Historia de Babilonia

Historia de los Caldeos Origen Costumbres Religion Arte

Historia de los Caldeos Origen Costumbres Religion Arte

Se denomina CALDEA a una antigua región de Asia stuada al NO del golfo Pérsico, atravesada por el río Eufrates, que coincide parcialmente con la Baja Mesopotamia y hoy forma parte Irak.

El nombre proviene de la tribu de los hadu o caldeos, de la familia de los arameos. Al asumir la milenaria tradición cultural de la región de Sumer a Babilonia pasando por Ur se identificó a Caldea con la cultura de Mesopotamica. Los caldeos llegaron a la Baja Meopotamia a principios del I milenio a C.

mapa de caldea historia
La gran llanura baja, que apenas se eleva por encima del nivel del mar, donde se unen el Tigris y el Eufrates, forma Caldea. La larga faja de terreno comprendida entre los dos ríos en la parte en que sus cursos son paralelos eran llamada Mesopotamia palabra griega que significa entre los ríos.

Caldea, como Egipto, está rodeada de inmenso desierto de arena y sería también un desierto árido sin el Eufrates y el Tigris. Estos ríos hacen habitable la comarca. Han llevado en otro tiempo la tierra y proporcionan el agua que la fertiliza.

Abandonaron su vida nómada asentándose en las ciudades, y, hacia la mitad del siglo IX a.C. ormaron seis principados: Larak, Bit-Dakkuri, Bit-Amukkani, Bit-Silani, Bit-Sa’alli y Bit- Yakin, donde tuvo lugar el renacimiento de Babilonia, en esos momentos sometida por los Asirios.

Nabopolasar (625-606 a. C.) conquistó Nínive (611 a. C.) se apoderó de gran parte del Imperio asirio y frenó la expansión egipcia en Siria y Palestina.

Su hijo Nabucodonosor II (605-562 a. C.) extendió el poder de Caldea y de Babilonia, su capital, con nuevas conquistas. El último rey caldeo, Nabonido (556-539 a.C.), fue perdiendo territorios en favor de los medos, de manera que Babilonia quedó reducida a un pequeño enclave que en el año 539 a. C. cayó en manos de Ciro II de Persia.

Fue administrada como una satrapía más y protagonizó varias rebeliones.

En el 331 a. C, la región fue conquistada por Alejandro Magno y posteriormente se mantuvo bajo la influencia de los partos, los romanos y los sasánidas.

los caldeos

COSTUMBRES

Eran los caldeos un pueblo de agricultores. Labraban la tierra con arados pequeños tirados por bueyes, la regaban sacando agua de los ríos o de los canales con un cubo atado con una cuerda a un madero en forma de balancín. Criaban rebaños de bueyes y de carneros.

Las tierras que pertenecían a distintos dueños se medían y separaban con guardacantones. Se arrendaban y se vendían.

Asirios y caldeos habitaban casi todos en las ciudades. Las casas estaban comunmente cubiertas con tierra y eran bajas y oscuras porque se trataba de resguardarse de los ardores del sol.

En las grandes ciudades había muchos obreros. Se fabricaban en Caldea bonitas telas de hilo o de lana, que servían para hacer vestidos y tapices. Estas telas, de colores brillantes, estaban adornadas con bordados que representaban hombres, animales y plantas.

Fueron célebres en toda la antigüedad. Se hacían en Asiria y Caldea lindas armas damasquinadas, muebles de marfil y madera con incrustaciones de oro y plata, sillas y arneses de cuero magníficos.

Las gentes ricas usaban como adornos collares, brazaletes, pendientes, e iban vestidas con una túnica de hilo, otra de lana y manto bordado.

Llevaban el pelo largo, rizado cuidadosamente en largos bucles que caían sobre los hombros, la barba larga y trenzada hasta el pecho. Las gentes de poca importancia no llevaban más que una túnica y andaban con los pies descalzos.

El rey y los señores tenían varias mujeres, que vivían encerradas en departamentos donde nadie penetraba y de los cuales no se las dejaba salir. Las mujeres del pueblo, por el contrario, vivían en libertad y hasta sal ían con la. cara descubierta.

RELIGIÓN

En los tiempos más antiguos, las ciudades principales de Caldea y Asiría habían empezado por tener cada una su dios, que los habitantes adoraban como su dueño y protector. Luego todos los dioses fueron adorados a la vez en todas las ciudades.

Había varios dioses principales, y entre ellos: Marduk, dios de Babilonia, (imagen abajo) que se llamaba también Bel-Marduk, era el dios del sol y príncipe de las legiones de estrellas.

dios marduk

Se le representaba como un guerrero armado de lanza, arco, escudo y maza, para combatir a los malos espíritus, o como rey sentado en su trono, con tiara a la cabeza coronada por cuernos de toro en señal de su fuerza.

Assur, el dios de los asirios, tenía también la figura de guerrero o de rey. Muchas veces se le representa cerniéndose en el cielo, en el centro de un círculo, con un arco en la mano, provisto de dos grandes alas.

Hea, el dios-pez, se representaba con cuerpo de pescado y cabeza humana, o en forma de hombre con cola de águila y cubierto con piel de pescado. Se decía que había salido de las aguas para enseñar a los hombres las ciencias, las artes, la construcción y la agricultura.

Sin, el,dios de Ur, que se llamaba el «brillante», era un dios de la luna. Samas, el dios de Sippara, era un dios del sol y se le representaba sentado en un trono con un cetro y el disco del sol en la mano.

Ninip tenía la figura de vigoroso cazador que ahogaba entre sus brazos a un león. Se le llamaba «el dueño de la fuerza, el señor de la espada y de los ejércitos».

Nergal, el dios de Cutha, era dios-león; y se le representaba muchas veces con cuerpo de león y torso de hombre, o con cabeza de león en cuerpo humano.

Ramán, el dios del cielo, del trueno y de las lluvias, apellidado «el señor de los canales, el dios de la fecundidad, el dueño de la tempestad», era un guerrero armado con hacha y a la cabeza una tiara con cuatro cuernos. En la mano tenía el rayo.

Nebo, el dios de la escritura, de la ciencia y de la adivinación, era representado como un viejo con mucha barba vestido con iarga túnica, a la cabeza una tiara con cuernos de toro.

Se pensaba que dirigía los movimientos de las estrellas y guardaba especialmente a los reyes.

La diosa Istar, adorada en Arbelas y Nínive, era representada bajo diferentes formas. Unas veces era la «reina de las batallas revestida de coraza y con el casco de guerra a la cabeza; otras era la diosa del amor, representada entonces con figura de paloma; otras una madre con su hijo en los brazos».

Se adoraba a otras varias diosas. Belit, Zerpaníd, Mylita, que eran probablemente distintos nombres de una misma divinidad.

Se creía que por bajo de estas grandes divinidades había otros dioses menos poderosos: uno adorado.en forma de serpiente con cabeza humana, otro representado como pájaro gigantesco, «el pájaro de la tempestad», un dios de las cosechas, un dios del Eufrates.

Se creía también en genios servidores de los grandes dioses. Tenían forma humana con cuatro grandes alas desplegadas, o de gigantesco toro alado con cabeza de hombre y cola de león.

Delante de la puerta de sus palacios, los reyes asirios mandaban esculpir genios de esta clase para servirles de guardianes.

Los dioses eran representados en estatuas de piedra, de oro y de plata, vestidas con ricas telas. Se conservaban cuidadosamente en santuarios donde los sacerdotes tan sólo tenían derecho.a penetrar.

Eran sacados y llevados en procesión en las fiestas. Para honrar a los dioses se sacrificaban animales, se quemaba incienso, se derramaban bebidas en el suelo, se cantaban himnos y se recitaban oraciones. He aquí la que Nabucodonosor mandó grabar en su estatua:

«Marduk, señor de los países, escucha mis palabras. Te he construido un templo; haz que pueda estar orgulloso de tu gloria.

Haz que alcance la vejez en Babilonia, que me harte de posteridad, que reciba los tributos de los reyes de todos los países del mundo, que mis descendientes gobiernen a los hombres hasta el fin de los siglos».

ASTROLOGIA

En el aire transparente de Caldea los astros tienen de noche un brillo muy distinto al que presentan en nuestros cielos, constantemente brumosos.

Los caldeos, mirando aquellas brillantes constelaciones, se habían dado cuenta de que algunos de estos astros cambian sin cesar de posición con respecto a los otros y habían aprendido a distinguir los planetas de las estrellas.

Consideraban ser los cinco planetas. Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, así como el Sol y la Luna, manifestaciones especiales de los dioses, y los llamaban ios intérpretes de éstos. Cada planeta representaba a una divinidad y llevaba su nombre.

caldeos astrologia

Un color estaba consagrado a la vez al astro y al dios. Mercurio, el astro de Nebo, tenía el azul; Venus o Istar, el blanco; Marte o Nergal, el rojo; Júpiter o Marduk, el púrpura; Saturno o Ninip, el negro; la Luna o Sin, el plateado; el Sol o Samas, el dorado.

Los caldeos habían observado también que cada día el sol sale por sitio distinto a los anteriores y que de esta suerte da la vuelta al cielo durante el año. Habían reconocido los doce grupos de estrellas o constelaciones, entre las cuales sale el sol sucesivamente.

onsideraban asimismo estas constelaciones como seres divinos, los «señores de los dioses». Los caldeos, habituados a ver en los astros divinidades, creían que manifestaban la voluntad de los dioses y que era posible, estudiando sus movimientos, adivinar lo que iba a suceder en la tierra.

Los sacerdotes eran, por tanto, al mismo tiempo adivinos. Predecían los vientos, las lluvias, las inundaciones, los grandes calores, las buenas y malas cosechas. Predecían también los acontecimientos políticos, la muerte de los reyes, las guerras, las derrotas.

Pero lo que les hizo principalmente célebres entre todos los pueblos antiguos, fue el arte de predecir lo que sucedería a cada individuo. Imaginaban los caldeos que la posición de los astros en el momento en que el niño viene al mundo, indica de antemano todo su destino.

Cada individuo tiene su estrella, bajo el influjo de la cual permanece toda la vida. Si la estrella es buena, será feliz; si mala, será desgraciado. Bastaba saber bajo qué astro había nacido un hombre para predecir su suerte.

Era lo que los griegos llamaban el horóscopo, y astrología a esta adivinación mediante los astros.

Observando el cielo, los caldeos habían hecho también descubrimientos cuya exactitud ha sido comprobada más tarde.

Habían llegado a calcular los movimientos de los planetas y prever los eclipses de luna, habían determinado los doce signos del, zodíaco y visto que el año se compone de trescientos sesenta y cinco días y cuarto, habían inventado el cuadrante solar. Fueron los creadores de la Astronomía.

MAGIA

Imaginaban los caldeos que el mundo está lleno de espíritus invisibles, sin cesar ocupados en hacer daño a los hombres. Se los representaba de diferentes formas.

Unos eran fantasmas, las almas de los muertos, que volvían al mundo para asustar a los vivos; y otros eran demonios, y se les representaba con figuras horrendas y fantásticas.

Los caldeos atribuían a los demonios todas las desgracias y, sobre todo, las enfermedades. Había un demonio de la peste, otro de la calentura, otro de las úlceras.

Para curar la enfermedad, se trataba de expulsar al demonio. Utilizábanse para ello varios procedimientos que los caldeos habían imaginado de muy antiguo y que conservaron durante miles de años.

los caldeos

Se invocaba a un dios poderoso rogándole que viniera a combatir al demonio, por ejemplo, al dios Marduk o al dios del fuego. Se le decía: «Fuego destructor de los enemigos, arma terrible que ahuyenta la peste, fuego brillante y fecundo, aniquila el mal».

O bien se colocaba a la puerta de la casa la imagen de un dios o de un genio benéfico, con objeto de asustar a los demonios.

Los procedimientos más utilizados eran las fórmulas mágicas y los talismanes. Se creía que ciertas palabras y determinados movimientos ejercían un poder especial al cual no podían resistir los demonios, que bastaba pronunciar esas palabras o hacer esos movimientos para poner en fuga a los demonios.

Para curar al enfermo, se recitaba sobre su cuerpo una fórmula que ordenaba a los malos espíritus irse, la siguiente, por ejemplo: «Que el demonio malo salga, que los demonios se cojan el uno al otro, que el espíritu favorable penetre en su cuerpo».

Los talismanes eran tiras de tela en que se había escrito una fórmula mágica, piedras preciosas o collares en que se había grabado la imagen de una divinidad o una fórmula como ésta: «Demonio malo, peste maligna, el Espíritu de la tierra os ha hecho salir de su cuerpo. Que el genio favorable, el buen coloso, el espíritu bienhechor vengan con el Espíritu de la tierra. Encanto del dios poderoso, poderoso, poderoso».

Los caldeos creían que había fórmulas para llamar a los demonios como las había para alejarlos.

Del mismo modo que se podía curar a un individuo enfermo expulsando ai demonio, se podía hacer enfermar a un individuo sano dejando que el genio malo entrase en su cuerpo.

Por eso se tenía mucho miedo a los hechiceros, que se llamaban «hombres maléficos». Se imaginaba que podían destruir las cosechas, hacer que lloviera granizo, producir enfermedades, ya pronunciando palabras misteriosas, ya dando bebidas encantadas, ya mirando de cierta manera a las gentes a quienes querían hacer daño.

Fueron célebres durante toda la antigüedad los caldeos como adivinos, magos y hechiceros.

A ellos se remonta la creencia en los hechizos, en los filtros, en el mal de ojo, en los sortilegios, en los talismanes y en los amuletos que todos los pueblos civilizados han adoptado y que persisten todavía en todo el Oriente, y aun en los países occidentales entre las gentes de escasa instrucción.

Se usaban todavía en la Edad Media, contra los malos espíritus, fórmulas en la lengua asiria, como, por ejemplo: Hilka, ni/ka, bescha, bescha: ¡Vete, vete, malo, malo! .

PESAS Y MEDIDAS

Inventaron los caldeos todas las medidas de tiempo y de longitud, todos los pesos de que se sirvieron los demás pueblos de la antigüedad.

Dividían el año en doce meses, unos de veintinueve, otros de treinta días, según la revolución de la luna alrededor de la tierra. De esta suerte, el año suyo era más corto que el año verdadero de trescientos sesenta y cinco días y cuarto, calculado por el movimiento de traslación de la tierra alrededor del sol.

Para compensar la diferencia, intercalaban cada seis años un mes complementario de treinta días. Ellos imaginaron la semana de siete días en recuerdo de los siete planetas.

El séptimo era un día de descanso, en que no se debía guerrear ni administrar justicia, ni siquiera tomar medicina. Ellos dividieron el día en veinticuatro horas, la hora en sesenta minutos, el minuto en sesenta segundos.

Hicieron también la división del círculo en 360 grados, del grado en sesenta minutos, del minuto en sesenta segundos, del segundo en sesenta terceros, con los signos: ° grado, minuto, » segundo, «‘ tercero.

Respecto a las medidas de longitud imaginaron un sistema completo de medidas.

Eran ellas: el palmo, de 27 centímetros; el codo, de 52 centímetros; la pértica, de 12 palmos; el pletro, de 10 pérticas; el estadio.

Las medidas de superficie eran el pie cuadrado, el codo cuadrado y el estadio cuadrado.

Los pesos eran la mina, 305 gramos; el talento, que pesaba 60 minas. La mina se dividía en 60 dracmas.

MONUMENTOS

Los caldeos y los asirios construyeron gran número de monumentos. Hoy todavía está el país sembrado de enormes ruinas.

No disponían los arquitectos caldeos de piedra para edificar. Mandaban hacer ladrillos con tierra arcillosa amasada con agua y puesta en un molde.

Los ladrillos cocidos, es decir, metidos en el horno, tomaban color encarnado y eran muy resistentes. Los ladrillos crudos, adobes, habían sido simplemente secados al sol. Su color era parduzco y se deshacían más fácilmente que los otros, utilizándose para las terrazas y los muros gruesos exteriores.

El ladrillo tenía comúnmente 31 centímetros de largo y 10 centímetros de espesor, y llevaba una inscripción que se había hecho con un sello de metal en el barro todavía blando.

Se juntaban los ladrillos con mortero de arcilla o de cal, muchas veces también con asfalto. Para construir edificios sólidos con ellos, era necesario hacer muros muy gruesos, poco altos y sin ventanas.

construccion de la ladrillos
Construccion de la ladrillos

Los arquitectos asirios conservaron el mismo sistema, aun cuando hubiera piedra en las montañas de su país. No utilizaron ésta más que en los cimientos, los enlosados y los bajorrelieves.

La construcción empezaba con una ceremonia religiosa. El rey en persona iba a depositar en los cimientos un cilindro de piedra y arcilla, el temen, en que se había grabado una inscripción conmemorativa.

Se depositaban también figuritas, amuletos y placas de oro, de plata y de cobre.

Se depositaban también figuritas, amuletos y placas de oro, de plata y de cobre. Se han encontrado las ruinas de los palacios de siete u ocho reyes de Asiria. El mejor conservado y conocido es el del rey Sargón, descubierto en Khorsabad.

Estaba construido sobre enorme terraza cuadrada, de diez hectáreas de superficie, cuyos ángulos estaban orientados exactamente a los cuatro puntos cardinales. Se llegaba a ella por anchas escaleras, subiendo los coches por suave plano inclinado o rampa.

Se encontraba primeramente una puerta abovedada, flanqueada por dos torres cuadradas que coronaban almenas.

A ambos lados de la puerta, al exterior, dos gigantescos toros alados, con cabeza humana, estaban puestos de perfil con la cara vuelta hacia la puerta. Otros dos estaban colocados de frente dentro de ésta, de modo que al llegar se vieran siempre dos cabezas de genios.

La puerta conducía a un gran patio cuadrado (de 976 metros cuadrados de superficie), que era el patio de honor donde se celebraban las ceremonias-. Lo rodeaban grandes cámaras que tenían todas sus puertas al patio, comunmente flanqueada por colosos.

Comunicaba con otros patios, rodeados de cámaras semejantes, habiendo de esta suerte diez patios grandes o pequeños y más de sesenta cámaras. Las paredes estaban cubiertas de placas de alabastro en que se habían esculpido relieves representando los grandes hechos del rey.

El pavimento era de cuadrados de ladrillos cubiertos con tapices, y donde no habían de colocarse éstos, era de losas de piedra con labores imitando los dibujos de los tapices. En esta parte del palacio habitaban los hombres y se recibía a los visitantes.

En un rincón, al lado de un pequeño templo, se alzaba una pirámide de siete pisos, consagrada al culto de los astros.

Detrás de las salas de los hombres, en un edificio enteramente aislado, rodeado de altos muros, y donde no se podía entrar sino por dos puertas fortificadas, estaban los departamentos de las mujeres. Eran cámaras dispuestas alrededor de varios patios.

Las paredes del patio principal estaban cubiertas de azulejos que representaban animales fantásticos, y a cada lado de las puertas se alzaban grandes estatuas pintadas. Este patio estaba rodeado de filas de columnas que formaban soportal y sostenían una galería. Las columnas, revestidas de bronce y terminadas por un haz de palmas de bronce dorado, semejaban palmeras.

El resto del palacio estaba ocupado por los alojamientos de los criados, las cocinas, las despensas, los graneros, los hornos de cocer pan, las cuadras por el parque donde se guardaban las lanzas, los escudos y los carros de guerra; por la sala del tesoro, donde se depositaban el oro, la plata, los objetos cogidos en la guerra o enviados como tributo.

El palacio comprendía en total 208 salas, de tamaño diferente. Todas eran estrechas, y las grandes mucho más largas que anchas, semejaban galerías. Ninguna tenía ventanas, entrando la luz y el aire por una gran puerta, a veces de cinco metros de altura, que daba a un patio. Se hacía así para defenderse del calor.

TEMPLOS ESCALONADOS

Los templos caldeos y asirios tenían la forma de altas torres cuadradas. Los había en todos los palacios de los reyes de Asiria, pero los más grandes eran los de Babilonia.

La ruina llamada Birs Mimrud tiene todavía 71 metros de altura. Esta ruina es un resto del templo de Belo, que tenía 370 metros de cada lado. En el centro, sobre una terraza que dominaba la llanura, se alzaba la gran torre cuadrada de 185 metros de lado.

Birs Nimrud

Birs Nimrud

Sostenía una torre semejante, pero más pequeña, ésta una tercera más pequeña todavía, y así sucesivamente hasta el número de siete.

Había, pues, siete torres superpuestas, cada una en disminución respecto a la anterior. Cada torre estaba consagrada a uno de los siete astros y pintada del color de este astro, en el orden siguiente, partiendo desde abajo: blanco, negro, púrpura, azul, rojo, plata, oro.

Una escalera en espiral, colocada al exterior, conducía de una torre a otra. Encima de la última torre se elevaba una capilla que contenía una mesa de oro y un lecho ricamente adornado, donde velaba un sacerdote, cubierta con una cúpula dorada, que brillaba al sol.

La altura total era de más de 100 metros. La torre del palacio de Sargón tenía 43 metros de lado y cada uno de los pisos seis de altura.

Relieves

Se han encontrado pocas estatuas caldeas o asirías, y no tienen ni con mucho la hermosura de las estatuas egipcias. El país no daba buenos materiales.

La piedra de Asiria es una caliza blanda, fácil de cortar en lajas delgadas, muy buena para bajorrelieves, muy mala para estatuas. En Caldea no hay piedra en absoluto. Las estatuas halladas en Sirtela han sido hechas con piedra negra traída por mar.

Todas representan personajes de pie o sentados, vestidos con trajes largos bordados y los pies descalzos.

Los escultores asirios hicieron principalmente bajorrelieves en grandes lajas de alabastro o de caliza blanda, destinados a adornar las paredes de los palacios. Los mayores se alzaban en los muros de fuera.

relieves caldeos

Representaban genios de talla colosal, ya un genio con cabeza de águila, ya un gigante que ahogaba a un león, ya un toro alado con cabeza humana.

Había en Khorsabad 26 pares de toros alados, de cuatro a cinco metros de altura. Estaban tallados en dos caras, de modo que parecían estatuas adosadas a la pared.

A la cabeza llevan como adorno una tiara, el pelo rizado, y miran con aire severo. No se puede entrar en la sala asiria del Louvre sin que sorprenda el poderío y la majestad de estos monstruos.

En las paredes interiores, los bajorrelieves representaban escenas de la vida del rey que había mandado a edificar el palacio. En Khorsabad, se han encontrado dos mil metros de bajorrelieves, y más todavía se han sacado de los palacios de Kalak y de Nínive.

Toda esta escultura ha sido ejecutada en pocos años y ha sido necesario, por tanto, emplear muchos artistas a la vez, por lo cual los bajorrelieves son de muy desigual valor.

Las escenas de batalla distraen e instruyen a la vez, porque el artista ha representando todo detalladamente, las filas de cautivos que se conducen, los cadáveres en el campo de batalla, los árboles en la montaña, los pájaros en sus nidos o en las ramas.

Pero comunmente el dibujo es torpe, diríase que son como los dibujos que los niños pintan en sus cuadernos. Los hombres resultan más altos que los caballos y más altos todavía que las fortalezas, los peces son tan grandes como los barcos, los buitres tienen la talla de los cadáveres que devoran, y los pájaros son tan altos como los árboles. Ni la menor ¡dea de perspectiva.

En general, el artista agranda a los personajes que le interesan más, hace al rey más alto que sus ministros, a los asirios de más estatura que sus enemigos. No sabe dibujar las cabezas más que de perfil, y cuando hay que poner a alguien de frente, le coloca la cabeza atravesada.

Las caras no tienen expresión alguna, no ríen ni lloran. Los cuerpos están casi siempre cubiertos con pesados vestidos que no dejan ver más que la cabeza, los pies y las manos.

Hay, sin embargo, trozos notables, y son los grandes relieves que representan al rey y sus servidores. El artista ha dibujado con perfección la parba y el pelo rizado, los bordados del manto y de la tiara, las franjas de seda de la parte inferior del vestido.

A veces la figura parece un retrato.
Las obras maestras de este arte asirio son los perros de caza y las fieras. En un relieve que representa una cacería de Assurbanipal, una leona atravesada por tres flechas se alza sobre las manos rugiendo. La parte trasera de su cuerpo, ya paralizada, se expresa con perfecta realidad.

Los ladrillos que formaban los muros de los palacios estaban enteramente tapados por un estuco blanco, encima del cual se pintaban adornos al fresco. Los adornos dibujados, ya en las losas y los azulejos, ya en los tapices y los vestidos, representaban comúnmente plantas, animales fantásticos o combinaciones de líneas.

Los festones, las palmas, las flores, los grifos, las quimeras, casi todos los modelos de ornamentación empleados en Oriente, y que nosotros los occidentales imitamos, nos vienen de los caldeos.

INSCRIPCIONES Y ESCRITURA

En las ruinas de todas las ciudades de Caldea y Asiria, aun las más antiguas, se han encontrado inscripciones. Más de tres mil años antes de nuestra Era, los caldeos sabían escribir.

La mayor parte de las inscripciones están impresas en ladrillos que tienen diferentes formas. Unos son losetas planas, otros parecen pastillas de jabón, otros tienen forma de tonelito.

Se empleaba para escribir en estos ladrillos un estilete de metal terminado en una cabeza plana de forma triangular.

Se apoyaba esta punta en el barro cuando todavía estaba blando, y así se trazaban signos que tenían todos la forma de triángulo alargado y que semejan flechas o cuñas.

Por esto los eruditos han llamado a esta escritura cuneiforme, derivada de la latina cuneus, cuña.

Cuando se había terminado de escribir, se metía el barro en el horno para endurecerlo, y io impreso se hacía imborrable. Toda la biblioteca encontrada en el palacio de Assurbanipal se compone de ladrillos escritos por ambos lados.

caldeos

Este sistema ha servido para escribir no solamente la lengua caldea y asiria, sino las lenguas de todos los países vecinos; el susiano, el armenio, el capadocio, el medo y el persa.

La escritura caldea y asiria era muy complicada. Cada signo estaba formado por la reunión de varios trozos en forma de cuñas. En los tiempos antiguos un signo representaba una palabra, como en nuestros jeroglíficos: por ejemplo, sol, luna, pescado.

Luego se escogieron ciertos signos para representar solamente una sílaba, ba, bi, ga, la, lum, kat, y en estos caracteres silábicos se escribieron la mayor parte de las palabras.

Pero había más de doscientos caracteres silábicos, muchos de los cuales se parecían y era fácil confundir. Además, se habían conservado algunos de los antiguos caracteres, de los que cada uno representaba una palabra, y ocurría con frecuencia que el mismo signo sirviera a la vez para designar la palabra entera y una sílaba.

Había también signos que podían leerse de dos maneras completamente distintas, por ejemplo, an o ilú.

Esta escritura era muy difícil, aun para los caldeos, que necesitaban para guiarse libros especiales, vocabularios, gramáticas, diccionarios. De ellos se han encontrado muchos, que han ayudado a los eruditos modernos a descifrar los otros textos.

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Fuente Consultada:Historia Universal Ilustrada de Charles Seignobos Tomo I Editorial Publinter Bs.As. – Los Caldeos –

Biografia de Senaquerib Rey de Asiria

Biografía del Rey Senaquerib

Castellanizado Senaquerib (Sin ajer-irba, «oh dios de la luna, aumenta mis hermanos») es una figura extraña y sorprendente en la historia de Asiría.

Nos gustaría poseer más detalles sobre las circunstancias de su vida que no las solas relaciones oficiales. Pues si sobre su cabeza alienta la tragedia y en su corazón anida una ferocidad inaudita, en cambio otros aspectos nos lo revelan como un hombre entusiasmado por la naturaleza.

senaquerib

Senaquerib fue rey de Asiria desde el 705 a. C. hasta su muerte, el 20 de Tevet de 681 a. C., así como de Babilonia entre 705 y 703, y nuevamente desde 689 a. C. hasta su muerte.

En efecto, el probable instigador del asesinato de su padre Sargón II, el destructor de Babilonia, el ejecutor de millares de víctimas, el hombre de la cólera arrebatada, fue un enamorado de las plantas y de los animales.

En su palacio de Kuyundshik, al Sudoeste de Nínive, reunió el primer parque zoológico de la historia, y en sus bellísimos jardines cultivó las plantas y los árboles frutales exóticos y raros.

Fue el introductor del cultivo del algodón en Mesopotamia. Asimismo, los relieves de la época nos lo presentan como escalador de montañas, el primer alpinista que jamás haya existido.

Como monarca, su paso se reveló por una estela de Sangre y de furor. Para sujetar a la rebelde Babilonia, unas veces sublevada por un caldeo y otras por un nativo del país, Senaquerib tuvo que emprender varias campañas.

En 703 un usurpador, Marduk-zakir-schumi, se apoderó del gobierno babilónico, pero al cabo de pocos días murió a manos de Mardukapalidina, probablemente el mismo personaje caldeo de la época de Sargón II.

Senaquerib acudió con un ejército poderoso, derrotó al caldeo, a pesar del auxilio que éste recibió de Suthruk-Narkundu, rey del Elam, e instauró en Babilonia la regencia de Belibni, un indígena educado en Asiría (702).

En aquella ocasión, Senaquerib cortó muchas cabezas y deportó 200.000 babilonios a otras tierras. Pero estas medidas no fueron suficientes, ya que en 599 se produjo una nueva insurrección, fomentada por Marduk.

Senaquerib deshizo a los conjurados, destituyó a Belibni y nombró gobernador a su propio hijo Asur-nadin-schuml. Para acabar con el peligro de Marduk y del Elam emprendió una campaña por la costa del golfo Pérsico, cuyo resultado fue extirpar para siempre el poderío de los caldeos (694).

Pero, mientras tanto, el nuevo soberano de Elam, Khalluni, aprovecha tan favorable contingencia para penetrar en Babilonia, apresar al regente y substituirlo por un tal Nirgal-Mus-hizib.

El furor de Senaquerib no conoció límites. Sus armas devastaron Mesopotamia, derrotaron a elamitas y babilonios, pero no lograron restablecer la situación, puesto que de 692 a 689 rigió a Babilonia el caldeo Mushizib-Marduk apoyado por Umman-Minanu de Elam.

Después de una lucha agotadora, con una gran batalla cerca de Jaluli (691), que no fue decisiva, a mediados de noviembre de 689 Senaquerib se apoderó de Babilonia y, como castigo por su rebelión, ordenó saquearla, pasar a cuchillo a todos sus habitantes, incendiarla y arrasarla.

Este monstruoso decreto fue recordado con horror durante muchas generaciones y abrió un abismo irreparable entre Asiría y Babilonia.

En Occidente, Senaquerib prosiguió la política de su padre, en particular porque continuaban las intrigas de los faraones egipcios para soliviantar a los pueblos todavía independientes de Palestina.

Tirhaka fomentó los deseos del rey de Judá, Ezequias, y del rey de Sidón, Elulaios, para verse libres del yugo asirio. Formóse una liga, y contra ella dirigió su ejército Senaquerib.

En el transcurso de una memorable campaña, derrotó a los fenicios, venció a los egipcios en la batalla de Eltekeh (701), devastó los campos de Judá y puso sitio a Jerusalén. Doscientos mil hebreos fueron deportados a Mesopotamia, pero Ezequias logró capitular en buenas condiciones.

Más tarde, en 686, emprendió Senaquerib una nueva expedición: puso sitio a la fortaleza egipcia de Pelusium, pero no logró conquistarla pues una peste le obligó a levantar el campo.

A fines del año 681, con ocasión de hallarse celebrando una fiesta en Nínive, en honor del dios Nusku, Senaquerib fue asesinado por Asur-shar-uzur, uno de sus hijos, que quería disputar el trono a su hermano mayor Asarhadón. De esta manera se cumplía el infalible aserto de que quien a hierro mata, a hierro muere.

BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
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La Tierra Prometida a los Judíos Historia Biblica de Palestina

PALESTINA LA TIERRA PROMETIDA DE DIOS AL PUEBLO JUDÍO

En su largo desfile por los escenarios de la antigüedad en el Cercano Oriente, Palestina no llegó a consolidar un estilo propio de cultura. Tanto el arte como la técnica florecieron en este pueblo con los rasgos de las civilizaciones vecinas, de donde fueron asimilados. Sin embargo, un elemento caracterizó desde el principio a esta región: la fe en un Dios único. Este sí era un rasgo que la distinguía y la elevaba por encima de sus contemporáneos. El monoteísmo, sentimiento de devoción religiosa por un ente único, espiritual todopoderoso, fue la catapulta que lanzó al pueblo judío -nombre con que se llamaba a los habitantes de Palestina- a escalar las posiciones más increíbles en la historia de la humanidad.

LA HISTORIA BIBLICA: El Génesis -primera parte del Antiguo Testamento- nos cuenta cómo Thare (padre de Abraham) , seguido de su familia, se trasladó hacia el norte de su país. Mas tarde antiguas tablas de escritura halladas en el Eúfrates nos confirman este hecho, agregando que muchos israelitas componían, por aquellos días, los ejércitos de mercenarios.

Abraham, hijo de Thare, trasladó a su pueblo desde allí hacia occidente, a Canaán según la Biblia, por dictado divino. Pero una gran hambruna sobrevino y Jacob, nieto del anterior, tuvo que guiar una emigración en masa hacia Egipto.

Más de cinco siglos estuvieron allí los judíos, en un principio, en buena relación con los egipcios. Sin embargo, poco después de la invasión de los hicsos (fueron extranjeros que gobernaron Egipto en dos dinastías) , las relaciones se pusieron muy tirantes, debido a las excelentes amistades hechas por los semitas con los invasores. En adelante fueron destinados a los trabajos pesados, especialmente como mano de obra en la construcción de caminos, graneros y pirámides para los faraones.

El caudillo que redimió a los judíos fue Moisés, un joven imbuido de ciega fe en Yahvé (Dios del pueblo hebreo), que -ayudado por fuerzas celestiales como nos cuentan las Sagradas Escrituras- arrancó a su pueblo del poder egipcio para llevarlo, no sin pasar privaciones y sufrimientos, a Palestina, la Tierra Prometida. Luego de vencer a los moradores originales, los cananeos, los israelitas se instalaron allí. Era el siglo XIII a.C.

salida del pueblo judio de Egipto conducido por Moises

Estando Moisés acampado con su pueblo en el desierto de Paran, no lejos de la frontera meridional del país de Canaán, le dijo el Señor: «Envía hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel».

Cuarenta días después, regresaron los doce espías enviados a Canaán y dijeron a Moisés: «Llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, que ciertamente ñuye leche y miel: y éste es el fruto de ella» (Números  13, 3, 28).

El país que fluye leche y miel, esa «Tierra Prometida» anunciada por Yavhé —la Tierra Santa como se llama actualmente—, lleva también el nombre de Palestina.

Varias familias errabundas por las áridas tierras de Levante dieron al mundo una religión (actualmente dividida en varias ramas a partir de un tronco común) que practican más de 1.200 millones de fieles en los cinco continentes. Si tratamos de remontarnos a las más profundas raíces de la historia de Palestina, deberemos comenzar en otro sitio, la Mesopotamia, en donde los israelitas, nómadas semíticos emparentados con los árameos, fueron subditos -no muy apreciados- de los reyes babilónicos.

A la muerte de Moisés, el Señor dijo a Josué, hijo de Nun, que cruzara el Jordán y entrase en el país que había destinado para los israelitas. La conquista de la Tierra Prometida debe situarse hacia el año 1200 antes de Jesucristo. El relato de la campaña figura en el libro de Josué, sexto del Antiguo Testamento. La lectura de este libro podría hacer suponer que esta emigración se llevó a cabo rápidamente y sin gran dificultad. Pero existe el convencimiento de que la expedición a Canaán se efectuó de un modo mucho más progresivo.

Es un hecho que la instalación en el país de Canaán se sitúa en un momento en que también se desplazaban otros pueblos. Por otra parte, se concertaron matrimonios entre el pueblo de Israel y los cananeos y el primero asimiló así una parte de la civilización cananea. Naturalmente, esto no fue del agrado de los israelitas ortodoxos.

Las doce tribus en que se dividían los judíos, estrecharon lazos en la época de la conquista, en la que debieron luchar contra los cananeos, los filisteos y los jebuseos. También los principados amontas se movilizaron contra los  intrusos, pero ya éstos se habían organizado. Los «jueces» se ocuparon durante esta época de los asuntos militares, jurídicos y políticos, basándose en un mandato divino.

La necesidad de unificarse para contrarrestar las presiones enemigas hizo que los hebreos nombraran a un rey: Saúl. El objetivo se cumplió ya que de esta forma se amplió el poderío militar.

Hacia el año 1100 antes de Jesucristo existía un reino que conoció el apogeo de su poder con David y Salomón, durante el curso del siglo X. David, que probablemente reinó de 1010 a 972 antes de Jesucristo, fue el segundo rey de Israel. Subió al trono después de que Isboset, hijo de Saúl, fuera asesinado por sus partidarios. David se otorgó una verdadera autoridad real: organizó un ejército y se rodeó de una corte.

lucha de david con goliath

En la lucha contra los filisteos -una verdadera sucesión de victorias- se destacó David que, según la leyenda, venció con una honda al gigante Goliath.

Después de haber vencido a sus enemigos, hizo de Jerusalén su capital. Más tarde fue considerado un rey ideal por los historiadores de Israel y a su nombre se asoció el anuncio de la venida del Mesías. Así, el Salvador tan esperado era llamado siempre «Hijo de David».

El rey David no fue sucedido por Absalón, sino por Salomón. Éste era el hijo que David había tenido de Betsabé. Este «soberano de la paz» hizo de Jerusalén la ciudad real y ordenó construir un templo en ella. Para construir este templo, en el que depositó el arca de la alianza, envió a buscar artistas y materiales a Fenicia.

Siguiendo la política de David, intentó establecer buenas relaciones comerciales con los países vecinos, abriendo la puerta a la influencia extranjera y precipitando, sin duda, la decadencia de Israel, que sólo conoció un «siglo de oro». En efecto, después de la muerte de Salomón, en el año 933 antes de Jesucristo, se desmoronó el poder del reino. Las tribus del norte se rebelaron y fundaron un Estado independiente, mientras que las del sur se reunieron en torno a la Ciudad Santa constituida por Jerusalén y formaron el reino de Judea. Los dos reinos se enemistaron y esta rivalidad fue hábilmente explotada por vecinos poderosos como Egipto y Mesopotamia.

El rey israelita Acab estableció un pacto con los fenicios porque en aquellos momentos estaba en lucha contra Damasco y al mismo tiempo tenía que hacer frente, en el interior, a dificultades de carácter religioso. Esto causó la depresión moral y religiosa del conjunto del reino que provocó su lenta decadencia, a pesar de que durante el reinado de Jeroboam II, el país conoció todavía cierta prosperidad. La rivalidad entre Israel y Judea había debilitado enormemente al pueblo judío. En el año 722, Samaría, la capital de Israel, cayó en manos de los asirios y numerosos israelitas fueron enviados al exilio.

Las tribus se negaron a obedecer a un único rey, que estaba en Jerusalén. Diez tribus formaron el reino de Israel, cuya capital fue Samaria. Las otras dos constituyeron el reino de Judá, con capital en Jerusalén. Los dos reinos se combatieron recíprocamente. Agotaron sus fuerzas en esa lucha y, después de dos siglos de inútil resistencia a los ataques de pueblos vecinos, cayó Israel en manos asirías. Judá, tiempo después, fue violentamente sometida por los pueblos de la Mesopotamia que deportaron a todos los judíos a Babilonia porque no podían pagar los tributos exigidos. Este último cautiverio, anunciado por los profetas bíblicos, si bien constituyó una dura prueba, se convirtió asimismo en un fuerte elemento de cohesión moral.

MAPA DE LA REGIÓN DE PALESTINA

mapa del pueblo judio conducido por Moises

LA TIERRA PROMETIDA: Israel, el nombre que los judíos dieror a Palestina, significa «tierra de promisión». Según fa Biblia, Jehová, la divinidad suprema, anunció a los hebreos que les otorgaría un territorio donde terminarían sus peregrinaciones. Hagamos una veloz recorrida por esta región, que actualmente es objeto de reverencia por cristianos, judíos y musulmanes. En una superficie aproximada de 25.000 kilómetros cuadrados, Palestina presenta paisajes de desiertos cálidos y colinas pedregosas, alternados con tierras fértiles y onduladas, muy favorables para los cultivos de huerta. En la costa del Mediterráneo hay una franja no más ancha de 20 kilómetros. con suelos feraces. Hacia el este, las colinas de Galilea, Samaría y Judea dan al área un panorama típico de mesetas áridas. Cruzada esta franja longitudinal, se baja a un val le, la depresíór del Ghor, donde corre el sagrado río Jordán, que desagua en el mar Muerto situado a más de 300 metros bajo e nivel del mar.

Judea resistió todavía durante siglo y medio aproximadamente, gracias,  sobre todo, a la fuerte personalidad de Ecequías y también de Josías. Asimismo, fue notable la intervención de los profetas Isaías y Jeremías.

No obstante, esto no impidió que el reino de Judá cayera en manos de Nabucodonosor II. Los judíos defendieron Jerusalén con tanto encarnizamiento que el rey de Babilonia decidió castigarlos con extrema severidad. Mandó incendiar la ciudad y el templo y deportó a los notables a Babilonia… Pero con esto no finalizó la historia de Judá e Israel. En el año 539 antes de Jesucristo, los judíos regresaron de su largo encarcelamiento en Babilonia. Durante el dominio persa, Jerusalén había sido progresivamente reconstruida. Pero el cierto bienestar material logrado no podía compararse con la grandeza que el reino había conocido en tiempos de David y Salomón.

Algunos siglos después, en el año 63 antes de Jesucristo, la nación judía fue totalmente sometida por Pompeyo, y así cayó bajo el yugo de Roma. Sin duda Herodes consiguió reanimar momentáneamente a Palestina, pero la rebelión judía de los años 64-66 después de Jesucristo dio como resultado la destrucción del templo de Jerusalén (70 d. de J. C).

La Ciudad Santa se convirtió en la sede de una provincia romana en la que toda práctica religiosa estaba castigada con pena de muerte. En ese momento la historia del Estado judío de Palestina sufrió una interrupción que duraría casi veinte siglos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I Historia A Zeta Editorial Credsa
La Llave del Saber Tomo I Pasado y Presente del Hombre
Enciclopedia Microsoft Corporation Electrónica ENCARTA

La Vida de los Faraones en el Antiguo Egipto Poder Absoluto

VIDA COTIDIANA DEL FARAÓN EN EGIPTO ANTIGUO

En el Antiguo Egipto , las aldeas surgieron en el valle del Nilo por lo menos hacia 5000 a.C. Mil años después, la gente del valle ya enterraba sus muertos con gran cuidado y ornamento, tendencia que llevó a grandes obras, como las pirámides de Egipto.

Aldeas y pueblos se convirtieron en ciudades que, con el tiempo, se reunieron y dieron origen a civilizaciones, hasta que en el largo valle no hubo sino dos naciones: el Alto y el Bajo Egipto. Entonces, hacia el año 3100 a.C, un gran rey de nombre Menes (llamado también Narmer, aunque puede que este nombre corresponda a un rey algo posterior) unificó el país y fundó su capital en Menfis.

Desde la formación de la nación, los cada vez más ricos y poderosos reyes de Egipto sufrieron también una transformación. Más que unftombre, el faraón era un dios viviente.

No obstante, ser un dios vivo no están bueno como parece, por lo menos al principio. Los primitivos reyes del Egipto unificado debían probarse a sí mismos que eran aptos para el cargo. Un rey que no pasara cada año una rigurosa prueba física no se consideraba capaz de encargarse del Estado, y era en consecuencia sacrificado por los sacerdotes en una ceremonia ritual.

Si se tiene presente quién hacía las leyes, se entenderá la razón por la cual esta práctica desapareció hacia 2650 a.C. Con todo, permaneció la costumbre de dar muerte a un rey inepto en lugar de curar su enfermedad. De ese modo un dios más saludable podía tomar su lugar.

«Escucha mis ruegos, padre mío, mi señor… Haz que mi hijo brille como rey en la morada de Tum… Tú, que has sido quien lo proclamó rey cuando era todavía un muchacho, quien lo colocó como soberano, como Vida, Salud, Fuerza de las tierras, por encima de todos los mortales. Concédele un reinado de millones de años… Da juventud a sus miembros, hijos todos los días… Pon tu espada y su clava por encima de los asiáticos, trastornados ante su temor como si fuese Baal… Haz que las tierras y los desiertos vivan en su terror… Que more la alegría en su corazón, que lo proclamen, que se cante y se baile ante su bello rostro. Pon su amor en el corazón de los dioses y de las diosas.»

En estos términos apremiantes se dirige el faraón a todos los dioses de Egipto, con el fin de  que  otorguen  protección  a su  hijo muy amado, el futuro monarca, quien, en efecto, será el cerebro que comprenda y dirija: él es el jefe de los ejércitos, el que da órdenes en el campo de batalla; él es quien, acompañado del sumo sacerdote de Amón, preside los cultos; al mismo tiempo, es el soberano del imperio, el que, para cercionarse de su seguridad y de la sumisión que le profesan, visita sus provincias asiáticas.

Pero el rey es hombre, y, cuando no gobierna, se dedica al ocio: le gusta perseguir a las fieras en el desierto, pasear por sus magníficos jardines, contemplar a las jovencitas que bailan, a las que tocan el laúd… Reside en Tebas, y la ciudad ha llegado a convertirse en una suntuosa capital. Además de la mansión donde habita el monarca con sus numerosos dignatarios,  tenemos   también  las  de  las  diversas reinas.

Los palacios apenas se conocen, y únicamente los planos de la «casa de placer», de Ramsés III, han sido reconstituidos. Una fachada adornada con columnas lleva, en su centro, el balcón por donde el soberano aparece cuando su pueblo lo aclama. Este balcón se comunica con las habitaciones reales.

vida de los faraones

La palabra «faraón» significa «gran casa». Los egipcios creían que la grandeza del faraón no tenía límites. Como rey-dios era todopoderoso. A él pertenecía la tierra y todo lo que en ella existía. La gente debía obedecer sus órdenes en todo. Como retribución, él obtenía la bendición de los dioses para Egipto, a fin de que su país prosperase. El faraón decidía todas las cuestiones de importancia. Era el jefe del gobierno y del sistema legal, sacerdote principal de todos los templos y jefe del ejército. Controlaba las minas y canteras y proyectos de construcción. Regulaba el comercio. Almacenaba los excedentes de granos en sus graneros y controlaba el sistema de irrigación de los campos. 

INTRIGAS DE HARÉN
Además de los miembros de su familia oficial, el faraón vive rodeado de las mujeres del harén. En efecto, además de las esposas a las que califica de reinas, el monarca dispone de concubinas, hijas de príncipes extranjeros  de  menor   importancia,  o  mujeres egipcias escogidas por su belleza.

A los ramesidas les gustaba el cambio, y los ciento sesenta y dos hijos de Ramsés II dan buena prueba de la fogosidad de su temperamento, que nunca se satisfizo con amores oficiales. Las soberanas son las únicas que pueden dar un heredero al trono, pero, a falta de hijos legítimos, los hijos de concubinas desposados con «hijas reales» pueden ser legitimados por sus padres, y convertirse en reyes.

Las damas del harén no aparecen en público; se limitan a embellecer con su presencia las ceremonias de carácter privado, como las bailarinas-cantoras representadas en las tumbas del Imperio Nuevo. Ramsés III tuyo, no obstante, que lamentarse de sus concubinas: una de ellas, Taia, con el fin de asegurar a su hijo la sucesión del viejo monarca, tramó una conspi-ración contra la vida de su dueño y señor. Contaba con la complicidad de altos funcionarios y de varias mujeres del harén, pero el proyecto de la ambiciosa cortesana, conocido por un número demasiado grande de personas, llegó pronto a oídos de Ramsés.

Los conspiradores fueron arrestados, así como los que, conociendo sus lamentables artimañas, habían permanecido callados. El rey recomendó a los jueces despiadada severidad, y todos, sin excepción, fueron condenados a muerte.

Los faraones eran considerados los intermediarios de los dioses en la tierra. Al morir se fusionaban con Osiris, momento en que eran venerados como una deidad más del Olimpo egipcio. Horus y posteriormente Ra les designaron sumos sacerdotes de todos los templos del país.

EL PALACIO DE VERSALLES EN EGIPTO
Felizmente, la vida de la corte no siempre se manifiesta de modo tan trágico. El rey vive rodeado de señores y grandes damas; ellos constituyen—después de su soberano— el centro de la vida mundana de la capital.La riqueza y el refinamiento de costumbres crean una atmósfera elegante y cortés, que coloca a la capital faraónica muy cerca del Versalles del siglo XVIII.

Hombres y mujeres van, la mayoría. de las veces, vestidos de blanco; los cortesanos usan una falda vaporosa y una túnica cuidadosamente estudiada, cuyos pliegues caen con arte. Para las ceremonias, una gran peluca rizada encuadra sus cabezas, y las suntuosas joyas, collares, gargantillas, pectorales de doble cadena y brazaletes en muñecas y bíceps, les hacen semejantes a relicarios. Sandalias de punta remangada, parecidas a los zapatos que usarán los príncipes del Quattrocento, completan este atavío de afectado lujo.

Las esposas de los cortesanos faraónicos adornan el fino lino plisado de sus túnicas con galones dorados o grises, y sus largos vestidos, ampliamente escotados, se anudan sobre el hombro izquierdo, dejando, con frecuencia, al descubierto el seno derecho.

Los desnudos antebrazos permiten admirar sus finas manos y sus muñecas cargadas de brazaletes. La transparencia de los velos no disimula en nada los gráciles encantos de las aristócratas de la corte, cuya belleza es realzada por un sabio maquillaje: perfumes, ungüentos, kohl. Cucharitas para los ungüentos, palanganas para el agua, espejos y navajas de afeitar llenan el tocador de toda mujer joven, que, por otra parte, no se separa nunca de la barra de labios que guarda en un pequeño bolso.

Las grandes y rizadas pelucas, sueltas sobre los hombros y la espalda, están adornadas con flores, perlas y diademas. Además de las suntuosas recepciones de la corte, los nobles reciben a la alta sociedad en sus magníficas residencias.

Los dueños dan la bienvenida a sus huéspedes, sentados ante un velador, en el centro de vastas salas, cuyas paredes suelen estar decoradas con frescos que representan la vida de los pájaros en el campo o cualquier otra escena bucólica. Aquí tenemos a los señores y a las grandes damas, instalados, según su rango y edad, en sillones, taburetes o cojines. Varias sirvientas, siempre jóvenes y bonitas, distribuyen flores y perfumes. Bailarines y acróbatas hacen las delicias de los huéspedes, y un arpista canta la urgencia del placer: «He oído las palabras que por todas partes se cuentan de lmhotep. ¿Dónde están hoy sw moradas? Mira, haz caso a tu corazón y sé feliz mientras te encuentras sobre esta tierra.»

Pero ni él faraón ni sus fieles se dejan ablandar por el contacto con las graciosas compañeras, llevando buena vida en sus confortables palacios. Estos hombres de sangre vigorosa necesitan distracciones más viriles, y, cuando no combaten al enemigo, persiguen a las fieras al otro lado del Eufrates o al sur de la catarata: los bajorrelieves de Mednet-Habu representan a Ramsés III subido en su carro, persiguiendo al león, al toro salvaje y  al   antílope.

Un   animal   herido,   tumbado patas arriba, trata de arrancar con Sus zarpas la flecha que tiene hundida en el pecho. Otro se abalanza desde la espesura, pero ya el rey se ha vuelto, dardo en mano, y la fiera no escapará al golpe mortal. En ocasiones, las desgraciadas bestias son atraídas al fondo de un húmedo valle, donde los cazadores las acribillan con sus flechas, mientras una jauría de perros feroces irrumpe en escena.

Los animales tratan de huir, pero todas las salidas están cerradas con redes y los ayudantes han cavado ya las trampas. Ha tenido lugar una verdadera carnicería.

UN DÍA DEL FARAÓN: Al despertarse a la mañana, el faraón lee las cartas que le trae su secretario y entonces le dicta las respuestas. Luego, sus sirvientes lo bañan y visten con sus ropas de estado y sus insignias reales. Acto seguido recibe al visir que le informa de todos los negocios importantes del imperio.

Después presta atención a las peticiones de sus subditos y dicta justicia sobre asuntos legales. Puede también recibir la visita de un embajador extranjero o de una delegación comercial de otro país.

Cuando finaliza sus asuntos oficiales, le gusta ir a cazar gacelas y antílopes al desierto; pero hoy debe atender una ceremonia importante. Su pirámide, que estuvo en construcción muchos años, ha sido construida casi hasta la parte superior. El coronamiento de granito que forma su punta está listo para ser llevado a su destino final. Como en todos los grandes emprendimientos, el poder del faraón es esencial para el éxito de dicha colocación.

Después de hacer ofrendas a los dioses para asegurar su cooperación, el faraón es llevado en procesión hasta la pirámide, donde el coronamiento que ha sido subido por la rampa, ya descansa en posición sobre bloques de madera. Cuando se dé la señal, los obreros retirarán los bloques y la piedra caerá en su lugar. Una proyección en su base pasará por un agujero de la parte superior de la pirámide. Más tarde, habrá oraciones para dar gracias y también una celebración en palacio.

El faraón:  siempre llevaba  una doble corona ile color rojo y blanco, símbolo de la unión del Bajo y Alto Egipto. Si el faraón moría mientras su hijo mayor era todavía pequeño, la reina se convertía en la regente y gobernaba en su nombre.

La corte tenía muchas ceremonias. Este hombre rico posee el título de Portador del Abanico Real, pero el cargo no involucra ningún tipo de trabajo verdadero.

Los principales oficiales del faraón: el Veedor del Tesoro, el Maestro de Trabajos de Construcción, el Jefe de los Tribunales.

El Secretario principal escribía las cartas que el faraón le dictaba. Su oficina guardaba la correspondencia real.

Los sirvientes de la casa real: el Jefe Panadero, el Jefe Cocinero y el Mayordomo que llevaba el vino.

Los muchos sirvientes personales del faraón lo vestían y atendían y cuidaban todas sus posesiones.

Los cargadores llevaban su litera: Los portadores de estandartes y de abanicos lo atendían en cualquier lugar adonde éste fuera.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Egipto Antiguo
Una Pirámide Egipcia Libro Infantil

Cultivo de Cereales, Vid y Animales en el Antiguo Egipto

AGRICULTURA Y GANADERÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO
Cereales, Vid y el Ganado 

EL CAMPESINO («FELLAH») DEL NILO
A juzgar por los escribas del antiguo Egipto, el oficio de agricultor era el peor de todos. El labrador es golpeado por sus amos, explotado por los recaudadores de impuestos, arruinado por la langosta. Se desgasta tan pronto como las herramientas, su mujer está expuesta a ir a la cárcel y sus hijos a ser apresados como rehenes.  La verdad es que la tierra de Egipto es rica, fecunda por las crecidas anuales del río. De esta crecida depende la cosecha. Todos los años, a principios de junio, el país sufre la sequía. El Nilo está casi seco, y el desierto amenaza invadir el valle; la ansiedad se apodera del hombre.

el nilo en egipto antiguo

Cierto que, por cuanto él puede recordar, la inundación no ha faltado jamás, muy violenta a veces, deficiente otras, benéfica siempre. Pero los ribereños no están tranquilos del todo, y no dejan de implorar con ardor la generosidad del dios Hapi, es decir, del Nilo.

Y he aquí que las plegarias de los fieles son escuchadas: las aguas del río comienzan a crecer, y no tardan en salirse de madre y en cubrir las tierras circundantes. Se estancan momentáneamente, y convierten las ciudades y los pueblos en islas y en islotes, y los caminos en diques. Luego, la inundación comienza a decrecer. Cuatro meses después de su primera manifestación, el Nilo ha vuelto de nuevo a su cauce. Este período forma la primera estación del año: akhit, la inundación.

El agricultor del Imperio Nuevo se consagra, sobre todo al cultivo de los cereales; los campos de cebada y de trigo se suceden desde el delta hasta la catarata. Durante los cuatro meses de la crecida del Nilo, el labrador no tiene mucho en que ocuparse; después, mientras la tierra está aún mullida por la inundación, el sembrador arroja los granos, seguido del labrador, que recubre de tierra la semilla. Su arado es muy rudimentario, apenas suficiente para, arañar una tierra . muy blanda, sin piedras ni malas hierbas.

La tracción del arado se efectúa por medio de vacas pequeñas. De vez en cuando, el campesino se detiene a la sombra de un árbol, y calma su sed en el agua del odre que ha dejado colgado de las ramas. En efecto, el sicómoro, los pérsicos, los tamariscos y los azufaifos (árboles de la zona) , jalonan de manchas verdes la negrura de las tierras de labor. Así que las espigas comienzan a amarillear, el campesino ve con terror que sobre él se abaten escribas, agrimensores, empleados del fisco y guardias, que le miden los campos, aun antes de medir  los granos con el celemín.

azufaito en egipto

azufaitos, una vez maduros pueden comerse frescos  o se recolectan para guardarlos
previamente desecados y sirven para la preparación  de mermeladas.

tamarisco egipto antiguo

Tamariscos, crece en suelos arenosos,  bien drenados y a pleno sol y tolera la salinidad del suelo.

sicómoro en antiguo egipto

Sicómoro: es un árbol de la familia de las moráceas y del género de las higueras que tuvo gran importancia en el Antiguo Egipto,Como todas las higueras, el sicómoro contiene látex.

Luego,  el cultivador será tasado en función de su cosecha, y entregará su impuesto a los agentes del tesoro o a los administradores de un dios: Amón, por ejemplo, que es dueño de las más ricas tierras del país. En tanto que las plantas brotan de la tierra, el campesino, («fellah»), ha de entregarse al obligado trabajo de riego, pues, aun en el mismo delta, la lluvia es tan rara, que el légamo no tardaría en desecarse y los cereales en languidecer, si no se distribuyera el agua por las acequias, merced al «chaduf».

Tiene que limpiar los surcos, y abrirlos y cerrarlos a su tiempo, rehacerlos, y construir constantemente pequeños diques de contención. Toda esta labor es realizada por el campesino con sus pies, como atestigua una pintura tebana. Este período, durante el cual se forma el grano, constituye la segunda estación, la de la salida, o perit. La época de la cosecha se denomina chemú.

Los antiguos egipcios, como los griegos y los hebreos, dividían, pues, el año, en tres estaciones, en lugar de cuatro. Al llegar el momento de la cosecha, que duraba semanas enteras, acudían equipos móviles para ayudar a los lugareños, cuando se trataba de  dominios faraónicos o de un dios.

Los hombres cortan las espigas y las mujeres las recogen en los cestillos, mientras el propietario, sentado en su taburete a la sombra de un sicómoro, anima a los trabajadores con sus palabras. La cosecha se transporta a lomos de asnos, alegremente precedidos por los borriquillos que trotan por doquier. Se arrojan al aire las espigas, y los bueyes las patean con ardor, excitados por hombres armados de látigos. Se separa a continuación la paja del grano, y es entonces cuando el recaudador de impuestos viene a medir este último. ¡Desdichado del campesino que haya disimulado una parte de su cosecha! Se le coloca en el suelo y se le golpea. Pero no falta el buen humor en estos rudos trabajos. Los golpes se olvidan pronto.

el cultivo en egipto antiguo

Es necesario, en seguida, hacer la ofrenda a los dioses que han hecho brotar la cosecha Se ofrecen a Min, el dios de la fecundidad, gavillas de trigo, aves de corral, pepinos, panes, frutas variadas. Desde el más alto al más bajo, todos desean dar las gracias a la divinidad, en espera de la nueva inundación que volverá a iniciar el ciclo de trabajo de los campos.

Ver Un esquema de un año agrícola en el Antiguo Egipto

FLORES Y FRUTOS
Los cereales son el cultivo más importante del país de los faraones, pero la tierra del Nilo es rica en productos variados. Los egipcios tienen una predilección especial por los huertos; lo mismo en la ciudad que en el campo, todo propietario desea tener el suyo, y hacer crecer en él legumbres y frutas.

Los huertos están divididos en cuadrados y rectángulos, cortados por senderos, sombreados por cepas de viñedo y bordeados de árboles frutales: palmeras, higueras, azufaifos, granados, cocoteros… Como en los grandes cultivos, el riego de estos huertos es un trabajo largo y fatigoso. El viñedo constituye uno de los  mayores recursos de  los agricultores del Imperio Nuevo.

cocoteros en el antiguo egipto

El cocotero (Cocos Nucifera), tambien es conocido como Palmera de Coco.
Pertenece a la Familia Arecaceae y es la unica especie del genero Cocos

Hay, además, bellos racimos azulados, que ornan los sarmientos de los jardines particulares, y que los ciudadanos se complacen en paladear. En el delta, existen, sobre todo, los grandes viñedos, que sirven para proveer de vino las mesas de los propietarios o  de los altos funcionarios reales.

El mundo antiguo conocía los caldos del pantano de Imit, los de Sin y los de Abech, y especialmente los ramesidas, que son expertos en el oficio, desarrollan el cultivo de las viñas y el comercio de los vinos.

vendimia en el antiguo egipto

Vendimia y fabricación del vino en el Antiguo Egipto

Ramsés III se expresa así: «He hecho para ti plantaciones de vinos en los oasis del sur y del norte…, en el delta se han multiplicado por cientos de miles. Los he dotado de jardineros seleccionados entre los cautivos de países extranjeros, así como he excavado embalses, que están cubiertos de nenúfares; el licor y el vino para tu regalo abundan como el agua que se tira en Tebas la victoriosa».

Del cultivo de la viña y de la vida del viñador no sabemos nada.Lo único que tenemos son unas cuantas representaciones de la vendimia. Cuando llega el momento de recoger la uva, los lugareños se diseminan bajo las parras, separando los racimos con sus largos dedos, sin servirse de instrumento alguno. Llenan las banastas de uva, sin aplastarla, se van cantando con la cesta a la cabeza, y arrojan luego los racimos a una tina. Después regresan a la viña. Cuando se trata de plantaciones en gran escala, se sirven de barcas para transportar los racimos del viñedo a la bodega, pues hace falta ir con rapidez para evitar que los granos se aplasten prematuramente y se pierda el precioso zumo.

Las tinas son redondas y bajas, y, sin duda, hechas de piedra, ya que los egipcios no saben fabricar toneles. El granito o la piedra ollar les dan cubas de un bello pulimento y perfectamente seguras. Cuando están suficientemente llenas, los vendimiadores se suben a la cuba y, sosteniéndose en una cuerda tendida sobre ellos, pisotean la uva con entusiasmo y buen humor, cantando y bromeando.

El zumo sale por dos o tres aberturas y va a parar a un pilón. El nuevo vino se trasvasa a unas jarras de fondo plano, donde ha de fermentar, después de lo cual será recogido en grandes ánforas, largas y estilizadas, provistas de dos asas y un largo cuello, que se tapa con yeso. El vino ya está listo para el viaje. Como es natural, no falta el inevitable escriba.

Ha contado las banastas y ahora anota sobre las jarras el nombre del viñador, el de la comarca y el año de la cosecha, indicaciones todas que traslada a un registro. A veces el propietario supervisa por sí mismo la vendimia y el prensado. Lo mismo que al final de la recogida del grano, los viñadores piensan en la divinidad: es preciso darle las gracias por los beneficios que ha concedido a la viña y asegurarse su ayuda para el año siguiente.

Se trata, con frecuencia, de la diosa Reutet, que tiene forma de serpiente, y vela sobre los racimos, las vendimias y las bodegas. Las manos piadosas colocan cerca de ella, sobre un pequeño altar, lotos, lechugas y panes.

En efecto: «Todas las cosas vienen de Dios… Nuestro dueño beberá suavemente, dando gracias a Dios… Que se haga una libación a Sha (el genio de la viña) para que conceda, al año que viene, numerosos racimos».

Aparte del trigo, cebada, frutas, legumbres y vinedo, el légamo de Egipto produce lino, que crece alto y tupido, y que se arranca cuando ya está en flor. Mas las cosechas están ameraradas por numerosos enemigos: el rayo y el granizo, que devastan los campos del «fellah»  igual que los de nuestros campesinos; la langosta, que no deja verdura ni aun en los árboles, ni una hierba en el campo. ¡Contra tales enemigos, los subditos del faraón sólo pueden implorar a la divinidad! Más duros se muestran contra los pájaros, que el pincel de los pintores se ha complacido en representar revoloteando de rama en rama y regalándose con frutos.

Hay oropéndolas, gálgulos, sobre todo, o codornices, que, en la época de la migración, están tan fatigadas que se dejan caer al suelo. Los cazadores las capturan ocultando redes en los árboles o extendiéndolas por tierra, y apresando a los volátiles en una especie de nasas.

LA FAUNA EN EL PAÍS DE AMON
Pero los egipcios, que acabamos de ver cuidando y protegiendo sus árboles, sus frutas y sus cereales, con amor y competencia, practican asimismo la cría de ganado. En los orígenes, parece que vacilaron antes de saber a ciencia cierta cuáles eran los animales qué convenía domesticar. El perro, el primero de todos, fue utilizado por sus cualidades de cazador. Inmediatamente se reconoció la aptitud del asno y el buey para los transportes.

La cabra es preferida al carnero; por la calidad de su lana; abundan asimismo los puercos en los poblados del Nilo. Hay también algunos intentos de domesticar a las gacelas, a los ciervos, al órix, al búfalo, a la cabra montes, e incluso, a la terrible hiena. El camello apenas es conocido, y el gallo no aparece hasta mucho más adelante.

El caballo es introducido muy pronto en Egipto, en la época de la invasión de los hicsos, pero su uso no se extiende mucho, de momento; únicamente grandes personajes los criaban en sus cuadras, y sólo para uncirlos a sus carros, ya que la equitación, debió de parecer tan peligrosa a los subditos del faraón, que los pinceles de los pintores no nos han dejado más que tres caballeros.

El establo de los bueyes está situado no lejos de la casa del amo; es un modesto alojamiento, de barro negro, que los animales comparten con sus guardianes, los cuales pueden así protegerlos contra los ladrones. Son quizá estos desdichados, usados en un durísimo trabajo, los menos favorecidos entre todos los campesinos: calvos, con el mentón recubierto de una barba hirsuta, endebles y, a veces, de una delgadez que da miedo.

la ganadería en egipto antiguo

No hay duda de que les satisfacía ver a sus bestias abundantes y fecundas, pues muestran por  ellas, en  todos las  cosas, una dedicación tan grande, que no vacilan en echarse los terneros a sus espaldas cuando se trata de atravesar alguna marisma, y en defenderlos de los cocodrilos.

Mas si un animal desaparece, bien por haber sido robado, bien devorado por una fiera, o si una epidemia diezma el rebaño, ¡el desdichado guardián es derribado al suelo y azotado! El cabrero parece más favorecido: está provisto de una flauta, y extrae de ella armoniosos sonidos. Pero, comoquiera que sea, ningún Teócrito ni Virgilio nos ha traducido en palabras las canciones de amor de los pastores del país de Amón.

LOS PANTANOS Y LOS DESIERTOS
Egipto, aparte de su desierto, no consta sólo de extensos campos y ricos pastos. Cuando el río vuelve a su cauce todos los años, deja en las orillas de las tierras cultivadas enormes extensiones de agua, tapizadas de nenúfares, cañaverales y papiros. Las espesuras están pobladas de una fauna bullidora: pájaros, gatos monteses, hipopótamos, cocodrilos…

Los pantanos son un verdadero paraíso para el pescador y el cazador; y, si bien en el sur son diversiones de nobles, en el delta, una población entera vive de la caza y pesca. Y el mismo pantano les permite alojarse: los papiros, calafateados con limo del río, reemplazan a los ladrillos de las casas de las ciudades.

Los tallos de estos mismos papiros les permiten confeccionar esteras, sillas, cajas y barcas elegantes y prácticas, sin las que no podrían cazar ni pescar. Y entonces, en justas que recuerdan aquéllas a que se entregaban los gondoleros venecianos, los lugareños se enfrentan unos contra otros, en sus embarcaciones recién hechas. Después, vencedores y vencidos reemprenden un menester que un escritor satírico egipcio considera el más duro que existe.

Hay muchísimas maneras de pescar: la pesca con caña, con el pescador matando a golpes a su presa cuando ésta aparece (los peces son grandes en el delta); la pesca con red pequeña, la pesca con nasa y la pesca con red grande, que exige una docena de hombres y una inmensa red rectangular, que se extiende en el lago y hacia la cual se empuja a los peces. La caza requiere, esencialmente, un arpón sólido.

La víctima favorita de los cazadores es el hipopótamo, y contra su durísima piel pueden romperse las armas más fuertes. Existe también la caza con red, empleada muy particularmente para los patos salvajes. Todos estos procedimientos exigen dedicación, perseverancia y valor, pero tales  cualidades  quedarían  sin  efecto si   los lugareños no tuvieran la protección de la diosa que llaman «Sekhet»: la Pradera.

Esta divinidad tiene el aspecto de una campesina, revestida con un traje estrecho. Los peces y los pájaros le pertenecen, pero se muestra pródiga cuando se trata de compartirlos con quienes son sus asociados y amigos. Pero existe también el desierto, que da vértigo en su inmensidad, poblado de animales, unas veces agradables y otras temibles: antílopes,.gacelas, ciervos y avestruces, lobos, hienas y bueyes salvajes.

La caza aquí constituye un pasatiempo para lo príncipes, pero es también un oficio para los arqueros encargados de la vigilancia del desierto, cuya misión es capturar fieras vivas: la ofrenda de estos animales es la más grata a los dioses.

De modo, pues, que el país del faraón, además de sus cereales y su vino, además de sus frutas y sus flores, alimentaba un abundante ganado, en tanto que sus ríos y pantanos rebullían de peces que hacían más variada y agradable la comida de los egipcios.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo I La Gran Aventura del Hombre – Vida Cotidiana en el Egipto Antiguo-

Rey Sargón Historia del Imperio Acadio Características Resumen

REY SARGÓN EL GRANDE – FUNDACIÓN DEL PRIMER IMPERIO EN LA MESOPOTAMIA

Las primeras civilizaciones aparecieron en el Oriente Medio, en Egipto y Mesopotamia, en el año 5000 a.C. aproximadamente. Su existencia está ligada a la fertilidad, garantizada por los deltas de los ríos, y una organización política y social ya muy evolucionada. Civilizaciones paralelas, unidas a la presencia de los ríos, se encontrarán a orillas del Indo, y, en China, junto al río Amarillo.

En el caso de  Mesopotamia, en las márgenes de los ríos Tigris y Eufrates surgieron dos ciudades notables: Babilonia sobre el Eufrates y Nínive sobre el Tigris. La primera fue la más antigua; sin embargo, Nínive llegó a su apogeo antes que Babilonia.

En cambio, las comarcas vecinas, de suelo desértico, eran pobres, lo que explica que la Mesopotamia fuera codiciada por los pueblos anos del Norte y los semitas del Sur, los que chocaron más de una vez en ese escenario geográfico a lo largo de la historia, que nos muestra una sucesión ininterrumpida de invasiones, de guerras frecuentes y de imperios duraderos, pero vulnerables.

Sucesivamente, desde el año 3500 a. de J. C, aproximadamente, algunas ciudades-estado, fundadas cerca de los centros del culto, se dividen la zona del delta. Aunque el misterio siga siendo insoluble por lo que se refiere a los sucesivos estadios de esta evolución, es innegable que aquellos Estados, es decir, aquellas civilizaciones, fueron determinados por las condiciones naturales, que permitió la agricultura, pues la tierra era fértil, el agua, abundante; pero había que contener las crecidas, excavar canales, levantar diques, dividir los campos. ¿Cómo se originaron los primeros poderes despóticos, que iban a dominar estos mecanismos sociales tan complejos?.

Quizá no lo sepamos nunca. Lo único seguro es que la necesidad de una organización colectiva llevó al establecimiento de una autoridad central, fundada sobre la religión.

mapa imperio sumerio acadio

Sargón de Acad: Al norte de las ciudades-estado sumerias se encontraba el territorio de los acadios semitas. Sargón, un jefe guerrero, lo unificó poco antes del año 2300 a. de J.C., y gobernó Acad durante unos cincuenta y cinco años. El origen de Sargón y su encumbramiento en el poder están rodeados de numerosas leyendas y misterios. Una crónica dice que nació de una prostituta del templo. Otra, que se le encontró en una cesta de juncos (en circunstancias parecidas a las de Moisés). Tras dominar Acad, Sargón se dirigió hacia el sur y sometió a los divididos sumerios de ciudad en ciudad. Pero los sumerios vencidos civilizaron a sus conquistadores acadios, que asimilaron con rapidez la cultura sumeria. Sargón, rey de Sumeria y Acad, extendió su imperio desde el actual Irán hasta el Mediterráneo. A su muerte, el impeno acadio se desintegró bajo la amenaza de invasión de otros pueblos semitas. Unos seiscientos años más tarde, Hammurabi, rey de Babilonia, incorporó a su imperio los viejos territorios acadios y sumerios.

La vida social se articulaba en las categorías de los funcionarios y de los soldados. Se crearon también sistemas de contabilidad y de escritura, necesarios para el funcionamiento del conjunto. Las ciudades mesopotámicas entraron en lucha a comienzos del III milenio, en una tremenda alternativa de guerras y civilización. Kish, Uruk, Ur, Lagash combaten sucesivamente por la hegemonía; hacia el 2500 a. de J. C, Lugalzaggisi, señor de Ur y de Uruk, puede considerarse como el primer emperador de la Mesopotamia.

Dios Abu de los sumerios

El  pueblo  sumerio   ha  encontrado  en  su  religión su casi único motivo inspirador.
Los  enormes  ojos  del dios  Abu,  con  sus  córneas de hueso y sus párpados de betún,
se dirigen hacia lo invisible. He aquí una figura imaginaria, destinada a hacer que la efigie divina estuviera presente en la emoción del espectador.

Sargón de Akkad y sus sucesores, derrotando a Lugalzaggisi, fundan, a su vez, un Imperio. Pero, hacia el año 2285 a. de J. C, los bárbaros procedentes de los montes Zagros, quizá empujados por las invasiones indoeuropeas, devastan Mesopotamia. La hegemonía de Ur resurgirá de las ruinas, contrastada muy pronto por otras ciudades rivales; Isin, Larsa, Babilonia, Uruk, Kish, hasta que, hacia el 1792 a. de J. C, Hammurabi, rey de Babilonia, impone su ley. La unificación de la Mesopotamia durará muy poco.

Sargon I rey acadio

Sargón I, llamado el Grande, rey acadio (c. 2335-c. 2279 a.C.), por primera vez en la historia de Mesopotamia, unificó las antiguas tierras de Sumer y Acad. Apenas se conocen datos sobre su vida. Según una leyenda sumeria, Sargón fue depositado en una cesta de caña sellada y abandonado en las aguas del Éufrates, de donde fue rescatado. Tras conseguir la aprobación de la diosa Istar, se alzó en armas para establecer su reino.

LA HISTORIA DE SARGÓN: Hacia el año 2300 a.C, atraídos por el extraordinario desarrollo de la región, irrumpieron otros pueblos nómades de origen semita, provenientes de Arabia y de Siria y se establecieron en la parte media. Fueron éstos los acadios y los amárreos. Los primeros fundaron la ciudad de Acad o Agadé (hoy Bagdad) y los segundos, la de Babilonia o Babel.

Los sumerios, de mayor grado de civilización, resistieron a esta penetración pero, finalmente, sucumbieron ante el poder del rey de Acad, Sargón, con quien se inició una época francamente progresista, durante la cual los acadios fueron asimilando la cultura sumeria, hasta que éstos lograron recuperar su hegemonía, llegando al apogeo de su poder, a tal punto eme en la ciudad de Ur se consagró el primer código de leyes que se conozca, denominado Urnami.

Los orígenes de sargón no eran principescos: hijo de padre desconocido, fue traído al mundo en secreto por una servidora del templo, que Je abandonó, como en el caso de Moisés, junto al borde del agua. «Lo colocó en una barquilla de cañas, cuyas aberturas tapó con pez.» Recogido por un aguador, Sargón llegaría a ser copero del rey de Kish; con ocasión de la toma de la ciudad por el ejército sumerio, consiguió escapar y montó un campamento en Agadé, en el país de Akkad, sobre el Eufrates Medio.

Reunió guerreros, encontrándose, en poco tiempo, a la cabeza de un potente ejército de mayor movilidad que el de Sumer; en efecto, la infantería ligera entraba en combate, a distancia, mediante una lluvia de flechas, luego alcanzaba al enemigo hasta llegar al cuerpo a cuerpo y entraban entonces en acción el hacha y la lanza corta. Lugalzaggisi fue vencido, apresado, arrastrado y encadenado hasta Nippur, donde sufrió la mayor humillación al ser expuesto en una jaula a la puerta del templo de Enlil, dios del viento y de la Tierra.

El sueño de la hegemonía sumeria se había venido abajo. En cambio, su destructor iba a crear el primer imperio semítico. En treinta y cuatro batallas, Sargón «agota al Elam, sojuzga al país sumerio, unifica bajo su autoridad a Asiría, al norte, y a Amurra, en el oeste».

Extiende su dominación desde el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico, desde los desiertos de Arabia hasta los montes Zagros; es el primer «rey de las multitudes y de las cuatro regiones del mundo», el primer gran aventurero conocido que funda no sólo un imperio, sino una dinastía que dominará la totalidad del Creciente Fértil, durante más de cien años. El reinado de Sargón no fue tranquilo ni feliz.

Desde su capital, Agadé, instalada en la provincia central, este rey pasó cincuenta y ocho años de su reinado guerreando contra los montañeses del nordeste y del este, y dominando las revueltas que estallaban, periódicamente, en Elam, en Sumer y en la propia Akkad.

Sargón, y fue el primero de una larga serie de conquistadores en la historia del Próximo Oriente. Si es cierto siquiera la mitad de lo que se cuenta de él, debió ser un personaje excepcional para su época. Se cree que gobernó tierras que se extendían desde Palestina hasta el golfo Pérsico, y que invadió Egipto e incluso Etiopía. En su tiempo se alardeaba de que en el palacio de Sargón comían 5.000 soldados a sus expensas. Sea verdad o no, todo lo anterior importa menos que el hecho indiscutible de que Sargón fue el primer rey que unificó Sumer y el norte de Mesopotamia, creando un solo estado bajo un gobierno común. Los monarcas posteriores llevaban el título de «reyes de Sumer y Acad». El de Sargón fue el primer imperio unificado de la historia y la primera unidad política que abarcaba todo el valle de Mesopotamia, aunque esta situación sólo se prolongaría hasta el reinado de su bisnieto. Poco después del 2200, el imperio acadio fue destruido por los pueblos de las montañas del nordeste.

El único que no se levantó contra Sargón fue el norte del Imperio. Según parece, los semitas de Subartu, que serían después los terribles asirios, fueron los más fieles sostenedores de la dinastía de Sargón. La tarea no será menos dura para sus herederos; el hijo mayor del rey, Rimush, arrostra una rebelión de Sumer y de Elam, mientras el segundo, Manishtusu, tuvo que intervenir en las costas del Golfo Pérsico.

Ambos mueren asesinados, y Naram-Sin, hijo del último, tiene que reprimir la rebelión de casi todas las ciudades del país, antes de sufrir una serie de desastres, debidos a una invasión de montañeses de Zagros, los guti. Parece ser que éstos habían sido empujados por otros invasores, los Umman-Manda, jinetes procedentes de Anatolia, y en los que algunos sabios pretenden ver una vanguardia de los pueblos indoeuropeos.

Estos derrotan definitivamente al hijo de Naram-Sin, Shar-Kali-Sharri, el año 2190 a. de J. C. No desaparece inmediatamente la dinastía sargóni-da; algunos príncipes siguen manteniéndose a la cabeza de un reino reducido. Hasta el año 2150, los jefes de los pueblos vencedores no eliminan definitivamente a los semitas, implantando su dominio sobre todo el país. Por vez primera, desde que los mesopotámicos aprendieron a dejar constancia de los acontecimientos de su historia en tablillas, sucumben ante el empuje de pueblos primitivos.

Las ciudades, no obstante, no quedaron descontentas de la invasión de los extranjeros, ya que habían conseguido terminar con la supremacía acadia. Aunque no demasiado opresora, ésta había destruido la semi-autonomía de que disfrutaba cada ciudad, desde los tiempos más remotos. Parece ser que los guti no manifestaron grandes ambiciones políticas, contentándose con aprovecharse de unas condiciones de vida más fáciles que aquéllas a que estaban acostumbrados.

El peso de su dominación era soportable, ya que consintió a las antiguas Ciudades Estados disfrutar, durante un centenar de años, de un régimen casi independiente, y les permitió, asimismo, prosperar. No obstante, el recuerdo de Sargón se perpetúa, durante mucho tiempo, en Mesopotamia. Todos los fundadores de imperios que se sucederán a las orillas del Eufrates y del Tigris, utilizarán la fórmula de que se había valido aquel semita, de origen oscuro y modestos principios: «Yo… rey de Sumer y de Akkad, rey de las multitudes y de las cuatro regiones…»

BAJO EL IMPERIO DE AKKAD
Mesopotamia tenía, al fin, bajo el reino de los sargónidas, configuración de Estado. Era un hecho verdaderamente excepcional para aquella época y que sólo se puede atribuir a  la personalidad extraordinaria de los soberanos. Parece que supieron tener en cuenta la diversidad de pueblos que formaban su imperio, reservando bajo su autoridad directa a las regiones con mayoría semita, y tolerando, por el contrario, que cada ciudad sumeria conservase su propio príncipe y sus instituciones.

El rey ejercía el derecho de soberanía sobre ellas. Las creencias religiosas semitas asimilaron las de Sumer; así, por ejemplo, el dios solar Shamah correspondía a Utu, y el planeta Venus Isthar encontraba su réplica en Inanna, diosa de la fecundidad. Fue tan perfecto el sincretismo religioso, que muy pronto se hará difícil distinguir los caracteres sumerios y acadios en la religión de Mesopotamia.

Sincretismo: es un sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes.

El pueblo acadio vino a ser heredero de las mismas tradiciones, de la misma civilización que sus vencidos. Por esto, ni siquiera tuvo la intención de destruir lo que había encontrado. Al contrario, respetó, expandió y transformó las instituciones del país de Sumer, de acuerdo con su propia personalidad. El sumerio siguió siendo lengua oficial, junto al acadio.

El personal administrativo fue reclutado tanto entre los sumerios como entre los semitas. Estos escribieron con los caracteres cuneiformes, que adaptaron a su propio idioma. Muy pronto se publicaron listas de palabras, formando un vocabulario comparado sumerio-acadio: los primeros diccionarios de la historia.

El alma semita, más flexible que la de los sumerios, intervino en la ejecución de las obras de arte: las composiciones monumentales y el grabado de los cilindros-sellos perdieron su seriedad y rigidez para adquirir más suavidad. Después de una de sus campañas en los montes Zagros, el nieto de Sargón, Naram-Sin, hizo grabar en piedra una estela celebrando su victoria.

Este monumento es notable por su fuerza y por su composición, más libre que la de todas las obras similares precedentes. En vez de una narración escalonada, para leer de arriba abajo, nos encontramos con una sola escena, en la cual unos cuantos personajes dan la impresión, por su movimiento, de una gran multitud representando una escena de triunfo y dominándola el rey vencedor. ¿Y qué decir de la admirable cabeza de Sargón, digna de figurar entre las obras más ilustres de la estatuaria mundial?.

Los mínimos detalles de este rostro han sido cincelados con un arte perfecto que nos recuerda el de las «tumbas reales» de Ur. Sin embargo, la expresión no es la de las estatuas sumerias: la efigie no es extática y rígida, sino que respira majestad y poder, dulcificados, sin embargo, por una ligera sonrisa que se dibuja en los labios del rey.

INVASIONES ARIAS: El apogeo de los semitas, se vio violentamente interrumpido por la irrupción sucesiva de varios pueblos de origen ario, que llegaron hacia él año 1900 a.C. desde la región del Cáucaso. Fueron éstos los hititas, los mitanios y los kasitas, quienes introdujeron como gran novedad en b región, el hierro y el caballo.

Los hititas, luego de invadir la Mesopotamia se apoderaron de Babilonia, aunque no se radicaron en el lugar, sino que se dirigieron ai Asia Menor, donde finalmente se establecieron en la Anatolia y fundaron la ciudad de Hattusas.
Luego arribaron los mitanios, menos aguerridos, quienes se quedaron en la zona Norte, sin hostilizar demasiado a sus vecinos.

Por último llegaron los kasitas, los que se mezclaron con los amorreos y luego de cruenta lucha dominaron todo el territorio y consolidaron el poder de los arios.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I sargón y los Acadios
Historia Universal Ilustrada Tomo I Los Acadios John M Roberts Edit. Debate

Formación del Imperio Asirio Conquistas y Poder Militar

LOS ASIRIOS: CONQUISTAS Y CREACIÓN DE SU IMPERIO

Asiria, fue un muy antiguo país de Asia, que abarcaba hacia el sur desde casi la frontera norte del actual Irak y ocupaba el valle del río Tigris y uno de sus afluentes más importantes, el Zab, formando una zona con forma similar a un triángulo invertido. Los asirios de raza semita, mezclados con otros pueblos, se habían establecido al norte de Mesopotamia, en el alto valle del Tigris. Hacia 1800 a. C. se funda su primer Imperio, pero sus ambiciones son frenadas por la Babilonia de Hammurabi, por los hititas y por los mitanni.

EVOLUCIÓN DEL PUEBLO: Desde el 1200 hasta el 950 a.C, el país conoció una serie de invasiones, y, en la lucha por la supervivencia, se transformó en una nación armada, que usa métodos feroces para intimidar a sus adversarios.

La desaparición de los hititas, la decadencia egipcia y la ruina de Babilonia permiten la expansión de los asirios. Las guerras defensivas se transforman en guerras de conquista, seguidas de la sistemática sumisión de los pueblos vencidos: Ashur-Nasirpal II, Salmanasar III, Tiglat-Pileser III, Sargón II, fundan, del 850 hasta el 705 a. C, un formidable Imperio, que se extiende desde el Golfo Pérsico al Mediterráneo y al Asia Menor.

En todas partes hay guarniciones que vigilan a los vencidos; en caso de rebelión se suceden matanzas y deportaciones. El arte de la guerra alcanza una perfección jamás inigualada. Pero una movilización permanente agota los recursos nacionales y el odio va rodeando a los conquistadores, que se extienden cada vez más.

Senaquerib destruye Babilonia (689 a. C.), Asarhadon invade Egipto (671 a.C), Asurbanipal aniquila Tebas, que no volverá a resurgir. Aterrorizado, todo el Oriente espera la venganza que los profetas de Israel han anunciado. Esta se prepara al Este, entre los medos, instalados en la altiplanicie del Irán tras las migraciones indoeuropeas.

En la capital, Nínive, Asurbanipal (el Sardanápalo de la leyenda), rodeado de libros, consulta con inquietud a sus adivinos y envía a través de su Imperio órdenes que superan cualquier crueldad conocida. Hace arrojar al estiércol los huesos del rey de Elam, para privarlo del reposo eterno. Pero todo es en vano: veinte años después de su muerte, Nínive no existirá va.

LOS INICIOS DEL IMPERIO
La Formación de una Potencia Militar

Durante la tercera dinastía de Ur (hacia el año 2000 a. de J. C), el pueblo de Sumer, en plena expansión, había conquistado la suprenacía militar y política, y dominaba Meso-potamia. Pero al norte del imperio sumerio, no lejos de la actual Armenia, sobre territorios fértiles bañados por numerosas corrientes de agua, se había instalado otro pueblo, formado en parte por tribus semitas.

Situados entre, los dos ríos, y beneficiados con un abundante régimen de lluvias, estos territorios gozaban de un clima relativamente’ benigno, propicio para atraer y retener a las tribus errantes. Así, pues, desde el primer momento, las tribus asirías se asentaron en esa región, lugar de paso obligado y centro estratégico de primera importancia, que iba a ser ásperamente disputado en el curso de los tiempos.

LOS SIGLOS OSCUROS:
Asiría se convierte en una potencia militar: Los principios de la historia asiría resultan oscuros; es de suponer que, durante mucho tiempo, las tribus hicieran vida seminómada, errantes con sus rebaños. Ante los ataques de otros nómadas de las estepas del este, se unieron entre ellas, construyendo burgos fortificados y santuarios, imponiéndose como rey el jefe de la ciudad-santuario más importante.

La ciudad se elevaba sobre la orilla derecha del Tigris, y recibió el nombre del dios que allí se veneraba, Asur (el benévolo). Como en todo el Oriente, el poder era, en su esencia, religioso, y el rey, representante de dios sobre la tierra, era, a la vez, legislador, gran sacerdote y jefe guerrero, encargado de castigar a los pueblos que no reconocían al divino señor. Desde el segundo milenio, las otras ciudades, sometidas a la autoridad del «vicario de Asur», se convirtieron en florecientes centros artesanales y comerciales.

De la lista de soberanos se destacan, en primer lugar, el nombre de Ilu-Suma (hacia 1830 a. C), que efectúa una incursión en Babilonia, y, sobre todo, el de Shamsi-Adad I, creador, según parece, del primer imperio asirio (hacia 1750 a.C). Este imperio contaba ya con una administración centralizada, mensajeros y un ejército regular, dotado de intendencia. Mas el poder de Babilonia se impondrá sobre Shamsi-Adad I, y sus sucesores serán los vasallos de la ciudad de Hammurabi.

A continuación de las invasiones kassitas viene un período de siglos oscuros: Asiría, arrasada en varias ocasiones, tiene que mezclarse con sus poderosos vecinos, los imperios hitita y mitanni; aprovecha los períodos de respiro para familiarizarse con las nuevas armas de hierro y los carros de combate, y multiplicar las incursiones a Babilonia. La decadencia de los hititas ofrece a Salmanasar I y Tukulti-Ninurta I brillantes oportunidades.

Aquél les expulsa hasta Karkemish, en tanto  que  to que Tukulti-Ninurta, después de derrotarles nuevamente, se vuelve contra Babilonia, apoderándose del dios Marduk. Hacia el año 1206 a. C., Babilonia se libera de la dominación asiría; una vez más, provocadas por emigraciones indoeuropeas, las invasiones hacen tambalear el precario equilibrio de Oriente.

Los «Pueblos de la Mar» destruyen el imperio hitita y se abalanzan hacia el sur, siendo detenidos en las fronteras de Egipto por Ramsés II (1190 a. C). En plena tempestad, Asiría es atacada desde todas partes por los elamitas, los mushki, los árameos y los guti. Los asirios se defienden encarnizadamente y, durante esta lucha por la supervivencia, se transforman en feroces guerreros, que recurren al terror para detener a los asaltantes.

Hacia 1130 a.C. , Asur-Rish-Ishi resulta vencedor en Babilonia. Y, hacia 1112 a. C, Tiglat-Pileser I revela al mundo el nuevo poder militar asirio. Sus inscripciones hablan de los cuarenta y dos pueblos sojuzgados, sometidos al pago de tributos. Aniquila a los árameos, se apodera de las últimas fortalezas hititas, guerrea en el Kurdestán y Armenia, penetra hasta el Líbano para procurarse madera con que concluir la construcción de Asur.

El rey repite incansablemente sus sangrientas letanías: «Cubrí de ruinas los territorios… sembré el suelo de cadáveres, como si fueran fieras salvajes. Entregué las ciudades a las llamas; destruí; amontoné ruinas y escombros». Pero, al mismo tiempo, elabora un código de leyes y adopta el calendario babilónico. Por lo demás, el terror asirio no impedirá que, hacia el año 1050 a.C., el país sea completamente destruido por nuevas invasiones de árameos y guti. Mas de sus ruinas surgirá esta vez un imperio duradero.

COMIENZOS DIFÍCILES
Pero tendrán que transcurrir, aproximadamente, tres siglos para que este imperio se constituya. La desaparición de los hititas ha dejado un vacío y, debido a su decadencia interior (tercer período intermedio), Egipto no puede intervenir en Asia.

Ya no hay, pues, potencia dominante. Los asirios, aunque terribles combatientes, se muestran prudentes todavía. Desde el año 932 al 884 a.C, soberanos como Ashur-Dan II o Tukulti-Ninurta II, se liberan de los peligros exteriores y saquean a sus vecinos, imponen tributos, doblan sus territorios. Ashur-Nasirpal II (883-859 a. C.)  obliga al pago de tributos a las zonas fronterizas, pero se atreve a atacar a los países importantes: Babilonia, Urartu (Armenia) o Aram (Siria ¿el Norte). Refuerza su ejército, acumula un tesoro, construye plazas fuertes.

Su hijo, Salmanasar III, se envalentona y realiza incursiones a Urartu, intentando, sobre todo, extenderse hacia Siria. Pero el reino de Aram, Israel. Judá y las ciudades fenicias resisten y, finalmente, le vencen (batalla de Karkar, ¡53 a. de J. C).

Durante medio siglo, Asiría recupera fuerzas. Su nobleza sigue siendo turbulenta; el poder real no es absoluto. Como el misterioso Urartu, que parece inspirarse en el ejemplo hítita y servirá de modelo a medos y persas, Aram y Babilonia son temibles.

Crisis de sucesión, revueltas y guerras civiles paralizan el desarrollo de Asiría. Finalmente, la influencia religiosa de Babilonia triunfa definitivamente, gracias quizá a la reina Semíramis, tan mal conocida. Con la llegada de Tiglat-Pileser III (746-727 a.C.) la transformación se hace decisiva: la alta nobleza es eliminada, los gobernadores de provincias reducidos a la obediente y el ejército reorganizado.

Este ejército esta ya permanentemente dotado de una potente caballería de choque, de una infantería y de un cuerpo de ingenieros especializado. A partir de ahora, las incursiones de saqueo y exterminación van a ser sustituidas por las conquistas prolongadas, por las deportaciones sistemáticas, dentro del marco de una política imperial coherente.

EL IMPERIO DEL TERROR: TigLat-Pileser III castiga a los árameos, ocurpa la Siria del Norte y el valle del Orontes (740a. C), guerrea contra Urartu y los medos. Los éxitos obtenidos contra Aram e Israel le permiten anexionarse Damasco (730 a. C).

Finalmente, se vuelve contra Babilonia, a la que conquista en el año 729 a. C, haciéndose proclamar rey con el nombre de Pulu. Sus hijos, Salmanasar V y Sargón II, que destronará a su hermano, continúan la gran obra: Samaria, la capital del reino de Israel, es conquistada (721 a. C).

A pesar de la pérdida momentánea de Babilonia, Sargón II arrasa Media y el Urartu del rey Rusas I. Después, realiza conquistas en Anatolia y recupera Babilonia. Hacía el año 710 a. C, la fuerza de Asiría parece alcanzar su apogeo: el imperio se extiende desde el Golfo Pérsico a la Siria fenicia, de la frontera de Egipto al Zagros; está dividido en 70 provincias, centralizadas y vigiladas por cuerpos de ejército.

Del año 713 al 707 a. C, Sargón se construye una nueva capital, Dur-Saryukin (Khorsabad), de más de ocho kilómetros de perímetro, engalanada con templos y grandiosos palacios. Sargón II desaparece durante una guerra contra las tribus persas (705 a. de Jesucristo).

Cuando llega al trono su hijo Senaquerib, la situación política de Asiria está muy lejos de ser estable: los pueblos tributarios estáíi siempre al borde de la revuelta, y las deportaciones masivas, en vez de unificar el imperio, multiplican los focos de desorden y de rebelión. En el norte, el Urartu está amenazado por los cimerios y los escitas, que vendrán a acampar en las mismas fronteras de Asiria.

En el sur, Babilonia sigue siendo un foco de agitación y de intrigas antiasirias. La propia unidad del imperio es sólo aparente, y se mantiene, sobre todo, por el prestigio de los reyes. El mito religioso de la superioridad del dios Asur no tiene suficiente fuerza para mantener la cohesión entre poblaciones diferentes, reunidas en el interior de sus fronteras. El uso de la lengua aramea, que poco a poco se ha generalizado —convirtiéndose en la lingua franca de todo el Medio Oriente—, no puede contribuir a solidarizar entre sí a pueblos profundamente inestables, siempre dispuestos a rebelarse.

Con Senaquerib, no tardan en renovarse las guerras. Pero no guerras de conquista, a partir de ahora, Asiria va a intentar, sobre todo, conservar lo que ha adquirido. Babilonia, aliada a Elam, se rebela, así como el reino de Judá. Senaquerib sitia Jerusalén, pero una epidemia le obliga a retirarse.

Alentados por Elam, en Babilonia continúan los disturbios; el rey asirio hace construir una flota por los marinos fenicios y ataca a Elam. Pero en el año 690 a. C, el rey Huban-Imena, aliado de los persas, le rechaza en Halulé.

Senaquerib se vuelve contra Babilonia, arrasándola e inundándola. El templo de Marduk es saqueado. Senaquerib, que desea que Nínive «no tenga rival», puede entonces dedicarse al embellecimiento de la ciudad. La engalana con palacios, amplía las calles, construye plazas con árboles.

Asimismo, mejora la agricultura, construye canales de irrigación con esclusas, aclimata el algodón, planta vergeles. Deseoso de perfeccionar el arte y la industria, inventa una nueva manera de fundir las estatuas en bronce, dota a su ejército de flechas con puntas de hierro y condecora con brazaletes a los artesanos meritorios. Una revolución de palacio hace desaparecer a Senaquerib, probablemente asesinado por uno de sus hijos, con la complicidad de la reina Sakutu (681 a. C).

LA CONQUISTA DE EGIPTO:
Hijo de Senaquerib, Asarhadon, casado con una babilonia, asciende al trono después de una breve guerra civil. Su primera decisión es la de reconstruir el templo de Marduk, e instaurar una monarquía doble en Nínive y Babilonia. Pero el período de relativa estabilidad que se anuncia para Asiria, se ve amenazado  por  el  avance  de  los  cimerios  en Anatolia. La guerra comienza de nuevo en todos los frentes. En vista de que Siria, bajo la influencia egipcia, se rebela una y otra vez, Asarhadon decide lanzarse a la conquista de Egipto.

Después de haber sometido el reino de Sidón y obligado al pago de tribu-ros a los reyes de Judá, Chipre y Palestina, tras haberse aliado con los árameos y haber comprado la pasividad de los medos y de Urartu, ataca el delta del Nilo. En el año 671 a. de J. C, el general Sanabusu se apodera de la ciudad de Menfis y bate al faraón Taharka.

Enfermo, inquieto, Asarhadon, después de numerosas consultas a los oráculos, reparte el imperio, antes de morir, entre sus dos hijos. La situación es difícil: los cimerios amenazan, Anatolia está abandonada, y los medos, conducidos por el rey Fraortes, ocupan las alturas de los montes Zagros, aliándose a los escitas, pueblo emparentado con los cimerios que acaba de llegar del Cáucaso. Cuando, en el año 669 a. de J. G, muere Asarhadon, Asurbanipal (el Sardanápalo de la leyenda) es rey de Asiría, y su hermano, Shamash-ShumIkin, recibe el reino de Babilonia. El reparto se realiza en medio de rivalidades y de conspiraciones, que la anciana reina Sakutu ayuda a ahogar.

LOS HERMANOS ENEMIGOS: Egipto había aprovechado la crisis sucesoria para rebelarse, y los ejércitos de Asurbanipal irrzsan el país hasta Tebas, la ciudad santa, que es incendiada implacablemente. Pero la situación en las demás fronteras es incierta: los cimerios, que en Anatolia han destruido el reino de Frigia, atacan Lidia, cuyo rey Giges pide ayuda. A su vez, Elam se rebela.

La campaña de Egipto ha inmovilizado demasiadas fuerzas. En el momento en que éstas regresan, los egipcios, con Psamético, emprenden la tarea de reconquistar su independencia; hay que resistir en todos los frentes. Escaso de tropas, Asurbanipal lanza a los escitas contra los medos. Sólo aplaza el peligro; los persas se harán independientes y lograrán, al fin, la unidad en su beneficio. Su propio hermano se alza ahora contra él: en Babilonia, Shamash-Shum-Ikin, que no se resigna a una posición de segundo orden, se pone a la cabeza de una verdadera coalición con los babilonios, los árabes y los reyes de Elam.

A lo largo de tres años se desarrolla una guerra sin cuartel y, poco a poco, los asirios avanzan contra Babilonia. La ciudad es conquistada en el año 648 y Shamash-Shum-Ikin, conociendo la suerte que le espera, prefiere lanzarse a las llamas. Una parte de la población es asesinada.

FALTABA EL ELAM
Queda por castigar ese Elam que había apoyado a Babilonia. El propio Asurbanipal nos cuenta su campaña: «En una extensiá equivalente a un mes y veinticinco días d marcha, he arrasado los distritos de Elam. He esparcido allí la sal y plantado zarzas. Me he llevado a Asiria, como botín, a los hijo de los reyes, los hermanos de los reyes, lo miembros de la familia real, jóvenes y viejos los prefectos, los gobernadores, los caballero; los artesanos.

Me he llevado, también a los habitantes, hombres y mujeres, adultos y niños, caballos, muías, asnos, rebaños de ganado mayor y menor, más numerosos que una plaga de langosta. He traído a Asiría el polvo de Susa, de Madaktu, de Haltemas y de sus otras ciudades.En un mes he sometido a todo el Elam. He suprimido en el campo la voz del hombre, el paso de los rebaños, los gozosos gritos de alegría, y los he sustituido por onagras, gacelas y demás animales salvajes».

Después de su triunfo de Nínive, a donde marchan los reyes vencidos antes que sus cabezas sean colgadas en las almenas de las murallas, Asurbanipal puede creer que ha alcanzado la victoria definitiva. Pero los escitas y los medos no están lejos, Egipto ha recobrado la independencia, los cimerios invaden Lidia, y Giges muere en el combate; después de conquistar Sardes y Efeso, la ciudad griega, llegan hasta la costa de Asia Menor.

Al final de su vida, Asurbanipal parece desinteresarse por la guerra, dedicándose enteramente a la formación de una inmensa biblioteca. Así hace copiar todos los grandes textos sumerios y babilónicos. Gracias a él, los arqueólogos han podido encontrar estos textos, casi intactos, en las excavaciones de Nínive.

Para realizar un poco de ejercicio mata fieras en su parque, combate cuerpo a cuerpo con leones. ¿Cómo iba a sentir a su alrededor el odio de esos pueblos vencidos, sometidos a tributos y a atroces represiones, que sólo esperaban el momento propicio para vengarse? Un profeta de Israel, Sofonías, lo había anunciado: «El Eterno extenderá su mano hacia el norte y destruirá Asiria; hará de Nínive  un desierto.» Los medos y los babilonios iban a confirmar muy pronto la profecía.

asirios luchan con leones

La caza de leones era el deporte tradicional de los reyes de Asiria (figura grande: «Ashur-Nasirpal cazando el  león».  Kalah.  Siglo   IX  a.   de  J.   C.   Londres,Britisb   Museum).  

lucha con leones

Ojeados   por   servidores provistos de címbalos, los animales caían
bajo las flechas del rey, perfectamente resguardado en su carro. Pero, para mostrar su valor, el soberano
combatía con ellos también a pie. Cuando quería descansar de sus trabajos literarios, Asurbanipal («Asurbanipal
cazando  el león».  Detalle.  Siglo   VII a.  de J.  C. Londres, Britisb Museum) hacía soltar leones
en su parque, combatiéndolos cuerpo a cuerpo, armado de un puñal y de una jabalina.

LA ERA DE LAS DEPORTACIONES: Mantenido por el terror, el imperio asirio fue puesto en explotación por necesidades económicas. El ejército exigía numerosos recursos, pero la administración estaba muy bien creanizada: se construyeron canales y depósitos de agua, se creó una flota en el Golfo Pérsico, se emprendieron grandes obras. El rey podía distribuir así riquezas a sus señores feudales.

En numerosos países, los soberanos habían sido sustituidos por gobernadores. Cuando se habían sometido sin combatir eran conservados en calidad de vasallos. Tal era el caso de los reyes de Chipre. Fenicia estaba vigilada por el rey de Sidón, fiel aliada.

El prestigio de Babilonia hizo que Sargón le concediera un trato especial: él mismo se proclamó su rey. Como la capital del reino de Israel, Samaría, hubiera resistido, la ciudad fue destruída (722 a. C.) los habitantes que pudieron escapar la matanza fueron deportados y sustituidos por hititas o babilonios. Asimismo, en Kariemish, ciudad fortaleza que defendía el acceso al Eúfrates, la población, poco segura, fue deportada y sustituida en su totalidad por aarios de raza.

Los asirios tenían pasión por los bellos caballos. Los hurritas y los hititas fueron sus maestros en el arte de la crianza y de la doma.  De ahí  que frescos  y  bajorrelieve: representen muchas veces corceles vistosos y engalanados donde  pueden observarse  las trenzas que adornan las colas de los caballos que avanzan lentamente, sujetos por soldados. o galopan en las cacerías y las batallas.

LA RIQUEZA Y EL MIEDO: La religión de esos asirios, que parecen obsesos por los presagios y los oráculos, ¿no será quizá un reflejo de la angustia de los soberanos y dirigentes, cuya constante preocupación es la conservación de ese imperio detestado por los vencidos? Aparentemente, el edificio es sólido: vías de comunicación, fortalezas, gobernadores, guarniciones, burocracia centralizada, archivos impecables. Pero, por sus guerras continuas, los soberanos no han sido capaces de crear una barrera de estados aliados; al exterminar a las poblaciones montañesas del Zagros, abren el camino a los escitas y a los medos. Al deportar a las poblaciones, van dejando por todas partes focos hostiles, dispuestos a la revuelta.

Y la perpetua movilización de las fuerzas agota los países y el tesoro. Los tributos entregados por las poblaciones conquistadas, que servirán para levantar templos y para proveer de equipo técnico al país (trabajos de irrigación) y a los ejércitos, se conservarán en el palacio real.

En ciertas épocas, este tesoro real es considerable y consiste, sobre todo, en lingotes de oro y plata, en vasijas de cobre y armas de hierro. Fenicia suministra púrpura; el país hitita, oro, hierro y plata; el Líbano, madera de cedro; Siria, cobre, bueyes y corderos.

El impuesto con que el soberano asirio grava a los pueblos vencidos es pesado. Debido, sobre todo, a las necesidades militares, el rey explota los recursos al máximo. Los productos se trasladan por vía fluvial o marítima (el intenso tráfico de barcos dará lugar a un esbozo de código marítimo) o por medio de caravanas que franquean desiertos y montañas bajo escolta armada, uniendo entre sí ciudades y fortalezas.

Las ciudades, como Nínive, Kalah, Khorsabad, rodeadas de murallas, se construían en ladrillo. Sus templos y palacios han vuelto al polvo, conservándose únicarsente las estatuas y bajorrelieves de piedra. Todo el arte asirio se inspira en el de Persia, Siria, los hititas, Babilonia. Las estatuas son macizas. Bajo el reinado de Asurba-nipal los escultores de animales alcanzan en los bajorrelieves una gracia y un movimiento raramente igualado, que, desde luego, no existe en las efigies reales de convencionales rasgos, con sus barbas rizadas y sus cabellos lisos, en las que sólo el perfil semita y los labios gruesos ofrecen una nota realista.

La arquitectura refleja el poder. Al abrigo de sus murallas almenadas, aunque más geométricas, las ciudades fortificadas no debían ser muy diferentes de las medievales. Las puertas estaban guardas por torres que impedían a los atacantes acometer los muros.

En el interior, una ciudadela constituía el refugio supremo. Elevado sobre un terraplén, al que se llegaba por una rampa, el palacio de Sargón, en Khorsabad, semejaba una verdadera fortaleza, con sus patios rectangulares, a los que se abrían los almacenes, los depósitos de hierro en lingotes y las salas reales. El conjunto estaba coronado con un zigurat y en numerosas capillas se honraba a los dioses protectores de Asur. El pavimento del suelo era de adobe y los techos se construían en forma de terrazas de ladrillos sostenidas por vigas.

Cuando las ciudades resistían, los asirlos practicaban sistemáticamente la matanza de las poblaciones. Sargón, Senaquerih. Asarhadon, Asurbanipal se vanaglorian, en las inscripciones, de sus millares de víctimas.
Muchos prisioneros eran desollados vivos . Las cabezas de los generales vencidos  se  suspendían   en  las  puertas  de Nínive. Después de la rebelión del Elam, Asurbanipal hizo cortar en trozos el cuerpo de un
jefe elamita, distribuyendo éstos en el país a título de recuerdo. Los supervivientes
eran  reducidos  a  la  esclavitud.

deportacion de israelitas

La deportación  de los vencidos  «Deportación de la población». Nínive. (Siglo VII a.  C.   París,   Museo  del  Louvre) tenía por objeto romper las resistencias locales. La matanza y la deportación de los pueblos a las fronteras del imperio hicieron a éste más vulnerable a los asaltos de los medos
y  de  los  persas.   Nínive  se  derrumbó  en   medio de  los  gritos  de  odio  y  de  desquite.

LA GUERRA IMPLACABLE: En definitiva,   esta   construcción   precaria que  es  el  imperio, sólo se sostenía por el ejército. Constantemente, una especie de cuerpo de ingenieros militares lo ha venido manteniendo, renovándolo, dotándolo de los últimos perfeccionamientos técnicos. Sus efectivos son considerables: en efecto, parece que en Karkar, Salmanasar mandaba 100.000 hombres, cifra colosal para la época.

Se componía de los Hupsi, cuerpo reclutado entre la población, y, sobre todo, de soldados permanentes, mercenarios de todos los países, esclavos, prisioneros de guerra. Los cuadros de mandos son asirios,- así como las unidades selectas: carros, caballería, máquinas de guerra. Kalah es el gran arsenal.

En la infantería se encuentran los arqueros y los piqueros. En la caballería, arqueros acorazados y piqueros provistos del casco puntiagudo de la infantería. Los carros llevan cuatro hombres: conductor, arquero y dos portadores de escudos. Tirados por tres caballos, constituían el sistema de ataque favorito.

En cuanto a las máquinas, alcanzaron un grado tal de perfección en su forma y empleo que fueron imitadas en los siglos siguientes. Los arietes estaban montados sobre ruedas, y sus servidores protegidos por un caparazón de cuero. Las torres rodantes se aproximaban a las murallas, sobre las que hacían llover flechas y dardos encendidos; los zapadores atacaban la base de las murallas.

Para los vencidos no había piedad: eran quemados, empalados, desollados vivos. A los prisioneros llevados a Nínive se les sacaban los ojos, se les cortaban la nariz y las orejas. Así, en los triunfantes desfiles que tenían lugar después de las victorias, figuraban lamentables cohortes. Asarhadon nos dice, en una inscripción: «Para poner de manifiesto a todos los pueblos la gloria de Asur, colgué al cuello de sus nobles la cabeza cortada de los vencidos. Acompañado de cantores y músicos , avancé hacia la gran plaza de Nínive.»

Ver: Palacio y Biblioteca de Nínive

Fuente Consultada:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX Tomo I Los Asirios

Civilizaciones de occidente Tomo A Jackson Spielvogel
Historia Universal Ilustrada de John Roberts Volumen I Los Asiris Edit. Debate
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher Lloyd

Los Asirios Características, Sociedad, Arte, Cultura, Religión

RESUMEN DE LA HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LOS ASIRIOS EN LA MESOPOTAMIA

Los ríos Eufrates y Tigris nacen en los montes de Armenia y desembocan en el golfo Pérsico. La extensa región que delimitan las cuencas de estos ríos se conoce con el nombre de Mesopotamia. En la Baja Mesopotamia los aluviones de los ríos ganaron tierra al mar, y las inundaciones, sabiamente canalizadas, fertilizaron la tierra, lo que posibilitó una rica agricultura.

La Alta Mesopotamia era una meseta muy bien comunicada con Siria y Egipto. Toda la región fue, desde aproximadamente el 3000 a. C. hasta el 539 a. C, escenario de brillantes civilizaciones, como las ciudades-estado sumerias, que utilizaron la primera escritura conocida, la cuneiforme, y los Imperios acadio, babilónico, asirio y neobabilónico.

LOS ASIRIOS:
Sintesis de su Historia:

En 1500 a.C. cuando los hititas volvieron al norte, tras destruir el primer imperio babilonio, se inició un largo período de confusión en Mesopotamia, y en ese momento surgió en el norte un estado llamado Asiria, cuyas capitales eran las ciudades de Nínive y Assur, situadas a orillas del Tigris. En esta zona del valle, la agricultura había facilitado el desarrollo de la civilización. Al principio, los asirios constituían un tosco pueblo fronterizo; pero con el tiempo adoptó la vida civilizada de otros pueblos del valle.

Los asirios no eran un pueblo especialmente pacífico, sino se caracterizaban por los crueles, agresivos y dominantes; pero es posible que se vieran obligados a adoptar esta conducta para sobrevivir, pues la historia de Asiria durante la mayor parte del segundo milenio a.C. está plagada de invasiones y contrainvasiones de sus poderosos vecinos. Además de los hititas estaban los hurritas (un pueblo caucásico) y los mitanos (indoeuropeos).

Los asirios, fueron feroces guerreros de origen semítico, habían permanecido sujetos a diversas dominaciones hasta que iniciaron el que se podría denominar su primer período de expansión, que comenzó con Salmanasar I (1270 a. C.) y concluyó con Teglath-Falasar I (hacia 1100 a. C).

A comienzos del primer milenio precristiano se formó el más poderoso imperio de Mesopotamia, el Imperio Asirlo, que dominó por varios siglos la región. Como restos de su poderío quedan las ruinas de los fuertes militares, construidos con grandes bloques de piedra, ubicados en las distintas regiones dominadas en sus épocas de máxima expansión. Aquí se aprecia una torre del fuerte construido por Salmanasar III como parte de las defensas de la ciudad de Nimrod.

Dos siglos más tarde (hacia 910 a.C.) reanudan su actividad expansionista, proceso que los condujo a edificar un vastísimo imperio apoyado en el terror y la violencia (desde Media hasta el Nilo y desde el golfo Pérsico hasta Lidia), que acabó de redondear Asurbanipal (669-633 a. C.) quien sometió al Alto Egipto (665 a.C.) por una parte, y por otra arrasó Susa (641 a. C).

Mapa Imperio de los Asirios

Mapa Imperio de los Asirios

Hacia el 646 a.C, cuando el poder asirio llegó a su punto culminante, realizaron su última conquista importante y terminaron de construir un imperio que abarcaba toda Mesopotamia, gran parte de las regiones montañosas orientales, Siria, el Levante, Palestina e incluso el Bajo Egipto, constituyendo el mayor estado unificado que había existido hasta entonces en la zona.

Sin embargo, este formidable coloso pronto comenzó a experimentar las consecuencias de sus propios fallos internos. En efecto, la beligerante nobleza asiria, de la cual era jefe el rey, se mantuvo siempre en pie de guerra, sin pedir ni dar cuartel. Así, el paso de los ejércitos asirios se vio señalado por tormentos atroces, incendios, saqueos, éxodos de poblaciones enteras, y, por sobre todo, odio.

A dicha actitud se unió la desmedida explotación de los pueblos sometidos, a los que ni siquiera intentaron atraerse. Así surgieron en diversas regiones, como Babilonia, Egipto, e incluso, en la zona de Media, caudillos militares que lanzaron a las poblaciones, oprimidas y arruinadas por las cargas fiscales y las prestaciones obligatorias, contra el corazón mismo de Asiria.

A la muerte de Assurbanipal, en el 627 a.C. siguió una revolución en la corte. Sobre los acontecimientos de Asiria después de esa fecha se sabe poco. Los medas tomaron la ciudad de Assur en el 614 a.C. y, con ayuda babilónica, capturaron Nínive en el 612. El Ejército asirio, dirigido por el último rey asirio, Assur-Uballit II (que reinó en 612-609 a.C.), se replegó a Harran, a cierta distancia al noroeste de la capital asiria. Esta derrota supuso el final del Imperio asirio.

Pese a la resistencia de los asirios, que hasta llamaron en su auxilio a los jinetes escitas, los medos tomaron Asur (614 a.C), y, dos años más tarde (612 a. C), una alianza entre Cyaxares y Nabopolasar culminó con la destrucción de Nínive, que fue arrasada.

Imperio Asirio se extendió en gran medida debido a sus brutales métodos militares. Mantuvo su dominio mediante el uso de un idioma y una religión comunes, junto con la supresión violenta de revueltas internas. Los caldeos derrotaron a los asirios en Babilonia, lo cual dio como resultado el Imperio Neobabilónico personificado por Nabucodonosor.

GOBIERNO: En su apogeo, el Imperio Asirio fue gobernado por reyes cuyo poder se consideraba absoluto. Bajo su liderazgo, el imperio llegó a estar bien organizado. Al eliminar cargos de gobernadores que poseían los nobles por herencia e instituir una nueva jerarquía de oficiales locales directamente responsables ante el rey, los reyes asirios tuvieron mayor control sobre los recursos del imperio.

Los asirios también desarrollaron un eficiente sistema de comunicaciones para administrar su imperio de forma más práctica. Se formó una red de estaciones de correo que utilizaban relevos de caballos (y mulas o burros en los terrenos montañosos) para llevar mensajes a través de todo el imperio. El sistema resultó tan eficaz, que un gobernador provincial de cualquier parte del imperio (excepto Egipto) podía enviar un apregunta al palacio del rey, y recibir respuesta en cuestion de una semana.

Todo el arte asirio se inspira en el de Persia, Siria, los hititas, Babilonia. Las estatuas son macizas. Bajo el reinado de Asurbanipal los escultores de animales alcanzan en los bajorrelieves una gracia y un movimiento raramente igualado, que, desde luego, no existe en las efigies reales de convencionales rasgos, con sus barbas rizadas y sus cabellos lisos, en las que sólo el perfil semita y los labios gruesos ofrecen una nota realista. La arquitectura refleja el poder.

Al abrigo de sus murallas almenadas, aunque más geométricas, las ciudades fortificadas no debían ser muy diferentes de las medievales. Las puertas estaban guardas por torres que impedían a los atacantes acometer los muros. En el interior, una ciudadela constituía el refugio supremo.

Elevado sobre un terraplén, al que se llegaba por una rampa, el palacio de Sargón, en Khorsabad, semejaba una verdadera fortaleza, con sus patios rectangulares, a los que se abrían los almacenes, los depósitos de hierro en lingotes y las salas reales.

Zigurat, asirio

Zigurat

El conjunto estaba coronado con un zigurat y en numerosas capillas se honraba a los dioses protectores de Asur. El pavimento del suelo era de adobe y los techos se construían en forma de terrazas de ladrillos sostenidas por vigas.

sargón asirio

Sargón

Ver: Palacio y Biblioteca de Nínive

Sociedad y cultura asirias: A diferencia de los hebreos, los asirios no temían mezclarse con otros pueblos. De hecho, la política asiria de deportar hacia Asiria a muchos de los prisioneros de los territorios recién conquistados, creó unasociedad políglota en la que no resultaban importantes las diferencia étnicas. Se estima que, durante un periodo de tres siglos, se deportaron entre cuatro y cinco millones de personas a Asiria, lo cual produjo una población mixta desde el punto de vista tanto racial como lingüístico.

Lo que aseguraba su identidad a los asirios mismos era su lengua, aunque incluso ésta era semejante a la de sus vecinos sureños de Babilonia. La religión igualmente fue una fuerza cohesiva. Asiria era literalmente «la tierra de Ashur», en referencia a su principal dios. El rey —representación humana del dios Ashur— brindaba un enfoque final de unidad.

La agricultura constituía la principal base de la vida asiria. Asiria era una tierra de villas campesinas y, relativamente, pocas ciudades importantes, sobre todo en comparación con la parte sur de Mesopotamia. A diferencia de los valles ribereños —donde la agricultura requería la organización meticulosa de un gran número de personas para controlar la irrigación—, los campos agrícolas asirios recibían suficiente humedad de las lluvias regulares.

El comercio era la segunda actividad en importancia económica. El comercio interior dependía de un sistema que utilizaba los metales —como el oro, la plata, el cobre y el bronce— como medio de intercambio. Diversos productos agrícolas también servían como una forma de pago o de intercambio. Debido a su localización geográfica, los asirios fungían como intermediarios y participaban en el comercio internacional, del que importaban madera, vino, metales y piedras preciosas, mientras que exportaban materiales textiles o tejidos fabricados en los palacios, templos y quintas privadas.

La cultura del Imperio Asirio fue híbrida por naturaleza. Los asirios asimilaron muchos elementos de la civilización mesopotámica y se consideraron a sí mismos guardianes de la cultura sumerja y babilónica. Por ejemplo, Asurbanipal coleccionó una gran biblioteca en Nínive, que incluía las obras disponibles de la historia mesopotámica. La religión asiria reflejaba también la asimilación de otras culturas. Aunque los asirios consideraban su propio dios nacional, Ashur, su deidad principal, reconocieron también a casi todos los dioses y diosas de Mesopotamia.

Entre los objetos mejor conocidos del arte asirio se encuentran las esculturas en relieve encontradas en los palacios reales de tres de las ciudades capitales asirias: Nimrud, Nínive y Khorsabad. Estos relieves —comenzados durante el reinado de Asurbanipal en el siglo IX y que alcanzaron su culminación en el reinado de Asurbanipal en el siglo vu— ilustraban dos distintos tipos de motivos: las escenas ceremoniales o rituales, agrupadas alrededor de la persona del rey, y escenas de caza y guerra.

Las últimas mostraban instancias de acción vividas del rey y sus guerreros librando batallas o cazando animales, sobre todo, leones. Estos relieves ilustran un mundo vigoroso masculino, donde la disciplina, la fuerza bruta y la rudeza son valores perdurables: en verdad, los verdaderos valores de la monarquía militar asiria.

caceria de arsubanipal

La cacería de leones del rey Asurbanipal. Este relieve, esculpido en alabastro como decoración para el palacio norte de Nínive, ilustra al rey Asurbanipal participando en una cacería de leones. La escultura en relieve, una de las formas mejor conocidas del arte asirio, alcanza irónicamente su punto máximo bajo el reinado de Asurbanipal, justo en el momento en que el Imperio Asirio comienza a desintegrarse.

Civilización asiria fue una civilización híbrida, en la que confluyen elementos babilónicos, hititas y, sobre todo, sirios, Asiria no deja por ello de ser un crisol que funde las diferentes culturas del Oriente Medio y contribuye a difundir las aportaciones babilónicas.

Gracias a los asirios, los hititas conocerán textos gramaticales que tratan de la lengua y la escritura mesopotámicas. Si los textos reales asirios se graban sobre lápidas y placas de hierro, que recubren los muros de los palacios, en la biblioteca de Asurbanipal se encontrará un gran número de tratados de astrología y leyendas babilónicas, escritos en tablas de arcilla. Estas se grababan cuando la arcilla estaba todavía fresca, y se cocían después.

Las misivas iban rodeadas por una envoltura, también de tierra cocida, en que figuraban la dirección del destinatario y un texto de «protección». Se escribía también sobre tablas de madera recubiertas de cera y probablemente se empleaba asimismo la escritura de tinta sobre madera, pergamino o papiro. Se han encontrado numerosos diccionarios bilingües y trilingües, métodos para aprender el babilonio y el asirio, así como numerosas copias de obras literarias, escritas en caracteres cuneiformes.

Como los sumerios y los babilonios, los asirios empleaban para anotar su lengua—un dialecto akkadio, emparentado con las lenguas semitas, el hebreo, el arameo y el árabe—caracteres que, escritos de izquierda a derecha, en líneas horizontales, resultaban muy complicados. Por eso, a partir del reinado de Sargón I, se extenderá cada vez más el empleo de la lengua y escritura arameas —que era silábica, y, por tanto, más fácil—, no solamente entre el pueblo sino en la corte.

Los reyes de Asiria hacen consignar con gran cuidado los acontecimientos importantes de su reinado. Así debemos a Asurbanipal la formación en Nínive de una inmensa biblioteca, cuyos vestigios nos han permitido conocer la historia de sus dinastías, su concepción del mundo y las relaciones que existían entonces entre los dioses y los hombres del país de Asur.

Disco solar de los asirios

Disco solar de los asirios

LOS DIOSES Y LA CAZA REAL: Tanto en la vida del pueblo como en la de los reyes, la religión representa uno de los factores más importantes: son los dioses quienes introducen como su vicario al rey asirio, encargado de administrar el país que les pertenece y castigar a los paganos.

Bajo el reinado de Tiglat-Pileser I, los dioses más importantes son: Asur, señor supremo encargado de la investidura de los reyes; Enlil, padre de los dioses terrestres y de los países; Sasmas, dios del sol; Sin, dios de la luna; Adad, dios de la tormenta, y, en fin, Ninurta, dios de la guerra y de la caza. La diosa Ishtar, descendiente de la diosa-madre antigua, preside la guerra y el amor.

Los cultos no son inamovibles, y los dioses son frecuentemente suplantados por otros en la adoración de los hombres. Bajo el rey Tukulti-Ninurta, se impone, sobre todos los demás, el dios de la caza, Ninurta; bajo Ashur-Nasirpal I, Ishtar recibe todos los favores, mientras que, a partir del reinado de Adad-Nirari III, Marduk y su hijo Nabú son adorados no solamente en Babilonia, sino en toda Asiria. A cada renovación del culto, se elevan nuevos templos y se fundan nuevas ciudades. Algunos cultos traspasaron las fronteras de Asiria y se expandieron por todo el Medio Oriente. Tal ocurrió, por ejemplo, con el de la diosa Ishtar.

Uno de los aspectos más curiosos de la religión asiria aparece profusamente ilustrado por los ritos reales de la caza del león: el rey, simbolizando la divinidad, debe cazar al león, símbolo de las fuerzas del mal. Asimismo, el rey ha de cazar y abatir por su propia mano otros numerosos animales salvajes, como cabras monteses, ciervos, toros o elefantes, con objeto de poder ofrecerlos en sacrificio anual a Asur. Numerosos bajorrelieves nos muestran al rey cazando en el desierto o vertiendo libaciones sobre los animales muertos.

Los otros ritos religiosos no parecen diferir mucho de los usuales por la misma época en Babilonia, y la práctica de la religión consistía, sobre todo, en ritos destinados a granjearse los favores de los dioses y a apaciguar sus iras cuando sobrevenía alguna catástrofe. Los sacerdotes se entregaban a la adivinación mediante el examen del hígado de las víctimas sacrificadas a la elaboración de calendarios indicadores de los días fastos y nefastos, a la astrología y a todas las ciencias mágicas.

Filosóficamente, la religión asiria, como la de Mesopotamia, es la religión sin esperanza, sin vida en. eí más allá, preocupada únicamente del bienestar terreno. Los demonios o genios malignos son causa de todas las desdichas que pesan sobre el hombre. Mediante encantamientos o ritos mágicos, el sacerdote-médico habrá de aniquilar el poder maléfico de esos genios y hacer sacrificios a los dioses, a fin de que concedan de nuevo su protección al hombre que ha pecado, pero que se arrepiente.

Los ritos esrán consignados en numerosos tratados, que interpretaban los sacerdotes y los escribas, únicos capaces de descifrar los caracteres cuneiformes.

ALGUNOS MOMENTOS HISTÓRICOS DE ASIRIA:

Mientras Sargón fue rey de Asiria su principal preocupación fueron los israelitas y las amenazas que lo asechaban ciertos pueblos del norte y al este como los cimerios y escitas nómadas, que rivalizaban por tierras más húmedas y fértiles en las que apacentar sus rebaños, hasta que en 705 a. C, su ferocidad derrotó a Sargón, que cayó en la batalla.

Sargón Rey de Asiria

Su sucesor, Senaquerib, desplazó el punto de mira de los asirios al sur, hacia Babilonia, en el moderno Iraq, ciudad famosa por sus leyes, ciencia y astronomía. Repetidas veces fue capturada. Una y otra vez el pueblo se rebeló, hasta que por fin sucumbió y se convirtió en la capital asiria bajo el rey Assarhaddon, quien a continuación dirigió su mirada hacia el oeste, hacia el mayor de los premios: Egipto.

En 671 a. C, Assarhaddon atacó y saqueó aquella histórica tierra, e hizo del imperio asirio, que ahora se extendía desde Egipto hasta la India, el mayor que el mundo hubiera conocido. Sin embargo, su legado no duró demasiado y a la muerte de su hijo, el rey Asurbanipal, en 627 a. C, el imperio, agotado por las guerras, fue incapaz de resistir a los escitas y cimerios (Asurbanipal fue el monarca que construyó la famosa biblioteca con sus 20.000 tablillas cuneiformes y el palacio real de Nínive).

Con el declive del poder asirio, Babilonia volvió a ser independiente. En 612 a. C. sus ejércitos acabaron con los asirios y saquearon su capital en Nínive, y antes de atacar cerraron una alianza lo más sólida posible con los molestos escitas. Por desgracia para los judíos de Jerusalén, el auge de una potencia babilónica independiente no era una buena noticia. El estado babilónico creció en poder hasta alcanzar el cénit con el reinado del temible rey Nabucodonosor que gobernó entre 605-562 a. C..

Ver: Palacio y Biblioteca de Nínive

Fuente Consultada:
Civilizaciones de occidente Tomo A Jackson Spielvogel
Historia Universal Ilustrada de John Roberts Volumen I Los Asiris Edit. Debate
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher Lloyd
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I Los Asirios Edit. Ateneo
Atlas de Historia Universal y de Argentina Edit. Santillana
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX Tomo I Los Asirios

Biografía de Nabucodonosor Rey de Babilonia Cautiverio Judío

Biografía de Nabucodonosor Rey de Babilonia Cautiverio Judío

Nabucodonosor, rey de Babilonia (605-562 a.C.), perteneciente a la dinastía neobabilonia o caldea, que conquistó gran parte del suroeste de Asia Menor; conocido también como gran constructor en las principales ciudades del Imperio de Babilonia.

Hijo primogénito de Nabopolasar, Nabucodonosor mandó un ejército babilonio al final del reinado de su padre, quien fuera un destacado general caldeo que, tras la muerte de Asurbanipal, se había proclamado soberano de Elam, Mesopotamia, Siria y Palestina, fundando un Imperio neobabilonio que vino a ocupar el espacio del declinante Imperio asirio. Nabucodonosor fue el más prestigioso de los reyes del Imperio neobabilonio.

En guerra contra el reino de Judá, asedió y devastó Jerusalen y su Templo. Luego, embelleció Babilonia, convirtiéndola en una capital digna de su gloria.

Nabucodonosor

Nabucodonosor Rey de Babilonia

Nabucodonosor fue desmedidamente soberbio. Se dice que cierta vez hizo construir una colosal estatua de oro que representaba su persona y pretendió que fuese adorada. Llegó aun a ordenar que, quienquiera se negara a rendir honor a la estatua, fuera arrojado a un horno ardiente.

Mas su orgullo y crueldad recibieron su castigo. En sus últimos años cayó en grave estado de demencia. Murió en el año 561, después de 43 años de reinado.
Tuvo sucesores completamente ineptos. Veinte años después de su muerte el gran imperio babilónico fue definitivamente abatido por Ciro, rey de los persas.

BABILONIA: Uno de los pueblos más antiguos, entre los que al izaron un elevado grado de civilización, fue, sin duda, el de los acadios.

Quizás descendiendo del norte, a lo largo del río Eufrates, estos pueblos semitas se instalaron antes del año 2700 a. C. en el Akkad, parte media de la Mesopotamia.

En tiempos del rey Sargón «el antiguo», los acadios sometieron a las ciudades sumerias y fundaron un reino que abarcaba Siria y Mesopotamia.

A mediados del siglo XIX los amorritas fundaron el primer imperio babilónico, restableciendo el dominio semítico.

Este imperio perduró hasta casi el año 1600 en que fue destruido por los hititas. Posteriormente los asirios, que habitaban en el alto valle del Tigris, consiguieron apoderarse de toda la Mesopotamia.

La ciudad de Babilonia, que intentó resistir, fue destruida y abandonada al saqueo en los años 689 y 648.

No obstante, la crueldad inaudita de los asirios promovió una nueva rebelión de los pueblos sometidos y en el año 612, Nabopolasar, gobernador de Babilonia, logró destruir la capital de los asirios con ayuda de los medos.

Abatido el poder de los asirios, resurgió el imperio babilónico. A la muerte del rey Nabopolasar, en el año 604, le sucedió su hijo Nabucodonosor.

LA HISTORIA: Nabopolasar, primer rey del Imperio neobabilonio, originario de Caldea, en el sur de Mesopotamia, aprovechó los disturbios en ocasión de la sucesión de Assurbanipal para apoderarse de Babilonia en 626 a.C. y destruir poco a poco el Imperio asirio.

En su planes para recuperar las antiguas posesiones asirias de Siria y Palestina, se enfrentó con las ambiciones del faraón Necao.

El encargado de esta campaña, fue su hijo Nabucodonosor quien  aplastó el ejército egipcio en 605 a.C, en Karkemis, localidad que dominaba la ruta a Palestina y Egipto.

Por esta victoria brillante, Siria y gran parte de Palestina quedaron automáticamente bajo la supremacía de Babilonia, puesto que Necao, que se había refugiado apresuradamente en el interior de sus fronteras, no saldría nunca más de ellas.

Cuando se enteró de la muerte de su padre y de su ascensión al trono de Babilonia, el joven Nabucodonosor se hallaba empeñado en una difícil guerra contra los egipcios, que habían avanzado hasta Siria.

Vuelto a Babilonia para asumir el poder supremo, declaró con precisión sus propósitos:  devolver al imperio babilónico la extensión y el poderío de otrora.

Organizado el ejército en corto tiempo, comenzó a ejecutar su vasto plan de conquistas. De nuevo se lanzó contra los egipcios. En pocos meses toda Siria caía en su poder.

Puesto fuera de combate el enemigo más temible, sólo quedaba dirigir las armas contra los otros pueblos menos poderosos.

Decidió entonces ocupar el reino de Judea, en Palestina. En el año 596 llegó a Judea con un poderoso ejército, tomó a Jerusalén e hizo prisionero al rey Joaquín.

El rey hebreo, los príncipes, los guerreros y todos los hombres aptos para trabajos pesados fueron enviados cautivos a Babilonia.

Los hebreos que permanecieron en su patria no se resignaron a la dominación babilónica: concertaron una alianza con los egipcios y trataron de reconquistar la libertad.

Nabucodonosor, prevenido, tomó por asalto a Jerusalén,  y finalmente, después de dieciocho meses de sitio, Jerusalén se rindió, asolada por la hambruna y las epidemias.

Sedéelas logró huir, pero fue capturado cerca de Jericó y sufrió un castigo terrible: Nabucodonosor hizo que degollaran ante él a sus hijos, luego mandó que le arrancaran los ojos y lo envió encadenado a Babilonia, donde murió. Con él se extinguió el último rey de la dinastía de David. Jerusalén fue saqueada e incendiada y su población deportada.

El año 586 señaló para el pueblo hebreo el comienzo del «cautiverio babilónico».

Jeremías, el gran profeta hebreo, describe en la Biblia la destrucción de Jerusalén y dice:

«Vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él mismo Con todo su ejército contra Jerusalén; pusiéronle sitio y levantaron terraplenes alrededor de ella… Se apoderó el hambre del pueblo, que no tenía con qué alimentarse, y se abrió brecha en la ciudad … Abrasaron el Templo del Señor y el palacio del rey y todas las casas de Jerusalén … Y arrasaron los muros que rodean la ciudad.»

Las conquistas del rey de Babilonia prosiguieron sin tregua, extendiéndose a Fenicia y parte de Arabia.

En casi treinta años de luchas continuas Nabucodonosor llevó a término su gran programa. Renacía así, después de diez siglos, el gran imperio babilónico, y Nabucodonosor pudo considerarse el más poderoso soberano de Oriente.

No fue éste menos famoso por las numerosas obras de paz realizadas después de dar por finiquitadas sus empresas militares.

A pesar de que Nabucodonosor había ocupado Jerusalén y deportado a muchos judíos a Babilonia, el rey Joaquín de Judá se rebeló en connivencia con los egipcios en el 597; tras recuperar Jerusalén, Nabucodonosor les castigó con una segunda deportación a Babilonia.

Puso entonces en el Trono de Judá a Sedecías, que también le traicionó, rebelándose de nuevo en alianza con Tiro y Egipto (586). Tras un año y medio de asedio, Nabucodonosor tomó Jerusalén por tercera vez, mandó destruir la ciudad y el templo (clave de la identidad del pueblo judío) y envió un tercer contingente de judíos deportados a Babilonia; este «cautiverio babilónico»

Transformó a Babilonia en la más hermosa y rica ciudad del Oriente. Hizo construir templos maravillosos, ornados con estatuas de oro, grandiosos edificios y un palacio real fabuloso.

Célebres fueron en el mundo entero los «jardines colgantes» de Babilonia, considerados como una de las siete maravillas del mundo. Estos jardines eran altas terrazas cubiertas de palmeras y plantas raras.

Nabucodonosor acumuló riquezas tan enormes en Babilonia que, para proteger la ciudad de posibles asaltos enemigos, cerró con una gran muralla la llanura del Eufrates.

Cuando ocupó el trono, la ciudad estaba ceñida por un doble cerco de muros. Además de perfeccionar estas fortificaciones, las extendió e hizo levantar una tercera muralla.

En las excavaciones ejecutadas el siglo pasado, en el sitio de emplazamiento de Babilonia, se hallaron muchas inscripciones sobre tabletas de arcilla.

En una de ellas, perteneciente a Nabucodonosor, se trasluce el orgullo que sentía por la obra de fortificación construida en torno a la ciudad.

Dice: «Para que ningún asaltante hostil se acerque a la muralla de Babilonia, hice lo que ningún rey hizo antes que yo; quise que la ciudad estuviera rodeada por otra fuerte muralla. Cavé el foso, construí el borde con asfalto y ladrillos, levanté la muralla en su borde exterior a gran altura, coloqué amplias puertas y batientes de madera con adornos de bronce.

Para humillar la faz del enemigo y que no osara sitiar la triple muralla la rodeé con poderosas corrientes semejantes a las olas del mar: superarlas sería como cruzar el mar y para no provocar inundaciones cavé fosos protegidos por terraplenes de barro cocido.»

leones de terraconta en babilonia

Leones de terracota esmaltada adornaban os veinte kilómetros de murallas que protegían Babilonia. La capital de Nabucodonosor era en aquel entonces la ciudad más poderosa de Oriente.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

626 Ascenso al trono de Nabopolasar en Babilonia.

614 Alianza de Nabopolasar y los medos.

612 Toma y destrucción de Nínive por los  medos y babilonios.

609 Muerte del faraón Samético I. Su hijo Necao destrona a Josías de Judá.

605 Victoria de Nabucodonosor sobre Necao  en Karkemis.

604 Muerte de Nabopolasar y advenimiento  de Nabucodonosor.

600 Ascenso al trono de Cambises I, rey  de los persas.

590 Sitio y toma de Jerusalén.

587 Caída de Jerusalén. Deportación de los judíos a Babilonia. Anexión  del reino de Judá.

573 Nabucodonosor se apodera de Tiro, luego de una década de sitio.

568 Ascenso al trono de Amasls en Egipto.

562  Muerte de Nabucodonosor. Advenimiento de Amel-Marduk.

559 Muerte de Cambises I. Ciro II deviene rey   de los persas.

556 Nabonides asume como último rey   de Babilonia.

Fuente Consultada:
HICIERON HISTORIA Biografías Editorial Larousse Tomo I Entrada: Nabucodonosor
Encilopedia Estudiantil Edit. CODEX Tomo III Historia de Babilonia
Todo Dobre Nuestro Mundo Christopher Loyd

Historia de Babilonia Reinado de Hammurabi y Caida de la Ciudad

Historia de Babilonia – Hammurabi

Babilonia

En 2004 a. C., el colapso de Ur marcó el inicio de una nueva era, conocida como la Antigua BabiloniaEn los 400 años que siguieron, una serie de dinastías rivales que gobernaban las ciudades de la región, Babilonia, Asur, Man, Larsa e Isin, se enfrentaron por el control de toda Mesopotamia.

Todas ellas descendían de los amorreos, tribus semíticas que se habían establecido en Mesopotamia durante el III milenio a. C. Los dos reinados amorreos más importantes fueron Babilonia y Asiria.

Asiria alcanzó el poder bajo Shamshi-Adad I (1813-1781 a. C.), quien, estrechando los lazos comerciales con el norte de Anatolia, creó el estado más poderoso de Mesopotamia.

Con el declive paulatino de Asiria, la ciudad de Babilonia, al sur, empezó a pujar bajo Hammurabi (1792-1750 a. C.), un gobernante erudito célebre por sus códigos legales, compendios de leyes en los que aborda temas tan diversos como los precios fijos de los productos agrícolas y los castigos de los distintos delitos.

Uno de esos castigos era la prueba del río, en la cual el acusado debía bucear una distancia determinada; silo lograba, era señal de vindicación.

Bajo el reinado de Hammurabi se introdujeron nuevas formas de ciencia, como la astronomía y las matemáticas, y también de aprendizaje.

Entre las primeras figuraba un sistema de numeración basado en grupos de sesenta, el cual constituye la base de nuestra actual hora de 60 minutos y del círculo de 360 grados. La división de Mesopotamia en Asiria al norte y Babilonia al sur no fue permanente.

La sociedad babilónica fue asimilada gradualmente en la asiria, más rica, si bien siguió predominando la sofisticada cultura babilónica.

En 1595 a. C., este primer periodo babilónico tocó a su fin cuando la ciudad fue invadida por los hititas, un poderoso pueblo surgido de Anatolia.

Los hititas:Los hititas indoeuropeos procedían de Hattusa, en la Anatolia central, una región montañosa de clima riguroso. Pueblo belicoso, los hititas habían ido construyendo un reino que dominaba todo el norte de la región mediterránea e incluso amenazaban con invadir Egipto.

Babilonia fue la ciudad más grande de la época antigua y la más fastuosa. Maravillaban al mundo sus célebres jardines colgantes y la belleza legendaria de su reina Semíramis.

También es conocida por la maldición que los hebreos, en su cautiverio doloroso a manos de los asirios, lanzaron a esta capital del orbe: “Babilonia será un montón de ruinas, una guarida de chacales, un motivo de desolación y burla, jamás tendrá habitantes”.

Sepultada durante siglos, se sabía bastante sobre el magnifico imperio asirio y la gran Babilonia gracias a Herodoto, al Génesis y a las antiguas tablillas halladas en excavaciones.

Se conocían los nombres de sus reyes más importantes: Nabucodonosor, Hammurabi y Semirarnis.

Durante diez largos siglos, Babilonia dominó Medio Oriente, para ser luego arrasada por los invasores persas. Desde entonces, el polvo la cubrió y la maldición hebrea pareció cumplirse.

Jardines Colgantes de Babilonia - Siete Maravillas del Mundo Antiguo
Jardines Colgantes de Babilonia – Siete Maravillas del Mundo Antiguo

En el actual Irak, no muy lejos de Bagdad, el arqueólogo alemán Robert Koldewey (1855-1925) halló esta ciudad tras una ardua excavación.

En los albores del siglo XX, la región era asolada por los enfrentamientos entre tribus rivales y Koldewey trabajó en medio de tiroteos y escaramuzas.

Le tomó quince años descubrir por completo las ruinas de la increíble ciudad.

Había curiosas construcciones en arco, en las cuales algunos quieren ver los restos de los legendarios jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo. La enorme puerta de la diosa Ishtar, flanqueada por colosales torres, abría la ruta procesional dedicada al dios Marduck.

NEOBABILONIA: esta etapa fue un período de la historia que se inició en el año 626 a.C. y terminó en el 539 a.C..​ Durante los tres siglos anteriores, el Imperio babilónico había sido gobernado por sus vecinos del norte, los asirios.

Poco después de la muerte de Asurbanipal, (rey asirio), en el 627 a.C., el imperio asirio entró en una serie de guerras civiles brutales. Babilonia se rebeló durante el reinado de Nabopolasar, y en alianza con medos, persas, escitas y cimerios, saquearon la ciudad de Nínive en el 612 a.C.. Por primera vez desde la muerte de Hammurabi, a mediados del siglo XVIII a.C., la sede del imperio se trasladó a la ciudad de Babilonia. Este período fue testigo de una mejora general en la vida económica y la producción agrícola, seguido de un gran florecimiento de proyectos arquitectónicos, de las artes y de las ciencias.

Este período finalizó con el reinado de Nabonido, en el 539 año a.C.. En pleno apogeo de la nación persa, Ciro II el Grande conquistó el imperio, poniendo fin a 80 años de historia.

EL REINO DE HAMMURABI

Como dijimos antes, hasta aproximadamente el 1800 a.C., la situación política en la Mesopotamia continuó caracterizándose por el predominio sucesivo de una ciudad sobre otra.

Una nueva unificación de toda la región, en torno a la ciudad de Babilonia, ocurrió hacia el 1763 a.C. bajo el reinado de Hammurabi.

Su gobierno, aunque duró poco tiempo, tuvo una importancia extraordinaria. Hammurabi formó un reino y lo consolidó en diferentes aspectos:

• en lo militar, luego de innumerables conquistas fortaleció su posición frente a los pueblos vecinos;

• en lo político, centralizó el poder en la capital del nuevo reino: Babilonia; y el acadio fue la lengua oficial;

• en lo religioso, impuso a Marduk como dios único de toda la Mesopotamia;

• en lo económico, dispuso que la propiedad de las tierras fuera repartida entre el Estado, los templos y los particulares. Reglamenté el uso que se les daría a estas tierras y estableció, incluso, quitárselas a quienes no las hicieran producir como correspondía.

• en lo social se dividió en diferentes grupos: los awilum eran los hombres libres; los mushkenum eran los que estaban al servicio del palacio; y los wardum, los esclavos.

Todos estos grupos estaban obligados a prestar su fuerza de trabajo para las obras públicas que dirigía el rey: la construcción de templos y murallas y los sistemas de riego. Los esclavos podían dejar de serlo: si lograban juntar algunos bienes, podían comprar su libertad.

Estado y leyes: el Código de Hammurabi El Estado era el responsable de organizar y coordinar la producción económica y la vida en las ciudades. Estaba formado por un conjunto de instituciones: el ejército, funcionarios, guardias de seguridad interna. Era dirigido por el rey, quien para hacer cumplir sus disposiciones redactó leyes en forma de códigos y reglamentos. (ver la historia del derecho)

El Código de Hamurabi, dictado dos mil años antes de Cristo, consagró la aplicación de la Ley del Talión, atenuada más tarde por los israelitas y los musulmanes. En Occidente, Grecia y Roma entregaron los fundamentos del Derecho Moderno, cuyas disposiciones se remontan hasta un espacio sideral.

La primera vez que apareció en la Mesopotamia un Estado cumpliendo todas estas funciones fue en los tiempos de Hammurabi.

Si bien con anterioridad, con los sumerios y acadios, hubo otros intentos de centralización estatal, ninguno logró organizar un Estado unificado como el de Babilonia.

Éste tuvo una misma política en lo económico, en lo religioso y, sobre todo, en lo jurídico. Este último aspecto sin duda fue el más relevante.

Hammurabi no elaboró un cuerpo de leyes completo pero el Código por él sancionado fue muy importante: unificó la legislación existente y logró, a partir de sus conquistas, que se cumplieran las mismas leyes en amplios territorios.

El Código de Hammurabi está organizado con un prólogo, un epílogo y contiene 280 artículos. Trata de temas tales como robos, saqueos, homicidios, lesiones corporales, raptos, problemas comerciales y esclavitud. El código de Hammurabi le reconocía a la mujer los mismos derechos que al hombre y aceptaba el divorcio.

Hammurabi decía que el código debía servir para «disciplinar a los malos y evitar que el fuerte oprima al débil».

A pesar de ser una recopilación de leyes ya existentes en la Mesopotamia, el Código aporta nuevos elementos.

Nueva es la dureza de los castigos impuestos, nueva la frecuencia en la aplicación de la pena de muerte o de las mutilaciones de miembros, y nueva es también la ley del talión (“si un hombre libre ha roto un hueso a otro hombre libre, se le romperá su hueso”).

La Ciencia: Una de las formas que tenían los sacerdotes de adivinar la voluntad de los dioses era observar las estrellas. Este estudio de los astros los llevó a desarrollar la Astronomía. Así, pudieron dividir el año en doce meses y dividir los meses en semanas de siete días.

Para los babilonios los días se dividían en doce partes de dos horas cada una. La astronomía y su necesidad de realizar complejos cálculos, los llevó a desarrollar las matemáticas. Su sistema numérico era sexagesimal, o sea que se basaban en el número 60 y no en el 10. También desarrollaron la medicina y fueron pioneros en la invención de remedios.

zigurat sumerio
Construyeron templos escalonados llamados Zigurat.
No eran tan altos como las pirámides pero llegaban a medir unos 70 metros.
El zigurat era el templo y, por lo tanto el centro de la vida política, social, cultural y comercial de Babilonia.

CUENTAS Y MEDIDAS: Los babilonios tenían una numeración sexagesimal, basada en sesentenas. De ellos nos viene que la hora tenga 60 minutos. Dividieron la circunferencia en 360° y el año en 360 días.

El sistema monetario también era sexagesimal: el peso en plata de 180 gramos de cebada era un «lot»; 60 lot formaban una «mina»; y 60 minas integraban la unidad «biltu». La unidad de superficie era el «vergel» (determinado por la cantidad de granos de cebada que se necesitaban para sembrarlo), y se dividía en sexagésimos.

UN INGENIOSO «CONTADOR»: Veamos ahora cómo se las arreglaban los babilonios para hacer las cuentas. Por el hecho de ser tan comerciantes, continuamente obligados a manejar números, se vieron en la necesidad de idear un ábaco o instrumento de cálculo rápido.

El ábaco babilonio consistía en tres o más surcos o canaletas en las que colocaban piedrecitas redondas alineadas.

Las piedrecitas de la primera canaleta de la derecha tenían valor de unidad: las de la segunda eran decenas, y las de la tercera eran centenas.

Exactamente como las cifras de nuestros números. Y he aquí cómo hacían una suma:

contador de los sumeirossuma sumeriaabaco sumerio
Supongamos que tenemos que calcular 429 + 253. Comencemos representando el primer sumando: 9 piedrecitas en el surco de las unidades, 2 en el de las decenas y 4 en el de las centenas.
En el mismo ábaco agregamos ahora el segundo sumando: 3 piedrecitas en el surco de las unidades, 5 en el de las decenas y 2 en el de las centenas.
La adición esta ya terminada; pero en la canaleta de las unidades hay más de 10 piedrecitas. Entonces quitamos 10 de alias y agregamos una en el surco de las decenas. Ahora podemos leer el resultado: 6 centenas, 8 decenas y 2 unidades: 682.

La caída de Babilonia

Tras la muerte de Nabucodonosor, el poder de Babilonia declinó rápidamente. El último rey, Nabonides (556-539 aC), vivió en el desierto mientras su hijo Baltasar reinaba como regente. En un banquete celebrado en uno de los grandes palacios de Babilonia, Baltasar se atrevió a usar las copas de oro y plata cogidas en el templo de Jerusalén.

De pronto apareció una mano que trazó en la pared unas palabras misteriosas que nadie supo interpretar, hasta que llamado el profeta Daniel, éste leyó el escrito: Mané, Tekel, Peres («contado, pesado y dividido»), una advertencia de que Baltasar estaba a punto de perder su reino. Y efectivamente, en el 539 aC Ciro el Grande conquistó la ciudad y Babilonia quedó incorporada al Imperio persa.

Ciro y sus sucesores inmediatos se ocuparon del mantenimiento de los edificios religiosos de Babilonia, pero los reyes posteriores descuidaron esta tarea. Peores aún que la destrucción parcial en el 482 aC, como represalia de Jerjes, fueron las décadas de abandono: poco a poco, los edificios se fueron desmoronando.

Cuando Alejandro Magno pensó hacer de Babilonia su capital (hacia el 323 aC), era ya imposible, incluso para él, reconstruir el zigurat. Y cuando Septimio Severo, emperador de Roma entre el 193 y el 211 dC, acudió a visitar la fabulosa ciudad, la encontró desierta.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

HÁBIL ADMINISTRADOR y guerrero ambicioso, el rey Hammurabi (h. 1792-50 a.C.) fue el primer monarca de Mesopotamia. Hizo de Babilonia la ciudad más poderosa del s. XVIII a.C. Su logro más famoso fue la recopilación de 282 leyes, conocida como Código de Hammurabi. Está grabado en una piedra negra y decorado con un retrato del rey de pie ante Shamash, el dios mesopotámico de la justicia.

LA LEY BABILÓNICA Nadie conocía el valor exacto de las leyes hasta que el código fue, probablemente, expuesto en la plaza pública, de tal modo que todos los pobladores podían consultarlo. Algunas leyes eran originales de Hammurabi, mientras otras arraigaban en normas muy antiguas. Las leyes trataban de la vida cotidiana: negocios, familia, administración de la tierra. El código legislaba también sobre delitos, como el fraude, el homicidio y el divorcio, sobre la adopción y la dote. Otros temas tratados eran la esclavitud y la tala de palmeras.

CRIMEN Y CASTIGO
Cada una de las leyes de Hammurabi es muy clara. Todo crimen tiene un castigo apropiado. El principio básico es la «ley del Tallón’9: «Ojo por ojo y diente por diente.» Por ejemplo: «Al hombre que pega a su padre, le será cortada la mano».

Fuente Consultada: Lugares Misteriosos – Historia II La Antigüedad y La Sociedad Feudal – Atlas de Historia del Mundo