Napoleón Bonaparte

Biografia de Spencer Herbert Pensador Positivista Evolucionista

Biografia de Spencer Herbert – Pensador Positivista Evolucionista

HERBERT SPENCER (1820-1903): Pensador representativo de la fe en el progreso por la ciencia, típica de la segunda mitad del siglo XIX, Herbert Spencer fue o pretendió ser el filósofo de la evolución.

Sin embargo, debido a su escasa formación filosófica — no había leído a Platón ni a Kant —, a su poco cultivado acervo histórico y a su limitada cultura científica, su Sistema de filosofía sintética no llegó a convencer ni a los filósofos puros ni a los hombres de ciencia.

Biografia de Specer Herbert
Biografia de Spencer Herbert: Nació el 27 de abril de 1820 en Derby y murió en Brighton en 1903. Fue fundador del darwinismo social en Gran Bretaña y uno de los más ilustres positivistas de su país. Ingeniero civil y de formación autodidacta, se interesó tanto por la ciencia como por las letras.

Esto no quiere decir que el pensamiento de Spencer no tenga puntos dignos de estima. Pero su obra sólo recaba el interés del historiador en cuanto a documentos dé una época de la vida humana.

Nacido en Derby el 27 de abril de 1820, en el seno de una familia de arraigadas convicciones metodistas, rehusó cursar sus estudios universitarios en la universidad de Cambridge, y a los 18 años se empleó en la construcción del ferrocarril de Londres a Birminghani.

Ocupó un cargo de ingeniero en esta empresa hasta 1846, en cuyo año sus aficiones le llevaron al terreno especulativo.

A partir de 1846 fue vicerredactor de la revista londinense The Economist, hasta que en 1853, gozando ya de una situación económica independiente, se dedicó por completo a sus trabajos filosóficos.

El positivismo es una corriente filosófica que afirma que todo conocimiento deriva de alguna manera de la experiencia, la cual se puede respaldar por medio del método científico. Por tanto, rechaza cualquier conocimiento previo a la experiencia.

Alentado por la buena acogida que se había dispensado a su primera obra, Social Statics (1850), publicó en 1855 sus Principios de Psicología, en los cuales defendió su idea del valor general del principio de evolución.

Convencido de que en el mismo se hallaba la base de la filosofía del futuro, como lo parecía demostrar la conclusión a que había llegado Darwin en su Origen de las especies (1859), Spencer se propuso dedicar el resto de su vida a la elaboración de un sistema evolucionista de pensamiento. (ver: darwinismo social)

En 1860 publicó el programa de su obra, Sistema de filosofía sintética, cuyo primer volumen, Primeros principios, apareció en 1862.

Con tenacidad inquebrantable, pese a las dificultades económicas de la empresa, fue dando a luz los restantes volúmenes del Sistema, en número de diez: Principios de Biología (1867), Principios de Psicología (segunda edición, 1872), Principios de Sociología y Principios de Moral.

Completó la obra en 1896, después de treinta y dos años de arduos esfuerzos. La sociedad coetánea la recibió con gran interés y, luego, con marcado entusiasmo.

Spencer fue objeto de varias distinciones académicas y su obra se tradujo a varios idiomas. Pero, a causa de la preparación de su autor, no ha tenido trascendencia en la formación de las generaciones ulteriores. Murió Spencer en Brighton el 8 de diciembre de 1903.

SINTESIS: Herbert Spencer, una figura destacada en la revolución intelectual de la Inglaterra del siglo XIX, fue un destacado filósofo, sociólogo, biólogo, antropólogo y teórico político.

Nacido de un padre inconformista, fue educado en casa primero por su padre y luego por su tío en matemáticas y ciencias. Más tarde adquirió su vasto conocimiento tanto a través de la lectura personal como de las conversaciones con sus amigos.

Fue uno de los primeros defensores de la teoría de la evolución, acuñando la famosa frase «Supervivencia del más fuerte».

Creía que los principios de la evolución, incluida la teoría de la selección natural, se aplican tanto a las sociedades humanas como a los seres individuales y otras especies biológicas.

También abogó por la supremacía del individuo sobre la sociedad y la ciencia sobre la religión. Sin embargo, creía que el individualismo entraría en vigor solo después de una era socialista y de una guerra posterior.

Aunque él mismo era liberal, temía que en los próximos días el liberalismo diera lugar a un nuevo tipo de despotismo, mucho peor que cualquier otro déspota del pasado.

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Biografia de Jose I Bonaparte -Pepe Botella-

Biografía de José I Bonaparte Hermano de Napoleón

Entre los Napoleónidas, quizá a ninguno fue ofrecido un porvenir tan brillante como a José Bonaparte Pero no tenía éste las cualidades que hicieron tan famoso a su hermano, en particular el espíritu de decisión y energía, la voluntad de imponerse y la capacidad de trabajo.

Su carácter era sumamente débil, y nada en su sangre le llamaba a desempeñar un papel en el campo de batalla. De formación intelectual, habría sido, sin duda, un buen monarca al estilo de los que preconizaban los filósofos del siglo XVIII aunque sin la dignidad de la estirpe.

Jose Banaparte Biografia

Se le llamaba Pepe Botella debido a su afición por la bebida, sin embargo parece que tal historia no era cierta y que sólo se trataba de una manera de desprestigiarlo

Pero su vida fué, como la de sus demás hermanos, tan azarosa, que requería cualidades eminentes para ocupar un lugar propio y destacado en la Historia. Vivió, pues, tras la sombra de la estrella del gran caudillo corso, y su fortuna periclitó con la caída de Napoleón.

Nació un año y medio antes que éste en Corte (Córcega) el 7 de enero de 1768. Cursó sus primeros estudios en el colegio de Autún; pasó luego a la universidad de Pisa, donde se graduó en leyes, y en 1788 se estableció como abogado en Bastía.

Durante cinco años actuó en las filas del partido francés de Córcega, luchando contra Paoli.

Al triunfar éste en 1793, José se refugió en Francia. La Convención termidoriana le utilizó para concertar la reconquista de la isla natal.

Acompañó a su hermano Napoleón en la campaña de Italia (1796).

Pero a fines del mismo año, con el triunfo de Francia en Córcega, regresó a ella para hacerse cargo de su administración. En calidad de tal fue nombrado miembro del Consejo de los Quinientos.

En 1797 desempeñó el cargo de residente en Parma y, luego, de embajador en Roma, con la misión de favorecer el espíritu revolucionario. Pero ya en esta ocasión se observó que no era hombre de temple.

El golpe de estado de Brumario (1799), en el que participó preparando la conspiración, le elevó de nuevo a un primer plano político.

Napoleón, deseoso de empujarle en la vida, le nombró consejero de Estado y tribuno, y le confió negociaciones diplomáticas de confianza en los Estados Unidos y Austria (paz de Luneville de 1801), así como con el Papado (concordato de 1801) e Inglaterra (paz de Amiens de 1802).

Con la instauración del Imperio, José fue nombrado príncipe, gran elector y lugarteniente del ejército, es decir el segundo después de Napoleón.

Pero éste le reservaba aún mayores beneficios. El 30 de marzo de 1806 se hizo cargo del reino de Nápoles. Gobernó en sentido reformador y suprim los restos del régimen feudal.

Este éxito aparente animó a Napoleón para confiar a José la corona de España en circunstancias reálrmeme graves. Después de la abdicación de Carlos IV y Fernando VII en Bayona, José fue proclamado rey de Es paña el 7 de julio de 1808. Su primer acto fué otorgar una constitución, preparada por su hermano, que jamas se acató.

El pueblo español, en efecto, nunca reconoció la legitimidad de José I. Este, que había entrado en Madrid el 25 de julio, tuvo que huir siete días después ante el avance del ejército español, victorioso en Bailen. Fue repuesto en la capital por Napoleón y la Grande Armée (8 de diciembre).

Durante dos años procuró reinar, sin lograrlo, pues ni el pueblo le quería, ni le obedecían los generales franceses, ni incluso le apoyaba lo bastante Napoleón.

Dada su falta de energía, fué un juguete de los acontecimientos. Después de la derrota de Arapiles, José abandonó por segunda vez Madrid el 11 de agosto de 1812. Aunque regresó a la capital a principios de noviembre siguiente, la abandonó de nuevo en la prim.avera de 1813.

Las derrotas de Vitoria (21 de julio de 1813) y San Marcial (31 de agosto), le arrojaron definitivamente de España.

En diciembre de 1813 renunció a la corona española. Nombrado jefe de la guardia nacional en enero de 1814, prestó pocos servicios a Napoleón en la campaña de Francia.

Refugiado en Suiza después de la entrada en París de los aliados, volvió a Francia durante los Cien Días, en cuyo período ejerció el cargo de presidente del consejo de regencia (1815). Al sobrevenir el desastre de Waterloo, se trasladó a América.

Vivió en Point Brezee, Nueva Jersey, Estados Unidos, como conde de Survilliers, gozando de una buena fortuna. Subdito de aquella República desde 1820, regresó a Europa en 1832 para intentar afianzar el partido bonapartista en Francia, cada día más pujante después de la revolución de julio.

Residió en Londres y en Italia. Establecido en Florencia en 1841, murió en esta ciudad el 28 de julio de 1844.

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Biografia del Duque de Wellington Militar Britanico

Biografia del Duque de Wellington Militar General Britanico

En el estudio de las grandes figuras militares, la consideración de los hechos de armas de Arturo o Arthur Wellesley, duque de Wellington, merece un lugar destacado, por lo menos en cuanto a las magníficas condiciones de tenacidad de que siempre dio relevantes pruebas.

Estratega de refinada formación, brillante en el despliegue de sus fuerzas, fue realmente insuperable en la táctica defensiva, como lo demostró en Torres Vedras y en el mayor de sus triunfos: Waterloo. Esta victoria hizo irradiar su fama por todos los ámbitos. del mundo.

biografia del duque de welligton

Tercer hijo de Garrett Wellesley, conde de Morningtong, Arturo nació en Dublín el 29 de abril de 1769. Se educó en el aristocrático colegio de Eton y en la academia militar de Angers (Francia). Ingresó como insignia en el 73.0 de «highlanders en 1787.

Hizo rápidos progresos por su natural despejado y la influencia de su hermano mayor; en 1793 tenía la graduación de teniente coronel, con la cual luchó contra los franceses en Holanda (1794-1795).

Al terminar esta campaña, fue enviado con su regimiento a la India (1796), donde tuvo ocasión de prestar grandes servicios a Inglaterra.

Su hermano, nombrado en 1797 gobernador de la India, le ayudó a hacerse distinguir, pues en 1799, después de la derrota de Tippo Sahib, le confirió el mando supremo de la provincia de Mysore.

Con el grado de mayor general, Wellesley dirigió la campaña de 1803 contra los majratas, a los que derrotó en las decisivas batallas de Assaye y Argaum.

Personalmente impuso la paz a los príncipes de la confederación hindú.
De regreso a Inglaterra (1805), fue elegido miembro del Parlamento y nombrado secretario para Irlanda (1806).

En 1807 participó en una expedición contra Copenhague. Pero hasta 1808 no halló un cargo militar que le permitiera desarrollar sus aptitudes.

La invasión napoleónica en Portugal y España, y la alianza subsiguiente de Inglaterra con estos estados, motivaron el envío de tropas expedicionarias a la península Hispánica.

Wellesley, promovido a teniente general en abril de 1808, dirigió la primera expedición, con tan feliz acierto que, después de la acción de Vimeiro (21 de agosto), obligó a Junot a capitular en Cintra (31 de agosto).

La noticia del reembarque de las tropas inglesas de Moore en La Coruña ante Soult (16 de enero de 1809) le sorprendió en Inglaterra.

De nuevo el gobierno británico acudió a él para reparar el desastre. Wellesley liberó Oporto y lanzó un atrevido ataque sobre Madrid por el valle del Tajo.

Aunque vencedor en Talavera de la Reina (27 de julio de 1809), tuvo que replegarse para evitar que fueran cortadas sus comunicaciones. Después de aquella victoria fué nombrado mariscal portugués y capitán general español.

La corona le otorgó el título de vizconde Wellington. Ante el ataque del ejército de Massena, Wellington se replegó a las líneas de Torres Vedras (1810-1811), en donde resistió de modo admirable.

Al iniciarse la campaña de 1812, expugnó Ciudad Rodrigo (19 de enero), recobró Badajoz (5 de abril) y derrotó a los franceses en Arapiles (22 de julio).

En este momento le faltó decisión para echarse sobre el enemigo en retirada, lo que permitió que éste se rehiciera. Sin embargo, en la campaña de 1813 obtuvo una victoria resonante y decisiva en Vitoria (21 de junio), completada por la expugnación de San Sebastián (31 de agosto) y el paso de la frontera por San Marcial.

El 10 de abril de 1814 entraba en Tolosa. Terminada la guerra, el recién duque de Wellington fue nombrado embajador de Inglaterra en París.

Plenipotenciario de su nación en el Congreso de Viena (febrero de 1815), empuñó la espada al saber la noticia del regreso del Gran Corso. Se le confió, con Blücher, el mando del ejército del Norte.

Separado de su colega prusiano por la vigorosa ofensiva de Napoleón, la contuvo en el campo de batalla de Waterloo (18 de junio de 1815), en donde el impasible general británico se cubrió para siempre de gloria.

Entonces recibió dignidades y recompensas sin cuento, entre las cuales el principado de Waterloo y un obsequio de 200.000 libras esterlinas del Parlamento. Tenía 46 años…

Su prestigio hizo pesar su palabra en la vida pública de Europa e Inglaterra en los años siguientes. Wellington apoyó el restablecimiento de Luis XVIII y evitó la desmembración de Francia.

En 1818 participó en el Congreso de Aquisgrán. En el mismo año ocupó un puesto en el gobierno de la Gran Bretaña, dentro del que se mantuvo en completo acuerdo con las ideas de Castlereagh sobre la practica de la política de la restauración.

Sin embargo, en 1826 prestó un gran servicio a Canning obteniendo en la convención de San Petersburgo la libertad de Inglaterra en el problema del alzamiento de Grecia contra Turquía.

En 1827 el «duque de hierro» fue nombrado generalísimo de las fuerzas inglesas, cargo que desempeñó hasta su muerte.

Al año siguiente (9 de enero) ocupaba la presidencia del consejo de ministros. Durante su gobierno, aunque rígidamente conservador, se otorgó la emancipación a los católicos del Reino Unido (1828).

Opuesto a toda reforma electoral, dimitió en noviembre de 1830. Este fue el único instante en que conoció la impopularidad. Wellington fue otras dos veces ministro bajo la presidencia de Peel: de Negocios Extranjeros en 1834-1835 y sin cartera en 1845-1846.

Su vida se apagó en Walmer Castle (Dover), en una calma serena y augusta, como correspondía a su papel de héroe, el 14 de septiembre de 1852.

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Biografia de Horatio Nelson Marino Británico

Biografia de Horatio Nelson

HORATIO NELSON: Como almirante, el más famoso de la historia de Inglaterra y uno de los más célebres de todos los tiempos y países. Resuelto, frío, bravo, dominando a placer el arte de navegar y la estrategia naval, del Imperio Británico del siglo XIX.

Porque sin Nelson quizá no habrían sido ni Abukir ni Trafalgar, las dos grandes victorias que hicieron estériles los triunfos de Napoleón en el continente.

Los ingleses pueden, con legítimo orgullo, venerar la figura del almirante entre las páginas de oro de sus guerras en el mar.

Biografia de Horatio Nelson
En 1797, se distinguió por su victoria sobre España en la batalla del cabo San Vicente. Poco después de la antedicha batalla, Nelson participó en el ataque a Santa Cruz de Tenerife, donde fue malherido perdiendo un brazo, y forzado a marcharse a Inglaterra para recuperarse.

Hijo de Edmundo Nelson y de Catalina Suckling, emparentada con los Walpole, Horatio nació en Burnhm Thorpe (Norfolk) el 29 de septiembre de 1.758.

Su padre era rector de aquella parroquia y proporcionó a su hijo una buena, aunque sumaria educación en Norwich, Downham y North Walsham.

Sin embargo, quien desempeñó el papel más importante en la vida de Horatio fue su tío, el capitán Mauricio Suckling, oficial de intendencia de la armada.

Debido a la intervención de éste, Horatio entró a los doce años de edad en calidad de grumete en el navio Raisonnable.

Pero habiéndose solventado las diferencias que a la sazón existían entre Inglaterra y España, el capitán Suckling le embarcó en un velero mercante que navegaba a la India, y, a su regreso, le ejercitó en la dura escuela de la navegación de cabotaje, entre las brumas, los vientos, las rocas y los escollos de los mares del Norte.

En 1772 tomó parte en la expedición ártica del capitán Phippo y luego se embarcó de nuevo para la India. Su prolongada vida en el mar despertó en él la ambición del heroísmo.

El 9 de abril de 1777, después de servir en la fragata Worcester, fue admitido en la flota real inglesa como teniente. A causa de sus conocimientos navales y de su habilidad para atraerse simpatías, en 1779 le fué confiado el mando de la fragata Hinchinbrook. Tenía entonces veintiún años.

Nelson no se distinguió mucho en las operaciones de la guerra de Independencia norteamericana, aunque sus jefes, como el almirante Hood, ya le consideraban como gran experto en la táctica naval. Acabada la lucha en 1783, se trasladó a Francia para estudiar la marina de sus adversarios.

Poco después recibía el mando de la fragata Bóreas, con la que prestó servicio en las Indias Occidentales.

Aquí se casó con Francés Nisbet (1787). Sus informes sobre el contrabando llamaron frecuentemente la atención del Almirantazgo, el cual, en 1793, al estallar la guerra con Francia, le adscribió a la flota del almirante Hood como capitán del Agamemnon (30 de noviembre).

Al mando de este buque participó en la toma de Tolón, en la conquista de Córcega y en otras operaciones en el Mediterráneo occidental, donde demostró su iniciativa personal. Ante Calvi, en 1794, fue herido en el ojo derecho, que le quedó inutilizado para la visión.

Su figura se iluminó repentinamente para el público inglés por su destacadísima intervención en la victoria obtenida por el almirante Jervis sobre la flota española en el cabo de San Vicente (14 de febrero de 1797).

Sin embargo, la satisfacción que podía experimentar Nelson, nombrado ya contraalmirante, se truncó cuando fue herido de gravedad en el fracasado intento de desembarco en Santa Cruz de Tenerife (24 de julio de 1797). En esta acción perdió el brazo derecho.

Repuesto de sus heridas e incorporado de nuev: a servicio activo el 10 de abril de 1798, fué designad: por el gobierno para vigilar el destino de la flota q-je Francia concentraba en Tolón.

Pasó al Mediterráneo con tres navios de batalla y cinco fragatas. La escuadra francesa burló el bloqueo de Nelson, a causa de un incidente fortuito, y se dirigió a Egipto. Nelson la persiguió a lo largo del Mediterráneo y el 1.° de agosto la destrozaba en la gran batalla de Abukir.

Esta victoria, decisiva para la suerte de la expedición napoleónica, le valió el título de barón (del Nilo) y la consolidación definitiva de su fama como gran marino.

Entre 1798 y 1800 intervino en los asuntos del reino de Ñapóles, retenido por su misión y por sus amores con lady Hamilton, esposa del embajador inglés, a quien había conocido en 1793.

Esta parte de su vida es sumamente novelesca. En 1800 regresó a Inglaterra y el 1° de enero de 1801 fue ascendido a vicealmirante. Meses más tarde recibía la misión de forzar el bloqueo de los neutrales, lo que logró después de la batalla y bombardeo de Copenhague (2 de abril de 1801).

Continuó prestando algunos servicios de flotilla, hasta que al firmarse la paz de Amiens (1802). se retiró a su finca de Merton, en el Surrey.

La segunda ruptura de hostilidades entre Francia y su país le hizo entrar de nuevo en liza. En 1803 tomó el mando de la flota del Mediterráneo, con la que bloqueó la escuadra francesa. Pero, he aquí que ésta logró burlar su vigilancia y pasar al Atlántico.

Por pura intuición, Nelson supuso que Villeneuve, el almirante adversario, había preparado una diversión hacia las Antillas, a cuyos mares marchó persiguiéndole.

De regreso las dos flotas a Europa sin haber trabado combate, la francoespa-ñola se encerró en Cádiz. Nelson, quien había tomado un breve descanso en Merton, partió de esta localidad el 13 de septiembre de 1805. El 29 se hallaba al frente de su escuadra.

La batalla de Trafalgar, obra maestra del genio naval de Nelson, terminó con un triunfo innegable de la flota británica (21 de octubre).

El gran almirante, que al iniciarse la refriega había comunicado: «Inglaterra espera que cada hombre cumplirá su deber», no pudo recoger los laureles del triunfo.

Una bala, disparada desde el navio francés Redoutable, le quitó la vida en el puente del Victory. Murió exclamando: «Gracias a Dios, he cumplido con mi deber.»

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Biografia de Danton Georges Jacques Politico Frances

Biografia de Danton Georges Jacques

Desfigurado el rostro por las viruelas, tumultuoso, desbordante y elocuente, Dantón es una de las figuras más conspicuas del movimiento revolucionario francés.

Demagogo en los Cordeliers, ministro durante las matanzas de septiembre de 1792, partidario de la moderación ante el Terror, impulsor de la política imperialista de la República, los historiadores descubren muchos repliegues en el fondo de su espíritu.

Danton Georges Biografia

Georges-Jacques Danton fue un abogado y político francés que desempeñó un papel determinante durante la Revolución francesa y cuyo talante contemporizador fue atacado por los diferentes partidos en pugna.

Por sus innegables condiciones de patriota, éste fue el primer revolucionario que rehabilitó la crítica histórica del pasado siglo, e incluso la historiografía conservadora ha tenido ciertas debilidades al considerar su personalidad.

Modernamente, no se olvida que en muchas de sus actuaciones corrió el dinero y que su integridad moral es tan dudosa como la de Mirabeau.

No obstante, se le aprecia, como calidad política esencial, cierto realismo, tan alejado del doctrinarismo abstracto de Robespierre como del asesinato por sistema de Marat.

Era hijo de una buena familia provinciana. Nacido en Arcis del Aube el 28 de octubre de 1759, quedó huérfano de padre cuando tenía tres años de edad. Su madre descuidó su educación, por lo que Jorge Jacobo creció dando rienda suelta a su temperamento vital y apasionado.

A los catorce años ingresó en los Oratorianos de Troyes, donde se distinguió en los estudios de historia, mitología y retórica. En 1780 se trasladó a París para dedicarse a la abogacía.

Durante algunos años trabajó en las oficinas del abogado Vinot; defendió algunos casos ante el Parlamento y se dedicó a la lectura de la Enciclopedia y las obras de Rousseau.

En 1787 contrajo matrimonio con Angélica Charpentier. Esta boda le permitió comprar un cargo de abogado en los consejos reales (1787), donde ganó una preciosa experiencia en los asuntos públicos.

Afiliado a las logias masónicas, gozando de mucha simpatía entre las gentes humildes de su barrio, Dantón fue muy pronto, a raíz de la toma de la Bastilla (14 de julio de 1789), uno de los agitadores más populares de París. Su figura, su voz, sus ademanes, le predestinaron a la demagogia.

El dinero del duque de Orleáns le incitaba a la acción. Desde la tribuna de los jacobinos o desde la más radical de los Cordeliers, club que había contribuido a fundar en 1790, abogó contra la corte y el moderantismo de La Fayette.

En las elecciones de 1791 fue elegido administrador de su distrito municipal. Con motivo de la fuga del rey a Varennes, desencadenó una violenta agitación democrática; pero al fracasar la jornada del Campo de Marte (julio de 1791), tuvo que huir a Arcis y luego a Inglaterra.

A fines del mismo año volvía a estar en la capital. Esta vez apoyó a los girondinos en su política bélica, no se sabe exactamente con qué fines. Cuando los ejércitos aliados invadieron Francia, Dantón preparó la jornada revolucionaria del 10 de agosto. La victoria de las turbas fue su victoria.

A la mañana siguiente recibía el nombramiento de ministro de Justicia por la Asamblea Legislativa.

En aquel momento fue el único hombre del gobierno revolucionario que supo mantener la moral de Francia ante el continuo progreso de los ejércitos del duque de Brunswick. Son famosas sus palabras del 2 de septiembre: ((Audacia, todavía audacia y siempre audacia.»

Para dominar el presumible alzamiento de los contrarrevolucionarios, decretó una serie de medidas contundentes sobre las visitas domiciliarias y la detención de los sospechosos.

Los siniestros adeptos de Marat las utilizaron para proceder a las matanzas de Septiembre, que Dantón no supo o no quiso evitar. Esta es una mancha que cae pesadamente sobre su cabeza.

Habiendo renunciado al cargo de ministro (21 de septiembre) en favor delacta de diputado a la Convención, Dantón fue delegado a Bélgica para proceder a la reorganización de aquel territorio, recién conquistado por las tropas republicanas.

Al volver de su misión, propuso la anexión de aquella provincia, y renovó, en un famoso discurso, la política de las fronteras naturales de Richelieu. Atacado por los girondinos, que veían en él al autor de las matanzas de Septiembre, tuvo que apoyarse en Robespierre y la Montaña.

Sin embargo, su política era más liberal y menos democrática que la de los jacobinos. La alianza de éstos con los dantonistas determinó la derrota del brillante grupo de la Gironda en las jornadas de mayo y junio de 1793. Pero esta victoria no le fue tan fructífera como la del 10 de agosto, pues benefició a Robespierre.

El 10 de junio de 1793 fue reemplazado en el Comité de Salud Pública — en el que figuraba como dueño desde el mes de abril anterior — por Maximiliano. No obstante, Dantón conservó gran influencia sobre la Convención.

En octubre de 1793 Dantón se trasladó a Arcis para reponer su salud. Cuando regresó, emprendió una vibrante campaña contra el Terror.

Pero entonces Robespierre tenía entre sus manos a los jacobinos, y combatió a los dantonistas llamándolos indulgentes. Con una ciega confianza en su estrella,

Dantón no se preocupó de las acechanzas que le tendía su rival. Consideró como un éxito propio el fin de los hebertistas o exaltados en la guillotina. Pero, en realidad, era otro triunfo de Robespierre.

El siguiente fue la detención del mismo Dantón y de sus adeptos (1° de abril). Después de un juicio tan inicuo como los acostumbrados, ante el mismo Tribunal Revolucionario que él había creado y organizado, Dantón fué condenado a muerte.

El 6 de abril de 1794 su cabeza rodó en la guillotina. El Terror devoraba a los que le habían engendrado.

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Biografia de Maria Luisa de Austria

Biografia de Maria Luisa de Austria

MARÍA LUISA DE AUSTRIA (1791-1847): Una vida principesca, elevada del plano del anonimato por su casamiento con el gran corso. Nacida en Viena el 12 de diciembre de 1791, del emperador Francisco II de Alemania y María Teresa de Nápoles, recibió una educación bastante cuidada.

Creció, como es lógico, en la mayor animadversión contra los franceses y su emperador, en quien vio, desde que tuvo uso de razón, el mayor azote de su familia.

MAria Teresa de Austria
María Luisa de Austria (en francés: Marie-Louise d’Autriche) (Viena, Austria, 12 de diciembre de 1791 – Parma, Italia, 17 de diciembre de 1847), hija del emperador Francisco I de Austria y su esposa María Teresa de las Dos Sicilias (1772-1807).

Sin embargo, los avatares de la política internacional la hicieron esposa de Napoleón, quien quería legitimar su poder ante las rancias familias reales de Europa. Se cree que las negociaciones para la boda partieron del príncipe Metternich.

Divorciado Napoleón de Josefina, el matrimonio se celebró por poderes en Viena el 11 de marzo de 1810 y luego en Francia el 2 de abril siguiente. El emperador experimentó un sincero afecto por su segunda esposa, al que ésta no correspondió. El 20 de marzo de 1811 dio a luz al heredero de Napoleón, al denominado rey de Roma.

Durante la campaña de Alemania de 1813 fue nombrada regente de Francia, aunque no intervino en los asuntos de gobierno. Permaneció en París hasta el 29 de marzo de 1814, en cuya fecha se trasladó a Blois.

A pesar de los esfuerzos de sus cuñados, logró reunirse con su padre en Rambouillet, y mientras Napoleón partía para su reino de Elba, ella entraba triunfalmente en Viena. Custodio suyo en este viaje fue el conde de Neipperg, el cual despertó en su corazón los primeros ecos del amor.

Pese a su infidelidad, Napoleón continuó profesándole un verdadero cariño; pero durante los Cien Días, María Luisa no hizo nada para regresar a París al lado de su esposo.

Investida por el Congreso de Viena con los ducados de Parma, Placencia y Guastalla, hizo su entrada triunfal en los mismos el 20 de abril de 1816. Su principal consejero fue Neipperg, con quien contrajo matrimonio morganático en 1822.

Habiendo enviudado en 1829, se casó por tercera vez, ahora con el conde de Bombelles (17 de febrero de 1834). Dos años antes había ido a Viena para asistir al duque de Reischtad, su hijo, en la cabecera de su lecho de muerte.

Su gobierno en Parma fue en un principio liberal; pero desde 1829 adquirió un tono muy reaccionario, convirtiéndose (1831) en un reducto avanzado de Austria en Italia. Murió en Viena el 17 de diciembre de 1847.

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Biografia de Josefina Beauharnais Esposa de Napoleon

Biografia de Josefina Beauharnais

JOSEFINA BEAUHARNAIS (1763-1814) De rostro fascinador, con ese encanto propio para arrebatar los corazones más fríos, Josefina Tascher de la Pagerie pasó por la vida con una moralidad muy lata y unas convicciones muy poco profundas.

Fué una mujer típica del ambiente termidoriano, frivola, coqueta y elegante, dispuesta a gozar de la vida después de los terribles sobresaltos del Terror. Pero su papel histórico está vinculado a la persona de su segundo esposo, Napoleón Bonaparte, quien experimentó por ella una pasión desbordada, plenamente romántica.

Josefina Mujer de Napoleon Bonaparte
Retrato de Josefina, por G. G. La Thiere. Museo de Versalles. — Criolla y de las Antillas más torrefactas, sensual como Afrodita fuera de la mirada vigilante de Júpiter, hechizo carnal resultante de magias y filtros, hembra ya domadora de hombres fuertes, a Francia llegó Josefina, viuda consoladísima de cierto general Alejandro Beauharnais, guillotinado durante la República, y del que había tenido dos hijos. ¡Nadie lo hubiese sospechado, caramba, examinando con lupa aquel cuerpo admirable sujeto milimétricamente a los cánones de Praxíteles para las hembras de lujo! Cierto: Josefina —poco inteligente y bobamente frivola, que todo hay que decirlo— sólo por su estatua valía un Imperio. Y como lo valía, Napoleón —que en cuestión de faldas no ganó ni una escaramuza— se lo conquistó y lo puso a sus pies.

Arrastrada por la poderosa fuerza del gran corso, ascendió a la categoría de emperatriz de los franceses. Ocupó este importante lugar con gran habilidad. Pero no pudo vencer las intrigas de la familia de su esposo. Su caída fue digna y serena, y compensó sobradamente sus veleidades precedentes.

Era criolla. Nació en Trois Ilets, en la Martinica, el 23 de junio de 1763. Sus padres, José y Rosa Clara, pertenecían a dos ilustres familias de Francia que se habían establecido hacía tiemoo en las Antillas.

Muy joven se trasladó a Francia, donde casó con el vizconde Alejandro de Beauharnais (13 de diciembre de 1779). El matrimonio no fue muy feliz. Después de dar al mundo dos hijos, Eugenio y Hortensia, Josefina se separó de su esposo en 1783 y se lanzó a la vida galante de París.

Su salón se vio bastante concurrido. Reconciliada con su esposo en 1791, lo perdió muy pronto a consecuencia de la Revolución: Alejandro fue guillotinado (23 de julio de 1794) y ella misma estuvo a punto de perecer en el patíbulo. Pero la salvó la caída de Robespierre (1794).

Durante la reacción termidoriana fue una de las mujeres más codiciadas de París. Amante de Barras, se casó por indicación de éste con el joven general que se acababa de ilustrar en las calles durante el alzamiento monárquico de Vendimiario: Napoleón Bonaparte (9 de marzo de 1796).

Los éxitos de su marido en Italia y Egipto la llenaron de orgullo, pero no de afecto para él, pues le fue infiel en alguna ocasión. Sin embargo, Napoleón la amó tanto que a su regreso le perdonó esas traiciones.

Después de Brumario (1799) sirvió la causa de su esposo, aglutinando en sus salones a la sociedad del Antiguo Régimen, a la que pertenecía por ascendencia, con la salida de la Revolución.

Pese a las intrigas de su suegra y cuñados, recibió la corona imperial de manos de su esposo en Nuestra Señora de París, el 2 de diciembre de 1804.

En más de una ocasión provocó el enfado de su esposo por sus caprichos y su gran lujo; pero en la corte imperial brilló con singular acento. Napoleón se fué alejando de ella por motivos Sentimentales y políticos.

No habiéndole dado sucesión, triunfó en el ánimo del corso el partido de su familia. Napoleón se divorció de ella el 16 de diciembre de 1809 y se casó con la princesa María Luisa de Austria.

Desde entonces Josefina hizo vida retirada. Murió en el castillo de la Malmaison el 39 de mayo de 1814, pocos días después de la primera abdicación de Napoleón y de la entrada de los aliados en París.

fuente

Biografia de Talleyrand Charles Politico y Diplomatico Resumen

Biografía de Talleyrand Charles
Político y Diplomático Francés

Charles Maurice de Talleyrand nació el 2 de febrero de 1754. De familia aristocrática, de poca habilidad para la carrera militar, pero destacado en la política de Francia a partir de la Revolución Francesa en 1789, cuando participó en los Estados Generales, como representación del clero. Defensor de la nacionalización de los bienes eclesiásticos, fue excomulgado y a partir de entonces comenzó su carrera de gran diplomático.

Con el nombramiento de Napoleón como Empereur des Français, Talleyrand adquiere unas cuotas de poder y de riqueza inimaginables. Desempeñó un papel decisivo en el Congreso de Viena de 1815. Se mostró a favor de los Orleáns durante la revolución de 1830, y con Luis Felipe siguió desarrollando una habilidad extrema hasta su muerte

charles talleyrand politico

Charles-Maurice fue el segundo de los hijos de los condes de Talleyrand, pero la muerte de su hermano mayor, acaecida poco después de su nacimiento, le dio el derecho de primogenitura; su vida, por tanto, había de ser destinada al servicio de las armas. No obstante, antes de cumplir los cuatro años, Charles-Maurice sufrió un grave accidente: confiado a una nodriza, que le criaba en los alrededores de París, cayó de una cómoda y se dislocó un pie; a falta de los cuidados necesarios, el pie creció deformado y se convirtió en un accidente irreparable que habría de tener una importancia capital para el resto de su vida: puesto que su desgracia física le impediría la dedicación a las armas, sus padres decidieron que el niño seguiría la carrera eclesiástica.

Después de pasar una temporada en casa de su bisabuela, la princesa de Chaláis, Charles-Maurice fue internado a los seis años en el colegio de Harcourt; el celo religioso que caracterizaba a esta institución no despertaría ninguna inclinación religiosa en él; por ello, cuando cumplió los quince años sus padres le mandaron a Reims, en donde pasó un año como ayudante de su tío Alexandre, coadjutor de aquella diócesis; la intención de su familia era la de acercarlo a un clima propicio que estimulara su vocación religiosa.

En cualquier caso su carrera ya estaba decidida, y en 1770 ingresó en el seminario de Saint-Sulpice, donde pasaría cinco años, largos y tristes, como más tarde confesaría, y sin que en ningún momento se manifestara su vocación religiosa.

Talleyrand nunca sintió la vocación religiosa; ya poco antes de ingresar en el seminario había dicho a un amigo que si sus padres le forzaban a ser cura harían de él un ser espantoso; pero que se arrepentirían de ello. De este modo la vida inmoral y disoluta a que se entregó tan pronto como pudo abandonar el seminario era tanto consecuencia de su falta de vocación, como de una actitud compulsiva que buscaba la revancha por sus sufrimientos.

En 1788, encontrándose su pdre cerca de la muerte, pidió a Luis XVI que concediera, como una última gracia, la sede episcopal a su hijo. El rey transigió por fin y en noviembre de 1788 Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord fue nombrado obispo de Autun, pero en 1791 al ser elegido en administrador para el departamento de París, encontró el pretexto que buscaba para dimitir como obispo de Autun.

Convertido en alto funcionario de estado tenía sin embargo bloqueado el ascenso al gobierno por ser miembro diputado de la Asamblea. Monárquico de corazón, cifraba sus ideales de gobierno en una monarquía constitucional. Talleyrad temía a la Revolución y sus consecuencias; pero había comprendido que la mejor manera de defender los derechos de la aristocracia a que pertenecían pasaba por el camino de las reformas y no por el absolutismo realista sin concesiones.

A finales de 1792, tras descubrirse el archivo secreto de Luis XVI, se encontró la correspondencia que Talleyrand había mantenido con él en 1791, y en la cual le había ofrecido sus servicios. Fue entonces acusado oficialmente de traición no pudiendo regresar a Francia, embarcó en marzo para los Estados Unidos, pudiendo regresar a Francia en 1796 gracias a las gestiones de su amiga madame Staél.

En julio de 1797 fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores. Sus ideas sobre política exterior se orientaban entonces hacia una doble alternativa: restablecer la paz en Europa por un lado, y por otro, encauzar el expansionismo francés.

Cuando Napoleón regresó a París en octubre de 1799, Talleyrand fue rápidamente a verle, colaboró con él en las semanas que precedieron al 18 Brumario y al cabo de pocas semanas, volvía al ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyrand vivía inmerso en su trabajo: por las mañanas despachaba asuntos en su ministerio y por la tarde atendía a las representaciones diplomáticas. Sus ocios los dedicaba al whist y su insaciable afán de dinero le llevaba a especular muy a menudo en la bolsa. Las relaciones con su esposa, Catherine Grand casados solo por civil, eran poco menos que frías y consideraba su matrimonio como un fracaso.

Políticamente nunca logró imponer a Napoleón su política de «pacificación» consistente en una inversión de las tradicionales alianzas que Francia había mantenido hasta entonces, para él era necesario aliarse con Austria —país que debía desempeñar un papel de estado-tampón cara al expansionismo de Rusia y Prusia— y conseguir la neutralidad de Inglaterra.

Economicamente a lo largo de su carrera Talleyrand procuró sacar beneficio de todas partes; todo para él fue negociable en términos de dinero y susceptible de acrecentar su fortuna. De todos los tratados y acuerdos que se firmaron siendo él ministro sacó partido: grandes sumas de dinero que recibía de las naciones obligadas a negociar con Francia y que él llamaba golosinas. Su inmensa fortuna le permitió comprar, ya en 1803, el castillo de Valencay junto con una propiedad aneja de una extensión de más de 19.000 hectáreas.

En 1807 Napoleón le concedió el cargo de «gran dignatario» a que aspiraba, nombrándole vice-gran elector del Imperio, pero a cambio Talleyrand tuvo que renunciar a su ministerio de Asuntos Exteriores. Talleyran jugó un papel de «amor y odio» hacia el emperador, y hasta se entrevistó con Fouché, jefe de la policía, con vistas a articular un posible complot contra Napoleón.

Como éste se entera muy parcialmente de sus propósitos y destituye a Talleyrand de su dignidad de gran chambelán del Imperio, aunque no de su cargo de vice-gran elector, por lo que Talleyrand ofreció sus servicios a Austria, y cuando este país reanudó la guerra contra Francia, el príncipe de Benavente le suministró información militar secreta.

Luego de la fracasada campaña a Rusia, organiza la trama política para desembarazarse del emperador, y se constituye como el futuro arbitro de la situación política, que podría orientar de acuerdo con sus ambiciones y con sus ideas. Cuando en marzo de 1814 los aliados entraron en París, Talleyrand tuvo en sus manos las mejores posibilidades para dominar la situación y encauzarla de acuerdo con sus proyectos: único interlocutor válido para los vencedores, se convirtió en el estadista que podía tender un puente entre la liquidación del Imperio y la restauración monárquica.

Por su propia cuenta negoció con los aliados las condiciones del armisticio, que más tarde se verían reflejadas en la Paz de París, donde Francia renunciaba a las conquistas del Imperio y retornaba a sus fronteras de 1792.

Talleyrand se sentía más que satisfecho: tras haber sido depuesto Napoleón y haber aparecido como el principal artífice de la Restauración, el camino para convertirse en el gran estadista que siempre había ambicionado ser estaba ya abierto y en parte ya había empezado a recorrerlo.

Por otra parte, y a pesar de algunos reproches, estaba igualmente satisfecho por el resultado de las negociaciones del armisticio: había conseguido aplacar el espíritu de revancha que animaba a algunos de los vencedores, y de este modo, tan sólo seis semanas después del regreso de Luis XVIII, Francia tenía asegurada la integridad de su territorio y los ejércitos aliados ya habían abandonado el país; con lo cual conservaba las manos libres para futuras negociaciones.

El nuevo rey le concedió de nuevo su antigua dignidad de gran chambelán, y a pesar de su manifiesta antipatía, le nombró secretario de Estado para Asuntos Exteriores.

Con la Restauración empieza la etapa política más importante en la vida de Talleyrand, la que había de confirmarle como un gran estadista y convertirle en una de las figuras de la diplomacia europea del sigloXIX.

Su oportunismo político, su ambición y su venalidad no pueden ocultar la coherencia de sus puntos de vista políticos: Talleyrand se sintió siempre continuador de la política exterior del Antiguo Régimen, y supo recoger en su experiencia la centenaria tradición de los Valois y los Borbones.

Mediante lo que él calificaba de politique de la mesure o de politique de la sagesse («todo lo que es exagerado es insignificante»), trató de apoyar siempre su diplomacia sobre una idea básica: la de mantener las «fronteras naturales» de Francia, las que poseía con anterioridad a 1792 y que habían sido sancionadas por ocho siglos de historia.

El otro principio básico de su estrategia diplomática se orientaba hacia la construcción de una Europa conservadora, basada en una alianza de Francia con Austria e Inglaterra, en oposición al expansionismo de Prusia y Rusia.

la restauracion de 1815 en europa

Gracias a la habilidad diplomática de Talleyrand, en el Congreso de Viena Francia, que había acudido a él como una-potencia derrotada, consiguió entrar a formar parte de las grandes potencias europeas y romper su aislamiento.

En el Congreso de Viena Talleyrand había de poner en juego su enorme talento negociador y su gran experiencia diplomática. Al llegar a la capital austríaca, acompañado por su sobrina, la condesa Edmond de Périgord, a la que había de convertir en su amante (por esta época Talleyrand ya se había separado de su esposa), alquiló un lujoso palacio y dio fiestas y recepciones muy suntuosas, lo cual formaba parte de su juego diplomático.

Su gran habilidad diplomática había de conseguir que Francia, que acudió al Congreso de Viena como una potencia derrotada, entrara a formar parte en el concierto de las grandes potencias europeas y rompiera su aislamiento. Para conseguir esto Talleyrand utilizó el apoyo que a Francia prestaron los pequeños estados, con un nacionalismo y incipiente, y que se oponían a la política de reparto de Austria, Inglaterra, Prusia y Rusia.

En la primavera de 1816 Talleyrand, que a la sazón contaba sesenta y dos años, partió para Valencay, dispuesto a gozar de su vida privada, de sus inmensas riquezas y de la compañía de la joven condesa Edmond de Périgord, futura duquesa de Dino.

En su retiro decidió entonces escribir sus memorias, con la intención de que no se publicasen hasta treinta años después de su muerte. Un hombre que había dedicado su vida a la diplomacia no podía por menos que escribir unas memorias diplomáticas. Talleyrand, además, siempre se había mostrado preocupado por la imagen que de sí mismo legaría a la posteridad.

En 1821, y a pesar de lo que se había prometido a sí mismo unos años antes, decidió volver a la política. Aunque esta vez lo hizo por abajo, ligándose a la oposición liberal en la Cámara de los Pares, pero luego de varios años como diplomatico francés se apartó definitivamente de la política y en 1834, al regresar de Londres, prsentó su dimisión.

Más tarde, en octubre de 1836, dio a conocer lo que él llamó «su manifiesto», en el que negaba que hubiera sido infiel —en el fondo de su alma— a la religión católica. La hora de su reconciliación con la Iglesia se acercaba.

El 17 de mayo de 1838 murió en París, después de haber firmado un acta de retractación y serle administrados los últimos sacramentos.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Charles Maurice Talleyrand – Editorial Planeta

 

 

 

 

Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Guerra Mundial

Economía de las  Colonias de Francia e Inglaterra Luego de la Segunda Guerra Mundial

Después de la segunda guerra mundial, muchos países del imperio colonia! francés en África adquirieron gran autonomía o incluso la independencia. En todo este territorio predomina un clima agobiante. El paisaje varía de la selva virgen al desierto, pasando por la sabana y la estepa. Las diferencias étnicas, religiosas y lingüísticas son enormes. Las poblaciones autóctonas se dedican, ante todo, a la agricultura. La industria ha sido totalmente creada por los franceses.

Hasta 1939, Francia ejerció, directa o indirectamente, influencia política y económica sobre numerosos territorios situados en todo el mundo, pero principalmente en Asia y África, es decir, sobre 12.500.000 km2 y 75.000.000 de habitantes.

De resultas de la guerra y de las aspiraciones de los pueblos a la independencia, este «imperio francés» se ha desmoronado en varias etapas. En 1944, en la Conferencia de Brazzaville se decidió aportar profundas modificaciones a la situación política, económica y social de los pueblos de ultramar.

En 1946, se constituyó la Unión Francesa, y las antiguas colonias pasaron a ser departamentos y territorios de ultramar que formaban parte integrante de la República Francesa, o territorios y Estados asociados.

En 1954, Indochina fue dividida en cuatro Estados independientes, y dos años después se reconoció la independencia de Túnez y Marruecos. En 1958 nació la Comunidad francesa: esta asociación de Estados soberanos se propuso a la República Malgache (Madagascar) y a doce Repúblicas africanas.

La única que se negó a adherirse fue Guinea. En 1960, los territorios africanos de Camerún y de Togo, que permanecían bajo tutela, accedieron a la independencia, y en 1962 un referéndum de autodeterminación dio como resultado la independencia de Argelia.

mapa de colonias de europa en africa

Mientras tanto, la Comunidad había evolucionado y se transformó en una red de convenciones más flexibles. La República Centroafricana, Gabón, República Malgache, Congo-Brazzaville, Senegal y Chad siguieron formando parte de ella, mientras que Camerún, Costa de Martil, Dahomey, Burkina Faso, Mauritania, Níger y Togo se unían a Francia por medio de acuerdos de cooperación. Excepto en Indochina y Argelia, estas reformas se realizaron sin grandes perturbaciones.

Gran parte de las antiguas colonias francesas se extiende al sur del Sahara, es decir, debajo de los trópicos, y ocupa unos ocho millones de kilómetros cuadrados. El conjunto se ha ido formando sobre un zócalo cristalino (granito y gneis), el más antiguo del mundo.

El relieve de esta inmensa región está formado, sobre todo, por mesetas muy extensas en las que se han abierto anchas cubetas (Níger, Chad, Congo) que a veces permanecen completamente aisladas a causa de conmociones  de la corteza terrestre (Futa Yalon, mesetas de Adamaua, Mayombé, montes de Cristal, Nimba, Camerún), acompañadas de fenómenos volcánicos. Por este motivo, el mar no puede ejercer influencia alguna sobre estas regiones, que poseen un clima agobiante.

Las regiones costeras también son de muy difícil acceso: por lo general son estrechas y discontinuas, con frecuencia pantanosas y bordeadas de bancos de arena o lagunas y, por último, rematadas por peligrosos rompientes.

Citaremos una excepción: la llanura del Senegal, en la costa occidental de África, la mayor del continente y una de las más fértiles. Dakar, que se halla situada en esta llanura y se encuentra protegida por un espolón volcánico, la península de Cabo Verde, es el mejor puerto de toda la costa occidental.

Esta inmensa región continental goza de un clima típicamente tropical con su estación seca y su estación de lluvias. En el norte predomina el clima sahariano, uno de los más secos y cálidos del mundo. En el sur, por el contrario, el clima es completamente ecuatorial, con lluvias continuas, sin estación seca.

Los suelos han sido totalmente destruidos por la erosión y las aguas. Depósitos de aluminio y de óxido de hierro han formado una gruesa corteza en la superficie. Y en las zonas asoladas por el harmatán (viento cálido del desierto que sopla de la tierra) incluso ha llegado a formarse un caparazón impermeable: el bowal.

Sin embargo, afortunadamente los suelos aluviales depositados en las cuencas proporcionan tierras laborables de buena calidad.

Todos los antiguos territorios franceses están surcados por grandes ríos que, no obstante, son mediocres vías de comunicación, pues su enlace con el mar es insuficiente.

Las regiones húmedas (cuenca del Congo, costas de Guinea) están cubiertas por una tupida selva.La atmósfera es tan pesada para los animales como para los hombres. En los lugares en los que las lluvias son menos abundantes, con una variación de 1.000 a 1.500 mm. al año (zona que se extiende desde Futa Yallon hasta la República Centroafricana), la vegetación es menos lujuriante. Si trazamos una línea de Dakar a Chad, al norte aparece la región de la estepa, cubierta de tupidas hierbas y matorrales espinosos, y después el desierto sin límites.

Futa Yallon o Fouta Djallon, región de altiplanicie del noroeste de Guinea. Está constituido por horsts basculados que alternan con profundos valles, aunque en las laderas orientales las pendientes son moderadas y los valles menos profundos. Esta región está compuesta por piedras areniscas del paleozoico que se inclinan hacia el oeste y cubren rocas del precámbrico hasta una profundidad de 760 m. El gabro y la dolerita se introducen formando capas o diques.

En este vasto mundo tropical vive una población que se calcula en 100.000.000 de habitantes. Esta población, que, por otra parte, está integrada por grupos muy distintos, se encuentra repartida de modo desigual: en el desierto y la selva virgen no llega a contar con un habitante por kilómetro cuadrado.

En la sabana alcanza los 80 habitantes por kilómetro cuadrado, y en las regiones mejor repartidas (Camerún, llanuras costeras de Guinea, orillas del Chad, por ejemplo), la cifra puede oscilar entre 50 y 200 almas.

En las estepas viven algunos pueblos de raza blanca: moros en el oeste y tuareg a lo largo del Níger. Por otra parte, la mayoría se ha mezclado con negros, especialmente con los peuls.

En la sabana se encuentran los primeros negros de raza pura. Sedentarios y de alta estatura, viven en poblados y se dedican a la agricultura: wolofs en Senegal, mandingas y songhais a lo largo del Níger, mosis en Burkina Faso y saras al sur del Chad.

En cambio, los negros de la selva son mucho más bajos, no tienen poblado fijo y sus sistemas de cultivo son primitivos. Los pigmeos pertenecen al grupo menos civilizado.

Todos estos pueblos hablan centenares de lenguas distintas que poseen numerosos dialectos. La religión varía: los pueblos de la estepa y la sabana son adeptos del Islam, y los de la selva, por lo general, animistas. El cristianismo también ha penetrado en la mayoría de comunidades.

Con 80 o 90 %, la agricultura sigue siendo la principal actividad de estas poblaciones. Existen algunos artesanos y comerciantes. En la selva es donde se practican los sistemas de cultivo más atrasados: para obtener tierras laborables recurren al fuego. Después remueven superficialmente el suelo con la azada. Por último siembran mandioca, maíz, legumbres, etc., todo mezclado. Los troncos de los árboles calcinados se dejan donde están, pues impiden la erosión del suelo durante la estación de las lluvias.

Cuando las tierras están agotadas, la comunidad se traslada y el proceso vuelve a empezar. La gente de la sabana tiene la labor algo más fácil y, por lo tanto, los cultivos son más variados. Además, también se dedican a la cría de ganado, imposible de practicar en la selva.

No existen, por así decirlo, industrias locales. Todo lo que hay en este aspecto es obra de los franceses, que explotan las riquezas minerales (especialmente oro, diamantes, hierro, bauxita y fosfatos) con gran eficacia y el material más moderno.

Ver: Historia de Sudáfrica

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Historia de Cuba Desde Su Descubrimiento Hasta la Revolución

RESUMEN HISTORIA DE CUBA DESDE SU DESCUBRIMIENTO HASTA LA REVOLUCIÓN

Cuba fue descubierta por los españoles en el siglo XVI. Introdujeron el cultivo de la caña de azúcar y del tabaco, que se han convertido en la principal fuente de riqueza de la isla. En el siglo XIX, Estados Unidos apoyó el movimiento revolucionario y, en 1902, la isla obtuvo la independencia, pero siguió bajo la tutela económica de su poderoso vecino. En 1958, Fidel Castro instauró un régimen comunista orientado hacia la Unión Soviética.

Cuba fue descubierta por Cristóbal Colón el 27 de octubre de 1492, durante su primer viaje. En 1511, el adelantado Diego Velázquez tomó posesión de la isla en nombre de la Corona española. Tres años después, Velázquez inició la construcción de la capital, La Habana. También fundó Santiago de Cuba. Los españoles no tardaron en llevar a Cuba la caña de azúcar, y como los indios que constituían la población local no parecían dotados para esta clase de trabajos, Velázquez hizo importar esclavos negros de África.

Las plantaciones de caña de azúcar experimentaron tal desarrollo que provocó una afluencia masiva de negros. También se introdujo el cultivo del tabaco, que, en el siglo XVII, pasó a ser monopolio del Estado, decisión que causó gran descontento por parte de la población.

Cuando en el siglo XVIII los Estados de América del Sur se separaron de España, Cuba también hizo cuanto pudo por obtener su libertad, pero el movimiento revolucionario fracasó. La situación no evolucionó hasta ñnes del siglo xix, cuando la revolución fue abiertamente apoyada por Estados Unidos. Los guerrilleros sembraron el desorden en el país y el gobernador español no vaciló en detener a los sospechosos. Ésta fue una de las causas de la guerra de 1898 entre España y Estados Unidos.

En virtud del Tratado de París, España hubo de renunciar a sus derecho sobre Cuba, Puerto Rico, las islas Filipinas y Guam, y Cuba pasó a ser territorio norteamericano. En 1902 obtuvo la independencia, pero los tropiezos entre los grandes propietarios y el pueblo provocaron la intervención armada de Estados Unidos.

Pese a esta agitación, diversas sociedades americanas invirtieron enormes capitales en Cuba, cuyas plantaciones eran muy florecientes. El tabaco y la caña de azúcar se producían en masa y se exportaban a Estados Unidos y, en el aspecto económico, la isla no tardó en depender totalmente de su poderoso vecino. Durante la ley seca fue el gran productor de ron. La Habana se convirtió en una cueva de bandidos.

En el aspecto interior, el abismo que separaba a la masa de los ricos propietarios de tierras se hizo todavía mayor y los distintos regímenes dictatoriales que se sucedieron, entre otros el del coronel Batista, estuvieron apoyados por Estados Unidos.

recolector de caña de azucar en Cuba

Coecha  de caña de azúcar en Cuba

Tras una larga lucha de guerrillas emprendida por Fidel Castro y sus partidarios, éste, en 1959, logró poner fin a la dictadura de Batista. Su reforma agraria y su política de nacionalización de las refinerías de azúcar y petróleo le indispusieron con Estados Unidos, y se produjo en seguida una ruptura entre ambos países.

En 1962, Fidel Castro llegó a autorizar la instalación de una base de cohetes soviéticos en su territorio. Esto provocó una crisis internacional que habría podido originar una tercera guerra mundial.

Desde que está en el poder, Castro ha asumido la dirección en América central y del Sur de los movimientos    de    extrema    izquierda. Cuba es la mayor isla del archipiélago de las Antillas. En otro tiempo desaparecía bajo un espléndido manto de bosques que cubrían un relieve relativamente poco accidentado.

La continua extensión de las plantaciones hizo que los límites de los bosques sufrieran un incesante retroceso. Es cierto que el suelo de Cuba se presta admirablemente al cultivo del tabaco y de la caña de azúcar. La provincia de Pinar del Río pasó a ser el gran distrito del tabaco, de fama mundial. De allí proceden los famosos puros habanos.

Después de la instauración del régimen castrista, Cuba atravesó un período difícil. Estados Unidos, que quería neutralizar a toda costa aquel Estado comunista que se había instalado a sus puertas, decretó el boicot económico y se negó a seguir comprando azúcar cubano.

Fidel Castro no permaneció inactivo: siguió una política de redistribución de tierras y de mejora del nivel de vida del proletariado agrícola. También, y sobre todo, pretende llegar a una mayor diversidad de producción, para que el país no dependa de monocultivos: se ha emprendido o desarrollado con éxito el cultivo de café, tomates, limones, especias, arroz, etcétera. A simple vista, Cuba parece más pobre que nunca.

La Habana, la ciudad más moderna del archipiélago, ciudad de lujosos hoteles, poderosos bancos y magníficos inmuebles, se ha vaciado literalmente.

Ver: Che Guevara

Ver: Curiosidad Sobre El Escape Aereo de Cuba

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Historia de los Portugueses en Brasil Emperador Pedro I

HISTORIA DE BRASIL – LOS PORTUGUESES – PEDRO I

La historia de Brasil se inicia en 1500. Durante tres siglos los portugueses fueron dueños del país. Debido a que sólo consideraban a su colonia corno una fuente de beneficios, estalló una serie de revueltas. En 1822 Brasil pasó a ser imperio independiente, y en 1889, República. Tras haber vivido bajo un régimen dictatorial, actualmente se gobierna mediante una democracia representativa, que lamentablemente hace poco tiempo está herida por graves hechos de corrupción de decena de funcionarios en la obra pública.

Por lo general, se hace comenzar la historia de Brasil a principios del siglo XVI pero, sin embargo, contrariamente a lo que se podría creer, no se inicia con la llegada del explorador portugués Pedro Álvarez Cabral, que llegó por casualidad, sino con la del español Vicente Yáñez Pinzón, quien, en enero de 1500, pocos meses antes que Cabral, arribó a la costa brasileña, en los alrededores de Pernambuco (hoy Recife).

Cabral descubridor de Brasil

Pedro Alvarez Cabral descubridor de Brasil

El 22 de abril de aquel mismo año, los portugueses, al mando de Cabral, desembarcaron en los parajes de la actual Bahía. Tomaron posesión de aquella tierra en nombre de Portugal y la llamaron «Terra da Santa Cruz» (Tierra de la Santa Cruz). El país no recibió el nombre de Brasil hasta mucho después. Se deriva del nombre de una clase de madera (palo brasil) que allí abunda y se exporta en grandes cantidades. Hasta el siglo XIX,  Brasil fue colonia de Portugal, y el portugués sigue siendo la lengua oficial.

Al principio, Brasil fue dividido en varias regiones, confiadas cada una a grandes señores portugueses, los donatarios. Pero al cabo de algunos años este sistema se suprimió y fue reemplazado por una administración central, situada bajo la autoridad de un gobernador general.

En 1549, Tomé de Sousa, el primero de ellos, fundó San Salvador (que más tarde fue Bahía) y allí estableció la capital. Al mismo tiempo que él llegaron los jesuítas, quienes instalaron su cuartel general en el actual Sao Paulo. No sólo se dedicaron a predicar la doctrina cristiana, sino que también desempeñaron un papel importante en el aspecto cultural y social.

La soberanía de Portugal sobre Brasil se vio amenazada varias veces por otras potencias coloniales. A partir de 1555, en la bahía de Rio de Janeiro se estableció un grupo de hugonotes franceses dirigido por Nicolás Durand de Villegaignon. Pero a los pocos años tuvieron que rendirse a los portugueses.

Los holandeses también constituían una amenaza: en 1624, la Compañía de las Indias Occidentales ocupó Bahía. Después lograron apoderarse de gran parte de las costas brasileñas. Pero en 1661 también se vieron forzados a devolver a los portugueses los territorios conquistados.

Al principio, los portugueses limitaron sus empresas coloniales a las regiones costeras. Les desilusionó el hecho de no encontrar en Brasil metales preciosos como los españoles en Chile y Perú. Además, allí los indios no estaban dispuestos en absoluto a correr con los duros trabajos de las plantaciones.

Por lo tanto, a partir de 1535 los colonos decidieron importar regularmente de África esclavos negros, y los pusieron a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar y más tarde en las de algodón, café y cacao.

Desde sus albores, la colonización portuguesa se caracterizó por su egoísmo. Portugal consideraba a Brasil únicamente como tierra de explotación y fuente de beneficios. A esto se debe que se tomaran medidas como la aplicación de gravosas tasas sobre la importación, las restricciones a la inmigración de extranjeros, la prohibición de cultivos que también se explotaban en Portugal (por ejemplo, la vid y el olivo), la prohibición de crear industrias, etc. Inútil decir que todas estas trabas no favorecían en absoluto a la población local.

El hecho de que a finales del siglo XVII se descubriera oro y diamantes en el estado de Minas Gerais no cambió la situación en lo más mínimo. Al igual que en las colonias españolas, todos los funcionarios influyentes eran originarios de la metrópoli.

Se comprende, por lo tanto, que, pese a la introducción de acertadas reformas durante el siglo XVIII, la Administración portuguesa no gozara en absoluto de la simpatía de la población local.

En Brasil, al igual que en toda Hispanoamérica, la guerra de Independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa ejercieron profunda influencia. La corriente revolucionaria y nacionalista, momentáneamente frenada, se reforzó cuando las colonias españolas se separaron de su metrópoli.

Las vueltas de la historia darían a este movimiento una orientación muy particular. En efecto, expulsado de Portugal por Napoleón, el rey Juan VI vivía en Brasil desde 1808. Cuando regresó a su país (1821) confió la regencia de Brasil a su hijo don Pedro. El 7 de setiembre de 1822, éste proclamó la independencia de Brasil, y, algunas semanas después, fue nombrado emperador (el primero de Brasil) con el nombre de Pedro I.

Gracias a la intervención de Gran Bretaña, en 1825 Portugal reconoció al nuevo Estado. Pero no faltaron dificultades y, en 1831 Pedro I abdicó en favor de su hijo Pedro II, quien apenas contaba seis años.

Después de la Regencia, Pedro II asumió personalmente el gobierno del país a partir de 1840. Fue un buen soberano que gobernó con sabiduría y moderación. Durante su reinado, Brasil vivió un período de verdadera prosperidad.

En 1888 se publicó un decreto que abolía la esclavitud. Al año siguiente, este hecho provocó un levantamiento fomentado por los grandes propietarios de tierras que se sentían perjudicados. En noviembre de 1889, Pedro II se vio forzado a abdicar y fue exiliado a Europa con su familia. De este modo, Brasil pasaba a ser una República organizada sobre una base federal, pero con un poder central muy importante.

Al principio, el general Manuel Deodoro da Fonseca, que había dirigido el levantamiento contra Pedro II, se puso al frente del poder. Se tomaron importantes decisiones: separación de la Iglesia y el Estado, ampliación del derecho de voto y, en 1891, proclamación de una Constitución. Después del general Fonseca, los presidentes se sucedieron con bastante rapidez.

Durante la primera guerra mundial, Brasil se puso de parte de los aliados, y en 1917 declaró la guerra a las potencias centrales.

Brasil sufrió las repercusiones de la crisis mundial de 1929. Toda su economía se vino abajo. Para mantener los precios se destruyeron enormes cantidades de café. En 1930, la intervención de Getulio Vargas en calidad de dictador puso fin al desorden general. Concedió subsidios a los plantadores de café, fomentó la agricultura y la industria, proclamó una nueva Constitución e introdujo profundas reformas sociales. Vargas mantuvo relaciones amistosas con Estados Unidos.

En el segundo conflicto mundial, Brasil declaró la guerra a Alemania y sus aliados en agosto de 1942. Finalizada la guerra, estalló un levantamiento contra el régimen dictatorial y el general Dutra subió a la presidencia. Du-tra encauzó a su país por el camino de la democratización.

Pero en 1950, Vargas fue elegido nuevamente presidente. Sin embargo, incapaz de superar las dificultades, se suicidó en 1954. En 1956 fue nombrado Juscelino Kubitschek, que antes había sido gobernador del estado minero de Minas Ge-rais; es el fundador de la nueva capital, Brasilia.

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Invasion de Holanda a Brasil Reconquista de Vidal de Negreiros

Invasión de Holanda aBrasil
Reconquista de Vidal de Negreiros

A principios de 1595 doce navios ingleses de los filibusteros James Lancaster y el capitán Vanner se aparecieron frente a Pernambuco en actitud poco amistosa. Los habitantes del indefenso puerto de Recife huyeron hacia Olinda, abandonándola todo.

Los invasores no podían creer lo que veían. Ahí a su mano estaban los depósitos colmados de ricos productos del Brasil, en cantidad tanta que los navios no eran bastantes para cargarlos en sus bodegas.

Y aquello era buena presa, pues su país estaba en guerra con España, que desde quince años atrás había realizado la unión ibérica mediante la soberanía de un monarca común con el reino de Portugal, y, por consiguiente, este ataque a las colonias portuguesas encuadraba dentro del conflicto existente.

Tres barcos holandeses que se encontraban en el puerto, y otros cinco franceses que llegaron poco después, fueron invitados a participar en la prolija devastación de aquellas insuperables riquezas, con las cuales todos regresaron a Europa satisfechos por sus pingües ganancias, y con la impresión de que aquella era una tierra riquísima y muy fácil de conquistar.

Los israelitas de Amsterdam —vinculados a judíos portugueses del Brasil— no ignoraban aquellas tentadoras circunstancias. Holanda se había convertido en una gran potencia marítima —rival de España, su antigua metrópoli— y las antiguas posesiones portuguesas, que tan desdeñosamente descuidaban los reyes, entraban en sus cálculos comerciales.

LA  BAHÍA  DE  TODOS  LOS  SANTOS
En todo el litoral brasileño no había centros más codiciables que Bahía y Pernambuco; aquélla por ser la capital de la colonia; y éste por ser «el país del azúcar».

El 8 de mayo de 1624 ancló en Bahía una escuadra holandesa con un millar de hombres, al mando de Juan van Dorth, quienes, después de un día y una noche de combate, se adueñaron de la ciudad. Quince navios que había en el puerto fueron pronto dominados, y los fuertes de la costa, ocupados por los conquistadores, a quienes una tenaz resistencia, encabezada por el obispo Marcos Teixeira, hostilizaba de continuo.

En marzo de 1625 ocupó la entrada del puerto una fuerte escuadra hispano-portuguesa al mando de Fadrique de Toledo; desembarcaron tropas y obligaron a los holandeses a capitular y a reembarcarse para su país. El golpe había fracasado.

El corsario holandés Piet Hein, a quien se le llamara el «terror de los mares», volvió a atacar a Bahía en 1627 y saqueó su puerto, pero no consiguió posesionarse de la ciudad. Con mejor suerte, un año más tarde logró apoderarse de la famosa «flota de la plata», que transportaba de América hispana tesoros valuados en nueve millones de ducados.

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Andrés Vidal de Negreiros, héroe de la resistencia brasileña contra la invasión de los holandeses.

CONQUISTA DE PERNAMBUCO
Estimulados por tales sucesos, los holandeses se dispusieron a conquistar a Per-nambuco. Para ello la «Compañía de las Indias Occidentales» puso al mando del almirante Pedro Adrianswoon una escuadra de 61 navios y 7.300 hombres, que el 2 de marzo de 1630 llegaron frente a Olinda.

No habiendo podido contener al invasor, el gobernador de Pernambuco, Matías de Alburquerque, se retiró al «Arraial de Bom Jesús» donde, después de fortificarse, organizó una tenaz resistencia, que durante cinco años de guerra impidió a los holandeses afianzar su conquista.

El 6 de junio de 1635 cayó al fin el «Arraial» en poder de los conquistadores, después de tres meses de sitio, obligando al heroico Alburquerque a retirarse hacia Bahía. Los holandeses llegaron hasta el río San Francisco por un lado, y por otro hasta Marañón.

mapa holanda en brasil

«NUEVA HOLANDA»
Con gran acierto los holandeses confiaron el gobierno de la colonia al príncipe Mauricio de Nassau Siegen, quien llegó a Pernambuco   el   23   de   enero   de   1637,   y  quedó vivamente impresionado por el país, al que llamó «Nueva Holanda». Nassau era un hombre distinguido y generoso que pronto ganó gran popularidad por su espíritu tolerante y liberal. El desarrollo del comercio y la prosperidad de Recife revelaron que Nassau era también un gran estadista.

LA RECONQUISTA
Cuando Nassau se volvió a Europa en 1644, la «Nueve Holanda» perdió a un gran propulsor; circunstancia que favoreció el estallido de una insurrección brasileña preparada por el gran patriota Andrés Vidal de Negreiros, por el mulato y rico mercader Fernández Vieira, el indio Felipe Camarao, y el negro Enrique Días: razas que se fusionaron en un nuevo sentimiento patrio de liberación.

En las decisivas batallas de Guararapes los holandeses sufrieron en 1648 duros descalabros frente a los brasileños; su situación se volvió cada vez más insostenible, al extremo de que en 1654 tuvieron que capitular ante una escuadra portuguesa, después de haber dominado el país durante 24 años. Así recuperó el rey de Portugal la soberanía sobre aquellas ricas tierras.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Editorial CODEX Fasc. N°145

Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

En Que Consisten Los Imperialismos: La democracia reconoce que cada hombre es libre y como tal responsable de su propio destino. Quien tiene conciencia del valor de su persona y de su libertad, estima y respeta la libertad de los demás.

El mismo principio es válido para los pueblos y naciones. Cada nación es libre y responsable de su propio destino histórico. Quien estima y respeta la libertad de su patria, respeta a las patrias ajenas.

Ningún pueblo tiene derecho a dominar o subyugar a otros, como ningún hombre tiene derecho a dominar a otro hombre. El orden y la organización internacional deben lograrse respetando la libertad de cada pueblo, como el orden dentro de cada comunidad debe lograrse respetando la libertad de los ciudadanos.

El imperialismo es la negación de estos principios. Es el afán de un pueblo de extender su dominio sobre otros.

En la historia han existido muchos imperios: el asirio, el egipcio, el chino, el helénico, el romano, el español, el inglés.

Los antiguos imperios extendían su dominio sobre pueblos más débiles, generalmente por la fuerza de las armas.

Actualmente también existen afanes imperialistas, deseos de extender el dominio nacional sobre otros pueblos. Pero para ello, más que a la fuerza militar, se recurre a la penetración ideológica o al dominio económico.

Sus manifestaciones antidemocráticas: El afán imperialista no se compagina con la democracia porque no respeta la libertad y derechos de los pueblos, ni les permite la realización de su destino.

Como todas las personas, a pesar de la diversidad de cualidades y bienes, son iguales en su dignidad, también los pueblos, a pesar de sus diferencias culturales o económicas son iguales en su dignidad.

La libertad de los pueblos es para la democracia tan sagrada como la libertad de las personas. Conforme a este principio la Argentina en su política internacional siempre ha defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención en los asuntos internos de los otros estados.

Como personas y como ciudadanos tenemos la obligación de preocuparnos por nuestro prójimo y ayudarlo en lo que podamos. Pero no podemos disminuir su libertad y su responsabilidad personal, ni atrepellar sus derechos. Lo mismo vale respecto a los pueblos.

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

TIPO A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

TIPO B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

TIPO C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Origen del Proletariado Industrial Revolución Agraria

LA REVOLUCIÓN AGRARIA EN INGLATERRA: NACE EL PROLETARIADO INDUSTRIAL

A lo largo del siglo XV la agricultura europea se reconstituyó. Muchas de las tierras abandonadas durante la crisis del siglo XIV fueron puestas otra vez en producción y se incorporaron otras nuevas. Una gran novedad fue que los productos rurales se convirtieron en una atracción para los hombres de negocios, quienes comenzaron a invertir su dinero en la compra de tierras. La comercialización de esos productos tuvo un gran impulso debido al aumento de sus precios. La producción rural comenzó a ser vista como un negocio, como una fuente de enriquecimiento, por parte de algunos comerciantes urbanos y propietarios de tierras.

El país europeo en el que más se notaron estos cambios fue Inglaterra. Muchos propietarios se interesaron por comercializar lo que se producía en sus tierras. Esto los llevó a introducir innovaciones técnicas para aumentar la productividad. En muchos casos los adelantos técnicos provocaban desocupación, ya que reducían la necesidad de mano de obra. Por lo tanto, gran cantidad de campesinos se vieron obligados a abandonar sus tierras, condenados a refugiarse en los bosques o a emigrar a las ciudades para hallar un modo de subsistencia.

nacimiento prolteariado industrial

 Surgimiento del proletariado industrial
¿Cómo transcurrió el proceso de formación del proletariado industrial en Inglaterra? El punto de arranque de este proceso es la revolución agraria de la cual hablamos anteriormente, y cuyo rasgo principal fue el desalojo de la tierra de los campesinos. En el siglo XV el rasgo determinante del sistema económico de Inglaterra era el predominio del minifundio.

El régimen de servidumbre había sido liquidado en aquel tiempo y las diversas categorías de campesinos contaban con una economía independiente aunque formal y jurídicamente,; en virtud de las leyes vigentes a la sazón en el país, toda la tierra pertenecía a los terratenientes feudales. A fines del siglo XV y comienzos del XVI se produjeron serios cambios en el agro inglés. El desenvolvimiento de las relaciones mercancía-dinero y, en particular, del comercio exterior impelían a los terratenientes a incrementar sus rentas, particularmente en dinero.

Por aquel tiempo proporcionaba cuantiosas ganancias la producción de lana que se exportaba en enormes cantidades al continente europeo. A medida que se desarrollaba en Inglaterra la fabricación de paños, se precisaba mayor cantidad de lana. El aumento de la demanda de lana inglesa en los mercados exterior e interior dio lugar a un fuerte desarrollo del ganado lanar en Inglaterra. Los lores feudales ingleses se afanaban cada vez más por convertir las tierras de cultivo en pastizales para las ovejas y emprendieron la expulsión de los campesinos de la  tierra («cercamiento»).

Pero el desarrollo de la ganadería y la consiguiente expulsión de los campesinos de la tierra no fue un fenómeno general y, hasta cierta época, el desalojo de los campesinos de sus tierras fue lento, si bien sumamente penoso. Este proceso se aceleró a fines del siglo XVI y comienzos del XVII bajo el influjo del desarrollo del capitalismo.

El Estado acudió en ayuda de los terratenientes, llamados en Inglaterra íandlords. La monarquía constitucional inglesa del siglo XVIII era formalmente y de hecho un instrumento del dominio de clase de los grandes terratenientes aristócratas, que-Vincularon estrechamente su suerte al desarrollo de las-formas capitalistas de economía. Los land-lords, que predominaron en el Parlamento en el transcurso del siglo XVIII, obtuvieron de esta institución más de 1.700 «sentencias de cercamiento», a consecuencia de las cuales los campesinos fueron desalojados por completo de sus tierras. Según la aguda observación de Marx, «los landlords se regalaron a sí mismos las tierras del pueblo».

Como resultado de tan generosos «regalos», el campesinado libre e independiente desapareció totalmente de Inglaterra. De los 180.000 pequeños labriegos que había en el país a fines del sigilo XVII, a finales del XVIII quedaron muy pocos. Un historiador inglés progresista del siglo XIX, A. Toynbee, escribió a este respecto: «Asombra la mera constatación de dicho contraste. Quien no conozca nuestra his-, toria de ese período podría creer que hubo una gran guerra exterminadora, o alguna revolución social violenta, que traspasó de una clase a otra la propiedad de la tierra».

La inmensa mayoría de los campesinos arruinados, desalojados de la tierra, podían obtener los medios de süFsis-tencia como peones de los terratenientes enriquecidos o como obreros asalariados en las ciudades y las zonas industriales, que demandaban constantemente mano de obra. Si los hombres de ciencia burgueses resaltan sobre todo el hecho de que los campesinos despojados de la tierra, en la sociedad capitalista, se liberaron de la opresión feudal en todas sus formas, nosotros no debemos olvidar que fueron asimismo «liberados» de los medios de producción: la tierra, su fuente principal de subsistencia.

La mayoría de los campesinos esquilmados por los terratenientes y el Estado se dirigió a las ciudades, cuya población, en un plazo relativamente breve, se decuplicó varias veces.  Ejemplo’ de ello   son los siguientes datos:

Incremento de la población urbana en Inglaterra:

AÑO: 1688
Manchestér      ………….    6.000
Birmingham…………    4.000
Liverpool      ……………    4.000
Sheffield……………..    4.000
Leeds………………    7.000

AÑO: 1760
Manchestér      ………….    40.000
Birmingham…………    30.000
Liverpool      ……………    35.000
Sheffield……………..    25.000
Leeds………………    20.000

AÑO: 1816
Manchestér      ………….    140.000
Birmingham…………    90.000
Liverpool      ……………    100.000
Sheffield……………..    60.000
Leeds………………    75.000

Los trabajadores arruinados, arrancados violentamente de la tierra, puestos fuera de la ley, se convertían en masa en mendigos, vagabundos y bandoleros. No es casual que en el período en que se establecen las premisas de la revolución industrial, se dicte en todos los países de Europa Occidental todo un cúmulo de leyes sanguinarias contra el vagabundaje. «Los padres de la clase obrera actual fueron sometidos a castigos, ante todo, por haberlos convertido por la fuerza en vagabundos y depauperados», escribió Marx. La legislación de la época consideraba a aquellas gentes delincuentes «voluntarios», que, de desearlo, podían en contrar ocupación.

En el siglo XVI, es decir, cuando comienza lá expulsión violenta de los campesinos de la tierra, se promulgó en Inglaterra la ley contra el vagabundaje, que prescribía enganchar al vagabundo a una carretilla, azotarlo hasta que la sangre le corriese por el cuerpo, y luego, hacerle jurar que retornaría a su patria y se dedicaría al trabajo. Si el vagabundo era apresado por segunda vez, el castigo aumentaba; la tercera vez era condenado a muerte como criminal peligroso y enemigo de la sociedad.

Las leyes contra los vagabundos, cuya promulgación  prosiguió, se aplicaban con implacable crueldad. Durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547) fueron ejecutados 72.000 «grandes y pequeños ladrones». En tiempos de la reina Isabel (1558-1603), «los vagabundos eran ahorcados en masa —dice un contemporáneo— y no transcurría un año sin que en uno u otro lugar fuesen ahorcadas 300 ó  400 personas».

Leyes semejantes fueron dictadas también en Francia. El 13 de julio de 1777, el rey Luis XVI, posteriormente ejecutado por el pueblo, promulgó una ley en virtud de la cual toda persona sana de 16 a 60 años, que careciese de medios de existencia y de ocupación, debería ser enviada a galeras, elpeor castigo de la época.

Así los trabajadores honrados, privados violentamente de la tierra y de otros medios de existencia y convertidos de este modo en vagabundos, se veían obligados a trabajar como asalariados en cualesquiera condiciones, incluso las más duras. La ruina de los modestos campesinos fue la fuente principal, pero no la única, para la formación del proletariado industrial.

Qtra fuente sumamente importante de formación del proletaria industrial fue la ruina del artesanado de la producción manual, es decir, la ruina de los artesanos de las ciudades, de los tejedores rurales, de los hiladores y de otros muchos representantes de los artesanos labriegos. Su arruinamiento en masa se produjo también cuando el trabajo de la máquina triunfó sobre el trabajo a mano en las ramas principales de la industria. Este proceso se operó en forma particularmente evidente en la industria algodonera.

Antes de la introducción dé las máquinas, el proceso de transformación de la materia prima en hilados y, luego, en tejidos, se hacía en casa del obrero, con la participación de toda la familia. Por lo general, la madre y las hijas hilaban y el padre tejía o, de no tejer, sólo intervenía en la preparación de la hilaza, que se vendía después en el mercado local. Las familias de los trabajadores habitaban preferentemente en el campo, pero trataban de acercarse a la ciudad, pues solo en el mercado urbano podían vender sus artículos.

Por lo general, el tejedor artesano era también labriego. Tomaba en arriendo una parcela que, si bien no proporcionaba un ingreso sustancial, convertía al tejedor en habitante sedentario y permanente.

Los predecesores del proletariado industrial vivieron mucho mejor que sus sucesores. Trabajaban cuanto podían y ganaban lo suficiente para cubrir sus necesidades. Tenían tiempo libre para el sano trabajo en el huerto o en el campo, trabajo que era de por sí una forma de descanso. Según los recuerdos de los contemporáneos, eran en su mayor parte gente fuerte y robusta, se diferenciaban muy poco o nada de los campesinos de los alrededores. Los hijos se criaban en un ambiente sano, y si bien tenían que ayudar a sus padres en la labor, sólo era de tiempo en tiempo y no en jornadas de ocho o doce horas de trabajo.

El nivel intelectual de estas gentes era sumamente bajo. Los tejedores artesanos llevaban una vida aislada. Raramente sabían leer y escribir, no se ocupaban de política y frecuentaban regularmente la iglesia. Su asistencia a las lecturas de la Biblia era casi su única actividad intelectual. Aunque.eran sanos y fuertes, en el aspecto espiritual estaban muertos,pues sólo tenían intereses mezquinos, puramente personales. Su telar y su huerta eran para esta gente mucho más importantes que el pujante movimiento del progreso que abarcaba a toda la humanidad. Este transcurría fuera de su aldea y si llegaban algunos rumores a través del comerciante que venía todas las semanas de la ciudad en busca de la mercancía, interesaba a poca gente.

De no ser por la revolución industrial, ninguno de aquellos tejedores hubiese abandonado jamás dichq vida, sumamente tranauila y cómoda, pero completamente indigna del hombre. Tampoco eran hombres en la verdadera acepción de la palabra, sino máquinas de trabajo al servicio de unos pocos aristócratas qué regían el destino del Estado. La revolución industrial no hizo más que rematar la obra: terminó de convertir a los obreros en simples máquinas y les privó del   último   resto   de   actividad   independiente.   Pero,   conello, les obligó a pensar, los obligó a luchar por una situación digna del hombre. Esto dice Engels en su obra La situaeión de la clase obrera en Inglaterra.

La invención de la primera máquina, muy imperfecta, la hiladora mecánica «Jenny», construida por el tejedor Jaime Hargreaves, en 1764, mostró las incomparables ventajas de la producción a máquina sobre el trabajo manual y sentó la base para la ruina en masa de los hiladores; las siguientes invenciones arruinaron a los tejedores. Fue un proceso duro y doloroso. «La historia universal —escribió Marx— no ofrece un espectáculo más horrible que el hundimiento lento, prolongado durante decenios y que culminó por fin en 1838, de los tejedores de algodón ingleses».

Un proceso análogo se operó, con mayor lentitud, en las industrias de la lana, la seda y el lino.

Así pues, la pérdida de la tierra por parte del campesinado y la ruina del artesanado condujeron a la formación del gran ejército de los proletarios, hombres carentes de propiedad y sin otros medios de existencia que la venta de su fuerza de trabajo.

Fuente Consultada:
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL M.I. Mijalov

El Imperio de los Cien Días de Napoleón ¿Porqué Regresó?

El Imperio de los Cien Días de Napoleón ¿Porqué Regresó?

Las naciones europeas antibonapartistas — Inglaterra, Austria, Prusia, Rusia, Suecia y otras — hicieron una serie de alianzas durante los años del dominio napoleónico. Aunque los líderes de esos países solían desconfiar unos de otros, recelaban más de Napoleón. Tras el desastre de la invasión a Rusia, Napoleón era vulnerable. Sus enemigos invadieron Francia en 1814.

Los ejércitos comandados por Alejandro I de Rusia depusieron al autoproclamado emperador francés aquel año. Napoleón fue desterrado a la isla de Elba, situada en el Mediterráneo, pero Bonaparte no estaba acabado: escapó de la isla, tomó el poder en París y combatió a los aliados de nuevo.

Napoleón Bonaparte

Napoleón Bonaparte (1769-1822)

EL FRACASO DE SU ÚLTIMA CAMPAÑA: Bonaparte atraviesa Europa y llega a las puertas de Moscú sin encontrar resistencia, excepto en Borodino. Después de un duro combate, penetra en la capital tradicional, la Ciudad Santa de Rusia. Mas no hay nadie allí para sufrir la ocupación. Moscú está en llamas, y el zar no se rinde.

En ese momento entra en escena el peor enemigo de Napoleón: el «General Invierno». Sin víveres ni ropas para enfrentar el riguroso frío de Rusia, los franceses tienen que batirse en retirada. Una famosa marcha de 1.500 kilómetros por planicies heladas los espera, y 400.000 hombres van a perecer en el trayecto, fin del «Gran Ejército».
Napoleón siente que tamaña derrota coloca en peligro su prestigio y, consecuentemente,   su   corona.

Noticias inquietantes ya están llegando de París: reina allí una atmósfera de conspiración contra el emperador, y hasta se ha anunciado su supuesta muerte. Deja entonces a sus tropas y se dirige de prisa hacia la capital.

En una tentativa de recuperar posiciones, Napoleón reorganiza el ejército y lanza una nueva campaña en territorio germánico. En Lützen y Bautzen consigue todavía vencer a sus adversarios. Pero, en la batalla de Leipzig, es nuevamente obligado a retirarse ante el ataque fulminante de la caballería rusa y prusiana.

En diciembre de 1813, los ejércitos coligados penetran en territorio francés. En marzo de 1814, el Zar Alejandro y el Rey de Prusia desfilan en París al frente de sus tropas. Refugiado en Fontainebleau, Napoleón abdica. Los vencedores le conceden un minúsculo territorio: la isla de Elba.

Dormitorio de Napoleón en la Isla de Elba

EL IMPERIO DE LOS CIEN DÍAS:

Bajo la protección de los aliados, Luis XVIII recibe el trono de Francia. El país no permanecería ocupado por mucho tiempo. Se trataba simplemente de borrar los vestigios de la Revolución Francesa. Una atmósfera de guerra civil envuelve a todo el país.

Al volver a Francia, la nobleza exiliada reclama la restitución de sus privilegios. Era una verdadera provocación: en las ciudades y en los campos, la población vela por los derechos mínimos conquistados en  1789. Sólo un hombre aparece todavía como una esperanza: Bonaparte. Desde el retiro de Elba, él sigue los acontecimientos, consciente de la transformación de la opinión pública.

Estando en Elba, construyó carreteras, un hospició y un teatro. Hizo roturar tierras para cultivos. Tal vez se hubiera resignado por completo si su mujer y su hijo hubieran estado con él. Pero sólo apareció María Waleswka con el hijo de ambos, Napleón, contrariado, rechazó este ofrecimiento de cariño.

¿Por qué motivo, a principios de 1815, había ya decide volver a Francia? Sólo tenía 45 años y aún se sentía capaz de desafiar a Europa. Además, tenía muchas razones para estar descontento, entre ellas la permanencia de su mujer en Viena y impago de la renta que le habían prometido. Pero sobre todo, tenía causas fundadas para temer por su vida.

Talleyrand decía con frecuencia: «Hay que deshacerse del hombre de la isla de Elba.» Su hermano José, desde Suiza, alertaba a Napoleón  frente a los posibles asesinos. Las noticias que Napoleón recibía de Francia confirmaban la impopularidad de los Borbones. Su retorno impuesto por las potencias extranjeras había herido  el orgullo de la nación.

Los oficiales y soldados que habían combatido con la Grande Armée y que ahora sólo recibían la mitad de sus sueldos para poder subvencionar a los emigres, se sentían furiosos por la claudicación. Bebían «a la salud du petit tondu» (Napoleón). E1 15 de Agosto de 1814 celebraron el cumpleaños del emperador. «Le petit caporal vendrá y nos librará de estos lilas», decía el pueblo llano. Algunos visitantes procedentes de Francia hicieron saber al emperador que los republicanos y bonapartistas conspiraban contra Luis XVIII y que, si Napoleón no se apresuraba, el duque de Orleans le tomaría la delantera.

Esta posibilidad aceleró su decisión. Napoleón preparó su marcha con toda la minuciosidad de un jefe de Estado. En la isla se publicó un manifiesto rotundo. «El águila con los colores nacionales volará de campanario en campanario hasta las torres de Notredame.» Su retorno fue espectacular. El emperador sólo contaba con un millar de hombres y no disponía de recursos bélicos. Sus auténticas armas eran el recuerdo de quince años de gloria, el amor del pueblo y el afecto de sus soldados.

El 1 de marzo de 1815 desembarcó en el golfo Juan (cerca de Cannés). Su plan consistía  en seguir la carretera de los Alpes hasta Grenoble, ciudad en la que tenía muchos partidarios, evitando a los monárquicos de Provenza, de los cuales guardaba muy mal recuerdo. Al toparse con unos soldados que tenían orden de detenerle, descubrió su pecho di-¡i riéndoles: «Si entre vosotros hay alguien que quiera matar a su emperador, aquí estoy…» Nadie disparó.

Grenoble le abrió sus puertas; Lyon hizo ló mismo. Regimientos enteros se unían al emperador hasta formar un pequeño ejército. Ya disponía de bastantes hombres para tomar París; pero ¿se defendería París?. Luis XVIII rechazó el consejo de Chateaubriand de esperar al usurpador «sentado en el trono, con el título real en la mano». «No estoy de humor para eso», decía el viejo rey gotoso.

Ney juró que iría a buscar a Napoleón y lo traería en una jaula de hierro. Pero una carta y dos palabras fueron suficientes para hacerle desistir. El 20 de marzo el emperador durmió en las Tullerías. Se había adueñado de París «sin disparar un solo tiro.» El rey y sus ministros habían huido.

El genio había triunfado, ¿pero qué se podía hacer con este triunfo? Era indudable que los monarcas aliados, reunidos en Viena, denunciarían a Napoleón como usurpador e invadirían Francia. ¿Podría Napoleón hacerles frente? Empeñado en ganarse a todo el mundo, Napoleón se mostraba indulgente y liberal. «No guardo rencor a nadie.»

Le encomienda la redacción de un capítulo adicional a las leyes constitucionales del Imperio en el que se establezca la convocatoria de elecciones libres, la responsabilidad de los ministros ante las Cámaras y la libertad de prensa.

Estas concesiones disminuían su prestigio ante los jefes militares, que preferían la estricta restauración del Imperio. Eran los mismos hombres. No tenía elección. Debía utilizar a los mariscales, que le habían traicionado, poner al frente de la policía a Fouché, que había dicho: «Napoleón es para Francia lo que el Vesubio par, Napóles», y llamar a Carnot para tranquilizar a los viejos repúblicanos. Entre todos no constituían un equipo muy fuerte.

Los antiguos dignatarios, desacreditados por su incesante cambio de lealtades carecían de convicciones y de autoridad. La nueva constitución fue  aprobada en plebiscito, pero hubo muchas abstenciones. Napoeón quiso que su jura de la constitución fuera una ceremonia similar la de los campos de mayo de Carlomagno. Él y sus hermanos se presentaron vestidos a la usanza romana. El pueblo de París sonrió.

Lo verdaderamente necesario hubiera sido la declaración de estado de emergencia, una llamada general a las armas, la dictadura militar. Pero este recurso había sido usado muchas veces y ya no servía.

Entre mayo y junio de 1815 el emperador consiguió reunir  medio millón de hombres; los aliados, más de un millón. Ademán Wellington promovía nuevos disturbios en la Vendée, inmovilizando allí a veinticinco mil hombres que eran muy necesarios en otra parte.

El enfrentamiento empezó en Ligny el 16 de junio, después en Waterloo, una sombría llanura belga, el 18 de junio de 1815. La estrategia de Napoleón fue brillante. Los historiadores todavía discuten los errores cometidos por Ney, por Grouchy y por el propio Napoleón, quien, después de vencer en Ligny, no persiguió a los prusianos al amanecer del día siguiente.

El mismo día 18, el último ejército francés, vencido, se replegaba desde Waterloo hacia París Toda Francia pedía ahora la abdicación del emperador. Napoleón fue primero a la Malmaison, a casa de su hijastra Hortense; después se traladó al puerto de Rochefort y a la isla de Aix. Pudo haberse escapado y huir a Estados Unidos. Sus admiradores de Nueva Orleans le ofrecían asilo, pero prefirió entregarse a los ingleses. La idea misma de huir escondido en un barco, arriesgándose a sel capturado, le parecía indigna. Por el contrario, entregarse sin con diciones a sus peores enemigos era un gesto digno de Plutarco.

Después de Waterloo, Luis pudo asumir la corona y permanecer por un tiempo. Francia era de nuevo una monarquía. ¿Qué ocurrió con Luis XVII? Se dice que el hijo de Luis XVI y María Antonieta (y sobrino de Luis XVIII) murió en prisión sin tener siquiera un mueble del estilo que lleva su nombre. El hecho de que no fuera guillotinado dio lugar a rumores de que se hallaba todavía vivo. Muchos impostores que pretendían ser Luis XVII surgieron durante los años posteriores a la revolución.

Ultimos días de Napoleón en Santa Elena

A los ministros ingleses les preocupaban menos las leyes de la hospitalidad que las reglas de la prudencia. La mala experiencia de Elba les impedía caer en la tentación de ser indulgentes. Decidieron enviar al general Bonaparte a Santa Elena, una pequeña isla perdida en el océano, «lejos, más allá de África».

Fuente Consultadas:
Grandes Biografías NAPOLEÓN de André Maurois Editorial SALVAT
Grandes Personajes de la Historia Universal NAPOELÓN BONAPARTE Editorial Abril

Biografia del Conde Camilo de Cavour Reino de Piamonte

Biografia del Conde Camilo de Cavour

HISTORIA DE ITALIA: INDEPENDENCIA DE AUSTRIA

Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861), político y diplomático sin par, además de economista sagaz, Camilo Cavour transformó el reino de Piamonte-Cerdeña que se había sublevado contra la dominación austríaca. En pocos años fue el artífice de la unidad italiana. Desde el reino de Piamonte-Cerdeña, del cual fue su principal administrador, Cavour trabajó para reunir toda Italia bajo un mismo Estado moderno.

Su participación en la Guerra de Crimea al lado de Francia permitió a Cavour estar presente en el congreso de París, efectuado en 1856 y de esta manera aprovechó la ocasión para plantear el problema de la presencia austríaca en Italia y trató de encontrar una solución pacífica.

Fue primer ministro del reino de Cerdeña en los períodos 1852-1859 y 1860-1861, la historia lo recuerda como principal artífice de la unificación italiana y primer jefe de gobierno del Estado surgido de ésta, el reino de Italia (1861). Amplió los dominios de Cerdeña y fue la base para la pretensión de Cavour de constituir el reino italiano sobre la base de aquél.

Bajo su gobierno, el reino adquirió un impulso poderoso, se contruyeron canales y ferrocarriles , se fomentó la agricultura, la industria y el comercio por medio de tratados de libre cambio con Francia, Inglaterra , la Confederación Alemana, se reforzó el ejército y la marina y se construyó el puerto militar de Spezia.

Conde de Cavour, defensor de la unidad italiana

Cavour, Camillo Benso, conde de artífice de la unidad italiana, nacido en Turín en 1810. A los 37 años fundó el periódico Il Risorgimento. Al año siguiente fue nombrado diputado de la Cámara de Cerdeña, en la que se opuso desde un principio al republicano Mazzini. Defendió la alianza con Inglaterra y aconsejó la guerra contra Austria. Desempeñó diversas carteras ministeriales: Agricultura y Comercio, Marina, Hacienda, etc. En 1852 pasó a ocupar el cargo de primer ministro y desde él dedicó todo su esfuerzo a la tarea de la unificación de Italia bajo el cetro del rey de Cerdeña. Defendió el libre comercio, realizó importantes reformas en la economía y consolidó el régimen constitucional.

VIDA Y POLÍTICA: Camilo Benso, conde de Cavour, nació en Turín en 1810 en una Italia anexada al Imperio napoleónico. Aunque su padre, un aristócrata piamontés, estaba al servicio del emperador, el joven Cavour no conservó recuerdo alguno de la presencia francesa que concluyó en 1815.

Procedía de una antigua familia de servidores de la monarquía; su madre era una protestante ginebrina, y Camilo recibió una educación francesa y liberal. Fue un oficial inteligente, pero dimitió, en 1830, al hacerse sospechoso por sus ideas políticas; después de viajar por Inglaterra y Francia, estudió las cuestiones económicas, lo que le valió para transformar sus tierras según los métodos agronómicos más modernos. A comienzos de 1848, participó en la fundación del periódico «II Risorgimento»; elegido diputado, hombre muy destacado, rico, fue nombrado ministro de Agricultura, de Comercio y de Marina, en el Gabinete de dAzeglio.

Con posterioridad, el congreso de Viena dividió Italia y la mayor parte quedó bajo dominio austríaco. Los Habsburgo reinaban sobre el Véneto y la Lombardía. Indirectamente, también ejercían un poder efectivo sobre los ducados de Parma, de Módena y de Toscana.

Durante la dominación francesa Italia tuvo buenas consecuencias, pues se había proclamado la igualdad civil, se habían establecido sobre una base racional con el Código de Napoleón, los principios del Derecho público y privado, las obras públicas recibieron un gran impulso y algunas poblaciones rivales quedaron unidas por los lazos de una administración única.

De todas maneras no conformes con estos avances, los italianos sintiéronse estimulados y recobraron nuevos bríos al presenciar el triunfo del movimiento liberal español de 1820 y el francés de 1830. Pese a que en los siete Estados de Italia imperaba un absolutismo despiadado, las nuevas corrientes de libertad , transmitidas en esas revoluciones, continuaron abriéndose paso.

En 1852, el  Rey Víctor Manuel II lo nombró Primer Ministro, a la sazón, tenía cuarenta y dos años de edad; de carácter alegre y jovial, se convirtió en el popular «papá Camilo». Constituyó el «Connubio», un Gobierno de unión nacional, con Rattazi, jefe de los moderados, y dirigió, activamente, las nuevas reformas: supresión de conventos, construcción de vías férreas y de carreteras, para mejorar el tráfico con Francia; reorganización del ejército por el ministro Lamarmora.

Conocido de todos el odio de Cavour a Austria, los patriotas se fueron apartando cada vez más de Mazzini, para volver sus ojos hacia Piamonte, unidos en la «Sociedad Nacional» del exiliado siciliano La Fariña. Sólo quedaba un problema por resolver: vencer a Austria, pero se necesitaba un poderoso aliado, y Cavour contaba con Francia.

Gracias a la guerra de Crimea consiguió que se tratara la cuestión italiana en el Congreso de París de 1856. Acordó con Napoleón un plan para expulsar a los austríacos de Italia (1858). Aunque representó un golpe decisivo para los austríacos, de cara al futuro, Cavour tuvo que cederles Venecia. Dimitió por esta razón Regresó en 1860, comenzando el verdadero periodo de unificación de Italia. Con la ayuda de Francia, a la que pagó con la cesión de Niza y Saboya, preparó la integración de Parma, Toscana y Módena. Por su parte, Garibaldi, junto con la tropas sardas, conquistó el Sur de Italia y los Estados Pontificios. En 1861 Víctor Manuel es proclamado rey de toda Italia, con las excepciones de Roma y Venecia. Ese mismo año, agotado por su constante actividad, murió Cavour en Turín.

HISTORIA DE ITALIA:
EN BUSCA DE LA UNIFICACIÓN:
En 1850, Austria seguía siendo el poder hegemónico sobre la península italiana. Los intelectuales italianos iniciaron un movimiento literario denominado «il Risorgimiento» encaminado a conseguir la unidad de Italia, liberándola de la dominación extranjera.

 Tras el fracaso de la revolución de 1848-1849, un creciente número de partidarios de la unificación centraron en el estado septentrional de Piamonte sus esperanzas para conseguir tal fin. La casa real de Saboya gobernaba el reino de Piamonte, el cual también incluía la isla de Cerdeña. Y si bien fueron estrepitosamente derrotados por los austríacos en 1848-1849, bajo el rey Carlos Alberto, Piamonte realizó un valiente esfuerzo. Por ello, era razonable que podría asumir el papel de vanguardia en la causa de la unidad nacional.

El pequeño estado parecía no ser el adecuado para proporcionar el necesario liderato, sin embargo, incluso el nuevo rey, Víctor Manuel II (1849-1878), nombró al conde Camilo de Cavour (1819-1861) como su primer ministro en 1852.

Cavour era un noble de criterio liberal que había hecho fortuna en la agricultura y que aumentó aún más sus riquezas con negocios en la banca, los ferrocarriles y la industria naviera. Era un moderado que se mostraba a favor de un gobierno constitucional. Fue un político consumado, con capacidad de persuadir a otros de lo correcto de las convicciones que él abrigaba.

Después de llegar a primer ministro, en 1852, practicó una política de expansión económica, aliento a la construcción de caminos y canales, tendido de vías de ferrocarril y fomento de las empresas de negocios, ampliandoel crédito y estimulando la inversión en nuevas industrias. El cremiento de la economía piamontesa y el subsecuente aumento de los ingresos del gobierno le permitieron a Cavour verter dinero en el equipamiento de un gran ejército.

Rey Víctor Manuel II

Rey Víctor Manuel II de Italia

Las tropas del rey piamontés Carlos Alberto, en acuerdo de Cavour, en su intento de expulsar a los austríacos fueron aplastadas en Novara el 23 de marzo de 1849. El soberano abdicó entonces y cedió el trono a su hijo Víctor Manuel II. Víctor Manuel II, el primer rey de Italia. Monarca liberal, supo entregar su confianza a Cavour sin ser jamás desposeído de su autoridad.

Cavour no se hacía ilusiones sobre la fuerza militar del Piamonte y era sobradamente consciente de que no podía lanzar un reto directo a Austria. Necesitaría de los franceses. En 1858 llegó a un acuerdo con Napoleón III. El emperador convino en aliarse con el Piamorte para expulsar a los austríacos de Italia. Una vez que los austriacos se viesen fuera, Italia sería reorganizada.

El Piamonte sería extendido hacia el reino de la Alta Italia, añadiendo la Lombardía, Venecia, Parma, Módena y parte de los Estados Pontificios a su territorio. En compensación por sus esfuerzos, Francia recibiría las provincias  piamontesas de Niza y Saboya. Se crearía un reino de Italia Central para el primo de Napoleón III, el príncipe Napoleón, que se casaría con la hija menor del rey Víctor Manuel. Este convenio entre Napoleón y Cavour parecía asegurarle al gobernante francés la oportunidad de controlar Italia.

Confiado en que el plan funcionaría, Cavour provocó a los austríacos para que invadieran el Piamonte en abril de 1859. La historia siguiente no fue la planeada, los franceses fueron derrotados y Napoleón III decidió retirarse pues los costos superaban a los estimados inicialmente. Además Prusia decidió ayudar a Austria y de este modo Francia tendría enemigos en dos frentes situación que ponía en peligro el orden político francés. Napoleón III,  abandona a los italianos y firma un acuerdo con los austríacos, dejando  en sus manos  a Venecia.

Mientras tanto un nuevo líder aparecía en el sur de Italia, Giuseppe Garibaldi (1807-1882), un patriota italiano que había apoyado la causa revolucionaria de Mazzini , para la Unificación Italiana.

Garibaldi, reunió un ejército voluntario, el de los «camisas rojas», que acudió en ayuda de la rebelión siciliana. Cavour aparentó condenar el movimiento (no era partidario de actos revolucionarios), pero ayudó a Garibaldi, que, partiendo de Génova en mayo de 1860, tomó a Napóles y en seguida las Dos Sicilias. Entre tanto, Víctor Manuel intervino desde el Norte, invadió los Estados Pontificios y se unió a Garibaldi en Nápoles.

Era necesario evitar el enfrentamiento que podía plantearse entre la Cerdeña monárquica y el republicano Garibaldi. A fines de septiembre de 1860, Cavour proclamó la anexión de los Estados Pontificios, exceptuados Roma y una pequeña extensión a su alrededor. Garibaldi aceptó la unidad bajo el mandato de Víctor Manuel. Así se unieron Sicilia, Napóles y los Estados Pontificios al reino de Cerdeña. Sólo Roma y Venecia quedaban al margen de la unión.

El 18 de febrero de 1861, el primer parlamento italiano se reunió en Turín, donde Víctor Manuel II abandonó el título de rey de Cerdeña y fue proclamado rey de Italia. Sin embargo, Cavour no pudo disfrutar por mucho tiempo de la obra de unificación, de la cual había sido el principal artífice, ya que falleció el 6 de junio de ese mismo año.

Debido a su temprana desaparición, Cavour no alcanzó a ver la unificación de Italia: todavía faltaban Venecia y Roma. Sólo en 1866 el Véneto, a excepción de la ciudad de Trieste, fue anexado al joven reino después de la derrota de los austríacos frente a los prusianos en Sadowa.

En cuanto a la cuestión romana, ésta no podía solucionarse debido a la inflexibilidad de Napoleón III. Gracias a la derrota del Imperio francés en 1870, las tropas italianas entraron finalmente en Roma el 20 de septiembre. Se organizó un plebiscito y una gran mayoría se pronunció a favor de la anexión de la Ciudad Santa.

Víctor Manuel II esperó hasta el 13 de mayo de 1871 para entrar en Roma, cuando se votó la ley de Garantías que estableció el estatuto de la Santa Sede. El papa siguió siendo soberano y conservó sus posesiones del Vaticano, de Letrán, la Conserjería y de Castel Gandolfo. Sin embargo, detrás de los muros del Vaticano, rehusando todo contacto con el Estado italiano que no había reconocido, Pío IX quedó aislado, prisionero de su intransigencia.

CRONOLOGÍA VIDA DE CAMILO CAVOUR

1810 Nacimiento de Camilo Benso, conde de  Cavour, en Turín, el 10 de agosto.

1847 Fundación del periódico Il Risorgimento. 

1848 Cavour es elegido diputado por Turín.

1849 El 23 de marzo, las tropas de Carlos Alberto son derrotadas por Radetzky. Fracaso de la revolución. Carlos Alberto abdica en favor de su hijo Víctor Manuel II.

1850 Cavour es nombrado ministro de agricultura, y luego de finanzas.

1852 La alianza de Cavour con la izquierda lo obliga a dimitir. El 4 de noviembre,Víctor Manuel II lo llama de regreso y lo nombra presidente del Consejo.

1854 Guerra de Crimea, en la cual participan 21.000 soldados piamonteses.

1858 Entrevista de Plombiéres.

1859 Intervención francesa en el norte de Italia.  Victorias de Magenta y de Solferino. El armisticio deVillafranca es tildado de traición. Lombardía es anexada al Piamonte.

1860 El Piamonte cede Niza y Saboya a Francia. Los ducados de Parma, Módena y Toscana son anexados al Piamonte. La expedición de los Mil, comandada por Garibaldi, se apodera de Napóles el 7 de septiembre. El 11 las tropas piamontesas entran en Umbría y las Marcas.

1861  Se proclama el reino de Italia. Camilo Cavour muere en Turín, el 6 de junio.

Fuentes Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografía de Larousse Entrada: Napoleón III
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo VIII El Mundo Actual
HISTORAMA Tomo IX – La Unificación Italiana y Alemana – Editorial CODEX
LA AVENTURA DEL HOMBRE EN LA HISTORIA Tomo II La Unificación Italiana Edit. El ATENEO

Biografía de Monroe James Gobierno y Política Externa

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DE JAMES MONROE – LA COMPRA DE LUISIANA

SINTESIS BIOGRAFICA: Político y estadista estadounidense, nace en Westmoreland Country y muere en Nueva York. Se le considera el inspirador del aislacionismo. Lucha al lado de George Washington en la guerra de Independencia en 1776. Es diputado por Virginia entre 1782 y 1786, senador en 1790, embajador en Francia en 1794 y gobernador de Virginia en 1799.

Durante su misión en París, Francia, negocia la compra de Louisiana al gobierno francés. Como secretario de Estado en 1811 y de guerra en 1814, se caracteriza por su energía en la guerra con Inglaterra. En 1817 es elegido presidente y reelegido hasta 1825. Durante su mandato compra a España la península de Florida y expulsa a la fuerza a los colonos españoles asentados allí.

Concibe la doctrina política Monroe, que se considera el cimiento teórico de la intervención imperialista de Estados Unidos en el resto del continente americano. Reconoce en 1822 a los nuevos Estados latinoamericanos y declara: «América no será sede para colonias europeas; Estados Unidos no intervendrá en los conflictos del Viejo Continente, pero no permanecerá indiferente ante las potencias europeas que quieran establecer su sistema en el Nuevo Mundo; Estados Unidos considerará un agravio toda intervención europea contra las repúblicas americanas».

Esa doctrina aislacionista permanece vigente hasta la Primera Guerra Mundial.

BIOGRAFÍA: James Monroe (1758-1831), quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825). Es recordado por haber proclamado la doctrina que determinaría por mucho tiempo la política exterior de su país y que prepararía su hegemonía en el continente americano, pues al liberar a su país de la diplomacia europea, preparó el camino para que Estados Unidos se transformase en una gran potencia mundial. Fue uno de los negociadores de la compra de Luisiana.

Participó como fundador del Partido Republicano, también llamado Partido Demócrata-Republicano. En 1794 fue embajador en Francia y Gran Bretaña y Ministro de Asuntos Exteriores con el presidente James Madison.

James Monroe, presidente de EE.UU.

James Monroe, autor de la declaración que lleva hoy su nombre (1823). Durante sus dos presidencias
puso término a las luchas entre republicanos y federalistas, admitió el ingreso de los Estados de Misuri y Maine a la  Confederación, reforzó las defensas de las costas y adquirió, en 1819, la Florida.

Nacido en el condado de Westmoreland, el 28 de abril de 1758, el joven Monroe fue admitido en el prestigioso William and Mary College de Williamsburg debido a sus brillantes resultados escolares. Se reveló allí como un alumno un poco indisciplinado, sobre todo deseoso de frecuentar los círculos acomodados de la capital de Virginia, donde en medio de la efervescencia se tramában los acontecimientos que pronto preludiarían la independencia de las colonias inglesas.

Al estallar en 1776 la guerra de la Independencia, Monroe se enroló en el 3er regimiento de Virginia en calidad de cadete, para luego incorporarse al cuartel general de George Washington. Se distinguió en los campos de batalla de Harlem Heights, White Plains y sobre todo de Trenton, donde su conducta heroica, que permitió a los colonos norteamericanos lograr la victoria, le valió ser promovido al grado de capitán.

Una vez finalizados los violentos combates de 1777 y 1778, Monroe era un soldado aguerrido, respetado, que Washington elevó al rango de oficial superior. Se le auguraba entonces una brillante carrera militar; sin embargo, después de la victoria decisiva de Yorktown sobre los ingleses en 1781, Monroe prefirió abandonarla carrera de las armas por las aulas universitarias. Durante dos años tendría como profesor de derecho a su ilustre compatriota Thomas Jefferson, autor de la Declaración de la Independencia, y que fue su mentor político.

Antecedentes de la Época: Bajo la presidencia de Washington se inicio el rápido desarrollo de los Estados Unidos de América. En íntima colaboración con el Congreso, se promulgó el sistema de Cortes Federales, la ley de impuestos aduaneros, la ley monetaria y la creación del Banco de los Estados Unidos. En 1790, un censo de población registró casi 4.000.000 de habitantes, y se estableció un ejército regular de 15.000 hombres.

Luego de un segundo mandato y rechanzando la posibilidad de un tercero, le sucedió John Adams (1797-1801), cuyo gobierno debió enfrentar dificultades políticas surgidas de la consolidación de los dos partidos tradicionales: los federalistas y los democrático-republicanos.

Estos últimos triunfaron en las nuevas elecciones presidenciales, llevando al cargo a Thomas Jefferson por dos períodos consecutivos (1801-1809). Durante el gobierno de Adams, la capital, establecida en Filadelfia, se trasladó a la nueva ciudad de Washington, donde fue inaugurada la White House (Casa Blanca).

Mas tarde bajo el gobierno de James Madison (1809-1817), se ocupó por la fuerza la Florida española, situación que fue solucionada en 1817 mediante la adquisición de los derechos sobre esos territorios. Entre los años 1812-1814, el gobierno de Madison debió enfrentar una guerra contra Gran Bretaña, conflicto terminó con la paz de Gand.A partir de entonces comenzó a perfilarse la potencia de la joven nación.

La conciencia nacional se robusteció, aumentó la población con inmigrantes del Viejo Continente que acudían a millares para radicarse en las tierras que, día a día, se arrancaban a los indios en una incontenible marcha hacia el Far West.

En 1816 es elegido James Monroe, candidato por el partido republicano, que durante el gobierno (1817-1825) se produjo la definición de la postura de EE. UU. ante los problemas coloniales en el continente americano. El anuncio de Monroe comprometía a la nación septentrional en el apoyo a sus hermanas hispanoamericanas en plena guerra por la Independencia.

Adquisición de Florida: Posesión española desde 1513, Florida fue ocupada por su ingleses durante la guerra de 1812, pero fueron los indígenas creek sus verdaderos amos. Al desinteresarse España de una colonia lejana, a los estadounidenses les pareció natural hacer valer su derecho sobre esta región.

So pretexto de una expedición contra los indígenas, y sin orden alguna del Congreso, el general Andrew Jackson se apoderó de Florida en 1814 sin disparar un solo tiro. Ante el hecho consumado, España aceptó las ofertas de compra que se le hicieron por una provincia definitivamente perdida. En 1819 por un tratado España cedió Florida a Estados Unidos por cinco millones  de dólares. El estado recién ingresaría a la Unión en 1845.

La Doctrina Monroe: Para 1825, después de que Portugal hubo reconocido la independencia de Brasil, casi toda América Latina se había liberado de la dominación colonial. Animados por su éxito en la sofocación de las rebeliones en España e Italia, las victoriosas potencias continentales se manifestaron en favor del uso de tropas para restaurar el control español en América Latina.

Esta vez prevaleció la oposición británica a la intervención. Ávidos de obtener el acceso a un continente entero para inversión y comercio, los británicos propusieron una acción conjunta con Estados Unidos contra la interferencia europea en América Latina.

Desconfiado de los motivos británicos, el presidente estodounidense James Monroe actuó solo en 1823, garantizando en la famosa Doctrina Monroe la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas y advirtiendo contra cualquier intervención europea posterior en el Nuevo Mundo.

En realidad, los barcos británicos fueron más importantes para la independencia latinoamericana que las palabras estadounidenses. La armada británica se interpeponía entre América Latina y cualquier fuerza europea de invasión, y potencias continentales se mostraban en extremo renuentes a desafiar al poderío naval inglés.

Como presidente a partir de 1816, trató de representar a toda la nación, por lo que durante sus dos mandatos se apaciguaron las tensiones políticas entre federalistas y republicanos. Aunque cuestionó la competencia del Congreso para restringir la esclavitud en los diferentes Estados, aceptó el equilibrio pactado entre los intereses del Norte y los del Sur por el Compromiso de Missouri (1820), que dividía el país en Estados esclavistas y Estados abolicionistas. La Administración Monroe fijó también las fronteras con el Canadá británico (Convención de Londres, 1818) y extendió el territorio estadounidense mediante la compra de Florida a España (1819).

Al final de su segundo mandato, en 1825, James Monroe cedió su sillón en la Casa Blanca a John Quincy Adams. Retirado en sus tierras de Virginia, sin gran fortuna, se esforzó exigiendo al gobierno que aceptase indemnizarlo por sus misiones en Europa. No obtendría recompensa, por lo que pasaría modestamente sus últimos años en Nueva York, donde murió el 4 de julio de 1831.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1758 Nacimiento de James Monroe  en Virginia, el 28 de abril.

1774 Ingresa al William and Mary College.

1776 Comienzo de la guerra de la Independencia.  Monroe se enrola en el 3er regimiento  de Virginia y se distingue en la   batalla de Trenton.

1781 Victoria decisiva deYorktown. Monroe retoma los estudios de derecho.

1783 Es elegido representante de Virginia ante el Congreso.

1790 Monroe es elegido senador de Virginia.

1796 Es ministro plenipotenciario en Francia.

1799 Llega a ser gobernador de Virginia.

1803 Nueva misión en Francia. Negocia   la compra de Luisiana.

1803-1807 Ministro plenipotenciario en  Gran Bretaña y luego en España.

1810 Monroe ocupa un asiento en la   Asamblea de Virginia.

1811-1814 Es secretario de Estado del  presidente Madison.

1816 Monroe, candidato republicano, es elegido 5° presidente de los Estados Unidos.

1819 Adquisición de Florida.

1820 «Compromiso» de Missouri. Monroe es reelegido presidente.

1823 Proclamación de la  «doctrina Monroe».

1825 Monroe se retira a Oak Hill.

1831 Muerte de James Monroe, el 4 de Julio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel
Hicieron Historia Biografías Tomo II James Monroe Editorial Kapelusz

Biografía de Giussepe Garibaldi Los Mil Camisas Rojas en Italia

LA UNIDAD DE ITALIA  – RESUMEN DE LA VIDA MILITAR DE GIUSEPPE GARIBALDI

Giuseppe Garibaldi, nació en Niza el 4 de julio de 1807 y murió en Caprera (Reino de Italia) un 2 de junio de 1882, fue un general y político italiano.

Fue un revolucionario nacionalista  y líder de la lucha por la unificación e independencia de Italia, por lo que se lo considera una figura clave del Risorgimento italiano por haber conducido y luchado en muchas campañas militares que llevaron a la Constitución de la Italia.

Es apodado el Héroe de Dos Mundos, porque su acción  militar fue tanto en América del Sur como en  Europa.

Giuseppe Garibaldi

Giuseppe Garibaldi fue un patriota italiano que, tras acaudillar distintas tropas en Sudamérica, regresó a la lucha de su país por la independencia, en la que colaboró decididamente. Al final de su vida escribió una serie de novelas y sus propias memorias desde su retiro en la isla de Caprera.

Es conocido como el «Héroe de Dos Mundos» porque sus empresas militares las realizó tanto en América del Sur como en Europa, lo que le valió una reputación considerable tanto en Italia como en el extranjero.

Los más grandes escritores, entre ellos el francés, Victor Hugo, Alejandro Dumas, George Sand mostraron su admiración y lo consideraron un héroe del romanticismo épico de esa época.

También el Reino Unido y  Estados Unidos han sido de gran ayuda en sus campañas, ofreciéndoles, en circunstancias difíciles, su apoyo financiero y militar.

Fue un convencido republicano, pero reconociendo la autoridad monárquica de Carlos Alberto y Víctor Manuel II, la columna vertebral de la acción unitaria.

La famosa expedición de los Mil será el elemento culminante de su acción, pues conquista el sur de la península que convirte en rey de Italia a Víctor Manuel II, Sus últimas luchas para la la integración de los romanos en el reino de Italia fracasaron, por lo que la monarquía confió  a otros la tarea de conquistar Roma.

La ciudad natal de Garibaldi, Niza, se mantiene muy unida durante toda su vida. Esta ciudad pertenecía al reino de Cerdeña, y se convirtió en francesa entre 1793-1814, durante el período napoleónico (campaña de Italia).

Durante el período francés, los registros civiles están escritos en francés, y el niño Giuseppe está registrado con el nombre de José María Garibaldi.

Fue bautizado 19 de julio 1807 en el Saint-Martin-Saint-Augustin, ubicado en el distrito actual de la antigua Niza: su padrino fue José Garibaldi y su madrina Julie Marie Garibaldi.

Su padre Domenico, nacido en Chiavari en la zona de Génova,  es un capitán de la marina mercante, su madre Rosa Raimondi es de Loano, en Liguria.

De su unión nacieron seis hijos,  Angelo , Giuseppe, Michele y Felice, y dos hijas que murieron en la infancia.

Sus padres querían que Giuseppe fuese abogado, médico o sacerdote, pero al niño no le gustaba la escuela y se centra en las actividades físicas y el mar era su gran pasión, que lo consideraba «como su mejor amigo en la infancia».

Un día, toma un barco y zarpa a Liguria con algunos compañeros, pero fueron arrestados y llevados de vuelta a casa de sus padres.

Realizó cursos de italiano y de historia antigua por parte de su tutor, el señor Arena, un veterano de las campañas napoleónicas, y nace en el joven Giuseppe una fascinación especial por la antigua Roma.

Convence a su padre para que le permitiera seguir una carrera marítima y, a los quince años, y a los 17 años se embarca en el Costanza controlado por Angelo Pesante Sanremo.

Su primer viaje lo llevó a Odessa, en el Mar Negro y llegó hasta Taganrog en el mar de Azov, para comerciar  trigo.

En 1825, con 18 años junto a su padre descubrió Roma, llevando un cargamento de vino destinado a los peregrinos en el jubileo del Papa León XII. Este viaje fue una decepción, pues la Roma de los papas, era un ambiente corrupto y de obstentación, muy diferente de lo que se imaginaba.

En 1827 se embarcó desde Niza hacia el Mar Negro, su barco fue atacado por piratas griegos que los saquearon, pero el viaje continúa hacia su destino, en 1828, cae enfermo y al llegar a Constantinopla, permanece  en la comunidad italiana hasta 1832, donde se  gana la vida enseñando italiano, francés y matemáticas.

En febrero de 1832, recibió la licencia de capitán de segunda clase y abordó el bergantín Clorinde para el Mar Negro, donde conoce otros intelectuales que le trasmiten las ideas de la unificación italiana.

La península italiana desde la caída del Imperio Romano estaba formada por una multitud de pequeños estados independientes.

La ideas de libertad e independencia de la Revolución Francesa  atraen el sentimiento nacional y republicano de este joven marino.

Nacieron también simultáneamente algunos movimientos insurreccionales en 1820 y 1831, que despiertan aun mas ese sentimiento nacional italiano.

La historiografía oficial afirma que Giuseppe Garibaldi conoció a Giuseppe Mazzini  en 1833 en Marsella y se une a la Joven Italia, una  asociación política secreta de Mazzini, que pretendía transformar a Italia en una república unitaria democrática.

Como marinero Garibaldi debe cumplir el servicio militar durante cinco años en la Marina de Cerdeña; se alistó en diciembre de 1833, pero debió desertar en 1834 cuando se negó a actuar contra un  movimiento insurreccional mazziniano en Génova.

Reconocido como parte de la conspiración, fue condenado «a la pena de muerte ignominiosa» en ausencia, como un enemigo de la patria y del Estado. Garibaldi se convierte en un «bandido»,  huyó a Niza y luego cruzó la frontera para unirse en Marsella, a su amigo Giuseppe Pares.

Para evitar ser descubierto, tomó el nombre de Joseph Pane; en julio se embarcó hacia el Mar Negro y en marzo de 1835 se dirige a Túnez.

Italia se ha convertido en un lugar prohibido debido a la pena de muerte que pesa sobre él, y sólo la contempla desde lejos con sus recuerdos.

Pronto, en ese mismo año,  se le presenta una oportunidad de  viajar a Río de Janeiro, Brasil, y se embarca bajo el nombre de Giuseppe Pane, con la intención de difundir los ideales Mazzini en el nuevo continente.

Después de la conquista napoleónica de España, las colonias de América del Sur participan en un proceso de independencia que termina con la derrota de España. Los virreinatos se dividen en una serie de repúblicas independientes,  como la Confederación Argentina, Paraguay, etc.

En cuanto a Brasil, después de la invasión de Portugal por Napoleón, la familia real se exilió en Río de Janeiro y la colonia se transforma en un reino. Juan VI regresó a Lisboa debido a la revolución liberal de 1820, mientras que su hijo Pierre se convirtió en regente de Brasil. En 1822 se convirte en emperador de Brasil bajo el nombre de Pedro el Grande.

Cuando Garibaldi, que a pesar de su distanciamiento, siempre se mantuvo en contacto con los patriotas italianos, se entera de los trastornos y conflictos que tienen lugar en Italia, decide regresar inmediatamente a su Italia, porque además comienza un período de una relativa paz en las excolonias españolas de america del sur.

En enero de 1848, después de 14 anos de luchas, Garibaldi regresa a Niza acompañado de 63 compañeros.

A finales del siglo XIX , Montevideo contaba con seis calles con el nombre del héroe y el país tiene al menos cinco monumentos. El 4 de julio de 1907, para el centenario del nacimiento de Garibaldi, el presidente decretó un día de fiesta nacional y se celebró ante 40.000 personas.

El 2 de junio de 1882, cinco días antes de la muerte del héroe, se crea el Círculo Legionarios Garibaldinos que todavía hoy  existe en forma de una asociación.

Europa está experimentando en el curso de 1848, una serie de revoluciones por el que las manifestaciones demandan más libertad y que se llama la Primavera de las Naciones.

Comenzó en Francia dando luz a la Segunda República, y estas revoluciones se extiendes a Alemania, Rumania, Hungría, Polonia y Austria, pero fracasan.

En 1848, ya en Niza Garibaldi  con 150 voluntarios ofrece  ayuda al rey de Piamonte-Cerdeña, Carlos Alberto.

El otrora republicano luchaba entonces al servicio del rey. Junto con sus voluntarios, Garibaldi combatió contra Austria, en el Milanesado, pero sin éxito, antes de marchar sor Roma donde proclamó la República en 1849.

Sin embargo, el triunfo fue efímero, Napoleón III acudió en ayuda del papa Pío IX y expulsó a Garibaldi de la Ciudad Eterna.

Para el aventurero italiano comenzaba  nuevamente el exilio en Londres, Estados  Unidos, e incluso, China.

A su regreso a Italia en 1854, Garibaldi. aún soñaba con aventuras y se puso de inmediato al servicio del nuevo rey de Piamonte-Cerdeña, Víctor Manuel II, que le confió el mando de los cacciatori delle Alpi, los cazadores alpinos.

A la cabeza de este regimiento, Garibaldi se hizo famoso en la lucha contra Austria que, en 1859 terminó con la anexión de la Lombardía al Piamonte, seguida de cerca por los ducados de Parma, Toscana, Módena y las legaciones de Bolonia y Ferrara.

La prensa italiana e internacional después de las acciones de Garibaldi, lo retrataron como un héroe nacional con el título «Garibaldi el general romano.» En cuanto al diario británico The Times, envió a un enviado especial para expresar la gran admiración por Garibaldi.

LOS MIL, CONQUISTA DE SICILIA

Víctor Manuel ayudó a Garibaldi a reclutar y armar a sus voluntarios, los «Mil» camisas rojas. La expedición partió de Genova en dos barcos, y desembarcó en Marsala, el 11 de mayo de 1860.

Los camisas rojas fueron bien recibidos por los campesinos pobres, pero mal por los nobles. Muchos voluntarios sicilianos se unieron a Garibaldi, quien proclamó la dictadura en nombre de Víctor Manuel.

El 27 de mayo, entró en Palermo, que se rindió el 6 de junio.

El problema social vino a complicar la situación: la insurrección se había extendido por el interior, pero, para los campesinos, unidad y libertad significaban también la posesión de la tierra.

Varios propietarios fueron ejecutados; en Palermo, Garibaldi tomó la medida de vender los bienes comunales, y abolió el «macinato», es decir, los detestados impuestos sobre la molienda del trigo.

Pero esto no era suficiente: durante tres meses, se incubó la guerra civil, la guerra de clases, «cafoni» contra barones, «gorros» contra «sombreros».

Una famosa novela de Giovanni Verga, titulada «Libertad», pinta a la multitud campesina, enarbolando sus guadañas, congregada en la plaza de Bronte, lanzando gritos de muerte contra los «caballeros», contra sus guardabosques y contra sus guardias particulares.

Los aristócratas, feroces autonomistas, se convirtieron en seguida en unitarios, por miedo a quedarse solos frente a la sublevación.

Crespi tomó en sus manos la represión, con ayuda de la Guardia Nacional y de los consejos de guerra. Centenares de campesinos y de artesanos fueron fusilados o encarcelados.

La novela de Verga concluye con estas exclamaciones de una de las víctimas:   «¿Adonde me lleváis?   ¿A galeras? ¿Por que? No he tocado un solo palmo de tierra! Y nos habeís asegurado que esto es la libertad!

En los últimos días de Julio, caía Mesina: toda Sicilia estaba bajo el control de Garibaldi.

El partidario de la República italiana: Si Garibaldi fue el brazo armado de la unificación italiana, Mazzini fue uno de los promotores y su principal teórico. Fundador del movimiento «Joven Italia», Mazzini soñaba con reunir a toda Italia bajo la bandera de la República.

Promotor de las insurrecciones de 1848, que no prosperaron, conoció una gloria efímera en Roma donde fue uno de los triunviros, antes del restablecimiento de la autoridad papal en 1849. En Fe y porvenir (1835) y Deberes del hombre (1837), publicados durante su exilio en Londres, predicó la rebelión en un tono que hizo del ideal republicano una verdadera profesión de fe. Mazzini sembró en el espíritu de toda una generación la esperanza de la unidad republicana de Italia. Garibaldi perteneció a esta generación y cumplió, por cuenta de la monarquía de Piamonte-Cerdeña, con los deseos de Mazzini.

En 1850  escribe Sus memorias,  y al cabo de unos meses, el 27 de Junio ​​de 1850, viaja a Nueva York con la esperanza de reanudar su actividad marina.

Hasta marzo de 1851, trabajó en la fábrica de velas de Antonio Meucci, conocido por inventar el teléfono antes de Alexander Graham Bell.

Se fue a Perú para participar como capitán en la marina y viajar por el mundo. En enero de 1852, obtuvo la ciudadanía peruana y el mando del Carmen barco con el que salió a la venta a China de guano y luego se fue a Manila y Australia.

En enero de 1853, se encuentra en Lima y de regreso a Boston el 6 de septiembre y luego a Nueva York, donde dejó su posición de capitán debido a un desacuerdo financiero con el armador. Su madre murió 20 de marzo 1852.

Cuando falleció, el 2 de junio de 1882, su leyenda ya era conocida: la del héroe que había luchado por la independencia en Sudamérica, del artífice de la unidad italiana y de un romántico que consagró su vida combatiendo valerosamente por las causas nobles.

Fue un personaje legendario, Garibaldi fue por mucho tiempo objeto de un ferviente culto popular en su país. Se le alababa particularmente su clemencia hacia el enemigo.

En todos los lugares donde luchó, tanto en América como en Italia y en Francia, se convirtió en un héroe de la independencia de los pueblos. Aventurero romántico, Garihaldi dirigió sus combates tratando de no depender jamás de los intereses políticos.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1807 Nacimiento de Giuseppe Garibaldi  en Niza, el 4 de julio.

1833 Adhesión al movimiento «Joven Italia» de Mazzini.

1835Viaje a Sudamérica.

1843 Garibaldi funda los Camisas rojas en Montevideo, Uruguay.

1848 Regreso a Italia.

1849 Garibaldi se apodera de Roma en febrero y proclama la República.Es expulsado en abril.

1849-1854 Nuevo exilio.Viajes por América y Asia.

1859 Garibaldi combate contra los austríacos para Víctor Manuel II.

1860 Expedición de los Mil.

1861 Víctor Manuel II es proclamado rey de Italia.

1870 Las tropas del general Cardona entran en Roma. Culminación de la unidad italiana.

1870-1871 Garibaldi combate en Francia contra los prusianos.

1872 Garibaldi se retira a la isla de Caprera.

1874 Es elegido diputado de Roma.

1882 Muerte de Garibaldi, el 1 de junio en Caprera.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Biografías de Larousse Tomo II Entrada Giuseppe Garibaldi

Las Colonias Francesas en Norteamérica Colonizacion

LA COLONIZACIÓN DE FRANCIA EN AMÉRICA DEL NORTE

Despúes de las terribles Guerras de Religión, el reinado reparador de Enrique IV volvió a ranudar las tentativas ed colonización en esta Nueva Francia, que Rovelvano había conseguido establizar por largo tiempo. Primero Richeliue y despúes Colbert continuaron la obra iniciada por Samuel Champlain, verdadero fundador del Canadá.

Enviado por una compañía mercantil instala en 1604 el primer grupo de colonos, funda Quebec en 1608 (en el mismo momento en que la colonia de John Smith comenzaba a organizarse en Virginia) y, durante ocho años, lo mismo en París que en la Nueva Francia, vela por el desarrollo de su obra.

Practica una política de alianza con los hurones y los algonquinos, contra sus enemigos los iraqueses, sostenidos por los ingleses, lo que arrastra a los colonos, poco numerosos (no llegaban a 2.000 en el año 1660), a interminables guerras indias. En el transcurso del conflicto contra Inglaterra, a la que apoyaban los protestantes de la Rochela, Quebec fue tomada por los ingleses y restituida en el año 1632. Richelieu y Colbert querían hacer del Canadá una provincia próspera que les abasteciera de ganado, de madera de construcción, de navios. Agricultores y ganaderos se instalaron a lo largo del San Lorenzo.

El rey de Francia estimaba, contrariamente a los británicos, que los protestantes no debían establecerse en la colonia (temiendo que, siendo demasiado numerosos, hiciesen secesión para unirse a sus correligionarios anglosajones). Después de la revocación del Edicto de Nantes, millares de hugonotes emigraron a Holanda y a Inglaterra, en lugar de aportar su trabajo y sus capitales al Canadá.

Desde el principio, la Iglesia Católica fue allí muy influyente; sobre todo, después de la muerte de Champlain, el obispo y el superior de los jesuítas se sentaban a ambos lados del gobernador en el consejo de la colonia. Los misioneros recibieron inmensas concesiones. El cierre del país a los protestantes y la primacía concedida a la pequeña nobleza de Bretaña y Normandía, que trasplantaron un sistema señorial y feudal arcaico, desalentaron a muchos emigrantes.

Al lado de los agricultores, otros colonos aventureros se hicieron «corredores de los bosques», penetrando hacia el interior para comprar pieles (de castor, de zorro) a los indios; y sus canoas cargadas de pieles se reunían todos los años en Montreal. En el año 1663, la Carta de la Compañía de la Nueva Francia fue revocada y la colonia devuelta al dominio real.

Ocupación francesa de Carolina—Miniaturas ejecutadas en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia»—Reproducidas con la autorización del Servicio Hidrográfico de la Marina, París.

EL PADRE MARQUETTE. CAVELÍER DE LA SALLE EL MISSISSIPI
El conde de Frontenac fue el primer gran gobernador enviado por Francia (1672-1682). Dio un vivo impulso a los viajes de descubrimiento a lo largo de las corrientes fluviales, tan importante desde el punto de vista estratégico y económico.

El jesuíta padre Marquette y Luis Joliet exploraron en una canoa el Wisconsin y fueron arrastrados hasta el Mississipí, comprobando entonces que el gran río no iba hacia el Oeste, sino hacia el Sur; después de haber alcanzado la confluencia del Arkansas, volvieron por el Illinois y la región de Chicago (1673). Un alumno de los jesuítas, Cavelier de la Salle, preparó cuidadosamente una expedición con la finalidad de bajar por el Mississipí hasta el mar. Con el caballero de Touty y el padre Hennepin, sale de Quebec en 1676 y, cruzando los Grandes Lagos y el Illinois, alcanza el río y levanta los dos fuertes de Crévecoeur y de San Luis.

En 1682, construye otro fuerte en la confluencia del Ohío, toma posesión del Arkansas y desemboca por fin en el inmenso Golfo de México, bautizando el nuevo descubrimiento con el nombre de Luisiana en honor de Luis XIV, y haciendo alianza con los indios natchez. Tardó año y medio en llegar de vuelta al Canadá.

De regreso en Francia, volvió a partir para llegar por mar a la desembocadura del Mississipí, pero erró en vano a lo largo del Golfo sin llegar a conseguirlo. Fue miserablemente asesinado a consecuencia de un motín de sus hombres (1627). Hasta comienzos del siglo XVIII no comenzó Luisiana a organizarse con la fundación de Nueva Orleáns (1718). Así, entre las colonias inglesas del Este y el interior del país, se interponían vastos territorios franceses jalonados por los fuertes de los Grandes Lagos, del Ohío y del Míssissipi.

Por otra parte, los franceses se habían instalado, a partir de 1635, en las islas de las Antillas, que los españoles habían descuidado: Martinica, Guadalupe, Santo Domingo, Santa Cruz, etc. Plantaciones de azúcar, de tabaco, de café, etc., se establecieron en ellas a fines del siglo, gracias a la mano de obra negra. Había en las «Islas» más de 50.000 esclavos, tratados con brutalidad y despreciados a pesar del «código negro» que había promulgado Colbert en 1685. Entre tanto, las colonias inglesas no habían cesado de crecer, mucho más rápidamente que el Canadá francés.

El Canadá tardó en poblarse por la falta de inmigrantes. En 1663 no contaba nada más que con 2.500 franceses, de los cuales 800 se hallaban instalados en Quebec. Campesinos y burgueses rehusaron expatriarse a un país que les parecía un desierto. Los primeros en llegar son los «comprometidos». «Entre la gente honesta viene terrible gentuza», apunta en 1642 María Guyard, primera superiora de las Ursulinas de Quebec.

EL DESENVOLVIMIENTO DEL SUR: MARYLAND Y CAROLINAS
Sir Georges Calvert era un gentilhombre católico amigo del rey Carlos I que no podía confiarle altas responsabilidades en Inglaterra a causa de su religión. En el año 1629, el rey le concedió el título de Lord Baltimore y le otorgó en propiedad las tierras que se extendían desde el norte del Potomac hasta los límites de la Nueva Inglaterra (aproximadamente, en la latitud de la futura Filadelfia).

El hijo de Lord Baltimore bautizó la región con el nombre de Maryland en honor de la reina Enriqueta María, esposa del rey de Inglaterra Carlos I, y emprendió la tarea de mejorar el dominio legado por su padre, que murió prematuramente.

Los primeros colonos llegaron en 1634. Cecil Calvert, soberano feudal, jefe tanto de la administración como de las fuerzas armadas, dio tierras a todos los gentileshombres que llevaran con ellos por lo menos cinco hombres; trató de mantener un buen entendimiento entre católicos y protestantes, lo que no siempre fue fácil después de la guerra civil en Inglaterra, donde los puritanos eran cada vez más influyentes; en 1649, fue votada un Acta de Tolerancia por la asamblea de colonos, la cual garantizaba la libertad de conciencia para todos aquellos que creían en Jesucristo.

Calvert tuvo, igualmente, muchas dificultades con los virginianos, que miraban a las gentes de Maryland como intrusos dentro de sus territorios. En el trascurso de la dictadura de Cromwell, Lord Baltimore fue privado de su gobierno y dominaron los puritanos; pero volvió a recuperar todos sus derechos después de la restauración de los Estuardos, en el año 1660.

La revolución de 1688 y el advenimiento de Guillermo III de Orange tuvieron importantes consecuencias: Lord Baltimore tuvo que convertirse al protestantismo para conservar la propiedad de sus tierras, y a la Iglesia Católica le fue prohibido celebrar públicamente sus ceremonias. La capitalidad pasó de Saint Mary’s City a la ciudad protestante de Annapolis y, en lo sucesivo, la corona de Inglaterra controlaría el gobierno. Inspirándose en el ejemplo de su padre, Carlos II quiso recompensar a los fieles que le habían ayudado a reconquistar su trono después de la muerte de Cromwell, tales como Monk, Clarendon, Carteret, etc., y les dio territorios al sur de Virginia, los cuales fueron bautizados con el nombre de Carolina en homenaje al rey y muy pronto divididos en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Estos aristócratas pidieron al célebre John Locke (1669) que redactara una Constitución para sus Estados en la que se establecía una verdadera servidumbre ¡mientras tantas tierras estaban libres! Las Carolinas pasaron a ser colonias de la corona en 1729. Lord Berkeley y Sir Georges Carteret obtuvieron una región entre el Hudson y el Delaware, a la que llamaron Nueva Jersey, donde fueron fundadas Newark y Elisabethtown. Nueva Jersey pasó a la corona en el año 1702.

Los franceses de Canadá están agrupados en tres poblaciones principales: Quebec, Trois Riviéres y Montreal. En Quebec tenían su sede las casas comerciales que mantenían relaciones con los puertos franceses. Los negociantes de Quebec habitaban de forma permanente en la ciudad.

En cambio, en Montreal tenían su base de operaciones los comerciantes nómadas que recorrían el país en busca de mercancías -pieles, especialmente- para enviar a la metrópoli. Una red de fuertes, a la vez puestos militares y factorías comerciales, fue construida por los franceses a partir de 1675. Junto a la orilla oriental del lago Ontario se levantaba el fuerte Frontenac, avanzadilla francesa en los territorios de los iroqueses, los indígenas que habitaban aquellas tierras.

Entre los lagos Erie y Ontario estaba el fuerte Niágara; entre el lago Erie y el Michigan, el fuerte de San José de los Miamis, y en la confluencia de los lagos Superior, Michigan y Hurón se alzaba el fuerte Michillimackinac. De esta manera, la región de los Lagos quedó sometida a la dominación de los franceses.

En 1682 la población dé Canadá abarcaba 12.000 colonos, entre los que vivían más de un millar de indios. Uno de estos colonos, René-Robert Cavelier, señor de La Salle, conseguiría aumentar las posesiones de Luis XIV con una nueva colonia: Luisiana.

Ver: Fundación de New York

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Primeras Asociaciones de Trabajadores en Inglaterra Sindicatos

PRIMERAS ASOCIACIONES DE TRABAJADORES

La aparición del proletariado, su rápido crecimiento y su constitución como clase son algunos de los aspectos esenciales de la sociedad del siglo XIX. La industrialización generó un nuevo tipo de relaciones sociales en las que la desigualdad económica y la miseria obrera se convirtieron en el centro de una nueva conflictividad social.

En un primer momento, la burguesía y el nuevo Estado liberal se negaron a aceptar las reivindicaciones del proletariado y su derecho a tener un papel en la vida social y política. Pero, poco a poco, los sindicatos y las nuevas ideas sociales (marxismo y anarquismo) se fueron extendiendo. En la segunda mitad del siglo XIX, la voluntad de unir al proletariado dio origen a una organización obrera de carácter internacional: la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores).

En el último tercio del siglo, la clase obrera entró en su fase de madurez. El sindicalismo se consolidó como una fuerza presente en todos los países industrializados y el socialismo y el anarquismo se afirmaron como las dos ideologías con más influencia dentro de la clase obrera.

La necesidad de conseguir una gran acumulación de capital por parte de los empresarios tuvo como consecuencia el mantenimiento de unos salarios muy bajos y de unas pésimas condiciones de trabajo. Las jornadas laborales eran largas y agotadoras y, en muchos casos, superaban las quince horas diarias. Además, el trabajo se hacía en lugares insalubres, ya que muchas fábricas eran oscuras y malsanas y, en el caso de la industria textil, muy húmedas . En cuanto a los salarios, éstos eran tan bajos que sólo permitían la estricta subsistencia. En el año 1825 un médico francés describió esta situación diciendo: «para los obreros vivir es no morir».

Toda prosperidad material de la burguesía industrial y financiera de aquella etapa, se apoya en la miseria de los proletarios, tal como la han descrito los grandes autores, sobre todo Dickens.  En  realidad, parece que el nivel de vida de los obreros, incluso el de los más miserables, se ha elevado, pues los salarios, entre 1850 y 1900, han aumentado más que el coste de la vida.

Pero, a pesar de aquella ligera mejora, lo que impresionó a los ingleses fue que la miseria se manifestaba por todas partes. Antes, en la Inglaterra rural, la miseria se ocultaba, o, por lo menos, estaba muy diseminada para poder imponerse como un fenómeno social. Con el desarrollo de las ciudades, las masas proletarias se hacinaban en los slums, las zonas de los tugurios.

La promiscuidad daba orígen a todos los vicios. La prostitución, el crimen y el alcoholismo reinaban en algunos barrios obreros, favorecidos por la repugnante insalubridad de los alojamientos. La burguesía urbana, de pronto, tomaba conciencia de la miseria del pueblo, pero la mayor parte de los obreros no podía mejorar su condición, y la filantropía de algunos burgueses no bastaba para atender a tanta miseria. Los sentimientos de piedad animados por los escritores tardaron mucho en desembocar en medidas prácticas. Sin embargo, los obreros calificados lograron tomar parte en la prosperidad general, agrupándose en las Trade Unions, los conocidos sindicatos.

trabajo infantil en inglaterra, revolución industrial

Era un hecho corriente que niños y mujeres trabajasen, tanto en las fábricas como en las minas. Sus sueldos eran necesarios para completar la economía familiar, pero eran inferiores a los de los hombres. En Inglaterra, el sueldo de los niños equivalía a un 10% del masculino, y el de las mujeres entre un 30 y un 40% .. También era normal cobrar por jornada trabajada o por trabajo a destajo. Finalmente, la disciplina laboral era muy rígida, los obreros podían ser despedidos en el momento en que el empresario lo quisiera, y los castigos y penalizaciones eran también frecuentes.

Decepcionados por el fracaso de todos los movimientos violentos o políticos que, como el cartismo, caracterizaron la primera mitad del siglo, aquellos obreros optaron por una vía más realista. Frente a los patronos que les ofrecían empleos, ellos decidieron considerarse como hombres de negocios que ofrecían trabajo. Los obreros especializados, indispensables para la marcha de la economía, se reunieron en asociaciones de oficios, cuyos miembros tenían que pagar una cotización muy alta, a cambio de la ayuda que la Union les ofrecía en casos de enfermedad o de retiro, con casi todas las ventajas de una Seguridad Social moderna.

Además, los obreros que no encontraban un trabajo con el salario mínimo establecido por la Union, recibían de ésta un subsidio de paro. Los miembros de las Trade Unions no podían aceptar trabajos con salarios inferiores, pues toda infracción de la solidaridad implicaba la expulsión, sin reembolso de las cotizaciones ya abonadas. Así, disponiendo de sumas importantes y seguras de la cohesión de sus miembros, las Unions podían imponer sus precios a los patronos, con bastante facilidad.

Además, cada Union trataba de limitar el número de miembros de una misma profesión, mediante un sistema de aprendizaje que terminaba en la concesión de un diploma.  En  resumen,  esto no era muy distinto de lo que todavía hoy se hace en algunas profesiones liberales. De este modo, en Inglaterra se formó una aristocracia obrera, capaz, por su homogeneidad, de ejercer presión sobre los industriales, sobre los grupos políticos y sobre el Estado.

Hasta la muerte de Palmerston, la vida política no fue muy activa. Los conservadores se habían adherido al libre cambio, y los jefes liberales, Russell y Palmerston, el «Viejo Palm», no querían más reformas. Palmerston no se interesaba más que por la política exterior, muy activa a causa de la guerra de Crimea, de las expediciones a China y de los. asuntos italianos y polacos. La reforma electoral de 1867, al ampliar el número de electores, modificaría profundamente los datos tradicionales.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre