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¿Qué es un chaman? Ritos e Historia 

ENIGMA DE LOS CHAMANES:  ¿CIENCIA O MAGIA?
Invocación de espíritus sobrenaturales, adivinación telepática, trances de posesión y viajes ubicuos son algunos de los fenómenos esotéricos que se relacionan con el chamanismo. ¿Qué pensar de esas manifestaciones?.
En 1773, el explorador alemán Johann Georg Gmelin participó en una expedición científica organizada por la emperatriz de Rusia Arma Ivanovna, que tenía como fin la exploración del Ural, Kamchatka y Siberia, y fue testigo de los prodigios de una chamana yakula: ésta se abrió el abdomen, cortó en él un trozo de epiplón, lo coció y se lo comió; después curó su herida con apósitos de resina y corteza de abedul, y sanó por completo seis días después.

Los ritos de iniciación
¿Quiénes son esos hombres y mujeres cuyos comportamientos son fuera de lo normal? Iniciados que tienen acceso al mundo sobrenatural y que, por este hecho, ocupan un lugar de vital importancia dentro de su grupo.

En la Amazonia, para su iniciación, el aprendiz de chamán entra en contacto con los espíritus después de experimentar soledad y ayuno en las selvas vírgenes, en donde lo asaltan sueños en forma de prolongados desvanecimientos. Con una voz cuyo registro a veces parece sobrehumano, debe improvisar un cántico particular -el ikaro-.

Los chamanes inuit del Ártico deben practicar técnicas de éxtasis, particularmente la respiración jadeante interrumpida por gritos guturales. Así, el iniciado adquiere el soplo vital de los espíritus cazadores de la selva, de las lagunas o de los montes sagrados de los Andes.

A no ser que adopte el aspecto de un doble animal: el nahual en México, la anaconda en la Amazonia. El chamán siberiano suele perfeccionar su iniciación mediante un segundo nacimiento y desciende de un árbol madre con la  cabeza hacia abajo. El chamán andino que ha sobrevivido a los 4 rayos está marcado con el sello celeste, como si el resplandor le hubiese investido con el poder de comunicarse con el universo sobrenatural.

El papel social del chamán
Rodeados por objetos simbólicos cargados de influencias telúricas-bastones de madera, cerámica mortuoria, tambores, pieles de animales, flautas de caña, guimbardas de hierro, maracas o simplemente látigos hechos con ramas y con plantas medicinales, los chamanes ostentan un papel muy especial en la vida de su sociedad.

En el antiguo Imperio Inca, algunos personajes como el amauta -sabio filósofo y consejero del soberano-, el ichuri -confesor de calumnias y pensamientos desviantes, o el huaccacuc– asceta errante de las altas planicies con los ojos quemados por el sol-, representaban simultáneamente los papeles de brujo, fetichista, médico, sacerdote, confesor y herborista.

Gracias a sus relaciones privilegiadas con las divinidades, los chamanes están dotados de poder para curar las enfermedades, procurar una cacería numerosa, influir en el clima para tener cosechas abundantes, o, al igual que los bardos celtas, referir leyendas y perpetuar las tradiciones y los cultos sagrados.

Ofrecen garantías a su comunidad en contra de cataclismos naturales, protegen a sus congéneres de la angustia ante las fuerzas sobrenaturales o de las tensiones que surgen en el interior de la comunidad. Por último, durante un fenómeno fascinante de viaje astral, son inducidos a llamar a un alma «transportada».

Viaje astral y adivinación telepática
Estamos en la Amazonia, tras una sesión ritual. El chamán da a cada uno de los participantes un brebaje alucinógeno que deben tomar en sorbos. Luego, al ritmo de los tambores, entona un canto salmodiado. La melopea crece como un encantamiento, mientras los participantes se agitan, hacen muecas y gesticulan. Con el rostro extraviado, una mujer poseída pone cara de estar huyendo de visiones aterradoras.

Los espíritus de las plantas han caído sobre ella. Lanza pequeños gritos guturales girando sobre sí misma. El chamán la detiene con un golpe de su bastón, la chonta; ella queda como subyugada. Él le hace entonces aspirar por la nariz una cocción de plantas, a pesar de sus eructos y estornudos, señalando cada toma con un largo toque de silbato. La mujer se contorsiona en un extraño reptar, extiende los brazos al aire y sacude las manos como para retirar un terrorífico espectro, antes de caer a tierra, al entrar en un trance chamanístico.

El chamán se arrodilla al lado de la paciente, sumergida ahora en un profundo sueño, y escucha las palabras incoherentes que se escapan de sus labios, entre sollozos e hilos de baba.

Posteriormente, el chamán invoca a los espíritus de las lagunas o de los montes sagrados, mastica pensativo unas hierbas, toma el brebaje y le anuncia a la asamblea que está a punto de emprender un viaje astral. En ese momento parece retraerse de sí mismo, como si se hubiese adormecido o ausentado de la estancia. Palidece. Cuando sus ojos no están cerrados, parecen adquirir un reflejo vidrioso.

Los labios del chamán se mueven débilmente, como si hablara con algunos interlocutores invisibles. Percibe entonces, mediante un fenómeno de adivinación telepática, las raíces del drama experimentado por la paciente. Finalmente, a su «regreso» al recinto en el que se realiza la ceremonia, el chamán se encuentra en disposición de devolver el alma sustraída por los espíritus malignos, para, posteriormente, pronunciar sus consejos terapéuticos. Algunas veces, el diagnóstico del chamán es áspero: la paciente sufre una enfermedad deshonrosa, una desviación del destino o a veces la culpable es una afección relacionada con el mundo de los blancos -una infección, un cáncer-, que escapa a sus poderes curativos.

El papel de los alucinógenos La utilización de drogas alucinógenas es común en la mayoría de los rituales mandragorachamanísticos: ingestión de hongos muscarinos o psilocibinos, decocción de mandragora en la Europa medieval, cactus de San Pedro en Perú o peyote en México, bebida de ayahuasca en la Amazonia.

Los estados modificados de conciencia participan en la comunicación con fuerzas sobrenaturales, con los espíritus de los muertos en el culto de los antepasados, o también en los estados de viaje astral.

Sustancias como la harmala pueden desencadenar, durante un trance chamanístico, una oleada de fondo que aturde el cerebro, análoga a una crisis de epilepsia.

Por otra parte, ha quedado científicamente demostrado que los gestos repetitivos, acompasados a ritmo de silbatos, tambores o de otra música durante las danzas rituales, pueden provocar la secreción de hormonas endocrinas del placer, las endorfinas.

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo
Enigmas de la Humanidad
Wikipedia


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