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Biografía de María Montessori

María Montessori
Después de una rigurosa preparación intelectual, la ilustre médica italiana se dedicó a observar la conducta infantil y ensayó varias técnicas para facilitar el desarrollo de las aptitudes de los niños con la menor interferencia adulta. El resultado fue un sistema de pedagogía activo y de fácil empleo que revolucionó los métodos de enseñanza practicados hasta entonces.

Biografia de María MontessoriEl día de Reyes o Epifanía de 1907 había pocos motivos de regocijo para los habitantes de la calle Dei Marsi, en el barrio pobre de San Lorenzo, alejado del bullicioso centro de Roma. Los más afortunados eran los obreros con trabajo fijo por más de diez horas diarias que sufrían los peores rigores de la revolución industrial aún no humanizada.

Los demás eran desocupados que conseguían ocasionalmente alguna tarea. Las mujeres tenían que trabajar para su subsistencia y, al mismo tiempo, cuidar de sus hogares. La miseria hostigaba a la población, principalmente a los niños, que deambulaban por las calles o las escaleras de los edificios, librados a su suerte, mal alimentados y sin ninguna educación, a no ser la que ellos mismos se procuraban en sus juegos, embadurnando las paredes.

Estas travesuras “pictográficas” decidieron a los vecinos más preocupados por el aseo y a las autoridades del Instituto de Bienes Inmuebles-organización que se ocupaba del problema de la vivienda en los barrios pobres- a tomar cartas en el asunto.

Así fue como ese día de Reyes se reunió un grupo de personas en uno de los edificios de viviendas económicas construidos por el Instituto. Tomó la palabra una mujer de 37 años, cabellos oscuros, complexión fuerte y mirada bondadosa. Al escucharía, los asistentes se miraron desconcertados por el tono encendido y los proyectos aparentemente desproporcionados a las posibilidades que ofrecía el cuartucho en que se hallaban.

La oradora tenía ganado un merecido prestigio intelectual. Nacida en 1870, en Chiaravalle, cerca de Ancona, había adelantado rápidamente en sus estudios hasta solicitar su ingreso en la Facultad de Medicina de la Universidad de Roma. Era la primera vez que una mujer se proponía en Italia completar esa carrera, y no faltaron oposiciones, dificultades con los condiscípulos y aun con los profesores. Pero su tesón y capacidad permitieron a María Montessori anteponer a su nombre el título de doctora, a partir de 1894.

Apenas graduada, dedicó su atención a los chicos deficientes y se incorporó al hospital psiquiátrico de Roma. Comenzó una etapa de severos estudios teóricos y prácticos, durante la cual visitó a Londres y a París, donde se libraban entonces batallas cruciales de la pedagogía.

De regreso en su patria, extendió su insaciable curiosidad intelectual a la filosofía, que estudió en la Universidad de Roma, a la psicología experimental y a la antropología pedagógica. Allí en Roma empezó a trabajar por primera vez con niños, en la escuela ortofrénica del hospital psiquiátrico, dedicada a los chicos disminuidos mentalmente, pues no tardó en comprender los límites de la psicología infantil de su tiempo.

NUEVA FORMA DE EDUCAR
Para encarar la enseñanza de los disminuidos, Montessori recurrió a una serie de útiles educativos que, bajo el aspecto de juegos, iban revelando al observador la capacidad y los progresos de los niños y, en los casos más extremos, se convertían en el único medio de comunicación con los enfermitos. “Esos objetos —recuerda la pe-dagoga- no ejercían el mismo efecto sobre los niños normales y sobre los deficientes; mientras que aquellos eran conquistados en seguida, necesitaba desplegar todo mi poder de persuasión para que los niños deficientes se interesaran por ellos.”

Mientras trabajaba en el hospital, llegó la oferta del Instituto de Bienes Inmuebles. “Aquel día de la inauguración no había más de unos cincuenta chiquillos paupérrimos, de aspecto rústico y tímido; algunos lloraban; casi todos hijos de analfabetos …” Como los fondos no alcanzaban para contratar a una docente diplomada, utilizaron los servicios de una mujer que vivía en el mismo edificio y que, habiendo iniciado estudios de maestra, debió luego abandonarlos por dificultades económicas para emplearse en cualquier tarea y poder así subsistir. Esta colaboradora anónima resultó ser providencial, porque aplicó las nuevas ideas sin prejuicios ni prevenciones.

El material didáctico fue traído del hospital; el mobiliario se componía de una sólida mesa para la instructora, un inmenso armario solemne y algunas mesitas y sillas que no se distribuyeron como entonces se acostumbraba a hacer en las aulas.

La doctora Montessori se había planteado un problema muy importante: “Debemos preparar para el niño un ambiente donde la vigilancia del adulto y sus enseñanzas se limiten al mínimo posible: cuanto más se reduzca la acción del adulto, tanto más perfecto será el ambiente (…) Es seguro que en un porvenir próximo veremos en las ciudades casas de un nuevo tipo, bellas casitas destinadas a los pequeños y una cantidad de muebles menudos, de pequeños objetos, casi como los que en nuestros almacenes vemos hoy para las muñecas. No serán, sin embargo, juguetes,-sino verdaderos objetos necesarios a la vida del niño.”

A los pocos días hubo un primer contratiempo: la instructora, por propia iniciativa, fabricó cruces de cartón dorado para condecorar a los más dóciles y les enseñó a todos el saludo militar; estas medidas dieron tanta satisfacción a los chicos que no hubo otro remedio que mantenerlas.

EL MÉTODO Y LA LIBERTAD
En esta primera Casa del Bambini (casa de los niños) la doctora Montessori puso a prueba la mayor parte de sus ideas. Propuso una actividad vigilante del educador, que captara las transformaciones que iba experimentando el niño, considerado y respetado como un ser independiente y completo, y no simplemente como un adulto en embrión. Tal observación debía practicarse sin preconceptos filosóficos, sin sujetarla a prohibiciones arbitrarias impuestas por rutina.

Por ese camino llegó a otro de los hitos fundamentales de su pensamiento: la cuestión de la libertad y el niño. María Montessori procuró buscar la forma de llevar a sus alumnos a una libertad basada en el carácter personal del trabajo libremente elegido, una libertad que terminara con las violencias que suele generar la arbitrariedad de los adultos, que se arrogan casi naturalmente el derecho de someter a los chicos.

Para alcanzar esas metas propuso una serie de ejercicios y experiencias, limitándose a sugerir las posibilidades de uso del material didáctico e interviniendo solo cuando el niño pedía ayuda o cuando otro alumno entorpecía el trabajo: en este caso la sanción consistía en dejar sin tarea al perturbador.


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Al cabo de muchos ejercicios aparentemente sin sentido, el niño descubría, por su propio esfuerzo, algún secreto del mundo y se acomodaba a él por propia iniciativa. Sus observaciones le permitieron a la doctora Montessori comprobar que durante una etapa de su desarrollo los niños realizaban cierto tipo de tareas con seriedad y concentración excepcionales. Dedujo la existencia de “períodos sensibles”, etapas evolutivas propicias a determinados estímulos y que deben ser aprovechadas por el educador ya que de lo contrario se atrofia toda una esfera de intereses del pequeño.

Sus ideas, expuestas principalmente en Método de pedagogía científica, publicado en 1908, hicieron conocer su nombre en todo el mundo. El método Montessori comenzó a aplicarse en escuelas de todas las latitudes convirtiéndose a menudo en lo que su creadora más combatió: un sistema rígido aplicado en forma indiscriminada.

El resto de su vida -murió en 1952, en Holanda- lo dedicó a la difusión y perfeccionamiento de sus ideas. También se ocupó de los sentimientos religiosos de los chicos, y bajo su patrocinio se construyó una iglesia en Barcelona especial para los pequeños.

Sus estudios la llevaron a terrenos en los que nunca pensó internarse: sus propuestas “estrictamente pedagógicas” repercutieron sobre la psicología, la sociología y la moral. Hasta qué punto ello fue así podrá deducirse de uno de sus postulados: “Toda prohibición inútil es un crimen”. Tampoco creyó que existieran prohibiciones útiles.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia





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