Cronología de San Martín

Las Campañas Militares de Bolívar en la Independencia de América

Las Campañas Militares de Bolívar en la Independencia de América

Simón Bolívar (1783-1830), militar y político sudamericano de origen venezolano, presidente de Venezuela (1819), presidente y creador de la República de la Gran Colombia (1819-1830) y dictador de Perú (1824-1826).

Se convirtió desde 1813 en el máximo conductor de la revolución que culminó con la emancipación de Sudamérica frente al poder colonial español, por lo que es conocido como el Libertador.

simon bolivar retrato

Simón Bolívar. Retrato ANÓNIMO DE HACIA 1816. – Este Bolívar joven y atildado a lo «dandy», a lo —más español— «lechuguino», nada nos deja adivinar ni al futuro militar notable, ni al excelente futuro estadista; ni, mucho menos, al hábil forjador de Estados independientes en la siempre, por siempre, Hispanoamérica.

Nos deja la impresión de un poeta, malherido o maltratado de amores, cuyos versos patéticos ya barruntan el próximo hervor romántico.

Cierto: este juvenil Bolívar nos parece estar ensoñando; pero no en campos de batalla, sino «en campos de plumas» gongorinos.

Desde 1810, Simón Bolívar consagró toda su voluntad, todo su talento, toda su ilusión, toda su acción a la independencia de los países sudamericanos.

A esta empresa inclusive sacrificó su fortuna. Sin ser un gran general, superó a cuantos jefes combatieron en aquellas tierras.

Como político cometió fatales equivocaciones.

Sólo encontró auténticos rivales de su talla en los españoles Bobes y Morillo. Poseyó un temerario valor personal, y supo hacerse estimar de sus amigos, subordinados y aliados.

Muy autoritario, cuando necesitó mostrarse cruel, no rehuyó la crueldad, pero todos sus defectos los compensó con sus extraordinarias virtudes de patriota.

Lógicamente es admirado por Hispanoamérica como su mayor héroe.

Su pensamiento político comprendía los siguientes postulados de independencia radical y absoluta para toda América; restablecimiento, dentro de ella, de una fuerte unidad hispanoamericana; republicanismo en la forma y monarquismo en el fondo; equiparación, en toda América, de las exigencias sociales y económicas.

SUS CAMPAÑAS: LOGROS Y DERROTAS

Estaba ausente Bolívar cuando estalló la revolución del Jueves Santo — 19 de abril— de 1810 en Caracas. Quedó destituido el capitán general don Vicente Emparán.

Los sublevados tuvieron la seguridad de que España -no podría enviar tropas con suficiente armamento.

Y, además, proclamaron la sublevación en nombre del rey de España y contra los elementos afrancesados de la «Madre Patria».

Los insurrectos constituyeron una Junta Suprema. Simón Bolívar marchó a Inglaterra para pedir ayuda contra España. ¡Tremenda paradoja!

El ministro inglés, marqués de Wellesley, hermano de Wellington, la prometió inmediatamente.

Y así, mientras los ingleses defendían a España contra los franceses, defendían en América a los americanos contra los españoles. Un botón de muestra de la astuta política inglesa de siempre.

Hubo, eso sí, cierta lógica en que Inglaterra aceptase muy gustosa «devolver» a España la ayuda que ésta prestó a los colonos norteamericanos contra Inglaterra.

Con el satisfecho Bolívar regresó a Venezuela el radical y violento revolucionario Francisco Miranda.

Bajo las órdenes de éste, como coronel, Bolívar procuró atenuar sus radicalismos.

Por fin vencieron los revolucionarios radicales y… sinceros, y fue proclamada la Independencia el 5 de julio de 1811.

Mientras se discutía cómo había de quedar redactada la Constitución, los realistas y españolistas pusieron al frente de su ejército al general Domingo de Monteverde, quien recobró Caracas y obligó a capitular a Miranda en San Mateo —24 de julio de 1812—.

Así terminó la primera república venezolana. Refugiado en Curacao, con la ayuda inestimable de José Félix Ribas, Bolívar, un año después, ya como director único de la revolución, inició su gran empresa, la que lograría darle el glorioso nombre de Libertador.

En su primer Manifiesto se disculpó del fracaso y presentó normas para las futuras acciones.

La campaña bélica durante los últimos meses de 1812 y los primeros de 1813 fue muy favorable a sus armas.

Recuperó Caracas el 6 de agosto de 1813, donde fue proclamado Libertador de la República, y poco más tarde, Dictador.

Pero estas alegrías «se las amargaron bastante» las victorias obtenidas por dos cabecillas realistas y españoles: José Tomás Bobes y Francisco Tomás Morales; aquél, al frente de sus terribles y admirables llaneros.

Otros realistas españoles, Vicente Campo Elias, José Yáñez y José Ceballos también ganaron varias batallas a nuestro héroe.

Cierto que Bolívar derrotó en Carabobo — 28 de mayo de 1814— a los guerrilleros realistas.

Pero éstos se tomaron un magnífico desquite en la batalla de La Puerta — 15 de junio —, donde Bobes con sus llaneros aplastó a Bolívar y Marino, ocupó Valencia, llegando «a sangre y fuego» hasta Caracas, donde entraron el 8 de julio.

Nuevamente vencido Bolívar — 18 de agosto — en Aragua, hubo de retirarse a Cumaná, y por último a Cartagena de Indias.

El segundo asalto también lo había perdido.

Ya en Cartagena siguió reagrupando sus fuerzas y nutriéndolas con otras llegadas de todos los territorios de Nueva Granada.

Con todas ellas intentó la reconquista de Santa Marta; la llegada de España del general Morillo al frente del único ejército regular que pudo enviar España para la defensa de sus virreinatos, hizo fracasar el propósito de Bolívar, quien en marzo de 1815 marchó a Jamaica, donde redactó su célebre Carta — 6 de septiembre — en la que justificaba la Revolución, auguraba la independencia de Hispanoamérica, abjuraba de la monarquía, del federalismo y de la democracia, y declaraba su deseo en la unión republicana de Venezuela y Nueva Granada.

Pero en Jamaica nadie le hizo gran caso.

Desalentado se trasladó a Haití, cuyo presidente, Alejandro Petion, le prometió eficaz y pronta ayuda.

El 3 de mayo de 1816 desembarcó en la isla Margarita la expedición de Bolívar; éste, antes de iniciar los combates, prometió convocar un Congreso ante el que renunciaría a su dictadura.

La expedición constituyó un nuevo fracaso y Bolívar hubo de regresar a Haití.

Así perdió el cuarto asalto (el tercero lo había perdido al marchar a Jamaica).

Con el nuevo auxilio que le prestó el presidente negro haitiano, unido a Arismendi, Bolívar invadió la provincia de Caracas, pero fue derrotado en Clarines (9 de enero de 1817).

El quinto asalto le fue también adverso.

Pero su carácter indomable no cedió. Encontró aliento y colaboración en los Estados Unidos; quienes pagaron con tan negra ingratitud los auxilios que de España recibieron para independizarse.

Consiguió atraerse a los terribles llaneros mandados por José Antonio Páez desde la muerte de Bobes.

Reunido el Congreso en Angostura — 15 de febrero de 1819—, Bolívar dirigió un mensaje en el que proclamaba sus ideas constitucionales inspiradas en el régimen inglés: república, libertad, igualdad, abolición de la esclavitud, dos cámaras, presidente vitalicio y un «cuarto poder»… moral.

Inmediatamente inició una de sus más famosas y felices campañas: la de Nueva Granada, que culminó con la concluyente victoria de Boyacá — 7 de agosto de 1819—, determinando la emancipación total de Nueva Granada. Los colombianos le nombraron su jefe militar y político.

Regresó a Angostura y obtuvo del Congreso la unión en una sola República de Nueva Granada, Venezuela y Quito. Aislado el general Morillo de España, con motivo del levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan, careciendo de soldados y de armamentos, pidió un armisticio — 25 de noviembre de 1820—.

Terminado el plazo, Bolívar derrotó a La Torre sucesor de Morillo en la segunda batalla de Carabobo —24 de junio de 1821 —.

Venezuela logró definitivamente su independencia.

No hay en tierra americana quien pueda atacarla con probabilidades de éxito.

Los realistas de Guayaquil se sublevaron con violencia; Bolívar envió contra ellos al general Antonio José de Sucre, quien, luego de derrotar a los realistas, apoyó la independencia de su país regida por el gobierno de José Joaquín de Olmedo.

Los días 26 y 27 de julio de 1822 se entrevistaron en Guayaquil Bolívar y José de San Martín, Protector o jefe del Perú.

Este intentó unir al Perú el Ecuador; pero su pretensión resultó inútil, ya que Ecuador estaba unido con Venezuela y Colombia.

Pero la verdadera causa de que fracasaran los planes de tan memorable entrevista, fue que mientras San Martín era partidario de las monarquías, que ocuparían príncipes europeos, Bolívar creía que podía evitarse la anarquía por medio de fuertes gobiernos republicanos.

Retirado San Martín del Perú, intransigente en sus ideales monárquicos, Bolívar fue proclamado general en jefe de las tropas peruanas —1823— y Dictador a principios de 1824.

Pero todavía necesitó ganar dos famosas batallas, la de Junín y la de Ayacucho, para asegurar la independencia peruana.

En la de Junín —7 de agosto de 1824— derrotó al general español don José de Canterac.

En la de Ayacucho —9 de diciembre de 1824— derrotó al virrey La Serna, aliado a los generales Jerónimo Valdés y José de Canterac.

Esta última batalla señaló el fin de la dominación española en América del Sur.

Desde entonces pudo dedicarse Simón Bolívar a la estructuración definitiva de su gran república.

Pero esta empresa resultó mucho más difícil y dolorosa que la conquista de la independencia.

Porque el héroe encontró incontables adversarios y traidores entre quienes le habían ayudado a echar a los españoles de aquellos inmensos territorios.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Ediciones Cadyc -Simón Bolívar

Enlace Externo: Campañas En America Colonial

Que es la guerra de Zapa?:Tactica de San Martin en los Andes

¿Qué es la Guerra de Zapa? San Martín en los Andes

La guerra de “zapa”:

Para conocer la situación interna de Chile y propagar falsos rumores que mantuviesen en constante inquietud a los realistas, San Martín se valió de emisarios y de una correspondencia hábilmente dirigida.

Su objeto era también que los realistas mantuvieran sus fuerzas divididas a lo largo de la Cordillera y no pudiesen intentar una invasión por Cuyo.

Era gobernador de Chile el mariscal Francisco Marcó del Pont, desde enero de 1815.

Había reemplazado al general Mariano Osorio, que fue llamado por el Virrey del Perú para reforzar a Pezuela, quien más tarde venció en Sipe-Sipe.

Gral. San Martìn

Se llama así a las técnicas militares que se utilizan para desorientar al enemigo con informaciones falsas y estrategias de espionaje. San Martín utilizó métodos de espionaje y engaño del enemigo -llamados «guerra de zapa»- durante sus campañas.

En la tarea que se impuso San Martín colaboraron eficazmente los emigrados chilenos, en especial el joven Manuel Rodríguez y Pedro Vargas, vecino de Mendoza, a quien hizo aparecer como un realista militante encarceló y le hizo firmar cartas que él mismo redactaba, destinadas a los realistas.

En esta forma conoció los detalles que necesitaba para su campaña y propagó las noticias que más le convenían.

Vargas mantuvo a tal punto el secreto que no lo confió ni a su esposa.

En otras oportunidades San Martín también mantuvo correspondencia con las autoridades de Chile, firmando las cartas con el nombre de realistas o emigrados que, deseando ayudar a la causa del Rey, enviaban datos que lógicamente eran falsos.

Así se adquirió en ese país la convicción de que los patriotas atacarían por el Planchón y que una poderosa escuadra había salido de Buenos Aires para atacar Talcahuano (en esta forma consiguió hacer salir de Valparaíso a la escuadra realista).

Marcó del Pont, desconcertado y no sabiendo exactamente donde descargar el golpe para suprimir la propaganda revolucionaria, extremar las persecuciones iniciadas por Osorio, lo que encendió aún más el espíritu de rebelde.

Cuando el Congreso de Tucumán declaró la independencia, a San Martín se le presentó una magnífica oportunidad: con consentimiento del gobierno, envió a Chile al sargento mayor ingeniero José Antonio Alvarez Condarco (que era su ayudante y padrino de Merceditas) con la misión aparente de entregar a Marcó del Pont el acta de nuestra independencia.

El motivo real era conocer los pasos de la Cordillera que conducían a Chile y si estaban defendidos.

El emisario fue por el Paso de los Patos, que era el más largo; llevaba una carta de recomendación obtenida de un realista confinado en Cuyo, y merced a ella salvó la vida, pero el acta fue quemada públicamente.

Condarco fue obligado a regresar de inmediato por Uspallata (fines de 1816).

Como era un hombre de extraordinaria memoria, cuando llegó a Mendoza pudo hacer un plano de los dos caminos.

Para desconcertar al enemigo, San Martín también se valió de los indios pehuelches, a quienes conocía como muy falsos.

En el fuerte San Carlos conferenció con los caciques, pidiéndoles que dejasen pasar por sus tierras al ejército.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

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Enlace Externo: El Cruce de los Andes

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana.

Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar  lo llevó a cabo.

En 1814. tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud.

Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Cruce de los andes Plan Continental Mientras que Martín de Güemes y sus gauchos defendían con eficacia la frontera norte, Cuyo, San Martín comenzó la preparación de su ambicioso plan.

El cruce de los Andes y expedición a Chile constituyeron la operación militar más compleja organizada por el núcleo revolucionario rioplatense.

Instalado como jefe indiscutible de Cuyo, San Martín comenzó la formación de un ejército para llevar adelante su plan de invasión a Chile por la cordillera.

Durante 1816, los preparativos se aceleraron.

A las fuerzas locales se unieron los revolucionarios chilenos, liderados por Bernardo de OHiggins, que se encontraban refugiados en Mendoza, luego de haber sido derrotados por los españoles en Rancagua, en 1814.

El cruce de los Andes se inició en enero de 1817; las columnas principales,utilizaron los paso de Los Patos —al mando de San Martín— y de Uspallata —al mando de Gregorio Las Heras—, pero la operación comprendía varios cruces y ataques sincronizados desde La Rioja hasta el sur de Mendoza.

Una activa guerrilla comandada por Manuel Rodriguez se anticipó a la llega de los ejércitos regulares.

El hábil manejo de la información sobre los movimientos del enemigo y la falsedad de los datos que llegaron a los españoles antes de atravesar la cordillera posibilitaron a San Martín y al Ejército de los Andes combatir exitosamente a los realistas, quienes sufrieron una grave derrota en Chacabuco, en febrero de 1817.

Esto permitió al ejército revolucionario entrar en Santiago, donde  O´Higgins fue nombrado Director.

Un año más tarde, el 12 de febrero de 1818, fue declarada la Independencia de Chile.

La resistencia realista se organizó en el sur de Chile, por lo cual se envió una expedición que, luego de varias victorias, fue sorprendida y derrotada el 19 de marzo de 1818 en el campamento de Cancha Rayada.

Ante el avance de las tropas realistas, San Martín y O´Higgins se abocaron a reorganizar las fuerzas patriotas y decidieron dar batalla para defender Santiago.

San Martín desplegó sus fuerzas cerca del río Maipú: el 5 de abril la victoria patriota fue rotunda, y puso fin al dominio español en Chile.

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CARTA DE PUEYRREDÓN A SAN MARTÍN

«A más de las 400 frazadas remitidas de Córdoba, van ahora 500 ponchos, únicos que se han podido encontrar; están con repetición libradas órdenes a Córdoba para que se compren los que faltan al completo, librando su costo contra estas cajas.

[…] Está dada la orden más terminante al gobernador intendente para que haga regresar todos los arreos de muías de esa ciudad y de la de San Juan.

Está dada la orden para que se remitan a Ud. mil arrobas de charqui, que me pide para diciembre: se hará. […]

Van todos los vestuarios pedidos y muchas más camisas.

Si por casualidad faltaren de Córdoba en remitir las frazadas, toque Usted el arbitrio de un donativo de frazadas, ponchos o mantas viejas a ese vecindario y el de San Juan: no hay casa que no pueda desprenderse sin perjuicio de una manta vieja; es menester pordiosear cuando no hay otro remedio.

Van cuatrocientos recados.

Van hoy por el correo en un cajoncito los dos únicos clarines que se han encontrado.

[…] Van los 200 sables de repuesto que me pide.

Van 200 tiendas de campaña o pabellones, y no hay más.

Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. […] no me vuelva Ud. a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la fortaleza.»

JUAN M. DE PUEYRREDÓN,
Carta a San Martín, 2 de noviembre de 1816.

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El cruce de los Andes:

A principios de setiembre de 1814, el general San Martín se hizo cargo de la Gobernación-Intendencia de Cuyo, cuya capital era Mendoza.

Allí, frente a las cimas gigantescas de la Cordillera de los Andes, el caudillo comenzó la organización del ejército, destinado a liberar a Chile y Perú.

A lo largo de más de dos años San Martín trabajó incansablemente para alistar la fuerza que le permitiría concretar el grandioso plan.

Convirtió así a Cuyo en una verdadera «nación en armas», movilizando todos sus recursos humanos y materiales para integrar el ejército libertador. Al mismo tiempo, desarrolló una permanente campaña de espionaje en Chile y recurrió a múltiples maniobras y engaños para desorientar a los realistas acerca del momento y el lugar en que llevaría a cabo el ataque.

De esta manera, su genio organizador y su férrea voluntad lograron lo que parecía imposible.

A principios de enero de 1817 el ejército de San Martín, integrado por 4.000 soldados y 1.200 milicianos auxiliares, 10.600 muías de silla y carga y 1.600 caballos, estaba listo para acometer una de las operaciones más gigantescas y audaces de la historia militar: el cruce, por pasos estrechos, de la Cordillera de los Andes.

Energía inagotable

San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles.

Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó.

Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición.

Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad.

Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada.

El ejército crecía bajo su metódica dirección.

oficial de la campaña de los andes

Oficial del la Campaña de los Andes (1817)

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos.

Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados.

Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello.

Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia.

También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento.

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio.

Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder.

Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

La operación se realizó sobre un frente de 2.000 kilómetros, dividiendo al ejército en dos columnas principales y cuatro secundarias, destinadas estas últimas a desorientar al enemigo.

A pesar de los tremendos obstáculos naturales, la histórica marcha se cumplió con todo éxito.

San Martín, tras derrotar a los realistas en Chacabuco el 12 de febrero de 1817, pudo entonces comunicar a su gobierno: «En 24 días hemos hecho la campaña; pasamos las Cordilleras más elevadas del Globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile».

soldado uniformado del los andes

Uniforme de un soldado del Batallón 1° de los Andes

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San Martin:Testamento Maximas y Pensamientos Para Merceditas

Máximas Para Merceditas y Pensamientos de José de San Martín

Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen.

Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos.

Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.

Serás lo que debas ser, si no, eres nada.

Si somos libres, todo nos sobra.

La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

La biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.

La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino en gastar con propiedad.

Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.

La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.

La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.

Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.

No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.

Mi barómetro para Conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus Consecuencias son funestas.

No nos ensoberbezcamos con las glorias y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.

Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.

En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano.

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.

Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.

Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.

No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males: el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.

Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la graciada América.

Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.

Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche con infracción de mis promesas.

Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a vivir como hombre.

Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.

Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.

Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sertimiento de la justicia.

Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

(Fuente Consultada: Es legado de San Martín. Comisión Nacional de Homenaje al bicentenario Nacimiento del Gral. D. José de San Martín. InstitutoNacional Sanmartiniano)

Máximas Para Mi Hija:

Cuando San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes (arriba) tenía cuatro meses. Se volvieron a ver en 1818, después del triunfo de Chacabuco, y en 1824, cuando se embarcaron juntos rumbo a Europa. En 1825, San Martín redactó para ella estas «Máximas»:

01Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

02• Inspirar el amor a la verdad y odio a la mentira.

03• Inspirarla gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

04• Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

05• Respeto sobre la propiedad ajena.

06• Acostumbrarla a guardar un secreto.

07 Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

08• Dulzura con los criados, pobres y viejos.

09• Que hable poco y lo preciso.

10• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11• Amor al aseo y desprecio al lujo. (Redactadas en 1825)

Testamento del General San Martín:

En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

Primero: dejo por mi absoluta Heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín actualmente casada con Mariano Balcarce.

Segundo: Es mi expresa voluntad que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales, y a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi volunta.

Tercero: El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla.

Cuarto: Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

Quinto: Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

Sexto: Aunque es verdad que todos mi anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz. Yo le ruego continúe con el mismo cuidado y contracciòn la la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza cotinuarà haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

Séptimo: Todo otro Testamento o Disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.

Hecho en París a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra.

JOSE DE SAN MARTIN

Artículo adicional. Es mi voluntad que el Estandarte que el bravo Español Don Francisco Pizarro tremoló en la Conquista del Perú sea devuelto a esa republica (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso

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Infancia de San Martin,Estudios y Batallas en Europa y Lugar Nacimiento

Infancia de San Martín
Estudios y Batallas en Europa

Nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía del Virreinato del Río de la Plata.

Su padre, don Juan de San Marín, había nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento.

Su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco.

Se trasladó a España junto con sus padres en el año 1786 donde ingresó al Seminario de Nobles de Madrid.

En 1789 comienza su carrera militar en el regimiento de Murcia.

En la población de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, el 25 de febrero de 1778, Gregoria Matorras, española de Castilla la Vieja, tuvo su quinto hijo, José Francisco, un varón de tez morena y cabellos lacios y negros. Antes que él, ya habían nacido sus hermanos María Elena, Manuel Tadeo, Juán Fermín Rafael y Justo Rufino.

Todos eran hijos de Gregoria y del capitán Juan de San Martín.

Entonces, a dos años de la creación del Virreinato del Río de la Plata, Yapeyú era una reducción de indios, fundada en 1626 por la Compañía de Jesús, por lo que no sorprende que la nodriza del futuro Libertador haya sido una indígena guaraní, de nombre Rosa Guarú.

El padre de San Martín, también castellano, había sido designado teniente gobernador de Yapeyú en 1774.

En 1781, los San Martín se trasladaron a Buenos Aires, a una casa situada en la actual calle Piedras, entre Moreno y Belgrano.

En 1783, la familia regresó a la metrópoli, a bordo de la fragata Santa Balbina.

Al llegar a España, José Francisco tenía seis años.

San Martín viviendo en Europa, estudió en la Escuela de las Temporalidades de Málaga, donde se había instalado su familia. Pero su destino, al igual que el de sus hermanos, sería la carrera militar.

San Martín tomó parte en la guerra de la Península, y fue edecán del general Solano, marqués del Socorro, gobernador de Cádiz.

Cuando aquel general pereció al furor del populacho, San Martín se escapó difícilmente de ser asesinado, respecto que al primer momento lo equivocaron con el marqués, a quien efectivamente se parecía mucho.

San Martín se distinguió en la batalla de Bailen, de tal modo, que se atrajo la atención del general Castaños y su nombre fue honrosamente citado en los partes de aquella batalla memorable.

Ascendido al grado de teniente coronel, siguió haciendo la guerra a las órdenes del marqués de la Romana y del general Coupigny; pero, habiéndose levantado el grito de libertad en su país nativo, no pudo ser indiferente a tan sagrada invocación.

Sin tener más que una vaga idea del verdadero estado de la lucha en América, resolvió marchar a serla tan útil como pudiera; y por la bondadosa interposición de sir Carlos Stuart, en el día Lord Stuart de Rothesay, obtuvo un pasaporte y se embarcó para Inglaterra, donde permaneció poco tiempo.

San Martín recibió de la bondadosa amistad de lord Macduff, actualmente conde de Fife, cartas de introducción y de crédito; y aunque San Martín no hizo uso de las últimas, habla de esta muestra de generosidad de su amigo respetable en términos de la mayor gratitud.

San Martín se embarcó en el buque Jorge Canning en el Támesis, y dio la vela para el Río de la Plata.

Poco después de su llegada a Buenos Aires, se casó con doña Remedios Escalada, hija de una de las familias más distinguidas de aquella ciudad.

Habiendo San Martín establecido su crédito de un modo honroso en las orillas del río Paraná, y adquirido la confianza de los argentinos, ascendió a mandos importantes.

GUILLERMO MILLER,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

SAN MARTÍN OBTIENE EL GRADO DE TENIENTE CORONEL:

Como cadete del Segundo Batallón de Murcia, San Martín actuó en Marruecos contra los moros.

Luego, pidió ser agregado a la compañía de Granaderos y, por primera vez, entró en combate. En 1793 se incorporó al ejército de Aragón, con el que fue destinado al Rosellón, sur de Francia.

Participó en la guerra contra Inglaterra, actuó en Portugal y Gibraltar. Estando en Cádiz ya había alcanzado el grado de segundo capitán del batallón Voluntarios de Campo Mayor. Durante la lucha contra Napoleón, su regimiento se incorporó al ejército de Andalucía, al mando del general Francisco J. Castaños.

Se distinguió en Arjonilla, frente a las avanzadas francesas del conde de Dupont y en Bailen, donde las tropas napoleónicas fueron derrotadas. San Martín fue ascendido a teniente coronel.

En 1810, fue nombrado ayudante del marqués, de Coupigny y, luego, comandante agregado del Regimiento de Dragones Sagunto. Después se pondría al servicio de la emancipación de América.

SAN MARTÍN REGRESA A ARGENTINA:

En 1811 San Martín alcanzó la jerarquía de teniente coronel graduado y, a mediados de ese año, solicitó su retiro con fuero militar con el pretexto de pasar a Lima para atender sus propiedades (que no tenía) en Perú.

El 14 de septiembre de ese año se embarcó en Cádiz rumbo a Londres, con pasaporte para Lima.

Probablemente la logia londinense prefirió que el brillante jefe se trasladara al Río de la Plata, donde la revolución era dirigida por una élite comercial e intelectual decidida a afirmar la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto del antiguo virreinato, y muy opuesta, por lo mismo, a toda posibilidad de unidad con las provincias hermanas del subcontinente meridional americano.

Cruce de los Andes Plan Continental del General San Martin ...

El 9 de marzo de 1812 llegó a balizas del puerto de Buenos Aires el navío comercial de bandera inglesa GeorgeCanning.

En él retornaban al suelo natal personajes criollos de relevancia, entre ellos San Martín, el sargento mayor Carlos de Alvear y el alférez José Matías Zapiola.

Apenas llegados, éstos organizaron el triángulo regente de la Logia Lautaro rioplatense.

Las importantes cartas de presentación que poseían posibilitaron que de inmediato las autoridades los aceptaran al servicio de la revolución.

A San Martín le fue encomendada la organización de un cuerpo modelo de caballería, que el jefe materializó con el primer escuadrón de Granaderos a Caballo.

Poco más tarde, contrajo matrimonio con María de los Remedios Escalada y de la Quintana, jovencita quinceañera que pertenecía a lo más granado de la clase alta porteña (12 de septiembre de 1812).

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Entrevista de Guayaquil:Acuerdo Entre San Martin y Bolivar

La Entrevista de Guayaquil – San Martín y Bolívar

Luego de la crisis fiscal y militar desatada en el territorio peruano recién liberado, San Martín buscó en Bolívar una opción para derrotar a los realistas que seguían acantonados en el Cuzco y dominando la serranía peruana.

Con este propósito San Martín solicitó ayuda militar de Bolívar, para lo cual pactaron una entrevista en Guayaquil por cuatro días que se inicio el 26 de julio de 1822.

En esta cita se encontraron dos grandes personajes de carácter e ideas políticas diferentes; Bolívar impetuoso y la serenidad de San Martín. Se reunieron dos días en donde abordaron tres temas:

– La guerra contra la Serna: Simón Bolívar, ofreció ayudar solamente con 1400 soldados para luchar contra el virrey.

– La forma de gobierno: Sobre la forma de gobierno, san Martín era partidario de una Monarquía y Bolívar de una República.

– El destino de Guayaquil: Bolívar ya lo había anexado a la gran Colombia.

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VEAMOS AHORA LA HISTORIA DE ESTE MISTERIOSO ENCUENTRO

Antecedentes: Las provincias sudamericanas iniciaron su lucha por la independencia en los primeros años del siglo XIX.

El primer grito correspondió a Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando fue derrocado el gobernador y capitán general Emparán.

Las Juntas de Gobierno formadas en las capitales de los virreinatos, audiencias y capitanías generales de las colonias españolas de América sirvieron de arranque a la independencia americana.

Las ideas de la Revolución Francesa, la ayuda de Estados Unidos, acabados de independizar a su vez, y la de Inglaterra fueron definitivas para tan arriesgada decisión de los americanos.

La primera parte del antiguo imperio colonial español que se independizó fue el virreinato del Río de la Plata en el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816.

Fue personaje definitivo para el movimiento libertador de Argentina y para el de Chile, así como después para el del Perú, el general San Martín, que cruzó los Andes y con la ayuda de O’Higgins libertó Chile, para luego terminar su campaña con la liberación de Perú.

Entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolivar

En esta atmósfera de anhelo de independencia, otro hombre que supo estar a la altura de las circunstancias fue Simón Bolívar, el Libertador.

Nació en Caracas de una familia distinguida, en 1783. Fue autodidacta. Se educó en Caracas y luego continuó estudios particulares en Madrid, donde contrajo matrimonio.

De regreso en Caracas, a partir de 1810 se unió al movimiento de liberación de su país, al que habría de inspirar durante los siguientes diez años, teniendo en ocasiones que refugiarse en el extranjero para salvar su vida, pero siempre volvió para continuar la lucha.

CONFERENCIAS EN GUAYAQUIL: Antes de embarcarse, San Martín fue en busca de Bolívar, pero sabiendo que carecía de fuerza militar y respaldo político.

Sin embargo, existían unos Tratados que aseguraban y testimoniaban la identidad de sentimientos y convicciones compartidos con Bolívar en cuanto al objetivo primordial de la revolución hispanoamericana: independencia y unidad.

Lo mismo sabía Bolívar.

Y los dos libertadores del subcontinente meridional conferenciaron largamente, en Guayaquil, a puertas cerradas, los días 26 y 27 de julio, conscientes de que, como apuntó Monteagudo, «ambos podrían extender su influjo a una gran distancia de la equinoccial, uniformar la opinión del Norte y del Mediodía y no dejar a los españoles más asilo que la tumba o el océano».

Las fuentes históricas disponibles —dejando de lado controversias— y nunca impugnadas, permiten asegurar que los libertadores discutieron y acordaron por lo menos lo siguiente:

1. San Martín pidió a Bolívar apoyo militar y éste accedió, aunque los refuerzos enviados fueron menores que los esperados por aquél.

2. Aunque San Martín ofreció a Bolívar ser su lugarteniente en el Perú, se estimó que la presencia de ambos crearía serios problemas en ese país.

3. En 36 horas de conversaciones, trazaron planes para asegurar la libertad y la independencia de Sudamérica. San Martín aplaudió los proyectos de Bolívar —iniciados con los Tratados— de federación continental «bien entendida».

4. San Martín comunicó a Bolívar que había decidido retirarse del Perú,actitud que, para el último, era «un sublime ejemplo de desprendimiento».

5. Ambos convinieron en que el voto de los pueblos debía ser respetado y apoyado. El problema de la dependencia de Guayaquil (Perú o Colombia) sólo fue tratado superficialmente, pues ya Bolívar, de hecho, había logrado el apoyo multitudinario favorable de los quiteños.

Quizá nada sea más elocuente que la opinión de Monteagudoconfidente primero de San Martín y luego de Bolívar— sobre los resultados de estas conferencias.

A su juicio, fueron satisfactorios, porque en ellas se convino «asegurar la independencia sudamericana, abrir el camino para la pacificación interior de los pueblos y uniformar la opinión política continental».

encuentro de guayaquil

RENUNCIA ANTE EL CONGRESO Y ALEJAMIENTO DE LA PATRIA

Fiel a su propósito, San Martín renunció con carácter indeclinable el Protectorado del Perú ante el Congreso Soberano reunido en Lima el 20 de setiembre de 1822.

De inmediato se embarcó rumbo a Valparaíso. Su alejamiento fue al parecer trágico para el Perú, pues la puja por la posesión del poder produjo un verdadero caos político.

La situación se tornó insostenible cuando, a raíz de la derrota de Moquegua (21 de enero de 1823), el Perú quedó inerme. Entonces abundaron los pedidos de arrepentidos —como José de la Riva Agüero— para que retornara San Martín.

Pero el Generalísimo de los Ejércitos del Perú se negó sistemáticamente a regresar, aunque jamás se desinteresó por la suerte peruana.

Desde Mendoza —su «ínsula cuyana»— seguía minuciosamente las alternativas de la política, convencido de que llegaría el momento en que los peruanos clamarían por la presencia de Bolívar, necesitados de un brazo fuerte que pudiera imponerse tanto a los españoles como a los «díscolos».

Por algo había confesado a Guido que prefería irse del Perú, porque no estaba dispuesto a fusilar a muchos compañeros que lo habían seguido a lo largo de sus campañas.

A juicio de San Martín, la única solución para el Perú consistía en tomar «medidas ejemplares». El no podía hacerlo, pero Bolívar sí.

La permanencia de San Martín en su «ínsula» resultaba intrigante. No abandonó ese lugar de observación a pesar de las continuas noticias que le llegaban sobre la gravedad de su esposa, ni tampoco se trasladó a Buenos Aires al conocer la muerte de Remedios.

San Martín no era escéptico ni desamorado: era el Fundador de la Libertad del Perú y sobre él pesaba la responsabilidad de la suerte peruana. Por ello, debía vigilar atentamente las alternativas que se producían en aquel país.

Sin embargo, había pedido su pasaporte al gobierno de Lima para pasar a Europa: pero no se movería de Mendoza hasta conocer la decisión de Bolívar.

Y cuando éste, llamado angustiosamente por el Congreso, asumió la dictadura del atribulado Perú, San Martín entendió que había terminado la obra emprendida y podía alejarse de América.

El 3 de agosto de 1823 —casualmente el día en que Remedios falleció— escribió a Bolívar: «Amigo mío: Deseo concluya usted felizmente la campaña del Perú, y que esos pueblos conozcan el beneficio que usted les hace.

Adiós, mi amigo: que el acierto y la felicidad no se separen jamás de usted, son los votos de su invariable JOSÉ DE SAN MARTÍN».

Sólo entonces partió para Buenos Aires, visitó la tumba de Remedios, alzó a su pequeña Mercedes y se embarcó con rumbo a Inglaterra (10 de febrero de 1824), desdeñando la petulancia de Rivadavia —que pretendió fijarle normas para su futuro comportamiento— y la insolencia de los pasquines oficialistas.

Se iba en paz con su conciencia: la acción concurrente suya y de Bolívar había sentado definitivamente las bases para la total independencia del Perú —último foco de la resistencia realista—, y los Tratados del 6 de julio abrían fértiles perspectivas para la unidad de Hispanoamérica independiente.

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CARTA DE SAN MARTÍN A BOLÍVAR:

En una carta fechada en Bruselas el 18 de mayo de 1827, San Martín le aconsejaba a Simón Bolívar:

«Al llegar ahora hasta mí las más alarmantes noticias, siendo la más grave la que se refiere a federar a Solivia, el Perú y Colombia con el vínculo de la Constitución vitalicia, cuyo jefe supremo vitalicio sería V.E. y con la facultad de nombrar sucesor, me apresuro y me permito darle el mismo consejo que el año 22 pusiera en práctica al sacrificar mi posición personal de aquella hora, para que pudiera triunfar la causa de la Libertad americana.

Vuestra obra está terminada, como lo estuvo la mía; deje que los pueblos libres de América se den el gobierno que más les convenga a su estructura política y retorne V.E. a la vida privada con la inmensa satisfacción de haber sido el Libertador de todo un continente».

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LA CONTROVERTIDA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL

Fuente: Historia Universal Tomo 16 Editorial SALVAT -El Impacto de la Revolución Francesa

Los dos grandes capitanes de la emancipación sudamericana, Simón Bolívar (1783-1830) y José de San Martín (1778-1850), se encontraron en persona una sola vez, en el puerto ecuatoriano de Guayaquil.

Los temas de la entrevista sostenida los días 26 y 27 de julio de 1822, así como las consecuencias de ella derivadas, particularmente en lo relativo a las ulteriores decisiones de San Martín, constituyen un problema histórico que ha hecho correr mucha tinta.

El nervio de la cuestión estriba en la autenticidad de los documentos alegados para interpretar el suceso, en especial la denominada Carta de Lafond.

Como índice de la controversia, reproducimos dos textos que señalan los juicios contrapuestos:

1) un fragmento del dictamen de la Academia Nacional de la Historia, de Venezuela, fechado en 1940, y

2) un fragmento del libro de Ricardo Levene, El genio político de San Martín (Buenos Aires, 1950).

I) OPINIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, DE VENEZUELA

Tan extravagante y absurdo es atribuir la abdicación de San Martín en Perú a la entrevista de Guayaquil como lo sería achacar a esta misma causa su retiro definitivo de América, dejando a su patria nativa presa de las más graves preocupaciones internas y externas.

¿Por qué abandonó el territorio de las provincias del Río de la Plata, donde habrían sido tan útiles sus excepcionales aptitudes, renunciando para siempre al servicio público en su propia tierra? ¿Sería aventurado o absurdo pensar, sin mengua alguna para su ilustre memoria, que los mismos impulsos anímicos y las mismas circunstancias físicas determinantes de esta última resolución influyeron decisivamente en aquélla?.

No lo parece desde el punto de vista del más riguroso criterio científico, sobre todo en presencia de las formales declaraciones del propio San Martín, que confunden ambas decisiones en una sola, verificada por etapas, pero sin solución de continuidad.

A menos que otro hallazgo milagroso ponga en manos de algún nuevo predestinado por la providencia documentos comprobatorios de que ese pago final es otro aún más sublime y magnánimo acto de desprendimiento que lo haga acreedor a figurar en el santoral, tentativa esta última, por lo demás, que ha sido ya insinuada con toda seriedad.

[Dictamen fechado en Caracas, 31 de octubre de 1940]

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II) OPINIÓN DEL HISTORIADOR ARGENTINO DR. RICARDO LEVENE

Considero que la cuestión planteada sobre la autenticidad de la carta de San Martín a Bolívar de 29 de agosto de 1822, como todo tema histórico, debe estudiarse sin tono polémico, con criterio objetivo, aplicándose para su esclarecimiento el método que aconseja la crítica histórica.

En el caso de la carta de San Martín a Bolívar, falta el original o arquetipo para hacer la crítica paleográfica o de autenticidad, pero corresponde llevar a cabo una labor de análisis sobre su procedencia, que es también crítica externa -documento que fue publicado en vida de su autor-; su origen, como ha sido transmitido, y luego su estudio comparativo o confrontación con otros documentos del mismo autor.

La espina dorsal de esta tesis es la carta de San Martín a Bolivar de 29 de agosto de 1822 y otros documentos concordantes. Su autorizado expositor es el historiador Mitre, y entre sus brillaantes continuadores figuran Joaquín V. González y Ricardo Rojas.

Las pasiones que han suscitado los grandes hombres revelan su envoltura humana, y el examen sereno de los historiadores debe llevarse a cabo sin espíritu polémico, con amor a la verdad y buena fe guardada. Tal la historia escrita sine ira et studio.

El documento publicado por Lafond, Alberdi en la Raccolta di Viaggi y por Sarmiento en vida de nuestro Libertador es, como ha afirmado Mitre, su testamento político, en el que se registra un altruista acto de abnegación impuesto por el destino, que la Historia no conoce que haya sido «ejecutado con más buen sentido, más conciencia y mayor modestia».

[R. Levene, El genio político de San Martín, Buenos Aires, 1950, págs. 250-251]

LA RENUNCIA DE SAN MARTÍN:

Copia textual de la renuncia del general San Martín al cargo de Protector del Perú, presentada al Congreso Constituyente, reunido en Lima, el 20 de setiembre de 1822.

SEÑORES: Lleno de laureles en los campos de batalla, mi corazón jamás ha sido ajitado de la dulce moción que lo conmueve en este día venturoso.

El placer del triunfo para un guerrero que pelea por la felicidad de los pueblos, solo lo produce la persuacion de ser un medio para que gocen de sus derechos: mas hasta afirmar la libertad del pais, sus deseos no se hallan cumplidos; porque la fortuna varía de la guerra, muda con frecuencia el aspecto de las mas encantadoras perspectivas.

Un encadenamiento prodigioso de sucesos ha hecho ya indubitable la suerte futura de América; y la del pueblo peruano solo necesitaba de la representación nacional para fijar su permanencia y prosperidad.

Mi gloria es colmada, cuando veo instalado el Congreso constituyente: en él dimito el mando supremo que la absoluta necesidad me hizo tomar contra los sentimientos de mi corazón, y que he ejercido con tanta repugnancia, que solo la memoria de haberlo obtenido, acibara, si puedo decirio así, los momentos del gozo mas satisfactorio.

Si mis servicios por la causa de América merecen consideración al Congreso, yo los represento, hoy, solo con el objeto de que no haya un solo sufragante que opine sobre mi continuación a la frente del gobierno.

Por lo demás, la voz del poder soberano de la nación, será siempre oída con respeto por San Martín como ciudadano del Perú, y obedecida, y hecha obedecer por el mismo, como el primer soldado de la libertad. Lima Setiembre 20 de 1822. Señor. José de San Martín.»

El Congreso Constituyente, después de tomar conocimiento de la dimisión hecha por San Martín al «mando supremo del estado», promulgó una resolución por la cual lo designó «Generalísimo de las armas del Perú».

San Martín, aun cuando aceptó como distinción honorífica el título que se le acordaba, se negó a asumir los poderes que involucraba el rango de Generalísimo, y así lo comunicó al Congreso.

El mismo 20 de setiembre de 1822, dirigió la siguiente proclama de despedida al pueblo peruano:

«Presencié la declaración de la Independencia de los estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los Incas, y he dejado d,e ser hombre público; he aquí recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra, están cumplidas; hacer su Independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos.

La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen; por otra parte, ya estoy aburrido de oir que quiero hacerme Soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del País, pero en clase de simple particular y no mas. En. cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como en lo general de las cosas) dividirán sus opiniones; los hijos de estos darán el verdadero fallo.

Peruanos: os dejo establecida la representación nacional, si depositáis en ella vuestra entera confianza, cantad el triunfo: sino, la anarquía os va a devorar.

Que  el acierto presida vuestros destinos,  y que  éstos  os colmen de felicidad y paz. Pueblo Libre y Setiembre 20 de 1822. José de San Martín.»

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San Martin Regresa a Buenos Aires:Sus Razones Para No Desembarcar

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FRUSTRADO REGRESO AL RÍO DE LA PLATA:

En 1825 las provincias rioplatenses entraron en guerra con Brasil.

La presencia de Rivadavia al frente del gobierno impedía a San Martín ofrecer sus servicios, ante la seguridad de que serían rechazados; además, consideraba «impolítica» toda guerra entre Estados americanos.

Educación Gobierno de Rivadavia Creacion de la Universidad de Bs.As. –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Pero como, al mismo tiempo, observaba la política europea y sabía que, entre los planes españoles, seguía vigente la reconquista, se puso al tanto de que Fernando VII preparaba, sin prisa y sin pausa, con el beneplácito de Francia y Rusia, otra expedición hacia América, como la fallida de 1820.

Cuando se enteró de que había terminado la guerra con Brasil y que las condiciones internas del Río de la Plata no eran satisfactorias (la Constitución de 1826 había sido rechazada por todas las provincias y el escandaloso tratado de paz propuesto por Manuel José García había provocado la estrepitosa caída de Rivadavia y el Congreso), quiso conocer personalmente el estado en que se hallaba su país natal.

En Falmouth se embarcó rumbo al Plata, y cuando llegó a Río de Janeiro tuvo conocimiento de la revolución unitaria del 1° de diciembre de 1828 y el asesinato del gobernador Manuel Dorrego.

Golpe y Fusilamiento de Dorrego a Cargo de Lavalle -Golpe Unitario –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Quizá más dolorido que asombrado, al llegar a Buenos Aires permaneció en balizas, pidió su pasaporte y fue a residir en Montevideo.

El desesperado general Juan Lavalle envió agentes ante San Martín para ofrecerle el gobierno, pero el recio militar rechazó con energía el ofrecimiento, y recordó a su antiguo oficial que una gota de sangre americana ahorrada valía más que cualquier solución política.

Rosas y Lavalle Hermanos de Leche Alimentados por la misma madre –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

El sable de San Martín no habría de mezclarse en luchas intestinas.

Por ese tiempo se encontraba en Montevideo el general San Martín.

Fui a visitarlo y me hizo un recibimiento lleno de halagos, presentándome a todos los que estaban en la mesa del hotel, diciendo: «Presento a ustedes a uno de mis muchachos».

En seguida, empezó a hacerme preguntas sobre mis heridas, como para hacer saber que las había recibido en la guerra de la Independencia.

El general San Martín desaprobaba la revolución del 1° de diciembre.

Luego que se presentó en la rada de Buenos Aires, Lavalle, le mandó una comisión llamándole y ofreciéndole ponerse a sus órdenes; el general se negó, y ni aun quiso desembarcar, regresando a Montevideo.

«Yo no podía aceptar sus ofertas, me decía un día, porque José de San Martín, poco importa, pero el general San Martín, da mucho peso a la balanza y tú sabes que he sido enemigo de revoluciones, y que no podía ir a ponerme al servicio de una de ellas.

Cuando Bolívar fue al Perú, yo tenía ocho mil hombres, podía sostenerme, arrojarle; pero era preciso dar el escándalo de una guerra civil entre dos hombre que trabajaban por la misma causa, y preferí resignar el mando. Al cabo, Bolívar quería lo mismo que yo.»

MANUEL A. PUEYRREDÓN,  SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

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Actividades de San Martin en Europa Por Reconocimiento de Argentina

Actividades de San Martín en Europa

HASTA QUE ESTA NAVE LLEGUE A PUERTO… Muchos años antes, en 1816, había manifestado San Martín al diputado mendocino ante el Congreso, Tomás Godoy Cruz, que no abandonaría la lucha «hasta que esta nave llegue a puerto».

Pero a comienzos de 1824 la «nave», lejos de haber «llegado a puerto», se hallaba a la deriva.

La situación política en Europa permitía inferir la posibilidad de que la Santa Alianza, y muy particularmente Francia, ayudaran a Fernando VII en sus aspiraciones de reconquistar el perdido imperio indiano.

San Martin Procer Argentino

En carta a Molina del 17 de mayo manifestó claramente San Martín la intención de iniciar un viaje, que no sería inútil a los intereses hispanoamericanos, por cuanto se proponía averiguar, en Gran Bretaña, «la opinión del pueblo y gobierno con respecto a la América».

Pensaba San Martín que, si el gobierno británico reconocía a los nuevos Estados, otras potencias europeas seguirían su ejemplo, con el consiguiente rozamiento entre ellas y la Alianza.

La crisis política así desatada permitiría a sus paisanos fortalecerse y consolidarse, sin el peligro de invasiones ni amenazas foráneas.

Tan exactas eran esas apreciaciones que también George Canning, el 17 de mayo, puntualizaba que el ministerio español «haría bien en cerciorarse —respecto de una eventual ayuda— de su existencia y alcances, antes de confiar demasiado en los consejos de la Alianza».

A juicio de San Martín, pues, la «nave» nunca llegaría «a puerto» sin el reconocimiento formal de la mayor potencia marítima, y era preciso ahora luchar, en otro campo, para que ello ocurriera.

En la carta a Molina del 17 de mayo, San Martín propiciaba, también, la urgente constitución de «un gobierno central» en cada uno de los Estados, pues, de otra manera, difícilmente Gran Bretaña podría dar el paso decisivo del reconocimiento.

Meses después, el 23 de agosto, Canning comunicaba a su plenipotenciario en Buenos Aires, Woodbine Parish, con carácter «reservadísimo», que no diera la menor esperanza en cuanto al problema del reconocimiento mientras no se produjera la «centralización del gobierno».

Las esperanzas de San Martín y sus oficiosas gestiones en Europa culminaron exitosamente cuando, mejor último, Gran Bretaña procedió a reconocer oficialmente la independencia hispanoamericana el 4 de enero de 1825.

Para esa fecha, San Martín residía en Bruselas luego de varios cruces del canal de la Mancha para enterarse, a través de Manuel Hurtado, representante de Bolívar, del estado de las negociaciones con Canning.

Por eso, tres días antes del anuncio del gobierno inglés, el 1° de enero, pudo decir en carta a Vicente Chilavert: «Ya tiene usted reconocida nuestra independencia por la Inglaterra.

La obra es concluida y los americanos comenzarán ahora a saborear el fruto de sus trabajos y sacrificios».

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Postura de San Martin Respecto al Bloqueo Frances al Puerto de Bs As

Postura de San Martin Respecto al Bloqueo Frances al Puerto de Bs As

CONFLICTOS CON FRANCIA E INGLATERRA:

En 1838 la escuadra francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires, sin otro argumento que la negativa del gobernador y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, a considerar carácter de plenipotenciario al vicecónsul Aimé Roger.

Los enemigos de Rosas se aliaron con los franceses, y San Martín sintió profunda indignación.

Como militar, ofreció su sable a Rosas para actuar en la jerarquía que se le ordenara.

El gobernador declinó el ofrecimiento, manifestando que la gravedad no era tanta como para molestar al ilustre guerrero, al tiempo que designó a éste su ministro plenipotenciario ante el Perú.

Tampoco aceptó San Martín ese cargo por razones de delicadeza, pero desde entonces San Martín y Rosas intercambiaron correspondencia.

Por encima de todo, lo que asqueaba al mentor de la independencia era que existieran «americanos que, por un indigno espíritu de partido, se aliaran al enemigo extranjero para humillar a su patria», razón por la cual declaraba que «una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer».

Idéntica actitud asumió San Martín ciando se produjo el bloqueo anglo-francés a Buenos Aires en 1845.

A pedido del cónsul argentino en Londres, Federico Dickson, hizo San Martín —que se hallaba en Nápoles— una minuciosa crítica a este abuso de los fuertes, al tiempo que demostraba las óptimas posibilidades que tenía Rosas para vencer (28 de diciembre).

La nota fue publicada en el Morning Chonicle y causó hondo impacto en el gabinete británico, que muy pronto dispuso iniciar tratativas de paz.

Los sucesos de París en julio de 1848 aconsejaron a San Martín abandonar la capital y refugiarse en Boulogne-sur-Mer; su reuma lo agobiaba, una afección a la vista lo conducía irremediablemente a la ceguera total.

Biografia de José de San Martin-Vida y Obra del Libertador de America –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

El gabinete francés había refrenado las pretensiones colonizadoras, sobre todo porque en el Plata el bloqueo era cada vez más inoperante.

La prensa de París, por conducto de Emile Girardín, fustigaba a diario al ministerio por lo que constituía un abuso sobre Mises en apariencia indefensos, que ponían en jaque a la poderosa escuadra francesa.

Sólo el partido que dirigía el ardiente colonialista Alphonse Thiers mantenía la exigencia del bloqueo y el envío de una poderosa flota que demoliera toda resistencia.

Ni siquiera cedió Thiers en su posición cuando Gran Bretaña decidió abandonar el bloqueo y hacer la paz con la Confederación (noviembre de 1849).

En la emergencia, el ministro Bineau resolvió consultar al famoso libertador sudamericano.

San Martín, casi ciego y próximo a morir, escribió, por mano de su hija, un alegato en el que ampliaba los argumentos asentados en su carta a Dickson, y puntualizaba la injusticia y la inutilidad del bloqueo (23 de diciembre de 1849).

Esa nota fue leída en la Legislatura por el ministro Bouther, y con ella logró derrotar a Thiers.

De inmediato el gobierno francés —que había preparado una fuerte escuadra para atacar Buenos Aires— dio instrucciones al barón de Mackau para que marchara al Plata y, en carácter de ministro plenipotenciario, acordara la paz en los términos exigidos por la Confederación.

El coronel mayor de la Argentina, brigadier general de Chile, generalísimo y Fundador de la Libertad del Perú, José de San Martín, murió en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850, a las 3 de la tarde.

Sobre su lecho mortuorio, un retrato de Bolívar ostentaba el lema: «Unión, unión y seremos invencibles».

Antes de que la triste noticia atravesara el Atlántico, el 2 de setiembre, el almirante Le Prédour y el ministro Felipe Arana, en nombre de los gobiernos francés y argentino, firmaron la convención de paz.

La bandera argentina fue desagraviada en la forma de estilo, y la Confederación obtuvo uno de los más significativos triunfos de su historia militar y diplomática.

Buena parte de esa victoria se debió al anciano patriota, que hasta el último instante de su vida luchó con toda vehemencia por su mística hispanoamericana.

Por eso mismo, el artículo 39 del testamento de San Martín declara al general Rosas heredero de su glorioso sable, en virtud de «la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».

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Historia del Sable Corvo de San Martin: Obsequio a Rosas Juan Manuel

Historia y Cronologia del Sable Corvo de San Martin: Obsequio a Rosas Juan Manuel

De todas las disposiciones testamentarias, hay una que se convirtió en objeto de críticas. San Martín donó su sable, símbolo de sus campañas libertadoras, a Juan Manuel de Rosas.

La acción, que podía leerse claramente como un apoyo público a las políticas del gobernador de Buenos Aires, fue denostada por los unitarios y, en el mejor de los casos, achacada a la senilidad del Libertador.

Sin embargo, José Pacífico Otero, uno de sus biógrafos, asegura que «su cerebro se encontraba en perfecto estado de lucidez.

Sabía San Martín que el país estaba dividido en dos bandos, que de uno estaba Rosas y los partidarios de su dictadura».

La razón de su agradecimiento estaba en la acción de Rosas frente al bloqueo y precisamente en su triunfo en la Vuelta de Obligado.

Existen documentos que atestiguan que cuando el jefe de una flota francesa decretó el bloqueo del puerto de Buenos Aires del litoral argentino, San Martín ofreció sus servicios al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

En una carta le dice: «Si usted me cree de alguna utilidad, sepa que tres días después de haber recibido sus órdenes me pondré en marcha para servir a la Patria que me vio nacer».

sable corvo de san martin

El sable corvo del General José de San Martín, que durante mas de cuarenta años se encontraba en el Regimiento de Granaderos, fue trasladado en 2015 al Museo Histórico Nacional por un decreto presidencial.

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CRONOLOGÍA

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El 5 de diciembre de 1835 desde su casa en Francia, el general San Martín escribió una carta a su yerno Mariano Balcarce que estaba en Buenos Aires junto a su esposa e hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce:

«Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo. En cuanto a lo demás ya les tengo escrito con extensión en la suposición de que deben venir contando no volver a América hasta después de mi muerte».

Biografia de Juan Manuel de Rosas Vida Política y Su Gobierno – BIOGRAFÍAS  e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

En 1844, admirado por la defensa de la soberanía argentina frente a la agresión británica, en la Vuelta de Obligado, San Martín en su testamento estipula:

«El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».

Su voluntad fue cumplida.

Más tarde Rosas en su testamento de 1862, escribe: en la cláusula decimoctava lega a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero:

«la espada que me dejó el Excmo. Sr. Capitán General Dn. José de San Martín («y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia») por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria.

Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa, la Sra. Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad».

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En 1896, el director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, le escribió una carta a Manuela Rosas de Terrero pidiéndole la donación del sable para ser exhibido en esa institución.

Manuela tarda en contestar, pero le informa que: «…con la entera aprobación mía y de nuestros hijos se ha decidido donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser en el seno del país que libertó.

Por lo tanto, puede Ud. Sr. Carranza contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable» […] «nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que fuese depositado en el Museo Histórico Nacional, con su vaina y caja tal cual fue recibido el legado del General San Martín».

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Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable se depositara en el sitio indicado por los donantes.

Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton en el «Danube» de la Royal Mail y luego trasbordado a la corbeta «La Argentina».

Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional.

logo de la juventud peronista

En 1963, la Juventud Peronista, liderada por Calos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, decidió sustraer el sable de San Martín para protestar por las elecciones realizadas ese año con el peronismo proscripto y reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el Fondo Monetario Internacional, el castigo a los responsables de los fusilamientos de 1956 y la libertad a los presos del Plan CONINTES de Arturo Frondizi.

El 12 de agosto de 1963, se sustrajo el sable del Museo Histórico Nacional. La J.P. emitió un comunicado en el que declaró que «Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud.».

Fue devuelta el 17 de agosto de 1964.

El 19 de agosto de 1965, cuatro miembros de la Juventud Peronista otra vez sustrajeron el sable, que permaneció escondido en un colchón en una guardería de muebles, hasta que el 4 de junio de 1966 fue devuelto al Ejército.

Exilio de Perón y La Resitencia Peronista en Argentina Rucci-Lanusse

El 2 de septiembre de 1971, el presidente de facto Alejandro Lanusse dispuso por el decreto 3.326 que el sable de San Martín retornara al Museo Histórico Nacional y estableció una guardia y custodia de honor permanente del Regimiento de Granaderos en la sala donde estuviera exhibido, pero la medida nunca se cumplió.

Fuente Consultada: Revista El Federal La Argentina Que Queremos Nota De: Aracelli Bellotta

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Cruce de los Andes:Organizacion del Plan Continental de San Martin

Cruce de los Andes de San Martin:Organizacion del Plan Continental

ANTECEDENTES, PORQUE CRUZAR LOS ANDES:

La creación del Ejército de los Andes, y todas sus consecuencias, constituyó un hecho único e inédito en la historia militar argentina.

José de San Martín, que había regresado a su patria en 1812, fue encargado por el gobierno argentino (Primer Triunvirato) de la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo.

Con esta fuerza dio una acabada prueba de idoneidad y competencia con la victoria obtenida en la batalla de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813.

Con ella se detuvo las incursiones españolas en los ríos interiores y posteriormente el Directorio se convenció de la necesidad de crear una escuadra argentina que mantuviera el dominio de aquéllos.

General José de San Martin

Al fracasar la segunda expedición al Alto Perú, al mando del general Manuel Belgrano, con la derrota de Ayohuma (véase) del 14 de noviembre de 1813, el gobierno de Buenos Aires decidió enviar a San Martín en refuerzo de aquélla, y poco tiempo después el Director Supremo Posadas lo nombró jefe titular del Ejército Auxiliar del Perú.

Al hacerse cargo de esta misión y mientras reorganizaba a las deshechas fuerzas del norte en Tucumán, San Martín comprendió, con claridad meridiana, la verdadera situación existente con respecto a la causa de la independencia.

El principio revolucionario de Mayo había tratado solamente de rescatar los territorios que hasta entonces habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata y que habían sido ocupados por los españoles (Chile, Alto Perú, Montevideo).

Pero el baluarte principal de la dominación realista se hallaba en Lima y allí se debía llegar, cuanto antes, para garantizar la independencia de las Provincias Unidas.

Pero, ¿cómo llegar al corazón del Virreinato de Perú?.

Sólo habían dos caminos para eso: el del Alto Perú, que había sido utilizado desde 1810 hasta la fecha en forma estéril; el otro, el de Chile, a través de cruce de la Cordillera de los Andes, liberando primero a este para seguir luego por el Pacífico hacia Lima y tomarla.

DIRECTORIO DE PUEYRREDÓN

Cruce de los andes Plan Continental pueyrredonEl período de gobierno de este distinguido patriota, fue uno de los más agitados de la historia patria.

Los caudillos del litoral a quienes se unió el chileno Carrera, se habían rebelado.

Los portugueses invadieron la Banda Oriental. Güemes mantenía una autonomía recelosa en el norte.

Los federalistas porteños combatían tenazmente al gobierno.

Pueyrredón descendió apresuradamente desde Tucumán, y entró en Buenos Aires el 29 de julio.

A su paso por Córdoba acordó con el gran capitán la preparación de la campaña de los Andes.

En la Capital la oposición le hacía una guerra encarnizada que no se paraba ni en calumnias ni en conspiraciones. Pueyrredón alcanzó a mandar a su jefe, el general Soler, al ejército de San Martín.

Como el coronel Dorrego continuara en la lucha, lo detuvo y lo embarcó hacia las Antillas. Ante la amenaza de un complot, el director expulsó del país, enviándolos a los Estados Unidos, a los demás exaltados revolucionarios.

Estas terminantes medidas y las derrotas sufridas por Artigas, al mismo tiempo que San Martín vencía en Chile, desbarataron a los opositores y consolidaron la posición del gobierno.

EL EJERCITO LIBERTADOR – EL PLAN DE SAN MARTÍN

San martinLa experiencia había demostrado con toda su crudeza, la imposibilidad de decidir la guerra de independencia por el Alto Perú.

Cuando los españoles avanzaban y se apartaban de sus bases de aprovisionamiento eran derrotados (Suipacha, Tucumán, Salta) y cuando los patriotas se alejaban de las suyas, sufrían los mismos desastres (Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma, Sipe-Sipe..).

El genio concreto de San Martín lo vio y lo afirmó categóricamente, y señaló el único medio de llegar a una definición en la interminable guerra. A Godoy Cruz le decía:

«La patria no hará camino por este lado del norte… ya le he dicho a usted mi secreto: un pequeño ejército y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos… Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para llegar a Lima. Ese es el camino y no este». San Martín en Cuyo. – Después de retirarse del ejército del Norte, San Martín fue nombrado (10 de agosto de 1814) gobernador intendente de Cuyo.

Es admirable la compenetración de ideales entre el gran capitán y el generoso pueblo cuyano. Sobre la base del cuerpo auxiliar de Chile y de los batallones cívicos de la provincia, San Martín comenzó a levantar su aguerrido ejército.

Pidió por bando la incorporación de voluntarios de Buenos Aires.

El director Pueyrredón le fue remitiendo nuevos cuerpos reclutados, se reorganizaron los batallones de chilenos emigrados, se libertaron esclavos para servicios auxiliares.

El ingeniero Álvarez Condarco intensificó la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de municiones.

Fray Luis Beltrán organizó la maestranza y el parque del ejército. Pueyrredón y la provincia de Cuyo proveyeron los equipos, transportes y vituallas.

El 19 de agosto de 1815 el ejército de los Andes con sus 5.400 soldados disciplinados y aguerridos, fue oficialmente constituido por el director del Estado, nombrándose general en jefe al general San Martín.

Como preparación de la campaña San Martín organizó una hábil red de espionaje, de informaciones desorientadoras y de falsas alarmas, que llamó guerra de zapa.

El Ejército Realista. 

Gobernaba la capitanía general de Chile, el mariscal don Francisco Casimiro Marcó del Pont.

Su ejército había sido debilitado por el envío de 1.400 hombres al Alto Perú.

Además la campaña de corso realizada por Brown en el Pacífico, había cortado sus comunicaciones con el Perú y alarmado y desorientado sus costas.

Ante la proximidad de una invasión por la cordillera, que ya veía venir, se apresuró a organizar un ejército reclutando nativos de su capitanía.

Llegó así a reunir unos 5.020 hombres con 33 piezas de artillería.

EL PASO DE LOS ANDES

Antes de partir San Martín declaró a la Virgen del Carmen patrona del ejército y dirigió una despedida agradecida y afectuosa al pueblo de Cuyo, patriota y generoso.

A fines de enero de 1817, San Martín se dispuso ya para atravesar la cordillera andina.

Seis fueron los pasos por los que decidió franquearla.

Cruce de los andes Plan Continental

El grueso del ejército se dirigió por la ruta de Los Patos bajo su mando y el de O’Higgins y Soler; y por la ruta de Uspallata a las órdenes del coronel Las Heras.

«Sin que fallara una sola de las previsiones de San Martin, tanto en lo que respecta a la simultaneidad de la invasión en un frente de 800 kilómetros, como en la precisión de todos los movimientos y en la reunión final de las fuerzas principales, fue franqueada en 20 días la gigantesca mole de los Andes».

Batalla de Chacabuco. 

Esta victoria fue el fruto de la genial preparación estratégica y de la realización del paso de los Andes.

Cuando San Martín estaba a las puertas de Santiago, Marcó del Pont empezaba a concentrar sus tropas sin atinar aún con el sitio por el que seria atacado.

Pretendió defender la entrada del valle de Aconcagua, pero el día 12 de febrero fue desalojado por un ataque de sorpresa.

Se retiró entonces al norte de la hacienda de Chacabuco para defender el camino a la Capital.

El mando del ejército fue entregado al brigadier Rafael Maroto.

La hacienda de Chacabuco, está situada en una hondonada a la que se llega por dos sendas viniendo del Aconcagua: la de la cuesta vieja y la de la nueva.

La senda de la cuesta vieja va a dar directamente en el frente de la hacienda, y la de la nueva se desprende de la anterior y bordeando por el oeste los cerros termina detrás de esa misma estancia.

Maroto se situó al norte de la estancia de Chacabuco, protegiendo el camino principal de la cuesta vieja, pero sin reparar (inexplicablemente), que el enemigo podía rodearlo y atacarlo por su retaguardia.

O'HigginsEste es el error que aprovechó San Martín y que le dio la victoria.

Mandó a O’Higgins (imagen) cargar sobre el enemigo por el frente pero sin emplearse, solamente para entretenerlo y aferrarlo.

Entre tanto Soler, marchando por la cuesta nueva, llegaría sobre la retaguardia realista y Maroto sería tomado entre dos fuegos.

O’Higgins dejándose llevar por su enardecimiento, atacó a fondo sin esperar a Soler y estuvo a punto de comprometer la victoria.

Rechazado en un primer impetuoso intento, volvió a cargar cuando Soler aparecía por el sudoeste (urgido por San Martin). Los realistas resistieron en ese flanco izquierdo durante una hora, encarnizadamente.

Pero fueron completamente batidos y se desbandaron perdiendo más de 1.200 hombres y dejando su artillería, parque y almacenes en el campo de batalla.

Maroto que intentaba huir fue tomado prisionero, y San Martín dos días después de la victoria (14 de febrero) entró en la Capital, modestamente y sin ninguna pompa.

Al día siguiente fue convocado un Cabildo abierto. Nombrado San Martín director supremo del Estado de Chile, rechazó ese alto honor y en un nuevo Cabildo fue entonces designado don Bernardo O’Higgins.

El libertador mantuvo el mando en jefe del ejército argentino-chileno.

Campaña al Sur de Chile

El cansancio de las tropas impidió a San Martín perseguir a los realistas hasta su aniquilamiento.

Pudieron estos rehacerse en el sur, donde contaban con numerosos partidarios, recibieron refuerzos desde el Perú y afirmándose en sus montañosas regiones, prolongaron su resistencia por un año más.

Pareció en un principio esta resistencia, consecuencia lamentable de un descuido o de una falta de previsión de San Martín, pero el tiempo le dio la razón.

A los pocos días de ocupar a Santiago, el general San Martín dio orden para que una división marchará hacia el sur a completar la victoria con la persecución del enemigo.

La dificultad de aprovisionarla la retardó hasta el de 3 de marzo.

En esas serranías la marcha fue lenta y difícil.

coronel Las HerasEl coronel Las Heras (imagen) que la mandaba partió con sus 1.300 hombres casi sin caballos.

Irritado O’Higgins por la lentitud de esa marcha, llegó a acusar al jefe argentino de negligencia y abandono y hasta pretendió juzgarlo militarmente.

Finalmente se decidió a ir él mismo a dirigir la campaña. Sin embargo Las Heras se había comportado valientemente.

A principios de abril había acampado en la hacienda de Curapaligue, a 20 kilómetros de Concepción.

El jefe de la plaza de Talcahuano, Ordoñez, le atacó en la noche del 5, sabiendo que O’Higgins acudía con nuevas tropas.

Las Heras le rechazó con graves pérdidas y luego siguió avanzando. Ocupó a Concepción y puso sitio a Talcahuano, fortificándose en el cerro Gavilán.

El 5 de mayo el tenaz Ordóñez volvió a atacar a los patriotas . Cuando la victoria estaba ya decidida apareció la vanguardia de O’Higgins que la completó.

El director chileno asumió el mando de todas las fuerzas sitiadoras.

Había tardado en llegar más tiempo aún que Las Heras. Sitio de Talcahuano. 

O’Higgins fue conquistando poco a poco los fuertes que defendían la zona de Talcahuano.

En el mes de julio intentó un asalto a la plaza pero se retiró sin empeñarse.

El tiempo pasaba frente a la plaza fuerte. O’Higgins impaciente se determinó a tomarla por asalto el 6 de diciembre.

Siguieron el plan del oficial francés Brayer, que se había agregado al estado mayor. Este impuso un ataque frontal en el punto más fuerte de la defensa.

Ordoñez tenía unos 1.700 hombres y 130 cañones, y algunas naves en la bahía.

El asalto comenzó cerca de las 3 de la mañana.

Las Heras alcanzó a apoderarse del Morro de la izquierda. Pero los patriotas que se habían embarcado para apoderarse de unas naves en la bahía de San Vicente y envolver al enemigo, debieron volver diezmados. No le cupo mejor suerte a las fuerzas que atacaron en el flanco derecho.

O’Higgins viendo la inutilidad del sacrificio de Las Heras que continuaba en su posición, dio la orden de retirada.

La acción les había costado a los patriotas cerca de 500 hombres, entre muertos y heridos. Cancha Rayada.

San Martín había ido a Buenos Aires para tratar con el director Pueyrredón la continuación de la campaña hasta Lima.

Volvió en el mes de mayo y con todo su empeño se dio a la preparación del ejército libertador, estableciendo en las Tablas un campamento semejante al del Plumerillo.

A fines de 1817 contaba con 9.000 hombres perfectamente disciplinados y armados.

El virrey Pezuela decidido a no perder la capitanía de Chile y a anular así la expedición de San Martín, que ya preveía, mandó a este territorio un fuerte ejército de 3.300 hombres al mando del general Osorio.

Estas fuerzas desembarcaron en Talcahuano a mediados de enero de 1818 y unidas a las de Ordóñez formaron un ejército de 5.000 hombres. San Martín dio orden a O’Higgins de replegarse y al ejército del norte de descender.

Osorio emprendió muy tarde la persecución de O’Higgins y en vez de hacerlo con rapidez por mar, utilizando la escuadra, eligió el largo y penoso camino terrestre.

Los dos cuerpos del ejército patriota se encontraron el 12 de marzo en Chimborango.

Desde ese momento la superioridad volvía a estar de su parte.

San Martín fue en busca del enemigo, pero este retrocedió evitando el encuentro. Perseguido de cerca, Osorio se vio obligado a aceptar el combate. Formado en batalla acampó en las proximidades de Talca.

Su situación era desesperada pues tenía a sus espaldas el río Maule.

El coronel Ordoñez impuso su decisión de atacar a los patriotas esa misma noche por sorpresa (19 de marzo).

El ejército de San Martín había acampado al pie de los cerros de Baeza.

A las 21 las tropas de Ordóñez avanzaron sigilosamente en tres columnas.

San Martín había sido avisado por un espía del próximo ataque y estaba efectuando un cambio de frente.

El ejército patriota fue sorprendido en plena maniobra y dispersado sangrientamente.

Sin embargo Las Heras tomó el mando del ala derecha patriota que como ya había efectuado el cambio previsto quedó intacta, y pasando por entre los mismos realistas, que en la confusión no lo advirtieron, se dirigió hacia el norte.

Al llegar al río Lircay, pudo comunicar a San Martín que se retiraba con 3.500 hombres. Osorio no persiguió a los patriotas y les permitió alejarse y rehacerse. Este error le costó la derrota de Maipú.

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Reglamento Militar en la Guerra de la Independencia

INSTRUCCIONES DEL LIBERTADOR DON JOSÉ DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

San Martín instruyó a su ejército antes de librarse la batalla de Maipú:

1- Cada soldado, para batirse, llevará cien tiros y seis piedras; la mitad consigo y la otra mitad detrás de su respectivo cuerpo.

2- Antes de entrar en batalla, se les dará una ración de vino o aguardiente, prefiriendo lo primero. Los jefes perorarán con denuedo a la tropa antes de entrar en batalla, imponiendo pena de la vida al que se separase de su fila, sea al avanzar, sea al retirarse.

3- Se dirá a los soldados, de un modo claro y terminante por sus jefes, que si un cuerpo se retira es porque el general en jefe lo ha mandado así por astucia.

4- Si algún cuerpo de infantería o caballería fuere cargado con arma blanca, no será esperado a pie firme, sino que le saldrá cincuenta pasos al encuentro con bayoneta calada o con sable.

5- Los heridos que no puedan andar con sus pies no serán salvados mientras dure la batalla, porque necesitando cuatro para cada uno, se debilitaría la línea en un momento.

6- Recomiendo a los jefes de caballería llevar a retaguardia un pelotón de 25 a 30 hombres para sablear a los soldados que vuelvan cara, así como para perseguir al enemigo mientras se reúne el resto del escuadrón. Siendo el carácter de nuestros soldados mas propio para la ofensa que para la defensa, los jefes no olvidaran que en el caso apurado deberán tomar la primera»

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BATALLA DE MAIPU

San Martín y O’Higgins entraron en Santiago y reanimaron a los patriotas.

Pocos días después habían rehecho un ejercito de 4.900 hombres.

San Martín impuso su determinación de atacar al enemigo, en una junta de guerra.

Osorio siguió avanzando y el 4 de abril acampó a 4 kilómetros de las fuerzas patriotas en la hacienda Lo Espejo. Los dos ejércitos se encontraron en los llanos de Maipú.

La batalla comenzó a mediodía del 5 de abril.

Batalla - Cruce de los andes

San Martín alcanzó a dividir el ala izquierda de los realistas y flanquearla. Ordóñez había logrado imponerse en su derecha.

Pero las reservas patriotas lo detuvieron y ante la amenaza de ser envuelto empezó a retirarse con orden.

Un nuevo ataque deshizo su formación y sus soldados huyeron hacia la hacienda Lo Espejo. Ordónez intentó todavía resistir allí, pero acorralado y diezmado debió entregarse.

En el campo de batalla quedaron 2.000 realistas y se tomaron 3.000 prisioneros con todo su armamento.

Importancia de Maipú en la emancipación continental. Por esta memorable victoria, Chile aseguró definitivamente su independencia.

El ejército realista del Alto Perú debió retirarse para acudir en defensa del Perú amenazado.

La primera etapa de la gesta sanmartiniana quedaba espléndidamente cumplida.

El libertador pudo preparar el último golpe a la dominación española en América del Sur, dando a su campaña una amplitud y una gloria continental.

Expedición a Perú

La victoria de Maipú al hacer posible la expedición libertadora del gran capitán dio a los aislados movimientos de emancipación la trascendencia de un plan continental, que tuvo su punto de convergencia en Guayaquil.

La empresa era obra de romanos.

Se debía crear una escuadra. Organizar y equipar un ejército poderoso y preparar armamentos para levantar otros en el Perú.

Y se debían, además, reducir los últimos focos realistas subsistentes en Chile que resistían aún con tenacidad española.

El director O’Higgins se encargó de la preparación de la escuadra y de la pacificación de su territorio.

Con la ayuda de Buenos Aires y las presas que el almirante Blanco Encalada abordó en varios cruceros, la escuadra fue una realidad.

El ejército surgía más lentamente. Pero la constancia y la sagacidad de San Martín llevó a los gobiernos hermanos de Chile y la Argentina, a firmar un acuerdo en febrero de 1819 que decidió en firme su preparación.

Entretanto el almirante Cochrane había realizado un crucero por el Pacífico en el que conquistó varias naves y pertrechos, y sobre todo, afirmó su dominio en el mar por el que debía cruzar la expedición.

La guerra civil del otro lado de la cordillera complicó la labor bélica del gran capitán.

El gobierno para sostenerse (como representante de una tendencia), requirió la ayuda de las tropas del ejército libertador.

Lo exigió primeramente Pueyrredón y a su caída, Rondeau.

San Martín mantuvo a sus tropas en el destino de su alto ideal de la independencia americana y no quiso convertirse en montonero.

Por el acta de Rancagua, toda la oficialidad le confirmó el mando, y el Senado y el pueblo chileno le nombraron generalísimo.

El 20 de agosto de 1820 el convoy del ejército libertador del Perú se hizo a la vela, conduciendo 4.300 hombres de desembarco.

En septiembre ancló en la bahía de Paracas.

Después de desembarcar, el general Las Heras ocupó el pueblo de Pisco. Los esclavos negros declarados libres acudieron a formar en las filas independientes.

El virrey Pezuela mandó un comisionado para tratar, pero no se llegó a ningún acuerdo.

San Martín reembarcó su ejército para operar en el norte y envió al general Arenales a incursionar y sublevar las sierras.

Este cuerpo obtuvo brillantes éxitos (principalmente en Paseo), y se mantuvo hasta fines del 1820.

Una orden mal transmitida le hizo abandonar la sierra, cuando sus victorias hubieran cerrado el cerco sobre Lima e impedido el retiro de los españoles a esas alturas.

San Martín desembarcó en Ancón, a 37 kilómetros de Lima, y luego se dirigió nuevamente por mar a Huacho (150 kilómetros). Desde allí ocupó el valle de Jauja. Las defecciones comenzaron a diezmar al ejército realista.

La capitanía de Quito se sublevó.

El sitio de Lima se hizo más estrecho, mientras Cochrane dominaba e incursionaba por el Pacífico.

La venida de un comisionado real estableció una tregua y se entablaron nuevas tratativas. San Martín se entrevistó personalmente con el virrey La Serna, en Punchauca.

No se llegó a ninguna conclusión y a principios de julio de 1821, San Martín reinició las operaciones.

El almirante Cochrane y el general Miller fueron mandados para realizar un crucero y alarmar las guarniciones costeras.

El almirante comenzó a levantar cabeza, y a pretender dirigir la campaña enemistándose con el jefe. Miller consiguió notables éxitos en Pisco y Anca y Taena, y Arenales volvió a la sierra.

Entretanto la situación de los realistas en la Capital se hizo imposible y el nuevo virrey La Serna, decidió evacuaría y retirarse a la sierra, de más saludable clima y de mejores recursos. Arenales bajó a la costa y San Martín ocupó la Capital.

El 14 de julio reunió un Cabildo abierto que declaró la independencia, y el 28, el libertador la proclamó solemnemente desplegando la bandera que él creara para el Perú.

La prosecución de la campaña y el orden y tranquilidad del nuevo Estado, movieron a San Martín a aceptar la petición unánime de que asumiera el gobierno. Tomó así, el título de protector del Perú.

bolivarEl virrey La Serna, más activo que Pezuela, envió sobre Lima un poderoso ejército al mando del general Canterac.

San Martín no tenía fuerzas con que oponérsele eficazmente, pero con una hábil maniobra logró dirigir a los realistas al Callao.

Los sitiados de la fortaleza se opusieron a las instrucciones que traía Canterac de derruir sus murallas y trasladar su armamento a la sierra.

Los pocos víveres con que contaban se consumieron prontamente.

El general español debió volver otra vez a reunirse con sus tropas y el Callao se rindió en septiembre de 1821.

El virrey contaba en la sierra con un ejército numeroso y aguerrido y con grandes recursos.

El libertador no podía concluir la campaña con sus solas fuerzas. Decidió, por lo tanto combinar sus planes con Bolívar que descendía victorioso desde el norte.

San Martín le había enviado anteriormente algunas tropas, que fueron parte muy principal en la victoria de Pichincha. La entrevista entre los dos grandes próceres tuvo lugar el 26 y el 27 de julio de 1822, en Guayaquil.

En las dos conferencias trataron los dos libertadores el problema de la terminación de la guerra sudamericana.

San Martín advirtió en seguida la ambición de su émulo a la gloria de coronar la independencia del continente sur.

Esta persuasión, el regateo intrigante de los recursos prometidos, la defección del almirante Cochrane que se había declarado en rebeldía, la desacertada política de su ministro Monteagudo y la impopularidad que comenzaba a producirle, y hasta algún complot descubierto en el ejercito, indujeron al gran capitán a retirarse.

Solo hubiera podido mantenerse apartándose del recto ideal de su glorioso destino, para descender a la mezquindad de las intrigas ambiciosas.

El gran capitán, para su gloria y la de su patria, eligió las alturas.

El 20 de septiembre instaló solemnemente el primer Congreso Constitucional del Perú y ante él se despojó indeclinablemente de la banda bicolor de protector.

En el ocaso de su poder, el libertador nació para la inmortalidad de la nacionalidad argentina.

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Ejército de los Andes de San Martin: Organización y Preparativos

Ejército de los Andes de San Martin: Organización
y Preparativos De Su Plan Continental

En el Río de la Plata la liberación de los países no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana.

Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar lo llevó a cabo.

En 1814 tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud.

Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Ejército de los Andes de San Martin: Organización y Preparativos

• Los Preparativos:

Como primera medida logró que se lo designara gobernador intendente de Cuyo.

Pronto, mediante el recurso de exponer llanamente los peligros que amenazaban la causa de la libertad, consiguió la adhesión incondicional de la población.

La gente de las actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis –castigadas en su economía porque el comercio con Chile, que era una de sus mayores fuentes de ingresos, estaba suspendido– protagonizó tiempos de enorme esfuerzo y dura prueba.

Más allá de la anécdota que inmortalizó la donación de alhajas por parte de las damas mendocinas, todos dieron todo: humildes y encumbrados ofrecieron su persona y sus bienes al Ejército de los Andes.

Se crearon nuevos impuestos y cada familia tuvo que declarar el valor de sus posesiones, bajo pena de pagar el doble si se falseaban los datos.

Se confiscaron propiedades de enemigos de la independencia. Parte de lo recaudado se destinó a la formación de un fondo para reforzar los sueldos de la tropa.

Jóvenes y viejos se alistaban a diario para adiestrarse en el campamento de El Plumerillo, que se instaló lejos de la ciudad para que los soldados no se distrajeran con las tentaciones propias de un centro urbano.

En las dos principales escuelas de varones, los chicos de siete a quince años se agruparon en batallones y compañías. Mendoza se transformó en una fábrica de material bélico.

Se fundían cañones, se producían municiones y pólvora «tan buena como la superfina de Inglaterra a la cuarta parte del costo» (según se enorgullecía el propio San Martín), se tejían paños y se cosían prendas.

Gracias a que no fue necesario escatimar tiros durante la instrucción, los reclutas mejoraron su puntería y, al familiarizarse con el estruendo de disparos y cañonazos, ganaron en serenidad.

• Energía inagotable

San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles.

Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó.

Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición.

Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad.

Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire, el manejo de la espada.

El ejército crecía bajo su metódica dirección.

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos.

Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados.

Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello.

Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia.

También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio.

Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder.

Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

• Organización del El Ejército de los Andes:

Para albergar a los soldados que iban llegando, darles instrucción y preparar todo lo concerniente a la expedición

La tarea fue ímproba, sólo realizable por un héroe de su talla, porque todo estaba por hacer y no contaba con el dinero necesario, pese a los esfuerzos del gobierno y de todo el pueblo de Cuyo.

Por eso tuvo que aguzar su ingenio para sacar el mayor provecho posible de los elementos que estaban a su alcance, contando para ello con eficaces colaboradores.

La base de su ejército fue el cuerpo de auxiliares de Chile, que al mando de Las Heras había intervenido en los sucesos de 1814, que culminaron en Rancagua.

San Juan, San Luis y Buenos Aires enviaron hombres.

Se incorporaron también oficiales y soldados chilenos, con los que San Martín pensaba formar la base del ejército chileno cuando ocuparan el país; O’Higgins fue asimilado con el grado de brigadier general de las Provincias Unidas.

Para llegar a contar con los 5.000 hombres que necesitaba, solicitó la cooperación de voluntarios; se hizo una leva de vagos y fueron incorporados 700 esclavos de 16 a 30 años de edad; no se permitió alistarse a los que trabajaban en la agricultura y en el comercio.

Para la fabricación de armas se organizó una fabrica, dirigida por fray Luis Beltrán, sacerdote argentino que actuó en Chile hasta Rancagua y que poseía profundos conocimientos de física, matemáticas y fabricación de armas.

Se instaló un laboratorio, bajo la dirección de Alvarez Condarco, para fabricar pólvora con el salitre de la provincia.

Un serio problema era proporcionar vestuario a los soldados.

San Luis envió bayeta, que fue teñida de azul, y el resto se fabricó en Mendoza; las mujeres cosieron gratuitamente los uniformes.

Con los restos de cuero del ganado faenado, los mismos soldados confeccionaron zapatos, que forraban con trozos de lana donados por el pueblo; con el cuero y los cuernos fabricaron chifles para llevar agua.

Para alimentar a la tropa durante la marcha, San Luis proporcionó ganado, preparándose charqui y una pasta de charqui molido con grasa y ají picante, que comían disuelta en agua hirviendo.

También llevaron galleta, aguardiente, cebollas y ajos para combatir el frío y el apuramiento. (imagen: O’Higgins)

En Buenos Aires y Mendoza se fabricaron 36.000 herraduras para las 12.000 mulas y 1.500 caballos que necesitaba el ejército para transporte y formación de la caballería, que también necesitó clarines y monturas.

Buenos Aires envió un puente de cuerdas; también se llevaron remedios en número suficiente.

En todos estos preparativos colaboraron los gobernadores Vicente Dupuy, de San Luis, y José Ignacio de la Roza, de San Juan, así como el pueblo cuyano.

El director Pueyrredón prestó su apoyo incondicional; decía en una carta: ….. aquí me miran atrozmente, diciendo que desatiendo a la defensa de esto (del Norte), que no pago a las viudas, asignaciones y oficialidad por contraerme todo a Mendoza.

Pueyrredon Martin Director Supremo

Sin embargo, nada me arredra, porque yo obro lo que considero el mayor bien del país en general.

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San Martín entendió que habían fracasado todos los intentos de derrotar a los realistas por el camino del Alto Perú y, tomando muy en cuenta un plan elaborado en 1801 por el militar inglés John Maitland, decidió que la estrategia más efectiva consistía en cruzar la cordillera, con la ayuda de los patriotas chilenos liberar Chile y de allí marchar por mar hacia Lima y, en combinación con Simón Bolívar, terminar con la base del poder español en América.

Para transportar agua resolvió usar cuernos de vaca para fabricar recipientes individuales para cada soldado.

La comida era el «charquicán», un alimento basado en carne secada al sol, tostada y molida, condimentada con grasa y ají picante. Prensado era fácil de transportar y se preparaba agregándole agua caliente y harina de maíz. (fuente: elhistoriador.com.ar)

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Para mantener el buen estado moral de la tropa, San Martín introdujo la religión, mediante la obligación de oír misa los domingos, hablándose en el sermón de los deberes para con Dios y con la Patria.

Se creó un tribunal de guerra, presidido por Bernardo Vera y Pintado como auditor de guerra; se organizó el cuerpo médico con Diego Paroissien (inglés naturalizado) como cirujano mayor y el limeño Zapata como segundo.

El 5 de enero de 1817 fue nombrada generala del ejército la Virgen del Carmen, y también en la iglesia matriz se juró la bandera, que habían confeccionado las damas mendocinas.

Los nombramientos más importantes recayeron en Miguel Estanislao Soler, jefe del Estado Mayor, y como segundo, el coronel Antonio Beruti, presbítero Lorenzo Guiraldes, capellán del ejército; secretario fue el humilde emigrado chileno José Ignacio Zenteno; edecanes, coronel Hilarión de la Quintana, teniente coronel Diego Paroissien y sargento mayor Álvarez Condarco; agregados al estado mayor, figuraban los coroneles Enrkiue Martínez, Ramón Freyre y Lucio Mansilla.

Entre los oficiales iban Mariano Necochea, Juan Lavalle, Ambrosio Crames, Rudecindo Alvarado, Federico Brandzen, etc. O’Higging era comandante del cuartel general y San Martín general en jefe.

Victorias del ingenio

Muchos historiadores confieren a las tretas ideadas por San Martín para desorientar al enemigo tanto valor como a su capacidad netamente militar. En su mayoría tenían por finalidad hacer creer al presidente de la Real Audiencia de Chile, Francisco Marcó, que la invasión se produciría por el sur, para debilitarlo obligándolo a desplegar sus fuerzas sobre un frente de casi ochocientos kilómetros.

El Libertador invitó a los indios pehuenches a conferenciar, seguro de que lo que se dijese llegaría a oídos de los españoles. El parlamento se concretó en septiembre de 1816 y duró ocho días.

Después de entregar a los indígenas licor y otros regalos, San Martín les habló de la patria, de la unión entre hermanos, y les pidió permiso para cruzar a Chile a través de sus territorios.

Los pehuenches no tardaron en revelar a los españoles lo que acababan de escuchar. « Un gran mal me habrían hecho esos miserables si hubieran sido fieles en esta vez», dijo después San Martín.

Para reforzar el embuste, hizo circular la versión de que había contratado a un ingeniero francés para construir un puente sobre el río Diamante, al sur de Mendoza, y anunció que los pehuenches se sumarían al ejército; esto alarmó a los españoles, temerosos de que San Martín intentara ganarse también a los indómitos araucanos del sur chileno.

El Cruce

San Martín, dando nuevas muestras de su agudeza reflexiva, decidió fraccionar lis tropas para evitar la congestión en los desfiladeros cordilleranos, y organizar el avance por jornadas para vencer gradualmente los obstáculos que la geografía se empecinaba en oponerle.

Cruce de los andes Plan Continental

En el acarreo de este equipo pesado colaboró un grupo de mineros púntanos, que además se encargaba de despedazar los peñascos que obstruían las sendas.

Mientras tanto, San Martín avanzaba por el camino de Los Patos con el grueso del ejército. Estaba enfermo, pero eso no disminuía su audacia.

El cruce de los Andes insumió veinticuatro días.

Viajeros que se aventuraron por el mismo rumbo en esa época coinciden en relatar que se transitaba por huellas donde apenas cabían las patas de las cabalgaduras, al borde de profundísimos precipicios y sobrefaldas tan estrechas y derechas que daban miedo.

Antes de llegar a los contrafuertes montañosos el trayecto era sofocante, porque el salitre suspendido en el aire provocaba una sed abrasadora que el agua no conseguía aplacar. Después, lo peor era la crudeza de la temperatura.

Héroes de carne y hueso

La base de la alimentación era un plato regional llamado valdiviano, que se hacía con charqui machacado, grasa, rodajas de cebolla cruda y agua hirviente.

También se llevaba ganado en pie para la provisión de carne fresca y hasta un poco de queso de Holanda y ron, que estaban reservados a los oficiales.

Los soldados usaban zapatones confeccionados con el cuero sobrante de las reses que se faenaban para el consumo y forrados con trapos de lana.

Para cubrirse tenían ponchos y frazadas traídos desde San Luis.

El cruce de los Andes sólo es comparable con los que realizaron en los Alpes el cartaginés Aníbal y Napoleón Bonaparte.

Pero uno lo hizo guiado por el odio hacia Roma y el otro por su propia ambición.

El coraje de los que llegaron a Chile y los que quedaron en el camino tuvo una sola fuente de inspiración: la búsqueda de la independencia.

Ver: Historia de las Bóvedas de San Mantín

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Biografia de Fidel Castro Lider Revolucionario Cubano Gobierno

Biografia de Fidel Castro el Revolucionario Cubano

Castro, Fidel (1927-2016 ), político cubano, principal dirigente de Cuba desde 1959.

Castro nació el 13 de agosto de 1927 en Mayarí; era hijo natural de un inmigrante español, plantador de azúcar.

Se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en 1950.

biografia de fidel castro

Provenía de una familia acomodada, ya que su padre era un rico propietario español.

Lógico pues que estudiara, primero en un colegio de jesuítas en Santiago de Cuba y finalmente accediera a la Universidad de La Habana, cursando estudios de derecho.

En esta etapa universitaria, Fidel  llevaba una vida política agitada conectando con otros estudiantes y discutiendo sobre la situación general en Latinoamérica.

En aquellos momentos en que la gendarmería de los Estados Unidos era patente, parecía que en América sólo pudiera existir o dictadura o un régimen de parlamentarismo burgués, que jalonaban de vez en cuando los intermedios entre los diferentes golpes.

Los intereses americanos eran básicamente los que estaban en cada momento detrás de todos estos pronunciamientos.

En esta situación, Fidel decidió marchar a Santo Domingo, donde la dictadura de Trujillo era ya trágicamente famosa.

Por entonces en Cuba el régimen parlamentario de Prío Socarras era un claro ejemplo de la opinión democrático-liberal en América Latina.

Acusado en Santo Domingo de conspirar contra Trujillo, Fidel marchó a México, para volver finalmente a Cuba, donde reingresó en la universidad.

Afiliado al partido ortodoxo, cuyo lema «vergüenza contra dinero», explica el tipo de moralismo que propugnaba y que de alguna manera influyó en Fidel.

Su imagen empezó a ser conocida en los medios universitarios, donde era frecuente encontrarle rodeado de múltiples compañeros, en los que, el magnetismo de Fidel empezaba a hacer mella.

Sin embargo el elemento detonador de toda esta actividad política fue, sin duda, el golpe de estado de Fulgencio Batista, que ocupaba un alto cargo militar en el régimen de Prío, el 10 de marzo de 1952.

fidel castro y amigos

Fidel Castro, su hermano Raúl y Juan Manuel Márquez en la época en que preparaban desde Méjico una expedición a Cuba.

La consigna fue inmediata: había que ir a la universidad ya que allí se estaba preparando una respuesta.

En efecto se organizaron manifestaciones de protesta, que fueron duramente reprimidas, al tiempo que se denunciaba el claro carácter regresivo de la conspiración.

Fidel («en aquella época andaba siempre con un libro de Lenin bajo el brazo») desplegó una gran actividad, ya había abandonado el partido ortodoxo y se dedicó a crear un núcleo de oposición al régimen.

Con él ya estaban Juan Almeida, José Ponce, Ciro Redondo, Pepe Suárez… Consciente de que la única solución eran las medidas radicales, Fidel organizó sesiones de entrenamiento en el manejo de las armas (del par de pistolas que poseían).

Fidel hablaba entonces de la necesidad de que la juventud diese una respuesta.

La juventud era para él las fuerzas vivas que no estaban comprometidas con el pasado.

Un pasado, el de Prío, que ni mucho menos había satisfecho las mínimas aspiraciones.

Los entrenamientos y las discusiones fraguaban lo que sería la primera gran acción revolucionaria en esta época cubana: el asalto al cuartel de Moneada.

El respeto por esta fecha y lo que representó es enorme en Cuba.

El 26 de julio es fiesta nacional, ya que ese día se conmemora el asalto.

En efecto el 26 de julio de 1953 se inicia el ataque cuidadosamente planeado, al cuartel de Moneada en Santiago de Cuba.

La idea es provocar la chispa que llevará a la insurrección.

Unos cien jóvenes, dirigidos por Fidel atacan el cuartel, divididos en tres columnas, mandadas por Abel Santamaría, Raúl Castro, hermano de Fidel, y él mismo.

«Fidel, antes de salir para allá, les habló a los compañeros del momento histórico… Tú sabes cómo es Fidel hablando. Yo no me acuerdo bien; pero sí recuerdo que uno de los párrafos que dijo fue que aquél era un momento histórico que íbamos a vivir, que la historia siempre recordaría a los compañeros, y que nos íbamos a ganar un lugar bien merecido en el libro de la historia» (Juan Almeida).

El asalto fracasó y causó numerosas bajas, no tanto por los enfrentamientos en sí, como por la bárbara represión que las tropas de Batista ejercieron sobre los responsables y sobre la población civil.

De todas formas allí había nacido la forma de lucha y todo el movimiento insurreccional.

fidel castro: asalto cuartel de moncada

Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en el país, Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento, facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado.

Fidel fue encarcelado, en el juicio se hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.

Condenado a 15 años de prisión, fue amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de Julio.

En 1956 regresó a Cuba con una fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada más al desembarcar.

Castro, su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara, se encontraban entre los 12 supervivientes.

El Movimiento 26 de Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista, avanzó hacia La Habana, acto que pondría colofón a la Revolución Cubana.

Castro se declaró a sí mismo primer ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976, en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que según la reforma constitucional de ese año englobaba la jefatura del Estado y del gobierno.

Fracasado su intento de establecer relaciones diplomáticas o comerciales con Estados Unidos, negoció acuerdos sobre armamento, créditos y alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la depuración de sus rivales políticos.

Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una profunda reforma agraria basada en la colectivización de propiedades y estableció un Estado socialista de partido único (el Partido Unido de la Revolución Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría Castro), que llevó a un gran número de cubanos ricos al exilio.

Estados Unidos vio con disgusto cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió con la primera Declaración de La Habana, reafirmando la soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense.

En 1961 Estados Unidos respaldó a un grupo de exiliados cubanos, en un infructuoso intento por derrocarlo, en el conocido como desembarco de bahía de Cochinos.

Desde ese momento Castro se alineó abiertamente con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda económica y militar.

En 1962 estuvo a punto de producirse una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas nucleares de alcance medio, ante la oposición estadounidense.

La llamada crisis de los misiles de Cuba concluyó tras la celebración de negociaciones entre el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el máximo dirigente soviético, Nikita Kruschev.

Durante las siguientes décadas, Castro alcanzó gran reconocimiento en el Tercer Mundo, gracias a su liderazgo del Movimiento de Países No Alineados (que presidió entre 1979 y 1981).

A finales de la década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos de glasnost (apertura) y perestroika (reestructuración), Castro mantuvo su régimen.

fidel castro derroca a batista

La noticia de la huida de Batista aparece en las primeras planas de los periódicos de La Habana. Poco después Fidel Castro es recibido triunfalmente en la capital de Cuba.

Sin embargo, con el inicio del proceso de desintegración de la URSS y del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los problemas económicos de Cuba empeoraron.

En 1993, en un intento por alcanzar una economía mixta, Castro aprobó reformas económicas limitadas que legalizaron algunas empresas privadas.

Si por algo ha sobresalido Cuba en los últimos años es por subsistir a la enorme presión internacional, anticomunista y a favor de una clara democracia.

El régimen cubano, junto al gobierno de China, Corea del Norte y Vietnam, son los únicos ejemplos de comunismo vivos en el mundo de hoy.

Fidel Castro ha seguido siempre fiel a sus ideas y ha tachado más de una vez al sistema capitalista de otros países de hipócritas y extorsionadores.

También ha declarado reiteradamente que en Cuba sí que existe una democracia aunque esta siga un modelo distinto al convencional.

 La sociedad cubana está permanece en completo silencio político, ya que cualquier disidente es encarcelado por el gobierno de Castro.

Entre este problema de libertad de expresión y pensamiento, otro de los mayores problemas de la sociedad cubana de los últimos años, y que ha sido noticia gracias a la aventura internacional del pequeño niño balsero Elián González, es el problema de la emigración de cubanos anticastristas a las costas de Florida, propiciada por leyes como la llamada ley de Ajuste Cubano que permite a todo emigrante cubano recibir derecho de residencia en estados unidos siempre que alcance tierra estadounidense.

Medidas como estas aumentaron el alcance del éxodo de familias cubanas a Estados Unidos de manera precaria e ilegal.

Dando lugar a mayores discusiones entre los gobiernos de ambos países, y altercados fomentados por la oposición al régimen tanto de dentro como de fuera de la isla los cuales son descritos por castro como instrumentos de la política estadounidense contra el pueblo cubano.

Con respecto a su sucesión presidencial, hoy a casi 80 años de edad cuando se le pregunta por este tema el responde así:

“Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era poco probable que sobreviviera mucho tiempo.

No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, (…) nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. (…) La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de cuarenta años.”

fidel castro con nikita krushev

Fidel Castro, invitado en Moscú para la fiesta del 1º de mayo de 1963, preside un desfile junto con Jruschov y otras personalidades rusas.

ALGO MAS SOBRE FIDEL CASTRO:

Opositor acérrimo a la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano, Fidel Castro impulsó y financió muchos movimientos revolucionarios, por su Cuba natal.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA:

Desde el comienzo, Fidel Castro fue un abierto opositor a Batista, al punto que abandonó su trabajo y formó un grupo clandestino de resistencia junto con su hermano Raúl y Mario Chanes.

Unidos complotaron para derrocar a Batista, acumulando armas y municiones para iniciar una revuelta popular, comenzando por í asalto al Cuartel Moneada el 26 de julio de 1953.

Sin embargo, la intentona fue un desastre y cerca de 35 de los partidarios de Castro murieron en la incursión. Perseguido como enemigo del Estado, fue capturado por la policía y sometido a juicio por sedición.

Haciendo gala de su oratoria y sus conocimientos jurídicos, Castro articuló su propia defensa ante el tribunal y antes de concluí; sus argumentos dijo: «¡Les advierto cu; recién estoy empezando! Si todavía existe en sus corazones un vestigio de amor a la patria, amor por la humanidad, amor por la justicia, escuchen atentamente…

Sé bien que el actual régimen intentará esconder la verdad de todas las maneras posibles (…), pero mi voz no ha sido acallada todavía. Condénenme. No importa.

La historia me absolverá». Estas frases pasarían a la posteridad y ayudarían a construir la leyenda de Fidel como un rebelde comprometido con la libertad de su país.

Sin embargo, el tribunal lo condenó a quince años de prisión en la penitenciaría de la Isla de Pinos, cercana a la costa sudoccidental de Cuba.

BAHÍA DE COCHINOS Y LA CRISIS DE LOS MISILES

Durante meses, la central de inteligencia estadounidense CIA planificó una invasión a Cuba con cerca de 1.500 cubanos exiliados que habían sido entrenados por el ejército norteamericano en Guatemala, Puerto Rico y Nicaragua.

Bajo el mando de José San Román y Ernesto Oliva, el 15 de abril de 1962, mediante una operación anfibia y aérea, fueron bombardeados los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba por aviones norteamericanos camuflados con los colores de la Fuerza Aérea cubana.

La invasión comenzó según lo pronosticado, pero la falta de apoyo aéreo por parte de los norteamericanos a las fuerzas de infantería que desembarcaban en la playa, hizo que la invasión fracasara estrepitosamente y permitió que Castro pudiese legitimarse ante la comunidad internacional.

Sin embargo, durante el lapso de ese mismo año, Cuba volvería a estar en la palestra, pero esta vez en medio de una posible conflagración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

El 16 de octubre de 1962, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea norteamericana identificó una serie de instalaciones militares cubanas que luego resultaron ser plataformas de misiles nucleares soviéticos, instalados en la isla con permiso de Castro.

Frente a una amenaza atómica a 90 kilómetros de la costa estadounidense, el gobierno de John Kennedy decretó un bloqueo marítimo alrededor de la isla, como medida de presión tanto contra los cubanos como los soviéticos.

Durante trece días, el ambiente se tensionó de tal modo que se pensó que en cualquier momento estallaría una guerra nuclear entre Estados Unidos y la U.R.S.S. Sin embargo, el conflicto fue disminuyendo poco a poco y se solucionó mediante el retiro simultáneo de las instalaciones soviéticas en Cuba y las plataformas de misiles de mediano alcance que los norteamericanos tenían en Turquía.

Fuente: Biografía Enviada Como Colaboración a Planeta Sedna (historiaybiografias.com) Por Ruiz Castro

El Fascismo en Italia: Características del Régimen

El Fascismo en Italia – Características del Régimen de Benito Mussolini

Introducción a modo de Síntesis:

La Italia fascista: Una vez en el gobierno, Mussolini trabajó activamente para establecer el nuevo régimen en Italia.

El parlamento fue suprimido; todos los partidos disueltos menos el oficial, constituido en milicias llamadas «las camisas negras».

Los obreros y los patrones de cada industria se organizaron en sindicatos sometidos a la «Carta del Lavoro ó Trabajo«, que establece el arbritraje obligatorio para todas las cuestiones que puedan surgir.

Los sindicatos, bajo el control del partido fascista, designan a los miembros de la representación nacional (régimen corporativo).

En realidad, todo el poder está en manos del Duce (conductor) según la fórmula: «Mussolini siempre tiene razón».

La juventud es sometida desde la más tierna infancia a una educación eminentemente nacionalista y militar.

El Estado debe considerarse como la suprema entidad a la que han de someterse las personas, simples células de su organismo.

El régimen fascista restableció el orden interior, persiguió la delincuencia, exterminó ciertas asociaciones criminales muy poderosas como la mafia; realizó grandes obras públicas, impulsó la producción industrial y agrícola.

En cambio, suprimió las libertades políticas y abrumó al pueblo con enormes gastos destinados a aumentar la eficiencia bélica del reino.

Biografia Benito Mussolini Fascismo de Mussolini Dictador Italiano

El fascismo italiano: El nombre oficial del sistema político y económico de la Italia fascista era el de Estado Corporativo. Italia continuaba siendo una monarquía, pero el rey carecía de poderes.

Los organismos vitales eran el Ministerio, el Gran Consejo del Partido Fascista y el Parlamento. El Ministerio ejercía funciones de gabinete.

El Gran Consejo asesoraba al primer ministro, aprobaba leyes y designaba a ciertos miembros del Parlamento; estaba compuesto por altos funcionarios y por miembros del partido único.

El Parlamento era bicameral, con un Senado vitalicio y una Cámara de Diputados que representaba a las Corporaciones.

En la práctica, todo ese andamiaje respondía, pura y exclusivamente, a la voluntad del ejecutivo y ese ejecutivo se llamaba, en último término, Mussolini.

Porque éste desempeñaba el doble cargo de primer ministro y de jefe, Duce o Conductor del partido.

El propio Duce era el que designaba a sus favoritos como miembros del Gran Consejo. Y el Parlamento, mera fachada carente totalmente de independencia en el ejercicio de sus funciones, era completamente dócil e inservible en la práctica.

Debajo de todo ese estamento, sin partidos políticos que representaran una pluralidad de opiniones, languidecía el pueblo, en medio de una uniformidad mortal en el pensamiento y en la acción, tan gris que el propio Duce la calificó, sinceramente, como de «aburrimiento e imbecilidad».

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►CARACTERÍSTICAS DE LA DOCTRINA FASCISTA:

En los años 20 aparecen en Europa, como reacción contra la marea ascendente de los socialistas, una serie de movimientos ideológicos que con los medios de la revolución de izquierdas hacen una revolución de derechas.

El contenido doctrinal pasa a segundo piano, se da más importancia a los hechos; así Hitler se resiste, al principio, a presentar un programa y Mussolini exclama: “Nuestra doctrina es el hecho”.

Aunque el proceso afecta a varios países europeos sus realizaciones modélicas se materializan en Italia y Alemania.

Algunas notas pueden resaltarse en unos movimientos que arguyen el valor adjetivo de las ideas frente al sustantivo de los hechos:

  • a) Omnipotencia del Estado. Los individuos están totalmente subordinados al Estado; todo para el Estado, será la fórmula. El Estado totalitario no tolera la separación ni el contrapeso de los poderes, que es en cambio el símbolo de los Estados democráticos. En el campo político se suprime toda oposición, a la que se considera sólo como una perturbación para el buen gobierno; en el campo intelectual el Estado monopoliza la verdad y la propaganda, al tiempo que se rechaza cualquier crítica. “Todo en el Estado, nada fuera del Estado”, sentencia Mussolini.
  • b) Protagonismo de las “elites”. Una minoría debe gobernar. Se parte de la desigualdad de los hombres, en contraposición al liberalismo decimonónico, basado en la igualdad, y en consecuencia se rechaza la democracia porque concede los mismos derechos a todos.Las elecciones se consideran un espectáculo inútil, una “falacia democrática”; Mussolini niega que el número pueda dirigir las sociedades humanas, y Hitler afirma que “es más fácil ver a un camello pasar por el ojo de una aguja que descubrir un gran hombre por medio de la elección”.

Esta desigualdad esencial de los seres humanos ofrece reflejos diversos.

En primer lugar una desvalorización de la mujer.

Las mujeres, dirán los ideólogos nazis, deben estar en su lugar, su objeto deben ser las tres K (Kinder, Küche, Kirche: niños, cocina, iglesia).

mussolini fascismoArgumentando que las mujeres son incapaces de usar las armas se convierten automáticamente en ciudadanos de segunda clase y se procura evitar la mano de obra femenina; el papel de la mujer se centra en el hogar, donde vive subordinada al marido.

Más dramáticas fueron las conclusiones racistas que se dedujeron de la desigualdad de los hombres.

Mussolini habla de la superioridad de los gobernantes y de la grandeza del pueblo italiano, llamado a regir y dominar a otros pueblos.

Hitler desarrolla en Mein Kampf su doctrina de la superioridad de la raza aria.La igualdad democrática se basaba en la tradición judeocristiana, que considera a todos los hombres hijos de Dios.

Para el fascismo, que rompe con esta tradición, la desigualdad no sólo es un hecho, sino un ideal.

La dicotomía superioresinferiores ha sido bien resumida por Einstein:

En el código fascista, los hombres son superiores a las mujeres, los soldados a los civiles, los miembros del partido a los que no lo son, la propia nación a las demás, los fuertes a los débiles, y (lo que quizás es más importante para el punto de vista fascista), los vencedores en la guerra a los vencidos»

c) Exaltación del jefe carismático.

Llevando a sus últimas consecuencias el postulado de la desigualdad de los hombres, una nación fuerte necesita encontrar al hombre excepcional, al superhombre, según la doctrina de Nietzsche; cuando la Providencia lo pone al frente de un pueblo debe prestársele obediencia ciega y seguirle sin titubeos.

Max Fritsch presenta en una obra de teatro importante en la dramaturgia de nuestra época, La muralla china, al emperador como “el que nunca se equívoca”, “el que siempre tiene razón”; retrata así irónicamente la concepción del jefe carismático, inspirado.

En escenografías grandiosas Mussolini invoca los estilos de la antigua Roma imperial; es el hombre histórico, indiscutido.

Hitler utiliza los mitos del romanticismo alemán y organiza grandes concentraciones de escenografía wagneriana, en las que el centro de todas las atenciones y decisiones es el Führer.

d) Imperialismo.

A veces se ha definido el fascismo como un nacionalismo de vencidos, engendrado por la humillación de la derrota.

Expresan sus mitos la desorientación de los antiguos combatientes.

En Francia los excombatientes se oponían a medidas democráticas, pero su actitud fue menos desafiante que la de los alemanes; los vencidos adoptan posturas de revancha, que la nueva ideología canaliza.

Del nacionalismo se pasa con facilidad al imperialismo, una gran nación encuentra su verdadero horizonte en la formación de un imperio, y en relación con él se defiende el principio del espacio vital.

Un pueblo superior tiene derecho a disponer de espacio para realizarse y a conquistarlo; esta necesidad se coloca por encima del derecho internacional.

e) Desconfianza en la razón.

La tradición racionalista es uno de los más decisivos legados de Grecia a Occidente; el fascismo rechaza esta tradición y adopta posturas antirracionalistas, desconfiando de la razón y exaltando los elementos irracionales de la conducta, los sentimientos intensos, el fanatismo.

En esta línea irracionalista se desenvuelven los dogmas, las ideas indiscutibles, como la superioridad de la raza o del jefe.

En contraposición, la democracia estima que ningún tema debe dejar de ser discutido.

El tabú, lo que debe aceptarse sin discusión, lo que no puede ser sometido a análisis, es rasgo peculiar de los regímenes totalitarios.

Mussolini, proclamado Duce (guía o conductor) —al igual que los antiguos gobernantes (dux) de Genova y Venecia— centralizó el poder en manos del Estado en el campo social, económico, político y cultural.

Su partido monopolizó el poder. Ejerció un gran control sobre la prensa y la educación con el fin de favorecer una amplia propaganda de adhesión al régimen.

Así fue ganando adeptos ya que, por otra parte, la oposición interna había sido desarraigada por métodos violentos. La política interna, durante todo este período, estuvo circunscripta al sistema corporativo.

El corporativismo se oponía a la concepción marxista de la lucha de clases y proponía una colaboración entre patronos y obreros.

Estos se agruparon en corporaciones sobre las cuales el Estado ejercía un estricto control y regulaba las relaciones laborales entre los dos sectores. Tanto la organización de patronos como la de obreros estaban dirigidas por fascistas.

Así, la supremacía del Estado sobre las fuerzas sociales y económicas fue total. Por otra parte, se intentó basar la representación parlamentaria en las actividades y profesiones de los diversos sectores, reemplazando, de tal manera, el sistema igualitario hasta entonces vigente.

► LAS RAÍCES DEL FASCISMO ITALIANO 

Otto Bauer ha señalado tres procesos sociales, relacionados entre sí, que confluyen en la génesis del fascismo: la Guerra Mundial, la crisis económica y la pérdida de beneficios de la gran industria.

a) La guerra de clases, es decir, separa de su grupo social, a grandes masas de combatientes. Estos, incapaces de reincorporarse a los modos de vida burgueses, nostálgicos de heroísmo, forman milicias.

En Italia se organizan en muchos pueblos tropas de choque, orgullosas de sus condecoraciones y heridas, con hábitos de dar y recibir órdenes, de llevar uniforme y organizar desfiles. Su ideología es militarista, exigen la disciplina de las masas a los jefes.

Psicológicamente la guerra crea hábitos definidores del fascismo. Pero lo hemos señalado antes como un nacionalismo de vencidos, e Italia se encuentra en 1918 en el bando de los vencedores.

La antinomia es sólo aparente. Se ha hablado, certeramente, de una paz perdida. Italia ha sufrido mucho en la guerra y considera que ha perdido la paz porque no obtiene satisfacción a sus reivindicaciones territoriales.

b) La crisis económica es otra condición indispensable, hasta el punto de que Angelo Tasca afirma que sin crisis económica no hay fascismo.

Las destrucciones de la guerra sumen en la miseria a masas de pequeños burgueses y campesinos, que abandonan desengañadas a los partidos parlamentarios; las devaluaciones de la moneda arruinan a los pequeños propietarios.

Con las subidas de los precios se producen en cadena reivindicaciones salariales.

A los pequeños burgueses les indigna que el proletariado, arrancando constantes subidas de salarios, afronte la crisis mejor, y odia a los obreros insumisos.

La situación económica es complicada. La guerra deja un aparato industrial superior a las necesidades normales, y de esta forma la superproducción coexiste con la escasez.

Ha de buscarse culpables de esta coyuntura paradójica; la agresividad empieza a considerarse una virtud.

c) La pérdida de los beneficios de los grandes industriales es considerada por Otto Bauer como una tercera raíz.

Ebenstein considera que el desarrollo industrial es una condición esencial para el crecimiento del fascismo; en primer lugar porque pone a disposición de la nueva ideología un aparato técnico indispensable para su propaganda y actividad —radio, transportes—, y en segundo porque su apelación constante a la guerra no puede sino basarse en la posesión de considerables recursos industriales.

En la posguerra los beneficios, muy altos, que algunos empresarios han conseguido disminuyen rápidamente. Para evitarlo es preciso romper la resistencia obrera por medio de milicias; se comienza apoyándolas financieramente y se termina por cederles el poder.

En el campo se producen enfrentamientos de colonos y terratenientes, éstos recurren a los grupos de combate llamados fascios.

La clase capitalista había descubierto la forma de romper el impetuoso ataque de la clase obrera.

El dinero con que contó el fascismo le atrajo un infraproletarjado de parados, que así recibían un uniforme y una soldada.

Al final, lo mismo en Italia que en Alemania, había que destruir el fascismo y ceder al empuje obrero, o entregarle el poder. Los capitalistas se inclinaron por la segunda alternativa.

►LA MARCHA SOBRE ROMA

El desencanto ocasionado por los tratados de paz de Versalles, la depresión económica y el avance de la izquierda revolucionaria que amenazaba con desencadenar una guerra civil en Italia, sirvieron de pretexto a Benito Mussolini para exigir en la última semana de octubre de 1922 la formación de un gobierno fascista para salvar la patria de la amenaza socialista y de la anarquía.

El 29 de octubre, Mussolini, invitado por el rey Víctor Manuel III, viajó por la noche en tren expreso desde Milán a Roma acompañado por su séquito y al día siguiente formó gobierno.

Apresuradamente, unos 25.000 camisas negras fueron transportados por el Partido Nacional Fascista desde la ciudad de Nápoles a la de Roma, donde el día 31 desfilaron aparatosamente en honor al Duce.

Por obra de la propaganda y la ampulosidad características del movimiento fascista este desfile pasó a la épicamussoliniana como la Marcha sobre Roma. (ampliar este tema)

► EL FASCISMO EN EL PODER 

Carente de un autentico programa de gobierno, sin otro bagaje que su ansia de poder, Mussolini va a demostrar una astucia extraordinaria para hacer evolucionar el sistema parlamentario italiano hacia un modelo de dictadura personal.

La práctica constitucional exigía el voto favorable de la Cámara, pero constituyendo los fascistas una minoría de una treintena de diputados, resultaba imprescindible el apoyo de la derecha.

En conjunto se pueden distinguir dos fases en el proceso de sustitución de las estructuras democráticas; hasta enero de 1925 se cubre una etapa de dictadura solapada, desde esta fecha, de dictadura abierta.

El primer paso es la consecución de la ley de plenos poderes, a la que solamente se oponen socialistas y comunistas.

Dotado de atribuciones que ningún jefe de gobierno anterior había tenido, mientras se recrudecen las violencias de las bandas fascistas Mussolini se consagra a la creación de órganos paralelos a los del Estado, como el Gran Consejo del Fascismo, que puede tomar decisiones políticas y reduce al gobierno a un simple papel administrativo; de manera similar la Milicia para la seguridad del Estado suplanta a la Guardia Real —disuelta en enero de 1923—, y los comisarios políticos (“prefectos volantes”), reclutados entre los “ras”, restan toda autoridad a los prefectos provinciales.

En un año Mussolini dispone de un Estado fascista paralelo.

Aunque populares y liberales se apartan recelosos y sus periódicos comienzan a criticar a Mussolini, votan muchos de sus diputados la nueva ley electoral —ley Acerbo—, que prevé una sobre representación de la lista más votada (los 2/3 de asientos de la Cámara).

Se trata de un suicidio parlamentario, solamente explicable por la capacidad de convicción del líder fascista, que ofrece a algunos partidos presentarse con una lista conjunta.

En las elecciones de 1924 los fascistas obtienen cinco de los siete millones de votos, pero la resistencia antifascista aumenta por las irregularidades del proceso electoral.

Al abrirse las sesiones del Parlamento el diputado socialista Matteotti hizo una crítica demoledora del fascismo y de la gestión gubernamental de Mussolini.

El eco fue grande en toda Italia; el discurso de Matteotti desató las lenguas.

Unos días después el valeroso secretario del partido socialista es raptado y asesinado.

La prensa publica artículos indignados contra el fascismo criminal.

Una parte de los diputados no fascistas, que colaboraban con Mussolini, como Orlando y Albertini, se apartan de él.

En ese momento Mussolini lo tenía todo contra él; la Iglesia y el partido populista de Dom Sturzo, los liberales, los socialistas, la corte, la diplomacia, los universitarios.

Benedetto Croce niega al fascismo cualquier valor político o histórico y lo califica de “doloroso incidente”.

lntelectuales y profesores firman un manifiesto antifascista.

Pero Mussolini se queda y sus fieles se dirigen a las provincias para dirigir una campaña de violencia que le afirme en poder.

La oposición abandona el Parlamento; fue un error, no volvería a ocupar sus escaños.

Mussolini declara que oposición es inútil.

Durante varios meses de 1924 y 19 parece que el rey va a dar el paso de enfrentarse al di dor; los empresarios se muestran recelosos del giro del acontecimientos; un grupo, dirigido por el senador

Ett Conti, intenta persuadir al rey para que despida al dictador; pero el monarca teme el regreso a la anarquía anterior, sólo para poder contemplar después otro tipo anarquía.

 Los partidos políticos desaparecen de la vida pública comenzando por los populistas y socialistas; la prensa aherrojada, los libros subversivos quemados en hogueras públicas, por plazas y aldeas se maltrata o asesina alos enemigos del régimen.

Muchos abandonan Italia,  llega a haber 300.000 exiliados italianos, que publican periódico en su idioma.

Al mismo tiempo, Mussolini, dando muestras de  extraordinarias dotes políticas, prescinde de los extremis de su partido.

Cuando plantea un posible programa de vuelta a la normalidad, los “escuadristas” amenazan con un golpe de Estado y precipitan un estallido de violencia durante el año 1925.

Es su final; Mussolini otorga poder excepcionales a los prefectos de las provincias y se de sembaraza de los que no le obedecen dentro del movimiento.

Es ya la figura clave.

Uno de sus aciertos estriba en oponer ramas hostiles y disidentes del fascio; contra los escuadristas, sector exaltado y demagógico, se lanzan los sindicalistas, que soñaban con apoyarse en masas obreras, sector que tampoco agrada a Mussolini.

Del choque de ambos sale robustecido el sector que encabezan Mussolini y Farinacci.

Con toda la autoridad del Estado y del partido en un solo hombre, el Duce, se declara la ilegalidad de los restantes partidos políticos y la obligatoriedad de su programa para todos los funcionarios del Estado.

La educación se somete a un control riguroso. Se organizan numerosas manifestaciones para demostrar la adhesión de las masas al Duce, en torno al cual se suscita un culto desmedido; se le canta como estadista genial, como la encarnación heroica de la nación.

Su palacio de la plaza Venecia se convierte en su cuartel general; de su despacho salen nombramientos, ceses, condenas; algunos funcionarios se suicidan al ser convocados. 

En referéndum y elecciones se refleja una paulatina y creciente docilidad política del pueblo italiano.

En 1929, en una consulta al pueblo se recogen 8,5 millones de síes y 136.000 no es; en 1934 diez millones de respuestas afirmativas y sólo 15.000 negativas.

En las elecciones hay una sola lista que el elector tiene que aceptar o rechazar. 

► LA GESTIÓN DE GOBIERNO

Frente al liberalismo, que propugna el libre juego de las fuerzas del mercado, como había postulado Adam Smith, y frente al socialismo, que supone la absorción de la vida económica por el Estado, el fascismo se presenta como una tercera vía, en la que se apoya a la empresa privada pero con una intervención estatal.

El corporativismo se inspira en los gremios o corporaciones medievales, en los que, se afirmaba, se habían armonizado los intereses de patronos y trabajadores.

De la misma manera el Estado corporativo suprimiría la lucha de clases, constituyendo al Estado en árbitro de las disputas dentro de unas instituciones comunes.

El intervencionismo estatal fue una construcción jurídica de Alfredo Rocco, con las leyes laborales de los años 1926 y 1927, disposiciones que se resumen en la Carta del Lavoro (1927), que organiza las profesiones en corporaciones verticales de patronos y obreros.

El Estado se reserva la última disposición 

Los planes de aumento de la producción se bautizan con denominación bélica.

La “batalla del trigo” se inició en 1925; su objetivo era el autoabastecimiento para frenar la pérdida de divisas que provocaba la importación. Se consiguió con el cultivo de tierras marginales y convenciendo a los campesinos para que abandonaran otros cultivos.

Una activa propaganda, en la que se presentaba a Mussolini con el torso desnudo, trabajando como agricultor, movilizó a millones de italianos en una empresa cuyo resultado feliz se identificaba con el prestigio de la nación.

Pero la batalla del trigo fue antieconómica.

Parte de lo que se ahorró en compra de cereales extranjeros se perdió por el descenso en las ventas de otros productos, se abandonaron cultivos de huerta lucrativos, y en el Sur se antepuso el cereal a los pastos y a la ganadería, cuyos fertilizantes hubieran enriquecido el suelo.

La agricultura intensiva, más idónea para una población en aumento rápido, provocado por la “batalla de los nacimientos’, fue olvidada.

 La “batalla de la lira” consistió en establecer una cotización excesivamente alta para la moneda italiana, estableciendo una ecuación entre moneda fuerte y prestigio internacional, pero tal cotización redujo la competitividad de los productos italianos en el mercado exterior y produjo la quiebra de las pequeñas empresas.

Con gran publicidad se acometió la desecación de pantanos y marismas, la irrigación y la repoblación forestal.

El ejemplo más famoso es la desecación de los pantanos pontinos, cerca de Roma; tras la recuperación de la tierra se trajeron colonos del Noreste, y se construyeron ciudades como Latina y Sabaudia.

Obsesionado por hacer de esta tarea un escaparate de propaganda para los visitantes extranjeros, el régimen se olvidó de las zonas más alejadas de Roma.

Según un estudio de Mario Bandini, de los 2,6 millones de hectáreas en las que se inició alguna tarea de recuperación sólo la décima parte mostró un aumento significativo en la producción y en el número de personas que la tierra podía sostener.

En un clima de falta de libertad muchos intelectuales tuvieron que abandonar Italia.

facismo hitler-mussolini

Saludo entre los líderes Hitler y Mussolini- Firma de un pacto en Munich

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►PENSAMIENTO DE MUSSOLINI

La Omnipotencia del Estado

Texto de: La Doctrina del Fascismo , 1932

Como antiindividualista, el sistema de vida fascista pone de relieve la importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en a medida que sus intereses coinciden con los del Estado, que representa la conciencia y la universalidad del hombre como entidad histórica […].

El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; el fascismo reafirma los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo individual […].

La concepción fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir valores humanos o espirituales. Entendido de esta forma, el fascismo es totalitarismo y el Estado fascista […] interpreta, desarrolla y otorga poder adicional a toda la vida del pueblo […].

Quien dice liberalismo dice individuo, y quien dice fascismo, dice Estado. El fascismo desea que el Estado sea fuerte y orgánico y que se alce sobre fundamentos sólidos que tengan el apoyo popular.

El Estado fascista pretende dirigir también el campo económico.

Quiere que su acción se oiga en todo el país mediante sus instituciones corporativas, sociales y educacionales y todas las fuerzas políticas, económicas y espirituales de la nación, organizadas en sus asociaciones respectivas, difundidas por todo el Estado […].

El Estado fascista es una voluntad de potencia y de imperio. La tradición romana es aquí una idea: la fuerza. Según la doctrina fascista, el imperio no es tan solo una expresión territorial, mercantil o militar, sino espiritual»…

Que el fascismo es una doctrina de vida lo demuestra el hecho de que se ha creado una fe y que esta fe ha conquistado las almas; lo prueba el hecho de que ha habido hombres que han muerto por el fascismo y que el fascismo ha tenido sus mártires.

► MUSSOLINI LLEGA AL PODER, ITALIA SE ENAMORA….

[Luego de la Marcha sobre Roma de la columnas fascista]…Haciendo uso de su derecho, el Rey, en vez de firmar el decreto, destituyó al débil Primer Ministro De Facta e hizo llamar a Mussolini al despacho real. Horas después, salían juntos. Benito Mussolini era el nuevo Jefe del Gobierno Italiano.

Una muchedumbre lo vitoreó.

El paro general llegó a su término rápidamente y Mussolini tuvo su primer encuentro con los parlamentarios.

Sus palabras fueron amenazantes. Comenzaría ahora un sistema de gobierno autoritario, de reconstrucción nacional.

En verdad, el gobierno de Mussolini tuvo un sorprendente éxito en sus programas de reconstrucción.

El país recobró rápidamente la disciplina y volvió a haber paz social, aunque a costa de sangrientas persecuciones sobre los comunistas y la izquierda en general. Más sorprendente aún fue el aumento de la popularidad de Mussolini y el fascismo así como el portentoso aumento de su prestigio internacional.

Quizás el testimonio más significativo respecto de la personalidad y el gobierno de Mussolini, sea el que proporciona Sir Winston Churchill:

«Ya les conté el triste episodio de cómo la política de Baldwin-Chamberlain respecto de Abisinia acarreó sobre nosotros lo peor de dos mundos, cómo se produjo entonces un alejamiento respecto del dictador italiano…»

«En los años, a partir de 1924, hice todo cuanto estaba a mi alcance para preservar la tradicional amistad de Gran Bretaña e Italia». «Más aún, en el conflicto entre el fascismo y los bolcheviques, no cabía duda sobre hacia dónde iban mis simpatías y mis convicciones».

El mismo día en que Sir Winston Churchill fue designado Primer Ministro y Ministro de Defensa de Gran Bretaña, la primera carta que escribió, el 16 de mayo de 1940, fue dirigida a Benito Mussolini.

Algunas de sus partes dicen:

«… recuerdo nuestras reuniones en Roma y siento el deseo de expresarle a usted, como Jefe del Estado Italiano, mis deseos de buena voluntad por encima de la creciente separación. ¿Es demasiado tarde para impedir que corra un río de sangre entre los pueblos inglés e italiano?» «…

Yo declaro que nunca he sido adverso a la grandeza de Italia ni, en mi corazón, he sido jamás enemigo del que dicta las leyes de Italia.» … «Escuche mis palabras, se lo requiero con todo honor y respeto, antes de que la señal terrible (de guerra) sea dada.

Y no seremos nosotros quienes demos esa señal».

De la ruina total, Italia había vuelto a alzarse como potencia.

El mismo Churchill afirma que, si Mussolini hubiera tenido el sentido común que mostró Franco en España, y se hubiese mantenido neutral en la Segunda Guerra Mundial, Italia habría resultado incólume y más poderosa que nunca.

Pero la respuesta de Mussolini, referida a la doctrina imperial de Italia, a los rencores de la Primera Guerra y a los pactos de honor que lo unían a Hitler, lanzó a Italia a la vorágine demencial.

Pero esa es otra historia. En 1924, Mussolini había enamorado a Italia y comenzaban los 16 años de luna de miel.

► LOS MOVIMIENTOS FASCISTAS:

Además de hacerse con el poder en Italia y Alemania, el fascismo tuvo otras muchas manifestaciones en Europa. En Francia varios partidos se proclamaron fascistas, pero el más importante fue el Partido Popular Francés (PPF), de Jacques Doriot.

En Gran Bretaña, el fascismo se encarnó en la Unión Británica de Fascistas (BUF) de Oswald Mosley. Holanda conoció el Movimiento Nacionalsocialista (NSB) de Antón Mussert, En Bélgica, dividida lingüísticamente, la versión local del fascismo de la Valonia francófona -el rexismo de Léon Degrelle- tuvo un éxito notable, aunque fugaz; en la Flandes neerlandófona, el fascismo caló a fondo en el Movimiento Independentista.

En todos estos casos los movimientos fascistas lograron cierto respaldo, lo que les permitió contar con diputados, concejales, etc.

Los únicos países de Europa Occidental donde las estadísticas electorales muestran que el fascismo fue irrelevante son España y Portugal, si bien en ambas se instauraron dictaduras con rasgos corporativistas.

Tampoco tuvo éxito el fascismo en Escandinavia, siendo la Unión Nacional (NS) noruega de Quisling la única muestra de un relativo eco en los países del Norte. Muy distinto fue lo ocurrido en Europa Oriental.

En Croacia, la fracción radical del nacionalismo separatista dio origen a un movimiento fascista, los ustachi de Ante Pavelic.

La Guardia de Hierro rumana de Corneliu Codreanu y el movimiento de la Cruz Flechada húngara de Ferenc Szalassi encontraron un masivo apoyo popular, sobre todo el primero.

Sin embargo, la dictadura establecida en Rumania o el sistema de democracia restringida de Hungría no tenían como objetivo evitar los peligros del comunismo sino el avance del fascismo.

El fascismo también tuvo expresiones en América Latina, con agrupaciones como la Falange Socialista Boliviana o la Liga Patriótica Argentina, entre otras. (Fuente Consultada: Segunda Guerra Mundial Tomo N°1 El Rearme Alemán y el Inicio de la Contienda)

CONCEPTO DE GOBIERNOS TOTALITARIOS O AUTOCRACIAS

Fuente Consultada:
Cromos Historia del Mundo Moderno

HECHOS, Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°14 Mussolini Enamora a Italia

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Revoluciones Burguesas: Desarrollo de sus Luchas y Conquistas

Revoluciones Burguesas: Desarrollo de sus Luchas y Conquistas

Después de la Revolución Industrial, que comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, poco a poco la industria se convirtió en la actividad económica más importante no sólo en la sociedad inglesa, sino también en otras regiones de Europa.

Este proceso fue la primera fase de la industrialización en el continente europeo, y se extendió hasta aproximadamente 1840, cuando se produjo la primera crisis del capitalismo.

LA ORGANIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

La actividad industrial durante esta primera fase se caracterizaba lo siguiente:

Si bien la máquina a vapor fue un gran invento y avance como energía para el movimiento de las máquinas, su aplicación no fue en forma inmediata en todos los rubros de la industria, y estaba dedicada prácticamente a la actividad textil y justamente por ello en la primera fase de la Revolución Industrial, los viejos sistemas de trabajo a domicilio o la actividad artesanal convivieron con las fábricas.

Maquina a vapor aplicada a una locomotora

Se estableció una división internacional del trabajo, debido a que distintas regiones del planeta se especializaron en una actividad ad determinada. En el siglo XIX algunos países de América del Sur, Central y África, se especializaron como productores de materias primas , y otros países como Inglaterra y Francia fueron productores de manufacturas, debido a su industria y tecnología.

Dentro de Europa, no todos los países evolucionaron y crecieron de la misma manera y tiempo, es decir el desarrollo industrial fue desigual.

Inglaterra fue la pionera en la industrialización, que comenzó aproximadamente a mediados del siglo XVIII, y luego de varios años le siguió Francia (siglo XIX).

Otros países como Alemania e Italia debido a que estaban en otros procesos políticos como la unificación, la industrialización tuvo que esperar hasta los primeros años años del siglo XX. España casi no tuvo desarrollo industrial.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

La sociedad europea —especialmente la inglesa— también cambió notablemente como consecuencia de la Revolución Industrial.

  • Debido al desplazamiento de la gente del campo, la población urbana superó en número a los campesinos, en cambio en donde no hubo industrialización se mantuvo la mayoría de campesinos sobre la urbana.
  • Debido a que la actividad industrial generaba grandes ganancias, muchos propietarios rurales y gente de la aristocracia comenzó a invertir en la industria y comercio. La riqueza de la burguesía hizo que esta clase social se relacionara con la antigua aristocracia y compartieran negocios.
  • La burguesía se consolidó como una nueva clase social, con mucho poder económico y con grandes intensiones de participar en la actividad política. Este proceso fue más rápido sobre todo en Inglaterra, mientras que el desarrollo de la burguesía industrial fue más lento en los otros países europeos.
  • También nació un nuevo tipo de clase social, conocida como proletariado que creció conjuntamente con el crecimiento de la actividad industrial. A medida que su número aumentaba, también aumentaba su importancia en la sociedad y política.

PRIMERA CRISIS DEL CAPITALISMO

Debido al fuerte crecimiento de la producción, llegó un momento , entre 1830 y 1840, en que se produjo mas artículos textiles de lo que se podía vender, es decir había mas oferta que demanda, por lo que se generó una crisis en la economía capitalista y se reflejó rápidamente en una caída del crecimiento económico.

movimiento obrero

Al disminuir las ventas, y consecuentemente las ganancias de los industriales, estos disminuyeron las horas laborales, se despidieron obreros o directamente cerraron sus puertas.

Para peor de los males , en el campo por esa misma época se perdieron cuantiosas cosechas y los precios de los alimentos se elevaron.

Los mas perjudicados fueron los asalariados que veían como sus sueldos no le alcanzaban para vivir , a veces , ni siquiera miserablemente, creándose un descontento popular que se extendió por toda Europa y originó movimientos de protesta y rebeliones.

LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO

Luego de la derrota definitiva de Napoleón en 1815, en el Congreso de Viena, mediante el Tratado de la Santa Alianza, los líderes políticos de los países mas fuertes, lograron reestablecer las monarquías absolutas en sus tronos, y además el clero y la aristocracia recuperaron alguno de sus privilegios feudales.

Congreso de viene 1815

congreso de viene 1815

La burguesía no aceptó para nada perder las ventajas de vivir bajo la defensa de sus derechos naturales como la libertad, igualdad que habían aprendido y conseguido a partir de la Revolución Francesa, y que las campañas de Napoleón habían difundido por todo el continente Europeo.

LA REACCIÓN DE LA BURGUESÍA LIBERAL

Desde su origen las ideas del liberalismo político había unido fuertemente a la burguesía para luchar contra el autoritarismo del absolutismo y en defensa de sus ideales que tan bien se encajaban en su estilo de vida y trabajo.

Su derechos civiles y políticos serian defendidos hasta las últimas consecuencias, que en el plano político una de las ideas mas importantes fue el establecimiento de una ley de leyes o constitución que obligaran por igual a gobernados y gobernantes, y que protegieran los derechos naturales como la propiedad privada, el derecho a la vida y la igualdad ante la ley, y por otro lado que limitara el poder de rey.

Y éste fue el principal objetivo de los movimientos revolucionarios que encabezó la burguesía en diferentes países europeos entre 1820 y 1848.

Por la lucha de implantación definitiva de una Constitución que garantizaran las libertades de expresión, de asociación, de reunión, separaran los poderes de gobierno, para evitar la posibilidad de una tiranía, y el derecho al voto para aquellas personas que cumplieran ciertos requisitos, en 1830, burgueses, estudiantes, guardias nacionales y obreros tomaron la ciudad de Paris al grito de «Libertad, Libertad,…».

LA BURGUESÍA FRENTE A LA POBREZA

La alta burguesía europea, cada día más poderosa y rica, con el poder político ya firmemente asido, veía con inquietud cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa proletaria , también cada día más espantosamente pobre.

Necesitaba, por tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud.

Los Burgueses Origen de la burguesia

Tal doctrina la encontró en dos pensadores ingleses, Adam Smith (1723-1790) y Thomas R. Malthus (1766-1834), que pasaron así a ser los pilares ideológicos del liberalismo económico.

Smith pensaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda.

Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley: los precios y los salarios se fijarían por sí solos, sin necesidad de intervención alguna del Estado.

Y ello, entendía, no podía ser de otro modo, por cuanto si se dejaba una absoluta libertad económica, cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad.

Malthus partía del supuesto de que, mientras el aumento creciente de población seguía una proporción geométrica, la generación de riquezas y alimentos sólo crecía aritméticamente.

Resultaba por ello inevitable que, de no ponerse remedio, el mundo se hundiría en la pobreza.

Ese remedio no podía ser otro que el control de natalidad en los obreros, y que estos quedasen abandonados a su suerte, para que así su número disminuyese.

En resumen, tanto Malthus como Smith lo que estaban pidiendo era la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas.

ADAMS SMITH

adam smith

Y eso fue lo que ocurrió: el Estado burgués europeo del siglo XIX se limitó a garantizar el orden público en el interior de sus fronteras, renunciando a cualquier tipo de política social, de justicia redistributiva y de intervención en la economía.

Nada mejor para los grandes capitalistas, que quedaron con las manos libres para enriquecerse al máximo.

La riqueza se convirtió en una virtud, y los clérigos, desde el púlpito, presentaban la pobreza como una consecuencia del vicio y el pecado, con lo cual estaban justificando de hecho su existencia.

Frente a este Estado liberal y en esta sociedad burguesa, el proletariado se encontró indefenso.

Por ello, su lucha por la vida y por los derechos que se les negaban tenía que convertirse necesariamente en una lucha contra el liberalismo económico y la burguesía capitalista.

Sin embargo, en los años que transcurrieron hasta 1848, los trabajadores fueron aliados de la burguesía en la lucha contra el absolutismo restaurado.

Los obreros se sumaron a las luchas de los burgueses que reclamaban la plena vigencia de los principios del liberalismo.

Por otra parte, un sector de la burguesía liberal alentaba la alianza porque creía que el capitalismo generaba un progreso que iba a mejorar las condiciones de vida de todos los integrantes de la sociedad.

Por eso, llevó adelante acciones políticas radicales con el fin de destruir los obstáculos que se oponían al desarrollo del capitalismo.

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la revoluciones burguesas

Los movimientos revolucionarios de 1820.

En España, Portugal y el Reino de las Dos Sícilias, los revolucionarios lograron la sanción de Constituciones liberales.

Pero la intervención militar de Austria y Francia en ayuda de los monarcas absolutos afectados —de acuerdo con lo establecido en el Tratado de la Santa Alianza—, derrotó estas experiencias revolucionarias.

Las luchas por el establecimiento de los principios liberales tuvo características especiales en Grecia. A partir de 1821 comenzó la guerra de liberación griega del imperio turco-otomano, en la que fue decisiva la intervención de las fuerzas de la Santa Alianza.

Gran Bretaña, Francia y Rusia vencieron a los turcos, declararon la soberanía nacional de Grecia y, luego de derrotar al movimiento liberal griego, favorecieron el establecimiento de una monarquía absoluta.

Como consecuencia de las diferencias entre Rusia y Austria sobre esta “cuestión de oriente “, la Santa Alianza se disolvió.

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El objetivo político de los revolucionarios de 1820 fue lograr el establecimiento de monarquías constitucionales —como la inglesa—.

También se propusieron asegurar el funcionamiento de los parlamentos, ya que, frente al absolutismo monárquico, el parlamento era la institución que permitía la participación de los burgueses en el gobierno, que cada vez tenían mayor poder económico.

Los movimientos revolucionarios de 1830

Los movimientos revolucionarios de 1830. Las revoluciones de 1830, dividieron Europa en dos regiones.

Al oeste del río Rhin, los liberales moderados derrotaron a la alianza de los absolutismos. Al este del Rhin, en cambio, todas las revoluciones fueron reprimidas y la situación se mantuvo como antes de 1830.

En estos países, la mayor parte de la población estaba compuesta por campesinos que todavía vivían sometidos a una organización económica de tipo feudal.

En Europa occidental, las revoluciones de 1830 significaron la derrota definitiva del absolutismo.

Desde entonces, en los distintos países, el gobierno estuvo a cargo de representantes de la alta burguesía de industriales y banqueros, que desplazaron a los miembros de la aristocracia terrateniente.

El régimen de gobierno que se consolidó en Inglaterra, Francia y Bélgica fue una monarquía constitucional que garantizaba la vigencia de las libertades individuales económicas y políticas.

La participación política se abría exclusivamente a una parte de la población mediante el sufragio restringido. Sólo aquellos ciudadanos que eran propietarios, tenían determinado nivel de ingresos o determinado grado de instrucción escolar, tuvieron derecho al voto y a ser elegidos representantes parlamentarios.

La revolución Francia julio de 1830

La revolución que estalló en Francia en julio de 1830 contra el absolutismo del rey Borbón Carlos X, inició la oleada revolucionaria que se extendió por toda Europa.

En París, burgueses estudiantes, obreros asaltaron armerías, armaron barricadas y pidieron por la abdicación del rey.

El ejército se negó a reprimir a los revolucionarios y el rey abandonó el país. Se le entregó la corona a Luis Felipe de Orleans que adhería a los principios liberales.

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1848: Hacia la Democracia Liberal:

El movimiento revolucionario de 1848 fue el que más se extendió por Europa, pero el de menos éxito: con la única excepción de Francia.

En el resto de los países, los antiguos gobiernos recuperaron el poder en muy poco tiempo, y los revolucionarios fueron encarcelados o exiliados.

En Francia se proclamó la República, que duró algo más de 2 años.

El único cambio irreversible fue la abolición de la Servidumbre en el Imperio de los Habsburgos.

Las fuerzas sociales y políticas en 1848.

La oleada revolucionaria de 1848 comenzó en Francia y el nuevo estallido estuvo relacionado con los resultados de la revolución de 1830.

El régimen de gobierno establecido desde entonces favorecía a la Alta Burguesía, pero negaba el Sufragio Universal a la Baja Burguesía, a los intelectuales y sobre todo a los trabajadores.

La situación se agravó cuando, a partir de 1845, se acentuó la crisis económica.

Una serie de malas cosechas provocó un fuerte aumento en los precios de los alimentos básicos de los trabajadores: los cereales y las papas.

El cierre de fábricas por causa de la crisis de la industria textil había aumentado el desempleo, y el hambre se generalizó motivando a los trabajadores a protestar.

En toda Europa, casi simultáneamente, miembros de la baja burguesía y estudiantes se unieron a las protestas de los obreros.

En Francia, el Ejército y la Policía se negaron a reprimir a los aliados revolucionarios: el rey abdicó y se proclamó la República.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

Lo significativo de la revolución que se desarrolló en París en febrero de 1848 fue que, por primera vez, los trabajadores tuvieron demandas específicas diferentes de las de los burgueses.

POLÍTICO: La Baja Burguesía pedía una reforma del sistema electoral y parlamentario para lograr un mayor grado de participación en el gobierno.

SOCIOECONÓMICO: Los Obreros pedían soluciones al problema de la desocupación y del hambre.

Entre 1846 y 1848 el cierre de los talleres de ferrocarriles había dejado sin empleo, en París, a 500.000 obreros.

El Gobierno Provisional que se organizó luego de proclamada la República, y contó con la participación de un obrero y de un representante de los intereses de los obreros como Ministro de Trabajo: el socialista Louis Blanc.

Entre febrero y mayo de 1848, este nuevo gobierno —con el apoyo de los pobres de las ciudades y de burgueses republicanos moderados— realizó las siguientes acciones:

*estableció el sufragio universal

*abolió la esclavitud colonial

*abolió la pena de muerte por delitos políticos

*creó los Talleres Nacionales para solucionar el problema del desempleo en la ciudad de París.

La Derrota de los Trabajadores.

La primera elección que se realizó en Francia con la vigencia del Sufragio Universal dio por resultado una Asamblea Constituyente integrada en su mayoría por partidarios de la Monarquía y de Reformas moderadas.

La mayor parte de la población, que era todavía rural, no había tomado contacto con las nuevas ideas que impulsaban los burgueses radicales y republicanos, ni con las ideas socialistas que defendían los intereses de los obreros.

Por esto, en las ciudades del interior de Francia la población masculina votó por aquellos miembros de la sociedad que conocía: los médicos, los abogados, e incluso por los nobles que ocupaban un lugar destacado en su ciudad.

Esta Asamblea se enfrentó con el Gobierno Provisional y, reafirmando los principios del Liberalismo Económico, decidió el cierre de los Talleres Nacionales.

El balance de 1848: la burguesía “conservadora”.

Cuando la burguesía tomó conciencia de la enorme fuerza que tenía el conjunto de los trabajadores pobres, sintió sus intereses amenazados: la Propiedad Privada.

Desde entonces, muchos liberales moderados se fueron convirtiendo en conservadores.

A medida que los burgueses moderados se retiraron de la alianza, los Trabajadores y los Burgueses Radicales quedaron solos frente a la unión de las antiguas fuerzas aristocráticas y la burguesía conservadora.

Las revoluciones de 1848 fueron derrotadas porque los Partidos del Orden se impusieron sobre la Revolución Social.

Los trabajadores habían luchado no sólo por el Derecho al Voto para todos los ciudadanos, sino también por reformas en la organización de la economía y la sociedad que mejoraran sus condiciones de vida.

Ante las demandas de los obreros, la Baja Burguesía Liberal y Moderada consideraron que la propiedad privada estaba en peligro y se aliaron nuevamente con la Alta Burguesía.

Luego de la experiencia vivida, los Gobiernos Conservadores que retomaron el poder se propusieron poner en práctica muchos de los principios del liberalismo económico, jurídico y cultural.

Entre 1848 y 1849, los conservadores habían comprendido que la Revolución era peligrosa y que las demandas más importantes de los radicales y obreros -especialmente las económicas— podían satisfacerse a través de Reformas.

De esta manera, las “reformas económicas” reemplazaron a la “revolución”, y la Burguesía dejó de ser una fuerza revolucionaria.

A pesar de que en 1848, en Francia, la Revolución había terminado con la derrota de los obreros, la gran movilización de trabajadores -entre otras razones- impidió la limitación del Sufragio.

En noviembre de 1848, la elección del nuevo presidente de la República Francesa se hizo por Sufragio Universal.

Los franceses no eligieron a un candidato moderado, pero tampoco a un radical.

El ganador fue Luis Napoleón Bonaparte.

Para los gobiernos europeos, la elección de Luis Napoleón hizo evidente que la “Democracia de sufragio universal” —la institución que se identificaba con la Revolución— era compatible con el mantenimiento del orden social.

Derecho al Voto Popular

cuadro voluntad popular

La democracia liberal.

Durante la primera mitad del siglo XIX, muchos pensadores y gobernantes de Europa Occidental estaban convencidos de que, en las sociedades de su época, el desarrollo del Capitalismo y el establecimiento de la Democracia de Sufragio Universal eran objetivos incompatibles.

Y en esta afirmación coincidían, por ejemplo, pensadores liberales que representaban el punto de vista de los burguesescomo el francés Alexis de Tocqueville y el inglés John Stuart Mill— y un pensador socialista que representaba el punto de vista de los trabajadores, el alemán Karl Marx.

El desarrollo del Capitalismo había generado una multitud de trabajadores pobres que, paulatinamente, se iban transformando en la mayoría de las poblaciones de las sociedades europeas.

Sobre la base de diferentes argumentos, tanto para Stuart Mill y para Tocqueville como para Marx, el mayor número de los trabajadores pobres era la razón que hacía inconciliables el Capitalismo y la Democracia.

Para los liberales, la extensión del Sufragio Universal y al establecer un voto por persona, la política daba lugar al Gobierno de los Trabajadores Pobres que no tenían conocimientos adecuados debido a su falta de Educación formal.

Desde esta percepción de la situación, al carecer de la preparación necesaria para ejercer el gobierno, gobernarían exclusivamente en función de sus intereses, y la democracia dejaría de estar vigente.

No obstante, para los socialistas, el gobierno de los trabajadores terminaría destruyendo al Capitalismo.

Sin embargo, el desarrollo del Capitalismo continúa hasta nuestros días aunque desde la segunda mitad del siglo XIX, progresivamente, cada vez fueron más los individuos reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

En la actualidad, en casi todas las sociedades capitalistas son ciudadanos todos los adultos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y de instrucción, su ocupación, su raza y su religión.

La Democracia Liberal, fue y es el sistema político que logró e hizo posible la vigencia y la “convivencia pacífica” del Sufragio Universal junto al mantenimiento del Capitalismo como forma de organización de la economía, y de la legitimidad de los reclamos de la sociedad por parte del Estado de los derechos sociales y humanos

Fuente Consultada: Historia Europa Moderna Alonso/Elisalde/Vázquez – Revoluciones del Mundo Moderno de Alonso Lazo
Profesora de Historia: Adriana Beresvil

Otros Enlaces de Interes:

La Comuna de París
El Cartismo
Revolución de 1830
Revoluciones Liberales

Enlace Externo:•

Pacto de Brest Litovsk: El Tratado de Paz entre Rusia y Alemania

Pacto de Brest Litovsk – Tratado de Paz

Principales Batallas Gran Guerra

Batalla de Verdún

Batalla de Marne

La Paz de Brest-Litovsk:

El tratado de paz firmado en Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) entre las potencias centrales y la República de Ucrania (09 de febrero 1918) y la Rusia Soviética (03 de marzo 1918), puso fin a las hostilidades entre dichos países en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Las primeras negociaciones del gobierno bolchevique con los imperios centrales comenzaron el 9 de diciembre.

Las reuniones se celebraron en la fortaleza de Brest-Litovsk

El problema de la guerra se planteaba para los revolucionarios rusos de la siguiente manera: había que ganar tiempo a toda costa para fortalecer la revolución.

La mirada de los bolcheviques se dirigía a Europa en espera de la crisis revolucionaria que preveían.

La primera delegación soviética estuvo representada por Kámenev y Joffé.

Los Imperios centrales enviaron a los ministros de relaciones exteriores de Austria-Hungría y Alemania, Csernin y Von Kuhlmann, al jefe del estado mayor del frente oriental, general Hoffmann.

Brest-Litovsk: Firma del tratado de paz entre Alemania y Rusia

firma del tratado de paz entre alemania y rusia

Desde las primeras discusiones, los imperios centrales mostraron sus intenciones: imponer la paz a Rusia y obtener grandes concesiones.

El artículo segundo de sus propuestas para la paz decía:

«Habiendo reconocido el gobierno ruso, de acuerdo con sus principios, el derecho de todos los pueblos, sin excepción, que forman parte del Estado ruso, a disponer de sus destinos hasta el punto de separarse por completo, se da por enterado de las resoluciones que expresan la voluntad de los pueblos de Polonia, Lituania, Curlandia, una parte de Estonia y de Finlandia, de separarse del Estado ruso y de constituirse en Estados realmente independientes».

O sea, reclamaban la anexión a Alemania de todos esos territorios.

La propuesta era monstruosa y evidenciaba claramente la voracidad imperialista de Alemania.

La formulaban, por otra parte, contando con que Rusia ya no estaba en condiciones de combatir.

Era la tesis de Ludendorff: imponer la paz o rematar a Rusia «rápida y enérgicamente».

El temor al bolchevismo aterraba al jefe militar: » Yo sabía que, aún en caso de llegar a la paz, nos serían necesarias numerosas fuerzas contra el bolchevismo».

El 27 de diciembre se reanudaron las negociaciones.

La delegación soviética estaba presidida esta vez por Trotski.

Las discusiones se hicieron más tensas.

La delegación bolchevique seguía ganando tiempo, mientras dirigía una activa campaña propagandística sobre los soldados alemanes.

La situación se mantuvo casi dos meses.

El Estado Mayor alemán estaba exasperado. Ludendorff proponía insistentemente iniciar las operaciones contra Rusia.

El 26 de enero, el gobierno soviético culminaba su ruptura con los aliados: un decreto anulaba todas las deudas exteriores de Rusia. Al mismo tiempo, las negociaciones de Brest-Litovsk llegaban a término.

En los primeros días de febrero, Alemania y sus aliados reconocieron a Ucrania como Estado independiente y firmaron, con una «delegación» ucraniana inventada, un acuerdo de paz.

La delegación bolchevique rompió la negociación: daban la guerra por terminada, pero sin firmar la paz.

El 18 de febrero, apenas unos días después de la ruptura de las negociaciones, Alemania anunció al gobierno ruso la reanudación de las hostilidades. La ofensiva alemana casi no encontró resistencia.

En pocos días, del 18 al 24, Ucrania fue invadida.

Las posibilidades de resistencia para el gobierno soviético eran muy escasas.

No existían fuerzas para mantener una guerra revolucionaria.

Se impuso la necesidad de firmar la paz.

El 19 de marzo, llegaba a Brest-Litovsk una nueva delegación soviética.

La Rusia soviética había aprovechado bien el tiempo de las negociaciones.

La propaganda tuvo enorme efecto sobre Alemania y los pueblos en general.

En primer lugar, se hacía evidente la mentira con que la Entente pretendía engañar a los obreros de Europa: que los bolcheviques eran agentes alemanes.

El gobierno soviético firmaba la paz bajo la imposición de los cañones del ejército alemán.

El 3 de marzo se firmó el tratado. Un mensaje del gobierno revolucionario, dirigido a los pueblos del mundo, decía:

«La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano.

La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…»

La paz de Brest-Litovsk implicó enormes concesiones territoriales en beneficio de Alemania.

Las cláusulas principales del tratado, que estaba redactado en trece artículos eran:

compromiso recíproco de cesar en toda clase de propaganda contra el estatuto gubernamental o militar de los países interesados; la desmovilización del ejército ruso, incluso la de las nuevas unidades soviéticas; renuncia, por parte de Rusia, a inmiscuirse en los asuntos de los países situados al oeste de las nuevas fronteras (todos los países bálticos, Lituania y Polonia); evacuación de las regiones de Asia Menor, ocupadas por las tropas rusas; reconocimiento, por parte de los Soviets, de la república popular de Ucrania y del tratado firmado por ésta con la Cuádruple; evacuación de Finlandia y de las islas Aaland por los rusos (lo que equivalía al sacrificio de la revolución finlandesa); renuncia recíproca a toda indemnización de guerra.

Sin embargo, Rusia tendría que indemnizar a los Imperios centrales por el sostenimiento de los prisioneros rusos, por los daños causados por la revolución a los subditos austro-alemanes, etcétera (en total, un pago de más de tres mil millones de rublos oro).

Se realizaría inmediatamente el intercambio de prisioneros de guerra (Alemania calculaba de esta manera recuperar material humano); se reanudarían las relaciones comerciales y diplomáticas.

Una vez firmada la paz, y al amparo del tratado prosiguió el avance de las tropas alemanas en Ucrania, hasta el Don, hasta Crimea, hasta el Cáucaso».

La primera paz de la guerra mundial resultaba favorable para Alemania y sus aliados.

Empero, el beneficio de la ocupación de Ucrania fue muy inferior al que había calculado el Estado Mayor alemán.

El principal aporte lo constituyó el envío a Alemania de 46.000 caballos y 5.000 cabezas de ganado.

En cuanto a cereales, obtuvieron una exigua cantidad, que no alcanzaba a paliar el problema del hambre en Alemania y Austria-Hungría.

El costo, por otra parte, fue muy elevado.

Tuvieron que mantener un ejército de ocupación (22 divisiones), constantemente hostigado por partidas guerrilleras, que pronto se desmoralizó.

Asimismo, la publicación de la paz alemana de Brest-Litovsk contribuyó a afirmar en la Entente su voluntad de no concluir la guerra antes de aniquilar a Alemania.

Además, prestó un buen servicio a la propaganda aliada que agitó por el mundo la «rapiña alemana» en Rusia. . . La paz impuesta se volvió contra Alemania.

La Rusia soviética perdió importantes territorios, pero la revolución de octubre se sostuvo.

Cuando la revolución alemana derribó la monarquía de los Hohenzollern, los bolcheviques denunciaron la paz de Brest-Litovsk y se lanzaron a recuperar el terreno perdido.

En tanto, habían comenzado a organizar el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotski.

Al mismo tiempo, la propaganda realizada hacia Alemania comenzó a dar sus frutos.

Desde una cárcel de Berlín, Liebknecht, hacía en esos días un excelente comentario sobre la paz de Brest-Litovsk:

«El balance de Brest-Litovsk no es igual a cero, aunque de momento haya de traducirse en una paz brutal de imposición y avasallamiento.

Gracias a los delegados rusos, Brest-Litovsk se ha convertido en una tribuna revolucionaria de radio amplísimo.

Aquellas negociaciones sirvieron para desenmascarar a los imperios centrales, para desenmascarar el instinto de rapiña, la falsedad, la perfidia y la hipocresía de Alemania.

Sirvieron para dictar un veredicto aniquilador contra esa política alemana de las ‘mayorías’ a que, según ella, se ha de ajustar la paz, y que tiene más de cinismo que de gazmoñería. Han servido para desencadenar, en varios países, considerables movimientos de masas.

Y su trágico acto final —la intervención decretada contra la revolución— ha sacudido todas las fibras socialistas del mundo.

Ya llegará el día en que se demuestre, que van a recoger de esta siembra los triunfadores de hoy. Yo les garantizo que no van a disfrutar a gusto.»

Enlace Externo: De la Revolución Rusa a la derrota de Alemania

Japón Bombardea a (EE.UU.) Con Globos Aerostáticos

Guerra Mundial: Japón Bombardea Con Globos Aerostáticos a EE.UU.

Al desarrollarse el penúltimo año de lucha de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de noviembre de 1944, un buque de la Armada de los Estados Unidos halló, flotando en el océano, cerca de las costas americanas del Pacífico, un gran trozo de tela hecha jirones.

Cuando se procedió a subirla a bordo se descubrió que llevaba atada una carga de considerable peso.

En el momento que ascendían la tela al navío, la misteriosa carga se precipitó hacia el fondo del mar.

Sólo se consiguió la tela que, evidentemente, había pertenecido a un globo.

El hecho de que llevara inscripciones en japonés fue suficiente para poner en sobre aviso a los mandos norteamericanos, quienes creyeron que los nipones estarían utilizando nuevas y extrañas formas de agresión.

Ese mismo día, el general Wilbur, del ejército de los Estados Unidos, recibió el primer informe sobre el descubrimiento.

Transcurrieron dos semanas hasta que se encontraron, también en el mar, los restos de otro globo.

En breve tiempo se descubrió un tercero semi quemado en Montana.

A partir de estos hallazgos, los militares estadounidenses se percataron del peligro que podía representar esta inédita modalidad de guerra puesta en práctica por el enemigo; táctica que consistía en el bombardeo del territorio americano haciendo uso de globos impulsados por el viento.

Se calculaba la posibilidad de un ataque japonés a gran escala mediante globos cargados de explosivos.

No se equivocaban en sus temores y sospechas los generales norteamericanos.

En breve se encontraron aproximadamente doscientos globos destrozados en el noroeste del Pacífico y en el oeste de Canadá.

Trozos de setenta y cinco, fueron hallados en otras regiones o sacados de las aguas del océano.

Los fogonazos divisados en el cielo durante la noche evidenciaban que cien, más o menos, habían explotado en el aire.

El viento resultó un inesperado aliado de los nipones pues transportaba los globos desde las islas del archipiélago del Japón hacia Alaska, el oeste americano e, inclusive, a México.

Ante la posibilidad de un ataque de envergadura, el general Wilbur solicitó de inmediato el apoyo de los organismos gubernamentales en su totalidad.

Los globos japoneses aún no habían ocasionado ninguna víctima, pues todos los que habían sido arrastrados por los vientos al continente americano habían caído en el mar o en zonas rurales.

Sin embargo se pensaba, no sin razón, que tarde o temprano se precipitarían sobre las populosas ciudades.

Se alertó a los guardabosques sobre el peligro y se les requirió que remitiesen a las autoridades militares más cercanas cualquier trozo de globo u otras partes de sus mecanismos que fuesen encontrados.

Antes de continuar, veamos cómo surgió, en el Japón, la idea -tan maquiavélica y a la vez revolucionaria– de cómo agredir a los Estados Unidos, en tiempos en que ningún avión tenía la autonomía suficiente como para volar de Japón al continente americano.

El proyecto en cuestión nació cuando, en 1932, el profesor Nakayama, del Observatorio Meteorológico de Takao, en Formosa, descubrió una corriente atmosférica de gran altitud que circulaba desde las islas del Japón hasta la costa oeste de Canadá y de los Estados Unidos.

Nakayama la bautizó: el Jet-Stream.

Una década después, el doctor Fujiwara, que meditaba alguna manera de bombardear a los americanos en su propio suelo, sugirió que se aprovechara la corriente de aire del Jet-Stream para lanzar globos provistos de bombas.

Luego de estudiar la velocidad del jet-Stream y las características meteorológicas de los Estados Unidos en las diferentes épocas del año, Fujiwara expidió el siguiente memorándum a las autoridades militares:

“Durante la estación del verano, en la época en que el jet-Stream tiene poca intensidad, un globo precisaría entre una semana y diez días para sobrevolar el Pacífico. La cantidad de globos que llegarían a su objetivo no pasarían del 20 por ciento de los lanzados”.

“En el invierno -proseguía el informe- el trayecto no requeriría más que dos o tres días y podría evaluarse en un 60 ó 70 por ciento el número de globos que llegarían a su objetivo.

El problema consiste en que durante la estación invernal la nieve no permitiría la propagación de incendios” (…)

“Consideramos prácticamente imposible el lanzamiento durante el otoño y la primavera”, finalizaba el informe.

Las sugerencias de Fujiwara tuvieron éxito. El ejército japonés fabricó un modelo de globo que fue denominado “A”, y la Armada otro, llamado “B”. A decir verdad, ambos tipos eran análogos y tan sólo era diferente su fabricación.

Al cabo de poco tiempo comenzó a escasear el hielo y el konnyciku (pasta gelatinosa de la cocina japonesa) en Tokio.

Esto sucedía porque dicho elemento culinario se usaba como cola para pegar la envoltura de los globos.

En cuanto al hielo, era utilizado para fabricarlos a 55 grados bajo cero, que era la temperatura que soportaría en la alta atmósfera durante su trayecto.

El ejército japonés se interesó por el plan con mucha más decisión que la marina.

Cuando finalizó la contienda, el ejército había lanzado 9.000 globos de su tipo “A”, mientras que la Armada Imperial sólo había arrojado 300 de su modelo “B”.

Con un diámetro de diez metros, los globos se desplazaban a una altura que oscilaba entre los 9.000 y los 11 .000 metros, desarrollando una velocidad de 30 a 32 kilómetros por hora.

Cada uno llevaba un mecanismo que hacía detonar, de manera automática, una bomba incendiaria y otras de fragmentación.

En diciembre de 1 944, basándose en los escasos restos hallados, los peritos norteamericanos habían diseñado en planos una reconstrucción hipotética del ingenio enviado por los nipones.

Se mandaron trozos de globos al Observatorio de Investigaciones Navales, en Washington, como también al Instituto Tecnológico de California.

Los estudios evidenciaron que la envoltura de los globos era fabricada con varias capas de papel pergamino de regular grosor que se pegaban entre sí con cola vegetal.

Los técnicos comprobaron que esta aparente fabricación casera resultaba más idónea para retener el hidrógeno en el globo que las mejores telas recauchutadas producidas por la industria en los Estados Unidos.

Los geólogos que estudiaron la arena contenida en las bolsas de lastre señalaron cinco lugares en el Japón, de donde muy probablemente provendría.

Se pidió a la Fuerza Aérea que fotografiara dichas áreas.

En las fotos de una de estas zonas podía observarse una planta industrial alrededor de la cual se veían esferas de color gris, lo que se interpretó como la presencia de globos.

Al poco tiempo se hallaba un globo gris sobrevolando las inmediaciones de una ciudad del oeste de los Estados Unidos.

¡La hipótesis había sido confirmada!

Un piloto norteamericano fue enviado con la misión de capturar ese globo.

El aviador decidió empujarlo hacia el campo propulsándolo con las ráfagas de aire que producía su motor a hélice.

Los golpes de aire hicieron que el globo perdiera hidrógeno, cayendo lentamente a tierra.

Los mecanismos que tenían por fin producir la detonación de los explosivos no funcionaron.

¡Un globo japonés intacto había caído en manos del ejército de los Estados Unidos!

El globo coincidía a grandes rasgos con los diseños que se habían efectuado basándose en deducciones.

El ejército descubrió que cada globo estaba provisto de 30 bolsitas que contenían 3 kilogramos de arena cada una.

Cumplían la función de lastre.

Iban cayendo de a una por un mecanismo guiado por un barómetro, el cual las soltaba cuando el globo volaba por debajo de los 9.300 metros.

También estaba provisto de un aparato automático que abría una válvula de escape para el hidrógeno cuando el globo superaba los 11.000 metros.

Cada globo transportaba de 3 a 4 bombas de fragmentación de 15 kilogramos y una incendiaria.

Los explosivos estaban controlados por un mecanismo que los arrojaba después de que todas las bolsas de arena hubieran sido lanzadas.

Había otro aparato que tenía la función de provocar la explosión del globo, luego de que hubiesen sido arrojadas las cargas mortales.

El hecho de que este dispositivo no funcionara en ciertos globos permitió a los americanos incautarse de algunos intactos.

Asimismo, los japoneses lanzaban un globo “guía sin bombas”, provisto de un aparato que emitía señales de radio para indicar a la base en Japón si el itinerario era correcto.

Luego del estudio de los globos capturados y de su contenido, los norteamericanos se dieron cuenta de que eran las bombas incendiarias las que representaban el más grave peligro para la nación.

En la época de verano indudablemente producirían incendios forestales.

Por consiguiente, se organizaron tropas de paracaidistas para que colaboraran con los guardabosques y bomberos.

Sin embargo, si los ataques hubieran sido en gran escala, esta movilización no hubiera servido de mucho.

Además, considerando la posibilidad de que los japoneses lanzaran globos provistos de preparados bacteriológicos con el fin de propagar epidemias, tanto humanas como del ganado o de las cosechas, se tomaron los debidos recaudos movilizando médicos, veterinarios y agrónomos.

Se formaron equipos de descontaminación y se almacenó –en lugares claves– desinfectantes, medicamentos y máscaras antigás.

A la vez se requirió a los ganaderos y agricultores que informasen acerca de cualquier síntoma de enfermedades inusuales en el ganado o sembradío.

Para que los japoneses no tuvieran ningún conocimiento de los resultados obtenidos con su ataque mediante globos, los medios de difusión americanos y canadienses fueron persuadidos de que no mencionasen jamás cualquier noticia referente a los globos nipones.

Si bien en el Japón no se enteraban de sus propios éxitos, este silencio de la prensa y la radio impedía que el pueblo americano tomase conocimiento del peligro que lo amenazaba.

En cierta oportunidad, un grupo de chicos que iban de excursión encontraron uno de los globos caídos.

Sin conocer el mortal peligro al que estaban expuestos, lo arrastraron para llevárselo.

Las bombas explotaron muriendo cinco niños y una mujer.

La prensa no publicó nada de lo ocurrido.

Su silencio fue total.

De pronto –a fines de abril de 1945– finalizó la caída de globos en Estados Unidos.

Transcurrieron días, meses; hasta que por fin terminó la guerra.

¿Por qué razón había cesado el ataque, cuando era evidente que, de continuar, hubiera provocado grandes desastres?

El general Wilbur logró develar el misterio cuando, luego de firmado el armisticio, viajó al Japón.

Allí tuvo oportunidad de dialogar con el general Kusabciv quien había estado encargado de dirigir el ataque mediante globos.

Kusabciv explicó al militar norteamericano que en total se habían lanzado 9.000 globos, considerando el ejército japonés que al menos el 1 0 por ciento de los mismos llegarían al continente americano.

Los primeros globos que atravesaron sin novedad el Pacífico fueron lanzados el 1º de noviembre de 1944.

Los mandos japoneses se enteraron del globo que cayó en Montana.

Sin embargo constataron con asombro el silencio de los periódicos y de la radio americana.

Al tener noticias únicamente del arribo a los Estados Unidos de un solo globo, el Estado Mayor japonés comenzó a desaprobar el plan de Kusaba.

Los superiores le expresaron que la idea había sido buena, pero en la realidad se había revelado un fracaso.

El argumento más decisivo que presentaban los mandos consistía en que se estaban despilfarrando las reservas de hidrógeno y de los demás materiales, cuando precisamente el Japón se encontraba exhausto de reservas.

Todo este esfuerzo -decían- se desperdiciaba en un ataque que no daba fruto alguno.

Por último, a fines de abril de 1945, se ordenó al general Kusaba detener definitivamente los lanzamientos.

El mando superior le reprochó: “Sus globos no han llegado a los Estados Unidos. Si hubieran llegado, la prensa daría noticias de ello. Los yanquis no pueden estar tanto tiempo callados”.

¡Qué equivocados estaban los altos oficiales del Mikado!

Las causas del fracaso no eran atribuibles al general Kusaba sino a que las nevadas de invierno en Norteamérica imposibilitaron el incendio de bosques.

Si el ataque con globos hubiera continuado hasta el verano, cuando las zonas boscosas del oeste se encuentran secas, y si los nipones hubieran sostenido la cantidad de 100 lanzamientos por día, como lo hicieron en marzo de 1945, quizás hubieran producido una gran catástrofe de destrucción y pánico.

Por último, el silencio de la prensa fue la jugada psicológica maestra que cumplió su cometido a la perfección, haciendo fracasar todo el plan japonés.

Fuente Consultada: Los Sucesos Más Insólitos Herry B. Lawfort

Bomba Atomica en Alemania NAZI Historia Investigacion Cientifica

Bomba Atómica en Alemania – Historia

LA BOMBA EN EL CAMPO NAZI

Al terminar la primera gran guerra, el mundo buscó desesperadamente retomar la senda de progreso que se había interrumpido dolorosamente.

Las universidades y los centros de estudio volvieron a cobrar impulso, y la cofradía de sabios continuó su labor.

Los términos idílicos de la paz obtenida en Versalles les garantizaba que no se cometerían los mismos errores del pasado, por lo que nuevamente las fronteras parecieron no existir para la ciencia.

Así, las experiencias en Londres, en Copenhague, en Roma y en Berlín eran conocidas e incluso intercambiadas entre los matemáticos, químicos y físicos.

Sin embargo, las condiciones impuestas al derrotado imperio alemán propiciaron el surgimiento del nacional socialismo, el que poco a poco comenzó a hacerse más y más fuerte.

En 1939 el racismo de los nazis salió a las calles e ingresó a las aulas.

Los jóvenes de camisas pardas, alentados por las proclamas de los científicos adeptos al régimen, que denostaban todo lo que fuera de origen judío, incluso la Teoría de la Relatividad de Einstein, expresando que era un patraña colosal, arrinconaron a hombres de la talla del mismo Einstein, Max Born y Leo Szilard, por lo que el éxodo de sabios no se hizo esperar, recibiéndolos Estados Unidos con los brazos abiertos.

Se cuenta que el Ministro del Reich, Hans Stuckhart, a propósito del verdadero desmantelamiento que se había producido en las universidades alemanas, le habría consultado socarronamente al Profesor Hilbert, Director del Instituto de Física de Gottenborg, si el establecimiento había sufrido mucho con la partida de esos científicos.

La respuesta deja en claro el colosal error que ello significó, uno mas de los tantos que cometieron Hitler y sus huestes, ál dejarse llevar por su irracional odio antisemita.

En realidad, no se puede decir que haya sufrido. Simplemente dejó de existir.

En 1939, el químico nuclear Fritz Strassman y el físico Otto Han, trabajando en laboratorios alemanes, plantearon una teoría de la fisión del Uranio, la que fue comunicada al Ministerio de Ciencias, y postularon la posibilidad de construir una máquina para obtener energía.

No los guiaba la alternativa de utilizarla como bomba, sino que se orientaban hacia el aprovechamiento de ella para mover motores.

La iniciativa contó con el respaldo del jefe de investigaciones del ejército, el que escribió en tal sentido al Ministerio, aconsejando que se le diera prioridad.

Los trabajos se iniciaron bajo el mando de Werner Heisenberg, pero luego se optó por abrirlos en tres proyectos, cada uno a cargo de ministerios distintos y con fines también diferentes.

Sólo fue en 1942 que Albert Speer, el Ministro de Guerra, comprendió el alcance bélico que tenía la energía nuclear, y ordenó concentrar los esfuerzos en esa dirección.

Parece evidente que las proyecciones exitistas sobre la marcha inicial de la guerra, cuando las divisiones panzerarrollaban cualquier resistencia a su paso, contribuyó para que los estrategas germanos restaran importancia a esta nueva y decisiva arma, la que advirtieron demasiado tarde, perdiendo la iniciativa que habían obtenido con la labor de Strassman y Han.

Por otra parte, el mismo Hitler desconfiaba de los alcances de una bomba atómica, empecinándose en derivar las investigaciones hacia el uso energético para motores convencionales.

A todos los inconvenientes reseñados, habría que agregar, finalmente, que una vez que se decidió construir la bomba atómica, los científicos optaron por seguir el camino que había mostrado en Italia, Enrico Fermi, o sea, obtener una pila nuclear bombardeando elementos por medio de «agua pesada».

Esta experiencia, en términos legos, consistía en «amortiguar» la desintegración obtenida por el bombardeo logrado con los neutrones, reemplazando el hidrógeno común del agua por deuterio, que es el mismo elemento pero más pesado.

El sabio italiano, en realidad, había llegado solamente hasta el umbral de un resultado definitivo en los ensayos efectuados en Roma hacía ya algunos años, cuando vislumbró este fenómeno, para el cual había usado kerosén en la tina del baño de su laboratorio, descargando uranio sobre una esfera de plata, estando ambos metales inmersos en el líquido.

El físico Emilio Sagré, que formaba parte del equipo de Fermi, a propósito del ensayo en la tina de baño, diría al recibir el Premio Nobel de su especialidad en 1959:

«Dios, con sus decisiones inescrutables, nos dejó a todos ciegos, en aquella oportunidad, frente a la desintegración».

El «agua pesada», entonces, se constituyó en un factor primordial para el esfuerzo nazi.

El Mariscal Goering, a fines de 1942, encomendó un programa destinado a obtener tres mil kilos mensuales, pero esta tarea, como asimismo las toneladas de uranio que era necesario obtener, comenzó a tropezar frente a la devastadora acción de la fuerza aérea aliada, la que bombardeó sistemáticamente esos objetivos.

Sin embargo, los aliados no tenían total certeza de que los nazis no fueran a obtener un artefacto nuclear dentro de un plazo breve.

El anuncio del Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels -formulado luego del desastre que aconteciera al ejército germano en el frente ruso, tras las derrotas en Stalingrado y Leningrado- proclamando la guerra total y amenazando que en ella utilizarían poderosas y nuevas armas secretas, aceleró al máximo los trabajos que tenían como escenario los Estados Unidos.

Hitler, en tanto, al comprobar en 1944 que sus otrora imbatibles ejércitos, ahora no eran capaces de contener los avances sobre Berlín, había cambiado sustancialmente su pensamiento acerca de la nueva arma secreta.

Día a día preguntaba sobre los avances de su construcción, pero las respuestas no le daban, ni le dieron, la posibilidad que pudo entrever,quizás, de mantener vigentes sus oníricas visiones de una raza aria dueña del mundo.

Fuente Consultada: HECHOS, Sucesos que estremecieron al siglo Tomo N° 15 La Bomba Atómica

Genocidios en la Historia

Independencia de Hispanoamerica: Antecedentes y Causas

Independencia de Hispanoamerica: Antecedentes y Causas

La revolución contra el absolutismo ocurrida en Francia a finales del siglo XVIII generó una rápida reacción en su contra.

Los Estados absolutistas, dispuestos a demostrar que las revoluciones que cuestionaban al régimen estaban destinadas a fracasar, se embarcaron en largas guerras contra Francia gobernada por Napoleón.

Finalmente, hacia 1815, Napoleón fue derrotado y el absolutismo se restauró en Europa.

Por otra parte, las guerras europeas alejaron a las colonias de su metrópolis, generándose en ellas una serie de movimientos que comenzaron a cuestionar los términos de la dominación.

Para los defensores del orden establecido se trataba de cuestionamientos a la misma autoridad real, por lo que los bandos se identificaron como «revolucionarios» o «realistas».

Frente a estos proyectos incompatibles, el de los sectores dirigentes revolucionarios y el de los realistas, estalló entre ellos una abierta guerra que culminó con la ruptura del vínculo colonial entre América y España.

Una vez roto el vínculo con la metrópoli, diferencias dentro de los sectores dirigentes americanos determinaron la fragmentación en múltiples territorios de las que fueran colonias españolas.

Independencia de Hispanoamérica:

Tarde o temprano habían de separarse de España los pueblos que creían haber llegado a la mayoría de edad.

El ejemplo de los Estados Unidos obraba como un aliciente fortísimo, pero fueron las doctrinas de la Ilustración, y de un modo especial el ejemplo de la Revolución Francesa, las que impulsaron a los criollos a desear la separación.

A fines del siglo XVIII existía en América un ambiente de oposición a la política excesivamente centralista de los Borbones.

Incluso se habían producido algunos conatos de lucha, como el caso del caudillo indio que se hacía llamar Tupac Amaru, y que al frente de grupos de indígenas luchó contra las tropas españolas en el Perú, pero todos los casos más o menos esporádicos fueron reprimidos con energía por los virreyes.

Al mismo tiempo castigaron con gran severidad toda propaganda de tipo subversivo o liberal que se realizara en las colonias.

carlos IIIUno de los primeros intelectuales que empezó a sembrar la semilla de la libertad fue el colombiano Antonio Nariño (1765- 1823).

Ya en tiempo de Carlos III, y más tarde durante el reinado de Carlos IV, los ministros que tuvieron cierta visión política, como Floridablanca, e incluso Godoy, aconsejaron a los monarcas españoles conceder cierta autonomía y sustituir a los virreyes por infantes de España, con lo cual la unión de los reinos americanos sería puramente personal y podrían elegir sus gobernantes y administrarse con cierta libertad respecto la burocracia española.

Los soberanos se negaron a aceptar reformas fundamentales y aunque Carlos III (imagen) permitió la libertad de comercio con numerosos puertos españoles, entre ellos el de Barcelona, con lo cual Sevilla perdió el monopolio que ejercía desde la conquista, las medidas adoptadas para hacer frente a un cambio político fueron escasas e inútiles.

Los criollos, hijos de españoles que se sentían americanos, veían cómo iba cobrando importancia el comercio y prosperaba el país que seguía en manos de «gachupines», es decir, gentes venidas de España al amparo de un nombramiento real.

Por esta razón fueron casi siempre criollos, en general grandes terratenientes, los que dieron mayor impulso a los movimientos revolucionarios de independencia.

Junto a ellos existían elementos intelectuales en contacto con las logias masónicas de Londres y Cádiz, encargadas de infiltrar la doctrina secesionista y liberal en los medios cultos de cada país.

NapoleónCuando España cayó bajo el poder napoleónico y se quedó sin rey, las colonias no quisieron reconocer a Bonaparte y aprovecharon la ocasión para crear movimientos separatistas que al principio sólo pretendían reformar la estructura de la administración (imagen izq. Napoleón).

Tampoco aceptaron la autoridad de la Junta Suprema de España y crearon sus propias Juntas, que fueron el germen de los gobiernos independientes.

Como la metrópoli no podía ni impedir ni dirigir este movimiento, los hechos se produjeron en los primeros momentos sin apenas resistencia por parte de las tropas realistas españolas, pero cuando Fernando VII recuperó el trono se produjo una violenta reacción contra el levantamiento y se formalizó la lucha.

FRANCISCO DE MIRANDA.

Había nacido en Venezuela (1756-1816) y fue un tipo extraordinario, mezcla de aventurero y hombre de armas.

En el Ejército español había alcanzado la graduación de capitán y cuando estalló la guerra por la independencia de los Estados Unidos combatió al lado de Washington para pasar luego a Francia y unirse a los girondinos cuando la Revolución.

FRANCISCO DE MIRANDA.En 1806 intentó desembarcar en Venezuela para ponerse al frente del movimiento separatista que empezaba a actuar, pero los criollos no le secundaron por una razón digna de tenerse en cuenta: le apoyaba descaradamente Inglaterra.

Los criollos deseaban cortar la unión con España, pero no someterse al dictado de otra potencia que, de haber triunfado en aquel momento Miranda, hubiese ejercido una influencia decisiva.

Más tarde volvió a surgir esta figura y tomó parte activa en movimientos que luego se relatarán.

INTERPRETACIONES DE LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA.

Hubo un tiempo en que los historiadores de Europa explicaban la independencia de América como el resultado ineludible de una ley biológica: los pueblos que alcanzan su mayoría de edad, los pájaros que crían alas y se alejan de sus padres.

Tal habría ocurrido con España y sus hijas americanas.

Esta teoría respondía, en cierto modo, a un fatalismo histórico, a algo inexorable que obedecía a leyes biológicas y no había podido evitarse. No obstante, pronto surgieron otras teorías.

Las doctrinas racistas del conde de Gobineau y del inglés Chamberlain, que se fundaban en las diferencias de las razas para explicar los procesos históricos, hicieron creer, especialmente a los americanos, que la independencia de América había sido producto del choque entre indios y españoles o criollos y españoles.

Los nativos, por envidia, rivalidad o simple odio a sus padres, habrían hecho una revolución para ocupar los empleos que, de otra manera, no podían alcanzar.

La teoría racista coincidió en cierto modo con la económica, nacida de las doctrinas de Carlos Marx y Federico Engels.

Los americanos, según los creyentes en esta interpretación histórico-económica, estaban hartos de las prohibiciones comerciales que imponía la Madre Patria.

El monopolio de los comerciantes de Cádiz habría hecho pensar en la independencia del Nuevo Mundo y ésta se habría realizado en los momentos en que España estaba en guerra con Napoleón y no podía dominar debidamente a los sublevados.

Han creído en esta doble interpretación los más eminentes historiadores de América y, en particular, de la Argentina, donde todavía es enseñada, como Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López y otros muchos.

A comienzos del siglo XIX surgieron otras interpretaciones.

El francés Marius André creyó que América se había sublevado y hecho independiente por amor a la religión católica, temerosa de que los ingleses alejasen el catolicismo y los americanos cayesen en el protestantismo o el ateísmo.

Las guerras de México, donde los rebeldes eran acaudillados por los sacerdotes Hidalgo y Morelos, podían ser un ejemplo y una prueba.

La teoría de André causó sensación, porque rompía con las tradiciones económicas y racistas; pero pronto se comprobó que no era exacta, que no coincidía con la realidad.

La independencia del Nuevo Mundo, incuestionablemente, había nacido de otras causas.

¿Cuáles podían ser?.

Como reacción aparecieron dos nuevas interpretaciones.

Una atribuía a la sociedad secreta de la masonería los trabajos que habían llevado a la independencia.

Sus fundamentos eran firmes.

Los grandes hombres de la independencia, como San Martín, Miranda, Bolívar, Belgrano y tantos otros habían sido masones.

Pero otra teoría significó la anulación de esta última interpretación.

La independencia, aseguraron unos autores, nació en las conspiraciones de los jesuitas expulsados por el rey Carlos III en 1776.

Para recuperar sus bienes y vengarse de un monarca adverso a la orden, habrían contribuido a producir la independencia del Nuevo Mundo.

Fue, entre otros, un padre jesuita, el reverendo Padre Miguel Batllori, quien demostró la inconsistencia de esta tesis.

En la Argentina, en torno al 1910, nacieron las primeras dudas sobre las tesis tradicionales.

José León SuárezFue el jurista José León Suárez quien expuso la teoría de que la independencia argentina no nació de causas económicas o raciales, sino de ideales políticos y que, en un principio, los americanos no estuvieron en contra de Fernando VII, sino a su favor.

La independencia habría surgido más tarde, al desengañarse los americanos de los propósitos fernandistas.

Esta teoría encontró la oposición de los historiadores argentinos y americanos más destacados de aquel entonces.

El doctor Ricardo Levene (imagen) y otros, siguiendo a Mitre y a Vicente Fidel López, defendieron la vieja tesis economista y racista y, además, agregaron una teoría conspiracionista de políticos que se reunían en asambleas misteriosas y trabajaban por la independencia del Nuevo Mundo.

El precursor Miranda los habría guiado desde Londres con su correspondencia.

Al mismo tiempo, en España, tomaba fuerzas otra interpretación.

La Independencia de América habría sido obra de los políticos ingleses.

Para vengarse de la ayuda que los españoles habían dado a los colonos de la América del Norte en su lucha contra la Gran Bretaña, los ingleses habrían ayudado secretamente a los hispanoamericanos para separarse de España.

La presencia de algunos ingleses en los ejércitos liberales de América sería una prueba confirmatoria.

Los historiadores oscilaban entre las influencias indígenas, criollas, inglesas, francesas, económicas y masónicas, sin saber qué rumbo tomar.

Las teorías de José León Suárez no eran compartidas por los defensores de tantas otras suposiciones.

En 1940 comenzó a hacer oír una nueva interpretación el argentino Enrique de Gandía.

A su entender, ninguna de las teorías conocidas estaban en condiciones de explicar satisfactoriamente la génesis de los acontecimientos.

La verdad es, según él, muy distinta y fácil de comprender.

La familia real española estaba deshecha por sus disputas internas, originadas por la rivalidad que existía entre la política de Manuel Godoy y las aspiraciones del heredero al trono, el joven Fernando VII.

El emperador Napoleón se aprovechó de esta división para su beneficio, atrayéndose a las dos partes y usurpando luego el trono de España para dárselo a su hermano José.

El pueblo español primero se libró de Manuel Godoy, el «Príncipe de la Paz», por medio del motín de Aranjuez, en marzo de 1809 y en seguida se levantó contra los franceses, en Madrid, el 2 de mayo de ese mismo año.

Y España, sin rey ni autoridades, comenzó a gobernarse por sí misma. En cada ciudad se formó una junta popular que regía los destinos de la comunidad.

Era evidente que el poder de los reyes quedaba desbordado por un pueblo que ansiaba liberarse no sólo de los franceses, sino de la secuela fatídica de los borbones.

Las juntas se levantaban sobre el principio de los derechos naturales del hombre.

Los hombres son libres e iguales.

Santo Tomás ha enseñado que Dios da el poder a los hombres cuando se reúnen en sociedad y que éstos pasan una parte de ese poder a un gobernante, hasta que se lo retiran si el gobierno no cumple sus mandatos.

Sobre este principio se gobernó el pueblo español en su lucha contra los franceses.

América recibió emisarios españoles que inducían a las principales ciudades a crear juntas como en España.

Esto se conjugaba con la creciente necesidad de las colonias de liberarse de esa avasallante situación caótica que imponía sus reales en el comercio, en las actividades ecónomicas internas y en todas las manifestaciones de vida activa.

Fernando VIIAsí es como se intentó crear algunas juntas, pero los gobernadores y virreyes, que no querían perder sus empleos, no las aceptaron sino hasta muy tarde, cuando la Junta Central ya gobernaba a nombre de Fernando VII (imagen).

La primera junta de este tipo en América fue instalada en Montevideo, por Martín de Alzaga, en 1808.

Es interesante consignar que Alzaga, destacado combatiente contra las invasiones inglesas a Buenos Aires y síndico de esa ciudad, fue condenado por su actividad realista después de la instalación del Primer Gobierno Patrio.

La instalación de juntas gubernativas en América se aceleró con la noticia de la caída de la Junta Central que obedecía a Fernando VII.

El 19 de abril de 1810 se creó la Junta de Caracas y el 25 de mayo la Junta de Buenos Aires, luego de una fallida junta organizada por el mismo virrey Cisneros con el objeto de detener las pretensiones patriotas de gobierno propio. La creación de las Juntas en América, según Gandía, no fue una solución definitiva.

Habían seguido el ejemplo de España, es cierto, pero muchos políticos querían seguir el ejemplo diferente: la obediencia a un Consejo de Regencia que se había instalado en Cádiz.

Este consejo, ilegal, formado por su propia voluntad, sin el voto de los españoles ni de los americanos ni el conocimiento de Fernando VII, pretendía mandar sobre toda América.

Para ello aseguraba a las autoridades existentes que las mantendría en sus puestos.

Es lógico que se apresurasen a reconocerlo y obedecerlo y se entablase, por tanto y en seguida, una lucha feroz entre los partidarios de las Juntas populares y los defensores del Consejo de Regencia.

El historiador Gandía ha señalado y destacado estos hechos como factores que presentan la antiguamente llamada revolución americana como una perfecta guerra civil.

No hubo, según él, revolución en América en contra de España ni de Fernando VII.

En todas las ciudades en donde se suspendió o echó a los virreyes fue por el odio que todos, españoles y criollos, tomaron hacia la situación existente en el gobierno español, en su dinastía real y a las arbitrariedades que dichos factores provocaban.

Al mismo tiempo, al aclamar en todas partes a Fernando VII, se afirmaba la esperanza de conseguir una situación apta para el desenvolvimiento liberal de todos los territorios del tambaleante imperio español.

Hay historiadores que creen en una posible «máscara de Fernando VII», es decir, en una simulación de innumerables políticos y todos los pueblos de América, que habrían proclamado su fidelidad a Fernando y habrían deseado, secretamente, la instauración de un sistema de gobierno independiente.

Es evidente que ha habido ciertos americanos que en ello confiaban y perseveraban.

El ejemplo de Mariano Moreno en el Río de la Plata es aleccionador. Pero en su conjunto, las condiciones para la independización total de los pueblos americanos de la dominación española aún no estaban a punto y por ello es que se produjeron tantas vacilaciones, incertidumbres y fracasos en las medias tintas del primer período independendista que podemos hacer extender, generalizando, hasta 1816.

Por esta razón, los partidarios de la escuela «simulacionista» son cada día menos.

La independencia, según la tesis que ellos refutan, llegó cuando los americanos comprendieron que Fernando VII, de regreso al trono, en 1814, no quería permitir un sistema constitucional, ni una forma democrática de gobierno, aún dentro de una monarquía, ni un «status» conveniente para los pueblos e intereses de las antiguas colonias.

Para vivir con libertad y constitución, como se ansiaba en España y sostenía el partido liberal, se declaró la independencia de toda América, de las «Provincias Unidas de la América del Sud», como consta en el Acta de la Independencia, en la ciudad de Tucumán, el 9 de julio de 1816.

PARA SABER MAS…

Entrevista al historiador Tulio Halperín Donghi:
«La integración latinoamericana desde una perspectiva histórica»

-¿En qué consistía el proyecto de integración sostenido por Bolívar?

Más que una confederación entre los distintos Estados, Bolívar buscaba una alianza permanente, pero-bastante laxa, con un protector externo que debía ser Inglaterra.

Bolívar advirtió que con la independencia de los territorios americanos y el triunfo de los focos revolucionarios se había perdido cierto orden de la época colonial que trató de regenerar.

Fue un momento bastante conservador de su vida.

-¿De qué manera quería lograr esa alianza permanente entre los nuevos Estados?

Bolívar había ganado influencia en una gran región de América. La base de ese poder era el predominio militar a través de ejércitos que le respondían, dirigidos por oficiales llegados de diferentes regiones.

Pero las cúpulas de esos ejércitos terminaron disgregándose, resultaba muy costoso mantenerlas y los jefes querían regresar a sus tierras. De esta manera se debilitó la columna vertebral del proyecto.

-Si avanzamos en la historia ¿cuándo y de qué manera se vuelve a hablar de una política integradora?

Yo mencionaría un movimiento que comenzó a fines del siglo pasado vinculado con lo que, sin ninguna intención peyorativa, se denominaban «los proyectos imperialistas».

A partir de esta idea, las grandes potencias constituían zonas de influencia sobre la base del predominio económico y, a veces, del político.

El sueño de cada nación poderosa era unir toda su zona de influencia con un ferrocarril.

Así, Gran Bretaña tenía un proyecto de tender vías desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo; Alemania, otro de Berlín a Bagdad y en los Estados Unidos se propuso construir vías que atravesaran toda América y llegaran al Cabo de Hornos.

-Más que una integración, esa idea tendía a construir una América liderada por los Estados Unidos.

Sin embargo esa idea encalló de entrada en pos de otra mucho más burocrática: la Unión Panamericana, que tuvo realizaciones modestas pero abrió numerosos puestos de trabajo para diplomáticos.

Esta Unión logró una tarifa de franqueo preferencial para todo el continente.

Pero mientras los Estados Unidos se esforzaban por acentuar su rol, en Latinoamérica nacía una idea de solidaridad frente a su avance, a veces agresivo y violento como lo fue la guerra con España por la isla de Cuba (en 1898).

-Ya en la actualidad, ¿cómo analiza el proceso de integración del Mercosur?

El Mercosur se da como resultado de una necesidad, más que como corolario de una evolución ideológica.

Y comparte una lógica con la iniciativa estadounidense de libre comercio: son proyectos que abren nuevos espacios pero a costa de cerrarse a otras áreas del mundo. Los discursos actuales tienen algo de contradictorio, se habla de la globalización y de la apertura externa pero se potencian ideas que fortalecen los bloques regionales.

Me parece demasiado pronto para que un historiador diga qué va a pasar; por ahora, sólo marco la paradoja.

Extractado del reportaje de Daniel Ulanovsky -Sach. «¿Porqué la América hispana no fue una sola nación?», Clarín, 14/12/97.

Fuente Consultada: Geografía Argentina y del Mercosur Los Territorios en la Economía Globalizada- Editorial AIQUE Polimodal – Blanco-Férnandez-Gurevich

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Bloqueo Anglo Francés al Puerto de Bs.As. Intervencion Britanica

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La intervención de Gran Bretaña y Francia

A partir de 1842 se reanudó un conflicto interno en la banda oriental, y Rosas intervino apoyando a uno de los bandos.

Esta decisión del gobernador de Buenos Aires provocó la reacción de Francia y de Gran Bretaña y la decisión de una intervención conjunta en el Río de la Plata.

Para Gran Bretaña, la posibilidad de una acción coordinada entre la Banda Oriental y Buenos Aires significaba la anulación de la división política en el Río de la Plata — impuesta por su mediación con la creación, en 1828, de la República Oriental del Uruguay como Estado independiente —.

Los intereses británicos se veían gravemente amenazados por el peligro de una política conjunta de los dos países que controlaban el comercio y la navegación en el río de la Plata.

Juan Manuel de Rosas

Los intereses de los comerciantes ingleses en Montevideo y en Buenos Aires no eran los mismos.

Pero los dos grupos se beneficiaban con la navegación pacífica del río de la Plata y con la apertura de los ríos interiores (el Paraná y el Uruguay) al comercio internacional.

En esta oportunidad, también Brasil intervino en el conflicto a favor de sus propios intereses.

A mediados de 1844 propuso a Gran Bretaña una acción conjunta contra Buenos Aires para eliminar la influencia argentina en la Banda Oriental y establecer la apertura de la navegación de los ríos interiores.

Esta apertura era necesaria, declaraba, para poner fin al aislamiento del Paraguay.

Finalmente, el gobierno inglés decidió intervenir con el objetivo de lograr libre navegación de los ríos y mantener el equilibrio rioplatense se frente a las pretensiones de incorporar la Banda Oriental al sistema rosista.

Además, la larga duración de la crisis oriental comprometía la estabilidad económica de la región y perjudicaba a los sectores mercantiles extranjeros y locales.

Francia aceptó intervenir limitando sus objetivos — según declaró — a la defensa de la independencia oriental frente a la intervención argentina.

 En abril de 1845, naves inglesas y francesas bloquearon el puerto de Buenos Aires. El caudillo oriental Manuel Oribe — con el apoyo de Rosas — mantenía sitiada la ciudad de Montevideo por tierra y, desde 1843, Buenos Aires sitiaba por el río las costas de la Banda Oriental. Pero las naves inglesas desconocían el bloqueo de las naves porteñas y permitían el aprovisionamiento de Montevideo.

A mediados de 1845 y después de un ultimátum, las fuerzas navales británicas y francesas «robaron a la escuadra argentina»: la capturaron y la obligaron fondear en el puerto de Buenos Aires.

Meses más tarde se propusieron remontar el río Paraná, para poner en práctica el objetivo de la libre navegación de los ríos interiores.

Rosas no estaba dispuesto a permitirlo y preparó la defensa, que resultó heroica.

En la Vuelta de Obligado sobre el río Paraná, el 20 de noviembre de 1845, en una larga batalla en la que sufrieron numerosas pérdidas materiales y humanas, las fuerzas militares y navales porteñas intentaron impedir el paso  de las naves extranjeras.


En febrero de 1845, el comisionado brasileño ante las cortes de Londres y París —el vizconde de Abrantes— informó a la corte de Río de Janeiro los propósitos secretos de la intervención anglo-francesa en el Río de la Plata. Según le había informado el ministro francés Guizot, los propósitos eran:

1) convertir a Montevideo en «factoría comercial para las potencias marítimas»;

2) obligar a la «libre navegación» del Plata y sus afluentes;

3) independizar Entre Ríos y Corrientes «si sus habitantes lo quisiesen»;

4) fijar los límites del Estado Oriental, Paraguay y el Nuevo Estado de la Mesopotamia «con prescindencia del Brasil»;

5) conservar el Estado de cosas en el resto de la Confederación «si Rosas accediera a la razón sin recurrir a las armas» o diese libertad de comercio.

En caso contrarío, levantar contra él a las fuerzas locales adversarias suficientes para obrar apoyados por las fuerzas navales y poner en Buenos Aires un gobierno «que dé muestras de amistad hacia Europa».

EL BLOQUEO SEGÚN OPINIÓN DE SAN MARTÍN EN UNA CARTA DIRIGIDA A DICKSON

(…) No creo oportuno entrar a investigar la justicia o injusticia de la citada intervención como tampoco los perjuicios que de ella resultarán a los subditos de ambas naciones con la absoluta paralización de sus relaciones comerciales, igualmente que de la alarma y desconfianza que naturalmente habrá producido en los nuevos estados sudamericanos la injerencia de dos naciones europeas, en sus contiendas interiores; sólo me ceñiré a demostrar si los dos estados interventores conseguirán por los medios coercitivos que… han empleado, el objeto que se han propuesto.

Es decir, la pacificación de las riberas del Plata; según mi íntima convicción, desde ahora diré a Ud., no lo conseguirán; por el contrario, la marcha seguida… no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que tratan de evitar…

Me explicaré… Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y resto de las demás provincias interiores, y aunque no dudo que en la capital tenga un gran número de enemigos personales, estoy convencido que, bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero… la totalidad se le unirán y tomarán una parte activa en la contienda…

Si las dos potencias en cuestión quieren llevarmás adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que… se apoderen de Buenos Aires (sin embargo que la toma de una ciudad decidida a defenderse, es una de las operaciones más difíciles de la guerra), pero aun en este caso estoy convencido, que no podrían sostenerse por mucho tiempo en la capital…

El primer alimento o por mejor decir el único, del pueblo, es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea, la que correría tanto mas peligro, cuanto mayor fuese su número…

En conclusión, con siete y ocho mil hombres de caballería… fuerza que con gran facilidad puede mantener el General Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres, salga a más de treinta leguas de la capital, sin exponerse a una ruina completa por falta de recursos; tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará, a menos (como es de esperar) que el nuevo ministro inglés, no cambie la política seguida por el precedente.

JOSÉ DE SAN MARTÍN,
FRAGMENTO DE LA CARTA
QUE LE DIRIGIÓ A JORGE DICKSON
FORMULANDO SU OPINIÓN
SOBRE EL BLOQUEO ANGLO-FRANCÉS
AL RIO DE LA PLATA.