Biografia de Edith Piaf

Biografia de Diego Rivera Artista Muralista Resumen Obra Artistica

Resumen Biografía de Diego Rivera
Artista Muralista Mexicano – Obra Artística –

Diego Rivera (1886-1957), pintor mexicano que realizó murales con temas sociales, considerado como uno de los grandes artistas del siglo XX.

Nació en Guanajuato y se formó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en la ciudad de México. Con Orozco y Siqueiros constituyó la gran tríada muralista de México.

Nació en Guanajato el 8 de diciembre de 1886, hijo de María del Pilar Barrientos y Diego Rivera.

Su abuelo paterno fue un general y comerciante español liberal que, al final de su vida, cuando tenía 72 años, se unió a la causa patriótica mexicana de Benito Juárez.

Su abuelo materno, Juan

El padre fue maestro e inspector de escuelas rurales y, en Guanajato, antes de trasladarse a la capital de la república, había sido consejero municipal.

Diego nació juntamente con un hermano gemelo, Carlos, que falleció a los dos años.

Diego Rivera mostró siempre una marcada simpatía por su padre y su conducta humanista, pero, a su madre la criticaba por sus prejuicios sociales.

Estudió en la Academia de San Carlos, y perfeccionó sus estudios en España, Francia e Italia (1907).

Recogió la tradición india y la negra, y enarboló el mural como estandarte de su ideario político.

De estilo vigoroso y original, sintetizó distintos movimientos culturales, haciendo de su obra un vehículo de propaganda.

Con el resultado económico de una exposición de pintura al pastel, que le organizó el Dr. Atl, y una beca del gobernador de Veracruz, se fue a España en febrero de 1906.

El Dr. Atl le dio también una carta de recomendación para el profesor de la Escuela de San Fernando, Eduardo Chicharro, en cuyo taller Rivera fue compañero de Ceferino Palencia, pintor e historiador de arte, y de Margarita Nelken, crítica de arte, que muchos años más tarde debieron exiliarse en México.

Se dice que Rivera siempre fantaseaba cuando hablaba de su época de Madrid.

La verdad y la mentira se mezclaban en la narración de sus aventuras madrileñas. De una de ellas, con un dama de la sociedad, le nació una hija que fue bailarina y que falleció «prematuramente, en plena gloria».

Ésta, cuyo nombre no se conoce, sabiendo que era hija suya, le visitó en México cuando es tuvo contratada por un teatro de esa ciudad.

diego rivera artista mexicano

A mediados de 1909 viajó a pie por Bélgica, dibujando y pintando. Embarcó hacia Londres, y le impresionó la miseria de la población obrera una miseria que se venía prolongando des de los tiempos de Gavarní y Doré, sirviendo sobre todo a los dibujantes para testificarla en muy curiosas estampas.

Rivera siempre conservó la ilusión de pintar un largo mural con las escenas que presenciaba en las calles, en los puentes y en los muelles de Londres, capital de la mayor potencia de Europa.

En el verano de 1910, regresó a París.

Había expuesto ya en el Salón de Artistas Independientes y en el oficial. Continuaba gozando de la beca del Estado de Veracruz. Trabaja algún tiempo en Bretaña. Vuelve a París  y decide embarcar de regreso a México por España, recogiendo parte de la obra que expuso en Madrid.

El 20 de noviembre de 1910, el mismo día que estalla la revolución en Puebla, inaugura una exposición de su pintura en la Escuela de San Carlos con las obras pintadas en España y Francia.

Se complicó al llegar, en un alijo de explosivos que se guardaba en San Carlos, pero la policía, que obtuvo una confidencia sobre ese depósito, pudo confiscarlo.

Se quedó en México, trabajando en la organización revolucionaria clandestina de la ciudad, mientras otros compañeros y amigos se dirigían al interior.

En junio de 1911 fue librada una orden de detención e inmediato fusilamiento contra él. Pudo esconderse, escapar hacia la Habana (Cuba).

Es importante destacar que la etapa de París es de formación, el arte que produce es el resultado de experiencias muy sutiles acordes con las preocupaciones estéticas europeas del momento.

Allí vive el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el rayonismo. Allí convive en Montparnasse con Picasso, Bracque, Modigliani, Gris, Jacob. Ehrenburg, Apollinaire.

Pero Rivera busca otra cosa y ya en París escandaliza con sus búsquedas: incapaz de limitarse a los grises introduce los colores vivos recordando los de la artesanía popular mexicana.

Desea para su arte algo definitivo, que no sea exclusivamente ensayo, ni búsqueda estética o de procedimientos. «Cuando nuestras raíces penetran suficientemente en la tierra y nuestro lenguaje de tan nacional y tan particular, tan enraizado y tan sensible a la voz colectiva popular, se vuelve humano, en ese momento, sin que nosotros lo busquemos, querámoslo o no, se transforma en universal».

Es su pensamiento; por él vuelve a su pueblo.

En México encontró el camino. Su arte se desbordó en gigantescos frescos –se dice que pintó cerca de cuatro mil metros cuadrados de pared– en poderosas figuras; un río de leyendas pintadas que no le fueron inspiradas por la realidad sino por sus amores y sus odios, frescos que nadie puede olvidar después de verlos, frescos gigantescos, multitudinarios, directos, con símbolos, alusiones, rostros, leyendas escritas, en los que confluyen las civilizaciones mexicanas y la de Cortés y los suyos, los lujos del Virreinato, los trabajos bucólicos de los indígenas, la independencia y la revolución, las luchas obreras, las conquistas científicas, los magnates norteamericanos y los dictadores del mundo.

Fundador en su país del Partido Comunista, visitó Rusia en 1927-1928 y presionó a su Gobierno para que concediera asilo político a Trotsky (1936), lo que le valió la expulsión del partido.

De 1930 a 1934 vivió en Estados Unidos, donde realizó los murales de la Escuela de Bellas Artes (San Francisco), del Instituto de Bellas Artes (Detroit) y del Rockefeller Center (Nueva York), destruido luego por tener un retrato de Lenin.

FRIDA KAHLO

Frida Khalo, con quien se casa en 1930

En 1929 fue expulsado del Partido Comunista. Ingresó al trotskismo.

Pasados unos diez años vuelve a militar en el Partido Comunista mexicano y en 1955 vuelve a la Unión Soviética para hacerse operar por médicos soviéticos.

La primera vez era un hombre de edad media, tenía 41 años, optimista y revolucionario. En su segundo viaje, invitado por la Asociación de Pintores de Moscú, tenía 69 años e iba muy enfermo, tenía cáncer.

Viajó acompañado de su esposa, Emma Hurtado, por la Unión Soviética, Alemania oriental, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria. P

intó bastantes óleos e hizo dibujos. De este viaje es el cuadro «Desfile del 7 de noviembre en Moscú«.

Un óleo extraño que representa una multitud desfilando con miles, de banderas rojas, amarillas, celestes, etc., y un globo gigantescco que lleva impresa la palabra paz en ruso, francés, inglés, alemán y castellano.

Al fondo se ven las torres del Kremlin.

Fue operado y regresó a México muy optimista con respecto a su salud.

El día de su llegada, el 4 de abril de 1956, le esperaba un numeroso núcleo de amigos, de intelectuales y artistas.

Daba por curado su cáncer, ya los periodistas les explicó cómo se habían comportado los médicos soviéticos y le habían acompañado sus camaradas pintores, los viejos amigos y las autoridades.

Volvía muy contento de la Unión Soviética. Se siente optimista, hace proyectos de trabajo y afirma: «Volveré a Moscú».

A su regreso le tributaron un gran homenaje popular, en el que estuvieron amigos suyos de muchos años, poetas, músicos, compañeros en esos años revolucionarios, jóvenes pintores que trabajaron con él, discípulos de Frida Kahlo, etc.

La enfermedad y los dolores que le producían iban consumiéndolo.

Falleció el 24 de noviembre de 1957. Tardaron cinco horas en embalsamarlo. Lo velaron en el Palacio de Bellas Artes. Se puede afirmar que el pueblo de México veló sus restos. Poco antes había dictado su testamento dejando al pueblo todo cuanto ganó con su arte. La casa de Coyoacán

En México decoró la Secretaría de Educación, la Escuela Nacional de Agricultura (Chapingo), el Palacio de Cortés (Cuernavaca), el Palacio Nacional y el de las Bellas Artes (México D. R). Entre sus pinturas de caballete figuran: La fragua (1908), Vendedora de pinole (1936), Bailarína en reposo (1939) y Retrato de Lola (1955).

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CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1886: El 8 de diciembre nace en Guanajato Diego Rivera, hijo de María del Pilar Barrientes y de Diego Rivera.

1896: Ingresa para estudiar pintura en la Escuela de San Carlos de México.

1898: Nace David Alfaro Siqueiros.

1899: Nace Rufino Tamayo.

1906: Diego Rivera viaja a España en el mes de febrero de este año provisto de una beca concedida por el gobernador de Veracruz y con el dinero ganado en su última exposición de pintura.

1907: Viaje a París. En los tres años siguientes viaja por diversas ciudades belgas y por Londres.

1910: Vuelve a España y regresa a México. Inaugura una exposición de pintura en la Escuela de San Carlos, en México, el mismo día en que estalla la revolución mexicana en Puebla. El doctor Atl consigue paredes en la Escuela Preparatoria para hacer murales. En su equipo estaba J. E. Orozco.

1911: Embarca para Francia. Se casa con Angelina Beloff.

1912: Se adhiere al cubismo analítico.

1913: Fallece José Guadalupe Posada, que había nacido en 1883

1914: Pinta su gran cuadro «Fusilero marino». Viaja a Mallorca con su esposa y con el escultor Lipchtiz. Se queda en Madrid hasta agosto de 1915.

1917: Conoce a la escultora rusa Marevna, de la que tiene una hija. Discusiones en el taller de Modigliani en París, con Leger, con Ehrenburg, con Volochin, etc., sobre el porvenir del arte. Se adhiere entusiasta a la revolución que estalla en Rusia y de la que se tiene noticia en París el 16 de marzo.

1920: Viaja por Italia.

1921: Regresa a México adonde llega en julio, pasando antes por París. Comienza su primer mural en la Escuela Preparatoria donde ejecuta «La Creación».

1925: En la Exposición Panamericana de los Ángeles premian su cuadro «La fiesta de las flores».

1927: Viaja a la Unión Soviética.

1929: Es expulsado del P. Comunista.

1930: Divorciado de Lupe Marín contrae matrimonio con Frida Kahlo. Se adhiere al trotskismo.

1934: Agentes nazis atentan contra su mujer Frida Kahlo.

1935: Finaliza sus murales del Palacio Nacional de México en donde historia la revolución de su país.

1938: Firma con André Bretón el «Manifiesto en pro de un arte revolucionario e independiente».

1940: El 21 de agosto asesinan a León Trotski, que había sido amigo» y huésped de Rivera.

1944: Firma contrato para continuar los murales del Palacio Nacional.

1948: Finaliza su mural del Hotel Prado «Sueño dominical en la Alameda central de 1a Ciudad de México», que es tapado pe la frase «Dios no existe» puesta ostentósa mente en el pliego que sostiene Ramírez.

1949: Se adhiere al Congreso de la Paz de Pa rís. Fallece J. Clemente Orozco, el gra; pintor muy amigo de Rivera.

1952: Asiste al Congreso de la Paz en Viena.

1955: Vuelve a la Unión Soviética, donde es ope rado de una grave dolencia. Viaja acom pañado de su cuarta esposa Emma Hur tado, con la que se había casado hacía poco. Visita diversos países socialistas.

1956: Regresa a México donde se le tributa un gran homenaje.

1957: Fallece el 24 de noviembre.

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ALGUNAS OBRAS ARTÍTICAS DE DIEGO RIVERA

Fuente Consultada:
Los Hombres De La Historia – Diego Rivera – Fasc. Nº 86 – Editorial Centro Editor de America Latina

 

Biografia de Maeterlinck Mauricio Obra Literaria Las Abejas

OBRA LITERARIA DE MAETERLINCK MAURICIO

Maeterlinck Mauricio (1862-1949), autor belga, nació en Gante, el 29 de agosto de 1862, y estudió leyes en la universidad de esta ciudad. Conocido fundamentalmente por sus obras de teatro, por las que recibió el Premio Nobel en 1911. Se dedicó a la docencia en EE.UU. Regresó a Europa después de la segunda guerra mundial y murió el 6 de mayo de 1949, en la localidad francesa de Niza.

Mauricio Maeterlinck, el gran escritor belga, ofreció hace tres cuartos de siglo, en 1901, un trabajo que presentaba una curiosa mezcla de nociones prácticas y literatura del mejor cuño: «La vida de las abejas». «No tengo la intención de escribir un tratado de apicultura», declaró su autor. «Todos los países civilizados los poseen excelentes y es inútil rehacerlos».

Más adelante, señaló: «Tampoco se trata de una monografía científica .. ., ni de una colección de estudios nuevos. No diré casi nada que no conozcan todos los que han observado un poco a las abejas». Y, algunos párrafos después, concretaba su pensamiento del siguiente modo: «Quiero hablar, simplemente, de las blondas avecillas de Ronsard, como se habla, a los que no lo conocen, de un objeto amado».

Este maravilloso estudio de Maeterlinck comprende siete extensos y documentados capítulos, cuyas denominaciones indican, de por sí, la excelente programación de la obra: «En el umbral de la colmena», «El enjambre», «La fundación de la colmena», «Las reinas jóvenes ‘, «El vuelo nupcial», «La matanza de los zánganos» y «El progreso de la especie».

Este valiosísimo material va seguido por una amplia bibliografía, con citas de libros que, en algunos casos, como en el de Aristóteles, Virgilio y otros, se remontan a la Antigüedad, junto con modernos estudios, monografías y manuales prácticos. El autor de «La vida de las abejas» Mauricio Maeterlinck, falleció en Niza, casi nonagenario, en 1949. Es considerado uno de los mayores poetas y dramaturgos de su tiempo.

La antigua y pintoresca ciudad de Gante, en Bélgica, donde nació el 29 de agosto de 1862, alimentó, seguramente, sus posteriores sueños de alcanzar la perfección espiritual a través de un éxtasis religioso, de un misticismo que pudiere elevar su alma hasta límites inimaginables. Premio Nobel de Literatura, en 1911, se vinculó desde joven a la escuela simbolista, cuyos postulados poéticos compartió. Surgieron así, en 1889, sus primeros volúmenes de versos y, ese mismo año, un drama rimado, «La princesa Maleine», que luego prosificó y fue representado, en París, con gran éxito. El diario «Le Figaro» calificó a su autor como «el Shakespeare belga«.

Misteriormente, Maeterlinck dio a conocer «La intrusa» -donde aparece, magnificada, la presencia de la muerte- y «Los ciegos» (creaciones, ambas, de 1890). Siguieron, entre otras, «Pélleas et Mélisande» (1892), a la que pondría música Debussy; «El tesoro de los humildes» (1896) y la fantasía en cinco actos «El pájaro azul», cuyo despliegue imaginativo resulta, todavía ahora, sorprendente.

Mención aparte merecen otros dos ensayos sobre temas de la naturaleza que integran, junto a «La vida de las abejas», un tríptico sin igual. Son ellos: «La vida de los termes«, donde describe las costumbres de estos insectos que corroen la madera, y «La inteligencia de las flores«, escritos, junto con la primera obra, entre los años 1901 y 1907. Caso singular, donde el estro poético y la erudición lograron combinarse sabiamente.

La sagaz observación de la naturaleza permitió a este singular escritor belga que no se caracterizaba, precisamente, por su optimismo, llegar a una especie de negación de lamuerte, teniendo en cuenta el misterioso principio que alienta en la energía universal.

Atento lector de Novalis, su posición simbolista estuvo en cierto modo coparticipada por un aliento romántico en el cual el sentido vital aparece como la más grande e inmarcesible de las metáforas.

Una especie de gran respeto ante el misterio de lo vivo, como fenómeno que excede todos los encasillamientos y las previsiones, proyecto abierto que se nutre a sí mismo para seguir adelante, fluye de sus páginas. Sin encerrarlo en ninguna de las confesiones, es la refirmación del espíritu el mensaje que contiene su notable construcción estilística.

Fuente Consultada: Fasc. N° 32 de la Enciclopedia Ciencia Joven Edit. Cuántica – Los Estilos Griegos –

Italia Despúes de la Unidad Política, Economía y Sociedad Resumen

RESUMEN ITALIA DESPUÉS DE LA UNIDAD HASTA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

«Italia está hecha. Ahora hay que hacer italianos», escribía Massimo D’Azeglio. El Norte, mucho más avanzado económicamente, trataba al Sur como una especie de «semicolonia». Se optó por desarrollar las industrias del Norte y por dedicar grandes sumas al ejército y a la marina, antes que transformar las atrasadas tierras del Sur.

La unidad incluso agravó la suerte de las poblaciones del «Mezzogiorno», con impuestos más elevados, con la ruina del artesano rural ante la competencia de los productos industriales del Piamonte y de Lombardía, y con el fracaso o el abandono de una reforma agraria seria: todo ello dio origen a la miseria, a la emigración, al bandidaje y al analfabetismo.

EL GOBIERNO DE LA «DERECHA HISTÓRICA»
Otro problema grave era el del nuevo Estado con la Iglesia. Tras la ocupación de Roma, Pío IX no había aceptado la «Ley de las Garantías» de mayo de 1871, por la que el gobierno concedía a la Santa Sede el Vaticano, Letrán y Castelgandolfo, con una fuerte dotación anual y el derecho de representación diplomática, pues el Papa seguía considerándose «prisionero».

Papa Pío IX y sus cardenales

Papa Pío IX y sus cardenales

Había condenado al régimen y prohibido a los católicos intervenir en la vida política: «ni electores, ni elegidos». Era una situación extraña en un país esencialmente católico, en el que una «aristocracia negra», fiel al Papa, se diferenciaba de la «aristocracia blanca» de la corte real, instalada en el Quirinal, mientras el Senado ocupaba el Palacio Madama, y la Cámara de Diputados, Montecitorio.

Se había adoptado la Constitución piamontesa: monarquía controlada por un parlamento formado por el Senado, cuyos miembros eran nombrados con carácter vitalicio, y por la Cámara elegida para cinco años. Pero el sufragio quedaba reservado sólo al 2% de la población (el 10%, después de una reforma electoral, en 1892). Si a esto se añade la abstención de los católicos, podrá apreciarse la estrechez del «país legal». La base del régimen descansaba, pues, sobre la «derecha histórica», terratenientes, grandes burgueses del Norte y funcionarios.

Hombres como Minghetti, Sella y Lanza, practicaron una política de centralización y de estricta economía. Fueron serios e íntegros, aunque hubo diputados que, a menudo y justamente, fueron acusados de corrupción: la organización del nuevo Estado, las grandes obras, la floración de negocios y de nuevos bancos favorecían a los menos escrupulosos.

En Sicilia, los funcionarios pactaban con la mafia, retenían el dinero de los impuestos y declaraban «inencontrables» a muchos «contribuyentes.

El joven Giolitti, que estaba entonces en la Dirección General de impuestos, cuenta que toda la ciudad de Catania ¡era inencontrable! La «derecha histórica» cayó en 1876, al querer Minghetti agrupar los ferrocarriles del Norte en una compañía estatal, lo que le enajenó el apoyo de los liberales. Sin embargo, aquella medida sería puesta en práctica después por la izquierda.

LA IZQUIERDA EN EL PODER-AGUSTÍN DEPRETÍS
Sus dirigentes no procedían de un medio social muy distinto del de sus predecesores, pero algunos de ellos habían sido gari-baldinos o mazzínianos, o eran masones. Por otra parte, querían ampliar la base política del país a la burguesía local. Depre-tis y Crispí eran las personalidades más relevantes.

Depretis reformó los servicios públicos, instituyó la enseñanza primaria en las ciudades y aumentó el número de electores. Crispí se convirtió en ministro del Interior, en 1877. Al año siguiente, moría Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada, muy popular a causa del papel que había desempeñado a partir de 1848, por su lealtad constitucional y por su afecto a Garibaldi. Murió un mes antes que el intransigente Pío IX. Le sucedió Humberto I.

La situación económica seguía siendo difícil, muchos campesinos estaban ahogados por las deudas y el anarquismo experimentaba un enorme desarrollo. Por otra parte, el equilibrio del presupuesto estaba comprometido por los cuantiosos gastos navales, a causa de la construcción de grandes acorazados. Italia se proponía una política mediterránea de mucha envergadura.

Antiguo garibaldino y masón, Crispi era hostil a Francia, a la que no perdonaba su actitud en la cuestión romana, y también trató de poner fin al aislamiento italiano por medio de un acercamiento a los imperios cenitales. La cuestión tunecina iba a facilitar su política, desarrollada durante los gobiernos Cairoli y Depretis.

La ocupación de Túnez por Francia (1881) provocó una viva reacción: había muchos italianos residentes en aquel país, muy próximo a Sicilia, e Italia  esperaba  el  mantenimiento  del  «statu quo» en el que compartiría con Francia su influencia sobre la «antigua provincia de Roma». El asunto tunecino aceleró la conclusión de la Triple Alianza con Austria y Alemania (1882), de carácter puramente defensivo. Las relaciones con Francia se agravaron en 1887, a causa del proteccionismo francés, que se negó a renovar el tratado de 1881 sobre la importación en Francia de productos agrícolas italianos. La «guerra de las tarifas» entre los dos países no acabó hasta 1898.

FRANCISCO CRISPI-LOS PROBLEMAS SOCIALES
A partir de 1887, el impulsivo y autoritario  Crispí dominó la vida política, hasta 1896, en que el desastre de Adua provocó su caída. El déficit presupuestario se había acentuado, la agricultura meridional experimentaba un marasmo tras la ruptura comercial con Francia, hubo quiebras bancarias y escándalos financieros (1887-1894), y sus enemigos trataron de implicar a Crispi.

Los socialistas denunciaban las relaciones entre los partidos y el mundo de los negocios. El anarquismo había sido, al principio, predominante, y los seguidores de Bakunín continuaban siendo muy influyentes, pero, a finales de siglo, el socialismo marxista se había extendido entre los intelectuales, tras los trabajos de Antonio Labriola o de Felipe Turati, que fundó la revista «Critica sociale» en 1891.

En el mismo año, el Congreso de Milán organizaba el partido socialista italiano, con su periódico «Avanti». En Sicilia, surgió un movimiento para la abolición de los latifundios y la redistribución de la tierra: los Fasci de los  trabajadores. No era un movimiento colectivista o antimonárquico, pero intentaba liberar a los campesinos de los usureros y de los gabelloti (consumeros) de los inmensos latifundios. La agitación fue tal, que Crispi proclamó el estado de sitio en Sicilia, hizo detener a los dirigentes de los fasci y disolvió el movimiento (1894). Al año siguiente, los atentados anarquistas se multiplicaron (en Francia, el italiano Caserio había asesinado al presidente Carnot), y Crispí unió en la represión a socialistas y a anarquistas.

EL DESASTRE DE ADUA
Su pasado mazziniano y garibaldino no había impedido a Crispí aliarse con la monarquía y mantener muy buenas relaciones con Humberto I. Dominaba la Cámara, amenazando con disolverla. Su gran patriotismo le granjeó incluso las simpatías de los que rodeaban a León XIII, pero no pudo realizarse ninguna aproximación al Vaticano. Una de las razones de su política colonial fue la presión demográfica.

A partir de 1880, se duplicó la emigración, sobre todo la meridional: de 40 a 60.000 personas abandonaban, todos los años, Italia, definitivamente, trasladándose a los EE. UU., Argentina, Brasil, Francia. La adquisición de tierras africanas para los colonos parecía mejor solución. Desde 1870, una compañía privada había ampliado el puerto de Assab, cerca de Djibuti, base de la futura colonia de Eritrea. A pesar de su total aridez, aquella región ofrecía la ventaja de constituir una posición estratégica importante, gracias a Suez, y de ser vecina de Etiopía, fuera de las zonas de influencia inglesa o francesa.

Desde 1882 a 1885, Eritrea se había organizado sólidamente alrededor de Massaua, y los italianos habían intervenido en los asuntos etíopes, apoyando al ras (jefe) Menelik contra el Negus. Cuando este último fue muerto en Sudán, en 1889, Menelik se convirtió en Negus, y firmó con

Italia el tratado de Uccialli, que los italianos «interpretaron» como un verdadero protectorado. Militares aventureros, sin órdenes precisas, enviaron tropas a ocupar las regiones limítrofes de Etiopía (1889-1896). Menelik, uniéndose a los grandes señores feudales etíopes, formó un importante ejército, atacó e hizo capitular a dos bases italianas. Entonces ofreció la paz, pero Crispi decidió vengar aquellas derrotas y acabar con el Negus. Más de 20.000 hombres fueron enviados a Etiopía, y tres columnas, con una preparación insuficiente, marcharon sobre Adua. La expedición fue un nuevo desastre (mayo de 1896). Los italianos perdieron 5.000 hombres, entre ellos dos generales y trescientos oficiales.

Los refuerzos del general Baldissera, sucesor del desafortunado Baratieri, salvaron a Eritrea para los italianos. El gobierno de Crispí cayó, a causa de la derrota, los revolucionarios organizaron manifestaciones en todo el país, y el gobierno de Rudiní se vio desbordado por atentados anarquistas y motines, porque el desatre italiano coincidía con una crisis económica, y hubo que proclamar el estado de sitio. En 1898, Milán se sublevó, y la represión causó unos cien muertos. La crisis política culminó con el asesinato de Humberto I por el anarquista Bresci, en julio de 1900.

LA DICTADURA DE GIOLITTI
El reinado de Víctor Manuel III comenzaba, pues, trágicamente. Había que tener en cuenta ya a las fuerzas populares y a los socialistas. La caída de Crispi había hecho posible una reaproximación a Francia, que se «desinteresaba» de la Tripolitania-Cirenaica. En 1902, se firmó un acuerdo secreto franco-italiano. Las visitas de los reyes italianos a París (1903), seguida de la del Presidente Loubet a Roma, al año siguiente, que creó un grave incidente entre Francia y el Vaticano, señalaron el acercamiento de las «hermanas latinas».

Antes ministro del interior, y después presidente del Consejo, con breves intervalos, desde 1903 a 1914, el piamontés José Giolitti, nacido en una familia modesta, jurista y alto funcionario de Hacienda, diputado de Cuneo, fue el centro de la vida política. Oportunista, moderado, gran trabajador, era el hombre de las realidades económicas y financieras. A pesar de la crisis y de las dificultades, la economía italiana se había desarrollado: la industria metalúrgica y textil del Norte, la seda, la industria azucarera y la hidroeléctrica hacían progresos  asombrosos.

Fundada en 1900, la Fiat sería, la segunda productora mundial de automóviles. La agricultura, próspera en el Norte, seguía utilizando, en el Sur, instrumentos y métodos arcaicos, de modo que el problema meridional continuaba siendo grave.

La población aumentaba tan rápidamente, que, en vísperas de la guerra, había alcanzado los 35 millones de habitantes. Partidario del liberalismo económico, Giolitti trató, no sin éxito, de aliviar la situación, enfrentándose, a la vez, con la derecha, que no pensaba más que en la represión, y contra el extremismo revolucionario: en 1901, se habían producido 1.400 huelgas. Giolitti creó la legislación del trabajo (descanso semanal, contratos, enseñanza profesional, seguros, etc.), hasta entonces inexistente, ayudó a las cooperativas obreras haciéndolas participar en las grandes obras públicas y nacionalizó los ferrocarriles meridionales.

En 1914, sofocó una tentativa de huelga general, sin brutalidades. En la Cámara había 33 diputados socialistas, abogados y universitarios en su mayor parte. Giolitti hizo una «apertura a la izquierda», ofreciendo incluso una cartera al dirigente Turati. Este, como Bissolati, aunque aprobando interiormente las medidas del primer ministro, no quiso comprometerse participando en el poder, pero los reformistas progresaron dentro del partido socialista, y, a partir de 1906, un gran número de ellos se unió a la mayoría de Giolitti.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Biografia de María Walewska El Amor de Napoleon

Biografia de María Walewska
Amor de Napoleón Bonaparte

María Walewska: Napoleón Bonaparte subordinó casi enteramente su vida a las necesidades y ambiciones de su carrera militar y política, al punto que sus experiencias matrimoniales fueron condicionadas por razones de Estado.

Eso no impidió que durante una de sus campañas conociera a María Walewska, noble polaca que lo amó sinceramente y lo acompañó aun en sus horas de infortunio.

El padre sostiene al pequeño Alejandro mientras este salta alegremente sobre sus rodillas.

-¿Qué quieres ser cuando crezcas?
-¡Napoleón! -contesta el niño, categóricamente.
El hombre sonríe y mira a la mujer, que, conmovida, se inclina y abraza a ambos, los dos grandes amores de su vida.

Por ese hombre, a quien no ve desde hace cuatro años, dejó a su marido, a su familia y a su patria. Ahora ha pedido autorización para acompañarlo en su destierro en la isla, junto con el hijo de ambos.

Juntos afrontarán con entereza lo que el futuro les depare: a ella una separación que será definitiva, y la muerte tres años después, en 1817; a él le espera Waterloo.

LA BELLA DURMIENTE
Los Laczinski eran una familia polaca cuyo linaje se remontaba al Medioevo, pero que a principios del siglo XIX se hallaba en decadencia. El padre había muerto joven y la madre había debido ingeniárselas para mantener a sus seis hijos.

En 1804, a los 15 años, María Laczinska dejó el pensionado donde le habían enseñado un poco de francés, de música y de baile.

Era de pequeña talla, delgada, rubia, bellísima, y dos inmensos ojos azules aclaraban su rostro, de dulce expresión. Por su índole tímida, dócil, romántica y muy devota, bien podía haber ingresado en un convento, según era su deseo.

Pero su madre velaba por los intereses familiares y prefirió que su hija fuese la esposa terrenal del señor de la región, el conde Anastasio Colonna Walewski -ya de 70 años-, que se había dignado honrar con su apellido a la bella aspirante a monja.

Y aunque María insistió en consagrarse a Dios, su madre le representó las necesidades familiares y la joven se resignó a satisfacer los requerimientos maternos.

En los años que siguieron a la boda pocas novedades alteraron la rutina del castillo de Wale-wice -pues desde la partición de Polonia los Walewski, ardientes nacionalistas, no hacían casi vida social—, donde María llevaba una vida austera.

Las cosas cambiaron, sin embargo, en enero de 1807. El conde regresó luego a Varso-via, donde reabrió su palacio, porque se acercaba Napoleón, vencedor de los rapaces prusianos y de los opresores rusos.

El Emperador había reavivado en los pechos polacos la llama de la esperanza en la reunificación de la patria desmembrada. María, patriota como el que más, idolatraba, pues, a B-naparte y, mientras los franceses desfilaban por Varsovia entre las aclamaciones de la multitud, ella se asomó a un balcón y arrojó flores al paso del héroe.

Este levantó los ojos hacia la beldad, sonrió y quitándose el gorro de marta cebellina lo agitó largamente para saludarla.

Por la noche, en la gran recepción ofrecida por el príncipe Poniatowski, la condesa fue presentada al Emperador, que fijó en ella su mirada de águila.

EL HONOR DE LA MUJER
A la mañana siguiente recibió una esquela de puño y letra de Napoleón: «No he visto más que a usted; no he admirado más que a usted; no deseo más que a usted. Una respuesta sin demora para calmar el impaciente ardor de N.»

La nota fue a parar al fuego. ¿Por quién la tomaba ese hombre que hasta ayer era su ídolo y que ella ahora despreciaba?

Entonces vino otra esquela y otra, y luego acudieron emisarios de la más alta alcurnia: Duroc, gran chambelán del Emperador, Talleyrand, Maret, Savary .. . Todos con el mismo mensaje: Napoleón accede a pensar en el futuro de Polonia, pero con una condición sine qua non: María.

Esta, indignada, se negó a recibir a nadie y solo consintió en escuchar a Poniatowski, que le entregó una carta lacrada y con varias firmas. María la abre y no puede dar crédito a sus ojos:

El propio Gobierno Provisional de Polonia le solicitaba unánimemente, con los eufemismos estrictamente necesarios para no ser demasiado grosero, que complaciera a Napoleón. Todas las miradas lijas en ella le dicen lo mismo..

Por su parte, Napoleón creía vérselas con otra mujer que pretendía vender caros sus favores. Por eso lo sorprendió que en la primera entrevista María estallase en interminables sollozos.

Él le hizo entonces algunas preguntas sobre su vida y le habló luego de sí mismo, de su soledad, de su amor. Pudo así arrancarle finalmente la promesa de otra cita para la noche siguiente.

Ella volvió a verlo pero siguió negándose a acatar los deseos del hombre más poderoso de Europa. Ante su obstinación él montó en cólera: ¡Qué le importaba a él Polonia! ¡No valía ni una gota de sangre francesa! María podía irse, y disponerse a seguir bajo la férula prusiana.

Era demasiado para la joven, que cayó desmayada. Napoleón la alzó para colocarla sobre un sofá y, presa de una pasión desenfrenada, la hizo suya.

Cuando ella volvió en sí y comprendió lo ocurrido, el horror la embargó. El Emperador, de rodillas, le pidió perdón como un chico, besándole la orla del vestido.

María se recluyó en su casa, a la espera de que Napoleón cumpliera lo prometido para Polonia.

Pero él, lejos de eso, estrechó el cerco sobre la mujer hasta lograr finalmente entrar en su casa disfrazado.

Sacando partido del estupor de ella, le tomó una mano y la puso sobre su corazón mientras le preguntaba:
-¿Aún me guardas rencor?

Ella quedó desarmada y él aprovechó la situación para visitarla todos los días -el conde estaba de viaje-. Napoleón le hizo infinidad de promesas y hasta logró convencerla de que volviese a hacer vida social.

Cuando ella accedió a presentarse, comprobó con sorpresa que todos –franceses y polacos-la trataban con la reverencia debida a una reina.

EN LA CALDERA DEL DIABLO
Después de la victoria de Friedland, Napoleón le pidió que lo acompañase a París. María se negó, porque el tratado de Tilsit (julio de 1807) no garantizaba las aspiraciones polacas y el Emperador, por lo tanto, no había cumplido su promesa. El se enfureció y gritó pero acabó suplicándole que lo amara.

Solo entonces ella se enamoró de él, furiosa e incondicionalmente, para siempre. Se presentó ante su marido y de rodillas le confesó humildemente su culpas poniendo su vida en las manos del anciano. El conde Walewski supo comprender -«¡Te desposé tan joven!»-, pero no pudo perdonarla. Devolvió a María su libertad, pero no quiso verla más, aunque permitió que ella besara su mano.

Desde entonces Napoleón tuvo en María a la más dulce, ardiente, abnegada, modesta y desinteresada de las amantes.

La emperatriz Josefina se esforzó maquiavélicamente -pero en vano- por desmerecer la imagen de la bella mujer impecable que no pedía nada y amaba rectamente en Napoleón al hombre. Josefina se preocupó seriamente cuando se enteró de que María esperaba un hijo.

Llegó a aceptar la idea de Napoleón de hacer pasar por suya a la criatura que iba a nacer. Pero María no aceptó la treta y Napoleón se divorció de Josefina, decidido a casarse con María.

Pero esta iba a resultar una emperatriz demasiado incorruptible, ajuicio de Fouché, el astuto jefe de la Policía, que se arriesgó a tenderle una trampa al propio Napoleón. Haciéndole creer que el Consejo Imperial ratificaría su matrimonio con María, lo incitó a dejar la decisión en manos de ese cuerpo.

Sin embargo, para sorpresa del Emperador, el Consejo se pronunció por un matrimonio con la princesa María Luisa de Parma.

Napoleón quedaba así prisionero de la «razón de Estado», y María Waleska debía volver a Polonia con su hijo «al menos por un tiempo», para no deslucir la boda con la austríaca.

Una madrugada de febrero de 1810 el Emperador veía alejarse el coche que llevaba a María y a su hijo, mientras trataba de convencerse a sí mismo de que la separación sería breve. Volviéndose hacia su fiel Duroc le dice:
-Allá va la única mujer- que me ha amado.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de Simonetta Vespucci Bella Mujer Florentina

Biografía de Simonetta Vespucci
Bella Mujer del Renacimiento

Biografía de Simonetta Vespucci
«La bella Simonetta» fue una adolescente que deslumbró con su encanto a la Florencia renacentista de los Médicis. Pocas veces un rostro cautivó y sirvió de inspiración a tantos y tan notables personajes: Lorenzo de Médicis, gobernante, poeta y hombre de fabulosa fortuna; Sandro Botticelli, extraordinario pintor, y Angelo Poliziano, literato y erudito, figuraron entre sus admiradores.

Una curiosa montaña de objetos diversos se acumulaba en la plaza de la Signoria, en Florencia, una tarde del año 1497.

Pelucas de seda blanca o amarilla, laúdes, filtros mágicos, cancioneros y cualquier otra cosa que ajuicio del severo monje Savonarola, dueño de la ciudad por aquellos tiempos, apartara a los hombres de la república de Cristo que él pretendía instaurar.

Entre los candidatos al fuego figuraban los cuadros de tema pagano de Alessandro Filipepi (llamado Sandro Botticelli, es decir, Sandro el del Tonelero, que era el oficio de su padre), pintor y amigo de los destronados Médicis.

En las telas y tablas aparecía una y otra vez, en diversas poses y atavíos la figura de una mujer «de frente fieramente humilde (…) gesto reposado, incierto», como la evocan los versos dePoliziano.

En poco tiempo las llamas consumieron despreocupadamente la pira. Botticelli vivió trece años más y pintó aún muchas obras maestras … sobre temas exclusivamente religiosos.

Sin embargo, algunos de sus primeros cuadros pudieron escapar a la requisición mística de Savonarola y atestiguan hoy que las palabras de Polizianoestaban bien fundadas.

En la corte de los Medicis los rasgos de Simonetta fueron tomados como paradigma por muchos creadores: los poetas Poliziano y Pulci, los pintores Fiero di Cósimo, Ghirlandaio y, muy especialmente, Botticelli, en cuyas obras la figura de la joven impregna todo lo que se relaciona con la feminidad, hasta el punto de hallarse presente aun en los retratos de otras mujeres.

El más conocido de estos cuadros, El nacimiento de Venus, es un homenaje a Simonetta en más de un sentido, porque, además de ocupar su imagen el centro de la pintura, el tema recuerda el nacimiento de la joven, que vio la luz en Portovenere (Puerto Venus), sobre la costa ligur, en 1453.

En esa población de iglesias y murallas suspendidas entre los acantilados y el mar, tenía su villa la familiaCattanei, de activos comerciantes genoveses, y allí y en Genova transcurrieron los primeros años de Simonetta.

Adolescente, acompañó a su madre en visitas a los mercaderes que tenían relaciones con los Cattanei, corresponsales que se encontraban diseminados por toda Italia y entre los que se contaban, en Florencia, los Medicis y su círculo.

A este círculo pertenecía Marco Vespucci, que tomó a Simonetta por esposa y en 1469 se instaló en una casa del barrio florentino de Borgo Ognissanti. Ambos tenían dieciséis años al casarse.

Del otro lado del Arno, el río que atraviesa Florencia, se extendía el popular barrio de Porta San Frediano, morada de obreros y artesanos, categoría esta última en la que se incluían orgullosamente los pintores.

Allí vivía Botticelli que, por entonces, tenía veinticuatro años y recibía en el convento del Carmen, en el mismo San Frediano, las enseñanzas del fraile Filippo Lippi.

En ese año de 1469 llegaron al poder los hermanos Lorenzo y Giuliano Mediéis, que contaban apenas veintiuno y diecisiete años, respectivamente. Un desliz de Lippi y una de las monjas -padres del pintor Filippino Lippi— decidió al maestro a alejarse de Florencia por razones de seguridad. Sandro ingresó inmediatamente en el servicio de los nuevos gobernantes.

LORENZO EL MAGNÍFICO

Los flamantes dueños de la ciudad eran descendientes de una familia de farmacéuticos que todavía conservaba en sus blasones la imagen de cinco pildoritas medicinales que la heráldica no ha permitido identificar.

La familia Mediéis se había dedicado a los negocios y logró paulatinamente el control de las minas de alumbre, la producción de lana, el comercio de seda, la banca y la usura. Cosme de Médicis tomó las riendas de Florencia y casó a su hijo Pietro con la noble Lucrezia Tornabuoni, de elevada prosapia.

Mujer de gran cultura y buena poetisa, Lucrezia fue la madre de Lorenzo y de Giuliano, y supo ser también guía y amiga de sus hijos.

Ambos hermanos recibieron con alegría a la delicada genovesa. Su personalidad amable y recatada fue haciéndose imprescindible en los banquetes de la corte, que se realizaban en los viejos palacios familiares de Via Larga o Cafagiulo, donde la tradición de prudencia mercantil imponía aun una arquitectura sobria, o en las flamantes villas de Fiésole y Careggi.

En esas ocasiones un menú sencillo podía componerse de «capón y vaca con almendras, azúcar y otras buenas especias; vienen en seguida las carnes asadas: pollos, faisanes, perdices, liebres; luego tortas y leche cuajada con azúcar, y por último frutas. Después (…) empiezan a beber de nuevo, se sirven (…) dulces y otra vez se bebe».

Una diversión que apasionaba a los florentinos era la celebración de torneos, que habían perdido la rudeza militar que tenían en el Medioevo, para convertirse en verdaderas exhibiciones de plumas, soberbios caballos y armas lujosamente adornadas.

El 27 de enero de 1475 se efectuó uno de estos torneos en la plaza Santa Croce. con motivo de una fiesta popular. Allí concurrió Giuliano con un estandarte pintado por Botticelli, en el que la silueta inconfundible de Simonetta estaba caracterizada como Minerva.

De la justa salió triunfador el mismo Giuliano, a quien cupo el honor de recibir la corona de laureles de manos de la propia deidad.

Este episodio fue cantado por Poliziano, que cuanto más despecho suscitaba en la esposa de Lorenzo, la orgullosa Clarice Orsini, más talento ponía en sus elogios a la inofensiva Simonetta

Aunque ambos hermanos se declaraban por igual adoradores de Minerva, parece ser que los avances prácticos estuvieron a cargo de Giuliano, y los sucesos del torneo podrían confirmar el buen éxito de su veneración.

De todos modos, la historia se muestra remisa a confirmar categóricamente estos detalles, e inclusive si es cierta la teoría que supone que La Primavera, el cuadro de Botticelli donde están retratados Lorenzo y un grupo de damas -entre ellas Simonetta-, ilustra o evoca la vida galante del llamado Magnífico. Los hechos parecen haber sido más complicados. Si hubo realmente amor entre ellos, no pudo ser feliz: a fines de ese mismo año Simonetta enfermó del pecho.

Los médicos le recomendaron los aires de Piombino, un puerto triste frente a la isla de Elba. De allí partía todos los días un correo enviado por su cuñado Fiero, con noticias para los Mediéis. Pero las nuevas fueron malas: la enfermedad resultó ser una hemoptisis y en abril de 1476 murió junto al mar -no podía ser de otra manera- la Venus renacentista. Fue enterrada en la capilla Vespucci de la iglesia de Ognissanti, cerca de los frescos de Ghirláiüdaio y de Botticelli, donde están retratados, junto con ella, casi todos los integrantes del mundo que frecuentó y que la habían admirado. «Todos los hombres estaban enamorados de ella, y ninguna mujer podía desdeñarla», recordó Poliziano. Lorenzo le dedicó versos llenos de admiración, y en una ocasión señaló una estrella a un amigo y comentó: «Mira, es el alma de esa exquisita mujer…»

Del dolor de Giuliano y Botticelli no quedaron testimonios espectaculares ni frases célebres. En 1478 una familia rival de los Mediéis, los Pazzi, organizó una confabulación para deshacerse de quienes consideraba como tiranos de Florencia.

Puesto que los asesinos profesionales se negaban a cometer el magnicidio en una iglesia, se comprometió a varios sacerdotes, «más acostumbrados a los lugares santos», según puede leerse en las actas del proceso. El atentado se consumó en el recinto de la Catedral: Giuliano cayó muerto, pero Lorenzo se defendió con energía, y pocas horas horas después los cadáveres de los principales conjurados pendían de las ventanas del palacio de la Signoria. Era un 26 de abril, el mismo día de la muerte de Simonetta, dos años antes.

En 1510 expiró Botticelli. Por expreso pedido suyo fue enterrado en la iglesia de Ognissanti. Su tumba, hecha a pocos pasos de la de Simonetta, pasa casi inadvertida, pero las coincidencias dieron pábulo a la leyenda.

Fuente Consultada: Hombres y Mujeres Que Cambiaron al Mundo Cuadernillo Nro. 12 – Biografías Imprescindibles

Biografia de Sara Berhnardt Resumen de su Vida y sus Amores Francia

Biografía de Sara Berhnardt
Resumen de su Vida y sus Amores

Resumen Biografía de Sarah Bernhardt : Poseedora de excepcionales aptitudes dramáticas, Sarah Bernhardt conmovió durante décadas a los públicos americanos y europeos con sus magistrales actuaciones. Vivió con la misma pasión que ponía en las representaciones y, así como no dudó en tener un hijo siendo soltera, recogió aplausos hasta el fin de sus días, aun cuando la amputación de una pierna había reducido sus posibilidades interpretativas.

Se cuenta que Domingo F. Sarmiento -que ya había sido presidente de la Argentina y es considerado uno de sus más vigorosos escritores- fue expresamente al teatro Politeama a saludarla en 1886, cuando ella visitó Buenos Aires: «¡He viajado 300 leguas para venir a admiraros, señora!», le dijo.

Y Paul Groussac, crítico franco-argentino del diario La Nación, escribió refiriéndose a su interpretación de Fedra: «Si ha de reaparecer todavía la sublime y fatal figura griega, pido a Sarah Bernhardt que sea en su última noche: cuando esté próxima a partir, para que quede por siempre envuelto su recuerdo como anteanoche, murmurando ante nosotros con melancólica ironía el adiós a la hija del Sol».

Con no menores elogios era acogida la inigualable actriz en cualquier lugar del mundo donde se presentara: en la Comedia Francesa, en el Odeón de París, en Italia, Alemania o España, en Londres o en Nueva York, en Rusia, Australia, América.

En su apogeo, compra teatros, graba su voz -con versos de Fedra, justamente- en uno de los primeros cilindros de cera de Edison; rehusa casarse porque la oferta de matrimonio está condicionada a su abandono de las tablas, da a luz un hijo natural, hace actor a un diplomático griego con quien permanece casada apenas año y medio, y recorre el mundo desde la altura de su arte, de su egocentrismo, caprichosa, cambiante, soberbia.

De origen judío, se llamaba Henriette Rosine Bernard y había nacido en París el 22 de octubre de 1844. Criada más que por sus padres por una nodriza bretona y una tía, fue bautizada como católica e internada en un convento de Versalles. Próxima a cumplir quince años, fue incorporada, gracias a los oficios del duque deMorny, al Instituto Nacional de Declamación.

No había evidenciado mayores condiciones para aprobar exámenes, pero pudo llegar al Conservatorio, donde cursó estudios bajo la dirección del profesor Prevost, que había sido maestro de la gran actriz Rachel. Fue él quien le transmitió e inculcó su amor por el teatro. El orgullo, el carácter, la personalidad y las aptitudes de la joven hicieron el resto.

Pero también la insistente gestión del duque de Morny la ayudó a superar obstáculos y negativas: por su mediación fue llamada a hacer las presentaciones reglamentarias en la Comedia Francesa -sin demasiadc éxito, «como una escolar», según el decir de un crítico-, pero pronto se alejó dando un portazo a raíz de un incidente con una antigua regenta de la casa de Moliere. Porque sí: porque la incipiente pero temperamental actriz se consideraba tan importante como cualquiera.

NACE SARAH BERNHARDT
Fue por entonces cuando cambió su nombre y agregó consonantes a su apellido, que adquirió resonancia alemana. Con él se dispuso a conquistar el mundo. Después de atravesar una época de dificultades, fue contratada por el Gymnase, al cual abandonó inesperadamente para viajar a España, de donde regresó semanas más tarde, ya segura de su próxima maternidad.

Vivía en ese tiempo un amor apasionado con el príncipe Henri de Ligne, que reconoció la paternidad del hijo por nacer y le ofreció matrimonio, pero a condición de que abandonara el teatro. Un tío del príncipe señaló los inconvenientes sociales que acarrearía semejante boda, pero fue la propia actriz quien provocó prácticamente la ruptura al aceptar un contrato del Odeón, el teatro que, según su propia expresión, más llegó a querer a lo largo de toda su vida.

Allí trabajó durante ocho años, solo interrumpidos por la guerra franco-prusiana (1870), cuando transformó el teatro en hospital de sangre, instalando en él un centenar de camas. Reabierto el Odeón, después de la guerra, reapareció interpretando Ruy Blas, cuyos ensayos dirigió el propio autor, Víctor Hugo. Regresó a la Comedia Francesa para reponer Mademoiselle de Bellesle, de Dumas (padre).

Desde entonces la casa de Moliere fue también la suya, en calidad de societaire, como se llama en la Comedia Francesa a los artistas que actúan en ella y participan además en la distribución de los beneficios del teatro. Pero una crítica adversa la decidió -temperamental como siempre- a alejarse, y partió para Londres, donde se presentó en el Gaiety, y luego a Estados Unidos, contratada especialmente por un fuerte empresario norteamericano.

En Nueva York obtuvo uno de sus triunfos más resonantes al interpretar, por primera vez, La dama de las camelias. Tenía entonces 36 años. Mientras las elegantes se mantenían erguidas dentro de sus ajustados corsés de ballenas, ella, levemente regordeta, se cubría con ropas rectas y ligeras despreciando la moda. «Sus ojos —observa un cronista de la época— mostraban un fulgor insólito y profundo que únicamente se ve en algunas piedras preciosas.

Su trato era de una gracia y una dulzura que solo se dan cuando hay una tremenda indiferencia aliada al gusto de seducir. Una voz de oro que atraía por su tonalidad singularmente alta, una fuerza nerviosa inagotable, una pujanza, un movimiento irresistible puesto al servicio del entusiasmo o de cóleras que llegaban hasta el furor, sostenían su inspiración.»

POR TRES CONTINENTES
A pesar de hallarse en su apogeo, cuando regresó de Estados Unidos a París tuvo dificultades para reanudar su labor en la Comedia Francesa, por la forma en que se había alejado de ella. El 14 de julio de .18.81, sin embargo, al celebrarse oí aniversario de la liberación del territorio francés invadido por los alemanes, intervino en un acto, en la Opera, recitando los versos de La Marsellesa con tal emoción y tal fervor que el público, la prensa y toda Francia volvieron a colocarla en el sitial de honor. Le llovieron ofertas, pero ella prefirió salir de gira por varias capitales europeas con el actor Philippe Garnier.

Mientras actuaba en Rusia, incorporó a su compañía al diplomático griego Jacques Damala, con quien se casó, aunque para separarse apenas un año y medio después. A fines de 1882 regresó a París, reapareció en el Teatro de Vaudeville, estrenó Fedora y Teodora de Sardou, y en 1886 volvió a Estados Unidos y extendió su gira por América del Sur. En los tres continentes en que actuó se alababan por igual su lirismo, su plasticidad, su expresión dramática y cada nueva creación suya ayudaba a consagrarla aún más.

Retornó a Europa, volvió otra vez a América y nuevamente regresó a París, se instaló en el Teatro de las Naciones cuyo nombre se cambió por el suyo pasando a ser el Teatro Sarah Bernhardt, donde hizo la Ofelia de Hamlet y donde a fin de siglo estrenó, a la edad de 56 años, L’Aiglon de Edmond Rostand.

En 1914 fue condecorada con la Legión de Honor en grado de Caballero, pero fue quizás unos meses después, en plena gran guerra, cuando su patria le rindió el más significativo homenaje. Ante la posibilidad de que los alemanes tomaran París, sus amigos le recomendaron dejar la capital (ya el gobierno se había instalado en Burdeos).

Ella quería, como en 1870, permanecer en París, pero fue el propio Clemenceau, «el Tigre» en persona, quien le pidió que se trasladara al sur de Francia, y evitara así el peligro de que «la gran Sarah» fuese tomada como rehén por los invasores.

Durante la guerra actuó incluso en los hospitales militares recitando a los soldados heridos los versos que la habían consagrado. En 1915 debieron amputarle la pierna derecha, afectada por un mal incurable, pero no por ello abandonó la escena.

En los primeros años de la posguerra, ya más que septuagenaria, fue aplaudida en innumerables ocasiones, sobre todo por su representación de La Gloire de Maurice Rostand, hijo de Edmond, el autor de L’Aiglon.

En noviembre de 1921 efectuó todavía una última gira por Italia, y ya de vuelta en París estaba preparando una obra de Sacha Guitry, cuando falleció en su casa el 26 de marzo de 1923. Al despedir sus restos, Maurice Rostand resumió la opinión de millares de admiradores afirmando que nadie podría ya leer a Racine sin que la voz de Sarah se interpusiera entre el poeta y el lector.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Paulina Bonaparte Amante Hermana del Emperador Sexo adicta Insaciable

Biografía de Paulina Bonaparte Amante Hermana del Emperador

Paulina Bonaparte era la hermana preferida del que llegaría a convertirse en emperador de Francia. Nació en Ajaccio, Córcega, y fue la sexta hija de los Bonaparte, a la que siguieron siete hermanos más. A los quince años, Paulina se enamoró de un hombre que tenía cuarenta años y sus ardides como dandy no eran del gusto de la madre de Paulina, Leticia, por lo que fue descartado como futuro yerno.

En represalia por la negativa de su madre, Paulina comenzó a flirtear y a mantener relaciones sexuales con la mayoría de los componentes del gobierno de su hermano Napoleón.

Quizá no deba ser entendido como una venganza, sino más bien como un simple juego; Paulina era una joven de una belleza exquisita, los hombres la deseaban nada más verla, y ella supo utilizar ese inmenso atractivo para llevarse a la cama a aquellos que más le gustaban. 

Su capacidad de seducción era de tal calibre que los hombres se rendían como borregos a sus pies, y complacían cualquier capricho de la joven, por aventurado o excéntrico que éste fuera.

El 14 de junio de 1794, después de múltiples y variopintos líos de cama, Paulina, asesorada por su hermano, contrajo matrimonio con el general del emperador, Charles-Victor-Emmanuel Leclerc. Paulina navegó hasta esta isla en 1801 para reunirse con su marido, destacado allí para expulsar al rebelde Toussaint Louverture. 

Del matrimonio con Leclerc, en 1802, nacería su único hijo, Dernida Luis Napoleón, quien moriría dos años más tarde. A pesar de los devaneos de Paulina con los nativos o bien con los soldados de su marido, habitualmente de bajo rango, cuando Leclerc enfermó de fiebre amarilla, ella lo cuidó y estuvo a su lado hasta que murió, poco tiempo después, en noviembre de 1802.

Una vez de regreso en París, tardó poco más de ocho meses en con traer nuevas nupcias. Esta vez ya no se trataba del hijo de un molinero rico, venido a más en la jerarquía militar gracias al emperador de Francia, sino del hombre más rico de Italia; su nombre: el príncipe Camilo Borghese. En esa ocasión, Napoleón le escribió: «Ama a tu marido, haz que tu hogar sea feliz y, sobre todo, no seas frívola o caprichosa. Tienes veinticuatro años y deberías comportarte de forma madura y sensata». Esta carta fue algo así como una premonición de lo que ocurriría después.

Paulina no sólo siguió manteniendo relaciones sexuales variadas fuera del lecho conyugal, sino que terminó abandonando a su marido porque no le daba lo que ella quería. El príncipe tenía un miembro diminuto que no saciaba en absoluto las necesidades amatorias y carnales de su bella mujercita, por lo que poco tiempo después de catarlo decidió volver a la capital francesa, donde la esperaba el potente hombre, o habría que decir «miembro», que le causó la muerte.

El príncipe poseía todas las características que una mujer como Paulina podía desear, era un joven moreno, elegante y guapo, sus propiedades, palacios y fincas eran incontables, sin embargo, no disponía de lo más preciado para ella, de modo que, desde el primer día, sus relaciones sexuales fueron una verdadera calamidad. Ante los hechos irreparables, Paulina escribió a su tío: «Preferiría haber seguido siendo la viuda de Leclerc, con unos ingresos de tan sólo 20.000 francos, que estar casada con un eunuco».

Poco después se separó del príncipe eunuco y se trasladó a París en busca de aventuras. En 1806, tras múltiples catas, dio con la horma de su zapato. El elegido era un pintor de sociedad llamado Louis Philipp Auguste Forbin. Forbin era un hombre alto y bien formado de treinta años que contaba con un estupendo pene.

Pronto se convirtió tu el chambelán real de «la Venus». Debido a las diarias fornicaciones que llevaba a cabo con su potente chambelán, la salud de Paulina comenzó a resentirse. Fueron los médicos y la intervención de su madre quienes decidieron por ella: lo mejor que podía hacer Forbin era alistarse en el ejército francés y utilizar su potencia para otros menesteres.

Y así fue cómo Paulina se quedó sin su juguete sexual. Sin embargo, ella no podía renunciar a aquello que mayor placer le proporcionaba, por lo que, a pesar de las recomendaciones hechas por sus doctores, Paulina siguió con el mismo frenético ritmo sexual en el transcurso de los quince años posteriores. En Niza conoció a un músico llamado Blangini. Más tarde, en 1810, le tocó el turno al jefe del estado mayor de Napoleón, a continuación el objeto de su devoción sexual, que no afectiva, fue un actor. Se llamaba Frainçois Talma.

Paulina falleció de cáncer de útero en 1825, a los cuarenta y cuatro años, en Villa Borghese. Murió ataviada con sus mejores galas y pidió ser enterrada en el panteón familiar de los Borghese, entre papas.

Fuente Consultada: Sexoadictas o Amantes de Paula Izquierdo

Biografia de María Montessori Objetivos de su Metodo Educativo

Biografía de la Educadora María Montessori- Objetivos de su Metodo Educativo

María Montessori
Después de una rigurosa preparación intelectual, la ilustre médica italiana se dedicó a observar la conducta infantil y ensayó varias técnicas para facilitar el desarrollo de las aptitudes de los niños con la menor interferencia adulta.

El resultado fue un sistema de pedagogía activo y de fácil empleo que revolucionó los métodos de enseñanza practicados hasta entonces.

biografia de maria montessori

 María Montessori, fue una educadora, pedagoga, científica, médica, psiquiatra, filósofa, antropóloga, bióloga, psicóloga, feminista y humanista italiana. Fue la primera mujer italiana que se graduó como doctora en Medicina.

El día de Reyes o Epifanía de 1907 había pocos motivos de regocijo para los habitantes de la calle Dei Marsi, en el barrio pobre de San Lorenzo, alejado del bullicioso centro de Roma.

Los más afortunados eran los obreros con trabajo fijo por más de diez horas diarias que sufrían los peores rigores de la revolución industrial aún no humanizada.

Los demás eran desocupados que conseguían ocasionalmente alguna tarea.

Las mujeres tenían que trabajar para su subsistencia y, al mismo tiempo, cuidar de sus hogares.

La miseria hostigaba a la población, principalmente a los niños, que deambulaban por las calles o las escaleras de los edificios, librados a su suerte, mal alimentados y sin ninguna educación, a no ser la que ellos mismos se procuraban en sus juegos, embadurnando las paredes.

Estas travesuras «pictográficas» decidieron a los vecinos más preocupados por el aseo y a las autoridades del Instituto de Bienes Inmuebles-organización que se ocupaba del problema de la vivienda en los barrios pobres a tomar cartas en el asunto.

Así fue como ese día de Reyes se reunió un grupo de personas en uno de los edificios de viviendas económicas construidos por el Instituto.

Tomó la palabra una mujer de 37 años, cabellos oscuros, complexión fuerte y mirada bondadosa.

Al escucharía, los asistentes se miraron desconcertados por el tono encendido y los proyectos aparentemente desproporcionados a las posibilidades que ofrecía el cuartucho en que se hallaban.

La oradora tenía ganado un merecido prestigio intelectual.

Nacida en 1870, en Chiaravalle, cerca de Ancona, había adelantado rápidamente en sus estudios hasta solicitar su ingreso en la Facultad de Medicina de la Universidad de Roma.

Era la primera vez que una mujer se proponía en Italia completar esa carrera, y no faltaron oposiciones, dificultades con los condiscípulos y aun con los profesores.

Pero su tesón y capacidad permitieron a María Montessori anteponer a su nombre el título de doctora, a partir de 1894.

Apenas graduada, dedicó su atención a los chicos deficientes y se incorporó al hospital psiquiátrico de Roma.

Comenzó una etapa de severos estudios teóricos y prácticos, durante la cual visitó a Londres y a París, donde se libraban entonces batallas cruciales de la pedagogía.

De regreso en su patria, extendió su insaciable curiosidad intelectual a la filosofía, que estudió en la Universidad de Roma, a la psicología experimental y a la antropología pedagógica.

Allí en Roma empezó a trabajar por primera vez con niños, en la escuela ortofrénica del hospital psiquiátrico, dedicada a los chicos disminuidos mentalmente, pues no tardó en comprender los límites de la psicología infantil de su tiempo.

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OBJETIVOS DE SU METODO EDUCATIVO: El propósito fundamental de un programa AAontessori es el de ayudar al niño a alcanzar el máximo potencial en todas las áreas de su vida a través de actividades desarrolladas con el fin de promover el desarrollo
de la socializacion. madurez emocional, coordinación motora y
la preparación cognoscitiva.

Integrar las diferentes áreas del conocimiento (competencias metodológicas), atender a la diversidad (competencias metodológicas), favorecer la interacción y el desarrollo social (competencias comunicativas), implicar a los alumnos en su propio proceso de aprendizaje y de crecimiento (competencias personales), ofrecer a los educandos una educación más real y de aplicación para la vida (competencias personales), y favorecer el autoconocimiento personal y desarrollar la inteligencia emocional (competencias personales).

NUEVA FORMA DE EDUCAR

Para encarar la enseñanza de los disminuidos, Montessori recurrió a una serie de útiles educativos que, bajo el aspecto de juegos, iban revelando al observador la capacidad y los progresos de los niños y, en los casos más extremos, se convertían en el único medio de comunicación con los enfermitos.

«Esos objetos —recuerda la pedagoga– no ejercían el mismo efecto sobre los niños normales y sobre los deficientes; mientras que aquellos eran conquistados en seguida, necesitaba desplegar todo mi poder de persuasión para que los niños deficientes se interesaran por ellos.»

Mientras trabajaba en el hospital, llegó la oferta del Instituto de Bienes Inmuebles. «Aquel día de la inauguración no había más de unos cincuenta chiquillos paupérrimos, de aspecto rústico y tímido; algunos lloraban; casi todos hijos de analfabetos …»

Como los fondos no alcanzaban para contratar a una docente diplomada, utilizaron los servicios de una mujer que vivía en el mismo edificio y que, habiendo iniciado estudios de maestra, debió luego abandonarlos por dificultades económicas para emplearse en cualquier tarea y poder así subsistir.

Esta colaboradora anónima resultó ser providencial, porque aplicó las nuevas ideas sin prejuicios ni prevenciones.

El material didáctico fue traído del hospital; el mobiliario se componía de una sólida mesa para la instructora, un inmenso armario solemne y algunas mesitas y sillas que no se distribuyeron como entonces se acostumbraba a hacer en las aulas.

La doctora Montessori se había planteado un problema muy importante: «Debemos preparar para el niño un ambiente donde la vigilancia del adulto y sus enseñanzas se limiten al mínimo posible: cuanto más se reduzca la acción del adulto, tanto más perfecto será el ambiente (…) Es seguro que en un porvenir próximo veremos en las ciudades casas de un nuevo tipo, bellas casitas destinadas a los pequeños y una cantidad de muebles menudos, de pequeños objetos, casi como los que en nuestros almacenes vemos hoy para las muñecas. No serán, sin embargo, juguetes,sino verdaderos objetos necesarios a la vida del niño.»

A los pocos días hubo un primer contratiempo: la instructora, por propia iniciativa, fabricó cruces de cartón dorado para condecorar a los más dóciles y les enseñó a todos el saludo militar; estas medidas dieron tanta satisfacción a los chicos que no hubo otro remedio que mantenerlas.

EL MÉTODO Y LA LIBERTAD

En esta primera Casa del Bambini (casa de los niños) la doctora Montessori puso a prueba la mayor parte de sus ideas.

Propuso una actividad vigilante del educador, que captara las transformaciones que iba experimentando el niño, considerado y respetado como un ser independiente y completo, y no simplemente como un adulto en embrión.

Tal observación debía practicarse sin preconceptos filosóficos, sin sujetarla a prohibiciones arbitrarias impuestas por rutina.

Por ese camino llegó a otro de los hitos fundamentales de su pensamiento: la cuestión de la libertad y el niño.

Biografia de María MontessoriMaría Montessori procuró buscar la forma de llevar a sus alumnos a una libertad basada en el carácter personal del trabajo libremente elegido, una libertad que terminara con las violencias que suele generar la arbitrariedad de los adultos, que se arrogan casi naturalmente el derecho de someter a los chicos.

Para alcanzar esas metas propuso una serie de ejercicios y experiencias, limitándose a sugerir las posibilidades de uso del material didáctico e interviniendo solo cuando el niño pedía ayuda o cuando otro alumno entorpecía el trabajo: en este caso la sanción consistía en dejar sin tarea al perturbador.

Al cabo de muchos ejercicios aparentemente sin sentido, el niño descubría, por su propio esfuerzo, algún secreto del mundo y se acomodaba a él por propia iniciativa.

Sus observaciones le permitieron a la doctora Montessori comprobar que durante una etapa de su desarrollo los niños realizaban cierto tipo de tareas con seriedad y concentración excepcionales.

Dedujo la existencia de «períodos sensibles», etapas evolutivas propicias a determinados estímulos y que deben ser aprovechadas por el educador ya que de lo contrario se atrofia toda una esfera de intereses del pequeño.

Sus ideas, expuestas principalmente en Método de pedagogía científica, publicado en 1908, hicieron conocer su nombre en todo el mundo.

El método Montessori comenzó a aplicarse en escuelas de todas las latitudes convirtiéndose a menudo en lo que su creadora más combatió: un sistema rígido aplicado en forma indiscriminada.

El resto de su vida murió en 1952, en Holanda- lo dedicó a la difusión y perfeccionamiento de sus ideas. También se ocupó de los sentimientos religiosos de los chicos, y bajo su patrocinio se construyó una iglesia en Barcelona especial para los pequeños.

Sus estudios la llevaron a terrenos en los que nunca pensó internarse: sus propuestas «estrictamente pedagógicas» repercutieron sobre la psicología, la sociología y la moral.

Hasta que punto ello fue así podrá deducirse de uno de sus postulados: «Toda prohibición inútil es un crimen».

Tampoco creyó que existieran prohibiciones útiles.

SINTESIS DE SU METODO EDUCATIVO

Su método lo que pretende es que gradualmente el niño adquiera un fuerte sentido de independencia, seguridad y confianza en sí mismo a medida que sus habilidades aumentan. El método Montessori está basado en el amor natural que el niño tiene por aprender e incluirá una eterna motivación por aprender continuamente.

metodo educativo de maria montessori

❖ La metodología de Montessori tiene un recorrido de más de 90 años.
❖ No está de acuerdo con las técnicas rígidas o crueles.
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❖Sus ideas están basadas en el respeto del niño y en su capacidad para aprender.
❖ No intenta moldeara los niños como reproducciones de los padres.

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❖ Se desarrolla el potencial de los niños a través de los sentidos.
❖ No se incita la competencia entre los compañeros.

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❖Todo el mobiliario es el adecuado para los niños.
❖ El silencio y la movilidad son elementos indispensables en esta metodología.

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❖Se valora el ritmo y evolución en cada alumno.
❖ El profesor prepara el ambiente y usa la observación científica.

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❖ El error es considerado como aprendizaje.
❖ Se estimula a que el niño haga siempre una autoevaluación.

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Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Era Victoriana Características de la Sociedad, Economía y Política

Era Victoriana Características de la Sociedad, Economía y Política

Inglaterra alcanzó su mayor desarrollo económico durante la segunda mitad del siglo XIX, que coincidió con el dilatado reinado de Victoria (1837-1901), la llamada «era victoriana». Inglaterra se convirtió en la primera potencia mundial por el esplendor de su economía y la extensión de sus colonias. En 1877, la reina sería proclamada emperatriz de la India.

El largo reinado de Victoria de Inglaterra, entre 1837 y 1901, marca la época de apogeo de una determinada concepción política, económica y social en cuyo centro se sitúa la burguesía. El ideal de la así llamada Era Victoriana es el progreso y la complacencia por el triunfo del intelecto, de la tecnología, del hombre europeo por sobre los demás. Hay un hambre desesperado por avanzar, por crecer.

El científico Charles Darwin y el economista Stuar Mill son las figuras de renombre de la época. La industria textil y ferroviaria crecen en forma desmesurada, pero al mismo tiempo aumentan los problemas sociales. La gente que no tiene acceso al crecimiento vive en condiciones miserables.

Otro de los ideales de la época es el espíritu de descubrimiento y de aventura: los viajes de Livingstone y Stanley apasionan a los ingleses que siguen sus aventuras por el corazón de África. También predomina un cierto espíritu religioso, incluso místico, que trata de unir los grandes descubrimientos científicos y técnicos con una nueva fe en Dios.

La característica esencial de la Era Victoriana es su sentido práctico: la búsqueda de la realización personal y colectiva.

El código moral Victoriano, que regía la conducta individual de esos años, se basaba en el miedo, la reglamentación, la disciplina y el autocontrol y, por eso, en el ámbito familiar y social, las costumbres eran de lo más conservadoras y pacatas.

En el terreno literario, se nota un rechazo hacia el movimiento romántico. En este período sobresalen escritores como Tennyson, Dickens, el filósofo Carlyle, quienes encarnan un nuevo realismo. Los artistas más audaces y renovadores como Emily Brónte y Osear Wilde fueron perseguidos y considerados casi herejes por la sociedad.

La época victoriana una de las épocas gloriosas de Inglaterra está constituida por el reinado de Victoria entre 1837 y 1901. No es que ella gobernara directamente: se desarrolló el régimen parlamentario, con primeros ministros conservadores y liberales alternadamente (El Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892). Ambos partidos se dedicaron a producir reforma progresistas.

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El reinado de la reina Victoria fue el más extenso de la historia británica (64 años).Ese período fue llamado por los historiadores la era victoriana, y en él Gran Bretaña se consolidó como una monarquía parlamentaria y como el impero colonial más extenso del planeta.

reina victoria

El reinado de Victoria I: En 1837, al ser coronada Victoria —casada con el príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo — se inició en Gran Bretaña uno de los más significativos períodos de su historia.

Durante el extenso reinado de Victoria (gobernó hasta 1901), el Reino Unido se convirtió en la potencia mundial hegemónica en los aspectos político, económico, naval e industrial.

La reina, mujer de firme carácter, se interesaba por los asuntos del reino, pero sin intervenir ni alterar la labor de sus Primeros Ministros. Este esplendor, sin embargo, no pudo terminar con las diferencias políticas y económicas ni con las crisis sociales y las fricciones con las potencias exteriores.

Economía y política: En esos momentos la industria británica cobró un gran impulso y, en consecuencia, se evidenció un creciente desarrollo comercial. Se amplió el mercado externo y se incorporaron nuevos y extensos territorios al Imperio inglés. No obstante, las disidencias entre conservadores y liberales se acrecentaron. Los primeros propiciaban una política económica de corte proteccionista, en tanto que los segundos sostenían la necesidad de abolir leyes ya caducas con la intención de implantar el liberalismo económico.

La persistencia de la crisis socio-económica y la difícil situación obrera –producto del alza de los precios de los artículos de primera necesidad– convenció a los políticos de ambos partidos de la urgencia de aplicar reformas. A la supresión de las leyes de granos, como ya se ha estudiado, siguieron otras leyes reformistas, entre ellas la supresión del Acta de Navegación de Cromwell, permitiéndose así, la apertura de los puertos británicos a buques extranjeros. Los partidos liberal y conservador alternaron en el poder.

Durante el siglo XIX Inglaterra gozó de gran prosperidad con la reina Victoria. Gracias a sus notables primeros ministros, se establecieron los simíentos de la Inglaterra democrática. El comercio y la industria alcanzaron también gran desarrollo. Finalmente, el prestigio de Inglaterra en el exterior aumentó con las conquistas de la política imperialista de Disraelí.

Entre los primeros Ministros de la reina se destacaron: Roberto Peel (1834-1835 y 1841-1846), conservador; Enrique Palmerston (1855-1865), primero conservador y luego liberal; Benjamín Disraeli (1865-1868 y 1874-1880), conservador; Guillermo Gladstone (1868-1874,1880,1892,1894), liberal y Roberto Cecil, lord Salisbury (1896-1907), conservador.

ROBERT PEEL: Con la reina Victoria, Inglaterra atravesó una época de gran prosperidad que, por otra parte, debió mucho más a sus primeros ministros que a ella misma. En efecto, Inglaterra es una monarquía constitucional en la cual la reina sólo puede aconsejar y alentar a sus ministros.

En las elecciones de 1841, el débil Gobierno Whig (liberal) de lord Melbourne no alcanzó la mayoría, y Robert Peel, que fue nombrado primer ministro, se puso al frente de la Administración.

Desde hacía ya muchos años, los asuntos económicos nacionales se encontraban en estado lamentable. Además, Inglaterra tenía que hacer frente a graves problemas sociales: paro, hambre y notable retroceso de las actividades comerciales. Peel consiguió sanear la hacienda pública aplicando un impuesto a las rentas que sobrepasaran las 150 libras anuales. Para estimular el comercio redujo los derechos de importación, especialmente sobre las materias primas y productos alimenticios. Actuando de este modo estableció las bases de una política liberal de libre cambio.

Hasta ese momento, Peel encontró poca oposición; pero las dificultades surgieron cuando se ocupó en las leyes sobre la importación de cereales. Al principio redujo los derechos de importación sobre los granos, pero cuando quiso suprimirlos provocó la oposición de sus adversarios, e incluso la de la mayoría de su propio partido. En las elecciones de 1847, Peel tuvo que dimitir.

El partido de Peel, que discrepaba sobre este punto, se dividió en nuevos partidos, especialmente el liberal de Gladstone y el conservador de Disraeli. A pesar de la antipatía que le profesaba la reina y la frecuente hostilidad de la opinión pública, Gladstone puso todas sus facultades al servicio de la evolución democrática de Gran Bretaña.

Llevó a cabo varias reformas; por ejemplo, en Irlanda. La Irlanda católica vivía días agitados. Gladstone quiso remediarlo no reconociendo a la Iglesia protestante como Iglesia oficial de Irlanda, y transfiriendo parte de sus propiedades a la Iglesia católica irlandesa. Intentó asegurarse el apoyo de los campesinos católicos irlandeses concediéndoles los mismos privilegios que a los protestantes de la provincia de Ulster.

Las reformas electorales: La necesidad de aflojar las tensiones internas, obligó a propiciar nuevas reformas electorales, ya que la efectuada en 1832 no había resuelto el problema.

En 1867, DISRAELI,  concedió el derecho sufragio a la pequeña burguesía y a los obreros especializados.

En 1872, GLADSTONE,  instituyó el voto secreto. El número de votantes aumentó: 938.000 sufragantes más, el poder continuó en manos de los propietarios. Hubo una mayor actividad de los partidos políticos.

En 1884, GLADSTONE,  extendió el derecho al sufragio a los propietarios rurales con lo que la reforma llegó al campo. Hubo 4.000.000 de electores nuevos. Se concretaron las propuestas de los cartistas.

Gladstone también reorganizo la enseñanza en Inglaterra: fue gratuita y obligatoria para todos los niños. Asimismo, puso fin a los abusos que se cometían en el ejército, prohibiendo que se compraran los grados militares. Citemos, por último, su reforma electoral: introdujo, especialmente, el voto secreto. En cuanto al exterior, Gladstone ejerció una política de neutralidad pacífica. En 1874, sus poco enérgicas intervenciones en el exterior y la cuestión escolar de Irlanda provocaron la caída de su Gobierno, en beneficio del partido conservador de Disraeli.

Disraelí

Finalmente se concretaron las propuestas de los cartistas

Los liberales entre 1868 1874 popularizaron la educación, democratizaron el ejército y ampliaron los derechos de los sindicatos; entre 1880 y 1884 hicieron la ley de reforma electoral y trataron de dar autonomía a Irlanda; entre 1892 y 1895 reformaron la administración local; a partir de 1906 acrecentaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como protección ante accidentes de trabajo y en la vejez, reformaron los impuestos, gravando progresivamente la riqueza y, en 1911, aboliendo la igualdad entre la Cámara de los Lores y la de los Comunes: los Lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes especto al presupuesto.

Entre las leyes de los conservadores (1874-1880 y 1886-1892) podemos citar la igualdad de derechos entre patrones y obreros y algunas rearmas sociales.

Estos últimos se dedicaron más a las posesiones coloniales del imperio británico. Bajo el reinado de Victoria, se abrió el Canal e Suez (1859-69) —que comunica el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo; estuvo bajo control británico hasta 1954 en que Egipto retomó su soberanía— y se puso a Egipto bajo el protectorado inglés; logró terminar la conquista de la India, coronarse como Emperatriz (1876) y abrir el comercio exterior a los puertos chinos (ver Imperialismo); se descubrieron minas de oro en Australia, que pobló con colonos británicos; se ocupan extensos territorios en África y se invirtieron capitales millonarios en otros continentes, asegurando la continuidad de la Revolución Industrial inglesa.

La sociedad victoriana.: Una gran rigidez moral caracterizó la sociedad victoriana. Todo buen inglés debía mostrar ante sus congéneres una conducta recta y honesta, aunque estas virtudes, en muchos casos, fueran sólo una apariencia. La mujer se encontraba, al igual que en el esto del mundo, relegada al trabajo hogareño o fabril. Era mal visto que una mujer pretendiera ejercer una profesión universitaria.

El avance de las tendencias democráticas les obligó a dar un gran impulso a la educación. Los conflictos sociales perduraron: las diferencias de clase eran, todavía, muy grandes. Las clases altas mantenían una vida de lujo y riqueza, en tanto que la condición de los trabajadores y las clases menos pudientes no había mejorado. Esta difícil situación fue reflejada con crudo realismo por los escritores de la época, como Charles Dickens, quien en sus novelas describió la forma de vida y las tensiones socialees de la Inglaterra victoriana.

Esta situación social obligó a los sindicatos obreros a organizarse con mayor eficacia, a fin de obtener la satisfacción de sus reclamos.

El gobierno adoptó una política paternalista en el aspecto social. Se aprobaron leyes que alivianaron la situación, pero sin introducir reformas de importancia. No obstante, se promulgaron medidas que limitaron las jornadas de trabajo y que mejoraron las condiciones laborales de obreros y asalariados. En 1871, los Trade Unions sindicatos locales fueron reconocidos oficialmente por el Estado.

AMPLIACIÓN DEL TEMA, PARA SABER MAS…

INGLATERRA Y LA REINA VICTORIA. En 1837 subió al trono inglés la reina Victoria I (1837-1901), cuyo dilatadísimo reinado de 64 años constituyó uno de los periodos más brillantes de la historia de Inglaterra. El Imperio Británico fue el más extenso y poderoso del mundo y su flota la representación material de este poder que ejercía el papel de suprema policía internacional. La presencia de un barco de guerra con el pabellón de la «Unión Jack» bastaba para sofocar una revolución o cambiar un Gobierno en cualquier parte del mundo. La seguridad de su constitución política corría pareja con su potente industria y el valor indiscutible de su moneda.

Desde el primer momento, la reina dejó que el Parlamento asumiera la misión de gobernar y fue ella quien introdujo la costumbre de encargar al jefe de la mayoría la formación del Gobierno. Su actuación, perfectamente dentro de la línea tradicional británica, fue en todo del agrado de sus súbditos que la veneraban.

Pero no todo fue mérito de la reina. También lo tuvieron sus primeros ministros, que fueron hombres cultos y de una gran sagacidad. Lord Palmerston fue el último «premier» que sostuvo la política del «espléndido aislamiento». Era un conservador que luego se pasó al partido liberal. Precisamente por su deseo de mantener a Inglaterra separada de las luchas de Europa, no supo actuar con energía ante el engrandecimiento de Alemania bajo Bismarck.

En la segunda mitad del siglo pasado casi siempre se turnaron conservadores y liberales, según el resultado de las elecciones. El jefe de los primeros fue Disraeli; el de los segundos, Gladstone.

Benjamín Disraeli era de ascendencia española y judía. Gracias a él se llevó a cabo la reforma electoral del año 1867 que permitió a más de un millón de obreros gozar del derecho de voto. Su visión sagaz le permitió darse cuenta de la gran importancia que tendría en el futuro la apertura del Canal de Suez, y después de haber ocupado Chipre, adquirió 177.000 acciones del canal, que le aseguraban el dominio de la Compañía.

La reforma aprobada por Disraeli había sido planeada y pensada antes por Gladstone. Éste realizó una segunda reforma electoral que permitió elevar el número de votantes en seis millones, transformó la enseñanza primaria y protegió a los Trade Unions.

La creación oficial del Imperio Británico se realizó el día i de enero de 1877, en que Victoria I fue proclamada emperatriz de la India.

La política interna de la Gran Bretaña conoció varios movimientos. El cartista, promovido por el abogado Jones y el publicista O’Connor, jefes del partido radical, que propugnaban el derecho al sufragio universal. El librecambista defendido por Cobbden y sostenido, no sólo por los obreros, sino, por la burguesía industrial y mercantil, que pedía la total libertad de comercio con el extranjero, sin aduanas protectoras o prohibitivas. Gracias a sus esfuerzos, Inglaterra adoptó el librecambio que había de reportarle considerables riquezas.

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo II Chris Cook.
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

La Epoca Victoriana en Inglaterra La Dueña de los Mares

La Época Victoriana

Inglaterra alcanzó su mayor desarrollo económico durante la segunda mitad del siglo XIX, que coincidió con el dilatado reinado de Victoria (1837-1901), la llamada «era victoriana». Inglaterra se convirtió en la primera potencia mundial por el esplendor de su economía y la extensión de sus colonias. En 1877, la reina sería proclamada emperatriz de la India.

reina victoriaLa época victoriana Una de las épocas gloriosas de Inglaterra está constituida por el reinado de Victoria entre 1837 y 1901.

No es que ella gobernara directamente: se desarrolló el régimen parlamentario, con primeros ministros conservadores y liberales alternadamente (EL Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892).

Ambos partidos se dedicaron a producir reforma progresistas.

Los liberales entre 1868 1874 popularizaron la educación, democratizaron el ejército y ampliaron los derechos de los sindicatos; entre 1880 y 18& hicieron la ley de reforma electoral y trata ron de dar autonomía a Irlanda; entre 1892 y 1895 reformaron la administración local; a partir de 1906 acrecentaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como protección ante accidentes de trabajo y en la vejez, reformaron los impuestos, gravando progresivamente la riqueza y, en 1911, aboliendo la igualdad entre la Cámara de los Lores y la de los Comunes: los Lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes especto al presupuesto.

Inspirados en la filosofía del librecambismo, los ingleses reemprendieron las construcciones ferroviarias. introdujeron el telégrafo eléctrico, etc. En 1860 poseían la más extensa red ferroviaria y su flota mercante representaba el 75 % del tonelaje mundial, índices ambos de su desarrollo industrial y comercial.

Entre las leyes de los conservadores (1874-1880 y 1886-.892) podemos citar la igualdad de derechos entre patrones y obreros y algunas rearmas sociales.

Estos últimos se dedicaron más a las posesiones coloniales del imperio británico. Bajo el reinado de Victoria, se abrió el Canal e Suez (1859-69) —que comunica el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo; estuvo bajo control británico hasta 1954 en que Egipto retomó su soberanía— y se puso a Egipto bajo el protectorado inglés; logró terminar la conquista de la India, coronarse como Emperatriz (1876) y abrir el comercio exterior a los puertos chinos (ver Imperialismo); se descubrieron minas de oro en Australia, que pobló con colonos británicos; se ocupan extensos territorios en África y se invirtieron capitales millonarios en otros continentes, asegurando la continuidad de la Revolución Industrial inglesa.

Políticamente, conservadores y liberales se alternaban pacíficamente en el poder y empujaban a Inglaterra hacia una democracia plena. En 1867, una reforma electoral dobló el número de los electores. Pero, al mismo tiempo, Irlanda se convertía en el problema más acuciante para el gobierno.

Irlanda estaba bajo el poder inglés desde el siglo XVII; sus grandes propietarios eran ingleses y protestantes, mientras que la mayoría del pueblo era católica y campesina. Otras diferencias en la lengua y el carácter agravaban la cuestión.

En definitiva, las reivindicaciones de los irlandeses implicaban cuestiones políticas, sociales y religiosas. Un proyecto autonómico fue derrotado por el parlamento y la autonomía no llegó hasta 1914.

Personajes enigmaticos de la historia Hombres Polemicos

MISTERIOSOS PERSONAJES LA HISTORIA: CAGLIOTRO, RAPUTÍN, PARACELSO

Cagliostro Rasputín Paracelso Matahari Nostradamus Houdini

FRANKENSTEIN: Una de las tardes más aburridas de la historia dio origen a un personaje imaginario que ha aterrado y fascinado al mundo entero. En una noche de tormenta de 1816, un notable grupo reunido en la Villa Diodati de lord Byron, junto al lago Ginebra, leía en voz alta historias de fantasmas junto a la chimenea mientras el viento aullaba y la lluvia golpeaba insistente contra las ventanas.

Frankestein

Los huéspedes de Byron eran el poeta Percy Bysshe Shelley, su futura esposa Mary Godwin, la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, y su médico John Polidori.

Fastidiado por el mal clima y aburrido por este entretenimiento, Byron sugirió una competencia para escribir la mejor historia de horror. Poco después, el grupo consideraba la posibilidad de comprender el secreto de la vida y discutió si la electricidad no «podría restaurar la vida y crear un ente vivo a partir de la suma de diferentes partes muertas».

Mucho después de medianoche, tal como acostumbraban, los residentes de la villa se retiraron. Mary, en un estado de excitación, durmió mal. En la duermevela tuvo una horrible visión: «Vi a un pálido adepto de las artes malditas arrodillándose junto al ser que ensambló.

Vi al abominable fantasma de un hombre yaciendo cuan largo era y, de pronto, con ayuda de una enorme máquina, dio señales de vida y se movió de modo torpe.» Sobresaltada, Mary halló su historia de horror. Publicada dos años más tarde, el Frankenstein de Mary Shelley ha perdurado a través de más de un siglo y originó innumerables secuelas e imitaciones tanto en literatura
como en cine.

Ver Su Biografía

Boris Karloff encamó al primer Frankenstein, creando un aterrador
pero patético monstruo.

NOSTRADAMUS:
Nacido el 14 de diciembre de 1503 como Michel de Notredame en Saint-Rémy, Provenza, fue uno de los personajes mas polémicos de la historia. Amante de la naturaleza y del cuerpo humano, decidió estudiar medicina, que debió abandonar en 1525 debido a una plaga de peste bubónica que azotó a Francia.

Debido a su pasión y amor por la ciencia médica, Michel siempre trató de ayudar a los enfermos sin preocuparse por el contagio, cosa que muchos médicos olvidaron su profesión. La gente siempre estuvo muy agradecida por su apoyo y supo ganarse la simpatía y respeto de la comunidad, muy importante mas tarde cuando se le negó la licencia al graduarse y pudo contar con el apoyo de todos los agradecidos de aquella dura época.

A pesar de los mitos que rodearon la vida de Nostradamus, el éxito de este astrólogo estuvo estrechamente relacionado con el contexto que conmocionó a la segunda mitad del siglo XVI, marcado por las guerras de Religión y el prestigio de la astrología que tocaba a su fin. Fue astrólogo de Catalina de Médicis y médico de Carlos IX. Nostradamus se hizo célebre por sus Centurias, una selección de profecías que fueron profusamente interpretadas en el  curso de los siglos..

A comienzos de la década de 1530 se encontraba en Agen donde se casó con una joven mujer descrita como «pudiente, muy hermosa y admirable». Tuvieron un hijo y una hija, pero la Inquisición, oficina de la Iglesia dedicada a suprimir la herejía, intervino en sus vidas. Conoció al humanista Julio César Escaliger: En el período siguiente recorrió la mayor parte del reino de Francia e incluso partió a Egipto en busca de su iniciación. La tarea de los historiadores fue complicada, ya que muy pronto los biógrafos de Nostradamus lo presentaron can una personalidad mística cuya palabra estaba inspirada por Dios. Jean-Aymé de Chavigny proporcionó el modelo en 1594 en su «breve discurso sobre la vida de M. Michel de Nostre-Dame».

Hacia 1545, Michel de Nostre-Dame trasladó a Salon-de-Provence, donde nuevamente contrajo matrimonio y continuó ejerciendo la medicina. Realizó intervenciones en Aix en 1546, en Lyon en 1547 siempre vendía remedios (su «farmacia»).

En la década de 1560 se dedicó a escribir almanaques, libros de gran difusión que contenían un calenadrio y predicciones astrológicas, acompañados de consejos de todo tipo.

Mas tarde volvió a ejercer la mediina médico como un galeno itinerante, adquiriendo la reputación de obrar milagros. Luego de recompensársele con una muy justa y oportuna pensión vitalicia, se estableció en Salón, entre Marsella y Aviñón, inició un negocio de cosméticos y se casó con una rica viuda que le dio seis hijos.

Ver Su Biografía

LAURENCE DE ARABIA
UN HÉROE MISTERIOSO

La fascinación ejercida por Oriente sobre los occidentales jamás fue mejor personificada que por Thomas Edward Lawrence, historiador, arqueólogo y hombre de guerra. Figura mítica, «Lawrence de Arabia» encarnó a uno de los últimos héroes románticos del siglo XX.

Que buscaba Thomas Edward Lawrence en el desierto de Arabia, en donde se lo encuentra en numerosas fotografías, oculto bajo largos velos a la manera de los beduinos? Sin duda, una redención imposible. «Dios detesta el pecado, pero ama al pecador». Esta observación de la madre de Lawrence se solía considerar a menudo como una de las claves de la personalidad del héroe, profundamente marcado por el sentido del secreto y de una fuerte culpabilidad. Esta mujer fue la ama de llaves de Thomas Chapman, aristócrata irlandés del que iba a tener cinco hijos.

En la Inglaterra victoriana, la bastardía era una tara que más valía ocultar. Lawrence viviría toda su vida con este halo de misterio. Convencido desde joven que estaba llamado a un gran destino, Thomas Edward desarrolló una verdadera pasión por la Edad Media y se identificaba con sus héroes y caballeros. Luego, sus lecturas lo llevaron al Oriente. Partió en 1909 a descubrir las fortalezas de los cruzados de Siria.

Admitido en el Jesús College de Oxford, se especializó en arquitectura militar, para luego participar en las campañas de excavaciones en el emplazamiento hitita de Karkemish, en Siria (hoy en Turquía). Al estallar la Primera Guerra Mundial,  Lawrence quiso alistarse en el ejercito de Kitchener, pero se juzgó que era más útil en la sección geográfica del Estado Mayor General.

Su trabajo consistía en actualizar los mapas del Sinaí. Sin embargo, ingresó  a partir de 1915 en el Servicio de Inteligencia británico para los asuntos árabes en El Cairo. Con un fin secreto: «fabricar una nueva nación» e influir en la política ce corona británica en Oriente.

lawrence de arabia

Lawrence de Arabia

Personaje místico consciente de edificar su leyenda, Lawrence de Arabia fue un ser atormentado, guiado por un ideal expuesto a las contingencias políticas de las que preferirá más bien huir que renegar de sus compromisos.

Ver Su Biografía

Biografia de MESALINA Esposa de Claudio Una Vida de Lujuria

BIOGRAFIA DE MESALINA
La Lujuria en Roma

Descendiente de Augusto, pues su abuela materna era hija de Octavia, hermana del emperador, creció en un, ambiente de corrupción, y esto es lo único que puede disculparla ante los ojos de los hombres. Su madre, Domicia Lépida, era, en efecto, una mujer irascible, prostituida y libertina, que acostumbró a su hija a librarse a las pasiones más desordenadas.

A los dieciséis años, hacia el 40 aproximadamente, contrajo matrimonio con Claudio, en quien nadie veía entonces al sucesor de Calígula.

El asesinato de este emperador la elevó de repente a compartir con su esposo el lugar más preeminente de Roma. Pero Claudio, que conocía sus vicios, no permitió que se la elevara a la dignidad de Augusta.

Tampoco Mesalina puso mucho empeño en ello. Prefería escandalizar la ciudad, sobrepujando en licencia a Julia, hija de Augusto, que había dejado memoria sin igual por sus excesos pasionales.

mesalina

VEAMOS SU HISTORIA DE VIDA…

En la historia casi siempre se recuerda a la sociedad romana por su libertad sexual o promiscuidad, y que a caracterizado una etapa del imperio romano conocida como Julio-Claudia, en donde personajes como Tiberio, Calígula, Claudio, Julia y Mesalina, se consideran como los grandes exponentes de la lujuria reinante en el imperio Romano.

Esa «libertad sexual» en que se vivía, no era sólo el privilegio de los gobernantes.

La presencia de esclavos y esclavas en los hogares de los grandes señores permitía que se relacionarán sexualmente y también era algo bastante conocido por todo el mundo romano.

MESALINA Vida Sexual en Roma En este caso hablaremos de Mesalina, emperatriz romana , que se supone nacida en Roma, cuyo nombre se asoció con la crueldad, la lujuria y la avaricia.

Ella era la hija de Marco Valerio Mesala Barbatus, miembro de la aristocracia tradicional de la familia de la República romana.

Se casó hace 21 años con la que el que seria luego emperador Claudio (41-48), y fue su tercera esposa.

Tuvieron dos hijos: Octavia, futura esposa de Nerón, y Británico. Su reputación entre los historiadores de la época clásica, como Tácito y Suetonio, no era el mejor.

Descrita como una mujer despiadada y ambiciosa, con una enorme influencia sobre su marido el emperador, se basó en su posición para mimar muchas personas influyentes, entre ellos Valerio Asiático y Vinicius y se hizo famosa por su promiscuidad.

La figura de Mesalina, cuyo nombre se ha empleado, justamente, para representar la falta completa de pudor en una mujer de estirpe principal. Por su ascendencia, su matrimonio y su posición social, Valeria Mesalina había de ser ejemplo de todas las virtudes; por el contrario, fue encarnación de todos los vicios y vilipendio de la corte del emperador Claudio.

Cuenta la historia que al estrechar por primera vez la mano ante éste de Claudio, la notó blanda y pegajosa y después, llegado el momento de la intimidad, la joven esposa descubriría el resto de fealdades de su esposo: su prominente cabeza calva o su enorme barriga adiposa, entre otras.

Y, no pudiendo evitarlo, cerró los ojos al sentirse abrazada. Apenas Claudio cae en un sueño profundo, Mesalina abandona el lecho a respirar el aire de la noche y pudo descubrir que el jardín se encontraba un joven esclavo  llamado Ithamar, de origen sirio. Sin dudarlo, se aproximó a él, desabrochó su túnica, y se ofreció a las caricias del muchacho. Su noche de bodas había tenido, al final, algún sentido.

Jamás se privó en ningún momento de apurar todos los placeres del sexo, destacando en sus correrías su predilección por lo que, después, se llamaría masoquismo.

En efecto, en el mismo palacio imperial, además de recibir y disfrutar de sus amantes del momento, gozaba con los azotes que recibía (y a veces propinaba) como estímulo para conseguir un aún más alto grado de culmen sensual.

No obstante, algunos nombres de sus numerosos compañeros de lecho han llegado hasta nosotros. Sin intentar hacer una lista exhaustiva, he aquí algunos: Narciso, por ejemplo, fue el amante de una sola noche, pero esas horas serían suficientes para que la Emperatriz se burlara de él y propagara ante todos su desdicha como macho, lo que provocaría en el aludido un odio casi eterno que tendría importancia en el futuro.

También se entregó a Lucio Vitelio, y tampoco le satisfizo por la excesiva humillación de éste ante ella, idolatría que evidenciaba constantemente exhibiendo ante todo el mundo una sandalia usada por Mesalina colgada de su cuello que nunca se quitaba porque aquel calzado había ceñido uno de los pies de la emperatriz.

Se interesó asimismo por Palas (y se acostó con él) por una razón tan simple y evidente como la de que era administrador de las arcas del Imperio, puesto en el que había robado tanto, que era una de las mayores fortunas de Roma.

Ya en tromba, pasaron por sus brazos un forzudo jefe de gladiadores cuyo nombre no ha quedado en los anales; Vinicio, sobrino de su marido, el Emperador; Sabino, al que se aficionó por su hermosísima cabellera y sus penetrantes perfumes; además de varios desconocidos que gozaron de la Emperatriz por hechos tan inefables como tener unos ojos de un color irresistible, porque tenían las manos calientes, por estar cubiertos de vello en todo el cuerpo o, en fin, porque eran dueños de una piel lisa y suave como el terciopelo.

Tuvo relaciones con un atractivo joven llamado Tito, un absoluto capricho de la Emperatriz que se aficionó a sus encantos y su vigor de casi adolescente.

Tenía quince años, pero el favorecido de Mesalina poseía a tan tierna edad y jactancioso, se puso a propalar por todos los lugares sus aventuras amatorias con Mesalina.

La Emperatriz, avisada por su amiga la envenenadora Locusta, preparó la pócima que impediría al quinceañero llegar a la madurez.

Deseando rodear sus aventuras galantes de una más palpable discreción, recibía a sus visitantes en una casita de las afueras que aparentemente pertenecía a su sirvienta Livia.

Fue allí donde entró en contacto con aquel primer Mnéster, que ahora descubrió que no sentía una atracción excesiva por el sexo opuesto. Sin embargo, a Mesalina no le importó compartir con el la inauguración de la casita, asumiendo el desinterés que despertaba en su visitante pero sonsacándole noticias y chismes sobre el sexo de los romanos, de lo cual estaba a la última el actor.

Aunque en una dirección diferente, Mnéster tenía fama de ser maestro en lascivias, y sería este compartido interés el que provocaría que dos seres opuestos y diferentes llegaran a ser grandes amigos y confidentes. Y, sobre todo, su nuevo amigo se convirtió muy pronto en proveedor exclusivo de carne joven para la Emperatriz. Ésta tenía la seguridad de que los envíos de Mnéster tenían garantías suficientes para satisfacer el apetito venéreo de Mesalina.

El más evidente de sus pecados será presentado a través de sus visitas a la Suburra (el barrio más miserable y peligroso de Roma), excursiones y estancias en aquel lugar que escandalizaron incluso a sus contemporáneos y que fue una idea brillante más de su consejero de placeres, Mnéster, el actor. También sería recordada en sus correrías como prostituta, ya en el escandaloso barrio romano, lugar en el que usaba en sus transacciones camales el nombre de guerra de Lysisca.

En efecto, al caer la noche, la Emperatriz abandonaba el palacio y se dirigía, oculta por una peluca y los senos apenas cubiertos por panes de oro, a un conocido lupanar donde ocupaba un aposento y recibía a los clientes. Estos la preferían, además de por su belleza, porque no exigía juventud ni apariencia, y sí tan sólo potencia viril allá donde se encontrara, aunque fuese en sucios mozos de caballos.

Por allí desfilaría toda la tropa clientelar de la hembra original, creyendo todos que poseían a su meretriz habitual. No dejó de recibir Mesalina a ninguno, y según el mismo Juvenal, cuando hubo de regresar a palacio se entristeció, al marcharse al lecho imperial aún insatisfecha.

Las noches de la Suburra eran para Mesalina un continuo ajetreo que, no obstante , no satisfacía sus necesidades, a pesar de que alguna vez fue asaltada por más de una docena de fornidos atletas a los que, ellos sí, dejó bastante satisfechos. Agradecida por este triunfo sobre el otro sexo, se dirigió a obsequiar con otras tantas coronas de mirto a Príapo, su dios tutelar.

No se ponen de acuerdo los historiadores sobre si la prostitución de la Emperatriz fue continuada o excepcional. Juvenal, Tácito y Josefo se apuntan a la primera, y Dion a la segunda. Pero sea una u otra, parece que Mesalina recibió con agrado la idea de Mnéster porque ello le iba a proporcionar el honor de imitar a una reina que era su ídolo: Cleopatra.

La Reina egipcia, durante su estancia en Roma, había visitado también aquel barrio del vicio, adonde solía trasladarse, eso sí, del brazo de Marco Antonio, al que parecía gustarle el juego. Orgullosa de su belleza y de su dominio total sobre el hombre, la esposa de Claudio decidió superar con creces a la desgraciada faraona, y saciar así de una vez el apetito voraz de su carne.

Una anécdota cuenta que en un amanecer en el que regresaba de sus aventuras de meretriz, saludó al entrar en palacio a un soldado de la guardia pretoriana que estaba de centinela preguntándole si sabía quién era ella.

El interrogado, despistadísimo, contestó que por la vestimenta, sería una prostituta de burdel. Mesalina asintió con la cabeza y preguntó al soldado cuánto dinero llevaba encima. Al responderle el soldado que sólo dos óbolos, Mesalina dijo que era suficiente, entró en la garita, y coronó su último encuentro de la noche. Una vez con los dos óbolos en la faltriquera, los guardó en una cajita de oro en recuerdo de aquel breve pero intenso encuentro.

Ya en la pendiente resbaladiza de sus caprichos, y en constante búsqueda de nuevas sensaciones, decidió un día casarse con algunos de sus amantes, por ejemplo con Cayo Silio, un joven cónsul apuesto, y varonil de familia patricia, y que estaba locamente enamorada. A su vez también germinada la idea en los nuevos esposos de organizar un complot para asesinar a Claudio y coronar a Silio como nuevo emperador.

Uno de los ayudantes del emperador se lo comunicó a Claudio, el cual vio como peligraba su corona. Organizó la represión, ordenando matar a los amantes de su mujer. El primero a Silio. Mesalina, muerta de miedo, intentó ver a su esposo ; estaba segura de que si lo veía, éste se ablandaría y volvería a perdonar, como siempre, pero se adelantó el liberto Narciso, quien dio orden a la guardia en nombre del Emperador de acabar con la vida de Mesalina, era el año 48. También otros conspiradores fueron arrestados y sentenciados a muerte y ejecutado por orden del emperador.

Los escritores romanos, Juvenal en sus Sátiras (110-130 d.C.) y Tácito en sus Anales (ca. 150 d. C.), escribieron sobre ella tratándola como un fenómeno real, cuya escandalosa vida sexual obligó a su marido a matarla.

Fuente Consultada: Los Seres Mas Crueles y Siniestros de la Historia de José M. López Ruiz

Biografia de Leonor de Aquitania Resumen de su Vida

Biografía de Leonor de Aquitania-Resumen de su Vida

En medio de las turbulentas luchas políticas y religiosas de la baja Edad Media, una hermosa mujer, Leonor de Aquitania, ocupó sucesivamente los tronos de Francia e Inglaterra. Su carácter indómito y apasionado la condujo a una azarosa vida jalonada de amores tempestuosos y de intrigas palaciegas, que influyeron notoriamente en el destino de Europa.

Biografia de Leonor de AquitaniaMuchos asocian el nombre de Leonor, duquesa de Aquitania con las famosas cortes de amor que organizó en Poitiers; otros la recuerdan como la espectadora impotente de la lucha entre su esposo, Enrique II de Inglaterra, y el arzobispo Thomas Becket.

Lo cierto es que fue una de las mujeres más hermosas, decididas y apasionadas de la Edad Media, capaz de pasarse horas discurriendo sobre cuestiones amorosas, pero también conspirando contra sus sucesivos maridos o intrigando con sus hijos para acrecentar su poder.

A los trece años, en 1135, la casaron con Luis VII de Francia, poco mayor que ella. Pero la ardorosa Leonor no encontró en el joven Luis una pasión equivalente a la suya.

Habituada a los cielos purísimos y cálidos del mediodía francés, la corte gris de los Capetos en París le parecía tan monótona como su rey.

A poco de casada, declaraba a quien quisiera oírla: «Me casé con un monje, no con un rey. Es una manzana marchita». Luis trataba de contentarla con una magra pasión, pero no lo podía conseguir.

Acaso para sacudirse la modorra de los palacios góticos, Leonor resolvió acompañar a su marido a las Cruzadas. Fueron los dos a Tierra Santa. Primero tocaron Antioquía, y allí Leonor tuvo un tierno encuentro con su tío Raimundo de Tolosa, cincuentón  apuesto y diestro en las lides galantes.

La bella reina hizo caso omiso de la presencia de su real esposo y se entregó a los recuerdos familiares y a los fuertes brazos de su tío. Luis VII, escandalizado, quiso divorciarse y confió su intención al sabio abate Suger -su consejero-, que había permanecido en París como regente. Suger lo llamó a la serenidad y observó sagazmente que si Luis se divorciaba, perdería las importantes posesiones de Áquitania.

El rey contuvo su indignación y optó por regresar a París, pues la conducta de su mujer, quizá por influjo del clima y del exotismo, distaba de ser ejemplar. Pero Leonor no era mujer de llorar por un amor perdido: en París se prendó de Godofredo Plantagenet, duque de Normandía, pasión truncada dos años después por la muerte del duque. Leonor, afligida, procuró consolarse de la súbita pérdida con el propio hijo de Godofredo, Enrique, nuevo señor de Normandía.

Aunque era siete años mayor que él, seguía siendo hermosísima. El idilio cobró ribetes escandalosos cuando Leonor quedó encinta. Luis VII, enfurecido con razón, pidió la anulación de su matrimonio aduciendo una supuesta consanguinidad. Ello permitió a la duquesa de Áquitania recuperar su antiguo título, sus posesiones y su libertad; pero por breve lapso: en 1152 se casaba con Enrique Plantagenet, que dos años más tarde había de convertirse en rey de Inglaterra y pasar a la historia como Enrique II.

REINA DEL AMOR Y DEL ODIO

Paradójicamente, Enrique era al mismo tiempo monarca inglés y subdito francés, ya que en Francia le pertenecían la Normandía y Anjou por derecho propio, y formaban parte de la dote de su esposa: Áquitania, Limousin, Gascuña y Périgord. De la unión de Leonor y Enrique nacieron ocho hijos, entre ellos Enrique, apodado «el rey joven», Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra.

Enrique II empezó pronto a tener gentilezas y ojos para otras damas. Leonor, dedicada a la crianza de sus hijos, no estaba dispuesta a aceptar un segundo puesto y atormentaba al rey con sus reproches. Además, sentía nostalgia de los suaves y coloridos paisajes de Áquitania y el Périgord.

Su marido, por su parte, afrontaba graves problemas políticos: entre otros, debía vencer la resistencia que le oponía Thomas Becket, arzobispo de Canterbury y ex amigo suyo. La contraposición del poder temporal de los monarcas y el de la Iglesia de Roma era motivo de continuos roces en toda Europa y especialmente en Inglaterra.

Leonor, que había pasado de la pasión a la indiferencia y de esta a la enemistad, intrigaba incesantemente contra su esposo.

Como consideraba que sus hijos estaban ya suficientemente crecidos como para desentenderse de ellos o como para instigarlos a conspirar, partió para Poitiers y dio realce a las cortes de amor, que alcanzaron en sus dominios un esplendor jamás conocido. En ellas se honraba, ensalzaba y servía a todas las damas, y las reuniones se dedicaban a tratar argumentos amorosos: se asignaban temas que eran desarrollados en prosa o en verso, y a veces se llevaban a cabo competencias literarias y trovadorescas en que las damas discernían premios a los contendientes.

También el real esposo de Leonor tenía preocupaciones galantes. Después de haber instigado o permitido el asesinato de Becket, huía de los remordimientos frecuentando a la hermosa y romántica Rosamunda Clifford. Había hecho construir en un bosque un laberinto en cuyo centro se alzaba la espléndida morada de la tierna Rosamunda.

Cuenta la leyenda que la irascible Leonor, enterada de la existencia de la favorita, se decidió a enfrentarla. Provista de un ovillo de lana se internó en el laberinto y, gracias a la hebra con que iba jalonando su paso, encontró a Rosamunda.

La escena debe haber sido terrible porque de ella han llegado tres versiones casi igualmente truculentas: según la primera, Leonor, presa de ira, habría hecho matar a su rival por dos brujas que había llevado consigo; de acuerdo con otra tradición, habría hecho optar a Rosamunda entre suicidarse con un puñal o con una copa de veneno; según la tercera versión, la joven habría muerto a consecuencia de la humillación padecida y de las terribles injurias y amenazas de la reina.

UNA MADRE QUE IMPONE ORDEN

Aun antes del episodio de Rosamunda, Leonor, resentida, quería herir a su esposo con lo que este más apreciaba: su poder. Así fue como acicateó a sus hijos y los convenció de que debían destituir al padre. En 1173 Luis VII organizó una confederación integrada por el conde de Flandes, el rey de Escocia y los hijos de Enrique. Su objetivo era colocar en el trono de Inglaterra a Enrique el Joven, pero se advertía claramente la mano de Leonor, moviendo los hilos de la confederación, aliada para el caso con su primer marido.

Se llegó a una guerra, pero en ella Enrique II venció a sus enemigos. Como consecuencia de la derrota de su conspiración, Leonor debió pasar dieciséis años confinada, primero en Salisbury y después en Winchester. Para una mujer como ella, era solo una espera. Sabía que sus hijos, con la excepción de Juan Sin Tierra apegado a su padre, la apoyarían.

En 1183 Enrique el Joven, Godofredo y Ricardo se aliaron con Felipe Augusto de Francia para derrocar a Enrique II; por supuesto, también esta vez Leonor estaba de por medio. Su marido derrotó nuevamente a sus enemigos y Enrique el Joven cayó en el campo de batalla. Se firmó la paz, pero las hostilidades no tardaron en estallar otra vez debido a que Enrique II no se decidía a nombrar heredero del trono a su hijo Ricardo. Esta vez: el monarca fue vencido y murió poco después.

Leonor dejó entonces^ su .confinamiento y volvió a brillar como en su ya lejana juventud. Su hijo preferido, Ricardo, era el «nuevo rey, y ella, la mujer más poderosa de Europa. Él partió para las Cruzadas y Leonor asumió la regencia.

Pero Ricardo cayó prisionero del emperador alemán, que exigía enorme rescate: aumentó los impuestos, endeudó el Tesoro, vendió propiedades. Finalmente, consiguió mediante el pago la liberación de Ricardo. La dicha de la madre duró poco, sin embargo: en 1199 cesaba de latir el «Corazón de León» a causa de una herida en combate.

Aunque Leonor se retiró entonces a un segundo plano, resurgió una vez más para concertar, ya al borde de la muerte, una boda de gran resonancia política entre Blanca de Castilla y el futuro Luis VIII de Francia.

Después de la boda se retiró a la abadía de Pontevrault, donde murió muy cerca de los paisajes que la vieran discernir los premios del amor y la poesía.

Fuente Consultada: Hombres y Mujeres Que Cambiaron al Mundo Cuadernillo Nro. 12 – Biografías Imprescindibles

Amores de Matahari Mujeres Famosas de la Historia Resumen

Amores de Matahari – Biografía
Mujeres Famosas de la Historia

Resumen Biografía de Mata Hari
Sus dotes de seducción y sus amoríos con personajes de la época a quienes frecuentaba le hicieron obtener muy pronto el éxito y la fama. Sin embargo, esas relaciones con la alta oficialidad europea durante la guerra del catorce la envolvieron en un oscuro episodio de espionaje, del que fue a la vez participante y víctima, pues su carrera mundana fue trágicamente tronchada por un pelotón de fusilamiento.

Amores de Matahari Mujeres Famosas de la Historia

Ella misma lo decía «Desde chica me fascinaron los uniformes». Y en efecto, en esos uniformes vendrían envueltas las sensaciones más intensas de su vida la boca sonriente y tibia del amante y la boca fría y letal de los fusiles apuntados a ella.

Margaretha Geertruida Zelle vino al mundo el 7 de agosto de 1876 en la ciudad holandesa de Leeuwarden. Los negocios de su padre —dueño de una próspera sombrerería- marchaban en esa época viento en popa, y Adam Zelle pudo rodear a sus hijos, Margaretha, Ari Anne, Cornelis Coenraad y Johannes, de una atmósfera suntuosa.

Desde muy niña Margaretha se destaca netamente entre las otras chicas por su belleza. En las distinguidas escuelas y colegios a los que asiste aprende lo necesario para desenvolverse en un mundo refinado y elegante, además del inglés, el alemán y otras materias elementales para una mujer culta de la época. Esta formación, sin embargo, no llega a frenar su irreprimible tendencia a pisar las candilejas: se la recordaba como la niña más atrevidamente vestida de Leeuwarden, la de los gestos más rebuscados, la que contaba historias fantasiosas, y la más descarada.

Pero en 1889 su mundo rosado se desvanece: quiebra el negocio de su padre, y este, sin abandonar su elegante sombrero de copa, su chaleco florido y su bastón, escapa a La Haya.

Incapaz de afrontar la situación, su esposa muere en 1891 y es enterrada por los vecinos, mientras Margaretha da rienda suelta a su dolor encerrándose en la casa y tocando el piano durante toda esa noche. Un tío la acoge luego en su hogar, algo cohibido ante esta sobrina audaz y deslumbrante.

PRELUDIO JAVANÉS
Pocos años después Margaretha tiene ocasión de poner en práctica lo que sería su lema de toda la vida «Más vale ser amante de un oficial pobre que de un banquero rico». Pero el oficial Rudolph McLeod no le pide que sea su amante. Él busca—y para eso ha puesto un aviso en los periódicos- esposa legítima. Entre las cartas que recibe hay una que incluye osadamente una fotografía. Cita inmediata, flechazo, declaración fulminante, como cuadra a un militar.

Y como a Margaretha no parece importarle que McLeod sea calvo, poco atractivo, sin patrimonio y veinte años mayor que ella, la boda se celebra sin dilaciones el 11 de julio de 1895.

Dos años después el matrimonio se embarca rumbo a las Indias Orientales, ya con un hijo, Norman John, a quien sigue a un año de distancia Jeanne Louise.

Se establecen en Medán, isla de Java, y allí el pequeño Norman, de dos años, muere envenenado. Unos hablan de la venganza de un subordinado de McLeod, otros de la de una niñera con la que el oficial habría tenido amoríos.
Las relaciones entre marido y mujer habían andado mal des-de el principio, y en 1902 McLeod acepta, a instancias de Margaretha, retornar a Europa. Allí, tras un nuevo intento de convivencia, el matrimonio se deshace definitivamente. El oficial se queda con Jeanne, mientras Margaretha vuelve a refugiarse en casa de su tío.

El telón caía así sobre otro capítulo de su vida, pero se iniciaban otros más dramáticos. Marcha a París, «lugar-dice-donde huyen las mujeres que se liberan de sus maridos».

NACE MATA HARI
París se hallaba entonces en el apogeo de la Belle Epoque, y el esnobismo y el gusto por lo exótico habían prendido fuertemente en la alta sociedad. Margaretha decide probar suerte, y en una muy exclusiva función de beneficencia se presenta como bailarina hindú. Para dar aliento a esta ficción posee ojos negros, cabello negro y, sobre todo, mucha imaginación.

Sus extravagantes contorsiones logran éxito inmediato y pronto se le acerca un personaje típico de la época, hombre serio o impostor, según los casos y los días. Émile Guimet es un poderoso industrial aficionado al orientalismo que ha fundado el muy valioso Museo Guimet, dedicado a las religiones de todo el mundo, y donde dan conferencias los más prestigiosos especialistas. Pero como buen hombre de negocios, sabe aprovechar la ocasión cuando se le presenta, aun a costa de la superchería.

Así es como anuncia que la bailarina «Mata Hari» (que en hindú significa «ojo del sol» u «ojo de la mañana») se presentará en el segundo piso de su Museo, para bailar «la danza de los siete velos», en un templete hindú que ha hecho traer de Asia.

Al día siguiente del debut llega la fama. Mata Hari deslumbra al «todo París», más por su audacia que por su arte, y más por sus atavíos que por la cadencia de sus movimientos. La fórmula es: sostén recamado de joyas, ancho cinturón de pedrería, pulseras con extraños signos y, sobre todo, desnudez.

Baila en los salones más aristocráticos de París, en el Trocadero y en el Olympia, en la Ópera de Montecarlo y hasta en la Scala de Milán. Europa se rinde a sus pies. Un industrial holandés lanza al mercado los cigarrillos »Mata Hari» y ella aplaude esta oportuna publicidad.

AMORES MARCIALES
Pero la danza hindú no acapara todo su tiempo. Otro uniforme surge en su vida: el de un noble alemán, oficial de alta graduación del Regimiento de Húsares de Westfalia. Von Kiepert alquila para su amante un suntuoso piso en la Nachosstrasse, en Berlín, y ella lo acompaña a las maniobras del ejército en Silesia. Entre tanto derrocha dinero a manos llenas, frecuenta los lugares más selectos y se relaciona con multitud de artistas, políticos, hombres de negocios y, por supuesto, militares.

Sin embargo, la guerra se encarga de trastornar sus vínculos cosmopolitas. En 1914 se refugia en Holanda, donde vuelve a bailar con gran éxito de crítica y de público. Allí encuentra también a otro oficial que la sostiene durante años con suculentos cheques.

Pero Holanda no era escenario apropiado para Mata Hari. En 1916 resuelve marcharse a París pasando primero por Londres. Pero Sotland Yard desconfía ya de esta bailarina con tantos amigos políticos y militares de diversas nacionalidades y no le concede la visa. Es el primer anuncio de la tormenta.

LA BELLA Y LOS FUSILES
Lo que la lleva a Francia es, más que nada, la presencia en ese país de Vadim de Massloff, oficial ruso, sin duda el hombre a quien más amó, y que se encuentra en Vittel, en los Vosgos, a la sazón zona militar.

Para llegar hasta allí debe entrevistarse con el capitán Ledoux, jefe del Servicio de Inteligencia francés, quien tiene que darle autorización para que se reúna con su amado.

Quiso su destino fatal que Ledoux, por sugerencia de Scotland Yard, ya la estuviera vigilando desde un año atrás. Astutamente, le propone «cooperar con Francia», y Mata Hari acepta, a cambio del permiso para pasar dos semanas entre los fuertes brazos del ruso, y de un millón de francos, que serán su dote para casarse con él. Su primera y única misión se desarrolla en Madrid, donde seduce con facilidad al agregado militar de la embajada alemana, quien no tarda en revelarle importantes secretos militares.

Regresa a Francia con su botín para reunirse con su amado, pero una orden de arresto la arranca brutalmente de su embeleso. Acusada de espía, es conducida a la prisión de Saint-Lazare. Siguen siendo oscuros los motivos que impulsaron a Ledoux a denunciar a su propia agente. En todo caso, Mata Hari era inocente.

Pero había tenido demasiados contactos con militares de demasiados países. Las pruebas estaban en su contra, y el 18 de octubre de 1917 Mata Hari debe enfrentar el pelotón de fusilamiento en el cuartel de Vincennes. Ni siquiera en esta ocasión descuidó su apariencia: zapatos de taco alto, pesado kimono de seda, amplia capa de terciopelo negro orlada con piel, sombrero de fieltro de ala ancha. Afrontó los fusiles sin vendaje, y después de la descarga, con el corazón destrozado, cayó con postrera elegancia.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Matahari Biografia Bailarina y Espia Alemana Vida Gran Amante

LA VIDA DE MATAHARI-ESPÍA ALEMANA

Margaretha Geertruida Zelle (Leeuwarden, Países Bajos, 7 de agosto de 1876 – 15 de octubre de 1917), fue una famosa bailarina destriptease, condenada a muerte por espionaje y ejecutada durante la I Guerra Mundial (1914-1918).

En Julio de 1917, casi al final de la Primera Guerra Mundial, Margaretha Geertruida Zelle, alias «Mata-Hari», fue procesada ante un tribunal militar en París, la acusaban de haber entregado secretos militares franceses a Alemania, tan vitales que habían costado la vida de no menos de 50000 franceses.VIDA DE MATAHARI

En las audiencias se reveló una historia sensacional de sexo y espionaje, de modo que las angustiadas declaraciones de inocencia de Margaretha cayeron en oídos sordos. El tribunal no vaciló en declararla culpable y sentenciarla a muerte ante un pelotón de fusilamiento.

Bailar en el peligro Sin embargo, la vida real de Margaretha hace pensar que fue una inofensiva y desconcertada victima de las circunstancias más que una peligrosa espía. Nacida en Holanda en 1876, se casó a los 19 años con un oficial del ejército holandés y vivió algún tiempo en Java y Sumatra.

En 1905, de nuevo en Europa y ya divorciada, emprendió la carrera de bailarina oriental, primero bajo el nombre de Lady MacLeod y después como Mata-Hari, expresión malaya que significa “el ojo del día”. Pronto se hizo famosa en todo el continente, no tanto por la calidad de su danza como por su disposición a presentarse semidesnuda en el escenario.

Tuvo una serie de amantes de varias nacionalidades en los más altos círculos políticos y militares, incluido el príncipe Guillermo, heredero al trono alemán. Después de que estalló la guerra en 1914, sus contactos internacionales la hacían un blanco tentador para los jefes del alto espionaje en busca de agentes. En aquel entonces pasaba apuros, de modo que aceptó dinero de los servicios de inteligencia alemán y francés.

Empero, resultó inútil como agente secreto. No hay pruebas de que uno u otro bandos hayan obtenido de ella información provechosa. Finalmente, cansados de pagar por nada, los alemanes permitieron deliberadamente que los franceses descubrieran su duplicidad.

Pese a que apelaron en su favor algunos de los franceses más influyentes, muchos de ellos ex amantes suyos, Mata-Hari fue ejecutada en Vincennes el 15 de octubre de 1917. Su comportamiento indiferente ante la muerte acrecentó la leyenda de Mata-Hari. Lascivos periodistas resaltaron las medias de seda negras y la capa de piel en cuyo uso insistió para la ejecución. Se rehusó a que le vendaran los ojos, por lo que se difundió el rumor de que creía que uno de sus amantes acaudalados había ordenado que se cargaran los rifles con cartuchos de salva.

Las Ultimas Horas de Mata-Hari

El 15 de octubre de 1917, Mata Han apareció vestida con primor y se negó a que le vendaran los ojos. Antes de que el pelotón disparara, la «princesa javanesa» agitó la mano para despedirse de los soldados. Otra versión asegura que sólo iba cubierta con un abrigo, del que se despojó en el último momento. Lo cierto es que del pelotón 1c doce soldados, sólo cuatro alcanzaron su bonito cuerpo.

Hasta pon antes del fusilamiento, Mata Hari creyó que el presidente de la República le concederla el indulto. Siempre optó por la huida hacia adelante; incluso en esa situación desesperada no perdió la compostura.  Fue amada por muchos y repudiada en los momentos difíciles por aquellos que besaban el suelo que pisaba. Ella, por su parte, es muy posible que odiara a todos los hombres, a pesar de haber obtenido de elle cuanto quería en beneficio propio.

Es difícil dilucidar hasta qué  punto esta princesa javanesa llegó a disfrutar en sus relaciones sexual, ya que, como dice Irving Wallace, su vida amorosa siempre estuvo imbricada en su trabajo. Ella misma decía de sus dotes de bailarines «Nunca supe bailar bien. La gente acudía a verme porque fui  la primera que se atrevió a exhibirse desnuda en público».  Murió con cuarenta y un años.

 El cadáver, ya que nadie lo reclamó, fue entregado a los estudiantes de medicina para que fuera objeto de aprendizaje en la facultad. En aquella época, los criminales y delincuentes ajusticiados eran utilizados en las clases de anatomía. Su cabeza, embalsamada,  permaneció hasta 1958 en el Museo de Criminales de Francia hasta que desapareció, seguramente hurtada por algún admirador con gustos necrófilos.

Es evidente que pocas mujeres han despertado tantas y tan desgarradoras pasiones, así como sembrado tantos y tan contradictorios misterios. Bailarina exótica, no especialmente dotada para la armonía y el movimiento, mentirosa compulsiva, seductora de todo un batallón de hombres, espía (si lo fue) no muy ortodoxa y capaz de venderse al mejor postor. Todo esto es cierto, pero también que sus dotes de seducción, su cuerpo desnudo, contorsionándose con mayor o menor gracejo, atrajo a multitud de hombres que ella, con su magnetismo innato, supo convertir en unos tontos.

Hoy en día, la tesis más aceptada es que, aunque Mata Han pudo informar sobre ciertos movimientos alemanes y/o franceses, éstos fueron siempre datos irrelevantes, debido a la nula preparación de la «musa» como espía. Lo curioso es que en la actualidad sigue representando la imagen del espionaje, cuando en realidad fue la antítesis de esta profesión, ya que, para un espía, la primera regla es la discreción; característica que esta mujer jamás contempló como posible, ya que ella fue hacia donde todas las miradas se dirigían.

AMPLIACIÓN DE ESTE TEMA: VIDA DE MATAHARI

Sus dotes de seducción y sus amoríos con personajes de la época a quienes frecuentaba le hicieron obtener muy pronto el éxito y la fama. Sin embargo, esas relaciones con la alta oficialidad europea durante la guerra del catorce la envolvieron en un oscuro episodio de espionaje, del que fue a la vez participante y víctima, pues su carrera mundana fue trágicamente tronchada por un pelotón de fusilamiento.

Ella misma lo decía «Desde chica me fascinaron los uniformes». Y en efecto, en esos uniformes vendrían envueltas las sensaciones más intensas de su vida la boca sonriente y tibia del amante y la boca fría y letal de los fusiles apuntados a ella.

Margaretha Geertruida Zelle vino al mundo el 7 de agosto de 1876 en la ciudad holandesa de Leeuwarden. Los negocios de su padre —dueño de una próspera sombrerería- marchaban en esa época viento en popa, y Adam Zelle pudo rodear a sus hijos, Margaretha, Ari Anne, Cornelis Coenraad y Johannes, de una atmósfera suntuosa.

Desde muy niña Margaretha se destaca netamente entre las otras chicas por su belleza.

En las distinguidas escuelas y colegios a los que asiste aprende lo necesario para desenvolverse en un mundo refinado y elegante, además del inglés, el alemán y otras materias elementales para una mujer culta de la época.

Esta formación, sin embargo, no llega a frenar su irreprimible tendencia a pisar las candilejas: se la recordaba como la niña más atrevidamente vestida de Leeuwarden, la de los gestos más rebuscados, la que contaba historias fantasiosas, y la más descarada.

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Fuente Consultada: Sabias que…? y Sexoadictas o Amantes

grandes amantes

Biografia de Mariquita Sanchez Resumen de su Vida Tertulias Colonial

Biografía de Mariquita Sánchez

Resumen Biografía de Mariquita Sánchez
Caracterizada representante femenina del sector político que se oponía al gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas, Mariquita Sánchez brilló durante décadas en la sociedad argentina, que frecuentaba complacida las tertulias que realizaba en su célebre salón. Siempre sostuvo firmes ideas acerca de la educación de la mujer, y su personalidad sintetiza una mentalidad y una época.

Rodeado por una servidumbre regocijada, ese 1° de noviembre de 1786 don Cecilio Sánchez de Velazco plantaba un naranjo en el vasto patio de su caserón de la calle Empedrado.

Desde una de las habitaciones que daban a la galería podía escucharse el lloriqueo de un bebé. Magdalena Trillo y Cárdenas acababa de dar a luz una niña, y el árbol habría de dar frutos a la recién nacida a lo largo de su dilatada existencia.

María de los Santos llegaba al mundo en calidad de hija de un hombre cuyos títulos de nobleza se remontaban al siglo XV, y que en Buenos Aires, por entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, había desempeñado y desempeñaba importantes cargos militares y civiles.

Era el padre de María un entendido en cuestiones de buen gusto y de etiqueta, y las engoladas y ceremoniosas tertulias que celebraban los Sánchez de Velazco fueron la escuela de sociedad en la que se diplomó la niña Mariquita.

En 1801 conoció la muchacha a don Martín Thompson y López Cárdenas, joven y distinguido marino, y aunque de inmediato ambos se eligieron para matrimonio debieron superar la oposición de los padres de ella, que tenían su propio candidato. Ni siquiera la muerte de don Cecilio, en 1804, logró disipar ese obstáculo, por lo que ese mismo año la tenaz Mariquita inició juicio de disenso. El virrey Sobremonte le otorgó de oficio el consentimiento requerido, y al año siguiente pudo por fin contraer matrimonio con Martín.

LAS TERTULIAS
Durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 los Thompson tomaron parte activa en la defensa de Buenos Aires, y cuando la Revolución de Mayo, Martín fue uno de los ciudadanos distinguidos que votaron en el Cabildo. Mariquita, que ya tenía dos hijos, confeccionó con sus propias manos escarapelas para las tropas libertadoras, e incluso organizó colectas de dinero y de armas.

Por entonces ya tenía su salón abierto y en sus tertulias, no solo se escuchaba el rumor de las risas y las conversaciones, la música alegre del baile y las canciones, sino también solemnes coros protestantes. Uno de ellos, ejecutado en el piano por Martín, que era músico aficionado, inspiró a Blas Parera en 1813 la música del Himno Nacional Argentino.

En 1816 Thompson fue enviado en misión especial ante el gobierno de los Estados Unidos de América, y mientras se hallaba cumpliendo su cometido falleció. Dejaba una viuda con cinco hijos: Clementina. nacida en 1807; Juan, en 1809; Magdalena, en 1811; Florencia, en 1812, y Albina, en 1815.

Durante su período de luto, Mariquita conservó el círculo de amistades y se ocupó de administrar sus cuantiosos intereses. En esta tarea la ayudó muchas veces el poeta Juan Cruz Várela, uno de sus más íntimos amigos.

Pero Mariquita comprendía que sus hijos pequeños necesitaban un padre, y por eso, cuando en 1818 recibió propuesta de matrimonio por parte de Washington de Mandeville -joven aristócrata francés que había huido de su patria a causa de un duelo- la consideró seriamente y terminó por aceptarla.

El 24 de abril de 1820, un año después de la boda, Mariquita reabrió su salón, donde brillaba por sus dotes de simpatía, cultura y refinamiento. La tertulia de Madame de Mandeville pronto se convirtió en lugar de visita obligado para todos los extranjeros que pasaban por Buenos Aires, sobre todo desde que su esposo fue nombrado cónsul general de Francia en esa ciudad.

LA BENÉFICA SOCIEDAD
Aunque su salón tuvo siempre un serio rival en el de los Escalada, estos son los años de mayor triunfo mundano de Mariquita. Sus amigos, los partidarios de Bernardino Rivadavia, están en el poder, y no solo se la mima y agasaja en su propia tertulia sino también en reuniones artísticas, como las de la Sociedad Filarmónica.

Pero estas actividades no la absorbían por completo. Periódicamente trabajaba con Rivadavia para concretar la fundación de la Sociedad de Beneficencia, bajo cuya dirección habrían de quedar el Hospital, la Cárcel de Mujeres, la Casa de Expósitos y todas las escuelas de niñas de la ciudad y la campaña.

Compartía con Rivadavia el ideal de la educación de la mujer, y por eso hacen traducir en 1823 un folleto titulado Manual para las escuelas elementales de niñas, o Resumen de la enseñanza mutua aplicada a la lectura, escritura, cálculo y costura, por Mme. Quignon. La ortografía y la sintaxis de la propia Mariquita dejaban algo que desear, pero su energía y su entusiasmo justificaron su puesto de secretaria de la benéfica sociedad, y en 1828 el de presidenta.

«PORQUE TE TENGO MIEDO, JUAN MANUEL»
En 1830 el rey Luis Felipe de Francia decidió reemplazar a Mandeville y enviar a M. de laForest como encargado de negocios y cónsul general en Buenos Aires. Pero como esta designación se había hecho sin consultar la voluntad de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Manuel de Rosas -gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de todas las provincias- se negó a reconocerlo. A instigación de su marido, leal a su monarca, Mariquita le escribió a Rosas para que modificara su decisión, a lo que este contestó preguntando si le había escrito «una americana o una francesa».

La respuesta de Mariquita deja bien en claro su punto de vista: «Te diré que, desde que estoy unida a un francés, he servido a mi país con más celo y entusiasmo, y lo haré siempre del mismo modo, a no ser que se ponga en oposición de la Francia, pues en tal caso seré francesa, porque mi marido es francés y está al servicio de su nación».

Ante la actitud del gobierno argentino, y con su aprobación, Francia envió en calidad de cónsul al marqués deVins de Paysac, y Mandeville partió de regreso a Francia. Nunca más volvería a ver a su esposa.

Curiosamente, desde el primer momento el marqués se sintió sometido a «las más negras intrigas y maquinaciones diabólicas de parte de una mujer que se muere de rabia por no haber podido conservar para su marido el consulado de Buenos Aires», hasta el punto de llegar a temer por su vida. El asunto se hizo público, y mucho más cuando en junio de 1836 el marqués falleció. Esto obligó a Mariquita a escribir al gobierno una carta desmintiendo las murmuraciones y pidiendo una investigación. Esta se hizo, y si bien la autopsia del marqués reveló que había muerto de apoplejía fulminante, los rumores continuaron manchando la reputación de Madame de Mandeviile.

Mariquita decide entonces exiliarse en Montevideo, y cuando el barco está próximo a partir recibe una misiva de Rosas, quien le pregunta por qué se marcha. Ella le responde escuetamente: «Porque te tengo miedo, Juan Manuel».

VUELTA AL HOGAR
En 1837, sin embargo, regresó a Buenos Aires, y desde entonces hasta 1854 alterna las estadías entre esta ciudad y Montevideo sin ser molestada en ningún momento, a pesar de su notorio antirrosismo. Cada vez que regresaba a Buenos Aires reabría su salón, y allí cultivaba la amistad de los adversarios de Rosas.

En 1852, ya caído Rosas, es nombrada vocal de la Sociedad de Beneficencia. En sus actividades como tal llega a chocar con su amigo Domingo Faustino Sarmiento, quien desde 1857 era Director de Escuelas, pues sostienen ideas divergentes sobre la educación de las mujeres.

La actividad de Mariquita en la Sociedad de Beneficencia se mantuvo hasta 1867, cuando sus fuerzas empezaron a flaquear. Ninguna enfermedad la aquejaba, pero falleció el 23 de octubre de 1868, rodeada de sus familiares, entre los que se contaba algún bisnieto. Murió en la misma alcoba que la había visto nacer, aromada por aquel naranjo plantado por su padre en 1786.

Fuente Consultada: Hombres y Mujeres Que Cambiaron al Mundo Cuadernillo Nro. 12 – Biografías Imprescindibles

Biografia de Norma Jeane Mortenson Resumen

Biografía de Norma Jean Mortenson

Resumen Biografía de Norma Jean Mortenson
Todas las hadas malignas se congregaron alrededor de su cuna: la locura, la ilegitimidad, la ignorancia, la pobreza. Aun así, Marilyn logró superar muchas de las limitaciones que le fueron impuestas por su origen y su ambiente; pero aunque llegó a ser envidiada, admirada y rica, no pudo realizar su sueño: tener un hijo.Biografia de Norma Jean Mortenson

De origen humilde y carácter tímido, pero dueña de una figura extraordinariamente sensual y un rostro perfecto, Norma Jean Baker logró convertirse en uno de los mitos eróticos más célebres del siglo XX, condición que le permitió acumular gloria y fama bajo el nombre que le impuso «un cazador de talentos» apenas empezó a escalar los peldaños de la fama: Marilyn Monroe.

Los miedos y las inseguridades que la acosaban le labraron, sin embargo, un infierno de frustraciones y de soledad del que acabó por evadirse, voluntaria o accidentalmente, por el mortal trampolín de los barbitúricos.

Su historia empezó el 1° de junio de 1926 en Los Angeles (California), y estuvo signada desde el comienzo por la ilegitimidad y la locura. Hija de padre desconocido, desde muy temprano debió afrontar el desamparo y la falta de afecto: en 1931, su madre, aquejada de una enfermedad mental hereditaria, debió ser recluida para siempre en un manicomio.

Desde ese momento la niña quedó bajo la tutela estatal y fue alojada en el Orfelinato del Condado de Los Angeles, institución que de vez en cuando la confiaba a familias que percibían veinte dólares mensuales por albergar y alimentar a criaturas huérfanas o abandonadas. Eran tiempos de crisis, y el oficio de padres adoptivos proveía de ciertos recursos a algunas familias venidas a menos.

El deambular entre el orfanato y los hogares postizos concluyó en 1938, cuando un matrimonio de apellido Goddard la adoptó formalmente. Pocos años después, Norma Jean alcanzó su talla definitiva (un metro sesenta y tres) y se transformó precozmente en una hermosa mujer de largo pelo rubio, capaz de despertar el creciente interés de los jóvenes.

Uno de ellos, de dieciocho años, no vaciló en proponerle casamiento, y fue así como el 19 de junio de 1942, seis meses después de que la segunda guerra mundial comenzara para Estados Unidos, Norma Jean Baker, que acababa de cumplir dieciséis años, se convirtió en la señora de James Dougherty, obrero de una fábrica de armamentos.

Seis meses después el amor dejaba lugar a la indiferencia. James se enroló en la marina de guerra y los azares de la guerra lo llevaron al frente. Norma Jean, por su parte, comenzó a trabajar en una fábrica de para-caídas donde conoció a un fotógrafo que la indujo a probar suerte como modelo publicitaria.

La muchacha, como tantas otras jóvenes norteamericanas, y especialmente de la zona de Los Angeles, aspiraba a ser estrella de cine y vio la propuesta con muy buenos ojos. Su imagen no tardó en aparecer en Pie, Click, Laugh, Sir, revistas acostumbradas a conjugar puritanamente lo erótico y lo pornográfico.

Como corolario de su nueva actividad, en octubre de 1946 (sesenta días antes de divorciarse) obtuvo un pequeño contrato de la poderosa empresa cinematográfica Twentieth Century Fox, uno de cuyos directivos, Ben Lyon, la convenció de que adoptara el seudónimo de Marilyn Monroe.

EN LA FABRICA DE LOS SUEÑOS
Los papeles que en cumplimiento del contrato le confió la Fox no pasaron de fugaces apariciones en Tormentas de odio y Juventud en peligro. De nada le valió, tampoco, intervenir en Las chicas del coro, producción del sello Columbia. En mayo de 1948 Marilyn Monroe se encontró sin trabajo y sin dinero. Decidió entonces retornar a la publicidad, y a cambio de cincuenta dólares se avino a posar desnuda, sobre un fondo de terciopelo rojo, para un almanaque. Otras fotografías por ese estilo le permitieron, aunque a duras penas, subsistir durante 1949.

A principios de 1950 fue incorporada al reparto de Locos de atar, película con que los hermanos Marx se despidieron del cine. Para ella, en cambio, fue el comienzo de una etapa de intensa actividad; antes de que concluyera 1951 había intervenido en otros nueve filmes: Mujer al fin, Mientras la ciudad duerme, La malvada, Fama sin gloria, El águila y la serpiente, Hometown story («Cuento del pueblo natal»), As young as you feel («Tan joven como te sientas») -estas dos no estrenadas—, Viudas adorables y Me jugué mi mujer. Este conjunto de títulos le sirvió de pasaporte para su primer papel importante: Tempestad de pasiones, que data de principios de 1952; su nombre figuró inmediatamente después del de los protagonistas.

Simultáneamente se publicó el almanaque para el que había posado desnuda, de manera que la aureola del escándalo sirvió para publicitar sus siguientes trabajos: Travesuras entre matrimonios, Almas desesperadas, Vitaminas para el amor y Lágrimas y risas.

Hacia el final de ese año conoció a Joe Di Maggio y se enamoró enseguida de ese ex astro del béisbol que no se cansaba de hablar de su familia, de sus ocho hermanos y de lo hermoso que es tener una parentela numerosa. En 1953 alcanzó el estrellato absoluto en Torrente pasional, cuya producción costó un millón de dólares pero rindió seis veces esa suma. Tan estruendoso triunfo personal se reiteró con Los caballeros las prefieren rubias y Cómo pescar un millonario.

Alborozada como una chiquilla, el 1° de enero de 1954 contrajo enlace con Di Maggio: sin embargo, nueve meses después anunció con tristeza la terminación de su matrimonio. Entre ambas fechas protagonizó Almas perdidas. Después del divorcio, en un esfuerzo por superar la postración en que había quedado sumida, filmó El mundo de la fantasía. A esa altura de su carrera, Marilyn Monroe ya se había convertido en la viva encarnación del sex-appeal, en una vestal erótica contemplada codiciosamente por millones de hombres.

Su figura sensual asomaba, desnuda o semidesnuda, en fotografías que adornaban piezas de solteros, lugares de trabajo y cualquier sitio donde predominara la presencia masculina, y su cuerpo voluptuoso se consagró como prototipo de la perfección femenina.

La desmesura del éxito cinematográfico, acompañado, no obstante, de su segundo fracaso sentimental, exacerbaron los defectos y las debilidades de Marilyn, que se sintió más aislada, más rechazada que nunca; a partir de ese momento y cada vez con mayor frecuencia, agravió a sus compañeros de tareas con arranques temperamentales, faltas de puntualidad y desconsideración. Convencida de que nadie la estimaba, se dejó abrumar por la melancolía y la depresión, y contrajo el hábito de tomar somníferos para conciliar el sueño.

HASTA LA CAÍDA
Toda su labor de 1955 se resumió en el film La comezón del séptimo año. Aunque el director , Billy Wilder se mostraba paciente y paternal con ella, Marilyn desde el primer día comenzó a hacer que todo marchara mal: llegaba tarde a las filmaciones, no saludaba a nadie, se enojaba por cualquier motivo. Por entonces unos amigos le presentaron a Arthur Miller, el dramaturgo que ya se había consagrado con La muerte de un viajante y Todos eran mis hijos. Fascinada por la inteligencia del escritor, asombrada de la cultura de ese hombre alto y de exterior severo que la trataba como si ella fuera su igual, Marilyn no vaciló en responderle afirmativamente cuando él le propuso que se casaran.

La boda se efectuó el 29 de junio de 1959. El divorcio sobrevino al cabo de cuatro años y cuatro meses. En ese lapso Marilyn protagonizó Nunca fui santa (1956), El príncipe y la corista (1957), Una eva y dos adanes (1959), La adorable pecadora y Los inadaptados (basada esta en un guión de Miller). El 11 de noviembre de 1960, al anunciar su tercer fracaso conyugal, Marilyn manifestó que en el escritor famoso solo había hallado a un hombre egoísta, indiferente a cuanto no fuera él mismo y su obra.

El derrumbe interior de Marilyn fue total. Jaqueada por el temor a la locura, defraudada (como consecuencia de abortos espontáneos) en sus aspiraciones de ser madre, insatisfecha con sus películas, vapuleada por los críticos que la juzgaban «un montón de carne» sin inteligencia y que la zaherían cuando manifestaba deseos de interpretar a alguna heroína de Dostoievsky, el 8 de febrero de 1961 se internó en una clínica psiquiátrica para someterse a una cura de sueño.

El 5 de marzo regresó a su hogar y el 22 de mayo empezó a filmar Something’s got to give (Algo tiene que reventar), producción en la que habría de mostrarse completamente desnuda. Pero al cabo de unos días dejó de concurrir a los estudios.

El 21 dejunio la empresa productora resolvió interrumpir definitivamente el rodaje.
El sábado 4 de agosto de 1961 fue el último día de su vida. La certidumbre de haberse quedado irremisiblemente gola impulsó a Marilyn a tomar una dosis de somníferos superior a la habitual: el suicidio le pareció el único camino apto para aliviar su terrible angustia.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de Maria Graham Resumen Bailarina de la Danza Moderna

Biografía de María Graham Resumen
Bailarina de la Danza

Martha Graham
Al principio la sostuvo su fuerte vocación, que le permitió vencer la oposición familiar y sobreponerse al escaso apoyo de su primera maestra. Su talento y creatividad impulsaron una revolución que renovó las técnicas de la danza, sentó las bases de un nuevo estilo y la consagró como una de las grandes bailarinas del siglo XX.Biografia de Maria Graham Resumen Bailarina de la Danza

Representaba a la décima generación norteamericana surgida de un grupo de inmigrantes escoceses e irlandeses instalados en Nueva Inglaterra, y fueron muchos los obstáculos que debió vencer Martha Graham, nacida en Pittsburgh, Pensilvania, en 1893, antes de convertirse en la bailarina que mejor expresara con su arte el espíritu de la sociedad norteamericana.

La primera -y más tenaz- oposición que tuvo que vencer fue la de su padre, un severo médico presbiteriano especializado en enfermedades mentales, que no vio con buenos ojos los propósitos de su hija de dedicarse a la danza.

La propia Martha recuerda en sus Memorias las palabras del doctor Graham, quien expresó en una oportunidad:»Los movimientos nunca mienten». Ella era una niña pero no se le escapó el significado de la ambigua frase: aludía, obviamente, a las connotaciones equívocas que para sus rígidos conceptos morales tenían las evoluciones de una bailarina en el escenario.

Pero de su padre también aprendió otras cosas, entre ellas la posibilidad de interesarse por los móviles íntimos que impulsaban a los seres humanos. Y en la soleada Santa Bárbara, en California, a donde se trasladó su familia cuando ella era todavía adolescente, desarrolló su amor por la naturaleza.

La primera vez que asistió a un espectáculo de danza fue en Los Ángeles, en 1911, a los 17 años, acompañada naturalmente por su familia; los exóticos movimientos de Ruth St. Denis, le llenaron el alma de sueños patéticos.

A la muerte de su padre pudo consagrarse a la danza e ingresó en la escuela Denishawn, formada precisamente por Ruth St. Denis y su marido, Ted Shawn, grandes pioneros de la danza norteamericana. Tenía entonces 22 años y todo en contra: su edad, su rostro, su cuerpo –demasiado pesado– e incluso la misma Ruth St. Denis, quien no la estimaba como a una discípula dilecta.

Sin embargo, una llama refulgía en el interior de Martha y era imposible no distinguirla. Shawn la llamó «hermosa y salvaje pantera negra». El primer ballet que compuso para ella, «Xóchitl«, en 1920, fue exactamente el vehículo para crear una anti-Denishawn. Marta Graham trabajaba desde un pasado que desconocía hacia un futuro que debía inventar. En la escuela Denishawn había captado la herencia dejada por Francois Delsartebailarín francés del siglo pasado– y aunque formaba parte de la compañía, ansiaba que su danza fuera un mensaje de su época y el espejo del hombre contemporáneo; quería afirmar la vida a través del movimiento.

En ese propósito resultó de gran ayuda el compositor Louis Horst, director musical de la escuela, a quien conoció en esa época. Bajo su influencia pudo expresar las sensaciones de novedad que la impulsaban. Si Martha Graham es la madre de la danza moderna, buena parte de ello se debe justamente a Horst.

El compositor la alentó además a formar su propio grupo. Hablaron mucho y, sin duda, se amaron mucho. Porque en sus Memorias, Martha Graham confiesa una relación intensa y ardiente, el único tipo de contacto que, por otra parte, podía mantener con la gente. Horst compuso para ella, que no creía en las músicas escritas y aceptadas por todo el mundo, varias partituras tales como «Misterios» (1931), «El penitente» (1940).

En 1924 Martha hace algunas experiencias en Broadway y actúa en las Ziegfield Follies. En 1926 Nueva York le da la oportunidad de crear su propio grupo. En Denishawn había aprendido no solo a enlazar el gesto y el espíritu, sino el arte de la descomposición elemental de los movimientos: era el resultado de una perfecta coordinación muscular que le permitía dominar el equilibrio en las caídas «suaves».

También la ciencia de respirar, que guía el gesto y gobierna la contracción y la relajación partiendo de un impulso central. Allí concentra Martha sus esfuerzos, en la respiración, que transforma en la base de su técnica, incorporada incluso hoy a la danza clásica. Su grupo, formado por completo en sus enseñanzas, constituye el mejor ejemplo de su método revolucionario.

Es imposible permanecer frío ante la extraordinaria seguridad de sus bailarines, dueños de un ajuste muscular que en el más leve movimiento de la mano o del pie hace intervenir al cuerpo entero, inmóvil pero presente. Hasta la inmovilidad se controla: los músculos se relajan pero no se abandonan nunca. No más rupturas entre el artista y el espacio, entre el cuerpo y el piso, que sirve de barra en los ejercicios cotidianos.

Los saltos no descienden agresivamente sobre la tierra: el bailarín parece jugar y rebota en ella para conquistar mejor el aire. Las caídas no son tales: poseen una inercia tan peculiar y estudiada que le otorga al cuerpo la posibilidad de detenerse haciendo equilibrios inimaginables para emprender enseguida un nuevo destino. Lo más importante es que la danza de Martha es el teatro mismo; más que movimientos, siempre deseó transmitir ese gran misterio dramático que se forma entre los bailarines y los espectadores.

En 1931 comienza, a raíz de un viaje que efectúa con Louis Horst hacia las zonas indígenas del sudoeste, su período americano. Es la época de «Fronteras» (1935), «Documento americano» (1938) y «Carta al mundo» (1940), una inmortal evocación de la poeta norteamericana Emily Dickinson, que culmina con «Primavera apalache» de 1944, a la que puso música el compositor Aaron Copland.

Durante la segunda Guerra Mundial Martha Graham forma una compañía y una escuela: allí se forja una legendaria lista de bailarines entre los cuales se encuentran Erik Hawkins, Merce Cunníngham, Paul Taylor, Jean Erdman, Pearl Lang y Anna Sokolow.

Erik Hawkins no pasa inadvertido para la profesora: baila en muchas danzas que compone para ambos y Martha protagoniza con él otro importante episodio de su vida sentimental. Luego de una intensa vinculación artística y personal se casan y más tarde se divorcian. Erik, quince años más joven que Martha, comparte con ella la necesidad de mantener relaciones tempestuosas y profundas. Cada uno de sus discípulos -incluyendo a Hawkins- formará a su vez otra compañía, difundiendo lo que dio en llamarse «la técnica Graham», si así puede denominarse a esta forma diferente de utilizar el cuerpo y el escenario como si este fuera una fuente de energía y no una plataforma.

En 1945, Martha Graham cambia nuevamente su dirección creadora: se interna en la raíz del mito —druídico, hebraico y, sobre todo, griego-. Recrea una sucesión de heroínas trágicas como Medea, Yocasta, Judith, Ariadna, Fedra, alcanzando el apogeo en 1958 con «Clitemnestra«, quizá la más valiosa de sus creaciones. Es que en ellas, como en todas sus coreografías, el argumento importa mucho menos que los sentimientos que se desprenden del espectáculo, en el que la heroína puede ser varias mujeres a la vez y el héroe o el coro, el testimonio de la raza humana.

«Hubiera querido tener hijos pero me advirtieron del peligro que corría mi salud», declaró Martha en cierta oportunidad. En 1975, con más de 80 años de edad, parece de pronto que tuviera ocho siglos y adquiere a veces la inocencia de una niña. Manteniéndose fiel a la enseñanza presbiteriana de su padre toma como verdades de su vida algunos salmos del Evangelio.

Recorrió el mundo entero con su compañía, cada vez renovada, y compuso más de doscientos trabajos. Todos los medios materiales se le han puesto a su disposición. Es doctor Honoris Causa de la Universidad de Harvard, posee subvenciones estatales y particulares para llevar adelante sus empresas artísticas. Año a año realiza una presentación en Nueva York, generalmente en el teatro de la calle 54. El público, como siempre, la considera genial, anticonformista, inventiva; acompañada por los mejores plásticos de la actualidad, emociona por su clasicismo del futuro. Vive en su propia escuela de Nueva York misteriosamente eterna, alejada y sola.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Biografia de Maria Antonieta Mujer de Luis XV Rey Francia (301)

Biografía de María Antonieta Mujer de Luis XVI

Carlota CordayFlorence Nightingale
Ana FrankMaría Antonieta

Resumen Biografía de María Antonieta: Nacida para reina, gozó hasta el fin la vida despreocupada y frívola de la corte. Sin embargo, amargos sinsabores y un desenlace trágico la aguardaban luego del 14 de julio de 1789: al descrédito sucedió el encarcelamiento hasta culminar en la guillotina.Biografia de Maria Antonieta Mujer de Luis XV

«Celebrada por unos y vilipendiada por otros hasta la calumnia, la encantadora y frívola María Antonieta tuvo un destino tan brillante en sus primeros tramos como trágico en su desenlace. Nacida en Viena el 2 de noviembre de 1755, hija de los emperadores austríacos Francisco de Lorena y María Teresa, la pequeña archiduquesa fue destinada desde niña a cimentar la alianza entre dos coronas.

Prometida desde los doce años al Delfín de Francia, el futuro Luis XVI, se trató de educarla de acuerdo con las conveniencias de su futura misión, sin demasiado éxito.

Caprichosa y mimada, su espíritu solo admitía los conocimientos que le llegaban a través de la diversión. Indiferente a las lecciones de la historia, hablaba incorrectamente el francés, era una mediocre ejecutante de clavicordio y su ortografía resultaba desesperante.

Los rasgos armoniosos, la cabellera rubia con matices rojizos, la piel sonrosada y perfecta y el rápido fulgor de sus ojos azules, así como su finísimo talle, la vivaz ingenuidad de la expresión y el encanto de sus movimientos sedujeron a los franceses desde que hizo su entrada triunfal en el país de su prometido, el 8 de mayo de 1770, cuando aún no había cumplido quince años.

Caminó hacia el Delfín entre músicas y perfumes, uniformes de gala, arcos de flores y guirnaldas, aplausos y aclamaciones, compitiendo ventajosamente con la risueña primavera francesa.

El 16 de mayo, en medio de un entusiasmo desbordante, se celebró la boda en Versalles. El Delfín, modesto, inteligente, sin ser brillante, indeciso y tímido ante las responsabilidades, escribe en su diario al día siguiente: «Nada». Y «nada» fue durante varios años, hasta que aceptó someterse a la pequeña operación.

Por su parte, María Antonieta se entrega inmediatamente al vértigo de las distracciones-bailes, mascaradas, juegos y representaciones teatrales- y también al juego. Su comportamiento resulta imprudente en medio de una corte donde la apariencia es más importante que la honradez y donde la adulación encubre intrigas y calumnias. Honesta y espontánea por naturaleza, la Delfina no advierte el peligro. No es respetuosa de las formas, que son a veces la aparente salvaguardia del honor, y da a Madame de Noailles, encargada de instruirla al respecto, el mote de Madama Etiqueta.

Indisciplinada, bromista, irrespetuosa, se divierte transgrediendo sus indicaciones y las del conde de Mercy-Argenteau, a quien María Teresa, temerosa del comportamiento de su hija, ha encomendado su vigilancia y custodia. El Delfín, confiado y benevolente, tolera todos los caprichos de su consorte, absorbido a su vez por los placeres de la caza y su afición a la cerrajería y los relojes.

Cuando el 10 de mayo de 1774 muere el rey Luis XV, la pareja se abraza llorando, espantada por la responsabilidad que la aguarda. Son demasiado jóvenes, demasiado inexpertos y no se sienten preparados para reinar. Ella carece de sentido social y político, y sus impulsos, cuyas consecuencias no sabe medir, hacen del poder una cuestión de amor propio. El es recto, consciente y magnánimo, pero su indulgente inseguridad frente a las exigencias ajenas, más la sumisión que demuestra ante su mujer, harán de su reinado una función sin autoridad. El 11 de junio de 1775 se efectúa la emocionante ceremonia de la coronación en la catedral de Reims. Pero la corona pesará tanto sobre esas dos cabezas que acabará por hacerlas caer.

La reina se sustrae a esa carga con sus ligerezas: bailes, paseos a caballo, ostentosas fiestas campestres. Rousseau y otros filósofos han puesto de moda la naturaleza y la reina obedece esos principios que quieren ser virtuosos. En el Trianón, casa de campo que le ha cedido Luis XVI, juega a las pastoras refinadas con sus amigas la princesa deLamballe y la duquesa de Polignac.

Estos ingenuos placeres alimentan la malicia de la corte y las sospechas del pueblo. Como no son ajenos a esas reuniones varios galantes caballeros-entre ellos el conde de Artois, hermano del rey-, se tejen al respecto historias y cantitos malignos o picarescos.

El prestigio de la reina decae día a día y sus buenas acciones y sus obras caritativas no bastan para apuntalarlo. Las calumnias y los cuchicheos van y vienen, como la marea, de los barrios populares a Versalles y de la corte al pueblo. La contemplación de una puesta de sol o de un amanecer se convierte en orgía para la maledicencia, y las prebendas que otorga a sus favoritos se exageran hasta cifras siderales. Se asegura que el Trianón tiene paredes tapizadas de diamantes y que se han invertido millones en su reparación.

El hambre, la falta de trabajo y de harina hacen el resto: la popularidad se va trocando en odio, y la admiración en rencoroso desprecio. Comienza a ser «la Austríaca», la enemiga, «Madame Déficit». Aunque el rey ha dejado constancia en su diario de sus relaciones matrimoniales, y en 1778 nace su primera hija, María Teresa, se pone en duda su capacidad y se lanzan sospechas sobre esa paternidad y las posteriores, que traen al mundo a Luis José en 1781, a Luis Carlos en 1785 y a María Sofía en 1786. María Sofía morirá en 1787 y Luis José en 1789.

En 1785 se produce el llamado «affaire del collar de la reina», que termina de minar el ya deteriorado prestigio de la soberana y que tal vez apresura la caída de la monarquía. Los hechos, a grandes rasgos, son los siguientes: el cardenal de Rohán, que se ha ganado la antipatía de María Antonieta, recibe de una aventurera apellidada Lamotte Valois el encargo de adquirir para la reina y por mandato de esta un collar de diamantes de seiscientas mil libras, en una operación respaldada por documentos privados y que debe quedar en absoluto secreto.

El cardenal, deseoso de recuperar el favor de la soberana, se presta al trámite y entrega la joya a la falsa intermediaria. La falta de pago provoca rumores y estalla el escándalo. Se comprueba la inocencia de María Antonieta en toda esta fraudulenta intriga, en la que se ha jugado su nombre.

La caída de la Bastilla el 14 de julio de 1789 no es más que el signo exterior de un largo proceso de descontento, amasado por la miseria y el hambre e impulsado por las ideas revolucionarias. Pero el rey sigue siendo un símbolo casi sagrado y aún cabe pensar en una conciliación entre la monarquía y el pueblo. El violento traslado de los soberanos de Versalles a las Tullerías puede dar lugar a un contacto más estrecho entre el poder real y el pueblo, pero la indecisión de Luis XVI y la fuerza creciente de la Revolución lo torna un imposible.

La huida de la familia real a Montmédy en la noche del 20 de junio de 1791, y el forzado y humillante retorno al ser reconocidos en Varennes, en franca calidad de prisioneros, son jalones de una parábola que se precipita hasta el encarcelamiento en la torre del Temple, el 16 de agosto de 1792.

Desde su celda central María Antonieta, «espiada hasta en el sueño», oye los cantos hostiles de la muchedumbre, las aclamaciones con que saluda las ejecuciones y los alaridos con que exige que la decapiten. El 3 de setiembre pasa bajo su ventana el cadáver mutilado de su amiga la princesa de Lamballe, cuya cabeza se exhibe en una pica y el corazón en otra.

El 21 de enero de 1793 el clamor de la multitud le anuncia que el rey ha sido ejecutado.

«La loba austríaca», «la tigresa sedienta de sangre», «la fiera salvaje», «la viuda Capeto«, «la bribona», envejece y se consume a causa de los tremendos padecimientos.

El 15 de octubre de 1793 comienza el proceso, en el que actúa como acusador público el feroz Fouquier-Tinville.

Ha habido interrogatorios preliminares en los que el Delfín, de apenas ocho años, ha confesado, bajo amenazas previas, que su madre y su tía Élisabeth le han enseñado a masturbarse y lo han sometido a contactos incestuosos. Estas y otras atrocidades, más la acusación de haber dilapidado los bienes de Francia y conspirado contra el país con potencias extranjeras, fueron el nudo del proceso.

La reina mantuvo en todo momento su dignidad y su presencia de ánimo, sorteando las trampas y respondiendo con habilidad a los innobles ataques. No obstante, fue declarada culpable y condenada a muerte por unanimidad.
El 18 de octubre de 1793 salió de la Conciergerie en una carreta, en dirección a la plaza de la Revolución. La cabeza de la última reina absoluta de Francia fue tronchada y mostrada a la muchedumbre por el verdugoSamson. «Así murió -escribiría luego Alfonso de Lamartine- la reina ligera en la prosperidad, sublime en el infortunio, intrépida en el cadalso.»


Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
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Biografia de Margaret Mead Antropologa Ejemplo de Compromiso

Biografía de Margaret Mead Antropóloga

Margaret Mead
Una visión lúcida de los problemas humanos y una enorme comprensión hacia sus semejantes son los rasgos más sobresalientes de la fuerte personalidad de Margaret Mead, una mujer que además de ser una de las figuras más eminentes de la antropología contemporánea ha sabido asumir con especial coraje los compromisos que le plantea la sociedad de su tiempo.

Biografia de Margaret Mead Antropologa La socióloga Emily Fogg y el profesor de Economía Edward Sherwood Mead recibieron a su primogénita Margaret, el 16 de diciembre de 1901, en Filadelfia, Estados Unidos. Desde el primer momento le brindaron gran cariño y un respeto que le permitió, crecer afirmando una personalidad donde la comprensión hacia sus semejantes figuraba entre los principales valores.

De su padre asimiló la convicción de que lo más importante que una persona podía hacer era agregar algo al cúmulo de conocimientos del mundo. También importante fue la influencia de su abuela materna, Martha Ramsay -pionera de la psicología infantil-, que le inculcó hábitos de observación y reflexión sobre la conducta de los pequeños y, además, le enseñó a no sentirse disminuida ante los varones por su condición de mujer.

El resultado de esta educación fue una adolescente segura de sí misma, dueña de una comprensión del prójimo poco común para su edad.

Su gran curiosidad intelectual la inclinaba hacia las letras y la pintura y, por ello, se inscribió a los 18 años en la Universidad de Indiana. Sin embargo, al año siguiente ingresó en el Bernard College de la Universidad de Columbia, donde asistió a un curso de Antropología dictado por Franz Boas y Ruth Benedict, dos grandes maestros de la disciplina que ella tanto amaba, que la decidió definitivamente por las ciencias de la cultura.

SOCIEDADES EXTRAÑAS
Adolescente todavía, conoció a Luder Cressman, un joven seminarista protestante tan apasionado por la poesía como ella, con quien inició un largo noviazgo que culminó en su primer matrimonio celebrado a los 22 años de edad. Pero esta unión duraría poco tiempo: el dogma religioso era incompatible con la desprejuiciada formación de Margaret y poco después de obtener su licenciatura (1925) se separaron; él marchó a Inglaterra, en tanto que ella realizaba su primera expedición a las pequeñas islas Tau, del grupo de Samoa, en Oceanía.

A la distancia geográfica que la separaba de su medio habitual había que añadir la espiritual. Durante un año compartió su vida con una comunidad samoana cuyo acervo cultural representaba milenios de evolución divergente de la historia de Occidente. Allí aprendió a andar descalza, vestirse con faldas de paja e inclinarse casi hasta el suelo en presencia de un individuo de mayor rango social, pero también conoció una actitud distinta hacia la niñez y la juventud, una sociedad donde la represión sexual era infinitamente menor y diferente de la occidental, donde el conocimiento del cuerpo era mayor y donde la crisis de la pubertad era desconocida.

Margaret, que distaba mucho de ser simplemente una viajera curiosa, volcó luego esas experiencias en un libro que se convirtió en un clásico de la literatura etnográfica: Adolescencia y cultura en Samoa. A su regreso, inició su labor docente en el Museo de Historia Natural de Nueva York, donde desempeñó larga y proficua labor científica. Realiza numerosos viajes a Europa, donde asiste a cursos y conferencias de su especialidad y, en 1928, se casa con el doctor Reo Fortune; tiempo más tarde publican juntos Educación y cultura en Nueva Guinea, fruto del esfuerzo en común.

Solo en 1930 se le presenta la oportunidad de realizar un trabajo de campo en Estados Unidos. Lo lleva a cabo entre los indios omaha, en la reserva de Nebraska, y publica los resultados bajo el título de La cambiante cultura de una tribu india.

A fines de 1931, el matrimonio desembarca en Nueva Guinea y se instala en las aldeas de los arapesh, pueblo montañés, pacífico y mal nutrido que los acoge hospitalariamente. Allí desarrollan una importante investigación sobre la influencia de los roles sexuales en la cultura, y sobre las formas en que están relacionadas las diferencias innatas de temperamento y cultura.

Además, estudian el condicionamiento de las personalidades sociales en los dos sexos y compilan los resultados en Sexo y temperamento en las sociedades primitivas. La estada en Nueva Guinea se prolonga y también los caníbales mundu gumores del ríoYuat y los cazadores de cabezas tchambulis se prestan para que Margaret prosiguiera investigando sobre educación y conducta, infantil.

En dos años, ella y sus colaboradores rescatan para la historia de la humanidad la memoria y las costumbres de 30 culturas primitivas de la región. La cuestión fundamental estaba centrada en la relación existente entre las formas de organización social y los tipos de las estructuras de carácter. A partir de estos estudios llegan a demostrar la interdependencia entre el estilo de vida y ciertos rasgos asociados de carácter que antes se consideraban innatos.

Pero no todo marchaba bien en la vida de Margaret. Los desacuerdos con su esposo van separando a la pareja y en 1935 se divorcia de Reo Fortune, quien se traslada a China a dictar cátedra. Ella, por su parte, viaja a Inglaterra y ese mismo año contrae enlace conGeorge Bateson, antropólogo británico que había colaborado en las investigaciones realizadas en Nueva Guinea. Juntos preparan una expedición a la isla de Bali, donde trabajan durante más de tres años.

Cuando regresa de Bali, en 1939, está embarazada, hecho que la toma de sorpresa, puesto que pensaba que ya no habría de tener hijos. Grandes cuidados y sacrificios tuvo que realizar para concretar ese sueño que ya creía inalcanzable.

El 8 de diciembre de 1939 nace Mary Catherine, muy parecida a su madre, quien poco después reanuda su tarea docente y recibe el título honorífico dé Doctora en Ciencias. Su maternidad y la segunda guerra le imponen una vida más sedentaria, pero no menos activa. Además de atender su cátedra se desempeña como secretaria ejecutiva del Comité de Hábitos Alimentarios del Consejo Nacional de Investigaciones de su país. Luego de la guerra colabora con distintos organismos de asistencia de la O.N.U.

Publica constantemente folletos e investigaciones, preside asociaciones y entidades científicas de gran jerarquía como la Asociación Antropológica Norteamericana, en 1960, y sin embargo encuentra tiempo suficiente para volver repetidas veces a las Islas del Pacífico y de Oceanía.

A los 70 años, abuela ella misma, conoce a los nietos y biznietos de aquellos manus, iatmules, mundugumores y sa-moanos que le abrieron sus hogares cuando ella era joven recién graduada. A los samoanos los visitó por última vez en 1973, cuando ejercía la presidencia de la Unión Internacional de Ciencias Antropológicas y Etnológicas.

EL VERDADERO SENTIDO DE UNA VIDA
Su incesante actividad, traducida en viajes, cátedras, publicaciones y trabajos en diferentes comités científicos, le valía ya el reconocimiento internacional. Pero fue después del conflicto mundial, al acercarse al medio siglo de vida laboriosa, cuando comienza a publicar sus reflexiones sobre la sociedad industrial y, en particular, los Estados Unidos. Como si tratara de hallarse a sí misma, se había adentrado en las costumbres de otros pueblos para observar con una nueva luz la cultura de su propia comunidad.

En 1948 aparece su libro Hombre y mujer, donde comienza a advertir al orgulloso pueblo norteamericano que se inicia un período de profundas renovaciones, donde corre peligro no solo el modo de vida americano, sino también la existencia misma de la humanidad, amenazada tanto por el cataclismo nuclear como por la incomprensión, el prejuicio y la opresión, ejercidos en el nivel de las grandes potencias y las clases sociales e incluso en las relaciones personales.

Cuestiona también, con gran lucidez, el porvenir de instituciones tales como el matrimonio y el sistema, educativo. Combate en todo terreno las remoras racistas y ello le vale ser denostada por los círculos más regresivos y conservadores. Pero, por otro lado, estas actividades le granjean la confianza de los intelectuales jóvenes del mundo entero, a pesar de la distancia generacional que la separa de ellos y que Margaret Mead nunca pretendió ignorar.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
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