Origen del Proletariado Industrial Revolución Agraria



LA REVOLUCIÓN AGRARIA EN INGLATERRA: NACE EL PROLETARIADO INDUSTRIAL

A lo largo del siglo XV la agricultura europea se reconstituyó. Muchas de las tierras abandonadas durante la crisis del siglo XIV fueron puestas otra vez en producción y se incorporaron otras nuevas. Una gran novedad fue que los productos rurales se convirtieron en una atracción para los hombres de negocios, quienes comenzaron a invertir su dinero en la compra de tierras. La comercialización de esos productos tuvo un gran impulso debido al aumento de sus precios. La producción rural comenzó a ser vista como un negocio, como una fuente de enriquecimiento, por parte de algunos comerciantes urbanos y propietarios de tierras.

El país europeo en el que más se notaron estos cambios fue Inglaterra. Muchos propietarios se interesaron por comercializar lo que se producía en sus tierras. Esto los llevó a introducir innovaciones técnicas para aumentar la productividad. En muchos casos los adelantos técnicos provocaban desocupación, ya que reducían la necesidad de mano de obra. Por lo tanto, gran cantidad de campesinos se vieron obligados a abandonar sus tierras, condenados a refugiarse en los bosques o a emigrar a las ciudades para hallar un modo de subsistencia.

nacimiento prolteariado industrial

 Surgimiento del proletariado industrial
¿Cómo transcurrió el proceso de formación del proletariado industrial en Inglaterra? El punto de arranque de este proceso es la revolución agraria de la cual hablamos anteriormente, y cuyo rasgo principal fue el desalojo de la tierra de los campesinos. En el siglo XV el rasgo determinante del sistema económico de Inglaterra era el predominio del minifundio.

El régimen de servidumbre había sido liquidado en aquel tiempo y las diversas categorías de campesinos contaban con una economía independiente aunque formal y jurídicamente,; en virtud de las leyes vigentes a la sazón en el país, toda la tierra pertenecía a los terratenientes feudales. A fines del siglo XV y comienzos del XVI se produjeron serios cambios en el agro inglés. El desenvolvimiento de las relaciones mercancía-dinero y, en particular, del comercio exterior impelían a los terratenientes a incrementar sus rentas, particularmente en dinero.

Por aquel tiempo proporcionaba cuantiosas ganancias la producción de lana que se exportaba en enormes cantidades al continente europeo. A medida que se desarrollaba en Inglaterra la fabricación de paños, se precisaba mayor cantidad de lana. El aumento de la demanda de lana inglesa en los mercados exterior e interior dio lugar a un fuerte desarrollo del ganado lanar en Inglaterra. Los lores feudales ingleses se afanaban cada vez más por convertir las tierras de cultivo en pastizales para las ovejas y emprendieron la expulsión de los campesinos de la  tierra («cercamiento»).

Pero el desarrollo de la ganadería y la consiguiente expulsión de los campesinos de la tierra no fue un fenómeno general y, hasta cierta época, el desalojo de los campesinos de sus tierras fue lento, si bien sumamente penoso. Este proceso se aceleró a fines del siglo XVI y comienzos del XVII bajo el influjo del desarrollo del capitalismo.

El Estado acudió en ayuda de los terratenientes, llamados en Inglaterra íandlords. La monarquía constitucional inglesa del siglo XVIII era formalmente y de hecho un instrumento del dominio de clase de los grandes terratenientes aristócratas, que-Vincularon estrechamente su suerte al desarrollo de las-formas capitalistas de economía. Los land-lords, que predominaron en el Parlamento en el transcurso del siglo XVIII, obtuvieron de esta institución más de 1.700 «sentencias de cercamiento», a consecuencia de las cuales los campesinos fueron desalojados por completo de sus tierras. Según la aguda observación de Marx, «los landlords se regalaron a sí mismos las tierras del pueblo».

Como resultado de tan generosos «regalos», el campesinado libre e independiente desapareció totalmente de Inglaterra. De los 180.000 pequeños labriegos que había en el país a fines del sigilo XVII, a finales del XVIII quedaron muy pocos. Un historiador inglés progresista del siglo XIX, A. Toynbee, escribió a este respecto: «Asombra la mera constatación de dicho contraste. Quien no conozca nuestra his-, toria de ese período podría creer que hubo una gran guerra exterminadora, o alguna revolución social violenta, que traspasó de una clase a otra la propiedad de la tierra».



La inmensa mayoría de los campesinos arruinados, desalojados de la tierra, podían obtener los medios de süFsis-tencia como peones de los terratenientes enriquecidos o como obreros asalariados en las ciudades y las zonas industriales, que demandaban constantemente mano de obra. Si los hombres de ciencia burgueses resaltan sobre todo el hecho de que los campesinos despojados de la tierra, en la sociedad capitalista, se liberaron de la opresión feudal en todas sus formas, nosotros no debemos olvidar que fueron asimismo «liberados» de los medios de producción: la tierra, su fuente principal de subsistencia.

La mayoría de los campesinos esquilmados por los terratenientes y el Estado se dirigió a las ciudades, cuya población, en un plazo relativamente breve, se decuplicó varias veces.  Ejemplo’ de ello   son los siguientes datos:

Incremento de la población urbana en Inglaterra:

AÑO: 1688
Manchestér      ………….    6.000
Birmingham…………    4.000
Liverpool      ……………    4.000
Sheffield……………..    4.000
Leeds………………    7.000

AÑO: 1760
Manchestér      ………….    40.000
Birmingham…………    30.000
Liverpool      ……………    35.000
Sheffield……………..    25.000
Leeds………………    20.000

AÑO: 1816
Manchestér      ………….    140.000
Birmingham…………    90.000
Liverpool      ……………    100.000
Sheffield……………..    60.000
Leeds………………    75.000

Los trabajadores arruinados, arrancados violentamente de la tierra, puestos fuera de la ley, se convertían en masa en mendigos, vagabundos y bandoleros. No es casual que en el período en que se establecen las premisas de la revolución industrial, se dicte en todos los países de Europa Occidental todo un cúmulo de leyes sanguinarias contra el vagabundaje. «Los padres de la clase obrera actual fueron sometidos a castigos, ante todo, por haberlos convertido por la fuerza en vagabundos y depauperados», escribió Marx. La legislación de la época consideraba a aquellas gentes delincuentes «voluntarios», que, de desearlo, podían en contrar ocupación.

En el siglo XVI, es decir, cuando comienza lá expulsión violenta de los campesinos de la tierra, se promulgó en Inglaterra la ley contra el vagabundaje, que prescribía enganchar al vagabundo a una carretilla, azotarlo hasta que la sangre le corriese por el cuerpo, y luego, hacerle jurar que retornaría a su patria y se dedicaría al trabajo. Si el vagabundo era apresado por segunda vez, el castigo aumentaba; la tercera vez era condenado a muerte como criminal peligroso y enemigo de la sociedad.

Las leyes contra los vagabundos, cuya promulgación  prosiguió, se aplicaban con implacable crueldad. Durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547) fueron ejecutados 72.000 «grandes y pequeños ladrones». En tiempos de la reina Isabel (1558-1603), «los vagabundos eran ahorcados en masa —dice un contemporáneo— y no transcurría un año sin que en uno u otro lugar fuesen ahorcadas 300 ó  400 personas».

Leyes semejantes fueron dictadas también en Francia. El 13 de julio de 1777, el rey Luis XVI, posteriormente ejecutado por el pueblo, promulgó una ley en virtud de la cual toda persona sana de 16 a 60 años, que careciese de medios de existencia y de ocupación, debería ser enviada a galeras, elpeor castigo de la época.



Así los trabajadores honrados, privados violentamente de la tierra y de otros medios de existencia y convertidos de este modo en vagabundos, se veían obligados a trabajar como asalariados en cualesquiera condiciones, incluso las más duras. La ruina de los modestos campesinos fue la fuente principal, pero no la única, para la formación del proletariado industrial.

Qtra fuente sumamente importante de formación del proletaria industrial fue la ruina del artesanado de la producción manual, es decir, la ruina de los artesanos de las ciudades, de los tejedores rurales, de los hiladores y de otros muchos representantes de los artesanos labriegos. Su arruinamiento en masa se produjo también cuando el trabajo de la máquina triunfó sobre el trabajo a mano en las ramas principales de la industria. Este proceso se operó en forma particularmente evidente en la industria algodonera.

Antes de la introducción dé las máquinas, el proceso de transformación de la materia prima en hilados y, luego, en tejidos, se hacía en casa del obrero, con la participación de toda la familia. Por lo general, la madre y las hijas hilaban y el padre tejía o, de no tejer, sólo intervenía en la preparación de la hilaza, que se vendía después en el mercado local. Las familias de los trabajadores habitaban preferentemente en el campo, pero trataban de acercarse a la ciudad, pues solo en el mercado urbano podían vender sus artículos.

Por lo general, el tejedor artesano era también labriego. Tomaba en arriendo una parcela que, si bien no proporcionaba un ingreso sustancial, convertía al tejedor en habitante sedentario y permanente.

Los predecesores del proletariado industrial vivieron mucho mejor que sus sucesores. Trabajaban cuanto podían y ganaban lo suficiente para cubrir sus necesidades. Tenían tiempo libre para el sano trabajo en el huerto o en el campo, trabajo que era de por sí una forma de descanso. Según los recuerdos de los contemporáneos, eran en su mayor parte gente fuerte y robusta, se diferenciaban muy poco o nada de los campesinos de los alrededores. Los hijos se criaban en un ambiente sano, y si bien tenían que ayudar a sus padres en la labor, sólo era de tiempo en tiempo y no en jornadas de ocho o doce horas de trabajo.

El nivel intelectual de estas gentes era sumamente bajo. Los tejedores artesanos llevaban una vida aislada. Raramente sabían leer y escribir, no se ocupaban de política y frecuentaban regularmente la iglesia. Su asistencia a las lecturas de la Biblia era casi su única actividad intelectual. Aunque.eran sanos y fuertes, en el aspecto espiritual estaban muertos,pues sólo tenían intereses mezquinos, puramente personales. Su telar y su huerta eran para esta gente mucho más importantes que el pujante movimiento del progreso que abarcaba a toda la humanidad. Este transcurría fuera de su aldea y si llegaban algunos rumores a través del comerciante que venía todas las semanas de la ciudad en busca de la mercancía, interesaba a poca gente.

De no ser por la revolución industrial, ninguno de aquellos tejedores hubiese abandonado jamás dichq vida, sumamente tranauila y cómoda, pero completamente indigna del hombre. Tampoco eran hombres en la verdadera acepción de la palabra, sino máquinas de trabajo al servicio de unos pocos aristócratas qué regían el destino del Estado. La revolución industrial no hizo más que rematar la obra: terminó de convertir a los obreros en simples máquinas y les privó del   último   resto   de   actividad   independiente.   Pero,   conello, les obligó a pensar, los obligó a luchar por una situación digna del hombre. Esto dice Engels en su obra La situaeión de la clase obrera en Inglaterra.

La invención de la primera máquina, muy imperfecta, la hiladora mecánica «Jenny», construida por el tejedor Jaime Hargreaves, en 1764, mostró las incomparables ventajas de la producción a máquina sobre el trabajo manual y sentó la base para la ruina en masa de los hiladores; las siguientes invenciones arruinaron a los tejedores. Fue un proceso duro y doloroso. «La historia universal —escribió Marx— no ofrece un espectáculo más horrible que el hundimiento lento, prolongado durante decenios y que culminó por fin en 1838, de los tejedores de algodón ingleses».

Un proceso análogo se operó, con mayor lentitud, en las industrias de la lana, la seda y el lino.

Así pues, la pérdida de la tierra por parte del campesinado y la ruina del artesanado condujeron a la formación del gran ejército de los proletarios, hombres carentes de propiedad y sin otros medios de existencia que la venta de su fuerza de trabajo.



Fuente Consultada:
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL M.I. Mijalov

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

ocio total

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes

actitudes


puzzles


------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------