Sistemas Bismarckianos

Biografía de Erwin Rommel El Mariscal Alemán, Zorro del Desierto

Vida del Mariscal Erwin Rommel-El Afrika Korps

ROMMEL, ERWIN Mariscal alemán (Heidenheim, 1891 – Ulm, 1944). Participó en la Primera Guerra Mundial y, después del triunfo del nacionalsocialismo, formó-parte del Cuartel General del Führer. Intervino en la ocupación de Austria y en la de Polonia y, una vez declarada la Segunda Guerra Mundial, dirigió el avance sobre Francia (1940); posteriormente fue nombrado general en jefe del ejército alemán en África (1941), donde fue derrotado por los británicos. Acusado de estar implicado en una conspiración contra Hitler, se le dio a elegir entre su propio envenenamiento o un consejo de guerra, ante lo que Rommel optó por lo primero.

Mariscal Rommel Erwin

Hijo de un maestro, Erwin Rommel nace el 15 de noviembre de 1891 en la ciudad de Heidenheim. En 1910 se incorpora al 124 Regimiento de Infantería del Württemberg y al año siguiente es admitido en la Escuela de Guerra de Danzig. El 2 de agosto de 1914 parte a la guerra. Dos años después contrae matrimonio. En 1917 entra en combate en Italia, en el frente del Isonzo.

BIOGRAFÍA: Erwin Johannes Rommel nació al mediodía del domingo 15 de noviembre de 1891 en Heidenheim sobre el Brenz, una pequena ciudad alemana de la región de Württemberg, cercana a Ulm. Provenía del corazón de aquella severa Suabia de antiguas tradiciones imperiales, poblada por sólidas familias burguesas y que gozaba de gran renombre por la vitalidad, energía, respetabilidad y sentido del honor de sus hijos.

Era el segundo hijo varón del maestro Erwin Rommel que a su vez era hijo de educadores casados en 1886.Su madre era la  bella Helene, hija de un alto funcionario local, el presidente del gobierno de la región de Württemberg, Karl von Luz.

En 1898, a la edad de siete años lo enviaron a la escuela y en ese mismo año su padre fue designado «Direktor» (presidente) del «Realgymnasium» de Aalen. La familia lo siguió a la nueva sede poco más tarde. En 1913 Herr Rommel muere imprevistamente, luego de una intervención quirúrgica y el hijo de veintidós años, ya convertido en soldado, vivirá traumáticamente esa pérdida.

El solemne padre no era muy querido por sus hijos e incluso los había perturbado con su culto desmesurado de la disciplina; quizás hasta causó alivio su desaparición, pero esto no quita que su personalidad prepotente haya dejado un gran vacío en la vida de Erwin y la de los otros hijos y una serie de interrogantes que se le plantearán durante toda la vida. Su mujer, Helene, le sobrevivirá mucho tiempo muriendo en 1940.

En 1907, a los dieciséis años, Erwin se quiebra el pie derecho mientras cruza saltando un riacho. La intervención del cirujano es eficaz y el joven no quedará afectado por el accidente. En esos años es el predilecto de sus profesores por su gran reflexividad y por la excepcional capacidad que demostraba especialmente en las materias científicas: en matemáticas era brillante. También revela una notable capacidad para los deportes: realiza carreras de bicicletas, es diestro para el tenis y el esquí, con los patines y el remo.

Erwin era un muchacho simpático, con un carácter excelente. No le tenía miedo a nadie. Mientras que los otros chicos escapaban cuando veían a los deshollinadores, con sus caras negras y los cabellos como púas, Erwin se acercaba con aire solemne y tranquilo y estrechaba su mano.

Erwin era distraído y disperso y en la escuela lo caracterizaban como al prototipo del desganado no demostrando en aquella época esa energía física que más tarde le permitiría conducir la extraordinaria aventura en el desierto. Tenía un solo refugio y consuelo: el grandísimo afecto por la familia. El padre era su modelo viviente para forjar su personalidad.

Desde muy joven se dedicó a su gran pasión; la aviación naciente. Junto con su amigo, Keitel se divertía construyendo pequeños modelos de aviones, y a los catorce años el joven Erwin perfeccionó un verdadero planeador con el que rev alizo muchos desafortunados intentos de volar; trasrcurría 1906, año del primer vuelo en Europa.

El 19 de junio Erwin entró en el 124, con el grado de «aspirante» con sede en la ciudad de Weingarten. Es decir que debía prestar servicio en un primer tiempo como simple soldado y luego sería admitido en la Kriegschule, la Escuela de Guerra, que era prácticamente una academia militar. En octubre fue promovido a cabo y a fines de diciembre, a sargento. En marzo de 1911 entró en la Kriegschule de Danzig.

Durante uno de los lujosos bailes de la burguesía local en Danzing,  a Rommel le llamó la atención una bella muchacha que era una de las atracciones de estos bailes, Lucie María Mollin, hija de ün rico propietario terrateniente de Prusia occidental. La familia era de origen italiano y se había establecido en Prusia en el siglo XIII. Lucie estudiaba lenguas en la Universidad de Danzig. Fue atraída por la seriedad y el encanto de Rommel y el estilo oficial con que mostraba su uniforme.Se casaría con ella en 1916.

El 2 de agosto de 1914, el 124 Regimiento partió a la guerra. Los jóvenes alemanes marcharon bajo el fuerte sol de la mañana por las calles de Ulm, cubiertos por una lluvia de flores mientras millares de entusiastas los aplaudían.Durante algunos meses Rommel combatió en Francia en los campos de las grandes matanzas. A las 5 de la mañana del 22 de agosto de 1914 atacó a los franceses en la aldea de Bleid, próxima a Longwy. Estaba patrullando desde hacía 24 horas, sufría una intoxicación, estaba tan cansado y deteriorado que le costaba mantenerse sobre la silla de montar.

Entre la densa niebla alcanza a atisbar un pelotón enemigo en las cercanías de una gran estancia. Utilizando la sorpresa, que será su estrategia genial en toda la campaña del África, Rommel se lanzó con sólo tres hombres contra el enemigo y los tomó prisioneros a todos: una pequeña acción, reveladora sin embargo, de su gran talento y de su propensión a la iniciativa.

El 24 de setiembre de 1914 fue herido en Varennes por el rebote de una bala de fusil en el muslo izquierdo. Se había lanzado al ataque solo, contra tres soldados franceses, y por añadidura con el fusil descargado. Le otorgaron la Cruz de Hierro de segunda clase. Después de permanecer en el hospital, el 13 de enero de 1915 retornó al regimiento. En los bosques de las Argonas se estaba desarrollando el calvario de la guerra de trincheras.

Tras lograr varias condecoraciones por el valor demostrado durante la I Guerra Mundial, trabajó como profesor en diversas academias militares de Potsdam. Por esta etapa conoció a Hitler, con quien mantuvo interesantes reuniones , gozando y discutiendo nuevas ideas sobre la guerra y la milicia.

El 10 de octubre de 1933 asciende a Mayor y le confían el comando del 3o Batallón y el 17 Regimiento de Infantería. Era un batallón de Jaeger, cazadores, es decir las tropas alpinas más especializadas. Todos los hombres tenían que ser deportistas y expertos esquiadores. El cuartel general estaba en Goslar en el que  Rommel pasó los dos años más felices de su vida: alejado de las complicaciones de la política, un poco cansado de la carrera y ya abandonándose al reposo de un trabajo, que notoriamente estaba por debajo de sus aptitudes, feliz en compañía de su mujer y su hijito, en un escenario natural exultante.

Sabía que no estaba aprovechando sus posibilidades al máximo pero le producía placer ser considerado un valiente oficial y gozaba del prestigio que lo rodeaba. «Rommel tiene una cabeza que supera a todos» decían sus superiores. Y su batallón había comenzado a ser llamado simplemente «batallón Rommel».

Fue en 1934, a los cuarenta y dos años, que Rommel vio por primera vez al hombre que determinaría su destino en todo sentido, Adolf Hitler. Este había sido nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933 en una jornada que concluyó con una fantástica marcha de los Camisas Pardas, con antorchas a lo largo de la avenida Unter der Linden. A Hitler le había bastado un año para hacer sentir el peso de su poder. Había saneado la economía con audaces reformas y emparchado el maltrecho orgullo nacional. En particular prometió a los militares grandes cosas, asegurándoles que su ejército conocería un nuevo esplendor y que él, el Fuhrer, convertiría a los soldados del Reich en protagonistas de una espectacular expansión hacia el Este.

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Rommel, como todo buen soldado alemán tradicional, tendía a reconocerse apolítico y expresaba el sentido común del hombre de la calle al decir que odiaba a los tribunos de los comicios y a los tiburones de la industria y el comercio que habían arruinado a Alemania. Rendía un rígido culto a la disciplina pero no era un autoritario, sus pocas ideas políticas tenían un tímido acento democrático. Le simpatizaban los socialistas porque habían execrado a los estados mayores y su infame carrera hacia la matanza.

En septiembre de 1939 fue ascendido a general de brigada y recibió el mando de la guardia personal de Hitler, para luego pasar a dirigir la 7º División Panzer, teniendo una importante y positiva misión en la carrera hacia el mar cruzando Francia.  Rompió el frente del Somme entre Abbeville y Amiens. Rommel se destacó enseguida por su capacidad de mando desde el frente y la velocidad de sus avances.

A fines de 1940, tropas italianas acantonadas en su colonia de Libia, invadieron el protectorado inglés de Egipto para cortar el canal de Suez, vital ruta de abastecimiento de combustibles para los aliados, pero fueron rechazados. A principios de 1941, Alemania necesitó comprometer tropas en este frente: el Afrika Korps, al mando del general Rommel, sostuvo una guerra de vehículos blindados en el desierto, enfrentando a los ejércitos del mariscal inglés Montgomery.

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 El «zorro del desierto» apodo con que lo bautizaron sus enemigos, identificando su habilidad de mando y astucia para combinar armas, soldados y emboscadas. Rommel llegó a Trípoli y se encontró un panorama desolador, pues las fuerzas italianas estaban totalmente desmoralizadas, por lo que decidió desobedecer las órdenes recibidas y pasar al ataque inmediatamente, con las escasas unidades de que disponía. 

A los 50 años, fue ascendido al grado de mariscal de campo, el más joven del ejército alemán.Rommel en Africa debió utilizar muy racionalmente sus recursos de suministros y materiales militares, pues le llegaban muy esporádicamente, frente a un enemigo muy superior en número. En sus avances fue solo detenido por la superioridad del ejército británico, en la famosa batalla El Alamein. Llevó a cabo un modelo de retirada bajo presión, hasta Túnez, donde se hizo fuerte.

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Tras varias campañas con éxitos de ambas partes, y con la intervención de los norteamericanos, entrados francamente en guerra, los ingleses alcanzaron en El Alamein (octubre de 1942) una victoria decisiva. En noviembre, una expedición norteamericana desembarcó en Marruecos y Argelia, y avanzó hacia Túnez. Encerrados allí los italoalemanes debieron rendirse. Las unidades aliadas acorazadas tenían una enorme  superioridad a finales de 1942. Aqui arriba vemos una columna ole tanques Crusader se dirige a frente, seguida por los nuevos Sheraian.

En realidad los alemanes habían perdido la batalla logística hacía meses. En las semanas previas al ataque, las fuerzas del Eje no habían recibido ni un solo petrolero y la munición de artillería era escasísima. La mala alimentación y peor higiene causó estragos en las tropas del Eje. La disentería y la hepatitis eran muy frecuentes, siendo el propio Rommel víctima de ellas. El «zorro del desierto», en grave estado, fue evacuado a Alemania y su puesto ocupado por el general Stumme, mientras que von Thoma se hacía cargo del Afrika Korps. El 25, aún convaleciente, Rommel, ante la insistencia de Hitler, volvió a tomar el mando.

Tras ser derrotado por el teniente general británico Bernard Montgomery en 1942, Hitler le encargó defender las playas de Normandía (en el norte de Francia) ante la invasión aliada que habían previsto. En 1943 volvió a Alemania. Tras varios destinos pasajeros, fue nombrado jefe del Grupo de Ejércitos B. en Francia, bajo el mando de von Runstedt. Se dedicó con ahínco a reforzar las defensas costeras, pues era consciente de que, dado el dominio del aire por parte de los aliados, la batalla venidera se ganaría en las playas.

Resultó herido por un ataque aéreo el 17 de julio de 1944 y no pudo tomar parte activa en el complot del 20 de julio para asesinar a Hitler, aunque era muy consciente de que la guerra estaba perdida y apoyaba la eliminación del Führer. Dada su popularidad, se le dio la opción de suicidarse para evitar el escándalo y salvaguardar a su familia, cosa que hizo, tomando veneno, el 14 de octubre. Oficialmente se declaró que había muerto a causa de sus heridas y fue enterrado como un héroe.

Fuente Consultada:
Gran Enciclopedia Espasa Calpe Tomo 34 Editorial Clarín
Rommel Erwin por Guido Gerosa
Enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial Tomo 12 De Tobruk a Túnez

Origen del Conflicto entre Inglaterra e Irlanda La Religión

Historia y Origen del Conflicto
Entre Inglaterra e Irlanda

Los actuales problemas de Irlanda tienen su raíz en la discriminación social. El enfrentamiento entre las dos comunidades, la católica y la protestante, separó al país en dos partidos. Al triunfar los segundos en el aspecto político, los católicos se vieron en una situación precaria, hasta el punto de que no han tenido derecho al voto hasta hace muy poco tiempo.

La lucha por unos derechos civiles iguales a los del resto de los ciudadanos británicos ha desencadenado una situación que, además del religioso, presenta un carácter político-social, producto de los tiempos actuales. Estudiando la evolución histórica del país, se comprenderán mejor los problemas actuales.

El Imperio angevino o de la Casa de Anjou
Cuando hace 800 años Inglaterra fijó sus ojos en la tentadora Irlanda, comenzaron a establecerse amargas relaciones entre ambos países. Inglaterra, unida interiormente y con un imperio más allá de los mares, luchó durante siglos para obtener con razón el nombre de Islas Británicas y su único medio era dominar Irlanda. El tiempo ha demostrado su fracaso.

Los primitivos gobernantes ingleses tuvieron poco interés en aquellas tierras salvajes.

Los romanos, aunque se sintieron tentados por la conquista, no pasaron de pensar en la posibilidad de añadir Irlanda a su imperio y se contentaron con dominar los campos ingleses.

La desgracia de Irlanda es que nunca obtuvo grandes ventajas de las civilizaciones que la invadieron.

Durante la oscura Edad Media, su única luz provino de San Patricio, que le trajo la cultura y la religión cristianas. Más tarde, igual que Inglaterra, sufrió la barbarie de las invasiones nórdicas, pero ganó muy poco con su presencia, como no sea los puertos, de los que destacaba Dublín.

La invasión normanda de 1066, que tanto favoreció el desarrollo futuro de Inglaterra, no hizo ningún bien a Irlanda. Los adelantos que trajeron a Inglaterra los gobernantes normandos procedentes de la civilización que dejaban atrás, tales como un gobierno central, la unidad y un poder militar, le fueron negados durante siglos.

Cuando, por fin, los reyes normandos, bajo Enrique II, empezaron a extender el imperio angevino, se comprendieron las ventajas de tener dominada a Irlanda. Pero la conquista no iba a ser fácil ni completa.

En 1166, la caótica política interna de una Irlanda dividida iba a dar su oportunidad a Enrique II; temeroso de que sus propios representantes en el país se hicieran demasiado poderosos, intervino personalmente en la situación y se hizo reconocer como señor por la Iglesia irlandesa y por los atemorizados jefes del país.

Así Irlanda formó parte del imperio angevino; el feudo irlandés creado por Enrique duró cuatro siglos.

Atraídos por la explotación de aquellas tierras casi vírgenes, los señores anglonormandos se introdujeron en el interior de la isla. Pero no fue la suya una conquista como la de los normandos en Inglaterra un siglo antes.

Se estableció una sociedad semi-feudal y un sistema jurídico, pero la conquista no aprovechó mucho a los reyes ingleses. No se pudo establecer un gobierno central y permanecieron vigentes todas las características de la vieja Irlanda. Surgió un elemento nuevo de esta situación: la aristocracia angloirlandesa, que, profundamente celosa de sus derechos y formada por señores anglonormandos, se apoderó de todas las tierras.

El rey inglés descuidó sus deberes para con Irlanda. Juan Sin Tierra, en su primera visita a los irlandeses, demostró por varios hechos imprudentes que su madurez como gobernante no había sido alcanzada, aunque varios años después, en su segunda visita, en 1210, consiguió que la autoridad real fuera aceptada y que el gobierno, centrado en Dublín, cobrara nueva eficacia. Para la permanente vergüenza de Inglaterra, hasta la visita de Ricardo II en 1394, ningún otro rey inglés puso los pies en tierra irlandesa.

Durante el reinado de Eduardo I hubo un período  de paz que permitió a Irlanda el desarrollo del comercio propio y la adaptación al nuevo sistema de «condados» importado de la metrópoli.

Pero después de esta centuria de calma relativa, una invasión escocesa destruyó todas las esperanzas del país. 6.000 escoceses a las órdenes de Eduardo Bruce, ansioso de perturbar a los ingleses aún más después de algunas victorias obtenidas sobre ellos, se lanzaron sobre la isla en una guerra destructiva y salvaje.

Este Eduardo fue proclamado rey de Irlanda, pero lo mataron en el año 1318. Como resultado, los recursos del país se agotaron, el progreso fue detenido y el control inglés se redujo a una estrecha faja costera en los alrededores de Dublín.

La isla quedó otra vez abandonada a los pillajes de los señores feudales y con el estallido de la Guerra de los Cien Años Inglaterra derivó su atención por completo hacia Francia.

La ley de Poynings
En el siglo XIV preocupaba a Inglaterra que su zona de influencia en Irlanda no se pudiera mantener ni extender. Los ingleses sostenían que eran los dueños de todo el país, pero la verdad era que el Pale consistía en un pequeño foco de civilización en medio de una tierra primitiva y salvaje.

Cuando los esfuerzos de Ricardo II por extender su dominio en la isla fracasaron, Irlanda se vio libre para seguir su propio camino.

Poco atractiva, inhospitalaria y arrinconada en un extremo de Europa, Irlanda se vio aislada de la vida del continente, oculta por Inglaterra. Mientras que esta última nación pasaba de la Edad Media al mundo moderno, la isla quedaba abandonada, sus recursos sin explotar y su pueblo dominado. Pero, por su posición, iba a ser crucial en la defensa estratégica de Inglaterra.

Era casi un cuchillo clavado en la espalda de Gran Bretaña.

El gobierno de los Tudor significó poco para Irlanda, pero cuando Inglaterra se convirtió en una de las potencias europeas, los problemas internos de la isla pidieron una pronta solución.

Enrique VII toleró un gran terreno independiente en el corazón de Irlanda, hasta que su creador se permitió la coronación de un rey como «Eduardo VI», que fue rápidamente eliminado. Enrique trató de gobernar el país por medio de un diputado inglés, apoyado por un ejército formado sólo por ingleses.

Después de varias luchas se procedió a la publicación de un estatuto llamado «ley Poynings» (nombre del diputado inglés), que, aprobado en 1494, ha permanecido en vigor hasta el siglo XIX.

Este estatuto fue desvirtuado en favor de los ingleses y por él se establecía que no se podía abrir un parlamento en Irlanda hasta que el Rey y su consejo lo hubieran autorizado con su sello. Con esta ley los ingleses han podido controlar durante siglos los trabajos de la constitución irlandesa.

enrique viii rey de inglaterraEn 1534 cambió el aspecto de la historia de Irlanda. A partir de este momento, la metrópoli organizó un verdadero plan de reconquista. Enrique VIII se hizo llamar rey de Irlanda y al final del reinado de Isabel I casi toda la isla se hallaba bajo régimen militar.

A pesar del sistema represivo usado por los Tudor, en esa época es cuando Irlanda llegó a ser una verdadera amenaza para los ingleses.

Cuando Inglaterra, le volvió la espalda a Roma durante la Reforma, los irlandeses prefirieron permanecer dentro de la religión católica. Isabel I tuvo que tener ejércitos dispuestos continuamente en el campo de batalla para aplastar la aparición de constantes rebeliones irlandesas.

La matanza de Drogheda
Los monarcas de la casa Tudor, ansiosos de acabar para siempre con el problema, intentaron colonizar las turbulentas tierras.

Las protestas de los irlandeses fueron en vano y cuando Jacobo I fue aceptado como rey, grandes terrenos habían sido expropiados de sus poseedores irlandeses y entregados a los escoceses o a los ingleses.

Siguiendo la misma política, los seis condados del Ulster, en el norte, se entregaron a los colonizadores extranjeros en 1608. Como es natural, estos nuevos señores eran protestantes, y así empezó el conflicto entre las dos religiones, que todavía no se ha resuelto.

cronwellOliverio Cromwell fomentó aún más tan amarga realidad. Carlos I, para proteger su tambaleante trono, creó en Irlanda un ejército de reserva, que en la década de 1640 se rebeló en apoyo de su hijo, el príncipe Carlos. Oliverio Cromwell, principal apoyo del Parlamento inglés, fue a Irlanda en 1649 y derrotó al ejército realista en una cruel campaña.

La guarnición de Drogheda fue pasada por las armas, así como 1.500 ciudadanos y todos los sacerdotes del condado de Wexford. Al final de aquel año, toda la costa de la isla estaba en poder de Cromwell.

Irlanda nunca olvidó aquellos amargos días y a partir de entonces sólo una pequeña zona del oeste del río Shannon siguió en poder de los señores irlandeses.

A pesar de ello, todos los monarcas ingleses tuvieron que dedicarse a la reconquista de Irlanda.

Tras cada acción de guerra, se dictaban nuevas leyes que entregaban la tierra  a  los  protestantes  o  que  restringían la vida particular de los irlandeses para evitar que ganaran poder o influencia.

El Parlamento inglés trataba a la nación como enemiga y hasta 1793 no se les concedió derecho al voto a los católicos, ni podían tomar asiento en sus propias Cortes.

El comercio, la industria y la agricultura estaban tan atrasadas que el país se hallaba sumido en la pobreza.

Como el predicamento de los protestantes aumentaba sin cesar, la Unión de Irlandeses, imitando la revolución francesa, se levantó contra la metrópoli y pidió ayuda a Francia. Los franceses no pudieron desembarcar por culpa de una tormenta y la rebelión fue aplastada por Inglaterra.

En 1800 se aprobó el Acta de Unión igualando los derechos de ambas comunidades, pero Jorge III la echó por tierra, obligando a William Pitt el Joven a anular la promesa de emancipación.

Los irlandeses tuvieron que esperar hasta 1829 para obtenerla; pero; como es natural, ni la igualdad de derechos ni la emancipación extirparon la pobreza, que siguió haciende estragos en el país.

En 1846, el hambre causada por la destrucción de las cosecha? mató a más de un millón de habitantes Entonces empezaron las emigraciones a América.

william pitt

William Pitt el Joven, obligado por Jorge III a anular la promesa de emancipación que se hizo a los católicos para aplacar la rebelión   irlandesa   de   1798.

Los emigrantes influyeron de tal manera, que Gladstone, en 1868, permitió una mayor libertad religiosa y bajó los impuestos sobre las tierras. Intentó también conseguir para los irlandeses un gobierno nacional, pero le fue imposible. El partido liberal inglés, durante la Primera Guerra Mundial, siguió intentando la autodeterminación, encontrándose siempre con la oposición de los conservadores y en el año 1916 hubo nuevos mártires de sangre irlandesa.

Por fin, en 1921, aprovechando el cansancio de Inglaterra después de la guerra, se estableció el Estado libre de Irlanda, aunque el Ulster seguía fiel a la metrópoli por su carácter protestante.

Así está el conflicto actualmente. Irlanda, escindida espiritual y políticamente, lucha por su unión y por su independencia definitivas como desde hace 850 años.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  Pasado y Presente del Hombre  –  Tomo I –  Editorial Plancton

Ver:Breve Historia de Irlanda

Historia de Osaka en Japón Vida y Costumbres de su Habitantes

OSAKA EN LA ANTIGUEDAD
HISTORIA PARA TURISTAS CURIOSOS

En el siglo XVII, Osaka era una de las ciudades más ricas y populosas del Japón y centro del floreciente comercio del país. Sus ciudadanos se enorgullecían de sus recién construidos teatros, puentes y canales, almacenes y lujosas mansiones. Allí acudían los jóvenes del país en busca de fortuna y aventuras. Osaka era para todos como un poderoso imán.

Una ciudad flotante
Osaka no era una ciudad sin alegría e industriosa donde la gente fuese sencillamente a trabajar; más bien era un lugar hedonista y despreocupado. Formaba parte del «mundo flotante» (ukiyo), denominación genérica de la cultura de la época, exuberante y ansiosa de placer, que inspiró las «pinturas del mundo flotante» (ukiyo-e), los «relatos flotantes» (ukiyo-zoshi) y la picante y desenfrenada murmuración o «conversación flotante». Todos los ciudadanos de Osaka, ricos comerciantes, artistas, artesanos, petimetres, cortesanos, prestamistas, contables, tenderos, fabricantes, animadores y propietarios de casas de té, parecían disfrutar de suficiente tiempo y dinero para gozar de la vida.

Algunas tiendas vendían únicamente bandejas, bargueños y cajas para adornos del cabello, confeccionadas con azabache y laca de oro. Otras se especializaban en cerámica: la delicada porcelana vidriada de superficie finamente agrietada de la provincia de Satsuma, las suaves tazas y teteras color verde manzana para la misteriosa ceremonia del té, o esbeltos floreros de un profundo azul translúcido o marrón bruñido.

Los fabricantes de pipas y los estanqueros monopolizaban una calle entera. Tanto los hombres como las mujeres fumaban en pipa. Eran unos instrumentos pequeños y graciosos, con un largo tallo de bambú y una diminuta cazoleta metálica.

Los fabricantes de pipas desplegaban un gran ingenio; las adornaban con un tejón sonriendo con las manos en el lomo, un dios del trueno inflando los carrillos, o un mono columpiándose de una rama. El fumador llevaba su provisión de tabaco en saquitos bordados de cuero o de brocado, sujetos a la banda del kimono por un fiador en un cordón de seda.

Otro accesorio indispensable para salir por la ciudad era el abanico, que no sólo refrescaba en los días calurosos sino que también, según se decía, «atraía la suerte y ahuyentaba el mal».

Algunas de las tiendas más animadas de las calles principales vendían las populares ukiyo-e, «pinturas del mundo flotante», impresas con bloques de madera en papel tosco de arroz hecho a mano. Estos grabados representaban todo lo alegre, excitante o tópico, melancólico o fantástico que el artista pudiese imaginar.

Los mártires japoneses
Todos los productos delicados y lujosos de Japón fluían a Osaka y a las otras dos grandes ciudades del país: Yedo (Tokyo) y Kyoto. Yedo era la capital administrativa, desde la cual gobernaban Japón con indis-cutida autoridad los shogun (generalísimos) del poderoso clan de Tokugawa. La ciudad era un centro de intriga donde los clanes de samurais leales al shogun estaban prestos a defender su gobierno. Kyoto era la ciudad real, sede del casi impotente emperador y su corte. Quedó como refugio tradicional de todo lo que era aristocrático y elegante, pero anticuado.

Una ciudad trasnochada, pues, poco atrayente para los nuevos ricos mercaderes del Japón, que acudían a Osaka a divertirse. Ningún barco mercante europeo anclaba en la bahía de Osaka para cargar sus sedas, pinturas y porcelanas. Tampoco navegaban por allí las embarcaciones de altura japonesas. Sólo los pesados juncos costeros transportaban arroz y saké (bebida alcohóloica) a los puertos locales y recibían a cambio arenques secos y algas del norte, o muñecas regionales y cestas de hierba trenzada del sur.

A partir de 1636 se promulgaron varios decretos aislando el país del resto del mundo conocido. Se prohibió bajo pena de muerte abandonar el país a todos los japoneses, y los que residían en el extranjero fueron condenados a un exilio permanente. Se expulsó a todos los extranjeros, salvo unos pocos comerciantes chinos y holandeses que. bajo severas restricciones, pudieron quedarse en un islote costero de la bahía de Nagasaki.

Esta ruptura de relaciones del Japón con los europeos duró tres siglos. Se interrumpieron así unas relaciones que habían comenzado casi un siglo antes, en 1542, cuando que tres navegantes portugueses, desviados de su rumbo, alcanzaron Japón en un junco. Los emprendedores comerciantes lusitanos, ya establecidos en Macao, siguieron a sus compatriotas y formaron colonias comerciales.

Detrás llegaron no sólo los comerciantes españoles, holandeses e ingleses, sino también numerosos misioneros dispuestos a convertir a los subditos del shogun al cristianismo. Los jesuítas, entre los que destacó la incansable labor evangelizadora de san Francisco Javier, realizaron el mayor número de conversiones, y el shogun comenzó a sospechar que su influencia religiosa era un reto a su propia autoridad y atentaba contra la recién lograda unidad del Japón.

Como primera medida, el shogun prohibió la predicación del cristianismo. Después, ejecutó a muchos misioneros y japoneses conversos. Finalmente fueron expulsados del país todos los «bárbaros de cabello rojo», como denominaban los nativos a los europeos, salvo unos pocos comerciantes holandeses encerrados en Nagasaki.

El shogun les permitió quedarse para disponer de una «ventana» secreta al mundo exterior. Algunos letrados de confianza podían comunicarse con estos holandeses. Por lo demás, el Japón había cerrado sus puertas a las ideas de otros países.

osaka en japon

El placer exuberante de vivir en Osaka se revela en este vendedor de juguetitos de papel y su posible cliente de «pelo de estopa», bailando juntos alegremente.

Los poetas haiku
Parece que los años más brillantes y gloriosos de este período de aislamiento fueron los comprendidos entre 1680 y 1740. Las artes y oficios florecieron. Los ciudadanos de Osaka comenzaron a estudiar disciplinas tan esotéricas y tradicionalmente aristocráticas como la ceremonia del té, la caligrafía o la filosofía china.

Aprendieron a gozar de las sutiles armonías del teatro no, de la misteriosa música de corte y de la poesía haiku, una forma nueva y en boga de verso libre encadenado de diecisiete sílabas. Entre los que utilizaron dicha versificación descuella el poeta peregrino, Matsuo Basho, que nació en 1644. A menudo, los poetas haiku celebraban las bellezas fugaces de la naturaleza en un modo original y cuidadosamente observado.

Por ejemplo.
Abandonando la casa de un amigo
Sale la abeja
De lo más hondo de los pistilos de la peonía
¡Oh, tan a su pesar!
En algunas ocasiones, los sentimientos personales del poeta crean la poesía:
La frescura.
¡Qué frescor se siente
Al descansar al mediodía,
Al tener una pared bajo mis talones!

Estas dos poesías se deben a Basho y dan
alguna ligera indicación del estilo ligero, desapasionado y, algunas veces, melancólico de la poesía haiku.
Un género- literario mucho más accesible lo constituían los ukiyo-zoshi, los relatos cómicos, vigorosos y libertinos, acerca de las gentes de las tres grandes ciudades del Japón. Ihara Saikaku, famoso autor de estos cuentos, pasó gran parte de su vida en Osaka y describió con abundancia de ingeniosos detalles la vida cotidiana que le rodeaba. Sus personajes pasaban el tiempo generalmente en busca de amores, placeres y dinero.

osaka en la antiguedad

El teatro:A todos los habitantes les gustaba el teatro. Acudían a ver a los famosos onnagata, actores entrenados desde la niñez para representar a la perfección los papeles femeninos.

El joruki y el kabuki
Había dos clases de teatro a las que asistían todos los habitantes: el joruki (teatro de marionetas) y el kabuki. Osaka alcanzó especial renombre por su teatro de marionetas. Los «actores» medían dos tercios de la estatura normal y estaban fabricados con mucho detalle, bellamente ataviados y maquillados.

A menudo, para actuar las marionetas necesitaban de los servicios de tres personas: un titiritero y dos ayudantes. Estos dos las manejaban con tanta habilidad que cada miembro se movía por separado. Los títeres gesticulaban con manos y pies, e incluso movían los ojos y alzaban las cejas. Posaban con coquetería, libraban feroces duelos y y «hablaban» en tonos agudos y melódicos, emitidos por los titiriteos.

Chikamatsu Monzaemon, el más famoso dramaturgo japonés, dedicó parte de su ilustre carrera como escritor a un teatro de marionetas de Osaka, y muchas de sus mejores piezas tienen como tema los dramas domésticos de los tenderos y sus familias en la ciudad.

El kabuki era una mezcla apasionante y vigorosa de danza y espectáculo, música y mimo, parodia y tragedia. Comenzó a rivalizar con el teatro de marionetas y finalmente lo deshancó. Muchas de las obras de Chikamatsu se representaron entonces en una escena giratoria de kabuki, con espacio suficiente para acomodar los decorados más intrincados, tales como el castillo feudal de sillería de Osaka, los juncos en un mar tormentoso, o las calles iluminadas con farolillos del barrio de placeres. A la escena del kabuki sólo tenían acceso los hombres, y los papeles femeninos los representaban unos actores llamados onnagata.

Algunas de las obras eran comedias domésticas, «obras de gente común» como se las llamaba. Otras trataban de las salvajes disputas entre los diferentes clanes guerreros que habían dividido el país en el pasado. En éstas eran personajes de importancia los jactanciosos y valientes samurais, que a menudo se enfrentaban a un conflicto de lealtad pero estaban siempre dispuestos a morir en defensa de sus señores, y las damas de la nobleza, que apuñalaban a sus enemigos o se envenenaban para salvar el honor de su clan.

Una representación de k-abuki duraba casi un día entero y, por ello, era una buena excusa para convertirlo en un día de fiesta. Familias enteras de ciudadanos de Osaka reservaban un compartimiento del teatro para presenciar la función. Durante los numerosos descansos, picaban arroz frío y pescado crudo, que comían con los famosos palillos.

Bebían saké (cerveza de arroz), fumaban en sus diminutas pipas y conversaban. Si tenían hambre después de la representación, se dirigían a los puestos de la puerta del teatro, donde se vendían tazones de fideos calientes con sopa de pescado, pasteles rosados de pasta de alubias, almejas recién hervidas o castañas asadas.

Toda esta actividad daba lugar a escenas vivaces y llenas de colorido que algunos de los artistas ukiyo-e representaban en sus grabados. Los puestos y las casas de té, bajas y sin pared exterior, brillaban con farolillos de papel rojo, blanco o anaranjado que se balanceaban en la brisa vespertina, y las avenidas sin pavimentar donde se encontraban rebosaban de gente. Aparte de los que se dirigían al teatro, había grupos alegres que volvían de una travesía río arriba en barcazas abiertas, de una excursión de todo el día a los jardines de los santuarios cercanos, o de un paseo por una colina de especial belleza para presenciar el orto de la luna llena.

Las mujeres se ataviaban para estas excursiones con sus kimonos más ricamente bordados, y de sus moños altos de pelo negro brillante colgaban adornos de rojo y oro. Los hombres vestían ropas de tonos más oscuros, a menudo forradas de seda. Para obtener las monedas de los transeúntes en busca de placer que gastaban sin tino, músicos ciegos tocaban sus flautas melancólicas, los saltimbanquis realizaban acrobacias y las adivinadoras atraían a la clientela desde sus sombrías barras.

Gente estrafalaria
No puede sorprender que uno de los pocos occidentales que contemplaron la Osaka del siglo XVII dijera que era considerada la ciudad más bulliciosa, amante de las diversiones y despreocupada del país.

Este viajero, de nombre Engelbert Kaempfer, era un médico instruido que sirvió a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y que en 1692 viajó de Nagasaki a Yedo celosamente vigilado por la guardia del shogun. Según él, los japoneses consideraban Osaka como «un teatro universal de placeres y diversiones». Se ven juegos a diario, tanto en lugares públicos como privados. Los charlatanes, los prestidigitadores que realizan algún número artístico y toda clase de gente estrafalaria que tiene algún animal monstruoso o poco común que exhibir o animales amaestrados para hacer números de circo, acuden allí de todos los lugares del Imperio, con la seguridad de obtener mayor provecho que en ningún otro lugar.

En esa sociedad japonesa ligeramente irresponsable estaba presente el sentimiento budista de la inestabilidad y brevedad de los placeres terrenales. La cultura lírica, frivola y peculiar del «modesto renacimiento» del Japón (como lo ha llamado un moderno historiador) no podía durar indefinidamente, y para 1740 había comenzado a desaparecer el apogeo de la burguesía. Sin embargo, fue un período de expansión e inspirado mientras duró, y las artes que entonces surgieran siguen siendo populares entre los japoneses.

vida en osaka antigua

1.  Otro aspecto de la ciudad alegre y hacinada. Se trata de una cerería; los empleados sumergen las mechas en cera fundida, el cajero suma con el abaco y el propietario y   su   familia   comadrean   con   los   clientes.
2.    Soldados japoneses en 1668; van armados con mosquete europeo, así como con arco,  lanza y espada.
3.     Las aguas de la bahía iluminadas por farolillos, siempre atestadas de pequeñas embarcaciones de  recreo.

Fuente Consultada:
Colección La LLave del Saber  – Pasado y Presente del Hombre – Tomo I – Editorial Plancton

Biografía Francisco Jose I Emperador de Austria Historia

FIN DE LA DISNASTÍA HASBURGO
FRANCISCO JOSE I: VIDA Y GOBIERNO DEL EMPERADOR DE AUSTRIA

Francisco José I. Emperador de Austria, nieto del Emperador de Alemania Francisco II, Nació en 18 de agosto de 1830 y murió en 21 de noviembre de 1916, en el palacio de Schoenbrunn, Viena (1830-1916). Subió al trono en 1848, sucediendo a su tío Fernando I, cuando éste abdicó durante la revolución de 1848. Fue el último gobernante de la dinastía de los Habsburgo. Su gobierno estuvo sellado por la tragedia personal y la lucha contra el liberalismo imperante en su ápoca. Como emperador, entre 1848 y 1850 apoyado por Rusia logró restablecer el orden político y  restableció el poder en la Confederación Alemana.

Emperador Francisco Jose I de Austria

Emperador Francisco Jose I de Austria

En los 68 años de su reinado, Francisco José I resguardó el prestigio de los Habsburgo, pero no pudo detener la decadencia del Imperio austríaco, junto con «el emperador de la Belle Epoque» desapareció una sociedad brillante en medio del estrépito de la Gran Guerra.

En 1859 hubo de ceder Lombardía a Italia; en 1866 quedó excluído de toda intervención en los asuntos de Alemania, como resultado de su guerra con Prusia, y hubo de ceder el Véneto a Italia. Se le nombró rey de Hungría en 1867.

La tragedia familiar siempre lo persiguió, pues en 1857 perdío a su primera hija Sofía, víctima de escarlatina. En 1867 su hermano Maximiliano I emperador de México, por voluntad de Napoleón III, fue ejecutado. En 1898 su esposa  Isabel asesinada y antes en 1889 su único hijo Rodolfo se suicidó. Mas adelante, en 1914 el asesinato del príncipe heredero Francisco Fernando y de la esposa de éste en Sarajevo,  fue causa de la Primera Guerra Mundial.

Desde su llegada al trono  ejerció un poder autoritario, reprimiendo toda oposición liberal o nacionalista. Dejando de lado la caza, su pasatiempo preferido, permanecía largas horas trabajando, escuchando a sus consejeros y ministros y preocupándose de todos los aspectos de su cargo. Siguiendo su ejemplo, la administración del imperio proyectaba una rigurosa imagen de eficacia, al igual que el ejército y la policía, cuyo celo y dedicación eran absolutos.

Su largo reinado conoció una sucesión de fracasos en política exterior que, poco después de su muerte, conducirían a la desintegración del Imperio de los Habsburgo. Para empezar, sus dudas con ocasión de la Guerra de Crimea (1854-56) le hicieron perder la alianza de Rusia.

Esa debilidad facilitó luego la intervención del Segundo Imperio francés de Napoleón III en apoyo del Piamonte, librando ambos emperadores la batalla de Solferino (1859): la derrota austríaca le hizo perder la Lombardía y abrió las puertas a la unificación de Italia en detrimento de la antigua influencia austríaca sobre los pequeños Estados de la península.

Otorgó al ejército un lugar de prestigio en una sociedad conservadora, trató siempre de dar una imagen de un imperio ordenado, controlado y organizado. Sin embargo, Francisco José I no despreciaba la modernidad. El nuevo Código penal de 1852, el Código de comercio de 1862 y las leyes sociales de 1880 testimonian su preocupación por hacer evolucionar el imperio, siguiendo los pasos de los países de Europa occidental, en particular de Alemania.

Francisco José I, fue hijo del archiduque Francisco (hijo de Francisco I), sucedió a su tío Fernando, accediendo al trono en unos momentos en que los nacionalismos exacerbados esta ban a la orden del día. Tuvo que enfrentarse con sus dominios en Austria e Italia, que acabaron por reconocer al emperador. En 1859 estalló la guerra con Italia y ésta consiguió arrebatar la Lombardía a Austria. En 1866, la cuestión de la hegemonía alemana se resolvió a favor de Prusia en la batalla de Sadowa y, más tarde, Venecia tuvo que ser entregada a los italianos. En 1867 Francisco José fue coronado rey del Estado austrohúngaro. A partir de este momento se mostró más complaciente con las diversas nacionaldades del imperio. A los 68 años de reinado (1916) murió en su castillo de Schónbrunn.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ÉPOCA: En 1815, luego de la derrota definitiva de Napoleón,  se restableció en toda Europa un orden conservador, y la cooperación de las grandes potencias, que tomó cuerpo en el concierto de Europa, que trató de asegurar su duración. Pero las oleadas revolucionarias de principios de las décadas de 1820 y 1830 dejaron ver que las ideologías del liberalismo y el nacionalismo, desatadas por la Revolución Francesa y reforzadas ahora por la propagación de la Revolución Industrial, estaban vivas aún y activas.

En 1848, explotaron una vez más en toda Europa. Y una vez más fracasaron. Pero no todo se perdió. Tanto liberalismo como el nacionalismo triunfarían en la segunda mitad del siglo XIX, pero en formas no previstas por los idealistas liberales y nacionalistas, totalmente convencidos de que su momento había llegado cuando se fueron a las barricadas en 1848.

El Imperio Austríaco era un conglomerado de nacionalidades bajo el dominio de la monarquía de los Habsburgo, uno de los bastiones más inexpugnables del tradicionalismo en Europa. El empeño imperial por mantener el absolutismo e impedir cualquier amago de participación de las nacionalidades en los asuntos del Estado propició el despertar de los movimientos nacionalistas, que protagonizaron en 1848 un movimiento insurreccional de carácter liberal y nacionalista. Fue la llamada «primavera de los pueblos».

Los Habsburgo reinaban sobre un territorio de 668.000 km² habitado por más de 28 millones de personas y que constituía un verdadero puzzle de etnias y naciones. Sus habitantes pertenecían a cinco grandes grupos étnicos: alemanes, magiares, eslavos del norte (checos, eslovacos, polacos y rutenos), eslavos del sur (serbios, croatas y eslovenos) y latinos (rumanos e italianos). Así, el Imperio Austríaco era el prototipo de Estado del Antiguo Régimen, sin unidad nacional definida y dominado por una nacionalidad minoritaria, los alemanes, que controlaban la vida política y económica y monopolizaban los cargos de la administración y del ejército imperial.

La revolución liberal se inició en Viena en marzo de 1848 y consiguió la destitución de Metternich, la abolición de los derechos feudales y la elección de una Asamblea Constituyente por sufragio universal. Finalmente, el Emperador abdicó y fue nombrado Francisco José I, de tendencia más negociador. En pocos días, la revuelta se extendió a otras zonas del Imperio.

Después de Viena y Praga, la revuelta llegó a Cracovia, principal foco del nacionalismo polaco y a Croacia, donde la Dieta, reunida en Zagreb, reivindicó el derecho a expresarse en serbo-croata y elaboró un programa autonomista.

En los territorios italianos de Lombardía y Véneto, los insurrectos reclamaron la retirada de los austríacos y en Venecia, los radicales proclamaron la República.

Pero fue en Hungría donde la revuelta alcanzó mayores dimensiones. El nacionalista Kossuth, líder de un partido demócrata y separatista, consiguió que la Dieta húngara votase la libertad de prensa, la abolición de los derechos feudales, la organización de una guardia nacional y la instauración de un sistema parlamentario. Se formó un gobierno húngaro, que se negó a aceptar la coronación del nuevo emperador como rey de Hungría y proclamó la independencia. Austria no la aceptó y estalló una guerra entre ambas naciones.

SU GOBIERNO: Fue el último soberano de derecho divino, pero, si pudo compararse con la Reina Victoria por la duración de su reinado (64 años) y por su alta conciencia profesional, el camino que tuvo que recorrer fue infinitamente más difícil. Donde habrían sido necesarios impulsos geniales, él no aportó más que el trabajo de un concienzudo burócrata.

Cuando el emperador se casó con Isabel de Baviera, fue como la unión de un pájaro heráldico, disecado por la etiqueta, con la gaviota de los océanos que la emperatriz hizo grabar, más adelante, en su sello. Isabel, con la que Francisco José se casó por amor, dada su excepcional belleza, su encanto y su personalidad aún mayores, fue, en la corte de Viena, la fantasía que rompe las normas, la sinceridad que se enfrenta con la hipocresía. Se interesó fervorosamente por la monarquía de los Habsburgo, y no tardó en diagnosticar la causa principal de su decadencia: la animosidad de Hungría.

Isabel de Baviera mujer de Francisco jose I

Isabel de Baviera

Se sabe que se sentía incómoda en la corte de los Habsburgo. En el Hofburgde Viena, que ella bautizó como el
«palacio calabozo», no toleraba el peso de la rígida etiqueta, y a menudo se escapaba para emprender incesantes viajes o se refugiaba en los numerosos castillos que había mandado construir o que alquilaba, sabiendo que su marido no le negaría nada. Su reconocida belleza, representada en los retratos pintados por Winterhaltery en numerosas fotografías, la obsesionaba, y para conservarla abusaba de los cosméticos, al punto de alterarla.

Pero su simpatía por los húngaros se convirtió en entusiasmo exagerado y la llevó demasiado lejos, por lo que fue duramente criticada. Llegó a ser la emperatriz errante, y, como dice Barres, «…era más bien el revoloteo de un espíritu perdido, que se debate en el aire, que no encuentra su nido y que no se sujeta a disciplina alguna».

Durante los primeros años de su reinado, Francisco José, dominado por el horror de las revoluciones, atormentado por la nostalgia hereditaria del imperio universal, no había comprendido que, para conservar su autoridad, tenía que limitarla, dando más libertades a sus subditos: ése fue el «sistema de Bach», así llamado, por el nombre de su fundador.

La administración estaba muy centralizada, germanizada. El idioma alemán se había impuesto en todas partes, incluso en Hungría. Tras las derrotas de Italia, en 1859, el emperador se dedicó a ensayos de régimen constitucional, con la intención de desacreditarlo, dando a sus pueblos una apariencia de satisfacción. Al Reichsrath (Parlamento), añadió un Reichsrath reforzado con la inclusión de treinta y ocho miembros seleccionados entre los notables de todo el imperio.

La tendencia federalista, que reclamaba el reconocimiento de los derechos históricos de Hungría, lo obtuvo, y el emperador creó entonces dos cámaras, la de los Señores y la de los Diputados. Esta se hallaba compuesta por 343 miembros elegidos por las dietas provinciales, pero mediante un sistema electoral en el que un pueblo alemán de 500 habitantes tenía un diputado, mientras que una localidad eslava de 8.000 no tenía ninguno: así se mantendría el predominio del elemento germánico en el imperio.

Esta constitución había sido elaborada por el ministro Schmerling, pero los pueblos no la tomaron en serio. Hungría, Véneto, Transilvania y Croacia respondieron con la huelga electoral, y sus diputados se negaron a tomar parte en las deliberaciones.

En 1866, el fracaso de las tropas austríacas a manos de los prusianos en Sadowa permitió al canciller Bismarck expulsar definitivamente a Austria de los asuntos alemanes. Para Francisco José I, los reveses se acumulaban al mismo tiempo que el imperio se reducía.

Más grave aún eran las pretensiones de Hungría, que amenazaba con separarse. Esta vez, Francisco José I aceptó un acuerdo con el fin de evitar la guerra. En 1867 se instituyó la doble monarquía austrohúngara. Si bien Francisco José I se ciñó la corona del reino de Hungría, al tiempo que Austria y Hungría mantuvieron ministerios en común, la doble monarquía no disimuló en nada el debilitamiento del imperio.

El resultado fue la Ausgleich negociada, o Mediación, de 1867, que creó la monarquía dual de Austria-Hungría. Cada parte del imperio tenía ahora su propia constitución, su propia legislatura bicameral, su propia maquinaria gubernamental para asuntos internos y su propia capital (Viena para Austria y Buda —muy pronto se uniría a Pest, al otro lado del río— para Hungría –

Para mantener los dos estados unidos había un solo monarca I Francisco José era emperador de Austria y rey de Hungría I y también eran comunes el ejército, la política externa y el sistema de finanzas. En asuntos internos, los húngaros se habían convertido en una nación independiente. Empero la  Ausgleich no satisfizo a las otras nacionalidades que componían  el multinacional Imperio Austro-Húngaro.

La monarquía dual simplemente les permitió a los austríacos de habla alemana y a los magiares húngaros dominar a las minorías, especialmente a los pueblos eslavos (polacos, croatas, checos, serbios, eslovacos, eslovenos,  pequeños rusos), en sus respectivos estados. Tal como comento el  nacionalista húngaro Luis Kossuth: «El dualismo es la alianza de los elementos conservadores, reaccionarios, y cualesquiera aparetemente liberales de Hungría, con los alemanes austríacos que desprecian la libertad, para oprimir a las otras nacionalidades y razas.» El problema de las nacionalidades persistió hasta la caída del imperio, al final de la Primera Guerra Mundial.

La familia imperial era la viva imagen de esta sociedad que se hundía de manera inexorable, y el largo reinado de Francisco José I estuvo marcado por numerosos dramas personales. Desavenencias, muertes prematuras, suicidios y locura se sucedieron en una corte caracterizada poruña etiqueta rígida, donde el deber a menudo era más importante que el afecto.

Durante una visita a Sarajevo, el 28 de junio de 1914 fue asesinado por un nacionalista serbio, Gavrilo Princip. Francisco José I se negó a que el crimen permaneciera impune y envió un ultimátum al gobierno serbio para encontrar al asesino. Serbia se indignó considerándolo una intolerable injerencia en sus asuntos internos, y recibió de inmediato el apoyo de Rusia, defensora proclamada de los pueblos eslavos. Por su lado, Alemania presionó al Imperio austro-húngaro para que diera muestras de mayor firmeza, sin ignorar el juego de alianzas diplomáticas europeas, dando lugar así al inicio de la P.G.M.

Francisco José murió en plena contienda y su Imperio sólo le sobreviviría dos años, pues sucumbió a la derrota militar de 1918.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1830 Nacimiento de Francisco José en el palacio de Schónbrunn, el 18 de agosto.

1842 El húngaro se convierte en la lengua oficial del reino de Hungría.

1848 Agitación revolucionaria en Viena. Francisco José, emperador.

1849 Proclamación de la independencia de Hungría, bajo la dirección de Kossuth.  La secesión húngara es reprimida con la  ayuda de las tropas rusas.

1854 Francisco José se casa con  Isabel de Wittelsbach (Sissi).

1859 Derrota de Solferino y pérdida de la Lombardía.

1861 Se instaura una cámara elegida por sufragio censitario.

1866 Derrota austríaca de Sadowa a manos  de los ejércitos prusianos.

1867 Compromiso austrohúngaro.

1871 Proclamación del Imperio alemán (enero).

1879 Alianza entre Austria y Alemania,  la Dúplice Alianza.

1882 Italia se alia con Alemania y Austria, formando la Triple Alianza.

1889 Suicidio del archiduque Rodolfo.

1898 Asesinato de la emperatriz Sissi en Ginebra.

1906 El Parlamento introduce el sufragio universal masculino.

1914 El 28 de junio, asesinato del príncipe heredero Francisco Fernando en Sarajevo. Declaración de guerra a Serbia (28 de julio).

1916 Muerte de Francisco José I, el 21 de noviembre, y advenimiento de Carlos I.

Fuente Consultadas:
ACTUAL Historia del Mundo Contemporàneo García-Gatell Edit. Vicens Vives
HISTORAMA Editorial Codex Tomo XI
CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE Tomo B Jackson J: Spielvogel
HICIERON LA HISTORIA Biografías Entrada: Francisco José I Edit. Larousse

Estados Unidos Entra en la Primera Guerra Mundial Declaración

EE.UU. DECLARA LA GUERRA A ALEMANIA EN 1915

En enero de 1915, el alto mando alemán, decidido a aniquilar la marina mercante inglesa, anunció que emprendería una guerra submarina a ultranza, sin distinción de barcos neutrales. En unos pocos meses, las destrucciones fueron muy considerables, y fueron torpedeados algunos cargueros americanos.

La Gran Guerra se hacía cada vez mas larga y cruenta, por lo que algunos buscaron nuevas armas para superar el punto muerto en las trincheras  (entre ellas, la invención del tanque). Otros buscaron nuevos aliados con el fin de alterar el equilibrio numérico. Ambos bandos utilizaron bloqueos y a final de 1916, después de las horrorosas batallas del verano en Francia y mientras Rusia seguía combatiendo en Oriente, el alto mando alemán llegó a la conclusión de que, si no hacían algo deprisa, Alemania perdería la guerra debido a la eficacia del bloqueo naval británico.

Por consiguiente, Alemania decidió bloquear Gran Bretaña con submarinos en lugar de con barcos. Sin aviso previo, los submarinos alemanes se dedicaron a hundir todo barco que se dirigiera a un puerto británico, ya fuera neutral o beligerante, estuviese desarmado o armado, transportara o no material bélico.

El barco de pasajeros estadounidense Lusitania fue hundido, se había hundido bajo las olas arrasando consigo a 1198 personas, 124 de las cuales eran americanas. Acción que condujo a la intervención de Estados Unidos América en la Primera Guerra Mundial y aseguró así la victoria de los aliados.

Buque Lusitania

Buque Lusitania, hundido por submarinos alemanes

El Lusitania fue proyectado con el objetivo de ganar la Cinta Azul, condición reservada al barco que cruzaba el Atlántico en menos tiempo; dos líneas marítimas alemanas se habían repartido el trofeo anual desde 1897. La construcción del trasatlántico fue subvencionada por el almirantazgo británico mediante acuerdos secretos con la Cunard, que no fueron revelados hasta mucho tiempo más tarde. El buque medía 203 metros de largo; estaba capacitado para transportar, con gran lujo, a 2300 pasajeros y a los 900 tripulante Navegaba a 25 nudos y estaba artillado con doce cañones de 6 pulgadas

Esta acción decidió que los neutrales Estados Unidos entrasen en guerra y cuando en 1917 los aliados le ganaron la batalla a los submarinos gracias a nuevos artilugios técnicos y al envío de convoyes de barcos, su victoria parecía incontrovertible. Ahora sólo era cuestión de tiempo.

El submarino era un arma marítima eficaz, pero cuestionable desde las normas internacionales que exigían a todo navío de guerra comunicar una advertencia a barcos mercantes enemigos a fin de retirar pasajeros y tripulación antes de hundirlo. Pero en 1917. el gobierno alemán anunció la guerra submarina total (tanto a barcos enemigos como a neutrales), con lo cual se rompieron las relaciones diplomáticas entre Washington y Berlín.

El presidente Wilson, que siempre se había mostrado partidario de la neutralidad de los Estados Unidos y de la paz en Europa (incluso había ofrecido sus buenos oficios a los beligerantes, en 1916), cambió de actitud ante aquellos hechos y pidió al Congreso que votase una declaración de guerra a Alemania.

Diputados y senadores, conscientes de la amenaza que la guerra submarina suponía para las exportaciones y la economía de su país, e indignados por el descubrimiento de propuestas de alianza ofrecida por los alemanes al gobierno mejicano, votaron en masa la declaración de guerra.

Aquella alineación a favor de la Entente, aunque no suponía grandes cambios inmediatos, dada la escasa preparación del ejército americano, implicaba, de todos modos, una ayuda moral importante y reavivaba en los aliados la esperanza de la victoria.

Declaración del presidente W. Wilson: «La guerra submarina de Alemania   contra   el   comercio   es   una guerra  contra   la  humanidad,  es  una guerra contra todas las naciones. Barcos americanos han sido  hundidos,   vidas   americanas   se han   perdido   en   circunstancias que nos han conmovido violentamente; de la misma manera, otras naves y otros ciudadanos de naciones neutrales y amigas han sido hundidos y precipitados al fondo del mar. No ha habido en esto distinción alguna: el desafío ha sido lanzado a toda la humanidad.»

El telegrama Zimmermann
En marzo de 1917 el gobierno norteamericano entregó a la prensa una nota alemana en clave, que había sido interceptada. El telegrama enviado por el ministro de Asuntos exteriores alemán, Arthur Zimmermann, contenía instrucciones para buscar una alianza con México, en el caso de que los Estados Unidos ingresaran a la guerra.

México debía atacar a su vecino para recuperar los territorios perdidos de Nueva México, Texas y Arizona. Una vez descifrado, el presidente Wilson lo utilizó como una eficaz arma de propaganda contra Alemania y solicitó al Congreso una declaración de guerra.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Sistemas Bismarckianos Objetivos Unión de los Tres Emperadores

SISTEMA DE EQULIBRIO POLÍTICO MILITAR DE BISMARCK

Después de Sadowa, Sedán había asombrado a Europa. Prusia, victoriosa, permitía a Alemania resurgir como potencia, después de más de seis siglos de historia oscura. Pero aquella victoria alemana había trastornado el equilibrio europeo. Desunida, Alemania servía como de almohadillado entre las distintas potencias europeas: era un cómodo campo de batalla en el que se enfrentaban los imperialismos rivales, ruso, austríaco y francés. Pero ahora la tenacidad de Bismarck viene a imponer en Europa un «statu quo» al servicio de los intereses alemanes.

Sadowa: En la guerra franco-prusiana el ejército de Prusia conquistó Hannover y Hesse-Kassel, invadió Sajonia y Bohemia, y finalmente infligió una aplastante derrota a los austríacos en la batalla de Sadowa (cerca de la localidad austriaca de Königgrätz, hoy Hradec Králové, en la República Checa) el 3 de julio.

LOS TEMORES DE ALEMANIA
En efecto, gracias a la indemnización de guerra pagada por Francia, Alemania dispuso de capitales que podían ayudar al desarrollo de su industria, pero esta construcción económica requería un período de paz, por lo que Alemania tuvo que practicar una política exterior defensiva. Sin embargo, esta política, defensiva en sus fines, resultaba ofensiva en sus medios. Así, Alemania no podía menos de temer a Francia, que, tras una severa derrota, no estaba en modo alguno, abatida.

La rapidez con que, recurriendo al ahorro, pagó la indemnización de guerra y logró la evacuación de su territorio lo demostraba. Ahora bien, Francia restaurada por Thiers, estaba animada por un espíritu de desquite, tanto más vivo cuanto que la pérdida de Alsacia y de una parte de Lorena suponían una dolorosa amputación. Los franceses tenían su mirada puesta en la frontera, en la «línea azul de los Vosgos».

Bismarck temía a Francia, pero sabía que ésta no podía actuar sola. ¿Cuáles eran los posibles aliados de una Francia «revanchista»? Inglaterra, ciertamente no. Como siempre, la política inglesa estaba inspirada por un doble principio: mantenimiento de su superioridad en el mar (la flota inglesa equivalía a todas las flotas mundiales reunidas) y mantenimiento de un cierto equilibrio europeo, que permitiese a la intervención inglesa inclinar la balanza, sistemáticamente, a favor de sus preferencias o de sus intereses. Italia, tampoco. Esta joven potencia no podía ligarse a los intereses franceses. Era una nación que todavía no había terminado de organizar su reciente unidad.

Bismarck, el Canciller de Hierro Prusiano Ideólogo de sistemas de equilibrios militares

EL PRIMER SISTEMA BISMARCKIANO
Quedaban, pues, Rusia y Austria. Estos dos Estados tenían ambiciones muy concretas, pues ambos miraban a los Balcanes. El imperio de Austria-Hungría comprendía incluso nacionalidades eslavas del Sur:  eslovenos   y   croatas.

Los   austríacos   querían seguir  extendiéndose en los  Balcanes,  aumentando  así su dominio  sobre el Adriático,  que había recobrado su antigua importancia, cuando, en 1869, se había abierto a la circulación el Canal de Suez, y el comercio en el Mediterráneo había vuelto a ser uno de los primeros del mundo. Los rusos, por su parte,  seguían buscando un mar abierto.

El Báltico estaba lejos de las grandes vías comerciales, y los estrechos daneses   estaban   demasiado   bien   guardados por la flota inglesa. El Mediterráneo era una tentación para San Petersburgo. Y a los rasos no les faltaban posibilidades: los eslavos de los Balcanes volvían sus ojos hacia la poderosa  «hermana  mayor»,  defensora de la raza eslava y de la fe ortodoxa. Austria y Rusia se preocupaban, pues, de los Balcanes, y Bismarck tuvo que emplear mucha habilidad y diplomacia para envolver en una misma alianza a Alejandro II y a Francisco José.

Así surgió la Unión de los Tres  Emperadores, establecida en  1873, y que  agrupaba,  precisamente,   a  los  emperadores   de   Alemania,   Austria-Hungría   y Rusia.   Asegurada   la   neutralidad   austro-rusa,   Bismarck   pudo   entonces   intimidar a  Francia,  dejando  entender que no podía  descartarse  una  «guerra  preventiva», dado   el   espíritu   francés   y   su   reforma militar.

Los   franceses   se   impresionaron: «Nos negaremos a batirnos», declaró, incluso, un ministro. Inglaterra y Rusia, interesadas en que no se rompiese el ya inestable equilibrio en Europa, tuvieron que intervenir cerca de Bismarck.

Entonces, se suspendieron las amenazas alemanas, pero Bismarck había conseguido ya uno de sus propósitos, el de demostrar a los franceses que de nada les serviría el querer vengar su derrota con la esperanza de recuperar Alsacia: así les obligaba a volver su mirada hacia las aventuras coloniales (1875).

Ver: La Crisis Balcánica

EL CONGRESO DE BERLÍN Y EL SEGUNDO SISTEMA BISMARCKIANO
La elección de Berlín como lugar de reunión de las distintas potencias es un claro indicio del papel predominante desempeñado por Alemania y por Bismarck, que se aprovechó de ello para establecer muchos y útiles contactos. Por ejemplo, insinuó al ministro francés: «Ustedes no pueden dejar Cártago en manos de los bárbaros».

Y el francés comprendió perfectamente. Alemania animó a Francia a intervenir en Túnez, la invitó a emprender una política colonial que la distrajese de sus reivindicaciones europeas. De este modo, los franceses no sólo pensaron menos en Alsacia y Lorena, sino que, además, chocaron con Italia, que tenía en Túnez intereses preferentes.

Crear nuevos enemigos de Francia, equivalía a aumentar su aislamiento, pero el problema central planteado en Berlín sguía siendo el de los Balcanes. Se decidió que Servia, Rumania y Montenegro obtuviesen su independencia, y el sultán no pudo protestar. En cuanto a Bulgaria, sería autónoma, pero quedaría dividida en dos provincias, y, sobre todo, no tendría salida al mar Egeo. Austria adquiría también el derecho de administrar una provincia antiguamente otomana: Bosnia-Herzegovina.

Los rusos fueron, pues, los grandes vencidos por el Congreso. No ocultaron su resquemor por haber combatido y triunfado, para obtener, al fin, beneficios menos tangibles que los concedidos a Austria-Hungría. Pero, ¿qué podían hacer los rusos? ¿Romper sus alianzas anteriores y acercarse a Francia?

Sin embargo, el zar, autócrata, jefe de la muy santa Rusia, no podía aliarse con una Francia republicana y que predicaba malsanas ideas liberales. Por otra parte, ¿era Francia un aliado suficientemente sólido? A Rusia no le quedaba, pues, más posibilidad que la de conservar la amistad alemana, lo que permitía a Bismarck poner fin a su segundo sistema, singularmente más elaborado que el primero, y cuya finalidad esencial era la de evitar la renovación del «accidente» de 1878, es decir, un conflicto entre sus dos principales aliados.

En 1879, Alemania firmó un acuerdo con Austria-Hungría, pero sin comprometerse a apoyar a su aliado en una guerra balcánica que no podría menos de perjudicar sus intereses, por lo que, en 1881, reconstituyó la alianza de los tres emperadores.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre