose hacia su fiel Duroc le dice:
-Allá va la única mujer- que me ha amado.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Amores Prohibidos y Tragicos Violeta y Alfredo Historia de Amores

Amores Prohibidos y Trágicos Violeta y Alfredo

LA TRAVIATA:

Opera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi, basada en la obra de teatro La dama de las camelias de Alejandro Dumas, hijo. Alfredo se enamora de Violetta, una cortesana parisina, sin saber que ella padece tuberculosis.  Violetta corresponde a ese amor y van a vivir juntos al campo.

El padre de Alfredo la visita para rogarle deje a su hijo antes de que el escándalo afecte a la familia y la boda de la hermana de Alfredo.

Violetta renuncia a su verdadero amor y para ahogar su pena, ella se consume aún más profundamente en su libertinaje. Alfredo la confronta en una fiesta y la deshonra tirándole dinero  el cual el siente que le debe por los servicios prestados mientras vivieron juntos.

Violeta se desmaya abrumada por la enfermedad y la pena. Alfredo es desafiado a un duelo por el varón Duophal, el acompañante de Violeta, en el momento en que esta recupera sus fuerzas y confiesa su amor por Alfredo.

Un tiempo después de la fiesta, Violeta agonizante por la tuberculosis avanzada recibe una carta señalando que Alfredo había sido informado del sacrificio hecho por ella para él y su hermana. Alfredo (vivo después de herir al varón Duophal en el duelo) se apresura a llegar a su lado, comprendiendo al fin que Violeta se había sacrificado a sí misma por él y le suplica que lo perdone. Ella muere en sus brazos.

Lugar: Paris en el siglo XVIII

Biografia Sor Juana de la Cruz Resumen de Su Vida y Obra Literaria

Biografía Sor Juana de la Cruz – Vida y Obra Literaria

Biografía de Sor Juana Inés de la Cruz
Dotada de una inteligencia que le valió en el siglo XVII la admiración de la corte virreinal de México y le abrió perspectivas de una exitosa vida mundana, Juana Inés Asbaje eligió en cambio retirarse a un convento.

Allí, absorbida por los estudios y la creación literaria, llevó una existencia callada y dejó una obra notable, cuyas normas rigieron la poesía de su tiempo.

Fue La figura más importante de la poesía, y al mismo tiempo de tode la literatura hispanoamericana del siglo XVII, fue una monja, calificada como la «décima musa».

Representa típicamente al movimiento barroco en literatura, por su estilo gongorista, imperante en esa época en España y en Hispanoamérica.

 Su espíritu curioso la impulsó al estudio de las ciencias, y pretendió ingresar con ropas de varón en la Universidad para continuar sus estudios. Al oponerse sus padres a esta pretensión, se dio a leer los libros de la biblioteca de su abuelo.

Enterado el virrey de México de la precocidad de la niña, la incorporó a la corte, como dama de honor. Allí vivió mimada y festejada.

En cierta oportunidad deslumhró a más de cincuenta catedráticos de la universidad, teólogos y hombres de letras, que integraron un tribunal para someterla a un examen académico.

BIOGRAFIA DE JUANA INES DE LA CRUZ

La vida de sor Juana Inés de la Cruz —llamada por sus admiradores la Décima Musano fue rica en anécdotas espectaculares ni hechos detonantes.

Su aguda inteligencia y acertado sentido común le señalaron tempranamente las dificultades que en esa época cerraban el paso a las mujeres que pretendían apartarse de los estrechos límites impuestos por las normas sociales entonces vigentes.

Optó prudentemente por el estado religioso y la más absoluta discreción, como pautas de vida, a tal grado que sus más íntimos anhelos quedan hoy escondidos detrás de los hermetismos barrocos de su estilo literario, y resulta imposible determinar hasta qué punto sus poesías líricas hablan de dolores sinceros o son la esgrima conceptual de la que se valía para tratar temas muy de moda en su tiempo.

El padre de Juana Inés, Pedro Manuel Asbaje, era un vasco que llegó en 1625 a la villa de Yecapixtla, en el sur del virreinato de la Nueva España, donde casó con Isabel Ramírez de Santillana, y ambos se trasladaron a la Alquería de San Miguel de Nepantla.

Allí nació en 1651 Juana Inés de Asbaje, y al poco tiempo sus padres se trasladaron con ella a Amecameca, pequeña ciudad que tenía catedral y -detalle importante- escuela.

La misma Juana Inés, en su autobiográfica Carta a sor Pilotea recuerda su primer contacto con la enseñanza: cuando tenía solo tres años acompañó cierto día a una hermana mayor que debía tomar lección; la pequeña Juana no vaciló en decir a la maestra que la madre quería que se le diese lección también a ella.

La instructora le dio, medio en broma, medio en serio, la lección solicitada, y al cabo de unos días la maestra comprobó con asombro que la niña aprendía a leer en brevísimo tiempo y a escondidas de sus padres, «creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden (…)»

De los pocos libros a su alcance no quedó una sola página que no leyese la niña; eran -no podían dejar de serlo en Amecameca- libros religiosos edificantes, la mayoría escritos en verso, de modo que la niña fue creciendo convencida de que la forma natural de expresión escrita era el verso y no la prosa.

A los ocho años descubre unos libros de su abuelo escritos en latín y se entera de que es posible estudiar esa lengua en la Universidad fundada un siglo antes en la ciudad de México.

Comienza entonces a asediar a sus padres para que la envíen allá, y como estos no logran disuadirla, aducen una objeción que les parece decisiva: la Universidad no admite mujeres.

Juana no se arredra y les pide permiso para asistir a la Universidad disfrazada de hombre.

Los padres accedieron a ruegos tan insistentes y permitieron que prosiguiera su educación en la capital, donde tomaría lecciones particulares de latín.

Su padre la encomendó al cuidado de una caravana que se dirigía a la ciudad de México, donde la pequeña Juana fue acogida por unos parientes lejanos.

Nació en la alquería de San Miguel de Nepantla (1651), y su nombre familiar fue Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana. De belleza singular y una inteligencia superior, leía y escribía a los tres años de edad, y luego aprendió el latín de veinte lecciones. A los ocho años compuso una loa poética al Santísimo Sacramento.

EXAMEN EN LA CORTE
No quedan muchas huellas de sus primeros años en la capital. Un documento certifica que tomó veinte lecciones de latín con el bachiller Martín de Oliva.

El resto de su erudición -que poco después causaría asombro— lo adquirió por sus propios medios, con disciplina de autodidacta y recurriendo a curiosos métodos.

Para controlar sus progresos en el estudio se valía de un originalísimo «reloj»: cuando, ya adolescente, tuvo edad de complacerse con su figura, se cortaba los cabellos cuatro o seis dedos por encima de lo normal y se proponía estudiar un tema mientras su cabellera creciera hasta tener otra vez aspecto presentable; pues «no parecía razón que estuviese vestida de cabellos, cabeza que estaba tan desnuda de noticias».

El recurso debió ser muy eficaz, y la fama de su saber voló de boca en boca hasta interesar al mismo virrey, Antonio de Toledo, funcionario progresista y protector de las artes.

La corte virreinal brillaba por méritos propios, y la joven Juana Inés fue incorporada a ella a los catorce años, bajo la protección de la virreina, doña Leonor.

No tardó la muchacha en conquistar la admiración general por su donaire, su discreción y, sobre todo, por su saber.

En poco tiempo se formó un círculo de admiradores que hicieron de ella el ídolo mundano de la ciudad.

Manuscritas en páginas que circulaban de mano en mano aparecieron sus primeras poesías: sonetos, odas, poemas de circunstancias.

Tanto éxito despertó el resquemor y la envidia de muchos personajes, hasta que la discusión sobre si era genuina o fingida la ciencia de Juana hizo que la Universidad tomara cartas en el asunto y organizara un examen en el que la joven debía responder a las preguntas de un tribunal integrado por más de cuarenta sabios versados en distintas materias.

La prueba se efectuó en presencia de toda la corte, y la examinanda respondió con aplomo y amplitud impresionantes.

Tal fue su único e insólito contacto con la soñada Universidad.

«LOS DOLORES QUE PADEZCO»
Antes de esta prueba, Juana Inés había ingresado en un convento de Teresas, pero un tropiezo de salud la devolvió al mundo después de tres meses de reclusión. Un año después, el 24 de febrero de 1669, a los dieciocho años, tomó definitivamente los hábitos en el convento de las Jerónimas, con el nombre de sor Juana Inés de la Cruz.

No dejaron de fabularse historias alrededor de su vocación religiosa. Según su propia versión: «Éntreme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado muchas cosas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado que podía elegir en materia de seguridad que deseaba mi salvación, a cuyo primer respeto (…) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinentillas de mi genio, que eran de querer vivir sola, de no tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio (…)»

Su conducta, no obstante, fue ejemplar: cumplió con todas las obligaciones de su estado religioso y dedicó el resto de su tiempo al estudio, acompañada por los cuatro mil volúmenes que se llevó al convento, además de sus mapas, globos terráqueos y aparatos científicos.

La liberalidad de su regla monástica le facilitó el quehacer intelectual, pero no faltaron algunos inconvenientes. Una de sus superioras le prohibió el estudio, convencida de que estaba vedado por la Inquisición: «Yo la obedecí (…) y aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió (…)». La prohibición duró tres meses, y los buenos oficios de las autoridades allanaron todos los inconvenientes pues la sabia monja era visitada y consultada por los estudiosos y literatos de su tiempo, y hasta por los virreyes. Pero un dolor insaciable, del que se queja con palabras amargas, la mortifica en el convento, donde sus días solitarios carecen «no solo de maestro, sino de condiscípulos con quienes conferir y ejercitar lo estudiado, teniendo solo por maestro un libro mudo,, por condiscípulo un tintero insensible (…)».

Al final de su vida un cambio radical se produjo en su forma de ser. En 1693 vendió todos sus libros e instrumental, y destinó la recaudación al auxilio de los pobres, conservando solo algunos cilicios y disciplinas y tres devocionarios. Al poco tiempo su superiora la reprendió por llevar los ejercicios de penitencia a límites que bordeaban el suicidio. En 1695 la peste asoló el convento y sor Juana se empeñó en la atención de las enfermas hasta caer ella, víctima del mal el 17 de abril.

Su obra literaria revela una inteligencia penetrante que nunca olvida su condición femenina. No faltan en ella sugerencias llenas de sensatez sobre la educación de las mujeres, la conducta de los hombres para con estas (como en las conocidas redondillas: «Hombres necios que acusáis…») y sobre la angustiante situación espiritual de su sexo. Quizá su ambiente fue un yugo que la asfixiaba, pero nunca se quejó abiertamente: «Bien ha visto, quien penetra/lo interior de mis secretos, / que yo misma estoy formando / los dolores que padezco».

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia de Simonetta Vespucci Bella Mujer Florentina

Biografía de Simonetta Vespucci
Bella Mujer del Renacimiento

Biografía de Simonetta Vespucci
«La bella Simonetta» fue una adolescente que deslumbró con su encanto a la Florencia renacentista de los Médicis. Pocas veces un rostro cautivó y sirvió de inspiración a tantos y tan notables personajes: Lorenzo de Médicis, gobernante, poeta y hombre de fabulosa fortuna; Sandro Botticelli, extraordinario pintor, y Angelo Poliziano, literato y erudito, figuraron entre sus admiradores.

Una curiosa montaña de objetos diversos se acumulaba en la plaza de la Signoria, en Florencia, una tarde del año 1497.

Pelucas de seda blanca o amarilla, laúdes, filtros mágicos, cancioneros y cualquier otra cosa que ajuicio del severo monje Savonarola, dueño de la ciudad por aquellos tiempos, apartara a los hombres de la república de Cristo que él pretendía instaurar.

Entre los candidatos al fuego figuraban los cuadros de tema pagano de Alessandro Filipepi (llamado Sandro Botticelli, es decir, Sandro el del Tonelero, que era el oficio de su padre), pintor y amigo de los destronados Médicis.

En las telas y tablas aparecía una y otra vez, en diversas poses y atavíos la figura de una mujer «de frente fieramente humilde (…) gesto reposado, incierto», como la evocan los versos dePoliziano.

En poco tiempo las llamas consumieron despreocupadamente la pira. Botticelli vivió trece años más y pintó aún muchas obras maestras … sobre temas exclusivamente religiosos.

Sin embargo, algunos de sus primeros cuadros pudieron escapar a la requisición mística de Savonarola y atestiguan hoy que las palabras de Polizianoestaban bien fundadas.

En la corte de los Medicis los rasgos de Simonetta fueron tomados como paradigma por muchos creadores: los poetas Poliziano y Pulci, los pintores Fiero di Cósimo, Ghirlandaio y, muy especialmente, Botticelli, en cuyas obras la figura de la joven impregna todo lo que se relaciona con la feminidad, hasta el punto de hallarse presente aun en los retratos de otras mujeres.

El más conocido de estos cuadros, El nacimiento de Venus, es un homenaje a Simonetta en más de un sentido, porque, además de ocupar su imagen el centro de la pintura, el tema recuerda el nacimiento de la joven, que vio la luz en Portovenere (Puerto Venus), sobre la costa ligur, en 1453.

En esa población de iglesias y murallas suspendidas entre los acantilados y el mar, tenía su villa la familiaCattanei, de activos comerciantes genoveses, y allí y en Genova transcurrieron los primeros años de Simonetta.

Adolescente, acompañó a su madre en visitas a los mercaderes que tenían relaciones con los Cattanei, corresponsales que se encontraban diseminados por toda Italia y entre los que se contaban, en Florencia, los Medicis y su círculo.

A este círculo pertenecía Marco Vespucci, que tomó a Simonetta por esposa y en 1469 se instaló en una casa del barrio florentino de Borgo Ognissanti. Ambos tenían dieciséis años al casarse.

Del otro lado del Arno, el río que atraviesa Florencia, se extendía el popular barrio de Porta San Frediano, morada de obreros y artesanos, categoría esta última en la que se incluían orgullosamente los pintores.

Allí vivía Botticelli que, por entonces, tenía veinticuatro años y recibía en el convento del Carmen, en el mismo San Frediano, las enseñanzas del fraile Filippo Lippi.

En ese año de 1469 llegaron al poder los hermanos Lorenzo y Giuliano Mediéis, que contaban apenas veintiuno y diecisiete años, respectivamente. Un desliz de Lippi y una de las monjas -padres del pintor Filippino Lippi— decidió al maestro a alejarse de Florencia por razones de seguridad. Sandro ingresó inmediatamente en el servicio de los nuevos gobernantes.

LORENZO EL MAGNÍFICO

Los flamantes dueños de la ciudad eran descendientes de una familia de farmacéuticos que todavía conservaba en sus blasones la imagen de cinco pildoritas medicinales que la heráldica no ha permitido identificar.

La familia Mediéis se había dedicado a los negocios y logró paulatinamente el control de las minas de alumbre, la producción de lana, el comercio de seda, la banca y la usura. Cosme de Médicis tomó las riendas de Florencia y casó a su hijo Pietro con la noble Lucrezia Tornabuoni, de elevada prosapia.

Mujer de gran cultura y buena poetisa, Lucrezia fue la madre de Lorenzo y de Giuliano, y supo ser también guía y amiga de sus hijos.

Ambos hermanos recibieron con alegría a la delicada genovesa. Su personalidad amable y recatada fue haciéndose imprescindible en los banquetes de la corte, que se realizaban en los viejos palacios familiares de Via Larga o Cafagiulo, donde la tradición de prudencia mercantil imponía aun una arquitectura sobria, o en las flamantes villas de Fiésole y Careggi.

En esas ocasiones un menú sencillo podía componerse de «capón y vaca con almendras, azúcar y otras buenas especias; vienen en seguida las carnes asadas: pollos, faisanes, perdices, liebres; luego tortas y leche cuajada con azúcar, y por último frutas. Después (…) empiezan a beber de nuevo, se sirven (…) dulces y otra vez se bebe».

Una diversión que apasionaba a los florentinos era la celebración de torneos, que habían perdido la rudeza militar que tenían en el Medioevo, para convertirse en verdaderas exhibiciones de plumas, soberbios caballos y armas lujosamente adornadas.

El 27 de enero de 1475 se efectuó uno de estos torneos en la plaza Santa Croce. con motivo de una fiesta popular. Allí concurrió Giuliano con un estandarte pintado por Botticelli, en el que la silueta inconfundible de Simonetta estaba caracterizada como Minerva.

De la justa salió triunfador el mismo Giuliano, a quien cupo el honor de recibir la corona de laureles de manos de la propia deidad.

Este episodio fue cantado por Poliziano, que cuanto más despecho suscitaba en la esposa de Lorenzo, la orgullosa Clarice Orsini, más talento ponía en sus elogios a la inofensiva Simonetta

Aunque ambos hermanos se declaraban por igual adoradores de Minerva, parece ser que los avances prácticos estuvieron a cargo de Giuliano, y los sucesos del torneo podrían confirmar el buen éxito de su veneración.

De todos modos, la historia se muestra remisa a confirmar categóricamente estos detalles, e inclusive si es cierta la teoría que supone que La Primavera, el cuadro de Botticelli donde están retratados Lorenzo y un grupo de damas -entre ellas Simonetta-, ilustra o evoca la vida galante del llamado Magnífico. Los hechos parecen haber sido más complicados. Si hubo realmente amor entre ellos, no pudo ser feliz: a fines de ese mismo año Simonetta enfermó del pecho.

Los médicos le recomendaron los aires de Piombino, un puerto triste frente a la isla de Elba. De allí partía todos los días un correo enviado por su cuñado Fiero, con noticias para los Mediéis. Pero las nuevas fueron malas: la enfermedad resultó ser una hemoptisis y en abril de 1476 murió junto al mar -no podía ser de otra manera- la Venus renacentista. Fue enterrada en la capilla Vespucci de la iglesia de Ognissanti, cerca de los frescos de Ghirláiüdaio y de Botticelli, donde están retratados, junto con ella, casi todos los integrantes del mundo que frecuentó y que la habían admirado. «Todos los hombres estaban enamorados de ella, y ninguna mujer podía desdeñarla», recordó Poliziano. Lorenzo le dedicó versos llenos de admiración, y en una ocasión señaló una estrella a un amigo y comentó: «Mira, es el alma de esa exquisita mujer…»

Del dolor de Giuliano y Botticelli no quedaron testimonios espectaculares ni frases célebres. En 1478 una familia rival de los Mediéis, los Pazzi, organizó una confabulación para deshacerse de quienes consideraba como tiranos de Florencia.

Puesto que los asesinos profesionales se negaban a cometer el magnicidio en una iglesia, se comprometió a varios sacerdotes, «más acostumbrados a los lugares santos», según puede leerse en las actas del proceso. El atentado se consumó en el recinto de la Catedral: Giuliano cayó muerto, pero Lorenzo se defendió con energía, y pocas horas horas después los cadáveres de los principales conjurados pendían de las ventanas del palacio de la Signoria. Era un 26 de abril, el mismo día de la muerte de Simonetta, dos años antes.

En 1510 expiró Botticelli. Por expreso pedido suyo fue enterrado en la iglesia de Ognissanti. Su tumba, hecha a pocos pasos de la de Simonetta, pasa casi inadvertida, pero las coincidencias dieron pábulo a la leyenda.

Fuente Consultada: Hombres y Mujeres Que Cambiaron al Mundo Cuadernillo Nro. 12 – Biografías Imprescindibles

Biografia de Sara Berhnardt Resumen de su Vida y sus Amores Francia

Biografía de Sara Berhnardt
Resumen de su Vida y sus Amores

Resumen Biografía de Sarah Bernhardt : Poseedora de excepcionales aptitudes dramáticas, Sarah Bernhardt conmovió durante décadas a los públicos americanos y europeos con sus magistrales actuaciones. Vivió con la misma pasión que ponía en las representaciones y, así como no dudó en tener un hijo siendo soltera, recogió aplausos hasta el fin de sus días, aun cuando la amputación de una pierna había reducido sus posibilidades interpretativas.

Se cuenta que Domingo F. Sarmiento -que ya había sido presidente de la Argentina y es considerado uno de sus más vigorosos escritores- fue expresamente al teatro Politeama a saludarla en 1886, cuando ella visitó Buenos Aires: «¡He viajado 300 leguas para venir a admiraros, señora!», le dijo.

Y Paul Groussac, crítico franco-argentino del diario La Nación, escribió refiriéndose a su interpretación de Fedra: «Si ha de reaparecer todavía la sublime y fatal figura griega, pido a Sarah Bernhardt que sea en su última noche: cuando esté próxima a partir, para que quede por siempre envuelto su recuerdo como anteanoche, murmurando ante nosotros con melancólica ironía el adiós a la hija del Sol».

Con no menores elogios era acogida la inigualable actriz en cualquier lugar del mundo donde se presentara: en la Comedia Francesa, en el Odeón de París, en Italia, Alemania o España, en Londres o en Nueva York, en Rusia, Australia, América.

En su apogeo, compra teatros, graba su voz -con versos de Fedra, justamente- en uno de los primeros cilindros de cera de Edison; rehusa casarse porque la oferta de matrimonio está condicionada a su abandono de las tablas, da a luz un hijo natural, hace actor a un diplomático griego con quien permanece casada apenas año y medio, y recorre el mundo desde la altura de su arte, de su egocentrismo, caprichosa, cambiante, soberbia.

De origen judío, se llamaba Henriette Rosine Bernard y había nacido en París el 22 de octubre de 1844. Criada más que por sus padres por una nodriza bretona y una tía, fue bautizada como católica e internada en un convento de Versalles. Próxima a cumplir quince años, fue incorporada, gracias a los oficios del duque deMorny, al Instituto Nacional de Declamación.

No había evidenciado mayores condiciones para aprobar exámenes, pero pudo llegar al Conservatorio, donde cursó estudios bajo la dirección del profesor Prevost, que había sido maestro de la gran actriz Rachel. Fue él quien le transmitió e inculcó su amor por el teatro. El orgullo, el carácter, la personalidad y las aptitudes de la joven hicieron el resto.

Pero también la insistente gestión del duque de Morny la ayudó a superar obstáculos y negativas: por su mediación fue llamada a hacer las presentaciones reglamentarias en la Comedia Francesa -sin demasiadc éxito, «como una escolar», según el decir de un crítico-, pero pronto se alejó dando un portazo a raíz de un incidente con una antigua regenta de la casa de Moliere. Porque sí: porque la incipiente pero temperamental actriz se consideraba tan importante como cualquiera.

NACE SARAH BERNHARDT
Fue por entonces cuando cambió su nombre y agregó consonantes a su apellido, que adquirió resonancia alemana. Con él se dispuso a conquistar el mundo. Después de atravesar una época de dificultades, fue contratada por el Gymnase, al cual abandonó inesperadamente para viajar a España, de donde regresó semanas más tarde, ya segura de su próxima maternidad.

Vivía en ese tiempo un amor apasionado con el príncipe Henri de Ligne, que reconoció la paternidad del hijo por nacer y le ofreció matrimonio, pero a condición de que abandonara el teatro. Un tío del príncipe señaló los inconvenientes sociales que acarrearía semejante boda, pero fue la propia actriz quien provocó prácticamente la ruptura al aceptar un contrato del Odeón, el teatro que, según su propia expresión, más llegó a querer a lo largo de toda su vida.

Allí trabajó durante ocho años, solo interrumpidos por la guerra franco-prusiana (1870), cuando transformó el teatro en hospital de sangre, instalando en él un centenar de camas. Reabierto el Odeón, después de la guerra, reapareció interpretando Ruy Blas, cuyos ensayos dirigió el propio autor, Víctor Hugo. Regresó a la Comedia Francesa para reponer Mademoiselle de Bellesle, de Dumas (padre).

Desde entonces la casa de Moliere fue también la suya, en calidad de societaire, como se llama en la Comedia Francesa a los artistas que actúan en ella y participan además en la distribución de los beneficios del teatro. Pero una crítica adversa la decidió -temperamental como siempre- a alejarse, y partió para Londres, donde se presentó en el Gaiety, y luego a Estados Unidos, contratada especialmente por un fuerte empresario norteamericano.

En Nueva York obtuvo uno de sus triunfos más resonantes al interpretar, por primera vez, La dama de las camelias. Tenía entonces 36 años. Mientras las elegantes se mantenían erguidas dentro de sus ajustados corsés de ballenas, ella, levemente regordeta, se cubría con ropas rectas y ligeras despreciando la moda. «Sus ojos —observa un cronista de la época— mostraban un fulgor insólito y profundo que únicamente se ve en algunas piedras preciosas.

Su trato era de una gracia y una dulzura que solo se dan cuando hay una tremenda indiferencia aliada al gusto de seducir. Una voz de oro que atraía por su tonalidad singularmente alta, una fuerza nerviosa inagotable, una pujanza, un movimiento irresistible puesto al servicio del entusiasmo o de cóleras que llegaban hasta el furor, sostenían su inspiración.»

POR TRES CONTINENTES
A pesar de hallarse en su apogeo, cuando regresó de Estados Unidos a París tuvo dificultades para reanudar su labor en la Comedia Francesa, por la forma en que se había alejado de ella. El 14 de julio de .18.81, sin embargo, al celebrarse oí aniversario de la liberación del territorio francés invadido por los alemanes, intervino en un acto, en la Opera, recitando los versos de La Marsellesa con tal emoción y tal fervor que el público, la prensa y toda Francia volvieron a colocarla en el sitial de honor. Le llovieron ofertas, pero ella prefirió salir de gira por varias capitales europeas con el actor Philippe Garnier.

Mientras actuaba en Rusia, incorporó a su compañía al diplomático griego Jacques Damala, con quien se casó, aunque para separarse apenas un año y medio después. A fines de 1882 regresó a París, reapareció en el Teatro de Vaudeville, estrenó Fedora y Teodora de Sardou, y en 1886 volvió a Estados Unidos y extendió su gira por América del Sur. En los tres continentes en que actuó se alababan por igual su lirismo, su plasticidad, su expresión dramática y cada nueva creación suya ayudaba a consagrarla aún más.

Retornó a Europa, volvió otra vez a América y nuevamente regresó a París, se instaló en el Teatro de las Naciones cuyo nombre se cambió por el suyo pasando a ser el Teatro Sarah Bernhardt, donde hizo la Ofelia de Hamlet y donde a fin de siglo estrenó, a la edad de 56 años, L’Aiglon de Edmond Rostand.

En 1914 fue condecorada con la Legión de Honor en grado de Caballero, pero fue quizás unos meses después, en plena gran guerra, cuando su patria le rindió el más significativo homenaje. Ante la posibilidad de que los alemanes tomaran París, sus amigos le recomendaron dejar la capital (ya el gobierno se había instalado en Burdeos).

Ella quería, como en 1870, permanecer en París, pero fue el propio Clemenceau, «el Tigre» en persona, quien le pidió que se trasladara al sur de Francia, y evitara así el peligro de que «la gran Sarah» fuese tomada como rehén por los invasores.

Durante la guerra actuó incluso en los hospitales militares recitando a los soldados heridos los versos que la habían consagrado. En 1915 debieron amputarle la pierna derecha, afectada por un mal incurable, pero no por ello abandonó la escena.

En los primeros años de la posguerra, ya más que septuagenaria, fue aplaudida en innumerables ocasiones, sobre todo por su representación de La Gloire de Maurice Rostand, hijo de Edmond, el autor de L’Aiglon.

En noviembre de 1921 efectuó todavía una última gira por Italia, y ya de vuelta en París estaba preparando una obra de Sacha Guitry, cuando falleció en su casa el 26 de marzo de 1923. Al despedir sus restos, Maurice Rostand resumió la opinión de millares de admiradores afirmando que nadie podría ya leer a Racine sin que la voz de Sarah se interpusiera entre el poeta y el lector.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Amores Tragicos: Romeo y Julieta Bajar Libros Shakespeare

Amores Tragicos: Romeo y Julieta

Amores Tragicos: Romeo y JulietaTragedia de William Shakespeare sobre las desventuras e una pareja de enamorados que sufre la terrible enemistad de sus familias: Montague  and Capulet, Montescos y Capuletos, en la ciudad de Verona, ltalIa.

La muerte de ambos cierra la historia de amor más conocida de la Tierra.

En una de las líneas más sentidas, Julieta dice: ‘Romeo, Romeo, ¿por qué eres Romeo» haciendo referencia al nombre que obligaba a la separación de ambos.

Las líneas siguientes de respuesta se han convertido en uno de los clásicos de la lengua: ¿Acaso lo que llamamos rosa, tendría un aroma tan dulce si lo llamáramos por cualquier otro nombre?».

Todo indica que Shakespeare basó su obra en un largo poema narrativo de un autor inglés que murió en 1563, Arthur Broke o Brooke, quien, a su vez, se había apoyado en la traducción francesa de un cuento del italiano Matteo Bandello (1485-1561).

Shakespeare reformuló la historia.  La sitúa en Verona durante el mes de julio.  En un baile de máscaras se conocen Romeo Montesco y Julieta Capuleto, quienes se sienten inmediatamente atraídos.  Romeo le declara su amor cuando la visita en el balcón de la casa familiar.

Pero siendo conscientes del odio que separa a las dos familias nobles, eligen casarse en secreto ante el sacerdote Lorenzo.  Luego, en una lucha personal, uno de los Capuletos mata a un amigo de Romeo y éste a su vez, da muerte al matador.  Romeo es obligado por su familia a ocultarse en Mantua.  El padre de Julieta, que desconoce la boda secreta, quiere obligar a su hija a casarse con el conde Paris. Julieta visita al sacerdote pidiéndole consejo, pues ni quiere ni puede romper su voto matrimonial.

El religioso le da entonces una poción que produce en las personas la apariencia de la muerte secándolas profundamente.  De tal forma, piensa el sacerdote, Romeo vendrá en su rescate.

Ella toma el engendro.  Romeo regresa a Verona al tener noticias de la muerte de Julieta y, lleno de odio, mata a Paris.  Luego encuentra a Julieta ‘muerta».  Incapaz de soportar tanto dolor, Romeo le da un último beso y toma él sí un veneno real.  Cuando Julieta se recupera del letargo y comprueba la muerte de Romeo, ella también se suicida.

Tras la terrible tragedia de muertes y odios rodeando el amor imposible y eterno, las familias superan las distancias y se reconcilian.  Romeo y Julieta ha sido llevado al cine, al teatro, a la danza, se han compuesto sinfonías, conciertos, poemas sinfónicos, ballets y se han producido centenas de pinturas y esculturas.

Amores Trágicos de la Historia 

Biografia Victoria I de Inglaterra Resumen Biografia Reina

Biografía de la Reina Victoria I de Inglaterra

En 1901 muere la reina más poderosa de todo el siglo anterior, reinado que comenzó en 1837 y marcó el apogeo colonial del Reino Unido. Su imperio se asentaba en los cinco continentes y su nombre bautizó toda una época, conocida como la «era uictoriana».

Durante su reinado, el mas largo de la historia inglesa, consolidó la autoridad de la monarquía. Reina de Gran Bretaña y de Irlanda, emperatriz de las Indias, fue la soberana de la hegemonía británica.

Soberana de Inglaterra desde 1837 hasta 1901, la reina Victoria asoció su nombre a una etapa decisiva para el afianzamiento de la monarquía constitucional y del poderío británico en el mundo, y selló con rasgos inconfundibles las costumbres y el modelo de conducta de la burguesía inglesa de su época, hasta el punto de configurar un estilo que la sobrevivió durante décadas

Biografia Victoria I de Inglaterra Resumen Biografia Reina

Victoria Alexandrina de Saionia-Coburgo, que reinó en Inglaterra como Victoria I, fue la reina más poderosa del siglo XIX. Durante su reinado, caracterizado por una rigidez de costumbres burguesas, que se conoce como «moral victoriana», se sucedieron indistintamente gobiernos conservadores (tories)y liberales (whigs), que contribuyeron a convertir al Reino Unido en la mayor potencia del mundo.

Biografía: Reina Victoria I de Inglaterra:

El 24 de mayo de 1819, la princesa Alejandrina Victoria nacía en el palacio de Kensington, en Londres: allí vivían sus padres, el duque y la duquesa de Kent, sin mayor holgura, acosados por los acreedores, en algunos apartamentos puestos a su disposición.

Sus padres habrían deseado llamarla simplemente Victoria, como su madre, pero el príncipe regente, el futuro Jorge IV, había decidido de otro modo y exigió que la niña fuese bautizada como Alejandrina, en homenaje a su padrino, el zar Alejandro de Rusia.

reina victoria I de inglaterra

Eduardo, duque de Kent, cuarto hijo de Jorge III, no conocería por mucho tiempo a su hija.

En efecto, murió cuando ella no tenía más de ocho meses de edad, dejando a la duquesa de Kent en una situación difícil.

Siendo ya viuda del príncipe de Leiningen, ella era una princesa alemana, hija del duque de Sajonia-Coburgo, «exiliada en Gran Bretaña», donde era poco estimada.

El nacimiento de su hija Alejandrina Victoria, que podría heredar algún día la corona de Inglaterra, representaba para ella una esperanza formidable.

El 26 de junio de 1830, el rey Jorge IV murió sin dejar heredero, pasando la corona a su hermano Guillermo IV.

Él tampoco tuvo descendencia, de manera que su sobrina Victoria se encontró siendo heredera directa de una corona muy codiciada. Victoria tuvo en la persona de su tío Leopoldo I, rey de los belgas, su apoyo más seguro.

Éste le escribía frecuentemente dándole valiosos y afectuosos consejos para asumir la tarea que la esperaba. Por su parte, su madre. la duquesa de Kent, acechaba con angustia el más mínimo signo que anunciase la venida al mundo de un heredero real…

El 20 de junio de 1837, finalmente, el arzobispo de Canterbury y lord Chambelán se dirigieron al palacio de Kensington a pedir audiencia a la joven princesa Victoria.

Les correspondía, conforme al protocolo, anunciarle la muerte del rey Guillermo IV y proponerle la corona de Inglaterra.

Poco después, la «eminente y poderosa princesa Alejandrina Victoria I» fue proclamada reina de Gran Bretaña y de Irlanda.

LA HISTORIA DE SU VIDA:

 Al fallecer su padre en 1820, cuando Alejandrina Victoria solo tenía ocho meses, y más tarde el deceso de los pequeños hijos del duque de Clarence, que ascendió al trono en 1830 con el nombre de Guillermo IV, fueron signando paulatinamente su destino de reina.

De modo que, luego de transcurrida su niñez, su educación fue confiada a la duquesa de Northumberland, bajo cuya dirección estudió historia, ciencias naturales y música.

Posteriormente, Guillermo IV encargó a su primer ministro, Lord Melbourne, que instruyera a su sobrina y heredera en el dominio de la política y le enseñara los mecanismos del sistema constitucional británico.

Al tiempo que recibía esa imprescindible preparación, la vida de la princesa se desarrollaba completamente alejada de su familia paterna: residía con su madre, su hermanastra Feodora y su gobernanta Louíse Lehzen, en el palacio de Kensington.

Llevaba un diario en el que consignaba minuciosamente los sucesos de su vida cotidiana, era muy prudente en la elección de sus amistades, tenía una memoria excelente y daba inequívocas muestras de su independencia de carácter.

El 20 de junio de 1837, a hora muy temprana, el primer ministro, Lord Melbourne, se presentó intempestivamente en Kensington para comunicar a Victoria –por entonces una muchacha de 18 años, alegre, rolliza y más bien baja– que el rey acababa de morir y que desde ese momento ella era la reina de Inglaterra.

Como anticipo de la actitud con que afrontaría de ahí en más sus deberes de soberana, luego de haber escogido como residencia real el Palacio de Buckingham, Victoria instaló a su progenitora en un departamento alejado de sus habitaciones, poniendo así una valla a la influencia materna.

Lord Melbourne, a quien mantuvo en el cargo de primer ministro, tuvo el privilegio de iniciarla en las «delicias del oficio de reina»: las cacerías, los bailes, las brillantes fiestas de la corte, la etiqueta y el complejo mecanismo de las ceremonias palaciegas.

Su primo Alberto, príncipe de Sajonia Coburgo-Gotha, que después sería su esposo, dejó un elocuente testimonio sobre los primeros tiempos de su vida de reina. «Victoria -escribió- se muestra terriblemente obstinada, en permanente guerra contra su propia naturaleza, que es buena; ella se deleita en las ceremonias, etiqueta y formalidades de la corte, y otras frivolidades (…) Se dice que en realidad ella no goza mucho en esas veladas que se prolongan tanto y que la obligan a dormir más de la cuenta el día siguiente…»

Pero acaso lo más interesante de ese texto resida en lo que revela acerca de la personalidad de su autor, que a través de 21 años de entrañable y prolífico matrimonio, ejerció una profunda influencia en las ideas y en la conducta de su mujer.

Hombre grave y reflexivo, con una madurez precoz para su edad -poco más de 20 años-, de físico apuesto, Alberto impresionó fuertemente a su prima durante una visita que realizó en octubre de 1839 a la corte inglesa, por entonces instalada en el castillo de Windsor.

Seducida por la personalidad del príncipe, no tardó mucho Victoria en abandonar su resistencia a perder su dorada autonomía y le propuso que se casara con ella.

Cuatro meses después, el 10 de febrero de 1840, se celebró la boda. Al principio, la reina insistió en que su marido no tuviera injerencia alguna en los asuntos de gobierno. Seis meses más tarde, se le permitió al príncipe, por consejo de Lord Melbourne, permanecer como «observador» en los despachos oficiales y luego estar presente cuando la reina recibía a sus ministros.

Con el tiempo, Alberto se convirtió en mentor y consejero de su mujer, a quien inculcó principios de gobierno y normas de conducta como soberana. P

ero además Victoria, impulsada por el cariño y el respeto que le inspiraba su esposo, comenzó a asumir gradualmente las rígidas normas morales y los austeros hábitos de su marido, y no tardó en renegar de las reuniones sociales para dedicarse casi de lleno a la maternidad.

Entre 1840 y 1853, dio a luz nueve hijos, cinco mujeres y cuatro varones, a través de los cuales llegó a emparentarse con casi todas las familias reinantes europeas. Su hija mayor, Victoria, fue emperatriz de Alemania y madre de Guillermo II, el último Kaiser, y madre y bisabuela, respectivamente, de dos reinas de Grecia: Sofía y Federica.

Eduardo, Príncipe de Gales hasta los sesenta años y después rey de Inglaterra con el nombre de Eduardo VII, continuó la dinastía reinante, y una hija suya, Matilde, fue reina de Noruega.

Alicia fue la madre de la última zarina de Rusia, Alejandra, mujer de Nicolás II. Alfredo, más tarde duque de Edimburgo, padre de la reina María de Rumania -madre del rey Carol- y abuelo de la reina María de Yugoslavia.

Elena, Luisa, Arturo y Leopoldo celebraron sus matrimonios con miembros de la nobleza inglesa y alemana (retoño de una de estas ramas es el príncipe Felipe, duque de Edimburgo y marido de la reina Isabel II), en tanto que Beatriz fue madre de Victoria Eugenia de Battenberg, última reina de España.

Ese período de felicidad conyugal, se cerró en 1861 con la muerte del príncipe Alberto. Terriblemente abatida, la reina abandonó poco después el palacio de Buckingham y se recluyó alternativamente en Windsor, en Osborne, en la isla de Wight, o en Balmoral (Escocia) donde habían transcurrido las etapas más felices de su vida matrimonial.

En 1853, la reina Victoria fue una de las primeras mujeres en dar a luz bajo el efecto de la anestesia, contrariando a las autoridades religiosas. El médico escocés Simpson recurrió a una leve dosis de cloroformo para ayudar al parto sin dolor de la reina de Inglaterra. Los responsables anglicanos, incómodos de no poder condenar esta práctica que contravenía el principio del alumbramiento con dolor, hicieron valer que al fin y al cabo Dios había adormecido a Adán para extraerle la costilla de la que debía nacer Eva.

Durante cinco años se abstuvo de abrir personalmente las sesiones del Parlamento, y pasó aún más tiempo antes de que sus ministros pudieran convencerla de la necesidad de aumentar sus apariciones en público, en vista del desagrado que suscitaba su imagen de viuda retirada.

Se tornó severa e irritable, y sus ministros, que debían viajar constantemente para plantearle asuntos de gobierno, sufrían a menudo por su tono imperioso y por su exigencia de ser consultada para todo, aunque no dejaban de reconocer que la gran experiencia de la reina justificaba plenamente el celo con que ejercía sus derechos constitucionales.

Por otra parte, Victoria supo siempre ceder a las corrientes de opinión, y confió el poder, según sus vaivenes, a los whigs (liberales) o a los tories (conservadores). Por influencia de su marido, había adoptado lo que llamaba «… la hasta ahora tan descuidada y tan obvia doctrina por la cual es supremo deber de un monarca constitucional mantener una posición de neutralidad hacia los líderes de los partidos…»

Colocándose por encima de las luchas políticas internas y asistida -entre otros- por estadistas de la talla de Melbourne, Peel, Russell, Palmerston, Gladstone, Disraeli y Salisbury, afianzó el prestigio de la monarquía -que el príncipe Alberto había contribuido tanto a restaurar después de la decadencia en que la habían sumido los Hannover—, e identificó su imagen con el despliegue de potencialidades que protagonizó Inglaterra en todos los órdenes en los dos últimos tercios del siglo XIX.

Coronada emperatriz de la India en 1876, festejada por su pueblo y por brillantes delegaciones extranjeras en sus jubileos de 1887 y 1897 -bodas de oro y de diamante con el trono, respectivamente-, considerada la «abuela de Europa» en virtud de los múltiples lazos familiares que la unían a la mayor parte de las dinastías reinantes de la época, la anciana conoció el sabor de la gloria.

Por otra parte, , su austeridad y sus rígidas normas de vida habían encarnado en vastos estratos de la sociedad inglesa, caracterizando una época cuyos ecos se prolongaron a través de varias generaciones y suscitaron las despiadadas sátiras de George Bernard Shaw y las afiladas ironías del incisivo Osear Wilde.

A pocos días de su muerte, en Osborne, el 21 de enero de 1901, el cortejo fúnebre de Victoria, reina de Gran Bretaña e Irlanda y de los dominios de ultramar, emperatriz de la India y defensora de la Fe, congregó a cuatro reyes, diecisiete príncipes y al presidente de los Estados Unidos, que escoltaron a caballo la cureña que condujo sus restos hasta el mausoleo de Frogmore, donde yacían los de su bienamado Alberto desde hacía cuarenta años. Con su desaparición se cierra un singular capítulo de la vida inglesa.

La emperatriz de la India: Aunque respetuosa del régimen parlamentario, tenía un talante autoritario y exigió de sus ministros que le comunicaran previamente los proyectos de ley, que debían contar con su aprobación.

Celosa de la integridad territorial, se opuso con firmeza a las veleidades independentistas de Irlanda.

Desempeñó un importante papel en política exterior, terreno en el que privilegió las relaciones con Prusia y Austria en detrimento de Rusia.

Partidaria de la expansión colonial del país, a instancias del primer ministro conservador Disraeli fue proclamada en 1877 emperatriz de la India, territorio cuya conquista se había iniciado en el siglo XVIII.

La prosperidad económica y el esplendor cultural aumentaron el prestigio de la corona en un país eufórico por los éxitos políticos y militares.

Casada con su primo Alberto de Sajonia-Coburgo, tuvo en el príncipe consorte a su principal consejero.

Cuando Alberto murió en 1861, Victoria se apartó de la vida pública durante varios años, pero finalmente retomó la actividad política. Con su muerte, ocurrida en 1901, concluyó el reinado más largo de la historia británica.

REINA VICTORIA DE INGLATERRA

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1819: Nacimiento de Alejandrina Victoria, hija del duque de Kent, en Kensington, el 24 de mayo.

1830: Muerte de Jorge IV. Asume Guillermo IV.

1837: Muerte de Guillermo IV.

1838: Victoria es coronada reina de Gran Bretaña y de Irlanda.

1840: Matrimonio de Victoria y del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

1843: Victoria se encuentra con Luis Felipe en el castillo de Eu. Gran hambruna en Irlanda.

1846-1852: Lord Russel es primer ministro.

1851: Gran Exposición Universal de Londres.

1854-1856: Guerra de Crimea.

1855 a 1865: Palmerston es primer ministro, en dos períodos:

1857: El príncipe Alberto se convierte en príncipe consorte.

1858: Las Indias se incorporan a la corona británica.

1861: Muerte del príncipe Alberto.

1868-1874-1880: Benjamín Disraeli, primer ministro.

1876: Victoria, emperatriz de las Indias.

1897: Jubileo de diamante de la reina.

1898: Asunto de Fachoda. Comienzo de la guerra de los bóers en África del Sur.

1901 Muerte de Victoria en Osborne,  el 22 de enero.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder.

Biografia de EDITH PIAF Su Vida, sus amores y sus desgracias

Biografía de EDITH PIAF Su Vida, sus amores y sus desgracias

La vida de Edith Piaf (1915-1963) es una historia complicada. Edith Giovanna Gassion nació en 1915, en plena calle de París. Su madre separada y en plena pobreza, dá a luz con la ayuda de un gendarme.

También sus padres eran alcohólicos por lo que fue dejada al cuidado de su abuela quien regenteaba un “burdel”.

A los cuatro años sufrió de meningitis, la cual le generó una ceguera temporaria.

Ya de adolescente trabajó con su padre viajando con un circo o haciendo acrobacias en las calles. Probó fortuna con el canto callejero, junto a su media hermanaMamone (hija ilegítima de su padre), recogiendo pocas monedas diarias.

A los 16 años quedó embarazada, pero su hija Castelle falleció a los dos años de meningitis, además ella quedó imposibilitada de tener hijos.

En 1935 cuando cantaba en una avenida de París, fue vista por un empresario llamado Louis Lepleé, el cual quedó fascinado y la contrató para que trabajara en su bar, Lepleé fue quien la bautizó como “Piaf”, que significa pequeño gorrión, pues la veía como un pajarito con una poderosa voz.

Leplée la convirtió en una estrella enseñándole a mostrar su lento ante el público; aquel cabaret era además un lugar donde venían muchas celebridades de la capital. Pero su vida nunca fue camino de rosas; al poco tiempo, Leplée, al que ella llamaba “papa” apareció muerto en su despacho.

Aquel día no sólo perdió a su amigo y patrón , sino que la policía la trató como sospechosa del asesina.

A partir de este momento ella comenzó a beber y a drogarse de forma infernal, y se acostaba con cualquiera.

Edith era de esas mujeres que cuando se enamoran, lo hacen hasta la médula. De esas que, cuando se proponen conquistar a un hombre, olvidan el sentido de la dignidad.

Independientemente de las circunstancias en que se produjeran sus relaciones sexuales, Edith probó de todo y gozó con cada uno de sus amantes.

La palabra exceso no formaba parte de su vocabulario.

A finales de los años treinta del pasado siglo conoció al letrista Raymond Asso, quien la ayudó a salir de la cloaca en que había convertido su vida. De nuevo volvió a cosechar grandes éxitos gracias a sus canciones más famosas, como Je ne regrette rien, La vie en rose, Les amants de Paris, y otras.

Sus éxitos le proporcionaron grandes sumas de dinero que ella derrochaba con sus amantes y ayudando a todo aquel que se lo pidiera.

Pero su gran amor, «el único hombre al que he querido», según ella misma afirmó, fue el boxeador Marcel Cerdan, un marroquí de origen humilde que llegó a convertirse en una gloria nacional para Francia.

Se conocieron en París en noviembre de 1945 en un club en el que ella cantaba. Marcel se emocionó con su voz.

El encuentro decisivo no se produjo hasta 1947, en un restaurante francés de Nueva York. Enseguida se gustaron, quedaron para cenar y él se quedó en el hotel de Edith. En marzo de 1948 se produjo un nuevo encuentro.

Aunque ambos intentaron ser discretos, porque él estaba casado y tenía tres hijos, un periódico les descubrió.

Cerdan se las arregló para evitar que Marinette, su esposa, rompiera el matrimonio, pero sin dejar a Edith.

El 23 de mayo de 1948, Cerdan perdió por primera vez un combate y los periódicos acusaron a Piaf de traerle mala suerte. Sin embargo, sólo fue un revés pasajero y el 21 de septiembre se convirtió en campeón del mundo de los pesos medios.

Ella tenía tal pasión por Marcel que nunca estaba satisfecha y necesitaba tenerlo a su lado en cada minuto de su vida.

El llevaba una vida dedicada a su profesión, boxeando por distintos países de Europa, y ella necesitaba su cálida compañía, hasta que un día le rogó por su presencia. Cerdán subió a un avión, del cual no bajaría jamás pues se estrelló en una isla.

Edith estuvo a punto de acabar con su vida, pero Momone la vigiló y sedó para evitar otra tragedia.

Cuando Marcel se marchó, Edith volvió a su vida agitada. La menuda parisiense (medía 1,47 m.) fue una devoradora de hombres.

En aquellos momentos vivió sendos romances con el cantante Jean-Louis Jaubert y con el actor John Garfield. Entre otros amantes de la cantante se encuentran Eddie Constantinn, Yves Montand, Georges Moustaki y Charles Aznavour.

La tensión sexual que le producía el deseo del otro la hacía dormir con los puños cerrados. Le gustaban especialmente los hombres de ojos azules, pero no le hacía ascos a nadie. Sus relaciones siempre eran apasionadas y destructivas.

Ella se dejaba abofetear o maltratar por sus amantes, a cambio les era infiel siempre. Quizá la única excepción fue la que hizo con Yves Montand.

En 1958 conoció a Georges Moustaki, con el que mantuvo un al faire que duró algo más de un año. Ella entonces tenía cuarenta y dos y él sólo veintitrés, según Georges tenían una buena relación pero el alcohol y las drogas los separó.

Ella se encerraba en su cuarto a tomar cerveza, la que mezclaba con ansiolíticos y anfetaminas. Moustaki fue reemplazado por Douglas Davis un joven pintor.

En 1959 a Edith le diagnosticaron un cáncer, lo que ya no le permitiría recuperarse jamás, e ir debilitándose día a día.

Bajo estas circunstancias, un año antes de morir contrajo matrimonio con un peluquero con ambición de carrera en el mundo de la canción, llamado Théo Sarapo que tenía entonces veintiséis años.

Murió en 1963, a su entierro en París, , asistieron más de cuarenta mil personas. Todavía hoy en día se descubren flores frescas en la tumba donde está enterrada, en el cementerio de Pére-Lachaise Fue una mujer que conoció la más terrible de las desgracias, que es estar rodeada de personas que la adoraban mientras ella vivía en la más absoluta de las soledades.

El fin del amor

El 28 de octubre de 1949 se estrelló el avión en el que viajaba Cerdan camino de Nueva York. Allí se encontraba Edith, quien le había apremiado para que se reuniera con ella.

En memoria de Cerdan, Edith escribió «La belle histoire d’amour»: «Je n’oublierai jamais /Nous deux, comme on s’aimait /Toutes les nuits, tous les tours, 1… La belle histoire d’amour… 1… La bel/e histoire d’amour… /Pourquoi m’as-tu laissée ? /Je suis seule á pleurer, /Toute seule á chercher…»

La vida de Edith Piaf fue movida y azarosa.

Empezando por su nacimiento que fue en una esquina de una calle parisiense, donde su madre, alcohólica, fue atendida por dos policías. La misma Edith, muchos años después, acabaría como su madre tirada en la calle.

En 1951, tuvo un grave accidente de coche en el que se rompió varias costillas. Para aliviar su dolor los médicos le recetaron morfina, pero Piaf se convirtió en adicta y empezó a beber, y como su madre, a recoger hombres en las calles para aliviar su soledad.

Edith, quien estuvo a punto de suicidarse al enterarse de la muerte de Marcel, se volvió a casar dos veces más, pero jamás olvidó a Cerdan ni pudo quitarse de la cabeza que en parte había sido culpa suya.

RECORDANDO «EL HIMNO AL AMOR» DE EDITH PIAF

Fuente Consultada: 99 amores de la Historia y Sexoadictas

grandes amantes

Biografia de Cecilia Grierson Primera Medica Argentina Mujeres

Cecilia Grierson:
La Medicina en Tiempos de Hombres

LA MUJER EN LA HISTORIA: VIDA DE GRANDES MUJERES DE LA HISTORIA

MEDICA argetina Cecilia Grierson

CECILA GRIERSON: Al hablar de la historia de la medicina argentina surge, ineludible, el nombre de Cecilia Grierson (1859-1934), la primera mujer que se graduó como médica en Sudamérica. Antes de eso fue docente y, según manifestó, comenzó estudios de medicina para ayudar a una-amiga enferma. Para hacerlo tuvo que obtener un permiso especial, pero cuando estaba en tercer año fue nombrada ayudante de la cátedra de Histología. Se recibió en 1889 y comenzó una carrera de logros, aunque no debidamente reconocidos.

En la historia del país, existen algunos nombres que quedarán para siempre ligados al forjamiento de la nación, ya que de alguna u otra manera han logrado cambiar por completo a la sociedad. Tal es el caso de Cecilia Grierson, un nombre que seguramente nos resultará familiar, ya que hoy existen calles, escuelas y fundaciones que llevan su nombre.

No obstante, quizás muchos desconozcan la historia de esta mujer, que luchó contra una sociedad machista para lograr alcanzar su sueño. Es que desde muy pequeña ansiaba poder ayudar a sus semejantes, y atraída por las ciencias relacionadas a la medicina, el 2 de julio de 1889 se graduó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, convirtiéndose de esta manera en la primera médica argentina.

Biografia de Cecilia Grierson Primera Medica Argentina

Nacida en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1859, en un principio creyó que la docencia era su destino, por lo que se recibió de Maestra en la Escuela Normal Nº 1. Pero por aquellos mismos años, la tragedia y la enfermedad llagaron a su vida.

El padecimiento de su mejor amiga Amelia Kenig la instaron a realizar los estudios en medicina, con la esperanza de poder ayudarla, y al mismo tiempo se dio cuenta que las ciencias naturales eran su verdadera pasión.

Lo cierto es que la noticia no fue precisamente recibida con alegría entre sus familiares, ya que hasta ese momento ninguna mujer argentina había osado ingresar a la facultad de medicina.

No obstante, Cecilia Grierson se enfrentó a esa sociedad que pretendía despojarla de sus sueños y ambiciones, repudiándola por ir en contra de lo establecido, para finalmente graduarse en 1889. Mientras estudiaba, precisamente en 1886, fundó la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino, desafiando otra vez a aquellos que la juzgaban por sus decisiones.

Su labor como médica comenzó en el área de ginecología y obstetricia del Hospital San Roque, conocido actualmente como Ramos Mejia. Allí comenzaba la actividad profesional de la doctora Cecilia Grierson, que fue realmente intensa e ininterrumpida hasta su fallecimiento.

Se convirtió en miembro fundador de la Asociación Médica Argentina, y en 1892 participó en la realización de la primera cesárea que se llevó a cabo en el país. Intentó brindar sus servicios como docente, en la Cátedra de Obstetricia para Parteras, pero no fue posible, ya que en aquella época las mujeres no tenían permitido cubrir cargos docentes en la universidad.

Innovadora en todos los terrenos, en 1897 publicó el libro “Masaje Práctico”, un compendio que explicaba y profundizaba acerca de la técnica kinesiológica, hoy considerado uno de los ensayos más precursores en este ámbito. Le siguieron a este las publicaciones de “Educación Técnica para la Mujer” y “La educación del ciego y Cuidado del enfermo”.

Su sed por capacitarse cada vez más en su profesión, la llevaron a viajar a Europa, y allí, precisamente en Londres, se desempeñó como Vicepresidencia del Congreso Internacional de Mujeres.

Inspirada en la pasión que había despertado con la realización de su último libro, dedicado a los no videntes, en 1905 inició el Instituto Argentino para Ciegos. Luego, dos años después fundó la Asociación de Obstetricia Argentina y el Liceo de Señoritas, en el que también se desenvolvió como profesora.

En su lucha por la igualdad de géneros, realizó un extenso estudio sobre el Código Civil, pero debió esperar más de una década para poder observar algunos cambios con la reformulación de ciertas normas.

Su actitud frente a la vida y su constante lucha por los derechos de las mujeres, si bien le reservaron un lugar en la historia argentina, lo cierto es que la enfrentó a una sociedad que no estaba preparada para afrontar los cambios radicales que planteaba. Por eso, fue injustamente repudiada.

No obstante, su talento fue galardonado y homenajeado tanto en vida como después de su muerte, reconociendo de esta forma su intensa labor en favor de la educación y la medicina Argentina.

Paradójicamente, el final de su vida Cecilia Grierson sufrió la pobreza y debió sobrevivir con una magra jubilación, hasta que el 10 de abril de 1934 su implacable voz de luchadora fue acallada por la muerte.

Ver: Grandes Mujeres Cientificas de la Historia

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Julieta Lanteri

Biografia de Golda Meir Primer Ministro de Israel Ejemplo de Vida

Biografía de Golda Meir Primer Ministro de Israel

Golda Meir: A principios de siglo era una pequeña emigrada rusa que refugiaba su pobreza en los Estados Unidos. Cincuenta años después ocupaba, por su propio esfuerzo, el más alto cargo en el gobierno del Estado de Israel, un país que había contribuido a crear y defender. Golda Meir culminaba así una larga lucha en la que había empeñado el esfuerzo de toda su vida.GOLDA MEIR Primer Ministro de Israel

Si alguna palabra puede de finiría es pionera, ha dicho uno de sus biógrafos. Pionera entre las mujeres que llegaron por sus propios méritos a los puestos más encumbrados de la política y el gobierno y también de lo que sería a partir de 1948 el Estado de Israel, cuya existencia, a la vez consolidada y amenazada, pocos como ella han contribuido a afirmar.

Es más: en algún momento de la década de 1971-1980 una difundida publicación europea se expresó en estos términos: «El futuro del mundo, la paz o la guerra, está en manos de dos mujeres: Indira Gandhi y Golda Meir.»

Esta mujer, cuya trayectoria parece abrir caminos nuevos para su sexo y aun para su pueblo, eligió bien su campo de acción: un país nuevo y joven que ella ayudó a nacer, donde no hay lugar ni tiempo que perder discutiendo prejuicios o tradiciones anacrónicas de discriminación entre los sexos. Golda Meir triunfó donde solo podían triunfar el talento, la capacidad la pasión y la voluntad.

La vida de Golda Mabovitch -su nombre de soltera- comenzó el 3 de mayo de 1898 en Kiev, capital ucrania de Rusia sudoccidental. Su familia era muy pobre: el padre trabajaba como ebanista, aunque, según una ironía de Golda, «los comunistas dirían, por mi origen, que pertenezco a la alta aristocracia proletaria». De sus siete hermanos solo sobrevivieron Shana, la mayor, y Zipora, menor que Golda. Desde temprano su carácter resuelto reveló que no solo de nombre se parecía a su bisabuela, Buba Golda, una distinguida matrona que vivió 94 años.

PRIMERA EMIGRACIÓN
En 1906 la familia Mabovitch se incorporó a la corriente de judíos rusos que emigraban a Estados Unidos en busca de horizontes más promisorios, libres de las persecuciones religiosas (pogroms) de la Rusia zarista. Establecidos en la ciudad norcentral de Milwaukee (estado de Wisconsin), el padre trabajó en una carpintería ferroviaria mientras la madre atendía una tienda de comestibles. La pobreza, sin embargo, no dejó de pesar sobre la familia.

Ello no impidió que el desempeño escolar de Golda fuese brillante, y ya a los 10 años demostró su espíritu de iniciativa al organizar una sociedad juvenil de ayuda, cuyo objetivo era proveer de libros a los niños necesitados. A los catorce años escapó de la casa paterna y se fue a Denver (estado de Colorado) a vivir con su hermana Shana, de ardiente ideario socialista, que influyó mucho sobre Golda. Allí encontró trabajo en una lavandería.

Hacia 1916 se hallaba de regreso en Milwaukee preparándose para seguir la carrera docente. Por entonces ya dedicaba gran parte de su tiempo a toda clase de actividades sociales de la comunidad judía: actuó así en el seno de organizaciones tales como el Poalei Zion -Partido Sionista Socialista-, la Asistencia a los Judíos de Europa Oriental, el Congreso Judío Norteamericano, y los establecimientos escolares Yiddische Folk Shulen. Estos últimos eran escuelas judías de tendencia socialista donde ella dictaba clases de yiddish. Sus vibrantes discursos en este idioma y en inglés despertaban ya la atención de algunos dirigentes.

Pero su paso por Denver había traído otras relaciones. Allí conoció, en un sanatorio para tuberculosos donde trabajaba Shana, a Morris Meirson, otro judío ruso inmigrado. «Teníamos en común -dice Golda- la pobreza, la tuberculosis y el socialismo.»

Según ella, debió a Morris su formación cultural. Juntos leían poesía y filosofía, y, como no tenían dinero, iban a los conciertos gratuitos y escuchaban a las orquestas que tocaban en algunas plazas públicas.

Pero hubo algo que los separó desde un principio: Morris no era sionista, y consideraba que los nacionalismos de los distintos países del mundo eran escollos interpuestos en el camino del internacionalismo socialista. Golda, que ya sentía las ansias de emigrar a la tierra prometida a su pueblo miles de años atrás, le respondía con vehemencia que el internacionalismo no significaba el fin de las naciones, así como las orquestas no acaban con los violines.

LA VOZ QUE LLAMA AL DESIERTO
Golda siguió trabajando para su pequeña organización política sionista, que bregaba por la construcción de una patria en Palestina, basada en un orden social sin desigualdades económicas. En 1917 decidió viajar a Palestina y trabajar en una colonia colectiva como jalutzá, es decir pionera.

Morris se oponía a la idea, pero era más fuerte su deseo de casarse con Golda. Así que acabó por aceptar la condición de que partieran juntos que ella le impuso. «Si él no me hubiera acompañado -dice Golda- habría partido igual, pero descorazonada.»

Durante tres años recorrió Estados Unidos recolectando dinero para su grupo y su periódico. Finalmente, en 1921, ella y su esposo se embarcaron rumbo a Palestina.

Los Meirson se instalaron en un kibbutz (típico establecimiento agrícola comunitario israelí) del valle del Esdraelón. En los primeros tiempos Golda trabajó en el desecamiento de pantanos y luego se especializó en la cría de gallinas. No había pasado un año cuando ya la habían designado delegada del kibbutz al consejo de la Histadrut, la Confederación General de Trabajadores Sionistas.

Morris, sin embargo, no pudo adaptarse a la vida del kibbutz: Golda deseaba hijos, y él no quería tenerlos en la colonia. En 1923 la pareja se fue de Merja-via. «Esos dos años -^recuerda Golda con nostalgia- fueron maravillosos: construir, construir, construir. Abandonar el kibbutz fue la mayor frustración de mi existencia, y aunque no podría haber actuado de otra manera, si pudiera reiniciar mi vida no lo volvería a hacer.»

Durante un año vivieron en Tel Aviv, hasta que en 1924 se trasladaron a Jerusalén. El sueldo de Morris era miserable y la pareja vivía en la estrechez. Cuando les alcanzaba para comprar un poco de pan y queso, ellos lo celebraban como si fuese todo un banquete. Mientras, Golda trabajaba de lavandera; y en ese tiempo nacieron sus dos hijos.

UNA PASCUA SIN DINERO
Para la Pascua, los Meirson se trasladaron a Hertzelia, donde había venido a instalarse el padre de Golda con parte de la familia. Los Mabovitch no estaban en mejor situación económica, sin embargo, y hubo un año en que no les alcanzó el dinero ni siquiera para comprar el pan de pascua judío (que se prepara sin levadura) y una botella de vino para bendecir la fiesta.

«El corazón se me encogió -relata Golda-. Faltaban pocos días para Pascua y yo no podía dormir pensando en lo que podría estar tentado de hacer en esa situación un judío orgulloso como mi padre.»

Golda decidió ir a Tel Aviv. Allí recorrió todos los bancos solicitando un préstamo, pero, por supuesto, nadie quería darle crédito. Finalmente, después de mucho trajinar, le concedieron una pequeñísima suma. Regresó feliz a Hertzelia y se la entregó a su padre. «Cuando vi la expresión de sus ojos… Bueno, no quiero que nadie vea a la primera ministra soltando una lágrima… Pero fue tremendo.»

A pesar de sus dificultades económicas, Golda no olvidaba su pasión por la causa. En 1928 ocupó el cargo de secretaria del
Consejo Laboral Femenino y se lanzó a la carrera pública, que en lo sucesivo habría de obligarla a viajar y alejarse con frecuencia de su hogar. Fue uno de los miembros fundadores del Mapai —el Partido Laborista de Israel- y estuvo vinculada a casi todos los aspectos del esfuerzo constructivo sionista.

UN LABORIOSO ASCENSO
Desde entonces se sucedieron ininterrumpidamente cargos y las responsabilidades cada vez más pesadas: secretaria general de la Histradut, jefa del departamento político de la Agencia Judía, embajadora en Moscú, encargada de diversas negociaciones internacionales -inclusive entrevistando a jeques árabes en una atmósfera de gran peligro físico para ella-, ministra de trabajo, ministra de Relaciones Exteriores y, finalmente, desde 1969, presidenta del consejo de ministros.

Su vida pública y sus continuos viajes le han significado, entre otros sacrificios, perder la compañía de su marido.
En 1974, una grave crisis política la obliga a abandonar su alto cargo. Prácticamente retirada de la vida pública le resta entonces tiempo para hacer algunas reflexiones sobre su vida y hasta irónicas alusiones a su carrera.«Toda mi vida adulta -ha dicho-he trabajado entre hombres, y ellos me trataron de acuerdo con mis méritos. Nunca conocí a un hombre que rechazara una opinión mía porque fuese mujer… excepto uno: mi marido.»
 

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Políticas Sociales del Peronismo Fundacion de Evita Perón

Políticas Sociales del Peronismo
Fundación Evita Perón

La Fundación que dirigía Eva Duarte, esposa de Perón y más conocida como «Evita», desarrolló una intensa obra de asistencia para todos los más necesitados: creó hogares para huérfanos y ancianos, escuelas, policlínicos; repartió alimentos y distribuyó máquinas de coser, bicicletas y otros artículos; estimuló la práctica de los deportes a través de la organización de campeonatos infantiles o juveniles a escala nacional.

Luego de la segunda guerra mundial , se afianzó en los países capitalistas la tendencia hacia una mayor intervención estatal en la vida económica y social. En los países industriales de Europa occidental y de América del Norte se desarrolló un nuevo tipo de Estado, denominado «Estado de bienestar«. La transformación consistió en que los estados de bienestar –en especial los del norte de Europa occidental– aseguraban al conjunto de la población una amplia cobertura de servicios sociales «desde la cuna hasta la tumba«, como rezaba la propaganda del laborismo inglés, que apoyaba este tipo de medidas.

Durante el primer gobierno de Domingo Perón, en medio de la imposición de algunas medidas antidemocráticas o autoritarias, como el de nombrar jueces amigos en la Corte Suprema, intervenir algunas universidades, perseguir a la prensa opositora y usar el aparato estatal para propaganda política, su esposa Evita realizaba una noble obra entre los más humildes, los trabajadores y las mujeres, y sobre todo sus discursos desafiantes contra la «oligarquía», contribuían a profundizar un enfrentamiento que fue derivando en una división tajante de la sociedad argentina entre peronistas y antiperonistas.

Mientras limitaba las posibilidades de acción de los partidos políticos, Perón impulsó a empresarios, trabajadores, profesionales y comerciantes a organizarse para presentar sus demandas ante el Estado.

El Estado valorizaba a los trabajadores y alentaba su progreso económico y social. Los sectores populares urbanos, renovados por la llegada incesante de migrantes del interior, pudieron comprar ropas, calzados, radios, heladeras, cocinas… Accedieron a canchas, plazas, lugares de baile, cines y otros lugares de esparcimiento y diversión. Sus hijos pudieron realizar estudios secundarios y algunos llegaron a la universidad.

Las estas tendencias del «Estado de Bienestar«, también se manifestaron en la Argentina, con algunos rasgos diferenciales. Por una parte, la expansión de los servicios sociales fue muy rápida: si bien en décadas anteriores se habían realizado avances en la legislación social, la cantidad y la amplitud de las medidas tomadas por iniciativa de Perón a partir de 1943 superaron y eclipsaron los intentos anteriores a su gestión.

Por otra parte, los cambios en la legislación social y el súbito crecimiento de la.participación de los asalariados en el ingreso nacional se realizaron en un marco de baja conflictividad social. En buena medida, esto se debió a las ventajosas condiciones económicas del país a comienzos de la segunda posguerra.

La abundancia de divisas y los buenos precios de las exportaciones argentinas permitieron sostener un muy importante aumento del gasto público. En los primeros años del gobierno de Perón, el gasto del Estado creció de alrededor del 16 % del producto bruto interno a cerca del 29 % del mismo. Aumentó la inversión del Estado en vivienda, educación y salud, y también se mantuvo en niveles altos el presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas y a las de seguridad.

Un componente importante de la política social del gobierno fue la ayuda directa a los sectores más necesitados de la población, ejecutada a través de un organismo paraestatal, la Fundación Eva Perón.

Si bien Eva Perón mantuvo una estrecha relación con la CGT, su acción se proyectó más allá de los trabajadores sindicalizados para abarcar a sectores menos estructurados y débilmente cubiertos por otras formas de protección estatal o sindical. La esposa del presidente tuvo un papel relevante en la relación entre el gobierno y estos sectores, a los que denominaba «descamisados».

La orientación distribucionista del gobierno en un contexto económico propicio favoreció tanto el pleno empleo como la ampliación del mercado interno. Además, los salarios aumentaron, y los sindicatos se fortalecieron y expandieron su provisión de servicios de salud y de turismo. La acción estatal y sindical con respecto a la ampliación de los servicios de salud, de la construcción de viviendas y, en general, de los sistemas de seguridad social, tuvieron un fuerte impacto positivo sobre el bienestar de los sectores populares.

El turismo social: Entre los cambios sociales impulsados por el gobierno peronista, ocuparon un lugar importante los sistemas sociales de turismo promovidos por el Estado y sobre todo por las obras sociales de los sindicatos. Ya en 1934 la Organización Internacional del Trabajo había tratado el tema del ocio de los trabajadores, creando en la ciudad de Ginebra la Comisión de Tiempo Libre de los Trabajadores.

turismo gobierno de peron

Turismo en la Playa Bristol en Mar del Plata – Foto de un Almanaque

En la Argentina, durante los años de gobierno peronista, casi todas los sindicatos instalaron hoteles, cuya compra y construcción fue financiada en la mayoría de los casos, por créditos estatales. Los lugares elegidos eran, por ejemplo, las sierras de Córdoba, Bariloche y, sobre todo, Mar del Plata.

La vida turística de esta última ciudad, reservada hasta el momento al turismo de élites, sufrió una gran transformación. Las clases altas se refugiaron en sus barrios y balnearios exclusivos, mientras una multitud de turistas de los sectores populares accedía a esta ciudad atlántica por la Ruta Nacional 2, asfaltada desde 1938. De esta manera, muchos obreros de las provincias llegaron a conocer el mar. También se construyeron colonias de vacaciones infantiles y clubes en las zonas periféricas de las grandes ciudades.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
LA FUNDACIÓN EVA PERÓN
Nota de Carolina Barry Directora de Ciencias Políticas

El 25 de septiembre, la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón pasó a denominarse Fundación Eva Perón (FEP). Esta entidad llevó y lleva a cabo la mayoría de las políticas sociales que permanecen en la memoria colectiva; aunque este proceso se inició en 1943, cuando Juan D. Perón declaró el inicio de «la era de la política social en la Argentina».

Desde ese momento, se aplicaron medidas de inclusión social que abarcaron también políticas sociales, gran parte de ellas vinculadas al mundo del trabajo: aumento de salarios, indemnizaciones, reducción de la jornada laboral, aguinaldo, créditos, vacaciones pagas, la creación de los tribunales del Trabajo, la sanción de convenciones colectivas, el aliento a la agremiación y la reforma del sistema jubilatorio son sólo algunas de las tantas innovaciones que implicaron un crecimiento del bienestar que se tradujo a su vez en el aumento del consumo de diversos bienes en los sectores populares.

A estas medidas se les sumaron las relativas a la vivienda y la ampliación de la red de protección social para los trabajadores. Como contrapartida, muchos otros no estaban alcanzados por estas políticas, lo cual tornó urgente la sanción y aplicación de medidas compensatorias, entre las que se contemplaba la entrega de bienes y dinero y la prestación de servicios.

Hacia 1943 se habían creado sucesivas direcciones dentro del gobierno, que centralizó todos los fondos hasta ese momento derivados hacia las distintas organizaciones de caridad, asistencia social, vivienda y salud. Estas políticas constituían estrategias de modernización del Estado. Con esta lógica, se creó en 1948 la Dirección Nacional de Asistencia Social como organismo dependiente de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

En ese mismo año, y en coincidencia con la cada vez más importante presencia política de la esposa del Presidente, un decreto organizó formalmente la Fundación que llevaría su nombre. La FEP -una institución de carácter privado que actúa en forma paralela al Estado, o por encima o valiéndose de él- generó una serie de superposiciones que en más de una ocasión derivan en conflictos con otras áreas de incumbencia estatal, como los ministerios de Salud, Educación, Trabajo y la Dirección de Asistencia Social.

De su notoria función social se desprende también un contenido por medio del cual se busca consolidar las bases de constitución política del gobierno. La infancia es el sector más beneficiado; siguen en importancia las mujeres, y por ende, la familia en su conjunto. Los problemas centrales que aborda son la educación y la salud. La FEP abrió establecimientos de distinto tipo en todo el país: hogares de tránsito, el Hogar de la Empleada, policlínicos, hospitales, clínicas de rehabilitación, proveedurías, escuelas, hogares-escuela, la Escuela de Enfermeras, la Ciudad Infantil, la Ciudad Estudiantil; organiza diversas actividades, como los campeonatos deportivos, y puso al alcance de la clase popular planes de turismo y de viviendas, entre otras.

Una de sus características es el contacto directo de la gente con Evita; una relación novedosa en la cual, aparentemente, no existen los mediadores. Su presencia es simbólica; ella recibe los casos y los deriva al cuerpo de asistentes sociales que la rodea durante las audiencias, lo que da cuenta del sistema de profesiona-lización con que cuenta la FEP.

Estos encuentros -una de las representaciones más importantes del peronismo- adquirieron ribetes míticos: Eva es el «Puente de Amor», el «Hada Buena», cuya fantástica presencia logra transformar la miseriaen abundancia, la enfermedad en salud, el sufrimiento en felicidad, el pecado en virtud, y se convirtió en un instrumento político extraordinario. Esta relación implica, veladamente, la ausencia de trabas burocráticas que dilaten o frenen el otorgamiento de beneficios.

Los mecanismos de ayuda social que implementa compiten, en varios aspectos, con los espacios ocupados hasta el momento por la Iglesia católica y las tradicionales sociedades de beneficencia (ahora intervenidas). Si bien la naturaleza y el funcionamiento de estas instituciones son muy distintos, el catolicismo forma parte de la mayoría de los emprendimientos de la FEP; aunque ésta busque diferenciarse, para lo cual reemplazó el término caridad o beneficencia por uno más provocativo: justicia social.

La justicia social pregonada por el peronismo no es sinónimo de la caridad cristiana. Las imágenes que perduran muestran rostros alegres, dichosos, de bienestar y felicidad. El lujo, la decoración suntuosa, la vestimenta, la religión, la dignificación, la alimentación, la relación directa con Evita forman parte de las estrategias distintivas de protección e igualación social que atesoran una suerte de valor político. A su vez, las políticas sociales implementadas por el peronismo de la mano de la FEP condicionarán las agendas sociales de los futuros gobiernos.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fascículo N°8 Período 1950-1969
Nota de Carolina Barry Directora de Ciencias Políticas – La Fundación Evita
Historia de la Argentina Contemporánea Polimodal Edit. Santillana Privitellio-Luchilo-Cattaruzza-Paz-Rodríguez
Sociedad, Espacio y Cultura Siglo XX en Argentina y el Mundo Edit. Kapelusz

La Abanderada de los Humildes Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Peron

La Abanderada de los Humildes
Eva Duarte de Perón

Una forma que tuvieron los gremios de agradecerle a Evita su preocupación por los problemas sindicales, fue nombrándola Dama o Secretaría Honoraria. Sin embargo el Sindicato de la Carne, íntimamente ligado a Perón y a Eva desde los hechos de octubre del 45, le confirió un título pomposo: «Abanderada de los Humildes».

Eva Duarte de Peron

Evita, La Abanderada de los Humildes

El hecho ocurrió cuando la Junta lntersindical del gremio firmó un nuevo convenio de trabajo. El contrato laboral destinaba cinco centavos por hora y por trabajador para fondos de la federación, y se dispuso un descuento del primer mes de aumento, destinado en su mayor parte a la Fundación Eva Perón.

Una muestra de esta ligazón entre Eva y el Sindicato de la Carne también se puede palpar en la transcripción de un articulo del diario El Día de La Plata, el 13 de noviembre de 1946, en ocasión de la firma de otro convenio.

La nota titulada “Evita en Berisso» dice “En cumplimiento de un plan de ayuda social, iniciado hace ya unos días con reparto de ropas y víveres a las familias de los obreros de la carne que se mantienen en inacción a raíz del cierre de los frigoríficos, visitó ayer la localidad de Berisso la esposa del presidente de la Nación, Señora Eva Duarte de Perón, quien hizo el viaje acompañada por el secretario de Trabajo y Previsión, Señor José María Freire, del edecán naval del primer magistrado, capitán de corbeta Roberto E. Cortinez y el diputado nacional Guillermo Lasciar y otros funcionarios.

En 7 y 32 fue recibida por el gobernador de la provincia, coronel Domingo A. Mercante, acompañado por difusión, Señor Ricardo J. Batallíe.

Luego de intercambiar saludos la comitiva siguió viaje hacia Berisso, arribando poco antes de las diez. La noticia de su visita hizo que un público numeroso, formado en su gran mayoría por obreros de la carne de la industriosa localidad, se reuniera en los alrededores de la Escuela número 52 en cuyo frente se había levantado un palco y lugar, por otra parte, elegido para el reparto que se verificó momentos después (…).

“Una vez ubicada en el palco la Señora de Perón, un grupo de mujeres portando algunas de ellas sus hijos en brazos, llegaron hasta ella para ofrecerle ofrendas florales. Momentos después habló el secretario de Trabajo y Previsión, Sr. José María Freire. Respondiendo a una insistente solicitación de la concurrencia, habló enseguida la esposa del presidente, quien refiriéndose al conflicto obrero de la carne dijo: el general Perón ha firmado un convenio que les traerá felicidades; lleva su firma y la del coronel Mercante.

Hoy venimos a traer esta ayuda creo que dentro de poco ya no la necesitarán. En cada uno de estos paquetes va con el corazón de Perón el de una mujer que sufre y sabe vuestra angustia”.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

Los Bienes de Eva Duarte de Peron Fundacion Eva Duarte de Perón

Los Bienes de Eva Duarte de Perón

Eva Perón había nacido en una familia pobre. Cuando llegó a Buenos Aires a ganarse la vida como actriz no tenía un centavo. ¿Cómo hizo, entonces, para obtener los bienes que figuran en su testamentaria?

Eva Duarte de PeronDesde Asunción, Paraguay, a poco menos de un mes de haber sido derrocado, el general Juan Domingo Perón se refirió a su patrimonio en declaraciones a la agencia de noticias, United Press. Llama la atención la cantidad de bienes que le atribuye a la herencia de Eva Perón:

‘Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer periodo de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón. Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece ami señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez.

Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país.

Poseo además los bienes, que por la testamentaria de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro La razón de mi vida, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón.

Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él”.1

Evita había llegado a Buenos Aires en 1935. Dos años después la contrataban para representar papeles menores en algunas compañías de teatro, como la de Píerina Dealessi que fue quien e enseñó a declamar en el escenario. Muchos tiempo después, la actriz aseguró que por ese tiempo, “Evita pasaba hambre, era desgraciada y no se cuidaba; tenía las manos frías y sudadas, acudía temprano al teatro porque en él se estaba más caliente que en su habitación, y no podía ir a ningún otro sitio. Cobraba sólo ciento ochenta pesos al mes, y enviaba una parte a su familia de Junín”.2

En 1939, Eva Duarte había iogrado triunfar. En abril se formó una nueva compañía de teatro radiofónico en la que compartió cartel con Pascual Pelliciotta, y fue una de las principales figuras de Radio «El Mundo». Un año después, trabajó en cine en dos papeles secundarios. En 1943, tenía su propia compañía, era una de las actrices radiofónicas mejor pagadasy ganaba entre cinco y seis mil pesos mensuales. Con este dinero compró un petit hotel en la calle Teodoro García 2102, de la Capital Federal.

En cuanto a los derechos de autor, la casa Jacobc Peuser S.A. dio cuenta a la Comisión Investigadora de 1956 que se imprimieron 1.388.852 ejemplares de La razón de mi vida, y que “el producto de la venta se transfería a la autora por liquidaciones periódicas, previa deducción del costo de impresión y papel empleado.3

Sobre las joyas y otros objetos que Evita recibía como “regalos de los amigos”, en diciembre de 1956 se realizó una subasta de distintos objetos pertenecientes al matrimonio Perón en la que se vendieron joyas, zapatos y vestidos. En 1958 tuvo lugar otro remate. Lo recaudado pasó a una cuenta de la Presidencia denominada “Enajenación de bienes”, pero nunca se supo el destino de ese dinero. Treinta años más tarde, en 1986, un proyecto del Senado de la Nación dispuso que muchos de los objetos que aún permanecían en custodia en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires pasaran a dependencias del Museo Histórico Nacional.

Otra cuestión son los bienes que Alberto Dodero legó a Evita. ¿Qué vínculo los unía para que el empresario naviero la incluyera como beneficiaria en su testamento? Ninguno de orden sanguíneo. La relación se estableció en 1946, cuando el primer gobierno de Perón decidió modernizar la Flota Mercante del Estado. Compró la flota de la Compañía Dodero que, según la oposición, era una empresa en bancarrota.

Dodero falleció en 1951, y Evita un año después, El 25 de febrero de 1954, los herederos de Dodero hicieron donación a la sucesión de Eva Perón de dos inmuebles situados en las calles Gelly y Obes 1189 y Callao 1944, de la ciudad de Buenos Aires.4

  1. PERÓN JUAN DOMINGO, La fuerza es el derecho de las bestias,
    Montevideo, Ediciones Cicerón, 1958, pag. 14.
    2. FHASER NICHOLAS y NAVARRO MANYSA, Eva Perón, la verdad de un mito Buenos Aires, Editorial Bruguera, 1982.
    3. Libro Negro de la Segunda Tiíania, Op. Cit.,pág. 44. Nota al pie.
    4. Gueue Huoo, Historia de/Peronismo, Buenos Aires, Editorial
    Planeta, 1999, Tomo, Pág.140.

Fuente Consultada: TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002

El Cadaver de Evita Peron Historia de su secuestro

Historia del Secuestro del
Cadáver de Evita Perón

Fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación. La más amada y la más odiada. Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo. El mundo la llama, simplemente, Evita.

María Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Hija ilegítima, esa marginalidad empujó su destino. Viajó a Buenos Aires y se convirtió en actriz con suerte dispar.

En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, con el que se casó al año siguiente y lo acompañó en su ascenso al poder. Durante la presidencia de su esposo impulsó el voto femenino, pero fue su labor social dirigida a los humildes lo que la transformó en mito. Murió de cáncer, el 26 de julio de 1952. (Ver: Eva Perón en Fotos)

El Cadaver de Evita PeronEva Perón murió en 1952; su pelo es aún bello y rubio, su rostro delicado parece el de una muñeca. Su cadáver es el máximo exponente de la perfección en el arte del embalsamamiento y ahora permanece, cuatro metros y medio bajo tierra, en el panteón de su familia, en un cementerio de Buenos Aires. Eva, la más vibrante personalidad que haya conocido América del Sur, descansa por fin. Ha sido sepultada en su tierra, adonde regresó tras un secreto, misterioso exilio que duró dieciséis años.

Durante ese lapso, nunca llegaron a despintarse las leyendas que cubrían los muros de Buenos Aires, la ciudad que la adoraba: «Devuelvan el cadáver de Evita.» Evita era el sobrenombre que daban a su heroína los descamisados de los pobres de Argentina.

La devoción de los pobres hizo de Eva Perón, por cierto tiempo, la mujer más poderosa del mundo. Eva, hija ilegítima de una pobre mujer provinciana, nació en 1919, aunque —con inconfundible femineidad— asegurara que su año de nacimiento era 1922.

Cuando cumplió quince años se trasladó a Buenos Aires con su primer amante y trató de encontrar trabajo como actriz. Tenía veintidós años cuando conoció al coronel Juan Perón, que le doblaba la edad; en esa época era una joven estrella de la radiofonía y ganaba 10 pesos por semana, como presentadora de novedades discográficas y como protagonista de radionovelas baratas. Perón, junto con otros líderes militares derechistas de la junta de gobierno argentina, llegó a la emisora para solicitar fondos en beneficio de las víctimas de un terremoto.

El coronel —un juvenil, erguido y atlético militar de 48 años— quedó cautivado por la profunda y seductora voz de Eva. A partir de ese momento fue Eva la que recaudó dinero para el ministerio de Acción Social de Perón; así fue como se convirtió en su portavoz femenina. «A él le importan un pimiento los uniformes brillantes y los smokings», murmuraba ella. «Sus únicos amigos son ustedes, los descamisados.»

Cuando el omnipotente Perón fue destituido por el resto de la junta de gobierno en 1945, fue Eva la que, sin ayuda de nadie, organizó el apoyo de los jóvenes oficiales y de los trabajadores para reinstaurarlo en el poder. Dos meses después de ese episodio se casaron. Y al año siguiente, con Eva a su lado, Perón entró con toda la pompa en el palacio presidencial, a hombros de los descamisados y con el apoyo de los poderosos sindicatos.

La esposa del presidente, Eva fue una mujer de contrastes dramáticos, se cubría de joyas y visones, pero al mismo tiempo creaba una fundación de ayuda social y organizaba la distribución de ropa usada en las zonas rurales y los barrios de chabolas, llamados villas miseria. Con las manos enjoyadas, daba paquetes con regalos para los niños a las multitudes. La gente se hipnotizada por Evita. La adoraba. Entonces Eva cayó enferma de un cáncer incurable; comenzó a adelgazar.

En los escasos actos políticos a los que asistía, su marido debía sostenerla. Se quejaba: «Soy demasiado pequeña para tanto dolor». Eva murió el 26 de julio de 1952, a las 8:25 de la noche. Tenía 33 años Apenas expiró, su cuerpo fue entregado a un eminente patólogo español, el doctor Pedro Ara —contratado desde semanas antes— para ser embalsamada.  El doctor Ara trabajó en un cuerpo demacrado y reemplazó la sangre primero por alcohol y luego por glicerina, que mantiene el cuerpo intacto y otorga a la piel un aspecto casi transparente.

El proceso completo de embalsamamiento duró casi un año y el doctor Ara recibió 100.000 pesos por su trabajo. Desde el momento de su muerte, santa Evita —como se la designaba entonces— fue llorada por la nación entera; cuando se instaló la capilla ardiente, dos millones de argentinos desfilaron ante el féretro; en la aglomeración murieron siete personas.

Se planificó la construcción de monumentos conmemorativos a lo largo y ancho del país; pero muchos de ellos se quedaron en meros proyectos. Porque en julio de 1955 la creciente inflación derribó a Perón.» El ex presidente se exilió en España, desde donde exigió a su sucesor en el poder, el general Eduardo Lonardi, que le devolviera el cadáver de su esposa.

Lonardi (imagen izq.) se negó y, en cambio, se dedicó a desacreditar al matrimonio Perón. Abrió al público las casas del ex presidente y expuso 15 coches deportivos construidos especialmente para Perón, 250 motocicletas y varias cajas de caudales que contenían 10 millones de pesos en efectivo.

Lonardi reveló también los nidos de amor secretos que Perón poseía en Buenos Aires: apartamentos forrados de pieles y espejos, donde el ex presidente había satisfecho su gusto por las adolescentes, entre las que se contaba su amante habitual, Nelly Rivas, de 16 años. Los nuevos gobernantes militares expusieron también las fabulosas joyas de Eva.

Pero esto no le restó popularidad: Evita no había ocultado nunca a su pueblo el lujo de que estaba rodeada. De hecho, durante los meses que siguieron al derrocamiento de Perón, el culto a la memoria de Eva no dejó de crecer. El general Lonardi hizo acopio de toda su valentía y decidió destruir el cadáver de Eva, que aún permanecía en la sala 63 del edificio de la Confederación General del Trabajo, en Buenos Aires.

Pero antes de que pudiera poner en práctica su plan, Lonardi fue desplazado del poder por el general Pedro Aramburu en noviembre de 1955. El nuevo jefe del Estado advirtió que dejar el cuerpo de Eva en un sitio tan accesible de la capital constituía un peligro: el cadáver amenazaba con convertirse en bandera de un futuro resurgimiento del peronismo. De manera que ordenó que el cuerno fuera trasladado secretamente a otro sito.

El cadáver de Eva desapareció en noviembre y permaneció oculto durante dieciséis años. La noche en que el cuerpo fue robado, el doctor Ara se encontraba en la sala 63, cumpliendo una de sus periódicas inspecciones del cadáver embalsamado, oyó el sonido de las botas, que resonaban mientras los soldados subían por la escalera principal del edificio. La puerta se abrió violentamente y el coronel Carlos Mori-Koenig, jefe del servicio de inteligencia del ejército, irrumpió en la sala 63 escoltado por un pelotón. «He venido a llevarme el cadáver”, dijo. Sin hacer caso de las protesta del doctor Ara, ordenó a sus hombres que sacaran el cuerno de Eva de su féretro cubierto de banderas, que lo colocasen en un sencillo ataúd de madera y lo trasladaran al camión que aguardaba en la calle.

Lo único que Mori-Koenig dijo al doctor Ara es que se llevaba el cuerpo para darle «un entierro decente». El camión arrancó y se perdió en la noche. La noticia acerca del robo del cadáver se difundió con rapidez y los peronistas proscritos organizaron manifestaciones, levantando retratos de Eva y coreando consignas que reclamaban la devolución del cuerpo, las manifestaciones se registraron en todo el país. El gobierno hizo circular rumores según los cuales era el propio Perón quien había organizado el robo del cuerpo. Pero cuanto más se esforzaban los líderes militares en reprimir a los peronistas, mayores eran las protestas por el robo del cuerpo de santa Evita. Para los descamisados, el robo era el crimen del siglo: un crimen que no podrían perdonar jamás.

Fue el agravio por el que protestaron durante 16 años, un período en el que el paradero del cuerpo de Eva permaneció en el misterio para el pueblo y para Perón. La mayor parte de la historia del robo sigue siendo todavía un enigma. Lo que se sabe es que, después de que el camión militar saliera del edificio de la Confederación General del Trabajo una noche de diciembre de 1955, el general Aramburu abandonó su intención de destruir el cuerpo, temeroso de la reacción popular.

El coronel Mori-Koenig ordenó conducir el camión a un rincón tranquilo de un cuartel, donde permaneció el resto de la noche, mientras el jefe militar esperaba instrucciones. El coronel hubiera disfrutado destruyendo el cuerpo, si sus superiores se lo hubiesen ordenado; tenía sólidas razones para odiar a Juan y a Eva Perón: cierta vez, después de una discusión, el entonces presidente Perón lo había humillado. Sin embargo, la orden de destruir el cuerpo nunca fue dada. En cambio, se le ordenó esconder el cuerpo. El cadáver de Eva fue colocado en un cajón de embalaje, sellado y trasladado a un depósito cerca del cuartel general del servicio de inteligencia del ejército. Allí permaneció durante un mes; en enero de 1956, el cajón peregrinó por media docena de depósitos y oficinas oficiales de Buenos Aires, Terminó escondido en el elegante piso del ayudante de Mori-Koenig, el mayor Antonio Arandia.

En esa época, los agentes peronistas registraban palmo a palmo la ciudad, en busca del cadáver de Eva. Temiendo que alguna pista pudiera llevarlos hasta su casa, Arandia dormía con una pistola bajo la almohada. Una noche, poco antes del amanecer, Arandia se despertó asustado. Oyó, con temor, unos pasos que se acercaban a la puerta del lavabo. Cuando la puerta se abrió, Arandia sacó rápidamente la pistola de debajo de la almohada y disparó dos veces contra la sombra que habla aparecido en el portal. Su esposa, embarazada, que era quien estaba en el lavabo, cayó muerta sobre la alfombra del dormitorio.

Entonces el cadáver de Eva fue trasladado al cuarto piso del cuartel general del servicio de inteligencia, el organismo que dirigía Mori-Koenig. Con un marco que decía «Equipos de radio«, el cajón fue apilado junto con a otros cajones  de idéntico aspecto. Varios meses después,  coronel Mori-Koerilg fue destituido; lo reemplazó el jefe del servicio secreto del presidente Aramburu, el coronel Héctor Cabanillas, quien se horrorizó al descubrir que el cuerpo todavía estaba escondido en el cuartel.

Lo primero que hizo fue ordenar que lo sacaran de allí. Nadie sabe quién fue el encargado de los siguientes traslados, que marcaron un macabro itinerario. Se sabe que se fabricaron varios ataúdes idénticos, y que fueron cargados con lastre junto con el cajón de embalaje que contenía el cadáver, algunos ataúdes fueron dispersados por diversos lugares de América del Sur y aún más lejos. Otros féretros fueron sepultados al mismo tiempo, pero el cajón que contenía el cuerpo de Eva fue embarcado rumbo a Bruselas; luego fue trasladado en tren a Bonn. Allí, sin que el embajador argentino se enterara, el cajón fue almacenado en un sótano de la embajada, junto a unos viejos archivos. En septiembre u octubre de 1956, el cadáver fue puesto en un ataúd y trasladado nuevamente, primero a Roma y luego a Milán. Durante la última etapa del viaje, el cuerpo fue acompañado por una hermana lega de la sociedad de San Pablo, a quien se le indicó que el cadáver pertenecía a una viuda italiana, María Maggi de Magistris, que acababa de morir en Rosario, Argentina.

Bajo ese nombre, Eva fue enterrada en la parcela 86 del cementerio Mussocco, de Milán. Allí permaneció por espacio de 15 años, durante los cuales su paradero sólo fue conocido por un puñado de personas. Durante esos años, las juntas militares que se sucedieron en el poder en Argentina tropezaron con diversas crisis económicas. (imagen: A. Lannusse)

Finalmente, el jefe de una de esas juntas, el teniente general Alejandro Lanusse, decidió invitar al envejecido Juan Perón a que regresara a su patria. Esto a pesar de que, 20 años antes, Perón había ordenado personalmente que Lanusse fuera sentenciado a cadena perpetua. Antes de cursar su invitación, Lanusse organizó las cosas para que el cadáver de Eva fuera devuelto a su esposo.

El 2 de setiembre de 1971, un hombre que decía llamarse Carlos Maggi presenció, en el cementerio de Milán, la exhumación del cadáver de «su hermana»; luego lo hizo colocar en un coche fúnebre, que realizarla un viaje de 800 kilómetros hasta Madrid. En realidad, Carlos Maggi no era otro que Héctor Cabanillas, el ahora jubilado jefe del servicio de inteligencia militar.

El coche fúnebre pasó una noche en un garage de Perpignan, Francia, y llegó a la casa de Perón, en Madrid, al día siguiente. Allí estaba esperándolo Perón. que ahora tenía 74 años, acompañado por su nueva esposa, Isabel —de 39 años, y a quien había conocido en un nigth-club panameño— y por el doctor Ara. El féretro fue colocado en el salón; Cabanilllas, ayudándose con una palanca, abrió la tapa. Perón rompió a llorar al contemplar el rostro de su mujer, muerta tanto tiempo atrás. Vio sus rubios cabellos despeinados y esa cara tan bella y aparentemente plácida, como la recordaba, dos décadas atrás. «No está muerta”, dijo, «sólo está durmiendo.»

En 1972,  largo exilio de Perón llegó a su fin; se le permitió regresar a la Argentina, pero prefirió dejan el cuerpo de Eva en Madrid. Un año más tarde, fue nuevamente elegido jefe del Estado, con Isabel como vicepresidente. Su mandato fue breve: murió el 1ro.  de julio de 1974. Isabel se convirtió en presidente y ordenó que el cadáver de Eva fuera trasladado a su patria desde España.

Miles de argentinos se alinearon, llorando, a lo higo de la ruta que une el aeropuerto con la ciudad, para arrojar flores sobre el coche fúnebre que transportaba a la amada santa Evita. El cuerpo fue de nuevo expuesto en una capilla ardiente, esta vez al lado del féretro de Juan Perón, en el palacio presidencial de Olivos. Isabel organizó el culto a los dos muertos, tratando de que revirtiera sobre ella el reflejo de la gloria de Evita. Isabel se aferró al poder durante dos años, antes de ser derrocada por una nueva Junta militar.

Y los nuevos amos del país trataron de borrar el nombre de Perón del libro de la historia. El cuerpo de Perón había sido sepultado poco después de su velatorio, pero el de Eva fue a parar nuevamente a un depósito. Los nuevos dirigentes de Argentina no conseguían ponerse de acuerdo sobre el sitio donde, finalmente, reposaría Eva.

Sólo en octubre de 1976 la junta militar decidió el sitio donde maría definitivamente sepultada: el cuerpo, todavía bello, de Eva fue depositado en una tumba de cuatro metros y medio de profundidad, en un sector privado del cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Se construyó una tumba fuerte como la cámara acorazada de un banco, a fin de disuadir a cualquiera que tratase de apoderarse del cadáver de Eva Perón.

Fuente Consultada: Grandes Enigmas de Nigel Blundell

Biografia Eva Duarte de Peron Su Obra Social, Politica y Su Vida

Biografía Eva Duarte de Perón
Su Obra Social, Política y su Vida

Fue la abanderada de los humildes, la jefa espiritual de la Nación. La más amada y la más odiada.

Despertó pasiones y críticas; se convirtió en leyenda. Su nombre escribió un capítulo único en la historia argentina de este siglo.

El mundo la llama, simplemente, Evita.

Maria Eva Duarte de Perón nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, provincia de Buenos Aires.

Hija ilegítima, esa marginalidad empujó su destino. Viajó a Buenos Aires y se convirtió en actriz con suerte dispar.

En 1944 conoció a Juan Domingo Perón, con el que se casó al año siguiente y lo acompañó en su ascenso al poder.

Durante la presidencia de su esposo impulsó el voto femenino, pero fue su labor social dirigida a los humildes lo que la transformó en mito. Murió de cáncer, el 26 de julio de 1952.

Evita la inagotable. ¿Habrá llegado a imaginar, cuando luchaba por “ser alguien”, que su figura se agrandaría hasta convertirse en uno de los fenómenos mundiales de este fin de siglo? .

Y además, ¿por qué crece Evita? ¿Por qué sigue asumiendo proporciones que nadie habría previsto hasta hace poco?

Creo que una de las respuestas posibles para esta vida llena de preguntas (el mismo hecho de su vida cuenta con varías versiones) tiene que ver con esa absoluta adecuación entre la voluntad y el «destino”.

Evita se hizo a sí misma en una serie de actos voluntarios.

Ella se creó una “carrera artística” para la que no tenía demasiado talento, se forjó su belleza (no era espontáneamente linda, pero decidió serlo y lo fue) y, por supuesto, construyó su poder.

Fue ella la que eligió sentarse en el Luna Park al lado de Perón; ella la que tomó las riendas, siempre testaruda, siempre incapaz de frenarse, de ponerse límites.

Y paradojalmente, ella también la que aceptó el sacrificio, consciente de que su única salida en la Argentina de entonces, y junto al marido que tenía, era admitir lo necesario de enfermarse y morir.

Marginal ofendida y humillada desde su nacimiento, “ser alguien” para ella, significó ser otra, es decir, ser actriz.

Todo su itinerario es la búsqueda del nombre, negado por su condición de hija adúltera. Ibarguren, Duarte, Perón, simplemente Evita, ¿cuál fue su verdadera identidad, si tuvo que vivir ocultando el abandono del padre, si para casarse con Perón tuvo que adulterar sus documentos y adoptar los de un bebé muerto al nacer, y si, después de muerta, se pasó casi quince años en un cementerio de Milán bajo un nombre falso?

Obra Social  de la compañera Evita:

La trayectoria de María Eva Duarte de Perón (1919-1952) es sin duda la más notable entre las mujeres argentinas del siglo y la única que ha logrado proyección internacional en libros de investigación y de ficción, artículos, películas y la ópera rock de Lloyd Weber que fue llevada al cine.

Su biografía contiene todos los atractivos de un cuento de hadas, una novela o un teleteatro moderno.

Evita, la muchacha humilde, nacida en un pueblo olvidado de la provincia de Buenos Aires, Los Toldos, hija ilegítima de doña Juana Ibarguren y del estanciero Juan Duarte, era dueña de una voluntad de superación formidable.

Se traslada a Buenos Aires en 1935 decidida a ser actriz. Su “prehistoria” es oscura, pródiga en miseria y humillaciones.

Trabaja en pequeños papeles de cine y de radioteatro, hasta que se produce el encuentro con Perón, cuando el “coronel de los trabajadores” participa junto a un grupo de artistas de la colecta para ayudar a las víctimas del terremoto de San Juan.

El amor es fulminante. Perón, viudo de su primera esposa, debe soportar las criticas de sus camaradas de armas porque convive con esa joven actriz.

La pareja contrae matrimonio en noviembre del 45 y ella comienza a aparecer en todos los actos oficiales para escándalo de la oligarquía tradicional que la convertirá en blanco de sus odios.

La Sociedad de Beneficencia, monopolizada por las damas de la clase alta, se niega a admitirla como presidente honoraria. Eva declararía la guerra a esa despectiva oligarquía, pese a lo cual no renegaba del todo de sus pautas de prestigio

Su primera gran actuación pública es en 1947 cuando viaja a Europa con una comitiva para representar a Perón.

Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”, la invita oficialmente porque tiene mucho que agradecerle al gobierno argentino, uno de los pocos que se había atrevido a desafiar el boicot decretado por las Naciones Unidas por considerarlo como un sobreviviente de la derrota nazi: los envíos de trigo argentino le permitieron a Franco aumentar la ración diaria de pan que comían los españoles.

La joven primera dama, agasajada y aplaudida, se desempeña al margen del protocolo, con desparpajo, vitalidad, gracia, gesto dulce para los humildes y desplantes ante los poderosos: con el “Caudillo” español, la antipatía es recíproca.

La gira europea continuó con resultados dispares. Evita se desilusionó porque en el Vaticano la recibieron fríamente, pese a la tarea social que ella venía realizando; el Partido Comunista romano la agredió. Y cuando visitó Suiza, la oposición rumoreó que había colocado dinero en una cuenta secreta.

Al regreso la primera dama pisa fuerte. El ministro Bramugua, con quien está enemistada pero que es uno de los miembros más eficaces del gabinete, deberá renunciar.

En la reestructuración ministerial de 1950, Eva logra la designación de Armando Méndez San Martín en la cartera de Educación. Desde esta cartera se imprimirá un contenido partidista a la enseñanza8.

La Fundación Eva Perón, creada en 1949 a partir de las tareas de ayuda social que ella venía desarrollando, absorbe las actividades de la Sociedad de Beneficencia en asilos y orfanatos y las multiplican en todo el país.

La idea era desterrar la palabra “caridad” y sustituirla por “ayuda social”. Los recursos provienen de aportes exigidos a las empresas privadas y de jornales donados por los obreros.

La nueva y eficaz entidad no admite ningún control administrativo.

Evita convierte a la Fundación en su lugar de trabajo. Allí, rodeada de un ejército de asistentes sociales y de gremialistas, atiende hasta altas horas de la noche, vestida con un elegante tailleur en vez de los suntuosos modelos que lucía en los primeros tiempos.

Sigue siendo una apasionada de las joyas y esto lo saben bien sus aduladores que la colman de alhajas, pero su labor la absorbe cada vez más y la gente humilde se lo agradece.

No rehuye el contacto físico con los enfermos, los ancianos, los necesitados. Ella “dignifica” al pueblo; Perón “cumple” las promesas. Su discurso es agresivo, pasional y su voz ronca oscila entre el amor al “humilde pueblo trabajador” y el odio a la “oligarquía vendepatria”.

Esta mujer joven, sin instrucción, aprende con rapidez el papel histórico que Perón le ha asignado.

Y por todo eso Evita, lejos de adoptar actitudes feministas, se manifiesta eternamente agradecida a su marido, según puede leerse en las páginas de La razón de mi vida.

Este libro escrito por encargo se convirtió en texto obligatorio para los establecimientos educativos dependientes del Ministerio de Educación.

Votan las mujeres:

En 1951 la mujer argentina concurrió por primera vez a las urnas como votante y como candidata.

La ley 13.018, largamente esperada por el movimiento sufragista, se había aprobado por fin en un contexto bien diferente del que soñaron sus promotoras: Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson, Julieta Lanteri, Victoria Ocampo y María Rosa Oliver, para citar a algunas de las pioneras de esa lucha secular.

La ley, votada por unanimidad en 1947, fue publicitada como un logro exclusivo del peronismo y de Evita.

Eva comenzó entonces la selección de mujeres líderes con el objetivo de formar la rama femenina del Partido Justicialista. Las eligió por su capacidad de trabajo y de entrega, más que por sus antecedentes profesionales y así, con el impulso de las “chicas”, se organizó la rama femenina.

En los comicios nacionales de 1951, votó el 90% del padrón femenino. Por cierto que estos votos favorecieron al peronismo por encima del sufragio masculino y le permitieron ganar en la capital, el distrito más opositor.

En el Congreso de 1952 hubo un 25% de representación femenina, la más alta en la historia del siglo. Pero ninguna de las pioneras feministas ingresó a las Cámaras.

Una de éstas, Alicia Moreau de Justo, la infatigable viuda del fundador del Partido Socialista, ni siquiera pudo acudir a los comicios: había orden de detención contra ella”.

“El renunciamiento”

En 1951 se trataba de saber quién acompañaría a Perón en la fórmula del justicialismo.

El coronel Mercante había caído en desgracia poco antes; Quijano estaba viejo y enfermo; en medio de la incertidumbre, la CGT propuso a Eva para la vicepresidencia, es decir, la fórmula Perón-Perón.

En apoyo de la singular propuesta se convocó el cabildo abierto del 22 de agosto de 1951 y se declaró una huelga general a fin de facilitar la convocatoria.

Centenares de miles de personas vinieron desde los puntos más remotos del país por cuenta del transporte oficial.

Esa tarde, la compañera Evita dialogó en la plaza del Obelisco con las delegaciones de trabajadores que reclamaban su incorporación a la fórmula.

Muy emocionada, postergó su decisión y finalmente, días más tarde, renunció.

No había obtenido el indispensable aval de Perón. Las interpretaciones difieren en cuanto a las causas del «renunciamiento”.

Perón probó el ambiente y se dio cuenta de que el nombre de Eva provocaba un reacción adversa en los militares, dicen unos.

Félix Luna supone que el proyecto abortado le sirvió al presidente para ganar tiempo y congelar la lucha interna por la vicepresidencia cuya postulación finalmente quedó para Quijano, quien al poco tiempo falleció.

Evita se encontraba enferma de cáncer desde comienzos de 1950. No se había atendido a tiempo, desechando el consejo de los médicos. Cuando se operó ya era tarde.

Murió el 26 de julio de 1952, luego de una larga agonía y de apariciones públicas y discursos que le demandaron un esfuerzo tremendo.

Su fallecimiento generó un duelo nacional. Días y días de desfile incesante ante sus restos que serían embalsamados para permitir la perpetuación del culto de “Santa Evita”, la “Abanderada de los humildes”, la “Jefa espiritual de la Nación”.

Sus restos fueron guardados en el edificio de la CGT a la espera del gran monumento público donde serían expuestos para siempre. La Revolución Libertadora hizo desaparecer el cadáver, lo cual contribuyó a aumentar la fuerza del mito.

Por último el monumento a Evita sería inaugurado en 1999 por el presidente Carlos Menem en el lugar donde había fallecido, el entonces palacio Unzué, hoy Biblioteca Nacional.

Los Bienes de Eva Duarte de Perón

Eva Perón había nacido en una familia pobre. Cuando llegó a Buenos Aires a ganarse la vida como actriz no tenía un centavo. ¿Cómo hizo, entonces, para obtener los bienes que figuran en su testamentaria?

Eva Duarte de PeronDesde Asunción, Paraguay, a poco menos de un mes de haber sido derrocado, el general Juan Domingo Perón se refirió a su patrimonio en declaraciones a la agencia de noticias, United Press.

Llama la atención la cantidad de bienes que le atribuye a la herencia de Eva Perón:

‘Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer periodo de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón.

Los sueldos del segundo período los devolví al Estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece ami señora, construida antes de que yo fuera elegido por primera vez.

Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país.

Poseo además los bienes, que por la testamentaria de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro La razón de mi vida, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que don Alberto Dodero hizo en su testamento a favor de Eva Perón.

Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifica mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él”.1

Evita había llegado a Buenos Aires en 1935. Dos años después la contrataban para representar papeles menores en algunas compañías de teatro, como la de Píerina Dealessi que fue quien e enseñó a declamar en el escenario.

Muchos tiempo después, la actriz aseguró que por ese tiempo, “Evita pasaba hambre, era desgraciada y no se cuidaba; tenía las manos frías y sudadas, acudía temprano al teatro porque en él se estaba más caliente que en su habitación, y no podía ir a ningún otro sitio.

Cobraba sólo ciento ochenta pesos al mes, y enviaba una parte a su familia de Junín”.2

En 1939, Eva Duarte había iogrado triunfar.

En abril se formó una nueva compañía de teatro radiofónico en la que compartió cartel con Pascual Pelliciotta, y fue una de las principales figuras de Radio «El Mundo».

Un año después, trabajó en cine en dos papeles secundarios.

En 1943, tenía su propia compañía, era una de las actrices radiofónicas mejor pagadasy ganaba entre cinco y seis mil pesos mensuales.

Con este dinero compró un petit hotel en la calle Teodoro García 2102, de la Capital Federal.

En cuanto a los derechos de autor, la casa Jacobc Peuser S.A. dio cuenta a la Comisión Investigadora de 1956 que se imprimieron 1.388.852 ejemplares de La razón de mi vida, y que “el producto de la venta se transfería a la autora por liquidaciones periódicas, previa deducción del costo de impresión y papel empleado.3

Sobre las joyas y otros objetos que Evita recibía como “regalos de los amigos”, en diciembre de 1956 se realizó una subasta de distintos objetos pertenecientes al matrimonio Perón en la que se vendieron joyas, zapatos y vestidos.

En 1958 tuvo lugar otro remate. Lo recaudado pasó a una cuenta de la Presidencia denominada “Enajenación de bienes”, pero nunca se supo el destino de ese dinero. Treinta años más tarde, en 1986, un proyecto del Senado de la Nación dispuso que muchos de los objetos que aún permanecían en custodia en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires pasaran a dependencias del Museo Histórico Nacional.

Otra cuestión son los bienes que Alberto Dodero legó a Evita. ¿Qué vínculo los unía para que el empresario naviero la incluyera como beneficiaria en su testamento?

Ninguno de orden sanguíneo. La relación se estableció en 1946, cuando el primer gobierno de Perón decidió modernizar la Flota Mercante del Estado. Compró la flota de la Compañía Dodero que, según la oposición, era una empresa en bancarrota.

Dodero falleció en 1951, y Evita un año después, El 25 de febrero de 1954, los herederos de Dodero hicieron donación a la sucesión de Eva Perón de dos inmuebles situados en las calles Gelly y Obes 1189 y Callao 1944, de la ciudad de Buenos Aires.4

Condecoración Con La Orden Del Libertador

Párrafo aparte merece el Collar que, en Grado Extraordinario, fuera conferido a la señora María Eva Duarte de Perón, única excepción en la historia del Collar, en lo que a sus destinatarios se refiere.

Le fue otorgado por ley 14.128 del 18 de julio de 1952. Esta ley agregó un segundo apartado en el articulo 4″ de la ley 13.202, que justificó el uso.

La condecoración fue impuesta por el presidente Perón, en su calidad de Gran Maestre de la Orden, el 21 de julio de 1952. De características notables, esta pieza fue única por su contenido.

El Collar no incluyó nombre o imagen personal alguna, sólo el habitual busto del Libertador y su nombre.

Poseyó seis piezas principales: un gran medallón; corona de laureles con el sable corvo; cóndor andino; gran Escudo Nacional con cuatro banderas; el Collar compuesto con los escudos de las entonces catorce provincias unidos por una doble cadena de tambores (réplica del tambor de Tacuarí) y cierre de laureles con remate de un gran sol.

El Collar estuvo constituido por 4.574 piezas, distribuidas en 3.821 de oro y platino y 753 piedras preciosas, entre brillantes, esmeraldas y rubíes. Su confección se le adjudicó a la joyería Ghiso S.A.

Su bosquejo y trazado lo realizó la diseñadora de joyas Aída Louzao, teniendo como base el original de Ibarra García.

Acaecido, el levantamiento militar de 1955, el gobierno dispuso el embargo de bienes del ex presidente Perón y su esposa a través del decreto-ley 8124/57, que tuvo antecedente en el decreto-ley 5148/55.

La condecoración, junto a otras joyas y piezas de arte, en primera instancia, fue ofrecida en subasta pública el 21 de octubre de 1957. Los peritos del Banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires aconsejaron su desengarce y venta en lotes.

El acto del des engarce se efectuó ante el escribano Miguel F. Punta, el 15 de enero de 1958 en dicho banco (inventario número 279 T.G.).

Luego en 55 apreciados lotes fueron subastados y adquiridos por distintos compradores.

El agraciado debe usar el Collar en las grandes ceremonias a las cuales es invitado y asiste el presidente de la Nación. En actos oficiales menores debe usar la miniatura de la insignia.

Esta es una réplica en escala reducida del mismo, excepto el Collar propiamente dicho.

En la vida civil debe usar la pequeña cinta especial de tela de hilo metálico dorado, que se le entrega con el Collar, para su uso en e! ojal del saco.

Respecto a los demás grados de la Orden, ellos son: la Gran Cruz, que se compone solamente de una banda de fa ya blanca y azul celeste con medalla y placa de oro; Gran Oficial, banda y placa de oro y plata; Comendador, medalla circular, corona de laureles todo en oro y plata y venera azul celeste y blanca; Oficial, medalla circular y corona en plata y oro y cinta azul celeste y blanca; Caballero, medalla circular en oro y cinta azul celeste y blanca.

Estos grados son entregados con su miniatura y distintivo para su uso en la solapa de la prenda.

La Orden del Libertador General San Martín y otras piezas notables pueden ser admiradas en el Museo de la Diplomacia Argentina.

Obra de la Fundación Evita

Fuente: Revista  Todo Es Historia Nro.315

  1. PERÓN JUAN DOMINGO, La fuerza es el derecho de las bestias,
    Montevideo, Ediciones Cicerón, 1958, pag. 14.
    2. FHASER NICHOLAS y NAVARRO MANYSA, Eva Perón, la verdad de un mito Buenos Aires, Editorial Bruguera, 1982.
    3. Libro Negro de la Segunda Tiíania, Op. Cit.,pág. 44. Nota al pie.
    4. Gueue Huoo, Historia de/Peronismo, Buenos Aires, Editorial
    Planeta, 1999, Tomo, Pág.140.

Fuente Consultada:
TODO ES HISTORIA NRO. 419 JUNIO/2002
Revista Viva Las 10 Argentinas del Siglo y La Argentina Historia del País y Su Gente de Maria Sáenz Quesada

Gobiernos de Juan Perón

Biografia de Eva Primera Mujer y Madre del Mundo e Historia

Biografía de Eva Primera Mujer y Madre del Mundo e Historia

Resumen Biografía de Eva, la Primera Mujer y Madre:  Poco antes de ser expulsada del Paraíso la pareja inicial, Adán puso nombre a su compañera: la llamó Eva,, «por ser la madre de todo lo viviente» (Génesis). Aunque para muchos ha sido solo un mito, pocas mujeres como
Eva han sido tan célebres y desconocidas.

Los mitos, aun los fundamentales, no son muy cuidadosos en asegurar la coherencia de sus personajes. Tal vez los episodios aislados resulten convincentes, pero el conjunto no suele ser tan satisfactorio y presenta aspectos de inverosimilitud o de relato incompleto. De todos modos, como suelen estar destinados a una visión que recorta cada episodio del conjunto (o bien recorta el conjunto de la realidad cotidiana), los mitos se justifican por sus fragmentos.

El personaje de Eva resulta así destinado a explicar el origen de la humanidad. La pareja formada por los dioses, pero generadora de los seres humanos, aparece en casi todas las mitologías.

Gracias a esos dos primeros seres humanos la humanidad puede considerarse heredera de la divinidad, al mismo, tiempo que justifica sus presentes vicisitudes con un episodio en el que la pareja inicial infringe alguna restricción divina y como castigo es desterrada al mundo cotidiano.

El mito sirve entonces para dar una respuesta a la interrogante abierta por la caída del hombre (puesto que, no obstante descender de la divinidad ha caído en un mundo puramente humano). La personalidad de Eva permite al mismo tiempo justificar la desigual herencia que los sexos habrían recibido de Dios.

Adán es formado de barro (material común en las distintas versiones míticas de la creación), pero en la composición de Eva ocupa lugar preponderante la costilla del hombre, de modo que la creación de la hembra humana es posterior a la de las hembras de los otros seres vivientes. La primera mujer nace entonces como una creación de Dios, pero también como un «subproducto» del primer hombre.

COMIENZO Y FIN DE LA DICHA
«Yahveh formó entonces de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente había de llamarse como el hombre lo había llamado.» (Génesis, 2). «El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes.»

Pero faltaba un ser semejante a Adán, que lo ayudara. Entonces Yahveh hizo caer en un profundo sueño al hombre, le sacó una costilla y tapó el hueco con carne. De la costilla que había sacado al hombre, Yahveh formó una mujer y la presentó a Adán, que exclamó entonces: «Esta sí que es hueso de mis huesos / y carne de mi carne. / Esta será llamada varona / porque del varón ha sido tomada». Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer y formar con ella un solo ser.

Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, «pero no por eso se avergonzaban». E! universo recién concluido no parece necesitar la reproducción del hombre y la mujer, puesto que estos no habían incurrido aún en la cólera divina que los condenó a ser mortales y, por ende, a ser reemplazados por sus hijos. Era un mundo paradisíaco y estático, porque el mito de la felicidad perfecta requiere la detención del tiempo y la anulación de la muerte.

Eva desencadena la posibilidad del cambio. Por su culpa, de la que en seguida participa Adán, Yahveh condena doblemente a la pareja: los expulsa del Edén y del tiempo detenido. En lo sucesivo, ya en la tierra cotidiana de las penurias y la muerte, el hombre y la mujer deben procrear hijos reproduciendo la vida para que el deterioro no destruya el mundo. Para explicar la caída, el mito hace intervenir al Mal, corporizado en la serpiente, el más astuto de los animales del campo creado por Yahveh, que aseguró a la mujer: «De ninguna manera moriréis.»

Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él (del fruto del árbol que estaba en el medio del Edén), se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» Eva se dejó convencer, con los resultados conocidos.

ANVERSO Y REVERSO DE UN MITO
Por el año 950 antes de Cristo, a fines del reinado de Salomón, se redactó una historia oficial de la nación israelita. Tanto el Génesis como el Éxodo, libros iniciales de la Biblia, fueron registrados entonces por escrito. Los hechos narrados en el Éxodo se remontaban a no más de medio milenio antes.

Los sucesos del Génesis proceden de la tradición oral, pero también contienen alusiones a hechos contemporáneos a la redacción del texto: Salomón coleccionaba esposas, muchas de ellas extranjeras – moabitas, edomitas, heteas– que pertenecían a pueblos respecto de los cuales Yahveh había advertido a los israelitas (no debían unirse a ellos ni a sus mujeres que los inclinarían hacia los dioses locales). Pero el enamoradizo y sensual Salomón «tuvo 700 mujeres con rango de princesas y 300 concubinas. En la ancianidad sus mujeres lo llevaron tras otros dioses» (I Reyes, 11, 3-4): adoptó los cultos de Astarté y otras deidades. «Yahveh se enojó contra Salomón, porque se había apartado de Él».

Las alianzas políticas de Salomón con los pueblos vecinos eran consolidadas mediante matrimonios que favorecían cierta libertad de cultos chocante para el rígido monoteísmo israelita. Las pretensiones de Adán sobre el árbol de la Ciencia podrían igualmente aludir a Salomón, que desobedecía la ley mosaica para iniciarse en el culto cananeo de la Serpiente.

Suponiendo que la historia de Adán fuese usada para expresar la opinión condenatoria de los sacerdotes sobre el monarca, el relató de la caída puede entenderse como una alegoría contemporánea (donde. Eva simbolizaría las esposas idólatras de Salomón), combinada con arcaicas tradiciones (para dar un solo ejemplo, la semejanza fónica de los términos Adán -Adam— y Adama -barro-, explicaría la materia original del primer hombre). Bertrand Russell señala que lo que no se dice en la Biblia se considera deducíble del texto. «La fecha de creación del mundo puede ser inferida de las genealogías del Génesis, que dicen la edad de cada patriarca al nacer su hijo mayor (…) La cristiandad protestante aceptó en general la fecha de 4004 antes de Cristo fijada por el obispo Usher (…)» Tal análisis «lógico» del mito conduce, así extremado, al disparate, ya que los mitos 110 estuvieron nunca destinados a un análisis lógico sino a repercusiones más directas y afectivas,

CONSECUENCIAS DE LA CAÍDA: EL MUNDO REAL
«Entonces se les abrieron los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos.» Al acercarse Yahveh, la pareja se oculta, pero no logra evitar ser interrogada y Adán se traiciona al denunciar la falta de Eva. Yahveh maldice a la Serpiente y condena a la mujer a vivir en el mundo real: «Multiplicaré tus. sufrimientos en el embarazo, Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido, y él te dominará».

Con las palabras divinas se procura justificar la existencia del mundo real, donde la mujer sufre y está subordinada al hombre: la tradición garantiza al creyente que tal situación es irrevocable porque proviene de Dios: «He aquí, que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, pues se hizo juez de lo que es bueno y malo. No vaya ahora a alargar su mano y tomar también del árbol de la vida. Pues al comer de este árbol viviría para siempre (…) Por ello lo echó de la tierra del. Edén, para que trabajara la tierra, donde había sido formado (.,..) El hombre se unió a Eva, su mujer, la cual quedó embarazada.»

El primer hombre de la cosmogonía judaica necesita entonces de la mujer, del desequilibrio que ella introduce en el orden autónomo de la ;Creación. A partir de. esa ruptura el hombre es capaz de generar la vida.

Recordada por haber provocado la expulsión del Edén, también podría ser vista como la corruptora de un orden cuya misma perfección obligaba al hombre a confundirse con el resto de los anímales. A partir de la ruptura introducida por .el pecado original, la tradición bíblica expresa el nacimiento efectivo de la humanidad. Eva resulta entonces una heroína cultural, comparable ál Prometeo helénico Madre de  todos los males, alumbra también el mundo real.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder