Romanticismo en la Música

Creacion del Salon Literario y Asociacion de Mayo Sus Objetivos

Historia de las Asociaciones Literarias de Echeverria Esteban

Echeverría y la literatura autóctona. — La aparición de la escuela romántica en la literatura argentina se debe a Esteban Echeverría, quien sentó las bases de la nueva orientación destinada a renovar la cultura argentina y la poesía americana. Sus ideas literarias no fueran originales, puesto que fundamentalmente las derivó del prefacio de «Gronwell», de Víctor Hugo.

Pero, esas ideas europeas, fueron para él un medio para la conquista de nuestra libertad espiritual, pues, de acuerdo con la novena palabra simbólica del «Dogma», su programa de renovación de la sociedad argentina requería la «emancipación del espíritu americano».

Esta emancipación espiritual debía referirse tanto a la forma como al fondo de la obra literaria: en la forma, rompiendo la tradición seudoclá-sica, que era un resabio de la colonia; en el fondo, adaptando la obra literaria a la sociedad y naturaleza argentinas, dándole un carácter local.

El carácter nacional que debe tener la literatura fue destacado reiteradas veces por Echeverría. La literatura debe ser —decía— reflejo de la civilización.

Por eso, en cada pueblo, en cada sociedad debe revestir forma distinta y caracteres especiales en las diversas épocas. «Así como cada nación tiene su religión, sus leyes, sus ciencias, sus costumbres, su civilización, en fin, debe tener su arte». Nosotros debíamos tener, también, nuestro arte.

Para ello, debíamos seguir «el espíritu del siglo», que llevaba a todas las naciones «a emanciparse, a gozar de la independencia no sólo política, sino filosófica y literaria».

Seguirlo, adoptando la orientación romántica que, por no reconocer ninguna forma absoluta, era un medio de ejercitar la libertad.
En suma, siguiendo a Hugo, repitió Echeverría que «el romanticismo no es más que el liberalismo en literatura».

Esta condición lo hacía apto para que nos ayudara a reaccionar contra la estética colonial y ensayar nuestra regeneración social y moral. Porque para Echeverría, la obra literaria debía tener una función social, moralizadora y educativa.

esteban echeverria

«SALÓN LITERARIO» Y LA «ASOCIACIÓN DE MAYO»

El Salón Literario. — La inquietud de la nueva generación impulsó a un grupo de jóvenes a constituir la denominada «Asociación de estudios históricos y sociales» que, presidida por Miguel Cané, se instaló en 1832 con el propósito de realizar en común lecturas —en especial de obras francesas—y escuchar disertaciones sobre temas que eran fijados de antemano.

Pero, por el carácter específico de sus preocupaciones, la institución no pudo en su corta vida satisfacer las apetencias de los jóvenes, casi todos con vocación de escritores, por lo que un grupo de sus integrantes sugirió a Marcos Sastre (1809-1867) —que era conocido y popular entre los estudiantes de la Universidad— la idea de organizar un club de discusión, de conversación y de lectura que tuviera un radio de acción más amplio.

Sastre, después de asegurarse la adhesión de un grupo de cuarenta o cincuenta jóvenes y de algunos vecinos, alquiló una casa más grande, en la entonces calle Victoria, donde trasladó su librería y destinó dos habitaciones para local del Salón Literario, que estuvo presidido por estas palabras de San Pablo: Abjiciamus opera tenebrarum, et induamur arma lucis. («Arrojemos las obras de las tinieblas y vistamos las armas de la luz»).

La inauguración del Salón se realizó con un acto presidido por Vicente López y Planes, en el cual se leyeron tres discursos: uno de Marcos Sastre, otro de Juan María Gutiérrez y el tercero de Juan Bautista Alberdi.

Sastre destacó la preocupación de la juventud intelectual por llevar a la patria a una situación de mayor florecimiento.

Reconoció que el progreso se había entorpecido porque, en vez de adoptar «una legislación y política propias de su ser, un sistema de instrucción pública acomodado a su ser y una literatura propia y peculiar de su ser», el país había imitado —en lo político, lo científico y lo literario— modalidades ajenas al carácter autóctono.

Era pues necesario buscar el auténtico ser nacional y tener confianza en los cambios, que jamás debía intentarse precipitar «porque —manifestó— no se pueden usurpar impunemente los derechos del tiempo».

Gutiérrez, por su parte, censuró la acción de España, que había cortado «el hilo del desenvolvimiento americano», e insistió en la necesidad de que la educación estuviera «en armonía con nuestros hombres y nuestras cosas» y que nuestra literatura representase «nuestras costumbres y nuestra naturaleza».

El discurso de Alberdi exteriorizó su creencia de que el género humano marcha hacia una perfectibilidad indefinida, pues en la historia —por «la eterna impulsión progresiva de la humanidad»— se generan sucesivas formas cada vez más perfectas.

juan bautista alberdi

Aun «las catástrofes más espantosas al parecer — expresó— vienen a tomar una parte útil en este movimiento progresivo». Este desenvolvimiento progresivo del espíritu humano armoniza, sin embargo, con las exigencias y necesidades de cada pueblo y de cada momento, pues cada nación «se desarrolla a su modo, porque el desenvolvimiento se opera según ciertas leyes constantes» subordinadas a las condiciones del tiempo y del espacio.

En consecuencia, «cada pueblo debe ser de su edad y de su suelo; cada pueblo debe ser él mismo».

Por ello, el deber de la hora consistía, a juicio de Alberdi, «en investigar la forma adecuada en que nuestra civilización debe desarrollarse, según las circunstancias normales de nuestra actual existencia argentina».

De ahí que los trabajos del Salón debieran encaminarse, por un lado, a indagar los elementos filosóficos de la civilización humana; por otro, a estudiar las formas que estos elementos debían recibir en nuestro país, a fin de que las exigencias de nuestro desarrollo social armonizaran con los exigencias del progreso general de la humanidad.

El objeto del Salón Literario, concluía Alberdi, no era reunir a los jóvenes para que escuchasen lecturas —»leer por leer»—, sino alistarlos «para llenar una exigencia de nuestro desenvolvimiento social».

Era pues evidente que el propósito perseguido por el Salón fue penetrar en el conocimiento de nuestro ser nacional, a fin de encontrar una ruta que llevara a la organización definitiva del país.

Pero esa búsqueda de lo nuestro fue orientada por los autores franceses, que ejercieron en ese momento una sugestión extraordinaria en nuestra juventud.

Las reuniones del Salón fueron muy animadas y en ellas se trataron los más diversos temas. Se discutieron «Palabras deun creyente», de Lamennais; «Cromwell», de Víctor Hugo; «Roma subterránea», de Didier; se comentaron los discursos de Guizot, Thiers y Berryer, los poemas de Byron y la filosofía ecléctica de Goussin; se desarrollaron temas religiosos, económicos y rurales; se leyeron composiciones poéticas — entre ellas un fragmento de «La cautiva»— y estudios jurídicos y sociales; es decir, se realizó una actividad múltiple.

El carácter público de las reuniones y las diferencias de instrucción entre los concurrentes determinó que, a veces, llegaran a sostenerse principios y opiniones extravagantes.

En el Salón —comenta Vicente Fidel López— «se produjo poco, se leyó mucho, se conversó más». Y explica que «por el influjo del espíritu con que se había creado, o por inclinación de las ideas que el movimiento liberal de la literatura francesa tenía con nuestros anhelos políticos, las tendencias del Salón tomaron este último declive y jamás se conversaba allí de otra cosa que de intereses serios».

Pero el Salón Literario estaba condenado a morir. No tardó la policía en llamar la atención a Sastre sobre esas reuniones de «los muchachos reformistas y regeneradores». El ambiente cada vez más sombrío, a raíz del bloqueo francés, y el malestar político más intenso, que hizo aumentar el número de expatriados, determinó la clausura del Salón.

El club literariocomentaba Alberdi años después— tuvo que rendir sus armas «ante la brutal majestad de otro club de rebenque, formado para impedir todo club de libertad. La única forma en que la libertad de asociación podía existir, fue la que asumió la Mazorca. Para azotar a los liberales era lícito asociarse, y para estudiar la libertad la asociación era un crimen de traición a la patria».

La «Asociación de la Joven Generación Argentina«. Al extinguirse el Salón Literario, un grupo de sus integrantes, entre los que se contaba Esteban Echeverría, decidió constituir una sociedad secreta juramentada, al estilo de la «Joven Europa» de Mazzini. Propósito de la asociación fue conciliar
todas las opiniones e intereses en base a un programa de acción política que, superando la división entre federales y unitarios, tendiera a convertir en realidad los ideales de la Revolución de Mayo.

El 23 de junio de 1838 se reunieron por primera vez treinta y cinco jóvenes, ante los cuales Echeverría bosquejó la situación de la nueva generación —mirada con desconfianza por los federales, porque «la hallaban poco dispuesta a aceptar su librea de vasallaje», y con menosprecio por los unitarios, porque la creían «ocupada solamente de frivolidades»—, invitándolos a asociarse en torno al ideal reunido en quince Palabras simbólicas.

Constituida la Asociación —que después, por haber adoptado como divisa los ideales de 1810, se denominó Asociación de Mayo— se encargó a Echeverría, Gutiérrez y Alberdi la redacción de una explicación de las palabras simbólicas, que serviría como declaración de principios.

Pero, para mantener la unidad de estilo, de forma y de método de exposición sus compañeros delegaron la tarea en Echeverría, quien redactó la explicación de catorce palabras. La decimoquinta fue después redactada por Alberdi. Así surgió el «Código o declaración de principios que constituyen la creencia social de la República Argentina».

Consciente Echeverría de que los principios, a menos que se arraigaran en la realidad, resultarían estériles, presentó un plan de labor, en el cual enumeró las cuestiones que los miembros de la Asociación debían estudiar y resolver desde el punto de vista práctico. Tres cuestiones fundamentales debían discutir, deslindar y fijar.

La primera «será la de la libertad de prensa, porque ella es el gran móvil de toda reforma». «La segunda, ¿qué es la soberanía del pueblo y qué límites deben circunscribirla?

La tercera, ¿cuáles son la esencia y las formas de la democracia representativa?». Además, debían ventilarse algunas cuestiones económicas y asuntos de la administración pública; desentrañarse el espíritu de la prensa periódica durante la revolución; seguirse el hilo del pensamiento revolucionario a través de los sucesos; bosquejarse nuestra historia militar y parlamentaria; determinarse los caracteres de la verdadera gloria y qué es lo que constituye al grande hombre.

«El punto de partida para el estudio de cualquier cuestión — advertía Echeverría— deben ser nuestras leyes y estatutos vigentes, nuestras costumbres, nuestro estado social.

Determinar primero lo que somos y aplicando después los principios buscar lo que debemos ser, hacia qué punto debemos encaminarnos. Mostrar en seguida la práctica de las naciones cultas, cuyo estado social tenga más analogía con el nuestro, y confrontar siempre los hechos con la teoría o las doctrinas de los publicistas más adelantados.

No salir del terreno práctico, no perderse en abstracciones, clavar el ojo de la inteligencia en las entrañas mismas de nuestra sociedad, es el único modo de hacer algo útil a la patria y de atraer prosélitos a nuestra causa».

Las reuniones secretas que efectuaba la Asociación no pudieron continuar realizándose, porque los agentes de Rosas vigilaban. Por ello, se separaron los integrantes de la sociedad y Alberdi paso a Montevideo y se encargó de la publicación del «Código», que apareció el 1º de enero de 1839 en «El Iniciador».

El asesinato de Maza y la revolución del Sud precipitaron la violencia de la tiranía y muchos de los jóvenes se vieron obligados a emigrar. Fue entonces cuando Echeverría y los demás miembros de la Asociación de Mayo comprendieron que era irrealizable la ilusión que habían tenido de conquistar a Rosas para su causa.

Difusión de la doctrina de la «Asociación de Mayo». — Los principios sostenidos por la Asociación de Mayo se difundieron con celeridad, merced a la acción de algunos de sus miembros que fueron entusiastas propagadores de la nueva doctrina. Alberdi, el primero de sus miembros que emigró, se unió en Montevideo —»asilo seguro del pensamiento proscrip to de Buenos Aires»— a Miguel Cané y Andrés Lamas, que, desde abril de 1838, publicaban «El Iniciador».

Promovieron allí una asociación similar a la que había existido en Buenos
Aires, a la cual se incorporaron Bermúdez, Bartolomé Mitre y Andrés Somellera.

Vicente Fidel López, que después del asesinato de Maza tuvo que emigrar a Córdoba, fundó en esta ciudad una asociación similar, integrada por Paulino Paz, Enrique Rodríguez, Avelino Ferreira, Francisco Alvarez y Ramón Ferreira.

Esta asociación preparó una revolución antirrorista que triunfó, con el apoyo del general Lamadrid, y llevó a la gobernación de la provincia al doctor Francisco Alvarez. Pero dos meses después el gobierno fue derribado por Oribe, y Alvarez murió en el combate de Angaco.

Un centro análogo se formó en San Juan, donde la doctrina de la Asociación fue introducida por uno de sus miembros más entusiastas, Manuel Quiroga Rosas. A él se unieron Sarmiento, Aberastain, Cortínez, Laspiur y Benjamín Villafañe.

Villafañe pasó de San Juan a Tucumán, su provincia natal, y junto con Marco Avellaneda, en ese entonces ministro de gobierno, formó la Asociación que fue centro de la coalición del Norte.

El intenso fervor proselitista de los miembros de la Asociación de Mayo hizo que en el interior del país o en el destierro se reunieran los jóvenes en torno a los ideales proclamados en el «Código o declaración de principios», cuya influencia muy pronto se sintió en todo el país y se manifestó en la prensa y en la literatura. Años más tarde, Echeverría se preguntaba qué había en ese pensamiento de la Asociación que en todas partes atraía prosélitos ardientes.

Y respondía: «Había la revelación formulada de lo que deseaban y esperaban para el país todos los patriotas sinceros; había los fundamentos de una doctrina social diferente de las anteriores, que tomando por «regla de criterio única y legítima la tradición de Mayo», buscaba con ella la explicación de nuestros fenómenos sociales y la forma de organización adecuada para la República; había, en suma, explicadas y definidas, todas esas cosas, nuevas entonces y hoy tan vulgares, porque andan en boca de todos, como tradición de Mayo, progreso, asociación, fraternidad, igualdad, libertad, democracia, humanidad, sistema colonial y retrógrado, contrarrevolución, etc.».
Por motivos puramente circunstanciales, los principios doctrinarios de la Asociación de Mayo no fueron seguidos por todos los proscriptos.

En realidad, lo que hermanaba a los expatriados, más que la afirmación de una doctrina era el odio contra el tirano. Pero el valor de estos principios radicó en que se difundieron entre los jóvenes, que después del derrocamiento de la dictadura organizaron la nación y le dieron ese magnífico instrumento de nuestro progreso que fue la Constitución de 1853.

Fuente Consultada: Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Loprete – Editorial Plus Ultra
Historia de la Cultura Argentina Parte II de Francisco Arriola Editorial Stella

La Poesia Romantica y Gauchesca Argentina Sus Representantes y Obras

La Poesía Romántica y Gauchesca Argentina Representantes y Obra Literaria

Carlos Guido Spano: Entre los poetas de la nueva generación, que sucedió a la de los proscriptos, se destaca Carlos Guido Spano (1827-1918), por haber sido un innovador y, como tal, haber representado una época en la evolución de la poesía argentina.

Guido Spano Carlos
Poeta Romantico Guido Spano Carlos

«Personificó —escribió un eminente crítico uruguayo— el culto indeficiente de la forma, cuando las condiciones de la obra de improvisación de una literatura, y las influencias de la escuela, conspiraban para imponer cierto vicioso amor al desaliño; la amable serenidad del sentimiento, cuando vibraba en toda lira la repercusión de universales tempestades del ánimo; el desinterés de un ideal de poesía levantado sobre los rudos afanes de la acción e inmutable entre el hervor pasajero de las muchedumbres, en un tiempo en que los propios fantasmas de los sueños bajaban a partir la arena del circo y era la canción como base de bronce que recogía y amplificaba las resonancias del combate».

Guido Spano se inició como poeta publicando algunas composiciones en la «Revista del Paraná», en 1854, y luego en el «Correo del domingo».

A estas primeras producciones siguieron los volúmenes titulados Hojas al viento y Ecos lejanos, en los que reunió un conjunto de sus poesías constituídas, en su mayoría, por versos circunstanciales sobre los más diversos temas.

De esas páginas se destacan, y han alcanzado justa popularidad, sus poemas y en especial aquellos en que cantó al hogar: At home; A mi hija María del Pilar; A mi madre.

Según Rojas, no debe considerarse a Guido Spano como un poeta civil, sino como «un lírico de la naturaleza y del amor», pues el suyo fue un timbre nuevo en la poesía argentina. «Fue el primer artista verdadero que hayamos tenido en nuestro país. Perfeccionó el verso después del vehemente Mármol; civilizó la prosa a la par del elegante Avellaneda; dio a la poesía una función desinteresada, al margen de la política, y nos dejó en el recuerdo de su propia vida un espectáculo de belleza casi legendaria en el ambiente de nuestras embrionarias repúblicas».

Olegario V. Andrade. En la segunda generación de nuestros poetas románticos es preciso ubicar a Olegario V. Andrade (1839-1882). Estudió en el Colegio de Concepción del Uruguay, donde fueron sus maestros dos emigrados republicanos franceses —Alberto Larroque y Alejo Peyret—, junto a los cuales aprendió a admirar la ideología y la literatura francesas de la Restauración y del Segundo Imperio, y en especial a Víctor Hugo.

Andrade Olegario
Andrade Olegario

Se inició en el periodismo fundando El Porvenir, órgano partidista destinado a defender la política de Urquiza frente al Estado de Buenos Aires y a atacar a los hombres que seguían a Mitre.

Redactó El Pueblo y La Tribuna y, establecido en Buenos Aires durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, fundó La Tribuna Nacional, desde cuyas páginas defendió la política del general Roca escribiendo en favor de las fundamentales cuestiones resucitas durante su gobierno — la enseñanza laica y el matrimonio civil— y sobre cuestiones políticas y electorales.

La iniciación poética de Andrade se remonta a 1856, fecha en que no había abandonado las aulas; sus versos de entonces sólo tienen un interés biográfico, ya que carecen de verdadera calidad literaria.

Entre 1875 y 1880 compuso Prometeo, Atlántida, El nido de cóndores, San Martín, A Víctor Hugo, La noche en Mendoza y El arpa perdida, que constituyen sus más inspirados poemas. Otras de sus composiciones poéticas más recordadas son La vuelta al hogar y El consejo maternal, que son poesías de carácter íntimo.

Olegario V. Andrade fue nuestro poeta civil, porque escribió sus cantos con motivo de ciertas conmemoraciones solemnes y porque, en los temas que trató, cantó ideas de libertad, de patria y de progreso.

Su liberalismo político y la consiguiente oposición a toda forma de superstición y de tiranía, desató enconadas críticas. Pero, pese a ello, gozó en su época de gran prestigio: tuvo admiradores y hasta imitadores.

En sus poesías, observa Roberto F. Giusti, Andrade «marcha continuamente entre hipérboles, prosopopeyas y antítesis sonoras y enfáticas. Todo lo ve como al través de una lente de aumento.

Tiene indudables aciertos poéticos, pasajes y rasgos de rara inspiración, levantada entonación musical; pero a veces suena a hueco y otras es vulgar, falso, difuso y palabrero».

Pese a estos defectos y exageraciones que también se han señalado en Víctor Hugo, que poéticamente fue su maestro, las composiciones de Andrade se impusieron por la fuerza avasalladora de su talento poético.

Ricardo Gutiérrez. Poeta también romántico, pero de tendencia más lírica e íntima que Andrade, y distinguido médico de niños, que ejerció como un sacerdocio su profesión, fue Ricardo Gutiérrez (1836-1896).

Ricardo Gutierrez Poeta Romántico
Ricardo Gutierrez Poeta Romántico

Espíritu profundamente cristiano —»cristiano de los evangelios, tan alejado del fanatismo como del rito»—, el amor, la piedad, la caridad y el odio a la guerra fueron los motivos inspiradores de sus cantos. Por eso, Ricardo Rojas lo ha considerado como un poeta del amor cristiano: «por la espiritualidad de su erotismo y por la amplitud de su piedad».

Su primer poema —La fibra salvaje—, publicado en 1860, manifiesta la influencia de Espronceda y Byron.

Historia de una pasión, deja de lado todo lo externo y pinta un drama que se desarrolla en la conciencia de los protagonistas —Lucía, Ezequiel y Julio—, que no son, pese a su intento, tipos genuinos de nuestros campos, sino seres como los hay en todas partes.

En Lázaro, poema publicado años después, quiso evocar la pampa y el gaucho; por eso, el éxito que alcanzó esta obra se explica por haber sido una tentativa de poesía gauchesca escrito en verso culto.

Situada la acción en la costa del Paraná, en la época de la colonia, presenta una serie de situaciones inverosímiles, que hacen del poema una falsa idealización de nuestro gaucho.

Sin embargo, es justo destacar el noble esfuerzo de Gutiérrez: buscar su inspiración y sus tipos en su propia patria.

Superiores a estos extensos poemas son las composiciones que Gutiérrez reunió en El libro de las lágrimas y El libro de los cantos.

En las poesías reunidas en el primero —de las que se destacan La sombra de los muertos, El último adiós, El juramento, La última cita y La victoria— predomina un tono melancólico que, aunque mantenido a través de los distintos temas, no expresa la típica desesperación romántica, sino la esperanza de su cristianismo heterodoxo y libre de todo dogma.

En el segundo volumen se encuentran sus mejores composiciones: El poeta y el soldado, La hermana de caridad, Cristo y El misionero, poesía ésta cuya publicación produjo una conmoción en nuestro ambiente, ya que algunos quisieron ver en ella la prueba de una «conversión» de Gutiérrez.

Pedro Goyena, que consagró a Gutiérrez uno de sus más finos estudios, reconoce la influencia que sobre él ejerció Byron.

Pero, a renglón seguido, señala el mérito de Ricardo Gutiérrez: «Impregnado su espíritu de la poesía byroniana ha arrojado su mirada sobre la patria, sobre ese desdichado hermano nuestro que se llama el gaucho; y ha cantado su nobleza, su gallardía, sus amores, su desventura, el abismo del crimen o del vicio adonde le arrojan la barbarie y la miseria que deben pesar como un remordimiento en la conciencia de nuestros estadistas».

Y agrega que sus poesías revelan, además, «un espíritu abierto a las luces del siglo y adherido a las generosas tentativas que ensaya el espíritu del bien, para destruir el imperio del error y la maldad, y hacer de la tierra, ya que no del paraíso, por lo menos un campo de nobles luchas en que la equidad impere y desde donde todos los seres humanos puedan alcanzar un día el ideal cuya fiebre nos devora».

Rafael Obligado. La obra más íntimamente argentina de nuestras letras se encuentra en las poesías de Rafael Obligado (1851-1920), que «trajo al arte argentino —al decir de Rojas— los ideales del patriciado, pero no en las aparatosas de la oda política, sino en las formas sencillas de la canción popular; sintió la tierra y la raza como un poeta de las pampas, celebrándolas en su verso como un payador de las ciudades; porque eso fue Obligado, un payador argentino«.

Rafael Obligado

Sus composiciones juveniles fueron versos de escaso mérito. Pero, a partir de su romance La flor de seibo, inspirado en nuestro ambiente, pero volcado en formas esmeradas y armoniosas, Obligado se reveló como un poeta nacional.

A esta composición siguieron En la ribera, Un cuento de las olas, A la sombra del sauzal, Las cortaderas, El camalote, El nido de cóndores, El hogar paterno y Las quintas de mi tiempo.

También cultivó otro género de poesía. Cantó episodios históricos argentinos, y al hacerlo —dice su hijo Carlos— dejó de lado todo patrioterismo. «No canta, en efecto, victorias deslumbrantes, sino más bien desastres de nuestras armas; pero desastres sobrellevados con alma heroica, que al acercarse en la adversidad, triunfará seguramente mañana.

Con altiva emoción, place a su númen «decir el alto honor de los vencidos». A este género pertenecen La retirada de Moqueguá, Ayohuma y El negro Falucho. También cantó leyendas y tradiciones populares en La salamanca, La luz mala, La muía ánima, El cacui y El yaguarón.

La obra poética de Obligado culminó en Santos Vega, poema en que recogió la tradición, anteriormente cantada por Bartolomé Mitre e Hilario Ascasubi, y la desarrolló en cuatro cantos: El alma, la prenda, el himno y la muerte del payador.

La última parte del poema tiene singular importancia, pues en ella cantó la transformación del país y el conflicto social que se planteaba entre la tradición, por un lado, y el progreso, la ciencia y la inmigración, por otro, y expresó el alcance extraordinario de esa transformación pampeana realizada al «grito poderoso del progreso».

Rafael Obligado adoptó, dice Ricardo Rojas, lo que el romanticismo de Echeverría tenía de fecundo, «el sentimiento del paisaje, la conciencia de la raza, la libertad de la emoción, y desechó lo que tenía de funesto: la divagación delirante, el el erotismo enfermizo, la barbarie idiomática.

Al desechar esto último volvió a las claras fuentes españolas del romancero, y al adoptar lo otro coincidió con nuestros payadores gauchescos en la substancia espiritual, pero superándolos en el sentido estético.

La asimilación gauchesca le resultó fácil, porque era payador pampeano, y la asimilación romántica igualmente, porque era sincero trovador». Por eso, el argentinismo característico de Obligado nos dio una verdadera lírica nacional.

POESIA GAUCHESCA

Aunque sus orígenes anónimos pueden situarse en el canto de los payadores, la poesía gauchesca se incorporó a nuestra literatura por obra de Bartolomé Hidalgo (1788-1823), poeta uruguayo que adoptó el cielito — serie de cuartetas octosilábicas, escritas en lenguaje popular, definidamente criollo y de sabor campero— y compuso una serie de diálogos, expresiones poéticas de carácter objetivo y social, dedicadas a narrar hechos, pintar costumbres y comentar sucesos públicos y políticos.

Su sucesor fué Hilario Ascasubi (1807-1875). autor de un conjunto de poesías gauchescas, reunidas bajo el título de Paulino Lucero, y de Los mellizos de la flor, descripción de la vida de los habitantes de nuestra campaña, en la cual recogió la tradición del payador Santos Vega.

Ascasubi Hilario
Ascasubi Hilario

Estanislao del Campo (1834-1880), que bajo el seudónimo de Anastasio el Pollo comenzó a escribir poesías gauchescas, fuE autor de Fausto, poema que es considerado como una de las joyas de su género.

Hombre de ciudad, estudió el alma del gaucho y, como expresara Agustín de Vedia, «pensó sus pensamientos, sintió sus sentimientos, pero conservó la forma estrófica que en su cultura personal había adquirido».

Estanilao del Campo, Poesia Gauchesca
Estanilao del Campo, Poesia Gauchesca

Por eso, del Campo no descendió hasta la poesía gauchesca, sino la elevó hasta él.

Especie de parodia del poema de Goethe, Fausto nació de las impresiones que le produjo la representación de la ópera de Gounod, a la que asistió en el Teatro Colón.

A través de la poesía y el humorismo, el poema relata en forma fina e ingenua y con el carácter propio del gaucho, observaciones que sólo podía hacer un hombre culto.

«El poeta —escribió Joaquín V. González, en «La tradición nacional«— ha preparado el efecto de su diálogo con mano maestra: le ha dado por escenario la Pampa misma, donde los interlocutores se sienten soberanos de la Naturaleza y se entregan, sin testigos, a los libres transportes de su alma sencilla, llena de sentimientos grandiosos, melancólicos o tiernos, y de supersticiones infantiles, que a cada momento estallan en espantos súbitos, cuando la imagen de Mefistófeles se atraviesa en el relato como una eclosión de fuego».

Además de este valor, el poema de del Campo se destaca, pese a la peculiar modestia de su expresión, por algunas descripciones de la naturaleza, intercaladas en el relato, que siempre han llamado la atención por su perfección.

José Hernández (1834-1886), el más grande de nuestros poetas gauchescos, publicó en 1872 la primera parte de Martín Fierro, creación genial, por lo típica e ingeniosa, que ocupa un lugar prominente en nuestra literatura.

Jose Hernandez Poesia Gauchesca
Jose Hernandez Poesia Gauchesca

Es la historia sencilla de un gaucho bueno, al que las arbitrariedades de los jueces de paz y comandantes de campaña convierten en un gaucho alzado, en un matrero, que para escapar a las persecuciones de que es objeto cruza la frontera y va a buscar tranquili dad en las tolderías de los indios.

El relato de «males que todos conocen — pero que naides cantó», pese a su sencillez, tiene un valor simbólico y honda significación social: es la historia del gaucho perseguido, explotado, víctima de la injusticia y de la arbitrariedad.

El éxito extraordinario del poema alentó a Hernández, que seis años después publicó su segunda parte —La vuelta de Martín Fierro—, más rica en personajes y episodios.

Aunque escrito en el rudo y pintoresco lenguaje gaucho, Martín Fierro es reconocido como nuestro auténtico poema nacional. Generalmente se lo ha considerado como el poema del gaucho.

Frente a esta difundida opinión, Ezequiel Martínez Estrada ha postulado una nueva consideración de la obra de Hernández, pues, a su juicio, Martín Fierro es el poema de la Pampa, ya que, pese a su persistencia en el desarrollo de la obra, su protagonista es sólo un accidente.

«Martín Fierro es una cosa de la Pampa, como todas y cada una de las figuras del poema. También la soledad es producto o cosa de la Pampa, que debe servir de clave a toda meditación sobre el tema.

Sin el sentimiento básico de la soledad, Martín Fierro carece de punto de apoyo. La soledad es el fondo y el protagonista de toda la obra. Arranca con ella en la primera estrofa y con ella concluye, después de haberla el poeta conjugado en todos los tiempos y modos posibles»

Fuente Consultada: Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Loprete – Editorial Plus Ultra


El Romanticismo en el Río de la Plata Sus Caracteristicas

Movimiento Romantico en Rio de la Plata-Caraterísticas y Representantes

Concepto de romanticismo
La literatura de los siglos XVII y XVIII estuvo regida por el ideal popular del clasicismo, es decir, en la Imitación de los antiguos griegos y romanos; su centro de difusión puede ubicarse en Francia.

A fines del siglo XVIII surgieron en Alemania e Inglaterra las primeras manifestaciones de una nueva corriente espiritual y artística, que culminó en la centuria siguiente con el nombre de romanticismo.

Este movimiento, de índole intelectual, fue una reacción contra el rígido y dominante clasicismo, que había tratado de imponer sus inflexibles reglas y uniformismo en todas las literaturas.

En literatura, la palabra romántico significaba «todo lo que deliberadamente se aparta de las normas que se han establecido como clásicas», o sea, que el término indica lo anticlásico u opuesto a los modelos griegos y latinos. Se distingue por la espontaneidad, originalidad y propensión a lo sentimental y generoso.

Mientras en ei clasicismo predominó la razón y el materialismo, la escuela romántica antepone el sentimiento y el espíritu cristiano.

Además, los primeros se basaron en temas pertenecientes a la historia y mitología antiguas; en cambio, los románticos representaron lo propio, lo nacional.

(*) Etimológicamente, romántico significa perteneciente al dominio de la antigua Roma, y por lo tanto, es sinónimo de neolatino o romancesco. La palabra tiene diversas acepciones, aunque la mayoría de los autores opina que los escritores románticos del siglo XIX recibieron tal nombre porque admiraban los romances medievales.

El romanticismo tuvo los siguientes caracteres:

a) Individualismo artístico. — Rechaza los métodos tradicionales y todo lo que sea impuesto. Cree ciegamente en la inspiración personal y por esto da gran importancia a los propios sentimientos y a la fantasía.
Dominado por un anhelo de libertad, repudia imitar a otros autores y propicia la reivindicación de la naturaleza, basándose en un criterio personal.

b) Subjetivismo. — Debido a la ya mencionada ansia de libertad, el artista se propone expresar las manifestaciones de su propia alma (patriotismo, amor, admiración por la naturaleza, etc.), o sea, de su modo de pensar y sentir.

c) Espíritu medieval – nacional. — Exalta los valores espirituales de la Edad Media —particularmente religiosos— y con preferencia se explaya sobre temas populares y nacionales.

Mientras la escuela clásica trató de agradar por la perfección de la forma, la escuela romántica se propuso conmover por la fuerza de los sentimientos.

Los románticos juzgaron que la tragedia y la comedia eran géneros teatrales anticuados y prefirieron combinarlos con el drama, que debía reunir lo sublime con lo grotesco.

Los protagonistas ya no son héroes griegos ni romanos, sino personajes inspirados en temas vernáculos.También censuraron el estilo de los clásicos y enriquecieron el diccionario con términos familiares y hasta emplearon nuevas formas métricas en la versificación.

Si bien el romanticismo fue un movimiento de carácter literario, su acción ideológica comprendió también el aspecto político, al sostener los principios de la soberanía popular y del liberalismo proclamados por la Revolución Francesa.

Introducción del romanticismo en el Plata
América no permaneció ajena al movimiento romántico europeo, mejor dicho al español, por cuanto en México, Venezuela, Cuba, Colombia y Perú, las figuras representativas reflejan el pensamiento’ peninsular.

No sucedió lo mismo en el Río de la Plata, donde el romanticismo fue introducido no de España, sino directamente de Francia, por el porteño Esteban Echeverría, a su regreso del Viejo Mundo, en 1830.

Considerado el padre del romanticismo argentino y —según expresión de Menéndez y Pelayo— «fundador de una nueva escuela americana», Echeverría fue el escritor que bregó por el progreso de su patria.

Se ha dicho que «pensando en francés, escribió en castellano», sin embargo «Echeverría es el primer poeta que dirige su mirada a la pampa y la pinta con colores originales, la siente de veras, como siente todo lo argentino y americano» (por Alberto Palcos).

Guiado por un anhelo de total independencia, trató de argentinizar la literatura y se dedicó a los temas vernáculos y a las pinturas realistas del paisaje regional.

ESTEBAN ECHEVERRÍA
José Esteban Antonino Echeverría nació en Buenos Aires, el 2 de setiembre de 1805, hijo de padre español y de madre porteña.

Cursó los estudios elementales en la escuela pública de la parroquia de: San Telmo, y en 1822 ingresó en el Departamento de Estudios Preparatorios de la recién creada Universidad; también asistió a los cursos de la Escuela de Dibujo.

Huérfano de padre a- temprana edad, delgado y de elevada estatura, vivió una adolescencia turbulenta, aunque por el año 1823 —olvidando sus devaneos juveniles— se destacó como estudiante «por su talento, juicio y aplicación», en los cursos de latín y filosofía de la Universidad.

Más tarde abandonó las aulas para emplearse como despachante de Aduanas, pero en los momentos de descanso, el joven estudió francés, historia y literatura.

esteban etchverria romanticismo

Con la aspiración de elevar su nivel cultural, Echeverría embarcó para Europa y después de accidentado viaje, llegó al puerto de El Havre (Francia), en febrero de 1826. De allí se trasladó a París, para dedicarse a la lectura constante y variada, particularmente de la ciencia política y de la filosofía.

En esos momentos, la capital francesa se agitaba ante la ola avasallante del romanticismo y entonces aplicó toda su voluntad al estudio de las nuevas corrientes literarias, con la lectura de obras de los alemanes Goethe y Schiller y del inglés Byron.

Escribe Echeverría en sus páginas autobiográficas: «Durante mi residencia en París y como desahogo a estudios más serios, me dediqué a leer libros de literatura: Shakespeare, Schiller, Goethe y especialmente Byron, me conmovieron profundamente y me revelaron un nuevo mundo.

Entonces me sentí inclinado a poetizar; pero no dominaba ni el idioma ni el mecanismo de la metrificación española. Era necesario leer los clásicos de esta nación. Empecé: me dormía con el libro en la mano, pero haciendo esfuerzos, al cabo de un tiempo, manejaba medianamente la lengua castellana y el verso».

Después de efectuar un corto viaje a Londres, Echeverría —escaso de recursos económicos— partió de regreso a Buenos Aires, puerto al que arribó en julio de 1830. Su cultura eminentemente europea y su romanticismo afrancesado no influyeron sobre su concepción argentinista y su afán de solucionar sobre esa base los problemas que agitaban a su patria.

Echeverría escribió versos para algunos periódicos locales y en 1834 los publicó con el título de Los Consuelos, obra que mereció la aceptación general. Más tarde, en la estancia de Los Talas —próxima a San Andrés de Giles— redactó La Cautiva, poema narrativo en que por vez primera en nuestra literatura aparece como escenario la pampa. Allí también escribió El Matadero, obra realista en que describe el ambiente soez de los corrales durante la dictadura rosista.

La labor política y cultural de Echeverría en el Salón Literario, se estudia a continuación.

Después del fracaso de la campaña de Lavalle contra Rosas, debió emigrar a la Colonia y de allí a Montevideo en 1840. Vivió sus últimos años enfermo y en la pobreza. No alteró su posición ideológica independiente, pues si bien combatió a Rosas, estaba persuadido que los unitarios no representaban la realidad del país.

Echeverría falleció en la capital uruguaya el 19 de enero de 1851.

EL SALÓN LITERARIO
Cuando Juan Manuel de Rosas asumía la dictadura, comenzaban a actuar los jóvenes de la primera generación surgida del pronunciamiento de Mayo.

Partidarios de las ideas liberales de la revolución estallada en París en 1830,esa pléyade de intelectuales había recibido las enseñanzas del período cultural rivadaviano, donde forjaron su inclinación a la controversia política, a la filosofía y a la oratoria.

A partir del año 1830, esa minoría culta y fogosa de jóvenes porteños —inclinada a los autores liberales franceses— solía reunirse en la casa de Miguel Cané, donde establecieron la Asociación de Estudios Históricos y Sociales.

En 1835, la juventud ávida de saber se congregó en el Gabinete de Lectura, establecido por Marcos Sastre, en una habitación continua a su comercio de librería.

Los sábados por la noche, los estudiosos se reunían para discutir trabajos presentados por Esteban Echeverría, Miguel Cané, Vicente Fidel López, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez y otros.

En 1837, y ante el aumento de la concurrencia, Marcos Sastre trasladó su librería a un local próximo, pero más amplio —ubicado en la calle Victoria Nº 59— e inauguró en el mes de junio el Salón Literario, donde se congregaron las figuras más destacadas del movimiento romántico de la época. Su misión era evidentemente cultural y aunque sus miembros recibían las influencias ideológicas europeas, el movimiento tenía marcado carácter nacional.

En su discurso inaugural, Marcos Sastre afirmó que los integrantes del Salón se habían reunido «impulsados únicamente por el amor a la sabiduría, por el deseo de perfeccionar su instrucción». Luego le siguió en el uso de la palabra el joven Juan Bautista Alberdi, quien desarrolló conceptos de orden histórico y filosófico y destacó que ‘»lo nacional era un elemento necesario de nuestro desenvolvimiento argentino».

romanticismo en argentina rio de la plata alberdi juan bautista

Escribe el historiador Alberto Palcos: «La librería de Sastre es a la par una especie de biblioteca circulante (acaso la primera del país); por una módica subscripción, los lectores llevan libros a domicilio, sin perjuicio de los préstamos de obras muy valiosas que el dueño hace generosamente a los estudiosos. El Salón se propone formar una biblioteca selecta, independiente de la librería de Sastre, surtir a los socios de los mejores periódicos europeos y leer, acotar y editar trabajos literarios originales o traducidos por sus adherentes».

Las inquietudes del Salón Literario se dieron a conocer por medio del periódico «La Moda», dirigido por Juan Bautista Alberdi. Figuraba como «gacetín semanal de música, de poesía, de literatura, de costumbres». La difusión de las nuevas ideas se hizo con suma prudencia y por esto, cada número estaba encabezado por un «Viva la Federación».

El Salón Literario sólo desarrolló cuatro meses de intensa actividad Más tarde las reuniones debieron interrumpirse por orden del gobierno.

La prédica liberal que desarrollaban esos «muchachos reformistas y regene radores» no fue del agrado de Rosas y Sastre debió cerrar el Salón —mayo de 1838— y desprenderse de las existencias de su librería, en tres remates sucesivos. También dejó de aparecer «La Moda».

La Asociación de Mayo
Esteban Echeverría se destacó en el Salón Literario por su prédica cultural, sociológica y política; había regresado de un viaje a París y esta circunstancia le otorgaba gran prestigio ante su auditorio.

Después de cerrado el Salón, convocó a la juventud intelectual para «promover una Asociación de jóvenes que quisieran consagrarse a trabajar por la Patria». Echeverría secundado principalmente por Alberdi y Gutiérrez, organizaron una sociedad secreta, semejante a las que se habían creado en esa época por Europa. Así surgió la Asociación de la Joven Argentina, llamada más tarde —cuando se reconstituyó en Montevideo, en 1846— la Asociación de Mayo.

En la noche del 23 de junio de 1838, se reunieron más de treinta y cinco jóvenes para escuchar a Echeverría, quien leyó el dogma o credo de la nueva asociación, contenido en quince «palabras simbólicas».

Las «palabras simbólicas» eran las siguientes:

  1. Asociación.
  2. Progreso.
  3. Fraternidad.
  4. Igualdad.
  5. Libertad.
  6. Dios centro y periferia de nuestra creencia religiosa: el cristianismo, su ley.
  7. El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social.
  8. Adopción de todas las glorias legítimas, tanto individuales como colectivas de la’revolución; menosprecio de toda reputación usurpada o ilegítima.
  9. Continuación de las tradiciones progresivas de la Revolución de Mayo.
  10. Independencia de las tradiciones retrógradas que nos subordinan al antiguo régimen.
  11. Emancipación del espíritu americano.
  12. Organización de la patria sobre la base democrática.
  13. Confraternidad de principios.
  14. Fusión de todas las doctrinas progresivas en un centro unitario.
  15. Abnegación de las simpatías que puedan ligarnos a las dos grandes facciones que se han disputado el poderío durante la revolución.

El 8 de julio, los asociados prestaron juramento con una fórmula análoga a la empleada por los integrantes de la Joven Europa. La nueva entidad de carácter político no tardó en contar con filiales en el interior del país.

En San Juan ingresaron Domingo Faustino Sarmiento, Dionisio Rodríguez, Antonio Aberastain y otros; en Córdoba lo hicieron Vicente Fidel López, Francisco Alvarez, etc.; en Tucumán, Marco Avellaneda, Brigido Silva en Catamarca, José Cubas, Eufrasio Ouiroga,. etc.

Rosas consideró a los miembros de la asociación como miembros de una logia unitaria y en consecuencia, persiguió a los jóvenes adherentes.

El grupo se disolvió y Echeverría marchó a la campaña de Buenos Aires. Poco después, el último redactó los comentarios a cada una de las palabras simbólicas, escritos que fueron llevados por Alberdi a la vecina orilla y publicados en el periódico «El Iniciador», de Montevideo —1º de enero de 1839— con el título de: Código o declaración de principios que constituyen la creencia social de la República Argentina.


En 1846, encontrándose Echeverría proscripto, hizo publicar nuevamente su trabajo en Montevideo, esta vez en forma de libro y con el título que ha prevalecido: Dogma Socialista de la Asociación de Mayo, precedido de una Ojeada Retrospectiva, que historia, amplía y comenta la obra.

REPERCUSIÓN DE LOS ROMÁNTICOS EN EL ORDEN INSTITUCIONAL
El contenido del Dogma
Aunque en el Dogma Socialista —más correcto sería denominarlo social o sociológico— se nota la influencia de varios pensadores europeos de la época; la gran mayoría de las palabras simbólicas ofrecen soluciones a los problemas argentinos, por medio de una doctrina social y política basada en la democracia y en la libertad.

Las cinco primeras palobras (Asociación, Progreso, Fraternidad, Igualdad y Libertad) son principios que resumen el credo del liberalismo pero unido a una concepción cristiana, tal como figura en el título y comentario de la sexta palabra.

El Código sostiene que el movimiento de Mayo es el eje orientador del país y la democracia facilitará los medios necesarios para el progreso. Manifiesta la necesidad de analizar nuestras propias-instituciones y costumbres; pues es necesario eliminar las ataduras foráneas que no representan la realidad del país. Exige una política de principios y no de caudillismos personales, para lo cual es necesario ilustrar al pueblo a fin de que ejerza su propia soberanía.

A través de su trabajo, Echeverría afirma que la democracia se basa en la igualdad de clases, aunque no es —son sus palabras— «el despotismo absoluto de las masas, ni de la mayoría» sino «el régimen de la razón».
Como las divergencias políticas habían dividido al país en dos facciones irreconciliables —federales y unitarios— el Dogma propicia la reconciliación de todos los argentinos, tarea que debía realizar la juventud.

La última palabra simbólica —comentada por Alberdi— es un alegato en favor de la unidad nacional. Luego de enumerar una larga serie de antecedentes, favorables tanto al sistema unitario como al federal, propone una solución ecléctica, basada en una fórmula mixta de gobierno.
Los conceptos fundamentales del Dogma Socialista pueden sintetizarse en tres palabras: Mayo-Progreso-Democracia.

Repercusión en el orden institucional
Aunque la prédica de Echeverría y de otros románticos no ejerció inmediata influencia en el ámbito político de la época, puede afirmarse que a los pocos años las doctrinas sustentadas por el grupo integrante de la Asociación de Mayo fueron utilizadas para forjar las instituciones argentinas.

Juan Bautista Alberdi redactó las Bases y puntos de partida para la organización política argentina, obra fundamental que orientó a los autores de la Constitución de 1853. En el mencionado trabajo, Alberdi repite en su totalidad el capítulo que había escrito anteriormente para el Dogma, por oso ha sido llamado «el expositor jurídico del ideario de Echeverría».

Después de enumerar antecedentes relativos al federalismo y unitarismo, Alberdi’sostiene la necesidad de crear un gobierno mixto, superior en autoridad al de las provincias, pero manteniendo la autonomía de las últimas, por medio de una unidad federativa.

A través de la ideología de los románticos, los legisladores constituyentes hallaron la solución al problema de la organización institucional del país.

INFLUENCIA DE LOS ACONTECIMIENTOS EUROPEOS DE 1848 Europa en 1848
Al promediar el siglo XIX, Europa se hallaba convulsionada por el recrudecimiento de las doctrinas liberales. El auge del maquinismo y el desarrollo industrial enriquecieron a la clase media o burguesía, pero-provocaron la desocupación de gran número de obreros.

Estos últimos integraron una nueva clase social, la proletaria, que agrupada bajo la doctrina socialista comenzó a luchar para modificar la estructura social imperante y distribuir mejor la riqueza.

Trabajando activamente en sociedades secretas, los liberales coordinaban su acción para derribar a las monarquías absolutas, que se habían consolidado en el poder.

En el Congreso de Viena (abril de 1814 a junio de 1815) los reyes absolutistas destronados durante ía Revolución Francesa y el período napoleónico, impusieron el principio de la «legitimidad», por el cual debían ser repuestos en el mando con todos sus derechos de soberanos.

Por el pacto conocido con el nombre de Santa Alianza (26 de setiembre de 1815) los monarcas dispusieron defender sus prerrogativas e intervenir militarmente en los países afectados por movimientos de carácter liberal o nacionalista.

Ya en el año 1830 se había producido en Francia una revolución liberal contra el intransigente y absolutista monarca Carlos X, quien fue reemplazado en el mando por Luis Felipe I. Este ocupó el trono después de haber jurado observar una Carta Constitucional.

La Revolución Francesa de 1848
Durante el gobierno de Luis Felipe I, la burguesía dominó todos los aspectos de la política francesa. Aunque el monarca respetó el régimen constitucional imperante y en lo exterior adoptó, una actitud pacifista, no tardó en perder el apoyo popular, al mismo tiempo que crecía la oposición contra su gobierno.

A partir del año 1840, confió la política a su ministro Francisco Guizot, quien logró restablecer la autoridad absoluta del monarca.

El régimen burgués imperante no contentó a la inmensa mayoría de la población constituida por obreros y campesinos, quienes en defensa de sus derechos se volcaron en los partidos demócrata y socialista.

La opinión pública exigía una reforma electoral, a fin de que un mayor número de ciudadanos pudiera ejercer el derecho de sufragio, y una reforma parlamentaria, con el objeto de impedir que los funcionarios públicos fueran a la vez representantes de la nación.

Al comenzar el año 1848, el gobierno de Luis Felipe era muy impopular. Los católicos ingresaron en la oposición disgustados por las medidas dispuestas por Guizot —que era protestante— contra la libertad de enseñanza.

Los liberales organizaron |a campaña de los banquetes, pretexto para que sus dirigentes recorrieran el país participando en comidas populares, donde difundían principios republicanos.

La gira debía finalizar en París el día 22 de febrero con un gran acto público. El gobierno prohibió la reunión, pero los republicanos se amotinaron y pidieron a gritos la renuncia de Guizot; al mismo tiempo comenzaron a levantar barricadas. Luis Felipe destituyó a su ministro, pero el movimiento tomó un carácter antimonárquico y, después de dos días de lucha, los revolucionarios se apoderaron del palacio de las Tullerías. El día 24, Luis Felipe abdicó y se dirigió a Inglaterra con su familia.

Fue designado un gobierno provisional republicano —lo formaban siete diputados izquierdistas— que sólo duró dos meses. En ese lapso convocó al pueblo por medio del sufragio universal para designar representantes a una Asamblea Nacional Constituyente.

Este organismo sesionó un año, en cuyo transcurso elaboró la llamada Constitución de 1848, muy similar a la de los Estados Unidos.

La Constitución comenzaba con una «Declaración de los deberes del ciudadano», adoptaba el sufragio universal y secreto y la separación de poderes:

a) Poder Ejecutivo: representado por un Presidente elegido por voto directo, duraría cuatro años en su mandato y sólo sería reelegible después de transcurrido un lapso Igual.

b) Poder Legislativo: correspondió a una asamblea denominada «cuerpo legislativo», cuyos 750 miembros eran elegidos —de acuerdo con el sufragio universal— por tres años.

c) Poder judicial: integrado por tribunales de justicia y que no sufrió mayores variantes con respecto a su anterior organización.

Repercusión del movimiento
La revolución liberal se extendió al imperio Austro-Húngaro. En mayo de 1848, estalló en Viena una insurrección dirigida por elementos democrráticos, el emperador Fernando I debió abdicar en favor de su sobrino Francisco José I , quien aceptó una Constitución liberal.

Simultáneamente se produjeron otros levantamientos en Bohemia y Hungría.. En Italia un sentimiento nacional de reacción contra el absolutismo del dominio autríaco originó nuevas revoluciones.

En el reino de Nápoles, el monarca Fernando II debió otorgar una Constitución y Carlos Alberto; el rey de Cerdeña, promulgó espontáneamente un Estatuto Constitucional.

A pesar de los triunfos mencionados, la revolución liberal de 1848 fracasó en gran parte, pero sus fundamentos democráticos y constitucionales no tardaron en consolidarse definitivamente.

El ideal que agitó los sucesos europeos mencionados se hizo presente en la Argentina a través del movimiento romántico y muchos de sus principios fueron incorporados a la Constitución de 1853.

Fuente Consultada:HISTORIA 5 Instituciones POlíticas y Sociales desde 1810 de José Cosmelli Ibañez Editoria Troquel

Ver: Poesia Romantica y Poesia Gauchesca en Argentina

Historia del Músico de Sarajevo Ejecuta Su Chelo en la Guerra

HISTORIA DEL MÚSICO DE SARAJEVO

ejecuta su chelo en medio de la una guerra

Durante 22 días de guerra, a las 4 de la tarde, Smailovic se ponía su traje de gala, tomaba su chelo y caminaba en medio de la  batalla que se peleaba en torno de él. Colocando una silla de plástico junto al cráter dejado por el proyectil, tocaba en recuerdo de los muertos el Adagio en sol menor de Albinoni.

En 1918 al finalizar la Primera Guerra Mundial, el mapa político de Europa cambió, y el imperio austrohúngaro se desmembró, naciendo: Letonia, Hungría, Checoslovaquia, Austria, Lituania, Estonia, Rumania, Polonia y Yugoslavia.

De esta manera nació la Primera República de Yugoslavia, tratando de integrar a todas las naciones que rodeaban a Serbia, una cuestión bastante complicada por las diferencia de etnia, religiones, culturas, tradiciones, etc.

Se mantuvo bajo un gobierno monárquico (con muchos descontentos) encabezado por el rey Alejandro I, pero cuando en 1941 durante la segunda guerra mundial la zona es ocupada por nazi cae la monarquía y queda bajo el control alemán por poco tiempo.

Al finalizar la guerra, luego del reparto de las potencias ganadoras, estos países quedan bajo la órbita socialista y el mariscal  Josep Tito toma el poder y asume el gobierno hasta su fallecimiento en 1980.

Cuando se pierde esta personalidad que lograba unir a todas esa nacionalidades, nace en cada uno de esos pueblos el sentimiento nacionalista e intentan cada una lograr su independencia, pero Milosevic quien fuera el máximo representante servio inicia una campaña agresiva y bélica sobre las demás naciones que buscaban su libertad política y de esta manera comienza la famosa Guerra de los Balcanes a partir de 1992.

En medio de estos trágicos sucesos de violencia y horror de la guerra, nace nuestra historia de Vedran Smailovic un músico de Sarajevo, que dolido y atormentado decide dar un toque humano a aquel paisaje desolador, con su noble música.

LA HISTORIA DE SMAILOVIC: El 27 de mayo de 1992, una de las pocas panaderías de Sarajevo que aún tenían harina seguía repartiendo pan entre la gente hambrienta y abatida por la guerra.

A las 4 de la tarde había una larga fila en la calle.

De repente,un  proyectil de mortero cayó en pleno centro de la misma y, con una explosión de carne, sangre, huesos y escombros, mató a 22 personas.

No lejos de allí vivía Vedran Smailovic, que hasta antes de la guerra había tocado el chelo en la Ópera de Sarajevo, profesión distinguida a la que anhelaba volver.

Sin embargo, al ver por la ventana aquella carnicería ya no pudo seguir aguantando en silencio tantas atrocidades. Lleno de angustia, decidió dedicarse a lo que mejor hacía: la música; una música pública, audaz, en el campo de batalla.

Todos los días durante los 22 que siguieron, a las 4 de la tarde, Smailovic se ponía su traje de gala, tomaba su chelo y caminaba en medio de la batalla que se peleaba en torno de él.

Colocando una silla de plástico junto al cráter dejado por el proyectil, tocaba en recuerdo de los muertos el Adagio en sol menor de Albinoni, una de las piezas más tristes e inquietantes del repertorio clásico.

Tocó ante las calles desiertas, los autos destrozados y los edificios incendiados, y ante las personas aterradas que se escondían en los sótanos mientras caían las bombas y silbaban las balas.

Entre edificios que volaban en pedazos, con una valentía asombrosa, Smailovic se manifestó así en defensa de la dignidad humana, los muertos de la guerra, la civilización, la compasión y la paz. Aunque los bombardeos persistieron, él salió ileso.

Cuando la prensa recogió la historia de este hombre extraordinario, el compositor inglés David Wilde quedó tan conmovido que también decidió hacer música.

Compuso la obra para chelo solo El chelista de Sarajevo, en la que vertió los sentimientos de indignación, amor y fraternidad que compartía con Vedran Smailovic.

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UN ENCUENTRO Y HOMENAJE EMOTIVO

En la imagen de la izquierda  vemos a Yo-Yo Ma músico chelista, de fama mundial quien ejecutó la obra de Wilde.

Solo, sentado humildemente junto a su instrumento, frente a un numeroso y distinguido público que cada dos años se dan cita en el Festival Internacional de Chelo, en Manchester, Inglaterra.

Luego de su cordial y elegante saludo a la audiencia, inició su ejecución con la calidad que solo los grandes pueden hacerlo, y su música se adueñó de todos los oyentes que parecían ver o vivir los desastres y masacres de esa guerra genocida.

Era un silencio maravilloso y a la vez con un profundo dolor por todas esas víctimas inocentes que perdieron la vida por crueldad de un megalómano. Nadie en la sala se movía, ni hacían el menor ruido durante todo ese tiempo hasta que Yo-Yo Ma se detiene, se apoya como descansando sobre su chelo, mira al público y le indica a alguien del público que se acerque al escenario….cuando se levanta nadie lo podía creer, pues era Vedran Smailovic, con su típico bigote, su larga cabellera, y vestido con una vieja campera de cuero.

Ello se funde en un fuerte abrazo, llorando sin reservas, frente a un público que no paraba de  aplaudir y lagrimear, estupefacto por lo que les tocó presenciar esa noche.

Tenían a su lado, a uno de los mas grande chelista del mundo y un hombre que con su música había desafiado las bombas, un régimen sádico y la muerte.

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EL MÚSICO DE VENEZUELA

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LA MÚSICA PARA DE EVANGELIZAR A LOS GUARANÍES

Tras el fallecimiento, como mártires, de algunos religiosos jesuitas, el Padre Gabriel  encabezará la labor pastoral en solitario acompañado de una Biblia y un oboe, junto a las cataratas del Iguazú, donde los misioneros jesuitas intentan atraer a la fe y la civilización a los indios guaraníes, que vivían en la selva.

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Biografía Goethe Wolfgang Obra Artistica del Romanticismo

Biografía Goethe Wolfgang-Obra Artística
Romanticismo Alemán

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán y una de las figuras señeras de la literatura alemana y se lo recuerda com uno de los más grandes escritores de todos los tiempos. A través del personaje Fausto, su extraordinaria creación, el poeta revela su tormento moral, es decir, el drama del hombre acuciado por una insaciable sed de saber.Goethe no fue sólo un poeta sino un sabio; perfecto conocedor de las ciencias naturales,  de la anatomía,  de la  mineralogía y sobre todo de la botánica, Goethe fue el genio que dio expresión a toda una época.

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Goethe es también el más genuino representante del romanticismo alemán.Escribió poemas, obras teatrales y novelas, entre las que destaca Fausto (primera parte, 1808, segunda, 1832), un drama poético considerado como la mejor adaptación de la leyenda de Fausto, personaje que vende su alma al diablo a cambio de conocimiento y experiencia.

Resumen Biográfico de Wolfeang Goethe. —El genio poético más grande de Alemania y uno de los más grandes del mundo nació en Francfort del Meno el 28 de agosto de 1749 y murió en Weimar el 22 de marzo de 1832. Era de inteligencia precoz, de gran imaginación, de fina sensibilidad y de un depurado sentido de la belleza.

Poseía, además, gran facilidad para las lenguas. Su gran inteligencia y dotes de observación le permitieron adquirir una vasta cultura que abarcaba varias ramas científicas. Pero donde principalmente se manifestó su genio fue en la poesía lírica. Su famosa novela Los sufrimientos del joven Wérther alcanzó gran difusión y originó entre sus muchos lectores un snohismo enfermizo; esta obra apareció en 1774.

En 1787 terminó Ifgenia, en 1788, Egmont y en 1790, Tasso. Después escribió el Dr. Fausto, especie de poema del mundo que contiene el concepto del autor acerca de la existencia y sus problemas y abarca todas las modalidades de la vida del hombre sobre La Tierra. En 1794-1796 publicó su novela Wilheim Meister y en 1797, Hermann y Darothea. En 1808, habiéndose entrevistado con Napoleón en el Congreso de Erfurt, el emperador condecoró a Goethe colocándole sobre el pecho la cruz de la Legión de Honor que él mismo lucía.

En 1811 aparecieron las memorias del gran poeta, y en 1831 la segunda parte del Fausto, inferior en mérito a la primera, pero también notable como obra poética. La producción de Goethe elevó el tono de la literatura alemana, dándole la perfección clásica que aún conserva e imprimió soltura y facilidad de estilo al idioma. Hizo además estudios de botánica y física, y consiguió notables descubrimientos en anatomía.

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En ningún caso puede afirmarse con tanta razón como en el de Goethe que un pensador y poeta se ha elevado a la categoría de símbolo de la cultura nacional de un pueblo. Ningún otro clásico parece ser tan «intocable» como Goethe en Alemania. Ha sido convertido en «ídolo» indiscutible de todos los sectores ideológicos alemanes, lo que significa que todos han llevado el agua a su molino, que la especulación partidaria e interesada en torno a su figura ha alcanzado las cotas máximas. Tanto la derecha como la izquierda; idealistas como materialistas; racionalistas, espiritualistas, vitalistas, voluntaristas, irracionalistas o dialécticos; elitistas o populistas; aristócratas, burgueses liberales o proletarios revolucionarios: todos se han apropiado del «patrimonio Goethe», acomodándolo a su gusto. Los aniversarios del nacimiento o muerte del «clásico máximo» (ni su amigo Schiller, ni el reformador Lutero gozan de una admiración tan generalizada) se celebran en todas partes y constituyen la ocasión de encarnizadas polémicas. Todos proclaman: «¡Goethe es nuestro!»
Todo ello hace pensar que su prestigio tiene raíces reales muy profundas, al sentirse identificados con él los sectores más contrapuestos de todo un conglomerado nacional —y la identificación se produce siempre tanto o más con los defectos como con las cualidades—; hace pensar en una ambigüedad asentada en la complejidad de su figura y su pensamiento, que se mueve en las nieblas situadas entre la utopía y la realidad, entre el ser y el querer ser. Y este fenómeno nos sugiere además que la sociedad alemana no ha logrado todavía liberarse del todo de las contradicciones que condicionaron ya la vida y la obra del genio de Weimar, para poder llegar a la visión distanciada que permita juzgarle con objetiva claridad. Para que un pensador o artista, para que una obra llegue a ser bien «de todos» debe haberse logrado antes que no pueda ser de nadie.

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BIOGRAFÍA: El 28 de agosto de 1749, en la casa de Gaspar Goethe nacía el hijo ansiosamente esperado. La nueva se difundió rápidamente por toda la ciudad de Francfort-del-Meno, donde los Goethe eran conocidos y muy estimados. Gaspar era un jurista de talento, y su esposa Isabel, hija de un ilustre magistrado.

El padre, autoritario, educó a su hijo con gran severidad, tratando de inculcarle el orden y la regularidad, mas Wolfgang siguió las inclinaciones maternas por la poesía y evidenció tempranamente el gusto de escribir.

El pueblo alemán atravesaba entonces por un difícil período; la Guerra de los Siete Años se desarrollaba con toda su violencia, e imprevistas alternativas. Dos anos después de la terminación de esta guerra, Wolfgang fue enviado por su padre a la universidad de Leipzig para estudiar derecho. Esta disciplina no atraía en absoluto al joven estudiante de 16 años, que aprovechó su estada en la gran ciudad sajona para profundizar su cultura clásica.

Comenzó allí a componer sus primeras obras. Luego cayó enfermo, debiendo regresar a Francfort, donde habría de ser cuidado por su madre. Años más tarde, reanudó sus estudios universitarios, no ya en Leipzig sino en Estrasburgo, donde se impregnó del arte gótico, tan ricamente representado en la capital de Alsacia.

Es precisamente en Estrasburgo donde Wolfgang tuvo la dicha de conocer a Hérder, renombrado hombre de letras, quien lo inició en el conocimiento de la obra de Shakespeare y lo atrajo hacia el movimiento revolucionario de la literatura alemana, que, encabezado por Federico Maximiliano Klinger en 1700, se extendió hasta 1787.

En Estrasburgo, donde había realizado sus estudios en 1770, despertó su pasión por el arte, incitada por el entusiasmo de Hérder, renombrado hombre de letras que lo inició en el conocimiento de la obra de Shakespeare y que sentía gran admiración por el estilo gótico, del que la ciudad guarda tan magníficos exponentes. A menudo el joven Goethe era sorprendido en la contemplación de la espléndida catedral, uno de los más bellos monumentos del arte gótico.

Bajo esta influencia, Goethe escribió su primer drama: Gótzvon Berlichingen, que fue muy aplaudido. Al segundo año de su permanencia en Estrasburgo,Wolfgang terminó su doctorado en derecho. En 1772, su padre lo envía como pasante al tribunal de Wetzlar; allí Goethe se consagra al estudio de Homero, de Osíán, de Píndaro, de Shakespeare y de la Biblia.

En esa ciudad conoce a Carlota Buff, de quien se enamora apasionadamente; mas la joven estaba comprometida con otro. Esto trastorna al poeta, y de su desesperación nace su primera obra maestra: Wérther, una novela que, traducida a diversos idiomas, recorrerá Europa, dando a conocer al mundo el nombre de Goethe.

Wérther, una de las más célebres expresiones del romanticismo, es la triste historia de un joven enamorado de una adorable criatura, ya prometida a otro, a quien sin embargo no ama. Luego de la breve alegría que le anima cuando se entera de que su pasión es compartida, Wérther cae presa de la mayor desesperación, la que lo conduce a una decisión irremediable. Esta novela, en parte autobiográfica, recuerda el imposible amor de Goethe por Carlota Buff, comprometida con Juan Cristian Kestner.

Luego Wolfgang se consagra durante el año 1773 al estudio de la obra del filósofo Spinoza, y al esbozo de Mahoma, de Prometeo, de César y de Sócrates; compone numerosas baladas y, por último, en 1774, escribe el drama Clavigo.

En el año 1775 comienza a escribir la primera versión de Fausto y los esbozos para Egmont, hasta el momento en que, buscando alivio al dolor que le causara el rompimiento de su compromiso con Lili Schónemann, viaja a Suiza y, desde lo alto del San Gotardo, descubre la magnificencia de los paisajes italianos.

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En la primavera del año 1775, buscando olvido al gran pesar que le produjera la ruptura de su compromiso con Lili Schonemann, Wolfgang emprende un largo viaje a Suiza. Desde lo alto del monte San Gotardo contempla maravillado el hermoso panorama que le ofrece Italia.

Embelesado, decide descender a la península, cuando recibe del duque Carlos Augusto la apremiante invitación de instalarse en la capital del ducado, que los contemporáneos consideraban la Atenas de Alemania.

En Weimar, donde es objeto de una calurosa acogida y de una profunda admiración, se transforma rápidamente en un luminoso astro que eclipsa a todos los demás.

Goethe llega a amar esta ciudad en la que pasará la mayor parte de su vida; sólo se alejará de ella en contadas ocasiones, para realizar algún viaje; por ejemplo, para escribir La misión teatral de Wilhelm Méister, o terminar Ifigenia en Táuride.

Al segundo año de su estadía en Estrasburgo, Goethe termina sus estudios de derecho y alcanza el doctorado, y entonces su padre lo envía como pasante al tribunal de Wetzlar, y así comienza su actividad en el foro; mas esta profesión no satisfacía las necesidades de su espíritu. Guiado por su inspiración poética y deseoso de consagrarse al estudio de las obras clásicas, acogió con profunda alegría la idea de trabajar en Wetzlar.

Viaja primero a Berlín, ciudad que no responde a sus gustos, y luego a Suiza. A su regreso, encuentra por primera vez a Federico Schiller, diez años menor que él y ya coronado de gloria en virtud del éxito alcanzado por sus obras: La conjuración de Fiesque, y sobre todo por Don Carlos.

Mas su deseo de permanecer un tiempo en esa maravillosa región, de la que sólo ha visto una ínfima parte desde lo alto del San Gotardo, es tan grande, que abandona secretamente Weimar para dirigirse a Roma, «la patria del mundo», según su propia definición. Luego desciende a Napóles y visita Sicilia.

Más tarde vuelve hacia el norte, donde admira entusiasmado los espléndidos monumentos romanos. Finalmente, después de una breve estadía en Florencia y en Milán, regresa a Alemania.

Ha vivido dos maravillosos años que le han hecho olvidar la melancolía de Weimar. Conoció por fin «el país donde florecen los limoneros», como dirá en Wilhelm Méister, obra en cuya composición trabajó alrededor de diez años.

Retornar a la vida de Weimar no es para el escritor una halagüeña perspectiva. Embriagado por las bellezas de Italia, su existencia en la tranquila ciudad alemana le parece de una aplastante monotonía.

Emprende algunos viaje a Venecia primero y finalmente a Francia. Corre el año 1790: la revolución está ya en marcha y los franceses luchan contra las tropas aliadas a lo largo de la frontera, para impedir que el duque de Brunswick llegue a París y sofoque la revuelta popular.

El poeta se reúne en el frente con el duque y junto a él permanece, cuando en Valmy los cañones prusianos son inútilmente lanzados contra los héroes del audaz Kellermann. El 20 de septiembre de 1792, Goethe escribe: «En este lugar y en este día comienza una nueva época para la historia del mundo», palabras que Josué Carducci repetirá casi textualmente en sus admirables versos del Ca ira. Goethe, con asombrosa claridad, había percibido el alcance de ese grandioso movimiento.

El año anterior, el duque le había confiado la dirección del teatro de la corte de Weimar, y Goethe, considerando este nombramiento como algo más que una distinción honorífica, se consagró con ardorosa tenacidad a su tarea.

Sobre el pequeño escenario aparecerán muy pronto su Ifigenia y su Egmont, seguidos algunos años más tarde por La hija natural, drama en el que expresa mejor que en ningún otro sus convicciones políticas.

En el umbral de sus cincuenta años, el poeta conserva aún la frescura lírica de su juventud, como lo prueban el pequeño poema idílico Hermann y Dorotea y la célebre balada de La novia de Corinto, compuestos en aquella época. Pero peligra su vida cuando, el 14 de octubre de 1806, después de la victoria de Tena, los soldados de Napoleón invaden Weimar.

goethe obra el fausto

 Mefistófeles y Fausto cabalgando sobre un tonel, se alejan de la taberna y llegan a la morada de una hechicera que dará a Fausto un filtro capaz de devolverle la juventud. Apare-ce la visión de Margarita, la joven que se enamora de Fausto y que se convertirá en víctima de las maquinaciones de Mefistófeles.

Un grupo de éstos, en completo estado de ebriedad, hace irrupción en su casa para arrebatar cuanto hallan a su paso. Dando prueba de una gran serenidad, su joven compañera, Cristina Vulpius, logra salvarlo. Movido por un sentimiento de profunda gratitud, el poeta casará con ella poco después. Su actividad de escribir continúa. De entre las obras de aquella época, citaremos: Pandora, Las afinidades electivas y Los años de peregrinaje, con las que concluye el ciclo de su Wilhelm Méister.

La pluma que ha tratado todos los géneros literarios, y a la que se debe tantas obras maestras, se deslizó aún sobre las elegías, los epigramas, los proverbios, las páginas autobiográficas, las baladas. Cuando, hacia fines de 18233 el editor Cotta adquiere toda su producción por la suma (elevadísima en esa época) de 100.000 táleros, Goethe le entrega cuarenta volúmenes.

Fausto, conducido por Mefistófeles a las montañas del Harz, piensa en Margarita, a quien ha abandonado sola y desesperada, y a cuyo lado ansia volver. Mas, la desdichada joven, atormentada por el sufrimiento, ha perdido la razón, y antes de morir rechaza a Fausto, invocando la ayuda del Señor.

Mas en 1830, un doloroso suceso quebranta la salud de Goethe; durante uno de sus viajes a Roma, su hijo Augusto muere repentinamente. Abrumado por tan profunda pena, halla aún la fuerza necesaria para concluir el Segundo Fausto, coronando una obra que había comenzado medio siglo antes. En la mañana del 22 de marzo de 1832, enfermo de neumonía, cae presa del delirio. Sonríe, mientras se lo oye murmurar: «Más luz», y se extingue estrechando la mano de su nuera.

Las campanas de Weimar anuncian al mundo la muerte de uno de los más grandes poetas de la humanidad; uno de esos hombres excepcionales, destinados a la inmortalidad.

En la inquieta Alemania, que veía al oeste encenderse la revolución y al este agitarse el mundo eslavo, primitivo aún pero rico en fermentos, Goethe fue el genio que dio expresión a toda una época, resumió las que le habían precedido y proyectó con claridad refulgente su visión del porvenir. Fue un artista incomparable, por la claridad de su espíritu y su asombrosa fecundidad: más de ciento treinta obras escribió el poeta, abarcando los más diversos géneros de las letras.

Objeto de la admiración general, Wolfgang Goethe contó entre sus amigos a los más destacados espíritus de su tiempo, entre ellos: Schiller, Manzoni y el duque de Weimar. Conoció a Napoleón, en quien vio un hombre en la más alta acepción del término. Dotado de brillante inspiración y de una profunda cultura, se distingue aún entre los más nobles representantes de las artes y de las letras.

Elegiaco e irónico, hombre de teatro y novelista, se desenvolvía holgadamente tanto en el puro lirismo como en la crítica; no hay una sola página, en su enorme producción, que no lleve la marca auténtica de su genio. Alejandro Pushkin escribió refiriéndose al Fausto: «Es una grandiosa creación del espíritu, que representa la nueva poesía, así como La litada es el monumento de la antigüedad clásica.»

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II Biografía de Goethe Wolfgang Editorial CODEX
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

El Romanticismo en la Música Compositores y Obras Opera Italiana

CARACTERÍSTICAS DEL ROMANTICISMO EN LA MÚSICA

El XIX fue un siglo de grandes avances científicos que cambiado la visión del mundo y que provocaron un progreso sin precedentes en la historia. También fue un período de gran riqueza artística y cultural, y fue a principio de este siglo cuando en Europa se difundió un movimiento artístico e intelectual conocido como: Romanticismo. El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

COMPOSITORES MUSICA DEL RENACIMIENTO:

1-Ludwig Van Beethoven

2-Franz Schubert 

3-Federico Chopin

4-Richatd Wagner

5-Giuseppe Verdi

El Romanticismo es una reacción contra el predominio de la razón. Por esto presta particular atención al individuo, al hombre; pero no en el sentido humanista propio del Renacimiento, sino en una forma difusa en la que predominan el sentimiento y la emoción.

Se vuelve la vista al pasado, en particular a los tiempos medievales, y se presta una atención desmesurada a la figura del héroe, de los castillos en ruinas, de los atardeceres dulces, de una naturaleza mixtificada, idealizada por escritores y artistas que no la conocían, generalmente, más que a través de producciones literarias o pictóricas. El contacto con la realidad era mínimo, y el predominio de la fantasía enorme, sólo superado por el del sentimiento. (Ampliar sobre este concepto)

LA MÚSICA ROMÁNTICA: Un movimiento que tanta preponderancia daba a la emoción debía traducirse, forzosamente, en la aparición de grandes obras musicales como, en efecto, así fue.

La figura cumbre es la de Luis van Beethoven (1770-1827), que no puede clasificarse propiamente dentro de ningún estilo determinado porque se trata de un genio único, sólo comparable a Bach. Aunque nació en el siglo XVIII, la mayor parte de su labor corresponde al XIX y representa un paso o un estadio entre el Clasicismo y el Romanticismo.

Luis van Beethoven

Luwing van Beethoven (1770-1827)

Los inicios del Romanticismo están marcados por la figura de un músico excepcional: Ludwig Van Beethoven en (1770-1827). Nació en Bonn; fue un hombre interesado por la ciencia y aficionado a la lectura; acogió con entusiasmo las ideas de la Revolución Francesa y mantuvo siempre una actitud de libertad artística. Su exigencia de no servir a nadie ni a otro interés que el de la música, ejerció una influencia fundamental no sólo en los músicos, sino sobre los demás artistas.Su obra comenzó siendo clasicista (Sonata para pian Op 28), pero pronto evolucionó a una expresión más subjetiva (sinfonías Quinta, Sexta, Séptima, marinos de cuerda Op 59). A partir de 1815 y cuando ya estaba aquejado de sordera, escribió sus obras más sublimes y abstractas.

Había nacido en Bonn, pero a los veintidós años se trasladó a Viena, donde fue discípulo de Haydn, que ejerció sobre él gran influencia, patentizada en la Primera Sinfonía, de corte netamente clásico. En la Sonata Patética, escrita en 1799, se manifiesta ya el comienzo de su período romántico. En su fase de creación personal se vio obligado a ampliar la orquesta y a dar a sus obras una dimensión desconocida hasta el momento.

A principios de siglo, Beethoven advirtió que perdía la facultad de oir y llegó un momento en que se encerró en su propio mundo y se convirtió en un ser huraño e insociable, al verse imposibilitado de escuchar las melodías que su espíritu creaba.

Fue un hombre desafortunado en su vida sentimental. No tuvo amores y fue rechazado varias veces. Sin embargo, escribió las deliciosas páginas de Para Elisa y Claro de luna, así como la sonata llamada Appassionata. Su amor a la Naturaleza se muestra en la Sexta Sinfonía, llamada también Pastoral. En 1822 terminó su Misa Solemnis, y en 1824 la Novena Sinfonía, la más grandiosa de todas, que concluye con el canto triunfal de la Oda a la Alegría, basada en un poema de Schiller; cruel paradoja para un hombre a quien la vida le negó la felicidad de una pasión sentimental.

El Romanticismo, que popularizó los famosos «Lieder», se halla representado en Alemania y Austria por insignes figuras como la del vienes Franz Schubert (1797-1828), cuya existencia fue penosa y muy humilde y de quien aún escuchamos con delectación el Ave María, la Serenata, el Quinteto de la trucha, El rey de Thule y otras muchas composiciones, entre las que destaca la Sinfonía en sí menor o Inacabada.

Franz Schubert

Franz Schubert (1797-1828)

Roberto Schumann (1810-1856) era natural de Zwickau (Sajonia); pero, menos sentimental y expansivo que Schubert, su música acusa esta influencia. Fue un gran pianista, y la mayoría de sus obras están escritas para que este instrumento tenga una total preponderancia.

Félix Mendelssohn (1809-1847) era natural de Hambusgo. Fue un músico elegante cuyas composiciones son de una gran claridad y belleza. De entre sus obras destacan: El sueño de una noche de verano, Sinfonía escocesa y La gruta de Fingal, compuestas durante su larga permanencia en la Gran Bretaña. Sus Romanzas sin Palabras son la expresión delicada de un auténtico poeta.

Federico Chopin (1810-1849) era polaco y sintió en su alma toda la tragedia de su tierra mártir. Sus Polonesas revelan un acendrado patriotismo, y sus Nocturnos, Preludios, Baladas e Impromptus nos muestran al hombre de alma exquisita, hipersensible y, al mismo tiempo, al virtuoso intérprete. Son conocidos sus amores con la escritora George Sand, que en cierto momento de su vida encontraron en la Cartuja de Palma de Mallorca el lugar apropiado para manifestarse. La enfermedad del siglo le llevó prematuramente a la tumba.

Federico Chopin

Federico Chopin (1810-1849)

Con Federico Chopin (1810-1849), el piano romántico alcanzó su mayor importancia. Chopin escribió para dicho instrumento prácticamente toda su obra, en la que el lenguaje armónico se hace enormemente rtco y revolucionario.

WAGNER Y BRAHMS. La figura de Ricardo Wagner (1813-1883), exaltada por el nacionalismo alemán, no es comparable a Beethoven, a pesar de la grandiosidad de sus obras. Wagner fue un revolucionario y un pensador, un hombre que quiso fundir la leyenda, la poesía, la acción dramática y la música en un espectáculo total: el drama musical alemán.

Ricardo Wagner músico

Ricardo Wagner (1813-1883)

Con Richard Wagner (1813-1883) la ópera aspira a convertirse en una obra de arte total. Sus características principales serán: basarse en libretos escritos por él mismo (en los que exalta la lengua y la mitología alemanas), subordinar la melodía a la expresividad del texto, enriquecer la orquesta con nuevos timbres, armonías y cromatismo y la creación del leiv motiv (motivo musical que caracteriza a los principales personajes, los anuncia y describe) como idea unitaria de la obra. Además del Buque Fantasma, Tanhauser y Lchengrin, sus óperas más famosas son El anillo de los nibelungos (en cuatro partes), Tristán e Isolda, Los  maestros cantores de Nuremberg y Parsifal.

Para lograrlo, resucitó las viejas leyendas del Oro del Rin, de los Nibelungos, de las Valkirias, etcétera, y les dio forma con una orquestación en que la grandiosidad era el denominador común de los conjuntos que lograba crear.

El Teatro de Bayreuth, inaugurado en 1876, fue y sigue siendo el centro de la ópera wagneriana, y que incluso en la actualidad es lugar de cita de los wagnerianos enfervorizados. De su numerosa producción destacan Parsifal, Lohengrín, Tannhauser, Tristan e Isolda, Los maestros cantores, así como el ciclo legendario de El anillo de los Nibelungos, antes apuntado.

Juan Brahms (1833-1897) fue un hombre sencillo; natural de Hamburgo, habitó en la capital de Austria durante muchos años. Su música no es puramente romántica, sino que en él se da una síntesis de entre esta tendencia y el clasicismo. Escribió numerosas sinfonías y otras obras menores, entre las que destacan varias canciones, como la célebre Buenas noches.

Sería labor interminable citar a todos los grandes músicos del Romanticismo. En Francia destaca Berlioz (1803-1869) y en Hungría Franz Liszt (1811-1886), excelente pianista, autor de numerosos poemas sinfónicos y rapsodias. Franz Liszt es considerado otro gran genio del piano romántico, del que fue además gran virtuoso.

La música rusa empieza a darse a conocer a partir de Miguel Glinka (1804-1857), y más adelante con el grupo llamado «de los cinco»: Balakirev, Borodin, Cui, Musorgsky y Rimski-Korsakov que se inspiró en la tradición musical eslava.

Especialmente conocidas son las siguientes composiciones: El Príncipe Igor y En las estepas del Asia Central, de Borodin; Boris Gudonov y Kovantchina, de Mussorgsky, y Capricho español, Scherezade y La ciudad invisible de Kitege, de Rimski-Korsakov.

Cierra esta sinfonía de músicos rusos uno que, a pesar de conocer el grupo «de los cinco», quiso mantenerse al margen y no cultivó la música propiamente eslava como los anteriores, sino que inició una aproximación a Occidente: Tchaikovsky (1840-1893). Ya no es posible clasificar a éste como romántico, sino como realista. Su obra cumbre es la Sinfonía Patética.

LA ÓPERA ITALIANA. La espectacularidad y fantasía propias del Romanticismo, forzosamente debían influir en un arte tan plástico como la ópera, fusión del teatro y la música.

Los alemanes, que ya habían intentado cultivar dicho género con Haydn, tuvieron en Carlos M. von Weber (1876-1826) un buen representante. La ópera de este compositor que tuvo mayor resonancia fue Der Freischützer, o sea El cazador furtivo, en la que Weber dio rienda suelta a su lirismo.

La gran revolución operística en Alemania se debe a Wagner, como ya hemos dicho, pues él supo aunar el espíritu romántico con el nacionalismo germano cada vez más fuerte.

Pero donde la ópera debía desarrollarse y aleanzar mayor esplendor fue en Italia. La calidad y número de su producción es tan grande que incluso en la actualidad las óperas italianas constituyen el repertorio casi exclusivo de los principales teatros líricos del mundo.

Gioacchino Rossini (1792-1868) fue un hombre que supo vivir. Durante cerca de veinte años trabajó para producir unas cuarenta obras. Luego, dejó de componer y se dispuso a saborear el éxito que le proporcionaron El barbero de Sevilla, que inmortalizó a Fígaro, Semíramis y Guillermo Tell, tema muy grato al espíritu romántico.

Vicenzo Bellini (1802-1835) quien no vivió tantos años como Rossini, también escribió diversas óperas, entre ellas La sonámbula, Norma y Los puritanos.

Gaetano Donizetti (1797-1848) alcanzó en vida un éxito extraordinario con Elixir de amor, Lucia de Lammermoor, La favorita y Don Pasquale.

El coloso de la ópera italiana fue Giuseppe Verdi (1813-1901), cuya producción es considerabilísima y cosecha todavía un éxito indiscutible. Cuando se inauguró el Canal de Suez se le encargó una ópera basada en el tiempo de los faraones y que ensalzara las glorias del antiguo Egipto.

Giuseppe Verdi musico italiano

Giuseppe Verdi (1813-1901)

El otro gran operista fue Giuseppe Verdi (1813-1901). Llenó todo el siglo con su música dramática y nacionalista (Nabuco, I Lombardi), incluso cLaramente política (Rigoletto, El trovador, La Traviata), obras estas en las que alcanza la perfección de su lenguaje. Su riqueza melódica (opuesta al sistema de Wagner) le convierte en uno de los. grandes operistas de todos los tiempos. Sus últimas obras (Aida, Otello y Falstaff) culminan con una obra instrumental, el Réquiem, que compuso al final de su vida.

Entonces escribió Aida, que se estrenó en El Cairo ante la presencia de Napoleón III. Son especialmente famosos los coros de Nabuco, el dramatismo de Otello, las arias de Rigoletto, el vals de La traviata y el humorismo desplegado en Falstaff, por citar sólo los fragmentos más populares de su producción. Verdi, que cuidaba en extremo la parte musical de sus obras, apenas concedía importancia al libreto, que en algunas de sus producciones es francamente inferior a la parte musical.

Durante esta época, Italia abandona casi por completo la música instrumental para dedicarse de lleno a la ópera en la que se mostró maestra indiscutible.

La tase del Romanticismo tardío esta representada por los magníficos Heder de Hugo Wolf (1860-1903) y el sintonismo renovador de Johannes Brahms (1833-1897). También fueron grandes sinfonistas Antón Bruckner (1824-1896) y César Franck (1822-1890).

Por último hay que destacar un movimiento importante que se extiende desde principios hasta finales de siglo: el nacionalismo ruso. Sus músicos más importantes fueron Mihail Glinka (1804-1857), Borodin {1833-1887), Mussorgski (1839-1881) Mily Balakirev (1836-1910) y Rimski-Korsakov (1844-1908).
Relacionado con los anteriores se encuentra el gran compositor Peter Tchaikovski (1840-1893), autor de seis sinfonías, óperas y músicas para ballets.

Otros autores nacionalistas fueron Bedrich Smetana (1824-1884), Antón Dvorak (1841-1904), Edward Grieg (1843-1907), Leos Janacek (1854-1928) v Jean Sibelius (1865-1957).

Ver: Cronologia Compositores de Música Clásica

Ver: El Romanticismo en la Literatura

Ver: Concepto de  Romanticismo

Fuente Consultadas:
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo 8 El Mundo Actual El Romanticismo Contemporáneo
HISTORIA VISUAL DEL ARTE Editoial Larousse El Romanticismo en el Arte
ENCICLOPEDIA UNIVRESAL DE CIENCIAS SOCIALES Editorial Océano
CIVILIZACIONES DE OCCIDNTE Tomo B Jackson J. Spielvogel
HISTORIA UNIVERSAL El Impacto de la Revolución Francesa Editorial Salvat La Fiebre Romántica

El Romanticismo en la Literatura y Arte Características Resumen

ORIGEN Y CARACTERÍSTICAS DEL ROMANTICISMO EN LA LITERATURA

El XIX fue un siglo de grandes avances científicos que cambiado la visión del mundo y que provocaron un progreso sin precedentes en la historia. También fue un período de gran riqueza artística y cultural, y fue a principio de este siglo cuando en Europa se difundió un movimiento artístico e intelectual conocido como: Romanticismo.

El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

GRANDES AUTORES DEL ROMANTICISMO:

1-Víctor Hugo

2-Wolfgang von Goethe

3-Thomas Carlyle

4-Los Hermanos Grimm

5-Alejandro Dumas

El Romanticismo es una reacción contra el predominio de la razón. Por esto presta particular atención al individuo, al hombre; pero no en el sentido humanista propio del Renacimiento, sino en una forma difusa en la que predominan el sentimiento y la emoción.

Se vuelve la vista al pasado, en particular a los tiempos medievales, y se presta una atención desmesurada a la figura del héroe, de los castillos en ruinas, de los atardeceres dulces, de una naturaleza mixtificada, idealizada por escritores y artistas que no la conocían, generalmente, más que a través de producciones literarias o pictóricas.

El contacto con la realidad era mínimo, y el predominio de la fantasía enorme, sólo superado por el del sentimiento.

Los primeros románticos deben situarse a fines del siglo XVIII donde  ya  se estaba formando este nuevo movimiento intelectual para desafiar las ideas de la Ilustración.

Aunque algunos historiadores han sostenido que el romanticismo era más un «estado de ánimo» que un movimiento, revolucionó la pintura, la literatura y la música en la primera mitad del siglo XIX.

Durante la primera mitad del siglo XIX se consolida este movimiento  romanticista caracterizada por el espíritu de rebeldía, la valoración de la naturaleza y la supremacía de la imaginación sobre la razón. Se puso de moda la novela histórica.

La poesía expreso de  sentimientos exaltados. El teatro rompió con las normas clásicas. Entre los escritores románticos destacan el alemán Goethe, los ingleses lord Byron y Walter Scott y el francés Víctor Hugo.

Víctor Hugo

Escritor Romántico Víctor Hugo

Se puede decir que frente a aquel estado racional, que en el siglo XVIII la ilustración había enseñado y difundido como método para llegar a la verdad, nace el romanticismo como un movimiento indomable e impetuoso, exaltando al hombre, a la naturaleza y belleza como manera de expresar ese espíritu de rebeldía , de liberación y autonomía, que acaparó todas las áreas del pensamiento humano y se materializó a través de la creación artística, en la literatura, la música y el arte,  durante medio siglo.

Fue una reacción contra la preferencia de la razón durante la Ilustración en la búsqueda de la verdad.

Si bien los románticos, especialmente los iniciales, de ningún modo menospreciaban la razón, trataban de balancear su uso acentuando la importancia de la intuición, el sentimiento, la emoción y la imaginación como fuentes de conocimiento.

Como lo expresara un romántico alemán: «Fue mi corazón el que me aconsejó hacerlo, y mi corazón no puede equivocarse».

El Romanticismo, fue un movimiento intelectual surgido en Europa a partir de la finalización de las guerras napoleónicas (1815). Se opuso al pensamiento basado en la razón y a la búsqueda de la objetividad en opiniones o juicios. La irracionalidad romántica sostuvo que los grandes pensamientos se originan en el corazón, exaltando así el valor de la sensibilidad individual como modo de interpretar el mundo.

CARACTERÍSTICAS: El romanticismo tuvo su inicio en Alemania, cuando un grupo de poetas alemanes empezó a acentuar la emoción, el sentimiento y la importancia de los sentimientos más íntimos en sus obras.

Un importante modelo romántico fue la trágica figura en Las cuitas del joven Werther, una novela del gran escritor alemán Johan Wolfgang von Goethe (1749-1832), quien rechazó más tarde el romanticismo a favor del clasicismo.

Wolfgang von Goethe

Wolfgang von Goethe

Werther era un personaje romántico que buscaba la libertad para realizarse. Incomprendido y rechazado por la sociedad, seguía creyendo en su propia valía por medio de sus sentimientos más íntimos, pero su profundo amor por una joven que no le amaba lo condujo finalmente a cometer suicidio.

A raíz de Las cuitas del joven Werther, de Goethe, aparecieron numerosas novelas y obras de teatro cuyos argumentos giraban en torno de jóvenes doncellas trágicamente sacadas del curso de sus vidas a temprana edad (veintitrés años era la más común), por enfermedad (comúnmente la tuberculosis, en ese tiempo extendido padecimiento que solía ser mortal), para dolor e infortunio de sus enamorados.

La característica importante del romanticismo era el indivial interés por los rasgos peculiares de cada persona.

El deseo de los románticos de seguir sus más íntimos impulsos los llevaba a rebelarse contra las convenciones de la clase media. El cabello largo, las barbas y la vestimenta escandalosamente anticonvencionales servían para reforzar el individualismo que los jóvenes románticos trataban de expresar.

El sentimiento y el individualismo llegaron juntos con la importancia que los románticos otorgaban a lo heroico.

El héroe romántico era el genio solitario, listo para desafiar al mundo y sacrificar su vida por una gran causa.

Sin embargo, en manos del escritor británico Thomas Carlyle (1795-1881), el héroe romántico no se destruía a sí mismo en protestas ineficaces contra la sociedad, sino que la transformaba.

Thomas Carlyle

Thomas Carlyle (1795-1881)

En sus obras históricas, Carlyle hacía hincapié en que los acontecimientos de la historia eran determinados, en su mayor parte, por las hazañas de tales héroes.

Muchos románticos creían que los estados y las sociedades, como los organismos individuales, evolucionaban a través del tiempo y que cada pueblo tenía un Geist o espíritu que lo hacía único.

Esta perspectiva inspiró a los románticos a estudiar historia, pues veían en ésta una forma de entender cómo una nacionalidad era lo que era.

Esta inclinación histórica se manifestó en muchas formas. En Alemania, los hermanos Grimm recopilaron y publicaron cuentos de hadas locales, como lo hizo Hans Christian Andersen en Dinamarca.

El renacimiento de la arquitectura gótica medieval dejó la campiña europea sembrada de castillos y ciudades seudomedievales pobladas de catedrales, ayuntamientos, edificios parlamentarios y hasta estaciones de ferrocarril en grandioso estilo neogótico.

Los Hermanos Grimm

Los Hermanos Grimm

La literatura también reflejó esta conciencia histórica. Las novelas de Walter Scott (1771-1832) se convirtieron en éxitos europeos de librería en la primera mitad del siglo XIX. Ivanhoe, en la que Scott trató de evocar el choque entre los caballeros sajones y normandos en la Inglterra medieval, se convirtió en una de sus obras más populares.

En el continente, Alejandro Dumas (1802-1870) conquistó igualmente fama por sus evocaciones históricas. La más famosa fue Los tres Mosqueteros, con su vivido retrato de los aventureros arrogantes de la Francia del siglo XVII.

Alejandro Dumas

Alejandro Dumas

«El romanticismo fue estimulado por el casi descubrimiento de la Edad Media a fines del siglo XVIII. Con sorpresa descubrieron que sus antepasados habían construido castillos y catedrales que no tenían nada que envidiar a las obras de los griegos. Parecían querer abandonar la superficie del suelo para lanzarse a lo alto, rompían con todas las leyes y cánones convencionales para conformarse a una inspiración individual, mística y romántica. Por esto el escenario preferido de los románticos son las catedrales y los castillos.»

LA LITERATURA ROMÁNTICA INGLESA Y FRANCESA. George Gordon, más conocido por su título de Lord Byron (1788-1824), es el prototipo del romántico. Viajó mucho, sufrió e hizo sufrir, y su exaltación por la libertad y el idealismo le llevó a marcharse a Grecia para ayudar a los helenos a luchar contra Turquía.

Murió en Missolongui, una aldea que se hizo célebre por las matanzas que en ella realizaron los turcos. Su fama fue extraordinaria en Europa. Su principal poema es Childe Harold y no pudo sustraerse a la atracción del mito hondamente romántico de la figura de Don Juan a la que dedicó un poema.

Otro poeta inglés famoso fue Shelley (1792-1822), autor de la elegía Adonais, escrita en recuerdo de la muerte de Keats (1795-1821), otro poeta inglés que murió tuberculoso en Roma, y autor de un poema titulado Endimion. En cambio, Walter Scott (1771-1832) era hombre creyente y poco amigo de aventuras personales.

Escribió algunas novelas en las que exalta el heroísmo de los escoceses que vivieron en la Edad Media. Muy conocidas son Ivanhoe, Quintín Durward, Rob Roy, etc.

En Francia, una de las primeras figuras del Romanticismo fue Francisco Renato de Chateaubriand (1768-1848), que estuvo en Inglaterra huyendo del dominio de Napoleón, y volvió a Francia cuando se restauró la monarquía. Su principal obra es El Genio del Cristianismo, destinada a combatir la propaganda antirreligiosa de la época.

El movimiento romántico produjo en Francia gran número de figuras: Alfonso de Lamartine (1790-1869), autor de los libros de poesías titulados Meditaciones: Alfredo de Vigny (1797-1863), noble, y hombre muy pesimista, que vivió casi siempre recluido en su castillo.

Escribió, entre otros poemas, Los destinos y El diario de un poeta. De Alfredo de Musset (1810-1857) se recuerda su pasión por la escritora George Sand, y su poema Noches.

La figura más notable de esta época, en Francia, es Víctor Hugo (1802-1885). Hijo de un general de Napoleón consiguió triunfar después de la caída de la Restauración. Se convirtió en una gloria nacional, incluso en vida. Como poeta escribió Orientales, Baladas, Odas, etc., pero es más conocido como novelista; su drama Hernani entusiasmó a los románticos.

Sin embargo, su celebridad se la proporcionaron, entre otras, las novelas Nuestra Señora de París y Los Miserables, ambas muy divulgadas.

Contemporáneo del anterior fue Alejandro Dumas (1803-1870). Era un hombre alto y fuerte, amigo de los placeres, que en su vejez tuvo que ser auxiliado económicamente por su hijo a pesar de haber ganado muchísimo dinero, pues fue autor de 157 novelas entre las que se recuerdan Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo.

También fue autor de varios dramas, entre ellos Enrique III, y Antony. Su hijo, llamado también Alejandro (1824-1895), escribió la conocida novela La dama de las camelias, expresión acabada del gusto romántico.

EL ROMANTICISMO ALEMÁN. Su fundación se debe propiamente a un filósofo más que a un literato, Johann Herder, pero las figuras cumbres fueron Schiller y Goethe.

Juan Cristóbal Federico Schiller (1759-1805) fue un hombre del siglo XVIII, pero su obra merece ser clasificada entre los románticos. Como poeta escribió El canto de la campana, pero se entusiasmó pronto por los temas históricos en los que el héroe o la heroína llenan toda la acción.

Así, escribió las obras dramáticas Los bandidos, Wallenstein, La doncella de Orleans, Guillermo Tell, etc., cuyo solo enunciado demuestran la tendencia del escritor.

Juan Wolfgang Goethe (1749-1832) era un caballero acomodado, hijo de un consejero imperial. El desahogo económico en que vivió le dejó libre de toda preocupación monetaria. Viajó mucho y se enamoró de Italia, en especial de Venecia.

En su joventud fue uno de los componentes del movimiento «Sturm und Drang», citado al hablar del siglo XVIII. Entonces escribió su Goetz von Berlichingen.

Pero su aportación máxima ha sido el Fausto, que consta de once mil versos y explica la leyenda del hombre que vendió su alma al diablo a cambio de eterna juventud. Es un poema filosófico de gran perfección literaria.

Goethe fue un poeta lírico muy notable y al mismo tiempo un científico interesado por los estudios de Óptica y Biología. Se cuenta que, después de publicarse su novela Weriher, en París aumentó de forma considerable el número de suicidas.

En esta obra se relata el amor imposible del joven Werther por Carlota. Al casarse ésta con su prometido, la desesperación de Werther le empujó al suicidio. Su influencia en la juventud de la época fue grandiosa.

EL ROMANTICISMO EN OTROS PAÍSES.
En Italia apareció la novela Los novios, debida a Alejandro Manzoni (1785-1873), historia de dos desdichados prometidos. La tristeza insondable de Silvio Pellico (1788-1854) le llevó a escribir el poema Mis prisiones y la tragedia Francesca de Rimini.

En Polonia, Adán Misckiewicz (1798-1855) compuso un poema en doce cantos titulado Pan Tadeux. En Rusia, el Romanticismo se encarnó en la figura de Alejandro Puschkin (1799-1837), cuya vida terminó en un duelo. Escribió Eugenio Oneguin y Boris Gudonov, entre otras obras. Nicolás Gogol (1809-1852) fue el precursor de la novela realista que en Rusia daría las figuras cumbres de su literatura.

Fue el autor de Taras Bulba y Las almas muertas. En América, el Romanticismo tomó otro aspecto muy distinto del europeo. Merecen recordarse los poetas Hawthorne., Longfellow y Edgard Allan Poe (1809-1849). Este último alcanzó gran fama como novelista especializado en relatos terroríficos que hoy llamaríamos policíacos.

Es el autor de El escarabajo sagrado, Crimen en la calle Morgue, Aventuras de Arturo Gordon Pym, etc. Entre sus poesías destaca El cuervo. El alcoholismo le llevó prematuramente a la sepultura.

EL ROMANTICISMO EN ESPAÑA. Este movimiento literario penetró en la Península Ibérica al regresar los exilados por el absolutismo de Fernando VII, y registra su máxima influencia a partir de 1835.

Las figuras representativas son numerosas y de dispar tendencia, pues en algunas lo romántico no impide la conservación de la tradición, mientras que en otras lleva implícita la idea revolucionaria y, a veces, francamente descreída.

En todos ellos, sin embargo, se da una mezcla de genio y bohemia. Es el tiempo en que la tristeza, el vino, los excesos de la vida y la fácil desesperación llevan en ocasiones al suicidio y, por tanto, a pintar con negras sombras la humana existencia.

En la imposibilidad de citar a todas las figuras destacadas, vamos a nombrar las más importantes.

José de Espronceda (1808-1842) se entregó a la política liberal, se enamoró perdidamente de una mujer llamada Teresa, a quien dedicó su Canto a Teresa, estuvo desterrado en Londres y en París, pero volvió a España donde ejerció algún cargo político.

Es el autor de El diablo mundo, Canción del pirata, Himno al Sol, El canto del cosaco, etc. Sus poesías líricas se consideran como d.e las mejores del romanticismo español.

El sevillano Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870) es el autor de Rimas, poesías generalmente muy cortas, pero muy delicadas, y las conocidas Leyendas, escritas en prosa, que recogen narraciones reales que el escritor transformó a impulsos de su prodigiosa fantasía.

Casi todos los escritores de este período, si bien destacaron en otros géneros son esencialmente poetas, pues la mayoría de obras dramáticas están escritas en verso.

Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862) era un hombre equilibrado y digno. Destacó como dramaturgo en La viuda de Padilla, Aben Humeya y La conjuración de Venecia.

Ángel Saavedra, duque de Rivas (1797-1865), llegó a ministro de la Gobernación a pesar de haber sido en su juventud un gran revolucionario. Como poeta son conocidas Un castellano leal, El moro expósito, El faro de Malta y sus Romances históricos.

Su obra dramática más importante es Don Alvaro o la fuerza del sino, que parece una exaltación de la fatalidad.

Don Alvaro mata al padre de su prometida y, sucesivamente, por hechos que no puede evitar, a sus dos hermanos hasta que por fin aquélla muere a manos de su hermano. La obra termina con el suicidio de Don Alvaro.

Coetánea de la anterior es la famosísima obra titulada Don Juan Tenorio, cuyo argumento no es necesario explicar.

Su autor, José Zorrilla (1817-1893) fue un notable poeta y autor dramático que escribió, además, El zapatero y el Rey, Traidor, inconfeso y mártir, El puñal del godo, etc., todas ellas consideradas, por el propio autor, como tanto o más interesantes que su Tenorio. Sin embargo, la popularidad alcanzada por ésta ha superado la de cualquier otra obra teatral escrita en castellano.

Entre los prosistas románticos ninguno tan típico como Mariano José de Larra (1809-1837). Como hijo de su tiempo, se enamoró de una mujer con la cual el amor era imposible.

Al negarse ésta a prolongar las relaciones, Larra se suicidó. En el momento de darle sepultura, un muchacho se adelantó y recitó con gran emoción una poesía en honor a Larra. De este modo se dio a conocer Zorrilla.

 Mariano José de Larra

Mariano José de Larra (1809-1837)

Larra era un humorista fino y observador. Sus artículos El castellano viejo y Vuelva usted mañana, sátira de costumbres, tienen todavía validez en la actualidad. Escribió la novela El doncel de don Enrique el Doliente, y Maclas, un drama. Su fama también se la merece por sus artículos periodísticos, verdadera disección de la sociedad de su tiempo y de todas las épocas.

Los Amantes de Teruel es un drama debido a la pluma de Juan Eugenio de Hartzenbusch (1806-1880).

Como puede verse por esta somera, exposición de obras y autores, el Romanticismo literario amaba la tristeza, el dolor, la fatalidad, el sentimiento llevado hasta extremos patológicos y la exaltación de figuras en las cuales veía todas las virtudes. No olvidemos que el siglo pasado fue el siglo de la tuberculosis.

Son muchos los artistas que murieron de este mal, que acrecentaban con una vida desordenada y los abusos del alcohol. Entre las mujeres la anemia hacía grandes estragos, y como era admirada la figura delicada, casi inmaterial y espiritualizada, se producían innumerables muertes prematuras de las que muchas veces podía culparse a las corrientes literarias de la época, es decir, a lo que hoy llamaríamos la moda.

PRINCIPALES AUTORES DEL ESTILO ROMÁNTICO

1736-1796    James Macpherson    (I)
1749-1832    Johann W. Goethe    (A)
1757-1827    William Blake    (I)
1759-1805    Friedrich Schiller    (A)
1766-1817    Germaine de Staél    (F)
1767-1845    August W. von Schlegel    (A)
1768-1848    Rene de Chautebriand    (F)
1770-1843    Friedrich F. Hólderlin    (A)
1770-1850    William Wordsworth    (1)
1771-1832    Sir Walter Scott    (I)
1772-1801    Novalis    (A)
1772-1829    Friedrich von Schlegel    (A)
1772-1834    Samuel T. Coleridge    (I)
1773-1853    Johann Ludwig Tieck    (A)
1775-1817    Jane Austen    (I)
1777-1811    Heinrich von Kleist    (A)
1785-1863    jakob Grimrn    (A)
1785-1873    Alessandro Manzoni    (lt)
1786-1859    Wilhelm Grimrn    (A)
1787-1862    Francisco Martínez de la Rosa    (E)
1788-1824    Lord George Gordon Byron    (I)
1790-1869    Alphonse de Lamartine    (F)
1791-1865    Duque de Rivas    (E)
1792-1822    Percy B. Shelley    (I)
1795-1821    john Keats    (I)
1797-1863    Alfred de Vigny    (F)
1798-1837    Giacomo Leopardi    (lt)
1799-1837    Aleksander Pushkin    (R)
1802-1885    Víctor Hugo    (F)
1806-1880    Juan E. Hartzenbusch    (E)
1808-1842    ]osé de Espronceda    (E)
1808-1855    Gérard de Nerval    (F)
1809-1837    Mariano José de Larra    (E)
1809-1852    Nikolai Gogol    (R)
1810-1857    Alfred de Musset    (F)

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EL ROMANTICISMO EN EL ARTE.

El arte romántico en Europa no tuvo la coherencia de la literatura del mismo período. Confrontado a situaciones políticas y culturales muy diferentes, el romanticismo se manifestó en cada país de modos muy diversos.

Más que un movimiento, una corriente: La pintura romántica se desarrolló a lo largo de la primera mitad del siglo XIX en el continente europeo. Apareció en Alemania poco antes de la Revolución Francesa en torno de Goethe y del Círculo de lena, y encontró su apogeo en Francia durante la Restauración, en momentos en que ya había alcanzado solidez en Gran Bretaña.

De esta disparidad cronológica y cultural emergió, sin embargo, una voluntad común, encontrar un lugar de mayor exaltación que el ofrecido a esta generación y producir, sobre todo en Francia, una obra comprometida con la lucha por la libertad de los hombres, de los pueblos y, naturalmente, del arte mismo.

Villet le Duc fue un arquitecto francés tan enamorado del Medioevo que resucitó el estilo gótico, del mismo modo que el Renacimiento había resucitado lo clásico. La arquitectura del siglo XIX sufrió una profunda desorientación. Son rarísimos los edificios que puedan merecer el honor de figurar en una historia del Arte. A fines del mismo, la aparición del cemento y el acero se disponen a dar paso al funcionalismo y a las modernas formas, propias del siglo XIX.

La pintura está influida, naturalmente, por las ideas románticas. Así, David, del cual se habló al citar el Neoclásico, representa un periodo de transición, y lo mismo podría decirse de Ingres (1780-1867), mucho más influenciado por el Romanticismo.

El francés Delacroix (1798-1863) había vivido las luchas apasionadas de las revoluciones del 30 y del 48. Es célebre su Libertad guiando al pueblo, en el cual el contraste de colores y la fuerte luz crean una impresión muy viva.

Millet fue un pintor delicado, monótono, enamorado de la vida aldeana. Gustavo Doré, un notable dibujante, maestro de la luz y de las sombras.

Fue una época poco brillante que hoy nos parece un compás de espera ante el gran movimiento de renovación pictórica que llegó a fines de siglo, impulsado por el Realismo y el Naturalismo.

Una temática literaria: El romanticismo forjó una iconografía propia, basada en la literatura y en el exotismo de las nuevas fuentes de inspiración.

La fascinación que produjeron la Edad Media y lo fantástico en los artistas los llevó a explorar las obras de Dante, Shakespeare, Goethe, Walter Scott, Chateaubriand o Macpherson (autor de una superchería literaria publicada con el seudónimo de Ossian), así como los cuentos populares y las visiones de un Oriente cargado de erotismo.

La pintura histórica, el género más noble de la Academia, fue transformada poi este aporte, y al abordar también temas contemporáneo; borró las fronteras entre los géneros.

A las pintorescas escenas sentimentales de carácter histórico respondieron escenas de género cuyo; formatos y elocuencias erar los de las pinturas históricas Asimismo, el paisaje, alejadc de sus funciones mitológicas experimentó un desarrolle sin precedente: en Alemania, con la pintura simbolista de Caspar David Friedrich; er Gran Bretaña, con John Constable y William Turner, y er Francia, con los miembros de la escuela de Barbizon.

La consolidación de un lenguaje pictórico: Este gran cambio de géneros y motivos no estaría completo si no hubiese inducido una profunda metamorfosis en la concepción y en la función del arte, así como en el papel que desempeñaba el artista. Los nuevos medios pictóricos debían responder a estos nuevos dominios de la representación y a estos nuevos estímulos de la imaginación.

No es menor el mérito de Turner, Goya o Delacroix al haber sabido producir una pintura en la que la pasión de los sentimientos pasaba antes que todo por la reconquista de una gestualidad, el replanteamiento del colorido y la expresión de la intención artística.

Al forjar una práctica fundada en una visión personal, los grandes artistas del romanticismo transformaron el rol del artista. Este se convirtió en un profeta del mundo interior y fue investido de una misión de mediador. Pasó de ser un simple escribano para transformarse en una conciencia que manifestaba en sus obras su compromiso con el mundo, por sobre toda tiranía de una belleza ideal.

Ver: Cronologia Compositores de Música Clásica

Ver: El Romanticismo en la Musica

Ver: Concepto de  Romanticismo

Ver: Poesia Romantica y Poesia Gauchesca en Argentina

Fuente Consultadas:
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo 8 El Mundo Actual El Romanticismo Contemporáneo
HISTORIA VISUAL DEL ARTE Editoial Larousse El Romanticismo en el Arte
ENCICLOPEDIA UNIVRESAL DE CIENCIAS SOCIALES Editorial Océano
CIVILIZACIONES DE OCCIDNTE Tomo B Jackson J. Spielvogel
HISTORIA UNIVERSAL El Impacto de la Revolución Francesa Editorial Salvat La Fiebre Romántica