Cronología de San Martín

Las Campañas Militares de Bolívar en la Independencia de América

LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA DEL DOMINIO ESPAÑOL

Simón Bolívar (1783-1830), militar y político sudamericano de origen venezolano, presidente de Venezuela (1819), presidente y creador de la República de la Gran Colombia (1819-1830) y dictador de Perú (1824-1826), se convirtió desde 1813 en el máximo conductor de la revolución que culminó con la emancipación de Sudamérica frente al poder colonial español, por lo que es conocido como el Libertador.

simon bolivar retrato

Simón Bolívar. Retrato ANÓNIMO DE HACIA 1816. – Este Bolívar joven y atildado a lo «dandy», a lo —más español— «lechuguino», nada nos deja adivinar ni al futuro militar notable, ni al excelente futuro estadista; ni, mucho menos, al hábil forjador de Estados independientes en la siempre, por siempre, Hispanoamérica. Nos deja la impresión de un poeta, malherido o maltratado de amores, cuyos versos patéticos ya barruntan el próximo hervor romántico. Cierto: este juvenil Bolívar nos parece estar ensoñando; pero no en campos de batalla, sino «en campos de plumas» gongorinos.

Desde 1810, Simón Bolívar consagró toda su voluntad, todo su talento, toda su ilusión, toda su acción a la independencia de los países sudamericanos.

A esta empresa inclusive sacrificó su fortuna. Sin ser un gran general, superó a cuantos jefes combatieron en aquellas tierras. Como político cometió fatales equivocaciones.

Sólo encontró auténticos rivales de su talla en los españoles Bobes y Morillo. Poseyó un temerario valor personal, y supo hacerse estimar de sus amigos, subordinados y aliados.

Muy autoritario, cuando necesitó mostrarse cruel, no rehuyó la crueldad, pero todos sus defectos los compensó con sus extraordinarias virtudes de patriota.

Lógicamente es admirado por Hispanoamérica como su mayor héroe. Su pensamiento político comprendía los siguientes postulados de independencia radical y absoluta para toda América; restablecimiento, dentro de ella, de una fuerte unidad hispanoamericana; republicanismo en la forma y monarquismo en el fondo; equiparación, en toda América, de las exigencias sociales y económicas.

SUS CAMPAÑAS: LOGROS Y DERROTAS

Estaba ausente Bolívar cuando estalló la revolución del Jueves Santo — 19 de abril— de 1810 en Caracas. Quedó destituido el capitán general don Vicente Emparán.

Los sublevados tuvieron la seguridad de que España -no podría enviar tropas con suficiente armamento.

Y, además, proclamaron la sublevación en nombre del rey de España y contra los elementos afrancesados de la «Madre Patria». Los insurrectos constituyeron una Junta Suprema. Simón Bolívar marchó a Inglaterra para pedir ayuda contra España. ¡Tremenda paradoja!

El ministro inglés, marqués de Wellesley, hermano de Wellington, la prometió inmediatamente. Y así, mientras los ingleses defendían a España contra los franceses, defendían en América a los americanos contra los españoles. Un botón de muestra de la astuta política inglesa de siempre.

Hubo, eso sí, cierta lógica en que Inglaterra aceptase muy gustosa «devolver» a España la ayuda que ésta prestó a los colonos norteamericanos contra Inglaterra. Con el satisfecho Bolívar regresó a Venezuela el radical y violento revolucionario Francisco Miranda.

Bajo las órdenes de éste, como coronel, Bolívar procuró atenuar sus radicalismos. Por fin vencieron los revolucionarios radicales y… sinceros, y fue proclamada la Independencia el 5 de julio de 1811.

Mientras se discutía cómo había de quedar redactada la Constitución, los realistas y españolistas pusieron al frente de su ejército al general Domingo de Monteverde, quien recobró Caracas y obligó a capitular a Miranda en San Mateo —24 de julio de 1812—.

Así terminó la primera república venezolana. Refugiado en Curacao, con la ayuda inestimable de José Félix Ribas, Bolívar, un año después, ya como director único de la revolución, inició su gran empresa, la que lograría darle el glorioso nombre de Libertador.

En su primer Manifiesto se disculpó del fracaso y presentó normas para las futuras acciones.

La campaña bélica durante los últimos meses de 1812 y los primeros de 1813 fue muy favorable a sus armas. Recuperó Caracas el 6 de agosto de 1813, donde fue proclamado Libertador de la República, y poco más tarde, Dictador.

Pero estas alegrías «se las amargaron bastante» las victorias obtenidas por dos cabecillas realistas y españoles: José Tomás Bobes y Francisco Tomás Morales; aquél, al frente de sus terribles y admirables llaneros.

Otros realistas españoles, Vicente Campo Elias, José Yáñez y José Ceballos también ganaron varias batallas a nuestro héroe.

Cierto que Bolívar derrotó en Carabobo — 28 de mayo de 1814— a los guerrilleros realistas. Pero éstos se tomaron un magnífico desquite en la batalla de La Puerta — 15 de junio —, donde Bobes con sus llaneros aplastó a Bolívar y Marino, ocupó Valencia, llegando «a sangre y fuego» hasta Caracas, donde entraron el 8 de julio. Nuevamente vencido Bolívar — 18 de agosto — en Aragua, hubo de retirarse a Cumaná, y por último a Cartagena de Indias. El segundo asalto también lo había perdido.

Ya en Cartagena siguió reagrupando sus fuerzas y nutriéndolas con otras llegadas de todos los territorios de Nueva Granada. Con todas ellas intentó la reconquista de Santa Marta; la llegada de España del general Morillo al frente del único ejército regular que pudo enviar España para la defensa de sus virreinatos, hizo fracasar el propósito de Bolívar, quien en marzo de 1815 marchó a Jamaica, donde redactó su célebre Carta — 6 de septiembre — en la que justificaba la Revolución, auguraba la independencia de Hispanoamérica, abjuraba de la monarquía, del federalismo y de la democracia, y declaraba su deseo en la unión republicana de Venezuela y Nueva Granada. Pero en Jamaica nadie le hizo gran caso. Desalentado se trasladó a Haití, cuyo presidente, Alejandro Petion, le prometió eficaz y pronta ayuda.

El 3 de mayo de 1816 desembarcó en la isla Margarita la expedición de Bolívar; éste, antes de iniciar los combates, prometió convocar un Congreso ante el que renunciaría a su dictadura. La expedición constituyó un nuevo fracaso y Bolívar hubo de regresar a Haití.

Así perdió el cuarto asalto (el tercero lo había perdido al marchar a Jamaica). Con el nuevo auxilio que le prestó el presidente negro haitiano, unido a Arismendi, Bolívar invadió la provincia de Caracas, pero fue derrotado en Clarines (9 de enero de 1817).

El quinto asalto le fue también adverso. Pero su carácter indomable no cedió. Encontró aliento y colaboración en los Estados Unidos; quienes pagaron con tan negra ingratitud los auxilios que de España recibieron para independizarse.

Consiguió atraerse a los terribles llaneros mandados por José Antonio Páez desde la muerte de Bobes. Reunido el Congreso en Angostura — 15 de febrero de 1819—, Bolívar dirigió un mensaje en el que proclamaba sus ideas constitucionales inspiradas en el régimen inglés: república, libertad, igualdad, abolición de la esclavitud, dos cámaras, presidente vitalicio y un «cuarto poder»… moral.

Inmediatamente inició una de sus más famosas y felices campañas: la de Nueva Granada, que culminó con la concluyente victoria de Boyacá — 7 de agosto de 1819—, determinando la emancipación total de Nueva Granada. Los colombianos le nombraron su jefe militar y político.

Regresó a Angostura y obtuvo del Congreso la unión en una sola República de Nueva Granada, Venezuela y Quito. Aislado el general Morillo de España, con motivo del levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan, careciendo de soldados y de armamentos, pidió un armisticio — 25 de noviembre de 1820—. Terminado el plazo, Bolívar derrotó a La Torre sucesor de Morillo en la segunda batalla de Carabobo —24 de junio de 1821 —.

Venezuela logró definitivamente su independencia. No hay en tierra americana quien pueda atacarla con probabilidades de éxito.

Los realistas de Guayaquil se sublevaron con violencia; Bolívar envió contra ellos al general Antonio José de Sucre, quien, luego de derrotar a los realistas, apoyó la independencia de su país regida por el gobierno de José Joaquín de Olmedo. Los días 26 y 27 de julio de 1822 se entrevistaron en Guayaquil Bolívar y José de San Martín, Protector o jefe del Perú.

Este intentó unir al Perú el Ecuador; pero su pretensión resultó inútil, ya que Ecuador estaba unido con Venezuela y Colombia. Pero la verdadera causa de que fracasaran los planes de tan memorable entrevista, fue que mientras San Martín era partidario de las monarquías, que ocuparían príncipes europeos, Bolívar creía que podía evitarse la anarquía por medio de fuertes gobiernos republicanos.

Retirado San Martín del Perú, intransigente en sus ideales monárquicos, Bolívar fue proclamado general en jefe de las tropas peruanas —1823— y Dictador a principios de 1824.

Pero todavía necesitó ganar dos famosas batallas, la de Junín y la de Ayacucho, para asegurar la independencia peruana. En la de Junín —7 de agosto de 1824— derrotó al general español don José de Canterac.

En la de Ayacucho —9 de diciembre de 1824— derrotó al virrey La Serna, aliado a los generales Jerónimo Valdés y José de Canterac. Esta última batalla señaló el fin de la dominación española en América del Sur.

Desde entonces pudo dedicarse Simón Bolívar a la estructuración definitiva de su gran república. Pero esta empresa resultó mucho más difícil y dolorosa que la conquista de la independencia.

Porque el héroe encontró incontables adversarios y traidores entre quienes le habían ayudado a echar a los españoles de aquellos inmensos territorios.

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar Ediciones Cadyc

Que es la guerra de Zapa? San Martin en los Andes Táctica Militares

¿Qué es la Guerra de Zapa? San Martín en los Andes

La guerra de “zapa”: Para conocer la situación interna de Chile y propagar falsos rumores que mantuviesen en constante inquietud a los realistas, San Martín se valió de emisarios y de una correspondencia hábilmente dirigida. Su objeto era también que los realistas mantuvieran sus fuerzas divididas a lo largo de la Cordillera y no pudiesen intentar una invasión por Cuyo. Era gobernador de Chile el mariscal Francisco Marcó del Pont, desde enero de 1815. Había reemplazado al general Mariano Osorio, que fue llamado por el Virrey del Perú para reforzar a Pezuela, quien más tarde venció en Sipe-Sipe.

Gral. San Martìn

Se llama así a las técnicas militares que se utilizan para desorientar al enemigo con informaciones falsas y estrategias de espionaje. San Martín utilizó métodos de espionaje y engaño del enemigo -llamados «guerra de zapa»- durante sus campañas.

En la tarea que se impuso San Martín colaboraron eficazmente los emigrados chilenos, en especial el joven Manuel Rodríguez y Pedro Vargas. vecino de Mendoza, a quien hizo aparecer como un realista militante encarceló y le hizo firmar cartas que él mismo redactaba, destinadas a los realistas. En esta forma conoció los detalles que necesitaba para su campaña y propagó las noticias que más le convenían. Vargas mantuvo a tal punto el secreto que no lo confió ni a su esposa.

En otras oportunidades San Martín también mantuvo correspondencia con las autoridades de Chile, firmando las cartas con el nombre de realistas o emigrados que, deseando ayudar a la causa del Rey, enviaban datos que lógicamente eran falsos. Así se adquirió en ese país la convicción de que los patriotas atacarían por el Planchón y que una poderosa escuadra había salido de Buenos Aires para atacar Talcahuano (en esta forma consiguió hacer salir de Valparaíso a la escuadra realista).

Marcó del Pont, desconcertado y no sabiendo exactamente donde dess cargar el golpe para suprimir la propaganda revolucionaria, extremx5 las persecuciones iniciadas por Osorio, lo que encendió aún más el espíritu de reheii<Ç,i

Cuando el Congreso de Tucumán declaró la independencia, a San Martín se le presentó una magnífica oportunidad: con consentimiento del gobierno, envió a Chile al sargento mayor ingeniero José Antonio Alvarez Condarco (que era su ayudante y padrino de Merceditas) con la misión aparente de entregar a Marcó del Pont el acta de nuestra independencia. El motivo real era conocer los pasos de la Cordillera que conducían a Chile y si estaban defendidos.

El emisario fue por el Paso de los Patos, que era el más largo; llevaba una carta de recomendación obtenida de un realista confinado en Cuyo, y merced a ella salvó la vida, pero el acta fue quemada públicamente. Condarco fue obligado a regresar de inmediato por Uspallata (fines de 1816). Como era un hombre de extraordinaria memoria, cuando llegó a Mendoza pudo hacer un plano de los dos caminos.

Para desconcertar al enemigo, San Martín también se valió de los indios pehuelches, a quienes conocía como muy falsos. En el fuerte San Carlos conferenció con los caciques, pidiéndoles que dejasen pasar por sus tierras al ejército

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Independencia de Chile Y Peru Resumen del Desarrollo

Independencia de Chile Y Perú

La expedición al Perú: San Martín decidió no intervenir con su ejército en las guerras civiles rioplatenses y se dedicó a armar una flota para legar hasta Perú.

La expedición naval partió en agosto de 1820 y, luego de desembarcar en Pisco, avanzó hacia Lima sin arriesgarse a una batalla definitiva.

El cambio en la situación política española, donde un general liberal, Rafael de Riego, había sublevado a sus tropas contra Fernando Vil y le había impuesto fuertes controles dando por tierra con su poder absoluto, abría muchas posibilidades para una negociación.

Y así fue: un golpe desplazó al ultrarrealista virrey peruano Joaquín de la Pezuela para poner en su lugar al liberal José de a Serna, un virrey dispuesto a negociar con el también liberal San Martín. Poco después,

De la Serna entregaba Lima a San Martín, quien declaró la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 y poco después asumió corno Protector.

Pero, en adelante, la administración del Estado peruano no le traería a San Martín sino problemas, sin contar con que las tropas realistas seguían en operaciones que los desorganizados revolucionarios no podían derrotar.

Una solución llegó desde el otro gran núcleo revolucionario de América del Sur Venezuela. Tropas veteranas al mando de Simón Bolívar, perfectamente pertrechadas y con grandes recursos, se aproximaban al Perú a comienzos de 1822.

Los días 26 y 27 de julio, Bolívar y San Martín se reunieron en Guayaquil: los resultados fueron los previstos.

El jefe más fuerte y poderoso, Bolívar, tomó el control total de la situación, mientras que San Martín abandonó su mando para iniciar un argo exilio europeo que sólo culminaría con su muerte en Boulogne sur Mer (Francia), el 17 de agosto de 1850.

Por su parte, Bolívar prosiguió las acciones militares: las victorias de Junín, el 6 de agosto de 1824, y Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año, terminaron con todo vestigio del dominio español en América del Sur.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana. Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar  lo llevó a cabo.

En 1814. tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud. Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Cruce de los andes Plan Continental Mientras que Martín de Güemes y sus gauchos defendían con eficacia la frontera norte, Cuyo, San Martín comenzó la preparación de su ambicioso plan. El cruce de los Andes y expedición a Chile constituyeron la operación militar más compleja organizada por el núcleo revolucionario rioplatense.

Instalado como jefe indiscutible de Cuyo, San Martín comenzó la formación de un ejército para llevar adelante su plan de invasión a Chile por la cordillera. Durante 1816, los preparativos se aceleraron. A las fuerzas locales se unieron los revolucionarios chilenos, liderados por Bernardo de OHiggins, que se encontraban refugiados en Mendoza, luego de haber sido derrotados por los españoles en Rancagua, en 1814.

El cruce de los Andes se inició en enero de 1817; las columnas principales Utilizaron los paso de Los Patos —al mando de San Martín— y de Uspallata —al mando de Gregorio Las Heras—, pero la operación comprendía varios cruces y ataques sincronizados desde La Rioja hasta el sur de Mendoza. Una activa guerrilla comandada por Manuel Rodriguez se anticipó a la llega de los ejércitos regulares.

El hábil manejo de la información sobre los movimientos del enemigo y la falsedad de los datos que llegaron a los españoles antes de atravesar la cordillera posibilitaron a San Martín y al Ejército de los Andes combatir exitosamente a los realistas, quienes sufrieron una grave derrota en Chacabuco, en febrero de 1817. Esto permitió al ejército revolucionario entrar en Santiago, donde  O´Higgins fue nombrado Director. Un año más tarde, el 12 de febrero de 1818, fue declarada la Independencia de Chile.

La resistencia realista se organizó en el sur de Chile, por lo cual se envió una expedición que, luego de varias victorias, fue sorprendida y derrotada el 19 de marzo de 1818 en el campamento de Cancha Rayada. Ante el avance de las tropas realistas, San Martín y O´Higgins se abocaron a reorganizar las fuerzas patriotas y decidieron dar batalla para defender Santiago. San Martín desplegó sus fuerzas cerca del río Maipú: el 5 de abril la victoria patriota fue rotunda, y puso fin al dominio español en Chile.

CARTA DE PUEYRREDÓN A SAN MARTÍN

«A más de las 400 frazadas remitidas de Córdoba, van ahora 500 ponchos, únicos que se han podido encontrar; están con repetición libradas órdenes a Córdoba para que se compren los que faltan al completo, librando su costo contra estas cajas.

[…] Está dada la orden más terminante al gobernador intendente para que haga regresar todos los arreos de muías de esa ciudad y de la de San Juan.

Está dada la orden para que se remitan a Ud. mil arrobas de charqui, que me pide para diciembre: se hará. […]
Van todos los vestuarios pedidos y muchas más camisas.

Si por casualidad faltaren de Córdoba en remitir las frazadas, toque Usted el arbitrio de un donativo de frazadas, ponchos o mantas viejas a ese vecindario y el de San Juan: no hay casa que no pueda desprenderse sin perjuicio de una manta vieja; es menester pordiosear cuando no hay otro remedio. Van cuatrocientos recados.
Van hoy por el correo en un cajoncito los dos únicos clarines que se han encontrado.

[…] Van los 200 sables de repuesto que me pide.
Van 200 tiendas de campaña o pabellones, y no hay más.
Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. […] no me vuelva Ud. a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la fortaleza.»

JUAN M. DE PUEYRREDÓN,
Carta a San Martín, 2 de noviembre de 1816.

El cruce de los Andes: A principios de setiembre de 1814, el general San Martín se hizo cargo de la Gobernación-Intendencia de Cuyo, cuya capital era Mendoza. Allí, frente a las cimas gigantescas de la Cordillera de los Andes, el caudillo comenzó la organización del ejército, destinado a liberar a Chile y Perú.

A lo largo de más de dos años San Martín trabajó incansablemente para alistar la fuerza que le permitiría concretar el grandioso plan. Convirtió así a Cuyo en una verdadera «nación en armas», movilizando todos sus recursos humanos y materiales para integrar el ejército libertador. Al mismo tiempo, desarrolló una permanente campaña de espionaje en Chile y recurrió a múltiples maniobras y engaños para desorientar a los realistas acerca del momento y el lugar en que llevaría a cabo el ataque.

De esta manera, su genio organizador y su férrea voluntad lograron lo que parecía imposible. A principios de enero de 1817 el ejército de San Martín, integrado por 4.000 soldados y 1.200 milicianos auxiliares, 10.600 muías de silla y carga y 1.600 caballos, estaba listo para acometer una de las operaciones más gigantescas y audaces de la historia militar: el cruce, por pasos estrechos, de la Cordillera de los Andes.

Energía inagotable
San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles. Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó. Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición. Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad. Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada. El ejército crecía bajo su metódica dirección.

oficial de la campaña de los andes

Oficial del la Campaña de los Andes (1817)

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos. Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados. Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello. Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia. También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento.

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio. Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder. Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

La operación se realizó sobre un frente de 2.000 kilómetros, dividiendo al ejército en dos columnas principales y cuatro secundarias, destinadas estas últimas a desorientar al enemigo. A pesar de los tremendos obstáculos naturales, la histórica marcha se cumplió con todo éxito. San Martín, tras derrotar a los realistas en Chacabuco el 12 de febrero de 1817, pudo entonces comunicar a su gobierno: «En 24 días hemos hecho la campaña; pasamos las Cordilleras más elevadas del Globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile».

soldado uniformado del los andes

Uniforme de un soldado del Batallón 1° de los Andes

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San Martin Testamento Maximas y Pensamientos Para Merceditas Hija

Máximas Para Merceditas y Pensamientos de José de San Martín

Ver: Historia del Sable Corvo de San Martín

Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos.

Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.

Serás lo que debas ser, si no, eres nada.

Si somos libres, todo nos sobra.

La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

La biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.

La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino en gastar con propiedad.

Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.

La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.

La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.

Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.

No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.

Mi barómetro para Conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus Consecuencias son funestas.

No nos ensoberbezcamos con las glorias y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.

Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.

En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano.

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.

Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.

Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.

No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males: el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.

Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la graciada América.

Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.

Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche cor infracción de mis promesas.

Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a vivir como hombre.

Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.

Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.

Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sertimiento de la justicia.

Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

(Fuente Consultada: Es legado de San Martín. Comisión Nacional de Homenaje al bicentenario Nacimiento del Gral. D. José de San Martín. InstitutoNacional Sanmartiniano)

Máximas Para Mi Hija:

Cuando San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes (arriba) tenía cuatro meses. Se volvieron a ver en 1818, después del triunfo de Chacabuco, y en 1824, cuando se embarcaron juntos rumbo a Europa. En 1825, San Martín redactó para ella estas «Máximas»:

01Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

02• Inspirar el amor a la verdad y odio a la mentira.

03• Inspirarla gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

04• Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

05• Respeto sobre la propiedad ajena.

06• Acostumbrarla a guardar un secreto.

07 Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

08• Dulzura con los criados, pobres y viejos.

09• Que hable poco y lo preciso.

10• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11• Amor al aseo y desprecio al lujo. (Redactadas en 1825)

Testamento del General San Martín:

En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

Primero: dejo por mi absoluta Heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín actualmente casada con Mariano Balcarce.

Segundo: Es mi expresa voluntad que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales, y a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi volunta.

Tercero: El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla.

Cuarto: Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

Quinto: Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

Sexto: Aunque es verdad que todos mi anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz. Yo le ruego continúe con el mismo cuidado y contracciòn la la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza cotinuarà haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

Séptimo: Todo otro Testamento o Disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.

Hecho en París a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra. JOSE DE SAN MARTIN

Artículo adicional. Es mi voluntad que el Estandarte que el bravo Español Don Francisco Pizarro tremoló en la Conquista del Perú sea devuelto a esa republica (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso

Entrada del Libertador San Martin a Lima Su Obra de Gobierno

Entrada del Libertador San Martín a Lima

Luego de intensas negociaciones con el general José de la Serna, que había reemplazado al virrey Pezuela, fracasaron las distintas posiciones para que se reconociera la independencia de Perú, por lo que el 12 de julio de 1821 se produjo la gloriosa entrada del libertador san Martín a Lima.

Al ingresar a la ciudad rechazando todo tipo de homenajes y solemnidades, dio a conocer sus propósitos: «Mi intención es dar al pueblo los medios de proclamar su independencia y establecer el gobierno que le convenga, hecho esto consideraría terminada mi misión y me retiraré».

Una vez más el Libertador de América dejaba en claro cuáles eran sus banderas. La última etapa de su Plan Continental estaba cerca, y San Martín sabía que su destino dependía en gran parte de la actitud que tomara el vencedor de Carabobo y libertador de los pueblos del Norte, general Simón Bolívar.

San Martin

El 12 de julio de 1821. Este día es memorable en los anales del Perú, a causa de la entrada del general San Martín en esta capital. Cualesquiera sean los cambios que ocurran en los destinos de aquel país, su libertad ha de establecerse; y jamás se olvidará que el primer impulso se debió enteramente al genio de San Martín, quien proyectó y realizó la empresa que estimuló a los peruanos para pensar y actuar por sí mismos.

En vez de venir con pompa oficial, como tenía derecho a hacerlo, esperó obscureciese para entrar a caballo y sin escolta, acompañado por un simple ayudante. En realidad, fue contrario a su intención primitiva entrar en la ciudad este día, pues estaba fatigado y deseaba ir tranquilamente a descansar en una quinta situada a legua y media de distancia, para entrar a la mañana siguiente al venir el día. (…)

En vez de ir directamente a palacio, San Martín fue a casa del marqués de Montemira, que se hallaba en su camino y, conociéndose al momento su venida, se llenaron pronto casa, patio y calle. (…)

El Cabildo, reunido apresuradamente, entró en seguida, y como muchos de ellos eran nativos del lugar y liberales, apenas podían ocultar su emoción y mantener la majestad apropiada para tan grave corporación, cuando llegaban por primera vez a presencia de su libertador.

Viejos, viejas y mujeres jóvenes, pronto se agruparon en torno de él; para cada uno tuvo una palabra bondadosa y apropiada, siempre yendo más allá de lo que esperaba cada persona que a él se dirigía. Durante esta escena estuve bastante cerca para observarlo atentamente; pero no pude distinguir, ya sea en sus maneras o expresiones, la mínima afectación; nada había de arrogante o preparado, nada que pareciera referirse a sí mismo; no pude siquiera descubrir el menor signo de una sonrisa de satisfacción.

Pero su modo, al mismo tiempo, era lo contrario de frío, pues estaba suficientemente animado, aunque su satisfacción parecía ser causada solamente por el placer reflejo de los otros. Mientras estaba observándole así, me reconoció, y atrayéndome hacia él, me abrazó a estilo español.

Di lugar a una bella joven, que, con grandes esfuerzos, había atravesado la multitud. Se arrojó en los brazos del general y allí se mantuvo durante un buen medio minuto, sin poder proferir otra cosa que: -«¡Oh, mi general, mi general!».

Luego intentó separarse; pero San Martín, que había sido sorprendido por su entusiasmo y belleza, la apartó atrás, gentil y respetuosamente, e inclinando su cabeza un poco a su lado, dijo, sonriendo, que debía permitírsele demostrar su grato sentimiento de tan buena voluntad con un beso cariñoso. Esto desconcertó completamente a la sonrojada beldad, que, dando vuelta, buscó apoyo en el brazo de un oficial que estaba cerca del general, quien le preguntó si ahora estaba contenta: —»¡Contenta, exclamó: oh, señor!».

BASILIO HALL,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

LA OBRA DEL PROTECTOR EN PERÚ: Sobre la acción gubernativa que desarrolló San Martín en el Perú, trahscribimos algunos párrafos de A. J. Pérez Amuchástegui, tomados de su obra Ideología y Acción de San Martín, (EUDEBA, 1966):

… «San Martín había asumido la misión de sustantivar la idea de Provincias Unidas en Sudaméríca emergente del acta de Tucumén. Y estaba dispuesto a lograr su objeto malgrado las escisiones, los localismos y los intereses partidistas. Para él no había más partido que el «americano», ni más objetivo político que la unificación nacional de Sudaméríca independiente.

Todo lo demás era accesorio y secundario, incluso la forma de gobierno, que habría de resolverse sobre la marcha, aprovechando las facilidades y coyunturas que se presentaren. Como ha demostrado Somoza, San Martín entendía que la solución era monárquico-constitucional, pero aceptaría y apoyaría con las armas la república si ésa era la auténtica voluntad multitudinaria.

Lo que urgía era organizar a Hispanoamérica libre como una entidad unívoca, capaz de ejercitar con dignidad y posibilidades económicas positivas la soberanía que los ejércitos libertadores habían reconquistado para el pueblo, esa multitud heterogénea que comparte necesidades y esperanzas, coadyuvando con su esfuerzo y su trabajo al logro de la común felicidad.

Esa idea rige la acción libertadora de San Martín, y subyace en toda su obra gubernativa como Protector del Perú, cargo que asumió el 3 de agosto de 1821, con el objeto esencial de obtener «fraternidad y unión a los demás pueblos libres de la América, para que prevalezca en ellos la libertad y el orden». Tan cuidadoso, tan preciso, tan correcto fue San Martín en su acción gubernativa que, pese a detentar el poder absoluto, promulgó y juró de inmediato un estatuto provisional que autolimitó sus atribuciones.

Se propuso y logró  «poner  a   los   pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos», exigiendo de todos los esfuerzos tendientes a salvar la patria de la tiranía: ya tendrían tiempo, a su hora, de consagrarse a «las bellas teorías» en asambleas populares y colegios electorales. La obra protectoral fue intensa y admirable.

Como administrador, San Martín fue ejemplo de probidad y corrección, apuntalando un país a cuyas arcas fiscales, según ha señalado Macera, ingresaban semestralmente (1822) poco más de un millón y medio de pesos, que tenía gastos de guerra por un 75 por ciento de esa suma y que sin embargo dejaba un superávit de 35.383 pesos, gracias a la reducción radical de la burocracia, la depuración de la moneda y otros arbitrios financieros, la explotación racional de los bienes mostrencos, la eliminación del contrabando y la supresión del infame tributo indígena.

La educación pública preocupó hondamente a San Martín, y prueba de ello es su entusiasmo por la aplicación del sistema lancasteriano. La biblioteca de Lima es testigo de sus inquietudes por la extensión cultural, como también su decreto sobre libertad de imprenta y su protección a los monumentos arqueológicos.

El problema del nativo indígena y del esclavo, como ocurrió en toda la América hispana, fue resuelto por San Martin declarando la ciudadanía natural de los indios y la libertad de vientres; además, dispuso que, como homenaje a la toma de Lima, todos los años el Estado se haría cargo de liberar 25 esclavos.

La ciudadanía fue preocupación constante del Protector, como que de allí saldría el plasma humano que forjaría la nacionalidad; además de una reglamentación general, expidió San Martín el 26 de marzo de 1822 un decreto específico que habla a las claras de sus propósitos hispanoamericanos, pues concedía lisa y llanamente la ciudadanía peruana a todo americano residente en cualquier país de la América Meridional»…

Infancia de San Martin Estudios y Batallas en Europa Lugar Nacimiento

Infancia de San Martín
Estudios y Batallas en Europa

Nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía del Virreinato del Río de la Plata. Su padre, don Juan de San Marín, había nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento. Su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco. Se trasladó a España junto con sus padres en el año 1786 donde ingresó al Seminario de Nobles de Madrid. En 1789 comienza su carrera militar en el regimiento de Murcia.

En la población de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, el 25 de febrero de 1778, Gregoria Matorras, española de Castilla la Vieja, tuvo su quinto hijo, José Francisco, un varón de tez morena y cabellos lacios y negros. Antes que él, ya habían nacido sus hermanos María Elena, Manuel Tadeo, Juán Fermín Rafael y Justo Rufino.

Todos eran hijos de Gregoria y del capitán Juan de San Martín. Entonces, a dos años de la creación del Virreinato del Río de la Plata, Yapeyú era una reducción de indios, fundada en 1626 por la Compañía de Jesús, por lo que no sorprende que la nodriza del futuro Libertador haya sido una indígena guaraní, de nombre Rosa Guarú.

El padre de San Martín, también castellano, había sido designado teniente gobernador de Yapeyú en 1774. En 1781, los San Martín se trasladaron a Buenos Aires, a una casa situada en la actual calle Piedras, entre Moreno y Belgrano. En 1783, la familia regresó a la metrópoli, a bordo de la fragata Santa Balbina. Al llegar a España, José Francisco tenía seis años.

San Martín viviendo en Europa, estudió en la Escuela de las Temporalidades de Málaga, donde se había instalado su familia. Pero su destino, al igual que el de sus hermanos, sería la carrera militar.

San Martín tomó parte en la guerra de la Península, y fue edecán del general Solano, marqués del Socorro, gobernador de Cádiz. Cuando aquel general pereció al furor del populacho, San Martín se escapó difícilmente de ser asesinado, respecto que al primer momento lo equivocaron con el marqués, a quien efectivamente se parecía mucho. San Martín se distinguió en la batalla de Bailen, de tal modo, que se atrajo la atención del general Castaños y su nombre fue honrosamente citado en los partes de aquella batalla memorable.

Ascendido al grado de teniente coronel, siguió haciendo la guerra a las órdenes del marqués de la Romana y del general Coupigny; pero, habiéndose levantado el grito de libertad en su país nativo, no pudo ser indiferente a tan sagrada invocación. Sin tener más que una vaga idea del verdadero estado de la lucha en América, resolvió marchar a serla tan útil como pudiera; y por la bondadosa interposición de sir Carlos Stuart, en el día Lord Stuart de Rothesay, obtuvo un pasaporte y se embarcó para Inglaterra, donde permaneció poco tiempo.

San Martín recibió de la bondadosa amistad de lord Macduff, actualmente conde de Fife, cartas de introducción y de crédito; y aunque San Martín no hizo uso de las últimas, habla de esta muestra de generosidad de su amigo respetable en términos de la mayor gratitud.

San Martín se embarcó en el buque Jorge Canning en el Támesis, y dio la vela para el Río de la Plata. Poco después de su llegada a Buenos Aires, se casó con doña Remedios Escalada, hija de una de las familias más distinguidas de aquella ciudad. Habiendo San Martín establecido su crédito de un modo honroso en las orillas del río Paraná, y adquirido la confianza de los argentinos, ascendió a mandos importantes.

GUILLERMO MILLER,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

SAN MARTÍN OBTIENE EL GRADO DE TENIENTE CORONEL: Como cadete del Segundo Batallón de Murcia, San Martín actuó en Marruecos contra los moros. Luego, pidió ser agregado a la compañía de Granaderos y, por primera vez, entró en combate. En 1793 se incorporó al ejército de Aragón, con el que fue destinado al Rosellón, sur de Francia.

Participó en la guerra contra Inglaterra, actuó en Portugal y Gibraltar. Estando en Cádiz ya había alcanzado el grado de segundo capitán del batallón Voluntarios de Campo Mayor. Durante la lucha contra Napoleón, su regimiento se incorporó al ejército de Andalucía, al mando del general Francisco J. Castaños.

Se distinguió en Arjonilla, frente a las avanzadas francesas del conde de Dupont y en Bailen, donde las tropas napoleónicas fueron derrotadas. San Martín fue ascendido a teniente coronel. En 1810, fue nombrado ayudante del marqués, de Coupigny y, luego, comandante agregado del Regimiento de Dragones Sagunto. Después se pondría al servicio de la emancipación de América.

SAN MARTÍN REGRESA A ARGENTINA: En 1811 San Martín alcanzó la jerarquía de teniente coronel graduado y, a mediados de ese año, solicitó su retiro con fuero militar con el pretexto de pasar a Lima para atender sus propiedades (que no tenía) en Perú. El 14 de septiembre de ese año se embarcó en Cádiz rumbo a Londres, con pasaporte para Lima.

Probablemente la logia londinense prefirió que el brillante jefe se trasladara al Río de la Plata, donde la revolución era dirigida por una élite comercial e intelectual decidida a afirmar la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto del antiguo virreinato, y muy opuesta, por lo mismo, a toda posibilidad de unidad con las provincias hermanas del subcontinente meridional americano.

El 9 de marzo de 1812 llegó a balizas del puerto de Buenos Aires el navío comercial de bandera inglesa GeorgeCanning. En él retornaban al suelo natal personajes criollos de relevancia, entre ellos San Martín, e] sargento mayor Carlos de Alvear y el alférez José Matías Zapiola.

Apenas llegados, éstos organizaron el triángulo regente de la Logia Lautaro rioplatense. Las importantes cartas de presentación que poseían posibilitaron que de inmediato las autoridades los aceptaran al servicio de la revolución. A San Martín le fue encomendada la organización de un cuerpo modelo de caballería, que el jefe materializó con el primer escuadrón de Granaderos a Caballo.

Poco más tarde, contrajo matrimonio con María de los Remedios Escalada y de la Quintana, jovencita quinceañera que pertenecía a lo más granado de la clase alta porteña (12 de septiembre de 1812).

Entrada de San Martin a Santiago de Chile Triunfo de Chacabuco

Entrada de San Martín a Santiago de Chile
Triunfo de Chacabuco

Luego del triunfo de Chacabuco, el Ejército de los Andes hizo su entrada triunfal en la ciudad de Santiago. El Cabildo convocado, al que concurrieron los vecinos notables, proclamó como gobernador a San Martín, pero éste se negó. Los planes contemplaban seguir hostigando a las fuerzas españolas reunidas en el sur de Chile y continuar su campaña libertadora hasta el Perú. San Martín renunció a la gobernación y la asamblea designó a O’Higgins como gobernador de Santiago.

«En veinticuatro días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile», así resumía San Martín la campaña de los Andes.

General San Martin

Aquella noche el general San Martín daba una gran fiesta y baile en honor del comodoro Bovvles (comandante británico en el Pacífico), cuya fragata Amphion, estaba anclada en la bahía de Valparaíso. Todos los ingleses iban a asistir a la fiesta y nos ofrecieron cortésmente invitaciones a mister Robinson y a mí; en consecuencia, por la noche, nos rasuramos por primera vez desde nuestra partida de Mendoza, y vistiéndonos para la ocasión, nos dirigimos al Cabildo, grande edificio público donde tenía lugar la reunión.

Se había arreglado para la fiesta el espacioso patio cuadrado del Cabildo y sido techado con un toldo adornado con banderas enlazadas de Argentina, Chile y otras naciones amigas; todo se hallaba bellamente iluminado con farolillos pintados y algunas ricas arañas de cristal colgaban en diferentes partes del techo.

El gran salón y las habitaciones que cuadraban el patio se habían destinado para cena y refrescos, y otros cuartos se habían dispuesto para las autoridades superiores, civiles y militares.

Esa noche fui presentado al general San Martín, por mister Ricardo Price y me impresionó mucho el aspecto de este Aníbal de los Andes. Es de elevada estatura y bien formado, y todo su aspecto sumamente militar: su semblante es muy expresivo, color aceitunado oscuro, cabello negro, y grandes patillas sin bigote; sus ojos grandes y negros tienen un fuego y animación que se harían notables en cualesquiera circunstancias.

Es muy caballeresco en su porte, y cuando le vi conversaba con la mayor soltura y afabilidad con los que le rodeaban; me recibió con mucha cordialidad, pues es muy partidario de la nación inglesa.

La reunión era brillantísima, compuesta por todos los habitantes de primer rango en Santiago, así como por todos los oficiales superiores del ejército; cientos se entregaban al laberinto del vals y el contento general era visible en todos los rostros. (…)

Muchos de mis compatriotas estaban en el ejército patriota y entre los presentes a la reunión se contaban el capitán O’Brien y los tenientes Bownes y Lebas; éstos habían estado en la batalla de Chacabuco. Algunos oficiales de la Amphion participaban también de la diversión. Durante la cena, que se sirvió de manera muy suntuosa y espléndida, muchos brindis patrióticos y cumplimientos se cambiaron entre los funcionarios principales, civiles y militares, y nuestro comandante naval.

Después del refrigerio los concurrentes reanudaron la danza, y según entiendo continuaron hasta mucho después de venir el día, pero sintiéndome fatigado, me retiré poco después de media noche para disfrutar la primera noche de descanso en la capital de Chile.

SAMUEL HAIGH,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

Entrevista de Guayaquil Acuerdos Entre San Martin Bolivar

La Entrevista de Guayaquil – San Martín y Bolívar

Luego de la crisis fiscal y militar desatada en el territorio peruano recién liberado, San Martín buscó en Bolívar una opción para derrotar a los realistas que seguían acantonados en el Cuzco y dominando la serranía peruana.

Con este propósito San Martín solicitó ayuda militar de Bolívar, para lo cual pactaron una entrevista en Guayaquil por cuatro días que se inicio el 26 de julio de 1822.

En esta cita se encontraron dos grandes personajes de carácter e ideas políticas diferentes; Bolívar impetuoso y la serenidad de San Martín. Se reunieron dos días en donde abordaron tres temas:

– La guerra contra la Serna: Simón Bolívar, ofreció ayudar solamente con 1400 soldados para luchar contra el virrey.

– La forma de gobierno: Sobre la forma de gobierno, san Martín era partidario de una Monarquía y Bolívar de una República.

– El destino de Guayaquil: Bolívar ya lo había anexado a la gran Colombia.

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VEAMOS AHORA LA HISTORIA DE ESTE MISTERIOSO ENCUENTRO

Antecedentes: Las provincias sudamericanas iniciaron su lucha por la independencia en los primeros años del siglo XIX.

El primer grito correspondió a Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando fue derrocado el gobernador y capitán general Emparán.

Las Juntas de Gobierno formadas en las capitales de los virreinatos, audiencias y capitanías generales de las colonias españolas de América sirvieron de arranque a la independencia americana.

Las ideas de la Revolución Francesa, la ayuda de Estados Unidos, acabados de independizar a su vez, y la de Inglaterra fueron definitivas para tan arriesgada decisión de los americanos.

La primera parte del antiguo imperio colonial español que se independizó fue el virreinato del Río de la Plata en el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816.

Fue personaje definitivo para el movimiento libertador de Argentina y para el de Chile, así como después para el del Perú, el general San Martín, que cruzó los Andes y con la ayuda de O’Higgins libertó Chile, para luego terminar su campaña con la liberación de Perú.

Entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolivar

En esta atmósfera de anhelo de independencia, otro hombre que supo estar a la altura de las circunstancias fue Simón Bolívar, el Libertador.

Nació en Caracas de una familia distinguida, en 1783. Fue autodidacta. Se educó en Caracas y luego continuó estudios particulares en Madrid, donde contrajo matrimonio.

De regreso en Caracas, a partir de 1810 se unió al movimiento de liberación de su país, al que habría de inspirar durante los siguientes diez años, teniendo en ocasiones que refugiarse en el extranjero para salvar su vida, pero siempre volvió para continuar la lucha.

CONFERENCIAS EN GUAYAQUIL: Antes de embarcarse, San Martín fue en busca de Bolívar, pero sabiendo que carecía de fuerza militar y respaldo político.

Sin embargo, existían unos Tratados que aseguraban y testimoniaban la identidad de sentimientos y convicciones compartidos con Bolívar en cuanto al objetivo primordial de la revolución hispanoamericana: independencia y unidad.

Lo mismo sabía Bolívar.

Y los dos libertadores del subcontinente meridional conferenciaron largamente, en Guayaquil, a puertas cerradas, los días 26 y 27 de julio, conscientes de que, como apuntó Monteagudo, «ambos podrían extender su influjo a una gran distancia de la equinoccial, uniformar la opinión del Norte y del Mediodía y no dejar a los españoles más asilo que la tumba o el océano».

Las fuentes históricas disponibles —dejando de lado controversias— y nunca impugnadas, permiten asegurar que los libertadores discutieron y acordaron por lo menos lo siguiente:

1. San Martín pidió a Bolívar apoyo militar y éste accedió, aunque los refuerzos enviados fueron menores que los esperados por aquél.

2. Aunque San Martín ofreció a Bolívar ser su lugarteniente en el Perú, se estimó que la presencia de ambos crearía serios problemas en ese país.

3. En 36 horas de conversaciones, trazaron planes para asegurar la libertad y la independencia de Sudamérica. San Martín aplaudió los proyectos de Bolívar —iniciados con los Tratados— de federación continental «bien entendida».

4. San Martín comunicó a Bolívar que había decidido retirarse del Perú,actitud que, para el último, era «un sublime ejemplo de desprendimiento».

5. Ambos convinieron en que el voto de los pueblos debía ser respetado y apoyado. El problema de la dependencia de Guayaquil (Perú o Colombia) sólo fue tratado superficialmente, pues ya Bolívar, de hecho, había logrado el apoyo multitudinario favorable de los quiteños.

Quizá nada sea más elocuente que la opinión de Monteagudoconfidente primero de San Martín y luego de Bolívar— sobre los resultados de estas conferencias.

A su juicio, fueron satisfactorios, porque en ellas se convino «asegurar la independencia sudamericana, abrir el camino para la pacificación interior de los pueblos y uniformar la opinión política continental».

encuentro de guayaquil

RENUNCIA ANTE EL CONGRESO Y ALEJAMIENTO DE LA PATRIA

Fiel a su propósito, San Martín renunció con carácter indeclinable el Protectorado del Perú ante el Congreso Soberano reunido en Lima el 20 de setiembre de 1822.

De inmediato se embarcó rumbo a Valparaíso. Su alejamiento fue al parecer trágico para el Perú, pues la puja por la posesión del poder produjo un verdadero caos político.

La situación se tornó insostenible cuando, a raíz de la derrota de Moquegua (21 de enero de 1823), el Perú quedó inerme. Entonces abundaron los pedidos de arrepentidos —como José de la Riva Agüero— para que retornara San Martín.

Pero el Generalísimo de los Ejércitos del Perú se negó sistemáticamente a regresar, aunque jamás se desinteresó por la suerte peruana.

Desde Mendoza —su «ínsula cuyana»— seguía minuciosamente las alternativas de la política, convencido de que llegaría el momento en que los peruanos clamarían por la presencia de Bolívar, necesitados de un brazo fuerte que pudiera imponerse tanto a los españoles como a los «díscolos».

Por algo había confesado a Guido que prefería irse del Perú, porque no estaba dispuesto a fusilar a muchos compañeros que lo habían seguido a lo largo de sus campañas.

A juicio de San Martín, la única solución para el Perú consistía en tomar «medidas ejemplares». El no podía hacerlo, pero Bolívar sí.

La permanencia de San Martín en su «ínsula» resultaba intrigante. No abandonó ese lugar de observación a pesar de las continuas noticias que le llegaban sobre la gravedad de su esposa, ni tampoco se trasladó a Buenos Aires al conocer la muerte de Remedios.

San Martín no era escéptico ni desamorado: era el Fundador de la Libertad del Perú y sobre él pesaba la responsabilidad de la suerte peruana. Por ello, debía vigilar atentamente las alternativas que se producían en aquel país.

Sin embargo, había pedido su pasaporte al gobierno de Lima para pasar a Europa: pero no se movería de Mendoza hasta conocer la decisión de Bolívar.

Y cuando éste, llamado angustiosamente por el Congreso, asumió la dictadura del atribulado Perú, San Martín entendió que había terminado la obra emprendida y podía alejarse de América.

El 3 de agosto de 1823 —casualmente el día en que Remedios falleció— escribió a Bolívar: «Amigo mío: Deseo concluya usted felizmente la campaña del Perú, y que esos pueblos conozcan el beneficio que usted les hace.

Adiós, mi amigo: que el acierto y la felicidad no se separen jamás de usted, son los votos de su invariable JOSÉ DE SAN MARTÍN».

Sólo entonces partió para Buenos Aires, visitó la tumba de Remedios, alzó a su pequeña Mercedes y se embarcó con rumbo a Inglaterra (10 de febrero de 1824), desdeñando la petulancia de Rivadavia —que pretendió fijarle normas para su futuro comportamiento— y la insolencia de los pasquines oficialistas.

Se iba en paz con su conciencia: la acción concurrente suya y de Bolívar había sentado definitivamente las bases para la total independencia del Perú —último foco de la resistencia realista—, y los Tratados del 6 de julio abrían fértiles perspectivas para la unidad de Hispanoamérica independiente.

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CARTA DE SAN MARTÍN A BOLÍVAR:

En una carta fechada en Bruselas el 18 de mayo de 1827, San Martín le aconsejaba a Simón Bolívar:»Al llegar ahora hasta mí las más alarmantes noticias, siendo la más grave la que se refiere a federar a Solivia, el Perú y Colombia con el vínculo de la Constitución vitalicia, cuyo jefe supremo vitalicio sería V.E. y con la facultad de nombrar sucesor, me apresuro y me permito darle el mismo consejo que el año 22 pusiera en práctica al sacrificar mi posición personal de aquella hora, para que pudiera triunfar la causa de la Libertad americana. Vuestra obra está terminada, como lo estuvo la mía; deje que los pueblos libres de América se den el gobierno que más les convenga a su estructura política y retorne V.E. a la vida privada con la inmensa satisfacción de haber sido el Libertador de todo un continente».

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LA CONTROVERTIDA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL

Fuente: Historia Universal Tomo 16 Editorial SALVAT -El Impacto de la Revolución Francesa

Los dos grandes capitanes de la emancipación sudamericana, Simón Bolívar (1783-1830) y José de San Martín (1778-1850), se encontraron en persona una sola vez, en el puerto ecuatoriano de Guayaquil.

Los temas de la entrevista sostenida los días 26 y 27 de julio de 1822, así como las consecuencias de ella derivadas, particularmente en lo relativo a las ulteriores decisiones de San Martín, constituyen un problema histórico que ha hecho correr mucha tinta.

El nervio de la cuestión estriba en la autenticidad de los documentos alegados para interpretar el suceso, en especial la denominada Carta de Lafond.

Como índice de la controversia, reproducimos dos textos que señalan los juicios contrapuestos:

1) un fragmento del dictamen de la Academia Nacional de la Historia, de Venezuela, fechado en 1940, y

2) un fragmento del libro de Ricardo Levene, El genio político de San Martín (Buenos Aires, 1950).

I) OPINIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, DE VENEZUELA
Tan extravagante y absurdo es atribuir la abdicación de San Martín en Perú a la entrevista de Guayaquil como lo sería achacar a esta misma causa su retiro definitivo de América, dejando a su patria nativa presa de las más graves preocupaciones internas y externas.

¿Por qué abandonó el territorio de las provincias del Río de la Plata, donde habrían sido tan útiles sus excepcionales aptitudes, renunciando para siempre al servicio público en su propia tierra? ¿Sería aventurado o absurdo pensar, sin mengua alguna para su ilustre memoria, que los mismos impulsos anímicos y las mismas circunstancias físicas determinantes de esta última resolución influyeron decisivamente en aquélla?.

No lo parece desde el punto de vista del más riguroso criterio científico, sobre todo en presencia de las formales declaraciones del propio San Martín, que confunden ambas decisiones en una sola, verificada por etapas, pero sin solución de continuidad.

A menos que otro hallazgo milagroso ponga en manos de algún nuevo predestinado por la providencia documentos comprobatorios de que ese pago final es otro aún más sublime y magnánimo acto de desprendimiento que lo haga acreedor a figurar en el santoral, tentativa esta última, por lo demás, que ha sido ya insinuada con toda seriedad.

[Dictamen fechado en Caracas, 31 de octubre de 1940]

II) OPINIÓN DEL HISTORIADOR ARGENTINO DR. RICARDO LEVENE

Considero que la cuestión planteada sobre la autenticidad de la carta de San Martín a Bolívar de 29 de agosto de 1822, como todo tema histórico, debe estudiarse sin tono polémico, con criterio objetivo, aplicándose para su esclarecimiento el método que aconseja la crítica histórica.

En el caso de la carta de San Martín a Bolívar, falta el original o arquetipo para hacer la crítica paleográfica o de autenticidad, pero corresponde llevar a cabo una labor de análisis sobre su procedencia, que es también crítica externa -documento que fue publicado en vida de su autor-; su origen, como ha sido transmitido, y luego su estudio comparativo o confrontación con otros documentos del mismo autor.

La espina dorsal de esta tesis es la carta de San Martín a Bolivar de 29 de agosto de 1822 y otros documentos concordantes. Su autorizado expositor es el historiador Mitre, y entre sus brillaantes continuadores figuran Joaquín V. González y Ricardo Rojas.

Las pasiones que han suscitado los grandes hombres revelan su envoltura humana, y el examen sereno de los historiadores debe llevarse a cabo sin espíritu polémico, con amor a la verdad y buena fe guardada. Tal la historia escrita sine ira et studio.

El documento publicado por Lafond, Alberdi en la Raccolta di Viaggi y por Sarmiento en vida de nuestro Libertador es, como ha afirmado Mitre, su testamento político, en el que se registra un altruista acto de abnegación impuesto por el destino, que la Historia no conoce que haya sido «ejecutado con más buen sentido, más conciencia y mayor modestia».

[R. Levene, El genio político de San Martín, Buenos Aires, 1950, págs. 250-251]

LA RENUNCIA DE SAN MARTÍN: Copia textual de la renuncia del general San Martín al cargo de Protector del Perú, presentada al Congreso Constituyente, reunido en Lima, el 20 de setiembre de 1822.

SEÑORES: Lleno de laureles en los campos de batalla, mi corazón jamás ha sido ajitado de la dulce moción que lo conmueve en este día venturoso.

El placer del triunfo para un guerrero que pelea por la felicidad de los pueblos, solo lo produce la persuacion de ser un medio para que gocen de sus derechos: mas hasta afirmar la libertad del pais, sus deseos no se hallan cumplidos; porque la fortuna varía de la guerra, muda con frecuencia el aspecto de las mas encantadoras perspectivas.

Un encadenamiento prodigioso de sucesos ha hecho ya indubitable la suerte futura de América; y la del pueblo peruano solo necesitaba de la representación nacional para fijar su permanencia y prosperidad.

Mi gloria es colmada, cuando veo instalado el Congreso constituyente: en él dimito el mando supremo que la absoluta necesidad me hizo tomar contra los sentimientos de mi corazón, y que he ejercido con tanta repugnancia, que solo la memoria de haberlo obtenido, acibara, si puedo decirio así, los momentos del gozo mas satisfactorio.

Si mis servicios por la causa de América merecen consideración al Congreso, yo los represento, hoy, solo con el objeto de que no haya un solo sufragante que opine sobre mi continuación a la frente del gobierno.

Por lo demás, la voz del poder soberano de la nación, será siempre oída con respeto por San Martín como ciudadano del Perú, y obedecida, y hecha obedecer por el mismo, como el primer soldado de la libertad. Lima Setiembre 20 de 1822. Señor. José de San Martín.»

El Congreso Constituyente, después de tomar conocimiento de la dimisión hecha por San Martín al «mando supremo del estado», promulgó una resolución por la cual lo designó «Generalísimo de las armas del Perú».

San Martín, aun cuando aceptó como distinción honorífica el título que se le acordaba, se negó a asumir los poderes que involucraba el rango de Generalísimo, y así lo comunicó al Congreso.

El mismo 20 de setiembre de 1822, dirigió la siguiente proclama de despedida al pueblo peruano:

«Presencié la declaración de la Independencia de los estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los Incas, y he dejado d,e ser hombre público; he aquí recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra, están cumplidas; hacer su Independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos.

La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen; por otra parte, ya estoy aburrido de oir que quiero hacerme Soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del País, pero en clase de simple particular y no mas. En. cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como en lo general de las cosas) dividirán sus opiniones; los hijos de estos darán el verdadero fallo.

Peruanos: os dejo establecida la representación nacional, si depositáis en ella vuestra entera confianza, cantad el triunfo: sino, la anarquía os va a devorar.

Que  el acierto presida vuestros destinos,  y que  éstos  os colmen de felicidad y paz. Pueblo Libre y Setiembre 20 de 1822. José de San Martín.»

Campaña a Chile y Perú

Entrevista de Guayaquil

Exilio de San Martín

San Martín en Europa

San Martin regresa a Buenos Aires Regreso al Rio de la Plata

San Martin Regresa a Buenos Aires

FRUSTRADO REGRESO AL RÍO DE LA PLATA: En 1825 las provincias rioplatenses entraron en guerra con Brasil. La presencia de Rivadavia al frente del gobierno impedía a San Martín ofrecer sus servicios, ante la seguridad de que serían rechazados; además, consideraba «impolítica» toda guerra entre Estados americanos. Pero como, al mismo tiempo, observaba la política europea y sabía que, entre los planes españoles, seguía vigente la reconquista, se puso al tanto de que Fernando VII preparaba, sin prisa y sin pausa, con el beneplácito de Francia y Rusia, otra expedición hacia América, como la fallida de 1820.

Cuando se enteró de que había terminado la guerra con Brasil y que las condiciones internas del Río de la Plata no eran satisfactorias (la Constitución de 1826 había sido rechazada por todas las provincias y el escandaloso tratado de paz propuesto por Manuel José García había provocado la estrepitosa caída de Rivadavia y el Congreso), quiso conocer personalmente el estado en que se hallaba su país natal.

En Falmouth se embarcó rumbo al Plata, y cuando llegó a Río de Janeiro tuvo conocimiento de la revolución unitaria del 1° de diciembre de 1828 y el asesinato del gobernador Manuel Borrego. Quizá más dolorido que asombrado, al llegar a Buenos Aires permaneció en balizas, pidió su pasaporte y fue a residir en Montevideo.

El desesperado general Juan Lavalle envió agentes ante San Martín para ofrecerle el gobierno, pero el recio militar rechazó con energía el ofrecimiento, y recordó a su antiguo oficial que una gota de sangre americana ahorrada valía más que cualquier solución política. El sable de San Martín no habría de mezclarse en luchas intestinas.

Por ese tiempo se encontraba en Montevideo el general San Martín. Fui a visitarlo y me hizo un recibimiento lleno de halagos, presentándome a todos los que estaban en la mesa del hotel, diciendo: «Presento a ustedes a uno de mis muchachos». En seguida, empezó a hacerme preguntas sobre mis heridas, como para hacer saber que las había recibido en la guerra de la Independencia.

El general San Martín desaprobaba la revolución del 1° de diciembre. Luego que se presentó en la rada de Buenos Aires, Lavalle, le mandó una comisión llamándole y ofreciéndole ponerse a sus órdenes; el general se negó, y ni aun quiso desembarcar, regresando a Montevideo. «Yo no podía aceptar sus ofertas, me decía un día, porque José de San Martín, poco importa, pero el general San Martín, da mucho peso a la balanza y tú sabes que he sido enemigo de revoluciones, y que no podía ir a ponerme al servicio de una de ellas. Cuando Bolívar fue al Perú, yo tenía ocho mil hombres, podía sostenerme, arrojarle; pero era preciso dar el escándalo de una guerra civil entre dos hombre que trabajaban por la misma causa, y preferí resignar el mando. Al cabo, Bolívar quería lo mismo que yo.»

MANUEL A. PUEYRREDÓN,  SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

Actividades de San Martin en Europa Por Reconocimiento de Argentina

Actividades de San Martín en Europa

HASTA QUE ESTA NAVE LLEGUE A PUERTO… Muchos años antes, en 1816, había manifestado San Martín al diputado mendocino ante el Congreso, Tomás Godoy Cruz, que no abandonaría la lucha «hasta que esta nave llegue a puerto». Pero a comienzos de 1824 la «nave», lejos de haber «llegado a puerto», se hallaba a la deriva. La situación política en Europa permitía inferir la posibilidad de que la Santa Alianza, y muy particularmente Francia, ayudaran a Fernando VII en sus aspiraciones de reconquistar el perdido imperio indiano.

San Martin Procer Argentino

En carta a Molina del 17 de mayo manifestó claramente San Martín la intención de iniciar un viaje, que no sería inútil a los intereses hispanoamericanos, por cuanto se proponía averiguar, en Gran Bretaña, «la opinión del pueblo y gobierno con respecto a la América».

Pensaba San Martín que, si el gobierno británico reconocía a los nuevos Estados, otras potencias europeas seguirían su ejemplo, con el consiguiente rozamiento entre ellas y la Alianza. La crisis política así desatada permitiría a sus paisanos fortalecerse y consolidarse, sin el peligro de invasiones ni amenazas foráneas.

Tan exactas eran esas apreciaciones que también George Canning, el 17 de mayo, puntualizaba que el ministerio español «haría bien en cerciorarse —respecto de una eventual ayuda— de su existencia y alcances, antes de confiar demasiado en los consejos de la Alianza». A juicio de San Martín, pues, la «nave» nunca llegaría «a puerto» sin el reconocimiento formal de la mayor potencia marítima, y era preciso ahora luchar, en otro campo, para que ello ocurriera.

En la carta a Molina del 17 de mayo, San Martín propiciaba, también, la urgente constitución de «un gobierno central» en cada uno de los Estados, pues, de otra manera, difícilmente Gran Bretaña podría dar el paso decisivo del reconocimiento. Meses después, el 23 de agosto, Canning comunicaba a su plenipotenciario en Buenos Aires,Woodbine Parish, con carácter «reservadísimo», que no diera la menor esperanza en cuanto al problema del reconocimiento mientras no se produjera la «centralización del gobierno».

Las esperanzas de San Martín y sus oficiosas gestiones en Europa culminaron exitosamente cuando, mejor último, Gran Bretaña procedió a reconocer oficialmente la independencia hispanoamericana el 4 de enero de 1825.

Para esa fecha, San Martín residía en Bruselas luego de varios cruces del canal de la Mancha para enterarse, a través de Manuel Hurtado, representante de Bolívar, del estado de las negociaciones con Canning.

Por eso, tres días antes del anuncio del gobierno inglés, el 1° de enero, pudo decir en carta a Vicente Chilavert: «Ya tiene usted reconocida nuestra independencia por la Inglaterra. La obra es concluida y los americanos comenzarán ahora a saborear el fruto de sus trabajos y sacrificios».

Bloqueo Anglo Frances al Puerto de Buenos Aires San Martin y Rosas

Bloqueo Anglo Francés al Puerto de Buenos Aires

CONFLICTOS CON FRANCIA E INGLATERRA: En 1838 la escuadra francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires, sin otro argumento que la negativa del gobernador y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, a considerar carácter de plenipotenciario al vicecónsul Aimé Roger.

Los enemigos de Rosas se aliaron con los franceses, y San Martín sintió profunda indignación. Como militar, ofreció su sable a Rosas para actuar en la jerarquía que se le ordenara. El gobernador declinó el ofrecimiento, manifestando que la gravedad no era tanta como para molestar al ilustre guerrero, al tiempo que designó a éste su ministro plenipotenciario ante el Perú.

Tampoco aceptó San Martín ese cargo por razones de delicadeza, pero desde entonces San Martín y Rosas intercambiaron correspondencia. Por encima de todo, lo que asqueaba al campeón de la independencia era que existieran «americanos que, por un indigno espíritu de partido, se aliaran al enemigo extranjero para humillar a su patria», razón por la cual declaraba que «una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer».

Idéntica actitud asumió San Martín ciando se produjo el bloqueo anglo-francés a Buenos Aires en 1845. A pedido del cónsul argentino en Londres, Federico Dickson, hizo San Martín —que se hallaba en Nápoles— una minuciosa crítica a este abuso de los fuertes, al tiempo que demostraba las óptimas posibilidades que tenía Rosas para vencer (28 de diciembre). La nota fue publicada en el Morning Chonicle y causó hondo impacto en el gabinete británico, que muy pronto dispuso iniciar tratativas de paz.

Los sucesos de París en julio de 1848 aconsejaron a San Martín abandonar la capital y refugiarse en Boulogne-sur-Mer; su reuma lo agobiaba, una afección a la vista lo conducía irremediablemente a la ceguera total. El gabinete francés había refrenado ras pretensiones colonizadoras, sobre iodo porque en el Plata el bloqueo era cada vez más inoperante.

La prensa de París, por conducto de Emile Girardín, fustigaba a diario al ministerio por lo que constituía un abuso sobre Mises en apariencia indefensos, que ponían en jaque a la poderosa escuadra francesa. Sólo el partido que dirigía el ardiente colonialistaAlphonse Thiers mantenía la exigencia del bloqueo y el envío de una poderosa flota que demoliera toda resistencia. Ni siquiera cedió Thiers en su posición cuando Gran Bretaña decidió abandonar el bloqueo y hacer la paz con la Confederación (noviembre de 1849).

En la emergencia, el ministro Bineau resolvió consultar al famoso libertador sudamericano. San Martín, casi ciego y próximo a morir, escribió, por mano de su hija, un alegato en el que ampliaba los argumentos asentados en su carta a Dickson, y puntualizaba la injusticia y la inutilidad del bloqueo (23 de diciembre de 1849). Esa nota fue leída en la Legislatura por el ministro Bouther, y con ella logró derrotar a Thiers. De inmediato el gobierno francés —que había preparado una fuerte escuadra para atacar Buenos Aires— dio instrucciones al barón de Mackau para que marchara al Plata y, en carácter de ministro plenipotenciario, acordara la paz en los términos exigidos por la Confederación.

El coronel mayor de la Argentina, brigadier general de Chile, generalísimo y Fundador de la Libertad del Perú, José de San Martín, murió en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850, a las 3 de la tarde. Sobre su lecho mortuorio, un retrato de Bolívar ostentaba el lema: «Unión, unión y seremos invencibles».

Antes de que la triste noticia atravesara el Atlántico, el 2 de setiembre, el almirante Le Prédour y el ministro Felipe Arana, en nombre de los gobiernos francés y argentino, firmaron la convención de paz. La bandera argentina fue desagraviada en la forma de estilo, y la Confederación obtuvo uno de los más significativos triunfos de su historia militar y diplomática.

Buena parte de esa victoria se debió al anciano patriota, que hasta el último instante de su vida luchó con toda vehemencia por su mística hispanoamericana. Por eso mismo, el artículo 39 del testamento de San Martín declara al general Rosas heredero de su glorioso sable, en virtud de «la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla».

Historia del Sable Corvo de San Martin Obsequio a Rosas Juan Manuel

HISTORIA Y CRONOLOGÍA DEL SABLE CORVO DE SAN MARTÍN

De todas las disposiciones testamentarias, hay una que se convirtió en objeto de críticas. San Martín donó su sable, símbolo de sus campañas libertadoras, a Juan Manuel de Rosas. La acción, que podía leerse claramente como un apoyo público a las políticas del gobernador de Buenos Aires, fue denostada por los unitarios y, en el mejor de los casos, achacada a la senilidad del Libertador.

Sin embargo, José Pacífico Otero, uno de sus biógrafos, asegura que «su cerebro se encontraba en perfecto estado de lucidez. Sabía San Martín que el país estaba dividido en dos bandos, que de uno estaba Rosas y los partidarios de su dictadura».

La razón de su agradecimiento estaba en la acción de Rosas frente al bloqueo y precisamente en su triunfo en la Vuelta de Obligado. Existen documentos que atestiguan que cuando el jefe de una flota francesa decretó el bloqueo del puerto de Buenos Aires del litoral argentino, San Martín ofreció sus servicios al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

En una carta le dice: «Si usted me cree de alguna utilidad, sepa que tres días después de haber recibido sus órdenes me pondré en marcha para servir a la Patria que me vio nacer».

sable corvo de san martin

El sable corvo del General José de San Martín, que durante mas de cuarenta años se encontraba en el Regimiento de Granaderos, fue trasladado en 2015 al Museo Histórico Nacional por un decreto presidencial.

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CRONOLOGÍA

sable corvo

El 5 de diciembre de 1835 desde su casa en Francia, el general San Martín escribió una carta a su yerno Mariano Balcarce que estaba en Buenos Aires junto a su esposa e hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce: «Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo. En cuanto a lo demás ya les tengo escrito con extensión en la suposición de que deben venir contando no volver a América hasta después de mi muerte».

sable corvo

En 1844, admirado por la defensa de la soberanía argentina frente a la agresión británica, en la Vuelta de Obligado, San Martín en su testamento estipula:

«El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla». Su voluntad fue cumplida.

Más tarde Rosas en su testamento de 1862, escribe: en la cláusula decimoctava lega a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero: «la espada que me dejó el Excmo. Sr. Capitán General Dn. José de San Martín («y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia») por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria. Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa, la Sra. Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad».

sable corvo

En 1896, el director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, le escribió una carta a Manuela Rosas de Terrero pidiéndole la donación del sable para ser exhibido en esa institución. Manuela tarda en contestar, pero le informa que: «…con la entera aprobación mía y de nuestros hijos se ha decidido donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser en el seno del país que libertó. Por lo tanto, puede Ud. Sr. Carranza contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable» […] «nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que fuese depositado en el Museo Histórico Nacional, con su vaina y caja tal cual fue recibido el legado del General San Martín».

sable corvo

Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable se depositara en el sitio indicado por los donantes.

Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton en el «Danube» de la Royal Mail y luego trasbordado a la corbeta «LaArgentina». Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional.

sable corvo

En 1963, la Juventud Peronista, liderada por Calos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, decidió sustraer el sable de San Martín para protestar por las elecciones realizadas ese año con el peronismo proscripto y reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el Fondo Monetario Internacional, el castigo a los responsables de los fusilamientos de 1956 y la libertad a los presos del Plan CONINTES de Arturo Frondizi.

El 12 de agosto de 1963, se sustrajo el sable del Museo Histórico Nacional. La J.P. emitió un comunicado en el que declaró que «Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud.».

Fue devuelta el 17 de agosto de 1964.

El 19 de agosto de 1965, cuatro miembros de la Juventud Peronista otra vez sustrajeron el sable, que permaneció escondido en un colchón en una guardería de muebles, hasta que el 4 de junio de 1966 fue devuelto al Ejército.

sable corvo de san martin

El 2 de septiembre de 1971, el presidente de facto Alejandro Lanusse dispuso por el decreto 3.326 que el sable de San Martín retornara al Museo Histórico Nacional y estableció una guardia y custodia de honor permanente del Regimiento de Granaderos en la sala donde estuviera exhibido, pero la medida nunca se cumplió.

Fuente Consultada: Revista El Federal La Argentina Que Queremos Nota De: Aracelli Bellotta

Biografia Remedios de Escalada de San Martin Vida

Biografía Remedios de Escalada de San Martín

Biografia Remedios de Escalada de San Martin A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú. Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.

María de los Remedios de Escalada nació en Buenos Aires el 20-11-1797, en el hogar virtuoso y cristiano de los Escalada, gran casona de piso bajo que existió en la esquina sudoeste de las actuales San Martín y Cangallo, cuyo lujoso salón perpetuó en admirable acuarela Carlos H. Pellegrini.

Transcurrió su infancia consagrada a una esmerada educación, tal como lo hacían en aquellos años las niñas nacidas en hogares patricios. De salud delicada, menuda, de tez pálida, cabellos y ojos negros, pronto lució su gracia y armonía en el acreditado salón de sus padres, compartiendo las amables tertulias de su época. Al salón de Escalada concurrió asiduamente el teniente coronel de Granaderos y otros compañeros de armas. Allí se gestó el romance entre Remedios y José.

Tuvo lugar el desposorio el 12-11-1812, en ceremonia íntima bendecida por el presbítero Luis José de Chorroarín, certificada por el notario Gervasio Antonio de Posadas, en la que atestiguaron el sargento mayor de Granaderos a Caballo Carlos de Alvear, su esposa María del Carmen Quintanilla, Fermín Navarro y los hermanos de la contrayente.

El novio, el 26-8-1812, había elevado el pedido de autorización para contraer matrimonio, manifestando… que teniendo tratado mi matrimonio con Da. María de los Remedios Escalada…, logrando así la autorización superior para verificarlo.

El 19 de septiembre los esposos recibieron las solemnes bendiciones en la Catedral, en misa de velaciones en que comulgaron. Al año siguiente de casados, Remedios lo vio partir por tres meses y regresar cubierto de gloria por la acción de San Lorenzo. Viajaron juntos a Mendoza, ciudad en la que ella se convirtió en eficaz anfitriona y en la compañera inseparable. El 24-11-1816 vino al mundo Mercedes Tomasa, la infanta mendocina, hija ejemplar e inseparable del noble guerrero a quien daría dos nietas.

Enferma de los bronquios, Remedios regresó a Buenos Aires, con su hija, en enero de 1817. En julio de 1818 viajaron los tres nuevamente a Mendoza, pero al agravarse el mal Remedios debió volver por última vez a Buenos Aires, en marzo de 1819, con la pena de no poder acompañar a San Martín al Perú.

Abatida por su enfermedad fue llevada a una quinta en las afueras de la ciudad, la que posteriormente pasaría a ser propiedad del futuro Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano José de Escalada, donde expiró el 3-VIII-1823, aún sin cumplir veintiséis años de edad.

Demorado por su salud, calumniado y acosado por sus enemigos, San Martín llegó a Buenos Aires en noviembre de 1823. En el Cementerio del Norte, hizo colocar una lápida de mármol en la que grabó su frase imperecedera. ‘Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín».

CARLOS DELLEPIANE CÁLCENA, EL JOSÉ DE SAN MARTÍN.

Biografía Ampliada de Remedios de Escalada de San Martín

Nació en Buenos Aires el 20 de noviembre de 1797, siendo sus padres D. José Antonio de Escalada, rico comerciante, canciller de la Real Audiencia de 1810, y doña Teresa de la Quintana Aoiz Riglos y Larrazábal. Esta ilustre familia – ha dicho un historiador – se significó siempre en la colonia y en la república, por el mérito de sus varones y el boato representativo de sus mujeres. Se recuerda entre las familias porteñas el esplendor de las veladas y fiestas con que estos señores de Escalada mantenían el prestigio de su elevada posición.

remedio escalada de san martin

Doña Remedios, esposa del general San Martín más tarde, era de una delicadeza exquisita. Su elevado sentido de la dignidad y sus patrióticas virtudes envuelven su recuerdo en una aroma agradable, ocupando un lugar destacado entre las damas de la época, por haber sido la que primero tuvo el noble y patriótico gesto de desprenderse de sus sortijas y aderezos para contribuir a la formación de las huestes patriotas.

Tenía 14 años doña Remedios cuando arribó a nuestras playas el teniente coronel de caballería D. José de San Martín, grado adquirido en una interminable serie de combates, ora en la madre patria contra el extranjero invasor, ora en África, guerreando contra la morisca audaz y bravia.

Al llegar a su Patria, ofreció su brazo y su espada a la causa emancipadora y el Gobierno de las Provincias Unidas se apresuró a aceptar tan patriótico ofrecimiento, sin soñar acaso, que al hacerlo, abacaba de armar caballero de la causa americana al más decidido y esforzado paladín, que debía escribir largas páginas brillantes, rebosantes de gloria y exhuberantes de nobles ejemplos para las generaciones futuras.

Desde el momento en que San Martín ofreció sus servicios a la causa de la Independencia, la casa de la familia de Escalada, que era un centro de los patriotas de la Revolución, le abrió sus puertas y fue uno de sus más asiduos concurrentes. Allí conoció a la niña que debía ser después su esposa. El después adalid, llegó pobre y sin relaciones, no trayendo más que una buena foja de servicios de España y el propósito de prestar leales y desinteresados a su Patria.

El viejo Escalada, con clara visión, entrevio en aquel arrogante militar un general de nota y no tuvo inconvenientes en aceptar los galanteos a su hija, no obstante la diferencia de edad entre ambos, que llegaba casi a 20 años: «ella, niña, no muy alta, delgada y de poca salud; él de edad pro-Secta, estatura atlética, robusto y fuerte como un roble».

San Martín vinculándose a esa familia, conquistaba posición y atraía a las filas del Escuadrón de Granaderos a Caballo, que estaba organizando, una pléyade de oficiales que, como sus hermanos políticos Manuel y Mariano y sus amigos, los Necochea, Manuel J. Soler, Pacheco, Lavalle, los Olazábal, los Olavarría y otros que llenaron después con su espada páginas admirables en la epopeya americana.

Desde que San Martín conoció a «Remeditos», como él llamaba a su tierna compañera, se enamoró de ella y comenzó el idilio que terminara en el matrimonio celebrado en forma muy íntima el 12 de noviembre de 1812 y fueron sus testigos «entre otros —dice la partida original— el sargento mayor de Granaderos a Caballo D. Carlos de Alvear y su esposa doña Carmen Quintanilla.

No había transcurrido tres meses de la fecha en que se celebró la boda, que el coronel San Martín recogía su primer laurel en los campos de San Lorenzo, donde, como es sabido, muy poco faltó para que doña Remedios quedase viuda. Desde este instante su talla militar adquiere contornos gigantescos y es el comienzo real de su vida pública que terminaría simultáneamente con los días de su esposa, 11 años después.

Cuando San Martín marchó a tomar el mando del Ejército del Norte, doña Remedios quedó en Buenos Aires. Fue en aquella época que el ilustre soldado debía sentir los primeros síntomas del grave mal que debía alarmarlo en una gran parte de su agitada existencia, mal que lo obligó a trasladarse a la provincia de Córdoba, al establecimiento de campo de un amigo, íeponiéndose algún tiempo después de sus dolencias.

Cuando fue designado Gobernador – Intendente de la provincia de Cuyo, su esposa lo acompañó en su estada en Mendoza y apenas llegó a esta ciudad, su casa se transformó en alegre, hospitalaria y en un centro radioso de la sociedad mendocina, por obra de su exquisita cultura y el prestigio de su bondad y virtudes.

A ella concurrían los oficiales y los jóvenes de la localidad que después se agregaron, Palma, Díaz, Correa de Sáa, los Zuloaga y Corvalán, que unidos a los primeros cruzaron la cordillera y formando parte de los vencedores, llegaron hasta la ciudad de los Virreyes, en el paseo triunfal que realizaron a través de media América.

En el mes de enero de 1817, el Ejército de los Andes emprendió la colosal empresa que debía cubrirlo de laureles y su comandante en jefe dejó el hogar para no volver a él sino de paso, en los entreactos que le permitían sus victorias. Así continuó el andar del tiempo y en 1819, San Martín que tenía su pensamiento aferrado a la idea de afianzar la independencia de su Patria atacando al enemigo en el centro de su poderío, el Perú, pidió a su esposa que regresara a casa de sus padres y así lo hizo «Remeditos», revelando que era tan tierna como obediente esposa.

Ya tenía entonces a su pequeña Mercedes de San Martín, que sería más tarde esposa de D. Mariano Balcarce, único vástago del matrimonio, la cual había nacido en Mendoza en 1816. Acompañáronla en su viaje, su hermano, el teniente coronel Mariano de Escalada y su sobrina Encarnación Demaría, que después fue señora de Lawson.

Doña Remedios de Escalada de San Martín después de su traslado de Mendoza a Buenos Aires vivió en la casa de sus padres, y agravada la enfermedad que padecía, por consejo médico debió trasladarse a una quinta de los alrededores. Abatida y enferma, esperaba siempre la vuelta de su esposo, anunciada tantas veces.

La muerte de su padre acaecida el 16 de noviembre de 1821, agravó su malestar, justamente en los momentos en que el héroe renunciaba a los goces de la victoria y de las delicias del poder, después de la célebre entrevista de Guayaquil y se retiraba para siempre de la escena política, cerrando su vida pública con un broche de oro, que deberá ser siempre profundamente comprendido por las generaciones futuras, porque su «renunciación» evitó la guerra civil en Sud América que habría destruido la obra emancipadora iniciada en Mayo de 1810.

Profundamente atormentada por sus preocupaciones, que facilitaron el desarrollo del terrible mal en su delicado organismo, falleció en la quinta en que se radicó para combatir su enfermedad, el 3 de agosto de 1823. San Martín se encontraba en Mendoza y en junio había escrito su última carta a D. Nicolás Rodríguez Peña, en que le decía que habíale llegado el aviso de que su mujer estaba moribunda, cosa que lo tenía de «muy mal humor», pero sus propios males le impidieron llegar a Buenos Aires para recibir de su esposa el postrer beso, antes de iniciar el viaje sin retorno.

«Murió como una santa — refería su sobrina Trinidad Demaría de Almeida, que rodeó su lecho en los últimos instantes — pensando en San Martín, que no tardó en llegar algunos meses después, con amargura en el corazón y un desencanto y melancolía que no le abandonaron jamás».

De paso para Europa, el general San Martín — noviembre de 1823 a febrero de 1824 — hizo construir un pequeño monumento en mármol, en el cementerio de la Recoleta, depositando en él los restos de su «Remeditos» y donde hizo grabar el siguiente epitafio:

«AQUÍ YACE REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTIN , monumento que cubre los restos de la qué fue digna hija, virtuosa esposa, madre amantísima, patricia esclarecida y mujer merecedora del respeto general».

Doña Remedios de Escalada de San Martín figuró en la Sociedad Patriótica, asistió al célebre «complot de los fusiles», en que las damas patricias se propusieron armar un contingente con su peculio particular, y tomó parte en todas las iniciativas promovidas por las damas de la época en pro del movimiento emancipador.

El documento que redactaron aquellas nobles damas que se propusieron reforzar los contingentes que bregaban por afianzar la independencia nacional con la famosa empresa llamada el «complot de los fusiles», terminaba con las palabras siguientes: «Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad».

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Preparativos de San Martin Para El Cruce de los Andes Organizacion

PREPARATIVOS PARA EL CRUCE DE LOS ANDES:
PLAN CONTINENTAL DE DON JOSÉ DE SAN MARTÍN PARA LIBERTAR CHILE Y PERÚ

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana. Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar lo llevó a cabo. En 1814 tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud. Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Los preparativos:
Como primera medida logró que se lo designara gobernador intendente de Cuyo. Pronto, mediante el recurso de exponer llanamente los peligros que amenazaban la causa de la libertad, consiguió la adhesión incondicional de la población. La gente de las actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis -castigadas en su economía porque el comercio con Chile, que era una de sus mayores fuentes de ingresos, estaba suspendido- protagonizó tiempos de enorme esfuerzo y dura prueba.

Más allá de la anécdota que inmortalizó la donación de alhajas por parte de las damas mendocinas, todos dieron todo: humildes y encumbrados ofrecieron su persona y sus bienes al Ejército de los Andes. Se crearon nuevos impuestos y cada familia tuvo que declarar el valor de sus posesiones, bajo pena de pagar el doble si se falseaban los datos. Se confiscaron propiedades de enemigos de la independencia. Parte de lo recaudado se destinó a la formación de un fondo para reforzar los sueldos de la tropa.

Jóvenes y viejos se alistaban a diario para adiestrarse en el campamento de El Plumerillo, que se instaló lejos de la ciudad para que los soldados no se distrajeran con las tentaciones propias de un centro urbano. En las dos principales escuelas de varones, los chicos de siete a quince años se agruparon en batallones y compañías. Mendoza se transformó en una fábrica de material bélico.

Se fundían cañones, se producían municiones y pólvora «tan buena como la superfina de Inglaterra a la cuarta parte del costo» (según se enorgullecía el propio San Martín), se tejían paños y se cosían prendas. Gracias a que no fue necesario escatimar tiros durante la instrucción, los reclutas mejoraron su puntería y, al familiarizarse con el estruendo de disparos y cañonazos, ganaron en serenidad.

Energía inagotable
San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles. Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó. Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición. Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad. Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada. El ejército crecía bajo su metódica dirección.

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos. Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados. Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello. Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia. También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio. Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder. Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

Victorias del ingenio
Muchos historiadores confieren a las tretas ideadas por San Martín para desorientar al enemigo tanto valor como a su capacidad netamente militar. En su mayoría tenían por finalidad hacer creer al  presidente de la Real Audiencia de Chile, Francisco Marcó, que la invasión se produciría por el sur, para debilitarlo obligándolo a desplegar sus fuerzas sobre un frente de casi ochocientos kilómetros.

El Libertador invitó a los indios pehuenches a conferenciar, seguro de que lo que se dijese llegaría a oídos de los españoles. El parlamento se concretó en septiembre de 1816 y duró ocho días.

Después de entregar a los indígenas licor y otros regalos, San Martín les habló de la patria, de la unión entre hermanos, y les pidió permiso para cruzar a Chile a través de sus territorios. Los pehuenches no tardaron en revelar a los españoles lo que acababan de escuchar. « Un gran mal me habrían hecho esos miserables si hubieran sido fieles en esta vez», dijo después San Martín. Para reforzar el embuste, hizo circular la versión de que había contratado a un ingeniero francés para construir un puente sobre el río Diamante, al sur de Mendoza, y anunció que los pehuenches se sumarían al ejército; esto alarmó a los españoles, temerosos de que San Martín intentara ganarse también a los indómitos araucanos del sur chileno.

El Cruce
San Martín, dando nuevas muestras de su agudeza reflexiva, decidió fraccionar lis tropas para evitar la congestión en los desfiladeros cordilleranos, y organizar el avance por jornadas para vencer gradualmente los obstáculos que la geografía se empecinaba en oponerle.

Cruce de los andes Plan Continental

En el acarreo de este equipo pesado colaboró un grupo de mineros púntanos, que además se encargaba de despedazar los peñascos que obstruían las sendas.
Mientras tanto, San Martín avanzaba por el camino de Los Patos con el grueso del ejército. Estaba enfermo, pero eso no disminuía su audacia.

El cruce de los Andes insumió veinticuatro días. Viajeros que se aventuraron por el mismo rumbo en esa época coinciden en relatar que se transitaba por huellas donde apenas cabían las patas de las cabalgaduras, al borde de profundísimos precipicios y sobrefaldas tan estrechas y derechas que daban miedo. Antes de llegar a los contrafuertes montañosos el trayecto era sofocante, porque el salitre suspendido en el aire provocaba una sed abrasadora que el agua no conseguía aplacar. Después, lo peor era la crudeza de la temperatura.

Héroes de carne y hueso
La base de la alimentación era un plato regional llamado valdiviano, que se hacía con charqui machacado, grasa, rodajas de cebolla cruda y agua hirviente. También se llevaba ganado en pie para la provisión de carne fresca y hasta un poco de queso de Holanda y ron, que estaban reservados a los oficiales.

Los soldados usaban zapatones confeccionados con el cuero sobrante de las reses que se faenaban para el consumo y forrados con trapos de lana. Para cubrirse tenían ponchos y frazadas traídos desde San Luis.

El cruce de los Andes sólo es comparable con los que realizaron en los Alpes el cartaginés Aníbal y Napoleón Bonaparte. Pero uno lo hizo guiado por el odio hacia Roma y el otro por su propia ambición. El coraje de los que llegaron a Chile y los que quedaron en el camino tuvo una sola fuente de inspiración: la búsqueda de la independencia.

PARA SABER MAS…
En el verano de 1817 se abrió una nueva etapa de la guerra emancipadora, cuando el ejército de los Andes, comandado por José de San Martín, lanzó su ofensiva a través de la Cordillera, en un amplio frente de alrededor de 800 kilómetros. Se entró así en una instancia que se ha denominado guerra continental. Su objetivo estratégico último era flanquear y alcanzar, por el océano Pacífico y en una etapa posterior, el corazón del poder español en Lima, capital del rico y poderoso virreinato del Perú.

Se superaría así la situación de estancamiento militar creada por los sucesivos avances y retrocesos en el frente Norte, al que San Martín asignaba un rol esencialmente defensivo, después de haber tomado contacto brevemente con el frente alto-peruano y recogido las informaciones que pudieron darle Belgrano y otros mandos del ejército del Norte.

El veterano de las guerras europeas, el hermano legista de los conciliábulos secretos, emprendía así la maniobra decisiva destinada a imponer efectivamente las consignas de Libertad e Independencia que conformaban su ideal político. Las operaciones habían empezado a diseñarse en los meses finales de 1814, cuando San Martín asumió el gobierno de la intendencia de Cuyo mientras, del otro lado de los Andes, los independentistas chilenos eran derrotados en Rancagua y muchos de ellos cruzaban las montañas para buscar refugio y auxilio de este lado del continente. Con el secreto respaldo de la Logia Lautaro y el decisivo apoyo del Directorio (encabezado desde principios de 1816 por el logista Juan M. de Pueyrredón), San Martín preparó minuciosamente al que llegaría a ser el mejor de los ejércitos de que dispusieron las Provincias Unidas en aquellos años.

Alrededor de 5000 hombres de las tres armas (infantería, artillería, caballería) con un razonable sostén logístico y una adecuada preparación, abordaron los difíciles pasos: cordilleranos. Ésas fuerzas., incluían un importante contingente de chilenos, liderados por Bernardo O’Higgins, también integrante de la logia secreta.

Despistando sobre sus puntos de ataque a través de una astuta «guerra de zapa» (hoy se hablaría de una hábil labor de «contrainteligencia»), y del avance en un frente amplio de fuerzas secundarias que inquietaran al adversario y lo obligaran a dispersar sus cuidados, San Martín lanzó y encabezó personalmente sus dos columnas principales por los pasos de Uspallata y Los Patos, desembocando en los valles chilenos y logrando el decisivo triunfo de Chacabuco (12 de febrero) que puso a Santiago de Chile en manos de los independentistas.

La campaña chilena se prolongó varios años, pero quedó definida en lo esencial con la categórica victoria de Maipú, lograda por San Martín sobre- el general español Mariano Osorio el 5 de abril de 1818.

Comenzaron luego los preparativos para el ataque al Perú, mientras en el extremo norte del continente sudamericano Simón Bolívar (otro afiliado a la Gran Reunión Americana) controlaba la situación en Venezuela y Colombia y, en el Plata, la crisis de 1820 derribaba al Directorio poniendo en grave peligro los planes continentales. No obstante, a fines de ese año la expedición de San Martín al Perú se ponía en marcha por mar -como se había planeado hacía tiempo-, sumando la audacia política al golpe de vista militar…

Ver: Historia de las Bóvedas de San Mantín

Cruce de los Andes Plan Continental del General San Martin

CRUCE DE LOS ANDES: PLAN CONTINENTAL

ANTECEDENTES, PORQUE CRUZAR LOS ANDES: La creación del Ejército de los Andes, y todas sus consecuencias, constituyó un hecho único e inédito en la historia militar argentina.

José de San Martín, que había regresado a su patria en 1812, fue encargado por el gobierno argentino (Primer Triunvirato) de la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo. Con esta fuerza dio una acabada prueba de idoneidad y competencia con la victoria obtenida en la batalla de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813 (véase San Lorenzo). Con ella se detuvo las incursiones españolas en los ríos interiores y posteriormente el Directorio se convenció de la necesidad de crear una escuadra argentina que mantuviera el dominio de aquéllos.

General José de San Martin

Al fracasar la segunda expedición al Alto Perú, al mando del general Manuel Belgrano, con la derrota de Ayohuma (véase) del 14 de noviembre de 1813, el gobierno de Buenos Aires decidió enviar a San Martín en refuerzo de aquélla, y poco tiempo después el Director Supremo Posadas lo nombró jefe titular del Ejército Auxiliar del Perú.

Al hacerse cargo de esta misión y mientras reorganizaba a las deshechas fuerzas del norte en Tucumán, San Martín comprendió, con claridad meridiana, la verdadera situación existente con respecto a la causa de la independencia. El principio revolucionario de Mayo había tratado solamente de rescatar los territorios que hasta entonces habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata y que habían sido ocupados por los españoles (Chile, Alto Perú, Montevideo). Pero el baluarte principal de la dominación realista se hallaba en Lima y allí se debía llegar, cuanto antes, para garantizar la independencia de las Provincias Unidas.

Pero, ¿cómo llegar al corazón del Virreinato de Perú?. Sólo habían dos caminos para eso: el del Alto Perú, que había sido utilizado desde 1810 hasta la fecha en forma estéril; el otro, el de Chile, a través de cruce de la Cordillera de los Andes, liberando primero a este para seguir luego por el Pacífico hacia Lima y tomarla.

DIRECTORIO DE PUEYRREDÓN
Cruce de los andes Plan Continental pueyrredon
El período de gobierno de este distinguido patriota, fue uno de los más agitados de la historia patria. Los caudillos del litoral a quienes se unió el chileno Carrera, se habían rebelado.

Los portugueses invadieron la Banda Oriental. Güemes mantenía una autonomía recelosa en el norte. Los federalistas porteños combatían tenazmente al gobierno. Pueyrredón descendió apresuradamente desde Tucumán, y entró en Buenos Aires el 29 de julio.

A su paso por Córdoba acordó con el gran capitán la preparación de la campaña de los Andes. En la Capital la oposición le hacía una guerra encarnizada que no se paraba ni en calumnias ni en conspiraciones. Pueyrredón alcanzó a mandar a su jefe, el general Soler, al ejército de San Martín.

Como el coronel Dorrego continuara en la lucha, lo detuvo y lo embarcó hacia las Antillas. Ante la amenaza de un complot, el director expulsó del país, enviándolos a los Estados Unidos, a los demás exaltados revolucionarios. Estas terminantes medidas y las derrotas sufridas por Artigas, al mismo tiempo que San Martín vencía en Chile, desbarataron a los opositores y consolidaron la posición del gobierno.

EL EJERCITO LIBERTADOR. – EL PLAN DE SAN MARTÍN
San martin
La experiencia había demostrado con toda su crudeza, la imposibilidad de decidir la guerra de independencia por el Alto Perú. Cuando los españoles avanzaban y se apartaban de sus bases de aprovisionamiento eran derrotados (Suipacha, Tucumán, Salta) y cuando los patriotas se alejaban de las suyas, sufrían los mismos desastres (Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma, Sipe-Sipe..).

El genio concreto de San Martín lo vio y lo afirmó categóricamente, y señaló el único medio de llegar a una definición en la interminable guerra. A Godoy Cruz le decía: «La patria no hará camino por este lado del norte… ya le he dicho a usted mi secreto: un pequeño ejército y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos… Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para llegar a Lima. Ese es el camino y no este». San Martín en Cuyo. – Después de retirarse del ejército del Norte, San Martín fue nombrado (10 de agosto de 1814) gobernador intendente de Cuyo.

Es admirable la compenetración de ideales entre el gran capitán y el generoso pueblo cuyano. Sobre la base del cuerpo auxiliar de Chile y de los batallones cívicos de la provincia, San Martín comenzó a levantar su aguerrido ejército. Pidió por bando la incorporación de voluntarios de Buenos Aires.

El director Pueyrredón le fue remitiendo nuevos cuerpos reclutados, se reorganizaron los batallones de chilenos emigrados, se libertaron esclavos para servicios auxiliares. El ingeniero Álvarez Condarco intensificó la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de municiones.

Fray Luis Beltrán organizó la maestranza y el parque del ejército. Pueyrredón y la provincia de Cuyo proveyeron los equipos, transportes y vituallas. El 19 de agosto de 1815 el ejército de los Andes con sus 5.400 soldados disciplinados y aguerridos, fue oficialmente constituido por el director del Estado, nombrándose general en jefe al general San Martín. Como preparación de la campaña San Martín organizó una hábil red de espionaje, de informaciones desorientadoras y de falsas alarmas, que llamó guerra de zapa.

El ejército realista. – Gobernaba la capitanía general de Chile, el mariscal don Francisco Casimiro Marcó del Pont. Su ejército había sido debilitado por el envío de 1.400 hombres al Alto Perú. Además la campaña de corso realizada por Brown en el Pacífico, había cortado sus comunicaciones con el Perú y alarmado y desorientado sus costas. Ante la proximidad de una invasión por la cordillera, que ya veía venir, se apresuró a organizar un ejército reclutando nativos de su capitanía. Llegó así a reunir unos 5.020 hombres con 33 piezas de artillería.

EL PASO DE LOS ANDES
Antes de partir San Martín declaró a la Virgen del Carmen patrona del ejército y dirigió una despedida agradecida y afectuosa al pueblo de Cuyo, patriota y generoso. A fines de enero de 1817, San Martín se dispuso ya para atravesar la cordillera andina. Seis fueron los pasos por los que decidió franquearla.

Cruce de los andes Plan Continental

El grueso del ejército se dirigió por la ruta de Los Patos bajo su mando y el de O’Higgins y Soler; y por la ruta de Uspallata a las órdenes del coronel Las Heras. «Sin que fallara una sola de las previsiones de San Martin, tanto en lo que respecta a la simultaneidad de la invasión en un frente de 800 kilómetros, como en la precisión de todos los movimientos y en la reunión final de las fuerzas principales, fue franqueada en 20 días la gigantesca mole de los Andes». Chacabuco. – Esta victoria fue el fruto de la genial preparación estratégica y de la realización del paso de los Andes.

Cuando San Martín estaba a las puertas de Santiago, Marcó del Pont empezaba a concentrar sus tropas sin atinar aún con el sitio por el que seria atacado. Pretendió defender la entrada del valle de Aconcagua, pero el día 12 de febrero fue desalojado por un ataque de sorpresa. Se retiró entonces al norte de la hacienda de Chacabuco para defender el camino a la Capital.

El mando del ejército fue entregado al brigadier Rafael Maroto. La hacienda de Chacabuco, está situada en una hondonada a la que se llega por dos sendas viniendo del Aconcagua: la de la cuesta vieja y la de la nueva. La senda de la cuesta vieja va a dar directamente en el frente de la hacienda, y la de la nueva se desprende de la anterior y bordeando por el oeste los cerros termina detrás de esa misma estancia. Maroto se situó al norte de la estancia de Chacabuco, protegiendo el camino principal de la cuesta vieja, pero sin reparar (inexplicablemente), que el enemigo podía rodearlo y atacarlo por su retaguardia.

O'HigginsEste es el error que aprovechó San Martín y que le dio la victoria. Mandó a O’Higgins (imagen) cargar sobre el enemigo por el frente pero sin emplearse, solamente para entretenerlo y aferrarlo. Entre tanto Soler, marchando por la cuesta nueva, llegaría sobre la retaguardia realista y Maroto sería tomado entre dos fuegos.

O’Higgins dejándose llevar por su enardecimiento, atacó a fondo sin esperar a Soler y estuvo a punto de comprometer la victoria. Rechazado en un primer impetuoso intento, volvió a cargar cuando Soler aparecía por el sudoeste (urgido por San Martin). Los realistas resistieron en ese flanco izquierdo durante una hora, encarnizadamente.

Pero fueron completamente batidos y se desbandaron perdiendo más de 1.200 hombres y dejando su artillería, parque y almacenes en el campo de batalla. Maroto que intentaba huir fue tomado prisionero, y San Martín dos días después de la victoria (14 de febrero) entró en la Capital, modestamente y sin ninguna pompa.

Al día siguiente fue convocado un Cabildo abierto. Nombrado San Martín director supremo del Estado de Chile, rechazó ese alto honor y en un nuevo Cabildo fue entonces designado don Bernardo O’Higgins. El libertador mantuvo el mando en jefe del ejército argentino-chileno.

CAMPAÑA DEL SUR DE CHILE
El cansancio de las tropas impidió a San Martín perseguir a los realistas hasta su aniquilamiento. Pudieron estos rehacerse en el sur, donde contaban con numerosos partidarios, recibieron refuerzos desde el Perú y afirmándose en sus montañosas regiones, prolongaron su resistencia por un año más. Pareció en un principio esta resistencia, consecuencia lamentable de un descuido o de una falta de previsión de San Martín, pero el tiempo le dio la razón. A los pocos días de ocupar a Santiago, el general San Martín dio orden para que una división marchará hacia el sur a completar la victoria con la persecución del enemigo. La dificultad de aprovisionarla la retardó hasta el de 3 de marzo. En esas serranías la marcha fue lenta y difícil.

coronel Las HerasEl coronel Las Heras (imagen) que la mandaba partió con sus 1.300 hombres casi sin caballos. Irritado O’Higgins por la lentitud de esa marcha, llegó a acusar al jefe argentino de negligencia y abandono y hasta pretendió juzgarlo militarmente. Finalmente se decidió a ir él mismo a dirigir la campaña. Sin embargo Las Heras se había comportado valientemente. A principios de abril había acampado en la hacienda de Curapaligue, a 20 kilómetros de Concepción.

El jefe de la plaza de Talcahuano, Ordoñez, le atacó en la noche del 5, sabiendo que O’Higgins acudía con nuevas tropas. Las Heras le rechazó con graves pérdidas y luego siguió avanzando. Ocupó a Concepción y puso sitio a Talcahuano, fortificándose en el cerro Gavilán. El 5 de mayo el tenaz Ordóñez volvió a atacar a los patriotas . Cuando la victoria estaba ya decidida apareció la vanguardia de O’Higgins que la completó. El director chileno asumió el mando de todas las fuerzas sitiadoras.

Había tardado en llegar más tiempo aún que Las Heras. Sitio de Talcahuano. – O’Higgins fue conquistando poco a poco los fuertes que defendían la zona de Talcahuano. En el mes de julio intentó un asalto a la plaza pero se retiró sin empeñarse. El tiempo pasaba frente a la plaza fuerte. O’Higgins impaciente se determinó a tomarla por asalto el 6 de diciembre. Siguieron el plan del oficial francés Brayer, que se había agregado al estado mayor. Este impuso un ataque frontal en el punto más fuerte de la defensa. Ordoñez tenía unos 1.700 hombres y 130 cañones, y algunas naves en la bahía.

El asalto comenzó cerca de las 3 de la mañana. Las Heras alcanzó a apoderarse del Morro de la izquierda. Pero los patriotas que se habían embarcado para apoderarse de unas naves en la bahía de San Vicente y envolver al enemigo, debieron volver diezmados. No le cupo mejor suerte a las fuerzas que atacaron en el flanco derecho.

O’Higgins viendo la inutilidad del sacrificio de Las Heras que continuaba en su posición, dio la orden de retirada. La acción les había costado a los patriotas cerca de 500 hombres, entre muertos y heridos. Cancha Rayada. – San Martín había ido a Buenos Aires para tratar con el director Pueyrredón la continuación de la campaña hasta Lima. Volvió en el mes de mayo y con todo su empeño se dio a la preparación del ejército libertador, estableciendo en las Tablas un campamento semejante al del Plumerillo.

A fines de 1817 contaba con 9.000 hombres perfectamente disciplinados y armados. El virrey Pezuela decidido a no perder la capitanía de Chile y a anular así la expedición de San Martín, que ya preveía, mandó a este territorio un fuerte ejército de 3.300 hombres al mando del general Osorio. Estas fuerzas desembarcaron en Talcahuano a mediados de enero de 1818 y unidas a las de Ordóñez formaron un ejército de 5.000 hombres. San Martín dio orden a O’Higgins de replegarse y al ejército del norte de descender.

Osorio emprendió muy tarde la persecución de O’Higgins y en vez de hacerlo con rapidez por mar, utilizando la escuadra, eligió el largo y penoso camino terrestre. Los dos cuerpos del ejército patriota se encontraron el 12 de marzo en Chimborango. Desde ese momento la superioridad volvía a estar de su parte. San Martín fue en busca del enemigo, pero este retrocedió evitando el encuentro. Perseguido de cerca, Osorio se vio obligado a aceptar el combate. Formado en batalla acampó en las proximidades de Talca.

Su situación era desesperada pues tenía a sus espaldas el río Maule. El coronel Ordoñez impuso su decisión de atacar a los patriotas esa misma noche por sorpresa (19 de marzo). El ejército de San Martín había acampado al pie de los cerros de Baeza. A las 21 las tropas de Ordóñez avanzaron sigilosamente en tres columnas. San Martín había sido avisado por un espía del próximo ataque y estaba efectuando un cambio de frente. El ejército patriota fue sorprendido en plena maniobra y dispersado sangrientamente.

Sin embargo Las Heras tomó el mando del ala derecha patriota que como ya había efectuado el cambio previsto quedó intacta, y pasando por entre los mismos realistas, que en la confusión no lo advirtieron, se dirigió hacia el norte. Al llegar al río Lircay, pudo comunicar a San Martín que se retiraba con 3.500 hombres. Osorio no persiguió a los patriotas y les permitió alejarse y rehacerse. Este error le costó la derrota de Maipú.

BATALLA DE MAIPU
San Martín y O’Higgins entraron en Santiago y reanimaron a los patriotas. Pocos días después habían rehecho un ejercito de 4.900 hombres. San Martín impuso su determinación de atacar al enemigo, en una junta de guerra. Osorio siguió avanzando y el 4 de abril acampó a 4 kilómetros de las fuerzas patriotas en la hacienda Lo Espejo. Los dos ejércitos se encontraron en los llanos de Maipú. La batalla comenzó a mediodía del 5 de abril.

Batalla - Cruce de los andes

San Martín alcanzó a dividir el ala izquierda de los realistas y flanquearla. Ordóñez había logrado imponerse en su derecha. Pero las reservas patriotas lo detuvieron y ante la amenaza de ser envuelto empezó a retirarse con orden. Un nuevo ataque deshizo su formación y sus soldados huyeron hacia la hacienda Lo Espejo. Ordónez intentó todavía resistir allí, pero acorralado y diezmado debió entregarse.

En el campo de batalla quedaron 2.000 realistas y se tomaron 3.000 prisioneros con todo su armamento. Importancia de Maypú en la emancipación continental. Por esta memorable victoria, Chile aseguró definitivamente su independencia. El ejército realista del Alto Perú debió retirarse para acudir en defensa del Perú amenazado. La primera etapa de la gesta sanmartiniana quedaba espléndidamente cumplida. El libertador pudo preparar el último golpe a la dominación española en América del Sur, dando a su campaña una amplitud y una gloria continental.

EXPEDICIÓN AL PERÚ
La victoria de Maipú al hacer posible la expedición libertadora del gran capitán dio a los aislados movimientos de emancipación la trascendencia de un plan continental, que tuvo su punto de convergencia en Guayaquil. La empresa era obra de romanos. Se debía crear una escuadra. Organizar y equipar un ejército poderoso y preparar armamentos para levantar otros en el Perú.

Y se debían, además, reducir los últimos focos realistas subsistentes en Chile que resistían aún con tenacidad española. El director O’Higgins se encargó de la preparación de la escuadra y de la pacificación de su territorio. Con la ayuda de Buenos Aires y las presas que el almirante Blanco Encalada abordó en varios cruceros, la escuadra fue una realidad.

El ejército surgía más lentamente. Pero la constancia y la sagacidad de San Martín llevó a los gobiernos hermanos de Chile y la Argentina, a firmar un acuerdo en febrero de 1819 que decidió en firme su preparación. Entretanto el almirante Cochrane había realizado un crucero por el Pacífico en el que conquistó varias naves y pertrechos, y sobre todo, afirmó su dominio en el mar por el que debía cruzar la expedición.

La guerra civil del otro lado de la cordillera complicó la labor bélica del gran capitán. El gobierno para sostenerse (como representante de una tendencia), requirió la ayuda de las tropas del ejército libertador.

Lo exigió primeramente Pueyrredón y a su caída, Rondeau. San Martín mantuvo a sus tropas en el destino de su alto ideal de la independencia americana y no quiso convertirse en montonero. Por el acta de Rancagua, toda la oficialidad le confirmó el mando, y el Senado y el pueblo chileno le nombraron generalísimo. El 20 de agosto de 1820 el convoy del ejército libertador del Perú se hizo a la vela, conduciendo 4.300 hombres de desembarco.

En septiembre ancló en la bahía de Paracas. Después de desembarcar, el general Las Heras ocupó el pueblo de Pisco. Los esclavos negros declarados libres acudieron a formar en las filas independientes. El virrey Pezuela mandó un comisionado para tratar, pero no se llegó a ningún acuerdo. San Martín reembarcó su ejército para operar en el norte y envió al general Arenales a incursionar y sublevar las sierras.

Este cuerpo obtuvo brillantes éxitos (principalmente en Paseo), y se mantuvo hasta fines del 1820. Una orden mal transmitida le hizo abandonar la sierra, cuando sus victorias hubieran cerrado el cerco sobre Lima e impedido el retiro de los españoles a esas alturas. San Martín desembarcó en Ancón, a 37 kilómetros de Lima, y luego se dirigió nuevamente por mar a Huacho (150 kilómetros). Desde allí ocupó el valle de Jauja. Las defecciones comenzaron a diezmar al ejército realista.

La capitanía de Quito se sublevó. El sitio de Lima se hizo más estrecho, mientras Cochrane dominaba e incursionaba por el Pacífico. La venida de un comisionado real estableció una tregua y se entablaron nuevas tratativas. San Martín se entrevistó personalmente con el virrey La Serna, en Punchauca. No se llegó a ninguna conclusión y a principios de julio de 1821, San Martín reinició las operaciones. El almirante Cochrane y el general Miller fueron mandados para realizar un crucero y alarmar las guarniciones costeras.

El almirante comenzó a levantar cabeza, y a pretender dirigir la campaña enemistándose con el jefe. Miller consiguió notables éxitos en Pisco y Anca y Taena, y Arenales volvió a la sierra. Entretanto la situación de los realistas en la Capital se hizo imposible y el nuevo virrey La Serna, decidió evacuaría y retirarse a la sierra, de más saludable clima y de mejores recursos. Arenales bajó a la costa y San Martín ocupó la Capital.

El 14 de julio reunió un Cabildo abierto que declaró la independencia, y el 28, el libertador la proclamó solemnemente desplegando la bandera que él creara para el Perú. La prosecución de la campaña y el orden y tranquilidad del nuevo Estado, movieron a San Martín a aceptar la petición unánime de que asumiera el gobierno. Tomó así, el título de protector del Perú.

bolivarEl virrey La Serna, más activo que Pezuela, envió sobre Lima un poderoso ejército al mando del general Canterac. San Martín no tenía fuerzas con que oponérsele eficazmente, pero con una hábil maniobra logró dirigir a los realistas al Callao.

Los sitiados de la fortaleza se opusieron a las instrucciones que traía Canterac de derruir sus murallas y trasladar su armamento a la sierra. Los pocos víveres con que contaban se consumieron prontamente.

El general español debió volver otra vez a reunirse con sus tropas y el Callao se rindió en septiembre de 1821. El virrey contaba en la sierra con un ejército numeroso y aguerrido y con grandes recursos. El libertador no podía concluir la campaña con sus solas fuerzas. Decidió, por lo tanto combinar sus planes con Bolívar que descendía victorioso desde el norte.

San Martín le había enviado anteriormente algunas tropas, que fueron parte muy principal en la victoria de Pichincha. La entrevista entre los dos grandes próceres tuvo lugar el 26 y el 27 de julio de 1822, en Guayaquil.

En las dos conferencias trataron los dos libertadores el problema de la terminación de la guerra sudamericana. San Martín advirtió en seguida la ambición de su émulo a la gloria de coronar la independencia del continente sur. Esta persuasión, el regateo intrigante de los recursos prometidos, la defección del almirante Cochrane que se había declarado en rebeldía, la desacertada política de su ministro Monteagudo y la impopularidad que comenzaba a producirle, y hasta algún complot descubierto en el ejercito, indujeron al gran capitán a retirarse.

Solo hubiera podido mantenerse apartándose del recto ideal de su glorioso destino, para descender a la mezquindad de las intrigas ambiciosas. El gran capitán, para su gloria y la de su patria, eligió las alturas.

El 20 de septiembre instaló solemnemente el primer Congreso Constitucional del Perú y ante él se despojó indeclinablemente de la banda bicolor de protector. En el ocaso de su poder, el libertador nació para la inmortalidad de la nacionalidad argentina.

Porque San Martin se exilio en Europa? Conflictos en Peru Bolivar

¿Porque San Martín se exilió en Europa?

EL EXILIO DE SAN MARTÍN EN EUROPA: La gestión de San Martín en Perú tropezó con las luchas entre facciones, que alteraba la disciplina en el ejército. Por eso, el Libertador recurrió a Simón Bolívar, que encabezaba una campaña similar en el norte de Sudamérica. Si bien ambos generales compartían la visión continental de la lucha, el venezolano ejercía un estilo más autoritario de mando.

Tras el encuentro en Guayaquil, San Martín renunció a todos sus cargos, viajó a Chile y, posteriormente, pasó a Mendoza, donde permaneció unos meses.

La proximidad de la puja de facciones en Chile lo decidió a tomar distancia. Se trasladó a Buenos Aires, junto con su hija Mercedes que estaba al cuidado de su abuela, doña Tomasa de la Quintana de Escalada.

Esta ciudad le era hostil al General, por lo que no demoraría demasiado su partida al exilio. Aprovechó para saludar a su familia y a algunos amigos.

Tomó a su pequeña hija, su baúl de cuero, en el cual llevaba todos los títulos y honores, y emprendió el viaje rumbo a Europa.

Sus planes consistían en dedicarle una buena educación a su hija y llevar una vida tranquila en alguna ciudad europea.

Contaba con la pensión y el sueldo que le habían prometido por sus servicios los ejércitos de Chile y Perú. Pronto se embarcó con Mercedes en la fragata mercante Le Bayonnais, ansioso de abandonar la ciudad porteña. Tras dos meses de navegación llegó al puerto francés de El Havre.

Al llegar a Francia el gobierno de la restauración absolutista le impide desembarcar. En su equipaje llevaba paquetes de diarios que eran considerados republicanos,

El 23 de abril de 1824 llegó al puerto francés de El Havre. Su presencia despertó sospechas y múltiples consultas entre las autoridades galas y de otros países. Sus papeles fueron incautados y prolijamente revisados, pues sus antecedentes revolucionarios eran «inquietantes». Pero sus documentos, que según los funcionarios estaban «impregnados de un republicanismo exaltado», le fueron devueltos. El 4 de mayo de 1824, San Martín se embarcó con su hija Mercedes hacia Inglaterra. Poco tiempo después se radicó en Bruselas.

En 1829, con un pasaporte a nombre de José Matorras, volvió a Buenos Aires para ofrecer sus servicios en la guerra contra Brasil pero, ante la conmoción interna que asolaba a la ciudad, decidió no desembarcar. Una comitiva enviada por el general Juan Lavalle se reunió con él a bordo y lo instó a tomar el mando. Pero San Martín se negó y regresó a Europa.

Dejó Bruselas y se trasladó a las cercanías de París, en Grand Bourg, donde encontró el apoyo del banquero español Alejandro Aguado. En 1848 se mudó a Boulogne-sur-Mer.

Allí murió, el 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde. Sus restos fueron repatriados en 1880 y ahora descansan en la Catedral porteña.

Biografía de Remedios de Escalada Nombre de la Esposa de San Martin

Biografía de Remedios de Escalada

A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú. Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.

A fines del siglo XVIII la ciudad de Buenos Aires ofrecía, a quien la contemplara desde el Fuerte (emplazado en lo que es actualmente la céntrica Casa Rosada, sede del gobierno argentino), un panorama no muy atrayente.

Con escasos cuarenta mil habitantes, la capital del Virreinato del Río de la Plata no pasaba de ser una vasta aldea de viviendas chatas de adobe, con las paredes blanqueadas a fuerza de cal.

La monotonía del paisaje urbano solo era quebrada por los campanarios de unas cuantas iglesias (San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, La Merced, la Catedral) y la arrogancia de un puñado de casonas de dos plantas.

Entre estas, casi todas asomadas a la Plaza Mayor, se destacaba la que don Antonio José de Escalada, próspero comerciante, había hecho edificar en el solar sudeste del cruce de las calles hoy denominadas Defensa e Hipólito Yrigoyen.

Allí vivía el señor de Escalada con su segunda esposa, doña Tomasa de la Quintana, y los dos hijos, Manuel y Mariano, nacidos en 1795 y 1796, respectivamente. En esa casa nació el 20 de noviembre de 1797, el último de sus hijos: una niña que recibió el complicado nombre de María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana.

Remedios de Escalada (así la recuerda la historia), fue educada tal como lo exigían las convenciones de la época. Aprendió más labores que ciencias, más a manejar la aguja en costuras y bordados que a escribir según la gramática, más a administrar una casa y llevarla adelante que a desentrañar problemas aritméticos.

Aprendió, también, a conducirse en sociedad, a seguir al compañero en danzas de moda como las polcas, los lanceros y la colombiana, a saber callar y sonreír a tiempo. Y aprendió, sobre todo y ante todo, a respetar a Dios y a ceñirse, en pensamiento y obras, a la doctrina católica. Así, en 1812, cumplidos ya los catorce años, estuvo en condiciones de aspirar a la meta vital que podía pretender una mujer de su época y condición: un matrimonio feliz que le permitiera convertirse en esposa y madre ejemplares.

Para entonces ya no había virrey en Buenos Aires. En mayo de 1810, tras destituir al representante del monarca español, el pueblo del Río de la Plata había optado por darse un gobierno propio. Este cambio significaba el comienzo de una revolución cuyo empleo no tardaría en contagiarse a todos los rincones de la América del Sur.

EL ENCUENTRO
En su edición del 13 de marzo de 1812, La Gaceta (periódico fundado por Mariano Moreno) daba cuenta de que días antes había arribado a Buenos Aires la fragata inglesa George Canning y que en esa nave había regresado al país, con un grupo de oficiales nativos, el teniente coronel de caballería don José de San Martín.

Tres días después de haber desembarcado, José de San Martín puso su espada a disposición de las autoridades locales, que, como respuesta, le confiaron la organización de un regimiento de granaderos.

Por ese tiempo se le abrieron las puertas de la casa de don Antonio José de Escalada, fervoroso partidario de la independencia americana, y tuvo así oportunidad de conocer y tratar de cerca a Remedios. Menuda, frágil, de aspecto enfermizo pero dotada de singular encanto, la jovencita no tardó en conquistar el corazón del soldado. El noviazgo fue muy breve, y el 12 de setiembre de 1812 se celebró la boda. Ella no había cumplido aún los quince años; el frisaba ya en los treinta y cinco. La quinta de José Deniaría, situada en las barrancas de San Isidro, sobre el Río de la Plata, fue el escenario de la luna de miel.

Después de un lapso de aislamiento fue necesario retornar a la vida de todos los días. San Martín tenía que retomar sus obligaciones de militar. Su flamante esposa debía dedicarse a la atención de su nuevo hogar. No es improbable que Remedios haya sentido por entonces sus primeras angustias como mujer de soldado, al enterarse de que en San Lorenzo, combate felizmente concluido con la derrota de las fuerzas realistas, su marido había estado a punto de perder la vida.

EL CAMINO
En 1814 Remedio soportó una dura prueba. En el mes de abril San Martín, que desde enero de ese año se hallaba en Salta donde había asumido el mando del Ejército del Norte, se vio obligado, al advertir los primeros síntomas de la dolencia gástrica que en adelante habría de aquejarlo casi sin tregua, a trasladarse a Córdoba y pasar una temporada de descanso en una finca campestre.

El reencuentro de los esposos se demoró hasta el 7 de setiembre, fecha en que Remedios llegó a Mendoza, capital de la región precordillerana de Cuyo de la que su marido había sido designado gobernador-intendente. Con su don de gentes y su capacidad para organizar reuniones que evocaban las que solían celebrarse en su casa paterna, Remedios no tardó en granjearse el afecto de los mendocinos. Y cuando San Martín recabó el aporte popular para poder afrontar la adquisición de pertrechos para su ejército, fue ella, con su ejemplo, quien decidió a las damas de la sociedad local a donar sus joyas.

Allí, en la hospitalaria Mendoza, al pie de los Andes, Remedios fue madre por primera y única vez: el 29 de agosto de 1816 dio a luz una niña que se llamó Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada.

Un mes antes, en Tucumán, se había declarado la independencia argentina. Hacia fines de ese año, en una fiesta de Navidad, San Martín manifestó su deseo de que el ejército con que se aprestaba a cruzar los Andes tuviera una bandera. Espontáneamente cuatro jovencitas se ofrecieron a confeccionarla; al grupo se sumó en seguida Remedios, que se encargó de bordar el sol y los laureles que rodean el escudo. En la madrugada del domingo 5 de enero de 1817 quedó terminada la bandera, que horas después fue bendecida por el reverendo padre Guiraldes y jurada por las huestes que atravesarían la Cordillera para expulsar de Chile a los españoles.

La única carta de puño y letra de Remedios que ha llegado hasta la posteridad, y que se conserva en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, alude al episodio: «Mendoza, 4 de enero de 1817. Srta. Laureanita Ferrari. Mi muy querida amiga: te ruego mañana vengas tan temprano^ como posible te sea; almorzaremos juntas y luego iremos a presenciar la jura de la bandera, primor salido de tus manos y de las de nuestras buenas amigas Merceditas Álvarez y Margarita Corvalán. La señora de Husi se quedará esta noche en casa. Almorzaremos a las once. Recibe el respetuoso saludo para tus padres, y para ti el cariñoso abrazo de tu amiga íntima. Remedios Escalada de San Martín.»

La partida del Ejército Libertador estaba fijada para el 24 de enero; unos días antes Remedios y su hija regresaron a Buenos Aires. Allí les llegó, exactamente un mes después, la noticia del triunfo de Chacabuco. Y en febrero tuvieron junto a ellas, por unos días, al vencedor de los Andes.

LOS ADIOSES
La nueva separación se prolongó hasta después de Maipú, batalla liberada el 5 de abril de 1818, que aseguró definitivamente la independencia de Chile. En Buenos Aires, el 5 de mayo, Remedios olvidó momentáneamente las preocupaciones que le causaba su decaída salud: ese día, en la casona paterna asomada a la Plaza Mayor, San Martín, Merceditas y ella volvieron a disfrutar plenamente de la vida en familia. La dicha de estar juntos se prolongó durante casi un año, gran parte del cual lo pasaron en Mendoza.

A principios de 1819, cuando San Martín inicia la campaña del Perú, Remedios emprendió con Merceditas el que habría de ser su último viaje a Buenos Aires. Para entonces, la tuberculosis había minado totalmente su organismo, y fiebres altas y constantes accesos de tos la obligaban a permanecer en cama jornadas enteras. Los médicos, sin dar ni negar esperanzas, agregaron a las pócimas y los sellos una ambigua sugerencia: «Quizás un lugar de aire más puro…, en una quinta de los alrededores…

Remedios acató esa prescripción e hizo arrendar una finca en los suburbios. Allí recibió la noticia de la muerte de su padre, ocurrida el 16 de noviembre de 1821, y se enteró de que San Martín, luego de libertar el Perú, había decidido retirarse definitivamente de la escena política para evitar un conflicto entre los pueblos hermanos de América.

En la misma finca dejó de existir el 3 de agosto de 1823, sin que se cumpliera su último deseo: volver a ver al esposo y guerrero ausente. Al regreso, este hizo grabar en la lápida bajo la cual reposaban sus restos la sobria inscripción: «Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín.»

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Ejercito de los Andes Organizacion

Ejército de los Andes, Organización
San Martín  y Su Plan Continental

Organización del El Ejército de los Andes— Para albergar a los soldados que iban llegando, darles instrucción y preparar todo lo concerniente a la expedición

La tarea fue ímproba, sólo realizable por un héroe de su talla, porque todo estaba por hacer y no contaba con el dinero necesario, pese a los esfuerzos del gobierno y de todo el pueblo de Cuyo.

Por eso tuvo que aguzar su ingenio para sacar el mayor provecho posible de los elementos que estaban a su alcance, contando para ello con eficaces colaboradores.

La base de su ejército fue el cuerpo de auxiliares de Chile, que al mando de Las Heras había intervenido en los sucesos de 1814, que culminaron en Rancagua.

San Juan, San Luis y Buenos Aires enviaron hombres. Se incorporaron también oficiales y soldados chilenos, con los que San Martín pensaba formar la base del ejército chileno cuando ocuparan el país; O’Higgins fue asimilado con el grado de brigadier general de las Provincias Unidas.

Para llegar a contar con los 5.000 hombres que necesitaba, solicitó la Cooperación de voluntarios; se hizo una leva de vagos y fueron incorporados 700 esclavos de 16 a 30 años de edad; no se permitió alistarse a los que trabajaban en la agricultura y en el comercio.

 Para la fabricación de armas se organizó una fabrica, dirigida por fray Luis Beltrán, sacerdote argentino que actuó en Chile hasta Rancagua y que poseía profundos conocimientos de física, matemáticas y fabricación de armas.

Se instaló un laboratorio, bajo la dirección de Alvarez Condarco, para fabricar pólvora con el salitre de la provincia. Un serio problema era proporcionar vestuario a los soldados. San Luis envió bayeta, que fue teñida de azul, y el resto se fabricó en Mendoza; las mujeres cosieron gratuitamente los uniformes. Con los restos de cuero del ganado faenado, los mismos soldados confeccionaron zapatos, que forraban con trozos de lana donados por el pueblo; con el cuero y los cuernos fabricaron chifles para llevar agua.

Para alimentar a la tropa durante la marcha, San Luis proporcionó ganado, preparándose charqui y una pasta de charqui molido con grasa y ají picante, que comían disuelta en agua hirviendo. También llevaron galleta, aguardiente, cebollas y ajos para combatir el frío y el apuramiento. (imagen: O’Higgins)

En Buenos Aires y Mendoza se fabricaron 36.000 herraduras para las 12.000 mulas y 1.500 caballos que necesitaba el ejército para transporte y formación de la caballería, que también necesitó clarines y monturas. Buenos Aires envió un puente de cuerdas; también se llevaron remedios en número suficiente.

En todos estos preparativos colaboraron los gobernadores Vicente Dupuy, de San Luis, y José Ignacio de la Roza, de San Juan, así como el pueblo cuyano. El director Pueyrredón prestó su apoyo incondicional; decía en una carta: ….. aquí me miran atrozmente, diciendo que desatiendo a la defensa de esto (del Norte), que no pago a las viudas, asignaciones y oficialidad por contraerme todo a Mendoza. Sin embargo, nada me arredra, porque yo obro lo que considero el mayor bien del país en general.

San Martín entendió que habían fracasado todos los intentos de derrotar a los realistas por el camino del Alto Perú y, tomando muy en cuenta un plan elaborado en 1801 por el militar inglés John Maitland, decidió que la estrategia más efectiva consistía en cruzar la cordillera, con la ayuda de los patriotas chilenos liberar Chile y de allí marchar por mar hacia Lima y, en combinación con Simón Bolívar, terminar con la base del poder español en América  Para transportar agua resolvió usar cuernos de vaca para fabricar recipientes individuales para cada soldado. La comida era el «charquicán», un alimento basado en carne secada al sol, tostada y molida, condimentada con grasa y ají picante. Prensado era fácil de transportar y se preparaba agregándole agua caliente y harina de maíz. (fuente: elhistoriador.com.ar)

Para mantener el buen estado moral de la tropa, San Martín introdujo la religión, mediante la obligación de oír misa los domingos, hablándose en el sermón de los deberes para con Dios y con la Patria.

Se creó un tribunal de guerra, presidido por Bernardo Vera y Pintado como auditor de guerra; se organizó el cuerpo médico con Diego Paroissien (inglés naturalizado) como cirujano mayor y el limeño Zapata como segundo.

El 5 de enero dé 1817 fue nombrada generala del ejército la Virgen del Carmen, y también en la iglesia matriz se juró la bandera, que habían confeccionado las damas mendocinas.

Los nombramientos más importantes recayeron en Miguel Estanislao Soler, jefe del Estado Mayor, y como segundo, el coronel Antonio Beruti, presbítero Lorenzo Guiraldes, capellán del ejército; secretario fue el humilde emigrado chileno José Ignacio Zenteno; edecanes, coronel Hilarión de la Quintana, teniente coronel Diego Paroissien y sargento mayor Álvarez Condarco; agregados al estado mayor, figuraban los coroneles Enrkiue Martínez, Ramón Freyre y Lucio Mansilla.

Entre los oficiales iban Mariano Necochea, Juan Lavalle, Ambrosio Crames, Rudecindo Alvarado, Federico Brandzen, etc. O’Higging era comandante del cuartel general y San Martín general en jefe.

Leer: Preparativos de San Martín Para Cruzar Los Andes

Ver: Historia de las Bóvedas de San Mantín

Biografia de Fidel Castro Lider Revolucionario Cubano Gobierno

Biografia de Fidel Castro el Revolucionario Cubano

Castro, Fidel (1927-2016 ), político cubano, principal dirigente de Cuba desde 1959. Castro nació el 13 de agosto de 1927 en Mayarí; era hijo natural de un inmigrante español, plantador de azúcar. Se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en 1950.

biografia de fidel castro

Provenía de una familia acomodada, ya que su padre era un rico propietario español. Lógico pues que estudiara, primero en un colegio de jesuítas en Santiago de Cuba y finalmente accediera a la Universidad de La Habana, cursando estudios de derecho.

En esta etapa universitaria, Fidel  llevaba una vida política agitada conectando con otros estudiantes y discutiendo sobre la situación general en Latinoamérica. En aquellos momentos en que la gendarmería de los Estados Unidos era patente, parecía que en América sólo pudiera existir o dictadura o un régimen de parlamentarismo burgués, que jalonaban de vez en cuando los intermedios entre los diferentes golpes.

Los intereses americanos eran básicamente los que estaban en cada momento detrás de todos estos pronunciamientos. En esta situación, Fidel decidió marchar a Santo Domingo, donde la dictadura de Trujillo era ya trágicamente famosa. Por entonces en Cuba el régimen parlamentario de Prío Socarras era un claro ejemplo de la opinión democrático-liberal en América Latina.

Acusado en Santo Domingo de conspirar contra Trujillo, Fidel marchó a México, para volver finalmente a Cuba, donde reingresó en la universidad.

Afiliado al partido ortodoxo, cuyo lema «vergüenza contra dinero», explica el tipo de moralismo que propugnaba y que de alguna manera influyó en Fidel.

Su imagen empezó a ser conocida en los medios universitarios, donde era frecuente encontrarle rodeado de múltiples compañeros, en los que, el magnetismo de Fidel empezaba a hacer mella.

Sin embargo el elemento detonador de toda esta actividad política fue, sin duda, el golpe de estado de Fulgencio Batista, que ocupaba un alto cargo militar en el régimen de Prío, el 10 de marzo de 1952.

fidel castro y amigos

Fidel Castro, su hermano Raúl y Juan Manuel Márquez en la época en que preparaban desde Méjico una expedición a Cuba.

La consigna fue inmediata: había que ir a la universidad ya que allí se estaba preparando una respuesta. En efecto se organizaron manifestaciones de protesta, que fueron duramente reprimidas, al tiempo que se denunciaba el claro carácter regresivo de la conspiración.

Fidel («en aquella época andaba siempre con un libro de Lenin bajo el brazo») desplegó una gran actividad, ya había abandonado el partido ortodoxo y se dedicó a crear un núcleo de oposición al régimen.

Con él ya estaban Juan Almeida, José Ponce, Ciro Redondo, Pepe Suárez… Consciente de que la única solución eran las medidas radicales, Fidel organizó sesiones de entrenamiento en el manejo de las armas (del par de pistolas que poseían).

Fidel hablaba entonces de la necesidad de que la juventud diese una respuesta. La juventud era para él las fuerzas vivas que no estaban comprometidas con el pasado. Un pasado, el de Prío, que ni mucho menos había satisfecho las mínimas aspiraciones.

Los entrenamientos y las discusiones fraguaban lo que sería la primera gran acción revolucionaria en esta época cubana: el asalto al cuartel de Moneada. El respeto por esta fecha y lo que representó es enorme en Cuba.

El 26 de julio es fiesta nacional, ya que ese día se conmemora el asalto. En efecto el 26 de julio de 1953 se inicia el ataque cuidadosamente planeado, al cuartel de Moneada en Santiago de Cuba. La idea es provocar la chispa que llevará a la insurrección.

Unos cien jóvenes, dirigidos por Fidel atacan el cuartel, divididos en tres columnas, mandadas por Abel Santamaría, Raúl Castro, hermano de Fidel, y él mismo. «Fidel, antes de salir para allá, les habló a los compañeros del momento histórico… Tú sabes cómo es Fidel hablando. Yo no me acuerdo bien; pero sí recuerdo que uno de los párrafos que dijo fue que aquél era un momento histórico que íbamos a vivir, que la historia siempre recordaría a los compañeros, y que nos íbamos a ganar un lugar bien merecido en el libro de la historia» (Juan Almeida).

El asalto fracasó y causó numerosas bajas, no tanto por los enfrentamientos en sí, como por la bárbara represión que las tropas de Batista ejercieron sobre los responsables y sobre la población civil. De todas formas allí había nacido la forma de lucha y todo el movimiento insurreccional.

fidel castro: asalto cuartel de moncada

Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en el país, Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento, facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado.

Fidel fue encarcelado, en el juicio se hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.

Condenado a 15 años de prisión, fue amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de Julio. En 1956 regresó a Cuba con una fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada más al desembarcar. Castro, su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara, se encontraban entre los 12 supervivientes.

El Movimiento 26 de Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista, avanzó hacia La Habana, acto que pondría colofón a la Revolución Cubana.

Castro se declaró a sí mismo primer ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976, en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que según la reforma constitucional de ese año englobaba la jefatura del Estado y del gobierno.

Fracasado su intento de establecer relaciones diplomáticas o comerciales con Estados Unidos, negoció acuerdos sobre armamento, créditos y alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la depuración de sus rivales políticos.

Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una profunda reforma agraria basada en la colectivización de propiedades y estableció un Estado socialista de partido único (el Partido Unido de la Revolución Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría Castro), que llevó a un gran número de cubanos ricos al exilio.

Estados Unidos vio con disgusto cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió con la primera Declaración de La Habana, reafirmando la soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense.

En 1961 Estados Unidos respaldó a un grupo de exiliados cubanos, en un infructuoso intento por derrocarlo, en el conocido como desembarco de bahía de Cochinos.

Desde ese momento Castro se alineó abiertamente con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda económica y militar. En 1962 estuvo a punto de producirse una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas nucleares de alcance medio, ante la oposición estadounidense.

La llamada crisis de los misiles de Cuba concluyó tras la celebración de negociaciones entre el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el máximo dirigente soviético, Nikita Kruschov.

Durante las siguientes décadas, Castro alcanzó gran reconocimiento en el Tercer Mundo, gracias a su liderazgo del Movimiento de Países No Alineados (que presidió entre 1979 y 1981).

A finales de la década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos de glasnost (apertura) y perestroika (reestructuración), Castro mantuvo su régimen.

fidel castro derroca a batista

La noticia de la huida de Batista aparece en las primeras planas de los periódicos de La Habana. Poco después Fidel Castro es recibido triunfalmente en la capital de Cuba.

Sin embargo, con el inicio del proceso de desintegración de la URSS y del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los problemas económicos de Cuba empeoraron.

En 1993, en un intento por alcanzar una economía mixta, Castro aprobó reformas económicas limitadas que legalizaron algunas empresas privadas.

Si por algo ha sobresalido Cuba en los últimos años es por subsistir a la enorme presión internacional, anticomunista y a favor de una clara democracia.

El régimen cubano, junto al gobierno de China, Corea del Norte y Vietnam, son los únicos ejemplos de comunismo vivos en el mundo de hoy. Fidel Castro ha seguido siempre fiel a sus ideas y ha tachado más de una vez al sistema capitalista de otros países de hipócritas y extorsionadores.

También ha declarado reiteradamente que en Cuba sí que existe una democracia aunque esta siga un modelo distinto al convencional.

 La sociedad cubana está permanece en completo silencio político, ya que cualquier disidente es encarcelado por el gobierno de Castro.

Entre este problema de libertad de expresión y pensamiento, otro de los mayores problemas de la sociedad cubana de los últimos años, y que ha sido noticia gracias a la aventura internacional del pequeño niño balsero Elián González, es el problema de la emigración de cubanos anticastristas a las costas de Florida, propiciada por leyes como la llamada ley de Ajuste Cubano que permite a todo emigrante cubano recibir derecho de residencia en estados unidos siempre que alcance tierra estadounidense.

Medidas como estas aumentaron el alcance del éxodo de familias cubanas a Estados Unidos de manera precaria e ilegal.

Dando lugar a mayores discusiones entre los gobiernos de ambos países, y altercados fomentados por la oposición al régimen tanto de dentro como de fuera de la isla los cuales son descritos por castro como instrumentos de la política estadounidense contra el pueblo cubano.

Con respecto a su sucesión presidencial, hoy a casi 80 años de edad cuando se le pregunta por este tema el responde así: “Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, (…) nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. (…) La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de cuarenta años.”

fidel castro con nikita krushev

Fidel Castro, invitado en Moscú para la fiesta del 1º de mayo de 1963, preside un desfile junto con Jruschov y otras personalidades rusas.

ALGO MAS SOBRE FIDEL CASTRO:

Opositor acérrimo a la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano, Fidel Castro impulsó y financió muchos movimientos revolucionarios, por su Cuba natal.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA: Desde el comienzo, Fidel Castro fue un abierto opositor a Batista, al punto que abandonó su trabajo y formó un grupo clandestino de resistencia junto con su hermano Raúl y Mario Chanes.

Unidos complotaron para derrocar a Batista, acumulando armas y municiones para iniciar una revuelta popular, comenzando por í asalto al Cuartel Moneada el 26 de julio de 1953.

Sin embargo, la intentona fue un desastre y cerca de 35 de los partidarios de Castro murieron en la incursión. Perseguido como enemigo del Estado, fue capturado por la policía y sometido a juicio por sedición.

Haciendo gala de su oratoria y sus conocimientos jurídicos, Castro articuló su propia defensa ante el tribunal y antes de concluí; sus argumentos dijo: «¡Les advierto cu; recién estoy empezando! Si todavía existe en sus corazones un vestigio de amor a la patria, amor por la humanidad, amor por la justicia, escuchen atentamente… Sé bien que el actual régimen intentará esconder la verdad de todas las maneras posibles (…), pero mi voz no ha sido acallada todavía. Condénenme. No importa. La historia me absolverá». Estas frases pasarían a la posteridad y ayudarían a construir la leyenda de Fidel como un rebelde comprometido con la libertad de su país. Sin embargo, el tribunal lo condenó a quince años de prisión en la penitenciaría de la Isla de Pinos, cercana a la costa sudoccidental de Cuba.

BAHÍA DE COCHINOS Y LA CRISIS DE LOS MISILES
Durante meses, la central de inteligencia estadounidense CIA planificó una invasión a Cuba con cerca de 1.500 cubanos exiliados que habían sido entrenados por el ejército norteamericano en Guatemala, Puerto Rico y Nicaragua. Bajo el mando de José San Román y Ernesto Oliva, el 15 de abril de 1962, mediante una operación anfibia y aérea, fueron bombardeados los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba por aviones norteamericanos camuflados con los colores de la Fuerza Aérea cubana. La invasión comenzó según lo pronosticado, pero la falta de apoyo aéreo por parte de los norteamericanos a las fuerzas de infantería que desembarcaban en la playa, hizo que la invasión fracasara estrepitosamente y permitió que Castro pudiese legitimarse ante la comunidad internacional.

Sin embargo, durante el lapso de ese mismo año, Cuba volvería a estar en la palestra, pero esta vez en medio de una posible conflagración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El 16 de octubre de 1962, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea norteamericana identificó una serie de instalaciones militares cubanas que luego resultaron ser plataformas de misiles nucleares soviéticos, instalados en la isla con permiso de Castro.

Frente a una amenaza atómica a 90 kilómetros de la costa estadounidense, el gobierno de John Kennedy decretó un bloqueo marítimo alrededor de la isla, como medida de presión tanto contra los cubanos como los soviéticos.

Durante trece días, el ambiente se tensionó de tal modo que se pensó que en cualquier momento estallaría una guerra nuclear entre Estados Unidos y la U.R.S.S. Sin embargo, el conflicto fue disminuyendo poco a poco y se solucionó mediante el retiro simultáneo de las instalaciones soviéticas en Cuba y las plataformas de misiles de mediano alcance que los norteamericanos tenían en Turquía.

Fuente: Biografía Enviada Como Colaboración a Planeta Sedna (historiaybiografias.com) Por Ruiz Castro