Historia: Oliverio Cromwell

El Duque de Alba en los Paises Bajos Tribunal de Sangre

El Duque de Alba en los Países Bajos

Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba (1507-1582), general y político español, conocido como el Gran Duque de Alba, que sirvió al emperador Carlos V y a Felipe II. Nació en la localidad abulense de Piedrahíta (29 de octubre de 1507) y, desde muy joven, se dedicó a las armas participando a las órdenes del Condestable de Castilla en el sitio de Fuenterrabía (1524) y en la defensa de Cataluña contra los franceses.

Actuación del duque de Alba. — Felipe II, que se consideraba el brazo de Dios sobre la Tierra y estimaba indiscutible su autoridad real, no podía transigir con la división religiosa en los Países Bajos, y aunque hubiese sido de carácter más dúctil le hubiera sido muy difícil proceder con templanza ante el sesgo que habían tomado los acontecimientos en aquellos Estados. Envió, como ya hemos indicado anteriormente, al duque de Alba con numerosas tropas y las convenientes instrucciones para acabar con toda resistencia por la fuerza de las armas.

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Don Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba. Guerrero y político. Este viejo luchador de los tiempos de Fernando V y Carlos I tuvo que enfrentarse con la grave cuestión de los Países Bajos, donde la dureza de su trato y de sus medidas represivas son proverbiales. También dirigió a los ejércitos que, encabezados por el propio emperador Carlos V (Carlos I de España), derrotaron a las tropas luteranas, en Mülhberg (a orillas del río Elba, en Alemania), el 24 de abril de 1547.

El duque obedecía ciegamente los dictados del rey y era como un instrumento de la autoridad regia. Llegó a Flandes en 1567, asumiendo el gobierno del país, pues la infanta Margarita renunció a la regencia en diciembre del propio año. Inmediatamente empezó a funcionar con todo rigor la Inquisición, se pusieron en vigor los decretos del Concilio de Trento y se implantó un tribunal que fue llamado el Tribunal de la Sangre por las muchas condenas capitales que fulminó tal tribunal, que era una especie de Consejo permanente.

Sus fallos eran inapelables, los procedimientos, expeditivos, y sus condenas consistían en el destierro, la confiscación de bienes, la horca, la decapitación, el descuartizamiento y la hoguera. Al principio de su actuación hubo día en que se efectuaron quinientas ejecuciones. Un verdadero régimen de terror.

El duque de Alba, por medio de engaños, apresó entre otros, a los condes de Egmont y de Hoorn, que fueron, al poco tiempo, ejecutados por sentencia de dicho tribunal. Es tanto más de resaltar esta felonía, hecha por mandato real, por cuanto Egmont, que era de religión católica, había prestado excelentes y leales servicios a Carlos V y a Felipe II, contribuyó a ganar la batalla de Gravelinas y había sido tratado con afecto por el rey.

Lucha por la emancipación. Derrota de los protestantes. — En 1568, Guillermo de Nassau, príncipe de Orange (pequeño Estado que fundó Carlomagno en Francia), llamado Guillermo «el Taciturno», por su prudencia y cautela en los asuntos de Estado, nacido en 1533 y educado en la religión católica, pero que al llegar a su mayoría de edad abrazó el protestantismo, entró en campaña al frente de un ejército reclutado en Alemania y equipado con la ayuda de los hugonotes franceses, de Isabel de Inglaterra y de los príncipes protestantes de Alemania; al principio obtuvieron algunos éxitos, pero el ejército español, mandado por el duque de Alba, hizo fracasar los intentos, y el ejército de Guillermo se disolvió por falta de recursos para mantener las tropas. Guillermo de Orange se retiró a Francia en espera de mejor ocasión. Muchos ciudadanos huyeron y Alba agudizó sus medidas opresoras estableciendo impuestos onerosos.

Reanudación de la contienda. — El 15 de julio de 1572 se reunieron en Dordrecht los diputados de varias ciudades holandesas y constituyeron una Liga para la defensa de sus libertades bajo la jefatura de Guillermo de Orange a quien también proclamaron gobernador de las provincias de Holanda, Zelanda y Utrecht. Este movimiento pretendía aprovechar en su favor la situación determinada por la toma de Brielle, en la desembocadura del Mosa, seguida  de la  de Flesinga y  de otras  ciudades  de  Zelanda por los meergeusen,  gentes   que   actuaban   con   propósitos  piráticos.

Guillermo   de Orange  entró por el Brabante a la cabeza de un ejército  constituido por franceses,    alemanes    e    ingleses,   Lovaina,    Malinas,    Oudenarde,   Marden, Haarlem y otras ciudades fueron conquistadas. Los españoles sitiaron a Haarlem y lograron reconquistarla después de siete meses de asedio y cuantiosas pérdidas. Los holandeses equiparon una armada en Flesinga y la flota española fue derrotada en el Zuiderzee. En otras plazas reconquistadas se ejercieron duras represalias por el duque de Alba.

Éste fue relevado de su mando a fines de 1573 y sustituido por don Luis de Requesens, hombre de carácter conciliador, a pesar de lo cual, el encono que dominaba todos los ánimos obligó a seguir la guerra con igual tesón por ambas partes. Las armas españolas fueron afortunadas en Mook, en cuya batalla sucumbieron Luis y Enrique de Nassau, hermanos de Guillermo de Orange.

Pero esta victoria fue contrarrestada con la liberación por los rebeldes de la plaza de Leyden, cuyo asedio hubieron de abandonar los españoles ante la invasión de las aguas por la rotura de los diques, y también por la toma de Middelburgo por los holandeses. A fines de 1574, los españoles habían sido arrojados de Zelanda y del sur de Holanda. La guerra continuó con alternativas, y a principios de 1576 murió el gobernador Requesens.

En noviembre de aquel año, las tropas españolas amotinadas, por falta de pagas, asaltaron y saquearon la ciudad de Amberes.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Inglaterra Potencia Naval en el Siglo XVI Exploraciones y Batallas

Inglaterra Potencia Naval- Dueña de los Océanos

El aislamiento geográfico ha obligado a los ingleses a buscar su salvación en el mar. Su espíritu de iniciativa y su audacia forjaron a través de los siglos un imperio incomparable. Sin embargo, no empezaron a explorar los horizontes lejanos hasta los siglos XVI y XVII.

Gracias a sus valerosos exploradores y almirantes, pudieron dominar los mares durante varios siglos. Desde los primeros tiempos, la situación de las islas británicas impulsó a sus habitantes hacia el mar. Estas islas, situadas frente a la atractiva costa de Europa occidental, presentan una costa notablemente recortada y anchos estuarios. En estas condiciones, ¿cómo los ingleses no iban a dedicarse sobre todo a la navegación?. Y ¿por qué habría de sorprendernos que lograran fundar también un inmenso imperio colonial?.

Lo que han realizado los ingleses en sus territorios de ultramar constituye la base de su prosperidad. Sin embargo, no parecían destinados a ejercer semejante dominio. Bien es verdad que en la Edad Media fueron dueños y señores de las aguas costeras, pero durante este período se dedicaron casi exclusivamente al tráfico comercial.

En 1410 los bajeles ingleses dispusieron de artillería, y Enrique VIII hizo construir los primeros navios de guerra. En el siglo xvi y a principios del XVIII, la potencia mundial de España y Portugal inquietó a Albión, que temía que se impidiera el acceso a las rutas marítimas que acababa de descubrir.

Entonces, Isabel I puso sumo cuidado en organizar y aumentar sus fuerzas navales. Gracias a su adiestramiento y habilidad, capitanes como el corsario Drake consiguieron derrotar en 1588 a la Armada Invencible española que pretendió invadir Inglaterra. También diremos que, en parte, debieron esta victoria a la incapacidad del duque de Medinasidonia, que mandaba la escuadra española, y a una terrible tempestad.

Esta derrota significaba para España el fin de su dominación marítima y para Inglaterra el principio de su poderío internacional.

En su lucha contra España, Inglaterra se vio apoyada por los holandeses, que en aquella época contaban con navegantes experimentados, entre ellos Piet Heyn. A cambio, los ingleses se comprometieron a ayudar a la República de las Provincias Unidas a conquistar su independencia.

En 1651, Cromwell decretó su Acta de Navegación para proteger la flota inglesa contra la competencia extranjera.

El Acta establecía que las mercancías procedentes de países no europeos sólo podían entrar en Inglaterra a bordo de barcos ingleses, mientras que la importación de productos europeos tenía que llevarse a cabo bajo pabellón inglés o el del país de origen. Actuando así, tenía presente a la Marina mercante holándesa. La oposición de los holandeses fue inútil, incluso cuando Guillermo III subió al trono de Inglaterra (1689).

En efecto, el Acta no fue abolida hasta 1849, cuando Inglaterra favoreció explícitamente la libertad del comercio.

navio de guerra ingles

Navío del Siglo XIII

Buque de guerra ingles

Navío Henri Grace que usaba Enrique VIII

Barco ingles siglo xix

Buque Almirante Howard

barco ingles

Navío “Victory” de Nelson

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Origen del Parlamento Inglés Cámara de Lores y Comunes

Historia del Parlamento Inglés
Cámara de los Comunes y de los Lores

Una de las principales contribuciones de Inglaterra al mundo es, sin duda, el parlamentarismo, es decir, la representación del pueblo en el Gobierno. En un régimen parlamentario, el jefe del Estado escoge a sus ministros en el seno del partido que goza de la mayoría en el Parlamento.

El desarrollo del Parlamento inglés se traduce en una merma del poder real. En 1215, la Carta Magna concedió al clero y a la nobleza la participación en el gobierno y el control de las finanzas. Cuando se fundó el Parlamento en el siglo VIII, el estado llano también pudo intervenir. Después de su escisión en Cámara Alta y Cámara Baja, esta institución adquirió tal poder que incluso estaba capacitada para hacer dimitir al rey.

Parlamento en Inglaterra

Ya en 1215, el Gran Consejo, compuesto por miembros del clero y de la alta nobleza, asistía al rey en la administración del país. A pesar de que la Carta Magna concedía exclusivamente a estos dos grupos derechos que restringían el poder absoluto del rey, ya constituía, en cierto modo, una primera forma de representación de los Estados.

Al principio, todo el mundo consideraba esta Carta como un documento feudal que únicamente exigía que se respetaran usanzas y sujeciones feudales. Sin embargo, también incluía numerosos artículos que ejercieron profunda influencia.

Más tarde se comprobó que la Carta Magna era la primera etapa de la organización parlamentaria. No sólo limitó la autoridad real, sino que además dio vida al concepto de libertad personal. En efecto, el rey tenía que estar asistido
por consejos en los actos de gobierno.

Al principio se trató de un consejo privado, el Prívate Council, que ayudaba al soberano en la dirección de los asuntos y gozaba de poder ejecutivo. Después dio origen a una organización más compleja, que actualmente recibe el nombre de Gobierno.

En caso de crisis, o cuando quería conocer opiniones sobre la dirección del Estado, el rey podía reunir al Gran Consejo. Pero Enrique III, hijo de Juan Sin Tierra, con frecuencia hizo caso omiso de sus opiniones. Hasta que una insurrección promovida en 1258 por Simón de Monfort le obligó a crear un Parlamento (cuyos miembros pertenecían al Consejo), e incluso hubo de aceptar la colaboración de los representantes de las ciudades.

La admisión de representantes de los condados y de algunas ciudades (dos burgueses por ciudad) quedó establecida durante los reinados de Enrique II y Eduardo I, que los convocaban para la confirmación de las leyes y la fijación de impuestos. Así fue tomando cuerpo lentamente la Cámara Baja y nació la idea de la representación del pueblo.

Sin embargo, en esta asamblea la mayoría estaba siempre constituida por los lores, es decir, el clero y la alta nobleza, y los demás, los comunes, desempeñaban un papel de importancia secundaria. Además, eran convocados con menor frecuencia en el Parlamento, que ya no se reunía en la residencia real, sino en Westminster.

En el reinado de Eduardo II creció la influencia de los Comunes, y el Parlamento no pudo dominar a los altos funcionarios. El rey recibía a menudo quejas contra ellos.

A consecuencia de esta situación, en 1327 el Parlamento obligó al soberano a abdicar en favor de Eduardo III.

Durante el reinado de este monarca, en el siglo XIV, tuvo efecto la escisión del Parlamento en dos cuerpos distintos. Los grandes del reino, a quienes el rey nombraba de por vida y que se cuidaban, sobre todo, del gobierno del Estado, pertenecían a la Cámara de los Lores, o Cámara Alta.

La Cámara de los Comunes, o Cámara Baja, estaba compuesta por caballeros y representantes de las ciudades. Sólo tenían voz para votar las ayudas y subsidios al rey y los nuevos impuestos.

Estos dos cuerpos siempre habían votado aparte. También adoptaron la costumbre de reunirse por separado. Entonces, la pequeña nobleza prefirió unirse a los burgueses y no a la alta nobleza y, más tarde, esto influyó profundamente en la historia política de Inglaterra. Todas las libertades del país se asentaron en esta base. Las Cámaras impedían todo absolutismo o poder discrecional del rey.

La guerra de las Dos Rosas, que durante treinta años sostuvieron la casa de Lancaster y la de York, aumentó considerablemente la influencia del Parlamento (la mayor parte de la nobleza inglesa se encontraba implicada en esta lucha que agotó a los dos bandos). Sin embargo, los Tudor lograron frenar la ingerencia parlamentaria.

Gracias a sus importantes recursos personales y a una hábil política extranjera —que lo mantuvo alejado de las guerras europeas—, Enrique VII, primer rey de la casa Tudor, consiguió liberarse progresivamente de la sujeción del Parlamento. A pesar de la irregularidad de sus reuniones, los Tudor se daban perfecta cuenta de su necesidad y su poder.

Enrique VIII dio prueba de ello: cuando subió al trono, el poder real estaba en su plenitud. Sin embargo, con motivo de la lucha que entabló contra el papa, instituyó la «Reformation Parliament» (1529), que presidió durante siete años y dictó numerosos decretos reales que suprimían la supremacía de la Iglesia y la concedía al rey y al Parlamento. Uno y otro podían imponer cualquier ley al país.

Cuando se suprimieron los cargos en la Cámara Alta, los Comunes adquirieron todavía mayor conciencia de su poder. A partir de 1547, su competencia quedó claramente establecida. La tentativa de los Estuardo (1603-1688) de destruir el poder de la Cámara Baja e instaurar un poder real absoluto provocó la ejecución de Carlos I y la proscripción de Jacobo II.

Despojado el rey del derecho de indultar a los ministros acusados por el Parlamento, el poder parlamentario siguió aumentando con la casa de Hannóver (desde 1714). Cuando se decidió no establecer el presupuesto para la duración del reinado, sino sólo por un año, se hizo inevitable la convocación anual del Parlamento. Finalmente, en el siglo xvín se obligó a dimitir a los ministros cuya actuación no merecía el voto de confianza.

La unión con Escocia (1707) e Irlanda (1801) modificó profundamente el Parlamento. En la Cámara Baja aumentó el número de escaños y la Cámara Alta acogió a 16 pares y 26 irlandeses. Sin embargo, en el siglo XVIII la limitación del derecho de voto y el reparto de los escaños hicieron que la Cámara Baja sólo fuera una representación muy imperfecta del pueblo inglés. En 1832, a pesar de no haber concedido todavía derecho de voto a las clases inferiores, la Reform Act de J. Russel mejoró la situación, así como las reformas adoptadas en 1867, 1884, 1918 y 1928.

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Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia Origen

Historia de los Conflictos Entre Inglaterra y Escocia

La  historia  de  Inglaterra  y   Escocia   está  llena  de   guerras  y   de   sangre.   Durante   siglos,   ambos países  han  mantenido  entre  sí  una  enconada  enemistad.  Los gobernadores romanos que rigieron Inglaterra desde el siglo I al V de nuestra era fueron incapaces de romper la resistencia de las tribus escocesas.

Los jefes de las legiones romanas se contentaron con contemplar las tierras de Escocia desde lejos, temerosos de la fiereza de sus gentes ocultas tras las altas montañas, y con retirarse hacia terreno seguro protegido por la Muralla de Adriano. La retirada de los romanos dejó a las tribus escocesas (pícts y scots) a sus anchas para continuar merodeando a su arbitrio por las indefensas zonas del norte de Inglaterra.

Hasta 1005 de nuestra era, Escocia no estuvo unida bajo un único rey. Hasta entonces, esa tierra primitiva y bravia no tuvo conciencia alguna de nación, ni de raza, ni de una lengua única. Contaba con tres reyes, por lo menos, y estaba dividida territorialmente por selvas vírgenes, marismas, interminables pantanos y ríos infranqueables.

Cualquier rey que aspirara a la unidad se encontraría con la ingente tarea de soldar los varios elementos integrantes de una tierra amorfa y darles una unidad territorial y política. Al mismo tiempo tendría que frenar las incursiones inglesas de Northumbria y hacer frente a la amenaza que podría representar una Inglaterra unida bajo los reyes normandos.

Los clanes escoceses demostraron ser temibles adversarios de cualquier posible conquistador. Sus miembros vivían violenta y celosamente bajo la égida del todopoderoso jefe del clan, cuyo apellido llevaban todos, como los MacDonald, los Murray o los Campbell. Eran temibles con sus vestidos de tartán, sus dagas, sus espadas, sus redondos escudos de cuero y sus feroces gritos guerreros.

Durante dos siglos, la frontera entre Escocia e Inglaterra gozó de tranquilidad. Las incursiones ocasionales a ambos lados de la misma no alteraron la pacífica coexistencia entre ambos pueblos, y hasta hubo un rey, el gran David I (1124-1153), que adoptó un régimen de mando similar al de los reyes normandos.

La doncella de Noruega
Esta paz se vio quebrada por un infortunado incidente que provocó la lucha de Escocia por su independencia. En marzo de 1286, Alejandro III, rey de Escocia, desapareció en la oscuridad de una tormenta al intentar atravesar el río Forth durante la noche. A la mañana siguiente, su cuerpo maltrecho fue arrojado por el río a una playa rocosa. Como único heredero dejó una nieta, Margarita, «la doncella de Noruega», todavía una niña de tierna edad.

En el tratado de Brigham, firmado cuatro años más tarde, Inglaterra quiso forzar una unión con Escocia intentando unir en matrimonio a Margarita con el príncipe Eduardo, hijo de Eduardo I. Este arreglo matrimonial, de haberse llevado a cabo, pudiera haber evitado más de dos siglos de luchas entre ambos países. Pero Margarita enfermó durante su viaje por mar desde Noruega y murió en las islas Oreadas, al noreste de la costa escocesa.

Roto el tratado, Eduardo se vio forzado a cubrir la vacante del trono escocés de otra manera. Como juez entre trece candidatos rivales que aspiraban al trono, Eduardo cometió un error de juicio que resultó desastroso. Por elegir a John Baliol suscitó los celos del poderoso Robert Bruce. Baliol apenas tuvo tiempo de disfrutar de sus poderes de rey.

En 1296, tras un breve intento de deshacerse de la influencia de Eduardo, Baliol fue derrocado y Escocia conquistada. La piedra que solía utilizarse en la ceremonia de coronación de los reyes escoceses fue removida simbólicamente de Scone y trasladada a Inglaterra, donde se encuentra en la actualidad debajo del sillón de coronaciones en la Abadía de Westminster.

Para el rey Eduardo esto constituyó el fin de los problemas, mientras que para Escocia la remoción de la piedra significó la llamada a la lucha por la independencia patria. Los clanes escoceses se vieron invadidos de un nuevo espíritu de exaltación patriótica, y en 1297 William Wallace, el héroe popular escocés, condujo a sus compatriotas a la victoria sobre un ejército inglés en el Puente Stirling. Eduardo no se arredró ante el desafio que esta victoria suponía y se lanzó una vez más hacia el norte. Esta vez los mortales dardos de sus arqueros galeses se impusieron a los pequeños escudos y a las espadas de los escoceses.

Los clanes no se rindieron tan fácilmente. Convocando a sus guerreros en valles y marismas, Robert Bruce reemprendió la lucha en 1306. En aquel mismo año, fue proclamado rey de Escocia aunque antes se vio forzado a eliminar a su poderoso rival Red Comyn.

El ejército de Bruce era muy pequeño en relación con el inglés, viéndose forzado Bruce, capturada su esposa y muerto su hermano, a huir de los ingleses y de los partidarios de Comyn. Sin embargo, a la muerte de Eduardo I condujo a sus seguidores a la victoria contra Eduardo II en el verano de 1314. En 1328, Inglaterra reconoció a Robert Bruce como legítimo rey de Escocia.

Tres universidades
Por fin Escocia se había convertido en nación, viéndose pronto destinada a jugar un importante papel en la historia de Gran Bretaña. Durante el resto de la Edad Media. el país se vio envuelto en continuas luchas domésticas, viviendo siempre a la sombra de Inglaterra. A pesar de este estado permanente de guerra, Escocia fue civilizándose a marchas forzadas.

Prueba de ello son las tres universidades fundadas en el siglo XV: la de San Andrés en 1412, la de Glasgow en 1451, y en 1495 la de Aberdeen. Las guerras entre Inglaterra y Francia absorbían las energías de los monarcas británicos, no permitiéndoles respiro alguno para guerrerar contra los escoceses, y éstos, debido a sus conflictos tribales, tampoco estaban en condiciones de atacar, teniendo en cuenta sobre todo la debilidad de los Estuardo.

Además. Londres, sede del poder inglés, estaba demasiado lejos para las desamparadas tropas escocesas. Continuaron, sin embargo, las luchas fronterizas y, a veces, el estado de guerra general. En 1346, los magnates del norte de Inglaterra capturaron en Nevilles Cross al rey David II de Escocia (1329-71) y lo tuvieron cautivo durante 11 años.

Más tarde, en 1385, el rey Ricardo II de Inglaterra, marchando al frente de sus tropas, llegó hasta Edimburgo, capital escocesa. La familia Percy de Inglaterra fue derrotada por un pequeño ejército de merodeadores en Otterburn. en 1388.

Los Percy se vengaron de la derrota en la batalla de Homildon Hill, en 1402. Los reyes ingleses, sucumbiendo a la tentación de climas más cálidos que el de Escocia y de un botín más preciado en otras partes, mostraron poco afán de lucha en los últimos años de la Edad Media.

Enrique IV, en el año 1400, fue el último rey inglés de la Edad Media que cruzó la frontera. La lucha entre ambos pueblos quedó en manos de las grandes familias inglesas, como los Percy y los Neville.

María Estuardo
Los monarcas de la familia Tudor se vieron forzados sin embargo a interesarse más por los asuntos escoceses por razón de un suceso importante ocurrido en 1503. Tras largas negociaciones e intrigas, Jacobo JV de Escocia contrajo matrimonio con Margarita, hija de Enrique VII de Inglaterra.

La boda no trajo la paz inmediatamente a las dos naciones, pero fue el primer eslabón en una larga cadena de sucesos que había de dar a Inglaterra sus Estuardos y, más tarde, producir la unior. política de los dos países. Al morir sin hijos Isabel I, en 1603, Inglaterra eligió, para sucederle en el trono, al mayor de los descendientes de Enrique VI, Jacobo VI ce Escocia.

Reina Maria Estuardo de Escocia

Mientras las costas de Inglaterra estaban protegidas contra Francia, enemigo secular de Inglaterra, por el canal, la frontera con Escocia quedaba al descubierto. Tras la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma, las católicas Francia y Escocia suponían una continua amenaza: María, la reina de Escocia, era al mismo tiempo delfina de Francia, y los monarcas escoceses, campeones del catolicismo contra la protestante Inglaterra, Como consecuencia de esta situación, Inglaterra tenía que vigilar los movimientos que ocurrían tanto al norte como al sur de sus fronteras.

En 1587, la reina Isabel resolvió definitivamente el problema escocés al destruir todos los posibles centros de conspiración pro-escoceses en Inglaterra con la firma de la sentencia de muerte de María Estuardo. Dice la leyenda que María sonrió al tiempo que su cabeza rodaba por el suelo tras el golpe del verdugo. Un hijo suyo, Jacobo VI de Escocia, llegó a ser rey de Inglaterra en 1603 con el nombre de Jacobo I.

No por ello desaparecieron las fronteras entre ambos países. Escocia, más próxima a Inglaterra que nunca, teniendo a su rey en Londres, fue elemento muy importante en la política exterior inglesa. Los escoceses, que eran oficialmente protestantes desde 1560 a pesar de que sus monarcas continuasen siendo católicos, se sintieron ofendidos al ver que Jacobo apoyaba abiertamente a la Iglesia de Inglaterra.

Los escoceses presbiterianos, que eran los que virtualmente regían el país, se rebelaron en 1640 cuando el arzobispo Land intentó forzarles a abrazar la Iglesia de Inglaterra. Carlos I conmovió a Inglaterra convocando al Parlamento.

Se aplazaron los trabajos sobre la constitución inglesa y se inició una nueva serie de guerras en las que los presbiterianos escoceses prestaron su apoyo a los defensores del Parlamento, contribuyendo a que éstos ganasen la batalla de Marston Moor (1643). Como compensación, los parlamentarios prometieron establecer en Inglaterra la Iglesia Presbiteriana. A modo de represalia, el marqués de Montrose barrió Escocia con sus tropas, logrando seis victorias para Carlos I.

El futuro Carlos II aceptó entonces el presbiterianismo atrayendo hacia sí a los escoceses en contra de los parlamentarios. Oliver Cromwell, dictador parlamentario, los derrotó en las batallas de Dunbar en 1650 y de Worcester en 1651, viéndose Escocia invadida por el ejército del general Monk. Los escoceses creían que la base de todos sus problemas era la unión de las dos coronas. Estando el rey de Escocia entronizado en Londres, ¿cómo podían esperar ser tratados con justicia?

historia de escocia

Izq.: William Wallace (c. 1272-1305), «martillo y azote de Inglaterra», se convirtió en un héroe  popular  escocés.
Der.;Tras su gran victoria en Bannockburn, Robert Bruce fue reconocido por Inglaterra como legítimo rey de  Escocia.

El exilio de los reyes escoceses
Los temores de los escoceses se vieron confirmados por Guillermo III, primer rey de una nueva dinastía de monarcas ingleses. En 1689 Guillermo, defensor del presbiterianismo, fue derrotado en Killiecrankie por los católicos jacobitas que se oponían, apoyados por los montañeses de Escocia, a una política tan parcialmente favorable a Inglaterra. (Los jacobitas apoyaban a Jacobo II Estuardo y a sus descendientes). Para conseguir una paz rápida, Guillermo acordó perdonar a todos los jefes de los clanes montañeses que depusieran sus armas para antes del fin de año de 1691.

La mayor parte de ellos así lo hicieron, acogiéndose a las promesas de amnistía de Guillermo. MacDonald de Glencoe, que se encontraba acampado con sus tropas en el oeste de Escocia, se rindió el último día.

Guillermo, creyendo que MacDonald había rehusado rendirse, envió a Glencoe a otro escocés, el capitán Campbell de Glenlyon. Campbell y sus tropas fueron recibidos en Glencoe como amigos, pero aquella misma noche, los MacDonald y todos sus familiares fueron traidoramente asesinados cuando dormían.

Cuando los dos países se encontraban de nuevo al borde de la guerra en 1705, se reunieron en una conferencia de paz varios hombres prudentes de cada nación, acordando una Unión Política entre ambos en 1707. Como resultado de dicha unión, Westminster había de acoger en sus escaños a 45 miembros del Parlamento Escocés y la Iglesia presbiteriana sería la Iglesia oficial de Escocia. Esta importante decisión, aclamada por todos, fue el espaldarazo de Escocia como nación de pleno derecho.

No acabaron, sin embargo, los problemas. Muchos aceptaron como rey a Jorge I de Hannover mientras que los montañeses se declararon a favor de Jacobo Estuardo, hijo del depuesto Jacobo II. Los jacobitas se rebelaron en 1715 a favor de Estuardo. Como los clanes montañeses andaban con rencillas entre sí y Luis XIV de Francia había muerto, las negras perspectivas de Jacobo se cumplieron. El marqués de Ormonde no tuvo éxito en su intento de sublevar al pueblo en favor de los jacobitas y el conde de Mar, Juan Bobbing, fracasó también en su empresa de reunir a los ingleses del norte a favor de la causa.

En Sheriffmuir, el ejército inglés puso fin a los sueños de los invasores escoceses y Jacobo tuvo que volver a Francia derrotado y arruinado.

Durante los 30 años siguientes, poco dieron que hablar en su exilio en Francia los supuestos héroes escoceses. En agosto de 1745, el osado Carlos, hijo de Jacobo, espoleado por sus grandes sueños de gloria y apoyado por la promesa de ayuda de Francia, penetró en pleno corazón de las montañas escocesas.

Logró captar inmediatamente las simpatías de las tribus y, derrotando a la oposición en Prestonpans, entró en Edimburgo con 5.000 hombres. Escocia se había rendido a sus pies, pero no así Inglaterra. Lleno de esperanzas, Carlos cruzó la frontera y marchó hacia el sur de Inglaterra con la ilusión de atraerse al pueblo. Sus esperanzas se vieron truncadas desde el principio al rehusar los ingleses tomar partido a su favor. Los ingleses se encontraban muy contentos con sus monarcas hannoverianos, y la seguridad que éstos les proporcionaban no quedaba compensada con las vagas promesas que aquella curiosa banda de aventureros les ofrecía.

Mientras tanto, en la capital del reino, Londres, el pánico se había apoderado de aquellos que más tenían que perder con la victoria de los invasores. El «viernes negro» —6 de diciembre de 1745— todos se lanzaron a retirar sus depósitos del Banco de Inglaterra cuando cundió la noticia de la llegada a Derby de Carlos con sus mesnadas. Pero el pequeño ejército de escoceses, fatigado y falto de ánimo, marchó hacia el norte camino de sus hogares. Perseguidos por Guillermo, duque de Cumberland, hijo de Jorge II, fueron derrotados y pasados por las armas en el pantano de Culloden.

Ante el temor de que, en el futuro, pudiera repetirse una insurrección del mismo tipo, el gobierno disolvió los clanes ejecutando a sus jefes y promulgando una ley que prácticamente supuso la destrucción del sistema.

Los jefes que pudieron huir de la muerte se vieron desprovistos de todo poder y autoridad, se confiscaron las armas que tenían en su poder y se prohibió el uso de la típica falda escocesa y de todo tipo de tartán que pudiera recordar a los antiguos clanes.

El general Walde construyó puentes y carreteras para facilitar el acceso a las zonas montañosas. Desde entonces, Escocia ha permanecido fiel a los lazos que unen las Islas Británicas. En este siglo XX, los nacionalistas escoceses han comenzado a demandar de nuevo una mayor independencia para el país.

Fuente Consulatada:
Colección La LLave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre Editociones Cisplatinas S.A:

Persecuciones Religiosas con Luis XIV de Francia Consecuencias

RESUMEN LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES EN FRANCIA

LAS PERSECUCIONES DE LOS PROTESTANTES
Mucho más dramáticas fueron las persecuciones dirigidas contra los protestantes. La unidad religiosa era el corolario del absolutismo: «Una fe, una ley, un rey». Por otra parte, el éxito de la Contrarreforma, el renacimiento católico, iban a la par de un cierto debilitamiento del protestantismo.

Entre los reformados había un grupo, del que formaban parte algunos de sus pastores, en el que se esbozaba una corriente favorable a la reunión con el catolicismo, al precio de concesiones recíprocas. La proliferación de iglesias y de sociedades protestantes, la dureza de los calvinistas, habían descorazonado a los fieles.

Luis XIV de Francia

A partir del reinado de Luis XIII, los nobles protestantes se habían ido convirtiendo. En 1668, el retorno al catolicismo de un gran guerrero, Turena, fue resonante. La burguesía protestante, muy activa en los negocios, enriquecida, era menos religiosa y sus miembros practicaban la idolatría regia con tanto fervor como la mayoría de los subditos. Luis XIV pudo, pues, pensar que le sería relativamente fácil reducir el protestantismo, y añadir a todos sus triunfos el del restablecimiento de la unidad cristiana en su reino. No fue el único en decirlo: eclesiásticos y cortesanos actuaron por su parte.

En 1661 el Edicto de Nantes de Enrique IV, que aseguraba la libertad religiosa y la igualdad política de los protestantes, comenzó a ser interpretado de manera restrictiva. En 1663, se prohibió a los católicos convertirse y se suprimieron los templos recientemente edificados. Una caja especial, dirigida por el escritor Pellison, distribuía fondos a los hugonotes que querían abjurar (1676). Se excluyó a los protestantes de las funciones públicas; sus hijos podían abjurar desde la edad de siete años y ser educados, a partir de entonces, por católicos.

Marillac, intendente de Poitou, dio pruebas de su celo: discurrió acantonar regimientos de dragones en las localidades protestantes, con licencia para los soldados de hacer lo que quisieran, violaciones, saqueos, destrucciones. Espantadas por la idea de sufrir las «dragonadas», las aldeas abjuraban en bloque, y Marillac pudo felicitarse de 30.000 «conversiones» en 1681. La indignación fue tal, que el Rey destituyó a Marillac.

LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES
La muerte de Colbert, que frenaba las persecuciones por razones económicas (importantes sectores manufactureros estaban en manos de los reformados), agravó la intolerancia. Louvois, secretario de Estado para la Guerra, persuadió al Rey de los grandes resultados obtenidos. A esto vinieron a mezclarse razones de «alta política». Luis XIV soñaba con ser candidato al Imperio y comenzaba a asegurarse los votos de algunos electores alemanes.

Pero la derrota de los turcos ante Viena, con el concurso del rey de Polonia Juan Sobieski, hacía del emperador Leopoldo I su salvador, el cual, ayudado por el franciscano Spinola, soñaba con reducir a los protestantes del Imperio a la Iglesia.

Luis XIV quiso, mediante una maniobra por sorpresa, aparecer como el verdadero gran restaurador de la religión (esperaba igualmente que su aliado Jacobo II, rey de Inglaterra desde 1685, restablecería el catolicismo en Inglaterra). Las «dragonadas» fueron renovadas sistemáticamente, y, el 2 de octubre de 1685, se dio el golpe decisivo mediante el Edicto de Fontainebleau: la Iglesia reformada no tendría en adelante existencia legal. Todos los templos serian, destrídos y los pastores exiliados.

La Iglesia  ostentaría el registro civil, los protestantes obstinados quedarían «fuera de la ley», sin identidad. La revocación fue celebrada con entusiasmo por los poetas, los grabadores, los pintores oficiales. Vauban fue uno de los pocos en protestar discretamente.

Las consecuencias fueron desastrosas para Francia: unos 300.000 reformados se marcharon, con peligro de sus vidas, llevando a Holanda, a Inglaterra, a Alemania, su experiencia, sus capitales, su trabajo. Los extranjeros se beneficiaron de su cultura intelectual, de su energía, de sus tradiciones y de su odio hacia Luis XIV. Así se perdió un grupo escogido que daba trabajo a gran número de franceses. El resultado de esta medida fue una crisis económica y social.

En cuanto a los protestantes que se quedaron, ni las persecuciones ni las burlas pudieron con ellos. Difícilmente contenidos hasta 1702, acabaron por rebelarse en masa, resucitando, para el viejo Rey, la pesadilla de la guerra civil.

La región de las Cévennes sublevada, exaltada por los pastores del «desierto», sufrió un régimen de terror: hizo falta movilizar contra ios «camisards» y su jefe un verdadero ejército, bajo las órdenes del ilustre mariscal de Villars.

De un lado y de otro, se golpeaba, se quemaba, se aplastaba. Por último, las tropas reales acabaron con la resistencia de los «camisards». En 1710, se apagó el fuego de la revuelta. Este fue el epílogo de las luchas fratricidas que la nueva religión había encendido en Francia ciento cuarenta años atrás.

LA PARTE DE ATRÁS DE LA FACHADA
A las pérdidas considerables causadas por la emigración protestante, se unieron los gastos de las incesantes guerras: guerras de la Liga de Augsburgo (1689-1697) y de Sucesión de España (1702-1713). El edificio de Colbert se había derrumbado; sólo quedaba un proteccionismo minucioso e ineficaz. Todo el peso de la deuda recaía sobre los campesinos, que representaban las nueve décimas partes de la población.

En 1688, La Bruyére escribió su célebre descripción de la población campesina: «Se ven algunos animales feroces, machos y hembras, negros, lívidos, completamente quemados por el sol, ligados a la tierra, que cavan y remueven con una obstinación invencible.»

Grandes catástrofes habían agravado esta miseria:   malas   cosechas,   carestías,   epidemias, transformaban rápidamente a los campesinos prósperos en mendigos. Además, la intransigente política aduanera había degradado los precios agrícolas y la renta de Sos bienes raíces había disminuido en la mitad. El numerario servía para pagar los gastos de los ejércitos; era sustraído así de su función económica. La baja de los precios era continua.

Luis XIV procuró hacer participar a cada francés en el esfuerzo común, proporcionalmente a su renta. Creó, en 1695, la capitación o impuesto por cabeza, y en 1710, el diezmo sobre las rentas. Falto de funcionarios para verificar las declaraciones, y a causa de la resistencia de los privilegiados, el peso recayó finalmente sobre el bajo pueblo. El rey, entonces, apeló a los impuestos indirectos: aduanas, derechos de timbre. Pero todo era insuficiente. Hubo que recurrir a los préstamos, al papel moneda, a la venta de cartas de nobleza, a la organización de loterías…

El invierno de 1709 fue «de hielo, de hambre y de peste». El ganado perecía, y ocurría lo mismo, en el fondo de sus madrigueras, con los conejos. La población francesa sufrió una reducción de dos millones de habitantes. Mientras que la burguesía de los negociantes y de los banqueros continuaba relativamente próspera, el pueblo y la pequeña aristocracia campesina eran duramente afectados.

Así, se exasperó el odio de clases: en 1709, numerosos parisienses marcharon hacia Versalles; el bandidaje se desarrolló de una manera aterradora; conventos y castillos fueron atacados. El Rey hizo llevar a la Casa de la Moneda su vajilla de oro y sus muebles de plata, lo que no impidió que sus estatuas fueran ultrajadas, y que carteles injuriosos contra su persona, su conducta y su gobierno fueran fijados en las puertas de París, en las iglesias, en las plazas públicas. Se recitaba la famosa letanía: «Padre nuestro impío que estás en Versalles…»

El Rey procuraba seguir apareciendo con el mismo rostro de sol inmutable, esforzándose por guardar una serenidad constante, no soportando ni la sombra de una contradicción, de una coacción. Su insensibilidad parecía crecer, como se puso de manifiesto durante la discusión del «proyecto del diezmo real» de Vauban (1707).

Este gran hombre había meditado sobre los defectos del sistema, y sobre los medios de restablecer la economía. Tras evocar patéticamente en su proyecto la miseria de los humildes, Vauban proponía un remedio revolucionario:   la  supresión de  todas las  tasas  y  su reemplazo por un «diezmo» calculado en función de las rentas de cada uno. Nadie, ni aun el Rey, quedaría exento.

En 1706 apareció la obra, con gran escándalo de los privilegiados. Los ministros convencieron a Luis de que se atentaba contra su autoridad, y cuando Vauban acudió candidamente a ofrecer su libro al soberano, éste lo recibió con desagrado. El «Diezmo Real» fue prohibido. Se habló de encarcelamiento. Vauban murió descorazonado, el 30 de marzo de 1707. Esta muerte fue reprochada al viejo rey, y acabó de sembrar la turbación en los espíritus.

Luis se enclaustró en Versalles, que no cesaba de embellecer, y que permanecería como un arca preservadora del pasado; ante el esplendor de los árboles alineados como en un desfile, en medio de las estatuas, de los estanques, de las fuentes, de los bosquecillos, de los macizos de flores, de las ninfas y de las góndolas doradas, ¿cómo creer en las desgracias?

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

La Corrupción de Fouquet en el Gobierno de Luis XIV de Francia

Cuando fallece el cardenal Mazarino, tutor y jefe de ministros en el gobierno de Francia, Luis XIV acaba de cumplir 22 años, y debe tomar las riendas de su gobierno.

Entre sus decenas de frentes para gobernar, hay uno que lo preocupa mucho, y es por el excesivo poder de su ministro de Finanzas, Nicolás Fouquet. Además, éste —que había llegarlo al ministerio con los bolsillos vacíos—, se ha hecho muy rico; es dueño, entre otras posesiones, de un suntuoso castillo (Vaux-le-Vicomte), construído especialmente por los mejores artistas y arquitectos del reino, y en él da una fiesta en que el rey ve claramente que el lujo que despliega su ministro supera enojosamente el tren de vida que se lleva en el Palacio del Louvre, morada oficial del rey y su familia.

Nicolas Fouquet

Nicolas Fouquet, Ministro de Hacienda

Al invitar al rey a su magnífico castillo de  Vaux,  el superintendente de las finanzas Fouquet firmó su perdición: «¿Es que no vamos a ser capaces de obligar a esta gente a restituir lo mal adquirido?» Fouquet iba a morir en prisión, pero a pesar de ello el lujo iba a volver con su magnífico esplendor en el Palacio de Versalles.

—El no puede haber adquirido tantas propiedades honestamente —comenta el monarca—. No tenía un solo centavo al ser nombrado para ese cargo…

Luis  XIV  promulga,   entonces,  su primer decreto: destituye a Nicolás Fouquet y decide que el señor dArtagnan, comandante de los mosqueteros, se encargue de prenderlo y conducirlo a la fortaleza de Pignerol, donde   pasará   el   resto   de   su   vida.

El soberano experimenta por primera vez su propia fuerza. Comprende que necesita asesores, pero que no debe permitir que acumulen poderes excesivos, pues correría el riesgo   de  que   escaparan   a  su   control.

Se previene también contra la “nobleza de toga”, que había adquirido durante los reinados anteriores cargos administrativos con carácter hereditario. Nombra funcionarios para cargos transitorios, de duración sólo determinada por los deseos del propio monarca. Tales hombres, como lo había recomendado Mazarino, son escogidos entre los representantes más hábiles de la burguesía.

El más conocido de los ministros de Luis XIV es Colbert, hijo de un comerciante de tejidos, nombrado secretario de Estado, superintendente de las Manufacturas e inspector general de Finanzas, Colbert se convierte, en el brazo derecho del monarca, digno sucesor de Richelieu y de Mazarino. Tiene ideas bien definidas sobre la economía en general y sobre la política económica necesaria al reino. Para él, la sociedad se apoya sobre el trabajo, “fuente de todos los bienes espirituales y materiales”, inclinación natural, pero que el Estado tiene el derecho de imponer.

Colbert quiere limitar el número de los que no trabajan: los “oficiales” de la corte, las personas nobles o burguesas que viven de rentas, los clérigos, etc. Mientras muchos de sus contemporáneos creen tan sólo en la riqueza agrícola, él considera los productos del suelo como inseguros y poco susceptibles de mejora. La industria es para Colbert el gran factor de la prosperidad, ya que no se sujeta a las inconstancias del clima, sino que depende, sobre todo, de la capacidad de los hombres.

Otras ideas de Colbert corresponden a la doctrina económica dominante en su tiempo: el mercantilismo. Lo que hace la riqueza de un Estado son sus recursos en metales preciosos. Como la cantidad de oro y plata existente en el mundo es limitada, Colbert cree que sólo puede aumentar las reservas y riquezas de Francia a costa de sus vecinos. Francia debe bastarse a sí misma, exportar el máximo posible e impedir la entrada al país de productos manufacturados por competidores,   principalmente   europeos.

La industria del reino era incipiente. En su mayor parte, estaba representada por pequeños talleres artesa-nales, incapaces de fabricar productos de calidad a bajo precio y en cantidades suficientes para permitir la exportación. Por eso, Colbert inaugura una política de intervención directa del Estado en la producción. Se crean las manufacturas estatales, reuniendo en un solo local a artesanos de varios talleres. El nuevo sistema es mucho más rentable para el gobierno.

La reunión de los artesanos en grandes grupos aumenta la productividad del trabajo. Además, los trabajadores reciben apenas un magro salario y están sujetos a un régimen opresivo: cualquier divergencia en cuanto a la  paga es  castigada severamente.

EL CORRUPTO FOUQUET: El 10 de marzo de 1661, el canciller Séguier, los secretarios de Estado y los miembros del Consejo fueron reunidos por Luis XIV, que se dirigió a ellos en estos términos: «Os he reunido para deciros que hasta este momento he dejado que mis asuntos fueran gobernados por el señor Cardenal. Ya es tiempo de que los gobierne yo mismo. Vosotros me ayudaréis con vuestros consejos, cuando yo os los pida».

Estas palabras fueron acogidas con un estupor incrédulo. Significaban el establecimiento de una dictadura como Francia no la había conocido nunca. Pero el reino pedía ardientemente un monarca absoluto.

La Fronda dejaba un recuerdo de horror, y de ninguna manera habían sido curadas todas sus heridas. Las victorias sobre el extranjero excitaban el apetito de gloria y hacían desear un gran reinado. Además, los años 1660 y 1661 habían conocido malas cosechas; el pueblo tenía hambre, la mortalidad aumentaba. En las ciudades volvía el paro y el antagonismo de clases. Todos se volvieron hacia el rey como hacia un salvador, y se encontraron con que el rey respondía perfectamente a estas aspiraciones.

Desde el primer día de su gobierno demostró a la escéptica corte una pasión por el trabajo que no cesaría nunca, experimentando una profunda alegría al dirigir, y dominando, sin esforzarse, a sus ministros. Entre estos, el más brillante era cierto Nicolás Fouquet, superintendente de Hacienda, quien se burlaba de la energía del joven monarca, persuadido de que la atracción de la vida amable no tardaría en separar a Luis de sus deberes. Y para la corrupción y los placeres, Fouquet era maestro consumado. Inmediatamente después de la guerra civil, traficantes y tratantes dominaban el gobierno y la sociedad. El Gran Maestre de la Hacienda los protegía y participaba en sus negocios, confundiendo alegremente el dinero del Estado con el suyo.

Su castillo de Vaux le Vicomte, decorado por Le Notre, Le Brun, Poussin, era de una belleza y de un fasto inauditos, y sus colecciones procedían de todos los rincones del mundo; encantador, elegante, perverso, todas las mujeres le estaban sometidas, y los salones de su esposa y de su amante eran los más solicitados de Francia. Hombre atrevido, además, había concebido las principales ideas del programa aplicado más tarde por Colbert.

Colbert había sido recomendado al rey por Mazarino en su lecho de muerte. Hijo de un pañero de Reims, moreno, hosco, siempre malhumorado, el fiel servidor del Cardenal se había enriquecido junto a este último. Sin embargo, si bien entonces se había prestado a turbios manejos, el ministro de Luis XIV sacará más tarde provecho de su integridad, de su amor a la cosa pública.

Colbert no era un desconocido para Luis: cuando los amores del rey con María Mancini, había llevado en propia mano las cartas que la italiana dirigía al soberano desde su exilio de Brouage, donde estaba relegada. Después de la muerte de Mazarino, el sagaz empleado fue nombrado Interventor de la Hacienda, viéndosele trabajar cada noche frente a frente con el rey. Allí, desenredó las cuentas de Fouquet, aclarando sus malversaciones.

Luis necesitó dos meses para decidirse. En mayo, estaba resuelto a hundir al superintendente. Este se condujo con seguridad y orgullo, trabajando en su propia perdición: vendió su cargo de Procurador General en el Parlamento, que le hacía casi inviolable, y ofreció a Su Majestad una fiesta incomparable en su castillo. Deseaba impresionar así al joven rey, por su gloria y su fasto. Pero el espectáculo de los jardines, de los bailes, de los fuegos, de los juegos de agua, irritó al rey, que comparaba sus vetustas estancias con este palacio de sátrapa.

El odio de Luis XIV persiguió entonces al superintendente hasta su fortaleza de Belle Isle, donde el 5 de septiembre fue detenido por los mosqueteros. Tres años después se abrió el proceso de Fouquet. Queriendo Luis ofrecer un terrible ejemplo a los malos servidores de la corona, dejó a Colbert escarnecer injuriosamente a la justicia: el ministro desapareció en el fondo de la fortaleza de Pignerol y jamás salió de ella.

Juzgado demasiado importante el cargo de superintendente, fue suprimido y reemplazado por el de «interventor de hacienda». Una época se había acabado. Después del último sobresalto del feudalismo, Luis XIV iba a gobernar con la «plebe y la baja burguesía», como escribió el duque de Saint Simón.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Cardenal Mazarino Ministro y Tutor de Luis XIV de Francia Obra

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA DEL CARDENAL MAZARINO, MINISTRO DE LUIS XIV

ANTECEDENTES: La segunda parte del siglo XVII francés, período que sería llamado el «Gran Siglo» por los historiadores, se caracteriza durante sus diez primeros años por una crisis que conmovió a la monarquía como raramente lo había sido antes ni lo volvería a ser después, hasta la Revolución de 1789.

Es una de las pocas veces, durante toda la historia de Francia, en que la monarquía encuentra levantados frente a ella, tanto al Parlamento burgués como a los Príncipes, sostenidos por el pueblo. Todos se sentían cansados de la mano de hierro que Luis XIII había mantenido sobre ellos por medio de su ministro Richelieu. Para defender la corona real se encontró un prelado extranjero, el italiano Mazarino, cuya inteligencia y energía redujeron las intrigas y violencias.

Cuando el pequeño Luis XIV llegó a la edad de ocupar el poder, conservaba de su infancia el horror al desorden y a toda veleidad de independencia. Con una voluntad sistemática establecerá los fundamentos de un absolutismo como Francia no le había sufrido jamás.

cardenal frances mazarino

Giulio Mazarino
Giulio Mazarino o Jules Mazarin (1602-1661), político y cardenal francés que controló el gobierno francés durante la minoría de edad deLuis XIV y ayudó a transformar a Francia en la potencia predominante de Europa.El poderoso cardenal francés de origen italiano Giulio Mazarino gobernó el reino
durante la minoría de edad de Luis XIV.

DOS ESPECIALISTAS  PARA UNIFICAR   UN   REINO
Mientras en Alemania los señores feudales aún tenían fuerza suficiente para impedir la unificación del Imperio, en Francia las cosas marchaban en sentido inverso: la nobleza se debilitaba gradualmente, consolidándose el poder de la monarquía sobre todo el reino.

Desde tiempos de Felipe IV el Hermoso, quien afianzó la obra de Felipe II Augusto, la idea de país iba cobrando cuerpo. Hasta entonces en la Edad Media, cada señor o noble tenía control absoluto sobre sus dominios —los feudos—. Pero, durante los tres últimos siglos, el poder de la nobleza iba siendo limitado. Aunque conservaban todavía algunos privilegios, barones y condes eran obligados a respetar una única autoridad “nacional”, el rey. Aun así, periódicamente la nobleza se rebelaba, reclamando o restableciendo sus antiguos privilegios y creando dificultades a las iniciativas del monarca.

Richelieu procuró subordinar enteramente la nobleza al poder central. Pero el tiempo era corto. El rey envejecía y el propio Richelieu sentía disminuir sus fuerzas, sin que la monarquía francesa hubiese alcanzado el poder absoluto que consideraba indispensable para el fortalecimiento del Estado.

Se hacía imprescindible crear condiciones para que el futuro monarca pudiese continuar la obra. Uno de los obstáculos ya habla sido sorteado: la falta de un heredero directo del trono. Si Luis XIII hubiera muerto sin dejar hijos, la situación se habría complicado, pues la corona habría pasado al hermano del rey, en quien Richelieu no confiaba.

Había ahora una criatura de algunos días de vida. Pero eso solo no bastaba para asegurar la continuidad de la política incitada por el cardenal. Richelieu pensaba que sin un buen consejero ningún soberano se podría conducir con eficacia. Por eso necesitaba preparar con urgencia un sucesor para su propio cargo.

Había un solo hombre que estaba en condiciones de sucederlo: Giulio Mazarino, experto diplomático italiano que había sido soldado en los ejércitos del papa y que por entonces representaba al pontífice en París. En la larga convivencia con el italiano, Richelieu comprobó la perfecta identificación que Mazarino iba adquiriendo con él. La probada habilidad de Mazarino haría de él un continuador ideal de sus proyectos.

Era necesario “afrancesarlo” y aumentar su prestigio, para tornarlo en un consejero viable para el futuro rey de Francia. En 1640, Richelieu manda cambiar su nombre por el de Jules Mazarin y consigue su elevación al rango de cardenal. Esto se produce en el momento preciso: Richelieu fallece dos años más tarde y, al año siguiente, deja de existir también Luis XIII.

Ana de Austria

EL ULTIMO DESAFIO DE LA NOBLEZA
“¡Luis XIII ha muerto, viva Luis XIV!”. Resuenan nuevamente los tambores en las plazas públicas, mientras los heraldos proclaman el nombre del nuevo rey. El monarca tiene sólo cinco años. Corresponde a su madre gobernar provisionalmente, hasta que el rey alcance la mayoría de edad. No muy interesada en los asuntos políticos, la Reina Ana entrega el poder efectivo a ese personaje todavía relativamente oscuro, el cardenal Mazarino. Consta que las relaciones de la reina con su primer ministro eran más que amistosas. El hecho es que Mazarino no pierde tiempo y aplica paso a paso la política de Richelieu.

Luis XIII de Francia

Crea nuevos impuestos y tasas para los nobles, a fin de obtener fondos y reducir  aún   más  sus   privilegios.   Y concentra en sus manos una gran cantidad de poderes que, según explica, serán transferidos a Luis XIV en cuanto éste suba al trono. Mazarino se destaca pronto. Concluye con Alemania los tratados de Westfalia, poniendo fin a la llamada Guerra de los Treinta Años, que a partir de un conflicto entre los príncipes alemanes y los Habsburgo se había transformado en un conflicto continental, pues comprometía prácticamente a todos  los  países  europeos.

Los obispados de Metz, Toul y Ver. dún eran reconocidos como parte del reino de Francia y lo mismo ocurría con Alsacia, que se convertía en un enclave francés en medio de territorios germánicos. El poderío español también se reducía, ya que perdía gran parte de su influencia en los Países Bajos.

La guerra fue financiada por medio de pesados tributos, que afectaban tanto a los varios sectores de la nobleza como a los comerciantes, campesinos y artesanos. A partir de 1646, por ejemplo, todas las mercaderías que entraron en París fueron tasadas. Apoyándose en la burguesía, con la cual entablaron un pacto momentáneo (ambas clases tenían intereses opuestos), los nobles se rebelaban contra Mazarino con el concurso de la población de París.

Sintiéndose poco segura en palacio, la regente manda aprontar un carruaje y, llevando consigo a su hijo, logra atravesar la ciudad y refugiarse en la pequeña villa natal de Luis XIV, Saint-Germain-en-Laye (el pequeño rey no olvidará jamás el miedo que le produjo el levantamiento de París y de la nobleza: toda la vida tratará de domesticar a esta última y nunca se encontrará a gusto en la capital).

Se trataba de la llamada Fronda, rebelión capitaneada por la nobleza contra el poder creciente de la monarquía. Expulsado de París por los nobles, el joven rey Luis XIV fue, no obstante, traído de regreso por un príncipe, Conde. En desacuerdo con la revuelta, Conde afirmaba no tener nada contra el futuro soberano, y sí contra Mazarino. Exigió que fuese echado de Francia. En condiciones de inferioridad, Mazarino se exilió voluntariamente y comenzó a preparar  cuidadosamente   su  retorno.

Mantenía intensa correspondencia con la reina y su hijo, y daba instrucciones precisas en cuanto a la manera de enfrentar a la Fronda. En setiembre de 1651, probablemente debido a su consejo, Luis XIV declara oficialmente terminado el período de la regencia materna y asume todos los poderes de monarca. Tiene apenas trece años.

No tardará en llamar a París al fiel consejero de la corona (fiel, aunque se enriquezca a su nombre). Desde entonces, Mazarino se convierte en la “eminencia gris” del reino, el verdadero gobernante y preceptor del rey. Sólo otra personalidad se hace tan conocida —y odiada— como la suya en los años siguientes: la de Nicolás Fouquet, superintendente de Finanzas, a quien Mazarino encarga la importante tarea de recaudar los impuestos.

Mazarino enseña a Luis XIV a mantener siempre equilibrado el tesoro real, a rodearse de hombres competentes, interesados en desarrollar el comercio y las manufacturas, y a escoger a sus asesores sobre todo entre los burgueses, que, según él. merecen más confianza que la gente de  la   nobleza.

Luis XIV de Francia

No podía haber mejor alumno que Luis XIV. El monarca participaba de las reuniones del consejo a título de “enseñanza práctica” y daba su parecer sobre los asuntos en discusión.

A partir de cierto punto, su opinión divergía frecuentemente de la de los consejeros, lo que provocaba algún malestar en la sala del conseje en definitiva, Luis no era más que un muchachito. Empero, se hacía difícil distinguir dónde terminaba el entrenamiento y dónde comenzaba a expresarse   la   soberana   voluntad   real.

CUANDO  EL  DISCÍPULO APLICA LAS DOCTRINAS DEL MAESTRO
Antes de “diplomarlo”, Mazarino juzgó necesario escoger para él una esposa. Luis ya tenía su elección hecha: María Mancini, joven y bella sobrina del cardenal. Pero éste era contrario a las complicaciones que estos amores podían aportar. “¡Señor, os he recomendado apoyaros sobre los burgueses —dice— pero no sobre las burguesas! …” Mazarino insiste en que el monarca encuentre esposa en las familias reales de Europa. El casamiento es un asunto de Estado, un asunto por demás complicado para confiarlo exclusivamente a los sentimientos.

Mazarino ha iniciado gestiones ante Felipe IV de España: Luis XIV se casará con la princesa María Teresa, recibiendo a cambio territorios españoles de los Países Bajos, además de una pequeña dote de… ¡medio millón de escudos de oro! Al menos teóricamente, la transacción deberá asegurar la paz entre los dos reinos. La ceremonia se realiza en 1660.

Boda de Luix XIV y María Teresa

Boda de Luix XIV y María Teresa

Luis, que había jurado a María una fidelidad eterna, la dejó marchar, entre lágrimas. El corrió a ocultar sus lágrimas a Chantilly, enviando a su bienamada patéticas cartas de amor. Hizo falta, durante meses, toda la ternura de Ana de Austria, toda la sutileza, todas las reprensiones del Cardenal para que el rey consintiese, por fin, en renunciar a María, aceptando ofrecer su mano a la insípida María Teresa. El 9 de junio de 1660, unos esponsales dignos de un cuento de hadas unían a la Infanta de España y al Rey de Francia. María Teresa, desde el día siguiente de su boda, manifestó por su esposo una adoración ingenua y enojosa, que se prolongaría hasta sus últimos días.

EL FIN DE MAZARINO
El rey fue siempre un dócil alumno de Mazarino. Este se comportaba como verdadero monarca. Nadie tenía acceso libre a él, quien solicitaba una gracia debía dirigirse al Cardenal y no a Luis; su salud declinaba de día en día, pero su fasto jamás había aparecido tan esplendoroso. Victorioso frente a Austria y España, todavía encontró tiempo para pacificar el norte de Europa, restableciendo el equilibrio entre Suecía, Polonia y Dinamarca.

Sintiendo entonces próximo su fin, contempló la muerte con grandeza, suspirando solamente a la vista de las maravillas de su colección de cuadros: «Es necesario, pues, dejar todo esto». «Nunca, dijo más tarde Voltaire, hubo en una corte más intrigas y esperanzas que durante la agonía del cardenal Mazarino».

El superintendente Fouquet, protegido por la reina madre, creyó que sucedería al italiano, pero Colbert estaba firmemente resuelto a obstaculizarle el camino y a aprovechar la oportunidad. El día 7 de marzo, Mazarino se despidió noblemente del rey y de la reina madre.

Luis XIV lloró mucho, pero cada uno de sus ministros, acechando en su rostro una señal sobre la que fundar sus esperanzas, quedó decepcionado. El Cardenal se extinguió el 9 de marzo, habiendo llevado a fin la obra de Luis XIII y de Richelieu. Entre las manos del rey de Francia ponía la corona más poderosa de Europa.

PARA SABER MAS…
LAS DIFICULTADES FINANCIERAS EN LA ÉPOCA DE MAZARINO
Mazarino se encontraba frente al enojo de la nobleza y, además, frente a las dificultades económicas que había heredado de su predecesor. Este había concedido a estas cuestiones un mediano interés. El «estado de previsión» establecido cada año no comprendía todos los gastos ni todos los ingresos. Había cajas distintas, cuentas especiales a las cuales estaba afectado un ingreso determinado.

El paso de gente de guerra o una mala cosecha comprometían su percepción, por lo que se imponía encontrar nuevos recursos. Los gastos impagados, los ingresos no cobrados eran diferidos de año en año. Hubieron de aumentarse los impuestos de 17 a 69 millones, acrecentar el número de gravámenes. Pero todo fue insuficiente. La productividad del país era mediocre: el reino estaba siempre en el límite de la subsistencia y al borde del hambre endémica; la población permanecía subalimentada.

Para mantener sus ejércitos, Mazarino hubo de recurrir a métodos detestables, pidiendo prestado dinero a los banqueros, autorizando a éstos a percibir determinados impuestos. El rey ponía entonces a su disposición agentes del fisco y, a veces, hombres armados oprimían con impuestos a los campesinos hambrientos. En 1643 y 1644 hubo revueltas y motines en Rouer-gue, Poitou, Saintonge y el Angoumois. Pero la crisis financiera, lejos de disminuir, se agravaba. Particelli d’Emery, financiero de origen italiano, nombrado superintendente, se las ingenió para encontrar recursos nuevos mediante la venta de oficios inútiles y reducciones de emolumentos.

Exhumó una vieja ordenanza de Enrique II prohibiendo la construcción de casas junto a las murallas de París por razones militares; los propietarios de los suburbios hubieron de pagar una multa en virtud de este Edicto (Edit du Toisé), lo que provocó motines (1644). Una nueva tasa, la de los «Acomodados», afectó a los financieros, pero fue necesario renunciar a ella rápidamente ante las protestas generales.

El Parlamento de París se puso a la cabeza de los descontentos. En 1647, cuando habían comenzado las negociaciones de Westfalia, se promulgó otro Edicto que gravaba los derechos de consumo sobre todas las mercancías que entraran en París.

En fin, en 1648, con ocasión de la renovación de la Paulette (tasa anual pagada por los magistrados, que garantizaba la herencia de sus cargos), se decidió que, en lugar de pagar este derecho anual, los oficiales de los Tribunales (Tribunal de Cuentas, Tribunal de Impuestos Indirectos, Gran Consejo) abonarían cuatro años de sueldo. Aunque el Parlamento de París había sido exceptuado de esta medida, un poco excesiva, no impidió que se solidarizara con sus colegas.

La Ciudad de Dios en Ginebra de Calvino Reformador

LOS COMIENZOS DE CAL VINO
Nació en Noyon, Picardía, el 10 de julio de 1509, y era hijo de un hombre de negocios, que lo destinó siendo un niño a la Iglesia. ¡A los doce años disfrutaba ya de un beneficio eclesiástico! El clero de la ciudad lo miraba con benevolencia por lo bien dotado. Así, marcho a París a preparar una carrera que se le anunciaba muy brillante. Durante algunas semanas fue compañero de Ignacio de Loyola en el colegio de Montaigu.

Calvino, reformador religioso

En 1531, hallándose en la Universidad de Bourges, favorable a la Reforma, estableció conocimiento y recibió la influencia de un humanista luterano, el alemán Melchor Wolmar. Pero éste no consiguió apartar a Calvino de la Iglesia romana. Poco después murió su padre, Gerardo Chauvin, al cual, por hallarse enemistado con el capítulo de la catedral por una cuestión de sucesión, le fue negada la sepultura cristiana. Pero esta lamentable intransigencia tampoco precipitó la conversión del joven teólogo. De regreso a París, estudió letras y publicó su primera obra, un comentario sobre el De Clementia, de Séneca.

Simpatizaba con las ideas erasmistas y frecuentaba los medios favorables a la Reforma, que se habían desarrollado bajo la influencia del gran humanista Lefévre d’Etaples. Poco a poco, se acercó a las doctrinas de Lutero y de Zwinglio y, en 1534, rompió con la Iglesia romana y renunció a sus beneficios. El mismo año, las persecuciones lo alejaron del país y se refugió en Basilea.

LA INSTITUCIÓN CRISTIANA
En 1536, en Basilea, publicó la Institución cristiana, dedicada a Francisco I. En ella demostraba que los reformados se atenían al Evangelio puro, y hacían de las Escrituras la única fuente de la teología. Como Lutero o Zwinglio, afirmaba que sólo la fe del creyente y no las obras lo podían salvar. Pero, a diferencia de Lutero, apenas se interesó por la liturgia y las formas del culto, y, a diferencia de Zwinglio y otros reformados que conservaban cierto misticismo, su formación de humanista y de jurista lo alejaba del cristianismo medieval. La religión era, ante todo, la regla moral de los creyentes, que les imponía devolver a Dios lo que le pertenecía.

El hombre es débil, privado de libre albedrío y arrastrado al pecado, «todo suciedad y pestilencia». Sólo el sacrificio de Cristo lo puede salvar. La fe es un don de la Gracia Divina; no todos la reciben y no hay predestinación más que para un pequeño número de elegidos. Dios destina a unos a la vida eterna y a los demás a la condenación, «por su juicio oculto e incomprensible».

Como no sabemos quiénes son los elegidos, debemos trabajar por la salvación de todos. Cal vino no admitía más que dos sacramentos: el Bautismo y la Comunión simbólica; el culto se reducía a la oración, el sermón y el canto de los salmos. No debía haber ornamentos ni altar, ni crucifijo en los templos, servidos por pastores o ministros recluíados entre ellos, pero sometidos a las asambleas de fieles y a las autoridades.

PRIMERA ESTANCIA EN GINEBRA
Tanto como a su obra teológica, Calvino se entregó a la organización de su iglesia reformada. A pesar del inconveniente de su mala salud, no vacilaba en emprender peligrosos viajes, buscando lugares de asilo para los proscritos, y predicando. En julio de 1536, se dirige a Ginebra, donde su amigo Guillermo Farel lo retiene.

Este se había entregado con toda su alma a las nuevas ideas, pero faltaba en Ginebra un jefe capaz de organizar el nuevo protestantismo. De simple «lector» de las Escrituras, Calvino no tardó en imponerse; en 1537 sometió a la votación de los distintos consejos de la ciudad los artículos sobre el régimen de la Iglesia evangélica, la cual no debía ser una simple asamblea de eclesiásticos, sino una comunidad viviente y consciente, imagen perfecta del reino de Dios. El derecho de excomunión se convirtió en uno de los atributos asenciales de toda iglesia.

Una requisitoria tan firme no podía dejar de excitar los celos del poder civil, y Calvino y Farel entraron en conflicto con los magistrados, que los desterraron. Calvino se trasladó a Basilea y, después, a Estrasburgo, donde se casó con la viuda de un anabaptista belga, Idelette de Bure. En la ciudad se encontraban 1.500 refugiados franceses; Calvino los organizó y creó para ellos una liturgia francesa, perfeccionando su teología y participando en las asambleas de Francfort, Worms y Ratisbona. Pero en 1541 los ginebrinos volvieron a llamar a los que habían proscrito. Calvino se estableció en la ciudad donde residiría durante veintitrés años, hasta su muerte, intentando transformar Ginebra en un vasto convento laico.

LA CIUDAD DE DIOS
En efecto, desde 1541, hizo adoptar a la ciudad una serie de ordenanzas que servirían como modelo de experiencias políticas y sociales para las futuras comunidades calvinistas. Los ginebrinos deberían vestirse sin lujo, evitarían los bailes, moderarían su lenguaje, expurgando los estantes de su biblioteca de toda obra frivola, asistirían a numerosos oficios, aplicándose a mantener sus espíritus libres de todo lazo carnal, y vivirían en estado de oración silenciosa. En su deseo de modelar la vida de todos, Calvino chocó con la vieja burguesía.

Una verdadera «Fronda», dirigida por la familia del capitán general de la ciudad, Aimé Perrin, provocó disturbios y una dura represión. El arresto del español Miguel Servet, médico notable (había descubierto la circulación pulmonar de la sangre), fue el punto culminante de esta agitación. Servet había atacado a la Trinidad. Fue capturado durante un sermón del reformador, y quemado vivo en 1553. La facción de Perrin, comprometida en su favor, perdió definitivamente el poder.

Calvino había llegado al fin que se había propuesto. El Consistorio era el Consejo director de la Iglesia, formado por los simples fieles agrupados en torno a los pastores. En 1559, la creación de la Academia, última gran realización de Calvino, reunió a los mejores profesores de la época, encargados de la enseñanza de más de 1.200 estudiantes, futuros misioneros de la nueva religión.

Cuando, en 1564, murió Calvino, su Iglesia influía en Francia, Escocia y los Países Bajos. Mientras Lutero había sometido su Iglesia a los príncipes (el luteranismo contribuyó a forjar el carácter alemán de sumisión al Estado), el calvinismo formaba comunidades libres de tendencias independientes y democráticas, rebeldes a la autoridad, provocando una viva hostilidad de los soberanos, principalmente en Francia, donde la Reforma iba a provocar sangrientas guerras civiles.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Hundimiento Rose Mary Barco de Enrique VIII Enigma Porque se hundio?

¿QUÉ FUE LO QUE HUNDIÓ EL MARY ROSE?: En verano de 1545, el Mary Rose, el veterano buque insignia de la flota de Enrique VIII, alzó velas en una acción contra los franceses en el canal de Solent. Inglaterra hacía frente a la condena internacional por las reformas que Enrique había hecho en la Iglesia, y Francisco 1 se aprovechó de ello enviando una potente fuerza de más de doscientos buques de guerra y galeras equipadas con unos noventa cañones y cientos de soldados y arqueros en una expedición contra Portsmouth.

El mismo Enrique vio con horror desde la orilla cómo su minúscula flota de treinta barcos, que aún esperaba la llegada de una veintena de navíos más contratados por el rey para la ocasión, sucumbían contra el enemigo detrás de su buque insignia, el Mary Rose. Apuntando al conocido canal del suroeste en dirección a la costa de la isla de Wight y a la flota francesa, el Mary Rose realizó la descarga de babor y luego viró para disparar sus cañones de estribor. En lugar de eso, escoró severamente durante el cambio de dirección, volcó y se hundió ante los ojos de los horrorizados espectadores. Sólo quedaron unos veinticinco supervivientes aferrados al casco. En definitiva, en un único e inexplicable momento se perdió el orgullo de la Marina inglesa junto a más de cuatrocientos soldados y marineros. ¿Cómo pudo suceder semejante catástrofe? y ¿qué la causó?

El buque era un espléndido navío de madera, el orgullo de la Marina, y estaba considerado por los expertos como una embarcación casi imposible de naufragar. ¿Cómo sucedió esta irreversible y catastrófica pérdida? El misterio todavía sigue sin resolverse aunque, después de quinientos años, los estudios recientemente realizados por ingenieros navales e historiadores han abierto un campo de explicaciones bastante razonables.

En 1982, una expedición de arqueólogos marinos rescató lo que quedaba del Mary Rose. Sólo sobrevivió el lado de estribor del barco, que se hallaba completamente cubierto por el fango del canal de Solent.

Los miembros de la expedición recuperaron todo lo que pudieron del naufragio. Se restauró y se procedió a su exhibición en Portsmouth, en un sótano especialmente adaptado en cuanto a condiciones de humedad. El barco y el material documental relacionado se convirtieron en objeto de investigaciones exhaustivas, cuyos resultados no se completaron hasta 1999. Las posibles causas que se apuntaron del desastre pueden resumir-se en las cinco siguientes:

El Mary Rose se hundió por uno o varios impactos de la flota francesa. El afortunado impacto sólo pudo ser técnicamente viable si hubiera procedido de uno de los pesados cañones de bronce que se encontraban en la proa de las galeras asaltantes. A diferencia del resto de los cañones de la época, que lanzaban proyectiles de hierro más pequeños que el puño de un hombre, los cañones a bordo de las galeras lanzaban pesadas balas de piedra de unos cuatro kilos, así que el daño que causaban en el lugar donde impactaban podía ser considerable.

El hecho de que no haya muestras del impacto en el barco naufragado no es una prueba concluyente, dado que podría haber golpeado en el lado de babor de la galera, lado que, por otra parte, está completamente desaparecido. De todas formas, sería el único caso conocido de hundimiento de un barco de guerra del siglo XVI a causa, exclusivamente, de los cañonazos. Además, los tabiques del Mary Rose tenían 35 centímetros de grosor, por lo que parece improbable que los cañonazos fueran los únicos responsables de pérdida tan repentina.

El Mary Rose se había vuelto gravemente inestable a raíz de una remodelación encargada por el rey. El buque tenía más de treinta años y ya había luchado exitosamente contra los franceses en la batalla naval de 1512. Por una cuestión de prestigio personal y nacional, el monarca quiso renovarlo mediante la incorporación de las últimas innovaciones tecnológicas. En particular, quería instalar ocho cañones de cobre de largo alcance de reciente fabricación: cuatro a babor y cuatro a estribor. Todo ello como refuerzo del abundante armamento que ya cargaba el buque. Cada uno de estos cañones pesaba una tonelada, y el carro que los soportaba, más de doscientos kilos.

Una reconstrucción de este tipo requería nuevas cuadernas, que se añadían al peso. Los dendrocronólogos comprobaron que las nuevas cuadernas instaladas en la nave eran de madera procedente de unos árboles caídos en 1542 y, por lo tanto, instaladas durante el año de la remodelación. El nuevo armamento se tuvo que colocar en la parte más baja para que el barco no fuera demasiado pesado, también se tuvieron que adaptar las portas para que el agua no entrara por ellas al cambiar de rumbo. Todas estas modificaciones, al margen del prestigio que pudieran conllevar, convirtieron el Mary Rose en un buque mucho menos apto para la navegación de lo que había sido anteriormente.

La remodelación del Mary Rose estuvo dirigida por encargados nuevos y relativamente inexpertos. El rey, que estaba en tierra, en el castillo de Southsea en compañía de la esposa de sir George Carew, elegido vicealmirante y comandante tan solo unos días antes, se limitó a seguir la costumbre de escoger como oficiales superiores a caballeros, que dejaban la verdadera dirección del barco en manos del capitán y su tripulación. Carew pudo insinuar (y tras echar un vistazo a su correspondencia, así lo hizo) que cualquier defecto en el funcionamiento del barco se debía tanto a la ebriedad de la tripulación como a su insubordinación. Sin embargo, es mucho más plausible pensar que se debiera a la falta de experiencia y a la incompetencia de los oficiales del buque. Puede que en el desconcierto y el pánico de la batalla se hubieran emitido órdenes contradictorias que anularan las del capitán, o tal vez se evitó cualquier tipo de directriz.

El Mary Rose pudo estar peligrosamente sobrecargado en el momento de la batalla. Supuestamente, llevaba una carga extra de 415 hombres, formados por 200 marineros, 30 artilleros y 185 soldados listos para efectuar el abordaje de cualquier barco francés. Los soldados estaban atrincherados en los dos castillos, de proa y popa, en las dos partes más altas del barco. Para dificultar el abordaje del Mary Rose, las zonas que estaban a nivel de la cubierta principal estaban tapadas por una gruesa red de cuerda. Con ello se conseguía impedir, no sólo el abordaje extranjero, sino que también se evitaba que cualquiera bajo cubierta del barco intentara escapar. No obstante, lo más seguro es que la cifra oficial de 185 infravalorara el verdadero número de soldados que había en los dos castillos.

Los documentos de la época demuestran que había más de 400 soldados a bordo. Naturalmente, los oficiales querían tener consigo el mayor número de soldados posible en caso de abordaje. A la luz de otras embarcaciones implicadas en el mismo tipo de acciones, normalmente se daba cabida a un total del 75 % del tonelaje del barco —en el caso del Mary Rose, un barco de 800 toneladas, le correspondía un total de 600 hombres—. Como cada soldado ataviado con todo su equipo debía de pesar alrededor de cien kilos, la suma de los 200 soldados hizo que el barco soportara 20 toneladas más, todas ellas dispuestas en los castillos de proa y de popa. Seguramente, marineros profesionales hubieran advertido los peligros de la empresa, pero puede que los caballeros aficionados no lo hicieran.

Las versiones de los testigos del momento mencionan que el Mary Rose se hundió mientras maniobraba para virar, por lo que el naufragio se produjo por el ángulo del barco durante el giro. Con la carga extra de la embarcación y la instalación de las nuevas troneras, justo por encima de la línea de flotación, el ángulo durante la maniobra de viraje debió permitir que entrara a bordo una buena cantidad de agua; en especial si las portillas habían quedado abiertas. Aunque es poco probable que semejante descuido sucediera con una tripulación experimentada.

El hecho apunta a que se hicieron pocas pruebas de flotación, si es que se hizo alguna, tras la nueva remodelación. Tampoco hay que olvidar que la maniobra se realizó en un momento de pánico y confusión ocasionada por la contienda. Es más, en el momento de la recuperación del barco, estas portillas se encontraron todas abiertas. Un metro cúbico de agua pesa una tonelada y esta carga de agua indudablemente incrementó la inestabilidad de la embarcación. Asimismo, algunos testigos declararon que el barco fue sorprendido por una violenta ráfaga de viento que, probablemente, escoró por completo el Mary Rose.

Aunque los motivos del naufragio siguen siendo una incógnita, la opinión de los expertos sugiere que las causas yacen en un cúmulo de circunstancias en contra. A saber: el excesivo entusiasmo en remodelar un viejo buque de guerra, la incompetencia de la tripulación y sus mandos, la grave sobrecarga de hombres y armamento, la peligrosa maniobra realizada en condiciones de ventisca, y unas troneras abiertas demasiado próximas a la línea de flotación.

Aun así, todo esto no es más que una hipótesis bien documentada hecha casi cinco siglos después de la tragedia. La explicación exacta de la catástrofe no se llegará a saber nunca.

Presentación Multimedia con Imágenes de Barcos

Fuente Consultada: Lo que Oculta La Historia Ed Rayner y Ron Stapley

Resumen de la Gloriosa Revolución En Inglaterra Caida de la Monarquia

Cambios económicos y conflictos de intereses: Hasta finales del siglo XVI, la monarquía de los Tudor tuvo muchos intereses en común con los burgueses urbanos y con los pequeños propietarios rurales de origen noble la gentry . Sus intereses coincidían en la lucha contra España por el dominio de los mares atlánticos y por el empeño español en restablecer el catolicismo en Inglaterra; y también en la lucha contra las familias más poderosas de la nobleza inglesa —la aristocracia— que arruinaban el país con sus guerras privadas. Pero esta alianza entre la monarquía, la gentry y los burgueses entró en crisis durante los reinados de los reyes Estuardo.

En las primeras décadas del siglo XVII, la riqueza de los burgueses dedicados al comercio y a la producción de mercaderías aumentaba, y también la de la gentry, cuyos miembros se diferenciaron del resto de la nobleza porque se dedicaron a una actividad típicamente burguesa como el comercio.

Mientras tanto, disminuían los ingresos de los nobles más poderosos que tenían como única fuente de riqueza la propiedad de sus tierras. Muchos nobles comenzaron a depender de la monarquía para sobrevivir, y los burgueses entraron en conflicto con el poder absoluto de la monarquía que intentó poner límites al desarrollo de sus actividades económicas.

La lucha por la nueva riqueza

burguesesEl problema era que los burgueses estaban generando y acumulando una riqueza a la que la monarquía no podía acceder. Para obtener una parte de esa nueva riqueza la monarquía propuso crear nuevos impuestos y aumentar los que ya existían.

El Parlamento se opuso porque sus miembros no podían controlar el destino del dinero recaudado.

La corona también intentó participar directamente en algunas de las actividades industriales y comerciales, pero el resultado fue aumento de precios, desocupación y descontento general. Para conseguir ingresos, la monarquía comenzó a exigir antiguos derechos feudales y reforzó su alianza con la jerarquía de la Iglesia Anglicana, integrada por grandes terratenientes.

Jacobo I Estuardo
Su tendencia a ejercer el poder en forma absoluta se confirmó en 1610 cuando disolvió el Parlamento y no lo volvió a convocar hasta 1621. Para los burgueses esto no hacia mas que frenar el libre comercio y el desarrollo de sus actividades económicas. 

La guerra civil y la abolición de la monarquía

El enfrentamiento por los impuestos continuó. La corona comenzó a exigirlos aunque no tuvieran la aprobación del Parlamento; y los burgueses comprendieron que los cambios económicos que necesitaban sólo se alcanzarían a través de la lucha política. Las familias de comerciantes y terratenientes más poderosas, relacionadas entre sí por negocios comunes y que estaban representadas en las dos cámaras del Parlamento, fueron el núcleo de la oposición al rey Carlos I con el objetivo de lograr un gobierno que representara los intereses de los hombres de negocios.

Durante 1639 y 1640 los burgueses se negaron a pagar impuestos. Pero la crisis se agravó cuando, en 1640, Escocia pretendió separarse de Inglaterra y la Cámara de los Comunes se negó a aprobar los fondos necesarios para equipar y pagar un ejército a las órdenes de Carlos I. La mayoría de los comerciantes, artesanos y aprendices apoyaron a los Comunes y en 1642 comenzó la guerra civil.Ejecución del Rey Carlos I en 1649.

Ejecución del Rey Carlos I en 1649.El ejército ocupó la capital en 1648 y el Parlamento Depurado procesó al rey con el siguiente fundamento: “Los comunes de Inglaterra reunidos en el Parlamento, declaran que, por debajo de Dios, el pueblo es el origen de todo poder justo”…

En los dos bandos enfrentados, el parlamentario y el realista, había representantes de la nobleza y de los burgueses. Lo que los diferenciaba era que los realistas tenían más fuerza en las regiones agrícolas del norte y el Oeste del país, mientras que el Parlamento encontraba el apoyo en el sur y en el este, regiones en las que predominaban la industria y el comercio. También las ideas religiosas los diferenciaban: el puritanismo respaldaba, en general, al Parlamento, y el anglicanismo, como iglesia oficial, al rey. En el conflicto armado, venció el ejército parlamentario que dirigía Oliverio Cromwell. En 1649, los nobles fueron expulsados del Parlamento, se proclamé la república y el rey Carlos I fue decapitado.

La Gloriosa Revolución: Después de la muerte de Cromwell, los burgueses más poderosos, que necesitaban paz y orden para sus negocios, llegaron a un acuerdo con la nobleza y, en 1660, la monarquía fue restaurada en la persona de Carlos II Estuardo. Por su parte, el rey aceptaba que correspondía al Parlamento la elaboración de leyes y la aprobación de impuestos.

Pero el acuerdo entre la monarquía y el Parlamento se rompió cuando llegó al trono Jacobo II, católico y con tendencias absolutistas. El nuevo rey no encontró apoyo para restablecer la monarquía absoluta: la nobleza no era católica y, además, sabía que la mayor parte de la sociedad no aceptaba una vuelta al pasado. Esto fue lo que llevó a un nuevo acuerdo entre los nobles y los burgueses, quienes coincidieron en la necesidad de destronar al rey y justificaron su propósito en las ideas del filósofo inglés John Locke.

Convencidos de que el destronamiento del rey en este caso era lícito, en 1688 nobles y burgueses ofrecieron la corona de Inglaterra al príncipe holandés Guillermo de Orange con dos condiciones: debía mantener el protestantismo y dejar gobernar al Parlamento. Jacobo II, abandonado por casi todos los grupos sociales, dejó el trono. Así, sin violencia, triunfó la Gloriosa Revolución (como la llamaron los hombres de la época), que abolió definitivamente la monarquía absoluta e inició en Inglaterra la época de la monarquía parlamentaría.

Sesión de la Cámara de los Comunes. El filósofo John Locke (1632-1704) sentó las bases del liberalismo político. En su Tratado de Gobierno Civil propuso un sistema político que aseguraba las libertades y los derechos de los individuos. Pensaba que los miembros de una sociedad establecían entre sí un contrato, por el cual delegaban e/poder en los gobernantes. Por eso, la acción de los gobernantes debía estar controlada por los representantes del pueblo, y si el gobierno era injusto el pueblo tenía el derecho a rebelarse. En su Carta sobre la Tolerancia de 1689, Locke afirmó: “Para m1 el Estado es una sociedad de hombres constituida únicamente con e/fin de adquirir conservar y mejorar sus propios intereses civiles. Intereses civiles llamo a la vida, la libertad, la salud y la prosperidad del cuerpo; y a la posesión de bienes externos, tales como el dinero, la tierra, la casa, el mobiliario y cosas semejantes.”

El parlamentarismo y el desarrollo del capitalismo: Luego del triunfo de la Gloriosa Revolución, en Inglaterra comenzó a funcionar un sistema de gobierno llamado parlamentarismo. Este sistema aseguró la participación de los súbditos en el gobierno del Estado a través del Parlamento.

Durante el siglo XVII, los grupos comerciales y manufactureros más poderosos controlaron el gobierno parlamentario con el fin de promover sus intereses económicos. Se eliminaron los privilegios reales, aristocráticos y de las corporaciones, los monopolios, las prohibiciones, los peajes y los controles de precios, que obstaculizaban la libertad de comercio y de industria. Se crearon y fortalecieron instrumentos que servían para el desarrollo de las nuevas actividades económicas: se creó el Banco de Inglaterra y se generalizaron las sociedades anónimas, se difundió la tolerancia religiosa y se protegió el progreso de la ciencia.

El Estado inglés promovió especialmente el desarrollo del comercio y de la industria de manufacturas. El Acta de Navegación, que en 1651 estableció que el transporte de todas las mercaderías procedentes de o destinadas a Inglaterra debía hacerse únicamente en naves inglesas, fue el origen del desarrollo de una flota mercante que convirtió a Inglaterra en la dueña de los mares del mundo. Desde el 1700, además, el Parlamento prohibió las exportaciones de lana en bruto y organizó el establecimiento de artesanos extranjeros, con lo que sentó las bases del desarrollo de la industria textil.

El Parlamento Inglés

El Parlamento Inglés: los parlamentarios se dividieron en dos partidos: los whigs y los tories. Los primeros liberales, defensores de las reformas antiabsolutista, los tories eran mas conservadores y querían mantener el antiguo régimen. El Parlamento siempre controló al Primer Ministro, nombrado por la Corona, el que debía formar un gabinete para gobernar. La pérdida de confianza en el Ministro era suficiente para presionar  a la Corona para que cambie el gabinete.

CRONOLOGÍA
Inglaterra

1603 Muerte de Isabel I. Comienza el reinado de los Estuardo y Jacobo I sube al trono. Unión de Inglaterra y Escocia.
1625 Muerte del rey Jacobo I. Su hijo Carlos I sube al trono.
1628 El Parlamento presenta la Petición de Derechos. El rey disolverá el Parlamento.
1641    El Parlamento Largo Intenta ampliar su poder.
1642   Comienza la guerra civil entre el rey y el Parlamento.
1645   Derrota del rey en Naseby.
1648   Triunfo de la primera revolución inglesa. Cromwell sube al poder.
1649   Ejecución de Carlos I. Proclamación de la república.
1651   Acta de Navegación.
1652   Guerra anglo-holandesa.
1653   Cromwell, lord protector.
1654   Guerra con España.
1658 Muerte de Cromwell. Su hijo Richard, al no poder contar con el apoyo del ejército, renuncia a ser lord protector.
1660   Restauración de los Estuardo. Car los II, nuevo rey.
1679   Ley de Habeas Corpus.
1685 Muere Carlos II. Le sucede su hermano Jacobo II.
1688   Segunda revolución inglesa. Huida de Jacobo II. Le suceden su hija, María II, y el marido de ésta, Guillermo III de Orange.
1689   Declaración de Derechos.
1702 Reinado de Ana, último miembro de la dinastía Estuardo (hasta 1714).

Otros países
1610 Asesinato de Enrique IV de Francia. Le sucede su hijo Luis XIII.
1 611   Gustavo Adolfo, rey de Suecia.
1613 Miguel III Romanov, nuevo zar de Rusia.
1618 Comienza la guerra de los Treinta Años.
1621 Reinado de Felipe ly de España (hasta 1665).
1643   Muere Luis XIII. Le sucede su hijo Luis XIV.
1644   Dinastía manchú en China. 1648   Los tratados de Westfalla ponen
fin a la guerra de los Treinta Años. Francia y España siguen en guerra. La Fronda en Francia (hasta 1654).
1656 Aprovechando el desorden del Imperio otomano, Venecia expulsa a los turcos de los Dardanelos.
1659 Paz de los Pirineos entre Francia y España.
1661 Comienza el reinado personal de Luis XIV.
1667 Guerra de Devolución entre Francia y España (hasta 1668).
1672 Guerra entre Francia y Holanda (hasta 1678).
1682   Pedro el Grande sube al trono de Rusia.
1683   Los turcos asedian Viena, aunque serán derrotados en Mohács (1687).
1685   Revocación del Edicto de Nantes; emigración  de   los  protestantes franceses. 1 700   Los Borbones suceden a los Austrias en España.
1701   Guerra  de  Sucesión  española (hasta 1714).

Bomba Atomica Perdida Accidente Aereo Pierde Una Bomba Atomica

La Bomba Atómica Perdida

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Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

BOMBA ATÓMICA PERDIDA: A primera hora de la mañana del 5 de febrero de 1958, un bombardero B-47 despegó de la base de las Fuerzas Aéreas de Homestead, Florida, llevando una bomba termonuclear Mark 215, de tres toneladas y media, con más de dos toneladas de explosivo convencional, una cabeza nuclear de uranio y una cápsula nuclear extraíble consistente en un detonador de plutonio.

Esta bomba era cien veces mas potente que la que las USAAF lanzaron sobre Hiroshima trece años antes; era capaz de exterminar inmensas áreas del este de América y provocar un tsunami que habría llegado hasta Nueva York.

No mucho después de despegar, a las 3.30 de la madrugada, el bombardero colisionó con un F-86 cuyo piloto saltó antes de que los aviones chocaran. La tripulación del bombardero trató de controlar el B-47, aunque éste había sufrido serios daños y había fuego en su interior.

El avión fue a aterrizar directamente al campo de aviaciónHunter Army, en las afueras de Savannah, a poco más de dieciséis kilómetros. Alcanzó la pista, pero un fallo mecánico impidió que pudiera reducir la velocidad para efectuar un aterrizaje seguro.

Entonces, se le ordenó que se alzara de nuevo y que se deshiciera de la carga explosiva a unos dos kilómetros y medio más allá, en una zona donde no peligraran vidas humanas, para después volver a la base e intentar aterrizar de nuevo. La tripulación obedeció las órdenes y lanzó los dispositivos cerca de la desembocadura del río Savannah.

El incidente puso a Washington en un enorme aprieto, pues el Pentágono quería evitar la consiguiente consternación pública resultante del hecho de que hubieran soltado una bomba nuclear en territorio propio.

Tras el silencio inicial del Departamento de Defensa estadounidense, que duró unos cuantos días, el comunicado decía que se había arrojado en una zona «una porción de arma nuclear», pero que no había riesgo para la población porque el arma estaba «descargada».

De todos modos, cuando las cosas se calmaron, e independientemente de si la bomba estaba o no cargada, resultó imposible recuperarla.

Hasta nuestros días el Pentágono sigue afirmando que no hay problemas porque el artefacto está desactivado, pero algunos soldados encargados de cargar la bomba al avión relataron todo lo contrario, frente a la negación de las autoridades militares. Hasta el misterio continua, y la bomba sigue extraviada.

Fuente Consultadas:
Secretos y Misterios de la Historia – Rearder’s Digest
Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

Abuelo…es verdad? de Luis Melnik
El Jardín de Newton – José M. Sánchez Ron
Lo Que Oculta La Historia – Ed Rayner y Ron Stapley

Quien fue Lady Godiva? La Historia o Leyenda de la Mujer Desnuda

¿Quién Fue Lady Godiva?

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Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

LADY GODIVA: La piadosa cónyuge del conde de Mercia fue celebrada a mediados del siglo XI por su apoyo a varios monasterios. Irónicamente, hoy se le recuerda por una notoria cabalgata que muy posiblemente nunca hizo.

Cada tres años, en las fiestas populares de la ciudad inglesa de Coventry se incluye a una mujer desnuda que, montada a caballo, recorre sus calles en recuerdo de la heroína lady Godiva.

La verdadera lady Godiva fue la esposa de Leofric, conde deChester, con quien se había casado hacia el año 1040. De acuerdo con el cronista del siglo XIII Roger de Wendower, Godiva rogó a su cónyuge que disminuyera los impuestos que abrumaban a los habitantes de Coventry.

Tal vez enojado por su insistencia y queriendo acabar con sus fastidiosas peticiones, el conde le hizo una escandalosa propuesta: “Monta desnuda en tu caballo y pasa por el mercado del pueblo cuando toda la gente esté reunida.

Leofric le prometió a Godiva que cuando regresara de esta cabalgata le concedería su deseo: sólo de esa manera los habitantes de Coventry serían perdonados de los pesados impuestos adicionales.

Leofric esperaba que esto haría que su esposa, escandalizada y avergonzada, desistiera de su insistencia.

Según cuentan, los habitantes, en un acto de solidaridad, se encerraron en sus casas y evitaron mirarla. Sólo la vio un indiscreto, que desde entonces fue llamado Peeping Tom, Tom el mirón.

Hacia el año de 1028, una adinerada viuda llamada Godgifu o Godiva (su nombre tiene 17 pronunciaciones distintas) donó su considerable fortuna al monasterio de Ely cuando yacía en su lecho de muerte. Pero se recuperó, y una década después se volvió a casar, atrayendo el interés de su nuevo marido, el conde de Mercia, hacia sus caritativas donaciones.

En 1043 el conde y su esposa fundaron un monasterio benedictino en Coventry, uno de los pueblos bajo su dominio. El 4 de octubre la iglesia fue consagrada a San Pedro, San Osburgo, a todos los santos y a la Virgen María, de quien Lady Godiva era particularmente devota.

Las joyas que regaló a la capilla del monasterio la convirtieron en una de las más ricas de Inglaterra. Lady Godiva la patrocinó aun después de la muerte del conde, además de hacerlo con otra media docena de monasterios.

Pero la condesa no es recordada por estos actos, sino por su recorrido desnuda por las calles de Coventry.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

El Ajo como amuleto Talismanes de la Suerte Trebol de Cuatro Hojas

Amuletos de la Suerte – Talismanes

miselaneas de la historia

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EL AJO COMO AMULETO:

cabezas de ajo

El ajo es uno de los amuletos de la buena suerte preferidos por diversas culturas y a lo largo de diferentes épocas. Una de sus más referencias más antiguas aparece en la Odisea, de Homero, al ser utilizado como amuleto por Ulises para librarse del embrujo de la hechicera Circe, mediante el uso de la planta enviada por el dios Hermes. Un collar de ajos fue para los hombres de la Europa medieval un inseparable resguardo contra los malos espíritus y los vampiros.

Esta planta tiene su origen en el Asia Central, en la desértica región siberiana de Kirgiz. En esa zona los veranos son secos y cálidos, con es-cas as precipitaciones, por lo cual el ajo tuvo que crecer cuando había humedad, en la primavera y el otoño, y también tuvo que poder sobrevivir sin el agua en los meses excepcionalmente secos del verano y el invierno.

Los dientes del ajo almacenan grandes cantidades de alimento, lo que le permite soportar largas etapas de inactividad y esperar a que lleguen las lluvias de la primavera para que la planta continúe su proceso de crecimiento. Su sistema de enraizamiento y sus hojas relativamente pequeñas son la clave de la supervivencia de esta planta. Estos rasgos hacen del ajo una planta resistente, capaz de crecer en suelo pobre y en climas ásperos con poco o nada de cuidado. Una vez descubierto por los seres humanos, no es extraño que el ajo se convirtiera rápidamente en un cultivo básico en casi todas las civilizaciones: ya en el siglo VIII a.C. el ajo crecía en el jardín del rey de Babilonia; los eruditos chinos mencionan el ajo en escrituras del 3000 a.C. y la dieta sumeria incluyó el poseedores de tal vista sobrenatural que lea permitía ver a los seres malignos de su entorno San Patricio, en su cruzada para cristianizar Irlanda, en el año 432, no dudó en servirse de uno “de tres lóbulos en un solo tallo”, para explicar a los druidas el misterio de la Santísima Trinidad. Como se sabe, este santo se convirtió en el patrono de Irlanda, y su imagen aparece asociada a un báculo, con el que da muerte a los demonios en forma de serpiente, y en cuyo extremo se destaca una cruz de doble travesaño con ambos brazos rematados por hojas de trébol,
Si un común trébol de tres lóbulos fue capaz de suscitar tales fervores, el menos frecuente, de cuatro, pronto se convirtió en la rareza más apreciada del reino vegetal.

La primera cultura que lo utilizó con fines mágicos fue la egipcia. Habían consagrado este raro ejemplar a Isis, su divinidad bienhechora. Creían que sólo aquellos tréboles tocados por la gracia de Isis, presentaban esta tétrada singular, por lo que si alguien encontraba uno de estos tallos acudía al templo para solicitar la protección celestial. Los sacerdotes consagrados al servicio de Isis oficiaban la ceremonia de iniciación y el afortundado recibía a cambio del trébol que ofrecía a Isis, una réplica en
la felicidad. Los propios sacerdotes encargados del culto de la diosa sujetaban su tánica púrpura, sobre sus hombros, con un alfiler en forma de trébol de cuatro hojas. Este talismán pasó a ser el protector de los amores carnal y filial. Los novios se lo ofrecían a su amada, para preservar el cariño, mientras que las madres lo colgaban al cuello de sus hijos como escudo mágico contra las adversidades de la vida. Incluso, llegaba a colocarse en los sarcófagos, para ayudar al alma en su incierto tránsito por el más allá.

Según los más antiguos tratados mágicos, para que una réplica de un trébol de cuatro hojas pueda surtir los efectos protectores que se esperan de este a-muleto, debe reunir una serie de requisitos muy concretos.

Es preciso que se fabrique en plata o platino. Tal elaboración debe hacerse un lunes, entre las nueve y las once de la noche, al tiempo que la luna llena asoma sobre el horizonte. Finalmente, debe reiterarse tres veces esta invocación: “Oh astro solitario y misterioso, que caminas eternamente por ese espacio sin límites, derramando tu melancólica luz sobre esta planeta llamado Tierra! Yo, el más humilde de los mortales, te pido en esta solemne hora fijes tus rayos y mercedes sobre este metal que lleva tu imagen, dotándole de las virtudes mágicas necesarias, para que por su mediación pueda conseguir la dicha, la fortuna, la salud, el poder y el amor durante el curso de mi vida sobre este planeta. Si atiendes a mi súplica, yo te prometo en agradecimiento a tus favores, recordarte en todas las horas de mi vida”.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

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Cuantos Hijos Tuvo Urquiza? Descendencia de Urquiza La Familia de Justo

Los Hijos de Urquiza

miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

Justo José de Urquiza

LOS HIJOS DE JUSTO J. DE URQUIZA: respecto a este tema histórico, la mejor explicación detallada que conozco es la del historiador argentino Daniel Balmaceda, quien en su libro “Historias Insólitas de la Historia Argentina” lo explica de la siguiente manera:

“Los hijos de Urquiza —los que se conocen— son veintitrés. Por eso, conviene ir por partos; perdón, por partes. A la edad de 18 años, en 1820, una relación furtiva de Justo con Encarnación Díaz los convirtió en padres de Concepción, un nombre más que premonitorio si se analiza su nutrida descendencia. ¿Dónde vivía Concepción? En Concepción del Uruguay.

Tres años más tarde, Urquiza conoció a Segunda Calvento, quien pertenecía a lo más exquisito de las familias de Entre Ríos. Segunda dio a luz a Pedro Teófilo Urquiza Calvento el 18 de septiembre de 1823. Justo y Segunda no formalizaron la relación mediante el matrimonio, pero eso no les impidió darle hermanos a leo. Diógenes nació el 18 de diciembre de 1825. Waldino, el 30 de enero de 1827. José, el cuarto de los Urquiza Calvento, llegó en 1829. Su padre lo llamaba Pepe.

La relación con aquella segunda novia llamada Segunda culminó en algún momento y Justo encontró un nuevo amor. Cruz López Jordán (20 años) era su cuñada y a la vez, imadrina de Waldino! El fruto de los amores entre Cruz y Justo fue Ana Dolores Ercilia, sexta en la lista de hijos, quien nació el 11 de mayo de 1835.

En los meses de 1839, el donjuán fue asiduo participante de las tertulias de doña Pascuala Ferreira de Sambrana, en Concepción del Uruguay. La festejada hija de Pascuala —y potencial madre de criaturas Urquiza— se llamaba Doraliza. No duró mucho la relación porque el galán pasó a cortejar a una hermana menor de Doraliza, Juanita. El 27 de febrero de 1840 Doraliza se convirtió en tía de Carmelo, el séptimo Urquiza. En 1842 Dolariza volvió a ser tía, esta vez de una pequeña llamada Juana, quien pronto tendría companía. Cándida nació el mismo año que Juana, pero su madre fue la atractiva riojana Tránsito Mercado y Pazos. (Hacemos un paréntesis para contar que en medio de estos nacimientos, se casaba la primogénita Concepción Urquiza Díaz. Aquel producto de su pecado de juventud ya tenía edad para formar familia. Pero al padre de Concepción no había quién lo llevara a un altar.)

El 22 de marzo de 1846 lanzó su primer llanto Clodomira del Tránsito Urquiza, hija de Tránsito Mercado, la atractiva riojana. Ese mismo año, en septiembre, María Romero dio a luz a Norberta Urquiza. Pocas semanas después llegó Medarda Urquiza, hija del picaflor entrerriano y Cándida Cardoso. Las tres nacidas el mismo año, pero lejos de ser trillizas, eran más bien urquillizas.

Hasta aquí, la primera mitad de la descendencia del entrerriano. Conviene recapitular. Justo José de Urquiza tuvo entre 1820 y 1846 siete “novias” y doce hijos extramatrimoniales: Concepción, Teófilo, Diógenes, Waldino, José, Ana, Carmelo, Juana, Cándida, Clodomira, Norberta y Medarda.

Pocas semanas después del histórico Pronunciamiento del 10 de mayo de 1851, en el que cuestionaba el poder de Rosas, Urquiza, quien por entonces tenía 49 años, asistió en Gualeguaychú a una de las tantas fiestas de las que participaba —Justo José era fanático del baile— y quedó embobado ante una joven de 21 años y mirada cautivante.

La reina de Gualeguaychú era Dolores Costa, pero el general, quien tenía cinco hijos más grandes que ella, la llamaba Dolor-cita. Para Sarmiento, la señorita Costa era “la sultana favorita” del entrerriano.

Dolores actuó como Primera Dama de Palermo —donde Urquiza se instaló al vencer a Rosas—, aunque no lo hizo con exclusividad, ya que tuvo que aguantarse a una ex en su casa. Nos referimos a Cruz López Jordán, madre de Anita y madrina de Waldino. Tal vez esta rareza de contar con una doble compañía le haya servido ajusto José para paliar la herida psicológica que habría recibido cuando fue “cruelmente engañado” en su juventud.

La decimotercera descendiente, Dolores Urquiza Costa, nació el día previo a que se sancionara la Constitución del año 53. Lola tuvo varios hermanos: justa (nació en 1854), justo (nació 1856 y nos ocuparemos de él en el párrafo siguiente), Cayetano (1858), Flora (1859), Juan José (1861), Micaela (1862) y Teresa (1864).

En total, ocho hermanos con la misma madre, la gualeguaychense Dolores Costa, con quien convivía en el espléndido palacio San José de Concepción del Uruguay. Pero no se había casado. Por fin lo hizo en 1865, en la acogedora capilla que existe junto a la casa, cuya principal curiosidad son los numerosos símbolos masones que contiene.

Una vez que Justo y Dolores fueron marido y mujer, nacieron Cipriano (1866), Carmelito (1868) y, por último, la benjaminaCándida (1870). Estos once hijos que tuvo con Dolores más los otros doce de distintas relaciones fueron reconocidos en forma legal.

Si hubo más, nunca alcanzaron el grado de estos veintitrés. Muchos de los hijos extramatrimoniales de Urquiza vivieron en el palacio San José, con su padre, Dolores Costa y los descendientes del matrimonio.”

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

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Venta de Indulgencias Papales Perdon de los Pecados Iglesia Catolica

La Venta de Indulgencias Papales

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Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

LA VENTA DE INDULGENCIAS PAPALES:  En la Edad Media, todos los pueblos cristianos de Europa eran miembros de una iglesia, gobernada por el Papa desde Roma. Reconocían su autoridad y la de los sacerdotes. Frecuentemente, éstos eran los únicos en la ciudad o la villa que sabían leer y escribir, y por eso la gente se acercaba a ellos en busca de ayuda y consejo. La Iglesia era el centro de la vida de la comunidad.

Venta de indulgencia por el Papa

Durante el Renacimiento, la Iglesia seguía siendo el centro de la vida, y el pueblo la usaba libremente como lugar de reunión. El miedo a la muerte desde la peste hizo a mucha gente aun más religiosa. Escuchaban los sermones de famosos predicadores que decían que la peste era un castigo por sus pecados. Pero también había muchas personas que comenzaban a perder parte de su miedo a la Iglesia. Este cambio se produjo con lentitud.

Querían una religión en la que pudieran participar más activamente en vez de ser gobernados por los sacerdotes y el Papa. Los humanistas del Renacimiento habían revivido la ida de la dignidad humana y a raíz de ello, la gente comenzó a dudar sobre aquellas cosas que antes había aceptado ciegamente. Una de las primeras preguntas que se hacían los más inteligentes era si estaba bien que el Papa fuese tan rico, ya que durante el Renacimiento, los papas se interesaban por las riquezas materiales tanto como los comerciantes y los príncipes.

Los Papas Julio II y León X fueron grandes protectores de las artes e invirtieron muchísimo dinero en encargar a los artistas la construcción de edificios y la ejecución de obras de arte. Como no era de extrañar, muchos pensaron que eso era escandaloso. Tampoco estaban de acuerdo con los métodos por los cuales la Iglesia obtenía su dinero.

Uno de ellos era la venta de reliquias, objetos religiosos como por ejemplo trozos de las vestimentas de los santos o bien de sus propios cuerpos y hasta astillas de la madera de la cruz donde fue crucificado Cristo.

Los peregrinos hacían largos viajes para visitar los lugares donde estaban estas reliquias y solían pagar grandes sumas de dinero por ellas. Desgraciadamente, muchas eran falsas, por ejemplo, el cuerpo de un santo que pertenecía a una ciudad parecía tener dos o tres cabezas, según la cantidad de poblaciones que decían ser propietarios de ella. Había tantos trozos de la cruz de Cristo como para construir un barco entero. Otro motivo de escándalo fue la  forma en que la Iglesia obtenía dinero vendiendo indulgencias o perdones por los pecados cometidos o por cometer.

El representante de la Iglesia, perdonador, o bulero, recorría los pueblos vendiendo bulas (perdones otorgados por el Papa, escritos en hojas de papel). Fue uno de estos representantes, Juan Tetzel, quien provocó la querella de Martín Lutero con el Papa.

Tetzel incitaba a la gente a comprar perdones para salvar sus almas, pero lo que estaba haciendo en realidad era recaudar dinero para la reconstrucción de la Iglesia de San Pedro en Roma. Lutero sintió, como otros antes, que la Iglesia no debía explotar así a la gente. Además considaraba que un Papa de Italia no tenía poder ni sobre el pueblo alemán ni sobre los de otras nacionalidades.

Su deseo de transformar la Iglesia condujo al movimiento denominado Reforma. Los protestantes, o sea aquellos que protestaban contra la autoridad papal, comenzaron la lucha contra los católicos, que continuaban aceptándola.

En algunos aspectos, la Iglesia colaboró con el Renacimiento. Algunas de las mejores obras de Miguel Ángel y de Rafael fueron hechas para el Papa. Los grandes concilios de la Iglesia, que se convocaron de tanto en tanto, reunían a personas de toda Europa y ayudaban a difundir las ideas y nuevos conceptos del Renacimiento.

En realidad, los escándalos de la Iglesia probablemente sólo preocupaban a un pequeño grupo de pensadores. Durante todo el Renacimiento, hubo una profunda fe en la religión y también mucha polémica sobre ella. Quizás la mejor síntesis de esta fe- sea el libro La Imitación de Cristo, de Thomas de Kempis, que fue una especie de guía para la vida religiosa del siglo XV y para mucha gente en épocas posteriores.

Fuente Consultadas:
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Hercules y sus Hijos El retorno de los heráclidas Leyenda de los Dorios

Hércules y Sus Hijos

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HÉRCULES Y SUS HIJOS (LOS HERACLIDAS): Era hijo de Zeus, quien, antes de haber desposado a Hera, se concedía algunas libertades, y una vez perdió francamente la cabeza por una mujer vulgar, aunque de sangre aristócrata: Alcmena.

Zeus estaba tan apasionado por ella, que hizo durar veinticuatro horas, en vez de ocho, la noche en que fue a visitarla. Y el fruto de aquel abrazo fue en proporción a su duración.

Hera, para vengarse, mandó dos serpientes a estrangular al neonato. Pero éste cogiéndolas entre el índice y el pulgar les aplastó la cabeza. Por esto le llamaron Hércules, que quiere decir «gloria de Hera».

Creció idóneo a sí mismo, y convirtiose en breve en el más popular de los héroes griegos por su carácter alegre, vagabundo, cariñoso y amable, aunque de vez en cuando, creyendo hacerle una caricia, le rompía la columna vertebral a un amigo, y luego se echaba a llorar sobre el cadáver por su propio atolondramiento.

Las hizo de todos los colores. Sedujo a las cincuenta hijas del rey de Tespias, mató con las manos a un león, cuya piel fue desde entonces su único vestido, enloqueció por una brujería de Hera, estranguló a sus propios hijos y fue a curarse a Delfos, donde le ordenaron retirarse a Tirinto y ponerse a las órdenes del rey Euristo, quien, para tenerle sujeto, le ordenó doce empresas dificilísimas y arriesgadísimas, esperando que en una de ellas dejase la piel. Pero Hércules las llevó a cabo.

Después de muerto, fue venerado como un dios, pero sus hijos, llamados heráclidas, que debían de ser millares dada la fuerza demográfica del papá y que habían heredado su carácter turbulento se convirtieron en los bandidos de Grecia. Uno de ellos, Hilo, retó, uno tras otro, a los soldados que el rey había movilizado para echarle con sus hermanos.

 La condición era que, si les vencía a todos, los heráclidastendrían en premio el reino de Micenas. Si perdía, se marcharían, comprometiéndose a volver sólo después de transcurridos cincuenta años, o sea en las personas de sus hijos y nietos. Perdió, y la promesa fue mantenida. Los heráclidas partieron, pero sus descendientes de la tercera generación, al cumplirse el medio siglo, se presentaron puntualmente, mataron a los aqueos que intentaron resistir, y se adueñaron de Grecia.

Esto que la leyenda llama «el retorno de los heráclidas», en lenguaje histórico se llama «invasión doria», y aconteció hacia el año 1100 antes de Jesucristo. Sin duda fueron los mismos dorios, si no los que elaboraron de raíz esta leyenda, los que se la apropiaron.

Origen del Héroe Hércules

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Costumbres de Personajes Argentinos Hobby de Hombres Patrios de Argentina

Costumbres de Personajes Argentinos

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HOBBY Y COSTUMBRES DE PERSONAJES ARGENTINOS:

JOSÉ DE SAN MARTÍN era muy buen guitarrista. Por lo general, cuando estaba en campaña y ordenaba detener a su ejército para acampar y pasar la noche, los oficiales más cercanos a él le pedían, con una mezcla de respeto y admiración, que pulsara las cuerdas un poco para ellos. Al rato eran muchos los que rodeaban el fogón conmovidos por la maestría de San Martín.

JUAN LAVALLE gustaba mucho de las corridas de toros, hasta el punto de participar en ellas. Lo hacía como picador, es decir, el que de a caballo pica al toro con su lanza preparándolo para el enfrentamiento. A Lavalle se lo vio muchas veces en la plaza de toros de Buenos Aires, que estaba exactamente donde hoy está el estacionamiento y el edificio del hotel Sheraton.

MANUEL BELGRANO era un excelente bailarín. Tanto que su presencia se hacía casi imprescindible en las más importantes fiestas de la época a las que daba brillo con su arte. Si Belgrano no iba, la fiesta era menos fiesta.

JUAN MANUEL DE ROSAS era un magnífico jugador de billar. Tenía una mesa construida y nivelada especialmente para él en la que se lucía y perdía solamente cuando quería regalarle eso a su invitado sin que él lo advirtiera.

Cuando vivió en su mansión de Palermo no solo contaba con una de esas mesas sino que hizo construir una habitación especial y exclusiva para jugar.

JOSÉ MARÍA PAZ era, además de un aguerrido hombre de armas, un verdadero intelectual. Su entretenimiento favorito era leer, pero se diferenciaba del resto porque lo hacía en forma directa en latín, lengua que dominaba perfectamente.

BERNARDO MONTEAGUDO asombraba a los soldados del Ejército de los Andes provocándoles una gran admiración cuando llevaba a cabo una costumbre muy normal y habitual en él: se bañaba en los lagos andinos, en medio de la campaña, luego de romper la capa de hielo que los cubría.

ESTEBAN ECHEVERRIA, autor de E/Matadero, La cautiva y El dogma socialista, entre otros, también fue un muy buen guitarrista, pero ese entretenimiento se vio opacado por otro: en su adolescencia y juventud fue un desaforado mujeriego. Muchos de ellos lo fueron, cierto, pero él les ganaba a todos. Debió sosegarse por una afección cardíaca temprana. Luego, en secreto, fue autor de canciones populares, un Ricky Maravilla de su época.

JORGE NEWBERY era un deportista total que abarcaba varias disciplinas, siendo la aviación lo que lo puso en la historia por sus logros y su coraje. Pero, además, amaba especialmente el boxeo con sus elegantes normas de la época. En más de una ocasión lo demostró en la práctica ante guapos que amainaron.

EDUARDO DUHALDE fue bañero bastante antes de ser presidente de la Nación, pero lo que le fascina y, en más de una ocasiónn estuvo a punto de costarle la vida, es la pesca de tiburón. Siendo político, le debe resultar familiar moverse entre ellos.

LORENCIO PARRAVICINI restaba horas a su trabajo como actor para dedicarlas a otra pasión que, en su época, era casi heroica: la aeronáutica. Obtuvo uno de los primeros brevetsde piloto civil en el país.

ERNESTO SABATO debió olvidar a menudo la gloria de ser uno de los más grandes escritores de habla hispana del mundo cuando, desde décadas atrás, le habló siempre a sus plantitas y sus flores para que crecieran mejor. Y lo consiguió invariablemente. Desde la década de los ochenta ha practicado algo más que un hobby, un nuevo arte: la pintura.

ROBERTO M. ORTIZ fue un gourmet de primera categoría. Amaba la buena mesa y los platos fuertes. Exageró hasta tal punto esa costumbre que, siendo diabético y no cuidar su dieta, quedó ciego y debió renunciar a la presidencia de la Nación. No cambió ni así. Poco después murió.

GREGORIO PÉREZ COMPANC, considerado el hombre más rico de la Argentina, colecciona autos antiguos y de los otros. No solo eso: corre en ellos carreras oficiales aquí y en Europa. También sus hijos Pablo y Luis.

ALFREDO L. PALACIOS dedicó desde joven buena parte de su tiempo a la práctica del esgrima. Manejaba con destreza sin igual espadas, floretes y sables. De allí que fuera un temido y temible duelista.

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Carta del Padre de Einstein Buscando Trabajo Para Su Hijo Albert

La Carta del Padre de Albert Einstein

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CARTA DESPERADA DE UN PADRE AFLIGIDO: Luego de graduado, a Einstein le costó cierto tiempo conseguir un empleo, situación que preocupaba al flamante científico. Su padre, percibiendo sin duda su estado de ánimo (Einstein se encontraba entonces con su familia en Milán), sé atrevió a escribir (el 13 de abril de 1901) una carta a Ostwald, un reconocido profesor académico. Estas fueron sus palabras….

Estimado Herr Professor:
Por favor perdone a un padre que es tan atrevido como para dirigirse a usted, estimado Herr Professor, en el interés de su hijo.

Comenzaré por decirle que mi hijo Albert tiene 22 años, que estudió en el Politécnico de Zúrich durante cuatro años, y que pasó sus exámenes para el diploma en matemáticas y física con magníficas notas el verano pasado. Desde entonces ha estado intentando, sin éxito, obtener un puesto de asistente, que le permitiera continuar su educación en física teórica y experimental. Todos aquellos en situación de dar su opinión al respecto elogian sus talentos; en cualquier caso, puedo asegurarle que es extraordinariamente estudioso y diligente y se apega con gran amor a su ciencia.

Mi hijo se halla, por consiguiente, profundamente infeliz con su actual falta de un puesto, y su idea de que ahora se encuentra fuera de órbita hace que se sienta cada día más arrinconado. Además, se siente oprimido por el pensamiento de que es una carga para nosotros, gente de medios modestos.

Como es a usted, altamente respetado Herr Professor, a quien mi hijo parece admirar y respetar más que a cualquier otro investigador de los activos actualmente en la física, es a usted a quien me tomo la libertad de recurrir con la humilde petición de que lea su artículo publicado en el Annalen Physik y que le escriba, si es posible, unas pocas palabras de ánimo, de forma que pueda recobrar su alegría de vivir y trabajar.

Si, además, pudiese procurarle un puesto de assistent para ahora o para el próximo otoño, mi gratitud no conocería límites.
Le pido una vez más que perdone mi imprudencia al escribirle, y también me tomo la libertad de mencionar que mi hijo no sabe nada acerca de este inusual paso.

Por lo que se sabe hasta hoy, la respuesta que obtuvo Hermann Einstein de Ostwald fue la misma que tuvo su hijo: ninguna.

En esta situación, algunos de sus amigos intentaron ayudarle.Michele Angelo Besso (1873-1898), un ingeniero suizo a quien Einstein había conocido en una velada musical celebrada en Zúrich en 1896, y la única persona a quien Einstein agradeció su colaboración en su artículo de la relatividad especial (que no contiene ninguna referencia a otros trabajos), buscó la ayuda de un tío suyo, profesor en Italia.

El 15 de abril de 1901. Einstein tenía buenas noticias que contar a su novia Maric. Por un lado, que el profesor Jakob Rebstein, del Politécnico de Winterthur, le había escrito preguntándole si quería sustituirlo del 15 de mayo al 15 de julio, fechas en las que tenía que cumplir con su servicio militar. «Puedes imaginarte con qué gusto hago esto! Tengo que dar unas 30 horas semanales, entre ellas incluso geometría descriptiva, pero el valiente suabo no se asusta». escribía a Mileva.

Por otra parte, acababa de recibir una carta de su amigo y compañero de estudios Marcel Grossmann (1878-1936), con quien en 1912-1913, siendo ambos profesores en la ETH, aprendió y desarrolló el aparato matemático (la geometríariemanniana) necesario para la relatividad general, en la que éste le comunicaba que probablemente recibiría pronto, con la ayuda del padre de Marcel, un puesto estable en la Oficina de Protección de la Propiedad Intelectual de Berna.

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Abuelo…es verdad? de Luis Melnik
El Jardín de Newton – José M. Sánchez Ron

Proyecto MK Ultra Investigacion con LSD Experimentos de la CIA con LSD

El proyecto MK Ultra – Espionaje Americano

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Experimentos de la CIA y el LSD (alucinógeno: acido lisérgico): MkUltra era el nombre en clave de una operación a gran escala organizada por el Equipo de Servicios Técnicos de la CIA (TSS) con el propósito de llevar a cabo investigaciones sobre la alteración del comportamiento humano, especialmente a través del empleo del LSD y utilizando a civiles inocentes como sujetos experimentales.

“Mk” era el prefijo genérico que tenían todas las operaciones de control mental (mind control) y “Ultra” provenía de la red de inteligencia organizada por los estadounidenses en la Europa dominada por el III Reich, una batallita de la que los veteranos agentes de la recién creada CIA se encontraban especialmente orgullosos.

proyecto mk ultra

El padre del proyecto fue Richard Helms, quien más tarde se convertiría en director de la agencia y que adquirió posteriormente cierta relevancia en relación con el escándalo Watergate. Entre 1953 y 1964 MkUltra (desde esa fecha hasta 1973 el programa continuó bajo el nombre de MkSearch) cometió algunas de las peores atrocidades y más flagrantes violaciones de los derechos humanos de la historia de Estados Unidos.

De hecho, muchos de los experimentos llevados a cabo en el marco de este proyecto diferían muy poco de los ejecutados por los médicos nazis en los campos de exterminio; es más, algunos fueron llevados a cabo por médicos que habían prestado sus “servicios” en campos como Dachau y cuyos conocimientos, especialmente interesantes para las autoridades estadounidenses en los tiempos de la Guerra Fría, les habían valido para escaparse por la puerta de atrás de la acción de los tribunales de Nuremberg.

La Agencia Central de Inteligencia tenía buenas razones para interesarse por el empleo del LSD como agente modificador del comportamiento. Una era utilizarlo, contraviniendo la convención de Ginebra, en la obtención de información de prisioneros de guerra o de agentes secretos enemigos. Otra, determinar el posible empleo del ácido lisérgico como arma de guerra química.

Existía una tercera aplicación del LSD que atraía sobremanera al sector más visionario del TSS: utilizarlo como herramienta de perturbación social en países enemigos, bien popularizando su uso como estupefaciente o bien introduciéndolo subrepticiamente en la red del suministro de agua.

En los años sesenta, según demuestran documentos secretos recientemente desclasificados en Estados Unidos, la CIA llegó a considerar seriamente la posibilidad de emplear este tipo de estrategias contra el régimen de Fidel Castro y, lo que resulta más sorprendente aun, para el control de la propia población de Estados Unidos.

En este entorno, la experimentación con sujetos no avisados era fundamental, ya que el TSS necesitaba, previamente a poder llevar a cabo estos planes, obtener datos de los efectos de la droga en situaciones de la vida real.

Un paradigma de los extremos a los que se llegó lo constituye un memorando interno de la CIA, fechado el 15 de diciembre de 1954, que recoge la propuesta del 155 de introducir cierta cantidad de LSD en el ponche que se serviría en la fiesta de Navidad que la agencia daba anualmente a sus empleados, es decir, se realizaban experimentos con el propio personal.

Droga: Efectos del LSD

Fuente Consultadas:
Secretos y Misterios de la Historia – Rearder’s Digest
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Abuelo…es verdad? de Luis Melnik

La Venus de Milo Historia Perdida de los Brazos Mutilacion Brazos

Los Brazos Perdidos de la Venus de Milo

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Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española,  “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas  ,pero interesantes como para ampliar  nuestra cultura general.

LA TRAGEDIA DE LA VENUS DE MILO:  Una de las esculturamas famosas de la historia antigua  es la llamada Venus de Milo,conocida también como Afrodita de Melos, que fue encontrada a principios del siglo XIX en la isla de Milos en el corazón de las Cícladas.

 Fue esculpida aproximadamente entre los años 130 y 120 a.C. y hoy en día se puede admirar en el museo del Louvre, en París.

Se trata de un torso de mármol considerado por los expertos como el máximo exponente de la belleza clásica, y a lo largo de la historia ha sido objeto de innumerables especulaciones.

Finalmente se ha conseguido arrojar algo de luz en su pasado y se ha llegado a la conclusión de que la deformación fue consecuencia de un error humano y que la famosa amputación no es otra cosa que pura casualidad.

Entre los años 1919 y 1920 el explorador francés Dumont D’Urville tomó parte en una expedición en el mar Mediterráneo y por casualidad descubrió en el establo de las cabras de un pastor de la isla de Melos (Milos) una escultura que el instruido marino inmediatamente identificó como una Venus, la diosa del amor: en su mano sujetaba una manzana que le había entregado Paris para distinguirla como la mujer más hermosa.

D’Urville en seguida intuyó que la obra de arte tenía un valor extraordinario y decidió que debía llevarla a su tierra natal costase lo que costase. Sin embargo, el precio que pedía el pastor era tan alto que no tenía suficiente para pagarlo en el momento, de manera que se puso en contacto con la embajada francesa y se hizo acompañar de un diplomático que confirmaría la venta.

Cuando D’Urville regresó a Melos con su acompañante, el pastor ya había vendido la pieza a otros interesados para que fuera regalada al gobernador turco, de manera que se encontraba en el establo empaquetada y lista para que pasaran a recogerla.

D’Urville tuvo que recordar al pastor la promesa que le había hecho y éste, cuando vio el dinero contante y sonante, recuperó rápidamente la memoria. Los dos franceses dispusieron la escultura en una camilla y se encaminaron hacia la playa, donde estaba anclado su barco. Sin embargo, de camino se toparon con los turcos.

Tras el encontronazo se produjo una dura pelea que culminó con la victoria francesa. D’Urville y el diplomático no fueron los únicos que sufrieron heridas de consideración en el forcejeo, sino que también la Venus salió malparada: había perdido ambos brazos. Finalmente la estatua consiguió llegar a París sin más contratiempos pero, a pesar de los esfuerzos, los brazos nunca más aparecieron..

Fuente Consultadas:
Secretos y Misterios de la Historia – Rearder’s Digest
Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

Abuelo…es verdad? de Luis Melnik
El Jardín de Newton – José M. Sánchez Ron
Los Errores de La Historia – Roger Rossing