Biografia de Norma Jean Mortenson Resumen Amante de Kennedy






Biografía de Norma Jean Mortenson

Resumen Biografía de Norma Jean Mortenson
Todas las hadas malignas se congregaron alrededor de su cuna: la locura, la ilegitimidad, la ignorancia, la pobreza. Aun así, Marilyn logró superar muchas de las limitaciones que le fueron impuestas por su origen y su ambiente; pero aunque llegó a ser envidiada, admirada y rica, no pudo realizar su sueño: tener un hijo.Biografia de Norma Jean Mortenson

De origen humilde y carácter tímido, pero dueña de una figura extraordinariamente sensual y un rostro perfecto, Norma Jean Baker logró convertirse en uno de los mitos eróticos más célebres del siglo XX, condición que le permitió acumular gloria y fama bajo el nombre que le impuso “un cazador de talentos” apenas empezó a escalar los peldaños de la fama: Marilyn Monroe.

Los miedos y las inseguridades que la acosaban le labraron, sin embargo, un infierno de frustraciones y de soledad del que acabó por evadirse, voluntaria o accidentalmente, por el mortal trampolín de los barbitúricos.

Su historia empezó el 1° de junio de 1926 en Los Angeles (California), y estuvo signada desde el comienzo por la ilegitimidad y la locura. Hija de padre desconocido, desde muy temprano debió afrontar el desamparo y la falta de afecto: en 1931, su madre, aquejada de una enfermedad mental hereditaria, debió ser recluida para siempre en un manicomio.

Desde ese momento la niña quedó bajo la tutela estatal y fue alojada en el Orfelinato del Condado de Los Angeles, institución que de vez en cuando la confiaba a familias que percibían veinte dólares mensuales por albergar y alimentar a criaturas huérfanas o abandonadas. Eran tiempos de crisis, y el oficio de padres adoptivos proveía de ciertos recursos a algunas familias venidas a menos.

El deambular entre el orfanato y los hogares postizos concluyó en 1938, cuando un matrimonio de apellido Goddard la adoptó formalmente. Pocos años después, Norma Jean alcanzó su talla definitiva (un metro sesenta y tres) y se transformó precozmente en una hermosa mujer de largo pelo rubio, capaz de despertar el creciente interés de los jóvenes.

Uno de ellos, de dieciocho años, no vaciló en proponerle casamiento, y fue así como el 19 de junio de 1942, seis meses después de que la segunda guerra mundial comenzara para Estados Unidos, Norma Jean Baker, que acababa de cumplir dieciséis años, se convirtió en la señora de James Dougherty, obrero de una fábrica de armamentos.

Seis meses después el amor dejaba lugar a la indiferencia. James se enroló en la marina de guerra y los azares de la guerra lo llevaron al frente. Norma Jean, por su parte, comenzó a trabajar en una fábrica de para-caídas donde conoció a un fotógrafo que la indujo a probar suerte como modelo publicitaria.

La muchacha, como tantas otras jóvenes norteamericanas, y especialmente de la zona de Los Angeles, aspiraba a ser estrella de cine y vio la propuesta con muy buenos ojos. Su imagen no tardó en aparecer en Pie, Click, Laugh, Sir, revistas acostumbradas a conjugar puritanamente lo erótico y lo pornográfico. Como corolario de su nueva actividad, en octubre de 1946 (sesenta días antes de divorciarse) obtuvo un pequeño contrato de la poderosa empresa cinematográfica Twentieth Century Fox, uno de cuyos directivos, Ben Lyon, la convenció de que adoptara el seudónimo de Marilyn Monroe.

EN LA FABRICA DE LOS SUEÑOS
Los papeles que en cumplimiento del contrato le confió la Fox no pasaron de fugaces apariciones en Tormentas de odio y Juventud en peligro. De nada le valió, tampoco, intervenir en Las chicas del coro, producción del sello Columbia. En mayo de 1948 Marilyn Monroe se encontró sin trabajo y sin dinero. Decidió entonces retornar a la publicidad, y a cambio de cincuenta dólares se avino a posar desnuda, sobre un fondo de terciopelo rojo, para un almanaque. Otras fotografías por ese estilo le permitieron, aunque a duras penas, subsistir durante 1949.

A principios de 1950 fue incorporada al reparto de Locos de atar, película con que los hermanos Marx se despidieron del cine. Para ella, en cambio, fue el comienzo de una etapa de intensa actividad; antes de que concluyera 1951 había intervenido en otros nueve filmes: Mujer al fin, Mientras la ciudad duerme, La malvada, Fama sin gloria, El águila y la serpiente, Hometown story (“Cuento del pueblo natal”), As young as you feel (“Tan joven como te sientas”) -estas dos no estrenadas—, Viudas adorables y Me jugué mi mujer. Este conjunto de títulos le sirvió de pasaporte para su primer papel importante: Tempestad de pasiones, que data de principios de 1952; su nombre figuró inmediatamente después del de los protagonistas.

Simultáneamente se publicó el almanaque para el que había posado desnuda, de manera que la aureola del escándalo sirvió para publicitar sus siguientes trabajos: Travesuras entre matrimonios, Almas desesperadas, Vitaminas para el amor y Lágrimas y risas.

Hacia el final de ese año conoció a Joe Di Maggio y se enamoró enseguida de ese ex astro del béisbol que no se cansaba de hablar de su familia, de sus ocho hermanos y de lo hermoso que es tener una parentela numerosa. En 1953 alcanzó el estrellato absoluto en Torrente pasional, cuya producción costó un millón de dólares pero rindió seis veces esa suma. Tan estruendoso triunfo personal se reiteró con Los caballeros las prefieren rubias y Cómo pescar un millonario.

Alborozada como una chiquilla, el 1° de enero de 1954 contrajo enlace con Di Maggio: sin embargo, nueve meses después anunció con tristeza la terminación de su matrimonio. Entre ambas fechas protagonizó Almas perdidas. Después del divorcio, en un esfuerzo por superar la postración en que había quedado sumida, filmó El mundo de la fantasía. A esa altura de su carrera, Marilyn Monroe ya se había convertido en la viva encarnación del sex-appeal, en una vestal erótica contemplada codiciosamente por millones de hombres.

Su figura sensual asomaba, desnuda o semidesnuda, en fotografías que adornaban piezas de solteros, lugares de trabajo y cualquier sitio donde predominara la presencia masculina, y su cuerpo voluptuoso se consagró como prototipo de la perfección femenina.
La desmesura del éxito cinematográfico, acompañado, no obstante, de su segundo fracaso sentimental, exacerbaron los defectos y las debilidades de Marilyn, que se sintió más aislada, más rechazada que nunca; a partir de ese momento y cada vez con mayor frecuencia, agravió a sus compañeros de tareas con arranques temperamentales, faltas de puntualidad y desconsideración. Convencida de que nadie la estimaba, se dejó abrumar por la melancolía y la depresión, y contrajo el hábito de tomar somníferos para conciliar el sueño.

HASTA LA CAÍDA
Toda su labor de 1955 se resumió en el film La comezón del séptimo año. Aunque el director , Billy Wilder se mostraba paciente y paternal con ella, Marilyn desde el primer día comenzó a hacer que todo marchara mal: llegaba tarde a las filmaciones, no saludaba a nadie, se enojaba por cualquier motivo. Por entonces unos amigos le presentaron a Arthur Miller, el dramaturgo que ya se había consagrado con La muerte de un viajante y Todos eran mis hijos. Fascinada por la inteligencia del escritor, asombrada de la cultura de ese hombre alto y de exterior severo que la trataba como si ella fuera su igual, Marilyn no vaciló en responderle afirmativamente cuando él le propuso que se casaran.


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La boda se efectuó el 29 de junio de 1959. El divorcio sobrevino al cabo de cuatro años y cuatro meses. En ese lapso Marilyn protagonizó Nunca fui santa (1956), El príncipe y la corista (1957), Una eva y dos adanes (1959), La adorable pecadora y Los inadaptados (basada esta en un guión de Miller). El 11 de noviembre de 1960, al anunciar su tercer fracaso conyugal, Marilyn manifestó que en el escritor famoso solo había hallado a un hombre egoísta, indiferente a cuanto no fuera él mismo y su obra.

El derrumbe interior de Marilyn fue total. Jaqueada por el temor a la locura, defraudada (como consecuencia de abortos espontáneos) en sus aspiraciones de ser madre, insatisfecha con sus películas, vapuleada por los críticos que la juzgaban “un montón de carne” sin inteligencia y que la zaherían cuando manifestaba deseos de interpretar a alguna heroína de Dostoievsky, el 8 de febrero de 1961 se internó en una clínica psiquiátrica para someterse a una cura de sueño.

El 5 de marzo regresó a su hogar y el 22 de mayo empezó a filmar Something’s got to give (Algo tiene que reventar), producción en la que habría de mostrarse completamente desnuda. Pero al cabo de unos días dejó de concurrir a los estudios.

El 21 dejunio la empresa productora resolvió interrumpir definitivamente el rodaje.
El sábado 4 de agosto de 1961 fue el último día de su vida. La certidumbre de haberse quedado irremisiblemente gola impulsó a Marilyn a tomar una dosis de somníferos superior a la habitual: el suicidio le pareció el único camino apto para aliviar su terrible angustia.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia





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