La Hipnosis

Exploracion de Nueva Zelanda e Isla de Tasmania Tasman Abel

Exploración de Nueva Zelanda
Viajes de Abel Tasman y la Isla de Tasmania

En 1642, Tasman descubrió una ¡sla situada al sur de Australia, a la que llamó Van Diemen. Debido a su poca importancia comercial en aquella época, permaneció en el olvido hasta el siglo XIX, momento en que le fue dado el nombre de Tasmania. Actualmente la isla forma parte de la Confederación australiana. Gracias a sus bellezas naturales y a la riqueza de su suelo, ha adquirido gran extensión  económica.

En el siglo XVII, cuando el «siglo de oro» de las Provincias Unidas del norte se hallaba casi en pleno apogeo, el explorador holandés Abel Janszoon Tasman descubrió un nuevo país.

Abel Janszoon Tasman ya tenía en su haber muchos años de navegación cuando, por su competencia, fue distinguido por la Compañía de las Indias Orientales, y ascendido a capitán en 1634. En ese momento tenía treinta y un años. Durante los años 1638-1639 emprendió un viaje de exploración por los mares situados al este de Japón, para descubrir aquel fabuloso país del oro del que tanto se hablaba y que, en realidad, no existía.

En 1642, su Compañía le confio la misión de reconocer los países inexplorados del sur. Salió de Batavia, hizo escala en la isla Mauricio, y de allí siguió en dirección hacia el este: entonces descubrió un país al que bautizó con el nombre de Tierra de Van Diemen, en honor de su mandante Anthonie van Diemen, gobernador de las Indias holandesas (la actual Indonesia).

De allí partió en dirección hacia el este y llegó a la costa occidental de Nueva Zelanda, a la que llamó Tierra de los Estados Generales. Entonces singló hacia el norte, hizo escala durante cierto tiempo en las islas de los Amigos (Tonga) y regresó a Batavia bordeando la costa septentrional de Nueva Guinea. De este modo dio la vuelta a Australia y pudo comprobar que, contrariamente a lo que se había creído hasta entonces, este continente no formaba parte de la Antártida.

Tasman descubre Nueva Zelanda

Abel Janszoon Tasman (1603-1659), navegante holandés nacido en Lutjegast, cerca de Groninga. Hacia 1632 empezó a trabajar para la Compañía de las Indias Orientales Holandesas, para la que hizo varios viajes antes de que, en 1642, Anton Van Diemen, el gobernador general de la compañía, lo eligiera para dirigir un importante viaje de exploración al hemisferio sur. Tasman debía navegar por el océano Índico y por el sur del océano Pacífico para encontrar una posible ruta a Chile. 

En 1644 fue enviado de nuevo a la Tierra de Van Diemen, con la misión de seguir explorando la isla y trazar el mapa. Los dirigentes de la época consideraron que las expediciones de Tasman ofrecían poco interés desde el punto de vista comercial, y el joven capitán corrió aproximadamente la misma suerte que su ilustre predecesor Colón: se concedió muy poca importancia al descubrimiento de estas nuevas tierras, y en 1648 incluso se llegó a deponer a Tasman de sus funciones, por haber sido acusado de maltratar a su tripulación durante una expedición a las islas Filipinas y a Siam.

Sin embargo, esta deposición no le afectó demasiado y se estableció como negociante independiente en Batavia, donde murió en 1659 como burgués acaudalado. Como la Tierra de Van Diemen estaba a una distancia de los Países Bajos de 15.000 km a vuelo de pájaro, cayó en el olvido. La expedición que Bass y Flinders efectuaron en 1798-1799 estableció que la Tierra de Van Diemen no estaba unida a Australia, sino que la separaba un estrecho al que se le dio el nombre de estrecho de Bass.

Cuando, a principios del siglo XIX, los ingleses empezaron a colonizar esta isla, fundaron, como anteriormente habían hecho en Australia, un establecimiento penitenciario en el que recluyeron a los malhechores de la metrópoli.

Las deportaciones a esta isla cesaron en 1853. Pero mientras tanto, la Tierra de Van Diemen recibió el sobrenombre de «Demonsland» (País del demonio).

En 1854 fue bautizada de nuevo con el nombre de quien la había descubierto, es decir, Tasman. En 1901, Tasmania pasó a ser miembro de la Confederación australiana, a la que todavía pertenece.

Tasmania, cuya extensión es ligeramente mayor que Galicia, sólo tiene 550.000 habitantes, todos inmigrantes o descendientes de inmigrados, pues la población autóctona ha sido totalmente exterminada. El problema demográfico de Tasmania constituye un misterio para los antropólogos y etnólogos.

Los expertos consideran que la población aborigen de este país debió de haber figurado entre las más antiguas de los mares del Sur y que nunca se mezcló con otros pueblos. Indudablemente, estos indígenas pertenecieron a un nivel muy rudimentario, puesto que no conocían ni el arco ni las flechas, como las demás poblaciones australianas con las cuales, no obstante, estaban emparentados.

A principios del siglo XIX, todavía habrían vivido en la isla unos ocho mil. Pero a partir de 1825 fueron perseguidos y literalmente exterminados por los colonos, en su mayoría deportados que habían quebrantado el destierro.

En 1854 todavía quedaban tres hombres, once mujeres y dos niños. El último hombre murió en 1865, y la última mujer en 1877, en Londres. Esta población autóctona presentaba las características típicas de los negroides.

Hablaba una lengua que no tenía la menor afinidad  con las lenguas australianas, melanesias o polinesias.

La mayor parte de la superficie de Tasmania está cubierta por un desierto en el que viven extraordinarios marsupiales carnívoros, como los tigres de Tasmania. Estos tigres, que actualmente se encuentran en vías de extinción, más bien parecen lobos.

Además, también se encuentra el «diablo» de Tasmania, un animal negro y glotón que, pese a ser de pequeño tamaño, no vacila en atacar y matar a grandes carneros.

El paisaje de Tasmania se impone por su majestuosa belleza. El istmo rocoso de Eaglehawk Neck, que, en el sudeste, une la isla a la península de Tasman, goza de especial renombre.

En los inmediatos alrededores se halla el pórtico de Tasman, pórtico natural de 60 m de alto que el mar ha vaciado en la masa rocosa de lava azul. Por el mismo procedimiento   se   ha   formado, también cerca de Eaglehawk Neck. la «Cocina del diablo»: una estrecha hendidura en la que la burbujeante agua del mar parece espumar y hervir. Las bellezas naturales de Tasmania, resguardadas en unas cincuenta reservas, atraen cada vez mayor número de turistas.

Desde el punto de vista económico, Tasmania no carece de interés: en el este y el sur se cultivan los principales productos de la zona oceánica templada. Debido a su relieve, el oeste es menos favorable para la exploración agrícola. El cultivo del manzano ocupa un puesto importante, y se halla localizado, sobre todo, en el valle del Huon, al sudeste de Hobart, la capital. En las regiones más secas, al sur de Launceston, se practica la cría de carneros.

En el oeste de la isla abundan los minerales, especialmente cinc, plomo, cobre, estaño, oro y plata, que han dado origen a una floreciente industria. Esto explica que Strahan, en la costa occidental, se haya convertido en un puerto importante, a pesar de que Hobart, la capital, sigue siendo el centro de Tasmania. Hobart, al pie del monte Wellington y en la desembocadura del Derwent, acapara, aproximadamente, un tercio de la población total.

Ver: Los Maoríes

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Vida e Historia de Los Maoríes: Costumbres ,Lengua y Tradiciones

Vida e Historia de Los Maoríes de Polinesia

Muchos nombres toponímicos de Nueva Zelanda indican que Abel Janszoon Tasman fue el primer europeo que abordó estos parajes durante su exploración de 1642-1643. Ahí tenemos, en efecto, el mar de Tasman, un monte Tasman y un glaciar Tasman. La entrada en contacto de los holandeses con las poblaciones autóctonas estuvo lejos de ser amistosa, motivo que indujo a Tasman a llamar «Bahía de los Asesinos» al lugar en el que intentó desembarcar por vez primera.

tribu de polinesia maories

Maorí, pueblo polinésico de Nueva Zelanda. Según estudios arqueológicos, los maoríes desembarcaron en Nueva Zelanda procedentes de las islas Cook hacia el 800 d.C. Parece ser que entraron en conflicto dos culturas: la maorí arcaica y la maorí clásica; esta última fue la que se impuso. El primer contacto maorí con los europeos se produjo con la llegada de Abel Tasman en 1642, y tuvo como consecuencia la muerte de cuatro miembros de su tripulación. En 1796 el navegante y explorador James Cook entabló relaciones amistosas con algunos maoríes, y a partir del siglo XIX empiezan a llegar barcos con mucha frecuencia.

Después de esta expedición los blancos se mantuvieron durante mucho tiempo apartados de estas islas. El contacto se restableció con James Cook, cuando éste llegó a Nueva Zelanda en 1768 y 1777, no sin haber tenido también que librar numerosos combates contra los indígenas.

Sin embargo, consiguió tomar posesión de este nuevo territorio en nombre del rey de Inglaterra. Toma de posesión, por otra parte, simbólica, ya que la anexión efectiva no se llevó a cabo hasta 1840. El retraso en concretar esta conquista se debió en gran parte a la actitud más bien poco hospitalaria de los indígenas, los maoríes. Sin embargo, tras muchos encuentros sangrientos, aquéllos tuvieron que inclinarse ante los ocupantes europeos, mejor armados.

La población autóctona, que cuando llegaron los primeros blancos se calculaba en más de doscientos cincuenta mil individuos, en 1878 sólo contaba con 46.000. Las operaciones militares llevadas a cabo por los conquistadores no fueron las únicas responsables de esta situación.

En este sentido hay que tener también en cuenta la importación de alcohol y armas, que hicieron más frecuentes y sangrientas las guerras tribales, y la aparición de numerosas   enfermedades   contagiosas, que fueron su consecuencia.

¿Quiénes eran los maoríes?. Extranjeros también que, según todos los indicios, hacia el siglo XIV emigraron de Polinesia y se establecieron especialmente en la isla del Norte, más cálida. Allí donde abordaban exterminaban sistemáticamente a la población local.

Pese a haberse llevado de Polinesia tubérculos de taro y patatas dulces, sólo practicaban una agricultura muy primitiva. Además de raíces, se alimentaban de bayas y frutas silvestres. Completaban su comida con perros y ratas que también habían importado de otros lugares. De vez en cuando, el segundo plato consistía en pescado, o carne de un enemigo vencido.

El hecho de que en su comida figurase a menudo la carne humana se debía a que entre las diversas tribus reinaba una guerra casi perpetua. Y, sin embargo, en comparación con las de los demás pueblos guerreros, sus armas no estaban perfeccionadas del todo. No conocían ni el arco ni la flecha. Su equipo de guerra se componía esencialmente de venablos y hachas de piedra.

Desconocían el metal y la alfarería. Aún vivían como en la edad de piedra y, sin embargo, demostraban excepcionales aptitudes para lo bello. Fueron, por ejemplo, grandes artistas de la escultura en madera y el tatuaje (grabado de dibujos de colores en la piel). Los maoríes no conocían la escritura, pero poseían una rica tradición de relatos y leyendas.

Gracias a su gran facilidad de adaptación, salvaron rápidamente este inmenso atraso, y en el siglo xix empezaron a adaptarse a un ritmo bastante veloz a las exigencias de los ocupantes.

Desde 1876 gozaron de derecho de voto. A medida que pasaba el tiempo vivieron en excelentes relaciones con  los  inmigrantes  blancos,   a quienes llamaban, en su lengua, pakeha. El origen de esta mutua comprensión se remonta al Tratado de Waitangi (elaborado por los ingleses en 1840), en virtud del cual los indígenas eran considerados como iguales por los colonos.

Los maoríes obtuvieron, sobre todo, especiales garantías con respecto a sus propiedades y sus tierras. A pesar de que más tarde surgieron varios conflictos armados, nunca se renunció a este espíritu de comprensión. Por otra parte, éste es el motivo de que ambas comunidades lleven hoy una existencia pacífica una al lado de otra. En efecto, actualmente los maoríes cuentan con jefes militares, políticos y profesores de su raza, y durante las dos guerras mundiales lucharon al lado de sus conciudadanos blancos.

Cada año los dos grupos conmemoran el día en que se concluyó el Tratado de Waitangi. La tradición cuenta que uno de los jefes maoríes dijo al representante inglés de la época, Hobson: «Quédate entre nosotros y sé para nosotros un padre, un juez y un pacificador». Seguidamente, Hobson es-brechó la mano de los jefes maoríes y declaró: «Somos un solo pueblo».

Estas afirmaciones se han hecho realidad, pues las dos comunida-des viven en buena armonía y los matrimonios entre residentes europeos y maoríes están a la orden del día. Actualmente, el número de maoríes asciende de nuevo a 170.000. La población total de Nueva Zelanda es hoy —como ya sabemos dicho— de 4.000.000 habitantes.

Es evidente, por lo tanto, que los maoríes constituyen una exigua minoria de la población. Sin em-bargo. cada vez tienden más a conservar su lengua y cultura propias. La verdadera colonización planificada de Nueva Zelanda por
los blancos no se inició hasta 1840.

No obstante. en 1841 los colonos ya fundaron una capital, Aucklland. Esta función no tardó en ser transferida a Wellington, pues esta ciudad ocupa una posición más central.

Desde el principio, esta nueva comunidad se caracterizó por su aspiración a la independencia con respecto a Gran Bretaña. Por otra parte, tal tendencia estuvo dominada por un mayor deseo de independencia con respecto a Australia. A esto se debe que los neocelandeses todavía se consideren hoy (si bien conservando sus propias características) miembros de la Comunidad británica.

Cuando en 1901 se constituyó la Commonwealth australiana, se ofreció a los neocelandeses formar parte de ella. Pero, no obstante, prefirieron abstenerse. El 26 de setiembre de 1907 obtuvieron el estatuó de dominio. Actualmente gozan de total independencia dentro de la Comunidad británica.

Los blancos han logrado hacer de esta colonia un Estado próspero, como lo demuestran ciudades ordenadamente urbanizadas, como Auckland y Wellington, con sus ciudades jardines ultramodernas dotadas de numerosas residencias individuales.

En el Parlamento (construído a estilo neoclásico, como tantos edificios fabricados en Londres en el siglo pasado) tienen su escaño ochenta diputados elegidos, entre ellos cuatro maoríes. Nueva Zelanda puede abordar todos los problemas gracias a la enseñanza perfectamente organizada, que en este joven país es gratuita para todos, sin distinción, hasta la edad de diecinueve años.

Cuatro universidades proporcionan los cuadros superiores necesarios para consolidar este futuro lleno de promesas.

Por último, existe otro aspecto en el que los neocelandeses gozan de envidiable fama. Basta recordar los nombres de Hillary y Snell, que por sus hazañas deportivas conquistaron la atención del mundo entero.

Antes de terminar, conviene decir que Nueva Zelanda ejerce su dominio sobre diversos territorios y dependencias. Tales son el archipiélago de las Cook, formado por dieciséis islas, cuya capital Awarua se halla en Rarotonga; la isla Niue o Savage, atolón de 259 km2, cuya capital es Alofi; las Tokelau o de la Unión, grupo de islotes madrepóricos ; y en la Antártida el «Ross Dependency». Salvo éste, todas las dependencias viven de la exportación, copra sobre todo.

Su participación (los maories) en ambas guerras mundiales reavivó su espíritu beligerante, que había permanecido dormido desde sus luchas por las tierras. La valentía de los maoríes y sus éxitos en batalla les granjearon el respeto de los europeos y el restablecimiento de su mana. Tras la I Guerra Mundial, y más aún al final de la II Guerra Mundial, se produjo un notable incremento de la participación maorí en la vida nacional. Muchos de los que no intervinieron en la guerra entraron a trabajar en industrias esenciales para ayudar a la causa bélica, lo cual a menudo implicaba trasladarse desde los pueblos a las ciudades; este fenómeno marcó el comienzo de una tendencia que desde entonces ha resultado significativa.

Ver: Exploración de Nueva Zelanda

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El Aislamiento Comercial de China Antigua con el Mundo Occidental

POLÍTICA DE CHINA PARA NO COMERCIAR CON EUROPA

China es el único gran país del mundo que nunca ha estado de una manera efectiva bajo el dominio de un país europeo. Además, como es sabido, durante un período de dos milenios el imperio chino consiguió evitar contactos con civilizaciones que pudieran compararse en esplendor y poderío. Fue la primera Guerra del Opio, en 1840-1842, la que obligó a China a iniciar sus contactos con Occidente. Las guerras con los países europeos la forzaron a abrir sus puertos al comercio extranjero, convirtiéndose los mismos en enclaves semicoloniales. Durante un siglo, la economía, los puertos y las industrias más importantes estuvieron a merced de las potencias extranjeras.

Bajo la dinastía Tang, que se impuso en 618 d.C, China desarrolló cosas bellas, como la porcelana, e ingeniosas, como una imprenta de tipos móviles que Europa no conocería sino centenares de años después. Además, los chinos inventaron la pólvora, y la usaban en la guerra hacia el año 1000 (en el capítulo 16 hay más información sobre los adelantos militares como la ballesta, el estribo y la pólvora).

La economía y la agricultura chinas eran sobresalientes. A comienzos del siglo doce, los campesinos habían estado al borde de la hambruna después de una larga decadencia. En tiempos de los Han, la habilidad china para alimentar su gran población era un modelo de autosuficiencia. El clima, en especial en el sur, permitía dos cosechas de arroz al año, con las cuales se alimentaban muchas bocas y era posible que el crecimiento chino superara el de casi cualquier región del planeta.

chica fabrica vidrio

Obreros chinos preparando el cristal

chinos depurando hulla

Obreros chinos depurando hulla

Como China tenía todo lo que otras regiones del globo codiciaban, sus líderes no solían preocuparse demasiado por el mundo exterior. A partir de la dinastía Han, los chinos se creyeron el centro del mundo, por lo menos de aquél en que estaban interesados. En verdad eran el centro cultural de Asia oriental, y ejercían profunda influencia en el idioma, la escritura, el gobierno y el arte, desde Burma hasta Corea y Japón.

En el siglo XV, un decreto del emperador Ming había prohibido a los barcos chinos navegar fuera de las aguas costeras, y tampoco se permitía a los subditos chinos viajar al extranjero. En 1525, se ordenó destruir todos los juncos con dos o más mástiles. No volverían a zarpar expediciones a África en grandes juncos transoceánicos, y la marina imperial inició un proceso de reducción que acabaría por costarle caro al imperio. Sin embargo, aunque se los controlaba cuidadosamente, no se había impedido la entrada de los europeos, que llegaban en número cada vez mayor, atraídos por los relatos de viajeros   medievales   como   Marco   Polo.

Los primeros «diablos del mar» (apelativo con que los Ming designaban a los europeos) que se instalaron de manera permanente en China fueron los portugueses; tras un principio desafortunado, que condujo a varios enfrentamientos, se les permitió establecerse en Macao, cerca de Cantón, en 1557, y allí han permanecido desde entonces. No obstante, con el paso del tiempo, la mayor comunidad europea en China se estableció en Cantón, que en el siglo XVIII tenía la exclusiva del comercio exterior.

China fue siempre un país remoto, inalcanzable y autosuficiente para gran parte de Europa.De cualquier forma, en el curso de los primeros cincuenta años de contacto con los europeos, China se mantuvo por completo impermeable a las ideas que éstos intentaban introducir en el país.

En el siglo XIX la superficie de tierra cultivada en China se incrementó notablemente y la población del país alcanzó los 300 millones de habitantes en 1800. Pese a ello, los cambios en la estructura tradicional y en la mentalidad de la sociedad china fueron nulos. El gran país oriental seguía absolutamente impermeable a los contactos con los países europeos, y ello aun cuando era importante el número de misioneros -especialmente jesuítas- que se asentaba en aquella región de Asia.

Por lo que a Europa respecta, las relaciones mercantiles con China eran muy beneficiosas, pero estaban sujetas a estrictas limitaciones. Los portugueses se habían asentado en Macao, y los británicos y otros europeos lo habían hecho en Cantón, donde tenían factorías marginadas del control político de Pekín. Sólo comerciaban con los mercaderes gremiales chinos, los Hong, que fijaban los precios arbitrariamente; la China oficial, entre tanto, ignoraba su existencia.

Esta actitud estaba agravada por la autosuficiencia china. Los europeos querían el té, las porcelanas y la seda chinas, pero los habitantes de este país apenas deseaban nada de Europa. También había en esta situación un aspecto económico muy importante: a China se le debía pagar en lingotes de oro. El desequilibrio comercial entre Oriente y el viejo continente llevó a los europeos a traficar con una mercancía muy codiciada en China: el opio.

UNA ANÉCDOTA CURIOSA: Los chinos juzgaban a los europeos tontos e ignorantes; así que, a veces, hacían secar su té, después de haberlo utilizado, para vendérselo, pensando que los ingleses, y sobre todo aquella otra segunda especie de ingleses —los americanos—, no alcanzarían a notar la diferencia.

Este desprecio de los chinos por los «bárbaros blancos» se patentizó, por ejemplo, con motivo del envío por el rey de Inglaterra, Jorge III, de una embajada al emperador Kia K’ing. Los mandarines exigieron que el embajador se plegara al ceremonial de costumbre, es decir, que había de prosternarse nueve veces ante el emperador. Pero un europeo, sobre todo un inglés, y más todavía un embajador, tiene su dignidad, que en Europa, en cuanto al saludo, se  manifiesta  en  mantenerse  en  posición erecta, acompañada de una ligera inclinación del cuerpo. Por lo cual, no podía pensarse siquiera en que el representante de Su Majestad británica se tendiese en tierra.

Tras este incidente, el emperador escribió al rey de Inglaterra, diciéndole que, a su parecer, los regalos y los objetos que le habían mandado de su país no valían nada, que en lo sucesivo no merecía la pena que le enviara más embajadores, y le aconsejaba que se civilizara y que obedeciera las órdenes imperiales.

Piénsese en la sorpresa de Jorge III ante esto, en la época en que el poderío inglés había abatido a Napoleón y hacía temblar al mundo. China desdeñaba a Occidente. Pero Occidente se hallaba interesado vivamente por China, por sus sedas, sus lacas, sus porcelanas. Todos estos productos, comprados a bajo precio en Cantón, eran revendidos a alto precio en Europa. Se comprende, pues, que los comerciantes ingleses quisieran forzar las puertas del mercado chino, venciendo el «desinterés» de los dirigentes de Pekín.

En efecto, Cantón era la única ciudad donde se toleraba el comercio. Desde luego, la Compañía de las Indias, después de la abolición del monopolio ejercido por la misma, y varios comerciantes aislados, habían conseguido el derecho a tener almacenes en Cantón. Pero la presencia y el comercio de los europeos estaban sometidos a reglamentaciones muy estrictas y, a menudo, humillantes. Las mujeres europeas no podían salir de la zona concedida. Los europeos no podían tener servidores chinos (lo que significaba que un chino, ser superior, no podía, naturalmente, servir a un blanco, juzgado despreciable). Cualquiera que fuese su rango, los europeos no podían desplazarse en silla de manos.

Ni estaban autorizados para aprender chino. Por último, no podían entrar en relación y comerciar más que con ciertos comerciantes convenidos, agrupados en el Co-Hong. Esta limitación comercial parecía a los ingleses tanto más retrógrada y bárbara, cuanto que, poco a poco, estaba surgiendo la idea del librecambio como factor de civilización y progreso. La moral civilizadora iba, pues, a acudir en socorro de los intereses ingleses para justificar la intervención. Pero, por el momento, en 1835, los chinos persistían en no desear los productos europeos. De forma que el comercio con China resultaba grandemente deficitario.

Y no fue Europa, sino el vecino Japón, el responsable de que esta situación de independencia ideológica se alterase. Los japoneses, que eran considerados como «piratas enanos» y seres inferiores, consiguieron infligir a los chinos una grave derrota militar en 1895 y ocuparon Formosa; la causa de este repentino poderío japonés no era otra que la capacidad para aprender de Occidente, y esto produjo el despertar de ciertos círculos intelectuales chinos que predicaron la necesidad de romper con el multisecular aislamiento.

el opio en china antigua

Los ingleses habían encontrado, al fin, algo que vender allí: el opio, cultivado a bajo precio en las Indias y que había encontrado numerosos adeptos en China. En efecto, la importación de opio a Cantón estaba limitada, pero, fuera de la ciudad, existía un grande y fructífero tráfico de contrabando, a menudo con la complicidad de los mandarines, que obtenían un cuantioso beneficio. El mal producía tanto daño que el emperador Tao Kuang se decidió a intervenir. Un comisario imperial extraordinario, Lin Tse Hu, llegó a Cantón con plenos poderes para poner término al tráfico de opio que amenazaba hundir a China en una decadencia física. (Ver: Guerra del Opio)

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Los Mandarines en China Antigua Función Pública y Formación

FORMACIÓN Y FUNCIÓN DE LOS MANDARINES CHINOS

LA DECADENCIA MANCHU: En 1796, moría Kien Lung, emperador de China. Su reinado estuvo marcado por grandes victorias, que permitieron extender, especialmente hasta el Sinkiang occidental, las fronteras chinas. Pero, después de él, la dinastía manchú, la de los Tsing, conoció, con Kia K’ing y Tao Kuang, muchas desventuras, pues los europeos se hicieron más presentes cada vez en las puertas de China.

El Celeste Imperio era demasiado extenso para que las órdenes del emperador llegasen regularmente hasta las fronteras más lejanas. Sin embargo, la dinastía manchú no toleraba las disidencias, las tentativas de descentralización, sino que, víctima de la extensión de su territorio, se veía constreñida, de vez en cuando, a descargar grandes golpes. Caían las cabezas de algunos oposicionistas, o de los funcionarios a los que se consideraba responsables; el terror inspiraba a todos los demás una relativa calma; pero, poco a poco, la naturaleza humana volvía por sus fueros.

Para imponer su poder a los pueblos que habían conquistado, los emperadores disponían de tres instrumentos esenciales: el ejército, la nobleza y los letrados. El ejército contaba de 300.000 hombres. Poca cosa para tan vasto imperio; pero se bastaba para hacer respetar el orden en las fronteras, a condición de que el adversario no dispusiera, como los europeos, de armas demasiado diabólicas.

La nobleza se hallaba dividida en dos clanes: la que habitaba las mansiones fortificadas del campo y dominaba a la gran masa campesina, y la que vivía junto al emperador. Los nobles eran mantenidos lujosamente, pero no tenían ningún poder. Como Luis XIV, aparentemente, el emperador estimaba que el tenerlos ociosos era el medio mejor de privar a los príncipes de todo espíritu de revuelta.

Paralelamente, los chinos podían recibir títulos nobiliarios en agradecimiento a los servicios prestados. Mas, frente a éstos, reinaba también la desconfianza. La simple cólera del emperador podía precipitar al desventurado al fondo de la escala social. Y otro servicio prestado podía volver a situar al mismo personaje en el vértice dela escala aristocrática. Nadie tenía derechos; todo el mundo tenía sólo deberes. Nada les era dado para siempre a los príncipes: ni la gloria, ni la caída de ella. Manteniendo esta inseguridad de situaciones, el emperador tenía la ventaja de conservar las riendas de un poder descentralizado.

mandarines

LOS MANDARINES: En efecto, el país funcionaba, sobre todo, gracias a los miembros de la tercera clase importante: la de los letrados, que, responsable de la Administración, dirigía la nación. Estos letrados, llamados «mandarines» por los portugueses, eran los ganadores de unos concursos extremadamente difíciles. Recluidos durante tres días y dos noches, los candidatos debían pasar tres series de pruebas: la primera estaba constituida por diversas composiciones de carácter literario, relativas a los textos más antiguos, en la que el arte de manejar el pincel revestía capital importancia. Esto equivaldría, en nuestros días, a reclutar funcionarios especialistas en finanzas y estadística, exigiéndoles por todo bagaje intelectual un profundo conocimiento de la poesía de Virgilio y un talento caligráfico.

Una vez pasadas las pruebas, el candidato entraba a formar parte de la casta de los letrados. Tenía derecho a un cargo público y a lucir el famoso botón del color correspondiente a su grado, al concurso ganado. Pero estos funcionarios estaban mal pagados. Por eso, imbuidos de su superioridad, no vacilaban en aceptar pequeños regalos. He aquí el extraño imperio que los europeos tenían ante sí.

Los mandarines eran contratados después de haber realizado un examen basado en el programa de estudios establecido por el confucianismo. En los primeros años de la historia china el examen consistía en la resolución de problemas administrativos prácticos; más adelante, en tiempos de las dinastías Ming y Qing, los exámenes se centraban en un conocimiento rutinario de los clásicos chinos. Sin embargo, existían también otros medios para convertirse en mandarín: el apadrinamiento oficioso y el parentesco con la aristocracia o el soberano. Los exámenes tenían tanto prestigio que algunos candidatos se pasaban toda la vida tratando de aprobarlos y otros llegaban incluso a castrarse para mejorar su concentración.

Los escasos conocimientos que éstos tenían sobre el «Imperio del Medio» estaban a menudo deformados por los rumores. Así, la religión china les parecía algo incomprensible: aquella mezcla inextricable de religiones les parecía un subproducto de la más primaria de las supersticiones. El europeo, hombre de orden, no había conocido más que religiones bien jerarquizadas, en las que todos sus fieles compartían una misma fe. Y la sensación de hallarse ante una superstición en materia religiosa era suficiente para suscitar nobilísimas  vocaciones  misioneras.

Los europeos, estupefactos ante las extravagancias chinas, visibles tanto en sus costumbres y en sus trajes como en su arte, les calificaban, por tanto, de «bárbaros». En cuanto a los chinos, pensaban lo mismo de los europeos. Encontraban ridiculas sus largas narices, se burlaban de sus estrechos trajes, dentro de los cuales los hombres aparecían tiesos, y hallaban mal hechas las prendas (los chaquets), que no podían cerrarse y poseían un apéndice inútil que les colgaba por detrás. ¡Y qué decir de aquellos sombreros en forma de tubo de chimenea!

Los mandarines hablaban un dialecto especial que hoy en día es la lengua china más hablada.Más de mil millones de sus habitantes, el 95% de la población, habla chino frente a las otras minorías que hablan idiomas de diferentes familias lingüísticas, como el tibetano, el mongol, el lolo, el miao y el tai.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Quienes fueron los Jenízaros en el Imperio Otomano o Turco?

ORIGEN Y FUNCIÓN DE LOS JENÍZAROS EN EL IMPERIO TURCO

Los jenízaros eran miembros del ejército turco otomano creado por el sultán Orjan , padre del futuro sultán Murat I. A través de sus conquistas militares a partir  del siglo XIV los otomanos comenzaron a reclutar  tropas asalariadas de mercenarios, esclavos, prisioneros de guerra y desde mediados del siglo XV una leva de jóvenes cristianos de los Balcanes (llamados devsirmes). A partir de estas nuevas fuerzas (las kapikulli) surgió la famosa y muy disciplinada infantería otomana, cuyos miembros eran conocidos como los jenízaros, que fue el factor principal de los éxitos militares otomanos desde finales del siglo XV en adelante. 

personajes raros de la historia

INTRODUCCIÓN: El Imperio Otomano surgió a finales del siglo XIII en el norte de Anatolia (parte de la actual Turquía). Emparentados con los mongoles y otros nómadas, los turcos, conjunto poco cohesionado de pueblos del interior de Asia central, estaban organizados según clanes dinásticos, tal como el de los selyuk, que lograron gran poder en Oriente Medio durante el siglo XI. Los europeos derrotaron a los turcos selyúcidas en la primera Cruzada de 1095

Los otomanos, otro clan turco, tomaron Constantinopla en 1453, poniendo punto final al Imperio Bizantino. (Su nombre no proviene del sofá otomano;  mueble al estilo de Oriente Medio, toma el nombre del clan turco.)

Los turcos otomanos eran musulmanes, al igual que los selyúcidas anteriores a ellos, los árabes y otros pueblos de Asia oriental. Como los árabes, lucharon con el espíritu de la jihad (la guerra santa) para formar un imperio que se extendía desde Budapest, en Hungría, hasta Bagdad, en Irak y, hacia el sur, hasta Asuán, en el Nilo superior, incluyendo también la costa mediterránea de África.

Las guerras incesantes y las alianzas acertadas supusieron el éxito de los otomanos en las coqnuistas territoriales y que hasta finales del siglo XVII, Europa no representó ningún peligro auténtico para los turcos, pero a partir de entonces, la situación comenzó a cambiar con rapidez.

En términos generales, después del reinado de Luis XIV habían quedado zanjadas las principales disputas territoriales de Europa occidental, y las fronteras de los estados permanecerían estables durante todo el siglo XVIII. Pero la aparición de dos importantes monarquías en el este de Europa —Prusia y Rusia— alteró considerablemente el equilibrio de poderes hostiles a Turquía.

Cuando murió Solimán el Magnífico en 1566, el Imperio otomano se dedicaba a asaltar los pueblos del Mediterráneo para apresar a los cristianos de las costas de Italia y España con el objetivo de venderlos como esclavos en los puertos islámicos del mar Negro.

Se cree que entre 1530 y 1780 más de un millón de europeos cristianos fueron raptados por corsarios musulmanes cuyas bases de operaciones se encontraban en ciudades del norte de África como Túnez y Argel. Muchos eran enviados a trabajar en canteras o como remeros de galeras otomanas.

Utilizar a los esclavos como soldados era una antigua costumbre islámica. Saladino, el gran conquistador de los cruzados cristianos, tenía un ejército de soldados-esclavos que finalmente se rebeló para tomar el control de Egipto y fundar la dinastía de los mamelucos. Los otomanos continuaron aplicando la misma política tras arrebatar Egipto a los mamelucos en 1517.

Se llevaban a jóvenes cristianos de los Balcanes para que sirvieran en el ejército otomano, donde primero los preparaban como soldados-esclavos de la corte y finalmente se convertían en la escolta personal del sultán.

ejercito de jenizaros turcos

Las tropas de choque del ejército turco eran los jenízaros, soldados de infantería provistos de arcos, y famosos por su disciplina y su indefectible fidelidad al sultán. Más tarde usaron armas de fuego. Además no podían casarse ni ejercer ninguna profesión civil.

Esos reclutas, llamados jenízaros, eran la piedra angular del ejército permanente otomano. Aunque les obligaban a servir en el ejército, también les pagaban un sueldo, en una época en que la mayoría de los ejércitos europeos dependían de los botines de las campañas victoriosas, razón por la que las tropas imperiales de Carlos V saquearon Roma en 1527.

Los jenízaros solían acabar teniendo una buena posición social y con su lealtad iban adquiriendo privilegios.

Con el tiempo, tener un hijo jenízaro acabó considerándose un gran honor. A partir de la década de 1440 esas tropas de élite adoptaron las armas de fuego y se convirtieron en expertos ingenieros.

En resumen los jenízaros no eran turcos: eran de origen búlgaro, húngaro, griego, circasiano, etc., y eran hombres que habían sido capturados siendo niños, en el transcurso de las guerras, y convertidos después.

A partir de los doce años, eran dotados de una instrucción militar muy severa. Aislados en campamentos de barracas volantes, y consagrados, en principio, al celibato, constituían en su origen una tropa de una dureza y de una combatividad excepcionales.

Su vida diaria estaba regida por leyes especiales, que les apartaban de la vida civil; incluso se les prohibía el matrimonio. La devoción a esa disciplina convirtió a los jenízaros en el azote de Europa.

Sin embargo, estas normas cambiaron con el tiempo; el reclutamiento se relajó (también se admitieron musulmanes) y debido a los privilegios de que disfrutaban, su número ascendió de aproximadamente 20.000 en 1574 a unos 135.000 en 1826.

Para aumentar sus sueldos, los jenízaros comenzaron a ejercer distintas relaciones comerciales y establecieron fuertes vínculos con la sociedad civil, reduciendo de este modo su lealtad al sultán.

En algunos momentos se convirtieron en personas influyentes y en aliados de las fuerzas conservadoras, oponiéndose a toda reforma y evitando permitir que se modernizara el Ejército.

jenizaron en el imperio otomano

Su disciplina estaba relajada, y fue necesario, a partir de 1600, renunciar a imponerles el celibato. Las fuerzas que antes reservaban sólo para la guerra fueron desperdiciadas en el vicio y en la intriga.

Los siglos XVII y XVIII estuvieron subrayados por sangrientas revueltas. Artífices de la grandeza del Imperio en otro tiempo, los «Yeni-Cheri» se convirtieron en instrumento de su ocaso.

Si bien el sultán Selim se opuso a ellos en sus proyectos de reforma interior, los encontró a la cabeza de los rebeldes que, en el exterior, se alzaron contra su autoridad. En Bulgaria, por ejemplo, se les encuentra al lado de los bandidos que devastaban el país.

Aunque las tropas otomanas se opusieron con éxito a las de Napoleón en Egipto, y a pesar de que la paz firmada en 1802 entre Francia y Turquía fue favorable a las dos partes, el sultán no logró, sin embargo, romper la oposición interior. Hostiles a toda reforma, los jenízaros sublevados penetraron en el Serrallo y obtuvieron la caída de Selim III, antes de hacerle asesinar en julio de 1808.

En el siglo XIX, en la década de 1820, debido a su impotencia para aplastar la insurrección griega les desacreditó completamente, y animó al sultán Mahmud II a proyectar su eliminación.

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PARA SABER MAS…

Jinetes y jenízaros: Quizá la causa principal del avance turco fuera el poderío de los ejércitos otomanos.

La extraordinaria capacidad de lucha de los otomanos se basaba en dos elementos: el primero era los sipahis, caballería ligera y móvil que desconcertaba a la más lenta e indisciplinada de los ejércitos europeos. Atraídos por las continuas promesas de nuevo botín, sus componentes siempre estaban dispuestos a emprender nuevas campañas guerreras.

El segundo elemento lo constituían los jenízaros, soldados de infantería provistos de arcos y más tarde de armas de fuego.

Eran las tropas de choque del sultán. No podían casarse ni ejercer ninguna profesión civil. Famosos por su disciplina y bravura y por su indefectible lealtad al sultán, todos ellos eran esclavos capturados en las tierras conquistadas de los Balcanes por medio del sistema de devsirme.

A intervalos irregulares, cada tres o cinco años, se reclutaban entre los cristianos muchachos entre los ocho y los veinte años, a quienes se daba una preparación especial.

Después de convertirse al Islam, algunos eran destinados a jenízaros, pero la mayor parte ocupaban los altos puestos del Estado, tanto en el ejército como en la administración.

En realidad estaban más capacitados para engrandecer el poder que los mismos musulmanes, cuya misión se limitaba al desempeño de los puestos de la jerarquía religiosa.

Los altos cargos eran ocupados por esclavos, seleccionados únicamente según sus méritos. De este modo, los hombres más capaces podían ocupar los puestos más elevados.

Todo ello estaba engranado por una burocracia y una disciplina militar más eficientes que las de los estados europeos, sumergidos en la corrupción, en el nepotismo y en el feudalismo hereditario. La pieza clave de este mecanismo político era el sultán, quien dirigía personalmente al ejército en la batalla En teoría, su poder era virtualmente absoluto.

Fuente Consulatadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen

 

Teoría del Homunculo en la Concepción Humana

Teoría del Homúnculo en la Concepción Humana

Siempre se ha considerado el nacimiento de un nuevo individuo como un acontecimiento muy importante, pero hasta el siglo XIX no llegó a comprenderse con precisión el complejo proceso reproductor.

Todos los mamíferos, incluido el hombre, se multiplican por reproducción sexual. En el siglo XVII, el renombrado microscopista holandés Antón von Leeuwenhoek construyó un microscopio que le permitió ver que el semen (fluido emitido por el macho en la cópula) contenía pequeñas células cabezudas, los espermatozoides o células masculinas.

Las células femeninas correspondientes, los óvulos, no se descubrieron hasta 1827, año en que Karl Ernst von Baer, pionero de la embriología, las observó. En este intervalo se discutió acaloradamente acerca de los papeles respectivos del espermatozoide, llamado también espermio y espermatozoo, y el óvulo: algunos creían que el espermatozoide contenía un homúnculo o ser humano en miniatura y que la función del óvulo se limitaba a proporcionarle alimento a lo largo de la gestación.

La postura contraria postulaba que el papel del espermio era activar el ser humano preformado que se encontraba en el óvulo. En la actualidad sabemos que los homúnculos no existen y que los organismos complejos se forman mediante división celular controlada por los genes que cada célula contiene y que dirigen el desarrollo de la totalidad. Esto explica por qué los niños tienen características tanto del padre como de la madre. El óvulo y el espermatozoide tienen, pues, la misma importancia.

La teoría del homúnculo se aceptó hasta 1827, año en que el pionero de la embriología, Karl Ernst von Baer, descubrió la existencia del óvulo. El descubrimiento de los espermatozoides por el micro scopista holandés Antón von Leeuwenhoek en 1677 llevó a pensar que el espermio humano contenía un hombrecito en miniatura, completamente formado, al que el óvulo sólo le servía como alimento. Las teorías contrarias sostenían que el homúnculo se hallaba en el óvulo, y el espermatozoide se limitaba a activarlo. En 1759, el naturalista Caspar Fríedrich Wolff refutó estas teorías preformacionistas en su obra Theoria generatíonis en la que se anticipaban un siglo los descubrimientos de la embriología.

homunculo

El término homúnculo, según Wikipedia, parece haber sido usado por primera vez por el alquimista Paracelso, quien una vez afirmó haber creado un homúnculo al intentar encontrar la piedra filosofal. La criatura no habría medido más de 30 centímetros de alto y hacía el trabajo normalmente asociado con los golems. Sin embargo, tras poco tiempo, el homúnculo se volvía contra su creador y huía. Actualmente la definción de la RAE es: Ser con características humanas, generalmente deforme y creado artificialmente.

Fuente Consultada:
El Arbol de la Sabiduría Fasc. N°53 La Concepción Humana

Samurai Siete Reglas del Samurai Credo Samurai Japon Shogunes Historia

Samurai – Las Siete Reglas del Samurai

Siempre ha habido un marcado interés por conocer todo lo concerniente a la vida e ideas de aquellos guerreros legendarios del antiguo Japón, cuyo espíritu, en alguna medida, aún vive en el moderno país del sol naciente. Muchas veces se habla del “alma del Japón” como de algo casi equivalente al espíritu de sustentación de los llamados samuráis. Los «shogunes« eran generales que actuaban como dictadores y los «samuráis» eran caballeros japoneses. Ambos dominaron Japón durante cerca de siete siglos, a partir del siglo X.

LAS SIETE REGLAS

1-Gi-Rectitud – Decisiones Correctas

2-Yuu-Coraje

3-Jin – Benevolencia

4-Rei – Respeto

5-Makoto – Honestidad y Sinceridad

6-Meiyo – Honor

7-Chuu – Lealtad

Historia: La edad media en Occidente está perfectamente definida por los historiados y como sabemos comienza con la caída del imperio romano de occidente hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, pero en Oriente (China, Japón) esta etapa esto no esta tan definido. Para el caso de  Japón, se podría decir que la edad media comienza con el periodo Kamakura, en el 1185, y termina con la Restauración Meiji , hacia el 1868.

La familia Fujiwara tuvo el poder en Japón durante trescientos años desde el siglo IX. Sin embargo, su influencia se desvaneció cuando dejaron de tener hijas, tradicionalmente destinadas a ser las esposas del emperador.

Durante algún tiempo, gobernaron el país algunos de los antiguos emperadores. Entonces el clan Taira asumió brevemente el poder hasta que un clan rival, el Minamoto, se reunió bajo el mando de Minamoto Yoritomo y se hizo con el poder. Yoritomo asumió el titulo de «sei-i dai shogun», que significa «gran general conquistador de bárbaros». En 1192, fundó el shogunato Kamakura, a través del cual gobernó Japón desde su estado, Kamakura, cerca de Edo (Tokio). Este período termina en 1333 cuando Ashikaga Takauji tomo el poder.

Durante el inicio de este período hubo permanente luchas y guerras entre regiones hasta que dos clanes muy poderosos se enfrentaron en forma definitiva:Minamoto y Taira. Minamoto Yorimoto tomo Kyoto, trasladó la capital de Kyoto a Kamakura, recibió plenos poderes y con los cuales Minamoto estableció un gobierno militar, o Bakufu. Así fue como comenzó el tiempo de los shogunes, y en concreto el Shogunato Kamakura.

Minamoto Yoritomo (1147-1199) fue un ambicioso noble que encontró su oportunidad en el caos que siguió a la caída del poder de los Fujiwara. Yoritomo aplastó sin piedad a sus enemigos, incluyendo a muchos miembros de su propia familia.

El sistema de gobierno japonés era muy complejo. El emperador era una figura ceremonial a la cual todos tenían que reverenciar pero quien tenía el verdadero poder era el shogún. Los regentes de los emperadores y de los shogunes también tenían influencia como sucedía con los daimyos (grandes señores), que se enfrentaban por lograr una posición en la corte y que solían luchar por las tierras. Como resultado de esas enemistades, surgió una clase de guerreros, los llamados samuráis, que luchaban al servicio de unos u otros daimyos.

SAMURÁIS, CABALLEROS DE JAPÓN
Los samuráis eran caballeros que estaban preparados para luchar hasta la muerte por sus ares, a quienes juraban lealtad eterna. Al igual que los caballeros europeos, los samuráis creían en la verdad y el honor, y tenían un estricto código de conducta llamadobushido. Antes del combate, un samuráis gritaba su nombre y el de a antepasados, y alardeaba de sus hazañas heroicas. En la batalla, luchaba cuerpo a cuerpo, utilizando a veces dos espadas al mismo tiempo. Si era derrotado o capturado por sus enemigos, tenía que realizar un suicidio ritual (haraquiri) para salvaguardar su honor. A veces, la rivalidad de los samuráis era muy destructiva.

Los samurais eran los guerreros japoneses que pertenecían a la aristocracia militar, servían a un señor y seguían un código de honor conocido como Bushido. Cuando un samurai se quedaba sin señor, pasaba a ser un ronin (samurai sin señor). Los soldados de infantería (ashigaru) no eran considerados samurais.

En 1333, el clan Ashikaga derrocó al shogunato Kamakura y al emperador, nombrando a otro en su lugar. También nombró shogunes, esta vez en Kyoto. Sin embargo, los señores provocaban frecuentes luchas de samuráis y esta situación empeoró hasta que se desencadenó la guerra civil Onin (1467-1477) y Japón se dividió en cerca de cuatrocientos estados regidos por diversos clanes.

Los emperadores de Kyoto se vieron impotentes para impedir la situación y se empobrecieron. A pesar de estos hechos, crecieron el comercio y la cultura centrados en los estados de los daimyo, aunque para la gente del pueblo las guerras entre señores no generaron más que elevados impuestos, inseguridad y trastornos en su vida.   

Al igual que para los caballeros europeos y los guerreros musulmanes, la religión y la guerra estaban estrechamente unidas para los samuráis. Tardaban mucho tiempo en vestirse y en armarse para la batalla, y tenían regias estrictas acerca de la limpieza y los rituales.

BUSHIDO: Durante el siglo XII, el zen, una rama del budismo, se extendió desde China a Japón. Sus reglas, simples pero estrictas, eran seguidas por los samuráis. Los santuarios budistas, como el de a ilustración, también se construyeron al estilo chino. El Bushido procede del Budismo, Zen, Confucionismo, y Sintoísmo. La combinación de esas tres escuelas de pensamiento y religiones ha formado el código de los guerreros conocido como Bushido. El Bushido creó un modo de vida para mantener a una nación a través de sus tiempos mas problemáticos, a través de guerras civiles, desesperación e incertidumbre.

La Justicia es uno de los principales factores en el código del Samurai. Caminos torcidos y acciones injustas son consideradas denigrantes e inhumanas. Amor y Benevolencia son virtudes supremas y actos dignos de un príncipe. Los Samuráis siguen un ceremonial especifico cada día de su vida, así como en la guerra. Sinceridad y Honestidad son tan valoradas como sus vidas.

El Bushido o el «Camino del Guerrero» es el código de honor seguido por los samuráis. Básicamente se basaba en lealtad y honor hasta la muerte, si se perdía el honor había de recuperarse realizando senppuku (suicidio ritual). 

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LAS SIETE REGLAS DEL SAMURAI

1-Gi-Rectitud – Decisiones Correctas

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo.
Cree en la justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.
Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.
Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2-Yuu-Coraje

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar.
Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurai debe tener valor heroico.
Es absolutamente arriesgado. Es peligroso.
Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa.
El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3-Jin – Benevolencia

Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte.
No es como el resto de los hombres.
Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión.
Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad.
Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4-Rei – Respeto

Los samurai no tienen motivos para ser crueles.
No necesitan demostrar su fuerza.
Un samurai es cortés incluso con sus enemigos.
Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.
Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás.
La auténtica fuerza interior del samuraise vuelve evidente en tiempos de apuros.

5-Makoto – Honestidad y Sinceridad

Cuando un samurai dice que hará algo,es como si ya estuviera hecho.
Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de «dar su palabra» no ha de «prometer» el simple hecho de hablarha puesto en movimiento el acto de hacer.
Hablar y hacer son la misma acción.

6-Meiyo – Honor

El auténtico samurai solo tiene un juezde su propio honor, y es él mismo.
Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad.
No puedes ocultarte de ti mismo.

7-Chuu – Lealtad

Haber hecho o dicho «algo», significa que ese «algo» le pertenece. Es responsable de ello y
de todas las consecuencias que le sigan.
Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.
Las palabras de un hombre son como sus huellas;puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

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LOS SAMURÁIS EN BATALLA: Los samurais son guerreros desde el instante en que se transforman en samurais hasta el momento de su muerte, ellos no tienen miedo al peligro. El samurai utiliza la meditación como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y finalmente de los errores.

Son luchadores, expertos en las artes marciales. Tienen notable habilidad con el arco y la espada, y son también son grandes jinetes.  Son hombres que viven siguiendo el Bushido; es su modo de vida. La lealtad total del samurai es para su Emperador y para su Daimyo. Son honestos y de total confianza. Viven vidas frugales, sin intereses en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo y honor. Son hombres de valor verdadero. Los samuráis no temían a la muerte. Entablan batalla sin importar cuales sean las dificultades. Morir en la guerra reportará honor a su familia y a su señor. Los samurais prefieren luchar solos, uno contra otro.

Las batallas de los samuráis estaban sometidas a muchos rituales. Lo primero que hacían era rezar y adoptar una serie de poses (para parecer más fuertes), después emitían gritos y hacían ruido con sonajas y gongs con objeto de asustar al enemigo. Los samuráis, individualmente, podían combatir en duelos o concursos.

Las batallas parecían una danza o un juego de ajedrez ceremonial. Sin embargo, las guerras entre samuráis eran a muerte una vez que se entraba en batalla. Durante el periodo Ashikaga (1338-1573), gran parte de los enfrentamientos acabaron convirtiéndose en luchas sin sentido por el honor y por parcelas de tierra.

Belleza fatal La meticulosidad con la que se forjaban las espadas samuráis era comparable a la habilidad empleada para decorar tanto la empuñadura como la funda. Esta espada se prendía a la cintura; su funda es de laca decorada con símbolos de la familia y está envuelta en seda para protegerla, al igual que la empuñadura: en la base tiene un protector. Las primeras fundas eran simples placas circulares de hierro con una rendija para la hoja, pero se hicieron cada vez más refinadas, con diseños incrustados.

LAS ARMAS DE UN SAMURAI
El término samurai corresponde a la élite guerrera del Japón feudal. En la época de los shogunatos el rango de samurai se consolidó como un estado selecto déla sociedad. Las armas y armaduras que usaba eran símbolo de distinción y la manifestación de ser samurai. Es así como los forjadores de sables y los fabricantes de armaduras dedicaron su talento a la producción de estos objetos combinando . funcionalidad con belleza.
Pero para armar a un samurai se necesitaba más que un sable y un traje de metal. Parte de su equipo era psicológico y moral; se regían por un código de honor muy estricto, el bushido (la vía del guerrero) en el cual el valor y la lealtad eran fundamentales. El sable era considerado el alma del samurai. Existen varios tipos; entre ellos el kaiana (sable largo). wakishasi (sable mediano) y tanto (sable corto usado por las mujeres). El sable se usaba en el cinturón y era el símbolo distintivo del samurai.

casco samurai

Kabuto o casco japonés, tiene forma da domo y está compuesto de láminas remachadas entre sí, lo que le da una gran rigidez, liviandad y resistencia a los golpes del sable. Simboliza la valentía y honradez de su dueño.

El credo del samurai:
No tengo parientes, Yo hago que la tierra y el cielo lo sean.
No tengo hogar, Yo hago que el shintao lo sea.
No tengo poder divino, Yo hago de la honestidad mi poder divino.
No tengo medios, Yo hago mis medios de la docilidad.
No tengo poder mágico, Yo hago de mi personalidad mi poder mágico.
No tengo cuerpo, Yo hago del estoicismo mi cuerpo.
No tengo ojos, Yo hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos, Yo hago de mi sensibilidad mis oídos.
No tengo extremidades, Yo hago de la rapidez mis extremidades.
No tengo leyes, Yo hago de mi auto-defensa mis leyes.
No tengo estrategia, Yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.
No tengo ideas, Yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.
No tengo milagros, Yo hago de las leyes correctas mis milagros.
No tengo principios, Yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.
No tengo tácticas, Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.
No tengo talento, Yo hago que mi astucia sea mi talento.
No tengo amigos, Yo hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigos, Yo hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura, Yo hago de la benevolencia mi armadura.
No tengo castillo, Yo hago de mi mente inamovible mi castillo.
No tengo espada, Yo hago de mi no mente mi espada.

Las batallas entabladas entre samurais se iniciaban al son de arcos y de gritos y se proseguían en medio de alardes y desafíos y semejaban un convencional torneo de esgrima. El samurai, equipado con una suntuosa armadura forrada de oro y plata, era un maestro en el manejo del arco y del sable—ese largo sable de combate que medía hasta cinco pies de largo; el sable corto estaba reservado para decapitar al adversario vencido o para hacerse el harakiri. Los sables forjados por los artesanos japoneses lian sido difícilmente superados.

Armas de un samurai:

Kozuka: cuchillo de 15 cm., afilado solo en un lado, se utilizaba generalmente para ser lanzado a la cabeza y el cuello del oponente.

Himagatana: daga de 25 cm.

Kubikiri: daga de 40 cm.

Tanto: pequeño cuchillo

Wakizashi: pequeña espada de entre 30 y 60 cm.

Katana: la espada característica del samurai

No-Dachi: una katana de gran tamaño que requería el uso de ambas manos para su manejo

Yumi: arco típico de los samuráis de a pie

Ashi-Kyu: arco grande de las tropas de a pie

Dai-Kyu: gran arco, más grande que el ashi-kyu, que era utilizado por la caballería samurai

Yari: lanza

Tetsubo: una especie de bastón hecho totalmente de metal

Tessen: abanico metálico que se utilizaba para la defensa y para dirigir a las tropas.

Insultos del Samurai:

Dekai guzo: Idiota.
Zurui chibi: Enano rastrero.
Kusatta Ningen: Individuo putrefacto.
Chikusho: Bestia grosera.
Dani: Sanguijuela o garrapata.
Onna tarashi: Petimetre.
Urenokori: Vieja desagradable.
¡Ojamamushi!: !Insecto molesto!
¡Kono yaro!: ¡Gusano insignificante!
Ojo-sama: Miembro ineficaz de otro clan, especialmente un bushi (literalmente «niña rica y mimada)

Maldiciones y otras expresiones.
¡Zakennayo!: Expresión general de rabia y frustración. Los Cangrejo la emplean mucho.
Cho-yube: Maldición, la fastidiamos.
Kuchi ni Chakku: ¡Callate!
¿Okesho wa doshitano, geisha-san?: ¿Donde tienes el maquillaje, geisha?
Rakki yaro: Bastardo afortunado.

En el siglo XVI el país se pacificó, y los samuráis ocuparon menos tiempo en la batalla, y se dedicaron a cultivar su propia tierra o, en otros casos, a administrar las tierras de sus señores feudales.

Las familias de los samuráis representaban un 6% de la población y se casaban entre sí para mantener la valorada estirpe. Las esposas de los guerreros debían infundir en sus hijos los ideales del bushido, pero el rigor del código y su disciplina eran tan severos que los deberes maternos no pudieron ser sencillos. Unos lamentos demuestran lo arduo de la vida de una mujer:

«Paso los días en llanto:
arduas, tan arduas
son las penas de esta vida.
Mientras más se prolonga,
más pesan las penas.»

Desde el siglo XVI, los guerreros vivían lejos de las esposas, en los castillos y mansiones de sus jefes. Se les pagaba con arroz; las raciones de guerra eran de, más o menos, 1 Kg. diario de arroz crudo. El hábito de los guerreros de comer arroz, y tres veces al día en lugar de dos, se extendió a los campesinos que antes comían trigo o mijo.

Pacífico retiro
Al envejecer, algunos guerreros dejaban las armas e ingresaban a monasterios budistas. A partir del siglo XIV, el  Zen ganó muchos seguidores samuráis. La austeridad e indiferencia hacía la  muerte atrajeron  a los guerreros que encontraron en tal forma budista el rigor de la vida samurai, pero sin la violencia. El Zen enseñaba que la iluminación provenía de la intuición y la contemplación; los guerreros samurai que antes combatieron en feroces batallas, ahora pasaban largas horas en meditación.

Los jardines japoneses, con sus meticulosos arreglos de piedras, matorrales y puentes, se deben a la tradición Zen. La ceremonia del té, iniciada como un ritual Zen, se difundió en Japón en el siglo XV. Se realizaba en rústicos pabellones con pocos muebles, diseñados para inducir tranquilidad, y una elaborada etiqueta gobernaba la forma en que se usaban los utensilios, el té y el agua caliente. El samurai dejaba sus espadas a la entrada y se sentaba para conversar quedamente con los presentes. Cuando se le servía el tazón de té, lo tomaba con ambas manos, admiraba su textura y forma sencilla, y bebía tres sorbos.

EL FIN: La abolición de los privilegios de los samurai causó problemas sociales. En 1876-1877 hubo una rebelión de samurai liderada por Saigo Takamon. Los rebeldes samurai se enfrentaron con sus armas tradicionales al ejército del emperador, armado con tecnología bélica europea. Los samurai fueron completamente derrotados por el ejército nacional, murieron cerca de 20 mil de ellos. Este fracaso marcó el final de la era de losguerreros. Sin embargo, aunque actualmente los samurai no tienen ningún estatus oficial en Japón, losdescendientes de sus familias gozan de estima entre la población japonesa, especialmente la rural.

PARA SABER MAS…

LAS ANTIGUAS familias de samuráis vivían en mansiones fortificadas en la tierra correspondiente a su clan. Las mujeres de los samuráis debían obedecer a sus padres y a sus maridos del mismo modo que los guerreros acataban las órdenes de su señor.

LA MUJER DEL SAMURAI La mujer del samurai debía ser leal y obediente. Cuando sus maridos iban a la guerra, las mujeres tenían que administrar la casa. Tomoe Gozen fue una famosa esposa de samurai, que acompañó a su esposo a la batalla, pero fue una excepción. A pesar de las similitudes entre el código Bushido y el código de caballería europeo, el sitio de la mujer en ambos casos es muy diferente. En lugar de las bellas muchachas o las damas en dificultades de los códigos de caballería, las leyendas japonesas describen mujeres compañeras y leales.

LA «HISTORIA DE GENJI» Los emperadores de Japón vivían en Kyoto, lejos de los señores de la guerra. La vida en la corte era dulce y placentera. Una novela japonesa clásica es La historia de Genji (h. 1000), escrita por Murasaki Shikubu para deleite de la emperatriz Akiko. Describe los viajes y los amores de un joven príncipe. Poco se sabe acerca del autor, excepto que pertenecía a la noble familia de los Fujiwara.

CAMPESINOS
Hombres, mujeres y niños trabajaban en los campos. A los agricultores no se les permitía vestir seda ni beber sake (vino de arroz), lujos de los que sí disfrutaban sus amos, los samuráis. No obstante, los campesinos recibían el respeto de la sociedad ya que producían el alimento para todos.

COMERCIANTES
Los comerciantes gozaban de mayor consideración, aunque ningún samurai que se respetase podía interesarse siquiera por el comercio. Se consideraba impropio incluso que conocieran el valor de las monedas.

ARTESANOS
Los herreros gozaban de gran reputación en la sociedad de los samuráis, y los forjadores de espadas eran particularmente respetados. Estos artesanos debían seguir una serie de normas: ser solteros y vegetarianos, y usar ropas blancas durante su trabajo. Las magníficas armas que producían los forjadores se transformaban en reliquias con el paso de las generaciones.

LA CULTURA SAMURAI El código Bushido era un llamado a la perfección. Los samuráis debían ser tan sensibles ante una obra de arte como valerosos en la batalla. «Practica las artes de la paz con la mano izquierda, y las artes de la guerra con la mano derecha» se lee en el Bushido. Algunos samuráis fueron ilustres calígrafos y poetas. En tiempos de los shogunes Ashikaga, se desarrolló en gran medida esta vertiente pacífica de la vida del samurai.

Historia de Japón: Dinastía Tokugawa

Fuente Consultada:
Gran Enciclopedia de la Historia Sitio WEB www.usuarios.multimania.es
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK

Importancia de los Cereales en la Alimentacion Humana Historia

Importancia de los Cereales en la Alimentación Humana

De las tres necesidades básicas del hombre: alimento, vivienda y vestido, no hay duda que. la alimentación es la más importante.

El hombre, es por naturaleza  omnívoro (se alimenta de carne y vegetales), utiliza en su alimentación productos de origen vegetal que proceden de la agricultura, ocupación a la que se dedica la mayoría de la población activa del mundo, y productos de origen animal, como carne, leche, huevos y pescado.

LOS CEREALES
los cerealesLos cereales o granos constituyen el alimento básico de la mayoría de la humanidad.

El trigo, el arroz y el maíz son los cereales que poseen más importancia económica, pero hay otros, como el centeno, la cebada y el mulo, que sirven de alimento a millones de personas, especialmente en Europa. Asia y África.

La importancia de los cereales se debe a que son ricos en almidón y proveen al organismo de combustible y energía.

En la alimentación humana se les emplea en formas diversas: pan, sopas, pastelería y bebidas.

Algunos son destinados en grandes cantidades a la alimentación del ganado, por lo cual, contribuyen indirectamente a la provisión de carne y grasas.

La distribución del cultivo de los cereales está determinada por factores geográficos, tales como los tipos de clima y suelo, y la densidad de población.

La importancia que los cereales han tenido en las regiones donde se han desarrollado inicialmente, hace que aparezcan muy unidos a los principales tipos de civilización.

Hay tres clases de semillas de hierbas que proporcionan más de la mitad del alimento de la población del mundo.

Trigo, arroz y maíz se comen solos o sirven de alimento a animales que serán sacrificados para consumo humano.

Otras plantas de semillas comestibles que contribuyen a la nutrición humana incluyen la avena, el centeno, la cebada, el mijo y el sorgo. Estas plantas se llaman cereales, por Ceres, la diosa romana de la agricultura.

Debajo de la cascarilla, un endosperma de almidón seco rodea el germen o embrión, que es la semilla en sí.

Cuando el germen brota, las enzimas comienzan a desdoblar el almidón en maltosa y dextrinas.

Las proporciones aproximadas de los tres elementos de una semilla son 2% de germen, 13% de cáscara y 85% de almidón. El contenido de agua es bajo, a fin de que las semillas resistan el maltrato.

Hace unos 9,000 años, en el valle del Eúfrates, pueblos cazadores y recolectores descubrieron que si guardaban con cuidado las semillas, éstas eran comestibles casi por tiempo indefinido.

Entre los granos que cosechaban había una especie primitiva de trigo que comenzaron a cultivar hace unos 6,000 años. La especie de mayor uso en los países desarrollados es el tipo para pan Triticum vulgare, rico en gluten, una proteína compleja que tiene una propiedad útil: se vuelve elástica cuando se le mezcla con agua.

Cuando se prepara una masa de harina de trigo con agua y levadura o algún otro leudante, la suave fermentación que se produce genera bióxido de carbono.

El gluten elástico se expande y atrapa las burbujas de gas dentro de la masa.

La harina fuerte, rica en gluten, da un pan de textura esponjosa y gran volumen.

La harina débil, baja en gluten, es ideal para bizcochos, pasteles y galletas.

El cereal que más se cultiva es el trigo: casi 600 millones de toneladas por año en aproximadamente 230 millones de hectáreas de terreno. Crece mejor en climas templados con una precipitación pluvial de 300 a 900 mm por año.

El trigo duro rico en proteína, ideal para pasta seca, crece en climas más secos.

El trigo sarraceno (cuya harina se utiliza en algunos países para hacer pastelillos) no es exactamente un cereal, pero se usa como tal.

La tuscarora o arroz de la India (Zizania aquatica), que servía de alimento a las tribus nativas del norte del continente americano, es una semilla de hierba distinta al arroz, base de la alimentación de casi la mitad de la población del mundo.

En la India se cultiva desde el año 3,000 a.C. Como necesita agua y sol en abundancia, el arroz crece mejor en lugares donde puede ser irrigado.

Las matitas de 25 a 50 días se trasplantan de las macetas a los campos anegados con 5 a 10 cm. de agua para que maduren.

Este cereal carece de gluten, y de vitaminas A, C y B12, y contiene menos proteínas, lípidos y fibra que la mayoría de los cereales.

El maíz tiene un valor alimenticio inferior al de otros cereales y no contiene glucosa. Fue el sostén de los aztecas, los mayas y de otras antiguas civilizaciones americanas. Existen indicios que muestran que la producción de maíz se remonta a 7000  años.

La planta de maíz moderna es un hibrido obtenido de varias especies afines na de las cuales pudo haber sido una planta llamada teosinte, de un vocablo nahuatl que significa «oreja de maíz del dios».

La producción total mundial de este cereal sigue en importancia a la del trigo. Estados  Unidos produce cerca de 200 millones de toneladas anuales, casi la mitad de la cosecha mundial, de las cuales gran parte  utiliza como forraje.

El comercio, el clima y las preferencias  en la dieta local determinan quise producen en una región. Por  ejemplo la cebada puede crecer en climas fríos y en suelos más pobres que el trigo.

Aunque se usó para preparar pan antes que éste, no tiene gluten suficiente que fermente. Gran parte de la producción de cebada se usa como forraje y para preparar  cerveza; a tal fin se le germina para preparar malta.

Hasta mediados del siglo XIX en el norte de Europa se elaboraba pan con  harina de centeno, porque su resistencia al frío le permite crecer más cerca de los polos de que cualquier otro cereal. Tiene poco gluten y  produce un pan de masa densa.

La avena cultivada desde la Edad del Bronce, es nutritiva pero no contiene gluten. Se procesa  como cereal para desayunar, además de  servir de forraje.

La avena crece mejor en sitios fríos y húmedos, mientras que  el calor extremo y condiciones áridas.

Un cereal de grano pequeño que crece en sucios pobres es el mijo; una vez molido se prepara como pan sin levadura o se hierve con leche y se come como cereal caliente. Durante los siglos, los cereales se han cocinado con agua y se sirven calientes como potajes.

En 1859 aparecieron los cereales listos para comer, cuando Sylvester Graham , clérigo de  Connecticut con ideas avanzadas sobre la salud y los alimentos, presentó un bizcocho seco llamado galleta Graham. Poco después, preparó harina de trigo integral, que en Estados Unidos aún se conoce como harina Graham.

La madre  Ellen Harmon White, de la Iglesia Adventista, fundó un instituto de rehabilitación de  hábitos alimentarios en 1866, en Michigan que se convirtió en el Sanatorio Batlle Creek, al frente del cual estaba el doctor Harvey Kellogg, quien recomendaba dietas  vegetarianas a sus pacientes e hizo experimentos para obtener alimentos saludables y a la vez apetitosos.

Los tratamientos del Dr. Kellogg parecieron no surtirle efecto a un inventor y vendedor llamado C.W. Post, quien abandonó Battle Creek y buscó curarse bajo otros preceptos médicos. Ya sano, Post comenzó a su vez a crear nuevos alimentos.

De una receta desarrollada por un médico neoyorquino en 1863, elaboró un producto llamado Grape Nuts («nueces de uva»).

En 1897, las puso a la venta para competir con el Shredded Wheat (una especie de trigo desmenuzado), inventado en 1892 por Henry Perky, emprendedor abogado de Denver, Colorado.

En 1898, desde Balde Creek, Kellogg presentó un nuevo desayuno al que llamó Corn Flakes, que es maíz en forma de hojuelas.

Ocho años más tarde, su hermano William inició la producción comercial.

Las hojuelas se preparan cociendo la cascarilla y el endosperma duro de los granos de maíz con agua y saborizantes. Ya fríos, los granos se aplanan y desecan a altas temperaturas.

El auge de los cereales listos para comer se suscitó en la década de 1950, cuando, para atraer la atención de los niños, las cajas de cereal tenían personajes de caricaturas e incluían premios.

A los padres se les insistía en el carácter nutritivo y la conveniencia del producto, además de presentar programas de premios. Más tarde, tuvieron sabores especiales, más azúcar y formas peculiares. El valor nutricional de muchos productos era dudoso, ya que contenían mayor cantidad de azúcar que de cereal.

El interés por la nutrición ha marcado el regreso a los cereales menos procesados y con más grano natural.

COMPOSICIÓN Y VALOR NUTRICIONAL DE LOS CEREALES (por 100 Gr.)

CerealAgua ProteínaLípidosCarbohidratosFibraValor Energético
Avena13.013.07.563.71.43741566
Trigo Duro11.513.02.970.83.33611511
Trigo Blando12.012.32.671.52.83591503
Maíz12.59.23.373.02.23631520
Cebada12.210.51.474.00.73471453
Arroz12.97.00.677.90.23451444
Centeno13.711.61.711.711.73461449

EL TRIGO

El trigo es una PLANTA de la familia de las GRAMÍNEAS y del género Triticum. Se estima que su cultivo comenzó sólo hace unos 6.000 años y en la actualidad se estima que un quinto de las tierras arables del planeta están dedicadas a las cosechas de este cereal.

Tal como lo conocemos en la actualidad proviene de tres especies silvestres que, por recombinación, dan el cereal utilizado para elaborar el alimento de mayor producción: el pan y las pastas.

El grano es una sola semilla o fruto similar a una pequeña nuez, llamado cariopsis. Está cubierto por una delgada cáscara, el pericarpio, y varias otras capas de células, llamadas afrecho.

El color va del amarillo al blanco, y depende de la textura del centro del grano.

Dentro del afrecho se encuentra el endospermo, órgano de almacenaje del alimento.

El grano de trigo se cultiva principalmente como alimento humano y es una importante fuente de energía.

La composición varía considerablemente debido alas diferencias de los climas y suelos en los que crece. Contiene un promedio de 12% de agua, 70% de hidratos de carbono, 12% de proteínas, 2% de grasa, 1,8% de minerales y 2,2% de fibras.

Un kilo de trigo produce unas 3.300 calorías. Contiene tiamina, riboflavina y pequeñas cantidades de vitamina A, pero en los procesos de molido se extraen el afrecho y el germen, en los que estas vitaminas se hallan en mayor cantidad. La planta crece en forma similar a las demás gramíneas y está formada por las partes características de aquéllas.

Su cultivo y cosecha se encuentran mecanizados. Puede almacenarse por tiempo casi indefinido sin que se deteriore, si se lo mantiene limpio, fresco, seco (12-13% de humedad) y libre de insectos.

Los que dañan el grano no desarrollan actividad cuando se los mantiene por debajo de los 10°C y, en cambio, se multiplican rápidamente por encima de los 20°C. Coadyuva a su propagación el uso de insecticidas que no perjudiquen la calidad del cereal.

Salvo en áreas donde resulta imprescindible para la subsistencia inmediata, gran parte del trigo se transporta rápidamente del lugar de cultivo al silo y de éste a los mercados que proveen la demanda interna o externa.

Aproximadamente una décima parte del trigo cultivado se utiliza como semilla y pequeñas cantidades se emplean en la producción de almidón, pastas, malta, dextrosa, gluten (fuente del glutamato de monosodio), alcohol y otros productos.

Las calidades inferiores y el excedente sirven de alimento al ganado. Para estos fines, el trigo resulta equiparable al maíz en cuanto a valor nutritivo, pero debe ser molido salvo cuando lo ingieren las aves de corral.

Procesamiento

Si bien parte del trigo se consume como alimento simplemente mojando el grano y luego cocinándolo, la mayor parte debe procesarse antes de su consumo. El grano se limpia en el molino o planta de procesamiento para quitarle las partes no comestibles. Luego se lo raspa, lo cual elimina los pelos y la suciedad.

En ciertos casos es necesario lavarlo. Suele agregársele agua para que el grano se rompa en forma correcta.

El afrecho humedecido se aglutina en grandes copos. Durante el molido, el grano se rompe. Luego se hace pasar por una serie de rodillos que van tamizando las partículas más gruesas y dejando pasar las más finas.

Las primeras vuelven a ser trituradas. Unas tres cuartas partes del total se recupera como harina blanca. Si se recobra más de este porcentaje, el color resulta  más oscuro Y se llama harina integral. Después de la Segunda Guerra Mundial, los principales países exportadores de trigo eran los Estados Unidos de Norte América, Canadá, Argentina, Australia y, durante algunos años, Francia. Los principales importadores, el Reino Unido, laRepública Federal Alemana, Brasil, Los Países Bajos y Luxemburgo.

Fuente Consultada:
El Mundo y Sus Porque Reader´s degest
Diccionario Insólito Tomo 2
Grandes Pestes de la Historia Cartwright – Biddiss
Enciclopedia ALFATEMATICA N° 47.

La Legion Extranjera Francesa Historia de su Formacion Reclutamiento

Historia de la Legión Extranjera Francesa

Después de un período de relativa paz, en Argelia, donde la Legión tuvo hasta hace muy pocos años sus cuarteles permanentes, volvió a estallar una nueva insurrección; a los mercenarios les fue confiada la misión de reprimir a los rebeldes de la Kabilia, tarea que ellos cumplieron con el implacable rigor y el desprecio por sus vidas y las de sus enemigos que se estaba convirtiendo ya en rasgo característico de la Legión Extranjera en todas sus empresas bélicas. Más tarde en 1859, Napoleón III decidió ayudar a los patriotas italianos en su lucha contra Austria, que dominaba extensas regiones de Italia.

No era una ayuda del todo desinteresada ya que a cambio de ella Francia se anexaría después las provincias italianas de Saboya y Niza, pero de todas formas fue efectiva. En esa lucha la Legión Extranjera participó en todas las batallas decisivas: Magenta, donde su carga a la bayoneta bajo el huracán de fuego de la artillería enemiga llenaría de asombro a propios y ajenos; y Solferino, donde la bandera del 2° regimiento de la Legión fue condecorada en el mismo campo de batalla por el mariscal Mac Mahon, ya que el heroísmo temerario de los componentes de esa unidad le había permitido hender el centro enemigo y obtener una resonante victoria. Fue en México, cuatro años después, donde la Legión escribiría la página más brillante de su historia: Camerone.

La Legion Extranjera Francesa Historia

Imagenes de la antigua Legión Extranjera

Llegada para apoyar las pretensiones imperiales de Maximiliano de Austria, resuelto a ocupar el trono mexicano contra la oposición de los patriotas republicanos encabezados por Benito Juárez, la Legión fue enviada en seguida a las «tierras calientes», la región que se extiende entre Veracruz y Puebla, donde los juaristas eran más fuertes y traían en jaque constantes a los invasores. Un día de fines de 1863 el coronel Jeannin-Gros, comandante de la expedición legionaria, ordenó al capitán Danjou, veterano legionario que había perdido una mano en Crimea y combatido también en Italia y en Argelia, dar escolta con 60 legionarios a un convoy que transportaba tres millones de francos y munición de artillería para la guarnición de Palo Verde.

Según el relato que los legionarios escuchan todos los años en posición de firmes en la ceremonia conmemorativa, los juaristas, en número de más de 2.000 tendieron una emboscada a la escolta apenas ésta había acampado en las inmediaciones del poblado de Camarón (cuyo nombre los franceses deforman, convirtiéndolo en Camerone). 

El capitán Danjou hizo jurar en esos instantes a sus hombres que se defenderían hasta la muerte. Horas después al cabo de un violento combate en el curso del cual Danjou recibió un balazo mortal en la cabeza, sólo sobrevivían ocho legionarios heridos. La mano ortopédica del capitán Danjou, elevado el rango de héroe inmortal de la Legión, se conserva aún hoy, como una reliquia sagrada, en el cuartel principal de la Legión, en Aubagne.

En 1870 estalló la guerra franco-prusiana y una vez más Napoleón II recurrió a los legionarios, haciéndolos venir a territorio metropolitano —lo que estaba prohibido por las leyes— para defender a Francia. Los regimientos que parten de Oran no llevan alemanes en sus filas: una cláusula del contrato que los mercenarios firman al engancharse no les obliga a batirse contra sus patrias de origen.

antigua legion extranjera

De nada sirve esta vez que la Legión derroche valor en el campo de batalla: sitiado en Sedán con un importante ejército y ante la inminencia de la derrota el emperador se ha rendido. Todavía antes de volver a Argelia, los legionarios tendrán ocasión de hacer uso de sus armas, esta vez contra los hijos de la nación bajo cuya bandera combaten: son las sangrientas jornadas de la Commune de París y los regimientos extranjeros reciben orden de disparar contra los sublevados, pese a que la ley de 1831 vetaba expresamente que se los emplease en misiones de orden público. Después, con la reanudación de las guerras coloniales, la prensa «volverá a envolver las hazañas de los legionarios —que desde 1883 luchaban en Tonkín— en un halo de leyenda.

Mientras tanto, en la lucha contra un enemigo mal armado, pero obstinado y valiente, la Legión escribirá en su historia las páginas de Lan-son, Son-Tay, Tuyen-Kuan, donde fueron cercados 600 legionarios al mando del mayor Dominé y ofrecieron hasta la llegada de la columna de socorro una resistencia encarnizada que los redujo al límite de sus fuerzas y a menos de la tercera parte de sus efectivos. De vuelta a Argelia después de la conquista de Indochina, la Legión Extranjera conocerá durante unos pocos años la monotonía de la vida de guarnición hasta 1892, año en que algunos de sus regimientos parten con destino al África ecuatorial para participar en la conquista de Dahomey y, apenas acabada la campaña, en 1896, en la expedición colonial a Madagascar.

Los mercenarios regresan al norte de África, donde entre 1906 y 1917 llevarán el peso principal como «fuerza de choque» en la guerra de Marruecos, uní campaña dura y costosa por la tenacidad de un enemigo que no da tregua ni cuartel y en la que ambos bandos se acusan recíprocamente de actos de inimaginable crueldad. Y aunque ningún gobierno ha abolido la ley de 1831, la Legión vuelve a poner sus pies por dos veces más en suelo metropolitano: durante las dos contiendas mundiales de este siglo.

Incluso, durante la última, llegó a darse la situación paradójica de que los legionarios hubieran podido llegar a enfrentarse entre ellos por el hecho de militar en dos bandos antagónicos: algunas unidades destacadas en Francia fueron salvadas del desastre de Dunkerque y se alistaron en las Fuerzas Francesas Libres del general De Gaulle, en tanto que otros regimientos que habían permanecido en Argelia se mantuvieron —hasta que las fuerzas anglonorteamericanas desembarcaron en África del norte en 1942—fieles al régimen de Víchy presidido por el mariscal Pétain.

Después de la Segunda Guerra Mundial, desde finales de 1946 hasta 1954, numerosos batallones de la Legión Extranjera libraron en las junglas y arrozales de Vietnam la guerra de Indochina que culminó con la derrota de las armas francesas en la batalla de Dien Bien Phu. Pero no iba a ser Indochina la única derrota de la Legión Extranjera. Poco después de haber regresado a sus cuarteles, los mercenarios al servicio de Francia se vieron envueltos en la tormenta dé la rebelión argelina. Y sobre las postrimerías del conflicto argelino, pareció por un momento que la nación misma iba a sucumbir bajo el peso de las armas de aquellos extranjeros a quienes pagaba para que lucharan por ella.

Fue en mayo en 1958, cuando se entreveía ya que se iba hacia una solución negociada del conflicto: muchas unidades de élite, entre ellas los regimientos de paracaidistas y la Legión Extranjera, se alzaron virtualmente en armas contra el gobierno de Francia y hasta amenazaron con hacer ocupar París por unidades aerotransportadas que respondían a los amotinados.

Terminada la guerra de Argelia con la independencia de la ex provincia francesa, el presidente De Gaulle ordenó que los regimientos legionarios fuesen trasladados a Córcega y a ciertos remotos rincones del cada vez más reducido imperio colonial francés. Existe el proyecto de reestructurar a la Legión con el fin de trasformarla en un cuerpo moderno, preparado para la guerra nuclear y calcado sobre el patrón de los «marines» norteamericanos.

Origen de la Legion Extranjera Francesa Historia de su Creacion

Origen de la Legión Extranjera Francesa

En la áspera y larga campana librada por el Ejercito Expedicionario trances en Indochina, el peso principal de la lucha recayó casi siempre sobre los batallones y regimientos de la Legión Extranjera, la aguerrida tropa de élite cuya historia encierra casi todas las paginas mas brillantes de la historia militar francesa en los últimos 130 anos.

Se puede decir, en efecto, que no ha habido guerra ni campana de conquista colonial emprendida por Francia durante ese periodo en la que no haya participado este cuerpo de mercenarios que, procedentes de los países mas remotos y diversos, se enrolaban en la Legión a impulsos de la sed de aventuras, de su afición a la guerra y, muchas veces también, en busca de un refugio seguro para eludir la acción de la justicia.

folleto legion extranjera

Estos individuos tan diferentes entre si, convertidos en formidables soldados por obra y gracia de una disciplina férrea y de una instrucción completa en la que no se escatima ningún rigor, han derramado su sangre por Francia en dos guerras mundiales y han dejado sus huesos en cuatro continentes batiéndose en defensa de una bandera que no era la de su nación de origen.

La Legión Extranjera fue fundada el 9 de marzo de 1831, durante el reinado de Luis Felipe de Orleans, al darse cuenta el gobierno francés de que la conquista de Argelia presentaba mas dificultades de las esperadas; en esa época los franceses, muy vivo aun el recuerdo de las penalidades soportadas en las campañas napoleónicas, no parecían muy dispuestos a hacerse matar en una empresa que se les antojaba descabellada y vana.

Los oficiales de enrolamiento del nuevo cuerpo hicieron su primera buena cosecha de carne de cañon entre los tejedores de seda de Lyon; estos, que habían desatado una insurrección contra el gobierno por motives gremiales, estaban siendo victimas de una represión implacable, al punto de que muchísimos de ellos no vieron otra alternativa que alistarse en la Legión para escapar a la cárcel.

En cuanto a los extranjeros eran en su mayoría polacos que se habían refugiado en Francia después del fracaso de una rebelión contra el gobierno zarista, e italianos —sardos, piamonteses, lombardos— muchos de los cuales sirvieron ya a Francia en los ejércitos de Napoleón; unos y otros se habían enrolado en bloque, en unidades ya constituidas y mandadas por sus propios oficiales.

La Legión Extranjera recibió el bautismo de fuego en los campos de batalla argelinos, y sus primeros hechos de armas no fueron muy afortunados: los hombres se batían mas por emulación que por disciplina, sin el menor espíritu de cuerpo, frente a un enemigo valeroso y tenaz que, además, estaba defendiendo su suelo; en ocasiones faltó muy poco para que todo concluyera en un desastre irreparable, de forma que se resolvió introducir una serie de reformas sustanciales.

En lo sucesivo no habría enrolamiento colectivo, sino individual y los voluntarios serian encuadrados por oficiales seleccionados; se impondría también el uso del francés para evitar que —como ya había sucedido— en el combate los legionarios se desconcertasen por no entender las órdenes de sus comandantes. Al aprobar el decreto de Luis Felipe, la Cámara introdujo un párrafo que establecía que la Legión no debía ser empleada en territorio metropolitano, y menos aun en misiones de orden publico: se quería evitar así que en caso de una eventual rebelión interna los gobiernos franceses pudieran defenderse ordenando a mercenarios extranjeros hacer fuego sobre ciudadanos franceses.

Con el tiempo se iba a ver que esta medida era prudente y previsora, ya que la Legión Extranjera no tardó mucho en hacerse famosa por su valor en el campo de batalla como por su despiadada crueldad con el enemigo antes, en y después del combate, y por sus abuses y desmanes en perjuicio de las poblaciones nativas de las colonias.

En 1845, por ejemplo, un terrible escándalo conmovido a la opinión publica francesa: el coronel Pélissier, encargado de perseguir en las montañas de Kabilia a un grupo de argelinos, rodeó con sus soldados un poblado berberisco y ordenó que le prendieran fuego.

Hombres, mujeres y niños, todos los habitantes del poblado murieron, porque los legionarios que rodeaban el aduar disparaban sobre los que pretendían huir de sus chozas incendiadas. Ya en esa época los legionarios parecían justificar plenamente el juicio de un coetáneo que, después de verlos desfilar por una ciudad argelina, escribía: «Es, sin duda, una asociación de hombres valerosos hasta la temeridad, pero totalmente al margen de la ley y de la sociedad. La Legión Extranjera se ha creado, en la disciplina y en el combate, una fama que, inspira cierta inquietud a sus amigos, pero que también infunde respeto a sus enemigos».

Mientras tanto, los regimientos de la Legión que combatían en Argelia fueron habituándose a la especial manera de guerrear de los cabileños, y poco a poco comenzaron a imponer su superioridad táctica y en armamento. En su lucha contra los rebeldes de AbdelKader —la insurrección en la Kabilia sólo pudo ser sofocada después de varias décadas de lucha— los regimientos legionarios se forjaron una sólida reputación de combatientes duros e implacables.

Es en esa época cuando empieza a surgir lo que después algunos han llamado la «mitomanía legionaria»; contra esa tendencia generalizada a exagerar la magnitud de las hazañas cumplidas por los legionarios en el campo de batalla prevenía el general francés Thomás cuando escribió: «Hemos aprendido a inflar con aires de victoria nuestros partes de guerra, al punto de transformar en otros tantos Austerütz las vulgares escaramuzas en las cuales nuestros soldados se limitan a perseguir a un enemigo que se retiraba sólo para tender una nueva emboscada».

Después, cuando la Legión estuvo bien probada en la brega, los gobiernos de París tomaron la costumbre de enviarla a cualquier parte del mundo en que fuera necesario defender el prestigio de las armas francesas. La primera expedición tuvo por teatro España, desgarrada por las guerras carlistas, entre 1835 y 1839; en esa campaña participó un regimiento integrado por unos 4.000 legionarios que engrosaron los ejércitos de la reina Isabel II en su lucha contra los partidarios de su tío Carlos (a quienes, por esa razón, se les llamaba «carlistas») que querían para éste el trono español.

Al término de la campaña de esos 4.000 hombres sólo regresaron a sus cuarteles de Sidi Bel Abbés unos 500; los restantes habían quedado para siempre en las sierras de Cataluña En 1854, Napoleón III decidió enviar varios regimientos de la Legión a Crimea, para defender a los turcos contra los cosacos del zar Nicolás I; ante los muros de Sebastopol los legionarios se batieron valerosamente hombro con hombro con los ingleses y los piamonteses, que también habían acudido al llamado de auxilio del Sultán. Para ese entonces los hombres de la Legión están bien equipados y sometidos a una disciplina de hierro que los diferencia de las demás unidades del ejército francés.

Sus compañeros de armas los llaman «barrigas de cuero», por la reluciente cartuchera de ese material que les cuelga de la cintura. Los suboficiales representan el más sólido nexo entre hombres de nacionalidades y lenguas tan diversas; del mantenimiento de la disciplina se encargaban los sargentos y el «ayudante de compañía» (un suboficial) es en la práctica el verdadero comandante de la unidad.

A los oficiales de carrera les cuesta al principio hacerse obedecer y respetar por sus hombres; éstos prefieren a los que provienen de las filas y se han ganado los grados por su valentía en el combate. La expedición a Crimea se prolongó hasta 185ó, y aparte de los muertos en acción frente al enemigo, la Legión vio raleadas sus filas por una epidemia de cólera que azotó el campamento francés.

Que es un derviche? Danza de los Derviche Tradiciones Turcas

¿Que es un derviche? Danza de los Derviche

Se considera simple, repetitiva, provocadora de una especie de aturdimiento. La danza de los derviches que giran simboliza en realidad una mística actualmente desconocida, cuya decadencia corresponde con la del Imperio Otomano.

Que es un derviche? Danza de los Derviche Los derviches que giran son miembros de la Mawlawiyya, una cofradía musulmana fundada en el siglo xm en Konya (Turquía), por el poeta del amor místico Djalal al-Din Rumi. Su línea de conducta política fue fluctuante.

Adeptos al sufismo (movimiento místico opuesto a la religión oficial sunita -utilizaban un vestuario de lana, elegido en rechazo a la seda que se utilizaba en la corte-), los derviches constituyeron primero una comunidad descentralizada y democrática, muy popular en sus inicios.

A partir del siglo XVI, la comunidad se volvió centralizada y aristócrata, antes de transformarse, en el siglo XVIII, en una institución del Estado. La mística del recuerdo Su mística se apoya en la idea de que el alma posee en lo más profundo de sí misma el sentido de lo divino, y que debe ser despertada a esta realidad olvidada para que el individuo pueda convertirse en un hombre perfecto.

Éste tiene necesidad de una dirección espiritual que recae en el maestro, quien dispone de un medio fundamental para ello, el ritual del sama que literalmente significa audición de música. Cubiertos con un sombrero de fieltro, los derviches avanzan al son de los instrumentos para dar tres vueltas a la pista.

Se quitan su capa negra y aparecen vestidos de blanco. Luego, con los brazos en cruz, la mano derecha vuelta hacia el cielo y la izquierda hacia el suelo, ejecutan tres danzas girando sobre sí mismos alrededor de la sala. El maestro sólo participa en la última danza, girando sobre la línea central que corta el círculo trazado por los derviches.

Esta danza es un rito de preparación espiritual para el conocimiento de lo divino. Al utilizar un lenguaje simbólico, que oculta su sentido, impulsa al espíritu a descubrirlo, al igual que el mundo oculta y revela al mismo tiempo a su creador. El sama tiene composición ternaria.

El primer movimiento simboliza la toma de conciencia de la ceguera humana. Después viene la música, que conduce a la visión, a la contemplación de Dios, por un proceso de transmutación de los sentidos (del oído a la vista). Finalmente se realiza la transmutación del alma, la unión de Dios el hombre terrestre que se vuelve celeste, regenerado y perfecto. El surgimiento de los vestidos blancos bajo la capa negra simboliza la liberación del derviche de su envoltura carnal para un segundo nacimiento. Una simbología cósmica El remolino de los derviches semeja al de los planetas del Cosmos.

La posición del maestro muestra que todo lo que se mueve es ilusión: danza, pero jamás deja el centro, a Dios; él es la única realidad y quien representa al hombre deificado y perfecto. Éste debe, a su vez, como el maestro lo ha hecho para él, llevar el testimonio a los demás.

La posición de las manos durante el sama, una recogiendo la gracia divina, la otra derramándola sobre el mundo, representa esta tradición iniciática del maestro al discípulo, que le comunica su propio influjo divino. El hombre nuevo es el espejo del cielo, el espacio de conjunción del cielo y de la Tierra.

Fuente Consultadas:
Enigmas de la Humanidad
Los Últimos Misterios del Mundo
Wikipedia

Ver: Que es un faquir?

El Purgatorio o Infierno: la morada de los muertos Interpretación

El infierno ha sido interpretado a lo largo de los siglos por las distintas civilizaciones bajo dos puntos de vista diferentes: como morada de los muertos o como lugar de perdición de los pecadores

El infierno como morada de los muertos:

El desconocimiento del hombre del «más allá», que identifica con la conciencia de oscuridad, unido a la costumbre de muchos pueblos de enterrar a sus muertos, explican que la morada de éstos se localice en las oscuras profundidades de  la Tierra. Para muchas religiones el infierno, que es parte del cosmos, representa el reino de la noche y está dominado por dioses propios que gobiernan sobre lo nativo, la muerte, el terror, lo hostil.

Mesopotamia y Egipto

En la cultura sumeria, lnnana, diosa celeste, viaja al reino inferior y oscuro, el Kigallú donde reina Ereshkigal. Regresa gracias a la intervención del dios Enki. El semidiós Tammuz es el protector de los muertos. En la epopeya acadia de Gilgamés desaparece esta esperanza de la salvación: Enkidu no es salvado por Gilgamés y el infierno de Istar se convierte en un campo de batalla. En la religión asirio-babilónica Nergal junto con su esposa Ereshkigal se convierte en dueño absoluto del infierno identificado con el sol abrasador, origen de la fiebre, es por lo tanto el responsable de la enfermedad y su corte está poblada por demonios que personifican las plagas.

La única esperanza de los muertos en su reino será satisfacer sus deseos. La diferencia de suerte en el otro mundo,  tal y como ocurrirá para otras muchas religiones encuentra condicionada al cumplimiento de una serie de ritos.

Para los egipcios el infierno es el reino de Osiris, dios que regula la vida y la muerte. En su reino los justos esperan a ser llamados a vivir una segunda vida. El viaje difunto al reino de Osiris es de una importancia capital y se facilita a través del libro de los muertos, cuyo contenido mágico doblega a los dioses. Entre los mayas de América, el rey del inframundo se llama Hunahau y se le representa adornado de cráneos y huesos. Su símbolo es el perro y su mensajero la lechuza. Ekahau, el pájaro de las quejas en forma de halcón, es su acompañante.

Grecia:

En la civilización griega se cree en la existencia de un paraíso para los héroes, las Islas Afortunadas, y un lugar de tinieblas para el resto de los hombres, el Hades, situado en el centro de la Tierra, limitado por corrientes de agua y rodeado por el océano. Estas corrientes de agua que fue definiendo la literatura de la época son el aqueronte, el Cócito, el Estigio, el Flogetón y el Leteo.

Se atravesaban en la barca de Carón o Caronte que exigía un pago u óbolo por sus servicios. En otras religiones se encuentra esta metáfora del camino de acceso al más allá. Entre los incas, por ejemplo,las almas de los muertos debían cruzar un puente trenzado de cabellos, y en la antigua religión iranía el puente Chinvat aparece como un juez mecánico que se ensancha para los buenos o se estrecha para los mentirosos.

El Hades griego sólo recibe el significado de lugar de recompensa para los héroes, a los que está reservada una copa mágica, y de sufrimiento para los malvados, a los que espera un cenagal, a partir de la Odisea de Homero, siendo antes un lugar neutro. Según Homero, el rey Minos decide sobre los destinos de los muertos y de los héroes, que en su caso reciben su castigo por su perversidad o soberbia, y administra así justicia. En Platón se encuentra también esta diferenciación en el más allá entre los campos Elíseos para los sueños y el Tártaro para los injustos. Entre los injustos algunos son dignos de purificación y alcanzan el Tártaro. El Hades se divide de esta manera en tres partes: la de los buenos, la de los malos, y la de los que no merecen castigo ni recompensa. Es el origen de la tripartición cristiana del cielo, infierno y purgatorio, representada por Dante. En el contexto de esta Antigüedad clásica, los romanos llaman a los dioses del Tártaro infierní, en contraposición a los del mundo superior o superiori.

El infierno Judio:
El judaísmo continúa concibiendo la morada de los muertos (seol) en dos partes: una para los buenos y otra para los malos. En el seol, fosa donde reina la oscuridad y en la que gobierna Leviatán, los muertos esperan la llegada de un libertador que abra sus puertas y permita la salida de los justos. Al final del mundo antiguo ya no se concibe el más allá como región terrestre, infierno o paraíso, sino como divina y alejada en el espacio.

Infierno como lugar de perdición de los pecadores

Aunque la idea de condenación eterna es específicamente judío-cristiana, en todas las grandes religiones aparece más o menos explícitamente un infierno, o más bien. un purgatorio, como oposición a la vida virtuosa en el más allá. Para los chinos existen unos libros que recogen las acciones buenas y malas de los espíritus que serán juzgados. En Japón un espejo refleja las acciones de los muertos antes de este juicio. La duración de las penas en las diferentes civilizaciones es variable y generalmente la permanencia en el infierno no se concibe como eterna. Para los chinos cada año el día 30 del séptimo mes el infierno se vacía y quedan liberados los proscritos. Entre los hindúes tampoco el suplicio en el infierno es eterno y su sentido se encuentra en relación con la creencia en la trasmigración de las almas. El mazdeísmo tampoco cree en la eternidad de las penas. La destrucción del infierno será el paso previo que habrá de preceder al triunfo absoluto del bien.

El infierno como lugar específico donde son castigadas las faltas o pecados de los hombres aparece con el comienzo de la era cristiana y el exilio de los judíos. El infierno pasa a representar el triunfo de la justicia divina y se desarrolla la idea de gehema, lugar donde los pecadores sufren un continuo tormento por sus faltas y arden en un fuego eterno que jamás los consume.

En el Apocalipsis se habla de un lago de fuego y azufre donde se arroja a los condenados. En el Antiguo Testamento son numerosas las metáforas utilizadas para representar el infierno, abismo donde reina un real destructor. Es Dios el que envía al: Hombre o lo libera de los infiernos. Ya en el Nuevo Testamento el descenso a los infiernos de Cristo representa por un lado el anuncio de la buena nueva y de la salvación que los apóstoles y doctores, y el mismo Jesús, transmiten a los patriarcas y profetas de Israel. La resurrección o la subida de los infiernos del Mesías significa la liberación efectiva de los justos, la victoria en definitiva sobre Satán o “el adversario”., El fuego del infierno pasa así a convertirse en fuego purificador. El descenso y la subida de estos infiernos de Cristo se identifica en la cultura cristiana de esta manera con el rito del bautismo. Muchos autores han interpretado esta metáfora de la bajada a los infiernos de Cristo como la mayor evidencia de la influencia de la mitología en el cristianismo. En el Nuevo Testamento la bajada a los infiernos como castigo los pecadores sólo se conserva en los manuscritos latinos mientras que en el resto de los textos este infierno no se concibe como lugar de tormento. Cuando se define la distinción en él entre morada de los muertos y lugar de condenación es en la época helenística.

En la teología cristiana la pena de condenación consiste en la privación de la visión de Dios (pena de daño) aunque nunca ha sido específicamente definida por la Iglesia. Es circunstancial ya que el infierno es el lugar en el que la redención, siempre es posible gracias a la esperanza universal del cristiano, no ha ocurrido todavía. Hasta el siglo XIX no se supera el concepto de espacio de condenación eterna dentro protestantismo. Hoy en día en esta tendencia doctrinal dentro de la Iglesia se tiende a hablar del infierno más como estado o condición que como lugar, y se da más importancia a la esperanza que al castigo eterno. Los católicos continúan creyendo la existencia de un infierno que durará siempre, según una fiel lectura de las das Escrituras.

La Imagen del Infierno

Las ideas sobre este infierno cristiano se manifiestan en los libros apócrifos de donde pasaron a la liturgia y al arte. El Apocalipsis de Pedro (siglo II) y el de Pablo (siglo IV) son obras que aportan muchísima información sobre la representación de este lugar de perdición. En ellas se muestra el paraíso como lugar de luz situado en el cielo y el infierno como horno ardiente. Para los cristianos medievales el infierno es el reino de Satanás donde son torturados los cuerpos de los condenados entre las llamas eternas. Desde el siglo XII aproximadamente la entrada en el infierno se representa como las fauces abiertas del monstruo Leviatán en cuyo interior se encontraba a veces una caldera.

Durante el Renacimiento este símbolo se sustituyó por la boca de una cueva o, en menores ocasiones, como la puerta de acceso de un edificio, custodiada por el perro de tres cabezas de la mitología griega Cerbero. El acceso al cielo se representaba en forma de puente, recogiendo esta vez la tradición de aquellas civilizaciones antiguas sobre las que nos deteníamos líneas atrás. En épocas posteriores en las representaciones de este infierno veremos cómo los lujuriosos se sumergen en llamas sulfurosas, los sodomitas giran en un asador mientras que los glotones se revuelcan entre inmundicias. Muchas otras metáforas recrean este espacio tan propicio para el desarrollo de la imaginación humana. El lugar del infierno en el arte cristiano se encuentra en las representaciones del Juicio Final.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: EL PURGATORIO

EL PURGATORIO: LA PALABRA DE DIOS EN LA BIBLIA
Los hebreos del Antiguo Testamento tenían ideas aún menos claras que las nuestras sobre el más allá.
También ellos, como todos los pueblos de la antigüedad, tenían la costumbre de honrar a sus muertos con determinados ritos expiatorios; pero la raíz de estos ritos no era demasiado profunda. Para encontrar en la Biblia un claro testimonio de la fe en la inmortalidad de las almas, y de la necesidad de purificar éstas tras la muerte terrenal, debemos esperar hasta el siglo I a. C., concretamente al libro de los Macabeos, donde se nos dice:

«Judas, tras hacer una colecta, mandó a Jerusalén 2.000 dracmas de plata para que se ofreciese un sacrificio por los pecados de aquellos muertos, pensando religiosamente en su resurrección (pues de no haber creído que los difuntos resucitarían, vano y superfino habría sido rezar por ellos), y pensando también que una gran misericordia esperaba a quienes se habían apagado en la piedad. Es, pues, santo y saludable rezar por los muertos, para que sean absueltos de sus pecados» (2, Mac. 12, 43-46).

En este texto se exponen con claridad dos conceptos: algunas culpas pueden ser expiadas después de la muerte; las oraciones de los vivos contribuyen a esta expiación.

En el Nuevo Testamento, San Pablo, al escribir a los cristianos de Corinto, alude al Purgatorio con palabras claras, aunque, acaso, poco accesibles a los lectores no acostumbrados a su lenguaje.

Dice así: «Si se construye sobre esta base (Jesucristo) con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja, la obra de cada uno se pondrá de manifiesto. El Día del Juicio la hará conocer, revelándose con fuego, y el fuego será el encargado de probar la calidad de las obras individuales.

Si la construcción, erigida sobre sus cimientos, resiste, el constructor recibirá una recompensa; si la construcción arde, sufrirá su pérdida; él, sin embargo, se salvará, pero a través del fuego» (I Cor. 3, 12-15).

Durante el Juicio Divino, dice San Pablo, las obras de los hombres buenos (de los que han edificado sus vidas sobre Jesucristo) serán juzgadas como un edificio sometido a la prueba del fuego; si resiste, el constructor recibirá una recompensa personal; si, por el contrario, arde (demostrando así su escasa consistencia), el constructor perderá su obra, pero se salvará a través del sufrimiento, como los individuos que, huyendo de un incendio, asisten a la destrucción del edificio en llamas.

No hay duda alguna, dicen los comentaristas, de que el Apóstol alude al Purgatorio.

EL PURGATORIO: LA PALABRA DE DIOS A TRAVÉS DE LA IGLESIA
Veamos ahora lo que la Iglesia, en ejercicio de su divino magisterio (que le permite interpretar de modo infalible los textos de la Sagrada Escritura), nos dice a propósito del Purgatorio.

El Concilio de Trento, interpretando y aclarando las alusiones contenidas en la Biblia, nos enseña dos verdades y nos hace una importantísima recomendación. Las verdades son éstas: existe una purificación ultraterrena, y las oraciones son útiles a los difuntos; nada más se sabe sobre el Purgatorio. Y la recomendación dice: evitemos las abstrusas y fantásticas descripciones de éste. Debido a ello, no nos queda más remedio que proceder con cuidado en el legítimo deseo de satisfacer nuestra curiosidad sobre la otra vida, y desconfiar de cualquier tipo de afirmación no respaldada por la Iglesia. Según ésta, sin embargo, tenemos el deber de ayudar, con plegarias y buenas acciones, a las almas de los fieles que hayan entrado en la eternidad.

Es cierto que la purificación de las almas se produce a través del sufrimiento, pero nada se nos ha dicho sobre la naturaleza de las penas infligidas. Generalmente, se presenta el Purgatorio como un estado de dolor parecido al de los condenados. Esta opinión, sin embargo, es arbitraria, y sostenerla equivale a querer apagar una consoladora esperanza. En realidad, el estado de sufrimiento de los fieles fallecidos no tiene nada que ver con las penas del Infierno, y se parece bastante, en cambio, a la condición de los hombres que esperan sobre la tierra, en medio de las tribulaciones, la felicidad del Cielo. Hay, sin embargo, una diferencia: las almas del Purgatorio se sienten salvadas (y lo están), mientras los seres vivos nunca tienen la absoluta certeza de su salvación.

¿Cuánto duran estos sufrimientos? Los teólogos se muestran de acuerdo en afirmar que, el día del Juicio Final, cesará el Purgatorio. Pero eso no nos aclara la duración de cada pena individual.

Querer encontrar una solución a este problema constituye un esfuerzo completamente inútil. No sólo la Iglesia guarda silencio sobre él (por lo cual nuestras deducciones carecen de base), sino que el mismo concepto de «duración en el tiempo» es insuficiente para resolverlo. De hecho, nosotros sólo podemos valorar una «duración» desarrollada en sentido temporal, tal como medimos el tiempo sobre la tierra. Pero después de la muerte entramos en !a eternidad, a la que podemos imaginar como un continuo y perenne presente, sin ayer ni mañana. Es, por tanto, obvio que nuestro concepto de «duración en el tiempo» nada tiene que ver con la eternidad, es decir, con una situación en la que el tiempo ha dejado de existir.

 EL INFIERNO

ALGUNAS PREGUNTAS INQUIETANTES
Digámoslo llanamente: el Infierno es. entre las verdades cristianas acerca del más allá, una de las más difíciles de aceptar por nuestra inteligencia y más en pugna con nuestra sensibilidad.

Todos hemos tenido la ocasión de oír o formular observaciones como las siguientes:

—¿Cómo es posible que un hombre —ser limitado— pueda merecer una pena eterna, debido a sus faltas?
—¿Cómo puede Dios, misericordioso, permitir que una criatura suya padezca por toda la eternidad?
—¿Es posible que un ser inteligente, expuesto a sufrir las consecuencias más trágicas de su pecado, cual es el infierno, no se arrepienta? Y si se arrepintiera, ¿le perdonaría Dios?
—Según la doctrina católica, quien muere en pecado mortal, merece el infierno: ¿hay, pues, muchos condenados?

Todas estas preguntas revelan una legítima curiosidad sobre unos problemas muy difíciles, ligados a nuestro futuro, aun cuando puedan envolver el secreto deseo de destruir o endulzar una verdad, terrorífica para nuestra humana naturaleza.

UN CASTIGO QUE NO PUEDE CESAR
La respuesta a tan impresionantes! preguntas debe partir de una clara afirmación que la Iglesia enseña como verdadera: el Infierno existe y es eterno.

De la misma forma que hay una eterna felicidad para los buenos (el Paraíso) y un estado de purificación temporal para los amigos de Dios que. al término de la existencia terrena, deben limpiar alguna impureza moral (el Purgatorio), así, existe una pena eterna, según la doctrina católica, reservada para aquéllos a quienes ha sorprendido la muerte en pecado mortal, en total contradicción con Dios.

En el Evangelio hay una página dramática:
«Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Ante él se reunirán todas las gentes, y él los separará como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda… Y el Señor les dirá a los de la izquierda: «Apartaos, malditos; id al fuego eterno, preparado para el demonio y sus ángeles…» Y éstos irán a padecer el eterno suplicio, y los justos a la vida eterna.» (Mateo 25, 31-41).

Este fragmento de la Biblia, junto con muchos otros, también significativos, ha sido interpretado por la Iglesia, con su infalible magisterio, y no deja lugar a dudas sobre la verdad sostenida.

Esto no impide que nuestra mente, colocada frente a esta perspectiva de eterno castigo, se inquiete ante algo misterioso, de difícil explicación a la luz de la inteligencia: la eternidad del castigo. Veamos, en lo posible, la manera de aclarar los términos de la cuestión.

Nosotros, aquí, no podemos entender plenamente lo que Dios significa para nuestra alma, ni cuando le amamos y es objeto de nuestra búsqueda, ni cuando despreciamos, con nuestro pecado, su amor, y llegamos, en nuestra ceguera, a rechazarle.

Realizamos esta búsqueda, o este rechazo de Dios, por medio de las cosas. Sin darnos cuenta, nos forjamos una eternidad, mediante las pequeñas cosas de cada día.

Un día moriremos y, cada uno, arrancado de la vivencia de las cosas, verá, súbita y definitivamente reflejado, el resultado de su existencia.

Quien haya buscado a Dios y demostrado, con obras, su amor hacia Él, será reconocido, en aquel momento, como amigo suyo y se le revelará como sumo y único bien.

Él le atraerá hacia sí, haciéndole perfectamente feliz en todo su ser. La felicidad alcanzará inmediatamente su alma; después de la resurrección, también al cuerpo.

Quien, por el contrario, no haya amado a Dios durante la vida, y sea sorprendido por la muerte en enemistad con Él, verá, súbitamente, con toda su cruda evidencia, que en el Creador está el sumo bien, pero, al mismo tiempo, se sentirá, irremediablemente y para siempre, alejado de Él.

El condenado busca eternamente la propia felicidad, pero sin tener nunca la esperanza de alcanzarla, sino con la certeza de que ésta reside en Dios, y que este único y verdadero Bien nunca podrá ser posesión suya.

Y ésta es una situación monstruosa, como es monstruoso el odio hacia Dios que de ella se deriva. En el Infierno ya no es posible pedir perdón y alcanzar la liberación. Si, hipotéticamente, pudiera un condenado arrepentirse, el condenado sería susceptible de salvación y el Infierno se acabaría para él. Pero esto es absurdo: el Infierno es eterno, porque es eterna la obstinación de los condenados.

Éstos no pueden arrepentirse porque no tienen tiempo. Con la muerte, el hombre entra en el estado definitivo y final ‘de su ser; es prisionero de un instante al que ningún otro puede suceder. Si en tal postrer momento, punto final de toda su vida, es enemigo de Dios, así permanecerá para siempre.

Nunca habrá remedio. Solamente durante la vida puede el hombre orientar su voluntad hacia el bien; después, es imposible.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Estudiante Superior Fasc. N°51
Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

Que es un faquir? Filosofia de Vida Caracteristicas Soporta Dolor

Que es un faquir? – Filosofía de Vida  y Caracteristicas

Los faquires son personajes fascinantes y exóticos fruto de la cultura mística de la antigua India. Mitad prestidigitadores, mitad santos, para nosotros son algo así como artistas de circo. Se les representa hirsutos, durmiendo sobre tablas erizadas de clavos, capaces de hazañas que llegan a la automutilación. Una representación simplista, impotente para dar cuenta de la dimensión espiritual de los faquires. ¿Cómo son capaces los auténticos faquires de demostrar un control del cuerpo tan extraordinario? ¿Tienen más que ver con artistas del truco o con personas dotadas de facultades misteriosas?

faquir

Impropiamente usado para designar a cualquier especie de taumaturgo, vidente o mago proveniente de la India o de cualquier otra parte, el término faquir, que en árabe significa pobre, designaba originalmente en la India, a un asceta mendigo de religión musulmana o hinduista.

En lo que concierne a esta última, en aquel rincón de Asia no se habla de faquires, sino de sadhus. El único objetivo del sadhu es conocer el samadhu, el instante de unión perfecta con Brahma, durante el cual comprueba que el alma es realmente Brahma. El resto le parece vano e inútil.

A los faquires se les considera hombres prodigiosos y santos que son capaces de hacer milagros gracias a la meditación y a fuerzas sobrenaturales otorgadas por los dioses. Se tumban sobre tablas de clavos o trozos de cristal sin dañarse la piel; andan sobre brasas ardientes; hacen aparecer por obra de magia vibhuti (ceniza sagrada) o joyas; se clavan ganchos en la espalda, se les atan unas cuerdas y arrastran coches; se hincan agujas en las mejillas y en la lengua y no sangran; meten las manos en aceite hirviendo como si nada; levitan; consiguen que las cuerdas se queden verticales en el aire y trepan por días; se dejan enterrar vivos y sobreviven; se cortan la lengua v se regenera; hacen exorcismos…

Los faquires son iniciados de la orden mendicante sufí que llevan una vida ascética, hombres santos que hacen voto de probreza. Eso es lo que significa su nombre, que viene del árabe. Los faquires van vestidos únicamente con un taparrabo y van de pueblo en pueblo haciendo milagros, curando a la gente y entreteniendo al público. De este último aspecto de su quehacer deriva su significado en Occidente, donde se les considera artistas de variedades o magos.

Esos hombres, que han hecho voto de pobreza, son muy venerados por los hindúes. Sometidos a prohibiciones alimentarias, respetan a todo ser viviente y renuncian voluntariamente a las tentaciones y a los placeres terrenales para seguir la difícil vía del ascetismo, que lleva a la salud del alma y al gozo eterno.

Creyentes de la reencarnación, desean liberarse del ciclo sucesivo de nacimientos. Poderes excepcionales A pesar de estas características comunes, los faquires pueden llevar existencias muy diferentes.

Algunos viven aislados, otros viajan en grupo. Algunos se someten a las penitencias más austeras o bien a suplicios públicos. Esta búsqueda de comunicación con una divinidad que anima y penetra todo el Universo hace de los sadhus seres de poderes excepcionales.

Además de su capacidad para el ayuno -que a veces realizan durante varias semanas-, para sufrir mutilaciones y ejecutar toda suerte de hazañas -como caminar sobre brasas-, son telépatas y pueden conocer el pensamiento ajeno o llamar a personas desde lejos. Poseen también un gran poder de sugestión, que les permite, por ejemplo, otorgar a una flor, mediante el poder de su pensamiento y de la concentración, un perfume que no tiene.

Capaces de levitar, pero también de hacer regresar a los espíritus de los muertos, algunos tienen poder para desdoblarse, como es el caso del maestro Yuktsemar, que, según se cuenta, logró aparecer simultáneamente en Calcuta y en Serampore, dos ciudades distantes entre sí. En las antípodas del racionalismo occidental Ciertamente, se pueden rechazar estos relatos, pero hay que advertir que la mayoría de esos misteriosos poderes han sido observados y atestiguados por la Sociedad de Investigación Metafísica.

Si el racionalismo occidental no siempre entiende estos fenómenos, los hindúes no los encuentran extraordinarios. Por lo demás, todos los grandes textos, los Vedas, los Upanisad o la Bhagavad Gita concuerdan en afirmar que el alma humana –el atman– es idéntica al alma universal, lo Absoluto, Brahma.

Esto no deja de recordar la idea fundamental de las filosofías ocultas: mientras más se penetra al ser en profundidad, más se está cerca de las facultades misteriosas inherentes :n todo hombre, unas facultades de las que, la mayor parte del tiempo, el individuo no tiene conciencia.

Fuente Consultadas:
Enigmas de la Humanidad
Los Últimos Misterios del Mundo
Wikipedia

Las Brujas en la Edad Media Persecución de la Inquisición Iglesia

Las Brujas en la Edad Media – Persecución de la Iglesia

Resulta innegable es que una buena parte de las supersticiones y creencias en misteriosos seres místicos actuales proceden del oscurantismo medieval. Diablos, brujas y hechiceros eran los que atentaban contra la fe y la ley divina que enarbolaba el cristianismo. Para combatirlos no sólo había que dar por sentada su existencia, sino también explicar su nefasta influencia en la vida diaria, que llegaba hasta provocar la misma muerte.

El libro medieval «Malleus maleficarum» o «Martillo de los brujos», de Sprenger y Kramer, manual de la Inquisición aparecido entre 1485 y 1486 habla de la crueldad y peligrosidad de las brujas y explica:

«Las brujas de la clase superior engullen y devoran a los niños de la propia especie… causan a sus semejantes daños inconmensurables… conjuran y suscitan el granizo, las tormentas y las tempestades; provocan la esterilidad en las personas… pueden emprender vuelos, bien corporalmente, bien en contrafigura, y trasladarse así por los aires de un lugar a otro; son capaces de embrujar a los jueces y presidentes de los tribunales… inspirar odio y amor desatinados… pueden matar a personas y animales por otros varios procedimientos; saben concitar los poderes infernales para provocar la impotencia en los matrimonios o tornarlos infecundos, causar abortos o quitarle la vida al niño en el vientre de la madre con sólo un tocamiento exterior; llegan a herir o matar con una simple mirada, sin contacto siquiera, y extreman su criminal aberración ofrendándole los propios hijos a Satanás… En una palabra: pueden estas brujas, como antes decimos, originar un cúmulo de daños y perdición que sólo parcialmente estaría al alcance de las demás. Bien entendido que todo esto lo pueden con permisión de la justicia divina…»

Se puede argumentar que este manual, de cruenta predicación y peores consecuencias para buena parte de la humanidad, fue oportunamente desautorizado por la misma Iglesia que en su momento lo impulsó. Sin embargo, las afirmaciones que sostenía estaban legitimadas por la palabra sagrada de las Santas Escrituras, donde se insiste que los espíritus malignos son reales: la Biblia relata que uno de ellos se valió de una serpiente para comunicarse con la primera mujer, Eva, e inducirla a rebelarse contra Dios (Génesis 3:1-5).

Las Escrituras lo identifican como «la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada» (Revelación [Apocalipsis] 12:9). Él logró que otros ángeles se sublevaran (Judas 6), y se convirtieran así en demonios, enemigos de Dios…

Esos seres malignos, eran en gran parte mujeres y la llamaban brujas, y en estado de éxtasis, salían por la noche para reunirse con otras en un lugar apartado, con el fin de abjurar de la fe cristiana y adorar a un espíritu o al mismo diablo. Se dice que en estas reuniones nocturnas había orgías sexuales, se adoraba al demonio, se tomaba pócimas mágicas y drogas y que las mujeres se transforman en animales.

BRUJAS en la EDAD MEDIA

Estos informes son corroborados ante los tribunales por muchas mujeres, y se cree en ellos como hoy se cree a quien afirma que en un viaje nocturno se ha encontrado con alienígenas que lo han subido a su ovni para mantener relaciones sexuales sobrenaturales con él.

En la Edad Media este tipo de fiestas, que reciben el nombre de aquelarres, encuentran mucho eco en la literatura, por ejemplo en Macbeth, de Shakespeare, o en La noche de Walpurgis, del Fausto de Goethe. Pero en los siglos XIV y XV, se acusa a las brujas de fornicar con el diablo, y para salvar sus almas se las arroja al fuego purificador.

Estas persecuciones durarán hasta el siglo XVII. Durante la Peste Bubónica, con la intensión de buscar culpables de semejante castigo divino, se decía que en su intento de aniquilar a la humanidad a través de la peste, el diablo cuenta con un amplio grupo de colaboradores: los judíos. Como instrumentos del diablo que son, se sospecha que los judíos envenenan las fuentes y que de este modo ayudan a propagar la peste.

Todas estas brujas debían se eliminadas de la tierra a través de la purificación del fuego. Para ellos se amontonaba  ramas secas y crujientes, formando un montículo de más de un metro y medio de altura. En el centro había un poste de madera y, amarrada a él, una mujer joven con aspecto desgreñado y los ojos fuera de sus órbitas. Alguien dio la orden y dos hombres comenzaron a encender las ramas. En pocos minutos la hoguera crepitaba como una sucesión de quejidos diabólicos.

La mujer gritaba maldiciones en las que convocaba al demonio mientras las llamas la cubrían por completo y el centenar de personas que observaba la escena entre temeroso y subyugado guardaba un inusual silencio. Media hora después todo había terminado. Una nueva bruja había sido encontrada culpable y se había cumplido su castigo. Una nueva discípula del diablo, según sus verdugos. Oficialmente, hubo medio millón de ejecuciones idénticas a la relatada solamente entre los siglos XV y XVII.

De manera no oficial se calcula otro tanto. Ese millón de brujas condenadas a lo largo de dos siglos arroja un promedio de una persona cada dos horas muerta en la hoguera durante ese lapso. No eran sólo mujeres. Los hombres también eran encontrados culpables de brujería y seguían el mismo camino, pero el porcentaje de damas de la escoba fue siempre muy superior. ¿Qué hacía una bruja? ¿Por qué se la condenaba? ¿Cómo se la reconocía? Una bruja —según aquellas acusaciones— pactaba con el diablo. Su principal objetivo era atentar contra la religión y el Estado.

Se sabía que eran capaces de volar, montando una escoba porque detestaban y temían a los caballos; se reunían los sábados por la noche en grupos llamados «aquelarres»; recibían órdenes directas del maligno; mantenían relaciones íntimas con íncubos (diablos machos) y con súcubos (los femeninos); robaban y sacrificaban niños; destruían las cosechas y mataban al ganado con sólo desearlo; desparramaban el mal en todas sus formas y eran dueñas de poderes extraordinarios.

Por supuesto todo eso era lo que decían sus jueces y victimarios.
En los últimos años hubo especialistas internacionales que investigaron aquellos fenómenos y les dieron una explicación de hoy en día. Existieron, sí. Y según algunos aún existen.

Los aquelarres (reuniones de brujas y brujos) fueron descriptos por primera vez durante el siglo X. Cien años después la Iglesia advirtió el crecimiento de esas creencias demoníacas y se decretó la excomunión para los que participaran en aquellos extraños rituales. La batalla entre el bien y el mal, la más vieja y eterna batalla de la historia, fue creciendo y hasta se cometieron excesos por parte de gobernantes que aprovechaban las condenas para sacarse de encima a molestos opositores. Un sistema eficiente que más de un gobernante en el mundo quisiera poder reflotar, seguramente.

Uno de los casos más claros fue el de Juana de Arco, que luego sería reivindicada nada menos que con su canonización. Con respecto a los supuestos poderes brujeriles, el antropólogo norteamericano Michael Harner, estudioso del tema, cuenta que las brujas se untaban el cuerpo con una sustancia creada por ellas sobre la base de una cantidad de hierbas que tenían efectos hipnóticos y alucinógenos.

Este preparado llevaba el nombre de «menjunje«, una palabra que aún hoy usamos en otras aplicaciones. Y actuaba como una droga estimulante que producía euforia al mismo tiempo que aumentaba la fantasía y la imaginación. Harner dice también que en los aquelarres se consumían alucinógenos y que la palabra «viaje» (usada hoy para definir el climax de un drogadicto) era la misma con que aquellos personajes medievales definían sus sensaciones, confesión ésta que les era arrancada por las torturas.

La mayor autoridad en el estudio serio de este tema, el historiador Charles Henry Lea, pone en claro que la Iglesia se había limitado en los primeros siglos de la aparición del fenómeno a negarles la bendición a los considerados brujos y que, recién en 1448 —cuando esas prácticas habían avanzado de manera en extremo peligrosa— el papa Inocencio VIII emitió una bula por la cual el enfrentamiento del cristianismo con esos grupos esotéricos fue total. La tortura y la hoguera fueron autorizadas. Pero recién comenzaba la historia.

Durante la Edad Media el cristianismo tenía una muy poderosa influencia no sólo en cuestiones de fe sino también en las decisiones de Estado. Los pontífices eran guerreros que se ocupaban de las cosas mundanas al frente de sus ejércitos. Por una mera razón física que se repite en la vida desde siempre, ante una fuerza determinada aparece otra en sentido contrario que pretende ser tan poderosa. No es extraño, entonces, que fuera en esa época cuando el movimiento brujeril tuvo su mayor auge. Pero todo se mezcló demasiado.

La Iglesia se oponía a las brujerías con el poder de la fe, pero los grupos laicos de poder ya habían tomado la ley en sus manos desde mucho antes por motivos políticos. El antropólogo Marvin Harris, de la Universidad de Harvard y un serio especialista en la cuestión, afirma que todos los males de aquella época eran achacados a las brujas cuando en realidad solían provenir de la voracidad y la ambición desmedidas de príncipes o señores feudales.

Ellas fueron el chivo expiatorio. Harris da cifras: el 82% de los condenados en la Edad Media eran mujeres y entre miles hubo un solo caso de un noble y no fue condenado. Los hombres quedaban, estaban aterrados y trabajaban sin quejas. Aún en el siglo XVII seguían las ejecuciones y la cosa pasó de Europa a América, donde el caso del pequeño pueblo de Sa-lem es el más famoso: una caza de brujas interesada llenó de miedo y de inmovilidad a la población. La última vez en la historia que una bruja fue quemada en la hoguera en Europa ocurrió en Suiza, en 1793.

GATOS Y HECHIZOS
Es curioso, pero hace más de cuatro mil años, los egipcios consideraban a los gatos animales decididamente benéficos. Se los cuidaba en calidad de sagrados hasta el punto de ejecutar a todo aquel que matara a un gato. La historia registra que un hecho semejante ocurrió con un romano al que le quitaron la vida violentamente después de que el hombre hubiera asesinado a uno de estos peculiares felinos alegando que lo molestaba con los maullidos.

Las fiestas de Bast, que era una diosa con cabeza de gato, eran las más alegres y rebosantes de música, vino, danzas y sexo. No quieran anotarse porque ya no existen. También en religiones posteriores el gato fue culto cíe adoración especial. Y tal vez fue ese hecho el que lo con denó históricamente ya que en la época medieval, al luchar contra las sectas de herejes que pululaban por entonces, se señaló a este animalito como el compañero ineludible de brujos y brujas.

En rigor de verdad, eran por entonces muchos los ritos diabólicos que se llevaban a cabo con un gato como representación demoníaca. En el año 1566 una mujer llamada Elizabeth Francis fue acusada de brujería. Se la llevó a juicio y, con ella, a su gato manchado que —para hacer las cosas aún más difíciles— respondía al nombre de Satán. Se acusó al animal de haberle encontrado varios novios a la tal Elizabeth, de colmar mágicamente sus campos de buena siembra y de haberle procurado una cantidad envidiable de ovejas.

Si uno se guía por estas acusaciones parece ser que lo ideal en aquella época era que a uno le fuera mal. Si le iba bien podía sospecharse de la intervención del demonio y los acusadores eran muchos. Casi como ahora. La cosa se complicó en aquel juicio inglés cuando alguien testimonió que un joven que empezaba a llevarse mal con Elizabeth fue eliminado por el minino. Y se puso peor cuando otro aseguró que la mujer premiaba a Satán por su ayuda no con un pescadito sino con gotas de su propia sangre. Sé de más de un par de noticieros que de haber existido se hubieran lanzado con todo a cubrir la noticia.

Final del cuento: fueron a la hoguera los dos, ella y el gato. Y desde entonces ocurrió con todos los felinos de brujas. La historia, la tradición, las costumbres o la tontería humana llevaron esa funesta imagen hasta nuestros días. Muchos miran a los gatos con desconfianza y ellos, los gatos, nos miran igual.

 
EL DIABLO O DEMONIO:  Del griego daimónion; del latín, daemonium, el que sabe. Ángel malo. En tiempos muy lejanos, la palabra involucraba a deidades inferiores e incluso podía ser interpretada como diminutivo de dios, con minúscula. Familiarmente se llegó a usar con los niños traviesos a quienes se calificaba como «demonios» y la palabra no cargaba tintes graves.
Se lo representaba como un ser perverso, cornudo y lascivo, pero otras veces era un genio bueno. John Millón (1608-1674), poeta inglés autor de la muy célebre obra El paraíso perdido creó la expresión pandemónium, del griego pan, todo, y daimónion; demonios: la capital del infierno, o sea el lugar de encuentro de los demonios.

En Levítico (16:8), aparece Azazel como contrapartida del Señor, como personaje demoníaco, y el propio Milton lo convierte en su obra en Eblis, que significa desesperado. Lord Byron (1788-1824), uno de los grandes poetas románticos ingleses, en su obra Cielo y Tierra, llama Azaziel a un serafín que se enamora de Ana, meta de Caín, quien cuando viene el Diluvio, la carga en sus alas y la transporta a otro planeta.

Azrael es el ángel musulmán de la muerte que será el último en morir, cuando suene por segunda vez la trompeta del Arcángel Gabriel.

Esta curiosa aventura de la palabra ha mantenido una pizca de simpatía sólo en algunos rincones familiares: «Este chico es un demonio», «¿Dónde demonios dejé mi carpeta?».

Pero todos sus derivados fueron cubriéndose de sombras. Demonismo es la práctica de cultos o magias convocantes de los malos espíritus; demonolatría es la adoración de los demonios; demonomanía es la alteración mental que hace suponer estar endemoniado.

Y en algún renglón se ocultan «demontre» y «demoñuelo» como sinónimos suaves de demonio.

Tiempos de brujas. Cuando la brujería era una especie de religión en Europa y contaba con gran número de adeptos, hubo miles de sacrificios humanos. Se conocen cifras terroríficas de aquellas épocas: 14.000 supuestas brujas fueron sacrificadas en Tolosa y Traveris, 800 en Surtzburg, 1.500 en Bemberg.

Estos crímenes, obviamente, tenían un trasfondo ritual. En 1513, en Ginebra, 500 supuestas brujas fueron sentenciadas en tres meses a morir en la hoguera, y las crónicas de entonces señalan que los pasos previos al sacrificio abundaban en solemnidad y costumbres. Por ejemplo, los habitantes del lugar, en absoluto silencio, rodeaban una cruz a la que era atada la víctima. Los jueces leían luego la sentencia y en unos minutos se concretaba la pena: los pobladores reían y gritaban de satisfacción.

Al ubicarse en la Edad Media es imposible separar del crimen cuestiones como el demonio, la brujería o el sacrificio. Una cosa justificaba a la otra y la Justicia obraba con los fundamentos del entorno.

Hay actualmente algunos sucesos que no comprueban el paso de tiempo: en las crónicas policiales de todo el mundo se lee todavía que un cadáver apareció a la orilla de un río con 13 puñaladas en el corazón, y la muerte ocurrió un sábado por la noche.

De esta forma, precisamente, «sacrificaban» a las brujas en forma clandestina durante la Edad Media. También se habla de ritos sospechosos en Tailandia, aunque se asegura que los animales -como en muchos otros casos- reemplazaron a los humanos a la hora de morir. Hay, además, extraños relatos que algunos exploradores del Amazonas cubren de misterio.

Pero, a fin de siglo, y entre los avances de la Humanidad, las dudas persisten, y nadie podría afirmar que, en algún lugar del mundo, los sacrificios humanos no continúan.

PARA SABER MAS…
LA CAZA DE BRUJAS EN LA EDAD MEDIA

Una bruja dotada supuestamente de poderes diabólicos para atraer la enfermedad y la mala fortuna debe haber sido objeto de temor para el no iniciado, pero debemos ser capaces de descubrir una urgencia más primitiva en la persecución de que fueron víctimas. La bruja, por lo común, aunque no siempre, era una mujer que poseía —se aseguraba— poderes sobrenaturales, era la corporización femenina del demonio.

Para un sacerdote célibe, para el ceñudo protestante que creía en el sometimiento de la mujer, era una especie de objeto de odio y de temor, ya que veían en los maleficios no sólo una parodia obscena de la religión sino un peligro para la supremacía masculina, La bruja se transformó así en el símbolo de la relación amor-odio, la contienda, en la edad adulta, de la dominación de los sexos.

El aumento real de las prácticas de brujerías ocurrido en tiempos de la represión produjo una mayor exageración. Con la proliferación del miedo y el odio, las brujas eran vistas en todos lados. El apacible e instruido Nicolás Remy de Lorraine envió a la cárcel entre 2.000 y 3.000 víctimas entre 1595 y 1616. El piadoso arzobispo de Trier quemó 368 brujas de dos aldeas entre 1587 y 1593, dejando sólo una mujer viva en cada una de ellas en 1595. Desde 1623 hasta 1631 el obispo príncipe de Würzburg quemó más de 900 personas acusadas de maleficios, incluyendo su propio sobrino, un número de niños y 19 sacerdotes.

Francia, Alemania, Suiza, España, Suecia y Escocia se pusieron de acuerdo en esta forma de asesinato en masa. Alemania fue el país más afectado, un hecho que tuvo cierto significado en la historia. En la cima del terror, creer en las hechicerías era un artículo de fe y negar la existencia de las brujas podían conducir a la condenación.

El peor exceso cometido en Inglaterra y las colonias americanas estaba asociado al puritanismo extremo. Sin embargo, allí la represión nunca igualó los resultados de dos notables acontecimientos producidos en e» continente europeo, durante dos brotes de histeria colectiva. El primero afectó regiones del este de Inglaterra en 1644-1647, cuando el ejército de» Parlamento puritano estaba en ascenso. Las denuncias histéricas y acusaciones fueron comisionadas por Mattew Hopkins, quien en 1645 instituye una Comisión General de Búsqueda de Brujas.

Un abogado de Ipswich viajaba por el país en busca de las brujas asistido por el abogado John Godboldt, quien había sido nombrado juez para ese propósito por voto del Parlamento. Ese año fueron colgados dos villanos en comparación con las sesenta mujeres sólo en Essex, más otras tantas en Norfolk y Huntingdonshire. Hopkins publicó un tratado titulado E. descubrimiento de las brujas en 1647; poco después fue denunciado como impostor y condenado a ser colgado por hechicero.

LAS BRUJAS DE SALEM: EL PEQUEÑO PUEBLO de Salem, en la colonia norteamericana de Massachusetts, se conmovió cuando en 1692 un grupo de mujeres aseguraron que estaban poseídas por el diablo. Varias criadas del nuevo primer ministro, Samuel Paris, fueron acusadas de brujería. Nueva Inglaterra era una zona muy religiosa y las acusaciones fueron tomadas en serio hasta el punto de que el gobernador de la colonia ordenó que las mujeres fueran juzgadas.

UN PUEBLO DIVIDIDO Salem era un pueblo dividido por terribles disputas. Los primeros habitantes estaban siendo suplantados por personas más ricas que provenían de otras áreas. Los historiadores han demostrado que los acusados de brujería eran personas recién llegadas o que habían colaborado con ellas de alguna manera. Los primeros colonos, incapaces de detener la llegada de nuevas personas, recurrieron a las acusaciones de brujería para vengarse de los recién llegados.

HISTERIA Y MUERTE
Bridget Bishop fue la primera persona acusada de brujería y fue ahorcada el 10 de junio de 1692. A ella la siguieron cinco personas más, incluido un sacerdote protestante llamado George Burroughs, que cometió el error de criticar los juicios. En aquel clima de histeria el menor comentario podía tener consecuencias funestas. Llegaron a morir 20 personas antes de que aquella ola de ejecuciones se calmara. Una de ellas recibió el castigo tradicional por negarse a declarar: fue aplastada entre dos piedras hasta morir. Aunque estos juicios supusieron un trágico episodio en la historia de Nueva Inglaterra, fue el último incidente de la caza de brujas registrado en las colonias norteamericanas de Inglaterra.

LA BRUJERÍA EN EN LA EDAD MODERNA:

Hacia 1486, los inquisidores dominicos alemanes Heinrich Kramer y Jacob Sprenger redactaron un completo manual demonológico, Malleus Maleficarum (Martillo de las Brujas). El ensayo, que dio apoyo teológico a las nuevas ideas, y estaba dividido en tres secciones.

La primera apuntaba a probar la existencia de la brujería.

En la segunda se describían sus distintas formas.

Por fin, la tercera, estaba dedicada a cómo detectar, enjuiciar r sentenciar a las brujas, incluyendo las torturas como método lograr esos objetivos.

La que después se conoció como Caza de Brujas se extendió por toda Europa Central durante buena parte de la Época Moderna, que abarcó del siglo XV al XIX. Los juicios fueron llevados adelante, en distintos momentos, por tribunales civiles, episcopales y de la Inquisición.

Los períodos de mayor virulencia se registraron en los siglos XVI y XVII. La bula Summis Desiderantes, con larga influencia dentro del catolicismo, fue apoyada y aceptada por otras iglesias occidentales como la luterana, la reformada, la anglicana y la puritana. Aunque el catolicismo nunca aprobó oficialmente la Caza de Brujas, recién en 1657 prohibió esas persecuciones. Algunas estimaciones conservadoras calculan que más de 100.000 personas fueron enjuiciadas. De ellas, unas 60.000 murieron en la hoguera luego de padecer otros tormentos.

Según algunos registros, todavía en los siglos XVIII y principios del siglo XIX hubo algunas condenas por brujería. Así, en 1782, en el cantón de Glaris, en la Suiza protestante, fue sentenciada a muerte Arma Goldin. Al parecer, hubo otro caso en Polonia, en 1793. Campesinos franceses de Bour-nel quemaron a una mujer acusada de brujería en 1826. Años después, en 1856, otra fue lanzada dentro de un horno en la comuna de Camales.

Si bien las acusaciones también alcanzaron a hombres, a niños e incluso a animales, una abrumadora mayoría fueron mujeres, consideradas más inclinadas al pecado y más receptivas a la influencia del Diablo. Este concepto misógino ya estaba presente hacia 1324, cuando en el Concilio de Toledo se definió a las mujeres como livianas, deshonestas o corrompidas. Según el Malleus Maleficarum, ellas eran más crédulas, más propensas a la malignidad y embusteras por naturaleza.

De las acusadas, se presumía que habían realizado un pacto con el Diablo y que le rendían culto, a cambio de lo cual adquirían poderes sobrenaturales. Se creía que el Diablo les dejaba una marca en el cuerpo, lo que permitía individualizarlas. Existía la creencia de que eran capaces de volar, montadas en escobas, animales o demonios, y que podían transformarse en animales. Muchos estudiosos de la época creyeron que estos fenómenos ocurrían realmente. Otros, en cambio,los atribuían a ilusiones o ensueños inducidos por el Diablo.

Según estas teorías, las brujas acudían en determinadas ocasiones a reuniones nocturnas denominadas «aquelarres», o «sabbats». El Diablo, imaginado con formas humanas, como un macho cabrío u otro animal, era adorado por las brujas con distintas ceremonias y a veces participaba de orgías. En definitiva, aquellos «aquelarres» eran una suerte de contracara sacrilega de las liturgias cristianas.

En tiempos de Caza de Brujas hubo algunos procesos que pasaron a la historia. En Inglaterra, un caso famoso fue el juicio a las brujas de Lancashire, en 1612. Un grupo de vecinos de la localidad de Pendle y de otros pueblos cercanos, en gran parte mujeres, fueron llevados ante un tribunal, acusados de asesinatos. La mayoría terminó sus días en la horca. El conocido escritor inglés William Harrison Ainsworth (1805-1882) tomójuego en el caso para escribir su novela Las Brujas de Lancashire, publicada en 1849.

Fuente Consultada:
Historias Asombrosas Pero Reales de Víctor Sueiro
La Cultura de Dietrich Schwanitz
El Universo Secreto de la Superstición Rodolfo Mucheta
Diccionario Insólito Tomo 2
Grandes Pestes de la Historia Cartwright – Biddiss

Juicios de la Inquisición

Pócimas Secretas de la Brujas

Que es un chaman? Ritos Historia Rituales Funciones Pueblos Antiguos

¿Qué es un chaman? Ritos e Historia 

ENIGMA DE LOS CHAMANES:  ¿CIENCIA O MAGIA?
Invocación de espíritus sobrenaturales, adivinación telepática, trances de posesión y viajes ubicuos son algunos de los fenómenos esotéricos que se relacionan con el chamanismo. ¿Qué pensar de esas manifestaciones?.
En 1773, el explorador alemán Johann Georg Gmelin participó en una expedición científica organizada por la emperatriz de Rusia Arma Ivanovna, que tenía como fin la exploración del Ural, Kamchatka y Siberia, y fue testigo de los prodigios de una chamana yakula: ésta se abrió el abdomen, cortó en él un trozo de epiplón, lo coció y se lo comió; después curó su herida con apósitos de resina y corteza de abedul, y sanó por completo seis días después.

Los ritos de iniciación
¿Quiénes son esos hombres y mujeres cuyos comportamientos son fuera de lo normal? Iniciados que tienen acceso al mundo sobrenatural y que, por este hecho, ocupan un lugar de vital importancia dentro de su grupo.

En la Amazonia, para su iniciación, el aprendiz de chamán entra en contacto con los espíritus después de experimentar soledad y ayuno en las selvas vírgenes, en donde lo asaltan sueños en forma de prolongados desvanecimientos. Con una voz cuyo registro a veces parece sobrehumano, debe improvisar un cántico particular -el ikaro-.

Los chamanes inuit del Ártico deben practicar técnicas de éxtasis, particularmente la respiración jadeante interrumpida por gritos guturales. Así, el iniciado adquiere el soplo vital de los espíritus cazadores de la selva, de las lagunas o de los montes sagrados de los Andes.

A no ser que adopte el aspecto de un doble animal: el nahual en México, la anaconda en la Amazonia. El chamán siberiano suele perfeccionar su iniciación mediante un segundo nacimiento y desciende de un árbol madre con la  cabeza hacia abajo. El chamán andino que ha sobrevivido a los 4 rayos está marcado con el sello celeste, como si el resplandor le hubiese investido con el poder de comunicarse con el universo sobrenatural.

El papel social del chamán
Rodeados por objetos simbólicos cargados de influencias telúricas-bastones de madera, cerámica mortuoria, tambores, pieles de animales, flautas de caña, guimbardas de hierro, maracas o simplemente látigos hechos con ramas y con plantas medicinales, los chamanes ostentan un papel muy especial en la vida de su sociedad.

En el antiguo Imperio Inca, algunos personajes como el amauta -sabio filósofo y consejero del soberano-, el ichuri -confesor de calumnias y pensamientos desviantes, o el huaccacuc– asceta errante de las altas planicies con los ojos quemados por el sol-, representaban simultáneamente los papeles de brujo, fetichista, médico, sacerdote, confesor y herborista.

Gracias a sus relaciones privilegiadas con las divinidades, los chamanes están dotados de poder para curar las enfermedades, procurar una cacería numerosa, influir en el clima para tener cosechas abundantes, o, al igual que los bardos celtas, referir leyendas y perpetuar las tradiciones y los cultos sagrados.

Ofrecen garantías a su comunidad en contra de cataclismos naturales, protegen a sus congéneres de la angustia ante las fuerzas sobrenaturales o de las tensiones que surgen en el interior de la comunidad. Por último, durante un fenómeno fascinante de viaje astral, son inducidos a llamar a un alma «transportada».

Viaje astral y adivinación telepática
Estamos en la Amazonia, tras una sesión ritual. El chamán da a cada uno de los participantes un brebaje alucinógeno que deben tomar en sorbos. Luego, al ritmo de los tambores, entona un canto salmodiado. La melopea crece como un encantamiento, mientras los participantes se agitan, hacen muecas y gesticulan. Con el rostro extraviado, una mujer poseída pone cara de estar huyendo de visiones aterradoras.

Los espíritus de las plantas han caído sobre ella. Lanza pequeños gritos guturales girando sobre sí misma. El chamán la detiene con un golpe de su bastón, la chonta; ella queda como subyugada. Él le hace entonces aspirar por la nariz una cocción de plantas, a pesar de sus eructos y estornudos, señalando cada toma con un largo toque de silbato. La mujer se contorsiona en un extraño reptar, extiende los brazos al aire y sacude las manos como para retirar un terrorífico espectro, antes de caer a tierra, al entrar en un trance chamanístico.

El chamán se arrodilla al lado de la paciente, sumergida ahora en un profundo sueño, y escucha las palabras incoherentes que se escapan de sus labios, entre sollozos e hilos de baba.

Posteriormente, el chamán invoca a los espíritus de las lagunas o de los montes sagrados, mastica pensativo unas hierbas, toma el brebaje y le anuncia a la asamblea que está a punto de emprender un viaje astral. En ese momento parece retraerse de sí mismo, como si se hubiese adormecido o ausentado de la estancia. Palidece. Cuando sus ojos no están cerrados, parecen adquirir un reflejo vidrioso.

Los labios del chamán se mueven débilmente, como si hablara con algunos interlocutores invisibles. Percibe entonces, mediante un fenómeno de adivinación telepática, las raíces del drama experimentado por la paciente. Finalmente, a su «regreso» al recinto en el que se realiza la ceremonia, el chamán se encuentra en disposición de devolver el alma sustraída por los espíritus malignos, para, posteriormente, pronunciar sus consejos terapéuticos. Algunas veces, el diagnóstico del chamán es áspero: la paciente sufre una enfermedad deshonrosa, una desviación del destino o a veces la culpable es una afección relacionada con el mundo de los blancos -una infección, un cáncer-, que escapa a sus poderes curativos.

El papel de los alucinógenos La utilización de drogas alucinógenas es común en la mayoría de los rituales mandragorachamanísticos: ingestión de hongos muscarinos o psilocibinos, decocción de mandragora en la Europa medieval, cactus de San Pedro en Perú o peyote en México, bebida de ayahuasca en la Amazonia.

Los estados modificados de conciencia participan en la comunicación con fuerzas sobrenaturales, con los espíritus de los muertos en el culto de los antepasados, o también en los estados de viaje astral.

Sustancias como la harmala pueden desencadenar, durante un trance chamanístico, una oleada de fondo que aturde el cerebro, análoga a una crisis de epilepsia.

Por otra parte, ha quedado científicamente demostrado que los gestos repetitivos, acompasados a ritmo de silbatos, tambores o de otra música durante las danzas rituales, pueden provocar la secreción de hormonas endocrinas del placer, las endorfinas.

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo
Enigmas de la Humanidad
Wikipedia