Amor: Cleopatra y M. Antonio

Elisa Brown y Francisco Drummond Amor de la Hija de Brown

Amor: Elisa Brown y Francisco Drummond

AMOR ETERNO: Francisco Drummond, nació en Dundee, una ciudad de Escocia en el año 1803. Fue hijo del Capitán Francis Drummond y Chatarine Young. Su familia pertenecía a la elite de Forfar, sus antepasados habían servido a la causa de la Casa de Bruce y también a la de Stuart.

Elisa Brown y Francisco Drummond Además, tenían una tradición militar, tanto es así que su padre y sus cuatro hermanos habían muerto en combate. En su juventud viajó a América, una vez allí, se incorporó voluntariamente a las fuerzas del almirante Guillermo Brown . Aunque era muy apuesto y hacia suspirar a varias mujeres, Drummond tenía ojos solamente para la hija del almirante Elisa, que tenía 17 años. (imagen izq.)

A medida que las visitas de Drummond se incrementaron, el Almirante consintió que los jóvenes mantengan el romance. Así, Francisco y Elisa solían pasear por los álamos que adornaban el jardín de la casa de Brown. El amor que sentían uno por el otro era tan transparente que con sólo mirarse se comunicaban. Apenas se miraban. Él, orgulloso pero retraído en su respeto; ella, ansiosa aunque tímida y recatada.

Brown los miraba desde lejos y sonreía al verlos. Sin embargo, el tiempo de paz se terminó y ambos militares debieron continuar con su carrera, partiendo hacia la guerra con el Brasil. El capitán Drummond sería el comandante de una de las tres naves argentinas que enfrentarían a dieciséis buques brasileños.

Su barco era el Independencia. El saldo de la guerra que Argentina entablo con Brasil fue desfavorable, la tensión entre ambos países había quedado latente en episodios como la batalla de Ituzaingó.

Los brasileros esperaban tener una revancha y se encarnizaron con este nuevo enfrentamiento bélico. De esta manera, las tres naves patriotas se defendían como podían, rodeadas por las dieciséis enemigas que vomitaban plomo y muerte.

Franciso Drummond se destaca en batalla, era un verdadero león sobre la cubierta de su buque. Cuando en medio de un bombardeo se quedaron sin municiones, Franciso ordenó cargar los cañones con eslabones de cadena, todo menos rendirse, pensó.

A pesar que los brasileros iban ganando, Drummond nunca dejo de dar batalla, con un humo que enturbiaba el sitio y el futuro, una esquirla le arrancó una oreja de cuajo a Francisco Drummond. Malherido no dejaba de dar órdenes. Al presenciar que la vida de Drummond corria peligro, el almirante Brown, desde otra nave, la Sarandí, le ordena mediante señales con banderas que abandone el buque de inmediato, quemando antes su casco para que no cayera en manos del enemigo.

Sin embargo, Francisco continuó peleando, tomó un bote y, en medio del fragor de la lucha, se abrió paso hasta el Sarandí para pedirle a su almirante más municiones y su autorización para no abandonar la contienda. Al verlos las naves enemigas descargan contra el pequeño bote todas las municiones, volando en pedazos la embarcación.

Drummond herido de muerte es rescatado por sus compatriotas, llevándolo a bordo del tercer navío argentino, el República. Allí es acostado en la litera de Juan Coe, el joven capitán de ese buque. Drummond comprende que va a morir y, con la mayor premura, cumple sus deberes heroicos. Pronuncia unas palabras que evitan cuidadosamente la queja; entrega a su amigo, el capitán Coe, el anillo nupcial para Elisa y alcanza a mantenerse vivo hasta la llegada del propio almirante, en cuyos brazos muere.

Al regreso, en febrero de 1827, el Almirante se encarga de dar la fatídica noticia a la joven Elisa, la cual apretando con fuerza el anillo que su prometido le dejó antes de morir, lo besará y se marchará en silencio, algunos dicen que sufrió desde ese momentos una leve demencia. A Francisco lo velaron en la comandancia de marina y lo enterraron con honores en el cementerio protestante.

Diez meses después, Elisa decidió vestirse con el traje de novia que había bordado para su casamiento con Drummond, y se adentró en el río, quitándose la vida. Después de este hecho fatídico, el Almirante Brown no pudo reponerse, de tal manera que Guillermo Enrique Hudson lo vio muchos años después, vestido de negro y parado en la puerta de su casa, mirando fijamente a la distancia.

Le pareció un fantasma. El jardín de la casa del almirante fue suplantado por la plazoleta Elisa Brown, un modesto homenaje municipal.

Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio y Espadas y Corazones de Balmaceda

Romances Famosos de la Historia Boda Real Grace Kelly Rainiero

Romances de la Historia Grace Kelly Príncipe Rainiero

Bartolomé Mitre
Delfina Vedia
Felicitas Guerrero y
Enrique Ocampo
Hipólito Yrigoyen y
Dominga Campos
Julio A. Roca e
Ignacia Robles

Pocos recuerdan -al verla en las portadas de las revistas- a Grace de Mónaco, a Grace Kelly, la actriz que desde Hollywood saltó a la realeza al enamorar a Rainiero de Mónaco, en una de las páginas de amor más sensacionales del siglo. Por ello, remontémonos a 1955…

boda real grace-raniero

PRIMAVERA EN EL MEDITERRÁNEO
La primavera de 1955 había llegado a Mónaco, el pequeño estado soberano en la costa del Mediterráneo, enclavado en el departamento francés de los Alpes marítimos.

Este principado pertenece desde el año 968 a la casa de Grimaldi, y precisamente, el último de sus descendientes, Albert Alexander Louis Pierre Grimaldi -más conocido como el Príncipe Rainiero III-, iniciaba la temporada primaveral con un cierto sentimiento de desasosiego por causas sentimentales.

Rainiero comprobaba que uno de los aspectos menos afortunados de su reinado consistía en que sus súbditos sentían un gran interés personal hacia él, y experimentaban algo así como un sentimiento de propiedad hacia la mujer que él elegiría para que fuese su esposa.

Este interés se manifestaba principalmente a través de los consejeros del príncipe. Y eran ellos los que habían puesto fin al romance de Rainiero con la actriz francesa Gisele Pascal.

En efecto, Rainiero había vivido durante un tiempo con la actriz e incluso había sugerido en alguna ocasión la posibilidad de casarse con Gisele Pascal. Los consejeros «sugirieron», por su parte, que para Mónaco no era muy aconsejable que su príncipe tomara por esposa a una actriz.

Rainiero alegó que en generaciones anteriores, antepasados suyos tomaron por esposas a mujeres plebeyas, e incluso se llegó a dar la circunstancia de que una de ellas, Juliette Louvet, no sólo fue plebeya, sino además lavandera, lo que quizás podía ser menos aconsejable que una actriz cinematográfica.

Pero las cosas fueron aún más lejos para que Rainiero no pudiera casarse con Gisele Pascal. Sus consejeros señalaron que tras cierta investigación privada, habían descubierto que la señorita Pascal era estéril y que nunca le podría dar a Mónaco un príncipe heredero.

Rainiero dijo estar enamorado. Pero si el deber tiene algo que ver en estos asuntos del corazón, triunfó el deber en la decisión de Rainiero. Gisele Pascal se alejó de su vida, y el palacio de los Grimaldi se sintió más solo que antes.

UN FESTIVAL DE CINE EN LAS CERCANÍAS
Con la llegada de la primavera, llega también el cine a la costa francesa del Mediterráneo, más precisamente al balneario de Cannes, en donde por quince días se celebra el famoso Festival Cinematográfico.

Por años, el paseo de La Croisette y los elegantes hoteles costaneros son testigos de la visita de estrellas, directores y productores del cine mundial.

En 1955, la Metro-Goldwyn-Mayer tenía ciertos problemas con una de sus más atractivas estrellas: Grace Kelly, quien había sido suspendida temporalmente en Hollywood por rechazar una película.

En aquellos años, los actores estaban «amarrados» a las grandes empresas norteamericanas, por años, y debían aceptar lo que sus productores consideraran adecuado para ellos.

La distinguida y hermosa Grace Kelly parecía haberse rebelado. Su carrera cinematográfica iba en ascenso. Había realizado una serie de exitosas películas, que la habían  llevado a lo mas alto de su fama. La presencia de Grace Kelly en Cannes no sólo interesó a los diarios, sino también a las revistas.

Y a las revistas más importantes. «París-Match» vio en la hermosa actriz norteamericana una posibilidad de un atractivo reportaje fotográfico. No en vano, el director de la famosa publicación era Pierre Galant, casado con otra distinguida estrella hollywoodense: Olivia De Havilland.

La producción para la nota en «Paris-Match» requería de un escenario adecuado para la elegancia de Grace Kelly. Y para el efecto no bastó con las terrazas del Hotel «Carlton» en Cannes, o del «Negresco» en Niza. El equipo de «Paris-Match» quería aún más para Grace. Un castillo. Y el mejor castillo de la zona era sin duda el de los Grimaldi en Mónaco.

Rainiero nó tuvo inconvenientes para prestar su residencia por una tarde primaveral, que lo sacaría, probablemente, de la monotonía. Más aún si el equipo lo integraba otra hermosa actriz.

Grace vestía un hermoso vestido floreado, de ancha falda, como correspondía a la moda de mediados de los 50. Los dos fotógrafos de «Paris-Match» trabajaron sin problemas ante la presencia del príncipe y la modelo-actriz, en un clima de formalidad y simpatía que no hacía pensar en ninguna otra consecuencia.

PRIMEROS ACERCAMIENTOS…
El capellán norteamericano de Rainiero, e padre Tucker había sido testigo del fracaso de la relación amorosa de Rainiero con Gisele Pascal y veía cómo el príncipe de 32 años cambiaba en cierta forma su carácter, presionado por la soledad y por la certeza de que no sería fácil encontrar una pareja que le gustara a él y a todos en Monaco.

Con un buen ánimo «casamentero», el padre Tucker observó la mirada de Rainiero hacia la hermosa norteamericana y por ello decidió efectuar algunas investigaciones.

Supo que Grace Kelly provenía de una muy buena -y rica– familia de Filadelfia, que era católica, que tenía un bien ganado prestigio como actriz y que, si bien había tenido algunos romances —el más serio de todos con el diseñador de modas Oleg Cassini-, su vida no tenía nada de escandalosa, como podía suponerse en otras actrices de cine. En definitiva, Grace Kelly a los 26 años, con su saludable belleza y distinción, no era en absoluto una muchacha despreciable.

El objetivo del padre Tucker era conocer algo más del círculo que rodeaba a la joven norteamericana en su patria.

Los Austin, por su parte, repararon de inmediato en el interés del sacerdote por saber algo más de Grace y llegaron rápidamente a una sensacional aunque errónea conclusión. No cabía duda. Rainiero se había enamorado de la bella Grace, y mandaba a su capellán para saber algo más de la familia de la chica.

Un descubrimiento de ese tipo no puede callarse, menos aún cuando, de alguna forma, los involucraba. Y los Austin de Filadelfia no callaron: Había nacido un romance entre Grace, la hija de los Kelly, y el príncipe Rainiero de Mónaco.
Hacia fines del verano de 1955, los rumores acerca de ese romance comenzaron a aparecer en la prensa.

Grace KellyGRACE KELLY: era hija de un millonario de Filadelfia, dedicado al mundo de la construcción- eran un poco más mundanas, y tenían que ver con la actuación.

Su debut teatral sucedió en 1934: con sólo seis años de edad fue elegida para representar a la Virgen María, durante un acto escolar realizado con motivo de la llegada de la Navidad, en el colegio católico al que asistía.

La pequeña niña de cabello rubio y ojos claros se convirtió rápidamente en una jovencita delicada y adorable.

Teniendo en cuenta la rígida moral impuesta por sus padres, es probable que su decisión de actuar se haya encontrado con algo más que una leve resistencia familiar; pero al parecer, la ambición de Grace fue más fuerte.

Fourteen hours («Catorce horas»), con la dirección de Henry Hathaway, marcó en 1951 el inicio de la carrera cinematográfica de la mujer que, un par de años más tarde, encarnaría el ideal femenino de Alfred Hitchcock en sus películas más famosas.

LOS ÉXITOS DE GRACE: Grace sabía lo que quería, y el éxito no se hizo esperar.

En 1952 -tan sólo un año después de su debut en la pantalla grande filmaría una nueva película (esta vez, acompañada por un apuesto caballero llamado Gary Cooper). Solo ante el peligro –así se llamó el filme– fue dirigido por Fred Zinneman, y se convirtió en el primero de una serie de éxitos cinematográficos, que culminarían en 1956, cuando Grace le dio el sí al príncipe Rainiero de Mónaco, jurándole amor hasta el fin de sus días.

A pesar de que su carrera duró pocos años, y actuó en tan sólo once películas, Grace es considerada uno de los mitos de Hollywood.
Entre 1953 y 1956 protagonizó las siguientes películas:
• Mogambo (dirigida, en 1953, por John Ford).
• Crimen perfecto y La ventana indiscreta (dirigidas, en 1954, por Alfred Hitchcock).
• La angustia de vivir (dirigida, en 1954, por George Seaton).
• Los puentes de TokoRi (dirigida, en 1954, por Mark Robson).
• Fuego verde (dirigida, en 1954, por Andrew Morton).
• Atrapa a un ladrón (dirigida, en 1955, por Alfred Hitchcock).
• El cisne (dirigida, en 1956, por Charles Vidor).
• Alta sociedad (dirigida, en 1956, por Charles Walters).

Grace no sólo conquistó Hollywood por su belleza sino por su talento como actriz. Si bien no ganó el Osear al que había sido nominada como mejor actriz secundaria por Mogambo, al año siguiente tuvo su revancha.

Fue en 1954, cuando se llevó la anhelada estatuilla como mejor actriz, por su actuación en La angustia de vivir.

Cuando Grace Kelly filmó Alta sociedad estaba a punto de casarse con Rainiero. La película marca el fin de su carrera artística. Durante el rodaje -como puede advertirse en el filme-Grace ya lucía su anillo de compromiso: una valiosísima alhaja compuesta por una gran esmeralda rodeada de diamantes de 18 kilates.

Luego de una visita del príncipe a EE.UU. vuelve a Mónaco y ella se quedó en Estados Unidos por un tiempo más.

El noviazgo fue corto: ambos sabían que se amarían toda la vicia. Como prenda de amor, Grace atesoraba un conjunto de collar, aros y pulsera hechos con tres hebras de perlas engarzadas con diamantes.

Sin embargo ¿dejaría su carrera? ¿Soportaría abandonar a su familia, sus amigas, en fin, todo su mundo, para viajar a otro continente y someterse a las rígidas normas de la nobleza? ¿Y si lo dejaba todo y después la aventura resultaba un fracaso? ¿Hollywood la aceptaría nuevamente?

Seguramente, en aquellos días teñidos por la mezcla agridulce de felicidad y zozobra, la bella actriz debe haberse hecho éstas y muchas otras preguntas.

La respuesta estaba en ese anillo de compromiso, y en el recuerdo del hombre cuya encantadora sonrisa era la promesa de un futuro feliz.

Ya instalada en Mónaco, Grace fue sometida a una serie de lecciones de protocolo y comportamiento cuyo resultado debía ser sí o sí exitoso: había que fabricar una princesa.

La prensa la perseguía. Las jóvenes de familias nobles, envidiosas, la criticaban sin piedad. Los habitantes de Mónaco, azorados por la elección de su príncipe, dudaban seriamente de que esa jovencita acostumbrada a los flashes y a los decorados de cartón pudiera representarlos con decoro.

LA BODA REAL: Grace triunfó sobre todos y sobre ella misma. Lo logró, pudo vencer la melancolía, y asumió con dignidad y serenidad inesperadas el rol que la corte monegasca le imponía.

El día de la ceremonia religiosa, Mónaco era una fiesta. Periodistas de todo el mundo, fotógrafos y miles de curiosos aguardaban la llegada de la novia a la catedral. Grace, a punto de convertirse en princesa, superó todas las expectativas de los presentes: radiante pero muy seria, dejó que las miradas se posaran en ella y se deleitaran con tanta delicadeza, con tanta fragilidad.

Rainiero, nervioso, la esperaba adentro. Grace permitió que la ayudaran a acomodar su traje de novia, ese vestido estilo Renacimiento hecho con más de 457 metros de encaje, seda, tul y tafetán, con el que recorrió la distancia que la separaba de su príncipe amado. Y dijo «sí, quiero».

Cary Grant y señora le obsequiaron a la pareja un escritorio de mucha antigüedad, que era una verdadera joya.

Los padres de Grace y algunos de sus más acaudalados amigos de Filadelfia les obsequiaron una sala de proyección cinematográfica instalada en el mismo palacio, para los días en que Grace sintiera nostalgia de sus ya lejanos días en Hollywood, para recordar sus mejores momentos en el celuloide, o sencillamente para estar al día en lo que filmarían sus antiguos amigos.

El pueblo de Monaco, por su parte, le regaló a la pareja un flamante Rolls-Royce.

A la ceremonia civil asistieron sólo familiares y amigos íntimos.

No así a la ceremonia religiosa celebrada en la Catedral de San Nicolás, a la cual asistieron numerosos visitantes ilustres, entre los que se contaban el Aga Khan y su esposa la Begum, y el rey Farouk de Egipto, grandes estrellas de Hollywood, las grandes fortunas de Filadelfia, y representantes de la emprobrecida nobleza europea, que sin duda miraban con ilusión esta nueva sangre que removía los esquemas del pequeño principado.

El obispo de Mónaco, Monseñor Gilíes Barthe, los declaró marido y mujer-príncipe y princesa-, mientras los barcos de la Armada norteamericana celebraban con sus cañonazos el triunfo de una chica americana, que era un poco el triunfo de Ios-millones de chicas norteamericanas que se veían reflejadas en Grace.

Después de tantas festividades, la pareja real enfrentaría su luna de miel realmente cansada, por lo que Rainiero tuvo la lúcida ocurrencia de alistar su yate con rumbo desconocido.

El «Deo Juvante II» se detuvo esa misma noche en el solitario puerto de Villefrance, continuando luego hacia la mitad del Mediterráneo, hacia Palma de Mallorca.

Sin embargo, a esas alturas, la prensa internacional ya había logrado dar con el rumbo del yate, por lo que Mallorca no ofrecía ninguna calma. De allí se dirigieron a Córcega, donde la pareja pudo gozar del sol y la privacidad.

LLEGAN LOS HIJOS
Casi inmediatamente después del regreso de Rainiero y Grace a Mónaco comenzaron a circular rumores acerca de que la princesa estaba embarazada. Y cuando Grace viajó a París para comprar ropa maternal con los grandes modistos parisienses, el rumor se vio comprobado.

Mientras esperaba el nacimiento de su primer hijo, Grace redecoró un antiguo departamento que tenía Rainiero en París.

También se dio tiempo para confirmarles a los periodistas que su etapa cinematográfica estaba definitivamente cerrada.
Carolina nació el 23 de enero de 1957, nueve meses y cuatro días después de la boda, un plazo que la gente consideró «ideal» y discreto.

Carolina venía a ser el descendiente 31 de aquel lejano pirata Grimaldi que conquistó Mónaco en el siglo XII. También era la biznieta del primer Kelly que hizo fortuna con su fábrica de ladrillos en los Estados Unidos.

El 14 de marzo de 1958 nació Albert Alexandre Louis Pierre, heredero de la corona del principado, y siete años más tarde nació la tercera y última hija, Stefanie.

El príncipe Alberto tiene varios títulos nobiliarios, entre los que destacan por su singularidad: Duque de Valentinois, Barón de Buis, Señor de Saint-Remy, Sire de Matignon, Barón de Saínt-Lo, Príncipe de Chateau-Porcien, Conde de Thann, Barón D’Altkirch, Señor de Isenheim

Grace demostró, en silencio y con hechos, que podía ser mejor princesa que muchas que lo eran desde su noble cuna. Nunca regresó a Hollywood; y por expreso pedido de su marido, nunca volvió a la actuación. Su vida en Mónaco, como muchos cuentan, tal vez no fue un lecho de rosas pero… ¿qué vida lo es?

Lo cierto es que Grace Kelly supo conducirse con maravillosa discreción, razón por la cual, si alguna vez su matrimonio estuvo a punto de naufragar, fueron pocos los que lo supieron.

A pesar de amar profundamente a su príncipe, debe haber extrañado su vida como actriz, llena de emociones y desafíos.
Sus hijos -Carolina, Alberto y Stefanía- fueron tres luces que la guiaron cuando sentía que había ganado y perdido mucho, en una sola partida.

El resto es historia conocida: La princesa dejó este mundo demasiado pronto: con tan sólo cincuenta y dos años, un accidente automovilístico -al que su hija Stefanía sobrevivió milagrosamente- puso fin a sus días, en 1982.

Rainiero quedó desconsolado. La familia Grimaldi, hasta ese momento acostumbrada a los amoríos de las bellas hijas del matrimonio, atravesó el momento más duro de su historia cuando Grace, la de serena belleza, se alejó para siempre.

Sin embargo, ha dejado una huella de ésas que no borra el tiempo.

Fuente Consultada:
Los Famosos Romances de la Década del 50
HECHOS, Sucesos que estremecieron al siglo Tomo N°5 Romance en Mónaco

Biografia de Carlota Corday Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Biografía de Carlota Corday: Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Resumen Biografía de Carlota Corday
La perspectiva histórica ha hecho de ella una heroína equivocada, pero no pudo dejar de reconocer su temple y su capacidad de sacrificio para la misión que se había impuesto y que cumplió con fervor casi religioso: devolver a Francia la libertad abatiendo a quien juzgaba un demagogo sangriento antes que un revolucionario decidido, inflexible con las vacilaciones de los girondinos.

Biografía de Carlota Corday

Carlota Corday es más el nombre de una leyenda que de un personaje real, si se piensa que a veces los actos heroicos no pueden juzgarse con el criterio de verdad o error histórico. En su vida se aunan la juventud y la belleza con el horror del asesinato que planeó y ejecutó.

María Ana Carlota Corday D’Armont nació en Saint-Saturnin des Lignerets (Normandía) el 27 de julio de 1768. Su padre, Francisco Corday, pertenecía a una familia noble de provincias venida a menos, por lo que educó a sus cinco hijos casi en la pobreza.

Agobiada por la miseria murió la madre, y el padre, después de resistir un tiempo más, decidió internar a sus hijas en el monasterio de Caen, según era habitual en la época.

En los conventos solían hacerse en aquel entonces reuniones mundanas, a las que asiste Carlota, ya de trece años. La joven conoce así a Belzunce, coronel del regimiento de caballería con guarnición en Caen, y pariente de la abadesa. Hay quienes sostienen que Carlota se enamoró de él, pero que al ser asesinado el militar en una revuelta, ella juró vengarlo y esto recaería después sobre Marat.


Como resultado de la nueva situación política que sobrevino con la Revolución de 1789, se cerraron los conventos, Carlota -casi desprovista de medios- se vio obligada a vivir en Caen con una anciana tía, madame de Bretteville.

Tuvo entonces oportunidad de leer algunos libros que influyeron mucho en ella: Rousseau, «un filósofo del amor y un poeta de la política»; Plutarco, el historiador clásico, y otros autores que presentaban el sacrificio personal como una razón de Estado.

INMOLARSE POR LA PATRIA
Republicana por convicción pero monárquica por sentimiento, se interesa por los movimientos que entonces agitaban a Francia; inclusive asiste a los juicios públicos ante las asambleas populares que juzgaban a los acusados de contrarrevolucionarios; a menudo, más que establecer la verdad o hacer justicia, se buscaba simplemente un culpable. Con las mejillas encendidas por el dolor, que realzaban su hermosura, Carlota presenciaba los desfiles hacia el patíbulo.

En esas circunstancias conoció a un muchacho, Franquelin, quien mantuvo con ella una secreta correspondencia; Carlota lo alentó vagamente, como una forma de compartir los infortunios de su amigo.

La partida de un batallón de voluntarios que marcha a París hace que se apodere de Carlota la idea de evitar que se malgasten vidas tan generosas y de liberara Francia de un gobierno que ella juzgaba tiránico, sin necesidad de más lucha fratricida. Juan Pablo Marat, se decía -y de ese médico y líder político jacobino se decían muchas cosas-, va había hecho listas con los nombres de los simpatizantes girondinos cuyas cabezas debían rodar para asegurar el triunfo de los revolucionarios más decididos.

Carlota imaginó que el inminente baño de sangre solo podría detenerse con el sacrificio de la suya propia. Así fue como el 7 de julio de 1793, con el pretexto de partir para Inglaterra, Carlota abandonó a su padre y su hermana para dirigirse a París, adonde llegó el jueves 11.

Ya tenía trazado un plan: pensaba que Marat concurriría al Campo de Marte para la gran ceremonia del 14 de julio, pero la enfermedad de este la obligó a cambiar de táctica. Decidió entonces buscarlo en su propia casa. Le escribió una carta en estos términos: «Vengo de Caen; conociendo su amor por la patria, supongo que se enterará con agrado de los terribles acontecimientos de esta parte de la República. Iré a su casa alrededor de la una. Tenga la bondad de recibirme y concederme un momento de audiencia. Le daré la ocasión de prestar un gran servicio a Francia».

LA MUERTE DE MARAT
Sin embargo, Marat no la recibe. Una segunda esquela, más insistente, refuerza la primera: «Marat, ¿ha recibido mí carta? No puedo creerlo, pues encuentro la puerta cerrada. Espero que mañana me conceda una entrevista. Le repito: vengo de Caen; tengo que revelarle importantes secretos para la salvación de la República. Me persiguen, además, pues saben que la libertad es mi causa; soy desgraciada, y este título es suficiente para tener derecho a su patriotismo.»

A las siete de la tarde del 13 de julio, sin esperar la contestación, va a la casa de Marat. Se arregla con cuidado, para impresionar bien a quienes custodiaban al insobornable jefe republicano. Aunque la portera no quiere dejarla pasar, la muchacha sube decididamente las escaleras.

En los primeros tramos la detiene Simone Evrard, la fiel amiga de Marat, que había oído el cambio de palabras. A su vez, el propio Juan Pablo oye discutir a las dos mujeres y, pensando que se trata de la desconocida que le ha escrito el día anterior, indica que dejen pasar a su visitante. En el aposento a medias iluminado Marat, enfermo, toma un baño, cubierto con una sábana manchada de tinta.

Carlota baja los ojos y espera junto a la bañera el interrogatorio. Responde con serenidad a las preguntas sobre la situación en Normandía. «¿Quiénes son los representantes refugiados en Caen?» Carlota dice sus nombres y Marat, con medio cuerpo y el brazo fuera del agua, los anota; añade: «Antes de ocho días irán todos a la guillotina». Al oírlo, Carlota saca un cuchillo y lo hunde con fuerza en el pecho de Marat, que mientras se desangra pide auxilio. Acuden Simone v un criado.

CAMINO DEL PATÍBULO
Carlota no trata de huir y apenas se oculta tras una cortina, pero el criado la golpea con una silla y ella se desploma. El tumulto y los gritos atraen a los vecinos, que suben las escaleras y se arremolinan, furiosos, en la calle, pidiendo a gritos que les entreguen al asesino para vengar allí mismo la muerte del gran tribuno.

No obstante, un piquete de soldados con bayonetas y el comisario Grillard conducen a Carlota, maniatada, al salón de Marat, donde es interrogada. Ella contesta con calma, orgullosa de su acción, y se dispone su reclusión en una prisión cercana. Ya en la cárcel, entre sus ropas se descubre, una proclama redactada por ella, en la que exhorta a derrocar la tiranía.

El 16, severamente custodiada, comparece ante el presidente del tribunal revolucionario. Conmovido por tanta belleza y tanto fanatismo que casi desdibujan el crimen, este la interroga sugiriendo las respuestas, de modo que el asesinato parezca demencial. Tal suposición irrita a Carlota, que la rechaza.

Trasladada a la Conserjería -la famosa prisión donde pasan sus últimas horas los que morirán en el patíbulo-, a las ocho déla mañana siguiente es conducida ante el tribunal revolucionario, el cual, por no tener ella quien la defienda, le designa como defensor de oficio al joven Chanveau—Lagarde, célebre por su defensa de María Antonieta, tres meses más tarde.

No obstante la elocuencia y valentía de Lagarde, el tribunal vota unánimemente la pena de muerte para la acusada. Al sacerdote que le envían para asistirla, Carlota le explica: «Agradezco a quienes lo han mandado, pero no tengo necesidad de su ministerio; la sangre que he derramado y la mía que va a verterse son los únicos sacrificios que puedo ofrecer al Eterno». Ese mismo 17 de julio marcha al suplicio en una carreta, bajo la lluvia, pero ello no arredra a la multitud congregada para presenciar la ejecución.

El verdugo, para ver mejor el cuello, le arranca la pañoleta que le cubre el pecho. El pudor humillado afecta a Carlota más que la muerte cercana, pero recobra en seguida su serenidad y acerca la cabeza, que la cuchilla troncha y hace rodar. Se cuenta que, al recogerla, uno de los ayudantes del verdugo la abofeteó y que entonces las mejillas de Carlota enrojecieron como si la ofensa les hubiese devuelto la vida. La multitud reprueba el ultraje pero celebra la muerte de quien asesinara al «amigo del pueblo».

Los girondinos encarcelados dijeron, al saber de su suplicio: «Ella nos mata, pero nos enseña a morir». Y Franquelin, su joven enamorado, se retira a una aldea normanda pues no puede soportar la desaparición de su amada. Muere pocos meses después, no sin antes pedir que junto con él entierren el retrato y las cartas de Carlota…

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Camila y Uladislao Gutiérrez Ladislao Amor Prohibido Historia

Camila y Uladislao Gutiérrez o Ladislao: Amor Prohibido – Historia

El régimen rosista empezaba a ser más tolerante con sus opositores. Muchos habían regresado, cansados de esperar el fin del tirano. Mariquita Sánchez, por caso, se entretenía tocando el piano y recibiendo a unos pocos amigos fieles en su casa de la calle Florida.

Camila, amor tragico argentinoUna tediosa monotonía caracterizaba la vida pública y privada. Xavier Marmier, hombre de letras que visitó Buenos Aires en 1850, se aburrió mucho en las tertulias donde no se podía hablar de otra cosa que de modas y banalidades.Ludovico Besi, un prelado italiano que vino como legado papal ese mismo año, se sintió asqueado ante la ostentación de la obsecuencia por parte del clero porteño.

El obispo local había tolerado la supresión de las fiestas religiosas decretada por el gobierno para que la gente trabajara un poco más. El espionaje, la delación y la inmoralidad eran moneda corriente. Los jesuitas, llamados por Rosas de regreso al país, se habían ido de nuevo porque no admitían los actos de sumisión que se les imponían.

Transgredir la ley se pagaba cruelmente. Esto le sucedió a Camila O’Gorman, una jovencita que se enamoró del teniente cura del templo del Socorro, Uladislao (o Ladislao) Gutiérrez.

La pareja escapó a Corrientes para poder vivir sin trabas su amor, no advirtiendo el escándalo que dejaban atrás. Rosas, disgustado porque los emigrados de Montevideo denunciaban el libertinaje de la sociedad federal, decidió dar un escarmiento: ordenó apresar a la pareja y la hizo fusilar aduciendo que ése era el castigo dispuesto por la antigua legislación española para los amores sacrílegos. Esta conmovedora tragedia, que ocurrió en el Campamento Militar de Santos Lugares en 1848, contribuyó a demostrar que el uso arbitrario del poder era la esencia del régimen. (Fuente Consultada: Argentina, Historia del País y De Su Gente – María Saenz Quesada)

Los O’Gorman eran irlandeses, por eso era muy común que visitara la casa de esta familia un curita muy joven que no hacía muchos meses había llegado a la parroquia del Socorro. Había nacido en Tucumán, pertenecía a una familia adinerada, era muy apuesto con su pelo moreno y su sonrisa franca, tenía veinticuatro años y se llamaba Ladislao Gutiérrez.

Una de las hijas de los O’Gorman se llamaba Camila, tenía veinte años y era de una belleza serena pero deslumbrante. Su espíritu era festivo y romántico. Era la niña mimada de la casa. Es imposible saber cómo empezó todo. El caso es que Camila y Ladislao se enamoraron. Sabían lo que significaba aquello y ambos pedían perdón a Dios por lo que no podían y no sabían refrenar. Juzgarlos sería demasiado fácil.

Camila y Ladislao deciden fugarse. En los últimos días de 1847 salen por la noche, él de paisano, ella con un modesto vestido. Pocas horas después, la familia de Camila denuncia la desaparición de la joven y comienza una afiebrada búsqueda. Ellos pertenecen también a una familia socialmente acomodada y con contactos en los mandos, por lo que las autoridades, sin imaginar el escándalo en ciernes, agotan los recursos para encontrarla.

Solo al advertir la desaparición del padre Ladislao e hilar algunos hechos que antes parecían casuales pero ya no, comienzan a entrever la verdad. Crece la desesperación. Ni los familiares de Camila ni las autoridades eclesiásticas saben qué hacer. La noticia toma estado público y se la califica como un «crimen horrendo”. Todo Buenos Aires habla de la pareja y nadie sabe dónde están. Nadie.

La policía de Juan Manuel de Rosas busca afanosamente a los protagonistas del “crimen horrendo”. El gobernador de Tucumán, Celedonio Gutiérrez, tío de Ladislao, se presura a enviar, sin motivo alguno, un regalo valioso al Restaurador: dos sillas talladas a mano que, más que eso, es una manera de decir de que se lava las manos por la actitud de su sobrino y acepta disciplinadamente las decisiones del poderoso Rosas, sean las que fueren.

Camila y Ladislao, mientras tanto, lograron abordar una pequeña embarcación en el Tigre convenciendo al capitán para que los dejara en Goya, Corrientes. El hombre desconoce la identidad de sus casuales pasajeros. Ellos llevan documentos falsos donde él figura como un comerciante jujeño llamado Máximo Brandier y ella como su esposa, Valentina Desán de Brandier, Al poco tiempo, la pareja abre una escuela en Goya y comienzan a dar clases a los habitantes del lugar, que enseguida se encariñan con ambos como si hubieran vivido allí desde siempre. La casa de ellos es pequeña pero limpia y decorosa.

Dedican casi todo su tiempo a la enseñanza y a amarse con mucha ternura. Puede decirse que son felices, tal vez hasta muy felices, pero nada es eterno. Un día hay una fiesta en Goya y ellos asisten.  Allí, un hombre recién llegado de Buenos Aires los reconoce. Se acerca a Ladislao, que por supuesto viste de paisano, y le pregunta a quemarropa con un tono lleno de ironía:

Cómo está Ud., padre Gutierrez? ¿Hace mucho que no va por Buenos Aires?”. De responderle, Ladislao debió decirle que pronto se  cumplirían seis meses desde el día en que huyeron de la ciudad, pero fingió no escuchar nada y se fue para otro lugar la fiesta. El tipo se quedó mirándolo, con una sonrisa maliciosa y sin esperar una respuesta, que ya estaba dada.

Camila y Ladislao decidieron no huir. Tal vez pensaron que el  tiempo había ablandado las opiniones, quizá creyeron que no debían seguir escapando o que ya los habrían olvidado. Pero no era así. Dos días más tarde llegó la orden de Buenos Aires: ellos debían ser detenidos y devueltos a la ciudad. Así se hizo.

Por orden de Rosas se habilitó una celda del Cabildo para encerrar en ella a Ladislao y una habitación especialmente parada en la Casa de Ejercicios que administraban las monjitas de caridad, donde Camila sería recluida. Pero también por orden de Rosas, en mitad de camino llegó un chasque que desvió a los prisioneros al campamento militar de Santos Lugares. Se dice que en Buenos Aires corrían rumores de linchamiento apenas pusieran pie en la ciudad y el gobernador quiso evitar aquello, por eso el cambio.

El 14 de junio de 1848, en una fiesta organizada por el juez de paz, Uladislao fue reconocido por el sacerdote Miguel Ganrton y denunciado a las autoridades. Incomunicados por orden de Rosas, fueron engrillados y remitidos a Buenos Aires en la misma nave que habían empleado para huir. A partir de ese momento, y durante varias semanas, el gobernador debió soportar presiones en favor y en contra de los prisioneros.

En una carta que dirigió a la joven, Manuelita Rosas le anunciaba que había intercedido por ella y su amante ante su padre. La Iglesia, por su parte, se había convertido en implacable acusadora. «Todas las personas primeras del clero me hablaron o escribieron sobre este atrevido crimen, y la urgente necesidad de un ejemplar castigo para prevenir otros escándalos semejantes», confesó Juan Manuel de Rosas a Federico Terrero en el año 1870.

Camila y Ladislao llegaron penosamente encadenados al campamento de Santos Lugares. Un hecho hubo que parecía aliviar la situación pero que, en realidad, no hizo más que empeorarla: ella estaba embarazada.

El comandante del lugar, Antonino Reyes, se hace cargo de la situación lo mejor que puede: ordena que Camila sea tratada con delicadeza y hace que forren con tela suave los eslabones de la cadena que la engrillan. Ella y Ladislao son puestos en celdas separadas pero atendidos con toda corrección, mientras Reyes espera órdenes de Buenos Aires. Estas no tardan en llegar y su contenido es tan inesperado y terrible que el comandante debe leerlas varias veces para convencerse: Camila y Ladislao deben ser fusilados al día siguiente, a las diez de la mañana.

El 18 de junio de 1848 Camila y Ladislao son llevados frente al pelotón de fusilamiento. Camino al paredón, iban separados y con los ojos vendados, pero se percibían.

Ella preguntó al aire mientras caminaba a su muerte: —Estás allí Ladislao?

—Sí —respondió Gutiérrez desde un par de pasos de distancia y también sin poder verla por la venda—. Aquí estoy. Y mi último pensamiento es para ti…

Poco antes se le había permitido mandarle una nota de despedida a su amada en la que terminaba diciéndole: «Ya que no hemos podido vivir unidos en la Tierra, nos uniremos en el Cielo, ante Dios’»

Ambos fueron confesados por el cura del campamento, unos minutos antes del terrible momento. No pidieron clemencia, no lloraron, no se resistieron. La descarga de fusilería fue una sola y tremenda. Luego, el olor a pólvora quemada, una humareda que el viento disipó y el impresionante silencio de los soldados y oficiales que debieron cumplir la orden.

Todo quedó así por varios segundos, quieto, como en una fotografía. Como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento para todos los protagonistas de esta historia, como nos ocurre ahora a nosotros al terminar de leerla.

(Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio)

Amores de Julio Argentino Roca-Ignacia Robles Romances Argentinos

Amores de Julio Argentino Roca e Ignacia Robles Romances Argentinos

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Julio Roca e Ignacia Robles

Julio Argentino Roca-Ignacia Robles Romances ArgentinosEn los últimos años, la figura de Julio Argentino Roca ha dado mucho que hablar dentro de la opinión pública argentina, ya que si bien algunos continúan considerándolo un verdadero prócer de nuestra nación, otros en cambio ven en él a un personaje nefasto, incluso genocida.

Es que se lo critica por sus diversas campañas, y al mismo tiempo se lo acusa de por ejemplo haber robado y secuestrado mujeres.

En este sentido, se sabe que es posible que haya adquirido esa actitud desde muy joven, incluso antes de convertirse en un político destacado de nuestro país. Según se cuenta que Roca mantuvo un noviazgo secreto con una hermosa joven llamada Ignacia Robles.

La relación permaneció en secreto debido a que los padres de la muchacha no aprobaban que su hija estuviera de amoríos con Roca, hasta que éste decidió raptarla, dando como resultado el nacimiento de su primera hija.Todo comenzó cuando Roca andaba por los 26 años de edad. Era una época en la que ya había comenzado a ser reconocido por sus méritos militares, y siendo teniente coronel estaba a cargo del mando militar en la ciudad de Tucumán.

En una de las tantas reuniones sociales a las cuales solían asistir frecuentemente, Roca tuvo la oportunidad de conocer al que se convertiría en uno de sus máximos caprichoso: Ignacia Robles, una jovencita diez años menor que él, proveniente de una familia de hacendados.

Al conocerlo, Ignacia también se sintió fuertemente atraída por Roca. No obstante, debía guardar en secreto su amor y pasión, ya que siempre estaba acompañada de su madre, que jamás aprobaría que su hija se relacionara con Roca. Es que la mujer sostenía que las habladurías que indicaban que Roca era un mujeriego eran totalmente ciertas, por lo que en ningún caso era un buen partido para su hija.

De todas maneras, contrariando los deseos de los padres de Ignacia, Julio Roca comenzó a frecuentar la casa de los Robles con intenciones claras, por lo que por supuesto no era demasiado bienvenido.
En principio, Roca mantuvo una actitud serena al respecto, intentando en cada visita y en cada reunión que se topaba con los Robles, lograr conquistar el corazón de su suegra, para que al fin aprobara la relación con su hija, que de todas formas se había concretado de manera secreta.

No obstante, Roca perdió la paciencia. Totalmente enamorado, y ante la realidad de la imposibilidad de llevar su amor al altar, tomó una decisión inesperada por todos. Raptó a la joven durante una semana, con lo que por supuesto se generó un escándalo a gran escala.

El hecho se produjo mientras se llevaba a cabo una fiesta de la alta sociedad. En medio de la reunión, Roca tomó a la joven Ignacia de un brazo y se la llevó consigo delante de toda la concurrencia, protegido por la impunidad que le otorgaba su cargo.

Cabe destacar que días antes, Roca ya había preparado su plan, ya que según se sabe había alquilado una casa para tal fin, en la cual pasó una semana junto a la joven Robles, sin que nadie se atreviera a contradecir su voluntad, ni siquiera los padres de la muchacha.

Transcurrida la semana, Roca puso en libertad a Ignacia, quien a pesar del escándalo regresó a su hogar paterno como si nada hubiera sucedido. Pero el escándalo no se detuvo allí, ya que luego de transcurridos nueve meses, la joven Ignacia daba a luz una hija, la cual fue bautizada como Carmen. Mientras tanto, Roca dejaba Tucumán para viajar a Entre Ríos y sumarse al ejército que lucharía para reinstaurar el orden constitucional luego del asesinato de Justo José de Urquiza.

Por decisión de los Robles, la joven Ignacia contrajo matrimonio con Bibiano Paz, quien tenía un parentesco materno con Roca. Algunos años después, Julio Roca se casó con Clara Funes, con quien tuvo seis hijos: Julio, Elisa, María Marcela, Agustina, Clara y Josefina.

Roca jamás reconoció la paternidad de Carmen, pero tampoco se la negó, y en realidad a pesar de llevar el apellido Robles, la pequeña era conocida por todos como la hija del general Roca. Padre e hija se conocieron finalmente en 1883, cuando Carmen había cumplido los 13 años, y a partir de allí se mantuvieron en contacto. 

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Amores de Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos Historia Romanticas

Amores de Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos Historia Románticas

Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos

En la historia de la Argentina existe una larga lista de Presidentes que han contradicho en los hechos los principios políticos que sostenían ante la opinión pública. En este sentido, uno de los casos más peculiares ha sido el de Hipólito Yrigoyen, que mientras tuvo voz y voto en el Congreso defendió rotundamente la creación de una plataforma adecuada que sirviera para reivindicar la institución del matrimonio, pero que en realidad aquella prédica no se veía reflejada en su vida privada.

Hipolito IrigoyenLo cierto es que Yrigoyen fue único Presidente soltero de la Argentina, y no precisamente porque le faltaran amoríos, sino porque a lo largo de su vida y en sus diferentes romances, siempre se negó a casarse.

Se sabe que Yrigoyen tuvo tres grandes amores correspondidos, y que cada una de estas mujeres se sometió a la decisión que él había adoptado para su vida de rechazar el matrimonio. Por otra parte, con cada una de ellas tuvo una vida en común y varios hijos, aunque no todos fueron reconocidos legalmente por el mandatario.

Su primera historia de amor data del año 1872, cuando se enamoró de Antonia Pavón, una joven humilde que le dio una hija a quien bautizaron Elena. Y su último amor tuvo lugar en 1897 cuando conoció a Luisa Bacichi, la viuda del escritor Cambaceres, con quien tuvo un hijo llamado Luis Hernán Irigoyen.

Entre medio de aquellas relaciones, Yrigoyen conoció a una de las mujeres que sin dudas más lo amó: Dominga Campos. Hija del destacado Coronel Julio Campos, la joven se había criado en medio del ambiente militar, viviendo muchas veces en fortines.

Fue precisamente cuando Yrigoyen tenía 25 años que conoció a esta hermosa jovencita de 17 años y comenzó a tejerse una de las relaciones más escandalosas de la época. Es que el romance comenzó cuando la joven aún vivía en la casa de sus padres, e Hipólito Yrigoyen solía visitarla, no sólo por la tarde, sino también por la noche.

Aquellas frecuentes citas nocturnas dieron como resultado que al poco tiempo de conocerse, Dominga quedara embarazada por primera vez de Yrigoyen. Ante la realidad, el padre de Dominga intimó a la joven y a su amante a contraer matrimonio, a lo que Yrigoyen se negó rotundamente.

Para Dominga aquello no fue ningún desprecio, ya que sabía que jamás se convertiría en su esposa. Por el contrario, la joven estaba feliz viendo crecer su vientre, llevando dentro suyo de fruto de aquel gran amor.

Don Campos, indignado con el proceder de Yrigoyen decidió que su hija debía abandonar la casa paterna y olvidar para siempre que tenía una familia. Al mismo tiempo, los parientes de Yrigoyen no aprobaban su unión con Dominga, ya que preferían que Hipólito se casara con Antonia Pavón.

Finalmente el conflicto se resolvió el 27 de octubre de 1880 cuando Dominga dio a luz a Eduardo Abel, el que sería el primer hijo de la pareja. La joven dejó para siempre el hogar paterno, y se mudó a una casa ubicada en la actual avenida Scalabrini Ortiz esquina Santa Fe, que Yrigoyen había alquilado.

En principio, parecía el hogar de una familia constituida, aunque no precisamente bajo los términos de la ley, pero lo cierto es que allí vivían Dominga y su hijo Eduardito, mientras que Yrigoyen siempre estaba de paso.

A pesar de la opinión de la gente, que no dejaba de criticarlos, ellos continuaron por varios años llevando adelante su vida, y mientras Yrigoyen trabajaba para hacerse un lugar en la política del país, Dominga daba a luz a sus hijos y los criaba, tal como una madre soltera, pero con la diferencia de que la familia era mantenida por Yrigoyen. No faltaba dinero, pero se observaba la ausencia total de un padre.

A lo largo de los años de convivencia, Dominga e Hipólito tuvieron seis hijos, de los cuales tres murieron de pequeños.

Según se cuenta, a la par que mantenía su relación con Dominga, Yrigoyen extrañamente intentó casarse con una joven de la alta sociedad, lo cual jamás sucedió debido a que el padre de la muchacha se negó rotundamente. Sin embargo, aquello nos les impidió que tuvieran un hijo, al cual Yrigoyen jamás reconoció.

Cuando Dominga e Yrigoyen llegaron a cumplir más de doce años juntos, la pareja ya había comenzado a pensar en contraer matrimonio. Sin embargo, en noviembre de 1889 Dominga murió antes de cumplir 29 años, a causa de padecer de tuberculosis.

Los tres pequeños hijos de la pareja fueron criados a partir de allí por Carmen Campos, padeciendo para siempre la ausencia de su padre, que luego de la muerte de Dominga jamás volvió a interesarse en ellos.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo Romances de la Historia Argentina

Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo – Romances de la Historia Argentina

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo

Felicitas Guerrero Las historias de fantasmas y apariciones habitan desde siempre en el imaginario colectivo, tanto de los pueblos del interior como de las grandes ciudades como la de Buenos Aires. Es en esta urbe donde surgen las historias más atrapantes, cuyos protagonistas son los espectros de figuras conocidas de la historia argentina.

En este sentido, seguramente el fantasma de Felicitas Guerrero es el más popular.

Según cuenta la leyenda que aún hoy circula, todos los días 30 de enero por la noche, quienes se encuentran cerca de la Iglesia de Santa Felicitas, ubicada sobre la calle Isabel La Católica 520, entre las calles Brandsen y Aristóbulo del Valle, frente a la Plaza Colombia en el barrio porteño de Barracas, pueden escuchar el llanto desconsolado de Felicitas, e incluso algunos aseguran haber podido observar su figura espectral detrás de las rejas que encierran la capilla.

Pero la leyenda urbana no se detiene ahí, sino que también existen quienes aseguran que quien osa tocar la estatua de mármol que representa a Felicitas y a su hijo Félix, la cual se emplaza en el predio de la Iglesia sobre la calle Brandsen, son víctimas de grandes tragedias.

Por supuesto que el mito popular que encierra la figura de Felicitas Guerrero tiene su fundamento, y como sucede en casi todas las leyendas de este tipo, ha sido basado en la dramática vida y la trágica muerte que tuvo la mujer.

De joven, Felicitas fue una de las mujeres más cortejadas del mundo aristócrata de Buenos Aires. Esto hizo que el hacendado Martín de Álzaga, un hombre que por ese entonces tenía 60 años, se propusiera como esposo de Felicitas, que sólo contaba con 15 años, ante los padres de la joven.

Álzaga era el hombre más rico de la Argentina, por lo que a pesar de que Felicitas imploró a sus padres no aceptar la propuesta, su progenitor hizo oídos sordos al pedido de su hija, y decidió entregarla a dicho matrimonio, creyendo que la jovencita lograría un excelente futuro plagada de felicidad y sin necesidades.

Pocos meses después se llevaba a cabo la boda entre Felicitas Guerrero y Martín de Álzaga, en medio de una fiesta en la que estaba presente toda la alta sociedad de Buenos Aires, entre los cuales también se encontraba Enrique Ocampo, un joven que desde siempre había amado en secreto a Felicitas.

Felicitas no era feliz con aquel matrimonio, pero aquella tristeza pareció desvanecerse cuando dio a luz a su primer hijo, a quien bautizó Félix de Álzaga. Sin embargo, la alegría resultó efímera, ya que el pequeño murió de fiebre amarilla cuando sólo tenía seis años de edad.

La tristeza nuevamente invadía su vida, hasta que logró quedar embarazada nuevamente, dando a luz en esta oportunidad a Martín, quien lamentablemente también murió pocos días después de haber nacido.

El destino parecía que se había ensañado con la pareja, pero la fortaleza del espíritu de Felicitas la mantuvo con vida. Por el contrario, la muerte del pequeño niño fue una tragedia demasiado grande para el septuagenario Martín de Álzaga, que murió quince días después de la muerte de su hijo, a causa de una profunda depresión.

Con sólo 25 años, Felicitas se convertía en la viuda más rica de la Argentina, pero también en una de las mujeres más tristes. Fue en ese momento que Enrique Ocampo decidió acercarse a ella con el fin de conquistar su corazón, pero sólo halló el rechazo de parte de Felicitas, ya que la joven estaba dispuesta a cumplir con el luto riguroso que se había propuesto.

Pasaron algunos años, y una vez reincorporada a la vida social, Felicitas conoció a Samuel Sáenz Valiente, un joven hacendado que supo enamorar a la mujer y así surgió un romance apasionado, que dio como resultado que a los pocos meses anunciaran públicamente su matrimonio.

Mientras tanto, Enrique Ocampo observaba con despecho cómo su único amor se escapaba nuevamente de su destino, y esta vez no pudo tolerarlo.

Aquella mañana del mes de enero, Enrique Ocampo tomó su arma y partió hacia la casa de Felicitas dispuesto a todo. Luego de una discusión, intempestivamente decidió descargar su furia apretando el gatillo, dirigiendo una bala mortal hacia Felicitas. Segundos después, Ocampo apuntó el arma hacia su corazón y se suicidó. Finalmente, después de tres días de intensa agonía, el 30 de enero de 1872 Felicitas exhalaba su último suspiro.

Cuatro años después, en aquella casona en la que vivió su vida y se encontró con la muerte la bella Felicitas, fue construida la Iglesia que lleva su nombre. Poco tiempo después comenzaron a circular las historias que aseguran que el fantasma de Felicitas aún no ha hallado la paz.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Amores de Bartolomé Mitre y Delfina Vedia Grandes Romances Personajes

Amores de Bartolomé Mitre y Delfina Vedia Grandes Romances

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Bartolomé Mitre y Delfina Vedia

Bartolomé Mitre Si debiéramos crear un ranking que listara a las mujeres de nuestros próceres argentinos en base a lo que han sufrido en su vida, seguramente Delfina Vedia, la esposa de Bartolomé Mitre, sería quien poseería todos los méritos para quedarse con el primer lugar.

Y no es precisamente que no haya conocido la felicidad en su vida, ya que en realidad ella misma confesó estar muy cerca de dicho sentimiento durante el nacimiento de cada uno de sus hijos. Pero lo cierto es que la sombra de la desdicha siempre opacó los pocos momentos de alegría que tuvo su existencia.

Delfina conocía las tretas de la muerte muy de cerca, sobre todo en épocas de guerra, ya que esto había sido el causante de haber perdido para siempre a su madre y a cinco de sus seis hermanos.

Pero la desgracia no acobardó su espíritu, y pensó que en el matrimonio, junto al hombre que amaba profundamente, encontraría la ansiada paz y felicidad. Así fue que el 28 de noviembre de 1840, se casó con su amado Bartolomé Mitre.Delfina Vedia

Poco después debía enfrentarse a una penosa realidad, ya que su marido priorizaba su misión política a su vida en pareja. Es por ello que se cuenta que en los primeros tiempos el matrimonio tenía una extraña relación a distancia, debido a que Delfina vivía aún en Montevideo y Mitre debía viajar frecuentemente a Buenos Aires.

Incluso, en la casa que compartían en escasas oportunidades, la pareja tenía habitaciones separadas, y según relata la historia Delfina tenía prohibida la entrada al cuarto de Mitre, incluso debía pedirle permiso para asear la habitación cuando él se encontraba de viaje.

En medio de este contexto, se produjo el nacimiento de la primera hija de Delfina y Bartolomé, que llegó a este mundo el 14 de abril de 1843, siendo bautizada como Delfina Josefa. Aquel nacimiento que Delfina debió enfrentar sola, fue seguramente el detonante para que decidiera mudarse a Buenos Aires, con la firme intención de estar en permanente contacto con su marido, y poder dejar atrás tanta tristeza.

Allí, mientras su esposo ascendía en su carrera política, Delfina continuó refugiándose en la maternidad, y con el correr de los años tuvo cuatro varones y dos mujeres.

Mientras tanto, Bartolomé Mitre se mantenía distante y alejado de su mujer, abocado a su misión política, que lo condujo a convertirse en el Gobernador de Buenos Aires, lo que al mismo tiempo significó que ganara una enorme popularidad, no sólo entre sus compañeros y amigos, sino también entre las mujeres. Aquello comenzó a sembrar dudas en torno a la fidelidad de su esposo, dudas que disipaba convencida de que Bartolomé era sólo suyo.

Las dudas se disipaban, pero la profunda tristeza de Delfina no, quizás porque esa era la cruz que debía llevar a cuestas en su vida. Aquella tristeza llegó a un nivel realmente intolerable, cuando su hijo Jorge de 18 años se quitó la vida. Delfina no pudo soportar la tragedia, y sobre todo el enfrentarla en soledad, hundiéndose cada vez más profundo en su depresión.

Los años continuaron transcurriendo, y mientras tanto Delfina registraba sus vivencias y sentimiento en su diario íntimo, el cual es considerado como una verdadera joya en el género.
El 6 de octubre de 1882, Delfina moría de peritonitis. Casi una década después, Mitre era derrotado en las elecciones presidenciales. A los 84 años, precisamente el 19 de enero de 1906, Mitre daba su último aliento.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Las Mujeres de Sarmiento Romances de la Historia Argentina Amores

Las Mujeres de Sarmiento – Romances de la Historia Argentina 

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Sarmiento y su historia con las mujeres

Más allá del mito, detrás de la formal figura de Sarmiento se escondía un hombre que gustaba mucho de las mujeres. Según se cuenta, los arrebatos amorosos del prócer lo condujeron a desilusiones constantes y sufrimientos repetidos por amor, ya que si bien era un hombre que poseía un excelente poder de oratoria, algo que atraía a las jovencitas idealistas de la época, lo cierto es que su apariencia no lo ayudaba demasiado.

sarmiento presidente argentinoLa vida amorosa del Padre del Aula se inicia alrededor de 1831, cuando Sarmiento parte exiliado hacia Chile. En su nueva residencia, comienza a trabajar como maestro en San Francisco del Monte, donde conoce a una joven chilena llamada Jesús del Canto. El fugaz amor de la pareja dejó una marca indisoluble en el tiempo, ya que tuvieron una hija, quien fuera bautizada como Faustina.

La pareja no volvió a verse jamás, y la pequeña niña fue criada y educada por Doña Paula Albarracín, la madre de Sarmiento, con la ayuda de sus hermanas en la humilde casa de San Juan. Aquella pequeña se convertiría con el transcurrir de los años en la única compañía de Sarmiento durante sus últimos días de vida en el Paraguay.

Más de una década después de su primer amor, precisamente en 1845, y luego de un largo viaje por Europa, Estados Unidos y África, Sarmiento regresa a Chile, esta vez a Valparaíso, donde comienza una relación clandestina con Benita Martínez de Pastoriza (imagen der.) , una mujer casada.aurelia velez sarfield

Por aquella época, Benita da a luz a su único hijo, del cual siempre se ha dudado la identidad de su padre biológico, ya que muchos aseguran que se trata del hijo legítimo de Sarmiento. Lo cierto es que en 1848 el Padre del Aula regresa a Valparaíso con el objetivo de contraer matrimonio con Benita, además de adoptar al pequeño niño y darle su apellido, quien pasa a llamarse Domingo Fidel Sarmiento.

No obstante, los celos constantes de Benita hacen que la pareja comience a tener problemas, que conducen al matrimonio al fracaso inevitable, por lo Sarmiento decide alejarse durante un tiempo.

Así es que Sarmiento regresa a su patria, y en Buenos Aires encuentra a una joven que había conocido de niña, pero que el paso de los años la habían convertido en una adolescente hermosa, inteligente, y amante de la política: Aurelia Vélez Sársfield, hija de Dalmácio Vélez Sársfield, quien fuera amigo de Sarmiento. Aquella era la mujer ideal para él, pero lamentablemente aún estaba casado, y Aurelia también, ya que había contraído matrimonio con su primo Pedro Ortíz Vélez.

«Te amo con todas las timideces de una niña y con toda ia pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creía que era posible amar. He aceptado tu amor porque estoy segura de merecerlo. Sólo tengo en mi vida una falta y es mi amor a ti. Perdóname encanto mío, pero no puedo vivir sin tu amor. Escríbeme, dime que me amas, que no estás enojado con tu amiga que tanto te quiere».
Aurelia Vélez Sarsfield.

En 1857 Benita cansada de esperar el regreso de su marido, decidió viajar a Buenos Aires, algo que en realidad fue una mala noticia para el Padre del Aula, por lo que su desprecio por Benita crece, de la misma manera que se acrecienta su amor por Aurelia.

Cuando Sarmiento se muda a San Juan para cumplir con su cargo de Gobernador, comienza a escribir cartas a Buenos Aires, para su esposa Benita, para su hijo Dominguito y para su amada Aurelia. Pero el destino que nada perdona, hizo que una de las cartas de amor destinadas a Aurelia cayera en manos de Dominguito, quien inmediatamente se la mostró a su madre.

Aquello que al principio había sido una mala pasada casual se convirtió en el motivo que permitió a Sarmiento separarse definitivamente de Benita, después de 14 años de matrimonio. Cabe destacar que fue en esa época que Sarmiento se entera de que su mujer lo engañaba, y que además estaba esperando un hijo de otro.

Dos años después, parte a Estados Unidos para desenvolverse como Embajador, y a pesar de seguir enamorado de Aurelia, allí mantiene un romance con una joven profesora de ingles llamada Ida Wickersham, quien también estaba casada.

Aquella aventura perdura por mucho tiempo, incluso mantuvieron el contacto a través  de cartas, cuando en 1868 Sarmiento regresa a Argentina siendo elegido Presidente de la República. Mientras tanto, Sarmiento continúa profundamente enamorado de Aurelia Vélez Sársfield.

Los años pasaron, y al cumplir 77 años Sarmiento parte a Paraguay. Una vez allí le escribe a su gran amor para que se reúna con él, a lo que Aurelia, quien también se confesó enamorada del Padre del Aula, responde de manera positiva viajando a Paraguay.

Nuevamente el destino les jugaría una mala pasada, ya que Aurelia no alcanzó a hallarlo con vida a Sarmiento, quien daría su último respiro el 11 de septiembre de 1888.

DALMACIO FUE QUIEN ABRIÓ LAS PUERTAS POLÍTICAS DE BUENOS AIRES AL SANJUANINO, Y TAMBIÉN LE ABRIÓ LA PUERTA DE SU CASA. LA PUERTA DEL DORMITORIO DE SU HIJA ES PROBABLE QUE LA HAYA ABIERTO DOMINGO FAUSTINO, PERO SOBRE ESTOS TEMAS NUNCA SE SABE CON SEGURIDAD CÓMO FUERON LAS COSAS.

ALGO MAS SOBRE AURELIA VELEZ SARSFIELD:
Fuente: Cuadernillo N°11 Aurelia Vélez Sarsfield –
La Hija de Dalmacio, la Amante de Sarmiento
Universidad Nacional del Litroral

La historia de amor empieza cuando Aurelia ya está separada de su marido y Sarmiento ha regresado a Buenos Aires y trabaja en el diario que dirige don Dalmacio.

Aurelia aún no ha cumplido veinte años pero es una mujer inteligente, despierta, que ha vivido experiencias inusuales para una muchacha de su edad y de su clase y que, a pesar de los dolores de cabeza que le ha dado a su padre, es su preferida y su principal colaboradora intelectual.

Los hombres y las mujeres que la conocieron sugieren que no era lo que se dice una mujer hermosa. La palabra «interesante» tal vez sería la más adecuada para caracterizarla. Los retratos que se conservan de ella no permiten decir que fuera fea. Sus ojos, su boca, la expresión un tanto irónica, un tanto burlona, dan cuenta de una mujer que, si el retrato no miente, era algo más que «interesante».

Aurelia, en 1853 se casó con su primo Pedro Ortiz Vélez. El resultado de ese noviazgo y casamiento fue un fracaso total, incluidas las infidelidades, el crimen y el probable aborto. Hay una discusión entre los historiadores sobre la fecha de ese casamiento, porque algunos la ubican en 1858 aunque lo más probable, atendiendo a la documentación disponible, es que haya sido en 1853.

Se dice que fue en la redacción del diario El Nacional que Aurelia conoció al hombre de su vida. Sarmiento ingresó a ese diario de la mano de su amigo Dalmacio en julio de 1855.

Dalmacio fue quien abrió las puertas políticas de Buenos Aires al sanjuanino, y también le abrió la puerta de su casa. La puerta del dormitorio de su hija es probable que la haya abierto Domingo Faustino, pero sobre estos temas nunca se sabe con seguridad cómo fueron las cosas.

No se conoce con certeza qué día se conocieron los futuros amantes, tampoco si quedaron deslumhrados de entrada o si se fueron enamorando a medida que se conocían. De lo que sí hay bastantes certezas es de que ya para entonces Aurelia no sólo había protagonizado el escándalo que todo Buenos Aires comentó en su momento, sino que era también una eficaz colaboradora de su padre, algo así como una secretaria de confianza que le llevaba al día su correspondencia y le ordenaba los papeles.

Digamos que la mujer que Sarmiento conoce en 1855 tiene diecinueve años, pero es una mujer formada políticamente y que ha vivido una experiencia afectiva que la ha marcado de una manera especial.

Vale la pena aclarar esto, porque si no sobrevive el prejuicio de que Domingo Faustino sedujo a una niña inocente y desvalida aprovechándose de la amistad con el padre y de su experiencia como amante.

Para 1855 Aurelia no tenía nada de inocente, y su estilo de vida y sus gustos tenían poco que ver con los de las niñas de su edad. Respecto del abuso de confianza de Sarmiento por haber seducido a la hija de un amigo, habría que decir que Vélez Sarsfield jamás censuró esa relación, que la conoció prácticamente desde sus inicios y que no hay un escrito, una palabra que indique que el viejo estuviese fastidiado por la relación de su amigo con su hija. Por el contrario, hay testimonios de que no sólo aceptaba la relación, sino que, en cierto sentido, estaba satisfecho por que las cosa fueran así.

No deja de sorprender la conducta del padre de Aurelia. Es un hombre mayor, conservador, que acepta que su hija mantenga relaciones con un hombre casado. Es que pareciera que, después del escándalo protagonizado con Pedro Ortiz, don Dalmacio había quedado curado de espanto, y todo lo que hiciera Aurelia le parecía poco o nada comparado con lo que había ocurrido con ese desgraciado matrimonio y lamentable desenlace.

Pero, más allá de las especulaciones, sigue pendiente el interrogante respecto de la comprensión que tuvo Dalmacio por la relación de su hija con su amigo.

En algún momento los historiadores discutieron si la relación entre ellos fue la de amantes o amigos íntimos. Hoy esta discusión está superada, pero en otros tiempos a muchos historiadores les resultaba chocante admitir que el procer Sarmiento hubiera sido un amante fogoso de niñas recién salidas de la adolescencia, porque -vale la pena recordar- María del Canto también era lo que se dice una niña cuando quedó embarazada de su maestro en la escue-lita chilena de Los Andes.

 

Mariano Moreno – Guadalupe Cuenca Romances Penosos Funestos

Mariano Moreno y Guadalupe Cuenca – Romances Penosos y Funestos

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Mariano Moreno y Guadalupe Cuenca

Mariano Moreno - Guadalupe Cuenca Romances Penosos FunestosUn simple camafeo con la imagen de una hermosa muchacha fue el punto de partida para el nacimiento de una historia de amor sin igual. Según se sabe, en el año 1800 el joven Mariano Moreno había viajado al Alto Perú para cursar sus estudios religiosos en la Universidad Chuquisaca.

Su máxima ambición por aquellos tiempos residía en convertirse en padre de la Iglesia Católica, por lo que se disponía a educarse en teología y llevar a cabo el seminario en la prestigiosa alta casa de estudios.

No obstante, el acercamiento de Moreno a las teorías sociales de Rousseau y Montesquieu hizo que finalmente se decidiera por estudiar Derecho. Pero además hubo otro hecho que fue motivo del renunciamiento del joven al seminario religioso.

Según cuenta la historia, una tarde el joven Moreno visitó una joyería en Chuquisaca, donde accidentalmente encontró un camafeo que incluía en su interior la fotografía de una de las más bellas jóvenes que había visto en toda su vida. Ante la requisitoria insistente del joven, el joyero le proporcionó los datos necesarios para contactar a la muchacha, y así fue que Moreno inició el cortejo a Guadalupe Cuenca.Guadalupe Cuenca

Por aquella época, él tenía 24 años y ella sólo 14, pero la diferencia de edad no fue motivo suficiente para impedir su unión, que concluyó con el matrimonio el 20 de mayo de 1804 en la Catedral de Chuquisaca.

Casi un año después nació el único hijo de la pareja, quien fuera bautizado con el mismo nombre que su padre. Poco después la nueva familia se trasladó a Buenos Aires, donde Moreno comenzó sus trabajos como abogado del Cabildo.

Su cada vez mayor participación política lo llevaron en enero de 1809 a ser parte del motín de Alzaga, que se levantó contra el Virrey Liniers, y que básicamente luchaba por lograr el fin del monopolio español en el país.

Muy pronto ocuparía el cargo de secretario de la Primera Junta, durante el año 1810, como así también la dirección del primer diario nacional denominado “La Gazeta de Buenos Aires”. Y mientras Moreno vive intensamente su pasión política, luchando de manera incansable para lograr la independencia del país y dedicando su tiempo libre a traducir los textos de Rousseau, no hay tiempo para su amada Guadalupe.

No obstante, su amor incondicional continúa sin extinguirse, y Guadalupe se transforma en la compañera ideal de un hombre que dio su vida por la Nación.

En el mes de diciembre de 1810, ante las permanentes contrariedades y amenazas recibidas, Moreno renuncia a su cargo en el Congreso, y es destinado a Londres como agente diplomático.

El 24 de enero de 1811 se produce el último encuentro entre Moreno y su mujer, ya que él se embarcó en la nave inglesa La Fama, para cumplir con su destino, que supuestamente lo conduciría a Londres.

Sin embargo, Moreno finalmente muere en alta mar el 4 de marzo de ese mismo año, generando un sinfín de dudas en torno al motivo de su deceso, ya que incluso se sospecha que puede haberse producido por envenenamiento.
De aquel amor insoslayable que mantuvieron Guadalupe y Mariano sólo queda un puñado de cartas, aquellas que la mujer le escribiera a su marido sin saber aún que él había muerto, y que una vez regresadas al remitente, Guadalupe guardó sin abrir junto a sus más preciados tesoros.

Aquellas cartas que casi siempre culminaban con la siguiente frase: “Haceme llevar. Adiós, mi Moreno, no te olvides de mí, tu mujer”.

Maria Remedios de Escalada Esposa de San Martin Matrimonio

María Remedios de Escalada Esposa de San Martín

San Martín y Remedio de Escalada

Maria Remedio de Escalada esposa de San Martin Historias de AmorUna velada en la casa de Don Antonio José de Escalada fue el lugar y el momento adecuado para que José de San Martín, recién llegado a estas tierras, conociera a la que sería su gran amor: María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciano Escalada de la Quintana.

Al día siguiente de aquel encuentro, el Libertador escribiría a su amigo Mariano Necochea: “Esa mujer me ha mirado para toda la vida”, sellando así una relación que perduró por años y que se convertiría en leyenda.

Poco tiempo después de que José de San Martín llegara a Buenos Aires y luego de haber obtenido su graduación, y como solía acostumbrarse en aquella época, fue presentado en sociedad, pudiendo acceder así a las más tradicionales e influyentes familias de la ciudad. Entre estas familias se encontraban la de Don Antonio José de Escalada.

La historia de aquel hombre, un criollo rico que resumía la tradición de las viejas familias coloniales, combinadas con las formas más cortesanas que había dejado el virreinato, estaba casado en segunda nupcias con Doña Tomasa de la Quintana, quien a su vez tenía dos hijas, llamadas María de las Nieves y María de los Remedios.

San Martín llegó a la casa de los Escalada a través de Don Antonio, quien lo había invitado para una velada en la que además de la diversión habitual se discutirían cuestiones políticas. Pero lo cierto es que aquella reunión terminó convirtiéndose en un momento mágico, cuando las miradas de José de San Martín, de 34 años, y María de los Remedios de Escalada, de 15 años, se cruzaron por primera vez.

Así fue como finalmente ambos comenzaron un noviazgo, que fue aprobado por unanimidad por la familia Escalada, ya que San Martín había estrechado fuertes lazos con el clan, sobre todo con Don Antonio y con sus hijos Mariano y Manuel, quienes posteriormente acompañarían al Libertador en sus Campañas de Chile.Maria Remedio de Escalada esposa de San Martin Historias de Amor

El ansia por concretar definitivamente su amor, llevó a San Martín a solicitar la reglamentaria licencia militar a sólo cinco meses de llegado al país, con el fin de efectuar la boda. Una vez autorizado el pedido de matrimonio por el Triunvirato, la ceremonia nupcial se llevó a cabo el 12 de setiembre de 1812, en la Catedral de Buenos Aires.

Lamentablemente, las obligaciones militares de José de San Martín hicieron que poco después de la boda, él debiera abandonar el hogar para marchar junto a los Granaderos a San Lorenzo. Mientras tanto, María de los Remedios permaneció en casa de sus padres, siendo ese el comienzo de una corta vida en común, en la que la pareja debería aceptar que lo primero era la Patria.

No obstante, el gran amor que María de los Remedios sentía por su marido acortó la distancia, y finalmente dos años después se reunieron en la provincia de Mendoza, momento en el cual San Martín asumiera como Gobernador de la provincia de Cuyo.

Decidieron entonces radicarse en Alameda, Mendoza, en la casa que cobijó su amor por un período escaso, pero que sería la temporada más larga que la pareja viviría junta, esto debido a las misiones emprendidas por el Libertador, entre las que debió llevar a cabo la preparación del ejército patriota, que posteriormente cruzaría la Cordillera de los Andes hacia Chile.

En Mendoza, Remedios, además de atender a su marido, también se dedicó a continuar con la práctica del espíritu hospitalario que había aprendido desde su niñez en su casa paterna, por lo que su hogar habitualmente recibía la visita de las más influyentes damas mendocinas.

Con ellas, remedios fundó la denominada Liga Patriótica de Mujeres, que colaboraría en la organización del Ejército de los Andes, donando joyas y bienes para adquirir el equipamiento de las tropas. Asimismo, este grupo de mujeres fueron las creadoras de la bandera que llevaría en alto el ejército encabezado por José de San Martín.

El 31 de agosto de 1816 nace la única hija de la pareja, que fuera bautizada Mercedes Tomasa, que durante el exilio de San Martín en Europa se convertiría en su única compañía.

Al llegar el momento de la partida hacia Chile, y ante la realidad de la enfermedad que padecía Remedios, quien había enfermado gravemente de tuberculosis, José de San Martín le pidió a su esposa que regresara a la casa de sus padres en Buenos Aires.

Lo cierto es que lamentablemente la enfermedad avanzó de forma rápida y certera, haciendo que Remedios encontrara la muerte el 3 de agosto de 1823, quien por esa época sólo tenía 27 años. De esta forma culminó para siempre aquella historia de amor, que a pesar de que se concretó en un matrimonio que duró 11 años, lo cierto es que vivieron más de la mitad separados, priorizando la Patria a sus sentimientos mutuos.

Leopoldo Lugones Romance del Poeta Argentino Biografia Vida y Obra

Leopoldo Lugones Romance del Poéta Argentino Biografía Vida y Obra

BREVE BIOGRAFÍA DE LEOPOLDO LUGONES
HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Leopoldo Lugones y Emilia Santiago Cadelago

Mi amor en tus ojos, el cielo.
Mi amor en tus manos, la suerte.
Mi amor en tu boca, el anhelo.
Mi amor en tu alma, el consuelo.
Mi amor sin el tuyo, la muerte.

Leopoldo Lugones Aquellas habían sido las palabras elegidas por el escritor Leopoldo Lugones para poner de manifiesto los profundos sentimientos que experimentaba por su amante, la joven Emilia Santiago Cadelago, en un poema que sería premonitorio de la gran tragedia final.

El reconocido poeta había contraído matrimonio en su juventud con Juanita González, el primer amor de su vida, formando una familia basada en importantes principios. Uno de ellos era la fidelidad, por lo que las décadas felices transcurridas por la pareja hicieron que Lugones se autoproclamara como el hombre más fiel de Buenos Aires.

Si bien ambos eran oriundos de Córdoba, pasaron gran parte de su vida en la capital del país.

Durante las primeras épocas de la pareja nació el hijo de ambos, quien fuera bautizado como Leopoldito, que con el tiempo no sólo sería único heredero de la familia, sino también recordado como uno de los personajes más nefastos de la historia argentina, ya que de adulto se convirtió en el instaurador de la picana eléctrica como método de tortura en nuestro país.

La fidelidad de Lugones hacia Juanita era tal, que incluso llegó a escribir un libro dedicado a su esposa, titulado “El libro fiel”, que fuera publicado en 1912. Mientras tanto, el poeta mantenía una rutina tranquila, sin sobresaltos, junto a su amada y abnegada esposa y su pequeño hijo, que crecía haciendo sentir viejos a sus padres.
Pasaron casi treinta años de matrimonio y fue en ese momento que un episodio atípico cambió para siempre el destino de la familia Lugones.

Corría el año 1926 cuando una hermosa joven llamada Emilia Santiago Cadelago se acercó a la Biblioteca del Maestro, situada en la calle Rodríguez Peña, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, donde habitualmente trabajaba Lugones.

El motivo era sencillo, la joven estudiante necesitaba una copia del libro “Lunario sentimental” de Lugones, que al no poder conseguir de la forma tradicional creyó que el escritor podía llegar a facilitarle un ejemplar para su tesis universitaria.

El encuentro entre ambos fue trascendental, y más aún durante la cita que mantuvieron el 23 de junio de 1926, cuando Leopoldo Lugones le entregó a la joven un ejemplar de “Las horas doradas” en lugar de “Lunario sentimental”. Aquel no fue un problema para ella, ya que lo importante del encuentro estaba por producirse.

Pocos días después, Emilia comenzó a recibir llamados y cartas de Lugones, que si bien era mucho más mayor que ella, el amor que surgió entre ambos logró derribar cualquier tipo de barrera. Así se inició uno de los romances más perturbadores de nuestro país y de esta forma, lo platónico se convirtió rápidamente en una pasión desenfrenada.
Profundamente enamorados, la pareja se reunía en un pequeño departamento del barrio de Retiro, donde su amor clandestino no tenía objeciones, y podían vivir la felicidad de estar juntos, al menos por unas horas.

A partir de allí, Lugones había dejado de ser ese marido fiel que pregonaba, y Emilia se convertiría en la verdadera mujer fiel de Buenos Aires.

Durante seis años vivieron una pasión realmente intensa, que inició su derrumbe cuando el hijo de Lugones, que ya tenía 35 años, descubrió la verdad y amenazó a la familia de la joven para que Emilia dejara a su padre. Cuando la familia Cadelago supo la verdad, decidieron enviar a su hija a Montevideo, a fin de alejarla definitivamente de su amante.

La desesperación invadió la mente del poeta, quien pasó seis años intentando recuperar a su amada. Ante la imposibilidad de hacerlo, y totalmente desencantado con la vida decidió suicidarse el 18 de febrero de 1938, en una austera habitación de una hostería del Tigre.

Casi cinco décadas después murió Emilia Santiago Cadelago, después de vivir en la soltería y en la amarga soledad de amar en silencio al único hombre de toda su existencia.

LEOPOLDO LUGONES

leopoldo lugones

Leopoldo Lugones (1874-1938), nacido en Villa María, provincia de Córdoba, el 13 de junio de 1874, proviene de familias tradicionales del país, fue poeta, narrador y ensayista argentino. Tuvo una variada actuación política, ya que tuvo contacto con el socialismo (fue uno de sus iniciadores en Argentina), el liberalismo, el conservadurismo y, finalmente, desde 1924, el fascismo. Fue una figura emblemática de la cultura argentina de principio de siglo, condensó en su vida enigmática todas las relaciones posibles en la Argentina, entre un intelectual, el movimiento social, la vida política del país y el poder.

Este hombre que a fines del siglo XIX era un activista afiliado al Partido Socialista Argentino, después, cuando ya era un intelectual de primera fila, tomó contacto con el presidente conservador Roca, el de la Campaña al Desierto contra los indios. Roca quería construir la Nación, justamente, sin indios. Ése era el gran debate de la época y Lugones terminó aceptando esa idea y redefinió el papel del intelectual como formulador del mito de la Nación.

Una de las grandes paradojas de la Argentina, desde el punto de vista de la historia intelectual, es la figura inestable del intelectual argentino, que cabe en todo el ciclo de Lugones, que dura cuarenta años. Lugones no pertenecía a una familia patricia argentina.

Se enroló en el Partido Socialista en el barrio de La Boca, dominado por los descendientes de italianos. Fue aplaudido como el primer poeta argentino de la nueva generación. Era un excelente orador que «incendiaba» los mítines del partido del que finalmente se apartó por su «reformismo». Era el tiempo del Lugones revolucionario, en el que decía: «protestamos contra todo orden social existente». En un momento dejó de frecuentar La Boca, dejó de ser de izquierda y se sumó al orden social conservador cuasi Victoriano de Roca.

Lugones abandonó las convicciones anarco-socialistas juveniles que lo llevaron a fundar, junto con José Ingenieros, el periódico La Montaña. Conjuntamente, militaron tan fogosa como fugazmente en el Partido Socialista Argentino y emprendieron una ruta al margen de las adscripciones partidarias orgánicas.

El diario La Nación convocó a intelectuales a escribir sobre el Centenario de la Revolución de Mayo. En Lugones delegó la escritura de una creación poética alusiva que se concretó en La oda a los ganados y las mieses. Tres años después, el mismo diario anunció que habían finalizado las lecturas de El payador, mediante las cuales Lugones se postulaba como el agente de una íntima comunicación nacional «entre la poesía del pueblo y la mente culta de la clase superior».

El escenario fue el teatro Odeón, donde la selecta y nutrida concurrencia contó entre los asistentes al Presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, y a sus ministros, entre ellos Indalecio Gómez, autor de la ley electoral de 1912. ¿Qué expresaba Lugones durante sus disertaciones para concitar tanto entusiasmo en la prensa y en la élite porteña? Se había vuelto sobre el Martín Fierro, obra poética de José Hernández que desde su publicación en 1872 fascinó a distintos sectores de la sociedad, para revelar que en sus páginas se escondía el poema épico de la nacionalidad argentina.

En ese autoproclamado don profético autorizaba su discurso. Inscripto en la renovación modernista, se embarcó en la búsqueda de una tradición cultural que suturara la sociedad inmigratoria. Si en la década de 1890 la literatura criollista a través de la difusión de folletos y de la representación de las aventuras de Juan Moreira en circos y teatros contribuyó a facilitar el proceso de nacionalización de los inmigrantes, la operación literario-política de Lugones tendióla desvincular al héroe Martín Fierro de toda significación ligada a la protesta social para encarnar en él al espíritu de la patria.

Esa esencialización del gaucho, devenido símbolo nacional, se acompañaba de un descreimiento persistente de Lugones en la democracia basada en el sufragio universal. En el discurso de Ayacucho pronunció aquella famosa afirmación: «Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada». Así adhirió al autoritarismo fascista y al militarismo, apoyando el golpe de 1930, para finalmente refugiarse en la poesía.

Fuentes:
Argentina, El Siglo del Progreso y de la Oscuridad María Seoane Edit. Crítica
Periódico EL BICENTENARIO Fasc. N° 7 Nota de la Historiadora Leticia Prislei

Ver: Biografía de Manuel Galvez

Amores de la Historia Argentina: Belgrano y Dolores Ezcurra Romances

Amores de la Historia Argentina: Belgrano y Dolores Ezcurra – Romances

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Manuel Belgrano y María Josefa Escurra

Belgrano A pesar que en los últimos años algunos historiadores de la nueva camada, pertenecientes a la corriente revisionista, intentaron sustentar con mala documentación la teoría que aseguraba que Manuel Belgrano tenía inclinaciones homosexuales, lo cierto es que esta hipótesis se vuelve endeble e increíble cuando se repasa el amor que el creador de la bandera Argentina sintió por la abnegada María Josefa Escurra.

Pero aún hay más, ya que este valiente hombre era conocido entre su círculo de amigos como un galante caballero, que jamás perdía oportunidad de embelezarse con las jóvenes mujeres que pasaban por su vida.

La trágica historia de amor que tuvo como protagonistas a Belgrano y Escurra, si bien se inició con anterioridad, cobró su máximo esplendor cuando el padre de la patria llegó a los 40 años. María Josefa era casada, por lo que aquella relación no tenía futuro. Por ello, Belgrano decidió comenzar a buscar compañera para su vida y eligió como esposa a una jovencita de tan sólo quince años llamada Dolores Helguero, hija de una familia patricia de Tucumán, provincia en la que Belgrano era admirado y profundamente querido.Dolores Ezcurra

No obstante, antes de contraer el matrimonio con la joven, que en realidad nunca se llevó a cabo, el creador de la bandera había estado viviendo un profundo romance con María Josefa Ezcurra, ya que luego de ser abandonada por su marido decidió seguir a Belgrano durante toda su Campaña del Norte.

Cabe recordar que según los historiadores, se cree que Josefa conoció a Belgrano durante su juventud, y que la etapa más intensa de la relación se produjo en el período en que Belgrano regresó de su Campaña al Paraguay en el año 1811. Fue a partir de aquel momento que María Josefa acompañó al Ejército del Norte en la Campaña al Alto Perú.

Durante ese lapso María Josefa quedó embarazada de Belgrano, generando de esta forma una situación social comprometida, que al parecer la pareja no pudo afrontar. Es por ello que ella decidió refugiarse en la estancia de sus amigos Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, en la provincia de Santa Fe.

Allí dio a luz a su hijo, que debido a las convenciones sociales de la época fue inscripto con el apellido Rosas, siendo reconocido como hijo propio por Juan Manuel y Encarnación. Pero lo cierto es que todos conocían la verdad, por lo que el niño era conocido como Pedro Rosas y Belgrano.

Mientras tanto en Tucumán, la joven Dolores Helguero había comenzado a ser el tema central de los chismes, ya que todos sabían lo que sucedía entre Belgrano y María Ezcurra, además de los ocasionales romances que el militar tenía en cada rincón.

Pero lo cierto es que a Dolores no parecía preocuparle aquello, y decidió darle todo su amor a Belgrano, lo que ocasionó que la joven quedara embarazada. Belgrano se enteró de aquello en plena campaña, y cuando al fin pudo regresar a Tucumán para casarse con Dolores, descubrió que el padre de la joven la había obligado a contraer matrimonio con un tal Rivas, que poco después abandonó a su esposa.

Aquello llevó a Dolores a trasladarse definitivamente a la provincia de Catamarca, donde dio a luz a la pequeña Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano.

Si bien ya en sus últimos momentos de vida, Belgrano pudo reunirse con su familia, la inminente agonía no le permitió disfrutar de su paternidad, ya que cuando la niña había cumplido un año, fue enviada a Buenos Aires a la casa de sus tíos Juana y Domingo.

Finalmente, el 20 de junio de 1820 Belgrano murió luego de una profunda agonía producida por la sífilis y la hidropesía que había contraído, siendo un hombre pobre y olvidado por aquel pueblo que supo convertir en patria.